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El Verbo se hizo hombre… se hizo clase…

Domingo, 30 de diciembre de 2018

JESÚS ADOLESCENTE EN EL TALLER DE JOSÉ.-John Everett Millais

En el vientre de María el Verbo se hizo hombre,

y en el taller de José, el Verbo se hizo clase...”

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Pedro Casaldáliga

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Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.

Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.

A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:

“Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.”

Él les contesto:

“¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?”

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.

Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.

Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

*

Lucas 2, 41-52

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Esta página de Lucas es la única en todo el evangelio en la que contemplamos a los tres miembros de la Sagrada Familia actuando como personas responsables y libres. En los episodios que preceden, Jesús es un niño, que no tiene aún ninguna autonomía; en las que siguen, José ha vuelto a la sombra -probablemente la sombra de la muerte- y no aparece más.

        Y bien, en esta narración los tres personajes aparecen como “buscadores de Dios”. Son apasionados y angustiados buscadores de Dios María y José, que pensaban buscar un niño perdido mientras iban tras uno en el que reside corporalmente la plenitud de la divinidad, como dice san Pablo (cf. Col 2,9); uno que, desde la eternidad, es el Verbo, que en el principio estaba ¡unto a Dios y era Dios (cf. Jn 1,1); uno que es el Señor del cielo y de la tierra (Mt 28,18).

        Es un buscador del Padre Jesús que, fascinado por el templo, no sabe marcharse: se queda nada menos que tres días, encantado, interrogando y escuchando insaciablemente a los rabinos que hablaban del Dios de Israel.

        Es una verdad difícil de comprender para los hombres, pero el significado más auténtico y profundo de sus casas es el de ser lugares donde, en la dulzura de afectos serenos e intensos, se debe ante todo buscar a Dios, al Dios que es la sede eterna y la fuente originaria de todo amor.

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G. Biffi,
Homilía sobre la Sagrada Familia

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

“Una familia diferente”. Sagrada Familia – C (Lucas 2,41-52)

Domingo, 30 de diciembre de 2018

Foto-no-Facebook-muda-vida-de-uma-família-no-litoral-de-SPEntre los católicos se defiende casi instintivamente el valor de la familia, pero no siempre nos detenemos a reflexionar el contenido concreto de un proyecto familiar, entendido y vivido desde el Evangelio. ¿Cómo sería una familia inspirada en Jesús?

La familia, según él, tiene su origen en el misterio del Creador que atrae a la mujer y al varón a ser «una sola carne», compartiendo su vida en una entrega mutua, animada por un amor libre y gratuito. Esto es lo primero y decisivo. Esta experiencia amorosa de los padres puede engendrar una familia sana.

Siguiendo la llamada profunda de su amor, los padres se convierten en fuente de vida nueva. Es su tarea más apasionante. La que puede dar una hondura y un horizonte nuevo a su amor. La que puede consolidar para siempre su obra creadora en el mundo.

Los hijos son un regalo y una responsabilidad. Un reto difícil y una satisfacción incomparable. La actuación de Jesús, defendiendo siempre a los pequeños y abrazando y bendiciendo a los niños, sugiere la actitud básica: cuidar la vida frágil de quienes comienzan la andadura por este mundo. Nadie les podrá ofrecer nada mejor.

Una familia cristiana trata de vivir una experiencia original en medio de la sociedad actual, indiferente y agnóstica: construir su hogar desde Jesús. «Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Es Jesús quien alienta, sostiene y orienta la vida sana de la familia cristiana.

El hogar se convierte entonces en un espacio privilegiado para vivir las experiencias más básicas de la fe cristiana: la confianza en un Dios Bueno, amigo del ser humano; la atracción por el estilo de vida de Jesús; el descubrimiento del proyecto de Dios, de construir un mundo más digno, justo y amable para todos. La lectura del Evangelio en familia es una experiencia decisiva.

En un hogar donde se le vive a Jesús con fe sencilla, pero con pasión grande, crece una familia acogedora, sensible al sufrimiento de los más necesitados, donde se aprende a compartir y a comprometerse por un mundo más humano. Una familia que no se encierra solo en sus intereses, sino que vive abierta a la familia humana.

Muchos padres viven hoy desbordados por diferentes problemas, y demasiado solos para enfrentarse a su tarea. ¿No podrían recibir una ayuda más concreta y eficaz desde las comunidades cristianas? A muchos padres creyentes les haría mucho bien encontrarse, compartir sus inquietudes y apoyarse mutuamente. No es evangélico exigirles tareas heroicas y desentendernos luego de sus luchas y desvelos.

José Antonio Pagola

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“Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros”. Domingo 30 de diciembre de 2018. Sagrada Familia

Domingo, 30 de diciembre de 2018

06-sagradafamilia (C) cerezoLeído en Koinonia:

Eclesiástico 3, 2-6. 12-14: El que teme al Señor honra a sus padres.
Salmo responsorial: 127, 1-2. 3. 4-5: Dichosos los que temen al Señor.
Colosenses 3, 12-21: La vida de familia vivida en el Señor.
Lucas 2, 41-52: Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, que éste no dejará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todos estos consejos, aún conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de pérdida de sus funciones.

Desde una perspectiva cristiana, la familia continúa teniendo una función insustituible: ser una comunidad de amor en donde los que la integran puedan abrirse a los demás con una total sinceridad y confianza. Dejando aparte los consejos que en último lugar da San Pablo, y que son puramente circunstanciales y muy ligados a las costumbres y mentalidad de la época, la exhortación a la mansedumbre, a la paciencia, al perdón y, sobre todo, al amor, es algo realmente básico para la familia de nuestro tiempo.

El evangelio de Lucas en el que se nos cuenta la pérdida del niño Jesús en el Templo, fue escrito probablemente unos cincuenta años después de este suceso. Doce años es, aproximadamente, la época en que los niños comienzan a sentirse independientes. Para Lucas, esta primera subida de Jesús a Jerusalén es el presagio de su subida pascual y por ello, estos acontecimientos hay que leerlos a la luz de la muerte y resurrección del Señor.

La sabiduría de Cristo ha consistido para Lc en entregarse desde su joven edad “a su Padre”, sin que esto quiera decir que supiera ya adónde le llevaría esa entrega. Pero en ella va incluida ciertamente la decisión de anteponer su cumplimiento a toda otra consideración. Sus padres no tienen aún esa sabiduría. María parece que llega a presentirla. Pero, de todas formas, respetan ya en su hijo una vocación que trasciende el medio familiar. Y esto es algo muy valioso para cada una de nuestras familias. La educación de los hijos tiene que comenzar por una actitud de sincero respeto. Si no, es imposible que surja la compresión y el amor.

Pablo da algunos consejos para la convivencia con otros. Se requiere humildad, acogida mutua, paciencia. Y si fuese necesario, perdonar. Así procede Dios con nosotros. Su actitud debe ser el modelo de la nuestra (v.12-13). Pero, “por encima de todo”, está el amor, de Él tenemos que revestirnos, dice Pablo empleando una metáfora frecuente en sus cartas (v.14). De este modo “la paz de Cristo” presidirá en nuestros corazones (v.15).

Si el amor es el vínculo que une a las personas, la paz se irá construyendo en un proceso, los desencuentros irán desapareciendo (los enfrentamientos también) y las relaciones se harán cada vez más trasparentes. En el marco de la familia humana, esos lazos son detallados en el texto del Eclesiástico (3,3-17).

Lucas nos presenta a la familia de Jesús cumpliendo sus deberes religiosos (vv. 41-42). El niño desconcierta a sus padres quedándose por su cuenta en la ciudad de Jerusalén. A los tres días, un lapso de tiempo cargado de significación simbólica, lo encuentran. Sigue un diálogo difícil, suena a desencuentro; comienza con un reproche: “¿Por qué nos has hecho esto?”. La pregunta surge de la angustia experimentada (v. 48). La respuesta sorprende: “¿Por qué me buscaban?” (v. 49), sorprende porque la razón parece obvia. Pero el segundo interrogante apunta lejos: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”. María y José no comprendieron estas palabras de inmediato, estaban aprendiendo (v.50).

La fe, la confianza, suponen siempre un itinerario. En cuanto creyentes, María y José maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se harán paulatinamente más claras. Lucas hace notar que María “conservaba todas las cosas en su corazón” (v. 51). La meditación de María le permite profundizar en el sentido de la misión de Jesús. Su particular cercanía a él no la exime del proceso, por momentos difícil, que lleva a la comprensión de los designios de Dios. Ella es como primera discípula, la primera evangelizada por Jesús.

No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María “entiende”. Pero hay tres exigencias fundamentales para entrar en comunión con Dios: 1) Buscarlo (José y María “se pusieron a buscarlo”); 2) Creer en Él (María es “la que ha creído”); y 3) Meditar la Palabra de Dios (“María conservaba esto en su corazón”). Leer más…

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30.12.18. No se perdió, vino a enseñar familia al templo

Domingo, 30 de diciembre de 2018

imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Sagrada Familia. Lc 2, 41-52. En el centro de la Navidad, la iglesia dedica este domingo último del año a la Familia de Jesús, que son José y María, con sus hermanos de Nazaret, los judíos de Galilea, cristianos de la Iglesia, y todos los hombres y mujeres de la tierra, , en especial los excluidos de todas las familias del mundo.

Con palabra piadosa, la tradición cristiana y el “5º misterio gozoso” del Rosario Católico suelen hablar del Niño perdido y hallado en el templo. Pero Jesús no se perdió por casualidad, sino que quiso quedar de propósito al templo (es decir, en la “gran iglesia”), para “enseñar allí familia” a los grandes doctores, que se creían expertos en leyes de familia, pero vacíos de humanidad.

Para cumplir su tarea de niño liberado (12 años), al servicio de la nueva familia de Dios (que son todos los hombres, y en especial los niños “perdidos”), Jesús dejó a sus padres (¿o saltó con su madre el muro?: cf. imagen 2, tomada de la Vanguardia: 27, 12, 18), dirigiéndose al templo.

No se “perdió”, como digo, sino que quiso proclamar precisamente allí, tras los muros del gran santuario protegido para los privilegiados del sistema, un proyecto y camino distinto de comunión y solidaridad de vida, debiendo romper para ello con un tipo de familia anterior.

48957914_1141349316042259_6900370281106243584_nPor eso empezó su misión de Mesías de Familia discutiendo con los doctores de la “iglesia”, tras los grandes muros del templo, donde quiso enseñar a los doctores, si fueran capaces de aprender y cambiar. Años más tarde volverá Jesús al templo a enseñar lo mismo, queriendo limpiar su comercio…, pero entonces, al fin, le mataron los protectores imperiales de aquel templo de Jerusalén.

Éste es un hondo tema importante de la Biblia, desde su primera página:

– El mismo Adán dice en Gen 2, 21-23, al mirar sorprendido y gozoso a la mujer, que todo hombre o mujer al crecer deja a sus padres para unirse a su mujer (o a su hombre), creando una familia diferente, de carne y vida, en línea genealógica, que puede tender a cerrarse en sí misma

– Pues bien, el hijo Jesús de Lc 2 abandona a sus padres, pero no para crear otra familia igual (y conflictiva), a fin de que todo siga como antes, sino para crear una distinta, de hijos de Dios Padre, empezando por el templo, que es el lugar más necesitado de buena familia y enseñanza , tanto en aquel tiempo, en Jerusalén, como ahora, a lo largo y ancho de la tierra.

Jesus temploÉste es el día de la familia de Dios, que son todos los hombres … un día en que muchos cantan complacidos la buena familia de Iglesia, donde los amores son (=deberían ser) siempre limpios, puros y universales (=crear familia para todos los niños del mundo), aunque han olvidado quizá que el estilo de familia de Jesús fue conflictivo, y que fue conflictiva relación que él mantuvo con sus padres y hermanos… porque venía a reunir en familia a los expulsados, dispersos y oprimidos de la tierra.

En esa línea deberá cambiar mucho nuestra sociedad, para que podamos sentirnos y ser hermanos y hermanas, familia de Jesús en comunión con todos los expulsados de la familia humana.

Este gesto de Jesús, que abandona a su familia y queda tres días y tres noches en el templo (como si no pensara en el dolor que causaba a sus padres) resulta tan conflictivo y contra-cultural que pone las carnes de gallina a quien lo piense, en una sociedad como la nuestra que, por una parte, abandona a los niños y por otra se muestra super-protectora con ellos.

El evangelio de hoy nos sitúa así ante una increíble ruptura familiar, que comienza con un niño de doce años…, al hacerse mayor de edad ante la Ley (es decir, ante Dios, en el entorno de la fiesta de la fiesta de la Bar Mitzvah), para decir su primera palabra de “mayor” y abrir el templo (lugar de Dios) para el abrazo y la vida de todos los niños del mundo.

Por eso, una familia que no posibilite (y en algún sentido no promueva) la independencia creadora de sus hijos (Jerusalén), al servicio de todos los niños del mundo, no responde al evangelio .

6324bb_ninomigranteEste Jesús que “deja” con ese fin a sus padres es un signo esencial de la nueva iglesia, un signo que nos hace recordar a los millones de niños perdidos (abandonados) en lugares que debían ser “templos”para ellos,muriéndose cada día en campos de concentración, pasando vallas prohibidos…

Según eso, en un momento dado, el niño-joven, para ser buen joven, como Jesús (al celebrar su mayoría de edad ante la ley de Dios), ha de superar un tipo de padre y madre para dedicarse a la búsqueda y creación de una nueva familia, porque las “cosas de mi Padre” son las cosas de todos los niños del mundo, en el templo de la vida que ha de abrirse para todos.

En ese sentido debemos recordar que los niños nos precederán en el Reino de Dios… Si ellos no empiezan, si no nos cambiar, no tendrá salida nuestra forma de vida y familia actual. Buen domingo a todos. Siga leyendo quien quiere vivir por dentro este evangelio.

images (1)Las imágenes son fáciles de entender, unas más tradicionales… Una es la del niño que que mira sorprendido y expectante más allá de la valla; otra la del niño que salta con la madre (¿María de Nazaret?) la valla prohibida de las leyes de los grandes doctores del “templo”.

Buen domingo a todos, con esa madre de la valla que enseña a su hijo Jesús a saltar al otro lado, para compartir familia con todos los marginados del templo y de la tierra. Lo que sigue es un comentario de Lc 2,41-52 (tomado en parte de mi Diccionario de la Biblia).

Texto: Jesús abandona a sus padres (Lucas 2, 41-52)

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.
A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.” Él les contesto: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?”

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

a. EXÉGESIS BÁSICA

Rompiendo el contexto judío: Un niño que abandona a sus padres

Esta escena, construida de forma simbólica (no podemos decidir su historicidad), destaca la piedad de los padres y la sabiduría de Jesús, niño prodigio, dialogando con los maestros de Jerusalén. Así aparece como adolescente sabio que, a los doce años, como bar/ben mitzvah (hijo de los mandamientos), dialoga ya con los letrados del templo de Jerusalén. Los judíos actuales celebran esa fiesta de mayoría de edad a los trece años. No se sabe cómo lo hacían en tiempos de Jesús, pero es claro que Lucas evoca una celebración de ese tipo. Leer más…

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Fiesta de la Sagrada Familia. Ciclo C

Domingo, 30 de diciembre de 2018

Sagrada_Familia_iconoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Dos lecturas que encajan

En una fiesta de la Sagrada Familia, esperamos que las lecturas nos animen a vivir nuestra vida familiar. Y así ocurre con las dos primeras.

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

El libro del Eclesiástico insiste en el respeto que debe tener el hijo a su padre y a su madre; en una época en la que no existía la Seguridad Social, “honrar padre y madre” implicaba también la ayuda económica a los progenitores. Pero no se trata sólo de eso; hay también que soportar sus fallos con cariño, “aunque chocheen”.

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

La sección final de la carta a los Colosenses exhorta a vivir como cristianos, insistiendo en la bondad, el perdón, la paz, el agradecimiento a Dios. Después de estos consejos, añade una serie de advertencias dirigidas a las esposas, los maridos, los hijos, los padres, los esclavos y los señores. Las cuatro primeras han sido elegidas para esta fiesta de la Sagrada Familia. Pueden resultar extrañas por su carácter exigente, como si las relaciones familiares en Colosas dejaran bastante que desear. Pero estos consejos forman parte de la cultura de la época, muy influida por la filosofía estoica. Con una notable diferencia en nuestro caso: mientras los estoicos enfocaban estas virtudes desde un punto de vista humano, la carta adopta un enfoque cristiano. Hay que obrar de este modo “como conviene en el Señor” y “porque eso le gusta al Señor”. Cristo es el punto de referencia para el comportamiento en la familia cristiana. Precisamente este enfoque permite adaptar la advertencia dirigida a la mujer a nuevas circunstancias. Hoy día no se le puede pedir que viva bajo la autoridad del marido “como conviene en el Señor”. Pero todos los miembros de la familia deben plantearse cuál es la forma de vida que “conviene en el Señor” y la que más le agrada.

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor.

Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor.

Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

¿Un evangelio impropio?

Después de los consejos anteriores, que animan a obedecer y respetar a los padres, lo que menos podíamos esperar es un evangelio en el que Jesús parece ofrecer un pésimo ejemplo de falta de respeto.

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: 

− Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. 

Él les contestó: 

− ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? 

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres. 

No sólo el hecho de quedarse en el templo sin avisar, sino también la respuesta tan chulesca que da a María, le habrían merecido una bofetada en cualquier cultura anterior a la nuestra. Mal ejemplo para una fiesta de la familia. ¿Qué quiere decirnos Lucas con este extraño episodio que solo cuenta él?

Lo que quiere decir a María y de María

En el relato inmediatamente anterior se ha contado que Simeón, al tener a Jesús niño en sus brazos, además de hablar de su futuro anunció a María que una espada le atravesaría el alma. Jesús no iba a ser para ella puro motivo de alegría, sino también de angustia y preocupación. Saltando por alto doce años, la visita al templo le sirve a Lucas para ejemplificar esa espada que atravesaría a María durante toda su vida: sufrimiento y desconcierto (porque, aunque Jesús se explique, “ellos no comprendieron lo que quería decir”). Cuando hablamos de los sufrimientos de María, de sus “dolores”, pensamos casi siempre en la pasión y muerte de Jesús. Sin embargo, Jesús hizo sufrir a María toda su vida, no solo al final. La hizo sufrir con su actividad y sus palabras, que suscitaban la oposición y el rechazo de mucha gente y que terminarían provocando su muerte.

Lo que quiere decir de Jesús

¿Qué pensaba Jesús de sí mismo? ¿Era simplemente un buen israelita que, un día, acudió a que Juan lo bautizara y después tuvo la experiencia de que Dios le hablaba y le encomendaba una misión, como parece sugerir el comienzo del evangelio de Marcos? Lucas quiere corregir esta imagen. La estrechísima relación de Jesús con Dios no empieza en el bautismo, se da desde siempre.

Este episodio se comprende mucho mejor si se recuerda la historia del profeta Samuel. Consagrado por su madre al templo, ha pasado toda su vida junto al sacerdote Elí. Hasta que, a los doce años (según Flavio Josefo), una noche Dios lo llama: “Samuel, Samuel”. Naturalmente, no puede imaginar que Dios lo llame y va corriendo junto al sacerdote Elí. Este le dice que no lo ha llamado, que vuelva a acostarse. Pero la escena se repite al pie de la letra, y el narrador se siente obligado a comentar: “Samuel no conocía todavía a Yahvé”. Lleva doce años en el templo, viviendo con el sumo sacerdote, asistiendo al culto, pero “no conocía todavía a Yahvé”. Jesús, en cambio, a los doce años, sabe perfectamente cuál es su relación con él: “¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Dios es su Padre, y ese conocimiento se lo ha comunicado ya a José y María con anterioridad. Estas palabras contrastan no solo con la ignorancia de Samuel sino también con lo que le ha dicho María: “Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.” Para Jesús, su único Padre es Dios. Y su misión la ha recibido mucho antes del bautismo.

Lucas, tan buen conocedor de la Escrituras, cuando dice que Jesús asombraba a todos los maestros con su sabiduría, es posible que esté aludiendo al Salmo 119: “Soy más docto que todos mis maestros porque medito tus preceptos. Soy más sagaz que los ancianos porque observo tus decretos” (vv.99-100). Aunque Jesús no pondrá nunca el acento en la letra de los preceptos y decretos, sino en la entrega plena a la voluntad de su Padre.

María y nosotros

Lucas tiene especial interés en presentar a María como modelo del cristiano. Con pocas palabras (“He aquí la esclava del Señor”), con el silencio (como en el caso de los pastores y de Simeón) y, sobre todo, con su actitud de reflexionar y meditar todo lo que se relaciona con Jesús. María no es tan lista como los teólogos, y mucho menos que los obispos y papas. Ella no entiende muchas cosas. Jesús la desconcierta. Pero conoce el gran remedio para el desconcierto: la oración. Cuando estamos a punto de recomenzar el contacto con la actividad de Jesús, es muy bueno acordarnos de ella e intentar imitarla.

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30 de Diciembre de 2018. Fiesta de la Sagrada Familia. Ciclo C.

Domingo, 30 de diciembre de 2018

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“Su madre conservaba todas las cosas en lo íntimo de su corazón”

(Lc 2, 41-52)

María, como madre y como mujer de fe se nos pone hoy de ejemplo. Tras haber perdido a Jesús en Jerusalén, tras días de gran angustia familiar, no comprendiendo los comentarios de su hijo, se nos presenta a María orante, contemplativa, serena, posando lo que vive, lo que duda, sus alegrías y sus miedos, en el corazón. No es tanto el “espacio” de las emociones como lo profundo de la persona.

María irá comprendiendo con el paso de los años que su hijo no será como ella pensaba (ningún hijo ni hija lo somos). Es una parte del Evangelio que da lugar a volar con la imaginación a la vida oculta de Cristo, a esas conversaciones con sus padres, momentos en los que la rutina lo invadía todo…

En este tiempo en que vivimos nos resulta extraño este “conservar las cosas en lo íntimo del corazón”. Podemos preguntarnos: ¿y no lo compartía? Hoy que subimos fotos a facebook o las compartimos por whatsapp… Nuestra gente cercana sabe enseguida dónde hemos cenado, qué nos hemos comprado o a dónde hemos viajado… ¿Compartimos con la misma facilidad nuestros deseos, nuestros anhelos, cómo Dios va actuando en lo cotidiano de nuestra vida? Creo que no, que hay cosas que necesitamos guardar en lo profundo de nosotras mismas, allí donde no tenemos una imagen que mantener, donde somos realmente libres.

María nos enseña a vivir en Dios. Por cierto, en cada Eucaristía lo decimos: “por Cristo, con Él y en Él”. Se nos invita a abandonar ese vivir hacia fuera, pensando en qué van a opinar las demás personas sobre nosotras… Solo tras dejar en lo más íntimo de nuestro ser lo que nos va ocurriendo, podremos ser hombres y mujeres entregadas al servicio de la humanidad.

Oración

Trinidad Santa, ayúdanos a vivir en ti,

y a guardar lo que vamos viviendo en lo íntimo de nuestro ser.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El evangelio no sacraliza ningún modelo de familia.

Domingo, 30 de diciembre de 2018

sainte-famille-2007Lc 2, 41-52

Solo si conocemos lo que era la familia en tiempo de Jesús, estaremos en condiciones de comprender lo que nos dice el evangelio. En aquel tiempo no existía la familia nuclear, formada por el padre, la madre y los hijos. En su lugar encontramos el clan o familia patriarcal. El control absoluto pertenecía al varón más anciano. Todos los demás miembros: hijos, hermanos, tíos, primos, esclavos formaban una unidad sociológica. Este modelo ha persistido en toda el área mediterránea durante milenios. Cuando un varón se casaba, la esposa entraba a formar parte de su familia, olvidándose de la suya propia.

Todos los miembros de la familia, formaban una unidad de producción y de consumo. Pero la riqueza básica del clan era el honor. Sus miembros estaban obligados a mantenerlo por encima de todo. No era solo una cuestión social sino también económica. Las relaciones económicas eran inconcebibles al margen de la honorabilidad y el prestigio. Era vital para el clan que ningún miembro se desmandara y malograra el bienestar de toda la familia. Esto no quiere decir que no tuvieran los esposos relaciones especiales entre ellos y con los hijos. Incluso podían tener su casa propia, pero nunca gozaban de independencia.

Esta perspectiva nos permite comprender mejor algunos episodios de los evangelios. El que acabamos de leer es un ejemplo. Desde la idea de una familia formada por José, María y Jesús, es incomprensible que se volvieran de Jerusalén sin darse cuenta de que faltaba Jesús. Si todo el clan (treinta – cincuenta personas) sube a Jerusalén, como familia, los varones estarían juntos, las mujeres también y los jóvenes andarían por su lado, sin preocuparse demasiado los unos de los otros, porque la seguridad la daba el grupo.

Otros pasajes que se explican mejor desde esta perspectiva: (Mc 3, 20-21) “Al enterarse ‘los suyos’ se pusieron en camino para echarle mano, pues decían que había perdido el juicio”. Lo que pretendía su familia era evitar una catástrofe para él y para todo el clan. El tiempo les dio la razón. Más adelante (Mc 3, 31-34): “Una mujer dice a Jesús: tu madre y tus hermanos están fuera. Él contestó: Y ¿quiénes son mi madre y mis hermanos? Se nos está diciendo que para llevar a cabo su obra, Jesús tuvo que romper con su clan, lo cual no supone para nada que rompiera con sus padres. Este episodio lo recoge también Mt y Lc.

Hay otro aspecto que también se explica mejor desde este contexto. La costumbre de casarse muy jóvenes (las mujeres a los 12 -13 años y los hombres a los 13-14). Era vital adelantar la boda, porque la media de edad era unos treinta y tantos años y a los cuarenta eran ya ancianos. En el ambiente que tenían que vivir, no era tan grave la inexperiencia de los recién casados, porque seguían bajo la tutela y seguridad que daba el clan. También la responsabilidad de criar y educar a los hijos era tarea colectiva, sobre todo de las mujeres.

Jesús no se sometió a ese control porque le hubiera impedido desarrollar su misión. Fijaos el ridículo que hacemos cuando en nombre de Jesús, predicamos una obediencia ciega, es decir, irracional, a personas o instituciones. Cuando creemos que el signo de una gran espiritualidad es someter la voluntad a otra persona, dejamos de ser nosotros mismos. La explicación que acabo de dar, pretende armonizar la responsabilidad de Jesús con su misión y el cariño entrañable que tuvo que sentir, sobre todo, por su madre.

El relato evangélico que acabamos de leer, está escrito ochenta años después de los hechos; por lo tanto no tiene garantías de historicidad. Sin embargo, es muy rico en enseñanzas teológicas. No hay nada de sobrenatural, ni de extraordinario, en lo narrado. Se trata de un episodio que revela un Jesús que empieza a tomar contacto con la realidad desde su propia perspectiva. Justo a los doce años se empezaban a considerar personas, a tomar sus propias decisiones y a ser responsables de sus propios actos.

Sentado en medio de los doctores. Los doctores no tienen ningún inconveniente en admitirle en el “foro de debate”. Tiene ya su propio criterio y lo manifiesta. Lc prepara lo que va a significar la vida pública, adelantando una postura que no es de niño sino de persona autónoma. Sus padres no lo comprendían. La verdad es que fue, para todos los que le conocieron, incomprensible la calidad humana del que se llamaría ‘hijo de hombre’. Siguió bajo su autoridad, pero ya ha dejado claro que su misión va más allá de los intereses del clan. La última referencia es un aldabonazo al empeño en hacerle Dios antes de tiempo. Dice el texto: Jesús crecía en estatura en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres.

Debemos buscar la ejemplaridad de la familia de Nazaret donde realmente está, huyendo de toda idealización, que lo único que consigue es meternos en un ambiente irreal que no conduce a ninguna parte. Lo importante no es la clase de institución familiar en que vivimos, sino los valores humanos que desarrollamos. Jesús predicó lo que vivió. Si predicó la entrega, el servicio, la solicitud por el otro, quiere decir que primero lo vivió. El marco familiar es el primer campo de entrenamiento para todo ser humano. El ser humano nace como proyecto, que tiene que desarrollarse a lo largo de la vida, con la ayuda de los demás.

Debemos tener mucho cuidado de no sacralizar ninguna institución. Las instituciones son instrumentos que tienen que estar siempre al servicio de la persona humana. Ella es el valor supremo. Las instituciones ni son santas ni sagradas. Con demasiada frecuencia se abusa de las instituciones para conseguir fines ajenos al bien del hombre. Entonces tenemos la obligación de defendernos de ellas. No son las instituciones las culpables sino algunos seres humanos que se aprovechan de ellas para conseguir sus propios intereses a costa de los demás. No se trata de echar por la borda una institución por el hecho de que me exija esfuerzo. Todo lo que me ayude a crecer en mi verdadero ser me exigirá esfuerzo. Pero nunca puedo permitir que la institución me exija nada que me deteriore como ser humano.

La familia sigue siendo hoy el marco privilegiado para el desarrollo de la persona humana, pero no solo durante los años de la niñez o juventud, sino durante todas las etapas de nuestra vida. El ser humano solo puede crecer en humanidad a través de sus relaciones con los demás. La familia es el marco insustituible para esas relaciones profundamente humanas. Sea como hijo, como hermano, como pareja, como padre o madre, como abuelo. En cada una de esas situaciones, la calidad de la relación nos irá acercando a la plenitud humana. Los lazos de sangre o de amor natural debían ser puntos de apoyo para aprender a salir de nosotros mismos e ir a los demás con nuestra capacidad de entrega y servicio.

En ninguna parte del NT se propone un modelo de familia, sencillamente porque no se cuestiona el existente en aquel tiempo. Proponer un único modelo de familia, como cristiano, es pura ideología. Si dos hermanos viven con uno de los padres forman una familia, cuando muere el padre, ¿dejan de ser una familia? y si son dos personas que se quieren y deciden vivir juntos, ¿no son una familia? Jesús no defendió instituciones, sino a las personas que la forman. En cualquier modelo de familia lo importante es el amor, que Jesús predicó y que debemos desarrollar en cualquier circunstancia que la vida nos plantee.

Meditación

Piensa: ¿Qué sería yo sin los demás?
Nada, absolutamente nada, ni siquiera mi existencia sería posible.
Si los que te rodean han hecho posible que tú seas,
¿es mucho pedir, que tú ayudes a los demás a ser?
Deja que todos encuentren en ti un apoyo para seguir viviendo;
es la única manera de vivir tú humanamente.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Para olvidar a Padres y Maestros.

Domingo, 30 de diciembre de 2018

Y3906_natal2“Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo” (Mahatma Gandhi)

30 de diciembre. Fiesta de la Sagrada Familia

Lc 2, 41-52

¿Por qué me buscabais?

Una fiesta de la Familia -Sagrada o no-, lo más importante en los textos bíblicos es la obediencia a los padres. En el Antiguo Testamento: “El que honra a su padre expía sus pecados. El que respeta a su madre acumula tesoros” (Eclo 3, 2-4). Y el Nuevo: “Hijos, obedeced al padre en todo, como al Señor le agrada” (Col 3, 20). En uno otro caso, los autores manifiestan los prejuicios patriarcales y machistas de su tiempo.

En cambio, Jesús rompe con las normas vigentes en la antigüedad, y hace una declaración insólita de intenciones acerca del objetivo que dará a su vida: “No sabíais que yo debo estar en la casa de mi Padre?”.

En el mundo pagano, tan firmemente asentado sobre bases tradicionales, también existen indicios de similar pensamiento. En la histórica novela Yo, Julia, premio Planeta de este año, Santiago Posteguillo pone en boca del emperador Cómodo -un tirano loco con albarda-, estas imperantes palabras: “Y nunca más, nunca, vuelvas a dudar de una orden mía: si te digo que me des el nombre de una lista me lo das, Quinto. Tú no piensas, ya pienso yo por los dos, por la urbe entera, pero por encima de todo -y aquí el emperador se acercó mucho a su jefe del pretorio y le habló al oído-, por tu propia seguridad personal, Quinto, no pienses demasiado. Es peligroso”.

Esta es la línea en la que se han movido siempre los grandes personajes de la Historia:

“Hasta que no tomen conciencia no se rebelarán, y sin rebelarse no podrán tomar conciencia” (George Orwel)

“La rebeldía es la virtud original del hombre” (Arthur Shopenhauer)

“Algún día el yunque, cansado de ser yunque, pasará a ser martillo” (Mijail Bakunin)

“Nuestra cabeza es redonda para permitir a los pensamientos cambiar de dirección” (Francis Picabia)

“Si te dan un papel pautado, escribe por detrás (Juan Ramón Jiménez)

Y Adolfo Bécquer lo cantó de este modo en su poema “La canción del pirata”:

“Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad”.

El Duero se libera de la fuente que es su madre, y corre luego libre por el valle. A la Sabina no le encadena el viento, y soporta con dignidad tanto los climas secos como las heladas invernales. El halcón vuela soberano por el cielo, caza sin que le obliguen normas. Y yo, verso de pata quebrada, autónomo y sin reglas, canto las mismas canciones que el pirata, en un bajel que sueña más allá de fronteras circunscritas.

Y en uno de los villancicos navideños se entonan estos versos:

“Pero mira como beben los peces en el río,
pero mira como beben por ver al Dios nacido”.

Mahatma Gandhi dijo: “Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo”. 

Espero que a nadie tenga que repetir más aquello de Jesús en Lucas: ¿Por qué me buscabais?

DONDE HAY AMOR SOBRAN LAS NORMAS

La mística de arriba y la de abajo
lo ha mantenido siempre en su Programa.
San Agustín lo reafirmó en latín.
Nos lo legó Jesús con su Palabra:
“No fue hecho el hombre para el sábado”. 

Y corrigiéndole la plana
a Jesús, Agustín, al mundo entero,
al sentido común, a la Palabra…,
a ultranza lo negó la Santa Iglesia
que desde entonces se quedó en Beata. 

Comentaron el hecho los poetas,
lo cantaron los bardos en las plazas.
Así sonaban sus místicos versos:
“Donde hay fe hay amor,
donde hay amor hay paz,
donde hay paz está Dios
y donde Dios está no falta nada”. 

Dios tiene tantos corazones
como criaturas hay en la existencia. 

Eres billete necesario,
-Amor humano libre de cadenas-
para el Amor divino.
Hay que llevarte siempre en la cartera. 

Cuando llegue el momento de embarcar
y partir ya para la orilla eterna,
no quiero quedarme encadenado
en tierra.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Cuando Jesús cumplió 12 años… ¡preadolescente!

Domingo, 30 de diciembre de 2018

San Jose y Jesus Adolescente(Lc 2, 41-52)

Familia… familias diversas y variadas, comprendidas e incomprendidas. La familia ese núcleo ancestral de tribus y sociedades desde que el ser humano puede recordar. La familia como ejemplo estereotipo de lo ideal y, tantas veces, de lo perverso.

La familia, estructura alabada y denostada, necesitada y repudiada; a medio camino entre utopía  y realidad, avanzando en la historia con lo único que puede sostenerla: el Amor.

Los cristianos ponemos los ojos en una familia muy especial que celebramos como Sagrada Familia, formada por María, José y Jesús por este orden, un tanto terrenal pero que me aclara lo que quiero contar.

Tenemos noticia de cómo empezó esto cuando el ángel Gabriel se presenta en casa de María para transmitir lo que Dios le propone y, después de la sorpresa y una directa pregunta de María, escucha atentamente lo que sería su misión en el plan de Dios y dice: “Fiat” (1), que significa: acepto, me comprometo en lo bueno y en lo menos bueno, en lo que entiendo y en lo que no llegue a entender, más allá de si me entienden o no me entienden, en este tiempo y en los venideros. Amén.

Por otro lado, José aparece en escena aportando la inclusión de Jesús en un árbol genealógico que le vincula al rey David, de donde el pueblo judío sabía que nacería el Mesías. Pero José tuvo que hacer su recorrido en la aceptación, su personal “Fiat” (2). Se vio inmerso en una historia que no concordaba con lo reconocido como “normal”; ni en su época ni en ninguna otra. A José se le aclararon las cosas en el tiempo del sueño por medio de otro ángel. Aceptó su misión en el plan global de Dios: ser esposo y padre, junto a María como esposa y madre; adoptando a la criatura que venía en camino, sabiendo que su identidad le sobrepasaba pero que su misión sería quererle y educarle para ser un buen hijo. José acepta y se compromete en la historia de Salvación. Amén.

“Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años (3)… ¡Tienen ya un preadolescente, cómo puede pasar el tiempo tan deprisa!

“Subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres”. Preadolescente, ya digo.

“Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos”. Como soy madre y también abuela (uno de mis nietos tiene casi la edad de Jesús en ese momento), se me ponen los pelos de punta sin poder evitarlo, pensando en el susto y preocupación mayúscula de María y José buscándole sin encontrarlo. Recordemos que un preadolescente interesado por algo desaparece en su nube, perdiendo contacto con lo que le rodea, y concentrándose en el objeto, sujeto o situación que le llama la atención.

Parece ser “que los judíos, cuando subían al día de la fiesta, tenían la costumbre de caminar, por una parte los hombres y por otra las mujeres y los niños iban a juntarse con su padre y los hombres y otras con su madre y las mujeres (4). Quizás, a la ida, Jesús estuvo de un lado a otro, con otros niños. Pero al iniciar el retorno después de la fiesta, se olvidó ponerse en camino con todos. Sus padres tardaron en echarle de menos pues pensaron que estaría con los demás niños.

“Se volvieron a Jerusalén buscándolo. Y sucedió que a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciendo preguntas”. Puedo imaginarme las impresiones interiores de María y José, después de tres días con sus noches imaginando todo lo que le puede pasar a un preadolescente de doce años perdido en las multitudes que se acercarían en la Pascua a Jerusalén.

Cuando lo encontraron en el templo, por un lado querrían haber saltado entre los maestros –personas relevantes y respetadas del templo- para abrazarle compulsivamente y, por otro, echarle una bronca memorable y… ¡Anda, vámonos para casa que ya hablaremos!.

Imagino que respirarían hondo, sintiendo en lo profundo aquel Fiat que permanecía presente día a día en su vida con Jesús. Pero el susto no se lo quitó nadie.

“Hijo, ¿Por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados”, le dijo su madre.

¿Qué te pasó, Jesús? Estabas creciendo en la fe judía, habías escuchado muchas veces “yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” en el episodio de Moisés y la zarza (5); y es posible que esa vez, ya con doce años, empezaste a investigar por ti mismo y a preguntar a los maestros. Te olvidaste de todo lo que te rodeaba, lo único que centraba tu atención era ese Dios que luego nos contarías como Padre.

Volviste con ellos al humilde y cálido hogar de Nazaret a seguir descubriéndote.

Mari Paz López Santos

  1. Lc 1, 26-38
  2. Mt 1, 18-24
  3. Lc 2, 41-52
  4. “Jesús a los doce años”, Elredo de Rieval, Ed. Montecarmelo, pág. 88
  5. Ex 3, 6

Fuente Fe Adulta

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Relatos de la Infancia, no cosas de niños.

Domingo, 30 de diciembre de 2018

6e4223395a2f7e4163a0742868f9c806Del Blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. RELATOS DE LA INFANCIA, SÍ, PERO NO COSA DE NIÑOS.

A lo mejor todos estos relatos de la infancia son una lectura del Jesús que se desplegará en el Evangelio, una Palabra a lo largo de su vida de adulto, pasión, muerte y resurrección.

Los temas de los relatos de la infancia son de adultos:

 Nacemos niños, pero nacer y la natalidad no es una cuestión infantil.

 La noche y la luz, la estrella de los pastores y los magos (ver o no ver en la vida) no son cosa de niños, nuestra vida no está resuelta, basta mirar la noche cultural en que vivimos.

 La huida a Egipto: la esclavitud y la libertad, las migraciones no son cosa de poca monta

 Herodes comparado con el momento actual era San Luis Gonzaga:

5 millones de niños mueren al año de hambre / malnutrición.

1 millón de personas mueren de paludismo al año, la mayor parte: niños

La historia se repite, por desgracia.

02. JESÚS EN EL TEMPLO: UN ACONTECIMIENTO TEOLÓGICO.

El relato de Jesús en el Templo bien pudo ocurrir y bien está que conservemos estos relatos y tradiciones de Navidad: los relatos evangélicos, villancicos, “belenes”. Pero tengamos en cuenta en cuenta que, quienes los escribieron y meditaron, estaban pensando y creyendo ya en JesuCristo adulto.

A partir de una romería se arma un diálogo para sordos:

Es lógico que: “Tu padre y yo te buscábamos angustiados”
(Es evidente que María no está hablando de Dios Padre, sino de su marido, José).

María y José ¿encontrarían a Jesús discutiendo con los “doctores del concilio de Trento acerca de la transubstanciación”? ¿Jesús era un niño prodigio? ¿Se lo sabía todo? No parece que sea ese el significado.

La cuestión es que Jesús responde “extrañamente”:

“¿No sabíais que yo tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre?”

Nosotros enseguida lo resolvemos distinguiendo y diciendo que Jesús hablaba de Dios y en cambio, María se refería a un hombre, a José. Jesús es el Hijo de Dios” y es una especie de embajador o nuncio de Dios entre nosotros. Le metemos un “filioque” y solventada la cuestión.

03. CRISTOLOGÍA ASCENDENTE Y DESCENDENTE.

Quizás las palabras “ascendente y descendente” son un poco extrañas. Vamos a ver si nos entendemos y si comprendemos un poco -solamente un poco- el asunto Jesús.

CRISTOLOGÍA DESCENDENTE

La mayor parte de los creyentes tenemos la mentalidad de una cristología “descendente”. Jesús era una especie de “extraterrestre” que vivía en los espacios siderales, quién sabe dónde, y que -un buen día- a Dios se le ocurrió enviarlo a la tierra. Por eso se encarnó de manera muy extraña, pero ya desde niño “se lo sabía todo” de “este mundo y del otro”. Pasó unos treinta años esperando a su crucifixión, pero sin que tampoco tuviera demasiada importancia, pues Jesús ya sabía que iba a resucitar.

Jesús “desciende” del cielo a la tierra, pero la tierra y lo terreno no tiene excesiva importancia.

CRISTOLOGÍA ASCENDENTE.

La visión es otra. Jesús, el hijo de María, es la Palabra, lo que Dios nos quería decir, nos lo va a decir por medio de un Jesús que nace entre nosotros, vive en una familia, probablemente va al colegio-ikastola de Nazaret, alguna vez fue a Jerusalén, al templo y, poco a poco, iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

Jesús no fue un “niño prodigio”, sino que fue creciendo, madurando. Jesús fue un gran creyente en Dios Padre y desde su fe profunda en el Padre, leía, vivía, curaba enfermos, discutía con las injusticias de fariseos, sacerdotes, del Templo, etc.

La Palabra de Dios va creciendo y madurando en Jesús.

Es la cristología ascendente. La Palabra de Dios va creciendo y madurando en Jesús de Nazaret.

Podríamos pensar que el relato de Jesús en el Templo no es el final de la infancia de Jesús, sino el comienzo de Jesús como creyente adulto.

04. MARÍA CONSERVABA ESTAS COSAS EN SU CORAZÓN.

María, la madre de Jesús, no entendía y quedaba desconcertada ante el comportamiento y actitudes de Jesús. Jesús discutiendo en el Templo con los sabios, Jesús que se salta la ley por menos de nada: cura en sábado, toca la lepra, la muerte, se deja tocar por la hemorroísa, etc., Jesús al que le siguen zelotas y prostitutas, Jesús que vuelca las mesas y las “ventanillas” del Templo…

María conservaba, meditaba y le daba más de cuatro vueltas a la cuestión.

El anuncio del ángel Gabriel llega a María después que ella ha llegado a la fe en su hijo Jesús.

María es madre, pero sobre todo, es creyente en Jesús.

05. La de Jesús: ¿UNA FAMILIA ROMÁNTICA?

La familia de Nazaret será santa y sagrada, pero en calma, no.

La Sagrada familia fue sin duda santa, pero ciertamente no fue tranquila. Es obligado distanciarse de la imagen consabida imagen tradicional de la familia de Nazaret: La Virgen vestida de manto celeste que hila lana, “San José” todo seráfico que trabaja la madera y “Jesús niño” rubio como un sueco, ojos azules, de color sonrosado, con un vestido más blanco imposible, siempre en una pose de bendición como preparándose para la futura misión … algún angelito disperso por el cuadro, algún pajarillo y florecillas. ¿Todo muy idílico? Nada de nada.

La agitación, como en tantas familias, es causada por el Hijo.

No le entienden. Y él, Jesús, no hace nada por facilitar las cosas.

Los tres, Jesús, José y María son santos pero inquietos.

Inquieto José porque no ve respetada su autoridad. Inquieta María, que no entiende a este Hijo. Inquieto Jesús, porque soporta mal las pretensiones de sus padres.

Lo más probable es que hubiera una grave tensión y más de cuatro discusiones entre Jesús y su familia, (Flusser).

06. MEDITEMOS Y CONSERVEMOS.

Nunca está de más echar una “pensada” a la vida, a los problemas y conflictos. Es la actitud de María.

Bueno será que pensemos las cosas personalmente y en la familia, en la sociedad, en la Iglesia.

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Yo y Dios somos uno.

Domingo, 30 de diciembre de 2018

E44035D1-3734-4AEE-A78C-29B65E0BCA0ADomingo dentro de la Octava de Navidad.

Fiesta de la Sagrada Familia, 30 de diciembre de 2018.

Lc 2, 41-52

No es casual que la primera y la última palabra que Lucas pone en boca de Jesús sea “Padre”, en el texto de hoy (1,49) y en el momento de morir en la cruz (23,46: “Padre, a tus manos confío mi espíritu”). El significado parece simple: el “Padre” era la referencia constante y última del Maestro de Nazaret.

Como toda palabra humana para expresar el Misterio, “Padre” no puede ser sino una metáfora, como lo es también el término “Dios”. En este segundo caso, la etimología parece remitir al sánscrito “Dev”, que significa “luz” o “luminosidad”. Por su parte, “Padre” hace referencia al origen, la fuente y el sustento de la vida.

El significado de la metáfora hace caer en la cuenta de que no se trata de un ente separado, sino de aquel Fondo –fiable y amoroso– del que Jesús, en el cuarto evangelio, afirma que “el Padre y yo somos uno” (Jn 10,30).

Ahora bien, aun reconociendo que no es un ente separado, es posible vivir ese Fondo en clave relacional. Al hilo de la otra metáfora, desarrollada en el comentario de la semana anterior –la ola frente al mar o ella misma mar–, es posible vivir a Dios en forma de éxtasis o de éntasis.

Desde una consciencia de “yo” separado, brotará la relación que percibe a Dios como el “Tú” a quien dirigirse. Desde una consciencia que transciende el yo porque, silenciada la mente, se ha experimentado una con todo lo que es, surgirá la comprensión y vivencia de Unidad, hasta poder hacer propias aquellas palabras de Jesús que citaba más arriba.

Las dos formas son legítimas e incluso compatibles: depende del “lugar” donde la persona se encuentre. En la mística cristiana se encuentran ejemplos de ambas vivencias. Dado que las extáticas son bien conocidas, me gustaría citar simplemente una del Maestro Eckhart, quien alaba a quien “está vacío de toda oración, y su oración no es más que ser uno con Dios. En eso consiste toda su oración”…, llegando a afirmar –las resonancias joánicas son evidentes– que “me doy cuenta de que yo y Dios somos uno”.

Sin embargo, siendo legítimas ambas formas, como ocurre con todo lo humano, cada una de ellas encierra ventajas e inconvenientes.

El silencio contemplativo (éntasis) favorece la comprensión y vivencia de nuestra verdadera identidad, superando el engaño que supone cualquier dualismo: somos no-separados de todo y del Fondo de lo que es. El riesgo es el de quedar atascados en el narcisismo y –a falta de un “tú” como referencia– atrapados en un movimiento egocentrado. En efecto, aun partiendo de una comprensión genuina, el yo tenderá a apropiarse de Aquello que nos constituye, dando lugar a lo que se denomina como “narcisismo espiritual”.

La oración relacional (éxtasis), por su parte, puede prevenir tal riesgo, al percibir ese Fondo como un “Tú”, estableciendo una “distancia” con respecto al yo apropiador, que puede resultar liberadora y prevenir trampas narcisistas; el sujeto se sitúa “frente” al Fondo que lo constituye, y esa misma postura impide que se identifique con él. La “distancia” permite contemplar y celebrar Eso (Lo que es), así como reconocerlo en todas las personas, favoreciendo una actitud de asombro, admiración, gratitud, respeto y amor. El riesgo que ello comporta no es otro que el dualismo –la separatividad– y el antropomorfismo, tal como suele ocurrir con frecuencia en las representaciones religiosas.

¿Cómo podría vivirse de manera que se sorteara ese riesgo? La expresión que me surge espontánea es la siguiente: “Que me reconozca en ti y me viva desde ti”. ¿Quién es ese “ti” a quien me dirijo? Eso inefable que constituye el Fondo de todo lo real y, por tanto, también nuestra verdadera identidad. Las religiones lo han llamado “Dios” –si bien han tendido a pensarlo como un Ente separado–, pero igualmente puede nombrarse como “Consciencia”, “Presencia consciente”, “Vida”, “Lo que es”… A esa Realidad última me dirijo y me entrego, consciente de que me estoy entregando a lo que verdaderamente soy, aunque ahora me dirija a Ello en clave relacional. Tal entrega puede prevenir eficazmente el narcisismo espiritual, en la medida en que me hago consciente de que no busco lo que quiere el yo, sino lo que la “Vida” me trae o quiere para mí.

La comprensión nos sitúa en el “lugar” desde el que se expresaba Jesús hasta hacernos reconocer que no somos el yo que la mente piensa, sino la Vida o Dios viviéndose en nosotros. Siendo así, ¿cómo no habríamos de vivir “ocupándonos de las cosas del Padre”, o incluso en el momento de la muerte, cómo no confiar a él nuestro espíritu?

¿De qué forma vivo el Fondo que somos?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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En Damasco, un pesebre sin techo representa a los 13 millones de refugiados sirios.

Martes, 25 de diciembre de 2018

5EC57970-C229-4240-9120-FA948A89EDE2El desamparo de la Sagrada Familia los simboliza.

Queríamos ser solidarios con nuestros compatriotas empobrecidos y olvidados”, dicen sus responsables.

Por primera vez en muchos años de guerra, la catedral maronita de la capital vuelve a ser centro de actividades

Este año muchos jóvenes cristianos han comenzado a reunirse de nuevo también en la catedral maronita de Damasco, después de años sin llevar a cabo ninguna actividad en común a causa de la guerra. Los jóvenes son los que esta Navidad se ocuparon de instalar el pesebre en el templo.

En esa escena de Natividad que los muchachos y muchachas han preparado las figuras de la Virgen María, San José y el Niño Jesús están al aire libre sin estar protegidas por un techo o dentro del establo, como habitualmente se presentan los pesebres en el mundo.

Y si los fieles y los peregrinos preguntan por esto a los jóvenes cristianos de Damasco, responden que la Sagrada Familia bajo las estrellas y sin un lugar a dónde ir simboliza la situación de 13 millones de refugiados sirios que no tienen techo.

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“El Niño Jesús es uno de ellos. Queríamos ser solidarios con nuestros compatriotas refugiados, empobrecidos y olvidados, con este pesebre sin techo abandonado, como ellos, a cielo abierto, de donde proviene la única esperanza”, explica en un mensaje enviado a la Agencia Fides el arzobispo maronita Samir Nassar.

Fuente Fides/ Religión Digital

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La Sagrada Familia se teñirá de rojo por los cristianos perseguidos en el mundo

Viernes, 9 de noviembre de 2018

sagra_560x280Junto al Coliseo de Roma, el Cristo Redentor de Río de Janeiro o el Parlamento de Londres

Iniciativa de Ayuda a la Iglesia Necesitada para reivindicar el derecho a la libertad religiosa

Ayuda a la Iglesia Necesitada es la única institución católica que elabora un informe sobre la libertad religiosa en todo el mundo y para todas las religiones. Desde el año 2000, este estudio se edita cada dos años y es elaborado a nivel internacional

El próximo 23 de noviembre, el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona se iluminará de rojo durante cuatro horas, a partir de las 20, para reivindicar el derecho a la libertad religiosa en el mundo. Lo informa Ayuda a la Iglesia Necesitada España, explicando que el objetivo de la iniciativa es sensibilizar a la sociedad acerca del drama que viven tantos cristianos perseguidos en el mundo.

El evento se enmarca dentro de la presentación del nuevo Informe sobre Libertad Religiosa en el mundo 2018, editado por ACN, que recoge la realidad de este derecho en 196 países del mundo, con respecto a todas las religiones.

El nuevo Informe Libertad Religiosa en el mundo 2018 (ILR) se presentará, en primer lugar, el próximo 22 de noviembre en Madrid y seguidamente, el 23 con un acto público a las 19 horas en el famoso templo de Gaudí.

De esta manera, la capital catalana se suma a otras ciudades donde también se iluminaron monumentos destacados, con el fin de concienciar sobre la violación del derecho a la libertad religiosa y la persecución de los cristianos, como el Coliseo de Roma, el Cristo del Corcovado de Río de Janeiro o el Parlamento de Londres.

La iniciativa de ACN España se une a otro nuevo importante evento que ACS Italia organiza junto al Patriarcado de Venecia, el próximo 20 de noviembre. En esa ocasión, serán iluminados de rojo numerosos lugares simbólicos de la “ciudad de los canales” siempre para recordar a los millones de cristianos perseguidos y, de manera particular, a Asia Bibi.

La significativa iniciativa de la fundación pontificia, será presentada en conferencia de prensa el 9 de noviembre en la sede central del Secretariado italiano de Aiuto alla Chiesa che Soffre (Ayuda a la Iglesia Necesitada) en Plaza San Calixto, en Roma.

El presentación del evento, contará con testigos de Iglesias oprimidas y perseguidas, con el fin de subrayar la urgencia de encender los reflectores sobre el tema de las violaciones de la libertad religiosa que acaecen en todo el mundo. Junto al director de ACS-Italia, Alessandro Monteduro, participarán en la conferencia de presentación Don Joseph Fidelis (Nigeria), el Padre Antoine Safwat Tawfik Alan (Egipto), Don Robert Digal (India), Don David John (Pakistan) y la Hermana Caterina Thi Kim Sa Tran (Vietnam). En comunicación telefónica, intervendrá el Patriarca de Venecia, Mons. Francesco Moraglia, como también el asesor para la Cohesión Social del municipio de Venecia, Simone Venturini.

La iluminación de los numerosos lugares simbólicos de Venecia, se enmarca en el ámbito de la tradicional peregrinación diocesana de los jóvenes a la Basílica de la Virgen de la Salud por las “calli” (calles) de la ciudad, guiada como cada año, por el Patriarca Mons. Moraglia.

Ayuda a la Iglesia Necesitada es la única institución católica que elabora un informe sobre la libertad religiosa en todo el mundo y para todas las religiones. Desde el año 2000, este estudio se edita cada dos años y es elaborado a nivel internacional.

Fuente Vatican News, vía Religión Digital

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“Hogares cristianos”. Sagrada Familia – B (Lucas 2,22-40)

Domingo, 31 de diciembre de 2017

JESÚS ADOLESCENTE EN EL TALLER DE JOSÉ.-John Everett Millais

Hoy se habla mucho de la crisis de la institución familiar. Ciertamente, la crisis es grave. Sin embargo, aunque estamos siendo testigos de una verdadera revolución en la conducta familiar, y muchos han predicado la muerte de diversas formas tradicionales de familia, nadie anuncia hoy seriamente la desaparición de la familia.

Al contrario, la historia parece enseñarnos que en los tiempos difíciles se estrechan más los vínculos familiares. La abundancia separa a los hombres. La crisis y la penuria los unen. Ante el presentimiento de que vamos a vivir tiempos difíciles, son bastantes los que presagian un nuevo renacer de la familia.

Con frecuencia, el deseo sincero de muchos cristianos de imitar a la Familia de Nazaret ha favorecido el ideal de una familia cimentada en la armonía y la felicidad del propio hogar. Sin duda es necesario también hoy promover la autoridad y responsabilidad de los padres, la obediencia de los hijos, el diálogo y la solidaridad familiar. Sin estos valores, la familia fracasará.

Pero no cualquier familia responde a las exigencias del reino de Dios planteadas por Jesús. Hay familias abiertas al servicio de la sociedad y familias egoístas, replegadas sobre sí mismas. Familias autoritarias y familias donde se aprende a dialogar. Familias que educan en el egoísmo y familias que enseñan solidaridad.

Concretamente, en el contexto de la grave crisis económica que estamos padeciendo, la familia puede ser una escuela de insolidaridad en la que el egoísmo familiar se convierte en criterio de actuación que configurará el comportamiento social de los hijos. Y puede ser, por el contrario, un lugar en el que el hijo puede recordar que tenemos un Padre común, y que el mundo no se acaba en las paredes de la propia casa.

Por eso no podemos celebrar la fiesta de la Familia de Nazaret sin escuchar el reto de nuestra fe. ¿Serán nuestros hogares un lugar donde las nuevas generaciones podrán escuchar la llamada del Evangelio a la fraternidad universal, la defensa de los abandonados y la búsqueda de una sociedad más justa, o se convertirán en la escuela más eficaz de indiferencia, inhibición y pasividad egoísta ante los problemas ajenos?

José Antonio Pagola

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Marina Ibarlucea

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“El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría”. Domingo 31 de diciembre de 2017. La Sagrada Familia de Nazaret.

Domingo, 31 de diciembre de 2017

06-familia (B) cerezoLeído en Koinonia:

Eclesiástico 3,2-6.12.14: El que teme al Señor honra a sus padres.
Salmo responsorial: 127: Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.
Hebreos 11,8.11-12.17-19: Fe de Abrahán, de Sara y de Isaac.
Lucas 2,22-40 El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, que éste no dejará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todo estos consejos, aún conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de pérdida de sus funciones.

Desde una perspectiva cristiana, la familia continúa teniendo una función insustituible: ser una comunidad de amor en donde los que la integran puedan abrirse a los demás con una total sinceridad y confianza. Dejando aparte los consejos que en último lugar da San Pablo, y que son puramente circunstanciales y muy ligados a las costumbres y mentalidad de la época, la exhortación a la mansedumbre, a la paciencia, al perdón y, sobre todo, al amor, es algo realmente básico para la familia de nuestro tiempo.

El evangelio de Lucas que hoy proclamamos nos cuenta –dentro del género de los «relatos de la infancia»- el rito de la presentación del niño en el Templo, celebrado también por los padres de Jesús. El fragmento de hoy concluye con unas palabras muy importantes, que, junto con otros pasajes paralelos de Mateo, proclaman el “progreso” en el “crecimiento” de Jesús «en edad, sabiduría y gracia, ante los hombres y ante Dios».

Tiempos hubo en que la «cristología vertical descendente» clásica se veía en la necesidad de corregir estas palabras diciendo que, obviamente, eran metáforas, porque Jesús no podía «crecer, progresar en sabiduría ni en gracia», ya que era perfecto… La cristología renovada, «ascendente» ahora, por el contrario, se fijó en estos versículos y los subrayó: sería el evangelio mismo el que nos estaría afirmando que Jesús «fue haciéndose», no sólo creciendo en edad, sino «en sabiduría» e incluso «en gracia».

Este evangelio, y sus paralelos, es, por ello muy importante, por cuanto nos insta a desvincularnos de los planteamientos metafísicos griegos fixistas. La «encarnación» no sería un chispazo de conexión instantánea entre dos «naturalezas», sino todo un proceso histórico.

Pablo da algunos consejos para la convivencia con otros. Se requiere humildad, acogida mutua, paciencia. Y si fuese necesario, perdonar. Así procede Dios con nosotros. Su actitud debe ser el modelo de la nuestra (v.12-13). Pero, “por encima de todo”, está el amor, de Él tenemos que revestirnos, dice Pablo empleando una metáfora frecuente en sus cartas (v.14). De este modo “la paz de Cristo” presidirá en nuestros corazones (v.15).

Si el amor es el vínculo que une a las personas, la paz se irá construyendo en un proceso, los desencuentros irán desapareciendo (los enfrentamientos también) y las relaciones se harán cada vez más trasparentes. En el marco de la familia humana, esos lazos son detallados en el texto del Eclesiástico (3,3-17).

Lucas nos presenta a la familia de Jesús cumpliendo sus deberes religiosos (vv. 41-42). El niño desconcierta a sus padres quedándose por su cuenta en la ciudad de Jerusalén. A los tres días, un lapso de tiempo cargado de significación simbólica, lo encuentran. Sigue un diálogo difícil, suena a desencuentro; comienza con un reproche: “¿Por qué nos has hecho esto?”. La pregunta surge de la angustia experimentada (v. 48). La respuesta sorprende: “¿Por qué me buscaban?” (v. 49), sorprende porque la razón parece obvia. Pero el segundo interrogante apunta lejos: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”. María y José no comprendieron estas palabras de inmediato, estaban aprendiendo (v.50).

La fe, la confianza, suponen siempre un itinerario. En cuanto creyentes, María y José maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se harán paulatinamente más claras. Lucas hace notar que María “conservaba todas las cosas en su corazón” (v. 51). La meditación de María le permite profundizar en el sentido de la misión de Jesús. Su particular cercanía a él no la exime del proceso, por momentos difícil, que lleva a la comprensión de los designios de Dios. Ella es como primera discípula, la primera evangelizada por Jesús.

No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María “entiende”. Pero hay tres exigencias fundamentales para entrar en comunión con Dios: 1) Buscarlo (José y María “se pusieron a buscarlo”); 2) Creer en Él (María es “la que ha creído”); y 3) Meditar la Palabra de Dios (“María conservaba esto en su corazón”). Leer más…

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31.12.17 ¡Corre, corre José, que no cojan a Jesús y María! Domingo de la familia.

Domingo, 31 de diciembre de 2017

26001093_909140222596504_7701184174724347274_nDel blog de Xabier Pikaza:

Se junta el 31 la fiesta de fin de año (San Silvestre) con la Sagrada familia. Es por un lado la fiesta de las grandes carreras de fondo, con el despilfarro de la Nochevieja (gastar y gastar), y, por otro, la fiesta (!) de los que huyen perseguidos, buscando libertad, como José y María, con Jesús, solos en la noche, con un pobre asno (imagen 1: cuadro de Rembrandt, no necesita comentario).

Acaba así el año con la “navidad” de la Sagrada Familia, formada por José, con María y Jesús, una banda “ejemplar” de emigrantes peligrosos, que deben huir de su patria (donde les persiguen), buscando otra tierra también rica en opresiones (Egipto).

Tomo como evangelio de este día el de Mt 2, que es una continuación del ayer (los Inocentes), un reflejo impresionante de la “fiesta de la vida”, mientras Jesús huye, en un mundo dividido:

— Unos niños mueren en Belén, sin más pecado que el haber nacido en un mundo ocupado por otros, como signo de Jesús, que morirá en la Cruz, ya de mayor, con y a favor de esos niños, y de todos los perseguidos y asesinados de la historia.
— Pero Jesús logra escapar, porque José y María le llevan a Egipto… llevando en el alma la historia de los niños muertos, para vivir y proclamar por ellos (para ellos) el reino de la libertad completa.

26167722_909183089258884_7052104130616249236_nSobre la “huida” y estancia de la familia sagrada en Egipto se han escrito mil historias, y algunos añaden que Jesús habría aprendido allí las artes antiguas del país de las pirámides, haciéndose mago etc. Pero el texto del evangelio, de tipo simbólico, sólo trata de la huida y la persecución sin más, una historia desnuda, pero llena del milagro de la libertad en medio de la persecución.

No sabemos si los padres de Jesús tuvieron que saltar algún muro, cruzar empalizadas, burlar policías con perros adiestrados. Algunos dicen que siguen por ahí, en una patera (imagen 2, tampoco necesita comentario), que aún no ha llegado a las islas de la libertad, otros afirman que intentan salir de Belén, pero que el muro actual es mucho más alto que el de Herodes, otros dicen que siguen buscando coyotes buenos para cruzar la raya de Nueva México o Azizona…

Según el Evangelio, José, con María y Jesús, lograron escapar y huir al exilio, volviendo después, bajo peligros de su tierra. Así aparecen como patronos de emigrantes, fugitivos, ilegales.. Ellos tuvieron suerte, logran escapar; muchos no lo consiguieron entonces, ni lo consiguen ahora. Pero no se escaparon para desentenderse de los otros, sino para ayudarles mejor.

la-familia-en-la-bibliaMientras tanto, muchos de nosotros podemos seguir celebrando la fiesta de la Familia Vacía (vacía de Dios, carente de solidaridad humana…), con mucha cava, perfumes caros y vestidos de diseño,… con regalos inútiles para nuestros niños… corre, corre, familia de Jesús, como una banda célula de exiliados peligrosos, buscados por la policía…

Sigue, sigue la familia de Jesús, como recuerda hoy la liturgia, para que nosotros no olvidemos que Dios nace en una “cuadra” o una “cueva”, en las pateras, en los caminos del exilio, en medio de la noche.

Sigue, sigue, familia de Jesús, tenemos que decir nosotros, no sólo con palabras, sino con hechos, con un gesto de acogida social y familiar, personal y universal, abierta a todos los niños, a todos los mayores fugitivos, errantes, sin tierra, en una tierra que sigue “manando leche y miel” para los privilegiados de la historia.

Ha nacido Dios en una familia de “fugitivos”, emigrantes perseguidos por un tipo de ley que aquí en España, como en la Mesopotamia de Abrahán y en la Judea de Jesús sigue estando al servicio de los “propietarios” de turno, que sirven a sus “dioses”, según la ley inventada por ellos.

Así lo quiere indicar la imagen 3, con Abrahán, que huye también de la alta Mesopotamia, buscando libertad, con sus mujeres e hijos, como digo en ese libro… Su huida fue signo de la huida de los hebreos de Egipto, de la huida de José y María, con Jesús (con un pobre asno, sin camellos)..

Desde Abrahan e Isaac/Ismael, hasta María y José con Jesús, ésta es nuestra verdadera historia, la historia de la familia humana, que ha existido y existe por el tesón de fugitivos como estos. Esto somos, hijos de fugitivos, por ellos existimos. Nuestro Dios es también un fugitivo (Vino a los suyos y los suyos no le recibieron, como dice el relato fundante de la Navidad: Jn 1).

Texto.

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.” José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: “Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto”.

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: “Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño.” Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno. Mateo 2,13-15.19-23.

Temas principales

Sería bueno leer el texto completo tiene dos partes: huida a Egipto, con la muerte de los Inocentes (Mt 2, 13-114), y vuelta a Nazaret (2, 19-23). Aquí queremos exponer sólo la primera, insistiendo en su importancia social, en su actualidad.

xxa-112-indio-fugida-02b-xEs difícil que alguien pudiera haber escrito escenas más bellamente duras y sangrantes. Ellas son como el espejo de nuestra historia asesina, que avanza sobre cadáveres de niños sacrificados, de inocentes fugitivos, de varones y mujeres errantes, perseguidos, en busca de patria. Nuestra historia de la falsa navidad avanza sobre la Navidad verdadera que se sigue escribiendo y cumpliendo en los caminos de los fugitivos, en las cárceles del mundo (porque no todos logran liberarse, como la familia de Jesús). Quien quiera precisar los detalles del texto que busque y lea un buen comentario. Aquí sólo podemos destacar los rasgos más significativos en nuestro contexto:

– Rey miedoso, rey asesino.

Parece que lo puede todo, así le llaman Herodes el Grande; y sin embargo está atrapado entre las mallas de su envidia y miedo que le vuelven impotente y duro. Para asegurar su reino tiene que matar a todos los posibles competidores, sentándose en un trono de sangre. Para mantenerse a sí mismo, un tipo de capitalismo o dictadura económica tiene que matar a todos los opositores…

– Dios salvador oculto, Dios escondido ¿Dios impotente?.

Deja que Herodes se imponga con armas de muerte; parece escondido, incapaz de actuar, pero él es quien dirige lo que existe; así protege al niño y a su madre, guiando su camino en medio de las pruebas y peligros de la historia. Es un Dios misterioso: ¿por qué salva a Jesús y no a los niños inocentes de Belén? ¿por qué salva a Jesús y siguen muriendo millones y millones de inocentes? ¡Quizá para que Jesús pueda abrirnos a todo un camino de salvación!

– Familias, sagradas, niños inocentes.

Allí donde el rey (o la política y economía de turno) persigue a los pobres… las familiar pobres y perseguidas son las familias sagradas. Los primeros mártires cristianos son los niños inocentes que mueren “por política”. Sólo se puede celebrar hoy la fiesta de la “buena familia” (con papa, mamá y niños ricos: ¡que Dios los bendiga!), si descubrimos que las familias más sagradas, las que debemos respetar, proteger y potenciar (las familias de Dios) son las que no tienen casa ni patria, ni medios de vida… y sin embargo siguen y siguen caminando

– Jesús Niño.

Herodes le quiere matar, pero no puede pues Dios mismo protege su camino, le libera. Mueren los niños en su lugar, perecen los millones de inocentes, pero él no les olvida ni abandona: crecerá para anunciarles luego el reino y morir por todos ellos, ofreciéndoles la gloria de su pascua.

– La madre.

Comparte la suerte del niño, vive para él, con él asume los peligros de evasión y exilio. Sigue pareciendo pasiva (se le dice a José: toma al niño y a su madre: Mt 2, 14.20) y, sin embargo, en su pasividad ella es la más activa: cuida, protege, educa al niño entre persecuciones y exilio. Mientras haya madre que protege al niño, como la de Is 7, 14… habrá Navidad.

– José.

Vuelve a cumplir, en medio de la persecución, aquella misma tarea de fe que está en el fondo de Mt 1, 18-25: cree en María, acoge, dirige, libera a la madre con el niño, poniéndose al servicio del Dios fugitivo, expulsado, exilado en el mundo. Mientras haya padres como José que se arriesgan por la mujer y por el niño…que son su riqueza, el don de Dios…, mientras haya padres que estén dispuestos a sufrir en el exilio o en la pobreza por sus hijos y por la madre de sus hijos… habrá Navidad.

-Todos los perseguidos del mundo…

En el tema central de esta día católico de la Sagrada Familia quedan todos los niños perseguidos del mundo, todas las “sagradas familias” de los que tienen que huir, emigrar, esconderse…

Reflexión de fondo

Jesús nace sobre un mundo de envidias, violencias y opresiones. Evidentemente asume la suerte de los perseguidos y exilados: como un simple ilegal, “indocumentado” peligroso, se esconde el Mesías. Su madre ha cometido el gran “delito” de dar a luz a un hijo que puede ser liberador; pues bien, persistiendo en el delito, ella esconde y cuida al niño peligroso, por encima (en contra) de la ley de estado que refleja o representa Herodes. No están solos: hijo y madre cuentan con la ayuda de un varón amigo, del fuerte José que les guía escondidos a Egipto y que después les devuelve con prudencia al pueblo de su origen (Nazaret). Leer más…

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Fiesta de la Sagrada Familia. Ciclo B. “Donde la familia no es lo importante”

Domingo, 31 de diciembre de 2017

circuncisionDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Dos lecturas que encajan

En una fiesta de la Sagrada Familia, esperamos que las lecturas nos animen a vivir nuestra vida familiar. Y así ocurre con las dos primeras.

El libro del Eclesiástico insiste en el respeto que debe tener el hijo a su padre y a su madre; en una época en la que no existía la Seguridad Social, “honrar padre y madre” implicaba también la ayuda económica a los progenitores. Pero no se trata sólo de eso; hay también que soportar sus fallos con cariño, “aunque chocheen”.

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

La carta a los Colosenses ha sido elegida por los consejos finales a las mujeres, los maridos, los hijos y los padres. En la cultura del siglo I debían resultar muy “progresistas”. Hoy día, el primero de ellos provoca la indignación de muchas personas: “Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor.” Cuando se conoce la historia de aquella época resulta más fácil comprender al autor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

Un evangelio atípico

presentacion-del-nino-jesus-en-el-temploSi san Lucas hubiera sabido que, siglos más tarde, iban a inventar la Fiesta de la Sagrada Familia, probablemente habría alargado la frase final de su evangelio de hoy: “El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.” Pero no habría escrito la típica escena en la que san José trabaja con el serrucho y María cose sentada mientras el niño ayuda a su padre. A Lucas no le gustan las escenas románticas que se limitan a dejar buen sabor de boca.

Como no escribió esa hipotética escena, la liturgia ha tenido que elegir un evangelio bastante extraño. Porque, en la fiesta de la Sagrada Familia, los personajes principales son dos desconocidos: Simeón y Ana. A José ni siquiera se lo menciona por su nombre (sólo se habla de “los padres de Jesús” y, más tarde, de “su padre y su madre”). El niño, de sólo cuarenta días, no dice ni hace nada, ni siquiera llora. Sólo María adquiere un relieve especial en la bendición que le dirige Simeón, que más que bendición parece una maldición gitana.

Sin embargo, en medio de la escasez de datos sobre la familia, hay un detalle que Lucas subraya hasta la saciedad: cuatro veces repite que es un matrimonio preocupado con cumplir lo prescrito en la Ley del Señor. Este dato tiene enorme importancia. Jesús, al que muchos acusarán de ser mal judío, enemigo de la Ley de Moisés, nació y creció en una familia piadosa y ejemplar. El Antiguo y el Nuevo Testamento se funden en esa casa en la que el niño crece y se robustece.

La misma función cumplen las figuras de Simeón y Ana. Ambos son israelitas de pura cepa, modelos de la piedad más tradicional y auténtica. Y ambos ven cumplidas en Jesús sus mayores esperanzas.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Simeón

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: – «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.

Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: – «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Sorpresa final

Las lecturas de hoy, que comenzaron tan centradas en el tema familiar, terminan centrando la atención en Jesús. Con dos detalles fundamentales:

  1. Jesús es el importante. La escena de Simeón lo presenta como el Mesías, el salvador, luz de las naciones, gloria de Israel. Ana deposita en él la esperanza de que liberará a Jerusalén. José y María son importantes, pero secundarios.

2. Jesús es motivo de desconcierto y angustia. Lo que Simeón dice de él desconcierta y admira a José y María. Pero a ésta se le anuncia lo más duro. Cualquier madre desea que su hijo sea querido y respetado, motivo de alegría para ella. En cambio, Jesús será un personaje discutido, aceptado por unos, rechazado por otros; y a ella, una espada le atravesará el alma. Lucas está anticipando lo que será la vida de María, no sólo en la cruz, sino a lo largo de toda su existencia.

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“Segundo Domingo de Navidad”. Ciclo B. 31 Diciembre, 2017

Domingo, 31 de diciembre de 2017

sagrada-familia

“Una profetisa, Ana, se presentó en ese mismo momento y daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban que Jerusalén sería liberada.”

(Lc 2, 22-40)

En el evangelio de hoy nos encontramos a Jesús todavía como un bebé. A sus pocas semanas aún no puede explicar quién es, pero ya hay quienes lo reconocen.

En la escena, María y José suben al templo de Jerusalén para presentar a su hijo al Señor. Están cumpliendo con la Ley judía y con la costumbre. Pero lo que podría haber sido un simple trámito se convierte en una fiesta de alabanza a Dios. En la entrada del templo se encuentran con Simeón, “un hombre justo y piadoso”, y con Ana, una profetisa. Las dos son personas mayores y mantienen una relación muy cercana con Dios: Simeón “tenía el don del Espíritu Santo”, y Ana “daba culto a Dios noche y día”.

Donde la mayoría solo verían a una familia más, Ana y Simeón reconocen al Mesías, quien liberaría a su pueblo. Si son capaces de verlo en un bebé, su mirada tiene que ser necesariamente especial: miran desde sus esperanzas más antiguas y profundas, desde la gratuidad, con unos ojos limpios de expectativas y pretensiones. Reconocen porque su corazón está lleno de Dios. Así, no dudan ni por un momento de quién es ese niño. Bendicen y dan gracias a Dios llenos de alegría y con naturalidad: la experiencia de su larga vida les dice que Dios está especialmente en lo humilde, por eso no se extrañan ante tal Mesías.

Ana y Simeón reconocen la maravilla delante de ellos, el tesoro que Dios les regala y pone en sus manos, y lo aceptan dando gracias y bendiciendo.

Oración

“Enséñanos, Trinidad Santa, a reconocerte en los acontecimientos más sencillos. Concédenos una mirada capaz de asombrarse ante la maravilla. Y que no nos olvidemos nunca de alabarte y agradecerte.”

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Toda familia es divina si es verdaderamente humana.

Domingo, 31 de diciembre de 2017

medjugorje-junio-2014-pentecostes-078Lc 2, 22-40

Debemos aclarar que el modelo de familia de aquella época tenía muy poco que ver con el nuestro. Los estudios sociológicos que se han hecho sobre la familia en tiempo de Jesús, no dejan lugar a duda. Si no tenemos en cuenta los resultados de esos estudios será imposible entender nada del ambiente en que se desarrolla la infancia de Jesús. El tipo de familia de Nazaret que se nos ha propuesto durante siglos, no ha existido nunca. El modelo de familia del tiempo de Jesús, era el patriarcal. La familia molecular era completamente inviable, tanto por motivos sociológicos como económicos. ¿Qué podían hacer dos jóvenes de 13 y 14 años con un recién nacido en los brazos?

Cuando el evangelio nos dice que José recibió en su casa a María, no quiere decir que fueran a vivir a una nueva casa. María dejó de vivir en la casa de su padre y pasó a integrarse en la familia de José. Esto no quiere decir que no tuvieran su intimidad y sus relaciones más estrechas los tres. El relato de la pérdida del Niño en Jerusalén es impensable en una familia de tres. Pero cobra su verosimilitud si tenemos en cuenta que es todo el clan el que hace la peregrinación y vuelven a casa todos juntos.

El relato evangélico que acabamos de leer, es muy rico en enseñanzas teológicas. Está escrito sesenta o setenta años después de morir Jesús. Lc quiere dejar claro, desde el principio de su evangelio, que la vida de Jesús estuvo insertada plenamente en las tradiciones judías. Su persona y su mensaje no son realidades caídas del cielo, sino surgidas desde el fondo más genuino del judaísmo tradicional.

Debemos buscar la ejemplaridad de la familia de Nazaret donde realmente está, huyendo de toda idealización que lo único que consigue es meternos en un ambiente irreal que no conduce a ninguna parte. Sus relaciones, aunque se hayan desarrollado en un marco familiar distinto, pueden servirnos como ejemplo de valores humanos que debemos desarrollar, cualquiera que sea el modelo donde tenemos que vivirlos. Jesús predicó lo que vivió. Si predicó el amor, es decir, la entrega, el servicio, la solicitud por el otro, quiere decir que primero lo vivió él. Todo ser humano nace como proyecto que tiene que ir desarrollándose a lo largo de toda la vida con la ayuda de los demás.

Debemos tener mucho cuidado de no sacralizar ninguna institución. Las instituciones son instrumentos que tienen que estar siempre al servicio de la persona que es el valor supremo. Las instituciones no son santas ni sagradas. Nunca debemos poner a las personas al servicio de la institución, sino al contrario. Con demasiada frecuencia se abusa de las instituciones para conseguir fines ajenos al bien del hombre. Entonces tenemos la obligación de defendernos de ellas con uñas y dientes. Claro que no son las instituciones las que tienen la culpa. Son algunos seres humanos que se aprovechan de ellas para conseguir sus propios intereses a costa de los demás.

No debemos echar por la borda una institución porque me exija esfuerzo. Todo lo que me ayude a crecer en mi verdadero ser, me exigirá esfuerzo. Pero nunca puedo permitir que la institución me exija nada que me deteriore como ser humano; ni siquiera cuando me reporte ventajas o seguridades egoístas. La familia sigue siendo el marco privilegiado para el desarrollo de la persona humana, pero no sólo durante los años de la niñez o juventud, sino que debe ser el campo de entrenamiento durante todas las etapas de nuestra vida. El ser humano solo puede crecer en humanidad a través de sus relaciones con los demás.

La familia es el marco insustituible para esas relaciones profundamente humanas. Sea como hijo, como hermano, como pareja, como padre o madre, como abuelo. En cada una de esas situaciones, la calidad de la relación nos irá acercando a la plenitud humana. Los lazos de sangre o de amor natural debían ser puntos de apoyo para aprender a salir de nosotros mismos e ir a los demás con nuestra capacidad de entrega y servicio. Si en la familia superamos la tentación del egoísmo amplificado, aprenderemos a tratar a todos con la misma humanidad: exigir cada día menos y darse cada día más.

No tenemos que asustarnos de que la familia esté en crisis. El ser humano está siempre en constante evolución, si no fuera así, hubiera desaparecido hace mucho tiempo. En el evangelio no encontramos un modelo de familia. Se dio siempre por bueno el existente. Más tarde se adoptó el modelo romano, que tenía muchas ventajas, pues desde el punto de vista legal era muy avanzado. Los cristianos de los primeros siglos hicieron muy bien en adoptar ese modelo. Lo malo es que se sacralizó y se vendió después como modelo cristiano, sin hacer la más mínima crítica a los defectos que conllevaba.

Con el evangelio en la mano, debemos intentar dar respuesta a los problemas que plantea la familia hoy. La Iglesia no debe esconder la cabeza debajo del ala e ignorarlos o seguir creyendo que se deben a la mala voluntad de las personas. No conseguiremos nada si nos limitamos a decir: el matrimonio indisoluble, indisoluble, indisoluble, aunque la estadística nos diga que el 50 % se disuelven. No se trata de que las personas sean peores que hace cincuenta años. Hoy, para mantener un matrimonio, se necesita una madurez mayor.

Al no darse esa madurez, los matrimonios fracasan. Dos razones de esta mayor exigencia son: a) La estructura nuclear de la familia. Antes las relaciones familiares eran entre un número de personas mucho más amplio. Hoy, al estar constituidas por tres o cuatro miembros, la posibilidad de armonía es mucho menor, porque los egoísmos se diluyen menos. b) La mayor duración de la relación. Hoy es normal que una pareja se pase sesenta años juntos. Es más fácil que en algún momento, surjan dificultades.

Como cristianos tenemos la obligación de hacer una seria autocrítica sobre el modelo de familia que proponemos. Jesús no sancionó ningún modelo, como no determinó ningún modelo de religión u organización política. Lo que Jesús predicó no hace referencia a las instituciones, sino a las actitudes que debían tener los seres humanos en sus relaciones con los demás. Jesús enseñó que todo ser humano debía relacionarse con los demás como exige su verdadero ser, a esta exigencia le llamaba voluntad de Dios. Cualquier tipo de institución que permita esta relación plenamente humana, puede ser cristiana.

No solo no es malo que se separen dos personas que no se aman. Es completamente necesario que se separen, porque no hay cosa más inhumana que obligar, por decreto, a vivir juntas a dos personas que no se aman. Esto no contradice en nada la indisolubilidad del matrimonio, porque lo único que demostraría es a la falta de amor que ha hecho nulo, de todo derecho, lo que hemos llamado matrimonio. Si hay sacramento ciertamente es indestructible. Pero para que haya sacramento, no es suficiente que hagamos el signo. Es imprescindible que se dé la realidad significada, el amor.

Meditación

Éste es el Jesús que nos interesa de verdad.
Un ser humano que recorre nuestro propio camino.
Solo así nos puede indicarnos la verdadera dirección.
En nuestra vida espiritual
lo importante es no instalarse ni apoltronarse.
Paso a paso debemos avanzar, aunque sea en la oscuridad.
Mientras sigas dando pasos, estás en el buen camino.

Fray Marcos

 Fuente Fe Adulta

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Un Dios más allá de Dios.

Domingo, 31 de diciembre de 2017

Sagrada_Familia_iconoLa vida de calidad es un proceso, no un estado del ser. Es una dirección, no un destino (Carl Rogers)

31 de diciembre, fiesta de la Sagrada Familia

Lc 2, 22-40

El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría (v 40)

En la película Sonata de Otoño (1978), del sueco Ingmar Bergman (1886-1970), la protagonista Eva, dice a Charlotte: “Cuando interpretas el movimiento lento de Beethoven en la Sonata para piano, debes sentir que vives en un mundo sin ninguna limitación, que estás ante un hecho que averiguas sin descanso, y que nunca comprenderás”.

¿Eran realmente tres los miembros que integraban la tradicionalmente llamada “Sagrada Familia” por la literatura y por el arte? Los teólogos e investigadores de la vida de Jesús no estás de acuerdo con esta visión, y defienden su punto de vista en su obra Otro Dios es posible, Parte I, que acaba de publicar Colección Exégesis Fe Adulta. María y José Ignacio López Vigil, ex jesuita, lo avalan con estos datos: “Los cuatro evangelios hablan en varias ocasiones de los “hermanos de Jesús, utilizando siempre la palabra griega “adelphos” que etimológicamente significa “de un mismo vientre” (Mateo 12, 46-47; Marcos 3, 31-32; Lucas 8, 19-21; Juan 2, 2) En el evangelio de Mateo (13,53-58) se mencionan incluso los nombres de los cuatro hermanos varones de Jesús: Santiago (Jacobo), José, Judas y Simón y se habla también de sus hermanas. En Lucas 2, 7 se lee que Jesús fue un hijo “primogénito” de María, no el hijo “unigénito”, lo que sugiere que María tuvo otros hijos”.

El calendario gregoriano señala la noche del 31 de diciembre como la última del año. En Roma, existe la tradición de arrojar los objetos viejos de la casa por las ventanas antes de las 12. Su significado es el de iniciar el año desprendiéndonos de todo lo que no nos sirve. (¿Se arrojarán, también, las viejas ideas por las del Vaticano?).

“Sabiduría es saber qué tienes que hacer, habilidad es saber cómo hacerlo, y virtud es hacerlo”, decía el naturalista americano David Starr Jordán. El Diccionario de la Real Academia Española la define en términos de conocimiento. Pablo la menciona en 1 Corintios 1, 20, y en Efesios la atribuye la función de impulsarnos “hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, y seamos hombres cabales y alcanzamos la edad de una madurez cristiana” (Ef 4, 13).

En el Antiguo Testamento nos encontramos con una especie de “Pentateuco Sapiencial” –Proverbios, Job, Eclesiastés, Eclesiástico y Sabiduría– del que dice Shökel en su Biblia del Peregrino, que su propósito “no es la enseñanza intelectual, ni proponer una especie de catecismo ético, ni indagar el puesto de la vida humana en el orden cósmico. Más bien sería como una ‘oferta de sensatez’, que no imposición, como guía para todo ser humano”.

Y no sólo para todo ser humano, sino también para cada una de sus criaturas. Cuando Dios creó el mundo y dijo: “Creced, multiplicaos y llenad la tierra” (Gn 1, 28), les propuso alcanzar su plenitud, a cada uno según su especie y naturaleza. En la Grecia antigua se la personificaba como Σοφία (Sofia), y en los iconos rusos aparece como Sabiduría Santa.

En ese mandato universal podríamos encontrar los protagonistas a que se refirió el novelista húngaro Sándor Márai en El último Encuentro, cuando escribió este sugerente texto: Estuvieron largo rato sentados así al pie de la higuera. Escuchaban el mar: su rumor les era conocido. Murmuraba como murmuran los bosques de su patria. El niño y la nodriza pensaron que todo estaba conectado con el mundo”.

Carl Rogers, el fundador de la Escuela Humanista de Psicología, dijo en una ocasión: La vida de calidad es un proceso, no un estado del ser. Es una dirección, no un destino. Y esto es lo que se cumplen Jesús cuando de él escribe Lucas en 2, 40 que El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría”.

En la ópera El castillo de Barba Azul, del también húngaro Béla Bartók, la protagonista Judith, canta de su jardín secreto: “¡Ah, delicadas flores! / ¡Lirios gigantes, altos como hombres! / ¡Rosas frescas, sedosas, exquisitas! / ¡Rojos claveles que brillan a la luz! / ¡Nunca he contemplado belleza tal!”.  Jesús la alcanzó, y ojalá nosotros la logremos. La siguiente historia puede orientarnos en cómo hacerlo.

UN RELOJ EN EL GRANERO

Una vez un campesino descubrió que había perdido su reloj en el granero. No era un reloj cualquiera porque tenía un valor sentimental para él. Después de buscar en todo el heno durante bastante tiempo, se rindió y buscó con la ayuda de un grupo de niños que jugaban fuera del granero. Les prometió que el que lo encontrara sería muy bien recompensado.

Al oír esto, los niños corrieron dentro del granero, buscaron en todo el pajar y alrededor de él, pero ellos tampoco pudieron encontrar el reloj. Cuando el granjero estaba a punto de dejar de buscar, un niño se le acercó y le pidió otra oportunidad.

El granjero le miró y pensó: “¿Por qué no? Después de todo, este niño parece bastante sincero”.

Así el granjero envió al niño otra vez al granero. Pasado un rato, ¡el niño salió con el reloj en la mano! El granjero se sintió feliz y, sorprendido, le preguntó cómo él tuvo éxito cuando los demás habían fracasado.

Y creo que este es un problema que hay que resolver. El niño le respondió: “No hice nada, solo me senté en el suelo y escuché. En el silencio, oí el tictac del reloj y fui a buscarlo en esa dirección”.

Una mente tranquila puede pensar mejor que una mente alterada. ¡Déjale unos minutos de silencio a tu mente todos los días y te ayudará a dirigir tu vida en la manera que lo esperas!

Cuento popular

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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