Comentarios desactivados en «Místicos de ojos abiertos «, por Miguel Ángel Mesa
De su blog Otro mundo es posible:
«En el descubrir, en el “ver” a las personas a las que solemos excluir de nuestro campo visual cotidiano y que, por tanto, las más de las veces permanecen invisibles, empieza el vislumbre, la visibilidad de Dios entre nosotros… Es ahí donde encontraremos su huella» (Johann Baptist Metz).
En nuestros días, contra todo pragmatismo que nos pretendan imponer, necesitamos de la mística en la vida, pero de una mística especial: la que nos invita a mantenernos vigilantes, atentos, con los ojos abiertos. Por lo tanto, esta nueva mística no es la que se ausenta de la realidad, cerrando los ojos a la misma, sino todo lo contrario.
Con este sentido místico de la vida, con una conciencia planetaria, se nos invita a renovar y entrar en una nueva dinámica de relaciones, que transforme nuestra forma de mirar, de atender, de unirnos al Ser que todo lo habita y en el que todo adquiere su consistencia.
Cuando esta mística impregna a la persona, esta se transforma en un hombre, una mujer que se abre a nuevas realidades, renuncia a fronteras y partidismos, muestra en las relaciones con los demás una acogida permanente, contagiando una delicadeza espiritual por medio de su sonrisa, la empatía, la cercanía, la amabilidad, la comprensión, la solidaridad, la ternura y la capacidad de admiración y sorpresa ante cada nueva realidad que acontece a su alrededor.
Por lo tanto, la experiencia mística no es propiedad exclusiva de una serie de personas privilegiadas, normalmente ligadas a la vida religiosa, que tienen raptos místicos que las trasladan al séptimo cielo. La mística de la que hablamos se puede dar y la pueden experimentar personas de cualquier religión, incluso agnósticos o ateos. Solo requiere abrirse sin vallas protectoras ante la trascendencia y la diafanidad de la vida, de las experiencias existenciales, de la belleza, la armonía o el dolor y el sufrimiento de tantos seres humanos a nuestro alrededor.
Por lo tanto esta experiencia nos conduce de modo inexcusable a la relación con los demás, desde un sentido más material y terrenal de la mística, que hace de lo cotidiano la epifanía del misterio de la existencia para nosotros hoy. R. Panikkar, en este sentido, dice que la mística hay que entenderla como «experiencia de la vida… o experiencia integral de la realidad».
Por lo tanto, una persona mística no se puede desentender de lo que sucede a su alrededor. Al contrario, se encarna en los gozos, las esperanzas, los sufrimientos y las luchas de sus hermanos y hermanas, como una característica fundamental de su humanidad, la esencia de su ser humano en relación con los demás.
El místico es una persona espiritual, entendiendo la espiritualidad como «la vida con espíritu, la vida que respira, la vida alentada y empujada por el soplo, la brisa o el huracán… Es vivir en el Espíritu que habita en todos los seres, en el Espíritu que acompaña y consuela, que libera y da anchura, que nos hace prójimos y compasivos, nos hace capaces de paz y de armonía, nos enseña a mirar a todos los seres con atención, respeto, miramiento. Nos permite ver que todo es sagrado y admirarlo y cuidarlo» (José Arregi).
«La experiencia del misterio (en el místico de ojos abiertos) ocurre en el corazón de la realidad, en atención continua a las pequeñas señales de lo cotidiano, en un intento incesante por adentrarse cada vez más en su espesura» (Faustino Teixeira).
«Felices quienes, al contemplar el dolor o el sufrimiento, muestran su espiritualidad y su mística de vida mediante una actitud acogedora, fraternal y solidaria».
Comentarios desactivados en “Más silencio, menos motosierra”, por Koldo Aldai Agirretxe
ECLESALIA, 28/02/25.- Prefiere, sin lugar a dudas, permanecer discreta, reservada, callada. Creo que en el fondo se teme a sí misma y al estrago que pueda causar. A la «Shell» que hemos comprado le cuesta rugir, como si recelara exhibir todo su desmesurado potencial. A veces hemos de esperar a que venga el vecino a arrancarla, a veces hemos de resignarnos y retornar a la hacha silenciosa, tenaz, infalible, por ende paciente.
Una vez en marcha el molesto ruido no ahuyente las preguntas imprescindibles. Cuando la motosierra empieza a rugir en medio de la sagrada paz del bosque deberemos tornar humildes, pedir permiso si queremos ver por los suelos los enhiestos hermanos. Acabar con cualquier orden de vida emplace nuestra conciencia. El depósito de la máquina necesita su precisa mezcla de aceite y gasolina, también nuestros adentros acertada combinación de respeto y veneración por cuanto nos rodea.
En el pasado, cuanto menos, mediaba el sudor y el esfuerzo de la sierra de mano. La tala era más meditada y selectiva. Ahora el esfuerzo es mínimo y el acelerador y su rugido desatan un poder desmesurado. Los humanos constituimos un peligro con esas poderosas máquinas en nuestras manos. En la mente de quien las maneje siempre la divisa de un bien mayor. El mandatario también está llamado a darle al “start” con cuidado, a bañarse de humildad, a evitar estridencias, a intentar no rugir en exceso y acabar de repente con cuanto le precedió. Si la desolación física es grande, la desolación de la motosierra exhibida ante la multitud es mayor.
Ese ruido infernal nos enseñorea. Producen gran estruendo y nuestro mundo ya se saturó de ruido. El operar de esas poderosas máquinas a menudo va acompañado de desolación y destrucción. Nuestros bosques no deben de ser destruidos, los pilares de nuestros estados de derecho tampoco deberían ser cercenados. La motosierra no es por lo tanto el regalo más adecuado. No se debiera obsequiar con facilidad, menos aún a políticos de accionar fácil e irresponsable. La Vida pone en nuestras manos unas sierras demasiado poderosas para nuestro relativo nivel de conciencia. No es fácil hacer un uso justo, adecuado, contenido de ellas. Es preciso saber cuándo, dónde y por qué activarlas.
Rugimos cuando albergamos pobres silencios, tristes palabras, huecas soflamas. “El siglo XXI será espiritual o no será” pronosticó André Malraux. La disyuntiva se manifiesta cada vez más nítida e incuestionable: futuro de ruido, confusión, estruendo y motosierra o futuro como el que apuntaba el profético filósofo francés de recogimiento y despertar a nuestra dimensión más interna. El silencio es el espacio imprescindible de maduración personal y colectiva. El silencio se ha convertido en uno de nuestros bienes colectivos más preciados; silencio interno y externo, silencio de la mente infatigable, de «la loca de la casa» que diría HP Blavatsky y silencio exterior en medio de un ruido y una desinformación crecientes.
Reconozco haber sentido cierto pudor, sino vergüenza, al entrar con la motosierra rugiente en el bosque indefenso, solitario. Ojalá algo de ello sintieran los políticos populistas al hacer rugir la motosierra en sus actos multitudinarios. Nos inquietan esas motosierras elevadas a los escenarios, a los altares políticos, al protagonismo de la “cosa pública”; nos preocupa ese trapicheo de motosierras entre los poderosos del mundo. Dicen que quieren acabar con la burocracia, pero, una vez puesto en marcha, su filo torna ciego y acaba cortando de cuajo derechos, cercenando incluso libertades.
Los que honran todo reino de vida, los que defienden el silencio y los bosques pierden escaños. En Alemania runrunea también ahora con más fuerza la motosierra. Los que piensan y proyectan en exclusiva primera persona, los que no dan crédito a que los hielos se deshielan y la atmósfera se calienta; los que no aprecian el silencio, ni desean apagar nunca los motores, ni detener las chimeneas, los que no sienten que todos los pueblos son igual de grandes y que constituimos familia planetaria…, gobiernan en cada vez más países. Mientras, debido al cambio climático, los fenómenos atmosféricos extremos se multiplican acarreando las brutales consecuencias que ya conocemos. El caos, la destrucción y el dolor no deban aumentar para ralentizar las motosierras y su desarrollismo desbocado.
Avanza la ola del atronador nacional-populismo. Escala cada vez más poderes. El estruendo de la motosierra se extiende por doquier, amenaza nuestra necesidad de sosiego, nuestro anhelo de paz, de construir un mundo solidario, fraterno en el que por fin haya un lugar para todos. Nuestra humanidad necesita más silencios para volver a acogerse, encontrarse y valorarse a sí misma. Nadie más grande que el otro. Ya no la fuerza del que tiene más máquina, más motor y decibelios, sino la fuerza de la razón y la compasión aunadas que emanan de una ciudadanía madurada en espesos silencios, renacida en su dimensión más elevada.
Comentarios desactivados en Tu Evangelio es terrible…
Cristo,
he oído predicar tu Evangelio
a un sacerdote
que vivía el Evangelio.
Los pequeños, los pobres,
quedaron entusiasmados;
los grandes, los ricos,
salieron escandalizados,
y yo pensé que bastaría predicar
sólo un poco el Evangelio
para que los que frecuentan las iglesias
se alejaran de ellas
y para que los que no las frecuentan
las llenaran.
Yo pensé que era una mala señal
para un cristiano
el ser apreciado por la “gente bien”.
Haría falta -creo yo-
que nos señalaran con el dedo
tratándonos de locos y revolucionarios.
Haría falta -creo yo- que nos armasen líos,
que firmasen denuncias contra nosotros,
que intentaran quitarnos de en medio.
Esta tarde, Señor, tengo miedo,
tengo miedo porque sé
que tu Evangelio es terrible:
es fácil oírlo predicar,
es todavía fácil no escandalizarse de él,
pero vivirlo…
vivirlo es bien difícil.
*
Michel Quoist, Oraciones para rezar por la calle,
Ediciones Sígueme, Salamanca 2007
Esta mañana leía en las redes una frase que no me ha dejado indiferente: «La liberación te saca de Egipto, pero el discipulado saca Egipto de ti». La verdad es que la frase no venía acompañada de una explicación, y como desconozco la experiencia de la persona que la ha compartido ni la interpretación que le quería dar, —creo que puedo intuir alguna cosa, que suscribo, pero tampoco estoy muy seguro— me he puesto a darle vueltas y he acabado hilvanando algunas reflexiones a partir de mi experiencia como cristiano gay —que un día tuvo que escapar del Egipto en el que vivía— que me dispongo a compartir con vosotras.
La liberación te saca de Egipto…
Es cierto, es posible liberarse, romper las ataduras de lo que nos impide mostrarnos tal y como somos. O al menos, tal y como a nosotres nos gustaría mostrarnos. Sé que no ha sido siempre así, que en algunos lugares del mundo sigue sin ser posible, y que quedan reductos en nuestra sociedad —los de las personas dependientes, por ejemplo— en los que tenemos que incidir más entre todes para que sea más fácil, o incluso posible, hacerlo. Pero para muches —si estamos dispuestas a pagar el precio que, por otra parte no es el mismo para todas— es posible salir de Egipto.
Sin embargo, en mi experiencia no hubo ninguna liberación que me sacara de allí, digamos que fue la experiencia de opresión la que me llevó a desear esa liberación. Espero que no se me malinterprete, tampoco fue la opresión la que me sacó de Egipto, ni mucho menos, fueron más bien los pasos decididos que yo hice para dejarlo atrás. Como cristiano, y leyéndolo desde la fe, creo que en todo este proceso dios jugó un papel decisivo, pero los pasitos, más pequeños al principio y más grandes al final, los di yo con mis propios pies. Con miedo, con inseguridad, cometiendo errores, pero poniendo siempre un pie por delante del otro. Bueno, no voy a negar que más de una vez di un paso hacia atrás, pero era tan angustioso lo que allí me esperaba, que no me quedó otra que caminar hacia delante.
Tampoco se corresponde con mi experiencia el individualismo con el que está formulada la frase, porque hubo personas a mi alrededor, también autores que leí, películas que vi, canciones que canté, predicaciones que escuché, asociaciones y entidades de las que formé parte… que fueron decisivas e imprescindibles para que yo pudiera percatarme de la opresión, que me dieron un empujón para salir de allí, y que me acompañaron en algunos tramos del camino para que pudiera recorrerlo. Una no marcha sola por el desierto, incluso aunque tengamos que construir el camino mientras avanzamos —porque parece que no hay camino posible—, las herramientas con las que lo construimos nos las ha dado alguien antes. Digo más, de Egipto también trajimos algunas de esas herramientas. Es importante recordarlo, y explicar a quienes están en medio de la opresión que puede ser de mucha ayuda el testimonio de quienes salieron antes que nosotras, incluso dejarse acompañar —no guiar, porque el camino de cada una es distinto— por su experiencia.
El discipulado saca Egipto de ti
Cuando aquí hablamos de discipulado, entiendo que nos referimos al seguimiento de Jesús, y esta es la primera dificultad con la que nos podríamos encontrar: que en el Egipto del que procedemos, se supone que estábamos siguiendo a Jesús, y para los faraones de ese Egipto ahora ya no lo estamos haciendo. Mi experiencia me ha enseñado que no es fácil eso del seguimiento de Jesús, que hay muchas veces que crees que lo estás haciendo pero al final te das cuenta de que no es así, que ese Jesús al que sigues es más bien una idea, una visión determinada, una imagen idealizada que tienes de alguna cosa, o simplemente una mentira que tú misma te has dado para justificar algún privilegio. Esto es algo inherente al seguimiento, en los Evangelios por ejemplo, los discípulos de Jesús tuvieron que cambiar sus expectativas sobre el discipulado en muchos momentos. Con ello tenemos que lidiar también nosotras. Sin embargo, tengo muy claro que lo que había en el Egipto del que yo salí no era discipulado, era otra cosa: opresión, esclavitud, amenaza, intimidación, falta de empatía, humillación, mentira e hipocresía.
Por otra parte, me parece relevante destacar que en la historia del Éxodo que hemos heredado de la tradición judía, quién dirigió la liberación fue Moisés: un judío que no había sido criado en la esclavitud, sino en un palacio como hijo del Faraón. No todas las opresiones son iguales, no todas las personas lgtbiq+ hemos vivido la misma opresión, es un error creer que es así —como también negar que hay patrones generales que compartimos la mayoría—. Algunas personas por la forma o la intensidad en la que la vivieron se revelan ante ella, mientras que otras la integran en su forma de vida. Es importante no olvidar que estas últimas no nos pueden ayudar a liberarnos, por mucho que lo pretendan. Pero son a ellas a las que los faraones nos piden imitar, y las que erigen como buenas cristianas lgtbiq+ los Egiptos inclusivos.
Pero, ¿podemos realmente liberarnos? ¿O estamos condenados a vagar por nuestro desierto personal toda la vida? De hecho ninguno de los judíos que salió de Egipto pudo entrar en la tierra prometida, probablemente hubieran sido incapaces de vivir allí en paz porque tenían su mirada y su alma en el lugar del que escaparon. Bueno, en realidad solo lo hicieron Caleb y Josué, solo ellos pusieron su mirada en el lugar hacia donde dios los llevaba, solo ellos creyeron que aquel lugar era bueno, que allí podrían vivir como personas libres. Y, sin embargo, una vez instalados en su tierra prometida acabaron por repetir en nombre de su dios las condiciones de Egipto: oprimir al otro. Mientras escribo esto no puedo evitar pensar en las imágenes de destrucción y muerte en Gaza que ha dejado el ejército israelí: ¿podemos realmente liberarnos?
En cada una de las personas lgtbiq+ que he conocido bien, he visto una persona que un día, como yo, fue esclava en Egipto, y he podido percibir algunas de las marcas que esa opresión le ha dejado. Es cierto que se intenta esconder, y creo que no es bueno, que deberíamos hablar más —en los lugares y con las personas indicadas— de esas opresiones que vivimos, y que nos siguen condicionando. Pero también es cierto que a las generaciones posteriores de los israelitas que salieron de Egipto, y que habían superado aquella experiencia, los profetas les decían una y otra vez: «Acuérdate de que fuiste esclavo en tierra de Egipto, y que el Señor, tu dios, te sacó de ella con mano fuerte y brazo extendido» (Dt 5,15).
Quizás podamos sacar algo positivo de llevar dentro nuestro la experiencia de Egipto, huyendo de cualquier engaño por borrarla o negarla, o de la nostalgia por volver a una esclavitud idealizada. Y no me refiero a reproducir la opresión que allí vivimos, sino a utilizarla para tratar de conectar de una forma más humana con quienes tenemos a nuestro alrededor y están viviendo en algún Egipto que se parece —o es totalmente distinto— al nuestro. Utilizándola para aferrarnos a los espacios donde hemos aprendido a vivir liberándonos junto a otras personas.
Sé que no es una frase tan buena para poder memorizar como la que he leído hoy en las redes, pero si tuviera que escribirla bajo mi experiencia lo haría así: «Escapasteis de la opresión de Egipto en busca de una vida con mayor libertad para todes, pero dios y Egipto os acompañará siempre —no todo es fácil, ni tampoco imposible—, lo que habéis aprendido juntes en ese proceso también, y os será útil cuando tratéis de construir espacios de liberación para vosotres y para todas las demás».
Comentarios desactivados en Cercanía con quien pasa a mi lado
Todos los mandamientos de Jesús se resumen en uno solo: en el de amar a Dios y al prójimo, en el que ver y amar a Jesús.
El amor no es mero sentimentalismo sino que se traduce en vida concreta, en el servicio a los hermanos, especialmente, a los que tenemos al lado, empezando por las pequeñas cosas, por los servicios más humildes.
Dice Charles de Foucauld: “Cuando se ama a alguien, se está realmente en él, se está en él con el amor, se vive en él con el amor, ya no se vive en sí, uno está ‘desapegado’ de sí, ‘fuera’ de sí”.
Y por este amor se abre paso en nosotros su luz, la luz de Jesús, según su promesa: “A quien me ama… me manifestaré”. El amor es fuente de luz: amando se comprende más a Dios que es amor.
Y esto hace que amemos aún más y profundicemos en la relación con los prójimos.
Esta luz, este conocimiento amoroso de Dios es, por tanto, el sello, la prueba del verdadero amor. Es una luz cálida que nos estimula a caminar por la senda de la vida de una manera cada vez más segura y eficaz. Aunque las sombras de la existencia nos hagan incierto el camino, esta Palabra del Evangelio nos recordará que la luz se enciende con el amor y que basta un gesto concreto de amor, por pequeño que sea (una oración, una sonrisa, una palabra) para darnos ese rayo que nos permite ir adelante).
*
Chiara Lubich,
fragmentos del Comentario a la Palabra de vida de mayo de 1999.
Comentarios desactivados en “¿Cuaresma un tiempo de desierto?”, por Carmiña Navia
Para llegar a tu verdadero ser, hay que atravesar tu propio desierto. Libérate de todo lo que crees ser para llegar a lo que eres de verdad. Mantente en el silencio, hasta que se derrumbe el muro que te separa de ti mismo. Fr. Marcos Rodríguez
En las tradiciones espirituales el desierto ha sido identificado siempre como un ámbito de silencio, meditación profunda y encuentro con el fondo mismo de nuestro ser. En su horizonte último, una posibilidad de encuentro con la Divinidad que nos habita. En nuestra sociedades y ciudades actuales es difícil desear o encontrar el desierto. Las dinámicas que vivimos nos han hecho crear la absoluta necesidad de vivir “conectados”, entendiendo por ello: vivir pendientes de la última noticia y colgados de cualquier acontecer sea importante o anodino. Necesitamos aturdirnos con el exterior, escuchar el interior nos asusta. Esa conexión permanente no nos da tregua y el mundo en su desorden y en su caos se nos mete al corazón mismo de nuestro diario vivir.
Como ya no vivimos en el paradigma de “la cristiandad” los tiempos litúrgicos que marcan nuestros años, son significativos exclusivamente para quienes deseamos vivir en onda de Jesús de Nazaret. En este sentido creo que una forma actual de vivir la cuaresma es tratar de encontrar, aunque sea en ratos perdidos, un desierto, en la mitad de nuestras agitadas ciudades. Un cronotopo que nos permita, precisamente, entender, asimilar y profundizar en ese raudal de noticias que día a día nos invade.
Ese desierto nos ayudaría a entendernos mejor, a serenarnos cuando sea necesario, a comprender más a fondo las dinámicas del mal que nos habitan y los destellos de luz que nos jalonan hacia el lado del hermano. Nos ayudaría también a desechar en cada uno de nosotros y nosotras las grandes tentaciones que nos llegan y llaman: tentaciones que no tienen principio ni tendrán fin. Y desde ese desierto podríamos reemprender los caminos de una nueva praxis que genere nuestro aporte, aunque mínimo, en la construcción de un mundo más humano, más habitable, más sororo-fraterno.
Definitivamente el evangelio nos pide mucho más que cumplir con rituales o mandatos formales… el evangelio nos ofrece una Buena Noticia, que sólo lo será si los y las creyentes la hacemos realidad cada minuto en nuestra vida, cada momento en nuestro andar, cada relación o quehacer que emprendamos. El tejido social lo construimos la humanidad entera y si nuestro aporte a ese tejido social lo hace mejor, el mundo caminará hacia corredores cualitativamente diferentes: habitados por flores y no por espinas. Un tiempo largo o momentos perdidos de desierto se pueden convertir en motor, herramienta y apoyo para ello. Nuestras atafagadas ciudades claman por un desierto.
Salir y entrar de la Cuaresma no es ponernos la ceniza al principio y cantar al final “Resucitó” … es visitar de una manera diferente y en reposo nuestro mundo interior, nuestras relaciones, nuestras prácticas sociales… y conseguir en ellas un cambio, una metanoiaque nos sitúe en el corazón mismo del Evangelio. Si algo puede rescatar hoy al mundo, de los males sociales, económicos, políticos y éticos en que se encuentra es el mensaje evangélico; la Palabra y la Persona de Jesús que roturan caminos vírgenes.
Vivamos una Cuaresma 2025, diferente. Llena de vida y de sentido. Una Cuaresma que nos traiga retos.
Comentarios desactivados en Un Corazón que no escucha es un corazón partido, no puede oír, ni sentir!
Del blog de Alfonso J Olaz El Rincón del Peregrino:
| Alfonso Olaz OFS
Jesús
Príncipe de la escucha
Libéranos de la palabra estúpida que nos hace esclavos de la estupidez perpetua
Hermano Escuchar es tu primera misión
Así las cosas saldrán adelante para tus hermanos
Jesús Tú escuchabas primero al otro
para oír el alma del hermano y sanar su corazón
Deja al hermano que hable y escucha
Y oyendo a tu hermano al mismo Jesús lo harás,
que mucho té lo
agradecerá, con lo que más urgencia precises
El que no sabe escuchar; ni ama mucho, ni sabe dónde está su corazón, ni donde está su hermano
Señor, Envíanos testigos de la escucha, ¡Tanta falta nos hace!
En esta pandemia de la ausencia de la fraternidad universal
Del peor mal de todo hombre
De la soledad sonora, de los sentidos del corazón que a tantos hermanos nuestros vuelve locos
Comentarios desactivados en “Conversión cuaresmal, tan cerca y tan lejos”, por Gabriel María Otalora
De su blog Punto de Encuentro:
| Gabriel Mª Otalora
Conversión cristiana, hay que repetirlo, es tomar la decisión de un cambio de orientación personal en nuestra manera de sentir y pensar. Significa deseo de trabajarnos en nuestro interior para influir en los demás de otra manera, con nuestras acciones y omisiones. La Cuaresma es el tiempo especial para mejorar, así de fácil… decirlo, cuando lo que aprieta es el apego excesivo al placer y al consumismo.
La actitud de fondo que solemos pasar por alto, es trabajar este cambio interior desde el encuentro con el amor de Dios, que es lo que nos transforma. El Papa Francisco deja claro que el desapego en nuestra fe no es un fin en sí mismo, sino que tiene como objetivo lograr algo más grande: la comunión con Dios para compartirlo con nuestros semejantes; esto es evangelizar tras encontrarnos con “el tesoro escondido”.
A veces parece casi como si Dios callara justo cuando hemos dado el paso para acercarnos a Él; es entonces cuando a veces surge la tentación de creer que es imposible convertirse de verdad, que es tan difícil que la Cuaresma pierde su sentido y que la Buena Noticia se diluye con lo que esto supone para vaciar la tarea evangelizadora. Pero sentir no es saber. El que sabe, espera en Dios en clave de amor esperanzado
Ante los momentos de desánimo, de duda, y también de incoherencias, el Papa nos recuerda el valor de la oración y el don gratuito de su amor. La conversión es una gracia, y es necesario pedirle a Dios que nos ayude a perseverar en este cambio a mejor ante las tentaciones. El desánimo es parte del camino. Por eso mismo, las oraciones de petición en esta dirección son las que el Espíritu escucha y atiende siempre… pero dejando a Dios ser Dios respetando sus tiempos.
La metamorfosis espiritual es un proceso continuo. Requiere introspección y compromiso diario. Se trata de una transformación interna que nos impulsa a amar a Dios y por extensión, amar a nuestros semejantes. Nos hemos quedado, me parece, en el activismo social, loable y necesario, pero desprovisto de la actitud que Jesús nos mostró para hacer lo mismo. Aquí radica algo esencial: poner el acento en el cómo hacemos las cosas: la escucha activa, la sonrisa del corazón, la paciencia con quien se desahoga; trabajar nuestros defectos, limar las faltas de delicadeza, de maledicencia, de desconsideración.
No se trata solo de evitar el mal o cumplir con normas externas, signos de algo que debe anidar en nuestra interioridad. En este sentido, los musulmanes entienden mejor el Ramadán que nosotros la Cuaresma. No es un rito sino una purificación. Hemos llegado a no comer los viernes carne (picada) y sustituirla por pescado (rodaballo) perdiendo el sentido profundo de este tiempo purificador.
La mejor penitencia es domeñar nuestro interior a favor de quienes nos rodean, por amor a Dios. Misericordia quiero, y no sacrificios… lo recuerda el profeta Oseas en el AT. No es nuevo… Lo que ocurre es que nos viene mejor sacrificarnos en nuestras costumbres consumistas en lugar de cambiar nuestro estilo de vida. Lo esencial, repito, es la mejora personal, nuestra interioridad, procurando actitudes de bondad y compartiendo más y mejor nuestro tiempo y nuestro dinero; es difícil, y por eso la Cuaresma duda lo que dura como tiempo de reparación y de preparación para vivir el Triduo Pascual como se merece.
Este año 2025, Francisco nos exhorta a que dirijamos la mirada y el corazón especialmente a centrarnos en la verdadera compasión ante realidad de los inmigrantes y los refugiados, y en general con todos los vulnerables. La segunda mirada compasiva es a vivir la sinodalidad o la vocación de la Iglesia a caminar unida entre diferentes. En este sentido, el Papa advierte sobre el peligro del individualismo y subraya la importancia de escuchar, acompañar y trabajar en comunidad, sin dejar a nadie atrás. Es una manera esencial de vivir mejor nuestras comunidades eclesiales. Qué verdes estamos en esto…
Finalmente, el Papa nos invita a que vivamos la Cuaresma 2025 con verdadera esperanza cristiana, la que no defrauda si se vive como un estado anímico, como una orientación vital de que todo tiene sentido por encima de los sucesos intramundanos. A confiar plenamente en Dios desde nuestra necesidad de su perdón que transforma. Porque si no hay futuro en nuestro corazón, es imposible apasionarse.
Del blog de Miguel Ángel Mesa, Otro mundo es posible:
Envían rayos que no cesan,
palabras tintadas de ira,
amenazas veladas o reales,
leyes que han costado lágrimas,
sangre y muerte, se deslizan
hacia las cloacas de la vesania.
Dicen que son cosas de locas feminazis,
que la violencia es un bulo,
que ya somos todos iguales,
que la cantidad de muertes son similares
entre uno y otro género,
que hay que volver a las viejas costumbres.
Todo resuena a tiempos en apariencia idos,
a rancios sinsabores
que se han degustado durante demasiado tiempo
con los posos de la amargura
y el silencio del sollozo.
Pero aún existen muchas mujeres
que resisten a este frío invierno
con el calor de su pasión y su brío,
con pancartas que desenmascaran
los engaños, amenazas y patrañas,
y la pluralidad multicolor de sus cabellos.
Salen a las plazas, se reúnen para planificar
y reír al son de la música que llevan dentro,
bailan y cantan y caminan abrazadas,
con un solo corazón tan diverso
como sus rostros, sus vestidos y su pensamiento,
y alzan cometas de sueños para que las vuele el viento.
No portan el odio por bandera,
sí la rabia, la revuelta y el deseo de que todo cambie,
que se afiancen y avancen las conquistas
por la igualdad, la justicia, la dignidad,
tantas luchas de siglos y anhelos insatisfechos, la esperanza de la dicha compartida en cada nuevo amanecer.
Comentarios desactivados en «Cómo rezar el Padre nuestro», por José Ignacio González Faus
De su blog Miradas Cristianas:
Comprendiendo lo que significa cada petición
| José Ignacio González Faus
NB.-Como enseñaba Jesús (Mt 6,7) las palabras en la oración no son necesarias para dirigirnos a Dios. Pero lo son para crear comunidad entre nosotros y para dirigírnoslas a nosotros mismos y comprometernos. Sigue aquí una propuesta para rezarasí la oración que nos dejó Jesús y evitar convertirla en una fórmula mágica o en una recitación vacía.
Abbá, Padre:como los niños bien conscientes de la total superioridad de sus padres, pero que acuden a ellos con absoluta confianza llamándole papa o papi, nos atrevemos a pedir:
Que resplandezca y no sea profanado tu Nombre de Padre. Es decir: que desaparezcan todas las armas que nos configuran como enemigos y nos impiden ser hijos de un mismo Padre; y que tantas veces las hemos defendido apelando a Ti.
Que venga tu Reino:el reinado de la libertad de hijos y la igualdad de hermanos. Es decir: que no construyamos un progreso montado sobre víctimas [1]; que desaparezcan las riquezas que destruyen la igualdad, y las dictaduras que niegan la libertad. Y que ricos y dictadores recuperen su humanidad perdida, para que en tu mundo no haya hambre, ni miseria ni esclavitud.
Que se cumpla Tu voluntad en esta tierra como se cumple en tu cielo. Es decir: que no idolatremos el derecho secundario de propiedad y sepamos que cuando alguien tiene dignamente y sobriamente cubiertas sus necesidades, todo lo demás que posee pertenece a quienes lo necesitan y él lo está robando [2]. Que desaparezcan las “patrias” que nos vuelven idólatras, las infidelidades de cualquier género, el tráfico de personas, el rechazo a los inmigrantes y las diferencias por razones de origen, raza, cultura o sexo (machismos y violencias).
Danos hoy a todos nuestro pan de cada día.
Y eso quiere decir: que construyamos una civilización de la sobriedad compartida y, para ello, que los salarios legales sean además justos: porque “quien no paga el salario justo derrama sangre” [3]; que se acabe el consumismo de unos que impide comer a otros, y que desaparezca ese 1% de personas con tanta fortuna como más del 50% de la humanidad.
Perdona nuestras culpas como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Es decir: que sepamos reconocer nuestro pecado antes que el de los demás. Y que se acabe la usura de las instituciones prestatarias y la necesidad de endeudarse para sobrevivir [4]. Y que desaparezca esa deuda “eterna” del tercer mundo.
No nos dejes caer en la tentación. Que no caigamos en esa seducción de las necesidades falsas y de la publicidad convertida en propaganda embustera, que apela a nuestros más bajos instintos. Y que sepamos sobreponernos a los malos ejemplos de tantos “triunfadores”.
Y líbranos del mal. Líbranos de nuestro ego que tanto nos esclaviza y del pecado estructural que nos envuelve. Amén.
[1] “La historia se ha construido s0bre víctimas. Ya lo dice Hegel en su Introducción a la filosofía de la historia” (Reyes Mate).
[2] “La tierra ha sido dada para todo el mundo y no solamente para los ricos. La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera la propia necesidad cuando a los demás les falta lo necesario (Pablo VI, Populorum progressio 22).
[3] Libro bíblico del Eclesiástico, 34,22.
[4] “Quien presta con usura y acumula intereses, no merece vivir por haber cometido esas abominaciones” (Ezequiel, 18.13). “Señor, ¿quién puede vivir contigo? El que no presta dinero a usura, ese nunca fallará” (salmo 15, 1.5.6).
La política sin principios,
las leyes sin espíritu,
el progreso sin compasión,
el trabajo sin beneficio,
la riqueza sin esfuerzo,
la pobreza sin compromiso,
la erudición sin silencio,
el derecho sin justicia,
la verdad sin diálogo,
la religión sin riesgo,
la razón sin dudas,
el culto sin consistencia,
los medios de comunicación social sin ética,
los mitos sin hondura,
los roles sin ternura
y la vida sin responsabilidad…:
¡Destrucción del mundo,
de tu obra y buena noticia,
de nuestras esperanzas y utopías
y de tu reino entre nosotros!
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Desiré Findlay
La reflexión de hoy es de Desiré Findlay, directora espiritual certificada que vive en el área de Chicago y que disfruta del sol, la vida y todo lo que la haga reír o pensar profundamente.
Los vientos vinieron a llevárselo todo Se hincharon y soplaron y dijeron: ¡Esto no es para ti! Me derribaron como castillos de arena en la orilla construidos tan altos que no había otro lugar a donde ir excepto hacia abajo Al día siguiente me quedé mirando el paisaje vacío de mi vida y me reí porque sabía que esta era mi oportunidad de volver a entrar al mundo y empezar de nuevo.
La providencia de Dios y mi participación activa. Eso es lo que pienso cuando reflexiono sobre las lecturas litúrgicas de hoy. Escribí el poema anterior hace un par de semanas, después de reflexionar sobre algunos de los acontecimientos recientes de mi vida.
El mes pasado me despidieron de un trabajo que había estado pensando en dejar. Era un buen trabajo y una gran organización, pero era católica. Normalmente eso no es un problema, pero como miembro de la comunidad LGBTQIA+, tenía que mantener bastante silencio sobre mi vida personal y eso había comenzado a pesarme. Estaba en medio de la consideración de una nueva oferta de trabajo cuando USAID (United States Aid for International Development) fue desmantelada de manera devastadora.
La organización para la que alguna vez trabajé dependía de USAID para la mitad de su financiación. Con una pérdida tan abrumadora, tomaron la decisión de despedir a aproximadamente el 25% de su personal para tratar de mantener en funcionamiento la mayor cantidad posible de programas de asistencia. Mi equipo de nueve personas perdió a cuatro personas. Algunos miembros del personal lo vieron venir, otros se sorprendieron.
Yo ya había solicitado otros empleos mucho antes de que la ayuda internacional se convirtiera en un objetivo de la actual administración, pero había estado buscando por mis propios motivos personales. Resulta que –y siempre resulta que– el tiempo de Dios es impecable. Mientras mi equipo se reducía a casi la mitad, me ofrecí como voluntaria para irme y pude salvar a otro miembro del equipo del despido porque tenía otro trabajo al que recurrir.
He estado entre trabajos antes, pero en el pasado más reciente no tenía nuevas oportunidades en el horizonte. Pasé hambre muchas noches porque no tenía lo suficiente para pagar mis facturas mensuales, a pesar de tener un trabajo temporal mientras buscaba incesantemente un empleo de tiempo completo. Incluso entonces, Dios nunca me abandonó. Tenía gente que me apoyaba y me mantenía en pie hasta que pude valerme por mí misma.
Esta vez, sin embargo, las cosas sucedieron de manera diferente. Esta vez comencé a buscar un nuevo trabajo antes de necesitarlo. Como resultado, tenía un nuevo trabajo justo cuando mi otro trabajo llegó a su fin. ¿Las cosas siempre resultarán así? No. ¿Estaba haciendo algo mal la primera vez y por eso pasé tanto tiempo sin trabajar? Una vez más, no. Dios se manifiesta en nuestras vidas de manera diferente, pero Dios siempre se manifiesta.
Todos los pasajes de las lecturas de este domingo nos dicen que Dios está aquí para nosotros en abundancia y siempre lo estará. Por ejemplo:
Clamamos al Señor, el Dios de nuestros antepasados, y Dios escuchó nuestro clamor y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión. (Deuteronomio 26:7)
Las lecturas también nos dicen que tenemos un papel activo en esa relación. Una historia sobre los oprimidos que asumen el poder: ¿dónde has visto esto antes? Un salmo cuya repetición nos insta a invocar a Dios en tiempos difíciles: ¿no estamos en tiempos difíciles ahora? Una carta que nos recuerda que debemos tener a Dios en nuestras mentes y en nuestros corazones: ¿hay momentos en los que has necesitado a Dios tanto en la calma como en la tormenta? Una lectura del Evangelio con un versículo introductorio que nos recuerda que Dios está con nosotros incluso en el desierto árido. ¿A dónde más podemos recurrir cuando todo parece imposible?
La ayuda internacional (su personal, sus programas y sus destinatarios en todo el mundo) está en problemas en este momento. Algunos de nosotros nos vemos afectados directamente, y cuando uno de nosotros se ve afectado, todos lo estamos. Desafortunadamente, ahora somos más los que estamos en la agenda. Las mujeres. La comunidad LGBTQIA+. Los pobres. Los inmigrantes.
Son muchos, así que tómate un descanso cuando lo necesites. Pasa un tiempo con Dios en silencio, lejos de las noticias y las redes sociales. Cuando estés listo para volver a participar, no lo hagas solo. Hazlo con tu comunidad, tu familia o familias elegidas y con Dios. Dios está aquí, y nosotros también.
Comentarios desactivados en “Ernesto cardenal, teo-poeta de la liberación: en la senda de la mística y la liberación“, por Juan José Tamayo
Leído en su blog:
En el centenario de su nacimiento
Estamos celebrando el centenario del nacimiento de Ernesto Cardenal y el quinto aniversario de su fallecimiento (Granada-Nicaragua, 20 de enero-Managua-Nicaragua, 1 de marzo de 2020).
Su recuerdo en efemérides tan señaladas me parece un acto de reconocimiento y de memoria histórica de una de las grandes figuras del mundo religioso, político y cultural no solo en América Latina
«Teólogo y poeta, místico y político, sacerdote y profeta, nicaragüense y ciudadano del mundo, monje y revolucionario, militante y esteta, solidario y solitario, comunista y evangélico, cristiano y marxista, creyente y anti-idolátrico, de este mundo y de otro. ¿Tan contradictorio era Ernesto Cardenal? ¿Tantas caras y tan diferentes tenía?«
| Juan José Tamayo
Estamos celebrando el centenario del nacimiento de Ernesto Cardenal y el quinto aniversario de su fallecimiento (Granada-Nicaragua, 20 de enero-Managua-Nicaragua, 1 de marzo de 2020). Su recuerdo en efemérides tan señaladas me parece un acto de reconocimiento y de memoria histórica de una de las grandes figuras del mundo religioso, político y cultural no solo en América Latina, sino en otras latitudes geográficas, especialmente en España donde en 2012 recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, concedido porque, debido a su valor literario, constituye una aportación relevante al patrimonio cultural de Iberoamérica y España.
Teólogo y poeta, místico y político, sacerdote y profeta, nicaragüense y ciudadano del mundo, monje y revolucionario, militante y esteta, solidario y solitario, comunista y evangélico, cristiano y marxista, creyente y anti-idolátrico, de este mundo y de otro. ¿Tan contradictorio era Ernesto Cardenal? ¿Tantas caras y tan diferentes tenía? No. En su persona estas dimensiones estaban en sintonía, sin aristas, al menos visiblemente. La combinación de tantas notas y pentagramas, de tantos géneros literarios, de tantas vidas y tareas, era casi perfecta.
A veces desentonaban, ciertamente, pero, cuando lo hacían, era para crear una polifonía conscientemente disarmónica que daba lugar a una pieza nueva, a una obra de arte. La fidelidad a cada una de las causas que defendía era proverbial. Cada una de sus experiencias de vida se caracterizaba por la coherencia. En él había pluralidad de registros, pero no doblez, se oían diferentes voces, pero un solo pensamiento.
Fue poeta, sin duda uno de los más reconocidos del siglo XX, y sabía lo que era la inspiración. Alcanzó la cumbre literaria con Cántico cósmico (Trotta, 1992), considerada por muchos especialistas la obra poética de mayor impacto en América Latina junto con Cantos de Vida y Esperanza, de su compatriota Rubén Darío, con quien muchas veces se le ha comparado, y Cántico General, de Pablo Neruda. Se le ha comparado también con Canto a mí mismo, de Walt Whitman. El lenguaje es la casa del ser humano, decía Heidegger. La poesía era el hogar donde habitaba Ernesto Cardenal.
Cardenal fue un místico con los pies en la tierra y la mirada en el acontecer mundano, un orante «político» que rezaba por el derrocamiento de Somoza. En Vida perdida describe su experiencia mística en el monasterio trapense de Gethsemani (Kentucky), donde vivió una vida austera, callada, entre disciplinas y penitencias, en busca de Jesús de Nazaret.
Lo más significativo de esta etapa fue su relación con Thomas Merton, cuya espiritualidad encarnada en la historia influyó decisivamente en la vida religiosa de Cardenal, de quien el maestro Merton admiraba su espíritu antiyanki y su sensibilidad hacia los indígenas.
Fue una persona comprometida política y socialmente, que colaboró en el derrocamiento de Somoza y, tras el triunfo de la Revolución, asumió el ministerio de Cultura en varios gobiernos del Frente Sandinista en un ejercicio de coherencia con su interpretación liberadora del cristianismo. Era un pensador cristiano en la dirección de la teología de la liberación, que vivía en el quehacer diario y desarrollaba a través de la creación literaria. Eso le supuso una reprimenda pública de Juan Pablo II y la suspensión del ministerio sacerdotal. Fue el Papa Francisco, en sintonía con su compromiso liberador, quien lo rehabilitó. Creo que el mejor reconocimiento que merece es el de teo-poeta de la liberación. Así le he definido en mi libro Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, Madrid, 2024, 2ª ed., pp. 196-198).
Cardenal fue autor del Quinto Evangelio, el que lleva el nombre del lago donde fundó una comunidad cristiana de resistencia contra la dictadura, una comuna de vida compartida, de contemplación del misterio de la Naturaleza y de la Divinidad, de trabajo solidario, de cultivo del espíritu, de creación literaria y artística: el Evangelio de Solentiname.
El poeta nicaragüense vivió a ritmo de Utopía. Primero fue en el Lago de Solentiname, donde creó lo que hasta entonces era el no-lugar de la Utopía, al que apuntara tan bella como imaginativamente Oscar Wilde: “Un mapa del mundo que no contemple ‘Utopía’ no merece la pena ni echarle un vistazo, pues deja fuera el país en el que la Humanidad está siempre desembarcando. Y al desembarcar allí la Humanidad y ver un país mejor, vuelve a poner proa hacia ella”. Después fue la Revolución Sandinista, con la que se comprometió culturalmente ayudando a sacar a la luz la riqueza artística y activando el alma poética que toda persona nicaragüense lleva dentro.
No fue amigo de grandes discursos sobre la utopía: la pensaba, la soñaba, la vivía, colaboraba en su construcción, empujaba su llegada, pero no ingenuamente, sino poniendo manos a la obra. A sus 95 años y con una salud delicada Ernesto Cardenal siguió caminando en esa dirección, sin prisa, pero sin pausa, con su barba de profeta de la esperanza intentando que, si la historia tuviera un final, no fuera fatal, sino feliz, y si no lo tuviere, que la Humanidad caminara por la senda de la fraternidad-sororidada ritmo de poesía y liberación.
Cardenal vivió en permanente exploración de otros mundos: el arte, la ciencia, la filosofía, las religiones, la sabiduría de los pueblos, la vida interior, etc., en actitud de búsqueda, pero sin huir de la vida, de la realidad. Él mismo se presentaba con ejemplo de encuentro entre ciencia, mística y poesía en un texto realmente antológico: “En estos hechos científicos yo encuentro mucha inspiración mística y mucha inspiración poética. Por eso desde hace tiempo mi poesía se nutre de ciencia”.
Hablando de Dios su lenguaje era sobrio y no dogmático. Afirmaba que es el totalmente incognoscible para nosotros y que, citando a su maestro Merton, solo podemos conocerlo por el amor.
Aquella “vida perdida”, como él mismo califica los años de su juventud, se convirtió en vida en plenitud.
Comentarios desactivados en No tentarás al Señor, tu Dios
¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!
Él es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.
No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.
Por eso, no triunfarán los malvados en el juicio,
ni los pecadores en la asamblea de los justos;
porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal.
*
Salmo 1
***
En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo:
– “Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.”
Jesús le contestó:
– “Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre»”.
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo:
– “Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.”
Jesús le contestó:
– “Está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto»”.
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:
– “Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras»”.
Jesús le contestó:
– “Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios»”.
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.
*
Lucas 4, 1-13
***
El Evangelio nos presenta este duelo entre Jesús y Satanás. Jesús fue tentado. También él quiere conocer el combate entre el alma que desea permanecer fiel a Dios y el invasor que tratará de desviarla e inducirla al mal. Hay que recordar que cuanto se refiere a Jesús nos toca también a nosotros. La vida de Jesús configura la nuestra; lo que a él le acontece se refleja en nosotros.
¿Fue tentado Jesús? Tanto más podemos o debemos serlo nosotros.
Parece lógica la pregunta, puesto que vivimos en un mundo asediado y turbado por esa iniciativa oculta del que san Pablo llama “el príncipe de este mundo de tinieblas”. Estamos rodeados de algo funesto, malo, perverso, que excita nuestras pasiones, se aprovecha de nuestras debilidades, se deja insinuar en nuestras costumbres, sigue nuestros pasos y nos sugiere el mal. La tentación consiste, pues, en el encuentro entre la buena conciencia y la atracción del mal, y esto del modo más insidioso que se pueda imaginar.
El mal, de hecho, no se nos presenta con su rostro real de enemigo, como algo horripilante y espantoso. Sucede precisamente lo contrario: la tentación es simulación del bien; es el engaño del mal disfrazado de bien, es la confusión entre bien y mal. Este equívoco, que se puede presentar siempre ante nosotros, tiende a hacernos retener como bien donde, por el contrario, está el mal.
*
Pablo VI,
7 de marzo de 1965,
en U. Gamba, [ed.], Pensamientos de Pablo VI para todos los días del año,
Vigodarzere 1983, 279).
Comentarios desactivados en “Lucidez y fidelidad ”. 1 Cuaresma – C (Lucas 4, 1-13)
No le resultó fácil a Jesús mantenerse fiel a la misión recibida de su Padre sin desviarse de su voluntad. Los evangelios recuerdan su lucha interior y las pruebas que tuvo que superar, junto a sus discípulos, a lo largo de su vida.
Los maestros de la ley lo acosaban con preguntas capciosas para someterlo al orden establecido, olvidando al Espíritu, que lo impulsaba a curar incluso en sábado. Los fariseos le pedían que dejara de aliviar el sufrimiento de la gente y realizara algo más espectacular, «un signo del cielo», de proporciones cósmicas, con el que Dios lo confirmara ante todos.
Las tentaciones le venían incluso de sus discípulos más queridos. Santiago y Juan le pedían que se olvidara de los últimos y pensara más en reservarles a ellos los puestos de más honor y poder. Pedro le reprende porque pone en riesgo su vida y puede terminar ejecutado.
Sufría Jesús y sufrían también sus discípulos. Nada era fácil ni claro. Todos tenían que buscar la voluntad del Padre superando pruebas y tentaciones de diverso género. Pocas horas antes de ser detenido por las fuerzas de seguridad del templo, Jesús les dice así: «Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas» (Lucas 22,28).
El episodio conocido como las «tentaciones de Jesús» es un relato en el que se reagrupan y resumen las tentaciones que hubo de superar Jesús a lo largo de su vida. Aunque vive movido por el Espíritu recibido en el Jordán, nada le dispensa de sentirse atraído hacia formas falsas de mesianismo.
¿Ha de pensar en su propio interés o escuchar la voluntad del Padre? ¿Ha de imponer su poder de Mesías o ponerse al servicio de quienes lo necesitan? ¿Ha de buscar su propia gloria o manifestar la compasión de Dios hacia los que sufren? ¿Ha de evitar riesgos y eludir la crucifixión o entregarse a su misión confiando en el Padre?
El relato de las tentaciones de Jesús fue recogido en los evangelios para alertar a sus seguidores. Hemos de ser lúcidos. El Espíritu de Jesús está vivo en su Iglesia, pero los cristianos no estamos libres de falsear una y otra vez nuestra identidad cayendo en múltiples tentaciones.
Para seguir a Jesús con fidelidad hemos de identificar las tentaciones que tenemos los cristianos de hoy: la jerarquía y el pueblo; los dirigentes religiosos y los fieles. Una Iglesia que no es consciente de sus tentaciones pronto falseará su identidad y su misión. ¿No nos está sucediendo algo de esto? ¿No necesitamos más lucidez y vigilancia para no caer en la infidelidad?
Comentarios desactivados en El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado”. Domingo 1º de Cuaresma
Leído en Koinonia:
Deuteronomio 26, 4-10: Profesión de fe del pueblo escogido. Salmo responsorial: 90. Está conmigo, Señor, en la tribulación. Romanos 10, 8-13:Profesión de fe del que cree en Jesucristo. Lucas 4, 1-13: El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado.
Análisis
El texto “mi padre era un arameo errante”, fue motivo de arduas discusiones entre los estudiosos hace muchos años. Hoy parece que las aguas se han aquietado. Se afirmó —el gran biblista alemán G. von Rad— que estamos ante un “credo primitivo”, pronunciado en el santuario de Guilgal en la liturgia, y que representa el corazón histórico de Israel. Todo el Hexateuco, sigue diciendo, se formula a partir de este texto. Hoy tenemos muchos elementos para cuestionar su antigüedad, y podemos pensar que otros “credos” (como quizás el de Núm 20,14b-16) son más antiguos. Por otra parte, el esquema opresión-clamor-liberación es muy característico del autor deuteronomista (particularmente del libro de los Jueces) como para pensar en una pura originalidad. La importancia de la tierra, como lugar del descanso, tierra dada por Yahvé también es muy importante en el deuteronomista por lo que no parece fácil seguir sosteniendo lo que von Rad decía. Sin embargo hay un elemento que es característico de los credos israelitas, y no debiera discutirse, y es su dimensión histórica. El Dios de Israel es un Dios que se revela en la historia de su pueblo, en la de ayer y la de hoy. En este sentido es muy importante notar, por un lado los usos de las primeras personas del singular, y los plurales: el orante se planta personalmente ante Dios (“mi padre”, “traigo”…) pero cuando debe hacer memoria de su pecado y la intervención salvadora de Dios recurre al plural: “nos maltrataron”, “nos oprimieron”, “nos impusieron servidumbre”, “clamamos”, “escuchó nuestra voz”… “nos trajo”). Ese cambio de personas puede resumirse diciendo “mi padre era Israel, por lo tanto nosotros somos Israel”.
Tradicionalmente esto no ha tenido dificultad, pues desde siempre la tradición cristiana ha heredado con toda naturalidad esa visión según la cual nuestra fe es una respuesta a la intervención de Dios en la historia. Siempre nos ha parecido «natural» que Dios intervenga en el mundo con hechos milagrosos para decirnos algo, o para hacer algo con su pueblo. A Dios siempre lo hemos pensado como un vecino del piso de arriba, pero como un vecino que puede bajar en cualquier momento, y de hecho está siempre pendiente de nosotros. HOY es muy problemática esta visión, porque no forma parte ya de la cosmovisión moderna entender la realidad cósmica como dos pisos: el nuestro y el de Dios. Como sugiere el título del libro de Lenaers, «No hay un Dios ahí arriba». El Dios altísimo, el dios en lo alto del cielo… ha pasado a ser una frase hecha, con sabor añejo, o rancio, que ya no se sabe bien qué significa, porque en nuestra visión moderna actual no hay dos pisos, ni creemos estar conviviendo con vecinos del segundo piso que puedan bajar a éste en cualquier momento.
Hay además un nuevo problema respecto a la historia. Esas intervenciones de Dios en la historia, bien registradas en la Biblia, están siendo cuestionadas por la arqueología científica. No es el lugar para exponerlo aquí, pero puede ser una buena recomendación para la propia formación el estudiar el tema del «nuevo paradigma arqueológico bíblico»: hay toda una nueva visión –documentada, científica, arqueológica– sobre la historicidad de hechos principales que narra la biblia, y que desde siempre creímos literalmente históricos. En realidad no es nada nuevo, pues ya hace mucho tiempo que sabemos que Moisés no escribió el Pentateuco, o que Jesús no nació el 25 de diciembre ni en Belén… pero hay nuevos datos muy llamativos sobre otros elementos cuya historicidad sería decisiva. (Véase la revista VOICES (http://eatwot.net/VOICES) y tómese su último número –en línea, gratuito–; ofrece un buen material de lectura para iniciarse en el tema).
La Iglesia nos propone el Salmo 91 (90) por ser, precisamente, el que utilizará el diablo en la tentación. Quizá para que podamos ver cómo «sacar un texto de contexto puede ser diabólico»… No es unánime la opinión de frente a qué tipo de Salmo nos encontramos, y esto condiciona la interpretación. Unos piensan en un diálogo litúrgico, otros en una homilía sapiencial.
Luego de la sección teológica de la carta a los romanos (caps 1-8) y antes de la sección parenética (caps. 12-15), Pablo introduce un paréntesis sobre Israel (caps. 9-11). Paréntesis que no es ajeno a la totalidad de la misma ya que desde el comienzo nos dijo que la salvación es para todos, pero “primero para los judíos” (1,16; 2,10). Sin embargo, sus “hermanos de raza” demoran en reconocer a Cristo, y Pablo manifiesta su dolor por ello; de todos modos lo ve como un tiempo pedagógico de Dios para dar oportunidad a la conversión de los paganos. Después -quizá movidos por los celos- todo Israel se salvará (11,26). Pero esto no exime de responsabilidad a los judíos ya que miran la justicia que les viene de ellos mismos y no la que viene de Dios. La iniciativa de Dios (gracia) es uno de los temas centrales de la teología paulina, y es grave creer que de nosotros depende. Ese es el motivo, además, por el que Pablo abunda en citas de la Escritura en esta unidad. Este es el marco del párrafo que hoy nos propone la liturgia. Es evidente, y el manejo de los textos lo confirma, que Pablo es consciente de estar polemizando.
Parece que la fuente Q –en la que el evangelio de Lucas se inspira– expresó en tres tentaciones tomadas de las tentaciones del pueblo en el desierto, las tentaciones que tuvo Jesús en su ministerio, al menos las dos últimas aparecen destacadas. Allí donde Israel no supo hacer la voluntad de Dios, Jesús surge fiel, verdadero “Hijo” como ya el Bautismo lo había mostrado. Esto confirma la intención cristológica del relato, y también su probable intencionalidad polémica con el Israel de su tiempo.
Dado que la primera hace referencia a la “palabra de Dios”, la segunda a lo político y la tercera al Templo, algunos han pensado que se estaría ante una triple tentación profética, real y sacerdotal, pero no parece que eso esté en juego aquí. Sólo la tentación real aparece clara, mientras que la profética y más aún la sacerdotal no se revelan, y más aún, parecen muy improbables. Las respuestas apuntan en otra dirección.
En el relato de Lucas, a diferencia del de Juan, Jesús va del desierto a la ciudad, y en la ciudad comienza su ministerio, como en la ciudad culminará todo para desde allí comenzar, siempre conducido por el Espíritu el tiempo nuevo de la Iglesia. En la primera tentación, el diablo no discute que Jesús sea el Hijo de Dios, lo da por supuesto, y lo tienta a convertir en pan una piedra ya que lógicamente tiene hambre. Más que un “nuevo pueblo”, Jesús es “hijo de Dios”, “el Hijo de Dios”. ¿Por qué Jesús no obra el milagro? Porque los milagros que Jesús hace son siempre para los otros, como la multiplicación de los panes: allí Jesús mismo se preocupa: “denles ustedes de comer” (9,13). La segunda es la tentación de poder (exousía) política. En tiempos donde todo el mundo conocido está sometido al imperio romano, se puede ver de un golpe de vista todo: el imperio mismo es diabólico y perverso. E idólatra. La tercera tentación no sólo tiene como característica que ocurre en Jerusalén, sino también que el diablo cita la Escritura. La Escritura mal citada, o mal leída, también puede ser diabólica, o idolátrica. Por otra parte, Jesús deja muy claro que su ministerio es para otros, no para él. No es salvarse a sí mismo, como tampoco en la cruz: “si eres… sálvate” (23,35.37.39).
Como dos rabinos, Jesús y el diablo discuten con citas bíblicas. Y nos queda claro que es falso servidor de Dios el que se sirve de su ministerio en su propio provecho, que no es propio de los fieles a Dios reclamar milagros ya que Dios puede salvar sin necesidad de estas obras “maravillosas” o “teatrales”. Jesús nos muestra -con su vida- el camino de la obediencia de hijo conducido por el espíritu.
Comentario
El evangelio de Lucas, nos pone a Jesús en paralelo con el pueblo de Israel. En las mismas circunstancias en las que el pueblo fue infiel, Jesús sale adelante; y para resaltar el paralelo entre ambas situaciones, el evangelista recurre al desierto y a citas del Deuteronomio. Allí donde Israel cayó, allí Jesús sale adelante. Más que un acontecimiento es una plataforma, un programa: unidos a Jesús nada tenemos que temer, sólo el amor cuenta. Deberíamos aprovechar la Cuaresma para revisar cuántos desencuentros, cuántas infidelidades, cuántas injusticias… Pero, al revisarlas, corregirlas; es que la Cuaresma es tiempo de conversión, y conversión significa caminar, camino de vuelta al Padre.
Mientras el pueblo de Israel, en la tentación, no fue fiel y cedió, ahora nos encontramos a Jesús en la misma situación, en la misma tentación. ¡Y triunfa! Jesús aparece en el Evangelio de hoy como el que vence la tentación. Porque es posible vencerla. Muchas voces, de dentro y de fuera buscan separarnos de Dios, de sus proyectos, de sus caminos. Pero hay una voz más fuerte, más firme, que puede vencer esas otras voces si disponemos el corazón para escucharla. Hace falta tener un oído muy fino, un silencio atento, un corazón dócil. Chile Leer más…
Comentarios desactivados en Mi padre fue un arameo emigrante (=errante). Historia y triunfo de los emigrantes bíblicos
Del blog de Xabier Pikaza:
Nosotros, herederos occidentales de la tradición de la Biblia, hemos olvidado y negado muchas veces nuestro nuestro origen: Somos hijos de emigrantes/errantes que hemos entrado como ilegales en la tierra (Egipto, USA, España, Israel…) y nos hemos apoderado de ella, para hacernos después señores e impedir que otros entren…
La Biblia, en cambio, reconoce la verdad y nos hace confesar nuestro origen, para actuar en consecuencia. Un país que no acoge emigrantes es infiel a la Biblia y está condenado a muerte… Será destruido por lo mismos emigrantes.
| Xabier Pikaza
9.3.25. Dom 1 Cuaresma. Primera lectura. Dt 26, 4-10
Confesión de fe. Este es el más importante de los credos o confesiones de fe de la Biblia. El emigrante asentado en la nueva tierra lleva al templo una cesta con frutos de la tierra y da gracias a Dios diciendo.
«Mi padre fue un arameo errante (emigrante), que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas.
Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud.
Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia. El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos.
Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel . Por eso, ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado.» Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios.»
Exégesis breve
Muchos exegetas y teólogos, como mi profesor N. Lohfink, del Bíblico de Roma, afirman que este pasaje es el más importante del Pentateuco y de la Biblia hebrea:
Es el principio del final del Pentateuco (Dt 26-33), reconociendo ante Dios que los israelitas son hijos de un emigrante arameo (Jacob-Israel) y que así pueden presentarse como signo y defensores de todos los emigrantes.
De esta confesión de fe y de reconocimiento histórico brota la obligación de acoger y ayudar a emigrantes, mujeres oprimidas y huérfanos.
Un pueblo (como USA, Europa…) que no acote y ayuda a emigrantes y errantes está condenado a la destrucción inexorable, como sigue diciendo todo lo que sigue (Dt 26-33).
He desarrollado este tema en varios de mis trabajos exegéticos.
ISRAEL,EL TRIUNFO DE LOS EMIGRANTES
Hay tres hipótesis sobre la «entrada» de Israel en Palestina: Invasión violenta, emigración compleja, revolución social. La más significativa es la segunda, vinculada a la tercera 8:
– La hipótesis de la invasión violenta toma como base los datos teologizados de Jo 1-12 donde se supone que el pueblo, formado de antemano bajo la opresión de Egipto, madurado a la lucha en intensas travesías de desierto y acercándose a los vados del Jordán, como un conjunto estatal de doce tribus, conquistó Palestina en tres campañas militares bien organizadas, aniquilando a los cananeos anteriores y repartiendo la tierra entre los vencedores (Jos 13-22).
Esta perspectiva, desarrollada por la escuela Dtr y asumida por algunos historiadores y arqueólogos, supone una visión dualista y destructiva de la guerra: unos eran buenos, y otros, malos; por eso resultaba necesaria una política de tierra y población quemada. Sobre la muerte de los enemigos y la victoria militar de los elegidos pudo asentarse Israel en Palestina, en rápida campaña de conquista 9.
– Hipótesis de la emigración. Contra lo anterior se elevan datos de carácter religioso, arqueológico, exegético e histórico que hicieron pensar que los israelitas se habían instalado en Palestina poco a poco, como emigrantes pacíficos que fueron creciendo hasta adueñarse de la tierra. Llegaban como nómadas (seminómadas) de los desiertos de Siria, el Sinaí y la estepa transjordana.
Algunos escapaban de la esclavitud de Egipto, otros venían por razones económico-sociales, en busca de una tierra. Iban llegando en oleadas intermitentes, del XVII al XII a. de C., para establecerse de manera pacífica en las zonas montañosas de Samaria, Judea o la alta Galilea, regiones poco habitadas, instalándose allí, en proceso de sedentarización que les puso en contacto con las ciudades cananeas de la zona costera y los bajos valles palestinos.
El proceso fue básicamente pacífico. Los cananeos controlaban las rutas comerciales y, debido a su ventaja económico-marcial, podían aprovecharse de las aportaciones ganaderas y agrícolas de los nuevos inmigrantes, en provechosa simbiosis. Pero luego la balanza del poder se fue inclinando a los (pre-) israelitas: su misma experiencia religiosa, vinculada al Dios de sus antepasados y al culto más austero del desierto, les mantuvo unidos; así, fueron creando lazos de solidaridad guerrera, mientras las ciudades cananeas, arrastradas por la decadencia del imperio egipcio, que ejercía sobre ellas protectorado y arbitraje (cf. cartas de Tell El-Amarna), carentes de iniciativa y creatividad, fueron decayendo.
Las ciudades palestinas no tenían fuerzas para oponerse al avance religioso-social de las tribus israelitas, que las fueron absorbiendo, en pequeñas guerras o de un modo pacífico. Este proceso, acelerado por el peligro filisteo, culminó en los reinados de Saúl y David (hacia el 1000 a. de C.). No hubo conquista militar propiamente dicha sino desarrollo superior de los israelitas, que lograron triunfar en plano demográfico, social y aun religioso, integrando en su estructura a las ciudades cananeas, como supondrían Jc y 1 Sam, ya ha defendido la escuela histórico-idealista de autores alemanes de la primera mitad del siglo XX 10.
– Hipótesis de la revolución y conquista. La visión anterior encuentra dificultades. Ciertamente, había relación entre campesinos y pastores en los dos lados del Jordán; pero en aquel tiempo los pastores, más que nómadas (o aún seminómadas), capaces de emigrar por el desierto, eran trashumantes, moviéndose en un círculo de tierra bien determinado, en complementariedad con los agricultores sedentarios, como sucedía hasta hace poco tiempo en lugares de la cuenca del Mediterráneo.
Antes del XIII a. de C. (domesticación del camello y razzias madianitas) no parece que hubiera invasiones de nómadas en torno a Palestina 11. Por otra parte, las historias de Jc y la tradición que está al fondo de Jo hablan de guerras y cambios dentro de la misma tierra palestina.
Los protoisraelitas no eran simples invasores nómadas que, habiendo crecido en número, ocuparon el vacío de poder de las ciudades cananeas. Muchos de ellos se encontraban desde antiguo en la tierra y desde allí pudieron conquistarla en revolución popular que transformó la estructura social del conjunto, suscitando un pueblo nuevo en Palestina 12. Desde ese trasfondo estudiaremos la composición, ideología y carácter de la población (ejército) israelita 13.
Comenzamos por la composición.La hipótesis de la invasión supone que los israelitas formaban ya un pueblo unitario y guerrero, que conquista Palestina desde fuera. La teoría de la inmigración les hace nómadas que fueron entrando pacíficamente, hasta crecer y adueñarse de las ciudades cananeas, carentes entonces de poder (por la decadencia de Egipto).
En línea de revolución creadora, pensamos que los protoisraelitas tenían varias raíces: unos eran pastores transhumantes, otros campesinos marginales que habitaban en la zona montañosa, otros siervos de los señores feudales cananeos, aparceros de sus latifundios, etc. Algunos de ellos (o sus antepasados) aparecen en las cartas de Tell El-Amarna (XIV a. de C.) como habiru, mercenarios inquietos, campesinos turbulentos que amenazan el frágil equilibrio feudal de las ciudades: son como un proletariado militar, personas dislocadas, que no han constituido todavía pueblo.
De un modo especial influyen los campesinos libres de la zona montañosa central de Palestina donde no había logrado imponerse el esquema feudal de las ciudades. Unos mismos intereses económicos y un tipo de costumbres y creencias les fue vinculando hasta formar grupo importante en el mosaico inestable de ciudades y poderes comerciales cananeos 14 .
También parecen influir algunos fugitivos de Egipto, representados, quizá, por grupos de levitas y/o antepasados de los benjaminitas y efraimitas, portadores de una ideología sagrada de fuerte libertad. Conservan el recuerdo de la esclavitud a que se han visto sometidos en Egipto (Ex 1) y traen la certeza de que Dios mismo les sostiene en su camino (cf. Ex 3, 7-8), con el recuerdo de una intervención salvadora en la primera guerra santa, el paso del Mar Rojo :
Yahvé retiró el mar con un recio viento solano que sopló toda la noche. A la vigilia de la mañana miró Yahvé el campamento de los egipcios… y conturbó su campamento: agarrotó las ruedas de sus carros, haciéndolos avanzar pesadamente, y los egipcios dijeron: huyamos…15.
Ese recuerdo, repetido y celebrado como memoria fundante por los que se sienten liberados de Egipto, constituye el trasfondo de la lucha de liberación de los hebreos, el principio de constitución del pueblo israelita. El terror de Yahvé, la crecida del agua, los carros del ejército enemigo que no pueden maniobrar en un espacio pantanoso… serán una constante en las batallas primordiales de las aguas de Js 11, 5-9 (Merom) y Jc 4 (Quisón) donde se enfrentan:
El pueblo se formó partiendo, según eso, de habiru (mercenarios desclasados), campesinos trashumantes, fugitivos de Egipto… que se fueron vinculando en conjuntos de tipo tribal, unidos por consanguinidad y oposición al sistema feudal de las ciudades cananeas (o de Egipto), en comunidad no estatal, pero vinculada en clave económica, social y religiosa. Las tribus forman así una sociedad igualitaria, sin estado central, en contra de las ciudades cananeas, dominadas por un rey y una clase superior sacralizada con vínculos divinos. Esas tribus israelitas se vinculan ante Yahvé, su Dios, en pacto que les obliga a combatir el sistema cananeo:
Cuando marche mi ángel ante ti y te introduzca en la tierra del amorreo, del hitita y ferezeo… no adores a sus dioses ni les sirvas, no fabriques lugares de culto como los suyos,sino que has de destruirlos y derribar también sus piedras sagradas (Ex 23, 23-24).
Estas palabras forman parte de un pacto de constitución sacral y/o social del pueblo (cf. Ex 34,10-11; Jc 2,1-5; Dt 7 y 20) 17 que se instituye probablemente en Guilgal, santuario de la transformación israelita, que vincula a los federados de Yahvé, haciendo que se opongan a los cananeos para destruirlos, en guerra militar e innovación popular. No matan a todos los habitantes de la tierra, como dirá la teología oficial Dt, sino que luchan contra la oligarquía sacral cananea y destruyen, en guerra sagrada, sus signos de opresión fundamental, ligados al rey y al culto 18. Israel se vuelve así nación santa y pueblo sacerdotal (cf. Ex 19, 5-6) con marginados, campesinos y fugitivos que destruyen la opresión feudal de las ciudades cananeas y suscitan una estructura fraterna de familias unidas libremente como tribus, en clave de solidaridad y ayuda mutua 19
CONCLUSIÓN Y NOTAS.
Los pueblos que llevan una Biblia en la mano y no se reconocen emigrantes… y no acogen a los emigrantes,,, son por un lado mentirosos y por otro están condenados a la muerte. Siguen notas eruditas.
El primer domingo de Cuaresma se dedica siempre a recordar las tentaciones de Jesús. También los evangelios sinópticos abren su vida pública con ese famoso episodio. Es un relato programático, para que el lector del evangelio sepa desde el primer momento cómo orienta Jesús su actividad y los peligros que corre en ella. Para eso, lo enfrentan con Satanás, que encarna las fuerzas de oposición al plan de Dios, y que intentará apartarlo de su camino.
Las tentaciones empalman directamente con el episodio del bautismo y explican cómo entiende Jesús lo que dijo en ese momento la voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”. ¿Significa esto que la vida de Jesús vaya a ser cómoda y maravillosa como la de un príncipe?
1ª tentación: utilizar el poder en beneficio propio
En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo. En aquello días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo:
—Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.
Jesús le contestó:
—Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre”.
Partiendo del hecho normal del hambre después de cuarenta días de ayuno, la primera tentación es la de utilizar el poder en beneficio propio.
La tentación se deja de sutilezas y va a lo concreto: “Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan”. El pueblo de Israel, durante su marcha por el desierto, se quejó de hambre, murmuró, acudió a Moisés para que resolviese el problema. Jesús no necesita nada de eso. Es el Hijo de Dios. Puede resolver el problema fácilmente, por sí mismo. Pero Jesús, el nuevo Israel, demuestra que tiene aprendida desde el comienzo esa lección que el pueblo no asimiló durante años: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre”.
La enseñanza de Jesús en esta primera tentación es tan rica que resulta imposible reducirla a una sola idea. Está el aspecto evidente de no utilizar su poder en beneficio propio. Está la idea de la confianza en Dios. Pero quizá la idea más importante, expresada de forma casi subliminar, es esa visión amplia y profunda de la vida como algo que va mucho más allá de la necesidad primaria y se alimenta de la palabra de Dios.
2ª tentación: Tener, aunque haya que arrastrarse
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo:
—Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.
Jesús le contestó:
—Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto”.
Este episodio siempre me trae a la memoria mi decepción cuando subí a la cumbre del monte Nebo con la esperanza de ver, como Moisés, toda la Tierra Prometida. La neblina permitía ver el Mar Muerto a duras penas. Cuanto más alto llevase Satanás a Jesús, menos vería el esplendor de todos los reinos del mundo. El episodio no debemos interpretarlo en sentido literal e histórico. Lo importante es su sentido.
La segunda tentación no es la tentación provocada por la necesidad urgente, sino por el deseo de tener todo el poder y la gloria del mundo. ¿Es esto malo, tratándose del Mesías? Los textos proféticos y algunos Salmos hablaban de su dominio cada vez mayor, universal, concedido por Dios. Pero Satanás parte de un punto de vista muy distinto, propio de la mentalidad apocalíptica: el mundo presente es malo, no está en manos de Dios, sino en las suyas; es él quien lo domina y entrega su poder a quien quiere. Solo pone como condición que se postren ante él, que lo reconozcan como dios. Jesús se niega a ello, citando de nuevo un texto del Deuteronomio: “Está escrito: al Señor tu Dios adorarás, a él solo darás culto”.
El relato es tan fantástico que cabe el peligro de no advertir su tremenda realidad. El ansia de poder y de gloria lo percibimos continuamente, y también es clara la necesidad de arrastrarse para conseguir ese poder. Pero este peligro no es solo de políticos, banqueros y grandes empresarios. Todos nos creamos a menudo pequeños ídolos ante los que nos postramos y damos culto.
3ª tentación: pedir pruebas que corroboren la misión encomendada.
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:
—Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”.
Jesús le contestó:
—Está mandado: “No tentarás al Señor, tu Dios”.
Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.
Esta tentación se presta a interpretaciones muy distintas. Podríamos considerarla la tentación del sensacionalismo, de recurrir a procedimientos extravagantes para tener éxito en la actividad apostólica. La multitud congregada en el templo contempla el milagro y acepta a Jesús como Hijo de Dios. Pero esta interpretación olvida un detalle importante: el tentador nunca hace referencia a esa hipotética muchedumbre, lo que propone ocurre a solas entre Jesús y los ángeles de Dios.
Considero más exacto decir que la tentación consiste en pedir pruebas que corroboren la misión encomendada. Nosotros no estamos acostumbrados a esto, pero es algo típico del Antiguo Testamento, como recuerdan los ejemplos de Moisés (Ex 4,1‑7), Gedeón (Jue 6,36‑40), Saúl (1 Sam 10,2‑5) y Acaz (Is 7,10‑14). Como respuesta al miedo y a la incertidumbre espontáneos ante una tarea difícil, Dios concede al elegido un signo milagroso que corrobore su misión. Da lo mismo que se trate de un bastón mágico (Moisés), de dos portentos con el rocío nocturno (Gedeón), de una serie de señales diversas (Saúl), o de un gran milagro en lo alto del cielo o en lo profundo de la tierra (Acaz). Lo importante es el derecho a pedir una señal que tranquilice y anime a cumplir la tarea.
Jesús, a punto de comenzar su misión, tiene derecho a un signo parecido. Basándose en la promesa del Salmo 91,11‑12 (“a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos; te llevarán en volandas para que tu pie no tropiece en la piedra”), el tentador le propone una prueba espectacular y concreta: tirarse del alero del templo. Así quedará claro si es o no el Hijo de Dios.
Jesús no acepta esta postura, y la rechaza citando de nuevo un texto del Deuteronomio: “No tentarás al Señor tu Dios” (Dt 6,16). La frase del Deuteronomio es más explícita: “No tentaréis al Señor, vuestro Dios, poniéndolo a prueba, como lo tentasteis en Masá”, cuandoel pueblo, durante la marcha por el desierto, se queja por falta de agua para beber y se pregunta: “¿Está o no está con nosotros el Señor?” (v.7). En el fondo, cualquier petición de signos y prodigios encubre una duda en la protección divina. Jesús confía plenamente en Dios, no quiere signos ni los pide. Su postura supera con mucho incluso la de Moisés.
Cuando termina el relato de las tentaciones, Lucas añade que “el tentador lo dejó hasta otro momento”. Ese momento será al final de la vida de Jesús, cuando esté crucificado.
Nuestras tentaciones
Las tentaciones tienen también un valor para cada uno de nosotros y para toda la comunidad cristiana. Sirven para analizar nuestra actitud ante las necesidades, miedos y apetencias y nuestro grado de interés por Dios.
1) La necesidad primaria: afecto, comprensión.
2) ¿Está Dios en medio de nosotros?
3) La tentación de tener.
1ª lectura: recordar nuestra historia con gratitud (Deuteronomio 26, 4-10)
El texto del Deuteronomio recoge la oración que pronuncia el israelita cuando, después de la cosecha, ofrece a Dios las primicias de los frutos. Va recordando la historia del pueblo, desde Jacob (“mi padre era un arameo errante”), la opresión de Egipto, la liberación y el don de la tierra. En el contexto de la cuaresma, esta lectura nos invita a pensar en los beneficios recibidos de Dios y a ser generosos con él. El agradecimiento a Dios es más importante incluso que la mortificación cuaresmal.
Dijo Moisés al pueblo:
—El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios. Entonces tú dirás ante el Señor, tu Dios:
“Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas. Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud. Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia. El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos. Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso, ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado”.
Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios».
2ª lectura: confesar al Señor e invocarlo (Romanos 10, 8-13)
En este breve pasaje Pablo comenta dos frases de la Escritura, aplicándolas al tema de la salvación personal (1ª cita) y de toda la humanidad (2ª cita). ¿Cómo se alcanza la salvación? Confesando que Jesús es el Señor y que Dios lo resucitó de entre los muertos. Algo que estamos tan acostumbrados a repetir que no valoramos rectamente. A mediados del siglo I, confesar a Jesús como Señor (Kyrios), cuando el Emperador romano era considerado el único Kyrios (César), suponía mucho valor. Y confesar que Dios lo había resucitado podía provocar más sonrisas y escepticismo del que podemos imaginar.
La segunda cita «Nadie que cree en él quedará defraudado» la interpreta Pablo de forma revolucionaria. Para un judío, estas palabras sólo podrían aplicarse a los judíos, al pueblo elegido. Ellos serían los único en no quedar defraudados. En cambio Pablo la aplica a toda la humanidad, judíos y griegos. Cualquiera que invoca el nombre del Señor alcanzará la salvación.
Hermanos:
La Escritura dice: «La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón».
Se refiere a la palabra de la fe que os anunciamos. Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación.
Dice la Escritura:
«Nadie que cree en él quedará defraudado».
Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan. Pues «todo el que invoca el nombre del Señor se salvará».
Tras la fuerte e íntima experiencia de su propio Bautismo, Jesús se dirige al desierto. Acaba de conocer quién es, su identidad: “Tú eres mi Hijo amado”. Hijo y Mesías, Hijo y enviado, el Ungido.
Por la fragilidad de su condición humana necesita tiempo, espacio, pensar, asimilar su identidad y, en función de ella, reorientar su vida. Se retira al silencio y a la soledad del desierto. Con el paso de los días y lejos de las distracciones exteriores, es ahí, en la quietud del desierto, en su noche, cuando le asaltan los temores y la voz de su ego: “si eres hijo de Dios…” Reto que también le acompañará en la Cruz: “si eres hijo de Dios, sálvate a ti mismo y baja de la cruz”.
Lo es. Es Hijo de Dios, y además, Amado. Sentir esa certeza en lo más profundo de su ser es lo que le lleva a permanecer, al igual que en la cruz, hasta el final. En la soledad del desierto, en su noche, en la nada. Y sin embargo, esa misma permanencia le agudiza la escucha de la Palabra. Llenándole de confianza y seguridad, agarrándose a ella una y otra vez, y mirando cara a cara a sus temores: “Está escrito…”.
Jesús escucha la Palabra, la acoge en su corazón, la pronuncia con sus labios y la cumple por medio de sus acciones. Interesante y difícil tarea la que nos propone para, al menos, estos cuarenta días de Cuaresma. Podemos prestar especial atención a nuestra manera de escuchar la Palabra, de escuchar las palabras de quienes nos rodean. Reflexionar sobre el valor que damos a nuestras propias palabras e interrogarnos cuántas veces rompemos el Silencio pronunciando palabras absurdas.
Oración
“Dios Trinidad, nuestro corazón está alegre
porque sabe que tú lo escuchas y lo miras.
Ojalá tu Palabra se sienta escuchada y acogida por nuestro corazón.
Que nuestros labios no la corrompan al pronunciarla.
Ojalá nuestras acciones sean reflejo suyo.
Amén.”
Debemos superar el enfoque maniqueo de la cuaresma. Sin embargo, el sentido profundo de la cuaresma debemos mantenerlo e incluso potenciarlo. En efecto, en ninguna época de la historia el ser humano se había dejado llevar tan masivamente por el hedonismo. A escala mundial el hombre se ha convertido en productor-consumidor.
¿Queremos consumir más o nos interesa ser cada día más humanos? En teoría no hay problema para responder, pero en la práctica, nos dejamos llevar por el hedonismo, aún a costa de menor humanidad. Aquí está la razón de la cuaresma. Debemos pararnos a pensar hacia dónde nos dirigimos. Alcanzar plenitud de humanidad exige esfuerzo.
Lo que llamamos mal no tiene ningún misterio; es inherente a nuestra condición de criaturas. La voluntad solo es atraída por el bien, pero la razón puede presentar a la voluntad un objeto como bueno, siendo en realidad malo. Todos buscamos el bien, pero nos encontramos con lo malo, no porque lo busquemos sino por ignorancia.
El mal es consecuencia del conocimiento limitado. Sin él, la capacidad de elección sería imposible y no habría mal. Si el conocimiento fuera perfecto, también sería imposible el mal. Si la voluntad va tras el mal, es siempre por ignorancia.
No es casual que sean tres tentaciones. Se trata de un resumen de las relaciones que puede desarrollar un ser humano. La tentación consiste en entrar en una relación equivocada con nosotros mismos. La relación con los demás depende de la relación con nosotros.
1ª tentación: Si eres Hijo de Dios… Si tú has hecho en todo momento la voluntad de Dios, también Él hará lo que tú quieres. Es la tentación de hacer la voluntad de Dios para que Él haga lo que yo quiero; es lo que estamos haciendo todos, todos los días. Jesús no es fiel a Dios porque es Hijo, sino que es Hijo porque es fiel.
No solo de pan… El pan es necesario, pero no es lo más importante. Nuestro hedonismo demuestra que aún no hemos aceptado esta propuesta. Dar al cuerpo lo que me pide es lo primero y esencial. El antídoto es el ayuno. Privarnos de lo que es bueno para el cuerpo, es la mejor manera de no ceder a lo que es malo.
2ª Si me adoras, todo será tuyo. El poder es la idolatría suprema y lleva siempre consigo la opresión, único pecado. Si descubro mi ser profundo, no me importará desprenderme de mi falso yo y buscaré el servicio. El antídoto es la limosna. Para superar la tentación de dominio, debemos dar a todos de lo que tenemos y somos.
3ª Tírate de aquí abajo. Realiza un acto verdaderamente espectacular, que todo el mundo vea lo grande que eres. Todos te ensalzarán y tu vana-gloria llegará al límite. La respuesta: deja a Dios ser Dios. Acepta tu condición de criatura y desde esa condición alcanza la verdadera plenitud. Dios no puede darte nada porque ya te lo ha dado todo.
Para llegar a tu verdadero ser, hay que atravesar tu propio desierto. Libérate de todo lo que crees ser para llegar a lo que eres de verdad. Mantente en el silencio, hasta que se derrumbe el muro que te separa de ti mismo. No confíes en milagros, nadie desde fuera de ti podrá llevarte hasta el fondo de tu ser y suplir el propio esfuerzo de encontrarte.
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