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Archivo para la categoría ‘Espiritualidad’

Dudas y tentaciones.

domingo, 9 de marzo de 2025
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Jesus_en_el_desiertoLc 4, 1-13

«El Espíritu le fue llevando por el desierto mientras era tentado por el diablo»

Estamos en los prolegómenos de la vida pública de Jesús cuando probablemente todavía está decidiendo su destino. Ha dejado oficio y familia, ha salido de Nazaret para ir  al encuentro del Bautista y ha sido bautizado por él. Es razonable pensar que en ese entorno ha terminado de asentar su intuición de Abbá y su esquema del Reino, y que a la sazón se encuentra en el trance de decidir si vuelve a Nazaret o se lanza a la incierta y arriesgada vida de predicador ambulante.

Tenemos tendencia a creer que Jesús adquiere plena conciencia mesiánica en el momento del bautismo y que ya no duda hasta llegar a la cruz, pero esta creencia choca con otra creencia básica para el cristiano; su inequívoca humanidad. La duda es consustancial con la condición humana, y es difícil imaginar a Jesús libre de dudas toda la vida y hasta el final. Si no duda, si no sufre tentación, si no se angustia, si no se cansa, si no se enfada, será una divinidad disfrazada, pero no el hombre verdadero en el que muchos creemos.

Por eso cabe pensar que son las dudas las que lo llevan al desierto antes de comprometerse definitivamente la misión, y que también son las dudas las que traen aparejadas las tentaciones. Lucas nos habla de tres tentaciones concretas, y, dentro del simbolismo con el que plantea el texto, algunos entendidos afirman que con ellas simboliza las tres grandes tentaciones que acompañaron a Jesús a lo largo de su vida.

Según esta interpretación, la primera tentación, las piedras convertidas en pan, representa su permanente tentación de dejarlo todo y volver a la cómoda existencia que había dejado en Nazaret. Arguyen que su actitud destemplada con los familiares que van a buscarle para llevarlo a casa, o la respuesta desmedida a Pedro en Cesárea, «¡Apártate de mí Satanás!», parecen la reacción típica de quien ve removida su conciencia con una tentación recurrente: dejarlo todo y volver.

La segunda, el poder sobre todos los reinos de la Tierra, simbolizaría la tentación de afrontar la misión desde la tradición de Israel, es decir, dejándose encumbrar a la posición de mesías davídico que el pueblo espera de él, e instaurar el reino de Dios desde el poder. Alegan que su reacción cuando quieren hacerlo rey –despachando a sus discípulos que probablemente azuzaban a la multitud y huyendo a la soledad a orar– perece responder a una tentación presente en él a lo largo de su vida.

La tercera, el pináculo del templo, podría referirse a la tentación de pedir a Dios una señal que afianzase su decisión de seguir adelante sin desmayo a pesar del riesgo que está corriendo; a pesar del enfrentamiento con los santos y los sabios de Israel…

Sin duda, una interpretación muy sugestiva… pero secundaria para nuestra fe. No obstante, el texto encierra dos elementos verdaderamente importantes para nosotros; el primero, que Jesús sufría las mismas tentaciones que sufrimos nosotros y tenía que vencerlas con esfuerzo; igual que nosotros. El segundo, que por encima de sus dudas y consciente del riesgo que entrañaba su decisión, Jesús abrazó con valentía la misión de proclamar el Reino y fue consecuente con ella hasta el final.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

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El poder liberador de nuestros desiertos.

domingo, 9 de marzo de 2025
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158524_desierto.jpgCOMENTARIO AL EVANGELIO Lc 4, 1-13

9 de marzo de 2025

Iniciamos el tiempo de Cuaresma marcado por el ritmo anual de la liturgia. Cabe esperar que ya hemos superado esa visión de la Cuaresma como un tiempo oscuro, lúgubre, donde los sacrificios o penitencias eran la puerta necesaria para entrar en la Pascua. Se miraba más al exterior, al cumplimiento de una serie de normas con poco sentido, a realizar obras que cobraban valor si suponía un esfuerzo, una especie de precio a pagar para conseguir no sé qué tranquilidad de conciencia. Esta tradición probablemente nació por una distorsionada interpretación del tiempo que Jesús pasó en el desierto donde todo lo que vivió fueron tentaciones. Precisamente, el texto evangélico de este 1er Domingo de Cuaresma nos recuerda este pasaje de su vida.

Afortunadamente hoy podemos hacer un análisis más profundo y menos literal de esta etapa de la vida de Jesús, más liberador y constructivo para tod@s. Y lo que nos encontramos no son 40 días cronológicos viendo a un Jesús que pasa hambre, rodeado de animales y tentado por el diablo. Lo que nos encontramos es con un Jesús que vive una etapa en la que, como todo ser humano, tiene que hacer frente a las sombras conscientes e inconscientes que planean en su vida.

Comienza el texto con una afirmación que es clave para poder comprender todo lo posterior: Jesús, tras el Bautismo, se siente lleno de Espíritu Santo quien le conduce al desierto. No va al desierto por placer sino por elegir seguir la voz interior de ese impulso divino que le sitúa en la necesidad de cambiar de plano en su existencia.

Jesús ya había experimentado en el Bautismo su verdadera identidad – Hijo de Dios, una vivencia que le daba profundidad y una honda raíz para sostener el árbol de su vida. Ahora bien, no es suficiente, tampoco posible, vivir conectados permanentemente a nuestro centro existencial, porque nuestra vida es un proceso de integración de nuestros límites que no solo se presentan como enfermedades y sufrimientos físicos; también aparecen en formato de sombras que nos complican y muchas veces amargan. La sombra se genera porque un cuerpo, en sentido figurado en este contexto, se interpone en la luz. La luz de Jesús es su identidad de ser hijo de Dios, como la nuestra. Es la figura metafórica del diablo quien le recuerda que, si de veras es Hijo de Dios, lo puede todo. Lo que este personaje le plantea es cómo va a usar esa identidad, esa luz, el para qué, el por qué y el hacia dónde.

La sombra tiene mucho que ver con experiencias de las que probablemente no somos responsables pero que bloquean el fluir de la realidad divina que nos habita. Algunas sombras se generan por heridas y experiencias emocionales que nos han dejado tan vulnerables que pueden llegar a condicionar las grandes decisiones de nuestra vida. Otras sombras también son fruto de nuestra decisión consciente de vivir desconectados de nuestro centro porque nos da una compensación más inmediata, más placentera a corto plazo, pero sin solidez. Jesús, en el desierto, se enfrenta a la sombra del vacío interior, de la insana soledad, del hambre emocional, sombras de poder, de dominación, de posesión, de idolatría. Y maneja esta situación no desde la huida sino desde el diálogo con ella. Dialogar con nuestras sombras, con nuestra vulnerabilidad, es una manera muy liberadora de integrar nuestros límites. Se trata de sacarla a la luz como hizo Jesús en el desierto y no identificarse con ella porque somos más que sombras.

Te invito a iniciar esta Cuaresma realizando una doble mirada. La primera hacia tu interior, sin miedo, con valentía y ver qué cuerpos psicológicos de tu yo desenfocado están interfiriendo entre la Luz y tu vida. La segunda mirada hacia el exterior, hacia lo que en este mundo y en nuestros pequeños mundos, está retorcido: guerras, injusticias, poderes económicos, liderazgos que someten, dominan, empobrecen, excluyen y matan y un largo etcétera que puedes completar. Quizá te des cuenta de que todo el mal proviene de esa mala decisión de desconectarnos de lo que somos, del polo positivo de nuestra existencia, nuestra identidad más esencial, como en Jesús el ser Hijo de Dios.

Baste con mirar el 8 de marzo, el día internacional de la mujer, que, más allá de lo político e ideológico, nos muestra la necesidad de no ser cómplices de este sistema patriarcal en el que todavía vivimos. No se trata sólo de conseguir derechos sino de una mirada nueva a la verdadera dignidad que nos iguala. ¡¡¡FELIZ CAMINO DE CUARESMA!!!

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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Tener, poder, aparentar.

domingo, 9 de marzo de 2025
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IMG_0233Comentario al evangelio del domingo 9 marzo 2025

Lc 4, 1-13

El llamado “relato de las tentaciones de Jesús” -probablemente construido por el evangelista y colocado intencionadamente en el inicio de su actividad pública- muestra, de manera paradigmática, las tres apetencias básicas del ego: tener, poder y aparentar.

Debido a nuestra propia constitución psicológica, el ego persigue en todo y de manera constante la seguridad. Consciente de su propio vacío -solo es una creación del pensamiento-, busca por todos los medios a su alcance obtener una seguridad en la que sostenerse.

Para lograrlo dispone del mecanismo de la apropiación: apropiándose de todo aquello que, aparentemente, pueda dotarle de consistencia, crea la ilusión, no solo de ser “alguien” con entidad propia, sino de lograr respeto y admiración por parte de los otros.

Con esos mimbres, el ego va buscando, por encima de todo, de manera manifiesta o sutil, consciente o inconsciente, reconocimiento. Como les ocurre a los niños, el hecho de sentirse reconocido le aporta una sensación de seguridad. No sorprende que, desde temprano, se vea lanzado a una carrera ansiosa por lograr tener, alcanzar poder y ofrecer una imagen “valiosa” de sí mismo.

Una vez asumido ese programa de vida, la persona puede instalarse en él, aun sin ser consciente de la mentira que encierra. Sencillamente, se ha acostumbrado a sobrevivir, buscando las mayores gratificaciones posibles y evitando al máximo el malestar. Habrán de ser el sufrimiento o el discernimiento los que le hagan abrir los ojos y, de ese modo, posibilitando la comprensión de lo que somos, trascender la identificación que mantenía con el ego y reconocerse finalmente en su verdad última. La comprensión le hará ver que no necesita buscar nada para sentirse completa, porque ya es, en sí misma, plenitud.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Tentaciones: «Sed buenos si podéis» .

domingo, 9 de marzo de 2025
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IMG_3154Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Cuaresma – Ceniza.

        Con el símbolo de la ceniza comenzamos el tiempo de cuaresma: los cuarenta días en los que nos preparamos a la celebración de la Pascua, que es no solamente la fiesta, sino el centro de la fe y de la esperanza cristiana.

En realidad la vida es una cuaresma camino de la Pascua

        Desde el siglo IV las comunidades cristianas vivían con intensidad este tiempo de cuaresma camino de la Pascua. Sobre todo vivían la cuaresma con la lectura / escucha de la Palabra, la oración, la toma de conciencia de que somos caminantes hacia la tierra de promisión por el desierto de la vida y con un cierto sentido penitencial.

02.- Historia de la Salvación.

        La primera lectura de hoy, -tomada del libro del Deuteronomio- es una evocación del “credo” del Antiguo Testamento y de su fe:

  • Los hijos de Israel se sienten hijos de Abraham: mi padre fue un arameo errante. También nosotros somos peregrinos en la vida.

En cierto sentido todos somos emigrantes, “estamos aquí de paso”… Solemos cantar en la liturgia: peregrinos, caminantes, vamos hacia Ti

  • La situación de esclavitud de los israelitas en Egipto será el punto de partida hacia la libertad.

También nosotros vivimos encadenados por mil esclavitudes de la vida. La vida es una cuaresma, un desierto por el que caminamos hacia la libertad.

  • El Éxodo, el paso del mar Rojo es el comienzo de la libertad de aquellas tribus hebreas.

La cuaresma puede ser un momento de tomar conciencia de que ha comenzado nuestra liberación.

  • Cuarenta años por el desierto.

Cuarenta es un número significativo en la mentalidad bíblica: cuarenta significa toda la vida: Cuarenta fueron los días que duró el descenso de las aguas después del diluvio; las tribus hebreas caminaron cuarenta años por el desierto; Moisés estuvo en el Sinaí 40 días, Jesús fue tentado el desierto cuarenta días y cuarenta noches…

La libertad nos costará caminar por el desierto toda la vida…

  • Finalmente llegarán a la tierra de promisión, al menos como gran esperanza y con los grandes y graves problemas que esta cuestión ha traído y trae en la historia.

La tierra de promisión no es tanto un lugar geográfico cuanto la meta soñada. La tierra de promisión es el horizonte de Dios.

Y esa es nuestra cuaresma: peregrinar por la vida, saliendo de nuestras esclavitudes hacia la meta soñada. Y todo ello, con la protección de Dios liberador.

        Para la fe de Israel Dios es liberador.

03.- Tentaciones, tentativas, intentos.

        Dice el evangelio de hoy que Jesús fue tentado. Que no se nos olvide que Jesús fue hombre, vivió las mismas tentaciones que vivimos los humanos. (La película “La última tentación de Cristo” de Martín Scorsese refleja bien la humanidad de Cristo tentada como todo ser humano).

        Las palabras tentación, intentar, intento, tentativa contienen un significado muy similar.

Podríamos pensar que toda la vida es un intento, una tentativa, una tentación.

Las tentaciones son una explosión de nuestros sufrimientos y nostalgias más profundas, tal vez inconscientes y ocultas.

        Toda nuestra vida es un intento de buscar el bien y la verdad, una tentativa de ser libres, un intento de ser felices.

Detrás de lo que llamamos tentaciones hay una llamada a la felicidad.

En toda tentación hay un intento de “romper el límite” y dar un paso más hacia adelante.

A veces acertamos, muchas veces nos equivocamos.

04.- Entre pecado y neurosis

        En muchas -muchísimas- ocasiones, por los entresijos de las tentaciones es funcionan más mecanismos y problemas psicológicos que morales. Muchas tentaciones tienen que ver más con la psicología que con la moral.

        Somos pecadores, pero el pecado vivido desde JesuCristo no es causa de angustia ni neurosis, sino de sentirnos perdonados como el hijo pródigo, el publicano, como Zaqueo, el buen ladrón y tantos otros…

Reconocer el pecado infunde una profunda paz.

05.- Jesús fue impulsado por el espíritu al desierto.

        El buen espíritu de Jesús es el que le mueve e impulsa en la vida. Es el espíritu que le dio la vida por medio de María. Es el espíritu descendió sobre Jesús en el bautismo, en la Transfiguración, es el espíritu que está sobre mí desde el comienzo de su actividad pública

Un buen espíritu, un sano idealismo impulsa hacia el bien también al ser humano. Lo que nos ayuda a dominar un poco las pulsiones y tentaciones es una buena causa, un buen espíritu.

06.- Comencemos la cuaresma. Conversión.

        La historia de nuestra conversión es la historia de nuestra debilidad. Hemos comenzado muchas cuaresmas, advientos, hemos hecho muchos ejercicios pero seguimos igual, cambiamos poco.

Muchos de nosotros somos ya mayores, lo hemos intentado (tentaciones) mil veces en la vida, hemos conseguido poco, pero lo hemos intentado.

Para muchos de nosotros -entrados ya en años- nuestra conversión consiste en descansar en el Señor y vivir lo que dicen los salmos

No me rechaces ahora en la vejez,

me van faltando las fuerzas, no me abandones,

no abandones la obra de tus manos;

 (Del salmo 70)

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“ Jesús vence las fuerzas del anti-reino e inicia el Reino de Dios para los pobres de la tierra”, por Consuelo Vélez

domingo, 9 de marzo de 2025
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IMG_0247De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio del I Domingo de Cuaresma (9-03-2025)

Jesús es conducido al desierto por el Espíritu. A diferencia del pueblo, tentado en el desierto, Jesús sí las vence

Son tentaciones “mesiánicas”, es decir, que ponen en cuestión su mesianismo, invitándolo a valerse de este para provecho propio

El mesianismo de Jesús, coherente con los valores del reino, se enfrenta a los “otros reinos” o al “anti-reino” del diablo

Las tentaciones siguen presentes en cada uno de los creyentes y la fidelidad de Jesús nos invita a mantener la propia fidelidad

Jesús, lleno de Espíritu Santo, se alejó del Jordán y se dejó llevar por el Espíritu al desierto, donde permaneció cuarenta días, siendo tentado por el Diablo. En ese tiempo no comió nada, y al final sintió hambre.  El Diablo le dijo:

– Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.

Le respondió Jesús:

Está escrito: No sólo de pan vive el hombre.

Después lo llevó a un lugar muy alto y le mostró en un instante todos los reinos del mundo. El Diablo le dijo:

– Te daré todo ese poder y su gloria, porque a mí me lo han dado y lo doy a quien quiero. Por tanto, si te postras ante mí, todo será tuyo.

Le replicó Jesús:

Está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, a él solo darás culto.

Entonces lo condujo a Jerusalén, lo colocó en la parte más alta del templo y le dijo:

– Si eres Hijo de Dios, tírate abajo desde aquí, porque está escrito: Ha dado órdenes a sus ángeles para que te cuiden y te llevarán en sus manos, para que tu pie no tropiece en la piedra.

Le respondió Jesús:

Está dicho: No pondrás a prueba al Señor, tu Dios.

Acabada la tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno

(Lc 4, 1-13).

Este conocido texto de las tentaciones de Jesús recuerda las tentaciones del pueblo de Israel en el desierto con la diferencia de que Jesús sí supera las tentaciones. Este pasaje también está en Mateo, lo que revela que ambos siguen la misma fuente (Q), con la diferencia de que Lucas invierte el orden de las dos últimas tentaciones, tal vez, con la intención de que esta etapa también termine en Jerusalén.

Comienza el relato diciendo que Jesús va al desierto “lleno del Espíritu Santo. Lo mismo se dirá en el libro de Hechos de los Apóstoles al inicio de la Iglesia. Esto señala que el protagonista de la misión de Jesús y de la Iglesia es el Espíritu Santo. Jesús pasa 40 días en el desierto, sin comer y es tentado por el diablo. Conviene señalar aquí que no debemos tomar el pasaje de manera literal sino como una narración que nos va mostrar cómo la tentación acompaña la vida de Jesús, igualmente que acompaña la nuestra. Son tentaciones “mesiánicas”, es decir, que ponen en cuestión su mesianismo, invitándolo a valerse de este para provecho propio. El diablo le invita a mostrar poder -convirtiendo las piedras en pan-, a apoderarse de todos los reinos que el diablo le promete y a hacer actos extraordinarios como lanzarse de lo más alto del templo. A cada tentación Jesús responde con citas del Deuteronomio y, a diferencia del pueblo, como ya dijimos, vence las tentaciones y sigue fiel a la misión encomendada para el bien de todos.

Es interesante notar que el diablo le dice que él le dará sus reinos, o sea, es poseedor de otros reinos. Con esto Lucas pretende mostrar que el mesianismo de Jesús, coherente con los valores del reino de Dios, se enfrenta a los “otros reinos” o al “anti-reino” del diablo.

Termina el texto diciendo que el diablo se alejó hasta un tiempo oportuno. Es decir, volverá cuando “entre en Judas” (Lc 22, 3) y cuando pretende entrar en Pedro (Lc 33,31-34) y cuando se desate la persecución contra Jesús hasta crucificarlo. Lo del “tiempo oportuno” es también una característica de Lucas que coloca a Jesús como centro del tiempo. Con él se hace presente el “hoy” del reino cuando en la sinagoga dice que “la escritura se ha cumplido hoy” (Lc 4, 21) y ahora con las tentaciones que, al vencerlas, comienza el reino de Dios para los pobres.

Las tentaciones siguen presentes en cada uno de los creyentes y la fidelidad de Jesús nos invita a mantener la propia fidelidad sin acomodarnos a los anti valores que, anteponen las riquezas, el honor y el propio interés al bien común, a la vida plena para todos y todas, como Dios lo desea para todos sus hijos e hijas.

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«Tentaciones y desafíos de una Iglesia en tiempos de crisis «, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 9 de marzo de 2025
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1ER-DOMINGO-DE-CUARRESMA-1De su blogKristau alternatiba (Alternativa cristiana):

Las lecturas del primer Domingo que nos introducen en la Cuaresma nos ofrecen interesantes elementos para la reflexión sobre los procesos de cambio en la Iglesia.

Quisiera partir del pasaje evangélico del primer domingo que nos propone el tema de las Tentaciones de Jesús. En un tiempo prolongado de prueba -han pasado cuarenta días- es más fácil caer en la tentación, se es más frágil cuando hay hambre. Y las tres tentaciones ilustradas muestran tres actitudes en las que también la Iglesia, cuando vive un momento de crisis, de cambio como el actual, corre el riesgo de caer.

1.- Transforma las piedras en pan: comprometerse a satisfacer las necesidades, las continuas y más diversas peticiones. Es una práctica gratificante en el corto plazo, porque responde a peticiones pero genera continuamente una presión sobre el hacer, que no hace más que aumentar aún más las expectativas. Porque una cultura del consumo sólo genera demandas y expectativas, no pertenencia a una comunidad. El autoengaño de resolver todo inmediatamente es el de decirnos “soy útil”, muriendo sin embargo en un funcionalismo estéril y en un pragmatismo que ya no sabe captar un sueño más allá de la necesidad. Así es como se responde al estómago de las personas y no a sus corazones.

2.- Lánzate y déjate atrapar por los ángeles de una manera bastante espectacular: llamar a los más fieles a reunirse, a ocupar espacios, a la atención, como un acto de fuerza, mostrar el propio músculo para decir ‘¡Yo existo!’. Una venganza identitaria que ingenuamente nos hace sentir vivos pero que incrementa la autorreferencialidad y la soledad y, por tanto, la crisis y la depresión a largo plazo. Identificar a un enemigo no es suficiente para definir una identidad generativa. El autoengaño es decirse a uno mismo “todavía soy fuerte”, reflejándose narcisistamente en un reflejo distorsionado y autoproducido. Así se responde así a los ojos pero no al corazón.

3.- Todo lo que veas será tuyo si me adoras: ser subordinado al mundo, estar a la moda, caer en la mundanidad. Esto se hace para mantener la relevancia, la importancia y el control sobre ciertos espacios. Un sacrificio inducido por el miedo a dejar de ser vistos y considerados, a perder posiciones. El autoengaño es decirse a uno mismo “soy agradable, interesante”, adaptarse a la realidad, seguir las modas del momento aunque éstas nos pidan eclipsar el núcleo fundador de nuestra fe. Nos embellecemos, nos hacemos liftings, discutimos de todo siempre que sea de interés, perdiendo de vista lo más importante y bello. Así, uno responde más al hígado -miedo- que al corazón.

¿Cuál es la raíz de las tres tentaciones? La tentación más grande, la que le será dirigida a Jesús bajo la cruz tres veces (¡el mismo número de tentaciones en el desierto!): “¡Sálvate a ti mismo!”Ésta es la gran tentación de la Iglesia, como de toda institución: ¡tratar de salvarse a sí misma!

Al fin y al cabo, es cierto que toda institución es creada por los hombres, pero a la larga es ella quien toma el mando y sólo pide una cosa: ¡ser salvada! ¡Ser preservada! Pero las instituciones eclesiales no existen para su propia conservación, tienen un valor icónico, remiten al Reino de Dios, y por tanto son formas transitorias que conservan, eso sí, un núcleo generativo y vital que requiere de vez en cuando formas nuevas, espacios, tiempos, lenguajes para permanecer fieles a la realidad y al hombre.

Cuando el hombre intenta hacerlo por sí mismo, se vuelve tan rígido como las instituciones que guía, cae en la tentación de conservar lo que existe, se encuentra ante tres consecuencias bien narradas en el segundo libro de Samuel respecto a la tentación de David de realizar un censo de sus tropas. Dios le da a elegir entre tres opciones.

Posibilidad número 1: siete años de hambruna. Un largo tiempo en el que no se podrá producir comida, alimento para la gente, generar sabor, gusto. Es una pobreza creativa y sapiencial.

Posibilidad 2: tres años huyendo de un enemigo que está frente a ti. El enemigo está adelante y crees que estás mirando el horizonte, pero en realidad estás corriendo hacia atrás, impulsado por el miedo.

Posibilidad 3: Tres días de peste negra. Cuando un ambiente ya no es generativo, atractivo, se llena de aire insalubre, enfermo, de virus,… y muchos mueren. Es decir, muchos se van y se alejan. Pensemos simplemente en el gran problema de la “salida” más que de la “entrada” de no pocas congregaciones religiosas.

La Palabra nos presenta así grandes riesgos o tentaciones, que si sabemos meditar a la luz de las acciones pastorales y de gobierno que se realizan en la Iglesia, pueden abrirnos destellos de luz, para purificar nuestro corazón, nuestros modelos mentales y finalmente nuestras prácticas.

Es un camino arduo para una Iglesia proyectada hacia la Pascua, donde es Cristo quien gana, no las formas, no las instituciones, no nuestros hábitos inerciales, no nuestros preconceptos.

 Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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Consejos para la mujer fuerte

sábado, 8 de marzo de 2025
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Como cada año, celebremos este 8 de Marzo con un poema de una mujer fuerte… Del Blog de Gioconda Belli:

mujer-que-vuela

Consejos para la mujer fuerte

Si eres una mujer fuerte
protégete de las alimañas que querrán
almorzar tu corazón.
Ellas usan todos los disfraces de los carnavales de la tierra:
se visten como culpas, como oportunidades, como precios que hay que pagar.
Te hurgan el alma; meten el barreno de sus miradas o sus llantos
hasta lo más profundo del magma de tu esencia
no para alumbrarse con tu fuego
sino para apagar la pasión
la erudición de tus fantasías.

Si eres una mujer fuerte
tienes que saber que el aire que te nutre
acarrea también parásitos, moscardones,
menudos insectos que buscarán alojarse en tu sangre
y nutrirse de cuanto es sólido y grande en ti.

No pierdas la compasión, pero témele a cuanto conduzca
a negarte la palabra, a esconder quién eres,
lo que te obligue a ablandarte
y te prometa un reino terrestre a cambio
de la sonrisa complaciente.

Si eres una mujer fuerte
prepárate para la batalla:
aprende a estar sola
a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo
a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta
a nadar contra corriente.

Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto
Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo
rodealo de fosos profundos
pero hazle anchas puertas y ventanas.

Es menester que cultives enormes amistades
que quienes te rodean y quieran sepan lo que eres
que te hagas un círculo de hogueras y enciendas en el centro de tu habitación
una estufa siempre ardiente donde se mantenga el hervor de tus sueños.

Si eres una mujer fuerte
protégete con palabras y árboles
e invoca la memoria de mujeres antiguas.

Haz de saber que eres un campo magnético
hacia el que viajarán aullando los clavos herrumbados
y el óxido mortal de todos los naufragios.
Ampara, pero ampárate primero
Guarda las distancias
Constrúyete. Cuidate
Atesora tu poder
Defiéndelo
Hazlo por ti
Te lo pido en nombre de todas nosotras.

*

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Gioconda Belli

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Un video imprescindible…

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«Más claro, imposible «, por Gabriel Mª Otalora

sábado, 8 de marzo de 2025
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Mateo-25De su blog Punto de Encuentro:

Ni con la bronquitis aguda que le ha obligado a permanecer en el hospital, Francisco deja de generar esperanza para los más vulnerables con su denuncia profética, ambas de la mano, esperanza y mensaje, como tiene que ser para alentar a los que más sufren. Esta vez, el Papa se dirige en una Carta a los 439 obispos de Estados Unidos, que amplía sus recomendaciones a todos los católicos y a todas las personas de buena voluntad en torno al drama de las expulsiones que Trump ha ordenado sin ninguna humanidad.

En los textos bíblicos es donde el Papa fundamenta su mensaje para referirse al desplazamiento forzoso de la emigración que exige Trump como algo contrario al Evangelio, y que por ello cuestiona radicalmente nuestra fe. Francisco recuerda la esclavitud en Egipto o la huida de la Sagrada Familia como refugiados en Egipto. Son textos que muestran la revelación de Dios que se hace emigrante y refugiado, vinculando para siempre el amor de Dios con el amor al prójimo. Esta carta es una llamada a que la ley no sea retorcida contra la dignidad de millones de personas, y que no está siendo legítima en su aplicación.

El Papa recuerda a los obispos que son llamados a actuar ante las deportaciones masivas haciendo referencia clara a oponerse a la criminalización y deportación de inmigrantes y de familias enteras angustiadas ante la inminente expulsión, personas vulnerables y sin protección. Una vez más, el Papa vincula el verdadero Estado de Derecho con la protección de la dignidad humana para que este sea auténtico y creíble, y con la responsabilidad episcopal de por medio.

En otro lugar del texto les anima a los prelados recordándoles que Dios estará presente en todo lo que hagan para proteger y defender a las personas y comunidades consideradas ¡menos valiosos, menos importantes o menos humanos! (n.8). Y deja claro que espera su responsabilidad en la defensa de este atropello en marcha, al tiempo que abre el foco a todos los fieles de la Iglesia católica, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, exhortándoles a no ceder ante las narrativas que discriminan y hacen sufrir innecesariamente a nuestros hermanos migrantes y refugiados.

Con caridad y claridad todos estamos llamados a vivir en solidaridad y fraternidad, a construir puentes que nos acerquen cada vez más, a evitar muros de ignominia, y a aprender a dar la vida como Jesucristo la ofrendó, para la salvación de todos. Para ello es necesario una política que regule una migración ordenada y legal, lo cual nos debe movilizar contra la injusticia de este nuevo tiempo trumpista con el Evangelio en la mano para no ceder ante las narrativas discriminatorias

La pregunta que queda para cada obispo y para cada cristiano en los Estados Unidos, es si cada uno está dispuesto a seguir a Jesús, a soportar la persecución, y en última instancia sufrir formas modernas de crucifixión. Las últimas palabras del Papa recuerdan que “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará (Mat. 16, 24-26).

La profética Carta del Papa es todo un recordatorio de que la credibilidad de la fe cristiana se encuentra en las acciones personales y comunitarias, en ambas, dando testimonio del mandato de Jesús de amar a todos, y hacerlo preferencialmente a los más pobres y excluidos. Este es el verdadero ordo amoris tan ligado a la parábola del buen samaritano, es decir, “el amor que construye una fraternidad abierta a todos, sin excepción”, afirma el Papa Francisco. El mensaje concluye dejando claro que, preocuparse por la identidad personal, comunitaria o nacional, al margen de estas consideraciones, acaba por imponer la voluntad del más fuerte como criterio de verdad. Más claro, imposible.

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Mar adentro, navegando siempre con el hermano Jesús

viernes, 7 de marzo de 2025
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Del blog de Alfonso J Olaz El Rincón del Peregrino:

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| Alfonso Olaz OFS

Mar adentro, navegando siempre con el hermano Jesús

Navegando cada día,
Nos pides que vivamos en la barca de tu creación
no enredados en nuestras orillas de nuestro ego

Pescadores de la confianza en los mares de tus amores
Marineros de tu alta mar, con tu mirada de la hermana humildad
en la sencillez del primer pescador de Galilea

Siendo ya uno de los tuyos para ser ya, uno para todos
Jesús
Cuando las olas me arremetan con la fatal furia
Tú me dices: ¡Ánimo amigo, Levantate y vuélvete a levantar mil veces!

¡Ahí estoy Yo, con toda mi fuerza para ti!

¡Oh buen Jesús!

Déjame hacer de tus mares,
Faros firmes de tu esperanza
Puertos en tierra firme
para llevar a las orillas de tu creación, la alegría de tu misericordia
La fe de tu mirada
La esperanza de tu belleza
Para todos mis hermanos

Del Evangelio a la Vida
De la Vida al Evangelio

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«Una Cuaresma provocativa e impertinente», por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

viernes, 7 de marzo de 2025
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16769253897000De su blog Kristau alternatiba (Alternativa cristiana):

Me gustaría introducir la Cuaresma ofreciendo algunas ideas pastorales, junto con algunas consideraciones deliberadamente provocadoras. Impulsos visionarios –no me atrevo a llamarlos proféticos– para desear que todos vivamos un tiempo incómodo, que nos escandalice, que nos sorprenda y nos obligue a perder el control sobre las situaciones, sobre las certezas que hemos acumulado. Lo cual nos lleva a buscar no solos sino, a través del Espíritu, junto con las comunidades a las que servimos.

Un tiempo que en sí mismo no quiere dar respuestas, sino abrirnos a preguntas generadoras, preguntas para habitar en estos cuarenta días. No son las respuestas las que desencadenan las conversiones, sino las preguntas reales y auténticas. No es el cómo ni el qué lo que nos mueve: estos son ámbitos que nos hacen sentarnos, problematizar, a sentirnos aplastados…

Es el «por qué», o «el cómo sería si», lo que se convierte en la pregunta generadora de todo espíritu narrativo, como bien lo describió Paul Ricoeur en su ensayo “Tiempo y narración”: la acción metafórico-simbólica rompe la referencia descriptiva, liberando una radical poder que nos cuenta nuestro ser-en-el-mundo. Se genera una impertinencia, pero ésta se realiza y alcanza una significación ontológica (conversión profunda del ser) sólo si se metaforiza el verbo ser mismo y nos percibimos como un ser-como o un ver-como, ampliando nuestra existencia.

Es precisamente a las obras de ficción a las que debemos en gran medida la ampliación de nuestros horizontes de existencia. Las obras literarias representan la realidad aumentándola con todos sus significados gracias a la capacidad de abreviación, saturación y culminación, maravillosamente ilustrada por la construcción de la trama”.

La Cuaresma, tiempo que nos exige atravesar la oscuridad de la existencia para llegar renovados a la luz de la Resurrección, se caracteriza en la tradición cristiana por tres grandes «signos» o «prácticas de conversión»: la limosna, la oración y el ayuno.

Estas prácticas, como indica Jesús en el Sermón de la Montaña -Mt 6,1-18-, tienen una doble función: por una parte son condiciones que favorecen un proceso de cambio profundo, por otra son expresión tangible de esta transformación que no es sólo fruto del compromiso personal, sino que encuentra su fuente en el Padre.

Estos tres «signos» no sólo son importantes para cada creyente en el camino de la conversión, sino que tienen un valor que podríamos definir «pastoral» y, por tanto, válido para la comunidad cristiana. Para nosotros son tres movimientos que deben interpelarnos, tres signos de impertinencia espiritual capaces de ampliar nuestra existencia. La Cuaresma no es un tiempo de mortificación, sino de expansión, de liberación de una muerte que ha ocurrido, pero que aún no hemos procesado.

Sí, ha muerto una época. Sí, ha muerto un modelo de Iglesia, ha muerto un cristianismo y sus formas. Liberémonos de ese hedor que, si no lo percibimos, es indicio de muerte interior. He aquí el poder de la impertinencia que puede darnos un empujón: como un interrogante provocador que reanima un corazón «lento y dormido» -es la expresión que usa Lucas para describir el corazón de los dos de Emaús- para ayudarnos a levantarnos de nuevo y vivir la nuevo que ya esta aquí.

1.- La limosna

Una característica de la práctica de la limosna descrita por Jesús es el secreto del gesto de caridad. La eficacia de esta práctica está directamente ligada a la capacidad de descentralizar y actuar en secreto, dando así al otro el lugar principal.

Desde el punto de vista pastoral, esto podría significar operar una sana descentralización desde nuestros centros pastorales: desde las Curias, desde las parroquias, desde las oficinas centrales,…, para dar ‘secretamente’ a las comunidades cristianas esparcidas por los territorios la posibilidad de crecer en libertad.

Si antes en el centro estaban los motores que hacían funcionar la máquina diocesana o parroquial o congregacional o…, ahora se trata de lograr que se desarrollen experiencias semiespontáneas, difundidas entre los lugares de la vida ordinaria. ¿Tan ilusorio es cambiar por el simple hecho de no cambiar?

¿Por qué no aceptar el escándalo o la impertinencia de reducir los cargos de una Congregación, Diócesis, Curia,…, a sólo tres o cuatro? ¿El escándalo de dejar de utilizar términos como Director, Colaborador, Oficina, Superior,…? Si estoy llamado a animar y desarrollar un área o zona, ¿qué utilidad tienen estas expresiones y los modelos que hay detrás de ellas? ¿Cómo sería una Curia compuesta sólo por 4 áreas -sólo a modo de ejemplo-: generatividad, fragilidad, responsabilidad, belleza…-) en las que injertar el ADN de la acción divina/pastoral (liturgia, caridad y anuncio)? Dividir lo que debería estar unido por su naturaleza genera ciertas patologías pastorales que están ante nuestros ojos. ¿Y qué sería si dentro de cada área, en lugar de un director, tuviéramos un referente/responsable de la liturgia, uno de la caridad y uno del anuncio dentro de un juego trinitario, relacional, recíproco?

Por supuesto, esta perspectiva exige una decisión firme y segura de “perder el control”, renunciando a la estabilidad de las estructuras y los programas. Pero quizá abre algún espacio para ese secreto tan querido por el Padre, que prefiere la gratuidad y la libertad del don.

2.- La oración

El Señor Jesús nos invita a redescubrir una intimidad profunda en la oración y a no perdernos en demasiadas palabras, yendo directo a lo esencial. La oración es un vínculo íntimo con el Padre que los cristianos, como hermanos y hermanas, cultivan como fuente de su ser y de su actuar.

Pastoralmente, esta “intimidad perdida” representa un estilo que hace fructífera la oración y las relaciones comunitarias. Se trata, ante todo, de volver a poner en el centro la atención al crecimiento de cada bautizado, procurando que todas las energías contribuyan al redescubrimiento de este don para la vida de cada persona.

Se trata también de hacer más cálidas nuestras comunidades, ofreciendo un contexto vital adaptado al dinamismo bautismal de cada persona, superando el anonimato, el elitismo y la indiferencia que a veces se cuelan en las rutinas de la vida comunitaria.

Se trata de poner las relaciones en primer lugar, descuidando todo lo que no vaya en esa dirección y que constituye un factor de pura administración y de mera gestión. Saber recuperar la dimensión trinitaria. ¿Quizás en las últimas décadas hemos exaltado demasiado el principio de la encarnación por encima del trinitario? ¿Tal vez la primera fue más aceptable para el individuo y el hombre autodidacta de la cultura occidental? ¿Quizás esto nos ha llevado a dejar en un segundo plano la dimensión narrativo-relacional de la experiencia espiritual?

Durante mucho tiempo hemos utilizado términos como ‘lejos’ y ‘cerca’ sin ser conscientes de que el uso de estas categorías establecía una distancia con la curia, con la parroquia, con…, y no con Cristo, pensando que la curia, la parroquia,…, era el centro. ¿Tal vez deberíamos cambiar de categorías? ¿Por qué lejos y cerca? ¿No podríamos hablar de ‘caliente’ y ‘frío’ y reconocer que un tal Zaqueo era un ‘distante cálido’, y que muchos trabajadores (¡el término lo dice todo!) son vecinos fríos o tibios?

Todavía tenemos una visión funcional y espacial (control y gestión). En nuestra cabeza siempre tenemos la idea de un centro… de donde emanan acciones. ¿Por qué? Un centro pulsante que da sentido al resto o un punto hacia el que converger y en todo caso hacia el que fluir. ¿Por qué? ¿Qué pasaría si no fuera un centro, sino un conjunto de nodos? En una era líquida quizá no basta un centro sino una red de nodos y cada nodo es un centro, un espacio de sentido que contiene el todo trinitario.

Las metáforas quizá ya no sean válidas. Pensar en la Iglesia como un cuerpo en un tiempo dinámico y fluido sería pura ideología: una visión organicista hoy superada en todos los contextos humanos. Una gran comunidad no se construye “ladrillo a ladrillo”. No es la proximidad física la que genera pertenencia y comunidad.

A veces nos dicen que una acción más cálida y relacional produciría comunidades de élite. ¿Quizás no nos damos cuenta de que nuestras comunidades hoy son puramente elitistas? ¿Por qué, por ejemplo, en un contexto parroquial de 5.000 habitantes sólo una parte muy pequeña se siente parte y experimenta una pertenencia significativa a la comunidad?

En una comunidad “cálida”, incluso un no creyente o una persona en búsqueda de sentido puede encontrar un espacio fértil de vitalidad. En el calor de las relaciones auténticas se crea espacio para el discernimiento y estamos mejor preparados para aprender la novedad del Evangelio.

3.- El ayuno

Por último, es necesario hacer espacio. El ayuno pastoral es liberación de todo lo que estorba y obstaculiza la acción impredecible del Espíritu. Se trata de reducir la saturación de las agendas pastorales para dejar espacio a lo que todavía no se entiende o no se puede ver.

Hay algunas actividades que hoy ya no tienen relevancia o ya no producen los resultados deseados. Provocan pesadez y provocan gran gasto de energía. Si queremos que las cosas cambien verdaderamente, si queremos redescubrir un nuevo entusiasmo por la misión evangelizadora, es necesario experimentar nuevas experiencias pastorales y liberar nuevas energías.

Para quien lidera una comunidad hoy es necesario encontrar el coraje de no llenar la agenda de septiembre a junio, saber salir y estar dispuesto a perder. Nuestro tiempo no está hecho para dar pasos graduales y lineales con cautela, sino que hoy necesitamos una discontinuidad generativa. ¿Es tan sabio hoy un camino lento y gradual? Quizás estaba bien en un contexto estable. En el contexto actual, en lugar de proceder mediante planificación, ¿no es quizás más apropiado actuar a través de pequeñas experiencias que permitan respirar a lo nuevo, aceptando el error en la búsqueda de lo mejor y no en la gestión de lo soportable?

Pero sobre todo es imprescindible dejar algo atrás. Ésta es la dinámica de la Pascua: para resurgir hacia la nueva luz es necesario pasar por la oscuridad del sepulcro. Para una verdadera renovación eclesial es esencial dejar de lado el viejo paradigma pastoral que hoy ya no es eficaz.

Es de desear que vivamos cuaresma pascual, es decir, no como un tiempo de mortificación sino de liberación, tratando de vivir esas condiciones de conversión que son ya signo de esa novedad que el Espíritu va introduciendo en la Iglesia: descentralizando sin miedo a perder el control, redescubriendo la intimidad y el calor en la experiencia comunitaria y haciendo espacio para experimentar nuevos paradigmas pastorales capaces de testimoniar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo la belleza del Evangelio.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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“Favorecedores de tolerancia”, por Miguel Ángel Mesa

jueves, 6 de marzo de 2025
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De su blog Otro Mundo es posible:

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«Si yo puedo aprender de ti y quiero aprender en beneficio de la búsqueda de la verdad, entonces no solo te debo tolerar, sino reconocerte como mi igual en potencia»
(Karl R. Popper).

Uno de los valores más necesarios en nuestros días para vivir en el mundo actual es la tolerancia. Hace unos 300 años ya escribía Voltaire sobre su importancia en la sociedad:

«¿Qué es la tolerancia? Es la consecuencia necesaria de la comprensión de que somos personas fiables: equivocarse es humano, y todos nosotros cometemos continuos errores. Por tanto, dejémonos perdonar unos a otros nuestras necedades. Esta es la ley fundamental del derecho natural».

Gloria Fuertes, con su sabiduría popular y su gracejo habitual, también la describe así: «Tolerancia es, hablando en plata, quererse, comprenderse, primero a la familia, luego al vecino, luego a todo el planeta; si te llevas mal en casa con tu familia o con tus vecinos, ¿cómo te vas a llevar bien con los rusos?».

Una sociedad que está sufriendo tan duramente el paro, los desahucios, la incertidumbre ante el futuro… es un buen caldo de cultivo para actuaciones violentas, la falta de comprensión, la intransigencia… Todo lo contrario a la sociedad pluralista, integradora, respetuosa, participativa que deseamos.

Por eso es necesario que, en estos tiempos, seamos impulsores y favorecedores de la tolerancia, que no significa relativismo, apatía, dejar hacer a cada uno lo que quiera (aunque sea en contra de los derechos humanos o contra la dignidad de las personas), sino sujetos activos de diálogo, comprensión, buena convivencia, cercanía a la gente expulsada de un sistema preparado solo para los nacionales, los pudientes, los mantenedores del statu quo, los neoliberales sin corazón…

Es pues necesario demostrar con palabras pero, sobre todo, con el compromisodecidido, paciente, permanente por el valor de la tolerancia. Porque, para que tengamos futuro y no nos deshumanicemos, debemos intentar comprender y, para eso hay que saber escuchar, entrar en un debate profundo y respetuoso con los demás.

Cuando nos acercamos con respeto e interés para conocer otras culturas, ideas diferentes, posturas diversas ante la vida, siempre nos enriquecemos, perdemos los temores ante lo distinto o atípico y aprendemos a enfrentarnos a quienes silencian con su intolerancia sus miedos ante el diferente, ante el que piensa distinto a sus propias formas de entender la vida.

Para ello debemos relativizar todo lo que es relativo y dar la importancia debida a lo poco que es absoluto en la existencia. Desde esta sabia distinción, se descubre en la tolerancia cotidiana, como norma de vida, las altas cumbres del entendimiento y la mayor realización e integridad de la mejor humanidad.

La tolerancia, al ser una virtud muy humana, debe comprender las debilidades propias de los hombres y mujeres, muchas veces frágiles y víctimas de tantas flaquezas. Sobre este punto, tan importante para no dejarnos llevar por la rigidez de las posturas, por positivas que sean, comenta Arnold Wesker: «La necesidad de hacer tomar conciencia a las personas de que pueden cambiar la sociedad, no es incompatible con la necesidad de ser tolerante con las debilidades humanas».

«Felices quienes reconocen que el respeto, la sensatez y la comprensión son el principio de la concordia entre todos los seres humanos».

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«Cuaresma: tiempo de fortaleza», por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

jueves, 6 de marzo de 2025
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cuaresma_portada_01De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Cada tiempo litúrgico que se nos da vivir es un don, una oportunidad para retomar el camino, para dar nueva fuerza a nuestros pasos a veces vacilantes, cansados o desilusionados.

La Cuaresma es un tiempo de lucha, pero no como lo estamos haciendo nosotros. «Nuestra lucha», dice Pablo, «no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de este siglo de tinieblas, contra huestes espirituales de maldad» (Efesios 6,12). La Cuaresma es el «tiempo favorable» (cf. 2 Co 6,2) para una batalla que quiere prepararnos a la Pascua, que es el paso de la muerte a la vida y no al revés, hacia una existencia más respetuosa de nuestra dignidad, de los demás y del mundo que nos rodea.

Un tiempo que debe estar habitado por preguntas capaces de ayudarnos a renacer; de palabras que sondean el corazón, para revelárselo a nosotros mismos que muchas veces lo albergamos ignorando lo que lo habita.

Esto es lo que sugiere el pasaje del Deuteronomio donde Moisés justifica el camino del Pueblo de Israel durante cuarenta años en el desierto con estas palabras: «Para humillaros y probaros, para saber lo que había en vuestro corazón» (Dt 8,2). En el texto hebreo no está claro quién es el sujeto de ese “conocimiento”. Puede que parezca Dios, pero Él conoce nuestros corazones mejor que nosotros mismos. Es por tanto más probable que este verbo se refiera al hombre, que necesita tomar conciencia de lo que hay en su corazón, porque de allí, como enseña también Jesús (cf. Mc 7,21-22), brotan los pensamientos, las miradas y las acciones.

El corazón humano –que bíblicamente hablando indica no sólo la sede de los sentimientos sino también la conciencia y la dimensión interior del ser– es un gran contenedor de “palabras poderosas”, a las que hacemos espacio de manera más o menos consciente, dejándonos determinar. Son las palabras que se convierten en pensamientos y acciones. Palabras y acciones que hay que cribar para emprender la verdadera lucha, que debe dirigirse contra aquello que nos arrastra hacia el mal.

El primer domingo de Cuaresma escuchamos el pasaje evangélico, este año en versión lucana, donde Jesús se enfrenta a estas mismas palabras, dirigidas por el “diablo” (cf. Lc 4,1-13).

Surgen seducciones y seductores respecto a necesidades y deseos, que pertenecen constitutivamente al ser humano, que tienen legitimidad propia, pero que se prestan fácilmente a distorsiones y desfiguraciones.

Jesús se encuentra, en efecto, confrontado con la necesidad de alimento, con el deseo de autoridad, con la necesidad de protección.

Pero lo que es o podría parecer legítimo -el diablo, de hecho, motiva sus palabras citando las Escrituras- está colocado en una cima desde la que es fácil caer ruinosamente.

La satisfacción del hambre puede llevar, de hecho, a la alteración del orden natural (las piedras convertidas en pan), la autoridad puede llevar al abuso de poder (el prometido por el diablo), y la necesidad de protección a la búsqueda de espectacularidad y de visibilidad mundana (las hazañas asombrosas).

Jesús evita el peligro midiendo esas palabras con el rasero de las Escrituras y, al hacerlo, también nos muestra el camino. Éste es el camino de conversión que la Cuaresma nos invita a recorrer: exponer, discernir, cribar los pensamientos de nuestro corazón a la luz de las Escrituras.

En la celebración de la Pascua, hacia la que tiende el itinerario cuaresmal, este modo alternativo de habitar el propio ser y las propias necesidades está representado icónicamente por la acción de Jesús, por cómo afronta esos días intensos y convulsos que transcurren entre su entrada en la ciudad santa, el Domingo de Ramos (cf. Lc 19,28-44), y su salida en la tarde del día de Pascua, habiéndose convertido en el compañero anónimo de los dos discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35).

Allí mismo, Jesús, con sus acciones más que con sus palabras, intentará mostrar la culminación de su lucha, diseñando y luego siguiendo una especie de vía de escape que vislumbra y con la que amplía el estrecho espacio donde las fuerzas del mal intentan coartarle para aniquilarle.

Inventa y señala esa otra dimensión del ser y del tiempo, única capaz de redimir la vida del aplanamiento de los propios deseos y necesidades, también de los propios instintos, que se transforma fácilmente en violencia contra los demás. Al entregarse en la mansedumbre, Jesús muestra no que la vida no tiene sentido, sino que tiene una dimensión ulterior respecto a la que estamos acostumbrados a ver: la dimensión de la eternidad, que no quita nada a la historia, sino que la humaniza haciéndonos intuir su dimensión escondida, esa otra parte de la realidad que da a los pensamientos que habitan en el ser humano la posibilidad de ser vividos para el bien y no para el mal.

Pero ¿qué sentido puede tener todo esto y qué ayuda puede ser en los tiempos complejos y difíciles, no exentos de elementos dramáticos y trágicos, en los que vivimos?

Puede recordarnos el punto desde el cual podemos reiniciar nuestra lucha por seguir siendo humanos: cuestionando los pensamientos que habitan en nuestro corazón y exponiéndolos a la luz de las Escrituras.

Nuestras” batallas o combates, pequeños y grandes, entre individuos y entre pueblos, son siempre el resultado de una falta de vigilancia sobre los pensamientos que habitan en el corazón de nosotros, los seres humanos, de aspiraciones que se transforman en delirios, de deseos o necesidades que se convierten en absolutos, de ilusiones y sueños que se transforman en ensoñaciones, espejismos, quimeras…

La Cuaresma y la Pascua nos recuerdan la necesidad de plantearnos siempre, sin cansarnos nunca, como individuos y como sociedad, estas sencillas preguntas: ¿Qué dejamos que nos domine? ¿Qué deseos tenemos en nuestro corazón?

Y luego, de nuevo: ¿En qué espacios reducimos nuestros horizontes? ¿Somos capaces de percibir la otra dimensión del tiempo y de la historia, esencial para desactivar el poder, tantas veces inhumanos, que se esconde en nuestros pensamientos, sentimientos,  actitudes…?

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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Cynthia Erivo, la estrella de “Wicked”, habla sobre la fe

jueves, 6 de marzo de 2025
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IMG_0172Cynthia Erivo como Elphaba, la joven Malvada Bruja del Oeste, en la película “Wicked”.

En un artículo de Christian Post, Cynthia Erivo, la estrella de la exitosa película Wicked, reveló sus ideas sobre la fe. Erivo, que se identifica como queer y bisexual, también es católica y asistió a una escuela católica cuando era niña. Sus pensamientos sobre la fe siguen líneas muy prácticas, evitando a los cristianos con “pensamiento estrecho” que intentan decidir quién tiene fe y quién no:

Tengo una profunda creencia de que Dios hace a las personas como están destinadas a ser. Las reglas que las personas imponen a los demás no tienen nada que ver conmigo ni con mi fe. No puedo permitir que el pensamiento estrecho que tienen algunos cristianos o católicos sobre lo que es la fe afecte lo vasta que creo que puede ser la fe. La fe es muy grande, mucho más grande que las reglas establecidas.

“A medida que el tiempo cambia, también estamos destinados a cambiar. Si el hecho de que yo ame a alguien te molesta, entonces tenemos que reenfocarnos. Creo que la regla principal que todos debemos seguir es amarnos unos a otros como nos amaríamos a nosotros mismos. Eso es todo. Ese es el gran tema general. ¿Estoy haciendo espacio para cuidar a otras personas, ser amable con otras personas, ser tan bueno con otras personas como quisiera que otras personas fueran conmigo? Si esas son las cosas que estoy siguiendo, entonces creo que estoy siguiendo mi fe”.

[La cita es originalmente de una entrevista que Erivo le dio a la revista Elle.]

Erivo, quien ha ganado premios Emmy, Tony y Grammy, además de haber sido nominada tres veces al Oscar. (Dos de esas nominaciones fueron a Mejor Actriz y Mejor Canción por la película Harriet, la historia de vida de Harriet Tubman, una ex esclava que rescató a muchos otros y que trabajó por la abolición de la esclavitud).

El artículo de Christian Post se centró en el hecho de que Erivo ha sido elegida para interpretar el papel de Jesús en una producción de 2025 de Jesucristo Superstar, que se presentará en el Hollywood Bowl, California. En 2020, interpretó el papel de María Magdalena en una producción exclusivamente femenina del mismo espectáculo.

—Francis DeBernardo, New Ways Ministry, 26 de febrero de 2025

Para conocer más sobre el trasfondo católico gay detrás de la historia de Wicked, lea la publicación invitada de Bondings 2.0 del autor, Gregory Maguire, titulada “On Elphaba and Growing Up a Gay Catholic: ‘Wicked’s’ Author Reflects.” (“Sobre Elphaba y crecer como católico gay: el autor de ‘Wicked’ reflexiona”. Maguire escribió el libro en el que se basaron el espectáculo de Broadway y la película de Hollywood.

Fuente New Ways Ministry

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Miércoles de Ceniza

miércoles, 5 de marzo de 2025
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Hoy, miércoles de Ceniza, cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio”“Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús.

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“Recuerda que eres polvo” ¡y algo más!
¡Ayuna del ayuno! ¡Sal del miedo!
¡Rasga las vestiduras… de los demás!
¡Echarte todavía más ceniza, no puedo!

*

Pedro Casaldáliga
Clamor Elemental.
Editorial Sígueme, 1971

Miercoles de Ceniza

 

 

Para mí, Señor, no es necesario el Miércoles de Ceniza
porque ni un solo día de la semana me olvido
de que fui barro en tu mano.
Y lo único que realmente necesito es que no lo olvides Tú

*

Dulce María Loynaz
Poema LXXXIX

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***

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:

+ Cuidad de no practicar vuestra «justicia« para que os vean los hombres, porque entonces vuestro Padre celestial no os recompensará. Por eso, cuando des limosna, no vayas pregonándolo, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los alaben los hombres. Os aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha. Así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.

Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.

Cuando ayunéis, no andéis cariacontecidos como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que la gente vea que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, de modo que nadie note tu ayuno, excepto tu Padre, que ve en lo escondido. Y tu Padre, que ve hasta lo más escondido, te premiará.

*

Mateo 6,1-6.16-18

***

Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser […].

El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.

La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la “ausencia de pasiones”, un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor.

*

K. Ware,
Diré Dios hoy. El camino del cristiano,
Magnano 1998, 182-185 passim).

***

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«Miércoles de ceniza», por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

miércoles, 5 de marzo de 2025
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cuaresma_portada_01De su blog Kristau alternatiba (Alternativa cristiana):

Dos artículos para reflexionar ante el tiempo fuerte que comenzamos hoy…

Ha vuelto el tiempo de Cuaresma, cuarenta días que los cristianos podemos vivir como un «tiempo especial», un tiempo propicio, un tiempo de retorno al Señor.

San Benito, en su Regla, escribe que toda la vida del monje debe ser una gran Cuaresma: es decir, toda la vida debe estar comprometida con la conversión, pero en realidad, tanto para los monjes como para los cristianos comunes, sigue siendo casi imposible vivir constantemente en el ejercicio de esta tensión espiritual.

La conversión nunca es un acontecimiento que sucede de una vez por todas, sino que es un dinamismo que debemos renovar en cada edad, en cada estación, cada día de nuestra existencia. Sí, porque aflojamos nuestras fuerzas, nos cansamos, somos presa de la confusión y de la conciencia de nuestra debilidad, estamos habitados por impulsos que nos hacen caer y contradecir nuestro camino hacia el Señor. No somos capaces de vivir siempre una existencia pascual: la inconstancia, la costumbre, la rutina nos lo impiden.

He aquí pues el tiempo propicio de la Cuaresma, tiempo de «ejercicios cristianos», tiempo en el que intensificamos ciertas acciones y retomamos algunas actitudes que, repetidas con particular atención y fuerza, nos permiten desarrollar, confirmar y aumentar nuestras respuestas a las exigencias del seguimiento cristiano.

Es cierto que la Cuaresma es, o más bien debería ser, vivida por los cristianos, pero sigo convencido de que lo que es auténticamente cristiano es también auténticamente humano y, por tanto, concierne a todos los seres humanos, independientemente de su fe.

Esta constatación puede parecer extraña a muchos, pero en realidad, precisamente porque también los no creyentes tienen una vida interior, son capaces de una vida humanizadora y la buscan, el tiempo de Cuaresma puede decirles algo también a ellos.

A veces me sorprende cómo la gente se interesa y casi quiere participar en el Ramadán musulmán, mientras que no les interesa e incluso les molesta la mera mención de la Cuaresma cristiana.

¿Depende quizás, también en este caso, de la incapacidad de los cristianos de comunicar el significado de su experiencia de fe? 

Sin embargo, las instancias que presiden la Cuaresma están al servicio del hombre, son una ayuda para que el hombre pueda hacer de su propia vida una obra de arte. No pocas veces he meditado sobre la Cuaresma, destacando ante todo las necesidades de la oración y del ayuno, pero ahora quisiera detenerme en otros «ejercicios», empezando por el de volver a lo esencial de la vida humana: se trata de redescubrir la libertad a través del desapego de muchas cosas que no son necesarias sino que resultan engorrosas para nuestra vida, como la hiedra que asfixia las plantas o los líquenes que desmoronan las rocas.

La Cuaresma puede ser un tiempo subversivo en el que simplificar la vida: en una sociedad como la nuestra, en la que prevalece el culto al yo, descentralizarse en las relaciones cotidianas con los demás y con las cosas, quitarse las máscaras, romper la costra que cierra nuestro corazón es un ejercicio de humanización al que nadie debe rechazar.

En esto también hay un ejercicio de autenticidad, de verdad sobre uno mismo. Vivimos en una sociedad donde lo que cuenta es lo que se ve, lo que aparece, una sociedad que se fija más en los objetivos a perseguir que en el estilo y los medios utilizados para alcanzarlos.

Se hace entonces necesario plantearnos una pregunta: ¿por qué hacemos determinadas cosas, especialmente por qué realizamos acciones consideradas buenas? ¿Ser visto, conseguir consenso, recibir aplausos? Para nosotros los cristianos, las palabras de Jesús resuenan a menudo durante la Cuaresma: “Vuestro Padre ve en lo secreto… No seáis como los que hacen alarde de su piedad… No imitéis a los hipócritas… No exijáis a los demás lo que no hacéis… No impongáis a los demás cargas que no podáis levantar con un dedo…”.

¿Pero no se aplican estas advertencias a todo el mundo? ¿No son estas palabras ricas en enseñanza y sabiduría humana?

Sí, el tiempo de Cuaresma y sus «prácticas» no levantan un muro entre cristianos y no cristianos, sino que podrían ofrecer más bien una invitación a emprender una dirección común: conozco alguna familia en la que sólo uno de los cónyuges es creyente y cristiano practicante pero en las que ambos deciden realizar juntos durante la Cuaresma algunos «ejercicios» en vista de la autenticidad de las relaciones, de la simplificación de la vida, de la actitud hacia los demás…

Esta convergencia puede contribuir también a una humanización personal y familiar, aportando un gran bien a todos: es necesario coraje, ciertamente, pero los creyentes – seguros de que Dios ve en el secreto de los corazones – nos atrevemos a ofrecer a los no creyentes la posibilidad de que recorramos juntos los caminos de un humanismo de autenticidad para una mejor calidad de vida.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Es miércoles de ceniza

Cada año vuelve la Cuaresma, un tiempo pleno de cuarenta días que los cristianos deben vivir juntos como tiempo de conversión, de retorno a Dios.

Los cristianos deben vivir siempre la lucha contra los ídolos seductores, es siempre el tiempo favorable para acoger la gracia y la misericordia del Señor, pero la Iglesia -que en su inteligencia conoce la incapacidad de nuestra humanidad para vivir con fuerte tensión el camino cotidiano hacia el Reino- pide que haya un tiempo preciso que se desprenda de la vida cotidiana, un tiempo «otro», un tiempo fuerte en el que converjan en el esfuerzo de conversión la mayor parte de las energías que cada uno posee.

Y la Iglesia pide que esto sea vivido simultáneamente por todos los cristianos, es decir, que sea un esfuerzo hecho todos juntos, en comunión y solidaridad. Por tanto, son cuarenta días para el retorno a Dios, para el rechazo de los ídolos seductores pero alienantes, para un mayor conocimiento de la infinita misericordia del Señor.

La conversión, de hecho, no es un acontecimiento que sucede de una vez para siempre, sino que es un dinamismo que debe renovarse en los diversos momentos de la existencia, en las diversas edades, especialmente cuando el paso del tiempo puede inducir en el cristiano una adaptación a la mundanidad, un cansancio, una pérdida del sentido y de la finalidad de la propia vocación que lo lleva a vivir la fe en la esquizofrenia.

Sí, la Cuaresma es un tiempo para redescubrir la propia verdad y autenticidad, incluso antes de ser un tiempo de penitencia: no es un tiempo para “hacer” alguna obra particular de caridad o de mortificación, sino un tiempo para redescubrir la verdad del propio ser.

Jesús dice que también los hipócritas ayunan, también los hipócritas hacen la caridad (cf. Mt 6,1-6.16-18): precisamente por esto es necesario unificar la vida ante Dios y ordenar el fin y los medios de la vida cristiana, sin confundirlos.

La Cuaresma quiere revivir los cuarenta años de Israel en el desierto, guiando al creyente al autoconocimiento, es decir, al conocimiento de lo que el Señor del creyente ya sabe: un conocimiento que no se hace a partir de una introspección psicológica, sino que encuentra luz y orientación en la Palabra de Dios.

Como Jesús luchó y derrotó al tentador durante cuarenta días en el desierto gracias a la fuerza de la Palabra de Dios (cf. Mt 4,1-11), así el cristiano está llamado a escuchar, leer y orar con mayor intensidad y asiduidad –en la soledad como en la liturgia– la Palabra de Dios contenida en las Escrituras.

La lucha de Jesús en el desierto se vuelve entonces verdaderamente ejemplar y, luchando contra los ídolos, el cristiano deja de hacer el mal que está acostumbrado a hacer y comienza a hacer el bien que no hace. Surge así la “diferencia cristiana”, aquello que constituye al cristiano y lo hace elocuente en compañía de los hombres, lo capacita para mostrar el Evangelio vivido, hecho carne y vida.

El Miércoles de Ceniza marca el inicio de este tiempo favorable y de gracia que es la Cuaresma, y se caracteriza, como su nombre lo indica, por la imposición de la ceniza sobre la cabeza de cada cristiano.

Un gesto que quizá hoy no se entiende siempre pero que, si se explica y se entiende, puede ser más eficaz que las palabras para transmitir una verdad.

La ceniza, de hecho, es el fruto del fuego ardiente, contiene el símbolo de la purificación, constituye una referencia a la condición de nuestro cuerpo que, después de la muerte, se descompone y se convierte en polvo: sí, como un árbol frondoso, una vez cortado y quemado, se convierte en ceniza, así sucede con nuestro cuerpo devuelto a la tierra, pero esa ceniza está destinada a la resurrección.

El simbolismo de la ceniza es rico y ya es conocido en el Antiguo Testamento y en la oración judía: rociar la cabeza con ceniza es signo de penitencia, de deseo de cambio a través de la prueba, del crisol, del fuego purificador.

Naturalmente se trata sólo de un signo, que quiere significar un auténtico acontecimiento espiritual vivido en la vida cotidiana del cristiano: la conversión y el arrepentimiento del corazón contrito.

Pero precisamente esta cualidad de signo, de gesto, si se vive con convicción e invocando al Espíritu, puede imprimirse en el cuerpo, en el corazón y en el espíritu del cristiano, favoreciendo así el acontecimiento de la conversión.

En un tiempo, en el rito de la imposición de la ceniza, se recordaba al cristiano ante todo su condición de hombre tomado de la tierra y vuelto a la tierra, según la palabra del Señor dirigida a Adán pecador (cf. Gn 3, 19).

Hoy el rito se ha enriquecido de significado. De hecho la palabra que acompaña el gesto puede ser también la invitación hecha por Juan el Bautista y por el mismo Jesús al inicio de su predicación: “Convertíos y creed en el Evangelio”…

Sí, recibir la ceniza significa tomar conciencia de que el fuego del amor de Dios consume nuestro pecadoAcoger las cenizas en nuestras manos significa percibir que el peso de nuestros pecados, consumidos por la misericordia de Dios, es poco peso.

Mirar esas cenizas significa reconfirmar nuestra fe pascual: seremos cenizas, pero destinados a la resurrecciónSí, en nuestra Pascua nuestra carne resucitará y la misericordia de Dios como fuego consumirá nuestros pecados en la muerte.

Al vivir el Miércoles de Ceniza, los cristianos no hacen otra cosa que reafirmar su fe en la reconciliación con Dios en Cristo, su esperanza de resucitar un día con Cristo para la vida eterna, su vocación a la caridad que nunca terminará. El Miércoles de Ceniza es el anuncio de la Pascua para cada uno de nosotros.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

 

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“ Cuaresma: oportunidad de repensar nuestra fe”, por Consuelo Vélez

miércoles, 5 de marzo de 2025
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De su blog Fe y Vida:

El 5 de marzo se inicia cuaresma con la celebración del miércoles de ceniza. Es un tiempo de preparación para conmemorar el acontecimiento fundamental de nuestra fe: la muerte y la resurrección de Jesús. Convendría repensar el significado de este día para vivir este tiempo con más conciencia, pero, sobre todo, para que pueda dar más fruto en nuestra vida.

En algunos lugares ha crecido el número de personas que acuden a la imposición de la ceniza. Sin embargo, si preguntáramos por el sentido de lo que están haciendo, bastantes personas responderían que lo hacen buscando una protección o una bendición de Dios, pero desconocen el verdadero significado de este sacramental. En realidad, hay muchas búsquedas espirituales que responden a la necesidad de solución de los problemas que viven las personas y no importa si el rito lo ofrece la iglesia católica o cualquier otra confesión de fe. Lo que interesa es participar de algo que les fortalezca, los anime, les ayude a afrontar lo que viven. Todo esto es legítimo, necesario y si ayuda a las personas, es importante respetarlo. Pero vale la pena reflexionar sobre lo que celebramos los cristianos para saber “dar razón de nuestra fe” (1 Pe 3, 15-16).

Cuaresma, etimológicamente viene de la palabra latina, cuadragesima, señalando así los cuarenta días que faltan para celebrar el misterio pascual. Es tiempo de preparación, conversión, reflexión sobre el núcleo de nuestra fe y sus consecuencias para la vida. Es tiempo de preguntarse en qué creemos, por qué creemos, cómo ser consecuentes con lo que creemos, cómo podríamos dar testimonio más claro de lo que creemos.

Los cristianos creemos en la encarnación de nuestro Dios en Jesús y, en consecuencia, creemos en sus palabras y obras. Jesús nos comunicó con su vida lo que Dios desea de la humanidad y el camino para realizarnos plenamente en el amor, construyendo un mundo justo y en paz, entre los seres humanos y con la creación. Por tanto, la conversión a la que nos invita este tiempo de cuaresma no se puede quedar en algún ayuno o abstinencia o en la participación litúrgica. La conversión, a la que se nos llama, supone contrastarnos con la persona de Jesús y ver si nuestra vida ha asumido sus valores y los pone en práctica.

Las preguntas que convendría hacerse podrían ser, por ejemplo, por la imagen de Dios que tenemos. Vivimos y anunciamos al Dios de Jesús, ese Dios misericordioso con toda la humanidad, ¿sin ninguna exclusión para ninguno de sus hijos? En sociedades como las nuestras donde se da tanta exclusión por razón de etnia, de género, de condición social y, como hemos visto en algunos países, en razón de su condición de migrante, cuaresma nos invita a dar un testimonio muy claro y decidido por la inclusión de todos los seres humanos, estando atentos a cualquier condición que atente contra la dignidad humana, con voz profética para denunciarla y buscar caminos de integración.

Otra pregunta que podríamos hacernos va en la línea de la praxis de Jesús. Un Jesús libre de la Ley cuando ella atenta contra los seres humanos, libre del Templo cuando este no es liberador sino mediación de ritos externos, libre del tener para vivir la solidaridad, libre del poder, practicando el servicio, libre de las búsquedas personales para construir el bien común. ¿Es nuestra fe generadora de libertad o nos encierra en legalismos, fundamentalismos, escrúpulos, vanaglorias? En tiempos donde crecen las posturas tradicionalistas se necesita vivir una experiencia de fe que libere, permitiendo entender los signos de los tiempos y responder a ellos.

Muy importante es preguntarnos sobre la dimensión social y política de la fe. Las experiencias religiosas han de ser para la vida, para la construcción de sociedades más justas y en paz, para realizar obras de misericordia y solidaridad que actualicen para el presente, la vivencia de las primeras comunidades cristianas. No debería pasarnos lo que relata la parábola del Buen Samaritano (Lc 10, 25-37) de dejar a los caídos en el camino por “no mancharse” para cumplir con la purificación ritual o permanecer indiferentes ante la realidad de los hermanos porque se tiene prisa con el cumplimiento de los oficios religiosos. Nuestra conciencia socio política ha de ser lúcida, siempre apoyando las políticas que garanticen la justicia para todos y rechazando aquellas políticas que se centran en el lucro y la ganancia, sin importar las consecuencias humanas y ambientales de tales propuestas. En este último sentido, preguntarnos por la responsabilidad ecológica, es imprescindible. Hemos ido tomando más conciencia de que la salvación de nuestro Dios no es solo para la humanidad sino para toda la creación, pero dependerá de nuestro cuidado y capacidad de vivir en armonía con ella, sin depredarla y extinguirla.

Tenemos cuarenta días por delante para pensar en estas cuestiones o en muchas otras que pueden surgir en el corazón de cada uno. No dejemos pasar esta oportunidad que nos brinda el ciclo litúrgico de tomar el pulso de nuestra fe y reorientar la marcha. En eso consiste la conversión y se nos invita a vivirla en este tiempo. Por supuesto, con mucha “esperanza, como lo ha señalado el Papa al invitarnos a vivir el Jubileo de la esperanza, sabiendo que por parte de Dios está todo dado y depende solo de nuestra generosidad que su amor hacia la humanidad se haga real y palpable en el mundo que vivimos.

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“Jubileo: tiempo de paciencia”, por Gabriel María Otalora

miércoles, 5 de marzo de 2025
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De su blog Punto de Encuentro:

Ante el torbellino de noticias y acontecimientos que cada día nos sobresaltan e inquietan, los cristianos atesoramos una actitud que vivimos como si la hubiéramos arrinconado, y es la hora de desempolvar: la paciencia. Pero como buena virtud que es, no tiene que ver con la parsimonia del pánfilo, de quien ve pasar la vida como la vaca mirando al tren. Es hora de rearmarnos contra el frenesí que desasosiega lo cotidiano mientras encubre falta de esperanza.

Nos hemos contaminado de la sociología de las prisas que aportan muy poco fundamento en esta sociedad que impulsa constantemente a desearlo todo y obtenerlo de manera instantánea logrando así una profunda insatisfacción a medio plazo. Ante esta realidad, se torna fundamental revalorizar la mejor versión de la paciencia, es decir, la que nos enseña a vivir con esperanza. Esperar para un cristiano es saber, y el que sabe, espera. Ahora que estamos metidos en medio del  Jubileo, es tiempo de valorar la profunda conexión entre paciencia y esperanza. El Jubileo es una invitación a la conversión personal y a la reconciliación con Dios y con los demás. En la espera activa y esperanzada en donde encontramos la fortaleza para vivir en medio de la incertidumbre actual, tratando de construir un presente que dé sentido al futuro.

Tener un sentido en la vida es cosa grande, algo que anhelan muchos seres humanos desnortados en medio de esta cultura de la prisas. Tengo la impresión de que nos ven a los cristianos, desde fuera, derrochando nuestra fe, pasivos e inactivos ante el infortunio que trasladan las noticias. La paciencia en estos tiempos es un buen camino espiritual capaz de activar una paz profunda mientras transitamos por las estrecheces de lo cotidiano, confiados y atentos a la acción de Dios que se manifiesta en el susurro, como a Elías, tras el estrépito de volcanes y vendavales. Y en la frágil llamada a Samuel, quien no es capaz al principio de reconocer la llamada de Dios. De ahí lo de paciencia “activa”. Es lo que Jacqueline Kellen llama “la grandeza de la espera que teje toda la existencia y eleva a los humanos hacia lo alto”. Es la actitud necesaria hoy para descubrir la gratuidad de los bienes más preciados a nuestra disposición frente al activismo y a la avidez.

La paciencia entendida como una “una floración de la espera”, representa dejar de lado lo inconsistente y lo efímero, asegura J. Kellen. Es más, dicha actitud requiere firmeza, pues requiere el esfuerzo a contracorriente, tantas veces, para resistir sin aceptar resignadamente la foto social de que todo es inconsistente o materialista. Así, la invitación del Papa a vivir un año de gracia, de misericordia, viene muy bien para recordarnos lo que es el amor por excelencia. Y cuando hay amor de por medio, la esperanza revive pronto. Y los demás lo notan, es una forma de testimonio, de evangelizar.

En este año jubilar en curso, conjuguemos paciencia, espera, esperanza; trabajo interior que acoge ahora la Cuaresma como un impulso especial de vivencia teologal entre quienes viven de otra manera: fe, esperanza, amor. Este tiempo jubilar es una invitación a la conversión personal y a la reconciliación con Dios y con los demás, profundizando en la vida de oración y de amor hacia los demás. Cuántas personas ansían experimentar la fe que tenemos mientras ven adormecidos de nuesytros talentos espirituales que tenemos cuando comentamos qué aburrida es la Cuaresma.

Seamos, pues, testigos de vida esperanzada y comprometida especialmente con los más necesitados. Es el objetivo de toda Cuaresma y de este Jubileo 2025, que puede parecer algo anacrónico, pero como invitación papal es bien actual y necesaria. Somos sembradores, tengamos paciencia.

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Miércoles de Ceniza, cuaresma de Jesús

miércoles, 5 de marzo de 2025
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IMG_9323Empieza la cuaresma y este día se suele comentar el relato de las tentaciones de Jesús tal como han sido narradas, con pequeñas variantes, por Mt 4 y Lc 4 (partiendo de un supuesto documento Q).  Pero el evangelio de Marcos ofrece un relato especial y muy profundo  que hoy quiero comentar, tomando como base   mis libros sobre Marcos.

El texto de Marcos es muy simple, dos sencillas referencias, pero evoca en clave apocalíptica (simbólica) los temas esenciales de la historia de la humanidad, que así puede entenderse como tiempo de prueba de Dios.

Texto Mc 1, 12-13

12 Y de pronto, el Espíritu lo expulsó al desierto;
13 y estaba en el desierto durante cuarenta días, siendo tentado por Satanás.
Y estaba con las fieras y los ángeles le servían

Lleno del Espíritu del Dios, que le ha llamado Hijo Querido, tras salir del agua del bautismo (superando así el nivel de conversión de Juan Bautista), Jesús debe asumir la tentación satánica, en un gesto donde se vinculan, en clave simbólica, los rasgos principales de la trama de Marcos, que presenta a Jesús entre fieras y ángeles.

Éste es un relato anticipatorio, de tipo especular (un texto espejo) que permite comprender desde el principio lo que sigue. Es como si pudiéramos quitar por un momento los velos que ocultan la verdad de los personajes, para ver la identidad de cada uno.

No es Hijo (ni ha recibido el Espíritu) para encerrarse y vivir en aislamiento, sino para extender la filiación, como indica el texto al afirmar que de pronto (euthys, 1, 12), el mismo Espíritu que había recibido le arrojó al desierto, que ya no es lugar de “metanoia” o conversión (como para el Bautista), sino de prueba mesiánica, signo de las dificultades y problemas que Jesús ha de vencer en su camino de Hijo de Dios, a lo largo de su vida, en lucha con Satanás.

Así lo dice este breve texto, construido a modo de parábola fundante, que proyecta sobre Jesús los cuarenta años de prueba de los israelitas de antaño en el desierto. Es posible que el autor ignore los motivos más concretos de la tentación, que aparecen en el documento Q (Lc 4 y Mt 4: pan, poder, milagro). Pero parece más probable suponer que Marcos no quiso introducirlos, aunque fueran conocidos y narrados en algunos ambientes, construyendo, en cambio, este relato que resulta necesario para entender su Evangelio, pues sirve para presentar a un personaje clave de su trama (Satán).

Marcos ha comenzado hablando del Bautista como iniciador profético y ha descubierto a Dios como agente principal (trascendente), pero a fin de comprender la vida y obra de Jesús, él debe presentar también a Satanás como antagonista, acudiendo para ello a unos motivos importantes de su tradición israelita (y de la primera Iglesia).

Marcos ha querido presentar desde el principio a Satanás, para que se sepa quién ha sido (y está siendo) el antagonista real (siendo simbólico) de Jesús. Por otra parte, como irá mostrando el evangelio de Marcos, Satanás y/o los espíritus inmundos sólo actúan de manera expresa hasta un momento de la trama (dejamos de sentir a Satanás en 8,33 y a los espíritus malignos en 9,29). ¿A qué se debe? Probablemente al hecho de que Satanás es solamente un «indicador» de los poderes perversos que se adueñan de la humanidad. Por eso, cuando los seres humanos llegan a su maldad extrema (en los relatos del juicio de Jesús en Jerusalén y en los motivos centrales de su muerte), son ellos mismos y no Satanás ni sus demonios, los que tientan a Jesús.
Pero vengamos ya al pasaje. Tras la gran revelación que sigue al Bautismo, allí donde parece que Jesús (Hijo Querido) debería vencer toda oposición, sin dificultades, Marcos ha querido mostrar que su camino mesiánico, definido por el descenso del Espíritu y la palabra de Dios, estará marcado por la tentación y el conflicto. En un primer momento, este pasaje nos resulta extraño, con mezcla de fábula (presencia de fieras), de mito religioso (oponen ángeles y diablo) y de relato edificante (el héroe Jesús vence a Satanás).

Ciertamente hay esos y otros rasgos en el texto. Pero al estudiarlo con más detenimiento, descubrimos que ellos quedan de tal forma ensamblados que se integran en un tipo de unidad de oposición revelatoria, en cuyo centro está Jesús, entre ángeles y fieras, entre el Espíritu y Satán, en un espacio y tiempo muy especial (del desierto y los cuarenta días):

Desierto
ESPÍRITU → Ángeles → JESUS ← Fieras ←SATÁN
Cuarenta días

Y de pronto el Espíritu lo «expulsó» (1, 12). Se trata, sin duda, del Espíritu de Dios (santo), que él ha recibido tras el bautismo (1, 9; cf. 1, 8), que no le deja ya estar junto al río de la conversión (el Jordán, con el Bautista), sino que le “expulsa” (ekballei), como expulsó a Adán del paraíso (exeballen, con el mismo verbo: Gen 3, 24), para que habite así en el mundo de la prueba. Según Gen 2, 3, Dios había ofrecido a los hombres su Espíritu (aliento), haciéndoles capaces de vivir en sí mismos (de discernir y decidirse). Pues bien, ese mismo Espíritu de Dios “arroja” ahora a Jesús (le expulsa del lugar de una filiación que resolvería todos sus problemas) para llevarle al desierto de la prueba, de manera que él aparece como un “poseído” del Espíritu.
 El texto dice que le expulsó al Desierto (1, 12). Por exigencia de la tradición israelita, según el relato de Marcos, el lugar de prueba no es ya el paraíso (como en Gen 2-3), sino el desierto: espacio inhabitado, donde el hombre ha de moverse entre las fuerzas primigenias de la realidad. Este desierto donde el Espíritu expulsa a Jesús no es el de Juan, en 1, 4, junto al río del bautismo, sino el lugar de las “tentaciones y pruebas” de los israelitas, según el Pentateuco (en Éxodo, Números y Deuteronomio).

 Cuarenta días. Éstos son los días de su prueba (1, 13), reflejo y concreción de los cuarenta años de prueba del antiguo Israel. En algún sentido se puede añadir que ese desierto (espacio) y esos cuarenta días (tiempo) responden también al paraíso de Gen 2, que aparece así como lugar donde Jesús, nuevo Adán, invierte el antiguo pecado y despliega la verdad del ser humano. Jesús ha vuelto así al principio (los cuarenta días), para convocar, como Hijo de Dios y con la fuerza del Espíritu, la auténtica familia de Dios sobre la tierra. En ese principio de Jesús se encuentran incluidos sus seguidores.

Éste es el lugar donde Jesús asume la prueba que implica el ser Hijo de Dios (un ser humano). Significativamente, Marcos no dice que Jesús ayune (en contra de los paralelo de Mateo y Lucas), pues el ayuno es un signo propio de Juan Bautista (que comía langostas de estepa y miel silvestre), en el nivel del judaísmo antiguo. La prueba de Jesús consistirá en hallarse frente a frente con Satán, Tentador hecho persona, a lo largo de cuarenta días. Uno frente a otro se situarán los dos signos centrales de la vida: Jesús como principio de vida liberada, y Satanás, que es signo y causa de muerte.

b. En lucha con Satán.

Como he indicado ya, el texto afirma que estaba en el desierto cuarenta días y cuarenta noches (1, 13), días y noches que no son un tiempo que pasa y queda atrás, de manera que después ya no hará desierto, ni tentación, ni servicio (de ángeles), sino todo lo contrario: estos días (lo mismo que la palabra anterior de Dios: «tú eres mi Hijo») reflejan y explicitan una dimensión permanente del evangelio, expresando el sentido de conjunto de la vida mesiánica de Jesús.

− Siendo tentado. Como he dicho, a diferencia del Q (Lc 4 y Mt 4), Marcos no ha concretado las tentaciones, pero es evidente que está evocando la prueba original de Adán: Jesús, el Hijo de Dios, es el comienzo de una nueva humanidad que debe superar las pruebas de la vida mesiánica. Marcos no dice tampoco que Jesús ayune, para sentir al fin hambre y ser tentado (como Lc y Mt), sino que es tentado a lo largo de los cuarenta días y noches.
− Por Satán. El texto le presenta sin comentarios, como antagonista de Jesús, llamándole Satán, que significa el Tentador. La Biblia de Israel no posee una doctrina consecuente sobre Satán, pero le concibe básicamente como un tipo de fiscal (acusador, tentador) de la corte angélica de Dios (cf. Job 1-2; 1 Cron 21, 1; Zac 3, 1-2). Satán no es un dios perverso que se opone al Dios bueno (como suponen algunos dualismos, de origen quizá persa, que aparecen incluso en Qumrán). No es tampoco un ángel malo, creado así por Dios, sino que ha empezado siendo bueno (realizando funciones propias del mismo Dios), pero que, en un momento dado, por influjo del entorno religioso o por evolución de la experiencia israelita, se ha vuelto perverso.

En tiempos de Jesús no había surgido todavía en Israel una satanología unitaria, aceptada por todos, pero la vida de la mayoría de los judíos aparecía llena de “poderes” perversos, entre los que pueden distinguirse dos fundamentales.

(a) Por un lado está Satán (satanas: 1, 13; 3, 23.26; 4, 15; 8, 33), a quien la tradición del Q llama en griego ho diabolos (cf. Lc 4, 3. 6. 13), que puede significar “tentador” en general (como en Mc 8, 33). Este Satán es el “príncipe” de los demonios (cf. 3, 22), el que dirige el imperio del mal, un tipo de anti-dios.
(b) Por otro lado están los “espíritus impuros” (cf. 1, 26; 5, 8 etc.), que pueden concebirse también como “demonios” (daimonion/daimonia: 3, 15; 7, 26-30), bajo el poder de Satán. Pues bien, nuestro pasaje presenta a Jesús enfrentado con Satán, el Diablo (príncipe de los demonios), sobre quienes (y por quienes) ese Diablo impone su reinado.
Pues bien, en ese contexto, los israelitas identifican lo demoníaco con lo impuro (cf. Mc 3,11; 5,2; 7,25, etc.), es decir, con aquello que destruye al ser humano y le impide realizarse en plenitud.

Demoníaca la enfermedad, entendida como sujeción, impotencia, incapacidad de ver, andar, comunicarse. Es demoníaca en especial una especie de locura más o menos cercana a la epilepsia y/o la esquizofrenia, pues saca al hombre fuera de sí y le deja en manos de una especie de necesidad que le domina. Pues bien, Jesús abre el camino del reino ayudando a estos hombres, es decir, oponiéndose a Satán y haciendo posible que ellos «vivan» de manera autónoma, siendo ellos mimos, pensando por sí mismos. Esa ayuda no es un sencillo gesto higiénico, ni efecto de un puro humanismo bondadoso, sino una lucha fuerte contra el imperio de Satán (en griego Diabolos o Diablo), que se expresa en el poder de los demonios (que son como un ejército de espíritus perversos al servicio de Satán).

Eso significa que el “enemigo” (o adversario) de Jesús, según Marcos, no es Roma (como imperio), ni los sacerdotes de Jerusalén (como institución religiosa), ni Herodes Antipas y los jerarcas de Galilea, sino Satán, a quien él presenta así, en su forma semita (cf. 3, 23-26; 4, 15; 8, 33) como fuerza y símbolo del mal (y no en su forma griega, que es Diabolos, como hace Mt 4, 1 y Lc 4, 2), cuyo poder se visibiliza y actúa en la enfermedad y la opresión del hombre. Pues bien, en ese contexto aparecerá Jesús, para liberar a los israelitas más pobres (más oprimidos) del poder de Satán que les domina. Leer más…

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Ceniza y Rescoldo divino

miércoles, 5 de marzo de 2025
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(Mt 6,1-18)

Eres ceniza, sí, pero que esconde un rescoldo divino. ¡Avívalo!

Llevamos milenios intentando descubrir lo que somos. Hoy estamos en un punto crucial. Ha cambiado nuestra manera de comprender el mundo. Conocemos los entresijos de la mente humana. Vamos tomando conciencia de que Dios no puede ser lo que pensábamos. Todo ello nos coloca ante un desafío desconcertante y único.

Dios no es alguien fuera y colocado por encima de mí, y menos frente a mí como nos han dicho. Él es el fundamento de mi ser y ahí debe descubrir lo que soy en profundidad. Para ser realmente lo que soy debo desplegar mis relaciones con mi verdadero ser, con mi falso yo, con el resto de los seres humanos y con la naturaleza.

Debemos dar un cambio radical a la manera de afrontar la cuaresma. El Dios que está encantado de vernos sufrir tiene que ser superado. No nos damos cuenta del ridículo de un Dios que está pendiente de lo que como o dejo de comer. La necesidad de esfuerzo personal para no destrozar mi ser, debemos buscarlo en otra parte. No se trata de la exigencia de un ‘Dios’ externo sino de la exigencia de nuestro propio ser.

Los tres temas de la cuaresma son en resumen de todas las relaciones del ser humano. Ayuno no significa solo ayunar, sino toda privación voluntaria en orden a superar la trampa del hedonismo. Oración no significa relacionarse con un Dios que está fuera de nosotros, sino bajar a lo hondo de nuestro ser y descubrir allí lo que realmente somos. Limosna no significa dar, sino salir de nosotros mismos e ira al otro

La motivación de nuestras actitudes no está en la voluntad de Dios, sino en nosotros. Los instintos son maleados por la razón que puede tergiversarlos al pretender solo el placer o huir del dolor que causa el no satisfacerlos. La racionalidad me llevará siempre a buscar la potenciación de mi falso ser, no tiene idea de lo que soy.

El placer y el dolor son formidables medios que la evolución ha desplegado para garantizar la vida biológica. Nuestra razón puede tergiversarlos convirtiéndolos en fines y buscándolos por si misamos. Aquí encontramos la clave de toda conversión. Buscar el placer o huir del dolor como único objetivo personal es la garantía de fracaso. Una vez que nos hemos sumergido en el desorden, es muy difícil recuperar la armonía perdida. Por eso es preciso el entrenamiento para restaurar el equilibrio.

Esto solo se puede conseguir a base de actos contrarios a los hábitos adquiridos. Si comiendo solo por placer he deteriorado mi salud, tengo que abstenerme de comer cuando no supone ningún desorden y así crear un hábito contrario al contraído. Pero incluso cuando no haya contraído ningún hábito pernicioso es conveniente privarse de algo para mantener el control y superar mi tendencia al hedonismo.

Si mis relaciones conmigo mismo y con los demás no son las adecuadas será imposible desplegar mi verdadera humanidad. Tomar conciencia de esta realidad, y no hacer sacrificios o penitencia, es la verdadera finalidad de la cuaresma. Recordemos que metanoia no es penitencia sino cambio de manera de pensar para superar los errores que pueden hacer fracasar mi propia vida.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Sutil actualización de las costumbres piadosas

miércoles, 5 de marzo de 2025
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Miércoles de Ceniza de camino a la Cuaresma, a propósito de Mt 6, 1-6.16-18

Mari Paz López Santos,
Madrid.

ECLESALIA, 05/03/25.- Año tras año el texto del evangelio nos reta a adentrarnos en tres temas complejos: la limosna, la oración y el ayuno, que a veces se entienden como costumbres piadosas para determinado tiempo litúrgico.

He leído como tantas otras veces el evangelio del Miércoles de Ceniza. Mateo no se corta de transcribir textual y radicalmente la palabra hipócritas, dedicada a quien se adentra en tres pilares de la vida cristiana que, dados los tiempos actuales, para muchos suenan como anticuado, especialmente si nos referimos a la limosna y al ayuno; en cuanto a la oración, el término es más cercano, pero tan diverso en las formas que no permite un suave aterrizaje en la comprensión.

Qué bien nos puede venir dedicar un tiempo a adentrarnos en el significado espiritual y práctico de estas tres palabras, con sencillez, humildad, fe, justicia, tiempo y silencio, buscando qué nos dicen, una a una, en este mundo revuelto a todos los niveles.

“Cuando hagas limosna… ¿Esa palabra que dice el diccionario (DRAE) como “cosa, especialmente dinero, que se da a otro por caridad?” Habría que actualizarla ofreciendo compromiso y servicios de justicia para que nadie necesite recibir limosnas. Para que la cantidad de cosas que a unos nos sobran, por una concreta forma de vida, puedan ser justamente recibidas por los que no tienen ni lo imprescindible.

Esta última palabra escrita –imprescindible- me trae de nuevo a la cabeza una frase atribuida a Pedro Casaldáliga: “Lo que no es imprescindible, es robado”. No creo que necesite explicaciones. Es un zasca a la hipocresía pura y dura.

“Cuando oréis entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará. Necesitamos tiempo, sosiego, silencio, quietud… pero si no puede ser, donde te pille la vida, en el atasco, en el cuidado de un enfermo en el hospital por la noche, en el paisaje de una puesta de sol, en la pequeña conversación en la parada de autobús de una persona muy mayor que necesita hablar, en el Jesusito de mi vida cuando tu hija se va a dormir, o tu nieto lo está aprendiendo.

Un grupo de hombres y mujeres pidieron a Thomas Merton que les hablara de la oración: “Nada que alguien pueda decir (de la oración) es tan importante. Lo más importante es la oración. La oración en sí misma. Si deseáis una vida de oración, la manera de conseguirla es orando. Nos han adoctrinado tanto sobre los medios y los fines que no nos damos cuenta de que en la vida de oración hay una dimensión diferente (…). En la oración descubrimos lo que ya tenemos y nos damos cuenta de que ya estamos allí. Ya lo tenemos todo, pero no lo sabemos y no lo experimentamos. Todo nos ha sido dado en Cristo. Todo lo que necesitamos es experimentar lo que ya poseemos” (Diccionario de Thomas Merton, Ed. Mensajero, págs. 402-403)

Decía sobre la oración Santa Teresa del Niño Jesús: “Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría” (Manuscrit C, 25r: Manuscrists autohiographiques [Paris 1992] p. 389-390).

“Cuando ayunéis… Aunque se define el ayuno como “una forma de mortificación por precepto eclesiástico o por devoción, la cual consiste sustancialmente en no hacer más que una comida al día, absteniéndose por lo regular de ciertos alimentos”. Quizás vendría bien una sutil actualización de estas costumbres piadosas adaptándolas a los tiempos actuales:

  • Ayunar de móvil y tecnología en general, dedicando el tiempo a las relaciones familiares, amigos, a personas que necesitan compañía y hablar (fenómeno muy habitual últimamente).
  • Ayunar de malos rollos, críticas, charlas de temas políticos.
  • Ayunar de consumo excesivo
  • Ayunar de visitas a centros comerciales dedicando tiempo a jardines, excursiones, etc.

Ahí dejo algunos posibles ayunos y ya cada uno añada las dependencias de la que es saludable ayunar.

Es bueno notar el vacío del estómago cuando el ayuno es de algo comestible y seguramente será muy beneficioso ayunar de este otro tipo de cosas. Tanto uno como otro nos ayudarán a ver que hay muchísimas personas en el mundo que viven en permanente ayuno no elegido.

El hambre es maldición e injusticia. La imposibilidad de acceder a una vida digna y no violenta, con posibilidades de educación y sanidad no se subsanan de limosna sino de derechos. Disfrutar de una paz estable se está convirtiendo en un deseo cada vez más lejano para muchos.

Que nos adentremos en la Cuaresma con esperanza

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