“En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto…”
Verdaderamente suena muy fuerte el verbo “empujar” refiriéndose a la acción del Espíritu hacia Jesús.
Empujar a alguien implica cierta violencia: no se respeta lo que está haciendo, no se tiene en cuenta su elección, su forma de actuar.
Subir al monte a orar en la soledad de la noche es una cosa, pero adentrarse en el desierto por cuarenta días (esa cifra tan presente en momentos claves a lo largo de toda la Biblia) a enfrentarse con lo que vivía por dentro y lo que se complicaba en el camino que tenía por delante, debió ser complejo.
El Espíritu a veces susurra, otras empuja. Aquí se impuso un buen empujón, amoroso pero contundente. Había que prepararse para el combate en el mundo venciendo las tres conocidas tentaciones, tan comunes en el ser humano: apego a las cosas materiales, poner a prueba a Dios y las ansias de poder.
Se inicia la Cuaresma. Otra vez el número cuarenta nos sirve de referencia de preparación, entrenamiento y discernimiento en el desierto de cada día.
¿Qué le pido al Espíritu? Un buen empujón, como el de Jesús, para adentrarme en el desierto estos cuarenta días. Me refiero al desierto interior, ese que todos llevamos dentro y que tantas veces dejamos de lado o rodeamos para no aclarar cómo va nuestra vida interior.
Decía Thomas Merton*: “El verdadero desierto es esto: enfrentarse a las limitaciones reales de la existencia y el conocimiento de uno y no intentar manipularlas ni disfrazarlas” (1).
Merton se hace también una pregunta más directa: “¿Qué es mi desierto? Su nombre es ‘compasión’. No hay desierto más terrible, más hermoso, más árido y fructífero que el desierto de la compasión. Es el único de desierto que florecerá verdaderamente como el lirio. Se convertirá en un lago, brotará y florecerá y se regocijará con alegría. Es en el desierto de la compasión donde la tierra sedienta se convierte en manantiales de agua, donde el pobre posee todas las cosas” (2)
Cuando Jesús dejó el desierto tras los cuarenta días “se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios”, lo que me hace pensar que su corazón compasivo, lleno de todas las gentes que se le habían acercado por los caminos, le impulsó a expandir el mensaje de conversión y de creer en el Evangelio. En definitiva, continuar su Misión.
El mensaje sigue estando de total actualidad en nuestro tiempo, así que habrá que ir compartiendo cuando salgamos del desierto interior tras la puesta a punto de la Cuaresma.
Mari Paz López Santos
2024.02.18 – FEADULTA
I Domingo de Cuaresma
*DICCIONARIO DE THOMAS MERTON, Ediciones Mensajero, 2015, (1) pág. 142, (2) pág.143
En la Biblia, desierto significa, a la vez y de manera paradójica, lugar de prueba y lugar de intimidad con Dios. Aunque, si lo miramos detenidamente y, sobre todo, si lo experimentamos, apreciaremos el sentido de aquella paradoja.
Lo que solemos designar como “prueba” -pérdidas de todo tipo, dificultades, contratiempos, crisis…- saca a flor de piel nuestra vulnerabilidad. Y cuando la vulnerabilidad se acoge y se acepta, abre la puerta a nuestra humanidad profunda y, con ella, al amor y la compasión. De ese modo, la prueba se convierte en puerta que nos introduce en la profundidad.
El ser humano tiende a buscar e instalarse en cualquier zona de confort. Como si en cada uno de nosotros viviera un pequeño burgués amante de la comodidad y del bienestar. Y eso no está mal. Lo malo suele ser que esa misma dinámica tiende a mantenernos en la superficie, alejados de lo mejor de nosotros mismos, de los demás y de la vida. Porque en la superficie fácilmente nos conformamos con “sobrevivir”.
Las pruebas nos zarandean y, al hacerlo, si no nos hundimos ni nos endurecemos, nos obligan a buscar aquello que nos sostiene; la experiencia de lo impermanente -doloroso en sí mismo, antes o después- nos pone en camino de aquello que permanece. El propio dolor nos muestra nuestra vulnerabilidad, haciéndonos conscientes de que no podemos escamotearla.
Y es ahí, al abrazarla, cuando nos hace más humanos. Y eso ocurre porque, como escribe Eckhart Tolle, solo en la medida en que aceptamos nuestra vulnerabilidad, descubrimos nuestra invulnerabilidad verdadera. Absolutamente vulnerables en la forma, somos, a la vez, aquello que permanece siempre estable. por ese motivo, también el desierto, cuando sabemos vivirlo, nos conduce a casa.
La experiencia del desierto nos humaniza porque nos hace pasar de la superficialidad a la profundidad, del narcisismo a la empatía y la compasión, del egocentrismo a la ofrenda, del despiste sobre nosotros mismos a la comprensión y el gozo de lo que realmente somos, de sobrevivir a vivir en plenitud…
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
01.- COMENZAMOS LA CUARESMA: CUARENTA DÍAS.
La cuaresma son los cuarenta días de preparación a la Pascua del Señor.
Cuarenta es un número simbólico que aparece en momentos decisivos de la Biblia, de la cultura del pueblo de Israel y de Jesús.
El número cuarenta aparece más de 100 veces en la Biblia:
+ Cuarenta días y cuarenta noches estuvo lloviendo en el diluvio “bautismal” en tiempos de Noé.
+ De Moisés se dice que vivió 120 años: 40 en Egipto, cuarenta como pastor en Madián y cuarenta años peregrinando con las tribus hebreas tras el Éxodo hasta llegar a la libertad y la tierra de promisión.
+ Cuarenta son los días que Jesús estuvo en el desierto superando las tentaciones del desierto.
+ Jesús asciende a los cielos a los cuarenta días de la resurrección.
Cuarenta Significa un tiempo -toda la vida- de una experiencia humano-religiosa intensa, decisiva.
Llegar a la tierra de promisión, a la felicidad, a la realización personal (y comunitaria), nos va a costar “cuarenta años”, toda la vida de desierto.
02.- EL DESIERTO
El desierto no es solamente algo geográfico, un lugar árido y hostil, el desierto del Sahara…
El desierto en la Biblia tiene un sentido teológico y es una actitud de vida humano-religiosa.
El desierto es el lugar de la austeridad, del silencio, de la oración, es el lugar o la situación de prueba: la dureza de la vida. El desierto es camino y búsqueda.
La vida es un desierto. A lo largo de nuestro caminar atravesamos por un desierto muchas veces entre alimañas de todo tipo como escuchábamos en el evangelio, con tentaciones de todo tipo, con crisis y penas.
Nos hará bien huir del “mundanal ruido”, retirarnos de la algarabía social al desierto, escapar del zapping y cosas por el estilo.
Mejor nos encerramos en nuestra habitación para encontrarnos con nosotros mismos y con Dios.
Por otra parte, una cierta austeridad en la vida nos hace bien.
Parece como que el ideal de vida es pasarlo bien, todo fácil, cuantas menos horas de trabajo, mejor.
Facilitar todo a las generaciones más jóvenes -y a las nuestras- ¿no está creando personas más bien blandas? La vida es desierto, camino, esfuerzo, crisis, gracia, Éxodo, libertad y liberación.
03.- NOSTALGIA DE PLENITUD
Todos tenemos un anhelo infinito de vida y felicidad. Somos un eterno deseo de bienestar, de vivir bien. Somos una pasión infinita.
Nuestra vida, nuestro Éxodo, siempre está marcado también por el esfuerzo, heridas y alimañas: el mal, la culpa y muerte ¿Tres heridas incurables?
Somos siempre una asignatura pendiente para nosotros mismos. Somos una diferencia entre lo que somos y lo que quisiéramos vivir, incluso somos un pequeño abismo entre lo que somos y lo que deberíamos ser.
El hombre moderno (Ilustración) piensa que puede darse a sí mismo la felicidad y la plenitud, pero eso no es cierto. Pensamos que el progreso, la técnica, los políticos nos van a traer el paraíso terrenal, pero seamos conscientes de que no está en nuestras manos concedernos la plena felicidad.
Ninguna realidad humana llena nuestro corazón. Nunca el placer es bastante, nunca el dinero, ni el poder colman el corazón de ser humano.
Nuestro corazón no se aquieta con la simple realización de nuestras necesidades.
El ser humano no puede, no podemos colmar nuestra vida.
San Agustín escribía aquello de: Nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquieto, pues solamente descansará cuando te encuentre.1
Un salmo expresa muy bien estas cosas:
Mi alma tiene sed de ti, mi vida ti ansia de Ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua,
(Salmo 63,2)
04.- LA CUARESMA TIEMPO DE GRACIA.
Es cierto que la cuaresma es tiempo de penitencia y de conversión, pero, sobre todo, es tiempo de gracia.
No carguemos las tintas en el pecado y la penitencia con sus secuelas de culpabilidades, miedos, angustias, condenaciones, etc.
Convertirse no es un esfuerzo titánico contra el mal a base de penitencias y castigos, ayunos, cilicios y disciplinas. Nuestra conversión es comprender y vivir que Dios es bueno. Convertirnos es pasar de la imagen de un Dios justiciero a la realidad de un Dios de bondad y misericordia.
La cuaresma, el Éxodo es mirar al futuro con esperanza. Lo que esperamos de la bondad de Dios es la alegría del presente.
Que tengamos una serena travesía creyendo en el Evangelio de la gracia: Dios está de nuestra parte,
Dios hizo un pacto con la humanidad (Noé – alianza).
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Del blog de Consuelo Vélez Fe y Vida:
Comentario al evangelio del 1° domingo de cuaresma (18-02-2024)
Considerar las tentaciones mesiánicas de Jesús es, entonces, confrontar nuestra propia fidelidad a la misión encomendada
Como nos cuesta creer y vivir el reino anunciado por Jesús, el anuncio del evangelio que hacemos no tiene la fuerza de transformación que Jesús nos dijo que tendría
A continuación, el Espíritu empuja a Jesús al desierto y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentando por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían. Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea y proclamaba la Buena Nueva de Dios: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca, conviértanse y crean en la Buena Nueva”(Marcos 1, 12-15).
Comienza el tiempo de cuaresma y el evangelista Marcos, en cuatro versículos, nos relata las tentaciones y el contenido de la predicación de Jesús. Sabemos que Mateo y Lucas describen más detalladamente las tentaciones. Aquí sólo se nos dice que Jesús fue tentado durante cuarenta días lo cual podría ser más semejante a nuestra propia vida. Las crisis, dudas, retrocesos y caídas no son solo en un momento puntual, superándolas en el acto. Por el contrario, la vida es ese continuo caminar con toda la ambigüedad, dificultad, avances y retrocesos que nuestra condición humana implica. En el caso de Jesús sabemos que sus tentaciones son mesiánicas, es decir, respecto a su misión y no a lo que comúnmente llamamos tentaciones en la vida cotidiana. Jesús permanece firme en la misión encomendada, Jesús no cambia la radicalidad de la misma. De ahí que se gane la cruz y la asuma con todas las consecuencias. Precisamente porque se conoce el final de la vida de Jesús, el evangelista puede afirmar, desde el inicio del evangelio, la fidelidad durante toda su vida. Considerar este pasaje de la vida de Jesús es, entonces, confrontar nuestra propia fidelidad a la misión encomendada preguntándonos seriamente si mantenemos el vigor primero o si lo hemos acomodado a nuestros intereses o a lo socialmente aceptado para evitar conflictos y persecuciones.
Pero ¿cuál es la misión de Jesús y, por ende, la nuestra? En otro versículo, Marcos nos presenta a Jesús anunciando que el tiempo se ha cumplido, es decir, lo que anunciaba Juan el Bautista ya se hace realidad con su presencia y es hora de dar una respuesta contundente: convertirse y creer en la buena nueva. La palabra “convertirse” no significa lo que comúnmente entendemos de arrepentirnos de algo malo que hemos hecho. En este caso es situarse en otro horizonte -el del reino de Dios-, cambiar de mirada, darse la vuelta para iniciar un camino distinto. En eso consiste la vida cristiana. Es encontrar en la vida de Jesús lo que Dios espera de la humanidad y por eso disponernos a vivir como Él vivió, a mirar el mundo desde el horizonte que Él lo hizo.
Ese horizonte no es otro que el amor inconmensurable de Dios sobre la humanidad. En Dios solo hay misericordia y generosidad. En Él no hay castigo, ni reproches. Por eso mismo escandaliza y se rechaza. Nos gustaría más que Dios castigue a los malos y premie a los buenos -entre los cuales creemos estar nosotros- y nos cuesta creer que la metodología de Dios es transformar el corazón humano a punta de amor y no de miedo. Y como nos cuesta creerlo y vivirlo, el anuncio del evangelio que hacemos no tiene la fuerza de transformación que Jesús nos dijo que tendría.
Pero la Palabra de Dios nos sigue insistiendo por dónde se hace presente el reino. Tal vez en esta cuaresma podríamos poner el énfasis no en sacrificios o confesiones de los pecados de siempre sino en mirar la vida de Jesús a ver si le logramos entenderlo a fondo y convertirnos al Reino de Dios, muy distinto de normas, liturgias, confesiones, inciensos y sermones de castigo que surgen con tanta fuerza en este tiempo. Convertirse al amor, a la misericordia, a la generosidad del mismo Dios sería una buena manera de comenzar este tiempo de cuaresma.
(Foto tomada de: https://liturgia.jesuitas.pe/2019/03/08/las-tentaciones-de-jesus-en-el-desierto/)
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[La historia de David] llena de sensatez, no es lejana para nosotros, porque David es un gran modelo para todos los tiempos. Nos enseńa cómo a partir de pequeńas desatenciones puede entrar el hombre en graves dificultades, y si no mantiene la mirada fija en Dios cae en errores cada vez más grandes para cubrir los precedentes. Dios, sin embargo, es rico en misericordia e interviene para ayudarnos a volver a encontrar lo mejor de nosotros, a volver a encontrar lo que el Espíritu ha puesto como don en nuestro corazón: el amor a la verdad, a la justicia, a la lealtad.
Nos reconocemos en David porque en cada uno de nosotros está el corazón malvado del que procede el desorden. Por eso nos invitan el salmo 50 y el relato [del segundo libro de Samuel] a reflexionar en serio: no podemos presumir de estar exentos de la culpa sólo porque no seamos reyes o no tengamos el poder de David. Es nuestra condición humana la que se encuentra en un destino de desorden y, por eso, corre el riesgo de convertirnos, al menos en las pequeńas circunstancias, en prisioneros de nosotros mismos, incapaces de reconocernos y de confesarnos pecadores. Sólo la gracia de Dios, continuamente invocada y acogida, vuelve a ponernos cada día en la verdad.
[Reflexionemos] sobre todo el contexto de la historia de Betsabé y de Urías, preguntándonos en la oración por qué los libros sagrados han querido contar tales acontecimientos y otorgar tanto espacio a la descripción de este pecado de David y tanta importancia a la sucesión (cf. 1 Reyes). Sólo así nos será posible comprender la figura de David en todo su significado y, en consecuencia, comprender la historia de la salvación, comprender que en el rostro de Cristo resplandecen la luz de Dios y la esperanza de los hombres.
*
Carlo María Martini David, pecador y creyente,
Editorial Sal Terrae, Santander 1996.
Muy pronto voy a cumplir 64 años. ¡Toda una vida ya! Lejos de lamentarme porque el tiempo vaya pasando y yo con él, me siento muy afortunado y agradecido de haber podido llegar hasta aquí.. He pasado por el filo de la espada en muchas ocasiones pero mi ángel me ha guardado y protegido ha el día de hoy. No le pido nada más a la vida. He vivido una vida muy plena y feliz, a pesar de que la envidia me ha puesto algunas zancadillas de vez en cuando. Mis días son ahora muy dichosos. Podía decir que estoy en la edad dorada. Me siento más libre que nunca porque a mi edad ya es difícil que algo o alguien me condicione. Sólo en Dios he puesto mi confianza y sé que no quedaré defraudado. Me queda por vivir mucho menos de lo que ya he vivido; soy consciente de ello pero no me preocupa demasiado. Me levanto todos los días como si fuera el primero de mi vida y así lo disfruto. No me preocupa lo que me queda por vivir sino cómo vivir con más plenitud el día de hoy que Dios me ha regalado. Me siento afortunado de tener amigos por medio mundo y, tal vez, también por el otro medio. Y esa lista de amigos sigue creciendo, día a día, porque no me gusta poner límites a la agenda de la amistad. He tardado muchos años en descubrir el secreto de mifelicidad pero al final lo he descubierto: Necesito muy pocas cosas: Un poco de cariño, una brisa suave en mi cara, una oración en lo alto del monte, un rato para escribir o pintar, un mensaje de un amigo, la mirada tierna de mi madre anciana y la alegría que me expresa mi perrita Linda cuando me ve llegar a casa después de un tiempo de ausencia. Eso y nada más. Cada día me sobran más cosas y me falta más sencillez. Y así estoy dispuesto a seguir caminando los años que Dios me siga regalando. Antes me inquietaba cuando alguien me atacaba en las redes porque no estaba de acuerdo con mis opiniones o cuando notaba de cerca el zarpazo de la envidia, ahora ya no. Sólo me inquieta y me duele el sufrimiento de los seres humanos, de cualquier ideología o lugar, esa sinrazón del odio y de la guerra. Solo esto me acaba estremeciendo hasta el llanto. Me he vuelto muy blando. Cada día que pasa detesto más la hipocresía en el mundo o en la iglesia, mi iglesia, a la que amo pero de la que no acepto muchas cosas que creo que no son de Jesús, aunque las disfrazan para que lo parezca. Por eso no renuncio a ser voz crítica cuando me lo pide mi conciencia, «Si se calla el cantor, se calla la vida».
¡Gracias, Señor, por este nuevo año con el que ya me amenazas como una nueva primavera de luz!
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David y Jonatán. Pierre y Gilles
El místico español del siglo XVI Juan de la Cruz es uno de los muchos escritores que utilizaron su amor entre personas del mismo sexo como modelo del amor divino. “El amor que Jonatán sentía por David era tan íntimo que unió su alma a la de David. Si el amor de un hombre por otro fuera tan fuerte, ¿cuál será el vínculo causado por el amor del alma a Dios Esposo?” preguntó Juan de la Cruz en “El Cántico Espiritual”.
La historia de David (דָּוִד) y Jonatán ( יְהוֹנָתָן) hijo mayor del rey Saúl, figuras heroicas del Reino de Israel, Se narra en los libros primero y segundo de Samuel que forman parte del apartado de la Biblia denominado Nevi’im (Libros de los Profetas). Estos episodios pertenecen a la historia del ascenso de David al poder, que se considera comúnmente como una de las fuentes de la historia deuteronomista, y a sus adiciones posteriores.
David, el hijo menor de Jesé, mata a Goliat en el valle de Ela, donde el ejército filisteo está enfrentado con el ejército del rey Saúl (el padre de Jonatán). La victoria de David inicia una derrota de los filisteos que son obligados a regresar a Gat y a las puertas de Ecrón. Abner lleva a David a Saúl mientras David todavía sostiene la cabeza cortada de Goliat.
“Después que David acabó de hablar con Saúl, Jonatán se hizo muy amigo de David, y llegó a quererle como a sí mismo. Saúl, por su parte, lo tomó aquel mismo día a su servicio y no le dejó volver a casa de su padre. Y Jonatán y David se juraron eterna amistad, porque Jonatán quería a David como a sí mismo. Además Jonatán se quitó la capa y la túnica que llevaba puestas, y se las dio a David, junto con su espada, su arco y su cinturón”
*
1Samuel 18 1-5
***
Después de vencer al gigante, David consiguió la confianza de los criados y del pueblo, se ganó la amistad de Jonatán y el amor de Mical, quien fue su primera esposa; y ambos, Jonatán y Mical, eran hijos de Saúl. Y, precisamente eso, produjo los celos del rey Saúl, que ordenó capturarle. David tuvo que huir al desierto con un escuadrón de 200 guerreros leales y se convirtió en el paladín de los oprimidos. Allí aceptó la protección del rey filisteo Aquis de Gat, enemigo de Israel, y situó a su familia y los suyos en la ciudad filistea de Siclag. Cuando Aquis se fue a la guerra contra el rey Saúl, David no pudo acompañarle porque los otros nobles no confiaban en él.
Entonces Saúl se llenó de ira contra Jonatán y le dijo:
–¡Hijo de mala madre! ¿Acaso no sé que tú eres amigo íntimo del hijo de Jesé, para vergüenza tuya y de tu madre? Mientras él siga vivo en esta tierra, ni tú ni tu reino estaréis seguros. ¡Así que envía a buscarlo y tráemelo, porque merece la muerte!
Pero Jonatán le contestó:
–¿Y por qué habría de morir? ¿Qué ha hecho?
*
1Samuel 20, 30-32
***
Mientras Saúl continúa persiguiendo a David, la pareja renueva su pacto, después de lo cual no se vuelven a encontrar. Finalmente, Saúl y David se reconcilian.
El criado de Jonatán recogió las flechas y se las trajo a su amo, 39 pero no se dio cuenta de nada, porque tan solo Jonatán y David conocían la contraseña.
Después Jonatán entregó sus armas a su criado y le ordenó que las llevase de vuelta a la ciudad.
En cuanto el criado se fue, David salió de detrás del montón de piedras,i y ya ante Jonatán se inclinó tres veces hasta tocar el suelo con la frente. Luego se besaron y lloraron juntos hasta que David se desahogó. Por último, Jonatán dijo a David:
–Vete tranquilo, pues el juramento que hemos hecho los dos ha sido en el nombre del Señor, y hemos pedido que para siempre esté él entre nosotros dos, y en las relaciones entre tus descendientes y los míos.
Después David se puso en camino, y Jonatán regresó a la ciudad.
*
1Samuel 20, 38c- 41
***
Jonatán, sin embargo, es asesinado en el monte Gilboa junto con sus dos hermanos Abinadab y Malquisúa, y allí Saúl se suicida. David se entera de la muerte de Saúl y Jonatán y compone un desgarrador lamento, que en parte dice:
¡Cómo han caído los valientes en el campo de batalla! ¡Jonatán, muerto en lo alto de tus montes!
“¡Angustiado estoy por ti, Jonatán, hermano mío! ¡Con cuánta dulzura me trataste! Para mí, tu cariño superó al amor de las mujeres. ¡Cómo han caído los valientes! ¡Las armas han sido destruidas!”
*
2Samuel 1, 26-27
***
La idea moderna de orientación sexual no existía en los tiempos bíblicos, pero la poderosa historia de amor de Jonatán y David en 1 y 2 Samuel sugiere que las parejas del mismo sexo son afirmadas y bendecidas por Dios.
Es imposible saber si David y Jonatán expresaron sexualmente su amor. Algunos consideran que David es bisexual, ya que las escrituras hebreas también relatan cómo cometió adulterio con Betsabé y luego la convirtió en una de sus ocho esposas. No hay duda de que muchas personas hoy honran a David y Jonatán como santos homosexuales.
El amor entre los dos hombres se honra en un icono dorado obra del hermano Robert Lentz. A diferencia de la mayoría de las imágenes de Jonathan y David, el ícono de Lentz muestra a Cristo arriba bendiciendo su relación. Es uno de los 10 íconos de Lentz que han generado controversia desde 2005, cuando líderes católicos conservadores acusaron a Lentz de glorificar el pecado y crear propaganda para una agenda sociopolítica progresista con estas «Imágenes que desafían«. Las impresiones de “Jonathan y David” están disponibles a través de Amazon y TrinityStores.com.
El amor entre los dos héroes bíblicos se celebra en la música clásica, como “O Jonathan, Woe Is Me”, un madrigal sagrado a seis voces del compositor inglés del siglo XVII Thomas Weelkes. El texto proviene de 2 Samuel 1:25b-26 y termina con la reveladora frase: “pasando el amor de las mujeres”.
“El encuentro de David y Jonathan” del poeta inglés del siglo XIX John Addington Symonds. Es conocido como uno de los primeros defensores del amor masculino y escribió muchos poemas inspirados en sus propias experiencias homosexuales. En “El encuentro de David y Jonatán” escribe:
Allí junto a una encina antigua enorme y dura, Aferrándose a la roca firme con raíces nudosas y ásperas, Detuvo sus pasos; y en sus brazos con fuerza Tomó a David, y por amor doloroso encontró por fin Consuelo en el habla, la presión y la respiración. con que aventa la boca del anhelo Corazones sobrecargados por la expresión. En ese beso Alma con alma se entrelazaba y dicha con dicha.
El triángulo entre David, Jonathan y Saúl, el padre de Jonathan, cobró vida en el musical bíblico queer de 2020 “Beloved King” protagonizado por David (Felton Sparks a la izquierda) y Jonathan (Ben Freeman). (Foto deby Jonathan Beckley.)
El espectáculo resalta todos los matices homoeróticos de las Escrituras con una fiel adaptación y una intensidad emocional que conmueve el corazón y el alma.
“Beloved King” fue escrito por Jade Sylvan como uno de los requisitos para obtener una maestría en teología en la Harvard Divinity School. Sylvan ha ganado premios por escribir en diversos medios, incluido el New England Book Award por las memorias novelizadas de 2013 “Kissing Oscar Wilde.”
Las entradas para la primera ejecución de “Beloved King” se agotaron para marzo de 2020 en el Oberon Theatre de Harvard Square, Cambridge. Pero la noche anterior a la apertura tuvo que posponerse indefinidamente debido al aumento de la pandemia de COVID-19. Durante el cierre, Sylvan ocasionalmente pone a disposición el video final del ensayo general a través de fiestas de visualización en vivo.
La relación entre David y Jonatán se profundiza cuando cantan “Adoni” como puede verse en el video de la canción, un dueto cantado por Jonathan y David cuando se conocieron.
«Adoni» [Video musical oficial] de Beloved King: Un musical bíblico queer
El dúo comienza con Jonatán cantándole estas líneas a David poco después de que mató al gigante Goliat:
“Nunca he visto a nadie tomar y empuñar una piedra que luego derribó a un gigante. De pie casi desnudo, sin escudo, pero tan absolutamente desafiante, Por favor, toma mi capa, tienes que tener frío. ¿Has… llevado la espada de un hombre? Me alegraría (es decir, me sentiría honrado) si me mantuviera mi armadura y mi espada en tu mano…”
Para finalizar, aunque artistas de todas las épocas han tratado de captar el drama y la pasión de su historia, empezando por el momento en que David y Jonatán se reunieron, hay una hermosa versión romántica de su primer encuentro que aparece en un vitral en la Iglesia de San Marcos Portobello, una iglesia episcopal escocesa en la ciudad de Edimburgo. La inscripción dice: «El alma de Jonatán quedó ligada al alma de David» (1° Samuel 18.1).
Creado en 1882, el vitral tiene una dedicatoria en la parte inferior: «En memoria cariñosa de George Frederick Paterson Castillo de Huntly que murió en Portobello el 30 de septiembre 1890, a los 33 años.» Todo lo que se sabe acerca de Paterson es que estaba en el ejército y que era soltero. El vitral fue pagado por un «amigo«.
«David y Jonatán» según el vitral la Iglesia de San Marcos Portobello, Edimburgo, Escocia, 1882
Vitral de «David y Jonatán» (detalle) en la Iglesia de San Marcos Portobello, Edimburgo, Escocia, 1882
Por eso, aunque no hay guiones para usar en las ceremonias nupciales en la Biblia, los votos entre personas del mismo sexo entre David y Jonatán y Rut y Noemí proporcionan los mejores modelos bíblicos para los votos matrimoniales.
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MIÉRCOLES DE CENIZA, pero que vale para toda la Cuaresma
Mt 6,1-18
Desde tiempo inmemorial las religiones han ayudado a los seres humanos a superar infinidad de traumas, pero, mal entendidas, han desplegado otros muchos de los que nos tenemos que librar. Llevamos siglos intentándolo, pero se nos está haciendo muy difícil conseguirlo. Hoy estamos en un punto crucial. Ha cambiado nuestra manera de comprender el mundo. Conocemos los entresijos del corazón humano. Vamos tomando conciencia de que Dios no puede ser lo que pensábamos. Todo ello nos coloca ante un desafío desconcertante y único.
Dejar a Dios ser Dios sería el primer paso. Salir de la presunción de que sabemos lo que es Dios y lo que espera de nosotros sería el segundo. Dios es parte de mí y no alguien que se coloca en frente y, mucho menos, contra mí. Solo descubriéndole dentro de mí podré acercarme a Él. Nunca me impondrá nada desde fuera. Él es el fundamento de mi ser y ahí debe descubrir lo que soy en profundidad. Para ser realmente lo que soy debo desplegar mis relaciones con mi verdadero ser, con mi falso yo, con el resto de los seres humanos y con la naturaleza.
Debemos dar un cambio radical a la manera de afrontar la cuaresma. El Dios que está encantado de vernos sufrir tiene que ser superado. El Dios que exige vasallaje y está siempre controlando nuestras acciones no es el Dios de Jesús. El Dios que nos castiga con el infierno por no ayunar es un tirano. No nos damos cuenta del ridículo de un Dios que está pendiente de lo que como o dejo de comer. La necesidad de esfuerzo personal para no destrozarnos debemos buscarlo en otra parte. No se trata de una exigencia de un ‘Dios’ externo sino de nuestro propio ser.
Los tres temas clásicos de la cuaresma son en resumen formidable de todas las relaciones posibles del ser humano. Ayuno no significa solo ayunar, sino toda privación voluntaria en orden a superar la trampa del hedonismo. Oración no significa ponerse frente a un Dios que está fuera de nosotros, sino bajar a lo hondo de nuestro ser y descubrir allí lo que realmente somos. Limosna no significa dar a un pobre unas monedas o la ropa que íbamos a tirar a la basura, sino el ser capaces de salir de nosotros mismos e ir al otro para ayudarle a ser él mismo.
La motivación de nuestras actitudes no está en Dios ni en sus mandatos sino en la naturaleza de nuestra psicología. Los instintos grabados en nuestro ADN son los que pueden impedir nuestra auténtica realización humana. Pero no son exactamente los instintos; ellos son siempre buenos porque se han desarrollado para garantizar nuestra biología. Es la razón que puede tergiversarlos al pretender como bueno solo el placer o huir del dolor que su despliegue causa. La racionalidad me llevará siempre a buscar la potenciación de mi falso ser, no tiene idea de lo que soy.
El placer y el dolor son formidables medios que la evolución ha descubierto para garantizar la vida biológica. Nuestra razón puede tergiversarlos convirtiéndolos en fines y buscándolos por sí mismos. Aquí encontramos la clave de toda conversión. Buscar el placer o huir del dolor como único objetivo personal es la garantía de fracaso. Una vez que nos hemos sumergido en el desorden, es muy difícil recuperar la armonía perdida. Por eso es preciso el entrenamiento para restaurar el equilibrio.
Esto solo se puede conseguir a base de actos contrarios a los hábitos adquiridos. Si comiendo solo por placer he deteriorado mi salud, tengo que abstenerme de comer cuando no supone ningún desorden y así crear un hábito contrario al contraído. Pero incluso cuando no haya contraído ningún hábito pernicioso es conveniente privarse de algo para mantener el control y superar mi tendencia al hedonismo. En la vida espiritual también es imprescindible el esfuerzo personal para triunfar.
Si mis relaciones con Dios, conmigo mismo y con los demás no son las adecuadas será imposible desplegar mi verdadera humanidad. Tomar conciencia de esta realidad y no hacer sacrificios o penitencia es la verdadera finalidad de la cuaresma. Recordemos que metanoia no es penitencia sino cambio de manera de pensar para superar los errores que pueden hacer fracasar mi propia vida. El objetivo de la cuaresma debe ser aclararme y tener mejor conocimiento de mis posibilidades.
1 rescoldo
No eres solo ceniza Busca el rescoldo ardiente que ella esconde. Avívalo, que se convierta en fuego. La ceniza lo ha mantenido vivo, fuego vivo que me mantiene vivo y a partir de ella lo seguiré cuidando
2 Dios ágape
Dar el paso del dios fabricado al Dios de Jesús. No es un dios que premia y castiga. Ni siquiera es un dios que ama, Es el amor. El amor es su esencia. Ágape, que nos identifica con Él. Los discursos no sirven para nada. No se puede aprehender, hay que vivirlo.
3 lucha
Pongo en marcha estrategias concretas Y me preparo para una lucha a muerte. Dos fuerzas dentro de mí se contraponen. Entrenarme para alcanzar la meta sin ninguna obsesión por ser primero. Luchar contra las apariencias que me arrastran. Austeridad, Meditación y entrega. Ayuno, oración y limosna.
4 eres ola, eres mar
Descubro lo que soy en lo más hondo. No me inquietan mis fallos y fracasos. Dios sigue siendo el mismo para mí, pero de nada me sirve si lo ignoro Ser consciente de lo que soy en Él, para poder vivirlo. Descubro lo falso de mi ego y lo abandono
5 lo eterno y lo efímero
Que lo oculto de Dios se vuelva transparente. Que tu ego deje de ser el centro. Centrarme en Él y aprovechar su hondura. No dejarme llevar por lo instintivo. Despliega las posibilidades de infinito, no te dejes atrapar por lo caduco. Libérate del yugo de lo efímero
6 paz
Sentirme en armonía si ninguna zozobra, centrado en lo esencial nada puede inquietarme, no me afecta lo que pueda pasar fuera de mí. Afrontaré la adversidad con calma En cualquier circunstancia estaré en paz, nada podré alterar mi ser profundo.
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«El documento Fiducia supplicans del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, enfocándose en la inclusión de homosexuales y divorciados en la Iglesia católica, ha provocado reacciones adversas y, en algunos casos, de abierta insubordinación por parte de figuras eclesiásticas destacadas»
«En España, la Iglesia también ha mostrado reacciones mixtas, con acusaciones de un enfoque excesivamente rigorista y silencios significativos, particularmente notorios en la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y la Subcomisión para el Ecumenismo»
«Los críticos deberían reflexionar sobre su capacidad para amar a sus hermanos y hermanas en Cristo, ya que, según las enseñanzas cristianas, la incapacidad de amar al prójimo es también una incapacidad de ver a Dios»
«La pregunta persistente es: ¿Está la Iglesia de Cristo dispuesta a evolucionar en su comprensión y aceptación de la homosexualidad y el matrimonio entre personas del mismo sexo o transgénero, así como en su postura sobre el divorcio y el nuevo matrimonio en parejas heterosexuales?»
| Juan García Biedma. Ecumenista. Diácono de la Iglesia católica
Esta reflexión, que corresponde a un denso artículo, analiza el documento Fiducia supplicans’ del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, enfocándose en la inclusión de homosexuales y divorciados en la Iglesia católica. Se debate si la igualdad promovida por el bautismo y la fe se vive realmente, explorando las limitaciones impuestas a estas personas.
El enfoque del papa Francisco hacia estos grupos se destaca, promoviendo una valoración moral basada en no juzgar y perdonar, en ser compasivo en vez de inquisidor. Se discuten, algunos con saña e incluso cargados de una autoridad que no le corresponde, los desafíos en la implementación de estas iniciativas, consideradas incluso como de herejía, subrayando la necesidad de equilibrio entre fidelidad doctrinal e inclusión pastoral, teniendo en cuenta los aspectos evolutivos que se infieren tanto de la sociedad como de la Iglesia y su doctrina.
Introducción
La atención global a la relación entre homosexualidad y cristianismo resalta la necesidad de analizar y promover respuestas basadas en la igualdad conferida por el bautismo y la fe. Se cuestiona si la Iglesia asegura realmente esta igualdad y cómo algunas denominaciones restringen derechos basados en la orientación sexual.
En este contexto, el obispo de Roma, como autoridad máxima de la Iglesia católica, ha adoptado un enfoque de acercamiento hacia este colectivo históricamente segregado, estigmatizado y perseguido. Desde su posición pontificia, ha promovido una valoración moral cristiana basada en la enseñanza de no juzgar para no ser juzgados y perdonar para ser perdonados, como se cita en Lucas 6:37. Este enfoque se ha plasmado en el texto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, titulado «Fiducia supplicans» (Suplicando confianza).
Su publicación representa un paso adelante en el camino hacia una mayor inclusión y aceptación de la diversidad en la Iglesia. Al afrontar estos temas cruciales desde la óptica de la justicia, el amor y la misericordia, por fin se abre un nuevo horizonte tanto para la inclusión al interior de la Iglesia como para el desarrollo del ecumenismo, colocando la importancia en el acoger y respetar a todos los hijos de Dios en su diversidad y singularidad.
Ecumenismo y homosexualidad: Desafíos y avances en la Iglesia católica
El documento Fiducia supplicans marca un punto de inflexión en el tratamiento de la homosexualidad dentro de la Iglesia católica. Aunque representa un avance, al permitir bendiciones a parejas homosexuales y en situaciones irregulares, subraya que estas no deben interpretarse como un equivalente al sacramento del matrimonio. El documento propone una visión pastoral ampliada, enfocada en el respeto a la fe del pueblo y en el equilibrio entre doctrina y pastoral. Este enfoque, aunque progresista, plantea interrogantes sobre si la igualdad prometida por el bautismo y la conversión personal se materializa plenamente en la praxis eclesiástica, cuyo imperativo de esperanza es cambiar las posiciones que sirvieron para los primeros siglos por otras que reflejen el conocimiento más profundo del mensaje y acontecimiento cristiano. Esto implica modificar tanto el sacramento del matrimonio, derogando el carácter sacramental del mismo, y aceptando como matrimonio la unión entre homosexuales y divorciados.
En la Iglesia católica, la máxima autoridad ha respondido, aunque con cautela, sobre los derechos inherentes a todos los bautizados. Esta concesión, sin embargo, no modifica la doctrina del matrimonio, que sigue adherida a parámetros establecidos hace dos mil años. Tampoco considera una reinterpretación exegética de la Biblia que pudiera reformular la comprensión de la homosexualidad como un impedimento para entrar en el Reino de los Cielos (posición teológica de una mayoría de iglesias y de buena parte de católicos). La pregunta persistente es: ¿Está la Iglesia de Cristo dispuesta a evolucionar en su comprensión y aceptación de la homosexualidad y el matrimonio entre personas del mismo sexo o transgénero, así como en su postura sobre el divorcio y el nuevo matrimonio en parejas heterosexuales?
«La pregunta persistente es: ¿Está la Iglesia de Cristo dispuesta a evolucionar en su comprensión y aceptación de la homosexualidad y el matrimonio entre personas del mismo sexo o transgénero, así como en su postura sobre el divorcio y el nuevo matrimonio en parejas heterosexuales?»
El papa Francisco, conocido por su enfoque hacia los oprimidos y marginados, promueve una interpretación del Evangelio que es relevante y profundamente significativa en el contexto moderno. Su liderazgo enfatiza la contextualización de la fe, manteniendo intactas sus verdades fundamentales. Un cambio en la perspectiva sobre la familia y el sacramento del matrimonio, bajo su guía, no necesariamente implica una alteración de estas verdades fundamentales, sino más bien una adaptación a las realidades y necesidades contemporáneas.
La actualidad demanda una reflexión más profunda sobre cómo las distintas tradiciones cristianas pueden abordar conjuntamente estos desafíos, promoviendo un diálogo ecuménico enriquecedor que una en la diversidad, la misericordia y el amor. La Iglesia se encuentra ante la encrucijada de adaptarse a un mundo en constante cambio, manteniendo al mismo tiempo la esencia de su mensaje. La clave reside en encontrar un equilibrio que honre tanto la tradición como las transformaciones sociales actuales.
«La Iglesia se encuentra ante la encrucijada de adaptarse a un mundo en constante cambio, manteniendo al mismo tiempo la esencia de su mensaje»
Análisis del impacto de «Fiducia supplicans» y las respuestas eclesiales
La declaración, aunque representa un paso progresivo y compasivo en la inclusión de parejas en situaciones irregulares, ha desencadenado una variedad de respuestas dentro de la Iglesia católica, evidenciando un choque entre la misericordia y el rigorismo doctrinal. Su enfoque en bendiciones breves y espontáneas, que no buscan justificar o aprobar dichas situaciones, resuena con la doctrina de la misericordia y el amor, principios esenciales para ser «hijos del Dios de Jesús».
Sin embargo, esta medida ha provocado reacciones adversas y, en algunos casos, de abierta insubordinación por parte de figuras eclesiásticas destacadas. La resistencia al documento ha sido notoria entre ciertos cardenales, como Müller y los africanos Ambongo y Sarah, con este último llegando al extremo de acusar al papa Francisco de herejía. Este nivel de oposición, que roza el integrismo, es especialmente preocupante, considerando que estos líderes, por su orientación ultramontana, deberían ser los primeros en defender al Pontífice.
«Este nivel de oposición, que roza el integrismo, es especialmente preocupante, considerando que estos líderes, por su orientación ultramontana, deberían ser los primeros en defender al Pontífice»
En España, la Iglesia también ha mostrado reacciones mixtas, con acusaciones de un enfoque excesivamente rigorista y silencios significativos, particularmente notorios en la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y la Subcomisión para el Ecumenismo.
La falta de pronunciamiento de estas entidades, especialmente cuando están encabezadas por personalidades como Rafael Vázquez, conocido por su compromiso con el ecumenismo y el diálogo interreligioso, es llamativa y debería sancionarse con su cese, pues la grave situación exige una defensa firme de Francisco ante acusaciones infundadas de herejía y desobediencia.
«En España, la Iglesia también ha mostrado reacciones mixtas, con acusaciones de un enfoque excesivamente rigorista y silencios significativos, particularmente notorios en la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y la Subcomisión para el Ecumenismo»
El documento ha suscitado reacciones diversas, desde la oposición de algunos obispos africanos hasta el apoyo de líderes en Roma, evidenciando una iglesia en conflictoentre el avance hacia la inclusión y la adherencia a interpretaciones tradicionales. Estos desacuerdos reflejan un desafío más amplio en la Iglesia: cómo reconciliar la doctrina con las necesidades y realidades contemporáneas.
«Estos desacuerdos reflejan un desafío más amplio en la Iglesia: cómo reconciliar la doctrina con las necesidades y realidades contemporáneas»
Ante los ataques y desafíos a los que se enfrenta el papa Francisco, tanto por parte de eclesiásticos como de seglares, es imperativo recordar el mandamiento fundamental del cristianismo: el amor al prójimo. Los críticos deberían reflexionar sobre su capacidad para amar a sus hermanos y hermanas en Cristo, ya que, según las enseñanzas cristianas, la incapacidad de amar al prójimo es también una incapacidad de ver a Dios.
El próximo miércoles, 14 de febrero, comienza, para quienes amamos la espiritualidad cristiana, es decir la austeridad y la esperanza, el tiempo litúrgico de la Cuaresma. Cuarenta días para renovarnos en nuestro interior, sobre todo, y también en nuestras actitudes y relaciones. Es un tiempo muy especial que nos limpia de tanto como nos sobra, nos estorba y nos perjudica. Es un tiempo de gracia, en el sentido de encontrar la presencia vivificante del Dios viviente, el Abba de Jesús de Nazaret.
También podemos encontrarle como mamá querida o amigo fiel o compañero inquebrantable de camino o esposo/esposa tierno y cercano, o lo que es lo mismo, como vida nuestra. Alguien que nos cambia la vida en lo más profundo y nos hace felices como sólo El puede hacer feliz. Os invito, pues, a que nos pongamos en camino hacia la Vida con mayúscula. Es lo mejor que nos puede ocurrir en la existencia aquí en este planeta llamado Tierra.
Un poeta contemporáneo Miguel Ángel Mesa, amigo mío y bloguero aquí en Religión Digital, se ha preguntado si el Ayuno y la Abstinencia son piezas arqueológicas. Y él mismo responde así:
… Y si el ayuno y la abstinencia tuvieran un sentido traducido a nuestros días.
… Y si hay algo más que lo que ha quedado de cambio de carne por pescado.
… Y si para notar la falta o echar de menos a alguien apago el móvil, un buen rato.
… Y si cuando llego a casa no conecto inmediatamente la televisión.
… Y si, por un día, “ayuno” de información indiscriminada a todas horas.
… Y si en mi lista de compras de cada día suprimo algo innecesario y eso que me iba a costar lo comparto con un pobre.
… Y si abro el ordenador para ver los correos, mañana, y hoy le escribo una carta a mano –de las de antes- a esa persona que está necesitando una palabra de consuelo.
… Y si me siento cinco minutos a no hacer nada.
… Y si escucho atentamente a mi hijo contándome lo que le ha pasado en el “cole”, como si no tuviera ninguna otra cosa que hacer en el mundo.
… Y si dedico otros cinco minutos más a pensar.
… Y si no me llevo el coche al trabajo y me llevo un libro de formación religiosa al autobús.
… Y si “me abstengo” de charlas de café en las que parece vamos arreglar el mundo.
… Y si me compro un ramo de margaritas amarillas y admiro sin prisa lo bonitas que son.
… Y si antes de empezar o de acabar el día, dedico un rato a la oración o a la meditación, dando gracias a Dios porque soy yo y estoy aquí.
… Y si, verdaderamente, el ayuno y la abstinencia fueran algo más que un par de “piezas arqueológicas” como las que se exponen en los museos, que nos recuerdan valores y formas pasadas.
…Y si, resulta, que tienen una significación para el mundo de hoy, en el que estamos saciados de todo y nos viene bien echar de menos -¿qué… la carne, el pescado, un poco de dieta?-, no, echar de menos el cariño y el amor que necesitamos todos y no acabamos de compartirlo.
… Y si, después de unos días (40 pueden ser, eso dura la Cuaresma) de esta nueva forma de “ayuno y abstinencia” nos encontramos más ágiles, menos estresados, más contentos, además de confiados y atentos a nuestro interior y al de los demás… ¿será algo así el inicio de un camino de conversión?
Estamos llamados a convertirnos en personas felices, que es lo que Dios quiere. ¡Ojalá el ayuno y la abstinencia nos ayuden a descubrir quiénes somos y creer en el milagro de que podemos ser felices si nos lo proponemos¡
Otra vez, un año más, la Cuaresma nos sale al encuentro y nos invita a comenzar un camino nuevo. ¿Un camino nuevo o el mismo del pasado año?
Si no dejamos que la Cuaresma, cada año, nos cambie la vida, somos como el árbol del camino que nadie poda, cada día más viejo, hasta que el rigor del invierno le deje sin hojas para siempre. Necesitamos la poda de Dios cada año que haga surgir en nosotros la savia nueva de la vida, de la fe, de la esperanza. Es tiempo de poda. Estamos aquí como pobre ceniza para ser de nuevo encendidos por las ascuas del Espíritu. Cuaresma ha de ser cambio en nuestra vida o no es nada, simple ceniza que se lleva el viento. Desde la Palabra de Dios nos gritan apasionados los profetas; desde los acontecimientos de la vida oímos el grito incesante que nos invita a no cruzarnos de brazos; desde el fondo del corazón oímos la denuncia siempre hiriente que nos invita a vencer la monotonía y a declararle la guerra a la vulgaridad, al vacío, al hastío…
Pero un año y otro nos hacemos sordos a tantos gritos y decimos como el poeta Lope de Vega: “Mañana le abriremos, para lo mismo responder mañana”.
¿No es verdad que hay síntomas que nos recuerdan que el camino por donde vamos no es siempre el camino de Dios? En realidad parece que Dios no nos hace demasiada falta; los problemas de cada día se solucionan más bien con salud, dinero y trabajo. Y a Dios lo tenemos encerrado en alguna que otra oración, en alguna misa de vez en cuando, y en la iglesia que para eso está. Y lo sentimos cada vez más lejano, cada día más extraño, hasta acostumbrarnos a vivir sin Él. Como tantos hijos hacen con sus padres en la ancianidad. Tal vez Dios es ya un anciano achacoso y por eso lo hemos metido en el asilo del olvido. Eso sí, lo visitamos de vez en cuando para que luego no digan…
Pero Él, una y otra vez, nos convoca y nos llama, desde el fondo del propio corazón. Porque cuanto más cosas tenemos, más grande se hace la distancia que nos aleja del verdadero sentido de la vida. ¿Somos hombres y mujeres para tener o más bien para ser?
La felicidad no está enlatada en los supermercados del barrio; más bien es una tarea, una conquista del alma, que hemos de emprender cada día. Y Dios tiene mucho que ver con la felicidad. Nos ha entregado a su Hijo para que veamos claro el Camino, para que descubramos la Verdad y saboreemos la Vida. Este es el reto que tenemos delante en esta cuaresma de Pandemia. Vivir para ser, creer para avanzar, amar para descubrir a Dios en los quehaceres de nuestra propia existencia, cuidarnos para cuidar a los otros.
Está muy bien rociarnos de ceniza como símbolo de pequeñez y humildad; pero vale más un gesto de perdón a quien me ha ofendido que diez camiones de ceniza.
Está muy bien una limosna en tiempo de cuaresma como signo de caridad y de conversión, pero vale más un compromiso de luchar por la justicia, una actitud desprendida y en lucha constante contra el consumismo inútil, que mil limosnas de lo que nos sobra.
Está bien ayunar de vez en cuando, como manda la iglesia, para sentirnos solidarios con los pobres y descubrir el sacrificio de los que ayunan todos los días por obligación, pero vale más ayunar de egoísmos, de odios, de avaricias, de mentiras, de zancadillas y de indiferencia que dejar de comer cuatro filetes de carne los viernes cuaresmales.
Está bien encender una vela como signo de oración al Dios que es luz de los hombres, pero vale más encender una sonrisa, una palabra de ánimo, una mano tendida a un enfermo, un saludo cariñoso al vecino al que no tragamos, que mil velones ante el sagrario.
Porque el sagrario más hermoso de Dios son sus hijos, los hombres. La limosna más generosa, el amor que ponemos en lo que hacemos. El ayuno más austero, la lucha contra el pecado y la oración más auténtica la celebración gozosa de la Eucaristía, cada domingo, donde Dios se reparte y se comparte para todo el que quiera sentir su presencia y su ternura. En la iglesia, con todos los creyentes, en familia; Dios, el padrazo, disfruta contemplando a todos sus hijos reunidos y en fiesta. Nos vamos sintiendo redimidos a medida que amamos.
He aquí la cuaresma que empezamos. No es tiempo para darnos golpes de pecho, sino golpes de ánimo. No es tiempo para andar cabizbajos sino más bien para calentar motores y ponernos en camino. No es tiempo para la tristeza, que sabemos muy bien que Dios anda entre nosotros, que nos ha regalado a su hijo, y esto hay que celebrarlo.
Estábamos perdidos y Dios nos ha encontrado a través de su hijo querido.
Góngora nos lo dice hermosamente:
Oveja perdida, ven Sobre mis hombros, que hoy No sólo tu pastor soy, Sino tu pasto también.
Por descubrirte mejor Cuando balabas perdida, Dejé en un árbol la vida, Donde me subió el amor; Si prenda quieres mayor Mis obras hoy te la den.
Oveja perdida, ven Sobre mis hombros, que hoy No sólo tu pastor soy, Sino tu pasto también.
Pasto al fin hoy tuyo hecho, ¿cual dará mayor asombro, o el traerte yo en el hombro, o el traerme tú en el pecho? Prendas son de amor estrecho Que aún los más ciegos las ven.
Oveja perdida, ven Sobre mis hombros, que hoy No sólo tu pastor soy, Sino tu pasto también.
Comentarios desactivados en El martirio de los católicos que desafiaron a Hitler en nombre de la conciencia
En el nuevo libro del periodista Francesco Comina, «La lama e la croce«.
Titulado «La lama e la croce» (La espada y la cruz), el nuevo libro del periodista Francesco Comina, publicado por la Libreria Editrice Vaticana, narra las historias de algunas personas decapitadas por oponerse al nazismo bajo la presión del Evangelio
«Son historias que hay que contar a los jóvenes para que se conviertan en intérpretes de una memoria viva»
«Se trata de religiosos, laicos, jóvenes, mujeres que tuvieron el valor de decir un ‘no’ tajante a aquel sistema»
| Eugenio Bonanata
(Vatican News).-Las historias que el periodista y escritor Francesco Comina relata en su último libro «La lama e la croce» (La espada y la cruz), publicado por la Libreria Editrice Vaticana, tuvieron lugar principalmente en la Alemania nazi. «Historias y martirios de católicos que desafiaron a Hitler en nombre de la conciencia», reza el subtítulo que aclara el contexto de la narración. «Se trata de religiosos, laicos, jóvenes, mujeres que tuvieron el valor de decir un ‘no’ tajante a aquel sistema», señala el autor. «Actuaron«, añade, «en nombre de una fe y un Evangelio arrojados a las cunetas de la Historia».
Héroes desconocidos para la historia
Algunos nombres se han hecho bastante conocidos. Entre ellos están el granjero austriaco Franz Jägerstätter y el miembro de la Acción Católica alemana Josef Mayr-Nusser, ambos beatificados por la Iglesia. Pero hay cientos o quizá miles que aún permanecen en la sombra: «Historias aún enterradas en la memoria del antinazismo en Alemania», señala Comina, reflexionando sobre las causas de este olvido. «Es una pregunta que como intelectuales nos hacemos», explica. «Algunos acontecimientos, como los del grupo de resistencia ‘Rosa Blanca’, tuvieron la suerte de cruzarse con intelectuales de primera fila de la talla de Romano Guardini y Thomas Mann. Otros, en cambio, no han encontrado personas que se hayan ocupado de ellos, por lo que aún queda mucha memoria que cultivar, estudiar, interpretar e investigar. Esta«, repite, «creo que es la tarea de los historiadores de nuestro presente».
«‘Algunos nombres se han hecho bastante conocidos … Pero hay cientos o quizá miles que aún permanecen en la sombra: Historias aún enterradas en la memoria del antinazismo en Alemania’, señala Comina, reflexionando sobre las causas de este olvido»
Siguiendo los criterios de investigación y narración, la autora investigó estas historias a partir de diversas publicaciones. «Recogí todo de fuentes alemanas, como panfletos y folletos. Fue un trabajo de excavación: busqué documentos que ya habían salido a la luz, pero siempre para círculos reducidos, nunca traducidos al italiano y, por tanto, en gran parte desconocidos». Así surgió con más claridad el carisma de algunos sacerdotes guillotinados: el sacerdote pacifista Max Josef Mezger y el religioso palotino Franz Reinish. Por casualidad, en cambio, se conoció al padre Heinrich Dalla Rosa, un sacerdote antinazi de Lana, en la provincia de Bolzano, que también fue decapitado (en Austria, en 1945) por su oposición al régimen. “Al entrar en una iglesia cerca de Merano», explica Comina, «vi que había una placa conmemorativa de esta figura y me puse a buscar». Pero en el Tirol del Sur no se sabe casi nada de esta historia«.
Fe y espalda recta
Los testimonios son todos muy sólidos. «El elemento que las une -continúa el autor- es el hecho de que anteponen la defensa de su conciencia y los valores de su fe». Lo dice claramente la biografía de una de las mujeres narradas en el libro, Eva-Maria Buch, una berlinesa de 21 años que acabó en la horca junto a algunas de sus compañeras por sus actividades de resistencia dentro de la organización etiquetada por los nazis como «Rote Kapelle» (Orquesta Roja).
«La joven -cuenta el escritor- no deja de repetir las Bienaventuranzas y el valor de la gratitud mientras va al encuentro del verdugo. Y en una carta a sus padres, escribe que muere feliz por haber vivido esta historia con dignidad y valentía, afirmando también que está dispuesta a hacerlo todo de nuevo».
Mirando a los jóvenes
El volumen adquiere un significado especial con vistas al Día del Recuerdo de 2024. Comina mira en particular a las nuevas generaciones al hablar de la gira de presentación del libro, que tocará varias ciudades, empezando por Trentino y Véneto. “Son historias que hay que contar especialmente a los jóvenes», afirma, «para que se conviertan en intérpretes y promotores de una memoria viva».
«Hay que dar a conocer que en la época oscura del nazismo hubo personas -muchas eran jóvenes- que sintieron la desconexión radical entre la realidad y el Evangelio«
El mensaje es claro: hay que dar a conocer que en la época oscura del nazismo hubo personas -muchas eran jóvenes- que sintieron la desconexión radical entre la realidad y el Evangelio. «Vivieron totalmente para los demás, afirmando con fuerza y valor civil ‘mi vida vale la pena si vale la pena la vida de los demás’. Y han antepuesto una conciencia llena de valores, testimoniando que frente a leyes consideradas injustas existe el derecho a objetar». Impulsados por «un Evangelio vivido como práctica de liberación del mal», repite Comina, «acabaron en la guillotina: la solución del régimen de Hitler para eliminar a las cabezas pensantes de un país».
«Comina: ‘Impulsados por un Evangelio vivido como práctica de liberación del mal, acabaron en la guillotina: la solución del régimen de Hitler para eliminar a las cabezas pensantes de un país'»
Hoy, miércoles de Ceniza, que marca la entrada en la Cuaresma se nos invita a volvernos totalmente a Dios y tomar el camino que nos llevará a la Pascua, para revestir con Cristo la posesión del Resucitado. Y cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio”… Conversión no es sino retomar el rumbo, encontrar el camino, hacer realidad el mandato de Jesús, único mandato en realidad: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús…
40 días que se nos dan para seguir un camino:
Ruta de conversión
Camino de fe
Ruta de confianza
Camino de Resurrección.
Es en la oración, el ayuno y el compartir con discreción y humildad a imagen de nuestra comunidad que Dios nos llama a tomar nuestro bastón de peregrino.
¿Y si en el camino me dejo buscar por Cristo?
¿Y si en el camino me dejo mirar por Cristo?
¿Y si en el camino me dejo amar por Cristo?
¿Y si en el camino me dejé servir por Cristo?
Entonces podría amar como Él.
Podría servir como Él.
Muéstrame Señor el camino del Amor para que la mañana de Pascua, en la alegría del encuentro yo reconozca al Resucitado.
Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser […].
El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.
La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la “ausencia de pasiones”, un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor.
*
K. Ware, Diré Dio ogg’i. Il cammino del cristiano,
Magnano 1998, 182-185 passim.
Carmen Herrero Martínez,
Fraternidad Monástica de Jerusalén, Tenerife
ECLESALIA, 27/02/17.- Con la celebración del Miércoles de Ceniza, comenzamos una nueva Cuaresma. Tiempo de gracia, de conversión y de misericordia, por parte del Padre bueno que constantemente invita a sus hijos al banquete de la Pascua. Pues, Cuaresma es un caminar con alegría y jubilo hacia Pascua, la resurrección de Cristo y nuestra propia resurrección.
Pero, ¿cómo conducirse por este camino que durante cuarenta días nos lleva a la Pascua? Y, ¿qué provisiones tomar para llegar a resucitar con Cristo y vivir en plenitud la vivencia pascual?
Debemos conducirnos con dignidad, esa dignidad que nos viene de ser lo que somos: hijos e hijas de Dios, amados del Padre desde toda la eternidad, salvados en su Hijo. Desde esta convicción y certeza caminaremos con gozo y los obstáculos y dificultades del camino podrán ser superados; porque no caminos solos, sino con Aquel que es nuestro Camino: Jesús. En él pongo toda mi esperanza, él es mi fortaleza, mi energía y dinamismo que me lleva a caminar con paso firme y ligero a su lado; siempre mirando hacia adelante, sin volver la vista atrás, apoyando mis pasos sobre sus pasos.
¿Qué provisiones poner en mi mochila para este camino de cuarenta días?
La primera condición es que mi mochila tiene que estar muy ligera de peso para que no sea un obstáculo al caminar. Entonces mi primera disposición es la sobriedad.
De qué sobriedad se trata: sobriedad en tus deseos, pensamientos, sueños y fantasías. La sobriedad te lleva a revenir a tu propia realidad concreta, y esto pasa por la conversión. ¡Déjate convertir!Evangelizar las zonas más profundas de tu corazón; es decir, deja que la gracia de la cuaresma entre en ti y te reconstruya desde el interior. Seguro que, si logras hacer esta experiencia, tu caminar será más ligero y rápido, tu alegría mayor y tu esperanza infinita.
La sobriedad te lleva a la verdad. Vivir en verdad, hacer la verdad en tu vida. “la verdad os harás libres” (Jn 8, 32). Y, ¿qué es la verdad? La verdad es Cristo, conocer a Cristo nos lleva a hacer la verdad en nuestra vida, pues no podemos conocer a Cristo y vivir en la mentira, en el pecado, el desorden, la esclavitud de tantos ídolos como nos acechan. La cuaresma, ante todo, tiene que llevarte a un mayor conocimiento de Jesucristo, a rechazar con energía todo ídolo que se te presente y se anteponga al amor a Jesús y a vivir en verdad y libertad.
El conocimiento de Jesús te lleva al amor y el amor a la identificación. La cuaresma tienen que ayudarnos, a nosotros los cristianos, a identificarnos cada vez más con Cristo, y a partir de esta identificación podremos vivir esta muerte y resurrección que nos conduce a la Pascua.
Desde este conocimiento, amor e identificación con Jesús; las cuatro características propias de cuaresma serán la necesidad del: desierto, la oración,el ayuno yla limosna; en nuestro lenguaje actual, el compartir, el ayudar a nuestros hermanos necesitados, manifestada de mil maneras….
– Desierto: Vivir el desierto no como una ascesis sin alma, sino como una necesidad para estar asolas con Aquel que se me ama y quiere entablar una relación de amor conmigo: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Oseas 2,4). Retirarse al desierto como necesidad de escucha amorosa y de estar a solas con Dios. Descubrir la mística del desierto, no quedarse solamente en la austeridad que implica el desierto, ésta es real, pero la mística es superior.
– Oración: La oración es el fruto del desierto, “acostumbrarse a soledad es gran cosa para la oración” dirá Teresa de Jesús. El desierto nos conduce a la escucha, la escucha al amor y el fruto del amor es la oración que transforma y une con el ser Amado. La oración que le agrada al Señor, es la oración de un corazón sosegado, acallado, unificado; abierto a acoger su Presencia y a vivir en su intimidad. No todos podemos retirarnos al desierto como lugar geográfico para orar; pero si podemos retirarnos, y debemos retirarnos, al desierto de nuestro propio interior. Pues el desierto no es la ausencia de las personas, sino la presencia de Dios. Y orar es vivir en su presencia.
– Ayuno: El ayuno es esencial en el seguimiento de Jesús, y también para vivir una relación, justa y armoniosa entre mi yo y las cosas. No dejándome poseer por ellas ni tampoco quererlas poseer. La justa relación con las cosas, y los alimentos, consiste en reconocer con gratitud su valor, su necesidad, y como dice san Ignacio de Loyola. “Las cosas se usan tanto en cuanto me ayudan al fin perseguido”. El saber privarse, sentir la necesidad y hasta el hambre material, nos lleva a la libertad y a valorar las cosas que Dios ha creado para nuestra necesidades; y a pensar en tantos hermanos nuestros como carecen de lo más esencial, en parte por el mal uso que hacemos de los recursos de la naturaleza; del acaparamiento y la posesión desmesurada. Ahí tendría que ir orientado nuestro ayuno.
Y siendo muy importante esta orientación del ayuno material, él debe de conducirnos mucho más lejos, a ese otro ayuno del yo que es el que realmente nos quita la libertad, nos esclaviza y nos impide ver al hermano con amor. Como le pasó al rico de la parábola de Lázaro (Lc 16, 19-31). Su pecado no está en que fuese rico, sino en que ignoró a su hermano en necesidad. Vivía al margen de Dios y como consecuencia no reconoció a su hermano. El papa Francisco en su mensaje de Cuaresma dice: “toda persona es un don”. El ayuno de mi yo me lleva a reconocer el tú de mi hermano, y juntos caminar hacia la Pascua.
– Compartir: el compartir nos lleva al despojo, a la generosidad, a la pobreza evangélica; y, sobre todo, a tener en cuenta al hermano más necesitado. Quien sabe compartir nunca se empobrece, antes bien, se enriquece con creces. La sagrada Escritura nos lo certifica; pero también la vida misma. “El que siembra escasamente, escasamente cosechará; y el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. Cada uno dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, porque Dios ama al que da con alegría” (2 Cor 9,6-7).
Quiero terminar con las palabras del papa Francisco en su mensaje de Cuaresma: “El cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor”. Y si crezco en la amistad con el Señor, creceré también en el amor ami mi hermano, y unidos celebraremos la Pascua, la plenitud de la vida cristiana-
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
Porque eso sí que lo se, existe un punto
todo él imán para absorber las glorias
nacidas milagrosas de aquél fuego,
tanto después de la primera brasa,
tanto después de olvidar el camino.
Se le acerca un leproso, suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: “si quieres, puedes limpiarme”. Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: “quiero, queda limpio” y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: “Mira, ni digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio”. Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentare en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios y acudían a él de todas partes (Mc 1,40-45).
Hay muchos relatos de curación en los evangelios y este es uno de los más conocidos. Sin embargo, casi siempre el texto se toma al pie de la letra, pensando en la enfermedad física curada por Jesús y no se pasa al plano de su significado. Las enfermedades en esos tiempos se consideraban castigo de Dios y, enfermedades como la lepra, añadían la connotación de impureza que exigía la exclusión del individuo de todos sus entornos. Es importante hacer esta aclaración para entender bien el texto.
Jesús pone en marcha el reino de Dios curando enfermos para mostrar la inclusión, acogida, misericordia que Dios trae. El énfasis no está en la salud física sino en las consecuencias sociales y religiosas de la enfermedad. Es interesante que Jesús “toca” al leproso. Al tocarlo, Jesús queda impuro como el leproso y, aunque el texto no hace alusión a esto, conociendo el contexto bien puede señalarse. Es decir, Jesús no tiene miedo a “mancharse o herirse” -como invita el papa Francisco a la Iglesia para ser en verdad una Iglesia en salida-, con tal de que el reino de Dios se haga realidad entre los suyos.
El leproso es el quien pide a Jesús que lo limpie -es decir lo libre de la impureza ritual que su enfermedad significa- y la respuesta de Jesús es más que un prestarle atención. El texto dice “compadecido”, o sea, la situación del leproso afecta a Jesús desde “sus entrañas”, “se conmueve” y, precisamente, por esa capacidad de sentir con los otros, no duda en responder a su petición. Es tan verdadera y sincera está actitud de Jesús que “al instante”, señala el texto, el leproso quedó limpio. No se está hablando de tiempo cronológico simplemente sino de transformación de la situación, de inclusión decidida y sin reparos a aquel que todos colocaban al margen, en nombre de Dios.
Muy distinta es la realidad eclesial en algunos contextos. ¡Cuánta duda para ofrecer las bendiciones a todos! ¡Cuántos escrúpulos y temores y preguntas de si lo merecen o no! Esta manera de actuar es muy distinta a la que tuvo Jesús y a la dinámica de la misericordia infinita que supone la buena noticia que hemos de comunicar.
Jesús manda al leproso a presentarse ante el sacerdote para que lo libere “institucionalmente” de la exclusión que pesaba sobre él y le pide no decirlo a nadie más. Pero ha sido tal la liberación experimentada que no consigue mantenerlo en secreto. Por su parte, Jesús prefiere no quedar tan visible para poder seguir su misión porque le interesa comunicar la misericordia infinita de Dios sin quedar atado a los halagos de la multitud.
Conviene pensar qué buena noticia estamos llamados a anunciar a todos aquellos que también hoy viven la exclusión, incomprensión o rechazo en nombre de Dios. Bajo una supuesta “pureza” exigida a nuestros contemporáneos se esconden tantos juicios que nada tienen que ver con el amor de Dios. Ojalá miremos a Jesús y aprendamos a realizar la misión como Él la realiza. Hoy en día no se necesitan guardianes de las normas sino constructores de inclusión, acogida y respeto a la diversidad y pluralidad de nuestro mundo que, la mayoría de veces, no significa pérdida de valores sino apertura a la riqueza del ser humano -imagen y semejanza de Dios- que excede en mucho nuestras comprensiones y pequeños entornos.
(Foto tomada de: https://www.dominicaslerma.es/home-2/rincon-para-orar/1303-jesus-cura-a-un-leproso.html)
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Reflexionando acerca de Marcos 1, 40-45:
Tardecita de la Umbría
en un mes de primavera
huele el viento a menta fresca,
a viñedos, a hojas nuevas,
a granados florecidos
y a rocío entre la hierba.
Por un camino musgoso
que hacia Asís derecho lleva,
va Francisco Bernardone
de regreso de una fiesta,
silencioso y pensativo,
con su alazán de la rienda.
Gusta de andar, paso a paso,
en la penumbra creciente,
y una emoción nueva y pura,
entre su pecho se enciende,
como una rosa purpúrea,
que lo perfuma y lo hiere.
Tristeza que no se explica,
dulzura desconocida,
desgano de lo que era
hasta ese instante su vida,
entretejida de fiestas
y de mundana alegría.
Mozo gallardo es Francisco,
rico, elegante, lujoso,
galanteador de doncellas,
culto y fino como pocos.
¿Por qué ese hastío que llega
a morderle como un lobo?
¿Por qué tan joven ya siente
que sus caminos son otros?
Hace mucho que unas voces
entre sus sueños le hablan
con acentos misteriosos
que no precisan palabras,
y anda intranquilo Francisco
sin comprender qué le pasa.
Y esa tarde, tan inquieto,
que dejó temprano el baile,
va por la senda ya en sombras
pensando en cosas distantes.
Paso a paso va Francisco,
paso a paso su caballo,
y una dulzura sin nombre
desciende desde lo alto.
Paso a paso anda Francisco,
triste, intranquilo, callado.
De pronto, desde el ribazo
se alza una voz plañidera:
-¡Dadme, por Cristo, una ayuda
antes que de hambre me muera!
Sorprendido paró el mozo,
miró hacia abajo asombrado,
y vio una cara de monstruo
surgiendo junto al vallado.
Y una mano tumefacta,
terrible mano leprosa,
le interceptaba el camino
tendida hacia la limosna.
Hurgó bolsillos y cinto,
abrió la bolsa vacía,
en tanto la boca horrible
desesperada gemía:
-¡Ved, señor, cuanta miseria!
¡Qué interminable agonía!
¡Dios prueba a sus criaturas
en esta tierra de Umbría!
Ni una moneda quedaba
en la escarcela de seda.
Francisco cerró los ojos
pensando en otras monedas
de mayor valor que aquellas
con que pagaba sus fiestas.
Y de súbito inclinóse,
tomó entre sus manos finas
la enorme cara monstruosa
toda de llagas roída,
y un beso, signo celeste,
puso en su horrenda mejilla.
Dio el mendigo un alarido,
mezcla de sollozo y risa
de asombro y deslumbramiento
de gratitud y de dicha,
y palpándose extasiado
la mejilla carcomida,
gritó: -¡Señor, este beso,
Dios en su reino os lo pague!
sólo un divino elegido
limosna tal pudo darme.
Y del rostro de Francisco,
en la noche ya caída
una luz como de aurora
resplandeciente fluía,
en tanto un olor a nardos
por los aires se esparcía,
y un ángel, sin que él le viera,
en la sombra le seguía.
Continuó andando Francisco
sin saber lo que pasaba.
Era feliz como nunca
pensó que a serlo llegara.
¡Y sintió que en ese instante
toda su vida cambiaba!
San Francisco, San Francisco,
que diste un beso al leproso,
¡Cuán grande eres por ello!
¡Cómo eres bello y heroico!
¡Oh San Francisco de Asís,
dulce misericordioso!
Las lecturas litúrgicas de hoy para el VI Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.
En la primera lectura de Levítico de hoy, los israelitas continúan su viaje de 40 años por el desierto. Algunos de ellos desarrollaron lepra, por lo que, para mitigar una mayor propagación, cualquier persona sospechosa de tener esta enfermedad era considerada impura y era obligada a vivir fuera del campamento.
Hasta la década de 1960, quienes padecían la enfermedad de Hansen (lepra) se veían obligados a vivir en colonias, fuera de la sociedad, rechazados por miedo y por creer que era el mejor curso de acción para que la mayoría no se infectara. Las personas con lepra se mantendrían al margen y, en muchos sentidos, invisibles.
Al comienzo del evangelio de Marcos, un leproso se acerca a Jesús y le ruega ser curado. Al hacerlo, la persona enferma viola todas las normas sociales al entrar en contacto directo con alguien que no estaba enfermo. Jesús toca a esta persona «inmunda» y limpia al leproso. Jesús pide el anonimato mientras le dice a la persona que siga la ley judía: “No se lo digas a nadie, sino ve al sacerdote”. El sacerdote era la única persona que podía volver a declarar limpio al leproso.
Más importante aún, Jesús sabía que, al tocar a una persona impura, inmediatamente quedaría impuro, ya no podría entrar en ninguna ciudad y se vería obligado a permanecer fuera de la sociedad, en los márgenes. Marcos insiste en enfatizar que, a partir de ese momento, Jesús vivió en lugares desiertos, fuera de la sociedad y, sin embargo, gente de todas partes buscaba a Jesús.
Este es el mismo lugar donde a menudo encuentro a Jesús: conmigo, en los márgenes, con tantos otros que buscan sanación y plenitud. Es aquí donde soy plenamente abrazado por el Dios de los pobres, un Dios que me acoge a mí y a todos los que conocen el sentimiento de anhelo de conexión.
Como persona del espectro LGBTQ+ que vive en los márgenes, descubrí que esta es una posición privilegiada. Puedo vivir “en la sociedad en general” pero, en verdad, hacerlo me sentiría mal. He tenido la experiencia de no ser aceptada simplemente porque fui creada lesbiana. No quiero ser parte de una sociedad que siente que tiene derecho a imponer condiciones a la creación de Dios.
Si bien soy obviamente parte de la sociedad en general y elijo ser parte de la Iglesia católica que realmente amo, no estoy controlado por su búsqueda malsana de poder. Al vivir fuera de su alcance, en los márgenes, puedo apreciar la vida que me rodea mientras camino y disfruto de mis compañeros, quienes también han sido juzgados como una amenaza a un retorcido sentido de seguridad o al percibido “bien común”.
Quienes viven hoy en los márgenes no son contagiosos como en los tiempos de Moisés y, sin embargo, seguimos siendo tratados como tales. Con demasiada frecuencia, se nos trata como la fuerza «invisible» que amenaza, en lugar de las bendiciones creativas y diversas que Dios ofrece a un mundo en dificultades. Prohibir libros, negar el acceso a grupos de apoyo en las escuelas y prohibir la exhibición de símbolos que afirman nuestra presencia son simplemente formas en que algunos intentan controlar la realidad de nuestra presencia. Las personas y grupos que se oponen activamente al documento aprobado por el Papa Francisco, “Fiducia supplicans”, el documento que permite bendiciones a parejas del mismo sexo y a aquellos en situaciones “irregulares”, son las personas modernas que excluirían y aislarían a quienes considerar «diferente«. Sus actitudes revelan cuán amenazados se sienten.
Al identificarme con los marginados, no necesito ni quiero defenderme. Soy mucho más libre aquí sabiendo que soy bendecido cada día al caminar con Jesús, quien eligió vivir en los márgenes.
Comentarios desactivados en “Si quieres, puedes limpiarme.”
Los Lázaros
Los lázaros,
los hijos de la calle,
los parias de siempre,
los sin techo,
los sin trabajo,
los desarraigados,
los apátridas,
los sin papeles,
los mendigos,
los pelagatos,
los andrajosos,
los pobres de solemnidad,
los llenos de llagas,
los sin derechos,
los espaldas mojadas,
los estómagos vacíos,
los que no cuentan,
los marginados,
los fracasados,
los santos inocentes,
los dueños de nada,
los perdedores,
los que no tienen nombre,
los nadie…
Los lázaros,
que no son aunque sean,
que no leen sino deletrean,
que no hablan idiomas sino dialectos,
que no cantan sino que desentonan,
que no profesan religiones sino supersticiones,
que no tienen lírica sino tragedia,
que no acumulan capital sino deudas,
que no hacen arte sino artesanía,
que no practican cultura sino costumbrismo,
que no llegan a ser jugadores sino espectadores,
que no son reconocidos ciudadanos sino extranjeros,
que no llegan a protagonistas sino a figurantes,
que no pisan alfombras sino tierra,
que no logran créditos sino desahucios,
que no innovan sino que reciclan,
que no suben a yates sino a pateras,
que no son profesionales sino peones,
que no llegan a la universidad sino a la enseñanza elemental,
que no se sientan a la mesa sino en el suelo,
que no reciben medicinas sino lamidas de perros,
que no se quejan sino que se resignan,
que no tienen nombre sino número,
que no son seres humanos sino recursos humanos…
Los lázaros,
los que se avergüenzan y nos avergüenzan,
pueblan nuestra historia,
fueron tus predilectos
y están muy presentes en tu evangelio.
Los lázaros
pertenecen a nuestra familia
aunque no aparezcan en la fotografía,
y serán ellos quienes nos devuelvan la identidad
y la dignidad perdidas.
*
Florentino Ulibarri
Fe Adulta
* * *
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo:
– “Quiero: queda limpio.”
… y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente:
– “No se lo digas a nadie.”
Cuando se fue, empezó a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.
*
Marcos 1,40-45
***
Me complace proponer a la contemplación del creyente una oración compuesta por Valeria, una niña de nueve años, el día de su primera comunión (corría el año 1989). La cruz de Cristo la tocó pronto con su sombra benéfica: se vio privada en seguida del afecto de su madre, Gisella, que debía asistir a una hermanita nacida con síndrome de Down y padeció 31 operaciones. Valeria reza así:
«Jesús, te doy gracias porque hoy te recibo con alegría en mi corazón; te doy gracias porque, cada día y cada minuto, me ayudas a vencer la tristeza y me la cambias en alegría; te doy gracias porque, en cada momento de melancolía, me ayudas a ser feliz y a sonreír y, en las dificultades, me haces comprender todo lo que debo hacer. También a mí, que sólo soy una niña, me das la fuerza necesaria para llevar mi cruz con serenidad.
Te doy gracias porque he comprendido que, sin una cruz, nadie puede ser feliz y porque, viviendo en medio del sufrimiento, se aprende que en cada experiencia bella o fea de nuestra vida hay siempre muchos motivos para ser felices. Yo soy feliz, aunque también llevo mi cruz, y te agradezco, Señor, de todo corazón esta cruz que me has dado. Amén».
Comentarios desactivados en “Contra la exclusión”. 6 Tiempo Ordinario – B (Marcos 1, 40-45)
En la sociedad judía, el leproso no era solo un enfermo. Era, antes que nada, un impuro. Un ser estigmatizado, sin sitio en la sociedad, sin acogida en ninguna parte, excluido de la vida. El viejo libro del Levítico lo decía en términos claros: «El leproso llevará las vestiduras rasgadas y la cabeza desgreñada… Irá avisando a gritos: Impuro, impuro. Mientras le dura la lepra será impuro. Vivirá aislado y habitará fuera del poblado» (13,45-46).
La actitud correcta, sancionada por las Escrituras, es clara: la sociedad ha de excluir a los leprosos de la convivencia. Es lo mejor para todos. Una postura firme de exclusión y rechazo. Siempre habrá en la sociedad personas que sobran.
Jesús se rebela ante esta situación. En cierta ocasión se le acerca un leproso avisando seguramente a todos de su impureza. Jesús está solo. Tal vez los discípulos han huido horrorizados. El leproso no pide «ser curado», sino «quedar limpio». Lo que busca es verse liberado de la impureza y del rechazo social. Jesús queda conmovido, extiende su mano, «toca» al leproso y le dice: «Quiero. Queda limpio».
Jesús no acepta una sociedad que excluye a leprosos e impuros. No admite el rechazo social hacia los indeseables. Jesús toca al leproso para liberarlo de miedos, prejuicios y tabúes. Lo limpia para decir a todos que Dios no excluye ni castiga a nadie con la marginación. Es la sociedad la que, pensando solo en su seguridad, levanta barreras y excluye de su seno a los indignos.
Hace unos años pudimos escuchar todos la promesa que el responsable máximo del Estado hacía a los ciudadanos: «Barreremos la calle de pequeños delincuentes». Al parecer, en el interior de una sociedad limpia, compuesta por gentes de bien, hay una «basura» que es necesario retirar para que no nos contamine. Una basura, por cierto, no reciclable, pues la cárcel actual no está pensada para rehabilitar a nadie, sino para castigar a los «malos» y defender a los «buenos».
Qué fácil es pensar en la «seguridad ciudadana» y olvidarnos del sufrimiento de pequeños delincuentes, drogadictos, prostitutas, vagabundos y desarraigados. Muchos de ellos no han conocido el amor calor de un hogar ni la seguridad de un trabajo. Atrapados para siempre, ni saben ni pueden salir de su triste destino. Y a nosotros, ciudadanos ejemplares, solo se nos ocurre barrerlos de nuestras calles. Al parecer, todo muy correcto y muy «cristiano». Y también muy contrario a Dios.
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