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“Quiero: queda limpio.” Domingo 11 de febrero de 2024. Sexto domingo del tiempo ordinario

domingo, 11 de febrero de 2024
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15-ordinarioB6 cerezoLeído en Koinonia:

Levítico 13,1-2.44-46: El leproso tendrá su morada fuera del campamento: 
Salmo responsorial: 31: Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.
1Corintios 10,31-11,1: Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo. 
Marcos 1,40-45: La lepra se le quitó, y quedó limpio

En el evangelio de Marcos que hoy leemos, Jesús se encuentra con un leproso arriesgado que se atreve a romper una norma que lo obligaba a permanecer alejado de la ciudad. Esta norma es la que nos recuerda la primera lectura, del Levítico.

En la tradición judía (primera lectura) la enfermedad era interpretada como una maldición divina, un castigo, una consecuencia del pecado de la persona enferma –¡o de su familia!–. Porque entonces se la consideraba contagiosa, la lepra común estaba regulada por una rígida normativa que excluía a la persona afectada de la vida social. (Ha durado muchos siglos la falsa creencia de que la lepra fuese tan fácilmente contagiable). El enfermo de lepra era un muerto en vida, y lo peor era que la enfermedad era considerada normalmente incurable. Los sacerdotes tenían la función de examinar las llagas del enfermo, y en caso de diagnosticarlas efectivamente como síntomas de la presencia de lepra, la persona era declarada «impura», con lo que resultaba condenada a salir de la población, a comenzar a vivir en soledad, a malvivir indignamente, gritando por los caminos «¡impuro, impuro!», para evitar encontrarse con personas sanas a las que poder contagiar. En realidad, todo el sistema normativo religioso generaba una permanente exclusión de personas por motivos de sexo, salud, condición social, edad, religión, nacionalidad.

Este hombre, seguramente cansado de su condición, se acerca a Jesús y se arrodilla, poniendo en él toda su confianza: «si quieres, puedes limpiarme». Jesús, se compadece y le toca, rompiendo no sólo una costumbre, sino una norma religiosa sumamente rígida. Jesús se salta la ley que margina y que excluye a la persona. Jesús pone a la persona por encima de la ley, incluso de la ley religiosa. La religión de Jesús no está contra la vida, sino, al contrario: pone en el centro la vida de las personas. La vida y las personas por encima de la ley, no al revés.

Jesús le pide silencio (es el conocido tema del «secreto mesiánico», que todavía hoy resulta un tanto misterioso), y le envía al sacerdote como signo de su reinclusión en la dinámica social, «para que sirva de testimonio» de que Dios desea y puede actuar aun por encima de las normas, recuperando la vida y la dignidad de sus hijos e hijas. Pero este hombre no hace caso de tal secreto, rompe el silencio, y se pone a pregonar con entusiasmo su experiencia de liberación. No parece servirse de la mediación del sacerdote o de la institución del templo, sino que se auto-incluye y toma la decisión autónoma de divulgar la Buena Noticia. Esto hace que Jesús no pueda ya presentarse en público en las ciudades sino en los lugares apartados, pues al asumir la causa de los excluidos, Jesús se convierte en un excluido más. Sin embargo, allí a las afueras, está brotando la nueva vida y quienes logran descubrirlo van también allí a buscar a Jesús.

Es una página recurrente en los evangelios: Jesús cura, sana a los enfermos. No sólo predica, sino que cura («no es lo mismo predicar que dar trigo», dice el refrán). Palabra y hechos. Decir y hacer. Anuncio y construcción. Teoría y praxis. Liberación integral: espiritual y corporal. Y ésa es su religión: el amor, el amor liberador, por encima de toda ley que aliene. La ley consiste precisamente en amar y liberar, por encima de todo.

La segunda lectura, que sigue, como siempre, un camino independiente frente a la relación entre la primera y la tercera, es un bello texto de Pablo que habla de la integralidad de la espiritualidad. La espiritualidad no es tan «espiritual»; de alguna manera es también «material». Hay que recordar que la palabra «espiritualidad» es una palabra desafortunada. Tenemos que seguir utilizándola por lo muy consagrada que está, pero necesitamos recordar que no podemos aceptar para su sentido etimológico. No queremos ser «espirituales» si ello significara quedarnos con el espíritu y despreciar el cuerpo o la materia.

Pablo está en esa línea: «ya sea que comáis o que bebáis o que hagáis cualquier otra cosa…». No sólo las actividades tradicionalmente tenidas como religiosas, o espirituales, tienen que ver con la espiritualidad, sino también actividades muy materiales, preocupaciones muy humanas, como el comer y beber, o cualquier otra actividad de nuestra vida, pueden, deben ser integradas en el campo de nuestra espiritualidad (que ya no resultará pues «solamente espiritual»). Nuestra vida de fe puede y debe santificar toda nuestra vida humana, en todas sus preocupaciones y trabajos, no sólo cuando tenemos la suerte de poder dedicar nuestro tiempo a actividades «estrictamente religiosas», como podrían ser la oración o el culto.

El Concilio Vaticano II insistió mucho en esto: «todos estamos llamados a la santidad» (cap. V de la Lumen Gentium). No hay unos «profesionales de la santidad» (cap. VI ibid.), algunos que estarían en un supuesto «estado de perfección», mientras los demás tendrían que atender a preocupaciones muy humanas… No. Todos estamos llamados elevar nuestros trabajos, tareas, preocupaciones humanas… «nuestra propia existencia» a la categoría de «culto agradable a Dios» (como dirá Pablo en Rom 12,1-2). Podemos ser muy «espirituales» (con reservas para esta palabra de resabios greco-platónicos) y santificarnos aun en lo más «material» de nuestra vida.

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11.2.24. Jesús le ordena: “Sométete a los sacerdotes”. Pero él le obedece y no se somete (Mc 1,40-45).

domingo, 11 de febrero de 2024
Comentarios desactivados en 11.2.24. Jesús le ordena: “Sométete a los sacerdotes”. Pero él le obedece y no se somete (Mc 1,40-45).

IMG_2940Del blog de Xabier Pikaza:

Éste es, con el de Mc 7 (la siro-fenicia) un caso en el que la persona sufriente sabe más que Jesús y le enseña.  Citando de memoria un tipo de ley judía, Jesús le dice: “Primero los hijos, después los perros”. Desde su experiencia y sufrimiento, la siro-fenicia le dice a Jesús: En esto no tienes razón; ante la mesa de Dios y el dolor de la una madre no hay hijos y perros…

El evangelio de hoy cuenta un caso semejante. Jesús dice al leproso que se someta a la ley de Israel. Pero el leproso sabe de esto más que Jesús y no se somete, y así le obedece y enseña.

Marcos 1,40-45. Jesús le cura el leproso le enseña

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Temas de fondo.

  1. «Milagro escandaloso»: Jesús cura, es decir, introduce en su comunidad a un hombre impuro, un rechazado social. ¿Qué pureza tiene una Iglesia donde caben los manchados? b. «Milagro extraño»: Jesús se irrita con el leproso curado, y le manda mantener silencio y presente a los sacerdotes según ley. ¿Por qué se irrita? Jesús tiene que romper la ley: ¿Pueden curarse los leprosos según ley? ¿No sabe en esto el leproso más que Jesús, c. «Milagro a contra-corriente»: Para obedecer a Jesús y curarse, el leproso tiene que desobedecerle, enseñándole algo esencial: Para curar leprosos hay que superar la ley.

Po aldeas y caminosJesús ha empezado a proclamar el evangelio “en las aldeas” o poblaciones vecinas (kômopoleis, 1, 38, significa poblados de campo, sin murallas, ni entidad administrativa propia. En esas pequeñas poblaciones o aldeas o grupos de cortijos, va expandiendo Jesús su mensaje, fijándose de un modo especial en los posesos; por eso, como única nota de su enseñanza, se dice que “iba expulsando demonios” (ta daimonia ekballôn), como si quisiera limpiar las sinagogas del entorno rural de Galilea, completando así la obra iniciada en la sinagoga de Cafarnaúm (cf. 1, 23-28).

Jesús aparece así como un “exorcista con programa mesiánico”, es decir, como un experto en cuestión de posesos, caminando por el entorno de Galilea, como si los endemoniados formaran el problema principal de sus sinagogas rurales, de manera que las iba recorriendo de un modo organizado, para liberarles de sus males. Pues bien, en este contexto se habla del leproso (1, 40). Jesús no fue a buscarle, quizá pensaba que todo lo que se podía hacer debía hacerlo en las sinagogas, que eran las “casas de todos” (donde abundaban de un modo especial los posesos).

Un leproso fuera de los caminos normales Este leproso sabe más que Jesús (al menos conforme a la dinámica del texto). Ha comprendido que el proyecto de Jesús (centrado en en los posesos) debe extenderse también a los leprosos, expulsados de la comunidad de Israel por su impureza. Por eso se atreve a ponerse su ayuda, de manera que podemos decir que ha entendido quizá mejor que Jesús su poder de sanación.

No es simplemente un enfermo, sino un expulsado religioso (el mismo sacerdote le ha arrojado fuera de la comunidad de los limpios de Israel), de forma que todos le toman como fuente de peligro y como causa de impureza para la buena familia israelita, conforme a una ley regulada por sacerdotes, que tienen poder de expulsar del “campamento” (de la vida social) a los leprosos y de readmitirlos, si es que se curan, tras examinarlos “fuera del campamento” (es decir, fuera de las ciudades) y de cumplir los ritos y sacrificios prescritos en el templo.

Más que enfermo, es un excomulgado en el sentido fuerte del término, y sólo el sacerdote tenía el poder de integrarlo de nuevo en la comunidad, observando su piel y mandándole cumplir los ritos sagrados (Lev 13-14).

Para que el conjunto social mantuviera su pureza, los leprosos debían ser arrojados fuera del “campamento”, es decir, del espacio habitado. No les podían matar (el mandamiento de Dios lo prohibía), ni les encerraban en lo que hoy sería una cárcel u hospital para contagiosos, pero les expulsaban de las ciudades y núcleos habitados (como al chivo expiatorio de Lev 16), y así vivían apartados de la sociedad. Según eso, no podían orar en el templo, ni aprender en la sinagoga, ni compartir casa, mesa o cama con los familiares sanos, sino que eran apestados, una secta de proscritos.

Un leproso que enseña a Jesús La iniciativa no parte de Jesús, sino del leproso que le dice lo que ha de hacer (¡si quieres puedes purificarme!), despertando en él una nueva conciencia de poder, que desborda las fronteras del viejo Israel sacerdotal. Este leproso empieza siendo un «maestro de Jesús…», a quien le dice que puede curarle. Ciertamente (conforme al relato anterior de Marcos), él ha podido oír que Jesús había curado al poseso de 1, 23, esclavizado por un espíritu impuro (akatharton).

Pues bien, el leproso deduce (y deduce bien) que, si Jesús pudo “purificar” o limpiar a a un poseso, podrá purificarle también a él, declarándole limpio y realizando algo que, según Lev 13-14, sólo podían hacer los sacerdotes, cuando declaraban puros a los leprosos previamente curados. El poseso-impuro había gritado, desafiando a Jesús. Este leproso-impuso le ruega, puesto de rodillas, sabiendo que él, Jesús, tiene autoridad de Dios, por encima de los sacerdotes. Sólo a partir de aquí se entiende la acción de Jesús, que nos sitúa en el centro de la máxima “inversión” del evangelio:

Jesús, que, ha recibido todo el poder de Dios   aprende a utilizarlo ese poder a través de este leproso, que actúa  así como su maestro, diciéndole lo que puede hacer y poniendo en marcha un proceso curativo que culminará en la Pascua.

Éstos son los tres aspectos de la acción de Jesús (1, 41).

1. Conmoción interior: compadecido (splagnistheis). Esta palabra se encuentra enraizada en la confesión de fe de Israel, que se expresa cuando, tras haberse roto el primer pacto (cf. Ex 19-24) por infidelidad del pueblo, que adora al becerro de oro (Ex 32), Moisés sube de nuevo a la montaña y escucha la palabra de perdón de Dios que se define como “aquel que está lleno de misericordia y compasión” (Ex 34, 6).   Jesús, que aparece aquí como portador de esa misma compasión de Dios.   − Gesto: Extendió la mano y le tocó. Movido por su compasión (que es como la de Dios: cf. Ex 34, 6), Jesús desoye la ley del Levítico, que prohibían “tocar” a los leprosos, bajo pena de impureza. Expresamente rompe esa ley que separa a puros de impuros, iniciando un movimiento que marcará desde aquí toda su vida, aprendiendo la “lección” del leproso que le pide que le limpie (que le purifique), dejándose conmover en sus entrañas (¡como se conmueve Dios!). De esa forma hace algo que nadie habría osado hacer, sino sólo el sacerdote, y no para curar/purificar, sino sólo para certificar una curación que se había realizado antes. Jesús extiende la mano y toca. Esta mano que toca al leproso es la expresión de una misericordia que transciende las leyes de pureza del judaísmo legalista, es signo de la piedad de Dios, que ama precisamente a aquellos a quienes la ley expulsa. Sentir es tocar, conocer es tocar… y tocar significa aceptar, solidarizarse, curar…

− Palabra: Y le dice ¡quiero, queda limpio! (1, 41b). Esa palabra ratifica la misericordia anterior y despliega el sentido del contacto de la mano. El leproso le ha dicho ¡si quieres! (ean thelês) y Jesús le ha respondido, cumpliendo así su petición, de manera que su palabra marca la novedad y el poder del evangelio: quiero, sé puro (thelô katharisthêti). A través de este querer de Jesús, expresado en primera persona (¡quiero!) viene a expresarse la voluntad creadora de Dios. Éste es el querer de Dios, en el doble sentido castellano (y en el fondo griego) de amor y desear. Querer es comprometerse, en gesto solidario. Así es Jesús, el hombre solidario y cercano, capaz de liberar con su toque (mano) y con su voluntad (querer, amor) a los leprosos.

Carácter de la enfermedad. El texto dice que aquel hombre era un leproso (lepros), una palabra que, en sentido general no se aplica sólo (ni fundamentalmente) a lo que hoy llamamos “lepra” (dolencia producida por el bacilo de Hansen, que entonces no se conocía), sino a diversas afecciones de la piel, desde un tipo de soriasis hasta lo que suele llamarse “achaque de escamas” o ictiosis, que se muestra en la piel de algunas personas. Por eso, hay comentaristas que prefieren prescindir de esa palabra “lepra”, empleando otras (como enfermedad de escamas). Pienso, sin embargo, que por tradición y simbolismo, es preferible decir lepra en sentido popular, pues ella engloba varias enfermedades de la piel que, en opinión de los judíos piadosos, hacían impuros a los hombres, hasta el extremo de que ellos tenían que vivir fuera de la comunidad social y religiosa.

Curación producida. El texto dice que “de pronto desapareció la lepra y quedó puro” (con un verbo en pasivo divino: ekatharisthê: Dios le hizo puro). Evidentemente, Marcos está pensando en un “cambio externo”, y así supone que la piel del enfermo tomó otra apariencia, como si quedara seca o se le cayeran las escamas. Pero, dicho eso, debemos añadir que la palabra central que aquí se emplea no es “se curó” (iathê), sino “quedó puro” (ekatharisthê). Es como si el mismo Dios, por medio de Jesús, le hubiera declarado limpio, como en el caso en que el mismo Jesús de Marcos dirá más adelante que Jesús “declaró limpios/puros todos los alimentos” (7, 19, con el mismo verbo: katharidsôn).

En esa línea, Jesús  declaró, en el fondo, que todos los leprosos (como todos los alimentos en 7, 19) son humanamente limpios, superando así los tabúes y las divisiones de purezas e impurezas que expulsaban a ciertos hombres y mujeres de la sociedad. Nos hallamos ante un gesto que resultaba, tanto entonces como ahora, socialmente inaudito. Este leproso, al que Jesús ha curado, desencadena una nueva visión de la vida humana, en plano social y religioso, superando la ley “religiosa” del templo de Jerusalén… y casi todas las leyes religiosas que ha seguido inventado un tipo de cristianismo domesticado en clave sacral y social.

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Poder y compasión. Domingo 6º. Ciclo B

domingo, 11 de febrero de 2024
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IMG_2920Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Tras la curación de la suegra de Pedro y a otros muchos enfermos, Marcos cuenta el primer gran milagro de Jesús: la curación de un leproso.

 La lepra en el antiguo Israel: diagnóstico y curación

«La lepra, en el sentido moderno, no fue definida hasta el año 1872 por el médico noruego A. Hansen. En tiempos antiguos se aplicaba la palabra «lepra» a otras enfermedades; por ejemplo, a enferme­dades psicógenas de la piel» (J. Jeremias, Teologia del AT, 115, nota 36).

En Levítico 13 se tratan las diversas enfermedades de la piel: inflama­ciones, erupciones, manchas, afección cutánea, úlcera, quemadu­ras, afecciones en la cabeza o la barba (sarna), leucodermia, alopecia. Se examinan los diversos casos, y el sacerdote decidirá si la persona es pura o impura (caso curable o incurable). De ese capítulo está tomado el breve fragmento de la primera lectura de este domingo.

El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

̶  Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca una llaga como de lepra, será llevado ante el sacerdote Aarón, o ante uno de sus hijos sacerdotes. Se trata de un leproso: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El enfermo de lepra andará con la ropa rasgada y la cabellera desgreñada, con la barba tapada y gritando: “¡Impuro, impuro!” Mientras le dure la afección, seguirá siendo impuro. Es Impuro y vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.»

 Dos casos de lepra: impotencia de Moisés, poder sin compasión de Eliseo

El milagro de curar a un leproso sólo se cuenta en el AT de Moisés (Números 12,10ss) y de Eliseo (2 Reyes 5). Es interesante recordar estos relatos para compararlos con el de Marcos.

Impotencia de Moisés

María y Aarón murmuran de Moisés, no se sabe exactamente por qué motivo. En cualquier hipótesis, Dios castiga a María (no a Aarón, cosa que indigna a las feministas, con razón). «Al apartarse la nube de la tienda, María tenía toda la piel descolorida como nieve». Aarón se da cuenta e intercede por ella ante Moisés. Pero Moisés no puede curarla. Sólo puede pedirle a Dios: «Por favor, cúrala«. El Señor accede, con la condición de que permanezca siete días fuera del campamento (Números 12).

El poder sin compasión de Eliseo

El caso de Eliseo es más entretenido y dramático (2 Reyes 5). Naamán, un alto dignatario sirio, contrae la lepra, y una esclava israelita le aconseja que vaya a visitar al profeta Eliseo. Naamán realiza el viaje, esperando que Eliseo salga a su encuentro, toque la parte enferma y lo cure. Pero Eliseo no se molesta en salir a saludarlo. Le envía un criado con la orden de lavarse siete veces en el Jordán. Naamán se indigna, pero sus criados lo convencen: obedece al profeta y se cura. A diferencia de Moisés, Eliseo puede curar, aunque sea con una receta mágica, pero no siente la menor compasión por el enfermo.

Jesús: poder y compasión

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: 

̶ Si quieres, puedes limpiarme.

Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: 

̶ Quiero: queda limpio.

La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.  Él lo despidió, encargándole severamente: 

̶ No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio.

Pero, cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

El relato de Marcos consta de seis elementos: petición del leproso; reacción de Jesús; resultado; advertencia; reacción del curado; consecuencias.

            Petición del leproso. Tres detalles son importantes en la actitud del leproso: 1) no se atiene a la ley que le prohíbe acercarse a otras personas; 2) se arrodilla ante Jesús, en señal de profundo respeto; 3) confía plenamente en su poder; todo depende de que quiera, no de que pueda.

            Reacción de Jesús. Podía haber respondido a la petición del leproso con las simples palabras: “Quiero, queda limpio”. Con ello, a diferencia de Moisés y de Eliseo, habría demostrado su poder: no necesita pedir la inter­vención de Dios, ni recurrir a remedios cuasi-mágicos. Sin embargo, antes de demostrar su poder muestra su compasión. Marcos habla de lo que siente (“lástima”) y de lo que hace (“extendió la mano y lo tocó”). Es lo que esperaba el sirio Naamán que hiciera Eliseo: tocar su parte enferma. Por otra parte, quien tocaba a un leproso quedaba impuro; pero a Jesús no le preocupa este tipo de impureza.

           Advertencia. Aparentemente, Jesús da dos órdenes al recién curado: 1) que no se lo diga a nadie; 2) que se presente al sacerdote. La primera (no decirlo a nadie) resulta extraña, porque Jesús no pretende pasar desapercibido. Es probable que las dos órdenes estén relacionadas entre sí, formando una sola: «no te entre­tengas en decírselo a nadie, sino ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés». ¿Qué había ordenado Moisés? Según el Levítico, el curado debe ofrecer: dos aves puras (se suponen tórtolas o pichones), dos corderos sin defecto, una cordera añal sin defecto, doce litros de flor de harina amasada con aceite y un cuarto de litro de aceite. Con todo ello el sacerdote realiza un complejo ritual que dura ocho días. Además, el curado deberá afeitarse completamente el primer día y raparse de nuevo el octavo.

Las palabras finales de Jesús parecen tener un tinte polémico: «para que les conste». Se pasa del singular (el sacerdote) al plural (les conste), como si Jesús pensase en todos sus adversa­rios que no lo aceptan.

            Reacción del curado. No obedece a ninguna de las dos órdenes de Jesús. Ni se calla ni acude al sacerdote. Según la traducción litúrgica, «empezó a divulgar el hecho con grades ponderaciones». Una traducción más literal sería: «empezó a predicar mucho y a divulgar la palabra». Como si el leproso curado, en vez de atenerse a lo mandado por Moisés prefiriese convertirse en un misionero cristiano.

            Consecuencias. Jesús no puede entrar abiertamente en ningún pueblo. Debe permanecer en descampado, y aun así acuden a él. ¿Por qué esta reacción suya? Sabiendo lo que cuenta Marcos más tarde, la respuesta sería: para no verse agobiado por la multitud de gente que acude a él.

Una lectura simbólica: el leproso es cada uno de nosotros

            Los relatos evangélicos tienen siempre una gran carga simbólica. Quieren que nos identifiquemos con la situación que narran. En este caso, con el leproso. Todos llevamos dentro algo, mucho o poco, de lo que nos sentimos culpables. Podemos negarnos a admitirlo, escondiendo la cabeza bajo tierra, como el avestruz. O podemos reconocerlo, y acudir humildemente a Jesús, con la certeza de que “si quieres puedes limpiarme”. Él tiene el poder y la compasión necesarios para cambiar nuestra vida.

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Domingo VI del Tiempo Ordinario. 11 de febrero, 2024

domingo, 11 de febrero de 2024
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d6

 

 

“Encolerizado (Jesús se enfada), extendió la mano y lo tocó diciendo: -Quiero: queda limpio. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.”

(Mc 1, 40-45)

Muchas traducciones dicen que Jesús sintió lástima o se compadeció del leproso cuando le dijo  «si quieres puedes sanarme», pero quienes entienden de Biblia, y traducciones como la de la Biblia de Jerusalén, aseguran que los textos originales dicen que Jesús se “encolerizó”: “encolerizado, extendió su mano le tocó y le dijo: quiero, queda limpio”.

Jesús no se enfada muchas veces, al menos no nos lo cuentan los evangelios, pero hay por lo menos tres momentos en los que se dice o se muestra que Jesús se ha enfadado: este fragmento con el leproso, con los fariseos por lo que piensan en su interior, y con los mercaderes en el Templo.

Por más que nos choque y que tratemos de maquillarlo, Jesús se enfadaba.

Pero, ¿por qué se enfada con este pobre leproso que le pide que lo sane? No parece muy en la línea de Jesús esto de enfadarse en lugar de “compadecerse” ante la enfermedad.

Bien, según quienes estudian la Biblia, lo que enfada a Jesús hasta el punto de encolerizarse es que le busquemos solo para quedar libres de una enfermedad. Le enfada que no queramos conectar con la hondura de su mensaje, de su Buena Noticia.

Jesús no quiere sanar por sanar. No vino a librarnos de la enfermedad. Tampoco del sufrimiento. Jesús no es un “solucionador de problemas”. Dios tampoco.

Jesús vino a mostrarnos quién es Dios. Ese es su mensaje. Ese es el sentido de su vida y también el motivo de su muerte violenta en una cruz.

Marcos, en su evangelio, nos dice que Jesús nos manifiesta quién es Dios cuando se deja clavar en la Cruz. Dios es el que escoge el último lugar, el que nadie quiere. Y para llegar al Dios de Jesús no hay más camino que ocupar el lugar de las últimas de nuestra sociedad, de nuestro mundo.

No se trata tanto de ir a ayudar a quienes lo pasan mal, se trata de ser una más, de ocupar su lugar para que esa persona pueda ocupar el nuestro.

Algo similar a lo que hacían los frailes trinitarios en los orígenes de la Orden, quedarse en el lugar de los cautivos.

Oración

No permitas, Trinidad Santa, que te busquemos solo para liberarnos de nuestras ataduras personales. Haznos comprender el camino exigente de tu evangelio. Amén.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Jesús liberaba al aceptar a todos sin reservas.

domingo, 11 de febrero de 2024
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jesus-heals-leperDOMINGO 6º (B)

Mc 1,40-45

Seguimos en el primer capítulo de Marcos. Después de un enunciado general, que resume su habitual manera de actuar, nos narra la curación de un leproso. El leproso no tiene nombre. Tampoco se habla de tiempo y lugar determinados. Se trata de una generalización de la manera de actuar de Jesús con los oprimidos. Se advierte una falta total de lógica narrativa. Apenas ha pasado un día de la predicación de Jesús y ya le conocen hasta los leprosos que vivían en total aislamiento de la sociedad.

La lepra era el motivo más radical de marginación. Lo que se entendía por lepra en la antigüedad, no coincide con lo que es hoy esa enfermedad concreta. Más bien se llamaba lepra a toda enfermedad de la piel que se presentara con un aspecto más o menos repugnante. Tanto la lepra como las normas sobre la enfermedad no son originales del judaísmo. Esas normas nos parecen hoy inhumanas, pero no tenían otra manera de defenderse de una enfermedad que podía causar estragos.

Se acercó, suplicándole: Si quieres puedes limpiarme. Esta actitud indica a la vez valentía, porque se atreve a transgredir la Ley, pero también el temor a ser rechazado. Se puede descubrir una complicidad entre el leproso y Jesús. Los dos van más allá de la Ley. La liberación solo es posible a través de una relación profundamente humana. Si no salimos de la trampa de un poder divino para hacer milagros, nunca entenderemos el verdadero mensaje del evangelio. Jesús libera, humaniza, porque trata humanamente a los demás. De ese modo les devuelve la capacidad de ser humanos.

Sintiendo lástima. La devaluación del significado de la palabra “amor” nos obliga a buscar un concepto más adecuado para expresar esa realidad. En el NT, ‘compasivo’ se dice solo de Dios y de Jesús. Es la acción de Dios manifestada a través de los sentimientos humanos. La compasión era ya una de las cualidades de Dios en el AT. Jesús la hace suya en toda su trayectoria. Es una demostración de que para llegar a lo divino no hay que destruir lo humano. La compasión es la forma más humana de amor.

Le tocó. El significado del verbo griego aptw no es en primer lugar tocar, sino sujetar, atar, enlazar. Este significado nos acerca más a la manera de actuar de Jesús. Quiere decir que no solo le tocó un instante, sino que mantuvo esa postura durante un tiempo. Había que traducirlo por ‘le dio la mano’ o le abrazó. Teniendo en cuenta lo que acabamos de decir de la lepra, podemos comprender el profundo significado del gesto, suficiente por sí mismo para hacer patente la actitud de Jesús. No solo está por encima de la Ley, sino que asume el riesgo de contraer la lepra.

Quiero… La simplicidad del diálogo esconde una riqueza de significados: Confianza total del leproso y respuesta que no defrauda. No le pide que le cure, sino que le limpie. Por tres veces se repite el verbo kadarizw limpiar, verbo que significa también, liberar. Nos lanza más allá de una simple curación. Desaparece la enfermedad y le restituye en su plena condición humana: Le devuelve su condición social y su integración religiosa. Vuelve a sentir la amistad de Dios, que era el valor supremo para un judío.

Lo echó fuera… y cuando salió… La segunda parte del relato es de una gran importancia. Se supone que estaban en un lugar apartado del pueblo, sin embargo, el texto griego dice literalmente: lo expulsó fuera, y del leproso dice: cuando salió. Una vez más nos está empujando a una comprensión espiritual. Jesús no quiere que continúe junto a él y lo despide inmediatamente; eso sí, con el encargo de no contarlo y de presentarse ante el sacerdote. Una vez más, manifiesta Marcos el peligro de que las acciones de Jesús en favor del marginado fueran mal interpretadas.

¡Qué curioso! Jesús acaba de saltarse la Ley a la torera, pero exige al leproso que cumpla lo mandado por Moisés. Hay que estar muy atento para descubrir el significado. Jesús no está contra la Ley, sino contra las injusticias y tropelías que se cometían en nombre de ella. Él mismo tuvo que defenderse: no he venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud. Jesús se salta la Ley cuando le impide estar a favor del hombre. Presentarse al sacerdote era el único modo que tenía el leproso de recuperar su estatus social.

El evangelio nos dice que las consecuencias de la proclamación, de hecho, fueron nefastas para Jesús. Si había tocado a un leproso, él mismo se había convertido en apestado. “Y no podía ya entrar abiertamente en ningún pueblo”. Las consecuencias de la divulgación del hecho, podían también ser nefastas para el leproso. Era el sacerdote el único que podía declarar puro al contagiado. Los sacerdotes podían ponerle dificultades si tenían conocimiento de cómo se había producido la curación.

La lepra producía exclusión porque la sociedad era incapaz de protegerse de ella por otros medios. Hoy la sociedad sigue creando marginación por la misma razón, no encuentra los cauces adecuados para superar los peligros que algunas conductas suponen para ella. No somos todavía capaces de hacer frente a esos peligros con actitudes humanas. Tenemos que recurrir a métodos deshumanizadores.

Jesús se pone al servicio del hombre sin condiciones, mostrándonos lo que tenemos que hacer nosotros. Dios no tiene nada que ver con la injusticia, ni siquiera cuando está amparada por la ley humana o divina. Jesús se salta a la torera la Ley, tocando al leproso. Ninguna ley humana, sea religiosa, sea civil, puede tener valor absoluto. Lo único absoluto es el bien del hombre. Pero para la mayoría de los cristianos sigue siendo más importante el cumplimiento de la ley que el acercamiento al marginado.

No creo que haya uno solo de nosotros que no se haya sentido leproso y excluido por Dios. El pecado es la lepra del espíritu, que es mucho más dañina que la del cuerpo. Es un contrasentido que, en nombre de Dios, nos hayan separado de Dios. El evangelio de Jesús es buena noticia. El Dios de Jesús es Padre porque es Ágape. De Él, nadie se tiene que sentir apartado. La experiencia de ser aceptado por Dios es el primer paso para no excluir a los demás. Si partimos de la idea de un Dios que excluye, encontraremos mil razones para excluir en su nombre.

Seguimos aferrados a la idea de que la impureza se contagia, pero el evangelio nos está diciendo que la pureza, el amor, la libertad, la salud y la alegría también. Seguimos justificando demasiados casos de marginación bajo pretexto de permanecer puros. ¡Cuántas leyes deberíamos saltarnos hoy para ayudar a todos los marginados a reintegrarse en la sociedad y permitirles volver a sentirse seres humanos!

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El leproso

domingo, 11 de febrero de 2024
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Mc 1, 40-45

«De modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad»

Otra escena para contemplar, para imaginar, para paladear, para aparcar la razón y disfrutar.

Jesús sale de Cafarnaúm para predicar la buena Noticia. El camino discurre entre suaves colinas de tierra rojiza tachonada de arbustos y pequeños árboles retorcidos por el viento. Le sigue un amplio séquito posiblemente superior a doscientas personas, y, tal como solía ocurrir, sus seguidores se apretujan en la cabeza de la marcha en un intento permanente de acercarse más al profeta. Los rayos del sol a sus espaldas y la brisa del oeste contra el rostro les proporciona una marcha agradable y placentera.

De súbito, en un recodo del camino aparece un leproso que se dirige a ellos con paso decidido. Sus vestiduras, blancas antaño, se han convertido en un montón de harapos sucios y desastrados. «Si quieres, puedes limpiarme» —grita, con fuerza.

Un leproso no sólo tiene que soportar su terrible enfermedad, sino la marginación total de la sociedad en que vive. Esta marginación es el reflejo del supuesto rechazo del propio Dios, que de esa forma le castiga por sus pecados. Es impuro ante la Ley y transmite su impureza a todo aquel que osa tocarle. Un leproso es considerado, en definitiva, como causa de contaminación y maldición para el pueblo, y tocar a un leproso no solo es una imprudencia desde el punto de vista higiénico, sino, sobre todo, un quebrantamiento grave de la Ley de Moisés.

Pero volvamos al relato. Quienes hasta entonces se habían esforzado por mantenerse al lado de Jesús, comienzan a ralentizar el paso para evitar que el leproso pueda llegar hasta a ellos; y no solo eso, sino que al ver al leproso seguir acercándose, vuelven sobre sus pasos olvidando la compostura y atropellando a los que todavía no se han hecho cargo de la situación. Solo Jesús se mantiene firme esperando al desventurado, e incluso algunos testigos dicen que avanzó hacia él.

Jesús siente una infinita compasión por aquel hombre; por la insoportable soledad en la que vive a causa de la brutal injusticia a la que le someten sus hermanos. El reino de Dios, la buena Noticia, también son para él, o mejor dicho, son preferentemente para él; para aquel Hijo cuya única esperanza parece ser la muerte. A pocos pasos de Jesús, el leproso hinca la rodilla en tierra y vuelve a suplicarle: «Si quieres, puedes sanarme».

Los acompañantes de Jesús contemplan la escena a distancia prudencial. Algunos le instan para que se retire antes de que pueda incurrir en impureza. «¡No le hagas caso! —le gritan—, es un pecador y está quebrantando la Ley». Pero Jesús no les oye. Solo piensa en la tragedia de aquel hombre y en cómo ayudarle. Ante el estupor de todos, da unos pasos hacia él, le coge de los codos y lo levanta. Sin soltarle, cierra los ojos, implora la misericordia del Padre y, cuando vuelve a abrirlos, la lepra ha desaparecido.

Aquel hombre, casi sin respiración al ver el prodigio que acababa de producirse en su persona, se mira incrédulo las manos, antes convertidas en muñones, y se palpa el rostro, antes carcomido por la enfermedad. Jesús le pone afectuosamente la mano sobre su hombro, y le dice: «Mira; no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y ofrece por la purificación lo que ordenó Moisés». Pero el leproso, después de partir, comienza a pregonarlo a los cuatro vientos, y lo hace tan a conciencia, que el conocimiento de este suceso precede a Jesús en todo el camino.

Cuando continúan la marcha hacia la aldea a la que se dirigen, la muchedumbre ya no le estruja en su afán por acercarse más, sino que guarda una prudente distancia porque Jesús ha incurrido en impureza y no quieren que nadie pueda acusarles de impuros por haberse rozado con él. Algunos quedan perplejos y escandalizados ante semejante trasgresión de la Ley por parte de Jesús, pero a él esto le trae sin cuidado. Para él lo importante es la gente —sobre todo la gente necesitada—, y ningún poder humano va a apartarle de su camino.

Al llegar a la puerta de la aldea, las autoridades le impiden el paso. «Tú no puedes pasar —le dicen— hasta que cumplas tu período de impureza». Jesús tiene que quedarse fuera y sus amigos se quedan fuera con él. Durante el tiempo que prescribe la Ley, tiene que permanecer en los descampados sin poder acercarse a las ciudades, pero hasta él llegan las gentes de todas las partes para escucharle…

¡Fascinante Jesús!

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Rehabilitar la compasión.

domingo, 11 de febrero de 2024
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5df7Optimized-leproso336xcDOMINGO 11 de febrero

Mc 1,40-45

En tiempos de pandemia y distancia social, recuperar la compasión y la projimidad se hace imprescindible en nuestras sociedades para no dejar de ser humanos. Pero también es necesario liberarla del marco en que ha sido secuestrada y desvirtuada. El Evangelio de este domingo nos ofrece pistas para ello.

La compasión vivida al modo de Jesús nunca naturaliza la injusticia ni el sufrimiento ajeno, especialmente el de las personas más excluidas, como sucede en la situación del leproso. Nace siempre de la proximidad y la cercanía, del cuerpo a cuerpo con el otro. Es una reacción ante el sufrimiento ajeno interiorizado, que llega hasta las entrañas y el corazón propio y mueve a actuar, a ponerse en la situación de quien sufre, a acompañar ese sufrimiento e incidir en las causas para evitarlo. En consecuencia, la compasión no tiene sólo una incidencia interpersonal, sino que tiene repercusiones comunitarias y sociales. Alude siempre a una dimensión práxica. Si carece de ella se convierte en “lastima”.  La lástima es la domesticación de la compasión, se alimenta del dolor del otro para realizarse y termina por generar servilismo o dependencia. El centro es el yo y no el otro. La compasión, sin embargo, se apoya en gestos y no en discursos y su centro es siempre el otro, nunca la autosatisfacción ni la autocomplacencia.

Adentrarnos en el Evangelio de Marcos es hacerlo en un itinerario compasivo donde los relatos de sanación resultan sumamente significativos y en el que las manos, el sentido del tacto, ocupan un papel fundamental. Los verbos poner sobre, tocar, extender se repiten en ellos para significar la acción liberadora de Jesús al entrar en contacto con los cuerpos considerados malditos, impuros, “indignos de Dios” en Israel. Las manos de Jesús son fuente de conocimiento y reconocimiento. Jesús al tocar sana, libera, “empodera”. En sus relaciones y trato humanizador con los más excluidos y excluidas les confirma como imagen y semejanza del Creador. Las manos de Jesús se abren en gesto de comunión y reconciliación y la impureza queda invalidada en su poder de contagio. El tacto de Jesús les hace recuperar su identidad negada, hace de ellos criaturas nuevas. Su modo de tocar la vida y relacionarse con las personas revela la compasión y la ternura de un Dios que invita no a cumplir preceptos sino a humanizar la vida desde los últimos y últimas. De esta experiencia brota el agradecimiento y el anuncio.

En tiempos en los que el contacto humano queda o limitado a grupos burbujas con distancia social y mascarilla ¿Cómo rehabilitar la compasión y no olvidar que el autocuidado cristiano va de la mano del cuidado de los últimos y últimas?

Pepa Torres

Fuente Fe Adulta

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Compasión

domingo, 11 de febrero de 2024
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compasion-en-guerra-coreaDomingo VI del Tiempo Ordinario

11 febrero 2024

Mc 1, 40-45

La compasión constituye uno de los signos más palpables de madurez humana y de espiritualidad genuina. Y esto no es así por un convencionalismo arbitrario, sino porque la compasión brota espontáneamente de la comprensión.

Una persona es psicológica y espiritualmente madura cuando se habita a sí misma, viviendo en conexión consciente con lo que es, más allá de la imagen, de la acción y del propio ego. Y lo que somos de fondo, más allá del yo, es una realidad transpersonal que se ha designado como Verdad, Bondad y Belleza. Dicho más brevemente: somos Amor. Por eso, cuando lo comprendemos, no podemos sino vivirlo. Por eso también, es lo único que nos hace felices.

Sin embargo, la experiencia nos dice que encontraremos dificultades para vivirlo: desde una sensibilidad más o menos endurecida hasta un estado de alejamiento de nuestra propia identidad profunda, pasando por un mayor o menor bloqueo de nuestra capacidad de amar, como consecuencia de carencias afectivas importantes en los primeros momentos de nuestra existencia.

Eso explica que, con frecuencia, nos veamos enfrentados a una paradoja: somos Amor, pero necesitamos entrenarlo para poder vivirnos en coherencia. Entrenar el amor no significa entrar por un camino de voluntarismo. La voluntad la necesitaremos para mantener la perseverancia en el entrenamiento, pero el amor despertará en la medida en que nos sea posible experimentarlo.

Es probable que, en ese camino, haya que empezar por cuidar y desarrollar el amor a sí mismo. Un cuidado que no tiene nada de egoísta, ya que ese mismo amor es el que nos libera del encierro narcisista, gracias a dos características que lo acompañan: la humildad y la universalidad.

El amor es humilde, es decir, verdadero e íntegro y, por tanto, desapropiado, porque se reconoce infinitamente más grande que el propio yo. No se trata, por tanto, de que yo me ame -aunque lo nombremos de este modo-, sino de que el Amor me alcanza y me envuelve. Al reconocerlo así, el yo o ego ha perdido su protagonismo.

Por otro lado, el amor es universal, no deja nada ni a nadie fuera. Porque no es un sentimiento que dependiera de mí y conociera altibajos, sino una certeza que se apoya en la realidad de lo que es: todo es uno, todos somos uno. En el Amor lo experimentamos.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Marginados (leprosos) en la vida: si quieres puedes limpiarnos.

domingo, 11 de febrero de 2024
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28c3Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.-     UNA ANÉCDOTA SOBRE LA LEPRA

Me lo contaba un sencillo y buen catequista africano que él lo vivió:

Allá en Guinea Ecuatorial, en plena selva africana, en un poblado llamado Mikomeseng, había –y hay- una humilde pero hermosa leprosería construida con la ayuda de la Fundación belga del P. Damián (apóstol de los leprosos).

Hace cincuenta / sesenta años, más o menos, el entonces dictador de Guinea Ecuatorial, Macías, quiso eliminar la lepra de su país, para lo cual no tuvo mejor ocurrencia que expulsar a todos los leprosos de la leprosería a la selva. Cuando los pobres leprosos: gente muy limitada por la enfermedad huían a la selva como buenamente podían, Macías dio fuego a los leprosos y a la selva.

2.- LA LEPRA EN LA VIDA DE ISRAEL; IMPUREZA Y MARGINACIÓN

La lepra y las enfermedades de la piel, llagas, erupciones, etc. eran consideradas como el signo exterior de una situación de pecado interior.

Por esta razón los leprosos eran considerados impuros y debían salir de la convivencia familiar, dejar la convivencia del pueblo y vivir en las afueras sin tener contacto alguno con la gente.

La lepra era la enfermedad que más alteraba la vida de una persona. Desfiguraba y deterioraba el cuerpo, el alma y la dignidad hasta convertirlo en “impuro”.

Por esta razón los leprosos vivían en las afueras de las ciudades, vestidos con andrajos, entre la basura, (Job). El leproso tenía que llamar la atención con una campanilla o haciendo gestos para que nadie se le acercara, pues quien tocaba un leproso queda igualmente impuro y, por tanto, excluido. El leproso permanece aislado, condenado a su suerte. El leproso solamente puede vivir en compañía de quienes padecen su misma enfermedad. (2 Rey 7,3; Lc 17,11-19).

Es el caso de Job:

Satán salió de la presencia de Yahveh, e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. Job tomó una tejoleta para rascarse, y fue a sentarse entre la basura. (Jb 2,7-8)

En el AT el leproso es impuro también ante Dios, por lo que no puede participar en el culto, en las celebraciones. El leproso, vive, pero es considerado como muerto, que también es impuro e intocable. La lepra es exponente de la dureza del sistema religioso marginando sin compasión.

3.- JESÚS -EL CRISTIANISMO- ANTE LA LEPRA Y LA MARGINACIÓN.

Tanto Jesús como el leproso hacen lo que no debían. Ni debían ni podían acercarse uno al otro. Uno por enfermo y Jesús para no quedar contaminado.

Aquel hombre leproso -marginado- se acerca humildemente -se puso de rodillas- y le suplicó a Jesús: si quieres puedes limpiarme.

Jesús, como buen judío, debía haber salido corriendo, como lo hicieron el sacerdote y el levita en la parábola del buen samaritano, (Lc 10,25-37).

Pero Jesús siente compasión, se acerca, toca y limpia al leproso. Jesús rehabilita al leproso: lo de vuelve a la vida, a la convivencia. Siempre eres hijo de Dios.

Dios no hace acepción de personas, ni relega a nadie.

4.- COMPASIÓN

Jesús es la expresión de la misericordia de Dios. En JesuCristo se nos hace presente la bondad de Dios.

¡Cuántas veces aparece en los evangelios que: “Jesús se compadeció, sintió lástima”.

+ La misericordia de Dios es entrañable (Lc 1).

+ Bienaventurados los que tienen misericordia, (Mt 5,7).

+ Jesús siente compasión de la multitud. (Mt 9,36; 14,14; 15,32).

+ Dejaos de tanto rito y liturgias celestiales: misericordia y no sacrificios, (Mt 9,13).

+ Jesús siente pena por aquella madre viuda de Naím que acompaña a enterrar el cadáver de su hijo, y le devuelve a la vida. (Lc 7,13).

+ El padre del hijo pródigo, cuando le ve volver a casa, se conmovió. (Lc 15,23).

+ El buen samaritano es puesto como modelo porque tuvo misericordia. (Mc 10,33).

+ Jesús siente compasión de tantas personas… Extiende su mano al leproso, al paralítico, a la mujer que perdía la vida (sangre), a la muerte (Lázaro), a la suegra de Pedro, etc.

Dios se compadece siempre del ser humano e interviene con fuerza para rehabilitarnos, para acogernos en la convivencia.

Jesús, que es puro, toca al impuro. Nosotros no manchamos a Cristo, Él nos limpia, nos sana,

Lo que Jesús hace con el leproso y con tantos enfermos es la bondad de Dios para con nosotros.

5.- ¿HEMOS VUELTO AL AT?

También hoy creamos marginación en nuestro derredor: marginaciones en la familia, muchos ancianos son marginados en los centros sanitarios; marginaciones en el campo del trabajo; aparcamientos y marginaciones en la vida eclesiástica; menosprecios y marginaciones de corte étnico, marginaciones de los emigrantes, etc.

¿No es marginación lo que hacen muchos obispos, curas y laicos con los homosexuales en contra incluso del papa Francisco?

Salgamos de la sinagoga, de la ley y volvamos a la misericordia del Señor. Es más importante la ley que el Evangelio.

Dios, JesuCristo son misericordia.

Lo propio de ser cristiano es la compasión, sentir lástima y curar.

Señor, si quieres puede limpiarme

Jesús sintió lástima, le tocó y le dijo: queda limpio.

PARA CONCLUIR LA PALABRA

Un viejo documento cristiano (apócrifo), el papiro Egerton, recoge allá por el siglo II una oración que pone en boca del leproso cuando se encuentra con a Jesús. vamos a terminar la homilía rezando todos juntos esta oración

Maestro Jesús, tú que andas con los leprosos y comes con ellos en su casa:

yo también me he puesto leproso;

si tú quieres, me volveré a poner puro.

***

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Misterio y belleza.

sábado, 10 de febrero de 2024
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Del blog Nova Bella:

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“La tendencia hacia la belleza y el misterio acompaña a todo el ser humano.”

*

Simone Weil

***

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La Inmaculada desde una mirada más actual sobre María

sábado, 10 de febrero de 2024
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IMG_1781Un teólogo propone cambiar el nombre de ‘Inmaculada Concepción‘ porque «demoniza la sexualidad»

De su blog Fe y Vida:

«Hay que resignificar la fiesta de la Inmaculada, mostrando que el Hijo de Dios se encarnó en una mujer de carne y hueso»

«De ahí la necesidad de seguir actualizando su figura para que pueda decir algo a los tiempos actuales. Esta actualización no significa que inventemos cosas sobre ella, sino que volvamos a los datos bíblicos, reconozcamos que han sido interpretados desde una mirada patriarcal»

El próximo 8 de diciembre celebramos la fiesta de la Inmaculada concepción de María, es decir, el reconocimiento que hace la Iglesia de que María, por ser madre de Jesús, fue preservada de todo pecado desde su nacimiento hasta su muerte. No es un dogma que tenga fundamento bíblico, pero expresa una convicción de fe que el pueblo reconoce como consecuencia de la divinidad de Jesús. Este último dato es importante: los dogmas marianos son, ante todo, dogmas cristológicos.

Es decir, están vinculados a la persona de María, pero no por ella misma sino por su papel en la historia de salvación como madre de Jesús. Corremos el peligro -y así se ha vivido y se vive en algunos contextos- de pensar a María como una “semidiosa” o alguien llena de poderes para alcanzarnos favores, casi compitiendo con Jesús en su capacidad de conceder milagros. Vaticano II corrigió esas desviaciones al hablar de ella no en un documento aparte y menos proclamándola corredentora -como algunos pretendían-, sino en el documento sobre la Iglesia -Lumen Gentium-, mostrando así su papel único como madre de Jesús, pero no aparte o desligada del pueblo de Dios.

Conviene también, a propósito de esta fiesta mariana, recordar que, aunque el amor a María es una de las devociones más fuertes del pueblo cristiano, su figura y las actitudes que se le han atribuido en su vida histórica están diciendo cada vez menos a la juventud. Se puede amar a la madre de Jesús, pero no es fácil reconocer en ella un modelo de mujer que abra caminos de realización plena para ellas hoy.

De ahí la necesidad de seguir actualizando su figura para que pueda decir algo a los tiempos actuales. Esta actualización no significa que inventemos cosas sobre ella, sino que volvamos a los datos bíblicos, reconozcamos que han sido interpretados desde una mirada patriarcal -propia de la sociedad en la que se ha vivido-, haciendo que se haya puesto más atención a unos aspectos que a otros, concretamente en aquellos que la sociedad ha designado para las mujeres y que han permitido ese papel secundario y sufriente que todavía hoy tantas mujeres padecen.

IMG_1780Basta recordar el texto de la anunciación (Lc 1, 26-38). Se ha puesto más énfasis en la aceptación de María “Hágase en mí según tu palabra” que en la pregunta que ella dirige al ángel cuando le anuncia que será la madre de Jesús: “¿Cómo podrá ser esto si no conozco varón?”. Es decir, esa joven campesina, tiene palabra, la pronuncia, cuestiona, interpela, no importa que sea un enviado de Dios el que le está hablando. Una María así entendida, impulsa y respalda las preguntas que hoy las mujeres nos hacemos: ¿por qué tan relegadas de la Iglesia? ¿por qué no podemos tomar decisiones? ¿por qué no podemos ser mediación de Cristo?, entre muchas otras que actualmente se formulan.

Otros textos bíblicos van en la misma línea. El texto del Magnificat (Lc 1, 46-55) aunque se reza cada tarde en las vísperas, pareciera que no transmite la profundidad de esas palabras puestas por el evangelista en boca de María, mostrando cómo ella expresa lo que es el reinado de Dios: misericordia y transformación de las injusticias haciendo que los excluidos sean colmados de bienes.

Ese texto tiene un hondo contenido sociopolítico, pero se ha espiritualizado de tal manera que no se conecta con la realidad y menos con una María llena de compromiso transformador.  Podríamos comentar más textos bíblicos (aunque en realidad hay muy pocos textos donde aparezca María) pero sirvan estos como ejemplos de la necesidad de una lectura que no pone el énfasis en el silencio de María, en su capacidad de sufrir y de llevar todo en su corazón (Lc 2, 19) sino que reconoce su protagonismo y liderazgo.

Volviendo a la fiesta de la Inmaculada convendría resignificarla mostrando que el Hijo de Dios se encarnó en una mujer de carne y hueso y a ella, sin dejar su humanidad, se le reconoce como llena de gracia, es decir, capaz de vivir la plenitud de vida que Dios quiere para todos sus hijos e hijas. La vida cristiana es una vida que actuando según el espíritu de Jesús crece cada día a más plenitud de amor, de misericordia, de compromiso, de generosidad, de reflexión crítica, de palabra profética, de militancia, de llegar a hacer posible el reino de Dios en nuestra historia.

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Todo esto es distinto a esa visión reducida de entender la Inmaculada en un sentido de separada del mundo. Por el contrario, todos y todas estamos llamados a buscar esa plenitud de vida -llena de gracia- pero en la encarnación del aquí y el ahora, con lo que tiene de alegría y tristezas, de logros y de fracasos, de avances y retrocesos, de aciertos y equivocaciones. María fue proclamada Inmaculada por su consecuente vida de gracia para ser la madre de Jesús, pero, en ningún momento, alejada de su historicidad, de su humanidad, de su ser mujer de Nazaret, pobre, sencilla, campesina, una más entre los suyos.

María vista desde estos horizontes más encarnados en la realidad es modelo no solo para las mujeres sino también para los varones porque en el pueblo de Dios todos estamos llamados a ser bienaventurados como ella, discípulos como ella, seguidores de Jesús como ella. La dimensión femenina de la Iglesia no la encarna solo María ni las mujeres porque en todo el pueblo de Dios reside la riqueza de los diversos dones que culturalmente se han atribuido a las mujeres, pero que, en la realidad, son dones de todos los seres humanos. ¡Que María, quien vivió la plenitud de vida desde su nacimiento hasta su muerte, nos acompañe en este mismo camino de gracia y plenitud al que todos y todas somos llamados!

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“Cuando muere la persona amada”, por Enrique Martínez Lozano.

sábado, 10 de febrero de 2024
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IMG_2688Relato autobiográfico de un proceso de duelo

A Ana.

«El duelo es el precio que pagamos por tener el coraje de amar a otro»
Irvin D. Yalom.

En lo que somos, nada ha cambiado.
Poco a poco dejamos ir la pérdida, pero nunca el amor.
La muerte, como el dolor, pasa. El amor permanece.

CONTRAPORTADA

No es lo mismo hablar del duelo que ser traspasado por él. El autor reflexionaba acerca de las pérdidas y los duelos en un libro, ya impreso, pero que aún no había visto la luz -fue publicado unos días más tarde en esta misma editorial-, cuando padeció la repentina pérdida de su esposa, víctima de un brutal y violento atropello.

En este nuevo librito no habla acerca del duelo; relata su propia vivencia dolorida en los tres primeros meses, desde el insoportable desgarro inicial hasta la gratitud vivida como regalo, pasando por un camino jalonado, tanto de añoranzas como de sorpresas, y repleto de enseñanzas. Completa así, sin haberlo pretendido, el libro anterior.

Se habla en él de pérdidas y de duelos, pero lo que el autor realmente narra es una historia de amor que -como todas- trasciende la muerte.

Editorial Desclée De Brouwer

VER LA CUBIERTA DEL LIBRO

ÍNDICE

Introducción

  1. Encuentro
  2. Desgarro
  3. Paradoja
  4. Presencias
  5. Guiños
  6. Luz
  7. Enseñanza
  8. Comprensión
  9. Actividad
  10. Bondad
  11. Añoranza
  12. Gratitud

INTRODUCCIÓN

El pasado día 16 de agosto fallecía mi amada esposa, Ana Etxeberria Zarautz, a consecuencia del violento atropello sufrido el día anterior cuando paseaba en bicicleta. El mundo se detuvo para mí en aquel momento y, en medio de un desconcierto atroz, creí sentir que todo había acabado.

Los días que siguieron estuvieron marcados por el desgarro emocional y el aturdimiento mental, la melancolía más gris y la desesperanza más abrumadora, el llanto casi constante y el desconsuelo del sinsentido.

Poco a poco, sin embargo, tal como trataré de describir en las páginas que siguen, fue emergiendo la luz en medio de las tinieblas más oscuras y, a partir de ese momento, paso a paso y con total sorpresa por mi parte, la presencia amorosa de Ana, pacientemente, me ha ido reconstruyendo.

A lo largo de estos tres meses, he ido poniendo por escrito mis sentimientos, como una forma de desahogo e incluso de terapia. Y, unido a la posibilidad de verbalizarlos ante personas de confianza, constato el beneficio que todo ello me ha aportado.

Esos escritos estaban destinados a permanecer en mi escritorio, si bien su contenido se hallaba ya guardado en mi corazón. Pero, muy en línea con lo vivido en estos meses, hace pocos días tuve la intuición -¿o me lo dijo Ana?- de que sería bueno sacarlos a la luz. Intuición o voz interior, de lo que no tengo duda es que ha sido ella quien me ha impulsado a dar forma a este librito, como si fuera continuación -segunda parte- de aquel primero que habíamos elaborado juntos unos meses atrás y al que, sin haberlo pretendido, completa.

El libro al que me refiero es el titulado Pérdidas y comprensión. ¿Cómo vivir los duelos? [1] y vio la luz apenas veinte días después de la partida de Ana, si bien se hallaba ya impreso con anterioridad. Lo cual no ha dejado de intrigarme en este tiempo pasado. ¿Por qué el interés de Ana en que ese libro viera la luz justamente en ese momento, cuando de ninguna manera podíamos imaginar que la pérdida sería la suya y el duelo habría de vivirlo yo? ¿Fue una premonición? ¿Era una forma de prepararme para vivir lo que me iba a sobrevenir? Lo cierto es que Ana puso un especial interés en él, insistiéndome particularmente en que presentara guías de trabajo que ayudaran a vivir los duelos, para que las personas no quedaran atascadas en el dolor prolongado, complicado o enmascarado.

Al releer aquel libro, sigo considerando adecuado todo lo que en él se expresa. Sin embargo, no es menos cierto que, de escribirlo hoy, no sería igual. He aprendido en mi propia carne que una cosa es hablar del duelo y otra, bien diferente, sentirse traspasado por él. Y eso fue justamente lo que sentí en aquellas primeras semanas, un dolor que me atravesaba y desgarraba por dentro.

Si lo hubiera escrito hoy, sería un libro más personal y más experiencial. Porque no es lo mismo hablar de algo que conoces por referencias, aunque te hayas informado lo mejor posible, que hacerlo a partir de una experiencia vivida en primera persona. Y esto es precisamente lo que he querido ofrecer en estas páginas, en las que intento compartir lo que es un duelo vivido “desde dentro”, tratando de expresar por escrito aquellas experiencias que me han marcado de una manera tan honda.

No hay en este pequeño libro ninguna “teoría” acerca del duelo -sigo dando por válidas las reflexiones que contiene el anterior-, sino una especie de “diario” que fue recogiendo en vivo una experiencia personal, a la que me entregué en cada momento, tal como me era dada.

A lo largo del texto se irán desgranando los elementos que iban tomando más relieve, pero ya desde esta misma introducción quiero subrayar dos de ellos que me resaltan de manera especial.

El primero es la sorpresa. Seguro que lo repetiré más de una vez, pero no puede ser de otro modo, ya que fui y sigo siendo el primer sorprendido por todo lo que se ha ido moviendo dentro de mí en solo tres meses. Si sorprendente, por inesperada y repentina, fue la partida de Ana, no lo ha sido menos todo lo que he ido viviendo a continuación. Y no me refiero tanto a la intensidad del dolor -nada difícil de entender-, cuanto a todo lo que fue surgiendo del mismo. He vivido en una sorpresa continua ante el modo como se me iba regalando sentir la presencia de Ana. Sorprendido por sus regalos y los efectos que producían en mí, no he podido sino rendirme a la evidencia de algo que nunca había buscado, ni siquiera imaginado, pero que se me imponía interiormente como una evidencia innegable. Porque la sorpresa no se refería únicamente a lo que se regalaba sentir; me he ido sintiendo igualmente sorprendido por la transformación que todo ello iba operando en mí, en mi vida cotidiana, en la relación conmigo mismo, en las relaciones interpersonales, en la actividad… Todas las dimensiones de mi existencia se fueron, sorpresivamente, impregnando de la presencia de Ana y transformando gracias a ella.

Nada de lo que aquí relato lo busqué de manera intencional; sencillamente, lo recibí. De ahí mi sorpresa constante, garantía de la verdad de lo que se me regalaba vivir. Y este es el segundo elemento que quiero recalcar: la enseñanza que Ana me estaba ofreciendo constantemente a través de lo que se me hacía experimentar. Siempre fue una gran pedagoga y hoy lo sigue siendo conmigo, fortaleciendo certezas, poniendo acentos, resaltando prioridades, aportando matices, subrayando actitudes, abriendo caminos, cuestionando comportamientos…, como si me fuera pasando las notas que plasmaba en sus habituales cuadernos de trabajo, con aquellos lápices y bolis tipo fosforito que tanto le gustaban y tan útiles le resultaban.

Como quedará claro en su lectura, todo lo vivido en estos tres meses lo tomo como una profunda enseñanza que Ana me ha ido -y me sigue- regalando de manera continuada. Se trata de cuestiones que formaban parte de nuestras conversaciones habituales y que, sin embargo, en gran medida me han sabido a nuevas por dos motivos: en primer lugar, porque el dolor y el desgarro, ablandándome por dentro, me habían conducido a una situación única para poder aprender -de hecho, estoy viviendo todo este proceso, desde su inicio mismo, como un aprendizaje continuo, queriendo aprender de todo lo que me iba sucediendo, tal como Ana repetía siempre: “¿Qué tenemos que aprender de esto?”– y, en segundo lugar, según he expresado antes, por la carga de sorpresa con que llegaban hasta mí.

Insisto en la sorpresa, no solo porque el modo de sentir la presencia de Ana me tomó totalmente desprevenido, sino porque considero que la sorpresa es señal de no apropiación. Puedo controlar lo que elabora mi mente, porque lo voy dirigiendo yo mismo, pero la sorpresa se me escapa por completo. Y justamente ahí es donde veo un signo de verdad de lo vivido.

La sorpresa, como la intuición, no nace de la mente ni, por tanto, del ego. Simplemente, se constata. Así me ha ocurrido en todo este tiempo, en que no salía de mi asombro -y gratitud- a medida que constataba lo que se iba produciendo. En la gratitud permanezco, dejando que la vida sea y se exprese.

Zizur Mayor (Navarra), 16 de noviembre de 2023,
a tres meses de la partida de Ana.

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[1] Editado también por Desclée De Brouwer, Bilbao 2023.

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Sed una sonrisa…

viernes, 9 de febrero de 2024
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Sed una ‘sonrisa’ en este mundo… Sonreíd a todos los que sufren en la carne, en el corazón, en el alma, enfermos, encarcelados… Como si no fueras más que esto: un pequeño rayo de sol que entra en una habitación oscura y fría para iluminarla y calentarla, eso sería suficiente”.

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Hermanita Magdeleine de Jesús
fundadora de las Hermanitas de Jesús
22 de julio de 1956.

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“La ideología eclesiástica”, por Guillermo Jesús Kowalski.

viernes, 9 de febrero de 2024
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IMG_2686De su blog Poliedro y periferia:

Evangelii Gaudium advierte del riesgo de separar la realidad de la idea, refugiándose en la palabrería, la imagen, el sofisma. Si la realidad es superior a la idea, nuestros proyectos no pueden ser solo formales manipulaciones de la realidad.

La idea, en Tomás de Aquino o Pascal, es deudora de la realidad, percibida con el “corazón” que ama, “intus legere” y que capta que «todo está relacionado, conectado» (LS 16; 117; 138), se integra a un poliedro de sentido.

Jesús no se fija en nuestra ideología, que tener siempre la tenemos, sino que su Amor va más allá y hace de nosotros, un pueblo de hermanos.

Pero la Esperanza cristiana está en aquel que, al resucitar, ha vencido a la ideología religiosa que lo condenó. Aquel que, con la fuerza de su Espíritu, teje día a día su Reino de Misericordia entre las guerras de este mundo. Que nos envía profetas, que todos los días nos anuncian desde distintos lugares y culturas, el Evangelio del amor y la compasión, para cambiar el mundo.

El Papa pedía en la misa de Reyes: «Ideologías eclesiásticas, ¡no!», ellas alientan la división en la Iglesia y quitan a Jesús del centro

El Evangelio no es una idea o una ideología, es un anuncio que te toca y te cambia el corazón. Pero si te refugias en una ideología estás haciendo del Evangelio un partido político, un club de personas” … “el Evangelio no es una ideología” que crea “agotadoras polarizaciones” “En la Iglesia todo debe conformarse a las necesidades del anuncio del Evangelio; no a las opiniones de conservadores o progresistas”, insistió, “sino a que Jesús llegue a la vida de las personas. Por lo tanto, toda elección, uso, estructura y tradición deben ser evaluados en la medida en que favorezcan el anuncio de Cristo”. (Papa Francisco)

La ideología no es solo cuando se identifica el evangelio con la derecha, la izquierda, los conservadores o los progresistas, encontrando algunas afinidades, se renuncia a ser una instancia crítica que vaya más allá de la mera identificación política.

También la Iglesia puede vivir una reducción ideológica cuando ella misma se erige en poder, en un sistema de ideas para someter otros seres humanos…en nombre de “Dios”. Es el origen de todos los fundamentalismos. Las ideologías siempre son una justificación de ciertos intereses para poder influenciar y hacerse con el poder. El que no tenga una “que tire la primera piedra” (L. Gera). El tema es ser conscientes de esta forma limitada de abordar la realidad y no reducir el Misterio de Dios a ellas, sino redimirlas desde una comprensión evangélica más amplia.

Para Evangelii Gaudium, el programa de Francisco, la ideologización del cristianismo deriva del clericalismo. Una “ideología” hegemónica para gobernar la Iglesia, un discurso parcial e interesado del Evangelio, concentrado en formas secundarias y desconectado de la raíz …” para justificar la estructura de poder de un clero carrerista y autorreferencial.

Va más allá de ser conservador o progresista. De lo que se trata es de tener el poder y defenestrar al mejor estilo “Maquiavelo”, al que intente ponerlo en duda (inquisición, cruzadas, expulsión, quema de disidentes, “abandono al brazo secular”, soporte de colonialismos, excomuniones… y ahora la persecución mediática del Papa Francisco y sus reformas).

De lo que se trata en la ideología clerical, es de “mandar en nombre de Dios”. El camino contrario a Jesús, que no vino a ser servido sino a servir, que fue víctima de los poderosos civiles y religiosos de este mundo y les insistió a sus apóstoles en la última cena que “entre vosotros no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande deberá ser vuestro servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás; así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20)

Por eso, esta ideología interpreta la evangelización como proselitismo, no como contagio de “una buena noticia, que será motivo de gran alegría para todos (Lc 2,10). De lo que se trata es de convencer con miedos y condenas para domesticar, homogenizar …y así reproducir el sistema. Son sacralizados objetos, gustos, vestimentas y modos de vida del clero, como el celibato obligatorio que ha sido erigido como algo más importante incluso que el sacramento del Orden Sagrado. Nada de cercanía con el pueblo, sino “desde arriba”, con sacralizaciones absurdas…que terminan en pandemias de abusos y pederastias.

El reduccionismo dogmático de la pretendida “pureza doctrinal”, piedra filosofal del clericalismo, es como el casamiento entre parientes, endogámico, genera malformaciones, asfixia. Diferente del amor del Dios hecho hombre, que es expansivo, poliédrico, dialogal, una identidad abierta, humilde, respetuosa, inclusiva. Los dogmas, que son pocos, son solo una señal hacia el misterio, no su encorsetamiento con el lenguaje de una época y  de un grupo.

La perspectiva de la ideología clerical no es buscar el Reino de Dios y su Justicia, sino afirmar en este mundo la institución eclesiástica como exigente aduana del Cielo regida por una “casta sagrada”. Anula el interés por hacer un mundo mejor, la tensión hacia los cielos nuevos y tierra nueva” (Ap.21). Nada de compromiso con el sufrimiento personal y estructural de este mundo. Sólo hay que “acatar, rezar y sostener el culto” sumisamente, para tranquilizar la conciencia. El juicio final descripto por Jesús en Mt 25, donde el acento está puesto en el amor samaritano, es reemplazado por misticismos desencarnados, por “sentirse bien con uno mismo” en la lógica narcisista actual, donde el otro es un obstáculo.

En la ideología eclesiástica predomina la preocupación obsesiva por la institución. Es sabido que todo movimiento social requiere institucionalidad para la profundización y continuidad del mensaje que abraza. Pero en el caso de la ideologización de la institución eclesiástica, su cultura organizacional, siempre deudora de una época y una elite, predomina sobre el mensaje y la vida que ha de transmitir a lo largo de la historia e interpretando “los signos de los tiempos”.

Cambia el foco del Evangelio, que ya no se dirige a los que tienen hambre y se les da de comer… ya no son los bienaventurados por sufrir la injusticia y luchar por ella, ya no es el Reino de Dios y su Justicia sino el reino de los clérigos y sus privilegios, que siempre nos embarcan en cruzadas contra los “enemigos de la fe”.

Pero la Esperanza cristiana está en aquel que, al resucitar, ha vencido a la ideología religiosa que lo condenó. Aquel que, con la fuerza de su Espíritu, teje día a día su Reino de Misericordia entre las guerras de este mundo. Que nos envía profetas, que todos los días nos anuncian desde distintos lugares y culturas, el Evangelio del amor y la compasión, para cambiar el mundo.

Puedo entregar mi cuerpo a las llamas, pero si no tengo amor… (1 Cor 13) El amor, no la idea del amor, redime, construye, cura, perdona, da sentido, capacita para ver lo que nadie ve…Como Jesús, que ve “algo grande” en el enfermo, en el pecador, en la viuda que lo toca entre la multitud, en Zaqueo, en el centurión…todos amados, comprendidos. Él no se fija en nuestra ideología, que tener siempre la tenemos, sino que su Amor va más allá y hace de nosotros, un pueblo de hermanos.

La ideología impide ver a las personas como totalidad y finalidad, sus necesidades profundas, sus aficiones, su verdad. Como decía Mafalda “amo a la humanidad, lo que me molestan son las personas. Puede que a las individualistas no le interesen los pobres o que las colectivistas hagan de los pobres solo una bandera para revoluciones que terminan empeorando su situación. Como cita la película Napoleón de Ridley Scott: El pueblo entra en la revolución por la miseria …y termina en la miseria por la revolución”.

Ese desinterés por la persona concreta, hace que la gente se vaya de la iglesia, hay un instinto que les dice que por ahí no es. Es una de las principales causas de la apostasía de las masas. Las personas sienten que la institución no tiene interés verdadero por ellas, sino por “imponerles ideas” y controlarlas.

Evangelii gaudium advierte del riesgo de separar la realidad de la idea, refugiándose en la palabrería, la imagen, el sofisma. Si la realidad es superior a la idea, nuestros proyectos no pueden ser solo formales manipulaciones de la realidad. La idea, en Tomás de Aquino o Pascal, es deudora de la realidad, percibida con el “corazón” que ama, “intus legere” y que capta que «Todo está relacionado», «todo está conectado» (LS 16; 117; 138), se integra a un poliedro de sentido.

poliedroyperiferia@gmail.com

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Gente de la calle.

jueves, 8 de febrero de 2024
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Hay lugares donde sopla el Espíritu, pero hay un Espíritu que sopla en todos los lugares.

Hay personas a las que Dios toma y pone aparte. Hay otros a los que deja en medio de la gente, a los que «no retira del mundo».

Esta es la gente que tiene un trabajo ordinario, que tiene un hogar ordinario o son solteros ordinarios. Gente que tiene enfermedades ordinarias, con su pena ordinaria. Gente que tiene una casa ordinaria, que viste ropas ordinarias. Es la gente de la vida ordinaria.

La gente que se encuentra en cualquier calle. Aman la puerta que da a la calle, como sus hermanos invisibles al mundo aman la puerta que se cierra definitivamente tras ellos.

Nosotros, la gente de la calle, creemos con todas nuestras fuerzas que esta calle, que este mundo donde Dios nos ha puesto, es para nosotros el lugar de nuestra santidad.

Creemos que no carecemos de nada, porque, si algo de lo necesario nos faltara, Dios ya nos lo habría dado

*

Madeleine Delbrêl

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“Donde nace la esperanza”, por Carlos Osma

jueves, 8 de febrero de 2024
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IMG_2645Del blog Homoprotestantes:

En la oscuridad de la nada, donde el frío hace temblar a los que no existen, nace la esperanza. Donde no hay camino, excepto aquel por el que alguna vez vagaron los animales salvajes, surge la necesidad de abrir un nuevo camino. Cuando no hay nada que perder, cuando no hay refugio donde refugiarse, la salvación puede estar presente. Sólo después de los límites de la realidad impuestos por quienes poseen la fuerza, el poder y la verdad, irrumpe el Mesías. Donde nadie lo espera, donde es imposible, en el lugar que nadie jamás imaginó. Al final de todo, Dios se acerca a mujeres y hombres que quieren una vida digna.

Siempre hay esperanza, incluso en la completa soledad de quien no es importante para nadie. En la indignidad de quienes no tienen nombre o cuyo nombre es continuamente mancillado por los santos, la luz de una estrella ilumina a quien realizará nuestro deseo de ser, sentir, amar y ser amados, querer y ser queridos. Desde la insignificancia del desvalido que acaba de nacer, Dios se compromete con aquellos que creían que no había vida, ni sueños, ni nada para ellos.

Incluso en medio del desierto donde el viento borra cualquier rastro que dé testimonio de nuestra existencia, es posible que el soplo del Espíritu divino abra un nuevo camino que nos lleve a la libertad y a la vida que queremos. Sólo aquellos que no tienen caminos buscan vigorosamente, y sólo ellos pueden encontrar, arrastrarse y vivir en la Tierra Prometida que viene detrás de ellos. Y es en esos caminos imposibles que Dios se hace uno de nosotros para caminar a nuestro lado.

En los hogares poco acogedores de aquellos que han fosilizado a Dios a su imagen, Dios puede volver a hacerse carne. En esos hogares donde no viven reyes ni reinas, ni príncipes ni princesas, donde cada día la gente tiene que luchar para defender la vida y los derechos de sus hijos, la salvación llega con fuerza. Así como el ímpetu de un bebé que llora, que grita pidiendo comida, calor y amor; La salvación de Dios aparece en la vida de madres y padres, hombres y mujeres, cuyo único hogar es el amor que se profesan.

Al final de lo que es aceptable, deseable, digno, para un dios convertido en papel, es posible que Dios se convierta en uno de nosotros. Después de la realidad fija, excluyente, que pronuncia la verdad de unos pocos, pero que ha sido divinizada como verdad absoluta, surge la realidad de carne y hueso; una realidad diversa, imperfecta, a veces sucia y a veces luminosa; la razón por la que ese niño cobró vida. En el expolio de la religión, de la economía, de la moral, de la salud, de lo divino… irrumpe el Mesías.

Quien no tiene vida, la anhela. Quien se siente oprimido espera el nacimiento de la salvación. Quien se siente tratado injustamente sueña con un mundo justo. Quien es consciente de no tener libertad aspira a ella. Y ahí, en esos anhelos, esperanzas, sueños y aspiraciones, Dios está con nosotros, construyéndolos y haciéndolos realidad poco a poco. Y en esta voluntad común de vida y de verdad acompañamos también a otros que se sienten excluidos, pero que no se dejan vencer por la desesperación y, lo sepan o no, se aferran a la esperanza que representa la Navidad para nosotros los cristianos. La esperanza de la salvación, de una vida plena para todos.

Carlos Osma

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Homo Ludens

jueves, 8 de febrero de 2024
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IMG_2883   Las fiestas pasadas navideñas como todas las hazañas populares llevan a hacer una reflexión sobre el “ser humano juguetón”. El concepto de «Homo Ludens» (el hombre que juega o juguetón) fue introducido por el teórico neerlandés Johan Huizinga (1872-1955) en su obra homónima publicada en 1938. Huizinga sostiene que el juego es un elemento esencial de la cultura humana y que está intrínsecamente ligado a la formación de la sociedad y la evolución de la humanidad. Y Freud (1856-1939) nos habla del placer. Dos aspectos que entran en todo momento del juego. Albert Einstein (1879-1955) nos dice que «El juego es la más alta forma de investigación.«O «Jugar es más natural que trabajar« de John C. Holt (1921-2010). Sin olvidar el psicoanalista de niños, D. Winnicott (1896-1971) con el juego.  Y lo que es más importante: ¿Qué es el juego y el placer para la persona lectora?

  Cuántas veces hemos podido contemplar una foto con todos los edificios derruidos y entre los escombros unos niños jugando… El juego o el ser juguetón pertenece a la estructura de todo ser viviente humano. Este niño/a que todo el mundo tiene en su interior no hace falta aniquilarlo ni castrarloni matarlo sino cultivarlo, mimarlo y vivirlo toda la vida pero con sensatez.

 Este mundo juguetón o de placer que el monstruo del capital omnieconomicista mercantiliza y deshumaniza con su dictadura financiera, si es rentable, lo apoya, sino no es así: no existe. Hay que recordar todo este mundo de juguetes infantiles o de juegos para mayores que se mueve en las fechas, como Navidad, comercializados junto con el mundo del placer, no separados. Y el placer como juego lo encontramos además en dos dimensiones, muy humanas.

Una, la comida. Y se come mal por intereses de rentabilidad económica y se está cayendo en las obesidades, toda una nueva patología psicosomática, pero como gusto fino tenemos la gastronomía: Piensa lo que comes y come lo que piensas. El placer de jugar con la necesidad de la comida como de la preparación. Algo lógico para poder vivir. Una necesidad biológica pero a la vez también culturizada y hoy todo bien globalizado… una gran pluralidad de restaurantes de diferentes etnias en una misma ciudad. Hay que contemplar los rótulos en las calles. Y la gran valoración de los chefs de cocina.

  La otra dimensión es el juego del mundo erótico. Una dimensión básica de la humanidad para expandirse, pero ahora separada de la procreación. Además, los aparatos sexuales, el femenino (tres funciones en tres órganos separados) y el masculino (tres funciones en un solo órgano) conllevan una psicología distinta. Y todas las culturas tienen sus juegos y para todas las edades. Aun así, continúa la represión cultural. Una gran dificultad para vivir el erotismo como es debido desde el nacimiento es la pornografía. Sólo indico que la raíz de porno es vender…y así se comprende el comercio del cuerpo humano como instrumento por algo que pertenece a la naturaleza del ser humano: disfrutar del placer corporal. Es cierto que hay toda una represión y a la vez muy camuflada a pesar del aparente desenfreno. ¿Y por qué tanto miedo a ese placer? Las cuestiones que se levantan son muchas. Y la historia presenta muchos enfoques distintos.

  Por tanto, el ser humano necesita vivir del juego junto con el placer. Por eso hace falta información para formarse y no mercantilizarlo. Y saber realizar una buena gestión para la salud integral. Ciertamente, la visión global de los medios de comunicación no lo manifiesta. Y una vez más es necesario hacer uso de la propia capacidad crítica informada y de una libertad sincera.

   Así entramos en un mundo relacional, socializador. Hay que ver el nacimiento de los juegos olímpicos. Tienen sus raíces en la Antigua Grecia, específicamente en la ciudad de Olimpia. La primera edición se celebró en 776 aec y fueron parte de una serie de festivales religiosos dedicados al dios griego Zeus. Estos juegos se celebraron cada cuatro años y se continuaron durante más de 1.000 años hasta que se prohibió el 393 ec por el Imperio Romano cristianizado, que suprimió muchas prácticas paganas.

  El interés por la restauración de los Juegos Olímpicos surgió en la década del s. XIX y fue impulsado por el pedagogo e historiador francés Pierre de Coubertin (1863-1937). Fue el fundador del Comité Olímpico Internacional (COI) y los juegos Olímpicos se reanudaron en Atenas, Grecia, en 1896. Desde entonces, los Juegos Olímpicos modernos se han celebrado cada cuatro años, salvo en las dos guerras, llamadas mundiales. Los Juegos Olímpicos siguen siendo un importante evento internacional que promueve el deporte, la paz y la cooperación entre las naciones. Y confiamos en que sea así del 26/7 al 11/8 la XXXIII olimpiada en París.

 Pero no olvidemos todo este mundo nuevo digital y virtual. ¿Es juego y placer? En la era digital, donde las fronteras entre lo real y lo virtual se vuelven cada vez más difusas, el concepto de Homo Ludens toma una nueva dimensión. Los mundos virtuales, los videojuegos online masivamente multijuguetones y la realidad virtual crean espacios donde los individuos pueden participar de manera lúdica y placentera, influenciando así la cultura y la sociedad. Lo estamos aprendiendo.

 Y cito un filósofo, que recomiendo, Byung-Chul, Han (1959…) que dice: “el origen de la cultura no es la guerra, sino la fiesta, que comporta el placer, y el juego, no es el arma, que comporta dolor y muerte. La época sin fiesta es una época sin comunidad. Y no permite que emerja el nosotros. Cuando esto ocurre es difícil mantenerse en una paz interior que nos fortalezca. Y podamos irradiarla.

Jaume PATUEL PUIG,

pedapsicogogo

Remitido por el autor

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Profetas de misericordia

miércoles, 7 de febrero de 2024
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Del blog Amigos de Thomas Merton.

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«Un profeta, en el sentido tradicional,  no es simplemente alguien que predice el futuro bajo una inspiración espiritual. Eso es, en realidad, bastante accidental. El profeta es, sobre todo, un «testigo», igual que el mártir es un testigo (Mártir, en griego, significa testigo). Pero es testigo de manera diferente al mártir. El mártir sufre la muerte. El profeta sufre la inspiración, o la visión. Lleva la «carga» de la visión que Dios le otorga. Se inclina bajo la verdad y los juicios de Dios, a veces el juicio histórico concreto, definido, pronunciado sobre un tiempo dado, a veces únicamente la manifestación de la santidad trascendente y secreta de Dios, negada y repudiada por el pecado en general. Pero, sobre todo, el profeta es alguien que lleva la carga de la misericordia divina, una carga que es un don para la humanidad, pero que sigue siendo carga para el profeta en la medida en que nadie se la quita.

A este respecto, vemos que santa Teresa de Lisieux era una auténtica descendiente de los primeros santos proféticos de su Orden cuando tomó sobre sí la carga de ofrecerse como víctima al amor misericordioso de Dios. Esta consagración de nuestra santa moderna no es plenamente comprensible a menos que se vea a la luz de la primera tradición profética del Carmelo. En realidad, ella realizó ese ideal perfectamente en sí misma y por esta razón llegó a ser en nuestros días la patrona de las misiones católicas. Pues también el misionero tiene que comprender que es un profeta que lleva una carga, una carga de misericordia y de verdad que con demasiada frecuencia los seres humanos son incapaces de recibir. No es meramente un funcionario, ni un maestro, que va a organizar una comunidad cristiana y a difundir unas verdades doctrinales. Lleva con él, en su poder sacramental, no sólo noticias sobre Cristo, sino la presencia del Redentor y la realidad de la Redención».

*

Thomas Merton,
Humanismo cristiano 
(El ideal carmelita primitivo)

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Jesús no volverá hasta que aprendamos a amar y aceptar a todas las personas

miércoles, 7 de febrero de 2024
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Jesús no volverá hasta que aprendamos a amar y aceptar a las personas trans e intersexuales

por Stephen Ferguson y Lillian-Paige Turner | 12 de abril, 2022

Mientras gran parte del mundo se ocupaba de los confinamientos de Covid y las invasiones rusas, el Parlamento australiano abordaba la espinosa cuestión de la discriminación religiosa. Fue una gran noticia aquí.

Ante la preocupación por el aumento del sentimiento antirreligioso, el Gobierno conservador de coalición de Australia (liderado por el Partido Liberal, de nombre confuso, aunque es de derechas) hizo de un nuevo proyecto de ley de libertad religiosa una promesa fundamental durante las elecciones federales de 2019. El 25 de noviembre de 2021, en los últimos días del 46º Parlamento de Australia, se presentó finalmente el Proyecto de Ley de Discriminación Religiosa (Enmiendas Consecuentes) de 2021.

A pesar de la propaganda inicial, el 10 de febrero de 2022 el Gobierno de Coalición se negó a impulsar el proyecto de ley en el Senado de Australia. ¿Por qué? Porque una enmienda de la Oposición Laboristas pretendía impedir que los alumnos transgénero fueran expulsados por las escuelas religiosas. Como explica la Australian Broadcasting Corporation:

“El gobierno ha aplazado indefinidamente su intento de revisar las leyes de libertad religiosa, dejando en la incertidumbre uno de los compromisos electorales centrales de la Coalición para 2019… El proyecto de ley de discriminación religiosa en sí mismo permanece sin cambios, pero algunos grupos religiosos han sido firmes en no apoyar las protecciones para los estudiantes transgénero aprobadas junto a la Ley… El Lobby Cristiano Australiano dijo que la eliminación de las exenciones que permitían a las escuelas discriminar a los estudiantes trans ‘socava completamente’ el proyecto de ley”.

Si se trata de estudiantes transgénero, ¿qué significa transgénero?

Para seguir leyendo, es posible que tengas que entender algunos conceptos diferentes pero relacionados: sexo, género, transexualidad, intersexualidad y orientación. Como explica Amnistía Internacional:

La palabra “transexual” -o trans- es un término que engloba a las personas cuya identidad de género es diferente del sexo que se les asignó al nacer. La palabra “intersexual” se refiere a las características sexuales físicas, y no a un sentido interno de identidad. Una persona intersexual también puede identificarse como trans, pero son cosas distintas, porque el género y el sexo están separados. Una persona intersexual puede ser heterosexual, gay, lesbiana, bisexual o asexual, y puede identificarse como mujer, hombre, ambos o ninguno. Tanto las personas intersexuales como las trans tienen derecho a elegir su propia identidad de género, y nunca deben ser obligadas a vivir con cuerpos o identidades con los que no se sientan cómodas.

Mientras que las personas trans e intersexuales difieren en cuestiones de sexo (características sexuales físicas), a menudo comparten los desafíos para navegar por la cuestión de la identidad de género (incluyendo si uno se identifica como hombre o mujer y en qué grado). Mientras tanto, el sexo y la identidad de género son distintos de la orientación (ya que una persona trans o intersexual puede ser gay, lesbiana o bisexual).

Las investigaciones sugieren que entre el 0,3 y el 0,6% de la población es transgénero y entre el 1 y el 2% es intersexual. Si estás un poco confundido, no pasa nada, pero el punto clave es que no te molestes en citar Levítico 18:22 o Romanos 1:26-27 (textos comúnmente asociados con la orientación), porque este artículo trata sobre el sexo y la identidad de género.

¿Deben los cristianos preocuparse por el derecho de alguien a elegir su propia identidad de género?

El fallido proyecto de ley de libertad religiosa de Australia nos lleva a preguntarnos, suponiendo que las organizaciones religiosas deban tener derecho a discriminar a las personas trans o intersexuales, si deberían poder hacerlo. Nos gustaría hacer esta pregunta especialmente a los cristianos que se han pasado los dos últimos años argumentando, con un lenguaje apocalíptico y ruidoso, “mi cuerpo, mi elección” como el más alto ideal espiritual.

Deberíamos tener este debate precisamente porque la autonomía corporal se considera cada vez más una cuestión de libertad religiosa. No sólo en el mundo, sino también fuera de la Iglesia. La autonomía corporal ha llegado a definir quién, cuándo y cómo se puede participar en el culto, dentro de la Iglesia. Para ser franco, ¿por qué debería la Iglesia luchar por su derecho a participar en el culto sin una vacuna o un tapabocas, cuando lucha por excluir a otros por sus propias decisiones sobre la autonomía corporal?

¿Deben las personas trans e intersexuales preocuparse por lo que piensen los cristianos?

A la inversa, puede haber lectores trans e intersexuales a los que no les importe lo que piensen la mayoría de los cristianos. Sin embargo, el cristianismo sigue siendo el telón de fondo ideológico y cultural dominante en gran parte del mundo. El proyecto de ley se introdujo, sin duda, en parte debido a las fuertes creencias cristianas del propio Primer Ministro australiano. Por tanto, este debate es importante, incluso para los ateos.

Tanto si se trata de terroristas suicidas que aplican erróneamente el Islam, como del terror fascista o del encubrimiento de abusos entre los judíos jasídicos, todo el mundo tiene interés en garantizar que las principales religiones no sean secuestradas por interpretaciones erróneas. En el caso del cristianismo, esas malas interpretaciones se deben más a los prejuicios victorianos del siglo XIX que a la antigua Judea del siglo I.

¿Qué dice la Biblia sobre las personas transexuales e intersexuales?

Es probable que la Biblia no se refiera a las personas transgénero e intersexuales exactamente igual que nosotros, los modernos. Al igual que con los temas de la esclavitud o la guerra, debemos ser cautos a la hora de adaptar los mandamientos bíblicos a la vida contemporánea.

Sin embargo, encontramos correlación en los antiguos “eunucos”. Es un término que utilizamos con gran reticencia por sus evidentes connotaciones negativas. Evitaríamos usar ese término por completo, salvo que sea necesario explorar los vínculos con palabras antiguas en lenguas antiguas. Es importante, como esperamos que muestre este artículo, que cuando se utiliza en su antiguo sentido bíblico, la palabra eunuco no es peyorativa, aunque haya sido convertida en un insulto por siglos de transfobia.

Desde la perspectiva del Antiguo Testamento, el término hebreo para eunuco es saris. La Concordancia de Strong en [5361] sugiere que la palabra es de origen extranjero, y probablemente está vinculada a un tipo de cirugía sexual. Sin embargo, el Antiguo Testamento también sugiere un significado más amplio, ya que Potifar es descrito como el sari de Faraón en Génesis 37:36, aunque tenía una esposa famosa.

En el Nuevo Testamento, el término griego es eunouchos. La Concordancia de Strong en [2135] describe a esta persona como un eunuco, una persona castrada, o alguien que se abstiene voluntariamente del matrimonio”. Jesús se refiere a los eunucos en Mateo 19:12, donde, al igual que en el Antiguo Testamento, adopta un significado amplio que abarca al menos tres subgrupos:

“Pues algunos son eunucos porque nacieron así; a otros los hicieron así los hombres; y otros se han hecho así por causa del reino de los cielos”.

Sin necesidad de entrar en detalles sobre las gónadas, la cirugía de reasignación de sexo o la terapia hormonal, y teniendo en cuenta que la Biblia no limita a los eunucos a la biología de todos modos, parece obvio que Jesús tendría en mente a las personas trans e intersexuales en la actualidad. ¿Quiénes más podrían ser?

¿Pero no creó Dios dos géneros separados e invariables en el Edén?

Uno casi puede oír a los guerreros del teclado escribiendo: “Pero Dios creó dos géneros en el Jardín del Edén”. En la mayoría de los casos, el Edén ilustra lo que Dios pretendía originalmente para la humanidad, no lo que Dios espera como modo de vida moderno obligatorio. A menos que, como Adán y Eva, seas nudista, vegano, sin casa y cazador-recolector.

Una verdadera ironía, entonces, es que algún tipo de estado trans o intersexual puede haber sido el estado primordial de Dios para la humanidad. Génesis 1:27 dice que Dios creó a Adán (lit. haʾadam, artículo-sustantivo, masculino) como hombre y mujer.

Génesis 2:22 dice a su vez que Dios creó a la mujer a partir de una parte del hombre. Sin embargo, la palabra “costado” (lit. tsela), a menudo traducida como “costilla” en español, también puede significar “lado” en hebreo. Es decir, Dios no creó originalmente un varón y luego creó a la mujer a partir de una pequeña costilla, sino que Dios creó un único ser primordial que abarcaba ambos géneros, al que luego dividió por la mitad.

¿Pero no condena Dios el travestismo?

Uno casi puede oír a alguien más tecleando Deuteronomio 22:5:

“La mujer no se pondrá ropa de hombre, ni el hombre se pondrá ropa de mujer, porque el Señor tu Dios detesta a cualquiera que hace tal cosa”.

Claro, esto simplemente afirma que una mujer trans debe vestirse como una mujer porque, para decir lo obvio – ¡es una mujer!

En cualquier caso, citar pasajes de los aspectos ceremoniales y diversos del Antiguo Testamento es problemático, ya que estos mandatos eran a menudo medidas temporales para el antiguo Israel. Si cita Deut. 22:5, siga leyendo y cite los versículos 11 y 12:

“No te vistas con ropa de lana mezclada con lino. Pon cuatro borlas en las puntas del manto con que te cubres”.

Mira tu propio vestuario antes de juzgar a los demás.

¿Qué pensaba Jesús de los eunucos?

Lo más importante, y si no hay nada más que tomar de este artículo, es que Jesús nunca utiliza el término eunuco como un insulto. Lejos de verlos como grandes pecadores que necesitan arrepentirse, Jesús sugiere que los eunucos viven en un estado superior del ser. Tanto es así que Jesús dijo:

El que pueda aceptar esto [vivir como eunuco] que lo acepte”.

También se puede argumentar que un tipo de estado trans o intersexual nos espera a todos en la otra vida. Porque Jesús dice en Mateo 22:30:

“En la resurrección, las personas no se casarán ni serán dadas en casamiento, sino que serán como los ángeles que están en el cielo”.

El celibato, la intervención quirúrgica y otros estados “no normativos” tienen un lugar muy arraigado tanto en la historia cristiana como en la judía. Sin embargo, a muchos cristianos modernos les cuesta aceptar las enseñanzas positivas de Jesús que apoyan a los eunucos. ¿Por qué?

¿La exclusión de las personas trans e intersexuales impide la segunda venida de Jesús?

Jesús no sólo no dijo nada malo sobre los eunucos (para usar el término bíblico), sino que parece que esperaba que fueran acogidos como condición previa a su venida. Este es el meollo de la profecía de Isaías 56:4-7. La Biblia hace una promesa mesiánica de que no sólo los gentiles, sino también los eunucos, serán bienvenidos en el Templo de Dios, un lugar históricamente prohibido para ambos grupos (Deuteronomio 23:1-6):

“A los eunucos que observen mis sábados, que elijan lo que me agrada y sean fieles a mi pacto, les concederé ver grabado su nombre dentro de mi templo y de mi ciudad; ¡eso les será mejor que tener hijos e hijas!”

Jesús cita este pasaje como motivo para desalojar el Templo (Mateo 21:13), lo que desencadenó su propia crucifixión, el punto de inflexión de la historia cósmica. En cumplimiento de esta profecía, los Apóstoles se dirigieron no sólo a los no judíos, sino también a los eunucos (Hechos 8:26-40).

La mayoría de los cristianos, incluyendo a la mayoría de los adventistas, creen que estos acontecimientos de Pentecostés, que implican la primera lluvia, son una especie de prototipo de la última lluvia del verdadero fin de los tiempos. Pero aquí está el problema: ¿dónde está nuestra misión voluntaria hacia los eunucos bíblicos de hoy, es decir, nuestros amigos trans e intersexuales? ¿Por qué no les hemos invitado al Templo Verdadero, que es la Iglesia dirigida por Cristo (Juan 2:13-22)?

Cómo aprendí a odiar a Dios (y a mí misma) – La historia de Lilly

Sabía que era diferente desde que tengo uso de razón. La mejor manera de describirlo es que mi vida era una actuación para todos menos para mí. Intenté actuar como los demás querían que actuara, e intenté que me gustaran las cosas que debían gustarme. Pero siempre me parecía mal, una mentira. Me costaba establecer relaciones con otras personas porque todo lo que les daba eran mentiras. De niña, no tenía las palabras para entenderlo… o comunicarlo.

Pero lo intenté.

“Cuando sea grande quiero ser una chica”, dije.

Estás insultando a Jesús”. Su tono dejaba claro que yo había dicho algo malo.

No lo entendía, no entendía qué tenía que ver Jesús con todo esto. “¿Por qué?”

“Porque Él te hizo un niño”.

Estas no eran las palabras más fuertes del mundo. De hecho, sospecho que soy la única persona en el auto que recuerda esa conversación. Pero como niño sensible, ya acostumbrado a ser quien los demás querían que fuera, aprendí una importante lección ese día: Jesús no me quería, no a mi verdadero yo. Quería que siguiera actuando, mintiendo, escondiéndome. Entonces no conocía la palabra resentimiento, pero sabía lo que se sentía.

No hace falta decir que no fue la única vez que aprendí esa lección. La aprendí con cada sermón sobre la perversión de “los transexuales”. Aprendí esa lección cada vez que el chico femenino era acosado. La aprendí cada vez que llamaban pervertido o friki a un chico que llevaba vestido. Sin embargo, tuve suerte, no me golpearon para convertirme en “un hombre”, ni me echaron a la calle ni me repudiaron. Pero sabía que eso les ocurría a los chicos trans desde que conocí la palabra transgénero y a los chicos gays mucho antes.

Quizá nada de esto te importe; quizá tampoco debería importarme ya nada. Después de todo, ahora soy ateo. Pero sí me importa. Hay muchos otros niños trans por ahí, aprendiendo a encontrar las palabras para expresarse. Muchos de ellos creen y aman a Dios como yo. Tal vez todo lo que necesitan es saber que Dios también los ama. A ellos de verdad.

Después de todo, cuando Jesús vino y vio cómo algunos judíos habían utilizado las Escrituras, se enfadó. Las Escrituras habían sido retorcidas y aplicadas dogmáticamente para imponer su voluntad al pueblo. No estoy sugiriendo esto para decir que debes ignorar las Escrituras. Al contrario, puede que sea ateo, pero aprecio la importancia que tiene la Biblia en la vida de muchas personas. Simplemente te pido que la leas de nuevo y te asegures de que no la estás tergiversando para tus propios fines antes de que otra generación aprenda la lección que yo aprendí.

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IMG_2080Stephen Ferguson es un abogado de Perth, Australia Occidental, con experiencia en planificación, medio ambiente, inmigración y derecho administrativo-gubernamental.

Está casado con Amy y tiene dos hijos, William y Eloise. Stephen es miembro de la Iglesia Adventista de Livingston.
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IMG_2079Lillian-Paige Turner es de Perth, Australia. Actualmente está terminando una licenciatura en Psicología y Asesoramiento en la Universidad Edith Cowan, además de trabajar a tiempo parcial como trabajadora de apoyo a la salud mental. Además, Lilly es voluntaria de Living Proud en su tiempo libre..

Fuente AdventistToday

 

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Huida

martes, 6 de febrero de 2024
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Del blog Nova Bella:

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Aquello por lo que merece la pena esperar no habría que dejarlo escapar.

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Rupi Kaur

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