Comentarios desactivados en ¿Es la homofobia el problema?”, por Cristóbal López Romero, SDB, obispo de Rabat.
De su blog Venga tu Reino.
Entre las múltiples reacciones que ha generado la Declaración ‘Fiducia supplicans’, me llamó la atención la de un sacerdote que se manifestó contrario a la bendición de parejas homosexuales, para, a renglón seguido, reconocer que, a pesar de sus largos años de sacerdocio, él nunca había encontrado cara a cara a una persona homosexual. Alguien le observó:“Quizás no han venido a ti porque sabían que no iban a ser acogidos…”.
Pero la reacción que no puedo olvidar fue la de otro sacerdote que, totalmente preso de la ira, descargó toda su artillería contra el papa Francisco dejándolo como palo de gallinero. En su intervención –yo escuché la grabación–, acababa con esta lindeza: “Como venga a mi parroquia uno de esos homosexuales, lo saco a patadas en el trasero”. La traducción, porque él lo dijo en francés, es mía, pero garantizo haber conservado el sentido de sus palabras con exactitud; lo que se pierde al pasar al lenguaje escrito es el énfasis y el tono de la pronunciación: la rabia.
Esta actitud contrasta frontalmente con lo que afirma un documento del magisterio tan ortodoxo y fuera de toda sospecha como el Catecismo de la Iglesia Católica: las personas con tendencia homosexual “deben ser acogidas con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta”.
No quisiera pasar fácilmente de la anécdota a la categoría, pero es innegable que en la Iglesia quedan bolsones, islotes (si no continentes) de homofobia. Toda fobia es tratada en psiquiatría como una patología, no de las graves, pero patología. Y en moral, la homofobia, si es consciente, libremente aceptada y no combatida, es pecado, porque es discriminatoria y atenta contra la dignidad de personas humanas.
Aceptar la realidad
¿No será que, en la raíz de algunas o muchas de las más furibundas reacciones contra la posibilidad de bendecir a parejas del mismo sexo, hay vestigios de homofobia?
¿No nos convendrá acudir, en actitud humilde, a pedir una bendición que nos ayude a desprendernos de esta o de semejantes actitudes?
No podemos seguir viviendo ni en la homofobia ni en el negacionismo de la existencia de la homosexualidad, que existe en todos los países, por más leyes que la penalicen.
¡Qué bueno será que pidamos a Dios la gracia de poder ver a estas personas, hermanos y hermanas nuestros, con los ojos con los que Él los ve y de amarlos como Él los ama!
Comentarios desactivados en “Fiducia Supplicans: los que comen con las manos limpias”, por Leandro Gaitán
«¿No es una monstruosidad bendecir a la tripulación de un bombardero nuclear para que tenga éxito en su misión?«
«Para muchos laicos, sacerdotes, obispos y cardenales, dicha declaración es una suerte de puerta abierta al mismísimo Averno (las redes sociales son un testimonio lapidario de tales reacciones)»
«Ante semejante conmoción, no puedo evitar recordar cuando, en el año 1945, el padre George Zabelka bendijo a la tripulación del Enola Gay y del Bockstar para que tengan éxito en su misión: arrojar sendas bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki»
«Los laicos y sacerdotes que ahora juntan firmas en Change.org para hacer lobbismo mediático contra el Papa Francisco y presionarle para que anule FS (como si la Iglesia fuera una democracia y no una institución jerárquica), ¿dónde estaban en aquel momento?»
«Cuando alguien se horroriza fácilmente con los pecados ajenos nunca está demás responderle con un ‘tu quoque’ (tú también) o dicho de manera coloquial, ¿y por casa cómo andamos?»
| Leandro Gaitán, profesor de la Universidad de Navarra.
Recuerdo que hace algunos años, cuando redactaba mi tesis doctoral, estudié el surgimiento de la llamada “generación Beat”, un movimiento contracultural formado por jóvenes que se revolvían, entre otras cosas, contra el moralismo hipócrita de la sociedad estadounidense de aquellos años (50’ y 60’). Una sociedad en la que una joven podía ser señalada y criticada si utilizaba una falda un poco más corta de lo “permitido” o en la que se retiraba el saludo a una pareja de novios que decidía convivir antes del matrimonio.
Una sociedad que, no obstante, aplaudía como foca la frenética carrera armamentista, las carnicerías humanas de Corea y Vietnam o que perdía la compostura si una persona de color no cedía el asiento a una persona blanca en el autobús (porque muchos estaban a favor de la segregación racial). Eso sí, una sociedad que, al mismo tiempo, jamás faltaba a los servicios religiosos los días domingos.
Con similar perplejidad “beat” contemplo la forma escandalosa con que han reaccionado algunos sectores de la Iglesia por la declaración Fiducia Supplicans(desde ahora, FS). Para muchos laicos, sacerdotes, obispos y cardenales, dicha declaración es una suerte de puerta abierta al mismísimo Averno (las redes sociales son un testimonio lapidario de tales reacciones).
Ante semejante conmoción, no puedo evitar recordar cuando, en el año 1945, el padre George Zabelka bendijo a la tripulación del Enola Gay y del Bockstar para que tengan éxito en su misión: arrojar sendas bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. No eran una pareja, eran un grupo. Según parece, se puede bendecir a un grupo que se une para utilizar armas de destrucción masiva contra población civil.
Y también se pueden bendecir armas, aunque recientemente el Papa Francisco recomendara dejar de hacerlo (¡otra vez el progre y buenista de Bergoglio metiendo sus narices donde nadie le llama!). No tengo noticias de que ese acontecimiento haya generado peticiones tan airadas al entonces Papa Pío XII para que se prohibieran ese tipo de bendiciones. No tan airadas como las que generó FS. Según declara el mismo padre George Zabelka: “Que yo sepa, ningún cardenal ni obispo estadounidense se opuso a estos bombardeos masivos. El silencio en estos asuntos resulta ser aprobación”.
¿Dónde estaban los conservadores en aquel momento para oponerse a semejante monstruosidad? ¿O no es una monstruosidad bendecir a la tripulación de un bombardero nuclear para que tenga éxito en su misión (más aún en un contexto de guerra no-nuclear)? Pues eso aconteció antes del rupturista, discontinuista y cuasi-cismático Concilio Vaticano II (perdón por la ironía). Sospecho entonces que, para los que todavía guardan cierta nostalgia de aquellos tiempos pretéritos, la bendición del padre Zabelka estuvo de maravillas, no así —faltaría más— las bendiciones que permite FS.
También recuerdo que, en el año 1999, el Papa San Juan Pablo II besó solemnemente el Corán delante del imán chiíta de la mezquita de Khadum. Pregunto entonces: si permitir la bendición de parejas irregulares o del mismo sexo es una forma de aprobación, el beso solemne del Corán por parte del Santo Padre, ¿no fue también una especie de aprobación?
Quizás algún lector pensará que estoy incurriendo en falsa analogía, o para decirlo de otra manera, que estoy mezclando “churras con merinas”. Pues no me parece una comparación desacertada. Vamos unos años más adelante. En 2006 el Papa Benedicto XVI bendijo a los exponentes de las comunidades musulmanas de Italia y a los embajadores de los países de mayoría islámica acreditados ante la Santa Sede. Sus palabras fueron éstas: “¡Que el Dios de la paz os llene con la abundancia de sus bendiciones, al igual que a las comunidades que vosotros representáis!”.
¿Fue una bendición litúrgica o de corte pastoral-informal (según el distingo de FS)? Entiendo que fue una bendición pastoral. Los musulmanes que, por su misma condición, no reconocen a Jesucristo como segunda persona de la Trinidad (habiendo tenido, en muchos casos, la posibilidad de conocer el cristianismo), ¿viven o no en pecado? ¿Se puede bendecir una comunidad que no manifiesta ninguna intención de arrepentimiento por negar la divinidad de Jesucristo, ni mucho menos, de conversión al cristianismo? Pues parece que sí se puede, al menos sí de manera informal.
A pesar de eso me pregunto: ¿dónde estaban los conservadores para rechazar en masa la bendición de musulmanes? ¿dónde estaban las Conferencias Episcopales de África para oponerse al Papa Benedicto XVI por bendecir a miembros de una religión que, aún hoy, persigue, secuestra, tortura y asesina masivamente a los cristianos en distintas regiones de aquel continente (y fuera también)? ¿por qué nadie alzó la voz para advertir que un católico no puede besar un libro que legitima toda forma de violencia contra los “infieles” (es decir, contra los mismos católicos)? Qué es más “pecaminoso”, ¿rechazar la divinidad de Jesucristo y combatir a quienes la afirman, o ser homosexual, reconocer la divinidad de Jesucristo y pedir una bendición informal para que el mismo Señor Jesucristo le otorgue su ayuda?
Hago aquí un breve paréntesis para aclarar que no es mi intención emitir juicios de valor sobre el actuar de los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, sino poner en evidencia una contradicción o, por qué no decirlo con todas las letras, una hipocresía. De lo hecho por estos papas, podría decirse que un gesto de caridad no conlleva la aceptación del error.
Ejemplos en sintonía con los recién mencionados hay para hacer dulce. Recordaré uno más. Las bendiciones de narcotraficantes, mafiosos y delincuentes de toda índole. En 1991, el padre Rafael García Herreros bendijo al narco-criminal Pablo Escobar Gaviria y a su séquito de sicarios. Fue otra bendición en grupo, no en pareja. Todos asesinos que fueron bendecidos a pesar de no dar señales de arrepentimiento por el mal cometido y de perseverar en su conducta nefanda. Sí, hablo de Pablo Escobar Gaviria, el mismo que apenas dos años antes, había ordenado hacer estallar un avión de Avianca en pleno vuelo para asesinar a un candidato presidencial. No hubo sobrevivientes de aquel atentado (110 fallecidos).
Otra vez pregunto: ¿estaba el padre García Herreros aprobando solapadamente el actuar de esos criminales con su bendición? Los laicos y sacerdotes que ahora juntan firmas en Change.org para hacer lobbismo mediático contra el Papa Francisco y presionarle para que anule FS (como si la Iglesia fuera una democracia y no una institución jerárquica), ¿dónde estaban en aquel momento? ¿dónde estaban todos los que hoy actúan como auténticas estrellas del lobby “anti-Bergoglio” en las redes sociales para gritar a voz en cuello que esa bendición grupal era inaceptable? Insisto, podría seguir con la casuística ad infinitum. No quiero meterme, por ejemplo, en el oscuro terreno de la política. Bendiciones y comuniones concedidas a dictadores, líderes y miembros de grupos terroristas, etc., en la mayoría de los casos sin que esta gente muestre signos de arrepentimiento ni abandone sus actividades delictivo-criminales.
No puedo evitar experimentar perplejidad “beat” al observar cómo aquellos que callaron ante las situaciones recién descriptas, hiperventilan al pensar que una pareja en situación irregular o del mismo sexo pueda acercarse al despacho parroquial para pedir una bendición e invocar la asistencia de la Gracia. Se parecen a los ortodoxos rusos quienes, por boca del Obispo Hilarión Alfeyev, han afirmado que, a causa de FS, ya no será posible “esperar una futura unidad entre católicos y ortodoxos”.
Sí, ha leído correctamente, lo afirmaron los ortodoxos rusos, que han bendecido submarinos nucleares con misiles balísticos intercontinentales y plataformas de lanzamiento de misiles nucleares desde tierra que podrían convertir una ciudad con millones de habitantes en un páramo infernal sin posibilidades de supervivencia siquiera para las cucarachas. Sin ir más lejos, el patriarca ortodoxo ruso Kirill dijo, el pasado mes de octubre, que las bombas y las ojivas atómicas rusas están bajo la protección de San Serafino de Sarov. ¡Menos mal! Muy tranquilos estarán ahora sus potenciales víctimas sabiendo que, eventualmente, serán borrados de la faz de la Tierra por misiles que se encuentran bajo la protección del santo ruso. Si estas absurdidades no fueran hechos reales, pensaría que son bromas típicas de un 28 de diciembre.
Continúo con mi perplejidad “beat”. Una perplejidad que asume dimensiones mastodónticas cuando pienso en los pecados cometidos “de la cintura para arriba”. Cuando pienso, por ejemplo, si puede un sacerdote bendecir a un comunista, a un fascista o a un capitalista recalcitrante. Sí, también leyó bien, a un capitalista de esos que comulga de rodillas, pero luego te quiere convencer de que está muy bien que una multinacional instale una fábrica en un pueblo perdido de Honduras, para contratar gente a la que hace trabajar 12 hs. por día (de lunes a lunes) produciendo polos que la empresa vende a 60 € en Madrid, Berlín o Londres, mientras les paga (a esos “empleados”) 1 € al mes. Vuelvo sobre lo mismo: parece que es correcto bendecir a gente que defiende y promueve ideas/políticas que justifican, de diferentes maneras, el abuso desmedido de poder sobre otros (frecuentemente en condiciones de vulnerabilidad extrema). ¿Será que me estoy fijando en menudencias? ¿Será que, a fin de cuentas, lo único importante es que sean heterosexuales?
Mi perplejidad “beat” alcanza cotas insospechadas cuando observo que, el gran escándalo de FS, parece deberse a que se mete en un tema de índole sexual. Recuerdo, en este sentido, las reacciones que provocó en su tiempo la publicación de la encíclica Humanae Vitae del Papa Pablo VI. Humanae Vitae y Fiducia Supplicans son, probablemente, los dos documentos del post-concilio que mayor cantidad de reacciones negativas han provocado. En el primer caso, por parte del sector “progresista” y en el segundo caso, del sector “conservador”.
Difícilmente se puedan encontrar documentos o situaciones en la historia reciente de la Iglesia que hayan generado tanto “pataleo” como cuando los Papas se pronunciaron sobre temas vinculados a la sexualidad. Parece que los católicos nos empeñamos porfiadamente en dar la razón a quienes afirman que, para la Iglesia, el tema sexual es materia de escándalo. Abro aquí otro paréntesis para decir que de ningún modo estoy minimizando la importancia antropológico-teológica de la sexualidad, solo pretendo expresar la sorpresa que me produce este particular fenómeno. Los papas han escrito documentos sobre diversidad de temas muy sensibles y complejos. Sin embargo, nunca han logrado suscitar reacciones tan destempladas como cuando han hablado sobre temas relacionados con la sexualidad.
Esto sigue, mi estado de desconcierto y estupefacción casi supera al de los jóvenes “beat” cuando pienso en las contradicciones de la propia vida, esas que quizás no se ven ni son evidentes para los que nos rodean (y de las que nadie está exento, yo el primero). Me refiero, por ejemplo, al varón o mujer heterosexual, eventualmente casado/a por iglesia y con hijos (modelos arquetípicos del laico “bendecible”), que quizás mira pornografía en momentos de soledad, engaña directa o indirectamente a su cónyuge, le maltrata psicológica o físicamente, ignora a sus hijos porque prioriza el éxito profesional y el dinero, difama a los demás, es avaro, soberbio, mentiroso, envidioso, etc.
Todos pecados que confiesa ante el sacerdote cada quince días, pero en los que sistemáticamente vuelve a caer, frecuentemente sabiendo que los repetirá y sin hacer demasiado esfuerzo (o ninguno) para evitarlos, y sin que eso le afecte o provoque una particular crisis de conciencia.
Esa persona, incluso asiste a misa, comulga y recibe la bendición todos los domingos y fiestas de guardar. Situaciones como la recién descripta constituyen el pan nuestro de cada día en la vida de la Iglesia, y todos lo aceptamos porque tiene que ver con la impronta paradojal y dramática de la existencia humana. Tiene que ver, en definitiva, con el hecho fácilmente verificable de que todos somos pecadores, de que nuestra naturaleza está herida por el pecado.
El problema es cuando, quienes así viven, se creen legitimados para actuar como guardias en un panóptico desde donde miran, juzgan y deciden a quién se sube o se baja el pulgar. Y desde ese panóptico, se han lanzado a las redes sociales para escupir sus venenos contra FS y el Papa Francisco. Cuando alguien se horroriza fácilmente con los pecados ajenos nunca está demás responderle con un “tu quoque” (tú también) o dicho de manera coloquial, ¿y por casa cómo andamos?
Hagamos una revisión exhaustiva de nuestras propias vidas y luego veamos qué autoridad tenemos para “tirar la primera piedra” (Jn 8,7). En efecto, ¿es éticamente plausible vivir señalando a quienes “no comen con las manos limpias”, como relata el conocido pasaje evangélico (Mc 7, 1-8 y 14-23), sin atender al estado del propio corazón (quizás convertido en un auténtico lodazal)?
Ante esta lamentable situación de inflexibilidad y vehemente rechazo hacia FS, y ya en el paroxismo de la perplejidad “beat”, me viene a la mente una frase de San Josemaría Escrivá sobre la que creo, modestamente, que convendría reflexionar: “Ten entrañas de piedad, y no olvides que [ese pecador] aún puede ser un Agustín, mientras tú no pasas de mediocre” (Camino, nº 675). Hago un pequeño añadido a esta frase para terminar: tal vez, recibida en el momento adecuado, el tipo de bendición “al paso” que permite FS, podría suponer un antes y un después en la aparición de ese nuevo “Agustín”.
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Balance de las reformas planteadas por el papa Francisco para renovar la Iglesia
«El papa Francisco hizo unas propuestas para renovar la Iglesia y acomodarla al Evangelio y a los signos de los tiempos»
«La mayoría de esas ramas son productos de la tradición, que han ido creciendo sin poda durante muchos años y que el papa Francisco, desde su nombramiento hace diez años, ha intentado realizar»
«Sin embargo, hay ramas que Francisco se ha comprometido en dejarlas tal como están, al mostrarse inflexible en debatir unos temas considerados inamovibles. Pero sí que hay otras ramas que ha pretendido podarlas como la misoginia en la Iglesia y la homofobia»
«¿Querrá alguna pareja homosexual cristiana aceptar una bendición como esta , en la que se aplica el SÍ pero NO? Se trata de una pantomima inaceptable»
Es imprescindible que la Iglesia, lo mismo que cada institución y que cada persona, haga un balance de cómo ha sido su forma de ser y de estar en este mundo como cristiano y ser humano para reconocer todo lo bueno que ha hecho y lo que le falta por hacer. De ese balance depende que la Iglesia, las instituciones y las personas tomen conciencia de que es moralmente posible mejorar, dando pasos hacia adelante porque solo se hace camino al andar. Estancarse en la misma forma de pensar y actuar sin cuestionar la necesidad de hacer un cambio para mejorar, va en contra de nuestra propia naturaleza y también en contra de la fe en Dios que nos incita a que tomemos conciencia de nuestros desvíos para que nos encaucemos por el camino correcto, bien explicitado en los derechos humanos, en la ética natural y en el Evangelio.
El papa Francisco hizo unas propuestas para renovar la Iglesia y acomodarla al Evangelio y a los signos de los tiempos. Esas propuestas pretendían que la primavera hiciera su aparición en la Iglesia, lo que suponía llevar a cabo una poda para deshacerse de aquellas ramas infructuosas y dar lugar a nuevos brotes que produzcan nuevas ramas que den buenos frutos.
La mayoría de esas ramas son productos de la tradición, que han ido creciendo sin poda durante muchos años y que el papa Francisco, desde su nombramiento hace diez años, ha intentado realizar.
Sin embargo, hay ramas que Francisco se ha comprometido en dejarlas tal como están, al mostrarse inflexible en debatir unos temas considerados inamovibles, manifestando que «No podemos seguir insistiendo en cuestiones referentes al aborto, al divorcio, al matrimonio homosexual, a la eutanasia o al uso de anticonceptivos» Como tampoco, añado yo, al ”celibato opcional”.
Pero sí que hay otras ramas que ha pretendido podarlas como:
1. La misoginia secular de la Iglesia
Francisco es consciente de que la misoginia eclesial no tiene ningún sentido en las sociedades democráticas, donde la mujer se ha incorporado en todas las esferas profesionales y las del poder. Por eso hizo esta declaración: «Una Iglesia que excluye a las mujeres es una Iglesia estéril. La iglesia puede avanzar hacia una auténtica igualdad». Pero la misoginia sigue campando en la iglesia, donde las mujeres no se encuentran en una situación de igualdad con los hombres; ni siquiera se les ha permitido en este año pasado de 2023 ser diaconisas, el grado inferior de la jerarquía. Mientras persista la misoginia y el patriarcado, la iglesia no representa la Iglesia primitiva de Cristo, que era una comunidad donde reinaba la igualdad entre hombres y mujeres. Está documentado que durante los primeros siglos del cristianismo hubo diaconisas y presbíteras.
El teólogo progresista Juan José Tamayo cree que el gran escándalo de la Iglesia católica, y desde hace siglos sin que haya cambiado nada, es la marginación de la que son objeto las mujeres. “Esto me parece no sólo un escándalo, sino la mayor contradicción porque va en contra del movimiento de Jesús de Nazaret, que es el punto de partida de la Iglesia y que fue un movimiento igualitario de hombres y mujeres, sin discriminación por razones de género. Creo que esto es lo que hoy más desacredita a la Iglesia Católica, donde las mujeres siguen estando discriminadas y siendo una mayoría silenciada”.
2. La homofobia de la Iglesia
La bendición de las parejas homosexuales es un primer paso para cambiar el pensamiento homófobo de la iglesia, no el de Jesús que jamás habló ni condenó la homosexualidad. La Iglesia evangélica debe seguir a Jesús que no condenó a nadie por su tendencia sexual. ¿Por qué? Porque era mejor conocedor de la naturaleza humana que la Iglesia, al reconocer la diversidad sexual creada por Dios. “ Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”. (Génesis 1.31)
El Papa solo ha contemplado dar el paso de la bendición a las parejas no heterosexuales, pero excluyéndolas del matrimonio, lo que no ha sido bien recibido por dicho colectivo al no sentirse tratado como las parejas heterosexuales.
Según la Doctrina de la Fe, la bendición de parejas homosexuales debe tener estas características:
Debe ser breve, de pocos segundos, y sin implicar que se esté dando un visto bueno o una aprobación a esa relación”.
A falta de un ritual, así es como yo veo esa “bendición”:
El sacerdote, la Doctrina de la Fe preferiría un diácono, se dirigirá así a la pareja homosexual: “Sed recibidos con el deseo de que os convirtáis en heterosexuales, acudiendo a una clínica psiquiátrica, para que la Iglesia no os dé un simple saludo sino un abrazo y os abra las puertas al matrimonio, ya que vuestra relación no es buena ni la aprueba la Iglesia”.
Y por supuesto, sin ningún tipo de exaltación de esa bendición como la intervención de una coral o de música sacra. Tampoco serán admitidos los aplausos en el interior de la Iglesia. Una vez fuera, los familiares y acompañantes podrán expresar sus sentimientos de forma libre.
¿Querrá alguna pareja homosexual cristiana aceptar una bendición como esta , en la que se aplica el SÍ pero NO? Se trata de una pantomima inaceptable.
Conclusión
La renovación de la Iglesia ha sido más un deseo que una realidad.
La primavera anunciada por el papa Francisco aún no ha empezado a dar brotes significantes.
No se trata de cambiar de la noche a la mañana, sino de poner en marcha el tren del progreso, del avance, de empezar a subir escalones hacia un status quo renovado. Pero el papa todavía no ha subido ningún peldaño de los que estaba dispuesto a subir. El status quo actual de la Iglesia ya está caducado y todos estamos esperando que empiece a caminar como muy bien dice Antonio Machado: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.
Mientras la Iglesia no se ponga en camino, no habrá cambios esperados por los creyentes desde hace tiempo. Creo que el problema que le impide a la Iglesia caminar hacia adelante es su obsesión por conservar la Tradición, considerada junto con las Escrituras como las dos únicas fuentes de la revelación, olvidándose que hay otra fuente a la que no le da suficiente valor: la de los Signos de los Tiempos. Esa tercera revelación es la que alimenta las nuevas propuestas de los teólogos y laicos progresistas, como también parte de la clerecía. Son propuestas muy importantes para que la jerarquía las tenga en cuenta y no deje que vaya pasando el tiempo. Se trata de salir del estado involucionista en que se encuentra la Iglesia.
“El monte estaba de parto y parió un ratón”. Este refrán latino de Horacio expresa que el papa Francisco ofreció a los creyentes unas grandes expectativas de cambios importantes en la Iglesia con un resultado ínfimo.
Es inaplazable que la iglesia se ponga a andar porque como dijo Antonio Machado:
Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar.
Comentarios desactivados en “Bendecid, no maldigáis, por Míguel Ángel Mesa.
«Mi plena cercanía, apoyo y sintonía con los cambios iniciados o llevados a cabo por Francisco a lo largo de estos diez años de papado»
«Después de leer la Declaración La confianza suplicante, pienso que es un paso adelante, valiente e importante, que invita a dar la bendición de Dios sin exigir nada a cambio, sin pedir un cambio de actitud. Simplemente porque Dios les ama y les acoge como son»
«Pero este paso adelante ha sido criticado fuertemente, como viene siendo habitual, por algunos de los sectores más tradicionalistas, involucionistas e inmovilistas de la jerarquía eclesiástica»
«Mi plena cercanía, apoyo y sintonía con los cambios iniciados o llevados a cabo por Francisco a lo largo de estos diez años de papado, para que la Iglesia se adecúe a los tiempos actuales y sea más fiel al Evangelio de Jesús»
«Cuando dos personas se aman es Dios mismo quien las bendice. Es el sacramento del amor lo que las une. Y las personas en situación “irregular”, es lo más regular y normal en nuestro mundo»
«Estoy plenamente convencido que si Jesús viviera en nuestros días, daría su plena bendición … Lo suyo es la buena noticia»
Allá por el año 2008 escribí un artículo que causó algún revuelo y que titulé La familia de Jesús. En él hablaba de Jesús y el grupo de discípulos y discípulas que le seguían, pero actualizado desde las realidades que vivimos hoy en día. Aparecían en este grupo los inmigrantes, la situación “irregular” de un padre separado con un niño a su cargo, dos hombres que decidieron unir sus vidas y Jesús, junto al resto de sus seguidores, les acompañaron “ayer mismo, cuando se prometieron fidelidad y amor en una ceremonia que tuvimos en la comunidad”.
Había también una pareja de mujeres con una niña a su cargo. Dice Jesús: “Yo nunca he visto miradas tan tiernas, gestos más cariñosos, besos tan dulces como los que se dan. No hay entre ellas mayor ni menor, comparten todas las tareas y la educación de su hija. Son un verdadero matrimonio bendecido por mi buen Padre y Madre Dios. Tienen un amor mucho más puro que el de la mayoría de los matrimonios tradicionales que he visto en mis largos años de andanzas por pueblos y ciudades”.
Y termina diciendo Jesús a quienes se oponen a estas prácticas, haciendo referencia a la ortodoxia, a la ley natural, a la palabra de Dios interpretada de forma autorizada por ellos, varones todos, e invocando la tradición: “Y así podría contaros muchos casos más que hay entre nosotros. No hay un solo tipo de familia, ya lo veis. Y las parejas que desean casarse en la comunidad son llamadas con toda naturalidad matrimonio, porque lo son. Y Dios los bendice cada día reflejando el sol en sus vidas… Ellos y ellas son mi verdadera familia: mi madre, mi padre, mi hermano y mi hermana. Y si mi Padre les ha unido en su amor, vosotros no sois nadie para intentar suplantar a Dios”.
Como habréis supuesto, esta introducción hace referencia a la Declaración La confianza suplicante, firmada por el Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y ratificada por el Papa Francisco el pasado 18 de diciembre. En esta declaración se aclaran las formas en que se deben realizar las bendiciones solicitadas por personas en situaciones “irregulares” y parejas del mismo sexo.
Después de leerlo pienso que es un paso adelante, valiente e importante, que invita a dar la bendición de Dios sin exigir nada a cambio, sin pedir un cambio de actitud. Simplemente porque Dios les ama y les acoge como son. Se ha esperado demasiado tiempo para que podamos ver con nuestros propios ojos este cambio histórico hacia parejas del mismo sexo y personas separadas y vueltas a casar.
«Después de leerlo pienso que es un paso adelante, valiente e importante, que invita a dar la bendición de Dios sin exigir nada a cambio, sin pedir un cambio de actitud. Simplemente porque Dios les ama y les acoge como son»
Pero este paso adelante ha sido criticado fuertemente, como viene siendo habitual, por algunos de los sectores más tradicionalistas, involucionistas e inmovilistas de la jerarquía eclesiástica, en distintos países, entre ellos el nuestro, en el que un grupo de sacerdotes ha iniciado una recogida de firmas para que se derogara la declaración y distintos obispos se han mostrado en contra de que se efectúe cualquier bendición de este tipo en sus diócesis.
En primer lugar lo que deseo es mostrar mi plena cercanía, apoyo y sintonía con los cambios iniciados o llevados a cabo por Francisco a lo largo de estos diez años de papado, para que la Iglesia se adecúe a los tiempos actuales y sea más fiel al Evangelio de Jesús, siendo más comunitaria, sinodal, participativa, con una mayor inclusión de la mujer en distintos servicios eclesiales, pobre, junto y para los pobres, encarnada en nuestro mundo de forma misericordiosa y con una dedicación plena y comprometida hacia la población más empobrecida, marginada, excluida, emigrante… Y, en concreto, en el tema que me ocupa sobre la bendición a parejas del mismo sexo y personas en situaciones irregulares.
«Mi plena cercanía, apoyo y sintonía con los cambios iniciados o llevados a cabo por Francisco a lo largo de estos diez años de papado, para que la Iglesia se adecúe a los tiempos actuales y sea más fiel al Evangelio de Jesús»
Pero no quiero finalizar sin mostrar un pero, una salvedad. Este texto, como he dicho anteriormente, me parece un paso adelante, valiente e importante. Pero mínimo. Toda la declaración parece encauzada a no provocar urticaria y que el rito de la bendición, sea breve, alejado de cualquier similitud al del ritual del matrimonio, para que no dé lugar a confusiones.
Me remito a los fragmentos de mi artículo que he reflejado al principio, para dejar constancia de mi forma de pensar. Creo que el amor no hace acepción de personas, sean de un sexo o de otro. El amor proviene de Dios, es Dios mismo, según el Evangelio de Juan. Y cuando dos personas se aman es Dios mismo quien las bendice. Es el sacramento del amor lo que las une.
«Cuando dos personas se aman es Dios mismo quien las bendice. Es el sacramento del amor lo que las une. Y las personas en situación “irregular”, es lo más regular y normal en nuestro mundo»
Y las personas en situación “irregular”, es lo más regular y normal en nuestro mundo. Cuando dos personas con un proyecto de vida en común, de cariño mutuo, después de esforzarse por solucionar las dificultades de la vida matrimonial, ven que es imposible mantener esa unión, lo “normal” es separarse de la forma más humana y amistosa posible. Para seguir su vida y, si lo desean y tienen suerte, encontrar otra persona con la que poder hacerlo. El amor de Dios es eterno, pero en la vulnerabilidad del ser humano, lo más habitual es que haya momentos en los que se abandonen unos caminos, por distintas circunstancias, para encontrar otros nuevos que aporten más felicidad y plenitud.
Estoy plenamente convencido que si Jesús viviera en nuestros días, daría su plena bendición, celebraría el encuentro, el matrimonio, la vuelta a la vida dichosa junto a otra persona, sin hacer preguntas, sin prejuicios, sin teóricas leyes naturales que castigan y alejan. Lo suyo es la buena noticia. Es mucho más felicitante, humana y divina la bendición. El bien decir. El bien hacer. El bien querer. El bien acoger. Y alejemos de nuestras vidas, arrojando a la basura, el rechazo, la maldición, el anatema y la condena.
«Estoy plenamente convencido que si Jesús viviera en nuestros días, daría su plena bendición … Lo suyo es la buena noticia»
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Teología de la bendición ¿Modernismo puro?
«Las redes sociales se pueblan de videos reaccionando en contra del último documento del Dicasterio para la Doctrina de la fe»
«Tanto Fernández como Francisco parecen haber pateado el tablero con esta ‘novedad’ en torno a lo que bien podríamos llamar el último capítulo en la Teología de la bendición»
«El movimiento sorprende, despierta urticarias y activa levantamientos apocalípticos, que recuerdan aquellos tiempos en que en el mercado se discutían a viva voz cuestiones de alta teología dogmática»
«Hay algunos elementos que pueden servir para entender la contienda. Aquí los menciono para alentar el diálogo superador»
«Un accionar del Espíritu por fuera de las fronteras visibles de la lglesia y su moral»
| Alejandro Bertolini
Las redes sociales se pueblan de videos reaccionando en contra del último documento del Dicasterio para la Doctrina de la fe. Tanto Fernández como Francisco parecen haber pateado el tablero con esta “novedad” en torno a lo que bien podríamos llamar el último capítulo en la Teología de la bendición. El movimiento sorprende, despierta urticarias y activa levantamientos apocalípticos, que recuerdan aquellos tiempos en que en el mercado se discutían a viva voz cuestiones de alta teología dogmática. Hace mucho que la discusión teológica no se pone tan picante y actual.
Hay algunos elementos que pueden servir para entender la contienda. Aquí los menciono para alentar el diálogo superador.
La realidad que embiste a la idea
Muchos hermanos creyentes, la inmensa mayoría, no están alineados con la exigente, sofisticada e intrincada moral católica. Por infinidad de motivos, muy variados. Pero no lo están. Y aun así, “irreverentes” ellos, desean a Dios. Tienen necesidad de Él. Lo añoran, conscientes de su incorrección, de su estar lejos de lo que la institución entiende como ideal. Ante esta realidad se presentan dos opciones.
La primera es la postura clásica: se los llama al orden, invitándolos a reformar sus vidas para adecuarse a la prolijidad de la existencia «en gracia». El guión sugiere decir de mil modos posibles: «Vengan y sean como nosotros. Ustedes pueden. Decídanlo y punto». Así funciona el razonamiento básico, que supone varias cosas: a) que el necesitado de Dios tiene claridad meridiana respecto de lo que está bien y lo que está mal, b) que está completamente seducido por la belleza y la conveniencia de la vida teologal, c) y que dispone de una “determinada determinación” para un cambio de vida rotundo que queme las naves de su triste vida pecadora y abrace la virtud, guiado por los pastores de su Iglesia que son auténticos baqueanos del Espíritu. ¿Qué puede salir mal?
Malas noticias: ni lo ven tan claro, ni se sienten atraídos por la opacidad de una institución que no trasunta la vitalidad transformante de Aquel que hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21, 5). Y para rematar: aunque lo vean, y quieran, no pueden. Una buena parte de la historia de la doctrina de la Gracia se resume en esta línea divisoria de aguas. Y sin embargo, a pesar del fracaso estrepitoso de esta actitud pastoral, sigue pautando la pastoral en demasiadas iglesias locales.
La segunda respuesta es la aproximación personal, compasiva, que primerea la misericordia como condición de posibilidad de lo que sigue. Los evangelios están plagados de situaciones concretas de este tipo: Jesús come con los indeseables, con los corruptos, con los de vida ligera. No solo con los pobres y enfermos, sino con los marginados morales (Lc 7, 36-50; 19,1-10). El padre misericordioso sale al encuentro del hijo traicionero, licencioso y torpe (el mote “pródigo” solo romantiza la bajeza moral del que mata a su padre en vida y se atomiza en pasiones desenfrenadas) y lo abraza, antes de escuchar su discurso aprendido e interesado. Es el modo de anunciar el Reino: muy en línea con la encarnación, cruzando una vez más la barrera clara y distinta que separa lo profano de lo sagrado, lo puro de lo impuro, lo divino de lo humano. El “primereo” es su estilo, pues la iniciativa salvífica activa de Dios es el núcleo de la novedad del evangelio respecto de la ley judaica. Dios se pone al hombro la tarea de redención porque el hombre no ve claro, no se siente atraído y por sobre todas las cosas, por más que quiera: no puede. Crujen los huesos de Pelagio desde la tumba, pero es así.
De aduanas y varas de medida
Hay una configuración institucional que necesita trascenderse para comprender el mensaje de la doctrina sobre la bendición: la iglesia es mucho más que la garante de la moral occidental y cristiana. Mal le ha ido en este rol, luego de que saltaran a la luz las atrocidades de su pasado remoto y no tan remoto. Desde el cesaropapismo, la bula Unam sanctam, las querellas de las investiduras, los papados mundanos y orgiásticos, las indulgencias que construyeron San Pedro, la Inquisición, las relaciones carnales con el poder, el absolutismo monárquico, la complicidad con las dictaduras y gobiernos opresivos, los abusos sexuales, la pederastia, los crímenes de los orfanatos de Canadá, Irlanda, los desfalcos en el Vaticano de Francisco, etc. etc. etc. ¿De veras queremos insistir en el rol de doctores de la ley versión 2.0? Spoiler: no nos da la altura moral… para medir la moral de los demás como función fundamental de nuestra existencia. Lo que no implica cancelar el contenido moral de nuestra vivencia espiritual, claro está. Pero estoy convencido de que la furia con la que la posmodernidad nos enrostra nuestras miserias morales es simplemente el fruto de la larga y machacona insistencia eclesial en supervisar la moral de Occidente sin anunciar el kerigma, de exigir el fruto sin haber sembrado y de priorizar el resultado por encima de la gratuidad de la gracia.
Ser sacramento del amor infinito de Dios (FS 42 -45) implica para la iglesia renunciar a ese rol de poder arriba descripto que no debe (¡ni puede!) llevar adelante. La lógica descentralizadora del Concilio Vaticano II recupera la noción de sacramento poniendo la misma razón de ser de la iglesia en el «ir de Dios hacia el hombre», y de su necesidad de significar tangiblemente su gratuidad resucitante. La iglesia no es la meta: la meta es el Padre. Somos los embajadores de la moción reconciliadora de la Pascua (2Cor 5,17 – 21), no de la venganza del Señor: esa perspectiva ya fue abolida por Jesús en la sinagoga (Lc 4, 16-20).
La teología de la bendición parece indignar a una parte importante de la Iglesia todavía convencida de un rol que tanto el evangelio como el mundo repelen. Es que Fiducia supplicans exige que la iglesia abandone el centro y se instale en las periferias existenciales, donde lejos del fariseo panóptico foucaultiano se ve mucho más claro, en blanco sobre negro, lo que intuye Pablo en la segunda carta a los Corintios: «Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad» y «porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2Cor 12, 7.10). Es que de eso estamos hablando, en definitiva. De la centralidad de la primacía de la gracia por sobre la moral.
La gracia: ¿condición de posibilidad o resultado de la virtud?
El giro sustancial en teología de la Gracia lo dio K. Rahner cuando a mediados del siglo XX cambió lo que se entendía por primer analogado de esta realidad: ya no la gracia creada sino la increada. No tanto el hombre regenerado en Cristo, sino Dios mismo dándosenos. Durante siglos la doctrina tomista de la gracia creada había formateado (y sigue haciéndolo) la visión de la moral cristiana. Fruto de la justificación, el hombre es recreado en Cristo y está ya en condiciones de seguirlo, de merecer y de obrar santamente. Nada más real que esto. ¿Quién lo discute? Lo cierto es que la recepción del Aquinate olvidó destacar la imprescindible vinculación entre esta renovación interior del hombre con la fuerza personal del Dios que lo habita, el mismo Dios que es la causa permanente de esa realidad estable de agraciamiento. Con sutileza y solidez, Rahner vuelve a posar la atención en la causa continua de tal regeneración que es, una vez más, Dios mismo dándosenos. Y con este golpe magistral causó un efecto muy necesario: la gracia ya no será primeramente la prolijidad de una vida en puntillosa sintonía con la doctrina sino la entrega permanente, incondicional y asimétrica que el mismo Dios es, en la persona del Espíritu. Y solo en segundo lugar la gracia será la respuesta del hombre a esta donación. Así queda esbozado el retrato de la gracia como vínculo, en el Espíritu, con el mismo Dios que se nos da, continua e irrefrenablemente.
¿Modernismo puro? No lo creo. Lo que este teólogo pone sobre la mesa es la misma raíz de la maternidad virginal de María, dogma que aprecian con frenesí los mismos sectores conservadores que hoy atacan a Fernández y a Francisco. La asimetría incondicional de Dios para dar vida nueva que exige la prescindencia del concurso humano de varón para engendrar a Jesús es el epítome de la precedencia del primereo de Francisco, de la lógica evangélica y cristológica que rompe el círculo vicioso de la ley y el pecado y permite un nuevo comienzo. Es cierto que se necesitó del fiat mariano para este paso, pero otro dogma ilumina la singularidad de este movimiento de fecundidad: el de la inmaculada concepción de María. Una vez más, un punto para la iniciativa divina que trasciende la respuesta humana, cimentándola.
¿A dónde vamos con este giro dogmático? Es necesario señalar la reciedumbre teológica de Fiducia supplicans. No es una concesión blanda a los sectores progresistas, sino una afirmación categórica de la gratuidad y la incondicionalidad de la gracia, de su asimetría y precedencia respecto de la respuesta humana de la que lejos de ser su resultado, es más bien su origen y condición de posibilidad. Sin una experiencia real y tangible de la excedencia de Dios respecto de la propia virtud, no hay conversión posible. Si la espiritualidad no va más allá de la moral no puede servirle de fundamento. Fernández sostiene con gran lucidez la primacía del kerigma que responde al clamor confiado y fecunda -pneumatológicamente- la apertura temerosa a la paternidad divina.
Se insinúa un proceso de conversión, o mejor dicho el inicio de acercamiento que coincide por un lado con el aguijoneo de la nostalgia de Dios y por otro por la premura de ubicar la propia contingencia en las manos del que todo lo conforta (cf. Fil 4,13).
Es imprescindible entender que una bendición no necesariamente «legitima» el proceder errado del que la recibe. Afirmar eso sería como entender que una madre es permisiva y laxa porque expresa cariño a su hijo díscolo, porque le recuerda que lo ama incondicionalmente. En la lógica vivencial de la maternidad se intuye curiosamente lo contrario: es la gratuidad del afecto lo que permitirá en un futuro que el hijo recapacite, si es que esto sucede, sostenido por un vínculo que no depende de su elección sino que la habilita. Una bendición no necesariamente «legitima» pero siempre «agracia», porque la gracia está más allá y más acá de la ley. Decir lo contrario supone arrancar del evangelio la teología paulina presente en Romanos y en Gálatas.
Por una pedagogía de la atracción
Identificar a la Gracia con la persona del Espíritu permite entender lo que parece estar de fondo en todo el documento del Dicasterio para la Doctrina de la fe: el carácter personal y procesual de la gracia, que no siempre coincide de modo taxativo con la nitidez propia de la ley de cuño más cristológico.
Que el Espíritu actúa antes y después de Jesús es una verdad de perogrullo, atestiguada tanto por el Antiguo Testamento (el Espíritu aleando sobre las aguas: Gn 1,2; el Espíritu en los profetas: Ez 37, Is 11) como por el Nuevo Testamento (Jn 14, Hch 2). Pero lo interesante y sugerente es que Lucas nos aporta un accionar del Espíritu por fuera de las fronteras visibles de la lglesia y su moral. El episodio de Felipe con el eunuco etíope (Hch 8, 26-39) lo deja bien claro: hay una conversión que antecede al diálogo con el apóstol. Es verdad que termina en bautismo, pero se inicia de modo independiente.
Por eso resulta tan sugerente que se asocie la práctica de la bendición extralitúrgica al Espíritu (FS 31.33), pues da cuentas de su accionar propedéutico, pedagógico y didáctico que nos recuerda con mucha frescura lo que Trento en su Decreto sobre la Justificación describe como parte del proceso interno del que todavía no está justificado: la gracia lo excita y lo ayuda (capítulo V) y el hombre se inclina hacia Dios, lo desea y se dispone a esperarlo (capítulo VI). Lo dice Trento, no la teología queer. Es pura gracia “actual”, anticipada que seduce y atrae a la persona a la misma conversión. De allí que el deseo de Dios sea retratado por el documento como una semilla del Espíritu cuyo crecimiento no debe sofocarse sino más bien alentarse. Toda la patrística viene en auxilio de este rol pedagogo del mismo Dios que hace de la inquietud por él un efecto de esa atracción pascual propia del crucificado resucitado («cuando sea levantado en alto, atraeré a todos hacia mí» Jn 12,32).
Creo de veras que el documento de Fernández ofrece muchas pistas para cuestiones que son incluso más decisivas que el mismo desencadenante pastoral de las bendiciones “irregulares”. La excedencia de la espiritualidad respecto de la moral, la ubicación estratégica de la iglesia en las fronteras existenciales y su consecuente rol kerigmático y no tan aduanero, la maternidad graciosa de sus gestos y la ampliación del registro estrictamente legalista que nos sitúa más cerca de la letra que mata que del Espíritu que vivifica (cf. 1 Cor 3,6). Ojalá aprovechemos la oportunidad para que, como suele darse en la historia de la iglesia, una situación puntual y concreta -como en este caso es la situación de las uniones irregulares o del mismo sexo- ponga en marcha un diálogo fecundo que permita ver con más nitidez y contundencia lo que parece ser el núcleo místico, dogmático y pastoral de la discusión: la gratuidad y la universalidad de la gracia y su primacía asimétrica sobre la respuesta del hombre.
Comentarios desactivados en Parolin defiende las bendiciones a parejas homosexuales: «La Iglesia de hoy no es la Iglesia de hace 2.000 años»
El cardenal secretario de Estado se muestra firme a caminar «siguiendo el Evangelio«
El cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, ha salido en defensa de la decisión de Doctrina de la Fe de aprobar la bendición a la parejas a situación irregular
«¿Es bueno o malo?», —le han preguntado los periodistas de los medios del Vaticano—: «Siempre es bueno: Si estos fermentos sirven para caminar siguiendo el Evangelio, para dar respuestas, bienvenidos sean«
El cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, ha salido en defensa de la decisión del Papa de aprobar la bendición a la parejas de homosexuales lo que ha provocado una cascada de críticas en el mundo católico hasta el punto que los obispos africanos en su conjunto- menos los de Sudáfrica y Kenia- se han negado a aplicarlo en su continente.
«¿Es bueno o malo?«, le han preguntado los periodistas de los medios del Vaticano en relación al documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Fiducia Supplicans, que abre la posibilidad de bendecir a las parejas en situación «irregular«, incluidas las del mismo sexo.
«Siempre es bueno –ha asegurado el cardenal– lo importante es que procedamos siempre según lo que se llama ‘progreso en la continuidad‘. En la Iglesia siempre ha habido cambios: la Iglesia de hoy no es la Iglesia de hace 2.000 años. La Iglesia está abierta a los signos de los tiempos, está atenta a las necesidades que surgen, pero también debe ser fiel al Evangelio, debe ser fiel a la tradición, fiel a su herencia. Si estos fermentos sirven para caminar siguiendo el Evangelio, para dar respuestas, bienvenidos sean».
Parolin también ha sido preguntado por la carta que publicó este jueves el cardenal de Kinshasa, Fridolin Ambongo, en la que los obispos africanos afirmaron no estar dispuestos a bendecir a las parejas homosexuales. «Este documento (Fiducia Supplicans) ha provocado reacciones muy fuertes de algunos episcopados. Significa que se ha tocado un punto muy muy delicado, muy sensible, que necesitará mucho estudio», ha dicho.
Comentarios desactivados en Strickland al cardenal Fernández: “No me vas a decir, como obispo, que debo seguir tu dictado para bendecir el pecado”
El obispo emérito de Tyler, Joseph Strickland, ha vuelto a pronunciarse sobre Fiduca supplicans en el programa ‘The Bishop Strickland Show’ que organiza junto con LifeSiteNews.
Strickland dice que todos los que conocen la verdad tienen el deber de hablar en contra de la declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, expresando su agradecimiento por los múltiples obispos que lo han hecho. En declaraciones al comunicado de prensa de Fernández, Strickland dice que “tienes que convertirte en un pretzel para tratar de hacer esto bien, para hacerlo razonable, para que sea algo que incluso una persona básicamente catequizada pueda entender”.
El cesado obispo de Tyler remarcó además la necesidad de claridad sobre el tema de las situaciones “irregulares”, y declaró que ninguna bendición “penetrará” el corazón de una persona a menos que la persona ya tenga contrición por el pecado, y dice que “es ridículo lo que está por venir”. En su opinión, la gente necesita “levantarse” y decir “más clara y claramente ‘no’” a la declaración.
Dirigiéndose directamente a Fernández, Strickland dice: “No me vas a decir, como obispo, que debo seguir tu dictado para bendecir el pecado. No, no lo hago. No tengo que hacer eso, no voy a hacer eso, y estoy seguro de que estos obispos africanos que hablaron tan claramente, tampoco lo harán”.“Lo que sale del Vaticano es cismático”, agrega Strickland. “Y lo diré: ellos son los que crean este cisma, porque los obispos fieles están obligados a decir que no”.
Al explicar la obligación de rechazar la declaración, Strickland dice que es por el bien de la Iglesia, en honor de Cristo, su deber como pastor de almas, y en honor de cualquiera que busque una bendición como la que allí se describe, decir no y ofrecer un llamado al arrepentimiento.
Comentarios desactivados en “Las bendiciones que brotan de la vida sin necesidad de mediación eclesial”, por Consuelo Vélez.
De su blog Fe y Vida:
«La mayoría sigue su vida sin prestar atención a polémicas y alejándose más y más de la Iglesia»
Para algunos, el Decreto Fiducia Supplicans es un escándalo porque parece cambiar la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio la cual no admite, ni situaciones irregulares y, mucho menos, que el matrimonio no sea entre un varón y una mujer
Para otros, el Decreto es una concreción de los cambios promovidos por Francisco que no suponen modificar la doctrina sino promover una apertura pastoral
Mucha tinta ha corrido comentando el Decreto “Fiducia supplicans”, publicado el pasado 18 de diciembre, por el Dicasterio la Doctrina de la fe sobre la posibilidad de dar una bendición a parejas que conviven y no están casadas por la iglesia y a parejas del mismo sexo.
Para algunos, el Decreto es un escándalo porque parece cambiar la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio la cual no admite, ni situaciones irregulares y, mucho menos, que el matrimonio no sea entre un varón y una mujer. Además de considerar que la única forma de ejercer la sexualidad cristiana es en el contexto del matrimonio. Para otros, el Decreto es una concreción de los cambios promovidos por Francisco que no suponen modificar la doctrina sino promover una apertura pastoral, campo en el cual, no se puede negar ninguna bendición. Hay un sector de iglesia que, aunque tienen una mentalidad tradicionalista y han defendido a “capa y espada” lo que siempre se ha dicho de la moral cristiana, están intentando estar del lado de Francisco y por eso hacen “malabares” para apoyar una declaración de este tipo, sin renunciar a lo que siempre han defendido. Algunos de los escritos en este último sentido tienen tales recovecos en su argumentación para mantenerse en esa cuerda floja que, personalmente, me dan pena tantos esfuerzos inútiles, ya que, en el fondo, son incapaces de soltar la ley que les da seguridad en su vida cristiana, para abrirse a la misericordia inherente a la Buena Noticia del Reino.
Cuántos clérigos y religiosos/as vienen de hogares -llamados por la Iglesia “irregulares” (a los que se les dice “que viven en pecado”), pero, curiosamente, algunos de estos mismos miembros de la Iglesia siguen negando la comunión a quienes no han recibido el sacramento del matrimonio
Ahora bien, mientras corren estas argumentaciones en diversos espacios eclesiales, la mayoría de personas siguen su vida sin prestar ni un mínimo de atención a polémicas de este tipo, sin entender siquiera de qué es lo que se habla, pero lo más grave, alejándose más y más de la Iglesia como institución. Basta salir a las calles y comprobar que parejas del mismo sexo inundan nuestras ciudades, viviendo cada vez con más libertad sus opciones. Ya muchísimas familias cuentan en su seno con miembros de la diversidad sexual y, aunque haya algunas que los rechacen, muchas más los acogen con todo amor y respeto, aceptando esas nuevas situaciones con la mayor naturalidad. Las personalidades públicas ya no tienen reparos en hablar de su orientación sexual y, en muchos países, ya tenemos gabinetes conformados por parejas de muy distintos tipos. En los colegios, los jóvenes exigen ser respetados en sus derechos y las instituciones ya autorizan que una niña vaya con uniforme (u otras prendas o modificaciones externas) de niño (o viceversa) porque está haciendo la transición al otro género. Más de un docente es homosexual o lesbiana o transgénero y son muy respetados y valorados por los estudiantes. Y esto sin contar con que la conformación de las familias desde siempre han sido de lo más variadas. Cuántos clérigos y religiosos/as vienen de hogares -llamados por la Iglesia de “irregulares”(a los que se les dice “que viven en pecado”), cuantos más no son hijos de madres solteras o sus familias han tenido la más diversa conformación: abuelas, tías, primos, etc. Pero, curiosamente, algunos de estos mismos miembros de la Iglesia siguen negando la comunión a quienes no han recibido el sacramento del matrimonio.
Algunos miembros de la Iglesia, al mirar la realidad como ella se presenta, endurecen sus posturas y se creen poseedores y defensores de la doctrina recta, considerando que todo lo que se da en la sociedad es relativismo y origen de todos los males. Pero olvidan que también del legalismo religioso y del tradicionalismo anquilosado han venido muchos males que se han infringido a los que se salen de lo establecido: penas de muerte, excomuniones, exclusiones, condenas, caza de brujas, cruzadas, colonialismo, entre muchas otras situaciones que han sido apoyadas por la Iglesia y que han sido fuente de males para la humanidad. Juan Pablo II pidió perdón por la violencia, persecución y errores por parte de la Iglesia contra los judíos, herejes, mujeres, gitanos, culturas originarias, lo mismo hizo Francisco por los crímenes cometidos contra los pueblos originarios y, así, en algunos momentos se ha reconocido el mal que también la institución ha generado, pero no parece que se aprendiera demasiado de esa memoria histórica. Hay demasiado empeño en no aceptar la complejidad del mundo de la vida y en disponerse a entenderlo, comprenderlo y ayudarlo para que tenga su mejor desarrollo, sino que seguimos aferrados a una doctrina que ya no tiene ninguna recepción, a una tradición que ha sido superada con creces de muy diversas formas en la vida ordinaria, a una fundamentación bíblica literalista o acomodada que no tiene nada que ver con la exégesis ni con los desarrollos actuales de la teología moral.
Hay mucha más bendición en la vida concreta de la gente con sus complejidades y diversidades que en la reflexión eclesial sobre si dar o no la bendición
Ojalá fuéramos capaces de mirar a las personas y sus situaciones de vida con los mismos ojos con los que Jesús miró a los publicanos, a los enfermos, a las mujeres, a los niños, a las prostitutas, a los samaritanos, en definitiva, a todos los personajes que aparecen en el evangelio de los cuales prácticamente ninguno (ni siquiera los apóstoles) cumplían con lo establecido por el judaísmo de aquel tiempo y, a los que Jesús les anunció la Buena Noticia del reino, o en otras palabras, la misericordia infinita de Dios, secundando así la vida concreta de sus contemporáneos y permitiendo que la bendición divina se hiciera presente en todos ellos.
En definitiva, hay mucha más bendición en la vida concreta de la gente con sus complejidades y diversidades que en la reflexión eclesial sobre si dar o no la bendición, si darle en 3 segundos o en media hora, si en decir una palabra o esta otra, si darla en el templo o en la calle, si corriendo o pausada, si con ornamentos o sin ellos. La bendición es la gracia de Dios que vive entre nosotros, permitiendo que haya tanto bien en el mundo, no dependiendo de que la institución eclesial la quiera dar o no. Pero que bien haría la gente de iglesia si entendiera el mundo de hoy y no le negara nada de la gracia divina de la cual ella no es dueña sino mediadora, no es juez sino enviada por el único dueño de la gracia: Dios mismo que ya, de antemano, ha bendecido a toda la humanidad “con una medida buena, apretada, remecida, rebosante” (Lc 6, 38).
Comentarios desactivados en Para situar Fidutia Supplicans. Bendición y maldición en el AT.
Del blog de Xabier Pikaza:
La bendición de homosexuales y de otros tipos de parejas que se suponen “irregulares” se ha vuelto objeto de durísima polémica en los últimos días, a partir del documento de la Congregación de la D. de la fe (Fidutia Supplicans: 8.12.2023), y de un responsum anterior de la misma Congregación (22.2. 2021) como he puesto de relieve en mi última “postal” de RD y FB del pasado 8.1.24 (vuestra casa quedará desierta).
Quedaba al fondo el tema de la “bendición”, con el que comenzaban ambos documentos, con rasgos que, a mi juicio, han de ser mejor desarrollados, sobre todo en referencia a la “pareja” benditos-malditos.
¿Los no bendecidos son malditos? ¿Qué significa no bendecir a homosexuales y otros tipos de irregulares? ¿Tiene la iglesia el poder de no-bendecir/maldecir?
| Xabier Pikaza
Benditos y malditos en Mt 25, 31-46
Este es un tema que estudié en mi tesis sobre Mt 25, 31-46 donde el pastor acoge a las ovejas diciendo “venid benditos de mi Padre” y se rechaza a las cabras diciendo “apartaos de mí malditos”. Este tema es uno de los más importantes de la iconografía y espiritualidad cristiana, que habla por un lado de benditos/buenos/ovejas que van al cielo y por otros de malditos/malos/cabras que son arrojados al infierno ardiente.
Parece que, según muchos críticos del documento de la Congregación de la fe, a los mal-casados se les quiere mandar sin bendición ipso facto al infierno. El tema no es tan simple, pero exige cierto discernimiento.
No pretendo ni puedo resolverlo, pero quiero plantearlo, para que otros sigan pensando y amando. En esa línea recojo aquí unas páginas mi tesis (Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños), que fueron publicados en una nota crítica de la revista Salmanticensis 26 (1979) 277-286). Otro día ofreceré, Dios mediante, una aplicación al tema de la bendición o no bendición de parejas “irregulares”
Introducción
Mt 25, 31-46 se ha convertido en uno de los textos decisivos del N.T. En las páginas que siguen intentamos estudiar el trasfondo veterotestamentario de sus palabras clave: benditos y malditos. De esa forma pensamos contribuir a un mejor conocimiento de la escena del juicio, iluminando la misma temática de la bendición en el mensaje del Jesús y el N.T.
Las palabras de -benditos» y «malditos» (Mt 25, 34.41) se sitúan dentro de un contexto que va del «venid» a «heredad el reino» y del «apartaos de mí» a «al fuego eterno». Son como un pequeño paréntesis, una definición que determina el sentido de cada grupo de los juzgados. “Hoi eulogemenoi” significa «vosotros, los benditos», como una clase absoluta, un tipo definitivo de personas. Hoi kateramenoi lo mismo, pero con el sentido opuesto. Estos vocativos enmarcan, por lo tanto dos tipos, dos formas definitivas del ser humano [1].
Un primer acceso al sentido de esas palabras lo constituye su diferenciación respecto de otro antagonismo clásico del N.T. Junto a la bendición-maldición (eulogemenoi-kateramenoi) de nuestro caso, el N.T. ha desarrollado la pareja bienaventuranza-malaventuranza/ayes (makarios-ouai, Lc 6, 20-26) que encuentra también sus raíces en el A.T. y tiene un sentido diferente.
La bienaventuranza significa una forma de felicitación en la que se supone o se constata la dicha de algo que ya está realizado (lo opuesto es el ay). La bendición es, sin embargo, una palabra eficaz y creadora; no supone que ya exista la dicha sino que la crea. La bienaventuranza deja abierta la posibilidad de un cambio; la bendición, en cambio, realiza lo que en ella está expresado.
Estas precisiones nos parecen importantes para distinguir, al menos de una forma provisional, las bienaventuranzas mesiánicas de Mt. 5, 3-10 de la bendición escatológica de Mt. 25, 34. Con el fin de dar un cierto valor de conjunto a nuestro estudio comenzamos presentando el tema en general para tratar después de aquellos elementos que pueden haber influido más poderosamente en Mt. 25, 34.41.
Lo primero que descubrimos es que la dualidad de bendición-maldición pertenece a un campo de experiencia religiosa que desborda el mundo israelita, pudiendo hallarse unida al plano de la magia (utilización de la divinidad) o al campo del encuentro libremente personal de la experiencia religiosa.
No podemos tratar del planteamiento genérico del problema. Aquí nos interesa la experiencia israelita. También la experiencia israelita de la bendición pertenece al campo de la historia de las religiones. De una forma genérica, dentro de la concepción israelita pueden distinguirse tres estratos o momentos [2]:
Un primer estrato, determinado por la religiosidad popular, sitúa la bendición en el campo de la magia: la palabra pronunciada por un hombre dotado de poderes tiene influjo necesario y automático de tal forma que se cumple inexorablemente Io que dice. En un estadio de ese tipo se sitúan numerosos relatos de la historia patriarcal antigua o de los primeros tiempos de Israel (Gen 27, 1-46;32, 26-32; Num. 22, 67).
Un segundo estrato, determinado por la experiencia cúltica, sitúa la bendición en ámbito de encuentro religioso; dejando de ser palabra autónoma que cumple fatídicamente Io que dice y puede ser manipulada mágicamente, la bendición se convierte en elemento de un culto, que está regulado y sistematizado para la protección del individuo y del conjunto del pueblo; en esto contexto se sitúan los salmos de bendición o los textos de carácter cúltico (SaI. 21, 4ss. 118, 26; 8-9; 115, 12-15; Dt. 27, 12-13).
c) Unido a este segundo estrato se encuentra a veces un tercer tipo de bendición que viene a estar determinado por una experiencia profética: la bendición o maldición de Dios no se liga a una liturgia sino a la vida moral de los hombres. En este tercer plano se hallaría el camino que conduce al NT; un camino que se manifiesta por e.j., en Prov. 3, 33 cuando se afirma que la maldición de Dios amenaza a la casa del malvado mientras que el hogar del justo es bendecido (cfr. Job 31, 30); la actitud cristiana desembocaría así en un puro intento de bendición, del que toda maldición quedaría desterrada (cfr. Lc 6, 28).
Comenzaré, muy brevemente, con una presentación de los aspectos cúlticos del tema,- sea en una forma mágica, sea en modelos más desarrollados y más cuidadosos respecto a la transcendencia de Dios, la bendición se halla unida al culto: forma parte de una experiencia de Dios que se cultiva y se desvela en la El olvido de esto nos puede llevar al olvido del carácter transcendente y gratuito de la bendición de Dios.
En un segundo momento trataré de la bendición como elemento integrante de la visión histórica de Israel, en contexto de pacto: Dios como fuente de bendición es quien escoge a Israel, le bendice y le convierte en mediador de una bendición universal que se identifica con la promesa de salvación para la historia (Gen 12, 1-3).
Finalmente, dentro de la estructura de Israel como pueblo del pacto, la bendición se incluye dentro de un compromiso de fidelidad. Recibir la bendición de Dios Israelita significa, según eso, alcanzar la plenitud de la vida en armonía, la paz que no se rompe, la justicia y transparencia Por la bendición que viene desde el principio (Gen. l, 28; 9, 1) Dios ha hecho al hombre portador de vida, ser que vive en la gracia de la comunicación, de una manera creadora, abierta hacia el misterio [3].
Bendición-maldición en contexto cúltico.
Más que abordar directamente el problema del culto nos importa situar la bendición en un contexto transcendente, como algo que se enraíza en Dios y brota de su misma vida y fuerza. Sólo Dios es en verdad Señor y dueño de la bendición; la religión israelita, en el proceso de profundización del monoteísmo, va descubriendo cada vez con mayor nitidez el carácter exclusivamente divino de la bendición: proviene de Dios y no existe ningún tipo de origen diferente para ella. Cada vez de una forma más clara, la bendición se identificará con la presencia creadora y transformante de Dios en medio de los hombres de su pueblo.
El problema consiste en el cómo se expresa o actualiza esta bendición entre los hombres. Un lugar fundamental en ese aspecto lo ha formado siempre el culto. La actualización y cercanía de la bendición de Dios en el ritual cúltico constituye uno de los primeros elementos de la experiencia religiosa; por eso, uno de los objetivos fundamentales del servicio del templo en Israel consistirá en asegurar, transmitir y aumentar la bendición de Dios entre los hombres de su pueblo. Una de las tareas originales de los levitas Israel consiste en «bendecir en nombre de Yahvé (Dt 10, 8)12. Uno de los textos más antiguos y valiosos de bendición sacerdotal Io ofrece Núm. 6, 23-26:
“Di a Aarón y a sus hijos: Así bendeciréis a los israelitas: El Señor te bendiga y te guarde, el Señor te muestra su rostro radiante y tenga piedad de tí, el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz. Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré”.
Nos encontramos ante una institución bien fijada (Aarón y sus hijos tienen que bendecir asl); una institución cúltica cuya finalidad consiste en transmitir la bendición de Dios para los hombres. Es normal que el gesto se realice dentro de un servicio cúltico. Así Ío indican de diversas formas numerosas salmos que aluden a la bendición del sacerdote sobre la comunidad (SaI 115, 11 s.; 118, 26: etc.) o sobre un individuo (Sal 91,121). En esta mediación cúltica de la bendición de Dios ocupa un lugar básico el templo. El templo se convierte en ámbito donde se hace presente la bendición de Dios (cfr. 1 Rey 8), lugar de donde se difunde sobre todo el resto del pueblo y de la tierra.
Comentarios desactivados en La experiencia LGBTQ+ como desafío eclesiológico
La publicación de hoy es del miembro principal del New Ways Ministry, Brian Flanagan (él/él).
La declaración “Fiducia Supplicans: Sobre el significado pastoral de las bendiciones” ofrece muchos motivos de alegría. Publicado justo antes de Navidad, da un paso pequeño pero importante hacia una Iglesia que dé la bienvenida a los católicos que viven en matrimonios entre personas del mismo sexo y otras situaciones llamadas “irregulares”. Para los católicos LGBTQ+ y otras personas que no se han sentido bienvenidas en su propia Iglesia, sin duda será de gran consuelo. Esto puede ser particularmente cierto en espacios donde las personas LGBTQ+ no tienen, o no sienten que tienen, opciones para la afirmación de sus relaciones fuera de la Iglesia Católica.
Y, sin embargo, desde su publicación, junto con el regocijo hubo una corriente subyacente de leve decepción, o abierta ira, entre algunos católicos LGBTQ+ por la pequeñez de este paso. Esta apertura hacia una mayor acogida conlleva muchas restricciones. El documento establece que la bendición no debe parecerse en modo alguno al matrimonio sacramental, sin “ninguna vestimenta, gesto o palabra propia de una boda”; También advierte de que “la forma de [las bendiciones] no debe ser fijada ritualmente por las autoridades eclesiales”; Las bendiciones pueden ofrecerse espontáneamente en respuesta a las necesidades pastorales de una pareja en particular, pero los obispos y las conferencias episcopales no deben desarrollar formularios estándar para la bendición de parejas del mismo sexo comparables a los que se encuentran en otras iglesias. El clero debe tener “cuidado de que [estas bendiciones] no se conviertan en un acto litúrgico o semilitúrgico, similar a un sacramento”. Para los católicos LGBTQ+, esto hace que este documento sea más ambiguo, especialmente en comparación con otros católicos en relaciones heterosexuales elegibles para el matrimonio sacramental, incluso cuando a veces tampoco están a la altura del ideal completo de la enseñanza católica sobre la actividad sexual.
¿Por qué el Papa Francisco enviaría un mensaje tan contradictorio?
Para encontrar una respuesta, debemos considerar las cuestiones LGBTQ+ no sólo como una cuestión de teología moral o derecho canónico, sino también como una cuestión de eclesiología: ¿cómo mantiene su unidad una iglesia cada vez más dividida por cuestiones de sexualidad e identidad de género?
Fuera de la Iglesia Católica, podemos ver los desafíos recientes que nuestros hermanos de la Comunión Anglicana y la Iglesia Metodista Unida han enfrentado al tratar de mantener la unidad entre diferentes ideas sobre la sexualidad. El método actual del Papa para afrontar estas tensiones es equilibrar dos de los aspectos principales del ministerio papal: mantener la unidad de la Iglesia católica y, al mismo tiempo, garantizar que todos los católicos reciban una atención pastoral adecuada.
Para mi doctorado en teología, escribí sobre el pensamiento del difunto P. Jean-Marie Tillard, O.P., quien estudió el papado como parte de su trabajo en el diálogo ecuménico. Muchos reconocen que redactó secciones importantes de la encíclica de 1995 del Papa Juan Pablo II sobre el ecumenismo Ut Unum Sint. Tillard sostiene que si bien el Papa tiene una descripción de trabajo extensa como cualquier obispo, el papel más distintivo del pontífice es la preservación de la unidad eclesial. Esta tarea incluye mantener la iglesia actual en comunión con la tradición y al mismo tiempo esforzarse por mantener la comunión entre los católicos contemporáneos en diferentes ubicaciones geográficas y espacios culturales. Tillard nombra al Papa “centinela de la unidad”, llamado a estar atento a cualquier cosa que amenace la unidad de la Iglesia de Cristo.
Una de las principales razones de las restricciones descritas en Fiducia Supplicans es el juicio del Papa de que las acciones de algunos obispos e iglesias que abogan por una mayor aceptación de las relaciones entre personas del mismo sexo (así como de los católicos divorciados y vueltos a casar) amenazan la unidad de la iglesia. Por ejemplo, el tipo de rituales estandarizados que prohíbe la Fiducia Supplicans son precisamente las formas que están considerando los obispos de Alemania y Bélgica, y precisamente el tipo de paso unilateral que llevaría hasta el límite, si no romper, la comunión entre los obispos de esos países. y los de otras partes del mundo, como muchos en Estados Unidos.
La falta de consenso de la iglesia con respecto a la sexualidad y la identidad de género quedó de manifiesto en la Asamblea General del Sínodo sobre la Sinodalidad celebrada en octubre pasado, cuando los participantes pudieron ponerse de acuerdo sobre qué decir sobre muchos temas, pero no sobre cómo abordar las cuestiones LGBTQ+. Parte de lo que el Papa está haciendo, en esta declaración y en su enfoque sinodal general, es mantener a los católicos en conversación sobre estas diferencias y evitar un cisma más peligroso y duradero en la Iglesia.
Al frenar los intentos episcopales de regularizar las relaciones entre personas del mismo sexo y al dejar sin cambios la enseñanza católica sobre el matrimonio sacramental y la moralidad de la actividad sexual entre personas del mismo sexo, el Papa está ejerciendo una de las principales responsabilidades de su papel como pastor universal: no dejar que una parte del rebaño avance tan lejos en su propia dirección que se desconecte del resto del rebaño.
Lo que es nuevo y diferente en el ministerio del Papa Francisco es que este pontífice no ha considerado que preservar la unidad consista sólo en prevenir demasiada innovación, sino también en prevenir demasiado estancamiento eclesial frente a nuevos conocimientos, nuevas iniciativas y nuevas posibilidades aún por discernir. El Papa no ha intentado cambiar la enseñanza de la iglesia sobre la sexualidad y la identidad de género, pero tampoco ha intentado detener la conversación que se produce en toda la iglesia sobre cuestiones LGBTQ+.
En el logo del Sínodo sobre la Sinodalidad, la figura del obispo/papa está ubicada, intencionalmente, en el centro del pueblo peregrino de Dios, no sólo evitando que algunos católicos vayan demasiado por delante del rebaño, sino también atrayendo a aquellos católicos que enfatizan la seguridad de las prácticas pasadas como baluarte contra los peligros de nuevos caminos.
La invitación sinodal a escuchar y dialogar con otros católicos es otra forma amable de orientación con la que el Papa espera mantener la unidad de la Iglesia en medio de sus divisiones. Como “centinela de la unidad”, el Papa no sólo debe evitar que algunos católicos se alejen demasiado rápidamente de otros católicos, sino también evitar que cualquier católico, incluidos los más cautelosos con el cambio y el desarrollo eclesial, se quede atrás.
Todo esto está guiado, por supuesto, no sólo o principalmente por teorías eclesiológicas abstractas, sino por un segundo aspecto importante del ministerio papal, que es trabajar por el cuidado pastoral de todos los miembros de la Iglesia. Como dijo Francis DeBernardo del New Ways Ministry en un ensayo reciente en el National Catholic Reporter:
“El pontífice también reconoce que las personas son valiosas en sí mismas, no por lo bien que se adhieren a las enseñanzas de la iglesia. La relación de un individuo con Dios es una dinámica mucho más compleja de lo bien que se siguen todas y cada una de las reglas de la iglesia”.
Ahora vivimos en una iglesia donde no sólo los propios católicos LGBTQ+, sino también sus familias, pastores, obispos, amigos y críticos están en el comienzo de una discusión más amplia, más formal y más abierta sobre el significado de la sexualidad y el género en nuestra vida cristiana. Ese diálogo requerirá paciencia de todas las partes.
El Papa reconoce correctamente que no podemos forzar conclusiones a este nuevo diálogo antes de que haya alcanzado un consenso sinodal más firme. Y la iglesia tampoco puede esperar hasta que todos estemos de acuerdo antes de preocuparnos por las personas reales afectadas por las decisiones eclesiales. En Fiducia Supplicans, el Papa cumple con la responsabilidad de su ministerio al hacer que las necesidades de los católicos reales y de las parejas reales en situaciones irregulares de todo tipo sean el centro de la respuesta de la Iglesia.
Algunos católicos LGBTQ+ consideran que esto es menos que sus esperanzas; Algunos católicos tradicionales se preocupan por las posibles consecuencias de este paso pastoral. Dadas las tensiones eclesiales en las que se encuentra el Papa y el doble papel del Obispo de Roma como “centinela de la unidad” y garante del cuidado pastoral para todos los fieles, Fiducia Supplicans intenta proporcionar una salida al actual desorden de nuestra iglesia peregrina.
—Brian Flanagan (él/él), New Ways Ministry, 8 de enero de 2024
Comentarios desactivados en James Alison: «La genialidad de la Fiducia supplicans es que sale del laberinto ‘por arriba’
«Las nuevas reglas del juego de ‘Fiducia supplicans’: La Iglesia es para los pecadores“
«Percibo que hay dos ‘cosas’ sucediendo simultáneamente en los asuntos LGBT en la Iglesia. Una de ellas implica acciones procesuales; la otra, acciones de gobierno»
«Los cambios en las relaciones, que tienen lugar en tantas culturas diferentes y a diferentes velocidades, no pueden saltarse imponiendo nuevas enseñanzas sin grave riesgo de cisma»
«La genialidad de la Fiducia supplicans es que sale del laberinto ‘por arriba’, utilizando una reflexión sobre las bendiciones para elaborar una presentación práctica católica de la abundancia de la gracia. Que luego la extiende en el grado máximo posible: a todos nosotros»
«Pronto veremos si el cardenal Víctor Manuel Fernández y sus colegas están a la altura de la promesa de Fiducia supplicans»
| James Alison, teólogo
(The Tablet).- Me quedé bajoneado al recibir la noticia de un documento más del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF) que me afecta a mí y a aquellos entre los que ejerzo mi ministerio directamente, todos nosotros en situación precaria dentro de la vida de la Iglesia. El DDF no tiene por meta elaborar nuevas doctrinas, sino que nos brinda el statu quo de maneras más o menos bien logradas.
Su último intento fue tan mal logrado que opté por satirizarlo como berrinche en Religión Digital para disminuir el nivel de escándalo causado a muchas personas homosexuales y a quienes nos aman. ¿Tendría que volver a hacer lo mismo esta vez? Decidí no involucrarme en las reacciones inmediatas, sino esperar a que se calmaran un poquito.
Hay que pensar despacio para «escapar de los laberintos por arriba», una práctica que el Santo Padre recomendó en su discurso anual a la Curia días después de la publicación de Fiducia Supplicans. Así que, siguiendo su consejo, y desde una cierta «vista de helicóptero«, percibo que hay dos «cosas» sucediendo simultáneamente en los asuntos LGBT en la Iglesia. Una de ellas implica acciones procesuales; la otra, acciones de gobierno.
Lenta pero silenciosamente – y mucho más a través de las relaciones personales que de la enseñanza oficial– se dan acciones puntuales y empujones que nos están llevando hacia un lugar en el que el conocimiento antropológico sobre quiénes somos se vuelve no controvertido: aprendimos que las personas LGBT no somos personas heterosexuales defectuosas y, por lo tanto, que los intentos de categorizar quiénes somos y cómo vivimos mediante deducciones negativas a partir del acto matrimonial abierto a la procreación, son erróneos y perjudiciales. Este es el camino «sinodal» en proceso.
Llevará tiempo, porque los cambios en las relaciones, que tienen lugar en tantas culturas diferentes y a diferentes velocidades, no pueden saltarse imponiendo nuevas enseñanzas sin grave riesgo de cisma. Pero el movimiento va claramente en una dirección: la de aprender que las personas LGBT estamos diciendo la verdad al compartir de manera fehaciente lo que hemos aprendido sobre nosotros mismos y que, en nuestro camino de conversión para llegar a ser hijos e hijas de Dios, la gracia nos alcanza a partir de lo que somos, y no a pesar de ser lo que somos.
El reciente Sínodo avanzó en este proceso pidiendo, por amplia mayoría, una reconsideración de nuestra antropología tradicional para incluir lo que estamos aprendiendo inductivamente sobre el ser humano. Para ello, los delegados propusieron reuniones de alto nivel con garantías de confidencialidad para que pueda hablarse con franqueza. Reuniones en las que algunos de nosotros podríamos hablar en primera persona como testigos. Porque, como es obvio, no puede haber un verdadero debate «sobre nosotros» sin nosotros.
Al mismo tiempo que acontecen estas acciones procesuales, también tenemos actos de gobierno, de los que Fiducia Supplicans es un ejemplo especialmente afinado. Estos últimos actos tienen una finalidad por encima de todo: fomentar la unidad y evitar el cisma. En este sentido es como acojo de manera cálida el nuevo documento. Recordemos que no hay ningún organismo cristiano importante que haya sido capaz de tratar este asunto sin la amenaza, o la realidad, del cisma. Los que se han negado a encarar este tema han tenido que renunciar al cristianismo básico y aliarse con expresiones violentas de «los poderes de este mundo«, incluyendo la criminalización e incluso las ejecuciones, para mantener una pretendida pureza que sólo a ellos mismos engaña.
Viendo, por tanto, cómo los asuntos LGBT se han convertido en una cuestión «barómetro«, un «punto álgido hermenéutico» para toda una serie de otras cuestiones –cultura, psicología, historia colonial, cambios en la estructura familiar– me he preguntado durante mucho tiempo ¿llegado el momento, cómo ejercería el sucesor de Pedro su ministerio de unidad en este ámbito? Ese ministerio es intrínseco a la catolicidad de la Iglesia y, si se ejerce bien, tendrá efectos mucho más allá de las estructuras visibles de la Iglesia católica.
Ahora tengo la respuesta a mi pregunta. Aunque el proceso de aprender la verdad en este asunto avance demasiado despacio para quienes vivimos en algunos países, y demasiado rápido para quienes viven en otros, ciertamente avanzará. Y el DDF ha establecido una especie de toldo andante bajo el que todos estamos invitados a emprender el proceso de trabajar las conciencias: las «reglas del juego» para garantizar la unidad y evitar el escándalo, con la promesa de que lo disciplinario se ejercerá con un toque ligero.
Primero: establecer una presentación firmemente conservadora de la enseñanza tradicional. Segundo: estirar casi hasta el límite todo lo permisible dentro de esa enseñanza.
Y esta es, en mi opinión, la genialidad de Fiducia Supplicans, y la razón por la cual es fiel al pensamiento del Papa Francisco tras Amoris Laetitia (cosa que manifiestamente no lo era el Responsum del DDF de 2021): sale del laberinto «por arriba«, utilizando una reflexión sobre las bendiciones para elaborar una presentación práctica católica de la abundancia de la gracia. Que luego la extiende en el grado máximo posible: a todos nosotros.
¡Qué privilegiado soy por haber realizado mis estudios formales de teología en Brasil! Ejercí mi ministerio en parroquias en las que una ínfima parte de la población vivía en un primer matrimonio «debidamente formalizado«. Un cardenal conservador me instó a que anduviera con mucha soltura en temas canónicos y evitara cualquier enseñanza moral que no fueran los Diez Mandamientos, para no agobiar a los fieles. Todo esto estaba muy lejos de las tentaciones de fariseísmo, tan fuertes en los países anglófonos. La Reforma ha dejado una fuerte impronta en nuestra recepción del cristianismo; y nuestros líderes religiosos, incluso los católicos, se dejan seducir muy fácilmente por representaciones moralistas y legalistas de la «bondad«.
Fiducia Supplicans ofrece, pues, las «reglas del juego» según las cuales se debe vivir la catolicidad para mantener su unidad: la Iglesia es para los pecadores. Todos vivimos en el fango y, sin embargo, todos somos capaces de quedarnos transformados en diamantes partiendo de donde estamos. Deja la enseñanza oficial donde está, al menos por el momento, pero nunca la utilices para juzgar a los demás, porque ése es el camino al infierno. Mientras tanto, aprende a percibir a las personas que podrías haber despreciado como «bendecibles» en lugar de «reprobables«, y luego deja que la sutil gracia de Dios opere la eficacia de la bendición en sus –en nuestras– vidas, y en lo que podemos aprender unos de otros sobre quiénes somos realmente.
Así pues, una comprensión católica totalmente tradicional de la Gracia, que no se preocupa demasiado por el pecado, que se hace visible a través de un rico repertorio de bendiciones, todo ello con mano suave en lo que respecta a la disciplina: esta es la vía para mantenernos unidos en el proceso de aprendizaje que los asuntos LGBT están provocando en todo el mundo.
Hay que decir, sin embargo, que sí se ha tocado una nueva nota al insistir en que las parejas del mismo sexo son «bendecibles» en lugar de “reprobables«.
Imaginen, si quieren, que viven en un reino insular, quizá en algún lugar del Mar del Norte. Imaginen que a sus costas llegan personas en pateras. Algunos los llaman «inmigrantes ilegales«, otros «solicitantes de asilo«. En el primer caso, se presume que no son «nosotros» y que nunca podrán serlo, por lo que deben ser tratados como delincuentes y deportados. En el segundo caso, sea cual sea su estatus, vengan de donde vengan y hayan llegado aquí como hayan llegado, todo debe resolverse lenta y pacientemente, ya que su deseo de ser «de los nuestros» puede ser real y legítimo y, al menos inicialmente, debe suponerse que lo es. Con el tiempo, puede que no sólo sean «de los nuestros«, sino incluso de los «mejores» entre nosotros.
Sin embargo, a diferencia de cualquier fantasía del Mar del Norte, en el Reino de Cristo todos los residentes son de hecho también inmigrantes, y se manifiesta la autenticidad de su residencia al extender hacia abajo escaleras para otros que puedan llegar a sumarse, en lugar de recogerlas en contra de otros a los que temen. Y al hacerlo, descubren que incluso las reglas bien establecidas del Reino por el que viven empiezan a cambiar a medida que su «nosotros» deja de definirse frente a un «ellos» del que saben muy poco. Empiezan a ser «contagiados» por un mayor deseo de bendecir, y un reconocimiento de que han sido bendecidos por aquellos de los que se atrevieron a hablar bien.
Pronto veremos si el cardenal Víctor Manuel Fernández y sus colegas están a la altura de la promesa de Fiducia supplicans: ¿Serán ecuánimes a la hora de repartir codazos a los distintos sectores de la Iglesia? ¿Serán tan firmes a la hora de sacar a las jerarquías africanas de su reticencia a apoyar la despenalización (sin la cual la idea de «bendecible» en lugar de «reprobable» no tiene ninguna posibilidad) como lo son a la hora de frenar a los alemanes en su camino hacia los ritos escritos formales para las bendiciones? En los próximos años habrá muchas oportunidades de poner a prueba la declaración Fiducia Supplicans en su rol de ayuda al gobierno en la unidad, muchas ocasiones de ver esta aventura en acción mientras nuestras conciencias se esfuerzan por llegar a una veracidad compartida.
Cuando era joven, me entusiasmaba el relato de Chesterton llamado Ortodoxia. Ahora, al leer atentamente Fiducia Supplicans, al ser testigo del proceso del Espíritu y de los actos de gobierno en constante evolución que sirven a ese proceso, percibo algo de lo que Chesterton quería decir con el «carro celestial» que lleva la «verdad salvaje, tambaleante pero erguida«. ¡Que empiece el juego!
Comentarios desactivados en Vuestra casa quedará desierta…. Esta iglesia no bendecirá, pues nadie pedirá su bendición
Del blog de Xabier Pikaza:
El problema se planteó el año 2021 cuando algunos cristianos “preguntaron” a la Congregación si había una bendición para los “matrimonios homosexuales” y la Congregación, presidida por el Card. Ladaria respondió que no (del 15.02.2021; cf. Responsum (imagen: Arco y ruinas de Gerasa, donde Jesús fue a echar demonios).
| Xabier Pikaza
No han pasado ni tres años y la misma Congregación ha matizado aquel documento, con otro titulado Fidutia Supplicans (del 8.12.2023), afirmando que en determinadas circunstancias las parejas homosexuales pueden ser bendecidas.
Debe tratarse de un tema grave, con un cambio significativo de opinión del mismo Papa Francisco, antes a través de L. Ladaria y ahora a través del Card. V.M. Fernández. Expondré el tema de la bendición en los próximos días. Aquí me limito a situarlo en la perspectiva Mt 23, 38: Vuestra casa quedará desierta.
Vuestra casa quedará desierta
23 37 ¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido! 38 He aquí que vuestra casa quedará desierta. 39 Porque os digo que ya no me volveréis a ver hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Jesús ha querido impedirlo, pero no lo ha logrado, porque Jerusalén (la iglesia oficial) lo ha impedido. El tema es claro:
-Jesús como gran ave materna ha querido reunir a todos los polluelos sus alas, todos los expulsados sociales, a los excluidos a los oprimidos… y en nuestro contexto a los homosexuales(Mt 25, 31-46). Pero los jerarcas de la antigua Jerusalén y de la reciente iglesia se han negado; no orecen bendición ni lugar de vida para los homosexuales (y otro tipo de personas estigmatizadas.)
– He aquí que vuestra casa quedará desierta. Este es el final de las grandes lamentaciones de Jesús (Mt 23, 13-33). Jesús no maldice a nadie (ni a los jerarcas de un tipo de Jerusalén o de Iglesia), pero se lamenta, su duele: ¡Ay de vosotros”. El tema de fondo está tomado Dt 32, 22 y de la gran tradición profética. Jesús, como último de los grandes profetas anuncia la ruina de Jerusalén y de un tipo de iglesia que se niega a ofrecer su bendición a los “polluelos” de Dios (entre ellos a los homosexuales).Jesús actúa así como defensor divino de los pobres y excluidos de Jerusalén.
– El tema no son por tanto los homosexuales (los polluelos amenazados de diverso tipo), pues tienen en Dios su protector, el autor de bendición… El problema no son ellos, es Jerusalén, la gran iglesia que va a quedar (que está quedado). Mateo se muestra así convencido de que no hay remedio (al menos por un tiempo…) para la vida y culto de Jerusalén y de su templo, para un tipo de iglesia como la nuestra… aunque hay una posible conversión.
‒ Y ya no me volveréis a ver hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! (23, 39). Jesús no habla aquí solo a los escribas y fariseos del judaísmo rabínico, que optan por su ley en vez de optar por los pobres y excluidos. Como saben todos los lectores de Mt 23, esta palabra (vuestra casa quedará desierta) se dirige de un modo especial a aquellos “jerarcas de la iglesia” que no cuidan, acogen y bendicen a los oprimidos y expulsados. Los que vienen en nombre del Señor son los hambrientos, sedientos, desnudos, expulsados, encarcelados de Mt 25, 31-46.Una iglesia que no es bendición para hambrientos, expulsados, homosexuales y encarcelados (enfermos) se destruye a sí misma.
–Vuestra casa quedará desierta… El templo de Jerusalén, la gran casa clerical de una iglesia triunfante que no acoge ni bendice a los pobres y excluidos… Cerrada en sí misma, no siendo bendición para homosexuales y expulsados de la tierra de la vida se destruye a sí misma.
Mateo no ha inventado ese dicho, sino que lo ha recogido y situado en este lugar clave de su evangelio. Él sabe que la condena de Israel no es (no puede ser) definitiva, como lo sabía Pablo, treinta años atrás, cuando anunciaba que al final se convertirían (se volverían) los judíos, de manera que “todo Israel será salvado” (Rom 11, 26).
Desde una perspectiva israelita (que después no aparece retomada expresamente al final del evangelio, dirigido desde el Monte de Galilea a todos los pueblos (28, 16-20), Mateo supone aquí que Jesús como Mesías de Israel volverá a Jerusalén, en la línea de eso que suele llamarse la “segunda venida”, que debe integrarse en el esquema apocalíptico de Mt 24, en las parábolas del juicio de Mt 25 y sobre todo en la misión universal de la pascua Mt 28.
Reflexión posterior. Tres concreciones
En un plano general, hoy por hoy, pienso que el matrimonio “oficial”, entre un varón y una mujer, debe dejarse como está, tal como fue establecido en la Edad Media, con papeles especiales, con una bendición solemne. Antes de la Edad Media hubo otras formas de celebrar el matrimonio, sin papeles ni ordenamientos jurídicos, dentro de la tradición de cada iglesia. Pero lo que entonces hizo la Teología y el Derecho, al “canonizar” un tipo de matrimonio ha sido bueno, y así es bueno que quede. De todas formas, eso que hizo entonces y sigue hoy haciendo la iglesia no es único, pues hay otras bendiciones, como la de Esaú al lado de la Jacob, en el Pentateuco.
Al lado de ese matrimonio canónico que viene del medioevo, desde su raíz de evangelio y de experiencia actual, la iglesia puede y debe ofrecer también su bendición a las parejas homosexuales que lo pidan (para que ella, la Iglesia entera reciba también la bendición del evangelio homosexual). Algunos no le llamarán “matrimonio”, sino bendición de amor.
Quizá no será necesario abrir unos libros distintos de “comuniones homosexuales”; no es necesario que haya nuevos papeles canónicos (como los de un tipo de la sociedad civil), pues los “papeles” de la Iglesia son la palabra el testimonio del amor celebrado en comunidad, con la bendición de la vida. En esa línea, me parece absolutamente necesario que la iglesia acepte como “parejas bendecidas” a las parejas de homosexuales cristianos que así lo pidan y que sean aceptados así como bendición… por el resto de los cristianos.
Lo que importa no es “la canonicidad” de ese rito, sino la bendición de la vida, la bendición del amor del que son transmisores los homosexuales cristianos que (a pesar de todo) aman a la iglesia: Que los homosexuales que se sientan cristianos no pidan bendición por obligación, sino porque lo quieren y se quieren como pareja ante la iglesia, pidan una bendición de Iglesia y que ella se la ofrezca, no por imposición, sino por gozo y tarea de amor. Los que más dan son en este caso los homosexuales que se amen en clave de libertad, de generosidad de evangelios…
Ese “matrimonio entre homosexuales” no es un “octavo sacramento”, distinto de los anteriores, sino una forma externamente distinta, internamente complementaria, de celebrar la unión de amor de dos personas, como un modo intenso de vivir el amor cristiano.
Homosexualidad y gracia, superar la ley. Pablo (Rom 1-2) condena la homosexualidad si es que ella es ley de un deseo que destruye al otro, si no arranca al hombre (varón o mujer) de su egoísmo, sino que le cierra en un plano de talión, de manera que cada uno se busca a sí mismo en el otro, sin salir de sí, sin experimentar la alteridad como gracia, sin convertir la vida en encuentro de fe, de apertura gratuita. Por eso, cuando Pablo se refiere a la homosexualidad está hablando en el fondo de un tipo de auto-erotismo, es decir, de un tipo unión sin gratuidad, de pareja como reino del puro egoísmo. Pablo no condena la homosexualidad como forma de amor, sino un tipo de homosexualidad (y de heterosexualidad) entendida como dictadura de unos sobre otros, sin fe, sin comunión personal de vida.
Al situarse en ese nivel, Pablo está planteando un tema que es mucho mayor que el de la homosexualidad físico-biológico; está planteando el tema de un erotismo sin respeto personal, como esclavizamiento de unos sobre/contra otros, una forma de buscarse uno a sí mismo no al otro ni en el otro. Pues bien, el tipo de mal erotismo puede darse no sólo en las relaciones homo-sexuales, sino también (e incluso mucho más) en las hetero-sexuales donde el varón domina y esclaviza a la mujer.
La gracia de la homosexualidad. La homosexualidad (y la hétero-sexualidad) se opone al evangelio si es que niega el valor de la alteridad (la existencia y vida del otro) y destruye por tanto la gracia. Sólo así se pude afirmar que ella es pecado, con los otros dos «pecados» que Pablo condena en Rom 1, 19-31: la idolatrízación de uno mismo y la lucha de todos contra todos demás ).
Ciertamente, el tema resulta complejo en plano psicológico y social, de manera que es difícil ofrecer en este plano unas respuestas que agraden a todos. Pero el intento de condenar toda forma de homosexualidad física desde la antropología bíblica y en especial desde Rom 1, 24-27 (donde se asume y culmina para los cristianos lo dice el Antiguo Testamento sobre el tema) carece de sentido y acaba siendo contrario al argumento de Pablo. Condenar la homosexualidad por ley implica caer en la peor de las leyes que Pablo ha querido superar en todo su evangelio.
Homosexualidad evangélica. Ser homosexual para ser cristiano. En la línea anterior, si mantienen y desarrollan el principio y experiencia de la gracia, muchas uniones homo-sexuales pueden ser y son más evangélica (más paulinas) que aquellas uniones hetero-sexuales en los que cada uno se busca a sí mismo en el otro, e incluso en los hijos. Partiendo de estos principios se podría elaborar también una antropología del celibato (cf. 1 Cor 7), poniendo de relieve que la vida del célibe sólo tiene valor cristiano en la medida en que aparece como posibilidad de apertura a los demás en cuanto distintos (personales) y al Dios que es principio de toda alteridad amorosa.
Allí donde el celibato se vuelve expresión de clausura de un hombre o mujer en sí mismos (de auto-erotismo más o menos espiritualizado) va en contra del ideal cristiano. El ese sentido, el celibato cristiano como trascendimiento positivo (no de simple negación) del amor intersexual puede vincularse a un tipo de homosexualidad, que no se entienda sólo como pura negación de alteridad sexual, sino como búsqueda de otros tipos de comunicación personal y gratificante con los otros.
El problema no está por tanto en el sexo de aquellos que se aman (varones y/o mujeres), sino en la forma de relación personal que establezcan, en línea de alteridad, de manera que cada uno no se busque a sí mismo en el otro, sino que busque y encuentre al otro como distinto y así en el otro, con el otro, pueda compartir la vida como gracia, superando las diversas formas de imposición y dominio económico, social y personal que Pablo entiende como idolatría o negación de Dios. Por eso, todo lo que Pablo dice en Rom 1 sobre homosexualidad ha de reinterpretarse desde lo que va diciendo en Rom 1-3 (pecado universal) y desde lo que dice sobre el pecado y la gracia de Dios, a lo largo de la carta a los Romanos.
La «condena» de la homosexualidad greco-romana de Rom 1 forma parte del argumento retórico de Rom 2, donde Pablo condena la «no-homosexualidad egoísta» de aquellos que se cierran en su soledad soberbia para condenar a los otros, como ciertos cristianos que niegan la bendición de Dios y de la videa a los homosexuales. Por eso, entender esa condena de la homosexualidad de un modo objetivista, como algo ya resuelto al comienzo de la carta, olvidando que se trata de un argumento retórico, que se invierte y recrea a través del desarrollo y, sobre todo, al final del espléndido despliegue de gracia y amor que ofrece Romanos (culminando en Rom 12-13), significa negarse a entender a Pablo. Vuestra casa quedará desierta… El único defecto de esta sentencia es que se queda corta…. Hoy, desde occidente, no podemos decir “quedará desierta”, sino que ha quedado ya… Se nos está quedando desierta la “casa de la iglesia”, pero no por el presunto pecado de los homosexuales, sino por el de aquellos que niegan el pan y la (la bendición) a los homosexuales.
En el camino tomado por la Congregación de la fe…, al menos en Europa y el mundo, occidental, está llegando la hora en que la iglesia no podrá bendecir a nadie, homo- o hétero-sexual, pues nadie pedirá su bendición.
Comentarios desactivados en El documento de bendición del Papa Francisco revoluciona toda la atención pastoral
(Vatican Media)
El director ejecutivo del Ministerio New Ways calificó la aprobación por parte del Vaticano de bendiciones para parejas del mismo sexo como una «revolución pastoral» que ayuda «no sólo a las personas LGBTQ+ sino a cualquiera que haya resultado herido» por un enfoque «policial» de la atención pastoral que prosperó bajo la dos papados anteriores.
En un ensayo para The National Catholic Reporter, Francis DeBernardo identifica el párrafo 25 de Fiducia Supplicans, el nuevo documento que aprobó las bendiciones, como significativo porque “advierte que ‘un análisis moral exhaustivo no debe ser una condición previa para conferir’ una bendición… El párrafo dice que la iglesia debe evitar ‘basar su praxis pastoral en la naturaleza fija de ciertos esquemas doctrinales o disciplinarios’”.
DeBernardo proporcionó un contexto histórico para enfatizar la importancia del párrafo 25:
“El párrafo 25 es revolucionario porque anula el enfoque pastoral dominante que la Iglesia Católica ha adoptado a lo largo de los siglos, un enfoque que enfatizaba la vigilancia de la ortodoxia doctrinal y exigía obediencia estricta en lugar de ofrecer bienvenida y extender misericordia. Este enfoque llegó a ser casi un fetiche durante los papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Si bien muchas personas sufrieron debido a este enfoque, desde principios de la década de 1980 hasta la elección del Papa Francisco, las personas LGBTQ+ a menudo fueron seleccionadas para un “análisis moral exhaustivo” antes de que se las considerara elegibles para participar activamente en la vida de la iglesia”.
Durante este tiempo, la doctrina fue utilizada como herramienta de exclusión, afirma:
“Si bien la homofobia tradicional y tradicional puede haber desempeñado un papel en tales actitudes pastorales prejuiciosas y discriminatorias hacia las personas gays y lesbianas, debemos recordar que la forma en que se justificaron estas actitudes y prácticas fue a través del apoyo de la doctrina de la iglesia. Los teólogos pro-LGBTQ fueron censurados. Los ministros pastorales solidarios fueron excluidos de los programas de la iglesia. Y, por supuesto, las personas LGBTQ+ no sólo no fueron bendecidas, sino que a menudo fueron directamente rechazadas de los espacios católicos, incluidas las parroquias”.
Y DeBernardo continúa ilustrando que tales actitudes todavía están activas en algunas áreas de la iglesia:
«Lo único que los líderes católicos parecían poder decir a las personas LGBTQ+ era ‘No’. Esta actitud de responder a las personas LGBTQ+ sólo a través de una lente de doctrina (que ha sido cada vez más cuestionada por más y más teólogos y obispos) continúa este día. Es lo que apoya a los líderes de la iglesia que despiden a personas LGBTQ+ de sus trabajos en escuelas y parroquias católicas. Está detrás de la manía de las cláusulas morales en las instituciones eclesiásticas. Respalda las políticas restrictivas sobre conformidad de género que muchas diócesis han instituido. Y es la base de las leyes que apoyan los obispos y que criminalizan a las personas LGBTQ+”.
El nuevo documento intenta detener esta utilización de la doctrina como arma:
Fiducia Supplicans pone fin a la era de la vigilancia doctrinal, una política que Francisco ha estado promoviendo desde el comienzo de su papado. La política de Francisco no era sólo para las personas LGBTQ+ sino para cualquiera que fuera herido por las aplicaciones draconianas del «cuidado pastoral». Este nuevo documento cita el primer documento oficial del pontífice, la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, en la que instruía a evitar «una actitud narcisista». y el elitismo autoritario, según el cual en lugar de evangelizar se analiza y clasifica a los demás, y en lugar de abrir la puerta a la gracia, se agotan las energías en inspeccionar y verificar.’
La conclusión de DeBernardo es que Fiducia Supplicans representa un cambio revolucionario hacia una forma nueva y más acogedora de cuidado pastoral. Este nuevo enfoque es beneficioso no sólo para las personas LGBTQ+, sino para todos aquellos a quienes los ministros pastorales puedan haber perjudicado por su rigidez doctrinal:
“El Papa Francisco está poniendo fin a las prácticas excluyentes de los dos pontífices anteriores al afirmar que la misericordia de Dios no es algo que los humanos puedan limitar. … Esa es una buena noticia no sólo para las personas LGBTQ+, sino para cualquiera que haya sido marginado o excluido por políticas diseñadas para justificar las reglas de la institución”.
Para leer el ensayo completo de DeBernardo, haga clic aquí.
—Robert Shine, New Ways Ministry, 2 de enero de 2024
Comentarios desactivados en Los obispos alemanes y flamencos acogen calurosamente la declaración del Vaticano sobre las bendiciones
El obispo Georg Bätzing (dcha), presidente de la Conferencia Episcopal Alemana con el cardenal Reinhard Marx
Desde hace varias semanas, Bondings 2.0 cubre la recepción de Fiducia Supplicans, la declaración del Vaticano sobre las bendiciones que permitía a los sacerdotes bendecir a parejas del mismo sexo y a otras personas en situaciones “irregulares”.
La cuestión de tales bendiciones surgió principalmente debido a las demandas formales e informales de los católicos alemanes de reconocer el amor queer en la Iglesia. Y, en una entrevista reciente, el prefecto del dicasterio doctrinal del Vaticano, el cardenal Víctor Manuel Fernández, reconoció que Fiducia Supplicans era una “respuesta clara” a los alemanes.
Entonces, ¿cómo han respondido los líderes de la iglesia alemana al nuevo documento? La publicación de hoy presenta sus reacciones, así como la de los obispos flamencos.
El obispo Georg Bätzing de Limburgo, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, emitió un comunicado diciendo que «daba una gran bienvenida» a Fiducia Supplicans y estaba «agradecido por la perspectiva pastoral que requiere». Bätzing, quien dirigió el proceso del Camino Sinodal de Alemania que terminó con un documento que alentaba las bendiciones para las parejas del mismo sexo y las apoya personalmente, agregó (a través de Google Translate):
“Es bueno que ahora se esté sacando a relucir este tesoro [de] diversos modelos de vida. . La declaración Fiducia supplicans aborda las cuestiones que han quedado claras recientemente sobre el tema de las peticiones de bendiciones, y lo hace desde una perspectiva pastoral y en un lenguaje teológicamente moderado y tranquilo. La Declaración aplica categorías y términos teológicos de manera responsable. Traza una línea clara entre la fidelidad inquebrantable a la enseñanza de la Iglesia y las exigencias pastorales de una práctica eclesial que quiere estar cerca de las personas. Aquí se describe un ámbito de acción pastoral que ilustra la práctica responsable de la iglesia.
“Al final de la declaración se enfatiza expresamente: el marco establecido aquí es lo suficientemente claro como para dar a los ministros ordenados la seguridad necesaria para actuar”.
El obispo Heinrich Timmerevers de Dresde-Meissen se mostró “muy feliz y muy sorprendido” porque “nunca antes en la historia de la Iglesia había sucedido este hito que el Papa ahora está haciendo posible aquí”. Este desarrollo surgió en parte porque la Iglesia Católica es “un poco culpable” porque no sólo “unió a la gente a través de nuestra enseñanza moral sino que también la marginó”. Permitir más bendiciones “no es sólo un regalo de Navidad, es más que eso”, añadió el obispo.
America informó sobre las respuestas positivas de varios otros obispos alemanes:
“El cardenal Reinhard Marx de Munich dijo el martes que estaba un poco sorprendido. No esperaba «que tal señal llegara tan rápido«. Marx dijo que era un primer paso que puede parecer pequeño para los católicos en Alemania, «pero para algunos en la Iglesia Universal, es enorme escuchar que esto debería ser posible«… Marx dijo que la doctrina sexual católica debe seguir desarrollándose”.
“El futuro arzobispo de Bamberg, Herwig Goessl, también celebró la decisión. “Esto cumple un deseo importante de muchos creyentes, expresado también en el Camino Sinodal”, afirmó. Sin embargo, no hay que pasar por alto que la declaración distinguía entre bendición y matrimonio. Goessl dijo que veía nuevas posibilidades para la atención pastoral”.
El obispo Stefan Oster de Passau publicó una declaración larga y más moderada que enfatizaba que las enseñanzas de la iglesia permanecían sin cambios y que las bendiciones para las parejas “irregulares” no podían formalizarse, con lo cual parecía estar de acuerdo. Sin embargo, Oster también comentó:
“Por tanto, agradezco esta explicación porque puede ayudarnos de varias maneras en los debates polarizados sobre este tema. Hace dos años comencé un nuevo puesto en la diócesis de Passau para la pastoral de las personas queer. Como Iglesia católica, por lo general tenemos una gran incomprensión con estas personas en el camino pastoral y, con demasiada frecuencia, apenas tenemos capacidad para hablar en el ámbito pastoral. Ahora se amplía el alcance del camino pastoral común. Una oración pidiendo la bendición de Dios y su buen espíritu en el espíritu de la iglesia ya no tiene por qué estar en contradicción con la iglesia. Y en este sentido, el nuevo documento sobre la bendición puede ser una bendición para aquellos que honestamente buscan orientación en la pastoral y al mismo tiempo quieren permanecer fieles a la Iglesia en su tradición”.
Un obispo alemán fue más negativo. El cardenal Gerhard Müller, ex director de la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe y crítico abierto del Papa Francisco, como era de esperar dijo que Fiducia Supplicans era “autocontradictoria” y apeló a los obispos a no convertirse en “cómplices” de “estos actos sacrílegos”, optando en cambio por prohibir tales bendiciones.
Los católicos laicos en Alemania también acogieron a la Fiducia Supplicans. Birgit Mock, vicepresidenta del Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK), que copreside el grupo de trabajo sobre moralidad y relaciones sexuales en el proceso del Camino Sinodal de Alemania, concedió una extensa entrevista a Katholisch.de. Mock describió la declaración como un “gran avance”, ya que permitió una nueva forma de abordar las tensiones entre la enseñanza de la iglesia y la práctica pastoral existente, es decir, que tales bendiciones ya están ocurriendo. Ella explicó:
“Creo que esta declaración ofrece una gran oportunidad para la iglesia global. Al fin y al cabo, y así lo dice explícitamente el texto, responde a diversas peticiones. Al final, las iglesias locales pueden decidir por sí mismas si quieren aprovechar esta oportunidad o no. Pero el hecho de que se esté abriendo es, en mi opinión, verdaderamente innovador y nos ofrece la oportunidad de seguir siendo juntos una buena iglesia mundial”.
Mock también confirmó que la iglesia alemana continuará sus esfuerzos para dar una estructura a las parejas del mismo sexo que bendicen, incluido un folleto sobre cómo celebrar tales bendiciones con “textos de oración que sean adecuados para [estas bendiciones] y fácilmente accesibles”, de modo que los ministros pastorales estén no quedarse sin recursos.
Irme Stetter-Karp, presidenta del ZdK, dijo en parte en un comunicado:
“[El Dicasterio] se toma en serio la bendición. Libera la decisión de dar una bendición de una superestructura sacramental que antes parecía un revés para los afectados. Ahora finalmente el cuidado puede venir a través de la bendición – ¡gracias a Dios!… Resulta que la honestidad teológica y el sentido de fe son hitos importantes en el camino hacia el cambio en la iglesia. Simplemente obedecer una prohibición no es católico”.
“La Federación de Mujeres Católicas Alemanas (KDFB) y la Asociación Alemana de Mujeres Católicas (KDF) también saludaron la decisión del Vaticano. La presidenta federal del KDF, Mechthild Heil, lo calificó como “un paso bueno, pero también necesario desde hace mucho tiempo”. La presidenta del KDFB, Anja Karliczek, dijo que la decisión era una señal a favor de una mayor diversidad y tolerancia en la Iglesia”.
En Bélgica, los obispos también dieron la bienvenida a la Fiducia Supplicans, y algunos de sus miembros flamencos habían emitido previamente directrices y una liturgia para bendecir a las parejas del mismo sexo. Los obispos flamencos emitieron un comunicado diciendo que la declaración del Vaticano era “una confirmación del enfoque pastoral” que habían adoptado. Los obispos explicaron, en parte:
“Fiducia Supplicans se considera un gran paso hacia el reconocimiento de las relaciones homosexuales fieles y duraderas. Como persona LGBTI+ eres plenamente aceptado e incluso ahora puedes bendecir tu relación. . .
“El discernimiento comunitario a través de la conciencia formada ya era preferido en la enseñanza social de la iglesia. El hecho de que la conciencia formada ahora también tenga prioridad en la ética sexual es ni más ni menos que un cambio sísmico en el discurso y el pensamiento de la iglesia. La declaración de la iglesia mundial también tiene un impacto significativo en el pensamiento de los países donde la homosexualidad todavía está criminalizada hoy.
“Para aquellos que se han preguntado durante los últimos dos años si la encuesta mundial de creyentes [el Sínodo sobre la Sinodalidad] en la Iglesia Católica cambiaría algo: pueden llamar con seguridad a la declaración del lunes un fruto temprano de ese proceso. El deseo de una Iglesia acogedora y abierta es cada vez más entusiasta en todas partes. La vida vivida no puede enjaularse en reglas inquebrantables”.
Los obispos flamencos, sin embargo, no sólo celebraron la Fiducia Supplicans. Lo entienden como un punto de partida para un mayor diálogo sinodal, que finaliza con una invitación aplicable a los católicos de todo el mundo:
“A quienes no estén de acuerdo, sólo nos queda repetir el llamado a entrar en diálogo. Estamos preparados para hablar con todos desde los puntos de contacto. Si realmente caminamos hacia una Iglesia que escucha y guía y que tiene espacio para todos, esto se aplica a las parejas homosexuales que desean una bendición, pero también a quienes votan en contra. Invitamos cordialmente a todos a una conversación abierta, en un “espacio seguro” y preferiblemente lo más lejos posible de todas las cámaras de eco de las redes sociales”.
—Robert Shine (él/él), Ministerio New Ways, 9 de enero de 2024
Comentarios desactivados en Espejismos: La basílica de San Pedro, abierta a acoger bendiciones de parejas gay, y Francisco “aclara” que… “se bendicen las personas, no el pecado“
La basílica de San Pedro, abierta a acoger bendiciones de parejas gay
«Nos movemos siguiendo la estela del Magisterio. Intentaremos mostrar el rostro materno y paterno de la Iglesia en la atención a las personas, a cada persona en el estado en que se encuentre», recalcó el arcipreste de la basílica
¿Podría la basílica de San Pedro acogrer bendiciones para parejas homosexuales? Sí, aunque por el momenot no ha llegado ninguna petición. Esta fue la respuesta del cardenal Mauro Gambetti, arcipreste del mayor templo de la Cristiandad, al ser preguntado por los medios durante la presentación de la restauración del Baldaquino de Bernini, tal y como señala Il Messaggero.
Unas bendiciones que, tal y como señaló Gambetti, buscan «mostrar al mundo el rostro materno de la Iglesia y en la estela de lo que ha pedido el Papa«. Eso sí, por el momento, los canóniogos de San Pedro no han recibido ninguna petición.
«No me consta que hayan llegado informes», apuntó el arcipreste de San Pedro, quien no obstante aseguró, en la misma línea que el cardenal Cobo en Madrid, que «nos moveremos en la línea del surco trazado» por Fiducia Supplicans. «El tema de fondo es la cercanía de la Iglesia a las personas en cualquier situación en la que se encuentren», insistió.
«Nos movemos siguiendo la estela del Magisterio. Intentaremos mostrar el rostro materno y paterno de la Iglesia en la atención a las personas, a cada persona en el estado en que se encuentre«, concluyó Gambetti. «La cercanía de la Iglesia a cualquier persona, sea quien sea, es el camino a seguir».
***
Francisco aclara: «Las bendiciones a parejas homosexuales van dirigidas ‘a las personas’ y no cambian la doctrina»
El Papa responde al clero romano en una reunión a puerta cerrada en San Juan de Letrán
«El papa (…) ha aclarado un poco la situación. La intención es bendecir a las personas», resumió al final del encuentro el obispo vicario de Roma, Angelo De Donatis, sobre el documento ‘Fiducia supplicans‘
Sobre las reticencias del clero africano, Francisco respondió que «ese debate ya ha sido aclarado al cardenal congoleño Fridolin Ambongo»
La Diócesis de Roma ha precisado que se trató de «un diálogo abierto y familiar en un clima de cordialidad»
Esta histórica apertura del papa Francisco ha suscitado dudas y ciertas divisiones ya que parte del clero de todo el mundo, su facción más conservadora y obispos como los africanos, con Robert Sarah a la cabeza, lo han tachado de «herejía» y se niegan a impartir la bendición
| RD/EFE
El papa Francisco alegó hoy que la bendición a las parejas del mismo sexo, aprobada por un reciente documento vaticano, va dirigida a «las personas», en una reunión a puerta cerrada con el clero romano, que le planteó sus dudas sobre el tema.
«El papa (…) ha aclarado un poco la situación. La intención es bendecir a las personas», resumió en la televisión pública italiana RAI al final del encuentro el obispo vicario de Roma, Angelo De Donatis.
El pontífice y obispo de Roma, ayer afectado por una leve bronquitis, reunió hoy en la basílica romana de San Juan de Letrán a más de 800 sacerdotes, diáconos y religiosos para tratar algunos temas importantes y optó por responder a sus preguntas.
El medio oficial «Vatican News» informó de que Francisco aclaró que esas bendiciones no cambian la doctrina del sacramento del matrimonio entre un hombre y una mujer y que en resumidas cuentas «se bendicen las personas, no el pecado«, según dicho portal.
Asimismo, a preguntas de un sacerdote africano, el papa admitió que la cultura de África no acepta estas bendiciones -en muchos de sus países la homosexualidad es un delito- y que ese debate ya ha sido aclarado al cardenal congoleño Fridolin Ambongo.
La Diócesis de Roma ha precisado que se trató de «un diálogo abierto y familiar en un clima de cordialidad» en el que, además, el papa avanzó que reanudaría sus visitas a las parroquias romanas, tras los últimos tres encuentros a algunas zonas con problemas.
El encuentro con el clero se dio en medio de la tormenta desatada por la posibilidad de impartir bendiciones a parejas del mismo sexo o en situación «irregular» desde el punto de vista canónico, aunque sin justificarlas ni equipararlas con el matrimonio.
El pasado 18 de diciembre la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe publicó la declaración «Fiducia Supplians» en la que se abría la posibilidad de impartir una bendición espontánea y sin ritos a ese tipo de parejas.
Esta histórica apertura del papa Francisco ha suscitado dudas y ciertas divisiones ya que parte del clero de todo el mundo, su facción más conservadora y obispos como los africanos lo han tachado de «blasfemia» y se niegan a impartir la bendición.
El prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino, el cardenal guineano Robert Sarah, uno de los más críticos con el papa argentino, ha calificado el documento de «herejía« y ha animado a oponerse a su aplicación.
El prefecto de la congregación, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández, defendía en el texto que «se puede entender la posibilidad de bendecir a las parejas en situaciones irregulares y a las parejas del mismo sexo sin convalidar oficialmente su estatus ni alterar en modo alguno la enseñanza perenne de la Iglesia sobre el matrimonio».
Ante la polémica, el cardenal Fernández tuvo que matizar el 4 de enero que la bendición de parejas homosexuales no será «litúrgica ni ritualizada« y que no supondrá su «justificación».
(Vatican News).- Una «tierra de misión«.
Así definió Francisco a la diócesis de Roma en el encuentro, reservado como es tradición, con el clero romano celebrado esta mañana en la Basílica de San Juan de Letrán. El Papa llegó poco después de las 9 de la mañana y fue recibido por el cardenal vicario Angelo De Donatis.
Se reanudan las visitas a las parroquias
Ante las más de 800 personas presentes, entre sacerdotes, diocesanos y religiosos, y diáconos permanentes en servicio pastoral, el Obispo de Roma lanzó un llamamiento a la evangelización de toda la comunidad eclesial, anunciando a continuación que reanudaría las visitas a las parroquias de la diócesis, tras el parón impuesto por la pandemia.
Diálogo abierto
El encuentro, que duró unas tres horas, informa un comunicado de la diócesis de Roma, se desarrolló «con un diálogo abierto y familiar, en un clima de cordialidad«.
Encuentro del Papa con el Clero de Roma
A la oración de la hora intermedia siguió el saludo del cardenal y después el diálogo entre los sacerdotes y Francisco, que les invitó a hacer preguntas libremente, con sinceridad. Había una treintena.
El testimonio
Francisco habló de la necesidad de la evangelización en un contexto pagano, subrayando la importancia del testimonio.
Bendecir a las personas, no el pecado
A continuación respondió a las preguntas sobre la bendición de las parejas del mismo sexo, afirmando queno cambia la doctrina sobre el sacramento del matrimonio entre un hombre y una mujer. Se bendice a las personas, no al pecado. A la pregunta de un sacerdote africano, dijo que la cultura de África no acepta estas bendiciones porque hay sensibilidades diferentes y que esto se aclaró con el cardenal Ambongo.
Luego dijo que muchos no leen bien los textos de la Iglesia: hace falta saber escuchar, subrayó, recordando que los conflictos hay que gestionarlos pero no ocultarlos.
Perdonar siempre
A continuación, el Papa hizo un llamamiento a perdonar siempre: yo perdono siempre, hay que tener siempre misericordia, dijo.
Homilías breves
Sobre los diáconos dijo que deben estar entre la gente, al servicio de los necesitados. Finalmente recordó que las homilías deben ser breves, de unos 7/8 minutos, directas, captando el espíritu de la Palabra de Dios.
Comentarios desactivados en “Confianza suplicante, bendición asegurada”, por Gabriel Mª Otalora
De su blog Punto de Encuentro:
| Gabriel Mª Otalora
Leo con interés la declaración Fiducia supplicans (confianza suplicante) sobre el sentido pastoral de algunas bendiciones. Y lo hago también con pena por algunas reacciones que parecen salidas de quienes leen el Evangelio al revés poniendo por delante las normas a las actitudes. Estamos ante un texto doctrinal, o lo que es lo mismo, un texto que trata sobre las verdades del Evangelio bajo el precioso título “Confianza suplicante”, tan ligado al salmo 27: Dios da paz y alivio especialmente en los momentos más duros de la vida. Y la dura exclusión no es menor en el caso que nos ocupa.
Jesús se acercaba decididamente y sin exclusiones a las periferias poniendo amor y deseando de corazón y con hechos el bien de todos. Especialmente en el caso de los excluidos por cualquier causa. El Evangelio está plagado de esta actitud de bendición (desear activamente el bien), igual que lo está de lo contrario: el rechazo a bendecir y sanar por parte de quienes ostentaban las esencias de la Ley de Dios. Ahora es el caso de las personas del mismo sexo, a los católicos vueltos a casar civilmente sin haber recibido una anulación…
Esta Declaración, en palabras del propio texto, “implica una evolución real de lo que se ha dicho sobre las bendiciones en el magisterio y en los textos oficiales de la Iglesia”. Y remacha afirmando el valor de ofrecer una contribución específica e innovadora al significado pastoral de las bendiciones. Esto amplía y enriquece la comprensión clásica de las bendiciones, encorsetada en la expresión litúrgica. El propio documento es su punto 9, afirma que “desde un punto de vista estrictamente litúrgico, la bendición requiere que aquello que se bendice sea conforme a la voluntad de Dios”. ¿Y en qué texto bíblico aparece que la voluntad de Dios es excluir la bendición a quienes en verdad se aman?
El texto comienza con el recordatorio del Papa Francisco: “Es una bendición para toda la humanidad”, sin exclusiones. De lo contrario, ¿cómo encajar algo más radical, como es amar a nuestros enemigos y a quienes nos persiguen? Si no podemos desear el bien a parejas homosexuales, ¿cómo vamos a cumplir el mandato de bendecir a quienes nos persiguen? Si reducimos lo esencial de la bendición al rito litúrgico, es imposible captar el sentido pastoral basado en el espíritu evangélico, creador de fraternidad humana. La liturgia es expresión de la doctrina vivida, y no al revés.
Cuánta necesidad de un Dicasterio de la Ortopraxis, como lo he señalado en alguna otra ocasión. Tan severos en la ortodoxia, se nos va la verdadera esencia de Cristo por el sumidero de la arrogancia, la exclusión, el adoctrinamiento y la falta absoluta de compasión.
Si con la exhortación Amoris laetitia el Papa clamaba por una pastoral familiar en clave de escucha, discernimiento y misericordia, y le tildaron de hereje, esos mismos censores inmisericordes no iban a quedarse callados. Hereje, sí, acusado de propagar nada menos que 7 posturas heréticas en la Correctio filialis de haeresibus propagatis (Müller, Burke…) a la que obispos como Sanz y Munilla aplauden, y otros muchos a favor de la línea de Francisco callan por una cobardía teñida de prudencia; esta es otra forma de escandalizar, que conste.
En definitiva, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe afirma en la nota introductoria de Fiducia supplicansque “se puede bendecir a parejas en situación irregular y a parejas del mismo sexo sin validar oficialmente su estatus ni cambiar en modo alguno la enseñanza perenne de la Iglesia sobre el matrimonio”. Un avance, pues en 2021 se decía que sólo era posible bendecir a los individuos por separado. ¡No me imagino a Cristo puntualizando estas disquisiciones! Se bendice a las dos personas, y se pide para esa pareja salud, trabajo, paciencia, y que puedan vivir cada vez con mayor fidelidad al Evangelio. Es decir, con amor verdadero.
Qué no decir si esas parejas son personas cristianas, o con sensibilidad cristiana, que ven el Evangelio como la puerta al amor y la misericordia desde su opción honesta, pero que han tenido que vivir en la clandestinidad evangélica: la Buena Noticia inclusiva no era para ellos.
POSDATA – Merece la pena leer, en clave de todo lo anterior, el capítulo quinto de Los Hermanos Karamazov, de Fedor Dostoievsky. Se titula “El gran inquisidor”. Así podremos entender lo que subyace en esta cada vez menos soterrada beligerancia contra el Papa Francisco y su defensa del amor de Cristo. Una parábola que no deja indiferente a nadie, digna de su relectura. Está publicada también como separata en Alianza Editorial.
Comentarios desactivados en Juani y Ana, una pareja sobre las bendiciones del Vaticano: «queremos el matrimonio»
En 2018 surgió el amor. Juani tenía 58 y Ana tenía 53 (si no tiene novia y sientes que se te está pasando la vida, ya ves que no, que el amor viene en cualquier momento). Ambas eran católicas y están integradas en el seno de la iglesia.
“Nos casamos por lo civil en 2020, en plena pandemia. Y dos años después hicimos la celebración creyente, en la que estaban un cura ‘oficial’, otro sacerdote por el celibato opcional y una mujer con vocación de sacerdote, que fueron quienes nos bendijeron”, cuenta Juani El Español.
Ellas habían acudido a la sede en Madrid de Crismhom, la organización homosexual de carácter ecuménico cristiano. “La familia de Ana es más tradicional, pero para mí, que creo en una Iglesia horizontal y abierta, lo que nosotras hicimos ya tenía todo el valor del matrimonio. La decisión del Vaticano, sí, es un pequeño pasito, pero yo no quiero eso, yo quiero una Iglesia de iguales”, asegura Juani.
“Que nos bendicen, pues cómo no nos van a bendecir… Si ya bendicen a los perros, a los gatos y a los pájaros el día de San Antón. Si bendicen un barco y a un avión, pues digo yo que me bendecirán a mí también como persona. Pero bueno, yo soy de las que piensa que no quiero ser menos que nadie. Vengo de las comunidades de base desde hace 50 años. Y si las uniones heterosexuales son consideradas un matrimonio, pues nosotras exactamente igual, ni más ni menos”, expresa la mujer.
Juani cree que el Papa quiere hacer cambios reales, pero que detrás de él hay un séquito que intenta impedir estos avances en igualdad. Es una de las razones por las que hace unos meses tuvo una reunión con Jeannine Gramik, monja activista que lucha por la inclusión y la diversidad en la Iglesia.
El día en que un documento del Papa o de cualquier oficina de la Santa Sede diga que se le puede dar el saludo de paz a las personas diversas sexualmente van a decir que no.
El día en que en una homilía el Obispo de Roma o de cualquier otra diócesis diga que está bien orar por las peticiones de una persona que se reconoce L, G, B, T , I ó + también van a decir que no.
El día en que en una audiencia o entrevista de esas de los vuelos, el sucesor de Pedro insinúe que está bien hacer algo bueno por alguien que no sea heterosexual van a decir que no.
Van a decir que no el lunes, y también el martes. Van a gritar que no el miércoles y especialmente el jueves, y no van a parar el fin de semana de decir en la calle, en los templos, en sus canales y sus podcast que no, que absoluta y definitivamente no. Porque les odian
Odian su esencia, su existencia, su materia, su forma, su sustancia y sus accidentes. Odian todo de las personas que no se ajustan a su relato mediocre y excluyente, odian a todos los que no caben en su diminuta y precaria comprensión de lo humano. Odian su manera de vestir, de hablar, de expresarse, odian su forma de amar y, lo peor, odian su forma de creer. El odio les brota por los poros cuando pronuncian tan premeditadamente aquel “intrínsecamente desordenado” y se les hace rabia líquida en los colmillos cuando dicen “sodoma”, como quien se imagina una tortura ajena y la disfruta.
Odian saber que muchos de ellos también son gais, odian reconocer que fueron formados por muchos gais, odian recordar que la historia de la iglesia está atestada de personalidades gais. Y predican ese odio.
No tiene que ver con la doctrina, porque saben bien que la doctrina no ha cambiado ni una, ni veinte, sino cientos de veces en estos 20 siglos, aunque mientan a diario al negarlo, con tal de justificar su odio. Tampoco con la tradición, que hipócritamente defienden como algo estático e imperturbable, cuando ninguno de ellos podría vivir cinco minutos como lo hacían en su anhelado siglo XIII, y rogarían a gritos volver a Francisco si les tocara vivir a un papa como Inocencio o alguno de los primeros Benedictos, pero lo desprecian para alimentar su odio. Y si hay algo maldito entre el cielo y la tierra, es ese odio.
Lejos de la imaginería estrafalaria de lo maldito como algo oscuro y sangriento, la maldición bíblica es el desprecio, el deseo de ruina, la petición de una desgracia que caiga sobre el otro. Un deseo que se hace realidad en los actos de quien lo alberga, de quien lo consiente. La maldición no es una fuerza invisible que provoca daños, sino la ruptura real, consciente y cotidiana con aquello que le hace bien al otro, es una abstinencia de la misericordia, y a eso se han dedicado desde siempre, a enterrar el talento, a cosechar su cizaña y ofrecerla como trigo. Entonces, la maldición sucede, y llega, y muchas personas siguen siendo discriminadas, marginadas, violentadas y exterminadas a causa de su condición sexual, en una cultura que todos los días se nutre también de ese odio envuelto en numerales de catecismo.
Desde hace unos días que han desatado cualquier pudor que les quedase para dedicarse a maldecirles, y al hacerlo, también están maldiciendo a todos los heterosexuales de la iglesia, pues sentados sobre la cátedra de su credibilidad les anuncian en videos de cuantas horas sea posible (qué idea puede tener un youtuber de su audiencia si les hace video tras video de más de una hora cada uno) que está bien odiar así, disimuladamente, diciendo que se ama la verdad, que no ven, mientras desprecian a sus herman@s a los que sí ven. Y cuando a muchos les han obligado a tomar partido, y han ofrecido el cisma y el sacrilegio como excusa para odiar, han hecho maldita esa porción suya de la iglesia que – como todas – nació para hacer benditas a todas las personas de la tierra. Les han decretado ayunar de compasión y borrar toda obra de misericordia que no sea corregir al que se equivoca en aquello en lo que yo estoy bien.Y esa es otra vieja maldición.
No saben lo insignificantes que se ven cuando odian. Pero el señor, que nos ve a todos, y sobre todos hace brillar el sol, sabrá curarles. Porque lo único intrínsecamente desordenado es su homofobia.
Comentarios desactivados en La homosexualidad como tarea eclesial: Bendito sea Dios y bendito sea el hombre
«Ya no es ni sabio ni lícito confinar las tendencias homosexuales en la cárcel del pecado»
«A la Iglesia le está costando mucho reconocer a fondo y con todas las consecuencias la humanidad que anida en todos los comportamientos humanos»
«Para mí está muy claro que la Iglesia católica no está para rechazar ni condenar a nadie, mucho menos para dar con su puerta en las narices a quien llama a ella en busca de amparo al pedir su bendición»
«Si se bendicen los coches y los barcos y los edificios, ¿cómo no se va a poder bendecir a un homosexual o a una pareja de seres humanos, sean cuales sean su orientación sexual y sus compromisos sociales, que precisamente demandan de la Iglesia católica comprensión y amparo?»
«Me atrevería a enviarle una palabra de aliento al actual papa Francisco para que no se amilane a la hora de contemplar toda la humanidad de los hombres y asumirla como tarea de incesante mejora»
Dada la trayectoria de las publicaciones que vengo haciendo en RD y desde mi convencimiento de ser un buen católico que trata de aquilatar y vigorizar su fe, lo primero ante Fiducia Supplicans es reconocer que se trata de un documento valiente, aunque de suyo no sea más que un pasito hacia adelante.
La razón principal es que a la Iglesia le está costando mucho reconocer a fondo y con todas las consecuencias la humanidad que anida en todos los comportamientos humanos. En nuestro tiempo ya sabemos que la procreación no depende de un determinado comportamiento del hombre y de la mujer, pues se han abierto otros caminos que la coyunda conyugal. Por otro lado, ya no es ni sabio ni lícito confinar las tendencias homosexuales en la cárcel del pecado. ¡Cuánto queda todavía por recorrer para que la Iglesia oficial reconozca la densidad de humanidad que hay en todos estos ámbitos!
Si de bendiciones se trata, no me cabe la menor duda que la más honda y determinante bendición del hombre es su propia existencia como tal, con las potencialidades y condicionamientos que sus genes predeterminan. Nada existe ni persiste que no haya sido bendecido antes por Dios.
Siguiendo esta pauta, para mí está muy claro que la Iglesia católica no está para rechazar ni condenar a nadie, mucho menos para dar con su puerta en las narices a quien llama a ella en busca de amparo al pedir su bendición. Si se bendicen los coches y los barcos y los edificios, ¿cómo no se va a poder bendecir a un homosexual o a una pareja de seres humanos, sean cuales sean su orientación sexual y sus compromisos sociales, que precisamente demandan de la Iglesia católica comprensión y amparo?
Lo de menos es si un enlace homosexual puede ser considerado un matrimonio al estilo de los matrimonios que reconoce y celebra la Iglesia católica, pues matrimonios hay fuera de su seno y de sus condicionantes que son, objetivamente, mucho más sanos, consolidados, hermosos y hasta sacramentales que los que ella acepta y bendice. Lo importante es saber que nada, absolutamente nada de lo humano, cae fuera de su ámbito misional. Y, pónganse como se pongan algunos pastores, obispos y teólogos, la homosexualidad es humana y, como tal, debe ser asumida, valientemente, por la Iglesia de un Jesús que desenredó todos los zarzales en que quisieron meterlo y dejó meridianamente claro que nuestra única obligación es “hacer el bien”.
Si algún eco tienen estas columnas y de algo vale cuanto en ellas se dice, desde ellas me atrevería a enviarle una palabra de aliento al actual papa Francisco para que no se amilane a la hora de contemplar toda la humanidad de los hombres y asumirla como tarea de incesante mejora. Llevamos tanta porquería en nuestra mochila que nos doblega las espaldas y no nos permite contemplar de frente el hermosísimo horizonte panorámico de un amor divino creativo, que demanda nuestra colaboración en tan importante y reconfortante tarea. De ahí que, cuanto más logre acercar el papa Francisco la Iglesia católica que gobierna a los seres humanos de nuestro tiempo, es decir, cuantos más consiga que llamen a Dios “padre” y se propongan hacer el bien, más la embellecerá y más gozosa será su tarea de evangelización.
No es necesario entrar aquí a valorar las enormes lagunas que hay en la doctrina de la Iglesia para analizar y comprender como es debido la sexualidad humana. Es ese un ámbito en el que hay mucha tela que cortar. Bástenos saber que la homosexualidad es algo que nos da la naturaleza de por sí y, precisamente por ello, algo que debemos asumir con todas sus consecuencias. Quien no vea la diferencia que hay en que una pareja de homosexuales se ponga a blasfemar o demande la bendición de la iglesia, que se rasgue las vestiduras para su propia vergüenza y desnudez.
Si yo tuviera alguna responsabilidad pastoral, no solo no dudaría un instante en bendecir a una pareja de homosexuales que me lo pidiera, sino que iría mucho más lejos ofreciéndoles mi apoyo para seguir llamando “padre” a Dios y haciendo el bien a todos sus semejantes. Es esa una postura o visión del tema que no me impide aplaudir con fervor al papa Francisco en los pequeños pasos que tan valientemente va dando en la buena dirección. ¡Chapeau, santo Padre!
Comentarios desactivados en 10 segundos y sin Ritual ni Bendicional: Así es el ejemplo de bendición pastoral que propone Tucho Fernández
Cuanto más lo explican, se ve que es más absolutamente insultante. ¿Alguien se imagina a Jesús haciendo esta estupidez discriminatoria? El Jesús que hacía todo a la luz del día rompiendo moldes y leyes ¡10 segundos, a escondidas y sin signo alguno! Ni necesitamos esto ni lo pedimos, ni lo queremos… Lo dicho, va a ser mejor ser dos “mariquitas” y acudir a las bendiciones por San Anton…
Las bendiciones pastorales que acoge FS “ante todo deben ser muy breves”, bendiciones “de pocos segundos, sin Ritual ni Bendicional”, que “no deberían realizarse en un lugar destacado del templo o frente al altar”
El sacerdote puede decir una simple oración semejante a esta: ‘Señor, mira a estos hijos tuyos, concédeles salud, trabajo, paz, ayuda mutua. Libéralos de todo lo que contradice tu Evangelio y concédeles vivir según tu voluntad. Amén’. Y finaliza con el signo de la cruz sobre cada uno de los dos”
“Son 10 o 15 segundos”, explicita el texto aclaratorio, quien finalmente se pregunta si en esas condiciones “¿tiene sentido negar este tipo de bendiciones a esas dos personas que la suplican?
Además de llamar al orden a quienes Fiducia Supplens (FS) ha soliviantado hasta el punto de negarse a aplicarla en sus diócesis y parroquias, la nota de prensa sobre la recepción de esa declaración doctrinal hecha pública este mediodía por el Discasterio para la Doctrina de la Fe busca un claro efecto pedagógico “dado que algunos han expresado que les cuesta entender cómo podrían ser estas bendiciones” y se escudan en ello para no aplicarla.
Por eso, “la verdadera novedad” de FS, lo que aún no se ha querido entender desde que vio la luz el pasado 18 de diciembre, ”no es la posibilidad de bendecir parejas irregulares”, sino “la invitación a distinguir entre dos formas diferentes de bendiciones: ‘litúrgicas o ritualizadas’ y ‘espontáneas o pastorales’”, señala el texto de Doctrina de la Fe.
Y estas últimas, las pastorales, “ante todo deben ser muy breves”, bendiciones “de pocos segundos, sin Ritual ni Bendicional”, que “no deberían realizarse en un lugar destacado del templo o frente al altar” y mediante la cual el oficiante “sencillamente se pide al Señor paz, salud y otros bienes para esas dos personas que la solicitan” y “que puedan vivir en plena fidelidad al Evangelio de Cristo, para que el Espíritu Santo pueda liberar a esas dos personas de todo lo que no responda a su voluntad divina, de todo lo que necesite purificación”.
El ejemplo a seguir
“Dado que algunos han expresado que les cuesta entender cómo podrían ser estas bendiciones, veamos un ejemplo concreto: imaginemos que en medio de una gran peregrinación una pareja de divorciados en nueva unión, le dicen al sacerdote: ‘Por favor, denos una bendición, no conseguimos empleo, él está muy enfermo, no tenemos casa, la vida se nos vuelve muy pesada, que Dios nos ayude’«, señala la nota, firmada por el prefecto de dicasterio, el cardenal Víctor Manuel ‘Tucho’ Fernández y Armando Matteo, secretario para la Sección Doctrinal del mismo.
“En ese caso -prosigue el ejemplo-, el sacerdote puede decir una simple oración semejante a esta: ‘Señor, mira a estos hijos tuyos, concédeles salud, trabajo, paz, ayuda mutua. Libéralos de todo lo que contradice tu Evangelio y concédeles vivir según tu voluntad. Amén’. Y finaliza con el signo de la cruz sobre cada uno de los dos”.
“Son 10 o 15 segundos”, explicita el texto aclaratorio, quien finalmente se pregunta si en esas condiciones “¿tiene sentido negar este tipo de bendiciones a esas dos personas que la suplican? ¿No vale la pena sostener su fe, poca o mucha, auxiliar su debilidad con la bendición divina, dar un cauce a esa apertura a la trascendencia que podría llevarlos a ser más fieles al Evangelio?”.
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