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El Señor es mi Pastor.

domingo, 11 de mayo de 2025
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SALMO 23

El Señor es mi Pastor…

Los pastores de mi casa
me enseñaron a sentirLo.
La «chivita» deportada
por la guerra fratricida
me ayudó a reconocerme
vigilado por sus Ojos,
añorado por sus Manos.

Yo sería un pastor
¿bueno?

Tu Palabra me alimenta, cada día,
como un valle.
Me convida tu Misterio, como un monte.
Como un río me penetra,
perdonado,
tu Ternura.

Pirineo y sus pastores,
por las rocas,
en la nieve,

por el Ésera desnudo tierra abajo,
por las noches estrelladas cielo arriba.

Los balidos impotentes me acosaban, siendo niño.
Los balidos de los pobres, degollados, me traspasan.
¿No bastaba con tu sangre, Pascua nuestra?

Si atardece en mis majadas,
Tú serás su paz caliente.
No les faltará tu silbo
cuando rompa el día nuevo.

Los mayores desencantos
puedo atravesar seguro.
¡Tú me llevas como un hombro,
Pastor bueno!

*

Pedro Casaldáliga
Todavía estas palabras, 1994

***

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Yo doy la vida eterna a mis ovejas

En aquel tiempo, dijo Jesús:

“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre.

Yo y el Padre somos uno.”

*

Juan 10, 27-30

***

Jesús, el buen pastor, dice de sí mismo que conoce a los suyos. Ser conocidos por Jesús significa nuestra bienaventuranza, nuestra comunión con él. Jesús conoce sólo a quienes ama, a aquellos que le pertenecen, a los suyos (2 Tim 2,1 9). Nos conoce en nuestra calidad de perdidos, de pecadores que tienen necesidad de su gracia y la reciben, y, al mismo tiempo, nos conoce como ovejas suyas. En la medida en que nos sabemos conocidos por él y sólo por él, se nos da a conocer, y nosotros lo conocemos como el único al que pertenecemos para la eternidad (Gal 4,9; 1 Cor 8,3).

El buen pastor conoce a sus ovejas, y sólo a ellas, porque le pertenecen. El buen pastor, y sólo él, conoce a sus ovejas porque sólo él sabe quién le pertenece para la eternidad. Conocer a Cristo significa conocer su voluntad sobre nosotros y con nosotros, y llevaría a cabo; significa amar a Dios y a los hermanos (1 Jn 4,7s; 4,20). La bienaventuranza del Padre es reconocer al Hijo como hijo, y la del Hijo es reconocer al Padre como padre. Este recíproco reconocimiento es amor, es comunión. Del mismo modo, la bienaventuranza del Salvador es reconocer al pecador como su propiedad conquistada, y la del pecador es reconocer a Jesús como su Salvador. En virtud de que Jesús está ligado al Padre (y a los suyos) por semejante comunión de amor y de conocimiento recíproco, puede entregar su propia vida por las ovejas y adquirir así el rebaño como propiedad suya para toda la eternidad.

*

Dietrich Bonhoeffer,
Memoria y fidelidad,
Magnano 1979, pp. Ió3s

***

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“Volver a Jesús”. 4 Pascua – C (Juan 10, 27-30)

domingo, 11 de mayo de 2025
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Se pueden hacer toda clase de estudios y diagnósticos. Lo cierto es que el mundo necesita hoy savia nueva para vivir. Las Iglesias andan buscando aliento y esperanza. Las muchedumbres pobres del planeta reclaman justicia y pan. Occidente ya no sabe cómo salir de esa tristeza mal disimulada que ningún bienestar logra ocultar.

El problema no es solo de cambios políticos ni de renovaciones teológicas, sino de vida. Estamos necesitados de algo parecido al «fuego» que prendió Jesús en su breve paso por la tierra: su mística, su lucidez, su pasión por el ser humano. Necesitamos personas como él, palabras como las suyas, esperanza y amor como los suyos. Necesitamos volver a Jesús.

Desde el inicio, los cristianos vieron que él podía guiar a los seres humanos. Con su conocido lenguaje, el cuarto evangelio lo presenta como el «pastor» capaz de liberar a las ovejas del aprisco donde se encuentran encerradas para «sacarlas afuera», a un país nuevo de vida y dignidad. Él marcha por delante marcando el camino a quienes lo quieren seguir.

Jesús no impone nada. No fuerza a nadie. Llama a cada uno «por su nombre». Para él no hay masas. Cada uno tiene nombre y rostro propios. Cada uno ha de escuchar su voz sin confundirla con la de extraños, que no son sino «ladrones» que quitan al pueblo luz y esperanza.

Esto es lo decisivo: no escuchar voces extrañas, huir de mensajes que no vienen de Galilea. Siempre que la Iglesia ha buscado renovarse se ha desencadenado una vuelta a Jesús para seguir de nuevo sus pasos. Como se ha recordado tantas veces, «sígueme» es la primera y la última palabra de Jesús a Pedro (Dietrich Bonhoeffer).

Pero volver a Jesús no es tarea exclusiva del papa ni de los obispos. Todos los creyentes somos responsables. Para volver a Jesús no hay que esperar ninguna orden. Francisco de Asís no esperó a que la Iglesia de su tiempo tomara no sé qué decisiones. Él mismo se convirtió al evangelio y comenzó la aventura de seguir a Jesús de verdad. ¿A qué tenemos que esperar para despertar entre nosotros una pasión nueva por el evangelio y por Jesús?

José Antonio Pagola

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“Yo doy la vida eterna a mis ovejas”. Domingo 11 de mayo de 2025. 4º Domingo de Pascua

domingo, 11 de mayo de 2025
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29-pascuaC4 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 13, 14. 43-52: Sabed que nos dedicamos a los gentiles.
Salmo responsorial: 99: Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Apocalipsis 7, 9. 14b-17: El Cordero será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
Juan 10, 27-30: Yo doy la vida eterna a mis ovejas.

La primera lectura nos presenta hoy a Pablo y Bernabé en todo su apogeo evangelizador, donde se puede comprobar el proceso que va recorriendo la expansión del Evangelio. Por una parte, el espacio físico desde donde se proclama la Buena Nueva es la misma sinagoga judía; el medio es, naturalmente, la misma Escritura antigua, desde donde se proclaman las promesas y se confirman con el anuncio de la muerte y resurrección de Jesús como cumplimiento de ellas. Esto quiere decir que los destinatarios originales son los israelitas; así lo formula Pablo y lo corroboran los demás apóstoles. Hay, ciertamente, acogida del nuevo mensaje por parte de muchos, pero también hay rechazos hasta violentos a la predicación de Pablo y, antes de él, a las Pedro y los demás. El rechazo oficial no se queda sólo en no aceptar el mensaje; incluye también la expulsión de la sinagoga y las amenazas a quienes siendo judíos se hayan convertido al nuevo camino y pretendan asistir por cualquier circunstancia a la sinagoga.

Todo esto nos sirve para hacernos una idea de las dificultades que tuvo que afrontar el anuncio del Evangelio en sus orígenes, y la forma como Pablo, llamado con tanta razón “el apóstol de los gentiles”, va abriendo paso para que el evangelio de Jesús sea anunciado y conocido por todo el mundo, sin importar fronteras, razas ni clases sociales.

Ese es otro de los efectos de la resurrección de Jesús: el conocimiento, por parte de todos los seres humanos, de la Buena Noticia del amor de Dios, que en Jesús ha rescatado a toda la humanidad y la ha puesto bajo el amparo y la guía de un solo Padre de todos, el Padre de Jesús.

En consonancia con ello, la visión apocalíptica que Juan nos describe en la segunda lectura no deja de ser una visión poéticp-simbólico-fantástica. Quiere dar a hacer conocer la nueva idea de Dios que Jesús nos revela en el Nuevo Testamento: su Padre es el Dios Padre de todos los hombres y mujeres, sin excepción alguna. Todos son recibidos en la nueva realidad instaurada por el Cordero, ya que en él han sido superadas todas las fronteras que los humanos fueron construyendo para vivir separados y divididos. Ya no habrá división ni rechazo, porque en Jesucristo todos hemos sido recibidos como hermanos. El Cordero inmolado será el pastor que conducirá hacia fuentes de aguas vivas a todos los elegidos… No cabe duda de que las imágenes poéticas que utiliza el texto nos quedan muy lejos (son de hace casi veinte siglos).

El evangelio nos trae apenas cuatro versículos de uno de los capítulos más elaborados de Juan. Nada de palabras directas de Jesús, ni siquiera de palabras históricas, sino pura teología joánica, en un contexto cultural y filosófico muy determinado. Leerlas, tomarlas, escucharlas en directo, sin filtros, como si fueran palabras de nuestro mismo contexto, y dichas por Jesús mismo… sería un error.

En definitiva, la homilía de este domingo podría orientarse por alguna de estas tres opciones:

a) Los pastores en la Iglesia. En ésta, como en toda comunidad humana, siempre ha habido un rol de dirigencia y/o de organización; todos los que ejercen algún “ministerio” (servicio) o alguna autoridad son de alguna manera “pastores” de los demás. Esa labor “pastoral”, lógicamente, ha de tomar ejemplo de las características del “buen pastor” Jesús: que no se sirve de las ovejas, sino que da la vida por ellas. Bastará glosar todas estas características.

Este tema puede prolongarse –si es oportuno para el auditorio- en el tema de los ministerios en la Iglesia: su estado actual, la posibilidad de cambiar, la necesidad de encontrar nuevas formas, la crisis de algunas formas actuales, etc.

b) Las vocaciones al ministerio pastoral. Se ha escogido este domingo en muchos países para la celebración de la “Jornada mundial de oración por las vocaciones”, lo cual es muy bueno, con tal de que no se dé la impresión de que “las vocaciones” son sólo las sacerdotales o a la vida religiosa, y se aclare que «todos tenemos vocación», y que «todas las vocaciones son importantes», también la laical (y mucho), y que «para cada uno, la mejor vocación es la suya». Lo pastoral, por lo demás, no debe ser identificado como sacerdotal: todos estamos llamados a ser “pastores” de otros: en la familia, en el vecindario, en la comunidad humana… todos podemos asumir responsabilidad sobre nuestros hermanos, especialmente los más débiles, o los que está solos o necesitados, todos podemos/debemos ser pastores unos de otros.

c) Jesús, “el” buen pastor y el pastor universal. De hecho, en el evangelio de Juan el tema no es la bondad del pastor Jesús, sino su autenticidad, frente a otros “pastores” o mediadores divinos, que serían falsos… Algo así como el tema de la “unicidad” de Jesús como salvador. ¿Jesús es el “pastor único de nuestras almas”? ¿”No hay otro nombre” en el que podamos ser salvos? (Hch 4,12). Es el tema del pluralismo religioso, y la relectura del cristianismo entero que esa nueva visión teológica exige. No es un tema para cualquier auditorio, pero sí es un tema que debería estar presente en la cabeza de todo el que hable al pueblo sobre «el» buen Pastor Jesús, aunque no vaya a tocar el tema explícitamente. El amor y el entusiasmo espiritual no justifican el decir muchas cosas que no son tan ciertas, que ya no debemos seguir diciendo. Donde se pueda, será bueno abrir la visión de nuestros hermanos y hermanas respecto a la presencia y la acción salvadora de Dios, más allá de una interpretación estrecha y chauvinista del “un solo rebaño y un solo pastor”. Leer más…

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11.5.25 Dom 5 pascua. Buen Pastor León XIV, tras (con) Benito y Francisco

domingo, 11 de mayo de 2025
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IMG_1209Del blog de Xabier Pikaza:

Ha venido tras Benito XVI y Francisco, este domingo 5 Pascua,  fiesta del Buen Pastor. Quizá el tema pendiente de Francisco fue encontrar “pastores” para  comunidades sinodales; a su juicio, pues el mayor peligro de la iglesia era el clericalismo: ¡Qué gran pueblo, si hubiera pastores buenos!

Por eso, Francisco eligió a Prevost como ojeador y animador de pastores (Prefecto Congregación de obispos)… y los cardenales han elegido a Prevost prior pastorum,  primero en la fila de pastores.

Francisco conoció el problema,  pero era SJ, con su especial estilo de eficiencia misionera y apostólica, y un tipo de obediencia eficaz y ejemplar, pero de origen y estilo menos cristiano; por venir de un capitán como Ignacio, buen soldado, pero menos ejercitado en compañías de evangelio.

Han sido precisamente los promotores de un tipo de autoridad y obediencia menos cristiana (cardenales de Reforma  Gregoriana (siglo XI-XII), poco petrinos  y paulinos, los que le han amargado al fin la vida. Ha hecho lo que ha podido, lo ha hecho muy bien, y ha muerto a tiempo. Bendito seas, Francisco.

Comunidades sinodales benedictinas y franciscanas a la vez

 IMG_1222El tema de las comunidades sinodales cristianas no  es la “obediencia” vinculada al poder, sino la obediencia de hypakouein (ob-adire) de escucharse unos a otros. Sólo donde están oran (dialogan>) dos o tres (es decir varios), donde se escuchan y deciden todos, no uno solo: Mt 18) puede escucharse al Dios de Jesús.

Eso lo sabía Francisco, pero como SJ y heredero de una iglesia “gregoriana” (reforma del siglo X-XI d.C.) le costaba articularlo. Por eso, tal como  estaban los pastores en ciertos ambientes, su camino sinodal no podía tener mucho recorrido. Pero él lo inició, e hizo bien, y ahora está Leon XIV.

   Lo que parecía que no iba con Francisco puede ir con León, y así lo dije en la postal anterior. León viene de atrás, del siglo IV, de Agustín. León hizo su tesis doctoral en el Angelicum, un lugar de diálogo, de sinodalidad, sobre el prior en las comunidades de tipo agustiniano. Así lo puse hace dos días en mi postal de saludo a Francisco.

Hoy 11.5.25, domingo del Buen pastor, según Jn 10 tenemos que seguir de obligado con el tema. A mi juicio, no hay en el estudio de la Biblia y en un tipo de “misticismo” sacerdotal un tema más manipulado que éste del Buen Pastor…  Jesús fundó la iglesia, con su vida y con su amor hasta la muerte. Pero no resolvió el tema de los pastores, atados y bien atados, para las comunidades sinodales.

Ni las comunidades del Cuarto Evangelio, ni las de Mateo, ni las comunidades sinodales que quería Francisco necesitan “pastores”, según el uso ordinario de ese término (que, por lo demás  es poco evangélico). Volveré a ello otro día, tendrá que volver León XIV.

Parece una buena línea papal: Tras Benito XVI y Francisco ha llegado  León…. Así quiero verle hoy, en línea de pastores, retomando los motivos de la “regula” de  Agustín (por ser agustino y por haber dedicado al tema su tesis doctoral). Así lo mostraré a continuación, retomando y asumiendo  motivos de San Benito y de san Francisco, que representan dos modelos de comunidad más importantes de la iglesia de occidente: el Benedictino y el Franciscano. Pienso que en esa línea avanzará León, con Benito y Francisco.

COMUNIDAD SINODAL BENEDICTINA, ANIMACIÓN “ABACIAL

IMG_1230Hay un tipo benedictino de familia religiosa donde se resalta la figura de Dios-Padre (Cristo-Padre) que, expresada en el Abad, que garantiza la unidad y camino cristiano de reunidos en comunidad. Parece que Benito quiso superar el riesgo de los monjes solitarios, giróvagos y errantes de aquel tiempo que entendían el proceso de Jesús como un giro de búsqueda individual, conforme a las inspiraciones y caprichos de cada uno. Para ello vino a establecer el monasterio; una casa estable, donde los hermanos puedan vivir en común y alabar a Dios como familia dirigida y animada por un padre espiritual, un Abad que se presenta como guía y modelo en el camino de Jesús:

El Abad que es digno de regir un monasterio debe acordarse siempre del título que se le da y cumplir con sus propias obras su nombre de superior. Porque, en efecto, la fe nos dice que hace las veces de Cristo en el monasterio, ya que es designado con su sobrenombre, según lo que dice el Apóstol: «Habéis recibido el espíritu de adopción filial que nos permite gritar: ¡Abba!: ¡Padre! (Rom 8,15). Por tanto, el Abad no ha de enseñar, establecer o mandar cosa alguna que se desvíe de los preceptos del Señor, sino que tanto sus mandatos como su doctrina deben penetrar en los corazones como si fuera una levadura de la justicia divina…

Por tanto, cuando alguien acepta el título de Abad, debe enseñar a sus discípulos de esta manera; queremos decir que mostrará todo lo que es recto y santo más a través de su manera personal de proceder que con sus palabras… (Regla 2)

La casa cristiana sirve para formar una familia donde los hermanos, que aparecen como «discípulos» (aprendices, hijos), van progresando en el camino del seguimiento. Por eso necesitan siempre un «padre«: alguien que les guíe con doctrina-ejemplo, expresando así en concreto sobre el mundo (a nivel monasterio) el don de la paternidad de Dios que se desvela por medio de Jesús, el Cristo.

El Abad, es por tanto, un signo humano de la autoridad paterna de Dios. Su acción no puede interpretarse en términos de fuerza o sujeción del mundo: no tiene que obligar, no se coloca por encima de los otros… Simplemente les ofrece su modelo y les enseña a actualizarlo en el camino de alabanza y de fraternidad que traza el evangelio. De esa forma suscita una familia que se encuentra centrada en la oración compartida y que se expande luego al mundo, formando así un hogar donde se acoge a los que llegan, van y pasan.

El monasterio benedictino, la iglesia benedictina es una,  es casa de alabanza. El Abad no congrega a sus discípulos en torno a su persona, no les coacciona en ningún modo con un tipo de poder que él tuviera como propio: el Abad conduce a todos ante el Cristo y allí, en unión con ello, comparte el misterio de los hijos de Dios que se vinculan a través de la alabanza. Los monjes son hermanos porque cantan y oran juntos. Ciertamente trabajan en común y comparten los bienes que el trabajo ha producido. Pero especialmente se unen para orar es así como descubren y actualizan sobre el mundo el gran misterio de la gloria de un Dios a quien se acoge con la vida, se celebra con la acción y se engrandece con el canto.

Sólo de esa forma la iglesia benedictina puede convertirse en casa de acogida: «a todos los huéspedes que se presenten en el monasterio ha de acogérseles como a Cristo, porque él lo dirá un día: era peregrino y me hospedasteis» (Regla 53; cf Mt 25,35). La familia ante Dios se convierte así en familia para los hombres: lugar donde se recibe a los que pasan, «sobre todo a los extranjeros» (Ibid), es decir, a los que no tienen familia ni hogar sobre la tierra, a los perdidos, exilados, marginados de este mundo. El «ejemplo paterno» del Abad que convoca a los discípulos, haciéndoles «hermanos«, les da capacidad para ampliar las fronteras de la casa, extendiendo así la familia religiosa hacia los hombres que están necesitados.

 COMUNIDAD SINODAL FRANCISCANA. ANIMADOR FRATERNO

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 Francisco no quería un   Abad-padre que instruya y guía desde Dios a los «hijos«. Lo que hallamos con lo que él quería eran unos hermanos  reunidos, iguales entre sí, que «nombran ministros» al servicio de todos hermanos. Estrictamente hablando los ministros franciscanos  carecen de «autoridad«: no están encargados de velar por el crecimiento espiritual de la comunidad. Por encima de todos (de hermanos y ministros) sólo Dios es Padre-Madre: un Dios que les sostiene en el camino radical de la pobreza y de la entrega de la vida. En este sentido recordamos unos textos que son fundamentales:

Y nadie sea llamado prior (príor, el que va primero), más todos sin excepción llámense hermanos menores. Y lávense los pies el uno al otro (cf Jn 13,14) (Regla primera 6,3)

Y dondequiera que estén y se encuentren unos con otros, los hermanos condúzcanse mutuamente con familiaridad entre sí. Y exponga confiadamente el uno al otro su necesidad, porque si la madre nutre y quiere a su hijo carnal (cf 1 Tes 2,7), ¿Cuánto más amorosamente debe cada uno querer y nutrir a su hermano espiritual? (Regla segunda 6,7-8).

Francisco ha querido iniciar, y ha organizado por medio de sus reglas, un modelo insuperable de fraternidad de menores: sólo aquellos que saben ser pequeños y así están absolutamente desprendidos de todo egoísmo y superioridad  (en pobreza radical) puede vivir como hermanos. No les une ningún bien material: ni honores, ni poderes, ni riqueza. Les vincula simplemente el amor de Jesucristo que les capacita para descubrir ya en esta tierra, el misterio divino de la fraternidad universal.

Esa fraternidad se concreta de modo especial en los grupos de hermanos menores que viven conforme a la regla. Como indica el texto ya citado (Regla segunda 6,7-8), los hermanos se encuentran vinculados a través de un afecto cuasi maternal: cada religioso es como madre que debe cuidar a los demás como si fueran hijos suyos, nacidos de su misma entraña. Así lo viene a mostrar de una manera impresionante la Regla para los eremitorios:

«los que quieran llevar vida religiosa en eremitorios, sean tres hermanos o a lo más cuatro; dos sean madres y tengan dos hijos o, al menos, uno». Los que hacen de madre cuiden del hijo (o de los hijos): asístanles en todo, a fin de que así vayan creciendo en vida interna, para que puedan orar tranquilos, resguardados, apoyados en el afecto de los otros. Pero, pasado algún tiempo, se invertirán las funciones y aquellos que hicieron de hijos actuarán como madres de los otros, creando para ellos un hogar de oración, para que también estos consigan su más hondo crecimiento en Cristo (Regla Erem. 1-10)(43).

 Significativamente se vincula la imagen de la madre y de los hijos con la vivencia radical de la hermandad: sólo pueden ser hermanos aquellos que se aman como madres-hijos, dentro de un espacio de comunicación donde los papeles pueden siempre intercambiarse (los que hicieron de madres harán después de hijos y viceversa). Difícilmente se podría haber hallado un modelo más profundo de fraternidad ni un tipo de vida evangélicamente más liberada.

Desde aquí resulta normal que Francisco haya expandido su experiencia de familia hacia el espacio más extenso de los mismos animales, los vivientes y las cosas (o elementos) de este cosmos. Si Dios es Padre-Madre podrá hablarse también del hermano-lobo y serán hermanos el sol y las estrellas, el fuego, el agua, el viento y todas las restantes creaturas que acompañan al hombre en su camino de muerte y pascua. De esta forma, la familia religiosa se ha venido a convertir para Francisco en punto de partida (o centro de condensación) de una fraternidad universal que se expande a todo el cosmos.

 Esta experiencia se traduce en la manera en que los religosos deben comportarse con el resto de los hombres. Francisco no construye un monasterio grande donde pueda recibir a  todos los que pasan. Tampoco le hace falta. El y sus hermanos viven en el centro del mundo: compartiendo la pobreza de los pobres, mendigando así con ellos y expresando la actitud del Cristo que llega hasta los más pobres, leprosos y perdidos de la tierra. En este aspecto, Francisco ha suscitado sobre el mundo una especie de familia de pequeños que se encarnan en la necesidad del mundo, para compartir así el camino de la vida con aquellos que están necesitados (seguirá).

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Las ovejas, el pastor y los ladrones. Domingo 4º de Pascua. Ciclo C

domingo, 11 de mayo de 2025
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IMG_1158Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen

El evangelio del 4º domingo de Pascua se dedica, en los tres ciclos, a recordar a Jesús como buen pastor. Pero el capítulo 10 del cuarto evangelio es tan largo (42 versículos) que la liturgia ha seleccionado unos pocos para cada ciclo. Al C le ha tocado un fragmento tan breve que no se entiende bien si no se conoce lo anterior.

Un debate largo y complicado (el c.10 de san Juan)

            La parábola del buen pastor y el debate siguiente no tienen nada de románticos. A Jesús estuvieron a punto de costarle la vida y tuvo que huir al otro lado del Jordán.

            Comienza contando una extraña parábola a propósito de ladrones y bandidos que intentan robar el rebaño sin entrar por la puerta, saltando la tapia. El pastor entra por la puerta, conoce a las ovejas por su nombre y ellas lo siguen confiadas, mientras que de los ladrones no se fían. Cuando termina de contarla, los presentesno entendieron de qué les hablaba.

Jesús, en vez de aclarar las cosas, las complica. Al principio dice que él es la puerta del redil; luego, que es el buen pastor; y lo importante no es que conduce al rebaño a buenos pastos, sino que da la vida por las ovejas, porque tiene el poder de darla y de recuperarla. Y en medio introduce nuevos personajes: su Padre, que me conoce y al que yo conozco”, y otras ovejas que no son de este redil.

La conclusión a la que llegan muchos de los oyentes no extraña demasiado: “Está loco de remate. ¿Por qué lo escucháis? (literalmente:tiene un demonio y delira). El autor del cuarto evangelio disfruta irritando al lector y casi poniéndolo en contra de Jesús.

El debate no termina aquí. Continúa en invierno, en la fiesta de la Dedicación del templo, mientras Jesús pasea por el pórtico de Salomón. Las autoridades judías (este es el sentido frecuente de “los judíos” en el cuarto evangelio) lo rodean y le piden que diga claramente si es el Mesías. Jesús responde que ya se lo ha dicho y que no creen en él. Y continúa ofreciendo el ejemplo tan distinto de sus ovejas, que es el texto de este domingo.

Las ovejas, el pastor, los ladrones y el padre del pastor (Juan 10,27-30)

En aquel tiempo, dijo Jesús: Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre.  Yo y el Padre somos uno.

Las ovejas. El pasaje no comienza hablando del pastor, como sería lógico, sino de mis ovejas, las que escuchan la voz de Jesús y lo siguen, a diferencia de las autoridades judías, que no creen en él. La escucha y el seguimiento convierten a las ovejas en propiedad de Jesús, son mías. El cristiano no puede considerarse dueño de sí mismo. Como decía Pablo: Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor. En la vida y en la muerte somos del Señor.

Una lectura precipitada del capítulo puede producir la impresión de que hay personas predestinadas por Dios a seguir a Jesús y otras predestinadas a negarlo. Pero esta contraposición hay que entenderla a partir de lo dicho en el prólogo del evangelio: Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron; pero a quienes lo recibieron les concedió convertirse en hijos de Dios. La aceptación y el seguimiento de Jesús no excluyen la libertad humana.

El pastor. En la parábola inicial el pastor llega al rebaño, le abren la puerta y saca a las ovejas. ¿A dónde las lleva? No se dice. Recordando el salmo 22 (“El Señor es mi pastor”), podríamos completar: “en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas”. Pero Jesús introduce un cambio capital: las lleva ala vida eterna. Algo que se realiza no solo después de la muerte, sino ya en este mundo. La fe en Jesús da una dimensión nueva a la existencia de quien cree en él.

Los ladrones. La parábola comienza hablando de ellos. Aquí no se los menciona expresamente, pero son los que intentan arrebatar a las ovejas de las manos de Jesús. En el contexto del evangelio serían los fariseos y demás autoridades que se oponen a que la gente lo siga. En la iglesia de finales del siglo I serían loscristianos que niegan que Jesús sea el Mesías y el hijo de Dios (a los que se denuncia en la 1ª carta de Juan). En cualquier caso, no tendrán éxito, no podrán “arrebatarlas de mi mano”. El salmo 22, hablando desde la perspectiva de la oveja, dice algo parecido: Aunque atraviese cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo”. 

El Padre. Estas frases finales son las más desconcertantes. ¿Por qué introduce Jesús la figura del Padre? A primera vista, más que ayudar, estorban y confunden al lector. La clave podría estar de nuevo en el salmo 22 y en Ezequiel 34, donde el pastor es Dios. ¿Tiene derecho Jesús a presentarse como pastor? ¿No está usurpando el puesto de Dios? Jesús, al arrogarse el título y la función, deja claro que no elimina al Padre. Yo y el Padre somos uno. La reacción del auditorio es más dura en este caso: cogieron piedras para apedrearlo. De aquí nace un debate sobre su presunta blasfemia y Jesús terminará huyendo al otro lado del Jordán (esto no se lee en la liturgia).

Síntesis: ¿Qué nos dice este breve pasaje hoy día?

1) Lo esencial del cristiano es creer en Jesús y seguirlo. Algo que no es absurdo recordar, porque mucha gente piensa que lo importante es practicar una serie de normas y cumplir con determinados ritos. Todo eso tiene que basarse en una relación personal con Jesús.

2) Confianza en él. En otros momentos del capítulo se subraya su bondad, que culmina en dar la vida. Aquí la fuerza recae en que él no permitirá que nadie arrebate a las ovejas de su mano. Lo cual no significa que nos veamos libres de dificultades, como han dejado claro las dos primeras lecturas de este domingo.

3) Conocimiento de Jesús. Como en tantos otros pasajes del evangelio, se indica su estrecha relación con el Padre, hasta llegar casi a la identificación. Más adelante, en el discurso de la cena, dirá Jesús a Felipe: El que me ha visto ha visto al Padre. Algo que sigue resultando escandaloso a muchos cristianos, como lo fue para muchos judíos de su época.

Insultos y expulsión (Hechos de los apóstoles 13,14. 43-52).

            La liturgia ha omitido los versículos 15-42, provocando algo absurdo. Al final del v.14 se dice Pablo y Bernabé tomaron asiento; e inmediatamente se añade que muchos judíos y prosélitos se fueron con ellos. Entonces, ¿para qué toman asiento?

            Si no hubieran mutilado el texto habría quedado claro que se sientan para tomar parte en la liturgia del sábado. Al cabo de un rato, les invitan a hablar, y Pablo hace un resumen muy rápido de la historia de Israel para terminar hablando de Jesús. Ahora se comprende que, al terminar la ceremonia, muchos judíos y prosélitos se fueran con los apóstoles. Pero, al cabo de una semana, cuando vuelven a la sinagoga, la situación será muy distinta. Los judíos responden a Pablo y Bernabé con insultos. Más tarde los expulsan del territorio. Dentro de lo que cabe, tuvieron suerte. Más adelante apedrearán a Pablo hasta darlo por muerto.

            En la dinámica del libro de los Hechos este episodio es fundamental porque abre una nueva etapa de predicación del evangelio a los paganos. Sin embargo, la palabras “sabed que nos dedicamos a los gentiles” no debemos interpretarlas como un corte radical de Pablo con el judaísmo. Siempre que llegue a una ciudad, lo primero que hará es acudir a la sinagoga y anunciar a Jesús a los judíos.

En aquellos días, Pablo y Bernabé desde Perge siguieron hasta Antioquia de Pisidia; el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Muchos judíos y prosélitos practicantes se fueron con Pablo y Bernabé, que siguieron hablando con ellos, exhortándolos a ser fieles a la gracia de Dios.

El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra de Dios. Al ver el gentío, a los judíos les dio mucha envidia y respondían con insultos a las palabras de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé dijeron sin contemplaciones:

– Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te haré luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra”.

Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron. La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas y devotas y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio. Ellos sacudieron el polvo de los pies, como protesta contra la ciudad, y se fueron a Iconio. Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Martirio y victoria (Apocalipsis 7,9.14b-17)

            Cuando el cristianismo comenzó a difundirse por el imperio, encontró pronto la oposición de las autoridades romanas y de la gente sencilla. Veían a los cristianos como gente impía, que daba culto a un solo dios en vez de a muchos, inmoral, enemiga del emperador, al que no querían reconocer como Señor, etc. El punto final en bastantes casos fue la muerte, como ocurrió a Pedro, Pablo y a los otros durante la persecución de Nerón (lo que cuenta el historiador romano Tácito impresiona por la crueldad con que se los asesinó). Sin embargo, la lectura del Apocalipsis no se centra en sus sufrimientos sino en su victoria.

            Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y uno de los ancianos me dijo: 

            – Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo. El que se sienta en el trono acampará entre ellos. Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugara las lágrimas de sus ojos.

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IV Domingo de Pascua. 11 mayo, 2025

domingo, 11 de mayo de 2025
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“Yo y el Padre somos uno.”

(Jn 10, 27-30)

Oímos a Jesús continuamente repetir: El Padre está en mí y yo en el Padre (Jn 10, 38). Yo estoy en el Padre y el Padre en mí (Jn 14, 11).

Nos está llamando a participar en la experiencia de ser Uno con el Padre. En el yo de Jesús estamos todos. Jesús al encarnarse participa de nuestra naturaleza humana, y nos enseña que lo divino se ha manifestado en lo humano y que en lo humano se reconoce lo divino.

En Jesús no cabe el individualismo. Es el Hijo, segunda persona de la Santísima Trinidad. Jesús, con su muerte, nos abre el camino de la totalidad. Nuestra forma humana es la individuación, nuestro proceso para ser uno con Jesús y el Padre, es vaciarnos de nosotras. A medida que crecemos y caminamos hacia el hondón, hacia ese centro que somos, nos encontramos con quien nos habita y descubrimos la pluralidad como manera de ser y vivir.

Nosotras, personas cuyo ejemplo es la Trinidad, estamos llamadas a vivir en la comunión, desalojando todo ego y abriendo espacios y tiempos para los demás. Pluralidad, diversidad en la totalidad. Jesús y el Padre son uno, porque el Padre se vacía en el Hijo y el Hijo, en el Padre.

“Que todos sean uno como, como Tú Padre estás en mí y yo en Ti, que también ellos en nosotros sean uno (Jn 17, 21.22.23)

No solo nos habla de comunión entre los humanos, que seamos uno, sino que seamos uno como ellos. Nos envía a beber a la fuente, a Dios, donde él bebe continuamente. Nos habla de participar del ser mismo de Dios.

Oración

Unifica nuestro ser disperso,
para que podamos ser Uno en Ti y con toda la humanidad,
para que las diferencias nos unan
y Tú lo seas Todo en Todos.”

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Debemos superar toda imagen que nos lleve a una relación externa con Jesús.

domingo, 11 de mayo de 2025
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IMG_1104DOMINGO 4º DE PASCUA (C)

Jn 10,27-30

Para poder entender el texto hoy, hay que tener en cuenta todo el discurso que sigue a la curación del ciego de nacimiento: Jesús como puerta, Jesús como pastor. El pastor modelo da la Vida a las ovejas. Dar la Vida no significa dejarse matar, sino matarse por los demás.

No se trata solo de oír a Jesús, se trata de escucharle. Escucharle significa acercarse sin prejuicios y aceptar lo que nos dice, aunque suponga cambiar nuestras conviccio­nes.  Seguirle es estar dispuesto a darse a los demás como él. No basta escuchar, hay que vivir.

Jesús no nos pide ser borregos sino personas responsables de sí mismos y de los demás.

Y yo les doy Vida definitiva. Se trata de la misma Vida que Jesús ha recibido de Dios. La consecuencia primera de seguirle es alcanzar esa Vida del Espíritu. Lo que pasó en Jesús tiene que pasar en mí. Como modelo de pastor, defiende a los suyos con todo su ser, no pasarán a manos de ladrones. Ponerse en manos de Jesús equivale a estar en las de Dios.

Yo y el Padre somos lo Uno. Es la frase que mejor refleja la conciencia que la comunidad tenía de Jesús. No tiene sentido pensar que esa frase exprese su conciencia de ser Dios. Para nosotros, tiene más importancia si caemos en la cuenta de que fue la experiencia de la comunidad de Juan, la que llegó a la conclusión de que Jesús estaba identificado con Dios.

La Vulgata no dice “somos unus” sino unum (neutro). Nos está lanzando más allá de todo lenguaje. Jesús dice que él y el Padre no se distinguen en nada, pero tampoco se distingue de su origen, ninguna otra criatura. Lo que Jesús dijo, lo puede decir cualquiera. No se puede ir más allá. El lenguaje humano, no da más de sí. Lo único que cabe es el silencio.

El Maestro Eckhart llegó a decir que Dios se aniquila para identificarse con nosotros y que el hombre tiene que anonadarse para ser uno con Dios. La simplicidad de las matemáticas nos puede ayudar. 1 + 1 siempre serán 2. Pero 1 x 1 = 1. Si el resultado de 1 x 1 lo vuelvo a multiplicar por 1, seguirá resultando 1. La unidad con Dios nos hace uno con Él y con todos.

Jesús llegó a una experiencia de unidad total con Dios. Ya no había ninguna diferencia entre lo que era él y lo que era Dios en él. Para dar sentido a una adhesión a su persona, se muestra él totalmente volcado sobre el Padre. Relacionarnos con Jesús es relacionarnos con Dios. Por eso el Jesús que predicó el Reino de Dios, se convirtió en objeto de predicación.

Si nos empeñamos en aferrarnos a la imagen de Dios como ente separado, que está en alguna parte fuera del mundo y de nosotros, será imposible entender la unidad entre Jesús y Dios. Jesús es UNO, no con otro ser que tiene una identidad distinta a la suya sino con el fundamento absoluto de su ser y de todos los seres. La homooúsios del dogma.

Si Jesús promete la Vida al que le escuche, quiere decir que les ofrece la misma Vida que él ha recibido del Padre. Por eso se puede hablar de una identificación absoluta con el Padre. Recordemos las palabras de Juan en el discurso del pan de vida: «El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me come vivirá por mí«.

Schillebeeckx dijo: “Si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría Dios; si pudiera quitar de mí lo que hay de Dios, quedaría nada”. Eckhar dijo: “si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría nada”. 1×0=0. Ni yo puedo existir sin Dios ni Dios puede existir sin mí.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Visibilidad de Dios.

domingo, 11 de mayo de 2025
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catedral-del-buen-pastorJn 10, 27-30

«Yo y el Padre somos uno»

La reiteración de Juan en proclamar la identidad entre Jesús y el Padre –«yo y el Padre somos uno»–, acabó por imponer en la Iglesia una cristología descendente muy distinta a la primera cristología formulada en Hechos. De la expresión más primitiva usada por Pedro para enunciar la divinidad de Jesús: «Dios estaba con él», pasamos a esta otra mucho más elaborada proclamada por Juan: «El Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios».

Estos dos enunciados tan distintos reflejan la evolución histórica que experimentó la forma de entender la naturaleza divina de Jesús. Algunos cristianos nos sentimos más cómodos con la ambigüedad de la fórmula usada por Pedro. La fórmula de Juan nos da vértigo y tendemos a reducirla al mensaje básico que encierra: En Jesús hemos conocido a Dios… El propio Juan, en el capítulo 14 de su evangelio, expresa esta idea de forma clara y terminante: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre»… Excelente noticia.

Podemos admirar a Jesús como lo han hecho tantos personajes no cristianos a lo largo de la historia, podemos aceptarlo como maestro de sabiduría, podemos quedar fascinados por su personalidad, valentía e independencia de juicio como quedaron fascinados los que le siguieron… y podemos creer en él, es decir, creer que sus hechos y sus dichos son reflejo fidedigno de Dios…

Juan es capaz de hacer formidables síntesis de la fe de los testigos, y sería una gran necedad no reconocer la importancia de su evangelio. No obstante, resulta difícil sentirse cómodo con el Jesús que nos presenta, pues esa imagen de hombre que lo sabe todo, que recorre Judea y Galilea prodigando discursos teológicos para sabios en lugar de contar parábolas para gente sencilla, que no se conmueve, que no está sometido a tentación y no se aterra ante la inminencia de la muerte en cruz, dista mucho del hombre verdadero en el que creemos.

Creemos en el Jesús que se siente necesitado del bautismo de Juan, que hace teología contando parábolas sencillas a gente sencilla, que antepone la persona a la Ley, que se conmueve ante el sufrimiento y se indigna ante la injusticia, que toca leprosos y come con pecadores, que responde con aplomo a los ataques de los santos de Israel… Que desplanta a los notables de Jericó por atender al jefe de los publicanos y a un mendigo ciego, que expulsa a los mercaderes del Templo, que no se arruga ante los constantes embates de los poderosos de Jerusalén, que se juega la vida y la pierde por salvar a una adúltera desconocida, que organiza una cena para despedirse de sus amigos porque sabe que lo van a matar, que lava los pies, que no se escabulle, que se angustia en Getsemaní y perdona a quienes le crucifican en el Calvario…

A Juan le debemos la fe en Jesús visibilidad de Dios, una gran deuda, pero quizás esta fe resulte más reconfortante mirando al hombre verdadero y fascinante que nos presentan los sinópticos.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

 Fuente Fe Adulta

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Pastores y ovejas: una imagen peligrosa.

domingo, 11 de mayo de 2025
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El evangelio que leemos hoy es muy breve, apenas 5 renglones, pero la interpretación de este texto puede llevarnos a comportamientos poco evangélicos. No podemos contemplar a un pastor que lleva en sus hombros a una ovejita, como nos han mostrado multitud de estampas y obras de arte, sin reconocer la fuerza que tiene esta imagen.

En la Biblia encontramos abundantes alusiones a los pastores. Estos textos nos ayudan a tener presente un abanico de buenos comportamientos: cuidar, acompañar, preservar del peligro, proteger, etc. Por ejemplo, Moisés comenzó siendo pastor de un rebaño y más tarde fue el pastor -prototipo- que condujo al pueblo a la liberación. Algo similar ocurrió con el joven David: Dios eligió a David su siervo, lo sacó de los apriscos del rebaño… para que apacentase a su pueblo…, él los apacentaba con rectitud de corazón, con la pericia de sus manos los guiaba (Salmo 77, 70-72)

Y, al contrario, hay textos que nos avisan del riesgo de conducir el rebaño con crueldad y violencia, no buscar a las ovejas perdidas, no curar a las enfermas, etc.  Lo podemos recordar leyendo Ezequiel 34.

¿Cuál era la situación de los pastores en tiempos de Jesús? A diario se veían rebaños pastando en los campos. El oficio de pastor se consideraba despreciable, solían ejercerlo personas pobres y marginadas. Estaba mal pagado, por eso era frecuente que los pastores robaran un cordero para alimentar a su familia, lo que les acarreó fama de ladrones.

Jesús rompió los esquemas, identificándose con la figura del Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y arriesga su vida por ellas; las ovejas le conocen y reconocen su voz, etc. Denunció la postura de los falsos pastores de Israel, igual que habían hecho los profetas que le precedieron.

¿Qué provocaron estas palabras en sus oyentes? Que la gente tomara piedras para apedrearlo. La escena del texto de hoy transcurre entre dos situaciones de violencia, verbal y física. A Jesús no le quedó otra salida que poner tierra por medio e irse al otro lado del Jordán.

Miramos ahora nuestra realidad eclesial: Al denominar a los sacerdotes y a la jerarquía “pastores”, se nos ha relegado a los hombres y mujeres laicos al papel de ovejas del rebaño. En consecuencia, se nos pide escuchar y obedecer a estos pastores, hasta el punto de que a muchas personas se les ha anulado la conciencia, porque se ha impuesto la voz y el deseo del pastor (o los malos deseos). Esto sigue presente en la Iglesia y hay que seguir denunciándolo.

¿Qué aporta una oveja a su rebaño? ¿Qué aportamos a la Iglesia, si nos consideramos ovejas? Hoy, tenemos el riesgo de que la imagen de las ovejas de un rebaño nos evoque un grupo de animales con las cabezas bajas, comiendo hierba, dejándose guiar por un pastor que azuza a los perros para reconducir a cada oveja que pretenda alejarse del rebaño… El pastor es el dueño y señor que hace y deshace, porque su trabajo consiste en conducir a unos animales que no saben guiarse a sí mismos.

Hay imágenes bíblicas que sirven para sostener el clericalismo, concebido como pastoreo y ejercicio de poder. Es hora de trabajar con nuevas imágenes que impulsen la corresponsabilidad de laicas y laicos.

Podemos sacar conclusiones…

Miramos hacia el Vaticano: Cuando se suba esta reflexión a la web, se estará celebrando el Cónclave. ¿Serán conscientes los 133 cardenales de que en la elección del Papa no interviene ni una sola mujer, aunque somos mayoría en la presencia y en el trabajo eclesial?

En los días previos a la elección, los cardenales han dialogado sobre el perfil que debe tener el “Pastor”. ¿No hay mujeres significativas en la Iglesia que sean portavoces de los miles y miles de mujeres a las que representan?

¿El motivo de no tener en cuenta a las mujeres es “porque siempre se ha hecho así”? En este caso, la Historia de la Iglesia nos demuestra que se han corregido muchos errores que se cometieron en numerosos cónclaves. Por ejemplo, se han controlado graves injerencias políticas o se ha marcado un ritmo en la elección (no olvidemos que en un cónclave se tardó casi tres años en elegir al papa).  Esos errores no se repetirán. Se pueden seguir corrigiendo errores.

¿O el motivo de no escuchar a las mujeres es porque sólo los “pastores”, varones, mayores y célibes, reciben las inspiraciones del Espíritu Santo? ¿Es tan selectiva la inspiración divina que solo se dirige a los varones, y deja a un lado a las mujeres, aunque seamos mayoría en la evangelización en la Iglesia?

Podemos seguir sacando conclusiones…

Marifé Ramos

Fuente Fe Adulta

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Un Dios separado no existe.

domingo, 11 de mayo de 2025
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IMG_1110Comentario al evangelio del domingo 11 mayo 2025

Jn 10, 27-30

Un mecanismo característico de la mente es la proyección, que la lleva a crear imaginarios antropocéntricos, es decir, dotados de rasgos humanos. En el campo religioso, tal mecanismo ha dado como resultado la creación de dioses (y diosas) a la medida humana. Dios aparecía así como un ser (o yo) separado, adornado con nuestras mismas cualidades, aunque en grado superlativo.

Las personas sabias, sin embargo, siempre han afirmado otra cosa. Lo que vivió el propio Jesús –“El Padre y yo somos uno”–, lo han vivido los místicos, aunque pocos lo hayan expresado de ese modo. Recojo algunas afirmaciones destacadas: “El fondo de Dios y mi fondo son el mismo fondo” y “Dios y yo somos uno” (Maestro Eckhart); «Amor [así acostumbraban nombrar a Dios las beguinas] y esas Almas son una misma cosa y no dos” (Marguerite Porete); “Mi yo es Dios: no me conozco otra identidad que Dios” (Santa Catalina de Génova); “¡Vedlo! Soy Dios. ¡Vedlo! Estoy en todas las cosas. ¡Vedlo! Hago todas las cosas” (Juliana de Norwich); “En mi ser esencial, Yo, por naturaleza, soy Dios” (Jan van Ruysbroeck).

Pero, por lo general, los seguidores de Jesús no comprendieron el mensaje que se lee en el evangelio de hoy. Lo que hicieron fue “divinizar” a Jesús y pensar que una afirmación de ese tipo únicamente podía referirse a él, ignorando algo básico desde la comprensión no-dual: lo que es Jesús, lo somos todos.

Hace poco tiempo recibí un correo de un hombre a quien no conozco, en el que, refiriéndose a los años de su juventud pasados en un seminario, expresaba lo siguiente: “Lógicamente de esto hace muchos años, pero en mi interior no veía a Dios como una persona distinta a nosotros sino todo lo contrario, pero no podía decirlo ni insinuarlo en aquellos entornos… Pero yo creía que Dios no podía ser alguien tan distante y distinto a nosotros mismos. Sentía lo mismo que tú expresas en tus libros, pero no le sabía poner nombre: NO DUALIDAD”.

Un dios separado no existe, porque en la realidad no existe separación alguna. Esto es un dato reconocido por la filosofía (piénsese en Alfred Whitehead) y por la misma ciencia (la física cuántica y su principio de interrelación: los experimentos del premio Nobel de física en 2022, Alain Aspect y las explicaciones de Carlo Rovelli). No existen cosas (separadas), sino procesos, es decir, interrelación absoluta. Nada puede quedar fuera de la única Totalidad. Todo es relación, es decir, todo es amor.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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En la vida y también en el cónclave, Cristo es el Buen Pastor

domingo, 11 de mayo de 2025
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IMG_1103Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

Evocaciones desde el buen pastor

01.- El Buen Pastor.

Desde la Reforma del Concilio Vaticano II el cuarto domingo de Pascua está dedicado siempre a Xto como Buen Pastor. Por eso todos los años, en este domingo, leemos algún párrafo del cp 10 de San Juan, el capítulo del Buen Pastor, del rebaño, el redil, la puerta, etc. La imagen central del IV domingo de Pascua es, pues, la del Buen Pastor, el redil, las ovejas, (Juan, 10). Yo soy el buen pastor.

En el transfondo de la imagen de Cristo como Buen Pastor subyace la mentalidad pastoril de aquellos tiempos y pueblos de la cultura bíblica, (Nosotros todavía hoy podemos pensar en Aránzazu, Aralar, la cañada real, etc.):

La  metáfora del pastor está muy presente en la Biblia, también en los evangelios

  • Jesús llora ante el pueblo, que vivía como ovejas sin pastor, (Mc 6,30-34).
  • Jesús defiende las ovejas frente a los depredadores (asalariados, salteadores).
  • El salmo 22, que hemos cantado, es una espléndida oración a partir de la experiencia de Dios como Buen Pastor: Dios es nuestro Pastor.
  • El Pastor sugiere y confiere Vida: yo les doy vida eterna y no perecerán. (v 28).
  • En más de una ocasión hay crítica fuerte de los falsos pastores (dirigentes) que se apacientan a sí mismos: son los sacerdotes del Templo que se despreocupan por completo de la multitud de enfermos que yacían junto a la puerta del Templo. (Ez 34,3).

02.- El Buen pastor da vida definitiva.

            El Señor, JesuCristo, Buen Pastor cuida, protege a sus ovejas, busca a la oveja perdida, transmite vida.

La imagen del Pastor tiene también alguna semejanza con  la de la vid y los sarmientos. Los sarmientos recibimos la savia y la vida del Señor, vid verdadera, (Jn 15). San Juan insiste en el encuentro, en el conocimiento que Cristo tiene de nosotros: conozco mis ovejas y mis ovejas me conocen.

De ahí que el evangelio de San Juan insista en permaneced en mí y yo en vosotros. Mis ovejas escuchan mi voz y yo les doy Vida y no perecerán. Las ovejas siguen al buen Pastor.

Inspira gran confianza saber que el Señor es el Pastor que guía y apacienta nuestra existencia. Aunque en la vida pasemos por valles oscuros: enfermedades, crisis, problemas,  dificultades es de gran consuelo saber que nuestro buen Pastor es Cristo.

03.- Somos pastores.

            En cierto sentido también nosotros somos pastores en la vida: los padres sois pastores de vuestros hijos, de la familia; los médicos son también pastores de sus pacientes; los maestros de sus alumnos, los políticos son pastores del pueblo, un buen cura es pastor de su parroquia, de su gente, un buen amigo es también, en cierto sentido, un buen pastor…

            Es una noble misión en la vida acompañar, apacentar…

Seamos buenos pastores en la vida.

04.- El papa como pastor.

Probablemente para cuando celebremos esta Eucaristía ya habrá sido elegido el nuevo obispo -pastor- de Roma, el papa.

Por los vericuetos de la historia y de la política el obispo de Roma, el papa, ha terminado siendo un jefe de estado de la ciudad del Vaticano. (Estados pontificios, Renacimiento, la Unidad italiana del siglo XIX). A esta lectura del primado de Roma se le puede llamar “estatalista”. El papa es un jefe de estado…

Pero si volvemos la mirada al Evangelio (Juan 21), el papa es quien apacienta las ovejas del rebaño del Señor. Apacienta mis ovejas  le dijo Jesús a Pedro. En cierto sentido, pues, el papa es un pastor y quiera Dios que sea un buen Pastor.

Yo no sé si el papa es un jefe de estado, como cristiano creo que ha de ser un buen Pastor.

En nuestros años de seminaristas jóvenes cantábamos cuando el obispo entraba en la iglesia la antífona: pastor bone in populo: pastor bueno en medio del pueblo. Nos hará bien que el papa sea un buen pastor.

            Pero no nos olvidemos nunca que el supremo pastor, el buen Pastor es JesuCristo. La voz -la palabra- más importante en la Iglesia sea la de JesuCristo.

05.- Tú me conoces.

Yo conozco a mis ovejas y las mías me conocen a mí.

El Buen Pastor nos conoce y es bueno que nos conozca y nos apaciente. El Señor nos sondea y nos conoce, (salmo 138). Él nos guía hacia fuentes tranquilas, hacia las verdes praderas del Reino, (Salmo 22).

No tengamos miedo a que Dios nos conozca, El Buen Pastor cuidas siempre de sus ovejas y cuando nos descarriamos sale a buscar la oveja perdida, (Lc 15).

“No tengamos miedo a un Pastor, que Él mismo va a ser el cordero que da la vida por nosotros”.

Él conoce nuestra psicología, nuestras limitaciones, nuestro pecado profundo, pero no nos condena. El buen Pastor nos recoge y nos lleva al aprisco. El buen Pastor nos guía hacia las lejanías silenciosas en las que intuimos a Dios.

06.- Sigamos al Buen Pastor: no errantes, sino peregrinos.

La vida es peregrinar. Somos peregrinos no seres erráticos, que deambulamos de aquí para allá, (como nos condenó Nietzsche), somos caminantes, peregrinos (per agrum: por los campos de la vida y de la historia, por la mies del Señor) hacia el redil del Señor: hacia las “verdes praderas del Reino”,

El que compuso el salmo 22 sabía por experiencia que en la vida pasamos por valles oscuros. Esto es así por ley de vida y por ley de los hombres: vamos a sufrir crisis, quizás injusticias, enfermedades, envejecimiento, culpabilidades, problemas de todo tipo, y muerte. Pero no temamos, porque Tú vas conmigo.

El Señor es nuestro pastor, nada nos falta.

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“Ser como el Buen Pastor en el ministerio de la evangelización que se nos ha confiado”, por Consuelo Vélez

domingo, 11 de mayo de 2025
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IMG_1128De su blog Fe y Vida:

IV Domingo de Pascua 11-05-2025

Este pasaje retoma a Jesús como buen pastor pero el énfasis está en que el mismo amor del Padre por las ovejas, es el de Jesús por ellas.

Jesus conoce sus ovejas y les comunica la vida eterna

La garantía de que nadie les hará daño a las ovejas, es que el Padre que se las ha dado, no lo permitirá, ya que, él y su Padre son uno

Que nuestra evangelización de testimonio de este Buen Pastor que arriesga todo por sus ovejas hasta que todas lleguen a la vida bienaventurada a la que están llamadas

Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa»

(Juan 10, 27-30)

Este cuarto domingo de Pascua nos ofrece un texto muy breve. Retoma lo que el mismo evangelio de Juan había narrado en el capítulo 10, sobre Jesús como Buen Pastor y del cuidado del pastor con sus ovejas, muy distinto al de un asalariado que, cuando ve llegar el peligro, las abandona. Aquí se nos presenta un resumen de tal pasaje, pero mostrando la relación entre Jesús y su Padre y, como, el mismo amor del Padre por las ovejas, es el mismo amor de Jesús por ellas. Jesús recibió la misión de su Padre y él la está cumpliendo con toda prontitud, conociéndolas y dándoles la vida eterna. Ellas reconocen su voz y le siguen. Y la garantía de que nadie les hará nada y nadie las arrebatara, es que el Padre que se las ha dado, no lo permitirá, ya que, él y su Padre son uno.

Este texto es un texto teológico como todo el evangelio de Juan. De ahí que se refiera a la vida eterna y a esa unidad entre Jesús y su Padre. El significado, por tanto, ya se refiere a los bienes definitivos que esperamos en la vida cristiana: la vida de comunión con Dios, la participación en el misterio de amor de nuestro Dios Trinidad.

Este tiempo de Pascua nos revela, por tanto, la alegría del Jesús resucitado entre nosotros, encomendándonos su misma misión: anunciar la buena noticia del amor de Dios para con todos sus hijos e hijas, amor que siempre cuida, protege y conduce a la vida plena. Que nuestra evangelización de testimonio de este Buen Pastor que arriesga todo por sus ovejas hasta que todas lleguen a la vida bienaventurada a la que están llamadas.

(Foto tomada de:  https://elcatolicismo.com.co/iglesia-hoy/formacion/jesus-es-el-senor-es-el-buen-pastor)

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“Las manos del Buen Pastor”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 11 de mayo de 2025
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buenpastor6De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Las manos del Buen Pastor – comentario a San Juan 10, 27-30 –

Sus manos

Como ovejas al matadero, cientos de civiles indefensos, hermanos de la misma y única humanidad, son asesinados por una guerra no mencionada, por ideologías ancladas en el pasado, por razones geopolíticas que no dan importancia a la vida de las personas, daños colaterales de sus proyectos de poder.

Sí, ante la locura homicida de quienes usan la guerra como agresión, que viola todas las reglas, en desprecio del sentido común y, en este caso, de un (supuesto) credo compartido, somos como ovejas conducidas al matadero. Inútiles. Perdedoras. Confundidas.

Pero no estamos solos.

Otro, conducido al matadero, que hemos celebrado solemnemente durante la Semana Santa, ahora se yergue victorioso. Y esta certeza es nuestro horizonte: no tenemos miedo, el Señor ha vencido al mundo (Jn 16,33).

Con amor, con entrega. Y esto podemos hacerlo, obstinadamente, compartiendo esa paz del corazón que nos da el Resucitado y que se convierte en elección de vida, pensamiento, acción.

Juntos, siguiendo al Buen Pastor. 

Un Buen Pastor tenaz

Todos tenemos en mente la espléndida imagen del Pastor que deja las noventa y nueve ovejas en el redil para ir a buscar la oveja que se ha perdido y, después de encontrarla, la carga sobre sus hombros y la lleva con las demás (Lc 15,4-8).

Reseteamos, por un momento, esa imagen.

Porque el Pastor de San Juan es de otra pasta.

No es el Buen Pastor, es el Pastor Auténtico.

Es un verdadero luchador que defiende a las ovejas del ataque de los lobos y de la indolencia de los mercenarios. Muy parecido al heroico adolescente David, que no tenía miedo de cazar con su honda al león y al oso que atacaban al rebaño (1 Sam 17,34-35).

Una acentuación que completa la de San Lucas. Jesús es el misericordioso, el compasivo, revela el rostro tierno de Dios, sin duda. Pero también es decidido, dispuesto a morir por sus ovejas, como hemos tenido ocasión de celebrar en los días de la Pascua de Resurrección.

La fe es para los fuertes, no para los débiles. Está llena de ternura, pero también de convicción y determinación pacíficas. Requiere convicción, constancia y firmeza.

Así se presenta el Señor: como un aliado, el hombre fuerte que nos defiende de la desesperación, del caos, del victimismo.

Y anuncia solemnemente cómo formar parte de su rebaño. 

Escuchar la voz

Para formar parte de su rebaño, primero hay que escuchar su voz con constancia, conocer al Señor y hacerse conocer por Él, seguirlo.

En este Tiempo Pascual, la Liturgia vuelve a situar en el centro de nuestra reflexión la acogida de la Palabra, esa Palabra capaz de sacudir los corazones de los tristes discípulos de Emaús, esa Palabra que, acogida con la inteligencia del Espíritu, ayuda a leer los acontecimientos de la Historia en la lógica de Dios.

Palabra que debe ser acogida, conocida, rezada, vivida.

Porque esa Palabra nos permite leer nuestra vida y los acontecimientos, incluso conflictivos e incomprensibles, que estamos viviendo, la violencia, el dominio del liberalismo inhumano, la indiferencia, en la lógica de Dios.

Pero esta lectura meditada debe hacerse con constancia, para aprender a reconocer la voz del Señor, y debe acogerse con autenticidad, con el profundo deseo de adaptarse a lo que dice.

Volviendo a poner en el centro la meditación de la Palabra de Dios y una lectura orante de la Escritura. 

La vida eterna

Escuchar la voz del Señor, seguir sus indicaciones, nos hace tomar conciencia de la vida eterna que está en nosotros. La vida eterna, es decir, la vida del Eterno, la vida misma de Dios.

La grey está formada por hombres y mujeres que han descubierto su propia alma, que la custodian, que la cultivan.

En estos términos, solo Dios sabe de quién está compuesta la grey.

Incluso las personas que no sienten que pertenecen a una Iglesia, o que aparentemente viven lejos de ella, pueden cultivar su interioridad con pasión y verdad, y sentir, fuerte y tenaz, el agarre del Señor.

Seguir a Cristo significa, en cierto momento, experimentar la radicalidad expresada por el Maestro, una afirmación llena de compromiso: nadie puede arrebatarnos de su mano.

Ni los demás con sus juicios.

Ni la violencia de todos los terroristas del mundo.

Ni la decepción de nuestras vidas.

Ni siquiera nuestros errores y nuestros pecados.

La caridad de Dios es más fuerte que cualquier cosa. Nada nos separará de Él (Rm 8).

Nos hemos descubierto amados, hemos elegido amar. Sabemos en quién encontrar fuerza y amor. 

Para conocer al Padre

Seguimos a Cristo, el auténtico pastor, fuerte, confiamos en Él, nos dejamos guiar.

De Él, no de otros. De Él, no de otra cosa.

No de nuestros apetitos, no de modas, no de miedos, no de culpas, no de una visión errónea de nosotros mismos, no de límites, no de sombras.

De Él. Y hacerlo nos lleva al pleno conocimiento de Dios.

Porque solo Cristo conoce a Dios en plenitud.

Nosotros no creemos en Dios, sino en el Dios de Jesucristo.

En este Domingo la Iglesia nos invita a rezar por nuestros ministros ordenados y consagrados y que muchos acojan la llamada a ponerse al servicio de las comunidades, sobre todo en estos tiempos frágiles (y no se necesitan hombres fuertes, sino hombres también frágiles que conozcan al Pastor Fuerte, Cristo).

Entonces hay que ser muy, muy claros: el único Pastor, en la Iglesia, es Cristo.

Y todas las ovejas lo siguen, incluso aquellas que tienen ministerios en la Iglesia, es decir, un servicio para el bien común.

Y a nuestro presbítero no le pedimos que sea un superhombre, un hipercoherente, sino un discípulo, ante todo. Para que él también pueda decir: «Sed mis imitadores, como yo lo soy de Cristo» (1 Cor 11,1).

Esto es lo que necesitamos, ahora más que nunca: ministros ordenados que sean ante todo seguidores de Cristo.

Cristianos con nosotros. Ministros ordenados para nosotros.

Para decirle con obras y, si fuera necesario, con palabras, al mundo que somos amados.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el IV Domingo de Pascua, 11 de mayo de 2025

1.- El Buen Pastor: voz suave y mano fuerte.

2.- El Buen Pastor, el timbre de una voz diversa.

3.- El Buen Pastor que habla al corazón.

4.- El Buen Pastor que guía a la vida.

5.- El Buen Pastor ofrece la vida eterna.

6.- El Buen Pastor da la vida.

7.- Las manos del Buen Pastor – comentario a San Juan 10, 27-30 –.

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