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Archivo para Viernes, 15 de agosto de 2014

“Asunción”, de Pedro Casaldáliga

Viernes, 15 de agosto de 2014
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ASUNCIÓN

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Plenitud de agosto,
vuelo de Asunción.
Bodega con mosto
de tu Corazón.

Rutas de Araguaia,
con mi pueblo en cruz.
Mi «seca» y tu playa:
la Paz de Jesús.

Lograda María,
llegada Asunción,
que reclama y guía
nuestra romería
de Liberación.

*

Pedro Casaldáliga

***

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Viernes 15 de Agosto de 2014. La Asunción

Viernes, 15 de agosto de 2014
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De Koinonia:

SSCC DelegacioPlata7

1ª LECTURA

Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab

Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo: “Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.”

Salmo responsorial: 44

De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,

de pie a tu derecha está la reina,

enjoyada con oro de Ofir. R.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,

olvida tu pueblo y la casa paterna;

prendado está el rey de tu belleza:

póstrate ante él, que él es tu Señor. R.

Las traen entre alegría y algazara,

van entrando en el palacio real. R.

2ª LECTURA

1Corintios 15,20-27a

Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo

Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.

Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

EVANGELIO

Lucas 1,39-56

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”

María dijo: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.” María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (15 de Agosto de 1977)

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15.8.14 Asunción: Santa María del Cielo y de la Tierra

Viernes, 15 de agosto de 2014
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10599252_314849458692253_1971423621546325615_nDel blog de Xabier Pikaza:

He presentado en este blog docenas de postales sobre la historia y teología de María, Madre de Jesús, desde una perspectiva bíblica, histórica y creyente.

He escrito además tres o cuatro libros sobre el tema (según se cuenten, por páginas, formato e intenciones), y estoy ultimando otro titulado Santa María de la Carne (cf. Jn 1, 14).

Ofrezco aquí las primeras reflexiones de ese libro presentando a Santa María del Cielo (Asunción) como Santa María de la Tierra, una mujer fuerte, comprometida por la liberación de su pueblo, tal como aparece en los evangelios.

Aprovecho la ocasión para publicar dos imágenes de mi última visita al Santuario Mariano de Luján, en Argentina (el 20 del pasado Julio), con Osvaldo (Presidente) y Nélida (Directora Académica) del Instituto Raspanti de Morón, B.Aires. A los dos mi agradecimiento por llevarme a Luján y en especial a Nélida por las fotografías (en la última aparezco con Osvaldo).

Quise tocar la imagen de Santa María de Luján, como los peregrinos, pues ella forma parte de la “carne” de la salvación, como podrá seguir viendo quien lea el tema que sigue.

Buen día de la Asunción a todos.

Introducción.

Fue una mujer histórica, que vivió en Nazaret de Galilea, y después en Jerusalén, entre el 20 a.C. y el 50 d.C., dentro de un contexto cultural, social y familiar muy definido. No ha sido un puro signo sagrado, una idea general (eterno femenino), ni una diosa, sino una mujer, madre discutida y seguidora de Jesús, pretendiente mesiánico judío, crucificado el año 30 d.C. Hubo a su lado otras mujeres (en especial María Magdalena), pero sólo su recuerdo ha sido cultivado y recreado de un modo tan fuerte en la historia posterior del cristianismo. Los seguidores de Jesús no sólo la han recordado, sino que han agrandado su figura, con una intensidad única en la historia de occidente.

1. Datos esenciales

Ella tuvo una vida compleja, de manera que se relaciona no sólo con el judaísmo (en cuyo seno nace y vive), sino con la historia de Jesús (con quien se relaciona de forma materna y dramática) y con el principio de la Iglesia. No hay ningún otro personaje del Nuevo Testamento (ni siquiera Pedro, ni María Magdalena) que recoja en el arco de su vida tantos rasgos y aspectos como ella. Éstos son los datos principales de su historia:

1. Fue judía galilea, del Mediterráneo oriental, de comienzos de nuestra era, y, como otros miles de mujeres, vivió en unas condiciones de sometimiento femenino, bajo el cuidado y vigilancia de sus padres, y después de su marido. Fue creyente y encarnó su vida la tradición de las madres mesiánicas judías, que confiaron en el Dios de su pueblo y revivieron la esperanza de una salvación nacional, pero el canto de Lc 1, 47-56 la presenta vinculada con los pobres de todas las naciones. En esa línea se ha podido decir que ella ha expresado los rasgos primordiales de lo humano, en clave de mujer y de mujer judía . (1)

2. Fue esposa de José, un “descendiente de David”, nazoreo de Galilea, un hombre comprometido al servicio de la libertad nacional de su pueblo judío, en unas condiciones duras de sometimiento social y militar, bajo el dominio de los reyes herodianos, vasallos Roma. A Jesús, el hijo de José, le llamarán “el nazoreo”, pero no directamente por su madre, sino por José, su “padre”. Vivió en ese contexto de compromiso de liberación nacional.

3. Fue madre de Jesús, pretendiente mesiánico judío, de la línea “nazorea” de José, pero con rasgos propios y muy significativos, dentro de un ambiente de duro enfrentamiento cultural y social. Tuvo probablemente otros hijos de los que habla Mc 6, 1-6, que al parecer no estaban de acuerdo con la pretensión mesiánica de Jesús, lo que fue causa de duros enfrentamientos en la familia. Todo nos permite suponer que estaba viuda cuando Jesús inició su vida pública, de manera que debió que actuar como “gebîra” o mujer de autoridad sobre su familia. De manera sorprendente, Mc 6, 3 llama a Jesús “el hijo de María”.

4. Su relación con Jesús fue compleja, y parece que al principio no aceptó su mesianismo, permaneciendo así al lado de sus otros hijos, que tampoco la aceptaban (como supone no sólo Mc 3, 31-35 y 6, 1-6, sino Jn 7, 1-9). En ese contexto ha de entenderse su posible presencia ante la cruz, donde Jesús murió condenado como pretendiente mesiánico (Jn 19, 25-27; cf. Mc 15, 50); sea como fuere, ella acabó siendo “cristiana”.

5. Se integró en la iglesia o comunidad de los discípulos de Jesús, con el resto de sus hijos (cf. Hch 1, 13-14), viniendo a jugar así un papel importante en la comunidad, que le recuerda de un modo crítico (rechazando su “pretensión” de imponer sus derechos sobre Jesús: cf. Mc 3, 31-35), pero también en un sentido ejemplar y edificante, de tal forma Lc 1-2 y en algún sentido Jn 19, 25-27 la presentan como modelo de cristiana.

6. Finalmente, María ha sido “creída” dentro de la iglesia. Por razones que algunos suponen evidentes, y que otros piensan que se deben precisar y justificar, ella vino a convertirse pronto en lugar de referencia o modelo para la comunidad cristiana, como testifica en perspectivas diferentes el conjunto del NT. En esa línea, Lucas le llama “gebîra”, Madre del Señor (cf. 1, 43) y afirma que la llamarán bienaventurada todas las generaciones (Lc 1, 48).

Desde los primeros grupos y momentos que han ido formando la iglesia de Jesús, su Madre ha sido recordada e interpretada en líneas distintas, y su imagen ha quedado reflejada en algunos de los textos más significativos del Nuevo Testamento. En ese aspecto podemos hablar y hablaremos de una mariología de la historia y de varias mariologías de la fe:

− Una historia. No son muchas las cosas que de ella sabemos en un nivel de pura historicidad factual, pero son muy importantes. Estas parecen (en la línea de lo dicho), las más significativas. 1) Era una mujer judía, de familia creyente y significativa, de Nazaret de Galilea; se llamaba María y estaba casada con José. 2) Fue madre de Jesús, con quien se vinculó de forma dramática; pero tuvo también una familia más extensa, compuesta por varones y mujeres que el Nuevo Testamento llama normalmente hermanos de Jesús y que parecen ser hijos de María. 3) Tras la muerte de Jesús, ella perteneció a su comunidad de seguidores, y ejerció un papel importante dentro de la iglesia, que la ha recordado.

− Varias mariologías: María de la fe. Los textos del Nuevo Testamento y de la primera iglesia no recuerdan a María por afán historicista, sino porque ha formado parte del misterio de una fe, que se centra en Jesús, su hijo, y que se expresa y configura de formas distintas en las comunidades. En principio, no existe una fe mariana (o mariología) única y normativa, que pudiera imponerse sobre todos los creyentes, sino diversas formas de mariología y fe mariana, que se diversifican según los lugares y formas de vida de las comunidades, según el Nuevo Testamento. Este fenómeno no ha sido a veces suficientemente valorado y define a nuestro juicio todo el tema. Pero esas mariologías pueden vincularse y se vinculan en el credo de la iglesia cuando afirman que Jesús “concebido por obra del Espíritu Santo y nacido de la Virgen María”. Leer más…

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“Rubem Alves, el teólogo que escapó del gueto de las iglesias”, por Juan José Tamayo

Viernes, 15 de agosto de 2014
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1406417217_489051_1406417606_noticia_normalRubem Alves, teólogo y escritor brasileño. / LUCAS LACAZ (FOLHAPRESS)

El escritor brasileño pensó la religión desde su relación con la poesía y la vida

La muerte del brasileño Rubem Alves el pasado 19 de julio ha teñido de luto a la teología latinoamericana, y muy especialmente a la teología de la liberación, de la que algunos autores le consideran el padre y fue, ciertamente, uno de sus principales iniciadores, junto con otras grandes figuras como José Comblin, José Míguez Bonino, Juan Luis Segundo, Gustavo Gutiérrez, Segundo Galilea y sus compatriotas Hugo Assmann y Leonardo Boff. Su tesis doctoral, Hacia una teología de la liberación humana, publicada con el título de Teología de la esperanza humana, causó un profundo impacto en el panorama filosófico, teológico y científico-social mundial. La editorial Sígueme la publicó en 1973 con el título Cristianismo, ¿opio o liberación? con una presentación del teólogo norteamericano Harvey Cox, autor de la paradigmática obra La ciudad secular, que definía a Alves como un intelectual que sabía “combinar el corazón apasionado y comprometido del Tercer Mundo con una inteligencia refinada” y cuya mente “puede agrupar, como herencia, bajo un solo enfoque, las opiniones de Franz Fanon, Karl Marx, Jürgen Moltmann, Mario Savio, Karl Barth y Paul Lehmann, y enriquecerlos con las ideas de intelectuales latinoamericanos, tal como como Esdras Costra y Paulo Freire”.

¿Se extralimitaba Cox con tal reconocimiento? Creo que no. Alves se convirtió muy pronto en referencia obligada para la elaboración de una teoría crítica de la civilización actual y de la teología, tanto tradicional como moderna, así como un crítico radical de la dictadura brasileña y del fundamentalismo de las iglesias cristianas. Por ambas críticas tuvo que pagar un doble precio: la persecución de la dictadura de su país que le obligó a exiliarse y la expulsión de la Iglesia Presbiteriana, a la que pertenecía. Con todo, fue esta una condena beneficiosa, ya que, según la interpretación de Leopoldo Cervantes-Ortiz, “Alves salió para siempre del gueto de las iglesias para entrar de lleno en el terreno de la imaginación”. Es la experiencia que hemos vivido muchos teólogos y teólogas heterodoxos de nuestras iglesias, que nos ha conducido por los caminos de una teología inclusiva, interreligiosa, intercultural, interétnica e interdisciplinar, que nos ha enriquecido humana y religiosamente y a la que nunca hubiéramos llegado si nos hubiéramos instalado en el regazo eclesiástico materno.

Alves incorpora un nuevo lenguaje a la teología: el del humanismo político, que es el de la esperanza; el de la libertad, que anuncia un ser humano y una comunidad alternativos; el histórico, que habla de los sufrimientos, los gozos y las esperanzas de los hombres; el secular y secularizado, que abandona la metafísica, “lo religioso” y los absolutos eclesiásticos, pero también los absolutos históricos; el iconoclasta, subversivo y de la imaginación, que rechaza los hechos como límite, da nombre a las cosas ausentes, rompe el hechizo de las cosas presentes y abre caminos hacia el futuro. Es, en fin, el lenguaje de la esperanza, que define como “el presentimiento de que la imaginación es más real que la realidad y que la realidad es menos real de lo que parece”. ¡Maravillosa definición!

Alves fue un pensador interdisciplinar que transitó por la teología, la literatura, la filosofía política, el psicoanálisis, las ciencias sociales y la educación. Todas sus obras son un intento, creo que logrado, de construir una teología lúdico-poética-erótica centrada en el cuerpo y en la vida en su dimensión real. El lugar de la teología es la vida cotidiana, no la academia. Teología y vida interactúan. Teología y literatura están en diálogo permanente. Su hablar de Dios y con Dios tiene como principales interlocutores a los poetas y otros autores literarios. Una de sus sugerencias finales fue sustituir la palabra teología por teo-poesía. Creo que habría que atenderla en beneficio de la teología y de la poesía. Solo por eso merece un lugar destacado en ambos lares.

Juan José Tamayo es profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Teología de la liberación en el nuevo escenario político y religioso, Tirant lo Blanch, 2011.

Fuente El País

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“La primavera de la Iglesia. Francisco vive retos que recuerdan a los que abordó con tanto acierto Juan XXIII”, por Juan José Tamayo

Viernes, 15 de agosto de 2014
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ppfranciscojuanxxiii03052013Leído en la Página web de Redes Cristianas

Pocos días después de la elección de Francisco comenzaron las comparaciones del papa argentino con Benedicto XVI y Juan XXIII: con el primero, destacando las diferencias; con el segundo, los parecidos, que han vuelto a manifestarse con motivo de la canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II el próximo 27 de abril. Se refieren a la cálida y espontánea corriente de comunicación de ambos con el público. La campechanía de Juan XXIII rompía con el hieratismo de su predecesor Pío XII. La sencillez de Francisco contrasta con el gusto por el protocolo de Benedicto XVI.

El parecido se aprecia también en la avanzada edad en el momento de la elección papal de ambos: 77 años, que, no obstante, se disimulan por la vitalidad, la creatividad y los gestos llenos de humanidad poco acordes con los títulos que ostentan: sumo pontífice de la Iglesia universal, vicario de Cristo, santo padre, sucesor del príncipe de los apóstoles, soberano del Estado de la ciudad del Vaticano, etcétera. A ello hay que sumar su permanente capacidad de sorpresa. En la Navidad de 1958, Juan XXIII, recién elegido papa, visitó el Hospital del Niño Jesús para niños con poliomielitis y la cárcel Regina Coeli, junto al Tíber, donde abrazó a un preso condenado por asesinato que antes le había preguntado si había perdón para él. Se reunió con un grupo de personas discapacitadas y con otro grupo de chicos de un orfanato. Luego se encontró con el arzobispo de Canterbury, Geoffrey F. Fissher, y recibió a Rada Kruchev, hija del presidente de la URSS, y a su esposo.

Francisco no ha dejado de sorprender desde que abandonó su Buenos Aires querido y fue elegido papa con gestos significativos: renuncia a vivir en el Vaticano; cese de obispos por llevar una vida escandalosamente antievangélica; auditoría externa para investigar la corrupción del Banco Vaticano; disponibilidad a revisar la normativa sobre la exclusión de la comunión eucarística a los católicos divorciados y vueltos a casar; viaje a Lampedusa y grito indignado de “¡Vergüenza!” como denuncia por los cientos de inmigrantes muertos y desaparecidos ante la indiferencia de Europa; respeto a las diversas identidades sexuales, etcétera. Recientemente nos ha vuelto a sorprender al celebrar el día del “Amor fraterno” en un centro de personas discapacitadas de diferentes continentes, religiones, culturas y etnias, donde se ha arrodillado y lavado los pies a 12 de ellas. El ejemplo no es baladí: queda fijado primero en la retina, luego en la mente y debe traducirse en una práctica compasiva y solidaria, si no quiere convertirse en rutina.

Bergoglio es igualmente consciente de estar viviendo un tiempo nuevo

Pero, a mi juicio, las semejanzas entre Juan XXIII y Francisco van más allá de su talante y de sus gestos. La sintonía se manifiesta en su espíritu reformador del cristianismo con la mirada puesta en el Evangelio desde la opción por el mundo de la exclusión y el compromiso por la liberación de los empobrecidos. Juan XXIII y Francisco coinciden en la necesidad de construir una “Iglesia de los pobres”. El papa Roncalli fue el primero en utilizar esta expresión en un mensaje radiofónico el 11 de setiembre de 1962: “De cara a los países subdesarrollados, la Iglesia se presenta como es y quiere ser: la Iglesia de todos, y, particularmente, la Iglesia de los pobres”. La idea apenas tuvo eco en el aula conciliar, pero se hizo realidad en las decenas de miles de comunidades eclesiales de base que surgieron en América Latina y otros continentes, y en la teología de la liberación, que la convirtió en santo y seña del cristianismo liberador.

Francisco expresó el mismo deseo en una rueda de prensa multitudinaria con periodistas que habían seguido el cónclave, a quienes contó algunas interioridades del mismo. Cuando hubo logrado los dos tercios de los votos, el cardenal Claudio Humes, arzobispo emérito de São Pâulo, le abrazó, le besó y le dijo: “No te olvides de los pobres”. Tras esta confesión y en un arranque de sinceridad, les dijo a los periodistas: “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”. Adquiría así públicamente un compromiso que le obligaba a hacer realidad aquel deseo. ¿Lo hará?

Juan XXIII era consciente de que la humanidad estaba viviendo un cambio de era y la Iglesia católica no podía volver a perder el tren de la historia, sino que debía caminar al ritmo de los tiempos. Era necesario poner en marcha un proceso de transformación de la Iglesia universal en sintonía con las transformaciones que se sucedían en la esfera internacional. Francisco es igualmente consciente de estar viviendo un tiempo nuevo, lo que le exige dejar atrás los últimos 40 años de involución eclesial que pesan como una losa y activar una nueva primavera en la Iglesia en sintonía con las primaveras que vive hoy el mundo: la primavera árabe, el movimiento de los indignados, los Foros Sociales Mundiales, etcétera. Bergoglio tiene un compromiso con la historia que no puede eludir: ¡primavera eclesial, ya! ¿Lo cumplirá?

***

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid, y autor de Invitación a la utopía (Trotta, 2102) y Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, 2013).

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Víctor Codina sj: “La solidaridad es mucho más que generosidad esporádica”.

Viernes, 15 de agosto de 2014
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pobrezaPobres y pobreza en Evangelii Gaudium

(Víctor Codina, sj)- El Papa Francisco, antes de pronunciar muchos discursos y de escribir encíclicas, ha ido realizado una serie de gestos simbólicos de gran carga significativa que han sido fácilmente captados por todo el mundo y ampliamente difundidos por los medios de comunicación social.

Estos gestos han ido cambiando el ambiente eclesial dominante hasta ahora: besar a un niño discapacitado y abrazar a un hombre con la cara totalmente deformada, lavar los pies a una joven musulmana, comer en Asís con niños con síndrome de Down, ir a la isla de Lampedusa en su primer viaje fuera de Roma, y lanzar una corona de flores amarillas y blancas en memoria de los emigrantes fallecidos, convocar una jornada mundial de oración de ayuno para la paz en Siria porque le interpelan fuertemente los rostros de los niños muertos por armas químicas, usar sus zapatos viejos de antes en vez de los zapatos rojos de su antecesor, no vivir en los Palacios Apostólicos Vaticanos sino en la residencia de Santa Marta, viajar por Roma en un sencillo y pequeño coche utilitario para no escandalizar a la gente de los barrios periféricos populares, contestar a las preguntas de un periodista no creyente, invitar a Santa Marta a  rabinos de Argentina, regalar unos zapatitos al nieto de Cristina Fernández de Kirschner, recibir a Gustavo Gutiérrez el padre de la teología de la liberación, llevar un ramo de flores a la tumba del P. Pedro Arrupe, invitar para su cumpleaños a cuatro mendigos…Estas “florecillas del Papa Francisco”, como las “florecillas de Juan XXIII” han sido fácilmente inteligibles por el pueblo.

Pero poco a poco ha ido lanzando mensajes de gran contenido pastoral y su Exhortación apostólica Evangelii gaudium, Sobre el anuncio del evangelio en el mundo actual, presenta todo el programa de su pontificado, su hoja de ruta pastoral. De esta exhortación vamos a señalar lo que Francisco afirma en torno a los pobres y a la pobreza.

La realidad es superior a la idea (231-233)

Esta afirmación, sorprendente en escritos del Magisterio que muchas veces parecían anteponer la idea a la realidad, afirma la prioridad de la realidad antes que la elaboración de la idea; de lo contrario la realidad queda oculta
en angelismos, totalitarismos de lo relativo, nominalismos, proyectos más formales que reales, fundamentalismos ahistóricos, eticismos sin bondad, intelectualismos sin sabiduría. La idea ha de estar conectada con la realidad, La encarnación de la Palabra es el criterio, que nos lleva a valorar la historia de la Iglesia como historia de salvación, a recordar a nuestros santos que inculturaron el evangelio en la vida de nuestros pueblos, no pretender elaborar un pensamiento desconectado de la realidad. Por otro lado, esta prioridad de la realidad nos lleva a llevar la Palabra a la práctica, a no edificar sobre arena.

¿No estamos ante el método latinoamericano de partir de la realidad, de articular el ver, el juzgar y el actuar? Esta metodología defendida y empleada es la que condicionará positivamente todo el tema de la pobreza y los pobres.

Denuncia profética de un sistema injusto (53-59)

De acuerdo a lo anterior no nos puede sorprender que la Exhortación comience denunciando los grandes males de la sociedad actual y lance duras críticas al modelo de sociedad que prevalece: no a una economía de exclusión e inequidad, que es una economía que mata, que valora más una caída de dos puntos en la bolsa que la muerte de frío de un anciano; no a la nueva idolatría del dinero; no a la dictadura de una economía sin rostro basada en un afán de poder y de tener que no conoce límites; no a un dinero que gobierna en lugar de servir y que amenaza con degradar a las personas que están fuera de la categoría del mercado y que quedan reducidas a desechos y sobrantes; no a la inequidad que genera violencia, porque brota de un sistema económico injusto de raíz; no a la exacerbación del consumo, no al cáncer social de la corrupción, a la cultura de la anestesia social que nos impide compadecernos de los que sufren.

Frente a esta situación se exhorta a la solidaridad desinteresada, a crear un orden social más humano, a una vuelta de la economía y de las finanzas a una ética en favor del ser humano, recordar que no compartir con los pobres nuestros bienes es robarles y quitarles la vida. En nombre de Cristo se recuerda la obligación que los ricos tienen de ayudar, respetar y promocionar a los pobres.

Nuevos rostros de pobres (210-216).

Se señalan nuevas formas de pobreza y de fragilidad, nuevos rostros de pobres en los que estamos llamados a reconocer a Cristo: los sin techo, los tóxico-dependientes, los refugiados, los pueblos indígenas, los ancianos cada vez más solos y abandonados, los migrantes, las víctimas de la trata de personas, las mujeres doblemente pobres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, los niños por nacer.

En todos estos casos se trata de defender la vida y los derechos humanos.

A esto se añade la fragilidad de la creación a merced de intereses económicos o de un uso indiscriminado, que llevan a la desertificación de los suelos, a una enfermedad ecológica, convirtiendo incluso el maravilloso mundo marino en cementerios subacuáticos despojados de vida y de color.

Los cristianos, como San Francisco, estamos llamados a cuidar la fragilidad del pueblo y del mundo que vivimos.

Seguramente esta sensibilidad del Papa Francisco ante los pobres y nuevos rostros de pobreza, no es algo reciente, no es improvisación, es fruto de sus largos años de contacto y contemplación de los pobres, de las villas miseria y del apoyo pastoral a los curas villeros de Buenos Aires. Esta actitud es consecuencia de tomar en serio la dimensión social de la fe.

Dimensión social de la fe (175-186).

Lo social forma parte esencial de la fe y del kerigma cristiano, en el corazón mismo del evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros. La aceptación del amor de Dios implica desear, buscar y cuidar el bien de los demás. Lo que hagamos con los demás tiene una dimensión trascendente, el hermano prolonga la Encarnación de Jesús (Mt 25,40). La lectura de las Escrituras nos cerciora de que la fe no es solo una relación puramente personal con Dios y que nuestra respuesta al amor no puede reducirse a pequeños gestos personales para con los necesitados, una especie de “caridad a la carta”.

La propuesta de Jesús es el Reino de Dios, que Dios reine en nosotros y en la vida social a través de la justicia, la fraternidad, la paz y la dignidad para todos, para todo el hombre y para todos los hombres. El mandato de la caridad abraza a todas las dimensiones de la existencia, a todas las personas, a todos lo ambientes de la convivencia y a todos los pueblos. Nada humano le puede resultar extraño.

La religión no puede recluirse en el ámbito privado, solo para preparar almas al cielo. Dios quiere la felicidad de sus hijos también aquí en la tierra, aunque estén llamados a la plenitud eterna. Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia en la vida social y nacional, sin preocuparnos por las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos.

Una fe auténtica siempre implica el compromiso por cambiar el mundo, trasformar valores, dejar algo mejor detrás de nuestro paso por esta tierra.
Incumbe a las comunidades cristianas el analizar con objetividad la situación de su país y sacar las consecuencias prácticas de los principios sociales.

Escuchar el clamor de los pobres (186-191).

Una consecuencia de lo anterior es que los cristianos somos invitados a escuchar el clamor de los pobres, como Dios escuchó el clamor de los israelitas en Egipto (Ex 3, 7-8.10), como el Nuevo Testamento nos exhorta a escuchar el grito de los obreros a quienes se les ha negado el salario (Sant 5,4). El que cierra sus entrañas al hermano necesitado, ¿cómo puede permanecer en el amor de Dios? (1 Jn 3, 17). La Iglesia, guiada por el evangelio, escucha el clamor por de la justicia, lo cual implica resolver las causas estructurales de la pobreza, promover el desarrollo integral de los pobres, ofrecer los gestos más cotidianos de solidaridad y ayuda.

Pero la solidaridad es mucho más que una generosidad esporádica, es crear una nueva mentalidad que oriente en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos, es reconocer la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades primeras anteriores a la propiedad privada. Esta solidaridad ha de generar actitudes nuevas, sin las cuales incluso los cambios estructurales no resultan a la larga viables.

Esta doctrina de Francisco, pura actualización y reflejo de la Doctrina social de la tradición eclesial, puede resultar a muchos nueva e incluso escandalosa. ¿No será que hemos olvidado los datos más esenciales del evangelio de Jesús como el amor fraterno y la comunión de bienes?

Una Iglesia pobre y para los pobres (192-209).

El escuchar el clamor de los pobres se nos hace carne propia cuando se nos estremecen las entrañas ante el dolor ajeno. Toda la Escritura es un llamado a la compasión y a la misericordia, al amor fraterno, a la justicia, al servicio humilde al pobre. No nos preocupemos solo de no caer en errores doctrinales, preocupémonos también de si nuestra defensa de la ortodoxia doctrinal se vuelve pasiva, insensible y cómplice de situaciones intolerables de injusticia y de regímenes políticos que las mantienen.

El corazón de Dios tiene un lugar preferencial para los pobres, la salvación vino a través de pobres como María y Jesús de Nazaret, el evangelio se anuncia a los pobres y Jesús se identifica con ellos (Mt 25,35). Por esto la opción por los pobres de la Iglesia es una categoría teológica más que sociológica, filosófica, cultural o política. Los cristianos somos llamados a tener los mismos sentimientos de Cristo (Fl 2 5). La opción por los pobres está implícita en nuestra fe cristológica en aquel Dios que se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza (Benedicto XVI en Aparecida). Por esto el Papa Francisco quiere “una Iglesia pobre y para los pobres”( 198).

Los pobres además tienen mucho que enseñarnos y su sentido de la fe nos evangeliza, hemos de dejarnos evangelizar por ellos. Hemos de tener una mirada contemplativa hacia el pobre, lo hemos de valorar en su cultura, en su forma de ser, en su bondad, en su fe, no como un instrumento de ideología política. Los hemos de acompañar desde la cercanía en su camino de liberación, así será posible que los pobres se sientan en la Iglesia como en su casa. Esta opción por los pobres debe traducirse sobre todo en una atención religiosa privilegiada y prioritaria hacia ellos.

Sin la opción preferencial por los pobres el anuncio del evangelio puede ser incomprendido y convertirse en simple palabrería, como a la que la sociedad de la comunicación nos tiene acostumbrados. Nadie, ningún cristiano, debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida le ocupan en otros asuntos, empresariales, profesionales, académicos o incluso eclesiales: nadie puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia social. El amor a Dios y al prójimo, el celo por la justicia y la paz, el sentido evangélico de la pobreza y de los pobres son requeridos a todos.

Al llegar a este punto Francisco teme que estas palabras solo sean objeto de algunos comentarios, sin incidencia práctica. Pero confía en la apertura y buenas disposiciones de los cristianos para comunitariamente acoger esta nueva propuesta.

La piedad popular como lugar teológico

Cuando un pueblo ha inculturado el evangelio en su cultura, transmite la fe siempre de forma nueva y dinámica. De este modo el pueblo se evangeliza continuamente a sí mismo y por esto la piedad popular tiene gran importancia como expresión de la acción misionera del Pueblo de Dios, siempre bajo la acción del Espíritu.

La piedad popular, en algún tiempo mirada con desconfianza, en realidad refleja la sed de Dios de los pobres y pequeños, es capaz de manifestar la fe con generosidad y sacrificio, y en América Latina es un precioso tesoro donde se manifiesta el alma de los pueblos latinoamericanos, una espiritualidad y una mística popular encarnada en la cultura de los sencillos: expresa la fe de forma más simbólica que intelectual, acentúa más el modo de creer en Dios (credere in Deum) que los contenidos de la fe (credere Deum), pero es una forma legítima de vivir la fe y de sentirse parte de la Iglesia.

Para entender esta realidad de la piedad popular hay que acercarse a ella con la mirada del Buen Pastor, con una connaturalidad afectiva. Así podremos comprender la fe de los pobres: de la madre que reza el rosario junto al hijo enfermo, de una humilde vela encendida en el hogar para pedir la protección de María, de la mirada amorosa al Cristo crucificado. No son sólo una búsqueda natural de la divinidad, son expresión de una fe teologal animada por el Espíritu Santo. Las expresiones de la fe popular tienen mucho que enseñarnos, son un verdadero lugar teológico al que debemos prestar atención en la hora de pensar en una nueva evangelización.

La pobreza no puede esperar (202-208).

Hay que resolver las causas estructurales de la pobreza, no basta la asistencia en situaciones urgentes. La inequidad es la raíz de los males sociales y no se resuelven los problemas del mundo sin atacar la autonomía de los mercados y la especulación financiera. La actividad económica debe orientarse a la dignidad de las personas y al bien común y no hay que sentirse molesto si se habla de ética, de solidaridad mundial, de la dignidad de los débiles, de un Dios que exige el compromiso con la justicia.

No podemos confiar en las fuerzas ciegas ni en la mano invisible del mercado, se requiere algo más que el crecimiento económico, aunque se suponga: se requieren decisiones, programas, mecanismos y procesos orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción social de los pobres.

Necesitamos empresarios que se dejen interpelar por un sentido más amplio de la vida, necesitamos políticos capaces de sanar las raíces profundas de los males de nuestro mundo, políticos a los que les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres. Los gobernantes y poderes financieros han de elevar la mirada y ampliar sus perspectivas, procurar que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos. ¿Por qué no acudir a Dios para que les inspire sus planes y les abra no solo a la caridad de las micro- relaciones (amistades, familia, pequeños grupos) sino también a las macro- relaciones sociales, económicas y políticas, a la altísima vocación política de buscar el bien común?

Las comunidades de la Iglesia que quieran vivir tranquilas sin cooperar a que los pobres vivan con dignidad, acabarán sumidas en la mundanidad espiritual, aunque se disimule con prácticas religiosas, reuniones infecundas o discursos vacíos aunque hablen de temas sociales o critiquen al gobierno…

El Papa no quiere ofender a nadie, sino ayudar a los que están esclavizados por una mentalidad egoísta, individualista e indiferente para que puedan liberarse de estas cadenas indignas y alcancen un estilo de vida y de pensamiento más humano, más noble, más fecundo, que dignifique su paso por la tierra.

Bajo la acción del Resucitado y de su Espíritu (275-280).

La falta de espiritualidad profunda produce pesimismo, desconfianza y fatalismo en muchos. Muchos creen que nada puede cambiar, que es inútil esforzarse. Pero si pensamos que las cosas no van a cambiar, recordemos que Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte. Jesucristo vive y tiene poder, Cristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza, no nos faltará su ayuda.

Su resurrección entraña una fuerza que ha penetrado el mundo, hay brotes de resurrección donde todo parecía muerto; hay cosas negras pero el bien y los valores tienden a volver a brotar y a difundirse, cada día renace la belleza en el mundo, que resucita transformada a través de las tormentas de la historia.

Ciertamente hay dificultades y experiencias de fracaso, no todo sucede como desearíamos en la evangelización, pero no hay que bajar los brazos dominados por una desconfianza crónica y por una acedia espiritual; no hemos de buscar nuestros éxitos ni el carrerismo, pues entonces el evangelio, que es lo más hermoso que tiene el mundo, queda sepultado debajo de muchas excusas.

Por la fe hemos de creer que Él marcha victorioso por la historia en unión con los suyos, el Reino está presente en la historia como pequeña semilla, como levadura, como trigo que crece en medio de la cizaña y que siempre puede sorprendernos gratamente. Y todo ello porque el Señor ha penetrado ya la trama oculta de la historia y Jesús no ha resucitado en vano.

Ningún esfuerzo se pierde, ningún acto de amor a Dios se pierde. Nuestra misión no es un negocio ni un proyecto empresarial, ni una organización humanitaria, ni un espectáculo exitoso, fruto de nuestra propaganda. El Espíritu obra cuando, donde y como quiere. Hemos de confiar en el Espíritu que viene en ayuda nuestra, hemos de invocarlo, Él puede sanar todo lo que nos debilita, nos sumerge en un mar donde a veces incluso sentimos vértigo porque no sabemos lo que nos vamos a encontrar. Pero hay que dejarse llevar por Él, dejar de calcular y querer controlarlo todo, permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente, nos impulse hacia donde Él quiera. Él sabe lo que hace falta en cada época y en cada momento. Esto es ser misteriosamente fecundos.

* * *

En síntesis, tanto la denuncia de la injusta pobreza como la opción por los pobres y por una Iglesia pobre y para los pobres, brotan necesariamente de nuestra fe alegre en Cristo y en su Espíritu que llena el universo y renueva la faz de la tierra.

Fuente Religión Digital

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