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“Profesor, ¿usted es gay?”

Jueves, 24 de noviembre de 2016

imageUna alumna le preguntó al profesor Vitor Fernandes sobre su orientación sexual, y él armó una clase magistral de género.

 “Profesor… ¿usted es gay?

Ya oí esa frase otras veces. Por lo menos una vez por año algún alumno la hace. En realidad, generalmente son alumnas. Como ya lo escuché varias veces y siempre me intrigó el por qué de la pregunta y hoy la pregunta vino de una alumna de 1° año de mi colegio, en Inhoaíba, resolví usar a Paulo Freire y partir de lo concreto a lo abstracto. Detuve la clase y cambié el tema a “género y sexualidad” (estábamos estudiando antropología, así que era pertinente). Usé la pregunta de la alumna y a mí mismo como ejemplo.

Le pregunté qué la había llevado a hacer esa pregunta. ¿Cuál era el motivo de la sospecha de mi homosexualidad? La alumna no quiso responder, por miedo a una reacción negativa o hasta agresiva de mi parte, como es bastante común en la sociedad. Pero insistí y comenzó a hablar. Ahí todos los alumnos se interesaron mucho y comenzaron a decir también los motivos de sus sospechas.

Resolví, para ser didáctico, anotar los motivos en el pizarrón para debatirlos uno por uno.
Los motivos, que para ellos son características de mi homosexualidad, fueron los siguientes:

– Una alumna se me había insinuado y yo no hice nada.

– A veces me llevo la mano a la cintura
– Gestos y forma de hablar típicos de homosexual (según sólo 2 chicos)
– No hablo de mis relaciones, novias, ni de mi vida personal, lo que hice el fin de semana, etc. Y los otros profesores sí hablan de eso…
– Soy un profesor joven, moderno, simpático. Esas no son características masculinas.
– Hay otros alumnos que comentan que soy gay
– Soy coqueto, me cuido estéticamente
– Cuando otros alumnos me preguntaron si yo era gay no lo negué agresivamente sino que debatí sobre el asunto. Recién al final dije que no lo era. No probé que era hétero mostrando fotos mías con alguna novia, etc.
– No soy machista
– Tengo 30 años, no me casé y no tengo hijos. Todas las personas de treinta años que ellos conocen ya se casaron y tuvieron hijos. Solo los gays llegan a los 30 sin casarse.
– Tengo amigos gays…

Sí, la lista fue larga (ja,ja,ja) y los incité a decir todo. No es difícil deducir que los presupuestos (que también anoté en el pizarrón) de esos dichos son:

– Hombre que es hombre coquetea con las alumnas, no rechaza a ninguna mujer.
– Hombre que es hombre no pone la mano en la cintura.
– Hombre que es hombre habla de las mujeres que se “levanta”, “prueba” que es hombre a través de fotos con mujeres.
– Profesor hétero no es simpático. La simpatía no es característica masculina.
– Hombre que es hombre no es coqueto.
– Hombre que es hombre niega con vehemencia la homosexualidad, como si fuera un crimen. Y es obvio que un hombre de verdad no debate sobre esas cuestiones, mucho menos usándose a sí mismo como ejemplo.
– Hombre que es hombre es machista. (Como me hubiera gustado que las feministas “línea dura” que me consideran una mierda machista estuvieran en el aula para debatir eso con los chicos jajaja).
– Los hombres de verdad se casan antes de los 30 y tienen hijos antes de esa edad también.

Tal vez usted se pregunte por qué no negué con vehemencia y terminé con el asunto, por qué debatí algo personal con adolescentes de 15 años.

Primero: ¿Cuál es el problema con ser gay? ¿Por qué hay que negar eso con vehemencia? ¿Es un crimen? ¿Es inmoral? No. Ser gay o hétero para mí es como ser de River o ser de Boca. No hay nada de bueno o de malo en ninguno de los dos.

Segundo: Creo que fue la mejor de las oportunidades para debatir un asunto tan delicado y proporcionarles a los alumnos el acceso a otra visión de mundo.

Y… no. No soy gay jajaja, pero quedé impresionado con la visión estrecha de género y sexualidad de adolescentes en pleno 2016, tan limitada y machista. Y me imaginé la feroz represión que los homosexuales sufren día a día.

Por otro lado es comprensible que los alumnos tengan esas concepciones en la cultura en la que están inmersos.
¿Cómo es que tenés 30 años y no te casaste si la chicas tienen hijos a los 15 a veces?
¿Cómo es que no aprovechás cuando una alumna se te tira? Vos solo podés ser puto jajaja

Yo podría resolver fácilmente el “problema” mostrando fotos con alguna mujer con la que estuve pero, ¿por qué me tengo que preocupar por probar mi heterosexualidad como quien prueba su inocencia? ¿Por qué tengo que usar a una mujer como prueba de algo?
Les puede resultar gracioso a muchos leer esto y también lo fue para mí. Mucho, jajajaja Pero a ellos no. Es exactamente lo que ellos piensan. Parecen los años 1940, pero es el 2016.
Precisamos debatir sobre género y sexualidad en las escuelas ¡más que nunca!

¡El machismo oprime también a los hombres ¡no pierdan eso de vista!

PD:
Hoy fui a trabajar con una remera rosa. Los maté… jajajajaja

Fuente: O Tempo

General, Homofobia/ Transfobia. , , , , , , , , ,

“Rubem Alves, el teólogo que escapó del gueto de las iglesias”, por Juan José Tamayo

Viernes, 15 de agosto de 2014

1406417217_489051_1406417606_noticia_normalRubem Alves, teólogo y escritor brasileño. / LUCAS LACAZ (FOLHAPRESS)

El escritor brasileño pensó la religión desde su relación con la poesía y la vida

La muerte del brasileño Rubem Alves el pasado 19 de julio ha teñido de luto a la teología latinoamericana, y muy especialmente a la teología de la liberación, de la que algunos autores le consideran el padre y fue, ciertamente, uno de sus principales iniciadores, junto con otras grandes figuras como José Comblin, José Míguez Bonino, Juan Luis Segundo, Gustavo Gutiérrez, Segundo Galilea y sus compatriotas Hugo Assmann y Leonardo Boff. Su tesis doctoral, Hacia una teología de la liberación humana, publicada con el título de Teología de la esperanza humana, causó un profundo impacto en el panorama filosófico, teológico y científico-social mundial. La editorial Sígueme la publicó en 1973 con el título Cristianismo, ¿opio o liberación? con una presentación del teólogo norteamericano Harvey Cox, autor de la paradigmática obra La ciudad secular, que definía a Alves como un intelectual que sabía “combinar el corazón apasionado y comprometido del Tercer Mundo con una inteligencia refinada” y cuya mente “puede agrupar, como herencia, bajo un solo enfoque, las opiniones de Franz Fanon, Karl Marx, Jürgen Moltmann, Mario Savio, Karl Barth y Paul Lehmann, y enriquecerlos con las ideas de intelectuales latinoamericanos, tal como como Esdras Costra y Paulo Freire”.

¿Se extralimitaba Cox con tal reconocimiento? Creo que no. Alves se convirtió muy pronto en referencia obligada para la elaboración de una teoría crítica de la civilización actual y de la teología, tanto tradicional como moderna, así como un crítico radical de la dictadura brasileña y del fundamentalismo de las iglesias cristianas. Por ambas críticas tuvo que pagar un doble precio: la persecución de la dictadura de su país que le obligó a exiliarse y la expulsión de la Iglesia Presbiteriana, a la que pertenecía. Con todo, fue esta una condena beneficiosa, ya que, según la interpretación de Leopoldo Cervantes-Ortiz, “Alves salió para siempre del gueto de las iglesias para entrar de lleno en el terreno de la imaginación”. Es la experiencia que hemos vivido muchos teólogos y teólogas heterodoxos de nuestras iglesias, que nos ha conducido por los caminos de una teología inclusiva, interreligiosa, intercultural, interétnica e interdisciplinar, que nos ha enriquecido humana y religiosamente y a la que nunca hubiéramos llegado si nos hubiéramos instalado en el regazo eclesiástico materno.

Alves incorpora un nuevo lenguaje a la teología: el del humanismo político, que es el de la esperanza; el de la libertad, que anuncia un ser humano y una comunidad alternativos; el histórico, que habla de los sufrimientos, los gozos y las esperanzas de los hombres; el secular y secularizado, que abandona la metafísica, “lo religioso” y los absolutos eclesiásticos, pero también los absolutos históricos; el iconoclasta, subversivo y de la imaginación, que rechaza los hechos como límite, da nombre a las cosas ausentes, rompe el hechizo de las cosas presentes y abre caminos hacia el futuro. Es, en fin, el lenguaje de la esperanza, que define como “el presentimiento de que la imaginación es más real que la realidad y que la realidad es menos real de lo que parece”. ¡Maravillosa definición!

Alves fue un pensador interdisciplinar que transitó por la teología, la literatura, la filosofía política, el psicoanálisis, las ciencias sociales y la educación. Todas sus obras son un intento, creo que logrado, de construir una teología lúdico-poética-erótica centrada en el cuerpo y en la vida en su dimensión real. El lugar de la teología es la vida cotidiana, no la academia. Teología y vida interactúan. Teología y literatura están en diálogo permanente. Su hablar de Dios y con Dios tiene como principales interlocutores a los poetas y otros autores literarios. Una de sus sugerencias finales fue sustituir la palabra teología por teo-poesía. Creo que habría que atenderla en beneficio de la teología y de la poesía. Solo por eso merece un lugar destacado en ambos lares.

Juan José Tamayo es profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Teología de la liberación en el nuevo escenario político y religioso, Tirant lo Blanch, 2011.

Fuente El País

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General, Iglesia Presbiteriana , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

“El tiempo de las utopías mínimas”, por Leonardo Boff, teólogo y escritor.

Martes, 20 de mayo de 2014

1380364_465389990225736_157890438_nLeído en la página web de Redes Cristianas:

No es verdad que vivamos tiempos pos-utópicos. Aceptar esa afirmación es mostrar una representación reduccionista del ser humano. Este no es solamente un dato que está ahí cerrado, vivo y consciente, al lado de otros seres. También es un ser virtual. Esconde dentro de sí virtualidades ilimitadas que pueden irrumpir y concretarse. Es un ser de deseo, portador del principio esperanza (Bloch), permanentemente insatisfecho y buscando siempre cosas nuevas. En el fondo es un proyecto infinito, en busca de un oscuro objeto que le sea adecuado.

De ese trasfondo virtual es de donde nacen los sueños, los pequeños y grandes proyectos y las utopías mínimas y máximas. Sin ellas el ser humano no vería sentido a su vida y todo sería gris. Una sociedad sin una utopía dejaría de ser sociedad, no tendría un rumbo pues se hundiría en los pantanos de los intereses individuales o corporativos. Lo que ha entrado en crisis no son las utopías, sino cierto tipo de utopía, las utopías maximalistas venidas del pasado.

Los últimos siglos han estado dominados por utopías maximalistas. La utopía iluminista que universalizaría el imperio de la razón contra todos los tradicionalismos y autoritarismos. La utopía industrialista de transformar las sociedades con productos sacados de la naturaleza y de las invenciones técnicas. La utopía capitalista de llevar progreso y riqueza a todo el mundo. La utopía socialista de generar sociedades igualitarias y sin clases. Las utopías nacionalistas bajo la forma de nazifascismo que, a partir de una nación poderosa, con “raza pura”, rediseñaría la humanidad, imponiéndose a todo el mundo. Actualmente la utopía de la salud total, gestando las condiciones higiénicas y medicinales, que busca la inmortalidad biológica o la prolongación de la vida hasta la edad de las células (cerca de 130 años). La utopía de un único mundo globalizado bajo la égida de la economía de mercado y de la democracia liberal. La utopía de los ambientalistas radicales que sueñan con una Tierra virgen y con el ser humano totalmente integrado en ella, y otras.

Estas son las utopías maximalistas. Proponían lo máximo. Muchas de ellas fueron impuestas con violencia o generaron violencia contra sus opositores. Tenemos hoy suficiente distancia en el tiempo para confirmar que estas utopías maximalistas frustraron al ser humano. Entraron en crisis y perdieron su fascinación De ahí que hablemos de tiempos pos-utópicos. Pero pos se refiere a este tipo de utopía maximalista. Ellas dejaron un rastro de decepción y de depresión, especialmente, la utopía de la revolución absoluta de los años 60-70 del siglo pasado, como la cultura hippy y sus derivados.

Pero la utopía permanece porque pertenece al espíritu humano. Hoy la búsqueda se orienta hacia las utopías minimalistas, aquellas que, al decir de Paulo Freire, realizan lo “posible viable”, hacen a la sociedad “menos malvada y menos difícil el amor”. Se nota por todas partes la urgencia latente de utopías de simple mejora del mundo. Todo lo que nos entra por las muchas ventanas de la información nos lleva a sentir que el mundo no puede continuar así como está. Cambiar, y si no se puede cambiar, por lo menos mejorar.

No puede continuar la absurda acumulación de riqueza como jamás la hubo en la historia (85 más ricos tienen ingresos equivalentes a los de 3.570 millones de personas, como denunciaba la ONG Oxfam Intermón en enero de este año en Davos). Para ellos, el sistema económico-financiero no está en crisis; al contrario, ofrece oportunidades de acumulación como nunca antes en la historia devastadora del capitalismo. Hay que poner un freno a la voracidad productivista que asalta los bienes y servicios de la naturaleza con vistas a la acumulación y produce gases de efecto invernadero que alimentan el calentamiento global, que si no se detiene, puede producir un armagedón ecológico.

Las utopías minimalistas, a decir verdad, son aquellas que vienen siendo implementadas por el gobierno actual del PT y sus aliados con base popular: garantizar que el pueblo coma dos o tres veces al día, pues el primer deber de un Estado es garantizar la vida de sus ciudadanos. Esto no es asistencialismo sino humanitarismo en grado cero. Son los proyectos “mi casa-mi vida”, “luz para todos”, el aumento significativo del salario mínimo, el “Prouni” que permite el acceso a los estudios superiores a estudiantes socialmente menos favorecidos, los “puntos de cultura” y otros proyectos populares que no cabe aquí enumerar.

A nivel de las grandes mayorías son verdaderas utopías mínimas viables: recibir un salario que cubra las necesidades de la familia, tener acceso a la salud, mandar los hijos a la escuela, conseguir un transporte colectivo que nos les robe tanto tiempo de vida, contar con servicios sanitarios básicos, disponer de lugares de ocio y de cultura y una pensión digna para enfrentarse a los achaques de la vejez.

La consecución de estas utopías minimalistas crea la base para utopías más altas: aspirar a que los pueblos se abracen en la fraternidad, que no guerreen entre sí, que se unan todos para preservar este pequeño y bello planeta Tierra, sin el cual ninguna utopía maximalista o minimalista puede ser proyectada. El primer oficio del ser humano es vivir libre de necesidades y gozando un poco del reino de la libertad. Y al final poder decir: “valió la pena”.

Leonardo Boff escribió: Virtudes para otro mundo posible, 3 vol., Sal Terrae 2005.

Traducción de MJ Gavito Milano

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