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“Velemos – San Lucas 12, 32-48 – ”, por Joseba Kamiruaga Mieza

domingo, 10 de agosto de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

¡No temáis, pequeño rebaño!

La palabra fuerte y tranquilizadora de Jesús nos alcanza en este momento conflictivo y violento, quejumbroso y banal, resignado y despreocupado, y nos ayuda a orientar la vida, a devolverle sentido, vigor y esperanza.

¡No temáis, pequeño rebaño!

Sí, somos un pequeño rebaño, somos pocos, pero elegimos tener un solo pastor, el pastor hermoso que sabe adónde llevarnos, que, a diferencia de los mercenarios, se interesa por nosotros por lo que somos, no por lo que producimos. 

¡No temáis, pequeño rebaño!

No tengamos miedo, aunque nos cueste (¡cuánto!) no perder la esperanza. Pero confiamos, tenemos fe, como el padre Abraham, como Sara, porque nos hemos descubierto amados, y hemos elegido amar.

La confianza nace de la experiencia: hemos conocido cuánto nos ama el Señor Jesús.

Sabemos que ha dado su vida por nosotros. Porque Dios ama con un amor libre y liberador, vital y vivificante, concreto y cotidiano.

No debemos temer porque al Padre le ha complacido regalarnos el Reino.

Nos ha sido regalado, donado, sin condiciones, gratuitamente.

Porque Dios es así: da. Y se da a sí mismo.

El Reino está donde Dios reina, donde mora su presencia de luz y paz.

Pero para darnos cuenta de su presencia, para no dejarnos abrumar por el miedo, para descubrir realmente que el Reino está entre nosotros, que ya está aquí, debemos vivir como personas libres y debemos velar.

Buenos administradores

Hagamos cuentas, con serenidad y seriedad.

Veamos qué vale la pena vivir, dónde estamos invirtiendo tiempo y energía, recursos y cualidades en nuestra vida. Si el Evangelio es solo un apéndice (sano y santo) dentro de nuestra vida cotidiana o si, por el contrario, ha cambiado nuestra forma de ver las cosas.

El tiempo que estamos viviendo es un tiempo intermedio, en espera de que vuelva el Señor de la gloria.

A nosotros, aquí y ahora, Dios nos confía la gestión del Reino, para hacerlo presente, para vivir como hijos de Dios. Nuestras comunidades se convierten entonces en sucursales del Reino, páginas publicitarias de la nueva humanidad porque está reconciliada, profecía de un mundo nuevo.

Aunque no seamos capaces, aunque no seamos dignos, aunque cojeemos.

Por eso hacemos sinodalidad: para preguntarnos con franqueza evangélica si la forma en que anunciamos es la mejor forma, hoy, de hablar de Dios. 

Estad preparados 

Estad preparados, advierte Jesús.

Listos para viajar, listos para cuestionar todo resultado, toda certeza, más aún si proviene de la fe y la religiosidad. Si hemos comprendido que nuestro corazón está hecho para el infinito y buscamos el infinito, estemos dispuestos a buscarlo infinitamente.

Es la actitud saludable del discípulo, la conciencia del «ya sí y todavía no».

Ya conozco a Dios, pero todavía no lo poseo.

Ya he vivido una experiencia afectiva maravillosa, pero sé que ningún amor llena mi corazón definitivamente.

Ya he descubierto, a la luz del Evangelio, cuánta gracia y luz interior llenan el corazón, pero aún vivo momentos de desánimo y oscuridad.

Ya he comprendido quién soy, pero aún no sé quién seré.

Una tensión sana, hermosa, que nos lleva a lo esencial, que nos separa de la pesadez de la cotidianidad, que nos devuelve al realismo. 

Estad preparados, nos pide el Maestro. Y nosotros velamos en la noche.

Esta noche de la Historia. Cada noche. Escudriñando el Oriente, esperando la aurora.

¡Cuánta fe nos pides, Señor! 

Nómadas

Como Israel, cuyas hazañas, enfatizadas y mitificadas, leemos, también nosotros estamos llamados a salir de la esclavitud, de toda esclavitud, para aprender, en el desierto, a confiar en Dios. Esclavos de la idea que tenemos de nosotros mismos, esclavos y preocupados por la imagen que debemos dar a los demás, esclavos de las falsas necesidades que nos suscita la publicidad, podemos redescubrir, a la luz de la Palabra, que o el hombre es buscador o no es, o el hombre es mendigo o no es. O el hombre está en camino interior o no es.

Que la vida, que toda vida, es una liberación interior progresiva.

¡Cuánta fe nos pides, Señor!

Abraham escucha su voz interior.

No es un joven presa de delirios místicos: es un hombre realizado, no abrumado por pasiones impetuosas. Es un hombre probado por la vida, desilusionado y que, sin embargo, siente una llamada irrefrenable hacia la interioridad. «Ve», siente en su corazón, «ve a ti mismo».

¡Loco Abraham, que dejará todas sus certezas y su papel social para seguir un instinto interior, para reencontrarse a sí mismo! Y este gesto suyo será inmensamente fecundo: él es el padre de todos los que buscan a Dios.

Ve a ti mismo, amigo, hermano, descúbrete viajero, en serio.

Aunque pienses que has vivido lo suficiente, o que has sufrido demasiado, o que has tomado tus decisiones.

Todos somos extraordinariamente libres, capaces de emprender nuevos caminos incluso cuando todo parece decidido, erróneo, inamovible.

Ve a ti mismo. 

La espera

La vida se convierte entonces en una espera inquieta (y feliz), la espera del regreso, la espera del encuentro con el amo que vuelve de la boda.

Espera: mi vida, tu vida es espera.

De un sentido, de superar tu dolor, de la clave para comprender tu vida, de una persona a quien amar, de un hijo a quien abrazar y besar, de un mundo mejor, de la luz infinita que ilumine tus miedos, de Dios.

Espera.

El hombre es el único ser vivo capaz de esperar, de velar, de insistir, de creer.

Por la noche, a menudo, en el largo y denso silencio de la noche, sentimos crecer nuestra fe, abandonarse nuestro corazón, comprendemos lo que es esencial para nosotros. Por la noche, como centinelas que esperan el amanecer, nos convertimos en creyentes, en discípulos.

Cuando las rodillas tiemblan, cuando el cansancio es grande, cuando nos parece que no podemos esperar, cuando la desesperación presiona la puerta del corazón, podemos mirar a los testigos, mirar a los padres de la fe, a los muchos, a los muchísimos que, como nosotros, creyeron en la noche y vieron la luz, al fin.

La fe es este misterioso ya y todavía no, este silencio ensordecedor, esta noche luminosa.

Velemos, pues.

Amados. Amando.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo 10 de agosto de 2025

 

1.- El servicio es la clave para entrar en el Reino.

2.- Y el amo se pone a servirnos a nosotros, pobres siervos.

3.- Preparaos para el encuentro con un Dios que se inclina hacia el hombre.

4.- Dios está al servicio de nuestra felicidad.

5.- La belleza de un Dios que se hace siervo.

6.- Donde está tu tesoro, allí está tu corazón.

7.- Velemos – San Lucas 12, 32-48 –.

 ***

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Transfiguración del Señor

miércoles, 6 de agosto de 2025
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Del mismo modo que el episodio de la transfiguración prepara en el evangelio a los apóstoles para entrar en la comprensión del misterio de la pasión-muerte de Jesús, así también en la Iglesia, casi con el mismo propósito, se celebra la fiesta de la Transfiguración cuarenta días antes de la correspondiente a la Exaltación de la Cruz. La fiesta de la Transfiguración ya aparece desde el siglo V en el calendario de la liturgia oriental para recordar la subida de Jesús al monte Tabor con Pedro, Santiago y Juan, testigos privilegiados de su gloria. El episodio está atestiguado de manera concorde por los evangelios sinópticos. La fiesta se difundió rápidamente también en la Iglesia romana, pero no fue  introducida oficialmente hasta el año 1457, con ocasión de una victoria obtenida contra los turcos.

LECTIO

1ª lectura:

Su vestido era blanco como nieve

Lectura de la profecía de Daniel 7, 9-10. 13-14

Miré y vi que colocaban unos tronos. Un anciano se sentó. Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas; un río impetuoso de fuego brotaba y corría ante él. Miles y miles lo servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros.

Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.

A él se le dio poder, honor y reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron. Su poder es un poder eterno, no cesará. Su reino no acabará.

*

Al profeta se le revela, en una visión nocturna, el designio de Dios sobre la historia. Ve la sucesión de los grandes imperios y de sus violentos dominadores (7,2-8), mas este espectáculo de la altivez humana se interrumpe: a Daniel se le ha concedido contemplar los acontecimientos desde el punto de vista del Señor de la historia. Él es el Juez omnipotente {cf. v. 10), que conoce y valorará definitivamente la obra de los hombres, pero es también alguien que interviene en el tiempo para rescatarlo: en efecto, a los reinos terrenos se contrapone el Reino que el «Anciano» confía a la obra de un misterioso «Hijo de hombre» que viene sobre las nubes (vv. 13ss). El autor sagrado indica así que este personaje es un hombre, aunque es de origen divino, celeste.

Ya no se trata del Mesías davídico esperado para restaurar con poder el Reino de Israel, sino de su transfiguración sobrenatural: el Hijo del hombre inaugurará un Reino que, aunque se inserta en el tiempo, «no es de este mundo» (Jn 18,36).

Éste triunfará al final sobre los imperialismos mundanos, llevando la historia a su cumplimiento escatológico. Entonces «los santos del Altísimo» participarán plenamente en la soberanía del Hijo del hombre y constituirán una sola cosa con él y en él (Dn 7,18.22.27). Con esta figura bíblica se identificará Jesús a menudo en su predicación y, en particular, en la hora decisiva del proceso ante el Sanedrín que le condenará a morir en la cruz.

***

Salmo

Sal 96, 1-2. 5-6. 9

R. El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra.

El Señor reina,
la tierra goza, se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R.

Los montes se derriten como cera ante el Señor,
ante el Señor de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R.

Porque tú eres, Señor,
Altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R.

***

Segunda lectura:

2 Pedro 1,16-19

Queridos:

Cuando os dimos a conocer la venida del poder de nuestro Señor Jesucristo, no lo hicimos inspirados por fantásticas leyendas, sino porque fuimos testigos oculares de su grandeza.

Él recibió, en efecto, honor y gloria de Dios Padre cuando se escuchó sobre él aquella sublime voz de Dios: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Y ésta es la voz, venida del cielo, que nosotros escuchamos cuando estábamos con él en el monte santo.

Tenemos también la palabra de los profetas, que es firmísima, y hacéis bien en dejaros iluminar por ella, pues es como una lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que despunte el día y el lucero matutino se alce en vuestros corazones.

*

Pedro y sus compañeros han contemplado la grandeza de Jesús, han oído la voz celestial que le proclamaba Hijo predilecto, por eso se reconocen portadores de una gracia mayor que la de los profetas. En efecto, pueden confirmar por experiencia personal la veracidad de las profecías a las que Jesús da cumplimiento. La palabra del Antiguo Testamento, sin embargo, no ha agotado su tarea de «lámpara que alumbra en la oscuridad» (v. 19): deberá seguir siempre alumbrando los pasos de los creyentes que avanzan en medio de las tinieblas de la historia hasta el día sin ocaso de la venida de Cristo en la gloria {cf. v. 19). En este camino, la visión radiante de Jesús transfigurado, que los apóstoles nos atestiguan, sostiene nuestra fe y enciende de deseo nuestra esperanza: el «lucero de la mañana» se alza ya en el corazón de quien vela expectante.

***

Aleluya Mt 17, 5c
R. Aleluya, aleluya, aleluya
Este es mi Hijo, el amado,
en quien me complazco.
Escuchadlo
. R.

***

Evangelio:

Este es mi Hijo, el amado

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, subió aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les parecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús:

«Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

No sabía qué decir, pues estaban asustados.

Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube:

«Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.

Esto se les quedo grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.

*

El relato de Marcos tiene una connotación particular de absolutidad que no admite matices de componendas. Absoluta es la exigencia de soledad, de separación del contexto habitual (v. 2b); absoluto es el contraste entre el aspecto de Jesús, contemplado por los tres apóstoles, y la experiencia común (v. 3). Las figuras de Moisés y Elías evocan asimismo una decisión neta y radical: en virtud de su excepcional experiencia en el Horeb/Sinaí y de la fe vivida integralmente, eran esperados, respectivamente, como el profeta (Moisés) que viene a introducir al Profeta definitivo, y como el precursor del Mesías (Elias, cf. v. 11).

El discípulo se da cuenta de su propia inadecuación. Las palabras de Pedro no son disparatadas: probablemente, el acontecimiento tuvo lugar el séptimo día de la fiesta de las Chozas, durante la cual vivía la gente en tiendas hechas con ramas; aunque, a buen seguro, la realidad de la que es testigo la supera infinitamente. El Maestro aparece como el cumplimiento de las expectativas de Israel, y mucho más: es el Hijo amado, como declara la voz que sale de la nube de la Presencia de YHWH. Y la invitación que sigue no deja lugar a la duda: «Escuchadlo» (v. 7). La palabra de Jesús tenía, por consiguiente, el peso de la autoridad divina cuando, pocos días antes, había predicho de manera abierta su  crucifixión y la había propuesto a los discípulos como camino necesario (8,31.34-37). Ahora bien, si esta exigencia de adhesión absoluta a la palabra y a la misma persona de Jesús trae consigo la perdición de nosotros mismos, ofrece también la promesa de la vida verdadera en el Reino de Dios (8,35). La promesa de algo cuya realización se entrevé en el monte de la transfiguración y de lo que Pedro, Santiago y Juan pregustan el cumplimiento en la belleza que irradia del rostro de Jesús.

***

MEDITATIO

Existe una llama interior que arde en las criaturas y canta su pertenencia a Dios, y gime por el deseo de él.

Existe un hilo de oro sutil que une los acontecimientos de la historia en la mano del Señor, a fin de que no caigan en la nada, y los conectará finalmente en un bordado maravilloso. El rostro de Cristo está impreso en el corazón de cada hombre y le constituye en amado de Dios desde la eternidad. Y están, a continuación, nuestros pobres ojos ofuscados…, acostumbrados a dispersarse en la curiosidad epidérmica e insaciable, trastornados por múltiples impresiones; nosotros no sabemos ya orientar la mirada al centro de cada realidad, a su fuente. Nos volvemos incapaces de asumir la mirada de Dios sobre las cosas, porque nuestra lógica y nuestra práctica se orientan en dirección opuesta a la suya, en su esfuerzo por no perder nuestra vida, por no tomar nuestra cruz. Sólo cuando Jesús nos deja entrever algo de su fulgurante misterio nos damos cuenta de nuestra habitual ceguera.

La luz de la transfiguración viene a hendir hoy, si lo queremos, nuestras tinieblas. Ahora bien, debemos acoger la invitación a retirarnos a un lugar apartado con Jesús subiendo a un monte elevado, es decir, aceptar la fatiga que supone dar los pasos concretos que nos alejan de un ritmo de vida agitado y nos obligan a prescindir de los fardos inútiles. Si fuéramos capaces de permanecer un poco en el silencio, percibiríamos su radiante Presencia. La luz de Jesús en el Tabor nos hace intuir que el dolor no tiene la última palabra. La última y única Palabra es este Hijo predilecto, hecho Siervo de YHWH por amor. Escuchémoslo mientras nos indica el camino de la vida: vida resucitada en cuanto dada. Escuchémoslo mientras nos indica con una claridad absoluta los pasos diarios. Escuchémoslo mientras nos invita a bajar con él hacia los hermanos. Entonces el lucero de la mañana se alzará en nuestros corazones e, iluminando nuestra mirada interior, nos hará vislumbrar -en la opacidad de las cosas, en la oscuridad de los acontecimientos, en el rostro de cada nombre- a Dios «todo en todos», eterna meta de nuestra peregrinación en el tiempo.

  ORATIO

Jesús, tú eres Dios de Dios, luz de luz. Nosotros lo creemos, pero nuestros ojos son incapaces de reconocer tu belleza en las humildes apariencias de que te revistes.

Purifica, oh Señor, nuestros corazones, porque sólo a los limpios de corazón has prometido la visión de Dios.

Concédenos la pobreza interior que nos hace atentos a su Presencia en la vida diaria, capaces de percibir un rayo de tu luz hasta en los lugares donde todo aparece oscuro e incomprensible. Haznos silenciosos y orantes, porque tú eres la Palabra salida del silencio que el Padre nos pide que escuchemos. Ayúdanos a ser tus verdaderos discípulos, dispuestos a perder la vida cada día por ti, por el Evangelio; haz crecer tu amor en nosotros para ser contigo siervos de los hermanos y ver en cada hombre la luz de tu rostro.

CONTEMPLATIO

Antes de tu cruz preciosa, antes de tu pasión, tomando contigo a los que habías elegido entre tus sagrados discípulos, subiste al monte Tabor, oh Soberano, queriendo mostrarles tu gloria. Y ellos, al verte transfigurado y más resplandeciente que el sol, caídos rostro en tierra, se quedaron atónitos frente a la soberanía, y aclamaban: «Tú eres, oh Cristo, la luz sin tiempo y la irradiación del Padre, aunque, voluntariamente, te hagas ver en la carne, permaneciendo inmutable».

Tú, Dios Verbo, que existes antes de los siglos, tú que te revistes de luz como de un manto, transfigurándote delante de tus discípulos, oh Verbo, refulgiste más que el sol. Estaban junto a ti Moisés y Elías, para indicar que eres el Señor de vivos y de muertos y para dar gloria a tu economía inefable, a tu misericordia y a tu gran condescendencia, por la que salvaste al mundo, que se perdía por el pecado.

Nacido de nube virginal y hecho carne, transfigurado en el monte Tabor,  Señor, y envuelto por la nube luminosa, mientras estaban contigo tus discípulos, la voz del Padre te manifestó distintamente como Hijo amado, consustancial y reinante con él. De ahí que Pedro, lleno de estupor, exclamara: «¡Qué bien estamos aquí!», sin saber lo que decía, oh misericordiosísimo Benefactor (Anthologhion di tutto l’anno, Roma 2000, IV, pp. 871ss).

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: «A tu luz vemos la luz» (Sal 35,10).

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Puedes leer de nuevo el texto que viene en la Migaja Espiritual precedente de J. Corbon, …

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Biblia, Espiritualidad

La Transfiguración: Una lectura desde el pensamiento de Monseñor Romero

miércoles, 6 de agosto de 2025
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Mauricio Manzano*

El viernes 05 de agosto se celebró la misa en el atrio de catedral en honor al Divino Salvador del Mundo. En la tarima principal se encontraban autoridades religiosas y políticas, muchas personas portaban poster y camisas con el rostro sonriente de Monseñor Romero. En este contexto litúrgico un amigo me pregunto ¿Cómo entendía Romero la Transfiguración? Algunas reflexiones.

En Teología, la transfiguración indica la transformación experimentada por Jesús en el Monte Tabor ante la presencia de Pedro, Juan y Santiago. Con la aparición de Elías y Moisés, el relato fue de gran importancia para las primeras comunidades cristianas que fue plasmando en tres evangelios: Mateo 17,1-9, Marcos 9, 2-10 y Lucas 9,28.36.

Este relato de la Trasfiguración de Jesús impactó profundamente a Romero, sus acciones se pueden leer a la luz de éste. Para él, la Teología de la Trasfiguración abarca y trasciende todo, de esta Gran Teología se derivan tres teologías que se vislumbran en sus escritos: la teología sobre Cristo, la teología antropológica y la teología eclesial. Para Romero la transfiguración es una transformación, implica un cambio de forma y de fondo de las personas, de la iglesia y de las estructuras sociales injustas.

Ciertamente, el principio y fundamento de la vida de Romero fue Jesús. Como el niño va formando su símbolo en base al juego y a la imitación, Romero fue configurándose con Jesús en base a la oración, al discernimiento y la contemplación. Tanto en su diario espiritual como en sus homilías, en el centro ubica la figura de Jesús quien fue su referencia de imitación y seguimiento. Para Romero, Jesús no era una divinidad abstracta alejada de la historia, en la humanidad de Jesús percibía su divinidad.

Sin una pizca de ingenuidad, Romero sabía que esta concepción, seguimiento e imitación de Jesús no estaban exentos de conflictos; en una homilía lo expreso:Cristo es piedra de escándalo, por eso a mí me hacen un inmenso honor cuando me rechazan porque me parezco un poquito a Jesucristo, que también fue piedra de escándalo…” (Hom. 12/08/1978). La teología cristológica de Romero consiste en hacer de Jesús el fundamento más profundo de su vida y, desde esa concepción cristológica, se logra comprender su amor por los pobres y su pasión por la justicia. Sabía que la transfiguración en Jesús, en ocasiones, pasa por el calvario de la cruz, y lo asumió.

También Romero tenía claro que no hay transformación auténtica sin conversión personal. Para Romero la fe en Jesús lleva implícito la exigencia de una transformación humana. Un cambio de estructura si no pasa por un cambio de la persona no sirve de nada, dice Romero, en una homilía, dejando claro que la trasfiguración social demanda un cambio personal:

Yo creo, queridos hermanos … que nosotros, los cristianos, somos los llamados a ofrecer a la historia del Continente latinoamericano, los hombres nuevos que los obispos señalaron allá en Medellín cuando dijeron: ‘De nada sirve cambiar estructuras económicas, sociales, políticas, de nada sirven estructuras nuevas si no hay hombres nuevos’. Y los hombres nuevos, los hombres renovados, son aquellos que con su fe en la resurrección de Jesucristo hacen suya toda esta grandiosa Teología de la Transfiguración (Hom. 02/03/ 1980).

Por último, la iglesia transfigurada de Romero es una iglesia encarnada e identificada con los más vulnerables.

Son cuatro cartas pastorales las que escribió, y es significativo que tres de ellas fueron publicadas en el contexto de la fiesta de la trasfiguración de Jesús. Y en las cuatro cartas aparece la convicción de una Iglesia encarnada e identificada con los sufrimientos de los pobres. Incluso, algunos testimonios afirman que adrede detuvo la construcción de la catedral, argumentando que una iglesia de lujo era una ofensa para muchos feligreses que vivían en casas de cartón y lámina.

La misión de la iglesia lleva implícita un mensaje de redención y trasformación de las estructuras injustas,el reto amoroso de la transfiguración de Cristo a los salvadoreños: la transfiguración de nuestro pueblo, afirmó el obispo mártir. Y la Iglesia debe ser imagen y testimonio de trasformación.

A Romero se le dio la gracia de entrar al corazón de su Referente y conocer la justicia que lo habitaba y con todos los riesgos que suponía se aferró a ello. Esto era peligroso, sin duda. Para Romero, Cristo fue su principio y fundamento. Una de las causas por las que asesinan a Jesús es por su pretensión de asimilarse a Dios (Marcos 15,2); podemos decir de Romero que una de las causas por lo que es asesinado es por su pretensión de asimilarse a Jesús.

Para Romero, la transfiguración es una transformación que implica un cambio de forma y de fondo de las personas, de la iglesia y de las estructuras sociales injustas. Estaba convencido que este mundo es posible pero transfigurado, es decir, si los que lo habitan, en unidad, se comprometen a realizar una trasformación estructural de la sociedad, más justa, solidaria e inclusiva, que ponga en el centro al ser humano de manera integral, especialmente a los más pobres.

Año con año, el pueblo salvadoreño sigue celebrando la transfiguración de Jesús como parte de su identidad religiosa y cultural. Romero llamó a comprometerse con la transformación. Sus palabras deben seguir inspirando esta tarea que hoy por hoy sigue siendo la mayor deuda de la sociedad salvadoreña, y sobre todo de aquellos y aquellas que un día la propugnaron como la razón de ser de sus vidas.

*Catedrático e investigador de la Universidad Luterana Salvadoreña

Fuente Universidad Luterana Salvadoreña

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¿Qué le importa a Dios y cómo podemos enriquecernos con ello?

lunes, 4 de agosto de 2025
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La reflexión de hoy es de Jeromiah Taylor, coordinador de contenido digital de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el 18º Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

“Así será para todos los que atesoran para sí mismos, pero no son ricos en lo que importa a Dios.”

Esta última línea del pasaje del Evangelio de hoy en la Misa plantea una pregunta más amplia: ¿qué le importa a Dios y cómo nos enriquecemos en ello?

Creo que las secciones del leccionario de hoy sugieren que las prioridades de Dios tienen algo que ver con el “nuevo ser” al que alude San Pablo en la segunda lectura de hoy. Parece verlo como algo que nos “revestimos” después de haber muerto, escondidos en Cristo. Algo renovado a imagen de su Creador.

Para los católicos queer, ser renovados a imagen de nuestro Creador podría significar vivir en honor a la vida que se nos ha dado. O aceptar nuestra dignidad, belleza y bondad como las huellas de las manos de nuestro Creador en la suave arcilla de nuestros cuerpos. San Pablo añade que las divisiones humanas que desgarran nuestro viejo ser son disueltas por Cristo, quien es todo y en todos.

Nacer en nuestro nuevo yo lleva tiempo y, creo, es probablemente un proceso recurrente. Desafortunadamente, también requiere que muramos muchas veces. Pero cada vez que lo hacemos, más de Él crece en nosotros y nosotros en Él. No debemos preocuparnos por hacerlo mal o por que nuestro nuevo yo nazca muerto. El salmo responsorial nos insta a no endurecer nuestros corazones al escuchar la voz de Dios. En otras palabras, cuando escuchamos un llamado a ser nuevos, es una invitación amorosa, hacia la cual solo debemos dar un paso a la vez.

Cada lectura de esta semana se refiere a la fragilidad humana. La primera lectura, del Eclesiastés, la llama vanidad. El salmista la llama un corazón endurecido. San Pablo la llama el viejo yo. Jesús la llama necedad. Todas estas definiciones equivalen a valorar las cosas equivocadas y también a falta de confianza o de disposición a la entrega. Nos advierten contra confiar en nuestros propios recursos para evitar amenazas a nuestra seguridad, especialmente si leemos los demás pasajes bíblicos que rodean la selección del Evangelio de hoy en Lucas 12. Estos incluyen varias parábolas que enfatizan una visión matizada del conocimiento, la culpabilidad y la responsabilidad: haber sabido más y haber elegido peor.

El mensaje principal es que las ansiedades humanas son fútiles y moralmente trágicas.

Nuestra tarea no es construir defensas, sino escuchar el llamado de Dios. Un Dios que nos llama a todos, incluyendo a los católicos queer, a una mayor confianza en Él, a una mayor intimidad con Él y a una fiel aceptación de nuestra condición de amados, del hecho de que Él tiene contados los cabellos de nuestra cabeza. La visión que Dios tiene del mundo nos mantiene en una gran red de la que todos somos miembros valiosos. Donde no estamos en un terreno hostil, un mundo que debe ser negociado o superado, sino más bien contenidos en una red de amor. Ser amados es nuestra identidad, nuestra naturaleza y nuestro destino.

Las escrituras litúrgicas de hoy nos instan a no aceptar nada menos que aquello para lo que fuimos creados: un ecosistema personal de amor perdurable, superior a su parte e imbuido de buena voluntad mutua. Las dos alternativas inferiores que se presentan en sus lecturas son la avaricia y la división.

Como católicos queer, no renunciemos a ninguno de estos identificadores. No renunciemos a ser «católicos» sucumbiendo a la mundanalidad espiritual, ni renunciemos a ser «queer» sometiéndonos a las divisiones que desgarran los límites de nuestro «viejo yo». En cambio, proclamemos el amor de Dios por todos celebrando su amor por nosotros.

Amén.

—Jeromiah Taylor, Ministerio New Ways, 3 de agosto de 2025

Fuente New Ways Ministry

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“De manera más sana”. 18 Tiempo ordinario – C (Lucas 12,13-21)

domingo, 3 de agosto de 2025
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«Túmbate, come, bebe y date una buena vida»: esta consigna del hombre rico de la parábola evangélica no es nueva. Ha sido el ideal de no pocos a lo largo de la historia, pero hoy se vive a gran escala y bajo una presión social tan fuerte que es difícil cultivar un estilo de vida más sobrio y sano.

Hace tiempo que la sociedad moderna ha institucionalizado el consumo: casi todo se orienta a disfrutar de productos, servicios y experiencias siempre nuevas. La consigna del bienestar es clara: «Date una buena vida». Lo que se nos ofrece a través de la publicidad es juventud, elegancia, seguridad, naturalidad, poder, bienestar, felicidad. La vida la hemos de alimentar en el consumo.

Otro factor decisivo en la marcha de la sociedad actual es la moda. Siempre ha habido en la historia de los pueblos corrientes y gustos fluctuantes. Lo nuevo es el «imperio de la moda», que se ha convertido en el guía principal de la sociedad moderna. Ya no son las religiones ni las ideologías las que orientan los comportamientos de la mayoría. La publicidad y la seducción de la moda están sustituyendo a la Iglesia, la familia o la escuela. Es la moda la que nos enseña a vivir y a satisfacer las «necesidades artificiales» del momento.

Otro rasgo que marca el estilo moderno de vida es la seducción de los sentidos y el cuidado de lo externo. Hay que atender al cuerpo, la línea, el peso, la gimnasia y los chequeos; hay que aprender terapias y remedios nuevos; hay que seguir de cerca los consejos médicos y culinarios. Hay que aprender a «sentirse bien» con uno mismo y con los demás; hay que saber moverse de manera hábil en el campo del sexo: conocer todas las formas de posible disfrute, gozar y acumular experiencias nuevas.

Sería un error «satanizar» esta sociedad que ofrece tantas posibilidades para cuidar las diversas dimensiones del ser humano y para desarrollar una vida integral e integradora. Pero no sería menos equivocado dejarnos arrastrar frívolamente por cualquier moda o reclamo, reduciendo la existencia a puro bienestar material. La parábola evangélica nos invita a descubrir la insensatez que se puede encerrar en este planteamiento de la vida.

Para acertar en la vida no basta pasarlo bien. El ser humano no es solo un animal hambriento de placer y bienestar. Está hecho también para cultivar el espíritu, conocer la amistad, experimentar el misterio de lo trascendente, agradecer la vida, vivir la solidaridad. Es inútil quejarnos de la sociedad actual. Lo importante es actuar de manera inteligente.

José Antonio Pagola

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“Lo que has acumulado, ¿de quién será?”. Domingo 03 de agosto de 2025. 18º domingo del Tiempo Ordinario.

domingo, 3 de agosto de 2025
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Leído en Koinonia:

Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23: ¿Qué saca el hombre de todos los trabajos?
Salmo responsorial: 89: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Colosenses 3, 1-5. 9-11: Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo.
Lucas 12, 13-21: Lo que has acumulado, ¿de quién será?.

La 1ª lectura nos enfrenta con preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. El Eclesiastés pertenece a un grupo de libros que llamamos sapienciales. La “sabiduría” es un amplio concepto que puede englobar desde la habilidad manual de un artesano hasta el arte para desenvolverse en la sociedad, la madurez intelectual… representa una actitud de personas y pueblos cuya finalidad es encontrar respuestas a los grandes interrogantes y misterios de la existencia humana.

Podemos calificar de contestatario al autor del Eclesiastés. Es una voz escéptica y crítica, disidente frente a la tradición sapiencial que confía ilimitadamente en las posibilidades de la razón y sabiduría humanas. El sabio Qohélet es un autor, por lo menos, desconcertante. La pregunta que mueve toda la reflexión de su libro es ésta: “¿Qué provecho saca el hombre de todos los afanes que persigue bajo el sol?” (1,3) y su respuesta: vanidad de vanidades (se puede traducir también por vaciedad, sin sentido…) todo es vanidad (1,2.17; 2,1.11. 17. 20. 23. 26; 12,8)

Éste parece un libro muy poco religioso. ¿Cómo se nos propone a los cristianos este libro, como Palabra de Dios, con esa respuesta tan materialista, tan poco optimista…? O esta otra conclusión: “la felicidad consiste en comer, beber y disfrutar de todo el trabajo que se hace bajo el sol, durante los días que Dios da al hombre, pues esa es su recompensa” (5,17) es como decir vulgarmente “comamos y bebamos, que mañana moriremos…”

El autor recorre a lo largo de su libro todas las esferas del ámbito humano: trabajo, riqueza, dolor, alegría, decepciones, religión, justicia, sabiduría, ignorancia, el tiempo, la muerte… buscando respuesta a su pregunta. Hagamos lo que hagamos en nuestra vida, al final el destino es el mismo para todos los hombres: la muerte, ¿la nada? Es una pregunta seria ¿qué pintamos aquí, en la tierra? ¿para qué vivir, trabajar, luchar, amar, pensar, esforzarnos en la ecología, la educación, la política, los derechos humanos…? Breve es nuestra vida sobre la tierra (Sab 2,1), la mayor parte de nuestra vida es fatiga inútil, que pasa aprisa y vuela (Salmo 89, 10). La experiencia humana es como “atrapar vientos” una tarea inútil y decepcionante. Viene a nuestra mente aquella otra frase evangélica: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero…?”.

Con el autor, el lector sigue con fruición ese recorrido por la existencia humana, por el devenir Por mucho que nos afanemos, nada nos vamos a llevar…

En la época del destierro se empezó a desarrollar la teoría de la retribución personal y del destino individual: el pueblo elegido profesaba una doctrina de retribución colectivista: la bondad o maldad de un individuo tenía repercusiones en el grupo y en los descendientes. En el contexto del exilio estas ideas van cambiando: cada persona recibía en vida la recompensa adecuada a su conducta (2Re 14, 5-6; Jer 31, 29-30; Ez 18, 2-3. 26-27). Sin embargo, la experiencia desmentía este principio. Después del destierro este problema ocupa un puesto primordial en la reflexión sapiencial, y no resulta fácil encontrar una respuesta adecuada. El libro de Job refleja vivamente este drama, apuntando distintas soluciones, pero ninguna definitiva ni convincente: Job es invitado a entrar en el misterio de Dios y desde ahí poder relativizar su dolor, su desesperación y pretensiones. Qohelet se hace eco del mismo escándalo y lo amplía: aún suponiendo que el justo siempre recibiera bienes, tal recompensa no es proporcional al esfuerzo que pone el hombre en conseguirla, pues no da plena satisfacción a los anhelos del ser humano. Tanto Job como Qohelet se mueven en el ámbito de retribución intramundana, no atisban nada más allá de la muerte.

No está mal que Qohélet nos recuerde el sabor de las cosas sencillas, el disfrute de las cosas ordinarias, que también son don de Dios. En esto conectaría muy bien con la mentalidad de la postmodernidad: presentista, del carpe diem (aprovecha el día)… No hace falta que hagamos un esfuerzo grandísimo en salir de esta realidad temporal para encontrar a Dios. Él es compañero cercano de todo lo que vivimos. Nos lo dice la fe. La vida tiene sentido porque somos personas humanas, no animalitos, y en nuestros genes llevamos escrita esa búsqueda de sentido, porque estamos hechos “a imagen y semejanza de Dios”, un Dios creador, que se mueve, que sale de sí, que inventa, que busca.

Evangelio: la vida no depende de los bienes

Va en la misma línea sapiencial que la 1ª lectura: el ser humano busca sin descanso la alegría y la felicidad, pero en torno a esta búsqueda planean serios peligros. Uno de ellos: poner la felicidad en la acumulación insaciable de bienes, la codicia.

A Jesús, como Maestro, se le acercan dos hermanos en litigio y le suplican que ponga orden, que haga justicia. Jesús sabe ponerse en su sitio: él no ha venido al mundo como juez jurídico, legal. Va más allá de lo externo: “Él sacará a la luz los pensamientos íntimos de los hombres” (Lc 2, 35b), va a la raíz de los problemas, que está en el corazón del ser humano. Para Él es más importante desenmascarar la codicia que nos domina, que hacer valer los derechos de cada uno. Con lo primero, se conseguirá lo segundo.

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3.08-25. Dom 18 TO. Ley de herencias, rico tonto (Lc 12, 13-21): Avaricia y Mamona

domingo, 3 de agosto de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:

El evangelio de este domingo consta de dos partes, que son de tipo sapiencial, propio de Lucas. No parece que provengan de Jesús, ni de la fuente original de Lucas  (que se distinguen por su radicalidad mesiánica (cf Magníficat y bienaventuranzas: Lc 1 y Lc 6 ) sino del sustrato sapiencial, propio de un judaísmo helenista, que aparece en el mensaje moral, no apocalíptico, de Juan Bautista (Lc 3, 10-14), que puede compararse con el  de Flavio Josefo y algunos rabinos sabios del nuevo judaísmo naciente, con los que Lucas dialoga.

 Estas son palabras propias de una ética convencional que sirve de vinculación entre el mensaje de Jesús y el moralismo judeo-helenista del entorno de Lucas, en la línea de los códigos domésticos de las Pastorales. Son buena doctrina, pero no  evangelio¸ son sabiduría humana, no mensaje radical de Cristo.

Sobre el mensaje de Jesús tratan las dos últimas partes de esta postal: Una sobre la avaricia, otra sobre la Mamona.

| Xabier Pikaza

Jesús no es juez de herencias (Lc 12, 13-15)

Este relato retoma ni motivo de sabiduría universal, importante en Israel (al menos desde Abrahán), que Jesús había planteado en la parábola de los viñadores homicidas, que matan al heredero (hijo del dueño), para quedarse con la herencia (cf. Mc 12, 1-12):

En aquel tiempo, dijo a Jesús uno de la multitud: Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. Él le contestó: Hombre, ¿Quién me ha nombrado juez o árbitro sobre vosotros? Y les dijo: Mirad y guardaos de toda avaricia, pues aunque uno sea rico su vida no depende de las riquezas que él tiene (Lc 12, 13-15).

 Más que de ganancias, vivimos de herencias, esto es, de aquello que gratuitamente y/o según ley nos han en familia, sociedad o Iglesia: del amor que nos han ofrecido, del lenguaje que nos han enseñado para comunicarnos, de las tradiciones culturales y sociales que nos han legado, de la tierra que han cultivado previamente, de los animales que han domesticado etc. En ese sentido, la herencia o tradición) es necesaria y sin ella no se podría hablar de vida humana (por tradición recibimos genoma y cultura), pero si un tipo de herencia (sobre todo económica) define y fija el lugar de cada uno, en oposición a otros tipos de familia o grupo, destruimos la verdad del evangelio, que es buena “nueva”, ruptura y novedad frente a leyes que dividen y fijan a los hombres en lo ya sido.

Hubo sociedades, como la judía en tiempos de Jesús, que organizaron de manera minuciosa tradiciones y riquezas de tipo familiar y social, cultural, religioso y económico, de manera que la misma religión era tema de herencia y de práctica garantizada por los antepasados (los presbíteros), religión hecha de leyes y buenas posesiones, de manera que la tarea más importante de todos y en especial de  los maestros (escribas) era regular lo transmitido, para que pasara de padres a hijos, tradición, de forma ellos (escribas, maestros religiosos) eran, ante todo, jueces y expertos en herencias, como sigue mostrando la Misná, libro de repeticiones de los maestros rabínicos en el siglo II-III d.C.

Pero Jesús no aceptó ese esquema, al servicio de la gente rica en sabiduría antigua y posesiones (dueños de fortunas, tierras o bienes que pudieran transmitirse), porque pensó que se debía superar el etilo legal de esas herencias, al servicio de familias y grupos importantes en religión y dinero. En esa línea, él quiso abrir la Gran Herencia del Reino para todos, empezando por los pobres y excluidos de las posesiones del mundo, y por eso pidió al hombre que quiso seguirle que renunciara a la herencia  de su (que los muertos entierren a sus muertos: Lc 9, 60), lo mismo que al rico que quería alcanzar la vida eterna (Lc 18, 18-23; cf. Mc 10, 17-22).

La ley de herencias implicaba un tipo de discriminación, una forma de perpetuar el orden social clasista. Por eso, Jesús no quiso resolver por ley estas cuestiones, sino subir de plano y enseñar a compartirlo todo, de manera que no se pudiera hablar de transmisión cerradas de herencias particulares, desde unos presbíteros a sus sucesoras, sino de apertura y comunión de bienes, de todos con todos, para enriquecerse de esa forma unos a otros, conforme al modelo del mismo Jesús que da/regala su existencia (cuerpo y sangre) a modo de comida superior, eucaristía.

En esa línea, Jesús quiso que todos los bienes se hicieran regalo (al menos en ámbito de Reino), añadiendo en Lc 12, 15 un último verso, de hondo sentido antropológico: La vida del hombre es más que todo lo que él tiene, de manera que no por ser rico uno puede convertirse en dueño de ella. Lo que importa es la riqueza personal, que se comparte en gratuidad, en comunión, sobre un tipo de posesión individual (egoísta) y de transmisión igualmente particular de bienes,  en un contexto de familias contrapuestas, donde unos pueden tener mucho y otros no tienen nada [1].

Un tipo de judíos organizaban de manera minuciosa el legado familiar, social, cultural y religioso, y en esa línea la religión era para ellos “tradición”: mantener el buen depósito, una herencia garantizada por leyes apropiadas, normas de separación, posesiones familiares. Una tarea básica de la religión consistía en regular esas herencias, y en esa línea los escribas eran jueces y expertos en hacerlo (como indica la Misná, con leyes del tiempo de Jesús, aunque codificadas siglo y medio más tarde).

‒ Jesús no quiso regular herencias particulares, sino impulsar la comunión de todos.
Ciertamente, él admitió el código o signo principal de la herencia de Israel (la Escritura, la confesión de fe), pero pensó que se debía superar el “etilo legal” de herencias, al servicio de familias ricas. Por eso pidió al hombres que quiso seguirlo y que tenía muchos bienes, que los dejara (vendiera) los diera a los pobres, renunciando a su herencia para así acompañarle (Lc 18, 29-31; cf. Mc 10, 28-31).

 Ciertamente, él apeló a las tradiciones originarias (Abrahán, Éxodo), tanto en plano familiar, como social y religioso (matrimonio, dignidad humana), poniendo la vida de los hombres a la luz de la gracia de Dios Padre; pero, desde ese fondo, superó un nivel de herencias especiales, abriendo un camino de libertad personal y universalidad social, como indican los textos que siguen:

‒ Dejar padre-madre y familia… Para seguir a Jesús en aquel contexto debía superarse un tipo de estructura familiar, una herencia que servía para mantener la sociedad establecida, al servicio de los privilegiados. En esa línea (precisamente para conservar y recrear el don de Dios, y abrirlo a todos), Jesús debió trascender el esquema de una tradición cerrada en sí, de manera que sus seguidores debían “aborrecer” a su padre y a su madre, es decir, superar el sistema de herencias legales, que mantenían al hombre cerrado en la red de las tradiciones establecidas (cf. Lc 14, 26; cf. Mc 3, 31-35; 10, 28-31).

‒ Deja que los muertos entierren a los muertos… (Lc 9, 60; Mt 8, 22). La norma de la tradición es “cuidar” a los padres para recibir su herencia, manteniendo de esa forma el sistema de las separaciones… Pues bien, en contra de eso, Jesús pide a sus discípulos que abandonen ese sistema (al mismo padre como autoridad), para iniciar un camino de vida y hermandad universal. Sólo así, superando la ley de las herencias se puede y se debe cuidar en concreto a los padres necesitados como personas (Mc 7,10-12).

‒ Vende todo y sígueme… (Lc 18, 22; Cf. Mc 10, 17-22). Jesús dice al rico, propietario sin duda de gran herencia, que lo venda todo y que la dé a los pobres…, compartiendo de esa forma sus bienes con los necesitados, para seguirle a él, es decir, para crear una humanidad donde los bienes sean compartidos, donde la herencia se abra para todos, no para unas familias o grupos especiales [2].

El sistema particular de herencias resultaba a su entender injusto, pues mantenía la superioridad de unos sobre otros, en contra de la ley de jubileo (Lev 25), que proponía el reparto igualitario de las tierras. Ésta experiencia está al fondo de la Iglesia o comunidad de Jesús, que ha de entenderse en forma de gratuidad y comunión de bienes. No se trata, pues, de regular con un tipo de justicia legal las herencias, sino de superar ese nivel de justicia particular para crear una comunión de gratuidad, abierta a todos, empezando por los necesitados, en un mundo en el que Dios se expresa en el amor gratuito y en la comunión entre los hombres [3].

Rico tonto, que atesora para sí y no para Dios (Lc 12, 16-21)

 Este nuevo pasaje, expuesto en forma de parábola, es una continuación del anterior (Lc 12, 13-15: reparto de la herencia), cuya enseñanza retoma de un modo más concreto, como indica la conclusión, donde se habla de la locura del hombre que atesora para sí (con el riesgo de perderlo todo), y no para Dios, quien conserva y mantiene los bienes para siempre (Lc 12, 21):

Y les dijo una parábola: El campo de un hombre rico dio mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: “¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha? Y dijo: Esto haré, demoleré mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Goza, come, bebe, sé feliz. Pero Dios le dijo: ¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste ¿para quién serán? Así es quien atesora riquezas para sí, y no según Dios (Lc 12, 16-21) [4].

 Esta parábola no trata de una herencia, sino de un hombre que ha “heredado” y se ha hecho rico (plousios), tras haber recogido en su campo una cosecha inmensa. Éste nuevo rico no es comerciante, ni especulador, sino un propietario de un gran campo, que le ha dado lo suficiente para vivir sin preocuparse más, un hombre que se siente afortunado y no plantea preguntas éticas sobre la justicia de la adquisición y disfrute de sus propiedades. No tiene a la puerta de su casa un pobre Lázaro, como el epulón de Lc 16, 19-31, y así puede vivir sin problemas sociales, sin más ocupación que ocuparse de sí mismo, sin contar con otros, sin tener que luchar por hacerse más rico.

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Dos sabios ante la riqueza. Domingo 18 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 3 de agosto de 2025
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Un sabio pesimista (¿u optimista?): Qohélet (Eclesiastés 1,2; 2,21-23)

            El nombre de Qohélet le suena a muy pocas personas. Sin embargo, muchos han oído citar su famosa frase: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad», con la que comienza la primera lectura de este domingo. Pero su enseñanza no se refiere hoy a la vanidad sino a la riqueza.

En el Antiguo Testamento, la riqueza se ve a veces como signo de la bendición divina (casos de Abrahán y Salomón); otras, como un peligro, porque hace olvidarse de Dios y lleva al orgullo; los profetas la consideran a menudo fruto de la opresión y explotación; los sabios denuncian su carácter engañoso y traicionero. En esta última línea se inserta la primera lectura de hoy, que recoge dos reflexiones de Qohélet.

            La primera reflexión afirma que todo lo conseguido en la vida, incluso de la manera más justa y adecuada, termina, a la hora de la muerte, en manos de otro que no ha trabajado (probablemente piensa en los hijos).

¡Vanidad de vanidades, dice Qohélet;

vanidad de vanidades, todo es vanidad!

Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto,

y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado.

También esto es vanidad y grave desgracia.

            La segunda se refiere a la vanidad del esfuerzo humano. Sintetizando la vida en los dos tiempos fundamentales, día y noche, todo lo ve mal.

Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?

De día su tarea es sufrir y penar, de noche no descansa su mente.

También esto es vanidad.

            Ambos temas (lo conseguido en la vida y la vanidad del esfuerzo humano) aparecen en la descripción del protagonista de la parábola del evangelio.

Un sabio optimista (¿o pesimista?): Jesús (Lucas 12,31-21)

            En el evangelio de hoy podemos distinguir tres partes: el punto de partida, la parábola, y la enseñanza final.

El punto de partida

            En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús:

            ‒ Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.

            El le respondió:

            ‒ ¡Hombre! ¿Quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?

            Y les dijo:

            ‒ Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.

Si esa misma propuesta se la hubieran hecho a un obispo o a un sacerdote, inmediatamente se habría sentido con derecho a intervenir, aconsejando compartir la herencia y encontrando numerosos motivos para ello. Jesús no se considera revestido de tal autoridad. Pero aprovecha para advertir del peligro de codicia, como si la abundancia de bienes garantizara la vida. Esta enseñanza la justifica, como es frecuente en él, con una parábola.

La parábola.

Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: “¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?” Y se dijo: “Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea”. Pero Dios le dijo: “¡Necio! esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?”

A diferencia de Qohélet, Jesús no presenta al rico sufriendo, penando y sin lograr dormir, sino como una persona que ha conseguido enriquecerse sin esfuerzo; y su ilusión para el futuro no es aumentar su capital de forma angustiosa sino descansar, comer, beber y banquetear.

            Pero el rico de la parábola coincide con el de Qohélet en que, a la larga, ninguno de los dos podrá conservar su riqueza. La muerte hará que pase a los descendientes o a otra persona.

            La enseñanza final. Si todo terminara aquí, podríamos leer los dos textos de este domingo como un debate entre sabios.

Pesimismo, optimismo y realismo

            Qohélet, aparentemente pesimista (todo lo obtenido es fruto de un duro esfuerzo y un día será de otros) resulta en realidad optimista, porque piensa que su discípulo dispondrá de años para gozar de sus bienes.

            Jesús, aparentemente optimista (el rico se enriquece sin mayor esfuerzo), enfoca la cuestión con un escepticismo cruel, porque la muerte pone fin a todos los proyectos.

            Pero la mayor diferencia entre Jesús y Qohélet la encontramos en la última frase.

            Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios.

Frente al mero disfrute pasivo de los propios bienes (Qohélet), Jesús aconseja una actitud práctica y positiva: enriquecerse a los ojos de Dios. Y este consejo es tremendamente realista porque no se fija en lo que ocurrirá al final de la vida, sino en lo que puedo y debo hacer desde ahora mismo.

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Domingo XVIII del Tiempo Ordinario. 03 agosto, 2025

domingo, 3 de agosto de 2025
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Maestro, dile a mi hermano que reparta
conmigo la herencia… “Tened mucho
cuidado con toda clase de avaricia; que
aunque se nade en la abundancia, la vida no
depende de las riquezas
”.

(Lc 12,13-21)

El Maestro trasciende esa petición. “Y añadió: tened mucho cuidado con toda clase de avaricia”, cambia de persona (del singular al plural), ya no es uno el que le ha expuesto la petición, son todos los que le escuchan: tened mucho cuidado. He aquí cómo Jesús nos sugiere lo necio que es un corazón ambicioso, un corazón que su única esperanza es “llenar sus graneros”, “nadar en la abundancia.

Lucas nos deja entrever que para Jesús las posesiones, el dinero, no tienen más valor que aquello que nos facilita una vida en paz. Una vida que nos ayude a crecer como personas, a descubrir la belleza de lo sencillo y lo pequeño.

Hoy, a ti y a mí, se nos ha ofrecido la novedad de una jornada para vivirla en toda su plenitud. ¡Y eso es una inmensa riqueza! Se nos ofrece la posibilidad de acercarnos a la persona necesitada y compartir con ella lo que tenemos y ella necesita. ¡Y esa es la mejor herencia!

Disfrutar de la inmensidad de la vida, del aire, de una amigable compañía. ¡Eso es la felicidad más intensa! No dejes que la envidia, la avaricia, el egoísmo o el rencor posean tu corazón. Deja que el Señor de tu existencia sea el Dios de la ternura, el dar y darnos, el amor sin medida. ¡Esa es la mejor posesión!

¡Y saberte vivida desde la comunión con Dios Trinidad! Escucha asombrada, desde el silencio como Jesús te dice: “con amor eterno te amo”. Eso desbordará tus “graneros” que nunca se vaciarán y compartirás, repartirás y siempre tendrás más para entregar.

Oración

Trinidad Santa, Tú que eres comunión, relación y entrega:

Hoy,
yo te pido en nombre de las personas pobres, marginadas,
de las perseguidas, de quienes te buscan:
Maestro, dile a mi hermana/o que reparta conmigo la herencia”,
que reparta tu amor, que reparta y comparta lo que le sobra
y así, construiremos un mundo más humano, más justo,
en el que todos cabemos y todos podemos tener espacio.

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Acaparar los bienes necesarios para la vida de otro es causar muerte.

domingo, 3 de agosto de 2025
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DOMINGO 18 (C)

Lc 12,13-21

Es imposible hablar de riqueza y pobreza sin caer en demagogias simplistas. El problema no está solo en los ricos que acumulan a costa del trabajo de otro por un sueldo injusto. El problema está también en los pobres que alegando la justicia social pretenden vivir tan ricamente sin dar un palo al agua. No tener esto en cuenta también es demagogia.

Se trata de un mensaje muy sutil. El mismo relato insinúa que ni el que lo escribió lo tenía muy claro. En efecto. El rico no es necio porque lo que ha acumulado lo va a disfrutar otro. Sería igual de insensato si toda la riqueza acumulada pudiera disfrutarla él mismo.

Tampoco es válido el “debemos ser ricos ante Dios” ni “no acumuléis riquezas en la tierra”. Nos invitan a valorar las riquezas espirituales. Es una propuesta también descabellada, entendida como obligación de hacer obras buenas que se acumularían para garantizar una felicidad para el más allá proporcional a lo buenos que hayamos sido aquí abajo.

Este planteamiento que hemos mantenido durante dos mil años sigue siendo insuficiente, porque sigue proponiendo la necesidad de seguridades para el falso yo. No importa que sean seguridades espirituales y para el más allá, porque siguen siendo necesidad de seguridades que necesita el falso yo para subsistir y afianzarse. Jesús nunca pudo hacer esta propuesta.

Intentaré explicarme. Si necesito cualquier seguridad o echo algo en falta, es señal de que estoy planteando mi existencia desde mi falso ser (“creatural”, decía Eckhart). Mi verdadero ser es absoluto y no le falta nada. Este ser que soy ha existido siempre. Ni ha nacido ni puede morir. No debo echar en falta ni siquiera la vida que sería el aparente valor supremo.

El evangelio nos está diciendo que tener más no nos hace más humanos. La posesión de bienes de cualquier tipo no puede ser el objetivo último. La trampa está en que cuánta mayor capacidad de satisfacer necesidades tenemos, mayor número de nuevas necesidades desplegamos; con lo cual no hay posibilidad alguna de alcanzar la meta definitiva.

El hombre tiene necesidades biológicas, que debe atender. Pero descubre que eso no llega a satisfacerle y anhela acceder a otra riqueza que está más allá. Esta situación le coloca en un equilibrio inestable. O se dedica a satisfacer los apetitos biológicos, o intenta trascender y desarrollar su vida espiritual, manteniendo en su justa medida las exigencias biológicas.

Es muy difícil mantener un equilibrio. Podemos hablar de la pobreza muy pobremente y podemos hablar de la riqueza tan ricamente. No está mal ocuparse de las cosas materiales e intentar mejorar el nivel de vida. Jesús no está criticando la previsión, ni la lucha por una vida más cómoda. Pero rechaza que lo hagamos a costa de las carencias de los demás.

Se trata de desplegar una vida plenamente humana que me permita alcanzar una plenitud. Solo esa Vida plena puede darme la felicidad. Se trata de elegir entre una Vida humana plena y una vida repleta de sensaciones, pero vacía de humanidad. La pobreza que nos pide el evangelio no es ninguna renuncia. Es simplemente escoger lo que es mejor para mí.

La clave está en mantener la libertad para avanzar hacia la plenitud humana. Todo lo que te impide progresar en esa dirección, es negativo. Puede ser la riqueza y puede ser la pobreza.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El sentido de la vida.

domingo, 3 de agosto de 2025
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Lc 12, 13-21

«¡Necio! Esta misma noche te van a exigir la vida»

Tradicionalmente el ser humano ha sentido la necesidad de encontrarle algún sentido a su vida y habitualmente lo ha buscado en Dios, pero en la actualidad ya no ocurre así, y es creciente el número de personas que pasan por la vida sin preguntarse siquiera qué pintan en este mundo o si están aquí para algo.

También es creciente el número de personas que buscan el sentido de su vida fuera de Dios, pero el gran obstáculo que tienen para encontrarlo es la muerte, porque el reto de dar sentido a una vida sin Dios y con muerte no es trivial. A pesar de ello, es indudable que hay personas que ni creen en Dios ni en la trascendencia y que son capaces de hallar un sentido profundo a una vida que acaba en la muerte… aunque da la impresión de que la mayoría de personas es incapaz de hacerlo y su única salida es banalizar su existencia; es decir, reducir sus expectativas a pasar por la vida sin mayores sobresaltos; sobrenadándola sin osar zambullirse de lleno en ella.

Pero quizá no se pueda hablar del sentido de la vida sin considerar un hecho evidente, y es que hay personas que buscan el sentido en Dios y fracasan, y las hay que lo buscan fuera de Dios y también fracasan. Y este hecho nos lleva a formular una consideración que quizá sea la clave de todo: Si convenimos que la esencia de lo humano es la humanidad –es decir, ese sentimiento que nos mueve a compadecer y ayudar–, la única forma de dar sentido a la vida será a través de su práctica.

Y esto puede ser independiente de las creencias o increencias de cada uno, pues cualquier actitud vital que genere humanidad es portadora de sentido, y cualquiera otra que no lo haga provocará un vacío imposible de llenar con actividades mundanas o con prácticas religiosas.

Entonces ¿cuál es la diferencia?… Pues la diferencia está en que la capacidad de la religión (en su acepción más noble) para motivar a comportamientos humanitarios es muy superior a cualquier otra. De hecho, la praxis del cristianismo se asienta en el amor fraterno; en la humanidad, y ello nos puede llevar a entender a Jesús como el que da sentido a mi vida.

Hay momentos difíciles en que nos sentirnos arrojados al mundo sin referencias para vivir; condenados a elegir nuestro camino sin normas ni valores eternos que nos lo muestren y con el riesgo permanente de equivocarnos. Momentos en que sentimos la necesidad de encontrar un asidero firme donde aferrarnos para no ser engullidos por el lado oscuro de la vida, y es entonces cuando podemos encontrar a Jesús que nos dice: No eres un animalillo condenado a morir y desaparecer, sino que tienes una misión en la vida; la misión de hacer realidad el proyecto de Dios; el sueño de Dios, y disfrutar más allá de la muerte de lo que has creado”…

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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De andar sobrados a ser ricos para Dios.

domingo, 3 de agosto de 2025
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Lc 12,13-21

Jesús iba adquiriendo fama, la gente que iba a escucharlo percibía que era un hombre justo y sabio. Sus palabras sonaban a verdad. Quizás por eso tuvo que encontrarse en situaciones como las que hoy nos relata Lucas: “Maestro, dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo”.

Los escribas realizaban ese oficio. Ellos conocían las leyes y eran expertos en herencias y repartos. “Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?”. Jesús no quiere realizar ese papel porque, entre otras cosas, eso presupone ya un modo de situarse ante la vida diferente al propuesto por Él, un modo en el que los bienes materiales adquieren una relevancia singular en la vida de la persona. Jesús propone, en cambio, una vida alejada de la búsqueda de esa seguridad que se sostiene en lo que poseemos, más que en lo que somos.

Su propuesta la expresa a través de la parábola que relata a continuación. No se trata de no tener bienes, sino del valor que les damos, la importancia que les adjudicamos y la dependencia que nuestra vida tiene de ellos. “Mirad, guardaos de toda clase de codicia”, nos dice Jesús, “pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes”.

Aunque uno ande sobrado… Podemos preguntarnos de qué andamos sobrados nosotros. Seguramente de posesiones, de “por si acasos, de pertenencias… Quién de nosotros no tiene más de lo que necesita para vivir. Quién de nosotros no ha pensado alguna vez que hay cosas que guarda y que nunca utiliza. Quienes hemos experimentado en alguna ocasión, aunque sea por un breve tiempo (una experiencia solidaria en otro país, unos días de campamento, un viaje en plan mochilero…) que no necesitamos tanto para vivir −y vivir felices− podemos volver a esa experiencia para confirmar que este evangelio no es solo verdad para quienes creemos, sino para todos los que han descubierto que lo esencial en la vida no está en lo que tenemos.

Lo de “andar sobrados” debe ser bastante similar a ese “guardar la vida” que el evangelista narra en otro pasaje: “quien guarda la vida, la perderá” (Lc 9,24). Andamos sobrados… y no solo de bienes materiales. A la codicia, más o menos disimulada en nuestra vida, suele acompañarle el egoísmo, la insolidaridad, la injusticia… Andamos tan sobrados que hasta se han inventado nuevos términos como “infoxicación”. Andamos “infoxicados”, sobrados de una información que nos acerca la realidad del mundo pero que nos deja insensibles ante ella… Andamos sobrados de redes sociales, de pantallas, de tiempos perdidos en cosas inútiles…

Sobrados… Cada uno de nosotros podemos pensar hoy de qué “andamos sobrados” porque, si a nosotros nos sobra, seguro que a otros les falta. Y porque si nos sobra algo, seguro que también nos falta alguna otra cosa importante. Pues si nos sobra, por ejemplo, orgullo, carecemos de humildad… si nos sobra autosuficiencia, carecemos de esa confianza en el otro y en el Otro necesarias para abandonarnos y no agarrarnos a las seguridades falsas… si nos sobran miedos, nos falta valentía…

Sobrados… ¿De qué ando sobrada? ¿de qué ando sobrado?

Ojalá podamos despojarnos de todo lo que nos encierra en nosotros mismos y nos hace guardarnos la vida en lugar de darla por el Reino, compartiendo lo que somos y tenemos con quienes más lo necesitan. Por eso la invitación es a ser ricos para Dios”, ricos en generosidad, en solidaridad, en amor, en compartir…Si cada uno de quienes hoy oramos con este texto lo hiciéramos, no cabe duda de que eso repercutiría en bien de nuestro mundo. Jesús termina su parábola diciendo “necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado? Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios”.

El Señor, con sus palabras, nos ayuda a pasar de “andar sobrados” a “ser ricos ante Dios”. Ahora nos toca a nosotros hacer nuestra parte. ¡Ánimo con ello!

Inma Eibe, ccv

Fuente Fe Adulta

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Cuando somos necios.

domingo, 3 de agosto de 2025
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Comentario al evangelio del domingo 3 agosto 2025

Lc 12, 13-21

Habitualmente, se utiliza el término “necio” como sinónimo de “estúpido”. De hecho, esa es una de las acepciones que presenta el Diccionario de la RAE. Sin embargo, en su etimología, alude directamente a la ignorancia más radical.

En latín, “nescio” es la primera persona del indicativo del verbo “nescire”, que significa no saber o ignorar. En consecuencia, el significado del término, en la parábola de Jesús, es obvio: quien se hace daño a sí mismo o hace daño a los demás es necio –“nescius”, en latín-, es decir, profundamente ignorante.

En nuestro medio cultural, por diferentes motivos, han terminado instalándose varias creencias completamente erróneas y de consecuencias funestas. Entre ellas, pueden destacarse tres: la creencia en la culpa, en la necesidad del castigo y en la maldad connatural al ser humano. Esta última -que hunde sus raíces también en otra creencia, nefasta en sus consecuencias: la del llamado “pecado original”- ha culminado en la extendida convención cultural de que el ser humano obra el mal porque es malo. De ese modo, se viene a concluir que el mal que percibimos a diario, en nosotros mismos y en los demás, y que llega a ser literalmente monstruoso en ocasiones, es fruto de la maldad humana.

Frente a esta creencia, las tradiciones sapienciales han afirmado que el ser humano se halla constitutivamente orientado hacia el bien. Y que cada persona, en todo momento, hace lo mejor que sabe y puede, de acuerdo con su mapa mental. El mal, por más grave que sea, es siempre hijo de la ignorancia, entendida esta en su sentido más radical y profundo, que hace referencia, no solo a no saber lo que se hace, sino a no saber lo que somos. De ahí que aquellas conocidas palabras que el evangelista Lucas pone en boca de Jesús crucificado, refiriéndose a sus verdugos -“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”-, significan, en realidad, perdónalos porque no saben lo que son”. Esta es la ignorancia que nos hace vivir de manera necia, generando daño y sufrimiento, en nuestras relaciones interpersonales y en las relaciones entre países y pueblos, con tomas de decisiones crueles, inhumanas e incluso genocidas.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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La mortaja no tiene bolsillos.

domingo, 3 de agosto de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Introducción.

El evangelio de este domingo nos sitúa ante la cuestión del dinero, de la riqueza.

Y como prisma de visión de la cuestión del dinero pudiera ser la primera lectura (Eclesiástés) de hoy: en la vida todo es Vanidad de vanidades y todo es vanidad. Y la cuestión del dinero cuando sobrepasa el cubrir las necesidades humanas, también es vanidad y puro cuento.

También podemos pensar este asunto de la riqueza desde la perspectiva de San Pablo (Colosenses: 2ª lectura): aspirad a los bienes de arriba, a los bienes definitivos.

El problema de la riqueza no plantea tanto la cuestión de la salvación después de la muerte. Ese es un planteamiento distorsionado del cristianismo y de la moral.

La cuestión de fondo es si siendo rico, teniendo codicia y avaricia, se puede uno realizar como persona, Siendo rico ¿Puede uno ser feliz, honrado, justo, libre?

Jesús dice, claramente no.

Pero vayamos por partes.

02.- Vio Dios lo que había creado y era muy bueno. (G 1,31.)

El pensamiento cristiano entiende que los bienes materiales son buenos porque han sido creados y regalados por Dios al ser humano. Vio Dios que era bueno cuanto había creado (Gn 1,31). Todo lo creado y toda criatura de Dios es buena. (1Tim 4,4).

El primer criterio bíblico y cristiano es que la vida, la creación, los bienes materiales son no buenos sino excelentes.

Dios nos ha regalado la vida y el universo para que disfrutemos. Dios constituyó al hombre como dueño y señor de la tierra (Gn 1,28ss).

03.- De este principio se derivan algunas consecuencias.

         3.1   Puesto que los bienes temporales son buenos, estamos llamados a disfrutar de ellos con gozo (1Tim 4,4).

(Jesús no fue un asceta, un monje, Jesús vivió y tenía fama de ser comedor y bebedor).

        3.2   Si los bienes han sido creados por Dios, el hombre no tiene un derecho absoluto sobre ellos. Una cosa es que podamos disfrutar de la vida y de la naturaleza y otra cosa es que abusemos, explotemos y expropiemos la naturaleza y el universo. (1Cor 7,29-31). Esto tiene repercusiones ecológicas. No podemos destruir la naturaleza como lo estamos haciendo.

       3.3   Desde un punto de vista cristiano es muy difícil hablar de propiedad privada, mientras exista el estado de cosas mundial en el que vivimos. Mientras exista tanta hambruna en el mundo, mientras exista Gaza y situaciones similares no sé si se puede hablar de propiedad privada.

                        1Jn 3,17  El que tiene bienes en este mundo, y viendo a su hermano pasar necesidad le cierra sus entrañas ¿cómo podemos decir que es cristiano?

       3.4   El cristiano vive agradecido y agradeciendo a Dios la vida, el alimento, los logros de la ciencia, de la medicina. Un cristiano agradece la vida, no la explota.

        3.5   Los bienes son signos que apuntan a bienes superiores. El cristiano no se pierde, ni se despista en los bienes, sino que mira a los bienes últimos.

Un ejemplo: el alimento es un bien que apunta a valores superiores a la mera ingestión de una comida. La mesa del ser humano es acogida, encuentro, fraternidad, celebración, amor despedida, etc…

04.- La riqueza tiene sus peligros

Los bienes o las riquezas tienen peligros para el ser humano. Es lo que nos dice el evangelio de hoy.

La riqueza ejerce un enorme atractivo y poder sobre el ser humano. Y el poder del dinero es una idolatría.

Por eso dice Jesús que  «no se puede servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24 / Lc 16,13). Es muy difícil que los ricos entren en el Reino de los cielos (Mc 10,23-27). Lo cual no significa que no se vayan a salvar. Aquí nos salvamos todos porque para Dios no hay nada imposible y nos quiere a todos porque es bueno.

Desde el pensamiento cristiano, desde Jesús es imposible ser rico y ser feliz.

No es que Jesús amenace a la humanidad: insensato hoy te van a pedir la vida… Lo que Jesús nos está diciendo es que amando la riqueza no viviremos ni contribuiremos nunca a la paz, ni seremos felices.

Ya sé que no estaréis de acuerdo con esto, pero lo dice Jesús y creo que es una gran verdad:

  1. El joven rico no le sigue a Jesús, porque era rico. (Lc 18,18-23).
  2. Del rico epulón dice el evangelio que fracasó en la vida no porque fuese malo, sino porque era rico. (Lc 16,19-31).
  3. María, la Virgen, dice que los ricos terminan vacíos en la vida. (Lc 1,52-53).
  4. Por eso es tan imposible que los ricos sean felices como que un camello pase por el ojo de una aguja. (Lc 18,24-27).

La riqueza no nos llevará a una vida serena y amable.

05.- Codicia y avaricia

        El Diccionario de la Real Academia dice:

                Avaricia:  Afán desmedido de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas.

                Codicia:   Afán excesivo de riquezas.

Cuando ponemos nuestra confianza (fe) en el dinero, en la riqueza, ésta genera codicia y avaricia. Es lógico, porque nunca el dinero es bastante.

        El dinero como -el placer- nunca son suficientes…

El rico sustituye a Dios por el dinero.

La carta de Santiago recrimina con fuerza la avaricia de los terratenientes preocupados únicamente por ganar dinero:

St 5,1-6   Vuestra riqueza está podrida  … El jornal de los obreros que han segado vuestros campos, defraudado por vosotros y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor …

La avaricia no es un pecado, sino que es una forma de idolatría. El avaro cree que el dinero da seguridad, salud, ancianidad, poder… Por eso el amor al dinero no cree ni en Dios ni en los hombres. La avaricia muestra un corazón y un alma miserable.

06.- Conclusión

Termino volviendo al evangelio que hemos escuchado: «almacena y guarda millones: necio, hoy -o mañana- o cuando sea, nos van a pedir la vida.

Recuerdo, recordemos, lo que decía con ironía el papa Francisco: Nunca se ha visto que un camión de mudanzas vaya detrás de un coche fúnebre.

Hay muchas cosas en esta vida que merecen la pena y no defraudan: Las de allá arriba, como nos dice S Pablo hoy:

Buscad los bienes de allá arriba’.

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“ Administrar los bienes de la tierra para el bien común”, por Consuelo Vélez

domingo, 3 de agosto de 2025
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De su blog Fe y Vida:

XVIII Domingo del Tiempo Ordinario 3-08-2025

Jesús no pretende dar una respuesta a la situación que le plantea el hombre sobre la herencia sino que ofrece una reflexión más amplia sobre los valores del reino

En el Reino de Dios, los bienes no son lo primero y fundamental sino el compartir y que nadie pase necesidad.

Ante la muerte, los bienes no tienen ninguna importancia. Lo que interesa es atesorar o cultivar la amistad y comunión con Dios

Jesús invita a «guardarse de la codicia«, actitud que hace que los ricos de este mundo no logren entender el mensaje del reino

En nuestro mundo consumista y ávido de acumular tesoros, Jesús nos invita a poner el corazón en lo fundamental: la justicia y el bien común

En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:

– «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia».

Él le dijo:

+ «Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?»

Y les dijo:

+ «Miren: guárdense de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes»

Y les propuso una parábola:

«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose:
-“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”.
Y se dijo:
-“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.
Pero Dios le dijo:
-“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

(Lucas 12, 13-21)

El evangelio de hoy nos trae la pregunta que un hombre le hace a Jesús sobre la herencia que su hermano no le quiere compartir. Recordemos que en Israel la mitad de la herencia le correspondía al primogénito, pero, a su vez, este ha de hacerse cargo, en caso de que fallezca su hermano, de la viuda y de sus hermanos solteros. Posiblemente en este caso, el hermano no está cumpliendo con sus deberes morales y el que se acerca a Jesús pretende encontrar en él, una respuesta que le ayude a recuperar sus derechos. Posiblemente por eso le llama “maestro”.

Sin embargo, en este caso concreto, Jesús no pretende dar una respuesta a una situación determinada sino ofrecer una reflexión más amplia sobre los valores del reino. De hecho, no se dirige al hombre que le había hecho la pregunta sino a toda la multitud. Lo que pretende mostrar es la lógica del reino, tan distinta a lo que muchos viven. En el Reino de Dios, los bienes no son lo primero y fundamental sino el compartir y que nadie pase necesidad. Para esto, Jesús relata una historia en la que un hombre rico, dialogaba con él mismo -lo cual enfatiza su propia cerrazón-, haciendo planes de cómo seguir atesorando sus riquezas. La historia señala que, ante la muerte, los bienes no tienen ninguna importancia. Lo que interesa es atesorar o cultivar la amistad y comunión con Dios y esto se hace mediante la vivencia de la fraternidad/sororidad y la misericordia para con todos.

La advertencia de Jesús “guárdense de toda clase de codicia” y el hecho de hablar de un hombre “rico” van en consonancia con las advertencias que Jesús hace a los ricos y que Lucas expresa tantas veces en su evangelio: en las Bienaventuranzas dice “Ay de ustedes los ricos” (6,24); también señala que no hay que invitar a los ricos a los banquetes porque ellos pueden devolver la invitación (14, 12); el pasaje del llamado joven rico que rehúsa vender sus bienes para seguir a Jesús (18,23) y otros pasajes, muestran que los ricos son incapaces de recibir el reino porque su corazón ha optado por otros valores.

Por todo esto, en nuestro mundo consumista y ávido de acumular tesoros, seguridades, honores, las palabras de Jesús nos invitan a poner el corazón en lo fundamental: el amor a Dios y al prójimo y la manera cómo ese amor debe administrar los bienes de la tierra para el bien común. Necesitamos buscar los valores del reino y vivirlos con autenticidad, creyendo que su puesta en práctica será capaz de generar la justicia social tan necesaria y urgente.

(Foto tomada de: https://www.ministerioscosecha.org/devocionales/inversion-recompensa)

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“ ¡Cuidado! – San Lucas 12, 13-21 – ”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 3 de agosto de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Ten cuidado y aléjate de la codicia, que es el deseo que nunca se sacia, porque tu vida no depende de lo que posees.

No, no es la frase pegajosa y bienintencionada del sermón del moralista de siempre. Es la propia experiencia de Jesús. Que hoy añadiría: ten cuidado porque tu felicidad no depende del juicio de los demás, de los me gusta, de la fama, de tu aspecto. Ten cuidado porque tu felicidad depende de descubrirte amado, de elegir amar.

Y no, el Evangelio (incómodo) no es el sermón veterocatólico habitual de quienes escupen sobre la riqueza porque, en la Biblia, la riqueza es siempre un don de Dios. Pero la pobreza es siempre responsabilidad del rico que no utiliza sus bienes para ayudar a los demás a vivir con dignidad.

Y no, el hombre rico de la parábola no es condenado ni juzgado, sino amonestado porque se preocupa por administrar bien su riqueza y sus negocios (y hace muy bien), pero no invierte ni un ápice de tiempo e inteligencia en ocuparse de su alma.

Y no, Jesús no nos ha explicado en detalle cómo construir un mundo justo y solidario, del que la Iglesia debería (podría) ser profeta. Se niega a entrar en las disputas de los dos hermanos que se enfrentan ferozmente por cuestiones de herencia.

Así, el Evangelio nos sacude del aturdimiento para ayudarnos a vivir mejor, con sabiduría, no con necedad.

A prestar atención, a razonar en la dirección correcta. 

Dile a mi hermano

El simpático discípulo sabe algo de esto, ya que, esperando obviamente que Jesús le dé la razón, le involucra para convencer a su hermano de que le dé su parte de la herencia. He visto familias destrozarse por cuestiones de herencia. Quitarse las máscaras por unos pocos miles de euros (y antes fueron por pesetas). Entonces gana el prepotente, cede el débil y el conciliador.

Pero Jesús no se deja meter en el juego.

Somos capaces de entender por nosotros mismos lo que es justo.

No, gracias

Jesús rechaza la invitación a tomar partido.

No, gracias: podemos entender perfectamente por nosotros mismos lo que es justo hacer.

No, gracias: Dios nos ha creado lo suficientemente inteligentes como para resolver cualquier cuestión práctica.

No, gracias: dejemos de pedirle a Dios que haga lo que podemos hacer perfectamente por nosotros mismos.

No, gracias: Dios nos trata como adultos, evitemos considerarlo como un director que nos resuelve los problemas.

No, gracias: Dios no nos ata los zapatos, ni nos limpia la nariz como a los niños pequeños, ni nos resuelve los problemas que podemos resolver perfectamente por nosotros mismos.

El mundo tiene su propia armonía, su propia lógica, sus propias leyes que, en última instancia, dependen de Dios, pero que funcionan por sí mismas.

Dios no se levanta por la mañana para dar una vuelta a la manivela para que el mundo se ponga en marcha, lo creó lleno de inteligencia y belleza, y nos corresponde a nosotros descubrir sus leyes intrínsecas.

La actitud de la Biblia, a este respecto, es adulta y madura: reconoce en Dios el origen de todas las cosas, pero deja al hombre la capacidad de gestionar la creación. No es necesario hojear las Escrituras para saber qué es bueno para la economía, la justicia, la paz, la solidaridad, basta con escuchar nuestro corazón, nuestra conciencia iluminada. 

Codicia

Jesús aprovecha la pregunta para recordar a los dos hermanos, y a nosotros, una verdad incómoda: la codicia nos domina. El deseo de poseer, de controlar, de contener. Un deseo desenfrenado, loco, bulímico.

Poseer dinero, objetos preciosos, cosas de las que presumir, llamar la atención, hacerse ver, despertar interés, envidia.

Pero también poseer y controlar a las personas. Esposas, maridos, hijos, padres.

La codicia corre el riesgo de infectar nuestra visión del mundo. De hundirnos en la ansiedad, en el insomnio, como señala sabiamente el Qohélet, en la preocupación.

El mecanismo de la posesión es sutil.

Nunca he conocido a nadie, ni lo haré, que me diga explícitamente que vive para acumular. Siempre tenemos mil justificaciones: un nivel de vida más alto, la vejez, los imprevistos…

Y está bien, es comprensible.

Jesús no es un pobretón, no está en contra de los ricos, no es envidioso. 

Nos advierte: cuidado, discípulo, la riqueza promete lo que no puede cumplir. La felicidad. 

Solo Dios llena nuestro corazón. Solo Dios. 

Jesús, paradójicamente, es muy libre al respecto: no dice que la riqueza sea algo sucio. 

Solo dice que es peligrosa. Porque nuestro corazón está forjado para el infinito y solo el infinito, al final, puede satisfacerlo.

Despertemos, amigos. 

El pobre rico

Mirad al pobre hombre de la parábola: un gran trabajador, no se nos describe como deshonesto ni codicioso, al contrario, nos conmueve su preocupación por hacer fructificar bien sus ganancias para luego disfrutarlas en paz… Su muerte no es un castigo, sino un acontecimiento posible, siempre dentro del orden de la autonomía de las cosas mencionadas anteriormente.

Quién sabe: tal vez el exceso de estrés, el exceso de trabajo, el exceso de cigarrillos sean la causa de su muerte repentina, y no la acción de Dios.

Jesús nos advierte: la riqueza nos engaña haciéndonos creer que poseer servirá para llenar nuestro corazón.

Como leemos en la ácida reflexión del Qohélet también nosotros constatamos que es inútil afanarse por acumular riquezas que otros disfrutarán. Aceptando la invitación de Pablo, si realmente hemos encontrado a Jesús, el orden de nuestras prioridades ha cambiado profundamente.

La Palabra nos propone un gran examen de conciencia colectivo, sin hacernos sentir culpables, proponiéndonos la esencialidad en la gestión de las cosas de la tierra, la absoluta rectitud para quienes, en las comunidades, deben administrar el dinero al servicio del anuncio del Reino.

Vayamos a lo esencial, como nos pide el Señor, dejemos que sean las cosas importantes las que guíen nuestra vida, nuestras elecciones. 

Nuestro corazón no necesita dinero, sino otras riquezas muy diferentes, bienes inmensos, tesoros infinitos. La ternura de Dios.

Descubrir que somos amados por el Señor, y capaces de amar.

  1. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo 3 de agosto de 2025

1.- La riqueza que nace del compartir.

2.- La riqueza que nace de la donación.

3.- Solo somos verdaderamente ricos en lo que damos.

4.- Pobreza y libertad: el bagaje de la vida.

5.- Si los bienes ahogan las relaciones.

6.- Ilusionados por los bienes, se pierde la vida verdadera.

7.- ¡Cuidado! – San Lucas 12, 13-21 –.

***

 Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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¿Qué dice la Biblia sobre las personas transgénero?: Una mirada a fondo

sábado, 2 de agosto de 2025
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Exploremos lo que dice la Biblia sobre las personas transgénero, su perspectiva general sobre el género y la identidad, y las interpretaciones erróneas comunes.

Daniel Villarreal

Muchas personas se preguntan: «¿Qué dice la Biblia sobre las personas transgénero?«, desde cristianos conservadores que buscan destacar las «verdades bíblicas» sobre la identidad de género, el sexo biológico y la identidad de género entre hombres y mujeres, hasta cristianos LGBTQ+ y aliados que apoyan la diversidad de identidades. Sin embargo, aunque las personas trans han existido a lo largo de la historia, la Biblia no las menciona directamente porque el término «transgénero» no se acuñó hasta la década de 1960.

A pesar de esto, la Biblia sí examina algunas cuestiones relacionadas con la identidad de género, el sexo biológico y la identidad de género entre hombres y mujeres. Teólogos queer y progresistas hablaron con LGBTQ Nation sobre algunos versículos bíblicos que suelen malinterpretarse, versículos que parecen afirmar la identidad de género entre las personas trans y diferentes maneras de entender el mensaje del cristianismo a las personas transgénero.

El teólogo británico, reverendo Jonathan Tallon, afirma que algunas personas citan versículos bíblicos como prueba de que Dios creó solo dos géneros distintos y, como «Dios no se equivoca», cambiar de género va «en contra de Dios y de su plan».

Pero estos eslóganes vacíos ignoran la existencia de las personas transgénero, así como de las personas intersexuales, aquellas que nacen «con una anatomía reproductiva o sexual que no parece encajar en las definiciones típicas de mujer o hombre».

Dos de estos versículos ilustran la forma limitada en que algunos cristianos malinterpretan la Biblia y cómo la historia y las perspectivas modernas pueden aportar nuevas perspectivas al texto antiguo.

Génesis 1:27 ¿Entonces Dios es hombre?… ¿y solo creó dos géneros?

«Y creó Dios al ser humano a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó».

Algunas personas señalan este versículo, la primera mención del género en la Biblia, como «prueba» de que Dios solo creó dos géneros: hombre y mujer, y nada intermedio. Pero esta es una interpretación errónea que ignora que la mayoría de las cosas en el mundo existen en un espectro, afirma el Dr. Justin Sabia-Tanis, profesor adjunto de Christian Ethics and Social Transformation at the United Theological Seminary of the Twin Cities (Ética Cristiana y Transformación Social en el Seminario Teológico Unido de las Ciudades Gemelas).

Señala que 500 especies de peces cambian de sexo a lo largo de su vida, y estos animales han existido mucho más tiempo que los humanos.

El Dr. Sabia-Tanis declara a LGBTQ Nation: «En el hebreo original, los verbos que se usan para referirse a Dios son tanto femeninos como masculinos; aquí se muestra a Dios abarcando más de un género, por lo que sabemos que aquí ocurren cosas más complejas con el género».

También señala que, antes de crear a los humanos, Dios creó el día y la noche, así como el agua y la tierra.

«El día se transforma en noche al anochecer; la noche se convierte en día al amanecer; no es un interruptor, sino un proceso continuo», escribe Sabia-Tanis. Y luego, de manera similar, el cielo y las aguas, y luego las aguas y la tierra, se separan. Sabemos, sin embargo, que hay muchos lugares donde el agua y la tierra se fusionan: humedales, estuarios, playas. Y lugares donde el cielo y el agua son uno: las nubes, el ciclo de evaporación. El cielo y el agua, el agua y la tierra nunca han sido un sistema binario, sino cíclico y dinámico.

Deuteronomio 22:5 – ¿Es Dios demasiado crítico con la moda personal?

“La mujer no vestirá ropa de hombre, ni el hombre se pondrá ropa de mujer; porque cualquiera que hace tales cosas es aborrecible para el Señor tu Dios”.

Este versículo es el único que hace referencia directa a las nociones de género sobre la vestimenta.

Si bien la Biblia honra a muchas mujeres de fe que actúan con valentía, también hay muchos versículos que dictan lo que deben hacer los hombres y las mujeres: cómo deben comportarse las mujeres, cómo deben tratarse los esposos y las esposas, y cómo los hijos deben honrar a sus madres o padres.

El Antiguo Testamento de la Biblia contiene 613 mandamientos, conocidos como la Ley del Antiguo Testamento, la ley bíblica antigua o la Ley Mosaica. Estas leyes se crearon alrededor de 1393 a 1273 a. C. y se promulgaron para regular casi todos los aspectos de la vida judía en una época en la que el pueblo judío aún era un grupo de exesclavos que luchaban por sobrevivir en el desierto. De hecho, los estudiosos bíblicos han teorizado que esta ley específica sobre la vestimenta pudo haberse establecido para diferenciar a los judíos de otras culturas religiosas o para garantizar que la sociedad judía, segregada por género, permaneciera verdaderamente segregada.

Esto evitaría situaciones como que hombres y mujeres participen en diversas formas de contacto sexual prohibido, que las mujeres entren al templo, que los hombres evadan el servicio militar, que las mujeres se enrolen en el servicio militar y otras conductas percibidas como contrarias a los límites entre las distintas partes del orden creado por Dios”, declararon tres teólogos queer a la Human Rights Campaign (HRC).

La Ley Mosaica también contiene prohibiciones contra usar prendas de lino y lana juntas; quemar incienso; comer cerdo, conejo y mariscos; cobrar intereses por préstamos; y trabajar los sábados. De hecho, el Antiguo Testamento se refiere a cada una de estas cosas como «abominaciones» y establece que las dos últimas deben ser castigadas con la muerte. Otras partes del Antiguo Testamento establecen que está bien matar a mujeres que tienen relaciones sexuales prematrimoniales, untar heces de animales en los rostros de sacerdotes perezosos y que está bien poseer y golpear esclavos.

Por supuesto, la mayoría de los cristianos contemporáneos no siguen estas antiguas leyes bíblicas porque carecen de sentido en la vida moderna. Por lo tanto, quienes citan Deuteronomio 22:5 para demonizar a las personas trans y a otros «inconformistas de género» deberían preguntarse por qué están dispuestos a acatar esta ley bíblica en particular mientras ignoran el resto; probablemente se deba a que buscan una razón religiosa para castigar a quienes desaprueban.

Sin embargo, otro versículo de la Biblia, Hebreos 8:13, afirma explícitamente que ya no es necesario seguir las antiguas leyes bíblicas ahora que Jesucristo estableció un nuevo pacto entre el hombre y Dios. El versículo afirma: «Al llamar a este pacto “nuevo”, ha dejado obsoleto el primero (la Ley Mosaica); y lo que es obsoleto y anticuado pronto desaparecerá».

Perspectivas sobre la transexualidad en el cristianismo

Sermón del Monte de Jesús por Carl Bloch (1877)

Si bien la Biblia literalmente no dice nada sobre las personas transgénero, el sexo biológico ni la disforia de género, existen algunos versículos que muestran cómo los primeros cristianos aceptaron a las personas marginadas, así como a los eunucos, personas cuyos cambios corporales los sometieron a una opresión generalizada.

Gálatas 3:28 – Todos son iguales en el amor de Cristo

“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús”.

Este versículo aparece en las cartas del apóstol Pablo a las primeras iglesias cristianas. En su carta, comienza con enojo: “¡Gálatas insensatos! ¿Quién os ha fascinado?”. Luego pregunta a los líderes de la iglesia quién les enseñó a juzgar a otros cristianos por su cuerpo físico y por su cumplimiento de las leyes, en lugar de por su espíritu o fe.

Pablo afirma que la antigua ley bíblica solo se estableció para guiar y proteger a las personas hasta la llegada de Jesús. Pero tras la llegada de Jesús, la fe importaba más que la adhesión a las leyes antiguas.

Teólogos queer explicaron al CDH que cuando Pablo dice que «no hay varón ni mujer«, eso no significa que las diferencias individuales no deban importar. De hecho, otras cartas de Pablo revelan que consideraba importantes las diferencias personales dentro de la iglesia. Pero la carta de Pablo dice que si todos somos hijos de Dios, entonces esa debería ser la base para construir una comunidad juntos, en lugar de discriminar a otros por nacionalidad, raza, posición social, clase o género.

Este sentimiento se refleja en 2 Corintios 4:7, un versículo que compara la luz de Dios en el ser humano con un «tesoro en vasijas de barro«. Reflexionando sobre este versículo, el reverendo Tallon, defensor de la comunidad queer, preguntó a LGBTQ Nation: «¿Qué es más importante: la vasija de barro o el tesoro?«.

Sí, debemos tomar en serio nuestro cuerpo físico: seguimos a un Cristo encarnado. Nuestros cuerpos son reales. Pero también lo es lo que sucede en nuestro interior. Nuestra mente también lo es. El reverendo Tallon continúa: «Tu identidad de género es cómo te piensas (y sientes) a ti mismo… ¿Es real comprometerse con Cristo o solo un sentimiento? ¿Es real tener una identidad en Cristo o solo psicología? Reducir la biología a la única realidad es infracristiano

Mateo 25:40 – Honramos a Dios amando a las personas trans.

«Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis».

Este versículo proviene de una parábola que Jesús cuenta sobre el regreso de Dios a la Tierra como un rey mesiánico que separa a los justos de los malvados. El rey conoce a los justos porque son quienes alimentaron, albergaron, vistieron y sanaron a los pobres, enfermos y encarcelados. Cuando los malvados protestan diciendo que los pobres, los enfermos y los presos no tienen nada que ver con su rey, Dios básicamente dice: «Pero lo que hicieron con el más humilde de la gente, también me lo hicieron a mí».

En otras palabras, Jesús dice que la relación de una persona con los más marginados de la sociedad refleja su relación con Dios: honramos a Dios al honrar a los oprimidos. Cuando ignoramos o abusamos de las personas trans, ignoramos y abusamos de Dios, así como del mandamiento divino de amar a los más oprimidos de la sociedad.

«Aquí Jesús introduce la noción de los más desfavorecidos: aquellos marginados y convertidos en chivos expiatorios, y las personas o grupos que son objeto de exclusión y violencia», declara el sacerdote y teólogo Robert E. Goss a LGBTQ Nation. «Lo que me encanta de Jesús es que nos enseña constantemente que la compasión es justicia. Cuando nos solidarizamos con los marginados, defendemos a Jesucristo».

Salmos 139:13-16 – El don de la vida de Dios bendice a las personas trans y sus cuerpos.

Porque tú creaste mis entrañas; me tejiste en el vientre de mi madre. Te alabo porque soy una creación admirable; tus obras son maravillosas, lo sé muy bien. No te fue oculta mi cuerpo cuando fui formado en lo secreto, cuando fui entretejido en lo más profundo de la tierra. Tus ojos vieron mi embrión; todos los días que me fueron ordenados fueron escritos en tu libro antes de que uno de ellos naciera.”

Estos versículos aparecen en medio de un himno que alaba a Dios por estar siempre presente y conocer todos los pensamientos y seres más íntimos de cada persona. Algunos señalan este versículo como prueba de que Dios creó intencionalmente el alma y el cuerpo de cada persona antes de nacer, y por lo tanto, cambiar el cuerpo de una persona va en contra de la creación divina.

Pero los teólogos que afirman la identidad queer no ven ninguna base textual en la Biblia para pensar que la creación de cuerpos y almas por parte de Dios deba excluir la identidad o expresión de género de ninguna persona. De hecho, las personas cisgénero se someten regularmente a cuidados médicos y no médicos de afirmación de género —incluyendo peinarse, usar ciertas modas, tomar medicamentos, someterse a cirugías y otras modificaciones de su apariencia— de maneras que afirman sus cuerpos dados por Dios y, al mismo tiempo, se ajustan a la autoimagen que tienen en sus corazones y mentes.

[Muchas personas trans que experimentan transformaciones físicas] actúan con la convicción de que ser ‘creadas de manera admirable y maravillosa’ significa que la paz y la plenitud son en realidad lo que Dios desea para nosotros y para el mundo, sea cual sea ese camino para cada persona”, escribieron varios teólogos.

Los eunucos: proto-transgénero en la Biblia

El bautismo del eunuco de la reina Candace (c. 1625-1630, atribuido a Hendrick van Balen y Jan Brueghel el Joven)

La Biblia no menciona explícitamente a las personas trans, pero sí contiene varias referencias a los «eunucos«. Los eunucos no eran exactamente transgénero; eran personas intersexuales o a quienes se les asignó el sexo masculino al nacer y a quienes se les extirparon los genitales externos antes de la pubertad. Una ley bíblica de Deuteronomio 23:1 prohíbe a los eunucos participar en la sociedad israelita. Por ello, los eunucos del antiguo Israel sufrieron discriminación y opresión similares a las que enfrentan algunas personas trans hoy en día.

«Los eunucos han sido individuos proto-transgénero en el mundo antiguo e incluso en el mundo moderno como hijras, eunucos religiosos en el hinduismo«, declara el sacerdote y teólogo Robert E. Goss a LGBTQ Nation. El eunuco no era aceptable religiosamente en el mundo antiguo, como tampoco lo son las personas transgénero para muchos cristianos conservadores hoy en día.

La Dra. Sabia-Tanis declara a LGBTQ Nation: «Creo que el valor de observar a los eunucos no radica en que nosotros (las personas trans) compartamos la persecución con ellos, sino en que encarnamos variaciones similares en la sociedad y la fisiología humana. No estoy segura de que esto ayude a abordar la transfobia de origen religioso, simplemente porque no estoy segura de cuánto ayude a cambiar a quienes ya han decidido firmemente excluir y rechazar a las personas trans. Pero creo que estos puntos sí brindan información y consuelo a quienes están dispuestos a escucharlos».

Mateo 19:12 – Amar a las personas trans es un acto divinamente radical.

«Porque hay eunucos que nacieron así, y hay eunucos que fueron hechos eunucos por otros, y hay quienes eligen vivir como eunucos por amor al reino de los cielos. Quien pueda aceptar esto, que lo acepte».

Jesús pronuncia estas palabras al hablar con los judíos, preguntándoles si el divorcio debería ser legal. Numerosos versículos ordenan a las personas casadas tratar a sus cónyuges con amor y respeto, y Jesús les dice que, en realidad, es mejor no casarse que divorciarse más adelante.

Comprendiendo que algunos judíos podrían rechazar su oposición radical al divorcio, Jesús menciona que existen muchos tipos de eunucos y que la gente también debería aceptarlos, aunque algunos lo consideren demasiado radical.

Isaías 56:5 – Las personas trans (y sus nombres) están incluidas en las muchas bendiciones de Dios.

“A los eunucos que guarden mis sábados, que escojan lo que me agrada y se aferren a mi pacto, les daré en mi casa y dentro de mis muros un monumento y un nombre mejor que el de hijos e hijas; les daré un nombre eterno que no será borrado.”

En esta sección, el profeta Isaías transmite la voz de Dios, instando al pueblo de Israel a cumplir su pacto con Dios observando el Sabbath, un día religioso en el que no se debe trabajar. «Bienaventurado el que hace esto», dice Dios en el libro de Isaías.

Dios afirma entonces que este mandamiento incluye a extranjeros y eunucos, incluso a quienes creen estar fuera de la bendición divina. Dicho de otro modo, Dios afirma que nadie está excluido de sus bendiciones, ni siquiera los marginados que tradicionalmente eran excluidos de la vida sociocultural del antiguo Israel.

La Dra. Sabia-Tanis declara a la Nación LGBTQ: «De hecho, las promesas [de Dios] se dirigen precisamente a quienes han sido tratados injustamente y excluidos de la sociedad. Dios nunca reserva privilegios para quienes siguen las normas sociales o se comportan correctamente en términos humanos; el llamado de Dios es ser justos y fieles según sus mandamientos, que incluyen cómo tratamos a los pobres y marginados».

Sabia-Tanis también señala que la recompensa divina de un nombre eterno hace de Isaías 56:5 un versículo particularmente hermoso para las personas no binarias y trans que pueden cambiar su nombre. «Afirma la promesa de un nombre auténtico, eterno y bendecido por Dios«, dijo.

Hechos 8:26-36 – Dios quiere que los cristianos reciban a las personas trans con los brazos abiertos.

Mientras viajaba, Felipe, un evangelista que atiende a cristianos pobres en Jerusalén, se encontró con un etíope en un carro que también era eunuco. El etíope, que estaba leyendo un rollo de Isaías, le pidió a Felipe que le explicara un versículo bíblico, y Felipe lo hizo. Cuando más tarde ambos encontraron un cuerpo de agua, el eunuco preguntó: «Mira, aquí hay agua. ¿Qué puede impedir que me bautice?«. Al darse cuenta de que no había nada que debiera impedir, excluir o negar al eunuco, Felipe lo bautizó, y el etíope se marchó lleno de alegría.

La Dra. Sabia-Tanis declaró a LGBTQ Nation que esta historia bíblica sobre un eunuco no trata sobre discriminación ni deshumanización. En cambio, el etíope «es tratado como una persona con riquezas (lo cual sabemos por su posición en la corte de la reina, su carroza y su pergamino), y es incluido«.

Si bien existen bautismos anteriores en el libro de los Hechos, este es el primer relato realmente detallado en el que conocemos brevemente a una persona que desea unirse a la fe cristiana emergente”, añade la Dra. Sabia-Tanis. “Creo que el autor eligió esta [historia en particular] para ilustrar la inclusión de todo tipo de personas en el movimiento de Jesús. Habría sido fácil contar la historia del bautizo de un hombre destacado y pilar de la comunidad judía —sin controversias sobre gentiles, mujeres o eunucos—, pero en cambio, se trata de una persona ajena. Eso es importante”.

Este es un modelo bíblico sobre cómo responder a las personas no binarias y transgénero, y uno que la iglesia debería seguir”, continúa la Dra. Sabia-Tanis. “No hay una prueba de fuego ni exclusiones por quién es la persona, su etnia, género, nacionalidad o cualquier otra categoría. Simplemente inclusión”.

Goss declara a LGBTQ Nation: “El movimiento de Jesús posterior a la Pascua reflejó las prácticas inclusivas radicales de Jesús al invitar a personas de fuera y marginadas a su mesa. Si Dios en las escrituras de Isaías, Jesús en la declaración del eunuco en Mateo y Lucas en los Hechos sobre el bautismo del eunuco etíope [todos eunucos bienvenidos] en el cuerpo de Cristo, entonces podemos solidarizarnos [con las personas trans]”.

Un tema complejo para el cristianismo

El tema de las personas transgénero y su lugar en el cristianismo es complejo y complejo. Si bien la Biblia puede no referirse explícitamente a las personas transgénero, sí ofrece una perspectiva sobre los conceptos más amplios de género e identidad.

Cabe destacar que la forma en que las diferentes denominaciones e individuos abordan este tema varía ampliamente: algunos condenan, mientras que otros aceptan y muestran amor.

En definitiva, es importante abordar todas las interacciones con las personas, independientemente de su identidad de género o cómo elijan expresarse, con amor y empatía como guía.

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Daniel Villarreal es un periodista y editor galardonado y con una larga trayectoria, que ha escrito para NBC News, Newsweek, Vox, Slate, Vice News, The Seattle Stranger, The Dallas Voice y numerosas otras publicaciones LGBTQ+. Ha sido ponente en SXSW, Creating Change, Netroots Nation, GaymerX y se graduó del programa Voces de Color de GLAAD y del seminario «El Poder de las Voces Diversas» de 2024 del Instituto Poynter. También es el fundador de QueerBomb Dallas, un evento anual no corporativo del Orgullo; y de CinéWilde, el ciclo mensual de cine LGBTQ+ más antiguo del país. Está disponible para entrevistas y charlas educativas.

Fuente LGBTQNation

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“El Reino de Dios está en el desarrollo y el despertar espiritual”, por Víctor R. Moreno.

miércoles, 30 de julio de 2025
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De su blog Escuela de Contemplación SALMOS: 

El Reino de Dios o el Reino de los cielos. Es el anuncio principal que hemos de hacer: “vayan y anuncien el Reino de los cielos”, también llamado reino de Dios. ¿Cómo podemos interpretar el Reino de Dios?

El Reino de los cielos va siendo entendido de acuerdo al desarrollo espiritual que tenga la persona. Por esto algunas personas enfatizan más en el Reino de los cielos como algo que vendrá después de la muerte. Otras personas lo enfatizan más como el dinamismo de hacer mucho bien en la tierra; diciendo que los hombres se ayuden, que sean solidarios, para poderlo indicar: «Ahí está el Reino de los cielos, el Reino de Dios”. Otros enfatizan en una experiencia espiritual, una experiencia en la que se conocen dimensiones más profundas del ser humano. Pero otros se van dando cuenta de que todas esas realidades, y algunas más, hacen parte del Reino de Dios, Reino de los cielos.

Lo primero que tenemos que tener presente es que, ciertamente el Reino de Dios o Reino de los cielos, es un dinamismo activo y transformador de la Presencia divina. O sea, que no estamos ante algo estático, algo que está allí como un lugar quieto, como una habitación cerrada. No, es un dinamismo, es activo y es transformador. Ese Reino de Dios o Reino de los cielos, es lo que el Maestro envía a anunciar. Elige a algunas personas y las va mandando a anunciar. Pero, ¿a quiénes elige? Elige a personas que van conociendo ese dinamismo; de otro modo estarían anunciando algo que desconocen. Entonces de entre los que ve que van viviendo ese dinamismo, les confía: “Vayan y anuncien el Reino de Dios, el Reino de los cielos”. No les dice que anuncien ninguna doctrina fija. No se trata de decir dogmas, no se trata de decir verdades escritas en alguna parte, no se trata de decir un discurso memorizado sobre una interpretación religiosa.

Se trata de anunciar la presencia de un dinamismo divino activo y transformador que está en medio de nosotros, está dentro de nosotros, está en nosotros. Alguien que anuncia ese Reino es alguien que ha ido descubriendo ese dinamismo y lo anuncia. El dinamismo divino está entre nosotros. El dinamismo divino, la actividad de Dios, el reinado de Dios, la Presencia divina que se dinamiza está entre nosotros. Vengo a anunciarles esto. “No vayan allá, ni a otro lado, ni donde les digan, porque ese Reino está dentro de ustedes”, está entre nosotros. Entonces, anunciar el Reino no es llenar de doctrina a las personas; es anunciarles un dinamismo, un dinamismo divino.

Ahora, para entrar en ese dinamismo divino, debo convertirme. La palabra “conversión” utilizada en el Evangelio es metanoia, que realmente significa “transformación de la mente” o “conocer más allá de lo que suelo conocer”; “más allá de lo que normalmente conozco con mi entendimiento”. Normalmente las personas entienden la religión y el camino espiritual como aprenderse verdades de fe, como creer en ideas religiosas muy atractivas. Cuando en verdad, el anuncio es “metanoeite; que es la palabra en griego que se utiliza, “metanoeite; “transformen su mente”, “vayan más allá de su mente”. Entonces nos está diciendo que no se trata de conocer del modo como ya hemos conocido, sino de conocer de otra manera, de “ir más allá de la mente.

Y ahí es donde entra una práctica espiritual que no consiste en sentarse a pensar cosas religiosas. Consiste, precisamente, en abandonar los pensamientos religiosos, los pensamientos políticos, los pensamientos ideológicos, los pensamientos que siempre me tienen anclado a las verdades en las que me suelo mover. Más bien me envía a un conocimiento pleno de toda la Vida y de toda la Realidad. Por eso nuestra práctica es una práctica silente, de abandono de todas las ideas, prejuicios o deseos, que, como ser humano condicionado, suelo tener. “Metanoeite, conviértanse, cambien el pensamiento. Y entonces, cuando entro en ese dinamismo voy descubriendo que lo que está sucediendo en mí es que voy teniendo un desarrollo espiritual, a través del cual, voy conociendo cada vez con mayor profundidad la existencia.

La existencia, entonces, ya no es vista como cuando niño, que veía que todo era como mágico, como un juego, como algo que simplemente aparece allí y desaparece. O tampoco es imaginándonos divinidades que gobiernan el clima, que gobiernan, nuestros problemas personales; como cuando deseo encontrar algo, supuestamente tengo que invocar a alguien para que me ayude a encontrarlo. Toda esa visión mítica va pasando, y voy entrando a un entendimiento mucho más claro de la vida y de lo que es la presencia divina. Voy entendiendo más profundamente los Escritos Sagrados, y voy comprendiendo en profundidad que esos escritos sagrados también tienen otros lenguajes, y por eso otros pueblos también tienen Escritos Sagrados. Pero debo llegar a un punto en el que tenga una visión tal, en la que yo veo que todo eso hace parte de un proceso activo y transformador, que el Reino de Dios mismo realiza en mí, que me permite llegar a estar al punto de ser Uno con Él.

Pero no es suficiente comprender ese desarrollo. Es necesario que yo tenga experiencias directas de esa misma presencia divina. Y entonces hay experiencias directas como las que tuvo San Francisco de Asís, una experiencia directa de Dios en la creación; o experiencias directas como las que tuvo Santa Teresa, percibiendo que Dios es un Tú maravilloso, que me ama y estoy unido a Él profundamente; o una experiencia tan profunda que todo se vuelve silencio y vacío, total quietud, como la que han tenido muchos místicos como Maestro Eckhart, San Juan de la Cruz u otros tantos. Es una presencia plena que todo lo envuelve. Y hay muchas más experiencias todavía.

Entonces voy entendiendo que el Reino de Dios, el Reino de los cielos, ciertamente es el dinamismo divino activo y transformador de mi existencia y de la existencia de todo ser humano. Y por eso necesitamos que quienes lo vayan viviendo sigan profundizando en él y comiencen a anunciarlo. Cuando Él dice, «La míes abundante, hay mucho por hacer, pero los obreros son pocos”, nos vuelve a confirmar que quienes estamos en este camino, ciertamente no somos multitudes. ¿Cuántas personas estarán leyendo estas palabras? No serán muchas. Ese no es un problema real. El asunto es que quienes estamos viviendo este camino, anunciemos la presencia de ese dinamismo activo y transformador de la presencia divina mientras vamos viviendo Su Presencia.

Y entonces vamos comprendiendo de qué se trata este camino al que hemos sido llamados, del cual estamos profundamente agradecidos, pero que en el fondo nos va diciendo cuál es la verdadera presencia divina que buscamos. Y llegar al punto de descubrirme como pura manifestación divina con lo que soy, como soy, desde donde estoy; y que esta Presencia está precisamente para encender la chispa de ese Reino en medio de quienes la existencia me va poniendo al lado, y hacer del camino con la humanidad un camino transformador, un camino en el que unos van más adelante, otros van más atrás, pero todos vamos juntos. Los de adelante vamos ayudando a los de más atrás, los que van más adelante de nosotros nos van ayudando; vamos juntos.

Pero esto no es un discurso de ideas, es un discurso fuera del discurso, como decía también Raimon Panikkar, es una realidad que se manifiesta ella misma, a veces en nuestras palabras, en nuestras acciones, en lo que somos. Estamos para anunciar; y por eso, primero, profundizamos en el silencio; y desde ese silencio emerge aquello que se comunica a través de nosotros, un discurso que está más allá de las palabras. Es una Presencia plena; la presencia del Reino. Los invito entonces a nuestra práctica contemplativa.

Víctor Ricardo Moreno Holguín 

(1) Meditación SALMOS: El Reino de Dios está en el desarrollo y despertar espiritual. – YouTube

Fuente Religión Digital

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Dios maldice 6 veces a Israel: Os venderán, pero nadie os comprará ni como esclavos

martes, 29 de julio de 2025
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#NO PODEMOS CALLAR #EL SILENCIO ES COMPLICIDAD #NO ES UNA GUERRA, ES UN GENOCIDIO #PAREMOS LA HAMBRUNA #PAREMOS LA BARBARIE DE NETANYAHU Y TRUMP

«Dios está muriendo de hambre en Gaza«,
por Juan José Aguirre / Obispo de Bangassou (Centroáfrica)
, en otra guerra olvidada

Del blog de Xabier Pikaza:

«Lee y llora conmigo leyendo Dt 28, 16-68»

Se lo he confesado a mi amigo Efraím, judío de Argentina, y me ha  contestado: «Lee y llora conmigo leyendo Dt 28, 16-68«. Leo y lloro y os invito a leer  y llorar con Efraím y muchos amigos judíos.

Ésta es la más dura de las maldiciones de la Biblia y no va contra gentiles, sino contra judíos enemigos de su Dios. Transcribo el texto según  la versión de Reina-Valera (1960), la mejor que conozco, para este capítulo donde pone Yehová leed Yahvé o Señor. 

Pongo las maldiciones centrales en castellano y hebreo. El texto se entiende por sí mismo. Estos israelitas morirán de hambre, pues nadie les querrá ni como esclavo. No lo digo yo, lo dice Dt 28 (que forma parte de Dt 28-32, el texto más duro e importante de la Biblia Hebrea).

DT 28. Maldiciones contra Israel.

15 Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy,  vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán.

Las seis grandes maldiciones

16 Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo.

17 Maldita tu canasta, y tu artesa de amasar.

18 Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas.

19 Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir.

20 Y Jehová enviará contra ti la maldición, quebranto y asombro en todo cuanto pusieres mano e hicieres, hasta que seas destruido, y perezcas pronto a causa de la maldad de tus obras por las cuales me habrás dejado.

  • Texto hebreo
  • 16טז ארור אתה בעיר וארור אתה בשדה
  • 17יז ארור טנאך ומשארתך
  • 18יח ארור פרי בטנך ופרי אדמתך–שגר אלפיך ועשתרת צאנך
  • 19יט ארור אתה בבאך וארור אתה בצאתך
  • 9יט ארור אתה בבאך וארור אתה בצאתך


Ampliación de las maldiciones

21 Jehová traerá sobre ti mortandad, hasta que te consuma de la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella.

22 Jehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina y con añublo; y te perseguirán hasta que perezcas.

23 Y los cielos que están sobre tu cabeza serán de bronce, y la tierra que está debajo de ti, de hierro.

24 Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descenderán sobre ti hasta que perezcas.

25 Jehová te entregará derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos; y serás vejado por todos los reinos de la tierra.

26 Y tus cadáveres servirán de comida a toda ave del cielo y fiera de la tierra, y no habrá quien las espante.

27 Jehová te herirá con la úlcera de Egipto, con tumores, con sarna, y con comezón de que no puedas ser curado.

28 Jehová te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu;
29
y palparás a mediodía como palpa el ciego en la oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos; y no serás sino oprimido y robado todos los días, y no habrá quien te salve.

30 Te desposarás con mujer, y otro varón dormirá con ella; edificarás casa, y no habitarás en ella; plantarás viña, y no la disfrutarás.

31 Tu buey será matado delante de tus ojos, y tú no comerás de él; tu asno será arrebatado de delante de ti, y no te será devuelto; tus ovejas serán dadas a tus enemigos, y no tendrás quien te las rescate.

32 Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos lo verán, y desfallecerán por ellos todo el día; y no habrá fuerza en tu mano.

33 El fruto de tu tierra y de todo tu trabajo comerá pueblo que no conociste; y no serás sino oprimido y quebrantado todos los días.

34 Y enloquecerás a causa de lo que verás con tus ojos.

35 Te herirá Jehová con maligna pústula en las rodillas y en las piernas, desde la planta de tu pie hasta tu coronilla, sin que puedas ser curado.

36 Jehová te llevará a ti, y al rey que hubieres puesto sobre ti, a nación que no conociste ni tú ni tus padres; y allá servirás a dioses ajenos, al palo y a la piedra.

37 Y serás motivo de horror, y servirás de refrán y de burla a todos los pueblos a los cuales te llevará Jehová.

38 Sacarás mucha semilla al campo, y recogerás poco, porque la langosta lo consumirá.

39 Plantarás viñas y labrarás, pero no beberás vino, ni recogerás uvas, porque el gusano se las comerá.

40 Tendrás olivos en todo tu territorio, mas no te ungirás con el aceite, porque tu aceituna se caerá.

41 Hijos e hijas engendrarás, y no serán para ti, porque irán en cautiverio.

42 Toda tu arboleda y el fruto de tu tierra serán consumidos por la langosta.

43 El extranjero que estará en medio de ti se elevará sobre ti muy alto, y tú descenderás muy abajo.

44 El te prestará a ti, y tú no le prestarás a él; él será por cabeza, y tú serás por cola.

45 Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán, y te alcanzarán hasta que perezcas; por cuanto no habrás atendido a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó;
46
y serán en ti por señal y por maravilla, y en tu descendencia para siempre.

47 Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas,
48 servirás, por tanto, a tus enemigos que enviare Jehová contra ti, con hambre y con sed y con desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello, hasta destruirte.

49 Jehová traerá contra ti una nación de lejos, del extremo de la tierra, que vuele como águila, nación cuya lengua no entiendas;
50 gente fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano, ni perdonará al niño;
51 y comerá el fruto de tu bestia y el fruto de tu tierra, hasta que perezcas; y no te dejará grano, ni mosto, ni aceite, ni la cría de tus vacas, ni los rebaños de tus ovejas, hasta destruirte.

52 Pondrá sitio a todas tus ciudades, hasta que caigan tus muros altos y fortificados en que tú confías, en toda tu tierra; sitiará, pues, todas tus ciudades y toda la tierra que Jehová tu Dios te hubiere dado.

53 Y comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas que Jehová tu Dios te dio, en el sitio y en el apuro con que te angustiará tu enemigo.

54 El hombre tierno en medio de ti, y el muy delicado, mirará con malos ojos a su hermano, y a la mujer de su seno, y al resto de sus hijos que le quedaren;
55 para no dar a alguno de ellos de la carne de sus hijos, que él comiere, por no haberle quedado nada, en el asedio y en el apuro con que tu enemigo te oprimirá en todas tus ciudades.

56 La tierna y la delicada entre vosotros, que nunca la planta de su pie intentaría sentar sobre la tierra, de pura delicadeza y ternura, mirará con malos ojos al marido de su seno, a su hijo, a su hija,
57 al recién nacido que sale de entre sus pies, y a sus hijos que diere a luz; pues los comerá ocultamente, por la carencia de todo, en el asedio y en el apuro con que tu enemigo te oprimirá en tus ciudades.

58 Si no cuidares de poner por obra todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y temible: JEHOVÁ TU DIOS,
59 entonces Jehová aumentará maravillosamente tus plagas y las plagas de tu descendencia, plagas grandes y permanentes, y enfermedades malignas y duraderas;
60
y traerá sobre ti todos los males de Egipto, delante de los cuales temiste, y no te dejarán.

61 Asimismo toda enfermedad y toda plaga que no está escrita en el libro de esta ley, Jehová la enviará sobre ti, hasta que seas destruido.

62 Y quedaréis pocos en número, en lugar de haber sido como las estrellas del cielo en multitud, por cuanto no obedecisteis a la voz de Jehová tu Dios.

63 Así como Jehová se gozaba en haceros bien y en multiplicaros, así se gozará Jehová en arruinaros y en destruiros; y seréis arrancados de sobre la tierra a la cual entráis para tomar posesión de ella.

64 Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo; y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al leño y a la piedra.

65 Y ni aun entre estas naciones descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo;pues allí te dará Jehová corazón temeroso, y desfallecimiento de ojos, y tristeza de alma;
66 y tendrás tu vida como algo que pende delante de ti, y estarás temeroso de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida.

67 Por la mañana dirás: ¡Quién diera que fuese la tarde! y a la tarde dirás: ¡Quién diera que fuese la mañana! por el miedo de tu corazón con que estarás amedrentado, y por lo que verán tus ojos.

68 Y Jehová te hará volver a Egipto en naves, por el camino del cual te ha dicho: Nunca más volverás; y allí seréis vendidos a vuestros enemigos por esclavos y por esclavas, y no habrá quien os compre.

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Lo que Sodoma significa para los católicos hoy.

lunes, 28 de julio de 2025
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La reflexión de hoy es de Ryan Di Corpo, periodista y editor, cuyos artículos han aparecido en The Washington Post, America, National Catholic Reporter, la revista U.S. Catholic y otros medios. Di Corpo fue editor jefe de Outreach, un ministerio para católicos LGBTQ+ respaldado por los jesuitas.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el 17º Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

Los católicos LGBTQ probablemente estén exhaustos por la primera lectura litúrgica de hoy, de Génesis 18, que sienta las bases para uno de los episodios más discutidos, debatidos, analizados y citados del Antiguo Testamento: la destrucción de Sodoma y Gomorra. (Sí, esta historia otra vez). La lectura de hoy nos muestra a Dios en una especie de misión de investigación con un anciano Abraham para determinar si los pecados de Sodoma y Gomorra merecen castigo. A instancias de Abraham, el Señor le promete que perdonará las ciudades si encuentra incluso diez inocentes.

En el capítulo siguiente, Lot, el sobrino de Abraham, un inmigrante (o gēr) en las ciudades, saluda a dos ángeles, a quienes alimenta con pan sin levadura en su casa. Pronto, Lot encuentra su morada rodeada por todos los hombres del pueblo, quienes exigen que saquen a sus invitados para que los hombres los conozcan (yādha‘), lo que a menudo se interpreta en un sentido sexual. En cambio, Lot ofrece a los hombres a sus dos hijas vírgenes, pero la multitud rechaza la sugerencia y se adelanta para derribar la puerta (Génesis 19:9). Los ángeles que se encontraban en el interior cegan a los hombres para detener su avance, mientras Lot huye con su familia a la ciudad de Zoar antes de que Dios devaste Sodoma y Gomorra.

Fuente de múltiples interpretaciones, la lectura más perdurable de la narrativa bíblica ha acusado a los residentes de esas ciudades condenadas de homosexualidad, lo cual, según la explicación más repetida, enfureció tanto a Dios que quemó la tierra con fuego y azufre. Esta interpretación popular (de dudosa veracidad histórica) dio origen al término «sodomía» y a su derivado despectivo «sodomita», ahora difundido en redes sociales por anónimos renegados con diccionarios. La historia es el tema de una pintura de mediados del siglo XIX, toda fuego y azufre, del artista inglés John Martin, quien tenía un don para las imágenes infernales. E inspiró una divertida camiseta que lució el historiador católico gay Alan Bray  en 1979: “Sodoma Hoy, Gomorra, El Mundo”.

“La Destrucción de Sodoma y Gomorra” de John Martin (siglo XIX).

Bromas aparte, el relato bíblico de la ira de Dios que redujo estas antiguas ciudades a ruinas humeantes se ha citado durante mucho tiempo como prueba de que las relaciones entre personas del mismo sexo merecen una condena sin reservas y, en última instancia, incurren en el castigo divino, y de que la homosexualidad clama venganza al cielo. ¿Cómo llegamos a esta situación? ¿Y qué significa esta historia para todos los católicos de hoy?

En su reciente libro “Inferior a los Ángeles: Una Historia del Sexo y el Cristianismo”, el historiador inglés Diarmaid MacCulloch   afirma que, a partir del siglo II a. C., las “relaciones desiguales entre personas del mismo sexo” en el mundo grecorromano (por ejemplo, entre un patricio y un esclavo) fueron cada vez más condenadas en los escritos judíos. Y líderes intelectuales (Filón de Alejandría, Josefo) en la época de Cristo señalaron los actos homosexuales como el pecado de Sodoma.

El eticista anglicano Derrick Sherwin Bailey, en su emblemático estudio de 1955, Homosexualidad y la Tradición Cristiana Occidental, señala que los pasajes bíblicos supuestamente relacionados con actos sexuales inadmisibles, como Levítico 18:22 y Romanos 1:26, no hacen referencia alguna a Sodoma. Muchos eruditos interpretan el relato bíblico no como una advertencia sobre las relaciones homosexuales, sino como una advertencia contra la inhospitalidad.

«Dios castigó a Sodoma por una inexcusable violación de la hospitalidad que se ofrecía tradicionalmente a los viajeros en el mundo antiguo», escribe MacCulloch. Y el experto en Antiguo Testamento Richard J. Clifford, S.J., expresidente de la Asociación Bíblica Católica, coincide y profundiza en esta perspectiva. En un ensayo de 2024 para Outreach, Clifford descarta con facilidad la idea de que el pecado de Sodoma fuera la homosexualidad y señala una perspectiva que se pasa por alto. «A los ojos de Lot, los hombres de Sodoma no pretendían específicamente violar a un homosexual, sino humillar a Lot, a quien despreciaban como inmigrante, y a sus dos invitados«, escribe Clifford. Clifford hace referencia específica a las amenazas de los hombres hacia Lot:

«¡Quítate del camino!«, respondieron. «¡Este hombre vino como extranjero y ahora quiere hacerse el juez! Te trataremos peor que a ellos» (Génesis 19:9).

Si el pecado de Sodoma es la falta de hospitalidad hacia los extraños, en particular hacia los extranjeros, entonces nuestra nación está invadida por sodomitas, pero no son personas LGBTQ+. Más bien, son las voces que condenan y deshumanizan a los migrantes como una amenaza existencial para el país, las autoridades civiles que buscan expulsar a los inmigrantes de sus comunidades y desposeerlos, los funcionarios gubernamentales que encadenan, se burlan, aterrorizan, abusan y descartan a sus vecinos con el pretexto de la seguridad nacional. Son los ricos que optan por pisotear a los pobres y enriquecerse, quienes se tapan los oídos ante el clamor de los desposeídos. «Este fue el pecado de tu hermana Sodoma: ella y sus hijas eran arrogantes, saturadas y despreocupadas; no ayudaron al pobre ni al necesitado» (Ezequiel 16:49).

En resumen, la historia de Sodoma y Gomorra no nos anima a actuar con prejuicios ni falta de caridad hacia nuestros hermanos LGBTQ+, quienes desde hace mucho tiempo han enfrentado el rechazo de los líderes de la iglesia. La historia nos recuerda que mostrar hospitalidad a los desconocidos, al «Otro«, es una obligación cristiana, no una opción. Es una señal pública de fe.

—Ryan Di Corpo, 27 de julio de 2025

Fuente New Ways Ministry

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