Viaje interior
«Nuestro verdadero viaje en la vida es interior: cuestión de crecimiento, de profundización y de una entrega cada vez mayor a la acción creadora del amor y de la gracia en nuestros corazones”.
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Thomas Merton
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«Nuestro verdadero viaje en la vida es interior: cuestión de crecimiento, de profundización y de una entrega cada vez mayor a la acción creadora del amor y de la gracia en nuestros corazones”.
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Thomas Merton
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Del blog Amigos de Thomas Merton:
“Toda vida cristiana está destinada a ser al mismo tiempo profundamente contemplativa y rica en trabajo activo. Es cierto que somos llamados a crear un mundo mejor. Pero ante todo somos llamados a una tarea más inmediata y ensalzada: la de crear nuestras propias vidas. Al hacerlo actuamos como colaboradores de Dios. Ocupamos nuestro lugar en la gran obra de la humanidad ya que, en efecto, la creación de nuestro propio destino en Dios es imposible en un completo aislamiento. Cada uno de nosotros labra su propio destino inseparablemente unido a todas las demás personas con quienes Dios ha querido que vivamos. Compartimos unos con otros la obra creadora de vivir en el mundo. Y por medio de nuestra lucha con la realidad material, con la naturaleza, nos ayudamos unos a otros a crear al mismo tiempo nuestro destino y un mundo nuevo para nuestros descendientes.”
“La santidad cristiana ya no puede ser considerada como una mera cuestión de actos de virtud individuales y aislados, sino que ha de ser vista también como parte de un enorme esfuerzo de colaboración para la renovación espiritual y cultural de la sociedad, que produzca unas condiciones en las que todos los hombres puedan trabajar y disfrutar en paz del justo fruto de su trabajo”.
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Thomas Merton
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Del blog Amigos de Thomas Merton:
…»En la vida de Merton hubo claramente dos pasiones: la contemplación y la escritura o, por decirlo más categóricamente, el silencio y la palabra. Desde muy joven, Merton experimentó la pasión por callar y, más que eso, por silenciarse y escuchar; y desde muy joven, también, antes aún, la pasión por escribir y comunicar, por explorarse a sí mismo y al mundo por medio de la prosa, por arrancar a las palabras, frase a frase, su verdad.
Hay muchos autores en quienes la pasión mística y la literaria se cruzan. Ahí están Novalis, por ejemplo, o Tolstói, Stifter, Hesse, Kafka, Lindgren, mi querida Simone Weil o nuestro Unamuno… La lista es casi infinita, y en alguna ocasión he jugado a confeccionarla. Pero esta conjugación del arquetipo espiritual con el artístico, tan sanjuanista, esta confluencia de la experiencia estética con la extática es particularmente elocuente en el caso de Merton, como demuestra su patente actualidad y la continua reedición de sus libros. La pregunta es por qué.
Dice Evelyn Underhill que el silencio «no envuelve a sus iniciados en una calma aislada y sobrenatural, ni los aísla del dolor y el esfuerzo de la vida cotidiana», sino que «más bien les otorga una renovada vitalidad, administrando al espíritu humano no -como algunos suponen- un bálsamo sedante, sino el más poderoso de los estimulantes». Valga esto para casi todos los contemplativos, pero muy en especial para Merton, quien desarrolló en los últimos años de su vida, junto a la pasión por el silencio y la palabra -y claramente derivada de ellas-, una pasión por el gesto y la acción.
En efecto, Merton no fue ni mucho menos sólo un orante que, a fuerza de contarnos y de contarse su relación con el misterio, logró enseñarnos a valorar la esfera de lo religioso. Merton fue un entusiasta del diálogo, un pionero del encuentro intermonástico y un profeta de la meditación en el mundo contemporáneo. Quiso por ello encontrarse con todos los que en su tiempo compartían sus pasiones y podían aportarle algo.
Estudió a fondo, se carteó o se entrevistó con León Bloy, Paul Claudel, Peter Van der Meer, Rilke, Thoreau, Julien Green, Matsuo Basho, Raissa Maritain, Albert Camus, D. T. Suzuki, Pessoa… Y en los últimos años de su vida, y eso que había hecho voto de estabilidad monástica, viajó como el más impenitente de los viajeros, pasando buena parte de las noches, por no decir la mayoría, fuera de su celda y a miles de kilómetros de su monasterio.
Un monje viajero es una contradicción en sí misma, Merton lo fue. Tan contradictoria fue su fiebre viajera y su apología de la quietud como su defensa del silencio en medio de la más exuberante grafomanía. Pero Merton sintió la llamada, no simplemente el deseo, de verificar en la historia todo lo que había contemplado y escrito, todos sus hallazgos y búsquedas.
En la parábola vital de este monje literato y peregrino veo, admirado, un itinerario ejemplar
Como Teresa de Jesús -y el suyo fue uno de los poquísimos casos en su siglo-, Merton fue un apasionado del silencio, de la palabra y de la acción, alcanzando en cada uno de estos ámbitos algo parecido a la plenitud. La pasión mística, poética y fundadora de la santa de Ávila la vivió Merton a su modo en el pasado siglo. Por eso su biografía es su mejor obra, por eso resulta evidente que su figura es un arquetipo.
Salvando todas las distancias, en el espejo de Merton no puedo por menos de ver un reflejo de mí mismo. Pero yo no soy un escritor tan insigne como él, aunque ya me gustaría; ni un místico tan profundo y agudo, lo que aún me gustaría más; tampoco un pontífice del diálogo, como él lo fue, o un apóstol de la meditación, sino sólo un aprendiz. Pero en la parábola vital de este monje literato y peregrino veo, admirado y agradecido, un itinerario ejemplar. Saber que él ya ha recorrido la senda a la que yo mismo he sido llamado, y que la ha transitado de forma tan cabal, hace que mi propio camino sea más llano y más ligera y llevadera mi aventura vital.»
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Pablo D’Ors.
ABC Cultural, 19 de noviembre de 2015
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Aunque un poco tarde, traemos este recuerdo leído en el blog Amigos de Thomas Merton:
Thomas Merton nació el 31 de enero de 1915 en Prades, Francia, hace hoy 101 años. Termina la celebración de su centenario, pero lo más importante continúa. Él sigue acompañándonos a buscar, a preguntarnos, a encontrar respuestas que quizás den paso a nuevas búsquedas. Por eso seguimos celebrando y escuchándolo.
«Hay una cosa en la vida cuyo valor es ilimitado, una virtud que no necesita practicarse con ninguna moderación. Esa cosa es el amor: el amor de Dios y el amor hacia las demás personas en Dios y por Él. No hay ninguna razón para menguar en tu interior el amor a Dios o por los demás, pues el amor es en sí un fin, el amor es por lo único que fuimos creados. El amor es la única razón por la que existimos.»
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Thomas Merton. Las Aguas de Siloé.
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«Asediado por los mismos problemas y angustias que afligen a los seres humanos de nuestro tiempo, Thomas Merton accedió, y lo hizo en profundidad, a ‘una sabiduría diferente’ de los misterios cristianos y su capacidad sanadora, iluminadora y transformadora. Su pasión consistía en compartir esta sabiduría con cuantos nos encontrábamos al otro lado de los muros de su monasterio. No es que él hubiera encontrado respuestas, sino que había discernido una forma de explorar las cuestiones más radicales que desde siempre han inquietado a los buscadores espirituales. Comprendió que su vocación consistía en ser un servidor de la búsqueda humana de sentido, trascendencia y comunión, capaz de adentrarse en terrenos del corazón humano que pocos de nosotros se atreven a explorar. En esa inhóspita región del alma, descubrió Merton no solo el yo que había perdido en el laberinto del mundo moderno, sino su más escondida fuente: las insondables cálidas profundidades del misterio divino. Al recobrar su propia alma, se descubrió a sí mismo en toda su integridad y lucidez y se sintió capaz de mostrar el acceso a esta integridad fundamental, descubierta gracias al despertar de la mente contemplativa. El que en otro tiempo se había sentido desorientado en medio de la desoladora angustia y confusión del mundo y de sí mismo, llegó, con el tiempo, a conocer la paz de quien ha encontrado su camino a casa: a Dios, al mundo y a sí mismo«.
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Kathleen Deignan.
El Libro de las Horas con Thomas Merton, Prólogo. (Fragmento)
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(Fotos de pertenencias de Merton de The Thomas Merton Center at Bellarmine University)
Del blog Amigos de Thomas Merton:
Hoy se anunció en un comunicado conjunto de la Santa Sede y del Patriarcado de Moscú, que el viernes 12 de febrero (en poco más de una semana), se reunirán en La Habana, para un diálogo personal por primera vez, un Papa de la Iglesia Católica y un Primado de la Iglesia Ortodoxa Rusa: el Papa Francisco y el Patriarca Kirill. Así dice el comunicado:
Comunicado de prensa conjunto de la Santa Sede y del Patriarcado de Moscú
«La Santa Sede y el Patriarcado de Moscú tienen el placer de anunciar que, por gracia de Dios, Su Santidad el Papa Francisco y Su Santidad el Patriarca Kirill de Moscú y toda Rusia, se encontrarán el próximo 12 de febrero. El encuentro se realizará en Cuba, donde el Papa hará escala antes de su viaje a México, y donde el Patriarca estará en visita oficial. Comprenderá un coloquio personal en el aeropuerto internacional José Martí de la Habana y concluirá con la firma de una declaración común.
Este encuentro de los primados de la Iglesia Católica y de la Iglesia Ortodoxa Rusa, preparado desde hace tiempo, será el primero en la historia y marcará una etapa importante en las relaciones entre las dos iglesias. La Santa Sede y el Patriarcado de Moscú desean que sea una señal de esperanza para todos los hombres de buena voluntad. Invitando a todos los cristianos a rezar con fervor para que Dios bendiga este encuentro, que de buenos frutos.»
De inmediato nos viene a la memoria Merton, su sueño, su trabajo y su empeño ecuménicos. Sus conocidas palabras orantes. Hagámoslas nuestras para esta ocasión.
«Oh Dios, somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros, tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plena y totalmente, te aceptamos a tí y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, porque nuestro ser es tu ser, nuestro espíritu está enraizado en tu espíritu. Llénamos, pues, de amor, y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo y te hace ser testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor ha vencido. El amor es victorioso. AMÉN.»
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Thomas Merton
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En la semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, traemos este texto de Thomas Merton, monje cisterciense (1915-1968) del diálogo interreligioso. Es una oración pronunciada en la primera conferencia espiritual e interreligiosa reunida en Calcuta, India, en 1968.
“¡Oh Dios! somos uno contigo.
Tú nos has hecho uno contigo.
Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros,
Tú moras en nosotros.
Ayúdanos a mantener esta apertura
y a luchar por ella con todo nuestro corazón.
Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo.
¡Oh Dios!
Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente,
te aceptamos a Ti y te damos gracias,
te adoramos y te amamos con todo nuestro ser,
porque nuestro ser es tu ser,
nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu.
Llénanos, pues, de amor
y únenos en el amor
conforme seguimos nuestros propios caminos,
unidos en este único Espíritu
que se hace presente en el mundo,
y que te hace testigo
de la suprema realidad que es el amor.
El amor ha vencido.
El amor es victorioso.
Amén”.
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Thomas Merton,
“Diario de Asia”
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Del blog Amigos de Thomas Merton:
«Cuando los salmos me sorprenden con su música,
y las antífonas llegan a embriagarme,
el fondo de mi alma se desvanece»
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Thomas Merton
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«Para Thomas Merton, el libro hebreo de los Salmos era la colección más significativa e influyente de poemas religiosos que
jamás se hubiera escrito. Dialógicos por naturaleza, los salmos expresan el discurso de la fe entre el pueblo de la Alianza y su Dios; y como cuerpo de literatura sagrada constituyen el recurso teológico y litúrgico más revelador que nos ha legado la tradición bíblica.
‘Siete veces al día te alabo’ dice el salmista hebreo, evocando con cada cántico la alternancia de horas y estaciones de bienestar y congoja que es la vida de fe. Escritos por los mejores poetas de Israel para la liturgia del Templo y originariamente acompañados por excelentes intérpretes de la lira y el arpa, los salmos cantan todas las emociones de la experiencia humana: la alabanza, la queja, el temor reverencial, la aflicción, la adoración, la penitencia, el agradecimiento y la sorpresa ante la asombrosa generosidad y misericordia del Dios vivo. Estos ‘spirituals’ de la comunidad judía eran también las oraciones y cánticos de Jesús, que los cantaba desde el alba hasta la noche, marcando con ellos las horas de sus días, animando las fiestas, celebraciones y romerías que celebraba con sus amigos, todo lo cual se reflejaba en su evangelio, con el que pretendía transformar la realidad. Con el tiempo, estos mismos salmos se convirtieron en los cánticos de exultación, de lamentación y de asombro de la comunidad que el Espíritu de Jesús hizo nacer, inspirando su liturgia y sus escrituras.»
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Kathleen Deignan.
El Libro de las Horas con Thomas Merton. Prólogo (fragmento)
(continúa)
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Del blog Amigos de Thomas Merton:
“En el centro de nuestro ser hay un punto de nada que no ha sido tocado por el pecado ni por la falacia, un punto de pura verdad, un punto o chispa que pertenece por entero a Dios, que nunca está a nuestra disposición, desde el cual Dios dispone de nuestras vidas, y que es inaccesible a las fantasías de nuestra mente y a las brutalidades de nuestra voluntad.
Ese puntito de nada y de absoluta pobreza es la pura gloria de Dios en nosotros.
Es como un diamante puro, fulgurando con la invisible luz del cielo.
Está en todos, y si pudiéramos verlo, veríamos esos miles de millones de puntos de luz reuniéndose en el aspecto y fulgor del sol que desvanecería por completo toda la tiniebla y toda la crueldad de la vida…”
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THOMAS MERTON.
Le point vierge (El punto virgen).
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Del blog Amigos de Thomas Merton:
«¡Pontífices! ¡Pontífices! Somos todos pontífices arengándonosunos a otros, blandiendo nuestros báculos unos contra otros, dogmatizando, amenazando con anatemas!
Del blog de Amigos de Thomas Merton:
«La contemplación es la respuesta a una llamada: una llamada de Aquel que no tiene voz y sin embargo habla en todo lo que existe y, por encima de todo, habla en las profundidades de nuestro propio ser, ya que nosotros somos Sus palabras. Pero somos palabras llamadas a responderle a Él, a contestarle a Él, a ser Su eco e incluso, de alguna manera, a contenerlo y significarlo.
La contemplación es este eco. Es una profunda resonancia en el centro más íntimo de nuestro espíritu, donde nuestra vida pierde su voz autónoma y resuena con la majestad y la misericordia de Dios vivo y escondido. Él se responde a sí mismo en nosotros y esta respuesta es la vida divina, la creatividad divina que resuena en todas las cosas. Nosotros nos convertimos en el eco y la respuesta de Dios. Es como si Dios, al crearnos, nos hubiera hecho una pregunta y, al despertarnos a la contemplación, respondiéramos a esa pregunta, de modo que el contemplativo es al mismo tiempo pregunta y respuesta.
Y todo se resume en una conciencia -no una proposición, sino una experiencia-, a saber: Yo Soy.»
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Thomas Merton
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Del blog Amigos de Thomas Merton:
«El mundo pasa por una terrible crisis espiritual y todos tenemos que sufrir por la estupidez de los siglos pasados y por la nuestra. A veces pienso que sólo los salmos, los profetas y Job pueden enunciar nuestra angustia de manera adecuada. El propio Cristo que sufrió en ellos está sufriendo en nosotros. Toda la humanidad asciende inexorablemente al Calvario con el Señor, ya sea como un ladrón arrepentido, o como el otro o, lo que es peor, como los fariseos. En cuanto a nosotros, espero que seamos ladrones arrepentidos, debemos estar muy unidos entre nosotros en nuestra humildad, pobreza y fortaleza… unidos, también, con todos los pobres de la historia, los poetas de los salmos como los poetas indígenas. Todos somos Cristo; tenemos que saberlo y ser testigos de la verdad y del misterio».
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Thomas Merton
Carta a Pablo Armando Cuadra, 1958
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Del blog Amigos de Thomas Merton:
«Algunos, al parecer, piensan que un santo no puede en modo alguno sentir un interés natural por ninguna de las cosas creadas. Se imaginan que toda forma de espontaneidad o disfrute es el gozo pecaminoso de una «naturaleza caída». Que ser «sobrenatural» significa ahogar toda espontaneidad con tópicos y referencias arbitrarias a Dios. El propósito de tales tópicos es, por decirlo así, mantener todo a distancia, impedir las reacciones espontáneas, exorcizar los sentimientos de culpa o, quizá, ¡cultivar tales sentimientos! A veces nos preguntamos si esta moralidad no es, después de todo, amor a la culpa. Algunos suponen que la vida de un santo solo puede ser un perpetuo duelo con la culpa y que un santo no puede ni siquiera beber un vaso de agua fresca sin hacer un acto de contrición por apagar su sed, como si esto fuera un pecado mortal. Como si los santos ofendieran a Dios cada vez que estiman la belleza, la bondad, las cosas agradables. Como si los santos no pudieran sentir más agrado que el que les procuran sus oraciones y sus actos de piedad interiores.
Un santo es capaz de amar las cosas creadas y gozar usándolas y tratando con ellas de una manera perfectamente sencilla y natural, sin hacer referencias formales a Dios, sin atraer la atención sobre su piedad y actuando sin ninguna forma de rigidez artificial. Su amabilidad y su dulzura no les son impuestas por la presión abrumadora de una camisa de fuerza espiritual, sino que proceden de su docilidad directa a la luz de la verdad y a la voluntad de Dios. Por eso el santo es capaz de hablar sobre el mundo sin hacer ninguna referencia explícita a Dios, de tal manera que lo que dice da mas gloria a Dios y despierta un amor mayor a El que las observaciones de una persona menos santa, que tiene que forzarse para establecer una conexión arbitraria entre las criaturas y Dios por medio de metáforas y analogías gastadas, tan débiles que nos hacen pensar que la religión es problemática.»
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Thomas Merton.
Nuevas semillas de contemplación.
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Del blog Amigos de Thomas Merton:
«La memoria se corrompe y se degrada por una multitud de recuerdos. Si quiero tener una verdadera memoria, tengo que olvidar primero un millar de cosas. La memoria no es plena cuando se extiende sólo en el pasado. Una memoria que no está atenta al presente no recuerda el aquí y el ahora, no recuerda su verdadera identidad, no es memoria en modo alguno. Quien no recuerda más que hechos y acontecimientos pasados y no es consciente del presente, es víctima de la amnesia».
«Estamos tan convencidos de que los males pasados se tienen que repetir, que hacemos que se repitan. No nos atrevemos a correr el riesgo de una nueva vida en la que los males del pasado se olviden por completo; parece como si una nueva vida conllevara nuevos males, y nosotros preferimos afrontar males con los que ya estamos familiarizados. Por eso nos aferramos al mal que ya se ha hecho nuestro y lo renovamos día tras día, hasta que nos identificamos con él y pensamos que el cambio ya no es posible».
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Thomas Merton. «Nuevas semillas de contemplación«.
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Del blog Amigos de Thomas Merton:
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«Me encontraba en el silencio del soto, entre árboles rebosantes de humedad. No creo que jamás haya habido un momento en mi vida en que mi alma sintiera una angustia tan apremiante y especial. Había rezado todo el tiempo, por lo que no puedo decir que empezara a rezar cuando llegué allí donde estaba la capilla: pero las cosas se iban precisando más.
‘Por favor,ayúdame. ¿Qué voy a hacer? No puedo continuar así. ¡Tú puedes verlo! Mira el estado en que me encuentro. ¿Qué debo hacer? Muéstrame el camino’. ¡Como si se precisara más información o alguna clase de signo!
Pero dije esta vez a la Florecita (1) ‘Muéstrame lo que he de hacer’ y añadí: ‘Si entro en el monasterio, seré tu monje. Ahora enséñame lo que he de hacer».
Estaba peligrosamente cerca del camino equivocado para rezar… haciendo promesas indefinidas y pidiendo una especie de signo.»
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Thomas Merton.
La Montaña de los Siete Circulos.
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(1)Así llamaba Merton a Santa Teresa de Lisieux
Del blog Amigos de Thomas Merton:
«La gran tentación del hombre moderno no es la soledad física, sino la inmersión en la masa de otros hombres; no es la huída a las montañas o al desierto… sino la inmersión en ese océano informe de irresponsabilidad que es la masa. Actualmente no hay soledad más peligrosa que la del hombre perdido en una masa, que no sabe que está solo y que tampoco actúa como persona en una comunidad. No afronta los riesgos de la verdadera soledad ni las responsabilidades que ésta implica, al tiempo que la masa lo ha liberado de todo las demás responsabilidades. Con todo, en modo alguno está libre de preocupaciones, está cargado con la angustia difusa y anónima, los miedos indecibles, los apetitos mezquinos e insoportables y todas las hostilidades omnipresentes que llenan la sociedad de masas como el agua llena el océano.
El mero hecho de vivir en medio de otras personas no garantiza que vivamos en comunión con ellas. ¿Quién tiene menos que comunicar, que el hombre-masa? Muy a menudo, es el solitario quien tiene más que decir; no porque use muchas palabras, sino porque lo que dice es nuevo, sustancial, único: es propio de él. Aún cuando diga muy poco, tiene algo que comunicar, algo personal que puede compartir con otros.
El constante clamor de palabras vacías y ruidos de máquinas, el contínuo zumbido de altavoces, termina por hacer casi imposible la verdadera comunicación y la verdadera comunión. Cada individuo en la masa está aislado por espesas capas de insensibilidad. No se preocupa, no escucha, no piensa. No actúa, sino que es empujado. No habla, sino que produce sonidos convencionales cuando es estimulado por los ruidos apropiados. No piensa, sino que segrega tópicos.
Una persona no se aísla por el mero hecho de vivir sola y tampoco se produce la comunión entre los seres humanos por el mero hecho de que vivan juntos. No hay más soledad verdadera que la soledad interior y ésta no es posible para quien no acepta su justa situación en relación con los otros… La soledad no es separación.»
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Thomas Merton. Nuevas semillas de contemplación.
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Del blog Amigos de Thomas Merton:
«Nuestra vida, como seres individuales y miembros de una raza atónita y llena de contiendas, nos acucia con la evidencia de que debe tener algún significado. Una parte de éste se nos escapa; pero nuestro fin en la vida es descubrirlo y vivir de acuerdo con él. Tenemos, pues, algo por lo que vivir. El proceso de la vida, del crecimiento, del desarrollo de la personalidad consiste precisamente en el aumento gradual de la conciencia de lo que es ese algo….
Lo que todo hombre busca en la vida es su propia salvación y la de quienes viven con él. Con la palabra ‘salvación’ me refiero, ante todo, al descubrimiento pleno de quién es uno en realidad, y después, al cumplimiento de las fuerzas que Dios nos ha dado, en el amor a los otros y a Dios.
También quiero referirme al descubrimiento de que el hombre no puede encontrarse a sí mismo únicamente en él, sino que ha de encontrarse en los otros y por medio de ellos. Por último, estas proposiciones se resumen en dos líneas del Evangelio… y también están contenidas en una sentencia de San Pablo: ‘Todos somos miembros los unos de los otros’. La salvación de la que hablo no es una cuestión meramente subjetiva o psicológica, una autorealización en el orden natural, sino una realidad objetiva y mística: el encuentro de nosotros mismos en Cristo, en el Espíritu o, si se prefiere, en el orden sobrenatural. Esto incluye, sublimiza y perfecciona la autorealización natural que ella hasta cierto punto presupone, ordinariamente efectúa, y siempre trasciende.»
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Thomas Merton
Prólogo. Los hombres no son islas.
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Del blog Amigos de Thomas Merton:
«Con excesiva frecuencia, la caridad cristiana se entiende de un modo absolutamente superficial, como si no fuera más que mera gentileza, afabilidad y amabilidad. Por supuesto que incluye todas estas cosas, pero va aún más allá. Cuando consideramos la caridad como mera ‘amabilidad’ generalmente es porque nuestra perspectiva es muy estrecha y alcanza únicamente a nuestros vecinos más cercanos, que comparten nuestras mismas ventajas y facilidades. Esta concepción excluye tácitamente a las personas que más necesidad tienen de nuestro amor: los desafortunados, los que sufren, los pobres, los desheredados, los que no tienen nada en este mundo y, consiguientemente, tienen derecho a reclamar a cualquier persona que tenga más de lo estrictamente necesario.
No hay caridad sin justicia. Demasiado a menudo pensamos que la caridad es una especie de lujo moral, algo que elejimos practicar y que nos hace meritorios a los ojos de Dios, a la vez que satisface una cierta necesidad de ‘hacer el bien’. Esta caridad es inmadura e incluso, en determinados casos, del todo irreal. La verdadera caridad es amor, y el amor implica una profunda preocupación por las necesidades del otro. No se trata de autocomplacencia moral, sino de estricta obligación. La ley de Cristo y del Espíritu me obliga a preocuparme de la necesidad de mi hermano, sobre todo la más perentoria, que es la necesidad de amor. ¡Cuántos de los terribles problemas que se dan en las relaciones entre clases, naciones y razas en el mundo moderno tienen su origen en la desoladora falta de amor…! Y lo peor es que esta falta se ha manifestado muy claramente entre quienes afirman ser cristianos. ¡Incluso se ha invocado una y otra vez el cristianismo para justificar la injusticia y el odio!..
No basta con meter la mano en el bolsillo y sacar unas monedas.. Lo que hemos de entregar a nuestro hermano no son únicamente nuestros bienes, sino a nosotros mismos.»
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Thomas Merton,
Vida y santidad.
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Del blog Amigos de Thomas Merton:
«La experiencia interna: lo primero que tienes que hacer antes de empezar siquiera a pensar en algo como la contemplación es tratar de recuperar tu unidad natural básica, reintegrar tu ser, que se halla dividido en compartimentos, en un todo sencillo y coordinado y aprender a vivir como una persona humana unificada.
Eso significa que tienes que recoger de nuevo los fragmentos de tu distraída existencia para que, cuando digas ‘yo’, realmente haya alguien presente que sostenga el pronombre que has pronunciado.»
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Thomas Merton.
La experiencia interna. Publicado en la Revista Cistercium 212 (1998).
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Del blog de Amigos de Thomas Merton:
«¿Cuál es mi nuevo desierto? Su nombre es compasión. No existe yermo tan terrible, tan bello, tan árido y tan fructífero como el yermo de la compasión. Es el único desierto que verdaderamente florecerá como el lirio. Se convertirá en un estanque. Echará brotes y florecerá y saltará de gozo.
En el desierto de la compasión, la tierra sedienta ve brotar fuentes de agua, el pobre posee todas las cosas. No existen fronteras que controlen a los moradores de la soledad, en la cual yo vivo solo, tan aislado como la Hostia sobre el altar que, siendo el alimento de todos los hombres, pertenece a todos y no pertenece a nadie, porque Dios está conmigo y se asienta en las ruinas de mi corazón, predicando el evangelio a los pobres.»
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Thomas Merton.
Diarios I. 29 de noviembre de 1951.
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Recordatorio
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