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La Buena Noticia

viernes, 14 de febrero de 2020
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lachapelle020

(Foto de David la Chapelle)

La «buena noticia» del Evangelio es el anuncio de un perdón otorgado de manera indistinta a todos, un perdón gratuito, alegre, preveniente, sin condiciones ni «penitencias», salvo la de abrirse a él y dejarle cambiar nuestros corazones. Pero he aquí que Jesús nos habla de pecados irremisibles y eternos. ¿Existe, pues, un pecado que no puede ser perdonado? ••] El Antiguo Testamento era el reino del Padre, que se revelaba a través de la naturaleza y la historia del pueblo judío; ahora bien, esta revelación era provisional y progresiva y convenció a pocos. […] El Nuevo Testamento es el reino del Hijo, pero su gloria estuvo velada durante los días de la encarnación e irradió sólo después de la ascensión. Decepcionó, desanimó, produjo descontento entre sus conciudadanos, sus seguidores, su familia, sus discípulos. […]

        Ahora bien, el tiempo de la Iglesia es el reino del Espíritu Santo. Se trata del esfuerzo supremo, definitivo, de Dios para manifestarse a nosotros. Ya no es preciso esperar otros, porque no hay una cuarta persona de la Trinidad. A quienes no convenza el testimonio del Espíritu Santo no les queda más esperanza de salvación. En efecto, por continuar esperando, a pesar de todo, una nueva revelación de Dios, terminan por caer en las trampas del Anticristo. Este recogerá a cuantos piensan que Dios no hubiera debido hacerse reconocer a través del amor, sino a través de signos más eficaces, como la fuerza, el prestigio, el miedo, el dinero, la disciplina, la eficiencia. […] Nuestras iglesias, frías e impersonales, son, con frecuencia, lugares en los que circula poco el Espíritu de amor incluso cuando están llenas de cristianos. Estos se encuentran más yuxtapuestos que reunidos.

        La indiferencia recíproca que reina entre los presentes desanima el intento de un encuentro fraterno. Por eso el Espíritu de amor no se hace visible, y nadie se convierte asistiendo a ciertas misas dominicales. […] Nuestro mundo dividido, desfigurado por el odio, por el racismo, por la droga, por la violencia, se convertirá ante comunidades cristianas en que valga la pena vivir, creer, comprometerse. Es fácil convertir al mundo: basta con hacer visible al Espíritu Santo.

*

Louis Evely,
Meditazioni sul Vangelo,
Asís 1975, pp. 154-156

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , ,

La autoconciencia de Jesús.

jueves, 13 de febrero de 2020
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jesus orandoEstos días la liturgia nos propone los textos del Bautismo de Jesús, después de un tiempo de catecumenado en la escuela de Juan Bautista, y después de un discernimiento entre la enseñanza de su maestro, y lo que él iba experimentando.

Los textos del Bautismo resumen un proceso en la vida de Jesús: su toma de conciencia de quién era y de cómo responder a esa identidad des-velada procesualmente.

La figura central es el Espíritu que revela, comunica, conduce. Y ese Espíritu-Ruah actúa dentro de la persona. Los cambios de vida que puedan producirse fuera: compromisos, estilo de vida…son fruto de una luz y fuerza interior que impulsa hacia el proyecto de Dios, liberando de las cargas que los humanos nos ponemos, incluida la carga de la religión cuando esta desplaza al Espíritu para emplazar a personas que dicen hablar en su nombre. ¡Ojo!

Tal vez una anécdota personal aligere lo que acabo de describir:

Tenía 27 años, humildemente empoderada por una formación teológica encauzada a enseñarnos a orar y a que esta oración junto con sólida teología-biblia… nos impulsara a comunicar, predicar lo amasado en el corazón.

Con este sólido bagaje me destinan a Sydney, Australia, donde se nos pide organizar, en nuestra Parroquia, una Eucaristía en Español para la enorme cantidad de gente huyendo de Uruguay, Argentina, Chile, Perú y muchos españoles que emigraron antes del boom turístico en nuestro país. Venía gente de toda la ciudad. Los curas no hablaban español y leían, como podían, la misa.

La homilía nos la encargaron a nosotras, cuyo carisma era: “oración y predicación”. Una experiencia preciosa de comunicación de vida, y de organizar eventos con las familias, organizar un coro con los adolescentes, y siempre pizza en casa de alguien al final de la Eucaristía, disfrutando con las riquezas de nuestros diferentes países.

Cada Eucaristía venía precedida por un tiempo de formación profunda que impartíamos en nuestra casa con todos los que lo deseaban, ofreciendo servicio de guardería y chocolatadas a los niños…

Un buen amigo que hacía de acólito un día, entre risa y bocado de pizza casera, nos dice: hermanas, uno de los padres, el canonista, siempre me pregunta qué dicen ustedes en la homilía y le llama la atención que la gente está a gusto con la predicación…  A los pocos días aparece el “tal padre”, hoy obispo, claro, con la homilía escrita para que la tradujéramos y leyéramos en “su” misa.

Sentí que se me concedió el don de lenguas porque apenas chapurreaba el inglés, pero la argumentación me salió de dentro, lo cual no cambió su actitud, al contrario y nosotras tuvimos que aparentar que leíamos “su homilía” porque acogiendo lo que nos parecía apropiado para la gente, que él no conocía, incluíamos lo que el Espíritu y la comunidad nos susurraban por dentro.

Fue mi primer paso hacia la separación institución de mi propia conciencia.  Ahí sentí en mis entrañas que se rompía la inocencia de una mujer joven, llena de vida y fuerza y capacidad para comunicar… y que “ellos” decían que no. Pero resulta que la Ruah me sigue dando la fuerza, la vocación, el fuego para comunicar…

¿A quién escucho?

Jesús escucha en su interior esa voz que día a día le es luz y fuerza para seguir. El Bautismo se da una vez pero no la experiencia de toma de conciencia, de manera más clara: a veces incluso podemos ubicarla, otras lo vivimos como proceso, que de pronto nos hace descubrir  que estamos en otro momento.

Estudiar Teología en USA, con otro método diferente al de memorizar, fue un potente foco que me sigue acompañando.

El curso sobre la “Nueva Historia” en Irlanda, luz que me sigue iluminando y ayudando a vivir el momento presente de Crisis Climática con esperanza y sin descanso en un intento de que cambiemos nuestro modo de vivir y convivir, porque todo es sagrado.

Pronto hará dos años, otro momento de mucha luz  fue al encontrar la comunidad, por años buscada, y de la que ya hemos compartido.

Y el regalo, de las 8 personas que vamos dando pasos hacia esa toma de conciencia, de escucha al Espíritu dentro y vivir desde esa conciencia plena, en España, paso a paso con gran ilusión y realismo. Comunidad abierta. No-canónica, profética, empoderadora de mujeres y hombres, que, cada uno, a su paso, con rigor y alegría, recorremos ese tramo de nuestro camino. Siempre en continua e inmediata comunicación con toda la comunidad en los cinco continentes.

Es un honor y un gozo escuchar al Espíritu en ell@s, más allá de cánones…como Jesús, en el río, en el monte, en el mar, en las casas, en las redes sociales.

Hay tantas maneras de hacer y ser comunidad. Ayer llega un wApp de Holanda, nos unimos a las 7 de la mañana, 20 ms en meditación para traer paz y bondad a la humanidad…inmediatamente un grupo de personas confirmamos y hoy al orar, de un modo especial se me hacía gráfico que tenemos un inmenso poder: espiritual, mental, afectivo… capaz de transformar la oscuridad en luz, el ruido en silencio habitado.

Dejémonos empapar por esas aguas del Jordán del corazón, donde la conciencia emerge nítida. Un grupo en el norte nos reunimos este sábado para profundizarlo, y luego en Febrero en Haro… y siempre, siempre abiertas a escuchar, acoger, empoderar.

Magda Bennásar Oliver, sfcc

Fuente Fe Adulta

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Santiago Agrelo: «Sueño con una Iglesia que no tenga ningún peso político»

martes, 11 de febrero de 2020
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Monsenor-Agrelo-junto-migrantes-africanos_2113598686_13528262_660x371«La extrema derecha está subiendo como la espuma», advierte el prelado gallego

«Regular la inmigración no equivale a impedirla (…). Una persona tiene derecho a emigrar y a hacerlo con seguridad»

“Hay situaciones que obligan a las personas más pobres a echarse al mar y morir”

«Continuamos siendo los ‘negreros’ que hemos sido siempre, los dueños de las vidas de otras personas»

“Sueño con una Iglesia que no tenga ningún peso político, como comunidad no tenemos otro destino en este mundo que vivir la fe”. El arzobispo emérito de Tánger, Santiago Agrelo, continúa desgranando píldoras de Evangelio por donde quiera que va. En esta ocasión, en la sede de Cáritas de Burgos, donde esta tarde pronunciará la charla-coloquio ‘Ver para acoger. Sociedad e inmigración’, organizado por Foro Iglesia Viva de Burgos.

En rueda de prensa anterior, Agrelo denunció la “desinformación”, en ocasiones buscada, de la sociedad española acerca de la inmigración, fomentada por el “silencio informativo” de las autoridades sobre lo que pasa en las fronteras. En las de Ceuta y Melilla, que él conoce muy bien, pocas veces hay periodistas para informar de lo que ocurre. “Las autoridades no lo permiten, y la única información que se recibe es la oficial”, lamentó Agrelo. “Esa información no es creíble ni fiable”.

Lenguaje que criminaliza al inmigrante

Junto a la falta de información, el prelado franciscano denunció la existencia de “un lenguaje que criminaliza” a las personas inmigrantes, relacionándoles con las mafias o la delincuencia. “Estas personas, simplemente, son víctimas de las mafias”, rechazó Agrelo, alertando de “un clima de rechazo” al inmigrante”, en lugar de tratarlos como “víctimas de injusticias inhumanas”.

Para Agrelo, “una persona tiene derecho a emigrar y a hacerlo con seguridad”, algo que no se da “en ningún país” del mundo. “La seguridad parece que es el criterio único en todos los discursos en política”, denunció, añadiendo que regular la inmigración no equivale a impedirla”.

“Hay situaciones que obligan a las personas más pobres a echarse al mar y morir”, pero que es la propia sociedad la que pone a las personas más necesitadas en esta situación.

Los negreros de siempre

“Es una responsabilidad para todos nosotros”, resaltó Agrelo, quien añadió que “África ha sido una sucursal de Europa, y no puede seguir viviendo así”. “Continuamos siendo los ‘negreros’ que hemos sido siempre, los dueños de las vidas de otras personas”, denunció, lamentando el crecimiento de la extrema derecha. “Está subiendo como la espuma”.

Preguntado sobre el papel que debe tener la Iglesia en el tema de la inmigración, el arzobispo emérito de Tánger señaló que “no quiero que juegue ningún papel”. “Sueño con una Iglesia que no tenga ningún peso político, como comunidad no tenemos otro destino en este mundo que vivir la fe”, culminó.

Fuente Religión Digital

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Aradillas: «Señores obispos, revisen cuanto antes sus signos litúrgicos, sobre todo, sus paganísimas mitras»

sábado, 25 de enero de 2020
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Bernardito-Auza-presento-credenciales-Rey_2195790418_14253507_1419x1024Algunas reflexiones ante las recientes, las fastuosas, antinaturales y antievangélicas ceremonias de la presentación de las Cartas Credenciales del Nuncio de SS. en España

Con las debidas cautelas, vaya por delante mi conformidad con el aserto de muchos cristianos, de conocer a pocos –prácticamente a nadie-, cuya fe se haya confirmado y reafirmado con ocasión de las solemnidades litúrgicas que siguen celebrándose en la actualidad, y de las que con todo lujo de detalles y explicaciones se ofrecen referencias en los programas de televisión, sobre todo en la “Trece”, propiedad de la Conferencia Episcopal Española. Apuestan por ser mayor el número de quienes pierden esa fe o no la mantienen, que el de quienes contemplan tales “funciones”.

Recientes las fastuosas, antinaturales y antievangélicas ceremonias de la presentación de las Cartas Credenciales del Nuncio de SS. en España, no están de más reflexiones como las siguientes:

Y es que, tal y como están hoy los tiempos, los curas y los obispos, la reforma de la liturgia en sus gestos, ceremonias, ritos y planteamiento en general, es demandada inexorablemente, en profanidad y con santa urgencia. Son pocos los cristianos a los que les convence la sagrada liturgia, tal y como se sigue practicando y oficiando. Posiblemente que de la misma opinión participan también curas y algunos –pocos- obispos. Por ejemplo, las misas, y más las “solemnes”, y aún “pontificales”, apenas si son “misas”. Son eso: “funciones”. Calificar de sagrados a todos los ornamentos, no deja de ser un soberano atrevimiento.

Llamar “homilía” a las prédicas equivale a confesar en público la ignorancia semántica acerca del sentido y contenido del término que se emplea. Titular de “asamblea”, -reunión y convivencia- a los “asistentes” que a lo más que llegan es a decir “Amén”, es idéntico a haber “estado de cuerpo presente”, en un acto piadoso y así “cumplir” con el “precepto” que torna “santos” a determinados días del año.

Reconozco que, pese a todo, y aún cuando en las misas “episcopales” se han cercenado algunos ritos y algunas ceremonias, por obsoletas, caras y paganamente ostentosas, las colas de las “capas magnas” de los “eminentísimos y reverendísimos cardenales purpurados”, de 16 (sí, 16),metros de largo, reducidas después a tan solo (¡tan solo¡) cinco, están cayendo poco a poco en desuso, registrándose el malestar de algunos de sus usuarios. Pero se imponen muchos más recortes, pero sobre todo, se imponen la doctrina y los argumentos en los que basaban y basan su justificación “religiosa”.

Al margen de estas liturgias más o menos sagradas, incorregibles e intangibles, centro aquí y ahora mi atención en el atuendo episcopal fuera de los templos, en las “ceremonias” de las relaciones civiles y sociales y en las de cualquier otro ramo con inclusión de las políticas y militares. Al igual que estos depusieron signos y condecoraciones, extraña que a los únicos a quienes se les distingue por sus atuendos de “calle” sea precisamente a los obispos.

En este tipo de actos, cada participante habrá de vestir como quiera y lo manden o permitan los cánones de la buena educación y sanas costumbres. Pero que no sea precisamente a los obispos a quienes los distingan sus hábitos, lo que automáticamente lleva consigo la idea de la separación, del distanciamiento, de la reverencia, de la “dignidad y dignidades”. Trajeados siempre de negro, con el crucifijo bien plateado y visible en el “retablo” de vientres orondos por los años y falta de ejercicios físicos y la felicidad que proporciona la buena conciencia ministerial, resulta difícil –imposible- aprovechar la reunión para ser y comportarse como uno más y así evangelizar o ser evangelizado. El crucifijo no debiera ser un objeto más de distinción y de lujo. No es privilegio que reclame tratos de gracia y honor para quienes sean portadores del mismo…

No sé a quienes les pueda corresponder en las curias el sagrado deber de orientar a los obispos en cuestiones de vestimentas y comportamientos estrictamente sociales. Pero conste que en tales ceremonias y eventos, el bien pastoral puede y debe difundirse de modo similar a si se estuviera en el templo. La conversación de tú a tú, con naturalidad, cercanía, sencillez y sin signos externos, extemporáneos, conduce y lleva a la comunicación, antesala de la común-unión eucarística.

¡Señores obispos de las «amadas» diócesis respectivas!: revisen cuanto antes sus signos litúrgicos, sobre todo, sus paganísimas mitras, con lo que las ceremonias que presidan o en las que participen, serán «cristianas», es decir, religiosas!.

NOTA: Aunque a algunos les pueda litúrgicamente parecer malsonante la palabra «aparejo», esta no significa otra cosa que «materiales o elementos necesarios para hacer algo o para desempeñar un oficio». Creo personalmente que esta palabra es más constructora de Iglesia y de educación en la fe, que puedan ser los «ornamentos» por sagrados que sean, así como los «atuendos»; término que, por cierto, procede del latín «attonitus»asombrado«), con iniciales y explícitas referencias a las «pompas que ostentaba la Majestad Real». Gracias.

Fuente Religión Digital

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El ideal de servicio. “A esto he venido, a servir” (Mt 20.28), por Ramón Hernández

jueves, 16 de enero de 2020
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lavatorio-5La coincidencia circunstancial de que hoy (19 de Noviembre) la Iglesia católica celebre la “jornada mundial de los pobres” encuadra a las mil maravillas el tema de esta reflexión. ¿Somos conscientes los cristianos de que seguimos a un líder que se hace comida y bebida para compartir?  El pobre, y todo hombre lo es, es la diana a que apunta el cristianismo y la piedra angular de su fortaleza, pues el Verbo se encarnó para enriquecernos.

La palabra clave del cristianismo no hace referencia a una “idea” y a su universo conceptual sino a una “acción” y a su contexto de esfuerzo. Esa palabra es claramente “amar” como acción exigente que, al llevarse a efecto, genera una gran libertad y abre una panorámica espectacular.

Dependemos unos de otros

La naturaleza hace que los seres vivos dependamos unos de otros. Los seres humanos, más incluso que nuestros congéneres. Frente a animales que, al nacer, se echan a correr, los humanos viviríamos pocas horas de no recibir cuidados vitales especiales en ese preciso instante.

Por muy autosuficientes que lleguemos a sentirnos, a lo largo de la vida seguimos siendo casi tan dependientes como al nacer. De hecho, cuando en una pesadilla del sueño me veo solo en el mundo, de la conciencia de mi abisal impotencia nace la angustia de que mi propia andadura vital será triste y corta. Aterrado por la soledad, me veo como un torpe Robinson incapaz de sobrevivir.

La idea troncal de servicio

La idea cristiana de servicio (el “he venido a servir”, de Jesús de Nazaret) hace posible nuestra andadura humana porque, amén de mostrar nuestras severas carencias y limitaciones, nos asigna la misión de comportarnos conforme a un orden moral que, al regular nuestra conducta, asegura nuestra supervivencia. Nuestra conciencia propugna la vida humana, esa gran maravilla que es fruto de la valiosa y misteriosa cooperación de lo que hemos dado en llamar reinos mineral, vegetal y animal.

El ideal de servicio, piedra angular del cristianismo, inspira y encuadra las actuaciones de otras organizaciones internacionales de gran renombre, tales como, por ejemplo, el Rotary International, organización a la que dediqué unos años de intensa actividad y de la que salí escaldado al constatar la distancia infranqueable que a veces media entre la idea y su plasmación. Su sublime eslogan básico de “dar de sí antes de pensar en sí” ilumina y enamora. Los rotarios, profesionales ávidos de comunicación, siguen la estela de un ideal que les alumbra, les seduce y les emociona al obligarse los clubes a realizar cada año cinco precisos proyectos de servicio en cinco campos diferentes: el del propio grupo, el de la sociedad en general a través de la profesión de cada cual, el de la propia demarcación territorial del grupo, el de la comunidad internacional y el de las nuevas generaciones.

Hermoso ideal que entronca, más allá de lo meramente social y profesional, con las aspiraciones más genuinas del evangelio cristiano y de la conciencia de humanización. Sin duda, es el ideal que inspira las actuaciones de la mayoría de las ONG, nacidas en nuestro tiempo de la necesidad de atender con premura las carencias de determinados grupos humanos o de todo un territorio. Reconforta saber que donde los seres humanos padecen necesidades inaplazables para la subsistencia y para cuya satisfacción no se bastan por sí mismos, allí acuden otros con capacidad profesional y económica para hacerlo.

Ojalá que, conforme a la más persuasiva propaganda que hacen los partidos políticos en las campañas electorales, este ideal impregne de verdad la acción política. El ideal de servicio es uno de los pilares más sólidos que sustentan la sociedad, una razón irrefutable que hace que la humanidad entera sea, a pesar de tantas conductas depredadoras, acreedora a una larga supervivencia sobre la tierra.

En la Iglesia católica

Como ocurre en otros ámbitos, también en este merece una mención especial la Iglesia católica, muchas veces denostada merecidamente por su arcaica estructura jurisdiccional y dogmática y por un bagaje moral que carga pesados fardos de obligaciones sobre las espaldas de sus fieles, pero se vuelve flexible y permisiva ante las deplorables conductas de dirigentes que claudican ante las exigencias del servicio que dicen prestar.

Obviando tan deleznables lacras, propias de las sociedades que se fundamentan en el poder, el más corrosivo de los cuales es el eclesial, la realidad es que la Iglesia católica viene avalada por una gigantesca obra en beneficio del hombre.  Desde la perspectiva de la acción humanitaria, es posible que nunca haya existido o pueda existir una institución equiparable. De ahí que no sea el poder eclesiástico sino la caridad cristiana lo que sostiene una compleja estructura que requiere una piedra angular consistente.

Horizonte de humanización

Si desde la mera crónica de las calamidades de unos hombres, a las que otros prestan socorro, saltamos al hombre en sí, sea como problema humano o como fuerza de solución, el pesimismo sobre el destino fatídico de la humanidad se desvanece a impulsos de la fuerza inconmensurable que brota del hecho de que los seres humanos nos conmovemos ante las catástrofes públicas y el dolor ajeno hasta redoblar o triplicar nuestras fuerzas y nuestras capacidades en beneficio de los damnificados.

Nunca sabremos si somos héroes o cobardes hasta el día en que nos veamos en una situación de peligro extremo en la que la rapidez de intervención pueda salvar la vida de un hombre. En frío, seguro que nos acobardaría adentrarnos en una casa en llamas para rescatar a un niño o lanzarnos a un río desbordado para tenderle la mano. Pero, llegado el momento, puede que una fuerza interior, superior a nosotros mismos, nos fuerce a emprender acciones tan arriesgadas sin medir sus secuelas. La fuerza que dimana del sentido de humanidad que atesoramos nos hace humanos y nos mantiene en pie en una sociedad tan egoísta como la nuestra.

El faro del ideal de servicio alumbra el camino de humanización del hombre. Nuestra categoría no se mide por las riquezas acumuladas o por el poder acaparado, sino por convertir nuestros haberes en fuente abierta y por la disposición a servir a nuestros semejantes.

Ávidos de dinero, poder y fama, hemos entronizado la más pura depredación humana creyendo que no se puede ser alguien sin ningunear a otros, rico sin empobrecerlos o señor sin esclavizarlos. La crudeza de la vida, que no permite muchos señores ricos, nos obliga afortunadamente a comportarnos como auténticos seres humanos que se ayudan a vivir.

El ideal de servicio sitúa el poder y el señorío en el servicio. El cristianismo habla de ser el último para ser el primero, de un Dios benefactor.  El servicio deifica. Cuando el señor sirve al esclavo es cuando consolida y transfiere su propio señorío.

Ramón Hernández Martín

Fuente Fe Adulta

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«El diablo no existe; en él descargamos nuestra responsabilidad frente al mal», por Andrés Rojas.

miércoles, 27 de noviembre de 2019
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Esta pequeña reflexión con motivo de la polémica, celebración, fiesta o evento de Halloween (en inglés) vísperas de todos los santos, para algunos, y noche de brujas para otros, con un título sugestivo, que de seguro traerá lectores curiosos.

Para muchos católicos y no católicos, la creencia en Satanás es realmente importante, de alguna manera que él exista asegura que muchos de nuestros actos pecaminosos y perversos están siendo empujados o aplaudidos por una entidad malévola que se esconde tras de las cortinas.

Para la reflexión teológica de los últimos años, las dudas frente a la existencia del diablo, han ido creciendo. La salida de la edad media, supuso poner en crisis muchas de la creencias que se tuvieron como inefables años atrás; pero entrado el modernismo, el diablo (con minúscula, porque no es un nombre propio sino una palabra, “el que divide”) empezó a ser entendido como una cruda respuesta para descargar la responsabilidad que tenemos frente al mal, buscando un culpable, un chivo expiatorio, ya que es propio del hombre culpar a otro, por eso la paradoja del Edén presenta un señalamiento en cadena (el hombre a su mujer, la mujer a la serpiente).

Al final de un libro de teodicea, encontré un planteamiento que ha permanecido en mis recuerdos, decía más o menos así: si existe el diablo, y este obra el mal, es por que Dios es malo y lo permite; pero si Dios es bueno y quisiera acabar con el mal, pero no lo hace, es porque no es omnipotente. Pero negar a Satanás, es un tema delicadísimo, parece que, sin él, Dios dejara también de existir.

«El hombre culpa a otro; por eso la paradoja del Edén presenta un señalamiento en cadena (el hombre a su mujer, la mujer a la serpiente)»

Pero para mí, la existencia o no del diablo, no le quita ni le aporta nada a mi fe en el Dios de Jesucristo. Muchos recurrirán a las Escrituras y a otros a un sin fin de argumentos pseudo teológicos para dar testimonio de la existencia del mal personificado, pero les ahorro la tarea de atacar este artículo, más bien los invito a leer el documento que surgió el 26 de junio de 1975, por petición de la Congregación para la Doctrina de la Fe, para frenar las ideas que muchos teólogos empezaban a proponer de cara a la teología moderna.

En dicho documento, postconciliar de hecho, se habla en contra de quienes han puesto en duda la clásica interpretación de algunos textos bíblicos que se usan para fundamentar la demonología. De hecho, los textos sí han sido mal interpretados, pero no pretendo detenerme en analizar cada uno de ellos, tan solo diré que, en el Antiguo Testamento, muchos de los textos donde se habla del “diablo” son de genero mítico, cuya intencionalidad no es histórica, sino teológica, y que en su mayoría buscan identificar al diablo con las deidades paganas de los pueblos vecinos.

Ya en el género apocalíptico, el diablo, la bestia, el dragón o la serpiente, tanto en los libros de Daniel, Ezequiel, Zacarías, Joel y un poco de Isaías, se refieren a los poderes imperiales que tenían sometido al pueblo de Israel: los persas, los babilonios, los griegos, entre otros; mismo modo de proceder del autor del libro del Apocalipsis en el Nuevo Testamento, que se refiere al poder político de la Roma imperial del siglo 1 y 2 de la era cristiana.

Jesús y los exorcismos, es un tema demasiado argüido, de manera atrevida usamos los cuatro Evangelios como uno solo, cuando cada uno tiene su propio “modo” teológico de entender a Cristo; es decir, en un mismo costal no podemos meter a Juan con los sinópticos, ni siquiera a los sinópticos entre sí, de hecho, el argumento bíblico del documento “Fe Cristiana y Demonología” (1975), así lo hace. Es curioso que el Evangelio de Juan, que habla del “príncipe de este mundo” no menciona entre sus signos ningún exorcismo.

Pero el interés último de este pequeño artículo de opinión, no es negar o afirmar la existencia del diablo, solo dejarlo en unos grandes interrogantes, podría ser titulado como: ¿El diablo no existe? y sería igual de válido.

Se quiere proponer una reflexión en torno a la fiesta del 31 de octubre, donde muchos sacerdotes, laicos, religiosos y religiosas satanizan la fecha, infundiendo terror. Hablan de pactos y alianzas satánicas, misas negras, cultos diabólicos, y los aclamados exorcistas previenen a las almas infieles de no venir luego rogando por un exorcismo.

De hecho, sus argumentos no dejan de sorprenderme, siguen usando al demonio, como lo usaron los medievales, pero no podemos juzgarlos cuando el Catecismo de la Iglesia de Juan Pablo II, alimenta dichas ideas y sigue usando fuentes extrabíblicas para contar la historia del “diablo y sus ángeles”.

Hay temas que dan miedo tocarlos, como este, por ejemplo, porque nos metemos con todo el aparato argumentativo de la dogmática católica, alimentada sobre todo en la Edad Media. Yo no tengo problema alguno con las reformas ad intra y ad extra en la Iglesia, porque ninguna reforma toca lo esencial: a Jesucristo.

Pero como cristianos, si en vez de atacar la máscara, atacáramos a quienes se esconden detrás de lo diabólico de este mundo, seríamos verdaderos profetas, como Jesucristo. Quien al expulsar un demonio llamado “Legión” denunciaba el modus operandi deshumanizador del ejército romano, que llevaba a la población a tener su morada entre los muertos, incapacitando a la población para ejercer su derecho a hablar y robándoles en última la paz (cfr. Mc. 5, 1-20) pero ayer como hoy, al igual que esos pobladores de Genesaret, nos siguen importando los cerdos echados al mar y no el hombre restaurado y digno.

El 31 de octubre debería ser condenado, no por que se “adore al diablo, sus brujas y demás secuaces” sino porque muchos disfraces, decoraciones, películas y todo el movimiento cultural que lo rodea, celebran la muerte (y no la de los mexicanos) sino la llamada “cultura de la muerte” donde la vida no es valorada y donde se enseña a los niños a encontrar normal la sangre, las armas y la violencia.

Halloween, sería condenado por permitir ese proceso de deshumanización e insensibilización, en el que está caminando el mundo moderno, en manos de los poderosos y del mercado capitalista que invaden nuestras vitrinas para estas fechas. Pero seguir argumentando que es malo, porque el diablo esta detrás de todo esto, me sigue pareciendo chistoso. De hecho, me imagino al diablo en una central de operaciones, preparando todo al estilo de Papa Noel. En vez de duendes, estoy seguro de que usaría brujas, creo que son más rápidas que los demonios.

Pero existen realmente brujas y brujos, lo hacen por profesión, pero creo que son totalmente inofensivos, o por lo menos no hacen tanto daño como los terroristas y los políticos atornillados en el poder, que mercan día a día, cultivando en los países pobres el hambre y la miseria.

¿Existe el diablo? No lo sé, nadie puede estar seguro de ello, la Iglesia en su sabiduría milenaria ha ido afirmando y sosteniendo la personificación del mal, que seduce los corazones de los hombres y los empuja al mal. Pero creer o no creer en el diablo, no le quita ni le pone a la fe que tenemos en el Dios de Jesús, capaz de transformar las realidades oscuras y tenebrosas de nuestro mundo, para hacerlo un lugar, no más espiritual, sino más humano.

Fuente Religión Digital

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«Déjame que hable del trisustanvorcio», por Juan de Burgos Román

lunes, 25 de noviembre de 2019
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odp_035Juan de Burgos Román
Madrid.

ECLESALIA, 11/11/19.- Querido amigo, te cuento: Terminaron, ellos, los instruidos en asuntos de lo alto, convenciéndonos, a nosotros, las gentes de a pie, de que aquel asunto, que era asunto asombroso, complejo y complicado de entender, la doctrina del trisustanvorcio, lo llamaron, nos convencieron, te decía, de que aquello era cosa muy cierta, es más, en reunión solemne del Gran Concilio se le otorgó la categoría de verdad incuestionable, con categoría de dogma, creo, aunque no me hagas mucho caso en esto, y lo hicieron argumentando que era asunto que se desprendía, incuestionablemente, dijeron, de las divinas revelaciones, aquellas que todos nosotros, los creyentes, profesamos, y para apoyar el tal desprendimiento, dieron argumentos intrincados, peliagudos, sofisticados, que las gentes de poco pelo no llegamos a alcanzar, pero que tenían unas trazas harto convincentes, utilizando latines muy enjundiosos y acudiendo a conocimientos de gran calado, al menos eso nos parecía a nosotros, aunque es verdad que andamos algo escasos de olfato en lo que a este asunto se refiere.

Al tiempo, vino a acontecer que la Alta Jerarquía Eclesiástica puso gran empeño en conseguir que el pueblo sencillo de los creyentes, que así dicen cuando a nosotros se refieren, no solo lo percibiésemos como cosa muy cierta, sino que también lo llegásemos a incorporar a nuestro conjunto de creencias con la misma naturalidad con la que nos hemos terminado habituando al manejo, pongamos por caso, de los microondas o los teléfonos móviles, aunque se nos pudiera escapar, que a muchos se nos escapa, cuál es su intríngulis, él del microondas, él del móvil o el del trisustanvorcio, y así lograr que este, el trisustanvorcio, tuviera la virtud de tenernos, al personal, bien encauzado, sin que cada uno fuese por su lado con interpretaciones personales de lo que dicen o dejan de decir los escritos sagrados, que la fe ha de ser una sola y no vale la primera ocurrencia que pudiera tener cualquiera de nosotros, de suerte que el trisustanvorcio ha llegado a ser un arma muy eficaz contra la dispersión, la cual es el comienzo del caos, según nos dicen los que buscan el orden, y la jerarquía lo busca, como lo busca el Alto Mando de un ejército, valga el ejemplo, que es eso, un ejemplo, sin más; bueno a lo que iba: entiéndeme, la jerarquía, que realmente estima que el trisustanvorcio es cosa muy cierta y que, además, resume con gran tino lo que, desparramadamente, se contiene en los sagrados textos, pretende, la jerarquía, digo, que sirva, además, para poner orden en algo tan desordenado como son las manifestaciones de lo alto, que es que parece como si la divinidad se hubiese descuidado en esto de poner cada cosa en su debido lugar, ya que lo revelado ha venido revelándose desarregladamente, a trompicones, cosa esta que les autoriza a ellos, dicen, a poner orden donde no lo hay, lo cual perciben como un encargo que, dicho sea de paso y visto desde fuera, parece entusiasmarles.

Así que, con el correr de los años, vino a resultar que el trisustanvorcio se terminó percibiendo como formando parte de la mismísima revelación divina, olvidando que fue construcción de unos doctos conocedores de los textos sagrados, declarada, eso sí, verdad incuestionable en una, ya lejana, reunión del Gran Concilio, y es que acontecía que, aunque no se dijese expresamente esto, lo de que el trisustanvorcio formaba parte de la verdad revelada, que por lo general no se decía, aunque no siempre, que algunos sí que lo dicen, sin embargo casi siempre se daba a entender, que así se desprende de cuanto se oye en las iglesias, en charlas, homilías, sermones, discursos y toda clase de pláticas religiosas, de manera que, para casi todos, el contenido del trisustanvorcio es tenido por un conjunto de verdades reveladas, que las gentes normales, no doctas, te quiero decir, vienen a suponer que fueron expresamente declaradas desde lo alto.

La Jerarquía, en el desempeño de sus funciones, se ve en la obligación, penosa, supongo, de andar poniendo orden en el desorden que crean quienes proceden indebidamente, bueno, quiero decirte de los que, con interpretaciones erróneas de la verdad revelada, pudieran desfigurar la fe, como el que echa pestilencias en un frasco de perfume, permíteme la comparación, que no es mía, entiéndeme, hablo de quienes discrepan abiertamente de lo que se establece, entre otras, en la doctrina del trisustanvorcio, que las doctrinas permiten, dicen, detectar lo errores mucho mejor que las textos sagrados, pero bueno, a lo que yo iba, cuando en algún lugar surge el error, la Jerarquía marcha diligente a restablecer el orden, lo que la obliga, muy a su pesar, repito, a aplicar los remedios del caso, los cuales ponen a los trasgresores en la siguiente disyuntiva: o retractarse, volver a redil, abandonando su postura discrepante, lo que, siempre, resulta doloroso, y, en algunos casos, incluso imposible, o no retractarse y, en este supuesto, se les margina, en mayor o menor medida, según el fuste de la trasgresión, lo que les convierte en algo así como unos apestados en su propia comunidad de creyentes, o en buena parte de ella, lo cual tampoco es plato de gusto, ni mucho menos.

Los que tienen a su cargo la tarea de poner orden allá donde aparece el desorden de la discrepancia, personajes estos a los que un amigo, que es un tanto enredador y gusta de poner las cosas del revés, ha dado en llamar los rodisikni, no es raro que procedan, ellos, los rodisikni, con gran inflexibilidad y dureza, de tal forma que, para defender lo que el trisustanvorcio asegura, tratan a las gentes con inhumanidad, faltando manifiestamente a la caridad para con el prójimo, que prójimos son los trasgresores por mucho que ellos pudieran haber transgredido, de forma que ha venido a ser normal que, por defender una verdad trisustanvorcica, valga la expresión, se falte a la virtud más importante de cuantas están contenidas en la revelación divina: el amor entre los hombres, y mujeres, por supuesto, que te lo digo porque hoy día anda el personal muy susceptibles en esto del ellos/ellas, y no por otra cosa, te aclaro, y, además, todo ello con el muy considerable agravante de que este proceder inadecuado, el de los rodisikni, no lo hacen ellos a título personal, sino respondiendo a mandatos que dimanan de las alturas, las eclesiásticas, por supuesto, así que, por muy mal que nos pueda sonar, es acertado decir que la doctrina, la del trisustanvorcio y cualquier otra, se ha terminado poniendo por encima de la palabra divina, lo que tengo por resultado doloroso, vergonzoso y deplorable, cuando lo que debiera haber pasado sería que, si la aplicación de este proceso de mantener el orden, en el asunto de las creencias, condujese a la postergación de los discrepantes, entonces, sin dilaciones y de manera contundente, se debería haber revisado todo el proceso, desde sus comienzos, desde el mismo establecimiento de esas doctrinas que a tan penosos resultados conducían.

Últimamente, ha venido a acontecer algo sorprendente y sorpresivo: la más alta figura eclesial de estos momentos, que, aunque no sea muy apropiado, permíteme que le llame el jefe, ha intentado conseguir, discretamente y tomando mil precauciones, que lo revelado por Dios termine quedando por encima de lo deducido por los hombres, al tiempo que busca fórmulas imaginativas que eviten el trato inclemente con los que sacan el pie del tiesto, y entonces, no te lo vas a creer, en respuesta a ello, vienen surgiendo voces, de gentes de las de arriba, incluso de algún vicejefe, voces con gran capacidad para gritar, de entre las que más alto pueden hacerlo y a las que mejor se las escucha, que, primero por lo bajini, pero luego a todo el que les quiera oír, que van y dicen que a donde vamos a ir a parar, que el jefe quiere hacer de menos a la doctrina, que vaya una osadía la suya, que el jefe se mueve por el camino de la herejía, bueno, algunos dicen más, dicen que ya ha llegado a ella, y que, de seguir así, el jefe va a terminar por provocar un cisma, y yo entonces me he acordado de aquello que decía: créese el halcón que todos son de su condición, ¿o no era el halcón?, que parece como si todas estas personas que contra el jefe se revuelven, en lugar de estar mirando al jefe, a donde mirasen fuese a un espejo, que es que este mundo parece como si funcionase al revés.

Y me pregunto que cuál será el gran poder que tienen las doctrinas para que se las asigne ese halo, esa capacidad de seducción, que las convierte en la base de la fe de muchos, no solo de gentes simples y de pocas luces, sino hasta de personajes doctos y conspicuos, que parece como si, al tiempo que nace una doctrina, en el mismo momento del parto, se diese muerte a los textos sagrados que la dieron vida, como si la aportación humana, las elucubraciones que, apoyándose en lo revelado, ha conducido a la doctrina, fuesen algo tan valioso como para eclipsar a lo que tenemos todos por revelado por el mismo Dios; ¿qué tendrán las doctrinas?, que parece como si las recetas que en ellas se contienen fueran alimento de fácil digestión, como lo son los biberones para los niños, y, sin embargo, los deliciosos platos que se contienen en los textos sagrados fuesen una pitanza indigesta.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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La Fe que no es política, no es Fe cristiana

viernes, 22 de noviembre de 2019
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Jesús indignadoCarta Abierta a los políticos
Benjamín Forcano, teólogo,
Madrid.

1. ¿Rechazo de Jesús de Nazaret o de la Iglesia?

ECLESALIA, 08/11/19.- Comienzo por expresarles mi respeto como personas y como ciudadanos a quienes miles de españoles van a elegir para representarles y realizar un determinado modelo de política.

Entenderán que les hable con llaneza, pues compartimos muchos aspectos que nos son comunes dentro de esa marco que se llama España aun cuando la vivencia de esa España la tengamos elaborada de diversa manera.

Me interesa la política por cuanto es propia de toda comunidad humana y con ella vivimos tras aprobar principios y leyes que regulan nuestro convivir.

Puede que les extrañe si les digo que en España todo ciudadano se encuentra condicionado por un prisma religioso mayoritariamente cristiano. Condicionado no quiere decir determinado, pero sí influenciado, sin negar la libertad de aceptarlo o rechazarlo.

Pero, paradójicamente, tal prisma no proyecta preciso el mensaje de Jesús de Nazaret. Porque ser cristiano significa hacer propio el estilo de vida de Jesús, un estilo que afecta al ser entero. Y el prisma vigente no refleja la sustancia original del cristianismo, que es Jesús de Nazaret, sino más bien el seguimiento que de él ha hecho la Iglesia, configurado en los últimos siglos en forma piramidal antidemocrático.

Y es a esa forma a la que la sociedad desde la Reforma, el Renacimiento, la Ilustración y las Revoluciones modernas cuestionan y rechazan por verla distanciada y hasta incompatible con la moderna autonomía de la razón y del progreso.

Cierto que en todas las generaciones, el Nazareno fue fuente, camino y meta de nueva vida para muchos. Pero en el camino y estructuras eclesiásticas de la historia el paradigma de Jesús se fue desvaneciendo, hasta derivar en formas de cultura y organización ajenas al mismo Evangelio. De modo que el hijo del hombre, que venía marcando la historia y cultura, e incluso el calendario de Occidente, quedó relegado cuando no eclipsado en la Casa de nuestro convivir humano.

Suyos eran en relevancia máxima, los principios de la igualdad, de la justicia, de la fraternidad, del amor, de la primacía de los últimos (los más vulnerables, los más empobrecidos y los más explotados), de un Dios aliado con su causa, de una denuncia profética, de un afrontar la muerte violenta de la cruz sin doblegarse ante el poder del Imperio Romano y del Sanedrín judío.

2. La frustrada renovación del concilio Vaticano II

Este panorama vino a agravarse con un hecho reciente del concilio Vaticano II. Han pasado casi 60 años. En el concilio (1962-1965) explosionó una mentalidad que venía fraguándose en la sociedad y en el interior mismo de la Iglesia: replantear la visión tradicional cristiana, aportando presupuestos para una relación nueva con el mundo, la ciencia, la cultura, la economía, la política y toda la realidad humana planetaria. Un parto de vida con valiosas propuestas de cambio y transformación.

Pero, este posconcilio renovador duró pocos años. Los aires comenzaron a soplar en dirección claramente anticonciliar. La llegada del Papa Juan Pablo II, con la posterior del Papa Benedicto XVI, marcaban dirección con vuelta al pasado: era la Restauración.

Siguió como consecuencia una progresiva decepción y estancamiento, sin que la cristiandad tuviera acceso a la renovación del concilio, y la congelación se extendió por más de 35 años, que agravaron el atraso de siglos pasados.

Esto explicaría el imparable éxodo eclesial de muchos y, sobre todo, el que muchos cristianos no pudieran asimilar el espíritu y sabiduría aportados por el concilio Vaticano II,éste se convirtió en un libro cerrado para la mayoría. Y sin él, siguió la inercia de un convivir guiado por la rutina, el ritualismo, la obediencia a los preceptos de siempre, el autoritarismo jerárquico, la garantía de un uniforme y estereotipado pensar y obrar cristianos.

El “hijo del Hombre”, encasillado como respuesta ilusoria de un mundo trascendente y misterioso, se hizo irrelevante en el curso de la vida de cada uno y de la humanidad. Y cundió cada vez más la instintiva y superficial huida del Nazareno.

Claro que, los empeños de este tipo, jamás pudieron borrar el hecho histórico de la Resurrección de Jesús, que lo acredita como humano-divino y, en consecuencia, como Principio y Fin de la vida , Alfa y Omega del universo creado: “Nunca, de nadie, en ningún lugar, se dijo lo que de Jesús: ha resucitado”.

3. Retorno a Jesús: la fe que no es política, no es fe cristiana

El Papa Francisco, con un cambio de timón marcó nueva dirección y volvieron los aires renovadores, reabrió el concilio, reivindicó la persona de Jesús de Nazaret, fundamento y medida de los valores de la dignidad humana y de la imagen del Dios Amor- Liberador.

Bien, ¿y que tiene que ver todo esto con la presencia y compromisos de Jesús en la vida política?

Jesús se sentía con la misión de implantar el Reino de Dios en este mundo y no podía desentenderse de allí donde estuviera ausente o pervertido. Se podría decir que el vivir – morirjesuánico reveló factores esenciales del drama humano, que los afrontó sin abdicar de su dignidad y señaló el camino para no transigir con la codicia, la soberbia y la hipocresía de quienes gobiernan pegados a su egoísmo e intereses.

La pregunta se hace entonces ineludible: ¿Hay en Jesús un código de ética humana, que acoge el grito de los más empobrecidos y excluidos de la sociedad y repudia a quienes no se avergüenzan de maltratarlos y explotarlos?

Ese código es un retrato de la vida de Jesús, de su comportamiento con los ciudadanos, las autoridades, el quehacer cotidiano de la vida, la naturaleza, el cosmos, Dios mismo.

Jesús a sus 30 años, anunció algo que conmovió a sus paisanos y les resolvía problemas importantes. Su proyecto atrajo la mirada de todo el poder político y religioso, no concordaban con él y tuvo que afrontar el dilema: o se callaba o lo cuestionaba; si lo cuestionaba, tenía que atenerse a las consecuencias.

Consecuencias que tienen que ver necesariamente con la política, pues en toda comunidad se construye un proyecto de vida común que trata de regular la política.

Entre esos proyectos, está el de Jesús de Nazaret que se convierte para el creyente cristiano, en paradigma de vida y convivencia humanas. Paradigma que él anuncia como Reino de Dios, al que todos nacen invitados para conocerlo y vivirlo por originarse en sujetos de innata capacidad y universal dignidad. Por ello, resulta connatural afirmar que la fe cristiana, desarrollada en convivencia, no puede renunciar a una política que haga realidad el proyecto de Jesús.

4. Capitalismo y cristianismo incompatibles

El capitalismo neoliberal conoce la fuerza y extensión que el cristianismo ha tenido en la historia y nada como él es capaz de romper la iniquidad que es consustancial al sistema capitalista. Desenmascarar la ideología neoliberal, es poco menos que herirlo de muerte. Pero el sistema procede astutamente y, en lugar de atacar directamente al cristianismo le asigna un lugar privilegiado pero no en el mundo terrenal y político, sino en el mundo posterior del cielo.

Para ello, aduce que la fe cristiana poco o nada tiene que ver con las preocupaciones y problemas humanos de la tierra; lo suyo es atender a la salvación de las almas, a sobrellevar con humildad, paciencia, las mil privaciones, sufrimientos y contradicciones de la vida, viendo en ellas pruebas para santificarse y acumular méritos en el cielo.

El Reino de Dios, del que habla Jesús, no sería para ser implantado en este mundo sino en el más allá; por lo que a la Iglesia le correspondería irlo haciendo crecer en el interior de cada persona, ya que la política es terreno vedado para la fe.

Desde esta perspectiva, el orden socioeconómico en el que se teje la convivencia, quedaría a merced de la política, tocaría a ella fijarlo, y es ella la que determinaría que ese orden es efecto de la voluntad divina, la cual establece la existencia de clases en ricos y pobres, como consecuencia de sostener que los pobres no trabajan y una minoría, que se erige en propietaria del proceso comercial-económico, extrae de él una plusvalía que le asegure beneficios ilimitados e incontrolados.

5. Histórica complicidad con el capitalismo

Este “legalizado” procedimiento no hubiera tenido lugar si en la política hubiera estado reconocido el proyecto de Jesús. Pero no lo estuvo y es para preguntarse si no lo estuvo porque la Iglesia –en su vertiente clerical de poder- se alió cómplicemente con la lógica del capitalismo neoliberal. Aunque hoy corregido por el Vaticano II, conviene no olvidar algunos textos – cito solo algunos- propios del Magisterio eclesiástico:

  • “Por su misma naturaleza, la Iglesia es una sociedad desigual con dos categorías: la jerarquía y la multitud de fieles; sólo en la Iglesia Jerarquía reside el poder y la multitud no tiene más derecho que el de dejarse conducir y seguir dócilmente a sus pastores” (Pío X, Vehementer, 12.)
  • “La diferencia de clases en la sociedad civil tiene su origen en la naturaleza humana y, por consiguiente, debe atribuirse a a la voluntad de Dios” (Pío IX, Syllabus, Enchiridin Symbolorum, 1960, (1540) .
  • “No se puede ser verdadero católico y verdadero socialista” (Pío XI, Quadragessimo anno, 12).
  • “Es injurioso decir que es necesaria una cierta restauración o regeneración de la Iglesia para hacerla volver a su primitiva incolumidad” (Gregorio XVI, Mirari Vos, 16).
  • “Defender y profesar que todo hombre es libre para abrazar aquella religión que, guiado por la razón, juzgara ser verdadera, es una doctrina condenada” (Pío IX, Syllabus, Enchiridion Symbolorum, 1960 (1540).
  • “Las mayores infelicidades vendrían sobre la religión y sobre las naciones si se cumplieran los deseos de quienes pretenden la separación de la Iglesia y el Estado, y se rompiera la concordia entre el sacerdocio y el poder civil” (Colección de encíclicas y documentos pontificios, Madrid, 1955, pp. 1).

Esta complicidad entre el capitalismo y la Iglesia preconciliar, hizo posible que el capitalismo reemplazase al Dios de Jesús por el dios dinero, que anula los valores de la igualdad y la justicia.

La fe cristiana reconoce al Dios de Jesús –Dios Amor y Padre de todos- como base y principio de una política fraterna, en tanto que la burguesía reconoce al dios dinero -dios egoísta- que enemista, divide y mata.

6. No se puede servir a Dios y al dinero

Se quiera o no, los cristianos capitalistas adoran al dios dinero, a quien rinden culto sin descanso ni fiestas de guardar, dando lugar a la herejía moderna de “cristianos por el capitalismo”.

Y nada puede negar el hecho contundente de que la persecución y crucifixión de Jesús se debió a la adoración idolátrica del dios dinero, encarnada en el imperio romano y en el sanedrín judío y no a la voluntad de un Dios que exigiría como reparación la sangre de una víctima de valor infinito para perdonar los pecados cometidos.

El cristianismo ofrece respuesta a fundamentales interrogantes y problemas del ser humano, terrenal ciertamente, pero ligado también a un ser transcendente, manifestado históricamente en la humanidad de Jesús.

El capitalismo se desentiende del contenido ético-político del proyecto de Jesús y cierra toda puerta que no sea para rendir culto al dios dinero.

Como comenta Juan Moreno en su artículo “El capitalisparásitodel catolicismo” el capitalismo es el parásito que se aposenta dentro del cristianismo, lo vacía de su contenido y lo rellena con la omnipotencia venenosa del dios dinero. Y alimenta la conciencia de que esa es la voluntad de Dios, que bendice a los que obtienen prosperidad y éxito en su trabajo, aunque sea apropiándose de lo que les pertenece a otros.

El dios capitalista es voraz y excluyente: exige adoración sin tregua ni compasión, desprecia los anhelos más naturales del ser humano y no le importa tener que afrontar un mundo de odio y de guerra, aun a costa de agitar un mar de lágrimas, soledad y desespero.

7. Nuestra solidaridad con las víctimas, camino para construir un mundo nuevo

Una mirada sociológica al mapa de España, nos muestra el grado de riqueza existente y la gran desigualdad con que está distribuida:

  • Un 28,6 % (1 de cada 4) apenas llega al final de mes con recursos para atender las necesidades diarias.
  • Más de 7 millones no llegan a los mil euros al mes, en tanto que 120.000 españoles cobran más de 20.000 € al mes. A pesar de la crisis, el número de ricos en España ha aumentado en estos últimos años.
  • España cuenta con 979.000 personas con un patrimonio de más de un millón de dólares (897.000 euros), 33.000 más que el año 2018.
  • Se ha calculado también el número de ultrarricos, que superan los 50 millones de dólares. En España serían 2.198 ultrarricos, lo que supone un 5,3 % más que el año 2018. Y de estos, 67 tienen patrimonios por encima de los 500 millones de dólares

(Globait Welt Report, Investigación de Credit Suisse, El País, 22-Octubre-2019).

Estos datos muestran la cruel paradoja de que en una sociedad que en gran parte presume de cristiana, existan desigualdades tan innecesarias y, por lo mismo, tan cruel y enormemente injustas. Y que haya políticos que no renuncian a su nominación cristiana, aún sabiéndose estar en la antítesis del Evangelio .

Dios no puede ser Padre de todos sin reclamar justicia para todos aquellos que son excluidos de una vida digna. Su modo de ser es la compasión que brota del amor y tiende a interiorizarse en nosotros para llegar a amar como El mismo nos amó.

El amor lo hizo acampar entre nosotros humanamente, entregado al servicio y liberación de los oprimidos y a la denuncia de los opresores.

Su grito más revolucionario fue que los que no interesan a nadie, los que no cuentan para la política oficial, los que son considerados sobrantes, esos precisamente son los que ocupan un lugar preferente en el corazón de Dios, tan preferente que serán los primeros

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Lucas

jueves, 7 de noviembre de 2019
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En la Iglesia de Lucas se hablaba de Jesús no sólo al hilo de los relatos históricos, sino que también se le anunciaba con la finalidad de que su recuerdo suscitara en los oyentes la fe en él. Para responder a cada una de estas finalidades -la memoria histórica y el anuncio ordenado a la fe-, Lucas compuso un evangelio en el que figurar la parte de historia que sirve para conectar fe con el acontecimiento-Cristo y la parte de teología que capta en la historia el mensaje que suscita la fe.

A pesar de ciertas alusiones a la historia (1,5; 2,1 ss; 3,lss), Lucas no es propiamente un historiador; tampoco puede decirse que sea propiamente un teólogo. Lucas es más bien un «hombre de Iglesia» que, al final de los tiempos apostólicos, pretende asegurar a la Iglesia «la solidez» (1,4) de la tradición evangélica, que él recibe y al mismo tiempo transmite. Lucas es un recolector de recuerdos evangélicos; también es ordenador de los mismos, a fin de que éstos asuman todo su propio valor: el de ser fuentes v fundadores de la fe de la Iglesia. En un tiempo en el que, por la evaporación en las brumas del tiempo de las raíces de las tradiciones originarias presentes en las Iglesias judeocristianas y étnicocristianas, la realidad físico-histórica de Jesús empezaba a ser objeto de discusión por ciertas teologías ambiguas configuradas en la primera carta de Juan (4,1-6) y que conducirán, a comienzos del siglo II, al docetismo -cuyos defensores están marcados a fuego por san Ignacio de Antioquía (siglos l-ll) como «sepultureros» de Cristo (A los esmirniotas, 5,2)-, y cuando la realidad mistérica de Jesús empezaba a ser diluida por las especulaciones judeo-helenísticas-cristianas vigorosamente combatidas por las cartas a los Colosenses (2,8-23) y a los Efesios (3,4-12), Lucas fijó el carácter real de Jesús componiendo un evangelio que salía garante de la realidad histórica de la verdad teológica de Jesús para todas las Iglesias.

La intención que guiaba a Lucas en la redacción de sus escritos era dar consistencia al pasado de Jesús en el presente de la Iglesia. Para conseguirlo Lucas estableció una serie de conexiones en las que intervienen de manera sinérgica la historia, la fidelidad a la tradición, la experiencia de fe, el anuncio de Jesús llevado a cabo mediante la Palabra y su puesta por escrito.

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Mario Masini

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«Quienes se oponen a las diaconisas ignoran las Escrituras», por Baltasar Bueno

miércoles, 30 de octubre de 2019
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«Si no fuera por las mujeres la Iglesia sería un ente en vías de extinción»

«Me encontré en un pueblecito perdido del desierto a una monja cuyo Obispo la había nombrado “cuasipárroco” y como podía se encargaba de mantener encendida la llama del Evangelio»

«Para los exégetas serios y científicos no hay duda de que el término διάκονοι era igualmente referido a hombres y a mujeres, servidor o servidora»

«Imagino que el Papa Francisco, a partir del concluido Sínodo de la Amazonía, va a sufrir más ataques de quienes le creen convertido en pura herejía»

Mucho me temo que los clérigos “talibanes” que operan dentro y fuera del Vaticano se revuelvan con más ahínco contra el Papa Francisco, quien acaba de conseguir un importante triunfo en su imparable estrategia para que al Espíritu Santo se le deje aletear libremente y renueve la faz, no sólo de la tierra, sino, además, de la necesitada Iglesia.

El logro principal de este último capítulo o etapa de su andadura por el anquilosado mausoleo panteón del Vaticano ha sido el que a la mujer se le reconozca en sus derechos y dignidad de hija también de Dios, equiparable al propio hombre, quien la ha tenido sometida y sojuzgada en el ámbito de lo eclesial y eclesiástico a causa del fuerte clericalismo y machismo imperante.

Si no fuera por las mujeres, la Iglesia, la universal y las locales, sería un ente muy debilitado y en vías de extinción. En mis correrías por el mundo me he encontrado a mujeres llanas del pueblo, a religiosas, que eran las únicas personas que hacían presente a Dios en muchos lugares. Hasta me encontré en un pueblecito perdido del desierto a una monja cuyo Obispo la había nombrado “cuasipárroco” y como podía se encargaba de mantener encendida la llama del Evangelio.

En muchos lugares de misión son ellas, las mujeres, valientes, cargadas de fe y vocación, las que hacen presente a Dios en el entorno de su mundo, sin que por allí aparezcan con la debida frecuencia, con aires de visita de urgencia y despedida, los machos alfa de los clérigos bien porque cada día hay menos, bien porque los pocos que restan llegan a negarse a ir por temor o cobardía.

«San Pablo (Rom,16,1 y I Tim 3,11) nos habla de la existencia de diaconisas en las primeras comunidades cristianas»

Imagino que el Papa Francisco, a partir del concluido Sínodo de la Amazonía, va a sufrir más ataques de quienes le creen convertido en pura herejía, en traidor a la tradición de la Iglesia. Cardenales, Obispos y clérigos contrarios a él, que los tiene, estarán ya preparando sus máquinas de guerra en defensa de la pureza de la Iglesia tradicional estancada y apantanada, en hemorragia creciente de fieles.

Si volvieran a las fuentes primitivas, a las Sagradas Escrituras y a la propia Tradición de la Iglesia, el célebre depósito de la fe, más que operar contra el Papa Francisco se pondrían como principales adalides de esta hermosa gobernación de la barca de Pedro que realiza Bergoglio y que pronto la historia le reconocerá cuando sitúa a la mujer en el lugar que debe estar en la Iglesia, la que tuvo ya en su primitiva historia.

San Pablo (Rom,16,1 y I Tim 3,11) nos habla de la existencia de diaconisas en las primeras comunidades cristianas a las que el machismo y el carácter misógino del clero masculino acabó por machacar y apartar. Para los exégetas serios y científicos no hay duda de que el término  διάκονοι era igualmente referido a hombres y a mujeres, servidor o servidora. La διακονία es un servicio, una actividad, que en los textos neotestamentarios tienen una amplia variedad de acepciones: servir a la mesa, cuidar a alguien caritativamente, servicio apostólico y misionero, proclamadores de la Palabra, servicios a la Comunidad… Todo ello hecho, actuado, a la manera de Jesús, el gran servidor. Los primeros cristianos, influidos por Pablo indudablemente, entendieron la vida y muerte de Jesús como un gran servicio al género humano.

El cristianismo primitivo no fue obra sólo de varones machos alfa, tuvo un gran impulso femenino, como lo tuvo a lo largo de la historia y lo sigue teniendo. Las mujeres diaconisas existieron, luego serían orilladas por quienes quisieron concentrar todo el poder, por el clericalismo, el que sigue denunciando el Papa Francisco.

diaconisas-Iglesia-catolica_2100999896_9844732_667x375Los servicios en el cristianismo fontal eran ministerios apostólicos y de caridad, de atención y cuidado de necesitados y pobres. Con el tiempo los ministerios se corrompieron y se convirtieron en poder, a mayor ministerio, más poder, más distanciamiento de la desnudez del Evangelio al que debían servir.

Por ello, quienes aleguen contra las diaconisas, el que las mujeres no pueden ser llamadas, ordenadas o consagradas al ministerio de la διακονία, apelando a la tradición de la Iglesia que ha reservado al oficio a los varones, mienten descaradamente o desconocen las Escrituras, sobre todo los textos paulinos. Y fuera de Pablo, en su Carta I Pedro (1-12, 4-11) explica el ministerio como servicio de la proclamación de la Palabra y servicio de caridad a los demás.

Bienvenido pues que la Iglesia salga de su ostracismo y medievalismo, de su lacra clerical que la atornilla y encadena, y se entere que debe servir al mundo en la proclamación de la Palabra y en la caridad en voz femenina, no sólo en la subterraneidad, también en la ministerialidad, en igualdad de derechos y obligaciones que los clérigos varones.

Sabor agridulce, de alegría por estarse en camino y recuperación del diaconado femenino; de tristeza, porque la rehabilitación deviene de la necesidad, carestía y escasez de clérigos varones.

Fuente Religión Digital

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«¡En la Iglesia tenemos cierta obsesión por los pecados!», por Isabel Gómez Acebo

jueves, 24 de octubre de 2019
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830826_origLa Mesa de los pecados capitales, de El Bosco (Museo del Prado)

Leído en su blog:

«El tema de Jesús amigo se ha llevado al desván y hay que desempolvarlo»

Él visitó a su amigo Lázaro y aunque existe un abismo entre su realidad y la nuestra el himno de Filipenses deja bien claro que renunció para hacerse uno de nosotros

Estuve la semana pasada visitando a una amiga, que llevaba bastante tiempo hospitalizada, pues la habían operado y tenía que recuperarse. En mis manos llevaba unas flores pues sabía que no podía comer chocolates o pastas que son los regalos que se suele llevar a los sanatorios. Durante mi visita acertó a pasar el capellán del centro que la llevaba la comunión muchos días y ofrecí irme pero mi amiga insistió en que me quedara.

Hacía mucho tiempo que no escuchaba las palabras, o no les presté en su momento atención, que conlleva la liturgia del acto que se iba a celebrar y me sorprendieron. Al principio se hace un acto penitencial y una breve revisión de vida, seguido de muchos golpes de pecho pidiendo piedad y perdón por los pecados. El resto de la celebración me pareció muy correcto aunque de nuevo se hace mención al cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

No le dije nada a la enferma pero pensé para mis adentros que aquellas palabras pronunciadas por el oficiante no eran las adecuadas en ese momento recordando sus faltas anteriores. Y pensé ¡En la Iglesia tenemos cierta obsesión por los pecados! Pues a aquel cuarto Jesucristo no venía como juez a perdonar a la enferma sino como amigo, a comentar la felicidad de su recuperación y a darle fuerzas para perseverar en ese camino de sanación.

Decía Aristóteles que entre los grupos sociales no podía existir una relación de amistad entre los que estaban situados arriba y los que quedaban por debajo. Tengo la impresión de que esta idea ha planeado sobre nosotros haciendo que el tema de Jesús amigo se haya llevado al desván y hay que desempolvarlo. El visitó a su amigo Lázaro y aunque existe un abismo entre su realidad y la nuestra el himno de Filipenses deja bien claro que renunció para hacerse uno de nosotros.

Tenemos que pensar junto a la comunión, el mejor regalo que se puede hacer, que otras palabras acordes con ese acto conllevan la cercanía, el cariño y la amistad de Jesucristo para sus amigos enfermos

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Poner delante el amor

miércoles, 23 de octubre de 2019
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Del blog de Henri Nouwen:

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“Tengo la impresión de que muchos de los debates en la Iglesia en torno a temas como el papado, la ordenación de las mujeres, el matrimonio de los sacerdotes, la homosexualidad, el control de la natalidad, el aborto y la eutanasia tienen lugar a un nivel fundamentalmente moral. En este nivel las distintas facciones batallan en torno al bien y el mal. Pero tal batalla suele estar alejada de la experiencia del amor primigenio de Dios que subyace a todas las relaciones humanas. Para describir las opiniones de las personas se emplean términos como derecha, reaccionario, conservador, liberal e izquierda, y muchos debates parecen más batallas políticas por el poder que búsquedas espirituales de la verdad”.

*

En el nombre de Jesús, PPC, 1998

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«¿Qué Iglesia soñamos?», por Gonzalo Haya

miércoles, 23 de octubre de 2019
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iglesia-puebloEn las V Jornadas EFFA se ha celebrado una mesa redonda, abierta al diálogo, con la pregunta “¿Qué Iglesia soñamos?”. Sentí mucho no poder asistir a esta mesa redonda, pero ahora deseo compartir algunas reflexiones. (Se puede ver aquí: https://www.youtube…)

La que quería Jesús

La respuesta espontánea de un cristiano es que soñamos con la Iglesia que quería Jesús. Pero al reflexionar caigo en la cuenta de que Jesús no quería ninguna Iglesia. Jesús proclamaba la realización del Reino de Dios; el cumplimiento de la Promesa hecha a los Patriarcas del judaísmo; la plenitud de los tiempos, con una sociedad fraterna basada en un amor gratuito.

Jesús sentía que este Reino ya estaba brotando, y que se cumpliría en su propia generación. En su vida encontró incomprensión y resistencias incluso entre sus discípulos, pero hasta el fin esperaba alguna intervención del Padre que transformara los corazones para recibir con entusiasmo esta sociedad fraterna.

Murió sintiéndose abandonado en su misión, pero el Padre no lo había abandonado; era precisamente su muerte en la cruz el signo que transformaría los corazones de sus discípulos para abrazar con entusiasmo el Proyecto del Reino, y difundirlo por todo el mundo conocido.

La que hubiera querido Jesús

Los discípulos sintieron que Jesús estaba vivo y que les alentaba a continuar con su Proyecto. Sin embargo pronto cayeron en la cuenta de que las circunstancias mostraban una situación totalmente distinta a la que había vivido Jesús. Él esperaba una escatología inminente, y formó a sus discípulos en una predicación itinerante, dejando la semilla en pequeños grupos dispersos. Ahora constataban que se prolongaba indefinidamente el regreso de Jesús, la Parusía que determinaría el final este mundo (o de este tipo de mundo).

Surgieron los problemas. Las comunidades se multiplicaban dispersas por países de distintas culturas. El movimiento iniciado por Jesús se había mantenido en lo esencial dentro del marco del judaísmo, pero ahora eran más los nuevos cristianos que rechazaban claramente ese marco. Incluso los mismos evangelistas atribuyeron a Jesús mensajes bastante contradictorios.

Según el evangelio de Marcos, Jesús citó a los discípulos en Galilea para reiniciar allí su mensaje; Jerusalén y el Templo habían quedado rechazados en el símbolo de la maldición de la higuera.

Según el evangelio de Lucas, Jesús les indicó que se quedaran en Jerusalén para recibir al Espíritu Santo e iniciar desde allí la difusión de su Reino; y los discípulos continuaron orando en el Templo hasta Pentecostés.

¿Cómo hubiera resuelto Jesús esa nueva situación? Imposible saberlo. Hubo profundas discrepancias entre los discípulos. El concilio de Jerusalén estableció las bases para una aceptación mutua, que fue suficiente durante algún tiempo.

¿Cómo afrontamos nosotros la situación actual?

En veinte siglos de cristianismo la Iglesia ha experimentado grandes momentos de espiritualidad, pero también claros atropellos a lo más elemental del mensaje de Jesús, y ha cedido mucho ante los dos enemigos claves del Reino de Dios: el poder y el dinero.

¿Qué podemos hacer? Lo esencial es vivir y fomentar el Proyecto de Jesús, una sociedad fraterna basada en el amor; “Ubi caritas et amor deus ibi est” donde hay amor verdadero, ahí está Dios. Y este Proyecto se cumplía en gran medida (no en plenitud), en tiempos de Jesús y ahora, no sólo entre sus discípulos sino en otros movimientos religiosos o sociales. Jesús corrigió a Juan porque había prohibido ejercer a un exorcista que no era de este grupo: “porque el que no está contra nosotros, está a favor de nosotros” (Mc 9,38-40; Lc 9,49-50).

Como cristianos, nos preocupa la Iglesia. Algunos hablan de una refundación basada en el mensaje de Jesús, pero ya hemos visto que ni los mismos discípulos se pusieron de acuerdo en los momentos de su fundación. Ante esta imposibilidad, otros hablan de una reforma; personalmente me parece un término muy desvaído que puede significar “cambiar algo para que todo quede igual”.

Yo preferiría el término deconstruir, que parece indicar un cambio radical sin dañar la estructura básica; pero las palabras son lo de menos.

Creo que el proceso de cambio se plantea a dos niveles, que deben influirse mutuamente para mantener la unidad: la Iglesia universal y las Iglesias locales. Y creo que el Papa Francisco está manteniendo un difícil equilibrio para introducir cambios sin romper la unidad de toda la Iglesia.

En cuanto a las Iglesias locales, una gran oportunidad se plantea ahora con el sínodo de la Amazonia. Un territorio casi virgen que se asemeja mucho a aquellos territorios vecinos que recorrió Jesús; incluso las circunstancias de la Amazonia obligan a repetir el modo evangélico de parejas seglares de misioneros itinerantes.

Otra oportunidad la estamos viviendo desde hace algunos años en pequeñas Iglesias locales o Comunidades de Base, tanto europeas como latinoamericanas, aunque con diversos rituales.

Estas Jornadas de Fe Adulta son una muestra de cristianos que nos reunimos como Iglesia para interpretar el mensaje de Jesús en nuestra cultura actual, y compartir el signo eucarístico como compromiso de amor fraterno.

Gonzalo Haya Prats

Fuente Fe Adulta

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«Por una Iglesia y una espiritualidad profética y ecológica», por Consuelo Vélez.

martes, 22 de octubre de 2019
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Iglesia-espiritualidad-profetica-ecologica_2165193461_13974906_660x371De su blog Fe y Vida:

06.10.2019

Del 6 al 27 de octubre del presente año se llevará a cabo el Sinodo Panamazónico convocado por el Papa Francisco en 2017 con el objetivo de encontrar nuevos caminos para la evangelización de aquella porción del Pueblo de Dios, sobre todo de los indígenas, muchas veces olvidados y sin una perspectiva de un futuro sereno, también por la causa de la crisis de la foresta amazónica, pulmón de fundamental importancia para nuestro planeta”.

La Amazonía está formada por nueve países: Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, Suriname, Guayana Inglesa y Guayana Francesa. Allí se concentra un tercio de las reservas forestales primarias del mundo. Habitan unos 34 millones de habitantes, de los cuales más de tres millones son indígenas, pertenecientes a más de 390 grupos étnicos.

La preparación al Sínodo la inauguró oficialmente el Papa en su viaje a Puerto Maldonado (Perú) en 2018, donde mostró su preocupación por los indígenas: Probablemente los pueblos originarios amazónicos, nunca estuvieron tan amenazados como ahora. La Amazonía es una tierra disputada desde varios frentes. Posteriormente se elaboró el Documento preparatorio y se escucharon alrededor de 87.000 voces distintas, unas 22.000 en consulta directa y 65.000 en procesos preparatorios hacia la consulta. Participaron comunidades, parroquias, vicariatos y diócesis. Hubo 260 eventos: asambleas territoriales, foros temáticos y ruedas de conversación. El 90% de los obispos amazónicos participó en el proceso. Todo esto lo recogió la REPAM (Red Eclesial Panamazónica), organismo eclesial creado para establecer una pastoral de conjunto con prioridades diferenciadas, buscando un modelo de desarrollo que privilegie a los pobres y sirva al bien común. Este insumo contribuyó a la elaboración del Documento de Trabajo (Instrumentum laboris). Este documento fue publicado el pasado 17 de junio y será el punto de partida del Sínodo.

¿Qué tiene que ver este Sínodo con nuestra fe y espiritualidad? Puede parecer una realidad distante y que prácticamente no nos afecta. Pero no es así. El Sínodo nos hace una fuerte interpelación que deberíamos acoger y dejarnos transformar por ella.

 En primer lugar, el cuidado de la “casa común” nos implica a todos y tiene que ver con nuestra fe. El libro del Génesis comienza afirmando a Dios como creador de cielo y tierra y de todo lo que hay en ella, incluido el ser humano. Ese mundo fue puesto en nuestras manos para preservarlo y garantizar la vida en todos los sentidos. En otras palabras, la preocupación ecológica no sólo es un problema mundial y un desafío actual, sino que también es un compromiso inherente a la fe si creemos en el Dios bíblico. De ahí la Encíclica de Francisco, “Laudato si” (2015), en la que nos llama a la “conversión ecológica”, una conversión integral por la defensa de la vida en todo sentido pero, especialmente, la vida de la creación, tan amenazada por la explotación irracional que solo busca el lucro y la mayor ganancia y que afecta, en primer lugar, a los más pobres de la tierra.

 En segundo lugar, tanto la Encíclica Laudato Si como el Sínodo Panamazónico, nos están hablando de una fe “profética” y “ecológica”. El Instrumentum laboris es un ejemplo muy claro de una fe que se toma en serio la realidad, se compromete con los problemas actuales y busca transformarlos pero, no de cualquier manera, sino levantando la voz y “denunciando” todo aquello que no está de acuerdo con el plan de Dios y necesita una conversión urgente.

 El Instrumentum laboris está estructurado en tres partes: (1) La voz de la Amazonía (2) Ecología integral: clamor de la tierra y de los pobres (3) Iglesia profética en la Amazonía: desafíos y esperanzas-. Comienza haciendo un llamado a los obispos para que “escuchen” a los pueblos amazónicos: “Pidamos ante todo al Espíritu Santo, para los padres sinodales, el don de la escucha: escucha de Dios, hasta escuchar con Él el clamor del pueblo; escucha del pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama” y continua describiendo muy bien las amenazas que afectan la Amazonía: la destrucción extractivista, la urgencia de protección de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario, la migración, la urbanización, la corrupción, la falta de salud, de educación, de respeto a sus culturas, etc. Y con la misma voz profética de la Biblia que levanta la voz ante la opresión del pueblo en Egipto (Ex 3, 7-8) (n.23), el instrumentum laboris denuncia “la connivencia o permisividad de los gobiernos locales, nacionales y las autoridades tradicionales (los mismos indígenas)” para permitir la explotación de la creación solo buscando intereses económicos sin detenerse a pensar en las nefastas consecuencias para la creación y los pueblos (n.14). Más aún, hace un fuerte llamado a las instituciones eclesiales a que no caigan en el juego de recibir donaciones que parece van a mejorar la situación, cuando en verdad, los que las ofrecen están buscando solo intereses económicos (n. 83).

El instrumentum laboris “sugiere” lo que la Iglesia podría hacer para responder a todas estas amenazas. Lógicamente la iglesia no pretende solucionar un problema que es de toda la sociedad y que, además, excede sus pretensiones que son propiamente evangelizadoras, pero el documento si muestra “nuevos caminos para la Iglesia y para la ecología integral” -título del sínodo- al proponer la “escucha” a esos pueblos, el “diálogo” con los pueblos amazónicos considerándolos verdaderos interlocutores y la puesta en práctica de la inculturación e interculturalidad (ser capaces de dejarse enseñar también por la sabiduría indígena y el “buen vivir” que estos pueblos poseen) a nivel de doctrina, liturgia, pastoral, ecología, conversión.

 Los medios de comunicación se han centrado en la posibilidad de ordenar varones casadosde entre los mismos indígenas para responder a la falta de ministros para celebrar la eucaristía en los lugares más apartados. Pero esto no es lo más importante de este Sínodo. Lo importante es todo lo que dijimos antes. “Escuchar, dialogar y transformar” permitirán una iglesia con rostro amazónico, abriendo así la posibilidad a una iglesia con distintos rostros; una iglesia en salida -como tanto ha repetido Francisco- en salida de sus propias seguridades y puntos de vista para estrenar nuevos caminos de evangelización; una iglesia profética que se compromete con la realidad actual y no teme ser criticada por ello -se sabe de la incomodidad de algunos gobiernos y empresas extractivistas por estas denuncias de la iglesia-; y una iglesia comprometida con los más pobres de la tierra, en este caso, los indígenas que en el pasado fueron colonizados con el beneplácito, muchas veces, de la misma iglesia, y que aún hoy nos son tenidos en cuenta como verdaderos sujetos eclesiales.

 Ojalá el sínodo sea un kairós de novedad, profecía y compromiso. Y que todos en la iglesia acojamos esos horizontes para que lo que en Amazonía se pueda hacer realidad, se haga también en todos los otros rostros de la iglesia que necesitan pasos audaces para mostrar efectivamente que nuestra fe no es un intimismo autoreferencial sino una fe profética y ecológica, defensora de la vida en su sentido pleno: la creación y los más pobres de la tierra.

(Imagen tomada de: https://www.cec.org.co/sistema-informativo/iglesia-en-el-mundo/celam-y-repam-analizar%C3%A1n-perspectivas-del-s%C3%ADnodo)

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«Eventos y catequesis», por Gerardo Villar

viernes, 11 de octubre de 2019
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20190913224323-liderazgoLeo en un documento oficial de la iglesia que nos invita a participaren eventos y que quiere evangelizar con ellos: grandes concentraciones, consagración al Corazón Jesus, procesiones, manifestaciones romerías, peregrinaciones…

Me da mucho miedo el intentar educarnos en la fe cristiana a base de eventos, de acontecimientos solemnes y llamativos.

Encuentro que en muchas parroquias hay cuatro o cinco hechos llamativos, seductores, chocantes, multitudinarios. Ahí cantamos, llevamos pancartas (estandartes) imágenes… Y veo que hasta surgen lágrimas conmovidos por esa imagen de nuestra señora o de tal santo. Me parece mucho más educativo una catequesis, un seguimiento constante descubriendo el evangelio y descubriéndolo en nuestras vidas, día a día, semana a semana.

Ha habido en la comunidad eclesial y sigue existiendo un método de revisión de vida: ver, juzgar y actuar. Ese sistema sí que me ayuda a descubrir la realidad en profundidad, a ver valores y contravalores humanos y evangélicos, a ir transformando poco a poco esa realidad que vemos y que usamos. La religiosidad eventual no me llega a lo hondo del corazón. Las cuatro lágrimas me conducen a entregar un ramo de flores, a ir descalzo, a hacer actos puntuales de penitencia o de generosidad, pero no llegamos a cambiar las motivaciones del corazón y de la mente.

No podemos olvidar que nuestra meta como cristianos es cambiar la realidad e irla conformando con el Reino de Dios. Eso exige trabajo constante día a día, reunión a reunión, acción a acción. La oración que surge de ahí, nos trastoca, convierte los valores, mueve los corazones. Mientras caminemos en la iglesia con eventos puntuales, no construimos el Reino de Jesús. ¿Qué queda de los encuentros del papa con los jóvenes o de las visitas papales a distintos lugares? ¿Qué queda de los años de jubileo, que suponen fuertes gastos económicos? Más sencillo y más cercano ¿qué queda cada año de las procesiones y de las ofrendas de flores en la fiesta de María?

Jesús iba constantemente recorriendo pueblos, hablando con las personas, anunciando mensajes. Y cuando ya veía que aquello se podía convertir en evento, se iba a otra parte a predicar y sanar.

Vamos comprobando que la fuerza del Evangelio llega a las personas por el anuncio de tú a tú, por la lectura personal, por la oración, por el encuentro en pequeños grupos. Temo los eventos y no creo en ellos. Me fío más de la semilla sencilla sembrada en el campo, grano a grano. Y si en alguna ocasión se da un hecho, que sea significativo por los valores evangélicos y que luego lleve consigo una catequesis que eduque y evangelice.

Me da mucho miedo una pastoral a base de eventos llamativos, que se quedan en flores, cohetes, andas e imágenes. Se educa persona a persona, transmitiendo el Mensaje de Jesús persona a persona.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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Dos discípulas de Jesús de Nazaret

sábado, 5 de octubre de 2019
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gesu-maria-martaLucas 10,38-42
José Rafael Ruz Villamil
Yucatán (México).

ECLESALIA, 16/09/19.- Sucede en una casa, la casa de Marta y María —¿y Lázaro?—, donde el Maestro, junto con los suyos y según puede inferirse, suele alojarse en busca de reposo para luego continuar la predicación itinerante del Reino de Dios. Así, la llegada de Jesús y sus discípulos pone a funcionar la dinámica de la hospitalidad que, si ya tratándose de un solo huésped resulta compleja, en el caso de un grupo de predicadores cansados y hambrientos acaba siendo harto complicada, recayendo el peso de los quehaceres en las mujeres de la casa y de los sirvientes, si los hay.

Y es que dentro de la división rigurosa de roles y espacios en el mundo mediterráneo del primer tercio del siglo I, el mundo privado del hogar es el ámbito natural de las mujeres con, además, límites inviolables que todos respetan. Así y en el caso de la hospitalidad, las mujeres se habrían de ocupar de disponer cuanto implica recibir a un huésped particularmente bienvenido: no sólo una mesa bien servida sino también un lecho confortable; de hecho, el tiempo verbal del griego utilizado para decir que Marta “recibió” a Jesús, sugiere una estancia relativamente prolongada de él mismo que, por cierto, se pone a enseñar transformando el hogar de las hermanas en un espacio de encuentro con el Padre y su Reino.

Si se añade que el rol femenino de entonces supone, también, como virtud honorable el silencio en relación con los varones a tal punto que una mujer solamente se comunica con los hombres en los momentos de la comida y, en el caso de su marido, en el lecho conyugal, la actitud de estas hermanas en relación con Jesús de Nazaret no sólo resulta inédita sino escandalosa: tanto el reproche abierto que Marta hace a Jesús, como la actitud de María en relación con él, hacen saltar por los aires el rol de la mujer, en el más puro contexto de la ruptura de roles tradicionales que el Galileo practica y propone como una parte necesaria para sacar adelante la causa del Reino de Dios, en confrontación con el conservadurismo natural de los colectivos rurales de entonces: «Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos; de otro modo, el vino reventaría los odres y se echarían a perder tanto el vino como los odres: sino que el vino nuevo, en odres nuevos».

En este caso, el vino nuevo es el rol que María adopta al sentarse a los pies del Maestro a “escuchar su palabra”, cosa que provoca la indignación de Marta puesto que su hermana está asumiendo, explícita y abiertamente, un rol que corresponde únicamente a los varones: como que a Marta ya le resultaba suficiente pertenecer al grupo de simpatizantes de la causa de Jesús y contribuir a ella con sus bienes, sí, pero desde el rol que como mujer le es propio. De este modo, Marta al pedir al Maestro que reconvenga a María, le está exigiendo que le evite la vergüenza del deshonor que supone el cambio de rol de su hermana, y, correlativamente, que la envíe al sitio que, como mujer, ha de desempeñar. Sin embargo y en el contexto de inversión del código honor-vergüenza, tan propio de la praxis del Galileo, la mejor parte que María ha elegido y “que no le será quitada” resulta ser, según el mismo Jesús, la liberación de una tradición caduca que impone roles de sometimiento inadmisibles en el horizonte del Reino de Dios.

No son Marta y María, no, los únicos casos de discipulado femenino de que dan cuenta los Evangelios. Más bien este relato viene a mostrar lo que hubo de ser un proceso hacia el discipulado femenino más común de lo que ha querido aceptarse. Y es que el hecho de la presencia de discípulas en el movimiento de Jesús resulta incuestionable: por mencionar sólo un par de referencias, Marcos menciona: “Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé, que le seguían y le servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén”; y Lucas da cuenta de un otro grupo en torno a Jesús: Recorrió a continuación ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes”.

Es así que el rescatar y devolver la presencia femenina, sin límite alguno, en el discipulado actual de Jesús, resulta absolutamente necesario por pura congruencia con la decisión del Maestro por un discipulado sin restricciones de género, no sólo ni tanto en obsequio de los movimientos feministas, sino por honestidad indispensable en relación con el mismo Jesús de Nazaret que quiere una comunidad de seguidores —hombres y mujeres— en el horizonte de la más radical igualdad, con toda la cauda crítica que esto supone para algunos segmentos harto conservadores de la Iglesia y de la sociedad.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Escuchar

martes, 17 de septiembre de 2019
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La misión de los futuros líderes cristianos no es contribuir humildemente a la solución de las penas y tribulaciones de su tiempo, sino identificar y anunciar los caminos por los que Jesús está guiando al pueblo de Dios, liberándolo de la esclavitud, a través del desierto hacia la nueva tierra de la libertad. Los líderes cristianos tienen la difícil tarea de responder a los conflictos personales y familiares, a las calamidades nacionales y a las tensiones internacionales con una fe articulada en la presencia real de Dios.

Tienen que decir «no» a toda forma de fatalismo, derrotismo, accidentalismo e incidentalismo, que hacen creer a las personas que las estadísticas nos dicen la verdad. Tienen que decir «no» a toda forma de desesperación en las que la vida humana es vista como una pura cuestión de buena o mala suerte. Tienen que decir «no» a todos los intentos sentimentales de hacer que las personas desarrollen un espíritu de resignación o de indiferencia estoica frente a lo ineludible del dolor, el sufrimiento y la muerte […]. Los líderes cristianos del futuro tienen que ser teólogos, personas que conozcan el corazón de Dios y que estén preparadas, por medio de la oración, el estudio y un análisis cuidadoso, para manifestar la tarea salvadora de Dios en medio de los acontecimientos aparentemente fortuitos de nuestro tiempo.

La reflexión teológica consiste en meditar sobre las penosas y gozosas realidades de cada día con la mente de Jesús y, de ese modo, hacernos conscientes de que Dios nos guía con cariño. Es una disciplina dura, puesto que la presencia de Dios es una presencia escondida, que necesita ser descubierta. Los ruidos fuertes, tempestuosos, del mundo nos dejan sordos para escuchar la voz suave, amable y amorosa de Dios. El líder cristiano está llamado a escuchar esa voz y a ser animado y consolado por ella.

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H. J. M. Nouwen,
En el nombre de Jesús. Un nuevo modelo de responsable de la comunidad cristiana,
PPC, Madrid 1 994, pp. 70-73 passim).

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“La lección de los primeros cristianos “, por Gabriel Mª Otalora

sábado, 7 de septiembre de 2019
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ABF3861D-98B7-40CA-AA6C-58A0A38F5442De su blog Punto de Encuentro:

«Nos han narcotizado la existencia y es difícil fijarse en los profetas que existen»

  | Gabriel Mª Otalora

Leyendo los Hechos de los Apóstoles, parece que todo iba sobre ruedas. Y seguro que el ánimo de aquellas primeras comunidades cristianas fue tan estupendo como nos cuenta Lucas, imbuidos como estaban por el Espíritu Santo. Otra cosa diferente sería la convivencia diaria y las dificultades que se fueron presentando, tanto internas como externas, tratando de evangelizar en un ambiente muy poco propicio al estar impregnado totalmente de la cultura pagana del imperio romano. La ciudad de Roma en el siglo I, donde fueron escritos los Hechos de los Apóstoles, acogía a un millón de habitantes, cifra que ninguna otra ciudad volvió a alcanzar hasta el Londres victoriano.

Aquellos grupitos de enviados (apóstoles) llegaron al corazón del imperio y evangelizaron sin ningún elemento de poder ni sin contar con facilidades humanas; todo lo contrario. Lucas resalta la potencia de la acción del Espíritu sin la pretensión de ser un simple cronista de los orígenes cristianos, ni presentar la penetración del Cristianismo en el mundo pagano como un fenómeno puramente histórico. Su objetivo es poner de manifiesto la acción del Espíritu cuando nos ponemos manos a la obra, por muy difícil que resulte el contexto, tratando de edificar la Iglesia y que fructifique la Palabra en lugares poco propicios.

Estoy convencido que nuestra realidad contiene suficientes similitudes como para que tomemos en serio el papel que nos corresponde en esta sociedad posmoderna, secularizada y materialista, poco propicia a mensajes como el que predicaron los primeros cristianos en las urbes de moda en aquellos tiempos: Roma, Corinto o Antioquía, donde, por primera vez, se les llama cristianos a los seguidores de Cristo (Hch 11, 25-26). Pero es la época en la que nos ha tocado vivir y evangelizar con el ejemplo, no solo con la palabra, ay, en medio de tanta indiferencia neopagana.

Predicaban una novedad y resultaba difícil vivir en medio de aquellos ambientes. Es ilustrativo los comentarios que realiza Arístides en su Apología, destacando las virtudes y el ejemplo de este grupo social minoritario que provocaba admiración y un goteo incesante de seguidores y seguidoras. Tan es así, que pronto les ocurrió lo que al Maestro al que emulaban, en cuanto cuestionaron algunas esencias del mundo romano: sus dirigentes comenzaron las persecuciones para borrar del mapa todo lo que tenía que ver con sus mensajes.

Las cosas tienen hoy en día algunas similitudes. Existe una gran persecución a los cristianos en tierras de Oriente y de África, aunque es algo que apenas nos llama la atención. En el Primer Mundo las cosas son más sofisticadas. En primer lugar, nuestra falta de ejemplo y ausencia generalizada de denuncia profética ayuda mucho a quienes les viene muy bien la placidez con la que vivimos el consumismo hedonista que ha puesto en crisis los valores y compromisos básicos éticos; qué no decir de los valores cristianos. Y en segundo lugar, el gran regalo que nos ha venido en forma de Papa Francisco con sus mensajes y ejemplo, está siendo puesto a prueba sobre todo por la resistencia tremenda dentro de nuestra Iglesia; como le pasó a Jesús de Nazaret.

Las incomprensiones que cuenta Pablo en sus cartas se trocaron en persecución en cuanto la vivencia trajo consecuencias para el poder en cuanto comenzó a influir en la manera de entender la vida y las relaciones humanas. Aquellos primeros cristianos se hicieron fuertes en su fe viviendo sus dificultades en comunidad cristiana. Y el resultado fue la impresionante influencia que tuvieron los evangelios a pesar de las desviaciones propias de la miseria humana.

Creo que ahora estamos un poquito más en crisis, precisamente porque la indiferencia social y la laxitud como cristianos es un escenario peor que el ser perseguido frontalmente por el enemigo. Poco a poco, pero inexorablemente, nos han narcotizado la existencia y es difícil fijarse en los profetas que existen a nuestro alrededor. El más visible y activo, sin duda que es Francisco, pero no encuentra seguidores suficientes entre nosotros para revertir la actitud eclesial que ha convertido a la institución en algo más importante que el Mensaje y su práctica.

Aprovechemos este final de verano para releer los Hechos de los Apóstoles y las cartas de Pablo en clave de oración, abiertos al Espíritu y a nuestra responsabilidad reflexionando lo que significa el regalo de la fe. Nuestro mundo cercano está anhelante buscando signos de esperanza tras el oropel posmoderno que relativiza lo mejor de la existencia ¿Estamos siendo testigos de la Buena Noticia?

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Pablo D’Ors: «Las formas tradicionales de la Iglesia no responden a la sensibilidad y al lenguaje contemporáneos»

sábado, 31 de agosto de 2019
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gente-muere«Hay un anhelo espiritual muy grande en esta sociedad tan secularizada», cuenta el fundador de la Asociación Amigos del Desierto

«La única manera de que exista fidelidad es de forma creativa. Si no hay creatividad, no hay felicidad; hay conservadurismo que es distinto»

«Está muy bien conservar el patrimonio espiritual, pero no estamos llamados a ser siempre conservadores, sino a ser fieles. A vivirlo realmente»

«Esto es lo que olvidamos: tan importante como el patrimonio que hemos recibido como el Evangelio, por ejemplo, es el hombre y la mujer de hoy

«Porque tú puedes tener un mensaje extraordinario pero si realmente no tienes en cuenta al destinatario, ¿para que te sirve un tesoro? ¿Para guardarlo bajo la tierra en un arcón?»

«La fidelidad no es sólo al Evangelio, es al hombre y a la mujer de hoy. Y si estamos lejos de ellos, difícilmente vamos a conectar»

El escritor, sacerdote y asesor cultural del Vaticano, Pablo D’Ors, tiene una «esperanza demencial». El también fundador de la exitosísima red de meditadores Amigos del Desierto quiere lanzar un nuevo monacato secular, con personas dispuestas a consagrarse en medio del mundo. «Un monacato compatible con la secularidad, hasta el fondo», nos cuenta, como solución a la «urgencia fundamental para la Iglesia de hoy»: la «renovación espiritual«. Hace falta algo nuevo porque «la mayoría de las formas que la Iglesia Católica presenta, para dar cuerpo a esa búsqueda espiritual, no responden, de hecho, a la sensibilidad de la gente«, afirma.

Hoy tendremos el placer de charlar un rato con uno de los grandes escritores españoles. Pablo D’Ors es novelista y asesor del Vaticano, nada menos. Fundador de unas comunidades de los ‘Amigos del Desierto’ y cura. No sé en qué orden. Bienvenido.

Es un placer estar con vosotros. Muchas gracias, José Manuel, por invitarme.

Decíamos que no sabemos en qué orden colocas tus vocaciones.

Yo suelo presentarme, normalmente, como escritor y sacerdote. Y, últimamente, también como asesor cultural del Vaticano y como fundador de la red de meditadores Amigos del Desierto.

Esto de poner escritor y sacerdote lo hago, más que nada, porque pareciera como si la vocación sacerdotal tuviera que ser la primera. Pero, realmente, en mi historia personal cronológicamente fue primero la literatura: ya con 13 o 14 años escribía mis cuentos y tenía decidido ser escritor.

En todo caso, es cierto que esta doble vocación ha sido la historia de mi vida. Y que así como lo he vivido de manera conflictiva durante mucho tiempo, porque cada una requiere mucha energía o toda tu energía, hoy lo vivo con gran serenidad y armonía. Y yo diría que no son dos vocaciones, sino dos expresiones de la misma.

O sea que, hoy, le pones un guioncito en medio y ya está.

Y me quedo tan pancho. Sí; es el ministerio de la palabra, sea escrita o sea hablada. Y ahora he comprendido que para que esa palabra sea fecunda tiene que nacer del silencio. Eso sí.

Ahora hablamos de tu obra como escritor. Pero háblame un poco de qué estás haciendo, ahora mismo, como cura. Antes estabas en un hospital.

Sí, estuve diez años de capellán hospitalario en el Ramón y Cajal. En el año 2014 fundé la asociación de Amigos del Desierto. Y empezó a crecer: hoy somos 40 Seminarios de Silencio dispersos por la geografía española. Como estaba creciendo mucho -porque realmente hay un anhelo espiritual muy grande en esta sociedad tan secularizada, lo que pasa es que las formas tradicionales que ofrece la Iglesia católica no responden a la sensibilidad y al lenguaje contemporáneos- pedí permiso a mí obispo, el cardenal Osoro, para que me liberara y poder trabajar a tiempo completo en la asociación. Y eso es lo que estoy haciendo.

Así que eres fundador.

Sí, aunque yo soy el primer sorprendido. Pero, sí. Y te voy a decir una cosa más, que es casi una primicia: no solamente fundador de esta red de meditadores, -que somos 500 personas- además, hay en proyecto algo maravilloso; es algo así como un monacato secular. Es decir, que hay unas 15 o 20 personas, de esos 500 que te acabo de comentar, que se están pensando consagrarse, en medio del mundo, según este estilo de meditación, de silencio.

Sin vivir juntos en comunidad en un mismo monasterio. Laicos consagrados.

Sí, laicos consagrados, pero monjes. Laicos es una cosa que ya existe de siempre. Lo novedoso…

Monjes en el mundo.

Sí. Carlos de Foucauld ya tenía una intuición sobre esto. Pero había dos cosas que lo harían radicalmente novedoso.

Tú eres muy de Carlos de Foucauld.

Sí. Lo novedoso sería, por un lado, que realmente quiere ser un monacato compatible con la secularidad, hasta el fondo. Es decir, no solamente compatible con la vida laboral, sino también con la vida matrimonial y familiar. Y esto ya son palabras mayores porque, hasta ahora en la Iglesia la consagración monástica no era compatible con consagración matrimonial. Y queremos hacer esta propuesta no porque se nos ocurra, sino porque hay personas que lo viven así.

Y que lo están demandando.

Sí. Y le piden alguna manera teológica, jurídica, a este hecho.

¿Y eso ya ha empezado a rodar?

Hemos empezado a rodar existencialmente. El cardenal está informado pero, bueno, vamos a ver si, efectivamente, va hacia adelante. Llevamos un par de años, así que yo pienso que va adelante.

¿En Roma no te han puesto peros?

Todavía no ha llegado allá. Está aquí, en Madrid.

¿Y ya tienes matrimonios dispuestos a abrazar ese monacato?

Por lo menos a empezar un noviciado.

Pero esto, ¿qué les exigiría? ¿Cómo compaginarían pobreza, castidad y obediencia?

No. Serían votos de, -lo llamamos- desierto y amistad. En definitiva sería lo mismo que oración y comunión. No son los clásicos tres votos de la vida religiosa tradicional.

¿Seguirían haciendo su vida normal?

Sí. Vida familiar y vida laboral pero utilizamos lo que llamaría, en su día, Panikkar “el arquetipo del monje”. Lo que es la unidad.

Digamos que la propuesta más novedosa es que, si hasta ahora el cristianismo se ha articulado fundamentalmente en clave de la palabra, nuestra modesta proposición es articularlo desde el silencio.

Nosotros, los monjes del Tabor, nos conectamos, como cualquier monje tradicional, siete veces al día pero no para los salmos, sino para la oración contemplativa, para la meditación.

Para rezar en silencio.

Sí.

Entonces, tenéis una vida pautada como los monjes, que rezan maitines, completas…

Más o menos, así es.

¿Y la gente está respondiendo a ese tipo de novedad mística?

Es una propuesta espiritual. Yo creo que siempre será propuesta minoritaria porque los monjes nunca han sido mayoritarios; siempre han sido una pequeña porción de los cristianos. Pero una minoría significativa. Yo tengo una esperanza demencial; pienso que hay tanto que purificar en nuestras formas… Leer más…

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Lo que puede dar de sí un cepillo de iglesia

sábado, 10 de agosto de 2019
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sistema-tradicional-de-donativos-en-las-iglesias-pixabay-1Juan de Burgos Román
Madrid.

ECLESALIA, 19/07/19.- No hace mucho, entré en una iglesia con mi amigo Iván, que es persona crítica por demás. Allí nos llamó la atención un cepillo, de los de recoger limosnas; en su parte superior habían escrito: San Benito, Ánimas y Ánimas del Purgatorio, curiosa mezcla con la que, supusimos, se quería orientar sobre cuáles eran los fines de la tal alcancía.

Al salir, Iván me habló de aquel cepillo. Suponía él que los dineros que allí se depositasen irían destinados a los cultos y rezos (misas, novenas, rosarios, etc.) concernientes a cada uno de los tres encabezamientos, ya que para otros fines, como acciones caritativas, mantenimiento de culto y clero, etc. había allí otros cepillos ad hoc. Y añadía él: si resulta que las misas y novenas requieren de dineros, los que vayan a parar este cepillo también lo habrán de ser para culto y clero.

Por lo que se refería a San Benito, las misas serian, supuso Iván, para buscar la intercesión del santo. Y, aunque dijo que la cosa de las intercesiones se le escapaba, se mostró extrañado de lo retorcido de una tal mediación, puesto que, con esas misas, se estaría pidiéndole a Dios, decía él, que empujase a san Benito a que influyera sobre Él, sobre el mismo Dios, en favor de las peticiones de los donantes. Todo aquello le pareció enormemente tortuoso, por lo que, supuso que, en lugar de misas, debería tratarse de otras devociones, quizá novenas, o algo así, en las que las peticiones fuera derechita al santo (para que él interceda ante Dios, claro), sin necesidad de aquella extraña intermediación previa de Dios hacia san Benito.

Así que dio él en suponer que debería colocarse, en el cepillo, el calendario de las celebraciones de las correspondientes novenas, o misa, si fuera el caso, ya que, razonablemente, cabría esperar que los oferentes querrían asistir a ellas. Aunque, bien pudiera ser que estos se limiten a echar unas monedas al cepillo, pensando que con eso ya es suficiente, pues el cura se encargara del resto, que para eso es cura, que todo hace suponer que Dios hace más caso cuando hay curas de por medio y, aún es más, ellos, los curas, parecen ser imprescindibles como mediadores (de nuevo nos topamos con las mediaciones), entre el personal y Dios; a este respecto, señalaba Iván que los curas se hacen llamar sacerdotes y, por ello, es seguro que se consideran los intermediarios, necesarios, entre los hombres y la divinidad.

Lo de suponer que, para implorar un beneficio, con echar unas monedas en el cepillo es suficiente, sin que sea cosa necesaria elevar los correspondientes rezos, esto, dijo Iván, no era una ocurrencia suya, ya que en un lampadario, que acabamos de ver en aquella misma iglesia, figuraba una leyenda en la que se venía a decir que, tras dejar allí tu donativo, puedes marcharte tranquilo a tus quehaceres, que tu dádiva rezará por ti.

Inopinadamente, Iván me espetó que san Benito debió ser una persona muy cercana y amable, de las que inspiran gran confianza, tanta como para que la gente, en lugar de acudir directamente a Dios, que es amor sin medida, prefieran ir a san Benito, para que él, a su vez, vaya a transmitirle nuestros ruegos a Dios. Parece como si Dios nos infundiera gran respeto, incluso temor; algo así como si se tratase de un jefe peligroso y no de un padre amantísimo. Bueno, dijo él, la verdad es que lo que ocurre con san Benito también ocurre con todos los santos y con algunos que no han llegado a serlo, que, esto, lo de buscar intermediario, está ampliamente generalizado (no solo entre gentes de a pie, sino también entre eclesiásticos de altos vuelos), que es que se buscan hasta debajo de las piedras. Parece como que no nos atreviéramos a estar con Dios a solas; debe ser, aventuró Iván, que eso de ser todopoderoso intimida cantidad.

Bueno, dijo Iván, también pudiera ser que, en el fondo del pensar de muchos, se venga a suponer que Dios tiene predilección por aquellos con mejor comportamiento en su vivir, por lo que hará más caso a lo que le pida alguno de estos, como san Benito, pongamos por caso, que debió ser hombre de muy santos comportamientos, que no a los ruegos de un simple mindundi, por él que Dios no habría de tener especial inclinación. Y, consecuentemente, iremos detrás de ganarnos a un san Benito, o a algún otro santo, cuanto más justo y virtuoso mejor, de los que le caen bien a Dios, para que sea él el que acuda a Dios con nuestro encargo, que a él ha de atenderle mejor que a nosotros, de seguro.

En el caso de las Ánimas del Purgatorio, Iván estimó que la situación era muy distinta, pues las tales ánimas jugaban aquí el papel de destinatarias de los beneficios que se esperaban de los rezos, por lo que lo de las novenas no era del caso, que carece de sentido pedirle a las animas que ellas pidan a Dios, de nuestra parte, que las libre, a ellas, de sufrimientos. Así que dio en suponer que los dineros se destinarían ahora a misas, misas para que Dios se apiade de ellas, de las ánimas en pena, y las saque del Purgatorio cuanto antes.

Y, sin entrar en el asunto del modo de funcionar la cosa esa del paso del personal por el Purgatorio, que es tema delicado, en él que Iván no quiso adentrarse, lo que sí me dijo él fue que esas misas las consideraba un contradios, pues suponen que nosotros somos más caritativos que el propio Dios, ya que, si nosotros no terciamos en favor de ellas, de las ánimas, a Dios ni se le ocurre echarlas una manita para evitarlas padecimientos. Al percibir, entonces, un gesto de extrañeza que yo hice, se apresuró a señalar que, al parecer de la Iglesia, lo de evitar sufrimientos está en sus manos, en las de Dios, pues, en caso contrario, no se habría dicho ni una sola misa por las Ánimas del Purgatorio, siendo así que se ha dicho una enormidad de ellas.

Y, luego, va Iván y me dice que vaya un Dios que nos traemos que, pudiendo Él aliviar los sufrimientos de las almas purgantes, no lo hace, de oficio, que debería ser lo suyo, dijo, sino que se queda quietecito esperando a que vaya a pedírselo alguien. Así las cosas, parece que viene a acontecer, señaló Iván, que, si alguna de ellas, de las tales ánimas, no tiene valedores por aquí abajo, pues que no va a salir de allí hasta que “madure”, que por la parte de allá arriba no se haría más que estar a la espera de que se cumplan los plazos.

Y finalmente, decía, están las limosnas concernientes al concepto Ánimas (se supone que se trata de otras ánimas, de aquellas que no andan enredadas en el Purgatorio), de las que solo habrá que considerar las que ya disfrutan en los Cielos, pues estimó que no tenían cabida aquí aquellas que pudieran estar en los Infiernos, que, dicen,  puede haberlas (santa Teresa llegó a ver como iban a parar allí en grandes cantidades; caían como las hojas en otoño, dijo); a estas animas no se las puede ya ayudar y no están, obviamente, en situación de ponerse, ellas, a ayudar a nadie.

En este último caso, en él de las ánimas celestiales, digamos, es de aplicación todo cuanto se dijo antes al hablar del caso concreto de san Benito. Iván opinó que dirigirse a las tales ánimas le parecía cosa mucho más aconsejable, por eficaz, que dirigirse solo a san Benito, que muchas debían ser las animas del Cielo (más que las del Infierno, supuso Iván, contrariamente al parecer de san Leonardo, entre otros), cuando san Benito es uno solo y, puestos a interceder, aquellas seguro que terminan consiguiendo muchas más concesiones por parte de Dios.

Como le señalase yo a Iván que me parecía que no se estaba tomando las cosas muy en serio, me dijo que le resultaba francamente difícil no acabar cayendo es esa tentación, cuando ocurría que en el fondo de todo este asunto está lo de la intercesión ante Dios, para conseguir que Dios nos conceda algo que, inicialmente, Él no estaba dispuesto a concedernos. Y esto le parecía, a Iván, totalmente descabellado, salvo que nuestro Dios fuese una especie de fantoche, títere o marioneta, influenciable y caprichoso, que está dispuesto a cambiar de opinión, pasando de aplicar implacablemente leyes rigurosas, leyes que Él mismo dictó, a actuar con gran benevolencia, aunque solo  en el caso de que alguien de su agrado se lo solicite.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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