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¿Es el morado color de alegría? Domingo 2º de Adviento. Ciclo C.

domingo, 6 de diciembre de 2015
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Francesco Lay Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Si Pablo Iglesias, líder de Podemos, fuese a misa el domingo (cosa que no creo que haga) le produciría gran satisfacción ver al sacerdote vestido de su color favorito, el morado, dominante durante el Adviento. Sin embargo, la liturgia lo eligió por su sentido penitencial, igual que en Cuaresma. ¿Es la elección más adecuada?

Las lecturas de este domingo no invitan a la penitencia sino a la alegría. La del profeta Baruc ordena expresamente a Jerusalén: “quítate tu ropa de duelo y aflicción”. Y si el sacerdote que preside la eucaristía quisiese realizar una acción simbólica, al estilo de los antiguos profetas, podría quitarse la casulla morada y cambiarla por una blanca y dorada. También el Salmo habla de alegría: “la lengua se nos llenaba de risas, la lengua de cantares”; “el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Pablo escribe a los cristianos de Filipos que reza por ellos “con gran alegría”. Y el evangelio recuerda el anuncio de Juan Bautista: “todos verán la salvación de Dios”. Las lecturas de este domingo no justifican que se suprima el Gloria, todo lo contrario. Hay motivos más que suficientes para cantar la gloria de Dios.

Primer motivo de alegría: la vuelta de los desterrados (Baruc 5,1-9)

Jerusalén, quítate tu ropa de duelo y aflicción, y vístete para siempre el esplendor de la gloria que viene de Dios. Envuélvete en el manto de la justicia que procede de Dios, pon en tu cabeza la diadema de gloria del Eterno. Porque Dios mostrará tu esplendor a todo lo que hay bajo el cielo. Pues tu nombre se llamará de parte de Dios para siempre: Paz de la Justicia y Gloria de la Piedad.

Levántate, Jerusalén, sube a la altura, tiende tu vista hacia el Oriente y ve a tus hijos reunidos desde oriente a occidente, a la voz del Santo, alegres del recuerdo de Dios.

Salieron de ti a pie, llevados por enemigos, pero Dios te los devuelve traídos gloria, como un trono real. Porque ha ordenado Dios que sean rebajados todo monte elevado y los collados eternos, y colmados los valles hasta allanar la tierra, para que Israel marche en seguro bajo la gloria de Dios. Y hasta las selvas y todo árbol aromático darán sombra a Israel por orden de Dios. Porque Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con la misericordia y la justicia que vienen de él.

La lectura de Baruc recoge ideas frecuentes en otros textos proféticos. Jerusalén, presentada como madre, se halla de luto porque ha perdido a sus hijos: unos marcharon al destierro de Babilonia, otros se dispersaron por Egipto y otros países. Ahora el profeta la invita a cambiar sus vestidos de duelo por otros de gozo, a subir a una altura y contemplar cómo sus hijos vuelven “en carroza real”, “entre fiestas”, guiados por el mismo Dios.

¿Qué impresión produciría esta lectura en los contemporáneos del profeta? Sabemos que a muchos judíos no les ilusionaba la vuelta de los desterrados; había que proporcionarles casas y campos, y eso suponía compartir los pocos bienes que poseían. Otros, mejor situados económicamente, verían ese retorno como un punto de partida de un resurgir nacional.

Y esto demuestra la enorme actualidad de este texto de Baruc. A primera vista, hoy día Jerusalén es Siria, Iraq, tantos países de África que están perdiendo a sus hijos porque deben desterrarse en busca de seguridad o de trabajo. Pero también nosotros podemos identificarnos con Jerusalén y ver a esos cientos de miles de personas no como una amenaza para nuestra sociedad y nuestra economía, sino como hijos y hermanos a los que se puede acoger y ayudar en su desgracia.

Segundo motivo de alegría: la bondad de la comunidad (Filipenses 1,4-6.8-11)

Rogando siempre y en toda mis oraciones con alegría por todos vosotros a causa de la colaboración que habéis prestado al Evangelio, desde el primer día hasta hoy; firmemente convencido de que, quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús.

Pues testigo me es Dios de cuánto os quiero a todos vosotros en el corazón de Cristo Jesús.  Y lo que pido en mi oración es que vuestro amor siga creciendo cada vez más en conocimiento perfecto y todo discernimiento,  llenos de los frutos de justicia que vienen por Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios.

Pablo sentía un afecto especial por la comunidad de Filipos, la primera que fundó en Macedonia. Era la única a la que le aceptaba una ayuda económica. Por eso, en su oración, recuerda con alegría lo mucho que los filipenses le ayudaron a propagar el evangelio. Y les paga rezando por ellos para que se amen cada día más y profundicen en su experiencia cristiana.

La actitud de Pablo nos invita a pensar en la bondad de las personas que nos rodean (a las que muchas veces solo sabemos criticar), a rezar por ellas y esforzarnos por amarlas.

Tercer motivo de alegría: el anuncio de la salvación (Lucas 3,1-6)

En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas;  todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios.

A diferencia de los otros evangelistas, Lucas sitúa con exactitud cronológica la actividad de Juan Bautista. No lo hace para presumir de buen historiador, sino porque los libros proféticos del Antiguo Testamento hacen algo parecido con Isaías, Jeremías, Ezequiel, etc. Con esa introducción cronológica tan solemne, y con la fórmula “vino la palabra de Dios sobre Juan”, al lector debe quedarle claro que Juan es un gran profeta, en la línea de los anteriores. El Nuevo Testamento no corta con el Antiguo, lo continúa. En Juan se realiza lo anunciado por Isaías.

            Juan, igual que los antiguos profetas, invita a la conversión, que tiene dos aspectos: 1) el más importante consiste en volver a Dios, reconociendo que lo hemos abandonado, como el hijo pródigo de la parábola; 2) estrechamente unido a lo anterior está el cambio de forma de vida, que el texto de Isaías expresa con las metáforas del cambio en la naturaleza.

Pero, a diferencia de los grandes profetas del pasado, Juan no se limita a hablar, exigiendo la conversión. Lleva a cabo un bautismo que expresa el perdón de los pecados. Se cumple así la promesa formulada por el profeta Ezequiel en nombre de Dios: “Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará”.

Las dos conversiones

¿Se podría mandar a una persona como penitencia estar alegre? Parece una contradicción. Sin embargo, las lecturas de este domingo y de todo el Adviento nos obligan a examinarnos sobre nuestra alegría y nuestra tristeza, a ver qué domina en nuestra vida. Es posible que, sin llegar a niveles enfermizos, nos dominen altibajos de cumbres y valles, momentos de euforia y de depresión, porque no recordamos que hay motivos suficientes para vivir con serenidad la salvación de Dios.

Al mismo tiempo, las lecturas nos invitan también a convertirnos al prójimo, acogiéndolo, amándolo, rezando por ellos.

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Esperanza

jueves, 3 de diciembre de 2015
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esperance

Puse mi esperanza en el Señor,
y él se inclinó
para escuchar mis gritos.

*

(Salmo  40:2)

***

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El tiempo eterno de Dios

miércoles, 2 de diciembre de 2015
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Del blog de Henry Nouwen:

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«Después de la muerte no hay otro ‘después‘. Palabras como después o antes pertenecen a nuestra condición mortal, a nuestra vida temporal y espacial. La muerte nos libera de las limitaciones cronológicas y nos transporta al ‘tiempo‘ de Dios, que es eterno. Las especulaciones sobre la vida después de la muerte no son por tanto más que eso, especulaciones. Después de la muerte no hay ‘primeramente’ ni ‘más tarde’, no hay ‘aquí’o ‘allá, ni pasado, presente o futuro. Dios lo es todo en todos. El fin de los tiempos, la resurrección y la nueva venida gloriosa de Jesús no están separados en el tiempo para aquellos que no están ya en el tiempo.

Para nosotros, que vivimos aún en el tiempo, resulta importante que no actuemos como si la nueva vida en Cristo fuera algo que podemos comprender o explicar. La mente y el corazón de Dios son infinitamente superiores a los nuestros.

Cuanto se nos pide es confianza.»

*

Henry Nouwen

101mariposa fb

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Como una semilla

viernes, 27 de noviembre de 2015
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Del blog de la Communion Béthanie:

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En nosotros, Señor,
como una semilla,
depositas cada día la esperanza
que nos hace discernir
en las turbulencias de los acontecimientos
los signos del mundo que viene.

En nosotros, como una semilla,
depositas cada día el amor
que nos hace trabajar
con perseverancia
para que la alegría sea distribuida
sin regatear a nuestron alrededor.

En nosotros, como una semilla,
depositas cada día la fe
que enciende las luces obstinadas
en nuestra existencia
y que permite divisar
los rasgos discretos de tu Rostro
al mismo tiempo que todo grita
en tu ausencia
y que somos tentados
a abandonar todo.

¡En nosotros, como una semilla,
depositas tus dones!
Venimos juntos,
Dios Señor nuestro,
a agradecerte por esta semilla sembrada.

¡Pero se queda tan pequeña, esta semilla!
Y cuando vienen
los grandes vientos de la vida,
tiene dolor, la semilla depositada,
por elevarse y resistir
a todas las corrientes contrarias
que intentan asfixiarla.
Es por eso que, Señor,
venimos juntos
a suplicarte:
aumenta en nosotros la esperanza,
aumenta en nosotros el amor,
aumenta en nosotros la fe.
Mais elle reste si petite, cette graine !

*

Charles Singer
en TERRES, Éditions du Signe

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Embajadora de UNICEF: «Dios no es homófobo»

viernes, 27 de noviembre de 2015
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UNICEF_gay“Todos somos una obra de arte única, lo aburrido es que todos seamos lo mismo. Queremos derechos iguales, pero no queremos ser lo mismo”, definió la estrella brasileña.

«Ser homosexual no me hace peor persona»

La reconocida cantante brasileña Daniela Mercury, embajadora de Unicef, ha afirmado que “Dios no es homófobo” en el marco de su comparecencia en la sede de Naciones Unidas para defender los derechos de los que tienen distintas preferencias e identidades sexuales en Latinoamérica.

“Dios me hizo tal como soy y me siento privilegiada por todo lo que soy, y ser homosexual no me hace peor persona, sino más interesante”, reflexionó la artista, que acudió al evento acompañada de su esposa, la periodista y activista Malu Verçosa.

A pesar de que el colectivo de lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales consiguió en los últimos años grandes logros en distintos países occidentales, la violación de los derechos humanos de este colectivo sigue siendo una asignatura pendiente en la mayoría de países latinoamericanos.

“Todos somos una obra de arte única, lo aburrido es que todos seamos lo mismo. Queremos derechos iguales, pero no queremos ser lo mismo”, definió la estrella brasileña.

Daniela Mercury expresó, además, su rechazo a diferenciar los hombres de las mujeres, y afirmó que ni unos ni otros son “equipos diferentes ni opuestos, son simplemente personas”.

Por su parte, la esposa de Mercury, Verçosa, recordó que la homosexualidad “siempre ha estado presente en la historia de la humanidad”, y pidió que la sociedad “se preocupara más” por la violencia y discriminación que existe en el mundo y no se preocupe tanto de “a quién ama cada uno”.

Ambas aprovecharon el encuentro para presentar el nuevo vídeo musical de la compositora, que forma parte de la campaña a favor del colectivo LGBTI de Naciones Unidas “Libres e Iguales”.

“Libres e Iguales” nació con el objetivo de concienciar de los riesgos de la violencia y discriminación homofóbicas y transfóbicas y de promover un mayor respeto de los derechos de las personas Lgbti en todo el mundo.

El vídeo clip incluye imágenes inéditas de la boda de Daniela y Malu Verçosa, además de ir acompañado de la música del nuevo álbum de Mercury.

La pareja también recibió el apoyo del representante de Brasil en las Naciones unidas, Antonio de Aguiar Patriota, que remarcó el “compromiso implacable de Brasil con los derechos humanos internacionales”.

Fuente Cáscara Amarga

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«Exámen ante el testigo de la verdad». Solemnidad de Cristo Rey – B (Juan 18,33-37)

domingo, 22 de noviembre de 2015
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34-852870-300x196Dentro del proceso en el que se va a decidir la ejecución de Jesús, el evangelio de Juan ofrece un sorprendente diálogo privado entre Pilato, representante del imperio más poderoso de la Tierra y Jesús, un reo maniatado que se presenta como testigo de la verdad.

Precisamente Pilato quiere, al parecer, saber la verdad que se encierra en aquel extraño personaje que tiene ante su trono: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús va a responder exponiendo su verdad en dos afirmaciones fundamentales, muy queridas al evangelista Juan.

«Mi reino no es de este mundo». Jesús no es rey al estilo que Pilato puede imaginar. No pretende ocupar el trono de Israel ni disputar a Tiberio su poder imperial. Jesús no pertenece a ese sistema en el que se mueve el prefecto de Roma, sostenido por la injusticia y la mentira. No se apoya en la fuerza de las armas. Tiene un fundamento completamente diferente. Su realeza proviene del amor de Dios al mundo.

Pero añade a continuación algo muy importante: «Soy rey… y he venido al mundo para ser testigo de la verdad». Es en este mundo donde quiere ejercer su realeza, pero de una forma sorprendente. No viene a gobernar como Tiberio sino a ser «testigo de la verdad» introduciendo el amor y la justicia de Dios en la historia humana.

Esta verdad que Jesús trae consigo no es una doctrina teórica. Es una llamada que puede transformar la vida de las personas. Lo había dicho Jesús: «Si os mantenéis fieles a mi Palabra… conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Ser fieles al Evangelio de Jesús es una experiencia única pues lleva a conocer una verdad liberadora, capaz de hacer nuestra vida más humana.

Jesucristo es la única verdad de la que nos está permitido vivir a los cristianos.

  • ¿No necesitamos en la Iglesia de Jesús hacer un examen de conciencia colectivo ante el «Testigo de la Verdad»?
  • ¿Atrevernos a discernir con humildad qué hay de verdad y qué hay de mentira en nuestro seguimiento a Jesús?
  • ¿Dónde hay verdad liberadora y dónde mentira que nos esclaviza?
  • ¿No necesitamos dar pasos hacia mayores niveles de verdad humana y evangélica en nuestras vidas, nuestras comunidades y nuestras instituciones?

José Antonio Pagola

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«Tú lo dices: soy rey.» Domingo 22 de noviembre de 2015. Domingo 34 del tiempo ordinario. Fiesta de Cristo Rey

domingo, 22 de noviembre de 2015
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61-ordinarioB34 cerezoLeído en Koinonia:

Daniel 7, 13-14: Su dominio es eterno y no pasa.
Salmo responsorial: 92: El Señor reina, vestido de majestad.
Apocalipsis 1, 5-8: El príncipe de los reyes de la tierra nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios.
Juan 18, 33b-37: Tú lo dices: soy rey.

Problemática pastoral concreta de la festividad de Cristo Rey

Vamos a comenzar removiendo obstáculos, porque hay problemas respecto a los posibles significados de esta fiesta. Veamos algunos:

a) El origen de esta fiesta y su contexto original. Esta fiesta fue establecida en un contexto anterior al Vaticano II, en 1925, por Pío XI, y con un espíritu muy cercano al de cristiandad, cuando el Vaticano expresaba claramente su deseo de que el cristianismo fuera la religión oficial, la religión de los Estados cristianos. Al confesar a Cristo como Rey universal se quería con ello vehicular el deseo de que también la Iglesia fuese testigo y participante ya aquí en la tierra de esa realeza: una realeza de Cristo reconocida, redundaba inevitablemente en una Iglesia respetada, favorecida por el Estado, con alto estatus en la sociedad, fuerte y organizada, que aunque no podía ya revestirse de poder político temporal, al menos podía participar de él por una relación estrecha y armoniosa con los poderes sociales. Durante mucho tiempo, el título de “Cristo Rey”, el “reinado social del Corazón de Jesús”… incluyeron esos aspectos de autoencumbramiento de la Iglesia, olvidando que la práctica de Jesús de Nazaret fue muy distinta, incluso totalmente contraria.

b) El concepto de Reino-monárquico. El Reino no es hoy día la forma más frecuente de organización sociopolítica. La mayor parte de los países son repúblicas, de diferentes rostros, y los reinos que persisten, ya no lo son en su forma clásica, sino en adaptaciones a la cultura política actual (por ejemplo las monarquías “parlamentarias”) que, al superarla, niegan en el fondo la esencia misma de lo que era un “reino”.

Aun siendo conscientes de la limitación inevitable que todo lenguaje teológico tiene por su misma naturaleza analógica, figurada, simbólica, apofática… cada vez más se viene insistiendo en que la palabra “reino” no sería la más adecuada para expresar la utopía bíblico-mesiánica del Reino de Dios, porque en esta altura de la historia la palabra «Reino» ya no expresa una forma de organización sociopolítica deseable para los humanos. Cada vez se evidencia más la dificultad de hablar de Dios (y de Cristo) como “rey”, y de su proyecto escatológico como un “reino”. ¿Estamos seguros de que un reino, una monarquía, podría ser una analogía del “Reino de Dios” realizado? La realización del reino de Dios, ¿no exigiría la superación de muchos aspectos de lo que es una monarquía, un “reino”? Acaso una comunidad, ¿puede ser comparada con un «reino», con una «monarquía»? ¿Y una familia?

Pablo Suess viene proponiendo la expresión “democracia participativa del RD” para corregir la evocación que el término clásico conlleva. Ya sabemos que no se puede simplemente sustituir una expresión por otra, pero es bueno aludir con frecuencia a esa insuficiencia de la expresión clásica, para hacer caer en la cuenta a los oyentes, y para liberar al contenido (el Reino mismo, el significado), de las limitaciones del significante (una palabra no completamente adecuada).

Para hablar del Reino puede ser mejor hablar del Proyecto, de la Utopía de Dios… que hacemos nuestra: queremos «construir la Democracia de Dios, cósmica, pluralista, inclusiva, y por eso, amorosa, encarnación viva del Dios de los mil rostros, colores, géneros, culturas, etnias, sentidos…».

c) Connotación de género en la palabra “Reino”.

Es útil saber que en el ámbito de la teología feminista angloparlante se rechaza también la expresión (God’s Kingdom), a causa de su machismo larvado (kingdom alude directamente a king, no a queen…). En castellano no tenemos ese problema en esta expresión, pero el saber que existe en otras lenguas invita a prevenirlo en su uso consciente.

Los grandes temas de la fiesta de hoy y de la semana

Hay varios grandes temas que podrían servir para orientar la reflexión de la homilía o la reflexión del círculo bíblico o la comunidad cristiana en torno a los textos de este domingo. Habrá que elegir entre ellos. Aquí sólo los apuntamos:

a) El Reino de Dios, como contenido del mensaje de Jesús. Jesús nunca se proclamó Rey: nada más lejos de Él. Lo que Jesús hizo fue ponerse al servicio total del Reino, de forma que éste fue el centro mismo de su predicación y de su vida, la Causa por la que dio la vida. Importa pues hacer honor a la identidad verdadera de Jesús: Él no fue rey, ni lo quiso ser nunca, por mucho que algunos cristianos crean que llamándolo así lo honran… La intención puede ser buena, pero el título que de hecho se le atribuye no podría ser de su agrado.

Jesús habló del Reino, fue su servidor y su mensajero, pero sus seguidores se olvidaron del Reino. y lo constituyeron a él como el Reino mismo, como el Rey… El mensaje fue sustituido por el mensajero. Jesús nos indicaba el Reino, como la Causa por la que estaba apasionado y por la que dio su vida, y un buen grupo de seguidores se olvidaron de esa causa, y se enamoraron de Jesús. Es preciso volver a Jesús, y su Causa…

Para hablar concretamente del Reino es bueno reparar en el texto del prefacio de esta fiesta, que da una «descripción» muy plástica de su contenido. Esa idea fue recogida en el conocido estribillo del Salmo 71 del compositor Manzano, que dice: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia… es Paz… es Gracia… es amor, ¡venga a nosotros tu Reino, Señor». Bien glosada, y debidamente justificada esa perspectiva teológica, puede ser un buen guión para la homilía. Y no debería faltar ese canto en la celebración de hoy.

b) La relación entre cristocentrismo y reinocentrismo. Una cierta interpretación de esta fiesta –muy común por lo demás en el cristianismo en general– propicia un cristocentrismo exagerado, absoluto, que no hace justicia a la verdad de la revelación, al mensaje real de Jesús, a lo que Jesús realmente dijo, no a lo que después dijeron que había dicho. Importa pues pastoralmente discernir una «correcta jerarquía de valores», que la teología de la liberación fue la primera que dio en llamar “reinocentrismo”, con tal fuerza de persuasión, que no hay teología ni espiritualidad honesta que se puedan resistir.

c) El mesianismo de Jesús. La aclamación o la espera de Jesús como Rey se dio en el contexto del mesianismo: se esperaba un liberador. Hoy la postración es tal que ni siquiera se espera nada, pudiendo hacer de la aclamación de Jesús como Rey algo bien alejado de lo que el mesías supuso realmente para los que lo esperaron.

d) La dimensión escatológica: el final de los tiempos, nuestro ineludible caminar en la historia, el “juicio final”… El final del año litúrgico nos hace tematizar en nuestra reflexión el final mismo de la historia, y el final también de nuestras vidas personales. Pero ya en un contexto mental diferente, en el que sabemos que nuestra aventura humana no es la razón del cosmos, que el mundo no acabará el día que Dios decida acabar el ciclo de la humanidad y pasar a la vida eterna, y que no se trata de que estemos aquí para una prueba que se verificará en el día del juicio final, tras lo cual iríamos al cielo o al infierno…

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22. 11.15. ¿Eres Rey? Sí, soy testigo de la verdad

domingo, 22 de noviembre de 2015
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Fiesta de Cristo Rey (Jn 18, 33b-37)… Fiesta oportuna, pues estamos obsesionados (y aterrorizados) por las proclamas de “reino” de estos días, con acusaciones y defensas entre las «tres religiones».

‒ Los “soldados” de la Yihad del terror “sangriento” han matado y han muerto gritando Allah Akbar (Dios es Rey), un Dios a quien la primera sura del Corán llama Maliki yawm id-din (rey del día del juicio). Yahvé es el Rey Akbar, el más grande, palabra que proviene de kbr, equivalente al gbr hebreo: el que tiene más fuerza “genital/creadora”, una simbología que puede ser bellísima, pero que en malas manos se convierte en horriblemente peligorsa.

El rey (maliki/Mlk), más alto, es quien tiene la fuerza más fuerte. Los buenos musulmanes han interpretado el “reino” de ese Dios en forma de victoria de la justicia y de la vida. Pero los malos han podido matar y matan para probar que Allah es Mlk, rey kbr (=gbr), el más fuerte, en medio de (o con) las bombas.

‒ También los judíos han dicho que Yahvé es quien la tiene (=la fuerza) más fuerte, porque es ‘El Gibbor, el más poderoso en sentido “engendrador” (no genital) y guerrero, héroe en la batalla, de manera que es un honor colaborar a la llegada de su reino “matando enemigos”. Ciertamente, los buenos judíos han recorrido un largo camino para descubrir que el Reino de Yahvé es justicia y misericordia, como supieron ya los grandes profetas (desde Oseas hasta el Segundo y Tercer Isaías). Pero a veces algunos judíos han podido olvidarlo…

‒ Los cristianos hemos seguido y seguimos venerando a Jesús como Cristo-Rey, Señor del Universo y de la historia, y en general pensamos que su reino es pacífico… Pero todavía en la Guerra Española, luchada por nuestros padres y abuelos, hubo gente que mató a sus enemigos (y gente que murió martirizada, sin matar a nadie, sólo por ser cristiana) gritando ¡Viva Cristo Rey! Todos recordamos en España a los Legionarios de Cristo Rey, de mala memoria… y tenemos muchas dudas ante los llamados “legionarios de Cristo Rey”.

Por eso es bueno reflexionar sobre este pasaje de Cristo Rey según el evangelio de Juan. No soy quien para dar lecciones a musulmanes y judíos, diciéndoles cómo deben entender ellos a Allah Rey Fuerte (Mlk y Kbr/Akbar) o a Yahvé, el Señor, también Rey y Fuerte (Mlk y Gbr). Pero puedo y quiero comentar el evangelio de este domingo, que es propio de Juan, quien afirma que sólo es “rey” de verdad quien “da testimonio de la verdad”.

historia-de-jesus
Éste es un tema que sigue estando en el fondo de los atentados de París y de los proyectos “occidentales” de defensa activa, bombardeando las presuntas bases de IS/DAES en Siria, para defensa no sólo de los amenazados por las bombas de IS/DAES, sino también para defensa del «buen» petroleo (¡que siguen vendiendo los de DAES en el gran mercado!), y para defensa y gloria de la riqueza de occidente (que muchos entienden como cultura sagrada, la única posible).

El tema de fondo parece «confuso» (se confunden y mezclan varias cosas….).

Pues bien, estoy convencido de que pare empezar a resolverlo es buena la palabra del evangelio de este domingo: Sólo el que ofrece con verdad (no con violencia) el testimonio de la “verdad” es Rey Verdadero. Por serlo de de esa forma murió Jesús crucificado

Que nadie mienta a nadie, que nadie se aproveche de nadie, que todos, unos y otros, demos testimonio de la Verdad. Éste es el sentido del evangelio del domingo.

El comentario que sigue está tomado de mi Historia de Jesús, que aparece en la imagen. Cf. http://www.verbodivino.es/libro/3301/historia-de-jesus


Texto. Juan 18, 33b-37

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?» Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» Jesús le contestó:»Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.» Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?» Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»

Juan Bautista y Jesús

Juan Bautista había sido un profeta del juicio de Dios, y así pensaba que este mundo debía pasar por el fuego (siendo destruido por el hacha y huracán), a fin de que surgiera después otro distinto, para un “resto”, un grupo pequeño de liberados (Mt 3, 1-10 par). Jesús no quiso anunciar el juicio, ni ofrecer la salvación sólo a unos pocos (un resto de salvados), sino que inició un programa de liberación por la verdad, anunciando y preparando así la llegada del Reino de Dios para todos los que buscan y aceptan la verdad (cf. Mc 1, 14-15). Leer más…

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Domingo 34. Ciclo B. Fiesta de Cristo Rey

domingo, 22 de noviembre de 2015
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J026_PantocratorDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Como la Iglesia siempre va por sus caminos, el próximo domingo termina el año litúrgico, con más de un mes de anticipación al año civil. Los domingos posteriores los dedicaremos a preparar la Navidad (tiempo de Adviento) y a celebrarla. Pero ahora nos toca cerrar el año, y la Iglesia lo hace con la fiesta de Cristo Rey.

Motivo y sentido de la fiesta

No se trata de una fiesta muy antigua, la instituyó Pío XI en 1925. Por eso, cuando se buscan imágenes de Cristo Rey en Internet, aparece una serie de estampitas horribles, de pésimo gusto, en las que siempre lleva una corona en la cabeza. En cambio, el arte románico y el gótico, cuando representan a Jesús en majestad lo hacen como Maestro, con la mano derecha levantada en señal de enseñar, no como Rey.

            ¿Por qué quiso Pío XI subrayar este aspecto? Para comprenderlo hay que recordar la fecha de la institución de la fiesta: 1925. La Primera Guerra Mundial ha terminado hace siete años. Alemania, Francia, Italia, Rusia, Inglaterra, Austria, incluso los Estados Unidos, han tenido millones de muertos. La crisis económica y social posterior fue tan dura que provocó la caída del zar y la instauración del régimen comunista en Rusia en 1917; la aparición del fascismo en Italia, con la marcha sobre Roma de Mussolini en 1922, y la del nazismo, con el Putsch de Hitler en 1923. Mientras en los Estados Unidos se vive una época de euforia económica, que llevará a la catástrofe de 1929, en Europa la situación de paro, hambre y tensiones sociales es terrible.

            Ante esta situación, Pío XI no hace un simple análisis socio-político-económico. Se remonta a un nivel más alto, y piensa que la causa de todos los males, de la guerra y de todo lo que siguió, fue el “haber alejado a Cristo y su ley de la propia vida, de la familia y de la sociedad”; y que “no podría haber esperanza de paz duradera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de Cristo Salvador”. Por eso, piensa que lo mejor que él puede hacer como Pontífice para renovar y reforzar la paz es “restaurar el Reino de Nuestro Señor”. Las palabras entre comillas las he tomado del comienzo de la encíclica Quas primas, con la que instituye la fiesta.

            La posible objeción es evidente: ¿se pueden resolver tantos problemas con la simple instauración de una fiesta en honor de Cristo Rey?, ¿conseguirá una fiesta cambiar los corazones de la gente? Los noventa años que han pasado desde entonces demuestran que no.

            Por eso, en 1970 se cambió el sentido de la fiesta. Pío XI la había colocado en el mes de octubre, el domingo anterior a Todos los Santos. En 1970 fue trasladada al último domingo del año litúrgico, como culminación de lo que se ha venido recordando a propósito de la persona y el mensaje de Jesús.

            Ahora, la celebración no pretende primariamente restaurar ni reforzar la paz entre las naciones sino felicitar a Cristo por su triunfo. Como si después de su vida de esfuerzo y dedicación a los demás hasta la muerte le concedieran el mayor premio.

Las lecturas

            La primera lectura, de Daniel, anuncia el triunfo del Hijo del Hombre, que recibe el poder y la gloria.

Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás.

            La segunda, del Apocalipsis, nos recuerda que la realeza de Jesús repercute en todos nosotros: nos ha convertido en un reino de sacerdote.

Y de parte de Jesucristo, el Testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados y ha hecho de nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos. Amén. Mirad, que viene acompañado de nubes; todo ojo le verá, hasta los que le traspasaron, y por él harán duelo todas las razas de la tierra. Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, Aquel que es, que era y que va a venir, el Todopoderoso.

            La tercera, del evangelio de Juan, ofrece una visión más crítica de la realeza. Jesús es rey, pero su reino no es de este mundo. Y no ha venido a recibir honor y gloria, sino a dar testimonio de la verdad. Un testimonio que le costará la vida.

Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: «Eres tú el Rey de los judíos?» Respondió Jesús: «Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?»  Pilato respondió: «Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. Qué has hecho?» Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.» Entonces Pilato le dijo: «Luego tú eres Rey?» Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.»

Reflexión personal

Generalmente esperamos de la homilía que nos ilumine y nos anime a ser mejores, a vivir de acuerdo con la enseñanza y el ejemplo de Jesús. La fiesta de Cristo Rey exige una actitud distinta. Lo importante no es aprender, sino felicitar, dar la enhorabuena a quien tanto ha hecho por nosotros. Al mismo tiempo, el sentido primitivo de la fiesta encaja perfectamente con la situación que vivimos hoy de problemas sociales, económicos y, sobre todo, político-militares como consecuencia de los atentados de París. No podemos ser ingenuos en las soluciones, pero tampoco podemos negarle la razón a Pío XI: si el mundo viviese de acuerdo con el evangelio, otro gallo nos cantaría.

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Concédeme amarte

sábado, 21 de noviembre de 2015
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Con todas mis fuerzas, aquellas  que tú  me diste,

Te he buscado, deseando ver lo que he creído.

Y he luchado, y he sufrido.

Mi Dios, mi Señor, mi única esperanza ,

concédeme que no me canse jamás en buscarte,

que con pasión sin cesar busque tu rotro.

Tú que me has concedido encontrarte,

dame el coraje de buscarte

y esperar encontrarte cada vez más.

Ante de Ti mi solidez: guárdala.

Ante Ti mi fragilidad: sánala.

Ante Ti todo lo que sé, todo lo que ignoro.

Allí dónde me abriste, yo entré: acógeme.

Allí dónde me cerraste, llamo: ábreme.

Concédeme  no olvidarte,

Concédeme comprenderte.

Mi Dios, mi Señor,

concédeme amarte.

*

San Agustín, Tratado de la Trinidad XV

jour-nouveau

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Allâhu Akbar

sábado, 21 de noviembre de 2015
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diccionario-de-las-tres-religionesDel blog de Xabier Pikaza:

Algunos terroristas de la noche negra de Paris (13.11.15) han matado y han muerto gritando Allâ-hu Akbar, Allah es el Más Grande, profanando así el Nombre Santo de Dios y la hermandad de los hombres, sus creaturas.

Sin duda, éste es un grito de guerra y victoria sagrada, que los voluntarios del Islam han cantado al entrar el combate, un grito de lucha que puede ser violentísima, contra los «adversarios de lo divino». Por eso es normal que muchos de los no musulmanes sintamos miedo al escucharlo.

Pero es, ante todo, un grito de intenso sometimiento religioso, como indica la reflexión que sigue, escrita por Abdelmumin Aya, y publicada en nuestro Diccionario de las tres religiones, donde aparecen también otros muchos temas y cantos de experiencia musulmana. No es es un grito contra nadie, sino a favor de Dios; no es un grito de violencia homicida, sino de reconocimiento del misterio; no es un grito de matanza de los enemigos, sino de fraternidad de todos los hombres ante el Misterio.

Este es también un principio filosófico supremo: Allah es el más grande, no hay nada más grande que Allah… Sobre este principio razonó y escribió una de las obras más impresionantes de filosofía y teología cristiana san Anselmo de Aosta y Canterbury, trazando desde aquí un camino monacal, racional y místico (pacífico en sentido radical) de apertura y presencia de un misterio que conocemos al no conocerlo. Por eso pido a los musulmanes que piensen, como hizo Anselmo, como han hecho miles de pensadores judíos, cristianos y musulmanes… que piensen junto al servicio de la vida de Dios, el Más Grande.

— Dejemos, pues a los musulmanes que griten y recen diciendo Allâhu-Akbar, pero no para matar en París o Damasco, ni para crear un Estado Asesino, en nombre de un falso Allah, sino para reconocer en todas partes el misterio divino, Lo Más Grande, dando la mano a los hermanos, que quieren decir lo mismo, de un modo o de otros, pues hay varios modos de decirlo (como son infinitos, más de 99 los nombres de Dios…

— Dejemos a los cristianos o postcristianos de Occidente que digan Grande es Dios o Grande la Razón y la Democracia, pero que no utilicen un tipo de razón para dominar sobre el mundo, sino para abrir caminos de igualdad, libertad y fraternidad entre todos los hombres.

Quitemos esta palabra Allâh es Grande a los mal llamados guerreros del llamado Estado Islámico, quitémosela a todos los violentos homicidas de guante blanco o de negra bomba, para que todos podamos decir ¡ciertamente, Dios es Grande, Grande y Sagrada es la vida de cada uno de los hombres de la tierra, en justicia, en fraternidad, en libertad!

Digamos eso, empecemos ya, en Paris y la Meca, cambiando lo que haya que cambiar, estados sagrados, sagrados capitales… para que quede al fin la humanidad de los hijos/servidores/amigos de Dios, es decir, de todos los seres humanos.

Recemos de esa forma, con esa misma confesión de fe, también nosotros, los cristianos (porque esta palabra:¡Dios, el Más Grande! es también cristiana y musulmana). Pero pidamos ya a los musulmanes que no la profanen matando a cristianos o infieles de París… ¡Que no destruyan el Islam, por favor! Y pidamos a cristianos y judíos que digan, digamos también, Dios es Grande en Misericordia: Dios clemente y misericordioso, lento a la ira, rico en piedad y fidelidad, es decir, en verdad (Ex 34, 6-7)

Allah es el más grande, yo también quiero decirlo, Yahvé es el Dios supremo… El Padre de Nuestro Señor Jesucristo es el más grandes… Son tres confesiones convergentes, con una sola fe verdadera, al servicio del Shalom/Shalam, de la Paz de Yahvé, que es paz de Jesucristo.

¿Por qué no nos damos la mano, y proclamamos en alto esta confesión, para que no la profanen los asesinos de Paria, matando no sólo a otros, y matándose a sí mismo, sino ensuciando el Nombre de Dios y destruyendo así su humanidad?.

Allâhu Akbar… Que no nos quiten, que no profanen esta palabra… para que la podamos decir dándonos la mano, pensando como hacían y hacen los grandes pensadores de la paz, judíos, cristianos, musulmanes… ¡Que no nos quiten esta Palabra, por favor!.
Todo lo que sigue es de mi amigo A. Aya, en nuestro diccionario.

1. Allâhu Akbar no es sólo un grito de guerra

Lo que en árabe se llama el takbîr, es decir, el hecho de decir Allâhu Akbar, se ha hecho célebre como grito de combate de los musulmanes y sin embargo su significado es mucho más amplio. Significa, literalmente, “Dios es más grande”. Más grande que todo enemigo, más grande que toda dificultad, más grande que toda exhibición de belleza o majestad. Porque Allâhu Akbar también es un grito de alegría o de complacencia. Tras un bello discurso, por ejemplo, los musulmanes gritarán ¡Allâhu Akbar!

Pero más allá de la realidad de lo hostil o lo impresionante del mundo en el que el musulmán se encuentra, el takbîr servirá al creyente en su intuición de Dios mismo: “Dios es más grande” que todo aquello que el creyente pueda imaginar como “Dios”. No es sólo un desafío a los que tratan de destruir el islam y a los musulmanes; es también un reto en el interior de cada musulmán y cada musulmana, que no debe conformarse con ninguna idea de Dios. Toda idea de Dios es un ídolo. Los musulmanes se adiestran en intuir que Él es siempre más grande que todo lo que se pueda pensar, medir, imaginar, o soñar. No hay concepto, definición, imagen o descripción en la que quepa Dios. Es la versión islámica del “¡Oh, Dios! líbrame de Dios” de Eckhart o “Si encuentras al Buda, mátalo” del Mumonkan.

2. Sólo si Dios no tiene límites, el creyente puede crecer en su intuición de Dios

“Dios es más grande” que la realidad entera. Y es más grande cada vez ante el ser humano que así lo cree; crece constantemente ante el musulmán, y el musulmán se amplia, ensancha su corazón, agiganta sus horizontes intuyendo la inmensidad de aquello ante lo que se somete. Por eso el musulmán detesta al ídolo: porque, al no ser capaz de crecer, no le hace crecer. El ídolo empobrece al idólatra y acaba haciendo de él alguien que se cree propietario de lo sagrado.

3. En el adzân, en la salât, en el dzikr…

Cuando el almuecín desde su alminar llama a la azalá (lo que se llama “dar el adzân”) comienza diciendo cuatro veces Allâhu Akbar. En un país de mayoría islámica se oirá diariamente al almuecín gritar Allâhu Akbar treinta veces. “Dios es más grande” es una certeza que penetra hasta lo hondo de la vida personal y social del musulmán. Desde que el creyente escucha al almuecín su primer Allâhu Akbar comienza a estar en la predisposición de la azalá, el momento en que se verificará esa intuición proclamada desde los alminares de que la realidad de Dios lo desborda todo.

Cuando la llamada a la azalá acaba, el creyente comienza –solo o acompañado– su salât, su rito de adoración de Dios, y lo inicia con un Allâhu Akbar. Esta fórmula, que hemos dicho que se llama el takbîr introduce al musulmán en el terreno vedado (harâm) de lo sagrado, le asoma a lo insondable, con todo lo que esta experiencia tiene de liberador de nuestras cotidianas ataduras. Más tarde, o en cualquier otro momento en que el musulmán acostumbre la práctica del dzikr o recuerdo de Dios, de nuevo el takbîr será una de esas formas de rememoranza de su Señor.

4. La protección de Allâhu Akbar

Con el escudo de Allâhu Akbar los musulmanes afrontan el mundo y derrotan sus ídolos. Allâhu Akbar es la clave de la victoria de los musulmanes y el consuelo de su derrota. Con “Dios es más grande” como talismán, el musulmán sabe que no puede ser permanentemente confundido ni esclavizado por nada ni por nadie.

Abdelmumin Aya.

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«Viernes de terror en París», por José I. Calleja

viernes, 20 de noviembre de 2015
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nino-con-una-flor-tras-loa-atentados-de-paris_560x280«La religión, blanco de todas las iras»

Tocamos los límites de nuestra repugnancia moral»

(José I. Calleja).- Al «estallar París en muertes, dolor y terror» -es la noche del viernes trece de noviembre-, la gente de bien no puede sino llevarse las manos a la boca y la cabeza, y es que tocamos los límites de nuestra repugnancia moral. Las ideas y las palabras se nos paralizan hasta conocer cuántas son las víctimas, quiénes las han masacrado y dónde están sus asesinos. Sabemos quiénes son, decía el presidente Hollande, y no podía decir, sabemos dónde están. Todavía.

Si yo fuera un especialista en la explicación estratégica de los conflictos internacionales, algo extraordinario podría decir, pero sólo soy un cultivador de ideas sobre la ética cotidiana, la que podría hacernos más personas. ¿Es posible acaso ser más personas unos que otros? Es posible comportarse de una forma más propia de personas unos que otros.

El ser es aquí el hacer y de aprender esto se trata. Y eso soy, un cultivador de la ética como concepto y en lo posible un compañero de viaje en la aventura de vivir con humanidad hacia todos y con todos. El viejo sueño de los ilustrados humanistas que lo han sido y serán siempre desde la inclusión, la gran aportación de occidente al mundo.

Y en ese movimiento humanitario, social y cultural, es imprescindible no confundir creencias y valores, pero es imposible separarlos. Las creencias se manifiestan democráticamente por quien quiera, tomando la fuente o inspiración de donde estime, con respeto de la dignidad humana de todos; sin este respeto, las religiones declinan como derecho de las personas; y los valores y normas morales, estos sí, han de ser democrática y argumentativamente expuestos por todos, sin parapetarse los creyentes en la revelación y los no creyentes, en una racionalidad sólo para los liberados de la fe.

Los valores, y su concreción en normas morales o éticas universales, y en leyes precisas, son tarea de todos, argumentando todos, y concretando todos sus mínimos de interpretación y su práctica social. Europa es una cultura notable en este camino; en su teorización mucho más que en su práctica, desde luego. Pero sólo logramos certezas éticas en la vida civil, a la medida de los humanos, no de los dioses; tampoco los creyentes somos dioses; en ningún lugar ni religión los creyentes somos dioses, ni hablamos y actuamos sustituyéndolos; ni cuando hacemos el bien, ni cuando hacemos el mal. Somos los humanos los que elegimos uno u otro proceder, y de ello nos responsabilizamos, sin disculpas ni encargos trascendentes. Tú has matado, tú has explotado, tú has torturado. Tú recurres al terror. Deja en paz a Dios.

La religión, la pobre religión, se vuelve a convertir en estos casos en el blanco de todas las iras; la política y la economía tienen mil razones para precederla en nuestro enfado, pero eso no está claro siempre. La religión, la pobre religión, aparece al fondo de todos los males, y yo me alegro de que una sospecha extrema hacia ella esté ahí, en tantas bocas y almas. Porque es una experiencia purificadora que las religiones necesitamos y el islamismo, más si cabe que ninguna otra.

Occidente, cuya política económica y geoestratégica es demencial por sesgada e injusta en tantos casos, ha logrado una ética civil humanista capaz de poner al ser humano en otras vías. No sólo ella, pues la ética sin poder social y político, no es nadie; pero ella es una oportunidad de hacer internacionalmente bien las cosas, a la medida siempre de las fuerzas humanas. Nosotros, hablo desde el País Vasco, pareciendo que este decir moral es vaporoso e idealista, tenemos una experiencia reducida pero cierta de cómo puede progresar un sociedad de la violencia indiscriminada a la política y el entendimiento. Es un pequeño prodigio que de tan liviano como se presenta en el escenario de la historia, pareciera que nadie lo busca y llega solo. Pero no es así, viene cuando le abrimos paso.

Bien lejos en cantidad y dureza está lo que representa la noche roja y negra del viernes trece en París, pero la confianza en que una ética política y social humanista, inclusiva y justa, nos ha de llevar a donde vamos, está ahí. Sabemos en qué creemos, sabemos lo que queremos, y exigimos su respeto; las religiones y las políticas, las sociedades y los ejércitos, las empresas y los voluntarios tenemos que respetar esa ética de lo humano imprescindible e irrenunciable.

Nosotros lo tenemos que creer y exigir siempre, y el terrorismo lo tiene que entender y, mientras subsista, con la ley penal y la fuerza justa tenemos que combatirlo. Es muy duro decir que esa fuerza, nuestra fuerza, es a menudo indiscriminada y contra víctimas totalmente inocentes. Daños colaterales que decimos. No puede ser. Hay cifras escalofriantes sobre esos daños colaterales con centenares y centenares de víctimas inocentes. Así, la espiral de violencia se multiplica incontrolada. Los que aprisionan la verdad de la justicia en la violencia indiscriminada con víctimas inocentes, no pueden apelar a dioses ni a leyes justas.

París es un drama sin cuento en la noche de este viernes y trece; el terrorismo no tiene ninguna justificación y legitimidad, ni política ni religiosa; el terrorismo es terror, la expresión máxima de la inmoralidad humana en cualquier situación. Pero este es un discurso que amamos y compartimos masivamente. Nosotros creemos además que nadie sobra en el camino, ni la distribución de responsabilidades es única. Que las religiones tengan una historia compleja en la generación de violencia fundamentalista, no nos permite simplificar los procesos de violencia social y rehusar una lectura más completa por abierta a más sujetos y causas. Es difícil hacer que un ciudadano entienda algo cuando su modo de vida depende de que no lo entienda. Nos debemos esta libertad.

Fuente Religión Digital

Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General, Hinduísmo, Islam, Judaísmo , , , , ,

Te mira

jueves, 19 de noviembre de 2015
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Del blog Nova Bella:

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Sea quien seas Dios se fija en tí de modo personal, te llama por tu nombre, te ve y te comprende tal como te hizo, sabe lo que hay en tí. Conoce todos los pensamientos y sentimientos que te son propios. Todas tus disposiciónes y gustos, tu fuerza y tu debilidad. Te ve en tus días de alegrías y también en los de tristezas. Se solidariza con tus esperanzas y tentaciones, se interesa por todas tus ansiedades y recuerdos, por todos los altibajos de tu espíritu.

*

Beato John Henry Newman

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¡Más allá de la belleza, su Autor!

miércoles, 18 de noviembre de 2015
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Del blog Pays de Zabulon:

A Worthy Consideration - Nature Au Natural

A Worthy Consideration – Naturaleza al Natural

¡Más allá de la belleza, su Autor!

Eran naturalmente vanos
todos los hombres que ignoraban a Dios,
y fueron incapaces de conocer al que es
partiendo de las cosas buenas que están a la vista,
y no reconocieron al artífice fijándose en sus obras,
sino que tuvieron por dioses al fuego, al viento, al aire leve,
a las órbitas astrales, al agua impetuosa,
a las lumbreras celestes, regidoras del mundo.
Si, fascinados por su hermosura, los creyeron dioses,
sepan cuánto los aventaja su Señor,
pues los creó el autor de la belleza;
y si los asombró su poder y actividad,
calculen cuánto más poderoso es quien los hizo;
pues, por la magnitud y belleza de las criaturas,
se descubre por analogía al que les dio el ser.
Con todo, a éstos poco se les puede echar en cara,
pues tal vez andan extraviados
buscando a Dios y queriéndolo encontrar;
en efecto, dan vueltas a sus obras, las exploran,
y su apariencia los subyuga, porque es bello lo que ven.
Sin embargo, no tienen excusa,
porque si lograron saber tanto
que fueron capaces de averiguar el principio del cosmos,
¿cómo no encontraron antes a su Señor?

*

Del  Libro de la Sabiduría
(Sab 13, 1-9)

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Fuente foto : www.nude-soul.com
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«Convicciones cristianas». 33 Tiempo Ordinario – B (Marcos 13,24-32)

domingo, 15 de noviembre de 2015
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33-852869-300x175Poco a poco iban muriendo los discípulos que habían conocido a Jesús. Los que quedaban, creían en él sin haberlo visto. Celebraban su presencia invisible en las eucaristías, pero ¿cuándo verían su rostro lleno de vida? ¿Cuándo se cumpliría su deseo de encontrarse con él para siempre?

Seguían recordando con amor y con fe las palabras de Jesús. Eran su alimento en aquellos tiempos difíciles de persecución. Pero, ¿cuándo podrían comprobar la verdad que encerraban? ¿No se irían olvidando poco a poco? Pasaban los años y no llegaba el «Día Final» tan esperado, ¿qué podían pensar?

El discurso apocalíptico que encontramos en Marcos quiere ofrecer algunas convicciones que han de alimentar su esperanza. No lo hemos de entender en sentido literal, sino tratando de descubrir la fe contenida en esas imágenes y símbolos que hoy nos resultan tan extraños.

Primera convicción: La historia apasionante de la Humanidad llegará un día a su fin

El «sol» que señala la sucesión de los años se apagará. La «luna» que marca el ritmo de los meses ya no brillará. No habrá días y noches, no habrá tiempo. Además, «las estrellas caerán del cielo», la distancia entre el cielo y la tierra se borrará, ya no habrá espacio. Esta vida no es para siempre. Un día llegará la Vida definitiva, sin espacio ni tiempo. Viviremos en el Misterio de Dios.

Segunda convicción: Jesús volverá y sus seguidores podrán ver por fin su rostro deseado: «verán venir al Hijo del Hombre»

El sol, la luna y los astros se apagarán, pero el mundo no se quedará sin luz. Será Jesús quien lo iluminará para siempre poniendo verdad, justicia y paz en la historia humana tan esclava hoy de abusos, injusticias y mentiras.

Tercera convicción: Jesús traerá consigo la salvación de Dios

Llega con el poder grande y salvador del Padre. No se presenta con aspecto amenazador. El evangelista evita hablar aquí de juicios y condenas. Jesús viene a «reunir a sus elegidos», los que esperan con fe su salvación.

Cuarta convicción: Las palabras de Jesús «no pasarán»

No perderán su fuerza salvadora. Han de de seguir alimentando la esperanza de sus seguidores y el aliento de los pobres. No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo con Dios.

José Antonio Pagola

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«Reunirá a los elegidos de los cuatro vientos.». Domingo 15 de noviembre de 2015 Domingo 33º del tiempo ordinario

domingo, 15 de noviembre de 2015
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60-ordinarioB33 cerezoLeído en Koinonia:

Daniel 12, 1-3: Por aquel tiempo se salvará tu pueblo.
Salmo responsorial: 15: Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Hebreos 10, 11-14. 18: Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados.
Marcos 13, 24-32: Reunirá a los elegidos de los cuatro vientos.

Cercanos ya al final del año litúrgico, la liturgia de hoy nos presenta a través de la lectura del libro de Daniel y del evangelio, textos relativos al final de los tiempos. En efecto, el pasaje de Daniel anuncia la intervención de Dios a favor de sus fieles a través de Miguel, el ángel encargado de proteger a su pueblo. Estas palabras de Daniel hay que enmarcarlas en el marco amplio de todo el libro cuyo género y estilo corresponden a la corriente apocalíptica bastante popularizada a finales del período veterotestamentario. Todo el libro de Daniel es un llamado a la esperanza, característica principal de toda la literatura apocalíptica. No se trata tanto de una revelación especial de lo que sucederá al final de los tiempos, cuanto la utilización de imágenes que invitan a mantener viva la esperanza, a no sucumbir ante la idea de una dominación absoluta de un determinado imperio. El texto que leemos hoy es subversivo para la época, pues invita al rechazo del señorío absoluto de los opresores griegos de aquel entonces que a punta de violencia se hacían ver como dueños absolutos de las personas, del tiempo y de la historia.

Por su parte el evangelio nos presenta una mínima parte del «discurso escatológico» según san Marcos. Un poco antes de comenzar la narración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, los tres sinópticos nos presentan palabras de Jesús cargadas de sabor escatológico.

El pasaje de hoy hay que leerlo a la luz de todo el capítulo 13. Es más, conviene que en casa o en el grupo lo leamos completo y, de ser posible, leamos también el discurso escatológico de Mateo y de Lucas, eso nos ayudará a ver mucho mejor las semejanzas y las diferencias entre los tres y, por otro lado, nos facilitará una mejor comprensión del sentido y finalidad que cada uno quiso darle a esta sección.

Tengamos en cuenta que en ningún momento hablan los evangelistas del «fin del mundo», en sentido estricto, esa es una interpretación equivocada que no ha traído los mejores resultados ni a la fe del creyente ni a su compromiso con el prójimo y con la historia. No es éste, con palabras sacadas de aquí y de allá, el «fundamento» bíblico o teológico de las «postrimerías del hombre» de que nos hablaba el «catecismo del padre Astete», o de los «novísimos» que nos enseñaba la teología… O, por lo menos, no se debe reducir a eso.

Jesús no predica el fin del mundo, ése no era su interés. Las imágenes de una conmoción cósmica descrita como estrellas que caen, sol y luna que se oscurecen, etc., son una forma veterotestamentaria de describir la caída de algún rey o de una nación opresora. Para los antiguos, el sol y la luna eran representaciones de divinidades paganas (cf. Dt 4,19-20; Jr 8,2; Ez 8,16), mientras que los demás astros y lo que ellos llamaban «potencias del cielo», representaban a los jefes que se sentían hijos de esas divinidades y en su nombre oprimían a los pueblos, sintiéndose ellos también como seres divinos (Is 14,12-14; 24,21; Dn 8,10). Pues bien, en línea con el Primer Testamento, Jesús no pretende describir la caída de un imperio o cosa por el estilo, para él lo más importante es anunciar los efectos liberadores de su evangelio; y es que el evangelio de Jesús debe propiciar, en efecto, el resquebrajamiento de todos los sistemas injustos que de uno u otro modo se van erigiendo como astros en el firmamento humano.

Jesús es consciente y sabe que la única forma de rescatar, redireccionar el rumbo de la historia por los horizontes queridos por el Padre y su justicia, es haciendo caer los sistemas que a lo largo de la historia intentan suplantar el proyecto de la justicia querido por Dios, con un proyecto propio, disfrazado de vida pero que en realidad es de muerte. Esta tarea la debe realizar el discípulo, el que ha aceptado a Jesús y su proyecto. Recordemos la intencionalidad teológica y catequética de Marcos: a Jesús, el Mesías (cuyo «secreto» se mantiene a lo largo de todo el evangelio), sólo se le puede conocer siguiéndolo; y bien, el seguimiento implica no sólo ir detrás de él, implica además, tomar el lugar de él, asumir su propuesta como propia y luchar hasta el final por su realización.

Discípulas y discípulos están entonces comprometidos en ese final de los sistemas injustos cuya desaparición causa no miedo, sino alegría, aquella alegría que sienten los oprimidos cuando son liberados. Ésa debiera de ser nuestra preocupación constante y el punto para discernir si en efecto nuestras tareas de evangelización y nuestro compromiso con la transformación de lo injusto en relaciones de justicia está causando de veras el efecto que debe tener el evangelio, o si simplemente estamos ahí a merced de las corrientes del momento esperando quizás que se cumpla lo que no ni siquiera pasó por la mente de Jesús.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 105, «Dos moneditas de cobre», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://untaljesus.net/texesp.php?id=1500105 Puede ser escuchado aquí: http://untaljesus.net/audios/cap105b.mp3

El planteamiento ordinario del fin del mundo dentro de las religiones –al menos, ciertamente, dentro del judeocristianismo–, ha adolecido de nuestro típico antropocentrismo: el fin del mundo se equipara, exactamente, a lo que pasará al plan de la «historia de la salvación» (humana) por parte de Dios… Aunque lo consideramos como «el fin del mundo», en realidad es el final «de nuestro pequeño mundo», del pequeño mundo de nuestra religión, que cree que ella misma ocupa todo el escenario, toda la realidad… Así, consideramos que los dos grandes protagonistas de la realidad somos, exclusivamente, Dios y nosotros, y que el mundo va a acabar cuando Dios decida que acabe nuestra aventura humana en su/nuestra «historia de salvación. En esa perspectiva queda totalmente olvidado el mundo mismo, o sea, la realidad cósmica, el cosmos… Leer más…

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Dom15. XI. 15. Fijaos en la higuera, sabed que está a las puertas

domingo, 15 de noviembre de 2015
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cardena51Del blog de Xabier Pikaza:

Domingo 33. Ciclo B. El final del año litúrgico nos pone ante lo más nuevo (novísimos), aquello que viene al fin de todas las cosas, aquello que estamos haciendo ahora en el mundo, pues Dios ha dejado en nuestras manos bien y mal, vida y muerte.

En un plano, esos novísimos llegan con la «bomba», con los signos supremos de terror y muerte (Apocalipsis now) que evocan algunos «Beatos» o comentarios del Ap., desde Cardeña,Burgos, hasta Urgell, en Cataluña. Hoy (11.11.15) esos signos están por todas partes, desde el calentamiento de arriba hasta el enfriamiento de abajo (falta de amor y el respeto sobre el mundo).

Es bueno que la liturgia los recuerde, para decirnos lo que somos y lo que podemos hacer de nosotros , y así lo pienso cuando escribo esta mañana, día famoso de San Martín (¡se asan castañas, se matan los cerdos…!)

En otro plano, el anuncio de los novísimos abre un «tiempo» de gozo inmenso porque llega el Hijo del Hombre, nueva humanidad reconciliada, la meta de la buena creación de Dios, centrada y redimida, según los cristianos, en Cristo (como evocan también otros «beatos» y mil gestos de bondad sobre la tierra). ¡Seremos, pues, «cerdos» de Dios, para la vida, pues, como dice también el refrán, todo puede aprovecharse de nosotros!

Estamos esperando al nuevo ser humano, que viene de Dios, es decir, de nuestra misma capacidad divina de ser y renovarnos; no aguardamos des-esperados a God-ot; esperamos al mismo God, al Dios de Jesús que que es y que viene en nosotros.

Cuenta hoy la prensa (sigue el 11-XI-15) que entre las diez especies animales más vistosas y amenazadas por el hombre está el hombre mismo. Buena anotación, en este día San Martín, vinculado a la matanza…. En ese fondo se entiende lo que sigue, tomado de mi Evangelio de Marcos. Buen domingo a todos.

Mc 13, 24-32. Un texto clave de Marcos
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(1) Pasada la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará resplandor; 25 las estrellas caerán del cielo y las fuerzas celestes se tambalearán; 26 y entonces verán venir al Hijo del hombre entre nubes con gran poder y gloria. 27 Y entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra al extremo del cielo.

(2) 28 Fijaos en lo que sucede con la higuera. Cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, conocéis que se acerca el verano. 29 Pues lo mismo vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que ya está cerca, a las puertas.

(3) 30 Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 En cuanto al día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre

Es un texto “apocalíptico”, en el lugar más inquietante y solemne de Marcos, antes de la pasión de Jesús. Han surgido falsos cristos y profetas (pseudokhristoi kai pseudoprophetai) que pregonan y realizan grandes signos y prodigios (cf. Mc 13, 22) para engañar a los creyentes y alejarles de la vida de Jesús. Un tipo de mundo acaba, pero llega un mundo mejor, centrado en Jesús.

(1) El que ha de venir: Verán al Hijo del hombre (13, 24-27).

Vendrá Jesús, Hijo del Hombre: aquel que perdonaba los pecados y unía en amor a los necesitados (cf. Mc 2, 1-12), aquel que había entregado la vida a favor de los hombres (cf. Mc 8, 31; 9, 31; 10, 34-34.45). Al final del final no está la bomba, ni la ira de Satán, sino Jesús, el hombre verdadero (hombre/mujer), amigo y hermano de todos los vivientes. Esta es la cruz y la cara de la vida:

a. Cruz: Destrucción, deconstrucción.
El fin del mundo
. Todos los terrores, todos los desastres ecológicos, las bombas, quedan condensadas en los signos que anteceden a Jesús. No son Jesús, sino de este mundo duro en que vivimos, expresión de la violencia de los hombres, reflejada en la fagildiad del cosmos. Estos son sus tres momentos:

El sol se apagará para siempre, vendrá la oscuridad el frío cósmico. Todo lo que existe en la tierra morirá, de tinieblas y silencio oscuro. Llegará el gran frío.
La luna dejará de dar su resplandor. Ya no habrá ni noche, pues la noche es oscuridad con luna o con un leve resplandor de estrellas. Entonces no habrá luna ni estrellas, sino pura, pura oscuridad.
Las estrellas caerán del cielo, de tal forma que se romperá para siempre el equilibrio cósmico. Volverá el caos del principio, aquel que aparecía en Gen 1.

Este es un fin cósmico: la tierra deja de ser casa (oikos) para el hombre (no hay ecología). De esta forma acabaría todo si sólo hubiera «mundo», si sólo hubiera violencia social, planeando de un modo fatídico sobrela historia. Pero ésta es sólo una cara del drama; al otro lado llega la salvación, el Hombre

b. la cara buena: construcción, el Hijo del hombre.
La destrucción anterior es el anverso de una construcción más honda, fundada en el Hijo del Hombre. Por un lado, el mundo viejo acaba. Pero, por otro lado, llega el hombre verdadero, la humanidad de Dios. Para los creyentes, el mismo «fin de este mundo» vivne a convertirse en principio de esperanza universal.

Por un lado, el texto dice que todos verán al Hijo del hombre… (Mc 13, 26): le verán todos, hombres y mujeres, de todos los credos y culturas, pues vendrá de forma abierta, con poder y gloria grande, como manifestación final de Dios y culmen de la historia (de la creación del ser hombre sobre el cosmos).
Por otro lado, el texto añade que recogerá a sus elegidos (eklektous: 13, 27) de los cuatro extremos del mundo, para vincularlos a su gloria. Esos elegidos son todos los «hombres y mujeres» que, quizá sin saberlo, esperan la llegada de la nueva humanidad. ¿Dónde los recoge? Evidentemente en su amor, en el nuevo mundo que surge desde el mismo Cristo, el hombre de la Vida universal.

El texto es sobrio y no dice expreamente que todos se salvan, pero no habla de condenas, no presenta ningún tipo de terrores (no dice que unos van al cielo, otros al infierno). Al final, cuando el mundo de violencia acabe, se manifestará el Hijo del Hombre, atrayendo en amor a todos los elegidos. De la identidad más particular de aquellos que serán «recogidos en la Vida» del Hijo del Hijo del hombre no se dice nada, aunque parece razonable pensar que hay esperanza para todos (cf. Mc 10, 45; 14, 24). El apocalipsis de la destrucción somos nosotros; el Hijo del Hombre es la vida.

(2) El signo de la higuera (Mc 13, 28-29)

Jesús pone como signo una higuera: “Cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, conocéis que se acerca el verano (Mc 13, 28). Estamos en la primavera/verano que precede al tiempo de los buenos hijos, de los frutos buenos.

En este contexto podemos recordar el riesgo de ser higuera sin frutos, que Jesús había visto cuando se acercó a Jerusalén. Tuvo hambre, hambre de Dios, hambre de Reino. “Fue viniendo y vio de lejos una higuera con hojas. Entonces se acercó a ver si encontraba algo en ella. Pero no encontró más que hojas” (cf. Mc 11, 12-14).

Esa higuera sin frutos son los jerarcas del templo antiguo. Jesús se acercó y quiso comer higos, pero sólo tenían hojas, grandes hojas, llamativas a lo lejos, estériles de cerca. Ésta no es la historia material de un árbol malo, al que Jesús habría condenado a ser estéril por capricho, como niño con rabieta, sino el drama del árbol sagrado que debía dar gran fruto en el tiempo del Mesías. Jesús lo encuentra vacío y por eso proclama: Que nadie coma… (11, 14).

Esta higuera seca son las autoridades sagradas de Israel con un templo que en vez de extenderse a las naciones ha venido a convertirse en puro decorado, fachada inútil que engaña al caminante: promete fruto y no lo tiene; anuncia comida y la niega. Ésta fue la mentira oficial de un judaísmo de sacerdotes (no todo el judaísmo). Ésta puede ser también la mentira de una iglesia o de una humanidad actual que no se prepara para el Reino, es decir, para que llegue el Hijo del Hombre.

Aquella fue una higuera estéril. Pero ahora Jesús está espearando los frutos de nuestra higuera . Nosotros mismos tenemos que ser la señal de que llega el Hijo del Hombre. Este es el tiempo: ¿Está preparada nuestra higuera para dar frutos? Jesús dice que sí: nuestra hojas se ablandan, van brotando los brotes, están naciendo los higos… Es tiempo de la cosecha, otoño de higos dulces, abundantes. Somos la señal de que debe llegar el Hijo del Hombre, la humanidad reconciliada,por encima de la Bomba.

(3) Nadie sabe ni el día ni la hora (13, 20-32)

Tiempo. Por un lado, el texto dice que todas estas cosas han de suceder en esta generación (Mc 13, 30). (2) Por otro dice que del día y hora nadie sabe nada, ni siquiera el Hijo tomado en absoluto, sino sólo el Padre, presentado también como absoluto (Mc 13, 32). Esto significa que debemos evitar todo cálculo de tiempo; vivir en vigilancia, tal es la tarea del cristiano. Esto significa que debemos entender la acción de Cristo (que aquí aparece como Hijo) y la respuesta del Padre en forma dialogal, en perspectiva de diálogo de amor.
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Ante el misterio del fin (ante la hora) sólo existe una respuesta, sólo puede darse una palabra: ¡Estamos en la manos del Padre! El fin de los tiempos no llega por medio de poder o ciencia. NI siquiera los ángeles pueden traelo. El fin del tiempo pertenece al misterio de Dios. El mismo Hijo, a quien Dios ha dado Espíritu y palabra (cf. 1, 9-11) aparece aquí en manos el Padre, como hombre de Amor, cordero de Dios. Amar es confiar no es saber. Amar es dejar el camino de la propia vida en manos de Dios, como higuera que se va preparando para el fruto bueno de la vida plena.

¿Cuando sucederá todo esto?. Ya, ahora mismo: todo está sucediendo. Estamos en la noche que precede a la aurora del día del Hombe, de la humanidad de Cristo. Como siervos vigilantes debemos mantenernos en el tiempo de tiniebla de este mundo, llenos de esperanza. Como amigos que esperan al amigo, amor del alma, porque llega el tiempo de las bodas de Dios, que se hace hombre entre nosotros, en nosotros, en amor por siempore.

Y así culmina Mc 13. La iglesia sigue estando fundada en la palabra de su testimonio. Mc 13 ha recuperado y recreado desde Cristo, para bien de los cristianos, la esperanza escatológica judía. Ha tenido Jesús largas disputas con escribas y sacerdotes. Pero en su raíz es un judío apocalíptico, emparentado con el Bautista, en una línea cercana a Daniel. Por eso, Mc 13, 14 puede avisar: ¡Quien lea entienda!, es decir, interprete Dan 9, 27 (cf. Dan 11, 31; 12, 11) a la luz del evangelio. Pero hay una novedad respecto al judaísmo antiguo: Jesús sabe que viene el Hijo del Hombre, es decir, el amor del amor universal, el hombre de los brazos abiertos y la vida. Más allá del fin del mundo está la Vida Dios en los hombres.

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Años terribles y palabras de consuelo. Domingo 33. Ciclo B

domingo, 15 de noviembre de 2015
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no_man_knoweth_the_hourTras los atentados de París, este texto, escrito el pasado martes día 10 por el autor, parece premonitorio…

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La 1ª lectura y el evangelio de este domingo coinciden en ser la respuesta a momentos de crisis, mucho más profundas de las que nosotros a veces padecemos. Ambos textos pretenden consolar a los que atraviesan esta dura prueba.

Tres años terribles (169-167 a.C.)…

            Los años 169-167 a.C. fueron especialmente duros para los judíos. El 169, Antíoco Epífanes, rey de Siria, invadió Jerusalén, entró en el templo y robó todos los objetos de valor, después de verter mucha sangre. El 167, un oficial del fisco enviado por el rey mata a muchos israelitas, saquea la ciudad, derriba sus casas y la muralla, se lleva cautivos a las mujeres y los niños, y se apodera del ganado. Al mismo tiempo, Antíoco, obsesionado por imponer la cultura griega en todos sus territorios, prohíbe a los judíos ofrecer sacrificios en el templo, guardar los sábados y las fiestas, y circuncidar a los niños [como si a nosotros nos prohibieran celebrar la eucaristía y bautizar a los niños]; y manda contaminar el templo construyendo altares y capillas idolátricas, y sacrificando en él cerdos y animales inmundos.

            Estos acontecimientos provocaron dos reacciones muy distintas: una militar, la rebelión de los Macabeos; otra teológica, la esperanza apocalíptica, que encontramos reflejada en la 1ª lectura de hoy.

            Apocalipsis significa “revelación”, “desvelamiento de algo oculto”. La literatura apocalíptica pretende revelar un secreto escondido, que se refiere al fin del mundo: momento en que sucederá, señales que lo precederán, instauración definitiva del Reino de Dios. Es una literatura de tiempos de opresión, de lucha a muerte por la supervivencia, de búsqueda de consuelo y de unas ideas que den sentido a su vida. La única solución consiste en que Dios intervenga personalmente, ponga fin a este mundo malo presente y dé paso al mundo bueno futuro, el de su reinado.

… y la respuesta del libro de Daniel (1ª lectura)

            En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo. Será aquél un tiempo de angustia como no habrá habido hasta entonces otro desde que existen las naciones. En aquel tiempo se salvará tu pueblo: todo los que se encuentren inscritos en el Libro. Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horno eterno. Los doctos brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a la multitud la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.

            Se anuncia al profeta que habrá un tiempo de angustia como no lo ha habido nunca; pero, al final, se salvará su pueblo, mientras que los malvados serán castigados. Todo esto no puede ocurrir en este mundo, el autor está convencido de que este mundo no tiene remedio. Ocurrirá en el mundo futuro, cuando unos resuciten para ser recompensados y otros para ser castigados. Entre los buenos el autor destaca a los doctos, a los que enseñaron a la multitud la justicia, que brillarán como las estrellas, por toda la eternidad. Con ello deja clara su opción política y religiosa: la solución no está en las armas, como piensan los Macabeos.

Una década fatal (60-70 d.C.)…

            No sabemos con seguridad cuándo se escribió el primer evangelio. Pero lo que ocurrió en la década de los 60 del siglo I ayuda a comprender lo que dice el texto de este domingo.

            El año 61 hubo un gran terremoto en Asia Menor que destruyó doce ciudades en una sola noche (lo cuenta Plinio en su Historia natural 2.86). El 63 hubo un terremoto en Pompeya y Herculano, distinto de la erupción del Vesubio el año 79. El 64 tuvo lugar el incendio de Roma, al parecer decidido por Nerón y del que culpó a los cristianos. El 66 se produce la rebelión de los judíos contra Roma; la guerra durará hasta el año 70 y terminará con el incendio del templo y de Jerusalén. El 68 hubo otro terremoto en Roma, poco antes de la muerte de Nerón. El 69, profunda crisis a la muerte de Nerón, con tres emperadores en un solo año (Otón, Vitelio y Vespasiano).        En la mentalidad apocalíptica, terremotos, incendios, guerras, disensiones son signos indiscutibles de que el fin del mundo es inminente.

            Por otra parte, la comunidad cristiana sufre toda clase de problemas. Unos son de orden externo, provocados por las persecuciones de judíos y paganos: se les acusa de rebeldes contra Roma, de infanticidio y de orgías durante sus celebraciones litúrgicas; se representa a Jesús como un crucificado con cabeza de asno. Otros problemas son de orden interno, provocados por la aparición de individuos y grupos que se apartan de las verdades aceptadas. La primera carta de Juan reconoce que “han venido muchos anticristos”, no uno solo (1 Jn 2,18), y que “salieron de entre nosotros”.

… y la respuesta del evangelio de Marcos

            En este ambiente tan difícil, el evangelio de Marcos también ofrece esperanza y consuelo mediante un largo discurso (capítulo 13). Todo comienza con un comentario ocasional de Jesús. Estando en el monte de los Olivos, donde se goza de una vista espléndida del templo, dice a los discípulos: «¿Veis esos grandes edificios? Pues se derrumbarán sin que quede piedra sobre piedra.»

            A ellos les falta tiempo para identificar la destrucción del templo con el fin del mundo. Entonces, Pedro, Santiago, Juan y Andrés le preguntan en privado: «¿Cuándo sucederá todo eso? ¿Y cuál es la señal de que todo está para acabarse?» Los dos temas que obsesionan a la apocalíptica: saber qué señales precederán al fin del mundo y en qué momento exacto tendrá lugar.            La lectura de este domingo ha seleccionado algunas frases del final del discurso, en las que reaparecen estas dos preguntas, pero en orden inverso: primero se habla de las señales, luego del tiempo. En medio, la gran novedad, algo por lo que no han preguntado los discípulos: la venida gloriosa del Señor.

Las señales del fin y la venida del Señor

            Mas por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

            Las señales no acontecen en la tierra, sino en el cielo: el sol se oscurece, la luna no ilumina, las estrellas caen del cielo. Pero lo que ocurre no provoca el pánico de la humanidad. Porque la desaparición del universo antiguo da lugar a la venida gloriosa del Señor y a la salvación de los elegidos. Indico algunos detalles de interés en estos versículos.

            1) A Dios no se lo menciona nunca. Todo se centra, como momento culminante, en la aparición gloriosa de Jesús.

            2) De acuerdo con algunos textos apocalípticos judíos, se pone de relieve la salvación de los elegidos. Esto demuestra el carácter opti­mista del discurso, que no pretende asustar, sino consolar y fomentar la esperanza, aunque no encubre los difíciles momentos por los que atravesará la Iglesia.

            3) A diferencia de otros textos apocalípticos, que conceden gran importancia a la descripción del mundo futuro, aquí no se hace la menor referencia a ese tema, como si pudiera descentrar la atención de la figura de Jesús.

            El momento del fin

«De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que Él está cerca, a las puertas. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Pero de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.»           

            La parte final contiene tres afirmaciones distintas: 1) vosotros podéis saber cuándo se acerca el fin (parábola de la higuera); 2) el fin tendrá lugar en vuestra misma generación; 3) el día y la hora no lo sabe más que Dios Padre.

            La segunda es la más problemática. Si se refiere a la caída de Jerusalén no plantea problema, porque tuvo lugar el año 70. Pero, si se refiere al fin del mundo, no se realizó. A pesar de todo, es posible que así la interpretasen muchos cristianos, conven­cidos de que el fin del mundo era inmi­nente. Así pensó Pablo en los primeros años de su actividad apostólica.

            Pero al lector debe quedarle claro lo que se dice al final: nadie sabe el día ni la hora, y lo importante no es discutir o calcular, sino mantener una actitud vigilante [este tema, importantísimo, lo ha suprimido la liturgia de forma incomprensible].

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Dios en todas partes.

viernes, 13 de noviembre de 2015
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«Lo mejor que pueden hacer los principiantes en la vida espiritual (una vez que han adquirido realmente la disciplina mental que les permite concentrarse en un tema espiritual, penetrando bajo la superficie de su sentido e incorporándolo a su propia vida), es adquirir la agilidad y libertad mental que les ayudará a encontrar luz, calor, ideas y amor a Dios dondequiera que vayan y en todo lo que hagan. Quienes sólo saben pensar en Dios durante momentos fijos del día, jamás irán muy lejos en la vida espiritual. De hecho, ni siquiera pensarán en Él en los momentos que han reservado escrupulosamente para la oración mental».

*

Thomas Merton

«Nuevas semillas de contemplación»

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

«La religión puede hacer el bien mejor y también el mal peor», por Leonardo Boff

miércoles, 11 de noviembre de 2015
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9713576-principales-religiones-del-mundo--cristianismo-islam-el-judaismo-el-budismo-y-el-hinduismo_560x280 Leído en Koinonia:

Todo lo que está sano puede enfermar. También las religiones y las iglesias. Hoy particularmente asistimos a la enfermedad del fundamentalismo contaminando a sectores importantes de casi todas las religiones e iglesias, inclusive de la Iglesia Católica. A veces hay una verdadera guerra religiosa. Basta seguir algunos programas religiosos de televisión especialmente, de tendencia neopentecostal, pero también de algunos sectores conservadores de la Iglesia Católica, para oír que condenan a personas o de grupos de ciertas corrientes teológicas o satanizan a las religiones afrobrasileras.

La mayor expresión del fundamentalismo guerrero y exterminador es el representado por el Estado Islámico que hace de la violencia y del asesinato de los diferentes, expresión de su identidad.

Pero hay también otro vicio religioso, muy presente en los medios de comunicación de masas especialmente en la televisión y en la radio: el uso de la religión para reclutar gente, predicar el evangelio de la prosperidad material, sacar dinero a los feligreses y enriquecer a sus pastores y auto-proclamados obispos. Tenemos que ver con religiones de mercado que obedecen a la lógica del mercado que es la competencia y el reclutamiento del mayor número posible de personas con la máxima acumulación de dinero líquido posible.

Si nos fijamos bien, en la mayoría de estas iglesias mediáticas el Nuevo Testamento raramente es mencionado. Lo que predomina es el Antiguo Testamento. Se entiende el por qué. En el Antiguo Testamento, excepto los profetas y otros textos, se resalta especialmente el bienestar material como expresión del agrado divino. La riqueza gana centralidad. El Nuevo Testamento exalta a los pobres, predica la misericordia, el perdón, el amor al enemigo y la solidaridad ilimitada con los pobres y caídos en el camino. ¿Dónde se oye, hasta en los programas católicos, las palabras del Maestro: “Felices vosotros, pobres, porque vuestro es el Reino de Dios”?

Se habla demasiado de Jesús y de Dios como si fuesen realidades disponibles en el mercado. Tales realidades sagradas, por su naturaleza, exigen reverencia y devoción, silencio respetuoso y unción devota. El pecado que más se da es contra el segundo mandamiento: “no usar el santo nombre de Dios en vano”. Ese nombre está pegado en los vidrios de los automóviles y en la propia cartera del dinero, como si Dios no estuviese en todos los lugares. Y Jesús para acá y Jesús para allá en una banalización desacralizadora irritante.

Lo que más duele y escandaliza verdaderamente es que se use el nombre de Dios y de Jesús para fines estrictamente comerciales. O peor, para encubrir desfalcos, robo de dineros públicos y blanqueo de dinero. Hay quien tiene una empresa cuyo título es “Jesús”. En nombre de “Jesús” se amasan millones en sobornos, escondidos en bancos extranjeros y otras corrupciones que atañen a los bienes públicos. Y esto se hace con el mayor descaro.

Si Jesús estuviera todavía entre nosotros, sin duda haría lo que hizo con los mercaderes del templo: tomó el látigo y los puso a correr además de derribar sus puestos de dinero.

Por estas desviaciones de una realidad sagrada, perdemos la herencia humanizadora de las Escrituras judeocristianas y especialmente el carácter liberador y humano del mensaje y la práctica de Jesús. La religión puede hacer el bien mejor pero también puede hacer el peor mal.

Sabemos que la intención original de Jesús no era crear una nueva religión. Había muchas en aquel tiempo. Tampoco pensaba reformar el judaísmo vigente. Quería enseñarnos a vivir guiados por los valores presentes en su mayor sueño, el reino de Dios, hecho de amor incondicional, misericordia, perdón y entrega confiada a un Dios, llamado “papá” (Abba en hebreo) con características de madre de bondad infinita. Él puso en marcha la gestación del hombre nuevo y de la mujer nueva, eterna búsqueda de la humanidad.

Como lo muestra el libro de los Hechos de los Apóstoles, el Cristianismo inicialmente era más movimiento que institución. Se llamaba el “camino de Jesús”, realidad abierta a los valores fundamentales que él predicó y vivió. Pero a medida que el movimiento fue creciendo, se convirtió inevitablemente en una institución con reglas, ritos y doctrinas. Y entonces el poder sagrado (sacra potestas) pasó a ser el eje organizador de toda la institución, ahora llamada Iglesia. El carácter del movimiento fue absorbido por ella. Por la historia sabemos que allí donde prevalece el poder, desaparece el amor y se desvanece la misericordia. Eso es lo que por desgracia pasó. Hobbes nos advirtió de que el poder sólo se asegura buscando más y más poder.

Y así surgieron iglesias poderosas en instituciones, monumentos, riquezas materiales e incluso bancos. Y con el poder la posibilidad de corrupción.

Estamos presenciando algo nuevo que hay que saludar: El Papa Francisco nos está recuperando el cristianismo más como movimiento que como institución, más como encuentro entre las personas y con el Cristo vivo y la misericordia sin límites que como disciplina y doctrina ortodoxa. Ha puesto a Jesús, a la persona en el centro, no el poder, ni el dogma, ni el marco moral. Con eso permite que todos, aun los que no se incorporan a la institución, puedan sentirse en el camino de Jesús en la medida en que optan por el amor y la justicia.

*Leonardo Boff, columnista del JB online y teólogo.

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