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Archivo para Viernes, 25 de diciembre de 2015

Navidad ¿qué va a cambiar?

Viernes, 25 de diciembre de 2015

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¡Una vez más: NAVIDAD!

¿Qué va a cambiar?

Nada, excepto tú.

Hazte luz y verás la Luz …

Todo está ahí.

No busques en otra parte el significado de este  acontecimiento-advenimiento.

La humanidad fraterna de Jesús lleva el día que tiene que levantarse en ti.

El Dios vivo vuelve a ponerse en tus manos.

Por tí, para crear con Dios y a  su imagen, un mundo de alegría, luz, belleza.

*

Maurice Zundel

vierge-afrique

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , , , , , ,

Natividad del Señor

Viernes, 25 de diciembre de 2015

05-navidad (C) cerezo

Leído en Koinonia:

Misa del día

Isaías 52,7-10

Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios¡

Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: “Tu Dios es rey”! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Salmo responsorial: 97

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Tañed la cítara para el Señor
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R.

Hebreos 1,1-6

Dios nos ha hablado por el Hijo

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado que los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: “Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado”, o: “Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo”? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios.”

Juan 1,1-18

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [Juan da testimonio de él y grita diciendo: “Éste es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”” Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

 

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy
(25 de diciembre de 1977)

Hoy llega a nosotros la noticia del nacimiento de Cristo a través de su Iglesia. Cómo María, como nos cuenta el evangelio, al irse los pastorcitos que vinieron invitados por los ángeles a adorar al Niño Jesús, María se quedó reflexionando todo esto en su corazón. Para una comunidad cristiana la Navidad no tiene sentido si no es a base de una profunda reflexión, por eso para muchos cristianos la Navidad no es más que una fiesta que se espera y que luego pasa efímera, como la pólvora que se quema, y no deja más que basura en las calles. Para el cristiano es algo más que un cohetillo, es la gran noticia que debe reflexionarse y comprometer al hombre con este episodio en que Dios se hace hombre, no en una forma transitoria, sino para siempre, y el hombre debe también reflexionar ante el Señor.

Ese Cristo en Belén lo podemos representar hoy en esta homilía con este título: Cristo manifestación de Dios, Cristo manifestación del hombre y en tercer lugar, la Iglesia manifestación de Cristo.

PROLONGAR LA ENCARNACIÓN

Por eso la Iglesia, que prolonga la encarnación, o sea el Dios hecho hombre, no puede prescindir de la historia. Desde aquel momento Dios ha asumido la humanidad y ha dejado ese encargo de seguir asumiendo hacia Dios a todos los hombres, a la Iglesia, la cual, por tanto, peregrina en la historia, va recogiendo, no puede dejar de vivir las circunstancias en las cuales ella va prolongando esa encarnación. Por eso hermanos, estas noticias en las cuales yo reflejo lo más sobresaliente de la semana, no es con el afán de hacer aquí un noticiero. Lo hace mucho mejor cualquier instrumento de comunicación social, sino que es simplemente decirles a todos mis queridos hermanos, que vivimos en esta semana, en esta hora, que esta Navidad de 1977, siendo la eterna Navidad de Cristo, se ha vivido aquí en El Salvador en estas circunstancias de las cuales no podemos prescindir.

NAVIDADES TRISTES

Así es como tienen un sentido profundo, en medio de tarjetas y telegramas de Navidad, me hayan llegado cartas que son lamentos profundos, por ejemplo de aquellas madres y esposas que “en esta celebración de Navidad que con júbilo espera todo el pueblo cristiano, nosotras expresemos no una Navidad sino el profundo dolor de un calvario al albergar en nuestro corazón esa separación insuperable de nuestros hijos y esposos”. En otra carta parecida dice: “Estamos angustiadas y tristes por el llanto de nuestros hijitos que a cada momento que se despiertan en la noche están llamando a sus padres y de ellos no nos dan ninguna razón en los cuerpos de seguridad”. Y cartas de expresión así dolorosa, pues, son muchas las que llegan. Por nuestra parte hemos tratado de hacer todo lo que está a nuestro alcance recurriendo a recursos jurídicos y estamos dispuestos siempre, pues, a ayudar el dolor de la humanidad.

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“La Nostalgia de la Navidad”. Navidad – C (Juan 1,1-18)

Viernes, 25 de diciembre de 2015

05_Día-de-Navidad-C-287x300La Navidad es una fiesta llena de nostalgia. Se canta la paz, pero no sabemos construirla. Nos deseamos felicidad, pero cada vez parece más difícil ser feliz. Nos compramos mutuamente regalos, pero lo que necesitamos es ternura y afecto. Cantamos a un niño Dios, pero en nuestros corazones se apaga la fe. La vida no es como quisiéramos, pero no sabemos hacerla mejor.

No es solo un sentimiento de Navidad. La vida entera está transida de nostalgia. Nada llena enteramente nuestros deseos. No hay riqueza que pueda proporcionar paz total. No hay amor que responda plenamente a los deseos más hondos. No hay profesión que pueda satisfacer del todo nuestras aspiraciones. No es posible ser amados por todos.

La nostalgia puede tener efectos muy positivos. Nos permite descubrir que nuestros deseos van más allá de lo que hoy podemos poseer o disfrutar. Nos ayuda a mantener abierto el horizonte de nuestra existencia a algo más grande y pleno que todo lo que conocemos.

Al mismo tiempo, nos enseña a no pedir a la vida lo que no nos pueda dar, a no esperar de las relaciones lo que no nos pueden proporcionar. La nostalgia no nos deja vivir encadenados solo a este mundo.

Es fácil vivir ahogando el deseo de infinito que late en nuestro ser. Nos encerramos en una coraza que nos hace insensibles a lo que puede haber más allá de lo que vemos y tocamos. La fiesta de la Navidad, vivida desde la nostalgia, crea un clima diferente: estos días se capta mejor la necesidad de hogar y seguridad. A poco que uno entre en contacto con su corazón, intuye que el misterio de Dios es nuestro destino último.

Si uno es creyente, la fe le invita estos días a descubrir ese misterio, no en un país extraño e inaccesible, sino en un niño recién nacido. Así de simple y de increíble. Hemos de acercarnos a Dios como nos acercamos a un niño: de manera suave y sin ruidos; sin discursos solemnes, con palabras sencillas nacidas del corazón. Nos encontramos con Dios cuando le abrimos lo mejor que hay en nosotros.

A pesar del tono frívolo y superficial que se crea en nuestra sociedad, la Navidad puede acercar a Dios. Al menos, si la vivimos con fe sencilla y corazón limpio.

José Antonio Pagola

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¿Eran tontos los pastores? Día de Navidad 2015

Viernes, 25 de diciembre de 2015

Nat-Adoration-bergers-02-Lc-2--15-19Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La liturgia católica celebra tres misas el día de Navidad: la de la noche, la del alba y la del día. En las dos primeras se lee el evangelio de Lucas; en la tercera, el prólogo de Juan. Ya que el prólogo vuelve a leerse en el segundo domingo después de Navidad, me limito a las lecturas de Lucas. La de la noche recuerda el nacimiento de Jesús y el anuncio del ángel a los pastores; la de la aurora, la visita de los pastores al niño.

¿Pasó desapercibido el nacimiento de Jesús?

Desde un punto de vista histórico, el nacimiento de Jesús debió de pasar totalmente desapercibido fuera del ámbito familiar y de las amistades más cercanas. Como ocurre con el nacimiento de cualquier niño en un pueblecito pequeño.

Sin embargo, cuando se escriben los evangelios, unos cuarenta años después de su muerte, Jesús no es para sus seguidores un hombre cualquiera: es el Mesías prometido, el salvador, el enviado de Dios, el camino la verdad y la vida… De acuerdo con la mentalidad de algunos historiadores paganos de la época, el nacimiento de un personaje excepcional no puede pasar desapercibido. Suetonio habla de los prodigios ocurridos en el cielo cuando nace un futuro emperador romano. Algo parecido ocurre en los evangelios de Mateo y Lucas. Ellos quieren indicarnos la importancia que tuvo el nacimiento de Jesús. Pero lo hacen con dos puntos de vista muy distintos.

Mateo, admirado de que Jesús esté teniendo tanto éxito entre los paganos, mientras su propio pueblo no lo acepta mayoritariamente, retrotrae ese contraste a la venida de los magos de oriente, que realizan un largo viaje para adorar al Mesías, mientras Herodes, los sacerdotes y los escribas, que saben dónde tenía que nacer y estaban a solo nueve kilómetros de distancia, no dan un paso en su busca, e incluso intentan matarlo.

Lucas elige un enfoque muy distinto: quiere indicar desde el primer momento que el cristianismo no es una religión para intelectuales, poderosos y ricos. Y toma como punto de partida a un grupo de pastores, de vida muy dura (pasan la noche a la intemperie, vigilando el rebaño) y odiados por los campesinos. Ellos no ven una estrella, como los magos de Mateo, se les aparece un ángel y les transmite un mensaje desconcertante: ha nacido el Mesías, pero no está en un palacio, sino acostado en un pesebre.

Al lector moderno, la aparición del ángel y la posterior aparición de una legión del ejército celeste cantando “Gloria a Dios en el cielo…” le resulta más cercana a un cuento de Navidad que a la realidad histórica. Pero hace veinte siglos la forma de contar era distinta, y para Lucas esta es la mejor forma de sugerir que el nacimiento de Jesús es algo maravilloso.

El ejemplo de los pastores

                En la misa de la aurora el protagonismo es por completo de los pastores. Hablan entre ellos, cuentan lo dicho por el ángel, se vuelven alabando a Dios. María y José no dicen una palabra. Pero lo más admirable es el comentario de Lucas: “Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho”. ¿Qué han visto y oído? Oído, nada. Visto, un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

                Las casas populares de la época tenían a menudo una habitación amplia, en la que se guardaban los animales por la noche, y otra en la que dormía la familia. Cuando la casa tenía dos plantas, en la de abajo quedaban los animales y en la de arriba las personas. La posada de la que habla Lucas debía ser algo parecido. Y el evangelista sugiere que María, por ser pobre, tuvo que dar a luz junto a los animales y acostar a su hijo en un pesebre. La escena no difiere mucho de las que observamos a menudo en televisión a propósito de familias migrantes. A todos nos inspiran compasión, todos pensamos: “No hay derecho a que esta pobre gente padezca esta situación inhumana”. Sin embargo, la reacción de los pastores es muy distinta: se vuelven dando gloria y alabanza a Dios por lo que han visto y oído. ¿Son tontos los pastores? ¿Son insensibles ante las necesidades ajenas?

                En la obra de Lucas (Evangelio y Hechos de los apóstoles) los pastores son los primeros misioneros. Adviértase la curiosa frase: “Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores”, sugiriendo que tenían un auditorio mucho más amplio que el de José y María. Y estos misioneros anuncian, como los ángeles, una inmensa alegría, pero en medio de la mayor debilidad y pobreza. Algo muy difícil de entender y de creer. Por eso, Lucas nos propone también el ejemplo de María, que “conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”.

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Vivir la Navidad – 1. Una fiesta diferente

Viernes, 25 de diciembre de 2015

05_Navidad_B-225x300Uno de los rasgos más tristes de nuestra sociedad contemporánea es su capacidad de vaciar de contenido y de verdad las fiestas y acontecimientos más entrañables.

Y la Navidad es, tal vez, una de las fiestas más estropeadas por el hombre actual. Unas fiestas de hondo significado para los creyentes, que son celebradas hoy entre nosotros, sin que muchos vivan su motivación original y su verdadero contenido.

La Navidad es mucho más que todo ese ambiente superficial y manipulado que se respira esos días en nuestras calles. Una fiesta mucho más honda y gozosa que todos los artilugios de nuestra sociedad de consumo.

Estos comentarios han nacido del deseo de recuperar de nuevo el corazón de la Navidad y descubrir, detrás de tanta superficialidad y aturdimiento, el misterio que da origen a esta fiesta. También hoy, en medio de esta sociedad, es posible abrirnos al misterio de Dios cercano, saborear con gozo la fiesta de la llegada de un Dios Amigo y celebrar con hondura cristiana las fiestas navideñas.

Antes que nada hemos de lograr que la alegría navideña no sea una alegría vacía y sin contenido, la alegría de quienes están alegres sin saber por qué. Hemos de esforzarnos para que estas fiestas no pasen sin que hayamos podido escuchar algo nuevo, vivo y gozoso en nuestro corazón.

El ambiente navideño en nuestra sociedad

Al aproximarse la Navidad, es fácil advertir entre nosotros un empeño especial por crear un ambiente de fiesta. Son muchos los que adornan el interior de sus hogares con diversos motivos navideños (belenes, estrellas, luces, cirios, árboles…). Lo mismo sucede en las calles y en las plazas, y hasta en los escaparates, bares y centros comerciales. Al mismo tiempo, se comienza a escuchar por todas partes la melodía de los villancicos y la música propia de esta época.

Se diría que, de pronto, se despierta en nosotros el deseo colectivo de crear un clima que rompa el ritmo de nuestra vida diaria y nos ayude a olvidar, aunque sea durante algunos días, los problemas a los que hemos de enfrentarnos día a día.

Sin embargo, estas fiestas poseen un carácter diferente al de otras que se suceden a lo largo del año. Todavía se puede observar entre nosotros un clima de intimidad, de hogar, de hondura… del que carecen otras fiestas. Pero, ¿cuál es la verdadera motivación de estas fiestas para el hombre contemporáneo de nuestra sociedad?

  • Para bastantes, se trata sencillamente de una fiesta religiosa que perdura todavía en la conciencia de una sociedad que se va descristianizando rápidamente.
  • Para otros, estas fiestas representan la añoranza de un mundo imposible de inocencia, paz, fraternidad y felicidad que los hombres somos incapaces de construir.
  • Para muchos, las Navidades se han convertido en las fiestas de invierno de esta sociedad moderna. De hecho, nuestra sociedad de consumo utiliza durante estos días todos los recursos y mecanismos imaginables para incitar a la gente a comprar, gastar y disfrutar. Parece como si solamente los que tienen dinero y pueden comprar, pudieran celebrar estas fiestas.
La verdadera raíz de la Navidad

Para los creyentes, el origen y la razón de estas fiestas son muy sencillos. Hacemos fiesta y celebramos nuestra alegría porque Dios ha querido compartir nuestra vida. Ya no estamos solos, perdidos en medio de nuestros problemas, sufrimientos y luchas. Dios está con nosotros. Hay esperanza para la humanidad.

Estas fiestas son la celebración de aquella Buena Noticia que se escuchó en Belén: «Os anuncio una gran alegría que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy en la ciudad de David, un Salvador que es el Cristo Señor» (Lc 2,10).

Esta invitación a la alegría, dirigida a todo el pueblo y, de manera especial, a la gente sencilla, es la que debe dar su verdadero significado también hoy a nuestras fiestas navideñas. Como ha dicho L. Boff: «Nosotros tenemos motivos para el júbilo radiante, para la alegría plena y para la fiesta solemne: Dios se ha hecho hombre, y ha venido a habitar entre nosotros».

Esta es la gran verdad que dio origen a estas fiestas: Dios está con nosotros. Oculto para unos, desconocido para muchos, sin embargo, Dios comparte nuestra vida. No el dios frío de la razón ni el dios distante y enigmático del puro misterio, sino un Dios hecho carne, hermano y amigo.

La Navidad no es una fiesta fácil. Solo puede celebrarla desde dentro quien se atreve a creer que Dios está con los hombres y puede volver a nacer en nuestra vida diaria. Dios es infinitamente mejor de lo que sospechamos. Más cercano, más comprensivo, más tierno, más audaz, más amigo de lo que nosotros podemos imaginar. ¡Dios es Dios!

Los hombres no nos atrevemos a creer del todo en su cercanía, su bondad y ternura. Necesitamos detenernos ante lo que significa un Dios que se nos ofrece como niño débil, vulnerable, indefenso, irradiando solo paz, gozo y ternura. Se despertaría en nosotros una alegría diferente y nos inundaría una confianza desconocida.

Ese Dios nacido en Belén es más grande que todas nuestras imágenes tristes y raquíticas de la divinidad. Ese Dios es el mejor regalo que se nos puede ofrecer a los hombres. Nuestra equivocación es pensar que no necesitamos de Él. Creer que nos basta con un poco más de bienestar, un poco más de dinero, salud, suerte y seguridad.

Celebrar la Navidad no es despertar una euforia pasajera con unas copas de champán, sino alimentar nuestra alegría interior y nuestra confianza en la cercanía de un Dios que está presente en nuestro vivir diario. Si supiéramos detenernos en silencio ante ese Niño y acoger desde el fondo de nuestro ser toda la cercanía y la ternura de Dios, entenderíamos por qué el corazón de un creyente ha de estar transido de una alegría diferente estos días.

Fuente Grupos de Jesús

Biblia

Navidad, tener misericordia de Dios en un mundo de muerte

Viernes, 25 de diciembre de 2015

nassterea-dlui Del blog de Xabier Pikaza:

Navidad es tiempo de gozo… Pero es un gozo en medio del gran dolor de los que mueren (en especial de los niños). Navidad es un tiempo para empezar a llevar la Cruz en el doble sentido de la palabra:

(a) Dios lleva la cruz de los hombres. En Navidad celebramos la historia del Dios que se ha encarnado para compartir nuestra cruz (la cruz de los asesinados, y en especial de los niños que mueren), y así podremos contemplarlo en la próxima Pascua de la Pasión y resurrección de Jesús.

(b) Debemos llevar la Cruz de Dios. Pero, al mismo tiempo, los hombres (con Jesús) pueden y deben llevar la cruz de Dios, teniendo misericordia de él,, pues, en un sentido muy profundo, es quien más lo necesita. Com-padecer a (y con) Dios: Ésta ha sido una de las tareas más honda de la espiritualidad cristiana.

http://www.secretariadotrinitario.org/revistas/326-revista-estudios-trinitarios-suscripcion.html (cf. de Trinidad y Liberación (XII, 2015)

— Éste misterio de la Navidad lo muestra claramente el icono tradicional del nacimiento: Jesús nace bajo tierra, en una tumba; y su cuna es ya un sepulcro. Es como si la liturgia quisiera decir que Jesús nace en (con) todos los niños y mayores que mueren.

— Nadie, que yo sepa, ha destacado mejor este misterio (esta experiencia) que E. Hillesum, una judía, amiga de Jesús, asesinada en Auschwitz por ser fiel al legado de sus padres judíos y a la experiencia más honda del evangelio.

Se trata de compadecer a/con Dios, en sentido espiritual (de oración más honda) y en sentido social y personal: ¡Ayudar al Dios que sufre en los hombres, como sabe Mt 25, 31-46!.

Dios ha tenido misericordia de los hombres; nosotros hemos de tener misericordia del Dios que nos empieza a decir en Navidad: Tenía hambre, era extranjero, estaba enfermo o en la cárcel….

LLEVAR LA CRUZ DE DIOS

Una estación del Via-Crucis presenta a Simón de Cirene llevando la cruz de Jesús hasta el Calvario (Mc 15, 20-21), indicando así que también nosotros podemos y debemos llevar la Cruz de Dios.

1. Un mundo de cruces.

Dios ha creado hombres libres, personas llamadas a ser y responderle en libertad, pero capaces de pecar, convirtiendo el mundo en una gran Cruz. De esa forma se ha arriesgado con nosotros. ¿Por qué lo ha hecho, permitiendo que nos matemos unos a otros desde Caín y Abel? ¿Quizá no nos ama? ¡Al contrario! Él nos ama infinita¬mente y quiere que podamos responderle en amor y dialogar con él, acompañándole en su tarea de crear el mundo.

Sólo en este contexto podemos hablar de la misericordia de Dios y con Dios, y lo hacemos con palabras y experiencias que provienen del Antiguo Testamento.

Como Padre que nos quiere, nos ha puesto Dios en una tierra austera, bella, fuerte y frágil, y ha previsto, sin duda, nuestros fallos: El rechazo cotidiano de pensarnos dueños de todo, y, en especial, el deseo de dominar a otros hombres con injusticia… Todo eso está vinculado a la Cruz de su hijo Jesús, y las cruces de los hombres.

Dios lo ha tenido en cuenta, ha previsto los miles de millones de cruces hambre y epidemia, de asesinatos y guerras… y a pesar de eso ha querido hacernos libres. ¿Por qué? ¿Porque no le interesamos?

¡Al contrario! Porque le interesamos muchos, y quiere que vayamos caminando, y lo hace él con nosotros, encarnándose en la historia de muerte de la tierra, aunque muchos perezcan en la marcha… sabiendo que él mismo ha de morir (sera matado) también en ellos. No quiere que marchemos solos, y así va nosotros, para sostenernos en nuestras caídas, esperando que también nosotros le sostengamos, pues siendo omnipotente él se ha vuelto creatura frágil y misericordioso, como han dicho de manera impresionante los profetas como Isaías.

2. E. Hillesum. Tener misericordia de Dios.

De todas formas, por mucho que Isaías clame, el Dios del Antiguo Testamento sigue estando de alguna forma lejos: No ha sufrido nuestra historia, no ha sentido nuestra angustia, no ha vivido en nuestra carne, no ha luchado ni anhelado en esta masa de tensiones, esperanzas y rupturas que formamos sobre el mundo, de manera que no sabe lo que es vivir en desgarro, morir en cruz siendo inocente… Por muy cercano que sea, ese Dios no puede acompañarnos del todo, ni ser acompañado por nosotros.

Pero los cristianos confesamos que ese mismo Dios ha dado su paso final en Jesucristo, haciéndose plenamente humano, de manera que ha sufrido en la Cruz el máximo abandono, y ha preguntado desde allí al mismo Dios: ¿Por qué me has abandonado? (Mc 15, 34).

¿Por qué “abandona” Dios a los que sufren, a millones y millones, condenados al hambre o a la cámara de gas por la maldad de otros “hermanos”? Entre las propuestas de respuesta que se han dado a esa pregunta destaca la E. Hillesum (1943-1943), condenada a muerte, en un campo de concentración:

Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones, pero no puedo asegurarte nada por anticipado. Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: Que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos (cf. Una vida compartida, Anthropos, Barcelona 2007, 142)
.

“Te ayudaré para que no me abandones”. Así dice esta judía enamorada del Dios de Jesús, desde un campo de exterminio nazi, descubriendo su vocación de acompañar y de ayudar con su misericordia al mismo Dios de la misericordia.

Ella ha visto así que Dios se ha encarnado y sufre en la entraña de de unos hombres y mujeres empeñados en matarle, descubriendo su más alta vocación, que es consolar al Dios que sufre, desde una infame cárcel de muerte. Éste ha sido y sigue siendo un signo supremo de la misericordia, y sólo una mujer, como Hillesum, ha podido descubrirlo, para que también otros podamos compartir su ejemplo.

3. Una tarea de Dios.

E. Hillesum ha descubierto y proclamado de esa forma una experiencia y tarea que sólo algunos grandes cristianos, como Juan de la Cruz (¡y Unamuno!), habían puesto de relieve, al decir que podemos y debemos tener misericordia de Dios, como él la tiene de nosotros, haciendo así en él (por él) lo que él hace en nosotros (Comentario Cántico Espiritual B, 39). Ciertamente, él nos consuela, sufriendo con nosotros. Pero nosotros debemos también consolarle, caminando a su lado en amor, muriendo incluso por él y con él, como Jesús.

Muchas veces tenemos miedo, y queremos desertar de esta misión de consolar a Dios, pero Jesús nos invita a realizarla, tomando su cruz (la nuestra, la de aquellos que sufren), para acompañar y “animar” de esa manera al mismo Dios, como dijo de forma admirable san Pablo, afirmando que él quería “completar” en su carne los sufrimientos de Cristo, que son los de Dios (Col 1, 24). A veces queremos desertar, pero el Dios de Jesús pide que nos mantengamos, caminando con él, en la obra de su vida.

No nos saca de este mundo, no nos quita el dolor, pero nos ofrece la certeza de que está con nosotros, con su misericordia, queriendo que le acompañemos, acompañando a los que sufren, como decía otro testigo y mártir del Holocausto nazi, hermano cristiano de E. Hillesum, la judía:

“Siendo infinitamente grande, no te encuentras infinitamente lejos, sino cerca de nosotros. Y cuando estamos derrotados, tú no quieres asentarnos en tu fuerza, sino en la debilidad de tu Hijo Jesucristo. Por eso… ya seamos justos o injustos, enfermos o fuertes en la vida, nos arrojamos completamente en tus brazos… ¿Cómo hundirnos en el fracaso cuando superamos con tu Hijo la prueba del desierto? ¿Cómo orgullecemos en el triunfo si llevamos con el Salvador la cruz de nuestras culpas? (cf. D. Bonhöffer, Resistencia y sumisión).

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Navidad, Buena Noticia 2015-2016 ¡Que no os roben la fiesta!

Viernes, 25 de diciembre de 2015

12391435_529610237216173_3672702960567264176_n“Robamos”esta preciosa felicitación del blog de Xabier Pikaza:

Quiero anunciaros con Chanti la buena noticia: Ya veis, tres seres felices en su casa, Jesús con María y José, dos animales. Ha nacido en Belén, que es todos vosotros…

Y el deseo de que podáis superar la mala noticia: Nos pueden robar la Navidad, gentes que no creen en Dios ni Jesús, pero se aprovechan de la fiesta para vender y seguir oprimiendo, como si Jesús naciera de las tiendas ricas, de las colonias caras, de las armas eficaces y las guerras, en un mundo donde todo parece a la venta y se vuelve objeto de conquista

Con esta imagen queremos felicitaros la Navidad a todos los familiares y amigos, físicos y virtuales, todos reales, desde esa casa de San Morales donde Mabel se parece mucho a la Virgen María (algo asustada y muy feliz)… y donde el Niño es nuestra propia vida, que os ofrecemos, con un perrito que se asusta, y que se llama Zury…, y los pájaros que vienen con un signo de paz y un ramito de vida a la ventana…

Yo, el que voy tomando nota, me llamo Xabier, algunos ya me (nos) conocéis. Y así, con Mabel y con toda la casa, incluído el perrito y los pájaros, os deseo/deseamos una Navidad de Amor… Que no os la robe nada ni nadie, porque en vosotros también ha nacido y nace Dios.

Una buena noticia

Ciertamente, hay malas, como en la infancia de Jesús, con guerras y amenazas de Oriente y Occidente, a pesar de que Augusto (año 19 a.C.) tras vencer a los cántabros hispanos había decidido clausurar el Templo de la Guerra en Roma, pues decía que no habría ya más guerras.

Pero las hubo en aquel tiempo en que nació y vivió Jesús, con José y María. A pesar de ello, los tres abrieron un oasis de vida y esperanza en una casa de pueblo, como recuerda Mateo,con el perro en el suelo y el ave en la ventana

Así queremos que todos vosotros seáis un campo verde de paz. No necesitamos mucho, algo de amor (mucho, si se puede), un contexto sencillo, sin grandes regalos ni fiestas externa. En nuestra casa tenemos un perrito, unos pájaros, amor. Nos lo ha dado Jesús, os lo queremos ofrecer.

Todos los que estamos

Dicen que había nacido en una cueva-pesebre de pastores, con mulas y ovejas, y con ángeles del cielo en medio de la noche. pero ahora viven en una sencilla casa de pueblo, los tres con un perro amigo miedoso y fiel, con un ave de paz en la ventana.

El perro se llamaba Zury (blanco), aunque es negro por fuera, como tantos otros. Es un perro que piensa que su Dios le ha confiado la tarea de protegernos, aunque le dan algo de miedo los meneos de José con el niño, de manera que aparece asustado, aunque muy contento.

El pájaro de la ventana es, más bien, un “rebaño de pájaros” y se llaman Sifor, como tantos otros pájaros de la Biblia. Éste que veis tenía guardado desde el tiempo de Noé un ramito de olivo, para la Casa de la Paz, cuando llegara el niño, y había venido a traerla.

La madre era y es María, claro se ve. Estaba contenta loca de amor por el niño, y era feliz con José, pero a veces le daba la impresión de que era algo bruto con sus juegos, y tenía algo de miedo de que se le cayera al suelo. Por eso miraba y protegía…

Ciertamente, vendrán algunos otros… y nosotros iremos a la casa de otros, familiares, amigos… pero lo importante es lo que cabe en esta imagen-postal de Chanti, que os ofrecemos a todos.

José

En el centro de la escena está José. No pudo comprarle juguetes al niño, ni un tiovivo volador, pues no había dinero en la caja; los Magos no habían llegado… y los Pastores no pudieron dejarles casi nada. Por eso y, sobre todo, porque era un hombre feliz y bueno decidió educar al niño a su manera, con muchísimo cariño, con abrazos y voleas por el aire.

Era algo arriesgado. Le decían: ¡Vas a hacer daño al pequeño! Pero el pequeño, que se llamaba Jesús, estaba feliz de que su padre jugara con él de esa manera y le enseñara a reír, que tiempos peores vendrían más tarde…

Con esta imagen de Jesús os dejo, para que sigáis pensando, gozando y rezando, todo en uno, porque lo mejor que se le puede dar a Jesús (a todo niño) en Belén o en el mundo entero es muchísimo amor… y gestos de inmenso cariño, porque la medida del amor es no tener medida, y la medida de la paz empezar a cultivarla en la propia casa

Podían venir más, pero eran suficientes… los tres, todo el mundo, con perro y con pájaro

Los tres, la tierra entero en su casita de amor, una Navidad…un signo y principio de felicidad para todos los hombres y mujeres del mundo

Tuvo suerte Jesús, con su Madre y José, con el pájaro de la ventana y el perro esperándole en el suelo, para seguir jugando.

Os dejo con el letrero de San Agustín, que algo supo de Jesús… dicendo que la medida del amor es amar sin medida, como aprendió Jesús en casa de José y María.

(La imagen es de Chanti: Santiago González, Mendoza/Argentina, 1970
Sitio oficial: www.chanti.com.arhttp://mundochanti.blogspot.com/

Con un epílogo, García Márquez, Estas Navidades siniestras
http://elpais.com/diario/1980/12/24/opinion/346460406_850215.html

Hace 35 años, en la Navidad del 1980 publicó Gabo García Márquez en varios periódicos un trabajo entrañable sobre las Navidades Siniestras. Tenéis el link para leerlo, pero quiero ofreceros unas cuantas líneas:

Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad. Hay tantos estruendos de cometas y fuegos de artificio, tantas guirnaldas de focos de colores, tantos pavos inocentes degollados y tantas angustias de dinero para quedar bien por encima de nuestros recursos reales que uno se pregunta si a alguien le queda un instante para darse cuenta de que semejante despelote es para celebrar el cumpleaños de un niño que nació hace 2.000 años en una caballeriza de miseria, a poca distancia de donde había nacido, unos mil años antes, el rey David.

954 millones de cristianos creen que ese niño era Dios encarnado, pero muchos lo celebran como si en realidad no lo creyeran. Lo celebran además muchos millones que no lo han creído nunca, pero les gusta la parranda, y muchos otros que estarían dispuestos a voltear el mundo al revés para que nadie lo siguiera creyendo.

((Éste es el riesgo de la Navidad…, que se nos puede convertir en fiesta para no creer en el Dios de Jesús… Una navidad donde parece que Jesús nace del Gran Comercio, en algún lugar escondido de las multinacionales de la ventas…, que lo mismo venden luces de color y renos voladores que armas reales que matan a la comerciando con con el hambre de millones de niños de la tierra)).

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“Los relatos de la infancia de Jesús ¿Teología o historia?”, por Leonardo Boff

Viernes, 25 de diciembre de 2015

Adviento Sagrada Familia (eligelavida)Leído en Koinonía:

Este texto es el capítulo 9 del libro “Jesucristo el Liberador” de Leonardo Boff (Sal Terrae, Santander 1980), que recomendamos en su versión completa original.

Cuanto más se medita sobre Jesús, más se descubre el misterio que se escondía tras su vida humilde y más lejos en el tiempo se localizan sus orígenes. Cuando Lucas y Mateo redactan sus respectivos evangelios, hacia los años 75-85, se recogen las reflexiones que se habían hecho en las diversas comunidades. Para todos era evidente que Jesús había sido constituido por Dios como Mesías, Salvador, Hijo de Dios e incluso Dios mismo en forma humana. A partir de esta fe se interpretaron los hechos relativos al nacimiento y a la infancia de Jesús. Por detrás de esos relatos late un trabajo teológico muy profundo e intenso, fruto de un esfuerzo por descifrar el misterio de Jesús y anunciarlos a los fieles de los años 75-85 d. C. Las escenas familiares de Navidad, descritas por Lucas y Mateo, pretenden ser proclamaciones de la fe acerca de Jesús Salvador, más que relatos neutros acerca de su historia.

Por detrás de cada uno de los títulos (Cristo, Hijo del Hombre, Hijo de Dios, etc.) subyace una prolongada reflexión teológica que puede llegar a equipararse incluso a la sofisticación de la teología rabínica mas refinada. Esto mismo es lo que veremos en los relatos de la infancia de Jesús (1).

En el común sentir de los cristianos, los relatos del nacimiento de Jesús y la celebración de la Navidad constituyen una fiesta para el corazón. La fe se hace sentimiento, con lo cual alcanza a lo más profundo e íntimo de la personalidad humana, haciendo vibrar, alegrarse y saborear la vida como sentido. En el establo, ante el pesebre, con el Niño entre el buey y el asno, la Virgen y el buen José, los pastores y las ovejas, la estrella, las artes y las profesiones, la naturaleza, las montañas, las aguas, el universo de las cosas y de los seres humanos, todo se congracia y se reconcilia ante el Recién Nacido. El día de Navidad todos nos hacemos pequeños y permitimos que, una vez al menos, el pequeño príncipe que anida en cada uno de nosotros hable el lenguaje inocente de los niños que se extasían ante el árbol navideño, las velas encendidas y las bolas de cristal. El adulto se sumerge en el mundo de la infancia, del mito, del símbolo y de la poesía que es propiamente la vida, pero que los intereses, los negocios y la preocupación por la supervivencia pretenden ahogar, impidiendo la vivencia del eterno niño adulto que cada uno de nosotros sigue siendo.

Todos éstos son valores que hay que defender y alimentar. Pero, para que sigan siendo valores cristianos han de estar en conexión con la fe. De lo contrario, el sentimiento y la atmósfera de la Navidad se transforman en un sentimentalismo que la máquina comercial de la producción y el consumo se encarga de explotar. La fe se relaciona con la historia y con Dios, que se revela dentro de la historia. Entonces, ¿qué fue lo que realmente ocurrió en la Navidad? ¿Será cierto que se aparecieron los ángeles en los campos de Belén? ¿Acudieron de verdad unos reyes de Oriente? No deja de ser curioso el imaginar una estrella errante que primero se dirige a Jerusalén y después a Belén, donde estaba el Niño. ¿Por qué no se dirigió directamente a Belén, sino que primero tuvo que brillar sobre Jerusalén, atemorizando a la ciudad entera y al rey Herodes, hasta el punto de obligar a éste a decretar la muerte de niños inocentes? ¿En qué medida es todo esto fábula o realidad? ¿Cuál es el mensaje que pretendieron transmitir Lucas y Mateo con la historia de la infancia de Jesús? ¿Se trata de un interés histórico, o tal vez, mediante la amplificación edificante y embellecedora de un acontecimiento real, intentan comunicar una verdad más profunda acerca de ese Niño que más tarde, con la Resurrección, iba a manifestarse como el Liberador de la condición humana y como la gran esperanza de vida humana y eterna para todos los seres humanos?

Incluso para quien conozca los procedimientos literarios usados en las Escrituras, y para el historiador de la época de Jesús, los relatos de la Navidad no dejan de plantear problemas. Por detrás de la cándida simplicidad y el lirismo de algunas escenas, se esconde una teología sofisticada y pensada hasta en sus más íntimos detalles. Tales textos no son los más antiguos de los evangelios, sino los más recientes, elaborados cuando ya existía toda una reflexión teológica acerca de Jesús y acerca del significado de su muerte y resurrección; cuando ya estaban ordenados por escrito los relatos de su pasión, las parábolas, los milagros y los principales dichos de Jesús; cuando ya se habían establecido sus principales títulos, como el de Hijo de David, Mesías, Cristo, nuevo Moisés, Hijo de Dios, etc., con los que se intentaba descifrar el misterio de la humanidad de Jesús. Al final de todo apareció el comienzo: la infancia de Jesús, pensada y escrita a la luz de la teología y de la fe suscitada en torno a su vida, muerte y resurrección. Es precisamente aquí donde hay que situar el lugar de comprensión de los relatos de la infancia, tal como son narrados por Mateo y por Lucas.

1. La fe que intenta comprender

La fe no exime ni dispensa de la razón. La fe, para ser verdadera, debe intentar comprender, no para abolir el misterio, sino para vislumbrar sus auténticas dimensiones y cantar, asombrada, la graciosa lógica de Dios. La fe profesaba que Jesús es el Salvador, el Mesías, el Sentido de todo (Logos), el profeta anunciado en otro tiempo (Dt 18, 15-22), el nuevo Moisés que había de liberar a los seres humanos en un definitivo éxodo de todas las ambigüedades de la condición humana.

He aquí, sin embargo, que en seguida surgió una pregunta sumamente preocupante para los apóstoles: ¿en qué momento de su vida fue Jesús instituido por Dios como Salvador, Mesías e Hijo de Dios?(2). La predicación más antigua responde: en la muerte y la resurrección (cf. 1 Cor 15, 3-8; Hech 10, 34-43). Marcos, que escribió su evangelio hacia los años 67-69, afirma que, mediante el bautismo de Juan, Jesús fue ungido por el Espíritu Santo y fue proclamado Mesías y Liberador. Realmente, el evangelio de Marcos no contiene ningún relato de la infancia de Cristo, sino que se inicia con la predicación precursora de Juan el Bautista y con el bautismo de Jesús.

Mateo, que elaboró su evangelio en torno a los años 80-85, responde: Jesús es, desde su nacimiento, el Mesías esperado; más aún: toda la historia de la salvación, desde Abraham, estuvo encaminada hacia él (cf. la genealogía de Cristo, Mt 1,1-17).

Lucas que escribió su evangelio por el mismo tiempo que Mateo, da un paso adelante y dice que ya desde la Navidad, en la gruta de Belén, Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios. Pero no fue sólo la historia de Israel, desde Abraham, la que estuvo orientada a su nacimiento en la gruta, sino toda la historia humana, desde Adán (Lc 3, 38).

Viene por último San Juan, hacia el año 100, heredero de una larga y profunda meditación sobre la identidad de Jesús, y responde: Jesús era el Hijo de Dios antes incluso de nacer, en su preexistencia junto a Dios, mucho antes de la creación del mundo, porque “en el principio existía la Palabra… Y la Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros” (Jn 1, 1-14).

Como se ve, cuanto más se medita sobre Jesús, más se descubre su misterio y más lejos en el tiempo se localizan sus orígenes. Todo este proceso es fruto del amor. Cuando se ama a una persona, se intenta saberlo todo acerca de ella: su vida, sus intereses, su infancia, su familia, sus antepasados, su procedencia geográfica, etc. El amor ve más lejos y más profundamente que el frío raciocinio. La Resurrección reveló las verdaderas dimensiones de la figura de Jesús: Jesús interesa no sólo a los judíos (Abraham), ni sólo a la humanidad entera (Adán), sino incluso al cosmos, porque “sin él no se hizo nada de cuanto existe” (Jn 1, 3). A partir de la luz adquirida con el resplandor de la Resurrección, los Apóstoles comienzan a releer toda la vida de Cristo, a reinterpretar sus palabras, a relatar sus milagros y a descubrir en determinados hechos de su nacimiento (hechos bien sencillos en sí mismos) la presencia latente del Mesías-Salvador, patentemente revelado tan sólo después de la Resurrección. A esa misma luz fueron adquiriendo nueva claridad muchos de los pasajes del Antiguo Testamento considerados como proféticos, que ahora se amplían y se explican en función de la fe en Jesús, Hijo de Dios. Por eso, el sentido teológico de los relatos de la infancia no reside tanto en narrar hechos acaecidos con ocasión del nacimiento de Jesús, sino, mediante el ropaje de narraciones plásticas y teológicas, en anunciar a los oyentes de los años 80-90 d. C. quién es y que significa Jesús de Nazaret para la comunidad de los fieles. Por consiguiente, debe buscarse menos la historia que el mensaje de la fe.

Entre los hechos históricos contenidos en los relatos de la Navidad, la exégesis crítica católica (3) enumera los siguientes:

1. Los esponsales de María y José (Mt 1, 18; Lc 1, 27; 2, 5).
2. La descendencia davídica de Jesús (Mt 1, 1; Lc 1, 32) a través de la descendencia de José (Mt 1, 16, 20; Lc 1, 27; 2, 4).
3. El nombre de Jesús (Mt 1, 21; Lc 1, 31).
4. El nacimiento de Jesús de la Virgen María (Mt 1,21,23,25;Lc 1,31; 2,6-7).
5.Nazaret como lugar de residencia de Jesús (Mt 2, 23; Lc 2, 39).

Más adelante veremos cómo Mateo y Lucas elaboraron literaria y teológicamente estos datos para, con ellos y a través de ellos, anunciar, cada uno a su modo, un mensaje de salvación y de alegría para los seres humanos: que en ese niño, “envuelto en pañales y acostado en un pesebre porque no había sitio para ellos en la posada” (Lc 2, 7), se escondía el secreto sentido de la historia desde la creación del primer ser, y que en él se habían hecho realidad todas las profecías y esperanzas humanas de liberación y de plenitud total en Dios.
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“La primera navidad”, por Carlos Ayala Ramírez

Viernes, 25 de diciembre de 2015

Navidad1Leído en Adital:

Según el Evangelio de Mateo, el nacimiento de Jesús sucedió así: “Su madre, María, estaba comprometida con José, y antes del matrimonio quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, pensó abandonarla en secreto. Ya lo tenía decidido cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas recibir a María como esposa tuya, pues la criatura que espera es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados’ […] Mira, la virgen está embarazada, dará a luz a un hijo que se llamará Emanuel, que significa ‘Dios con nosotros’”.

¿Qué sentido tiene este relato? ¿Cuál fue su significado en el siglo I? ¿Qué significa hoy? El libro La primera Navidad, escrito por dos de los mayores especialistas en Jesús de Nazaret, Marcus J. Borg y John Dominic Crossan, ofrece unas respuestas históricas y teológicas que pueden ayudarnos a una mejor comprensión de su significado para la vida humana y cristiana.

¿De dónde surge la necesidad de volver al significado de la primera Navidad? Según Borg y Crossan, al menos hay tres hechos que motivan una explicación más de fondo de estos relatos que en los Evangelios canónicos solo aparecen en Mateo y Lucas. En primer lugar, son el fundamento de la fiesta más ampliamente celebrada del planeta; más de 2 mil millones de cristianos participan en ella.

Además, debido a la importancia cultural y comercial de la Navidad en la cultura occidental, y más allá de ella, también es observada por muchos no cristianos. Se sabe que ninguna otra fiesta religiosa es conmemorada tan ampliamente por gente situada fuera de la tradición que la originó.

En segundo lugar, la Navidad es —junto con la Semana Santa— uno de los tiempos litúrgicos más sagrados del año cristiano; en Adviento y Navidad, se trae el pasado al presente, es decir, se “re-vive” el anhelo y esperanza que suscita la cercanía de Dios.

El tercer hecho está relacionado con la visión que suele tenerse de la Navidad, donde prevalece un enfoque meramente sentimental y comercial, pasando desapercibido que los relatos de la primera Navidad son a la vez personales y sociales, hablan de transformación personal y colectiva, son visiones globales y apasionadas de otra manera de ver la vida.

Lo más importante de los relatos bíblicos de la Navidad es su significado, que ha de desentrañarse leyendo los textos con atención. Este es el enfoque que asumen los autores en su estudio. Prestando atención a la peculiaridad y a los detalles de los relatos de la natividad, se busca entender lo que significaron en el siglo I y lo que pueden seguir significando para las comunidades de fe hoy.

Hay cuestiones cruciales para oír y entender los relatos de la primera Navidad. ¿Qué tipo de relatos son? ¿Cuál es su propósito? ¿Qué pretendían sus autores?

Las respuestas dadas por Borg y Crossan son un buen ejemplo de lo que en su momento recomendaba el Concilio Vaticano a los estudiosos de la Escritura: “Entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos […], atender cuidadosamente a las formas nativas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, […], investigar el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia según la condición de su tiempo y de su cultura, según los géneros literarios usados en su época”.

¿Cuál es el significado de la primera Navidad? ¿Qué significaban esos relatos para las comunidades cristianas que las contaban hacia finales del siglo I? Para los autores del estudio, estos relatos forman parte del testimonio sobre la trascendencia que Jesús había llegado a tener entre sus seguidores.

Dicha trascendencia tenía en su núcleo una visión contracultural, adquirida del modo de ser de Jesús y de su actividad pública. Los relatos del nacimiento subvierten la conciencia predominante del mundo del siglo I y también la del nuestro. Para ilustrar este planteamiento, Borg y Crossan mencionan algunos de los temas esenciales que se abordan en los relatos de la primera Navidad, según el evangelio de Mateo y Lucas. Veamos.

¿Quién es el “rey de los judíos”? Este era el título de Herodes el Grande, pero el relato de Mateo nos cuenta que Herodes se parecía más al faraón, el señor de Egipto, el señor del cautiverio y la opresión, la violencia y la brutalidad. Por el contrario, Jesús es el verdadero rey de los judíos. Y los soberanos de su mundo intentaron destruirlo.

¿Quién es el Hijo de Dios, Señor, salvador del mundo y el que trae la paz a la tierra? Dentro de la teología imperial romana, se afirmaba que el emperador, el césar, era todas estas cosas. Lucas, en cambio, sostiene que esa condición y esos títulos le pertenecen a Jesús. Él, no el emperador, es la personificación de la voluntad de Dios para la tierra.

¿Quién es la luz del mundo? ¿El emperador, hijo de Apolo, el dios de la luz y la razón, y del orden imperial? ¿O la luz en medio de las tinieblas, la luz verdadera a la que son atraídos los sabios de este mundo, es Jesús, quien fue ejecutado por el Imperio? Para Mateo y Lucas, la luz en medio de las tinieblas es Jesús. El otro, César Augusto, que afirmaba ser luz en medio de las tinieblas, no lo era. De hecho, él era más tinieblas que luz.

¿Dónde encontramos el cumplimiento del sueño de Dios para Israel y la humanidad? ¿En el modo en que son las cosas en este momento? ¿O en mundo muy diferente al actual? Mateo y Lucas proclaman, a su manera, que Jesús es el cumplimiento de la promesa de Dios a Israel y de su anhelo más profundo: el de un rey como el gran rey David, el de un tipo diferente de vida y de mundo, el de la luz en medio de las tinieblas. En definitiva, el anhelo de la presencia liberadora de Dios en su pueblo.

Por tanto, llamar a Jesús el Hijo de Dios, como lo hacen los relatos de Navidad, es una confesión de compromiso, fidelidad y lealtad. Esta confesión significa, para los autores del libro, que en la persona de Jesús se ve al ungido de Dios, se manifiesta lo que se puede ver de Dios en una persona humana y se revela el sueño de Dios para este mundo.

Los relatos del nacimiento, pues, no son una mera ilusión que se persigue, pese a ser muy improbable su realización, sino una proclama que comunica que lo revelado en Jesús es el camino que lleva a un tipo diferente de vida y a un futuro prometedor para la existencia y convivencia humanas.

Los relatos de la primera Navidad hablan con fuerza de nuestros anhelos más profundos y de las promesas y la compasión de Dios. Así lo reiteran los autores del libro. Y así lo expresa también la letra de la canción navideña Algo nuevo está naciendo:

En medio de la noche,/ noche oscura, noche larga,/ que mi pueblo soportaba,/ y en silencio como un niño,/ su esperanza alimentaba.

De pronto en esa noche,/ como luces prendidas,/ mi pueblo se encendía,/ y este niño que esperaba/ sus manitos levantaba.

Algo nuevo está naciendo/ y en mi pueblo está latiendo./ Algo nuevo está naciendo,/ con nosotros va subiendo./ Algo nuevo está naciendo/ con los pobres va creciendo. […]

Con dolor van sembrando/ los que luchan por ser libres,/ los que aman, los humildes;/ muy contentos volverán a cosechar/ lo que han sudado.

Algo nuevo está naciendo/ y con fuerza está creciendo/ en el seno de mi pueblo;/ algo nuevo está naciendo:/ nuestro Dios se hizo pueblo.

Carlos Ayala Ramírez
Director de Radio YSUCA
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