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Archivo para Domingo, 26 de octubre de 2014

La esperanza

Domingo, 26 de octubre de 2014

Del blog de la Communion Béthanie:

james07

 

La Esperanza llegará sólo a los ojos quemados, a los ojos perdidos.

La Esperanza llegará sólo a los que ya no la esperaban más.

Llegará al día siguiente en que se marchiten las flores,
Cuando las guirnaldas de papel se decoloren, cuando los decorados se desmonten.

Llegará sólo al día siguiente cuando los trajes estén en el armario,
los maquillajes desenmascarados, cuando el rímel se haya corrido y cuando la escena esté vacía.

LLegará descalza, a tientas, como un cojo que se lanza a bailar
como un ciego que se pone a mirar, como un sordo que, de un solo golpe, oye

La Esperanza llegará como una fría mañana, como un sol todavía en su nube

Entrará no por la gran entrada de los artistas sino por la pequeña escalera de los maquinistas.

Llevará su traje de los comienzos y sus ojos de poema, sus dos manos de cada día, sus manos llenas de realidad.

La Esperanza no nos aportará lo que esperábamos sino lo que ya no esperábamos.

Llegará como una chispa, un hijo pródigo en el momento que menos lo esperaba..

Su voz será sólo una palabra grande abierta como la tumba de un resucitado.

*
Jean Debruyne

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“Creer en el Amor”. 26 de octubre de 2014. 30 Tiempo ordinario (A). Mateo 22, 34-40.

Domingo, 26 de octubre de 2014

53-OrdinarioA30La religión cristiana les resulta a no pocos un sistema religioso difícil de entender y, sobre todo, un entramado de leyes demasiado complicado para vivir correctamente ante Dios. ¿No necesitamos los cristianos concentrar mucho más nuestra atención en cuidar antes que nada lo esencial de la experiencia cristiana?

Los evangelios han recogido la respuesta de Jesús a un sector de fariseos que le preguntan cuál es el mandamiento principal de la Ley. Así resume Jesús lo esencial: lo primero es “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser”; lo segundo es “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

La afirmación de Jesús es clara. El amor es todo. Lo decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos en cosas accidentales y secundarias, olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor todo queda pervertido.

Al hablar del amor a Dios, Jesús no está pensando en los sentimientos o emociones que pueden brotar de nuestro corazón; tampoco nos está invitando a multiplicar nuestros rezos y oraciones. Amar al Señor, nuestro Dios, con todo el corazón es reconocer a Dios como Fuente última de nuestra existencia, despertar en nosotros una adhesión total a su voluntad, y responder con fe incondicional a su amor universal de Padre de todos.

Por eso añade Jesús un segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir de espaldas a sus hijos e hijas. Una religión que predica el amor a Dios y se olvida de los que sufren es una gran mentira. La única postura realmente humana ante cualquier persona que encontramos en nuestro camino es amarla y buscar su bien como quisiéramos para nosotros mismos.

Todo este lenguaje puede parecer demasiado viejo, demasiado gastado y poco eficaz. Sin embargo, también hoy el primer problema en el mundo es la falta de amor, que va deshumanizando, uno tras otro, los esfuerzos y las luchas por construir una convivencia más humana.

Hace unos años, el pensador francés, Jean Onimus escribía así: “El cristianismo está todavía en sus comienzos; nos lleva trabajando solo dos mil años. La masa es pesada y se necesitarán siglos de maduración antes de que la caridad la haga fermentar”. Los seguidores de Jesús no hemos de olvidar nuestra responsabilidad. El mundo necesita testigos vivos que ayuden a las futuras generaciones a creer en el amor pues no hay un futuro esperanzador para el ser humano si termina por perder la fe en el amor.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
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“Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo”. Domingo 26 de octubre de 2014. 30º domingo de tiempo ordinario.

Domingo, 26 de octubre de 2014

201110211226393d6463Leído en Koinonia:

Éxodo 22,20-26: Si explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros.
Salmo responsorial: 17: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
1Tesalonicenses 1,5c-10:Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo.
Mateo 22,34-40: Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

Podríamos decir que hoy comenzamos la recta final del año litúrgico; esto significa que dentro de un mes estaremos finalizando un ciclo para dar inicio al siguiente. Nos vienen entonces de maravilla las lecturas de hoy para que desde ya comencemos a revisar nuestra vida de fe y cada una de nuestras acciones a lo largo de este año y para que nos preparemos de manera adecuada para vivir con más radicalidad y compromiso el año que viene. La frase clave del pasado domingo nos puede ayudar a entender con más precisión el mensaje de hoy y el de los próximos domingos. Escuchamos hace ocho días la bien conocida frase de Jesús: “den al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21). Centrémonos en lo que hay que dar a Dios; de este modo, lo que habría que “dar al césar” tendrá que ir disminuyendo cada día más y más, pues en la medida que vamos ampliando nuestra conciencia de ciudadanos/as del Reino, todo lo que somos y tenemos estará únicamente en función de ese proyecto de Reino que es la sociedad solidaria, igualitaria y fraterna; el “césar” y su sistema, tendrán que desaparecer, por fuerza. Y la manera práctica cómo Dios tiene en mente la creación de ese sistema humano social distinto al egipcio, lo expone maravillosamente en el Sinaí, en el contexto de la Alianza con su pueblo. Para ello se vale de tres figuras que simbolizan lo que NO es su proyecto: la viuda, como símbolo del más desvalido de los seres por no tener un macho que le de identidad; el forastero, por no tener un pedazo de tierra donde realizar su proyecto personal y familiar, y el que no posee nada y va de préstamo en préstamo, como símbolo del indigente. Si el seguidor de Yahveh pasa por alto estos tres extremos o declaradamente se aprovecha de su situación, o no hace nada por mejorarla (lo más común aún en nuestros días), él mismo está atrayendo sobre sí la desgracia por ir en contravía del proyecto de la justicia que es la esencia misma del proyecto de Dios que mueve todo el aparato liberador de Egipto. Nada más claro para ayudarnos a entender, además, el pasaje del evangelio que hoy escuchamos; Jesús sienta su posición respecto al camino que hay que seguir si se quiere estar en sintonía auténtica con el proyecto del Padre: no es el legalismo, no es la preocupación de si estamos o no cumpliendo este o aquel mandato; no se puede dudar: “ama a Dios por sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo”; en esto se resume toda la Revelación de Dios.

La legislación de Israel estaba orientada a mitigar los efectos del empobrecimiento de las grandes masas de campesinos. El exilio, el desplazamiento forzado por causa de la guerra, la usura… se convertían en una amenaza para la convivencia y, sobretodo, contradecían los fundamentos éticos del pueblo de Dios.

El «código de la alianza» hacía énfasis, no sólo en las rúbricas litúrgicas o en las orientaciones religiosas, sino en la protección de los sectores más vulnerables de la sociedad: forasteros, viudas, huérfanos, jornaleros y pobres en general. Los forasteros porque, en la mayoría de los casos, eran exiliados de la guerra que habían sufrido el desplazamiento forzado y llegaban a las tierras de Israel sin otro recurso que sus propias manos. La legislación recuerda los beneficios del éxodo y el cambio de situación del pueblo hebreo que pasó de la servidumbre a la libertad. Las viudas y los huérfanos estaban a merced de los parientes varones que detentaban el monopolio jurídico de la tierra. Los jornaleros estaban a merced de los terratenientes que les pagaban cuando se les venía en gana y no al terminar el día, como lo determinaba la Ley. El clamor de estas personas se convertía en una preocupación del Dios liberador que no podía dejar impune a los opresores, explotadores y usureros.

Un hombre del antiguo Israel, como Jesús, se sorprendería al ver que nuestra sociedad se basa en la usura. Para ellos, los exagerados intereses de una deuda eran una auténtica vergüenza. Y más se asustaría al saber que los grandes usureros gobiernan las políticas de los países y determinan quién vivirá satisfecho y cuantos millones de pobres morirán de hambre. La usura es, en la Biblia, un delito comparable sólo con el asesinato. La usura es la mayor amenaza para la gente pobre que se ve obligada a empeñar hasta la propia ropa para poder comer. La usura se origina en la injusta percepción de los valores sociales, pues la ambición y la acumulación se convierten en el objetivo de las relaciones sociales, quitándoles su carácter de gratuidad y solidaridad.

Esta situación queda consagrada igualmente en el plano internacional. Tan consagrada, que se considera «natural» la situación de sometimiento absoluto con el que las finanzas internacionales, impúdicamente especulativas, dominan la vida y el trabajo de las mayorías de los distintos países, mediante la subida y la bajada, casi enteramente caprichosa, de los intereses de «los mercados» internacionales. Hace unos años fue con la Deuda Externa: países enteros gravados con deudas que equivalían a muchas veces su producto nacional bruto anual… es decir, que debían todo lo que podían producir durante varios años, podríamos decir que de hecho se debían a sí mismos. Y todo ello, proviniendo de unos préstamos que habían sido ofrecidos a intereses bajísimos, pero «fluctuantes», intereses que una vez contraídas las deudas fueron internacionalmente alzados hasta un 18%, cuando a lo largo de la historia tales intereses nunca habían subido más allá de un 6%. En los préstamos personales sabemos cuándo unos intereses comienzan a ser usureros. ¿Por qué no se sabe en qué cifra de interés comienza la «usura» en el plano internacional? ¿No estamos viviendo una situación de usura en el sistema financiero internacional? Solemos pensar que el mundo civilizado y moderno es muy distinto de aquel mundo de masas pobres y de esclavos que no eran dueños de sí mismos, pero la diferencia no es tan grande: las grandes estructuras de injusticia son ahora mucho más complejas, sofisticadas y masivas.

 Pablo interpreta el paso de una mentalidad legalista y opresora, hacia una mentalidad creativa y liberadora, como un cambio de la idolatría al culto al Dios verdadero, al Dios de la Vida. Mientras los hebreos eran prisioneros de los interminables preceptos de la Ley (la escrita y la oral), los así llamados paganos eran esclavos de la incesante marea de modas de pensamiento y de religiones que les impedían descubrirse a sí mismos como esclavos de la idolatría del imperio. Pablo propone a los gentiles no una religión más, sino un nuevo estilo de vida donde el discernimiento, la gratuidad y la conciencia de ser libres constituía el fundamento de la relación con Dios y con el prójimo.

 El evangelio apunta, precisamente, en la misma dirección al mostrarnos que para Jesús, el fundamento de la relación con Dios y el prójimo es el amor solidario. Jesús sintetiza el decálogo y casi toda la legislación en su principio de amor fraternal y recíproco.

Los juristas gustaban de probar los conocimientos que Jesús tenía sobre la Ley. Para ellos el mandamiento más importante era la observancia del sábado. Ese día debían dedicarse por completo al reposo y a escuchar la lectura de la Escritura. Con el tiempo convirtieron esta ley en una carga que a duras penas soportaban los pobres.

El sábado había dejado de ser fiesta del Señor y se había convertido en un día lúgubre, lleno de prescripciones ridículas que impedían a las personas movilizarse, cocinar e incluso auxiliar al necesitado.

Cuando los juristas preguntan a Jesús por la ley más importante esperan que el cometa un error y se pronuncie contra la Ley misma. Jesús se les adelanta y les hace ver que en la Ley lo más importante es el amor a Dios y el amor al prójimo. El amor es el espíritu mismo de la legislación divina.

Al colocar estos dos mandamientos como el eje de toda la Escritura, Jesús pone en primer lugar la actitud filial con respecto a Dios y la solidaridad interhumana como los fundamentos de toda la vida religiosa. Incluso, la adecuada interpretación de la Escritura (la Ley y los Profetas) depende de que sean comprendidos y asumidos estos dos imperativos éticos.

Nosotros vivimos hoy en sociedades que tienen muchas más normas que el pueblo judío, incluso nuestras iglesias tienen extensas legislaciones. Vivimos también en un mundo que tiene muchísimos más millones de pobres oprimidos bajo la usura internacional, que los pobres oprimidos por los que clamaron los profetas. La Palabra de Jesús que hoy recordamos y actualizamos en nuestra celebración es una invitación a sacudir nuestra pasividad, a recuperar la indignación ética ante la situación intolerable de este mundo llamado moderno y civilizado, y a volver a lo esencial del Evangelio, al mandamiento principal, a los dos amores. Leer más…

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Dom 26. X. 2014. Dos en uno: Amar Dios “y” amar el prójimo

Domingo, 26 de octubre de 2014

9788433034656Del blog de Xabier Pikaza:

Dom 30. Tiempo ordinario. Ciclo a, Mt 22,34-40. Tanto el escriba fariseo como Jesús a quien pregunta saben que mandamiento es aquello que se cree y hace, pues no hay división entre fe y praxis, ni “ortodoxia” separada de la vida, pues sólo se cree de verdad aquello que cumple.

Cuando el escriba pregunta por el mayor mandamiento, suponiendo que es uno, Jesús responde diciendo que hay dos (amar a Dios y amar al prójimo), que son distintos, pero inseparables.


Éstos son los dos primeros (y únicos) artículos del credo, las señales del cristiano:
Uno es sobre Dios, otro sobre el prójimo, inseparables ambos, pero distintos en su unidad. Buen domingo a todos, desde la “familia” que forman (formamos) Dios y el prójimo.

Texto. Mateo 22,34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?”

Él le dijo: “”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.” Este mandamiento es el principal y primero.

El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.”

Organizar los mandamientos

1194622198_fSe suele decir que este doble mandamiento recoge la experiencia más profunda de la teología israelita, que se funda en el Shema (amar a Dios: Dt 6, 4-9; cf. también Dt 11, 13-21 y Num 15, 37-41) y se abre en el mandato de amar a los demás, como propone Lev 19, 18 y otros textos semejantes de la Biblia.

Este “doble mandamiento” es muy judío, todas sus bases son bíblica, pero un investigador muy riguroso como J. P. Meier, Judío marginal IV, 483-505, ha demostrado que en su forma actual (como aparece aquí) no había sido formulado por ningún judío antiguo. Se trata, según eso, de algo nuevo (muy nuevo) de Jesús, siendo, al mismo tiempo, lo más antiguo.

Ciertamente, la pregunta es buena, aunque pueda haberse formulado con malicia, porque las diversas escuelas judías discrepaban sobre el “primer” mandamiento… (¡lo más importante!) y, además, porque parecía que Jesús no respetaba la unidad de Dios, tal como afirma el Shema: Dios es uno.

Los que así preguntan son hombres cumplidores de los mandamientos y, en contra de lo que suele decirse, su problema no está en que esos mandamientos sean numerosos (más tarde se recopilan 248 positivos y 365 negativos, en total 613), pues muchos resultaban evidentes en aquella sociedad, sino en la forma de “ordenarlos”, destacando lo importante, y entendiendo los demás como una aplicación o consecuencia.

Jesús, dos mandamientos

Le piden que diga el primero, pero él responde diciendo que hay dos, no basta uno:

a. Primero: amar a Dios (dejarse amar por Dios, según el Shema). En este contexto Jesús es plenamente. Mantiene la unidad de Dios por encima de todas las cosas.

b. El segundo es “igual” al primero… y se condensa en un solo mandato: Amar al prójimo como a sí mismo”…

‒ En el fondo de los mandamientos, el fariseo busca el mayor de todos, como si los 613 se pudieran condensar en una misma y única raíz.

‒ Pues bien, Jesús no responde con uno sino con dos, como indicando que al principio no hay un tipo de monismo (sólo Dios o sólo el hombre) sino un dualismo básico, un diálogo entre Dios y los humanos.

Respuesta 1ª. Amar a Dios (con el Shema de Dt 6 y de Mc 12, 28-34).

Jesús responde insistiendo en aquel fundamento del que brota la vida del hombre, diciendo: “escucha”, acoge la voz de Dios. Sólo quién oye bien puede cumplir lo mandado.

— Escucha (hebreo shema’, griego akoue): Déjate amar. Este es el principio de todo mandato: oye, es decir, atiende a la voz, acoge la Palabra, descúbrete querido. En el fondo dice: no te cierres, no hagas de tu vida un espacio clausurado donde sólo se escuchan tus voces y las voces de tu mundo. Más allá de todo lo que haces y piensas, de todo lo que deseas y puedes, está el ancho campo de la manifestación de Dios: abrirse a su voz, mantener la atención, ser receptivo ante el misterio, ese es el principio y sentido de toda religión, esa es la verdad del mandamiento. Leer más…

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“Aprenda a salvarse en treinta segundos”. Domingo 30. Ciclo A.

Domingo, 26 de octubre de 2014

love-neighborDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj: 

¿Cuál es el mandamiento principal? Muchos católicos responderían: «Ir a misa el domingo». Los que piensan así probablemente no irán a misa este domingo. A los que piensen de otro modo y vayan, les gustará recordar lo que pensaba Jesús.

El problema de los contemporáneos de Jesús

En los domingos anteriores, diversos grupos religiosos se han ido enfrentado a Jesús, y no han salido bien parados. Los fariseos envían ahora a un especialista, un doctor de la Ley, que le plantea la pregunta sobre el mandamiento principal. Para comprenderla, debemos recordar que la antigua sinagoga contaba 613 mandamientos (248 preceptos y 365 prohibiciones), que se dividían en fáciles y difíciles: fáciles, los que exigían poco esfuer­zo o poco dinero; difíciles, los que exigían mucho dinero (como honrar padre y madre) o ponían en peligro la vida (la circuncisión). Generalmente se pensaba que los importantes eran los difíciles, y entre ellos estaban los relativos a la idolatría, la lascivia, el asesinato, la profanación del nombre divino, la santificación del sábado, la calumnia, el estudio de la Torá.

¿Se puede reducir todo a uno?

Ante este cúmulo de mandamientos, es lógico que surgiese el deseo de sintetizar, de saber qué era lo más importante. Este deseo se encuentra en una anécdota a propósito de los famosos rabinos Shammai y Hillel, que vivie­ron pocos años antes de Jesús. Una vez llegó un pagano a Shammai y le dijo: «Me haré prosélito con la condición de que me enseñes toda la Torá mien­tras aguanto a pata coja». Shammai lo despidió amenazándolo con una vara de medir que tenía en la mano. El pagano acudió entonces a Hillel, que le dijo: «Lo que no te guste, no se lo hagas a tu prójimo. En esto consiste toda la Ley, lo demás es interpreta­ción” (Schabat 31a). También el Rabí Aquiba (+ hacia 135 d.C.) sintetizó toda la Ley en una sola frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo; este es un gran princi­pio general en la Torá».

La novedad de Jesús

Mateo había puesto en boca de Jesús una síntesis parecida al final del Sermón del Monte: «Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos, porque eso significan la Ley y los Profetas» (Mt 7,12). Pero en el evangelio de hoy Jesús responde con una cita expresa de la Escritura:

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

̶ Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

Él le dijo:

̶  Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

            «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente» (Deuteronomio 6,5). Son parte de las palabras que cualquier judío piadoso recita todos los días, al levantarse y al ponerse el sol. En este sentido, la respuesta de Jesús es irreprochable. No peca de originalidad, sino que aduce lo que la fe está confesando continuamente.

            La novedad de la respuesta de Jesús radica en que le han preguntado por el manda­miento principal, y añade un segundo, tan importante como el primero: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Levítico 19,18). Una vez más, su respuesta entronca en la más auténtica tradición profética. Los profetas denunciaron continuamente el deseo del hombre de llegar a Dios por un camino individual e intimista, que olvida fácilmente al prójimo. Durante siglos, muchos israelitas, igual que muchos cristianos, pensaron que a Dios se llegaba a través de actos de culto, peregrinaciones, ofrendas para el templo, sacrificios costosos… Sin embargo, los profetas les enseñaban que, para llegar a Dios, hay que dar necesariamente el rodeo del prójimo, preocuparse por los pobres y oprimidos, buscar una sociedad justa. Dios y el prójimo no son magnitudes separables. Tampoco se puede decir que el amor a Dios es más importante que el amor al prójimo. Ambos preceptos, en la mentalidad de los profetas y de Jesús, están al mismo nivel, deben ir siempre unidos. «De estos dos mandamientos penden la Ley entera y los Profetas» (v.40).

El prójimo son los más pobres (1ª lectura)

            En esta misma línea, la primera lectura es muy significativa. Podían haber elegido el texto de Deuteronomio 6,4ss donde se dice lo mismo que Jesús al principio: «Escucha, Israel, el Señor tu Dios es uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón…» Sin embargo, han elegido un texto del Éxodo que subraya la preocupación por los inmigrantes, viudas y huérfanos, que son los grupos más débiles de la sociedad (la traducción que se usa en España dice los «forasteros», pero en realidad son los inmigrantes, los obligados a abandonar su patria en busca de la supervivencia, marroquíes, senegaleses, rumanos, etc.). Luego habla del préstamo, indicando dos normas: si se presta dinero, no se pueden cobrar intereses; si se pide el manto como garantía, hay que devolverlo antes de ponerse ponerse el sol, para que el pobre no pase frío. Es una forma de acentuar lo que dice Jesús: sin amor al prójimo, sobre todo sin amor y preocupación por los más pobres, no se puede amar a Dios.

Así dice el Señor: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos. Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

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“La seducción de Jesús: el mensaje subversivo”, por José Arregi, teólogo

Domingo, 26 de octubre de 2014

MESIASEnviado a la página web de Redes Cristianas

Queridos amigos y amigas: como ya sabéis el pasado fin de semana celebramos en Madrid las Jornadas de Cristianos por el Socialismo.

Este año nos hemos centrado en la figura de Jesús. Os adjunto las ponencias de Xosé Arregui y José María García Mauriño. También un documento que nos ha hecho llegar Benigno sobre el empobrecimiento de la clase trabajadora en nuestro país. Espero que los documentos sean de vuestro interés.

Aprovecho para comunicaros la triste noticia del fallecimiento de nuestro compañero y amigo de las Jornadas de C.P.S., Alfredo Tamayo S.J. de San Sebastián. Su recuerdo permanecerá entre nosotros

El título que se me ha propuesto habla a la vez de seducción y subversión. A primera vista, podrían parecer conceptos alejados entre sí. Seducir es cautivar el ánimo, y cautivar el ánimo parece más propio de un bello galán agraciado de palabra y de modales que de un subversivo provocador.

Jesús fue un subversivo y un provocador. No sabemos nada de su físico ni tenemos informe psicológico alguno de su personalidad, pero no fue ciertamente un galán seductor. No le interesaban las apariencias, ni le importaba la opinión ajena, ni cuidaba los modales. Eso sí, estaba dotado, como observa el evangelio de Marcos, de “autoridad”: esa fuerza de atracción, que emanaba de una persona y que puede ser irresistible.

De Jesús emanaba esa fuerza en todos sus gestos. Y en su palabra. Era un genio de la palabra, lleno de imaginación creadora y de recursos retóricos: el aforismo y la máxima, la paradoja y la antítesis, la comparación y la parábola, que es una comparación desarrollada en forma de cuento. El mensaje y el estilo se fundían. Poseía el don de adecuar el estilo al contenido. Era incisivo sin ser mordaz, polémico sin ser agresivo. Sabía combinar a la perfección aspereza y dulzura, denuncia y evangelio. Su buena noticia provocaba conflicto, pero el conflicto se transformaba en gracia transformadora para quien estuviera dispuesto a cambiar de corazón, a dejarse seducir desde lo mejor para lo mejor.

Si alguna vez la muchedumbre del pueblo prendada de él, pronto se desengañó. Su propuesta no respondía a las expectativas de la masa. El poder religioso fue el primero en alarmarse: Jesús trastocaba demasiadas cosas, y era un peligro para el sistema religioso y para el equilibrio político. Es verdad que el poder imperial romano no se sentía demasiado amenazado por un profeta marginal no violento, pero más valía intervenir a tiempo y cortar por lo sano: tuvieron muy pocos reparos para dar por buena la acusación del Sanedrín judío: crucificaron, pues, a Jesús, dejando libres a sus discípulas y discípulos. Pero la llama de Jesús que había prendido en ellas, en ellos, no se apagó.

Aquí estamos hoy. La llama de la esperanza subversiva sigue viva, a pesar de todo. Queremos cuidar ese fuego de indignación y de paz, de bienaventuranza y rebeldía, para hacer frente a la codicia insaciable del Mercado –el peor de los terrorismos, la peor de las epidemias, mucho peor que el ébola–, para cuidar lo mejor de nosotros, para cuidar a las hermanas y hermanos que perecen, para cuidar la tierra y la vida amenazada de todos los vivientes, para curar y salvar la Vida.

Jesús nos inspira y nos impulsa. Inspirar e impulsar, impulsar desde la inspiración: eso es seducir en el mejor sentido de la palabra. Y para eso estamos aquí.

1. ¿Nos seduce Jesús porque su subversión fuera acabada?

¿Imagináis a Jesús como un hombre perfecto? ¿Y qué es un hombre perfecto? Un cuerpo perfecto no existe, aunque en otro sentido se podría decir que todo cuanto existe –una flor, una abeja, y no digamos un niño con síndrome de Down– es maravilloso y perfecto dentro de su limitación. Todos somos limitados, y Jesús también lo fue. Por ejemplo, un Jesús físicamente perfecto, sin limitación ni dolencia, no sería humano.

¿Lo sería un Jesús de inteligencia perfecta, que no sabemos ni en qué consiste? Por grande que fuera, aunque fuera muy superior a la de Sócrates, Leonardo da Vinci, Newton o Einstein, la inteligencia de Jesús sería la de un individuo de la especie humana Homo Sapiens, con una determinada capacidad cerebral y un determinado grado en el ejercicio de la misma. Si dentro de miles o de millones de años –por mutación natural o por tecnología genética o neuronal– aparece alguna especie (tal vez exista ya en el universo) con una capacidad cerebral muy superior al Homo Sapiens actual, esa especie podrá ser más inteligente que Jesús, Homo Sapiens judío de hace dos mil años, con 1.400 cm3 de cerebro, como nosotros.

Y así con todo. ¿O necesitamos pensar que Jesús estaba dotado de una psicología perfectamente equilibrada, y que nunca sintió angustia ni tuvo sentimiento negativo alguno para consigo o los demás, como nos pasa a todos? Ya nos gustaría tener el equilibrio y la espontaneidad, la firmeza y la ternura, la fortaleza y la sensibilidad de Jesús. Pero alguna vez aparecerá o haremos que aparezca un cerebro más logrado que el de esta especie que somos (y que fue Jesús), esta especie que sigue funcionando todavía en buena parte según los mecanismos “primitivos” del cerebro reptil, y que sigue sintiendo todavía los miedos, las rabias y las tristezas propias del viejo cerebro mamífero. También Jesús lo sintió. Espero que algún día pueblen nuestro querido planeta unos seres –humanos o no– que posean en un grado infinitamente mayor esas cualidades que llamamos “personales”: que sean más conscientes de su verdadero ser, más libres para hacer el bien, más felices siendo solidarios y más solidarios cuanto más felices.

¿Y pensáis que la espiritualidad de Jesús fue perfecta, es decir, que alcanzó la Conciencia plena, o que vivió en plenitud de paz y de armonía consigo mismo, con todos los seres, con el Todo o con Dios? También la espiritualidad depende y emerge del conjunto de todas las condiciones constitutivas del ser viviente en su relación.

Pues bien, ¿nos seduce menos Jesús porque no fuera perfecto? ¿Y necesitamos que fuera un revolucionario perfecto para dejarnos inspirar y animar, impulsar por él? No, no nos seduce menos porque muchos días sintiera miedo y desaliento, o duda y angustia, ni porque otros muchos días sintiera rivalidad o incluso resentimiento u otros sentimientos negativos, ligados todos ellos a nuestras conexiones neuronales… Y tampoco nos seduce menos porque no hubiera curado todas las enfermedades ni denunciado todas las injusticias sin desfallecer jamás. No nos seduce menos porque no hubiera llevado a cabo la subversión o la revolución acabada.

No nos seduce porque fuera un ser divino del cielo, enviado por Dios. Nos seduce porque fue un hombre de carne y hueso como nosotros, y porque alcanzó un grado de humanidad, de compasión y libertad, de sensibilidad y compromiso, que está en nuestras manos alcanzar. Jesús fue y sigue siendo profeta, sacramento, símbolo o encarnación de la Compasión liberadora y creadora. Por haber sido tan humano le confesamos divino, y en él reconocemos nuestro ser más verdadero y nuestra vocación más alta, con todas nuestras limitaciones, que fueron también las suyas en un grado o en otro.

2. Lo que vieron sus ojos. Una subversión de la mirada

La subversión de Jesús empezó en su manera de ver la realidad y de dejarse afectar por ella. La subversión de la vida comienza por la subversión de la mirada, y a la inversa. El corazón siente de acuerdo a lo que ven los ojos, pero los ojos ven de acuerdo a lo que siente el corazón. La realidad subvierte la mirada, y la mirada subvierte la realidad. Ojos que no ven corazón que no siente. Pero los ojos no ven cuando el corazón no siente.

Los ojos de Jesús vieron mucho dolor, y sus entrañas se conmovieron. Vio a su pueblo despojado de la tierra y del mar; la tierra sagrada de los padres pisoteada por la bota del imperio romano, y el mar de Galilea en “mar de Tiberíades”, una ciudad construida y habitada por romanos.

Vio la cultura secular de su pueblo amenazada por el helenismo global imperante; la identidad de las raíces ahogada por el frío universalismo del poder romano.

Vio a Herodes Antipas, rey vasallo de Roma, doblar los impuestos para sufragar sus obras monumentales y hacer méritos ante el poder imperial; y a las familias ahogadas por las deudas y el hambre. Vio a campesinos vender sus parcelitas de tierra y convertirse en arrendatarios, y a arrendatarios que no podían pagar las rentas vio convertirse en asalariados o esclavos.

Vio cómo la explotación, el desempleo, los impuestos excesivos y las deudas impagables enfermaban a la gente. Vio los caminos llenos de enfermos, abandonados a la caridad de los transeúntes. Leer más…

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“Familia: ¿Qué quiere la Iglesia?”, por José María Castillo, teólogo

Domingo, 26 de octubre de 2014

Dios es FamiliaDe su blog Teología sin Censura:

¿Qué quiere resolver la Iglesia en lo que se refiere a los problemas que más preocupan ahora mismo a la familia? Como es lógico, lo primero que llama la atención – y resulta difícil de explicar – es que los problemas que ha tratado el Sínodo no son los que más interesan y preocupan a la gran mayoría de las familias del mundo. El angustioso problema de la vivienda, el problema de un jornal o un sueldo con el que llegar dignamente a fin de mes, el problema de la salud y de la seguridad social, el de la educación de los hijos. Por lo menos, estos asuntos tan graves y que tanto angustian a la gente no han estado – que sepamos – como problema centrales en el orden del día de ninguna de las comisiones o de las sesiones del Sínodo.

Esto da pie para pensar o quizá sospechar – al menos, en principio – que quienes han preparado y organizado los trabajos del Sínodo son personas que pueden dar la impresión de que viven más preocupadas por los dogmas católicos y la moral, que predica el clero, que por los sufrimientos y humillaciones que están soportando muchas más familias de las que imaginamos. No hay que ser ni un sabio ni un santo para darse cuenta de esto. Para hacerse lógicamente la pregunta que acabo de plantear. Y que nadie me diga que los asuntos, que acabo de apuntar, son problemas que tienen que ser resueltos por economistas y por políticos. Por supuesto, lo que he dicho es asunto que concierne directamente a la economía y a la política. Pero, ¿sólo a economistas y políticos? Y entonces, ¿el sufrimiento, la dignidad, la seguridad y los derechos de la gente, los derechos fundamentales de las familias, no nos tienen que interesar, ni por ellos podemos ni tenemos que hacer nada?

Esta es la primera gran cuestión que, a mi modesto entender, tendría que interesar sobre todo – y antes que ninguna otra cosa – a la Iglesia, especialmente a sus dirigentes. Lo digo con tiempo, cuando todavía tenemos un año por delante para llegar a las conclusiones finales del Sínodo.

Pero, viniendo ya a los problemas que el Sínodo ha tratado, mi pregunta es la siguiente: a la Jerarquía de la Iglesia, ¿qué es lo que más le interesa y le preocupa? ¿gente que “se quiere”? o ¿gente que “se somete”? Confieso que estas preguntas se me han ocurrido pensando y recordando lo que yo mismo estoy viendo en el mundo eclesiástico desde hace más de 60 años, es decir, desde que ando metido en ambientes clericales. Lo mismo en España que fuera de España, lo que yo he palpado, en los ambientes de Iglesia, es que los problemas de la economía y los asuntos sociales no suelen preocupar demasiado. Porque normalmente tales problemas (en las instituciones eclesiásticas) están resueltos. Mientras que los asuntos relacionados con la ortodoxia dogmática (sumisión a la Jerarquía) y con el sexo (observancia de la moral), no sólo suelen ser muy preocupantes, sino que con frecuencia resultan casi obsesivos o rozando la obsesión. La consecuencia, que se suele seguir de este estado de cosas, y que la gente nota mucho, está a la vista de todos: los obispos no suelen hablar (o se limitan a alusiones genéricas) sobre la corrupción política y sus consecuencias, mientras que esos mismos obispos suelen poner el grito en el cielo si lo que se plantea es el problema de los matrimonios entre personas homosexuales o, en general, cuestiones relacionadas con el sexo. De ahí, por poner un ejemplo, la diferencia de trato que reciben, en tantos confesionarios, los capitalistas y banqueros o los gays y lesbianas.

Todo esto nos lleva – me parece a mí – a una pregunta mucho más radical: ¿por qué las religiones afrontan de manera tan distinta los problemas relacionados con “la propiedad de los bienes” y los problemas que se refieren al “cariño entre las personas”? Desde el punto de vista de la sociología, uno de los especialistas más reconocidos en esta materia, Anthony Giddens, ha escrito: “La familia tradicional era, sobre todo, una unidad económica. La producción agrícola involucraba normalmente a todo el grupo familiar, mientras que entre las clases acomodadas y la aristocracia la transmisión de la propiedad era la base principal del matrimonio. En la Europa medieval el matrimonio no se contraía sobre la base del amor sexual, ni se consideraba como un espacio donde el amor debía florecer” (Un mundo desbocado, pg. 67-68).

En realidad, “la propiedad de los bienes” (y no “el cariño entre las personas”), como factor determinante de la familia tradicional, viene de más lejos y tiene su origen en otra fuente: el Derecho. Como es sabido, la familia era la unidad que interesaba al primer Derecho romano. Este Derecho no se ocupaba de lo que ocurría dentro de la familia. Las relaciones entre sus miembros eran un asunto privado, en el que la comunidad no intervenía. La familia estaba representada por su cabeza, el paterfamilias, en el que se concentraba toda la propiedad familiar. Y todos sus descendientes, en línea paterna estaban bajo su control. Cualquier hijo no dejaba de estar bajo su poder. Más aún, un hijo no dejaría de estar bajo el poder de su padre hasta que llegase a adulto e incluso, hasta que no muriese el padre, no podría tener propiedades por sí mismo. Consecuentemente toda la propiedad familiar se mantenía unida y los recursos de la familia, como un todo, se reforzaban (Peter G. Stein, El Derecho romano en la historia de Europa, pg. 7-8). Lo notable es que la Iglesia hizo plenamente suyo este Derecho. De forma que, por ejemplo, el concilio de Sevilla, del año 619, califica al Derecho romano como lex mundialis, es decir la ley por antonomasia a la que tendrían que someterse todos los pueblos (cf. E. Cortese, Le Grandi Linee della Storia Giuridica Medievale, pg. 48).

Pues bien, en este contexto de ideas y de leyes, resulta comprensible y lógico que la Iglesia, a medida que se fue acomodando a la cultura y al Derecho heredado del Imperio romano, en esa misma medida fue asumiendo e integrando en su vida y en su sistema organizativo lo que era común a las demás religiones. Me refiero a lo que, con razón, ha dicho uno de los más reconocidos especialistas en esta materia: “La religión es generalmente aceptada como un sistema de rangos, que implica dependencia, sumisión y subordinación a superiores invisibles” (Walter Burkert, La creación de lo sagrado, pg. 146). De ahí que las teologías y los rituales de las religiones, si en algo insisten y en algo son semejantes los unos a los otros, es precisamente en cuanto afecta a la “sumisión”. Y conste que, por lo que afecta concretamente a esta sumisión, los rituales que la crean, la fomentan y la mantienen, “no están limitados a una religión particular, sino que se encuentran en todo el planeta, y se puede demostrar que algunos de ellos son prehumanos” (o. c., pg. 156). La sumisión, desde las sociedades prehumanas, se expresa creando la impresión que uno produce al inclinarse, arrodillarse, tirarse al suelo, arrastrarse, en suma, todo lo que es “no agrandarse”. Y está demostrado que los rituales religiosos coinciden todos en esto (K. Lorenz, On Aggression, Nueva York, 1963, pg. 259-264; I. Eibl-Eibesfeldt, Liebe und Hass: Zur Naturgeschichte elementarer Verhaltensweisen, Munich, 1970, pg. 199 ss).

Ahora bien, lo más sorprendente, en todo este asunto, es comparar estos supuestos básicos de la familia y de la religión con los relatos de los evangelios que, repetidas veces, se refieren tanto a la familia como a la religión. Sabemos, en efecto, que Jesús, lo mismo en lo que se refiere a la familia como en lo que respecta a la religión, asumió públicamente y sin ambigüedades una actitud sumamente crítica. Me explico.

Por lo que afecta a la religión, los evangelios nos informan de los enfrentamientos y conflictos constantes y crecientes que tuvo Jesús con los dirigentes religiosos y sus rituales. A esto se refieren los enfrentamientos con escribas y fariseos, con los sumos sacerdotes y senadores, incluso con el mismo Templo de Jerusalén. Hasta terminar siendo detenido por las autoridades religiosas, acabando en el juicio, la condena y la ejecución violenta en el tormento de los crucificados, los “lestaí” (Mc 15, 27; Mt 27, 38), es decir, no los simples ladrones, sino los rebeldes políticos, como explica F. Josefo (H. W. Kuhn: TRE vol. 19, 717). Jesús fue el hombre más profundamente religioso que podamos imaginar. Pero la religión de Jesús quedó desplazada del modelo establecido: su religión (como el Dios que representaba) no estuvo centrada en “lo sagrado”, sino en “lo humano”. Esto es capital para entender el Evangelio Y sin embargo, esto no es central para entender la Teología cristiana. Ni esto es tampoco el centro de la vida de la Iglesia.

Por lo que se refiere a la familia, es seguro que las relaciones de Jesús con su propia familia fueron tensas y complicadas: sus parientes lo tuvieron por loco (Mc 3, 21) y no creían en él, incluso lo despreciaban (Mc 6, 1-6; cf. Jn 7, 5). Por otra parte, lo primero que Jesús les exigía, a quienes pretendían seguirle, era abandonar la propia familia (Mt 8, 18-22; Lc 9, 57-62). Y cuando un día le dijeron que le buscaban su madre y sus hermanos, la respuesta de Jesús fue decir que su madre y sus hermanos son los que escuchan y cumplen lo que Dios quiere (Mc 3, 31-35; Mt 12, 46-50; Lc 8, 19-21). Pero Jesús, en lo que se refiere a las relaciones con la familia, llegó más lejos. Porque se atrevió a decir que él no había venido a traer paz, sino espadas, división y conflicto, precisamente entre los miembros de la propia familia (Mt 10, 34-42; Lc 12, 51-53; 14, 26-27). Es más, Jesús llegó a tocar en lo intocable de aquel modelo de familia: “No llaméis “padre” a nadie en la tierra” (Mt 23, 9). Una prohibición tan fuerte, en aquella cultura, que llegó a desmontar el eje mismo de aquel modelo de relaciones familiares. Los grandes, los importantes, no son los “padres” y “jerarcas”, sino los “niños”, los “pequeños”: el reinado de Dios es de los que se hacen como ellos (Mt 19, 14).

¿Qué quiere decir todo esto? ¿Dónde está el fondo del asunto? Las relaciones de parentesco no son libres, sino que nos son dadas e impuestas a cada ser humano que viene a este mundo. Por el contrario, las relaciones comunitarias y de amistad, dado que nacen de convicciones libres y de sentimientos que cada cual acepta libremente, son siempre relaciones que se basan en la libertad humana y se mantienen por la fuerza de la decisión libre. Lo más bello, lo más gratificante y lo más motivador de la relación de fe y confianza en el otro, y en Dios, es que siempre es posible porque es una relación libre. De tal manera que lo determinante, en este modelo de familia y de grupo, no es la sumisión, ni al “poder represivo”, ni al “poder seductor” (Byung-Chul Han), sino que lo decisivo es la fe y la confianza, en el encuentro (con el Otro, con los otros, con alguien en concreto) mediante la “relación pura” (A. Guiddens), que se basa en la comunicación emocional. La forma de comunicación en la que las recompensas derivadas de la misma son la base primordial para que tal comunicación pueda mantenerse y perdurar. Por esto precisamente la experiencia nos dice que donde hay cariño verdadero, por eso mismo hay libertad, mientras que donde hay religión (centrada en lo ritual y lo sagrado) hay sumisión.

Ahora bien, supuesto lo dicho en esta (ya demasiado prolongada) reflexión, vuelve la pregunta inicial: ¿Qué quiere la Iglesia con todo lo que ha removido a propósito de la familia? Por supuesto, el papa Francisco, al convocar y programar el Sínodo de la Familia, ha querido responder a problemas apremiantes que tienen planteados miles de familias en todo el mundo. Pero es de suponer que el papa Francisco, al convocar este Sínodo, exigiendo libertad para hablar de los problemas y transparencia para informar de lo que se ha hablado en las sesiones sinodales, lo que ha hecho ha sido poner en marcha, sin posible vuelta atrás, un proceso de apertura de la Iglesia a los problemas reales y concretos que, en este momento histórico, se nos plantean a todos.

Pero lo que ha ocurrido es que, no sólo se ha puesto en marcha este proceso, sino que, además de eso, el mundo se ha enterado de que en la Iglesia persiste muy vivo un sector importante de clérigos (de todos los rangos) y de laicos que identifican las creencias cristianas con posiciones inmovilistas e intolerantes que, además, desde el punto de vista de la más documentada, sana y ortodoxa teología, son posiciones indemostrables. Y, por tanto, posiciones que ocultan pretensiones inconfesables de poder y autoridad que se orientan más a mantener intacta la “sumisión” de los fieles que a fomentar la “libertad” que brota del cariño entre los seres humanos.

La situación es delicada. Hay que evitar, a toda costa, un nuevo cisma en la Iglesia. Pero no podemos estar incondicionalmente con quienes identifican el cristianismo con una religión centrada en la observancia de rituales sagrados, que produce obsesivamente sumisión a jerarquías ancladas en un pasado y en una cultura que ya no son ni nuestro tiempo, ni la cultura en que vivimos. Un cristianismo así, produce personas muy religiosas y un clero fiel a jerarquías eclesiásticas que se identifican más con los privilegios que le ofrece el poder político que con la libertad indispensable para lograr una sociedad más justa en la que todos los ciudadanos podamos vivir en justicia e igualdad de derechos. Si nuestro proyecto de vida quiere ser fiel a Jesús y a su Evangelio, no tenemos más camino que la apertura al futuro que entre todos tenemos que construir. Es más, si de verdad queremos a la Iglesia y ser fieles a la ”memoria peligrosa” de Jesús, los cristianos tenemos, en el camino que nos está abriendo y trazando el papa Francisco, el itinerario cierto que nos lleva al fin que anhelamos.

José M. Castillo

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Sistach afirma que el Sínodo “ha abierto rendijas” para “encontrar respuestas pastorales” a gays y divorciados vueltos a casar… y otros gestos cardenalicios.

Domingo, 26 de octubre de 2014

martinez_sistach_470x350_470x350Sr. Cardenal… no pedimos “resquicios”, sino que abran las puertas de una vez…

“El Papa me ha dicho que continúe, pues sigo. Me siento joven y con ganas de servir”

Reconoce que hubo “sensibilidades diferentes” y que se vivieron “momentos de tensión”

Leemos en Religión Digital: “El Sínodo ha abierto rendijas en la Iglesia que permitirán encontrar respuestas pastorales a temas como los divorciados vueltos a casar, o la acogida a los homosexuales. En su primera entrevista tras participar en el Sínodo, que emitirá este domingo Els Signes dels Temps (TV3), Al margen de este tema, y preguntado sobre su relevo al frente de la diócesis de Barcelona, el cardenal Martínez Sistach dice: El Papa me ha dicho que continúe, pues sigo. Me siento joven y con ganas de servir a la Iglesia, donde sea”.

Martínez Sistach afirma: “Yo digo que hay unas rendijas, de posibles soluciones . Y pienso que durante el próximo año, hasta la asamblea de octubre de 2015, los entendidos, teólogos, biblistas, canonistas… deberán analizar cada una de estas rendijas, posibles respuestas pastorales, por si tienen un fundamento que realmente el magisterio lo permite o no , que el papa puede hacerlo o no puede hacerlo “ . El cardenal de Barcelona cree que “estos resquicios se estudiarán en profundidad y quizás algunas sí podrán dar resultado” .

Sobre las sesiones de trabajo, Sistach explica que se celebraron en un clima de “comunión, fraternidad y pastoralidad“, pero reconoce que había sensibilidades diferentes” y se vivieron momentos de “tensión” . El cardenal reconoce que dentro de la Iglesiahay opiniones y posturas un poco opuestas o muy contrapuestas. Hay un cierre o una apertura, pero una apertura siempre con fidelidad a la Palabra de Dios”.

Sobre el tema de los divorciados vueltos a casar, ha dicho que los padres sinodales han intentado armonizar la fidelidad a la indisolubilidad del matrimonio con la misericordia hacia estas personas. La entrevista se emitirá este domingo, a las diez de la mañana, en El Signes dels Temps

Mons. Martin Currie: “ojalá que podamos encontrar acomodo a las parejas homosexuales” en la Iglesia

nl-martin-currie-101En una entrevista concedida a la CBC, el arzobispo de St. John Newfoundland (Canadá) afirmó: “Ojalá encontremos acomodo para que las uniones del mismo sexo sean aceptadas y respetadas y puedan formar parte de la vida de la Iglesia”. Al ser preguntado por LifeSiteNews sobre dichas declaraciones, el prelado argumenta que quiere “evitar alienar a esas parejas en la Iglesia” al mismo tiempo que, sin que se le mencionara el asunto, asegura que no tiene “un solo hueso gay en mi cuerpo“.

En dos ocasiones LifeSiteNews ha requerido de Mons. Currie una posible aclaración de sus palabras. En una primera respuesta, el prelado afirma: “yo mantengo la enseñanza de la Iglesia. No acepto matrimonios del mismo sexo. Cualquier cosa que enseñe la Iglesia, lo apoyo. He disciplinado a gente por ir a bodas entre homosexuales”. Sin embargo, no quiso desmentir lo indicado en la entrevista a la CBC, raficándose en ello: “soy un hijo leal de la Igleisa y no he dicho nada más que no haya sido dicho por otros en el Sínodo”.
Problema pastoral

Y luego ha razonado sus tesis: “Mi problema es pastoral. ¿Cómo manejamos la cuestión de los hijos de las parejas del mismo sexo? ¿les negamos el bautismo? Tengo dificultad para aceptar eso“. Y añade: “Hemos perdido familias por eso. Hay una necesidad pastoral de acogerles, no necesariamente a la pareja del mismo sexo por sí misma, sino al resto de su familia que creen que la postura de la Iglesia es rígida y dura”. Preguntado por el texto de la primera relatio del Sínodo, que fue rechazado, en el que se aseguraba que “las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana”, el arzobispo comparte esa idea: “yo creo que algunos tienen dones que ofrecer. Algunos que conozco tienen el don de la música, por ejemplo”

Mons. Luis Agusto Castro indica que “acoger a las personas homosexuales tiene que ser lo más obvio para la iglesia y las familias cristianas” pero no significa aceptar el matrimonio gay

Mons-luis-augusto-Castro-GDEl Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), Mons. Luis Augusto Castro, señaló recientemente que es parte de la tarea de la Iglesia y las familias cristianas el acoger a las personas homosexuales, sin embargo descartó que esto signifique aceptar el matrimonio igualitario.

En declaraciones recogidas por el diario El Tiempo, tras retornar a Colombia de su participación en el Sínodo Extraordinario sobre la Familia, en el Vaticano, Mons. Luis Augusto Castro señaló que no se pueden dar conclusiones, pues el sínodo se divide en dos partes y la segunda se cumplirá el año próximo. “Tenemos un año para reflexionar sobre toda esta temática y luego sí conocer las conclusiones que el papa Francisco nos dará”, dijo.Monseñor Castro resaltó el mensaje del sumo pontífice de no tener miedo a la novedad y abrirse a nuevas formas para ayudar a la familia, e insistió en que se debe mirar hacia otras formas de familia y no pasar como si solo interesara las que están bien constituidas. “Hay familias que viven así no más, sin matrimonio, pero puede haber amor, responsabilidad, sacrificio; a estas hay que ayudarlas también. Y a las que han optado por su matrimonio civil,  también hay que ayudarlas”, dijo.

Frente a los homosexuales, el presidente de la Conferencia Episcopal dijo que hay que acogerlos.Acoger a las personas homosexuales tiene que ser lo más obvio para la iglesia y las familias cristianas. Muchas son personas de fe, están unidas a la iglesia, trabajan en la pastoral y se pueden sentir rechazadas por la iglesia. Lejos estamos de tener una actitud de discriminación o rechazo”, apuntó. Sin embargo, dejó claro que el trato no se puede confundir con aceptar el matrimonio entre personas del mismo sexo. “Eso es otra cosa, una sociedad que se quiere formar, pero nunca la pondremos al nivel del matrimonio cristiano. Estas personas son dignas, las unas como las otras. Ese afecto y comprensión hay que tenerlos con todas”, insistió.

Donde sí hubo una posición más flexible fue con los divorciados. Monseñor Castro confirmó que la iglesia busca cómo favorecer a la familia en procesos como el de anulación matrimonial, que hoy puede tardar dos o tres años. Dijo que planteó reducir esos procesos para hacerlos más sencillos y rápidos. Explicó, además, que hoy en día la anulación matrimonial afronta una doble instancia que alarga las cosas. Una propuesta fue dejarla en una sola, algo que se va a estudiar. Así mismo, señaló que cifras indican que de los matrimonios civiles el 86 por ciento se divorcia, mientras que de los católicos, solo el 14 por ciento se divorcia. Por eso, el llamado de la Iglesia es mirar otras formas de familia, que están en proceso de formación, para ayudarlas a que opten por el sacramento del matrimonio.

 

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“Carta abierta al Papa Francisco”. 118 firmas

Domingo, 26 de octubre de 2014

papa-corderoYa habíamos informado acerca de este asunto y que ahora leemos en Reflexión y Liberación:

En el GAM de Santiago, se conoció la misiva respaldada por más de cien personalidades del mundo de la Cultura, la Economía y de los Derechos Humanos

Carta abierta al Papa Francisco

Ante hechos recientes que desconciertan al Pueblo de Dios en Chile

Querido Hno. Papa Francisco:

Junto con agradecer la esperanza que Ud. ha traído de vuelta a la Iglesia universal, un grupo de cristianos estimamos conveniente ejercer nuestra corresponsabilidad laical, y solicitar respetuosamente su atención a un hecho que ha conmocionado a la opinión pública de nuestro país: la acusación, desmentidos, aclaraciones y retractaciones de altos dignatarios de la Iglesia que han producido desconcierto, confusión y división en el Pueblo de Dios, derivado de una investigación canónica contra tres insignes sacerdotes.

La prensa ha informado de una investigación canónica, motivada por opiniones públicas personales que expresan: apoyo a reformas que se discuten en el Congreso Nacional; acogida a marginados por su condición sexual; comprensión a mujeres que sucumben dramáticamente abortando a un hijo en gestación; y acompañamiento en el discernimiento moral.

Sin inmiscuirnos en cuestiones canónicas, vemos que lo ocurrido no es un hecho aislado, sino el síntoma de una grave crisis que vive nuestra Iglesia chilena en general, y la Iglesia de Santiago en particular. Por eso, consideramos necesario compartir una mirada objetiva de la situación de nuestra Iglesia, ofreciendo de paso un testimonio de la vida sacerdotal de los hermanos cuestionados.

1. «Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio» EG48

puga_560x280Los sacerdotes involucrados – padres José Aldunate SJ, Mariano Puga y Felipe Berríos SJ – se han ganado el cariño y respeto de la mayoría de los chilenos. Ellos son el rostro comprometido y acogedor de una Iglesia cercana a los pobres y perseguidos. Ellos son referentes morales y personas creíbles por su coherencia evangélica, cautivando a multitud de niños, jóvenes y adultos, sin distinción de clase, credo ni ideología.

Es sabido que la voz de estos sacerdotes incomoda, entre ellos, a algunos obispos y a grupos vinculados a la Iglesia que ejercen poder.

2. «Deseo de escuchar a todos y no sólo a algunos que le acaricien los oídos» EG 31

La opinión pública ha sido testigo, con no poca perplejidad, de un pudoroso conflicto entre el arzobispo de Santiago, cardenal Ricardo Ezzati Andrello, y el nuncio apostólico, monseñor Ivo Scápolo. Mientras el cardenal desconoce responsabilidad y endosa culpas a la nunciatura, monseñor Scápolo actúa con prudencial sigilo.

Entre los antecedentes objetivos disponibles hay constancia de la investigación canónica, así como de la difusión de los hechos en una reunión del clero de Santiago presidida por el cardenal arzobispo.

Se instala así la duda, la intriga y la desconfianza, invadiendo el alma del Pueblo de Dios que, confundido, contempla el Cuerpo Místico de Cristo herido.

3. «La gloriosa libertad de los hijos de Dios.» Rm 8,22b

Con estos hechos se impone la censura a la libertad de opinión y se revela un rasgo de la Iglesia preconciliar, jerárquica y piramidal. Queda también en evidencia el indebido respeto por la conciencia ajena.

Como un hecho persistente, vemos en la Iglesia de Santiago un nocivo ambiente de desconfianza y de miedo que inhibe la libertad de los hijos de Dios, afectando particularmente al clero y a la vida religiosa. Ello, es consecuencia de un estilo de liderazgo autoritario de público conocimiento: “Hace un par de meses en reunión con sus vicarios del Arzobispado consultó: «¿Es verdad que me ven como alguien autoritario?» Los vicarios se miraron y negaron el hecho porque asumen que su estilo ejecutivo que imprime en su gestión es parte de su personalidad”. (Diario La Segunda, 22 de Agosto de 2014).

4. «¡El dinero debe servir y no gobernar!» EG 58

En la Iglesia chilena, vemos opacidad económica que afecta su imagen pública. Los fieles tenemos derecho a conocer con transparencia las fuentes de financiamiento y los gastos de nuestra Iglesia, así como la administración de su patrimonio y los vínculos comerciales con algunos grupos económicos. Nuestra Iglesia necesita liberarse del apego al poder del dinero, que inhibe la libertad evangélica de los pastores.

A modo de ejemplo, está la demanda judicial de una familia contra el Arzobispado de Santiago por 200 millones de dólares, por la supuesta apropiación indebida de parte de la propiedad de la filial de SOPROLE, Sociedad Procesadora de Leche del Sur S.A. (El Mostrador, 21 de noviembre de 2013).

5. «No a la mundanidad espiritual» EG 97

Vemos con preocupación que un emblemático edificio institucional, inaugurado en Diciembre de 2013 en el campus San Andrés de la Pontificia Universidad Católica de la Santísima Concepción, lleve el nombre de Monseñor Ricardo Ezzati Andrello y haya sido inaugurado por él mismo. (http://noticias.iglesia.cl/noticia.php?id=22992.

6. «Cada pueblo, en su devenir histórico, desarrolla su propia cultura con legítima autonomía» EG 115

Vemos que no se respeta la autonomía del Estado, como cuando el arzobispo de Santiago hacía lobby privado ante el gobierno del expresidente, Sebastián Piñera, para persuadir que el Estado de Chile no ratifique la Convención Interamericana Contra Todas las Formas de Discriminación e Intolerancia, adoptada por la 43ª Asamblea de la OEA. Eso dañó la imagen eclesial, exponiéndola a un severo escrutinio social y político. (The Clinic, 16 de Octubre de 2013).

7. «El mensaje que anunciamos siempre tiene algún ropaje cultural, pero a veces … podemos mostrar más fanatismo que auténtico fervor evangelizador» EG 117

Vemos falta de prudencia pastoral cuando el arzobispo de Santiago ha protagonizado una persistente y reñida confrontación pública en la discusión de la Reforma Educacional, donde la Iglesia aparece defendiendo privilegios y mecanismos de segregación que no son compartidos por todo el Pueblo de Dios. Muchos ven en ello la defensa de privilegios, más que servicio al Bien Común.

En los denominados temas valóricos, la falta de serenidad y un estilo confrontacional impiden que la riqueza magisterial de la Iglesia ilumine el diálogo social, consiguiendo tensionar la vida cívica del país. (El Mercurio, 19 de Enero; 22 de Mayo y 27 de Julio de 2014).

8. «La homilía es la piedra de toque para evaluar la cercanía y la capacidad de encuentro de un Pastor con su pueblo» EG 135

Vemos cómo se deteriora la autoridad del arzobispo de Santiago. Prueba de ello es que al convocar a un “Gran Propósito Nacional”, en la homilía del Te Deum realizado en el templo catedral de la Iglesia de Santiago el 18 de Septiembre de 2014, no tuvo respuesta pública. Ante el silencio, insistió publicando una carta en El Mercurio del 28 de Septiembre, la que nuevamente no encontró acogida.

9. «La Iglesia católica es una institución creíble ante la opinión pública» EG 65

Vemos con tristeza una pérdida de credibilidad de nuestra Iglesia, ratificada en una persistente caída de este atributo en encuestas de opinión serias. Nos duele que sólo un 30% de los chilenos concedan credibilidad a la Iglesia Católica. Ello singifica que la mitad de los católicos no confían en su propia Iglesia. (Encuesta CEP, Julio de 2014).

10. «La dulce y confortadora alegría de evangelizar» EG 9

Nuestra Iglesia chilena sufre y su imagen es desacreditada; mientras el Pueblo de Dios resiente la crisis y parece “como ovejas sin pastor” (Mt 9, 36b). Mucho bien hace nuestra Iglesia, pero su tarea esencial se ve dificultada porque, sin credibilidad, no es posible anunciar la confortadora Alegría del Evangelio.

Querido papa Francisco, para encontrar cauces de solución, y por el bien superior de nuestra Iglesia, queremos solicitar respetuosa y responsablemente, que tenga a bien considerar la venida de una Visita Apostólica al Arzobispado de Santiago, para evaluar objetivamente la delicada situación descrita.

En este atrevimiento de escribirle una carta abierta, nos mueve un entrañable amor a nuestra Iglesia, y nos ha convencido aquello que “Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: « ¡Dadles vosotros de comer! » (Mc 6,37)” EG 49.

Con afecto filial, lleno de esperanza, y con el compromiso de nuestra perseverante oración por Ud. y por el bien nuestra Iglesia, le saludan afectuosamente: Leer más…

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Teresa de Jesús: Quinientos años de mujer y santidad

Domingo, 26 de octubre de 2014

40673_137508429619519_113081995395496_161055_1721718_nDel blog de Xabier Pikaza:

El 15 de octubre, celebra la Iglesia católica el recuerdo de Teresa de Jesús, cristiana y pensadora ejemplar, a los 500 años de su nacimiento (aunque esta es la fecha de su muerte; nació 28.3.1515; murió en 4/15.10.1582, con “cambio” de fecha por paso del calendario juliano al gregoriano).

Con esta ocasión, sigo felicitando a sus amigos, y en especial a las hermanas y hermanos del Carmelo. A todos los que siguen este blog un saludo y recuerdo cordial, este día de Teresa, Amiga de Dios,mujer que sigue ofreciendo un intenso testimonio de fidelidad a la vida y de verdad personal (santidad intensa) en un mundo que empezaba a ser ya parecido al nuestro.

Tomo esta postal de un año anterior de este blog (2010), con algunas modificaciones… Dejo los comentarios de entonces, por si alguien quiere releerlos. Volveré al tema más veces, en este Año Teresiano que comienza, quinto centenario de su nacimiento.

(La primera imagen es de Teresa, ante la muralla de su ciudad, Ávila. La siguiente es la portada de mi Diccionario de Pensadores Cristianos, VD, Estella 2010, donde aparece la primera, arriba, a la izquierda; de eso diccionario tomo básicamente lo que sigue)

TERESA DE JESÚS, UNA CRISTIANA (1515-1582).

Religiosa y reformadora católica española, de la Orden del Carmen, conocida también con el nombre de Teresa de Ávila, por la ciudad donde nació y donde transcurrió gran parte de su vida. Realizó una labor intensa como fundadora y reformadora, escribiendo por mandato de sus confesores el libro de su Vida y el de sus Fundaciones. Escribió también otras obras dedicadas de un modo más concreto a exponer su experiencia de oración y su modelo de encuentro contemplativo con Dios (Camino de Perfección y las Moradas).

1. Una vida discutida.

10380909_804692689549717_4336269902471815840_nNo fue escritora de oficio, ni tenía formación académica (reservada a los varones), pero supo escribir de un modo extraordinariamente preciso, en lenguaje popular culto, desde su propia experiencia y reflexión, y así ofreció en sus obras uno de los testimonios teológicos más importantes de la historia católica.

No elaboró un sistema, pero el conjunto de su obra posee unan intensa coherencia teológica y nos permite así recuperar las raíces de la experiencia cristiana. No era “letrada” (profesional), pero había leído los mejores libros de narrativa de su tiempo (de Caballerías) y diversas obras de espiritualidad y, además, estuvo en contacto con algunos de los pensadores cristianos más significativos de su tiempo (→ Juan de la Cruz y Juan de Ávila, Báñez), que valoraron su inteligencia y la defendieron, ante aquellos que sospechaban de su obra, pensando que se hallaba cercana a la herejía.

En ese contexto se sitúan sus “dificultades” con la Inquisición, que ya el año 1559 había secuestrado algunos libros que leía (de → Luis de Granada y Juan de Ávila) y que retendrá y examinará su Libro de la Vida, que sólo podrá publicarse tras su muerte, el año 1587 (con aprobación expresa de → Luis de León y D. Báñez).

En la edición facsímil de las obras de Santa Teresa, que está realizando → T. Álvarez (ediciones de Camino de Perfección, 1965; Castillo Interior, 1990; Libro de la Vida, 1999 y Fundaciones, 2004, en Monte Carmelo, Burgos), pueden observarse con claridad las correcciones y tachaduras que los inquisidores fueron poniendo en sus obras, pues tenían la sospecha de que sus visiones y revelaciones podían ser “obra del diablo” o separarse de la fe de la iglesia. Pero después la misma Iglesia defendió su doctrina y la proclamó Doctora de la Iglesia, el año 1970, presentándola así como una de las grandes pensadoras del cristianismo. En este contexto, pero quiero ofrecer varios rasgos de su pensamiento más significativo, tal como aparece en las Moradas Séptimas, donde el alma celebra ya en el mundo el desposorio con Dios. En esa línea he querido poner de relieve su experiencia de la humanidad de Jesús como Esposo, su visión de Dios como Padre-Madre (pechos divinos), y su inmersión-comunión en lo divino.

2. Humanidad de Jesús.

En el centro del pensamiento de Teresa está su encuentro y unión con la humanidad de Jesús, entendida como fuente de amor y de compromiso al servicio de los demás. En contra de algunos maestros espirituales que le aconsejaban que abandonara a Jesús hombre, para centrarse en su divinidad (Jesús eterno, Hijo divino), en una línea más cercana a → Osuna y Laredo, Teresa responde apelando siempre a su humanidad, para apoyarse siempre en la historia del evangelio:

«Pues vengamos ahora a tratar del divino y espiritual matrimonio, aunque esta gran merced no debe cumplirse con perfección, mientras vivimos, pues si nos apartásemos de Dios se perdería este tan gran bien. La primera vez que Dios hace esta merced, quiere su Majestad mostrarse al alma por visión imaginaria de su sacratísima Humanidad, para que lo entienda bien y no esté ignorante de que recibe tan soberano don. A otras personas será por otra forma: a ésta de quien hablamos se le representó el Señor, acabando de comulgar, con forma de gran resplandor y hermosura y majestad, como después de resucitado, y le dijo que ya era tiempo de que sus cosas tomase ella por suyas, y Él tendría cuidado de las suyas, y otras palabras que son más para sentir que para decir… Parecerá que no era ésta novedad, pues otras veces se había representado el Señor a esta alma en esta manera. Pero fue tan diferente, que la dejó bien desatinada y espantada: lo uno, porque fue con gran fuerza esta visión; lo otro, porque las palabras que le dijo, y también porque en lo interior de su alma, adonde se le representó, si no es la visión pasada, no había visto otras… Porque entended que hay grandísima diferencia de todas las pasadas a las de esta Morada, y tan grande del desposorio espiritual al matrimonio espiritual, como lo hay entre dos desposados (y dos casados a los que ya no se pueden apartar). Aparécese el Señor en este centro del alma sin visión imaginaria, sino intelectual, aunque más delicada que las dichas, como se apareció a los Apóstoles, sin entrar por la puerta, cuando les dijo: Pax vobis» (Moradas VIII, II, 1-3).

La vida cristiana de Teresa se interpreta así como experiencia de amor con Jesús, un amor entendido en claves matrimoniales (es decir, de encuentro personal), de manera que sólo así, desde el encuentro humano con Jesús, ella puede hablar de contemplación de lo divino. Contemplar a Dios no significa separarse de la vid humana, sino vivir en plenitud y en iluminación interior la tarea de la vida humana. Por eso, su pensamiento es siempre un experiencia de humanidad (encuentro con Jesús hombres), en claves de dualidad (comunión de personas), de manera que sólo así puede hablarse de revelación de Dios y de unión con lo divino. A través de la humanidad (historia) de Jesús se unifican el hombre y lo divino:

«Es un secreto tan grande y una merced tan subida lo que comunica Dios allí al alma en un instante, y el grandísimo deleite que siente el alma, que no sé a qué lo comparar, sino a que quiere el Señor manifestarle por aquel memento la gloria que hay en el Cielo, por más subida manera que por ninguna visión ni gusto espiritual… Digamos que sea la unión como si dos velas de cera se juntasen tan en extremo que toda luz fuese una, u que el pabilo y la luz y la cera es todo uno; mas después bien se puede apartar la una vela de la otra, y quedan en dos velas, u el pabilo de la cera. Acá es como si cayendo agua del cielo en un río u fuente, adonde queda hecho todo agua, que no podrán ya dividir ni apartar cuál es el agua del río u lo que cayó del cielo, o como si un arroyico pequeño entra en la mar, no habrá remedio de apartarse, u como si en una pieza estuviesen dos ventanas por donde entrase gran luz, aunque entra dividida, se hace todo una luz…» (Moradas, VII, II, 4. 6).

3. Los tres momentos de Dios.

Hacia el final de su encuentro con Jesús-Hombre, en las Séptimas Moradas (7, 2), Teresa de Jesús desarrolló una visión en la que Dios aparece, al mismo tiempo, en tres perspectivas.

(a) Como Gracia original, Madre de pechos divinos, de los que mana Leche de Vida gozosa para todos los humanos. En ese principio que es Dios-Fuente de todo lo que existe estamos sustentados.

(b) Como Amigo, en Alteridad y Compañía. Dios no es sólo fuente-fundamento del que provenimos, sino que es también Amigo con el que compartimos lo que somos, al situarnos ante Jesús, en un amor que puede y debe entenderse con símbolos matrimoniales, encuentro de amor con el Amado.

(c) Como Familia, Comunicación o Diálogo de amor, de tal forma que el Padre y el Hijo habitan uno en otro e in-habitan en el alma, de manera que nosotros habitamos en ellos, siendo familia de Dios al ser familia humana. Éstos son los rasgos más hondos de la experiencia y teología de Teresa de Jesús, de manera que podemos destacarlos como expresión suprema de su pensamiento.

a. Dios es Madre: los pechos divinos.

Ciertamente, Dios no es un cuerpo, pero podemos hablar con Teresa de un “cuerpo divino” del que nacen varones y mujeres, lugar donde comparten la existencia, unos con otros, en respeto y generosidad. Descubrir y agradecer la vida, que nos viene de ese cuerpo divino es el primero y más hondo de los gestos religiosos. Lógicamente, ese cuerpo puede recibir rasgos divinos y maternos, expresados de manera humana. Así lo ha visto Teresa de Jesús, que hace a Dios Fuente de vida, Pechos de madre que ofrece su propio alimento a los humanos:

«Se entiende claro, por unas secretas aspiraciones, ser Dios el que da vida a nuestra alma…, que en ninguna manera se puede dudar…, que producen algunas veces unas palabras regaladas, que parece no se pueden excusar de decir: ¡Oh Vida de mi vida y Sustento de mi sustento!… y cosas de esta manera. Porque de aquellos Pechos Divinos, adonde parece está Dios siempre sustentando el alma, salen unos rayos de leche que toda la gente del castillo conforta, que parece que quiere el Señor que gocen de alguna manera de lo mucho que goza el alma, y de aquel río caudaloso, adonde se consumió esta fuentecita pequeña, salga algún golpe de aquel agua para sustentar a los que en lo corporal han de servir a estos dos desposados» (Moradas 7, 2, 7).

Están esposo y esposa (Cristo y el alma, Jesús y Teresa) bien unidos, en desposorio radical, como ella ha venido mostrando a lo largo de toda su vida y en todos sus escritos. Desde esa unión de amor descubre Teresa el misterio original divino, que ella ha presentado en términos vitales (Dios es Vida de mi vida), maternos (unos Pechos que manan gozo y leche que sustenta a los humanos) y cósmicos (fuente original de la que brota agua de gracia y existencia para los humanos, en especial los enamorados). Leer más…

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