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Archivo para Domingo, 9 de marzo de 2014

El libro del amor.

Domingo, 9 de marzo de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

souris

Una sonrisa no cuesta nada y produce mucho,

enriquece el que la recibe sin empobrecer al que la da,

dura sólo un instante, pero su memoria es a veces eterna,

Nadie es lo bastante rico para pasarse sin eso,

Nadie es lo bastante pobre para no merecerla,

crea la felicidad en el hogar, sostiene los asuntos,

es el signo sensible de la amistad,

Una sonrisa da reposo al ser cansado,

Da coraje al más desalentado

no puede comprarse, prestarse, ni  robar,

Porque es una cosa que tiene valor sólo a partir del momento en que se da.

Y si no obstante,  encuentras a alguien que no supier sonreír, sé generoso dále la tuta,

Porque ninguno necesita tanto una sonrisa como el que no puede darla a los demás.

*

Raoul Follereau, El Libro de amor (1920)

*
( Texto amablemente enviado por A D-V)

***

 

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Nuestra gran tentación”. 9 de marzo de 2014. 1 Cuaresma (A). Mateo 4, 1-11.

Domingo, 9 de marzo de 2014

14-CuaresmaA1La escena de “las tentaciones de Jesús” es un relato que no hemos de interpretar ligeramente. Las tentaciones que se nos describen no son propiamente de orden moral. El relato nos está advirtiendo de que podemos arruinar nuestra vida, si nos desviamos del camino que sigue Jesús.

La primera tentación es de importancia decisiva, pues puede pervertir y corromper nuestra vida de raíz. Aparentemente, a Jesús se le ofrece algo bien inocente y bueno: poner a Dios al servicio de su hambre. “Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”.

Sin embargo, Jesús reacciona de manera rápida y sorprendente: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de boca de Dios”. No hará de su propio pan un absoluto. No pondrá a Dios al servicio de su propio interés, olvidando el proyecto del Padre. Siempre buscará primero el reino de Dios y su justicia. En todo momento escuchará su Palabra.

Nuestra necesidades no quedan satisfechas solo con tener asegurado nuestro pan. El ser humano necesita y anhela mucho más. Incluso, para rescatar del hambre y la miseria a quienes no tienen pan, hemos de escuchar a Dios, nuestro Padre, y despertar en nuestra conciencia el hambre de justicia, la compasión y la solidaridad.

Nuestra gran tentación es hoy convertirlo todo en pan. Reducir cada vez más el horizonte de nuestra vida a la mera satisfacción de nuestros deseos; hacer de la obsesión por un bienestar siempre mayor o del consumismo indiscriminado y sin límites el ideal casi único de nuestras vidas.

Nos engañamos si pensamos que ese es el camino a seguir hacia el progreso y la liberación. ¿No estamos viendo que una sociedad que arrastra a las personas hacia el consumismo sin límites y hacia la autosatisfacción, no hace sino generar vacío y sinsentido en las personas, y egoísmo, insolidaridad e irresponsabilidad en la convivencia?

¿Por qué nos estremecemos de que vaya aumentando de manera trágica el número de personas que se suicidan cada día? ¿Por qué seguimos encerrados en nuestro falso bienestar, levantando barreras cada vez más inhumanas para que los hambrientos no entren en nuestros países, no lleguen hasta nuestras residencias ni llamen a nuestra puerta?

La llamada de Jesús nos puede ayudar a tomar más conciencia de que no sólo de bienestar vive el hombre. El ser humano necesita también cultivar el espíritu, conocer el amor y la amistad, desarrollar la solidaridad con los que sufren, escuchar su conciencia con responsabilidad, abrirse al Misterio último de la vida con esperanza.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
No solo de bienestar vive el hombre. Pásalo.

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” Jesús ayuna cuarenta días y es tentado”. Domingo 9 de marzo de 2014. Domingo 1º de Cuaresma, ciclo A.

Domingo, 9 de marzo de 2014

20130418-jesus_tentacion_en_el_desierto_pinturaLeído en Koinonia:

Gn 2,7-9; 3,1-7: Creación y pecado de los primeros padres
Salmo responsorial 50: Misericordia, Señor: hemos pecado
Rom 5,12-19: Si creció el pecado, más abundante fue la gracia
Mt 4,1-11: Jesús ayuna cuarenta días y es tentado

 Los comentarios bíblico-litúrgicos para ayudar a la elaboración de las homilías dominicales de este típico “domingo de las tentaciones”, el primero de cuaresma, suelen presentar en esta ocasión un sencillo paralelismo antagónico: la primera tentación fue la que se le presentó a Eva, que acabó en el pecado; pero ha habido otra tentación, la que sufrió Jesús en el desierto, que acabó en victoria, de la que podemos tomar ejemplo. En esta línea es muy fácil encontrar comentarios en la red. Por eso mismo quisiéramos nosotros hacer esta vez una aportación diferente, en sentido crítico. Obviamente, este aspecto no será apropiado en cualquier caso para convertirlo sin más en una homilía… pero creemos que tampoco sería bueno que una homilía olvide este aspecto crítico. En todo caso, cada agente de pastoral sabrá lo que su comunidad necesita, y sabrá encontrarlo en otros puntos de servicio bíblico-litúrgico de la red.

 La primera lectura de este domingo reúne, resumidamente, dos importantes relatos bíblicos: el de la creación y el del pecado original. Son muy significativos, muy importantes, y hoy día, también muy problemáticos.

 Es importante hacer recordar a los oyentes que estos textos, y todos los que forman el grupo de los once primeros capítulos del Génesis, que se refieren a los inicios de la «historia de la Salvación», han sido entendidos desde siempre de un modo literal. Todas las generaciones que nos precedieron en la fe los entendieron así. Seguramente que nuestros padres -y ciertamente nuestros abuelos- nunca pensaron otra cosa, y muchos cristianos mayores también lo piensan hoy día. Desde tiempo inmemorial, estos textos han fungido para muchísimas generaciones, como una fuente capital de su comprensión del mundo y de la historia. Las “coordenadas generales” que estos mitos trazan (Dios arriba, naturaleza abajo, un acto divino de creación que pone en marcha el cosmos, una creación del ser humano distinta a la creación de todos los demás seres, Dios que prohíbe comer el fruto del árbol, la desobediencia del ser humano que se convierte en el «pecado original» que transformará la suerte de toda la humanidad posterior –¡y del cosmos!–, el protagonismo principal de la mujer en este pecado, el enfado de Dios, su consecuente ruptura de relaciones con la Humanidad por haber comido ésta el fruto prohibido…), han sido para toda esa humanidad judeocristiana de los tres mil últimos años, el “paradigma” desde el que han entendido tanto el mundo, como a Dios, como a sí mismos, es decir, la realidad global. Estamos ante unos mitos religiosos ante los que hay que descalzarse, como quien pisa tierra sagrada.

 Hace apenas cien años, en 1906, la Pontificia Comisión Bíblica –respaldada obviamente por la Inquisición romana, la actual Congregación para la Doctrina de la Fe, que todavía no se llamaba Santo Oficio–, reafirmaba solemnemente, y bajo pena de excomunión a quien no lo aceptara, que el contenido de los once primeros capítulos del Génesis es histórico, no mitológico.

 Es importante recordar a los oyentes que hoy no creemos que estos relatos haya que entenderlos así, literalmente. Es decir: que hoy sabemos que la Biblia no puede decirnos cómo fue el origen del cosmos, ni el del ser humano. Que la Biblia no contiene mensajes de física, ni de química, ni de biología evolutiva, ni de geofísica o astrofísica… que nos informen sobre todos esos campos. Y que por tanto se puede ser cristiano y aceptar lo que la ciencia nos dice hoy, incluidas las opiniones contrarias a tantas afirmaciones y supuestos incluidos en estos relatos bíblicos.

 Es importante hacer caer en la cuenta de que esta nueva manera de entender los textos bíblicos no fue fruto de un descubrimiento fácil e ingenuo, sino una intuición laboriosamente trabajada por los biblistas y teólogos, que durante varios siglos han tenido que enfrentarse a la oposición y a la condena de las autoridades de sus respectivas Iglesias. Todavía hoy, en tiempo de Benedicto XVI, el biblista argentino Ariel Álvarez Valdés, doctor en teología bíblica por la universidad de Salamanca, fue públicamente adversado y perseguido por la Secretaría de Estado del Vaticano por no sostener de la historicidad de Adán y Eva y su pretendido pecado original (véase su propio testimonio en Youtube [http://www.youtube.com/watch?v=2Ys3kcwjbSY&list=PL84001F9AB27C6E32].

 Todo cristiano medianamente culto puede tener su opinión sobre el origen del mundo, igual que puede tener sus opiniones en medicina, en astronomía o en psicología, libremente, sin coacción, y sin que haya ninguna opinión «oficial» de la Iglesia en esos campos que pudiera ser «obligatoria». Los relatos bíblicos están en otro plano, un plano simbólico, que no afecta al campo autónomo de la ciencia. Esto es al menos lo que solemos decir hoy día, después del Vaticano II, pero sería más correcto reconocer que aquellos relatos no fueron concebidos, como decimos, meramente en un plano simbólico; para nuestros ancestros religiosos-y-culturales, esos relatos eran históricos, y con esa historia inventada, sin ningún fundamento científico, trataban de encontrar respuestas a problemas humanos y existenciales de muy diverso género (el mal, la felicidad, la vida, nuestro origen, nuestro fuuro…). Es ahora, sólo ahora, cuando nosotros, al ver que sus creencias expresadas en esos mitos estaba profundamente equivocadas –como hoy sabemos por la ciencia– sostenemos que esos mitos sólo podemos interpretarlos de un modo puramente simbólico. Nuestros antepasados –hasta nosotros mismos hace 50 años entre los católicos– los hemos considerado obligadamente históricos, literales, contados directamente por la misma boca reveladora de Dios.

 Hay que dar claramente al público cristiano la buena noticia de que hoy no sostenemos que el símbolo judeo-cristiano del llamado «pecado original» tenga un fundamento histórico. No hay por qué sostenerlo. Más bien resulta prácticamente imposible que lo tenga, por cuanto lo más probable es que no hubo un solo filum biológico evolutivo de surgimiento de nuestra especie, y el poligenismo es hoy la opinión más común de la ciencia. La proclamación que la Iglesia católica hizo del monogenismo en el siglo pasado se debió al espejismo (que todavía sufría) de pensar que el significado del símbolo del pecado original dependía efectivamente de un pecado histórico real que habría cometido una primera pareja de la que descendemos absolutamente todos los hombres y mujeres.

 Resulta especialmente importante aclarar que hoy día resulta del todo inverosímil -teológicamente hablando- todo el conjunto simbólico de la tentación y el pecado original: pensar que toda la humanidad esté en una situación de postración espiritual (que sea una massa damnata, una «muchedumbre condenada», como repetía san Agustín) a raíz de un supuesto primer pecado de una inexistente primera pareja, y pensar que debido a ello Dios habría roto sus relaciones con la Humanidad, y que esa ruptura no podría ser superada sino nada menos que con la sangre de la muerte en cruz del Hijo de Dios, tal y como ha sido presentado por la tradición más común y constante del cristianismo, resulta hoy absolutamente inaceptable. Deben por tanto sentirse aliviados todas las personas que se sienten incómodas ante las acostumbradas explicaciones homiléticas al respecto, tan parecidas a las catequesis infantiles que recibimos cuando fuimos niños, y como nosotros, todas las generaciones cristianas durante más de milenio y medio.

 Otras varias salvedades y comentarios críticos también muy importantes se podrían hacer entre los temas implicados en esos dos grandes relatos bíblicos que han sido juntados en la primera lectura de este domingo (por ejemplo sobre la «transcendencia» de Dios, que ahí se presenta como obvia, sobre la imagen misma de “theos”, la visión negativa de la realidad que conlleva la creencia en un primer «pecado primordial», la terrible inferiorización y culpabilización de la mujer causada por ese texto…). Ya hemos dicho que no pretendemos que esta lista de advertencias críticas sea el contenido de una homilía, sino simplemente el trasfondo crítico a tener en cuenta a la hora de hablar de las “tentaciones” y del “pecado”, para lo que sin duda se encontrará mucho material en los numerosos portales de servicio bíblico de la red.

 Es importante que digamos claramente, e insistamos, en que se puede ser cristiano y ser «persona de hoy» en las propias opiniones científicas. Y que hay otras formas de hablar del la realidad del mal y del pecado, que la de tomar como referencia unos mitos religiosos elaborados hace dos milenios y medio.

 Finalizamos diciendo que ya que tantas veces hemos insistido en el pecado original y en sus fatales consecuencias para toda la humanidad, sería bueno compensar esa actitud refiriéndonos a lo que hoy intuye la teología de frontera: que, más bien, lo original no fue un pecado, sino una bendición… Puede ayudar el libro de FOX, Mathew, “Original Blessing”, Bear & Company 1983; traducido como: La bendición original. Una nueva espiritualidad para el hombre del siglo XXI, Obelisco, Barcelona 2002, 410 pp Leer más…

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Dom 9.3.14. “No sólo de pan, hace falta palabra.”

Domingo, 9 de marzo de 2014

mateo-4-vs-4Del blog de Xabier Pikaza:

Dom. 1º de Cuaresma. Vivimos en un mundo donde parece que sólo importa el pan/dinero, es decir, la economía, el Dios-Mamón, del pasado domingo. En esa línea, el Diablo de la primera tentación de la Cuaresma propone a Jesús que solucione el tema del dinero:

Que convierta las piedras en pan, las arenas del desierto en oro, de forma así resuelva todos los problemas de una humanidad que sólo buscaría más dinero, comer y resolver sus deseos materiales.

Jesús está dispuesto a caminar un trecho el Dinero/Pan/Dinero del Diablo, pero añade: “no sólo de pan vive el hombre”. Ciertamente, el hombre necesita pan: Casa, alimento, unas necesidades materiales resueltas en principio… Pero, con el Antiguo Testamento (cf. Dt 8, 3), Jesús sabe que para resolver el problema es necesario que los hombre hablen, compartan la palabra, se ayuden mutuamente. Por eso sigue:

No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios Mt 4, 4).

Ciertamente, al hambriento dale pan, pero dale, al mismo tiempo dignidad, déjale que piensa, habla con él, para que así aprendáis los dos a producir y a compartir

El hombre es un “viviente de pan” (necesita comer), pero es también (y sobre todo) un viviente de “palabra”, es decir, de entendimiento, de comunicación, de trabajo creador. Por eso Jesús dice: Para darle al hombre pan de verdad tienes que proporcionarle educación, justicia, palabra…

‒ El Diablo (que es la opresión) podría hacer pan, mucho dinero y dinero… pero quitando a los hombres el entendimiento y la libertad, la comunicación y el amor… Es decir, quitándoles la “palabra”, que es el verdadero signo de Dios. El Diablo podría ofrecer un pan de esclavitud, manteniendo a todos los hombres y mujeres sometidos.

‒ El hombre vive de verdad de la palabra, que es comunicación, que es diálogo y encuentro, que es capacidad de trabajo y comunión humana, que proviene de Dios y en Dios se funda. Sólo así, en un nivel de palabra (comunicación, diálogo, trabajo compartido…) podrán los hombres y los pueblos resolver el tema del pan escaso.

Texto:

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. Pero él le contestó, diciendo: Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4,1-4)

Una reflexión de Dostoiewsky (Así le habría dicho el Diablo a Jesús):

«Si eres hijo de Dios di a esas piedras que se vuelvan alimento». Así argumenta el Diablo, con lógica perfecta: si Dios nos ha creado y sacado de Egipto (esclavitud) es evidente que debe alimentarnos. Son millones los hambrientos: si hay Dios, debe resolver su problema… Pero Jesús ha respondido que «no sólo de pan viven los hombres», sino, y sobre todo, del don creador de la gracia y de la libertad, es decir, de unas nuevas relaciones humana. Así dice el Diablo de Dostoiewsky:

«Tú quieres irle al mundo, y le vas con las manos desnudas, con una ofrenda de libertad que ellos, en su simpleza y su innata cortedad de luces, ni imaginar pueden… porque nunca en absoluto hubo para el hombre y para la sociedad humana nada más intolerable que la libertad. ¿Y ves tú esas piedras en este árido y abrasado desierto?… Pues conviértelas en pan, y detrás de Ti correrá la Humanidad como un rebaño, agradecida y dócil. Pero tú no quisiste privar al humano de su libertad y rechazaste la proposición, porque ¿qué libertad es esa -pensaste- que se compra con pan?» (Los hermanos Karamásovi, en Obras completas, III, Aguilar, Madrid, 1964,208-209).

El problema del hambre resultaba por entonces acuciante, igual que hoy. El mismo Jesús pertenecía a la clase de los campesinos sin tierra, de los artesanos precarios, hallándose cerca de los mendicantes y mendigos de diverso tipo. ¿Qué significaba en ese contexto dar pan, convertir las piedras del desierto en pan? Los terratenientes y terratenientes se habían convertido en dueños de un pan que ellos empleaban para imponerse así sobre los pobres. ¿No sería bueno convertir los desiertos en pan para todos?

Pues bien, Jesús no quiere resolver el tema del pan por magia o a la fuerza, sino trasformando a los hombres. Jesús no quiere “convertir las piedras en pan”, sino cambiar a los hombres por dentro, haciéndolos capaces de escuchar y compartir la Palabra, de comunicarse entre sí, de compartir la vida… Sólo así podrán compartir de verdad el pan.

El diablo de Dostoyewsky (de Mt 4) piensa que “sólo construye del todo el que da de comer” y dice a Jesús: “de haber optado por el pan habrías respondido al general y sempiterno pensar humano: ¿ante quién adorar?”. Jesús tendría que haber adorado a los que manejan el dinero (economía) desde arriba, convirtiéndonos así en esclavos de la Mamona, para vivir satisfechos, es decir, sin hambre.

‒ Ésta es la primera propuesta del Diablo, para quien el hombre es sólo todo “economía” (estómago) en un sentido pasivo, un animal a quien se debe alimentar y a quien se puede someter. Pues bien, en contra de eso, para Jesús el hombre es, ante todo, libertad para el amor, de manera que la economía está al servicio de la comunicación humana. Por eso rechaza la propuesta del Diablo, que ha sabido dónde está el primer problema de los hombres, pero que lo ha presentado de forma equivocada, entendiendo el pan en forma de imposición y “milagro” externa.

‒ Jesús sabe con el Diablo que el problema del pan es primordial y por eso lo ha puesto en el centro de su proyecto de reino, pero no en forma de medio para que unos se impongan sobre otros (pan para el poder y para la adoración), sino como expresión de comunión, desde la perspectiva de la palabra, es decir, de la comunicación y del amor, pues el hombre vive de la palabra de Dios y esa palabra se expresa en forma de comunicación del pan.

Una reflexión del Papa Ratzinger. Ni comunismo ni capitalismo

Ratzinger planteó este problema en su primer libro sobre Jesús de Nazaret, Madrid 2007, 52-72 (cf. 55-59), ofreciendo unas consideraciones juiciosas:

«La prueba de la existencia de Dios que el tentador propone en la primera tentación consiste en convertir las piedras del desierto en pan. En principio se trata del hambre de Jesús mismo; así lo ve Lucas: «Dile a esta piedra que se convierta en pan» (Lc 4, 3). Pero Mateo interpreta la tentación de un modo más amplio, tal como se le presentó ya en la vida terrena de Jesús y, después, se le proponía y propone constantemente a lo largo de toda la historia. ¿Qué es más trágico, qué se opone más a la fe en un Dios bueno y a la fe en un redentor de los hombres que el hambre de la humanidad? El primer criterio para identificar al redentor ante el mundo y por el mundo, ¿no debe ser que le dé pan y acabe con el hambre de todos? Leer más…

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“Necesidades, miedo y ambición.” Domingo 1 de Cuaresma. Ciclo A.

Domingo, 9 de marzo de 2014

b22a3fce51f505a5a401188868d40d8272a45212ee87d5e9b9286b3f7d4fbe95Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo.
Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»
Pero él le contestó, diciendo:
«Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”» 
Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: 
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.”» 
Jesús le dijo:
También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios.”»
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras.»
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.”»
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

En el episodio del bautismo de Jesús se oye la voz del cielo que proclama: «Tú eres mi hijo amado, en quien me complazco». Inmediatamente después Jesús marcha al desierto, y allí va a quedar claro cómo entiende su filiación divina.

Partiendo del hecho normal del hambre después de cuarenta días de ayuno, la primera tentación es la de utilizar el poder en benefi­cio propio. Es la tentación de las necesidades imperiosas, la que sufrió el pueblo de Israel repetidas veces durante los cuarenta años por el desierto. Al final, cuando Moisés recuerda al pueblo todas las penalidades sufridas, le explica por qué tomó el Señor esa actitud: «(Dios) te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Dios» (Dt 8,3).

En la experiencia del pueblo se han dado situacio­nes contrarias de necesidad (hambre) y superación de la necesidad (maná). De ello debería haber aprendido dos cosas. La primera, a confiar en la providencia. La segunda, que vivir es algo mucho más amplio y profundo que el simple hecho de satisfacer las necesidades primarias. En este concepto más rico de la vida es donde cumple un papel la palabra de Dios como alimento vivifica­dor. En realidad, el pueblo no aprendió la lección. Su concepto de la vida siguió siendo estrecho y limitado. Mientras no estu­viesen satisfechas las necesidades primarias, carecía de sentido la palabra de Dios.

En el caso de Jesús, el tentador se deja de sutilezas y va a lo concreto: «Si eres Hijo de Dios, di que las piedras éstas se conviertan en panes». Jesús no necesita quejar­se de pasar hambre, ni murmurar como el pueblo, ni acudir a Moisés. Es el Hijo de Dios. Puede resolver el problema fácilmente, por sí mismo. Pero Jesús tiene aprendida desde el comienzo esa lección que el pueblo no asimiló durante años: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de todo lo que diga Dios por su boca».

La enseñanza de Jesús en esta primera tentación es tan rica que resulta imposible reducirla a una sola idea. Está el aspecto evidente de no utilizar su poder en beneficio propio. Está la idea de la confianza en Dios. Pero quizá la idea más importante, expresada de forma casi subliminar, es la visión amplia y profunda de la vida como algo que va mucho más allá de la necesidad primaria y se alimenta de la palabra de Dios.

La segunda tentación (tirarse desde el alero del templo) también se presta a interpretaciones muy distintas. Podríamos considerar­la la tentación del sensacionalismo, de recurrir a procedi­mientos extravagantes para tener éxito en la actividad apostóli­ca. La multitud congregada en el templo contempla el milagro y acepta a Jesús como Hijo de Dios. Pero esta interpretación olvida un detalle importante. El tentador nunca hace referencia a esa hipotética muchedumbre. Lo que propone ocurre a solas entre Jesús y los ángeles de Dios. Por eso parece más exacto decir que la tentación consiste en pedir a Dios pruebas que corroboren la misión encomendada. Nosotros no estamos acostumbrado a esto, pero es algo típico del Antiguo Testamento, como recuerdan los ejemplos de Moisés (Ex 4,1-7), Gedeón (Jue 6,36-40), Saúl (1 Sam 10,2-5) y Acaz (Is 7,10-14). Como respuesta al miedo y a la incertidumbre espontá­neos ante una tarea difícil, Dios concede al elegido un signo milagroso que corrobore su misión. Da lo mismo que se trate de un bastón mágico (Moisés), de dos portentos con el rocío nocturno (Gedeón), de una serie de señales diversas (Saúl), o de un gran milagro en lo alto del cielo o en lo profundo de la tierra (Acaz). Lo importante es el derecho a pedir una señal que tran­quilice y anime a cumplir la tarea.

Jesús, a punto de comenzar su misión, tiene derecho a un signo parecido. Basándose en la promesa del Salmo 91,11-12 («a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos; te llevarán en volandas para que tu pie no tropiece en la piedra»), el tentador le propone una prueba espectacular y concreta: tirarse del alero del templo. Así quedará claro si es o no el Hijo de Dios. Sin embargo, Jesús no acepta esta postura, y la rechaza citando de nuevo un texto del Deuteronomio: «No tentarás al Señor tu Dios» (Dt 6,16). La frase del Dt es más explícita: «No tentaréis al Señor, vuestro Dios, poniéndolo a prueba, como lo tentasteis en Masá (Tentación)». Contiene una referencia al episodio de Números 17,1-7. Aparentemente, el problema que allí se debate es el de la sed; pero al final queda claro que la auténtica tentación consiste en dudar de la presencia y la protección de Dios: «¿Está o no está con nosotros el Señor?» (v.7). En el fondo, cualquier petición de signos y prodigios encubre una duda en la protección divina. Jesús no es así. Su postura supera con mucho incluso a la de Moisés.

La tercera tentación, a tumba abierta por parte del tentador, consiste en la búsqueda del poder y la gloria, aunque suponga un acto de idolatría. No es la tentación provocada por la necesidad urgente o el miedo, sino por el deseo de triunfar. Jesús rechaza la condición que le impone Satanás citando Dt 6,13.

Para Mt, Jesús en el desierto es lo contrario de Israel en el desierto. En la época del desierto, el pueblo sucumbió fácilmente a las pruebas inevitables de la marcha: hambre, sed, ataques enemigos. Dudaba de la ayuda de Dios, se quejaba de las dificultades. Jesús, nuevo Israel, sometido a tentaciones más fuertes, las supera. Y las supera, no remontándo­se a teorías nuevas ni experiencias personales, sino a las afirmaciones básica de la fe de Israel, tal como fueron propues­tas por Moisés en el Deuteronomio. Los judíos contemporáneos de Mateo y de su comunidad no tienen derecho a acusar a su fundador de no atenerse al espíritu más auténtico. Jesús es el verdadero hijo de Dios, el único que se mantiene fiel a Él en todo momento.

Pero el relato de Mt nos obliga a plantearnos el proble­ma de si trata hechos históricos o es ficticio. Porque el diálogo con el tentador, el viaje a la ciudad santa y el otro a una montaña altísima no parecen tener nada de histórico. El hecho de que las tentaciones en Lc sean iguales, sólo que cambiando el orden, no significa nada.

Es interesante recordar que el cuarto evangelio no contiene un episodio de las tentaciones, pero habla de ellas a lo largo de la vida de Jesús. La más fuerte es la del poder, en el momento en que los galileos quieren nombrar a Jesús rey. Y tentaciones muy parecidas en su contenido, no en la forma, se repiten al final de la vida de Jesús, en la cruz: «Si eres Hijo de Dios, sálvate y baja de la cruz» (Mt 27,40). Estas tentaciones reflejan otro dato de gran interés: los tentadores son los hombres, no Satanás.

En resumen, podemos decir:

La tentación es un hecho real en la vida de Jesús, a la que se vio sometida por ser verdadero hombre.

Mt ha recogido este tema para dejarnos claro desde el princi­pio cómo entiende Jesús su filiación divina: no como un privile­gio, sino como un servicio.

En el fondo, las tres tentaciones se reducen a una sola: colocarse por delante de Dios, poner las propias necesidades, temores y gustos por encima del servicio incondicional al Señor, desconfiando de su ayuda o queriendo suplantarlo.

Las tentaciones tienen también un valor para cada uno de nosotros y para toda la comunidad cristiana. Sirven para analizar nuestra actitud ante las necesidades, miedos y apetencias y nuestro grado de interés por Dios.

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“Iglesia fuera de los muros”, por Oscar Fortin

Domingo, 9 de marzo de 2014

12792747955_1d17ff64c2Leído en Humanismo en Jesús.

NOTA: Hace algunos años, asistimos a un fenómeno donde las personas de buena fe llegaban al deber de apostar la fe a la cual les había asociado su bautismo y su cultura religiosa. Este fenómeno me interpeló en particular y dio lugar, en 2009, a esta reflexión sobre esta Iglesia fuera de los muros. Desde entonces, nos ha llegado el papa Francisco cuya mirada lleva más allá de los muros.

Voces se elevan cada vez más en el mundo cristiano para denunciar autoridades y doctrinas que no cuadran más con el Espíritu evangélico y el mundo de hoy. Es necesario visitar los blogs que tratan de la Iglesia para realizar que un malestar profundo está allí como una brasa que se enciende al menor soplo de viento. La ola de apostasías que conocio la Iglesia Católica da a estas voces el carácter trágico de las cuestiones que plantean.

 En uno de los comentarios sobre este debate que alimentaba los intercambios de entonces, yo hacía la siguiente reflexión: ¿No asistimos a la aparición de una Iglesia “fuera de los muros”, una iglesia que no llega más a reconocerse en esta Iglesia “vaticana y doctrinal” reconociéndose, no obstante al mismo tiempo, en los “Evangelios” y los “grandes testigos ” que se inspiran de ellos? ¿La fe no desborda muchísimo los límites institucionales de la “Iglesia vaticana”, hondando sus raíces en un “don personal del Espíritu”? En este sentido, hay sin duda mucho más creyentes que pensamos en la diáspora del mundo que en la Iglesia oficial. ¿No se reúne el Cuerpo de Cristo en quienes vive su Espíritu?”

 Hoy, más que en el pasado, realizamos los límites de todo encuadro exterior. La historia nos revela, en efecto, cómo las múltiples formas de enmarco han sido en general, lugares privilegiados de abuso de poder y de manipulación de los espíritus, vedados de ambiciosos, hipócritas y dominadores. En muchos casos, los templos, construidos de manos de hombre como son las jerarquías políticas, económicas, eclesiales, sociales y culturales, se apoderan sutilmente las conciencias individuales y colectivas para mejor manipularlas. Bajo la influencia de estas jerarquías hemos sido todos y todas, a la vez y en distintos grados, víctimas y solidarios de crímenes y horrores cometidos contra la humanidad. Los Gobiernos que sostenemos, las religiones que defendemos, los organismos que apoyamos tienen, todos, las manos manchadas de algunos crímenes o injusticias. Si tenemos requisiciones a presentar por las ofensas recibidas, tenemos igualmente que pedir perdones por las faltas cometidas por una u otra de estas instituciones de las que nos afirmamos solidarios.

 La conciencia grita en cada uno de nosotros algo que se impone como una fuerza que interpela, como una pasión que empuja a actuar. A la manera de Sócrates (Apología), oímos la voz del dios que nos invita a tomar el camino de la Verdad que libera de los aparatos y falsedades. A la manera de Jeremías e Isaías, oímos la voz de Iahvé que dice de preocuparnos más aún del culto que consiste en aprender a hacer el bien, a buscar lo que es justo, a garantizar los derechos al oprimido, a hacer justicia al huérfano, a defender la viuda y el extranjero (Is.1, 17; Jer. 22,3). A la manera de Jesús, oímos el sermón de la montaña que nos devuelve hacia las cosas esenciales de la vida. ¿San Pablo no nos dice que somos el templo del Espíritu Santo que está en nosotros y que nos viene de Dios? (1 Cor.6, 19) Este lenguaje, que remonta a varios milenios, ha sido constantemente recogido por los sabios y profetas de todas las épocas y, de una determinada manera, por la conciencia que vela en cada uno de nosotros. Ella nos recuerda estas verdades fundamentales a las cuales está convivida la humanidad entera.

 Entramos pues en una nueva era en que se confirma esta profecía de Jeremías:

 “Cuando llegará el tiempo, realizaré con mi pueblo otra alianza: pondré mi Ley en su interior, la escribiré en sus corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. No tendrán ya que enseñarse mutuamente diciéndose los unos a los otros: ¿conozcan al Señor? Porque todos me conocerán, del más pequeño al más grande”).

 Cada ser humano lleva en él al espíritu que está en el centro de la conciencia. Corresponde a cada uno tanto de atraparlo como de dejarse atrapar, de distinguirlo a través de todo lo que lo invade y solicita. No podemos remitir sobre los demás las responsabilidades de las decisiones que tomamos, las solidaridades que asumimos y los comportamientos que adoptamos. De ahí la importancia de distinguir esta voz de la conciencia, la única capaz de conducirnos a la verdad, a la justicia, a la libertad y a la felicidad. “Todo me está permitido, pero no todo me conviene.” (Pablo, 1 Cor, 6, 12). La fe misma de la comunidad estará siempre allí para ayudar a este discernimiento y para apoyar este compromiso al servicio de una humanidad que aspira a la verdad, a la justicia, a la paz y a la bondad.

 Nadie puede detenernos en este compromiso. Nos es profundamente personal.

 Concluyo con las recientes palabras del papa Francisco a los sacerdotes, obispos y cardenales:

 No deben considerarse propietarios de poderes especiales o dueños de la Iglesia.”

 Oscar Fortin

 Traductor:Marius Morin

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“La raíz última de la crisis ecológica: la ruptura de la re-ligación universal”, por Leonardo Boff, teólogo

Domingo, 9 de marzo de 2014

411933_10151063957139414_1996840363_oLeído en Koinonía

Las causas que han llevado a la crisis ecológica son muchas. Pero tenemos que llegar a la última: la ruptura permanente de la re-ligación básica, que el ser humano ha introducido, alimentado y perpetuado con el conjunto del universo y con su Creador.

Tocamos aquí una dimensión profundamente misteriosa y trágica de la historia humana y universal. La tradición judeocristiana llama a esa frustración fundamental pecado del mundo y la teología, siguiendo a san Agustín que inventó esta expresión, pecado original o caída original.

Lo original aquí no tiene nada que ver con los orígenes históricos de este anti-fenómeno, por lo tanto, con el ayer. Sino con lo que es originario en el ser humano, que afecta a su fundamento y sentido radical de ser, por lo tanto, con el ahora de su condición humana.

Este pecado tampoco puede ser reducido a una mera dimensión moral o a un acto fallido del ser humano. Se refiere a una actitud globalizadora, por lo tanto, a una subversión de todas sus relaciones. Se trata de una dimensión ontológica que concierne al ser humano, entendido como un nudo de relaciones. Ese nudo se encuentra distorsionado y viciado, perjudicando todos los tipos de relación.

Es importante enfatizar que el pecado original es una interpretación de una experiencia fundamental, una respuesta a un enigma desafiante. Por ejemplo, existe el esplendor de un cerezo en flor en Japón y simultáneamente un tsunami en Fukushima que arrasa todo. Existe una Madre Teresa de Calcuta que salva moribundos de las calles y un Hitler que envía seis millones de judíos a las cámaras de gas. ¿Por qué esta contradicción? Los filósofos y los teólogos han venido esforzándose para encontrar una respuesta. Y hasta hoy no la han encontrado.

Sin entrar en las muchas interpretaciones posibles, asumimos una que va ganado cada vez más el consenso de los pensadores religiosos: la imperfección como momento del proceso evolutivo. Dios no creó el universo terminado de una vez, un acontecimiento pasado, rotundamente perfecto. Desencadenó un proceso en abierto y perfectible que hará su camino hacia formas cada vez más complejas, sutiles y perfectas. Esperamos que un día llegará a su punto Omega.

La imperfección no es un defecto sino una marca de la evolución. No traduce el designio último de Dios sobre su creación, sino un momento dentro de un inmenso proceso. El paraíso terrestre no significa saudade de una edad de oro perdida, sino la promesa de un futuro que está por venir. La primera página de las Escrituras es, en verdad, la última. Viene al comienzo como una especie de maqueta del futuro, para que los lectores y lectoras se llenen de esperanza acerca del fin bueno de toda la creación.

San Pablo veía la condición decaída de la creación como un sometimiento “a la vanidad” (mataiótes), no por causa del ser humano, sino por causa de Dios mismo. El sentido exegético de “vanidad” apunta al proceso de maduración. La naturaleza aún no ha alcanzado su madurez. Por eso en la fase actual se encuentra lejos todavía de la meta a ser alcanzada. De ahí que “toda la creación hasta el presente gime y sufre dolores de parto” (Rm 8,22). El ser humano participa de este proceso de maduración gimiendo también (Rm 8,23). La creación entera espera ansiosa la plena maduración de los hijos e hijas de Dios. Pues entre ellos y el resto de la creación existe una profunda interdependencia y re-ligación. Cuando eso ocurra, la creación llegará también a su madurez, pues, como dice Pablo, “participará de la gloriosa libertad de los hijos e hijas de Dios” (cf Rm 8,20).

Entonces se realizará el designio terminal de Dios. Solamente entonces Dios podrá proferir la esperada palabra: “y vio que todo era bueno”. Ahora, estas palabras son profecías y promesas para el futuro, porque no todo es bueno. Bien dijo el filósofo Ernst Bloch, el del principio esperanza: «el génesis está al final y no al comienzo». El retraso del ser humano en madurar implica un atraso de la creación. Su avance implica un avance de la totalidad. Él puede ser un instrumento de liberación o una traba del proceso evolutivo.

Y aquí reside el drama: la evolución cuando llega al nivel humano alcanza el estadio de la conciencia y de la libertad. El ser humano fue creado creador. Puede intervenir en la naturaleza para el bien, cuidando de ella, o para el mal, devastándola. Comenzó, quien sabe si desde el surgimiento del homo habilis hace 2,7 millones de años, cuando creó los instrumentos con los cuales intervenía en la naturaleza sin respetar sus ritmos. Al principio podía ser solamente un acto. Pero la repetición creó una actitud de falta de cuidado. En vez de estar junto con las cosas, conviviendo, se puso por encima de ellas, dominando. Y ha ido en crescendo hasta nuestros días.

Con esto rompió con la solidaridad natural entre todos los seres. Contradijo el designio del Creador que quiso al ser humano como con-creador y que mediante su genio completase la creación imperfecta. Pero éste se puso en el lugar de Dios. Por la fuerza de la inteligencia y de la voluntad se sintió un pequeño “dios” y se comportó como si fuera de verdad Dios.

Esta es la gran ruptura con la naturaleza y con el Creador que subyace a la crisis ecológica. El problema está en el tipo de ser humano que se forjó en la historia, más una «fuerza geofísica de destrucción» (E. Wilson) que un factor de cuidado y preservación.

La cura reside en la re-ligación con todas las cosas. No necesariamente ha de ser más religioso, sino más humilde, sintiéndose parte de la naturaleza, más responsable de su sostenibilidad y más cuidadoso con todo lo que hace. Necesita volver a la Tierra de la cual se ha exiliado y sentirse su guardián y cuidador. Entonces el contrato natural será rehecho. Y si además se abre al Creador, saciará su sed infinita y obtendrá como fruto la paz.

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“El evangelio no quiere mujeres oprimidas; Jesús nos quiere felices y bailando”

Domingo, 9 de marzo de 2014

dones-eglesiaGracias a Homoprotestantes hemos conocido esta entrevista:

Entrevista a Ernestina Ródenas, presidenta de Dones en L’Església

“Soy de izquierda, obrera. Siempre me he tenido que mover en ambientes hostiles y contrarios. Estoy en la frontera, soy incómoda para muchos”. Así se presenta Ernestina Ródenas, presidenta del Col·lectiu de Dones en l’Església, que aglutina en Catalunya a alrededor de 200 creyentes (religiosas y laicas; también algunos varones) comprometidas con la igualdad de género. Incorporan el pensamiento feminista a la teología de la liberación, debaten con mujeres de otras confesiones y con feministas laicas, defienden el discurso del Concilio Vaticano II de que “la Iglesia no es el único espacio de salvación, sino una de las puertas”.

Una vez al mes, celebran el memorial del Señor, haciendo una formación sobre la Eucaristía a modo de “catequesis ilustrada con perspectiva de género”. “Está prohibido por la Iglesia, pero no nos importa. Bueno, las religiosas tienen menos libertad. Una mujer, que es responsable de su congregación, nos dijo en un acto: ‘A mí no me importa salir en la foto, pero ya me he llevado muchos palos’”. Ródenas tiene claro que Iglesia no es sinónimo de una jerarquía que se opone a los derechos de las mujeres, sino que la construye una comunidad de creyentes para la que el Evangelio no es un instrumento al servicio del poder, sino una fuente de liberación.

¿Identifica en las mujeres necesidades espirituales diferentes a las de los hombres?

Las mujeres estamos muy cerca de la vida, de las necesidades de la vida que se aprenden en comunidad. Tenemos mucha necesidad de expresarnos, no somos personajes solitarios. Los hombres, en cambio, han ligado la espiritualidad a la soledad y el aislamiento. Tradicionalmente, las iglesias han estado llenas de mujeres, porque es un espacio al que hemos podido ir solas, sin que nadie nos culpabilice, incluso como forma de escapar del ámbito doméstico. Además, las mujeres buscamos en la religión respuestas a nuestras experiencias vitales. Creamos vida, cuidamos vida; comprendemos fácilmente los mensajes religiosos, como el de la encarnación de Jesús, un dios que puedes estrechar en los brazos. También sentimos una mayor necesidad de buscar respuestas al sufrimiento, debido a los deberes y papeles que se nos han asignado. El evangelio puede ser liberador. Jesús siempre se inclinó por la mujer y por los más débiles, como indican las interpretaciones del evangelio nada misóginas que se han hecho últimamente.

Mucha gente atea no entiende cómo es que, siendo las iglesias instituciones con una organización patriarcal y con un discurso contrario a los derechos de las mujeres (como los reproductivos), sigan teniendo una base feminizada. ¿Qué hace que las mujeres sigan participando en estas instituciones?

Para mí la Iglesia no es la jerarquía. Somos la comunidad de creyentes. Nos reunimos, leemos el evangelio, que contiene palabras de liberación, que se pueden interpretar desde la perspectiva de género. Hay esperanza para rato. Por ejemplo, la historia de la mujer encorvada que sanó Jesús, porque no podía soportar verla así. Simboliza a la mujer oprimida que no puede levantar la vista del suelo. Jesús la endereza. Ella se pone de pie, anda, alaba a Dios, canta y baila. La religión entendida como la práctica del mensaje evangélico no quiere ver a ninguna mujer encorvada. Nos quiere de pie, felices… Nunca condena.

ernestina-rodenasEn una investigación sobre mujeres y religiones, he encontrado la siguiente afirmación: las mujeres identifican que las religiones imponen sus normas morales con mayor rigor sobre ellas que sobre los hombres; son conscientes de esa doble moral, pero no tienen herramientas para cuestionarla. ¿Qué opina?

No existe el hombre que embaraza, sólo la mujer embarazada, a ella se le cargan todas las penas, la exclusión, la culpa, la penalización. La mujer se queda sola y acusada por todo el mundo. El prostituidor y el proxeneta reciben menor condena que la prostituta. La doble moral es descaradamente actual. A la madre soltera y a la prostituta, Jesús les dice: “Yo no te condeno”.

La penalización del aborto es otro ejemplo de esa ideología que machaca a las mujeres. Pero hay herramientas. En el aniversario del Concilio Vaticano II, aboguemos por la libre conciencia, por que cada quién discierna sus opciones fundamentales. Y dejemos a un lado la culpa.

Popularmente se habla de la culpa cristiana. ¿No es una emoción inherente al catolicismo?

La culpa ha calado mucho. La civilización europea proviene de tesis no sólo cristianas, también aristotélicas, que no eran propicias a que la mujer tuviera un lugar prominente en la sociedad. La cultura cristiana europea ha pasado muchas épocas, en las que la mujer ha sido más libre. Nosotras arrastramos el estigma del clericalismo agudo de Franco. La culpa no es inherente al mensaje auténtico. La jerarquía, para tener poder, ha potenciado la cristiandad y se ha olvidado el reino de Dios: la paz, la justicia, la igualdad. Los estados han utilizado la religión como instrumento de dominio y poder. Los más débiles lo sufren.

Pero, en materia de moral sexual, ¿hay algún mandato insalvable? ¿Se pueden cuestionar todos?

Los movimientos feministas laicos nos han hecho un gran favor redescubriendo el sentido del placer, de la alegría, en contra de la idea de que hemos venido al mundo para sufrir. Las mujeres católicas lo han ido interiorizando. En España las mujeres no podían estudiar teología, pero en otros países sí, y había teólogas feministas de las que estamos aprendiendo. Sabemos que Dios puede ser madre y padre a la vez, no se le puede poner etiquetas. Y que, donde hay amor, ahí está Dios.

Ese es el lema de una campaña a favor de la diversidad del Movimiento Feminista de Nicaragua, cuya imagen es de dos mujeres besándose. ¿Qué le parece?

Pues muy bien. No es que el amor sea algo perfecto que pueda con todo, pero me parece un buen mensaje.

Entonces, ¿qué es el pecado?

El pecado es un invento. Es la negación de la vida, la negación de la posibilidad de ser feliz. Es una construcción social. El pecado es un desorden que te provocas a ti misma, pero tú eres el primer damnificado y tienes una carga que te llevas a cuestas. Jesús hablaba de pecado porque era el lenguaje de la época, pero no cargaba contra los pecadores. Asistimos a una teología del pecado muy totalitaria. El recurso fácil es culpabilizar a la mujer, cargar más peso a la mujer encorvada. La confesión es un instrumento de poder. Hace años que no me confieso. Por eso las mujeres van abandonando las iglesias. Los obreros abandonaron la iglesia por las injusticias a principios del siglo XX, los jóvenes a mediados de siglo, las mujeres en el siglo XXI. Queremos cambiar las cosas, y también queremos que los hombres cambien su modelo de masculinidad.

Pero, ¿cómo puede una mujer de un pueblo pequeño acceder a esos discursos alternativos a los del cura de su parroquia?

Antes era imposible. O te ibas del pueblo, o te metías en una orden religiosa. Ahora las mujeres de los pueblos tienen recursos. Hay medios de comunicación. Escriben cartas, envían correos, opinan. Si es necesario, denuncian. Abandonemos la idea de la mujer pobrecita que no sabe. Han perdido el miedo a pronunciarse. El discurso patriarcal viene de muy antiguo, no lo emite sólo la iglesia sino toda la sociedad: desde los medios de comunicación a los púlpitos, se dice a las mujeres lo que tienen que hacer. Es muy difícil sustraerse de ese pensamiento único. A medida que las mujeres se organizan en grupos, ahí hay una fuerza.

La Conferencia Episcopal se vuelca contra el aborto, pero no se ha manifestado contra la violencia machista, contra el feminicidio.

La Iglesia tiene un defecto: le obsesiona mucho el final y el principio de la vida. Reserva únicamente a Dios el derecho a decidir. Esto marca la postura ante la eutanasia y el aborto. Así, que se mate en guerras parece inevitable y, efectivamente, no se han desarrollado medidas de protección a las víctimas de la violencia machista. La jerarquía confunde el poder de Dios con su propio poder de influir. Pero hay personas clarividentes dentro de la Iglesia que lo están denunciando, como Teresa Forcades.

El libro ‘Cásate y sé sumisa’ se ha convertido en un éxito de ventas. ¿Cree que ese mandato de sumisión femenina impera en el discurso hegemónico de la Iglesia católica?

Se podían haber ahorrado ese libro. Ni me molesto en contestar. No vamos a discutir tonterías. Es un intento desesperado de querer salvar lo que ven amenazado: sienten que con el papa Francisco, todo se les va de las manos. El pensamiento único aparentemente da seguridad. Vendes tu libre conciencia a cambio de esa falsa seguridad.

¿Qué espera del papa Francisco?

Está en nuestra línea, de desmontar artificios innecesarios, abriendo camino para que el Evangelio pueda leerse con mayor claridad; bienvenido sea. Pero no soy mitómana. Es una voz como la nuestra, sólo que desde el altavoz del Vaticano suena más alto y lejos.

¿Aboga por que las mujeres que se topen con discursos machistas en las Iglesias vivan su fe sin intermediarios o en espacios alternativos?

Eso estamos haciendo. Las mujeres enseñamos, aprendemos teología, historia, biblia, trabajamos en redes solidarias con otras mujeres para conseguir la igualdad, somos críticas como cómo gobiernan los hombres. Pensamos estrategias para desmontar mitos y lenguajes excluyentes. Debatimos sobre ecofeminismo, teología queer (la teología de los márgenes, que reconoce a Dios en los sujetos que desecha la sociedad; negros, homosexuales, transexuales…). Rescatamos la aportación indispensable de mujeres bíblicas, históricas. Por ejemplo, contamos que San Jerónimo, quien tradujo la biblia (representado en una cueva, desnudo con una calavera) contó con un grupo de mujeres del Tridentino que tenían poder (porque los hombres estaban en la guerra) y que fueron un apoyo clave en su trabajo.

Construimos la Iglesia que soñamos. No queremos ser iguales que ellos, no queremos que nos hagan curas ni llegar a papas. No nos interesa. No tendría que haber papa ni Vaticano.

Autora: June Fernández
Fuente: Pikara

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España: La Iglesia invierte en Viagra y anticonceptivos.

Domingo, 9 de marzo de 2014

20130225193922-1360854049-798092-1360854153-noticia-normalLeído en Argenpress

MDZOL

Los arzobispados españoles de Madrid y de Burgos invirtieron fondos en el laboratorio farmacéutico Pfizer.

Por todos es conocida el rechazo frontal que mantiene la Iglesia ante los anticonceptivos. Sin embargo, a la hora de buscar rentabilidad para su dinero, parece que sí es capaz de flexibilizar su postura.

Prueba de ello es que el arzobispado de Madrid, presidido por Rouco Varela, y el de Burgos, con Francisco Gil a la cabeza, han invertido en los últimos años en acciones de empresas como el laboratorio farmacéutico Pfizer, ha informado Cuatro en sus informativos, publicó el diario ibérico20minutos.es.

Pfizer es una multinacional que tiene entre sus medicamentos estrella la famosa Viagra, una pastilla contra la impotencia sexual, y un anticonceptivo inyectable que se comercializa con mucho éxito en Estados Unidos

Se trata de Depo-Provera, un anticonceptivo que se administra en el brazo cada tres meses y que, según se calcula, es usado en el mundo por unos 30 millones de mujeres para evitar el embarazo. Además, Pfizer fabrica otro tipo de anticonceptivos que se venden en países americanos. Compañías licoreras y fondos opacos La inversión en estos laboratorios, unos 80.000 euros al año, forma parte de un amplio paquete bursátil de la Iglesia en capital de riesgo.

Según Noticias Cuatro, los obispos han perdido desde el mes de agosto un 20% de lo que invirtieron debido a la crisis de las hipotecas basura. También metió dinero en compañías licoreras y en fondos opacos.

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El teólogo jesuita González Faus pide al Papa que la Iglesia venda bienes para ayudar a las víctimas de la crisis.

Domingo, 9 de marzo de 2014

custodia-de-juan-de-arfeLeído en el blog de José Ignacio González Faus Miradas Cristianas:

La custodia de la catedral de Toledo o las joyas de la corona de la Virgen del Pilar

“Ante una verdadera necesidad humana, nada hay tan sagrado que resulte intocable, si puede remediarla”

Querido hermano Francisco, obispo de la iglesia que debe “presidir en el amor”: me digo que son demasiadas las cartas que se te escriben, que no puedes leerlas todas y que nuestra tarea hoy no debería ser dictarte lo que has de hacer, sino ayudarte en lo que has propuesto. Pero hay un punto que me parece muy importante, muy olvidado, urgente y relativamente fácil. Tiene además que ver con tu ilusión de “una iglesia pobre y para los pobres”. Y es el que me impulsa a ponerte estas líneas.

Todos hemos leído cómo David, ante el hambre ocasional de sus soldados consideró legítimo comer los panes de la proposición, y cómo Jesús aludió a ese episodio para justificar que sus discípulos quebrantasen el reposo del día santo. Ambos episodios vienen a decirnos que ante una verdadera necesidad humana, nada hay tan sagrado que resulte intocable, si puede remediarla. No sé si Juan Pablo II pensaba en esos episodios cuando escribió que “ante los casos de necesidad no se debe dar preferencia a los adornos superfluos de los templos y a los objetos preciosos de culto divino; al contrario, podría ser obligatorio enajenar esos bienes para dar pan, bebida, vestido y casa a quien carece de ello” (SRS 31). Wojtila habla de obligación y, en las líneas anteriores, señalaba que esa es la enseñanza y la praxis de la iglesia primitiva.

modelo-mendigo-e1351374118361Me pregunto si no hay un amplio sector eclesial que esgrime con furia determinados preceptos de la Iglesia, mientras que otros que no le gustan no los contradice ni los discute con argumentos, sino simplemente los olvida, los mete en el congelador o los envuelve con el plástico de un silencio absoluto. Temo que eso mismo hemos hecho con la enseñanza citada de la SRS: en momentos tan duros y tan trágicos como los actuales, para tantas gentes, no puedo menos de pensar en algunos “objetos preciosos de culto divino” de mi país: la custodia de la catedral de Toledo, las joyas de la corona de la Virgen del Pilar, la Sagrada Familia de Barcelona, el cáliz de la cena de Valencia (que además tiene mínimas posibilidades de ser auténtico) y otros que yo desconozco ¿no deberían haber sido “enajenados” hace tiempo, para ver cómo pueden remediar el hambre y las lágrimas de tanta gente sencilla que son los verdaderos paganos de nuestra crisis económica? Todas esas riquezas no le dan ningún culto a Dios; en cambio, ponerlas al servicio de las víctimas de nuestra crisis sería un gran acto de culto divino, con tal que no se haga alocada y precipitadamente, sino estudiando el modo de que resulten lo más eficaces posible.

Temo que los católicos de mi país seamos responsables de un pecado grave en este punto y me duele que ninguna voz autorizada de la iglesia española se haya levantado para evitarlo. Cuento con que decirte esto me puede costar más de dos bofetadas porque herirá sentimientos patrióticos. No deseo herirlos; pero pienso que el Reino de Dios es nuestra patria más verdadera, mucho más que todos nuestros localismos fatuos. Y esa enajenación de los objetos del culto divino pertenece al reino de Dios; mientras que negarse a ella sólo obedece a orgullos o miedos demasiado humanos.

Sé que hay mucha gente sincera dispuesta a seguirte y ayudarte por la autoridad que te has ganado en estos meses. Y que una palabra o indicación tuya en este sentido podría ser un gran acto de culto divino válido, para toda la Iglesia. Perdóname si por ello te doy la lata.

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