Comentarios desactivados en ¿Nos animamos a ponernos en camino?
Lc 1, 39-56
Celebrar hoy a María que es llevada al encuentro definitivo con Dios nos compromete a vivir, como ella, esos otros encuentros transformadores en los que compartimos y cantamos la vida que Dios nos regala.
Este domingo celebramos la fiesta de la Asunción de María. Lo normal es que acudan a nuestra mente las muchas imágenes que hemos visto de María, mirando a lo alto, con las manos juntas, rodeada de ángeles, sobre nubes que indican cómo es elevada al cielo. Es realmente una fiesta que nos habla del triunfo y la santidad de María, pero que apenas nos dice nada, si nos quedamos en las imágenes, porque nuestra propia experiencia tiene poco que ver con ellas.
Pero, como tantas veces, el evangelio de hoy nos saca de estas imágenes que nosotros mismos nos hacemos y nos presenta a María con los pies en la tierra. Viviendo salidas y encuentros que sí pueden parecerse a los nuestros. Vamos a intentar acoger toda la riqueza de este texto, precioso y claro, ayudándonos de dos imágenes que nos presenta:
1. El encuentro de dos mujeres embarazadas
Según Lucas, María acaba de recibir la noticia de que ha sido elegida para ser madre del Mesías, del Hijo de Dios, y lo que hace es “ponerse en camino” y añade el texto “con prontitud”, aunque también puede traducirse con diligencia, con empeño, con cuidado… Como una decisión que brota de su nueva condición de madre, de sentir que en sus entrañas crece la nueva vida que viene de Dios.
Dios ha salido a su encuentro y ella va al encuentro de Isabel, una mujer también embarazada. Dos embarazos que se nos invita a contemplar a la luz de la fe, porque se realizan en circunstancias que humanamente son imposibles. En el caso de María porque “no conoce varón”y en de Isabel porque es anciana, “ha concebido en la vejez”. Y es que la vida que nace de Dios, nos dice el evangelio, rompe todas las normas, supera nuestros cálculos, nos sorprende irrumpiendo con fuerza allí donde nosotros no vemos posibilidades.
Esta experiencia de que para Dios “nada hay imposible”, de que Él sale al encuentro y hace surgir vida en dos mujeres sencillas, como entre tantos pobres y humildes, es una experiencia de las primeras comunidades cristianas, pobres, pequeñas y perseguidas. ¿No puede ser hoy la nuestra? ¿No se sienten nuestras comunidades a veces como Isabel, demasiado mayores y cansadas para algo nuevo, o demasiado solas y llenas de dificultades para ello?
Dos mujeres embarazadas, que se encuentran, ¿de qué hablan? Sin duda de sus hijos, de su alegría, del futuro… En este caso nos dice el evangelio que la alegría es desbordante y contagiosa, tan honda que “el niño salta de gozo en sus entrañas” y se llena del Espíritu de Dios. Y desde este Espíritu hablan de un futuro que las transciende, que no es solo el futuro de sus hijos, es el futuro de todo el pueblo, de toda la humanidad.
La hondura de gozo y de fe hace que este encuentro adquiera otra dimensión, del encuentro de dos mujeres pasa a ser el encuentro definitivo y permanente de Dios y nuestro mundo, su mundo.
2. Una mujer que se pone a cantar a Dios y al mundo nuevo que Él hace posible
Esta es la segunda imagen, María consciente de lo que está viviendo prorrumpe en un cantico que expresa una de las imágenes de Dios más rotundas y esperanzadoras del Nuevo Testamento.
Es importante considerar cómo Lucas pone en boca de María este canto que conocemos como el Magníficat. No vamos a entrar en su origen, ni a tratar de desentrañar las imágenes del AT que evoca… Vamos a dejar que nos toque el corazón desde su sencillez y frescura, a la vez que desde su hondura y tremendas afirmaciones.
María expresa su conciencia maravillada de la acción de Dios en ella, más allá de su pequeña realidad o precisamente por ella. Descubre que Dios es grande porque actúa en su sierva pobre y sin méritos. Y afirma con contundencia que es a ella, humilde mujer nazarena, a quien todas las generaciones llamarán bienaventurada. No solo a su hijo ni a su Dios.
Y esta experiencia de que Dios hace maravillas en ella, es la razón por la que afirma que Dios es misericordioso y que esta misericordia realizada en ella, se extiende, de generación en generación, sobre los que le temen, sobre los que le toman en serio, sobre los que creen en él y le aman.
Su experiencia personal, es la que le hace descubrir cómo actúa Dios en el mundo y como está dispuesto a hacer nuevo nuestro futuro, con acciones desestabilizadoras a favor de los pequeños, de los necesitados:
“Dispersa a los soberbios de corazón, derriba a los poderosos y ensalza a los humildes. Llena de bienes a los hambrientos y despide vacios a los ricos”
Esta es la promesa de Dios para con su pueblo, la promesa que hace cantar de gozo a María. Esta es la promesa que Dios nos hace hoy a nosotros, que hace a nuestra Iglesia y a nuestro mudo.
Aclamar y celebrar hoy a María que es llevada al encuentro definitivo con Dios nos compromete a vivir, como ella, esos otros encuentros transformadores en los que compartamos y cantemos la vida que Dios, por su misericordia, derrama en nosotros, en nuestra pobre realidad. ¿Nos animamos a ponernos en camino?
¡Feliz domingo! ¡Feliz día de la Asunción de María!
Comentarios desactivados en María decidida y con prisa.
Ilustración: Maximino Cerezo Barredo, cmf
(Lc 1, 39-56)
Hay tiempo para alzar la vista con mirada lánguida al horizonte y que se tope en los edificios de doce pisos de la ciudad. Hay tiempo para deleitarse lanzando la mirada hacia el horizonte de un mar en calma. Y hay tiempo para levantarse a destiempo como le pasó a María, que se puso en marcha deprisa hacia la montaña, con la alegría que le crecía notablemente en el vientre.
Cuando la palabra no tiene capacidad de expresarse, el silencio se explica en las huellas del camino de quien ha comprendido que es hora de compartir.
Encontré en el Diario del hno. Christophe de Tibhirine (1), dentro del texto que escribió el 8 de febrero de 1995, una cita de George Bernanos (2), que me produjo primero impresión y luego serenidad: “La oración es la única rebelión que se mantiene en pie”.
Rebelión de los libres. Rebelión de los que no pierden la esperanza. Rebelión de los rebeldes con causas. La única rebelión que se mantiene erguida ante el poder y la injusticia… y es silenciosa.
María se puso en pie como mujer libre que dio su palabra y que alimentó su vida con esa única rebelión que se mantiene en pie, según Bernanos, en un mundo que no sabe detectar este tipo de rebeldía silenciosa de rebeldes con causas.
Muchas horas de oración silenciosa tuvo que vivir María desde el momento de la aceptación de la misión hasta que se levantó aquel día decidida y con risa y corrió hacia la montaña.
En el encuentro de aquellas dos mujeres, María e Isabel, sólo cabía proclamar, que es mucho más que concretar, hacer un discurso o expresar un momento grato. Es un manifiesto que quedó proclamado en el Magníficat, oración para todos los tiempos, también el que vivimos ahora.
“MAGNIFICAT” para el SIGLO XXI (3)
Proclama mi alma la grandeza del Señor
Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador,
mi Padre, mi Todo.
porque ha mirado la humildad y obediencia
de su hija, su criatura.
Desde que acepté su palabra,
me felicitan todas las generaciones
– antiguas y venideras-
porque he dejado que Él, que todo lo puede,
haga obras grandes a través de mí;
su nombre es santo
y su misericordia llega a los que le son fieles
y, a través de ellos, a los que no le conocen,
así, día tras día,
de generación en generación,
su amor se expande de corazón en corazón.
El Señor es fuerte:
confunde y desconcierta a los engreídos,
deja caer a los que ostentan el poder,
sostiene y pone como ejemplo a los humildes,
a los que tienen hambre de pan y amor los sacia
y a los que acaparan y no comparten
los despide vacíos.
Auxilia al mundo, su hijo pródigo,
porque no olvida la promesa de misericordia
hecha a Abraham, a los Apóstoles
y a las mujeres y hombres creyentes
de todos los tiempos.
María se quedó en casa de Isabel unos tres meses y volvió a su casa. Me gusta imaginar cómo lo pasarían las dos compartiendo vida y oración, alegres y expectantes y, quizás provocando muchas interrogaciones alrededor, pues hay veces que lo que se vive por dentro no tiene que ser necesariamente entendido por fuera.
Feadulta 15 agosto 2022
Mari Paz López Santos
(1) “El soplo del don – Diario del hno.Christophe de Tibhirine, Ed. Monte Carmelo, pág.172
(2) George Bernanos (París, 20 de febrero de 1888 – Neuilly-sur-Seine, 5 de julio de 1948) fue un novelista, ensayista y dramaturgo francés. (Fuente: Wikipedia)
(3)“¿Qué quiere Dios que yo quiera?”, Mari Paz López Santos, pág. 55-56
Comentarios desactivados en María y la Asunción ¿Desde dónde la contemplamos?
ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA. (Lc 1, 39-56)
¿Desde las Visiones proféticas del Apocalipsis de la primera lectura y salmo de hoy? ¿Desde el Evangelio de la Visitación? ¿Desde el Dogma de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos? ¿Desde la Historia del Arte? ¿Desde el imaginario y creencias de la piedad popular? ¿Desde el Nuevo catecismo de la Iglesia Católica? ¿Desde la teología feminista?
Hagamos un breve recorrido. Desde la visión apocalíptica y salmo que leemos hoy y que ha ejercido una seducción irresistible en el arte y el imaginario popular: ¡Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas! Salmo: La reina enjoyada con oro de Ofil. Por contraste, en el Evangelio de hoy, Lucas nos presenta la escena del encuentro gozoso de dos mujeres que han creído lo que se les ha dicho: La Visitación. En el Dogma de la “Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos” la Iglesia confiesa que María fue “subida” al cielo en cuerpo mortal. (Como dogma la Asunción es una verdad de fe revelada por Dios en la sagrada Escritura o contenida en la Tradición.) De la Asunción no hay nada en la Sagrada Escritura, pero sí tiene una larga tradición en el imaginario y creencias populares. En el Nuevo catecismo de la Iglesia Católica: “La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la de los demás cristianos” Así celebra la Iglesia hoy, como fruto primero de la muerte y resurrección de Jesús, la Asunción de María. Y de este modo, se abre un camino de esperanza para la misma Iglesia y para toda la humanidad.
Pero demos un paso más y veamos la Asunción y Ascensión más allá de la mitología de los relatos evangélico, el imaginario popular, el dogma y el catecismo. Lo que cuentan los evangelios, todos en lenguaje mítico, son narraciones ejemplarizantes y simbólicas que no se pueden leer al pie de la letra. Literalismo. Necesitamos interpretarlas con ayuda de las ciencias exegéticas y hermenéuticas hoy disponibles. De María, históricamente, no sabemos nada. Los narradores bíblicos usan a María para presentar su mensaje, para decir lo que de verdad quieren decir. La idealización de María está al servicio de la intención del autor. Nosotros tenemos que descubrir y descifrar el significado que, para nuestro crecimiento en la fe, aporta el texto.
¿Y qué interpretación hacemos hoy de la Asunción de la Virgen María en cuerpo mortal y alma a los cielos? En esa metáfora de la Asunción nosotros hoy contemplamos a María que ha alcanzado la plenitud de su verdadero ser. Que ha llegado a ser lo que verdaderamente era. Que a lo largo de su vida María iba evolucionando en la identificación con la divinidad y decimos que lo consumó en la Asunción-glorificación, siguiendo el mismo recorrido que Jesús realizó. Hoy no podemos entender “físicamente” ni la ascensión del Señor ni la asunción de la Virgen. Subir, ¿a dónde? Dios no está arriba. No está separado de su creación. Está transcendentemente inmanente a ella. Nadie tiene que subir ni bajar, entrar o salir para encontrarle donde está. ¿En qué Cosmología actual cabe ni la Ascensión ni la Asunción? La Ascensión y la Asunción obedecen a la cosmología de los Tres Pisos que actualmente resulta insostenible.
Desde la interpretación de la Asunción como logro de la plenitud humana, María es ejemplar, un modelo, un ideal para el creyente del siglo XXI. Hoy celebramos su participación en la Vida divina durante toda su vida, desde la cuna a la sepultura. Y sabemos que nuestra participación en la Vida es igual que fue en María. Por eso su contemplación y celebración (celebrar es recordar y vivir) nos ayuda en nuestra asunción constante hacia la plenitud, hasta llegar a ser lo que somos realmente.
A mí me ayudó a cambiar desde dónde contemplar a María y su asunción, escuchar, en 2017, una conferencia que dio Marifé Ramos con el título “María, vecina de Nazaret”. En esa conferencia se nos pedía ver a María como si fuéramos vecinas con ella en Nazaret, en el contexto histórico, político, económico, social y religioso de Palestina en el siglo I. En una sociedad machista y patriarcal. María era una mujer sencilla, pobre y obediente a la cultura en la que vivía. Como todos los judíos, esperaba al mesías que liberaría al país de la tiranía del Imperio romano.
La María de Marifé me resultó más cercana y ejemplar que la imagen infantil prolongada que todavía mantenía. Fue grande el contraste entre la mi imagen de María, alimentada por la mariología popular (apariciones, romerías, santuarios y ermitas, novenas y peregrinaciones) y la María desmitificada que nos presentó tan razonablemente. Esta María, con la que puedo compartir vecindad, me resultó más verosímil e imitable en su fidelidad al proyecto divino para ella diseñado. Esta María sí es un referente para la humanidad hoy.
Mi proceso de “desmitificación y desidealización” de María se enriqueció con los abundantes ensayos, estudios e investigaciones realizados por mujeres, en el campo de la Teología Feminista, sobre María, la madre de Jesús de Nazaret. Mi gratitud especial para Mercedes Navarro, Carmen Bernabé y Consuelo Vélez entre otras muchas. Todas ellas me han ayudado a descubrir en María a una mujer de fe, libre, activa, fuerte. Muy distinta a la María domesticada por el patriarcado desde el que se escriben los Evangelios y la literatura del Nuevo Testamento.
Y para cerrar como debe ser en nuestro hoy eclesial: En una Iglesia sinodal y “en salida” María nos convoca a ser, como ella, protagonistas en la misión liberadora del Reino, a dar testimonio del evangelio de Jesús de Nazaret y ser sacramento de salvación (liberación) de la humanidad sufriente. En verdad, es tiempo propicio para renovar nuestra espiritualidad mariana, para seguir sus pasos como discípula y misionera fiel y audaz.
Para profundizar. 1. Ver el video o leer el texto de la conferencia de Marifé Ramos “María, vecina de Nazaret” que podéis encontrar en la web de Feadulta. 2. Mercedes Navarro “Los rostros bíblicos de María.” Exégesis y hermenéutica bíblica feminista. Verbo Divino (2020). 3. El blog de Consuelo Vélez en Religión Digital.
Comentarios desactivados en Maximiliano María Kolbe, un corazón donado…
Hoy recordamos, en su festividad, a este ejemplo de entrega sin límites…
Nació en Polonia en 1894. A los 13 años entró en los menores conventuales. Una vez terminados sus estudios filosóficos y teológicos en Roma, instituyó en ella la «Milicia de la Inmaculada», en 1917. Tras ser ordenado sacerdote en 1927, fundó en su patria la «Ciudad de la Inmaculada», centro de vida espiritual y de actividad editorial. Ejerció como misionero en Japón y volvió a Polonia en 1936, donde prosiguió su intensa obra de apostolado. Durante la Segunda Guerra Mundial fue deportado al campo de concentración de Auschwitz, donde murió al ofrecer su vida por la de un compañero de prisión, el 14 de agosto de 1941. Fue beatificado por Pablo VI en 1971 y canonizado con el título de mártir por Juan Pablo II en 1 982.
*
***
En todos los continentes, o casi, es conocida y notoria la figura de san Maximiliano María Kolbe. Y quien ha recibido el don de acercarse a él, queda profundamente conquistado por el santo. Porque se quedará tan presente en su propia vida, que sentirá la necesidad de invocarlo, imitarlo y enamorarse de su poliédrica figura de hombre, sacerdote, religioso, apóstol y mártir.
«Sólo el amor crea», había repetido miles y miles de veces el padre Kolbe durante su vida. «Sólo el amor crea», cantaban las obras que iba ideando y concretando una tras otra, a fin de llevar la vida de la verdad a cada hombre con la imprenta; para llevar las ondas de la vida a cada casa por medio de la radio; para dar un signo de la vida eterna a través de las esculturas y las pinturas de los hermanos. Y en sus largos viajes no perdía la ocasión de acercarse al ateo, al masón, al judío, al incrédulo, al cristiano adormecido en su fe, para que el nuevo destello de la vida iluminara el camino que lleva a la salvación.
«Sólo el amor crea», ha ido repitiendo el papa «venido de lejos », cada vez que se detiene a hablar de este hombre: el hombre de nuestro tiempo, el hombre de la magna y profunda herencia. La herencia espiritual de san Maximiliano María Kolbe no tiene límites. La consagración total a la Inmaculada con propósitos apostólicos, que él vivía y promovía, es y debe ser una verdadera espiritualidad. Indudablemente, es una herencia muy comprometedora, porque se trata de imitar a aquel que nos la ha dejado. A saber: se trata no de tener «algo» de él (posibles reliquias, algún autógrafo, su biografía, etc.), sino de poseer su espíritu, porque de los santos queda sobre todo lo que han hecho, actuando según la voluntad de Dios. Recoger su herencia significa permitir a Dios que obre en nosotros como obró en ellos. Como obró en san Maximiliano María Kolbe y en muchos de sus seguidores
*
(L. Faccenda [ed.], «Un corazón donado. San Maximiliano María Kolbe», suplemento a Milizia Mariana 4 [1994] 11; 51ss; 75).
Comentarios desactivados en “En recuerdo de Teilhard de Chardin”, por Isabel Gómez Acebo
Leído en su blog:
Gracias a la publicación de un libro me ha venido a la memoria la persona y teología del jesuita Teilhard de Chardin. Fue un francés paleontólogo y filósofo que tuvo una visión interdisciplinar de la evolución del mundo. Su vida transcurrió entre 1881 y 1955. Fue un pensador importante y reconocido, miembro de las Academias de Ciencias de Francia y de New York, caballero de la Legión de honor y Cruz de Guerra, por su participación en la Primera Guerra Mundial
Su pensamiento estuvo a medio camino entre la pugna por la evolución que se organizó entre la ortodoxia religiosa y la ciencia, por lo que fue atacado por ambas. Tan es así, que el Vaticano le condenó al silencio y a los que estudiábamos teología nos fue complicado encontrar sus escritos. Jesucristo para el francés era el punto Alfa, el inicio de la creación, y el Omega, su fin.
A pesar de que su obra tiene más de 100 años y está en algunos aspectos sobrepasada por los descubrimientos científicos tengo que reconocer la fascinación que produjo en mi persona su pensamiento. Teilhard nos descubre un mundo lleno de Absoluto, es el Dios inmanente, palpable e inmediato que se nos muestra a través de Cristo. Esta manera de pensar nos aleja de un Dios trascendente y alejado de su creación que era en el que yo me había criado. En mis tiempos había que renunciar al mundo que era lo opuesto al Espíritu
Para Teilhard, Dios es el fuego que quema y el agua que derriba; el amor que inicia y la verdad que pasa. Todo lo que se impone y lo que se renueva, todo lo que se desencadena y lo que une. La materia está infundida por Dios y los que la desprecian mueren de inanición porque los hombres tenemos que empaparnos de materia que es la fuente y la juventud de la vida. La pureza del espíritu no consiste en la separación del universo sino en una penetración más profunda en él. Nos aconseja Teilhard que nos bañemos en la materia, no sumerjamos en ella, luchemos en su corriente y utilicemos sus olas. Un pensamiento que yo encontraba muy novedoso y atractivo
También nos presenta un final maravilloso porque Jesús está oculto entre las fuerzas que hacen madurar la tierra. A quien le haya amado y seguido apasionadamente por los caminos de esa tierra, ésta les techará, se encontrará cuando muera entre sus brazos gigantes y se despertará con ella en el seno de Dios. A mí, como madre me resulta muy gratificante, volver al vientre que me dio a luz al término de mi vida, la Gran Madre, a la que han adorado muchos pueblos
Comentarios desactivados en ( l -ll ) ¿Qué hacemos con los pobres, en nuestra pobre vida?
Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:
| Alfonso Olaz OFS
( l -ll ) ¿Qué hacemos con los pobres, en nuestra pobre vida?
Para la mayoría de nosotros, poco o nada hacemos.
Los hemos invisibilizado en nuestra cultura del descarte.
¡Nada hacemos!
A los pobres los tenemos
en nuestro ideario falsario del cumplimiento de la norma,
que mata y disuelve todo lo que nos separa del verdadero Jesús, pobre y resucitado.
Cada vez que entramos en una iglesia- y rezamos al Jesús pobre y resucitado… Todavía un poco más lo crucificamos!
Señor, ¡qué paciencia tienes con nosotros!
El amor a los pobres no es opcional. Tú nos lo has dicho: “Lo que hiciste con el más pequeño, conmigo lo hiciste.”
Si queremos seguir a Jesús pobre y resucitado,
debemos amar a todos los pobres.
Si no amas al pobre que ves,
¿cómo vas a amar a Jesús, pobre y resucitado, al que no ves?
Esta noche, en las Fiestas de San Fermín, he hablado con Txemi. Hace casi 40 años que está separado: no tiene contacto con su mujer, ni con su hija, no conoce a sus nietos. Me dice que le gustaría estar con ellos…
Txemi vive desde hace años en una residencia de mayores. Ahí he visto claramente a Jesús, pobre y resucitado.
¿Hasta cuándo estaremos preocupados por “lo nuestro”? Cuando «lo nuestro« es ocuparnos del pobre que no vemos, que es Cristo pobre y resucitado.
¿De qué me vale rezar, si no rezo con los pobres?
¿De qué me vale vivir, si no reconozco al pobre que llevo en mi interior?
Jesús, dame tu fuerza para ser valiente testigo tuyo.
Y perdóname por no estar al lado de mis hermanos,
los pobres, al lado tuyo, de tu lado…
( ll) Señor, ¿qué hacemos con los pobres en esta pobre vida nuestra?
Los ocultamos, los convertimos en cifras,
Y los dejamos fuera del templo y fuera del plato.
Y tú, Pobre entre los pobres, sigues esperando con el rostro de Txemi, con su soledad de abuelo sin nietos, con su corazón herido y callado.
Perdónanos, Jesús.
Perdónanos por tantas eucaristías sin pan compartido, por tanta oración sin compromiso, por tanta cruz sin compasión.
Tú nos lo dijiste: “El que toca al pobre, me toca a mí.”
Pero nosotros seguimos rezándote en la sacristía y evitándote en la calle.
Nos acostumbramos a verte sin verte.
Nos volvemos expertos en liturgia y analfabetos del Reino.
Señor, devuélvenos el escándalo del Evangelio.
Rompe nuestras seguridades.
Desinstálanos del egoísmo.
Y llévanos, contigo, al lugar donde tú habitas:
en la periferia, en el fondo, en los últimos.
Haznos comunidad con nombre y con rostro, Iglesia que no teme ensuciarse,
Evangelio que camina con sandalias rotas y corazón ardiente.
Y llévame, Jesús, de mi paz cómoda a tu Paz crucificada.
De mi fe domesticada a tu Evangelio sin descuentos.
Comentarios desactivados en “Las causas por las que luchó Pedro Casaldàliga”, por Juan José Tamayo
Leído en su blog:
En el quinto aniversario de su muerte
Pedro Casaldáliga fue más allá y antepuso las causas humanitarias a su propia vida. “Mis causas son más importantes que mi vida”, acostumbraba a decir»
«Sus causas nada tenían que ver con asuntos eclesiásticos de miradas estrechas, como la crisis de sacerdotes, mantener el estatus clerical, preocuparse por la enseñanza de la religión católica en la escuela, mandar al infierno a las mujeres pobres que interrumpían el embarazo, calificar a las personas homosexuales de enfermas…«
“Soy un ser humano y nada humano me es ajeno”, dejó escrito el escritor romano-africano Publio Terencio en su comedia El enemigo de sí mismo. Pedro Casaldáliga fue más allá y antepuso las causas humanitarias a su propia vida. “Mis causas son más importantes que mi vida”, acostumbraba a decir. Quiero recordar esas causas precisamente estos días en que conmemoramos el quinto aniversario de su fallecimiento. No, no era una frase retórica y hueca, sino la expresión de su práctica liberadora en defensa de las causas de las personas más vulnerables, de los colectivos empobrecidos y de los pueblos oprimidos. Por muy difíciles que parecieran, no dio ninguna por perdida.
Sus causas nada tenían que ver con asuntos eclesiásticos de miradas estrechas, como la crisis de sacerdotes, mantener el estatus clerical, preocuparse por la enseñanza de la religión católica en la escuela, mandar al infierno a las mujeres pobres que interrumpían el embarazo, calificar a las personas homosexuales de enfermas, reclamar al Estado brasileño la asignación tributaria para el culto y el clero, firmar un Concordato entre la Santa Sede y Brasil para defender los derechos de la Iglesia, reclamar privilegios para un mejor servicio religioso, condenar el divorcio, las relaciones prematrimoniales y los métodos anticonceptivos, convertir a la fe cristiana a los indígenas, a los campesinos, a los afrodescendientes.
Las grandes causas por las que luchó Pedro Casaldáliga tenían que ver con los megaproblemas sufridos por la humanidad. Las resumo en el siguiente decálogo.
La causa de la tierra en defensa de los campesinos y en lucha contras grandes haciendas y las multinacionales explotadoras del territorio. Casaldáliga fue uno de los creadores de la Comisión de la Tierra dentro de la Conferencia de Obispos Brasileños y apoyó las luchas y reivindicaciones del Movimiento sin Tierra. Denunció el caciquismo y la esclavitud laboral a la que estaban sometidos los “posseiros”. Exigió el reconocimiento de los derechos y la dignidad de la Pacha Mama, que no puede ser objeto de compra-venta, sino que es tierra sagrada y fuente de vida y, por tanto, no sometida a transacciones comerciales en beneficio de los latifundistas.
La causa de la dignificación y emancipación de las mujeres oprimidas múltiplemente por el patriarcado, el machismo familiar, el capitalismo, el colonialismo, el cristianismo institucional, el poder político, etc. Centró su lucha en la liberación de las mujeres campesinas, indígenas, negras, religiosas sometidas al patriarcado religioso, prostitutas, etc. A la hora de referirse a Dios cambió el lenguaje sexista y excluyente de “Dios Padre” por el inclusivo “Dios Padre y Madre”, que incorporaba a todas las mujeres marginadas por razones de género, etnia, cultura, identidad sexual, clase social, etc.
Casaldáliga, en su casa
La causa de las comunidades indígenas y negras. La defensa de estas comunidades le supuso una permanente persecución por parte de los “fazendeiros”, constantes amenazas de muerte, abandonos temporales de su domicilio hasta el punto de que la propia presidenta de Brasil Dilma Rousseff apoyó su salida de la Prelatura de Sâo Félix do Araguaia. A ambas comunidades les dedicó dos misas: Misa de la Tierra sin Males y Misa de los Quilombos. Casaldáliga se identificó con las causas de la gente empobrecida de ese pedazo de tierra marginal brasileña, donde se enterró como el grano de trigo y luchó por ella hasta el final.
Defendió la globalización desde abajo, desde las víctimas, la globalización de las luchas de resistencia populares. Desde el rincón del Matto Grosso dispuso de una información excelente, hizo lúcidos análisis de la coyuntura internacional
Las causas de todos los crucificados y las crucificadas de la tierra. Levantó la voz allí donde eran transgredidos los derechos humanos y sociales, los derechos de los pueblos. Defendió la globalización desde abajo, desde las víctimas, la globalización de las luchas de resistencia populares. Desde el rincón del Matto Grosso dispuso de una información excelente, hizo lúcidos análisis de la coyuntura internacional en cada momento y emitió declaraciones públicas de solidaridad con los colectivos y personas que vivían en situaciones de pobreza y de falta de libertad en cualquier lugar del mundo sin distinción de credos.
La causa de los mártires. En su recuerdo subversivo creó la caminada de los mártires, a quienes citó personalmente en este poema: “En su rostro, el rostro cotidiano del pueblo,/ junto a él, colegas de combate./ Joâo Bosco, Margarida,/ Rodolfo, Gringo, Tiâo,/ Josimo, Chico,/Santo/… ¡Tantos! ¡Tantas!/ Sâo Romero celebra Eucaristía/ en el altar del Continente,/ como la de los Mayas redivivos./ Marçal empuña el millo,/ pan nuestro de Amerindia./ Las herramientas gritan,/ la fuerza del trabajo organizado,/ el poder fraterno de las manos unidas”.
Máquina de escribir de Casaldáliga
La memoria martirial de Casaldáliga comienza con Jesús de Nazaret, el Jesús Pobre solidario con los pobres, el crucificado con los crucificados de la historia, el Jesús Mártir, el protomártir del cristianismo. Fue el Jesús Mártir el que le condujo a “San Romero de América Pastor y Mártir nuestro… pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa, como Jesús, por orden del Imperio”.
La causa del diálogo interreligioso, intercultural e interétnico. Casaldáliga no impuso su fe ni afirmó que su religión fuera la única verdadera. Respetó y puso en diálogo las cosmovisiones, espiritualidades y sabidurías de las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas y reconoció sus deidades. Nombró al Dios de todos nombres. Así comienza la Misa de los Quilombos:
“En nombre del Dios de todos los nombres: Yahvé,/ Obatalá,/ Olorum,/ Oió…/ En nombre del Dios/ que a todos los hombres nos hace de la ternura y del polvo./ … En nombre del Pueblo que espera,/ en la gracia de la Fe,/ a la voz de Xangó,/ el Quilombo-Pascua que lo libertará”.
La causa de las revoluciones del continente latinoamericano. Con su práctica liberadora al servicio de los oprimidos Casaldáliga rompió la vieja incompatibilidad entre ser cristiano y ser revolucionario. Él estuvo presente, incluso físicamente, en la mayoría de los procesos revolucionarios de América Latina de las últimas décadas, y los animó como cristiano y revolucionario en una síntesis armónica: Cuba, Nicaragua, Frente Zapatista, El Salvador, etc.
Desde la fidelidad al Evangelio logró la síntesis entre lo que muchos consideran irreconciliable: revolución y canción, evangelio y subversión, conciencia cristiana y compromiso liberador
Desde la fidelidad al Evangelio logró la síntesis entre lo que muchos consideran irreconciliable: revolución y canción, evangelio y subversión, conciencia cristiana y compromiso liberador. Así lo confiesa él mismo con su proverbial sinceridad poética: “Con un callo por anillo,/ monseñor cortaba arroz./ ¿Monseñor ‘martillo y hoz’? Me llaman./ Me llamarán subversivo./ Y yo les diré: lo soy./ Por mi pueblo en lucha, vivo./ Con mi pueblo en marcha, voy./ Tengo fe de guerrillero/ y amor de revolución./ Y entre Evangelio y canción/ sufro y digo lo que quiero”.
Supo compaginar igualmente lo local y lo global en una síntesis que para sí quisieran muchos políticos de la escena internacional, cuyos discursos grandilocuentes se quedan en una universalidad abstracta, y no pocos gobernantes regionales, cuya actuación no trasciende el estrecho escenario local. Pegado a la tierra del Mato Grosso, donde llegó como misionero a finales de los sesenta del siglo pasado, se caracterizó por la internacionalidad.
La causa del reino de Dios, que le llevó a luchar contra el Imperio, contra todos los imperios, contra el neoimperalismo, que es más poderoso, más omnímodo, más global y más inicuo que el viejo imperialismo. Su consigna en este sentido no podía ser más clara y exigente: “Cristianamente hablando -afirma- la consigna es muy clara (y exigente) y Jesús de Nazaret nos la ha dado: contra la política opresora de cualquier imperio, la política liberadora del Reino. Ese Reino del Dios vivo, que es de los pobres y de todos aquellos y aquellas que tienen hambre y sed de justicia. Contra la ‘agenda’ del Imperio, la ‘agenda’ del Reino”.
Su “oda a Reagan” comienza con la excomunión del presidente de Estados Unidos: “Te excomulgan conmigo los poetas, los niños, los pobres de la tierra”, y termina declarando a Reagan el último (y grotesco) emperador: “Yo juro por la sangre de su Hijo,/ que otro Imperio mató/ y juro por la sangre de América Latina/ preñada de auroras hoy,/ que tú serás el último (grotesco) emperador”.
La causa del reino de Dios de Casaldáliga fue antiimperial, contra-hegemónica. Así, cual David contra Goliat, desnudó a los Imperios que, por muy poderosos que se crean, tienen los pies de barro.
La causa de lavida, mientras era amenazado, casi a diario, de muerte. Cuanto más arreciaban las amenazas de muerte, más vida rezumaba, más apostaba por la vida. La poesía fue su mejor defensa frente a la muerte, su arma incruenta más desmitificadora de la muerte. Consciente de que los pobres, los indios, mueren antes de tiempo, como dijera Bartolomé de Las Casas, defendió la vida de estos con tesón y pasión. Fue precisamente la defensa del derecho a la vida, y de una vida digna, humana, la de quienes la tenían más amenazada la razón por la que se sintió amenazado de muerte por los cuatro costados.
Y su respuesta no fue otra que el desafío que puede sonar a arrogancia, como expresa en el “Romancillo de la muerte”, tan lorquiano: “”Ronda la muerte, ronda/ la muerte rondera ronda./ Lo dijo Cristo/ antes que Lorca./ Que me rondarás morena,/ vestida de miedo y sombra./ Que te rondaré, morena,/ vestido de espera y gloria./ Frente a la Vida,/ ¿qué es tu victoria?/… ¡Tú nos rondarás,/ pero te podremos”. Es la más bella y certera traducción comprometida del desafío de Pablo de Tarso a la muerte, cuando le dice en plan desafiante: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde tu aguijón?”.
Cercado por la violencia de los poderosos, Casaldáliga ejerció su tarea pacificadora a través de la no-violencia activa, siguiendo la estela de los grandes pacifistas de la historia
La causa de la paz, inseparable de la justicia.Cercado por la violencia de los poderosos, Casaldáliga ejerció su tarea pacificadora a través de la no-violencia activa, siguiendo la estela de los grandes pacifistas de la historia: Buda, Confucio, Sócrates, Jesús de Nazaret, Francisco de Asís, Gandhi, Luther King, Juan XXIII, monseñor Romero, las religiosas estadounidenses Dorothy Kasel, Ita Ford, Maura Clark, Jean Donovan asesinadas en El Salvador, Ignacio Ellacuría y sus compañeros jesuitas y las dos mujeres salvadoreñas, Teresa de Calcuta, los místicos y las místicas de todas las religiones, etc.
Sometido a la vigilancia vaticana por espías del “sistema eclesiástico”, mantiene su radicalismo evangélico sin romper ningún puente de comunicación, que le permitió avanzar en todas las direcciones bajo el señuelo de la paz basada en la justicia.
La causa de la utopía, teniendo como meta “el Evangelio, que es una utopía mayor”. Casaldáliga se definía como “hombre de esperanza” y “obrero de la utopía”. Los pobres le enseñaron a serlo y los mártires se lo confirmaron. Practicó la esperanza como principio ínsito en la realidad y como virtud del del optimismo militante en dirección a la utopía, pero entendida no como quimera, sino como “un proceso esperanzado que navega hacia un ‘lugar otro’, “utopía necesaria como el pan de cada día”, afirma remedando a Gabriel Celaya. En el discurso de recepción del doctorado honoris causa, que le concedió la Universidad de Campinas (Brasil) el año 2000 proclamó su “pasión por la utopía”.
Como obrero de la utopía, soñó con sueños despiertos. Uno de ellos lo tuvo al llegar a Roma en la visita al Papa. Fue el sueño de una “Iglesia vestida solamente de Evangelio y sandalias”, confesándose antes “pecador”:
“Yo pecador y obispo, me confieso de haber llegado a Roma con un bordón agreste, de sorprender el Viento entre las columnas, de haber llegado a Asís, cercado de amapolas. Yo, pecador y obispo, me confieso de soñar con la Iglesia vestida solamente de Evangelio y sandalias,de creer en la Iglesia, a pesar de la Iglesia, algunas veces; de creer en el Reino, en todo caso, caminando en la Iglesia. Y como meta el Evangelio, que es “una utopía mayor”.
La publicación de hoy es de la bloguera invitada Sandra Worsham, profesora de inglés jubilada, quien fue despedida del ministerio musical de su parroquia debido a su relación con otra mujer. Su historia aparece enCornerstones: Sacred Stories of LGBTQ+ Employees in Catholic Institutions.(Piedras Angulares: Historias Sagradas de Empleados LGBTQ+ en Instituciones Católicas).
Crecí en la Iglesia Bautista del Sur. Cuando tenía nueve años, el predicador entró en nuestra clase de la Escuela Dominical y dijo que era hora de bautizarnos. Explicó que podíamos entregar nuestros corazones a Jesús y que el bautismo era un símbolo de ese acto. Me bautizaron por inmersión en una piscina bautismal azul en la entrada de la iglesia, tras unas cortinas rojas que se descorrían los días de los bautizos. Recuerdo estar de pie en una habitación junto a la piscina, vestida con una túnica blanca, mirando hacia abajo, a los escalones que conducían al agua, donde el predicador nos esperaba para recibirnos a mí y a los demás miembros de mi clase de la Escuela Dominical. Y recuerdo la sensación que tuve cuando el predicador dijo: «Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo«, la sensación de resurgir a una nueva vida cuando el predicador me sacó del agua. En ese momento no sabía que acababa de recibir un sacramento que «valdría» cuando me convirtiera al catolicismo, años después.
Parte de ser bautista significaba unirme a la Asociación de Niñas Auxiliares, o A.G., como la llamábamos. Ser A.G. significaba progresar a través de los llamados Pasos Adelante, completando ciertas tareas para pasar de Doncella a Dama de Honor, a Princesa y a Reina. Las tareas incluían memorizar los cumpleaños de los misioneros extranjeros y su ubicación en el mundo, hacer carteles de diversas creencias bautistas y colocarlos en el aula de la Escuela Dominical, y memorizar muchísimas Escrituras.
En la lectura del evangelio de la liturgia del domingo pasado (Lucas 11:1-13), reconocí un pasaje que había memorizado como miembro de la Asamblea General: «Y yo les digo: Pidan y recibirán; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá».
Mi declaración como mujer gay coincidió con mi conversión al catolicismo. Puede parecer extraño, pero era mi manera de intentar no ser gay, porque estaba llena de homofobia interiorizada. Quería ser, como dije entonces, «lo mejor posible». Ser buena significaba no ser gay. Me negaría. Cambiaría. Y nunca más tendría que sentirme culpable. Tenía veintitantos años y estaba negociando conmigo misma y con Dios.
Con los años, desde que me convertí al catolicismo y desde que admití ser gay, he descubierto que la Iglesia Católica es donde me siento más cerca de Dios y donde puedo orar. Orar de verdad. En el Evangelio del domingo, Jesús nos enseña a orar dándonos el Padre Nuestro. También es el pasaje que nos enseña a pedir al orar. Ahora, en mi vejez, me he dado cuenta de que Dios me ama tal como soy y que tengo un lugar en la Iglesia Católica, tal como soy. Cuando me arrodillo ante el Santísimo Sacramento, siento que Dios realmente quiere conocer mis deseos desde lo más profundo de mi corazón.
He oído un chiste en el que alguien va al cielo y le pregunta a San Pedro: «¿Qué son todas esas cajas de ahí?«. San Pedro responde: «Esos son todos los regalos que nadie pidió jamás«. Creo de todo corazón que Dios quiere saber lo que queremos y necesitamos. Y, aunque probablemente Dios ya conoce nuestros deseos, quiere que se los pidamos. Es parte de nuestra relación con Dios, nuestra manera de demostrar que creemos que Dios es nuestro Redentor y que somos sus súbditos. Creo que mucha gente cree ser egoísta si le pide cosas a Jesús, incluso pequeñas.
Pero yo creo en pedirlo todo, incluso las cosas más pequeñas que tenemos en el corazón. Mi perra es mayor y a menudo le pido a Dios que la ayude a dormir bien por la noche. Cuando mi cuenta corriente está baja, le pido a Dios que me ayude a ser más frugal y a dejar de gastar dinero en cosas que no necesito. Le pido a Dios que me ayude a cuidar mi cuerpo, que me recuerde hacer ejercicio y no comer demasiados dulces. Y siempre le pido a Dios que me ayude a escribir, que me envíe las palabras que Él quiere que diga. Y ahora que estoy casado, le pido a Dios que me ayude a tener paciencia con mi esposa y a ser una buena esposa para ella. Siento que Dios bendice nuestro matrimonio todos los días.
En la Novena del Rosario, tenemos oraciones de petición, pero también oraciones de acción de gracias. Debemos recordar dar las gracias, independientemente de si obtenemos o no lo que pedimos. Dios tiene más respuestas que sí o no. Hay «ahora no«, «quizás más tarde» y «espera y verás«, entre otras. No escuchar un «sí» no significa que Dios no haya respondido nuestras oraciones. Aquí es donde entra la confianza: la creencia de que Dios siempre nos dará lo mejor y que lo que queremos puede no ser siempre lo que necesitamos. En mi vida de oración, ¡no quiero dejar ningún paquete sin abrir!
Comentarios desactivados en Vivir lúcida y responsablemente.
Señor:
somos una chispa
surgida del fuego de la creación
que tu Espíritu sopla y mantiene
desde los orígenes,
y por unos instantes
-mientras tú estás fuera, de boda-
hemos de iluminar lo que nos rodea.
No nos pides ser lumbreras ni soles,
ni que nuestra luz sea brillante y cegadora;
solo que vivamos con lucidez en tu casa,
que es la creación entera
que canta y gime,
que está de parto y se recrea, cada día.
No hemos de desesperar
si todo nuestro esfuerzo
solo consigue iluminar y calentar
unos pocos espacios y rincones,
pues tú te alegras ya
con nuestros intentos
de lucidez y conmoción,
que nos llevan a reconocer,testificar y amar
todo lo que existe, nos rodea y acompaña.
Pero la superficialidad,
la rutina,
la pasividad,
la indiferencia,
la inercia,
la repetición,
la falta de novedad,
el aburrimiento,
el olvido,
la masificación,
el cansancio…
están ahí,
y nada que venga de fuera
tiene el suficiente poder para librarnos de ello.
Solo el gozo de la lucidez responsable,
del caminar vigilante,
del despertar consciente,
del amor desinteresado que nos abre y expone
es capaz de librarnos del tedio
y de conducirnos por el camino de la vida.
Pues quien vive desde su propia necesidad
se encierra a la novedad y riqueza
de la inmensidad que tú nos ofreces,
sus anhelos y proyectos
se hacen pequeños y carentes de sorpresa
y el mundo y la vida se vuelven rígidos,
dogmáticos, tediosos y aburridos…
Tú, hoy, nos propones otro estilo de vida:
tomar las riendas, aquí y ahora, en tu ausencia,
vivir lúcida y responsablemente
más allá de nuestras propias necesidades
y esperar, vigilantes,
la novedad que viene en la noche…
o cuando menos se espera.
Primero de todo disculparme por la familiaridad con la que me dirijo a ti en esta carta pero, aunque fuiste asesinado casi treinta años antes de que yo naciera, tus pensamientos han sido para mí tan relevantes desde que era joven, que te sigo considerando como un profesor por el que siento un profundo agradecimiento, y al que tengo que volver a leer de vez en cuando para no olvidar que «Dios no nos llama a la religión, sino a la vida» [1]. Solo como anécdota te explicaré que cuando mi marido y yo nos casamos —eso es hoy posible, siento que tú no pudieras vivirlo—, lo hicimos en la congregación de Barcelona donde tú fuiste asistente de vicario durante un año. No fue una casualidad, era una forma de agradecerte el empujón final para —como lo decimos hoy — salir del armario.
Imagino que te sorprenderá recibir esta carta, pero no te la envío a la prisión de Tegel donde la Gestapo te encerró en 1943 acusándote de conspiración, ni al campo de concentración de Buchenwald, o al de Flossenbürg donde —como treinta mil personas más durante los siete años en los que estuvo abierto— fuiste asesinado en abril de 1945 por tu relación con el complot que intentó asesinar a Hitler. Te la envío a la prisión en la que estás encerrado desde entonces, y no me refiero a esa en la que eres una especie de santo protestante —¡Tú, que escribiste que «ante los religiosos, me avergüenzo con frecuencia de nombrar a Dios»[2]!— sino a esa otra donde el heterocentrismo te tiene hoy prisionero. Tengo que reconocer que yo mismo te había situado allí, y ahora no entiendo cómo ha sido posible. Te pido disculpas, y que sirva esta carta como un intento de liberarte.
No me ha gustado nunca leer comentarios o biografías sobre la obra de autores que me han influido, prefiero hacerme yo mismo una idea leyendo sus obras. Por eso cuando en 2018 Charles Marsh publicó una biografía sobre ti [3], no tuve ningún interés en leerla. Evidentemente me equivoqué. Había leído algún artículo en el que se afirmaba que Marsh insinuaba que estabas enamorado de tu amigo Eberhard Bethge, pero no le di credibilidad —la homofobia interiorizada entre otras cosas nos hace pensar que una persona es heterosexual hasta que no se demuestre lo contrario, sobre todo si como ocurre en tu caso eres uno de los teólogos más importantes del siglo XX—. Pero este verano, por un buen comentario que hizo un amigo sobre el libro, decidí hacerlo. Cuando llegué a la primera descripción de vuestra relación, me quedé perplejo:
«Desde que la Gestapo cerró Finkenwalde el 28 de septiembre de 1937, y hasta poco antes del arresto de Bonhoeffer en abril de 1943, Bethge y él permanecieron juntos, compartiendo un dormitorio en la casa de sus padres de Marienburger Alle siempre que estaban en Berlín. Tenían también una cuenta bancaria en común, firmaban las postales navideñas como “Dietrich y Eberhard”, discutían sobre los regalos que hacían en común, planeaban sofisticadas vacaciones, y tenían numerosas peleas. Karl y Paula Bonhoeffer, así como sus hijos y familiares, guardaron para sí cualquier tipo de reserva que el dúo pudiera suscitarles, y pronto dieron la bienvenida al “señor Bethge” al círculo familiar» [4].
En una entrevista que le realizaron a Marsh sobre la biografía Extraña Gloria afirmó que sobre tu homosexualidad los especialistas habían debatido mucho en las conferencias que se han hecho sobre tu vida y reflexión teológica, pero ese debate siempre tenía lugar entre comidas, copas y cervezas, nunca en sesiones académicas. [5] Me alegra que se haya atrevido a dar valor a esta área tan importante de tu vida, ofreciendo muchos datos que ponen de relieve tu relación con Bethge, y que te libera de los márgenes, de los cuchicheos entre especialistas, y de la prisión en la que muchos te querrían. Quizás el dato que más me sorprendió, porque muestra la naturalidad con la que tu familia vivía vuestra relación, es la forma en la que se refirió a Bethge tu sobrina Marianne al describir el momento en el que sacasteis a su familia de Alemania para ponerla a salvo porque tu hermana gemela Sabine estaba casada con un cristiano de origen judío:
«Nuestro coche estaba repleto, pero de manera que pareciera que simplemente íbamos de vacaciones. Christiane y yo estábamos acostadas en la parte trasera. El tío Dietrich y el «tío» Bethge habían traído un coche» [6].
Decidí después de leer a Marsh, volver a leer las cartas que tú y Bethge os mandasteis cuando estabas en la prisión de Tegel. Unas cartas que podían pasar la censura de la Gestapo, o ser leídas por los intermediarios que os las hacían llegar. Pero aun así, leía y volvía a leer frases que hasta ese momento me habían pasado totalmente desapercibidas, y que daban cuenta de vuestra relación:
«Solamente hablando contigo llegaba a saber si mi pensamiento servía para algo o no… Pensaré cada día en ti y pediré a Dios que te guarde y te vuelva a traer». [7]
«Para nosotros dos fue muy hermoso el estar juntos y no puedo imaginarme que en los años que vengan se haya de cambiar algo en esto. Eso es una posesión real, quizás obtenida lenta y trabajosamente, pero ha merecido la pena todo lo que los dos hemos invertido en ello» [8].
«Cual claras y frescas aguas, donde el espíritu se purifica del polvo del día, en las que se refresca del abrasador calor y se fortifica a la hora del cansancio; cual baluarte, adonde tras el peligro y la confusión se retira el espíritu, donde se encuentra asilo, consuelo y fuerzas, así es el amigo para el amigo» [9].
«Hoy hace ocho años, por la noche, nos hallábamos sentados ante la chimenea… Sé que estás pensando en mí en este día, y si tus pensamientos no solo contienen recuerdos del pasado, sino también esperanzas para el futuro, incluso aunque sea un futuro cambiado, entonces seré feliz» [10].
Sé que nunca te han gustado ni los novelistas ni los teólogos que están obsesionados con la vida íntima y personal, y que para ti la esencia de un ser humano no radica ahí, pero algo más de dos décadas después de tu muerte el movimiento feminista puso sobre la mesa que lo personal es político, y a partir de entonces quienes sentimos atracción afectivo-sexual por personas de nuestro mismo sexo hemos utilizado la estrategia de visibilizarnos para tratar de lograr espacios de libertad, y leyes que nos protejan a nosotros y nuestras familias. Supongo que a ti te sonará todo esto un poco extraño, no puedo hacer que pienses como yo lo hago en el siglo XXI, como tampoco trato de trasladar acríticamente mi experiencia a la tuya. Sin embargo, creo que es importante que se visibilice tu relación de amor con Bethge, es necesario que puedas salir de esa prisión, primero por vosotros, por dar dignidad y reconocimiento a vuestra relación, a vuestros sentimientos. Pero también porque has sido y sigues siendo un referente para muchos cristianos y cristianas, a los que puedes ayudar a entender el amor y el deseo entre dos personas del mismo sexo como parte también de la creación de dios.
Muchos se han aferrado a la amistad —así es como os reconocíais el uno al otro— para explicar la naturaleza de vuestra relación. Pero tus cartas muestran algo más que una amistad, más bien un intento de responder a las preguntas que realizó Foucault sobre el deseo de querer estar con una persona de tu mismo sexo:
«¿Cómo pueden dos varones estar y vivir juntos, compartir su tiempo, su comida, su dormitorio, su ocio, sus desgracias, sus experiencias, sus confidencias? ¿En qué consistiría eso de estar entre hombres a pelo, ajenos a las relaciones institucionales, familiares y de compañerismo impuesto?» [11].
Y para dar más peso a su argumento se aferran a tu compromiso matrimonial con María von Wedemeyer, ignorando que el matrimonio era casi la única posibilidad que se os abría a la mayoría de hombres y mujeres gais de vuestra generación. Bastan las palabras de María, explicando una de sus visitas a la prisión de Tegel, para comprenderlo:
«Y era tan buena, tu cálida mano; todo lo que deseaba era que la dejaras ahí… Un escalofrío me recorrió entera, me llenó por completo, sin dejar espacio para el pensamiento. Pero la quitaste. No te gusta ser romántico, ¿verdad?” [12].
He leído también varios comentarios de personas que te han rescatado de la prisión de la heteronormatividad, pero que te hacen pagar un precio por ello. El primero es el propio Marsh en su biografía cuando afirma cosas como:
«La relación de Bonhoeffer con Bethge siempre había tratado de moverse en la dirección del amor romántico, siempre casto» [13].
Y llega a afirmar incluso, sin prueba alguna, que moriste célibe. Supongo que trata de presentarte más aceptable a esas instituciones religiosas que te tienen como referente pero muestran verdaderos problemas con el sexo en general, y entre dos hombres o dos mujeres en particular. No sé si te producirá una sonrisa lo que te voy a decir, pero creo que al igual que son incapaces de pensar que el nacimiento de Jesús se debió a una noche de amor entre María y José, a las que les precedieron y siguieron muchas más; no quieren ni imaginarse lo que tú y Bethge podrías haber hecho en la habitación de tus padres. Esa obsesión por problematizar el sexo, sobre todo el de las personas gais —ahora solemos identificarnos así— me parece que habla más de sus temores y frustraciones que de nuestra realidad. O somos célibes, y por tanto santos, o tenemos sexo compulsivo, convirtiéndonos en degenerados. A mí no me importa lo que pasara en vuestra intimidad, pero espero que os hiciera felices.
Nunca necesité que fueras gay para sentirme interpelado por tus reflexiones, y en el fondo no intenté entrar en tu intimidad cuando las leía, sino en la mía. Quizás por eso no me di cuenta de que amabas a otro hombre, mientras tus palabras me preparaban para que yo pudiera hacerlo aunque eso significara perderlo casi todo:
«Cuando uno ha renunciado por completo a llegar a ser algo, tanto un santo como un pecador convertido o un hombre de iglesia, un justo o un injusto, un enfermo o un sano… entonces se arroja uno por completo en los brazos de Dios, entonces ya no nos tomamos en serio nuestros propios sufrimientos, sino los sufrimientos de Dios en el mundo, entonces velamos con Cristo en Getsemaní» [14].
Espero de todo corazón que algún día seas liberado completamente de la prisión heteronormativa donde la religiosidad pretende mantenerte encerrado. Pero, antes de despedirme, me gustaría saber si te sientes de alguna forma culpable por no haber levantado también la voz por esos hombres que murieron en campos de concentración como el tuyo llevando un triángulo rosa en el pecho. No es un juicio, no soy nadie para tratar de ponerme en tu lugar así a la ligera; sin embargo es una de las muchas preguntas que me hago después de descubrir tu amor por Bethge. Sé que no voy a obtener una respuesta definitiva a la pregunta, o quizás ya la diste en tu diario poco tiempo antes de tu muerte:
«No debes dudar nunca de que recorro con gratitud y alegría el camino por el que soy conducido. Mi vida pasada está colmada de la bondad de Dios, y sobre la culpa se halla el amor perdonador del Crucificado» [15].
De corazón muchas, muchas, muchas gracias por todo. Te envío todo mi afecto, y mi deseo de liberación. Tuyo,
Comentarios desactivados en Clara de Asís, la Dama pobre…
Hacemos hoy memoriade Clara de Asís, mujer fuerte, fundadora de las Damas Pobres (Clarisas), espejo en el que Francisco de Asís se reflejaba como un igual… Que nos acompañe hoy en su fiesta y nos enseñe a vivir siendo más humanos, con una mirada compasiva abierta al hermano sufriente…
Clara nació en Asís el año 1193 (o 1194). Hija de noble familia, fue educada por su madre en la fe cristiana, pero al escuchar y ver a su conciudadano Francisco en la nueva vida evangélica que éste había emprendido comprendió que quería llevar la misma forma de seguimiento de Jesús. Con su hermana, que la seguirá quince días después de su huida del palacio, vive en el monasterio de San Damián, situado fuera de los muros de Asís, «según la forma del santo Evangelio», obteniendo de los papas el singular «privilegio de la pobreza». Fueron muchas las compañeras que la imitaron. Juntas constituyeron la primera comunidad de «Hermanas pobres», para las cuales, y ya en sus últimos años, escribió Clara -primera mujer que lo hizo en la historia de la Iglesia- una Regla. Esta fue aprobada por Inocencio IV en 1254, pocos días antes de la muerte de Clara. Se conserva el Proceso de su canonización, que tuvo lugar en 1255. Es un documento de excepcional valor para conocer la experiencia de la «plantita de Francisco».
*
***
Tanto para Clara como para Francisco, el primado se lo lleva el señorío de Dios sobre toda la vida y todas las cosas; la centralidad de toda la vida, la voluntad y la acción está constituida por Cristo; la dinámica de la vida de penitencia o de conversión sólo la da y sólo hemos de buscarla en el Espíritu Santo; pero esto es más que suficiente para definir la contemplación auténticamente cristiana […].
Clara no hace coincidir nunca contemplación y clausura, la contemplación como conocimiento amoroso de Cristo y un hecho material como la clausura. Tanto para Clara como para Francisco (es cierto, no obstante, que los acentos de Clara son femeninos), la contemplación es asiduidad con la palabra leída en las sagradas Escrituras, aunque también escuchada y recibida por los hermanos como comida y alimento de la fe y del alma; la contemplación es oración continua atendiendo al Señor y a todas las criaturas.
Es propio y específico de Clara haber dado a la contemplación una dimensión propiamente evangélica: no era para ella una actividad extraordinaria, reservada a una élite, a los privilegiados de la cultura, sino una actitud cotidiana en el ámbito de la humilde realidad de las cosas, de las labores cotidianas. La contemplación, para Clara, es vida en Cristo, es sacrificio vivo y espiritual ofrecido al Señor. Es significativo que la única referencia que hace Clara a la página del encuentro de Jesús con María y Marta [cf. Lc 10,38-42], que se había convertido en su tiempo en un lugar clásico para afirmar el primado de la vida contemplativa sobre la activa, determina lo único necesario de este culto de la vida a Dios [cf. Rom 12,1] y no entrevé ninguna oposición entre acción y contemplación.
La contemplación, por tanto, para Clara y Francisco, no es sólo conocer a Dios, sino también ver a los hombres y a las criaturas como los ve Dios. Clara llama a Inés «alegría de los ángeles »[Carta tercera 3, 11 ]y registra de un modo nuevo las cosas de Dios, las criaturas de las que siempre ve brotar una alabanza, una acción de gracias al Dios altísimo y creador
*
E. Bianchi, La contemplación en Francisco y Clara de Asís,
Magnano 1995
Comentarios desactivados en Encontrando a Cristo en un viaje compartido y en Gaza
La publicación de hoy es de Michael Sennett, colaborador de Bondings 2.0.
Las lecturas litúrgicas de hoy para el decimonoveno domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.
Un viernes por la noche en Washington, D.C., tres teólogos gais y yo nos apretujamos en un Lyft. Aunque esto pudiera parecer el origen de una broma, no nos dirigíamos hacia un final feliz, sino hacia un encuentro pastoral. Asistíamos a la conferencia de Alcance 2024, celebrada en la Universidad de Georgetown, y las actividades de la noche habían terminado. Nuestra conductora (la llamaré Miriam) estaba alegre y el coche rebosaba de conversación.
De repente, Miriam mencionó que era una mujer transgénero y compartió con nosotros la alegría de su transición. Miriam también expresó su dolor, pues creía que Dios la había rechazado. Ninguno de nosotros había mencionado la conferencia ni nuestros orígenes, así que nos sorprendió el giro que había tomado nuestra conversación. Colectivamente, le aseguramos a Miriam el amor incondicional, duradero y liberador de Dios.
“Ustedes también deben estar preparados, porque a la hora que menos esperan, vendrá el Hijo del Hombre”. Fiel al consejo del evangelio de hoy, Jesús apareció inesperadamente en nuestro viaje compartido. Sin embargo, nuestras lámparas estaban encendidas con el amor que ardía en nuestros corazones. A través de nuestra conversación con Miriam, saludamos a Dios al llegar. Momentos como este son recordatorios sagrados para los católicos LGBTQ+ de que el amor de Dios siempre brilla en la oscuridad.
La vigilancia de la que habla Jesús en el evangelio de hoy abarca más que esperar pasivamente su regreso; es una disposición activa para encontrarnos con Cristo en todos los lugares donde habita. Jesús está presente en toda la alegría y la bondad del mundo, y conoce bien el sufrimiento. Jesús sufre hoy en Palestina, donde su pueblo ha soportado décadas de ocupación ilegal, violencia sistémica y desplazamiento deliberado.
Estar vigilantes es rechazar el silencio. La primera lectura de hoy, del Libro de la Sabiduría, recuerda la liberación divina de los oprimidos en Egipto; hoy, los palestinos claman por esa misma libertad. Durante casi 80 años, desde el inicio de la Nakba en 1947, gran parte del mundo ha observado en silencio cómo los palestinos son continuamente exiliados de su tierra, despojados de su dignidad y humanidad.
El Papa León, al igual que su predecesor Francisco, reconoció las atrocidades que se cometían y abogó por el fin del sufrimiento. Los católicos queer están íntimamente familiarizados con el silencio. Debemos alzar las voces de nuestros hermanos palestinos que claman por justicia.
En Hebreos, leemos que la fe es «la realización de lo que se espera«. La comunidad católica LGBTQ+ a menudo forja esperanza en espacios a los que se nos dice que no pertenecemos, pero permanecemos atentos al amor de Dios por nosotros y trabajamos para transformar nuestra Iglesia con ese amor. La esperanza en el amor de Dios también sostiene a los palestinos, en medio de los incesantes intentos de borrarlos. Nuestras esperanzas no están separadas, sino que surgen del mismo Dios que promete vida en abundancia. Compartir la esperanza profundiza nuestra solidaridad mutua y nos llama a actuar para que la promesa divina de liberación se haga visible. Nuestra liberación depende de los demás. Ninguno de nosotros es libre hasta que todos lo seamos.
La vigilancia no es el miedo que nos mantiene despiertos. La vigilancia es amor. La disposición de mis colegas y yo durante nuestro viaje en Lyft nos permitió encontrarnos con Jesús en la tristeza de Miriam y ofrecerle la verdad del amor infinito de Dios. Estamos llamados a estar alerta ante el sufrimiento en Palestina, respondiendo con el amor de Dios en nuestra lucha por la justicia y la liberación.
Esta es la vigilancia que exige el Evangelio: negarse a dar la espalda, comprometerse a actuar y una esperanza inquebrantable. Esta esperanza inquebrantable y este amor firme nos sostienen, después de todo, paso a paso en el camino hacia la libertad.
No teman, pequeño rebaño, porque la lámpara del amor de Dios arde en cada uno de nuestros corazones, iluminando el camino hacia el reino de la justicia y la paz.
Comentarios desactivados en Estad como los que aguardan.
Teresa de Jesús, que vivió intensamente la vida, nos invita a nosotros a vivirla con agradecimiento, en atenta espera del Amado, con absoluta confianza porque nos sabemos de su rebaño…
Teresa de Jesús vivió asombrada. ¿Acaso se puede vivir de otra manera la fe? El don de Dios, en el misterio de su humanidad, la dejó ‘espantada’, como ella decía. La oración interior fue su manera de responder al milagro de la Presencia: “En lo muy muy interior siente en sí esta divina compañía” (7Moradas 1,7). En estos días de agosto, de tiempo ordinario o vacacional, Teresa de Jesús nos invita a mirar asombrados “El amor que nos tiene Jesús porque … De tal manera ha querido juntarse con la criatura, que así como los que ya no se pueden apartar, no se quiere apartar Él de ella” (7M 2,3).
Lo que escuchó María: ‘Para Dios nada es imposible’, fue, para Teresa de Jesús, la fuerza que la empujó a realizar los sueños de Dios, desafiando las dificultades. Le decían que la vida nueva que quería vivir era “un disparate” (V 32,14), que las mujeres “no han menester esas delicadeces” (Camino 21,2), pero Jesús había juntado su debilidad con su poder, había engrandecido su nada. A nosotros, tentados tan a menudo por el desaliento, nos conviene escuchar el coraje de Teresa de Jesús: “Digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar, venga lo que viniere, murmure quien murmurare” (C 21,2).
Lo que le oyó a Jesús Teresa es un excelente programa de vida para nosotros: “Que mirase por sus cosas (las de Jesús), que Él miraría por las suyas” (7M 3,2). “No hagamos torres sin fundamento, que el Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen” (7M 4,16). Ahí está la belleza del testimonio: “Sea Dios alabado y entendido un poquito más, y gríteme todo el mundo” (7M 1,5).
*
Tomado del boletín teresiano del CIPE
(Foto Pazo Pías galleries4-img-55-3-pazopias.TIX)
***
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– “No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.
Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.
Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.”
Pedro le preguntó:
– “Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?”
El Señor le respondió:
– “¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?
Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.
El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.
Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.”
*
Lucas 12, 32-48
***
Dichosos los que han optado por vivir con sobriedad para compartir sus bienes con los más pobres. Dichosos los que renuncian a más ofertas de trabajo para resolver los problemas de los parados.
Dichosos los funcionarios que agilizan los trámites burocráticos e intentan resolver los problemas de las personas no informadas.
Dichosos los banqueros, los comerciantes y los agentes de venta que no se aprovechan de las situaciones para aumentar sus beneficios.
Dichosos los políticos y los sindicalistas que se comprometen a encontrar soluciones concretas al paro.
Dichosos nosotros cuando dejemos de pensar: «¿Qué mal hay en defraudar? Lo hacen todos…».
Entonces, la vida social se convertirá en una anticipación del Reino de los Cielos.
Comentarios desactivados en “No vivir dormidos”. 19 Tiempo ordinario – C (Lucas 12,32-48)
Uno de los riesgos que nos amenazan hoy es caer en una vida superficial, mecánica, rutinaria, masificada… No es fácil escapar. Con el pasar de los años, los proyectos, las metas y los ideales de mucha gente terminan apagándose. No pocos terminan levantándose cada día solo para «ir tirando».
¿Dónde encontrar un principio humanizador, desalienante, capaz de liberarnos de la superficialidad, la masificación, el aturdimiento o el vacío interior?
Es sorprendente la insistencia con que Jesús habla de la vigilancia. Se puede decir que entiende la fe como una actitud vigilante que nos libera del sinsentido que domina a muchos hombres y mujeres, que caminan por la vida sin meta ni objetivo alguno.
Acostumbrados a vivir la fe como una tradición familiar, una herencia o una costumbre más, no somos capaces de descubrir toda la fuerza que encierra para humanizarnos y dar un sentido nuevo a nuestras vidas. Por eso es triste observar cómo bastantes hombres y mujeres abandonan una fe vivida de manera inconsciente y poco responsable para adoptar una actitud increyente tan inconsciente y poco responsable como su postura anterior.
La llamada de Jesús a la vigilancia nos llama a despertar de la indiferencia, la pasividad o el descuido con que vivimos con frecuencia nuestra fe. Para vivirla de manera lúcida necesitamos conocerla con más profundidad, confrontarla con otras actitudes posibles ante la vida, agradecerla y tratar de vivirla con todas sus consecuencias.
Entonces la fe es luz que inspira nuestros criterios de actuación, fuerza que impulsa nuestro compromiso de construir una sociedad más humana, esperanza que anima todo nuestro vivir diario.
Comentarios desactivados en “Estad preparados”. Domingo 10 de agosto de 2025. 19º domingo del Tiempo Ordinario
Leído en Koinonia:
Sabiduría 18, 6-9: Con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti. Salmo responsorial: 32: Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Hebreos 11, 1-2. 8-19: Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.
Lucas 12, 32-48: Estad preparados.
Primera Lectura
Los israelitas, oprimidos en Egipto, experimentaron que el Señor era su salvador la noche en que murieron los primogénitos de los egipcios. Por eso aquella noche tuvo una significación trascendental para la historia de los hebreos. Les recordaba las promesas que Dios había hecho a sus padres; que desde entonces Israel fue un pueblo libre y consagrado al Señor. La primera cena del cordero pascual sirve de modelo a lo que había de ser centro de la vida religiosa y cultural.
La participación en un mismo sacrificio simbolizaba la unión solidaria de un pueblo en un destino común. La celebración pascual recuerda que Dios no cesa de elegir a su pueblo entre los justos y de castigar a los impíos.
Hoy, toda esta imagen de Dios, por más que la hayamos estado escuchando y venerando durante milenios, desde siempre, aparece como profundamente inadecuada, inaceptable. ¿Qué clase de Dios es ése que opta por un pueblo, lo elige, le regala una tierra que está ya ocupada por otros pueblos da poder a su pueblo elegido para que los expulse y los destruya? ¿Es verosímil esta imagen de Dios? ¿No es propia de los tiempos «tribales», donde cada tribu se imagina que tiene su Dios protector que la defenderá contra las demás? (Recomendamos leer al respecto, por ejemplo, de John Shelby SPONG, Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo, Abya Yala, Quito, Ecuador, www.tiempoaxial.org; también se puede mirar en google y en youtube sobre este autor).
Segunda Lectura
La fe de Abraham y de los patriarcas sirve de ejemplo. Para estimular la perseverancia en la fe que lleva a la salvación, la carta a los Hebreos aduce una serie de testigos. Abraham, lo mismo que los hebreos del siglo I, conoció la emigración, la ruptura respecto al medio familiar y nacional y la inseguridad de las personas desplazadas. Pero en esas pruebas encontró Abraham motivo para ejercer un acto de fe en la promesa de Dios.
La fe enseña a no darnos por satisfechos con los bienes tangibles ni con esperanzas inmediatas. Abraham creyó por encima de la amenaza de la muerte. Sufrió la esterilidad de Sara y la falta de descendencia. Esta prueba fue para él la más angustiosa porque el patriarca se acercaba a la muerte sin haber recibido la prenda de la promesa. Aquí se hace realidad la última calidad de la fe: aceptar la muerte sabiendo que no podrá hacer fracasar el designio de Dios.
Más que el sufrimiento, es la muerte el signo por excelencia de la fe y de la entrega de uno mismo a Dios. Abraham creyó en un “más allá de la muerte”, creyó le sería concedida una posteridad incluso en un cuerpo ya apagado, porque le había sido prometida. Esta fe constituye lo esencial de la actitud de Cristo ante la cruz. También se entregó a su Padre y a la realización del designio divino, pero tuvo que medir el fracaso total de su empresa: para congregar a toda la humanidad, se encuentra aislado pero confiado en un por encima de la muerte que su resurrección iba a poner de manifiesto.
Evangelio
El evangelio de hoy nos presenta unas recomendaciones que tienen relación con la parábola del domingo anterior del rico necio. Los exegetas se diversifican en cuanto a la estructura que presente el texto y no determinan las unidades de las que se compone. La actitud de confianza con el que inicia el texto no debería de omitirse “no temas, rebañito mío, porque su Padre ha tenido a bien darles el reino”. Esta exhortación a la confianza, al estilo veterotestamentario y que gusta a Lucas, expresa la ternura y protección que Dios ofrece a su pueblo, pero expresa también la autocomprensión de las primeras comunidades: conscientes de su pequeñez e impotencia, vivían, sin embargo, la seguridad de la victoria. La bondad de Dios, en su amor desmedido, nos ha regalado el Reino. Desde aquí tenemos que entender las exhortaciones siguientes. Si el Reino es regalo, lo demás es superfluo (bienes materiales). Recordemos los sumarios de Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Lucas invita a la vigilancia, consciente de la ausencia de su Señor, a una comunidad que espera su regreso, pero no de manera inminente como sucedía en las comunidades de Pablo (cf. 1Tes.4-5). La Iglesia de Lucas sabe que vive en los últimos días en los que el hombre acoge o rechaza de forma definitiva la salvación que se regala. Cristo ha venido, ha de venir; está fuera de la historia, pero actúa en ella. La historia presente, de hecho, es el tiempo de la iglesia, tiempo de vigilancia.
Fitzmyer, ilustra esta afinada concepción de la historia, aparecen varias recomendaciones en lo que puede considerarse como los “retazos de una hipotética parábola”. Lo importante será descubrir en cuál de esas recomendaciones centramos la llegada que hay que esperar de manera vigilante. La predicación histórica de Jesús tienen estas máximas sobre la vigilancia y la confianza. Ahora, en este texto se les reviste de carácter escatológico. El punto clave reside en la invitación “estén preparados”; o lo que es lo mismo, lo importante es el hoy. A la luz de una certeza sobre el futuro, queda determinado el presente. Esta es la comprensión de la historia de Lucas: “se ha cumplido hoy” (4,21), “está entre ustedes” (17,20-21) y “ha de venir” (17,20).
El Reino es, al mismo tiempo, presente y algo todavía por venir. De aquí la doble actitud que se exige al cristiano: desprendimiento y vigilancia. Es necesario desprenderse de los cuidados y de los bienes de este mundo, dando así testimonio de que se buscan las cosas del cielo.
La vigilancia cristiana es inculcada constantemente por Cristo (Mc 14,38; Mt 25,13). La vida del cristiano debe ser toda ella una preparación para el encuentro con el Señor. La muerte que provoca tanto miedo en el que no cree, para el cristiano es una meditación: marca el fin de la prueba, el nacimiento a la vida inmortal, el encuentro con Cristo que le conduce a la Casa del Padre.
La intervención de Pedro, demuestra que la exhortación de Jesús sobre el significado de actuar y perseverar en vigilancia es en primer lugar referido a aquellos que son “la cabeza” de la comunidad, o mejor dicho para los que “están al servicio” de la comunidad. La resurrección a la vida depende del modo como ejercitaron ese servicio. Leer más…
Comentarios desactivados en 10.8.25 No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha querido daros el reino. (Lc 12, 32)
Del blog de Xabier Pikaza:
Dom 19 TO. Así empieza el evangelio de este domingo (Lc 12, 32, 48), centrado en dos ideas principales.
(a) No temas, pequeño rebaño; no tengas miedo, no pierdas el ánimo, ni desesperes. Vive con gozo, estás en manos de Dios.
(b) Porque Dios tiene el gozo de concederos su reino. No tienes nada que hacer sino sólo acoger su regalo de amor que es la vida, compartiendo de esa forma la alegría de Dios, su felicidad, pues nada ni nadie os podrá destruir, ni quitaros el gozo de vivir en gozo y esperanza.
Así lo pondrán de relieve las reflexiones que sigue, que son un comentario de este pasaje de Lc 12, leído desde la perspectiva de del anuncio del evangelio de Md 1, 15-15.
| Xabier Pikaza
No temas pequeño rebaño. La alegría de ser pequeña iglesia
Éste es el evangelio del amor de Dios hacia los hombres que él ha creado, hacia la comunión de amor (iglesia) en la que él ha querido reunirnos. Así lo mostraré comentando este evangelio de Lc 12, desde la perspectiva de Mc 1,15 .
− Después que Juan fue entregado… Eran y son tiempos malos. Han matado o silenciado a los profetas como Juan Bautista. Parece que no hay remedio.
−Vino Jesús a Galilea. Han matado a Juan, pero Jesús viene a Galilea y comienza a proclamar su buena nueva. Jesús viene a Galilea y quiere que nosotros empecemos de nuevo desde Galilea.
− Proclamando el evangelio de Dios. Con Galilea pasamos del espacio del Bautista (desierto/río) al espacio del Reino de Dios, para acoger allí el mensaje de Jesús, abierto a todos los hombres. Jesús no se encierra en una casa particular, susurrando al oído un secreto de iniciados; no se instala en una escuela, ofreciendo cursos de enseñanza especializada, no ofrece su palabra a la vera del templo sagrado (a los puros), ni a la orilla del río/desierto (con los especialistas de la penitencia). Viene a Galilea, ofreciendo su evangelio para todos; lo hace con claridad (que se entienda bien), en voz alta (que lo escuchen), como heraldo o pregonero de buenas noticias que deben extenderse por el pueblo.
En vez del bautismo de Juan para perdón viene a situarse la buena noticia del Reino de Dios (¡tú eres mi Hijo…!), como victoria sobre lo diabólico. De esa manera, la palabra de Dios a Jesús abre un camino universal de vida en Galilea:
Se ha acercado (llega) el reino de Dios. Ésta es la experiencia original, el principio y motor del evangelio. La solución de los problemas que atenazan a los hombres no depende simplemente de ellos, de forma que no se encuentran condenados a buscar su salvación con obras propias, con un esfuerzo duro al servicio del cambio social o personal. Hay algo previo, el evangelio de Dios que existe y viene (está viniendo ya) para ofrecer su reino o señorío salvador para los hombres; hay en nuestra vida algo previo: Somos don, regalo de un Dios que nos dice: No temas, mi hijo (mi amigo), porque Dios ha querido daros el reino, su vida..
Se ha cumplido el tiempo.La llegada del Reino marca el cumplimiento del tiempo. Juan Bautista moraba todavía al otro lado, antes de que el tiempo terminara y se cumpliera. Por eso, dentro de la lógica de la profecía israelita, los oyentes de Juan debían mantenerse en actitud de conversión penitencial. Pero ahora, cuando llega el reino anunciado por Jesús, el tiempo (kairos) de los hombres se ha cumplido; ha llegado el tiempo de Dios en nuestra vid. Con Jesús pasamos al otro lado de la historia. Por eso, frente a las posibles pequeñas conversiones que sólo cambian por fuera lo que existe, dejando que en el fondo todo siga como estaba, Jesús nos ha ofrecido una mutación radical, es decir, el nuevo nacimiento. Dios nos hace ser, y de esa forma somos: herederos y testigos de su gracia. No nos limitamos a tener un tesoro, sino que somos tesoro y regalo de Dios.
Convertíos…Esta conversión no se expresa ya en forma de simple arrepentimiento y penitencia, sino de transformación (=mutación) de mente y vida, es decir, como meta-noia (μετανοεῖτε), cambio de ser, interior y exterior, no por obra humana, sino por presencia y acción de Dios. Los creyentes del evangelio no transforman su vida por aquello que son (lo que ellos hacen) por sí mismos sino por lo que Dios hace en ellos. Superando el nivel previo de lucha mundo, de acción y reacción (de cumplimiento y paga o sanción), viene a desplegarse ahora un extenso y gozoso continente de existencia filial en gratuidad, expresada como fe en el evangelio, es decir, como acogida de la buena noticia de Dios, es decir, de nuestra vida divina.
No es la conversión la que suscita el evangelio (¡no tenemos que ganar nada!), el evangelio el que nos convierte, nos transforma, haciéndonos capaces de acoger y construir la familia mesiánica o iglesia; somos el tesoro de Dios.
Creed en el evangelio. Frente a los principios antiguos de vida, que se expresan como lucha por la supervivencia, fuerte envidia y estrategia de poder (como irá señalando el evangelio), Jesús pone a los hombres ante el principio de nuestra vida como don, tesoro de Dios. No se trata de creer en cualquier cosa, como ejercicio posible de autoengaño, sino de creer en el evangelio, buena nueva de Dios que ama a los hombres, que nos ama de tal forma que somos su tesoro, de tal forma que así podemos amarnos (agradecer nuestra vida en Dios), de tal manera que podamos amar a nuestro prójimo como Dios nos ama y como nos amamos a nosotros mismos (cf. Lev 19, 18; Mc 12, 33) . De una vez y para siempre, en Galilea, ha venido a realizarse la gran mutación, el cambio que conduce de la antigua a la nueva historia. Aceptar el don de Dios, reconocerse amado: esta es la verdad, es el poder del evangelio de Dios en nuestra vida.
Los cuatro momentos que acabo de exponer, con Mc 1, 15 y Lc 12se implican mutuamente. Viene Dios, ofreciendo al hombre un nuevo ser) como evangelio; por eso nos transforma por sí mismo, es decir, desde el principio de su gracia; pero es tan intenso su poder de amor que logra transformarnos de forma humana, colaborando con él, haciendo que nosotros mismos nos hagamos seres nuevos.
El evangelio no es anuncio de un Dios que flota sobre el mundo, dejando que la historia de los hombres siga como estaba, sino fuerza superior e interna del Dios que penetra en nuestra vida. Hasta ahora, esa actuación/presencia inmediata de Dios no podía realizarse. Los hombres tenían una posibilidad teórica de ser transformados, pero no estaban en disposición de dejarse transformar. Tenían capacidad, pero no había llegado el momento social y personal, cultural y espiritual de que esa capacidad de amor se se realizara. Ellos tenían necesidad de que viniera alguien distinto de parte de Dios, que les transformara y que ellos se dejaran transformar, alguien que sembrara en ellos la semilla de Dios, en forma de palabra y camino de Reino. Ése ha sido Jesús.
Jesús ha sembrado en los hombres la semilla de Dios(cf. Mc 4). No nos ha pedido nada. No nos ha exigido nada. Simplemente ha querido que escuchemos” su palabra, que creamos en ella, que la aceptemos y nos dejemos transformar por su ofrecimiento y su llamada.
Jesús no aparece como un suplicante que implora a Dios agua para el campo, hijos para la familia, fortuna para la casa, vida para los enfermos… Es simplemente un hombre ha ido en busca de Dios, con los penitentes del Bautista y ha escuchado la voz ¡eres mi Hijo! descubriendo que Dios no pide penitencia (no quiere que nos sacrifiquemos ante él), sino que nos ofrece gracia. No nos pide nada, sino que nos da todo lo que él tiene, para que seamos con él y como él.
-El Reino es Dios mismo Palabra/Amor que nos llama, dialoga con nosotros, siendo, al mismo tiempo, comunicación de vida, capacidad de amor entre nosotros . El Reino es palabra compartida, no propaganda para comprar, publicidad para vender, sino ofrecimiento gratuito de amor, que viene de Dios y que los hombres pueden compartir amorosamente.
-El Reino es curación, esto es, salud: Que hombres y mujeres puedan no sólo conversar, sino vivir en plenitud, regalándonos vida unos a otros. En esa línea, el evangelio identifica el Reino de Dios con la Salud, que es capacidad de amar y ser amado, que hombres y mujeres aceptan la vida como don de Dios, en transparencia, encontrando y compartiendo así el tesoro de la vida en Dios unos en otros.
-El Reino es el tesoro divino de nuestra vida humana, comunicación amorosa de unos con (en) otros. No se trata de creer unas verdades separadas, sino de vivir en fe, es decir, “creerse” (compartir palabra uno en otros), comunicándonos vida unos en otros. Ésta es quizá la nota distintiva del Reino que Jesús anuncia; el Reino de Dios es la vida como don, regalo gratuito
Todo lo hace Dios (es de Dios) y, sin embargo, los hombres y mujeres han de realizarlo todo, no esperando de un modo pasivo, que llegue sino procurando que llegue, siendo ellos mismos profetas mesiánicos, en comunicación de amor. En ese sentido decimos que todo hombre/mujer es Mesías (Reino de Dios, gran tesoro), porque Dios actúa/es en cada uno (especialmente el más pobre) es Dios para los restantes hombres y mujeres [1].
El Reino es Dios en nuestra vida (¡como vida!) de seres humanos, no de un modo abstracto, como idea, sino a partir de la realidad concreta de los pobres, desde la marginación de los campesinos y artesanos de Galilea, donde muchos podían pensar que Dios no existe (no actúa) porque la vida de hombres y mujeres está al borde de la quiebra. En ese contexto ofrece Jesús su programa y camino de Reino:
-El Reino es banquete compartido no puro alimento material. (Lc 14, 16-24; Mt 22, 1-14; cf. Ev. Tom 64). Según una tradición antigua, Dios había preparado su comida para todos y de un modo preferente para los “buenos judíos” (representantes de unas “clases” superiores, “elegidas”). Pero, siguiendo la inspiración y experiencia del Bautista, Jesús ha descubierto que los invitados preferentes han rechazado la llamada. Esos preferentes no han venido, ni quieren que otros vengan a compartir el banquete, porque lo quieren sólo para ellos, y así lo pierden
-El reino es comunión, es vida compartida, no cada uno por sí mismo, sino cada uno con los otros, superando las fronteras de los “elegidos” de Israel, como muestra el pasaje de la mujer siro-fenicia que pide a Jesús para su hija las “migajas” de la mesa de los hijos del reino israelita (cf. Mc 7, 28). Avanzando en esa línea, un nuevo pasaje afirma que vendrán personas de todas las naciones (de norte y sur, levante y poniente), para tomar parte en el banquete final, que no es comida para cuando el mundo acabe, sino para este mismo mundo, empezando por los antes excluidos (Mt 8, 11-12; Lc 13, 28).
Notas
[1] Cf. Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños (Mt 25,31-46), Sígueme, Salamanca 1984.
[2] Ésta es una experiencia que ha sido formulada de un modo especial tras la muerte de Jesús, en el principio de la Iglesia, pero ella puede y debe situarse también en el tiempo de su vida, pues él ha interpretado el Reino como banquete abierto a las naciones, empezando por los más pobres. Cf. S. Vidal, Jesús Galileo, Sal Terrae, Santander 2006. Cf. G. Theissen y – A. Merz, Jesús histórico, Sígueme, Salamanca 2000, 300-301.
Comentarios desactivados en Cuando menos lo penséis. Domingo 19 Ciclo C
Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:
Estad como los que esperan a su señor
El Nuevo Testamento termina con unas palabras de Jesús en el libro del Apocalipsis: “Sí, vengo pronto”. A las que responde el autor: “Amén. Ven, Señor Jesús”. Aunque la mayoría de los católicos no ha leído el Nuevo Testamento de punta a cabo, a muchos les suena la idea de “la segunda venida de Jesús” o “la vuelta del Señor”, sin que a nadie le quite el sueño. Esa vuelta no la ven como algo inmediato, ni siquiera a largo plazo.
A gran parte de los cristianos de finales del siglo I, cuando Lucas escribe su evangelio, le ocurría lo mismo. Desde niños, o desde que se convirtieron, les habían anunciado la pronta vuelta del Señor. Pero pasaron años, décadas, y no volvía. Escritos muy distintos del Nuevo Testamento recogen el desánimo y el escepticismo que se fue difundiendo en las comunidades. Hasta el punto de que el autor de la segunda carta a los Tesalonicenses se siente obligado a negar la inminencia de esa vuelta: «No perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por profecías o discursos o cartas fingidamente nuestras, como si el día del Señor fuera inminente» (2 Tes 2,2).
Lucas también está convencido de que el fin del mundo no es inminente. Antes habrá que extender el evangelio «hasta los confines de la tierra», como expone en los Hechos de los Apóstoles. Pero aprovecha la enseñanza de generaciones anteriores para exhortar a la vigilancia.
[El sacerdote puede elegir este domingo entre una lectura breve y otra larga. Sin detenerme en justificar los motivos, aconsejo limitarse a la breve: Lucas 12,39-40.]
Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.
Si se lee el texto de forma rápida parece hablar de los mismos personajes: unos criados y su señor. Sin embargo, habla de dos señores distintos:
1) uno que vuelve de un banquete o una boda, y al que esperan sus criados;
2) otro, que no tiene criados, se entera de que esa noche va a venir un ladrón, y lo espera en vela.
Dos comparaciones anticuadas
Veinte siglos hacen que incluso las imágenes más expresivas se desvirtúen. La primera comparación trae a la memoria la serie Downton Abbey, con toda la servidumbre perfectamente uniformada y dispuesta a la entrada del palacio esperando la llegada del señor o la familia. Esto pasó a la historia. Imaginando una comparación actual diría: “Tened los chalecos antibalas puestos y las armas preparadas, igual que los agentes de seguridad que esperan que el Presidente salga de la recepción”. Demasiado llamativo y aplicable a poca gente. Pero lo más desconcertante es lo que hace el Presidente: en vez irse a descansar o a dormir, se dedica a servir la cena a sus guardias.
La segunda comparación, la del que espera la venida del ladrón, también parece anticuada. Esa función la cumplen las agencias de seguridad y la policía. Sin embargo, dados los numerosos fallos en este campo, es posible que el dueño de la casa se mantuviese en vela.
Los protagonistas
En el primer caso, los protagonistas somos nosotros, presentados como criados que esperan a su señor, Jesús. En el segundo, el dueño de la casa también nos representa a nosotros, atentos a que no nos roben. Imagen bastante atrevida, porque el ladrón es “el Hijo del hombre”.
Dos consejos distintos
Ya que se trata de dos comparaciones distintas, los consejos también difieren: en el primer caso, debemos imitar a los criados que esperan a su señor; en el segundo, imitar al propietario que espera al ladrón, preparados para la llegada imprevista del Hijo del hombre. Hay también una notable diferencia en cuanto al tono: la primera comparación da por supuesto que el señor encontrará a los criados vigilando y los proclama dos veces bienaventurados. La segunda tiene un tono de amenaza y peligro.
De la vuelta del Señor al encuentro con el Señor
A mediados del siglo XX, los Testigos de Jehová estaban convencidos de que el fin del mundo sería en 1984 (70 años después de 1914, el comienzo de la Primera Guerra Mundial). Supongo que ahora mantendrán otra fecha. Pero no debemos reírnos de ellos. La adaptación de antiguas profecías a nuevas realidades es frecuente en el Antiguo Testamento y también en la iglesia primitiva.
En el caso concreto de la lectura de hoy, sin negar la vuelta del Señor, el acento se ha desplazado a algo más cercano e indiscutible: el encuentro personal con él después de la muerte. En esta perspectiva, la exhortación a la vigilancia sigue siendo totalmente válida.
Pero vigilar no significa vivir angustiados, sino cumplir adecuadamente las propias obligaciones, como deja claro la continuación del evangelio (en la forma larga que puede omitirse).
La primera lectura (Sabiduría 18,6-9)
La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, ofrece dos posibles puntos de contacto con el evangelio. El texto dice así.
La noche de la liberación [de Egipto] se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables, pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti. Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.
Primer punto de contacto: vigilancia esperando la salvación.
El libro de la Sabiduría piensa en la noche de la liberación de Egipto
El evangelio, en la salvación que traerá la segunda venida de Jesús.
En ambos casos se subraya la actitud vigilante de israelitas y cristianos.
Segundo punto de contacto: solidaridad
Al momento de salir de Egipto, los israelitas se comprometen a compartir los bienes: serían solidarios en los peligros y en los bienes.
En la forma larga del evangelio, Jesús anima a los cristianos a ir más lejos: Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo.
Reflexión final
Leer este evangelio en el primer domingo de agosto, cuando muchos acaban de empezar las vacaciones, no parece lo más adecuado. Sin embargo, precisamente al comienzo de las vacaciones es cuando más nos aconsejan una actitud de vigilancia: con respecto a la protección de la casa, las ruedas del coche, la revisión del motor, la protección de los rayos solares… Siendo realistas, también al comienzo de las vacaciones es cuando muchos se encuentran definitivamente con el Señor. La vigilancia no es solo para el otoño.
Este domingo el Evangelio nos invita a esperar. Pero esta espera tiene que ser activa, expectante. No como quien espera el autobús, sino como quien espera la visita de alguien importante. Es una invitación a estar preparadas, para que no se nos escapen las cosas buenas.
La espera que nos enseña Jesús nada tiene que ver con “mirar al cielo” (cfr. Hch 1, 11). Hacia donde hay que mirar es hacia los hermanos. La espera que nos enseña Jesús tiene que ver con el servicio.
Para relacionarnos con el Dios de Jesús es imprescindible atender a las hermanas, a las personas que nos rodean, sirviendo a quienes lo necesiten. La espiritualidad cristiana es una espiritualidad encarnada por eso el mejor termómetro de nuestra relación con Dios es nuestra vida cotidiana. De nada sirven muchas horas de oración ni haber asistido a misa todos los domingos de nuestra vida si nuestro amor a Dios no se traduce en amor al prójimo.
Pero tampoco vale lo contrario: de nada sirve ser voluntario en tres ONGs si al final llevo una vida vacía porque he desconectado con la Presencia viva de Dios que me habita.
Necesitamos de muchos ratos sentadas a los pies del Maestro para que nuestro “hacer” se depure de todo activismo, de todo afán de protagonismo, de toda apariencia. Pero necesitamos también levantarnos, abandonar el cómodo espacio de intimidad con Dios y volvernos hacia quienes puedan necesitarnos sirviendo.
Jesús, el gran orante, la noche que en que iba a ser entregado, “se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciñó a la cintura. Después echó agua en una palangana y comenzó a lavar los pies…” (Jn 13, 4-5)
En el itinerario que nos ofrece Jesús, oración y servicio van juntas, no se pueden separar, se alimentan mutuamente y nos hacen crecer armónicamente. Tampoco nuestro cuerpo y nuestro espíritu son dos realidades separadas, si descuidamos nuestro cuerpo o nuestro espíritu nuestra vida se resiente, se enferma.
Oración
“Trinidad Santa, ayúdanos a vivir con la cintura ceñida para el servicio
y la lámpara de la oración siempre encendida. ¡Amén!”
Comentarios desactivados en ¿De qué Dios nos habla el Evangelio?
DOMINGO 19 (C)
Lc 12,32-48
Que el texto utilice el lenguaje escatológico nos ha despistado. El que nos hable de talegos y tesoros en el cielo o que Dios llegará como un ladrón, nos ha alejado del Dios de Jesús. Dios no tiene que venir de ninguna parte, menos como ladrón. Está llamando siempre, pero desde dentro. No puede pretender entrar en nosotros sino aflorar a nuestra conciencia.
No hay que confiar en un dios todopoderoso externo, sino en el hombre creado a su imagen y que tiene al mismo Dios como fundamento. No es pues, cuestión de actos de fe en Él, sino confianza absoluta en lo que de Dios hay en nosotros que nunca podrá rallarnos.
Hay que estar despiertos, no porque puede llegar el juicio cuando menos lo esperemos, sino porque la toma de conciencia de la realidad que somos exige plena atención a lo que realmente somos y no es fácil de descubrir. Ha sido Dios el primero que ha confiado en nosotros desde el momento en que ‘decidió’ darse él mismo sin limitación alguna.
A la institución no le interesa la idea de un Dios que da plena autonomía al ser humano, porque no admite intermediarios. Para ellos es mucho más útil la idea de un dios que premia y castiga, porque en nombre de ese dios pueden controlar a las personas. La mejor manera de conseguir sometimiento es el miedo. Eso lo sabe muy bien cualquier autoridad.
El Padre ha tenido a bien confiaros el Reino. Este es el punto de partida. Si el Reino-Dios es el tesoro encontrado, nada ni nadie puede apartarme de él. Todo lo que no sea esa realidad absoluta, que ya poseo, se convierte en calderilla. El Reino es el mismo Dios escondido en mí. Los demás valores deben estar subordinados al valor supremo que es el Reino-Dios.
Esa fe-confianza, falta de miedo, no es para un futuro en el más allá. No se trata de que Dios me dé algún día lo que ahora echo de menos. Esta es la gran trampa que utilizan los intermediarios. A ver si me explico con claridad: Dios es un continuo presente, es eternidad. Esa eternidad es la que tengo que descubrir en mí aquí y ahora en el presente.
La idea que tenemos de una vida futura desnaturaliza la vida presente hasta dejarla reducida a una incómoda sala de espera. La preocupación por un más allá nos impide vivir en plenitud el más acá. La vida presente tiene pleno sentido por sí misma, no es un medio para alcanzar algo. Todo lo que proyectamos para el futuro está ya aquí a nuestro alcance.
La esperanza cristiana no se basa en lo que Dios me dará, sino en que sea capaz de descubrir lo que Dios me está dando siempre. Para que llegue a mí lo que espero, Dios no tiene que hacer nada. Yo soy el que tiene mucho que hacer, pero en el sentido de tomar conciencia y vivir la verdadera realidad que soy. Para eso hay que estar despiertos.
Los seguidores de Jesús, todos judíos, fueron incapaces de librarse del Dios del AT. El Dios de los evangelios es una mezcla de ese Dios y de la increíble novedad del Dios Abba que descubrió. Lo preocupante es que después de dos mil años, nosotros nos sentimos más a gusto con aquel Dios justiciero y antropomórfico que con el Dios amor de Jesús.
El Dios de Jesús ni puede castigar por un pasado ni puede prometer nada para un futuro, porque ni tiene pasado ni tiene futuro. Dios es un eterno presente. No tiene ningún sentido preguntarnos si interviene en la historia, porque Él no tiene historia
Comentarios desactivados en El Estado del Bienestar.
Lc 12, 32-48
«No acumuléis tesoros en la tierra…»
Da la impresión de que el recelo que siente Jesús por la riqueza está injustificado, porque la cultura de la riqueza nos ha proporcionado un bienestar inimaginable hace tan solo unos años. Al menos en apariencia, la felicidad es la tónica general entre los ciudadanos de las sociedades opulentas (como la nuestra), y esta felicidad es el fruto de nuestra apuesta por la riqueza que nos ha permitido alumbrar una nueva sociedad basada en la garantía de las libertades públicas, la educación universal, la sanidad para todos, la asistencia social para los más desfavorecidos, el subsidio digno de jubilación y el acceso generalizado tanto a la cultura, como a productos y servicios que hasta ese momento habían sido patrimonio exclusivo de los ricos.
Y es evidente que la mejora de las condiciones de vida de las personas supone un logro de enorme importancia para la humanidad, tanto, que cabe preguntarse si al menos una parte de ella (la más próspera) ya está alcanzando su destino y lo único que le queda por hacer como tal humanidad, es extender este modelo a todo el mundo. Al menos en apariencia, la plenitud con la que han soñado tantos filósofos de todos los tiempos está a la vuelta de la esquina. Hemos hecho lo más difícil y sólo nos queda seguir por este camino para consolidar lo conseguido.
Pero esto es un mero espejismo. Algo falla en nuestro modelo porque, a pesar de la prosperidad alcanzada, el avance de la medicina, el poder adquisitivo de bienes y servicios tanto necesarios como suntuarios, el acceso a la información y la cultura, y tantos otros beneficios que reporta la sociedad de consumo, resulta patente que los ciudadanos de los países desarrollados no gozan de la felicidad que disfrutaron sus abuelos y deben refugiarse en el trabajo compulsivo, el ocio compulsivo, el alcohol y las dogas para olvidar la falta de sentido de sus vidas y el vacío que ello conlleva. Este vacío empuja el hombre actual a sobrenadar la vida en vez de sumergirse de lleno en ella, es decir, a desperdiciar el don irrepetible de la vida.
Y nos viene a la memoria Sören Kierkegaard, quien afirma que cuando el hombre ignora lo eterno que hay en él, siente vacío, angustia y desesperación. Es evidente que el estado del bienestar ignora “lo eterno que hay en nosotros”, y el resultado es que no llena, ni mucho menos, la vida de los ciudadanos. Si fuésemos un simple animal más evolucionado que el resto, como se afirma en las tesis reduccionistas, los ciudadanos de los países ricos estaríamos viviendo en una especie de paraíso en la Tierra, y el vacío que sentimos es suficiente prueba para demostrar que somos mucho más que lo que dicen estas teorías.
Pero la crisis de sentido no sólo provoca la falta de realización personal de los ciudadanos, sino que ha generado, y sigue generando, tal cúmulo de desequilibrios en todos los ámbitos de nuestra existencia, que hacen necesario y urgente el cambio de paradigma. En este comentario nos vamos a limitar a los tres más representativos.
El primero es la insostenibilidad. Esto no puede durar. Por una parte, harían falta varios planetas como el nuestro para disponer de los recursos necesarios para su mantenimiento y absorber las emisiones, vertidos y residuos que generamos. Por otra, el calentamiento global –más patente cada año que pasa– nos hace temer que las predicciones de los científicos acaben siendo ciertas, y que nuestro planeta acabe por convertirse en inhabitable. De una forma u otra, nuestra civilización tiene los días contados.
El segundo es la desigualdad creciente entre unas regiones y otras; entre unos ciudadanos y otros, lo que provoca que mientras unos pueden derrochar sin medida, otros no tienen ni lo necesario para vivir; su mayor logro es sobrevivir cada día. Jamás esta brecha ha sido mayor y sigue creciendo. Para ilustrar esta situación diremos que Luxemburgo tiene una renta per cápita de 153.000 $. Los dos países más poblados de la tierra, China e India, tienen respectivamente, 13.000 $ y 2.500 $, y el más pobre, Burundi, tiene 193 $; es decir, casi ochocientas veces menos que los más ricos.
El tercero es la agresión brutal al medioambiente. Ya hemos mencionado la amenaza de que nuestro hábitat se convierte en inhabitable, pero mientras tanto, las condiciones de vida de los ciudadanos puede convertirse en un infierno. Una de las conclusiones más inquietantes del último informe del “Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC)” –elaborado por científicos de prestigio, y no por ecologistas exaltados– decía lo siguiente:
«La humanidad está condenada a padecer una escasez trágica de recursos esenciales para la vida debido a la pérdida de cosechas y la destrucción de los fondos marinos, y, como consecuencia, se van a producir migraciones masivas en busca de estos recursos y conflictos generalizados por obtenerlos».
Y de todo ello sacamos la conclusión de que quizá Jesús no andaba tan descaminado; que la riqueza nos endurece el corazón y nos incapacita para amar y compadecer; que nos impide entrar en el Reino y nos arroja en manos de una tiranía despiadada que nos impide vivir con sentido, nos esclaviza y nos deshumaniza… Tanto a cada uno de nosotros, como al conjunto de la humanidad.
«Bienaventurados los pobres», decía Jesús por boca de Lucas.
«Debemos caminar hacia la civilización de la austeridad compartida», decía Jon Sobrino, abriendo la única vía de salvación que le queda a este mundo.
Miguel Ángel Munárriz Casajús
Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí
Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.
Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.
El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.
Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada.
no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.
Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.
Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.
Nuevos Miembros
Para unirse a este grupo es necesario REGISTRARSE y OBLIGATORIO dejar en el FORO un primer mensaje de saludo y presentación al resto de miembros.
Por favor, no lo olvidéis, ni tampoco indicar vuestros motivos en las solicitudes de incorporación.
Comentarios recientes