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“Carta para el prisionero Dietrich Bonhoeffer”, por Carlos Osma.

martes, 12 de agosto de 2025
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De su blog Homoprotestantes:

[Menorca] 26 de julio de 2025

Querido Dietrich,

Primero de todo disculparme por la familiaridad con la que me dirijo a ti en esta carta pero, aunque fuiste asesinado casi treinta años antes de que yo naciera, tus pensamientos han sido para mí tan relevantes desde que era joven, que te sigo considerando como un profesor por el que siento un profundo agradecimiento, y al que tengo que volver a leer de vez en cuando para no olvidar que «Dios no nos llama a la religión, sino a la vida» [1]. Solo como anécdota te explicaré que cuando mi marido y yo nos casamos —eso es hoy posible, siento que tú no pudieras vivirlo—, lo hicimos en la congregación de Barcelona donde tú fuiste asistente de vicario durante un año. No fue una casualidad, era una forma de agradecerte el empujón final para —como lo decimos hoy — salir del armario.

Imagino que te sorprenderá recibir esta carta, pero no te la envío a la prisión de Tegel donde la Gestapo te encerró en 1943 acusándote de conspiración, ni al campo de concentración de Buchenwald, o al de Flossenbürg donde —como treinta mil personas más durante los siete años en los que estuvo abierto— fuiste asesinado en abril de 1945 por tu relación con el complot que intentó asesinar a Hitler. Te la envío a la prisión en la que estás encerrado desde entonces, y no me refiero a esa en la que eres una especie de santo protestante —¡Tú, que escribiste que «ante los religiosos, me avergüenzo con frecuencia de nombrar a Dios» [2]!— sino a esa otra donde el heterocentrismo te tiene hoy prisionero. Tengo que reconocer que yo mismo te había situado allí, y ahora no entiendo cómo ha sido posible. Te pido disculpas, y que sirva esta carta como un intento de liberarte.

No me ha gustado nunca leer comentarios o biografías sobre la obra de autores que me han influido, prefiero hacerme yo mismo una idea leyendo sus obras. Por eso cuando en 2018 Charles Marsh publicó una biografía sobre ti [3], no tuve ningún interés en leerla. Evidentemente me equivoqué. Había leído algún artículo en el que se afirmaba que Marsh insinuaba que estabas enamorado de tu amigo Eberhard Bethge, pero no le di credibilidad —la homofobia interiorizada entre otras cosas nos hace pensar que una persona es heterosexual hasta que no se demuestre lo contrario, sobre todo si como ocurre en tu caso eres uno de los teólogos más importantes del siglo XX—. Pero este verano, por un buen comentario que hizo un amigo sobre el libro, decidí hacerlo. Cuando llegué a la primera descripción de vuestra relación, me quedé perplejo:

«Desde que la Gestapo cerró Finkenwalde el 28 de septiembre de 1937, y hasta poco antes del arresto de Bonhoeffer en abril de 1943, Bethge y él permanecieron juntos, compartiendo un dormitorio en la casa de sus padres de Marienburger Alle siempre que estaban en Berlín. Tenían también una cuenta bancaria en común, firmaban las postales navideñas como “Dietrich y Eberhard”, discutían sobre los regalos que hacían en común, planeaban sofisticadas vacaciones, y tenían numerosas peleas. Karl y Paula Bonhoeffer, así como sus hijos y familiares, guardaron para sí cualquier tipo de reserva que el dúo pudiera suscitarles, y pronto dieron la bienvenida al “señor Bethge” al círculo familiar» [4].

En una entrevista que le realizaron a Marsh sobre la biografía Extraña Gloria afirmó que sobre tu homosexualidad los especialistas habían debatido mucho en las conferencias que se han hecho sobre tu vida y reflexión teológica, pero ese debate siempre tenía lugar entre comidas, copas y cervezas, nunca en sesiones académicas. [5] Me alegra que se haya atrevido a dar valor a esta área tan importante de tu vida, ofreciendo muchos datos que ponen de relieve tu relación con Bethge, y que te libera de los márgenes, de los cuchicheos entre especialistas, y de la prisión en la que muchos te querrían. Quizás el dato que más me sorprendió, porque muestra la naturalidad con la que tu familia vivía vuestra relación, es la forma en la que se refirió a Bethge tu sobrina Marianne al describir el momento en el que sacasteis a su familia de Alemania para ponerla a salvo porque tu hermana gemela Sabine estaba casada con un cristiano de origen judío:

«Nuestro coche estaba repleto, pero de manera que pareciera que simplemente íbamos de vacaciones. Christiane y yo estábamos acostadas en la parte trasera. El tío Dietrich y el «tío» Bethge habían traído un coche» [6].

Decidí después de leer a Marsh, volver a leer las cartas que tú y Bethge os mandasteis cuando estabas en la prisión de Tegel. Unas cartas que podían pasar la censura de la Gestapo, o ser leídas por los intermediarios que os las hacían llegar. Pero aun así, leía y volvía a leer frases que hasta ese momento me habían pasado totalmente desapercibidas, y que daban cuenta de vuestra relación:

«Solamente hablando contigo llegaba a saber si mi pensamiento servía para algo o no… Pensaré cada día en ti y pediré a Dios que te guarde y te vuelva a traer». [7]

 «Para nosotros dos fue muy hermoso el estar juntos y no puedo imaginarme que en los años que vengan se haya de cambiar algo en esto. Eso es una posesión real, quizás obtenida lenta y trabajosamente, pero ha merecido la pena todo lo que los dos hemos invertido en ello» [8].

«Cual claras y frescas aguas, donde el espíritu se purifica del polvo del día, en las que se refresca del abrasador calor y se fortifica a la hora del cansancio; cual baluarte, adonde tras el peligro y la confusión se retira el espíritu, donde se encuentra asilo, consuelo y fuerzas, así es el amigo para el amigo» [9].

«Hoy hace ocho años, por la noche, nos hallábamos sentados ante la chimenea… Sé que estás pensando en mí en este día, y si tus pensamientos no solo contienen recuerdos del pasado, sino también esperanzas para el futuro, incluso aunque sea un futuro cambiado, entonces seré feliz» [10].

Sé que nunca te han gustado ni los novelistas ni los teólogos que están obsesionados con la vida íntima y personal, y que para ti la esencia de un ser humano no radica ahí, pero algo más de dos décadas después de tu muerte el movimiento feminista puso sobre la mesa que lo personal es político, y a partir de entonces quienes sentimos atracción afectivo-sexual por personas de nuestro mismo sexo hemos utilizado la estrategia de visibilizarnos para tratar de lograr espacios de libertad, y leyes que nos protejan a nosotros y nuestras familias. Supongo que a ti te sonará todo esto un poco extraño, no puedo hacer que pienses como yo lo hago en el siglo XXI, como tampoco trato de trasladar acríticamente mi experiencia a la tuya. Sin embargo, creo que es importante que se visibilice tu relación de amor con Bethge, es necesario que puedas salir de esa prisión, primero por vosotros, por dar dignidad y reconocimiento a vuestra relación, a vuestros sentimientos. Pero también porque has sido y sigues siendo un referente para muchos cristianos y cristianas, a los que puedes ayudar a entender el amor y el deseo entre dos personas del mismo sexo como parte también de la creación de dios.

Muchos se han aferrado a la amistad —así es como os reconocíais el uno al otro— para explicar la naturaleza de vuestra relación. Pero tus cartas muestran algo más que una amistad, más bien un intento de responder a las preguntas que realizó Foucault sobre el deseo de querer estar con una persona de tu mismo sexo:

«¿Cómo pueden dos varones estar y vivir juntos, compartir su tiempo, su comida, su dormitorio, su ocio, sus desgracias, sus experiencias, sus confidencias? ¿En qué consistiría eso de estar entre hombres a pelo, ajenos a las relaciones institucionales, familiares y de compañerismo impuesto?» [11].

Y para dar más peso a su argumento se aferran a tu compromiso matrimonial con María von Wedemeyer, ignorando que el matrimonio era casi la única posibilidad que se os abría a la mayoría de hombres y mujeres gais de vuestra generación. Bastan las palabras de María, explicando una de sus visitas a la prisión de Tegel, para comprenderlo:

«Y era tan buena, tu cálida mano; todo lo que deseaba era que la dejaras ahí… Un escalofrío me recorrió entera, me llenó por completo, sin dejar espacio para el pensamiento. Pero la quitaste. No te gusta ser romántico, ¿verdad?[12].

He leído también varios comentarios de personas que te han rescatado de la prisión de la  heteronormatividad, pero que te hacen pagar un precio por ello. El primero es el propio Marsh en su biografía cuando afirma cosas como:

«La relación de Bonhoeffer con Bethge siempre había tratado de moverse en la dirección del amor romántico, siempre casto» [13].

Y llega a afirmar incluso, sin prueba alguna, que moriste célibe. Supongo que trata de presentarte más aceptable a esas instituciones religiosas que te tienen como referente pero muestran verdaderos problemas con el sexo en general, y entre dos hombres o dos mujeres en particular. No sé si te producirá una sonrisa lo que te voy a decir, pero creo que al igual que son incapaces de pensar que el nacimiento de Jesús se debió a una noche de amor entre María y José, a las que les precedieron y siguieron muchas más; no quieren ni imaginarse lo que tú y Bethge podrías haber hecho en la habitación de tus padres. Esa obsesión por problematizar el sexo, sobre todo el de las personas gais —ahora solemos identificarnos así— me parece que habla más de sus temores y frustraciones que de nuestra realidad. O somos célibes, y por tanto santos, o tenemos sexo compulsivo, convirtiéndonos en degenerados. A mí no me importa lo que pasara en vuestra intimidad, pero espero que os hiciera felices.

Nunca necesité que fueras gay para sentirme interpelado por tus reflexiones, y en el fondo no intenté entrar en tu intimidad cuando las leía, sino en la mía. Quizás por eso no me di cuenta de que amabas a otro hombre, mientras tus palabras me preparaban para que yo pudiera hacerlo aunque eso significara perderlo casi todo:

«Cuando uno ha renunciado por completo a llegar a ser algo, tanto un santo como un pecador convertido o un hombre de iglesia, un justo o un injusto, un enfermo o  un sano… entonces se arroja uno por completo en los brazos de Dios, entonces ya no nos tomamos en serio nuestros propios sufrimientos, sino los sufrimientos de Dios en el mundo, entonces velamos con Cristo en Getsemaní» [14].

Espero de todo corazón que algún día seas liberado completamente de la prisión heteronormativa donde la religiosidad pretende mantenerte encerrado. Pero, antes de despedirme, me gustaría saber si te sientes de alguna forma culpable por no haber levantado también la voz por esos hombres que murieron en campos de concentración como el tuyo llevando un triángulo rosa en el pecho. No es un juicio, no soy nadie para tratar de ponerme en tu lugar así a la ligera; sin embargo es una de las muchas preguntas que me hago después de descubrir tu amor por Bethge. Sé que no voy a obtener una respuesta definitiva a la pregunta, o quizás ya la diste en tu diario poco tiempo antes de tu muerte:

 «No debes dudar nunca de que recorro con gratitud y alegría el camino por el que soy conducido. Mi vida pasada está colmada de la bondad de Dios, y sobre la culpa se halla el amor perdonador del Crucificado» [15].

De corazón muchas, muchas, muchas gracias por todo. Te envío todo mi afecto, y mi deseo de liberación. Tuyo,

Carlos Osma

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Notas:

[1] Dietrich Bonhoeffer, Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el cautiverio, Salamanca: Ediciones Sígueme 2001, p. 253.

[2] Ibid. 198.

[3] Charles Marsh, Extraña Gloria. Vida de Dietrich Bonhoeffer, Madrid: Editorial Trotta 2018.

[4] Ibid. 316.

[5] Christopher Benson, Dietrich Bonhoeffer and the Romance of Friendship [en línea], Spiritual Friendship <https://spiritualfriendship.org/2014/06/05/dietrich-bonhoeffer-and-the-romance-of-friendship/> [Consulta: Julio 2025].

[6] Marsh, Extraña Gloria, p. 354.

[7] Bonhoeffer, Resistencia y sumisión, p. 99.

[8] Ibid. 230.

[9] Ibid. 272.

[10] Marsh, Extraña Gloria, p. 468.

[11] Michel Foucault, ¿Qué hacen los hombres juntos?, Madrid: Ediciones Cinca. Colección Empero 2015.

[12] Marsh, Extraña Gloria, pp. 452-453.

[13] Ibid. 494.

[14] Bonhoeffer, Resistencia y sumisión, p. 258.

[15] Ibid. 274.

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80 años del asesinato de Dietrich Bonhoeffer por los nazis

miércoles, 9 de abril de 2025
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Dietrich Bonhoeffer

Dietrich Bonhoeffer

«Este es el final; para mí, el comienzo de la vida»

Su fe fue más fuerte que el miedo

No se puede ser nacionalsocialista y cristiano al mismo tiempo: esta opinión determinó la vida de Dietrich Bonhoeffer. El teólogo fue asesinado por los nazis el 9 de abril de 1945.

Dietrich Bonhoeffer se atrevió a resistir al régimen de Hitler y pagó por ello con su vida. El legado del teólogo continúa inspirando hoy, incluso de manera inesperada.

La estupidez es un enemigo más peligroso que la maldad”,

El teólogo y militante en la resistencia  Dietrich Bonhoeffer es hoy una de las figuras más importantes del siglo XX y representa sobre todo un cristianismo comprometido políticamente. En la mañana del 9 de abril de 1945, a Dietrich Bonhoeffer lo sacaron de su celda en el campo de concentración de Flossenbürg, en Baviera, para ser ejecutado. Apenas unas horas antes, el pastor protestante había estado orando con sus compañeros de prisión.

Su última frase registrada fue: «Este es el final; para mí, el comienzo de la vida«. Fue ahorcado justo un mes antes del colapso definitivo de la dictadura nacionalsocialista en la Segunda Guerra Mundial.

Nacido el 4 de febrero de 1906 en Breslavia, creció con siete hermanos en una familia de clase media alta. Su padre, Karl Bonhoeffer, profesor de psiquiatría, fue destinado al hospital universitario Charité de Berlín en 1912 y la familia se mudó a una mansión en el lujoso barrio de Grunewald. Los Bonhoeffer no tenían mucho que ver con la Iglesia, por lo que les sorprendió que el hijo menor, Dietrich, decidiera estudiar Teología protestante cuando terminó el bachillerato. La familia esperaba que su aspiración fuera una carrera académica. Se doctoró a los 21 años y a los 24 era el docente más joven de la facultad de Teología. Más tarde se arrepintió de su excesiva ambición y creía que se había convertido en un buen teólogo, pero no en un cristiano. A este cambio contribuyó también el año que pasó en el Seminario Teológico Unión en Nueva York. Allí aprendió cómo pueden contribuir los cristianos a resolver problemas sociales como la pobreza y la injusticia.

Cuando los nacionalsocialistas tomaron el poder, Bonhoeffer no tardó en advertir de los peligros del nuevo régimen y del culto al Führer. No estaba de acuerdo con la opinión generalizada de que la Iglesia no debía inmiscuirse en política. Para él, la leyes de los nazis contra los judíos, como el “párrafo ario”, no eran compatibles con la visión bíblica de la humanidad. Y no reconocía la Iglesia del Reich instalada por el régimen nazi con su obispo Ludwig Müller. Estaba convencido de que no se podía ser nacionalsocialista y cristiano al mismo tiempo. Cuando defendió ante los párrocos berlineses que en caso necesario la Iglesia también tendría que “parar la rueda bloqueando los radios”, es decir, ofrecer resistencia política, muchos abandonaron la sala.

Bonhoeffer desempeñó un papel decisivo en la creación de una contraiglesia, la llamada Iglesia Confesante, un movimiento de oposición de los cristianos protestantes fundada en 1934 como reacción a los esfuerzos de los nazis para controlar la Iglesia protestante, pero criticó que esta no adoptara una postura más firme en sus declaraciones contra el “párrafo ario” y la pretensión de poder total de Hitler. Creer que la Iglesia podría mantener su independencia en el marco de un sistema totalitario le parecía una ilusión peligrosa. Cuando exigió que todos los párrocos críticos con el régimen se declararan en huelga, también quedó marginado dentro de la Iglesia Confesante. Para poner distancia, asumió la dirección de dos congregaciones en Londres. Estando allí, recibió una petición de la Iglesia Confesante para que regresara a Alemania y asumiera la dirección de un seminario de predicadores. En estos seminarios se preparaba a los futuros párrocos para su ministerio. Estaban pensados como “centros de poder” de una contraiglesia. Bonhoeffer asumió esta tarea. Su enseñanza era una mezcla de formación espiritual, conocimientos teológicos y educación política.

Otras leyes y decretos fueron quitando gradualmente terreno a los seminarios, hasta que finalmente solo podían mantenerse ilegalmente. El propio Bonhoeffer estaba cada vez más en el punto de mira de la Gestapo. Le prohibieron enseñar y hablar en público. Temiendo su inminente detención, sus amigos le presionaron para que se marchara a Estado Unidos. Bonhoeffer lo hizo a regañadientes. En EE. UU., en 1930/31, se familiarizó con el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos y se dio cuenta de que la fe no era sólo una convicción personal, sino que también consistía en oponerse activamente a las injusticias. «Bonhoeffer estaba convencido de que los cristianos compartimos la responsabilidad no solo sobre nosotros mismos, sino también sobre los demás y el mundo, (…) especialmente hacia los más débiles”, explica a DW el profesor Florian Höhne, primer presidente de la sección alemana de la Sociedad Internacional Bonhoeffer (IBG).

Solo unas pocas semanas después, en julio de 1939, regresaba de Nueva York a la Alemania nazi. Pensaba que no tenía derecho a participar en la reconstrucción de Alemania si no compartía la difícil situación del pueblo alemán. De regreso en Alemania, Bonhoeffer observó cómo la Iglesia se adaptaba al Estado nazi, pastores y clérigos juraban lealtad a Hitler.

Por medio de su cuñado, Hans von Dohnanyi, se enteró de los planes para matar a Hitler y se unió al grupo de resistencia liderado por el teniente general Hans Oster. Usaría sus contactos en el extranjero para averiguar la actitud de los políticos, sobre todo en Inglaterra, en caso de que Hitler fuera destituido y triunfara un golpe de Estado. Bonhoeffer asumió dos papeles en la resistencia: «Utilizó sus contactos con iglesias cristianas y comunidades religiosas en el extranjero para intercambiar información y que los aliados conocieran los planes golpistas. Y negociar opciones para el período posterior, para recibir una señal de los aliados de que aprobaban esos planes golpistas y no simplemente continuarían la guerra después, que estaban dispuestos a negociar la paz”, explica Höhne. Su segunda tarea era «actuar como pastor de sus conspiradores y asesorarlos en conflictos de conciencia«.

Pero las conexiones de Bonhoeffer con la resistencia fueron descubiertas y la Gestapo lo arrestó el 5 de abril de 1943. Estuvo dos años en prisión, sin juicio regular, hasta su ejecución. Allí escribió textos teológicos y sociopolíticos.

516309437-1-Placa conmemorativa en el antiguo campo de concentración de Flossenbürg © pa/dpa

Fue en esa época cuando Bonhoeffer conoció a Maria von Wedemeyer, de 18 años. Se comprometieron en secreto. Las conexiones de Bonhoeffer con la resistencia fueron descubiertas y la Gestapo lo arrestó el 5 de abril de 1943 Bonhoeffer, fue detenido y llevado a la prisión de Berlín-Tegel. Estuvo dos años en prisión, sin juicio regular, hasta su ejecución. Allí escribió textos teológicos y sociopolíticos. Las pruebas contra él eran escasas y había esperanzas de que lo pusieran en libertad. Tras el fallido intento de asesinato de Hitler por parte del grupo liderado por Claus Schenk Graf von Stauffenberg, se descubrió su implicación en el complot para derrocar a Hitler.

Tras los intensos bombardeos aéreos sobre Berlín, Bonhoeffer fue trasladado primero a los sótanos de la prisión de la Gestapo en la Prinz-Albrecht-Straße, después lo llevaron al campo de concentración de Buchenwald y, tras una breve estancia con otros prisioneros en una Alemania que se hundía, fue transportado por todo el sur de Alemania hasta que el grupo fue alojado provisionalmente en una escuela de Schönberg, en el bosque bávaro. La mañana siguiente fueron a recogerlo y lo llevaron al campo de concentración de Flossenbürg. Fue interrogado durante la noche, un “consejo de guerra” lo condenó a muerte y fue asesinado la madrugada del 9 de abril de 1945.

Su familia y su prometida, Maria von Wedemeyer, no supieron de la muerte de Dietrich Bonhoeffer hasta finales de julio. Resultó que su hermano Klaus y sus cuñados, Hans von Dohnanyi y Rüdiger Schleicher, también habían sido fusilados o ahorcados. Más recientemente, círculos de la derecha religiosa y política han intentado apropiarse de la figura Bonhoeffer para sus propios fines. Una mirada a su vida y a sus escritos muestra claramente que tales reinterpretaciones pervierten todo aquello por lo que vivió y luchó este teólogo.

72117195_906Lugar conmemorativo del campo de concentración Flossenbürg, en Baviera, donde ejectuaron a Bonhoeffer.
Imagen: Armin Weigel/dpa/picture alliance

Un patrimonio con múltiples facetas

Su obra y persona son veneradas, interpretadas y apropiadas en todo el mundo por teólogos liberales, activistas de derechos humanos, demócratas, activistas de izquierda, conservadores, pero también por ultraderechistas, teóricos de la conspiración y partidarios nacionalistas cristianos del presidente estadounidense, Donald Trump.

Pero ¿por qué lo invocan grupos tan diferentes? ¿Qué defendía realmente Bonhoeffer con su pensamiento y su mensaje?

Después de la guerra, Bonhoeffer se convirtió en un ícono, modelo de fe, de no darse por vencido, de actuar. Muchos de sus libros se convirtieron en éxito de ventas internacionales, e incluso se filmó una película sobre su vida.

Pero mientras los teólogos liberales, los demócratas y los activistas de derechos humanos lo celebran como un luchador por la justicia social y la responsabilidad cristiana, los círculos conservadores de ultraderecha y los nacionalistas cristianos, sobre todo, en Estados Unidos, lo veneran como un pionero contra un Estado supuestamente extralimitado. Los nacionalistas cristianos ven a su nación como elegida por Dios y quieren imponer políticamente su visión muy conservadora de los valores cristianos.

Sobre todo, para los partidarios de Trump, Bonhoeffer es un símbolo de rebelión contra el llamado Estado profundo: la idea de que existe una estructura de poder secreta detrás de un gobierno oficial, que controla la política y la sociedad. Algunos establecen paralelismos entre su lucha contra Hitler y su propia oposición al aborto, los derechos LGBTQ o las regulaciones de vacunación.

Teólogos de EE.UU. y Alemania, descendientes de Bonhoeffer y la Sociedad Internacional Bonhoeffer (IBG) se oponen firmemente a esta apropiación. En una carta abierta de octubre de 2024, el IBG denunció que la vida y la obra de Bonhoeffer estaban siendo utilizadas cada vez más, especialmente por los nacionalistas cristianos, para legitimar la violencia política.

Bonhoeffer se opuso al régimen de Adolf Hitler no con armas, sino con palabras, hechos y una fe firme: de predicador se convirtió en conspirador. «Bonhoeffer era un pacifista cristiano, que sólo consideraba la posibilidad de la violencia tras una lucha intensa. Pero su pensamiento estaba marcado por la búsqueda de la paz y la cuestión de qué une a los cristianos más allá de las fronteras nacionales”, subrayó Höhne.

Höhne considera que la influencia de Bonhoeffer tiene sus raíces en su fascinante biografía, que inspira más allá de las fronteras políticas, teológicas e ideológicas, sobre todo, porque defendió sus convicciones con su vida.

La estupidez es un enemigo más peligroso que la maldad”,

El tiempo que pasó en prisión lo dedicó a tratar de entender y explicar la conducta de sus compatriotas, en la correspondencia que intercambió con sus padres y con un amigo, Eberhard Bethge, que luego de su muerte fue compilada y publicada bajo el título Resistencia y sumisión. No apuntaba a la ignorancia, cuyo remedio es la educación, sino al defecto moral que lleva a personas inteligentes a abandonar el pensamiento crítico. ¿Cómo fue posible que un país culto y avanzado como Alemania, la tierra de tantos poetas, científicos y filósofos trascendentes, cayera bajo el influjo del nazismo, de una doctrina cuyos fundamentos eran el racismo y el supremacismo era el interrogante que se planteaba Bonhoeffer. ¿Cómo explicar la aparente incapacidad de una inmensa porción de la población para tomar conciencia de las atrocidades que se estaban cometiendo? ¿Cómo explicar la complicidad activa o pasiva de tantos frente a acciones que violaban principios esenciales de una ética humana?

Fue entonces cuando formuló su célebre tesis sobre la estupidez, una de las fases más trascendentes de su legado intelectual. Para Bonhoeffer, la respuesta a los interrogantes que suscitaba la actitud de la gente ante el régimen estaba en la estupidez y no en la maldad. Pero no se refería a la estupidez como un rasgo individual sino como un fenómeno social, colectivo y de índole moral antes que intelectual.

Tampoco lo ve como algo innato al individuo. La estupidez surge de la vida de relación porque se contagia. Por eso podemos ver a personas muy inteligentes comportarse como estúpidas, porque ello es un rasgo de personalidad y no resultado de la falta de capacidades mentales.

La persona estúpida es peligrosa pero no porque no sea inteligente, sino porque ha renunciado a razonar críticamente ya que tiende a aceptar dogmas y órdenes sin cuestionarlos.

La estupidez es un enemigo más peligroso para el bien que la maldad”: es una de las definiciones más difundidas. El mal puede ser combatido con más facilidad porque es evidente, decía, genera reacciones contrarias, motiva a exponerlo y a enfrentarlo. En cambio la estupidez no puede ser enfrentada con la racionalidad, la lógica o las evidencias, porque no atiende a esos argumentos.

La lectura de la exposición de la hipótesis de Bonhoeffer sobre la estupidez resulta de una actualidad y vigencia sorprendentes.

“La estupidez -escribió- es un enemigo más peligroso del bien que la malicia. Se puede protestar contra el mal; éste puede ser expuesto y, si es necesario, prevenido mediante el uso de la fuerza. El mal siempre lleva en sí el germen de su propia subversión, pues deja en los seres humanos al menos una sensación de inquietud. Contra la estupidez estamos indefensos. Ni las protestas ni el uso de la fuerza sirven de nada en este caso; las razones caen en oídos sordos; los hechos que contradicen los prejuicios de uno simplemente no deben creerse —en tales momentos, la persona estúpida incluso se vuelve crítica—, y cuando los hechos son irrefutables, simplemente se descartan como intrascendentes, como incidentales. En todo esto, la persona estúpida, a diferencia de la maliciosa, está completamente satisfecha de sí misma y, al irritarse fácilmente, se vuelve peligrosa al atacar. Por eso, se recomienda mayor precaución al tratar con una persona estúpida que con una maliciosa. Nunca más intentaremos persuadir al estúpido con razones, pues es absurdo y peligroso”.

Esta alusión al peligro posiblemente se deba al fenómeno de la delación del que Bonhoeffer habrá sido testigo, por otra parte inherente a todos los regímenes totalitarios.

Bonhoeffer precisó que la estupidez no es un defecto intelectual sino moral. Tampoco es un rasgo congénito, sino que en determinadas circunstancias las personas se vuelven estúpidas o permiten que les suceda. Es menos un problema psicológico que sociológico y por eso suele ser un fenómeno de contagio.

El hecho de que una persona estúpida sea testaruda no implica que sea independiente, advierte Bonhoeffer. Al contrario, está bajo hechizo y al tratar con esa persona, la impresión que se tiene es que se está hablando con eslóganes y consignas.

La estupidez no es lo mismo que la ignorancia, por lo tanto no puede ser vencida por la vía de la instrucción, como puede serlo la ignorancia, sino por la vía de una liberación. Y eso debe darse primero por una acción externa, antes que interna. O sea, del estúpido no se puede esperar nada.

Para Bonhoeffer, este fenómeno se da bajo ciertas condiciones. Todo ascenso de un poder fuerte, ya sea político o religioso infecta de estupidez a buena parte de la Humanidad. Frente a esto, las personas, más o menos conscientemente, renuncian a su autonomía de pensamiento. El poder utiliza propaganda, intimidación o manipulación emocional para instalar un conformismo acrítico.

 “La acción no brota del pensamiento, sino de la disposición a la responsabilidad. La prueba definitiva de una sociedad moral es el tipo de mundo que deja a sus hijos”, dijo Bonhoeffer. Coherente con esa convicción, él no fue solo un intelectual.

Fuente DW.com/Deutschland.de/Infobae

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¿Era gay el pastor alemán y líder de la resistencia nazi, Dietrich Bonhoeffer?

sábado, 5 de julio de 2014
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noticias_file_foto_818393_1404487933Asesinado por los nazis, una nueva biografía se pregunta si el célebre pensador y teólogo luterano estaba enamorado de su amigo y biógrafo, Eberhard Bethge. Tenía 39 años cuando el pastor alemán Bonhoeffer fue ejecutado en el campo de concentración de Flossenbürg en 1945 acusado de sedición. En su libro ‘Strange Glory: A Life of Dietrich Bonhoeffer’ (Extraña gloria: La vida de Dietrich Bonhoeffer), el escritor, Charles Marsh, relata la intensa cercanía de la relación entre los dos hombres que compartían la misma cuenta bancaria, tocaba el piano y viajaban juntos y recibían regalos de los amigos con su nombres escrito en la misma tarjeta, como hacen cientos de parejas en el mundo ante cualquier efeméride.

De hecho, cuando Bonhoeffer fue asesinado a manos de los nazis, le legó la mayor parte de su patrimonio a su biógrafo, Bethge, en lugar de a su propia novia, Maria Von Wedemeyer. Sin embargo, lo que Marsh no puede ratificar, por carecer de pruebas, si Bonhoeffer declaró sus sentimientos a su amado o incluso si los admitió para sí mismo. Lo cierto es que ya no queda nadie vivo a quien preguntar.

La relación de Bonhoeffer con Bethge siempre estaba en la cuerda floja hacia el logro de un amor romántico, escribe Marsh en el libro, ‘nunca casto pero completo en sus aspiraciones complejas’.

Marsh también duda de que Bethge sintiera lo mismo por su mentor. Es más cuenta en el libro que Bonhoeffer finalmente murió virgen. El discípulo del pastor alemán consagró su vida a la promoción del libro y de las ideas del Bohhoeffer impartiendo conferencia por todo el mundo. Incluso se casó con la sobrina de su maestro, Renate. Escribió el libro «Dietrich Bonhoeffer: Hombre de visión, hombre de valor», que se publicó en 1970, 25 años después de la muerte de su mentor. Bethge falleció en el año 2000.

11_DB Student 1923Dietrich Bonhoeffer fue profesor de la Universidad de Berlín, donde enseñó Teología y escribió varios libros. Opuesto firmemente al nazismo y a la claudicación de las iglesias alemanas frente a Hitler, se vio implicado, junto con Karl Barth, Martin Niemöller y otros, en el establecimiento de la Bekennende Kirche (Iglesia Confesante o Iglesia de la Confesión, de teología luterana pero no oficial). En abril de 1933, en una conferencia ante los pastores berlineses, Bonhoeffer insistió en que la resistencia política se hacía imprescindible. Entre finales de 1933 y 1935 sirvió como pastor de dos iglesias germanas protestantes en Londres.

Volvió a Alemania para encabezar un seminario ilegal para pastores de la Iglesia Confesante, en Finkenwalde, Pomerania —hoy Szczecin, Polonia sobre el río Oder—, donde recibió el apoyo incondicional de la condesa Ruth von Kleist Retzow. Allí conoció a su nieta María von Wedemeyer, que sería su prometida. Regresó a los Estados Unidos brevemente y retornó a Alemania en uno de los últimos barcos que hicieron la travesía antes del comienzo de las hostilidades.

La Gestapo clausuró el seminario en 1937
y le prohibió predicar, enseñar y finalmente hablar en público. El seminario funcionó entonces en el estadio von Blumenthal de Gross Schlönwitz, pero fue nuevamente cerrado al estallar la guerra. La resistencia, con la que colaboraba Bonhoeffer, era activa desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Durante este período, Bonhoeffer mantuvo estrechos contactos con Carl Friedrich Goerdeler y trabajó mano a mano con numerosos opositores a Hitler. Durante la Segunda Guerra Mundial, Bonhoeffer desempeñó un papel clave de acaudillamiento en la Iglesia de la Confesión, que se oponía a las políticas antisemitas de Hitler. Estaba entre aquellos que apelaban a la abierta resistencia de la Iglesia al tratamiento que Hitler daba a los judíos. Aunque la Iglesia de la Confesión no era grande, representaba un foco considerable de oposición cristiana al régimen nazi en Alemania.

En 1939 se unió a un grupo clandestino de la resistencia, que incluía militares de alto rango con base en Abwehr, la Oficina de Inteligencia Militar, quienes, encabezados por el almirante Wilhelm Canaris, querían derrocar el régimen nacionalsocialista de Hitler. Lo arrestaron en abril de 1943, después de que condujera hacia él el dinero del Proyecto 7, usado para ayudar a escapar a judíos a Suiza. Fue acusado de conspiración y encerrado en la cárcel de Tegel, en Berlín, durante un año y medio. Tras el infructuoso atentado del 20 de julio de 1944, Bonhoeffer fue sindicado de complicidad por sus conexiones con los conspiradores, algunos de los cuales eran familiares suyos, como su tío, el comandante de la ciudad de Berlín, Paul von Hase, ejecutado el 8 de agosto de 1944. El 8 de octubre fue trasladado a la prisión de la Gestapo en la calle Prinz-Albrecht para interrogarlo y el 7 de febrero de 1945 al campo de concentración de Buchenwald. En abril de 1945 fue llevado al Campo de concentración de Flossenbürg.

bonhoeffer-1_22El 8 de abril de 1945 bajo órdenes de Ernst Kaltenbrunner, en corte marcial se condenó a la horca a Dietrich Bonhoeffer y a su cuñado Hans von Dohnanyi -éste último fue ejecutado al día siguiente en Sachsenhausen-, General Hans Oster, General Friedrich von Rabenau, Theodor Strünck, juez Dr. Karl Sack, Capitán Ludwig Gehre y al almirante Wilhelm Canaris.

En el amanecer del 9 de abril, Bonhoeffer, que el día anterior había dirigido un servicio religioso a petición de los demás presos, fue ejecutado con la horca. Debió desnudarse para subir al cadalso. Sus últimas palabras fueron «Este es el fin; para mí el principio de la vida». El doctor del campo -testigo de la ejecución- anotó «Se arrodilló a rezar antes de subir los escalones del cadalso, valiente y sereno. En los cincuenta años que he trabajado como doctor nunca ví morir un hombre tan entregado a la voluntad de Dios». Su cadáver fue incinerado. También fue condenado por participar en la conspiración su hermano Klaus Bonhoeffer, que fue ejecutado en Berlín junto a doce conspiradores entre ellos Rüdiger Schleicher y Friedrich Justus Perels.

Bonhoeffer es considerado mártir por su fe; fue absuelto de cualquier crimen por el gobierno alemán a mediados de los 90. El calendario de la Iglesia Episcopal en los Estados Unidos de América lo recuerda el 9 de abril, fecha de su martirio. Una frase muy citada de uno de sus libros más leídos, «Seguimiento»El costo de ser discípulo» o «El precio de la gracia», 1937), prefiguraba su muerte. «Cuando Cristo llama a un hombre, le ofrece a venir y morir».

Fuente Ragap

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