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“Tiempo de esperanza y compromiso”, por Gabriel Mª Otalora

Martes, 18 de diciembre de 2018

gre201613597-e1544262494779Gabriel Mª Otalora
Bilbao (Vizcaya).

ECLESALIA, 14/12/18.- El término “Adviento” viene del latín adventus, que significa venida, un tiempo de preparación espiritual y celebración del nacimiento del Niño Dios. Su duración incluye a los cuatro domingos más próximos a la liturgia de la Navidad (la Natividad), aunque en el caso de la iglesia Ortodoxa llega hasta los 40 días. Curiosamente, lo que debería ser un tiempo para los cristianos de hacer sitio a la Palabra, es la época del año en la que respondemos mejor al bombardeo por tierra, mar y aire de la publicidad para gastar y comprarlo todo.

Esta grave inconsecuencia adquiere unos tintes muy poco festivos cuando reflexionamos el Adviento al calor del mandamiento de amar a Dios sobre todo, y al prójimo como a nosotros mismos. Dicho de otra manera, el Aviento litúrgico está inseparablemente unido al adviento de los millones de refugiados que vienen a nosotros, y sus hermanos en el Señor, es decir nosotros, no les recibimos. Mansamente nos vamos olvidando del drama que tenemos ahí, en la puerta de una Europa oficial que ha echado sus valores solidarios por la borda.

Mientras no toca de cerca, no reaccionamos. Lo plasma muy bien el poema del P. Martin Niemöller con el que denunciaba la cobardía de los intelectuales alemanes ante los nazis:

“Cuando vinieron a buscar a los comunistas, yo no dije nada porque no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera alzar la voz para protestar”.

Atrás quedó la proclama ética “Indignaos” de Stéphane Hessel ante la indolencia generalizada de una Unión Europea cada vez más autocomplaciente dando la espalda al adviento de quienes huyen de la guerra y el hambre a base de hurtarles el derecho internacional de refugiado de guerra.

El Adviento tradicional llega viciado por el absurdo materialismo consumista e indiferente a la realidad de los que huyen de esta guerra. (Etimológicamente, absurdo viene de “sordo de oído”). El contrapunto a las conciencias adormecidas son los movimientos solidarios, cristianos o no, comprometidos con el otro adviento de los refugiados actuales y de los que siguen llegando por el Mediterráneo cuestionando nuestras actitudes. De momento, no parece que las proclamas del Papa Francisco y de las ong´s hacen mella en los dirigentes europeos. Aun así, yo mantengo la esperanza porque muchos, en silencio, trabajan por un mundo mejor.

Es tiempo de esperanza pero también de compromiso. No podemos ningunear el Adviento pasando sin pena ni gloria por encima de estas cuatro semanas y plantarnos ante las llamadas fiestas navideñas cada vez más centradas en el gran al dios Mamón y acudiendo a las celebraciones litúrgicas como guindas del sinsentido y de la contradicción de fe. Los católicos del Primer Mundo participamos de la actitud consumista sin que se nos pueda reconocer muchas veces como tales cristianos al comportarnos como los que no lo son.

Si la Navidad ha perdido su significado es porque nos hemos quedado en la celebración en lugar de centrarnos en la experiencia. Teresa de Calcuta lo expresó muy bien: Es Navidad cada vez que doy el amor de Dios a través de mí. Sí, es Navidad cada vez que sonrío a mi hermano y le ofrezco mi mano. Sobre todo esto tenemos que reflexionar y orar en las semanas que tenemos por delante.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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¡A las barricadas!

Viernes, 21 de julio de 2017

20061113002939-novecentoMuchas veces hemos leído los famosos versos de Martin Niemöller, pastor luterano alemán:

«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas

guardé silencio porque yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas

guardé silencio porque yo no era socialdemócrata.

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas

no protesté porque yo no era sindicalista.

Cuando vinieron a por los judíos

no pronuncié palabra porque yo no era judío.

Cuando finalmente vinieron a por mí

no había nadie más que pudiera protestar.»

Podríamos hacer una paráfrasis de estos paradigmáticos versos utilizando los graves problemas que aquejan hoy a la gran Familia Humana al comienzo de 2017: los efectos del cambio climático; el enquistamiento de las crisis económicas y de valores; el afianzamiento del capitalismo más salvaje con la llegada al poder de Trump aupado por la mentira y la xenofobia; el resurgimiento de los nacionalismos demagógicos europeos; el invierno árabe, la guerra de Siria, el sufrimiento de los refugiados y el auge del terrorismo islamista; la amenaza expansionista de Rusia y de China; las permanentes provocaciones del régimen norcoreano; la sangrante situación de Venezuela, Méjico y varios países centroamericanos; las interminables y silenciadas guerras de África,… A ello podríamos añadir los retos de nuestra Iglesia, donde el Papa Francisco se debate día a día por sacar adelante un proyecto de reforma a la luz del Evangelio que nos permita ser realmente sal y luz.

¿Nos quedaremos de brazos cruzados? No. Este es el año de la acción. Plantemos cara. No podemos dejarnos atenazar por el miedo, la indiferencia o la creencia, como denuncia el poema anterior, de que ya hará alguien algo. ¡Ese alguien somos cada uno de nosotros! Construyamos barricadas que detengan el mal. No las barricadas de la violencia, sino las del amor. No las del odio, sino las del perdón. No las de la descalificación, sino las del diálogo y el entendimiento. No las de la inacción, sino la de la militancia, el voluntariado y la generosidad…

Bienvenidas las barricadas evangélicas: la esperanza como sacos terreros, las bienaventuranzas como bandera, el amor como motor de cambio, la oración como fuente de energía y la comunidad como medicina para sanarnos las heridas.

Aquí va mi hombro, a unirse al vuestro para hacer nacer un mundo mejor.

Juan Yzuel

Fuente Eclesalia

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¿Era gay el pastor alemán y líder de la resistencia nazi, Dietrich Bonhoeffer?

Sábado, 5 de julio de 2014

noticias_file_foto_818393_1404487933Asesinado por los nazis, una nueva biografía se pregunta si el célebre pensador y teólogo luterano estaba enamorado de su amigo y biógrafo, Eberhard Bethge. Tenía 39 años cuando el pastor alemán Bonhoeffer fue ejecutado en el campo de concentración de Flossenbürg en 1945 acusado de sedición. En su libro ‘Strange Glory: A Life of Dietrich Bonhoeffer’ (Extraña gloria: La vida de Dietrich Bonhoeffer), el escritor, Charles Marsh, relata la intensa cercanía de la relación entre los dos hombres que compartían la misma cuenta bancaria, tocaba el piano y viajaban juntos y recibían regalos de los amigos con su nombres escrito en la misma tarjeta, como hacen cientos de parejas en el mundo ante cualquier efeméride.

De hecho, cuando Bonhoeffer fue asesinado a manos de los nazis, le legó la mayor parte de su patrimonio a su biógrafo, Bethge, en lugar de a su propia novia, Maria Von Wedemeyer. Sin embargo, lo que Marsh no puede ratificar, por carecer de pruebas, si Bonhoeffer declaró sus sentimientos a su amado o incluso si los admitió para sí mismo. Lo cierto es que ya no queda nadie vivo a quien preguntar.

La relación de Bonhoeffer con Bethge siempre estaba en la cuerda floja hacia el logro de un amor romántico, escribe Marsh en el libro, ‘nunca casto pero completo en sus aspiraciones complejas’.

Marsh también duda de que Bethge sintiera lo mismo por su mentor. Es más cuenta en el libro que Bonhoeffer finalmente murió virgen. El discípulo del pastor alemán consagró su vida a la promoción del libro y de las ideas del Bohhoeffer impartiendo conferencia por todo el mundo. Incluso se casó con la sobrina de su maestro, Renate. Escribió el libro “Dietrich Bonhoeffer: Hombre de visión, hombre de valor”, que se publicó en 1970, 25 años después de la muerte de su mentor. Bethge falleció en el año 2000.

11_DB Student 1923Dietrich Bonhoeffer fue profesor de la Universidad de Berlín, donde enseñó Teología y escribió varios libros. Opuesto firmemente al nazismo y a la claudicación de las iglesias alemanas frente a Hitler, se vio implicado, junto con Karl Barth, Martin Niemöller y otros, en el establecimiento de la Bekennende Kirche (Iglesia Confesante o Iglesia de la Confesión, de teología luterana pero no oficial). En abril de 1933, en una conferencia ante los pastores berlineses, Bonhoeffer insistió en que la resistencia política se hacía imprescindible. Entre finales de 1933 y 1935 sirvió como pastor de dos iglesias germanas protestantes en Londres.

Volvió a Alemania para encabezar un seminario ilegal para pastores de la Iglesia Confesante, en Finkenwalde, Pomerania —hoy Szczecin, Polonia sobre el río Oder—, donde recibió el apoyo incondicional de la condesa Ruth von Kleist Retzow. Allí conoció a su nieta María von Wedemeyer, que sería su prometida. Regresó a los Estados Unidos brevemente y retornó a Alemania en uno de los últimos barcos que hicieron la travesía antes del comienzo de las hostilidades.

La Gestapo clausuró el seminario en 1937
y le prohibió predicar, enseñar y finalmente hablar en público. El seminario funcionó entonces en el estadio von Blumenthal de Gross Schlönwitz, pero fue nuevamente cerrado al estallar la guerra. La resistencia, con la que colaboraba Bonhoeffer, era activa desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Durante este período, Bonhoeffer mantuvo estrechos contactos con Carl Friedrich Goerdeler y trabajó mano a mano con numerosos opositores a Hitler. Durante la Segunda Guerra Mundial, Bonhoeffer desempeñó un papel clave de acaudillamiento en la Iglesia de la Confesión, que se oponía a las políticas antisemitas de Hitler. Estaba entre aquellos que apelaban a la abierta resistencia de la Iglesia al tratamiento que Hitler daba a los judíos. Aunque la Iglesia de la Confesión no era grande, representaba un foco considerable de oposición cristiana al régimen nazi en Alemania.

En 1939 se unió a un grupo clandestino de la resistencia, que incluía militares de alto rango con base en Abwehr, la Oficina de Inteligencia Militar, quienes, encabezados por el almirante Wilhelm Canaris, querían derrocar el régimen nacionalsocialista de Hitler. Lo arrestaron en abril de 1943, después de que condujera hacia él el dinero del Proyecto 7, usado para ayudar a escapar a judíos a Suiza. Fue acusado de conspiración y encerrado en la cárcel de Tegel, en Berlín, durante un año y medio. Tras el infructuoso atentado del 20 de julio de 1944, Bonhoeffer fue sindicado de complicidad por sus conexiones con los conspiradores, algunos de los cuales eran familiares suyos, como su tío, el comandante de la ciudad de Berlín, Paul von Hase, ejecutado el 8 de agosto de 1944. El 8 de octubre fue trasladado a la prisión de la Gestapo en la calle Prinz-Albrecht para interrogarlo y el 7 de febrero de 1945 al campo de concentración de Buchenwald. En abril de 1945 fue llevado al Campo de concentración de Flossenbürg.

bonhoeffer-1_22El 8 de abril de 1945 bajo órdenes de Ernst Kaltenbrunner, en corte marcial se condenó a la horca a Dietrich Bonhoeffer y a su cuñado Hans von Dohnanyi -éste último fue ejecutado al día siguiente en Sachsenhausen-, General Hans Oster, General Friedrich von Rabenau, Theodor Strünck, juez Dr. Karl Sack, Capitán Ludwig Gehre y al almirante Wilhelm Canaris.

En el amanecer del 9 de abril, Bonhoeffer, que el día anterior había dirigido un servicio religioso a petición de los demás presos, fue ejecutado con la horca. Debió desnudarse para subir al cadalso. Sus últimas palabras fueron “Este es el fin; para mí el principio de la vida”. El doctor del campo -testigo de la ejecución- anotó “Se arrodilló a rezar antes de subir los escalones del cadalso, valiente y sereno. En los cincuenta años que he trabajado como doctor nunca ví morir un hombre tan entregado a la voluntad de Dios”. Su cadáver fue incinerado. También fue condenado por participar en la conspiración su hermano Klaus Bonhoeffer, que fue ejecutado en Berlín junto a doce conspiradores entre ellos Rüdiger Schleicher y Friedrich Justus Perels.

Bonhoeffer es considerado mártir por su fe; fue absuelto de cualquier crimen por el gobierno alemán a mediados de los 90. El calendario de la Iglesia Episcopal en los Estados Unidos de América lo recuerda el 9 de abril, fecha de su martirio. Una frase muy citada de uno de sus libros más leídos, «Seguimiento»El costo de ser discípulo» o «El precio de la gracia», 1937), prefiguraba su muerte. «Cuando Cristo llama a un hombre, le ofrece a venir y morir».

Fuente Ragap

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“Dietrich Bonhoeffer. La gracia cara”, por Carlos Osma.

Jueves, 15 de mayo de 2014

bonhoeffer2Un buen artículo de uno de mis teólogos favoritos y que publica Homoprotestantes:

El pasado 9 de abril se cumplieron 69 años de la muerte del  pastor y teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer. Un hombre que rechazó toda escapatoria “espiritual” ante la barbarie nazi, y que entendió el llamado cristiano como entrega total a la realidad del mundo. Su mensaje, poseedor de la fuerza que imprime la acción a la palabra, produce tanto admiración como rechazo, pero ha influido profundamente en la Iglesia que le sucedió.

 Nace en Breslau el 4 de Febrero de 1906 en una familia numerosa, burguesa y culta. Con apenas 6 años, su familia se traslada a Berlín donde el padre trabaja como profesor de Psiquiatría y Neurología en la universidad. Pese a que su madre era hija y nieta de teólogos, sorprendió que Dietrich decidiera estudiar teología, cosa que hizo con éxito en Tubinga y Berlín. Su tesis doctoral “La comunión de los Santos”, defendida en 1927, refleja ya su interés por la esencia de la Iglesia.

 Continúa su formación como vicario, en la Iglesia Evangélica alemana de Barcelona, en 1928. Allí, además de reflexionar sobre cómo llevar el evangelio a cada clase social, se pregunta sobre la relación entre mundo y Dios: “La tierra es nuestra madre, como Dios es nuestro padre, y pone en brazos del padre únicamente al que permanece fiel a su madre [1].

 Dos años después estudiará en Nueva York donde conoce el protestantismo americano. Lo define como: “Una especie de club social” o “un protestantismo sin reforma” pero queda influido por la dimensión social del evangelio, la convivencia entre distintas razas y el comportamiento de las iglesias en unos momentos de crisis.

 A su vuelta a Berlín imparte clases en la Universidad [2]. Su forma de entender la iglesia ejerció sobre sus alumnos tanto fascinación: “En la comunidad uno se convierte en Cristo para el otro. Los miembros no están desligados unos de otros”, como escándalo: “La Iglesia…se sitúa en la periferia de la vida… Pero ella querría estar en el centro y por eso habla, juzgando y condenando, sobre cuestiones centrales de la vida. Así es como se hace despreciable y odiosa”.

 Cuando en 1933 Hitler es designado canciller del Reich la Iglesia se divide, la mayoría son simpatizantes del nacionalsocialismo, pero los teólogos Barth, Niemöller y el propio Bonhoeffer forman La Iglesia Confesante. Mientras Barth y Niemöller toman una postura más neutral y trascendente Bonhoeffer se enfrenta al nazismo advirtiendo de los peligros hacia los que su país se encaminaba. Decepcionado, parte hacia Londres donde informa sobre la situación a las iglesias extranjeras, llamándolas a intervenir proclamando la ilicitud de la guerra: “No hay camino para la paz que pase por el camino de la seguridad. Porque la paz supone audacia y es un gran riesgo”.

 En 1935, animado por Barth, decide volver y reunir a jóvenes teólogos en un seminario. En esta etapa encuentra en la Biblia su camino, el Sermón del Monte le dirige hacia el servicio y el sacrificio absoluto.  Es entonces cuando escribe una de sus más bellas y, a la vez, exigentes reflexiones: “La gracia barata es la gracia sin seguimiento de Cristo, la gracia sin cruz…la gracia es cara porque le ha costado cara a Dios, porque le ha costado la vida de su Hijo, y porque lo que le ha costado caro a Dios no puede resultarnos barato a nosotros [3]”.

 Pero en 1939 está arrinconado: no puede vivir en Berlín, hablar en público o publicar, por lo que huye a Estados Unidos. Semanas después vuelve: “Si no participo con mi pueblo de las pruebas actuales, no tendré derecho a reconstruir la vida cristiana en Alemania después de la guerra”, y se encuentra con una Iglesia Confesante debilitada por las represalias. En este punto decide colaborar con la Abwehr (organización militar de contraespionaje), donde participa en diferentes complots contra la vida de Hitler. Sabedor de situarse en contra de la tradición cristiana pregunta a sus compañeros: “¿Darían ustedes la absolución a un tiranicida?”.

 Finalmente es detenido en abril de 1943 y conducido a la prisión de Tegel donde convivirá con hombres a los que no les interesa la religión. Se cuestiona entonces: “¿Hay Cristianismo sin religión? ¿Cómo hablar de Dios sin religión?”. Rechaza también la idea de un Dios omnipotente y toma como modelos la encarnación y humildad de Cristo:“El Dios que está con nosotros es el que nos abandona…Ante Dios y con Dios, vivimos sin Dios. Dios consiente en ser desalojado del mundo y clavado en la cruz. Dios es impotente y débil en el mundo y solamente así está con nosotros y nos ayuda [4]”.

 La situación se complica al descubrirse su verdadera participación en la resistencia. Cuando Hitler está a punto de caer, decide la muerte de algunos hombres, entre ellos Bonhoeffer. En el campo de Flossenburg es juzgado, declarado culpable y ahorcado, tenía 39 años. Sus últimas palabras lo muestran sin miedo y con la seguridad que da una fe que ha sabido amar al mundo: “Voy hacia la libertad que da la muerte y voy hacia la alegría”.

Carlos Osma

BIBLIOGRAFÍA

 A parte de la bibliografía referida en las notas a pie de página son dignos de mención, para profundizar en la vida y  pensamiento de Bonhoeffer, las siguientes obras:

– Bonhoeffer, D. Cartas de amor desde la prisión. (Madrid: Editorial Trotta, 1998).

–                          Ética. (Madrid: Editorial Trotta, 2000).

–                         Redimidos para lo humano. (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1979).

–                         Vida en comunidad. (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1995).

 [1]Si no se dice lo contrario todas las citas han sido tomadas de: Hourdin, G. Bonhoeffer. Una Iglesia para mañana. (Madrid: Ediciones Bailén, 1972).

[2]Uno de estos semestres de docencia queda recogido en: Bonhoeffer, D. Creer y Vivir. (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1985).

[3]Bonhoeffer, D. El precio de la gracia. (Santander: Ediciones Sígueme, 1986, Págs. 16-17).

[4]Estas y otras reflexiones aparecen en sus cartas publicadas en: Resistencia y sumisión. (Salamanca: Ediciones Sígueme, 2001).

 NOTA

 Publicado en la Revista Cristianismo Protestante en Julio de 2005

Espiritualidad, Iglesia Luterana , , , , , , , , , , , , , ,

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