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“La paz no es ausencia de conflicto”, por Consuelo Vélez

domingo, 17 de agosto de 2025
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De su blog Fe y Vida:

XX Domingo del Tiempo Ordinario 17-08-2025

Jesús conoce bien las consecuencias que su mensaje trae porque los valores del reino confrontan los antivalores que impiden su realización, lo cual suscita la resistencia, el rechazo, la división

Aunque la intención del discípulo es construir la paz, la unidad, la concordia, no es de extrañar que también tenga que asumir la división, la contradicción, el rechazo

La paz no es ausencia de conflicto sino posibilidad de asumirlo y tener la paciencia histórica para afrontarlo y transformarlo

Pidamos la gracia de no rebajar el evangelio, asumiendo las consecuencias que ello trae, dispuestos a correr la misma suerte que el maestro

Consuelo Vélez

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

+ «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! ¿Piensan que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

(Lucas 12, 49-53)

El reino de Dios es la buena noticia del amor incondicional de Dios a todos, comenzando por los últimos. En primera instancia pensaríamos que es fácil anunciar este mensaje, pero no olvidemos que en los seres humanos también existe la libertad para escoger el egoísmo en lugar del amor, los propios intereses en lugar del bien común. De ahí que Jesús sea muy realista frente a las consecuencias que puede suscitar el mensaje que nos trae. De hecho, los valores del reino confrontan los antivalores que impiden su realización, lo cual suscita la resistencia, el rechazo, la división. Por lo tanto, la misión encomendada es difícil porque supone interpelación y denuncia y esto no es fácil de aceptar. Aunque la intención del discípulo es construir la paz, la unidad, la concordia, no es de extrañar que también tenga que asumir la división, la contradicción, el rechazo. La paz no es ausencia de conflicto sino posibilidad de asumirlo y tener la paciencia histórica para afrontarlo y transformarlo.

Esta fue la suerte que corrió Jesús. Su cruz no fue algo querido por Dios Padre que Jesús tuvo irremediablemente que asumir. Su persecución, crucifixión y muerte fueron consecuencia de sus cuestionamientos y acciones frente a las instituciones religiosas de su tiempo. Jesús denuncia la ley cuando está no se pone al servicio del ser humano. Denuncia el templo cuando se centra en los ritos y no en las personas. No acepta que, en nombre de Dios, se excluya a cualquier ser humano, por la causa que sea. Por todo esto, Jesús incomoda a sus contemporáneos y estos no dudan en matarlo.

La vida de discipulado a la que estamos llamados no puede evadir ese camino. Si hay fidelidad a los valores que anunciamos, o en expresión del evangelio de hoy, “traer fuego a la tierra, deseando que arda”, no hemos de extrañarnos que generemos rechazo, persecución, división, enfrentamientos. Se exige, eso sí, una dosis grande de discernimiento para no confundir cualquier división con el anuncio del reino. Pidamos entonces la gracia de no rebajar el evangelio, asumiendo las consecuencias que ello trae, dispuestos a correr la misma suerte que el maestro.

 (Foto tomada de: https://www.servicioskoinonia.org/cerezo/)

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“Fuego – San Lucas 12, 49-53 -”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF.

domingo, 17 de agosto de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Fuego – San Lucas 12, 49-53 –

Jesús vino a traer fuego. Él mismo lo dice.

No es el sentido común, ni la paz de los cementerios. El Evangelio no es un manual para niños buenos, el buenismo ingenuo, melifluo y tontorrón de los tibios con la cabeza inclinada y la voz melosa.

Porque la Palabra tiene que ver con el amor que quema y consume.

Y quien encuentra a Cristo, se incendia el corazón. Y esto, de alguna manera, debería poder vislumbrarse en nuestra pastoral, en nuestras comunidades, en nuestras vidas.

Vidas encendidas. Corazones encendidos. Palabras encendidas.

No violentas ni melosas, no gastadas ni cansadas, no repetitivas.

Porque quienes salvarán a la Iglesia, como escribía el Papa Benedicto, como siempre, serán los santos apasionados y encendidos, celosos de Dios y de su Reino. Y la Iglesia que construiremos, sencillamente, volverá a arder de amor porque estará encendida por Cristo.

Jesús vino a traer el fuego. Con demasiada frecuencia, nuestra fe apenas parece un microondas que calienta una sopa.

¿Será éste el objetivo del itinerario sinodal? ¿Acercarnos a Cristo para reavivar la llama en nosotros?

Entonces, y solo entonces, volveremos a hacer luz.

Luz en estas densas tinieblas.

 Barro

¿Cuándo fue que, sentados sobre nuestras pequeñas certezas adquiridas, bajamos la guardia de tal manera que la sombra prevaleció sobre la luz y se unió a las sombras de otras personas hasta convertirse en un dragón al que miramos con indiferencia, sin miedo ni conciencia, como si fuera un perrito faldero?

 Siempre ha sido así, diréis.

Quizás sea cierto, quizás la fragilidad que llevamos en el corazón sea la raíz de todo mal.

Y es inútil ilusionarse con combatirlo, ese mal, solo con nuestras fuerzas.

Necesitamos un Salvador, hoy más que nunca.

Porque, sumidos en la rutina diaria, nos estamos acostumbrando al mal.

A lo que se manifiesta con la violencia, la ira, la prepotencia, la delincuencia, …

Y lo que es aún más peligroso, a quienes responden a la violencia con santa ira, santa prepotencia, santa ferocidad, apelando a la justicia, justificándose, revistiendo de heroísmo la bilis que finalmente puede salir y envenenar cada palabra, cada juicio.

Estamos jugando con fuego, mucho.

Y los nudos se deshacen.

Dios ya no es el camino que nos lleva a la verdad, para darnos la vida.

Poco más que una referencia ancestral, esgrimida para sostener las diferentes posiciones.

Rabia que desborda, que ciega, que embrutece.

Por fin podemos ser malos sin sentirnos culpables.

Incluso en la Iglesia.

Estamos hundidos en el barro, como Jeremías.

Pero ese barro lo hemos creado nosotros, secando la fuente de agua viva que es Jesús, su Evangelio del reino, su Año de Gracia.

 ¡Desgraciado de mí!

Nacido cerca de Jerusalén, apasionado por Dios y su pueblo, Jeremías pasó su vida convenciendo al rey de Judá y al pueblo de Jerusalén de que no se opusieran al poder naciente de Babilonia.

El inquieto profeta sufrió mucho por esta situación, ya que quería anunciar la paz y tenía que reprender, quería profetizar el bien y veía acercarse la tragedia. Por desgracia, las predicciones de Jeremías se cumplieron; Jerusalén cayó bajo el rey Nabucodonosor y más de ocho mil cabezas de familia fueron deportadas a Babilonia.

Ser discípulos lleva a amar tiernamente a las personas destinatarias del anuncio, ser discípulos significa buscar en uno mismo la verdad para luego ofrecerla a los demás, ser discípulos significa no ser comprendidos precisamente por las personas que amas.

Aunque estemos sumidos en el barro, estamos llamados a gritar desde los tejados el anuncio del Evangelio.

Con la vida.

Es cierto: existe una violencia inherente a la vida.

Pero no es aquella que nos cuentan.

 Lucha

El anuncio del Evangelio es signo de contradicción, el mundo, tan amado por el Padre que dio a su Hijo, vive con fastidio la intromisión divina y prefiere las tinieblas a la luz.

Y el adversario se viste de luz, de sensatez, de buenos propósitos.

De santos propósitos.

Sí, el Evangelio lleva consigo una carga de violencia e incomprensión.

Pero es una violencia sufrida.

Por amor a la verdad, por fidelidad al Evangelio.

 Padre contra hijo

Jesús lo dice hablando de sí mismo, imaginando la evolución que tendrá su mensaje.

Tras la caída de Jerusalén a manos de los romanos y la ruina del Templo, los seguidores del Nazareno serán «excomulgados» por los rabinos, lo que provocará una dolorosa e irreparable fractura dentro de la recién nacida comunidad judeocristiana.

Aún hoy, muchos experimentan la contradicción de descubrir en Cristo una nueva familia, nuevas y duraderas relaciones con hermanos creyentes y, al mismo tiempo, un empobrecimiento de las relaciones y una creciente incomprensión con sus familiares de sangre.

He visto a padres arremeter con dureza, también con dureza sibilina, contra las decisiones radicales de sus hijos que decidían consagrar su vida al Reino.

Pero, sin llegar a estos excesos, creo que también a ti, amigo lector, te ha pasado que has visto cambiar la actitud hacia ti en la oficina o en la escuela precisamente por tu elección evangélica.

Si realmente somos discípulos, debemos contar con algunos contrastes, con algunos esfuerzos adicionales: ninguno de nosotros es más grande que el Maestro: si a Él le persiguieron, también nos perseguirán a nosotros.

Cristo es fuego.

Fuego que quema, que arde, que ilumina, que calienta, que consume.

Cristo es fuego y resplandece en nuestra vida.

Si es con el fuego con lo que se mide el discipulado, los bomberos de la fe pueden estar tranquilos. Por desgracia.

Dejémoslo arder.

Incendiamos el mundo.

De amor.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo 17 de agosto de 2025.

1.- Una Iglesia llamada a custodiar el ardor del fuego.

2.- Dios no es neutral, tampoco la Iglesia.

3.- La Iglesia, oyente y discípula de una Palabra que quema.

4.- Decir Evangelio es decir fuego, contradicción y división

5.- Fuego – San Lucas 12, 49-53 –.

***

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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( l-ll) Que poco necesito y lo poco que necesito, lo necesito poco. ¡El Amor no es amado! S. Francisco de Asís (Francisco lo gritó… y sigue doliendo)

sábado, 16 de agosto de 2025
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Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

29.07.2025 | Alfonso Olaz OFS

( l-ll) Que poco necesito y lo poco que necesito, lo necesito poco.

¡Que poco necesito para ser Feliz, Señor!

Saberme que estoy en tus manos
Que me haces TÚ pobre, para consolar a mis hermanos pobres
Que con nuestro egoismo asi los hemos hecho.

Cuan pobre barro soy
y con tu soplo de fuego
me das la vida, para ser tu criatura que abrase-
y anuncie con su ejemplo, la esperanza para todos, todos.

Desde tu infinito me has cuidado
y ahora con tu espiritu me has traído a tu tierra buena,
para hacer tu voluntad.
Y proclamar la buena nueva a mis hermanos pobres de tu tierra mojada.

Carezco de todo, que todo es tuyo, y nada merezco, porque soy muy poca cosa.

¡De que me preocupo Señor, Si nada me falta y todo contigo lo tengo!

Dejarse llevar en el soplo de tu espíritu es sencillo y difícil.
Y encajar todo en mi vida, para hacerla Tuya

Sencillo como las avecillas,
Humilde como el gusano
Fuerte como el hermano Sol
Luminoso como las hermanas estrellas.

Siendo tu río para saciar al que tiene sed
Esencia de tu mar para despejar todas las dudas del incredulo
Naturaleza de tu montaña para mostrarte a todos, que tu eres presencia viva

***

 (ll) ¡El Amor no es amado!
(Francisco lo gritó… y sigue doliendo)

¡Hermano, no tengas miedo de amar!
¡Ten miedo, sí… de no hacerlo!
De dejar pasar la vida como un tren vacío, sin ternura, sin rostro, sin compromiso.

Qué larga es la condena de una vida sin amor.
Qué dura la pena del que pasó por el mundo sin dejar huellas ni abrazos-

Pero qué corta —
¡y qué hermosa!— es la vida cuando se vive amando,
como la rosa que se abre sin ruido, como el ruiseñor que canta sin testigos.

¡Hermano, todavía estás a tiempo!
Aunque no hayas amado, aunque no hayas sabido, aunque no hayas podido.
Cree. Y ama.
Porque ya no amas solo. Ahora Él ama contigo.
Y tú con Él.

No tengas miedo.
El miedo no viene del Amor.
El miedo encierra.
El Amor, no.
El Amor libera.
Y el Amado se deja amar, con manos torpes, con corazón herido, con historia quebrada.-

Ahora ama y Confía.
Que amarás como Él sueña. Amando, amando mucho, sin medida, sin defensa.-

Para que el Amor, sea por fin amado. Y ya no olvidado.
Y para que el Amado —Cristo pobre y hermano—
ame también en ti a tu hermano, al caído, al último de todos.-

Porque ahí es donde Él vive. Y donde tú has de vivir.
Como vive el amor entre la rosa y el ruiseñor: silencioso, fiel, gratuito.

Del Evangelio a la vida… De la vida al Evangelio…

***

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“Defender la democracia y fundar una democracia eco-social”, por Leonardo Boff.

sábado, 16 de agosto de 2025
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Leído en su blog:

«Hay una articulación mundial de grupos con mucho poder y dinero (…) que rozan la barbarie»

«Hoy en día, como pocas veces en la historia, la democracia como valor universal y forma de organizar la sociedad está siendo atacada. Hay una articulación mundial de grupos con mucho poder y dinero que la niegan en nombre de propuestas regresivas, autoritarias que rozan la barbarie»

«De ahí la importancia de combatir frontalmente el movimiento nacional e internacional de la extrema derecha que niega la democracia y se propone destruirla. Urge defender la democracia en todas sus formas, incluso en aquellas de baja intensidad (como la brasilera), en caso contrario sucumbiremos»

 

Hoy en día, como pocas veces en la historia, la democracia como valor universal y forma de organizar la sociedad está siendo atacada. Hay una articulación mundial de grupos con mucho poder y dinero que la niegan en nombre de propuestas regresivas, autoritarias que rozan la barbarie.

La democracia, desde sus inicios griegos, se sustenta sobre cuatro pilares: la participación, la igualdad, la interacción y la espiritualidad natural.

La idea de democracia supone y exige la participación de todos los miembros de la sociedad, hechos ciudadanos libres y no meros asistentes o simples beneficiarios. Juntos construyen el bien común.

Cuanto más se ejerce la participación mayor es el nivel de igualdad entre todos. La igualdad resulta de la participación de todos. La desigualdad, como por ejemplo la exclusión de ciudadanos pobres, negros, indígenas, de otra opción sexual, de otro nivel cultural y otras exclusiones, significa que la democracia todavía no desplegó su naturaleza. Por naturaleza ella es, en palabras del sociólogo portugués Boaventura de Souza Santos (injustamente acusado) una democracia sin fin: debe ser vivida en la familia, en todas las relaciones individuales y sociales, en las comunidades, en las fábricas, en las instituciones de enseñanza (de primaria a la universidad), en una  palabra, siempre allí donde los seres humanos se encuentran y se relacionan.

Con la participación de todos en pie de igualdad se crea la posibilidad de inter-acciónentre todos, los intercambios, las formas de comunicación libre incluso en forma de comunión, propia de los seres humanos con su subjetividad, identidad propia, inteligencia y corazón. Así la democracia emerge como un tejido de relaciones que es más que el conjunto de los ciudadanos. El ser humano vive mejor su naturaleza de “nudo de relaciones” en un régimen donde prospera la democracia. Ella es un importante factor de humanización, es decir, de gestación de seres humanos activos y creativos.

Finalmente, la democracia refuerza la espiritualidad natural y prepara el terreno para su expresión. Entendemos la espiritualidad tal como la entiende hoy la new science, la neurociencia y la cosmogénesis, como parte de la naturaleza humana. No se confunde ni se deriva de la religiosidad, si bien esta puede potenciarla. Tiene el mismo derecho de reconocimiento que la inteligencia, la voluntad, la afectividad. Es innata en el ser humano.Como escribió Steven Rockefeller, profesor de ética y filosofía de la religión en el  Middlebury College de Nova York en su libro Spiritual Democracy and our Schools (2022): «la espiritualidad es una capacidad innata en el ser humano que, cuando es alimentada y desarrollada, genera un modo de ser hecho de relaciones consigo mismo y con el mundo, promueve la libertad personal, el bienestar, y el florecimiento del bien colectivo» (p.10). Ella se expresa mediante la empatía, la solidaridad, la compasión y la reverencia, valores fundamentales para la convivencia humana y de ahí para la vivencia en acto de la democracia.

Estos cuatro pilares, en el contexto actual del antropoceno (y sus derivaciones en necroceno y piroceno), en el cual el ser humano surge como el meteoro amenazador de la vida en toda su diversidad hasta el punto de poner en peligro el futuro común de la Tierra y de la humanidad, hacen de la democracia sin fin, integral y natural su antídoto más poderoso. Sostengo la misma opinión de muchos analistas de las actividades humanas con efectos a escala planetaria (la transgresión de 7 de los 9 límites planetarios), de que sin un paradigma nuevo, diferente del que tenemos que no incluye la espiritualidad natural, benigno con la naturaleza y cuidador de la Casa Común, difícilmente escaparemos de una tragedia ecológico-social que traerá grandes peligros para nuestra subsistencia en este planeta.

De ahí la importancia de combatir frontalmente el movimiento nacional e internacional de la extrema derecha que niega la democracia y se propone destruirla. Urge defender la democracia en todas sus formas, incluso en aquellas de baja intensidad (como la brasilera), en caso contrario sucumbiremos.

Recordemos la sabia advertencia de Celso Furtado en su libro Brasil: la construcción interrumpida (1993): «El desafío que se plantea en el umbral del siglo XXI es nada menos que cambiar el curso de la civilización, desplazar su eje de la lógica de los medios, al servicio de la acumulación en un corto horizonte de tiempo, a una lógica de los fines en función del bienestar social, del ejercicio de la libertad y de la cooperación entre los pueblos» (p.70). Ese giro implica fundar una democracia ecosocial que podrá salvarnos.

Fuente Religión Digital

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María espera reencontrarse con su Marta

sábado, 16 de agosto de 2025
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«María y Marta» de Paul Martin


La publicación de hoy es de la bloguera invitada Sandra Worsham, profesora de inglés jubilada, quien fue despedida del ministerio musical de su parroquia debido a su relación con otra mujer. Su historia aparece en Cornerstones: Sacred Stories of LGBTQ+ Employees in Catholic Institutions. (Piedras Angulares: Historias Sagradas de Empleados LGBTQ+ en Instituciones Católicas).

El 20 de julio de 1969, los astronautas pisaron la luna por primera vez. Ese mismo día, me casé con un hombre. Recuerdo haber salido del baño la noche de bodas, con el negligé blanco que había elegido especialmente para la ocasión, y sentarme junto a mi esposo en el borde de la cama, donde él observaba al hombre pisar la luna por primera vez, diciendo: «Un pequeño paso para el hombre; un gran salto para la humanidad».

Ese matrimonio no duró más que cinco años, y me encontré sola, sin saber qué hacer. Después de tres años de búsqueda, experimentación y preguntándome adónde me llevaría Dios, me encontré en una relación célibe a largo plazo con una devota católica y colega profesora llamada Teeny. Ambos éramos católicas devotas. Teeny no podía estar quieta mucho tiempo; se levantaba para barrer el suelo, salía a arrancar las malas hierbas o recogía rosas para llevarlas dentro y ponerlas en un jarrón de cristal transparente en el alféizar de la ventana. Se levantaba temprano por la mañana, haciendo silencio para no despertarme, y sacaba a los perros a pasear por el barrio. Llevaba el rosario en una mano y las correas de los perros en la otra.

Yo dormía hasta tarde, y al levantarme, podía pasarme el día entero leyendo, escribiendo y rezando el rosario. Ella no podía quedarse quieta ni para ver una película. Yo podía ver una función doble y tejer durante horas. Éramos como la historia del Evangelio de Marta y María (Lucas 10:38-42).

Cuando íbamos a misa los sábados por la noche, yo tocaba el órgano y ella se sentaba conmigo en el balcón, donde ordenaba la música del coro en pilas ordenadas, ordenaba los himnarios para que todos estuvieran orientados hacia el mismo lado y quitaba pelusas de la alfombra. Cuando los Caballeros de Colón anunciaron en la misa que había ganado el premio a la Mujer del Año, todos levantaron la vista hacia el coro en el balcón para verla inclinada, quitando pelusas de la alfombra. Cuando oyó que la llamaban, levantó la cabeza y todos rieron.

Una de mis fotos favoritas es una de ella arriba de una escalera, frente a la estatua del Sagrado Corazón, limpiando el rostro de Jesús. Nuestras Horas Santas en la iglesia las pasábamos ella limpiando los bancos, y yo, sentada leyendo, escribiendo y rezando el Rosario. Su Rosario siempre lo rezaba de pie. La diferencia entre ella y Marta del Evangelio es que ella nunca se habría quejado de mí con Jesús. Hizo lo que le salió natural y me dejó hacer lo mismo.

Como Teeny era bastante mayor que yo, siempre supimos que probablemente me quedaría sin ella algún día. Nos considerábamos, no mirándonos la una a la otra, sino mirando juntas hacia Jesús. Me veía como la que tenía los pies de barro, y a ella como la más santa de las dos. El sacerdote incluso la llamó santa en su funeral. Fue una santa y un gran ejemplo para mí y para los demás. Imaginé que cuando muriera, me sentiría aún más cerca de ella, porque ella formaría parte de la Iglesia Triunfante y yo de la Iglesia en la tierra. Sentí que podría hablar con ella entonces, de corazón a corazón.

Pero poco después de su muerte, ya no sentía su presencia. Típico de ella, pensé, está ocupada. Ha seguido adelante, sin mirar atrás. Está barriendo las calles de oro.

A petición de nuestro sacerdote actual, que quiere a alguien en adoración ante el Santísimo Sacramento todo el día los viernes, me he ofrecido para el turno de tres a cuatro. Últimamente, he sentido cada vez más la presencia de Teeny durante mi tiempo frente a la Hostia en la Custodia sobre el altar. Recuerdo lo asombrada que estaba al principio de mi camino hacia la Iglesia Católica cuando me di cuenta de que el Santísimo Sacramento era el verdadero Cuerpo y la Sangre de Jesús.

Si esto es cierto, ¿por qué no está toda la gente del pueblo en esta iglesia frente al Sacramento?”, le pregunté. “Supongo que no todos lo creen”, dijo, y luego me contó cómo, cuando Jesús les habló a la gente sobre esta Verdad, algunos se quejaron y se fueron, y cómo Jesús no los llamó de vuelta.

Ahora espero con ansias mi Hora Santa del viernes cada semana. La iglesia está tranquila y puedo sentir la presencia del Señor. También puedo sentir la presencia de Teeny. Miro a mi alrededor y recuerdo cómo íbamos juntas a misa. Recuerdo el sonido de su voz a mi lado diciendo las respuestas durante la liturgia.

Y gracias a esa maravillosa enseñanza de la Iglesia Católica, la Comunión de los Santos, puedo hablar con quienes me han precedido. Puedo imaginarlos, reunidos alrededor de Jesús y la Santísima Madre, felices y esperándome. Esta María anhela el día en que pueda reunirse con su Marta, en la presencia del Señor.

—Sandra Worsham, 6 de agosto de 2025

Fuente New Ways Ministry

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Festividad de La Asunción

viernes, 15 de agosto de 2025
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ASUNCION

Plenitud de agosto,
vuelo de Asunción.
Bodega con mosto
de tu Corazón.

Rutas de Araguaia,
con mi pueblo en cruz.
Mi «seca» y tu playa:
la Paz de Jesús.

Lograda María,
llegada Asunción,
que reclama y guía
nuestra romería
de Liberación.

*

Pedro Casaldáliga

***

No cabe duda de que la Virgen María está en el cielo. Cómo ocurrió no lo sabemos. Y, ya que el Espíritu Santo no nos ha dicho nada acerca de esto, no lo podemos hacer artículo de fe… Es suficiente saber que ella vive en Cristo.”

*

Martín Lutero,
1483-1546

***

***

María de todos nuestros deseos
y de todas nuestras esperanzas …

Te saludo María,
madre de todos nuestros deseos de ser felices.
Eres la tierra que dice sí a la vida.
Eres la humanidad que consiente en Dios.
Eres la fruta de las promesas del pasado
y el futuro de nuestro presente.
Eres la fe que acoge lo imprevisible,
eres la fe que acoge lo invisible

Te saludo María,
madre de todas nuestras búsquedas
de este Dios imprevisto.
Del Templo donde lo pierdes,
al Calvario donde es colgado
su camino te parece una locura.
Eres cada uno de nosotros que busca a Jesús,
sin comprender bien su vida y sus palabras.
Eres la madre de las oscuridades de la fe,
tú quien observas todos los acontecimientos en tu corazón,
profundizas y meditas todos nuestros ” ¿por qué? ”
Y quien confía en el futuro de Dios, tu Señor.

Te saludo María,
madre de todos nuestros sufrimientos.
Eres la mujer de pie
al pie del hombre crucificado,
eres la madre de todos los que lloran
la inocencia masacrada y el preso torturado.

Te saludo María,
madre de Jesús y del discípulo que creyó.
Eres la madre de los Hombres y de la Iglesia,
estás en la encrucijada de la historia de la salvación
que Dios inventa desde Abraham y Moisés.

Te saludo María,
madre de todos nuestros pentecostés.
Eres, con los apóstoles,
la Iglesia que ruega y acoge los dones del Espíritu Santo.

Te saludo María,
madre de todas nuestras esperanzas.
Eres la estrella radiante de pueblo en marcha hacia Dios.
Eres el anuncio de la humanidad transfigurada,
eres el éxito de la creación
que Dios hizo para su eternidad.

*

Michel Hubaut
Oración extraída de «Cristo nuestra felicidad, aprender a orar con san Francisco de Asís y Santa Clara de Asís», Éditions Fayard, 1986

*

***

María, en su canto de alabanza, no engrandeció a Dios sólo de una manera abstracta por haber «levantado a los humildes» y haber «llenado de bienes a los hambrientos», sino que lo hizo indudablemente también porque conocía esta bajeza ante Dios mejor que cualquier otra criatura: Dios, el poderoso, en efecto, «ha mirado la humildad de su sierva», y por esa mirada proyectada sobre ella, no por su ensalzamiento, ella se alegra por «la grandeza del Señor». Si bien María era materialmente pobre, no se alegra por los dones materiales que le fueron concedidos […], sino por el don inaudito de una maternidad mesiánica, que no era tanto un don hecho a ella personalmente como un acto de misericordia hacia su «siervo Israel», que ha obtenido la «semilla de Abrahán»por la que había suspirado tanto tiempo. En su opción en favor de los pobres, María es perfectamente ella misma, no se ha alienado en absoluto en «otra María».

Sabe que ha llegado a ser Madre de una manera única e incomparable por pura gracia, y Madre no sólo de su único Hijo, sino, en él, de todos aquellos que mediante él y en él se han convertido en hijos e hijas de Dios en la Iglesia. (Y cuando aquí hablamos de Iglesia, sus confines permanecen indefinidos, porque la gracia de la redención de Cristo ha llegado, en efecto, a todos los hombres que nacieron antes que él y después de él.) «La mediación de María está ligada, efectivamente, a su maternidad, posee un carácter específicamente materno» (Redemptoris Mater 38) y, por eso, ella es el centro de la «comunión de los santos», «está como envuelta por toda la realidad de la comunión de los santos» (Redemptoris Mater 41), de esa capacidad de ser-para-los-otros en el Reino de Dios como coronamiento sobrenatural de la estupenda posibilidad ya en el plano natural, o sea, de la capacidad de poderse apoyar y ayudar recíprocamente.

*

H. U. von Balthasar, «Comentario a la encíclica “Redemptoris Mater”», en H. U. von Balthasar – J. Ratzinger, María. El sí de Dios al hombre. Introducción y comentario a la encíclica«Redemptoris Mater», Brescia 31988, pp. 56ss, passim)

***

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15 de Agosto de 2025. Solemnidad de La Asunción de María.

viernes, 15 de agosto de 2025
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1ª LECTURA

Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab

Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo:

“Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.

***

Salmo responsorial: 44

De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir. R.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu Señor. R.

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R.

***

2ª LECTURA

1Corintios 15,20-27a

Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo

Hermanos:

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.

Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

***

EVANGELIO

Lucas 1,39-56

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

“¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”

María dijo:

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.”

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy
(15 de Agosto de 1977)

***

SU CUMPLEAÑOS

… todo este gesto tan amable de su presencia y sobre todo de su oración, por este servidor de ustedes, a quien abruma este cariño del pueblo y por el cual estoy dispuesto a seguir dando los años que el Señor me conceda. Y considero como un bello regalo de cumpleaños, que la Iglesia misma se hace, este nuevo diácono que vamos a ordenar.

LA ASUNCIÓN DE MARIA

Y en el ambiente del misterio que celebramos hoy, cómo recobra encanto toda esa fiesta de la Arquidiócesis en su Catedral. La asunción en cuerpo y alma de la Virgen al cielo no es una opinión piadosa. Es un dogma de fe, el dogma diríamos, de moda, el más reciente. Fue al clausurar el año de 1950 aquel gran Año Santo, que llevaba a Roma muchedumbres y que recibía aquel gran Pontífice que fue Pío XII. Durante esos años, se hizo una consulta muy interesante a todos los obispos del Mundo: ¿Cómo estaba en el pueblo la creencia de esta verdad, de que María ha sido llevada en cuerpo y alma al cielo? Al mismo tiempo que recogía la tradición de la liturgia, de la teología, y todo lo profundo que la Iglesia tiene en sus estudios, pudo tener la seguridad, el 1º de noviembre de aquél Año Santo, de proclamar como dogma de fe, y que por tanto es obligatorio creerlo todos los católicos, que María, después de terminar su curso mortal en la tierra, fue asunta, como recogida por Dios, en cuerpo y alma. Podemos decir, hermanos, porque una verdad que corresponde a los orígenes de nuestro cristianismo, a los orígenes del mismo Cristo, apenas en nuestro tiempo se proclama dogma de fe, no es que el Papa Pío XII inventó que María ha sido llevada en cuerpo y alma, como si hubiera inventado esa verdad hoy en 1950. Los dogmas no los hace el Papa. El Papa lo que hace es poner el sello de su autoridad, de su magisterio, para darle seguridad al pueblo de que esa verdad está contenida en la divina revelación. Y lo creemos no sólo porque lo dice el Santo Padre, sino sobre todo porque lo ha dicho Dios y lo ha revelado en la Sagrada Biblia y en la tradición viviente de la Iglesia.

Celebramos, pues, una verdad que no es inventada por los hombres. Por la seguridad de una fe verdaderamente católica, sentimos hoy la alegría profunda de que María realmente está en el cielo, no sólo con su espíritu, como están todos nuestros muertos, sino con su cuerpo glorificado ya en esta forma definitiva en que también nosotros vamos a ser glorificados, cuando se cumpla ese dogma de nuestro credo: creo en la resurrección de la carne, en la resurrección de los muertos. Pero lo dejaba Dios ese dogma para actualizarlo en 1900, este siglo tan proclive, tan inclinado al materialismo, como dijo el Papa Pablo VI en el Concilio: “Este Concilio no está hablando de un Dios y de un reino de los cielos, cuando los hombres sólo hablan de reinos de la tierra y de conquistas de la tierra”.

El mensaje, pues, de este día es muy oportuno, porque ese viaje de María en cuerpo y alma al cielo, es el índice más vigoroso a toda la humanidad para decirles que no está en esta tierra el destino del alma y del hombre que busca la verdadera felicidad, que hay un reino de los cielos definitivo, más allá de nuestras vidas, pero que se conquista precisamente trabajando en esta vida, entregándose al cumplimiento de los designios de Dios; así como María hizo de su vida terrenal un cumplimiento exacto, una colaboración íntima con el divino Redentor para salvar al mundo. Y por eso el Concilio Vaticano II, cuando recoge para nuestros días, más recientes todavía, el dogma de la asunción nos dice: “María llevada en cuerpo y alma a los cielo, es allá en el reino definitivo, el modelo y el principio de una Iglesia que ha de ser totalmente glorificada”. (GS 68) Es decir, esta Iglesia que todavía peregrina entre persecuciones y dolores en la tierra, mira a María y en ella contempla su destino inmortal y se anima a sufrir todos los dolores y persecuciones, porque sabe que a través de este dolor, como el dolor de María, Dios está labrando las piedras vivas de aquel templo glorioso en el cual Dios fungirá para siempre toda su majestad y toda su belleza. Leer más…

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“Seguidora fiel de Jesús”. Asunción de María – C (Lucas 1,39-56)

viernes, 15 de agosto de 2025
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Santa María del Coro, San Sebastián

Los evangelistas presentan a la Virgen con rasgos que pueden reavivar nuestra devoción a María, la Madre de Jesús. Su visión nos ayuda a amarla, meditarla, imitarla, rezarla y confiar en ella con espíritu nuevo y más evangélico.

María es la gran creyente. La primera seguidora de Jesús. La mujer que sabe meditar en su corazón los hechos y las palabras de su Hijo. La profetisa que canta al Dios, salvador de los pobres, anunciado por él. La madre fiel que permanece junto a su Hijo perseguido, condenado y ejecutado en la cruz. Testigo de Cristo resucitado, que acoge junto a los discípulos al Espíritu que acompañará siempre a la Iglesia de Jesús.

Lucas, por su parte, nos invita a hacer nuestro el canto de María, para dejarnos guiar por su espíritu hacia Jesús, pues en el «Magníficat» brilla en todo su esplendor la fe de María y su identificación maternal con su Hijo Jesús.

María comienza proclamando la grandeza de Dios: «mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava». María es feliz porque Dios ha puesto su mirada en su pequeñez. Así es Dios con los sencillos. María lo canta con el mismo gozo con que bendice Jesús al Padre, porque se oculta a «sabios y entendidos» y se revela a «los sencillos». La fe de María en el Dios de los pequeños nos hace sintonizar con Jesús.

María proclama al Dios «Poderoso» porque «su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Dios pone su poder al servicio de la compasión. Su misericordia acompaña a todas las generaciones. Lo mismo predica Jesús: Dios es misericordioso con todos. Por eso dice a sus discípulos de todos los tiempos: «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso». Desde su corazón de madre, María capta como nadie la ternura de Dios Padre y Madre, y nos introduce en el núcleo del mensaje de Jesús: Dios es amor compasivo.

María proclama también al Dios de los pobres porque «derriba del trono a los poderosos» y los deja sin poder para seguir oprimiendo; por el contrario, «enaltece a los humildes» para que recobren su dignidad. A los ricos les reclama lo robado a los pobres y «los despide vacíos»; por el contrario, a los hambrientos «los colma de bienes» para que disfruten de una vida más humana. Lo mismo gritaba Jesús: «los últimos serán los primeros». María nos lleva a acoger la Buena Noticia de Jesús: Dios es de los pobres.

María nos enseña como nadie a seguir a Jesús, anunciando al Dios de la compasión, trabajando por un mundo más fraterno y confiando en el Padre de los pequeños.

***

“Rasgos de María”:

Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.

La visita de María a Isabel permite al evangelista Lucas poner en contacto al Bautista y a Jesús, antes incluso de haber nacido. La escena está cargada de una atmósfera muy especial. Las dos van a ser madres. Las dos han sido llamadas a colaborar en el plan de Dios. No hay varones. Zacarías ha quedado mudo. José está sorprendentemente ausente. Las dos mujeres ocupan toda la escena.

María, que ha llegado aprisa desde Nazaret, se convierte en la figura central. Todo gira en torno a ella y a su Hijo. Su imagen brilla con unos rasgos más genuinos que muchos otros que le han sido añadidos a lo largo de los siglos a partir de advocaciones y títulos alejados de los evangelios.

María, «la madre de mi Señor»

Así lo proclama Isabel a gritos y llena del Espíritu Santo. Es cierto: para los seguidores de Jesús, María es antes que nada la Madre de nuestro Señor. De ahí arranca toda su grandeza. Los primeros cristianos nunca separan a María de Jesús. Son inseparables. «Bendecida por Dios entre todas las mujeres», ella nos ofrece a Jesús, «fruto bendito de su vientre».

María, la creyente

Isabel la declara dichosa porque «ha creído». María es grande no simplemente por su maternidad biológica, sino por haber acogido con fe la llamada de Dios a ser Madre del Salvador. Ha sabido escuchar a Dios; ha guardado su Palabra dentro de su corazón; la ha meditado; la ha puesto en práctica cumpliendo fielmente su vocación. María es Madre creyente.

María, la evangelizadora

María ofrece a todos la salvación de Dios, que ha acogido en su propio Hijo. Esa es su gran misión y su servicio. Según el relato, María evangeliza no solo con sus gestos y palabras, sino porque allá a donde va lleva consigo la persona de Jesús y su Espíritu. Esto es lo esencial del acto evangelizador.

María, portadora de alegría

El saludo de María comunica la alegría que brota de su Hijo Jesús. Ella ha sido la primera en escuchar la invitación de Dios: «Alégrate… el Señor está contigo». Ahora, desde una actitud de servicio y de ayuda a quienes la necesitan, María irradia la Buena Noticia de Jesús, el Cristo, al que siempre lleva consigo. Ella es para la Iglesia el mejor modelo de una evangelización gozosa.

José Antonio Pagola

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15 de Agosto. Asunción de la Virgen María: “El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes”

viernes, 15 de agosto de 2025
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De Koinonia:

Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab: Una mujer vestida del sol, la luna por pedestalSe abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario.
Salmo responsorial: 44. De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
1Corintios 15,20-27a: Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo.
Lucas 1,39-56: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes.

La primera lectura nos enseña a mostrar las señales con que Dios invita a la esperanza. Aparece la lucha a muerte del dragón contra la mujer y su descendencia (Cristo y los cristianos). La aparición del arca de la alianza de Dios (cf. Nm 10,33-36); 1Sam 4,6-7) señala el hoy de la presencia de Dios en medio de los seres humanos, ya derrotados el pecado y el mal (21,3). Las dos señales que aparecen en el cielo, la mujer y el dragón, deben ser interpretadas por la asamblea litúrgica en el espacio-tiempo. La mujer es el pueblo de Dios; es más, representa la asamblea del pueblo de Dios reunida ya, ahora y aquí, en la Eucaristía dominical. El dragón es el mal, que actúa insertándose en la historia humana, y sobre todo desde los centros de poder (las siete cabezas con siete diademas), para intentar destruir la unidad y la comunión de la asamblea dominical (arroja a la tierra parte de las estrellas). El poder de este mundo se opone al alumbramiento de la mujer (se opone a Cristo) y quiere destruir su fruto (los cristianos). El Cristo elevado y sentado en el Trono de Dios señala la derrota de Satanás. La Iglesia en el desierto, huye del mal y es sostenida por Dios, como Jesús. La glorificación de Cristo, una vez para siempre, es la garantía que nunca jamás nada impedirá que El sea dado a luz por la asamblea eucarística dominical en el hoy, en el espacio-tiempo, hasta su venida en la plenitud de la gloria. María asunta es figura de la Iglesia, tanto la celestial como la que camina dando a luz a Cristo para el ser humano de hoy, y prefigura la victoria final de toda la Iglesia con Cristo, por él y en él.

La segunda lectura nos presenta la afirmación central sobre la resurrección de Cristo y de los muertos: Cristo no es un cadáver que revive, sino que es le Resucitado (el vencedor de la muerte) que causa la resurrección de los muertos. Cristo ha derrotado la muerte (la vencedora de la vida) en su propio terreno, la ha destituido (le ha arrebatado todo su poder sobre la vida), a fin de liberar a todos los que estaban bajo su poder. Cristo resucitado garantiza la resurrección de todos los muertos. Conviene notar el paralelismo alternado: por un ser humano, la muerte; por otro ser humano, la resurrección de los muertos; en Adán, todos murieron; en Cristo, todos vivirán. En definitiva, Pablo afirma que el don de la vida se da en la resurrección de Cristo. María, al frente de los que son de Cristo (15,23), goza de la vida de la gloria del Reino y ya celebra la destitución del único y último enemigo: la muerte.

La escena evangélica de hoy se centra en el encuentro de las dos madres y de sus respectivos niños, en la continuidad del designio de Dios (AT y NT), une teológicamente los relatos paralelos de la infancia de Juan (el último profeta del AT) y de Jesús. Y es el Espíritu quien marca esta continuidad. Toda la escena rebosa de teología, y para que no se pierda ni un ápice, Lucas la concluye con el mutis de María (1,56). En este encuentro, Lucas pone en boca de María este himno judeocristiano (1,47-55), que se inspira en el cántico de Ana (1Sam 2,1-10) y en toda la tradición bíblica (sobre todo de los salmos). Himno que expresa la fe y la esperanza de los pobres y humildes del pueblo de Dios. Son los «hijos de Sión», «los pobres del Señor», quienes, en María y con ella, alaban a Dios por las grandes obras que ha hecho en ellos/en ella (1,46-49), por lo que hace en su favor (1,50-53) y, finalmente, por su amor misericordioso a favor de Israel, en conexión con las promesas realizadas y selladas con la bendición de Abraham y a su descendencia (1,54-55). María es también hija de Abraham. Así, en María, en este encuentro entre el AT y el NT, se une la espera con la realización y, al mismo tiempo, se manifiesta la predilección histórica del Señor de Abraham y de María por los pobres de todos los tiempos.

Hoy celebramos la «asunción gloriosa» de María. No se trata de ninguna elevación vertical, de ninguna traslación física, de ningún viaje sideral. No fue ascensión real, física, la «ascensión» de Jesús; mucho menos será asunción física la asunción de María. Esa «asunción gloriosa» es una manera de hablar, que quiere decir algo, algo importante, pero no precisamente un traslado físico, un sentido literal inmediato de las palabras. Podemos –y deberíamos– ser creyentes de hoy, maduros, conscientes del valor simbólico y metafórico de muchas de las expresiones clásicas de nuestra fe. Valor «simbólico», «metafórico», no significa, en absoluto, falta de valor, carencia de sentido, ausencia de contenido. Muy al contrario. Significa que la verdad expresada es una verdad profunda, no susceptible de ser expresada con palabras fáciles, descriptivas, meramente referenciales de lo físico o material.

Nuestra fe expresa que en María Dios ha dignificado a todos los seres humanos, en especial a las mujeres, convirtiéndolos en plenos participantes de su obra salvífica. El ser humano había echado a perder los planes de Dios con opresiones, violencias y desigualdades. Dios, en Jesús, llama el mundo al nuevo orden, donde todos los seres humanos son igualmente dignos y de este modo se inaugura una nueva era de plenitud.

La fiesta de la «asunta», como la llama el pueblo cristiano en muchos lugares de América Latina, nos invita a vivir en el presente el futuro de Dios. María vivió su existencia como una manifestación de la obra salvadora de Dios. No hubo momento de su humilde existencia en el que el amor misericordioso del padre no se hiciera solidaridad, misericordia y compasión con todas las personas que, como ella, vivían situaciones de pobreza y exclusión. María encarnó todos aquellos valores que nos permiten comprender como el futuro de Dios se manifiesta en las limitaciones de nuestro presente. María nos invita a vivir gozosamente la vida como un encuentro permanente con el Dios de la vida y la historia que realiza su obra redentora en las miserias de nuestro mundo y en las limitaciones de nuestra existencia.

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15.8.25 Leila Marien (Noche/mujer María). Fiesta compartida de musulmanes y cristianos

viernes, 15 de agosto de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:

14/15. 08.2025. Misterio de Elche, la Madre de Dios. Teología Canónica e Historia  Apócrifa

14/15.8.25. Madre judía del Cristo cristiano

Se vienen publicando entre discusiones de partidos y comunidades, en periódicos y vallas de publicidad, “modelos” de mujeres contrapuestas musulmanas y cristianas (españolas). No voy a entrar ni un segundo en el tema. Contra ese modelo de oposición quiero recordar otro más hondo de comunión, representado por María, Madre de Jesús (Leila Marien) que vincula a musulmanes y cristianos, con el deseo de que un día como hoy (15 de agosto) pueda celebrarse la fiesta común de la Mujer María/Marien entre musulmanes y cristianos.

Ha diferencias entre unos y otros, pero mayores son las semejanzas, representadas por María/Marien, tal como apareen en la Biblia y el Corán, con la tradición cristiana y musulmana. Pienso que ha llegado el momentos de celebrarlas, no con vallas publicitarias de comercio, sino con la vida de las comunidades.

| Xabier Pikaza

INTRODUCCIÓN. CUATRO RECUERDOS

Con Cervantes, de Leila Marien a Zoraida.El año 1984 preparé un largo trabajo sobre la Figura de Leila Marien, la madre de Jesús, en el islam, conforme a la historia del Cautivo y de Zoraida en El Quijote 1 cap 40 (historia que Cervantes reproduce en otras obras como Los baños de Argel, la historia de Leila Marien, madre de Jesús, como modelo de mujer sino como signo de encuentro entre cristianos y musulmanes. Los varones (cristianos y musulmanes) podían enfrentarse en guerra y disputa religiosa y político/económica sin fin. Pero había entre ellos (por encima de ellos) un punto de diálogo y contacto superior, representado por Leila Marian, la mujer María, y por Zoraida, mujer musulmana, capaz de vincular (al menos en principio) a los hombres de las dos religiones.

Yo tenía el trabajo ya compuesto, el año 1984, para la Universidad Pontificia de Salamanca, donde daba clases de Biblia e historia de las religiones. Leila Marien, la madre de Jesús, venía presentarse, desde Cervantes, como punto de partida de un posible diálogo entre cristianos y musulmanes. La respuesta, a mi juicio, no estaba en la guerra (con la batalla de Lepanto (1571) donde lucho Cervantes, sino en un más hondo diálogo de paz protagonizado por mujeres. Así pensaba seguir trabajando,  pero la administración de la Universidad Pontificia de Salamanca me negó el Nihil Obstat para enseñar,, por lo que dejé guardados los folios del trabajo en un cajón (no en PC) donde han seguido durmiendo. Alguna vez los he sacado con intención de organizarlos, pero no he tenido tiempo ni ocasión de hacerlo.

2.1995. Con Tonino M. Diálogo cristiano-musulmán en la India. Fue con ocasión de un curso de Mercedarios en Italia. Estaba enseñando, como readmitido, historia de las religiones en la Pontificia de Salamanca y tuve ocasión de conversar largas horas con Tonino, mercedario sardo, párroco de un santuario popular de la Merced, de origen portugués, en Kérala, sur de la India. El lugar era centro de peregrinaciones donde se juntaban cristianos pobres, con pobres musulmanes y keralenses pre-hindués, herederos de la tradición religiosa  pre-hindú (pre-brahmánica) del sur de la India, donde el signo religioso fundamental era la Gran Madre originaria.

          En aquella zona pobre de riquezas materiales pero rica de tradiciones religiosas, venían a juntarse en torno al santuario de la Madre de Jesús, cristianos pobres, herederos de la misión portuguesa, pre-hindúes del gran pueblo de la tierra y musulmanes pobres, devotos de la Madre de Jesús. El párroco mercedario tenía tres cuestiones pendientes, y de ellas tratamos con mucha extensión y mucho aprovechamiento para mí (no sé si él lo recuerda).

1. Como hablar de la madre-mujer y hermana/amiga de todos, de manera que cada uno pueda acepar el mensaje de fondo (pre-hindúes, musulmanes y cristianos) sin caer en un vulgar sincretismo, pero sin imponer ninguna tradición religiosa sobre las demás…. Cómo abrir espacios de comunión y respeto entre todos, sin dominio de unos sobre otros.

2. Qué signo común religioso utilizar: La eucaristía cristiana? Unas procesiones compartidas, con cánticos…el beso a la imagen de la Virgen de la Merced?  Había un camino de comunión, respeto y libertad para todos, pero la misión no era fácil, sin imposición de unos sobre otros,  sin fácil sincretismo… en medio de una India abierta a la transformación económico-social, con problemas políticos e intereses de lobbyes económicos. He hablado del problema en la actualidad y me han dicho que las cosas están hoy más tensas que en 1995, que es más difícil celebrar fiestas compartidas de humanidad desde el signo de María.

2004. Congreso de diputados de Madrid, tras los atentados del 11M (11 Marzo). Volví a sacar los papeles sobre Islam y cristianismo con Leila Marien cuando me llamaron como Experto en Islam y religiones para una de la reunión de la Comisión del Congreso de Diputados para exponer mi visión y propuesta sobre s sentido socio-religioso las implicaciones del atentado de 11 M 2004, como podrá verse en las Actas del Congreso    Sesión núm. 11 (extraordinaria) celebrada el miércoles, 14 de julio de 2004

   Creo que iba bien preparado  en temas de cultura, historia y religión, pero me encontré envuelto entre preguntas políticas de partido, que han ido creciendo en los últimos 20 años y que se manifiestan, por ejemplo en los carteles sobre la mujer  musulmana y cristiana.

 El año 1918 (02.1.18) escribí un prólogo para el libro de una musulmana española (Yaratullah/María Monturiol, El poder Secreto de María. Fuentes sobre la Madre de Jesús en el Islam. Allí decía, entre otras cosas: Y/M Monturial y otros muchos, musulmanes y/o cristianos, sabemos que María, la Madre de Jesús, es una mujer poderosa, llena de eso que muchos laman Espíritu de Dios, como podrá ver quien retorne a mi postal de aquel día o compre y lea el libro.  Había prometido no volver sobre el tema, pues tengo muchos trabajos pendientes. Pero con ocasión de esas “imágenes” políticas he querido volver sobre el tema.Será un ejercicio de amor y solidaridad hacia los amigos musulmanes, en en unos momentos de prueba para ellos

 Hay muchas cosas que (¡gracias a Dios!) nos distinguen a cristianos y musulmanes, pero la mujer María, Leila Marien, puede vincularnos en amor, conforme a la mejor tradición del Islam.

VISIÓN DE CONJUNTO. LEILA MAREN MARÍA EN EL CORÁN

El islam conoce a María a través de algunos apócrifos judeocristianos, que han recogido y ampliado los relatos de la infancia, especialmente los relacionados con la maternidad virginal de María. Ellos sirven destacar el la obediencia y escucha de María como verdadera musulmana, resaltando, al mismo tiempo, la exigencia y valor de su virginidad, entendida como expresión de fidelidad a Dios y de solidaridad con los hombre y mujeres concretos de la historia.

Signo de dios y de humanidad para el islam

‒ Revelación de Dios por María y por Muhammad. Dios ha revelado su poder por María, haciéndola madre virginal de Jesús, que era portador de su Espíritu y de su Palabra. De esa forma, Dios ha expresado por ella su más honda potencia creadora; por eso, su sometimiento a la acción del Espíritu de Dios y el hecho de que ella será madre virginal de Jesús (por un milagro físico-biológico, sin intervención de varón) son signos fuertes de providencia divina (Corán 3, 33-37), conforme a la palabra de Dios que le dice «Te ha escogido y purificado. Te ha escogido entre todas las mujeres del universo» (Corán 3, 42). Pues bien, de un modo semejante, Dios ha escogido a Muhammad para revelar por medio de él su Corán.

‒ María y Muhammad son receptores de la Palabra de Dios. María ha sido Virgen por milagro especial de Dios, mujer que concibe sin varón… Éste es el “milagro” más importante del Islam, que apenas conoce otros milagros, ni les da importancia (a no ser el de Muhammad que recibe por “milagro” el Corán de Dios. . María ha dado a luz a Jesús, como la tierra primera engendró a Adán. Su virginidad es testimonio privilegiado de la acción de Dios que ejerce su poder sobre la historia (por medio de Gabriel, gran ángel). ‒ Dos milagros, una Navidad… Éstos son los dos “milagros” del Islam: El de María que concibe sin varón, porque recibe en su seno de mujer la “palabra” de Dios; el de Muhammad que recibe la revelación-Palabra de Dios (Corán) sin intervención de cultura humana. En esa línea, María acoge sumisa la palabra de Dios, como verdadera musulmana. De un modo semejante actuará Muhammad, recibiendo de un modo virginal el Corán a través de la revelación del Gabriel.

‒ Jesús-niño defendió milagrosamente (hablando tras haber nacido) la virginidad de su madre, proclamando la grandeza de Dios, y actuó después como su enviado, realizando milagros y anunciando el evangelio para los judíos. Resulta significativa la importancia que el Corán ha dado al Jesús niño, a quien presenta como portador de un mensaje de Dios: conoce las cosas sin necesidad de haber aprendido, hace milagros antes de haber crecido. Así confirma el poder de Dios, que actúa por él, pidiendo sumisión a los judíos (3, 49-53; 19, 27-36).

‒ Jesús-adulto realizó milagros y fue profeta para los judíos: curó a ciegos y leprosos, resucitó muertos, ofreció pan a los hambrientos. Dios quería convertir a los judíos a través de sus milagros (cf. 5, 110-111). Pero estos se han negado, queriendo matar a Jesús. Pues bien, este Jesús rechazado es paradigma o ejemplo para Mahoma, también rechazado por los judíos de Medina. Pero hay una diferencia: Mahoma triunfó, revelando el Corán e instaurando la comunidad de sometidos; Jesús, en cambio, no pudo hacerlo, en el fondo ha fracasado.

Jesús nace del Espíritu de Dios (según palabra Gabriel) por medio de María (cf. 2, 87.252; 5, 110; 16, 2.102 etc.); lo mismo que el Corán ha nacido (ha sido revelado) por Gabriel, a través de Muhammad. Pero ni Jesús vale en sí mismo, ni María, ni Muhammad. Es único grande es Dios. María se ha limitado a escuchar la Palabra de Dios, obedeciendo de un modo sumiso, de forma que por sí misma nada puede. Pero en su sentido más profundo, Jesús es sólo una función de Dios (no encarnación de Dios). Por eso, cuanto más se acentúe su grandeza (es Palabra o Espíritu divino), más desaparece su persona, más se niega su aportación humana; el único que importa

Mujer creyente, no madre de Dios ni diosa En ese contexto defiende el islam la virginidad de María, como signo de una intervención directa de Dios y como expresión de su receptividad y sumisión creyente. Por eso, los musulmanes pueden aceptar y aceptan el discurso de algunos apócrifos cristianos (concepción y nacimiento milagroso, sin varón; milagros del Jesús niño que habla y defiende a su madre…), pero no encarnación radical de Dios.

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Asunción.

viernes, 15 de agosto de 2025
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Misa vespertina de la vigilia

Para que una verdad sea proclamada dogma por la Iglesia católica es preciso que tenga un fundamento bíblico. En el caso de la Asunción de la Virgen es casi misión imposible, porque ningún texto del Nuevo Testamento cuenta su muerte ni su asunción. Sin embargo, con buena voluntad se encuentra un mensaje muy actual en las lecturas, especialmente en esta época de pandemia. Me limito a las de la misa de la vigilia, que me resultan más sugerentes.

El premio merecido de María (Lucas 11,27-28)

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo:

– «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él repuso:

– «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

El dicho popular: «Bendita sea la madre que te parió» tiene en el ambiente de Jesús una formulación más completa: «Bendito sea el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron». Nuestro dicho se limita al momento del parto; el que le dirige a Jesús una mujer desconocida tiene en cuenta los meses de gestación y los años de crianza. Es todo el cuerpo de la madre, vientre y pechos, lo que recibe la bendición.

Y esta es la relación con la fiesta: el cuerpo y alma de María, tan estrechamente unidos a Jesús, debían ser glorificados, igual que él. Si echamos la vista atrás, la vida de María no fue un camino de rosas. El anciano Simeón le anunció que una espada le traspasaría el alma. Y el primero en clavársela fue su propio hijo, que a los doce años se quedó en Jerusalén sin decirles nada. «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?». «Porque tengo que estar en las cosas de mi Padre». Y eso supondrá para María un sufrimiento continuo desde que comienza la actividad pública de Jesús. Oír que a su hijo lo acusaban de endemoniado, de comilón y borracho, de amigo de ladrones y prostitutas, de blasfemo… para terminar muriendo de la manera más infame. El cuerpo y el alma de María merecían una compensación. Esa glorificación es lo que celebramos hoy.

El premio inmerecido de todos nosotros (1 Corintios 15,54-57)

El destino de María es válido para todos nosotros, aunque por motivos muy distintos. Pablo alude al primer pecado: la ley de no comer del árbol de la vida provocó el pecado y, como consecuencia, la muerte. Pero de todo ello nos ha liberado Jesucristo, y la última palabra no la tiene la muerte sino la inmortalidad.

Hermanos:

Cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?». El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la Ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!

En esta larga etapa de pandemia, donde la muerte se ha hecho tan cercana y tantos cuerpos han sufrido y siguen sufriendo las consecuencias de la enfermedad, la fiesta de la asunción nos anima y consuela sabiendo que «esto corruptible se revestirá de incorrupción, y esto mortal de inmoralidad».

Un complemento poético (1 Crónicas 15,3-4.15-16; 16,1-2)

La misa de una solemnidad debe tener tres lecturas, la primera del Antiguo Testamento. Recordando que en las letanías se invoca a María como Arca de la alianza (Foederis arca), se pensó que el texto más adecuado para esta fiesta era el que describe la entrada del arca de la alianza en Jerusalén (el templo todavía no estaba construido). De la misma forma solemne y alegre entraría María en el cielo.

 En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todos los israelitas, para trasladar el arca del Señor al lugar que le había preparado. Luego reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas se echaron los varales a los hombros y levantaron en peso el arca de Dios, tal como había mandado Moisés por orden del Señor. David mandó a los jefes de los levitas organizar a los cantores de sus familias, para que entonasen cantos festivos acompañados de instrumentos, arpas, cítaras y platillos. Metieron el arca de Dios y la instalaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión a Dios y, cuando David terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

José Luis Sicre

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Solemnidad de la Asunción de María. 15 de Agosto de 2025

viernes, 15 de agosto de 2025
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En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: -¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”

(Lc 1, 39-56)

El evangelio de la solemnidad de la Asunción de María nos coloca en una de las escenas más alegres y llenas de color de todo el Evangelio.

El encuentro de estas dos mujeres, que están gestando en sus entrañas las más grandes promesas de Dios para la humanidad, es un canto eterno de esperanza.

Todo es tan incipiente y oculto que es difícil creer en ello, pero el encuentro de las dos experiencias deja fuera de juego a las dudas.

Isabel escucha la voz de María y la vida salta dentro de ella. Más tarde el Evangelio acabará con otro saludo, con otra voz la de Jesús que también hará saltar la vida en el corazón de María Magdalena. Podemos decir que la historia de Jesús empieza y termina (comenzando) con un salto. Primero saltó Juan, más tarde saltó María Magdalena. Son saltos de alegría y de vida porque es eso lo que nos regala Dios por medio de Jesús.

Y María aceptó ser cómplice de Dios en toda esta aventura. Dijo hágase e hizo de su vida un continuo espacio para los planes de Dios. Se atrevió con lo inesperado e incluso con lo imposible. Se puso en camino y se hizo abrazo con Isabel. Ellas dos no enseñan a ser abrazo, prolongación del abrazo que es Dios Trinidad. En ese encuentro estrecho somos la más bella imagen de nuestro Creador.

Oremos

Trinidad Santa, Abrazo Tierno, que seamos portadoras y transmisoras de abrazos, que llevemos la sorpresa de tu mensaje que hace saltar de alegría y transforma la soledad en compañía. Amén.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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María pudo identificarse totalmente con Dios porque lo divino estaba en ella desde el principio.

viernes, 15 de agosto de 2025
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Lc 1, 39-56

No debemos caer en el error de considerar a María como una entidad paralela a Dios sino como un escalón que nos facilita el acceso a Él. El cacao mental que tenemos sobre María se debe a que no hemos sido capaces de distinguir en ella dos aspectos: uno la figura histórica, la mujer que vivió en un lugar y tiempo determinado y que fue la madre de Jesús; otro la figura simbólica que hemos ido creando a través de los siglos, siguiendo los mitos ancestrales de la Diosa Madre y la Madre Virgen. Las dos figuras han sido y siguen siendo muy importantes para nosotros, pero no debemos confundirlas.

De María real, con garantías de historici­dad, no podemos decir casi nada. Los mismos evangelios son extremadamente parcos en hablar de ella. Una vez más debemos recordar que para aquella sociedad la mujer no contaba. Podemos estar completamente seguros de que Jesús tuvo una madre y además, de ella dependió totalmente su educación durante los doce primeros años de su vida. El padre en aquel tiempo se desentendía totalmente de los niños. Solo a los 12 ó 13 años, los tomaban por su cuenta para enseñarles a ser hombres, hasta entonces se consideraban un estorbo.

De lo que el subconsciente colectivo ha proyectado sobre María, podíamos estar hablando semanas. Solemos caer en la trampa de equiparar mito con mentira. Los mitos son maneras de expresar verdades a las que no podemos llegar por vía racional. Suelen ser intuiciones que están más allá de la lógica y son percibidas desde lo hondo del ser. Los mitos han sido utilizados en todos los tiempos, y son formas muy valiosas de aproximarse a las realidades más misteriosas y profundas que afectan a los seres humanos. Mientras existan realidades que no podemos comprender, existirán los mitos.

En una sociedad machista, en la que Dios es signo de poder y autoridad, el subconsciente ha encontrado la manera de hablar de lo femenino de Dios a través de una figura humana, María. No se puede prescindir de la imagen de lo femenino si queremos llegar a los entresijos de la divini­dad. Hay aspectos de Dios que, solo a través de las categorías femeninas, podemos expresar. Claro que llamar a Dios Padre o Madre son solo metáforas para poder expresarnos. Usando solo una de las dos, la idea de Dios queda falsificada porque podemos quedar atrapados en una de las categorías masculinas o femeninas.

El hecho de que la Asunción sea una de las fiestas más populares de nuestra religión es muy significativo, pero no garantiza que se haya entendido correctamente el mensaje. Todo lo que se refiere a María tiene que ser tamizado por un poco de sentido común que ha faltado a la hora de colocarle toda clase de capisayos que la desfiguran hasta incapacitarla para ser auténtica expresión de lo divino. La mitología sobre María puede ser muy positiva, siempre que no se distorsione su figura, alejándola tanto de la realidad que la convierte en una figura inservible para un acercamiento a la divinidad.

La Asunción de María fue durante muchos años una verdad de fe aceptada por el pueblo sencillo. Solo a mediados del siglo pasado se proclamó como dogma de fe. Es curioso que, como todos los dogmas, se defina en momentos de dificultad para la Iglesia, con el ánimo de apuntalar sus privilegios que la sociedad le estaba arrebatando.

Hay que tener en cuenta que una cosa es la verdad que se quiere definir y otra la formulación en que se mete esa verdad. Ni Jesús ni María ni ninguno de los que vivieron en su tiempo, hubiera entendido nada de esa definición dogmática. Sencillamente porque está hecha desde una filosofía completamente ajena a su manera de pensar.

La fiesta de la Asunción de María nos brinda la ocasión de profundizar en el misterio de toda vida humana. A todos nos preocupa cuál será la meta de nuestra existencia. Se trata de la aplicación a María de toda una filosofía de la vida, que puede llevarnos mucho más allá de consideraciones piadosas.

Allí donde encontramos multiplicidad, falsedad, maldad, debemos profundizar hasta descubrir en lo hondo de todo ser, la unidad, la verdad y la bondad. Toda apariencia debe ser superada para encontrarnos con la auténtica realidad. Esa REALIDAD está en el origen de todo y está escondida en todo. En el momento que desaparezcan las apariencias, se manifestará toda realidad como una, verdadera y buena. Es decir que la meta de todo ser se identificará con el origen de toda realidad.

La creación entera está en un proceso de evolución, pero aquella realidad hacia la que tiende es la realidad que le ha dado origen. Ninguna evolución sería posible si esa meta no estuviera ya en la realidad que va a evolucionar. Ex nihilo nihil fit, (de la nada, nada puede surgir) dice la filosofía. Si como principio de todo lo que existe ponemos a Dios, resultaría que la meta de toda evolución sería también el mismo Dios.

Lo que queremos expresar en esta fiesta, es precisamente esto. No podemos entender literalmente el dogma. Pensar que un ser físico, María, que se encuentra en un lugar, la tierra, es trasladado localmente también en el cuerpo, a otro lugar, el cielo, no tiene ni pies ni cabeza. Hace unos años se le ocurrió decir al Papa Juan Pablo II que el cielo no era un lugar, sino un estado. Pero me temo que la inmensa mayoría de los cristianos no ha aceptado la explicación, aunque nunca la doctrina oficial había dicho otra cosa.

El dogma es un intento de proponer que la salvación de María fue absoluta y total. Esa plenitud consiste en una identificación con Dios. Como en el caso de la ascensión, se trata de un cambio de estado. María ha terminado el ciclo de su vida terrena y ha llegado a su plenitud. Pero no a base de añadidos externos sino por un proceso interno de identificación con Dios. En esa identificación con Dios no cabe más. Ha llegado al límite de las posibilidades. Esa meta es la misma para todos. “Cielos” significa lo divino.

Cuando nos dicen que fue un privilegio, porque los demás serán llevados al cielo pero después del juicio final, ¿de qué están hablando? Para los que han abandonado esta vida, no hay tiempo. Todos los que han muerto están en la eternidad, que no es tiempo acumulado, sino un instante. Concebir el más allá como continuación del más acá nos ha metido en un callejón sin salida; y muchos se encuentran muy a gusto en él.

Cuando hablamos de Jesús y de María, debemos hacer una distinción. Por ser seres humanos históricos y reales, sí podemos hablar de ellos con propiedad desde la perspectiva terrena. Pero cuando tratamos de expresar lo divino que hay en ellos, nos encontramos con el mismo problema de Dios. No podemos hablar de esa conexión con lo divino si no es por medio de metáforas y signos.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Dar a luz a Dios en el mundo.

viernes, 15 de agosto de 2025
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Lc 2,40: María y Jesús en Nazaret, por el estadounidense William Hole (1846-1917 )- Library of Congress Catalog.


EVANGELIO 15 DE AGOSTO 2025

Lc 1, 39-56

Celebramos la fiesta de la Asunción de María. Una fiesta con connotaciones tan populares como universales. Una fiesta en la que celebramos cómo María se abre a la Buena Noticia de Dios en su vida, pasando de la perplejidad y el temor a la disponibilidad y la confianza.

María es a la vez que la madre y educadora de Jesús, su discípula. Con Él conoce el misterio del reino y se adentra en su realización histórica, lo cual hace de ella una mujer siempre en camino, solidaria y en permanente desinstalación. María es la mujer del fiat, pero su , no fue un neutro ni ingenuo, sino que conllevó muchos noes. El Magníficat no es un canto de sumisión sino de esperanza y rebeldía comprometida por otro mundo posible, en el que no prime la ley del más fuerte, sino la ley del amor. Un mundo donde sea posible una paz desarmada y desarmante, como no recuerda León XIV.

María en su pequeñez se hace disponible a la acción del Espíritu para dar a luz a Dios en el mundo. Su prima Isabel, la madre del profeta Juan Bautista, es testigo y cómplice con ella de esta esperanza. A ambas la fe las ha hecho fecundas. En la fiesta de la Asunción la iglesia reconoce a María como la primera creyente, madre y discípula incondicional de su Hijo y por eso a su lado para siempre en la plenitud del Reino.

También hoy en nuestro mundo muchas mujeres atraviesan serranías (dificultades, fronteras, etc.) para poner en el centro la dignidad y el cuidado de la vida y lo hacen en sororidad, desde el apoyo mutuo y la solidaridad de género. Son las “guardianas” y defensoras de la vida en las situaciones más amenazadas. Ellas como María de Nazaret e Isabel están también colaborando a dar a luz a Dios en el mundo hoy, hecho resistencia, esperanza y sentido contra todo pronóstico, en medio de tantas situaciones de violencia e injusticia.

El Magníficat se sigue actualizando en nuestro mundo allá donde una mujer empujada por la fuerza del amor antepone la dignidad y el valor de la vida más vulnerada frente a los discursos y prácticas de odio, frente a la crueldad de los mercados y los ejércitos o la banalización del mal. Ellas hacen posible lo imposible y a menudo claman y agradecen a Dios con nombres y acentos distintos. Ellas visitan hoy nuestros barrios y pueblos movidas por el sueño de un futuro para sus familias trayendo esperanzas y vida nueva. Han venido para quedarse y nos urgen a seguir recreando el Magníficat y derribar juntas prejuicios, muros y fronteras que impiden que el reino sea. ¿Las reconocemos?

Pepa Torres Pérez

Fuente Fe Adulta

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María, parábola de Dios.

viernes, 15 de agosto de 2025
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Lc 1, 39-56

«Por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso».

La buena Noticia es que en Jesús hemos visto que Dios es mucho mejor de lo que nadie había sido capaz de imaginar, y por eso Abbá es el corazón de esa buena Noticia. A Abbá le conocemos en Jesús, el hombre tan lleno de su espíritu que se le transparentaba, o dicho en lenguaje coloquial, el hijo que había salido a su Padre.

Pero poco les duró a los cristianos la alegría de este feliz hallazgo, pues desde época muy temprana, la teología erudita se encargó de dar un cambiazo nefasto sustituyendo a Abbá por el Dios Todopoderoso que juzga nuestros pecados. Tampoco Jesús salió bien parado de este envite, pues se convirtió en el Señor (el amo) que volverá para separar las ovejas de las cabras y enviar a las cabras al castigo eterno.

¡Había muerto la buena noticia!

Pero cuando en lo más recóndito de su ser, allá donde no llega la conciencia, los fieles  cristianos se sintieron desamparados y a expensas de un juez que iba a determinar su destino, se apresuraron a buscar una buena abogada; y no puede haber mejor abogada, mejor intercesora, que una madre, porque su amor es incondicional y no lleva cuentas del mal… Por supuesto, la mejor madre que podían encontrar era María, la madre de Jesús, así que la revistieron de los atributos más destacados de Dios-Abbá y recuperaron lo que les habían arrebatado.

La devoción a María se convirtió así en la más entrañable, y a sus devotos todo les parecía poco para adornar a la que se había convertido en su mejor garantía ante la fría justicia de Dios. Era nuestra madre amantísima, el refugio de los pecadores, el auxilio de los cristianos, la consoladora de los afligidos… Por supuesto, la madre del cielo no podía estar sometida al pecado, y nació el dogma de su Concepción Inmaculada. Tampoco podían sus restos corromperse bajo tierra como los de cualquier mortal, y eso dio lugar al dogma de su Asunción en cuerpo y alma a los cielos…

Y desde nuestra mentalidad ilustrada y pedante, todo esto nos resulta gazmoño y pueril; pensamos que ninguna persona culta del siglo XXI puede creer en estas simplezas que lo único que revelan es la inmadurez de la fe de nuestros abuelos… Pero en el fondo es una historia preciosa que muestra que el Espíritu sopla dónde y cuándo se le necesita, y muestra también que se encuentra mucho más a gusto entre la gente sencilla que entre los sabios y entendidos.

Ruiz de Galarreta llamaba a María “Parábola de Dios”, y añadía: «No hay palabras ni sentimientos capaces de agradecer suficientemente a María la salvación de todo lo que más caracteriza a la religión de Jesús, a la buena Noticia: sentirse querido, saber que alguien siempre te comprende, te perdona y te acoge, alguien a quien no temer, alguien que no lleva cuentas de mal… Eso, que debería haber sido Dios-Abbá, fue para los cristianos la madre de Jesús».

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Quien comprende es feliz

viernes, 15 de agosto de 2025
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Fiesta de la Asunción

15 agosto 2025

Lc 1, 39-56

Entendida en su literalidad, la expresión dichosa tú, que has creído no se sostiene, porque la dicha o la felicidad no puede apoyarse en una creencia. La creencia, en cuanto constructo mental, únicamente puede ofrecer una sensación de seguridad mientras la persona mantiene su adhesión a ella. Pero, en sí misma, carece de consistencia.

 Eso mismo ocurre cuando pensamos que la felicidad es “algo” a conseguir. La convertimos así en un objeto, sin caer en la cuenta de que todo objeto es, por definición, impermanente y, por tanto, incapaz de otorgar dicha o felicidad estable.

  La felicidad no nos viene de fuera ni nos espera en el futuro. Tampoco se halla en “algo” que deberíamos alcanzar. La felicidad es una con lo que somos, es otro nombre de nuestra identidad profunda, por lo que trasciende toda circunstancia que nos pueda ocurrir.

 Al escribir esto, me vienen a la memoria las palabras de Nisargadatta: Compare usted la conciencia y su contenido con una nube. Usted está dentro de la nube, mientras que yo la miro. Está usted perdido en ella, casi incapaz de ver la punta de sus dedos, mientras que yo veo la nube y otras muchas nubes y también el cielo azul, el sol, la luna y las estrellas. La realidad es una para nosotros dos, pero para usted es una prisión y para mí un hogar.

 O aquellas otras de Ramana Maharshi: Usted es ignorante de su estado de plena felicidad. Ya somos felicidad. El problema es que nos identificamos con lo que no somos y, en esa misma medida, nos alejamos de la felicidad y, a continuación, la objetivamos en “algo” y la proyectamos “fuera”. Pero la felicidad no es un “estado de ánimo” -que puede variar-, sino un “estado de ser, que nace justamente de la comprensión profunda y que es capaz de abrazar todos los estados de ánimo.

 De manera inmediata, nuestra mente coloca etiquetas sobre aquello que supuestamente nos haría felices y aquello otro que supuestamente nos arrebataría la felicidad. Ante esto, la pregunta decisiva es: ¿Estamos dispuestos a incluir todo tipo de situaciones dentro de la felicidad?… ¿Estamos verdaderamente dispuestos a ser felices en cualquier situación… o queremos “salirnos con la nuestra? Eso requiere ser honestos. Al llevar la honestidad al mundo de nuestras imágenes mentales acerca de la felicidad, nos damos cuenta de que rechazamos la felicidad constantemente. Rechazamos la felicidad cada vez que el presente no se parece a nuestra imagen feliz. ¿Cómo vamos a ser felices si renunciamos a ella constantemente? Dicho de modo más simple: el mayor obstáculo para ser felices no es otro que la imagen mental que tenemos de la felicidad.

 La felicidad -no podía ser de otro modo- nace de la comprensión experiencial de lo que somos. La ignorancia introduce en la confusión y en el sufrimiento; la comprensión ilumina y nos hace reconocernos en “casa”, sea lo que sea lo que ocurra. Sin duda, solo quien comprende es feliz. Tenía razón Sócrates al afirmar que solo hay una virtud: la sabiduría [o comprensión]; y solo hay un único vicio: la ignorancia.

¿Qué es, para mí, la felicidad? ¿Dónde la pongo o la busco?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Asunción: María terminó en Dios. El horizonte de nuestra esperanza es Dios

viernes, 15 de agosto de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- La Asunción de María.

La definición del dogma de la Asunción es reciente. Fue el papa Pío XII quien el 1 de noviembre de 1950, propuso a la fe de la iglesia que María, la madre del Señor fue llevada a los cielos en cuerpo y alma.

        Pero antes de la definición del dogma, siempre estuvo presente en la memoria y en la fe de los cristianos que María terminó con su hijo, JesuCristo, en la casa del Padre, en el cielo.

        De María sabemos históricamente muy poco; apenas unos escuetos datos que nos ofrecen los evangelios. Pero sabemos lo más importante: que fue creyente en su hijo JesuCristo: dichosa tú porque has creído. Sabemos que llevó adelante su misión en la historia de la salvación al aceptar ser madre de Jesús. Y sabemos por la fe que la Virgen terminó en Dios, fue asunta al cielo.

¿Cómo no va a terminar María junto a su hijo, JesuCristo y junto a Dios?

No pertenece a la fe pensar que María fuese llevada físicamente en cuerpo y alma al cielo. Son modos de hablar y expresar realidades que no se pueden “decir” de otro modo. Sería un poco extraño que fuese elevada físicamente. ¿Cuerpo y alma? Digamos que la persona de María tiene su existencia en Dios. ¿En el cielo astronómico? Mejor pensamos y creemos que María concluyó su existencia en Dios, junto a su hijo JesuCristo.

02.- María creyente

Su prima Isabel es quien le dice a María: Bendita Tú porque has creído… María es la primera persona que creyó en su propio hijo: JesuCristo.

        Isabel le viene a decir y bendecir porque ha creído en que el hijo que va a tener es expresión de Dios, es Jesús el Cristo.

Los relatos de la anunciación, la visita del ángel, los relatos de la infancia de Jesús y los mismos evangelios son posteriores al nacimiento y a la vida de Jesús. Son relatos que tratan de expresar cómo Dios entra en nuestra historia.

        No le sería fácil a María creer en su propio Hijo tal y como éste pensaba, vivía y convivía: con pecadores y publicanos, polémicas continuas en el Templo, con los sacerdotes y fariseos, con la ley, qué tipo de ideología tenían los discípulos que le acompañaban, etc… Pero María creyó en su Hijo JesuCristo.

        María fue la primera creyente.

03.- Final de María.

        No sabemos cuánto sobrevivió la Virgen María a Jesús. No sabemos ni cómo ni dónde vivió después de Jesús. Alguna tradición habla piadosamente de la dormición (más que de la muerte) de María en Jerusalén. Otra tradición “sitúa” los últimos años y la muerte de la Virgen en Éfeso.

        Lo que sabemos no por la historia y la arqueología, sino por la fe es lo que celebramos hoy: la Asunción. María fue asunta, llevada al cielo y terminó su tiempo en la eternidad de Dios, en el cielo.

        El final de María es Dios.

04.- Canto de Esperanza

        Que María terminara en Dios fortalece nuestra esperanza. Nos señala cuál es también nuestro final.

        La Asunción nos indica que nuestra meta es el cielo.

        El lugar del ser humano es Dios.

        Tal es el sentido de la vida: terminar en Dios.

        Hemos comenzado la celebración con un canto muy popular y sencillo: María ampáranos, consuélanos y guíanos a la patria celestial.

Dios nos libre de quien piensa que su patria está aquí, en este mundo (hay mucho Netanyahu suelto por la historia).

Por otra parte, Dios nos libre de perder el sentido y el horizonte de la vida: ¿a qué se debe si no tanta enfermedad mental, depresiones, suicidios..?

        En estos tiempos de desesperanzas la Asunción nos afecta a nosotros, porque nos indica que “esto” tiene sentido y destino para la humanidad para la historia. En y por María contemplamos el final amable al que estamos llamados todos.

        Mirad al cielo, porque con JesuCristo, con María y nuestros hermanos es también nuestra estación Termini, nuestro final. Como dice el texto bíblico en la Ascensión de Jesús: no os quedéis plantados mirando al cielo, pero mirad al cielo

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“Con María, más libres y fuertes”, por Consuelo Vélez

viernes, 15 de agosto de 2025
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De su blog Fe y Vida:

La Virgen del Evangelio, “la gran misionera”

Una figura de María alejada de las preocupaciones del mundo o que no contribuya a fortalecer la nueva situación de la mujer en la sociedad y en la iglesia, no puede generar un compromiso misionero en el pueblo cristiano

Para el pueblo latinoamericano la figura de María es muy importante y significativa. Esto se muestra en las asiduas peregrinaciones a los santuarios marianos, en las fiestas religiosas que la recuerdan, en los grupos apostólicos reunidos en torno a su figura y, especialmente, en la confianza y cercanía con la que la gente acude para pedirle por sus necesidades, para confiarle sus preocupaciones y para agradecerle todos sus favores. Pero esta piedad popular y este amor filial seguirán siendo un instrumento invaluable de evangelización y de revitalización de nuestras comunidades cristianas siempre y cuando la figura de María sea significativa para las sensibilidades y expectativas actuales.

Una figura de María alejada de las preocupaciones del mundo o que no contribuya a fortalecer la nueva situación de la mujer en la sociedad y en la iglesia, no puede generar un compromiso misionero en el pueblo cristiano. Aunque aquí caben algunas reflexiones. Últimamente han surgido grupos que ponen en el centro a María y se dedican a “cautivar” a más personas para que se integren al grupo. Pero si se revisa su doctrina y su manera de acercarse a la gente, es fácil detectar que la doctrina tiene más de pre-vaticano que de Vaticano II y su misión es más proselitismo e “invasión de conciencias” –creando culpas y miedos– que el anuncio gozoso de la buena noticia, propia del evangelio del reino.

 En el Documento conclusivo de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe celebrada en el Santuario Mariano de Aparecida (Brasil) en 2007, se presentó la imagen de María que “emerge del evangelio como mujer libre y fuerte, como la discípula más perfecta del Señor, “interlocutora del Padre en el proyecto de encarnación del Hijo de Dios”, “primer miembro de la comunidad de creyentes” (266), “la gran misionera” (269), “quien crea comunión y educa en un estilo de vida compartida y solidaria, en fraternidad, en atención y acogida al otro, especialmente al pobre o necesitado” (272) y “capaz de comprometerse con su realidad y de tener una voz profética ante ella –tal y como lo expresa en el canto del Magnificat– (451).

Todas estas afirmaciones no son para recordarlas simplemente. Conviene que revisemosnuestras prácticas marianas a la luz del dinamismo que ellas manifiestan. María no nos invita a la pasividad como a veces ciertas imágenes la evocan. O a permanecer en silencio con abnegada resignación. O creando miedo porque el mundo es pecador y debemos rezar muchos rosarios para redimirnos. Por el contrario, el rezo del rosario o cualquier peregrinación y advocación en su nombre, deben dejar en las personas que realizan esas prácticas la valentía y el coraje de quien se siente llamada a anunciar la buena nueva del Reino. Ser como María “discípula y seguidora” del Señor; “líder” en medio de la comunidad cristiana; con verdadera libertad y profetismo, empujando la iglesia hacia un modelo de iglesia más fraterno, incluyente y comprometido con la realidad en respuesta a los desafíos de cada tiempo presente.

Ojalá que fiestas como la que se aproxima –la asunción de María, el 15 de Agosto- ponga en contacto a cada cristiano con esa figura de María que invita al impulso misionero. Que como ella sientan la fuerza para anunciar el evangelio y permanezcan de pie en medio de las dificultades. Pero sobretodo que con fortaleza y amor sean profetas de un modelo eclesial más acorde con el querer de Jesús, menos poderoso y más servicial, menos excluyente y más acogedor de todos/as, menos poseedor de la verdad y más buscador de ella con otros y otras que también desean un mundo más justo y fraterno. Al estilo del actuar de María en las bodas de Caná (Jn 2, 1-11) que denuncien las necesidades y malestares que hoy se perciben en la iglesia e inviten a mirar a Jesús para hacer lo que “El nos dice” en lugar de lo que creemos saber y hemos practicado por siglos. El Reino es novedad y María supo abrirse siempre a ella. Y precisamente por todo eso, el pueblo reconoció su “asunción al cielo”, es decir, la plenitud de una vida que merecía desde ya la plenitud de la vida definitiva con Dios.

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“Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador ”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

viernes, 15 de agosto de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

La fiesta de la Asunción de María al Cielo no nos habla sólo de una mujer, por grande que sea, sino que habla de toda la Iglesia. Porque las verdades sobre María son el alfabeto de nuestra vida.

La fiesta afirma que la Iglesia lleva en sí el futuro del mundo, anticipado por la Virgen María. Y así nos muestra a cada uno de nosotros el camino hacia el futuro. Y es un buen futuro.

El libro del Apocalipsis lo dice con una imagen solar: «Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida de sol, coronada de estrellas». Es la imagen de nuestro futuro, una humanidad de luz incluso en la lucha, una humanidad que abre buenos frutos. Lo dice el cántico del Magnificat, con un Dios que levanta, eleva, llena, derriba y crea una tierra nueva, una arquitectura del mundo hecha de justicia y de bondad. San Pablo habla también de un futuro bueno donde Cristo es el primer resucitado de una inmensa caravana que nos incluye a todos (cf. 1Cor 15, 20) y todos recibiremos la vida y el último enemigo será aniquilado.

Como creyentes, llevamos dentro de nosotros la fuerza de este futuro, como una semilla de fuego, como una semilla de luz. Cada uno de nosotros, como creyente, lleva dentro de sí el futuro del mundo. Y si muchas cosas de nuestra historia actual parecen contradecir la esperanza, para nosotros, como para los profetas, la palabra de Dios es más verdadera que su cumplimiento.

Amamos las promesas de Dios más que su cumplimiento, como lo hizo Abraham. Él cree en la tierra prometida aunque, cuando muere, sólo ha comprado terreno suficiente para cavar una tumba; aunque, cuando muera, de la innumerable descendencia prometida –«Tendrás hijos más que las estrellas del cielo» (cf. Gn 15,5)– no tendrá a su lado más que una pequeña semilla. Abraham cree en las promesas de Dios más que en su cumplimiento.

La fiesta de la Asunción nos ayuda a adquirir la fe, a adquirir la belleza de vivir, a creer que es bello vivir, es bello amar, es bello ser hijo, hermano y prójimo. Es hermoso porque el mundo se está moviendo hacia un resultado positivo y brillante, hacia un resultado fuerte y grandioso, aquí en el tiempo y luego en una vida que nunca terminará.

Santa María, la humilde mujer que vino de las periferias del mundo de aquel tiempo, fue la primera en cruzar el mundo de todos los tiempos, las fronteras del cielo:

Ven y ve por los espacios

insuperable para nosotros,

anillo dorado del tiempo y la eternidad,

anillo que une, conecta, une el tiempo y la eternidad, uno en el otro, sin interrupción.

Ella nos enseña a vivir en la tierra con esa parte del cielo que la compone. La fe de María es la nuestra, es lo que mantiene unidos el trabajo cotidiano y las cosas eternas, las realidades penúltimas de una vida sencilla y las realidades últimas, el no ver y el no comprender, y luego la luz repentina que revela el significado: la muerte como experiencia devastadora y luego la esperanza de la resurrección.

También nosotros debemos entrelazar estas dos dimensiones: la sencillez fiel a la propia vocación durante la existencia terrena y la espera de desembarcar en ese inmenso mar de luz, donde estaremos siempre con el Señor y con aquellos a quienes hemos amado.

Manteniendo unidos en nosotros los dos extremos de la existencia: la fiel perseverancia día tras día y la tenaz esperanza de un encuentro que no será arrodillarse ante el trono de un emperador inmortal, sino besar temblorosamente la fuente virginal del universo.

María es la que dio carne a Dios en la tierra, la que es carne de mujer en el cielo. Con su cuerpo está en el cielo. Y esto significa que cada día de María, vivido en el silencio y en el trabajo, cada hora transcurrida en las actividades domésticas, en la fiel paciencia, todas las alegrías y los sufrimientos, todas las noches oscuras de su vida y su indomable esperanza, todo entraba en la eternidad. Jesús lo dijo con una imagen muy fuerte: “No perecerá ni un cabello de vuestra cabeza” (Mt 10,30).

Y así será también para nosotros. “Creo en la resurrección de la carne”, decimos y confesamos. Y si esto parece hoy tan difícil, si para muchos la vida eterna parece poco atractiva, sabemos que el destino de este cuerpo está inscrito en el mismo destino del alma. Porque el hombre es uno. Y hoy es la fiesta de la unidad del hombre, del destino glorioso del cuerpo igual al destino glorioso del alma. Hoy todo hombre obediente y fiel canta a la salvación entera en alma y cuerpo.

Este cuerpo, esta realidad tan frágil y sublime, tan querida, tan sufriente, sacramento de amor, a veces instrumento de violencia, este cuerpo en el que sentimos la densidad de la alegría, en el que sufrimos la profundidad del dolor, se convertirá, después del último viaje, en una puerta abierta a la comunión, en un teclado divino para una melodía que nadie ha podido extraer todavía, se convertirá en transparencia cristalina, sacramento del encuentro perfecto.

Hoy la Iglesia canta el canto del valor del cuerpo. Y si una vida vale poco, nada vale tanto como una vida.

Un antiguo texto cristiano, la Carta a Diogneto, aconseja al creyente: «Detente cada día a contemplar los rostros de los santos». Santos que nos encuentran, que nos cruzamos en la vida, santos que quizás viven en nuestra casa, de todos los días o de cada día, de la puerta de al lado,… Hoy, sin embargo, contemplemos el rostro de Santa María, seguros de que el hombre llega a ser lo que contempla, de que cada uno de nosotros llega a ser lo que mira con amor, de que cada uno de nosotros llega a ser lo que ama.

Santa María, la mujer vestida de sol, la mujer generadora de vida, la mujer que nunca se rindió en la lucha contra el dragón, la mujer del camino o itinerario más grande, envía a nosotros, a nuestros hogares, una bendición de esperanza, consoladora, sobre todo lo que representa nuestro «dolor de vivir»; una bendición sobre los años que pasan y pesan, sobre las ternuras negadas, sobre las soledades sufridas, sobre los hijos que se equivocan, sobre la decadencia de este cuerpo nuestro, sobre la corrupción de la muerte, sobre la lucha contra nuestro pequeño o gran dragón rojo, que nos amenaza pero no vencerá, porque la belleza es más fuerte que la violencia.

La Asunción es entonces la celebración de nuestra migración común hacia la Vida. “Ahora ella viene al rey y sus amigas vírgenes la siguen en danzas de alegría”.

Somos nosotros, toda la humanidad, quienes avanzamos hacia el palacio. Somos una humanidad herida, sufriente y, aun así, en movimiento; Somos una humanidad caída, pero en camino, una humanidad que conoce bien la traición y la crisis de la fe, pero que no se rinde, porque ama el cielo y la tierra con la misma intensidad, porque sabe que dentro de cada uno de nosotros está depositado el anillo de oro que une el tiempo y la eternidad.

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Comentarios Evangélicos y Reflexiones para la Asunción de María a los Cielos -15 de agosto de 2025-

 1.- La Asunción de María en el cielo.

 2.- ¡María se convierte en «tierra del cielo»!.

 3.- Asunción, nuestra «migración» común.

 4.- Somos brotes de luz en el mundo.

 5.- Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.

 6.- Santa María asunta.

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 Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Nuevas imágenes para la Asunción de María.

viernes, 15 de agosto de 2025
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La imagen de Asunción despierta imágenes de movimiento, de atracción hacia arriba, de impulso ascensional; nuestra mirada es atraída hacia la altura y vemos a María elevada hacia ese ámbito que llamamos cielo donde, con palabras de Pablo, están “las cosas de arriba“, por contraposición a “las cosas de abajo (Col 3,1). Pero además de esta imagen espacial, podemos explorar otras que nos acerquen a María:

La obra terminada

Al hablar de la Asunción nos referimos al resultado final y a la culminación del proceso vital de María. Pero la meta supone siempre un camino, el fruto ha tenido una larga maduración en el árbol, la piedra preciosa ha cristalizado lentamente durante miles de años en la hondura de la roca. Cuando se emprende una obra pública de envergadura se suele construir una maqueta que muestre el proyecto que se está construyendo y se expone en un lugar visible para que todos puedan ver cómo va a ser el final: al mirarla, contemplamos e imaginamos la obra ya terminada. La Iglesia nos pone hoy ante una “maqueta” que nos muestra el resultado final de la obra de Dios en la mujer que no opuso ninguna resistencia a su acción: “Hágase en mí…”, dijo María, la mujer de la Nueva Creación, acogiendo sobre ella la presencia del mismo Espíritu que “se cernía sobre la faz de las aguas” (Gen 1,2) en la mañana de la primera creación.

El fruto de la nueva Tierra

Cuando Moisés no sabía cómo convencer a un pueblo cansado, escéptico y desmotivado para entrar en la tierra de la promesa, envió exploradores a Canaan que volvieron cargados con gigantescos racimos de uvas dulces, frescas y apetitosas: ¡Estos son los frutos de la tierra hacia la que nos dirigimos!”, dijo Moisés al mostrárselos a los israelitas (Num 13). Algo así hace la Iglesia cuando nos presenta la Asunción de María, como si nos dijera: Mirad las primicias de la humanidad nueva, ella es el fruto ya granado de la Tierra hacia la que nos dirigimos. Dichosos vosotros por haber recibido la buena noticia del campo donde echa sus raíces el Árbol de la Vida que produce semejante fruto, compartid con otros ese secreto a voces, ese sabor del vino que llena de alegría. La existencia ya glorificada de María y su alegría, son los únicos instrumentos de que dispone para decirnos: Es una tierra que mana leche y miel. Vale la pena subir a conocerla”.

La casa preparada

Me voy a prepararos lugar, decía Jesús, y cuando vaya y os prepara el lugar, vendré de nuevo a llevaros a mi casa para que donde yo esté, estéis también vosotros (Jn 14, 2-3).

María, la primera en llegar a la Casa, toma parte con su Hijo en la tarea de preparar ese lugar para que un día, donde ella esté, estemos también nosotros. Ella nos espera “a mesa puesta” en ese banquete del que le gustaba hablar a su Hijo.

La meta alcanzada

La imagen es de Pablo en su carta a los Filipenses: Hermanos, yo no lo he alcanzado aún, ni he llegado ya a ser perfecto, sino que continúo mi carrera a fin de poder alcanzar a aquel por quien yo mismo fui alcanzado, Cristo Jesús. (Fil 3,12). El evangelio nos presenta a María desde el comienzo caminando deprisadesde Nazaret de Galilea a la sierra de Judea para llegar a casa de su prima Isabel y en aquella primerameta de su carrera, recibió de labios de Isabel la primera bienaventuranza: Dichosa tú que has creído…. Y aquello no fue sino un anticipo de la felicitación que iba a recibir en el final definitivo de su trayectoria. Toda la vida de María consistió en dirigirse apasionadamente hacia esa meta definitiva que no podía ser otra cosa que su propio Hijo. Como cuando llega la primavera y el ánade salvaje emprende el vuelo de retorno y nada puede detener su impulso ascensional.

Dolores Aleixandre

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