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Archivo para la categoría ‘Espiritualidad’

Inmensa energía

jueves, 21 de agosto de 2025
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“La oscuridad lo abarca todo,

pero una energía inmensa se mueve junto a mí,

junto a nosotros”

*

Rainer Maria Rilke
El libro de horas

***

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“Son tiempos de utopía”, por Gabriel María Otalora

jueves, 21 de agosto de 2025
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De su blog Punto de Encuentro:

¿En un mundo en crisis, tienen cabida las utopías? Es decir, sitio para la representación imaginaria de una sociedad mejor que la actual, de imposible o difícil realización, al menos en el momento en que se formula. La utopía no es el presente, pero proyecta modelos de ideales universales para organizaciones sociales y políticas concretas. Estando tan centrados en lo práctico, parece necesario construir utopías al servicio de la dignidad humana amenazada. Es momento de activar nuevas esperanzas frente a las distopías ancladas en el pesimismo existencial. En tiempos de crisis es cuando las utopías tienen mayor sentido, a pesar de sus detractores.

Utopía es un neologismo creado por Tomás Moro (Thomas Moore) para describir la sociedad perfecta frente a la Inglaterra renacentista. Fue planteada a contrapelo del rumbo marcado por el progreso brutal ya inminente. Era una llamada de atención, una posibilidad alternativa de algo nuevo, más justo, más igualitario.

Aquello no fue la primera utopía de la historia -ni la última- aunque sí con ese nombre. La misma idea de proyectar un mundo mejor se había expresado antes en la ciudad mesopotámica de Dilmún; en algunos relatos bíblicos, en el pasaje con los feacios de la Odisea de Homero, o en Confucio y en Platón, por poner algunos ejemplos.

El carácter movilizador utópico no tiene que ver con una perfección estática y alejada de la realidad. Más bien trata de revertir el curso de la historia buscando un mundo mejor. El todavía-no utópico va unido a la actitud de esperanza por su función anticipatoria capaz de cambiar la manera de vivir el presente y la orientación al futuro. Lo digo porque “Utopía” puede significar negación (lugar inexistente), o puede traducirse por “buen lugar” desde lo que hoy no es posible, pero puede serlo más adelante. Es probable que Moro quisiera conjugar ambas ideas: “no lugar” a la vez que “buen lugar” que implica trabajar en ello para lograrlo.

Creo que nadie propone utopías sin la posibilidad de conseguir algún nivel de objetivos. Utopía entonces como el ideal hacia donde debemos conducirnos con actitud entre esperanzada y comprometida en la práctica, y más necesaria que nunca ante la falta sentido que acumula esta sociedad. No sería la primera vez que una alternativa ideal acabe siendo realidad en el futuro cuando se trabaja para lograrlo.

No desdeñemos las utopías como un motor de cambio histórico; frente a las políticas anti utópicas, como es el caso del neoliberalismo tan acumulador como no cristiano. Sobre ellas podemos construir parcelas de actividad para un mundo mejor. Un ejemplo son los Foros Sociales Mundiales (FSM), fuente innovadora como alternativa al modelo de pensamiento único económico. En ellos han destacado las aportaciones de Joseph Stiglitz, Ignacio Ramonet o Federico Mayor Zaragoza, entre otros.

A pesar de que las utopías -de muy distinto signo- son parte de la historia, sufren un desprestigio, sobre todo entre quienes prefieren mantener las cosas como están y no correr riesgos introduciendo cambios personales en sus vidas, ni cambios sociales y políticos que dañen sus intereses particulares. No es verdad que vivamos tiempos post utópicos. Aceptarlo sería limitar las ansias innatas humanas de mejora que pueden irrumpir como un ideal y concretarse en el día a día. Jesús de Nazaret es nuestro ejemplo de cómo hay que posicionarse en el día a día: de manera esperanzada, activa y solidaria con el sufrimiento de personas concretas. De los sueños utópicos así entendidos nacen los mejores afanes humanos, tal y como anunciaron los profetas (el Papa Francisco ha sido uno de ellos). Sin utopías, el ser humano no ve sentido a su vida, ni posibilidad de revertir las injusticias.

Lo que ha entrado en crisis no son las utopías, sino ciertas utopías maximalistas y rígidas venidas del pasado como reacción a injusticias estructurales tremendas. Por ejemplo, la Revolución Francesa logró una sociedad política nueva más libre, pero descarriló en la justicia y sin rozar la fraternidad. Después vinieron otras utopías como la comunista, primando la colectividad sobre los individuos a sangre y fuego. Hoy florecen utopías minimalistas enfocadas en lo cotidiano (Eclesiastés)… ¡a nuestro alrededor! Igual no podemos vislumbrar cambios radicales en algunas injusticias globales, pero la utopía puede ser muy relevante también a nivel individual.

Estas utopías minimalistas se manifiestan en forma de proyectos micro de transformación social. Por ejemplo, para que determinados pueblos puedan comer dos o tres veces al día, y que todos dispongan de un techo. Cuando esta realidad está lejos de lograrse para todos, el que una o varias personas reduzcan su precariedad es muchísimo para ellas, aunque para nosotros sea una gota en el océano. Esto también es transformar la realidad, a pesar de las estructuras injustas que las provocan. Quiero decir que es positivo trabajar por utopías minimalistas a la vez de hacerlo en las maximalistas. Es humanidad básica. De hecho, trabajar en las minimalistas crea la base para utopías más altas por un mundo mejor. Visto desde otro ángulo, el Principio Esperanza (Ernst Bloch, marxista) es compatible con el Principio Misericordia (Jon Sobrino, cristiano).

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“Cuando la humanidad se fragmenta por dentro”, por Yolanda Chávez

jueves, 21 de agosto de 2025
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Del blog Tras las huellas de Sophia:

Nuestra actualidad lo ve todo en tiempo real, el dolor no se oculta… pero tampoco siempre despierta la conciencia. Gaza, los migrantes y tantas otras heridas nos recuerdan que la impunidad y la deshumanización siguen siendo parte del sistema. Frente a ello, la resistencia, aunque pequeña y silenciosa, sigue siendo sagrada.

Gaza arde. Otra vez. Los cuerpos de niños entre escombros, hospitales colapsados, la palabra genocidio aún en los labios de quienes se atreven a nombrar lo que pasa.

A diferencia de otros momentos de la historia, ahora lo vemos todo en tiempo real. Sabemos. Escuchamos. Vemos. Y, sin embargo, no reaccionamos como humanidad. ¿Qué nos está pasando?

Tener acceso a imágenes, cifras y testimonios como nunca antes no garantiza la transformación de la conciencia. La saturación informativa ha producido, en demasiados casos, una anestesia moral. La fotografía de un niño mutilado en Gaza se cruza en el mismo flujo digital con recetas de cocina, bromas o anuncios de ropa. La compasión compite con la distracción, y eso nos fragmenta por dentro.

Mientras tanto, los grandes medios siguen protegiendo el relato de quienes detentan el poder bélico, invisibilizando el dolor palestino bajo el lenguaje cómodo de la “legítima defensa”. El relato que domina no es el que brota del sufrimiento, sino el que impone la fuerza. Y muchas conciencias —incluso las que se dicen neutrales— siguen colonizadas por esas narrativas.

Antes de que una atrocidad pueda sostenerse frente a los ojos del mundo, hay que deshumanizar a quienes la padecen. Llamar “terrorista” a un pueblo entero es una táctica deliberada. Así, su dolor se vuelve aceptable, su muerte justificable, su exterminio una nota más de la agenda. Así se construyen los infiernos: vaciando de rostro al otro.

La historia lo grita: los crímenes que no se nombran ni se castigan, se repiten. Pinochet murió sin condena. Hiroshima sigue sin perdón. Israel viola el derecho internacional sin consecuencias reales.

Lo digo también como mujer migrante: en Estados Unidos he visto cómo se criminaliza a quienes huyen del hambre, de la guerra, del colapso. He visto familias separadas, madres deportadas sin juicio, niños detenidos como criminales. ¿Quién llora por ellos? ¿Quién los recuerda cuando ya no están?

La impunidad —y la complicidad geopolítica— sostienen estas infamias. Y mientras eso no cambie, la humanidad seguirá fracturándose por dentro.

Aun así, existe resistencia. En las grietas del sistema hay personas que oran, escriben, enseñan, cuidan, denuncian. Personas que se conmueven y no se resignan, que alzan la voz aunque parezca inútil. Esa resistencia es también sagrada, porque sostener la dignidad humana en medio del derrumbe ya es un acto de esperanza.

No escribo porque crea que esto basta. Escribo porque me niego a acostumbrarme. Porque algo en mí se resiste a ver tanta muerte sin temblar. Porque si un día dejamos de llorar por Gaza, de alzar la voz por los migrantes, de estremecernos ante la injusticia… entonces sí, nos habrá fallado el alma del todo.

Nota de autora:

Yolanda Chávez es teóloga y catequista con más de tres décadas de trabajo pastoral en comunidades migrantes de Los Ángeles. Actualmente desarrolla su investigación doctoral sobre espiritualidad y liderazgo de mujeres migrantes en la Iglesia, y escribe reflexiones que entrelazan teología, poesía y denuncia profética. Vive en México, desde donde continúa acompañando y tejiendo redes de esperanza.

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Bernardo de Claraval: Amo porque amo, amo por amar.

miércoles, 20 de agosto de 2025
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Celebramos hoy la fiesta de San Bernardo,  místico del camino  hacia la unión espiritual con Dios, cantor del amor esponsal… Traemos uno de los textos del Oficio de Lectura preparados para hoy… Excelente meditación.

Amo porque amo, amo por amar

El amor basta por sí solo, satisface por sí solo y por causa de sí. Su mérito y su premio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo por amar. Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma. Entre todas las mociones, sentimientos y afectos del alma, el amor es lo único con que la creatura puede corresponder a su Creador, aunque en un grado muy inferior, lo único con que puede restituirle algo semejante a lo que él le da. En efecto, cuando Dios ama, lo único que quiere es ser amado: si él ama, es para que nosotros lo amemos a él, sabiendo que el amor mismo hace felices a los que se aman entre sí.

El amor del Esposo, mejor dicho, el Esposo que es amor, sólo quiere a cambio amor y fidelidad. No se resista, pues, la amada en corresponder a su amor. ¿Puede la esposa dejar de amar, tratándose además de la esposa del Amor en persona? ¿Puede no ser amado el que es el Amor por esencia?

Con razón renuncia a cualquier otro afecto y se entrega de un modo total y exclusivo al amor el alma consciente de que la manera de responder al amor es amar ella a su vez. Porque, aunque se vuelque toda ella en el amor, ¿qué es ello en comparación con el manantial perenne de este amor? No manan con la misma abundancia el que ama y el que es el Amor por esencia, el alma y el Verbo, la esposa y el Esposo, el Creador y la creatura; hay la misma disparidad entre ellos que entre el sediento y la fuente.

Según esto, ¿no tendrá ningún valor ni eficacia el deseo nupcial, el anhelo del que suspira, el ardor del que ama, la seguridad del que confía, por el hecho de que no puede correr a la par con un gigante, de que no puede competir en dulzura con la miel, en mansedumbre con el cordero, en blancura con el lirio, en claridad con el sol, en amor con aquel que es el amor mismo? De ninguna manera. Porque, aunque la creatura, por ser inferior, ama menos, con todo, si ama con todo su ser, nada falta a su amor, porque pone en juego toda su facultad de amar. Por ello, este amor total equivale a las bodas místicas, porque es imposible que el que así ama sea poco amado, y en esta doble correspondencia de amor consiste el auténtico y perfecto matrimonio. Siempre en el caso de que se tenga por cierto que el Verbo es el primero en amar al alma, y que la ama con mayor intensidad.

*

De los Sermones de san Bernardo, abad, sobre el Cantar de los Cantares
(Sermón 83, 4-6: Opera omnia, edición cisterciense, 2 [1958], 300-302)

***

San Bernardo de Claraval
Museo de Dijon – Dijon, Francia

Bernardo, primer abad de Clairvaux (Claraval) y doctor de la Iglesia, nació el año 1090 en el seno de una familia noble de Borgoña. Inflamado por el Espíritu y enardecedor de almas desde su juventud, entró a los 20 años en el monasterio de Cíteaux, conquistando para el ideal monástico a muchos jóvenes nobles.

Tras ser nombrando en 1115 abad de Claraval, convirtió muy pronto su monasterio en un cenáculo de vida espiritual y en un auditorio del Espíritu Santo. Fue llamado por príncipes, obispos y papas, refutó herejías, defendió los derechos de la Iglesia y al papa legítimo. Como doctor de la unión mística con el Verbo y cantor sublime de la Virgen María, es autor de numerosos tratados, cartas y sermones. Murió en 1 153, llorado en Claraval por más de 700 monjes y siendo padre de más de 160 monasterios.

***

 

El fin del hombre es el reconocimiento de la verdad, que es Dios, lo que implica el conocimiento de la relación del hombre con Dios, que es una relación de indigencia. Como el obstáculo es el orgullo, el remedio es la humildad; la condición es la gracia, el encuentro con Dios en Cristo. El resultado es la estima del hombre por su dignidad recuperada de imagen de Dios: mientras que la ignorancia de sí y el orgullo disminuyen el valor del hombre, la humildad, reconocimiento de la necesidad de Dios, pero también de la capacidad de Dios que hay en el hombre, revela a éste lo que él mismo es. De este modo, «sale» de él mismo y se eleva, crece, «se extiende» a nuevas dimensiones, las del amor a Dios y al prójimo. El ser humilde se vuelve manso, misericordioso. Así, la fe vivida y, por así decirlo, transformada en humildad, en caridad, hace, según los modos de hablar de nuestro tiempo, salir al «mí mismo» del «yo»: despierta al yo a la libertad del «mí mismo», le hace convertirse en persona en presencia de Dios, en comunión de solidaridad con todos.

En Bernardo está siempre presente este mensaje de gloria, condicionado por su mensaje de humildad, este realismo extremo en la consideración de la miseria del hombre, y esta confianza indefectible en la gloria que está ya en él y no espera más que manifestar sus efectos. La función de la expresión literaria será hacer ver un poco de esta luz oculta que percibe la mirada de la fe. En Bernardo, como también en otros grandes espirituales que fueron escritores, la intensidad de la experiencia explica el carácter ferviente, apasionado de la expresión y, por consiguiente, la parte de exageración que ésta pueda tener: tanto si evoca las profundidades de nuestra bajeza o la sublimidad de las visitas del Verbo, parece ir a veces demasiado lejos, rebasar los límites de lo razonable y, en todo caso, de lo normal y de lo habitual. A decir verdad, se limita simplemente a revelar, a propósito de él mismo, lo que puede ser el caso de todos.

Sus escritos manifiestan un pensamiento a la vez contemplativo y tan comprometido como es posible. Cada uno de ellos empezó siendo un acto bien preciso, pero en cada uno de ellos alcanza Bernardo lo universal. Cuanto más lúcido es un ser sobre sí mismo, más ilumina a los otros sobre ellos mismos.

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J. Leclercq,
Bernardo de Claraval,
Edicep, Valencia 1991, pp. 212-213.

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San Bernardo de Claraval y San Malaquías: «el doctor melifluo» y el arzobispo a quien amaba

miércoles, 20 de agosto de 2025
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Cristo Abrazando a San Bernardo de Claraval

– obra de Francisco Ribalta

Amado corazón de mi corazón,
llévate hacia ti mis afectos,
esto es lo que más quiero.*

– Bernardo de Claraval –

Bernardo de Claraval, quien escribiera poesía homoerótica sobre Jesús, era un abad francés medieval que mantenía una amistad apasionada con una persona de su mismo sexo: el arzobispo irlandés Malaquías de Armagh. Bernardo es más conocido tanto por haber fundado 70 monasterios por toda Europa como por sus escritos místicos. Su fiesta es el 20 de agosto.

Su primer amor era Jesús, pero inundó a Malaquías con besos durante su vida. Después que Malaquías murió en sus brazos, se intercambiaron la ropa. Malaquías fue enterrado con el hábito de Bernardo. Bernardo se puso el hábito de Malaquías para dirigir el funeral y lo vistió hasta su muerte cinco años más tarde. Bernardo fue enterrado al lado de Malaquías, aún vistiendo el hábito de Malaquías. Malaquías (1094-1148) se convirtió en el primer santo nacido en Irlanda en ser canonizado.

Bernardo (1090-1153) fue consejero de cinco Papas y un reformador monástico que construyó la orden cisterciense de monjes y monjas. Se le conoce como el último de los Padres de la Iglesia. El más famoso dicho que se le atribuye es: «El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones

Bernardo era un hombre de su tiempo, quien se dedicaba a las prácticas ascéticas rigurosas y que apoyaba las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana sobre el celibato. La gente de hoy podría decir que tenía una orientación «homosexual» al tiempo que se abstenía de tener contacto sexual. Los místicos y místicas medievales crearon formas alternativas de la sexualidad que desafían incluso las categorías actuales, pero que podrían ser englobadas bajo el término «queer». Estas personas místicas dirigían su sexualidad hacia Dios y experimentaban el amor de Dios a través de la amistad apasionada con otro ser humano.

Fue mentor de Aelredo de Rievaulx, el santo patrón de la amistad y también, según algunos, gay. Aelred viajaba de Inglaterra a Francia todos los años para visitar Claraval, donde Bernardo era abad. Según se informa, escribió su libro “The Mirror of Charity” («El espejo de la caridad») a petición de Bernardo.

Tanto monasterios como conventos proporcionaban una estructura social fuera del matrimonio, que atraía a muchas personas que hoy en día se definirían como LGBTI o queer. Los monjes y las monjas medievales que vivían en las comunidades del mismo sexo bajo un voto de celibato desarrollaron formas alternativas de vida y amor entre personas del mismo sexo.

El estricto ascetismo de Bernardo se equilibraba con dulces visiones eróticas, lo que le valió el título de Doctor Mellifluus (“El Doctor Melifluo”, ”boca de miel”). Bernardo optó por utilizar el Cantar de los Cantares, el libro más erótico de la Biblia, como vehículo importante para sus enseñanzas.Comenzó sus «Sermones sobre el Cantar de los Cantares» en 1135 y había completado 86 sermones cuando  murió casi 20 años más tarde, aunque la serie de sermones todavía no había sido terminada.

«Jesús, para mí, es la miel en la boca, la música en el oído, una canción en el corazón», escribió en su decimoquinto sermón sobre el Cantar de los Cantares.

Sus obras menos conocidas incluyen Vida de San Malaquías de Armagh, que es su idealizado tributo al hombre a quien amaba, y «Salve Mundi Salutare» (citado a continuación), un poema de amor a Jesús, cuyo homoerotismo original ha sido suprimido en muchas traducciones contemporáneas. Este poema se convirtió en la base para el popular himno inglésO Sacred Head, Now Wounded.”(«Oh cabeza sagrada, ahora herida.«)

Bernardo fue por desgracia asociado a la Segunda Cruzada, aunque habló en contra del maltrato de los cristianos hacia los judíos y apoyó a otra mística queer, Hildegard de Bingen,, en sus esfuerzos para lograr que sus visiones fueran publicadas.

Bernardo nació en una familia noble en en año 1090 en las afueras de Dijon, en la Borgoña francesa. Según la leyenda, su madre tuvo un sueño durante el embarazo en el cual un cachorro blanco ladraba en su vientre. Esto fue interpretado en el sentido de que daría a luz a un guardián de Dios. La imagen del perro blanco se convirtió en uno de los atributos de Bernardo, un símbolo utilizado en las imágenes del santo.

Malaquías de Armagh, izquierda, y Bernardo de Clairvaux
por Rowan Lewgalon

Bernardo y un perro blanco, ambos con ojos azules, aparecen juntos en este llamativo retrato contemporáneo creado por la pintora Rowan Lewgalon, quien es una artista espiritual que reside en Alemania donde ejerce el sacerdocio como clériga en la Iglesia Católica Apostólica Antigua.

Cuando Bernardo tenía 19 años, su madre murió y él decidió unirse a una pequeña comunidad religiosa de monjes que acababa de ser creada en la zona. Estos monjes fueron llamados «los cistercienses», y su objetivo era la reforma monástica como un retorno a las normas más austeras de San Benito. Al cabo de tres años Bernardo fue enviado a fundar un monasterio cercano en un lugar cuyo nombre pasó a formar parte de su propia identidad: Claraval (Clairvaux en francés).

Unos 25 años más tarde conoció a Bernardo Malaquías, cuyo nombre irlandés era Maelmhaedhoc O’Morgair. Malaquias era primado de toda Irlanda cuando visitó por primera vez el convento de Claraval alrededor del año 1139. Bernardo tenía cerca de 50 años de edad y Malaquías era cuatro años menor. Pronto ambos se convirtieron en devotos y apasionados amigos. Malaquías incluso le pidió al Papa permiso para convertirse en monje cisterciense, pero el Papa se negó a concederle este permiso.

Malaquías viajó para ver a Bernardo por segunda vez en en año 1142. Estaban tan cerca que Bernardo literalmente lo cubrió de besos en una escena que fue descripta así por el sacerdote ortodoxo Richard Cleaver en su libro Know My Name: A Gay Liberation Theology (Conoce mi nombre: Una Teología de la Liberación Gay) (1995): «el relato de Bernardo es una lectura profundamente romántica para una persona gay moderna; ‘Oscula rui‘  dice Bernardo del reencuentro: ‘corrí a besarlo

Su relación había durado casi una década cuando Malaquías se reunió con Bernardo por tercera y última vez. Malaquías cayó enfermo cuando llegó a Claraval en el año 1148 y murió en los brazos de Bernardo en el Día de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre. Cleaver una vez más nos cuenta los detalles basados en los relatos de Geoffrey, el secretario y compañero de viaje de Bernardo:

Geoffrey de Auxerre nos dice lo que pasó después. Bernardo se puso el hábito tomado del cuerpo de Malaquías ya que estaba siendo preparado para el entierro en Claraval, y lo usó para celebrar la misa de cuerpo presente. Eligió para cantar no una misa de réquiem sino la misa de un obispo confesor: una canonización personal y, de paso, un ejemplo del uso de la liturgia para hacer teología. El mismo Bernardo fue más tarde enterrado junto a Malaquías, en el hábito de Malaquías. Tanto para Bernardo como para nosotros hoy en día, este tipo de amor apasionado por otro ser humano era un canal indispensable para experimentar el amor De Dios”.

Después de la muerte de Malaquías, Bernardo vivió otros cinco años. Las esculturas y pinturas estaban prohíbidas en el monasterio Claraval durante su vida, sin embargo a finales del siglo XV el retablo en la abadía de Claraval exhibía una pintura del bautismo de Jesús y a Bernardo y Malaquías conjuntamente como testigos.

Bernardo murió el 20 de agosto de 1153 a los 63 años. Fue enterrado en la abadía de Claraval junto a Malaquías, vistiendo el hábito de Malaquías. Había vivido durante 40 años en comunidad con otros hombres cuyas relaciones amorosas los llevaron más cerca de Dios.

Bernardo y Malaquías en el retablo de Le Cellier

Bernardo y Malaquías reúnen a otros alrededor del trono de la Virgen y el niño en el Retablo de Le Cellier de 1509 de Jean Bellegambe. Bernard está a la izquierda mientras Malachy está a la derecha. Procede de una capilla de la abadía cisterciense de Clairvaux,

En el libro “Queerly Lutheran” de Megan Rohrer se ofrece una posdata intrigante: Después de la muerte de Bernardo, muchos franceses creyeron que si pasaban bajo el arco iris de San Bernardo, sufrirían una metamorfosis de género.

Una oración escrita por Geoffrey, el secretario de Bernardo muestra cómo la comunidad en Claraval entiende y celebra el amor entre Bernardo y Malaquías. Da las gracias a Dios por estas «dos estrellas de brillo tan sublime» y «tesoro doble

Como monje, Bernardo, naturalmente, dirigió gran parte de su energía erótica hacia Jesucristo.Esta actitud está muy bien expresada en su poema «Salve Salutare Mundi» (Salvador del mundo, te saludo). Escribió siete secciones, cada una dirigida a diferentes partes del cuerpo crucificado de Jesús: los pies, las rodillas, las manos, los laterales, el pecho, la cara y, finalmente, el corazón.

El poema se atribuye tradicionalmente a Bernardo de Claraval, aunque algunos eruditos modernos creen que pudo haber sido escrito por otro abad cisterciense, Arnulfo de Lovaina. También es conocido comoOratio rhythmica ad singula membra Christi un cruce pendentis” (oración rítmica a los sagrados miembros de Jesús colgado en la cruz), o  simplemente como Oratio Rhythmica.

El poema original, en todo su esplendor erótico, generalmente no se incluye en los libros que recogen los «escritos esenciales» de Bernardo. Sigue existiendo en algunas ediciones antiguas, las cuales son difíciles de encontrar. Las versiones y traducciones modernas están editadas de modo que eliminan gran parte del homoerotismo y, a veces incluso agregan referencias heterosexuales que están ausentes en el escrito original en latín. El original también está benditamente libre de términos eclesiales tales como «Señor«, y habla sólo del amor entre «tú»y «yo».

Como se ha dicho anteriormente, ese poema es la base de obras musicales muy importantes tales como el himno “O Sacred Head, Now Wounded” («O sagrada cabeza, ahora herida«) y el oratorio barroco “Membra Jesu Nostri”» (traducido generalmente como «Los miembros de nuestro Señor Jesús «), escrito por el compositor barroco danés Dieterich Buxtehude en 1680, más de 500 años después de la muerte de Bernardo. El ciclo de siete cantatas de Buxtehude se considera como el primer oratorio Luterano. Todo el oratorio se puede escuchar en el vídeo accesible en este enlace.

El clímax de este poema se expresa en el cuadro en la parte superior de este post: «Cristo Abrazando a San Bernardo» del pintor Francisco Ribalta. Este artista barroco español aparentemente pintó esta obra maestra en la Cartuja de Porta Coeli, en Valencia, España en torno al año 1625.

Las referencias a este poema y a numerosas pinturas de Bernardo con Cristo se incluyen en un capítulo completo dedicado a Bernardo en el libro de 2013 “Saintly Brides and Bridegrooms: The Mystic Marriage in Renaissance Art de Carolyn D. Muir, profesora de arte en la Universidad de Hong Kong. 

El sitio web para España del Museo Nacional del Prado en Madrid, donde actualmente se encuentra, dice: «La escena se basa en una de las visiones místicas del santo, extraído de uno de los libros religiosos más populares de la época barroca:  ‘Flos Sanctorum’ o ‘Libro de las Vidas de los Santos’ de Pedro de Ribadeneyra, el cual fuera publicado en 1599″.

Todo el poema contiene 74 versos de cinco líneas cada uno, los cuales son demasiados para reproducir aquí. Gran parte del homoerotismo está implícito en el hecho de que este poema de amor fue escrito por un hombre para otro hombre: de Bernardo a Jesús con amor. Sin embargo, es muy difícil de encontrar, por lo que una selección de los versos más eróticos y menos conocidos se reproducen aquí tanto en el original en Latín como su traducción al castellano, la cual fuera realizada por el Dr. Luis Ángel Sanchez exclusivamente para este blog. La traducción al inglés de Emily Mary Shapcote fue publicada en el libro de 1881 “La vida de San Buenaventura de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. La versión en línea de ese libro contiene el poema completo en su apéndice.


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 A las Manos
Ad Manus

IX.
Manos santas, os abrazo
y gimiendo me deleito;
dando lágrimas con besos
doy las gracias a tantas águilas,
clavos duros y santas gotas.

Manus sanctae vos amplector,
Et gemendo condelector,
Grates ago plangis tantis
Clavis duris, guttis sanctis,
Dans lacrymas cum osculis.

A los Costados
Ad Latus

VII.
Con mi boca te toco
y ardientemente me estrecho junto a ti;
ante ti arrojo mi corazón
y con ferviente pecho paso mi lengua sobre ti,
Llévame todo hacia ti.

Ore meo te contingo,
Et ardenter ad me stringo
In te meum cor intingo,
Et ferventi corde lingo,
Me totum in te traiice.

Al Pecho
Ad Pectus

VIII.
Tú eres el abismo de la sabiduría,
las armonías de los ángeles
a ti te alaban y de ti fluye
lo que Juan, recostado, succionó,
haz que yo habite dentro de ti.

Tu abyssus es sophiae
Angelorum harmoniae
Te collaudant, ex te fluxit
Quod Joannes Cubans suxit,
In te fac ut inhabitem.

Al Corazón
Ad Cor

VI.
Que por el centro de mi corazón
pecador y culpable
tu amor atraviese
hacia donde todo él se arrebata
languideciendo por la herida del amor.

Per medullam cordis mei,
Peccatoris atque rei,
Tuus amor transferatur,
Quo cor totum rapiatur,
Languens amoris vulnere.

VII.
Ensánchate, ábrete,
como una rosa que exhala su perfume milagrosamente,
únete a mi corazón
úngelo y perfóralo.
¿Qué puede sufrir quien te ama?

Dilatare, aperire,
Tanquam rosa fragrans mire,
Cordi meo te conjunge,
Unge illud et compunge,
Qui amat te quid patitur!

IX.
A viva voz te llamo,
dulce corazón, pues te amo
inclínate hacia mi corazón
para que él pueda acercarse
hacia ti con devoto pecho.

Viva cordis voce clamo,
Dulce cor, te namque amo;
Ad cor meum inclinare,
Ut se possit applicare,
Devoto tibi pectore.

XI.
Ábrete, rosa del corazón,
cuya fragancia se expande milagrosamente;
llama del deseo,
haz que mi corazón te anhele.

Rosa cordis aperire,
Cujus odor fragrat mire,
Te dignare dilitare,
Fac cor meum anhelare,
Flamma desiderii.

XIII.
Introduce tu corazón adentro de mi seno
Para que esté cerca de ti
en el dolor gozoso,
Porque apenas se cautiva a sí mismo
junto al [dolor] deforme y bello.

Infer tuum intra sinum
Cor, ut tibi sit vicinum,
In dolore gaudioso,
Cum deformi specioso,
Quod vix seipsum capiat.

 

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*El epigrafe en la parte superior de esta entrada es una traducción también realizada por el Dr. Luis Ángel Sanchez del siguiente poema:

Cordis mei cor dilectum,
In te meum fer affectum,
Hoc est quod opto plurimum.

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Enlaces relacionados:
 

San Bernardo de Claraval – Vida de San Malaquías de Armagh (texto completo)

«La oración rítmica a los Sagrados Miembros de Jesús colgado de la cruz«, de Bernardo de Claraval. Texto completo en latín y en Inglés. (Desplácese hacia abajo para encontrar en un apéndice «La vida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, de San Buenaventura»)

Sermones sobre el Cantar de los Cantares de Bernardo de Claraval

La vida de San Malaquías por Bernardo de Claraval

Esta entrada es parte de la serie Santos GLBTI  por Kittredge Cherry en el blog Jesus in Love [Jesús enamorado]. Ese blog presenta en las fechas adecuadas durante todo el año tanto santas y santos como mártires, héroes, heroínas y personas consagradas de especial interés para las personas gays, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales (GLBTI) y sus aliadas y aliados.

Esta entrada es una traducción de «Saints Bernard of Clairvaux and Malachy: Honey-tongued abbot and the archbishop he loved» del blog Jesus in Love. Traducción de Hugo Córdova Quero. Los poemas de Bernardo de Claraval en esta entrada han sido traducidos por el Dr. Luis Ángel Sanchez, Profesor de Latín en las siguientes universidades de Argentina: Universidad de Buenos Aires (UBA), Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y Universidad Nacional de Villa María (UNVM). Agradecemos profundamente que un erudito como el Dr. Sanchez haya tenido la gentileza de realizar estas traducciones para nuestro blog. Las ideas vertidas en esta entrada pertenecen exclusivamente a su autora Kittredge Cherry.

Kittredge Cherry

Fundadora de  Q Spirit

Kittredge Cherry es una autora cristiana lesbiana que escribe regularmente sobre la espiritualidad LGBTQ. Tiene títulos en religión, periodismo e historia del arte. Fue ordenada por las Iglesias de la Comunidad Metropolitana y se desempeñó como su oficial ecuménica nacional, defendiendo los derechos LGBTQ en el Consejo Nacional de Iglesias. y Consejo Mundial de Iglesias.

Copyright © Kittredge Cherry. Todos los derechos reservados.

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Propósitos para despertar al «mejor yo».

martes, 19 de agosto de 2025
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Leído en el blog de Pedro Miguel Lamet:


La mente, el “yo” que runrunea dentro de mí, no es mi verdadero yo

No hay varios amores, sino un solo amor. Soy amor, soy una chispa de un globo de fuego que gira sin parar. Cuando tomo conciencia de pertenecer a ese fuego, despierto. Dejo de ser el protagonista del amor para ser simplemente amor.

Solo soy un ser frágil, hecho de tiempo y provisionalidad. Me convendría reírme un poco de mí mismo y de todo

 

1. No le daré vueltas al coco. La mente, el “yo” que runrunea dentro de mí, no es mi verdadero yo. Es un escarabajo pelotero que se refocila en la negatividad. Pero tampoco conviene luchar con él, porque es peor. Hay que tratarle como a un niño al que se le da la papilla: “Mira, un avión”. Respiraciones, mantras, concentrarse en otra cosa, como un trabajo manual, lectura, peli o paseo, ayudan.

2. Mirar es mirar. No viajar por la vida como turista apresurado tirando fotos a golpe de cicerone. Ser contemplativo es dejarse atrapar por el detalle. Un árbol no es verde, sino muchas tonalidades de verde. Una casa derruida no es solo escombros, sugiere historias. Un paisaje, una flor, ocultan vibraciones infinitas. Mirar no es ver, es dejarse mirar por el misterio de lo que ves.

3. La soledad no es una tragedia, sino una oportunidad. No te compadezcas, respira, no estás en realidad solo. Cierra los ojos. Desde dentro puedes armonizarte con el Todo desde el silencio. No dejes que el yo arruine la presencia que habitas en el ahora.

4. Yo soy. Un “yo soy” que conecta con un Ser interior al que pertenezco. Al decir “yo soy” mientras respiro, conecto con un rescoldo interior que ya soy ahora mismo y que quita todos los miedos, que proceden del pasado (ya no existe) o de adelantarme el futuro (que ignoro cómo va a ser).

5. No pienses. No pensar es bueno, si taladra las capas de la cebolla que somos (estructuras, culpabilidades, recuerdos perturbadores, aversiones encastilladas). ¿Se puede no pensar? A ratos, en el trabajo, cuando se toman decisiones, hace falta pensar, claro. Pero dejar de pensar antes de pensar (con meditación, contemplación, atención en la belleza, arte, silencio, andar conscientes) limpia, lo que permite decidir bien.

6. Sonríe. El auténtico humor distancia de las cosas, las relativiza. Reírme de mí mismo, me despoja del protagonismo: ¿Eres realmente un gran empresario, una chica guapa, un escritor de éxito, un político importante, el centro de tu casa, un pobretón, ese ego centro del universo? Solo soy un ser frágil, hecho de tiempo y provisionalidad. Me convendría reírme un poco de mí mismo y de todo. ¿Soy un loco? No, soy don Quijote. ¿Soy un vagabundo sin éxito? No, soy Charlot. ¿Soy un ser perdido en la terrible sociedad del telediario? No, soy parte de un todo, del que solo veo parte y por eso sonrío.

7. Espera. Al mirar la naturaleza este verano, aunque sea en el parque de la esquina, observo que la flor al morir se vuelve semilla de otra flor, el gorrión, tan chico, es un ser completo con una maravillosa función (estar ahí), la lluvia vuelve al cielo y la misteriosa hormiga sigue su camino. Es, sin que se pueda racionalizar del todo su por qué. Hay muerte, pero no todo acaba en la muerte. Mi intuición y la experiencia cósmica me dicen que soy vida y que nada se pierde. Cuando respiro en este instante, este ahora, soy un ser que espera, soy esperanza en un más que late dentro de mí.

8. Cree. ¿Creer es pertenecer a una religión, cumplir unos mandamientos, unos ritos, unas normas cerradas? No; creer es descubrir “el otro lado” de las cosas, la sugerencia que sugiere el poema, el sabor a más que deja la buena música, el infinito que hay en los ojos de un niño, un beso de amor, un gesto de solidaridad, el último hálito de un muerto, el deje enrojecido de un crepúsculo. Si quieres, no le llames Dios, ni lo ates a ningún código, ni lo relaciones con ningún recuerdo de infancia, y sobre todo, por favor, no le tengas miedo. Desde luego, no se trata de “un tío grande” que te vaya a castigar o premiar como un maestro de escuela desde allí arriba. Entre otras cosas, porque si tú no fueras un “cachito” de Dios, Dios no sería Dios porque no sería infinito. Por definición, no es abarcable. Pero tan cercano e indefinible como la luz de una simple mirada. No se puede probar lo que ya en cierto sentido eres.

9. Ama. ¡Menuda palabra! Desprestigiada, vilipendiada, publicitada, manoseada. Pero razón de nuestra vida, centella universal que nos habita, sentido de todo el fluir, de todos los ríos que van a la mar. “Ama y haz lo que quieras” (San Agustín). No hay varios amores, sino un solo amor. Soy amor, soy una chispa de un globo de fuego que gira sin parar. Cuando tomo conciencia de pertenecer a ese fuego, despierto. Dejo de ser el protagonista del amor para ser simplemente amor. Todos los “amores” de este mundo –materno, filial, conyugal, fraternal, de amistad, de caridad- no son sino el mismo Amor en distintas versiones más o menos gratuitas. Basta que cada día ames algo de verdad y eres libre. Pero sin voluntarismo. Dejando que tu fuego participe del gran Fuego que hace girar al mundo y a ti con él.

10. Y, por favor, déjate ser. Este es el mejor propósito. No creas que tienes el timón. Tu única responsabilidad es no hacer caso al “yo pequeño” y dar un solo paso: conectar con lo que ya eres sin saberlo a través de un poco de silencio. “Siéntate en tu cielo interior y deja a la hierba crecer”. “Sé tú mismo y deja que las cosas sucedan”. Es lo contrario de la pasividad. Al ser tú mismo, partícula de amor, y vivirlo, ya estás cambiando el mundo al hacerlo despertar. Jesús solo vino a eso, a enseñarnos que ser hombre es ser amor

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“ Padre Nuestro… ¡De todos, no de unos pocos!”, por José Mª Rojo G

martes, 19 de agosto de 2025
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«Pedimos a Dios lo que más necesitamos, lo que la mayoría necesita para vivir con un mínimo de dignidad»

Ante la insistencia de los que quieren “la fórmula”, Jesús se anima y nos deja ese modelo que todos aprendimos de chicos y del que no nos aburrimos, el que repetimos cada día y el que resume bien todas nuestras necesidades. Vale la pena recordarlo y repasarlo. Es el “padre nuestro

«Quiere que todos tengamos a diario nuestro pan. Y en el pan incluimos todas las condiciones para una vida digna: la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, internet hoy… ¡Pero para todos, no para unos pocos

 

En la fuente “Q” (Mt y Lc) encontramos que el propio Jesús, a petición de los suyos, nos enseña una oración. Ya nos lo había dicho, que no eran necesarias fórmulas ni oraciones prefabricadas, que el mismo Padre sabía bien lo que necesitábamos, que bastaba con hacerlo en secreto, sin gritos ni alharacas, sin aspavientos para que nos vean… Pero, ante la insistencia de los que quieren “la fórmula”, Jesús se anima y nos deja ese modelo que todos aprendimos de chicos y del que no nos aburrimos, el que repetimos cada día y el que resume bien todas nuestras necesidades. Vale la pena recordarlo y repasarlo. Es el “padre nuestro”.

Eso, comenzamos por no apropiárnoslo, por llamarlo “nuestro”, de todos, también de los que nos caen mal, de los que no soportamos, de aquellos que nos friegan a diario. Y no es fácil ser hijos del mismo padre y hermanos. Pero lo repetimos a diario, para que nos lo vayamos creyendo, poco a poco: no es una comida fácil de digerir, están duros los frijoles…

Y de golpe, como quien no quiere le endosamos tres peticiones para que Él las vaya haciendo realidad: “que santifiquemos su nombre, que se haga su voluntad y que llegue su Reino”. Las tres son don y tarea, más lo primero que lo segundo. Tenemos que poner nuestra parte, pero Él pone la principal. Y sabemos es su voluntad, que el Reino llegue. Para eso se encarnó, para eso plantó su carpa en nuestro campamento. Y nos lo demostró día a día, curando toda dolencia, creando condiciones para que fuéramos felices. Quiere que el Reino llegue, esa es su voluntad y así es como se va a sentir santificado (muy pronto lo entendió S. Ireneo: “la gloria de Dios es que el hombre viva” y viva con toda dignidad).

De aquella Encarnación han pasado dos milenios y aún no queremos entenderlo, le seguimos dando vueltas los cristianos ¿Más claro tuvo que hablar y actuar? ¡Pero nos cuesta! Esa es su voluntad y no otra, así vamos a santificar su nombre, poniendo nuestra partecita para que el Reino llegue. Es la única forma que tenemos,… ¡no hay otra!

Y eso nos da derecho a pedir que “el pan de cada día nos llegue. A todos, porque Él hace llover y salir el sol para buenos y para malos, para justos y para injustos. Quiere que todos tengamos a diario nuestro pan. Y en el pan incluimos todas las condiciones para una vida digna: la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, internet hoy… ¡Pero para todos, no para unos pocos!

Sabemos que son muchos los que en el mundo carecen de pan, de condiciones para vivir con dignidad. Comenzando por el pan físico: mas de 700 millones en el mundo pasan real y verdadero hambre (no solo en Gaza, que ya clama al cielo); Pero unos 4,000 millones de personas (la mitad de la población mundial) viven sin acceso a condiciones elementales de salud; 2,700 millones no tienen agua potable; unos 773 millones de adultos son analfabetos; son millones y millones los que malviven con sueldos de miseria… Y así podríamos seguir. Con razón en el Padre nuestro le pedimos a Dios lo que más necesitamos, lo que la mayoría necesita para vivir con un mínimo de dignidad.

Y a continuación le pedimos a nuestro Dios que nos perdone nuestras ofensas. Pero lo condicionamos fuerte: que nos perdone como nosotros estamos dispuestos a perdonar. De lo contrario que no nos perdone. Es decir, en la práctica muchos le decimos que no nos perdone (¡Cuántos repetimos aquello de “perdono, pero no olvido”! o lo que es lo mismo “no perdono”). Y todos sabemos que el perdón es un proceso, proceso por el que hacemos un largo viaje, pues no es fácil llegar al final.

Somos realistas: le pedimos que “no nos deje caer en la tentación”, no que nos libre de la tentación, no, pues aceptamos ésta como lo más normal y cotidiano (en los sinópticos se nos dice que hasta el propio Jesús fue tentado por el diablo). Le pedimos vencer, no caer en tentación, y eso sí es posible con su gracia y nuestro esfuerzo. Si es lo más cotidiano -tentaciones las tenemos de todo tipo- normal que lo incluyamos en nuestra oración de cada día.

Y remacha Jesús la oración pidiendo “que nos libre del mal”. Y son muchos los males que nos acechan a cada paso. Que sea Él quien nos libre, a pesar de las muchas ocasiones y tentaciones que tengamos.

Seguimos rezando esa oración que a muchos nos enseñaron los respectivos “joaquines y anas” y seguimos diciéndole en ella al buen “Padre Nuestro” que se haga su voluntad, que TODOS tengamos condiciones de vida dignas y que lleguemos al final, a vernos libres de todo lo malo.

José Mª Rojo G

Fuente Religión Digital

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Sólo el Misterio… Federico siempre.

lunes, 18 de agosto de 2025
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Ochenta y nueve años del asesinato del gran poeta español, de fecunda sangre andaluza, a quien sus padres pusieron de nombre Federico… Federico del Sagrado Corazón de Jesús… Lo  asesinaron a las 4,45 de la madrugada del 18 de agosto de 1936, por “socialista y maricón”. El gobernador civil de Granada José Valdés Guzmán consultó con el general Gonzalo Queipo de Llano lo que debía hacer, a lo que este le respondió: «Dale café, mucho café». Hoy, no sabemos dónde están los restos de Federico, y, por fin, el genocida Queipo de Llano, fue exhumado el pasado 03 de noviembre de 2023 de su enterramiento en la Basílica de la la Macarena en cumplimiento del artículo 38.3 de la Ley de Memoria Democrática que ahora quieren derogar los herederos políticos de los asesinos del poeta: PP y VOX, como han ido derogando las leyes autonómicas.

 

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos

*

(Llanto por Ignacio Sánchez Mejías)

*

“No soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja,
sino un pulso herido que presiente el más allá”…

“Sólo el misterio nos hace vivir. Sólo el misterio”

***

Federico García Lorca

***

 

***

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¡Cuánto deseo que ardáis!

lunes, 18 de agosto de 2025
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¡Que pocas hogueras!
Fuegos débiles,
llamas tenues,
rescoldos sin fuerza
que son ya solo ceniza.

No se oye el crepitar,
ni se siente el calor,
ni se ilumina la oscuridad,
ni se acrisolan los tesoros
con este fuego que llevamos dentro.

Pero yo sigo soñando que tu fuego prenda
en nuestros corazones,
en los pueblos,
en las iglesias,
y en la creación entera.

Porque para eso has venido
a nuestro mundo
y te has desvivido,
día a día, entregándote
y comunicando la buena noticia.

¡No me atraen los que se encierran,
los que no se exponen al viento,
los que , por temor, huyen
o se protegen cuando vienes
y soplas suave o fuerte.

Yo anhelo tu fuego
para que este mundo arda,
se acrisole e ilumine.
Deseo que tu fuego nos sorprenda
y que prenda en nuestro corazones

*
Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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He venido a traer fuego a la tierra.

domingo, 17 de agosto de 2025
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 Creo que la vida no es una aventura que debamos vivir según las modas que corren, sino con un compromiso encaminado a realizar el proyecto que Dios tiene sobre cada uno de nosotros: un proyecto de amor que transforma nuestra existencia.

Creo que la mayor alegría de un hombre es encontrar a Jesucristo, Dios hecho carne. En él, todo -miserias, pecados, historia, esperanza- asume una nueva dimensión y un nuevo significado.

Creo que cada hombre puede renacer a una vida genuina y digna en cualquier momento de su existencia. Cumpliendo hasta el final la voluntad de Dios no sólo puede hacerse libre, sino también derrotar al mal.”

*

Thomas Merton

***

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.”

*

Lucas 12, 49-53

***

 

Los apóstoles, instruidos por la palabra y por el ejemplo de Cristo, siguieron el mismo camino. Desde los primeros días de la Iglesia, los discípulos de Cristo se esforzaron en convertir a los hombres a la fe de Cristo Señor no por acción coercitiva ni por artificios indignos del Evangelio, sino ante todo por la virtud de la Palabra de Dios. Anunciaban a todos resueltamente el designio de Dios Salvador, «que quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2,4), pero, al mismo tiempo, respetaban a los débiles, aunque estuvieran en el error, manifestando de este modo cómo «cada cual dará a Dios cuenta de sí» (Rom 14,12), debiendo obedecer a su conciencia.

Al igual que Cristo, los apóstoles estuvieron siempre empeñados en dar testimonio de la verdad de Dios, atreviéndose a proclamar cada vez con mayor abundancia, ante el pueblo y las autoridades, «la Palabra de Dios con confianza» (Hch 4,31). Pues defendían con toda fidelidad que el Evangelio era verdaderamente la virtud de Dios para la salvación de todo el que cree. Despreciando, pues, todas «las armas de la carne», y siguiendo el ejemplo de la mansedumbre y de la modestia de Cristo, predicaron la Palabra de Dios confiando plenamente en la fuerza divina de esta palabra para destruir los poderes enemigos de Dios y llevar a los hombres a la fe y al acatamiento de Cristo. Los apóstoles, como el Maestro, reconocieron la legítima autoridad civil: «No hay autoridad que no venga de Dios», enseña el apóstol, que, en consecuencia, manda: «Toda persona esté sometida a las potestades superiores…, quien resiste a la autoridad resiste al orden establecido por Dios» (Rom 13,12). Y al mismo tiempo no tuvieron miedo de contradecir al poder público cuando éste se oponía a la santa voluntad de Dios: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5,29). Este camino lo siguieron innumerables mártires y fieles a través de los siglos y en todo el mundo.

La Iglesia, por consiguiente, fiel a la verdad evangélica, sigue el camino de Cristo y de los apóstoles cuando reconoce y promueve la libertad religiosa como conforme a la dignidad humana y a la revelación de Dios. Conservó y enseñó en el decurso de los tiempos la doctrina recibida del Maestro y de los apóstoles.

*

Concilio Vaticano II,
Declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae, llss.

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“El fuego del amor”. 20 Tiempo ordinario – C (Lucas 12,49-)

domingo, 17 de agosto de 2025
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Da miedo pronunciar la palabra «amor». Está tan prostituida que en ella cabe lo mejor y lo peor, lo más sublime y lo más mezquino. Sin embargo, el amor está siempre en la fuente de toda vida sana, despertando y haciendo crecer lo mejor que hay en nosotros.

Cuando falta el amor, falta el fuego que mueve la vida. Sin amor, la vida se apaga, vegeta y termina extinguiéndose. El que no ama se cierra y se aísla cada vez más. Gira alocadamente sobre sus problemas y ocupaciones, queda aprisionado en las trampas del sexo, cae en la rutina del trabajo diario: le falta el motor que mueve la vida.

El amor está en el centro del Evangelio, no como una ley que hay que cumplir disciplinadamente, sino como el «fuego» que Jesús desea ver «ardiendo» sobre la Tierra, más allá de la pasividad, la mediocridad o la rutina del buen orden. Según el Profeta de Galilea, Dios está cerca de nosotros buscando hacer germinar, crecer y fructificar el amor y la justicia del Padre. Esta presencia de un Dios que no habla de venganza, sino de amor apasionado y de justicia fraterna, es lo más esencial del Evangelio.

Jesús contempla el mundo como lleno de la gracia y del amor del Padre. Esa fuerza creadora es como un poco de levadura que ha de ir fermentando la masa, un fuego encendido que ha de hacer arder al mundo entero. Jesús sueña con una familia humana habitada por el amor y la sed de justicia. Una sociedad que busca apasionadamente una vida más digna y feliz para todos.

El gran pecado de los seguidores de Jesús será siempre dejar que el fuego se apague: sustituir el ardor del amor por la doctrina religiosa, el orden o el cuidado del culto; reducir el cristianismo a una abstracción revestida de ideología; dejar que se pierda su poder transformador. Sin embargo, Jesús no se preocupó primordialmente de organizar una nueva religión ni de inventar una nueva liturgia, sino que alentó un «nuevo ser» (P. Tillich), el alumbramiento de un hombre nuevo movido radicalmente por el fuego del amor y la justicia.

José Antonio Pagola

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“No he venido a traer paz, sino división.”. Domingo 17 de agosto de 2025. 20º domingo del Tiempo Ordinario

domingo, 17 de agosto de 2025
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Leído en Koinonia:

Jeremías 38, 4-6. 8-10: Me engendraste hombre de pleitos para todo el país.
Salmo responsorial: 39:Señor, date prisa en socorrerme.
Hebreos 12, 1-4: Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos.
Lucas 12, 49-53: No he venido a traer paz, sino división.

Estamos en camino con Jesús y sus discípulos en su último viaje a Jerusalén, donde sabe que va a morir, y así se lo va diciendo. Esta subida a Jerusalén se alarga en el evangelio de Lucas como en ningún otro, pues aprovecha para situar ahí la mayor parte del material peculiar, sobre todo los discursos, las parábolas y los relatos que conoce por otro lado distinto a Marcos. Las frases que leemos en este domingo aparecen también en el evangelio de Mateo, pero en distinto orden y contexto. Esto hace que el sentido sea algo diverso, pues el contexto forma parte del significado de las frases; pero indica a la vez que muchos dichos de Jesús, como los de cualquier persona, son polivalentes; tienen alcances diversos y aplicaciones distintas según las circunstancias de los lectores u oyentes de los mismos. Así se nos abre también a nosotros el camino y la posibilidad de leerlos, con la libertad de los hijos de Dios, desde nuestra propia situación y para nuestro propósito. No es una traición, sino una fidelidad al Espíritu que inspiró a Jesús y a los evangelistas; pues ellos también se tomaron su libertad para situarlos diversamente y sacar sentidos distintos.

La liturgia, a su vez, nos pone estas frases en otro contexto diverso, al anteponer un episodio de la vida del profeta Jeremías, que suele llamarse “la pasión de Jeremías”; porque le toca sufrir golpes, burlas, acusaciones y prisión en una cisterna llena de fango por causa de la palabra de Dios que tiene que anunciar. El salmo que se nos propone es una súplica y acción de gracias a Dios, porque libra al pobre de la fosa; y parece así reforzar la situación del profeta, y anticipar una situación semejante para las frases del evangelio. Con ello se da un sentido de anuncio de la pasión, que ciertamente parece tener, sobre todo si lo leemos junto con la frase semejante de Marcos 10, 38; pero que no está muy resaltado en Lucas; apenas en la frase del “bautismo” por el que ha de pasar. El resto apunta a las diversas posturas que los hombres toman ante el mensaje de Jesús, como ya le acontecía a Jeremías y a otros profetas. Pero la segunda lectura, que nos presenta a Jesús como modelo germinal y definitivo de nuestra fe, vuelve a insistir en su pasión y cruz, y en la posibilidad de que también los cristianos nos veamos envueltos en la persecución y muerte; y, en todo caso, en la dura lucha contra el pecado, tanto personal como social.

Parece que Jesús cambia aquí radicalmente su mensaje. La Buena Nueva nos parece tan hermosa, tan atenta a los débiles y pequeños, tan llena de amor y solicitud hasta por los pecadores y enemigos, que su mensaje no puede ser otro que el de una gran paz y armonía entre todos los hombres. Eso es lo que proclamaban ya los ángeles en el momento del Nacimiento (Lc 2, 24) y lo que vuelve a proclamar el Resucitado apenas se deja ver por los discípulos atemorizados (Lc 24,20-21). Aquí, sin embargo, Jesús parece decir todo lo contrario. Su mensaje no viene a producir paz y concordia entre todos, sino que lleva a la división incluso entre los miembros más allegados de la familia, padres e hijos, nueras y suegras. Pero no se trata de cualquier mensaje, de cualquier propuesta, sino de la presencia misma del Reino de Dios en sus palabras y sus gestos, en sus milagros y sus actuaciones. No cabe oír esa Buena Nueva del Reino y permanecer neutral o indiferente; no cabe entusiasmarse con Jesús y seguir en lo mismo de siempre. Por eso hay que optar con pasión, hay que tomar decisiones y actuaciones que implican cambios muy radicales en la vida. Por eso nos van a afectar a todos profundamente, más allá incluso de los vínculos familiares, por muy respetables que estos sean. El que no pone por delante a Jesús, incluso sobre su propia familia, no puede ser su discípulo (Lc 14, 26).

El episodio de Jeremías nos pone un triste ejemplo de este sufrimiento que acarrea al profeta su fidelidad a la palabra de Dios, cuando el pueblo y sus líderes no la quieren escuchar. Él tenía que anunciar la destrucción del templo, de la dinastía davídica y de la ciudad de Jerusalén, por no querer someterse a Babilonia en ese momento. Era como poner punto final a las solemnes promesas hechas por Natán y otros profetas a David y a su ciudad capital, Jerusalén. Además, este descendiente de sacerdotes, debe predecir la ruina del templo salomónico. No le gustaban para nada esas desgracias que le tocaba anunciar, y sufrió enormemente por causa de esa misma palabra dura que debía predicar; pero lo que pretendía era precisamente que eso no ocurriera, porque le hacían caso, se convertían y se evitaban esas catástrofes. No logró esa conversión del pueblo, y menos aún de los líderes religiosos y políticos. Más bien logró esa división entre unos y otros, pues hasta entre el alto liderazgo político encuentra opositores y ayudantes, mientras el rey se deja llevar del viento político que sopla en cada momento. Pero la palabra de Dios y su profeta no es un viento cambiante, sino una palabra firme y segura, que exige darle fe y cambiar de mente y de conducta; que pide una opción radical de parte de los oyentes.

Esto mismo y en grado supremo le acontece al oyente de la Palabra que es Jesús. Por eso, el radicalismo con que se expresa en esta ocasión, pues se trata de la urgencia misma del Reino presente. Mateo dice en el pasaje paralelo: “¿cómo es que no son capaces ustedes de interpretar los signos de los tiempos?” (Mt 16, 3). Ver los signos de la gracia de Dios, de la presencia del Reino en las palabras y gestos humanos, en las acciones y hasta maravillas que acontecen en la vida. También en nuestro duro y doloroso presente, pues no existen tiempos sin gracia de Dios, sin presencia y fuerza de su Espíritu en medio de la historia, por oscura que sea. Ciertamente son los santos los que más perciben esto y donde mejor podemos ver los demás esa presencia, misteriosa pero eficaz, de la gracia de Dios en medio de esta empecatada historia humana; pero no faltan mil pequeños gestos, incluso o tal vez precisamente, en pobres y pequeños, en prostitutas y pecadores, en publicanos y hasta en ricos zaqueos y centuriones extranjeros. Hay gestos de solidaridad y simpatía con los pobres y pequeños, con los marginados y despreciados, que nos muestran esa fuerza del Espíritu de Dios y de Jesús actuando ya ese fuego en la tierra. Leer más…

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17.6.25. Que el fuego arda, que corte la espada. Dom 20 TO (Lc 12, 49; Mt 10, 34)

domingo, 17 de agosto de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:

No  son textos fáciles, ni el de Lucas, que presenta a Jesús como gran fuego  (¡Que prenda la tierra, que arda toda  entera!) ni el paralelo de Mt 10, 34-35 donde Jesús aparece como sembrador de una espada que destruye los pactos de opresión, para que  hombres y mujeres de todos los pueblos podamos vivir en libertad.

Que el fuego de Dios arda y queme toda opresión, que su espada corte (rompa) todas las cadenas de unos hombres que encadenan con ellas a otros hombres

| X. Pikaza

LC 12, 49. FUEGO HE VENIDO A PRENDER A LA TIERRA

  • He venido a prender fuego en la tierra (πῦρ ἦλθον βαλεῖν) ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! (τί θέλω εἰ ἤδη ἀνήφθη.)
  • Con  bautismo he de ser bautizado ¡y qué angustia hasta que se cumpla!
  • ¿Pensáis que he venido a traer paz al mundo? No, sino división.
  • Una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres;
  • El padre contra el y el hijo contra el padre,
  •  la madre contra la hija y la hija contra la madre,
  • la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra (Lc 12, 49-53)

Los primeros cristianos, emocionados, sorprendidos, ardientes, concibieron a Jesús como fuego y su obra como incendio de Dios. Nosotros (2025), mientras  gran parte del mundo está ardiendo por guerras, y enfrentamientos económicos e incendios forestales, damos la impresión de que el fuego de Jesús está apagado. Ese fuego ha de quemas todas las estructuras, estructuras y cadenas familiares, económicas, politicas

Hemos construido un cristianismo y una iglesia de   adaptación y sacralización de lo que hay (de la injusticia, opresión social y guerra). Necesitamos  fuego de Dios, para que arda, destruya el mundo antiguo y suscite un mundo verdadero, eso dice Jesús: “He venido a prender fuego…”.  Sin superar (dejar a un lado) el mal del mundo con sus poderes “fácticos”, la iglesia no es fuego de Dios, no es Pentecostés (lenguas de fuego).Éste es un deseo muy hondo de Jesús que se define a sí mismo como fuego de transformación y vida. Él ha dicho en este contexto: “Yo soy fuego de Dios, he venido para que todo el mundo arda” Los evangelios posteriores, empezando por Marcos, matizan e interpretan esa imagen, pero en el fondo sigue estando la experiencia clave de Jesús que  ha venido a prender fuego al mundo, en una línea de muerte y de resurrección: Sólo destruyendo un mundo anterior de pecado, puede crearse y nacer la vida de Dios.

Bautismo de fuego. Esa experiencia está vinculada de un modo especial al bautismo, entendido como culminación de la vida de Jesús que ha recreado el sacramento de Juan (cf. Mc 1, 1-8). En esa línea, conforme al testimonio del Q  (retomado por Mt y Lc), frente al bautismo de Juan, que era en agua para perdón de los pecados, la iglesia más antigua ha definido su “sacramento” (experiencia inicial de Jesús) como bautismo en Espíritu Santo y Fuego (en el Espíritu  de Dios, hecho palabra de Vida).

Así lo ha mostrado Lucas en su relato de Pentecostés (Hch 2), vinculado al Dios de Jesús que recrea a los hombres con sus “lenguas de fuego”, que reposan sobre cada uno de los creyentes, diciendo. No he venido a traer unión, sino división, no he venido a traer paz, sino espada, pero una espada para crear paz, una división para suscitar comunión más alto.

Jesús es signo y presencia de paz (Shalom) de Dios… Pero esa paz no es simple indiferencia, como si dijéramos “todo está bien, es bueno, démonos sin más un gran abrazo, dejando todo como estaba. Jesús inicia un camino de unión universal entre todos los hombres, pero ella exige una gran división, en forma de superación de un tipo de “familia” entendida como institución de opresión y poder de unos sobre otros. Se trata de “separar” aquello que nos parece unido: Padres e hijos, madres e hijas, suegros hermanos… No todo da lo mismo, no todo es igualmente bueno… La muerte y bautismo de Jesús se define aquí como gran incendio: Todo lo malo del mundo tiene que arder y morir para renacer… a la vida de Dios.

Este mundo, tal como está configurado (en   opresión económico-social y lucha por el poder) tiene que arder  y destruirse, para que llegue el nuevo bautismo, para que emerja el evangelio. Universal de comunión de vida Hemos tendido a “bautizar” (cristianizar) todo lo bautizadle, reyes y tiranos,   ejércitos, conquistas, invasiones…, con imposiciones económicas de muerte.

Por eso tiene que arder el fuego de Jesús (no para después, al fin del mundo),  sino ahora, aquí, como incendio histórico de Cristo.Sin que este fuego prenda no podrá haber nuevo nacimiento. Sin que este mundo arda, por los cuatro costados, no podrá darse de verdad iglesia. Este es un fuego de separación (tema que aparece en los 4 evangelios), fuego que separa y quema todo lo que destruye al hombre, para que pueda construirse mejor.

El fuego de Jesús quema para destruir lo malo (la opresión de unos sobre otros)  y recrear lo nuevo en amor y justicia    (cf. Is 43, 19-21), en una línea que ha puesto de relieve el conjunto del evangelio de Juan, de una forma condensada Pablo (Rom 13, 8-9) y especialmente Efesios (Ef 2).

Ese fuego separa y rompe (destruye) a un tipo de relaciones “familiares” (de padres e hijos, de parientes, pueblos y grupos que se aprovechan de su poder para dominar a otros). En esa línea, la iglesia de Jesús tiene  que separarse de un mundo que se cierra en su egoísmo, con deseo de poder de unos sobre otros… Sin esa separación (persecución), sin ese fuego que quema lo malo, no se puede hablar de  comunidad o cuerpo (sôma) de Jesús.

Antiguo Testamento.El fuego está ligado a lo divino como fuerza creadora y destructora.La revelación de Dios, que transciende y fundamenta los principios y poderes normales de la vida, se halla unida repetidamente al fuego. Hay fuego de Dios en la teofanía del Sinaí (Ex 19. 18), lo mismo que en la visión de la zarza ardiendo (Ex 3, 2) y en la nube luminosa (Ex 13, 21-22: Num 14, 14).

-El fuego va unido a las teofanías apocalípticas de Ez 1, 4.13.27 y Dan 7, 10 y, lógicamente, puede adquirir rasgos destructores para aquellos que se oponen al proyecto de Dios, dentro de de este mundo. En ese plano se sitúa el castigo de las antiguas ciudades pervertidas de la hoya del Mar Muerto (Gen 19, 24-25), lo mismo que la séptima plaga de Egipto (Ex 9, 24). Por eso, no es extraño que se diga que del seno de Dios proviene el fuego que devora a los rebeldes (Lev 10, 2) o destruye a los murmuradores de Israel en el desierto (Num 11, 1-3).

-Éste es el fuego que obedece a Elías, profeta (1 Re 18, 38-39; 2 Re 1, 10-12), castigando a los enemigos de Dios o a los mismos israelitas pervertidos (cf. Am 1, 4-7; 2, 5; Os 8, 14; Jer 11, 16; 21, 24; Ez 15, 7, etc.). Pero el fuego de Mt 25, 41 desborda el nivel histórico y debe situarse en una perspectiva escatológica: en el momento final de la historia, cuando Dios realiza el juicio supremo sobre el mundo.

-En esta línea siguen las formulaciones del profeta  Joel, con su visión del fuego que precede y comienza a realizar el juicio (Jl 2, 3; 3, 3). También es importante el fuego en Ez 38, 22; 39, 6, que presenta el fuego como instrumento de la justicia de Dios, que destruye al último enemigo de los justos, Gog y Magog, antes de que surja un mundo  de inocentes, perdonados. Por su parte, Mal 3, 1–3.9 anuncia la venida escatológica de Elías con el fuego de Dios que purifica y prepara la llegada de Dios. Éste es el fuego de Juan Bautista, que habla del Dios que viene a quemar la paja al lado de la era.

– Moisés, zarza ardiente. Conforme a un esquema usual en muchas tradiciones religiosas de oriente y occidente, la manifestación de Dios se encuentra vinculada al fuego: es llama que arde y calienta, como fuerza divina de eternidad. Moisés observó y vio que la zarza ardía en el fuego, pero la zarza no se consumía. Entonces Moisés pensó: Iré, pues, y contemplaré esta gran visión; por qué la zarza no se consume. Cuando Yahvé vio que se acercaba para mirar, lo llamó desde en medio de la zarza diciéndole: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí» (Ex 3, 2-4).

Este pasaje  de Moisés vincula fuego y zarza (árbol y llama), en paradoja que ilustra el sentido del Dos de Israrl. Moisés ha tenido que salir de Egipto y llegar a la montaña sagrada del Sinaí y allí descubre a Dios en la zarza ardiente. Árbol y arbusto son desde antiguo signos religiosos, como aparece en la historia de Abrahán (encina de Moré: Gen 12, 6) y como sabe la tradición religiosa cananea, combatida por los profetas (con culto a las piedras  y árboles sagrado, de Baal y Ashera).

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“Echando leña al fuego”. Domingo 20 ciclo C

domingo, 17 de agosto de 2025
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Dicen que ha sido la ola de calor más larga desde que existen registros, con incendios en España, Francia, Turquía… En este contexto parece de mal gusto que Jesús se presente como un gran pirómano ansioso de pegar fuego al mundo. Y no para ahí la cosa. Los europeos concebimos el mes de agosto como un momento de vacaciones, de descanso, al menos para muchos. Y las lecturas de este domingo no ayudan a descansar. Comienzan hablando del profeta Jeremías, arrojado a un aljibe para que muera (1ª lectura). Sigue la carta a los Hebreos hablando de Jesús, que soportó la cruz, y nos recuerda que todavía no hemos derramado sangre en nuestra lucha con el pecado (2ª lectura). Y el evangelio, al deseo de Jesús de pegar fuego al mundo, añade que no ha venido a traer paz, sino división, incluso en el ámbito más íntimo de la familia.

Después de las enseñanzas de los domingos anteriores, centradas en lo que nosotros debemos hacer, Jesús nos sorprende hablando de sí mismo: de su misión y su destino. Lo hace con un lenguaje tan enigmático que los comentaristas discuten desde los primeros siglos el sentido de estas palabras.

Presupuesto necesario para entenderlo es conocer la mentalidad apocalíptica, de la que Jesús participa en cierto modo. Según ella, el mundo malo presente tiene que desaparecer para dar paso al mundo bueno futuro, el Reinado de Dios.

Lucas va a introducir algunos cambios importantes en esta mentalidad, reuniendo tres frases pronunciadas por Jesús en diversos momentos: la primera y la tercera hablan de la misión de Jesús (prender fuego y traer división); la segunda, de su destino (pasar por un bautismo). Esta forma de organizar el material (misión – destino – misión) es muy típica de los autores bíblicos.

 La misión: prender fuego

He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!

Lo primero que viene a la mente es un campo ardiendo, o el fenómeno frecuente en la guerra del incendio de campos, frutales, casas, ciudades… Esta idea encaja bien en la mentalidad apocalíptica: hay que poner fin al mundo presente para que surja el Reino de Dios. Esta interpretación me parece más correcta que relacionar el fuego con el Espíritu Santo,

El destino: la muerte

Tengo que pasar por un bautismo.

También esta imagen es enigmática, porquebautizar significa normalmente lavar; por ejemplo, los platos se bautizan, es decir, se lavan. Esa idea la aplica Juan (y otros muchos judíos desde el profeta Ezequiel) al pecado: en el bautismo, cuando la persona se sumerge en el río Jordán, se lavan sus pecados; al mismo tiempo, simbólicamente, la persona que entra en el agua muere ahogada y sale una persona nueva.         El bautismo equivale entonces a la muerte y el paso a una nueva vida. Así lo usa Jesús en un texto del evangelio de Marcos, cuando dice a Juan y Santiago: ¿Sois capaces de beber la copa que yo he de beber o bautizaros con el bautismo que yo voy a recibir? (Mc 10,38). Jesús ve que su destino es la muerte para resucitar a una nueva vida.

La misión: dividir

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

 Estas palabras se podrían interpretar como simple consecuencia de la actividad de Jesús: su persona, su enseñanza y sus obras provocan división entre la gente, como ya había anunciado Simeón a María: este niño será una bandera discutida.

Pero Jesús habla de una división muy concreta, dentro de la familia, y eso favorece otra interpretación: Jesús viene a crear un caos tan tremendo (simbolizado por el caos familiar), que Dios tendrá que venir a destruir este mundo y dar paso al mundo nuevo. Parece una interpretación absurda, pero conviene recordar lo que dice el final del libro de Malaquías: “Yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible: reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra (Mal 3,23-24). De acuerdo con estas palabras, Dios ha pensado exterminar la tierra en un día grande y terrible. Sin embargo, para no tener que hacerlo, decide a enviar al profeta Elías, que restablecerá las buenas relaciones en la familia (padres con hijos, hijos con padres), como símbolo de las buenas relaciones en la sociedad: la situación mejora y Dios no se ve obligado a exterminar la tierra.

Jesús dice todo lo contrario: hace falta acabar con este mundo, y por ello él ha venido a traer división en el seno de la familia.

La unión de las tres frases

¿Qué quiere decirnos Lucas uniendo estas tres frases? Que Jesús anhela y provoca la desaparición de este mundo presente para dar paso al Reinado de Dios, pero que ese cambio está estrechamente relacionado con su muerte.

¿Tiene sentido todo esto para nosotros?

Este mensaje apocalíptico resulta lejano al hombre de hoy. De hecho, Lucas lo matiza y modifica en el libro de los Hechos de los Apóstoles: los cristianos no debemos estar esperando el fin del mundo, aunque pidamos todos los días quevenga a nosotros tu reino; nuestra misión ahora es extender el evangelio por todo el mundo, como hicieron los apóstoles. Y la idea de la segunda venida de Jesús cede el puesto a una distinta: el triunfo de Jesús, glorificado a la derecha de Dios.

El ejemplo de Jesús

Por una feliz casualidad, la segunda lectura ofrece cierta relación con el evangelio: el destino de Jesús sirve de ejemplo a los cristianos. La imagen de partida es fácil de entender para los antiguos cristianos, conocedores de las Olimpiadas griegas: un estadio lleno de espectadores que contemplan el espectáculo.

Jesús, como cualquier atleta, se entrena duramente, en medio de grandes renuncias y sacrificios; sabe, además, que competirá en un ambiente adverso, hostigado y abucheado por los espectadores. Pero no se arredra: renuncia a pasarlo bien, aguanta, soporta, y termina triunfando.

Ahora nos toca a nosotros coger el relevo. Hay que despojarse de todo lo que estorba, correr la carrera sin cansarse ni perder el ánimo. Incluso en una época de descanso y vacaciones, es bueno recordar el ejemplo de Jesús, su entrega plena.

Hermanos:
Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Reflexión final

Estas lecturas no han sido elegidas para amargarnos las vacaciones, pero nos ayudan a pensar en los que no tienen vacaciones, en los perseguidos por su fe y sus denuncias, como Jeremías; en los que han elegido un duro y peligroso trabajo de médico, enfermero, asistente social, ayudante de cualquier tipo, arriesgando su vida en Gaza, Ucrania, Siria, Sudán, Congo…; en las familias que se han roto porque uno o varios de sus miembros han decidido seguir a Jesús. Podemos hacer algo más útil que protestar del calor: pedir por ellos.

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Domingo XX del Tiempo Ordinario. 17 agosto, 2025

domingo, 17 de agosto de 2025
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He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo ya que arda!”

(Lc 12, 49-59)

El evangelio de hoy nos puede dejar un poco perplejas. Estamos acostumbradas a ver a Jesús curando, predicando y recorriendo aldeas con sus discípulos, ¡y nos encanta verlo así!

En el fondo nos lo imaginamos imperturbable, siempre de buen humor, contento y apacible. Probablemente tuviera mucho de todo esto, pero los evangelios también nos muestran a un Jesús que se enfada, que denuncia, que se entristece.

Jesús no era un “Peter Pan” en un mundo maravilloso, se hizo humano, 100% humano, hasta sentir el cansancio en su cuerpo, la sed en su boca, la tristeza en su alma e incluso el miedo.

Tendemos a pensar que la bondad es neutral y por consiguiente que las personas buenas son las que no molestan. Grave error. La bondad genera conflicto porque se opone a todo lo que deshumaniza. Se opone a esa fuerza real y palpable que atraviesa el mundo: el mal.

El mal, una cierta maldad, nos es más cotidiana de lo que querríamos admitir y ensombrece todas nuestras relaciones… De la misma manera que nuestras casas o nuestra habitación se va llenando de cosas inútiles que se esconden en los armarios. También nuestra casa interior esconde alguna basura, y es con este material con el que Jesús quiere hacer una gran hoguera que arda.

Algunas fiestas populares en torno al fuego tienen su origen en la necesidad de hacer limpieza. La gente de los pueblos y los barrios a provechaba esa fecha para sacar una silla rota o un mueble viejo y con todo eso se hacía una buena hoguera en la que asar unas viandas y disfrutar juntas de la velada.

Hoy podríamos darnos una vuelta por nuestra casa interior y ver qué sobra, qué podemos sacar a la hoguera. Dejemos que Jesús vaya quemando nuestra cizaña.

Oración

Pasa, Trinidad Santa, por el fuego purificador de tu amor nuestras relaciones para que no nos separe ninguna oscuridad.

Amén

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Mantener la vida supone lucha.

domingo, 17 de agosto de 2025
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DOMINGO 20 (C)

Lc 12,49-53

¿Qué clase de fuego trae Jesús al mundo? ¿Qué significa ese bautismo? ¿De qué paz está hablando? Son frases que no es fácil entender. Debemos estar muy atentos a la hora de interpretarlas para no llegar a conclusiones descabelladas.

Como armonizar las frases: no he venido ha traer paz, sino guerra, con aquella otra, la paz os doy, mi paz os dejo. No se trata de un fuego destructor, como el que provocó Elías o como el que anunciaba el Bautista, sino del fuego que purifica.

¿Qué paz?

1.- En primer lugar, la paz romana, que se consigue con violencia. Es una paz injusta. Es una paz que se sigue dando también hoy, a escala internacional y a escala doméstica. Podemos descubrir ejemplos de esta paz en nuestro entorno.

2.- La paz justa es la que se da entre los que dialogan y defienden posturas distintas, pero que saben respetar los derechos de los demás. Sería un equilibrio de intereses que puede impedir la guerra. Sería una paz positiva, pero no sería paz.

3.- La paz ausencia de problemas. ¡Que me dejen en paz! ¡Mucho cuidado! Es una trampa. Es la paz de los cementerios. Es una paz que anula la vida, porque la vida es lucha. Si llegáramos a conseguir esa paz, dejaríamos de vivir, estaríamos ya muertos.

4.- La paz de Jesús es el equilibrio que un ser humano alcanza cuando es lo que tiene que ser. Esta es la autentica paz. Esta armonía con uno mismo lleva a estar en armonía con Dios y los demás. Es la consecuencia de descubrir tu verdadero ser.

¿Qué guerra?

1.- La guerra para someter al otro, para ponerlo a nuestro servicio y anularlo como persona. Es el fruto del egoísmo más feroz. Surge siempre que utilizamos la superioridad para anular al otro. Es la guerra más frecuente y dañina.

2.- La guerra que hace el sometido, para salir de su situación. Hay que tener mucho cuidado de no caer en la misma violencia contra la que se lucha. Todo el evangelio es un canto a la no-violencia. Supera la opresión sin entrar en su misma dinámica.

3.- La guerra que se hace a otro porque es auténtico. Esta guerra no debemos provocarla, pero tampoco debemos temerla. No debemos actuar contra el que me molesta porque es mejor que yo, ni debemos dejar de ser humanos por no molestar.

4.- La guerra que debemos hacernos a nosotros mismos (Pablo). Tenemos que pelear contra aquellas partes de nosotros mismos que nos impiden alcanzar mayor humanidad. Todo lo que potencie el egoísmo debemos combatirlo en nosotros.

Con estos datos, cada uno podrá descubrir, qué paz hay que buscar y qué paz hay que evitar, qué guerra debemos evitar y qué “guerra” debemos aceptar como imprescindible. Debemos estar atentos, porque las diferencias son muy sutiles.

En estos versículos se presenta la figura de Jesús como el modelo se ser humano. Debemos afrontar toda nuestra vida como un bautismo, como una inmersión en aguas abismales que en la tradición judía son el signo de lucha y sufrimiento.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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No he venido a traer la paz.

domingo, 17 de agosto de 2025
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Lc 12, 49-53

«He venido a prender fuego a la Tierra, y ¡cuánto deseo que ya esté ardiendo!»

Jesús crece en el seno de una sociedad de desiguales; de gente aceptada por Dios y gente rechazada por Él. Escucha en la sinagoga que Dios derrama bendiciones sobre los justos y envía calamidades a esa gran mayoría del pueblo que se ve condenada a una vida de miseria y exclusión por causa de sus pecados. Y esta idea de Dios le desconcierta, porque a él se le revuelven las entrañas ante la tragedia de aquella pobre gente rechazada y desalentada. Y se siente cada vez más incómodo dentro de esa fe que los condena de por vida…

Y se acaba rebelando.

Sale de su casa y se echa a los caminos de Galilea a proclamar que Dios no es el juez que nos castiga por nuestros pecados, sino el padre que nos ama como aman las madres. Sabe que esta concepción de Dios choca de bruces con la de los letrados y los fariseos, pero no se arredra ni duda en alimentar un permanente enfrentamiento con ellos que a la postre le costará la vida. Los tres primeros capítulos de Marcos muestran el grado de confrontación que desde el principio provoca con su actitud.

A aquella «chusma maldita que no conoce la Ley» –según expresión de los fariseos– les abre una vía a la esperanza. Les dice que no son unos pobres desgraciados como todos aseguran, sino que poseen la dignidad de hijos de Dios y son herederos de su Reino; que son los más importantes a sus ojos por ser los más necesitados; por delante de los sacerdotes, los doctores y los fariseos.

Y no sólo les habla, sino que cura sus enfermedades, les enseña y se ocupa de ellos como nadie lo había hecho jamás… Para esos míseros, malditos, desarrapados, excluidos, marginados, empecatados, abandonados, ignorados, a veces cojos o ciegos, casi siempre impuros, aquello es el reino de Dios en la Tierra. Ya no hay que esperar más; está allí, junto a ellos.

Y quieren hacerle Rey.

Las autoridades se sienten violentamente agredidas por ese impostor que arrastra tras de sí al pueblo, porque si lo suyo prevalece, todo su poder y su influencia acabarán por desaparecer. Cuando sube a Jerusalén y ven el entusiasmo que suscitan sus palabras, temen que su fuego se transmita a la gente y haga arder la sociedad entera.

Y se conjuran para matarlo.

En definitiva, Jesús declara la guerra a la opresión, a la injusticia, a las leyes injustas, y tienen que matarlo para que su fuego no calcine las estructuras de Israel y a sus dirigentes con ellas. Nosotros en cambio somos gente dócil que convive en muy buena armonía con la sociedad de consumo y la injusticia atroz que ésta provoca; porque una cosa es tener fe en Jesús, y otra, muy distinta, que esa fe altere demasiado nuestro modo de vida o perturbe nuestro estatus…

Y es que, como decía Ruiz de Galarreta: «Ni la Palabra nos quema por dentro, ni nosotros hacemos arder a la sociedad».

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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El Padre contra el hijo.

domingo, 17 de agosto de 2025
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Es claro que la estructura social de Israel en tiempos de Jesús se conformaba por descendencia, por lealtades familiares, por continuidad de tradiciones religiosas, políticas y de orden social. Los hijos varones siguen la norma paterna, las hijas continúan las tareas de sus madres y, si no hay marido, la relación se mantiene entre suegra y nuera.

El seguimiento de Jesús rompe esta “paz” social basada en estas estructuras. El texto de Lucas 12,49-53 es claro. Jesús afirma que viene a traer la “guerra” (.v. 51-52), la ruptura de la familia tradicional y su base como núcleo de una sociedad reglada. Los seguidores de Jesús posiblemente vinieran de tradiciones que exigían respeto y aceptación a las normas sociales. Los padres, madres, suegras… de judíos exigen continuidad en las tradiciones religiosas a sus protegidos y de ellos se esperaba lo mismo. Algunos que seguían a Jesús no podían continuar con ello. Por el contrario, entendían que tanto madres y padres, hijos e hijas, nueras o suegras podían independizarse y buscar modelos de relaciones diferentes. El seguimiento exigía así la transformación de relaciones familiares y sociales. El cristianismo de los orígenes vivió esta situación de manera drástica incluso con persecuciones y muertes. La “paz” entendida como lo contrario al conflicto no era una alternativa especialmente cuando los ideales propuestos por Jesús entraban en juego.

La paz verdadera es otra cosa, está en otro lugar. Es la que ofrece el resucitado: la paz les dejo, mi paz les doy. Es la paz que se simboliza con el fuego del Espíritu, es la paz que permanece en medio de la lucha, es una paz duradera.  Es una paz en la cual la división y la violencia, lejos de opacarla, tienen el potencial incluso de dilatarla. Es una paz que sigue al perdón, a la reconciliación, pero no a un dejar pasar sino un enfrentarse desde la verdad del resucitado, a mirar con sus ojos y a desafiar estructuras extraccionistas. Estamos llamados a vivir en plenitud y eso no hay estructura social, tradición o lealtades capaces de menguarlo. En Cristo, “vivimos, nos movemos y existimos… somos de su descendencia” (Hc 17,28). Así explica Pablo a los atenienses la vida cristiana. Un estilo de relaciones en Cristo, una propuesta de paz verdadera.

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

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Paz o división

domingo, 17 de agosto de 2025
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Comentario al evangelio del domingo 17 agosto 2025

Lc 12, 49-53

La existencia humana -como la realidad en su conjunto- se halla atravesada por la paradoja. Porque la naturaleza de lo manifestado -de las formas- es polar. De hecho, sin tal aparente contraste, nos resultaría imposible pensar las cosas. Sabemos de la salud por la enfermedad, del frío por el calor, de la noche por el día, de la alegría por la tristeza…

Pero sucede que, al leer los polos como opuestos irreductibles, la mente se ve perdida en la paradoja, porque le resulta incoherente con lo que suele llamar el “principio de no contradicción”: si algo es “A” no puede ser “B”. Y así lo hemos asumido, hasta que ha llegado la física cuántica y nos ha hecho ver que tal principio, en el campo subatómico, salta por los aires, como se comprueba en la polaridad simultánea onda-partícula.

Los dos polos de todo lo real no son contradictorios, sino complementarios. No puede existir el uno sin el otro. Por eso, la paradoja es una contradicción solo aparente.

La mente no entiende que, si Jesús proclama la paz, aparezca en otra ocasión hablando de división. Y sus comentaristas tratan de justificar sus palabras, dando mil rodeos, sosteniendo cada cual la postura que previamente ha adoptado y aduciendo para ello razones de todo tipo.

La realidad, sin embargo, no es lineal, sino compleja en su sencillez. La paz convive con la división, con el fuego e incluso con la angustia, por decirlo con las imágenes que aparecen en el texto.

¿Cómo vivir la paradoja? Situándonos en aquel “lugar” donde es abrazada y trascendida. Si la paradoja afecta ineludiblemente al mundo de las formas, solo anclándonos en el Fondo que las trasciende, es posible la ecuanimidad o la Paz -ahora con mayúscula- que, al decir de Pablo, “trasciende todo lo que podemos pensar” (Carta a los Filipenses 4,7).


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Fuego en la tierra… ¿Una iglesia que ni divierte ni convierte?

domingo, 17 de agosto de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- El cristianismo de Jesús es frontal

El evangelio que acabamos es de los que nos puede dejar un poco perplejos. Es un evangelio desconcertante, al menos a primera vista. Que Jesús diga que ha venido a traer fuego, que no ha venido a traer la paz, sino la división, etc. nos resulta chocante.

02.- Fuego.

En la tradición bíblica -y en la vida normal- fuego puede significar criéis, crisol, juicio, (Lc 3, 16-17). Puede significar también el Espíritu de Jesús en la Iglesia. (HH 2,1-13: Pentecostés). Cuando hablamos de fuego puede significar como una fuerza vital, energía  que impulsa al ser humano

En todo caso fuego significa que el evangelio de Jesús no es algo anodino, sino que tiene fuerza; provoca una crisis profunda en la vida socio política, en el esquema religioso judío y en todo esquema religioso. En este sentido el fuego puede causar división, crisis, enfrentamientos.

¿No será este el caso de la fragmentación que se viene produciendo en el seno de la misma Iglesia?

03.- La sal ¿se ha vuelto insípida?

Al hilo de esta consideración, da la impresión de que el cristianismo que anunciamos hoy en día -al menos entre nosotros-, en estas viejas iglesias europeas ya no son las brasas de Emaús, ni el fuego de la zarza ardiendo de Moisés, ni las llamas de fuego de Pentecostés. Este cristianismo que presentamos no causa efecto ni reacción. Probablemente nuestro cristianismo está muy “descafeinado”.

¿La sal se habrá vuelto sosa?

El cristianismo es ya una cuestión doctrinaria, pero no hace arder el corazón (Emaús). Este cristianismo ni divierte ni convierte. Utilizamos la religión pero como quien paga la póliza del seguro o el impuesto de tráfico para circular por la vida y así llegar bien al peaje final de la existencia.

¿A qué se debe -si no- la casi nula presencia del Evangelio, del cristianismo en la vida pública, social, cultural, universitaria / escolar, incluso en la vida personal?

Es de recordar la voluntad -el fuego- del papa Francisco cuando les decía a los jóvenes para animar la vida de la Iglesia. “Hagan ruido”…

04.- La guinda del pastel y el “tío de América”.

J.A.T. Robinson (obispo anglicano (1919-1983) en su libro Sincero para con Dios, comentaba cómo el europeo “ilustrado” del siglo XX se vale y vive “perfectamente” sin la “hipótesis de trabajo” Dios.

En las cuestiones sociales, laborales, políticas, deportivas, etc. vivimos tranquilamente sin Dios. Nos son suficiente los estados, los parlamentos, el Ayuntamiento, las escuelas, los supermercados, los estadios, los cines, etc.

Los actos religiosos se han convertido en un adorno, la “guinda del pastel”, pero con muy escasa transcendencia.

Por otra parte, solamente recurrimos a Dios en las situaciones límite: Vamos a ver si Dios es capaz de curar este cáncer o para ver si soluciona la paz que nosotros, los humanos, no lo hacemos. Para muchas personas Dios es como “el tío de América” a ver si nos soluciona las cosas que nosotros no podemos o no queremos solucionar.

05.- El fuego símbolo del amor.

El fuego es símbolo del amor. Muchas veces vemos lo que amamos. ¿No ardía nuestro corazón?

El cristianismo es fuego que hace arder el corazón.

Él cristianismo no es un entramado de leyes y ritos, sino que es bondad, amor, porque la perfección de Dios es la misericordia.

Algo de todo esto es el fuego, la crisis y el Espíritu de Cristo: He venido a poner fuego en la tierra y ojala estuviera ya ardiendo.

 

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