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Archivo para la categoría ‘Espiritualidad’

“Jesús está con nosotros”. 21 de mayo de 2023. Ascensión del Señor (A). Mateo,28, 16-20.

domingo, 21 de mayo de 2023
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dompasB07Asc04Mateo no ha querido terminar su narración evangélica con el relato de la Ascensión. Su evangelio, redactado en condiciones difíciles y críticas para las comunidades creyentes, pedía un final diferente al de Lucas.

Una lectura ingenua y equivocada de la Ascensión podía crear en aquellas comunidades la sensación de orfandad y abandono ante la partida definitiva de Jesús. Por eso Mateo termina su evangelio con una frase inolvidable de Jesús resucitado: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

Esta es la fe que ha animado siempre a las comunidades cristianas. No estamos solos, perdidos en medio de la historia, abandonados a nuestras propias fuerzas y a nuestro pecado. Cristo está con nosotros. En momentos como los que estamos viviendo hoy los creyentes es fácil caer en lamentaciones, desalientos y derrotismo. Se diría que hemos olvidado algo que necesitamos urgentemente recordar: él está con nosotros.

Los obispos, reunidos con ocasión del Concilio Vaticano II, constataban la falta de una verdadera teología de la presencia de Cristo en su Iglesia. La preocupación por defender y precisar la presencia del Cuerpo y la Sangre de Cristo en la eucaristía ha podido llevarnos inconscientemente a olvidar la presencia viva del Señor resucitado en el corazón de toda la comunidad cristiana.

Sin embargo, para los primeros creyentes, Jesús no es un personaje del pasado, un difunto a quien se venera y se da culto, sino alguien vivo, que anima, vivifica y llena con su espíritu a la comunidad creyente.

Cuando dos o tres creyentes se reúnen en su nombre, allí esta él en medio de ellos. Los encuentros de los creyentes no son asambleas de hombres huérfanos que tratan de alentarse unos a otros. En medio de ellos está el Resucitado, con su aliento y fuerza dinamizadora. Olvidarlo es arriesgarnos a debilitar de raíz nuestra esperanza.

Todavía hay algo más. Cuando nos encontramos con un hombre necesitado, despreciado o abandonado, nos estamos encontrando con aquel que quiso solidarizarse con ellos de manera radical. Por eso nuestra adhesión actual a Cristo en ningún lugar se verifica mejor que en la ayuda y solidaridad con el necesitado. «Cuanto hicisteis a uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis».

El Señor resucitado está en la eucaristía alimentando nuestra fe. Está en la comunidad cristiana infundiendo su Espíritu e impulsando la misión. Está en los pobres moviendo nuestros corazones a la compasión. Está todos los días, hasta el fin del mundo.

José Antonio Pagola

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“Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra”. Domingo 21 de mayo de 2023. Ascensión del Señor

domingo, 21 de mayo de 2023
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29-AscensionA cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles: 1,1-11: Lo vieron levantarse
Salmo responsorial: 46
Efesios 1,17-23:
Lo sentó a su derecha en el cielo
Mateo 28,16-20:
Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra

La primera lectura de la liturgia nos ofrece el relato de la Ascensión del Señor cuyo objetivo fundamental es trazar los rasgos específicos de la esperanza cristiana. Jesús, nuevo Elías, asciende a los cielos y este hecho no significa el fin de la historia deseado por los discípulos según se refleja en su pregunta: «¿Es ahora cuando vas a restaurar el reino para Israel?» (v.6). Se trata por el contrario, del tiempo del testimonio que prepara ese final. En el salmo interleccional se proclama la entronización de Dios como «emperador» y «rey» de toda la tierra y la carta a los cristianos de Éfeso conecta el señorío del Mesías Jesús a la comprensión que deben tener los miembros de la comunidad eclesial sobre la esperanza a la que «abre su llamamiento» (1,18) .

El evangelio, final del relato de Mateo, vuelve a subrayar esa conexión. Comprende las circunstancias del último encuentro entre Jesús y sus discípulos (vv. 16-17) y las palabras finales del Señor a su comunidad (vv. 18-20).

Respecto a las circunstancias, el texto sitúa la escena en una montaña de la Galilea. Se produce en ella la teofanía del Resucitado que debe colocarse en relación con la montaña de la Tentación y con la montaña de la Transfiguración. Se anticipa, así el Señorío de Jesús, tema principal que se desprenden de las palabras que éste pronuncia.

Lejos del centro de la dirigencia religiosa, Jesús se encuentra con los Once. El número es el resultado de la sustracción de Judas de la cifra original de los Doce discípulos y significa la totalidad de los seguidores de Jesús que no defeccionaron. Todos ellos son beneficiarios de la experiencia del Resucitado.

Ante esa experiencia su actitud es una mezcla de adoración y de duda. Como Pedro ante el embate de las olas (cf Mt 14,23-33), la comunidad lleva en su seno estos dos sentimientos contradictorios. Ambos son los dos únicos textos de Mateo que combinan los verbos que se refieren a esos dos sentimientos.

Las palabras de Jesús se dirigen a fortalecer la fe comunitaria desde un encargo en que están implicados tres personajes: Jesús, el círculo de los discípulos y «todos los pueblos». Respecto a sí mismo, Jesús afirma que ha recibido «plena autoridad en el cielo y en la tierra» (v. 18). Para el evangelista, la autoridad ocupa un puesto importante en la presentación de Jesús. Este, al inicio de su actividad, había rechazado la última propuesta del diablo en orden recibir «todos los reinos del mundo» (cf Mt 4,8-10), los discípulos habían visto actuante en Jesús el significado del poder divino pero debían mantenerlo en secreto (cf Mt 16,28-17,9). Ahora es el momento de la proclamación de ese señorío, recibido por Jesús del Padre.

Los elementos que subrayan el universalismo son acumulados en este breve pasaje. Junto a «cielo y tierra» y la mención de los «pueblos» se da una significativa repetición del término «todo», «plena autoridad» (v. 18), «todos los pueblos» (v. 19), «todo lo que les mandé» (v. 19), «cada día» (v. 20). La obediencia al querer divino confiere a Jesús un señorío universal que se ejerce sobre toda realidad creada.

Este «relato de vocación» de la comunidad eclesial describe la transmisión que le hace Jesús de «todo su poder». Gracias a él pueden convocar a nuevos discípulos mediante el bautismo y la enseñanza. Por el bautismo, Jesús había iniciado el cumplimiento definitivo de la justicia del Reino (Mt 3,15), igualmente el bautismo cristiano injerta a cada bautizado en la misma dinámica. Junto al bautismo, el otro rasgo característico de la existencia cristiana es la «enseñanza». No se trata de una teoría que se debe proclamar, sino de la Buena Noticia del Reino frente a la cual todo creyente es un seguidor al que se exige un comportamiento coherente. Se trata de «guardar todo lo que les mandé». De esa forma, toda obra y palabra de Jesús se convierten en punto de referencia que se debe tener presente en la propia vida.

El mandato de Jesús compromete a toda la comunidad eclesial y la responsabiliza frente a todas las naciones. Aunque ya iniciado en el círculo de los discípulos, el señorío de Jesús no puede agotarse al interno de la vida de las comunidades cristianas. Para ello cuenta con la asistencia de su Señor: «Yo estaré con ustedes». Esta asistencia suministra el coraje necesario para superar todos los temores y tempestades y confiere un ámbito ilimitado para la actuación de la salvación.

Pero para ello, se exige de la Iglesia la misma obediencia de Jesús. Sólo en el rechazo del poder de dominio, en la obediencia filial al Padre, podrá realizar su tarea. Este «manifiesto» final del Señor Resucitado liga íntimamente la misión de la Iglesia al camino recorrido históricamente por Jesús de Nazaret, Hombre y Dios. Leer más…

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Ascensión de Dios. Dos salmos (18-21 de mayo 2023)

domingo, 21 de mayo de 2023
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Del blog de Xabier Pikaza:

Los 40 días de Pascua culminan con la Ascensión, que debía celebrarse el jueves 18. Pero, por motivos laborales de traspaso de las fiestas al domingo, este año esa fiesta de Jueves se celebra  el domingo 21.

Quedan así tres días que forman el “triduo pascual” de la Ascensión, que yo quiero animar con la música y canto de dos salmos principales de ascenso, subida y triunfo de Dios en Cristo (el 24 y el 47), conforme al tema de mi Libro de los salmos.

Tú me sondeas y me conoces. El salmo del cielo (Sal 138)

Ascensión: 17.5. 23.  Cuándo y cómo empieza el Cielo. Un Papa condena a otro Papa

Salmos de subida, cantos de ascensión

Salmos de Ascensión de Dios. El símbolo de su elevación (subida) se vincula al hecho de que el templo de Jerusalén (Sion) se encuentra en una altura. Así lo ponen de relieve los salmos graduales o de los ascensos (120-134). En esa línea, el Dios judío aparece básicamente como Elyon, Dios del alto (Altísimo), como pone de relieve Sal 47, centrado en la subida de Dios (de su Arca) a la morada de Sion, para reposar allí, reinando en Sion y subiendodesde allí (desde su montaña de Sion)ð al cielo supremo , entre aclamaciones, como Altísimo (Elyon,), Rey Grande.

El Sal 47 celebra la fiesta de la Ascensión de Yahvé, que sube entre aclama- ciones para sentarse en su trono celeste. El salmista (o sacerdote-profeta) que dirige este culto de ascensión/entronización dice a los pueblos que can- ten al Dios de Jerusalén, que triunfa subiendo al cielo. Los cristianos han aplicado ese motivo a la Ascensión de Cristo al cielo, desde el monte de los Olivos (cf. Lc 24,44-50 y Hch 1,1-14).

Con ese canto se vincula el  Salmo 24, que no trata del ascenso y triunfo de Dios, sino del triunfo y ascenso de los hombres, que suben con Dios a su más alta gloria, al Templo de la vida, siendo ellos mismos Vida de Dios.  Este es el salmo de la más alta gloria, que no se alcanza venciendo enemigos en guerra del mundo, sino habitando en el templo Dios (siendo Dios, hombres plenos) en este mismo mundo.

Y sin más introducción pasamos a presentar y comentar estos dos salmos, como cantos de los días de esta “pascua de ascensión”, que es la fiesta de subida y triunfo de Dios, la fiesta de gozo de la vida de los hombres y mujeres en el mundo.

SAL 47 (46). DIOS ASCIENDE ENTRE ACLAMACIONES

Este salmo pertenece al grupo de los salmos de los hijos de Coré, lo mismo que el anterior (Sal 46) que celebraba la presencia de Dios en Sion, ciudad sagrada. Esa presencia se interpreta aquí (Sal 47) como entronización y ascenso, y en esa línea podemos tomar este salmo como el primero de los que celebran la realeza de Yahvé no sólo sobre el templo y la ciudad de Jerusalén, sino entre los pueblos del entorno de Israel del mundo entero. Entre esos salmos de ascenso y triunfo de podemos recordar además Sal  95; 96; 99 y 100, e incluso algunos otros, como Sal 2 (poder de Dios y de su Ungido) y Sal 45 (epitalamio del rey vencedor). Éstos son sus rasgos principales:

– Estos salmos se vinculan temáticamente con los de Sion, en los que Dios aparecía como vencedor sobre las fuerzas de caos, imponiendo desde Jerusalén, su dominio sobre el mundo. En esa línea vinculan el reinado cósmico de Yahvé y su dominio político sobre las naciones.

Estos salmos forman parte de una liturgia antigua del templo, previa a la caída del reino (587 a. C.), cuando el rey de Jerusalén aparecía como signo y presencia del Rey del cielo. Es muy posible que ellos formaran parte de una liturgia de entronización o exaltación de Yahvé-Dios, celebrada una vez al año o en momentos especiales de entronización del nuevo rey.

Estos salmos han sido recreados a partir de la herencia nacional israelita. En esa línea es significativo el hecho de que, a pesar de proclamarse en un ámbito de templo, este salmo evoque no solo la gloria de Jacob (47, 5), sino también la de Abraham (47, 10), remitiendo a los orígenes y vida del pueblo.

Finalmente, estos salmos, han tomado gran importancia tras la caída de la monarquía (587), cuando la referencia al reino de Dios y a su rey (divino o mesiánico/humano) tiene que recibir aspectos nuevos. Más aún, a partir de la vida y mensaje de Jesús, el cristianismo ha ofrecido una reinterpretación intensa y  nueva de la realeza de Dios, de forma que estos salmos han de proclamarse y entenderse en un contexto distinto.

Este salmo revela una gran conciencia de universalidad, que proviene, precisamente de un grupo yahvista de Judea, donde se vinculan y fecundan tradiciones tribales anteriores (de Jacob y de Abraham) con la experiencia del templo de Jerusalén donde se veneraba el Dios Elyón (Altísimo y Rey), al que se identifica por un lado con Yahvé (Dios nacional de la alianza israelita) y, por otro, con Elohim, Dios universal. Esta experiencia y canto del Reinado de Dios, que se proclama en Jerusalén pertenece a la raíz originaria (profética y sacral) de la profecía anterior (Isaías y Miqueas, de Jeremías y Ezequiel). Sólo a partir de ella se ha podido formular tras el exilio la nueva conciencia universal judía, tal como aparece en este salmo:

2 Pueblos todos, batid palmas, | aclamad a Dios con gritos de júbilo;

3 porque Yahvé Altísimo es terrible, | Rey grande de toda la tierra.4 Él nos somete los pueblos | y nos sojuzga las naciones;5 él nos escogió por heredad suya: | gloria de Jacob, su amado. (Pausa)

6 Dios asciende entre aclamaciones; | Yahve, al son de trompetas:

7 tocad para Dios, tocad; | tocad para nuestro Rey, tocad.8 Porque Dios reina en toda la tierra: | tocad con maestría.

9 Dios reina sobre las naciones, | Dios se sienta en su trono sagrado.

10 Los príncipes de los gentiles se reúnen | con el pueblo del Dios de Abrahán;| porque de Dios son los “escudos” de la tierra, | y él es excelso.  

            Tras el encabezado (47, 1), que presenta este salmo como propio de los “hijos de Coré”, el texto incluye dos “invitaciones” paralelas (47, 2. 7), por la que el pueblo de Israel, reunido ante (en) el templo pide a las naciones que aclamen a Dios. A ellas siguen dos razonamientos (47, 3-6 y 8-10), introducidos por un “porque (yKiÛ), en los que se expone el alcance de esa aclamación. Leer más…

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Ascensión del Señor. Ciclo A: Triunfo y Misión.

domingo, 21 de mayo de 2023
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giotto_-_scrovegni_-_-38-_-_ascensionGiotto, Ascensión.

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

En lenguaje moderno, la fiesta de hoy sería como el premio fin de carrera para Jesús, o mejor, el premio Nobel que reconociese la gran labor realizada durante toda su vida. Como diría san Ignacio de Loyola, motivo suficiente para «alegrarnos y gozarnos de tanta alegría y gozo de Cristo, nuestro Señor».

            Los autores del Nuevo Testamento no saben lo que es el fin de carrera ni el premio Nobel. Ellos recurren a imágenes muy distintas. Lucas, en el libro de los Hechos, basándose en la cultura grecorromana, presenta el triunfo como subida al cielo; la carta a los Efesios, como estar sentado a la derecha de Dios; el evangelio, como la plenitud del poder. Pero este triunfo no debe dejarnos embobados, mirando al cielo. En la primera y tercera lecturas adquiere especial relieve el tema de la misión.

Subir al cielo como imagen del triunfo (Hechos 1,1-11)

            Jesús subiendo al cielo es una imagen bastante representada por los artistas, y la tenemos incorporada desde niños, además de formar parte de nuestra profesión de fe. Alguno podría imaginar que esta escena se encuentra en los cuatro evangelios. Sin embargo, el único que la cuenta es Lucas, y por dos veces: al final de su evangelio y al comienzo del libro de los Hechos. Pero son versiones bastante distintas.

            El evangelio ofrece una versión muy breve. El mismo día de la resurrección, después de aparecerse a los discípulos y hablar con ellos, Jesús los saca hacia Betania, los bendice alzando las manos y es llevado al cielo. Ellos se postran y vuelven alegres a Jerusalén.

            Cuando escribe el libro de los Hechos, Lucas introduce cambios muy notables en este momento final.

En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseno desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo. Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios. Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días». Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?». Les dijo: «No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y “hasta el confín de la tierra”». Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

1.- Los cuarenta días. El evangelio de Lucas y los otros evangelistas no dice nada de este período de 40 días entre la resurrección y la ascensión. ¿Por qué lo introduce Lucas en el libro de los Hechos? ¿Qué quiere decirnos? El número 40 se usa en la Biblia para indicar plenitud, sobre todo cuando se refiere a un período de tiempo. El diluvio dura 40 días y 40 noches; la marcha de los israelitas por el desierto, 40 años; el ayuno de Jesús, 40 días… Se podrían citar otros muchos ejemplos. En este caso, lo que pretende decir Lucas es que los discípulos necesitaron más de un día para convencerse de la resurrección de Jesús, y que este se les hizo especialmente presente durante el tiempo que consideró necesario, para terminar también de instruirlos sobre el Reino de Dios.

2.- La comida de despedida. Se centra en la orden de Jesús de permanecer en Jerusalén hasta que reciban el Espíritu Santo. Algo parecido había escrito Lucas en el evangelio: «Quedaos en la ciudad hasta que seáis revestidos de una fuerza de lo alto». Aquí queda más clara la referencia al Espíritu Santo, preparándonos para la próxima fiesta de Pentecostés.

3.- Se supone que el grupo se pone en marcha hacia el monte de los Olivos, porque más tarde se dirá que «se volvieron a Jerusalén desde el monte de los Olivos». Al llegar allí los discípulos manifiestan su preocupación puramente política: la restauración del reino de Israel. Su pregunta le sirve a Jesús para volver la atención a lo realmente importante: la venida del Espíritu, que les dotará de fuerza para extender el evangelio desde Jerusalén hasta el confín de la tierra. Estas palabras resumen lo que contará el libro, que anuncia la llegada del evangelio a Samaria, la costa, los paganos de Cesarea, Antioquía de Siria, actual Turquía, Grecia, terminando en Roma (que algunos consideran “el confín del mundo”). Apenas terminado de decir esto, Jesús es arrebatado e, igual que se contaba de Hércules, una nube lo oculta. Mientras los discípulos miran al cielo se les aparecen dos personajes vestidos de blanco que les hablan de la vuelta definitiva de Jesús.

            Con respecto al momento de la ascensión se advierten las siguientes diferencias:

                    En el Evangelio, Jesús bendice antes de subir al cielo (en Hch, no).

                   * En Hechos, una nube oculta a Jesús (en el evangelio no se menciona la nube).

                   * En el evangelio, los discípulos se postran (en Hch se quedan mirando al cielo).

                 * En el evangelio vuelven a Jerusalén; en Hch se les aparecen dos personajes vestidos de blanco que les dirigen unas palabras.

            Si el mismo autor, Lucas, cuenta el mismo hecho de formas tan distintas, significa que no podemos quedarnos en lo externo, en el detalle, sino que debemos buscar el mensaje profundo.

Desde las primeras páginas de la Biblia encontramos la idea de que una persona de vida intachable no muere, es arrebatada al cielo, donde se supone que Dios habita. Así ocurre en el Génesis con el patriarca Henoc, y lo mismo se cuenta más tarde a propósito del profeta Elías, que es arrebatado al cielo en un carro de fuego. Interpretar esto en sentido histórico (como si un platillo volante hubiese recogido al profeta) significa no conocer la capacidad simbólica de los antiguos.

Sin embargo, existe una diferencia radical entre estos relatos del Antiguo Testamento y el de la ascensión de Jesús. Henoc y Elías no mueren. Jesús sí ha muerto. Por eso, no puede equipararse sin más el relato de la ascensión con el del rapto al cielo.

Es preferible buscar la explicación en la línea de la cultura clásica greco-romana. Aquí sí tenemos casos de personajes que son glorificados de forma parecida tras su muerte. Los ejemplos que suelen citarse son los de Hércules, Alejandro Magno, Augusto, Drusila, Claudio, y Apolonio de Tiana. Los incluyo al final para los interesados.

Estos ejemplos confirman que el relato tan escueto de Lucas no debemos interpretarlo al pie de la letra, como han hecho tantos pintores, sino como una forma de expresar la glorificación de Jesús

Sentado a la derecha de Dios (Efesios 1,17-23)

En la segunda lectura, el autor de la carta a los Efesios (Pablo o, más probablemente, un colaborador suyo) no cuenta la ascensión de Jesús al cielo, pero se explaya hablando de su triunfo con una imagen distinta: está sentado a la derecha de Dios, por encima todo y de todos. Se cumple la promesa hecha al Mesías en el Salmo 110: «Siéntate a mi derecha mientras pongo a tus enemigos como escabel de tus pies». Pero la carta no menciona enemigos, sino realidades que le quedan sometidas. Quienes estudiábamos de pequeño los órdenes angélicos recordamos la serie: «ángeles, arcángeles, querubines, serafines, virtudes, tronos, dominaciones y potestades». En Éfeso, quienes tenían especial importancia en la piedad popular eran una especie de divinidades intermedias: principados, potestades, fuerzas, dominaciones. El autor de la carta no arremete contra ellos con pasión inquisitorial sino que los coloca a los pies de Jesús para dejar claro su triunfo.

Hermanos:

Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

Potestad plena y misión (Mateo 28,16-20)

            La primera lectura (Hechos) y el evangelio (Mateo) coinciden en ofrecernos unas palabras de despedida de Jesús a sus discípulos. El evangelio las cuenta así:

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

― Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Si comparamos lo que dice Mateo con lo que ha contado Lucas en los Hechos encontramos también aquí notables diferencias:

            ― Lucas sitúa la despedida en Jerusalén, los discípulos muestran una vez más su preocupación política por la restauración del reino de Israel, y Jesús desvía la atención hacia la próxima venida del Espíritu Santo.

              ― Mateo la sitúa en Galilea, los discípulos no dicen nada, Jesús los envía de inmediato al mundo entero y lo que promete no es la venida del Espíritu sino su compañía continua: «Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo».

            A pesar de estas grandes diferencias, los dos textos coinciden en la importancia de la misión.

                ― Hechos: Recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.

                 ― Mateo: Id y haced discípulos de todos los pueblos.

            Por eso, la Ascensión de Jesús no es motivo para quedarse mirando al cielo. Hay que mirar a la tierra, al mundo entero, en el que los discípulos de Jesús debemos continuar su misma obra, contando con la fuerza del Espíritu y la compañía continua del Señor.

            Pero las palabras de Jesús comienzan con otra idea fundamental: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra». El evangelio de Mateo ha ido contrastando desde el comienzo a Jesús con Moisés. Al principio sufrían la misma amenaza por parte del faraón o de Herodes; luego, Jesús aparecía en las tentaciones como un buen discípulo de Moisés, que citaba sus palabras en el momento oportuno; pero más tarde, en el Sermón del monte, Jesús se revela superior a Moisés, contraponiendo lo que él enseño con lo que él dice («Habéis oído que se dijo… pero yo os digo»). Cuando se llega al momento final, Moisés muere y se entona por él una elegía fúnebre al final del Deuteronomio (Dt 34). Jesús, en cambio, después de muerto recibe «pleno poder en cielo y tierra». Mateo no cuenta la ascensión pero exalta su triunfo final.

Textos clásicos sobre la subida al cielo de un gran personaje

         A propósito de Hércules escribe Apolodoro en su Biblioteca Mitológica: “Hércules… se fue al monte Eta, que pertenece a los traquinios, y allí, luego de hacer una pira, subió y ordenó que la encendiesen (…) Mientras se consumía la pira cuenta que una nube se puso debajo, y tronando lo llevó al cielo. Desde entonces alcanzó la inmortalidad…” (II, 159-160).

        Suetonio cuenta sobre Augusto: “No faltó tampoco en esta ocasión un antiguo pretor que declaró bajo juramento que había visto que la sombra de Augusto, después de la incineración, subía a los cielos” (Vida de los Doce Césares, Augusto, 100).

        Drusila, hermana de Calígula, pero tomada por éste como esposa, murió hacia el año 40. Entonces Calígula consagró a su memoria una estatua de oro en el Foro; mandó que la adorasen con el nombre de Pantea y le tributasen los mismos honores que a Venus. El senador Livio Geminio, que afirmó haber presenciado la subida de Drusila al cielo, recibió en premio un millón de sestercios.

        De Alejandro Magno escribe el Pseudo Calístenes: “Mientras decía estas y otras muchas cosas Alejandro, se extendió por el aire la tiniebla y apareció una gran estrella descendente del cielo hasta el mar, acompañada por un águila, y la estatua de Babilonia, que llaman de Zeus, se movió. La estrella ascendió de nuevo al cielo y la acompañó el águila. Y al ocultarse la estrella en el cielo, en ese momento se durmió Alejandro en un sueño eterno» (Libro III, 33).

       Con respecto a Apolonio de Tiana, cuenta Filóstrato que, según una tradición, fue encadenado en un templo por los guardianes. “Pero él, a medianoche se desató y, tras llamar a quienes lo habían atado, para que no quedara sin testigos su acción, echó a correr hacia las puertas del templo y éstas se abrieron y, al entrar él, las puertas volvieron a su sitio, como si las hubiesen cerrado, y que se oyó un griterío de muchachas que cantaban, y su canto era: Marcha de la tierra, marcha al cielo, marcha” (Vida de Apolonio de Tiana VIII, 30).

         Sobre la nube véase también Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma I,77,2: “Y después de decirle esto, [el dios] se envolvió en una nube y, elevándose de la tierra, fue transportado hacia arriba por el aire”.

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21 de Mayo: Ascensión del Señor. Ciclo A

domingo, 21 de mayo de 2023
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Y sabed que yo estoy con vosotras todos los días, hasta el fin del mundo.”

(Mt 28, 16-20)

Que Jesús se queda con nosotras lo sabemos, pero aun así la tentación de quedarse mirando al cielo es grande. Y es que esa manera tan “encarnada” de quedarse que tiene Jesús da bastante vértigo por eso sale espontáneo lo de mirar al cielo por si cambia de opinión.

La escena me recuerda a cuando era pequeña y alguien con “autoridad” te decía que tenías que hacer algo que a ti te parecía muy difícil o que te daba vergüenza. Sabías que tenías que hacerlo pero te daba miedo y levantabas los ojos buscando el coraje que te faltaba.

Aquellos primeros discípulos estaban como niños desconcertados, entre tímidos y asustados, con esa mirada que busca en las alturas el valor que le falta por dentro.

Y a nosotras nos pasa exactamente lo mismo. Se acaba la Pascua. La Vigilia Pascual con el “subidón” de alegría nos queda ya lejos. Nuestras “Galileas” personales nos imponen nuevos retos y viejos obstáculos, pero en medio de esta cotidianidad Tú nos desafías de nuevo. A nosotras se nos escapa una mirada al cielo: ¿yo?, ¿ahora?, ¿cómo?

Y tú, de mil maneras diferentes, a cada una según sus posibilidades, nos repites el encargo:

“-Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.”

Sí, esto es lo que nos pides. Tan grande y a la vez tan sencillo. Imposible pero real.

Real porque eres Tú quien está “con nosotras todos los días.” no es en el cielo donde encontraremos el coraje que nos falta, sino junto a nosotras mismas, en tu mirada compañera y cómplice.

Oración

¡Gracias, Trinidad Santa, por quedarte con nosotras de una manera tan cotidiana que a veces nos despista, pero siempre nos acompaña!

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La ascensión de Jesús se inició en su nacimiento y terminó en la muerte.

domingo, 21 de mayo de 2023
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ASCENSIONDOMINGO 7º DE PASCUA (A) (ASCENSIÓN)

Mt 28,16-20

Si hemos vislumbrado en alguna medida lo que nos decía Juan los dos domingos pasados, se nos hará muy cuesta arriba entender la fiesta de hoy y la de los tres domingos siguientes. La subida de Jesús al cielo, la venida del Espíritu, la Trinidad, la Eucaristía están presentadas por los textos litúrgicos como realidades externas que se dieron en un determinado tiempo y lugar. Entendiendo literalmente los textos, desenfocamos su verdadero sentido. Estamos hablando de realidades que están fuera del tiempo y del espacio, de las que no podemos hablar en sentido estricto.

El lenguaje que utilizan los textos es simbólico y no podemos entenderlo como si fuera lógico. No podemos seguir falseando el lenguaje mítico. Cuando se creía que Dios estaba en el cielo, que el demonio estaba en el infierno y que el hombre estaba debatiéndose entre los dos, ese modo hablar era normal y se entendía perfectamente en aquella época. De Jesús se dice expresamente: Bajó del cielo, se hizo hombre, descendió a los infiernos y volvió al cielo. Nuestra manera de entender la realidad ha cambiado. Hoy no nos dice nada un cielo o un infierno como lugares de referencia.

Debemos entender la ascensión como parte del misterio pascual que es una única realidad. Ni la resurrección, ni la ascensión, ni el sentarse a la derecha del Padre, ni la glorificación, ni la venida del Espíritu, son hechos separados. Se trata de una realidad única que está sucediendo en este mismo instante, porque está fuera del tiempo y del espacio. Decir de Jesús después de muerto: a los tres días, a los ocho días, a los cuarenta días, a los cincuenta días, no tiene sentido ninguno. Hablar de Galilea o de Jerusalén, o decir que está sentado a la derecha de Dios, es literalmente absurdo.

Esto no quiere decir que sea una realidad inventada. Todo lo contrario, esa es la ÚNICA REALIDAD. Es lo que está sujeto al tiempo y al espacio lo que no tiene consistencia. Esa realidad intangible ha tenido una repercusión real en la vida de los seguidores de Jesús, y eso sí se puede descubrir a través de los sentidos. Esa realidad no temporal, es la que hay que descubrir para que tenga también en nosotros la misma eficacia. Si seguimos creyendo que es un acontecimiento que sucedió hace veinte siglos en un lugar y un momento determi­nado, ¿qué puede significar para nosotros hoy?

Las realidades espirituales, por ser atemporales, pertenecen al hoy como al ayer, son tan nuestras como de Pedro o Juan. No han sucedido en el pasado, sino que están sucediendo en este instante. Son realidades que están afectando a nuestra vida aquí y ahora. Puedo vivirlas yo como las vivieron los apóstoles. Es más, el único objetivo del mensaje evangélico, es que todos lleguemos a vivirlas como las vivieron ellos.

La ascensión empezó en el pesebre y terminó en la cruz: ¡Todo está cumplido! Ahí terminó la trayectoria humana de Jesús y sus posibilidades de crecer como criatura. Después de eso no existe el tiempo para él, por lo tanto, no puede suceder nada en él. Es como un chispazo que dura toda la eternidad. Él había llegado a la plenitud total en Dios. Por haberse despegado de todo lo que en él era transitorio y terreno, solo permaneció de él lo que había de Dios, y con Él se identificó absolutamente, totalmente, definitivamente. Este es el sentido profundo de la Ascensión.

¿De verdad queremos ser cristianos? ¿Tenemos la intención de recorrer la misma senda, de alcanzar la misma plenitud, la misma meta? ¿Estamos dispuestos a dejarnos aniquilar en esa empresa, a aceptar que no quedará nada de lo que creo ser? Es duro, pero no puede haber otro camino. Si renuncio al don total de mí mismo, renuncio a alcanzar la meta. Como en Jesús, ese don total solo será posible cuando descubra que Dios Espíritu se me ha dado totalmente y está en mí para llevar a cabo esa obra.

No podemos conformarnos con quedarnos pasmados mirando al cielo esperando que él vuelva. Esa es la mejor manera de hacer polvo todo el quehacer de Jesús en la tierra. La idea de que Dios o Jesús o el Espíritu pueden hacer en un momento determinado algo por mí, ha desvirtuado la religiosidad cristiana. Dios, Jesús y el Espíritu lo han hecho todo por mí y lo siguen haciendo en todo instante. Yo soy el que tengo que hacer algo en un momento determinado para descubrir esa realidad y vivirla.

El relato de Mateo, que acabamos de leer, es un prodigio de síntesis teológica. No hay en él ninguna alusión a la subida al cielo, ni a dejar de verlo. Consta simplemente de una localización dada, una proclamación de poder y tres ideas básicas. Situar la escena en un monte, es una indicación suficiente de que lo que le interesa no es el lugar, sino el simbolismo (ámbito de lo divino donde está Dios). Que lo sitúe en Galilea, tiene para el evangelista un significado muy concreto. Judea había rechazado a Jesús y no era ya el lugar donde encontrarse con Dios.

Jesús no pudo decir que se le ha dado todo poder, porque después del bautismo rechazó el poder como una tentación. Este doble lenguaje nos ha despistado. No hay un poder bueno y otro malo. Todos son perversos. Se trata de expresar que ha alcanzado la plenitud absoluta por haberse identificado con Dios en el don total de sí mismo. Debemos tener en cuenta que la primera interpretación del misterio pascual, está formulada en términos de glorificación; antes incluso de hablar de resurrección.

El envío a predicar también tiene un carácter absoluto: “todos los pueblos”. El tema de la misión es crucial en todos los relatos pascuales. La primera comunidad intenta justificar lo que era práctica generalizada de los cristianos. Predicar el Reino de Dios no es un capricho de unos iluminados sino mandato expreso de Jesús. Todo cristiano tiene como primera obligación llevar a los demás el mensaje de su Maestro.

No se trata de enseñar doctrinas ni ritos ni normas morales sino de instar a una manera de proceder. Esto está muy de acuerdo con la insistencia de los evangelios en las obras como presencia de Dios en Jesús y en los que le siguen. Si tenemos en cuenta que el núcleo del evangelio es el amor, comprenderemos que, en la práctica, el amor es lo primero que tiene que manifestarse en un cristiano.

Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Fue el tema del evangelio de los dos domingos pasados. Ya habían dejado claro que todo lo que hizo Jesús era obra del Padre y del Espíritu. Ahora sigue siendo Dios en sus tres dimensiones el que va a continuar la obra de salvación a través de sus seguidores. Jesús habla de enviar al Espíritu, de quedarse él con nosotros, de que el Padre vendrá a cada uno. Los tres “vendrán” a mí cuando me dé cuenta de que ya están.
Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La casa del Padre.

domingo, 21 de mayo de 2023
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bien-acompanados

Mt 28, 16-20

«Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo»

(Extracto de la homilía de Ruiz de Galarreta en una misa funeral)

La muerte es lo más seguro de nuestra vida. Día tras día se nos van muriendo amigos, conocidos, parientes, desconocidos. La muerte es lo normal, pero la sentimos como lo más inesperado, lo más terrible, lo más absurdo. Y tenemos razón, porque no nos hizo Dios para morir sino para vivir. No existe la muerte; existe este modo de vivir al que llamamos vida, y la VIDA, con mayúsculas y sin muerte; la casa del Padre donde se nos espera a todos.

A todos. Porque el que nos ha puesto en la vida no puede fracasar. Si dependiera de nuestro amor, no se nos morirían los seres queridos. Al Amor todopoderoso no se le muere ningún hijo. Al Buen Pastor todopoderoso no se le pierde ninguna oveja. Creados para la vida, en manos del amor todopoderoso, en buenas manos.

Cuando Jesús muere rodeado de tinieblas, sus discípulos no se lo pueden creer. Ellos esperaban el triunfo terreno del Mesías, y esperaban mal, y fue la muerte de Jesús la que les hizo esperar otras cosas, esperar mejor. Y les nació otra fe y otra esperanza. Como la de Jesús. Jesús no murió gritando «Dios mío ¿por qué me has abandonado?». Jesús murió gritando «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y tras ese acto de confianza, saltó al vacío, seguro de que allí estaban esperándole los brazos de su Padre.

Misión cumplida.

Nosotros esperamos quizá disfrutar aquí y ahora sin disgustos, sin enfermedades, sin contrariedades, esperamos que no se nos mueran los seres queridos, esperamos que el consumo nos dé felicidad, esperamos tantas cosas… y esperamos mal, y la presencia de la muerte nos invita a esperar mejor. No se puede ser feliz en esta vida que tenemos. El caminante es del todo feliz solamente cuando llega. Se pueden pasar buenos ratos en el camino, pero la felicidad está sólo al final.

Y así, paradójicamente, de la muerte, precisamente de la muerte, nace la fe en la VIDA, en la vida tal como nosotros nunca podremos imaginar, porque está pensada, planeada por Dios mismo, por el mismo Amor Todopoderoso, y como dijo Pablo: «Ni ojo vio, ni oído oyó, ni inteligencia humana puede siquiera concebir lo que Dios tiene preparado para sus hijos».

En las manos de Dios dejamos a los seres queridos que se nos van, en buenas manos. Damos gracias al Padre porque nos los regaló y por la vida que nos regala. En las manos de Dios nos sentimos nosotros, los que todavía somos caminantes y le pedimos, todos por todos, para que nos enseñe a caminar y devuelva a nuestros corazones la fe y la paz. Una paz que no nace de la resignación ni de los razonamientos, sino de la confianza en que el Padre sigue estando ahí, aunque a veces nos resulte tan difícil de entender.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Reflexiones de María, discípula amada, en el monte de Galilea.

domingo, 21 de mayo de 2023
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7-ASCENSION-297x300Mt 28, 16-20

Mateo 28, 16-20

Nunca imaginé que la presencia de Jesús llegaría a ser tan viva, en la comunidad y en cada un@ de nosotr@s.

El grupo de discípul@s nos fuimos a Galilea, allí donde Jesús empezó su misión. Hombres, mujeres y niñ@s, nos pusimos en camino, como nos había pedido, con la esperanza de volver a encontrarle.

Y así fue. Eran tiempos difíciles, muy difíciles. Mientras caminábamos fueron cobrando vida muchas palabras que nos había dicho el Maestro cuando predicaba: “No os dejaré huérfanos…, voy a prepararos una morada… id a Galilea, allí me veréis…” Y su presencia se fue haciendo más palpable a lo largo del camino.

En el monte de Galilea tuvimos una experiencia increíble. No sabría explicar bien lo que ocurrió, pero tuvimos la certeza de que Jesús se acercó y nos dijo: Yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el final de los tiempos.

Muchas personas nos postramos, como hacíamos en el Templo de Jerusalén. Nos rendimos ante el misterio de Jesús de Nazaret. Lo habían condenado como un proscrito, pero tras su muerte y resurrección, se nos cayeron las escamas de los ojos y le aceptamos como el Hijo Amado del Abbá y como el Señor de nuestra vida.

Tengo que reconocer que algunos apóstoles dudaban. Les dijimos que tenían esclerocardia, es decir, dureza de corazón, porque eran incapaces de ver lo que estaba ocurriendo y se aferraban a sus viejas ideas (y a sus miedos, aunque no querían reconocerlo)

Jesús nos envió a hacer discípulos a todos los pueblos y a enseñarles lo que Él nos había transmitido. Creo que en nuestro interior tuvimos un sentimiento parecido: ¿cómo íbamos a ser capaces de enseñar, si éramos gente sencilla, muy sencilla? ¿Cómo podíamos dirigirnos a otros pueblos, con otras lenguas y culturas?

Pero las palabras de Jesús estaban cargadas de vida:  Yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el final de los tiempos.

Volvimos a nuestras casas, a nuestras aldeas, felices y conscientes de nuestra misión. Y sabíamos que podríamos llevarla a cabo, porque Jesús estaba con nosotros, y estaría hasta el final de los tiempos.

******************

Sugiero que en las homilías de este fin de semana haya un tiempo de silencio para que cada persona podamos interiorizar las palabras: Estás conmigo, estás con nosotr@s, todos los días, hasta el fin de los tiempos.

Porque si nos lo creemos, nos levantaremos cada mañana con otra energía, con la fuerza del Espíritu, con el dinamismo de la Ruah. En lugar de lamernos las heridas que tenemos.

Si nos lo creemos, al mirar a cada persona, reconoceremos que es una persona “habitada” por el Espíritu. Y nos relacionaremos desde otras claves.

Si nos lo creemos, seremos conscientes de que el mañana, con todas sus incertidumbres, también está “habitado”.

Si nos lo creemos, distinguiremos mejor la enseñanza de la erudición y nos animaremos a crecer como maestras y maestros de vida -y de Vida-, porque es el propio Maestro quien nos va tallando, personalmente y en comunidad.

María, discípula amada.

Marifé Ramos

Fuente Fe Adulta

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Más allá del proselitismo religioso

domingo, 21 de mayo de 2023
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IMG_9711Fiesta de la Ascensión

21 mayo 2023

Mt 28, 16-20

No se entiende que el autor del evangelio ponga en boca de Jesús un mensaje de este tipo, cuando el mismo autor le hizo decir en unos capítulos anteriores: “No vayáis a regiones de paganos ni entréis en los pueblos de Samaría. Id más bien a las ovejas perdidas de Israel” (Mt 10.5-6).

No solo eso. Parece igualmente claro que el bautismo “en el nombre” de la Trinidad no provino de Jesús, sino que nació más tarde en el contexto de las primeras comunidades.

Todo parece indicar que aquel “envío misionero”, aunque puesto en boca de Jesús, es claramente posterior. Para el año 80 -fecha en que se escribe este evangelio-, las comunidades habían conocido una notable expansión y la teología de Pablo se había extendido, constituyendo ya un “cuerpo doctrinal” que influyó de manera decisiva en los propios evangelios, que se escribieron posteriormente.

Según el parecer de los estudiosos, Jesús no buscó fundar una religión nueva, ni tampoco pretendió crear ninguna iglesia. Todo ello fue surgiendo más tarde, de la mano del ya citado Pablo, cuyos escritos llegaron a conformar un primer cuerpo dogmático, caracterizado -como ocurre en toda secta que nace- por el mesianismo y la rigidez.

Es precisamente en ese marco sectario -en el sentido original del término-, donde encuentra un favorable caldo de cultivo el proselitismo: quienes se consideran portadores de la verdad pretenden atraer a ella a toda la humanidad (“todos los pueblos”).

Sin embargo, el mensaje genuino de Jesús no fue proselitista, sino que destaca, más bien, como llamada a una fraternidad universal, basada en actitudes de confianza radical y amor incondicional.

El proselitismo distingue entre “los nuestros” -que están en la verdad- y “los otros”, que deben ser convertidos a la misma. La comprensión de lo que somos sabe ver la verdad profunda de todo ser humano y, aunque de manera lúcida y crítica, se inclina respetuosamente ante el camino de cada cual.

¿Cómo veo a los otros?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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No os quedéis plantados mirando al cielo, pero mirad al cielo.

domingo, 21 de mayo de 2023
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383905AF-C7BB-48A9-989F-6B01AE3BC5D5Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

01,- Amigo de Dios: Teó – filo

San Lucas comienza el Libro de los Hechos (primer “diario” o “historia” de las comunidades cristianas) dirigiéndose a Teófilo, que significa: amigo de Dios. (Theos: Dios / philos: amigo).

Del mismo modo que en el evangelio de San Juan aparece la figura del Discípulo Amado, y todos somos discípulos amados de Dios. En San Lucas nos encontramos con el amigo  de Dios: amigos de Dios somos todos. Dios es nuestro amigo siempre.

    Bueno es que -como creyentes- nos sintamos amigos de Dios en la vida. Dios y Jesús son amigos nuestros.

02.- La Ascensión

    En el libro de los Hechos (que es de S Lucas), la Ascensión acontece a los cuarenta días de la Pascua, mientras que en el Evangelio de S Lucas, la Ascensión acontece el mismo día de Pascua.

    Por otra parte, los evangelistas Marcos, Juan y Mateo no narran la Ascensión.

San Mateo ubica la despedida –que no la Ascensión- de Jesús en Galilea (tierra de gentiles – misión) y se despide quedándose con ellos: estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos.

Esto significa que la Ascensión es un acontecimiento de fe, no un hecho históricamente comprobable

    Al final la Ascensión es un modo de hablar para decir que Jesús terminó en Dios o con Dios, pero sigue con nosotros y que ahora la misión de evangelizar es tarea nuestra.

03.- ¿Ascensión a los cielos?

El cielo de las estrellas y el cielo de la Ascensión al que ascendió Cristo no son idénticos.

En la fiesta de la Ascensión del Señor no estamos diciendo que Cristo, anticipándose a la ciencia moderna, emprendiera un viaje espacial.

La Ascensión de Cristo, más que una «subida» es un paso del tiempo a la eternidad, de lo visible o lo invisible, de la inmanencia a la trascendencia, de la opacidad del mundo a la luz de Dios, de los hombres a Dios, de la física a la meta-física. La Ascensión de Cristo es «ascensión» sólo en ese sentido.

El cielo no es un lugar, sino un estado personal en Dios.

El lugar de JesuCristo y el lugar del ser humano es Dios, el amor de Dios.

La Resurrección, la Ascensión y Pentecostés son aspectos diversos del mismo acontecimiento que es la Pascua. Los celebramos como momentos distintos por un poco de pedagogía y otro poco de liturgia para poner de relieve el rico contenido que hay en el hecho de pasar Cristo de este mundo al Padre.

04.- La Ascensión esperanza de la vida.

La última mirada.

    Lo vieron levantarse, marcharse y dejarles solos en la vida. Sea como fuere, el Jesús de la historia marchó y –de alguna manera- se despidió de los suyos.

    Es como la última mirada que dirigimos al ser querido que marcha o que nos deja definitivamente. Y dejas Pastor santo, que dirá Fray Luis de León (1527-1591).

Pero dos aspectos alivian y convierten la despedida en esperanza.

05.- La Ascensión alienta nuestra esperanza. Terminaremos como y donde terminó Jesús y María.

 El ser humano es esperante.

Decía el médico y filósofo Pedro Laín Entralgo (1908-2001) que el ser humano espera por naturaleza algo que no está en nuestra naturaleza. Nosotros no podemos darnos la plenitud, la recibimos de Dios.

06.- Celebramos que el Señor permanece y está con nosotros siempre hasta el fin de los tiempos.

Es cierto que no hay que quedarse plantados mirando al cielo, pero hemos de mirar al cielo.

Es una fiesta en la que intuimos y celebramos nuestro final. Vamos a terminar como Cristo, (y como la Virgen María: Asunción).

No os quedéis plantados mirando al cielo,

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Conocerse

sábado, 20 de mayo de 2023
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Del blog Nova Bella:

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Los hombres incapaces de pensar por sí mismos,

no piensan en absoluto.

*

Oscar Wilde

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«Un tema conflictivo», por Gabriel María Otalora

sábado, 20 de mayo de 2023
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La Congregación para la Doctrina de la Fe, ya en la época de J. Ratzinger, valoraba la complejidad de la homosexualidad cuando la señalaba como “no conforme” con la enseñanza de la Iglesia católica. Y aceptaba, de entrada, que el hecho homosexual tiene múltiples dimensiones. Naturalmente que en aquella época la rigidez se imponía en la valoración de la práctica homosexual haciendo tabla rasa contra ella. Ahora es una realidad social que cuenta con posturas de rechazo, pero también con la consideración y el respeto hacia quienes se sienten de diferente manera.

Lo mismo nos ocurre dentro de la propia Iglesia, donde la realidad homosexual acoge interpretaciones y posicionamientos sociales de rechazo y aceptación. Personas competentes en lo teológico, en lo pastoral y en definitiva, en los fundamentos cristianos, no condenan ni excluyen a este colectivo, bastante significativo ya incluso en el laicado católico y entre el estamento clerical.

 Han sido muchos años de persecución social y religiosa, donde las condenas excluyentes han ido más allá de una desautorización, llegando a satanizar al colectivo gay de manera inmisericorde, es decir, desde una actitud claramente antievangélica. Qué no decir de los cambios de sexo, donde habría que valorar cada caso con discernimiento, como se resalta en la Exhortación Amoris Laetitia. Todo ello merece una mirada más jesuánica y cristiana, al menos en paralelo a la ortodoxia legalista que ha llegado a proponer centros de sanación para gays y lesbianas. Yo sigo reivindicando el Dicasterio de la Ortopraxis, donde lo esencial, las actitudes de amor, sea la piedra de toque de toda la arquitectura católica.

Al menos el Papa Francisco ha dejado claro que la homosexualidad no es un delito y que  hay que terminar con la legislación injusta (sic) que penaliza las relaciones homosexuales en todo el mundo, o discrimina a la comunidad LGBTQ+. «Sí, (la Iglesia) tiene que trabajar para abrogar esas leyes. Lo que pasa es que algunos obispos tienen pendiente un proceso de conversión”… para alejarse de la homofobia, añado yo. El Papa tampoco se olvida de pedir a los padres y madres (2022) que no condenen a sus hijos si tienen una “orientación sexual diferente”.

Pero vayamos al meollo del asunto. Excluidos en tiempos de Jesús hubo muchos, mujeres y niños, extranjeros, recaudadores, enfermos varios, pecadores de todo signo, samaritanos… Y la actitud de Jesús fue siempre de acogida, e incluso de sanación aun en contra de las normas sacrosantas que lo impedían. ¿Por qué se comportó así? Por amor; sencillamente hizo lo que cualquiera hubiésemos hecho con un ser muy querido para nosotros, que es lo que somos todos y todas para Dios. Y a partir de aquí, viene lo esencial: no es posible rechazar a todo el colectivo homosexual, incluso a quienes se esfuerzan por amar ejemplarmente con verdadera entrega evangélica.

No sabemos por qué sienten atracción por los de su mismo sexo. Pero lo esencial es que pueden amar radicalmente, sentirse entregados al amor del otro o de la otra de manera ejemplar e incluso heroica, y hacerlo desde la única sensibilidad conocida por estas personas. Y muchos lo hacen. ¿Dónde está el delito, la desviación moral? Si aman de corazón a su pareja, ¿qué tenemos que condenar? ¿Qué concepto de pecado tenemos? No estoy justificando o desacreditando la homosexualidad; estoy defendiendo el amor limpio y puro, creado por Dios que dignifica a quienes lo practican, dando por hecho que hay personas en torno al colectivo LGBTQ+ tan maravillosas y egoístas como en el colectivo heterosexual.

¿Son mejores cristianos los heterosexuales, por serlo, que los homosexuales, aunque estén comprometidos por amor con su pareja del mismo sexo? No debemos estigmatizar a este colectivo prescindiendo de sus actitudes; que también para ellos vale la sentencia “Por sus hechos los conoceréis”. He tenido la ocasión de tratar habitualmente a varias personas homosexuales y no entiendo que se mantenga el estigma, incluso entre gentes piadosas. ¿Será otra forma encubierta de racismo, como la del color de la piel? Atentos a Jesús, el faro que nos ilumina el buen criterio

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Lo más doloroso

viernes, 19 de mayo de 2023
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Lo que nos es más íntimo es también lo que más nos asusta. Donde somos más nosotros mismos es donde solemos ser extraños para nosotros mismos. Esta es la parte más dolorosa de ser humanos. No conseguimos conocer nuestro centro escondido, y de este modo vivimos y morimos sin saber con frecuencia quiénes somos realmente«

*

Henri Nouwen

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Leonardo Boff: Principio-bondad: un proyecto de vida.

viernes, 19 de mayo de 2023
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calamidad-calamidades-Bolsonaro-esperanza-Lula_2519758005_16348338_660x371«Nunca están solo el bien por un lado y el mal por el otro»

En términos de ética, no se deben juzgar los actos tomados solo en sí mismos. Ellos remiten a un proyecto de fondo. Son concretizaciones de ese proyecto fundamental. Todo ser humano de forma explícita o implícita se orienta por una decisión básica. Ella es la que confiere valor ético y moral a los actos que pavimentan su vida. Por tanto, ese proyecto fundamental es el que debe ser tomado en cuenta y juzgar si es bueno o malo.

Como ambos vienen siempre mezclados, el dominante es el que se traduce por actos que definen una dirección en la vida. Preservada, queda la constatación de que bien y mal siempre andan juntos. Dicho en otras palabras: la realidad es siempre ambigua y acolitada por el bien y por el mal. Nunca están solo el bien por un lado y el mal por el otro.

La razón de esto reside en el hecho de que nuestra condición humana, por creación y no por deficiencia, es siempre sapiente y demente, sombría y luminosa, con pulsiones de vida y con pulsiones de muerte. Y esto simultáneamente, sin que podamos separar, como dice el Evangelio, la cizaña del trigo.

No obstante esta ambigüedad, lo que de verdad cuenta es la dimensión predominante, si es luminosa o sombría, bondadosa o malvada. Y aquí se funda el proyecto fundamental de la vida. Él define la dirección y el camino se hace caminando. Ese camino puede conocer desvíos, pues así es la condición ambigua humana, pero siempre puede volver a la dirección definida como fundamental. Los actos adquieren valor ético y moral a partir de ese proyecto fundamental. Él se afirma ante el tribunal de la conciencia, y para personas religiosas, es juzgado por Aquel que conoce nuestras intenciones más secretas y confiere el correspondiente valor al proyecto fundamental.

Seamos concretos: a alguien se le mete en la cabeza que quiere ser, a toda costa, rico. Todos los medios para tal proyecto son considerados válidos: habilidad, engaños, ruptura de contratos, golpes financieros y apropiaciones de fondos públicos, falsificando datos aumentándoles el valor real y haciendo las obras sin la calidad exigida. Su proyecto es acumular bienes y ser rico. Es el principio-maldad, aunque haga algún bien aquí y allá y cuando es muy rico ayude a proyectos benéficos. Pero siempre que no comprometan su proyecto básico de ser rico.

Otro se propone como proyecto fundamental ser siempre bueno, buscar la bondad en las personas e intentar que sus actos se alineen en esta dirección de bondad. Como es humano, en él también puede haber actos malos. Son desvíos del proyecto pero no son de tal envergadura que destruyan el proyecto fundamental de ser bueno. Se da cuenta de sus malos actos, se corrige, pide perdón y retoma el camino de vida definido: procurar ser bueno. Esto implica ser siempre, cada día, mejor y nunca desistir frente a las dificultades y caídas personales. Lo decisivo es reasumir el principio-bondad que puede crecer siempre indefinidamente. Nadie es bueno hasta cierto punto y después se para, por estimar que alcanzó su fin. La bondad así como otros valores positivos no conocen limitaciones.

En nuestro país hemos vivido, incluyendo multitudes, bajo el principio-maldad. A partir de ese principio todo valía: la mentira, las fake news, la calumnia y la destrucción de biografias que, notoriamente, eran buenas. Fueron usados de forma abusiva los medios digitales, inspirados en el principio-maldad.

Por esta razón, muchos miles de personas fueron víctimas de la Covid-19 cuando podrían haberse salvado. Indígenas, como los yanomami, fueron considerados infrahumanos e, intencionadamente, abandonados a su propia suerte. En estos fatídicos años de vigencia del principio-maldad más de 500 niños yanomami murieron de hambre y de enfermedades derivadas del hambre. Se desmontaron las principales instituciones de este país como la salud pública, la educación, la ciencia y el cuidado de la naturaleza.

Finalmente, de forma insidiosa, se intentó un golpe de estado buscando destruir la democracia e imponer un régimen dictatorial, culturalmente retrógrado  y éticamente perverso por exaltar claramente la tortura. En ellos había también el principio-bondad pero fue reprimido o cubierto de cenizas por malas acciones que impedían su vigencia, sin destruirlo nunca totalmente porque forma parte de la esencia de lo humano.

Pero el principio-bondad, a fin de cuentas siempre acaba triunfando. La llama sagrada que arde dentro de cada persona jamás puede ser apagada. Ella es la que sustenta la resistencia, inflama la crítica y confiere la fuerza invencible de lo justo y de lo recto. Era el principio-bondad que venía bajo el signo de la democracia, del estado de derecho y del respeto a los valores fundamentales del ciudadano. A pesar de todas las artimañas, violencias, atentados, amenazas y uso vergonzoso de los aparatos de estado, comprando literalmente la voluntad de las personas o impidiéndoles a manifestar su voto, los que se orientaban por el principio-maldad fueron derrotados. Pero nunca hasta hoy han reconocido la derrota. Ellos siguen con su acción destructiva, que hoy ha adquirido dimensiones planetarias con el ascenso de la extrema derecha. Pero deben ser contenidos y ganados por el despertar del principio-bondad que se encuentra en ellos. Juzgados y castigados tendrán que aprender la bondad de la vida y el bien de todo un pueblo y aportar su contribución. En la historia conocemos tragedias de los que se aferraron al principio-maldad hasta el punto de poner fin a su propia vida en vez de rescatar humildemente el principio-bondad y su humanidad más profunda.

¿Hasta dónde llega la bondad humana sin Dios?

En este final nos inspira tal vez la palabra poética de un autor anónimo de hacia el año 900, que se canta en la fiesta cristiana de Pentecostés. Se refiere al Espíritu que actúa siempre en la naturaleza y en la historia:

Lava lo que es sórdido/Riega lo que es árido/Sana lo que está enfermo.

Dobla lo que es rígido/Calienta lo que es gélido/Guía lo desorientado.

Leonardo Boff

Fuente Religión Digital

*Leonardo Boff ha escrito El Espíritu Santo: fuego interior, dador de vida y Padre de los pobres, PAVSA, Managua 2014

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Sencillez

jueves, 18 de mayo de 2023
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Del blog Nova Bella:

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Es sencillo hacer que las cosas sean complicadas,

pero difícil hacer que sean sencillas.

*

Nietzsche

***

 

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«Soledad que hiere, soledad que sana», por José Arregi

jueves, 18 de mayo de 2023
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desiertoDe su blog Umbrales de Luz:

Cuando los compañeros organizadores de este ciclo sobre “espiritualidad y sufrimiento” me propusieron hablar sobre soledad y sufrimiento, lo primero que pensé–como me ocurre con frecuencia– fue en la ambigüedad de los términos, del término soledad en este caso, y en la necesidad de aclararlos. Por ahí empezaré.

Hay una soledad que nos hiere de muerte.“Vae soli!”, “Ay del solo”, dice el adagio latino, extraído de un versículo del sabio bíblico Kohelet: “Ay del solo si cae: no tiene quien lo levante” (Kohelet 4,10). Es verdad: pobre del que camina solo por el monte y cae. Pero ¿no es aun más pobre el que, yendo en compañía, es derribado y abandonado por sus propios compañeros? ¿Y no es también más pobre quien, por la razón que fuere, se va apartando de toda compañía y se va hundiendo hasta la muerte? En definitiva, la “soledad que hiere” es siempre la soledad del aislamiento.

El término soledad expresa también, sin embargo, justo lo contrario del aislamiento, a saber: la absoluta solidaridad que nos constituye, la plena comunión que somos en lo más profundo. A eso llamo “la soledad que sana” y hace vivir. No sé si es muy oportuno que designemos con el mismo término –soledad– cosas tan opuestas y a la vez tan fundamentales, pero así es nuestro lenguaje.

Así nos sucede igualmente con el término “espiritualidad”, que todavía sigue sonando a introspección insolidaria, a interioridad solipsista y apolítica. En estas reflexiones, quiero reivindicar, por el contrario, la espiritualidad como experiencia vital profunda, inseparablemente individual y política, sanadora de las soledades que nos hieren. Y voy a señalar algunos elementos fundamentales de la espiritualidad como soledad-solidaridad sanadora, algunos hitos del camino de la soledad-solidaridad que lleva a la sanación de la soledad-aislamiento.

  1. Mirar con compasión a las caídas en soledad

Junto con la guerra y el hambre y sus terribles secuelas, en este mundo hiperconectado y globalizado, en este mundo de redes y metaversos, la soledad es una de las grandes causas del sufrimiento de los seres humanos.

El panorama es planetario y terrible, y más presente y evidente que nunca en esta era de la digitalización y de la globalización planetaria: la soledad del niño mal querido o abandonado, la soledad de la adolescente que necesita romper su dependencia y no acaba de encontrarse a sí misma, la soledad de quien no llega a querer ni a sentirse querido, la soledad de la familia desahuciada de su casa, la soledad de quien pierde su trabajo y con el trabajo pierde el pan de hoy y de mañana para sí y las suyas, la soledad de las expulsadas de su tierra y de su pueblo por el hambre o por la guerra, la soledad de los enfermos olvidados, la soledad de los deprimidos, la soledad de las ancianas, la soledad de los prisioneros, la terrible soledad de una patera abarrotada y abandonada a su desgracia en medio del mar… La soledad, la soledad, la soledad. Multitudes sin un lugar para vivir en un mundo común.

La soledad hiere hoy más que nunca. Hace unos días, Nuria Larari publicaba un artículo titulado “Me siento más sola que nunca (en la historia de la humanidad)”. Decía, por ejemplo: “Las relaciones se han vuelto más líquidas entre nosotros y más difusas. La ciudad primero e Internet después se convirtieron en auténticas trituradoras de los lazos que nos unían a los demás” (Diario EL PAÍS, 25 de marzo de 2023).

No podemos desviar la mirada y pasar de largo, con toda clase de excusas, como el sacerdote y el levita de la parábola del Buen Samaritano, uno de los relatos más interpelantes, provocadores y conmovedores de la literatura universal. El caminante solitario asaltado y abandonado al borde del camino desmantela todos los argumentos justificadores de este desorden planetario creciente. La soledad y el desamparo de la abandonada grita a nuestros oídos: Quien no se hace prójimo se hace cómplice, y el cómplice pierde su aliento vital.

La primera expresión de la espiritualidad, religiosa o no, consiste en abrirnos con todos nuestros sentidos a esas soledades que hieren: mirar, escuchar, tocar, oler, sentir el sabor de su amargura. Padecer como propia esa soledad hiriente, que las entrañas del ser se remuevan ante el grito de la humanidad caída y de la Tierra amenazada: somos esa humanidad caída, somos esa Tierra desgarrada, somos la madre parturienta y el niño recién nacido de la barca de madera abandonada entre el oleaje.

Esa mirada-sensibilidad integral hecha de compasión es el primer criterio de la espiritualidad: su signo inconfundible y su medida más certera. Nuestra especie humana, y toda esta comunidad viviente de la que formamos parte en nuestro planeta común Tierra, solo tendrá salvación si desarrollamos la sensibilidad espiritual, personal y política, si nos dejamos convocar todos juntos a formar una ola de relaciones globales sanadoras, un tsunami salvador.

  1. Discernir las causas de la soledad que hiere

Quien mira con compasión espiritual no puede sino preguntarse por qué sufre esa persona o ese colectivo al que ve sufrir. “El amor consiste en preguntarle a otro: ¿qué te duele?”, escribió Simone Weil. ¿Por qué sufre la persona que está sola? ¿Por qué la soledad es una de las grandes causas del sufrimiento humano? ¿Sufre acaso por estar físicamente solo? ¿O solo por pensar distinto? ¿O por ser diferente (en su cuerpo, su psicología, su orientación sexual, su opción política, su origen étnico, su creencia o su pertenencia religiosa)?

La mirada espiritual es mirada compasiva, pero la auténtica compasión es lúcida, crítica y activa. La mirada espiritual se pregunta por qué la soledad hiere, por qué tanta gente cae sola y no puede levantarse, por qué se dan todas esas situaciones de sufrimiento mortal en soledad.

Al igual que no por tener más relaciones vivimos más acompañados, tampoco por vivir físicamente solos tenemos por qué sufrir: un 10,4 % de los ciudadanos del Estado Español viven solos, y un 25 % de las casas están habitadas por una sola persona, pero eso a veces es un lujo que para sí quisiera mucha gente que vive sin casa donde estar a solas. Y la peor de las desgracias, peor aun que vivir solo en la calle, puede ser vivir en una casa siendo humillada y maltratada por el compañero. Lo mismo se podría aplicar a tantas otras situaciones de soledad aparente.

Si miramos bien, descubrimos que el sufrimiento de la soledad, la soledad que hiere, no se da por la mera soledad (física, psicológica, política, étnica, religiosa, etc., sino más bien por el aislamiento. Las situaciones de soledad no hieren por la soledad sin más, sino por el aislamiento que las provoca. Y el aislamiento puede deberse a que un individuo o un colectivo se aísla a sí mismo, o a que es aislado por otro o por otros, por la sociedad, el partido, o la institución eclesial, o el Estado o la Comunidad internacional.

El ser humano no es un ser aislado. Cuando Buda dijo que “el ser humano nace solo, vive solo y, muere solo” se refería a la soledad psíquica ilusoria del ego ilusorio. Tiene razón Buda en que la mente humana se engaña cuando fabrica su ego aislado y su autoaislamiento, pero tal vez descuida demasiado la dimensión estructural y política del aislamiento. Ambos (el autoaislamiento mental individual y el aislamiento estructural socio-político) están siempre, sin excepción, inseparablemente relacionados entre sí. Me aíslo porque me aíslan y me aíslan porque me aíslo. Y, sin duda, el factor más palmario y determinante es el aislamiento estructural socio-político. Lo que hunde a un emigrante no es tanto que se encuentre solo, sino que no encuentre a quien le acoja, le socorra, le ayude a integrarse en una nueva sociedad. La desgracia de una persona LGTBIQ+ no es ser como es, sino ser marginado, humillado, abandonado.

La soledad hiere cuando a alguien se le rompen sus relaciones fundantes, cuando se van disolviendo los vínculos que le construyen en su ser profundo, cuando se ve privado de las relaciones que le constituyen. En esa disolución de las relaciones constitutivas consiste el aislamiento. Y esa es la soledad que hiere y duele. El aislamiento destruye la relación, y nos lleva a morir en lo más vivo de nosotros, pues para ser nosotros necesitamos esencialmente el reconocimiento, la aceptación, el afecto de otros. La soledad del aislamiento nos destruye en nuestras raíces, nuestros vínculos nutritivos, nuestra estima y dignidad, nuestra fe y amor de nosotros mismos, nuestro aliento vital, nuestro respiro y esperanza. El aislamiento nos enferma, porque no hay salud física ni psíquica sin relaciones sanas, armoniosas. El aislamiento nos impide respirar, nos hace experimentar la muerte espiritual, porque el espíritu es relación, como la respiración. El aislamiento puede llevar a morirnos físicamente, porque la vida – desde su forma más elemental a la más compleja– se deriva de la relación, de una estructura de relaciones armoniosas.

Hay soledades que hieren, del mismo modo que hay compañías o comunidades que destruyen. De modo que el aislamiento se da tanto en forma de soledad como en forma de compañía. Y puede mucho más doloroso sentirse aislado viviendo en compañía que viviendo solo.

Nadie se siente herido en su soledad si no es aislado ni se aísla. Nadie sufre sin más por ser distinto o hallarse solo, sino por ser separado, abandonado, condenado. En realidad, como luego insistiré, nada está constitutivamente “solo”. Todos los seres son, sí, formas con identidad propia, pero cada forma se constituye a partir de la relación con el universo entero. Así es también entre nosotros, los seres humanos. Nadie está o debería sentirse de por sí aislado, por solo que se halle, pues somos individuos convivientes en comunión profunda con todo. Sin embargo, tanto la relación misma como la armonía entre identidad y relación son, en nuestra especie, más compleja y conflictiva que en ninguna de las otras especies animales conocidas.

¿Qué le pasa a esta especie humana que es capaz de tanta ternura, compasión y empatía, pero capaz también de tanto autoaislamiento suicida y de tanto aislamiento cruel de los demás? No puedo pensar que sea por maldad: nadie aísla a nadie por libre voluntad consciente, sino por falta de verdadera voluntad y de verdadera libertad. Ni podemos pensar, obviamente, como tantas culturas y religiones antiguas pensaron y muchos siguen aún pensando: que nos aislamos y matamos unos a otros por la caída de unos primeros padres de la humanidad que habrían transmitido a toda su descendencia su culpa con sus consecuencias. Y menos podemos pensar que estas consecuencias sean debidas a que habríamos sido expulsados de un paraíso originario por un “Dios” supremo castigador. Vivimos aislados y nos aislamos mutuamente porque estamos inacabados, porque estamos insuficientemente evolucionados, porque aún no hemos llegado a ser lo que somos en el fondo o podemos ser. Pero está en nuestras manos. “Tú puedes”, dice Dios a Caín en el mito bíblico. Tú puedes ser más plenamente tú siendo más plenamente hermano, hermana, de tu hermano.

  1. Acompañar a las personas aisladas

Vuelvo a la parábola del Buen Samaritano, una parábola de la violencia que hiere al mundo y de la projimidad que lo sana, un relato inspirado por el espíritu universal de la compasión subversiva: un samaritano, tachado de hereje o pagano por la religión dominante, “que iba de viaje”, llega junto al herido abandonado, lo ve, siente compasión, se acerca y le venda las heridas después de habérselas curado con aceite y y vino, lo monta en su cabalgadura, lo lleva a un mesón y cuida de él (cf. Evangelio de Lucas 10,33-34).

Todo está dicho. El “hombre que bajaba de Jerusalén a Jericó”, que “cayó en manos de los salteadores”, “que, después de desnudarlo y golpearlo sin piedad, se alejaron dejándolo medio muerto”, ese hombre solo es muchedumbre, eres también tú, soy también yo. El sacerdote y el levita del templo que, al verlo, no lo miran ni se acercan, sino que “se desvían y pasan de largo”, ese sacerdote y ese levita son los poderosos, los poderes fácticos, y tanta gente normal que hace su vida y se inhibe porque no sabe o porque no quiere, ese sacerdote y ese levita también eres tú, soy también yo. Apartamos la mirada, damos mil rodeos, pasamos de largo.

Y el samaritano que ve y siente compasión, que se acerca, se hace próximo, prójimo, hermano, que se hace cargo, se encarga del herido y carga con él, esa samaritana puedes ser, eres también tú, y yo, y todas, todos. Todas somos caminantes, vamos de viaje como él, y en el camino nos encontramos con personas heridas, aisladas, abandonadas por personas o por sistemas, por personas y sistemas a la vez.

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A ti que mantienes la Fe

miércoles, 17 de mayo de 2023
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Este 17 de mayo, cuando se cumplen 33 años desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) retiró la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales, las organizaciones que trabajan en pro del colectivo de lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales (Lgbti), se pronuncian sobre el aún latente y creciente mal que recorre a la sociedad abrigado en la LGBTfobia, es decir, lesbofobia, homofobia, transfobia, bifobia e interfobia. Y nosotros, también en este día, alzamos nuestra voz…

Celebramos hoy el Día internacional contra la Homofobia con estos textos  perfectos para remarcar especialmente la lucha contra la LGTBIfobia, así que nos quedamos con estas palabras cargadas de esperanza en el futuro.

“El que os recibe a vosotros, me recibe a mí. Recibe al que me ha enviado”

(Mt 10,40). 

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“En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.”
Mateo 25, 40

A ti que mantienes la fe
En la dignidad del hombre,
En todos los países del mundo,
Y para siempre.

El futuro te pertenece,
Te dará la razón
Será a tu imagen,
Y para siempre.

Podrás ver retroceder
La intolerancia, el odio,
La ceguera, la ignorancia,
Y para siempre

Por todos los que han caído,
Por todos los que han llorado,
Juntos quedaremos,
Mano con mano”

*

Amin Maalouf

***

***

Nadie tiene el derecho en verdad
de censurarme, de juzgarme
y preciso
que es la naturaleza quien
es sólo responsable si
soy un homosexual como dicen”

*

( Comme ils disent, Charles Aznavour)

Vivo solo con mi madre
en un antiguo apartamento,
calle Sarasate.
Tengo como compañía
una tortuga, dos canarios y una gata.

Para dejar a mamá descansar
a menudo hago la compra
y la cocina.
Ordeno, lavo y limpio
y algunas veces coso a máquina.

El trabajo no me asusta.
Soy un poco decorador,
un poco estilista,
pero mi verdadera profesión
es la noche… ejerzo de travesti,
soy un artista.

Tengo un número muy especial
que termina en desnudo integral
después de un strip-tease,
y en la sala veo que
los varones no creen lo que ven sus ojos
soy un “homo”, como dicen.

Hacia las tres de la mañana
vamos a comer los amigos
de cualquier sexo,
a cualquier bar.
Lo pasamos en grande y sin complejos,
exponemos todas las verdades
sobre la gente que mete la nariz
y los lapidamos.
Pero lo hacemos con humor
envuelto en doble sentido
mojados en ácido.

Encontramos algunos retrasados
que por sorprender a los comensales
van y se mueven imitando lo que creen de nosotros.
Y hacen el ridículo, pobres locos,
gesticulan y hablan fuerte.
Actúan como divas, personajes de la idiotez.
Las burlas y los insultos
me dejan frío porque es verdad,
soy “homo” como dicen.

A la hora que nace un nuevo día
regreso a casa para entregarme a mi soledad.
Me quito las pestañas y la peluca
como un pobre payaso, infeliz por el cansancio.
Me acuesto pero no duermo.
Pienso en mis tristes amantes, tan patéticos.
En este muchacho bello como un dios,
que sin hacer nada prendió fuego a mi memoria.
Mi boca jamás se atreverá
a reconocerle mi dulce secreto, mi tierno drama,
porque la causa de todos mis tormentos
es que el pasa la mayor parte de su tiempo en cama de mujeres.
Nadie tiene la verdad absoluta
como para censurarme, para juzgarme,
y creo con rotundidad que es la naturaleza
la única responsable de que yo sea
un “homo” ¡oh!, como dicen.

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IDAHO2010

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“Cuidado con la Biblia porque…”, por Rubén Bernal

miércoles, 17 de mayo de 2023
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Un-hombre-estudia-la-Bibliaestudios-biblicosEn el Día Internacional contra la Homofobia, nada mejor que releer este magnífico artículo que destroza los discursos de odio “basados” en la Biblia:

Concuerdo con Walter Brueggemann cuando dice: «El análisis de las Escrituras es, entre otras cosas, como un banquete»[1] ¡Oh bendito y delicioso banquete! ¡Cuánta razón tienes señor Brueggemann! ¡Cuántos variados y exquisitos manjares nos aguardan en sus páginas! Por su parte, J. C. Ryle decía: «Deberíamos leer nuestras biblias como hombres (yo diría aquí “como personas”) cavando en busca de un tesoro»[2] Y no es que necesariamente tengamos que cavar muy profundamente en el ropaje o envoltorio cultural, lingüístico o social de los textos bíblicos para hallar dicho tesoro, sino que muchas veces (aunque no siempre) –de forma perspicua– lo vemos a través de ese ropaje humano, pues ahí mismo florece como una rosa (sí, una rosa que, al tomarla para aspirar su delicioso perfume, puede clavar sus púas contra nuestro ego, desafiándonos incómodamente a examinarnos para quitar cosas de nuestra vida). A su manera, y siguiendo el hilo del «buscatesoros», también Craig Keener expresa:

Un exégeta puro puede encontrar muchos tesoros intelectuales en las Escrituras; pero solo un verdadero discípulo puede experimentar la plenitud de esos tesoros en su vida[3]

Como nos gusta recordar: «Todo escrito inspirado por Dios sirve además para enseñar, reprender, corregir, educar en rectitud; así el hombre [anthropos = persona] de Dios será competente, perfectamente equipado para cualquier buena tarea» (2Tim 3,16-17 NBE)[4] Esta inspiración queda en nosotros reconocida por el testimonium internum del Espíritu, [5]avistando que a pesar de la gran cantidad de autores humanos que compusieron la Biblia, o de la variedad de géneros literarios, o de incluso la cultura humana que subyace en sus textos, el panorámico sentido general o el hilo conductor nos remite a su auctor primarius. Afirmamos que a través de ella Dios habla y revela su voluntad (artículo 1 de la Confesión de fe de la IEE [6]), en ella Dios se nos da a conocer a sí mismo[7] Las Escrituras no son un «cristo encuadernado»pero nos conducen a Cristo, la Palabra encarnada de Dios, y vehicula su mensaje para nosotros/as; [8] no nos deja solo en el rol de lectores, sino que nos conduce a tomar la posición de participantes en una relación existencial con Dios por medio de Jesucristo.

Creo que es una experiencia común el hecho de que, muchas veces, un pasaje con el que estamos relacionados, no nos llega (por decirlo de algún modo), o nos llega de una manera meramente intelectual, hasta que, un día cualquiera, vuelves a leerlo y te topas en ese instante con la voz de Dios hablándote de un modo especial, abriéndote el entendimiento. Lo que entendíamos mentalmente (o a veces ni eso), pasa a ser comprendido de un modo íntimo. Hay unas palabras de Rowan Williams que señalan este asunto:

Estoy seguro de que Pedro, Juan y los demás discípulos no eran muy distintos de nosotros; es decir, ellos tenían esos días en los que uno no entiende nada, pero también esos días en los que las piezas empiezan a encajar y vislumbras el impresionante panorama que poco a poco se va desvelando ante ti. [9]

Precisamente los discípulos, después de la resurrección de Jesucristo, necesitaron que el Señor les abriese el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras (Lc 24,45; Lc 24,27). Seguimos necesitando que el Espíritu del Señor nos dé un discernimiento global de su mensaje, para no caer en reduccionismos, literalismos y lecturas faltas de gracia y alejadas del propio Jesús. [10] Jesús es precisamente nuestra clave hermenéutica porque él es la exégesis definitiva de Dios, es quien traduce a nuestra existencia humana la Palabra de Dios en estado puro (Jn 1,18)[11]

Sin embargo, independientemente de nuestro contexto como lectores de la Biblia, corremos el riesgo de domesticarla de modo que deje de interpelarnos. Usaríamos entonces sus páginas (y al Dios que nos presenta) a nuestra conveniencia, al servicio de nuestros propios ídolos [12] de modo que ya no nos enseñaría, ni nos reprendería o corregiría, ni animaría o consolaría. Así tristemente, todo el delicioso banquete del que hablaba Brueggeman, se quedaría empapado; inundado del mismo y repetitivo sabor a kétchup barato al que le hemos sometido. Por consiguiente, la degustación de cada bocado nos resultaría monótona, pues ya la Biblia solo nos serviría amaestrada al servicio de nuestros intereses personales e ideológicos.

¡Cuidado con la Biblia cuando la instrumentalizamos a conveniencia para que diga lo que queremos forzarla a decir, cuando la sometemos al servicio de nuestros ídolos!

Cuidado con la Biblia porque desde ella –aunque más bien es desde nosotros/as– podemos además cometer atrocidades mediante una pésima hermenéutica (evito citar bestialidades que se han justificado con el libro sagrado en la mano).

La bibliolatría, que inconscientemente  hace de la Biblia una «Hipóstasis» divina (como un cuarto miembro de la Trinidad), sería otra razón por la cual hemos de tener cuidado, así como también la degeneración a la que a veces deriva el principio de Sola Scriptura por parte del biblicismo fundamentalista, cuando despega dicho principio del «resto de las connotaciones teológicas que [también] harían [conjuntamente] la teología de la Reforma» [13].

Cuidado con la Biblia porque, cuando proyectamos sobre ella algunas precomprensiones y clichés sobre la normatividad actual de todos sus pasajes, [14] somos capaces de extrapolar a nuestros días códigos legales que los cristianos ya no usamos (como por ejemplo el Código de Santidad que tenemos en los capítulos 17 al 26 de Levítico, que prohíbe muchas cosas que sí hacemos hoy en día, pero que permite comprar y vender esclavos 25,44-46 o asesinar tanto al blasfemo 24,14 como a quienes se junten con varón como con mujer 20,13) [15].

Cuidado con la Biblia porque, del mismo modo que el diablo hizo en el relato de las tentaciones en el desierto (Lc 4,1-13), se la puede usar para poner trabas al proyecto del reino de Dios. Se puede manipular a la gente en nombre de Dios con pasajes fuera de contexto. Incluso ha sido empleada o exhibida innumerables veces por políticos para atraer el voto de creyentes ingenuos, e incluso para justificar acciones para las que, en realidad, no hay excusa ni defensa. Me parece muy ilustrativa la frase de Carnegie (el malvado antagonista de la película El Libro de Elí), este personaje, que rige una ciudad de modo dictatorial, quiere apoderarse de un ejemplar de las Sagradas Escrituras para gobernar con ella a las personas a su antojo y dice:

No es un libro, es un arma que apunta directamente al corazón y al cerebro de las personas. La gente hará cualquier cosa que se les diga, si se emplean las palabras de ese libro. Ya ha sucedido antes, y volverá a suceder.[16]

Otro tema distinto, preocupante también, es el riesgo que corremos cuando nuestro estudio de la Biblia solo persigue la búsqueda de conocimientos para alardear, con tal de tener armas para discutir competitivamente contra quienes nos parecen enemigos, o simplemente para creernos superiores –desde un academicismo elitista– respecto a quienes saben menos. [17] Es un riesgo y una actitud desenfocada aprender más sobre ella para vanagloriarnos y presumir.

¡Pero cómo cambia la cosa, cuando leemos las Escrituras con la actitud del buscador de tesoros, con hambre de degustar la Palabra viva del Dios vivo! ¡Qué hermoso lo que ocurre cuando en comunidad hacemos un estudio bíblico y se comparten matices y vivencias a la luz de las Escrituras! La lectura comunitaria de la Biblia, bien sea incluso mediante una plataforma virtual, es un auténtico deleite. En esos encuentros, tanto la persona de pocos estudios en estas disciplinas como quienes tienen una trayectoria académica en ciencias bíblicas o teología, escuchan e interrogan conjuntamente al texto sagrado con una sana actitud. En efecto, cuando nos reunimos en torno a la Escritura para estudiarla, para dejarla hablar, es para las personas presentes un banquete. En estos encuentros se mueven, como compañeros de baile, tanto los aportes exegéticos de quienes están acostumbrados a esas disciplinas, trasportándonos al contexto en que fueron escritos, junto con las relecturas de quienes ven la realidad contemporánea desde la luz de los textos.

En primera instancia, los pasajes bíblicos tienen un contexto remoto, unas épocas en la que se escribieron, unas circunstancias directas para las cuales se fueron plasmando por escrito, pero al mismo tiempo estos pasajes –desde una lectura cuidadosa y orientada por el Espíritu– pueden arrojar luz en nuestro caminar diario. Así lo creo porque así lo vivo. No amaestremos la Biblia, ni tampoco la convirtamos en un fin en sí misma, no empapemos sus manjares con kétchup de mala calidad, degustemos sus pasajes y dejémosla hablar.


[1] W. BRUEGGEMANN; La Biblia, fuente de sentido (Barcelona: Claret, 2007) p.34.

[2] J. C. RYLE; Expository Thoughts on John, Vol. 1 (Carlisle: Banner of Truth, 1869/2012) 1:243-245.

[3] C. KEENER; Hermenéutica del Espíritu: leyendo las Escrituras a la luz de Pentecostés(Salem: Kerigma, 2017) p.326.

[4] Aquí el uso de la Nueva Biblia Española (L. A. Schökel – J. Mateos) es meramente por motivos estéticos (poéticos). Obviamente hay una diferencia de sentido entre «toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil… (RV60)» a una propuesta de traducción como «toda Escritura (que es) inspirada por Dios es también útil…», pero el autor está escribiendo a creyentes que ya conocen cuáles son esos textos inspirados, y el griego permite ambas traducciones. De hecho, en la traducción de Lutero (1545) aparece así «Porque toda la Escritura dada por Dios, sirve para…». La Biblia del Oso de Casiodoro de Reina (1569) traduce: «Toda Escritura inspirada divinamente es útil…»; y la revisión de Cipriano de Valera conocida como la Biblia del Cántaro (1602), mantiene la misma forma. De igual modo, el Nuevo Testamento de Francisco de Enzinas (1543): «toda escritura divinamente inspirada es provechosa para…». La propuesta de la Reina-Valera 2020 es «Toda Escritura es inspirada por Dios y útil…» (sin el «la» delante de «Escritura»). Además, debe decirse que, en primera instancia, como aún no existía el canon del NT, la alusión que se hace con Escrituras es una referencia al Antiguo Testamento, el cual, por cierto, aparece en su uso neotestamentario (es decir en citas y referencias), siguiendo directamente el texto griego de la Septuaginta, y no el texto hebreo.

[5] J. CALVINO; Institución de la Religión Cristiana, I. IX.3. y I.VII.5.

[6] La confesión de fe de la IEE está inspirada en la Segunda Confesión Helvética (1566) que en el siglo XVI facilitó la aproximación entre zwinglinianos y calvinistas. La IEE (Iglesia Evangélica Española) es una iglesia protestante unida en la que convergen diversas tradiciones denominacionales históricas, siendo más predominante la rama presbiteriana y la metodista (pero no fueron las únicas).

[7] Artículo 2 de la Confesión Belga de 1561 (conocida en un principio como Confesión de los Países Bajos por estar esta región incluida en ellos). El concepto de “darse a conocer” está bastante en línea con la forma contemporánea de entender la Revelación, no tanto de forma proposicional (como una revelación de contenidos), sino de un modo relacional, de autoentrega de Dios, de darse a conocer mediante sus acciones salvíficas. Esto no es solo así en la reflexión protestante contemporánea sino que también se percibe en la católica romana, pues en esta última puede distinguirse notablemente comparando Dei Filius (C. Vaticano I) y Dei Verbum (C. Vaticano II).

[8] Para las viejas batallas de si la Biblia «es» la Palabra de Dios, o si «contiene» la Palabra de Dios, pueden verse dos razonamientos de dos teólogos protestantes españoles: cf. J. M. TELLERÍA; El método en teología. Reflexiones sobre una metodología teológica protestante para el siglo XXI (Las Palmas de Gran Canaria: Mundo Bíblico, 2011) p.181; y también: M. GARCÍA; Redescubrir la Palabra. Cómo leer la Biblia (Viladecavalls: CLIE, 2016) pp.217-218. En la actualidad hay otras formas de tratar el tema.

[9] R. WILLIAMS; Ser discípulo. Rasgos esenciales de la vida cristiana (Salamanca: Sígueme, 2019) p.19.

[10] R. BERNAL; La Ascensión en Lucas-Hechos. Protestantes Nº 4, marzo 2021 (Revista oficial de la Iglesia Evangélica Española) p.16.

[11] Sobre esto: P. BONILLA; Jesús ¡ese exagerado! (Quito: CLAI, 2000) p.XIV. cf. B. SESBOUÉ; Jesucristo el único mediador. Ensayo sobre la redención y la salvación. Tomo 1 (Salamanca: Secretariado Trinitario, 1990) p.117. cf. A. TORRES QUEIRUGA; Recuperar la salvación. Para una interpretación liberadora de la experiencia cristiana, 2 ed. (Santander: Sal Terrae, 1995) p.150.

[12] José Ignacio González Faus dice: «Cuando usamos a Dios [o para el caso aquí la Biblia] para la defensa de algo, hemos puesto ese algo por encima de Dios; por consiguiente, lo hemos convertido en un ídolo». J. I. GONZÁLEZ FAUS – J. VIVES; Creer, sólo se puede en Dios. En Dios sólo se puede creer. Ensayos sobre las imágenes de Dios en el mundo actual (Santander: Sal Terrae, 1985) p.43.

[13] Cf. nota 385 en: J. L. AVENDAÑO; Un Esbozo de teodicea a la luz de la Theologia Crucis. Martín Lutero ante el misterio del sufrimiento humano, cristiano (Salem: Kerigma, 2020) 182.

[14] Como cuando se argumenta que lo que se dijo una vez, por ejemplo en el Pentateuco, queda validado para siempre siendo esta la razón de que no vuelva a repetirse de nuevo en los más recientes.

[15] Comer sangre (que por cierto en España es costumbre comer morcilla que está hecha con sangre) queda bajo pena de ser extirpado del pueblo (17,10), sembrar en un campo dos clases de semillas o llevar ropas de dos tejidos diferentes está terminantemente prohibido (19,19), tampoco se permitía raparse la cabeza en redondo (19,27), ni comerse un animal muerto o despedazado por las fieras (22,8), etc.

[16] The Book of Eli (en Latinoamérica es El Libro de los Secretos) es una película de 2010 dirigida por los hermanos Hughes, escrita por Gary Whitta y protagonizada por Denzel Washington (quien por cierto es un creyente comprometido perteneciente a las Asambleas de Dios).

[17] Para ello quiero traer estas palabras de J. I. Packer: «si estudiar la Biblia no representa un motivo más elevado que el deseo de saber todas las respuestas, entonces nos veremos encaminados directamente a un estado de engreimiento y autoengaño. Debemos cuidar nuestro corazón a fin de no abrigar una actitud semejante, y orar para que ello no ocurra». J. I. PACKER; Conociendo a Dios (Viladecavalls: CLIE/Oasis, 1985) p.16.


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Rubén Bernal Pavón (Málaga, España), es graduado en Teología por la Facultad de Teología SEUT (Madrid) con un máster en Teología Fundamental por la Universidad de Murcia.

Ha realizado estudios teológicos en el Instituto Superior de Teología y Ciencias Bíblicas CEIBI (Santa Cruz de Tenerife). Tiene una diplomatura en Religión, Género y Sexualidad por UCEL/GEMRIP (Rosario, Argentina).

Pastor de la Iglesia Protestante del Redentor de Málaga (IEE). Rubén es uno de los directores de Lupa Protestante.

Fuente Lupa Protestante

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¿Qué iba a decir el jesuita Josep Baquer en la conferencia cancelada en Pamplona sobre “la bendición de la pareja humana”?

miércoles, 17 de mayo de 2023
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Cologne (Germany), 09/05/2021.- Believers attend an open-air blessing service for lovers in sign of the rainbow in front of the Catholic Church of Christ Resurrection, in Cologne, Germany, 09 May 2021. Catholic clergy in North Rhine-Westphalia bless homosexual couples around 10 May, as well as other lovers, without secrecy and whether same-sex or not, married or not. (Alemania, Colonia) EFE/EPA/SASCHA STEINBACH

Bendición a parejas gais en la parroquia Cristo Resucitado de Colonia Alemania) EFE/EPA/SASCHA STEINBACH

¿Qué iba a decir el jesuita Josep Baquer en la conferencia cancelada en Pamplona sobre “la bendición de la pareja humana”?

11/05/2023 | Rubén Cruz

Vida Nueva accede al material de la ponencia que el arzobispado impidió al religioso ofrecer en el Centro Loyola

“Las personas homosexuales que se aman y quieren formar pareja y matrimonio, con un proyecto de familia, siguen sufriendo la exclusión fáctica originada por la Iglesia jerárquica”, señala

El sacerdote y teólogo afirma que “no podemos hacernos los sordos, porque es el clamor del Espíritu”

Homosexualidad e Iglesia’. Así rezaba el título de la conferencia que el jesuita Josep Baquer tenía que pronunciar en el Centro Loyola de Pamplona el 8 de mayo. Sin embargo, tres días antes, después de la presión en redes sociales, el arzobispo Francisco Pérez pidió explicaciones a la Compañía de Jesús y acordaron cancelar el evento organizado por el Grupo Padis (Pastoral de la Diversidad Social), vinculado a CVX, a quienes el sacerdote y teólogo sí pudo dar un retiro el día anterior en Javier. Además, próximamente ofrecerá la controvertida conferencia en otra diócesis. Pero, ¿qué iba a decir el autor del libro La bendición de la pareja humana que le llevara a ser vetado?

“Según el Antiguo Testamento, el matrimonio es un sacramento del amor de Dios a su pueblo (amor y fidelidad) recibido acogido y celebrado como un Don de Dios a la comunidad. Según la Patrística, el matrimonio es un sacramento del amor de Cristo a la Iglesia (amor y fidelidad) recibido acogido y celebrado como un Don de Dios a la comunidad”, afirma el jesuita en dicho libro. Entonces, “la pregunta del millón”: “Si eso es así, ¿acaso el amor y la fidelidad entre dos personas homosexuales no es (está llamado a ser) sacramento del amor de Dios a su pueblo, de Cristo a su Iglesia?”.

El 15 de marzo de 2021, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicaba un ‘Responsum ad dubium’ sobre las bendiciones gays. “En el documento se afirma que la Iglesia no tiene el ‘poder’ de bendecir porque ‘no puede disponer de los designios de Dios’. Pero en cambio, parece que sí tiene el poder de afirmar cuáles son estos ‘designios de Dios’ y de afirmar que han sido ‘revelados por Dios’”, reconoce el jesuita en el material de esta conferencia al que ha tenido acceso Vida Nueva.

Sufrir la exclusión

Del mismo modo, añade: “Cuando la única argumentación es la de autoridad, significa que no hay demasiados argumentos para justificar nada”. “Y mientras tanto, las personas homosexuales que se aman y quieren formar pareja y matrimonio, con un proyecto de familia, ¡a seguir sufriendo la exclusión fáctica originada por la Iglesia jerárquica!”, apostilla. Para Baquer, “la pregunta que muchos se harán y que yo comparto es: ¿cómo debe ser un Dios que tiene este tipo de ‘designios’? ¿Realmente puede que sea el Dios y Padre de Jesús, el Señor?”.

El jesuita expone que “la Iglesia a lo largo de los siglos ‘ha bendecido’ toda clase de matrimonios de conveniencia sin que hubiera traza alguna de ‘amor’: por exigencias dinásticas entre reyes; por intereses económicos y familiares; se ha forzado a casarse a parejas de jóvenes por el hecho de estar ella embarazada y evitar escándalos…”. Por ello, se pregunta: “Cuando dos personas gays o lesbianas, por puro amor, y después de muchas dificultades en el ámbito familiar, social y eclesial (por supuesto) deciden formalizar su proyecto de amor y formar una familia, ¿no pueden expresar públicamente su amor en el seno de la Iglesia y no pueden recibir su bendición?”.

Y va más allá: “Parece lógico formular otra pregunta: ¿quién me puede impedir (prohibir) a mí, presbítero, bendecir el ‘amor’ que Dios ha derramado en esas personas?”. Baquer recalca quela Iglesia no puede hacerse la sorda: no puede porque es el clamor del Espíritu, y al Espíritu no se le acalla con un ‘responsum’”. “Nos compete a todos oír el clamor, el grito del Espíritu y actuar en consecuencia”, subraya.

Fuente Vida Nueva

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Despertad

martes, 16 de mayo de 2023
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Del blog Nova Bella:

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La mejor manera de hacer realidad tus sueños es despertando.

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Paul Valery

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