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¿Podría la bienvenida LGBTQ+ del Papa haber ayudado a una madre católica a aceptar a su hijo gay?

viernes, 15 de marzo de 2024
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IMG_3295Patrick Healy .

Si bien gran parte de los comentarios sobre Fiducia Supplicans provienen de líderes de la iglesia, teólogos y ministros pastorales, ha habido menos historias de personas comunes y corrientes sobre lo que la declaración significa para ellos. El The New York Times publicó una de esas historias, que habla del impacto que las bendiciones podrían tener no sólo para las parejas, sino también para las familias con miembros LGBTQ+.

Patrick Healy, editor adjunto de Opinión de The Times, escribió sobre cómo la declaración de bendición y la visión inclusiva LGBTQ del Papa Francisco podrían haber ayudado a su madre a aceptarlo. Su madre, Carol, era una estudiante de escuela católica rebelde en su época. Más tarde adoptó a Patrick con su esposo y lo crió en la iglesia, una experiencia de la que él habló positivamente, particularmente porque “era lo nuestro juntos, el mío y el de mi mamá”, sin que su padre y su hermano lo perturbaran.

Esta experiencia de la iglesia cambió para Patrick durante la adolescencia, cuando se dio cuenta de que era gay. Señala que “poco a poco dejó de ir a la iglesia” y se volvió “un poco más retraído”. El ambiente de Patrick en casa era homofóbico, con un padre que hacía bromas contra los homosexuales usando insultos, y vivía con el temor de que si sus padres sabían sobre su orientación sexual “podrían enviarme de regreso a la agencia de adopción”. La escuela secundaria católica de finales de los años 1980 también era problemática por su atmósfera anti-gay. Solo años después, a los 30 años, Patrick decidió confesarle a su familia. El escribe:

“Las conversaciones comenzaron bien. Se lo dije a mi hermano durante la cena y él se mostró cariñoso. Llevé a mi papá a caminar por la playa; «Tú eres mi chico», dijo. Esa noche en casa, con mamá cocinando y mi padre en la mesa de la cocina, le dije que quería compartir algo. Luché un poco, luego pude pronunciar las palabras. Estaba de espaldas a mí, pero pude ver la reacción: inclinó la cabeza hacia adelante, dejó caer los hombros, se agarró al mostrador y comenzó a llorar. Y luego caminó hacia otra habitación.

Cuando regresó, dijo que le preocupaba que yo viviera una vida solitaria, que nunca tuviera una familia, que nunca tuviera una buena carrera, que me trataran como a un ‘niño nancy’. Era una frase que no recordaba haber escuchado. antes, pero por supuesto, sabía lo que significaba. Por alguna razón pensé en los sacerdotes que decían que no había niños homosexuales en la escuela. El respeto y la aceptación se sentían muy lejanos esa noche. . .”

Patrick explica que, con el tiempo, su madre cambió su comportamiento e incluso recibió en su casa a un novio suyo de mucho tiempo. Sin embargo, señala, «no creo que ella alguna vez aceptara realmente quién era yo». No hubo “alegría ni celebración” cuando Patrick le dijo que se casaría y ella nunca visitó su casa después. El autor hizo las paces, junto con la ira y el dolor, con las limitaciones de su madre, incluso cuando él fue su principal cuidador en sus últimos días con Alzheimer. Falleció en marzo de 2023. Luego, en diciembre de ese año, cuando se publicó Fiducia Supplicans, la conciencia de Patrick creció:

“No había pensado mucho en esto hasta el lunes, cuando el Papa Francisco anunció que los sacerdotes podían bendecir las relaciones entre personas del mismo sexo. Me pregunté cómo se habría sentido mi madre con la noticia. ¿Esta nueva bendición le habría ayudado a aceptarme más plenamente? ¿Ayudará a superar esta tensión que tantos estadounidenses homosexuales han sentido en las últimas décadas: mayor aceptación en la sociedad pero condena o falta de respeto en nuestras propias familias? No tengo ninguna duda de que mi madre me amaba, pero creo que necesitaba ayuda para aceptarme; ayuda que la iglesia podría haberme brindado. Vi el anuncio del Papa como un intento de compasión, algo que nunca pensé que vería en la iglesia para parejas homosexuales. Me gusta pensar que la iglesia bajo Francisco está en un camino imperfecto, no muy diferente de los viajes que muchos de nosotros hicimos con nuestros padres, hacia alguna medida de reconciliación. El respeto y la aceptación todavía se sienten lejanos, como lo eran en la mesa de mi antigua cocina, pero ahora las cosas se sienten un poco menos frías”.

—Robert Shine (él/él), New Ways Ministry , 27 de febrero de 2024

Fuente New Ways Ministry

Espiritualidad, General, Iglesia Católica , , ,

Sin contemplación, la acción se torna peligrosa.

jueves, 14 de marzo de 2024
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«No, la contemplación sola no construye un nuevo mundo. La contemplación sola no da de comer al hambriento, no viste al desnudo, no educa al ignorante, ni devuelve al desdichado pecador a la paz, la verdad y la unión con su Dios.

Pero sin contemplación no tenemos la perspectiva para ver lo que hacemos en nuestro apostolado. Sin contemplación no podemos comprender el íntimo significado del mundo en el cual tenemos que actuar. Sin contemplación, permanecemos pequeños, limitados, divididos, parciales: nos aferramos a lo insuficiente, permanecemos unidos a nuestro limitado grupo y a sus intereses, perdemos de vista la justicia y la caridad universales, nos dejamos llevar por las pasiones de facción y, finalmente, traicionamos a Cristo.

Sí, sin contemplación, sin la íntima, silenciosa, secreta búsqueda de la verdad mediante el amor, nuestra acción se pierde en el mundo y se hace peligrosa. Más aún, si nuestra contemplación es fanática y falsa, nuestra acción será tanto más peligrosa. No, debemos perdernos con el fin de ganar el mundo, debemos sumirnos en las profundidades de nuestra humildad con el fin de hallar a Cristo en todas partes y amarle en todas las criaturas: de lo contrario, le traicionaremos, al no verle en aquellos a quienes dañamos inconscientemente mientras le rezamos en nuestra «inocencia»».

*

Thomas Merton 
La voz secreta

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“Homo Integralis”, por Jaume Patuel

jueves, 14 de marzo de 2024
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IMG_3376IMG_3377En nuestra incesante búsqueda por entender el cosmos y las intrincadas relaciones de la naturaleza humana, a menudo olvidamos explorar un territorio igualmente fascinante: el universo interior del ser humano. El ser humano, con su complejidad biológica, emocional, mental y espiritual, puede ser visto como un microcosmos dentro del universo macrocósmico. En este sentido, la noción de Homo Integralis emerge como un concepto que busca explorar e integrar todos los aspectos del ser humano, desde su dimensión física hasta su dimensión más intangible. Todo lo que es material es tangible, pero no todo lo tangible es material.

La idea de Homo Integralis implica un viaje hacia la integración interior. Este camino no es un recorrido sencillo, ya que implica abrazar y comprender todos los aspectos de nosotros mismos, incluyendo las partes que a menudo ignoramos o reprimimos. Esta integración no se refiere sólo a aceptar nuestros defectos y debilidades, sino también a reconocer y abrazar nuestras cualidades positivas y potencialidades latentes. Nacemos completos pero inacabados.

La práctica de la meditación, la introspección y otras técnicas de silencio se han utilizado desde tiempos inmemoriales como herramientas para explorar e integrar el universo interior del ser humano. A través de estas prácticas, podemos aprender a conectarnos con nosotros mismos a un nivel más profundo, liberándonos de las limitaciones de la mente y explorando las dimensiones más profundas de nuestra conciencia. A menudo nos encontramos desequilibrados en alguna de las dimensiones, dando lugar a conflictos internos y malestar. Para conseguir la plenitud y la armonía, es esencial integrar y equilibrar todas estas dimensiones. La tensión es parte normalísima de la vida.

En la dimensión física, esto puede acarrear la práctica de ejercicios físicos, una alimentación saludable y el descanso adecuado. En la dimensión emocional, es importante explorar y comprender nuestras emociones, permitiéndonos sentirlas sin juicio y gestionarlas de forma saludable para que las vivimos como sentimientos que lleven a un respeto. En la dimensión mental, la práctica de la claridad mental y la presencia plena puede ayudarnos a liberarnos de los patrones de pensamiento limitantes y cultivar una mente más tranquila y clara. Y saber que las creencias son constructos de la mente. Por último, en la dimensión espiritual o interioridad, la búsqueda de significado y propósito puede conducirnos a una sensación de conexión con algo mayor que nosotros mismos: El gran misterio de los mundos: ES.

En la sociedad contemporánea, nos encontramos inmersos en una cultura que promueve el individualismo, la competición y la búsqueda incesante de los logros externos. En este contexto, el concepto de Homo Integralis adquiere una relevancia especial, ya que nos recuerda la importancia de conectar con nosotros mismos y con los demás de forma auténtica y significativa. Y viviendo que si no existe la integración de la profundidad de conciencia no hay proceso de madurez integral.

En un mundo cada vez más conectado digitalmente, también es crucial ser consciente de este Yo interior para evitar la fragmentación y desconexión como indicaba anteriormente. La tecnología, pese a sus ventajas, puede enajenarnos de nosotros mismos si no somos conscientes de su impacto y no establecemos límites saludables.

Es de clara evidencia la situación crítica de la visión global del mundo y de una percepción multifactorial. Creo que podemos constatar, además, un incremento de poder en manos de pocas personas. Y éstas viven y sabiéndolo que la adición al poder no tiene límites. La diferencia con tiempos pasados, y no demasiado lejanos, es que había medios pero controlados con los efectos. Ahora, siglo XXI, las herramientas destructivas son, además de muchas, efectos inhumanos junto con un ataque a la naturaleza. Algunos se sienten propietarios no únicamente de las poblaciones sino también de la Madre Tierra, el planeta, y con un intento de dominar el Universo. ¿No podríamos llamarlo “locura” o “una grave psicosis megalomaníaca junto a paranoia infernal”?: Quien no piensa y no ve cómo yo, que es un ego hinchado, es un enemigo a hacer desaparecer o esclavizar. No es necesario realizar una detallada descripción y masoquizarnos. Tal vez, el pensamiento anterior podríamos aplicarlo a casos concretos. La persona lectora puede realizar un juicio personal.

Además, en un momento en que la crisis climática, las desigualdades sociales, las guerras con sus intereses ideológicos y económicos y otros problemas globales amenazan nuestra supervivencia colectiva, el tener conciencia de que la interioridad hay que nutrirla porque no es un añadido a lo humano, sino una dimensión intrínseca y necesaria para vivir. Sólo cuando estamos integrados internamente y conectados con nuestro entorno, que es también el Universo, podemos responder eficazmente a los retos que nos enfrentamos como sociedad.

El concepto de Homo Integral recuerda que el ser humano es mucho más que el conjunto de sus dimensiones. Somos seres multidimensionales con capacidad increíble para la transformación y la evolución. En la búsqueda de la integración interior, encontramos un camino hacia la plenitud y la armonía, tanto a nivel personal como colectivo. En última instancia, la integración interior puede conducirnos a una comprensión más profunda de nosotros mismos y de nuestro sitio en el Universo, abriendo la puerta a un crecimiento y una evolución constantes.

   Y ante esto, recordemos una frase de Albert Einstein (1879-1955): “Es más fácil deconstruir o desmenuzar un átomo que una creencia”…..

Jaume PATUEL PUIG,
pedapsicogogo.

Fuente, Remitido de su blog Valors, por el autor

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Adela Cortina: «Tenemos que caminar hacia una migración forzosa cero, porque es radicalmente injusta»

jueves, 14 de marzo de 2024
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IMG_3278La filósofa, en una nueva Conversación del Foro Cristianismo en Valencia

La catedrática emérita de Ética y Filosofía Política en la Universidad de Valencia defiende el cosmopolitismo como solución para los grandes problemas

«Atender las necesidades de las personas migradas es una exigencia de justicia … No se puede contraponer la felicidad de cada uno a las exigencias de justicia básica. A la felicidad, hay que invitar; la justicia se exige«

(Fòrum Cristianisme).- En el mundo, actualmente, hay millones de personas que están viviendo una tragedia, que pasan la angustia de abandonar, junto con sus familias, su casa y su tierra porque en esos lugares no pueden llevar a una vida razonablemente decente.

Esta situación, la de la migración forzosa, es calificada por Adela Cortina, catedrática emérita de Ética y Filosofía Política por la Universidad de Valencia, como «radicalmente injusta, una aberración«. Por ello, con el fin de abordar la problemática mundial que están causando los movimientos migratorios en todos los continentes, Adela Cortina, asegura que «se tienen que ver y trabajar todas las partes del proceso, para que éste ni siquiera comience».

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 «Se tienen que ver y trabajar todas las partes del proceso, para que éste ni siquiera comience»

La filósofa, Premio Internacional de Ensayo Jovellanos, ha participado en una nueva Conversación del Foro Cristianismo en el Centro Arrupe de Valencia, donde ha defendido la necesidad de «caminar con el fin de conseguir una migración forzosa cero«. En este sentido, afirma que esta meta sería la deseada «para una ciudadanía cosmopolita«.

«O tenemos una visión cosmopolita o no podremos resolver los grandes problemas»

Precisamente Adela Cortina ha reivindicado «el cosmopolitismo como una necesidad del siglo XXI» porque ante problemáticas que afectan a todos como es el caso de las migraciones «o tenemos una visión cosmopolita o no podremos resolver los grandes problemas». Y ha recordado el ejemplo de la epidemia de la COVID donde fue necesaria la ayuda y la cooperación de todos para superarla.

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La autora de obras como ‘¿Para qué sirve realmente…? la éticaha subrayado que «atender las necesidades de las personas migradas es una exigencia de justicia«. Ha apelado a la base de que configuran los Derechos Humanos, concretamente en la carta de su declaración de 1948, para matizar que «no se puede contraponer la felicidad de cada uno a las exigencias de justicia básica. A la felicidad, hay que invitar; la justicia se exige». Más reciente aún, también ha recordado el Acuerdo Universal de la ONU de 2018 para una inmigración segura, ordenada y regular.

«Cortina ha invitado a ser reflexivos y críticos y a contestar y desmontar todos los tópicos que se asocian a la migración«

Por último, Adela Cortina ha invitado a ser reflexivos y críticos y a contestar y desmontar todos los tópicos que se asocian a la migración y que generan su rechazo como por ejemplo la vinculación entre inmigrantes y delincuencia. «No vale decir que se deben respetar todas las opiniones. Las personas, todas son respetables, pero las opiniones deben ganarse el respeto«.

Fuente Religión Digital

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Un cambio de corazón, una nueva vida.

miércoles, 13 de marzo de 2024
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Llevar una vida espiritual requiere un cambio de corazón, una conversión. Dicha conversión puede estar señalada por un repentino cambio interior. Pero siempre implica una experiencia interior de unicidad. Nos damos cuenta de que estamos en el centro, y de que desde allí todo lo que existe y todo lo que ocurre puede verse y comprenderse como parte del misterio de la vida de Dios con nosotros. Nuestros problemas y sufrimientos, nuestras tareas y promesas, nuestras familias y amigos, nuestras actividades y proyectos, nuestras esperanzas y aspiraciones, ya no nos parecen una fatigosa variedad de elementos que apenas podemos mantener unidos, sino más bien las declaraciones y revelaciones de una nueva vida del Espíritu en nosotros.

«Todas esas otras cosas» que tanto nos ocupan y preocupan vienen ahora como dones o retos que fortalecen y ahondan la nueva vida que hemos descubierto. Esto no quiere decir que la vida espiritual facilite las cosas o nos libere de nuestros problemas o sufrimientos. Las vidas de los discípulos de Jesús muestran claramente que el sufrimiento no disminuye por la conversión. A veces incluso se intensifica. Pero nuestra atención ya no se dirige al «más o menos».

Lo importante es escuchar atentamente al Espíritu y acudir obedientemente allí donde somos conducidos, ya sea un lugar alegre o ingrato.

La pobreza, el dolor, los problemas, la angustia, la agonía e incluso las tinieblas interiores pueden seguir siendo parte de nuestra existencia. Pero la vida ya no es aburrida, rencorosa, depresiva o solitaria, porque hemos alcanzado a descubrir que todo lo que ocurre es parte de nuestro camino hacia el Padre«.

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Henri Nouwen

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“Jesús Espeja: «la verdad no se impone más que por la fuerza de la misma verdad que seduce y penetra suavemente en las almas», por Jesús Espeja.

miércoles, 13 de marzo de 2024
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IMG_3226De su blog La Iglesia se hace diálogo:

El Evangelio en una sociedad laica y en la ambigüedad del mundo (VI)

«La  inter-culturalidad y la convivencia entre creyentes  de distinta religión  son signo de nuestro tiempo ¿Seremos capaces de convivir en pluralismo?»

«El diálogo del cristianismo con el judaísmo debe ser normal: Jesucristo fue un judío, y en la línea de los profetas, Jesús, siendo Evangelio viviente, asumió y perfeccionó el núcleo central de la revelación bíblica»

«El diálogo del cristianismo con los musulmanes parece más difícil. No solo porque las dos religiones tienen pretensión de universalidad, sino también porque, vinculadas a distinta civilización, han vivido una historia de conflictos y exclusión mutua»

VI. Convivir en la pluralidad

 “La verdad no se impone más que por la fuerza de la misma verdad que penetra suave y fuertemente en las almas” (Vaticano II)

Siempre ha existido la pluralidad de culturas y algún intercambio entre las mismas. Por otro lado, el hecho religioso se ha manifestado en distintas religiones.  Pero en el fenómeno de la globalización y dado el trasiego de las migraciones, la relación de personas de distinta cultura y de distinta religión es cada vez más palpable. La  inter-culturalidad y la convivencia entre creyentes  de distinta religión  son signo de nuestro tiempo ¿Seremos capaces de convivir en pluralismo?

1. La verdad es compartida

En la historia de los pueblos europeos el aguijón ha sido el fundamentalismo, absolutización de la propia verdad. Lo hemos visto en movimientos políticos de los dos últimos siglos. Y el fanatismo también ha clavado sus garras en la historia las tres religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islamismo. Todo porque se sacraliza y absolutiza la propia verdad

A mediados del s. XX ya se constataba el fracaso de las promesas utópicas hechas en la modernidad. Y en la llamada postmodernidad, se impuso el pensamiento débilnegando la existencia de una verdad objetiva. Ante la invasión del relativismo, se levantan otros fundamentalistas que se creen únicos poseedores de la verdad.

Para su buena salud de la ineludible pluralidad debe superar el relativismo y el fundamentalismo.  Aceptar  pluralidad no significa  negar  toda verdad objetiva y su jerarquía de valores.  Pero tampoco se debe absolutizar la propia verdad descalificando la verdad que los otros tienen.

Existe la verdad objetiva. No se puede negar  que cuando  muchos mueren de hambre  otros acaparan recursos: negar la realidad objetiva de este fenómeno es una insensatez. Todas las personas, todas las realidades creadas y todos los acontecimientos tienen su propia consistencia y su verdad.

Pero ningún mortal posee toda la verdad. Todos somos limitados en el tiempo en cuya sucesión va emergiendo la verdad de lo real. Según la revelación bíblica, la Verdad es Dios siempre mayor e inabarcable. Los cristianos confesamos que en Jesucristo la gloria y el poder de Dios se han manifestado “en la carne”. Pero en su misma inaudita y entrañable cercanía el misterio de Dios sigue siendo escondido, mayor e inabarcable.

Si creemos en la encarnación, la verdad venga de donde viniere, del Espíritu Santo procede. Y conscientes de que la verdad es compartida, nuestra verdad no se impone al otro sin más, sino porque seduce y convence. Expresar nuestra verdad al otro y reconocer la verdad que el otro aporta, es  emprender el diálogo sincero para caminar juntos hacia la Verdad completa.

2. El diálogo inter-religioso

IMG_3228  En el imparable proceso de globalización será cada vez más frecuente la pluralidad de religiones en una misma sociedad. ¿Cómo procesar esta pluralidad de religiones confesando al mismo tiempo que Jesucristo es el único salvador del mundo?

La singularidad de la religión cristiana es la encarnación: el misterio llamamos Dios en la condición humana. Pero la encarnación que ha tenido lugar plenamente en Jesucristo, de algún modo tiene lugar en todos los seres humanos. Lo mismos cristianos confesamos que Jesucristo ilumina a todas las personas.

En consecuencia, fuera de la religión cristiana también hay salvación. Si admitimos que Jesucristo es Palabra que a todos ilumina, debemos reconocer que también hay verdad en los signos del tiempo y en otras religiones que no están incluidas en la religión cristiana. Según el Concilio, “la Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres”

Los cristianos confesamos que Jesucristo es el salvador y mediador universal. Revelación  de Dios “Abba”, presencia  de amor que se autocomunica, y humanidad que libre y totalmente se abre  a esa presencia. Es la verdad y el camino de vida para todos. En primer lugar para la misma comunidad cristiana que todavía está en proceso de conversión; también para todos los seres humanos incluidos los que practican una religión. Así en el diálogo interreligioso se descarta cualquier imperialismo de la religión cristiana sobre las demás religiones.

Pero no todas las religiones son iguales. La religión cristiana tiene su propia identidad: la encarnación; ser signo, proclamar a Jesucristo verdad y camino para todos. Pero desde la fe o experiencia cristiana tampoco todas las religiones son iguales. El criterio de valoración es la conducta de Jesús: intimidad con Dios que es amor, compromiso apasionado por construir el reinado de Dios o fraternidad sin discriminaciones, compasión eficaz por incluir en la masa común a los pobres y excluidos. Un criterio para juzgar la verdad de todas las religiones, incluida la religión cristiana.

En esta visión cabe plantear el interrogante. Mientras caminamos en el tiempo ¿la pluralidad de religiones no será normal? Más que la lógica de imposición, debe funcionar el diálogo donde va emergiendo la verdad que seduce. En la pluralidad se dará la unión si las religiones, más que por el afán de auto-preservación y superioridad  sobre los otros,  por el compromiso  en construir una sociedad fraterna donde  “la  misericordia y  la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besen”.

3. El diálogo con el Islam

IMG_3227El diálogo del cristianismo con el judaísmo debe ser normal: Jesucristo fue un judío, y en la línea de los profetas, Jesús, siendo Evangelio viviente, asumió y perfeccionó el núcleo central de la revelación bíblica. Pero el diálogo del cristianismo con los musulmanes parece más difícil. No solo porque las dos religiones tienen pretensión de universalidad, sino también porque, vinculadas a distinta civilización, han vivido una historia de conflictos y exclusión mutua.

El diálogo es necesario y urgente. Lo recomendó el Vaticano II: “La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia”

Además, está la realidad social de un mundo interrelacionado. El islamismo es profesado por millones de personas. Los fenómenos de la migración y mundialización hacen que cristianos y musulmanes convivamos en la misma región.

La dificultad de fondo. El islamismo acentúa la absoluta trascendencia de Alá y la sumisión total de los seres humanos. Puede ser una llamada de atención para cristianos que, arrastrado por el proceso de secularización soslayan o deja de lado nuestra condición de criaturas fundamentadas por la presencia benevolente del Creador. Para esa fe musulmana, no acepta la encarnación en que se cifra a singularidad de la religión cristiana.

Pero la mayor dificultad para el diálogo está en la forma de entender la revelación.  La Biblia es Palabra de Dios en palabra de hombre; por tanto, dentro de una situación y de una cultura que cambian y exigen nueva interpretación. En cambio el Corán, dictado directamente por el ángel Gabriel, es palabra de Dios que no puede cambiar ni recibir nuevas interpretaciones, aunque cambien los tiempos y las culturas. Como el Corán es un tratado no solo de religión sino de organización política y económica, se ve  la dificultad de su vigencia en el mundo moderno marcado por la secularización o independencia de la sociedad respecto a la tutela religiosa.

Entablar el diálogo. A nada bueno lleva el enfrentamiento. Todo lo que digamos sobre ese misterio que llamamos Dios no es indiferente pero sí deficiente. Por otro lado, la verdad no se impone más que por la fuerza de la misma verdad que seduce y penetra suavemente en las almas.

En el Evangelio la misericordia es el imperativo principal. Y  el Corán comienza: “En el nombre de Alá misericordioso y compasivo”. Esa experiencia mística común puede ser el clima para el diálogo sin caer en fundamentalismo fanático.

Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General, Hinduísmo, Islam, Judaísmo , , , , , ,

Sobre el ayuno de Cuaresma

martes, 12 de marzo de 2024
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“No es que el alimento sea un mal, ni que las satisfacciones naturales sean algo que Dios nos concede de mala gana, prefiriendo privarnos de ellas cuando puede. Ayunar es bueno porque el mismo alimento es bueno. Pero las cosas buenas de este mundo tienen eso, que son buenas en su momento y no fuera de él. El alimento es bueno, pero comer constantemente es malo, y en realidad ni siquiera es agradable. El hombre que se atiborra de alimento y de bebida disfruta con su hartura mucho menos que quien ayuna con su frugal colación.

Aun el ayuno mismo, en moderación y conforme a la voluntad de Dios, es cosa agradable. Hay saludables goces naturales en la contención de sí mismo: goces del espíritu, que comparte su ligereza aun con la carne. Feliz el hombre cuya carne no carga a su espíritu sino que sólo se apoya ligeramente en su brazo como graciosa compañera.

Por eso hay sabiduría en ayunar. La cabeza clara y el andar ligero de quien no come en exceso le permiten ver su camino y caminar por la vida con una alegría más sabia. Incluso hay una profunda justicia natural en este ayuno en primavera.

Estas razones son verdaderas en lo que pueden valer, pero no son por sí mismas una explicación suficiente del ayuno cuaresmal. Ayunar no es meramente una disciplina natural y ética para el cristiano. Es cierto que San Pablo evoca la comparación clásica del atleta que se entrena, pero el propósito del ayuno cristiano no es sencillamente tonificar su sistema, quitarse grasas inútiles y poner en forma el cuerpo, igual que el alma, para la Pascua. El significado religioso de la Cuaresma llega más hondo que eso. Nuestro ayuno ha de verse en el contexto de la vida y la muerte, y San Pablo puso en claro que él sometía al cuerpo a sujeción no sólo por el bien del alma, sino para que el hombre entero no fuese arrojado fuera.

Dicho de otro modo, el ayuno cristiano es algo esencialmente diferente de una disciplina filosófica y ética para el bien del ánimo. Tiene parte en la obra de la salvación, y por tanto en el misterio pascual. El cristiano debe negarse a sí mismo, sea con el ayuno o de algún otro modo, para poner en claro su participación en el misterio de nuestra sepultura con Cristo para resucitar con Él a una nueva vida. Eso no puede ser meramente cuestión de actos interiores y buenas intenciones. No se entiende que haya de ser algo puramente mental y subjetivo. Por eso el ayuno le está propuesto al cristiano por una larga tradición y por la Biblia misma, como un modo concreto de expresar la negación de sí mismo imitando a Cristo y participando de sus misterios.

Es cierto que la actual disciplina de la Iglesia, por serias razones, ha aliviado la obligación de ayunar, y en algunos países, la ha suprimido del todo. Pero, ciertamente, el cristianismo debería desear, si es capaz de ello, participar en esa antigua observancia cuaresmal, tan necesaria para una autentica comprensión del significado del Misterio Pascual”.

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Thomas Merton

Tiempos de Celebración 
(Pág. 127-128)

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“¿Se metió el diablo a la Iglesia? ”, por Consuelo Vélez.

martes, 12 de marzo de 2024
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IMG_2764De su blog Fe y Vida:

«Dios no se va de la historia, pero tal vez ya no encuentra cabida en el corazón de esa iglesia que culpa al diablo de sus propios males»

«No es verdad que el diablo se metió en la Iglesia y por eso está como está. Lo que es verdad es la falta de coraje para emprender las acciones necesarias para transformar la mediocridad, el atraso y tantas otras realidades que afectan a la iglesia»

«Los jóvenes no encuentran una iglesia que los acompañe en sus búsquedas, sino que los quiere meter a sus estructuras, a sus grupos de siempre, a lo que siempre fue así. No faltarán jóvenes que entren por ese camino, pero cada vez son muchos menos»

«Podríamos seguir poniendo ejemplos para al menos preguntarnos si el diablo se metió a la iglesia o la iglesia no acaba de cambiar su horizonte y se mete de una vez por todas en el devenir del mundo, para comprenderlo, entenderlo, acompañarlo, curarlo, aceptarlo, participar de sus discernimientos y contribuir con su visión de defensa, siempre y en todo momento, de los últimos de cada tiempo presente»

Tocar el tema del diablo es complicado porque la tradición eclesial lo ha personificado, tomando al pie de la letra lo que aparece en la Biblia y se habla de él como si fuera realmente un ser superior que se enfrena con Dios y continuamente ataca su obra. Los estudios bíblicos actuales aclaran muy bien lo que significa esa figura llamada diablo, distinta de demonios, pero en todos los casos, no se le atribuye una entidad personal sino una figura que representa el mal o las fuerzas del anti reino, mostrando cómo es posible la existencia del mal en el mundo y, muchas veces, ¡de demasiado mal!

Por eso en el lenguaje coloquial es válido nombrar al diablo y tener expresiones como “el diablo se metió en la Iglesia” cuando vemos que hay muchas cosas mal. Inclusive el papa Francisco habla del diablo. Pero si no hacemos la debida aclaración, podemos echarle la culpa a ese ser figurado y evadir nuestra responsabilidad. No es verdad que el diablo se metió en la Iglesia y por eso está como está. Lo que es verdad es la falta de coraje para emprender las acciones necesarias para transformar la mediocridad, el atraso y tantas otras realidades que afectan a la iglesia.

Veamos algunos ejemplos. No es verdad que el diablo se metió a la Iglesia y por eso los jóvenes están cada vez más alejados de ella. Es verdad que nuestros lenguajes, rituales, visiones, mediaciones, explicaciones, narrativas, etc., están tan caducos que los jóvenes no logran entender de qué hablamos y qué queremos decir. La juventud no es tan escéptica como creemos, ni le faltan ideales. Muchos jóvenes siguen buscando sentido a sus vidas y persiguen sueños. Pero no encuentran una iglesia que los acompañe en sus búsquedas, sino que los quiere meter a sus estructuras, a sus grupos de siempre, a lo que siempre fue así. No faltarán jóvenes que entren por ese camino, pero cada vez son muchos menos.

No es verdad que el diablo se metió a la Iglesia y por eso las mujeres se están alejando cada vez más de ella. Cuando las jóvenes van a la Iglesia no encuentran una iglesia experta en feminismo, género, derechos para las mujeres, violencia contra la mujer, etc. Y no es verdad que las mujeres se están perdiendo por esas “ideologías”, como las llama la Iglesia. Es todo lo contrario: están logrando los espacios que siempre se les negaron y la dignidad que no se les ha respetado. Pero la iglesia no se deja enseñar de ellas, sino que cree que puede enseñarles a mantenerse en los estereotipos culturales que pesan sobre ellas y así se salvarán ellas y las familias de las que, parece, son las responsables de sus descalabros.

No es verdad que el diablo se metió a la Iglesia y por eso los movimientos sociales rechazan muchas veces el estamento eclesial y ya no son los dóciles líderes que se refugian en las enseñanzas de la Iglesia. Es verdad que los movimientos sociales crecen y conquistan derechos y, muchas veces, defienden más la dignidad de las personas y los pueblos y hablan más del bien común y la solidaridad y los derechos humanos que las instancias eclesiales. Y, en muchos países casi siempre los sectores de iglesia están del lado de los gobiernos más individualistas, más capitalistas, más egoístas. Pero pareciera que con tal de que ofrezcan que van a ir en contra del aborto, es suficiente para no denunciar todas sus otras políticas de muerte contra los pobres, manteniéndose en bastante complicidad por su silencio en la compleja realidad socio política actual.

No es verdad que el diablo se metió a la Iglesia y por eso se están destruyendo las familias. Es verdad que ahora no existe exclusivamente el modelo de familia patriarcal que se mantenía hasta el final a costa de una mujer sumisa y una sociedad que no admitía ponerla en cuestión. Pero hoy en día es evidente la variedad de familias que existen y los caminos tan distintos que emprenden los seres humanos para establecer relaciones y aceptar que, muchas veces, “el para siempre” es imposible. Pero eso no significa que no se puedan emprender nuevos caminos. Sin embargo, la Iglesia propone bendecir el caminar de los seres humanos en sus múltiples maneras de vivir el encuentro y los que debieran ser testigos del amor, se rehúsan a aceptarloporque creen que las bendiciones son propiedad del clero y no gracia infinita de Dios.

Y podríamos seguir poniendo ejemplos para al menos preguntarnos si el diablo se metió a la iglesia o la iglesia no acaba de cambiar su horizonte y se mete de una vez por todas en el devenir del mundo, para comprenderlo, entenderlo, acompañarlo, curarlo, aceptarlo, participar de sus discernimientos y contribuir con su visión de defensa, siempre y en todo momento, de los últimos de cada tiempo presente.

Por supuesto hay también muchos ejemplos de sectores de iglesia comprometidos con la realidad tal y como ella es y que se juegan la vida con su compromiso frente a realidades concretas. Muchos sectores de iglesia que ya no hablan de diablos y demonios sino de corresponsabilidad y discernimiento. Pero duele pensar como todavía hay esos sectores de Iglesia, a los que nos referíamos antes, que son mayoritariamente la cara visible de la Iglesia y frente a los cuales la gente hoy se retira más y más. Es urgente dejar de poner los problemas en entidades figurativas o ajenas a la iglesia y asumir que el mal lo originamos los seres humanos, desde nuestra libertad y en la Iglesia la presencia del mal no es culpa del diablo que se entró a ella sino de nuestras resistencias, miedos y excusas para secundar al Espíritu de Dios que aletea en este presente -porque Dios no se va de la historia- pero tal vez ya no encuentra cabida en el corazón de esa iglesia que culpa al diablo de sus propios males.

(Foto tomada de: https://www.padrerafa.com/jesus-fue-tentado-por-el-diablo)

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¡ Tanto ama Dios al mundo!

lunes, 11 de marzo de 2024
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¡ Tanto ama Dios al mundo!

Más de lo que podemos soñar y desear,
más de lo que podemos anhelar y esperar,
nos amas Tú.
Más de lo que nadie nos ha amado y amará,
más de lo que somos capaces de amar,
nos amas Tú.

Nuestra vida, desde el vientre materno,
es una historia de amor
que penetra y fecunda
todos los rincones de nuestro ser
haciéndonos vivir, crecer y madurar
a ritmo de más humanidad.

Y, día a día, el manantial de tu amor
se desborda y riega nuestro espíritu,
nuestros sueños y proyectos,
nuestros sentidos y tiempo,
manteniéndonos lúcidos
en la travesía del desierto.

La creación entera siente tu amor
y, a veces, gime y, otras, canta agradecida
porque en sus dolores de parto
se siente acompañada y realizada,
con luz en su horizonte
y esperanza renovada en tus brazos.

Las cruces que encontramos en el camino,
a lo largo de las estaciones y años,
nos ofrecen luz y vida,
nos liberan de cárceles y condenas,
de desengaños y tinieblas,
porque Tú estás en ellas.

Tanto nos amas Tú
que, a pesar de las noches y oasis,
somos personas que alzamos la vista
y miramos con esperanza,
fijos los ojos en Jesús,
iniciador y meta de nuestra aventura.

Y nuestro caminar, hasta llegar a tu regazo,
será una historia de amor
llena de sorpresas y encuentros,
de lágrimas, dudas y gozos
que nos harán madurar
como hij@s con espíritu
para vivir liberad@s la fraternidad.

¡Cómo brilla tu luz en nuestra oscuridad
al amarnos como nadie sabe amar!

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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Henry Gracz: El sacerdote que hizo de cada domingo un domingo rosa

lunes, 11 de marzo de 2024
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IMG_3509Rob McDowell

La reflexión de hoy es del colaborador invitado Rob McDowell, profesor asistente de Geología en la Universidad Estatal de Georgia. Originario de Pittsburgh, PA, Rob dirige retiros sobre Laudato Si’ y la espiritualidad de la creación en el Centro de Retiros Jesuitas Ignatius House en Atlanta.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el cuarto domingo de Cuaresma se pueden encontrar aquí.

En la Iglesia Católica, el cuarto domingo de Cuaresma se llama domingo “Laetare”, de la palabra latina que significa “alegraos”. A algunas personas les gusta llamarlo Domingo Rosa, ya que en él el clero suele usar vestimentas rosas, en lugar del tradicional color púrpura de Cuaresma. El Evangelio de este Domingo Rosa  -en el ciclo litúrgico A- (Juan 9:1-45) trata sobre un hombre ciego a quien Jesús le devolvió la vista en sábado. En el contexto de los tiempos del Nuevo Testamento, un ciego, cuya enfermedad se pensaba que era una indicación de que era un pecador maldito, es amado y bienvenido por Jesús, pero todos los demás son incapaces de regocijarse por la restauración del hombre.

Los acontecimientos recientes en Atlanta muestran cómo podría haber sido esta historia. El 5 de febrero, Mons. Henry Gracz, párroco del Santuario de la Inmaculada Concepción de la ciudad durante 22 años, murió de cáncer de riñón metastásico. Henry le había contado amorosamente a la parroquia sobre su diagnóstico en una carta una semana antes, afirmando que le quedaban… tal vez… 120 días, pero Dios tenía un cronograma diferente.

El Santuario”, del cual soy miembro, es una parroquia vibrante. La misa de las once está llena de gente de todas las edades. No siempre fue así. En la década de 1980, el entonces pastor John Adamski comenzó a organizar cenas semanales para pacientes con SIDA. Los invitados a la cena comenzaron a unirse a las personas mayores y heterosexuales de la parroquia cada vez más reducida, y los feligreses heterosexuales comenzaron a ayudar en las cenas. Algunos feligreses se quejaron de este ministerio ante el Arzobispo, quien respondió uniéndose a las cenas. Finalmente, el padre John siguió adelante y el padre Henry se hizo cargo.

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El padre Henry Gracz fotografiado alrededor de 1973 mientras era párroco de la Iglesia De los Santos Pedro y Pablo, Decatur y cuándo se hizo cargo de” Santuario. Fotos cortesía de Archivos, Arquidiócesis de Atlanta

El Santuario siguió creciendo y llegó a ser conocido como “la iglesia católica gay”, ¡aunque es mayoritariamente heterosexual! Durante mucho tiempo ha albergado un stand en el Atlanta Pride Festival, que el propio Henry atendió el año pasado. Marchamos en el Desfile del Orgullo con nuestras camisetas de Shrine Pride. La hermana Jeannine Gramick y Francis DeBernardo del New Ways Ministry han hablado en el Santuario en varias ocasiones. En el Santuario se arraigó “Fortunate and Faithful Families” (Familias Afortunadas y Fieles), un grupo de apoyo a las familias de personas LGBTQ. Muchos católicos LGBTQ han regresado a la Iglesia de la que habían sido expulsados al unirse a la comunidad del Santuario. Todo esto atrajo la atención de un notorio grupo católico de extrema derecha, Church Militant, que calificó al Santuario de “fuertemente pro-homosexual” y a Henry de “sin reservas pro-homosexual”. ¡Ambos acertaron!

El Santuario también cuenta con un sólido ministerio de alimentación; un refugio nocturno organizado conjuntamente con la Iglesia Presbiteriana Central; y un ministerio de cuidado de los pies para personas sin hogar. Una marcha de protesta de Black Lives Matter encabezada por el Arzobispo de Atlanta comenzó naturalmente en el Santuario. Cuando el campeón LGBTQ, el P. James Martín, S.J. llegó a Atlanta, habló en el Santuario y fue recibido por los manifestantes afuera. Si el Papa Francisco quiere que nuestras parroquias sean hospitales de campaña, el Santuario es lo que tenía en mente. Si quiere que sus sacerdotes huelan como su rebaño, Henry Gracz era a quien tenía en mente.

El Padre Henry hizo de “All Are Welcome-Todos son bienvenidos” de Marty Haugen el himno no oficial del Santuario. Un verso comienza:

Construyamos una casa donde los profetas hablen
Y las palabras son fuertes y verdaderas
Donde todos los hijos de Dios se atreven a buscar
Soñar de nuevo el reino de Dios.

Cuán diferentes son el Santuario y el mensaje de este himno del Evangelio del Domingo de Laetare, donde la incredulidad, la indignación y la farsa frustran el regocijo. Los fariseos se sienten justamente ofendidos y poco convencidos, mientras que la gente del pueblo se muestra desdeñosa o confundida. Ni siquiera los padres del ciego se alegran de su restauración. En cambio, desvían nerviosamente las preguntas de los fariseos inquisidores con un cauteloso “Pregúntale tú mismo”. La historia termina con el hombre sanado adorando a Jesús, mientras los fariseos, una vez más, son castigados por Nuestro Señor. Es una elección extraña para el domingo de “Alégrate”.

IMG_3510Monseñor Henry Gracz 

Esta historia tiene ecos familiares para aquellos de nosotros, católicos LGBTQ+, que hemos sido sanados por hombres como el padre John y el padre Henry. No estábamos ciegos, pero la iglesia y las familias que amábamos nos rechazaban y nos lastimaban. Fuimos llamados pecadores y cosas peores. Al igual que el ciego, a nuestros padres se les culpaba de nuestra inconformidad sexual. Cuando Henry encarnó la acogida radical y la sanación llevada a cabo por Jesús, y llenó una iglesia entera con ello, muchos fueron sanados de su dolor. Mientras tanto, a menudo amigos y familiares se hicieron eco de las preguntas de los fariseos del evangelio de hoy con preguntas como: «¿Cómo puedes ser gay y católico?» A veces le enviaron cartas enojadas al Padre Henry, o nos gritaron en el Desfile del Orgullo, o nunca regresaron después de ver cuán radicalmente acogedor es el Santuario.

IMG_3515El funeral de Henry fue una celebración directa del corazón de Dios. Comenzó con un entusiasta coro de “All Are Welcome”. Hubo lágrimas, carcajadas, suspiros profundos, largos abrazos, viejos amigos y música hermosa. Las ondulantes nubes de incienso del antiguo incensario de latón que un monaguillo transgénero le entregó al amigo cercano de Henry, el cardenal Wilton Gregory, quien presidía la misa. Todos fueron bienvenidos. A través de nuestras lágrimas, todos éramos muy conscientes de ese mensaje, profundamente agradecidos por sentirnos felices y seguros en la iglesia. Nos sentimos por un rato en el Reino de Dios. Así es como se siente el regocijo.

Entonces, les deseo un feliz Domingo Rosa, esperando que tengan, o encuentren, una iglesia hogar que les permita regocijarse en su hermoso ser LGBTQ+. Entonces podrás regocijarte como lo hacemos nosotros en el Santuario de la Inmaculada Concepción, donde nos reunimos y oramos en la casa que construimos “donde los profetas hablan palabras fuertes y verdaderas”. Réquiem in pace, querido Henry, y gracias por hacer de casi todos los domingos un Domingo Rosa.

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Para leer el memorial del National Catholic Reporter sobre Mons. Gracz, haga clic aquí.

El Santuario de la Inmaculada Concepción de Atlanta es parte de la lista del New Ways Ministry de parroquias y comunidades religiosas amigables con LGBTQ. Para ver la lista o encontrar una parroquia cerca de usted, haga clic aquí.

—Rob McDowell, 10 de marzo de 2024

Fuente New Ways Ministry

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“¡Que el Señor te bendiga, hermana!”, por Isabel Pavón

lunes, 11 de marzo de 2024
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jesus-abrazando-a-la-chicaPorque todos los días son 8 de Marzo…

¡Que el Señor te bendiga, hermana!

¿Lo has oído alguna vez?, seguro que muchas. Verdaderamente estamos bendecidas, muy bendecidas. Determinados hermanos suelen saludarnos con esta frase,  añaden una sonrisa, un apretón de manos, un abrazo o un beso y se estancan ahí. A veces, sería mejor que simplemente hicieran un gesto mudo porque, en realidad, no permiten que tengamos dones, o sea, que seamos bendecidas por el Señor. Es absurdo usar este cumplido con nosotras si se está mintiendo, si no nos desean eso bueno que sale por sus bocas. Por un lado te auguran una unión especial con Dios, por otro, te apartan.

La persona que desea que Dios te bendiga debe estar convencida y creer que sus deseos pueden cumplirse, que pueden cambiar tu realidad. No obstante, nos consideran hijas de Dios de segunda o tercera clase y no permitirán que ejerzamos ningún trabajo diferente al doméstico, limpieza. cuidado de niños, etc.

Este saludo es un modo más de tomar el nombre de Dios en vano, algo que tanto se critica en las congregaciones, pero parece que en la salutación esta banalidad se permite.

Etimológicamente, bendecir viene de un verbo compuesto: «bene dicere». Se traduce como «decir bien». He aquí algunas definiciones:

Alabar, engrandecer, ensalzar, decir palabras buenas, hablar bien de otra persona, exaltarla, alabarla, reconocer su valía. Desear la protección divina. Colmar de dones y buenos pronósticos. Desear protección contra los enemigos. Deseo de prosperidad, bienestar. Invocar en favor de alguien la bendición divina.

En el lado opuesto de la bendición están: maldición, imprecación, infortunio, adversidad, desventura.

«Que el Señor te bendiga, hermana», eso nos dicen sin pensar lo que significa y dan ganas de responder: «Sí, hermano, el Señor me bendice tanto como a ti, no tengas duda, pero tú y algunos más, con cierta adversidad, metéis palos en la rueda de las bendiciones divinas para que no se cumplan en nosotras, las mujeres».

Si alguno no sabe bendecir, que aprenda o calle.

***

Publicado en Protestante Digital el 8 de mayo de 2015

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Isabel Pavón

Es diplomada en Religión, Género y Sexualidad en UCEL/GEMRIP. Escritora y poeta, ha recibido numerosos premios (poesía y relato) tanto España como en el extranjero.

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Fuente Lupa Protestante

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Jesús, la luz que salva al mundo…

domingo, 10 de marzo de 2024
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  «Acuérdate de Jesucristo,
resucitado de entre los muertos…
(Me acuerdo muy bien de El.
A todas horas.
Me acuerdo de El, buscándolo;
sintiéndome buscado por sus ojos gloriosamente humanos).

«En él, nuestras penas…»
(La soledad innata, donde crezco
como un tallo de menta.
El complejo indecible que me envuelve
las raíces del alma más profundas,
abiertas sólo a Dios, como al océano…
La durísima cruz de esta esperanza
donde cuelgo seguro y desgarrado.
La infinita ternura que me abrasa
como un viejo rescoldo
de montañas nativas.

La impaciencia sin citas y sin puertos…
«En El, nuestra Paz…»
(La Paz pedida siempre.
La Paz nunca lograda.
La extraña Paz divina que me lleva
como un barco crujiente y jubiloso.
La Paz que doy, sangrándome de ella,
como una densa leche).

«¡En El, la Esperanza, y en El la Salvación!»
(…Y entretanto celebro su Memoria,
a noche abierta, cada día…).

*

Pedro Casaldáliga
Clamor elemental
Editorial Sígueme, Salamanca 1971

***

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

“Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él…

… Habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”.

*

(Juan 3,14-21)

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Jesús vino ciertamente para padecer, pero su ideal no es la cruz, sino la obediencia, ese modo de vivir la relación con su Padre, testimoniarlo hasta el fondo, sin echarse atrás ante la dificultad ni ante el interrogante más dramático de su vida. El ideal de Jesús es único: la obediencia, una obediencia que no acaba en la muerte, porque quien muere de ese modo sólo puede concluir en la resurrección. La obediencia tiene como contenido el don de sí mismo por nosotros, la donación de Jesús a nosotros. El ideal de Jesús no es el dolor.

¿La cruz de Jesús es una palabra dirigida al dolor humano que, queriendo realizar el ideal del bien, de la justicia, de la virtud, encuentra y padece contradicción? ¿O es también una palabra para el dolor humano en todas sus facetas, para el dolor que nos viene sin buscarlo, sin quererlo, el dolor repentino, el dolor que parece llegar de modo absurdo? La respuesta es única: la cruz del Señor es una palabra para todo el dolor humano. El cristiano no dice: padecemos el dolor, Jesús también lo padeció. Ha aprendido, más bien, a razonar de otro modo. Ha aprendido que la cruz de Jesús es precisamente su dolor, el nombre que se debe dar también al dolor humano. El cristiano mira al crucifijo, ve el dolor de Jesús y dice: este dolor es una palabra para el dolor del hombre, que no puede tener otro nombre que el nombre de la cruz. Si redujésemos la cruz de Jesús a un caso particular de dolor del mundo, no cambiaría nada. Dar un nombre significa la posibilidad de encontrar un sentido. Vivir tiene significado si lleva consigo dolor. La resurrección de Cristo me lo recuerda en cuanto es el éxito de un padecer y morir que no ha puesto en tela de juicio el sentido de la vida.

Esta es la pretensión del cristiano frente al dolor, que él llama cruz: la pretensión de que esta realidad, tan difícil y misteriosa, tenga una posibilidad de sentido .

*

G. Moioli,
La parola della croce,
Viboldone 1987, 51-54, passim.

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“Mirar al crucificado”. 4 Cuaresma – B (Juan 3,14-21)

domingo, 10 de marzo de 2024
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Concept or conceptual wood cross or religion symbol shape over a blue sky with clouds backgroundEl evangelista Juan nos habla de un extraño encuentro de Jesús con un importante fariseo, llamado Nicodemo. Según el relato, es Nicodemo quien toma la iniciativa y va a donde Jesús «de noche». Intuye que Jesús es «un hombre venido de Dios», pero se mueve entre tinieblas. Jesús lo irá conduciendo hacia la luz.

Nicodemo representa en el relato a todo aquel que busca sinceramente encontrarse con Jesús. Por eso, en cierto momento, Nicodemo desaparece de escena y Jesús prosigue su discurso para terminar con una invitación general a no vivir en tinieblas, sino a buscar la luz.

Según Jesús, la luz que lo puede iluminar todo está en el Crucificado. La afirmación es atrevida: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna». ¿Podemos ver y sentir el amor de Dios en ese hombre torturado en la cruz?

Acostumbrados desde niños a ver la cruz por todas partes, no hemos aprendido a mirar el rostro del Crucificado con fe y con amor. Nuestra mirada distraída no es capaz de descubrir en ese rostro la luz que podría iluminar nuestra vida en los momentos más duros y difíciles. Sin embargo, Jesús nos está mandando desde la cruz señales de vida y de amor.

En esos brazos extendidos, que no pueden ya abrazar a los niños, y en esas manos clavadas, que no pueden acariciar a los leprosos ni bendecir a los enfermos, está Dios con sus brazos abiertos para acoger, abrazar y sostener nuestras pobres vidas, rotas por tantos sufrimientos.

Desde ese rostro apagado por la muerte, desde esos ojos que ya no pueden mirar con ternura a pecadores y prostitutas, desde esa boca que no puede gritar su indignación por las víctimas de tantos abusos e injusticias, Dios nos está revelando su «amor loco» por la humanidad.

«Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él». Podemos acoger a ese Dios y lo podemos rechazar. Nadie nos fuerza. Somos nosotros los que hemos de decidir. Pero «la Luz ya ha venido al mundo». ¿Por qué tantas veces rechazamos la luz que nos viene del Crucificado?

Él podría poner luz en la vida más desgraciada y fracasada, pero «el que obra mal… no se acerca a la luz para no verse acusado por sus obras». Cuando vivimos de manera poco digna, evitamos la luz, porque nos sentimos mal ante Dios. No queremos mirar al Crucificado. Por el contrario, «el que realiza la verdad se acerca a la luz». No huye a la oscuridad. No tiene nada que ocultar. Busca con su mirada al Crucificado. Él lo hace vivir en la luz.

José Antonio Pagola

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“Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él”. Domingo 10 de marzo de 2024. Domingo cuarto de Cuaresma

domingo, 10 de marzo de 2024
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22-cuaresmaB4 cerezoLeído en Koinonia:

2 Crónicas 36,14-16.19-23: La ira y la misericordia del Señor se manifiestan en la deportación y en la liberación del pueblo.
Salmo responsorial: 136: Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.
Efesios 2,4-10: Estando muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo
Juan 3,14-21: Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él.

Jn 3,14-21 corresponde a la respuesta que Jesús da a Nicodemo cuando pregunta «¿cómo puede ser eso?», refiriéndose al nuevo nacimiento en el Espíritu. Es también la segunda y última parte del diálogo de Jesús con este “jefe” de los fariseos de Jerusalén.

Nicodemo, cuyo nombre significa “el que vence al pueblo”, aparece varias veces en el evangelio de Juan (3,1-21; 7,50-52; 19,39). No es un cualquiera. Por su filiación religiosa es un fariseo, es decir, un rígido observante de la Ley, considerada como la expresión suprema e indiscutible de la voluntad de Dios para el ser humano. Es el primer rasgo que señala Juan antes del nombre mismo. Nicodemo se define como hombre de la Ley antes que por su misma persona. Juan añade otra precisión sobre el personaje: en la sociedad judía es un “jefe” título que se le aplica particularmente a los miembros del Gran Consejo o Sanedrín, órgano de gobierno de la nación (11,47). En éste, el grupo de los letrados fariseos era el más influyente y dominaba por el miedo a los demás miembros del Consejo (12,42).

Nicodemo habla en plural (3,2: sabemos). Es, pues, una figura representativa. La escena va a describir un diálogo de Jesús con representantes del poder y de la Ley. Nicodemo llama a Jesús “Rabbí” (3,2), término usado comúnmente para los letrados o doctores de la Ley que mostraban al pueblo el camino de Dios. Así es como este fariseo adicto ferviente de la Ley, ve a Jesús. Es extraño, porque hasta el momento, Jesús no ha dado pie para semejante interpretación de su persona. En realidad, Nicodemo está proyectando sobre Jesús la idea farisea de Mesías-maestro, avalado por Dios para interpretar la Ley e instaurar el reinado de Dios enseñando al pueblo la perfecta observancia de la Ley de Moisés. Está lejos de comprender el cambio radical que propone Jesús. Para los fariseos, en la Ley está el porvenir de Israel; para Jesús, el nacimiento en el Espíritu abre el reino de Dios al porvenir humano. El ser humano no puede obtener plenitud y vida por la observancia de una Ley, sino por la capacidad de amar que completa su ser. Sólo con personas dispuestas a entregarse hasta el fin puede construirse la sociedad verdaderamente justa, humana y humanizadora. La Ley no elimina las raíces de la injusticia. Por eso, una sociedad basada sobre la Ley, no sobre el amor, nunca deja de ser opresora, codiciosa, injusta.

La segunda parte del diálogo de Jesús con Nicodemo se centra en el que “bajó del cielo”, sin dejar de ser “del cielo”, “para que todo el que crea tenga vida eterna”. La reflexión de Jesús resalta la relación que hay entre creer y vivir en las obras de la vida eterna, es decir, en el Reino de Dios. “Bajar del cielo” y ser “levantado” es un asunto de amor de Dios. Veamos los énfasis teológicos propuestos por el discurso:

Frente a la centralidad farisaica de la Ley, el evangelio de Juan propone la dinámica liberadora de la fe en Jesús “levantado” (levantado en la cruz, crucificado), como la serpiente que Moisés levantó en el desierto. Creer es la respuesta al inmenso amor de Dios. Es la reciprocidad del amor. Creer no es un concepto, o una doctrina; es un acto de amor, por el que adviene el Reino de Dios. El juicio sobre la humanidad tiene como criterio la fe, como acto de amor recíproco. Nuevamente llegamos a la insistencia de Juan: una humanidad justa y feliz sólo es posible sobre el amor, no sobre la Ley. Ésa es la fe que proclama Juan.

Pablo, después de agradecer el don de la fe (Ef 1,3-14), contrasta y contrapone dos tiempos: el de la muerte y el de la resurrección. El tiempo de la muerte (Ef 2,1-3) corresponde a “delitos y pecados” según el “proceder de este mundo” bajo la dominación de Satanás. Es tiempo de esclavitud e infrahumanidad. De ese tiempo Dios rescata tanto a judíos como a gentiles, por ser “rico en misericordia”, vivificándolos “juntamente con Cristo”, por su resurrección. Sólo la gracia mediante el don de la fe puede “explicar” tal sobreabundancia de amor divino. El tiempo de la resurrección es tiempo de “nueva creación” en Cristo Jesús, lo que se expresa en las “buenas obras” practicadas por quienes han sido vivificadas y vivificados. No es de extrañar que la “medida” de las buenas obras sea como la medida de Dios: el amor. El tiempo de la resurrección es el tiempo de afirmación de la vida en el amor. Para la fe cristiana, la muerte (la esclavitud) no tiene la última palabra. Vivir a plenitud como nuevas criaturas el tiempo de la resurrección es el llamado que Pablo hace a lo largo de esta carta a la Iglesia nacida entre la gentilidad. Leer más…

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10.3.24 No juzguéis. No mandó Dios a su Hijo para juzgar el mundo, sino para a salvarlo (Dom 4 cuaresma)

domingo, 10 de marzo de 2024
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IMG_6357Del blog de Xabier Pikaza:

Algunos apelan al juicio de Dios para imponer su poder  sobre el mundo. Pero Jesús se opuso a esa visión y hay quiere que su iglesia sea portadora de salvación, no de juicio y condena, como ha recordado Francisco, comentando el evangelio de este domingo (Jn 3, 14-219), con el mensaje central del Sermón de la Montaña: Lc 6, 37-38 y Mt 7, 1-2).

Texto. Juan 3,14-21 

 En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

 El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»

Temas de fondo

Este pasaje del sermón de la cena de Juan, unido al del monte/llanura de Mt y Lc, es el centro de la Biblia y de la vida de la Iglesia. Sólo desde aquí se puede hablar de cristianismo, en contra de lo que pregonan (incluso en los medios de Iglesia algunos pretendidos cristianos):

  1. Tema bíblico. Cierta iglesia, entendida como poder religioso, va en contra del mensaje de la Biblia, que interpreta el “juicio de Dios”  como ex-ousia (principio creador de salvación/liberación: Mt 28, 16-20),  y no como como control judicial sobre los hombres
  2. Tema eclesial: Madre-maestra (Juan XXII). Cierta iglesia ha tendido a convertir su ex-ousia (autoridad de salvación) en poder (kratos), de dominio sobre el mundo pasando de los Doce Tronos para juzgar/imponerse sobre las doce Tribus al Israel… al Trono-Primado de jurisdicción de la cátedra romana sobre todas las iglesias y los pueblos (reforma gregoriana, siglo XI.
  3. Tema de conocimiento, razón helenista. Cierta iglesia ha tomado como propio un estilo de conocimiento/verdad en forme de poder/dominio, como razón instrumental: Aprehender, juzgar, razonas (aprehender → razonar → juzgar). juicio, razonamiento
  4. Tema de orden social, justicia romana: Cierta iglesia ha interpretado el Evangelio en clave de derecho “imperial” (no está el derecho para evangelio, sino el evangelio para el derecho). En esa línea ha inventado el “sacramento del orden” (órdenes de derecho romano) por encima del bautismo/renacimiento y de la eucaristía (comida compartida).
  5. Tema político moderno: tres poderes (legislativo → ejecutivo → judicial), con retroalimentación entre los tres… Esos “poderes” no son ex-ousia o principio de ser, sino Kratos, principio de imposición. Se concibe al hombre como viviente que ha de ser domado/domesticado por la ley (¿al servicio del Estado, del Dinero: de un Dios que Leviatan/Behemot, según Hobbes)
  6. Tema de acción apostólica, movimientos de “militantes” de la Acción Católica especializada de principios del siglo XX. Esquema de ver, jugar, actuar(¿prueba, fracaso, éxito?), con sus valores y riesgos.
  7. Meta-noia: Nuevo conocimiento, acción más alta (Mc 1, 13-14). En la línea de Pablo, el evangelio de Marcos interpreta el  mensaje-vida de Jesús como meta-noia(supra-gnosis, supra conocimiento), que se condensa, conforme al Discurso del Areópago de Atenas en forma de “resurrección”. La crisis o cambio (la gran crítica cristiana, no la kantiana) es la resurrección de los muertos, como dice Hch 17, 31). Dios juzga “resucitando”.
  8. Una experiencia de Dios en Cristo: por encima del ver-juzgar-actuar, del  racionalismo helenista y de derecho imperial romano, está la contemplación de la realidad, en forma de amor mutuo y perdón. Sólo a partir de ese amor/perdón (que es superación de la ley/talión, y de la imposición sobre los demás), puede entenderse la iglesia como experiencia del Dios que no juzga (supera el plano del juicio), sino que ofrece acogida, perdón y muerte a favor de los demás, en clave de resurrección.
  9. Juicio final: Dios vendrá (=está viniendo) a juzgar (=salvar) a vivos y muertos. No juzga con razonamiento helenista, ni con derecho romano, sino conforme a su identidad “evangélica”, anunciada por los profetas y revelada en Cristo.
  10. Juicio actual de la Iglesia: No juzguéis (en sentido racional, imperial), sino en el amor de Dios: amar a los enemigos, poned la otra mejilla, regalad en amor vuestra vida, para así dar vida a los otros y resucitad vosotros mismos.
  11. En un mundo que centrándose a través de su “propio juicio” (en una ley de poder, que el fondo es ley de muerte, Kratos), corre el riesgo de destruirse a sí mismo.  Es mejor una ley que otra…, pero cerrada en sí misma, la ley desemboca en la lucha de todos contra todos, es decir, en la muerte. Ése es el evangelio de la iglesia, testimoniado por los sinópticos, por Pablo y por Juan. Ésta es la esencia de la iglesia.

COMENTARIO

No ha mandado Dios a su Hijo a juzgar, no juzguéis  (Lc 6, 37-38; Mt 7,1-2).

— Esta palabra no traza objetos ni casos concretos de superación del juicio, sino que promulga un principio superior de vida y comunión, entendido en forma universal. Parte de la iglesia posterior no ha tomado en sentido radical este principio: Ha multiplicado juicios y condenas para mantenerse verdad.

— Esta palabra (con la anterior que dice no juréis) nos lleva más allá de las divisiones y juicios eclesiales, en una línea que ha sido retomada en otro nivel por la cábala judía,  que sitúa a Dios también más allá de los juicios e imposiciones de los hombres. Solo un hombre como Jesús, con clara conciencia de Reino, asumiendo y desbordando la herencia israelita, en clave de gracia y no de ley, ha podido formular ésta palabra, como norma básica de vida de vida de los hombres en Dios.

No juzguéis y no seréis juzgados: Lc 6, 37-38; Mt 7,1-2. La comunión de Jesús se destruye allí donde unos juzgan a otros, o donde la estructura de conjunto juzga y somete a todos. El juicio pertenece al orden racional de una vida que se construye y define a sí misma, pero Dios se sitúa en un plano de gratuidad superior, más allá de razones y juicios humanos:

Lucas: 6, 37 No juzguéis y no seréis juzgados. No condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. 38 Dad y se os dará, una medida buena, apretada, remecida, rebosando.

Mateo: 7,1 No juzguéis, para que no seáis juzgados, 2porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que midáis seréis medidos.

Lucas introduce la exigencia de no juzgar al fin del sermón de la llanura (6, 16-49), tras las bienaventuranzas, los ayes (6, 20-26) y el amor al enemigo (6, 27-36). Mateo la sitúa hacia el final del sermón de la montaña, sin incluir las aplicaciones de Lc 6, 37b-38 (no condenar, perdonar, dar), ni las parábolas de la «razón teológica» (del ciego y del discípulo: Lc 6, 39-40), formuladas posiblemente por el redactor del evangelio para interpretar el motivo del no juicio de su iglesia [1].

La palabra base de Mt 7, 1 y Lc 6, 37a (no juzguéis, para no ser [y no seréis] juzgados) es una sentencia apodíctica o axioma, que define a Dios y modela el sentido de la iglesia como experiencia de gratuidad originaria. No es sentencia de ley, sino supra-ley, voz que nos llega de Dios), viniendo, al mismo tiempo, de la profundidad del ser humano arraigado en con Dios. Cuatro son, a mi entender, sus notas principales [2]:

– Ésta es una afirmación universal y ha de entenderse desde la gracia de Dios y la invitación de amar al enemigo. Más allá de la ley, allí donde se descubre inmerso en Dios-Gracia, el hombre puede actuar igual que Dios, sin exigir ni pedir nada, sin juzgar por nada.

– Esta palabra retoma el primer mandato de Gen 2, 7:No comerás…; no te apoderes para ti de nada, tu vida es don y gracia (Gen 2, 17). El precepto dice que no podemos fundar nuestra vida en algo que tengamos o que hagamos. Hemos brotado y somos en un Dios que nos ha dado la vida como gracia y en ella nos mantiene, de forma que que podamos vivir de un modo gratuito, unos para otros [3].

 Esta palabra (no juzguéis) no puede probarse (si se probara debería integrarse en un sistema legal expresado en forma de talión), sino que deriva de la experiencia original del Dios creador, que es “gracia universal de Vida”. No puede probarse ni postularse, pero puede y debe razonarse “a posteriori”, como suponen Lc 6, 38b-40 y Mt 7, 2: con el juicio con que juzguéis seréis juzgados.

La fe en el Dios creador nos sitúa ante el misterio de su gracia, más allá de todo juicio y castigo. Según eso, el juicio no forma parte originaria de la creación, no proviene de Dios, sino que surge y se despliega allí donde nosotros lo formulamos y aplicamos en forma de talión. Sólo superando la trama de acción y sanción, impulso y respuesta, bien y mal, descubriendo nuestra vida como puro don, en inmersión de amor, podemos hablar de Dios y contemplar (descubrir/desplegar) la vida como gracia, por encima de todo juicio que pueda separarnos del amor de Dios. Leer más…

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“Amor de Dios y respuesta humana”. 4º domingo de cuaresma. Ciclo B

domingo, 10 de marzo de 2024
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NICODEMO1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Jesús y Nicodemo

Existe una clara relación entre las tres lecturas de este domingo: el amor de Dios. En la primera, provoca la liberación de los judíos desterrados en Babilonia. En la segunda afirma Pablo: “Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó…” En el evangelio, Juan escribe la famosa frase: “De tal manera amó Dios al mundo que le entregó a su hijo único”. Si leemos los textos más tranquilamente, advertimos algo más profundo: ese amor se manifiesta perdonando en distintas circunstancias y por diversos motivos. Al mismo tiempo, requiere una respuesta de parte nuestra. Es preferible leer los textos en el orden cronológico en que fueron escritos. Por eso dejo para el final la carta a los Efesios.

Perdón para los judíos basado en la fidelidad a la palabra dada. ¿Encontrará respuesta? (2 Crónicas 36, 14-16. 19-23)

En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de los gentiles, y mancharon la casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén. El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio. Los caldeos incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta jeremías: «Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años.»

En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del Señor, por boca de jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia:  «El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él, y suba!»»

La primera lectura resume la cuarta etapa de la Historia de la salvación. Nos traslada a Babilonia, donde los judíos llevan medio siglo deportados (586-539 a.C.). La ciudad cae en manos de Ciro, rey de Persia, y Dios lo mueve a liberarlos. Para justificar el medio siglo de esclavitud, la lectura comienza hablando del pecado de los israelitas, que no se limita a un hecho concreto, se prolonga en una larga historia. A la idolatría e infidelidades del comienzo respondió Dios con paciencia, enviando a sus mensajeros para invitarlos a la conversión. Pero los judíos los despreciaron y se burlaron de ellos. Entonces, la compasión de Dios dio paso a la ira, y los babilonios incendiaron el templo, arrasaron las murallas de Jerusalén, deportaron a la población. Años más tarde, la actitud de Dios cambia de nuevo y mueve a Ciro de Persia a liberar a los judíos. ¿A qué se debe este cambio? De acuerdo con la mentalidad más difundida en el Antiguo Testamento, el pueblo, tras sufrir el castigo, se convierte y Dios lo perdona. Igual que el niño que hace algo malo: su madre le riñe, pide perdón, la madre lo perdona. Sin embargo, en esta primera lectura no aparece la idea del arrepentimiento del pueblo. El único motivo por el que Dios perdona y mueve a Ciro a liberar al pueblo es por ser fiel a lo que había prometido. Volviendo al ejemplo de la madre, como si ella le hubiera dicho al niño: “Hagas lo que hagas, terminaré perdonándote”. Y lo perdona, sin que el niño se arrepienta, para cumplir su palabra. ¿Cómo reaccionan los judíos ante la noticia? El texto no lo dice, pero lo sabemos: unos pocos volvieron a Judá, arriesgándolo todo, sin saber lo que iban a encontrar; otros prefirieron quedarse en Babilonia. (¿Cuántos afroamericanos estarían dispuestos a volver de Estados Unidos a los países de origen de sus antepasados?)

Perdón universal basado en el amor, que puede ser aceptado o rechazado (evangelio)

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

̶  Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»

El evangelio enfoca el tema del amor y perdón de Dios de forma universal. No habla del amor de Dios al pueblo de Israel, sino de su amor a todo el mundo. Pero un amor que no le resulta fácil ni cómodo, en contra de lo que cabría imaginar: le cuesta la muerte de su propio hijo. Además, el evangelio subraya mucho la respuesta humana: ese perdón hay que aceptarlo mediante la fe, reconociendo a Jesús como Hijo de Dios y salvador. Esto lo hemos dicho y oído infinidad de veces, pero quizá no hemos captado que implica un gran acto de humildad, porque obliga a reconocer tres cosas:

  1. que soy pecador, algo que nunca resulta agradable;
  2. que no puedo salvarme a mí mismo, cosa que choca con nuestro orgullo;
  3. que es otro, Jesús, quien me salva; alguien que vivió hace veinte siglos, condenado a muerte por las autoridades políticas y religiosas de su tiempo, y del que muchos piensan hoy día que sólo fue una buena persona o un gran profeta.

Usando la metáfora del evangelio, es como si un potente foco de luz cayese sobre nosotros poniendo al descubierto nuestra debilidad e impotencia. No todos están dispuestos a este triple acto de humildad. Prefieren escapar del foco, mantenerse a oscuras, engañándose a sí mismos como el avestruz que esconde la cabeza en tierra. Pero otros prefieren acudir a la luz, buscando en ella la salvación y un sentido a su vida.

Perdón para los paganos basado en la compasión. Respuesta: fe y buenas obras (carta a los Efesios, 2,4-10)

Hermanos:

Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo -por pura gracia estáis salvados-, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él. Así muestra a las edades futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Pues somos obra suya. Nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él nos asignó para que las practicásemos.

La salvación universal de la que habla el evangelio la concreta la carta a los Efesios en una comunidad concreta de origen pagano: la de la ciudad de Éfeso (situada en la actual Turquía). Antes de convertirse, estaban muertos por los pecados, con un agravante: Dios no les había hecho ninguna promesa de salvación, como a los judíos deportados en Babilonia. Sin embargo, los perdona. ¿Por qué motivo? Porque es “rico en misericordia”, “por el gran amor con que nos amó”, “por pura gracia”. Esto es lo que san Pablo llama en otro contexto “el misterio que Dios tuvo escondido durante siglos”: que también los paganos son hijos suyos, tan hijos como los israelitas. Esta prueba del amor de Dios espera una respuesta, que se concreta en la fe y en la práctica de las buenas obras.

Reflexión final

En el contexto de la cuaresma, que se presta a subrayar el aspecto del pecado y del castigo, la liturgia nos recuerda una vez más que nuestra fe se basa en una “buena noticia” (evangelio), la buena noticia del amor de Dios. Nosotros, que somos los herederos de los efesios, de los corintios, de los tesalonicenses, debemos reconocer, como ellos, que todo es don de Dios y no mérito nuestro, y que debemos responder con fe y dedicándonos “a las buenas obras” que él nos ha asignado.

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Cuarto Domingo de Cuaresma. 10 de marzo, 2024

domingo, 10 de marzo de 2024
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Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él tenga vida eterna”.

(Jn 3, 14-21)

¿Cuántas veces leemos en la prensa titulares sacados de contexto y terminamos malinterpretando las noticias? O en lugar de malinterpretarlas no las entendemos y acabamos perdiendo cualquier atisbo de interés.

Reconozcamos que, en ocasiones, eso mismo nos ocurre con el evangelio y llegamos a la conclusión de que no entendemos a Jesús.

Fijándonos solo en esta cita nos encontramos con unas palabras de Jesús, vamos a ubicarlas en su contexto. Jesús lleva un tiempo en Jerusalén, le acabamos de ver (el domingo pasado) echando del templo a los mercaderes, continúa enseñando y curando.  Una noche, Nicodemo, un judío importante, va en su busca y entablan una conversación de la que hoy somos partícipes, pero no de todo el diálogo, solo de una parte.

Escuchamos a Jesús hablar de varias cosas: de Moisés y la serpiente de bronce, de que Dios entregó a su Hijo único, de no perecer, de condena, luz y tinieblas.

Ahora contemplemos a Nicodemo y pongámonos junto a él, junto a este fariseo y como tal, defensor de la ley. A pesar de estar en plena noche, nos ponemos en camino, en busca de Jesús, de la luz. Reconocemos que viene de Dios, creemos en él. Y entonces lo que escuchamos ahora, desde esta situación, son palabras de amor y vida eterna.

El ser humano quiere, con esas connotaciones de poseer, de interés, de “segundas intenciones”que este verbo puede tener. Pero Dios nos ama, porque sí, sin un motivo en concreto. Y porque nos ama, nos da vida eterna; y eterna es mucha más vida de la que podamos imaginar. Vida de la gozamos hoy, y además, VIDA ante Dios cara a cara de la que gozaremos cuando Él quiera.

Con este plan… ¡¡qué bueno es esto de CREER!!

Oración

Gracias, Trinidad Santa, solamente gracias. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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No esperes que alguien venga a salvarte.

domingo, 10 de marzo de 2024
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DOMINGO 4º DE CUARESMA (B)img_men_2073_2014-4-29_6

Jn 3,14-21

Estamos en el c. III. Este evangelio es un esquema teológico. Cada capítulo tiene identidad por sí mismo, aunque éste es el que menos unidad interna muestra. El punto de partida es el diálogo con Nicodemo: “te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios”. Nicodemo: eso es imposible. Jesús insiste: “El que no nazca del agua y del espíritu no puede entrar en el Reino de Dios; lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es espíritu”. ¿Cómo puede ser eso?

El domingo pasado, Jesús criticó el culto idolátrico del templo. Hoy arremete contra la manera de interpretar la Ley que tienen los fariseos. En ambos casos se trata de instituciones antiguas vacías de contenido que hay que sustituir. No se trata de una nueva interpretación, (es lo que busca Nicodemo) sino de algo completamente distinto: hay que nacer de nuevo. No debemos pensar en discursos pronunciados por Jesús. Juan pone en boca de Jesús una cristología muy avanzada de finales del s. I.

Lo mismo que Moisés levantó la serpiente. Lo que hizo Moisés es recordar al dios egipcio Ranenutet (representado por la serpiente). Dios le manda construir la imagen de otro dios. Es necesario saber que el dios egipcio era a la vez veneno y antídoto; muerte y vida; opresión y salvación. Jesús crucificado representa a la vez, muerte y vida, humillación y exaltación. Al decir “levantado” va más allá de una alusión a la serpiente. La cruz es manifestación de la lealtad de Dios. Es la exaltación de Jesús.

Para que todo el que lo haga objeto de su adhesión (crea) tenga Vida definitiva. «Vida definitiva» denota la calidad de vida propia del estadio definitivo. Traducir por «eterna» empobrece el significado, por insistir solo en la duración y no en la calidad. El resultado de ser levantado en alto es plenitud de Vida. El Espíritu que nos comunicará será la fuente de verdadera Vida para todos los que le acepten.

Demostró Dios su amor al mundo. El amor se hizo visible en un acto. No se dirige solo a los cristianos, sino al mundo. Jesús es el don de Dios a la humanidad. «Dar a su Hijo» no se refiere sólo a la encarnación, sino a la crucifixión. Para Juan, Jesús es enviado al mundo. Para los sinópticos, a Israel. La salvación destinada a todos. No solo al pueblo elegido, sino a todas las naciones. Se acabaron los privilegios. La Vida del Espíritu es para todos. A finales del s. I. el cristianismo era ya religión universal.

El que le presta adhesión no tendrá sentencia; el que se la niega, ya tiene la sentencia. No hay lugar para la indiferen­cia. La sentencia, negativa o positiva, no es consecuencia de un acto de Dios. Es el resultado de una actitud por parte del hombre. Si comprendiéramos bien este versículo, cambiaría todo el modo de entender la moral. Desde la visión farisaica, Dios juzgaba a los hombres después de ver sus acciones. Si eran conforme a la Ley, los salvaba, si eran contrarias a la Ley, los condenaba. Para Dios todo está en equilibrio. Cada acto coloca al hombre en su sitio.

Los hombres han preferido las tinieblas a la luz. «Su modo de obrar» denota el proceder habitual, no un acto puntual. En el prólogo había dicho: «y la Vida era la luz de los hombres». No es la luz la que da Vida (como maestro), sino al revés, es la Vida la que te iluminará. Sin Vida no se puede aceptar la luz. La falta de Vida lleva consigo el rechazo de la luz. Mantener una relación con Dios desde la Ley, desde lo externo, sin Vida, es mantener la relación de injusticia. El que oprime al hombre no puede aceptar la luz. La adhesión a Jesús exige salir de la situación de opresión.

El que obra con bajeza…  El que practica la lealtad. Obrar con bajeza se opone a “practicar la lealtad”. «Hacer la verdad» es un semitismo y lo opuesto es «hacer la falsedad«. El que es cómplice de la muerte no puede aguantar la Vida. La considera como una agresión. No se eligen las tinieblas por el valor que puedan tener en sí, sino por odio a la luz. No son las doctrinas (luz) las que separan de Dios, sino la conduc­ta (Vida). Quien con su modo de obrar daña al hombre, se opone al amor-vida. Rechazando la luz, cree poder continuar haciendo el mal sin ser descubierto.

Practicar la lealtad es lo contrario de obrar con bajeza. Equivale a hacer lo que es bueno para el hombre. Al decir lealtad, muestra que el amor es algo práctico. La Vida es anterior a la luz. El acercamiento a la luz se hace por amor, no para que se vean las obras. «Realizadas en unión con Dios». No obras hechas según Dios, sino algo más. Obras en las que, con la actividad del hombre, se ve la de Dios revelando su gloria-amor. Creer va unido a las obras buenas. La incredulidad acompaña a las malas.

En el trozo del discurso que acabamos de analizar, nos encontramos con los aspectos más originales de la salvación ofrecida por Jesús: 1) La salvación es Vida. 2) Viene de Dios que es VIDA. 3) Es don gratuito e incondicional. 4) Es absoluto, no una alternativa a la condenación. 5) Exige la adhesión a Jesús. 6) Se manifiesta en las obras. Cada punto nos tendría que advertir de los errores en que caemos a la hora de hablar de esa salvación. Esperar de Dios una salvación raquítica.

Hablar de salvación es plantearse el sentido último de la vida. Sería desplegar las más elevadas posibilidades humanas. El término “salvación” tiene connotación negativa y eso es muy peligroso a la hora de entender el evangelio. El pensar en la salvación en términos negativos ha paralizado nuestra vida espiritual. He creído que, si elimino el pecado, estoy salvado. Salvarse no es evitar la condenación, sino llevarnos a plenitud de ser, al límite las posibilidades de nuestro verdadero ser.

La verdadera salvación no puede venirme de fuera; tiene que surgir de lo más hondo de mi ser. Desde ahí, Dios hace posible mi plenitud. Hay que tener claro que me salva totalmente Dios y me salvo totalmente yo. La acción de Dios y la del hombre, ni se suman ni se restan ni se interfieren, porque son de naturaleza distinta. «Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti» (S. Agustín). Todo lo que depende de Dios ya está hecho. Para que se complete mi salvación solo falta lo que depende de mí.

La conciencia que tenemos de que Dios puede no salvarme es prueba de que esperamos una salvación equivocada. Queremos que Dios nos libere del sufrimiento, la enfermedad, la muerte. Todo eso forma parte de nuestra condición de criaturas y es inherente a nuestro ser. Ni Dios puede hacer que sigamos siendo criaturas sin limitacio­nes. Buscar la salvación por ahí, es un error garrafal. La salvación no es cambiar lo que soy ni añadir nada a lo que ya soy. Es una toma de conciencia de lo que en realidad soy, vivir a tope esa toma de conciencia y manifestarla en el amor.

Falsa y verdadera salvación

Salvación consecuencia de una idea falsa de Dios:

Dios ofendido que necesita defender su honor.

Salvación como rescate, gracias a la muerte de Cristo.

Salvación como la superación de un desastre. El pecado del hombre.

Salvaciones consecuencia de una idea falsa del hombre:

El hombre empecatado sin posibilidad de salir del fango

Sálvese quien pueda. El hombre individual sin conexión social con los demás.

Tengo un alma que salvar y es cosa exclusivamente mía.

Se salva el alma, no los cuerpos.

Salvación consecuencia de una idea falsa del mundo:

El mundo como algo perverso que había que reprobar.

Recompensa para el más allá por haber despreciado el más acá.

Desconexión de la naturaleza como ámbito en el que nos desarrollamos.

La salvación de Jesús como algo ajena a nuestras luchas.

La salvación es plenitud de humanidad

Salvarse es desplegar lo que nos hace plenamente humanos.

A medida que nos hacemos más humanos, crece nuestra plenitud.

La salvación nunca podrá estar completada.

Ninguna clase de paraíso puede satisfacer la necesidad de salvación.

El ser humano es un proyecto que nunca podrá ser alcanzado del todo.

La salvación nunca será un seguro a todo riesgo.

La salvación nunca nos curará de nuestra finitud.

No puede haber diferencia entre una salvación divina y una humana.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El evangelio de Juan

domingo, 10 de marzo de 2024
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jesus-y-nicodemo

Jn 3, 14-21

«Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras»

Como dice Heidegger, hemos sido arrojados a este mundo sin saber quiénes somos, ni conocer su propósito, ni quien lo soporta, ni qué hay detrás de todo este cosmos inmenso del que formamos parte integrante… En definitiva, sin saber si algo de esto tiene algún sentido y con la tarea de vivir con decoro una vida que acaba en la muerte.

Para afrontar este reto necesitamos referencias; algo en que confiar; que nos permita situarnos en el mundo y dar sentido a nuestra vida. Hay quienes confían en su razón, y abrazan planteamientos metafísicos con los que tratan de dar respuesta a las preguntas límite de su existencia. Otros apuestan por el conocimiento espiritual que obtienen directamente en su interior. Otros, quizá conscientes de sus limitaciones, se dejan guiar por los criterios de alguien que les sirve de referencia.

Para los cristianos esa referencia es Jesús, el carpintero de Nazaret, el que con sus palabras y sus obras nos ha mostrado quién es Dios para nosotros, quiénes somos nosotros, cuál es el sentido de nuestra vida y cómo vivirla. Todo lo que un cristiano necesita para vivir con sentido está dicho en Jesús, y eso lo convierte en su mejor referencia.

Y aquí es donde el evangelio de Juan resulta sorprendente para muchos, y no por la teología sublime que desarrollan sus comunidades y plasma su evangelio (con cumbres geniales, fundamento de la fe de muchos cristianos y de la mía propia), sino porque es difícil comulgar con ese Jesús hierático y estereotipado que nos presenta.

Juan convierte a Jesús en instrumento de verter conceptos a través de interminables discursos que nada tienen que ver con el estilo de Jesús. El resultado es un Jesús mítico, sin empatía, y por tanto incompatible con el seguimiento masivo que muestran los evangelios; un Jesús sin limitaciones humanas, que lo sabe todo, que es incapaz de sentir cansancio, tentación, o angustia; o de dudar, o de indignarse; que habla para eruditos y no para la gente, en definitiva, que más parece una deidad disfrazada, que el hombre verdadero capaz de fascinar hasta el punto en que Jesús lo hacía y lo sigue haciendo veinte siglos después.

Mi referencia es el Jesús histórico, el que habla de Dios contando cuentos sencillos a gente sencilla, el que disfruta rodeado de esa gente, que cena con pecadores para devolverles la dignidad que todos les niegan, que abre una puerta a la esperanza a los desesperanzados, que entusiasma a la gente hasta el punto de olvidarse de comer por escucharle, que vive en permanente conflicto con los poderosos, que sube a Jerusalén sabiendo lo que le espera, que se indigna en el Templo, que se juega la vida para salvar la de una adúltera desconocida, que toma precauciones para que no le prendan sus enemigos, pero que luego es capaz de llegar hasta el final… el que se angustia en Getsemaní y muere en el Calvario.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Vivir en la luz.

domingo, 10 de marzo de 2024
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IMG_3475Comentario al Evangelio Jn 3, 14-21

10 de marzo de 2024

Este IV domingo de cuaresma es denominado en la liturgia “laetare”, haciendo referencia a la antífona ¡Alégrate, Jerusalén! Se rompe el esquema de la Cuaresma, tradicionalmente vista como un tiempo gris, para introducir un tono de alegría por la próxima llegada de la Pascua. El texto que hoy nos ocupa nos da claves interesantes para poder vivir en esa alegría, más existencial que emocional, y que procede de la profundidad de nuestra persona.

Comienza el texto haciendo referencia a Moisés iniciándose así un diálogo entre Jesús y el judaísmo a través del encuentro con Nicodemo. Todo este discurso de Jesús concentra tres mensajes en uno y que puede ayudarnos a redirigir nuestra vida para avanzar en un camino más auténtico.

El primer mensaje hace referencia a la vida eterna. Inmediatamente la mente nos lleva al más allá, a lo escatológico, a la vida tras la muerte. Sin embargo, el texto está expresado en presente, por tanto, la vida eterna es una realidad de nuestro interior que ya existe y configura nuestra raíz más profunda. Esta vida eterna está hecha de la misma Divinidad que se encarna en nuestra humanidad para “no perecer” nunca.

¿Te animas a conectar y ser más consciente de esta vida eterna que forma parte de tí?

El segundo mensaje quizá puede incomodar mucho a los creyentes que entienden la Religión como una elección divina a determinadas personas para juzgar lo que es bueno y lo que es malo, lo puro y lo impuro; una elección personal para salvar al mundo de las garras del mal y del “pecado”. Y, precisamente, quien pone el criterio de la bondad, la luz, la verdad, según el evangelio, es Dios mismo a través de Jesús. No puede ser más claro: Él no viene a condenar a nadie, no viene a decidir qué ovejas son de buena calidad y cuáles no. La existencia “del Hijo” tiene sentido para mostrar el camino de la plenitud humana, en lenguaje teológico, el camino de la salvación.

¿Te animas a vivir en coherencia con esta visión que no busca condenar sino acoger, incluir y bendecir?

El tercer mensaje podríamos resumirlo como la ética de la luz; vivir en la luz tiene un impacto en nuestra persona, en las acciones, decisiones y relaciones. Vivir en la luz es vivir en transparencia, honradez, más cerca de la verdad, pero también en una valentía y fuerza que puede descolocar y, en muchos casos, sofocar “las tinieblas«. La persona que decide vivir en la luz, movida por Dios según este texto, va dejando un rastro de bondad, de coherencia, de profundidad y de osadía; se trata de una luz integradora, inclusiva y que vence la mentira, las trampas y la mediocridad.

¿Te animas a vivir en la luz y liberar a tu mundo, nuestro mundo, de las sombras que ocultan, matan, maldicen y dividen?

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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Recordatorio

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