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«¿Qué familia?». Sagrada Familia – C (Lucas 2,41-52)

domingo, 27 de diciembre de 2015
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06_Sagrada-Familia_C-293x300Hoy es el Día de la familia cristiana. Una fiesta establecida recientemente para que los cristianos celebremos y ahondemos en lo que puede ser un proyecto familiar entendido y vivido desde el espíritu de Jesús.

No basta defender de manera abstracta el valor de la familia. Tampoco es suficiente imaginar la vida familiar según el modelo de la familia de Nazaret, idealizada desde nuestra concepción de la familia tradicional. Seguir a Jesús puede exigir a veces cuestionar y transformar esquemas y costumbres muy arraigados en nosotros.

La familia no es para Jesús algo absoluto e intocable. Más aún. Lo decisivo no es la familia de sangre, sino esa gran familia que hemos de ir construyendo los humanos escuchando el deseo del único Padre de todos. Incluso sus padres lo tendrán que aprender, no sin problemas y conflictos.

Según el relato de Lucas, los padres de Jesús lo buscan acongojados, al descubrir que los ha abandonado sin preocuparse de ellos. ¿Cómo puede actuar así? Su madre se lo reprocha en cuanto lo encuentra: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados». Jesús los sorprende con una respuesta inesperada: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?».

Sus padres «no le comprendieron». Solo ahondando en sus palabras y en su comportamiento de cara a su familia, descubrirán progresivamente que, para Jesús, lo primero es la familia humana: una sociedad más fraterna, justa y solidaria, tal como la quiere Dios.

No podemos celebrar responsablemente la fiesta de hoy sin escuchar el reto de nuestra fe.

  • ¿Cómo son nuestras familias? ¿Viven comprometidas en una sociedad mejor y más humana, o encerradas exclusivamente en sus propios intereses? ¿Educan para la solidaridad, la búsqueda de paz, la sensibilidad hacia los necesitados, la compasión, o enseñan a vivir para el bienestar insaciable, el máximo lucro y el olvido de los demás?
  • ¿Qué está sucediendo en nuestros hogares? ¿Se cuida la fe, se recuerda a Jesucristo, se aprende a rezar, o solo se transmite indiferencia, incredulidad y vacío de Dios? ¿Se educa para vivir desde una conciencia moral responsable, sana, coherente con la fe cristiana, o se favorece un estilo de vida superficial, sin metas ni ideales, sin criterios ni sentido último?

 

José Antonio Pagola

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Domingo 27 de diciembre de 2015. Sagrada Familia

domingo, 27 de diciembre de 2015
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06-sagradafamilia (C) cerezoLeído en Koinonia:

Eclesiástico 3, 2-6. 12-14: El que teme al Señor honra a sus padres.
Salmo responsorial: 127, 1-2. 3. 4-5: Dichosos los que temen al Señor.
Colosenses 3, 12-21: La vida de familia vivida en el Señor.
Lucas 2, 41-52: Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, que éste no dejará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todos estos consejos, aún conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de pérdida de sus funciones.

Desde una perspectiva cristiana, la familia continúa teniendo una función insustituible: ser una comunidad de amor en donde los que la integran puedan abrirse a los demás con una total sinceridad y confianza. Dejando aparte los consejos que en último lugar da San Pablo, y que son puramente circunstanciales y muy ligados a las costumbres y mentalidad de la época, la exhortación a la mansedumbre, a la paciencia, al perdón y, sobre todo, al amor, es algo realmente básico para la familia de nuestro tiempo.

El evangelio de Lucas en el que se nos cuenta la pérdida del niño Jesús en el Templo, fue escrito probablemente unos cincuenta años después de este suceso. Doce años es, aproximadamente, la época en que los niños comienzan a sentirse independientes. Para Lucas, esta primera subida de Jesús a Jerusalén es el presagio de su subida pascual y por ello, estos acontecimientos hay que leerlos a la luz de la muerte y resurrección del Señor.

La sabiduría de Cristo ha consistido para Lc en entregarse desde su joven edad “a su Padre”, sin que esto quiera decir que supiera ya adónde le llevaría esa entrega. Pero en ella va incluida ciertamente la decisión de anteponer su cumplimiento a toda otra consideración. Sus padres no tienen aún esa sabiduría. María parece que llega a presentirla. Pero, de todas formas, respetan ya en su hijo una vocación que trasciende el medio familiar. Y esto es algo muy valioso para cada una de nuestras familias. La educación de los hijos tiene que comenzar por una actitud de sincero respeto. Si no, es imposible que surja la compresión y el amor.

Pablo da algunos consejos para la convivencia con otros. Se requiere humildad, acogida mutua, paciencia. Y si fuese necesario, perdonar. Así procede Dios con nosotros. Su actitud debe ser el modelo de la nuestra (v.12-13). Pero, “por encima de todo”, está el amor, de Él tenemos que revestirnos, dice Pablo empleando una metáfora frecuente en sus cartas (v.14). De este modo “la paz de Cristo” presidirá en nuestros corazones (v.15).

Si el amor es el vínculo que une a las personas, la paz se irá construyendo en un proceso, los desencuentros irán desapareciendo (los enfrentamientos también) y las relaciones se harán cada vez más trasparentes. En el marco de la familia humana, esos lazos son detallados en el texto del Eclesiástico (3,3-17).

Lucas nos presenta a la familia de Jesús cumpliendo sus deberes religiosos (vv. 41-42). El niño desconcierta a sus padres quedándose por su cuenta en la ciudad de Jerusalén. A los tres días, un lapso de tiempo cargado de significación simbólica, lo encuentran. Sigue un diálogo difícil, suena a desencuentro; comienza con un reproche: “¿Por qué nos has hecho esto?”. La pregunta surge de la angustia experimentada (v. 48). La respuesta sorprende: “¿Por qué me buscaban?” (v. 49), sorprende porque la razón parece obvia. Pero el segundo interrogante apunta lejos: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”. María y José no comprendieron estas palabras de inmediato, estaban aprendiendo (v.50).

La fe, la confianza, suponen siempre un itinerario. En cuanto creyentes, María y José maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se harán paulatinamente más claras. Lucas hace notar que María “conservaba todas las cosas en su corazón” (v. 51). La meditación de María le permite profundizar en el sentido de la misión de Jesús. Su particular cercanía a él no la exime del proceso, por momentos difícil, que lleva a la comprensión de los designios de Dios. Ella es como primera discípula, la primera evangelizada por Jesús.

No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María “entiende”. Pero hay tres exigencias fundamentales para entrar en comunión con Dios: 1) Buscarlo (José y María “se pusieron a buscarlo”); 2) Creer en Él (María es “la que ha creído”); y 3) Meditar la Palabra de Dios (“María conservaba esto en su corazón”). Leer más…

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Navidad: Lo que sabemos de Jesús

domingo, 27 de diciembre de 2015
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historia-de-jesus---epubDel blog de Xabier Pikaza:

Con ocasión de este domingo de la Sagrada Familia (27.12.15) quiero ofrecer una una reflexión de base sobre la realidad de Jesús:

— Lo que sabemos de ella con seguridad,
— lo que puede cuestionarse en un plano de historia,
— lo que podemos decir en un plano de fe.

Salen estos días en la prensa noticias extrañas, y algunos afirman incluso que Jesús nació 5.000 años antes de su nacimiento, pues todo lo que de él se dice sería puro mito, sin fundamento histórico alguno. Otros afirman que no sabemos nada…

Pues bien, en ese contexto, podemos y debemos afirmar, en esta Navidad, algunas cosas importantes de la vida, empezando por su nacimiento (sabiendo siempre que la fe en Jesús como hijo de Dios se sitúa en un otro plano, que no puede demostrarse):

1. Es indudable que Jesús nació, en torno al año 6 a.C. en algún lugar de Judea o Galilea, aunque los datos concretos de su nacimiento han sido recreados simbólicamente, para así indicar mejor la importancia que ellos tienen para los creyentes.

2. También es indudable que fue un hombre significativo, que planteó unos problemas y abrió unos caminos de importancia en la sociedad de su entorno judío y romano, aunque (¡por eso!) las autoridades oficiales del judaísmo de Jerusalén no le aceptaron y el gobernados romano le condenó a morir en una cruz (hacia el año 30 d.C.).

3. Los discípulos de Jesús crearon «iglesias», o grupos de «creyentes mesiánicos», apoyándose para ello en la certeza de que él estaba vivo (=había resucitado), impulsándoles a recrear su misión, no sólo en Israel, sino entre todos los pueblos. Ciertamente, se puede discutir la «realidad» y/o sentido de esa resurrección, pero es indudable que los primeros cristianos creyeron en ella y así continuaron y recrearon la obra de Jesús (entre el 30 y 60 d.C.) y fueron uniéndose hasta crear entre el 100 y 120 d.C. la Gran Iglesia (la comunidad unitaria de los creyentes de Jesús).

El nacimiento y vida de Jesús abre así una pregunta, a la que podemos responder de tres maneras:

(a) Jesús nació, y tuvo cierta importancia, pero ya no es significativo para nosotros, de manera que no podemos llamarle Hijo de Dios, ni Cristo o Mesías. Más aún, el testimonio de las iglesias creadas en su nombre resulta actualmente poco edificante, incluso escandaloso. Quizá sería mejor olvidar a Jesús.

(b) Jesús nació y tuvo importancia durante casi dos mil años, y aún puede servirnos de ejemplo, pero ya no decide el sentido de la historia. Por eso podemos recordar su nacimiento como sólo como un dato simbólico o folklórico, igual que podríamos recordar el nacimiento de Buda o Muhammad (o de otros personajes significativos).

(c) Por el contrario, los creyentes pueden seguir y siguen afirmando que Jesús es Hijo de Dios, de manera que su Navidad (su Nacimiento) es una revelación sagrada del sentido y la tarea «divina» de la vida.

Así dejo el campo abierto para la reflexión histórica y creyente, indicando a continuación lo que de verdad sabemos sobre Jesús. Buen día a todos.

Un personaje significativo

En nuestra cultura no hay quizá personaje más popular, y le recordamos incluso al contar los años: Antes o después de Jesucristo. Se conoce bastante bien su vida, aunque sigue habiendo en ella huecos fascinantes (¿por qué hizo lo que hacía, por qué se dejó matar?), de manera que algunos han dicho que no pudo existir, que fue sólo un mito condensado como historia: Un faraón judaizado, un héroe griego incardinado en Galilea, la avatara palestina de un Dios indio…. Pero tras veinte siglos su vida real resulta más sorprendente y rica que las fantasías o dogmas posteriores.

Muchos cristianos le han llamado y le llaman Hijo de Dios, Señor Celeste, Segunda Persona de la Trinidad… Pero él sigue siendo un rabino y carismático judío de Galilea, ajusticiado en Jerusalén en la Pascua de Primavera del 30 d. C. Fue un hombre de pueblo, que recogió y quiso cumplir con su mensaje la tradición israelita, condensada de un modo especial en la Biblia.

Se llamaba Jesús (=Dios Salva), como Josué/Jesús, un antiguo conquistador judío, y sus seguidores le han llamado Cristo (Mesías), dándose así un nombre compuesto: Jesucristo.

Debió nacer el 6 a. C., porque un tal Dionisio (470–544 d.C.), apellidado Exiguo (por su poca perspicacia), que fijó la fecha de su nacimiento, erró por seis años y llamó año 1 al que debía ser el 6 d. C. La trayectoria “oficial” de su vida ha estado modelada y manejada por teólogos y sacerdotes cristianos, pero en los dos siglos, empezando en Alemania y siguiendo en Francia, Inglaterra, Estados Unidos, miles y miles de historiadores neutrales han fijado al detalle su figura.

No hay en el mundo personaje más estudiado, y aunque se publican cada año cientos de libros sobre su vida, unos divulgativos, otros muy científicos, escritos por especialistas cristianos o no cristianos, él sigue ante nosotros un enigma.

Un enigma en parte conocido, con preguntas que siguen abiertas

Cuando más se le conoce más preguntas plantea. Unos le llaman rebelde fracasado, otros anarquista, vidente o profeta ejemplar, hijo de Dios, mago sanador, alquimista oculto, poeta, amante o gnóstico asesinado… La mayoría le tiene como bueno y añaden que su influjo a través de la Iglesia o fuera de ella ha sido positivo, aunque otros contestan que la Iglesia ha manipulado su figura para mal…

No conocemos el día de su nacimiento, pues la Navidad (25 de Diciembre, solsticio de invierno en el hemisferio norte) es una armonización simbólica de la liturgia cristiana (Jesús = Sol naciente…). Su vida parece sencilla, pero resulta enigmática.

Era un hombre de pueblo (artesano), sin formación especializada, pero se sintió enviado por Dios, como los antiguos profetas de Israel, y así comenzó a proclamar la llegada del Reino de Dios, lo que implicaba el fin y cumplimiento de todos los restantes reinos, incluido el de Roma. Con ese convencimiento inició una marcha mesiánica en Galilea, pero fue rechazado en Jerusalén por los sacerdotes judíos y ajusticiado por el gobernador romano. .

Fue y sigue siendo un hombre de muchos testimonios. Como es normal, su historia ha sido recogida en la memoria y en los textos de sus seguidores, que formaron la Iglesia Cristiana, en la que se recordó siempre la historia de Jesús, empezando por las cartas de San Pablo (49‒57 d.C.), y siguiendo por los evangelios de Mateo y Marcos, Lucas y Juan (70‒100 d.C.).

Esos evangelios son biografías religiosas, es decir, confesionales, para uso de la Iglesia, pero insisten en su historia, recogiendo los recuerdos de su vida, las causas de su muerte. Leer más…

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Fiesta de la Sagrada Familia. Ciclo C

domingo, 27 de diciembre de 2015
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Sagrada_Familia_iconoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Dos lecturas que encajan

En una fiesta de la Sagrada Familia, esperamos que las lecturas nos animen a vivir nuestra vida familiar. Y así ocurre con las dos primeras.

El libro del Eclesiástico insiste en el respeto que debe tener el hijo a su padre y a su madre; en una época en la que no existía la Seguridad Social, “honrar padre y madre” implicaba también la ayuda económica a los progenitores. Pero no se trata sólo de eso; hay también que soportar sus fallos con cariño, “aunque chocheen”.

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

La carta a los Colosenses ha sido elegida por los consejos finales a las mujeres, los maridos, los hijos y los padres. En la cultura del siglo I debían resultar muy “progresistas”. Hoy día, el primero de ellos provoca la indignación de muchas personas: “Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor.” Cuando se conoce la historia de aquella época resulta más fácil comprender al autor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

¿Un evangelio impropio?

Después de los consejos anteriores, que animan a obedecer y respetar a los padres, lo que menos podíamos esperar es un evangelio en el que Jesús parece ofrecer un pésimo ejemplo de falta de respeto.

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: 

− Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. 

Él les contestó: 

− ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? 

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres. 

No sólo el hecho de quedarse en el templo sin avisar, sino también la respuesta tan chulesca que da a María, le habrían merecido una bofetada en cualquier cultura anterior a la nuestra. Mal ejemplo para una fiesta de la familia. ¿Qué quiere decirnos Lucas con este extraño episodio que solo cuenta él?

Lo que quiere decir a María y de María

En el relato inmediatamente anterior se ha contado que Simeón, al tener a Jesús niño en sus brazos, además de hablar de su futuro anunció a María que una espada le atravesaría el alma. Jesús no iba a ser para ella puro motivo de alegría, sino también de angustia y preocupación. Saltando por alto doce años, la visita al templo le sirve a Lucas para ejemplificar esa espada que atravesaría a María durante toda su vida: sufrimiento y desconcierto (porque, aunque Jesús se explique, “ellos no comprendieron lo que quería decir”). Cuando hablamos de los sufrimientos de María, de sus “dolores”, pensamos casi siempre en la pasión y muerte de Jesús. Sin embargo, Jesús hizo sufrir a María toda su vida, no solo al final. La hizo sufrir con su actividad y sus palabras, que suscitaban la oposición y el rechazo de mucha gente y que terminarían provocando su muerte.

Lo que quiere decir de Jesús

¿Qué pensaba Jesús de sí mismo? ¿Era simplemente un buen israelita que, un día, acudió a que Juan lo bautizara y después tuvo la experiencia de que Dios le hablaba y le encomendaba una misión, como parece sugerir el comienzo del evangelio de Marcos? Lucas quiere corregir esta imagen. La estrechísima relación de Jesús con Dios no empieza en el bautismo, se da desde siempre.

Este episodio se comprende mucho mejor si se recuerda la historia del profeta Samuel. Consagrado por su madre al templo, ha pasado toda su vida junto al sacerdote Elí. Hasta que, a los doce años (según Flavio Josefo), una noche Dios lo llama: “Samuel, Samuel”. Naturalmente, no puede imaginar que Dios lo llame y va corriendo junto al sacerdote Elí. Este le dice que no lo ha llamado, que vuelva a acostarse. Pero la escena se repite al pie de la letra, y el narrador se siente obligado a comentar: “Samuel no conocía todavía a Yahvé”. Lleva doce años en el templo, viviendo con el sumo sacerdote, asistiendo al culto, pero “no conocía todavía a Yahvé”. Jesús, en cambio, a los doce años, sabe perfectamente cuál es su relación con él: “¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Dios es su Padre, y ese conocimiento se lo ha comunicado ya a José y María con anterioridad. Estas palabras contrastan no solo con la ignorancia de Samuel sino también con lo que le ha dicho María: “Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.” Para Jesús, su único Padre es Dios. Y su misión la ha recibido mucho antes del bautismo.

Lucas, tan buen conocedor de la Escrituras, cuando dice que Jesús asombraba a todos los maestros con su sabiduría, es posible que esté aludiendo al Salmo 119: “Soy más docto que todos mis maestros porque medito tus preceptos. Soy más sagaz que los ancianos porque observo tus decretos” (vv.99-100). Aunque Jesús no pondrá nunca el acento en la letra de los preceptos y decretos, sino en la entrega plena a la voluntad de su Padre.

María y nosotros

Lucas tiene especial interés en presentar a María como modelo del cristiano. Con pocas palabras (“He aquí la esclava del Señor”), con el silencio (como en el caso de los pastores y de Simeón) y, sobre todo, con su actitud de reflexionar y meditar todo lo que se relaciona con Jesús. María no es tan lista como los teólogos, y mucho menos que los obispos y papas. Ella no entiende muchas cosas. Jesús la desconcierta. Pero conoce el gran remedio para el desconcierto: la oración. Cuando estamos a punto de recomenzar el contacto con la actividad de Jesús, es muy bueno acordarnos de ella e intentar imitarla.

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«María y José: Decisiones y sueños en las familias lesbianas y gays», por Carlos Osma

domingo, 27 de diciembre de 2015
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paternidad1De su blog Homoprotestantes:

María y José no tenían conciencia de su orientación sexual, al menos como la tenemos hoy en día, ya que vivían en un mundo con categorías muy distintas a las nuestras. Por eso cuando nos aproximamos a ellos a través de los evangelios es tan absurdo insinuar que eran homosexuales como dar por sentada su heterosexualidad. Sin embargo, sorprende ver como las reacciones de María y José ante el ángel de Dios que les anuncia que tendrán un hijo, reflejan muchos de los miedos e inseguridades que las personas LGTBI tienen a la hora de ser madres o padres.

Cuando en el relato de la Anunciación[1], el ángel Gabriel le dice a María: “Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús”, ella responde lo que muchas mujeres lesbianas han interiorizado desde niñas: “¿Cómo será esto?, pues no conozco varón”. La maternidad parece estar ligada inevitablemente a la necesidad de un hombre, de una experiencia heterosexual, por lo que el reconocimiento de la homosexualidad lleva asociado en no pocos casos la renuncia a la maternidad.

Hay muchas mujeres que son conscientes muy pronto de los límites imaginarios con los que el patriarcalismo pretende anularlas, y otras aprenden a reconocerlos cuando deciden tomar ellas mismas la iniciativa, cuando pretenden escoger, elegir lo que desean, lo que quieren ser. En el relato de la Anunciación la divinidad elige a María y le propone ser madre, pero es María la que decide serlo. Es ella la que dice sí al ángel, la que voluntariamente y sabiendo que su decisión la enfrentará a una sociedad que le hará pagar caro su atrevimiento, elige ser madre de una forma poco convencional, poco heterosexual.

“Nada es imposible para Dios”, nada es imposible para quien decide ser madre. El hijo de Dios según la tradición no nació por un accidente, por un impulso sexual irrefrenable; nació como los hijos e hijas de las mujeres lesbianas, de una decisión libre, meditada y consciente. Nació, mirado con los ojos de la fe, del amor que Dios puso en el corazón de María, y que sigue poniendo hoy en el corazón de tantas y tantas mujeres lesbianas. Un amor para el que no hay imposibles y donde se hace presente, se encarna, Dios mismo. La salvación no vino a este mundo por vía heterosexual, sino por la voluntad de una mujer que se saltó esa lógica y eligió ser madre.

En el evangelio de Mateo[2] encontramos la reacción de José cuando el ángel le anuncia que iba a tener un hijo. Para empezar se resiste a acatar la ley[3], lo que estaba establecido, como miles y miles de hombres gays que se niegan a cumplir unas leyes patriarcales que tratan de impedir que sean padres. Tampoco quiere proteger su honor, su nombre manchado por el qué dirán. Se mueve con la determinación de quien quiere conseguir su sueño: “Quería ser padre y tener hijos, ¡mis hijos! Fue un impulso tal que la idea de vivir mi vida sin hijos fue imposible de imaginar[4]”.

Sin embargo José no fue en la dirección correcta, no se dirigió hacia el lugar donde estaba su futuro hijo, sino que huyó. No entendió en aquel momento que la paternidad no viene establecida por la sangre o el ADN, sino por el cuidado, la responsabilidad y el amor. Y mientras intentaba escapar de la voluntad divina, mientras corría hacia el lugar donde le habían dicho que era posible tener hijos, se cansó, se quedó dormido y soñó. Y en sus sueños descubrió que los hijos no se tienen, sino que se reciben, y que Dios iba a darle uno para que lo amase y le acompañase hasta que se convirtiera en un salvador.

Al despertar José se levantó y fue en busca de su hijo, como miles y miles de hombres gays que hoy van en busca de sus hijas, de manera incansable, con temor, pero con determinación. Y al final la encuentran, y ella sale disparada y se lanza en sus brazos, como si les “estuviera esperando desde que entró en el centro, esperando a alguien que la quisiera, esperando a su familia[5]”. Y ellos se dan cuenta de que hace ya mucho tiempo que Dios mismo les había hecho padre e hija.

El cristianismo nos explica que la heterosexualidad no tuvo nada que ver con el nacimiento de la salvación. Dios decidió explorar otra posibilidad para ser madre, para ser padre: el camino del amor y la libertad. El mismo camino que mujeres y hombres LGTBI escogen todos los días para hacer realidad su deseo de ser madres y padres. Y es que cuando creemos al mensajero de Dios, y cuando somos capaces de seguir nuestros sueños, la navidad es posible.

Carlos Osma

[1] Lc 1,26-38

[2] Mt 1,18-25

[3] Dt 22,23-24

[4] Borrás, V. “Familias también” (Ediciones Bellaterra. Barcelona 2014), Pág. 187.

[5] Ibíd. 113

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Navidad ¿qué va a cambiar?

viernes, 25 de diciembre de 2015
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¡Una vez más: NAVIDAD!

¿Qué va a cambiar?

Nada, excepto tú.

Hazte luz y verás la Luz …

Todo está ahí.

No busques en otra parte el significado de este  acontecimiento-advenimiento.

La humanidad fraterna de Jesús lleva el día que tiene que levantarse en ti.

El Dios vivo vuelve a ponerse en tus manos.

Por tí, para crear con Dios y a  su imagen, un mundo de alegría, luz, belleza.

*

Maurice Zundel

vierge-afrique

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«La Nostalgia de la Navidad». Navidad – C (Juan 1,1-18)

viernes, 25 de diciembre de 2015
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05_Día-de-Navidad-C-287x300La Navidad es una fiesta llena de nostalgia. Se canta la paz, pero no sabemos construirla. Nos deseamos felicidad, pero cada vez parece más difícil ser feliz. Nos compramos mutuamente regalos, pero lo que necesitamos es ternura y afecto. Cantamos a un niño Dios, pero en nuestros corazones se apaga la fe. La vida no es como quisiéramos, pero no sabemos hacerla mejor.

No es solo un sentimiento de Navidad. La vida entera está transida de nostalgia. Nada llena enteramente nuestros deseos. No hay riqueza que pueda proporcionar paz total. No hay amor que responda plenamente a los deseos más hondos. No hay profesión que pueda satisfacer del todo nuestras aspiraciones. No es posible ser amados por todos.

La nostalgia puede tener efectos muy positivos. Nos permite descubrir que nuestros deseos van más allá de lo que hoy podemos poseer o disfrutar. Nos ayuda a mantener abierto el horizonte de nuestra existencia a algo más grande y pleno que todo lo que conocemos.

Al mismo tiempo, nos enseña a no pedir a la vida lo que no nos pueda dar, a no esperar de las relaciones lo que no nos pueden proporcionar. La nostalgia no nos deja vivir encadenados solo a este mundo.

Es fácil vivir ahogando el deseo de infinito que late en nuestro ser. Nos encerramos en una coraza que nos hace insensibles a lo que puede haber más allá de lo que vemos y tocamos. La fiesta de la Navidad, vivida desde la nostalgia, crea un clima diferente: estos días se capta mejor la necesidad de hogar y seguridad. A poco que uno entre en contacto con su corazón, intuye que el misterio de Dios es nuestro destino último.

Si uno es creyente, la fe le invita estos días a descubrir ese misterio, no en un país extraño e inaccesible, sino en un niño recién nacido. Así de simple y de increíble. Hemos de acercarnos a Dios como nos acercamos a un niño: de manera suave y sin ruidos; sin discursos solemnes, con palabras sencillas nacidas del corazón. Nos encontramos con Dios cuando le abrimos lo mejor que hay en nosotros.

A pesar del tono frívolo y superficial que se crea en nuestra sociedad, la Navidad puede acercar a Dios. Al menos, si la vivimos con fe sencilla y corazón limpio.

José Antonio Pagola

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¿Eran tontos los pastores? Día de Navidad 2015

viernes, 25 de diciembre de 2015
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Nat-Adoration-bergers-02-Lc-2--15-19Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La liturgia católica celebra tres misas el día de Navidad: la de la noche, la del alba y la del día. En las dos primeras se lee el evangelio de Lucas; en la tercera, el prólogo de Juan. Ya que el prólogo vuelve a leerse en el segundo domingo después de Navidad, me limito a las lecturas de Lucas. La de la noche recuerda el nacimiento de Jesús y el anuncio del ángel a los pastores; la de la aurora, la visita de los pastores al niño.

¿Pasó desapercibido el nacimiento de Jesús?

Desde un punto de vista histórico, el nacimiento de Jesús debió de pasar totalmente desapercibido fuera del ámbito familiar y de las amistades más cercanas. Como ocurre con el nacimiento de cualquier niño en un pueblecito pequeño.

Sin embargo, cuando se escriben los evangelios, unos cuarenta años después de su muerte, Jesús no es para sus seguidores un hombre cualquiera: es el Mesías prometido, el salvador, el enviado de Dios, el camino la verdad y la vida… De acuerdo con la mentalidad de algunos historiadores paganos de la época, el nacimiento de un personaje excepcional no puede pasar desapercibido. Suetonio habla de los prodigios ocurridos en el cielo cuando nace un futuro emperador romano. Algo parecido ocurre en los evangelios de Mateo y Lucas. Ellos quieren indicarnos la importancia que tuvo el nacimiento de Jesús. Pero lo hacen con dos puntos de vista muy distintos.

Mateo, admirado de que Jesús esté teniendo tanto éxito entre los paganos, mientras su propio pueblo no lo acepta mayoritariamente, retrotrae ese contraste a la venida de los magos de oriente, que realizan un largo viaje para adorar al Mesías, mientras Herodes, los sacerdotes y los escribas, que saben dónde tenía que nacer y estaban a solo nueve kilómetros de distancia, no dan un paso en su busca, e incluso intentan matarlo.

Lucas elige un enfoque muy distinto: quiere indicar desde el primer momento que el cristianismo no es una religión para intelectuales, poderosos y ricos. Y toma como punto de partida a un grupo de pastores, de vida muy dura (pasan la noche a la intemperie, vigilando el rebaño) y odiados por los campesinos. Ellos no ven una estrella, como los magos de Mateo, se les aparece un ángel y les transmite un mensaje desconcertante: ha nacido el Mesías, pero no está en un palacio, sino acostado en un pesebre.

Al lector moderno, la aparición del ángel y la posterior aparición de una legión del ejército celeste cantando “Gloria a Dios en el cielo…” le resulta más cercana a un cuento de Navidad que a la realidad histórica. Pero hace veinte siglos la forma de contar era distinta, y para Lucas esta es la mejor forma de sugerir que el nacimiento de Jesús es algo maravilloso.

El ejemplo de los pastores

                En la misa de la aurora el protagonismo es por completo de los pastores. Hablan entre ellos, cuentan lo dicho por el ángel, se vuelven alabando a Dios. María y José no dicen una palabra. Pero lo más admirable es el comentario de Lucas: “Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho”. ¿Qué han visto y oído? Oído, nada. Visto, un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

                Las casas populares de la época tenían a menudo una habitación amplia, en la que se guardaban los animales por la noche, y otra en la que dormía la familia. Cuando la casa tenía dos plantas, en la de abajo quedaban los animales y en la de arriba las personas. La posada de la que habla Lucas debía ser algo parecido. Y el evangelista sugiere que María, por ser pobre, tuvo que dar a luz junto a los animales y acostar a su hijo en un pesebre. La escena no difiere mucho de las que observamos a menudo en televisión a propósito de familias migrantes. A todos nos inspiran compasión, todos pensamos: “No hay derecho a que esta pobre gente padezca esta situación inhumana”. Sin embargo, la reacción de los pastores es muy distinta: se vuelven dando gloria y alabanza a Dios por lo que han visto y oído. ¿Son tontos los pastores? ¿Son insensibles ante las necesidades ajenas?

                En la obra de Lucas (Evangelio y Hechos de los apóstoles) los pastores son los primeros misioneros. Adviértase la curiosa frase: “Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores”, sugiriendo que tenían un auditorio mucho más amplio que el de José y María. Y estos misioneros anuncian, como los ángeles, una inmensa alegría, pero en medio de la mayor debilidad y pobreza. Algo muy difícil de entender y de creer. Por eso, Lucas nos propone también el ejemplo de María, que “conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”.

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Vivir la Navidad – 1. Una fiesta diferente

viernes, 25 de diciembre de 2015
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05_Navidad_B-225x300Uno de los rasgos más tristes de nuestra sociedad contemporánea es su capacidad de vaciar de contenido y de verdad las fiestas y acontecimientos más entrañables.

Y la Navidad es, tal vez, una de las fiestas más estropeadas por el hombre actual. Unas fiestas de hondo significado para los creyentes, que son celebradas hoy entre nosotros, sin que muchos vivan su motivación original y su verdadero contenido.

La Navidad es mucho más que todo ese ambiente superficial y manipulado que se respira esos días en nuestras calles. Una fiesta mucho más honda y gozosa que todos los artilugios de nuestra sociedad de consumo.

Estos comentarios han nacido del deseo de recuperar de nuevo el corazón de la Navidad y descubrir, detrás de tanta superficialidad y aturdimiento, el misterio que da origen a esta fiesta. También hoy, en medio de esta sociedad, es posible abrirnos al misterio de Dios cercano, saborear con gozo la fiesta de la llegada de un Dios Amigo y celebrar con hondura cristiana las fiestas navideñas.

Antes que nada hemos de lograr que la alegría navideña no sea una alegría vacía y sin contenido, la alegría de quienes están alegres sin saber por qué. Hemos de esforzarnos para que estas fiestas no pasen sin que hayamos podido escuchar algo nuevo, vivo y gozoso en nuestro corazón.

El ambiente navideño en nuestra sociedad

Al aproximarse la Navidad, es fácil advertir entre nosotros un empeño especial por crear un ambiente de fiesta. Son muchos los que adornan el interior de sus hogares con diversos motivos navideños (belenes, estrellas, luces, cirios, árboles…). Lo mismo sucede en las calles y en las plazas, y hasta en los escaparates, bares y centros comerciales. Al mismo tiempo, se comienza a escuchar por todas partes la melodía de los villancicos y la música propia de esta época.

Se diría que, de pronto, se despierta en nosotros el deseo colectivo de crear un clima que rompa el ritmo de nuestra vida diaria y nos ayude a olvidar, aunque sea durante algunos días, los problemas a los que hemos de enfrentarnos día a día.

Sin embargo, estas fiestas poseen un carácter diferente al de otras que se suceden a lo largo del año. Todavía se puede observar entre nosotros un clima de intimidad, de hogar, de hondura… del que carecen otras fiestas. Pero, ¿cuál es la verdadera motivación de estas fiestas para el hombre contemporáneo de nuestra sociedad?

  • Para bastantes, se trata sencillamente de una fiesta religiosa que perdura todavía en la conciencia de una sociedad que se va descristianizando rápidamente.
  • Para otros, estas fiestas representan la añoranza de un mundo imposible de inocencia, paz, fraternidad y felicidad que los hombres somos incapaces de construir.
  • Para muchos, las Navidades se han convertido en las fiestas de invierno de esta sociedad moderna. De hecho, nuestra sociedad de consumo utiliza durante estos días todos los recursos y mecanismos imaginables para incitar a la gente a comprar, gastar y disfrutar. Parece como si solamente los que tienen dinero y pueden comprar, pudieran celebrar estas fiestas.
La verdadera raíz de la Navidad

Para los creyentes, el origen y la razón de estas fiestas son muy sencillos. Hacemos fiesta y celebramos nuestra alegría porque Dios ha querido compartir nuestra vida. Ya no estamos solos, perdidos en medio de nuestros problemas, sufrimientos y luchas. Dios está con nosotros. Hay esperanza para la humanidad.

Estas fiestas son la celebración de aquella Buena Noticia que se escuchó en Belén: «Os anuncio una gran alegría que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy en la ciudad de David, un Salvador que es el Cristo Señor» (Lc 2,10).

Esta invitación a la alegría, dirigida a todo el pueblo y, de manera especial, a la gente sencilla, es la que debe dar su verdadero significado también hoy a nuestras fiestas navideñas. Como ha dicho L. Boff: «Nosotros tenemos motivos para el júbilo radiante, para la alegría plena y para la fiesta solemne: Dios se ha hecho hombre, y ha venido a habitar entre nosotros».

Esta es la gran verdad que dio origen a estas fiestas: Dios está con nosotros. Oculto para unos, desconocido para muchos, sin embargo, Dios comparte nuestra vida. No el dios frío de la razón ni el dios distante y enigmático del puro misterio, sino un Dios hecho carne, hermano y amigo.

La Navidad no es una fiesta fácil. Solo puede celebrarla desde dentro quien se atreve a creer que Dios está con los hombres y puede volver a nacer en nuestra vida diaria. Dios es infinitamente mejor de lo que sospechamos. Más cercano, más comprensivo, más tierno, más audaz, más amigo de lo que nosotros podemos imaginar. ¡Dios es Dios!

Los hombres no nos atrevemos a creer del todo en su cercanía, su bondad y ternura. Necesitamos detenernos ante lo que significa un Dios que se nos ofrece como niño débil, vulnerable, indefenso, irradiando solo paz, gozo y ternura. Se despertaría en nosotros una alegría diferente y nos inundaría una confianza desconocida.

Ese Dios nacido en Belén es más grande que todas nuestras imágenes tristes y raquíticas de la divinidad. Ese Dios es el mejor regalo que se nos puede ofrecer a los hombres. Nuestra equivocación es pensar que no necesitamos de Él. Creer que nos basta con un poco más de bienestar, un poco más de dinero, salud, suerte y seguridad.

Celebrar la Navidad no es despertar una euforia pasajera con unas copas de champán, sino alimentar nuestra alegría interior y nuestra confianza en la cercanía de un Dios que está presente en nuestro vivir diario. Si supiéramos detenernos en silencio ante ese Niño y acoger desde el fondo de nuestro ser toda la cercanía y la ternura de Dios, entenderíamos por qué el corazón de un creyente ha de estar transido de una alegría diferente estos días.

Fuente Grupos de Jesús

Biblia

Navidad, tener misericordia de Dios en un mundo de muerte

viernes, 25 de diciembre de 2015
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nassterea-dlui Del blog de Xabier Pikaza:

Navidad es tiempo de gozo… Pero es un gozo en medio del gran dolor de los que mueren (en especial de los niños). Navidad es un tiempo para empezar a llevar la Cruz en el doble sentido de la palabra:

(a) Dios lleva la cruz de los hombres. En Navidad celebramos la historia del Dios que se ha encarnado para compartir nuestra cruz (la cruz de los asesinados, y en especial de los niños que mueren), y así podremos contemplarlo en la próxima Pascua de la Pasión y resurrección de Jesús.

(b) Debemos llevar la Cruz de Dios. Pero, al mismo tiempo, los hombres (con Jesús) pueden y deben llevar la cruz de Dios, teniendo misericordia de él,, pues, en un sentido muy profundo, es quien más lo necesita. Com-padecer a (y con) Dios: Ésta ha sido una de las tareas más honda de la espiritualidad cristiana.

http://www.secretariadotrinitario.org/revistas/326-revista-estudios-trinitarios-suscripcion.html (cf. de Trinidad y Liberación (XII, 2015)

— Éste misterio de la Navidad lo muestra claramente el icono tradicional del nacimiento: Jesús nace bajo tierra, en una tumba; y su cuna es ya un sepulcro. Es como si la liturgia quisiera decir que Jesús nace en (con) todos los niños y mayores que mueren.

— Nadie, que yo sepa, ha destacado mejor este misterio (esta experiencia) que E. Hillesum, una judía, amiga de Jesús, asesinada en Auschwitz por ser fiel al legado de sus padres judíos y a la experiencia más honda del evangelio.

Se trata de compadecer a/con Dios, en sentido espiritual (de oración más honda) y en sentido social y personal: ¡Ayudar al Dios que sufre en los hombres, como sabe Mt 25, 31-46!.

Dios ha tenido misericordia de los hombres; nosotros hemos de tener misericordia del Dios que nos empieza a decir en Navidad: Tenía hambre, era extranjero, estaba enfermo o en la cárcel….

LLEVAR LA CRUZ DE DIOS

Una estación del Via-Crucis presenta a Simón de Cirene llevando la cruz de Jesús hasta el Calvario (Mc 15, 20-21), indicando así que también nosotros podemos y debemos llevar la Cruz de Dios.

1. Un mundo de cruces.

Dios ha creado hombres libres, personas llamadas a ser y responderle en libertad, pero capaces de pecar, convirtiendo el mundo en una gran Cruz. De esa forma se ha arriesgado con nosotros. ¿Por qué lo ha hecho, permitiendo que nos matemos unos a otros desde Caín y Abel? ¿Quizá no nos ama? ¡Al contrario! Él nos ama infinita¬mente y quiere que podamos responderle en amor y dialogar con él, acompañándole en su tarea de crear el mundo.

Sólo en este contexto podemos hablar de la misericordia de Dios y con Dios, y lo hacemos con palabras y experiencias que provienen del Antiguo Testamento.

Como Padre que nos quiere, nos ha puesto Dios en una tierra austera, bella, fuerte y frágil, y ha previsto, sin duda, nuestros fallos: El rechazo cotidiano de pensarnos dueños de todo, y, en especial, el deseo de dominar a otros hombres con injusticia… Todo eso está vinculado a la Cruz de su hijo Jesús, y las cruces de los hombres.

Dios lo ha tenido en cuenta, ha previsto los miles de millones de cruces hambre y epidemia, de asesinatos y guerras… y a pesar de eso ha querido hacernos libres. ¿Por qué? ¿Porque no le interesamos?

¡Al contrario! Porque le interesamos muchos, y quiere que vayamos caminando, y lo hace él con nosotros, encarnándose en la historia de muerte de la tierra, aunque muchos perezcan en la marcha… sabiendo que él mismo ha de morir (sera matado) también en ellos. No quiere que marchemos solos, y así va nosotros, para sostenernos en nuestras caídas, esperando que también nosotros le sostengamos, pues siendo omnipotente él se ha vuelto creatura frágil y misericordioso, como han dicho de manera impresionante los profetas como Isaías.

2. E. Hillesum. Tener misericordia de Dios.

De todas formas, por mucho que Isaías clame, el Dios del Antiguo Testamento sigue estando de alguna forma lejos: No ha sufrido nuestra historia, no ha sentido nuestra angustia, no ha vivido en nuestra carne, no ha luchado ni anhelado en esta masa de tensiones, esperanzas y rupturas que formamos sobre el mundo, de manera que no sabe lo que es vivir en desgarro, morir en cruz siendo inocente… Por muy cercano que sea, ese Dios no puede acompañarnos del todo, ni ser acompañado por nosotros.

Pero los cristianos confesamos que ese mismo Dios ha dado su paso final en Jesucristo, haciéndose plenamente humano, de manera que ha sufrido en la Cruz el máximo abandono, y ha preguntado desde allí al mismo Dios: ¿Por qué me has abandonado? (Mc 15, 34).

¿Por qué “abandona” Dios a los que sufren, a millones y millones, condenados al hambre o a la cámara de gas por la maldad de otros “hermanos”? Entre las propuestas de respuesta que se han dado a esa pregunta destaca la E. Hillesum (1943-1943), condenada a muerte, en un campo de concentración:

Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones, pero no puedo asegurarte nada por anticipado. Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: Que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos (cf. Una vida compartida, Anthropos, Barcelona 2007, 142)
.

“Te ayudaré para que no me abandones”. Así dice esta judía enamorada del Dios de Jesús, desde un campo de exterminio nazi, descubriendo su vocación de acompañar y de ayudar con su misericordia al mismo Dios de la misericordia.

Ella ha visto así que Dios se ha encarnado y sufre en la entraña de de unos hombres y mujeres empeñados en matarle, descubriendo su más alta vocación, que es consolar al Dios que sufre, desde una infame cárcel de muerte. Éste ha sido y sigue siendo un signo supremo de la misericordia, y sólo una mujer, como Hillesum, ha podido descubrirlo, para que también otros podamos compartir su ejemplo.

3. Una tarea de Dios.

E. Hillesum ha descubierto y proclamado de esa forma una experiencia y tarea que sólo algunos grandes cristianos, como Juan de la Cruz (¡y Unamuno!), habían puesto de relieve, al decir que podemos y debemos tener misericordia de Dios, como él la tiene de nosotros, haciendo así en él (por él) lo que él hace en nosotros (Comentario Cántico Espiritual B, 39). Ciertamente, él nos consuela, sufriendo con nosotros. Pero nosotros debemos también consolarle, caminando a su lado en amor, muriendo incluso por él y con él, como Jesús.

Muchas veces tenemos miedo, y queremos desertar de esta misión de consolar a Dios, pero Jesús nos invita a realizarla, tomando su cruz (la nuestra, la de aquellos que sufren), para acompañar y “animar” de esa manera al mismo Dios, como dijo de forma admirable san Pablo, afirmando que él quería “completar” en su carne los sufrimientos de Cristo, que son los de Dios (Col 1, 24). A veces queremos desertar, pero el Dios de Jesús pide que nos mantengamos, caminando con él, en la obra de su vida.

No nos saca de este mundo, no nos quita el dolor, pero nos ofrece la certeza de que está con nosotros, con su misericordia, queriendo que le acompañemos, acompañando a los que sufren, como decía otro testigo y mártir del Holocausto nazi, hermano cristiano de E. Hillesum, la judía:

“Siendo infinitamente grande, no te encuentras infinitamente lejos, sino cerca de nosotros. Y cuando estamos derrotados, tú no quieres asentarnos en tu fuerza, sino en la debilidad de tu Hijo Jesucristo. Por eso… ya seamos justos o injustos, enfermos o fuertes en la vida, nos arrojamos completamente en tus brazos… ¿Cómo hundirnos en el fracaso cuando superamos con tu Hijo la prueba del desierto? ¿Cómo orgullecemos en el triunfo si llevamos con el Salvador la cruz de nuestras culpas? (cf. D. Bonhöffer, Resistencia y sumisión).

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Navidad, Buena Noticia 2015-2016 ¡Que no os roben la fiesta!

viernes, 25 de diciembre de 2015
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12391435_529610237216173_3672702960567264176_n«Robamos»esta preciosa felicitación del blog de Xabier Pikaza:

Quiero anunciaros con Chanti la buena noticia: Ya veis, tres seres felices en su casa, Jesús con María y José, dos animales. Ha nacido en Belén, que es todos vosotros…

Y el deseo de que podáis superar la mala noticia: Nos pueden robar la Navidad, gentes que no creen en Dios ni Jesús, pero se aprovechan de la fiesta para vender y seguir oprimiendo, como si Jesús naciera de las tiendas ricas, de las colonias caras, de las armas eficaces y las guerras, en un mundo donde todo parece a la venta y se vuelve objeto de conquista

Con esta imagen queremos felicitaros la Navidad a todos los familiares y amigos, físicos y virtuales, todos reales, desde esa casa de San Morales donde Mabel se parece mucho a la Virgen María (algo asustada y muy feliz)… y donde el Niño es nuestra propia vida, que os ofrecemos, con un perrito que se asusta, y que se llama Zury…, y los pájaros que vienen con un signo de paz y un ramito de vida a la ventana…

Yo, el que voy tomando nota, me llamo Xabier, algunos ya me (nos) conocéis. Y así, con Mabel y con toda la casa, incluído el perrito y los pájaros, os deseo/deseamos una Navidad de Amor… Que no os la robe nada ni nadie, porque en vosotros también ha nacido y nace Dios.

Una buena noticia

Ciertamente, hay malas, como en la infancia de Jesús, con guerras y amenazas de Oriente y Occidente, a pesar de que Augusto (año 19 a.C.) tras vencer a los cántabros hispanos había decidido clausurar el Templo de la Guerra en Roma, pues decía que no habría ya más guerras.

Pero las hubo en aquel tiempo en que nació y vivió Jesús, con José y María. A pesar de ello, los tres abrieron un oasis de vida y esperanza en una casa de pueblo, como recuerda Mateo,con el perro en el suelo y el ave en la ventana

Así queremos que todos vosotros seáis un campo verde de paz. No necesitamos mucho, algo de amor (mucho, si se puede), un contexto sencillo, sin grandes regalos ni fiestas externa. En nuestra casa tenemos un perrito, unos pájaros, amor. Nos lo ha dado Jesús, os lo queremos ofrecer.

Todos los que estamos

Dicen que había nacido en una cueva-pesebre de pastores, con mulas y ovejas, y con ángeles del cielo en medio de la noche. pero ahora viven en una sencilla casa de pueblo, los tres con un perro amigo miedoso y fiel, con un ave de paz en la ventana.

El perro se llamaba Zury (blanco), aunque es negro por fuera, como tantos otros. Es un perro que piensa que su Dios le ha confiado la tarea de protegernos, aunque le dan algo de miedo los meneos de José con el niño, de manera que aparece asustado, aunque muy contento.

El pájaro de la ventana es, más bien, un «rebaño de pájaros» y se llaman Sifor, como tantos otros pájaros de la Biblia. Éste que veis tenía guardado desde el tiempo de Noé un ramito de olivo, para la Casa de la Paz, cuando llegara el niño, y había venido a traerla.

La madre era y es María, claro se ve. Estaba contenta loca de amor por el niño, y era feliz con José, pero a veces le daba la impresión de que era algo bruto con sus juegos, y tenía algo de miedo de que se le cayera al suelo. Por eso miraba y protegía…

Ciertamente, vendrán algunos otros… y nosotros iremos a la casa de otros, familiares, amigos… pero lo importante es lo que cabe en esta imagen-postal de Chanti, que os ofrecemos a todos.

José

En el centro de la escena está José. No pudo comprarle juguetes al niño, ni un tiovivo volador, pues no había dinero en la caja; los Magos no habían llegado… y los Pastores no pudieron dejarles casi nada. Por eso y, sobre todo, porque era un hombre feliz y bueno decidió educar al niño a su manera, con muchísimo cariño, con abrazos y voleas por el aire.

Era algo arriesgado. Le decían: ¡Vas a hacer daño al pequeño! Pero el pequeño, que se llamaba Jesús, estaba feliz de que su padre jugara con él de esa manera y le enseñara a reír, que tiempos peores vendrían más tarde…

Con esta imagen de Jesús os dejo, para que sigáis pensando, gozando y rezando, todo en uno, porque lo mejor que se le puede dar a Jesús (a todo niño) en Belén o en el mundo entero es muchísimo amor… y gestos de inmenso cariño, porque la medida del amor es no tener medida, y la medida de la paz empezar a cultivarla en la propia casa

Podían venir más, pero eran suficientes… los tres, todo el mundo, con perro y con pájaro

Los tres, la tierra entero en su casita de amor, una Navidad…un signo y principio de felicidad para todos los hombres y mujeres del mundo

Tuvo suerte Jesús, con su Madre y José, con el pájaro de la ventana y el perro esperándole en el suelo, para seguir jugando.

Os dejo con el letrero de San Agustín, que algo supo de Jesús… dicendo que la medida del amor es amar sin medida, como aprendió Jesús en casa de José y María.

(La imagen es de Chanti: Santiago González, Mendoza/Argentina, 1970
Sitio oficial: www.chanti.com.arhttp://mundochanti.blogspot.com/

Con un epílogo, García Márquez, Estas Navidades siniestras
http://elpais.com/diario/1980/12/24/opinion/346460406_850215.html

Hace 35 años, en la Navidad del 1980 publicó Gabo García Márquez en varios periódicos un trabajo entrañable sobre las Navidades Siniestras. Tenéis el link para leerlo, pero quiero ofreceros unas cuantas líneas:

Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad. Hay tantos estruendos de cometas y fuegos de artificio, tantas guirnaldas de focos de colores, tantos pavos inocentes degollados y tantas angustias de dinero para quedar bien por encima de nuestros recursos reales que uno se pregunta si a alguien le queda un instante para darse cuenta de que semejante despelote es para celebrar el cumpleaños de un niño que nació hace 2.000 años en una caballeriza de miseria, a poca distancia de donde había nacido, unos mil años antes, el rey David.

954 millones de cristianos creen que ese niño era Dios encarnado, pero muchos lo celebran como si en realidad no lo creyeran. Lo celebran además muchos millones que no lo han creído nunca, pero les gusta la parranda, y muchos otros que estarían dispuestos a voltear el mundo al revés para que nadie lo siguiera creyendo.

((Éste es el riesgo de la Navidad…, que se nos puede convertir en fiesta para no creer en el Dios de Jesús… Una navidad donde parece que Jesús nace del Gran Comercio, en algún lugar escondido de las multinacionales de la ventas…, que lo mismo venden luces de color y renos voladores que armas reales que matan a la comerciando con con el hambre de millones de niños de la tierra)).

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«La primera navidad», por Carlos Ayala Ramírez

viernes, 25 de diciembre de 2015
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Navidad1Leído en Adital:

Según el Evangelio de Mateo, el nacimiento de Jesús sucedió así: «Su madre, María, estaba comprometida con José, y antes del matrimonio quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, pensó abandonarla en secreto. Ya lo tenía decidido cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas recibir a María como esposa tuya, pues la criatura que espera es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados’ […] Mira, la virgen está embarazada, dará a luz a un hijo que se llamará Emanuel, que significa ‘Dios con nosotros’”.

¿Qué sentido tiene este relato? ¿Cuál fue su significado en el siglo I? ¿Qué significa hoy? El libro La primera Navidad, escrito por dos de los mayores especialistas en Jesús de Nazaret, Marcus J. Borg y John Dominic Crossan, ofrece unas respuestas históricas y teológicas que pueden ayudarnos a una mejor comprensión de su significado para la vida humana y cristiana.

¿De dónde surge la necesidad de volver al significado de la primera Navidad? Según Borg y Crossan, al menos hay tres hechos que motivan una explicación más de fondo de estos relatos que en los Evangelios canónicos solo aparecen en Mateo y Lucas. En primer lugar, son el fundamento de la fiesta más ampliamente celebrada del planeta; más de 2 mil millones de cristianos participan en ella.

Además, debido a la importancia cultural y comercial de la Navidad en la cultura occidental, y más allá de ella, también es observada por muchos no cristianos. Se sabe que ninguna otra fiesta religiosa es conmemorada tan ampliamente por gente situada fuera de la tradición que la originó.

En segundo lugar, la Navidad es —junto con la Semana Santa— uno de los tiempos litúrgicos más sagrados del año cristiano; en Adviento y Navidad, se trae el pasado al presente, es decir, se «re-vive” el anhelo y esperanza que suscita la cercanía de Dios.

El tercer hecho está relacionado con la visión que suele tenerse de la Navidad, donde prevalece un enfoque meramente sentimental y comercial, pasando desapercibido que los relatos de la primera Navidad son a la vez personales y sociales, hablan de transformación personal y colectiva, son visiones globales y apasionadas de otra manera de ver la vida.

Lo más importante de los relatos bíblicos de la Navidad es su significado, que ha de desentrañarse leyendo los textos con atención. Este es el enfoque que asumen los autores en su estudio. Prestando atención a la peculiaridad y a los detalles de los relatos de la natividad, se busca entender lo que significaron en el siglo I y lo que pueden seguir significando para las comunidades de fe hoy.

Hay cuestiones cruciales para oír y entender los relatos de la primera Navidad. ¿Qué tipo de relatos son? ¿Cuál es su propósito? ¿Qué pretendían sus autores?

Las respuestas dadas por Borg y Crossan son un buen ejemplo de lo que en su momento recomendaba el Concilio Vaticano a los estudiosos de la Escritura: «Entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos […], atender cuidadosamente a las formas nativas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, […], investigar el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia según la condición de su tiempo y de su cultura, según los géneros literarios usados en su época”.

¿Cuál es el significado de la primera Navidad? ¿Qué significaban esos relatos para las comunidades cristianas que las contaban hacia finales del siglo I? Para los autores del estudio, estos relatos forman parte del testimonio sobre la trascendencia que Jesús había llegado a tener entre sus seguidores.

Dicha trascendencia tenía en su núcleo una visión contracultural, adquirida del modo de ser de Jesús y de su actividad pública. Los relatos del nacimiento subvierten la conciencia predominante del mundo del siglo I y también la del nuestro. Para ilustrar este planteamiento, Borg y Crossan mencionan algunos de los temas esenciales que se abordan en los relatos de la primera Navidad, según el evangelio de Mateo y Lucas. Veamos.

¿Quién es el «rey de los judíos”? Este era el título de Herodes el Grande, pero el relato de Mateo nos cuenta que Herodes se parecía más al faraón, el señor de Egipto, el señor del cautiverio y la opresión, la violencia y la brutalidad. Por el contrario, Jesús es el verdadero rey de los judíos. Y los soberanos de su mundo intentaron destruirlo.

¿Quién es el Hijo de Dios, Señor, salvador del mundo y el que trae la paz a la tierra? Dentro de la teología imperial romana, se afirmaba que el emperador, el césar, era todas estas cosas. Lucas, en cambio, sostiene que esa condición y esos títulos le pertenecen a Jesús. Él, no el emperador, es la personificación de la voluntad de Dios para la tierra.

¿Quién es la luz del mundo? ¿El emperador, hijo de Apolo, el dios de la luz y la razón, y del orden imperial? ¿O la luz en medio de las tinieblas, la luz verdadera a la que son atraídos los sabios de este mundo, es Jesús, quien fue ejecutado por el Imperio? Para Mateo y Lucas, la luz en medio de las tinieblas es Jesús. El otro, César Augusto, que afirmaba ser luz en medio de las tinieblas, no lo era. De hecho, él era más tinieblas que luz.

¿Dónde encontramos el cumplimiento del sueño de Dios para Israel y la humanidad? ¿En el modo en que son las cosas en este momento? ¿O en mundo muy diferente al actual? Mateo y Lucas proclaman, a su manera, que Jesús es el cumplimiento de la promesa de Dios a Israel y de su anhelo más profundo: el de un rey como el gran rey David, el de un tipo diferente de vida y de mundo, el de la luz en medio de las tinieblas. En definitiva, el anhelo de la presencia liberadora de Dios en su pueblo.

Por tanto, llamar a Jesús el Hijo de Dios, como lo hacen los relatos de Navidad, es una confesión de compromiso, fidelidad y lealtad. Esta confesión significa, para los autores del libro, que en la persona de Jesús se ve al ungido de Dios, se manifiesta lo que se puede ver de Dios en una persona humana y se revela el sueño de Dios para este mundo.

Los relatos del nacimiento, pues, no son una mera ilusión que se persigue, pese a ser muy improbable su realización, sino una proclama que comunica que lo revelado en Jesús es el camino que lleva a un tipo diferente de vida y a un futuro prometedor para la existencia y convivencia humanas.

Los relatos de la primera Navidad hablan con fuerza de nuestros anhelos más profundos y de las promesas y la compasión de Dios. Así lo reiteran los autores del libro. Y así lo expresa también la letra de la canción navideña Algo nuevo está naciendo:

En medio de la noche,/ noche oscura, noche larga,/ que mi pueblo soportaba,/ y en silencio como un niño,/ su esperanza alimentaba.

De pronto en esa noche,/ como luces prendidas,/ mi pueblo se encendía,/ y este niño que esperaba/ sus manitos levantaba.

Algo nuevo está naciendo/ y en mi pueblo está latiendo./ Algo nuevo está naciendo,/ con nosotros va subiendo./ Algo nuevo está naciendo/ con los pobres va creciendo. […]

Con dolor van sembrando/ los que luchan por ser libres,/ los que aman, los humildes;/ muy contentos volverán a cosechar/ lo que han sudado.

Algo nuevo está naciendo/ y con fuerza está creciendo/ en el seno de mi pueblo;/ algo nuevo está naciendo:/ nuestro Dios se hizo pueblo.

Carlos Ayala Ramírez
Director de Radio YSUCA
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«Luz grande en luz pequeña». 24 diciembre, 2015

jueves, 24 de diciembre de 2015
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luz-grande-luz-pequeña

El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz;

sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.

Esta bellísima frase nos acompañará esta noche en la misa de gallo. Así comienza la primera lectura de la primera eucaristía del tiempo de Navidad, recordándonos que toda la esperanza acumulada a lo largo del adviento, todo el anhelo y los deseos de avanzar hacia algo mejor culminan en un estallido de luz depositado en la figura de un recién nacido.

Pero qué ocurrencias tienes a veces, Señor. Nos siembras de promesas y nos pides que veamos el fruto en un pequeñuelo. No resulta fácil descubrir a simple vista que lo tuyo es diferente, que ya tenemos que dejar de mirar con los ojos del cuerpo, porque son miopes.

Aun así nos brota un sentimiento agradecido porque te esfuerzas fielmente en ayudarnos a descubrir la verdad, lo auténtico de la existencia.

Una gran luz acompaña el dolor de tantos hermanos y hermanas nuestras que chapotean en el sinsentido y la injustica. Una gran luz que será luz más plena aún en aquella alborada de Pascua. Otra de tus gracias, Señor, resumes la Luz en la sonrisa de un bebé primero, y en los tímidos jirones del amanecer después. Y todo es luz creciente, luz que nos inunda y nos sostiene pero luz que es necesario aceptar para ver.

Navidad es hacer reforzar la fe en lo pequeño, en lo insignificante, en la gota que va formando el mar.

El corazón que caminaba en la tiniebla vio una pequeña luz que anunciaba el comienzo de un tiempo nuevo.

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Cristianos Gays os desea una Feliz Navidad

jueves, 24 de diciembre de 2015
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“Como nos ama
hacese a nuestra medida”

Santa Teresa de Jesús

Los Administradores y Moderadores de Cristianos Gays queremos desearos a todos una muy feliz Navidad.

Deseamos que el Niño Dios se encarne no solo en nuestros corazones, sino también en nuestras obras.

Que sepamos reconocer a este Dios que se hace carne en una madre soltera, criado por un padre que no es el suyo en lo humano. Al margen de lo establecido. Por eso felicitamos la Navidad con el Niño que nace en el hogar con dos madres. El hogar con dos padres. El hogar con una sola madre o con un solo padre. Porque hogar es donde hay amor, no un número y determinado tipo de personas. Y si hay amor, ahí nace Jesús.

Hoy contemplamos en el relato del Evangelio cómo la Palabra se hizo carne (Jn 1, 1-18). Nos suele resultar complicado pensar en Jesús tal y como nos lo presenta hoy Juan: preexistente, divino, revelador del Padre… Es un misterio que desborda pero que llena de gozo desmesurado. Dios se nos muestra de una forma inauditamente cercana porque el amor tiende a abajarse y a hacerse próximo. También mi amor debe tender a encarnarse en gestos hacia los demás que muestren cómo es Dios.

Gracias por los que entráis, leéis, compartís y nos regaláis vuestra amistad y oraciones.

Que el Niño Dios colme de bendiciones todos vuestros nobles deseos y esperanzas.

¡Feliz Navidad!

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¡Señor de la noche, Dios de luz, Visita mi establo oscuro!

jueves, 24 de diciembre de 2015
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Para decir juntos nuestra fe.

¡Señor de la noche, Dios de luz,
Visita mi establo oscuro!
Prepara en mí una cuna
Para que la Navidad tenga lugar esta noche (…)

En tus tierna manos
deposito mi miedo de no ser …
Esta noche naceremos
de un mismo aliento;
Nacerás en mí
Para venir al mundo que me rodea,
Y yo naceré de ti,
Acogida como una reina
Acogido como un rey
Hasta en mis más sombríos rincones.

¡ Señor de la noche, Dios de luz,
Visita mi establo oscuro!
Prepara en mí una cuna
Para que Navidad se efectue esta noche (…)
Entonces, por fin, en mi desierto
habrá sitio para los otros,
Aquellos que te nombro ahora
En un silencio
Que implora tu compasión.

*

Lytta Basset

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«TX9», por Dolores Aleixandre

jueves, 24 de diciembre de 2015
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portal-belenmamm t u tddwm mdd ggg sr acá bu. Esto que acaban de leer es la versión que ha aparecido en la pantalla de mi nuevo móvil en lugar de “Esta tarde hacemos compra” que es lo que yo quería escribir. Motivo: había pulsado sin querer la tecla TX9 que propone un “texto predictivo”. Acostumbrada como tantos de mi generación a tratar a mamporrros una Olivetti, no consigo adaptar mis dedos a estos teclados tan melindrosos y, como reincido en la equivocación una vez y otra, termino por aborrecer conjuntamente la tecla y su significado: qué agobiante es esto de un texto que decide por su cuenta, pienso enfadada; no hay derecho a que te impongan desde fuera lo que quieres decir o ser; a mí que no me asfixien con predicciones…

En medio de estas divagaciones, aparecen las primeras bolas doradas navideñas, esas que a algunos les provocan depresión pero que en mí tienen un efecto balsámico: llega el Imprevisible, el Impredecible, el Improbable, el Anómalo, el Excéntrico, el Divergente, el Rarísimo. (Me encanta endosarle esos títulos que nunca aparecerán en los libros de teología).

Nacido de mujer, nacido bajo la ley, con la TK9 gravitando también sobre él, dispuesta a sumergirle sin remedio en trayectorias de estancamiento y circularidad. Un mensajero poco aficionado a la innovación le había aplicado el texto predictivo correspondiente: “Será grande, Hijo del Altísimo, sentado en el trono de David, reinando por los siglos de los siglos…”, pero él se las arregló para escapar de la tecla y desde su nacimiento se sacudió augurios y predicciones: vaya grandeza rara mostrarse tan pequeño; qué poco pedigree davídico ser hijo de inmigrantes galileos; menudo trono de risa el de un pesebre y una cuadra; qué peste a estiércol en vez de a los olores mesiánicos homologados de mirra y áloe.

Se había salido del guión establecido, le había cogido el gusto y las cosas fueron a más: – “Qué, María, ¿no se os casa el chico?”, preguntaban las vecinas, – “Con lo espabilado que es y lo majo, podría apuntarse a un master en Rabinato. Dicen que los que hacen el erasmus en Séforis salen casi todos colocados…” Y ella callada. Y él callado también, silbando la melodía del Siervo mientras aserraba tablones. Ni Salomón, ni David, ni Ezequías: le gustaba aquel personaje oscuro y silencioso, colgado de Dios, que aguantaba las cargas de otros, entregaba la vida y elegía siempre el último lugar.

A la hora de independizarse, compartió intemperies con una panda de idealistasinfronteras.com
. Carente del gen del cálculo, del instinto de auto conservación, del aferramiento a lo propio, tomaba opciones insólitas, arriesgaba rupturas, ensayaba lenguajes peculiares. A su lado la gente se sentía liberada del fatalismo de destinos que creían inexorables: un paralítico volvía a caminar; un ciego daba un salto desde su cuneta y entraba en la luz; una mujer encorvada se enderezaba; Zaqueo abría su casa a Jesús y su dinero dejaba de interesarle; el viejo Nicodemo nacía de nuevo.

Los que pensaban que nunca podrían escapar de sus adicciones (dinero, poder, ira, desesperanza…), descubrían la belleza de una vida simple, la anchura de perdonar, la asombrosa libertad de servir gratuitamente, el ánimo para comenzar de nuevo.

“La muerte no tiene ya dominio sobre él”, decía Pablo. ¡Ni la TX9 tampoco!, cantaron los ángeles en Belén inundando de resplandor aquella noche, amenazada como las de hoy por sombríos textos predictivos (), parecidísimos a esos en los que querríamos encerrar sin salida a políticos ineptos o a sinodales cerriles.

Pero “desde las alturas” nos invitan a mantener pulsada otra tecla, la S, esa que inunda de alegría nuestra pantalla vital con la impredecible noticia de que Somos mente Queridos.

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Sábado 19 de Diciembre: Celebración de Navidad de Cristians Inclusius de Barcelona

jueves, 17 de diciembre de 2015
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CARTELLNADAL2015Nos envían esta información desde Protestants Inclusius:

Sábado 19 de Diciembre a las 19 horas la Comunidad Protestantes Inclusivos BCN organiza la celebración ecuménica de Navidad. A la cual todo el mundo miedo asistir.

Si queréis podéis venir una hora antes de empezar la celebración; a las 18 horas tendremos un momento para encontrarnos, charlar y tomar un buen chocolate. Estáis invitadas e invitados!

A la celebración nos acompañará Teresa Forcades que será la encargada de hacer la reflexión bíblica, y también el pastor Víctor Hernández que se encargará de la Santa Cena.

Haremos una colecta por la Fundación Fundació Enllaç, una entidad creada al 2008 por una veintena de personas vinculadas al movimiento LGTBI que trabaja para apoyar en las personas LGTBI que con independencia de las causes -deterioro por envejecimiento, enfermedad, desarraigo o discriminación- se encuentren en situaciones de vulnerabilidad, de dependencia o de incapacitación, permanente o temporal.

Si queréis conocer mejor la fundación podéis visitar su página web:

fundaci_enlla_Dissabte 19 de Desembre a les 19 hores la Comunitat Protestants Inclusius BCN organitza la celebració ecumènica de nadal. A la qual tothom por assistir.

Si voleu podeu venir una hora abans de començar la celebració; a les 18 hores tindrem un moment per trobar-nos, xerrar i prendre una bona xocolata. Esteu convidades i convidats!

A la celebració ens acompanyarà la Teresa Forcades que serà l’encarregada de fer la reflexió bíblica, i també el pastor Víctor Hernández que s’encarregarà del Sant Sopar.
Farem una col·lecta per la Fundació Enllaç, una entitat creada al 2008 per una vintena de persones vinculades al moviment LGTBi que treballa per donar suport a les persones LGTBI que amb independència de les causes -deteriorament per envelliment, malaltia, desarrelament o discriminació- es trobin en situacions de vulnerabilitat, de dependència o d’incapacitació, permanent o temporal.
Si voleu coneixer millor la fundació podeu visitar la seva página web:
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Pero, ¿quiénes son los Reyes Magos?

martes, 6 de enero de 2015
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Se llaman «Melchor, Gaspar y Baltasar» desde el siglo VI, son tres por León I

Uno de cada cuatro españoles ha «pillado» alguna vez a uno de los monarcas dejando regalos

(Valores Religiosos/RD).- La ilusión de Melchor, Gaspar y Baltasar indestructible que se repite cada 6 de enero. ¿Quiénes eran esos «magos» que llevaron mirra, oro e incienso a Jesús?

Los Evangelios sólo hablan de «magos», en ninguna parte se indican sus nombres, ni que fuesen reyes, ni que fueran tres (número que posiblemente se deba a la cantidad de obsequios ofrecidos). Estas creencias fueron agregadas varios siglos después y se han mantenido en la tradición popular.

Según la creencia, estos magos eran representantes de religiones paganas de pueblos vecinos, que los Evangelios ven como las primicias de las naciones que aceptarán la religión católica. En algunos países (normalmente hispanohablantes) existe la tradición de representar a los reyes trayendo los regalos que los niños les han pedido en sus cartas durante la noche anterior.

Los Reyes Magos, por tradiciones de algunos países, forman parte del pesebre junto a José, el niño Jesús y María.

_reyesmagosLa figura católica de los Reyes Magos tiene su origen en los relatos del nacimiento de Jesús, algunos fueron integrados de los evangelios canónicos que hoy conforman el Nuevo testamento de la Biblia. Concretamente el Evangelio de Mateo es la única fuente bíblica que menciona a unos magos quienes, tras seguir una supuesta estrella, buscan al «rey de los judíos que ha nacido» en Jerusalén, guiándoles dicha estrella hasta Jesús nacido en Belén.

Según interpretaciones posteriores, los Magos fueron considerados originarios de Europa, Asia, y de África respectivamente. Sin embargo, el último libro escrito por el papa Benedicto XVI sobre Jesús de Nazaret, «La infancia de Jesús», destaca que los Reyes Magos probablemente no venían de Oriente, como se ha creído tradicionalmente, sino de Tartessos, una zona que los historiadores ubican entre Huelva, Cádiz y Sevilla.

La tradición más difundida cuenta que los reyes llegaron de Oriente. Allí buscaron al Niño Jesús recién nacido y lo adoraron, ofreciéndole oro (representando su naturaleza real, como presente conferido a los reyes), incienso (que representa su naturaleza divina, empleado en el culto en los altares de Dios) y mirra (un compuesto embalsamador para los muertos, representando el sufrimiento y muerte futura de Jesús).

Antes de llegar, encontraron al rey Herodes el Grande en la ciudad de Jerusalén, quien astutamente les conminó a que, de regreso, hablaran con él para darle noticias del sitio exacto donde se encontraba dicho niño y, así, poder ir él también a adorarle. (En realidad, lo que quería era darle muerte, por eso ordenó la matanza de los inocentes, fecha que se recuerda cada 28 de diciembre).

La historia sigue contando cómo un ángel se apareció a los magos y les advirtió del peligro que corría Jesús si es que ellos obedecían el deseo de Herodes. Así entonces, no volvieron por el mismo sitio. Parece ser que, sólo por el hecho de que el relato evangélico indicara que trajeron tres dones (oro, incienso y mirra), se dio por sentado que eran tres los personajes que los traían. Aunque también en algún momento las distintas tradiciones han señalado que eran cuatro, siete y hasta doce.

Si bien la Biblia explica que fueron tres los regalos otorgados por los magos al Niño Jesús, fue el Papa León I el Magno quien estableció oficialmente su número en 3 para toda la cristiandad. A mediados del siglo VI, en Rávena (Italia) se les asignaron los nombres de «Melchor», «Gaspar» y «Baltasar», que supuestamente equivalen en griego a «Appellicon», «Amerín» y «Damascón» y en hebreo a «Magalath», «Serakin» y «Galgalath«. Según una leyenda, sus restos se encuentran en la Catedral de Colonia, Alemania, donde se encuentra el llamado Relicario de los Tres Reyes Magos.

Por otro lado, el 82,4% de los españoles prefiere los regalos de los Reyes Magos, antes que los de Papá Noel y el 69% asistirá a la cabalgata, según un estudio de DaWanda.es en el que han participado 2.500 españoles usuarios de Internet, de entre 18 y 60 años sobre los deseos y preparativos para la noche de Reyes, según informa la compañía.

magos-segun-cortesPara ese día, un 51% de los encuestados asegura que duerme bien y el 40% reconoce que está bastante nervioso. Además el 6% confiesa que no puede dormir porque está pendiente de los ruidos que escucha e, incluso, un 3% no consigue dormir en toda la noche.

Según el estudio de DaWanda.es, un 62% de los españoles prefiere que les sorprendan con los regalos pero uno de cada tres españoles aún conserva la tradición de escribir a mano su propia carta. Los más tecnológicos apuestan por nuevos formatos como las ‘wishlist’ online (4%) y el email con sugerencias de regalos (3%). Incluso un 2% se atreve a pedir sus regalos por redes sociales.

La mayoría de los españoles son precavidos y han ido elaborando una lista de ideas para regalar durante todo el año (39%). Otros prefieren hacer un regalo sorprendente que no se espere el destinatario (32%). Por otro lado, algunos lanzan indirectas para sacar información (13%); se fijan en lo que le gusta a su pareja cuando van con ellos de compras (11%) o les piden directamente que escriban una carta (5%).

Además, el estudio refleja que el 88% de los encuestados denuncia que los pequeños pasan demasiado tiempo jugando con móviles, consolas y ordenadores en vez de estar con la familia. También, el 64% de los padres consideran que deben hacer más regalos a sus hijos que al resto de la familia, a pesar de que ellos mismos reconocen que los niños valoran la calidad y no tanto el número de regalos, según 3 de cada 5 padres encuestados.

Por otro lado, el 24% de los encuestados reconoce que alguna vez ha pillado al Rey Mago. La excusa más utiliza para salir del paso es decir que acaban de descubrir los regalos (36%) o que han escuchado ruido y han ido a ver qué pasaba (29%). En otras ocasiones, prefieren decir que los reyes les han pedido ayuda porque no les daba tiempo a visitar todas las casas (27%). Tan solo un (8%) dice la verdad tras ser sorprendido.

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Dejad pasar a Baltasar.

martes, 6 de enero de 2015
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A 3852Cuento de navidad que hemos leído en el blog de Peio Sánchez, Cine espiritual para todos:

Cuando Esaú comenzaba a subir los 150 peldaños de la escalera que, en el interior de la montaña, llevaban al palacio-fortaleza de Herodión no sabía cómo explicarle al rey lo que había ocurrido con los tres magos. Además las noticias eran que la salud de Herodes había empeorado gravemente durante el último mes, la inflamación de sus piernas le mantenían buena parte del tiempo postrado, mientras los espasmos dolorosos ocasionaban que su ya agrio humor se hubiera radicalizado.

Esaú, como idumeo y por lo tanto compatriota de Herodes, llevaba años de responsable de una centuria de los soldados del rey de Judea. Aprovechando la larga subida al palacio intentaba recordar los acontecimientos que había cambiado su vida en esos días, desde que el rey le mandó liberar a un naúfrago que había aparecido en la playa de Cesarea. Sin duda, debía calcular bien sus palabras para que el informe al rey no se transformara en su sentencia de muerte.

Recordó como todo empezó cuando dos sabios astrólogos, Melchor procedente de las tribus sakas y Gaspar que venía desde los pueblos celtas, llegaron al palacio de Herodión. Solicitan la liberación de un tal Baltasar porque tenían que visitar a un niño llamado a reinar en Judea. Uno de los compañeros náufragos de Baltasar, superviviente había alcanzado al grupo de los magos, y les había dado la noticia de la detención del sabio africano. Fue entonces cuando el rey le mandó acudir con urgencia a Cesarea Marítima para liberar al prisionero y realizar aquella extraña visita enterándose de todo lo relativo al niño.

El séquito de los dos magos le acompañó junto con sus soldados hasta Jerusalén y desde allí hasta la costa. A través de los astrólogos supo que habían descubierto una nueva estrella en el firmamento que les parecía señalar con su movimiento un camino. El intercambio de mensajeros les confirmó en la opinión. Baltasar, que era el más pobre de ellos y habitaba entre las tribus árabes de África, fue el primero en ver la estrella haciéndoles llegar la noticia a través de las caravanas de comerciantes.

Cuando llegaron a Cesarea tras admirar el acueducto que traía las aguas desde el monte Carmelo y la colosal estatua de Octavio se dirigieron a la guarnición romana donde estaba preso Baltasar. Tras algunos trámites lograron ver al astrólogo convertido en prisionero y sentenciado a muerte. A la visita, que Esaú consiguió haciendo valer toda su autoridad, acudió junto con los dos magos que le reclamaban la liberación. El aspecto de Baltasar era lamentable, a las evidentes consecuencias del naufragio señalado por múltiples heridas se añadía una delgadez extrema. Sin embargo, su humor no parecía afectado. Lo primero que hizo fue preguntar por la estrella y abrazar a sus compañeros. Les contó cómo había recorrido África acompañando a varios grupos trashumantes, la sequía se extendía y eran muchos los que huían buscando el mar para alcanzar alguno de los países cercanos. Llegaron a Pelusio donde fueron dispersados por las tropas romanas, pero junto con dos compañeros y con la mirada puesta en la estrella se hicieron a la mar en una barca de pesca. Tras una fuerte tempestad la barca naufragó perdiendo de vista a sus dos acompañantes. Pero siguiendo en la noche la estrella había llegado hasta la costa donde fue detenido. Baltasar se llenó de alegría cuando le comunicaron que uno de sus compañeros se había salvado y había dado la alarma sobre su situación.

El problema ahora era sortear la pena de muerte, impuesta por el imperio para los que alcanzan sus territorios sin permiso, las leyes eran de estricto cumplimiento en estos casos. Una opción hubiera sido tramitar la esclavitud de Baltasar. Sin embargo, Herodes tenía mucho interés en saber de la historia de aquel niño que aspiraba a convertirse en rey de los judíos. Los otros magos decían que solo acudirían juntos a la cita que marcaba la estrella. Así que Esaú se vio obligado a tramitar la liberación. Topó con la oposición de los funcionarios del gobernador. Pero no era nada que una buena cantidad de denarios y la autoridad mercenaria de Herodes el Grande no pudieran ablandar.
Baltasar todavía complicó más las cosas, ya que como todos estos astrólogos era testarudo y decía que no salía si no venían con él otros tres compañeros con los que compartía prisión. En fin, más denarios en la bolsa de los funcionarios resolvieron el problema. Aunque algo en aquel Baltasar empezaba a caerle simpático, probablemente esa mezcla de coraje, bondad y cercanía a su gente.

Al salir de la prisión el ambiente que reinaba era festivo. Juntos acudieron a una terma aprovechando la urgente necesidad de aseo de todo el grupo y especialmente de Baltasar. Allí los magos le comunicaron su deseo de continuar camino siguiendo a la estrella. Esaú pensó que era mejor devolver a sus soldados a Herodión y seguir él solo viaje, con la caravana de aquellos tres testarudos para investigar si realmente aquel niño era un peligro para su rey.

El camino fue verdaderamente interesante escuchando las historias de otros pueblos y la camaradería de aquel grupo de nómadas. Por momentos olvidó sus duros años en el ejército de Herodes que le hicieron intervenir en numerosos episodios sangrientos. Recordaba cuando, por orden de Herodes, tuvo que mandar a sus hombres a matar a Mariamna, una de las diez esposas del rey. Y cómo también había intervenido, bajo sus órdenes, en la muerte de dos de los propios hijos del monarca, Aristóbulo y Alejandro. Su sintonía con el grupo mejoraba e incluso un día, a petición de Baltasar, hasta había comprado de su propio dinero una buena cantidad de mirra que el sabio le había dicho necesitar. La estrella aparecía y desaparecía pero el final les fue guiando a la pequeña ciudad de Belén con el apoyo de un grupo de pastores que se había unido a los buscadores y que decían haber conocido al niño.

Cuando por fin llegaron, todo ocurrió con mucha normalidad. El niño dormía en una especie de establo acompañado por sus padres. Los tres magos se acercaron llevando sus presentes para eso era la mirra de Baltasar y estuvieron un rato mirando al niño. Los demás se sentaron alrededor en silencio y también contemplaron al niño dormir.

Josué tras un tiempo mirando comenzó a notar una gran paz interior. Como si el misterio más profundo de su vida se resolviera en aquella pequeña presencia, el tiempo y el espacio se pararon en torno a él, y sintió que desde la sencillez de aquel niño se abriera una puerta hacia lo más lejano e infinito. Parecía como si toda su vida pasara antes sus ojos con una nueva luz, y su espada manchada de sangre fuera limpiada en aquel mismo lugar. Como si la gran distancia con la estrella que les había acompañado se hubiera estrechado hasta casi poder tocarla con sus dedos. En aquel mismo momento supo que algo había nacido dentro de él.

Cuando los tres sabios se levantaron, su corazón estaba lleno de agradecimiento. Pronto se pusieron en camino de vuelta. Algunos de sus compañeros de marcha también se sentían cambiados. En una parada se le acercó Baltasar que estaba especialmente cercano tras su rescate en Cesarea. Esaú le intentó contar lo imposible que le había pasado sin embargo el astrólogo negro y bonachón parecía comprenderle. Ambos acabaron su conversación con un abrazo donde se fundieron el blanco y el negro, las manos manchadas de sangre del soldado y los ojos sedientos de infinito del astrólogo.

Al llegar a Jerusalén, Esaú se separó del grupo de los magos que esta vez tomó la dirección del Norte para alejarse de las guarniciones romanas y de las tropas judías.

Ahora Esaú se encontraba en los últimos peldaños de la escalera que subía al palacio-fortaleza para tener su audiencia con Herodes, sabía del peligro de aquella entrevista frente a un rey opresor y sanguinario que estaba fuera de sí enfrentado su muerte. Cuando entró en la estancia le llamó la atención el mal olor que despedía el monarca, toda parecía pudrirse allí. A Herodes le contó lo del niño en Belén sin darle demasiadas indicaciones y sin ofrecerle pistas sobre el paradero de los magos. El rey ya tenía decidido su encargo, debía matar a los recién nacidos de la pequeña ciudad. El encargo se hizo con prisas, como un trámite normal de gobierno, porque el monarca salía para Jericó donde en sus aguas pretendía curarse.

Cuando Esaú comenzó a bajar las escaleras del montículo-fortaleza había decidido que esta vez no cumpliría su misión. Por primera vez desobedecería las órdenes de Herodes y se aprestaba a ser un fugitivo también. A pesar del peligro que le acechaba, aquel día se sentía extrañamente contento. El que había liberado a Baltasar ahora se sentía especialmente libre también. Algo nuevo comenzaba para él, aunque todo empezó mirando aquel niño.

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«Los Reyes Magos», por Isabel Gómez Acebo

martes, 6 de enero de 2015
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adoracion-reyes-ravena--644x450Leído en su blog:

Me parece que el atractivo de los Reyes Magos es que vienen de lejos, montados en caballerías exóticas y vestidos con ricos trajes orientales. Son mucho más vistosos que el viejo Papá Noel que llega del frío en un trineo tirado por unos animales raros que se llaman renos. Pero en cuanto a los regalos, el San Nicolás escandinavo (versión de Papá Noel) trae a los niños naranjas de España que es una buena vitamina C para los fríos invernales de esos países nórdicos porque ¿qué haría la Sagrada Familia con el oro, incienso y mirra que les llevaron los Reyes en la cueva de Belén?

Esa llegada majestuosa y esos regalos inútiles (prescindo del simbolismo) ¿No serían para quitarle hierro a una encarnación vergonzosa? A nadie con dos dedos en la frente se le habría ocurrido que el Mesías anunciado, el salvador del mundo, iba a nacer en un portal rodeado de animales. Y es que nos cuesta a todos pensar en un Dios impotente que se ha hecho tierno y vulnerable. “Estoy a la puerta y llamo” es la postura del mendigo que pide y no la del monarca que ordena.

El himno de Filipenses 2,6-7 dice de Jesucristo “El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios sino que se despojó de sí mismo, tomando condición de siervo y haciéndose semejante a los hombres”. La humillación de Dios en la impotencia es lo que hace posible, tanto la libertad humana como la reciprocidad en la relación que establece con sus criaturas. Ese descenso fue el que posibilitó la amistad y cercanía con los seres humanos. El inmenso poder de Dios se ancla en su capacidad infinita de compasión ya que se hace siervo del desvelo y del cuidado por el mundo.

Siento más atractivo por los pastores que no contaron con estrellas que les guiaran y que dispusieron de corderos, leche y quesos para el nuevo nacido, mejor dicho para sus padres. ¿No se sentarían todos juntos a celebrar el nacimiento en torno a los víveres que habían aportado? En torno al fuego, las mujeres hablarían del parto, del largo viaje recorrido y de los planes de futuro mientras que los varones preguntarían a José por su trabajo y el costo de los alimentos en Nazaret. Todos comerían juntos pues es una premisa que aparece en todas las relaciones de amistad, una costumbre que practicó Jesús a lo largo de su vida pues un tercio de los evangelios tratan de sus comidas. Es una lástima que el desarrollo de la eucaristía acabara en una hostia insípida y un vino reservado para el celebrante, porque pierde mucho de su sentido.

Todo esto he tratado de explicárselo a mis nietos pero piensan que estoy loca ¡No se pueden comparar los Reyes Magos a los pastores! Tan es así que en las fiestas del colegio hay riñas por encarnar a Melchor, Gaspar y Baltasar mientras que nadie quiere ser un modesto pastor. ¡Y la cabalgata del día 5! Una nieta presume de haber cogido al vuelo unos caramelos que tiraban los pajes, algo casi tan valioso como un autógrafo de Ronaldo.

Pero yo prefiero imaginar que estaba en Belén sentada junto al portal, felicitando a los padres, brindando ¿con agua? y comiendo un trozo de queso con todos los pastores (no olvidemos que había pastoras que posiblemente fueran las que dispusieran los alimentos) bajo la mirada atenta y sonriente de un recién nacido. Menos mal que los Reyes vivían más lejos y nos dieron tiempo para gozar de esa comida que presagiaba otras futuras.

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