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«La historia de las tres Reinas Magas»

martes, 6 de enero de 2015
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reinas_260x174«Fueron Reinas, y no Reyes, las primeras que llegaron al portal»

«No llamaron a los soldados de Herodes, llamaron a los ángeles»

(Emilio Pinto).- Si hay un pasaje del Evangelio que nos invita a elevar nuestra imaginación, como el que más, es el de esta noche. Solo los hombres de buena voluntad y los niños son capaces de ver lo que nadie aún había visto de esta noche.

El nacimiento es siempre motivo de alboroto, de idas y venidas, de whatsapp a los amigos, de la foto de Facebook, de saber cuánto ha pesado, cómo fue todo, qué tal están la madre y el niño y de preguntar qué necesitáis.

Estoy seguro al cien por cien que las Reinas y no los reyes fueron los primeros en llegar y quiero exponer mis razones:

Las mujeres tienen un sexto sentido para saber cuándo será el parto, qué palabra necesita la madre, cómo hay que ayudar al niño a venir al mundo, como colocarlo y como hacer del momento, un momento especial.

Las mujeres tienen algunos sentidos que nos faltan a los hombres, ven donde nosotros no vemos y sienten donde nosotros no sentimos. Ellas supieron, como lo supo Magdalena, que aquel niño era «una gran cosa para la humanidad»

Las mujeres saben cómo acoger en una noche de frío a todo el que llegue, de una tortilla de dos huevos comen cien, de unas rosquillas mil y de un vino malo, con un poco de canela, capaces de transfórmalo en un buen vino dulce.

Y sobre todo las mujeres son las estrellas invisibles del mundo, por lo tanto ellas sabían a quien sí y a quien no había que avisar. En eso los hombres somos un poco ignorantes. No llamaron a los soldados de Herodes, llamaron a los ángeles, no avisaron a todo el pueblo, sino a los pastores y, bien claro se lo dijeron, «traer el rebaño, que seremos muchos en la calle y hace falta calor, quesos, leche, dátiles, lo que tengáis (¿Cuándo un hombre se va a dar cuenta de esas cosas?)

No desprecio la buena organización de los otros: De Melchor, Gaspar y Baltasar, pero mientras que ellos venían de camino ya estaba todo hecho. No les echo en cara que se pararan para hablar con Herodes, eso a ninguna mujer se le hubiera ocurrido, y tampoco que llevaran oro, incienso y mirra, cuando todo el mundo sabía que en Belén no había tiendas de cambio de Oro, no sabían para que usar la mirra y el olor a incienso se mete mucho por la nariz.

Las tres Reinas magas se llamaban así:

-השכן ( del hebreo que traducido significa Vecina), «Ve» para las amigas

-اليجريا (del árabe que traducido significa es alegría) «Ali» para las amigas

y commeatus, (del latín que traducido significa avituallamiento) «Come» para las amigas.

Los idiomas, las religiones, las separaciones sean del tipo que sea, se callan y se unen ante el nacimiento. Muy, pero que muy burro hay que ser para no amar al que está ya por nacer.

Ve, Ali y Come no solo llegaron las primeras y se fueron las últimas, yo creo que aún siguen viniendo a mi casa:

«Ali» (alegría) por ejemplo casi siempre viene vestida de villancicos que nos dan una alegría que para qué, aunque yo siga sin entender algunos como ese de la burra cargada de chocolate y que tiene que ir María corriendo que se lo comen. O ese otro de peinarse y peinarse, ni que la Virgen estuviera obsesionada con el pelo y además nunca he visto a un pez beber en el río, o el de campana y campana que llega al mismo número de campanadas dependiendo del alcohol en sangre. Pero todos hacen que hasta el que nunca canta, cante. Como no venga Ali este año a tu casa, ya verás la que se arma, hablando del podemos y la política, de lo que se gana y se pierde, de tus defectos y los del vecino. De la Iglesia. En fin Ali yo sí te espero en casa.

«Ve»(vecina) es la que antes viene, fue la primera en ir al mercado y sigue siendo la primera en ir y trae el pescado:

-Ese no, el de al lado. ¿Será fresco? ¿No estará caro? ¿No me engañarás? Mira que es para la casa del niño. Ponme también un poco de marisco, que los pobres también tienen que vivir y Champán, mira que me va mal al estomago, pero que no sea Francés, no por nada es que este año hay que ayudar a los de casa. Y cargada se da hoy una vuelta a ver que van a poner las vecinas de cena, no para cotillear, sino para ir dejando una cosa aquí y otra allí, total, dice ella, si yo con huevo frito tengo de sobra. ¡Benditas las vecinas entre todas las mujeres! Y encima si son guapas te alegran el día. (Yo tengo una guapísima, o será que me lo imagino)

-«Come» (avituallamiento) es la más maga de las magas:

-Vosotros los de la tele a recoger juguetes, ¿Pero cómo se va a quedar un niño sin nada?

-Vosotros los de la radio a poner cosas bonitas, que para penas ya habrá otros días.

-Vosotros los de religión digital, a dar en portada la buena noticia que es vuestro deber.

Come es la que te da las ganas de comer, la que se ocupa de la tirita, de que no te rasques, de que no te mires demasiado la herida, de mirar para adelante. Es la que viene con una idea nueva, casi loca pero que es genial: Pongamos este año más burros para cuidar la especie y más flores que la floristería no ha vendido mucho, y digamos que el turrón baja el colesterol, total nadie sabe lo que lo sube y lo que lo baja, hagamos que los guiris venga a gastarse el dinero en el cotillón, (que viene de la palabra cotilla, y es que el alcohol a ciertas horas no da pa más)

Y así hace ya más de dos mil años, las primeras en llegar fueron las Reinas Magas: Ali, Ve y Come que bien traducido por expertos en la materia sería:

¡Ali, hombre! (olvídate de lo malo, estate alegre)

Ve (Ven)

Y Come, que no le hace falta traducción.

Por qué el niño Jesús lo único que quiere hoy es eso, darnos un poco del cielo en la tierra y eso solo lo pueden conseguir nuestras mujeres.

Queda demostrado que las primeras en llegar y las últimas en irse, que tuvieron que recoger todo, fueron estas tres mujeres. Ya podrían los hombres echar una manita. De Melchor, Gaspar y Baltasar, mucho traje, mucho camello, pero útiles, lo que se dice útiles esta noche no fueron, tal vez para reyes y además muy interesados, solo te traen cosas si te portas bien, ¡oigan señores, que eso es imposible!, pero ¿Para qué se invento la confesión?. Y otra cosa que ellos no están todo el día mirándote para ver como te portas, pero las reinas magas seguro.

Un abrazo a todos ¡Feliz Navidad! Y que entre ellas, ellos y sobre todo Él que vuelva la Paz a nuestros corazones y al mundo, que como le ponga yo la mano al que se la llevó, ¡Se va a enterar!

Cuando queráis nos vemos en Belén que significa «casa del pan» y para eso tenemos a Ain karen que nos puede llevar y que quiere ser otra reina maga.

Fuente Religión Digital

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«¿Cómo celebraría hoy Jesús la Navidad?», por Faustino Vilabrille

jueves, 1 de enero de 2015
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1235125161025Leído en su blog:

Jesús nació en una cuadra, inundada de amor, mucho más digna que el palacio de Herodes, inundado de sangre, como los miles de palacios que en el mundo son.

Querid@s amig@s colaboradores y cooperantes:

Podemos preguntarnos cómo celebraría Jesús hoy la Navidad: Sin duda la celebraría haciendo lo que hizo toda su vida: por un lado proclamando el amor, la fraternidad, la justicia, la igualdad, la vida en abundancia para todos, la paz verdadera fundada en la justicia, la solidaridad, la dignidad de los niños, la defensa de las mujeres marginadas, el cuidado de los enfermos, la acogida a los inmigrantes. Y por otro, clamando contra la injusticia, contra los ricos y sus riquezas porque producen empobrecidos, contra los corrompidos y los corruptores actuales iguales a los fariseos de entonces; la celebraría apoyando y consolando a los desahuciados, liberando a los abatidos, atendiendo y curando a los enfermos, dando pan al que tiene hambre, agua al que tiene sed, escuchando atentamente a los demás, compadeciéndose; devolviendo la esperanza, la dignidad y el valor a los más débiles; la celebraría al lado de los pobres, indefensos, marginados, oprimidos y encarcelados, la celebraría entre los últimos de los últimos, es decir, en el Tercer Mundo.

Jesús nació en una cuadra, igual que nacen hoy la inmensa mayoría de los niños del tercer mundo. Jesús nació entre lo pobre, lo desvalido, y lo marginado; lo humilde, lo pacífico, lo manso, lo dócil y sencillo como lo eran las ovejas y sus pastores de entonces; Jesús nació entre los últimos de los últimos, su nacimiento fue anunciado a los últimos de los últimos; vivió entre los últimos de los últimos y murió entre los últimos de los últimos.

Conocer a Jesús y su mensaje con toda su riqueza de humanidad, de respuesta integral a las aspiraciones más profundas del hombre, es lo mejor que nos puede suceder en la vida.

Solo desde la encarnación en la realidad de los oprimidos, como la de Jesús, es posible hoy la Navidad. Encarnarse en la realidad de los oprimidos no es solo asumir su opresión y atenderlos, sino también y sobre todo enfrentarnos a las cusas que los oprimen para erradicarlas y que dejen de estar oprimidos, y de haber opresores que los opriman.

¿Cómo podemos hacerlo?

-Vamos a asumir como nuestra la causa de los oprimidos y exigir justicia para ellos.

-Vamos a denunciar públicamente a los ricos, su riqueza y su opresión para que dejen de oprimir y ser así liberados ellos mismos de ser opresores.

-Vamos a rechazar toda clase de ayudas a los pobres que provengan de quienes primero los han creado, como esos que explotan a trabajadores del Tercer Mundo fabricando allí, esclavizándolos, productos para vender en el Primero.

-Vamos a ahorrar algo para poder compartir un poco más con los que más lo necesitan, especialmente con los que son los más pobres de los pobres, los del Tercer Mudo.

-No vamos a estar comiendo o bebiendo en exceso mientras miles de personas a esa misma hora están muriendo de hambre y sed.

-Vamos a vivir un poco más austeramente: así no seremos causa de la injusta explotación de la tierra y cuidaremos la naturaleza, en medio de la cual nació Jesús.

-Cuidaremos mejor nuestra salud para, viviendo más tiempo, poder seguir haciendo un poco de bien mientras estemos en este mundo.

-Por todo ello nos sentiremos más felices por estar así más cerca del pobre de Belén que vino a compartir en todo nuestra condición humana y a anunciar la salvación a los pobres y la liberación a los oprimidos; y le daremos gracias por haber iluminado nuestras vidas con la luz de su mensaje para este mundo y la plenitud definitiva.

-Llevaremos en la mente y el corazón, como Jesús, el compromiso con la vida, la justicia, la igualdad, la fraternidad, el amor, la paz, la esperanza, manifestándolos en los hechos y las palabras de nuestra vida, para ser con Jesús constructores de una nueva humanidad para todos lo seres humanos y para toda la creación.

Los profetas de Israel sostuvieron la esperanza del pueblo, pobre y oprimido, anunciando a un Mesías Libertador.

¿Qué esperanza de liberación anunciamos los cristianos de hoy a los pobres y oprimidos de nuestro tiempo?

Una vela puede encender miles de velas y su vida no se acorta, sino que recibe más luz. Así es la felicidad: cuanto más se comparte, más crece

Un abrazo muy cordial y sentido en estos días de Navidad para todos y todas, especialmente aquellos y aquellas que en estos días sé, por conoceros personalmente, que estáis sufriendo de una manera muy especial.-Faustino

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«Navidad: fiesta de la humanidad de Dios y de la comensalidad», por Leonardo Boff, teólogo

jueves, 1 de enero de 2015
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nacimientolr_3Leído en Koinonia:

  La Navidad está llena de significados. Uno de ellos ha sido secuestrado por la cultura del consumo que, en vez del Niño Jesús, prefiere la figura del vejete bonachón, Papá Noel, porque es más llamativo para los negocios. El Niño Jesús, por el contrario, habla del niño interior que llevamos siempre dentro de nosotros, que siente necesidad de ser cuidado y que, una vez que ha crecido, tiene el impulso de cuidar. Es ese pedazo de paraíso que no se ha perdido totalmente, hecho de inocencia, de espontaneidad, de encanto, de juego y de convivencia con los otros sin ninguna discriminación.

Para los cristianos es la celebración de la “proximidad y de la humanidad” de nuestro Dios, como se dice en la epístola a Tito (3,4). Dios se dejó apasionar tanto por el ser humano que quiso ser uno de ellos. Como dice bellamente Fernando Pessoa en su poema sobre la Navidad: «Él es el eterno Niño, el Dios que faltaba; el divino que sonríe y que juega; el niño tan humano que es divino».

Ahora tenemos un Dios niño y no un Dios juez severo de nuestros actos y de la historia humana. Qué alegría interior sentimos cuando pensamos que seremos juzgados por un Dios niño. Más que condenarnos, quiere convivir y entretenerse con nosotros eternamente.

Su nacimiento provocó una conmoción cósmica. Un texto de la liturgia cristiana dice de forma simbólica: «Entonces las hojas que parloteaban, callaron como muertas; el viento que susurraba, quedó parado en el aire; el gallo que cantaba se calló en medio de su canto; las aguas del riachuelo que corrían, se estancaron; las ovejas que pastaban, quedaron inmóviles; el pastor que erguía su cayado quedó como petrificado; entonces, en ese preciso momento, todo se paró, todo se silenció, todo se suspendió: nacía Jesús, el Salvador de las gentes y del universo».

La Navidad es una fiesta de luz, de fraternidad universal, fiesta de la familia reunida alrededor de una mesa. Más que comer, se comulga con la vida de unos y otros, con la generosidad de los frutos de nuestra Madre Tierra y del arte culinario del trabajo humano.

Por un momento olvidamos los quehaceres cotidianos, el peso de nuestra existencia trabajosa, las tensiones entre familiares y amigos y nos hermanamos en alegre comensalidad. Comensalidad significa comer juntos reunidos en la misma mesa como se hacía antes: toda la familia se sentaba a la mesa, conversaban, comían y bebían, padres, hijos e hijas.

La comensalidad es tan central que está ligada a la aparición del ser humano en cuanto humano. Hace siete millones de años comenzó la separación lenta y progresiva entre los simios superiores y los humanos, a partir de un antepasado común. La singularidad del ser humano, a diferencia de los animales, es la de reunir los alimentos, distribuirlos entre todos comenzando por los más pequeños y los mayores, y después los demás.

La comensalidad supone la cooperación y la solidaridad de unos con otros. Fue ella la que propició el salto de la animalidad a la humanidad. Lo que fue verdad ayer, sigue siendo verdad hoy. Por eso nos duele tanto saber que millones y millones de personas no tienen nada para repartir y pasan hambre.

El 11 de septiembre de 2001 sucedió la conocida atrocidad de los aviones que se lanzaron sobre las Torres Gemelas. En ese acto murieron cerca de tres mil personas.

Exactamente en ese mismo día morían 16.400 niños y niñas con menos de cinco años de vida; morían de hambre y de desnutrición. Al día siguiente y durante todo el año doce millones de niños fueron víctimas del hambre. Y nadie quedó horrorizado ni se horroriza delante de esta catástrofe humana.

En esta Navidad de alegría y de fraternidad no podemos olvidar a esos que Jesús llamó “mis hermanos y hermanas menores” (Mt 25, 40) que no pueden recibir regalos ni comer alguna cosa. Pero no obstante este abatimiento, celebremos y cantemos, cantemos y alegrémonos porque nunca más estaremos solos. El Niño se llama Jesús, el Emanuel que quiere decir: “Dios con nosotros”. Viene bien a la ocasión este pequeño verso que nos hace pensar sobre nuestra comprensión de Dios, revelada en Navidad:

Todo niño quiere ser hombre.

Todo hombre quiere ser rey.

Todo rey quiere ser ‘dios’.

Solo Dios quiso ser niño.

Feliz Fiesta de Navidad del año de gracia de 2014.

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«Al final ¿dónde y cuándo nació Jesús?», por Juan Arias

jueves, 1 de enero de 2015
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safe_image.phpLeído en la página web de Redes Cristianas

Cada año, al acercarse la Navidad hay siempre quien me pregunta, recordando mis estudios bíblicos: “¿Donde nació de verdad Jesús?” ¿Es verdad que no nació en Belén sino en la minúscula aldea de Nazaret, en la región de Galilea?

¿Es cierto que no nació el 24 de diciembre? ¿Se sabe lo que hizo hasta aparecer en público con 30 años? ¿Estaba casado? ¿Tuvo hijos? ¿Por qué lo mataron? ¿Por revolucionario político o por desafiar el poder del Templo judío?

La Navidad tal y como la viven los cristianos, católicos, protestantes o evangélicos es hoy más bien una leyenda según los expertos en estudios bíblicos. Una bella y tierna leyenda creada, para que se cumplieran las profecías según las cuales el Mesías debería ser de la estirpe de David que había nacido en Belén.

En realidad Jesús y toda su familia eran de Nazaret. Todos judíos. La leyenda del nacimiento de Jesús cuenta que, nació en invierno, en un pesebre, entre animales que le ofrecían calor, adorado por tres reyes de Oriente que le llevaron de regalo oro, incienso y mirra.

Junto con la de su nacimiento en Belén nació también la leyenda de la huida a Egipto porque el rey Herodes quería matar al niño. Como no consiguió encontrarlo, habría mandado matar a todos los niños menores de dos años. Una historia preñada de simbolismos que acaba gustando a pequeños y grandes.

La leyenda del nacimiento de Jesús es silenciada por dos de los cuatro evangelios canónicos: el de Marcos, considerado el más antiguo, y el de Juan. Ellos inician el relato de la vida de Jesús cuando era ya adulto. Dan por hecho que Jesús y toda su familia eran oriundos de la aldea de Nazaret tan pequeña que no aparece en los mapas de aquel tiempo. Tan rural, que en ella se hablaba un dialecto del arameo, la lengua oficial. El hebreo se había convertido en una lengua de culto. Tan insignificante en aquel tiempo que los fariseos, ante la fama que iba ganando el profeta, se preguntaban “si en Nazaret podía nacer algo bueno”.

La Iglesia bautizó como cristiana la gran festividad pagana de los romanos

El judío Jesús que daría origen al futuro cristianismo nació sin cantos de ángeles, sin magos llegados del Oriente para adorarlo, sin pesebre y sin ser perseguido por Herodes. No nació el 24 de diciembre, por el simple hecho de que en ninguno de los textos evangélicos se habla de esa fecha. Fue escogida por la Iglesia más tarde porque los cristianos querían celebrar la festividad de su nacimiento.

Se decidió que fuera el 24 de diciembre porque era la gran fiesta de Roma, la fiesta al dios Sol. La Iglesia bautizó como cristiana la gran festividad pagana de los romanos.

Otro de los argumentos de los biblistas para defender que Jesús nació en Nazaret se refiere al hecho de que a los judíos se les designaba o por el nombre del padre o por el del lugar del nacimiento. Jesús debería haberse llamado o Jesús de José o Jesús de Belén, algo que no aparece en ningún texto evangélico. En ellos, en todos, se le llama siempre Jesús de Nazaret.

Una cosa es cierta: nadie sabe lo que Jesús hizo hasta los 30 años que es cuando aparece en público. Se ha querido defender últimamente que Jesús era analfabeto. Nada más falso. Si acaso, el misterio radica en saber como sabía tanto tras haber vivido hasta entonces encerrado en el pequeño pueblo de Galilea trabajando como carpintero o peón de albañil.

En efecto, a los 30 años Jesús se muestra capaz de discutir con los doctores de la ley, conocía los textos sagrados del judaísmo, varias culturas como la griega o la de los gnósticos y otras religiones como el budismo.

Jesús era culto y hasta intelectuales como Nicodemo iban a encontrarse con él de noche, a escondidas, para discutir temas filosóficos como el de la metamorfosis indispensable para poder dar un salto cuántico del frío culto a la ley a la libertad de espíritu del nuevo Reino por él anunciado.

Nacen así las hipótesis de que en vez de haberse quedado en Nazaret hubiese podido viajar a Egipto y hasta a la India durante su juventud. Conocía bien la cultura griega. Cuando los apóstoles le presentan un grupo de griegos que querían conocerle, usa con ellos de una fina ironía. A sabiendas de que para ellos la belleza corporal era fundamental y criterio de poder, Jesús les cuenta la parábola de la simiente, la cual si no se pudre en la tierra y no se la cubre de estiércol, no nacerá ni dará frutos. Lo opuesto a los puros criterios de la estética de la belleza griega.

¿Qué si Jesús estaba casado? Pocos teólogos y expertos en cuestiones bíblicas tanto católicos como protestantes lo ponen hoy en duda. Era práctica inconcebible para un judío de su tiempo no tener familia y descendencia ya que el judaísmo se transmite de madre a hijo.

Tan fuerte era ese motivo que en la Biblia a los patriarcas cuyas esposas eran estériles, Dios les pedía que se acostasen con una de las esclavas para darles descendencia. Fue el caso, por ejemplo, de Abraham casado con Sara que no podía procrear.

Jesús estuvo casado sin duda con la Magdalena que no era, como sostuvo durante siglos la Iglesia, una prostituta o endemoniada

¿Con quién estaba casado? Sin duda con la Magdalena, que no era, como sostuvo durante siglos la Iglesia, una prostituta o endemoniada. Con mucha probabilidad era una conocedora de la doctrina gnóstica, como aparece en algunos evangelios de aquella secta. A ella confiaba sus mayores secretos, algo que despertaba los celos de Pedro: “¿Por qué a ella y no a nosotros?”, se pregunta en uno de los evangelios gnósticos.

De no haber sido su mujer no hubiese sido a ella a quien se le apareció el día de la resurrección, antes aún que a su madre. Pedro se quedó perplejo preguntándose por qué no se les había aparecido a ellos, sus discípulos, ya que además las mujeres no contaban nada, ni eran creíbles en aquel tiempo. Ni siquiera como testigo ante un juez.

Fue siempre ese hecho el gran quebradero de cabeza de Tomás de Aquino, doctor de la Iglesia, que se murió sin entender por qué Jesús no se apareció antes que a nadie a Pedro, que era el jefe del grupo de apóstoles y lo hizo a una mujer.

¿Entonces, si no nació en Belén ni el 24 de diciembre vale la pena celebrar la Navidad? Sí, porque esa leyenda lleva en su entraña la añoranza del ser humano de pararse una vez al año para celebrar la vida, para apostar por la paz, un paréntesis para el perdón y la aceptación de los otros, sobretodo de los diferentes.

¿No fue por ser diferente, por no doblegarse al poder tirano e injusto, por predicar el perdón, bendecir a prostitutas y endemoniados y tocar a leprosos por lo que Pilatos mandó clavarlo aún joven en una cruz? Dónde y cuándo nació importa menos.

Mi amigo Jorge Perelló me escribe para felicitarme la Navidad, que dice “existe sólo para los rechazados”, y añade: “el resto es leyenda, historia y hasta superstición”.

Es cierto, pero en ese caso en la Navidad cabemos todos ya que de un modo u otro todos somos de algún modo rechazados por alguien, pobres de algo, solitarios, exiliados, a veces de nosotros mismos y a la vez buscadores de esa paz que el mundo rechaza porque es más fácil matar o mandar matar, que amar y perdonar.

Por eso, a pesar de todo,

¡Feliz Navidad!

© EDICIONES EL PAÍS S.L.
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Navidad

miércoles, 31 de diciembre de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

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¡Una vez más: NAVIDAD!

¿Qué va a cambiar?

Nada, excepto tú.

Hazte luz y verás la Luz …

Todo está ahí.

No busques en otra parte el significado de este  acontecimiento-advenimiento.

La humanidad fraterna de Jesús lleva el día que tiene que levantarse en ti.

El Dios vivo vuelve a ponerse en tus manos.

Por tí, para crear con Dios y a  su imagen, un mundo de alegría, luz, belleza.

*

Maurice Zundel

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Si llegas a casa y alguien ha pintado en la puerta: “maricones”…

martes, 30 de diciembre de 2014
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noticias_file_foto_922533_1419678087Aunque el incremento de la Homofobia que estamos padeciendo merece ser respondida con medidas legales y contundentes,   a veces, a palabras necias, respuestas educadamente ingeniosas. Ciertas groserías solo pueden ser despachadas con la sabia indulgencia de un Oscar Wilde (“perdona siempre a tu enemigo, no hay nada que le enfurezca más”).

Por eso, si al llegar a casa alguien ha pintado en la puerta: “maricones”… Como le ocurrió a esta pareja, RAGAP recomienda seguir su ejemplo y responder con cortesía:
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“Para el individuo que garabateó la palabra’ ‘maricones’ ‘en nuestra puerta: Lamentamos informarle que erró completamente al prescindir del uso de purpurina y lentejuelas en su inscripción. Su trabajo parecía apresurado, y la caligrafía resultaba atroz. Por estas razones que hemos tenido que quitar su trabajo de nuestra puerta con papel de lija. ‘Fabulosamente tyos, los gays del apartamento 611”. (traducción libre)
¡Qué feliz y pacífica puede resultar la Navidad!
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Si pinchas sobre la fotografía, podrás leerlo más claramente
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Fuente Ragap
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Navidad y exclusión social

domingo, 28 de diciembre de 2014
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Foto-no-Facebook-muda-vida-de-uma-família-no-litoral-de-SPLeído en la página web de Redes Cristianas

Los textos evangélicos que nos hablan de la infancia de Jesús son textos simbólicos y míticos. Son relatos míticos y ancestrales. Ninguno es original del cristianismo. Pero el que sean relatos míticos no significa que sean mentira. El mito, en todas las culturas, está destinado a descubrirnos una verdad radical que atañe al hombre entero y que no se puede expresar con palabras científicas. El mito del nacimiento de Jesús está llamado a descubrirnos su significado más profundo y vital.

Jesús fue desde su nacimiento un judío marginal. Él mismo se marginó y por eso fue un excluido social. No hubo posada para Jesús, con esta frase Lucas nos vine a decir lo que fue la vida de Jesús. Una persona que experimentó y vivió la exclusión. Un día el mismo Jesús nos dirá: Los pájaros tienen nidos, la raposas madrigueras, yo no tengo donde reclinar la cabeza. Frase que según los especialistas pertenece a los dichos más seguros del Jesús histórico. No es una glosa de las primeras comunidades.

Pero la exclusión no ha terminado. Muchas personas en el mundo viven hoy el mismo proceso de exclusión que vivió Jesús. Una exclusión que es fruto de nuestro modelo social. Un modelo con una gran capacidad de generar situaciones de pobreza y de exclusión social. El papa Francisco lo ha repetido muchas veces de manera solemne: Esta economía mata. Que es lo mismo que decir que este sistema social que nos domina produce hambre, marginación y muerte. Con el cura Diamantino recordamos una de sus frases más certeras: Medio mundo muere de hambre y la otra mitad de colesterol.

Enumeraremos solo tres notas significativas:

1.- A escala planetaria, la creciente brecha entre el Norte y el Sur, entre las sociedades ricas y los países eufemísticamente llamados en vías de desarrollo, es resultado de un modelo que solo beneficia a un tercio de su población.

2.- Al interior de las sociedades ricas, el modelo genera bolsas de pobreza, de paro laboral, de empleo precario, de exclusión para franjas cada vez más amplias de la población. España, sin ir más lejos, es el país de la Unión Europea donde más está creciendo la desigualdad y el incremento de los suicidios por motivos económicos.

3.- El imparable fenómeno de la inmigración y de los refugiados políticos es también una fuente mayor de exclusión social.

Y lo que es peor, muchas veces hay personas, generalmente bien acomodadas, que valoran a la pobreza desde una perspectiva exclusivamente individualista y tratan a los pobres como responsables de su propia situación, afirman que son parásitos, vagos, engañan y son culpables de su situación, e incluso son enemigos del bienestar. ¿Se pueden pensar tantas barbaridades en tan pocas líneas?

Pero Jesús en Belén nos ofrece una forma nueva de mirar la realidad y la debilidad de tantas personas. La contemplación de Jesús en su Navidad nos enseña a contemplar la debilidad y la exclusión humana como una forma de presencia de Dios. Dios está entre nosotros como debilidad, en los débiles, en los excluidos, en los pobres, en las carencias de todo tipo, en cada una de nuestras limitaciones. Por eso mismo, salir, bajar al encuentro de las carencias humanas, es una forma de peregrinación hacia el corazón del Dios más vivo y sorprendente. Con los mismos pasos con que nos acercamos a la debilidad de los que sufren nos acercamos a Dios.

La Navidad es la gran fiesta porque Dios nace en nuestra debilidad y entre los excluíos sociales, en la periferias, y nosotros, creyentes y no creyentes, estamos invitados a unirnos a Él para luchar contra todo tipo de exclusión, uniendo nuestro trabajo con el suyo, sin saber dónde empieza Él y dónde empezamos nosotros.

Si Dios ha corrido la suerte de encarnarse, de nacer pobremente y crecer como salvación desde la exclusión de este mundo, ya no hay excluidos para Dios, nadie queda fuera de Dios. Y el lugar principal para la fiesta es allí donde aparece: en las afueras, donde no hay sitio, donde todo parece agotarse y está condenado a crecer en la amenaza y a la intemperie de las construcciones humanas.

Navidad es el tiempo de acoger con ternura lo germinal, lo pequeño, lo que nace en los movimientos sociales y humanitarios alternativos y en los grupos eclesiales que luchan por un mundo nuevo y por una Iglesia más de acuerdo con el sueño de Dios. Es el momento de salir hacia los excluidos, hacia los que no pueden llegar hasta nosotros. Desde esa debilidad podemos sentir que pasa por nosotros la fuerza de Dios, su santo brazo, que transforma con nuestra ayuda toda la realidad. Y podremos sentir la alegría de María y de José y la de los ninguneados pastores. La indecible alegría, la que solo puede ser recibida como regalo y de la que nace el compromiso más radical y esperanzado pro el cambio social que nuestro mundo necesita. No lo olvides: El que ama a Dios más que su prójimo no lo ama sobre todas las cosas. Feliz Navidad.

José Sánchez Luque-Foro Andaluz Diamantino García

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«Navidad, el desafío del Espíritu encarnado en un mundo que se parte»

domingo, 28 de diciembre de 2014
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jordan-liqaa-limar-bassel-syrian-refugees-81646-620x350_1Leído en la página web de Redes Cristianas

Comparto con ustedes mi pequeño escrito para, si lo creen conveniente, lo compartan. Rezo por ustedes y gracias por su labor.

Hace algunos días respondí a un email que me ha dejado pensando… Había en él un planteo -con el que acuerdo- que indicaba que quizás uno de los mayores problemas que tenemos hoy en la Iglesia y en el mundo es que, en algún momento, hemos separado todo demasiado… el deber del ser, lo profano de lo sagrado, lo humano de lo divino, lo interior de lo exterior, lo femenino de lo masculino, el espíritu de la carne, lo privado de lo público… Creo que esto nos ha hecho mucho daño como humanidad, porque separar algo que en su dimensión más profunda es parte de una sola cosa no termina siendo más que un desgarro… Y ese desgarro no es gratuito ni se cura con remedios o masajes sino que nos pasa factura alejándonos de los encuentros que dan sentido a nuestra vida. Ni más, ni menos.

Ocurre que, desde hace tiempo, tengo la sensación de somos muchos los que, en el apuro de llegar a fin de año, no nos hemos dado cuenta que, en la carrera, el cuerpo ha dejado kilómetros atrás el Espíritu… ¿A que me refiero con que el cuerpo va más rápido que el Espíritu? A que postergamos decisiones que sabemos nos harían bien pero no nos hacemos el tiempo de concretarlas; alimentamos relaciones que calman momentáneamente la soledad pero ya hemos comprobado siempre nos dejan con sed de amor; desoímos señales del cuerpo que con migrañas, contracturas, gripes mal curadas y afonías nos indica que estamos transitando a mayor velocidad de la que es necesario o posible; posponemos el encuentro con los que queremos y cumplimos en vez con una lista de compromisos, relativizamos algunos de nuestros valores en pos de continuar en la comodidad de un presente al que nos trajo no la libertad sino la inercia; evitamos el dolor de encontrarnos con los que sufren y nos necesitan porque nos recuerdan nuestras propias heridas sin curar –sean de la calle, de la casa o el trabajo-. Cada uno podrá completar su lista.

Y es que no es fácil! Les aseguro que lo sé mejor que nadie… A veces vivimos una vida que, para seguirle el ritmo, pareciera que nos obliga a vivir desencarnados, no presentes del todo, ignorando lo que la percepción y el Espíritu nos indican sutilmente respecto a nuestras prioridades, nuestra vocación, nuestras necesidades y posibilidades. Pero, ante esta humanidad que se parte, nos sorprende otro año más la proximidad de la Navidad y un misterio que es siempre nuevo: el de un Dios que se encarna.

Es cierto que a fin de año uno llega cansado, aún así, nos urge recordar que rendirnos ante ese cansancio nos encierra… y el ensimismamiento rara vez produce algo bueno. De hecho, lo que hace es quitarnos el entusiasmo. Y ¿qué hacemos entonces? Trascender las circunstancias y salir al encuentro, ¿qué otra cosa sino eso es la Navidad? El amor de Dios no se quedó esperando, lamentándose por las puertas que no se abrieron sino que se hizo carne, vino a buscarnos y continua saliendo a nuestro encuentro… no allá arriba en el cielo sino en los prójimos en donde se sigue encarnando, en los proyectos en los que sigue co-creando con nosotros. Esta acá con nosotros, solo que la voz de su Espíritu no aturde como las alarmas de nuestros calendarios ni las exigencias con las que nos atormentamos, sino que es mucho más sutil, como viento que sopla y, aunque no sabemos de dónde viene ni adónde va, en el dial correcto podemos escucharlo…

Quizás el descanso no tenga tanto que ver con dormir más horas como con acomodar el corazón en el pesebre, que no es el hotel de 5 estrellas que tantas veces anhelamos previo a las vacaciones sino el lugar que, sencillo, nos recibe para darnos el calor que necesitamos para dar a luz una vida nueva. Quizás la Navidad sea un buen momento para, una vez más, aminorar la marcha y dejar que el Espíritu nos alcance y nos colme de sentido. Quizás Navidad es tiempo de volver a regalarnos experimentar que nuestro Dios ya se ha encarnado y, desde ese pesebre que partió la historia en dos, sigue esperando que también nosotros encarnemos el Espíritu desde el que nacerá nuestra mejor historia. Vale la pena intentarlo.

Carolina Abarca, Córdoba -Argentina

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Eucaristía de Navidad en Zaragoza

sábado, 27 de diciembre de 2014
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IMG-20141225-WA0022_resizedNuestros hermanos de Zaragoza celebraron esta Eucaristía «Urbi et Orbi»:  en y para Zaragoza, con y para todos nosotros, dispersos por elmundo… Gracias, Señor por este regalo de Comunión y de Fraternidad. Os dejo con su relato:

Navidad, encuentro de ternura, Dios-con-nosotros viene a habitar nuestro corazón…

Acá en Zaragoza decidimos, encontrarnos algunos de los cristianos gays que venimos haciéndolo a lo largo de todo el año para celebrar, con cariño en torno a una mesa, la fracción del Pan, el recuerdo del Señor Resucitado, por nosotros entregado en el día de su nacimiento…

Dorian, Álamo, Abdias, Irimego, Ignaciano, luis manuel, Santi y Jon.  Hasta hubo sorpresa y apareció, como por arte de magia (esa magia de Navidad que se obra cuando las personas se quieren de verdad) En Arje que, viajando dos horas y media… casi sin comer quiso acompañarnos en esta Eucaristía de Navidad.

Hora y media de encuentro con Él… tranquilo, sabroso… Gracias Padre Dios porque te haces presente entre nosotros, aúnas esperanzas… Cristianos católicos y reformados juntos… alabando al Señor que viene… Marannatha!

Después, un compartir, un pica pica para celebrar que Dios nace, y viene a visitarnos.

En el dia de Navidad encontramos a Dios en el hermano… en el encuentro, en la alegría y en los rostros… Otros, los llevamos en el corazón, y sentimos que no estuviesen físicamente, desde el País Vasco, Valencia… Os recordamos con cariño…

A todos, desde acá… FELIZ NAVIDAD! Como dice Sta Teresa… «No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama» V, 85.

***

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El Señor viene

sábado, 27 de diciembre de 2014
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Del blog Pays de Zabulon:

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El Señor viene.
Se hace uno de nosotros.

¡Esto no es trivial, sin embargo!
Por supuesto, esta no es la principal fiesta cristiana,
Orientados como estamos hacia la Vida,
Y la victoria sobre la muerte en la Pascua.

Pero el Señor viene, Él se hizo hombre.
¿Qué religión, ¿qué concepción de Dios
Había presentido esto antes y desde entonces?

El Señor viene,
Se hace uno de nosotros,
Se pone en nuestras manos,
Va a crecer,
Niño de pecho, niño, adolescente, joven,
Después adulto sobre nuestros caminos.

No es nada de todos modos.

A menudo me imaginé
Que si Dios se hacía hombre,
era para estar a mi alcance,
Para decirme que soy más que lo que creo.
Estoy hecho para la vida, no para la muerte
Y esto desde este preciso momento
Sin esperar a la muerte por venir.

Viene por mí,
Por todo hombre,
Para significar
Que aquí no se acaba el camino.

Qué tontería encerrarse en la materia,
En los límites,
En lo bruto,
Cuando se piensa en eso.

Qué tontería echare a volar en el aire,
En la ilusión,
En en otro lugar,
Con desprecio de lo que es dado.

El Señor viene.
La materia es sublimada,
Los cielos descienden,
El sentido de la existencia
Puede aparecer.

El Señor viene.
Haga el cielo para que pase con él,
Que me espabile, Que me despierte
Para que yo sea por fin, yo,
Es decir Él

Un hombre hecho para la Vida,
Desde ahora.

*

Zabulon

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«Hay que nacer de nuevo, hermanos Nicodemos»: Casaldáliga felicita las Navidades

sábado, 27 de diciembre de 2014
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«De esperanza en esperanza, de pesebre en pesebre, todavía hay Navidad»

«Con los pobres de la tierra, confesamos que Él nos ha amado hasta el extremo de entregarnos su propio Hijo»

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Sube a nacer conmigo,
dice el poeta Neruda.
Baja a nacer conmigo,
dice el Dios de Jesús.
Hay que nacer de nuevo,
hermanos Nicodemos
y hay que nacer subiendo desde abajo.

De esperanza en esperanza,
de pesebre en pesebre,
todavía hay Navidad.
Desconcertados por el viento del desierto
que no sabemos de donde viene
ni adonde va.
Encharcados en sangre y en codicia,
prohibidos de vivir
con dignidad,
sólo este Niño puede salvarnos.

De esperanza en esperanza,
de pesebre en pesebre,
de Navidad en Navidad.
Siempre de noche
naciendo de nuevo,
Nicodemos.

“Desde las periferias existenciales;”
con la fe de Maria
y los silencios de José
y todo el Misterio del Niño,
hay Navidad.

Con los pobres de la tierra,
confesamos
que Él nos ha amado hasta el extremo
de entregarnos su propio Hijo,
hecho Dios venido a menos,
en una Kenosis total.
Y es Navidad.
Y es Tiempo Nuevo.

Y la consigna es
que todo es Gracia,
todo es Pascua,
todo es Reino.

*

Pedro Casaldàliga

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«Nació el Divino Niño»

viernes, 26 de diciembre de 2014
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Del blog de la Communion Béthanie:

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¡»Nació el Divino Niño» hemos cantado esta noche con fuerza y fervor!

¿Sabremos, cada día, hacer nacer a Dios en nuestros corazones mientras la magia
de los días festivos se  difumina?

¿Sabremos, cada día, hacer vivir en nuestros corazones, la pureza, la dulzura, la ternura?

¿Sabremos, cada día, hacer resonar en nuestros corazones, la Palabra de la Buena Noticia?

¿Sabremos, cada día, hacer florecer en nuestro corazones, el respeto, la libertad y la alegría?

¿Sabremos, cada día, hacer irradiar en nuestros corazones, el significado pleno del maravilloso don del «Amaos los unos a los otros»?

¿Sabremos, cada día,  hacer vibrar en nuestros corazones, el SI incondicional de María?

¿Sabremos, cada día, hacer morar en nuestros corazones, al silencioso José,
el carpintero de la casa de Dios entre los seres humanos?

¿Sabremos, ser cada día, en nuestros corazones, Su discípulo?

amén

*

Marc Samuel +

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¡Ah pastores que veláis!

jueves, 25 de diciembre de 2014
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¡Ah, pastores que veláis,
por guardar vuestro rebaño,
mirad que os nace un Cordero,
Hijo de Dios Soberano!

Viene pobre y despreciado,
comenzadle ya a guardar,
que el lobo os le ha de llevar,
sin que le hayamos gozado.
Gil, dame acá aquel cayado
que no me saldrá de mano,
no nos lleven al Cordero:
¿no ves que es Dios Soberano?

Hoy nos viene a redimir
un Zagal, nuestro pariente,
Gil, que es Dios omnipotente.

Mi fe, yo lo vi nacido
de una muy linda Zagala.
Pues si es Dios ¿cómo ha querido
estar con tan pobre gente?
¿No ves, que es omnipotente?

Pues el amor
nos ha dado Dios,
ya no hay que temer,
muramos los dos.

Danos el Padre
a su único Hijo:
hoy viene al mundo
en pobre cortijo.
¡Oh gran regocijo,
que ya el hombre es Dios!
no hay que temer,
muramos los dos.

Mira, Llorente
qué fuerte amorío,
viene el inocente
a padecer frío;
deja un señorío
en fin, como Dios,
ya no hay que temer,
muramos los dos.

*

Santa Teresa de Jesús

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«El rostro humano de Dios». Natividad del Señor – B (Juan 1,1-18)

jueves, 25 de diciembre de 2014
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05_Navidad_BFeliz Navidad

«La Palabra de Dios se ha hecho carne». Su Palabra se ha encarnado en la vida entrañable de Jesús, para que lo puedan entender hasta los más sencillos, los que saben conmoverse ante la bondad, el amor y la verdad que se encierra en su vida.

Esta Palabra de Dios «ha acampado entre nosotros». Han desaparecido las distancias. Dios se ha hecho «carne». Habita entre nosotros. Para encontrarnos con él, no tenemos que salir fuera del mundo, sino acercarnos a Jesús.

Solo Jesús nos ha contado cómo es Dios. Solo él es la fuente para acercarnos a su Misterio. ¡Cómo cambia todo cuando uno capta por fin que Jesús es el rostro humano de Dios!

José Antonio Pagola

El cuarto evangelio comienza con un prólogo muy especial. Es una especie de himno que, desde los primeros siglos, ayudó decisivamente a los cristianos a ahondar en el misterio encerrado en Jesús. Si lo escuchamos con fe sencilla, también hoy nos puede ayudar a creer en Jesús de manera más profunda. Solo nos detenemos en algunas afirmaciones centrales.

«La Palabra de Dios se ha hecho carne». Dios no es mudo. No ha permanecido callado, encerrado para siempre en su Misterio. Dios se nos ha querido comunicar. Ha querido hablarnos, decirnos su amor, explicarnos su proyecto. Jesús es sencillamente el Proyecto de Dios hecho carne.

Dios no se nos ha comunicado por medio de conceptos y doctrinas sublimes que solo pueden entender los doctos. Su Palabra se ha encarnado en la vida entrañable de Jesús, para que lo puedan entender hasta los más sencillos, los que saben conmoverse ante la bondad, el amor y la verdad que se encierra en su vida.

Esta Palabra de Dios «ha acampado entre nosotros». Han desaparecido las distancias. Dios se ha hecho «carne». Habita entre nosotros. Para encontrarnos con él, no tenemos que salir fuera del mundo, sino acercarnos a Jesús. Para conocerlo, no hay que estudiar teología, sino sintonizar con Jesús, comulgar con él.

«A Dios nadie lo ha visto jamás». Los profetas, los sacerdotes, los maestros de la ley hablaban mucho de Dios, pero ninguno había visto su rostro. Lo mismo sucede hoy entre nosotros: en la Iglesia hablamos mucho de Dios, pero nadie lo hemos visto. Solo Jesús, «el Hijo de Dios, que está en el seno del Padre es quien lo ha dado a conocer».

No lo hemos de olvidar. Solo Jesús nos ha contado cómo es Dios. Solo él es la fuente para acercarnos a su Misterio. ¡Cuántas ideas raquíticas y poco humanas de Dios hemos de desaprender y olvidar para dejarnos atraer y seducir por ese Dios que se nos revela en Jesús!

Cómo cambia todo cuando uno capta por fin que Jesús es el rostro humano de Dios. Todo se hace más simple y más claro. Ahora sabemos cómo nos mira Dios cuando sufrimos, cómo nos busca cuando nos perdemos, cómo nos entiende y perdona cuando lo negamos. En él se nos revela «la gracia y la verdad» de Dios.

José Antonio Pagola

Ver en la web

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«Donde nace la esperanza», por Carlos Osma

jueves, 25 de diciembre de 2014
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child11Precioso artículo que publica Homoprotestantes. Para meditarlo en el silencio y la contemplación…

En la oscuridad de la nada donde el frío hace temblar a quienes no existen, nace la esperanza. Donde no hay camino, salvo el que alguna vez recorrieron animales salvajes, surge la necesidad de construir una senda nueva. Cuando ya no hay nada que perder, cuando no hay techo en el que refugiarse, la salvación puede hacerse presente. Sólo tras los límites de la realidad impuesta por quienes poseen la fuerza, el poder y la verdad, irrumpe el Mesías. Donde nadie lo espera, donde es imposible, donde jamás se imagino; allí al final, Dios se acerca a mujeres y hombres que desean una vida digna.

Siempre hay una esperanza, incluso en la soledad total de quienes no cuentan para nadie. En la indignidad de quienes no tienen nombre, o cuyo nombre es continuamente ensuciado por los santos, la luz de una estrella alumbra a quien hará realidad nuestro anhelo de ser, de sentir, de amar y ser amados, de desear y ser deseadas. Desde la insignificancia de un ser desvalido que acaba de llegar a la vida, Dios se compromete también con quienes creyeron que para ellas y ellos no había vida, no había sueños, no había nada.

Incluso en medio del desierto, donde el viento borra cualquier huella que de fe de nuestra existencia, es posible que el soplo del Espíritu divino abra una nueva senda que nos lleve hacia la libertad, hacia la vida que anhelamos. Sólo quienes no tienen caminos, los buscan con ahínco, y sólo ellas y ellos pueden encontrarlos, recorrerlos y vivir en la tierra prometida que hay tras ellos. Y es allí, en esos caminos imposibles, donde Dios se hace uno de nosotros, una de nosotras, para recorrerlo a nuestro lado.

En hogares inadmisibles para quienes fosilizaron a Dios a su imagen, puede de nuevo Dios hacerse carne. En casas donde no viven reyes y reinas, príncipes y princesas, donde cada día se tiene que pelear por defender la vida y los derechos de nuestros hijos e hijas, la salvación irrumpe con fuerza. Con la ímpetu de un bebé que llora, que grita, que pide comida, calor y amor; viene la salvación de Dios a la vida de madres y padres, de hombres y de mujeres, cuya única casa es el amor que se profesan.

Al final de lo aceptable, de lo deseable, de lo digno, para un dios que se hizo papel, es posible que Dios se haga una de nosotras. Tras la realidad fija y excluyente que dicta la verdad de unos pocos, pero que se ha divinizado como verdad absoluta, surge la realidad de carne y hueso, la realidad diversa, imperfecta, sucia unas veces y brillante otras, por la que aquel niño vino a la vida. Sólo en los despojos de la religión, de la economía, de la moral, de la salud, de lo divino…. irrumpe el Mesías.

Anhela vida quien no la tiene, espera con impaciencia el nacimiento de la salvación, quien se siente oprimido. Sueña de verdad con un mundo justo quien se sabe injustamente tratada, aspira a la libertad quien es consciente de no tenerla. Y es allí, en esos anhelos, esperanzas, sueños y aspiraciones donde Dios está con nosotras, para acompañarnos mientras los construimos y los hacemos poco a poco realidad. Y en esa voluntad común de vida de verdad, de vida plena, también nos acompañan otras y otros que se reconocen excluidos, pero que no se dejan vencer por la desesperación, sino que sabiéndolo o no, se aferran a la esperanza que para nosotras y nosotros, cristianos y cristianas, anuncia la Navidad. La esperanza de una salvación, de una vida plena, para todas y todos.

Carlos Osma

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«Jesús de Nazaret, humanidad nueva», por Carlos Ayala Ramírez

jueves, 25 de diciembre de 2014
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The-Nativity-007Leído en Adital:

En Navidad no solo celebramos el nacimiento de una persona excepcional, sino el surgimiento de una humanidad nueva manifestada en Jesús de Nazaret, en su modo de ser, en su mensaje, en sus actitudes liberadoras. La doctrina paulina habla del Nuevo Adán [Jesús] o del Segundo Adán, y establece una radical diferencia entre el primero y el segundo: «El último Adán se hizo un espíritu que da vida (…) El primer hombre procede de la tierra y es terreno, el segundo hombre procede del cielo. El hombre terrenal es modelo de los hombres terrenales; como es el celeste modelo de los hombres celestes. Así como hemos llevado la imagen del hombre terrestre llevaremos también la imagen del celeste” (1 Cor 15, 45-49). Y esta imagen, para Pablo, está presente de forma plena en Jesús, genuina humanidad nueva.

Ahora bien, ¿qué significa en el lenguaje bíblico la humanidad terrenal y la celestial? ¿Qué se quiere decir cuando se habla de Jesús como el principio de una humanidad nueva? Según Leonardo Boff, tal afirmación significa que en Jesús se reveló lo que de más divino hay en el ser humano y lo que de más humano hay en Dios. Esto es: una apertura total a Dios y a los demás; un amor indiscriminado y sin límites; un espíritu crítico frente a la situación social y religiosa vigente, porque esta no encarna sin más la voluntad de Dios; un cultivo de la fantasía creadora que, en nombre del amor y de la libertad de los hijos de Dios, cuestione las estructuras culturales; una primacía del hombre-persona sobre las cosas, que son de la persona y para la persona. Este modo de ser provocó en el pueblo una creciente atracción y admiración. En otros el impacto fue más profundo: decidieron seguirle.

El evangelio de Marcos registra muy bien estas reacciones. A la gente le atrae que Jesús enseñe con autoridad y mande incluso a los demonios (1, 22.27); que toque a las personas impuras, como al leproso (2, 10-12), curándolo y contraviniendo las leyes antiguas (1,45); que cure a un paralítico y perdone sus pecados (2, 10-12); que intencionalmente ponga en entredicho y contraríe la leyes, curando en sábado (1, 21-28); que expulse a los demonios y dé de comer al pueblo compartiendo y multiplicando la comida (6, 34-44); que interprete con libertad y con tanta autoridad las leyes y la palabra de Dios (2, 1-9). Por otra parte, la reacción de los dirigentes del pueblo es muy distinta. Ante ese modo de ser de Jesús los doctores de la ley decían: blasfema contra Dios (2, 6-7); anda con pecadores y cobradores de impuestos (2, 16); está poseído por el demonio (3, 22); quebranta la observancia del sábado (2,24); no guarda el precepto del ayuno (2, 8); no tiene autoridad (11, 28). En suma, mientras el pueblo en general admiraba mucho a Jesús, los jefes del pueblo, los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban prenderlo y eliminarlo (3,6). Jesús se orientaba con los criterios celestiales (con profundidad humana), mientras sus adversarios con los criterios terrenales (con mezquindad humana). En definitiva, Jesús es el proyecto de Dios hecho carne, que resulta totalmente contracultural respecto a los proyectos fundados en la idolatría del dinero, el poder y la ideología.

Pero la buena y gran noticia no es solo que en Jesús ha aparecido una Humanidad Nueva, sino que a partir de él se puede construir una Nueva Humanidad. Ya los primeros cristianos experimentaron a Jesús como fuente de vida nueva, por eso después de su muerte y resurrección, prosiguieron su causa y lo consideraron el modelo de ser humano a seguir, más todavía, lo confesaron como «Dios con nosotros”, porque en ese modo novedoso y sorprendente de ser humano, solo puede ser y estar Dios.

Boff ha planteado, en uno de sus libros, al menos siete rasgos característicos de la Nueva Humanidad que se desprenden a partir de la Humanidad Nueva de Jesús. Enunciemos: humanidad solidaria, es decir, con capacidad para dejarse afectar por el sufrimiento ajeno, y que, como el buen samaritano, se inclina sobre los despojados para ofrecer su ayuda; humanidad profética, que con lucidez crítica denuncia los mecanismos creadores de opresión y exclusión, y a su vez, anuncia con palabras y obras, el ideal de una sociedad fraterna y justa; humanidad comprometida, con la causa de los excluidos del mundo, buscando una nueva civilización que de centralidad a la persona, especialmente a los empobrecidos; humanidad libre, que procura la libertad de los esquemas y de las falsas ilusiones impuestas por el sistema, a fin de ser libre para crear con los demás, las formas mejores de vida, de trabajo, de ser cristiano; libre para ser más disponible para los otros y estar dispuesto hasta dar la vida en testimonio coherente con los ideales del reino de Dios y su justicia.

Humanidad jovial, para enfrentar las tensiones y dolorosas rupturas que trae consigo la opción por los pobres y su liberación; cargar con jovialidad, esto es, relativizar las contradicciones y no dejarse dominar por el enfado, lo que constituye una señal de madurez y de presencia del espíritu de las Bienaventuranzas; humanidad contemplativa, que a pesar de lo escabroso de la lucha no pierde el sentido de gratuidad, de la fiesta y la convivencia fraterna; humanidad utópica, que trabaja por la pequeña utopía de asegurar el pan de cada día, por la gran utopía de una sociedad incluyente y justa, y por la utopía absoluta de la comunión con Dios en una creación totalmente redimida.

Jesús, pues, es fermento de nueva humanidad. Su vida, su mensaje y su persona son condición de posibilidad para alcanzar una humanidad humanizada. En palabras del teólogo José Antonio Pagola, Jesús puede inspirar caminos más humanos en una sociedad que busca el bienestar ahogando el espíritu y matando la compasión. Él puede despertar el gusto por una vida más humana en personas vacías de interioridad, pobres de amor y necesitadas de esperanza.

En suma, Jesús es ejemplo de humanidad plena, de una vida de pasión por Dios y de compasión para los otros. Esto es lo que se celebra en el misterio de la encarnación: la humanidad nueva de Jesús desde la cual podemos construirnos como familia humana, como nueva humanidad. Este es el motivo por el cual podemos desearnos una ¡Feliz Navidad!

 Carlos Ayala Ramírez
Director de Radio YSUCA

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«Una elección de amor», por Gema Juan OCD

jueves, 25 de diciembre de 2014
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16057272001_9d147d8d58_mDe su blog Juntos Andemos:

A todos los que compartís este espacio: ¡Feliz Navidad! y que entre todos hagamos un 2015 más fraterno.

Primero fue el asombro, y despertó el amor. Después, una intimidad apasionada que iba a transformar su vida y, finalmente, una complicidad creciente que se volvió fidelidad y solidaridad. Ese fue el recorrido que hizo Teresa de Jesús, al ir descubriendo al Dios hecho carne.

Decía: «Muchas veces he pensado espantada de la gran bondad de Dios, y regaládose mi alma de ver su gran magnificencia y misericordia». Para ella, la mayor misericordia de Dios, la máxima expresión de su bondad, había sido el regalo de Jesús: «Basta lo que nos ha dado en darnos a su Hijo, que nos enseñase el camino». Dios, con excesivo amor, ha dado cuanto es en Jesús y en Él ha abierto un camino nuevo a la humanidad.

Esa desmesura le hizo a Dios tomar carne, una carne –pensaba Teresa– como la suya. Por eso, decía: «Veía que, aunque era Dios, que era hombre». Así, Jesús se hizo «uno de tantos», de tal modo que «no le ha quedado por hacer ninguna cosa» por nosotros. «¡Bendita sea su misericordia que tanto se quiere humillar!» —exclamará.

Cuando Teresa hable de abajarse, de humillarse, estará siempre pensando en Dios, que «abajándose a comunicar con tan miserables criaturas, quiere mostrar su grandeza». La grandeza de Dios es descender amorosamente y entrar en conversación con los seres humanos. La verdadera humillación está ligada a la comunión.

Y pensará también en Jesús, en «las grandezas que hizo de abajarse a Sí para dejarnos ejemplo de humildad». La humildad que Teresa descubre en Jesús es una elección de amor y semejanza: «Como nos ama, hácese a nuestra medida». Es la decisión de «pasar de sí al Amado», que será la definición que dé Juan de la Cruz del amor. Puesto que Dios ama primero, Él es el que pasa de sí a los seres humanos, para que todos puedan pasar a Él.

Teresa descubre a un Jesús concreto: con historia, con cuerpo. Un hombre que trabajó con sus manos de hombre, pensó con su entendimiento de hombre, amó con su corazón de hombre. Que, nacido de María Virgen, se hizo uno de nosotros . Alguien de quien ella podía enamorarse y a quien podía «tratar como [con] amigo, aunque es Señor» Alguien a quien unirse y a quien podía decir: «Juntos andemos, Señor; por donde fuereis, tengo de ir; por donde pasareis, tengo de pasar».

Pero sabía que no es fácil reconocer la carne de Dios. No lo fue cuando apareció en un lugar pobre del mundo. Y tampoco a lo largo de su vida, por eso Teresa decía: «Solo le dejaron en los trabajos… parece le querrían tornar ahora a la cruz», porque no se le reconoce.

Pensando en aquel nacimiento, humilde y anónimo, Teresa escribía: «No veía el justo Simeón más del glorioso niño pobrecito; que en lo que llevaba envuelto y la poca gente con Él que iban en la procesión, más pudiera juzgarle por hijo de gente pobre que por Hijo del Padre celestial».

Rahner decía que el ambiente en que Jesús nació era estrecho, ordinario y sofocantemente monótono. Ni siquiera su pobreza fue extraordinaria. Y que Dios había elegido la angostura del tiempo. Otra vez, una elección de amor: la que hacía posible la comunicación con quienes solo entienden «vías de carne y tiempo», como diría Juan de la Cruz.

Reconocer a Dios en la carne y el tiempo, «conocer algo de quién es este Señor y bien nuestro», era lo que deseaba Teresa y sabía que la única forma de conocer y reconocer a Jesús era siguiéndole. Por eso decía: «Parezcámonos en algo a nuestro Rey, que no tuvo casa sino en el portal de Belén adonde nació y la cruz adonde murió».

Y recordaba que «regalarle y hacer por Él» era vivir lo «dicho por su boca: Lo que hicisteis por uno de estos pequeñitos, hacéis por mí». Y seguirle era no abandonarle: «No le dejemos nosotros, que, para más sufrir [servir], Él nos dará mejor la mano que nuestra diligencia».

Conmueve que el Inmenso elija la fragilidad y la ambigüedad humana para expresarse. Asombra que Dios se haga niño, que se haga hermano. Hace enmudecer que se convierta en «esclavo», que el amor le haga inclinarse y bajar hasta lo profundo de los pozos humanos. «¡Qué gran amor del Hijo, y qué gran amor del Padre… Él vino del seno del Padre por obediencia, a hacerse esclavo nuestro» —decía Teresa.

Lo que hace pasar del asombro al amor y de la ternura y la complicidad a la solidaridad fiel es «no se apartar de andar con Cristo… tenerle siempre consigo… andar siempre con Él… nunca se apartar de tan buena compañía».

Por eso, Teresa insistía: «Siempre que se piense de Cristo, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios en darnos tal prenda del que nos tiene; que amor saca amor».

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«Carta a Jesús el día de Navidad», por Jon Sobrino

jueves, 25 de diciembre de 2014
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1289124271_0Querido hermano Jesús:

Te escribo con sencillez, y comienzo llamándote «hermano». No eres un Dios lejano ni un ángel en las nubes. Creciste, lloraste y reíste, y por eso eres cercano. Te pareces a los que estamos en estas bancas en todo menos en una cosa, que sí es nuestro gran problema: el egoísmo en contra de los demás y la arrogancia sobre los demás.

Eres, pues, como nosotros, pero bien se nota de dónde venías. De tu padre José aprendiste a ser trabajador y honrado, soñador y amante de la justicia. De tu madre María aprendiste el cuidado y la ternura, y a alegrarte en el Dios de los pobres. De tu gran amigo Juan aprendiste austeridad y reciedumbre, y también a ser profeta y decir las verdades que pocos quieren decir.

Aprendiste a ser un hombre de tu pueblo, buen judío y religioso, a leer la Escritura y a rezar. Daba gusto verte ante tu Dios. Muchas veces en silencio, retirado. Otras veces con la gente. «Llamemos a Dios «Padre», decías, «porque es bueno con los pequeños», y por eso tú también sentiste predilección por los pobres y débiles, por las mujeres y niños, por los pecadores despreciados y por los extranjeros marginados. Así era Dios para ti, no como el dios de los sacerdotes del templo que exigían sacrificios, bueyes y ovejas, ni como los dioses de los romanos, que daban miedo y asustaban con rayos y truenos – dioses, por cierto, que siguen existiendo hoy, con armas y ejércitos, opresión y represión. En ese Dios confiabas y en ese Dios descansabas.

También impresionaba tu fidelidad cuando las cosas se ponían difíciles, las persecuciones, el huerto, la cruz. A Dios le dejabas ser Dios. Nunca lo manipulaste para tenerlo a tu favor. Le fuiste fiel sin desviarte del camino, siempre servicial, entregado a los débiles, a la causa de Dios, en un mundo que persigue, difama y da muerte a los que se dedican a esa causa. Al final, la cruz y la resurrección.

A nosotros nos anunciaste una buena noticia: que el reino se acerca y que Dios ama y defiende, sobre todo a los pobres y pequeños. Nos pediste que fuéramos como «niños», pero no «infantiles». Nos pediste rezar y cantar, pero sobre todo hacer la voluntad del Padre Celestial. Nos dijiste muchas palabras, pero una fue realmente bienaventurada y exigente: «sígueme».

Los que te conocieron bien, para decir en una palabra quién eres, dijeron que «pasaste haciendo el bien», que fuiste un hombre cabal, misericordioso con los débiles, y comprensivo, pues tú también pasaste por la debilidad. Y que «no te avergüenzas de llamarnos hermanos».

* * *

Hermano Jesús, así fuiste, pero no sé si nos interesa que así fueses. Antes sí. Así te predicaba Monseñor Romero entre nosotros, y te hacía presente con su ejemplo y el de muchos otros hombres y mujeres. Pero ahora no estoy tan seguro. Algunos grupos y sectas -y lo difunden algunas emisoras de radio y televisión- te presentan como milagrero y melifluo, de muchas novenas y estampas, con mucho canto y poco compromiso, a nuestra medida y a nuestro servicio. En definitiva, muy del cielo, pero poco de la tierra. Hermano Jesús, tú que nos conoces bien, ¿no es verdad que nos da un poco de miedo que te acerques como realmente eres?

Y sin embargo eso es lo que celebramos esta nochebuena aquí en la Iglesia, y creo que lo hacemos con bastante sinceridad, aunque somos conscientes de nuestras limitaciones y pequeñez. Celebramos que así eres y que así, y no de otra manera, te has acercado a nosotros.

Aunque no sea lo más importante, notarás que hoy en la Iglesia hay ambiente de celebración, más luz, más color y más música. Y sobre todo más amor. Mucha gente ha trabajado estos días. Unos en ensayar cantos, otros en poner el nacimiento y arreglar el altar. Otros, mujeres sobre todo, sencillas y silenciosas, que no buscan reconocimiento ni recompensa, en asear la Iglesia, como lo hacen todos los lunes y sábados del año. Es su particular liturgia, y pienso que es la que más te agrada.

Como siempre han puesto un nacimiento, que, por cierto, refleja bien cómo fuiste de mayor. Y también refleja bien nuestro mundo. Estás rodeado de pastores, gente pobre y sencilla, despreciados y tenidos por gente de mal vivir. Y ya sabes que esos «pastores» son hoy la mayoría de la humanidad. La pobreza -la compañía de los pobres, no la de los bien trajeados- es lo que te caracterizó, y es el menaje más claro de la cueva y el pesebre. También están tres sabios, en camellos, gente que busca la verdad y está dispuesta a caminar de lejos para encontrarla. Son los que no se dejan engañar por este mundo, que se dice democrático, pero que, con algunas cosas buenas, sustancialmente es egoísta, elitista, insensible y prepotente. Esos «sabios» no abundan, pero siempre hay algunos.

En el centro del nacimiento está José, como uno de tantos trabajadores a lo largo de la historia, y está María, la buena vecina -y me alegra que sigue habiendo hasta el día de hoy gente como ellos con esa dedicación a la vida. No son noticia, no ganan óscares, no modelan ni meten goles, ni salen en la televisión. Parafraseando a un famoso filósofo, son los «guardianes de la vida». Mantienen al mundo en pie.

Y si se mira lejos, también se puede ver a Herodes, que sigue matando niños sin piedad. UNICEF, la organización de Naciones Unidas para la Niñez, acaba de decir que la mitad de los dos mil millones de niños que hay en el mundo viven en pobreza y miseria. Este año ya han muerto de hambre cinco millones de niños. Herodes sigue suelto y muy activo en nuestro mundo. Y para vergüenza de este mundo occidental, que se tiene por demócrata y se diga o no cristiano, los costos de la gestación y nacimiento de un bebé en Estados Unidos son 410 veces más que los de un bebé en Etiopía.

* * *

Hermano Jesús. Estamos contentos esta noche, sí, pero no es fácil. Sólo un ejemplo entre muchos, que me parece importante recordarlo aquí en El Salvador para que no ignoremos a los que hoy sufren más. La mayoría de ellos están en África, y eso es lo que me dicen en una carta que llega de España: «No sé como podrán celebrar navidad en el Congo. Es demasiado fuerte el sufrimiento, los desplazados sin absolutamente nada en las manos». Y cuántas historias semejantes en Irak, en Palestina, aquí.

Pero algo hay en la esperanza que no muere. En el nacimiento hay una estrella, no milagrosa, sino humana, que irradia luz a todo aquel que quiera caminar en busca de la verdad, la justicia, la paz. Es como la luz que irradió Monseñor Romero sobre el caminar de nuestro pueblo. Y es la luz de la que también se habla en la carta que he citado: «En el Congo dos obispos, Mosengo y Sikuli, sostienen la esperanza de sus pueblos». Y añade la gran paradoja: «aquí, en España, nuestra esperanza tiene que sobrevivir en medio de este desierto de consumismo». Pobre primer mundo, con mucho dinero y con poca esperanza.

No es fácil, pero cantamos. Hoy nos encanta escuchar el canto de los ángeles, mejor que el de santa Claus. San Lucas lo dijo espléndidamente: «Gloria a Dios en las alturas. Y en la tierra paz a los hombres y mujeres de buena voluntad». Con esa música en el corazón saldremos de la Iglesia con más alegría para celebrar una cena familiar, con más compromiso para trabajar por un mundo con más justicia, con más paz y con más fraternidad. Y con más esperanza.

* * *

Voy a terminar. Notarás que te he llamado «hermano», y algunos quizás se extrañarán -o estarán un poco nerviosos- porque no he hablado del «Niño Dios». Llamarte «hermano» quizás les suena a poco. No haya pena. Jesús, eres nuestro hermano y eres Hijo muy querido de Dios. Los primeros cristianos dijeron que contigo «ha aparecido la benignidad de Dios». San Lucas nos dijo que eres Hijo del Altísimo y san Mateo te llamó «Dios con nosotros». Eres el gran regalo de Dios. No has nacido de voluntad de carne ni de voluntad de sangre, sino que has nacido de Dios.

Cuánto discurrieron los cristianos de los cuatro primeros siglos para dejar esto en claro: que tú estás en Dios y que Dios está en ti, «que eres de la misma naturaleza que el Padre». En palabras más sencillas y más bellas, que muchas veces he citado, lo ha dicho Leonardo Boff. En un arrebato franciscano, viéndote y contemplando tu vida, escribió: «Así de humano sólo puede ser Dios».

«Niño Dios», «Dios con nosotros», «Hermano Jesús». Te decimos: «ven, ven, no tardes». Te pedimos que este mundo no sea injusto, insensible y cruel, sino como el reino de Dios que anunciaste como la gran buena noticia. Y te pedimos que nos parezcamos a ti para iniciarlo entre todas y todos.

* Jon Sobrino. Santa Tecla. El Salvador

Fuente Alainet.org

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«Feliz Navidad, feliz año nuevo», por Juan Cejudo,miembro de MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares

jueves, 25 de diciembre de 2014
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A mis amigos creyentes y no creyentes.
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Para mí celebrar la Navidad es volver a recordar un año más el nacimiento de Jesús de Nazaret.
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Un ser humano excepcional; tan excepcional, que los creyentes vemos en él al mismo Dios hecho hombre.
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Nacido pobre, amigo de trabajadores y gente sencilla que le seguía a todas partes. Rompedor de esquemas religiosos y de normas absurdas. Predicó la Buena Noticia del Reino: la igualdad de todos, la paz y la no violencia, la fraternidad y el compartir como hermanos, la austeridad de vida para sus amigos,…Él supo acercarse a los más marginados de su tiempo para intentar aliviar su dolor y sufrimiento: enfermos, trabajadores, prostitutas, excluidos sociales…
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Supo enfrentarse al poder político y religioso de su época, diciendo siempre la verdad y proclamando la justicia. Por éso lo mataron, aunque venció a la muerte.
Ése Jesús que antes de morir nos dejó sólo un mandato: el amor entre todos los seres humanos. Amor que supone la justicia para que el Mundo sea mucho más igualitario entre todos.
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Hoy después de más de 2.000 años, millones de personas seguimos reuniéndonos en su nombre para intentar, como Él, luchar, en nuestro entorno concreto, por esa justicia, igualdad y fraternidad que Él anunciaba y que le llevó a enfrentarse a los poderosos.
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sin techo1Un mundo donde impera las guerras, desigualdades, injusticias y el poder del dinero, es un Mundo opuesto a los valores que Jesús anunció. Un mundo donde millones de personas pasan hambre, no tienen trabajo, ni vivienda por la ambición de las multinacionales y el poder del dinero, no es el mundo que Él quiso y debemos sus seguidores luchar por cambiarlo.”Otro Mundo es posible, otra Iglesia también”.
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Celebrar este nuevo aniversario de su nacimiento es una nueva ocasión para que todas las personas, creyentes y no creyentes, apostemos por los valores que Él defendió y que provocó que los poderosos lo mataran.
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Con estos sentimientos os deseo una FELIZ NAVIDAD Y UN FELIZ AÑO 2.015
Juan Cejudo.

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En una Iglesia devastada oran dos niños. Feliz Navidad 2014

jueves, 25 de diciembre de 2014
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10847778_4913784539103_3143312937479390174_nLa triste Navidad de los cristianos en Gaza: «No sabemos lo que nos deparará el futuro»

Dura pero esperanzadora felicitación  de Xabier Pikaza en su blog:

En una iglesia devastada de algún lugar de Oriente oran dos niños ante Jesús que nace. Con ese signo de inmenso dolor y esperanza aún más grande, Mabel y yo queremos felicitar la Navidad a todos los amigos, y a los lectores de este blog.

No vemos el Belén, pero está delante de los dos niños que oran, a nuestras espaldas. Demos la vuelta, miremos y adoremos.

Jesús ha querido nacer entre las ruinas de una Iglesia casi devorada por el fuego, sin imágenes ni santos, sin altares… Entre las cenizas humeantes, María y José han limpiado un pobre espacio de amor para el Niño. Una vez más, sus enemigos (que empezaron por el viejo Herodes) no han podido matarle, ni han logrado destruir la Navidad, simbolizada en el gesto de estos niños que, como los viejos pastores y magos, miran y sufren, admiran, rezan y esperan.

Navidad en una Iglesia que renacerá de sus cenizas

Según el evangelio, Dios quiso venir a la posada de los hombres y no encontró lugar ni en la ciudad, ni en el hostal del barrio, ni siquiera en los bancos del arrabal… Más aún, sus adversarios querían quemar sus «iglesia», destruyendo así sus huellas para siempre.

La familia de Jesús no tenía dinero ni influencias para comprarse una mansión segura, amurallada, defendida del fuego y de las armas… Pero era Dios y nació, aunque fuera en la iglesia quemada, o una cueva de pastores, un portal o puerta abandonada, una paridera de animales.

Quiso vivir entre nosotros y nació a pesar de que no hubiera lugar en la posada, a pesar de que sigan quemando su Iglesia. Decidió nace y nació, porque José y María estaban a su lado y le acogieron (como miles y millones de hombres y mujeres) y al menos dos niños fueron a rezarle (como se dice en la misma Biblia que fueron magos y pastores).

Nació Jesús y su Iglesia, es decir, la humanidad amante renacerá de sus cenizas, por encima de todas las bombas e incendios del mundo.

Cuatro felicidades

1. Felicidades a todos, en esta noche mágica del Dios que nació y sigue naciendo en Jesús y en cada uno de nosotros, aunque muchos se esfuercen en quemar el mundo, la Iglesia, la vida… Felicidades porque estuvieron allí María y José, dando la vida, manteniendo la esperanza… y porque estos niños de la Iglesia devastada han ido a verle y le rezan.

2. Felicidades a todos en esta «buena» noche, a pesar de que la mayoría seguimos ocupamos en la cosas que hacían antaño las gentes de Judá y de Roma, contando el dinero, fabricando bombas incendiarias, dejando morir de hambre a los pobres. Felicidades, porque Dios es Dios y quiere seguir viviendo en nuestra vida, aunque nuestros imperios o emporios no quieran recibirle, y le esperen con fuego.

3. Felicidades a todos en este Día de la Vida que nace, a pesar de que muchos de nuestros belenes «cristianos», hechos de luces y lujos, no tengan lugar para aquellos que pasan hambre y quieren venir. Felicidades, a pesar de que a veces celebremos a un Jesús sin Jesús, a un Dios sin Dios, una Navidad sin nacimiento a la vida. Dos niños rezan en esta imagen de la Iglesia Quemada, porque están viendo nacer a Jesús entre las cenizas de un mundo que sigue ardiendo por culpa de los hombres como hace 2015 años.

4. Felicidades a pesar de que no haya casa para muchos niños. Belén se ocupaba entonces de sus cosas: los pisos eran caros, imposibles las rentas, todos los lugares estaban ocupados por los okupas de siempre. No había lugar para alguien que viniera de lejos, ni siquiera en las iglesias, olvidadas o quemadas… Pero estos dos niños llegaron, y otros miles y millones de niños siguen viniendo para adorar a Jesús que renace una vez de las cenizas de un mundo que nos empeñamos en quemar.

¡Felicidades a todos, con esos dos niños de la imagen!

Así nació fuera de la ciudad del mundo, en una puerta/portal abandonado donde a veces acampaban los pastores, en una paridera donde parían las ovejas, en una cueva donde anidaban las aves y tenían su cubil los animales. Así sigue naciendo en la iglesia quemada, en un mundo que corre el riesgo de incendiarse por todas partes… Se arriesgó a nacer y la acogieron José y María. Se arriesgó a nacer, y esta imagen la acogen y rezan por lo menos dos niños.

En un día como hoy, 24 de diciembre de 2015, en un mundo donde María y José vienen en pateras, en una tierra donde millones y millones de emigrantes y pobres no tienen casa…, cerca de ciudades y pueblos donde queman las iglesias, para que Jesús no nazca: ¡Felicidades a todos!

A pesar de todo, por el amor más grande de Dios y de la vida, queremos celebrar la venida de Dios para que cambie la vida de todos, hombres, mujeres y niños a los que Dios ama, con su mejor voluntad, a pesar de todo, porque ha querido nacer y ser para siempre nuestro huésped y amigo.

Mabel y Xabier

Navidad 2014

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