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«Tres caminos hacia Jesús.» 2º Domingo de Adviento. Ciclo B

domingo, 7 de diciembre de 2014
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3623727-lgDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El camino poético (lectura de Isaías)

Hacia el año 540 a.C., los judíos llevaban casi cincuenta años desterrados en Babilonia. Años duros, de grandes sufrimientos, de ansia de libertad y de vuelta a la patria. Esa buena noticia es la que anuncia el profeta. Pero el largo camino, a través de zonas a menudo inhóspitas, puede asustar a muchos y desanimarles de emprender el viaje. Entonces, una voz misteriosa, da la orden, no se sabe a quién, de preparar el camino al Señor. No se dirige a hombres, porque la labor que realizarán es sobrehumana: construir un el desierto una espléndida autopista, allanando montes y colina, rellenando valles. Por ella volverá el pueblo judío, acompañado de su Dios, como un pastor apacienta a su rebaño.

«Consolad, consolad a mi pueblo, -dice vuestro Dios-; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle,  que se ha cumplido, su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha  recibido doble paga por sus pecados.»

Una voz grita: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos – ha hablado la boca del Señor»-

-Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá:  «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con el su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.»

El camino ético (Qumrán)

Con el tiempo, la idea de preparar un camino al Señor en el desierto adquirió un sentido nuevo: a mediados del siglo II a.C., un grupo de sacerdotes y seglares judíos, descontentos con el comportamiento de los sumos sacerdotes de Jerusalén y de las costumbres paganas que se estaban introduciendo, recordando el texto del libro de Isaías, decide retirarse al desierto de Judá y allí, en Qumrán, fundar una especie de comunidad religiosa. En el desierto preparan el camino del Señor. Ya no se trata de un camino poético, sino de una conducta conforme a la Ley del Señor. (En hebreo, derek puede significar “camino” y “forma de conducta”, igual que way en inglés).

El camino del Señor Jesús (evangelio)

Esta misma interpretación del texto de Isaías es la que aplica el evangelio a Juan Bautista. También él marcha al desierto a preparar un camino. A primera vista parece tratarse de un camino ético, como un Qumrán, ya que Juan exhorta a la conversión y al bautismo para el perdón de los pecados. Pero sus palabras dejan claro que prepara el camino a una persona más poderosa que él y que trae un bautismo superior al suyo: Jesús.

Está escrito en el profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.» Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y é1 los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:  «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero é1 os bautizará con Espíritu Santo.»

[A propósito de la diferencia entre el bautismo de Juan y el de Jesús conviene recordar que el verbo “bautizar” significa en griego “lavar”. Los fariseos, por ejemplo, “bautizan” los platos, los lavan. Pero se puede lavar con agua sola, como hace Juan, que es un lavado superficial, incapaz de limpiar las manchas más profundas; y se puede lavar con “Espíritu Santo” (o “con Espíritu Santo y fuego”, como dice otro texto) limpiando totalmente a la persona.]

Esperad y apresurad la venida del Señor (2 Pedro 3, 8-14)

A mediados y finales del siglo I, muchos cristianos empezaron a sentirse desconcertados. Les habían repetido que la vuelta del Señor y el fin del mundo eran inminentes. Sin embargo, pasaban los años y el Señor no volvía. El autor de la 2ª carta de Pedro (que no es san Pedro) sale al paso de esta inquietud, ofreciendo una respuesta que, después de veinte siglos, no convence demasiado: el Señor no se retrasa, sino que nos da un plazo para que podamos convertirnos. El autor mantiene la postura tradicional de que la llegada del Señor y el fin del mundo será algo repentino, inesperado. Y en vez de quejarnos de que el Señor se retrasa, debemos “esperar y apresurar la venida del Señor”. Además, el fin del mundo será el comienzo de un nuevo cielo y una nueva tierra, y hay que prepararse para recibirlos llevando una vida santa y piadosa, en paz con Dios, inmaculados e irreprochables.

Queridos hermanos:  No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino  que todos se conviertan. El día del Señor llegará como un ladrón. Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los elementos se desintegrarán abrasados, y la tierra con todas sus obras se consumirá. Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida! Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos. Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia. Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables.

Una ética basada en Jesús

La segunda lectura, igual que el evangelio, une el camino de la ética con el camino que lleva a Jesús: Juan Bautista lo relaciona con la primera venida; la carta de Pedro, con la segunda. La liturgia nos indica que el Adviento no es época de espera pasiva, como quien espera que empiece la película: hay que comprometerse activamente. Y ese compromiso debe basarse en el recuerdo de la venida del Señor y en la esperanza de su vuelta.

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«Una Iglesia despierta». 1 Domingo de Adviento – B (Marcos 13,33-37)

domingo, 30 de noviembre de 2014
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01advientoB1cerezoLas primeras generaciones cristianas vivieron obsesionadas por la pronta venida de Jesús. El resucitado no podía tardar. Vivían tan atraídos por él que querían encontrarse de nuevo cuanto antes. Los problemas empezaron cuando vieron que el tiempo pasaba y la venida del Señor se demoraba.

Pronto se dieron cuenta de que esta tardanza encerraba un peligro mortal. Se podía apagar el primer ardor. Con el tiempo, aquellas pequeñas comunidades podían caer poco a poco en la indiferencia y el olvido. Les preocupaba una cosa: «Que, al llegar Cristo, nos encuentre dormidos».

La vigilancia se convirtió en la palabra clave. Los evangelios la repiten constantemente: «vigilad», «estad alerta», «vivid despiertos». Según Marcos, la orden de Jesús no es solo para los discípulos que le están escuchando. «Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: Velad». No es una llamada más. La orden es para todos sus seguidores de todos los tiempos.

Han pasado veinte siglos de cristianismo. ¿Qué ha sido de esta orden de Jesús? ¿Cómo vivimos los cristianos de hoy? ¿Seguimos despiertos? ¿Se mantiene viva nuestra fe o se ha ido apagando en la indiferencia y la mediocridad?

¿No vemos que la Iglesia necesita un corazón nuevo? ¿No sentimos la necesidad de sacudirnos la apatía y el autoengaño? ¿No vamos a despertar lo mejor que hay en la Iglesia? ¿No vamos a reavivar esa fe humilde y limpia de tantos creyentes sencillos?

¿No hemos de recuperar el rostro vivo de Jesús, que atrae, llama, interpela y despierta? ¿Cómo podemos seguir hablando, escribiendo y discutiendo tanto de Cristo, sin que su persona nos enamore y trasforme un poco más? ¿No nos damos cuenta de que una «Iglesia dormida» a la que Jesucristo no seduce ni toca el corazón, es una Iglesia sin futuro, que se irá apagando y envejeciendo por falta de vida?

¿No sentimos la necesidad de despertar e intensificar nuestra relación con él? ¿Quién como él puede liberar nuestro cristianismo de la inmovilidad, de la inercia, del peso del pasado, de la falta de creatividad? ¿Quién podrá contagiarnos su alegría? ¿Quién nos dará su fuerza creadora y su vitalidad?

José Antonio Pagola

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» Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa». Domingo 30 de noviembre de 2014. Domingo 1º de Adviento.

domingo, 30 de noviembre de 2014
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1609802_527682714013418_497079345_nLeído en Koinonia:

Isaías 63,16b-17.19b;64,2b-7: ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!.
Salmo responsorial: 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
1Corintios 1,3-9: Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Marcos 13,33-37: Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa.

La comunidad judía que retorna del exilio enfrenta un gran desafío: reconstruir los fundamentos de la nación, la ciudad y el Templo. No era una tarea fácil. La mayoría de los exiliados ya se habían organizado en Babilonia y en otras regiones del imperio caldeo. La mayor parte de los que habían llegado desde Judea cincuenta años antes ya habían muerto y los descendientes no sentían gran nostalgia por la tierra de sus padres. Los profetas los habían invitado continuamente a reconocer los errores que habían conducido a la ruina, pero la mayor parte de los exiliados ignoraban a los mediadores de Yahvé.

Algunos tomaron entre sus manos el proyecto de reconstruir la identidad, las instituciones y la vida de la nación. Sin embargo, no contaron inicialmente con mucho apoyo, Parecía una idea loca e innecesaria: para qué volver a Jerusalén si ya no haía remedio… Lo mismo nos ocurre a veces a nosotros, vivimos de la nostalgia del pasado pero no nos comprometemos a transformar la realidad del presente. Añoramos otros tiempos en que se vivía mejor, pero no rescatamos los valores que hacen posible una convivencia humana justa y equitativa.

Jesús hace a sus discípulos una recomendación que hoy nos sorprenden: mantenerse despiertos. ¡Todo lo contrario de lo que nosotros haríamos! Pero él tiene sus razones. Si cada día estamos embargados por las preocupaciones más superfluas, lo más seguro es que se nos pase la hora apropiada para realizar la misión que Jesús nos encomienda. Jesús, en el evangelio, nos enseña a estar en guardia contra los que creen que las enseñanzas cristianas son algo superfluo. El evangelio debe ser proclamado donde sea necesario, deber ser colocado donde se vea, debe ponerse al alcance de todos. Nuestra misión es hacer del evangelio una lámpara que ilumine el camino de la vida y nos mantenga en actitud vigilante.

 La interpretación que se daba a estos textos del evangelio que apuntan hacia el futuro o hacia la escatología estuvo casi siempre revestida de un tinte apocalíptico y de temor: el Señor había establecido un plazo, que se nos podría acabar en cualquier momento, imprevisiblemente, por lo cual necesitábamos estar preparados para un juicio sorpresivo y castigador que el Señor podría abrir en cualquier momento contra nosotros. «Que la muerte nos sorprenda confesados». Este miedo funcionó durante mucho tiempo, durante tantos siglos como duró una imagen mítica de Dios, excesivamente calcada de la imagen del señor soberano feudal que dispone despóticamente sobre sus súbditos. El miedo a la condenación eterna, tan impregnado en la sociedad cristiana medieval y barroca, hizo que la «huelga de confesonarios» pudo ser en determinados momentos un arma esgrimida por el clero contra las clases altas, por ejemplo por parte de los misioneros defensores del pueblo contra los conquistadores españoles dueños de esclavos (recuérdese el film La misión). Causa sonrisas pensar en la eficacia que una tal «huelga de confesionarios» pudiera tener hoy día… Y es que la estrella de la «vida eterna», el dilema de la salvación/condenación eternas, brillaba con su potencia indiscutible en el firmamento de la cosmovisión del hombre y la mujer premodernos… Pero son tiempos idos. Sería un error enfocar el comentario a evangelios como el que hoy leemos en esa misma perspectiva, pensando que nuestros contemporáneos son todavía premodernos…

El estado de alerta, la mirada atenta al futuro que evita el adocenamiento o la rutina… sí que es una categoría y una dimensión del hombre y de la mujer modernos. Si lo interpretamos como «esperanza», la pertinencia del mensaje aún es más vigente.

¿Qué puede significar «Adviento» para la sociedad actual? Como nombre de un tiempo litúrgico significa bien poco, y no habría que lamentarse mucho ni gastar pólvora inútilmente, pues cualquier día –tal vez más pronto que tarde- la Iglesia cambiará el esquema de los ciclos de la liturgia, que clama a gritos por una renovación. Lo que importa no es el tiempo litúrgico, sino el Adviento mismo, el «Advenimiento» –que eso significa la palabra–, el «noch nicht Sein» como diría Ernst Bloch, aquello cuya forma de ser consiste en «no ser todavía pero tratando de llegar a ser»… Ateo como era, Bloch construyó toda su poderoso edificio filosófico sobre la base de la utopía y la esperanza, y presentó en bellas páginas inolvidables la grandeza heroica del santo y del mártir ateo, capaz de dar la vida en aras de su esperanza… Ebeling, en la misma línea decía: «lo más real de lo real, no es la realidad misma, sino sus posibilidades»… Lo real más real no es sin más lo real, sino las posibilidades de ser que lo que hoy es lleva consigo.

Después de los años 90 del siglo pasado, estamos en un tiempo en el que se dice que se ha dado un «desfallecimiento utópico». Con el triunfo del neoliberalismo y la derrota de las utopías (no «de las ideologías», alguna de las cuales siguen muy vivas), la cultura moderna –o mejor posmoderna- castiga al pensamiento esperanzado y utopista. El ser humano moderno-posmoderno está escarmentado. Ya no cree en «grandes relatos». Se nos ha impuesto una cultura anti-utópica, antimesiánica, a-escatológica, ¿sin esperanza?, a pesar de la brillantez de que hacen gala los productos de la industria mundial del entretenimiento; detrás del atractivo seductor de ese entretenimiento, la imagen de ser humano que queda está ayuna de toda esperanza que trascienda siquiera mínimamente el «carpe diem» o el «disfruta la vida». ¿Qué advenimiento («adviento») espera el hombre y la mujer contemporáneos? ¿Cómo vivir el adviento en una sociedad que no espera ningún «advenimiento»? Desde luego, no reduciendo el adviento a un «tiempo litúrgico», o a un tiempo pre-navidad… ¿Cómo pues?

El Advenimiento que esperamos los cristianos no es la Navidad… Ni siquiera es «el cielo»… ¡Es el Reino! No es otro mundo… es este mismo mundo… ¡pero «totalmente otro»! Se puede ser cristiano sin celebrar el adviento, ¡pero no sin preparar el Advenimiento! Ser cristiano es hacer propia en el corazón la nostalgia de Aquel que decía: «fuego he venido a traer a la tierra, y ¡cómo deseo que arda…!». Los cristianos no pueden inculturarse del todo en esta cultura anti-utópica y sin «grandes relatos», porque somos hijos de la gran Utopía de la Causa de Jesús, y tenemos el «gran relato» del Proyecto de Dios… Podríamos no celebrar el adviento, pero no podemos dejar de darnos la mano con los santos y mártires ateos (quedan pocos) y con todos los hombres y mujeres de la tierra, de cualquier religión del planeta, para trabajar denodadamente por el Advenimiento del Nuevo Mundo.

Cada vez se perfila mejor: crear un Mundo Nuevo, fraterno-sororal y solidario, sin imperios ni instituciones transnacionales o mundiales explotadoras de los pobres, lo que Jesús llamó «malkuta Yahvé» en su boca aramea, Reino de Dios, pero dicho con palabras y hechos de este ya tercer milenio, ése es el Advenimiento que esperamos, el sueño que nos quita el sueño, lo que nos hace estar en «alerta». Leer más…

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Adviento, Puerta de futuro (30.11.14): Despertad, han pasado las bestias

domingo, 30 de noviembre de 2014
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DHRYTDel blog de Xabier Pikaza:

Mc 13, 33-36. El domingo pasado terminaba el año litúrgico 2014 con una llamada de juicio y vigilancia. Empieza hoy el nuevo año 2015 con otra llamada, pero no de juicio sino de esperanza: Despertaos .

Por esperanza vivimos, pues si no fuera así nos habríamos matado hace milenios. Hemos vivido y seguimos avanzando sobre un abismo de amenazas,pero tenemos que despertar un año más y superar las tempestades, como puede evocar esa puerta sobre la playa del poniente, en As Catedrais, Ribadeo.

Ha pasado el tiempo de las tres bestias

1. El año 1848 lanzaron Marx y Engels su Manifiesto Comunista, anunciando que un gran fantasma recorre ya los caminos de Europa, y avanza imparable sobre el mundo, el fantasma comunista. Casi doscientos años han pasado y el fantasma con sus rasgos visionarios verdaderos no ha logrado no logra tomar un rostro humano, en plenitud y justicia. El “fantasma rojo” del comunismo (1ª Bestia)sigue aleteando en diversos lugares, pero no logra dar un sentido a la historia.

2. El año 1933 (27.5) proclamó Heidegger, en el discurso rectoral de Freiburg i.B., su ploclama platónico-nazi, diciendo que había que estar decididos» (con Entschlossenheit), en medio de la gran tormenta, citando y deformando una gran frase de Platón, (República, 497 d,9).«Todo lo grande está en medio de la tempestad» («Alles Grosse steht in Sturm»). La suya, no la de Platón, era la Sturm o tormenta (Sturm und Drang: Asalto e ímpetu) de las Fuerzas de Asalto del Nazismo, que intentaba recrear el universo mundo partiendo de los arios alemanes, los “animales rubios” de la historia (2ª Bestia). Han pasado cien años, y la decepción de esa “filosofía” sigue siendo más grande que nunca.

3. En tono ya muy menor, con rasgos de cinismo narcisista, el año 1992, F. Fukuyama proclamaba por fin la llegada del “último hombre”, con el fin de la historia (The End of History and the Last Man). Tras la impotencia del comunismo y la tragedia del nazismo había llegado ya el hombre definitivo, capitalista y liberal, al servicio de un mercado controlado por una élite de especuladores encabezados por la bestia blanca del Gran CVapital y sus aliados. Casi veinticinco años han pasado. La injusticia y ruindad de ese programa es más evidente que nunca.

Despertaos

Pues bien, tras esas tres bestias, dignas del Apocalipsis de Juan (donde hay también 3 o 4 avanzando por la historia), podemos detenernos una vez más y escuchar la palabra de la llegada (el Adviento) del Hombre de Dios, conforme a la esperanza profética, recreada por Jesús, de manera que podemos y debemos despertar. Es el tiempo de la gran palabra: Despertaos.

Empieza así otra vez el Adviento y vamos a celebrar de nuevo la esperanza, marcada por la Venida de Dios en quien creemos, Dios del sol y de la tarde huidiza sobre el agua de la vida. Así lo proclama este evangelio, que extiende ante nosotros una vía de esperanza. La palabra de este tiempo es “velad”, es decir, despertaos (agrhypneite: salid del sueño), mantened vuestra esperanza ante la llegado del Hombre Nuevo, no dejéis que el miedo o el sueño os domine. Buen día a todos, buen Adviento. Llega Dios, es decir, llegamos nosotros mismos.

Texto litúrgico ampliado: Mc 13, 28-36

No me quiero limitar al texto reducido de la liturgia (Mc 13, 33-36). Prefiero verlo en su entorno (Mc 13, 28-26), mirado desde todo Mc 13, el más duro y más consolador de todos los textos de esperanza cristiana, un pasaje lleno de guerras y enfrentamientos, de hambres y terrores, pero también de caminos abiertos y presencias activas.

Este capítulo recoge la palabra que Jesús dirigió a sus cuatro discípulos primeros (Pedro y Andrés, Santiago y Juan), sobre el Monte de los Olivos, abriendo sus ojos, para que vieran el misterio de los tiempos (cf. Mc 13, 3-4).

(El material de este comentario lo tomo de mi Evangelio de Marcos, Verbo Divino, Estella 2010)

a. (Está a las puertas)….

28 Fijaos en lo que sucede con la higuera. Cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, conocéis que se acerca el verano. 29 Pues lo mismo vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que ya está cerca, a las puertas.

b. (En esta generación, ya ha llegado)

30 Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

b’ (Ni Cristo sabe, ni lo sabe el Hijo)

32 En cuanto al día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre.

a’ (despertad)

¡Cuidado! Despertaos (agrhypneite: salid del sueño), porque no sabéis cuándo llegará el momento. 34 Sucederá lo mismo que con aquel que se ausentó de su casa, encomendó a cada uno de los siervos su tarea y encargó al portero que velase. 35 Así que velad, porque no sabéis cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a media noche, al canto del gallo o al amanecer. 36 No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. 37 Lo que a vosotros os digo, lo digo a todos: ¡Velad!

Éste es el final del final

El evangelio de Marcos ha dicho lo importante sobre la crisis de los tiempos, con la llegada del Hijo del Hombre, es decir, de la humanidad verdadera (Mc 13,24-27). Pero a fin de completar ese mensaje (¡viene el Hijo del Hombre!) en forma positiva, en clave de advertencia eclesial, este pasaje recoge dos palabras distintas complementarias.

Este mensaje tiene dos elementos, lo mismo que la gran palabra de Mc 1, 14-15 (convertíos…). (a) Por un lado la certeza de que hay Dios, y Dios mismo nos despierta, desde dentro, para que podamos asumir nuestra más honda realidad de humanos/divinos. (b) Por otro lado la exigencia de que nosotros mismos salgamos del sueño en que estamos hundidos, un sueño de fantasías (Marx), de violencias (Heidegger), de impotencias aprovechadas por los “listos de turno” (Fukuyama).

Esta es nuestra definición más honda: Somos seres que podemos despertar…

— (b) Todas estas cosas han de suceder en esta generación (13, 30). Ésta es una palabra que se puede atribuir al Jesús histórico: en esta misma generación (en este tiempo que es el nuestro) se cumple ya todo. Estamos al fin de los tiempos, ante la Hora decisivo. El Evangelio de Marcos dirige esta palabra de Jesús a los lectores/oyentes de su evangelio. Ahora, cuando se proclama esta palabra, sucederán estas cosas. Leer más…

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Súplica, realidad, vigilancia. Domingo 1º de Adviento. Ciclo B.

domingo, 30 de noviembre de 2014
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OLYMPUS DIGITAL CAMERADel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

¿Cuatro semanas para prepararnos a recordar el nacimiento de Jesús? No. El Adviento es más que eso. No se trata de recordar románticamente un hecho pasado, se trata de comprender a fondo lo ocurrido y prepararnos para el encuentro definitivo con el Señor.

Suplica (Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7)

La primera lectura nos sitúa siglos antes de la venida de Jesús. El pueblo de Israel se ve como un trapo sucio, como árbol de ramas secas y hojas marchitas. La situación no sería muy distinta de la nuestra. Pero el pueblo, en vez de culpar a los políticos, a los banqueros, al FMI y a la Sra. Merkel, piensa que todo se debe a que Dios le oculta su rostro por culpa de sus pecados, porque nadie invoca su nombre ni se aferra a Él. Lo lógico sería que el pueblo prometiese cambiar de conducta, interesarse por Dios. Sin embargo, en vez de prometer un cambio le pide a Dios que sea él quien cambie: que recuerde que es nuestro Padre (la idea aparece al comienzo y al final de la lectura), que vuelva, rasgue el cielo y baje. ¿Cómo responderá Dios a esta petición?

Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es Nuestro redentor. Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema? Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad. iOjalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia! Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia. Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en e1. Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos. Estabas airado, y nosotros fracasamos: aparta nuestras culpas, y seremos salvos. Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado; todos nos marchitábamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento. Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas en poder de nuestra culpa. Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano.

Realidad (1 Corintios 1,3-9)

La respuesta de Dios supera con creces lo que pedía el pueblo en la lectura de Isaías, aunque de modo distinto. Dios Padre no rasga el cielo, no sale a nuestro encuentro personalmente. Envía a Jesús, y mediante él nos ha enriquecido en todo y nos llama a participar en la vida de su Hijo. Por consiguiente, añade Pablo, “No carecéis de ningún don”. En una época de crisis, en la que tanta gente se lamenta, a veces con razón, de las muchas cosas de que carece, estas palabras pueden resultar casi hirientes: “No carecéis de ningún don”. Buen momento el Adviento para pensar en qué cosas valoramos: si las materiales, que a menudo faltan, o las que proporciona Jesús: la certeza de que Dios es fiel, está de nuestra parte y nos mantendrá firmes hasta el encuentro final con Él.

Hermanos: La gracia y la Paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado, el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. El os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de que acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

Vigilancia (Marcos 13, 33-37)

No deja de ser irónico que precisamente el evangelio no hable de Dios Padre ni de Jesús. Se centra por completo en nosotros, en la actitud que debemos tener: “vigilad”, “velad”, “velad”. Tres veces la misma orden en pocas líneas. Porque el Adviento no es sólo recordar la venida del Señor, es también prepararse para el encuentro final con Él.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuando es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejo su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: !Velad!»

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Comunicado final de la XVII Semana andaluza de Teología: “Seguir a Jesús desde las víctimas”

domingo, 30 de noviembre de 2014
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015_3De la página web de Redes Cristianas:

Procedentes de Andalucía y de otras partes del país, 350 personas hemos compartido esta XVII Semana Andaluza de Teología como espacio cristiano, vivo y comunitario, donde se estimula y celebra nuestra fe en Jesús de Nazaret y se refuerzan con entusiasmo nuestras esperanzas y compromisos por otra sociedad más justa y otra institución-Iglesia más evangélica. Ante la crueldad y sinrazón del lucro insaciable de unas minorías, seguimos creyendo en la razón y justicia de los derechos de las víctimas. En estos dias nos hemos comunicado compromisos personales o locales, pequeños pero transformadores, germen de un modelo alternativo de vivir, de creer en la Sabiduría Divina y de seguir a Jesús. Compromisos que ponen en su eje la compasión solidaria con las víctimas heridas, expoliadas y excluidas.

Sabemos que creer en Dios no es la cuestión clave, sino en qué Dios creemos. Como personas seguidoras de Jesús damos nuestra adhesión-confianza al Dios de Jesús y también al Jesús de Dios. Para ser fieles en esa fe-seguimiento precisamos “volver a Jesús” siempre, para ir por sus caminos con libertad y creatividad, atentos a las sugerencias de su Espíritu, que trasciende y desborda el marco religioso-institucional y se hace sentir en el clamor de los empobrecidos y de las víctimas sociales.

La prioridad de la vida sobre la religión es la consecuencia más radical que brota de las propuestas de Jesús sobre el Reino y también su exigencia más urgente. La mediación esencial entre los seres humanos y Dios es la vida, pues a El lo encontramos en hacer que todas las personas vivan con dignidad y sean respetadas en sus derechos; lo hallamos en el gozo y la alegría de vivir compartidos en igualdad. Siguiendo a Jesús, la orientación esencial de la espiritualidad cristiana consiste en el compromiso con la vida humana: su seguridad, su dignidad, sus derechos y su felicidad. Porque no puede captarse el alcance y la hondura de la fe cristiana si no la vivimos desde el lugar social de las víctimas de la exclusión. Esta opción de seguimiento de Jesús así puede incluso llevarnos a vivirlo al margen de los marcos religiosos instituidos, esos que tantas veces desfiguran, ocultan y dificultan el acceso a su Vida y Mensaje a muchas personas.

Cuando se margina el Evangelio y se avivan la religión, lo sagrado, los ritos, la pertenencia confesional, etc. la institución-Iglesia aparece como netamente religiosa, aliada con los poderes sociales y económicos y también poco o nada evangélica, de modo que se incapacita para mantener viva la memoria subversiva y la propuesta de Jesús y cuanto representa de liberador para las personas. Así pues, el compromiso con las víctimas es expresión ineludible del seguimiento de Jesús.

Nuestra talla ética a nivel colectivo no vendrá medida por el PIB, sino por nuestra radicalidad democrática y comprometida con los prójimos-víctimas. Si observamos solamente nuestra realidad española, continúa la caída de los ingresos familiares y crece el aumento de la desigualdad en el reparto, con hundimiento de las rentas más bajas. El número de hogares sin ingresos en nuestro país supera los 700.000 y de ellos 334.000 hogares andaluces, viven en pobreza severa. Se agudizan sin cesar los procesos que limitan el acceso a derechos y servicios básicos (alimentación, educación, sanidad, vivienda) y la tasa de paro llega a más del 27% de la población activa y entre los jóvenes supera el 50%. La situación laboral es así: menos empleo y más paro, la mayoría de empleos nuevos son de carácter temporal o precarios y con salarios bajos o muy bajos. En síntesis: pobreza creciente y derechos menguantes.

Entre las incontables víctimas del sistema socio-económico imperante tenemos presentes las vidas segadas, prohibidas, perseguidas o expulsadas de miles de personas inmigrantes que no hallan en nuestras sociedades opulentas la acogida hospitalaria y la debida justicia ante sus situaciones de emergencia.

“Hoy tenemos que decir “no a una economía de la exclusión y la desigualdad”. Esa economía mata. Grandes masas de población son excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Vivimos en la cultura del “descarte”: los excluidos no son “explotados”, sino desechos, “sobrantes”. Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la desigualdad, no se resolverán los problemas del mundo. La desigualdad es la raíz de los males sociales” (Papa Francisco).

Confesamos que seguir a Jesús nos mueve a llevar consigo la esperanza y el impulso de una nueva sociedad con unos valores alternativos a los dominantes. Estamos convencidos/as de que la fe cristiana tiene una irrenunciable dimensión social y pública de la que brota un ineludible impulso hacia el compromiso ético sociopolítico. Nuestra fe cristiana nos da Vida y queremos vivirla como una fe atravesada por el clamor de la justicia, la igualdad y la liberación. “Ahí queremos estar. La llama de la esperanza subversiva sigue viva, a pesar de todo. Queremos cuidar el fuego de indignación y de paz para hacer frente a la codicia insaciable del Mercado –el peor de los terrorismos, la peor de las epidemias- para cuidar mejor de nosotros/as, para cuidar de las hermanas/os que perecen, para cuidar la tierra y la vida amenazada de todos los vivientes, para curar y salvar la Vida. Jesús nos inspira y nos impulsa” (José Arregi).

El Morche-Torrox (Málaga) 21-22-23 Noviembre 2014

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Una Iglesia mixta: Ovejas y Cabras (Sigue Mt 25, 31-46)

viernes, 28 de noviembre de 2014
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Dije ayer que el gran pasaje del juicio (Mt 25, 31-45) se refiere más al presente de la historia que al “tiempo final» del más allá . Jesús (el evangelista Mateo) sitúa nuestra vida ante el telón de fondo de esta parábola que no se limita a decir lo que será, sino más bien lo que somos y debemos ser.

‒ Ésta es una parábola “individual”, y Jesús la cuenta para que cada uno “avive el seso y despierte, contemplando…”, como diría J. Manrique. De esa forma nos sitúa así ante la verdad de nuestra existencia, uno a uno, ante aquello lo que somos (hermanos de Jesús) y que debemos ser (hermanos y servidores unos de los otros).

‒ Pero ésta es también una parábola social, que trata de pueblos y naciones, es decir, de la humanidad en su conjunto, a lo largo de los siglos. Aquí viene a definirse el sentido y meta de la historia, en forma de reto (tarea) y promesa, una gran promesa (¡venid benditos de mi Padre!), una gran amenaza (¡apartaos de mí, maldecidos…!.

‒ Ésta es finalmente una parábola de Iglesia, como todo el evangelio de Mateo. Aquí aparece el sentido y verdad de la Iglesia de Jesús, que al final (en el fondo) deja de ser protagonista (un grupo especial, sobre los otros) para convertirse en un grupo más entre los otros, entre todos los pueblos y naciones, en el conjunto de la humanidad.

Sobre ese tema de iglesia quiero detenerme ahora, conforme al evangelio de Mateo, destacando sus dos rasgos esenciales: (a) La llamada a la perfección más honda (en la línea del Sermón de la Montaña: “Sed perfectos, como Dios…): ¡Todos los cristianos tendrían que ser santos, santas ovejas”. (b) La debilidad y pecado de la iglesia (compuesta de peces buenos y malos, de trigo y cizaña).

En la misma raíz de la iglesia encontramos por tanto un rasgo de separación… Sería conveniente dividir ya a los hombres y mujeres para siempre, poniendo a un lado los buenos, a otro los malos, para que todos sepan donde están (como han querido inquisiciones, purismos a lo Robespierre y guerras religiosas…). Pero, al mismo tiempo, Jesús nos recuerda que estamos rodeados de lo malo, que nosotros mismos (todos) tenemos un rasgo de maldad. Desde aquí se entienden los dos rasgos del evangelio de Mateo:

‒ Fuerte es en Mateo (en el Jesús de Mateo) la exigencia de separar, de distinguir, como indica de un modo especial esta parábola del juicio (M 25, 31-46): Separará a unos de otros como el pastor separa a las ovejas de las cabras… De algún modo, la Iglesia debería separarse, centrarse sólo en los buenos (las ovejas, echando de ella a las cabras).

‒ Pues bien, Mateo sabe que esa separación no puede trazarse (imponerse) en este mundo, como han intentado siempre los “puristas puros”, los que han querido arrancar desde ahora la cizaña, la parte mala. Jesús les responde que no pueden hacerlo, que estamos en un mundo mezclado, que sólo Dios podrá separar al fin, como él sabe, al trigo de la cizaña (Mt 13), a las ovejas de las cabras (Mt 25).

Nos hallamos, pues, irremisiblemente, en un mundo dividido, ante una iglesia de ovejas y cabras mezcladas. Ciertamente, debemos tender a la perfección (hacernos ovejas buenas…), pero todos tenemos también un tufillo de cabra, y nadie (en este mundo, hasta el final) es pura cabra mala. Algunos tienden más a oveja, otros a cabra, pues la división pasa por dentro de nosotros mismos, de forma que somos de algún mudo ovi-caprinos, o capro-ovejas (si valen estos neologismos).

La división ovejas-cabras… es parabólica por tanto. Es para entendernos, pues el mundo y la iglesia es un campo mezclado, con cientos cientos de matices intermedios (como entre el blanco y el negro…).
Pero hay algo que vincula y separa a todos: la necesidad de los necesitados, el gesto concreto de ayuda entre unos y otros. Las mismas ovejas-cabras han de ayudarse entre sí, para superar la oposición que tiende a dominar sobre todos.

Quiero seguir hablando de este tema en próximas entregas, refiriéndome incluso a los curas pederastas (¿hay que arrancarlos de la Iglesia y expulsarlos a las tinieblas exteriores?, a quienes algunos quieren simplemente “condenar” (cortar la parte podrida de la manzana…). Pero de eso trataré otro día. Hoy quiero fijarme sólo en la comparación hermosa de las ovejas y las cabras, siguiendo el hilo de mi libro sobre Mt 25 y los pasajes correspondientes del Diccionario de la Biblia.

((A modo de aviso, he tomado las imágenes del pueblo de Rodén, Fuentes de Ebro (Zaragoza) donde en la guerra del 1936-1939 lucharon rojos y azules, creyéndose unos buenos contra otros. No se entendieron ovejas y cabras, lucharon entre sí, hasta destruirse (casi todos( y destruir el pueblo, que así ha quedado. Por allí anduvo de un lado mi tío Andoni (uno de los sobrevivientes), y le llevé por allí, años más tarde, para ver las ruinas, muchos años más tarde. ¡Fueron como unos fuegos artificiales de muerte, me decía! No entendíamos el evangelio, ni la justicia social… Suba a la colina quien quiera entender mejor esta parábola).

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De ovejas y cabras trata lo que sigue, en línea histórico-cultural. Recojo aquí unas páginas de mi tesis de Biblia… tal como las he reelaborado para el Diccionario de la Biblia (Verbo Divino, Estella 2001)

Como el pastor… (separará a unos de otros como el pastor…)

La figura del pastor y su rebaño pertenece al mundo cotidiano del antiguo oriente mediterráneo. Nada impide que Mt 25, 32 la haya tomado del ambiente. Sin embargo, dado el simbolismo del conjunto, es difícil que esté libre de otras alusiones.
Pastor es en oriente (Sumeria, Babilonia, Asiria…) el rey: como tal reúne a los dispersos, protege a los enfermos, ayuda a los débiles. Pastor es en el cielo Dios, aquel que cuida del rebaño grande de los hombres. El Antiguo Testamento sabe que Dios es pastor de Israel (Gen 48, 15; Sal 23, 1; 80, 2): dirige a su pueblo, lo lleva a las fuentes y pastos, lo reúne y lo protege (Sal 23, 3: Jer 23, 3; Ez 34, 11-12, etc.). También los jefes de Israel reciben rasgos de pastor (cf. 2 Sam 7, 7; Jer 13, 20; Sal 78, 72), aunque parece que nunca se les atribuye di¬rectamente ese título, que será propio del mesías: «les daré un pastor único que los pastoree: mi siervo David; él les apacentará, él será su pastor. Yo, el Señor, seré su Dios y mi siervo David será príncipe en medio de ellos» (Ez 34, 23-24; cf. 37, 22.24; Jer 3, 15; 23, 4).

La certeza de que Dios cuida a las ovejas y la promesa del nuevo pastor mesiánico de Ez 34, 11-14; 23, 23 s forman el punto de par¬tida de una visión teológico-simbólica que llega hasta Mt 25, 32. En el fondo está igualmente la imagen de 1 Hen 89-90: el camino de Israel, desde el diluvio hasta el mesías, aparece como historia de un rebaño; los miembros del pueblo son ta próbata (ovejas); Dios las guía, superando los peligros, los rechazos y rupturas hasta el tiempo en que llegue el salvador- mesías. A1 referirse a Jesús-Hijo de Hombre en la fi¬gura del pastor que separa a su rebaño, Mt 25, 32 se encuentra en la línea de ese viejo simbolismo. Las funciones pastorales de Dios y del mesías se han centrado aquí y culminan en el juicio. No es ex¬traño que suceda así, porque la imagen del pastor emerge con fre¬cuencia a través del evangelio, siendo signo del cuidado que Dios tiene por los hombres, signo del sentido de la acción del Cristo .

Ovejas y cabras.

Mt 25, 31-46 compara el juicio final con la acción de un pastor que, al terminar el día, separa ovejas y cabras (probata y eriphia). Su gesto es normal: llegada la noche, los pastores de rebaños mixtos suelen separa su ganado para ofrecer mejor refugio a las cabras, más sensibles al frío, y para que las ovejas puedan descansar más tranquilas .

Suelen aducirse varias pruebas para indicar que las ovejas repre¬sentan el costado bueno (salvados) mientras que las cabras reflejan lo perverso (condenados). Leer más…

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«Un juicio extraño». 23 de noviembre de 2014. Solemnidad de Cristo Rey. Mateo 25, 31 – 46

domingo, 23 de noviembre de 2014
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57-OrdinarioA34Las fuentes no admiten dudas. Jesús vive volcado hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos y hace por ellos todo lo que puede. Para él la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

¿Cómo nos va a extrañar que, al hablar del Juicio final, Jesús presente la compasión como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con él? ¿Cómo nos va a extrañar que se presente identificado con todos los pobres y desgraciados de la historia?

Según el relato de Mateo, comparecen ante el Hijo del Hombre, es decir, ante Jesús, el compasivo, «todas las naciones». No se hacen diferencias entre «pueblo elegido» y «pueblo pagano». Nada se dice de las diferentes religiones y cultos. Se habla de algo muy humano y que todos entienden: ¿Qué hemos hecho con todos los que han vivido sufriendo?

El evangelista no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos.

El que habla es un Juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que ayudasteis a uno de estos mis pequeños hermanos, lo hicisteis conmigo». Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado, se han acercado a él. Por eso han de estar junto a él en el reino: «Venid, benditos de mi Padre».

Luego se dirige a quienes han vivido sin compasión: «Cada vez que no ayudasteis a uno de estos pequeños, lo dejasteis de hacer conmigo». Quienes se han apartado de los que sufren, se han apartado de Jesús. Es lógico que ahora les diga: «Apartaos de mí». Seguid vuestro camino…

Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde en el mundo la compasión. Pásalo

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«Se sentará en el trono de su gloria». Semana del 23 al 29 de Noviembre de 2014. Ciclo A. Jesucristo Rey del universo

domingo, 23 de noviembre de 2014
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01_ultimate_exterface(Imagen Exterface)

Leído en Koinonia:

Ezequiel 34,11-12.15-17: A vosotras, mis ovejas, voy a juzgar entre oveja y oveja.
Salmo responsorial: 22: El Señor es mi pastor, nada me falta.
1Corintios 15,20-26.28:Devolverá a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos.
Mateo 25,31-46:Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros.

Problemática pastoral concreta de la festividad de Cristo Rey

Vamos a comenzar removiendo obstáculos, porque hay problemas respecto a los posibles significados de esta fiesta. Veamos algunos:

a) El origen de esta fiesta y su contexto original. Esta fiesta fue establecida en un contexto anterior al Vaticano II, en 1925, por Pío XI, y con un espíritu muy cercano al de cristiandad, cuando el Vaticano expresaba claramente su deseo de que el cristianismo fuera la religión oficial, la religión de los Estados cristianos. Al confesar a Cristo como Rey universal se quería con ello vehicular el deseo de que también la Iglesia fuese testigo y participante ya aquí en la tierra de esa realeza: una realeza de Cristo reconocida, redundaba inevitablemente en una Iglesia respetada, favorecida por el Estado, con alto estatus en la sociedad, fuerte y organizada, que aunque no podía ya revestirse de poder político temporal, al menos podía participar de él por una relación estrecha y armoniosa con los poderes sociales. Durante mucho tiempo, el título de «Cristo Rey», el «reinado social del Corazón de Jesús»… incluyeron esos aspectos de autoencumbramiento de la Iglesia, olvidando que la práctica de Jesús de Nazaret fue muy distinta, incluso totalmente contraria.

b) El concepto de Reino-monárquico. El Reino no es hoy día la forma más frecuente de organización sociopolítica. La mayor parte de los países son repúblicas, de diferentes rostros, y los reinos que persisten, ya no lo son en su forma clásica, sino en adaptaciones a la cultura política actual (por ejemplo las monarquías «parlamentarias») que, al superarla, niegan en el fondo la esencia misma de lo que era un «reino».

Aun siendo conscientes de la limitación inevitable que todo lenguaje teológico tiene por su misma naturaleza analógica, figurada, simbólica, apofática… cada vez más se viene insistiendo en que la palabra «reino» no sería la más adecuada para expresar la utopía bíblico-mesiánica del Reino de Dios, porque en esta altura de la historia la palabra «Reino» ya no expresa una forma de organización sociopolítica deseable para los humanos. Cada vez se evidencia más la dificultad de hablar de Dios (y de Cristo) como «rey», y de su proyecto escatológico como un «reino». ¿Estamos seguros de que un reino, una monarquía, podría ser una analogía del “Reino de Dios” realizado? La realización del reino de Dios, ¿no exigiría la superación de muchos aspectos de lo que es una monarquía, un “reino”? Acaso una comunidad, ¿puede ser comparada con un «reino», con una «monarquía»? ¿Y una familia?

Pablo Suess viene proponiendo la expresión «democracia participativa del RD» para corregir la evocación que el término clásico conlleva. Ya sabemos que no se puede simplemente sustituir una expresión por otra, pero es bueno aludir con frecuencia a esa insuficiencia de la expresión clásica, para hacer caer en la cuenta a los oyentes, y para liberar al contenido (el Reino mismo, el significado), de las limitaciones del significante (una palabra no completamente adecuada).

Para hablar del Reino puede ser mejor hablar del Proyecto, de la Utopía de Dios… que hacemos nuestra: queremos «construir la Democracia de Dios, cósmica, pluralista, inclusiva, y por eso, amorosa, encarnación viva del Dios de los mil rostros, colores, géneros, culturas, etnias, sentidos…».

c) Connotación de género en la palabra «Reino».

Es útil saber que en el ámbito de la teología feminista angloparlante se rechaza también la expresión (God’s Kingdom), a causa de su machismo larvado (kingdom alude directamente a king, no a queen…). En castellano no tenemos ese problema en esta expresión, pero el saber que existe en otras lenguas invita a prevenirlo en su uso consciente.

Los grandes temas de la fiesta de hoy y de la semana

Hay varios grandes temas que podrían servir para orientar la reflexión de la homilía o la reflexión del círculo bíblico o la comunidad cristiana en torno a los textos de este domingo. Habrá que elegir entre ellos. Aquí sólo los apuntamos:

a) El Reino de Dios, como contenido del mensaje de Jesús. Jesús nunca se proclamó Rey: nada más lejos de Él. Lo que Jesús hizo fue ponerse al servicio total del Reino, de forma que éste fue el centro mismo de su predicación y de su vida, la Causa por la que dio la vida. Importa pues hacer honor a la identidad verdadera de Jesús: Él no fue rey, ni lo quiso ser nunca, por mucho que algunos cristianos crean que llamándolo así lo honran… La intención puede ser buena, pero el título que de hecho se le atribuye no podría ser de su agrado.

Jesús habló del Reino, fue su servidor y su mensajero, pero sus seguidores se olvidaron del Reino. y lo constituyeron a él como el Reino mismo, como el Rey… El mensaje fue sustituido por el mensajero. Jesús nos indicaba el Reino, como la Causa por la que estaba apasionado y por la que dio su vida, y un buen grupo de seguidores se olvidaron de esa causa, y se enamoraron de Jesús. Es preciso volver a Jesús, y su Causa…

Para hablar concretamente del Reino es bueno reparar en el texto del prefacio de esta fiesta, que da una «descripción» muy plástica de su contenido. Esa idea fue recogida en el conocido estribillo del Salmo 71 del compositor Manzano, que dice: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia… es Paz… es Gracia… es amor, ¡venga a nosotros tu Reino, Señor». Bien glosada, y debidamente justificada esa perspectiva teológica, puede ser un buen guión para la homilía. Y no debería faltar ese canto en la celebración de hoy.

b) La relación entre cristocentrismo y reinocentrismo. Una cierta interpretación de esta fiesta –muy común por lo demás en el cristianismo en general– propicia un cristocentrismo exagerado, absoluto, que no hace justicia a la verdad de la revelación, al mensaje real de Jesús, a lo que Jesús realmente dijo, no a lo que después dijeron que había dicho. Importa pues pastoralmente discernir una «correcta jerarquía de valores», que la teología de la liberación fue la primera que dio en llamar «reinocentrismo», con tal fuerza de persuasión, que no hay teología ni espiritualidad honesta que se puedan resistir.

c) El mesianismo de Jesús. La aclamación o la espera de Jesús como Rey se dio en el contexto del mesianismo: se esperaba un liberador. Hoy la postración es tal que ni siquiera se espera nada, pudiendo hacer de la aclamación de Jesús como Rey algo bien alejado de lo que el mesías supuso realmente para los que lo esperaron.

d) La dimensión escatológica: el final de los tiempos, nuestro ineludible caminar en la historia, el «juicio final»… El final del año litúrgico nos hace tematizar en nuestra reflexión el final mismo de la historia, y el final también de nuestras vidas personales. Pero ya en un contexto mental diferente, en el que sabemos que nuestra aventura humana no es la razón del cosmos, que el mundo no acabará el día que Dios decida acabar el ciclo de la humanidad y pasar a la vida eterna, y que no se trata de que estemos aquí para una prueba que se verificará en el día del juicio final, tras lo cual iríamos al cielo o al infierno…

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Mt 25, 31-46: Programa de Iglesia, tarea de Humanidad (Dom 23.11.14)

domingo, 23 de noviembre de 2014
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memlingDel blog de Xabier Pikaza:

Ofrecí ayer un pequeño comentario del evangelio del Domingo de Cristo Rey (Mt 25, 31-46). Pero más que de Cristo Rey Celeste este evangelio (y esta fiesta final del año litúrgico) trata del Cristo Servidor, del Cristo Hermano, Cristo Obispo, la Gran Inversión de la historia de los hombres, Cristo hecho Iglesia o comunión humana.

Por eso añado nueve notas de la Iglesia que está al fondo de esta parábola y de todo el evangelio de Mateo. Esta parábola es judía y es cristiana, es universal, cuenta el sentido y tarea de los hombres en el mundo, desde una perspectiva de cumplimiento.

Mt 25 es un texto de juicio, como bien saben expertos y eruditos, el texto quizá más influyente de la historia espiritual (de los ideales y terrores) de la iglesia. Un texto “esculpido” en el pórtico de las iglesias románicas, el texto de fondo del Juicio Final de Miguel Ángel (Capilla Sixtina…), el texto de las obras de misericordia, del cielo y del infierno.

Sin embargo, bien leído, éste es un texto de iglesia, el texto clave de la iglesia de Mateo, como iré indicando quizá en los próximos días. Aquí ofrezco algunos de los elementos de su eclesiología, para desarrollar después, en resumen, sus implicaciones exegéticas, partiendo de un Congreso de la Fundación March del año 1977

Sigan leyendo quienes quieran saber de Iglesia, ser Iglesia, con Mt 25, en un campo mezclado de ovejas y cabras, menores y mayores, con machos cabríos de fondo. Buen día a todos.

1. LA IGLESIA SEGÚN MT 25, 31-46. NUEVE NOTAS

1. Mt 25 nos sitúa ante la Iglesia del Cristo encarnado en la necesidad y el hambre de todos los hombres y mujeres del mundo. Es el texto de una Iglesia que sale de sus límites y abarca al conjunto de todas la humanidad, todos los pueblos, “juzgados” (medidos) desde la perspectiva de la acogida y del servicio mutuo; la Iglesia ha de entenderse según eso desde el trasfondo de un mundo que vaga entre el hambre y la cárcel, por injusticia de algunos.

2. Mt 25, 31-46 es el texto de una iglesia servidora, que no puede ponerse simplemente al servicio de una transformación espiritualista del mundo, sino de la vida compartido. No se trata simplemente de no tener, sino de tener para dar y enriquecer a otros: Tener pan (haberlo trabajado…) para darlo y compartir. Compartir el agua, la patria (acoger a los exilados), la dignidad (ofrecer vestido a los desnudos), abrir espacios de salud y de libertad. Eso es la Iglesia. Eso es la Iglesia: germen de comunión integral humana, abierta en especial a los necesiados.

3. No son obras de misericordia lo que pide Jesús en Mt 25, sino obras de servicio (en texto dice “diakonía”), es decir “de humanidad”. Más tarde se ha dicho que son obras de misericordia corporal (a las que se añade enterrar a los muertos, para que sean siete)… diciendo que después vienen las obras de misericordia espirituales, que ser´´ian más importantes. Pero el evangelio no distingue entre obras de misericordia corporales y espirituales, pues la seis del texto son, al mismo tiempo, espirituales y corporales (dar de comer, dar de beber, acoger al exilado, visitar al enfermo y encarcelado). Lo que define a la iglesia no es una misericordia espiritualista sino un servicio humano, es decir, una diakonía (=sólo si hay diakonía puede haber eucaristía).

5. Esas obras de misericordia-servicio son obras de justicia… Según Mt 25, los que las cumplen se llaman simplemente “dikaioi” (los justos). Ésta es la justicia de la Iglesia (no la de un Estado político sin más): Compartir comida y bebida, vestido y patria… ofrecer ayuda a los enfermos y encarcelados. No se trata de añadir a la iglesia un toque social, sino de identificar la Iglesia con un servicio social de justicia fundado en la comida y en la acogida, como signo y presencia de Cristo.

6. La Iglesia de Mt 25 es una iglesia «pastoral», fundada en el Cristo Pastor, que se hace presente en todas las «ovejas» (en todos los necesitados»… Éste es el principio de toda pastoral cristiana, iglesia de servicio y justicia, a favor de los excluidos sociales, no por victimismo, sino por afirmación activa (dar de comer, visitar, hacer justicia).

7. Ésta es una iglesia de choque, en medio de la gran disputa del mundo. No es una iglesia que se aísla en su desierto, sino que penetra en las calles y plazas, basureros y suburbios del mando, ofreciendo un testimonio fuerte y provocador de solidaridad. Ésta es una iglesia que levanta ampollas con su crítica fuerte, en contra de todos los que oprimen… pero no por guerra (las guerras militares suelen crear nuevas opresiones), sino en milicia de humanidad, al servicio de los excluidos, sin buscarse nunca a sí misma. En este contexto se puede y debe decir la gran palabra «apartaos al fuego…». Todos los que oprimen a los demás (los que no dan de comer, no visitan y liberan) se destruyen a sí mismos.

8. Los obispos de esta iglesia de Mt 25, 31-46 son los que “visitan” compartiendo humanidad, los que presiden en amor a las iglesia (como dice en otro contexto el mismo Ignacio de Antioquía, que tenía algunos rasgos cercanos a Mateo). En esta iglesia de Mt 25 no había, al parecer, obispos como los actuales… pero los que visitan y ayudan a enfermos y encarcelados se llaman obispos, pues ejercen una función de “episkopein”, de actuar como obispos, visitando, asistiendo, acogiendo (es decir, animando una comunidad que da de comer y de beber, que acoge y viste, que cura y libera).

9. Esta Iglesia de Mt 25, 31-46 es una Iglesia arriesgada, que se introduce en la masa del mundo, de manera humanamente poderosa, pero sin hacerse notar por el poder… Forman parte de esta iglesia todos los que aman y sirven, y crean justicia, y realizan labores episcopales acogiendo, visitando y animando a los hombres en la dura y fuerte travesía de la vida.

2. INTERMEDIO. UNA PARÁBOLA EN MI VIDA

Juicio-Final-MartindeVos-Amberes1570Con ese evangelio a cuestas corrí los caminos de la vida académica y humana a lo largo de diez años, desde el 1974 (en que empecé a trabajar una tesis doctoral en Biblia sobre el tema, bajo la dirección del hoy cardenal Albert Vanhoye) hasta que, acabada y aprobada ya formalmente la tesis (julio del 1984), fui “privado” (por primera vez) de la docencia en la Universidad Pontificia de Salamanca, por mantener (decían) doctrinas al parecer poco ortodoxas (es decir, las de Mt 25, 31-46).

Cuando me preguntaban por entonces “qué haces”, solía responder “me dedico a los cabritos” (los de Mt 25, como sabrá quien ha leído el texto). A ellos me dediqué, y quizá acabé poniéndome quizá muy cerca de ellos, y me echaron. Y tuve que dejar docencia y tesis, a lo largo de 4 años de exilio, a pan y agua.

No quise por esa razón defender la tesis, para no convertir el acto académico en posible ocasión de juicio de doctrinas (ovejas y cabritos), y por eso publique la obra, sin obtener la nota de Doctor en Biblia (era ya doctor en Filosofía y en Teología), con el título Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños (Sígueme, Salamanca 1984). La obra se agotó a los pocos años, y está descatalogada… Con la distancia que ofrece el tiempo, hoy hubiera defendido la tesis ya escrita, acabada y aprobada básicamente en el Instituto Bíblico de Roma.
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Por eso, si Dios me concede años de vida, quiero seguir trabajando sobre el tema, recogiendo las aportaciones de aquel libro… y de los 12 o trece trabajos de investigación que publiqué sobre el tema en varias revistas (Estudios, Salmanticensis, Naturaleza y Gracia…). Así lo empiezo haciendo en mi blog, con una breve reflexión sobre la iglesia, para añadir después un breve anejo que había presentado en la Semana Internacional de Teología que patrocinó la Fundación March, en Madrid, el año 1977, con la participación de grandes teólogos como Pannenberg y el hoy Cardenal Kasper, Käsemann y L. Boff, Ch.Duquoc, y J. Gómez Caffarera.

((Texto publicado en A. Vargas-Machuca (ed), Jesucristo en la Historia y en la fe, F. March y Ed. Sígueme, Madrid/Salamanca 1979, pags. 220-228. Texto on line del libro en: ///C:/Users/Equipo/Documents/Libros%20pendientes/Mateo%20coment/HH%20Madrid%201977,%20March.pdf No se arrepentirán quienes lo descarguen. Son fundamentales las ponencias Boff y Kasper, de Käsemman y otros)

(En este contexto he querido añadir a modo de ejercicio escolar las palabras fundamentales que presenté en aquel l Congreso de Teología de Madrid, año 1977. Han pasado los tiempos, la savia del evangelio de Mt 25, 31-45 permanece).

MATEO 25, 31-46: CRISTOLOGÍA Y LIBERACIÓN
XABIER PIKAZA

A. Vargas-Machuca (ed.), Jesucristo en la historia y en la fe,
Fundación Juan March-Sígueme, Madrid/Salamanca 1978, Madrid (págs. 220-228).

Mt 25, 31-46 es uno de los textos más complejos e importantes del nuevo testamento. Literariamente ofrece elementos de parábola, alegoría, juicio moral y visión apocalíptica. En una perspectiva cristológica presenta los títulos de Hijo del hombre, Señor, Rey, Pastor y la referencia a Hijo de Dios. Su mensaje teológico es central para Mateo: muestra el juicio de Dios (bendición o maldición) y alude al sentido (éxito o fracaso) de la vida de los hombres . Leer más…

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Dom 23. XI. 14. Cristo Rey: «Tuve hambre y… El juicio del hambriento».

domingo, 23 de noviembre de 2014
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TUVE HAMBRE 4Del blog de Xabier Pikaza:

Domingo final del Año Litúrgico. Cristo Rey: Mateo 25, 31-46 . Este evangelio de Mateo retoma y culmina el motivo de los domingos anteriores: es el pasaje de Cristo Rey, domingo del Juicio Final, según Mateo 25, 31-46, que aquí presento como juicio del hambriento: tuve hambre y no me disteis de comer…

Ante esa palabra tuve/tengo hambre, no tenía dignidad (ropa), estuve enfermo… hay muchas respuestas

— ¿Tienes hambre? Pues trabaja,produce, no te hagas el vago…

— ¿No tienes dignidad, estás desnudo…? Pues esfuérzate por cambiar tu destino…
— Según Gen 2, antes de «dar de comer» (esperar que otros te den la comida) está el trabajar, para ganar el pan con «el sudor de tu frente»
— No te quedes en manos de otros (¡que te den de comer, que te ayuden…!). No esperes el cielo por compasión, remángate y conquístalo, que esto de la vida es una lucha…

Este es el tema, planteado desde la cultura moderna:

— Hemos aprendido a producir (tenemos pan, medicinas, espacios para vivir…)
— No hemos aprendido a compartir o, mejor dicho, no queremos aprender a compartir, creamos de esa forma hambrientos, sedientos, exilados…

imagesEn ese contexto se mueve la parábola. El texto (Jesús) sabe, que el hambre y desnudez, el exilio y la enfermedad con la cárcel… son consecuencia de la injusticia de otros hombres, por eso apela a ellos (a los que tienen pan y libertad), para que ayuden a los otros, para que haya concordia, convirtiendo al hambriento, exilado, efermo… en juez y sentido de la historia.

Pero todo lo que digamos de este pasaje corre el riesgo de volverse retórica, de un lado o de otro, a no ser que entremos en su dinámica. Así lo hice en un antiguo texto de tesis de Biblia… Así quiero resumirlo y aplicarlo ahora.

Texto

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: «Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.» Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?» Y el rey les dirá: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.»

Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de deber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.» Entonces también éstos contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?» Y él replicará: «Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.» Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

(1) Presentación. Juicio del Hijo del hombre.

Mt 25, 31-46 ha situado el tema del hambre y del exilio, de la opresión y enfermedad, en un contexto de juicio final, que el mismo Jesús proclamará cuando acaben los tiempos. Como es normal, diversos elementos y normas de ese juicio pueden encontrarse en otros pueblos y culturas (en Israel y Mesopotamia, Egipto y China…), que también se han preocupado por los excluidos de la sociedad y han buscado la justicia. Muchos pueblos han «soñado» (buscado) la liberación final, queriendo superar las estructuras de violencia de a tierra. Pero ninguno (que sepamos) ha llevado hasta este límite mesiánico (cristiano) la experiencia y exigencia de comunicación y gratuidad que aquí encontramos.

En este contexto podemos distinguir dos líneas de acción.

(a) Lc 4, 18-30 puede aparecer como programa de mesianismo activo… Si quieres libertad libérate, «toma el cielo por asalto», transforma con tu impulso decidido las condiciones de la historia. Así dice Jesús «He venido a liberar a los encarcelados, a dar de comer a los hambrientos, a ofrecer dignidad a los excluidos…». Así tendríamos que interpretar nosotros el mensaje de Jesús como principio de liberación activa (aunque podamos fracasar en el intento, como fracasó Jesús).

(b) Mt 25, 31-46 empieza ofreciendo, sin embargo, un mesianismo receptivo, mirado desde la perspectiva de los vencidos, de los derrotados (los hambrientos, exilados, desnudos, enfermos, oprimidos…). Este pasaje mira la historia de los hombres desde la meta final e interpreta a Jesús como Mesías que ha tomado sobre sí el dolor de los hombres. No es mesías el que libera a los demás, sino el que sufre con ellos, el que se identifica con la inmensa historia de pasión del mundo.

Desde ese fondo, Mt 25, 31-46 entiende la acción liberadora como gesto de asistencia (visita y servicio) hacia aquellos que se encuentran oprimidos. Se reúnen ante el Hijo del Humano todos los pueblos de la tierra, culmina el juicio de la historia y se descubre, por Jesús, la verdad de lo que ha sido: lo que Dios ha realizado, lo que han hecho o padecido los humanos. Desde ese fondo se entienden las necesidades del hombre y el «juicio» del enviado de Dios, que consiste en identificarse con los necesitados de la historia, suscitando un movimiento de solidaridad creadora.

(2) Necesidades humanas: del hambre a la cárcel.

Leído en perspectiva social, Mt 25, 31-46 sintetiza las necesidades de la humanidad en tres niveles: material (hambre y sed), social (exilio y desnudez), abarcador (enfermedad y cárcel). No existe, que sepamos, ningún texto judío o pagano (egipcio, mesopotamios, chino…) que recoja de ese modo todos los males de la historia, aunque esos males, lo mismo que la necesidad de ayudar a quienes los padecen son un tema corriente en las mejores éticas de la antigüedad.

El texto no discute el origen o razón de esos males. Supone que están ahí y busca una forma de solucionarlos, no en clave de ley, sino de más alta gratuidad. Frente al posible riesgo del intimismo religioso (cf. budismo), del refugio en la contemplación divina (hinduismo) o de la aceptación de un destino más o menos trágico (taoísmo, pensamiento griego), Mt 25, 31-46 pone de relieve la exigencia concreta y activa de ayudar a los necesitados.

(3) Dolores mesiánicos: el sufrimiento del Hijo del hombre.

Jesús, Mesías de Dios, no es un superhombre que libera a los humanos desde arriba. Por el contrario, él asume como propios los dolores de la historia, incluyendo en su yo necesitado (muerto por los otros) los dolores de todos los hombres. Leer más…

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Dos regalos, con una condición. Fiesta de Cristo Rey. Domingo 34 Ciclo A.

domingo, 23 de noviembre de 2014
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a_7Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj: 

El último domingo del año litúrgico se dedica a celebrar la victoria del Señor, después de haber recordado los momentos difíciles y duros de su vida. Pero las lecturas no nos hablan de una celebración de campanas al vuelo y ceremonias deslumbrantes. Hablan de lo bien que se porta Cristo Rey con nosotros y de la respuesta que espera de nuestra parte.

Primer regalo: su preocupación por nosotros (lectura de Ezequiel)

                En el Antiguo Oriente, la imagen habitual para hablar del rey era la del pastor. Simbolizaba la preocupación y el sacrificio por su pueblo, como la de un pastor por su rebaño. En la práctica, no siempre era así. El c. 34 de Ezequiel habla de los reyes judíos como malos pastores que han abusado de su pueblo y luego se han desinteresado de él y lo han abandonado cuando se produjo la caída de Jerusalén y la deportación a Babilonia.

Pero Dios no va a permanecer impasible: eliminará a esos malos reyes y ocupará su puesto haciendo dos cosas: 1) como Rey-pastor, buscará a sus ovejas, las cuidará, etc. 2) como Rey-juez, juzgará a su rebaño, defendiendo a las ovejas y salvándolas de los machos cabríos (por eso llamamos en España «cabrones» a los que se portan mal con otros).

                El texto del evangelio (el Juicio Final) empalma con el segundo tema. Pero la liturgia se ha centrado en el primero, que subraya la preocupación de Dios por su pueblo. Es interesante advertir la cantidad de acciones que subrayan su amor e interés: «seguiré el rastro de mis ovejas, las libraré, apacentaré, las haré sestear, buscaré, recogeré, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas». En el contexto de la fiesta de hoy, estas frases habría que aplicarlas a Jesús y ofrecen una imagen muy distinta de Cristo Rey: no lo caracterizan el esplendor y la gloria sino su cercanía y entrega plena a todos nosotros. Buen momento para recordar cómo se ha comportado con cada uno, buscándonos, librándonos, curando…

Así dice el Señor Dios: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.  Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -oráculo del Señor Dios-. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré« como es debido.  Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.»

Segundo regalo: victoria sobre la muerte (lectura la 1ª carta a los Corintios)

Pablo, influido sin duda por las campañas romanas de su tiempo, presenta a Dios Padre como el gran emperador que termina triunfando y sometiendo todo. Pero quien guerrea en su nombre es Cristo, que debe enfrentarse a numerosos enemigos. El último de ellos, el más peligroso, es la muerte, a la que Jesús vence en el momento de resucitar. De esa victoria sobre la muerte participamos también todos nosotros. El fin del año litúrgico, que recuerda el fin de la vida, es un momento adecuado para superar la incertidumbre y la angustia ante la muerte y agradecer la esperanza de la resurrección.

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos.

Una condición (evangelio)

El evangelio no se centra en el triunfo de Cristo, cosa que da por supuesta, sino en la conducta que debemos tener para participar de su Reino.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:

̶  Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. 

Entonces los justos le contestarán:

̶  Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? 

Y el rey les dirá: 

̶  Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. 

Y entonces dirá a los de su izquierda:

̶  Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.

Entonces también éstos contestarán:

̶  Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?

Y él replicará:

̶  Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.

Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

La parábola es tan famosa y clara que no precisa comentario, sino intentar vivirla. Pero indico algunos datos de interés.

                1. A diferencia de otras presentaciones del Juicio Final en la Apocalíptica judía, quien lo lleva a cabo no es Dios, sino el Hijo del Hombre, Jesús. Es él quien se sienta en el trono real y el que actúa como rey, premiando y castigando.

                2. Los criterios para premiar o condenar se orientan exclusivamente en la línea de preocupación por los más débiles: los que tienen hambre, sed, son extranjeros, están desnudos, enfer­mos o en la cárcel. Estas fórmulas tienen un origen muy antiguo. En Egipto, en el capítulo 125 del Libro de los Muertos, encontramos algo pareci­do: «Yo di pan al hambriento y agua al que padecía sed; di vestido al hombre desnudo y una barca al náufrago». Dentro del AT, la formulación más parecida es la del c.58 de Isaías: «El ayuno que yo quiero es éste: partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no cerrarte a tu propia carne.» Lo único que Jesús tendrá en cuenta a la hora de juzgarnos será si en nuestra vida se han dado o no estas acciones capitales. Otras cosas a las que a veces damos tanta importancia (creencias, prácti­cas religiosas, vida de oración…) ni siquiera se mencionan.

                3. La novedad absoluta del planteamiento de Jesús es que lo que se ha hecho con estas personas débiles se ha hecho con El. Algo tan sorprendente que extraña por igual a los condenados y a los salvados. Ninguno de ellos ha actuado o dejado de actuar pensando en Jesús; pero esto es secundario.

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Escándalo en Granada: El Evangelio es más tajante que el derecho penal

viernes, 21 de noviembre de 2014
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1416224677_234270_88105800_fotograma_1Leído en su blog Teología sin Censura:

Los obispos ni abordan el caso de los abusos de Granada

Desolacion en la Conferencia Episcopal‘, por J. G. BEDOYA

Jesús Maeztu, Defensor del Pueblo andaluz califica del caso de «horrible» : «Tolerancia cero más cero«. 

Monseñor Martínez prepara una misa de «desagravio» el próximo domingo

Martínez habla en Cope de «presunta víctima»

El arzobispo de Granada admite que los abusos sexuales «son verosímiles»

Prodeni estudia personarse como acusación popular contra los curas investigados

Como es lógico, Granada está sufriendo estos días el escándalo y la indignación por los abusos sexuales de menores que presuntamente han cometido algunos curas y dos laicos. Lo razonable sería dejar que la justicia actúe y aceptar su veredicto. Por otra parte, ya es bien sabido que, en este penoso asunto, el papa Francisco ha sido el que ha tomado la iniciativa, el que ha pedido que el presunto delito se denuncie en el juzgado, y el que controla al detalle la solución que requiere el caso, así como la ayuda que se ha de prestar a las víctimas.

Sin embargo, parece que hay gente empeñada en que el escándalo se siga agitando. Se sabe, en efecto, de no pocas personas que están preparando, para el próximo domingo día 23, una especie de manifestación de “desagravio” en la catedral, coincidiendo con la misa que allí celebra el arzobispo. No dudo de la buena voluntad de las personas que están preparando semejante desagravio. Lo que no tengo tan claro es que sea un acierto organizar ese acto. ¿A quién quieren desagraviar? ¿Tienen estas personas tan claro que a quien quieren desagraviar es completamente inocente? ¿No se dan cuenta de que, cuando ocurre un incidente de este tipo, lo mejor es dejar actuar a las autoridades competentes y no dar más motivos de agitación o chismorreo?

Y ya, puestos a hablar sobre el tema, leo en algunos comentarios de Religión Digital que hay quienes me acusan a mí, como profesor que fui de la Facultad de Teología de Granada, de haber sido yo formador o educador de alguno (o algunos) de los presuntos delincuentes. Pues bien, a quienes andan difamando con semejantes disparates, yo les recomendaría que tengan mucho cuidado con lo que dicen. La Facultad de Teología de Granada es una institución muy digna, de un alto nivel intelectual y religioso, y a la que es mucho lo que le debe la archidiócesis de Granada. Por la cantidad de excelentes sacerdotes que en ella se han formado desde el año 1939, cuando en la misma casa de la Facultad fueron acogidos todos los estudiantes diocesanos de la archidiócesis que tenían sus seminarios derruidos por la violencia de la Guerra Civil. Y por lo que a mí respecta en concreto, yo no pude ser profesor de ninguno de los presuntos delincuentes, si es que efectivamente se trata de hombres que tienen en torno a cuarenta años. Yo tuve que abandonar mi cátedra de teología dogmática el año 1983, y en 1988 se me retiró desde Roma (sin juicio y sin saber por qué) la “venia docendi”. Desde entonces no he podido enseñar nada, ni bueno ni malo, a ningún cura de Granada. En todo caso, doy la cara por mis compañeros, profesores de la Facultad, los que eran en mi tiempo de profesor. Y los que están ahora, que son excelentes personas en todos sentidos.

Y termino recordando lo más fuerte. Según los evangelios, Jesús dijo: “Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más les valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar” (Mt 18, 6; Mc 9, 42). Un texto que, en cualquier caso, es la sentencia del Evangelio para quienes van por la vida dando motivo de escándalo a quienes buscan el bien y la verdad, sobre todo si son personas desprotegidas.

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«Búsqueda creativa». 16 de noviembre de 2014. 33 Tiempo ordinario(A). Mateo 25, 14-30

domingo, 16 de noviembre de 2014
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56-OrdinarioA33A pesar de su aparente inocencia, la parábola de los talentos encierra una carga explosiva. Sorprendentemente, el “tercer siervo” es condenado sin haber cometido ninguna acción mala. Su único error consiste en “no hacer nada”: no arriesga su talento, no lo hace fructificar, lo conserva intacto en un lugar seguro.

El mensaje de Jesús es claro. No al conservadurismo, sí a la creatividad. No a una vida estéril, sí a la respuesta activa a Dios. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios.

El gran pecado de los seguidores de Jesús puede ser siempre el no arriesgarnos a seguirlo de manera creativa. Es significativo observar el lenguaje que se ha empleado entre los cristianos a lo largo de los años para ver en qué hemos centrado con frecuencia la atención: conservar el depósito de la fe; conservar la tradición; conservar las buenas costumbres; conservar; la gracia; conservar la vocación…

Esta tentación de conservadurismo es más fuerte en tiempos de crisis religiosa. Es fácil entonces invocar la necesidad de controlar la ortodoxia, reforzar la disciplina y la normativa; asegurar la pertenencia a la Iglesia… Todo puede ser explicable, pero ¿no es con frecuencia una manera de desvirtuar el evangelio y congelar la creatividad del Espíritu?

Para los dirigentes religiosos y los responsables de las comunidades cristianas puede ser más cómodo “repetir” de manera monótona los caminos heredados del pasado, ignorando los interrogantes, las contradicciones y los planteamientos del hombre moderno, pero ¿de qué sirve todo ello si no somos capaces de transmitir luz y esperanza a los problemas y sufrimientos que sacuden a los hombres y mujeres de nuestros días?

Las actitudes que hemos de cuidar hoy en el interior de la Iglesia no se llaman “prudencia”, “fidelidad al pasado”, “resignación”… Llevan más bien otro nombre: “búsqueda creativa”, “audacia”, “capacidad de riesgo”, “escucha al Espíritu” que todo lo hace nuevo.

Lo más grave puede ser que, lo mismo que le sucedió al tercer siervo de la parábola, también nosotros creamos que estamos respondiendo fielmente a Dios con nuestra actitud conservadora, cuando estamos defraudando sus expectativas. El principal quehacer de la Iglesia hoy no puede ser conservar el pasado, sino aprender a comunicar la Buena Noticia de Jesús en una sociedad sacudida por cambios socioculturales sin precedentes.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la llamada de Jesús a la creatividad. Pásalo.

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«Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor.» Domingo 16 de noviembre de 2014. 33º domingo de tiempo ordinario

domingo, 16 de noviembre de 2014
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007-parable-talentsLeído en Koinonia:

Proverbios 31,10-13.19-20.30-31: Trabaja con la destreza de sus manos.
Salmo responsorial: 127: Dichoso el que teme al Señor.
1Tesalonicenses 5,1-6: Que el día del Señor no os sorprenda como un ladrón.
Mateo 25,14-30: Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor.

La «parábola de los talentos» es sin duda el texto capital entre los tres de hoy. Un comentario pastoral a esta lectura podrá ir por la senda usual con este texto: Mateo acaba de hablar de la venida futura del Hijo del Hombre para el juicio, y a continuación nos dice cuáles son las actitudes adecuadas ante esa venida, a saber, la vigilancia (parábola de las diez vírgenes) y el compromiso de la caridad (parábolas de los talentos y del juicio de las naciones). La parábola de los talentos es, en este contexto interpretativo, un elogio del compromiso, de la efectividad, del trabajo, del rendimiento. Podrá ser aplicada fructuosamente al trabajo, la profesión, las realidades terrestres, el compromiso secular…

Sin embargo, el contexto de la hora histórica que vivimos es tal, que este mensaje, en sí mismo bueno y hasta naif, ingenuo, se puede resultar funcional respecto a la ideología actualmente dominante, el neoliberalismo. Éste, en efecto, predica, como grandes valores suyos, la eficacia, la competitividad, la creación de riqueza, el aumento de la productividad, el crecimiento económico (si tenemos un crecimiento bajo o no crecemos nos declaramos en crisis), los altos rendimientos de interés bancario, la inversión en valores, etc. Son nombres modernos bien adecuados para lo que se presenta en la parábola, aunque si se los utiliza en la homilía, no pocos oyentes pensarán que el orador sagrado se salió de su competencia (o peor: «se metió en política»). Por una casualidad del destino, esta parábola se hizo bien actual, y los teólogos neoconservadores (también hay «neocons» en teología) la valoran altamente. Algunas de sus frases, sin necesidad siquiera de interpretaciones rebuscadas, avalan directamente principios neoliberales. Pensemos, por ejemplo en el enigmático versículo de Mt 25, 29: «Al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce, se le quitará hasta lo que tiene». No será fácil hacer una predicación aplicada que no haga el juego a un sistema que, para muchos cristianos de hoy, está en los antípodas de los principios cristianos.

La eficacia, la productividad, la eficiencia… no son malas en principio. Diríamos que no son valores en sí mismas, sino «cuantificaciones» que pueden ser aplicadas a unos u otros valores. Se puede ser eficiente en muchas dimensiones, muy distintas (unas buenas y otras malas) y con unas intenciones muy diversas (malas y buenas también). La eficacia en sí misma, abstraída de su aplicación y de su intención… no existe, o no nos interesa ahora. El juicio que hagamos sobre la eficacia dependerá de la materia a la que apliquemos esa eficiencia, así como del objetivo al que se oriente.

Cabe entonces imaginar una «eficiencia» cristiana (agrupando en este símbolo varios otros valores semejantes). El mismo evangelio la presenta en otros lugares, en su célebre inclinación hacia la praxis: No todo el que dice ‘Señor, Señor’, sino el que hace…, la parábola de los dos hermanos (el que dice pero no hace y el que hace aunque había dicho que no), bienaventurados más bien los que escuchan la palabra y la ponen en práctica… y más paradigmáticamente, el texto que continúa al de hoy, el que meditaremos el domingo próximo, Mt 25,31ss, en el que el criterio del juicio escatológico que allí aparece será precisamente lo que hayamos «hecho» efectivamente a los pobres…

La eficiencia aceptada y hasta encomiada por el evangelio es la eficiencia «por-el-Reino», la que está puesta al servicio de la causa de la solidaridad y del amor. No es la eficiencia del que logra aumentar la rentabilidad (reduciendo empleos por la adopción de tecnologías nuevas), o la del que logra conquistar mercados por su competitividad (reduciendo la capacidad de auto-subsistencia de los países pequeños, o pobres, sin tecnología), o la del que logra ingresos fantásticos por inversiones especulativas del capital «golondrina» en este gran casino mundial financiero…

La «eficiencia por la eficiencia» no es un valor cristiano, ni siquiera es un valor verdaderamente humano (no parece que nos humanice, más bien parece que lo heredamos de nuestro pasado como depredadores). Quizá sea cierto que el capitalismo, sobre todo en su expresión salvaje actual, sea «el sistema económico que más riqueza crea»; pero no es menos cierto que lo hace aumentando simultáneamente el abismo entre pobres y ricos, la concentración de la riqueza a costa de la expulsión del mercado de masas crecientes de excluidos. El criterio supremo, para nosotros, no es una eficiencia económica que produce riqueza y distorsiona la sociedad y la hace más desequilibrada e injusta. No sólo de pan vive el ser humano. Cristianamente no podemos aceptar un sistema que en favor del (o en culto al) crecimiento de la riqueza, sacrifica idolátricamente la justicia, la fraternidad y la participación de masas humanas. Poner la eficiencia por encima de todo esto, es una idolatría, es la idolatría del culto del dinero, verdadero dios neoliberal. Y sobre la «idolatría del mercado» y el carácter sacrificial de la ideología neoliberal, ya se ha escrito mucho…

No, no es pues que nosotros no queramos ser eficientes, competentes (más que competitivos), o que no seamos partidarios de la «calidad total», ni mucho menos… Somos partidarios de la mayor «eficacia en el servicio al Reino», así como de «la competencia y la calidad total en el servicio al Evangelio». (In ordinariis non ordinarius, decía un viejo adagio de la ascética clásica, queriendo llevar la calidad total a los detalles más pequeños de la vida ordinaria u oculta).

Y no es que no haya que reconocer que con frecuencia los más «religiosos» hayan estado ajenos a las implicaciones económicas de la vida real, predicando fácilmente una generosa distribución donde no se consigue una producción suficiente, esperándolo todo de la limosna o los piadosos mecenas. También en el campo de la economía teórica –sobre todo en esta hora– necesitamos un renovado compromiso de los cristianos.

Si Jesús se lamentó de que los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz, ello significa que la «astucia» (otro tipo de eficacia) no es mala; lo malo es ponerla al servicio de las tinieblas y no de la luz. Leer más…

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Dom 16. IX. 14. Talentos para Dios, el talento de la vida

domingo, 16 de noviembre de 2014
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 33. Ciclo ordinario. Mateo 25, 14-30.

Expuse ayer el trasfondo y sentido de la primera lectura de este domingo, con la mujer como «talento» supremo para el hombre, en perspectiva de trabajo y de fecundidad sexual, según Prov 30-31.

Hoy vuelvo a la parábola de Mt 25, 14-30, paralela de Lc 19, 11-27, leída desde el trasfondo de las tres parábolas de Mateo sobre el dinero, es decir, sobre la capacidad humana de «producir» y la exigencia más alta de compartir, en línea de humanidad, de vida.

De nuevo, como ayer, deseo a todos mis lectores buen evangelio… y, al mismo tiempo, deseo que todos puedan tener un buen fin de semana. Les dejo con Mateo que, según la tradición, sabía de estas cosas, pues había sido alcabalero.

Tres parábolas de Mateo sobre el dinero

Mt 18, 23-35 Primera parábola: el perdón.

Nada debemos a Dios, nada tenemos que pagarle en plano religioso, pues es Padre y nos perdona todo, si algo le debiéramos. Pero en un nivel social, en nuestras relaciones con el prójimo, debemos expresar ese perdón en forma de gratuidad interhumana. Así lo expresa este pasaje, donde culmina el capítulo eclesial (17, 24-18, 35), centrado en la discusión sobre el valor de los pequeños y la exigencia de una ley comunitaria, con una parábola del perdón que se expresa en claves económicas.

El primer protagonista de la parábola es un rey perdona la deuda incalculable de su ministro injusto y ladrón, porque este se lo pide, revelando de esa forma el poder de la misericordia que está por encima de toda ley del mundo. Pero este ministro no quiere perdonar a un consiervo que le debe una pequeña suma de dinero ¿Que hará al rey? ¿Seguirá ofreciendo perdón a quien lo ha recibido sólo para aprovecharse de él y no quiere expandirlo en su entorno?

La parábola nos sitúa en el lugar donde se cruzan y fecundan dos lenguajes: la gratuidad fundante del rey, reflejada en el perdón de una suma incalculable de dinero (diez mil talentos) y la justicia inmisericorde del «ministro» que no quiere perdonar a quien le debe una modesta suma económica (cien denarios).

Esta parábola nos sitúa ante el tema Padrenuestro (Mt 6, 12), entendido en claves económica: le decimos a Dios que nos perdone todo (los 10.000 talentos) pues nosotros perdonamos a los otros (los 100 denarios).

Esta parábola (lo mismo que el Padrenuestro) supone que podemos emplear dinero, pues el problema no es el dinero material, sino el perdón y gratuidad, con la justicia, no sólo en plano espiritual sino también económico. El evangelio apuesta por una economía convertida en signo de perdón y reconciliación interhumana. Por eso ha tenido que contar esta parábola del perdón en claves monetarias, porque es a ese nivel (antaño como hogaño) donde el perdón resulta más difícil en el mundo.

Mt 20, 1-16. Segunda parábola: el dinero (=denario) de la gratuidad.

Conforme a la simbología bíblica, un denario es el jornal del día… Desde ese fondo se teja esta parábola ejemplar sobre el salario:

Por un día ha comenzado a contratar el amo a los primeros jornaleros, ajustándose con ellos a un denario. Pero el amo ha vuelto a salir a la plaza, una y otra vez, a lo largo del día, contratando nuevos jornaleros, hasta la hora undécima, cercano ya el fin del trabajo. Evidentemente, los trabajadores han calculado el jornal en términos de salario: recibirá más dinero quién más ha trabajado. Pues bien, con gran escándalo de los sufridos obreros de la mañana, el amo paga a todos el mismo jornal: un denario.

– Salario y gratuidad. En el fondo del relato está el problema del salario y la justicia. Quizá hay también una disputa entre judeocristianos (obreros del día entero) y paganocristianos (de la última hora) ¿Es justo que todos reciben lo mismo? En términos de salario no es justo. Pero Jesús, con esta parábola y con toda su conducta, ha superado el nivel de la justicia legal, para situarnos en un plano de pura gratuidad, donde la vida es don para todos.

– Más allá del salario… El denario, que ha empezado siendo un dinero material, viene a convertirse en signo de gratuidad. Es la expresión de don de Dios su gracia soberana, en clave de salvación. Hemos pasado del nivel de la obras de la ley al de la gracia (por utilizar una terminología paulina). Este es el nivel donde se sitúa y cobra su sentido la pobreza/riqueza de la vida cristiana, hecha expresión de gratuidad.

Más allá de los cálculos y salarios del mundo, Jesús ha revelado el más hondo principio de la gracia que iguala en amor (en promesa de salvación) a todos los humanos.

25, 14-30. Última parábola: talentos y servicio interhumano. El contexto.

Esta parábola final sobre el dinero en Mateo, está incluida en el texto de las tres parábolas famosas de Mt 25, que sitúan al hombre (al creyente) ante el misterio de su vida. Por eso será bueno mirarlas en su unidad

1. El dinero para ser y alumbrar en amor, el aceite de las diez vírgenes necias (25, 1-13).

La riqueza máxima de las muchachas que esperan al esposo es el aceite de la lámpara: es la fe, las buenas obras. Con ella pueden entrar en las bodas las vírgenes sabias, tras la noche larga de la muerte y de la historia. Pues bien, en contra de ellas, las vírgenes necias han dejado gastar el aceite y no tienen dispuesta la lámpara en la hora de las bodas.

Irónicamente se les dice que «vayan a comprar» el aceite, pero llegan tarde: este es un aceite que no puede comprarse en las tiendas de la tierra y de la historia. Supone la parábola que ellas tienen dinero del mundo, que puedan salir en la noche y buscar en las tiendas… Pero ese aceite así comprado no les vale; el reino de Dios no puede adquirirse de esa forma.

2. El «dinero» de la vida para producir: los talentos (25, 14-30).

imagessDe la luz de la lámpara que Dios ha ofrecido a los humanos para que la cuiden pasamos a los talentos que recibe cada uno, para administrarlos, al servicio del amo. Culminan así las parábolas monetarias del evangelio. Las anteriores (18, 21-35; 20, 1-16: propias de Mt) destacaban paradójicamente la gratuidad y el perdón, en términos económicos.

Esta parábola de los talentos, tomada de la tradición del Q (cf. Lc 19, 11-27) pone de relieve la responsabilidad del humano ante el juicio de Dios. La vida es como un capital (un dinero) que se nos ha confiado y debemos ponerlo en rendimiento. Es válido el tema en clave de responsabilidad, pero el simbolismo del dinero resulta duro, poco abierto a la ternura y a la misericordia de Dios que ha revelado Cristo. Este Dios de los talentos (Dios del dinero) no parece salvador, sino dueño duro de un duro negocio que pasa revista a sus siervos.

3. Parábola final, resumen de todas: el dinero para dar de comer: Tuve hambre y me distéis de comer (Mt 25, 31-46). .

Las parábolas anteriores culminan y quedan asumidas en ésta, que no habla de dinero sino de solidaridad interhumana. Ciertamente no condena la riqueza y posesiones (es bueno tener pan y casa, libertad y salud), sino el utilizarlas para el egoísmo propio, dejando en necesidad (con hambre, sin casa) a los que están viviendo a nuestro lado.

El dinero material, tomado en sí, resulta secundario, secundaria es también la riqueza en cuanto tal… Lo que importa es la solidaridad: el hecho de que hombres y mujeres puedan ayudarse, alimentarse, acogerse, visitarse… El dinero es medio que puede servir para el encuentro interhumano y en ese aspecto es bueno. Pero también puede convertirse en signo de poder, en expresión de egoísmo de algunos, y en ese aspecto es malo

De nuevo la parábola de hoy: Los talentos de Mateo 25,14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno; a cada cual según su capacidad; luego se marchó. [El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.]

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: «Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.» Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.»
[Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.» Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.»
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.»

El señor le respondió: «Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.»]


Reflexiones para seguir pensando:

a. Ésta es una parábola… no un texto de teoría, una doctrina. Es una parábola para pensar y comprometerse, para descubrir la vida como una fuerte tarea, o como un “don” que debemos recibir agradecidos, queriendo que “produzca fruto”, sin miedo. . En un primer momento, podemos pensar que el amo no es Dios (sobre todo por el final, cuando “castiga” al siervo holgazán de una forma extrema). Repito, el texto es una parábola, un espejo de la vida… Y para situarnos ante la tarea de nuestra “administración”, Jesús acude a la imagen de un “rico” (aspirante a reyezuelo) que deja su tesoro en manos de administradores, para que le produzcan más dinero. Leer más…

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Dom 16.11.14 Mujer fuerte. El camino de varón por la doncella

domingo, 16 de noviembre de 2014
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amistad-hombre-mujerDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 33, tiempo ordinario ciclo A. Este es el domingo de los talentos (Mateo 25,14-30) y, conforme al esquema de las tres lecturas de la misa el mayor talento del hombre varón es la mujer fuerte (Proverbios 31), que mantiene su casa y trabaja para él, siendo, al mismo, el “camino” por el que pasa su vida (su miembro masculino y su descendencia, conforme al mismo libro de los Proverbios (30, 18-19).

Varias veces he desarrollado en este blog el tema de los talentos del hombre, en línea económico-social, según el evangelio (cinco, dos, uno). Hoy quiero desarrollar el tema de la lectura de Proverbios, que presenta a la mujer como talento o riqueza económica, sexual y engendradora del varón, que encuentra en ella su casa (vive de ella).

Éste es un tema riquísimo y ambiguo (ambivalente) que puede y debe ser recordado. El canto de la Mujer Fuerte ha sido por siglos inspiración y modelo de “feminismo de hogar” para cristianos y judíos (y musulmanes), con los valores y riesgos que ello implica. El enigma de la mujer “camino” del sexo y descendencia de varón es menos conocido, pero quizá más importante, como verá quien siga leyendo. Buen fin de semana, para mujeres fuertes, mujeres, camino, hombres y mujeres “persona”.

1. Mujer fuerte y hacendosa, la casa del varón.

Significativamente, el libro de los Proverbios, que empieza con la imagen ideal de la Dama-Sabiduría (presencia divina), termina con un canto a la esposa real buena, trabajadora, hacendosa (Prov 30, 10-31), que ha sido referencia constante para la mujer casada (y rica) entre judíos y cristianos. Aquí recojo algunos de sus versos, según la primera lectura de este domingo:

Mujer fuerte (hacendosa) ¿quién la hallará? Porque su valor sobrepasa a las perlas. Confía en ella el corazón de su marido, y no carecerá de riquezas, pues le trae ganancias y no pérdidas, todos los días de su vida. Busca lana y lino y con gusto teje con sus manos. Es como un barco mercante que trae su pan de lejos. Se levanta siendo aún de noche, y da de comer a su familia y su diaria ración a sus criadas. Evalúa un campo y lo compra, y con sus propias manos planta una viña… Vigila su negocio, para que le vaya bien, y no se apaga su lámpara en la noche. Su mano se aplica a la rueca, y sus dedos toman el huso. Extiende sus manos al pobre y tiende sus brazos al necesitado… Respetan a su marido en las puertas de la ciudad, cuando se sienta con los ancianos del país. Ella teje telas y las vende, fabrica cinturones para los comerciantes…Vigila las andanzas de sus criados y no come pan de ociosidad. Se levantan sus hijos y le llaman bienaventurada. Y su marido la alaba también: «Muchas mujeres reunieron riquezas, pero tú sobrepasas a todas. Engañosa es la gracia y vana es la hermosura; la mujer que teme a Yahvé, ella será alabada» (cf. Prov 31, 10-31).

Ésta es la mujer fuerte, que dirige con esfuerzo y tino la hacienda (una gran familia, con criados y criadas), esposa diligente al servicio de la casa, para alimentar a los hijos, con los siervos los obreros, mientras el marido acude a las “puertas” de la ciudad, para tratar de “cuestiones sociales”. Es una mujer rica, económicamente autónoma (aunque la propiedad sea por derecho del marido), capaz de administrar los negocios de la casa/familia, tanto la labranza (¡dirige la agricultura, cuida la viña!), como los talleres familiares, para confeccionar prendas de lana y de cuero.

Es hábil y emprendedora, gerente de la empresa del marido, en el interior de una familia rica, y así gestiona la hacienda familiar, desde el interior de la misma casa, de manera que le alaban hijos y marido. Apareciendo como representante de la sabiduría práctica, que sostiene y dirige la familia, la mejor ayuda que Dios ofrece al hombre (cf. Gen 2, 20). Ésta es una imagen digna de la mujer, pero en ella falta (desde la perspectiva moderna) algo importante: su vida personal: (¿cómo siente ella misma, cómo se relaciona con su marido), cómo es su relación con Dios, su libertad en el conjunto social, sus ideas (¿qué es lo que ella querría de verdad?).

Lógicamente, un pasaje como éste no se puede aplicar sin más en nuestro tiempo (aunque lo claven a la puerta de muchas casas judía y cristianas), pues la división de espacios que supone (ella en la casa, el marido en el mundo exterior) ya no está vigente. Por otro lado, la mujer no es mero talento (y riesgo) para el varón, sino que ella es persona en sí misma, de forma que se puede y debe invertir la comparación y decir también que el varón es talento para la mujer.

El paso de la mujer talento para el varón a la mujer persona con el varón marca una línea bíblica que aún no ha sido plenamente desarrollada.

2. Mujer camino, el paso sexual del varón por la doncella.

voy a ir tomando notaQuizá el texto más enigmático de Proverbios, en línea de familia, sea aquel que habla de tres caminos misteriosos (águila en el cielo, serpiente en la peña, nave en el mar) y de un cuarto, que es específicamente humano: el paso del varón por la doncella, entendido en un plano biológico y personal:

Hay tres cosas que me rebasan, y una cuarta que no entiendo:
El camino del águila por el cielo,
el camino de la serpiente por la peña,
el camino de la nave por el mar,
el camino del varón por la doncella (Prov 30, 18-19).

La vida empieza así como un recorrido, un deslizarse en los tres grandes espacios de la realidad cósmica: cielo, tierra/roca, mar… Los tres son distintos, pero se vinculan pues tienen un mismo sentido de fondo, pues volar en el cielo, deslizarse por la tierra, navegar por las aguas forman parte del enigma de una creación que sigue siendo misteriosa para quienes saben contemplarla. Pero especial interés y transcendencia tiene el cuarto, que es el “paso” del varón por la doncella.

‒ Al varón se llama aquí geber, palabra que se refiere en general a un hombre adulto, pero que se aplica, de un modo simbólico al miembro masculino, entendido como expresión compendiada del hombre entero en cuanto engendrador: En ese sentido, el paso del geber es la entrada de su miembro sexual en la vagina de la doncella, un tema aquí evocado con crudeza. De todas maneras ese paso podría aludir también al niño/geber (varón) cuando nace, saliendo (pasando) igualmente por la vagina.

‒ La doncella en cambio es almah, palabra que puede traducirse por “virgen”, pero que en general significa mujer joven, capaz de engendrar, cuando el varón pasa por ella. Pues bien, este paso del hombre por la “virgen” aparece aquí en Proverbios (y en el Antiguo Testamento) como el mayor de los enigmas, en contra del gesto de la adúltera (prostituta) del verso siguiente (Prov 30, 20), que actúa y dice “no ha pasado nada”, esto es, “no he hecho nada malo”.

En sentido estricto ese paso parece referirse a la generación-concepción: Se desliza el miembro masculino del varón por la mujer y deja en ella el germen o semen de la vida, evocando así la concepción estrictamente dicha. Como he dicho, en un sentido más amplio, ese paso podría referirse al nacimiento al niño varón (geber), pero esta segunda interpretación parece derivada, y además no se puede aplicar al nacimiento de la mujer-niña, pues ella no es “geber”.

Pienso, según eso, que el texto ha de entenderse en clave de unión sexual, que contrapone y vincula al hombre-geber (miembro masculino deslizante) y a la mujer-útero que acoge y permite que madure el semen masculino (conforme a la visión genética de entonces). Es como si la mujer fuera un espacio estable, la gran naturaleza (como el cielo para el águila, el mar para la nave, la roca para la serpiente…), mientras el hombre aparece como un “paso” incesante, desde el varón/geber que se introduce en la mujer hasta el niño que proviene de ella.

Este paso del hombre por la mujer, que expresa el sentido de la unión sexual y del engendramiento, es sin duda un tema importante de familia, vinculado con la “conversación” sexual. Pero cerrado en sí y entendido en un plano biológico corre el riesgo de dejarnos en el nivel de la generación biológica, como si el origen y sentido de la familia se centrara en el acto sexual y no en toda la acogida y educación posterior.

El paso del hombre geber-sexo por la doncella entendida como útero ha de estar subordinado o vincularse a un paso mucho más profundo del hombre como persona en la mujer como persona (y viceversa), en gesto de amor, de comunión dialogal, de vida compartida. No sólo la mujer es “paso” para el varón, sino que el varón es también “paso” para la mujer, y ambos pueden convertirse en casa de amor mutuo, como sabe el libro del Cantar de los Cantares.

No se puede entender al hombre como alguien que pasa, ni a la mujer como espacio de paso para el hombre, pues tanto uno como el otro son personas, y se definen por su capacidad de autonomía y comunicación. Sólo en un contexto de comunicación personal se sitúa y emerge la familia, superando el nivel de “paso” del águila en el cielo, de la serpiente en la roca (¡imagen sexual!) y de la nave en el mar. El hombre no es un géber/sexo saliente que pasa por la mujer útero/redondo que acoge, sino persona en comunicación y palabra, en libertad creadora y vida compartida. Leer más…

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El empleado miedoso y la empresaria modelo. Domingo 33. Ciclo A.

domingo, 16 de noviembre de 2014
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Jesus TalentoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La parábola del domingo pasado (las diez muchachas) animaba a ser inteligentes y previsores. La de hoy anima a la acción, a sacar partido de los dones recibidos de Dios. Jesús ha usado poco antes, en otra parábola, la imagen del señor y sus empleados. Ahora vuelve a hacerlo, pero usando el contexto de la cultura urbana y pre-capitalista. La riqueza del señor no consiste en tierras, cultivos y rebaños de vacas y ovejas. Consiste en millones contantes y sonantes, porque los famosos “talentos” no tienen nada que ver con la inteligencia. El talento era una cantidad de plata que variaba según los países, oscilando entre los 26 kg en Grecia, 27 en Egipto, 32 en Roma y 59 en Israel. Por consiguiente, los tres administradores reciben, aproximadamente, 300, 120 y 60 kg de plata.

 La parábola

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: 

Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. 

Se acercó el que habla recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: «Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.» Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.»

Se acercó luego el que habla recibido dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.» Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.»

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.»

El señor le respondió: «Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabias que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues deblas haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez.

Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

 El empleado miedoso, negligente y holgazán

 Los dos primeros duplican esa cantidad negociando con el dinero que les han confiado. Pero la parábola se detiene en el tercero, que se molesta en buscar un sitio escondido, cava un hoyo, y entierra el talento. El lector actual, conocedor de tantos casos parecidos, se pregunta quién ha sido el más inteligente. ¿Es preferible colocar el capital en acciones arriesgadas o guardarlo en una caja fuerte? En cambio, el propietario de la parábola lo tiene claro: había que invertir el dinero y sacarle provecho, como hicieron los dos primeros empleados.

¿Por qué no ha hecho lo mismo el tercero? Él mismo lo dice: ha actuado así porque conoce a su señor, le tiene miedo, y prefirió no correr riesgo. Y termina con un lacónico: “Aquí tienes lo tuyo”.

Sin embargo, el señor no comparte esa excusa ni esa actitud. Lo que ha movido al empleado no ha sido el miedo, sino la negligencia y la holgazanería. Le traen sin cuidado su señor y sus intereses. Y toma una decisión que, actualmente, habría provocado manifestaciones y revueltas de todos los sindicatos: lo mete en la cárcel (“echadlo fuera, a las tinieblas”).

 Aplicándonos el cuento

 Los sindicatos llevarían razón, y conseguirían que readmitieran al empleado, incluso con un gran resarcimiento por daños y perjuicios. Pero el Señor de la parábola no depende de sindicatos ni tribunales del trabajo. Tiene pleno derecho a pedirnos cuentas a cada uno del tesoro que no ha encomendado.

Como ocurría con el aceite en la parábola de las muchachas, los talentos se han prestado a múltiples interpretaciones: cualidades humanas, don de la fe, misión dentro de la iglesia, etc. Ninguna de ellas excluye a las otras. La parábola ofrece una ocasión espléndida para realizar un autoexamen: ¿qué he recibido de Dios, a todos los niveles: humano, religioso, familiar, profesional, eclesial? ¿Qué he hecho con ello? ¿Ha quedado escondido en un cajón? ¿Ha sido útil para los demás? Como se dice en el mismo evangelio de Mateo: ¿Ha resplandecido mi luz ante los hombres para que glorifiquen al Dios del cielo? Pienso que será suficiente decirle: “Aquí tienes lo tuyo”.

 Una moraleja desconcertante

 La parábola, termina con unas palabras muy extrañas: “Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”. ¿En qué quedamos? ¿Tiene o no tiene? Pero la frase no se debe al error de un copista, se encuentra así en los tres evangelios sinópticos (Mt 13,12; Mc 4,25; Lc 19,26). Es posible que el mismo Jesús intentara aclararla más tarde mediante la historia de un señor que encomienda su capital a tres empleados. El sentido de la frase resulta ahora más claro: “Al que produzca se le dará, y al que no produzca se le quitará lo que tiene”. Esa parábola terminó en dos versiones bastante distintas, la de Mateo, que se lee hoy, y la de Lucas 19,11-27. Lucas, para no provocar las iras de los sindicatos, no mete al empleado holgazán en la cárcel, se limita a quitarle el denario.

 La empresaria modelo (1ª lectura)

 En el contexto económico de la parábola encaja perfectamente la imagen de la mujer empresaria de la que habla el libro de los Proverbios. La liturgia traduce “mujer hacendosa”. Pero el texto sugiere mucho más. Habla de una mujer que es, al mismo tiempo, excelente empresaria (cosa que quedaría más clara si la liturgia no hubiera mutilado el texto), generosa con los necesitados y con las personas a su servicio, preocupada por sus hijos y su marido, gozando del respeto y estima de sus conciudadanos, porque ella misma respeta al Señor. Es interesante esta imagen propuesta por un libro bíblico hace veintitrés o veinticuatro siglos, tan distinta de nuestro proverbio: “La mujer casada, la pata quebrada… y en casa”.

 Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Vale mucho más que las perlas.  Su marido se fía de ella, y no le faltan riquezas.  Le trae ganancias y no pérdidas todos los días de su vida. Adquiere lana y lino, los trabaja con la destreza de sus manos.  Extiende la mano hacia el huso, y sostiene con la palma la rueca. Abre sus manos al necesitado y extiende el brazo al pobre. Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura, la que teme al Señor merece alabanza. Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza.

 Quien lee el poema entero (se encuentra en Proverbios 31,10-31) advierte la enorme actividad que esta mujer desarrolla desde la mañana temprano hasta avanzada la noche. El capital recibido de Dios (sean cinco talentos, dos o uno) ha sabido invertirlo perfectamente.

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¿Quién vigila y controla a los obispos?

martes, 11 de noviembre de 2014
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Valladolid-0020-Medina-del-Campo.Centro-Cultural-S.Vicente-Ferrer.-Cristo-en-brazos-de-la-Muerte-«Cristo en brazos de la muerte», de Ricardo Flecha

El problema es que todos los aspectos humanos de Munilla, «siendo importantes y, siendo también parte del rostro de la figura de Munilla, son superficiales y no se adentran en la profundidad del misterio de Munilla«…. Y de esos polvos… estos lodos…

Munilla ideologiza el Evangelio

¿Cómo y por qué fiarse de este obispo?

«Constatamos continuamente que tiene graves deficiencias en su formación teológica y comete frecuentes errores doctrinales»

La Diócesis de Donostia se adentra en el curso 2014-2015 con el Programa Pastoral titulado ‘Dejarnos conducir por Él’, firmado por el obispo José Ignacio Munilla.

(Xabier Larramendi, Noticias de Guipúzcoa).-  Lo tomamos en una parroquia de Gipuzkoa y vemos que previo a los objetivos y acciones hay un capítulo relacionado con la visita Ad Limina en febrero pasado, la visita que los obispos realizan periódicamente al Vaticano para informar de la situación diocesana. Me detendré en un aspecto que, a mi juicio, reviste una especial gravedad.

En la primera parte del documento, José Ignacio Munilla ofrece un resumen de las orientaciones recibidas en Roma. En la descripción y desarrollo de estas «orientaciones recibidas» dedica el último apartado a la Integridad y vivencia de la fe. El obispo transcribe las indicaciones textuales del Cardenal Gerhard Müller, Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, en un Memorándum enviado por él, que, entre otras cosas, dice lo siguiente: «Esta Congregación ha animado a los Prelados a ejercitar una constante vigilancia para que los contenidos de la doctrina de la fe sean presentados íntegramente, sobre todo en los Centros Universitarios y en las facultades de Teología».

Sin duda, Munilla muestra un gran celo al ejercer su «constante vigilancia» en lo que se refiere a los contenidos de la doctrina de la fe, pero muchos albergamos dudas mayores, muy fundadas, de que lo haga por la «integridad» de la fe. En la Diócesis de Donostia se ha extendido la convicción de que su vigilancia es una excusa y ocasión para realizar una limpieza ideológica y purga de quienes no piensan como él. El despido de profesores del Instituto de Ciencias Religiosas es un ejemplo de ello.

La integridad de la fe no es ciertamente el aspecto en el que más acierta el obispo Munilla. Él mismo cae con frecuencia en un adoctrinamiento absolutamente escorado, rayando, dicho con palabras suaves y moderadas, en una parcialización de la fe y, por lo tanto, en una ideologización del Evangelio. El mismo mal del que acusa a otros. He aquí un botón de muestra.

Es el 29 de junio, día de los Apóstoles san Pedro y San Pablo. En la catedral del Buen Pastor tiene lugar la celebración de acción de gracias al finalizar el curso pastoral donde, al mismo tiempo, son ordenados un sacerdote y un diácono. Localizamos en Internet el vídeo donde se ve a Munilla, muy en su estilo, improvisar la homilía con el recurso a algunos apuntes. El obispo sienta desde el comienzo la base de su formulación de la fe. Afirma que todos los aspectos humanos de Jesús «siendo importantes y, siendo también parte del rostro de la figura de Jesucristo, son superficiales y no se adentran en la profundidad del misterio de Jesucristo«.

La primera reacción es de perplejidad, pero no tardamos en pasar al escándalo. Quien haya realizado unos mínimos estudios de Teología se preguntará si esa afirmación no pervierte la fe que confiesa la Iglesia desde sus inicios, Concilio de Calcedonia, y si no niega el contenido del hecho central del cristianismo, que es la Encarnación del Hijo de Dios en la naturaleza humana de Jesús. Es decir, si superficializamos al Jesús humano, estamos superficializando nuestro conocimiento de Dios revelado en Jesús.

Veamos:

1- Los aspectos humanos de Jesús no son «superficiales» sino fundamentales, absolutamente necesarios, pues el Hijo de Dios no se encarna en una idea o concepto abstracto, sino en la humanidad concreta de Jesús.

2- Estos aspectos humanos no son solo «parte del retrato de la figura de Jesús» sino que son precisamente los rasgos en los que se nos revela el Hijo de Dios. Sin esos rasgos humanos, no acontece la revelación de Dios que confiesa la fe cristiana.

3- Frente a la afirmación del obispo Munilla de que los rasgos humanos de Jesús no se adentran en la profundidad del Misterio, hay que decir que son esos aspectos humanos los que nos adentran en la profundidad del Misterio de Dios, de tal modo que si ignoramos al Jesús humano, ignoramos la única vía de conocimiento de Dios que la fe cristiana confiesa como camino al Padre.

4- Por otro lado, si ignoramos al Jesús humano, no podemos seguir a Jesús ni conocer cuál es la misión de la Iglesia en el mundo. Si lo superficializamos estamos afirmando que nuestro seguimiento a Jesús es superficial y también el conocimiento que podemos tener de la misión de la Iglesia.

5- A pesar de la frecuencia con la que Munilla cita al papa Francisco, contradice su mensaje: «La Iglesia ha de llevar a Jesús: este es el centro de la Iglesia. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta», dice en una homilía el papa Bergoglio.

Por todas estas razones el mensaje del obispo Munilla, como tantas otras veces, corre el riesgo de confundir gravemente la fe de los cristianos y cristianas. Por ello, me pregunto, y pregunto a los responsables de la Iglesia: ¿quién tiene la responsabilidad de vigilar las palabras de los obispos y de éste en concreto? No creo que este prelado sea un modelo en la exposición integral de los contenidos de la fe. Al contrario, constatamos continuamente que tiene graves deficiencias en su formación teológica y comete frecuentes errores doctrinales.

De modo que, ¿cómo y por qué fiarse de este obispo? Cuando la fe se ideologiza, en el sentido de convertirse en un sistema cerrado de pensamiento, el adoctrinamiento ideologizado se pone por encima de la integridad y fidelidad a la fe, tergiversando su contenido. Este es un problema permanente en la historia de la Iglesia.

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He aquí dos ejemplos.

Ireneo de Lyon (s. II) se vio obligado a defender la fidelidad a la fe recibida contra los gnósticos, que defendían los errores de los «docetas», quienes afirmaban sobre Jesucristo «que solo en apariencia se manifestó, no naciendo en la carne ni haciéndose verdaderamente hombre». Ireneo sostuvo, con la fe de la Iglesia, que la encarnación del Verbo en Jesús fue real y esencial, no superficial.

Santa Teresa (siglo XVI), frente a quienes pensaban que se podía prescindir de la humanidad de Jesús, afirmará que a medida que el creyente va escalando las más encumbradas etapas de su desarrollo espiritual, la presencia de lo humano del Señor se intensifica, su «Sacratísima Humanidad».

Creo que el obispo Munilla, sin llegar a afirmar que es un «docetista», minimiza la humanidad de Jesús y difunde la fe con un discurso en el que no se siente la Buena Noticia, sino la dureza y aridez de una doctrina ideologizada, dogmática y cerrada. Es difícil tomarse en serio lo que dice este obispo. Por ello, ante Munilla va creciendo una objeción de conciencia con la que cada vez más cristianos viven la fe, cosa que a algunos y algunas les está costando muy caro.

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«¿Cómo es nuestra religión?». 9 de noviembre de 2014. Dedicación de la Iglesia de Letrán. Juan 2, 13-22

domingo, 9 de noviembre de 2014
Comentarios desactivados en «¿Cómo es nuestra religión?». 9 de noviembre de 2014. Dedicación de la Iglesia de Letrán. Juan 2, 13-22

55-OrdinarioA32El episodio de la intervención de Jesús en el templo de Jerusalén ha sido recogido por los cuatro evangelios. Es Juan quien describe su reacción de manera más gráfica: con un látigo Jesús expulsa del recinto sagrado a los animales que se están vendiendo para ser sacrificados, vuelca las mesas de los cambistas y echa por tierra sus monedas. De sus labios sale un grito: “No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”.

Este gesto fue el que desencadenó su detención y rápida ejecución. Atacar el templo era atacar el corazón del pueblo judío: el centro de su vida religiosa, social y económica. El templo era intocable. Allí habitaba el Dios de Israel. Jesús, sin embargo, se siente un extraño en aquel lugar: aquel templo no es la casa de su Padre sino un mercado.

A veces, se ha visto en esta intervención de Jesús su esfuerzo por “purificar” una religión demasiado primitiva, para sustituirla por un culto más digno y unos ritos menos sangrientos. Sin embargo, su gesto profético tiene un contenido más radical: Dios no puede ser el encubridor de una religión en la que cada uno busca su propio interés. Jesús no puede ver allí esa “familia de Dios” que ha comenzado a formar con sus primeros discípulos y discípulas.

En aquel templo, nadie se acuerda de los campesinos pobres y desnutridos que ha dejado en las aldeas de Galilea. El Padre de los pobres no puede reinar desde este templo. Con su gesto profético, Jesús está denunciando de raíz un sistema religioso, político y económico que se olvida de los últimos, los preferidos de Dios.

La actuación de Jesús nos ha de poner en guardia a sus seguidores para preguntarnos qué religión estamos cultivando en nuestros templos. Si no está inspirada por Jesús, se puede convertir en una manera “santa” de cerrarnos al proyecto de Dios que él quería impulsar en el mundo. La religión de los que siguen a Jesús ha de estar siempre al servicio del reino de Dios y su justicia.

Por otra parte, hemos de revisar si nuestras comunidades son un espacio donde todos nos podemos sentir en “la casa del Padre”. Una comunidad acogedora donde a nadie se le cierran las puertas y donde a nadie se excluye ni discrimina. Una casa donde aprendemos a escuchar el sufrimiento de los más desvalidos y no solo nuestro propio interés.

No olvidemos que el cristianismo es una religión profética nacida del Espíritu de Jesús para abrir caminos al reino de Dios construyendo un mundo más humano y fraterno, encaminado así hacia su salvación definitiva en Dios.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Promueve la religión de Jesús. Pásalo.

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