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Adviento, Puerta de futuro (30.11.14): Despertad, han pasado las bestias

Domingo, 30 de noviembre de 2014

DHRYTDel blog de Xabier Pikaza:

Mc 13, 33-36. El domingo pasado terminaba el año litúrgico 2014 con una llamada de juicio y vigilancia. Empieza hoy el nuevo año 2015 con otra llamada, pero no de juicio sino de esperanza: Despertaos .

Por esperanza vivimos, pues si no fuera así nos habríamos matado hace milenios. Hemos vivido y seguimos avanzando sobre un abismo de amenazas,pero tenemos que despertar un año más y superar las tempestades, como puede evocar esa puerta sobre la playa del poniente, en As Catedrais, Ribadeo.

Ha pasado el tiempo de las tres bestias

1. El año 1848 lanzaron Marx y Engels su Manifiesto Comunista, anunciando que un gran fantasma recorre ya los caminos de Europa, y avanza imparable sobre el mundo, el fantasma comunista. Casi doscientos años han pasado y el fantasma con sus rasgos visionarios verdaderos no ha logrado no logra tomar un rostro humano, en plenitud y justicia. El “fantasma rojo” del comunismo (1ª Bestia)sigue aleteando en diversos lugares, pero no logra dar un sentido a la historia.

2. El año 1933 (27.5) proclamó Heidegger, en el discurso rectoral de Freiburg i.B., su ploclama platónico-nazi, diciendo que había que estar decididos” (con Entschlossenheit), en medio de la gran tormenta, citando y deformando una gran frase de Platón, (República, 497 d,9).«Todo lo grande está en medio de la tempestad» («Alles Grosse steht in Sturm»). La suya, no la de Platón, era la Sturm o tormenta (Sturm und Drang: Asalto e ímpetu) de las Fuerzas de Asalto del Nazismo, que intentaba recrear el universo mundo partiendo de los arios alemanes, los “animales rubios” de la historia (2ª Bestia). Han pasado cien años, y la decepción de esa “filosofía” sigue siendo más grande que nunca.

3. En tono ya muy menor, con rasgos de cinismo narcisista, el año 1992, F. Fukuyama proclamaba por fin la llegada del “último hombre”, con el fin de la historia (The End of History and the Last Man). Tras la impotencia del comunismo y la tragedia del nazismo había llegado ya el hombre definitivo, capitalista y liberal, al servicio de un mercado controlado por una élite de especuladores encabezados por la bestia blanca del Gran CVapital y sus aliados. Casi veinticinco años han pasado. La injusticia y ruindad de ese programa es más evidente que nunca.

Despertaos

Pues bien, tras esas tres bestias, dignas del Apocalipsis de Juan (donde hay también 3 o 4 avanzando por la historia), podemos detenernos una vez más y escuchar la palabra de la llegada (el Adviento) del Hombre de Dios, conforme a la esperanza profética, recreada por Jesús, de manera que podemos y debemos despertar. Es el tiempo de la gran palabra: Despertaos.

Empieza así otra vez el Adviento y vamos a celebrar de nuevo la esperanza, marcada por la Venida de Dios en quien creemos, Dios del sol y de la tarde huidiza sobre el agua de la vida. Así lo proclama este evangelio, que extiende ante nosotros una vía de esperanza. La palabra de este tiempo es “velad”, es decir, despertaos (agrhypneite: salid del sueño), mantened vuestra esperanza ante la llegado del Hombre Nuevo, no dejéis que el miedo o el sueño os domine. Buen día a todos, buen Adviento. Llega Dios, es decir, llegamos nosotros mismos.

Texto litúrgico ampliado: Mc 13, 28-36

No me quiero limitar al texto reducido de la liturgia (Mc 13, 33-36). Prefiero verlo en su entorno (Mc 13, 28-26), mirado desde todo Mc 13, el más duro y más consolador de todos los textos de esperanza cristiana, un pasaje lleno de guerras y enfrentamientos, de hambres y terrores, pero también de caminos abiertos y presencias activas.

Este capítulo recoge la palabra que Jesús dirigió a sus cuatro discípulos primeros (Pedro y Andrés, Santiago y Juan), sobre el Monte de los Olivos, abriendo sus ojos, para que vieran el misterio de los tiempos (cf. Mc 13, 3-4).

(El material de este comentario lo tomo de mi Evangelio de Marcos, Verbo Divino, Estella 2010)

a. (Está a las puertas)….

28 Fijaos en lo que sucede con la higuera. Cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, conocéis que se acerca el verano. 29 Pues lo mismo vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que ya está cerca, a las puertas.

b. (En esta generación, ya ha llegado)

30 Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

b’ (Ni Cristo sabe, ni lo sabe el Hijo)

32 En cuanto al día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre.

a’ (despertad)

¡Cuidado! Despertaos (agrhypneite: salid del sueño), porque no sabéis cuándo llegará el momento. 34 Sucederá lo mismo que con aquel que se ausentó de su casa, encomendó a cada uno de los siervos su tarea y encargó al portero que velase. 35 Así que velad, porque no sabéis cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a media noche, al canto del gallo o al amanecer. 36 No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. 37 Lo que a vosotros os digo, lo digo a todos: ¡Velad!

Éste es el final del final

El evangelio de Marcos ha dicho lo importante sobre la crisis de los tiempos, con la llegada del Hijo del Hombre, es decir, de la humanidad verdadera (Mc 13,24-27). Pero a fin de completar ese mensaje (¡viene el Hijo del Hombre!) en forma positiva, en clave de advertencia eclesial, este pasaje recoge dos palabras distintas complementarias.

Este mensaje tiene dos elementos, lo mismo que la gran palabra de Mc 1, 14-15 (convertíos…). (a) Por un lado la certeza de que hay Dios, y Dios mismo nos despierta, desde dentro, para que podamos asumir nuestra más honda realidad de humanos/divinos. (b) Por otro lado la exigencia de que nosotros mismos salgamos del sueño en que estamos hundidos, un sueño de fantasías (Marx), de violencias (Heidegger), de impotencias aprovechadas por los “listos de turno” (Fukuyama).

Esta es nuestra definición más honda: Somos seres que podemos despertar…

— (b) Todas estas cosas han de suceder en esta generación (13, 30). Ésta es una palabra que se puede atribuir al Jesús histórico: en esta misma generación (en este tiempo que es el nuestro) se cumple ya todo. Estamos al fin de los tiempos, ante la Hora decisivo. El Evangelio de Marcos dirige esta palabra de Jesús a los lectores/oyentes de su evangelio. Ahora, cuando se proclama esta palabra, sucederán estas cosas.

(b’) Pero el día y la hora nadie sabe nada, ni siquiera Cristo, ni siquiera el Hijo de Dios, sino sólo el Padre (Mc 13, 32). Estas palabras han de tomarse absolutamente en serio: ni siquiera Cristo supo o calculó los tiempos; anunció y preparó la llegada de Dios, pero no anduvo fijando fechas. Esto significa que debemos evitar todo cálculo de tiempo; vivir en vigilancia, pero sin adivinanzas que no tienen sentido. El mismo Cristo deja el tiempo en manos de Dios Padre.

La culminación del tiempo es Dios

Ante el misterio del fin (ante la hora) sólo existe una respuesta, sólo puede darse una palabra: ¡Estamos en la manos del Padre, el único que sabe! Desaparecen todas las instancias de poder o ciencia, de lucha o angustia del mundo. Quedan en segundo plano los ángeles, lo mismo que los hombres y mujeres de la tierra, todo lo que pueden hacer o maquinar los poderes de la tierra. El mismo Hijo, a quien Dios ha dado su Espíritu y palabra (cf. Mc 1, 9-11), está a la escucha de Dios. En la raíz y meta de todo se halla el Padre, él solo es quien sabe.

Dios es Dios, ésta es la gran palabra, por tanto “despertad”, que Dios despierte en vosotros

Pero, al mismo tiempo, sabiendo que todo se condensa en Dios, el evangelio nos sigue diciendo que estamos en la noche que precede a la aurora de la salvación. Como siervos vigilantes debemos mantenernos en el tiempo de tiniebla de este mundo, llenos de esperanza.

Es evidente que esta imagen de la noche que precede al día y de los siervos que esperan al Kyrios o Señor proviene de la apocalíptica judía. Pero los cristianos saben que la salvación está ya realizada por Jesús y que el Señor a quien esperan es el mismo Jesús, que ha nacido y ha muerto por ellos. Eso hace que cambie su actitud. Cuando leen o escuchan este texto, los creyentes saben no son simples criados sometidos al capricho de un amo imprevisible, que vendrá cuando el decida (según su pura gana), sino que está viniendo ya, porque nos ama y tiene «gana» de encontrarnos.
Estamos a la espera, pero no como extraños, sino como amigos, compañeros de alguien que nos ama, que nos ha precedido en el camino de la entrega generosa de la vida, para darnos Vida.

Está a las puertas el amigo, el gran Amado…

Ha pasado el tiempo de la maduración, los brotes de la higuera van a convertirse en fruto. Llega ya el Amado, en la noche de una vida corta y dura, pero llena de esperanza. Limpia la cara, perfuma tu rostro y espera, como la Novia del Cantares, como el novio… No sabes el momento, pero está llegando ya, en esta generación, en este tiempo de tu vida.

Deja por un día otras noticias, atentados y muerte, hambre y tortura, en mil lugares de tierra, con caravanas de hambrientos que caminan o van a la deriva, sin llegar a ningún puerto. Olvida por un momento todo. Estremécete y tiembla de pasión de amor: está llegando el Amado, va llamar a tu puerta. Se dejará amar y le amarás, te amará y os amaréis, y sabrás que la vida ha tenido un sentido. Siéntate a la vera de la puerta, con la lámpara encendida, al borde de tu cama, porque llega

Mantente en vela, como siervo vigilante…

Antes te he dicho que esperes, estremecido/a de amor. Ahora te dice que veles y trabajes en la dura noche. A todos a dado el «amigo» una tarea, la tarea de vigilar y servir como criados (douloi) de la casa y porteros (thyrôroi) del edificio de la humanidad. Jesús había llamado a sus cuatro del principio (Mc 1, 16-20; 13, 3-4) como pescadores para reunir a los hombres en la gran playa del reino. Ahora les hace vigilantes, encargados de velar por todos, para todos.

Velar es trabajar a favor de los demás, esperando a la vera de la playa a los que vienen en pateras, para ofrecerles comida caliente, una casa, una esperanza.
Velar es procurar pan para todos y trabajos, y una casa… en tiempos de crisis fuerte y de amenaza. Tembloroso de amor podrás hacerte «siervo» de todos, para que todos amen, para que todos esperen…

El amor y el trabajo, noche de bodas, madrugada de servicio

Ante el Señor que llega (en adviento) eres amante/amigo/a y sabes que culminará tu historia de amor. Te enseñará y aprenderás, aprenderéis a quereros por siempre…

Ante el Señor que llega eres «siervo», es decir, ministro al servicio de la vida de los otros. Te ha hecho Dios portero, te hecho encargado de todo y de todos… Como mayordomo y administrador de la vida de todos (que es vida de Dios) te ha puesto Jesús en el mundo, para que acojas a todos en la gran espera.

Viene él (cuando Dios quiere, ahora mismo, siempre…), viene en cada uno de aquellos que están llegando a tu playa, que están llamando a tu puerta, que están sufriendo de frío o de hambre al otro lado de la calle, en Bombay, el Bom Puerto de los viejos portugueses, o aquí mismo, a la vera de tu casa, al otro lado de la pared de tu cuarto.

Estamos en la noche que precede a la aurora de salvación.

Como siervos vigilantes nos debemos mantener en este tiempo final de tiniebla, llenos de esperanza. Es evidente que esta imagen de la noche que precede al día y de los siervos que esperan al Kyrios proviene de la apocalíptica (por ejemplo, del libro de Los Vigilantes, de 1 Hen 6-36). Pero los cristianos saben que la salvación está ya realizada en Jesús y que el Señor a quien esperan es ese mismo Jesús, que ha muerto por ellos. Eso hace que cambie su actitud: no son simples criados sometidos al capricho de un amo imprevisible, no son vigilantes al acecho para dominar o violentar a los vigilados, sino amigos, compañeros de alguien que les ha precedido en el camino de la entrega generosa de la vida y les ha dado el encargo de culminar su obra.

Sobre ese fondo puede y debe repetirse la palabra “vigilad” como última recomendación del mensaje escatológico (13, 37). Limitado y sujeto a la muerte es el mundo, como ha recordado Jesús cuando hablaba de los signos finales, desde los terremotos de 13, 8 hasta la oscuridad de 13, 24. Violento y destructor es el mismo ser humano, dominado por el miedo de la guerra universal sobre el tortuoso camino de este cosmos (como viene diciendo todo Mc 13)

A todos (especialmente a los cuatro preferidos de 13, 2: Pedro y Andrés, los dos zebedeos) les ha dejado Jesús la tarea de vigilar y servir como criados (douloi) de la casa y porteros (thyrôroi) del edificio de la iglesia (13, 34-35). Jesús les había hecho pescadores, para reunir a los hombres en el Reino (1, 16-20). Ahora les hace vigilantes, encargados de velar por los creyentes.

Sobriamente ha dicho Marcos lo que debía decir en este pasaje espléndido de esperanza escatológica. Externamente hablando, cuando proclama este discurso (Mc 13), Jesús no ha muerto todavía, ni se ha extendido en Galilea el mensaje de su pascua (16, 6-7). Pero sus cuatro siervos especiales conocen el fin. Saben que el evangelio ha de anunciarse a todos los pueblos (13, 10) y que Jesús ha de volver como Hijo del humano.

¿Detalles?

(a) ¿Cuándo? No lo saben ellos, ni los ángeles, ni tampoco el Hijo (cf. 1, 11; 9, 7) ¡Sólo el Padre! Será cuando él lo quiera (13, 32). De esta forma ratifica Marcos la experiencia radical de la transcendencia de Dios, marcada en los lugares clave de su texto (cf. 8, 33; 10, 18.40). Al servicio de Dios ha realizado Jesús su tarea. No puede usurpar las funciones divinas.

(b) ¿Dónde? Tampoco se dice, aunque se puede suponer que en todas partes, en los cuatro extremos de la tierra (13, 27). De todas formas, es claro que Marcos rechaza la idea judía del retorno y cumplimiento mesiánico en el templo de Jerusalén. Jesús ha pedido a los discípulos que huyan de la ciudad, que no esperen allí la victoria del mesías (cf. 13, 14), pues en la antigua ciudad sagrada sólo queda un sepulcro vacío. Por eso, en la etapa final del camino, los discípulos deben salir de ella, iniciando su mensaje desde Galilea (16, 7-8). En un plano, Mc 13 ha sido un paréntesis: tras 13, 36 volvemos al relato dejado en 12, 44 (o quizá en 12, 13, si consideramos inclusión las discusiones de 12, 13-44). Pero en otro plano ha sido una ventana abierta el sentido total del evangelio y de la iglesia.

Estamos en los días finales (no pasará esta generación: Mc 13,30),

pero al mismo tiempo descubrimos que el tiempo de la gracia nos trasciende, y así tenemos que dejarlo en manos de Dios (sólo el Padre conoce la hora: 13,32), en un mundo dominado por la muerte y la violencia de los hombres.

Pues bien, superando ese riesgo de fragilidad y muerte, los cuatro primeros discípulos de Jesús podrán anunciar el evangelio, según Mc 13. Anunciarán el evangelio retomando el mismo camino de Jesús en Galilea (cf. 16, 6-7). Eso significa que, al fin de su camino, apoyados en la pascua, algunos habrán aprendido la lección de Jesus, convirtiéndose en verdaderos discípulos del maestro entregado y crucificado. También ellos, seguidores del Cristo muerto, serán entregados, hallándose Impotentes en manos de los grandes poderes de este mundo, de esa forma podrán ofrecer el mismo testimonio de Jesús, recibiendo la fuerza de su Espíritu Santo.

La misión del evangelio invierte todas las perspectivas que nosotros conocemos No se expande el Reino a través de la victoria, por el triunfo de los grandes, sino todo lo contrario Jesús presenta ante los suyos la misión y triunfo de los derrotados, de los perdedores de la tierra. Los evangelizadores escato1ógicos, amenazados como su maestro, seguirán ofreciendo el testimonio de su gracia (reino) sobre un mundo que les conmuta persiguiendo

Eso significa que esos cuatro primeros (Pedro y Andrés, Juan y Santiago) son (somos) el conjunto de la Iglesia, la humanidad entera. La iglesia (y la humanidad) sigue estando fundada en el testimonio que Jesús nos han transmitido por ellos, en este momento de vigilancia mesiánica, que es el tiempo del evangelio y de la vida de los hombres.
Algunos cristianos posteriores han podido tomar esta revelación escatológica como principio de un evangelio secreto, de una búsqueda de sabidurías especiales de iniciados, en una línea apocalíptica y/o gnóstica. Pero estos cuatro dialogantes de Jesús son receptores y guías de una palabra dirigida a toda la iglesia. Su mensaje no es palabra oculta, propia sólo de iniciados. Es mensaje y palabra que Marcos transmite a todos los cristianos. Los lectores de Marcos, personificados en estos testigos del principio y final, no están a oscuras. Conocen los signos decisivos (13, 28-31), pueden mantenerse en vigilancia

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