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Dom 16.11.14 Mujer fuerte. El camino de varón por la doncella

Domingo, 16 de noviembre de 2014

amistad-hombre-mujerDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 33, tiempo ordinario ciclo A. Este es el domingo de los talentos (Mateo 25,14-30) y, conforme al esquema de las tres lecturas de la misa el mayor talento del hombre varón es la mujer fuerte (Proverbios 31), que mantiene su casa y trabaja para él, siendo, al mismo, el “camino” por el que pasa su vida (su miembro masculino y su descendencia, conforme al mismo libro de los Proverbios (30, 18-19).

Varias veces he desarrollado en este blog el tema de los talentos del hombre, en línea económico-social, según el evangelio (cinco, dos, uno). Hoy quiero desarrollar el tema de la lectura de Proverbios, que presenta a la mujer como talento o riqueza económica, sexual y engendradora del varón, que encuentra en ella su casa (vive de ella).

Éste es un tema riquísimo y ambiguo (ambivalente) que puede y debe ser recordado. El canto de la Mujer Fuerte ha sido por siglos inspiración y modelo de “feminismo de hogar” para cristianos y judíos (y musulmanes), con los valores y riesgos que ello implica. El enigma de la mujer “camino” del sexo y descendencia de varón es menos conocido, pero quizá más importante, como verá quien siga leyendo. Buen fin de semana, para mujeres fuertes, mujeres, camino, hombres y mujeres “persona”.

1. Mujer fuerte y hacendosa, la casa del varón.

Significativamente, el libro de los Proverbios, que empieza con la imagen ideal de la Dama-Sabiduría (presencia divina), termina con un canto a la esposa real buena, trabajadora, hacendosa (Prov 30, 10-31), que ha sido referencia constante para la mujer casada (y rica) entre judíos y cristianos. Aquí recojo algunos de sus versos, según la primera lectura de este domingo:

Mujer fuerte (hacendosa) ¿quién la hallará? Porque su valor sobrepasa a las perlas. Confía en ella el corazón de su marido, y no carecerá de riquezas, pues le trae ganancias y no pérdidas, todos los días de su vida. Busca lana y lino y con gusto teje con sus manos. Es como un barco mercante que trae su pan de lejos. Se levanta siendo aún de noche, y da de comer a su familia y su diaria ración a sus criadas. Evalúa un campo y lo compra, y con sus propias manos planta una viña… Vigila su negocio, para que le vaya bien, y no se apaga su lámpara en la noche. Su mano se aplica a la rueca, y sus dedos toman el huso. Extiende sus manos al pobre y tiende sus brazos al necesitado… Respetan a su marido en las puertas de la ciudad, cuando se sienta con los ancianos del país. Ella teje telas y las vende, fabrica cinturones para los comerciantes…Vigila las andanzas de sus criados y no come pan de ociosidad. Se levantan sus hijos y le llaman bienaventurada. Y su marido la alaba también: «Muchas mujeres reunieron riquezas, pero tú sobrepasas a todas. Engañosa es la gracia y vana es la hermosura; la mujer que teme a Yahvé, ella será alabada» (cf. Prov 31, 10-31).

Ésta es la mujer fuerte, que dirige con esfuerzo y tino la hacienda (una gran familia, con criados y criadas), esposa diligente al servicio de la casa, para alimentar a los hijos, con los siervos los obreros, mientras el marido acude a las “puertas” de la ciudad, para tratar de “cuestiones sociales”. Es una mujer rica, económicamente autónoma (aunque la propiedad sea por derecho del marido), capaz de administrar los negocios de la casa/familia, tanto la labranza (¡dirige la agricultura, cuida la viña!), como los talleres familiares, para confeccionar prendas de lana y de cuero.

Es hábil y emprendedora, gerente de la empresa del marido, en el interior de una familia rica, y así gestiona la hacienda familiar, desde el interior de la misma casa, de manera que le alaban hijos y marido. Apareciendo como representante de la sabiduría práctica, que sostiene y dirige la familia, la mejor ayuda que Dios ofrece al hombre (cf. Gen 2, 20). Ésta es una imagen digna de la mujer, pero en ella falta (desde la perspectiva moderna) algo importante: su vida personal: (¿cómo siente ella misma, cómo se relaciona con su marido), cómo es su relación con Dios, su libertad en el conjunto social, sus ideas (¿qué es lo que ella querría de verdad?).

Lógicamente, un pasaje como éste no se puede aplicar sin más en nuestro tiempo (aunque lo claven a la puerta de muchas casas judía y cristianas), pues la división de espacios que supone (ella en la casa, el marido en el mundo exterior) ya no está vigente. Por otro lado, la mujer no es mero talento (y riesgo) para el varón, sino que ella es persona en sí misma, de forma que se puede y debe invertir la comparación y decir también que el varón es talento para la mujer.

El paso de la mujer talento para el varón a la mujer persona con el varón marca una línea bíblica que aún no ha sido plenamente desarrollada.

2. Mujer camino, el paso sexual del varón por la doncella.

voy a ir tomando notaQuizá el texto más enigmático de Proverbios, en línea de familia, sea aquel que habla de tres caminos misteriosos (águila en el cielo, serpiente en la peña, nave en el mar) y de un cuarto, que es específicamente humano: el paso del varón por la doncella, entendido en un plano biológico y personal:

Hay tres cosas que me rebasan, y una cuarta que no entiendo:
El camino del águila por el cielo,
el camino de la serpiente por la peña,
el camino de la nave por el mar,
el camino del varón por la doncella (Prov 30, 18-19).

La vida empieza así como un recorrido, un deslizarse en los tres grandes espacios de la realidad cósmica: cielo, tierra/roca, mar… Los tres son distintos, pero se vinculan pues tienen un mismo sentido de fondo, pues volar en el cielo, deslizarse por la tierra, navegar por las aguas forman parte del enigma de una creación que sigue siendo misteriosa para quienes saben contemplarla. Pero especial interés y transcendencia tiene el cuarto, que es el “paso” del varón por la doncella.

‒ Al varón se llama aquí geber, palabra que se refiere en general a un hombre adulto, pero que se aplica, de un modo simbólico al miembro masculino, entendido como expresión compendiada del hombre entero en cuanto engendrador: En ese sentido, el paso del geber es la entrada de su miembro sexual en la vagina de la doncella, un tema aquí evocado con crudeza. De todas maneras ese paso podría aludir también al niño/geber (varón) cuando nace, saliendo (pasando) igualmente por la vagina.

‒ La doncella en cambio es almah, palabra que puede traducirse por “virgen”, pero que en general significa mujer joven, capaz de engendrar, cuando el varón pasa por ella. Pues bien, este paso del hombre por la “virgen” aparece aquí en Proverbios (y en el Antiguo Testamento) como el mayor de los enigmas, en contra del gesto de la adúltera (prostituta) del verso siguiente (Prov 30, 20), que actúa y dice “no ha pasado nada”, esto es, “no he hecho nada malo”.

En sentido estricto ese paso parece referirse a la generación-concepción: Se desliza el miembro masculino del varón por la mujer y deja en ella el germen o semen de la vida, evocando así la concepción estrictamente dicha. Como he dicho, en un sentido más amplio, ese paso podría referirse al nacimiento al niño varón (geber), pero esta segunda interpretación parece derivada, y además no se puede aplicar al nacimiento de la mujer-niña, pues ella no es “geber”.

Pienso, según eso, que el texto ha de entenderse en clave de unión sexual, que contrapone y vincula al hombre-geber (miembro masculino deslizante) y a la mujer-útero que acoge y permite que madure el semen masculino (conforme a la visión genética de entonces). Es como si la mujer fuera un espacio estable, la gran naturaleza (como el cielo para el águila, el mar para la nave, la roca para la serpiente…), mientras el hombre aparece como un “paso” incesante, desde el varón/geber que se introduce en la mujer hasta el niño que proviene de ella.

Este paso del hombre por la mujer, que expresa el sentido de la unión sexual y del engendramiento, es sin duda un tema importante de familia, vinculado con la “conversación” sexual. Pero cerrado en sí y entendido en un plano biológico corre el riesgo de dejarnos en el nivel de la generación biológica, como si el origen y sentido de la familia se centrara en el acto sexual y no en toda la acogida y educación posterior.

El paso del hombre geber-sexo por la doncella entendida como útero ha de estar subordinado o vincularse a un paso mucho más profundo del hombre como persona en la mujer como persona (y viceversa), en gesto de amor, de comunión dialogal, de vida compartida. No sólo la mujer es “paso” para el varón, sino que el varón es también “paso” para la mujer, y ambos pueden convertirse en casa de amor mutuo, como sabe el libro del Cantar de los Cantares.

No se puede entender al hombre como alguien que pasa, ni a la mujer como espacio de paso para el hombre, pues tanto uno como el otro son personas, y se definen por su capacidad de autonomía y comunicación. Sólo en un contexto de comunicación personal se sitúa y emerge la familia, superando el nivel de “paso” del águila en el cielo, de la serpiente en la roca (¡imagen sexual!) y de la nave en el mar. El hombre no es un géber/sexo saliente que pasa por la mujer útero/redondo que acoge, sino persona en comunicación y palabra, en libertad creadora y vida compartida.

3. Epílogo. Mujer y familia en el libro de los Proverbios.

Como he dicho evocando a la gebîra, según la Biblia judía el hombre está vinculado al trabajo externo y a la guerra, mientras la mujer queda centrada en la casa y la familia, con sus valores y sus riesgos. En esa línea se dice que «la mujer sabia edifica su casa, pero la insensata con sus propias manos la destruye» (14, 1). El libro alaba también a la mujer hermosa cuando se hace respetar (11, 16), pero condena el riesgo de la hermosura vana: «Zarcillo de oro en hocico de cerdo es la mujer hermosa que carece de discreción» (11, 22).

En ese contexto debemos añadir que el valor de la mujer se mide desde la perspectiva masculina: «La mujer virtuosa es corona de su marido, pero la mala es carcoma en sus huesos» (12, 4). Muchos proverbios siguen diciendo así que la mujer necia es un riesgo constante, como una gotera en la casa (19, 13), pero la prudente es un regalo de Dios para el marido (cf. 19, 14), el mayor de sus tesoros de una casa. En contra de eso, el mayor riesgo del hombre es una mujer amiga de querellas y pendencias: «Mejor es vivir en un rincón de la azotea (o en un desierto) que compartir la casa con una mujer rencillosa» (21, 9.19; 25, 44; 27 15).

Mayor es todavía el riesgo de la mujer ajena (20, 16; 27, 13), que es como una hoya en la que caen aquellos a los que Dios ha dejado de su mano (22, 14). «Fosa profunda es la prostituta; pozo angosto es la mujer extraña, que se pone al acecho como asaltante y provoca traiciones en los hombres» (23, 27-28), sin que tenga remordimiento alguno, de manera que «come, se limpia la boca y dice: no he hecho nada malo» (30, 20). Una mujer de ese tipo destruye a la familia, entendida aquí de forma monogámica, desde la perspectiva del varón.

41kdho0uxIL._AA258_PIkin4,BottomRight,-42,22_AA280_SH20_OU33_A pesar de esas críticas, el libro de los Proverbios sabe que la mujer realiza una función esencial en la casa, y recibe una atención fuerte como madre, acompañada en general por el padre, en un contexto doméstico, vinculado a la educación de los hijos: «El hijo sabio alegra al padre, el necio menosprecia a la madre» (15, 20); «quien maltrata al padre y expulsa a la madre es hijo indigno e infame» (19, 26; cf. 20, 2). En esos y otros proverbios resuena la voz del mandamiento que exige «honrar al padre y a la madre» (Ex 20, 12; Dt 5, 6): «Escucha a tu padre, que te engendró; y cuando tu madre envejezca, no la menosprecies… Alégrense tu padre y tu madre, gócese la que te dio a luz» (Prov 23, 20.22).

(Tema elaborado en La Familia en la Biblia, Verbo Divino, Estella 2014)

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