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Jesús no nos salvó con su muerte sino con su vida

viernes, 14 de abril de 2017
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jesus-talhas-vinho03Jn 18,1-19,42

La celebración ayer de la última cena, la celebración hoy de la muerte y la celebración mañana de la resurrección, son tres aspectos de una misma realidad: La plenitud de un ser humano que llegó a identificarse con Dios que es Amor. Este es el punto de partida para que cualquier ser humano pueda desarrollar su verdadera humanidad. Pero el amor es la meta a la que llegó Jesús y a la que tenemos que llegar nosotros. Ese amor es lo más dinámico que podemos imaginar, porque es el motor de toda acción humana.

El recuerdo puramente litúrgico de la muerte de Jesús, sin un compromiso de mantener en nuestra vida las mismas actitudes que le llevaron a la muerte, es un folclore vació de contenido. Otro peligro que nos acecha en esta celebración, es caer en la sensiblería. Tal vez no podamos sustraernos a los sentimientos ante la descripción de una muerte tan brutal. El peligro estaría en quedarnos ahí y no tratar de vivir lo que estamos celebrando. Nos importan los datos históricos, pero solo como medio de descubrir la cristología que en ellos se encierra: Jesús es para nosotros el modelo de lo humano y de lo divino.

No podemos presentar la muerte de Jesús como el colmo del sufri­miento. La vida de Jesús se desarrolló con relativa normalidad y con una cierta comodidad. Los sufrimientos duraron solo unas horas. Millones de personas, antes y después de Jesús, han sufrido mucho más en cantidad y en intensidad. No podemos seguir hablando de sus sufrimientos como si fueran los únicos. Fue una muerte cruel, sin duda, pero no podemos presen­tarla como el paradigma del dolor humano. El valor de la muerte de Jesús no está en el dolor, sino en la motivación de esa muerte, en la actitud de Jesús y de los que lo mataron.

Tenemos que superar la idea de que “murió por nuestros pecados”. El autor de la carta a los hebreos, (que seguramente no es de Pablo) lo que intenta es hacer ver a los judíos, que ya no tenía sentido el repetir los sacrificios que habían sido la base del culto en el templo, porque ya estaba cumplida en Jesús toda la labor de mediación. Esta idea es posible, solo desde la perspectiva del Dios del AT que premia y castiga; y exige el pago por nuestros pecados. Este Dios no tiene nada que ver con el Dios de Jesús, que nos ama a todos, siempre e infinita­mente y que, si pudiera tener alguna preferencia, sería para con los débiles o los pecadores.

¿Por qué le mataron? ¿Por qué murió? Si no hacemos esta distinción, entraremos en un callejón sin salida. Le mataron porque la idea de Dios que él predicó no coincidía con la idea que los judíos tenían de su Dios. El Dios de Jesús, como veíamos ayer, no es el soberano que quiere ser servido, sino Amor absoluto que se pone al servicio del hombre. Esta idea de Dios es demoledora para todos aquellos que pretenden utilizarlo como instrumento de dominio y esclavitud de los demás. Ningún poder establecido puede aceptar ese Dios, porque no es manipulable ni se puede utilizar en provecho propio. Esta idea de Dios es la que no pudieron aceptar los jefes religiosos judíos. Este Dios nunca será aceptado por los jefes religiosos de ninguna época.

Jesús murió por ser fiel a sí mismo y a Dios. No se pueden separar las respuestas a las dos preguntas. Jesús como todo ser humano tenía que morir, pero resulta que no murió, sino que le mataron. Esto último, tampoco hace de su muerte un hecho singular. La singularidad de esa muerte hay que buscarla en otra parte. La muerte de Jesús no fue un accidente, sino consecuencia de su manera de ser y de actuar. Creo que en la aceptación de las consecuen­cias de su actuación está la clave de toda la vida de Jesús.

El hecho de que no dejara de decir lo que tenía que decir, ni de hacer lo que tenía que hacer, aunque sabía que eso le costaría la vida,es la clave para compren­der que la muerte no fue un accidente, sino un hecho fundamental en su vida. El hecho de que le mataran, podía no tener mayor importancia, pero el hecho de que le importara más la defensa de sus convicciones, que la vida, nos da la verdadera profundi­dad de su opción vital. Jesús fue mártir (testigo) en el sentido estricto de la palabra.

Las palabras y los gestos de Jesús en la última cena, sobre el servicio total a los demás, pueden significar la más elevada toma de conciencia de Jesús sobre el sentido de su vida. Tal vez en ese momento, cuando ya era inevitable su muerte, descubrió el verdadero sentido de una vida humana. Cuando un ser humano es capaz de consumirse por los demás, está alcanzando su plena consumación. En ese instante manifiesta un amor semejante al amor de Dios y puede decir: «Yo y el Padre somos uno». Dios está allí donde hay verdadero amor, aunque sea con sufrimiento y muerte. Si seguimos pensando en un dios de “gloria”, será muy difícil comprender el sentido de la muerte de Jesús.

¿Qué tuvo que ver Dios en la muerte de Jesús? El gran interrogante que se plantea sobre esa muerte recae sobre Dios. No podemos pensar que planeó su muerte, ni que la exigió como pago de un rescate por los pecados, ni que la permitió o la esperó. La paradoja está en que podemos decir que Dios no tuvo nada que ver en la muerte de Jesús, y podemos decir que fue precisamente Dios la causa de su muerte. Si pensamos en un Dios que actúa desde fuera, nada de lo que digamos en relación con esa muerte tiene sentido. Si pensamos que Dios era el motor de toda la vida de Jesús, de sus actitudes y de sus decisiones, entonces Él fue la causa de que Jesús fuera a la muerte.

La muerte de Jesús es una verdadero interrogante sobre Dios. Según todas las apariencias, Dios abandonó a Jesús a su suerte cuando le pedía a gritos que le ayudara. ¿Cómo podemos armonizar su silencio con la cercanía en el momento de morir? Aquí está la clave de comprensión del misterio Pascual. Dios no abandonó por un momento a Jesús para después reivindicarlo. Dios estuvo con Jesús en su muerte. Porque fue capaz de morir antes que fallarle, demuestra esa presencia de Dios como en ningún otro momento de su vida. En la entrega total se identificó totalmente con Dios y lo hizo presente. Cualquier otro intento de demostrar la presencia de Dios en Jesús (conocimientos, poder, milagros) es contrario a las enseñanzas más profundas de Jesús sobre Dios.

Creo que aún tenemos que reflexionar mucho sobre esa muerte para comprender el profundo significado que tuvo para él y para nosotros. Su muerte es el resumen de su actitud vital y por lo tanto, en ella podemos encontrar el verdadero sentido de su vida. Se trata de una muerte que manifiesta la verdadera Vida. Pero no se trata de la muerte física, sino de la muerte al “ego”, y por lo tanto a todo egoísmo, que hizo posible una entrega a los demás hasta la muerte. Este es el mensaje que no queremos aceptar, por eso preferimos salir por peteneras y buscar soluciones que no nos exijan entrar en esa dinámica. Si nuestro “yo” sigue siendo el centro de nuestra existencia, no tiene sentido celebrar la muerte de Jesús; y tampoco celebrar su “resurrección”.

Nosotros tenemos que separar la vida, la muerte y la resurrección de Jesús para intentar entenderlas, pero solamente las podremos entender si descubrimos la unidad de las tres realidades. La muerte fue consecuencia inevitable de su vida, pero en esa muerte ya estaba toda lo gloria que podía recibir Jesús. La trayectoria humana de Jesús terminó alcanzando la más alta meta: desplegar al máximo toda su humanidad, alcanzando y manifestando la plenitud de divinidad. Si no tenemos presente esto, podemos seguir echando balones fuera y sin descubrir lo que tiene de acicate para nosotros el darnos cuenta que un ser humano, en todo semejante a nosotros, pudo llegar a esa meta.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Todo se cumplió, pero… queda mucho por hacer

viernes, 14 de abril de 2017
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kyris 1De su blog Vivir y Pensar en la Frontera:

Viernes Santo. Jesús muere gritando: no está todo consumado, os paso el testigo y entrego el Espíritu

En un twitter sedicente “anti-bergogliano”, leo que se alegran desde la oposición al Papa, diciendo así: “No le va a dar tiempo a su reforma, vendrá después un Juan Pablo III que haga volver la riada al cauce”.

En un blog digital de entusiastas de la primavera de Francisco, leo que se lamentan animados por su carisma, quienes dicen así: “Qué lástima, le va a faltar tiempo para culminar las reformas. Tememos que venga después otra vez la restauración ratzingeriana”.

Los anti-bergoglianos se alegrarían de que a Francisco no le de tiempo a consumar la tarea. Los pro-Francisco se impacientan temerosos de que no le de tiempo para decir consummatum est.

Unos y otros necesitarán (necesitaremos) meditar en Semana Santa el sentido exacto del Consummatum est: Todo está cumplido, sí, mas… no todo está consumado, puesto que aún queda mucho por hacer.

Pienso que a Francisco (que tanto repite lo de la prioridad del tiempo largo de discernimiento, más que el control de los espacios de poder) no le preocupa ninguna de estas dos voces (enemigas por defecto o amigas por exceso) sobre la falta de tiempo; ni le inquieta la voz de quienes desean acelerar su final, ni le seduce la de los que le desean larga vida.
Quien ha meditado y predicado, como Francisco, durante muchos años la tercera semana de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio: Pasión de Cristo, confórtame, conoce bien el tema: A Jesús no le dio tiempo, a Jesús se le quedó mucho, o casi todo, por hacer. Jesús muere quedándosele tantas cosas pendientes…

Aunque su muerte-resurrección consuma la obra de la salvación, Jesús muere encargando a sus seguidores la realización en la historia de la misión para la que les entrega su Espíritu al expirar.

Dos gritos estentóreos de Jesús al agonizar y expirar. Grita como fuera de sí. Un grito de queja y un grito de victoria.

Un primer grito que protesta: “¿Hasta cuándo, Padre, hasta cuándo? ¿Por qué, Abba, por qué? ¿Por qué a mí? ¿Por qué de este modo? Es el grito de Job. Es nuestro grito, cuando creemos en Dios, no porque resuelva el mal, sino a pesar de que se calla y no lo resuelve como quisiéramos. Es un grito de queja, fuera de sí ante lo insoportable del silencio de Abba.

Y, a continuación, otro grito, el de quien muere “expulsando el último aliento”, “expeliendo (en griego eksepneusen) su espíritu, su pneuma, entregando su espíritu a Abba y entregándonos su Espíritu para que nos haga vivir, dándones la fe en la resurrección como morir hacia la Vida.

Si el primer grito era el desesperado: “¿hasta cuándo, por qué?, el segundo grito es el que clama: “¡Por fin! ¡Al fin!”. Por fin se llega a un fin que es un comienzo. Aunque al crucificado se le quede todo por hacer en esta vida, su vida y misión sin terminar, sin embargo “todo está consumado y realizado”, no hay que añorar pasados nsotálgicos ni soñar futuros idealizados. Es el “hoy” del Presente de la Vida. Es la entrada en la otra cara del presente: ya no hay engaño de muerte y vida, sino vida verdadera resucitada. Muerte, resurrección y ascensión son todo uno en el Pentecostés del triunfo del Espíritu.

Acostumbrados a la traducción de la Vulgata latina, consummatum est: “todo está consumado” (Jn 19, 30), quizás pasa inadvertido el doble sentido tan rico de esa expresión: ya está cumplido y ya está entregado. Por una parte, Jesús muere demasiado pronto, quedándosele tantas cosas por hacer, tantas palabras que decir, tantos abrazos que dar… en el momento de morir hacia la Vida. Por otra parte, la continuación de su obra y la realización del Reinado de Dios está totalmente entregada en manos de la comunidad que se reunirá por su Espíritu. A ella le entrega el Espíritu al expirar el último aliento del suyo, que es el primero de la constitución de su iglesia por el Espíritu. Esta entrega, dramatizada en el brote de sangre y agua del costado abierto, es recibida por Juan y Magdalena, primera comunidad eclesial, amparada por la Madre de Jesús, la Piedad del Descendimiento, que se convierte en Madre de la Iglesia.

Jesús murió quedándosele mucho por hacer, pero su muerte no es una derrota, porque lo principal está cumplido y entregado. La garantía de su continuidad es su propio espíritu, entregado y vivo como Espíritu de Vida del Resucitado. Por eso pudo morir, por una parte, inclinando la cabeza (Jn 19, 30) y, por otra parte, puede morr gritando (Lc 23, 46 Mc 15, 37 Mt 27, 50). Muere gritando un grito de victoria, porque morir es salir fuera de sí para extenderse a todo, es salir de sí para entrar definitivamente en el misterio de la Vida. Morir es resucitar: no como re-vivir, sino como vivir plenamente y de veras en la vida de la Vida.

Ampliación exegética:

(Me disculpo por la extensión de estas líneas; el tema requiere una columna larga, más que un breve post del blog… Me alegraría que nos ayuden a meditar durante Semana Santa).

El cuarto evangelio lo cuenta así: “Cuando probó el vinagre, dijo Jesús: -Queda terminado (tetélestai, queda cumplido, acabado, concluído). Y, reclinando la cabeza, entregó el Espíritu” (Jn 19, 30).

El momento de expirar Jesús hacia la Vida (muerte y resurrección son simultáneas), es la génesis y entrega del Espíritu. Si se pone la frase en arameo, se expresaría con el mismo verbo: “entregar” (shelem, raíz S-L-M), lo que en griego y latín son dos verbos diferentes: 1) “todo está cumplido-entregado” (gr. tetelestai, lat. consummatum est) y 2) “entregó el espíritu” (gr. parédoken to pneuma, lat. tradidit spiritum). Lo comenta muy bien Abdelmumin Aya, en un libro cuya lectura no me canso de recomendar: El arameo en sus labios, Fragmenta editorial, Barcelona, 2013, pp. 133-136, cap. 22: La consumación).

Marcos relata escuetamente que Jesús muere gritando “¿por qué?”: “A media tarde clamó Jesús dando una gran voz (phoné megále): -Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?… Jesús, lanzando una gran voz, expiró (exepnéusen, expulsó el último aliento)” (Mc 15, 34-37). La expresión del “por qué”, dirigida a Dios, está tomada del comienzo del salmo 21 (22), que convierte en oración la queja ante el silencio divino: Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado; a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza. De día grito, y no respondes; de noche, y no me haces caso. Esta oración no es la de quien “tira la toalla, desengañado”, sino la que brota de las entrañas de fe y hace posible la paradoja de “desesperación esperanzada y la esperanza desesperada” (“Noche oscura del alma, eres nodriza / de la esperanza en Cristo salvador…” (Unamuno, El Cristo de Velázquez).

Mateo lo cuenta también recogiendo la tradición del doble grito (phoné megále) de Jesús antes de morir: “A media tarde gritó Jesús muy fuerte: -¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?… Jesús dio otro fuerte grito y exhaló el espíritu (aphéken to pneuma, dejó salir de sí efusión de espíritu” (Mt 27, 46-50). Frente a la incredulidad de quienes retaban a Jesús a bajarse de la cruz milagrosamente (la última tentación) e interpretaban el “por qué me has abandonado” como fracaso, la lectura de fe percibe en el grito estentóreo de Jesús un clamor de victoria, en el que se mezcla la angustia de Getsemaní (Mt 26, 38: aparta de mí este cáliz) con la efusión del Espíritu que había animado el camino de Jesús y animará a sus seguidores para llevar a cabo la misión que él les encargará (Mt 28, 16-20).

Luce en la majestad de tu tormento/ la luz del abandono sin reserva /resignación que es libertá-absoluta/ y el ¡Hágase tu voluntad! Reviste/ con velo esplendoroso tu martirio / Silencio, desnudez, quietud y noche/ Te revisten, Jesús, como los ángeles / de tu muerte; se calla el Dios desnudo / y quieto en su tiniebla. De tu Padre / dentro el silencio fiel tan solo se oye… Unamuno, El Cristo de Velázquez).

Lucas conserva la tradición sobre el fuerte grito (phoné megále) de Jesús al morir, pero las palabras que pone en labios de Jesús son las del salmo 30 (31): “A tus manos encomiendo mi espíritu. Y diciendo así, ex-piró (exekpnéusen).

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¿Un Cristo demasiado humano? II. Las ocho palabras en la cruz

viernes, 14 de abril de 2017
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jesus-vazquezeroLas primeras comunidades no podían comprender que el Mesías libertador muriera crucificado, incluso recordaban la sentencia del Deuteronomio «maldito todo el que cuelga de un leño»; por eso necesitaban buscar una explicación acorde con la Biblia.

Tradicionalmente mencionamos las siete palabras, y estrictamente hablando son siete palabras; sin embargo Marcos menciona una última expresión de Jesús, una expresión sin palabras pero más expresiva que cualquier palabra: “Jesús, lanzando un grito, entregó su espíritu”. Un grito que hizo que se rasgara (simbólicamente) el velo del templo y que el centurión exclamara: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”.

Estas siete palabras en la cruz han centrado la piedad sobre este último momento de la vida de Jesús; las hemos considerado como rigurosamente históricas, y en una cierta progresión que las va complementando hasta el momento en que muere entregando su vida al Padre. Puede decepcionarnos saber que la historicidad de estas palabras es poco probable; Marcos nos dice que ningún cristiano estuvo a los pies de la cruz (Mc 15,40-41), y no pudieron transmitirlas.

Las primeras comunidades no podían comprender que el Mesías libertador muriera crucificado, incluso recordaban la sentencia del Deuteronomio “maldito todo el que cuelga de un leño”; por eso necesitaban  buscar una explicación de acorde con la Biblia. Esto es lo que le atribuye Lucas al mismo Jesús con los discípulos que huían desconcertados camino de Emaús: “Y empezando por Moisés y por todos los profetas, les explicó lo que sobre él hay en todas las Escrituras” (Lc 24,27). Estas son las explicaciones que se fueron elaborando en las primeras comunidades para responder a las dificultades de propios y extraños, y para rellenar el vacío de un relato sobre la pasión.

Es significativo que cada evangelista le aplica a Jesús palabras distintas, a pesar de que Lucas y Juan conocen el relato de Marcos. Cada evangelista quiere transmitir a sus comunidades matices diferentes, mensajes diferentes, de este momento trascendental de la muerte de Jesús.

Estas diferencias es lo que queremos mostrar aquí para comprender que no se trata de la exactitud histórica sino de una interpretación espiritual de un suceso histórico. Veamos la interpretación de cada evangelista.

El evangelio de Marcos

“Dios mío, ¿por qué me has abandonado” (Mc 15,34).

En el primer evangelio, Marcos, que es el más brusco y espontáneo, sólo le aplica la cita del Salmo 21,2 “Dios mío, ¿por qué me has abandonado”. Marcos –o el texto que le sirve de base– supone que Jesús recordaría este salmo y se identificaría con la situación del Siervo doliente. Y es muy probable que estos fueran los sentimientos de Jesús en esos momentos. No resulta tan probable que emitiera esta exclamación con una gran voz, y menos aún que los presentes –¿romanos o judíos?– creyeran que llamara a Elías.

Esta es la exclamación inicial y la más dura de todo el salmo 21; luego pasa a una súplica de ayuda e incluso al reconocimiento de que Dios “no ha escondido su rostro al pobre desgraciado”.

Los lectores de Marcos conocían de memoria el salmo entero, y sabían que esa súplica de Jesús refleja un tremendo sentido de fracaso, aunque tenga un trasfondo de confianza. Una cosa es lo que sentimos y otra es lo que aceptamos racionalmente. Lucas y Juan omiten esta queja de abandono, solamente la recoge Mateo.

“Y dando un fuerte grito expiró” (Mc 15,37).

Esta es la última expresión inarticulada de Jesús, que exterioriza un profundo sentimiento, y que Marcos deja sin interpretar. Un final de Jesús que queda abierto, como queda abierto el evangelio de Marcos con las mujeres que reciben el mensaje del ángel y, por miedo, no se atreven a comunicárselo a los discípulos. Lucas interpretará este grito con palabras de serena aceptación. Algunos comentaristas dudan de la posibilidad de que un crucificado pudiera emitir este grito.

El evangelio de Lucas

Lucas es más conciliador, le aplica tres palabras más serenas de misericordia y confianza en el Padre:

“Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34).

Estas palabras parecen añadidas al texto original, porque interrumpen el relato, faltan en algunos manuscritos importantes, y pueden estar tomadas de la oración de Esteban en Hechos 7,60. Sin embargo la excusa de la ignorancia en la condena de Jesús es un tema que se repite en Hechos (Hch 3,17; 13,27; 17,30) y el tema de la misericordia concuerda con todo el mensaje de Jesús y con las características del evangelio de Lucas.

“Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,43).

Este episodio puede estar inspirado en el relato de Marcos «también los que estaban crucificados con él lo insultaban», pero Lucas –o su fuente L– desarrolla ampliamente la escena. Acentúa el contraste entre Jesús y los otros ajusticiados, a los que llama malhechores (kakourgai) ) en vez de forajidos (lêstai);  y escenifica la petición de un de ellos –¡que lo invoca como Jesús!– para acentuar su respuesta de misericordia, con la promesa del paraíso inmediatamente después de la muerte. Algunos dudan de la historicidad de este episodio porque es exclusivo de Lucas, pero es igualmente consecuente con todo su evangelio.

Padre, en tus manos entrego mi espíritu” (Lc 23,46).

Lucas corrige una vez más el relato de Marcos al interpretar el grito final de Jesús con estas serenas palabras de confianza, tomadas del Salmo 31,6 según la traducción de los LXX , sustituyendo la invocación de Señor por la de Padre.

El evangelio de Juan

Este evangelio interpreta la muerte de Jesús no como fracaso humano sino como exaltación divina. Clavado en la cruz, Jesús, con serena majestad se ocupa de la comunidad que deja, y del cumplimiento de las profecías. Su teología simbólica ha dado pie a diversas interpretaciones, y resulta difícil establecer qué sentido quiso darle el autor.

“Mujer, ahí tienes a tu hijo”, “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,26-7)

Este pasaje contradice expresamente el texto de Marcos 15,40 que, respecto a los seguidores de Jesús, sólo habla tres mujeres “observando aquello de lejos” y ni siquiera está claro que una de ellas fuera su madre. Esta contradicción no tiene importancia porque la mayoría de los exégetas interpretan esta escena como simbólica: Jesús entrega a su madre –el Antiguo Testamento– al cuidado del discípulo, que simboliza el Nuevo Testamento; o, como interpretan otros, entrega la naciente comunidad al cuidado de su madre. Antiguo y Nuevo Testamento se reconocen y se integran en la nueva comunidad.

“Para que se cumpliese la escritura dice: tengo sed” (Jn 19,28)

Todo este pasaje insiste expresamente en el cumplimiento de la Escritura. Juan atribuye a Jesús la iniciativa al decir “tengo sed”, y no lo hace por la urgente necesidad que le ha provocado este martirio sino, con pleno dominio y majestad, “para que se cumpliese la escritura”. Los exégetas discrepan sobre si Juan alude a la sed física o a la espiritual. No hay ningún texto al que se refiera este cumplimiento; en sentido espiritual se cumple la escritura porque “los amó hasta el fin”, y porque entrega a los creyentes el don del Espíritu.

“Está cumplido” (Jn 19,30).

Plenamente dueño de sí, Jesús declara que ha dado cumplimiento al proyecto de Dios que habían anunciado los profetas. “Y, reclinando la cabeza, entregó el Espíritu”. Algunos comentaristas interpretan que reclinar la cabeza y entregar el Espíritu indican un acto consciente y voluntario, y añaden que Juan no dice que murió, sino que “entregó el Espíritu”, una expresión ambigua que puede indicar la muerte o la donación del Espíritu Santo.

Reflexión

Marcos, compañero de Pablo, escribió la primera biografía de Jesús para volver la atención desde el Cristo exaltado en su resurrección al Jesús de Galilea, y destacó los rasgos humanos de Jesús como la ira (Mc 3,5) y el “por qué me has abandonado”. Lucas, siguiendo una tendencia de la tradición, retomó al Jesús de Galilea pero limó las ásperas aristas de Marcos. El autor del evangelio de Juan continúa esta tendencia acentuando los rasgos espirituales de Jesús: no menciona su agonía en el huerto, y lo presenta en plena majestad en la cruz.

Los tres ven los mismos hechos con diversas perspectivas. Marcos ve el lado humano de Jesús, ve el revés nudoso del tapiz. Lucas y Juan ven los planes de Dios en esos mismos hechos, ven el dibujo del tapiz. Son tres legítimas consideraciones de la tradición cristiana.

Ya hemos comentado en la primera parte de “Marcos: ¿un Cristo demasiado humano?” el contraste entre la recomendación de Marcos de volver a Galilea y la recomendación de Lucas de perseverar en Jerusalén. Volver a Galilea significaba la ruptura radical con el judaísmo; permanecer en Jerusalén significaba conciliar el naciente cristianismo con el judaísmo. Cada cristiano puede acentuar una de estas posiciones –o combinarlas– según los signos de los tiempos y su propio camino espiritual.

(Este es el resumen escrito de una conferencia grabada en vídeo que puede verse aquí)

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Carlos Haya

Fuente Fe Adulta

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El día de la Cruz, reflexión. 14 Abril, 2017

viernes, 14 de abril de 2017
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cruz

La cruz,  intercesión de dos maderos, donde reposa Cristo

 

DINÁMICA

Entramos descalzos, símbolo de apertura y de humildad, de querer vivir acogiendo todo con novedad

Comenzamos con la señal de la cruz

La Cruz es el encuentro de dos fidelidades, la  del Padre en el Hijo y del Hijo en el Padre. El hijo deja de pertenecerse y el Padre igual, y este descentramiento hace que surja el centramiento total de la comunión, la cruz, que conlleva  muerte y el dolor, pero en el centro donde los dos maderos se cruzan late las auténtica Vida. El corazón que en movimientos rítmicos anuncia la resurrección de un nuevo modo de existir.

Con nuestro gesto, tocamos nuestra frente y bajamos hacía las entrañas, símbolo de que todo lo que somos al pasar por nuestro corazón se abre a una nueva relación con Dios y después tocamos un hombro y posteriormente el otro,  todas nuestras acciones pasan por el corazón donde late la vida de Dios en nosotros , y sólo desde ahí podemos entregamos a los demás.

Jesús en la Cruz nos dice, estoy en mi centro, no puedo moverme, mis pies están clavados, mis manos igual, no puedo volver la cabeza, no me puedo ocupar más que de la relación con mi Padre…y eso es lo que te digo a ti hoy:

“No te compares, ni mires, ni critiques, ni envidies a  otros…a ti qué? Bastante tiene cada uno con sus límites….tú…sígueme.

 

CÓMO VIVIR LA PROPIA CRUZ

 

Para empezar, sabemos que, en rigor, no a todo sufrimiento podemos llamar “cruz”.

Hay sufrimientos evitables, en nosotros y en los demás, contra los que tendremos que luchar;

Hay otros inevitables, que tenemos que aceptar;

Y hay otros, que son consecuencia de una opción de amor fiel: éstos son la “cruz”, y frente a ellos, la opción constructiva es la que apreciamos en Jesús: asumirlos lúcida, paciente y confiadamente. Así vivida, la cruz es fuente de vida

Mt 26,39 …Padre mío, si es posible, que pase de mi esta copa de amargura; pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú

CARGAR CON LA CRUZ

“Se hicieron, pues, cargo de Jesús que llevando a hombros su propia cruz, salió de la ciudad a un lugar llamado  “La Calavera” Jn 19,17

(silencio)

Jesús vivió en fidelidad a la voluntad del Padre, y esto le llevó a enfrentarse con los poderes políticos y religiosos. La muerte de Jesús fue consecuencia de su vida.

Jesús no quiso la Cruz , pero no la evitó, pues fue consecuencia de su posicionarse en la vida

“Cuando se lo llevaron para crucificarlo, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaran la cruz para que la llevara detrás de Jesús” (Lc 23,26)

(silencio)

Y cargar con la cruz es seguir  sus pasos de manera responsable y comprometida, sabiendo que ese camino nos llevará tarde o temprano a compartir su destino doloroso.

Para los seguidores de Jesús, reivindicar la Cruz es acercarse servicialmente a los crucificados; introducir justicia donde se abusa de los indefensos; reclamar compasión donde sólo hay indiferencia ante los que sufren.

Esto nos traerá conflictos, rechazo y sufrimiento. Será nuestra manera de cargar con la Cruz de Cristo.

“Este es mi siervo a quién sostengo,

mi elegido en quien me complazco.

He puesto sobre Él mi espíritu,

Para que traiga la salvación a las naciones.

No gritará, no alzará la voz,

No voceará por las calles;

No romperá la caña cascada

Ni apagará la mecha que se extingue.

Proclamará fielmente la salvación,

Y no desfallecerá ni desmayará.

( Isaias 42,1-7)

No nos está permitido acercarnos al misterio de la Cruz de manera pasiva, sin intención alguna de cargar con ella.

Es precisamente al besar la Cruz cuando hemos de escuchar la llamada de Jesús: «Si alguno viene detrás de mí… que cargue con su cruz y me siga».

 

CONTEMPLAR LA CRUZ

 

La Cruz es el vaciarse de todo para llenarse del Todo, y vamos a contemplar la Cruz hoy, mirándola y dejándonos atravesar por su silencio,  un silencio cargado de dolor y de Vida Nueva.

La Cruz es la puerta que nos permite dejar atrás lo que no somos, la imagen que hemos confeccionado de  nosotros mismos para sobrevivir, es decir lo que hemos aprehendido .

La Cruz nos despoja de todo para podernos encontrar con el Todo.

Es la vuelta a la esencia que somos, es desnudarnos de barnices, caretas, ropajes…

.

Desnudos nacimos y desnudos volveremos a Dios.

CABEZA

La cabeza de Jesús, llena de espinas, cada gota de sangre de Jesús es una pequeña obertura de desalojo de si, para dejar  que sus pensamientos compasivos y misericordiosos puedan llegar a los nuestros

 “Lo vistieron con un manto de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron”

                                                       ( Mc 15,17)

(silencio)

 “Lo golpearon en la cabeza con una caña, le escupían , y poniéndose de rodillas le rendían homenaje” (Mc 15,19)

(silencio)

Jesús inclinando la cabeza, entregó su espíritu Jn 19,30

 

(silencio)

Una cabeza inclinada, Jesús aquieta sus pensamientos, estamos ante la máxima  pasividad, hoy podríamos llamar no resistencia.

Al entregar sus pensamientos, se abandona. No juzga, no critica, no se compara, no pretende. Silencia su mente y está en lo único necesario, en Su Padre

Se entrega, entrega el espíritu y así renuncia  a todo adjetivo y pronombre posesivo, transciende por completo su individualidad, abre su vida para vivir y ser en todos.

  • Jesús esperan de mi que sea importante ,que ocupe  primeros  puestos, que  gane mucho dinero, que sea reconocido socialmente….

Jesús te dice…”y a ti te llena?…tú sígueme”

LOS PIES DE JESÚS

Jesús recorría todos los pueblos y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando la buena noticia del reino y curando todas las enfermedades y dolencias. (Mt 9,35)

(silencio)

Los pies de Jesús iban de un sitio a otro para anunciar el Reino, hoy sus pies crucificados  ya no se dirigen a anunciar el Reino, porque el Reino es Él.

Ya no es necesario caminar porque Él es el camino para ir al Padre. Sus pies quietos, sin pisar tierra, ya no es necesario apoyarse en ellos, porque sus pies que fueron enjugados con lágrimas y perfume, hoy son camino , verdad y vida para nosotros

  • Jesús…es que necesito recorrer mundo, pisar otras tierras, ponerme las últimas deportivas…

Y Jesús nos dice   “ Y a ti llena?   ….tú sígueme  “

 

SUS  MANOS

 Dinámica:

Coger cualquier objeto que tengáis cerca e intentar dar la mano a quien tenéis al lado, podéis?

Cuando nuestras manos están llenas de cosas no podemos acercarnos a los demás.

No es malo tener cosas, sino que las cosas no posean.

Las manos abiertas pueden entregar y recibir

No es lo malo tener un móvil, lo malo es que el móvil sea mi vida

Las manos de Jesús son manos que acarician, que bendicen, que abrazan, que sanan, que parten el pan…sus manos abiertas siempre disponibles paras ser sanación y bendición para otros

Pero hoy sus manos abiertas, en los extremos de la cruz, indican que su misión es abrazar a toda la humanidad en ese gesto único en que sus manos abiertas entregan su último suspiro..manos que no retienen ni atesoran, manos que no guardan nada para si…manos entregadas para ser voluntad del  Padre.

Todo su ser tiende a Dios, es libre para entregarse, nada le retiene, nada le ata.

Este gesto de brazos y manos abiertas es el gesto definitivo de Jesús para pasar  al Padre….nunca ya se cerraran.

 

 

”Luego tomó a un niño, lo puso en medio de ellos y lo abrazó                                             (Mc 9,36)

(silencio)

y tomándolos en brazos, los bendecía , imponiéndoles las manos”                    ( Mc 10,16)

(silencio)

” …Jesús compadecido tocó sus ojos, y al instante recobraron la vista y lo siguieron

( Mt 20,34)

(silencio)

Mientras cenaban, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos.

(Mt 26,26)

(silencio)

Manos abiertas, que piden, que reconocen su propia pobreza, que esperan, que muestran su receptividad ante el don de Dios.

Manos abiertas: lo contrario del puño violento o de las manos cerradas del egoísmo.

  • Jesús es que necesito demostrar que soy fuerte, que mis puños son de acero, que puedo con todo, que necesito acumular por ai acaso …

Y Jesús te dice: “Y a ti te llena?..tú sígueme”

 

CORAZÓN

Su corazón está en el centro, en la intercesión  entre la verticalidad y la horizontalidad, es el lugar de dos vaciamientos, lo humano en lo divino y lo divino en lo humano.

Es un corazón que deja de latir, porque trasciende el latido humano para entrar en el latido de Dios que no es otra cosa que un corazón que ama en el Silencio

Su corazón, ya no se apega a nada, ya no desea nada, sólo se rompe en un amor sin límites y su muerte es la entrega de un amar amando…

Jesús con su muerte abre su corazón a amar a toda la humanidad, sin excluir a nadie

y después de dar gracias, lo partió y dijo: “Esto es Mi cuerpo que se entrega por todos vosotr@s, ; haced esto en memoria de Mí.”                       1 Cor 11,24          ( silencio)

  • Jesús mi corazón tiene muchos amores, me da miedo amar a fondo perdido, tengo miedo a la entrega, al compromiso….

Y Jesús te  dice: “ Y a ti te llenan?….tú sígueme”

SU COSTADO

 

”Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza  y, al punto, brotó de su costado sangre y agua” Jn 19,34

El agua y la sangre son los líquidos de la placenta, Jesús nos ofrece un nuevo renacer a la Vida en Dios. Cristo como dice Juliana de Norwich es madre y al ser rasgado su costado nos permite entrar por él al útero de Dios, donde la vida es vida en plenitud

  • A veces tengo miedo a entregarme, a que lo que me pidas me supere, a dejar atras ilusiones y expectativas, a no realizar mis sueños…             Y Jesús te  dice: “ Tú , sígueme”

 

 

EL SILENCIO DE JESÚS EN LA CRUZ                 

 

 Es expresión de ser consecuente, de quién  cree verdaderamente lo que vivió, de quién es fiel a sí mismo y al Padre

Es expresión de quien confía y se abandona,  se sabe abrazado ocurra lo que ocurra en Su Padre, no importan las circunstancias externas

Es expresión de sabiduría y saboreo, es decir, de conexión con su identidad más honda.

La sabiduría es aquella verdad que vive en el interior de cada uno y que se descubre a través del silencio, en esa profundidad donde uno se atreve a ser quién es y a vivir con quién le habita.

Lo opuesto al silencio es identificarnos con nuestra mente o pensamientos, nosotros no somos lo que pensamos o sentimos, somos mucho más que eso y eso se descubre en el silencio cuando descubres la identidad que eres, la esencia que eres.

Y eso es lo que hizo Jesús al ser crucificado, dejó de identificarse con sus sentimientos o pensamientos, para ser totalmente el ser humano libre, universal que vivió en esa comunión profunda de quien es en Quien es, en un amor universal, con un pensamiento y un corazón libre que se dilató y rompió por amor, transcendiendo su humanidad en divinidad

La Cruz es la puerta para volver al útero de Dios.

“Jesús dijo: Todo está cumplido, e inclinando la cabeza, entregó el espíritu”                     ( Jn  19,30)

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La crisis más grande

viernes, 14 de abril de 2017
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Todos los años debemos leer la Pasión como si fuera la primera vez. No vale pensar que ya la conocemos. Nosotros cambiamos; nuestras circunstancias, nuestras expectativas. Debemos volver a la única verdad: el amor y el perdón han sido crucificados por la violencia del mundo.

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Fuente Verbo Divino

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Oración Universal

viernes, 14 de abril de 2017
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abrazoRespondemos:

Padre, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos.

Ya ha acabado la cena y abandonas la seguridad de la casa prestada. Jesús, sales hacia el huerto; Jesús transeúnte, tampoco esta última noche tendrás techo. Jesús, asustado con los emigrantes que se adentran en la oscuridad de lo desconocido. En tu mirada encontramos la mirada amarga de todos los exiliados de la historia; a todos los que ya no pueden resistir más, los que ya no tienen esperanza; los que nunca conocieron una mirada o una caricia de amor; los que quieren morir y no les llega la hora.

Hace mucho frío en el huerto, la sangre te palpita hasta traspasar tu piel cosiéndola a la piel de todos los que sienten que el terror congela su alma. Tu piel se hace piel erizada en el  paciente a quien se le comunica el diagnóstico terminal; en la piel amarga del recién nacido no deseado; en la piel borrada del quemado en la unidad del dolor; en la piel de los hijos marcados por los golpes del padre; en la piel vacía de los padres que pierden a sus hijos. Tu piel morena te hace invisible en la oscuridad del cayuco a la deriva.

Padre, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos.

Se oyen gritos. Te rodean las antorchas. Jesús eres traicionado. Recordamos a quienes cierran los ojos mientras les hieren con el beso que saben infiel; oramos por todos los besos calculados y cobardes que compran la huída de la soledad que no pueden afrontar; por todos los besos pagados de las prostitutas; por los besos enfermos del pederasta y el padre abusador.

Jesús eres arrestado en la oscuridad. Contra tu cuerpo están el de todos los niños raptados en las noches en las que acabó su infancia. Jesús maniatado en todas las esclavas ocultas en los Emiratos árabes y en los clubes de carretera de España. Jesús sin salida y sin respiración vendido con la niña del burdel de Tailandia donde un europeo va a profanar su virginidad. Jesús rehén de las FARC y de las milicias de Afganistán.  Jesús de Palestina, que juegas al balón encerrado tras las alambradas judías alrededor de Belén. Jesús del Sahara que naciste en un campo de refugiados olvidados. Jesús de Ucrania que con impotencia sufres cómo te arrebatan tu pueblo e identidad.

Padre, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos.

Jesús que naces enfermo y sin cura. Recordamos a todos los discapacitados físicos que sufren una total dependencia. A todos los discapacitados síquicos que señalamos y arrinconamos. En la oscuridad de la noche esperan contigo, Jesús, todos los niños africanos que nacerán con SIDA, los adultos que se contagiarán porque les negamos el preservativo.

Jesús inerme en el pulso helado del niño al que abandonamos, en la anorexia sin retorno de la adolescente, en la madurez truncada por el accidente y la discapacidad, en la vejez vacía de amor de las residencias. Oremos por cada débil sometido por el fuerte. Por cada niño acosado por sus compañeros de colegio. Por cada salario miserable, por cada explotación laboral.

Padre, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos.

Jesús, ves cómo Pedro dice de nuevo no conocerte. En tus ojos se funden las lágrimas de todas las mujeres repudiadas, de todos los que serán despreciados por haber nacido diferentes. Tu mirada alcanza todas las heridas secretas e inconfesables de nuestras familias y nuestros pueblos; los golpes asestados entre hermanos, entre vecinos; la fractura de las generaciones en los conflictos civiles de cerca y de lejos; las guerras religiosas y las matanzas tribales.

Padre, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos.

Jesús, eres inocente y te torturan. Oremos por todos los torturados del mundo, los de lejos y los de cerca, los que denunciamos y los que consentimos. Jesús, tus gritos estallan en la agonía de cada víctima de las minas anti-persona, en los espasmos de la hambruna, en los leprosos, los deformes y los mutilados, en todos los que por distintos motivos ya no reconocen su cuerpo.

En cada uno de tus pasos se arrastran contigo los enfermos sin recursos ni esperanza, los proyectos de vida rotos, los condenados de por vida. En tu silencio de esta noche Jesús, se enhebran todas las celdas habitadas a la fuerza; la lengua atada de los disidentes políticos en las dictaduras y la de los teólogos valientes de nuestra iglesia.

Padre, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos.

Jesús, ya no te puedes levantar y obligan a Simón de Cirene a llevar tu cruz. Oremos por todos los que no consiguen levantarse: los que viven esclavos de la adicción o la enfermedad que desquiciarán a las familias mejor estructuradas. Por los niños que no tienen acceso a la escolarización y por aquellos que fracasan en sus estudios. Por los arruinados en esta crisis, por los que ven su negocio fracasar y por cuantos pierden su puesto de trabajo.

Padre, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos.

Oremos por las mujeres, por las que viven el infierno de los malos tratos, por aquellas que renunciaron  a sus carreras brillantes para criar a sus hijos; por las viudas jóvenes, por las que se sienten incapaces de vivir tras la pérdida del esposo; por las mujeres estériles sin un hijo por el que llorar. Mujeres de mirada triste que añoran a sus hijos mientras acompañan la vejez de los padres. Mujeres víctimas del abuso sexual que ven cómo sus verdugos se pasean libremente.

Oremos por las mujeres apartadas de los cargos de la Iglesia y de la empresa. Jesús que lloras por todo lo que soñaste para ellas y nunca podrán tener.

Padre, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos.

Jesús que naciste entre corderos, vas a morir entre ladrones. Clavada contigo está la desesperación de los que aguardan la última oportunidad para salvar sus propias vidas; la mano en el cinturón del terrorista suicida; la desesperación sin fondo de los hijos del abuso familiar; el horizonte negro de la culpabilidad aplastante; la asfixia de las sectas y de los fanatismos religiosos.

Jesús que mueres sin entender. En tu cuerpo también se enfrían todas las esperanzas que se abortaron,  los corazones que al final de su vida fueron traspasados por la lanza del fracaso, los días que se oscurecieron de golpe por la tragedia; todas las vidas entusiastas que se entregaron por una causa que creyeron justa pero que cubrió el velo rasgado del olvido.

Padre, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos.

José de Arimatea reclama tu cuerpo frío para ponerlo en el sepulcro. Con él venimos todos los mediocres, los que vivimos con miedo a arriesgar y perder lo que creemos que tenemos seguro, todos los que miramos para otro lado para no verte, para no sentirte, para no exponer nuestro corazón miserable a tu mirada

Padre, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos.

Vicky Irigaray

Fuente Fe Adulta

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Es el momento

viernes, 14 de abril de 2017
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VIERNES SANTO: MARÍA, LA QUE PERMANECE EN PIE

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Es el momento de dejarse amar y de amar, aún con el alma rota en pedazos.

María permanece al pie de la cruz, paralizada por el dolor y movida por el Amor y la confianza en Dios. María nunca fue una mujer ingenua, era perfectamente consciente en todo momento de que el modo de vivir de Jesús, a la manera de Dios, podía traer consecuencias. María, acepta, desde la fe, abandonarse en Dios, permanecer al pie de la cruz. No es nada fácil, ¡nada fácil! sentirse amada en el dolor y vivir el dolor desde el amor.

(María, al pie de la cruz)

Este momento en que no cabe más dolor
este momento en que no hay más soledad
este momento sin sentido
este momento sin abrigo
este momento de desierto y sequedad

ES EL MOMENTO DE PERMANECER
SEÑOR, NO DEJES FLAQUEAR MIS PIES
CONFÍO EN TU AMOR Y TU BONDAD
NO SÉ SI ESTE DOLOR ACABARÁ
PERO ESTOY AQUÍ,
ESTOY AQUÍ, CONTIGO
Y ES DONDE QUIERO ESTAR

Este momento que me parte en mil trozos
este momento que acaba con planes y gozos
este momento de vacío
este momento sin camino
este momento de querer dejarlo todo

ES EL MOMENTO DE PERMANECER
SEÑOR, NO DEJES FLAQUEAR MIS PIES
CONFÍO EN TU AMOR Y TU BONDAD
NO SÉ SI ESTE DOLOR ACABARÁ
PERO ESTOY AQUÍ,
ESTOY AQUÍ, CONTIGO
Y ES DONDE QUIERO ESTAR
PERO ESTOY AQUÍ
ESTOY AQUÍ, CONTIGO,
Y ES DONDE QUIERO ESTAR

 *

Salomé Arricibita

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Fuente Fe Adulta

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«La cruz y el crucificado», por Gabriel Mª Otalora

jueves, 2 de marzo de 2017
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Bilbao (Vizcaya).

ECLESALIA, 24/02/17.- Aquí estamos acostumbrados a referirnos indistintamente para expresar lo mismo. Lo hacemos en la liturgia y en la manifestación pública de lo cristiano. De hecho, la cruz es el signo cristiano por el que nos reconocen como seguidores de Cristo; también en esto del seguimiento hemos herrado pues tener fe en el Dios cristiano no es creer que Dios existe sino más bien el seguirle con nuestro ejemplo en forma de actitudes y conductas. Ser practicante no es ir a misa -solo- sino actuar a diario conforme al evangelio.

Pero a lo que iba. La cruz y el crucificado los empleamos como sinónimos cuando no deberían serlo. No es en el madero donde ponemos nuestro corazón y nuestra fe sino en Jesús que por amor acabó colgado en él. Su persona es quien nos atrae, como dice Juan: cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos sobre mí (Jn 12, 32) dando entender de qué muerte iba a morir.

La cruz es signo de muerte, efectivamente, y fuente de muchos equívocos sobre el sufrimiento cristiano. Dios no quiere sufrir ni que suframos. Murió contra su voluntad, asesinado por mantenerse en su denuncia profética contra quienes impedía la explosión de su Reino de amor para todos.  Su sufrimiento fue la consecuencia no querida del lado más oscuro del ser humano al que respetó en su libertad. Pero Jesús predicó la alegría, la solidaridad, el amor; nunca buscó el sufrimiento como una bendición; al contrario, se dedicó en cuerpo y alma a salvar del sufrimiento a los demás, aunque no se sintieran de los suyos.

Salva el crucificado en un madero y lo hace con su amor.  El madero es santo por el personaje al que se clavó en él. Curiosamente, los protestantes en cambio, no entienden la exaltación del crucificado si Jesús ya ha resucitado. Pero esta es otra discusión.

Cuando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dictaminó en Estrasburgo que la presencia de un crucifijo en las aulas era una violación de los derechos humanos (2009), no rechazaron la cruz. Lo que rechazaron fue al crucificado. Podrán quitarlo de aulas y lugares públicos pero nadie rechaza o se abraza a un madero. No, no es la cruz, es el crucificado. Él es quien nos sigue invitando a remar con audacia hacia el amor que, en definitiva, supone crecer en plenitud humana. Apostar por el bien sobre el mal, la verdad sobre la mentira, la solidaridad frente a la indiferencia egoísta. Nada que ver con la exaltación del sufrimiento.

La vida cristiana es un largo aprendizaje para centrarnos en Cristo crucificado y en lo que significa la Salvación como liberación de las cadenas que atrapan lo mejor del ser humano, siguiendo siempre la senda del evangelio que, como todo el mundo sabe, significa buena noticia; misericordia quiere Dios, no otros sacrificios

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Maldita sea la cruz

sábado, 22 de octubre de 2016
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Maldita sea la cruz
que cargamos sin amor
como una fatal herencia.

Maldita sea la cruz
que echamos sobre los hombros
de los hermanos pequeños.

Maldita sea la cruz
que no quebramos a golpes
de libertad solidaria,
desnudos para la entrega,
rebeldes contra la muerte.

Maldita sea la cruz
que exhiben los opresores
en las paredes del banco,
detrás del trono impasible,
en el blasón de las armas,
sobre el escote del lujo,
ante los ojos del miedo.

Maldita sea la cruz
que el poder hinca en el Pueblo,
en nombre de Dios quizás.
Maldita sea la cruz
que la Iglesia justifica
– quizás en nombre de Cristo-
cuando debiera abrasarla
en llamas de profecía.

¡Maldita sea la cruz
que no pueda ser La Cruz!

*

Pedro Casaldáliga
Todavía estas palabras, 1994

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Nuestra propia Cruz

martes, 12 de abril de 2016
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Dice Jesús: El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga. (Mateo 16,24). No dice Haced una cruz, o Buscad una cruz. Cada uno tiene una cruz que cargar. No es necesario hacerla ni buscarla. ¡La cruz que cargamos es ya lo bastante dura de llevar para nosotros.! Pero ¿estamos dispuestos a cargarla, a aceptarla como nuestra cruz?

Tal vez no nos es posible estudiar, tal vez somos disminuídos físicos, tal vez sufrimos de depresión, tal vez tenemos conflictos familiares,o tal vez somos víctimas de alguna dolencia o atropello. No es algo que nosotros hayamos elegido, pero estas son nuestras cruces. No podemos ignorarlas, rechazarlas, negarnos a ellas u odiarlas. Pero podemos cargar nuestras cruces y seguir a Jesús con ellas.»

*

Henri Nouwen

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La vida que no puede pararse …

miércoles, 30 de marzo de 2016
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Del blog Pays de Zabulon:

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El reino de Dios traspasa el mundo

Lo que quiero deciros,
ya lo sabéis como yo lo sé
pero no lo sabemos bastante ni vosotros ni yo.

Es lo que hace el fondo de nuestra vocación cristiana.

Lo que nos será recordado esta noche,
es que Cristo sobre la cruz nos ha dado su vida,
es que sabremos mejor esta noche que esta vida que él nos ha dado
es una vida que ha atravesado la muerte y la ha vencido,
que es la vida resucitada, que es la vida eterna.

Es que esta vida
es la misma que brota de Cristo para salvarnos
como brota sin cesar para seguir creándonos.

Es que esta vida no se puede parar
y, sumergidos por ella,
tenemos que salvar por ella, en ella, con ella.

Pero ya ves,
cuando el reino de los cielos quiere traspasar el mundo
cuando el amor de Dios quiere buscar a alguien que se perdió,
cuando ese alguien es una multitud,
lo que es mucho más importante,
esto es lo que somos, mucho más de lo que uno es;
cómo se hace, mucho más de lo que hacemos.

Para vivir y seguir al Señor Jesús
en las circunstancias de la gente de hoy
hacen falta las mismas cosas esenciales que en todos los tiempos,
sólo es diferente el choque producido entre estas cosas y el mundo.

Puede ser un comerciante de pescado o farmacéutico o empleado de banco;
puede ser un hermanitoo del padre de Foucauld o hermanita de la Asunción;
puede ser guía o jocista …  cada uno en su sitio …
Pero es un lugar al que no se puede cortar, que es para todos nosotros:
– Servir al Señor en primer lugar como un Dios que lleva el mundo;
– Amar al Señor más que nada como un Dios que ama a los hombres;
– Amar a cada ser humano hasta el final;

– Amar a todos los hombres hasta el final porque el Señor los ama y como Él ama.

Y en este sitio, si no somos ingratos… ni idiotas… acostumbrarnos a esta posibilidad prodigiosa que es la nuestra: creer en el Dios vivo que nos ama y poder amarLe amando a los demás como Él nos ama.

*

Madeleine Delbrêl
(a los jóvenes, en el curso de una vigilia pascual)

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Fuente texto: Association des amis de Madeleine Delbrêl
Fuente foto:Thomas Millet – Sans gravité (auto-portraits)

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Viernes Santo.

viernes, 25 de marzo de 2016
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Camino del CalvarioDe Koinonia:

Isaías 52,13-53,12

Él fue traspasado por nuestras rebeliones

Mirad, mi siervo tendrá éxito,
subirá y crecerá mucho.
Como muchos se espantaron de él,
porque desfigurado no parecía hombre,
ni tenía aspecto humano,
así asombrará a muchos pueblos,
ante él los reyes cerrarán la boca,
al ver algo inenarrable
y contemplar algo inaudito.
¿Quien creyó nuestro anuncio?,
¿a quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote,
como raíz en tierra árida,
sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado de los hombres,
como un hombre de dolores,
acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultan los rostros,
despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso,
herido de Dios y humillado;
pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre él,
sus cicatrices nos curaron.
Todos errábamos como ovejas,
cada uno siguiendo su camino;
y el Señor cargó sobre él
todos nuestros crímenes.
Maltratado, voluntariamente se humillaba
y no abría la boca;
como cordero llevado al matadero,
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.
Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,
¿quién meditó en su destino?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
Le dieron sepultura con los malvados,
y una tumba con los malhechores,
aunque no había cometido crímenes
ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
y entregar su vida como expiación;
verá su descendencia, prolongará sus años,
lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
el justo se saciará de conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos,
porque cargó con los crímenes de ellos.
Le daré una multitud como parte,
y tendrá como despojo una muchedumbre.
Porque expuso su vida a la muerte
y fue contado entre los pecadores,
él tomo el pecado de muchos
e intercedió por los pecadores.

*

Salmo responsorial: 30

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle, y escapan de mí. /
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cachorro inútil. R.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: “Tú eres mi Dios.”
En tu mano están mis azares;
líbrame de los enemigos que me persiguen. R.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón, /
los que esperáis en el Señor. R.

*

Hebreos 4,14-16;5,7-9

Aprendió a obedecer
y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación

Hermanos: Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado con todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

 

*

Juan 18,1-19,42

Pasión de N.S.Jesucristo según san Juan

C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús sabiendo todo lo que venia sobre él, se adelanto y les dijo:

+. “¿A quién buscáis?”

C. Le contestaron:

S. “A Jesús, el Nazareno.”

C. Les dijo Jesús:

+. “Yo soy.”

C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: “Yo soy”, retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:

+. “¿A quién buscáis?”

C. Ellos dijeron:

S. “A Jesús, el Nazareno.”

C. Jesús contestó:

+. “Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.”

C. Y así se cumplió lo que había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me diste.” Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:

+. “Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?”

* Llevaron a Jesús primero a Anás

C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.” Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:

S. “¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?”

C. Él dijo:

S. “No lo soy.”

C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentÁndose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contesto:

+. “Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.”

C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:

S. “¿Así contestas al sumo sacerdote?”

C. Jesús respondió:

+. “Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?”

C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

¿No eres tú también de sus discípulos? No lo soy

C. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:

S. “¿No eres tú también de sus discípulos?”

C. Él lo negó, diciendo:

S. “No lo soy.”

C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

S. “¿No te he visto yo con él en el huerto?”

C. Pedro volvió a negar, y enseguida canto un gallo.

Mi reino no es de este mundo

C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en le pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:

S. “¿Qué acusación presentáis contra este hombre?”

C. Le contestaron:

S. “Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.”

C. Pilato les dijo:

S. “Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.”

C. Los judíos le dijeron:

S. “No estamos autorizados para dar muerte a nadie.”

C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

S. “¿Eres tú el rey de los judíos?”

C. Jesús le contestó:

+. “¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?”

C. Pilato replicó:

S. “¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mi; ¿que has hecho?”

C. Jesús le contestó:

+. “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.”

C. Pilato le dijo:

S. “Conque, ¿tú eres rey?”

C. Jesús le contestó:

+. “Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.”

C. Pilato le dijo:

S. “Y, ¿qué es la verdad?”

C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:

S. “Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?”

C. Volvieron a gritar:

S. “A ése no, a Barrabás.”

C. El tal Barrabás era un bandido.

* ¡Salve, rey de los judíos!

C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los saldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:

S. “¡Salve, rey de los judíos!”

C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

S. “Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.”

C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:

S. “Aquí lo tenéis.”

C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:

S. “¡Crucifícalo, crucifícalo!”

C. Pilato les dijo:

S. “Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.”

C. Los judíos le contestaron:

S. “Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.”

C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:

S. “¿De donde eres tú?”

C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:

S. “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?”

C. Jesús le contestó:

+. “No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.”

¡Fuera, fuera; crucifícalo!

C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:

S. “Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.”

C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman “el Enlosado” (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:

S. “Aquí tenéis a vuestro rey.”

C. Ellos gritaron:

S. “¡Fuera, fuera; crucifícalo!”

C. Pilato les dijo:

S. “¿A vuestro rey voy a crucificar?”

C. Contestaron los sumos sacerdotes:

S. “No tenemos más rey que al César.”

C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

Lo crucificaron, y con él a otros dos

C. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado “de la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: “Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.” Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

S. “No escribas: “El rey de los judíos”, sino: “Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos.””

C. Pilato les contestó:

S. “Lo escrito, escrito está.”

Se repartieron mis ropas

C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba a abajo. Y se dijeron:

S. “No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca.”

C. Así se cumplió la Escritura: “Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica”. Esto hicieron los soldados.

Ahí tienes a tu hijo. – Ahí tienes a tu madre

C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:

+. “Mujer, ahí tienes a tu hijo.”

C. Luego, dijo al discípulo:

+. “Ahí tienes a tu madre.”

C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Está cumplido

C. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:

+. “Tengo sed.”

C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

+. “Está cumplido.”

C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

*Todos se arrodillan, y se hace una pausa

Y al punto salió sangre y agua

C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: “No le quebrarán un hueso”; y en otro lugar la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron.”

Vendaron todo el cuerpo de Jesús, con los aromas

C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

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Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy

(24 de marzo de 1978)

Queridos hermanos:

Después de escuchar la palabra de Dios en esta tarde del Viernes Santo, narrándonos la tragedia del Calvario, mejor sería guardar silencio y con el corazón agradecido adorar al Divino Redentor. Pero es necesario, es obligación del celebrante, aplicar esta palabra eterna a los que estamos viviendo esta ceremonia. Y es que la liturgia no es simplemente un recuerdo, la liturgia es actualización; aquí en la Catedral esta tarde de marzo de 1978, Cristo nos está ofreciendo la fuente inagotable de su redención a los que hemos venido con fe, con esperanza, a contemplar este misterio de la redención.

Es como si en este momento lo que se acaba de leer estuviera pasando aquí ante nuestros ojos y fuéramos nosotros los que nos estamos salpicando con esa sangre que se derrama en el Calvario. Las tres preciosas lecturas nos dan la medida sin medida de este gesto de amor que se llama la redención.

La primera lectura nos presenta el abatimiento de Cristo hasta la profundidad de una humillación que no tiene nombre. La segunda lectura, carta a los Hebreos exalta ese personaje humillado en la cruz hasta las alturas del cielo hecho pontífice supremo de nuestra salvación. Y el precioso relato de la pasión que los jóvenes seminaristas acaban de hacer, nos dice cómo sucedió todo esto: la humillación y la exhaltación. Leer más…

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«Vía crucis en directo», por Carlos Osma

viernes, 25 de marzo de 2016
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viacrucisDe su blog Homoprotestantes:

El asesinato de Jesús no tuvo nada de especial, ninguna de las personas que lo vieron pasar arrastrando una cruz pensaron que aquel era un momento único en la historia de la humanidad. Mientras Jesús se comportó como un predicador itinerante más o menos provocador en Galilea, su vida no corrió peligro, pero cuando se atrevió a enfrentarse en Jerusalén con los poderes de su tiempo, el religioso y el político, acabó muriendo como muchas otras personas incómodas han acabado a lo largo de la historia. Los discursos liberadores tienen el recorrido que tienen, y son eliminados cuando el poder los considera demasiado peligrosos para su supervivencia.

Podríamos hacer una lectura de corto recorrido, centrada en nuestras miserias, y diríamos que así somos todos los seres humanos cuando detentamos el poder; por pequeño y limitado que sea nunca estamos dispuestos a que nos lo arrebaten. Los egos son lo que tienen, incluso los cobardes intentan mantener a toda costa su espacio de influencia, y sonríen y te llaman hermano mientras te clavan por la espalda el puñal de su impotencia, de su mediocridad. No hay nada más peligroso en este mundo que una persona que vive con el ego herido, esperará el momento más oportuno para traicionar a quien cree puede hacer lo que él jamás se atrevió a ni a pensar.

Pero del asesinato de Jesús no quiero detenerme en las traiciones de los que estaban más cerca, en las personas que no supieron estar a la altura, en los miedos, los egos, las cobardías, en todos aquellos comportamientos que hicieron que al final Jesús se enfrentara sólo al verdadero poder que acabo con su vida. Porque es eso lo que nos ocurre normalmente, que nos quedamos en lo anecdótico y nos olvidamos de poner nombre a los verdaderos responsables de las injusticias.

Vivimos en un mundo donde el poder religioso y el político han perdido su hegemonía, ahora es el poder económico el que hace y deshace, el que se lanza a la yugular de quienes intentan denunciar su tiranía, y si hace falta los crucifica para que sirva de escarmiento. Y esto pasa todos los días, a nuestro lado, delante de nuestras narices, sin que parezca que podamos hacer nada para remediarlo. Y las crucificadas y los crucificados pueden ser cualquiera: una persona que no puede pagar una hipoteca, un partido político que hable de recuperar el estado del bienestar, o un país que prefiere destinar sus recursos a la gente que a pagar las deudas de los bancos.

Esta Semana Santa no es necesario que salgamos a las procesiones o vayamos a la Iglesia para recordar a Jesús cargando con su cruz hacia el martirio. Podemos hacerlo sentados en el sofá de casa, desde allí somos testigos del vía crucis de las millones de personas que huyen de la guerra de Siria. Vemos niños muertos en una orilla, personas que viven en campos de refugiados en condiciones inhumanas, jóvenes que intentan saltar las alambradas con las que una Europa inhumana se defiende. Y podemos creer que no hay otra solución, que es necesario mantener nuestra seguridad. O podemos pensar que es una injusticia y colaborar de alguna manera para arrastrar durante unos días la cruz de los desplazados. Un vía crucis en directo, televisado para todos los públicos, subiendo las audiencias de las televisiones, y creando debate, opiniones enfrentadas, ruido, mucho ruido, mientras comemos patatas fritas y bebemos coca cola en nuestro salón. Ser hoy en día la turba que grita a los crucificados es mucho más interesante y cómodo que en el siglo primero, y además tiene la ventaja de que no nos perdemos ni un solo plano de su agonía.

Si este éxodo sirio hubiese tenido lugar hace diez o quince años cuando Europa no vivía una crisis económica tan fuerte, los refugiados hubieran sido bienvenidos, se les hubiera puesto una alfombra roja para acompañarlos a sus puestos de trabajo. Hace diez o quince años la maquinaría europea necesitaba mano de obra, necesitaba combustible, seres humanos que le permitiesen seguir creciendo y aumentando los beneficios. Pero actualmente los refugiados sirios son una amenaza grave para la recuperación económica. En la zona euro la tasa de paro supera el diez por ciento de la población, pero en países como España es más del doble. Se habla de una tímida recuperación económica, pero hay analistas que vaticinan que estamos avocados a una recesión aún mayor, por eso el poder económico intenta defenderse de quienes lo amenazan. Y esa amenaza, por mucho que nos cueste aceptarlo viéndolos mojados y tiritando de frío por televisión, son los millones de refugiados sirios que vienen a nuestro continente huyendo de la muerte.

Hace unas décadas se nos vendió que la Unión Europea era la mejor manera de avanzar, de construir una Europa más justa, y creo que la mayoría nos lo creímos. Por una parte sabíamos que en el fondo se trataba sólo de una unión económica, pero pensábamos que si la economía iba bien eso se traduciría en una mayor redistribución de la riqueza. La crisis económica de los últimos años nos ha impedido seguir creyendo esa mentira, y nos ha mostrado que lo importante es sólo la economía, no la gente. Lo importante es que las grandes multinacionales, los bancos y los inversores sigan ganando dinero aunque eso signifique recortar derechos o hacer vivir en la indigencia a millones de personas. Actualmente hay una opinión generalizada de que el Estado de Bienestar es insostenible y que las europeas y los europeos tenemos que renunciar a derechos para que la Unión Europea pueda seguir siendo una maquina económica eficiente.

Hoy en día ya sabemos que tal y como esta concebida la Unión Europea es un peligro para quienes vivimos en cualquiera de los países que la conforman. Ha quedado clara su inhumanidad, mirando la bolsa y los balances bancarios antes que el bienestar de sus ciudadanos o de los desplazados que se acercan para pedir ayuda, y haciéndonos creer que es necesario que el poder económico siga teniendo beneficios astronómicos para que se pueda percibir una tímida recuperación en la economía de las familias. La Unión Europea es un arma en manos del poder económico que controla los gobiernos y sus políticas, y es ella misma la que cada día crea más euroescepticismo. ¿Es posible poner a los ciudadanos europeos por delante de los lobbys económicos? ¿Es posible enfrentar el éxodo sirio sin ver en él una amenaza? ¿Es posible una Unión Europea de las personas y no de los mercados? Si fuera posible volveríamos a tener la ilusión que creó en nosotros hace unas décadas su ingreso dentro de ella. Pero si su esencia netamente al servicio de la economía lo hace imposible, sería mejor abandonarla.

Nuestras cruces, esas que arrastramos, o que vemos arrastrar a otras personas, están creadas por intereses económicos. Unos intereses a los que no les importa una familia desahuciada en Barcelona, o otra que se muere de frío en un campo de refugiados en Lesbos. La fe cristiana es de por sí una denuncia de cualquier poder que crucifica a quienes le amenazan. La fe cristiana habla de resucitar a las víctimas, de retornar la dignidad a los crucificados, de reencuentros de los marginados y desplazados con sus familias, sus amigos… La fe cristiana habla de liberación de las personas de cualquier poder opresor. Por eso estos días sólo cabe la denuncia de la Unión Europea que de manera diabólica se olvida de las víctimas y se niega a tratarlas como seres humanos. Si el bienestar de los ciudadanos y las ciudadanas, o de las personas que se acercan a nuestros países, no son el centro de todo, no es lo prioritario; si sólo podemos seguir construyendo más Europa para el beneficio económico de unos pocos, entonces nuestra fe en un Jesús crucificado nos empuja hacia una resurrección fuera de este poder opresor, fuera de la Unión Europea.

Carlos Osma

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Reflexión del Viernes Santo 25 marzo, 2016

viernes, 25 de marzo de 2016
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jesus-vazquezeroViernes Santo

“Ya sabes tú lo que Dios quiere de ti: que ames tiernamente, que practiques la justicia y que camines humildemente de la mano de tu Dios” (Mi 6,8)

Jesús el Maestro nos ha convocado a cada una/o por nuestro nombre en esta mañana. Se nos ofrece la oportunidad de vivir el desafío del amor, del AMOR con mayúscula.

Es este un día que nos incita a descubrir “lo que Dios quiere de ti, de mí”:

“Que ames tiernamente”.

Tenemos hoy una invitación al amor, a amar sin medida. Una invitación que nos hace Jesús que se entrega.

Las celebraciones de estos días nos van conduciendo paso a paso hacia la Pascua.

Estamos en la mañana del Viernes Santo continuando con la noche de oración-adoración que hemos vivido.

Estamos en territorio sagrado, Cristo está muriendo hoy por nosotros. Y esa muerte ahora mismo se está padeciendo en los muchos calvarios de nuestro mundo.

Mira hoy al crucificado con ojos nuevos, contempla, admira, déjate penetrar por la fuerza que emerge de una cruz en la que pende el AMOR.

Es un día para vivir atentos porque bien puede ser este día para ti “tierra sagrada” en el que Dios quiere comunicarte algo.

El ritmo de este día es de oración, reflexión. Os invito a cada uno a realizar un camino personal de interiorización y encuentro. Por ello os pido un clima de silencio que favorezca ese encuentro.

“Jesús, reunió a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. (Mc 8,34)

Cuando Jesús dice: Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga…, sentimos que Jesús nos está llamando a ser discípulas/ los, nos está llamando a acoger los planes de Dios Padre, y no a aferrarnos a nuestros impulsos, deseos, decisiones, a nuestros limitados sueños; sentimos que nos invita a seguirle…

Realmente Jesús es un enamorado del Reino y no tiene miedo a invitar, a llamar a la gente y a sus discípulos a entregarse a ese Reino, a construir un mundo mejor, a un compromiso radical…

Necesitamos amar tiernamente, también nosotros/as necesitamos enamorarnos del Maestro. Este el camino que hoy se nos ofrece: acoger el amor, la llamada de Jesús. Jesús nos seduce y esa seducción es tan potente que quien se deja cautivar por ella… se hace la pregunta de ¿qué me sirve ganar todo el mundo…?, como se la han hecho tantas y tantos que acabaron dejándolo todo para seguirle.

Amar tiernamente es un reconocer la necesidad que tenemos de amar y entregar el amor. Descubrir que el mundo necesita amor. Que necesita mi entrega-tu entrega al amor. Hoy, aquí, ante la cruz, Jesús nos pide respuesta a ese amor, a esa entrega generosa.

¡Que ames tiernamente! ¡Dios necesita de tu sí!

CONTEMPLAMOS JUNTOS tres actos de Jesús antes de su muerte.

Escucha con corazón abierto este texto del evangelio de Juan:

¡Tengo sed!

Sabiendo, Jesús, que todo se había cumplido, para que también se cumpliese la Escritura, exclamó: -¨tengo sed`. (Jn, 19,28).

Contemplemos hoy este texto dejando resonar en nuestro corazón como un eco: “ya sabes lo que Dios quiere de ti”.

Nos recuerda esto, a otro momento cuando a la mujer samaritana Jesús le dijo: Dame de beber. Y ante su sorpresa siguió ofreciéndole: el don de Dios que es agua viva. Todo el que bebe de esta agua, volverá a tener sed; en cambio el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed”(Jn4,7,10,13).

Y en otro lugar: “si alguien tiene sed que venga a mí y beba” (Jn7,37).

¿Cómo entender este grito: “tengo sed”?

Algo nos está entregando en esas palabras.

Jesús nos entrega su sed de amar, nos entrega el compromiso de hacer el Reino presente en este mundo, nos entrega su fidelidad al Padre; y nos invita a acoger el “don de Dios que es agua viva”.

Nos pide que calmemos su sed y nuestra sed: “si tienes sed ven a mí y bebe

Nos pide que calmemos la sed de nuestros hermanos, que les manifestemos que Él les ama.

`Todo está cumplido´.

Jesús es consciente de que está llegando al final de su vida. Y es consciente también de su fidelidad al Padre y de su fidelidad al Reino. Por ello puede decir con serenidad “todo está cumplido”. Jesús está completamente afianzado en la presencia del Padre en su vida, “es el Padre que vive en mí, el que está realizando su obra”(Jn14,10. “Yo les he enseñado lo que aprendí de ti”(Jn17,8). Por eso puede exclamar “todo está cumplido”. Esa confianza suya en el Padre la deposita en nuestras manos, nos invita a vivir en esa atmósfera de amistad, de familiaridad. Nos estimula a ir descubriendo en nuestro caminar diario el amor del Padre y a ser conscientes de que “el Padre está realizando su obra” en cada una, en cada uno de nosotros, porque “Él nos lo ha enseñado”. Es un camino hacia la justicia con las hermanas y hermanos. Ser solidarias/ os. No olvidar lo que el Maestro nos enseña acerca de poner el corazón, la mirada en el necesitado.

Entregó el espíritu

Tercera acción de Jesús que realiza antes de morir. Qué puede significar “entregó su espíritu”, más allá del hecho material de llegar a la muerte. Creo yo que Jesús está remarcando que en esa entrega suya de algo tan personal, como es su espíritu, nos está entregando la vocación de discípulas y discípulos suyos. Él, el Maestro, nos está dejando su misión en nuestras manos, como dice (Jn 15,4), “permaneced unidos a mí, como yo lo estoy a vosotros”. Esa entrega de su propia vocación, de su propia misión es una manifestación sugerente de aquellas palabras suyas “no me elegisteis vosotros a mí; fui yo quien os elegí a vosotros”, y de aquellas “lo que yo os mando es esto: que os améis los unos a los otros”.

Es un buen día hoy, ante el Crucificado, recordar a tantos hermanos nuestros que están muriendo mártires por su fe, por su amor a Cristo, por su amor al Padre.

Y para finalizar quiero confiaros lo que bulle en mi corazón:

Estamos en un momento privilegiado, fascinante. El Espíritu está “sacudiendo” a la Iglesia. El Espíritu ha hecho de este momento, un tiempo histórico. A través del Papa Francisco, ese mismo Espíritu, está llamando a la Iglesia a una gran Reforma. El Papa dijo: “la reforma continuará con determinación, lucidez y resolución”. Una Reforma que necesita mucha oración, mucha súplica a Dios Padre.

Esa Reforma, de alguna manera el Papa está invitando a la vida consagrada a empujarla, sostenerla, a afianzarla, a ponerse ella misma en profunda reforma, en la frontera para ser “llamada”- “reclamo” para el resto del Pueblo de Dios.

En mi corazón grita con fuerza que esta gran Reforma os necesita a vosotras/os jóvenes. Os necesita la Iglesia y os necesita la Vida Consagrada. Necesita vuestra entrega, vuestra fortaleza, necesita vuestro SI para ofrecer al mundo un nuevo rostro, una nueva manera de ser cristiana/no. La Vida Consagrada necesita de vuestras utopías, necesita de vuestros grandes sueños, necesita de vuestro amor entregado. Necesita de vuestro “aquí estoy”. La búsqueda de lo profundo, de la entrega es buscar a “un Dios sensible al corazón que hace feliz, y cuyo nombre es alegría, libertad y plenitud”

Esto es un ponernos delante del Dios de Jesús y como el mismo Jesús decirle: “Padre a tus manos encomiendo mi vida” (Lc23,46)

En este momento, dentro del ritmo del Triduo Pascual, podemos decir que estamos acompañando a Jesús en su agonía. ¡A este Jesús! que está agonizando ofrécele tu confianza, tu generosidad, el “aquí estoy” que Él espera.

“La respuesta que Jesús busca de ti no son las palabras. Él busca a las personas. Te busca a ti. No busca definiciones, sino compromiso. Jesús es el maestro del corazón, Jesús no da lecciones, no sugiere respuestas, te conduce con delicadeza a buscar dentro de ti y que puedas responder: ¡encontrarte ha sido la mejor cosa de mi vida! ¡Tú has sido lo mejor que me ha podido suceder”.

No tengas miedo:

“Ya sabes tú lo que Dios quiere de ti: que ames tiernamente, que practiques la justicia y que camines humildemente de la mano de tu Dios”.

Haz de este día un día de silencio y oración.

EN JESÚS LA MUERTE ES VIDA

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No hay cruz sin Cristo (reflexión de Semana Santa)

viernes, 25 de marzo de 2016
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cruz-vacia_560x280«El odio y la violencia llenan las cruces, abren llagas y rasgan corazones»

«Nosotros, los misioneros, estamos en primera línea todo el año»

(Juan José Aguirre, Obispo de Bangassou).- Una cruz vacía es una cruz imperfecta. Las prefiero con Cristo como la imagen del Cristo de los estudiantes el viernes de pasión por las calles de Córdoba. Creo que una cruz vacía es como un vaso de agua sin agua, es como un universo sin aire, una hoguera sin fuego. Los misioneros, sobre todo en zonas de alto riesgo, de tanto ver, acabamos siendo los especialistas de muchas de las cruces del mundo, de muchos crucificados del planeta, no solo de personas crucificadas por su fe o por la sinrazón de otros, sino también, especialistas del calvario de pueblos enteros crucificados.

Mirando el rostro de los Cristos de la Semana Santa española, con cientos de miles de cofrades y penitentes ¿quién si no, mejor que el pueblo español, debería entender el horror que vive el pueblo Yaziríe en Siria, o la catástrofe de un precioso mar Mediterráneo convertido en un inmenso cementerio de 4.000 marginalizados, o el clamor de ancianos y niños, de mujeres preñadas y de campesinos ardiendo vivos en iglesias del norte de Nigeria por la fiebre asesina de criminales del Boko-haram…?

juan-jose-aguirre-misionero-comboniano-y-obispo-de-banagassouJuan José Aguirre, Obispo de Bangassou

¿Quién podría comprender mejor el torrente de lágrimas de una madre del Kurdistán o la angustia de una travesía a ciegas hacia las costas de la isla de Lesbos o la incertidumbre de una familia que se juega la vida en el campo de refugiados llamado la «jungla» en la ciudad francesa de Calais, que alguien que contempla el cuerpo y el rostro del Cristo de las lágrimas del Parque Figueroa, del cachorro de Sevilla o de las imágenes de pasión de Valladolid?

Nosotros los misioneros estamos en primera línea todo el año. Viernes de pasión en directo, no desde la tele. Tocamos el dolor en caliente desde cuando empieza a desgarrar. A veces te das de bruces con él. A mediados de febrero 2016 fui a recoger un joven a 120 km de Bangassou. Un prófugo. Se escapaba de un infierno, de 4 años viviendo como esclavo con un grupo de rebeldes ugandeses de la LRA. Alain, así me ha dicho que se llama, me ha contado su historia con voz entrecortada, medio K.O., aturdido por haber perdido las referencias y sentirse desubicado, perdido después de 4 años de miseria, suciedad, selva sofocante, testigo de mil crímenes, incluso cómplice de cientos de otros. Me ha contado que lo secuestraron a él, a su mujer y a sus hijos, también a su madre, y la familia entera de su hermano con hijos incluidos del que se separó al poco tiempo. A su madre la perdió cuando fue incapaz de transportar todos los kilos que le habían puesto encima y su columna vertebral de quebró como el cristal. De un machetazo se libraron de ella.

la-ley-del-macheteSu mujer fue a parar al círculo de un comandante rebelde que la «protegía» abusando de ella en todo cuanto podía. La dejó embarazada y Alain me dijo que murió 6 meses después, en una de aquellas extenuantes caminatas transportando bienes robados, de una hemorragia en un mal sitio y en un mal momento. Me dijo que la sangre resbalaba por sus piernas como de un grifo abierto con restos de feto incluido. A sus hijos los perdió de vista hace años y él se escapó a mitad de febrero. Así me fue desgranando pedazos espeluznantes de su corta biografía. No me extraña que esté K.O. Lo dejé en un hospital de donde será evacuado a la capital.

Allí, gente sesuda lo interrogará y exprimirá como un limón hasta que un psicólogo le ayude a rebobinar los mejores momentos de su vida antes del secuestro y a pensar en positivo. Hasta que empiece por si solo a descubrir si queda alguien vivo de su familia… Pido a mi Dios que me dé el don de la empatía, de la compasión, de saber meterme en la piel de un clandestino de los que Mgr Agrelo denuncia sus estremecimientos en Tánger, de una familia que se echa a la mar con niños pequeños para llegar a las costas griegas o de quien quiera que esté sufriendo en esta tierra.

Alain es hoy para mí la cara de nuestro Cristo y en esta Semana Santa, es la imagen de nuestra cruz. Como decía antes, los misioneros, distribuidos por todas las geografías del planeta conocemos al dedillo muchos ejemplos de cruz con Cristo y de un Cristo con rostro, con manos, con pies, con corazón y con alma.

Recuerdo el rostro de una mujer refugiada en la misión, acusada de brujería y amenazada de muerte por una masa de gente histérica y ciega. Recuerdo su rostro apergaminado de arrugas. Un rostro surcado por cien ríos y mil afluentes, un rostro cargado con todas las amarguras de su pasado y las incertitudes del futuro. Un rostro con ojos afilados como un bisturí pero, al mismo tiempo, expertos en vida, testigos de mil muertes en un continente en donde la muerte está barata; cómplices de cien duelos aquí donde acompañar a los muertos en su tránsito final es un deber sagrado; cuajados de lágrimas, símbolo del desconsuelo en que hallaba. El rostro de aquella mujer surcado de arrugas era el rostro de Cristo crucificado, del Cristo atado a la columna y de tantas otras imágenes.

Recuerdo otra foto y unas manos roídas por la vida. Manos de piel cuarteada y venas sinuosas. Las manos se abrían en cruz para agarrar un haz de leña. La leña pesaba sobre la espalda de un hombre y las manos la sostenían mientras el cuerpo se encorvaba y dolía. No eran unas manos bonitas, ni tenían uñas cuidadas, ni brillaban de cremas ni olían de aromas. Eran las manos de uno de los miles de empobrecidos, que por suerte o por desgracia, les toca vivir sólo con el sudor de su frente, sin más ayuda gubernamental que la de permitirles vivir. No se veían en ellas ni el boquete de los clavos ni los raspones de las caídas. Pero se intuían unas manos crucificadas sin clavos, traspasadas por dureza de la vida.

manos¿Qué decir de los pies de Cristo? Los pies de un Cristo clavado, la anatomía deformada por los nervios tetánicos, son una lección de vida. Los pies son el resumen de una biografía, el legado de un pasado, la herencia de un presente y un escrito codificado de lo que ha sido la vida de una persona. Pies contraídos, pies torcidos por el reuma, pies consumidos por el trajín, pies cansados, pies machacados por la carga, pies doloridos del mucho estar de pie. Recuerdo los pies de Madre Teresa en los últimos años de su vida y mas que pies eran un garabato. Aquellos pies resumían el calvario de su preciosa vida. Aunque también reflejaban el mucho bien acumulado, el amor ofrecido y el dolor compartido. Mirad los pies de cualquier Cristo, crucificado o no y leeréis en ellos su maravillosa vida y la fuerza inmensa de su personalidad única e irrepetible.

El corazón del crucificado se le imagina a través de la llaga del costado. Y pienso en las llagas abiertas de la humanidad, ahora más que nunca, cuando el odio del islamismo radical ha salpicado a enteros continentes. Criminales que matan en nombre de Dios son solamente criminales que ponen a la religión como una pantalla para justificar sus crímenes. Los romanos maltrataron a Jesús y lo mataron porque cumplían órdenes. Los radicales lo hacen porque supuran odio irracional, un odio que abre llagas y rasga corazones. La violencia impone la injusticia y la generaliza. Jesús triunfa de la violencia con su mansedumbre y su sentido común.

resurreccionLlagas abiertas en la fe de la vieja Europa en donde, como en un cascarón vacío la fe se desmorona a cachitos, a trozos, una generación tras otra. Llagas abiertas en el continente americano, en la selva de las tribus amazónicas, llagas abiertas por el consumismo a ultranza, por la adoración del dios dinero, llagas putrefactas en zonas del mundo donde se explotan niños, se secuestran niñas, se abusa de jóvenes perdidas o se machaca sin piedad a personas honradas: cada uno de esos momentos son una lanzada en el corazón de nuestro Cristo de la semana santa.

Pero queda el alma de nuestro Cristo que no es otra que la certeza de su resurrección. Un Cristo que no resucita es un pobre cristo, un cristo inacabado, un cristo fallido. Un Cristo resucitado es aquel que inunda de esperanza los rostros, las manos, los pies y las llagas de una humanidad a la deriva. Por eso el alma de la pasión se entrevé también durante las torturas porque la muerte es solamente la antesala de la vida. Cristo es vida porque resucita. Está resucitado cuando salen las cofradías. Resucita cuando la Iglesia vive el Evangelio y no se pliega ante el Dios dinero. Resucita cuando es misericordiosa, cuando los misioneros van por todo el mundo hablando de su muerte-vida y de que somos cristianos cuando hacemos cómo él hizo, vivimos como El vivió, hablamos cómo El habló y sabemos morir, más o menos, con la fe en la vida eterna con la que El murió.

Fuente Religión Digital

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Soledad acompañada

miércoles, 23 de marzo de 2016
Comentarios desactivados en Soledad acompañada
Del blog de Henri Nouwen:
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 «Cuando Jesús se acercaba a su muerte, era incapaz ya de sentir la presencia de Dios. Clamó diciendo: ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’. (Mateo 27,47). Sin embargo, en amor, se mantuvo firme en la verdad de que Dios estaba con Él y dijo: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’ (Lucas 23, 46).

La soledad de la cruz llevó a Jesús a la resurrección. A medida que nos vamos haciendo mayores, Jesús a menudo nos invita a seguir en esta soledad, la soledad en la que Dios está demasiado cerca como para que nuestros corazones y mentes limitados sean capaces de sentirlo. Cuando esto sucede, pidámosle a Dios que nos conceda la gracia de poner entregar nuestro espíritu a Dios, tal como lo hizo Jesús. «

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Henri Nouwen

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Provechosa Semana Santa deseamos a todos los amigos y amigas del blog.

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«No es fácil entender la Pasión», por José Mª Castillo

martes, 22 de marzo de 2016
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paul and jesus atheism_thumb[1]De su blog Teología sin Censura:

No resulta fácil entender lo que vemos y vivimos cada Semana Santa. Porque no es fácil entender por qué, cada año y cuando llegan estos días, paseamos por nuestras calles imágenes de dolor, agonía y muerte, en procesiones de respeto y devoción. Y, lo que es más llamativo, exhibimos las imágenes del fracaso en tronos de exaltación triunfal, con música gregoriana, incienso de dioses y bandas de música, tambores y trompetas. Todo eso, que es la expresión más elocuente del empeño incomprensible por hacer, del fracaso más humillante de la vida, el triunfo soñado de nuestras más sublimes ilusiones.

¿Por qué sucede, en el ámbito de la religión, lo que a nadie se le ocurre imaginar en los demás sectores de la vida?

No sé si este fenómeno – tan claramente contradictorio – se produce, con tanta naturalidad, en la historia y las costumbres de otras religiones. En el cristianismo es un hecho, que tiene una historia de siglos, y unas raíces que se adentran en los orígenes de la Iglesia. Y es que, por más vueltas que le demos al asunto, no es fácil entender la pasión de Jesús.

¿Dónde está la clave del problema? En los escritos más antiguos de la Iglesia, los documentos que llamamos el Nuevo Testamento, hay dos teologías, que no se han integrado debidamente la una en la otra, sino que se pensaron y se escribieron independientemente la una de la otra. Y que, en cuestiones muy decisivas, nos vienen a decir cosas que no son fáciles de armonizar. La primera de estas teologías (la que primero se escribió) fue la de San Pablo (entre los años 45 y 55). La segunda fue la de los evangelios (después del año 70, hasta los años 90).

La diferencia más obvia, que se advierte entre estas dos teologías, es que la de los evangelios es una «teología narrativa«, o sea, está construida sobre la base de una serie de relatos mediante los que se nos explica la forma de vida o el proyecto de vida que llevó el protagonista de tales relatos, un modesto galileo del s. I, Jesús de Nazaret.

La teología de San Pablo es una «teología especulativa», es decir, está construida sobre la base de una serie de reflexiones religiosas, que no se refieren ya directamente al humilde galileo, que fue Jesús, sino al Hijo de Dios, Mesías y Señor nuestro (Rom 1, 4), que es Cristo, el Resucitado que está junto al Padre del Cielo.

Esto supuesto – y como es lógico – estas dos teologías nos ofrecen dos explicaciones de la pasión y muerte de Jesús. Según la teología de los evangelios, la decisión de la muerte de Jesús la tomó la autoridad religiosa (el Sanedrín: sumos sacerdotes, senadores y maestros de la Ley). Y esta decisión fue aprobada por la autoridad política, el prefecto del Imperio. El motivo de la condena a muerte fue religioso (a Jesús se le acusó de ser un peligro para el templo, ser y actuar como un blasfemo y un delincuente); y fue político (como el gobernador mandó poner sobre la cruz).

Según la teología de San Pablo, Cristo murió en la cruz, no por decisión humana alguna (un asunto que Pablo nunca menciona), sino porque «los pecados se expían por la sangre«, lo que se refiere a Cristo que soporta la ira desatada de Dios sobre todos los pecadores (Rom 3, 19-20. 25). Así, sobre el Crucificado cayó el juicio destructor de Dios, que, con la muerte de Jesús, condenó «el pecado en su carne» (Rom 8, 3). Lo que representa que, para san Pablo, Jesús se hizo «maldición» (Gal 3, 13) y «pecado» (2 Cor 5, 21) por nosotros. En definitiva, la teología de Pablo viene a ser la aceptación del principio sobrecogedor que presenta la carta a los Hebreos: «sin derramamiento de sangre no hay perdón» (Heb 9, 22).

Resumiendo: la pasión de Jesús, según la teología narrativa de los evangelios, se explica porque Jesús, en el que está presente Dios y se nos revela Dios (Jn 1, 18; 14, 9; Mt 11, 27 par), se enfrentó al sufrimiento humano (enfermedad, pobreza, hambre, marginación, desprecio, humillación, odio…). Según la teología especulativa de san Pablo, la pasión de Cristo se explica porque Dios necesitó el «sacrificio» y la «expiación» de los pecados, para así redimir al hombre pecador.

Ahora bien, aceptando que en el Nuevo Testamento se encuentran estas dos explicaciones de la pasión y muerte de Jesús el Señor, el problema concreto que se suele presentar, en la enseñanzas de la Iglesia y en la vida de los creyentes, está en que la explicación de la pasión, que ofrece Pablo, se ha constituido, se presenta y se le pide a la gente que la viva como el dogma de fe de nuestra salvación. Mientras que la explicación de la pasión, que presentan los evangelios, se le explica a la gente como un criterio de espiritualidad para practicar la devoción y la caridad cristiana.

Por supuesto, sabemos que Pablo insistió en la caridad y el amor cristiano (1 Cor 13, 1-13; Gal 5, 13-24; Rom 13, 8-10). Como sabemos que los evangelios hablan, una y otra vez, de la fe y de la salvación. Pero téngase en cuenta que, cuando Jesús habla de «salvación», se refiere a la «curación de enfermedades«. Es decir, en los evangelios, «salvar» es remediar el «sufrimiento«.

Por eso, cuando Jesús le decía a alguien: «Tu fe te ha salvado«, lo que en realidad le decía es: «Tu seguridad en mí te ha curado» (Mc 5, 34; Mt 9, 22; Lc 8, 48; cf. Mc 10, 52; Mt 8, 10. 13; 9, 30; 15, 28; Lc 7, 9; 17, 19; 18, 42). Y llama la atención que Jesús elogia la fe de un centurión romano (Mt 8, 5-13; Lc 7, 1-10), de una mujer cananea (Mt 15, 21-28; Mc 7, 24-30) o de un leproso samaritano (Lc 17, 11-19), todos ellos, personas que no tendrían la fe en el Dios de Israel. Sin duda alguna, lo central en la teología de Pablo es la victoria sobre el pecado. Pero, si nos atenemos, a la teología de los evangelios, lo central es la victoria sobre el sufrimiento.

Todo esto supuesto, me atrevo a decir que, mientras este asunto no tenga la debida y autorizada explicación (y aplicación a la vida), la Iglesia no podrá cumplir con su tarea y su misión en el mundo. En definitiva, con una teología desajustada y desquiciada, no podemos tener sino una Iglesia igualmente desajustada y desquiciada. En otras palabras, mientras Pablo siga siendo más determinante que Jesús, en la teología y en la gestión de la Iglesia, ni la Iglesia ni los cristianos vamos a ninguna parte.

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Una semana diferente

lunes, 21 de marzo de 2016
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BlackJesus

Para algunos será una semana de vacación y ocio. Para otros, semana de fe y de oración, de Cristos yacientes y Dolorosas con lágrimas en los ojos y espadas en el corazón.

Pero si el pueblo recuerda a Jesús no es porque sufrió y murió, sino porque resucitó. Nadie evoca ni celebra la muerte de un fracasado. Ni se entiende el dolor del Viernes Santo, sin la apoteosis del Domingo de Resurrección. Por eso, la Semana Santa, no puede considerarse como una enfermiza y caduca forma de recrearse en el dolor, sino como afirmación rotunda y gozosa de que, a través de la Cruz, se llega a la Pascua.  Que es Luz, Vida y Esperanza para los creyentes. Es la base de nuestra fe cristiana.

Hay algo que los cristianos debemos evitar en Semana Santa: convertirnos en meros espectadores de la Pasión. A este Dios sólo se le entiende cuando sabemos amar a los que sufren, acercarnos a ellos y compartir su Pasión. Como la Verónica y el Cirineo del Evangelio. La Semana Santa es buena ocasión para mirar a nuestro derredor, porque  son muchos los cristos anónimos que cargan con su cruz y suben al Calvario. Arrimar el hombro al dolor de este mundo es el mejor modo de resucitar con Él.

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«Acerca tu mano y métela en mi costado», por Carlos Osma

miércoles, 18 de noviembre de 2015
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santo+tomasDel blog de Carlos Osma, Homoprotestantes:

Me sorprende ver tanta energía malgastada en esconder las heridas con las que la heteronormatividad nos ha marcado. Tanta sonrisa falsa, tanto discurso políticamente correcto para hacer creer que no ha ocurrido nada, que todo ha sido fácil, que se ha superado la batalla contra la heterosexualidad obligatoria sin que el dolor y el sufrimiento nos haya empujado en más de una ocasión a la desesperación. Sigo sin entender porqué del armario sólo puede salir liberación y no sufrimiento, porqué nos cuesta tanto salir enteros.

No estoy hablando de mantener discursos de victimización que nos impidan vivir una vida feliz. No hay nada más triste que ver personas que se revuelcan en su dolor sin hacer nada para superarlo. He sido testigo muchas veces de como el dolor, el pesimismo y el sufrimiento son vividos de manera enfermiza, y de cómo algunas personas intentan ganarse el favor de los demás convirtiéndose constantemente en víctimas. Es una experiencia triste, pero no estoy hablando de hacer un espectáculo con el dolor padecido, sino de mostrar la realidad de nuestra experiencia, aunque no sea atrayente y bien vista por el discurso “ I’m a happy gay”.

La experiencia de todas las personas LGTBI que he conocido pasa por un punto que podría llamarse “muerte de las esperanzas heteronormativas”. Todas y todos hemos sido educados para ser unas mujeres o unos hombres que no somos, y eso irremediablemente no ha sido fácil, sino que ha necesitado de una lucha más o menos intensa según el contexto de cada cuál, con las personas que más queríamos y que a la vez podían hacernos más daño. Todas y todos los que vivimos “fuera del armario” hemos acabado muriendo a lo que deberíamos haber sido y hemos vuelto a nacer a lo que somos ahora. Conozco a cientos de personas LGTBI, y ninguna de ellas ha tenido un proceso similar al de cualquier heterosexual para autocomprenserse, sino que todas ellas han vivido en algún momento una ruptura, una muerte a los deseos heteronormativos con los que habían sido educadas. Y antes de esa muerte, siempre ha habido heridas y sufrimiento.

Es por esta razón que las personas LGTBI cristianas nos podemos sentir identificadas con Jesús de Nazaret. Su muerte no fue una paseo triunfal, allí hubo dolor y sufrimiento real, sentimiento de abandono de Dios. Y según nos relatan los evangelios, el Jesús resucitado no escondió las marcas que la muerte había dejado en su cuerpo, de hecho, tampoco negaban su resurrección, sino que eran pruebas irrefutables de que había resucitado. Y pienso que el evangelio con esto nos está diciendo algo importante: que las marcas del dolor que un día padecimos, no dicen nada en contra de nuestra nueva vida, sino que la afirman con rotundidad. Un día fuimos crucificados, pero Dios nos levantó de la muerte, y si lo ha hecho con nosotros, lo puede hacer con todas aquellas personas que viven crucificadas por la heteronormatividad. Nuestras marcas son el signo de la nueva vida para muchas personas, son evangelio, predicación de las buenas noticias, y por eso no deben ser escondidas.

Según el evangelio de Juan, el discípulo Tomás se negó a creer en la resurrección de Jesús hasta que no viera las marcas de los clavos en las manos del resucitado. A ese discípulo Jesús se le apareció y le dijo: “Pon aquí tus dedos y mira mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente[1]”. Jesús no utilizó sus heridas para victimizarse, ni para explicar lo que había sufrido, sino como prueba de que la muerte no tiene la última palabra y la nueva vida es posible. Si queremos acabar con la incredulidad de la heteronormatividad, si queremos llamar a la fe en un Jesús para todas y todos, lo tenemos que hacer también mostrando nuestro costado herido. No por exhibicionismo, sino para anunciar la vida plena.

Del armario hay que salir enteros, y para ello no deberíamos esconder ni minimizar lo que hemos sufrido. La denuncia de la cruz no la pueden hacer personas que borran las marcas de los clavos en sus manos. Que existe vida después de la muerte heteronormativa no lo pueden anunciar quienes esconden su costado traspasado. Que Dios está con nosotros, que nos ha resucitado, no lo pueden gritar quienes esconden que un día fueron crucificados. Si de verdad fuimos azotados, golpeados, traspasados y colgados en un madero, no borremos de nuestro cuerpo la prueba del poder de Dios. No impidamos ver a los demás, que Dios puede levantarles de la muerte.

Carlos Osma

[1] Jn 20,27

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Bendice, Señor, el espíritu quebrantado de los que sufren

lunes, 16 de noviembre de 2015
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Del blog de la Communion Béthanie:

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Bendice, Señor
el espíritu quebrantado de los que sufren,
la pesada soledad de los hombres,
de aquél que no encuentra nunca reposo,
el sufrimiento que nunca se le confía a nadie…
Y bendice el cortejo de las gentes
que en la noche no se dejan amedrentar
por el espectro de los caminos desconocidos.
Bendice la miseria de los hombres que están muriendo ahora.
Dales, Señor, un buen fin.
Bendice los corazones, Señor, los corazones llenos de amargura.
Sobre todo, alivia a los enfermos,
concede el olvido a aquellos a quienes has privado
de su bien más querido.
No dejes que nadie en la tierra  viva angustiado
Bendice a los alegres, Señor y protégeles,
A mí nunca me has librado, hasta ahora, de la tristeza.
Y a veces me pesa demasiado;
pero Tú me das fuerza
y así puedo cargar con ella.

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Edith Stein,
Extracto de «La Ciencia de la Cruz«.

Foto-Edith-Stein

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