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El amor, fuego u hoguera

sábado, 11 de junio de 2016
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Del blog Pays de Zabulon:

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La búsqueda del amor ocupa un gran espacio en mi vida. Tal vez es que le concedo demasiada importancia, pero ¿qué quieres? Amar está en mi naturaleza de hombre, y sinceramente creo que lo más grande que podemos aprender es amar y ser amados. El ser humano está hecho para esto, en primer lugar. Incluso la Palabra de Dios pone el Amor en el centro de su mensaje. Por supuesto, hay mil formas de amar, pero esta no es mi intención de hoy.

Cuando amo, tengo que decirlo, escribirlo, y mostrarlo, tal vez, a riesgo de hacerlo demasiado. El entusiasmo, la corazonada   y el flechazo están reflejados en el mismo letrero: Albergue de la Pasión. A veces el fuego sólo es interiorizado: no hay sentimientos recíprocos, o no quiere ir demasiado rápido en la relación para no asustar a la otra, son las principales razones. Pero el fuego está allí, y muy allí. Al igual que el fuego griego, la llama arde continuamente dentro de mí  esperando un soplo (de amor) para transformarse en hoguera.

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Loquito
(Anotherdaylight, 4 mars 2011)

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Espíritu Santo, ven…

domingo, 15 de mayo de 2016
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“Sin el Espíritu Santo, Dios es lejano, Cristo queda en el pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia una simple organización, la autoridad un dominio, la misión proselitismo, el culto una evocación, la praxis humana una moral de esclavos…

Pero en el Espíritu Santo el cosmos es elevado a gemidos de parto del Reino, Cristo resucitado está presente, el Evangelio es potencia de vida, la Iglesia significa comunión, la autoridad un servicio, la misión es un pentecostés, la liturgia un memorial y una anticipación, la praxis humana queda divinizada”

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Ignacio IV,
patriarca de Antioquía

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Pentecost-fire

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros.

El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho

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Juan 14, 15-16. 23b-26

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La llama…

sábado, 14 de mayo de 2016
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Acércate más, Platero. Ven… Aquí no hay que guardar etiquetas. El casero se siente feliz a tu lado, porque es de los tuyos. Allí, su perro, ya sabes que te quiere. Y yo, ¡no te digo nada, Platero!…! ¡Qué frío hará en el naranjal! Ya oyes a Raposo: “¡Dioj quiá que no je queme nesta noche muchaj naranja!”

¿No te gusta el fuego, Platero? No creo que mujer desnuda alguna pueda poner su cuerpo con la llamarada. ¿Qué cabellera suelta, que brazos, qué piernas resistirían la comparación con estas desnudeces ígneas? Tal vez no tenga la Naturaleza muestra mejor que el fuego. La casa está cerrada y la noche fuera y sola; y, sin embargo, ¡cuánto más cerca que el campo mismo estamos, Platero, de la Naturaleza, en esta ventana abierta al antro plutónico! El fuego es el universo dentro de casa. Colorado e interminable, como la sangre de una herida del cuerpo, nos calienta y nos da hierro, con todas las memorias de la sangre.

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Platero, ¡qué hermoso es el fuego! Mira cómo Alí, casi quemándose en él, lo contempla con sus vivos ojos abiertos. ¡Qué alegría! Estamos envueltos en danzas de oro y danzas de sombras. La casa toda baila, y se achica y se agiganta en juego fácil, como los rusos. Todas las formas surgen de él, en infinito encanto: ramas y pájaros, el león y el agua, el monte y la rosa. Mira: nosotros mismos, sin quererlo, bailamos en la pared, en el suelo, en el techo.

¡Qué locura, qué embriaguez, qué gloria! El mismo amor parece muerte aquí, Platero.

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Juan Ramón Jimenez
Platero y yo

un hombre y su burro

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Hacia la herencia inagotable

miércoles, 11 de mayo de 2016
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6521584José Mª Rivas Conde,
Madrid

ECLESALIA, 27/04/16.- uando  palpa uno su perdición y recapacita sobre ella, aún tiene un último recurso de salvación eterna: la esperanza en Dios acogedor (Lc 15,16-20 y 23,39-43). Parece que sería sensato alimentar esa esperanza a lo largo de la vida, aunque sólo fuere “la del por si acaso” (Ver mi escrito “Insospechable Magnitud de la Respuesta Divina”), procediendo en el día a día de acuerdo sólo con su palabra.

“Sólo con su palabra”, porque es de Él de quien se espera la salvación y no de ninguno otro. Esto lo creo diáfano y asequible a todos. Lo dificultoso para muchos es discernir con seguridad la palabra auténtica de Dios. Porque Él nos habla siempre a través de emisarios, y porque es escurridiza la garantía de disponer de esa condición todos los que se nos presentan como tales y, más aun, la de gozar de ella en todo lo que trasmiten como palabra divina.

En concreto: grande ha sido la cantidad de palabras condicionantes de la salvación eterna, que la propia Iglesia Católica ha catequizado durante siglos equivocadamente como divinas, entremezcladas con la que en verdad lo era. Lo certifica la poda que ella misma ha hecho desde Pío XII a nuestros días. Siempre sin alharaca o, a lo sumo, envuelta en muy razonable justificación. Pero así no se evita que se trate de aboliciones o revocaciones; sino que sólo se muestra la conveniencia de realizarlas.

Imposible recogerlas todas en escritos como éste. Con todo, recordaré unas cuantas que estando decretadas, supuestamente como digo en nombre de Dios, no sólo bajo penas eclesiásticamente remisibles, sino incluso bajo la de condenación eterna, han sufrido cambio o derogación. Así ha sucedido masivamente con motivo de la reforma litúrgica. Así también con preceptos de menor conexión temática entre sí, como santificar el propio día jueves de la Ascensión y el del Corpus; iluminar el sagrario con lamparilla de aceite de oliva; celebrar misa con dos velas de cera de abejas; observar rigurosamente todas las rúbricas del canon de la misa, incluso la “ahora” ridícula de no separar el celebrante los índices de los pulgares desde la consagración hasta después de la comunión; celebrar misa con acólito y que éste fuera de sexo masculino; guardar ayuno total desde las doce horas de la noche previa a comulgar; cumplir, salvo que se tuviera la bula, todos los días de ayuno y abstinencia del año; no ordenar la incineración del propio cadáver ni colaborar en ninguna; no leer obra incluida en el Índice de Libros Prohibidos, ni tenerla o retenerla durante más de un mes aun sin leer; no omitir el subdiaconado antes de conferir las órdenes mayores; no exigir a todos los del rito latino el celibato para el diaconado, o para el ministerio presbiteral (ya no se exige para el de los presbíteros anglicanos convertidos al catolicismo). Y ultimísimamente, aunque de momento sólo en parte, no comulgar viviendo anómalamente la conyugalidad.

Que haya palabras divinas revocables es tan absurdo como que lo eterno pueda perecer. O como que Dios no sea infinitamente sabio desde siempre y a veces necesite rectificar. Por ello, lo que de hecho resulta revocado, por fuerza ha de ser, no sólo revocable en sí mismo, sino además necesariamente humano. Aunque haya sido eclesiástico. Y, urgirlo como palabra de Dios bajo pena del infierno fue, además de engaño, abuso de poder. Porque no existe absolutamente nadie que pueda sancionar el incumplimiento de obligación revocable con pena eterna, como es la del infierno predicado incluso para los que niegan que exista. Sería, en lenguaje de los filósofos, una “contradictio in terminis”: la eternidad de una sanción la niega precisamente la propia derogabilidad de la prohibición. La posibilidad de derogar la obligación entraña la de abolir su pena, no sólo en cuanto a su vigencia como norma, sino además en cuanto a la supervivencia de su aplicación pasada. Como la posibilidad de abatir las columnas dio a Sansón la de derrumbar por completo el templo filisteo que ellas sostenían.

La revocabilidad de las palabras puede entonces servir para distinguir las simplemente humanas de la divina. No tiene tarea caer en la cuenta de ella una vez producida la derogación respectiva; y poca, llegar a conocerla antes. Basta con atender al contenido específico de cada palabra: si eterno, es divina; si temporal, o promulgada en fecha histórica, o de validez dependiente de circunstancias extrínsecas y contingentes (raza, cultura, lugar, siglo, rito, etc.), sólo humana por más alta representación de Dios que ostente quien la haya pronunciado y por explícita que aparezca en los más antiguos textos tenidos por sagrados.

Éste criterio, aunque de sobrada garantía racional, lo creo además acorde con la enseñanza de 1Pe. En razón de la interrelación que aprecio entre 1,3-4 y 1,23-25, sintetizo en uno ambos fragmentos y formulo así su contenido en lo que hace al criterio señalado: “Para la herencia imperecedera que nos está reservada, somos engendrados por la palabra viva y permanente de Dios; no por la corruptible del hombre. Porque todo lo humano es como heno efímero, y toda su gloria como flor de heno. Mas el Señor es eterno y su palabra permanece para siempre”. Supone que la eternidad sólo puede manar de lo eterno, nunca de lo caduco. Que lo efímero pueda parirla sería tan absurdo, al menos, como que un peñasco engendre un hombre. O como que el heno marchitable tenga flor perenne.

Así pues, en orden a alimentar durante la vida nuestra esperanza en Dios atendiendo sólo a su palabra, de todas las que se nos catequizaron divinas podemos empezar por despreocuparnos y desentendernos sin la menor vacilación, de cuantas vinculen la herencia inextinguible o su amejoramiento, a cosas de la vida del hombre sobre la tierra. Por fuerza esas palabras han de ser sólo invención de hombres. Darles valor de salvación imperecedera equivaldría a vivir en la irrealidad de la contradicción señalada: la de afirmar efecto eterno en lo perecedero y caduco.

A la vez que pérdida de tiempo es desatino proclive a aberraciones. En ocasiones hasta las barbaries registradas por la historia y que Jesús anunció como evento aún posible tras su partida (Jn 16,2): “quitar la vida a otro pensando rendir con ello culto a Dios”.

Eso fueron las inmolaciones rituales de seres humanos en los altares de las religiones primitivas de siglos ha. Como la que Jefté prometió hacer a Yahveh si le concedía vencer a los amonitas (Jue 11,31) y como la que  pretendía hacer Abraham de su hijo Isaac. Y eso fueron las inmolaciones alitúrgicas de las piras de la inquisición de no hace tanto. Y la cruenta de la violencia contra los “disidentes”, aún presente en religiones infectadas de mesianismo imperialista y reivindicador. O la ya incruenta contra los propios fieles, con ayunos, abstinencias u otras penitencias; o ponderándoles la imaginada eficacia del sacrificio. Leer más…

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María Magdalena escribe cartas de amor a Jesús de Nazaret

domingo, 8 de mayo de 2016
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“No sé cómo amarte”, nueva novela de Pedro Miguel Lamet

«Quiere ser una novela de amor, de un amor insólito»

«María era, junto a Juan, el discípulo amado, la mujer más querida y privilegiada por Jesús, porque si no, no se explicaría que la eligiera para su primera aparición y para anunciar la resurrección a los discípulos»

Las relaciones de María Magdalena y Jesús de Nazaret, que han despertado tantas interpretaciones, es el tema que el escritor y periodista Pedro Miguel Lamet aborda en su nueva novela, No sé cómo amarte, que acaba de publicar Ediciones Mensajero.

Después de la crucifixión y muerte de Jesús, su famosa discípula envía a María, la madre del Maestro, 23 cartas, que nunca se atrevió a entregarle en vida y que contienen, en tono intimista y apasionado, tanto el relato biográfico de su peripecia humana como su experiencia y mirada femenina sobre los hechos evangélicos.
Nacida en Magdala e hija de un rico comerciante en salazón de pescado, que maltrataba a su madre, se ve obligada, todavía adolescente, a huir y atravesar duras y arriesgadas situaciones: desde un lupanar en Cesarea Marítima a ser vendida como esclava, favorita del rey de los Nabateos y famosa bailarina en Tiberíades, pasando por el amor de un centurión romano, la explotación de una banda de beduinos en el desierto y la amistad de un sabio griego y un médico judío. Fascinada por Jesús, que la cura de sus dolencias, se convierte en su más fiel seguidora hasta su muerte y resurrección.

La novela pretende retratar la psicología de una mujer buscadora, libre y compleja, ante la trágica experiencia de un amor tan espiritualmente grande como humanamente imposible, que la supera y la sublima. «Después de la saturación propiciada por él éxito de El Código da Vinci, de ínfima calidad literaria -declara el autor-, creo que faltaba una obra de ficción, que, basada en los textos evangélicos y en los datos históricos del contexto de la época, se adentrara en el íter psicológico y espiritual de la Magdalena. Quiere ser una novela de amor, de un amor insólito«.

«Intento reconstruir, como lo haría un pintor renacentista -añade Lamet-, el retrato de una mujer inteligente, insatisfecha y buscadora, aunque maltratada por la vida, que descubre un amor tan grande, que por una parte le explica el sentido de la vida y que al mismo tiempo se convierte en tragedia por el drama de Jesús y las exigencias de su misión».

El autor jesuita reconoce que se mueve entre dos aguas: la imagen tradicional de la «pecadora» y la que sostienen algunos biblistas actuales, para los que los famosos «siete demonios» eran meras enfermedades físicas o depresiones. «Ser mujer en aquel medio judío equivalía a ser nada, aún menos, bazofia pisoteada«. Sostiene que, según los evangelios, María era, junto a Juan, el discípulo amado, la mujer más querida y privilegiada por Jesús, porque si no, no se explicaría que la eligiera para su primera aparición y para anunciar la resurrección a los discípulos varones. «Hay otros muchos testimonios evangélicos sobre esta forma contracultural de tratar Jesús a las mujeres y en general a los pobres y marginados». En el relato aparecen también los roces obvios con Pedro y los otros rudos pescadores, y no faltan los celos de algunas mujeres del grupo. «De ahí a que las rocambolescas tesis de que el Maestro la prefiriera como papisa o sobre una estirpe de Jesús, como defiende una literatura de consumo, hay un abismo», declara el novelista.

Con esta nueva obra, Pedro Miguel Lamet quiere exponer además una visión trasversal del amor. «Al lado de Jesús esta mujer, bella y sensible, va aprendiendo que todo amor brota de un Amor total; que no hay diferencia, sino continuidad entre el amor humano y el amor divino, porque tienen una única fuente. Y que todo el amor está dentro de ella, aunque no obtenga toda la respuesta que desea, ya que el amor que siente, ese único amor, es humano y a la vez infinito, salta a la eternidad«.

Al mismo tiempo el escritor pretende, con sus hallazgos y respuestas, ofrecer una vía liberadora de ayuda, consuelo y crecimiento interior a cuantos, desde la soledad, el dolor y la marginación, se enfrentan hoy con los envites propios de un mundo cruel e injusto. El libro ha sido lanzado también en edición digital.

Fuente Religión Digital

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«Amor: unión creativa», por J. I. González Faus

sábado, 7 de mayo de 2016
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love-699480_640J. I. González Faus. Dicen los teólogos que Dios se revela a través de Su Palabra (el testimonio bíblico sobre Jesús) y de Su creación. Sobre la creación, lo único que pretende enseñar la Biblia es que todo es obra de Dios (y de ningún otro principio divino o diabólico); y que Dios crea “diciendo” (sin ninguna materia previa). Y más tarde, que Dios crea para acabar comunicándose a Sí mismo. El resto lo dice la creación por sí misma.

Pues bien: la ciencia ha ido descubriendo que la creación se lleva a cabo mediante un proceso de unión-creativa. Tras la  primera dispersión inicial (big-bang), aparece una fuerza de atracción, lenta pero potente, que va  produciendo uniones y unidades cada vez más serias: partículas que se convierten en átomos, en moléculas, en células, en organismos vivos…, hasta llegar a la atracción corporal y la atracción humana.

La unión ha ido generando así un proceso de crecimiento. Al constatar esto,  Teilhard de Chardin intuyó que ese proceso había de estar provocado por una meta final, que él llama Omega, y que es a la vez “aglutinante y atrayente”. Y creyó constatar que todo lo que se da en los estadios superiores se encontraba ya, “de una manera oscuramente primordial”, en los estadios inferiores más primitivos. Y Teilhard pone este ejemplo: la gravedad es como una prefiguración del amor: la fuerza misteriosa e inexplicable de la gravedad, acaba siendo la fuerza unitiva y creadora del amor.

La evolución creadora progresa entonces según un doble “parámetro de complejidad-conciencia”:  las cosas creadas son cada vez más complejas pero, con esa complejidad, aparece la posibilidad de la conciencia: la posibilidad de no ser sólo cosa inerte, sino sujeto (que sabe que es). Algo de eso se refleja en la casi infinita complejidad relacional de nuestro cerebro.

Luego volveremos a Teilhard.  Ahora dejémonos empapar un momento por el milagro y la maravilla de la atracción humana. Es quizá la realidad más bella de la vida y la más sorprendente. Intentamos justificarla por las grandezas que descubrimos en el otro polo: que nos parece “una persona, maravillosa”, genial, etc. Pero me resulta más exacto a la inversa: es la misma dinámica atractiva de la evolución la que nos hace descubrir esos valores. Con lo cual, la atracción humana deja de ser ciega.

Aquí aparece otra maravilla sobre la que hemos reflexionado demasiado poco: la sonrisa. Tan elemental, tan fácil, tan agradable. Expresión de que la presencia del otro me es gratificante, y de una acogida mía que quisiera también ser grata para él. Pero con el aviso de cómo puede ser falsificada en las mil sonrisas falsas, que sólo buscan seducirnos o colocarnos un producto. El crecimiento en calidad implica también el crecimiento de las posibilidades de falsificación.

Así, con la entrada en escena del hombre, la gravedad convertida en atracción se complica mucho. Al llegar al estadio personal, la evolución deja de ser ciega, y pasa a ser pilotada por el ser humano, responsable ahora de ella. De modo parecido, la atracción humana se vuelve infinitamente más compleja: si se la reduce a la mera atracción corporal (como hace la cultura moderna) la atracción pierde fuerza: podrá ser reproductora pero ya no será creadora. Si, aunque no excluya la atracción corporal, la trasciende, la atracción mantiene su calidad pero las cosas tampoco resultan fáciles: porque hay que evitar que la atracción se convierta en dominio, en autoafirmación, en dependencia… y hasta en choque. Pero si, evitando esos obstáculos, la “gravedad creadora” consigue ir por el camino recto, entonces Teilhard profetiza que la humanidad camina hacia formas inéditas de socialismo en comunión y en libertad. Y escribe esto desde la pura ciencia, al margen de las realidades políticas de su hora histórica.

La visión de la historia ahí anunciada responde sencillamente a lo que han sido muchos sueños de la humanidad: evoquemos “la tierra sin males”, el paraíso comunista o el triple paso, genial y hegelianamente formulado por Marx: “masa-persona-comunión”… Y responde también al esbozo que traza el Nuevo Testamento de una progresiva conquista de libertades hasta concluir en el “Dios-todo-en-todas-las-cosas”.

Pero lo que interesa ahora no son las profecías históricas sino aprender una doble lección: a) el amor es una asombrosa fuerza unitiva y, por eso, creativa: la creación es un proceso inacabado de unión creadora. Y b) La desastrosa situación actual del planeta tierra plantea la pregunta (y nos lanza la llamada) de si estamos en un momento de unión creativa o de desintegración destructiva. La falsificación del amor, y la corrupción de la atracción en “búsqueda del máximo beneficio”, nos han llevado a un planeta poblado de armamentos atroces, sobreabundantes y destructores, y a una tierra gravemente enferma, a la que no sé si lograremos salvar: porque eso nos exige hoy esfuerzos ingentes y universales. Por lo que preferimos cegarnos esperando que “ya se encontrará alguna solución”.

No sé si esto deja a mis sucesores en este “mester de teología”, una pregunta hasta ahora inédita en esta disciplina tan “celestial”: cuál sería el significado teológico de una tierra destruida antes de tiempo… Yo prefiero terminar con el último paso del amor creativo, en el que la atracción ya no es hacia cuerpos, ni hacia personas, sino hacia Dios. Y la gravedad ha llegado hasta el Amor con mayúscula. Ahí culmina la unión creadora.

Fuente Cristianismo y Justicia

Imagen extraída de: Pixabay

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Amaos unos a otros

domingo, 24 de abril de 2016
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Repetimos este poema del blog Pays de Zabulon, porque en este contexto mundial y local, refleja claramente dónde hemos de responder al mandato de Jesús…

Reflexiones de Rev. David Eck Asheville de Carolina del Norte, extraído del blog I’ m christian, I’ m gay, Del Let talk,  19 de noviembre de 2009.

“He escrito este poema que se inspira en Jn 13, 34-35. ¡Espero que te ponga en crisis tanto como a mí me ha puesto!

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Amaos los unos otros como yo os he amado.
Esto parece tan simple, tan lineal.
Pero … ¿ Querer al liberal de “corazón lleno de compasión “?
¿Amar al conservador de “valores familiares “?
¿Querer al musulmán? ¿Al judío? ¿Al budista? ¿Al hinduista?
¿Amar al inmigrante en situación irregular? ¿Amar el que tiene todos los privilegios?
¿Amar al gay? ¿La lesbiana? ¿Al transgénero?
¿Amar a los manifestantes por la paz? ¿Amar a los hacedores de guerra?
¿Amar al iraquí? ¿Al palestino? ¡Al norcoreano?
¿Amar al republicano y al demócrata?
Amar al sin techo? ¿Al mendigo?
¿Al enfermo de sida? ¿Al detenido condenado a muerte?
Tendemos a amar con los dedos cruzados en busca de una escapatoria,
Buscando la manera de limitar a aquellos a los que elegimos amar.
Así como el escriba que, una vez, le preguntaba a Jesús: “¿quién es mi prójimo?”
Tendemos a amar de modo selectivo, poniendo condiciones.
Amamos a los que se nos parecen, piensan como nosotros, creen como nosotros.
¿Quién sería odiado por Jesús? ¡Nadie!
La única cosa que enfurecía a Jesús era la hipocresía espiritual,
Los que proclamaban amar a Dios pero no conseguían decidirse a amar a sus prójimos,
Los que creían que ellos eran los elegidos de Dios mientras que trataban a otros como si fueran el mal personificado.
Amaos los unos a los otros como yo os he amado.
Posiblemente no sea tan simple, después de todo.
Pero es el signo por el cual otros reconocerán que somos discípulos de Jesús.

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Citado por Loquito en anotherdaylight – 2 mayo 2012

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Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús:

«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.

Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.«

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Juan 13, 31-33a. 34-35

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«No perder la identidad». 5 Pascua – C (Juan 13,31-33a.34-35)

domingo, 24 de abril de 2016
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abrazoJesús se está despidiendo de sus discípulos. Dentro de muy poco, ya no lo tendrán con ellos. Jesús les habla con ternura especial: «Hijitos míos, me queda poco de estar con vosotros». La comunidad es pequeña y frágil. Acaba de nacer. Los discípulos son como niños pequeños. ¿Qué será de ellos si se quedan sin el Maestro?

Jesús les hace un regalo: «Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado». Si se quieren mutuamente con el amor con que Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos. El amor que han recibido de Jesús seguirá difundiéndose entre los suyos.

Por eso, Jesús añade: «La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros». Lo que permitirá descubrir que una comunidad que se dice cristiana es realmente de Jesús, no será la confesión de una doctrina, ni la observancia de unos ritos, ni el cumplimiento de una disciplina, sino el amor vivido con el espíritu de Jesús. En ese amor está su identidad.

Vivimos en una sociedad donde se ha ido imponiendo la «cultura del intercambio». Las personas se intercambian objetos, servicios y prestaciones. Con frecuencia, se intercambian además sentimientos, cuerpos y hasta amistad. Erich Fromm llegó a decir que «el amor es un fenómeno marginal en la sociedad contemporánea». La gente capaz de amar es una excepción.

Probablemente sea un análisis excesivamente pesimista, pero lo cierto es que, para vivir hoy el amor cristiano, es necesario resistirse a la atmósfera que envuelve a la sociedad actual. No es posible vivir un amor inspirado por Jesús sin distanciarse del estilo de relaciones e intercambios interesados que predomina con frecuencia entre nosotros.

Si la Iglesia «se está diluyendo» en medio de la sociedad contemporánea no es solo por la crisis profunda de las instituciones religiosas. En el caso del cristianismo es, también, porque muchas veces no es fácil ver en nuestras comunidades discípulos y discípulas de Jesús que se distingan por su capacidad de amar como amaba él. Nos falta el distintivo cristiano.

Los cristianos hemos hablado mucho del amor. Sin embargo, no siempre hemos acertado o nos hemos atrevido a darle su verdadero contenido a partir del espíritu y de las actitudes concretas de Jesús. Nos falta aprender que él vivió el amor como un comportamiento activo y creador que lo llevaba a una actitud de servicio y de lucha contra todo lo que deshumaniza y hace sufrir el ser humano.

José Antonio Pagola

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Domingo 24 de abril de 2016. 5º Domingo de Pascua

domingo, 24 de abril de 2016
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30-pascuaC5 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 14, 21b-27: Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos.
Salmo responsorial: 144: Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi rey.
Apocalipsis 21, 1-5a: Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.
Juan 13, 31-33a. 34-35: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros.

El libro de los Hechos nos sigue presentado el éxito misionero de Pablo y Bernabé entre los gentiles, pues “Dios les había abierto la puerta a los no judíos para que también ellos pudieran creer” (v.27). Sus desvelos misioneros serían fuente de esa propagación del Evangelio que, extendiéndose a lo ancho del mundo “gentil”, llegaría hasta nosotros.

Por su parte Juan, el vidente de Patmos, alienta nuestra esperanza con su magnífica visión de “un cielo nuevo y una tierra nueva”, como la gran meta de nuestros esfuerzos por transformar las realidades de muerte que nos rodean y redimir al mundo con la fuerza vital arrolladora del Resucitado. Una nueva realidad de justicia, paz y amor fraterno habrá de traer “la nueva Jerusalén que descendía del cielo enviada por Dios y engalanada como una novia”. Es la esperanza maravillosa que podemos enarbolar frente a los catastrofistas que nos amenazan con una destrucción inexorable del mundo, sobre la base de supuestas profecías que en nada se condicen con las promesas de la Nueva Alianza que Cristo ha sellado con su pasión y su triunfo sobre la muerte. “Esta es la morada de Dios con los hombres –señala un entusiasmado Juan-; acampará entre ellos. Serán su pueblo, y Dios estará con ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. El que estaba sentado sobre el trono dijo: Ahora hago el universo nuevo”.

El evangelio nos presenta unos cuantos versículos del gran discurso de despedida de Jesús en la noche de la Cena, donde el Maestro entrega su testamento espiritual a los discípulos: el gran mandato del amor como signo visible de la adhesión de sus discípulos a él y de la vivencia real y afectiva de la fraternidad. El mundo podrá identificar de qué comunidad se trata si los discípulos guardan entre sí este mandato del amor. Jesús rescata la Ley, pero le pone como medio de cumplimiento el amor; quien ama demuestra que está cumpliendo con los demás preceptos de la Ley. Es posible que en la comunidad primitiva se hubiera discutido cuál debía ser su distintivo propio e inequívoco. Para eso apelan a las palabras mismas de Jesús. En un mundo cargado de egoísmo, de envidias, rencores y odios, la comunidad está llamada a dar testimonio de otra realidad completamente nueva y distinta: el testimonio del amor.

Una de las principales causas por las que tantos cristianos abandonan la Iglesia radica justamente en la falta de un testimonio mucho más abierto y decidido respecto al amor. Con mucha frecuencia nuestras comunidades son verdaderos campos de batalla donde nos enfrentamos unos contra otros; donde no reconocemos en el otro la imagen de Dios. Y eso afecta la fe y la buena voluntad de muchos creyentes. Por cierto, no se trata de que nuestras comunidades y agrupaciones sean totalmente ajenas al conflicto, no; el conflicto es necesario en cierta medida, porque a partir de él se puede crear un ambiente de discernimiento, de acrisolamiento de la fe y de las convicciones más profundas respecto al Evangelio; en el conflicto –llevado en términos de respeto y amor cristiano mutuo- aprendemos justamente el valor de la tolerancia, del respeto a la diversidad, y el mejoramiento de nuestra manera de entender y practicar el amor. Del conflicto así entendido -inevitable donde hay más de una persona-, es posible hacer el espacio para construir y crecer. Para ello hacen falta la fe, la apertura al cambio y, sobre todo, la disposición de ser llenados por la fuerza viva de Jesús. Sólo en esa medida nuestra vida humana y cristiana va adquiriendo cada vez mayor sentido y va convirtiéndose en testimonio auténtico de evangelización. Leer más…

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Dom 24.4.16 Que os améis unos a otros, porque el amor es Dios (y el prójimo, también)

domingo, 24 de abril de 2016
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12998528_578007969043066_716728031404632059_nDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 5º de Pascua, domingo del mandamiento nuevo: “Que os améis unos a otros como yo os he amado”.

Es el mandamiento de la vida de Jesús, que “manda” siendo, que abre con su vida una mutación de vida, que es amor.

— Éste es el mandamiento de la revelación de Dios, de la revelación del ser humano, mujer y varón, varón y mujer, padres e hijos, hijos y padres… judíos y gentiles, del norte y del sur…

— Éste es el mandamiento de la nueva humanidad de Dios, un mandamiento cristiano precisamente por ser humano. Es la revelación de la esencia del hombre.

Éste es el único mandamiento, los diez mandamientos en uno: que os améis, como ama Dios, como os he amado.

Éste es el único mandamiento, los dos mandamientos en uno, porque «amar a Dios y amar al prójimo» se resume en esto: amaos unos a los otros, porque aquí está Dios y amando al prójimo estáis amando a Dios (y manifestáis en vuestra vida el amor de Dios)

10155508_760159217336398_34330471_nAsí presentaré el texto del domingo, del evangelio de Juan…. Y lo comentaré con la carta que el mismo Juan escribió para explicarlo, diciendo que Dios es amor, es decir, que nosotros somos (=hemos de ser) amor en Dios. Buen domingo.

Este mandamiento del amor, entendido como experiencia radical de gratuidad, como misericordia y justicia, define la vida del cristiano:

— Es amor íntimo, de gozo… Amar es ser, amar es vivir, en esperanza y fe, en gratuidad e intimidad

— Pero amor es, al mismo tiempo, misericordia… Es convertir la vida en pan para los otros (segunda imagen).

Buen domingo a todos… porque Dios es Amor, y si amamos somos en Dios, él en nosotros.

1. Texto: Juan 13, 31-33a. 34-35

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.
Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

2. Comentario. Primera de Juan

La primera carta de Juan (1 Jn) ha relacionado de manera muy intensa el amor mutuo (amor interhumano) con el ser de Dios, entendido como amor y de esa forma ha comentado el mandamiento del amor.

Parece que en un determinado momento la comunidad de Juan (es decir, del Discípulo Amado) había sufrido el riesgo del exclusivismo, cerrándose en un tipo de amor puramente interior, entre los miembros del grupo. Pero, más tarde, esa comunidad se ha integrado en la Gran Iglesia, ofreciendo su experiencia y exigencia de amor no sólo a los cristianos sino a todos los hombres y mujeres, entendidos desde Cristo como hermanos y amigos. Esta es la palabra clave de la comunidad de Juan, la palabra clave de la revelación y teología cristiana, 1 Jn 4, 7-21

[a. A Dios nadie le ha visto].

Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

[b. Hemos conocido y creído. Confesión cristológica].

En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo, como Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él.

[b’ Dios es amor. Confesión teológica].

Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del Juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.

[a’. Conclusión y mandamiento].
Nosotros amemos, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano (1 Jn 4, 7-21).

13015271_577768145733715_7067850011313563772_nHe dividido el texto en cuatro partes, que voy a comentar.

Entre la primera (a) y la última (a’) hay una relación interna: ambas insisten en que Dios nos ha amado primero y vinculan amor a Dios y al prójimo, empleando el argumento de la visibilidad: nadie ha visto a Dios, pero su presencia se ilumina en el amor al prójimo a quien vemos. Las partes intermedias (b y b’) son de tipo más teórico/temático: una vincula el amor con Cristo, la otra con Dios.

a. A Dios nadie le ha visto (Amémonos unos a otros! (1 Jn 4,7-12).

Hemos puesto como título las palabras del final de este pasaje (“a Dios nadie le ha visto…”) donde se retoma y replantea, desde el amor, el argumento básico de Jn 1, 18: “a Dios nadie le ha visto jamás; el Dios único que está en el seno del Padre, ése nos lo ha manifestado”. Aquí se refleja un tema central del Antiguo Testamento, que dice: “no te fabricarás escultura, imagen alguna de lo que hay arriba en los cielos o abajo en la tierra o en los mares por debajo de la tierra” (Dt 5, 8; Ex 20, 4).

En el hueco que deja la invisibilidad de Dios emerge la Palabra: no vemos a Dios, pero le escuchamos y podemos cumplir sus mandamientos. Pues bien, dando un paso más, el mismo Antiguo Testamento sabe que no se pueden hacer imágenes de Dios, porque su imagen y presencia son hombres y mujeres: Dios creó al hombre; a su imagen y semejanza lo creó; varón y mujer los creó… (Gen 1, 26-27). No se pueden hacer imágenes de Dios porque el ser humano es imagen: sacramento de Dios sobre la tierra.

Ésta es la experiencia que está al fondo de nuestro pasaje: el Dios invisible se revela en el amor entre los hombres. Algunos judíos legalistas han tendido a identificar la presencia del Dios ausente con su Ley propia de pueblo separado. Algunos cristianos sacralistas han tendido a identificar al Dios ausente con ciertos ritos sacramentales o con posibles pertenencias eclesiales. Pues bien, nuestro pasaje identifica la presencia de Dios con el amor:

1. Conocer a Dios es amarnos (1 Jn 4, 7-8).

Recogiendo una tradición ilustrada, Feuerbach, identifica Dios y amor, pero lo hace en forma excluyente: no hay un Dios en sí, lo divino es sólo amor humano (La esencia del cristianismo). Es evidente que nuestro pasaje no polemiza contra Feuerbach, entre otras cosas porque es muy anterior. Pero, de una forma implícita, supera y refuta su postura: sabe que no existe Dios fuera del amor; pero añade que el Amor no es invento humano, sino el mismo “ser” de Dios, como origen y sentido de todo lo que existe. Por eso, el texto pide que nos amemos no para crear el amor, sino para reconocer nuestro origen, pues del amor (que es Dios) hemos nacido. Ésta es la experiencia original cristiana.

2. Revelación del amor (1 Jn 4, 9).

Feuerbach diría que nosotros revelamos (desplegamos, inventamos) el amor, al desplegar nuestro ser y realizarnos como humanos. Pues bien, sin negar la verdad parcial de esa postura, nuestro texto afirma que el amor es gracia antecedente: no lo hemos inventado nosotros; nos lo ha dado Dios por medio de su Hijo. La historia del amor nos precede y fundamenta. No venimos de un acaso, no estamos obligamos a imponer un ritmo de amor (perdón, justicia) sobre un mundo previamente informe, irracional, mezquino. Del amor nacemos. Por eso, nuestra acción de amar ha de entenderse como fidelidad a nuestro propio origen, expresión de nuestra esencia antecedente.

3. Esencia del amor (1 Jn 4, 10).

En esto consiste el amor (en toutô estin hê ágapè). El amor no es algo que hacemos a ciegas, dejando que actúe la naturaleza; ni es algo que logramos conquistar con nuestro esfuerzo como Prometeos que roban a los dioses celosos el fuego de la vida… No es tampoco una experiencia de nostalgia ante el fracaso de las cosas, ni equilibrio cósmico que acaba encerrándonos en medio de la trama de los astros. Leer más…

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De la persecución a la gloria pasando por el amor mutuo. Domingo 5º de Pascua. Ciclo C

domingo, 24 de abril de 2016
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viaje1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:
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Aunque no se advierta a primera vista, hay algunos temas comunes a las tres lecturas.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 14, 21b-27

            El domingo pasado se leyó la actividad de Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia, y las dificultades que promovieron al final los judíos y algunas señoras importantes, obligándoles a huir de allí. Marchan entonces a Iconio, Listra y Derbe (el mapa ayuda a seguir el itinerario). Lo que allí ocurrió no se lee en la misa, pero es importante recordarlo brevemente para comprender la lectura de hoy (el que quiera puede leer el capítulo 14 de los Hechos, que es muy interesante).

En Iconio predican con bastante éxito, pero al final la gente se divide, algunos intentan apedrearlos y tienen que huir de nuevo.

En Listra curan a un tullido y la gente los consideran dioses; ellos consiguen con dificultad que no les den culto. Pero vienen judíos de Antioquía e Iconio que ponen a la gente contra Pablo; lo apedrean y lo arrastran fuera de la ciudad dándolo por muerto. Los discípulos lo recogen y al día siguiente huye con Bernabé hacia Derbe.

En Derbe anuncian el evangelio y ganan bastantes discípulos. Allí no se dan persecuciones. Terminada la predicación, emprenden el viaje de vuelta a Antioquía de Siria (donde habían comenzado el viaje misionero), pasando por las mismas ciudades que ya habían evangelizado. Este viaje de vuelta es el tema de la lectura de hoy.

    En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquia, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios.

            En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Predicaron en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado, con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir. 

            Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

El viaje de vuelta, contado tan esquemáticamente, debió de durar, como mínimo, uno o dos meses. Pero Lucas no se detiene a contar con detalle lo ocurrido. Para él es más importante indicar la conducta de los apóstoles. En todas las comunidades hacen lo mismo durante la vuelta:

1) Confortar y exhortar a perseverar en la fe. “Confortar” es un verbo exclusivo de Hch (14,22; 15,41; 18,23) y siempre tiene por objeto a los discípulos o a las comunidades (no a individuos). ¿Cómo se conforta y exhorta? Advirtiéndoles de la realidad: “hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios”. Igual que Pablo y Bernabé han tenido que sufrir para anunciar el evangelio; igual que Esteban fue apedreado hasta la muerte (Hch 11,19). Las persecuciones y tribulaciones forman parte esencial de la vida cristiana.

2) Designar responsables. Esta palabra griega, presbitérous, etimológicamente designa a los “ancianos”, pero en la práctica se aplica a los responsables de la comunidad y terminará adquiriendo un matiz muy concreto: sacerdote. Pero no es eso lo que designan los apóstoles, sino simples encargados de dirigir la comunidad, las asambleas litúrgicas, etc.

3) Celebrar liturgias de oración y ayuno, en las que encomiendan a la comunidad al Señor.

Finalmente, cuando llegan a Antioquía de Siria, pueden dar la gran noticia: Dios ha abierto a los paganos la puerta de la fe. Ha comenzado una etapa nueva en la historia de la iglesia y de la humanidad.

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a

            Si la primera lectura se fija sobre todo en las tribulaciones por las que hay que pasar para entrar en el reino de Dios, la segunda, del Apocalipsis, habla de ese reino de Dios, del mundo futuro maravilloso. No es literatura de ficción, aunque lo parezca. Los cristianos del siglo I estaban sufriendo numerosas persecuciones, y la certeza de un mundo distinto era el mayor consuelo que podían recibir.

            Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono:

            – «Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.»
Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Todo lo hago nuevo.»

            Aunque el lenguaje es muy distinto, la idea de fondo es la misma en las dos primeras lecturas: ahora mismo, la comunidad padece grandes tribulaciones (Hch), hay lágrimas, muerte, luto, llanto, dolor (Ap), pero todo esto llevará al reino de Dios (Hch) y a un mundo maravilloso (Ap).

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 31-33a. 34-35

            El evangelio de hoy, aunque muy breve, lo podemos dividir en dos partes. La primera nos sitúa en la noche del Jueves Santo, cuando Judas acaba de salir del cenáculo para traicionar a Jesús y este pronuncia unas palabras desconcertantes.

            Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: 

            – «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. 

            ¿Qué quiere decir Jesús? La primera dificultad está en que usa cinco veces el verbo “glorificar”, que nosotros no usamos nunca, aunque sepamos lo que significa. Nadie le dice a otro: “yo te glorifico”, o “Pedro glorificó a su mujer”. Sólo en la misa recitamos el Gloria, y ahí el verbo va unido a otros más usados: “te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos”. Pero, en el fondo, después de leer la frase diez o doce veces, queda más o menos claro lo que Jesús quiere decir: ha ocurrido algo que ha redundado en su gloria y, consiguientemente, en gloria de Dios; y Dios, en recompensa, glorificará también a Jesús.

Pero, ¿qué es eso que ha ocurrido y que redunda en gloria de Jesús? Que Judas ha salido del cenáculo para ir a traicionarlo. Parece absurdo decir esto. Pero recuerda la primera lectura: “hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios”. A través de la pasión y la muerte es como Jesús dará gloria a Dios, y Dios a su vez lo glorificará.

La segunda parte es muy conocida, fácil de entender y muy difícil de practicar.

            Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

            El amor al prójimo como a uno mismo es algo que está ya mandado en el libro del Levítico. La novedad en este caso consiste en amar “como yo os he amado”, hasta dar la vida. Para Jesús, este rasgo es el único distintivo del cristiano, y no puede ser sustituido por actos cultuales (misas, etc.) ni por programas ideológicos de cualquier tipo.

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V Domingo de Pascua. 24 abril, 2016

domingo, 24 de abril de 2016
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Pascua16
*
“La señal por la que os reconocerán como discípulos míos…”
(cfr.Jn. 13, 35)

¿Qué otra cosa podemos querer cada uno de nosotros en el momento de la muerte que dejar como legado a nuestros seres queridos un deseo de amor y unidad entre ellos, para nuestra familia, para nuestra comunidad, para nuestro grupo? Así, tan humano, se muestra Jesús en su última cena, en su última despedida: “amaos los unos a los otros”.

Sin embargo da un paso más y nos invita a recibir nuestra identidad conscientemente y trabajar por ser dignos, dignas, de llevarla encima. Se lo oí a un sacerdote en una homilía y mis oídos se estremecieron ante una afirmación tan rotunda y tan, he de reconocerlo, profundamente verdadera. Dijo: “la señal de los cristianos no es la cruz sino el amor”.

Como monja trinitaria la redención, el sentirme redimida, el saber a la humandad redimida, forma parte de nuestra manera particular de vivir en la Iglesia. La cruz es un elemento clave porque nos recuerda que Cristo se entregó hasta la muerte por cada una de nosotras, por cada uno de nosotros. Y a veces, es verdad, nos quedamos mirando las heridas que sangran y se nos pasa por alto el motivo, que no es el odio, ni la soledad, ni el abandono, el único motivo por el que Cristo está ahí clavado en la cruz es el amor. Tan fácil y tan complejo como amarnos a pesar de nuestras diferencias, a pesar de nuestras incomprensiones, a apesar de nuestros conflictos, siempre, por encima, Jesús nos recuerda que ha de estar nuestro amor mutuo y que solo ese amor será la manera de reconocernos como hermanos, como hijos.

Hoy también es el día del amor.

Feliz día. Feliz domingo.

Oración:
Tú me conoces y me sondeas,
tú me amas y confías en que el amor será el motor de mi vida,
el amor que tú has puesto en mi corazón
para entregar a mi prójimo
porque si no amo a quien veo,
¿cómo podré amarte a ti, a quien no veo?

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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A primera vista

martes, 19 de abril de 2016
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Del blog Pays de Zabulon:

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«La depresión me abrió a un amor más grande. Esto es curioso porque es un poco místico, es lo que me interesa, es el amor con mayúsculas. El detalle del sexo, no es muy interesante. Quise a mujeres, quise a hombres, es un detalle esto. Lo que cuenta son los seres con los que uno se encuentra…»

«… Viví una historia increíblemente fuerte de amor con el abbé Pierre. Nos amamos a primera vista, tuvimos un flechazo. ¡Y es evidente que no me acosté con el Abbé Pierre! «

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Fuente : entrevista de Christophe Lambert por Marc-Olivier Fogiel (Le Divan).

Fuente imagen: sautdelange
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Contra el odio…

sábado, 9 de abril de 2016
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Del blog de la Communion Béthanie:

Tras las huellas vivas de Etty Hillesum

Mientras que nuestro mundo contemporáneo atraviese una crisis de sentido, una joven mujer judía puede ayudarnos a atravesar la prueba y a guardar la esperanza.

Del 1941 al 1943, en Amsterdam, Etty Hillesum mantiene un diario de una densidad excepcional. Consigna en 11 cuadernos las últimas experiencias de su vida. Este extraordinario documento es un verdadero testamento espiritual. Descubrimos allí su fe inquebrantable en el hombre al mismo tiempo que éste comte sus más negras fechorías durante la segunda guerra mundial. Etty Hillesum murió en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943 después de haber pasado los últimos meses de su vida en el campo de tránsito de Westerbork al servicio de sus hermanos judíos.

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«No veo otra salida: qué cada uno de nosotros se vuelva sobre sí mismo y extirpe y aniquile en él todo lo que cree que él debe aniquilar en otros. Y estemos bien convencidos de que el menor átomo de odio que añadimos a este mundo nos lo hace más inhóspito de lo que ya es. «
*
Etty Hillesum
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Jueves Santo: Memoria de Jesús, amor concreto (lavar los pies, dar de comer…)

jueves, 24 de marzo de 2016
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hospederia-monasterioDel blog de Xabier Pikaza:

Jueves Santo es el día de la Memoria de Dios, que se ha hecho presente en Jesús, aquel que habiendo amado a los suyos les amó hasta el extremo, es decir, hasta el fin, como dice Jn 13, 1. Así lo recoge la liturgia de este día, centrada en tres signos:

Primera memoria: Lavatorio de pies, servir a los demás. No es sólo acogerles en casa y enseñarles (en la línea de la tercera obra de misericordia de Mt 25, 31-36: acoger al extranjero, vestir al desnudo), sino también servirles, para que así puedan estar limpios, con vestido digno, esto es, con dignidad. Cuando estos días nos llegan las imágenes de las mil pateras perdidas en los mares, con el barrizal de Idoumene, recordamos lo que significa acoger, lavar los pies, la memoria de Jesús…

Segunda memoria: Cena fraterna… Esto es mi Cuerpo… Lavados los pies, acogidos en casa, los hermanos pueden comer… como hace Jesús con sus amigos, abriendo una mesa que empieza siendo de Doce, porque doce son todo el mundo, todas las tribus de Israel y de la tierra. Este día recordamos algo muy especial: La comida ha de ser de pan y vino, es decir, de alimentos materiales…(conforme a las dos primeras obras de misericordia de Mt 25, 31-46: Dar de comer, dar de beber…).Pero Jesús añade algo todavía más especial, que tendemos a olvidar: Sólo podemos dar de comer dando algo que es nuestro, nuestro propio cuerpo, nuestra propia vida. No podemos cenar Jesús, con Jesús, como Jesús si no convertimos nuestro cuerpo y nuestra sangre en comida para los demás.

Tercera memoria: Haced esto en memoria de mí, los hombres y mujeres del recuerdo… Es decir, lavaos los pies, acoger a los demás, dar de comer. Conforme a la tradición de la Iglesia, instituyendo la acogida (lavatorio de pies) y la comida fraterna (dar de comer, el propio cuerpo), Jesús instituyó la nueva gran función cristiana: Los hombres y mujeres de la memoria…, aquellos que mantienen vivo, de un modo especial, el recuerdo y la tarea de Jesús.

Esos hombres y mujeres de la memoria son en un sentido los presbíteros y obispos, pero lo son, de un modo aún más directo todos aquellos que acogen y visten, que lavan, cuidan y alimentan a los demás, realizando así la tarea de Dios sobre la tierra. Así lo indicaré brevemente este Jueves, gran día del recuerdo de Cristo:

1. Esa memoria de Jesús la mantiene en un plano la iglesia ministerial llamada “jerárquica”, los obispos y presbíteros, aquellos que hoy presiden de un modo especial la Eucaristía del Amor Fraterno, en los cuatro extremos de la Iglesia. Hombres de memoria son, se les tiende a llamar sacerdotes, gran función siguen teniendo, gran tarea, abierta al lavatorio de pies, a la acogida y comida fraterna… Por ellos empezamos rogando este día.

2. Esa memoria de Jesús la cultivan también los hombres y mujeres de la interioridad, de la contemplación profunda de Jesús, misterio de Dios… No hace falta que sean contemplativos “oficiales” (monjes, monjas…), aunque es bueno que algunos lo sean… Todos hemos de ser hoy contemplativos, para descubrir por dentro y cultivar el gran misterio de la vida que es don, que es regalo, que es presencia. Memoria de Dios somos en Cristo, memoria compartida, es bueno que lo separamos y lo cultivemos, en un mundo que corre el riesgo de convertirlo todo en puro espectáculo externo. Por estos hombres y mujeres de memoria seguimos hoy rogando.

82854873. La memoria de Jesús la imprimen en sus manos y en su espalda, de un modo muy concreto, los “costaleros”, aquellos que llevan las imágenes del Cristo por las calles de mil ciudades del mundo, especialmente en lugares como España…Esos costaleros llevan hoy la imagen de Jesús, pero no pueden olvidar que la verdad de Jesús no está en su imagen, sino en su verdad: es decir, en los pobres y excluidos de la vida, los hambrientos y enfermos, los extranjeros y desnudos.

4. Pero hoy recordamos, de un modo aún más concreto y universal, a los verdaderos costaleros de Dios, hombres y mujeres de la memoria de Jesús, los que siguen haciendo de un modo directo lo que él hizo; éstos son los hombres y mujeres de la caridad, aquellos que abren cauces y caminos de servicio mutuo, dar de comer, dar de beber, acoger, vestir… en nombre de Jesús, el nombre de la humanidad. Así lo seguiré indicando de un modo más concreto en las reflexiones que siguen.

La primera imagen (con la última) ofrece un detalle y la visión de conjunto del Gran Mosaíco de Mahourrek, que presidía nuestro comedor conventual de Poio, Pontevedra, donde he comido y conversado largos años.

Las otras imágenes recogen el recuerdo de esa reunión de algunos voluntarios de la memoria de Jesús reunidos en pasado 16, en torno al tema central del Jueves Santo, que es compromiso de la Memoria de Jesús, es decir, de las obras de misericordia, que definan la vida y tarea su Iglesia en el mundo.

Hombres y mujeres de la Caridad, Memoria de Jesús, anticipación del Jueves Santo

En los largos años que vengo publicando este blog, Jueves Santo tras Jueves Santo, he venido poniendo de relieve otros aspectos de la memoria de Jesús, en especial los más celebrativos: Eucaristía, procesiones… Así podrá verlo quien quiera buscar en postales anteriores, desde el año 2007.

Este año, con ocasión del “café conversado” que tuvimos en Madrid, el pasado 16, hombres y mujeres de la “memoria activa de Jesús”, quiero recoger esta experiencia. Ellos, hombres y mujeres de Caritas, de Manos Unidas, de la HOAC… y de tantos otros servicios cristianos, en la línea de Jesús, son los verdaderos celebrantes del Jueves Santo. Leer más…

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¡Cupido acertó, feliz San Valentín!

domingo, 14 de febrero de 2016
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 Greek God Eros aiming his arrowInteresante artículo que Antonio Hidalgo publica en Cáscara Amarga:

¡Ay Valentín, Valentín!, y su queridito amigo ‘Cupidito’, qué malas jugadas que nos hace a veces, parecen que no apuntan muy bien, no dan en la diana, andan algo tuertos… eso del amor no va con nosotros, que no aciertan o acertamos.

 Mi artículo de esta semana va dedicado a todos los que no tienen pareja “externa” en la actualidad, no tienen, o creen no tener, con quién celebrarlo, a quién regalar flores, bombones, un viaje o cena romántica, o un buen pedrusco, dígase diamante; y les entra la melancolía, traen a la memoria relaciones anteriores, otros «san valentines».

Pues para todo estos que en esta fecha os entra, o nos entra, la morriña por no tener con quien celebrarlo, o recordar relaciones anteriores con melancolía, y a las que de forma idealizada os gustaría volver, dos cositas:

  1. Primero, sí que tienes con quien celebrar este día, cupido sí que dio en la diana, mira hacia dentro, puede que no tengas a alguien externo, pero sí que tienes un enamorado interno, que posiblemente te esté esperando. Como ya he dicho en otras ocasiones, el mayor amor es hacia nosotros mismos. Somos lo mejor y más valioso que tenemos, y deberíamos estar súper enamorados de ese yo que nos acompaña cada día, de forma sana y natural.
    Cuidamos o hemos cuidado nuestros amores externos, y ese amor hacia nosotros mismos lo descuidamos, no lo alimentamos, ni lo mimamos, y es el primero que hay que cuidar, para poder cuidar los externos. No necesitas a nadie para ser feliz, no necesitas a nadie para celebrar San Valentín, celébralo contigo mismo, date un caprichazo.  ¡Venga ya! Deja de lamentarte por lo que puedo haber sido o te gustaría y no es, si tiene que ser, ya será, pero mientras, celébralo contigo por todo lo alto, como si estuvieras con tu “príncipe azul”, que así es como debería ser.
  2. No es momento de recordar relaciones del pasado que ya acabaron, que te hicieron sufrir o no, que no te llenaban como tu querías o si, pero que ya no existe, que por el motivo que fuera se acabó. Eso de que “quien bien te quiere te hará sufrir”, es una de las muchas mentiras que nos han dicho del amor. ¡Qué no, que no! Que alguien que te quiere no te hacer sufrir, ¡que bobadas que nos creemos continuamente!
    No quieras recuperar lo que en su momento no te llenó, no te merece quien no te quiere, no te merece quien no te valora, no te merece quien no te respeta, no te merece quien te anula, ni hoy, ni ayer ni nunca. Si ya no encajaba, muy seguramente no lo vuelva a hacer, como dice Paulo Cohelo: “No por orgullo, ni por incapacidad, ni por soberbia, simplemente porque aquello ya no encaja en tu vida. Cierra puertas, cambia el disco, limpia tu casa, sacude el polvo. Deja de ser quien eras y transfórmate en quien eres”.

Así que, queridos amigos, a limpiarse el polvo, cambia el chip, y celébralo por todo lo alto, porque te lo mereces y porque cupido sí que acertó cuando tu madre te parió como te parió.

Se aceptan comentarios al respecto. Y cualquier duda, consulta o comentario, podéis contactar sin compromiso. Feliz San Valentín.

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Amor y Egoísmo

viernes, 29 de enero de 2016
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Del blog Pays de Zabulon:

eden-eff

Tengo un secreto. ¿Amor, puedo llamarte amor? Perdóname, es mi instinto. Es mi identidad frágil. Tehe dicho, tengo un secreto que confío a los dioses para que me den la fuerza necesaria para soportar este insaciable egoísmo, que se vuelve siempre más incontrolable e inquietante. Soy tan egoísta.

El egoísmo es poseer tu esencia vital, pero debido a esto no voy a vender mi alma al diablo, porque no es mi amigo, sí, no es mi amigo. La amistad me hace mejor, y él no es bueno, es el dolor que me traspasa el pecho.

Deja pues, mi todo, este egoísmo tranquilo, y duerme más tiempo sin miedos, sin esta luz que te ciega con su engaño.

Oda a ti mi corazón, oda a ti mi alma, oda a ti, mi secreto.

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E’den Eff

Fuente (texto original y foto) : eden-eff.tumblr.com

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Encuentro este texto extraño y bello a la vez.

Es oración y es discusión con uno mismo. ¿Es exactamente a Dios – a los dioses [corrección pedida en la traducción por el autor a pesar del singular empleado en italiano] – a quien se dirige o al Sí profundo, actualmente cegado por el sentimiento del amor?

¿El amor es egoísta? Esta es la cuestión, finalmente. Por cierto, en la concepción común, no debería serlo. ¿Pero en el ser o el objeto amado ¿no es a uno mismo a quién buscamos? ¿No sería una perversión de la intención? A menos que se admita que efectivamente, es a sí mismo a quien se busca, a sí mismo en relación, a sí mismo que se revela como Sí porque se reconoce en el otro sí.

El autor habla de egoísmo. Me parece un juicio severo. En materia de amor humano, el desinterés absoluto probablemente no existe. Es siempre acogida y acepción de uno mismo en relación con el otro o del otro consigo. Qué estos dos términos se vuelvan equivalentes, uno mismo en relación con el otro y el otro consigo, es posiblemente el signo de una circulación justa y bella.

Tengo un secreto… He sido hecho para amar, y he sido hecho también por ser amado. No puedo separar ambos. Y si uno se expresa más fuerte que el otro, siento de repente vértigo y puedo perder toda conciencia de la realidad.

¡Qué texto extraño y bello a la vez!

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El huésped

sábado, 2 de enero de 2016
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«Es extraño este huésped
este amor
cuanto más me despoja
más me colma

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Claribel Alegría

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2015 ¡Canto de acción de gracias!

jueves, 31 de diciembre de 2015
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imagesCarmen Herrero, Fraternidad Monástica de Jerusalén,
Estrasburgo (Francia).

ECLESALIA.- 30/12/15.- El final el año es un tiempo importante para la acción de gracias, para agradecer a Dios, nuestro Padre, por todo cuanto hemos recibido, ya que todo don procede de Él. La gratitud a Dios y a los hermanos es la nobleza más profunda del ser humano. Quien no es agradecido, es como si una parte de su existencia quedase muerta, sin vida. Por algo, la palabra “gracias”, es una de las primeras que se nos enseña en nuestra infancia. Del agradecimiento nace la alegría, el júbilo. Quienes son agradecidos, en general, son personas alegres, que viven gozosas; porque la persona agradecida vive desde la sencillez y reconoce los dones recibidos; y también reconocen los valores de los hermanos, de los cuales se alegra y los hace propios.

¡Tenemos tanto que agradecer a Dios! Al finalizar el año, pararnos un momento es esencial; una necesidad interior para, desde el silencio orante, hacer memoria de los dones, gracias y bendiciones recibidas. Y por todo ello queremos simplemente decir: ¡Gracias, Padre! San Pablo insiste en sus cartas que seamos agradecidos. “Sed agradecidos” (Col. 3,15). “Dad gracias en todo momento” (1 Tesalonicenses 5,18). Y Jesús, da gracias al Padre constantemente: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado” (Jn 11, 41).

Nosotros, creatura amadas de Dios, queremos dar gracias por el don de la vida, el don del bautismo, el cual nos confiere la gracia de ser hijos de Dios, miembros de una misma Iglesia y hermanos en Cristo, más aún hermanos de todos.

Gracias por el don de la fe, sin la cual la vida carece de sentido; porque todo es diferente cuando se vive desde la fe. A la fe se une la esperanza y el amor, los tres “pilares” que dan consistencia, seguridad y estabilidad a nuestra vida cristiana, a nuestra vida humana y espiritual. Cuando alguno de estos “pilares” falta, nuestra vida se tambalea y se desestabiliza, porque le falta el verdadero cimiento que es la vida teologal. Gracias sean dadas al Espíritu Santo que en el bautismo nos infunde estas tres virtudes teologales.

Gracias sean dadas al Creador, porque todos los humanos somos iguales, seres creados por amor y para el amor. Esta realidad es la que debe de unirnos y ayudarnos a crear la fraternidad universal; por encima de las diferentes profesiones de fe y modos de vida. Gracias sean dadas a Creador por tantos hombres y mujeres que luchan y dan su vida para que la fraternidad universal sea una realidad en el aquí y ahora.

Gracias por el don de la familia, la primera escuela y maestra que nos va educando en los valores humanos y cristianos; enseñándonos a caminar en la vida, desde el amor, la responsabilidad, el respeto a los demás, la tolerancia, bondad y la libertad.

Gracias porque por encima de las religiones está el Dios que nos ama, nos salva y nos atrae sin cesar a él y a vivir los valores que él mismo ha inculcado en nuestro corazón: el amor, la misericordia, la compasión.

Gracias por el don de la amistad, por las personas que a lo largo y ancho de nuestro camino, se van entrecruzando en nuestra vida; personas tan distintas, unas de otras, como maravillosas; las cuales nos ayudan a caminar con ilusión renovada y gozo en el corazón. La primera y principal amistad es la de Jesús: “A vosotros os he llamado amigos” (Jn 15,15), Jesús nos ofrece sinceramente su amistad; y de esta amistad con Jesús nace y crece toda amistad.

¡Y cómo no agradecer al Padre el don de su propio Hijo! “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Y al Hijo, Jesús, que nos revela la ternura del Padre, y se entrega por amor, para salvarnos y llevarnos al Padre; ¡cómo no estar eternamente agradecidos por su entrega incondicional al plan de Dios para hacernos hijos en el Hijo e invitándonos a vivir en relación de intimidad con la Trinidad! Misterios que nos superar, y solamente podemos decir: ¡Gracias!

María, la madre de Jesús y nuestra madre, cantó su magníficat, su acción de gracias por las maravillas que Dios hizo en ella y con ella. Con María atrévete, tú también, a cantar las maravillas que Dios ha hecho en tu vida, nadie como tú las conoce. Sé sencillo, humilde y pequeño y reconoce los dones y gracias que Dios te ha dado. Atrévete a cantar tu propio magníficat, tu acción de gracias a Dios.

Vivir la acción de gracias al Padre en el Hijo por el Espíritu, significa vivir la vida en plenitud. Salir de tu pequeño mundo individualista egoísta, para abrazar con ternura la humanidad toda entera, así como nosotros somos abrazados por la Santísima Trinidad.

Dios, y Creador de todo y todos, al terminar este año 2015 queremos decirte Gracias: gracias por lo que somos y por lo que estamos llamados a ser, por cuantos dones nos has regalado y nos sigue regalando; gracias también por todo cuanto nos ha hecho gozar y sufrir; por aquello que no hemos comprendido y que queda envuelto en el misterio. También nos atrevemos a darte gracias por nuestras faltas, errores, omisiones, debilidades y hasta por nuestros pecados. Ellos nos muestran la realidad de nuestro ser de creaturas, seres imperfectos que estamos en camino hacia la perfección, hacia la santidad. Reconocemos que necesitados de tu perdón y salvación. Padre, bondad y misericordia ¡GRACIAS! Y en este año de la Misericordia, como hijos pródigos, nos dejamos estrechar entre tus brazos, poner el anillo, zapatos nuevos, el traje de gala, para festeja tu ternura y permanecer siempre en el hogar, en la intimidad de Hijos

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Tuyo es todo esto, y todo es para ti

lunes, 14 de diciembre de 2015
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En la Fiesta del poeta enmorado de lo Indecible, Juan de la Cruz, traemos esta preciosas palabras… Hasta su prosa es poesía. El ritmo y la cadencia lo acompañan en revestir de palabra lo indecible.

La obra de Juan es un tratado ecológico, una espiritualidad telúrica. La primera mitad del Cántico Espiritual es un canto de amor a la creación y de comunión con ella. Versos arrobadores que cantan el desposorio con la creación. La relación entrañable con el cosmos, con la madre tierra, muestra una espiritualidad telúrica admirable:

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 “Buscando mi amores…

¡Oh cristalina fuente…!

Mi Amado las montañas…

La música callada

 la soledad sonora

la cena que recrea y enamora”.

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Cántico espiritual

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Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas las cosas son mías; y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Pues, ¿qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te pongas en menos ni repares en meajas que se caen de la mesa de tu Padre.”

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Oración de alma enamorada

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San Juan de la Cruz

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