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Entradas Etiquetadas ‘Amor’

Coloquio de amor

lunes, 25 de junio de 2018
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Del blog Nova Bella:

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En el centro de tu corazón es donde vive Dios. Esta es la vida de la santa: coloquio de amor…

Esto dice el amante:

Para ti mi gozo pleno. Para ti. No puedes tenerme más que a mí. ¿Es que no te basto?

Y ¿qué responderás tú, pequeño corazón llamado a amar? Por Amor al Amor abandonado, que des lo tuyo al Amor cada vez más rápidamente. Solo así lo veré a El en ti.

*

Chiara Lubich,
Mar de llama

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Tus brazos

jueves, 14 de junio de 2018
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Del blog Pays de Zabulon:

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Your arms are always open when I need a hug.
Your heart understands when I need a friend.
Your gentle eyes are stern when I need a lesson.
Your strength and love guide me and give me wings…

*

Tus brazos están siempre abiertos cuando necesito un abrazo.
Tu corazón comprende cuando necesito un amigo.
Tus ojos son severos  estrellas cuando necesito una lección.
Tu fuerza y tu amor me guían y me dan alas …

*

(Adaptación de un texto de Sujal Kishor, Krupal’s Friend, Facebook)

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[Publicado por Loquito el  8 de marzo de 2014 en anotherdaylight.wordpress.com]

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Bajó hasta el pódium.

sábado, 19 de mayo de 2018
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224638Descendido a los infiernos. Qué cosa más rara. Ayer entendí un poco. Nos decía Fidel Aizpurúa: la glorificación de Jesús no es subirle en el pódium, en la grada más alta. No es subir al piso de arriba (que no lo hay). Es bajar más a lo profundo de la humanidad, a los débiles. Esos ritos de la Iglesia tan llamativos, tan signos de poder y de “sagrados”. Esas celebraciones, ese lenguaje de exaltación, lo hemos de entender hacia abajo. La humanidad se transforma desde el corazón, desde la kénosis (del griego κένωσις: «vaciamiento») y son los empobrecidos los que realizan esa misión en la tierra. Desde ellos y con ellos podemos transformar y hacer un mundo más humano; experimentar que los débiles, los empobrecidos, los sin nombre, tienen el vigor de transformar la humanidad.

Cómo choca ver las celebraciones de la Iglesia con esos ropajes. Y con esos lenguajes. Parecen la aclamación a los ganadores en la meta…

Mientras, en un rincón está el publicano, sencillo, reconocedor de su debilidad. Y éste sale salvado.

Jesús no subió. Era la forma geográfica que el pueblo de Israel tenía. El cielo estaba arriba. Con Jesús, cuanto más abajo estamos, más vivimos en Dios porque ahí encontramos a los que tienen hambre, a los presos, a los enfermos, a los marginados…

¡Cuánto me queda que bajar, que descender! Son escalones por los que podemos ir bajando. Y cada grado que descendemos nos encontramos con Jesús Resucitado.

Qué misión más bonita: acompañar a los de abajo para subir el escalón de la dignidad, para ascender a descubrir y vivir su dignidad de Hijos de Dios. Con esa bendición original que ellos tienen… la que les da Jesús: asume toda esa realidad y la deifica. “Solo por su gran bondad, nos perdonarán los pobres las limosnas que les damos” (algo así dice Vicente de Paul).

Jesús muere, baja a la muerte. Experimenta el infierno de la soledad “¡¿Dios mío, por qué me has abandonado?!” y surge la Vida, el Amor. Y así toda la creación, toda la humanidad queda desde la creación transformada, resucitada. Todos los pobres son reconocidos en su dignidad y amor.

Ojalá hagamos realidad aquí, ya, esta vivencia de Jesús: que bajemos al infierno de la droga, al mundo del dolor, al mundo de la cárcel, al mundo del hambre y con Cristo y los empobrecidos levantemos a una nueva vida, digna, resucitada.

Los infiernos ya fueron la muerte de cruz, humillante en extremo. Y con su presencia, quedaron transformados en gloria y Vida. Bajando hasta el pódium del Amor.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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Permaneced en mi amor

domingo, 6 de mayo de 2018
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Permaneced en mi amor

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“Como el Padre me ama a mí, así os amo yo a vosotros; permaneced en mi amor. Pero sólo permaneceréis en mi amor si cumplís mis mandamientos,; lo mismo que yo he observado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho todo esto para que participéis en mi gozo, y vuestro gozo sea completo.

Mi mandamiento es éste: Amaos los unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. En adelante, ya no os llamaré siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor: Desde ahoras os llamo amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído a mi Padre.

No me elegísteis vosotros a m; fui yo quien os elegí a vosotros. Y os he destinado para que vayáis y deis fruto abundate y duradero. Así, el Padre os dará todo lo que le pidáis en mi nombre. Lo que yo os mando es esto: que os améis los unos a los otros.

*

Juan 15,9-17

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CC FilmStill 57

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El cristiano es una persona a la que Dios ha confiado a los otros; hemos sido confiados los unos a los otros y somos responsables los unos de los otros. La responsabilidad empieza en el momento en que nos mostramos capaces de responder a una necesidad con toda nuestra inteligencia, con todo nuestro ser: nuestra vida, nuestro corazón, nuestra voluntad, nuestro cuerpo, nuestro compromiso de cristianos debe ir mucho más allá de un piadoso propósito de oración y de intercesión: debe ser un compromiso en el que nuestro mismo cuerpo esté plenamente implicado, tanto en la vida –porque a veces es un problema arduo vivir en el nombre de Dios- como en la muerte. Y si no es posible hacer ninguna otra cosa por el que sufre, siempre podremos interponernos entre la víctima y el verdugo.

Conocí a un hombre que vivió durante treinta y seis años en un campo de concentración y que un día, con una profunda luz en los ojos, me contaba: «¿Te das cuenta de lo bueno que ha sido Dios conmigo? Me cogió cuando era sólo un ¡oven sacerdote y me puso primero en la cárcel y después en un campo de concentración durante más de la mitad de mi vida. Así pude ser ministro suyo allí donde era necesaria la presencia de uno de ellos». Poquísimos de nosotros somos capaces, no digo de obrar, sino ni siquiera de pensar en estos términos. Sin embargo, ésa es la actitud de una persona que es presencia divina allí donde se requiere esta presencia: y no se trata, ciertamente, de gestos de poder. La única cosa que este cristiano poseía era la convicción de una vida entregada por completo a Dios y ofrecida, a través de Dios, a los otros hombres. Eso es lo que nos enseña una inmensa nube de testigos a lo largo de toda la historia de la Iglesia.

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A. Bloom,
Vivir en la Iglesia,
Magnano 1990, pp. 75s.

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“Una alegría diferente”. 6º Pascua – B (Juan 15,9-17)

domingo, 6 de mayo de 2018
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821290No es fácil la alegría. Los momentos de auténtica felicidad parecen pequeños paréntesis en medio de una existencia de donde brotan constantemente el dolor, la inquietud y la insatisfacción.

El misterio de la verdadera alegría es algo extraño para muchos hombres y mujeres. Todavía saben quizá reír a carcajadas, pero han olvidado lo que es una sonrisa gozosa, nacida de lo más hondo del ser. Tienen casi todo, pero nada les satisface de verdad. Están rodeados de objetos valiosos y prácticos, pero apenas saben nada de amor y amistad. Corren por la vida absorbidos por mil tareas y preocupaciones, pero han olvidado que estamos hechos para la alegría.

Por eso, algo se despierta en nosotros cuando escuchamos las palabras de Jesús: os he hablado «para que participéis de mi gozo, y vuestro gozo sea completo». Nuestra alegría es frágil, pequeña y está siempre amenazada. Pero algo grande se nos promete. Poder compartir la alegría misma de Jesús. Su alegría puede ser la nuestra.

El pensamiento de Jesús es claro. Si no hay amor, no hay vida. No hay comunicación con él. No hay experiencia del Padre. Si falta el amor en nuestra vida, no queda más que vacío y ausencia de Dios. Podemos hablar de Dios, imaginarlo, pero no experimentarlo como fuente de gozo verdadero. Entonces el vacío se llena de dioses falsos que toman el puesto del Padre, pero que no pueden hacer brotar en nosotros el verdadero gozo que nuestro corazón anhela.

Quizá los cristianos de hoy pensamos poco en la alegría de Jesús y no hemos aprendido a «disfrutar» de la vida, siguiendo sus pasos. Sus llamadas a buscar la felicidad verdadera se han perdido en el vacío tal vez porque seguimos obstinados en pensar que el camino más seguro de encontrarla es el que pasa por el poder, el dinero o el sexo.

La alegría de Jesús es la de quien vive con una confianza limpia e incondicional en el Padre. La alegría del que sabe acoger la vida con agradecimiento. La alegría del que ha descubierto que la existencia entera es gracia.

Pero la vida se extingue tristemente en nosotros si la guardamos para nosotros solos, sin acertar a regalarla. La alegría de Jesús no consiste en disfrutar egoístamente de la vida. Es la alegría de quien da vida y sabe crear las condiciones necesarias para que crezca y se desarrolle de manera cada vez más digna y más sana. He aquí una de las enseñanzas clave del Evangelio. Solo es feliz quien hace un mundo más feliz. Solo conoce la alegría quien sabe regalarla. Solo vive quien hace vivir.

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

 

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6.5.18. No os llamo siervos, sois amigos

domingo, 6 de mayo de 2018
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31598701_974470836063442_2723656787818446848_nDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 6 pascua, Juan 15,9-17. Éste es el manifiesto supremo del amor cristiano. No somos siervos de Dios, pues él no se impone por encima para que le obedezcamos, sino que nos llama y nos hace sus amigos.

No somos tampoco empleados de Dios, para triunfo y gloria de su empresa, pues tenemos en la vida más tarea ni más finalidad que ser amigos.

Somos simplemente amigos de Dios en Jesús…, como dice este evangelio de Juan (¡el testamento del amado!), y como Juan de la Cruz ha interpretado añadiendo que ya «sólo en amor es mi ejercicio».

Esta lectura de pascua, es un texto paradójico, nervioso, escrito en zig-zag, como el amor que se dice no diciendo o , mejor dicho, diciendo de otro modo.

Amar es simplemente «dejarse amar», como las mujeres de la pascua, como el discípulo amado, como todos los que han amado a Jesús y se dejan amar por él y con él, sin más ejercicio que el seguir amando…, no para no hacer, sino para hacer de otra manera.

En este manifiesto de amistad culmina el evangelio, entendido, al fin, como escuela de amor… donde no se cumple menos, sino mucho más, porque sólo quien es amado y ama puede asumir en presteza la tarea de la vida, cumpliendo así el «mandamiento del amor», comos seguirá diciendo Jesús.

Buen domingo a todos, para que podamos expresar de esa manera la alegría suprema que Jesús muestra y nos ofrece en este evangelio.

Jn 15, 9-17

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.

Jesús enamorado

16708394_738743216302873_4384676287806301455_nSe ha discutido mucho sobre Jesús enamorado (de mujeres y/o de varones), se han hecho y se siguen haciendo novelas sobre Jesús casado, con María Magdalena o Salome. Pero los evangelios no dan pie para sacar esas conclusiones. Ellos hablan, sin embargo, de Jesús amigo.

— Éste es un tema del que apenas ha tratado la Iglesia, porque, en general, ha tenido miedo a la amistad, que constituye el centro del Evangelio de Juan.
Ciertamente, Jesús es el carismático de Marcos, el maestro de Mateo, el hombre del gran señorío de Lucas… Pero Jesús es sobre todo y ante todo “amigo”, como sabe el evangelio de Juan.

— Este Jesús del evangelio de Juan empalma así con el ideal de amistad del mundo griego, pero le ofrece unos rasgos distintivos, como muestra su “discípulo amigo” (más que amado). Recuperar y cultivar ese rasgo de Jesús amigo, en la línea del evangelio de Juan, tendría grandes consecuencias para la Iglesia, entre ellas estas cuatro:

1. Superar una visión y esquema de poder y obediencia en la Iglesia, pues va no sólo en contra del Evangelio de Juan, sino de toda la tradición cristiana.

2. Plantear sin miedo, con claridad y hondura, el tema de la amistad entre los diversos grupos de creyentes, especialmente en un tipo de clero, obsesionado a veces por las llamadas “amistades particulares”.

3. Concebir y vivir la Iglesia en forma de comunidad de amigos de Dios y de Jesús, de clérigos y no clérigos, de hombres y mujeres.

4. Entender y acoger a Dios (y a Jesús en Dios) como amigo, superando una teología del poder y de la sumisión

1. COMENTARIO. NO OS LLAMO SIERVOS, SOIS MIS AMIGOS

El mensaje más hondo del evangelio de Juan ha venido a expresarse en el amor fraterno, vivido en forma de amistad. No es simplemente amor al enemigo, no es tampoco amor esponsal. Es amor de hermanos que se vuelven amigos.

Ésta revelación del amor fraterno/amistoso es el don supremo del evangelio de Juan a la historia de occidente. Leer más…

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6º Domingo de Pascua. 06 Mayo, 2018

domingo, 6 de mayo de 2018
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“Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotras, y vuestra alegría llegue a plenitud.”

(Jn 15, 9-17)

Lo que nos presenta el evangelio de hoy es una declaración de amor. “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo.” Estás son las palabras que Jesús no deja de pronunciar en la vida de cada creyente.

El signo de los cristianos no es la cruz, es el Amor. La cruz por sí sola es un instrumento de tortura. Cuando Jesús en un acto infinito de amor y generosidad se deja clavar en cruz la convierte en símbolo de Amor.

El problema que tenemos los cristianos es que nos quedamos mirando a la cruz. O mirando al Amor. Y eso hay que hacerlo, pero no podemos quedarnos ahí. El evangelio continua, Jesús no dice: “amadme como yo os he amado.” No, lo que dice es: “amaos unos a otros como yo os he amado”.

Jesús era muy listo, y nos conoce bien. Sabía que no íbamos a tener grandes dificultades en amarle a Él o amar a Dios. Esto último ya lo hacía muy bien el pueblo judío. Pero no basta. El amor a Dios, para ser completo, para que de verdad se convierta en alegría, tiene que pasar por las hermanas, por las personas que conviven con nosotras.

Por que el amor del que habla Jesús no es una cuestión teórica sino una realidad existencial y práctica. No es algo que “se aprende de memoria” sino algo que que se experimenta en la vida.

Las teorías, por buenas que sean, no provocan alegría. La alegría brota de la vida, de la “práctica”. Y la vida concreta es mucho más audaz y sorprendente que cualquier teoría.

Por que “en teoría” es feliz aquella persona que consigue éxito, fama y dinero. La publicidad nos vende una infalible teoría sobre la felicidad. Es feliz la persona que es guapa, joven y tiene buena salud. Es decir, que tiene un cuerpo atlético, un hermoso cabello, una piel sin arrugas y un buen bronceado.

Pero la vida nos muestra otra cosa. Vemos el brillo de la auténtica felicidad en los ojos de una madre que ve salir adelante a su hijo con parálisis cerebral. O en un joven que se queda en silla de ruedas tras un accidente y pierde movilidad pero descubre la Vida.

La alegría que llega a plenitud es la que es capaz de atravesar los fracasos y el dolor. Es la que lleva consigo la conciencia de saberse vulnerables pero profundamente amadas.

Oración

Trinidad Santa, no dejes que nos conformemos con medias alegrías, sino que caminemos hacia la alegría que brota de Ti. Amén.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Amigos en comunidad.

domingo, 6 de mayo de 2018
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1102014719_univ_lsr_xlHe pasado el fin de semana en la Rioja, tierra plagada de viñedos donde el símil de la “vid” con la vida de la comunidad cristiana se hace evidente y palpable. Su necesario cuidado nos alerta del que necesita nuestra vida personal y comunitaria para poder dar el fruto esperado. Es una parte de lo que hemos trabajado en ese intento de vivir relacionados y dependientes unos de otros a nivel de universo.

¿Y cuál es ese fruto del que hablamos: cumplir los mandamientos, realizar obras de caridad, atraer adeptos a nuestras iglesias?

Nada de eso menciona el evangelio, sino una clase de amor que lleve hasta las últimas consecuencias como el de Jesús, hasta dar la vida, entregando la vida por ellos, hasta el extremo para ser consecuente con su convencimiento.

Eso sí: “para que llevéis dentro mi alegría y así vuestra alegría llegue a su colmo”. Todas nuestras frustraciones, desengaños, faltas de esperanza, fatalismos, responden a que no nos salen las cosas como queremos y desde luego eso no corresponde al amor auténtico sino al ego.

El gozo nos dice Jesús, nos viene de “mantenernos” en ese amor de Dios que se traduce en el amor concreto que Jesús nos tiene y nos demuestra de una manera tan palpable y tan real hasta dar la vida. Cuando eso lo vivimos en comunidad se convierte en un gozo indescriptible: sensación de apoyo, armonía, entendimiento suma de talentos y creatividad.

 De ahí nace la auténtica amistad. La amistad no me parece la palabra con la que una inmensa mayoría de cristianos definirían su relación con Dios. “Hijos”, “siervos”, “trabajadores de la viña” por no mencionar otros términos, son los que se nos han inculcado a lo largo de los siglos y han perdurado hasta hoy.

El evangelio de Juan, según la prestigiosa teóloga norteamericana, Sandra Schneiders, tiene como centro un tema: “la revelación”, que  a lo largo de la historia ha sido reducido en muchas ocasiones a “información”, más relacionado con proposiciones dogmáticas que se han quedado frías y nos suenan a mandamiento.

La revelación tiene que ver sobre todo con relación. Expresa no tanto conocimiento teórico, información, como auto comunicación. Esta au-torevelación es siempre una invitación a la otra persona a entrar en la intimidad de la propia persona: una invitación por tanto a compartir vida. Esta vida compartida, conduce a la amistad. Y la amistad es un proceso largo y a lo que nunca nos referimos como “ya he llegado”.

La revelación es un proceso que nunca está “acabado. No es que una vez revelado el “secreto” de Dios ya podemos programar nuestra vida de acuerdo a ese conocimiento. Jesús se va revelando en un proceso y es en ese mismo proceso en el que vamos desarrollando lo que es el auténtico discipulado.

Ese amor del que nos habla Jesús se ha traducido por acciones en favor de los demás y amar a Dios igual a cumplir sus mandamientos. Durante siglos eso hemos entendido que era el evangelio y formar parte de la comunidad cristiana. ¿Para qué darle más vueltas?

En el siglo XXI, o entramos en el sentido profundo de la mística o no hemos entendido nada. En ese cambio de sierva a amiga, cualquier ser humano, hombre o mujer, comprende la elección, la llamada, el encargo como fruto de una relación profunda de amor esponsalicio, apasionado, que lejos de ser intimista o ñoño, provoca tal pasión que la persona es capaz de vivir dando la vida hasta el extremo.

Ese gozo, ese amor esa vida son el fruto para compartir. La vida se expande…

Carmen Notario Ajuria

espiritualidadintegradoracristiana.es

Fuente Fe Adulta

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Dios solamente ama

domingo, 6 de mayo de 2018
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imagen191Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:


01. DIOS ES AMOR. 

Cuando Dios crea no hace un alarde de fuerza o tecnológico. Dios ama y desde su amor, crea, nos crea. Dios crea porque quiere comunicarse. El obrar de Dios a lo largo de la historia no es un monólogo ni un “largar” dogmas, doctrinas y moral. La creación, nuestra propia creación es el primer acto de amor salvífico. La creación y la revelación constituyen un largo –a veces dramático- diálogo entre Dios que ama y el ser humano.

No se trata de que Dios crea, nos “echa al mundo” y “vosotros veréis lo que hacéis”, sino que Dios nos crea en su amor y nos crea para ser felices y salvarnos y nos ama siempre y a fondo perdido y, cuanto más perdidos estamos, más nos ama.

02. JESUCRISTO ES EL AMOR DE DIOS QUE DESCIENDE A NOSOTROS.

Jesús es la comunicación del amor de Dios que convive con nosotros. Jesús es el Hijo amado del Padre

v 9 a: como el Padre me ha amado, así os he amado yo.

La vivencia, la experiencia que Jesús tiene de Dios es que es amor. JesuCristo podía habernos dicho que Dios es infinito, eterno, justo, castigador, implacable, ultraortodoxo, etc. Pues bien, JesuCristo tiene una experiencia muy distinta: como el Padre me ha amado. Jesús se siente amado, querido por Dios.

En las caras y conciencias de muchos cristianos y eclesiásticos vemos mucha amargura y angustia. En el “subconsciente” de este momento eclesiástico no parece residir la gracia, la bondad, el amor de Dios Padre.

Sin embargo, somos cristianos porque hemos sido amados, hemos recibido el amor de Dios y nos hacemos cristianos porque amamos.

Lo que nos identifica como cristianos es el amor.

El ADN del cristiano no es la ley, ni el cumplimiento, ni la perfección y escrupulosidad de su moral, ni los ritos, ni las vestimentas, ni el clerygman, tampoco la identidad del cristiano está en la ortodoxia, sino en el amor.

Quien no ama, no ha conocido a Dios.

En esto os conocerán que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros, (Jn 13,34-35).

Muchos de nosotros tenemos una imagen, una experiencia de un Dios duro, justiciero y que “no deja pasar una”. El Dios de Jesús no es el Dios que crea el infierno, que condena, es el Dios que ama.

Volvamos nuestra mirada al amor de Dios: conozcamos la misericordia de Dios y de Cristo. Somos discípulos amados, no clientes o consumidores religiosos posibles candidatos al infierno.

03. ALGUNAS PRECISIONES. 

un-nino-africano-dice-no-al-racismo¿Y qué es el amor?

El amor es una de esas realidades que han sido distorsionadas, mal entendidas, a veces comercializada.

Por simple sentido común, conviene ser conscientes y distinguir los diversos niveles de las relaciones humanas y los varios modos de vivir el entramado de tales relaciones.

En griego hay tres palabras para hablar de los diversos niveles del amor, que son los que Sigmund Freud utilizará siglos más tarde: EROS (amor erótico), FILIA (amor de amistad) y ÁGAPE (amor de donación / entrega).

Los tres niveles son buenos, pero diversos y conviene no mezclarlo todo.

Algunos sois padres y el amor matrimonial es profundo, pero diverso del amor, también hondo, hacia los hijos.

En la vida familiar somos hermanos y tal fraternidad es algo muy íntimo. Sin embargo puede que dos hermanos, siendo hermanos queridos, no sean amigos. Es distinto ser hermano a ser amigo. Con un amigo tengo otro tipo de relación y, quizás, de confidencialidad.

En la vida podemos querer a personas por su serenidad, por su competencia, por su disponibilidad. En la vida religiosa, presbiteral el amor, la afectividad se encauza por otros derroteros (celibato).

La vida religiosa, la vida monacal vive en comunidad y se dan relaciones de fraternidad en la fe que les une en un carisma concreto: benedictinos, franciscanos, congregaciones de vida activa, etc. Los miembros de una comunidad religiosa monacal viven como hermanos o hermanas, lo cual no significa que todos los miembros de tal comunidad sean amigos, ni que la comunidad viva en una adolescente amistad.

La vida comunitaria ha de estar posibilitada por una madurez personal, de fe, afectiva y en muchas ocasiones habrá de echar mano del respeto hacia quien no piensa como yo, en ocasiones el perdón, en todo caso de una convivencia adulta, madura.

El presbítero-sacerdote realiza su afecto y amor orientando su vida hacia el Reino de Dios, que se concretará en la tarea pastoral, intelectual y en una buena convivencia con los colaboradores de su parroquia o de las personas con quienes trabaja. Amar su propia tarea, parroquia, mundo pastoral.

Las Parroquias y “comunidades cristianas” no son comunidades de amigos. Los que estamos aquí reunidos nos estimamos, nos respetamos, estaríamos dispuestos a ayudarnos o ayudar a otros en caso de necesidad, pero no somos estrictamente amigos, ni se debe pretender que una parroquia sea una comunidad de amigos.

No es lo mismo amistad que amor, enamoramiento que encuentro, eros que caridad. Y conviene no mezclarlo todo.

04. AMOR Y POLÍTICA.

Puede parecer una ilusión infantil, pero los grandes problemas de la pobreza, del hambre, etc., no se va a solucionar con criterios económicos, sino con criterios éticos. Igualmente la cuestión de la paz –pacificación de nuestro pueblo y de otros muchos conflictos históricos de la pacificación requiere tratamiento político, conversaciones, negociaciones, etc., pero en el humus de esas negociaciones y problemas habrá que inyectar reconciliación y humanismo.

Inteligencia creativa humana hay, dinero hay, tecnología, materias primas (creación) siguen habiendo todavía. Si todo ello no se concreta es por otras razones ya no técnicas, sino éticas.

Lo que llama la atención es que ni los economistas, ni políticos, ni los medios de comunicación, ni la Universidad, ni los sindicatos, ni muchas veces los eclesiásticos invoquemos el amor eficaz en nuestras vidas

El dinero, ni la patria, ni el poder creen en Dios ni en el hombre, el dinero no ama. Y es ahí donde comienza la convivencia y el encuentro entre personas y pueblos.

Fomentar la paz, el encuentro, el amor no es debilidad, sino humanismo.

04. ALGUNAS CONCRECIONES 

vidrieras-5-bigAmar es respetar y acoger a los seres humanos solamente porque son seres humanos, hijos de Dios.

o Por tanto amar significa RESPETAR a todas las personas por el mero hecho de ser personas: hijos de Dios. Hacemos interesadas acepciones de personas: pensemos en ideologías, puestos eclesiásticos, emigrantes, racismos, etc.

o Hoy en día en nuestro pueblo el mandamiento del amor significa respeto y buscar, ABRIR CAUCES Y CAMINOS, DIÁLOGO PARA LA CONVIVENCIA, la paz y la pacificación. Y en cuanto sea posible, perdonar.

o Amar significa NO SER RACISTA, ni marginar o despreciar a nadie por su etnia, por su origen, por sus limitaciones.

o En el ámbito familiar amar significa muchas veces RESPETO, no hurgar en viejas heridas, no revolver las cosas. Cuestiones de dinero, herencias, etc. Saber declinar, dejar ya de lado determinadas cuestiones.

o El mundo eclesiástico comenzará a ser eclesial -cristiano- cuando intente ver la vida y las situaciones y problemas desde el amor y no tanto desde el legalismo, el miedo, el poder y la ortodoxia. La Iglesia comenzará a ser cristiana cuando deje de ser una permanente sucursal de la Inquisición y del sacramentalismo y pase a ser un hospital de campaña donde se curan las heridas.

o En ocasiones -siempre- amar significa ser discreto y callarse. Callar un defecto, un pecado ajeno, etc. El silencio y la discreción son variantes del mandamiento del amor. Una persona adulta ha de saber callar y marcharse a la tumba con unos cuantos secretos.

o A veces amar significa poner un poco de razón a los sentimientos que pueden aflorar. En determinadas circunstancias es muy difícil amar: en viejos problemas históricos, comunitarios, familiares, brotan sentimientos de odio, de venganza, etc., que son difíciles de dominar. En esas situaciones amar puede significar poner un poco de razón, nuestros sentimientos quizás no los podamos dominar fácilmente, al menos seamos razonables, sensatos.

06. SOMOS DISCÍPULOS AMADOS.

Somos cristianos y ser cristiano es sentirse querido por Dios y desplegar la vida desde el amor. Desde el amor las cosas se ven de otra manera.

El amor produce una confianza enorme, una gran serenidad. Noches oscuras nos van a venir, pero quien ama, quien ama la humanidad, la vida, los valores del Reino de Dios tiene el alma sosegada, en calma.

ESTO OS MANDO: QUE OS AMÉIS UNOS A OTROS.

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«Los tres mandatos de Jesús: ¿Somos anticristianos?», por José María Castillo.

miércoles, 25 de abril de 2018
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cena-del-corderoDe su blog Teología sin Censura:

El Evangelio no es igualitario, es preferencial, porque Jesús prefirió a los últimos.

El “jueves santo” de cada año, los cristianos recordamos (o tendríamos que recordar) los tres mandatos que Jesús nos dejó a quienes decimos – o pensamos – que creemos en Cristo y, por tanto, somos cristianos.

Primer mandato es el del lavatorio de los pies. Después de lavar, él mismo, los pies a los discípulos, les dijo: “Si yo…, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros” (Jn 13, 14). En la cultura del Imperio, la tarea de lavar los pies era una de las obligaciones a las que estaban sometidos los esclavos. El Evangelio expresa este deber mediante el verbo griego “opheilo”, que significa “estar obligado”, como bien explican quienes mejor han estudiado este término griego. Ya Jesús había dicho esto mismo, con otras palabras y en otro momento: “Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo” (Mt 10, 24).

Por tanto, el primer mandato de Jesús a los cristianos consiste en que vayamos por la vida comportándonos como esclavos de lo que necesitan los demás. Aunque se trate de quienes están por debajo de nosotros.

Segundo mandato es el de la eucaristía: “Haced lo mismo en memoria mía”. Palabras que Jesús pronunció dos veces, después de dar a los discípulos el pan, del que Jesús dijo que es su cuerpo; y después de darles el cáliz, “la nueva alianza en su sangre” (1 Cor 11, 24-25). Se explique como se explique este “recuerdo peligroso” (J. B. Metz), lo que podemos decir hoy con seguridad es que, para entender lo que Jesús quiso decir, no podemos depender ni del pensamiento de Platón (que predominó hasta el s. X), ni de lo que decía Aristóteles (a partir del s. XI). Nuestra fe no depende de cómo explicaban la realidad los sabios de la Antigüedad. Lo que sabemos por la fe en la eucaristía, es que, al comer el pan consagrado y al beber el cáliz, Jesús se hace presente en nuestra vida. Y, por tanto, nuestra vida tiene que reproducir lo que fue la “peligrosa existencia” de Jesús en este mundo. Tan peligrosa que, como sabemos, acabó como acabó.

Por tanto, el segundo mandato de Jesús, en jueves santo, nos viene a decir que “no nos refugiemos en la práctica sacramental”, para quedarnos ahí y sólo en eso, satisfechos y tranquilos en nuestra conciencia, porque somos cristianos “de comunión diaria” (o quizá semanal), que podemos entrar en la iglesia (o ir por la calle) con la cabeza alta. El día que comulgar – o simplemente ir a misa – represente un peligro real, ese día hacemos el “recuerdo” o la “memoria” de Jesús tan auténtica como peligrosa. Porque será una “memoria subversiva”.

Tercer mandato es el más radical y el más complicado. Porque es el más profundamente humano. El IV evangelio no recuerda la institución de la eucaristía en la cena de despedida. En su lugar, pone el “mandamiento nuevo”: “que os améis unos a otros, como yo os he amado… En esto conocerán que sois mis discípulos” (Jn 13, 14-15). ¿Por qué este mandamiento es “nuevo”? Antes que Juan, los tres evangelios sinópticos habían insistido en que el amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables. Aquí, Jesús da un paso más. Y ya, ni menciona a Dios. El mandato es: “que os améis unos a otros”. Porque, dado que Dios “se humanizó” (eso es lo que entraña la “encarnación”), “lo que hicisteis por uno de estos, a Mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40). Esta es la sentencia del “juicio final”.

¿Es España un país “cristiano”? Según la vigente Constitución no lo es (Art. 16, 3). Según el Evangelio y tal como están organizadas nuestras leyes y nuestra economía, el problema no está en que sea o no sea constitucionalmente “confesional”. Desde el punto de vista estrictamente religioso, es que España es un país “anti-cristiano”. Por lo que decretan nuestros gobernantes, por lo que aprueban nuestros electores y por lo que nos callamos y “tragamos” los demás. Con el silencio de nuestros obispos. Seguramente, con más cobardía que desvergüenza. Pero, a fin de cuentas, es lo que “tragamos”.

El Evangelio no es “igualitario” (como los Derechos Humanos). Es “preferencial”. Porque Jesús prefirió sobre todo a los últimos, los más pequeños, los más desgraciados. Justamente prefirió a todos aquellos que, en este país tan cristiano (y otros semejantes), se ven pisoteados, despreciados, maltratados. Y con una subida de pensiones, que se reduce a unos céntimos al mes. ¿Y no somos “anti-cristianos”? Lo estamos diciendo a gritos.

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«Recreando», por Gerardo Villar.

martes, 10 de abril de 2018
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es-la-fe-cristiana-una-fe-fundamentadaMe doy cuenta de que la teología cristiana tradicional es un edificio bien trabado y unido unas verdades con otras. Pero ¿qué ocurre si sacamos una piedra de esa pared? Por ejemplo, si descubrimos que el pecado original es un género literario, porque vemos que no existió pareja de Adán y Eva, porque no existió ese pecado , que no fueron la primera pareja, que Dios no nos castigó sino que nos bendijo inicialmente, que no nacemos con ese pecado original?

Se resquebraja el armazón de la fe. ¿Qué sentido tiene el bautismo para quitar el pecado original, la muerte de Jesús como redención, el sacrificio como expiación…? Y podemos seguir.

Siento la necesidad de reconstruir mi fe cristiana desde otros sillares. Entonces el bautismo es celebrar el nacimiento, vivir la alegría de ser hijo de Dios, entrar conscientemente en la experiencia de ser miembro de la Iglesia, seguidor de Jesús. Jesús me enseña quién soy y cómo es el Padre. Y desde su vida me salva porque me presenta otro estilo de vida en la solidaridad, la paz.

Me resulta preciosa esta nueva visión de fe, pero me lleva a cambiar mi celebración cristiana. Y a evitar cantidad de cantos religiosos que intentan que yo le repare a Dios “ofendido”. Un Padre bondadoso que no se puede ofender por lo que haga el hijo. Ya no hablaré en la plegaria de “sacrificio expiatorio” sino de “entrega por Amor”. Jesús me salva porque me enseña quién soy y cómo vivir esa realidad de Hijo de Dios.

Entiendo que la primitiva comunidad cristiana explicó la vida y la muerte de Jesús con categorías expiatorias desde la teología del cordero pascual y del cordero que se lanzaba al desierto para expiar todos los pecados. Hoy, desde Jesús Amor, me cuesta entender esa teología. Y no es porque me exija menos sino al revés. Cuando descubro a Jesús en el proceso de la creación como plenitud, me siento integrado en esa corriente salvadora.

Ya no ofrezco sacrificios “para aplacar al Dios ofendido” sino que disfruto de su Amor y me lleva a amar a todas las personas hasta la cruz. Mi fe no es de temor y miedo, sino de alegría y salvación; me empuja a vivir el Mensaje de Jesús.

El Padre-Madre Dios nos espera siempre, nos acoge siempre. No sabe rechazar ni condenar. No necesita reparación. El amor todo lo disculpa, todo lo perdona.

En positivo

Dice Javier Melloni: «creer que nacemos endeudados y que nos tiene que salvar porque nuestra naturaleza está caída, implica una concepción terriblemente pesimista del ser humano, concepción que marca una relación “tóxica” con Dios». En vez de una caída original hemos de hablar de una bendición original. Somos “seres en proceso”. Para desarrollar esa bendición original nos creó “a imagen de Dios” y estamos llamados a ser Hijos de Dios en plenitud.

Me parece una visión muy interesante y sobre todo muy eficiente. Tiene sentido mi vida. Educarme: sacar lo bueno que hay en mí Igual por ello, usamos el agua como signo de Vida, encendemos la vela en el bautismo. Desarrollar esa luz que me ilumina y es potente como para iluminar a los demás

Veo un camino apasionante: crecer y desarrollar toda la Vida -el Amor- que hay en mí; dejar que Cristo crezca en mí. Y eso me va a llevar a superar lo negativo, lo que hay en mí de obscuridad y pecado. La mejor forma de derretir la nieve es acercarle el calor. Cuanto más calor, más se derrite.

“Jesús nos salva porque nos revela lo que somos y así nos salva”: nos empuja en el Camino.

He estado varios años intentando, al predicar, sacar a luz lo positivo que hay en mí, en los demás, en la creación, en la naturaleza. Vale más encender una cerilla que maldecir la obscuridad

Cuando celebro en la prisión, todos los días, de una u otra forma, les remarco que somos buenas personas; que nuestra misión es descubrir esa bondad inicial y hacerla crecer. Llevamos un tesoro dentro, o mejor, somos un tesoro. Descubrirlo, limpiarlo de toda sombra y valorarlo… hasta que encontremos ahí el sentido de nuestra vida.

Esto me lleva ver lo bueno que hay en todas las personas y a trabajar para que los demás puedan desarrollar su Vida, colaborando en quitar la miseria, lo negativo que hemos puesto en su vida.

Conecto con lo más grande que hay en mí: Dios me empapa, me habita, se expande en mí y desde mi centro. Cuando descubro este tesoro, esta semilla de mostaza, dejo que crezca en mí y dé fruto abundante.

Del gusano, sale la mariposa, dejando atrás su vestido. Se trata de ir dejando la sombra que hay en mí, gracias a la Luz que ilumina.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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Amor-Cruz-Vida

sábado, 31 de marzo de 2018
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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Para pensar en estos días.

A propósito de la celebración de la pasión y muerte de Jesús, creo que debemos cuidarnos de un exagerado «dolorismo», de acentuar tanto el dolor, que olvidemos su lugar en el proyecto de Jesús.

Se ha dicho que seguir de cerca a Jesús no es fácil porque la vía que elige es la vía de la cruz.

Yo diría que es la vía del amor, por eso abraza la cruz.

En el Triduo, digamos que el viernes no se entiende sin el jueves, así como el domingo no se entiende sin el viernes.

AMOR-CRUZ-VIDA, sólo así la cruz es cristiana, entre el amor y la vida. O como lo dijo una amiga: no hay amor sin cruz, no hay cruz sin amor porque no vale la pena; amor y cruz son vida, vida es amor y cruz.

*

Manuel Enrique Valls
(2014)

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«Del pecado y la gracia al amor y la empatía», por Carlos Osma

lunes, 26 de marzo de 2018
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empatiaDe su blog Homoprotestantes:

Hay veces que de pronto, no sabes muy bien porqué, percibes cosas que hasta ese momento te pasaban inadvertidas. Me ocurrió ayer, sentado en el banco de la iglesia, después de cantar una canción que se proyectaba sobre la pantalla que hay en la pared central de la iglesia. Una canción nueva, si la comparamos con los himnos del siglo XVII y XVIII que aparecen en el himnario que en aquel momento tenía entre las manos, y que hablaba de un Dios de amor que se preocupa por mí y expresaba también el agradecimiento y amor que siento por él.

Al abrir el himnario intenté buscar himnos que mostraran de la mima forma ese amor, y me di cuenta de que la inmensa mayoría hablaban de otra cosa. Pensé que el ser humano ha cambiado mucho en los últimos siglos, y que por tanto la manera en la que se aproxima a Dios ha sufrido también un cambio. Si hay un tema que destacaba sobre todos los demás en el himnario, era el pecado, el reconocerse o sentirse pecador. Pero no por haber cometido un error, por haber fallado en algo, sino por algo más esencial: por ser un ser humano. Y ante este callejón que parece sin salida, los himnos hablaban también de la gracia de un Dios que quiso salvarnos. Me sorprendió que incluso aquí, no se expresará con más rotundidad lo que a algunos de nosotros nos puede parecer una obviedad: que quiso salvarnos por amor. Pero no, lo que se dejaba meridianamente claro es que esa gracia no dependía de nuestras buenas o malas acciones, sino de la voluntad divina.

Imagino que, en una sociedad marcada por el control sobre la vida de las personas, la visión de la divinidad no podía ser muy diferente a la de un juez, que por mucho que haga todo lo posible por salvarnos, su función principal es juzgar y encontrar culpables. Una vez identificados, entra en juego el tema del sacrificio sustitutorio, y Jesús como cordero que lleva sobre él los pecados del mundo. No digo nada nuevo al afirmar que una gran parte del cristianismo sigue moviéndose dentro de este binomio: el del pecado y la gracia. Y lo hacen predicando a una sociedad que ya no existe, o intentando hacer retroceder a cristianos y cristianas un par de siglos como mínimo para que sus teologías puedan tener algún sentido. Es por eso que el diálogo con ellos es muy complicado.

No soy objetivo cuando reflexiono sobre esta forma de entender el cristianismo ya que, en su voluntad por el control social, las personas LGTBI somos pecadoras en esencia, e incluso me atrevería a decir que ni Dios puede sacarnos de esta categoría. La gracia divina solo nos alcanzará cuando ya no seamos quienes somos, en otras palabras: para las personas LGTBI el sacrificio de Jesús en la cruz fue insuficiente. Estoy convencido que es un error pretender mantenernos dentro de este esquema mental que ya no es el nuestro, y que intentar pensar como lo hacían nuestras bisabuelas, o los bisabuelos de nuestras bisabuelas, es una clara estupidez. Aunque también me resisto a desecharlo completamente como si no pudiera aportarnos nada. No me gusta la palabra pecado porque la asocio con no haber cumplido alguna de las leyes que aparecen en el listado de acciones que alguien ha decidido como prohibidas. Pero alguna palabra debería haber para indicar que se está actuando de forma injusta contra el prójimo, contra la naturaleza, contra la vida. Y otra para indicar que es posible pasar página, y deshacer los caminos equivocados sin sentirnos siempre culpables. Alguna manera habrá de seguir a un Dios que nos mueve a la justicia, pero que no sea un juez.

Tengo que reconocer que aunque mi fe cristiana está fundada en la afirmación de que Dios es amor, es decir, en el Dios que Jesús reveló; la canción que se proyectaba sobre la pared, tampoco muestra en mi opinión lo esencial del cristianismo. Quizás esté equivocado, o éste reaccionando exageradamente ante el excesivo individualismo cristiano con el que me he encontrado a lo largo de los años. Ese que habla de yo y Dios, de mi amado Jesús, de mi salvador, de mi maestro; y que en realidad no es más que un hacerse a Dios a mi imagen y semejanza. La canción era preciosa, y seguro que a otras personas les habrá traído otras reflexiones mucho más positivas que la mía, pero ayer me pregunté si el Dios de amor de nuestra generación y nuestro mundo, que ha sustituido al anterior Dios juez, está inevitablemente condenado a ser un producto del individualismo, o incluso del consumismo. ¿Cómo poder vivir la radicalidad del evangelio sin hacer trampas para domesticarlo? ¿Cómo liberarnos de un Dios juez sin caer en los brazos de un Dios de amor que no es más que mi opinión sobre lo que es bueno o malo?

Estoy convencido de que esta pregunta tiene multitud de respuestas, pero mientras sostenía un himnario en la mano, y cantaba la canción que se proyectaba en la pared, pensé que el Dios de amor de Jesús no es un Dios que se preocupa especialmente por mí, sino que lo hace por cada uno de los seres humanos. Y que no lo hace con discursos políticamente correctos, o esos que aplauden los convencidos, sino con acciones que liberan a las personas oprimidas. El Dios de Jesús no es el Dios padre que me ama para que me sienta bien, sino el Dios de amor que aboga por un mundo más justo, y es en la medida que hacemos más justo el mundo, que su amor irrumpe de manera más clara. El amor cristiano no busca que yo me sienta querido, o amado, que me sienta un niño protegido por mi padre/madre celestial… El amor cristiano busca hacer nacer en nosotras y en nosotros la empatía por el prójimo. Por eso donde no hay empatía por quienes sufren, donde no existe la capacidad de ponerse en la piel del otro o de la otra, puede haber mucho sentimiento de amor divino, pero ni una pizca del amor del Dios que nos reveló Jesús. Nuestra generación no sólo debería leer la Gracia de Dios como una muestra de su amor, sino entender que ese amor tiene una dirección inequívoca hacia el prójimo.

Se que queda muy bonito hablar de amor y de prójimo, pero si soy sincero, más allá de los discursos políticamente correctos, pienso que éste es el verdadero lugar donde la fe cristiana pasa su control de calidad. Es tan fácil dejarnos cegar por nuestros prejuicios y eliminar la palabra prójimo de tantos seres humanos. Las personas LGTBI lo sabemos, los discursos cristianos homófobos niegan nuestra existencia, y nos reducen a simples acciones pecaminosas, de esa manera ya no somos prójimos, y podemos no ser merecedoras del amor divino. Ante esto, creo que estamos llamadas a reivindicar nuestra existencia, a defender la dignidad que Dios nos ha dado; pero por otro lado somos interpeladas también a no caer en el mismo error, a escapar de nuestro ego, de nuestra moral, y a ser capaces de entender que cualquier ser humano es nuestro prójimo, sobre todo los más desfavorecidos, y que el amor de Dios no tiene su fin en nosotras, sino en ellas.

Carlos Osma

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Mi amistad conmigo.

viernes, 23 de marzo de 2018
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Del blog de Henri Nouwen:

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 «¿Somos amigos de nosotros mismos? ¿Nos gusta cómo somos? Son preguntas importantes porque no podemos desarrollar buenas amistades con los demás a menos que seamos buenos amigos de nosotros mismos.

¿Cómo ser uno, entonces, amigo de uno mismo? Para empezar, es preciso reconocer la verdad sobre nosotros mismos. Somos apuestos pero también limitados, ricos pero también pobres, generosos pero también preocupados por nuestra seguridad. Sin embargo, más allá de todo esto, somos seres con un alma, con destellos de lo divino. Reconocer la verdad de nosotros mismos significa reivindicar el carácter sagrado de nuestro ser, sin entenderlo enteramente. Nuestro ser profundo escapa a nuestra capacidad mental o emocional de comprender las cosas. Pero cuando confiamos en que somos parte integrante de un Dios que nos ama, podemos ser amigos de nosotros mismos y estrechar con los demás relaciones de amor.»

*

Henri Nouwen

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Si fuera suficiente.

martes, 20 de marzo de 2018
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Del blog Pays de Zabulon:

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Si fuera suficiente con estar allí
Para ser,
Sin rascarse la cabeza
Con pensamientos parasitarios
Si fuera suficiente
con irse para olvidar,
Aferrarse al amor,
Correr para avanzar,
La vida sería simple.
Si fuera suficiente con escribir
Para ser leído,
¡Sería escuchado!

*

Dominique Giovanetti

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Fuente texto : citaso en La Gestaltung de Hans Prinzhorn

Imagen : Kontra K, rapero alemán.

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“Acercarnos a la luz”. 4 Cuaresma – B (Juan 3,14-21)

domingo, 11 de marzo de 2018
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04_cuar_bPuede parecer una observación excesivamente pesimista, pero lo cierto es que las personas somos capaces de vivir largos años sin tener apenas idea de lo que está sucediendo en nosotros. Podemos seguir viviendo día tras día sin querer ver qué es lo que en verdad mueve nuestra vida y quién es el que dentro de nosotros toma realmente las decisiones.

No es torpeza o falta de inteligencia. Lo que sucede es que, de manera más o menos consciente, intuimos que vernos con más luz nos obligaría a cambiar. Una y otra vez parecen cumplirse en nosotros aquellas palabras de Jesús: «El que obra el mal detesta la luz y la rehúye, porque tiene miedo a que su conducta quede al descubierto». Nos asusta vernos tal como somos. Nos sentimos mal cuando la luz penetra en nuestra vida. Preferimos seguir ciegos, alimentando día a día nuevos engaños e ilusiones.

Lo más grave es que puede llegar un momento en el que, estando ciegos, creamos verlo todo con claridad y realismo. Qué fácil es entonces vivir sin conocerse a sí mismo ni preguntarse nunca: «¿Quién soy yo?». Creer ingenuamente que yo soy esa imagen superficial que tengo de mí mismo, fabricada de recuerdos, experiencias, miedos y deseos.

Qué fácil también creer que la realidad es justamente tal como yo la veo, sin ser consciente de que el mundo exterior que yo veo es, en buena parte, reflejo del mundo interior que vivo y de los deseos e intereses que alimento. Qué fácil también acostumbrarnos a tratar no con personas reales, sino con la imagen o etiqueta que de ellas me he fabricado yo mismo.

Aquel gran escritor que fue Hermann Hesse, en su pequeño libro Mi credo, lleno de sabiduría, escribía: «El hombre al que contemplo con temor, con esperanza, con codicia, con propósitos, con exigencias, no es un hombre, es solo un turbio reflejo de mi voluntad».

Probablemente, a la hora de querer transformar nuestra vida orientando nuestros pasos por caminos más nobles, lo más decisivo no es el esfuerzo por cambiar. Lo primero es abrir los ojos. Preguntarme qué ando buscando en la vida. Ser más consciente de los intereses que mueven mi existencia. Descubrir el motivo último de mi vivir diario.

Podemos tomarnos un tiempo para responder a esta pregunta: ¿por qué huyo tanto de mí mismo y de Dios? ¿Por qué, en definitiva, prefiero vivir engañado sin buscar la luz? Hemos de escuchar las palabras de Jesús: «Aquel que actúa conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se vea que todo lo que hace está inspirado por Dios».

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

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«Lo efímero y lo eterno», por Gerardo Villar.

miércoles, 7 de marzo de 2018
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indiceMe ha gustado. En un encuentro de espiritualidad nos hablaba Fidel Delgado sobre lo efímero y lo eterno. Y lo hacía –como suele hacerlo él tan magníficamente– con un muñeco a quien ponía y quitaba prendas. Lo efímero se puede quitar de nuestra vida. Es más, tarde o temprano se quita… ¡Con qué pocas cosas se puede vivir!

Pero eso lo aplico a todos los aspectos. Si quitamos todo lo que es efímero en la Iglesia y en nuestra fe cristiana, sacaríamos trenes llenos de creencias y prácticas que no son substanciales al Evangelio. Lo malo es cuando no distinguimos lo efímero y lo eterno. Y le damos categoría de esencial a lo que es accidental. Decía un profesor: “creo en Dios Padre, Hijo, Espíritu y poquísimas cosas más”. Luego hemos ido poniendo ropajes, adhesivos a nuestra fe, y llega un momento en que ya no sabemos distinguir lo que es esencial y lo que hemos añadido.

Veo que hoy hay muchas expresiones doctrinales, litúrgicas, morales que son fruto de los tiempos pasados y que no son consustanciales al evangelio. Buena labor podemos hacer, sobre todo si empezamos a hacer limpieza, como dice el papa Francisco, limpiando con los pobres y desde la periferia.

Hay una cosa muy tradicional y con mucha raigambre evangélica pero que tengo ganas de que recupere su esencia. Es la colecta en las misas. Me decía una persona de una tienda “vienen a pedirme calderilla para echar en los cestaños de misa”. ¿No es momento de recuperar esa costumbre…? pero que sea compartir de verdad: problemas, vida, preocupaciones, trabajos, alegrías, dinero… Aquel valor eterno de compartir se ha convertido en la costumbre de echar una limosnita.

Conozco a algunos sacerdotes que, después del ofertorio, se lavan las manos. Lo hacen como signo de purificación. Lo veo más como limpieza, después de recoger los frutos de todo tipo en el ofertorio para compartir con los pobres, porque se “habían manchado las manos”.

Después de misa, veo que hay personas que se quedan para dar gracias a Dios. Y pienso ¿pues qué han hecho en la Eucaristía sino acción de gracias? Es como después de un banquete, comerse una bolsa de pipas.

Rezamos el Señor mío Jesucristo y ahí decimos: “Dios y hombre verdadero, creador Padre y Redentor mío” ¿En qué quedamos…? Y mucho más cuando decimos “porque podéis castigarme con las penas del infierno”.

Descubrir lo eterno y lo efímero según Jesús. Aunque a veces nos quedemos un poco desnudos. Porque lo eterno es Jesús y el Amor: “Dios es Amor”; “Amar a los demás como a uno mismo”. Esta ropa sí que me sirve para lo eterno de mi yo.

Gerardo Villar

Fuente Adulta

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Frente a la Hipocresía espiritual… Conviértete y cree en el Evangelio

miércoles, 14 de febrero de 2018
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Hoy, miércoles de Ceniza, cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio” “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús.

Del blog Pays de Zabulon:

Reflexiones de Rev. David Eck Asheville de Caroline del Norte, extraído del blog I’ m christian, I’ m gay, Del Let talk,  19 de noviembre de 2009.

“He escrito este poema que se inspira en Jn 13, 34-35. ¡Espero que te ponga en crisis tanto como a mí me ha puesto!

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Amaos los unos otros como yo os he amado.
Esto parece tan simple, tan lineal.
Pero … ¿ Querer al liberal de “corazón lleno de compasión “?
¿Amar al conservador de “valores familiares “?
¿Querer al musulmán? ¿Al judío? ¿Al budista? ¿Al hinduista?
¿Amar al inmigrante en situación irregular? ¿Amar el que tiene todos los privilegios?
¿Amar al gay? ¿La lesbiana? ¿Al transgénero?
¿Amar a los manifestantes por la paz? ¿Amar a los hacedores de guerra?
¿Amar al iraquí? ¿Al palestino? ¡Al norcoreano?
¿Amar al republicano y al demócrata?
Amar al sin techo? ¿Al mendigo?
¿Al enfermo de sida? ¿Al detenido condenado a muerte?
Tendemos a amar con los dedos cruzados en busca de una escapatoria,
Buscando la manera de limitar a aquellos a los que elegimos amar.
Así como el escriba que, una vez, le preguntaba a Jesús: “¿quién es mi prójimo?”
Tendemos a amar de modo selectivo, poniendo condiciones.
Amamos a los que se nos parecen, piensan como nosotros, creen como nosotros.
¿Quién sería odiado por Jesús? ¡Nadie!
La única cosa que enfurecía a Jesús era la hipocresía espiritual,
Los que proclamaban amar a Dios pero no conseguían decidirse a amar a sus prójimos,
Los que creían que ellos eran los elegidos de Dios mientras que trataban a otros como si fueran el mal personificado.
Amaos los unos a los otros como yo os he amado.
Posiblemente no sea tan simple, después de todo.
Pero es el signo por el cual otros reconocerán que somos discípulos de Jesús.

*
Citado por Loquito en anotherdaylight – 2 mayo 2012

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Todo tipo de división

miércoles, 7 de febrero de 2018
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e2c917dcac2d8694531e6a203d0fbc52-humor-snoopyJuan Zapatero Ballesteros
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 26/01/18.- Conocemos muchas y muchos de nosotros que del 18 al 25 de enero se celebró la semana de oración por la unidad de las Iglesias Cristianas. No es una cuestión, esta de la unidad de las diferentes Iglesias, que me preocupe demasiado, lo cual no quita, sin embargo, para que considere que siempre es bienvenida cualquier ocasión para orar; y, ¿por qué no por la unidad?, como es este caso. Pero no solo de las Iglesias, que también, sino por todo lo que está dividido, truncado, partido y destrozado, en definitiva.

Me parece que es demasiado reduccionista rezar solamente por las Iglesias Cristianas, separadas y divididas como es bien sabido, cuando existen otras religiones, confesiones religiosas y también tantas y tantas realidades de la vida que con su rompimiento no hacen sino provocar un profundo dolor a muchas personas. Por ello, creo que sería muy oportuno aprovechar la ocasión, no solo para orar, sino también y de manera especial para hablar, dialogar, debatir, etc. sobre todo aquello que rompe y desgarra, dejando tantas realidades, no solamente las cristianas y las religiosas, abandonadas a su suerte.

Y ya que estos ocho días están dedicados de manera específica a la oración por la unidad del cristianismo, ¡hagámoslo!, pues no en vano el mismo Jesús dijo de manera muy clara que la unidad sería un signo de credibilidad para la gente. Pero insisto una vez más: recemos para que todo lo que desune, fruto precisamente de egoísmos, envidias y particularismos, quede superado por el amor que “todo lo disculpa y perdona”. Quisiera hacer una pregunta, antes de decir algo sobre ciertos aspectos concretos: mirado nuestro mundo de hoy de manera global, un mundo que es por encima de todo y principalmente pluricultural y plurireligioso, ¿creéis que interesa a alguien, incluso a una gran mayoría de los cristianos, eso de la unidad entre las diferentes confesiones cristianas? Me temo que no, y menos en la línea en que tengo la intuición que se había pretendido hacer hasta ahora, y que consistía en rezar para conseguir la unicidad que, por cierto, bien poco o nada tiene que ver con la unidad evangélica.

Precisamente para ello, es decir, para hacer todo lo posible de cara a conseguir que sea el amor lo que nos una de verdad a todos los hombres y mujeres, oremos quienes creemos en la fuerza de la oración, pero a la vez unamos fuerzas con quienes tienen otras creencias o, quizás ninguna según dicen ellos mismos, con el fin de conseguir un proyecto de humanidad donde no existan hendiduras que produzcan dolores innecesarios ni alturas o bajuras que conviertan el camino de la vida en una realidad tortuosa y difícil de afrontar.

Unamos esfuerzos, cuantos más, mejor, y todos los posibles, para tirar por tierra todas esas fronteras, reales unas, virtuales otras, que convierten este mundo, que debiera ser de todos, en una feria y en un mercado donde solamente los fuertes, poderosos y ricos tiene opción a vivir y a disfrutar a sus anchas, a costa siempre de que una gran mayoría tenga que malvivir y sufrir duras estrecheces.

Trabajemos todo lo posible de cara a conseguir que el color de la piel, la cultura, la posición geográfica, el credo, etc., no sean factores que nos enfrenten los unos contra los otros, sino elementos de riqueza que nos ayuden a crecer juntos y a hacer el mismo camino cogidos de la mano, intentando que nunca el más débil quede rezagado, debido a que cada uno mira exclusivamente por su bien propio, sino que empujemos con todas nuestras fuerzas, porque nos hemos convencido de que el bien común es la gran meta a conseguir.

Hagamos todo lo posible para que dejemos de degradar a nuestro planeta al ritmo que lo venimos haciendo, intentando más bien lo contrario, es decir, no solo respetarlo, sino también mimarlo con el máximo cariño para que abandone la degradación en la que le hemos introducido, dejando de ser un estercolero para volver a ser casa y jardín para toda criatura.

Pensarán muchas y muchos que es demasiado laica la oración por la unidad, tal y como yo en este escrito la planteo. Pues bien; si así fuere, ya me doy plenamente por satisfecho, pues he conseguido el fin que pretendía que no era otro que hacer de lo humano el motivo más profundo de religiosidad.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Para afirmar el pie

sábado, 13 de enero de 2018
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Siempre que le dedicas a Dios un rato de tu tiempo libre, se te hace más claro tu camino y puedes afirmar mejor el pie en la senda del amor. No es nada espectacular ni sensacional. Puede ser, simplemente, lo que dices, lo que lees, con quien hablas, a donde vas una tarde libre o la forma como te ves a tí mismo y a los demás. Lo fascinante es que el primer paso te hace mas fácil el paso siguiente. Empiezas a descubrir que el amor engendra amor y paso a paso avanzas en el camino hacia Dios. Te vas despojando poco a poco de tus dudas sobre el modo de amar; comprendes que «en el amor no existe el temor» y te ves impelido a avanzar más y más por el camino que Jesús caminó antes que tú».

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Henri Nouwen
Letters to Marc about Jesus. 1988

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Recordatorio

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