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II Domingo de Adviento – Solemnidad de la Inmaculada Concepción.

domingo, 8 de diciembre de 2024
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anunciacion_ustungComentario a la lectura evangélica (Lucas 1,26-38) del II Domingo de Adviento – Solemnidad de la Inmaculada Concepción

Vamos llegando a la Encarnación.

Un acontecimiento humilde y modesto. Como Dios.

Una invitación a acoger a este Cristo de Dios. Nadie nos impedirá hacernos una cueva. Nadie nos impedirá, finalmente, hacer de este tiempo un tiempo de cambio, de conversión, incluso de renacimiento.

Esto nos es dado. Podemos hacerlo.

Y estamos aquí para preguntarnos si todavía lo queremos, a un Dios así. Si todavía tenemos el deseo de implicarnos, de despertar, de asombrarnos y maravillarnos.

Dios sigue naciendo, viniendo, provocándonos, pidiéndonos hospitalidad y acogida.

Basta con que no cometamos el error fatal de tomarnos por Dios.

Él viene, todavía, llamando a las puertas de nuestro corazón. Irrumpe en nuestra vida cotidiana, tal como somos, en medio de este mundo que parece fragmentarse e implosionar, en esta Iglesia tan tenaz y compasiva a pesar de nuestras evidentes limitaciones.

Aquí viene. Dios nace. Renace en cada uno de nosotros.

¿Estamos preparados para acogerlo? Escuchemos: contemplemos a María.

Un ángel

María fue tocada por Dios.

No sabemos cómo. Sí sabemos que tuvo la certeza de una teofanía, de la irrupción de Dios en su vida. No fue una ilusión, sino una percepción real en su interior, una profunda experiencia interior. No, no tengo ninguna dificultad en creer que Dios se manifiesta en el alma de quien lo busca. Que Dios es otro que nuestras creencias y no creo en absoluto que la fe sea un sentimiento religioso, sino un encuentro real. Tan real que asusta. María, en ese saludo, comprende que debe alegrarse porque Dios la ha colmado de gracia, porque el Señor está con ella.

El saludo del ángel es una invitación a la alegría.

La alegría del cristiano. La alegría de saberse en compañía de Dios.

Está llena de gracia porque Dios precede y suscita nuestra conversión, acompaña nuestra búsqueda, orienta nuestras decisiones.

También nosotros estamos llenos de gracia. También nosotros estamos llenos, si antes tenemos el valor de vaciarnos. También nosotros nos hacemos capaces de Dios. Contenedores del Absoluto.

Agitación.

María está agitada. Debería estarlo.

¿Cómo no sentirse abrumada y sobrecogida por la repentina visita de Dios? ¿Cómo no rendirse ante el soplo de Dios? ¿A la belleza del Altísimo? ¿Cómo no sentir una emoción cuando nos damos cuenta de que es Dios, y está presente, y es hermoso?

¿Y de que nos visita? María está turbada, estremecida. Dios es y está ahí.

El ángel invita a María a no asustarse. Y añade: serás madre.

El tuyo será un gran hijo y se llamará hijo del Altísimo.

Reinará en el trono de David. Estamos hablando del Mesías…

Dios irrumpe en la vida de María para hacerla fructificar, para hacer grandes cosas a través de ella.

Su hijo será grande, como cualquier hijo, pero también será fuente de bendición para muchos. Dios siempre viene a hacer grandes cosas en nosotros para los demás. También en mí.

María, como toda hija de Israel, sabe que el pueblo espera un libertador, un nuevo rey David que devuelva el valor y la gloria al pueblo elegido de Dios.

Ahora por fin está sucediendo.

¿Pero cómo?

Concreción.

Entonces María dijo al ángel: «¿Cómo será esto, pues no conozco varón?» (Lc 1,34).

Estas son las primeras palabras de María.

Hasta aquí la habíamos imaginado intimidada, una adolescente ensimismada escuchando el rimbombante anuncio del príncipe de los ángeles. Nada de eso.

María no es tímida ni torpe.

Es escalofriante ver cómo se enfrenta a Gabriel, cómo interactúa con determinación y lucidez. Sus primeras palabras -una petición de aclaración- revelan a una mujer adulta, una creyente inteligente y aplomada, una persona concreta con los pies firmemente plantados en el suelo.

¡Mirad a la niña que interroga al asombrado príncipe de los ángeles!

Enorgulleceos, hijas de Eva, de tanta fuerza, de tanta gracia, de tanta audacia.

¡Aprended, hijos de Adán, de tanta concreción y determinación!

La adolescente que se atreve, que rebate, que pregunta.

Sin embargo, así es como debemos hacerlo. Ésta es la actitud que debe adoptar el creyente.

El Dios que relata la Biblia, el que se revela definitivamente en Jesús, es un Dios que no trata a los hombres como siervos (Jn 15,15), sino como hijos, que los pone en pie de igualdad (Sal 8,5-6), que acepta ser interpelado (Gn 18).

Explicaciones.

El ángel explica, interviene, sin esperar una objeción tan sensata, tan oportuna.

Dios entra en su vientre, el infinito se contrae en su seno inmaduro, y ella pregunta: ¿cómo es posible si no he tenido relaciones conyugales con José?

Se hace el silencio. Todo está quieto. Todo permanece en suspenso.

Dios espera una respuesta.

María es joven, ciertamente, pero no ingenua.

¿Qué pasará al día siguiente? ¿Con José? ¿Con Ana, su madre? ¿Con Joaquín, su padre?

¿Quién la habría creído? ¿Cómo podría ella misma haber pensado en aquel momento sin sentirse abrumada por las dudas? ¿Sin creerse agotada?

¿Qué habríamos respondido nosotros?

Sí.

Se rompe el silencio. María ha elegido.

Sabe que su vida no es suya, que es un don y hace de ella un regalo.

Una respuesta directa, precisa, la suya, una disponibilidad razonada que revela la profundidad del alma adolescente. Uno se prepara, para las grandes elecciones, día a día, y ella está preparada. Hace tiempo que hizo de su vida un servicio a Dios. Sabe que todos somos servidores de la felicidad de los demás. Sabe que la vida se da o se marchita. Lo sabe.

Si he abrazado la fe, si tengo un horizonte de esperanza, si creo, con fatiga pero con tenacidad, después de tantos años, si viviré sin embargo esta Navidad como una gracia, es gracias a ese «sí».  El sí pronunciado por un adolescente en el recóndito espacio de un pueblo en medio de la nada.

Estoy aquí gracias a ese sí.

Y comienza la salvación tomando cuerpo, carne humana.

  1. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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«Con nuestra oración, corramos a la búsqueda de la oveja perdida» (Carlos de Foucauld)

sábado, 7 de diciembre de 2024
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Nuestro Señor vino para buscar lo que estaba perdido… Deja algunas ovejas que están en el corral para correr detrás de la que se había perdido…Hagamos como él. Ya que nuestras oraciones son una fuerza, con la certeza de obtener lo que pedimos, corramos. Por nuestras oraciones, corramos a la búsqueda de pecadores y hagamos por ellos la obra por la que nuestro Divino Esposo vino sobre la tierra…

Si no estamos dedicados a la vida apostólica, mucho debemos rezar por la conversión de los pecadores. La oración es casi el único medio potente, extendido, que tenemos para hacerles un bien y ayudar a nuestro Esposo en su trabajo de salvar a sus Hijos, sacar de un peligro mortal a los que ama apasionadamente, ya que nos ha pedido en su Testamento de amar como él mismo ama… Si estamos dedicados al apostolado, nuestro apostolado sólo dará fruto si rezamos por los que queremos convertir, ya que nuestro Señor da al que demanda, abre a quien llama… Para que Dios ponga buenas palabras sobre nuestros labios, buenas inspiraciones en nuestros corazones y buena voluntad en aquellos a quienes nos dirigimos, es necesaria la gracia de Dios. Para recibirla hay que pedirla… Así, cualquiera sea nuestro género de vida, recemos mucho, mucho, por la conversión de los pecadores. Es especialmente por ellos que Nuestro Señor trabaja, sufre, reza…

*

Carlos de Foucauld
(1858-1916)

ermitaño y misionero en el Sahara
Meditaciones sobre el Evangelio (Écrits spirituels de Charles de Foucauld, ermite au Sahara, apôtre des touaregs, J. de Gigord, 1964)

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María de Nazaret”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

sábado, 7 de diciembre de 2024
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02_Adv_A-02-MariaMaría de Nazaret. Con motivo de la Solemnidad de su Inmaculada Concepción.

El mito es importante: siempre ha servido para contar la realidad. Es la forma que tiene el hombre de contar la realidad y de contarse a sí mismo en la realidad. Es una «razón»; es una «verdad». Pero más allá de las narraciones, lo que queda es el núcleo de la vida.

Y si para los griegos el mito hablaba de dioses superiores y caprichosos (un poco como el hombre y la naturaleza), hablaba del destino inexorable, de la eternidad en movimiento sobre sí misma, de la materia eterna y transformadora, para la tradición judeocristiana el mito habla de la cercanía, la esperanza, la alianza, la apertura de Dios.

Es como si el aburrimiento de los mitos cosmogónicos y antropogónicos fuera sustituido por una tensión llena de energía, de relación viva, de amor.

Sean cuales sean las palabras que queramos utilizar para describir la vida y la experiencia de María (concepción inmaculada, virginidad, anunciación, dormición, realeza, asunción, corredención), un hecho permanece: la de María fue una vida atravesada por una energía viva, a veces enormemente dramática, pero marcada por el amor y la tensión.

De este modo, María de Nazaret se convierte para nosotros en una provocación constante y continua.

La suya es una belleza contagiosa y provocadora.

La necesidad de vivir en gracia de Dios, el deseo de combatir el pecado, nuestro egoísmo, nuestra incapacidad de diálogo, todo esto es María para nosotros: Ella es un estímulo profundo, una provocación constante, continua.

No podemos levantar inútilmente la mirada hacia Ella; ante María no podemos arrodillarnos sin más, como Ella; si nos arrodillamos, es para inclinarnos sobre el estanque de agua y contemplar más de cerca nuestras manchas, nuestros pecados, nuestras faltas, y encontrar en Ella una fuerte provocación, para salir de esta situación de ineptitud, de cansancio, de aburrimiento.

La rutina diaria, la repetición, la rutina es terrible, ¿no? Por eso hay que superarlo constantemente. María se regeneraba continuamente; cada momento era nuevo para ella, nunca repetía nada.

Nunca se puede entrar dos veces en el río. Cuando entro en el río, toco el agua. Cuando entro por segunda vez, es un agua diferente, físicamente es diferente, las moléculas son diferentes. Así también, en gracia de Dios, nunca entramos como en una rutina.

Que María provoque en nosotros este impulso de renovación interior. Que Ella sea también la fuente de nuestras esperanzas.

¿Hay algo más sorprendente, motivador y significativo que el amor, la bondad, que se nos ha regalado a través de la Madre?

Joseba Kamiruaga Mieza CMF (Remitido por el autor)

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“El Cantar de los Cantares”, por Isabel Gómez Acebo

sábado, 7 de diciembre de 2024
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IMG_7826Leído en su blog:

He estado buscando en la liturgia católica referencias al Cantar de los Cantares y lo he debido de hacer mal porque no he encontrado ninguna. Tan es así, que este libro bíblico es totalmente ignorado por la mayoría de los laicos y me parece una pena.

Trata del amor humano que sirvió para los místicos de prefiguración del amor divino, del amor de Dios por sus criaturas. Lo malo es que este maravilloso trabajo de los místicos cegó la fuente inicial que era simplemente el amor de dos jóvenes entre sí. Muchos autores españoles han remedado sus estrofas consiguiendo maravillosas páginas de literatura religiosa y humana, como hiciera San Juan de la Cruz

            En este momento de una sexualidad desenfrenada y falta de poesía convendría volver a estos versos que describen a los amados en términos poéticos. Es verdad que utilizan simbología anticuada ya que, para el pastor, el pelo de la amada es semejante a las mejores cabras que pastorea. Pero no sería difícil cambiar estos símbolos por los que utilizan los anuncios de champús para dejar el pelo brillante y sedoso, por el que desea pasar la mano el varón.

            Tengo la impresión de que como estos versos son obra fundamentalmente de mujer a los hombres no les resultan atractivos, porque reflejan una ternura que a los varones se les ha vedado durante siglos y les da vergüenza o no la entienden. Solo se atreven a utilizarla en la intimidad de la pareja

            Estos maravillosos versos también pueden servir para misas de funeral. El amor humano tiene momentos sublimes e inalcanzables en otros amores, pero no puede llegar a la plenitud que solo se alcanza cuando se da el paso que conduce a la muerte. En el capítulo 5, 2-5 se habla de una puerta que atraviesa el amado y que puede sugerir el umbral de la muerte ya que el joven no vuelve a aparecer. Y la amada llora y lo busca desesperadamente, incluso pide a sus amigas que le ayuden a encontrarlo

            Creo sinceramente que ha llegado el momento de traducir los versos del Cantar de los Cantares a nuestro lenguaje porque sería para la Iglesia Católica una forma de reconocer el amor humano, al que tantas veces le ha puesto peros por miedo a sus consecuencias. Muchas veces, no solo nuestra institución, estos amores de juventud fueron vedados, por razones varias no siempre adecuadas, como los guardias que impiden a nuestra joven su intento de unirse con su pastor.

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La Biblia como arma opresora: la letra que mata”, por Renato Lings

sábado, 7 de diciembre de 2024
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IMG_8261215995010biblia-arco-irisImprescindible vídeo de la  sesión de formación de CRISMHOM que tuvo tlugar el 19 de octubre desde la Iglesia del Salvador (C. del Noviciado, 5, Centro, 28015 Madrid). Esta sesión forma parte de un ciclo de tres sesiones que se enmarcan dentro de la internacionalidad como espacio de formación bíblica para ayudar a conectar la fe y la diversidad sexual y de género dentro de las iglesias cristianas. Están disponibles los registros de AUDIO y VÍDEO de esta charla.

19/10/2024 La Biblia como arma opresora: la letra que mata

La primera sesión expone el mal uso que se ha hecho de la Biblia como arma arrojadiza hacia las personas con diversidad sexual y de género. ¿Es justificable hablar de estos temas como un desorden? ¿De qué manera influyen negativamente las traducciones históricas de los textos bíblicos? ¿En qué medida la letra muerta traducida se aleja del contenido de los escritos originales redactados en hebreo y en griego? ¿Hasta qué punto son sesgadas las traducciones de nuestro tiempo?

09/11/2024 La Biblia como terapia liberadora: el Espíritu que vivifica

La segunda sesión aborda el uso de la Biblia desde el punto de vista contrario, es decir, la Biblia como recurso, fuente de inspiración y medio terapéutico que permite encontrarnos con nosotros mismos, con Dios y con las personas que nos rodean. ¿Qué ejemplos liberadores contiene la Biblia que nos invitan a explorar la diversidad sexual y la identidad de género? ¿De qué maneras nos invita a recorrer el camino del amor? ¿En qué medida podemos confiar en el Espíritu vivo de Dios como guía?

18/01/2025 El cuaquerismo: un camino de exploración espiritual

La Semana de Oración por la Unidad de los cristianos nos invita a entrar en aquellos espacios que más y mejor nos acerquen a la comunión con Dios y con las personas que nos rodean. Esta sesión se enlaza orgánicamente con las dos anteriores ya que describe el encuentro personal que Renato ha tenido con el cuaquerismo. En el contexto, juega un papel importante el horizonte amplio que posee esta denominación en relación con la interpretación de las Escrituras. La metodología practicada generalmente tiene poco de literal y mucho de espiritual al contar con una dimensión mística. Hace algunos años, Renato se sintió motivado para traducir del inglés al castellano un ensayo titulado Una visión cuáquera de la Biblia.

Renato Lings es traductor e intérprete, doctor en Teología, profesor y escritor. Ha trabajado como intérprete en el Parlamento Europeo, como profesor en la Universidad Bíblica Latinoamericana o como investigador en la Queen’s Foundation for Ecumenical Theological Education (Inglaterra). En 2011 publicó en español Biblia y homosexualidad ¿Se equivocaron los traductores? y en 2013 en inglés Love Lost in Translation: Homosexuality and the Bible (“Amor perdido en las traducciones: homosexualidad y Biblia”). En 2018 ha escrito el prólogo del libro de Carlos Osma titulado Sólo un Jesús Marica puede salvarnos: reflexiones cristianas en clave gay. En 2020, Renato aporta al volumen Homosexualidades y cristianismo en el siglo XXI (Editorial Dykinson, Madrid) el ensayo El corazón al descubierto. Reflexiones sobre el Levítico. En 2021 Renato publica su libro Amores bíblicos bajo censura. Sexualidad, género y traducciones erróneas (Editorial Dykinson, Madrid). Más recientemente, en la antología Diversidad sexual y cristianismo en el siglo XXI (2023, Dykinson, Madrid), figura su ensayo El patriarca Job y el colectivo LGTBIQ.

Fuente CRISMHOM

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¡Señor, dame lo que necesito, y nada más quiero, que de lo que tengo me sobra todo!

viernes, 6 de diciembre de 2024
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Del Blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

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| Alfonso Olaz OFS

Padre,
Sin ti, camino errante, con la sombra de mi figura
más alargada que la tuya.

¡Qué fácil parece confiar en lo que no es la confianza, !
Y qué difícil suele ser darse cuenta,
de que en el espejo de nuestro submundo
no vemos a nuestra sombra.

Siendo espejo sin cristal de lo que no tengo,
y amando con los mil espejos de los que no preciso

Señor
¡Tarde me he dado cuenta…!
¡Qué poco preciso de las cosas…!

Que nada soy sin serlo contigo
Que todo lo que tengo es  tuyo

¡Y si me ocupo de tus cosas!
Tú te ocuparás de las mías
Cómo así lo has prometido

¡Que por mí, que poco puedo!
¡Dame lo que necesito!
Para darte todo lo que quieras

Dame tu paciencia para ser paciente

Dame tu entendimiento
para obrar como tú quieres

Dame tu humildad, toda tu humildad;
envuélveme con ella para ser humildad.
Y mostrarla a mis hermanos

Dame tu paz para estar más cerca de la paz,
más cerca de ti
Para ser tu paz
Y compartirla con todos

Dame tu certeza de ser para ti,
sin ninguna duda
Dame la certeza por siempre,
de que estás conmigo, en tu ausencia

Y en la ausencia,
sepa que estás más fuerte con tu presencia

El novio jamás podrá amar como la amada
Ni entender a la amada como Dios la ama
Ya que Dios es también: Madre, amada y amor.

Señor
Vuelve a hacerme como tú quieres,
con la inocencia del niño pequeño que tanto tú amaste

¡Dame lo que tú quieras!
Nunca es tarde
Para ser como tú quieras

Nunca es tarde
Para ver la nieve que cubre los almendros
y protege al pajarillo herido de tu creación

Nunca es tarde
Para sentirse amado
Y oler a pan divino recién hecho

Nunca es tarde
Para saber que tu vida merece la pena
Aunque haya sido una vida de pena

Porque eres hijo de Dios.
Y más querido por él.

Que cualquier cosa que quiera de todo su mundo

Del evangelio a la vida
De la vida al evangelio


***

 

 

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“No creyente, pero practicante”, por Gabriel María Otalora

viernes, 6 de diciembre de 2024
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IMG_8810De su blog Punto de Encuentro:

Agradezco al jesuita José Ignacio González Faus la difusión del poema Credo, de Magdalena Sánchez Blesa. Lo reproduzco para darle mayor difusión todavía y convertirlo en punto de encuentro en torno a la reflexión de nuestra fe.

Porque los cristianos de nuestra sociedad vivimos la fe como un derecho adquirido, algo que se transmite de padres a hijos con la colaboración de algunos catequistas y la asignatura de religión. La realidad es que aprendemos una cultura religiosa de andar por casa sin mayores profundidades ni compromisos excesivos. La Eucaristía, en fin, se ha convertido en una obligación de cumplimiento  -cumplo y miento- que no cuestiona ni resulta ser el centro de nuestra vida espiritual. No somos conscientes del regalo de la fe y de que todo lo importante que tenemos en la vida requiere ser desarrollado: la capacidad de andar, de hablar, de madurar como personas y también de maduración de nuestra fe en el amor de Dios que no todos tienen.

Una fe es un regalo (gracia) como todo lo demás: la vida es un regalo, la salud y tantas cosas más que no somos conscientes de que las disfrutamos hasta que faltan… ¿Por qué algunos tienen salud, dinero, amor o fe, y otros no? ¡Para compartirlo!, para hacer de la necesidad una gran solidaridad. De esto va el Evangelio, incluido el gran regalo de la fe. Con nuestro ejemplo de vida apreciamos de verdad el tesoro que tenemos, y que supone también convertirnos en Buena Noticia para los demás. Esto es evangelizar.

El regalo de la fe supone compromiso de vivirlo agradecidos y sembradores de Buena Noticia. Por eso resulta impactante conocer a personas sin fe que viven el Evangelio apoyadas solamente en el mensaje cristológico del Nuevo Testamento como una noticia extraordinaria que merece la pena ser vivida entre nosotros, incluso si tras la muerte espera la nada.

Este es el caso de la poetisa que lo escribió, supongo que en un arranque de belleza interior que sonroja por la mediocridad con la que vivimos nuestra fe. Ella se define una “no creyente practicante llena de honestidad que cuestiona sin pretenderlo muchos esquemas mientras ilumina el camino verdadero del que la Iglesia institucional se ha alejado tanto para instalarse en el legalismo clericalista que ahoga el tesoro de la fe y aleja a tantos porque por los hechos, precisamente, distorsionan el Mensaje.

Invito a quienes estén leyendo estas líneas a que  lean despacio este poema, y mejor si lo hacen dos veces seguidas. Una lectura en actitud de oración, abiertos al Espíritu, porque la humildad que destilan esto versos son un estupendo abrelatas hacia el agradecimiento, y a repensar nuestra actitud de creyentes después; si nos reconocemos cristianos “por la gracia de Dios” que sea para algo y para alguien. El Sembrador salió a sembrar y nos dejó esta estupenda semilla. Que aproveche.

Credo –

Magdalena Sánchez Blesa

No creo en ti, Señor, y no me alegro.

No creo en ti, por mucho que he rezado,
pidiéndote, Señor, que me redimas
y me perdones este gran pecado.

No creo en ti, lo siento con el alma,
pero quiero que sepas una cosa:
cumpliré el evangelio punto a punto,
cumpliré el evangelio coma a coma.

Te estoy hablando a ti, ¿a quién, Dios mío?

¿A quién le estoy hablando si no creo?

Pero ¿qué más daría si no existieses,
para hacer lo que dice el Evangelio?

No creo en ti, Señor, pero descuida,
que voy a recibir al forastero,
que voy a visitar a los reclusos,
y a darle de comer a los hambrientos.

No te preocupes, Dios, que yo no busco
un cielo donde ir, no es mi objetivo.

Lo haré, no por librarme del infierno,
lo haré sin pretender un paraíso.

Lo haré porque me nace, simplemente.

Lo haré porque me duele en mis adentros
que esté la tierra llena de criaturas
pasando pejigueras y tormentos.

No creo en ti, Señor, mas no te apures,
nunca te ofenderé, líbrame de ello.

Y cargaré tu Cruz hasta el Calvario
sin ningún interés de ningún cielo.

Y me tendrás, Señor, en cualquier calle,
donde haya una persona padeciendo.

Me tendrás en la cárcel, en el fango,
en cada pozo, en cada basurero.

En todas las criaturas de este mundo
que yo me encuentre con la soga al cuello.

No me guardes sillones, no lo hago
por alcanzar tu Reino.

Deseo que descanse mi ceniza
eternamente, cuando me haya muerto.

Que nadie me despierte, no me importa,
que mi gloria será seguir durmiendo.

Porque estoy agotada de la brega,
porque no puedo a veces con mi cuerpo.

No creo en ti, Señor, da mi parcela,
a quienes no han tenido nunca un techo,
a quienes no han tenido nunca nada,
a quienes viven siempre en el infierno.

Yo cedo mi sillón, que estoy cansada
de bregar y bregar a cada instante.

Porque no soy creyente, Señor mío,
soy, desgraciadamente, practicante.

*

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“La sacudida del sophar”, por Dolores Aleixandre

viernes, 6 de diciembre de 2024
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OLYMPUS DIGITAL CAMERADe su blog Un grano de Mostaza:

¿Una convocatoria intempestiva e inoportuna?

Lo mismo que los Jericonenses  –  o como quiera que se llamen los habitantes de Jericó – ,  nos hemos construido murallas defensivas a prueba de asaltos. Pero un día,  lo cuenta la Biblia, sonaron las trompas y, cuando el pueblo oyó el sonido de las trompas, lanzó el grito de guerra y las murallas de Jericó se derrumbaron(Jos 6, 20). Qué cosas pasaban entonces.

Parecidísimos a los israelitas asentados en la Tierra,  vivimos vagamente conscientes de que nuestros modos de relacionarnos y de poseer son injustos, pero  no vamos a ponernos a cuestionarlos después de tanto tiempo y además estamos bastante a gusto sin complicarnos  con  inquietudes,   expectativas o esperanzas.  Al fin y al cabo.

–  Lo canta Sabina –, no se vive mal  en la calle Melancolía y para qué empeñarnos en  esperar que tranvía nos lleve a otra parte.          Por eso nos sobresalta la publicación de la bula de convocatoria del  Jubileo 2025, como algo intempestivo e inoportuno:  ¿otro documento largo como suelen ser los vaticanos, con un montón de notas y repitiendo una y otra vez lo de “como ya dijeron mis venerables predecesores…”? Aparte de lo poco estimulante que resulta la palabra bula.

También a Israel le chirriaba el sonido insistente del cuerno de  carnero que,   convertido  en  trompeta,  inauguraba el tiempo jubilar:Haréis resonar la trompeta…, celebraréis jubileo… , proclamaréis la liberación de todos los moradores del país…, cada uno recuperara su propiedad(Lev 25,9-10).

El precepto era más deseo que realidad pero tenía el poder de remover las conciencias:  la mirada de los esclavos se convertía en un reproche,  la opresión aparecía como barbarie, las desigualdades mostraban su rostro horrendo. Aquel sonido estridente los despertaba de su letargo y les devolvía el recuerdo de su verdadera identidad: eran un pueblo liberado de la servidumbre por el Dios que los había sacado de Egipto, había hecho alianza con ellos y los había conducido a una tierra que manaba leche y miel.

Se les ofrecía un nuevo comienzo dejando atrás su vieja condición y reencontrar su identidad verdadera: eran un pueblo elegido, una nación santa, propiedad de Aquel que los había arrancado del poder de las tinieblas y los había llevado a Su luz maravillosa.

La esperanza no defrauda escuchamos nosotros hoy, y esa esperanza nos dispone a lo que está por-venir, al ad-ventus  que, como todo lo de Dios, irrumpe de forma inesperada e imprevisible.

Nos invita a una confianza absoluta en Su presencia en nuestra historia y no es un optimismo fácil que cierra los ojos a la realidad, sino un ancla que sostiene la certidumbre de Su cercanía y de ese Reino proclamado por Jesús que nada ni nadie puede revocar.

Y sus signos se pueden encontrar ya – palabra de Francisco- en los lugares más inesperados de la tierra.

(Galilea 153. Noviembre 2024)

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Adviento (Un soneto para la esperanza)

jueves, 5 de diciembre de 2024
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Del blog de Pedro Miguel Lamet:

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  | Pedro Miguel Lamet


Nací para caminar y esperar

SOY ADVIENTO

¡Cómo me gusta andar por los caminos,
sentir bajo mis pies latir al mundo,
mirar al horizonte en lo profundo
y respirar el aire de los pinos!

¡Cómo me calma de mis desatinos
marchar de paso como un vagabundo,
mientras, sin pensar, los ojos hundo
en reflejos de amores tan divinos!

Pues de pronto comprendo iluminado
que en caminar consiste nuestra vida
hacia la luz del gran descubrimiento,

puesto que andando advierto que he llegado;
y en el buscar presiento la venida.
Nací para esperar, pues soy Adviento.

*

Pedro Miguel Lamet

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Adviento: Tiempo de liberación y esperanza para las mujeres

jueves, 5 de diciembre de 2024
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IMG_8919Del blog Tras las huellas de Sophia:

Adviento: Tiempo de Liberación y Esperanza para las Mujeres

1.⁠ ⁠Introducción: Tiempo de Adviento, Tiempo de Esperanza Feminista

Hoy comenzamos un nuevo año, no solo litúrgico, sino también un tiempo para renovar nuestra lucha por la justicia, la igualdad y la liberación de todas las mujeres. El Adviento, que significa “llegada”, ya no anuncia al emperador victorioso ni a los opresores de los pueblos. En nuestro horizonte de fe feminista, esta es la llegada de la Ruah, la fuerza liberadora de Dios que nos acompaña y nos llama a la acción. Este tiempo nos invita a revisar nuestra vida, nuestra historia y nuestro compromiso por construir un mundo donde la dignidad de todas las personas sea reconocida y respetada.

El Adviento no es solo preparación espiritual; es un llamado urgente a mantener despierta nuestra conciencia, a reconocer las cadenas que nos atan y a soñar con la llegada de la liberación, no como un acto pasivo, sino como una construcción colectiva, tejida en las luchas de cada día.

2.⁠ ⁠Las señales de los tiempos: Escuchar el clamor de la creación y de las mujeres

El evangelio nos habla de un cosmos estremecido, de un mundo que parece derrumbarse. Hoy, esta imagen resuena en las injusticias que vivimos: el grito de las mujeres silenciadas, la violencia que nos acecha, y los sistemas que perpetúan la opresión. Pero estas señales no son motivo de miedo; son un llamado a la acción.

Así como el Adviento nos invita a revisar nuestra historia, nosotras leemos estos signos desde la perspectiva feminista y teológica: ¿qué estructuras debemos derribar para construir “cielos nuevos y tierras nuevas”? ¿Cómo podemos sanar este mundo herido, no desde el poder, sino desde la sororidad, el cuidado mutuo y la justicia?

3.⁠ ⁠La liberación está cerca: Levantemos la cabeza

Levanten la cabeza porque se acerca la hora de su liberación.” Estas palabras resuenan como un grito de esperanza para todas las mujeres que han sido oprimidas, invisibilizadas y relegadas. Este Adviento no es solo la espera de un acontecimiento; es el anuncio de que la liberación es posible y está en camino.

En la perspectiva feminista de la fe, levantar la cabeza es un acto de rebeldía y dignidad. Es reafirmar nuestra lucha diaria, sabiendo que Dios, como Ruah, camina con nosotras. Es reconocer que el mundo puede parecer caótico y lleno de adversidades, pero también está lleno de mujeres valientes que se levantan, que luchan, que transforman. Este Adviento nos dice: “Otra realidad es posible, y tú eres parte de ella.”

4.⁠ ⁠Velen y oren: Actuar desde la fe y la sororidad

El Adviento nos llama a estar alertas, a no adormecernos frente a las injusticias ni caer en la desesperanza. Este tiempo es una invitación a pasar del lamento a la acción. La oración no es pasiva; es un acto de comunión con todas las mujeres que han resistido antes que nosotras, que siguen luchando hoy y que lucharán mañana.

La Navidad nos recuerda que Dios no se quedó en los templos ni en las jerarquías patriarcales; se hizo Emmanuel, Dios-con-nosotras, Dios que habita en la vida cotidiana, en nuestras alegrías y dolores, en nuestras luchas y sueños. Desde esta certeza, asumimos nuestra historia con valentía, sabiendo que no estamos solas.

5.⁠ ⁠Reflexión final: Un Adviento de justicia y esperanza

En un mundo lleno de desigualdades, violencia y polarización, el Adviento feminista nos impulsa a levantar la cabeza y encontrar fuerza en nuestras comunidades. Nos invita a formar parte de esa “gente buena” que organiza, que sueña, que resiste. Pero también nos desafía: ¿cómo puedo colaborar activamente en la construcción de un mundo más justo? ¿Qué pasos concretos voy a dar en este tiempo para tejer redes de solidaridad, justicia y amor?

Adviento es la espera activa de un Dios que se hace presente en cada acto de liberación. Es tiempo de creer que la liberación está cerca porque la construimos juntas. Es tiempo de soñar con una tierra nueva y un cielo nuevo donde todas podamos vivir en libertad y dignidad. Es tiempo de esperanza. ¡Es tiempo de Adviento!

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La oración centrante

miércoles, 4 de diciembre de 2024
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(Un P. Thomas más joven en Centering Prayer)

La Oración Centrante es una oración de consentimiento y entrega a Dios. El camino espiritual no requiere que nos dirijamos a ningún lado, puesto que Dios ya está presente y dentro de nosotros. Lo que hace falta es que permitamos que nuestros pensamientos ordinarios pasen a segundo plano y floten por el río de la consciencia sin que les prestemos atención, en tanto que nosotros dirigimos nuestra atención hacia el río sobre el cual flotan…

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P. Tomas Keating

***

«Hago un llamado a las naciones para que consideren la posibilidad de dar comienzo a un nuevo mundo, uno que exista realmente. Este es el momento para manifestar dicho mundo, mostrando amorosa preocupación por los pobres, apreciando con amor las necesidades del mundo y las oportunidades para un desarrollo acelerado. Tenemos que encontrar maneras para hacer que esto realmente suceda«

*

Thomas Keating,
Fragmento de su mensaje final;
Spencer MA, Oct 2018

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Viene de camino, si le das posada. Meditación de Adviento.

miércoles, 4 de diciembre de 2024
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IMG_8893Del blog de Xabier Pikaza:

He comentado ayer el evangelio del primer domingo de Adviento, tomado de Lucas. Pero el verdadero comienzo de adviento para los cristianos sigue siendo Moisés, con la revelación de Dios como Yahvé (el que nos hace ser) , retomando el camino del Éxodo, gran Salida, la marcha que nos lleva  a la tierra prometida.

Toma el libro del Éxodo, si te parece. Vuelve al Dios de Moisés, con las reflexiones que ofrezco a continuación. Pero no olvides que tú mismo eres Moisés, si quieres hacer el camino de Adviento de Dios. Mi reflexión puede acompañarte. Lo importante es la posada 

Los vecinos de Israel y muchos judíos adoraban a Dios como Baal, Señor Toro, y le unían a la Ashera, Gran Madre. Ese Dios Toro podía engendrar y luchar y vencer, pero no podía amar ni cuidar a los hombres y mujeres. Era signo del sexo fecundo y la riqueza (oro), como indica el texto central de Ex 32, que le contrapone a Yahvé. Muchos judíos preferían al Dios-Toro, según la confesión del Sumo Sacerdote Aarón, hermano de Moisés, que decía: «Éste es tu Dios, Israel, que te sacó de Egipto» (Ex 32, 4). Ése Toro/Dios importante, como sabían otros pueblos antiguos (que adoraban a Indra y Zeus, Baal y Hadad etc.), pero no podía dialogar con los hombres, ni enseñarles un camino de vida, ni darles una ley social, ni amarles.

            Superando ese nivel del Dios-Toro, los creadores de la nueva religión israelita han interpretado a Dios como Persona y Presencia salvadora, alguien que puede hablar con los hombres, y enseñarles a vivir como con una Ley, sin imágenes sagradas ni signos sexuales divinos. Los responsables de esa revolución de Dios han sido los profetas del VIII al V a.C. y su influjo ha quedado reflejado en los textos fundamentales del Pentateuco, que le presentan como Yahvé, Aquel que Es.

Dios sin imagen (Ex 20, 2-6).Ese Dios Yahvé no es macho ni hembra, ni cielo ni tierra, nada que podamos conocer o ignorar, sino Amigo y Protector supremos de los hombres, Aquel que es por sí mismo, sin que nosotros podamos manejarle. Por eso, la Biblia prohíbe poner a su lado a otros dioses o representarle con signos del mundo y rechaza las imágenes sagradas (de madera o bronce) y las representaciones políticas (reyes sagrados):

  •  Yo soy Yahvé, tu Dios, que te saque de Egipto, de la esclavitud.
  • No tendrás otros dioses frente a mí.
  • No te harás ídolos, imagen alguna
  • de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o  debajo de la tierra.   (Ex 20, 2-6).

Es un Dios celoso de su identidad, Yahvé, el Señor, sin esposa sin hijos, sin hermanos ni compañeros, por encima de todo lo que puede hacerse, decirse o pensarse. Es Dios invisible y no puede compararse con ninguna realidad del mundo (cielo, tierra, infierno). Y sin embargo es fuente de amor, de presencia liberadora, de responsabilidad humana, en línea de libertad. Así dice Moisés a los israelitas:

  • No os pervirtáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna,
  • efigie de varón o hembra, imagen de animales terrestres, imagen de aves que vuelan por el aire…de peces que nadan por el agua, debajo la tierra….
  • Porque Yahvé, tu Dios, los ha repartido entre todos los pueblos.
  • Pero a vosotros os ha tomado Yahvé de la mano
  • y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto,
  • para que seáis el pueblo de su heredad (Dt 4, 11-20).

             Ésta es la palabra clave: “No os hagáis imagen de varón ni hembra, de padre o madre, de lo masculino o femenino…” Estrictamente hablando, los israelitas deben superar todos los signos humanos de Dios, de manera que no pueden llamarle ni siquiera padre… Sin embargo, paradójicamente, este Dios sin imagen aparece como alguien muy amigo, muy cercano, pues la Biblia sabe desde el principio que él les ha creado a su imagen y semejanza (cf. Gen 1, 28), ocupándose en especial de los oprimidos de Egipto, a quienes ama y libera de un modo eficaz:

‒ Yahvé es trascendente, supera todo límite cósmico y social, de manera que no podemos llamarle ni siquiera Padre, pues al hacerlo le identificaríamos con un tipo de función humana. Dios desborda, al mismo tiempo, todo poder impositivo, representado por el Faraón y el sistema de Egipto (¡horno de hierro!).No se impone con autoridad, pero abre para los oprimidos un camino de libertad. No se confunde con nada, está más allá de todo lo que conocemos y desconocemos, pero nos impulsa a vivir.

‒ Yahvé es creador, un Dios cercano, y así ofrece a los hombres su “palabra” (mandamientos), de forma que ellos puedan vivir en libertad y justicia sobre el mundo. Él se revela por encima de los grandes poderes del cosmos (nube, oscuridad y fuego; cf. Ex 19), sin que podamos verle, siendo, al mismo tiempo, totalmente cercano a nosotros. No le vemos, pero podemos escuchar su Palabra, acoger sus mandamientos y cumplirlos, sabiendo que él cuida de nosotros, pues somos su tesoro (es decir, su heredad).

             Ésta formulación tiene grandes consecuencias sociales y políticas: Los israelitas han in­terpretado la estructura y práctica religiosa de los pueblos vecinos (egipcios, babilonios, cananeos) como idolatría (adoración de pode­res cósmicos) y como sometimiento social y político (el Dios falso avala y ratifica la opresión de Egipto y de los cananeos). Sólo rechazando el paganismo y descubriendo a Dios como liberador de los oprimidos, los israelitas han podido descubrir la verdad de Dios como fuente e impulso de todo lo que existe.

 Dios amor. Shema (Dt 6, 4-5).Dios no es padre ni madre, ni tiene figura, de forma que no le vemos, pero nos habla; no tiene rostro, pero nos acompaña. No se confunde con nada, y sin embargo crea todo, desde su trascendencia personal. ¿Cómo podremos representarle? Éstos son los momentos de su historia, vinculada de un modo especial con su Pueblo Israel:

‒ Yahvé, Dios del Éxodo: nos libera del pasado de opresión y nos hace dueños de nuestra propia vida. Algunos ante­pasados de Israel, queriendo superar la esclavitud de Egipto, sintieron la ayuda protectora de Dios en el Mar Rojo. Desde entonces, su forma de entender la historia estuvo vinculada a esa experiencia: Dios es mano poderosa que libera a los oprimidos, es voz de gracia y libertad que convoca a los hebreos (esclavos, expulsados de un sis­tema imperial, pobres de toda raza y lengua), abriendo para ellos un camino de vida. Así lo siguen celebrando todavía judíos y cristianos en su fiesta pascual, con Moisés y Jesús (cf. Ex 1-15).

‒ Dios, Prome­sa de Vida: así impulsa a los hombres abriendo para ellos un futuro. Les libera de la esclavitud cósmica (por hermosa que ella sea), de la repetición cíclica del tiempo y de la vida, instaurando para ellos un camino personal (humano) de fidelidad y de esperanza. Él es poder de vida que, venciendo las limitaciones del miedo y de la muerte, la esclavitud social y la violencia cósmica, abre a los creyentes un futuro de existencia liberada. Así aparece en la Biblia desde Gen 12, con Abraham).

‒ Dios es Alianza, se une con los hombres como amigo, estableciendo con los suyos un contrato o compromiso de fidelidad mutua en amor, como persona con persona: no es un poder cósmico (un toro fuerte, con gran sexo y mucho oro),sino el Viviente Amigo: Aquel que sostiene y garantiza la vida de los hombres y mujeres de Israel, que así aparece como pueblo de la alianza, que mantiene con Dios un diálogo incesante, de libertad a libertad, de persona a persona, a lo largo del Éxodo (cf. Ex 19-34) y del Deuteronomio

             La visión de Dios que aparece en estas tradiciones es fruto de un proceso teológico (y vital), es el resultado de un camino  que los israelitas fueron descubriendo y recorriendo en una marcha religiosa (histórica y social) llena de riesgo y tensiones, a lo largo de siglos (del XII al V-IV a.C). Desde ese fondo se pueden precisar sus rasgos más significativos:

 ‒ Yahvé es trascendente (está siempre más allá). No es la vida del cosmos, ni lo más alto del mundo, ni su totalidad. No es cielo estrellado ni la extensión de la tierra ni los mares. No es el todo, ni una zona especial dentro del todo. Tampoco es poder político, ni principio de estabilidad de los imperios de la tierra, sino el Infinito, Trascendente; existe por sí mismo, más allá de todo. Cambian y mudan las cosas que conocemos: todas se mantienen en constante movimiento de unión y separación, de nacimiento y de muerte, pero él está siempre como amor, cerca de su pueblo.

Es Dios del pueblo y libremente ha querido vincularse a Israel, a través de la “historia” ya citada (de Éxodo, Promesa y Alianza). En ese sentido, utilizando una palabra que es propia de la tradición teológica posterior, podemos afirmar que (siendo trascendente) Dios se ha hecho “inmanente” (se ha introducido) en la historia del pueblo. Más aún, siendo “eterno” (inmutable), él se ha hecho tiempo (mudable) para compartir la vida de los hombre. En este sentido podemos afirmar que él es Padre (protector, amigo) del pueblo.

            En esa línea, los israelitas más fieles a la alianza saben que Dios no es  padre ni madre, esposo ni esposa, hijo ni hermano, en sentido biológico, sino en sentido vital y personal mucho más hondo. Dios actúa como Padre y Amigo, porque es amor vivo y efusivo y porque actúa de esa forma,  de un modo personal (amoroso) en nuestra vida. No le conocemos, y sin embargo sabemos que nos ama. No necesita nada de nosotros, y sin embargo quiere que le amemos. Así lo muestra la gran Confesión de Fe de Israel, llamada “shema” (escucha):

   Amar a Dios, amar a los hombres. Dios  No tiene figura, y no le podemos ver, pero nos habla. Carece de imagen material, pero nosotros somos su imagen, su presencia en el mundo y así acompaña. No se confunde con nada, y sin embargo  está en todo y mantiene en su ser todo, desde su trascendencia (sin hacerse una cosa más entre las cosas). No conocemos su rostro, pero sabemos que nos ama y pide nuestro amor, estando así presente en cada uno de los hombres y mujeres que encontramos en la vida en camino de amor, siendo su imagen (cf. Gen 1, 27-28). No necesita nada de nosotros, pero quiere que le respondamos. Es trascendente y, sin embargo, es el más cercano, aliado en amor:

  •  Escucha, Israel: Yahvé, nuestro Dios, es Yahvé Uno.
  • Amarás a Yahvé, tu Dios,
  • con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
  • Estas palabras que yo te mando estarán en tu corazón.
  • Las repetirás a tus hijos y las dirás sentado en casa o haciendo camino,
  • cuando te acuestes y cuando te levantes (Dt 6, 4-7).

 La Biblia sabe que hay otros amores (de padre o madre, hijo o hermano, amigo o compañero), pero descubre y proclama como principio de todos el amor originario de Dios, Gran Amado, que pone en movimiento la vida de los hombres con su mandamiento primero: Amarás a Yahvé, tu Dios… Ésta es la palabra creadora del cielo y de la tierra: “Amarás”, es decir “amadme, quiero ser amado, en mi amor encontraréis vuestro  camino”.

Ese amor que Dios reclama queriendo ser Amado despierta a los seres humanos, les hace carne de amor, les pone en camino, y así en camino seguimos desde los primeros “limos iníciales”. Esta es la tarea de Dios, este su oficio: Atraernos con amor, impulsarnos y darnos compañía, de manera que en él y por él vivamos, nos movamos y seamos (Discurso de Atenas: Hechos 17). Amarle con todo el corazón, con toda el alma… significa escuchar su llamada, acogiendo su presencia, respondiendo a su llamada, de persona a persona. Respuesta al amor de Dios, eso es la vida de los hombres. Este pasaje, convertido en centro de la experiencia israelita (shema), incluye dos artículos: Dios Amado, los hombres como amantes.

 (1) Dios amado, fondo y meta de  vida  de los hombres, más allá de todo lo sabido e ignorado. Conforme a la Biblia judía, él, se vincula de un modo especial con los israelitas (y por medio de ellos con todos los hombres y mujeres del mundo) diciéndoles “amadme”. Es como si él dependiera en un sentido muy hondo del amor y la respuesta de los seres humanos. No es solamente el que ama, como indica la tradición profética, sino también el que quiere ser amado, no por carencia o deficiencia, sino por plenitud suprema.

(2) Israel, pueblo Adviento, expresión de la venida de Dios en el mundo, en su vertiente judía (que es muy importante, no la única) ha escogido para hacerse presente, diciéndole “amarás…” (=amadme), desde su transcendencia, confiándole así una misión de amor y fidelidad entre todas las naciones, como si fuera su esposa querida, no en un pleno de hierogamia sexual cerrada en sí misma, sino de identidad abierta y y comunión comunicativa  (y al al servicio de) todos los pueblos de la tierra[1].(cf. Eclo 17, 14-17) Éste es el primer mandamiento, y, en el fondo, el único: Dios, como trascendencia absoluta de amor quiere que le amemos, como si su esencia dependiera del amor que nosotros le damos, como espejo donde su luz se refleja Dios es para ser amado; existe en sí mismo existiendo en aquellos que le aman, es decir, que se aman entre sí, pues, como Jesús, el amor a Dios se expresa y despliega en el amor entre los seres humanos, que entre sí prójimos (cercanos, en la vida y camino: cf. Mc 12, 28-32).

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“Tiempo de Adviento”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

miércoles, 4 de diciembre de 2024
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No entiendo los ‘Calendarios de Adviento‘ que hacen corresponder el Adviento con los 24 días ates de la Navidad. El Adviento es para hacer espacio, para abrir el alma. El Adviento no forma parte del calendario civil, porque no tiene que ver con nuestro tiempo y nuestras medidas. El Adviento no es la cuenta atrás para la Navidad, aunque el recuerdo agradecido de ese (¡ese!) nacimiento nos llene de dulzura y nos haga maravillarnos ante cada vida que viene tenazmente al mundo.

El Adviento no nace de nosotros, pero es una provocación: es una invitación, que la liturgia -a menudo aburrida, pero en el fondo tan sabia- nos ayuda a reconocer y cultivar.

«¿A quién buscáis?» – dice Jesús, volviéndose hacia los discípulos del Bautista que habían sido «enviados» tras él. La misma pregunta se aplica a nosotros hoy: no es la palabra «Navidad» la que salva, de hecho podría ser engañosa, sobrecargada como está de significados añadidos -como un pastel demasiado relleno y empalagoso- o gastada y privada de su fuerza original. ¿A quién buscamos?

La proclamación que el tiempo de Adviento quiere hacer resonar es que la vida no nos viene dada, que no somos dueños de nuestro comienzo, sino que todo comienzo, toda fecundidad, toda benevolencia proviene de un Rostro que, en Jesús, encuentra su retrato más fiel, inesperado y, en cierto modo, improbable. Por eso el Adviento cristiano es un tiempo hermoso, más allá de todo cálculo y de toda pretensión: un tiempo que nos libera, que nos sana, que nos ayuda a cambiar de horizonte. Y nos abre al asombro y al don.

El actual tiempo de Adviento nos brinda la oportunidad de dejar que se instale en nuestro corazón la gran advertencia de Jesús: estad alerta porque no sabéis cuándo será el tiempo (Mc 13,33). En el texto griego, la misma expresión se traduce con un léxico que es importante en el contexto bíblico: oīda (saber) y kairós (momento fijo). En los hombres judíos, conocer no sólo indica un acto de razón sino que puede expresar unión en el acto sexual y, por tanto, una manifestación de amor; en cambio, kairos indica el tiempo visitado por la presencia de Dios, el cumplimiento del mundo.

Partiendo de estos significados, creo que la verdadera vigilancia se expresa en aquellos gestos de ternura, de amor que todo hombre está llamado a dar, en los que es posible ver los signos de la presencia del Señor. De esta afirmación surge la pregunta: ¿cuál es el espacio en el que estamos llamados a velar y ser signo de la visita de Dios al mundo? Son los lugares donde viven los humanos hoy.

El Sínodo de la sinodalidad convocado por el Papa Francisco tuvo como intención original el deseo de llegar al hombre en el presente de la historia. Y sin embargo, parece que persiste en la Iglesia un cierto temor que corre el riesgo de bloquear a los cristianos en el interior de las salas litúrgicas y de las sacristías, un ambiente apagado y con olor a cerrado, que hace que los cristianos viajen en un camino opuesto al mundo.

Todavía seguimos reivindicando roles, hablando de pirámide, viviendo de delirios y con la ilusión de que el mundo cuelga de nuestros labios. Esta ilusión no ha hecho más que quitar o debilitar la vitalidad de la comunidad cristiana -al menos la europea-, empujando a los hombres a distanciarse de la Iglesia pero, tal vez, no de Dios.

Durante mucho tiempo -probablemente para los más nostálgicos siga siendo así- se echó la culpa al mundo, a las ideologías del pasado y a aquellos movimientos que revolucionaron la sociedad; sin embargo, pocas veces se ha hecho un examen de conciencia que nos haya permitido a los cristianos vencer nuestro propio mea culpa porque, quizás -pero sólo quizás-, seguimos comunicando el Evangelio con las categorías del pasado que nos hacen quedar estancados en aquel tiempo pretérito de grandes pronunciamientos magisteriales, de grandes condenas y de liturgias llenas de encaje pero pobres de humanidad.

La crisis afecta a una jerarquía que todavía quiere hacer valer su voz reivindicando su papel dentro de la comunidad cristiana y a la que se exige obediencia como un soldado que debe seguir órdenes ciegamente. Esto nos lleva a creer que la autoridad de la palabra surge de una manera de vivir la paternidad todavía anclada en el modelo del patriarcado, un modelo cultural que, a pesar de haber sido recientemente exhumado de la tumba por la mayoría, ya está acabado.

Aunque sigamos hablando de la figura del padre en una visión patriarcal, con el debido respeto a muchos obispos y sacerdotes, debemos afirmar la ‘muerte del padre’, indicando en esta expresión que la imagen de la paternidad ligada al pasado generaciones, ya se acabó. Las relaciones paternas, y evidentemente también las maternas, deben verse hoy desde la perspectiva del acompañamiento, la escucha mutua y la aceptación.

El mundo no es un enemigo sino el lugar donde Dios nos colocó y por el cual envió a su Hijo. ¿Es posible seguir hablando de pirámides y jerarquía en una época en la que en Italia y Europa la experiencia jerárquica y monárquica, tal como se vivió en el pasado, ya no existe?

La Iglesia por vocación tiene la tarea de hacer presente el kairos al hombre de hoy y, más que nunca, el hombre necesita vivir experiencias que tengan sabor a esencialidad, sencillez, belleza, escucha mutua que, contenidas en una sola palabra, son la experiencia de amor.

Si queremos seguir estancados en un mundo que ya ha desaparecido, la esposa de Cristo corre el riesgo de fracasar en su misión. Para evitar que esto suceda, debemos tener el coraje de salir a la calle, habitar menos las salas litúrgicas y vivir en las nuevas ágoras donde vivir una experiencia humana que tenga tono de familiaridad y sabor a vida.

No es el Adviento tiempo de nostalgias del pasado… ni de miedos ante el futuro.

¡Es tiempo de Adviento!

Estamos casi al comienzo del nuevo año litúrgico y, lo que comienza, trae consigo algo del pasado, prefigurando ya la esperanza de renovación del corazón, de los gestos, de las acciones.

Todo esto debe insertarse en una dimensión que vincule la experiencia terrena con la divina, porque es precisamente el deber de la persona volar alto para ser plenamente feliz.

Conscientes de este tiempo especial, que nos acercará a la Navidad, «vamos gozosos al encuentro del Señor» con una perspectiva de futuro, la de la casa del Señor, de llegar al final de esta gran «peregrinación» que debe ser la vida terrena.

Estamos hechos para el cielo”, pero muchas veces lo olvidamos y de aquí surge el aburrimiento, la pesadez, la nada, el abandono, la incapacidad de lidiar con las pequeñas cosas, la ruptura de las relaciones de lealtad y amistad, el alejamiento de Dios.

El cristiano no encuentra una teoría o una filosofía, sino un hombre que es también Dios, Jesucristo.

El aspecto espiritual se une al histórico y concreto, pero el Adviento no quiere ser sólo el recuerdo del período histórico que precedió al nacimiento del Salvador, aunque éste, así entendido, ya tiene un altísimo significado espiritual en sí mismo; quiere recordarnos que toda la historia del hombre y de cada uno de nosotros debe entenderse como un gran «Adviento«, como una espera, momento a momento, de la venida del Señor, para que Él nos encuentre preparados y vigilantes para ser capaces de adelantar su Reino y de acogerlo dignamente. Estar preparados requiere una actitud de centinela, por lo tanto de alerta y lucidez.

En este tiempo de Adviento, en el que resuenan las palabras de los antiguos profetas, mientras el tiempo que atravesamos está marcado por la sed y la búsqueda de palabras y gestos que indiquen un presente habitable y un futuro de esperanza, se nos invita a estar atentos y, en consecuencia, escuchar. La profecía siempre exige escucha pero, muchas veces, no la encuentra. Sin embargo, no está cerrada la invitación a la escucha, que vuelve insistentemente en la Palabra: «Oídme, los que buscáis la justicia, los que buscáis al Señor» (Is 51,1). Así, la invitación es a escudriñar, a prestar oído, a captar la acción de Dios en la historia: «Aquel día los sordos oirán las palabras de un libro; liberados de las tinieblas y de las tinieblas, los ojos de los ciegos verán» (Is 29, 18). El arte de observar, coger y re-coger es difícil, muy difícil.

En Adviento la Palabra nos invita a estar despiertos y vigilantes: con una verdadera metanoia existencial podemos todavía ver los signos de los tiempos y los signos de nuestra vida, especialmente hoy, cuando abundan las palabras, donde la comunicación es omnipresente.

El Adviento es tiempo de decir poco, de un silencio maduro, de arraigarse en la escucha como tensión hacia la humanidad y hacia Dios, esa tensión que quiere alumbrar los nuevos cielos y la nueva tierra en los que Dios enjugará toda lágrima y ya no habrá muerte, llanto, clamor, dolor (Ap 21, 1ss).

Joseba Kamiruaga Mieza CMF (Remitido por el autor)

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Francisco Javier… Ejemplo.

martes, 3 de diciembre de 2024
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En la festividad de San Francisco Javier, ejemplo de misioneros…

Francisco Javier nació el 7 de abril en Javier (Navarra). Ya maestro de Filosofía y profesor en la Universidad de París, abandonó una prometedora carrera para seguir a Ignacio en la fundación de la Compañía de Jesús. Tras ser ordenado sacerdote, fue enviado como misionero a la India. Desde 1542 ejerció una inmensa actividad apostólica a lo largo de las costas de la India, en Malaca, en las islas Molucas (Indonesia) y en Japón. Murió el 3 de diciembre de 1552 en la isla de Sancian, frente a China, a donde quería entrar para llevar el Evangelio. El amor a Dios y el celo apostólico cualificaron su vida y le convirtieron en el mayor apóstol de los tiempos modernos. Es patrono de las misiones y modelo de los misioneros.

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En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo:

Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda criatura. El que crea y se bautice se salvará, pero el que no crea se condenará. A los que crean les acompañarán estas seńales: expulsarán demonios en mi nombre, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes con sus manos y, aunque beban veneno, no les hará dańo; impondrán las manos a los enfermos y éstos se curarán.

Después de hablarles, el Señor Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.

Ellos salieron a predicar por todas partes y el Seńor cooperaba con ellos, confirmando la palabra con las seńales que la acompañaban.

*

Marcos 16,15-20

***


“Te ruego encarecidamente que por el amor que tienes a Cristo y el celo de la gloria de Dios, procures ser buen olor de Cristo en todas partes y edificar a toda la ciudad con tu buen ejemplo en toda virtud
.”

*

Francisco de Jaso y Azpilicueta,
1506-1552 (san Francisco Javier)

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***

Me he debatido en muchos peligros durante esta travesía […]. He visto derramar muchas lágrimas a bordo. Dios nuestro Señor quería someternos a prueba a través de estos peligros, demostrarnos que por nuestra

Los que se encuentran frente a tales peligros y los afrontan en su nombre se dan cuenta, sin el menor asomo de duda, de que todo lo creado obedece al Creador y saben que el consuelo divino en esos momentos es mayor que el temor a la muerte, pues la vida del hombre debe tener también un fin. Cuando los temores y los peligros han pasado, no es posible describir los momentos vividos, aunque queda el recuerdo de que no podremos dejar de servir a tal maestro, ni en el presente ni en el futuro, esperando que el Señor, cuya misericordia no conoce límites, nos dé siempre la fuerza de servirle.

*

J. Brodrick, San Francisco Javier,
Espasa-Calpe, Madrid, s.f.

  ***

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ORACIÓN 

Os ruego, ángel bienamado a cuya custodia he sido confiado, que estéis siempre dispuesto a socorrerme. Presentad mis oraciones al oído misericordioso de Dios, nuestro Seńor. Que él me conceda, por vuestra mediación, la gracia de hacer el bien y de perseverar hasta el fin. Alejad de mí, por la fuerza de Dios omnipotente, toda tentación de Satanás, y que lo que no merecen mis acciones, viciadas siempre por algún mal, me lo obtengan vuestras plegarias ante Dios. Y que cuando esta vida haya llegado a su término, no permitáis que los demonios me aferren ni me dejéis caer en la desesperación. No me dejéis sin haberme conducido a la visión beatífica de Dios, para gozarme siempre con vos, con la bienaventurada María, Madre de Dios, y con todos los santos. Amén.

***


Pero la respuesta raramente resulta difícil al primer llamamiento. La dificultad llega más tarde, cuando los errores, el cansancio, los fracasos y el decaimiento han invadido el alma del apóstol. Se había disparado como una flecha: «Vais a ver lo que vais a ver. Ellos (los viejos) no comprendieron nada». Pero un día, como el profeta Elias, se comienza a murmurar: «Basta, Yavé! Lleva ya mi alma, que no soy mejor que mis padres»
(1 Re 19,4). […] Al apóstol le sucede lo mismo que al profeta: su verdadera respuesta, su verdadero compromiso, no vienen sino en un segundo tiempo. […]

[…] Lejos de ser una contraindicación, la prueba del acerbo descubrimiento de nuestra incapacidad fundamental constituye el auténtico punto de partida: lo anterior no había sido más que un galope de ensayo, cuyo aspecto brillante ocultaba su fragilidad. Dios tiene su método, y raramente lo cambia. […]

Es capital para los apóstoles comprender la necesidad de esta purificación: Dios prende en nosotros una llama, pero es preciso que ésta consuma primero b más humano de cuanto hay en nosotros, nuestras atracciones, nuestra naturaleza, nuestras inclinaciones. No es que la naturaleza y la inclinación de nuestras actitudes sean malas; Dios elige a sus servidores y los califica, pero es necesario que todo eso desaparezca en una alquimia misteriosa hasta tener como único motivo de acción el llamamiento de Dios, que envía: «In nomine Domini» (la divisa de Pablo VI)

*
Jacques Loew,
Perfil del apóstol de hoy,
Verbo Divino, Estella 31969, pp. 32-34, passim.

***

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“El Adviento es también el tiempo de leer el tiempo”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

martes, 3 de diciembre de 2024
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imageHay un tema, entre muchos, que destaca a la Iglesia de hoy, y es el de los «signos de los tiempos». Es el gran horizonte dentro del cual la Iglesia ha querido moverse, no ya en el conflicto y el rechazo de lo contemporáneo, sino en la escucha de la historia como lugar teológico donde el Espíritu se manifiesta e indica posibles caminos de bien evangélico.

A partir de la Gaudium et Spes, que declara que «es deber permanente de la Iglesia escrutar los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio» [4], se ha renovado, por tanto, la atención a lo que se mueve en el presente para captar los signos de la acción y del decir de Dios. El Adviento puede ser también inspirador y movilizador de ese núcleo hermenéutico y profético, tan actual también por el paso epocal y eclesial que estamos viviendo -pensemos, por ejemplo, en el Sínodo sobre la sinodalidad-.

¿Qué características deben tener los signos de los tiempos para que un acontecimiento se configure como tal de tal manera que no sobre interpretemos los fenómenos atribuyendo al Espíritu lo que, por el contrario, no le pertenece?

Los signos de los tiempos son acontecimientos que conciernen a lo humano y no al mundo natural. No se trata de episodios puntuales, sino de tramas entrelazadas de hechos que parten de un cruce capaz de abrir un espacio, un hiato, una apertura que dan lugar a nuevas direcciones. La lectura de los signos de los tiempos deben hacerse a la luz de la Revelación, es decir, deben comprenderse en Cristo y en el Espíritu -el signo por excelencia es Cristo mismo-, por lo que Él abre la posibilidad de que todo acontecimiento humano brille con luz mesiánica.

La emancipación de la mujer; la actitud del personal sanitario en las pandemias, a quienes se ha confiado también la tarea del acompañamiento espiritual en las coyunturas decisivas de la enfermedad y de la muerte; la nueva sensibilidad climática entendida como cuidado de lo humano y de la creación, o ya sea el movimiento migratorio de millones de personas,…, nos encontramos así ante signos de los tiempos que hay que leer, interpretar y dar un impulso evangélico, para tratar de entender lo que Dios está diciendo a los cristianos.

La pregunta sigue siendo, sin embargo: ¿qué hemos hecho de ciertas intuiciones fecundas, que proféticamente captamos como Iglesia y que, sin embargo, hemos dejado de lado con demasiada precipitación? Me refiero a cuestiones que abren a la reflexión y llaman a la responsabilidad, sobre las que con demasiada frecuencia nos detenemos demasiado poco en la vida cotidiana de la Iglesia.

El discernimiento sobre los signos de los tiempos debe realizarse siempre juntos, en la escucha recíproca, en la apertura, en la parusía, en un camino común, ya que la capacidad de captar aperturas de fe presupone relaciones. Es éste el «criterio relacional» que también hemos visto actuar en los Sínodos del pontificado del Papa Francisco, un criterio que requiere siempre una pluralidad de puntos de vista en la integración. Así es todo discernimiento comunitario.

El objetivo, por supuesto, es siempre madurar un seguimiento evangélico para hoy, en la perspectiva mesiánica, en el continuo alimento de la fe -tanto del individuo como de la Iglesia. Leer los signos de los tiempos no es nunca, por tanto, una acción neutra, sino profundamente transformadora, porque conduce a una comprensión siempre nueva del Evangelio que hay que profundizar.

En la base, como siempre, está el misterio de Dios encarnado en Cristo, cuyo redescubrimiento es, sigue siendo, el gran desafío del siglo XXI.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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Señales de Adviento

lunes, 2 de diciembre de 2024
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Mil señales afloran cada día
para quien es vigía de la vida.

El susurro de la brisa,
el murmullo de arroyo;
el batir de las olas en la orilla,
el olor de la tierra arada,
el perfume de las plantas,
las hojas que caen maduras,
el rugido del mar bravío,
el viento huracanado,
el fuego que crepita
y todos los ruidos de la naturaleza…
son señales de un Adviento
que se anuncia y llega.

La luz de la mañana que despierta,
el sol que se levanta,
el agua fresca y cantarina,
los campos que germinan calladamente,
el atardecer que todo lo recoge,
las estrellas que parpadean,
las nubes que van y vienen,
la luna con sus guiños y fases,
los caminos que no desparecen
y el rocío que viste valles y montes…
son señales de un Adviento
que se anuncia y llega.

Niños que gimen y lloran,
padres que vigilan y se levantan,
ancianos que sueñan y sueñan,
jóvenes que viven y cantan,
personas que acarician y aman,
campesinos que esperan tras la jornada,
trabajadores que cuidan y transforman,
emigrantes en busca de la vida,
solidarios llenos de ternura y vista,
profetas de una humanidad nueva…
son señales de un Adviento
que se anuncia y llega.

Gracias, Señor,
y que las señales sigan y sigan.

*

Florentino Ulibarri

***

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En busca de la esperanza de Adviento en un mundo de sol oscurecido

lunes, 2 de diciembre de 2024
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IMG_8861Nichole M. Flores

Las reflexiones bíblicas anuales de Adviento de Bondings 2.0 comienzan hoy. Este año, presentamos reflexiones de cuatro teólogos y líderes pastorales católicos aliados y LGBTQ+ hispanos.

La reflexión de hoy es de Nichole M. Flores, profesora asociada de estudios religiosos en la Universidad de Virginia, donde también es directora de la Iniciativa de Estudios Católicos y codirectora del Foro sobre Religión y Democracia. Es autora de The Aesthetics of Solidarity: Our Lady of Guadalupe and American Democracy.

Las lecturas del primer domingo de Adviento, ciclo C. Las lecturas litúrgicas de hoy del Primer Domingo de Adviento están disponibles aquí.

Este año, el Adviento trae consigo la sensación de que vivimos en un final de era violento e implacable. Encendemos velas en la oscuridad, rezando para que nos den suficiente luz para encontrar nuestro camino en estos tiempos sombríos e inciertos.

La lectura del evangelio de hoy de Lucas 21 pinta un cuadro igualmente sombrío del mundo que enfrentan los discípulos de Jesús. Anteriormente en este capítulo del evangelio, tenemos una idea de los inquietantes “signos de los tiempos” que anunciarían que el fin se acercaba: la destrucción del templo (v. 5-6), guerras e insurrecciones (v. 9-11), la destrucción de Jerusalén (v. 20-24).

Las escenas angustiosas de la primera parte de este capítulo culminan en la visión apocalíptica que se presenta en la lectura del Evangelio de hoy. La lucha y el miedo permanecen; incluso el sol, la luna y las estrellas se convierten en signos de los tiempos turbulentos: “La gente desfallecerá por el temor y la expectación de lo que vendrá sobre el mundo, porque las potencias de los cielos serán sacudidas”. (v. 26)

IMG_8865Este pronunciamiento nos suena disonante en nuestros tiempos, especialmente en tiempos en los que vivimos en los que la vida y la dignidad de las personas LGBTQ+ están bajo constante amenaza. Las guerras y los rumores de guerras contra la vida queer perturban las mentes y los corazones de todos los que creen en la promesa de Dios de dignidad, justicia y prosperidad para todos. Las amenazas contra la vida LGBTQ+ y contra quienes son vulnerables parecen justificadamente cataclísmicas en nuestros tiempos. El pronunciamiento apocalíptico de Jesús reconoce los temores de sus discípulos: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra las naciones estarán consternadas, perplejas por el rugido del mar y de las olas” (v. 25)

Pero la invocación que hace Jesús del sol, la luna y las estrellas nos ofrece indicios de la promesa de liberación contenida incluso en estas señales inquietantes. Los estudiosos bíblicos Richard A. Henshaw y Marvin Sweeny explican que esta dramática imagen apocalíptica se entrelaza tanto en las escrituras hebreas como en las cristianas: “La imagen está asociada con el Hamsin (árabe) o Sharav (hebreo), el viento seco del desierto… que llena el cielo de polvo y marca las transiciones entre las estaciones secas de verano y las lluviosas de invierno tanto en el Israel antiguo como en el moderno”. De hecho, los vientos cálidos oscurecen el sol y enrojecen la luna en estos tiempos: es aterrador. Pero la sangre, el fuego y las columnas de humo también recuerdan el éxodo, signos de la guía de Dios en tiempos difíciles, hacia un desierto desconocido que, no obstante, promete liberación.

Al encender la primera vela del Adviento, sabemos que no estamos solos en nuestra incertidumbre y temor. Pero al recordarnos los signos del sol, la luna y las estrellas, Jesús nos guía hacia la promesa de liberación que reside incluso en tiempos como estos. Dejemos que ese recordatorio nos guíe en esta temporada de anticipación de su nacimiento.

—Nichole M. Flores, 1 de diciembre de 2024

Fuente New Ways Ministry

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“Reflexiones de Adviento”, por Carmiña Navia.

lunes, 2 de diciembre de 2024
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IMG_8797PRIMERA SEMANA.

Iniciamos nuevamente el tiempo de adviento, cuyo sentido se despliega para quienes tenemos en el horizonte la persona y palabra de Jesús el maestro galileo. Tiempo de espera. Una espera activa y plena de esperanzas. ¿Qué esperas anunciamos hoy a nuestro mundo tan lleno de prisas, tan copado por el minuto que pasó y por el que viene?

La Biblia en sus palabras del primer testamento nos deja testimonios de esperanzas de un pueblo, que desde situaciones muchas veces desesperadas, soñaba con otras realidades posibles que mejoraran su existencia. Las voces reunidas bajo el nombre de Isaías, son de las más potentes en transmitirnos estos sueños, con una inmensa fuerza poética.

En el capítulo 11 de este profeta, leemos:

Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Dios…  No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos. Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja. Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano. Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar.

En estas líneas se nos dibuja un horizonte utópico. Sólo las utopías llevan el mundo hacia adelante. Nuestro actual punto de partida es difícil: Esperamos desde una oscuridad grande. Una sociedad global llena de injusticias que no respeta la vida humana, que no respeta la naturaleza, que ha expulsado el amor de sus corredores de vida. Una sociedad que cada día que pasa pierde más su calidad humana. Esperamos desde situaciones personales, comunitarias y colectivas duras y desesperanzadoras. Pero hay promesas y llamadas en nuestros horizontes, validemos esas promeses y tomemos decisiones personales y colectivas que nos impulsen a caminar hacia ellas.

Mucho hay para transformar en nuestras sociedades y en nuestros interiores. Rumi dice: Trabaja en el mundo invisible al menos tan duro como trabajas en el mundo visible. La realidad exterior nos abruma hoy: La guerra general se nos viene encima arrasando, con sus horrores, toda forma de vida; en Colombia se nos pierden los planos de la reconciliación, la paz, la honestidad y la justicia. Como sociedad no podemos vivir el adviento colectivamente, pero sí podemos tomar familiar o comunitariamente estos días para sopesar nuestro aporte. Hacia dónde llevarlo… ¿Cómo anunciar a otros y otras esa utopía que jalone horizontes hacia relaciones más amables, más hermanas, más amigas de la dignidad?

El espíritu que anima el adviento nos debe penetrar los días cotidianos, las tareas que nos reclaman, los descansos que nos esperan…  para que logremos contagiarnos de una “espera” sin límites que guíe nuestros pasos a la tarea de hacernos más humanos y de preparar nuestras vidas para albergar la luz de un  nacimiento que alumbre atardeceres. Entremos a este tiempo con el corazón rebosante de esperanza y de amor.

Carmiña Navia Velasco

Adviento 2024

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In memoriam

domingo, 1 de diciembre de 2024
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En el Día Internacional de la lucha contra el VIH/SIDA, recordamos hoy a tantos hermanos y hermanas fallecidos por causa del VIH.

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Recordar es facil para el que tiene memoria.

Olvidar es difícil para el que tiene corazón.

*

Gabriel García Márquez

***

Bendito eres Tú, oh Señor,
que enjugarás toda lágrima de nuestros rostros;
quien mira hacia Ti resplandecerá,
libre de sombras y preocupación en el rostro.
Tú, Eterno Dios, Has venido a habitar entre nosotros,
y te damos gracias.
Hecho semejante a los hombres, Tú sabes bien
cómo la enfermedad carcome el cuerpo,
y como la vergüenza roe el espíritu.
No podemos sanar el cuerpo,
pero danos, Señor, por favor,
la actitud y la palabra adecuadas
  que ayudan a nuestros hermanos y hermanas que viven con el VIH
a no vivir más en la vergüenza:
que nuestra mirada sea limpia,
y nuestra acogida discreta y modesta,
sin “¿por qué? “ ni  “¿cómo?“;
porque Tú no miras el pasado de las personas,
y no haces preguntas.
Enséñanos, si Tú quieres,
simplemente “estar con”
como Tú estás
con cada uno y cada una de nosotros.
Te damos gracias, y te decimos gracias,
porque estamos contigo,
hijo e hijas de un mismo Padre,
y Tú acoges nuestra oración.
Amén. Aleluya.

+

Hermano Manuel de la Communion Béthanie

***

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Sea sólo Adviento

domingo, 1 de diciembre de 2024
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flores

Adviento,
otra vez Adviento,
sea siempre Adviento,
sea sólo Adviento
el Tiempo. 

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la Espera.
Sal Terrae, 1986

***

Pregón de Adviento

Os anuncio que comienza Adviento.
Alzad la vista,
Restregaos los ojos,
Otead el horizonte,
Daos cuenta del momento.
Aguzad el oído.
Captad los gritos y susurros,
El viento,
La vida…

Estad alerta y escuchad.
Lleno de esperanza grita Isaías:
“Caminemos a la luz del Señor”.
Con esperanza pregona Juan Bautista:
“Convertíos, porque ya llega el reino de Dios”.
Con la esperanza de todos los pobres de Israel,
De todos los pobres del mundo,
Susurra María su palabra de acogida:
“Hágase en mí según tu palabra”.

Alegraos,
Saltad de júbilo.
Poneos vuestro mejor traje.
Perfumaos con perfumes caros.
¡Que se note!
Viene Dios.
Avivad alegría, paz y esperanza.
Preparad el camino.
Ya llega nuestro Salvador.
Viene Dios…
Y está a la puerta.
¡Despertad a la vida!

*

F. Ulibarri

***

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.

Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.”

*

Lucas 21, 25-28. 34-36

***

Tendrá lugar entonces, sin duda, la Parusía sobre una Creación llevada al paroxismo de sus aptitudes para la unión. Revelándose al cabo la acción única de asimilación y de síntesis que se proseguía desde el origen de los tiempos, el Cristo universal brotará como un rayo en el seno de las nubes del Mundo lentamente consagrado.

Las trompetas angélicas no son más que un débil símbolo. Agitadas por la más poderosa atracción orgánica que pueda conocebirse (¡la fuerza misma de cohesión del universo!), las mónadas se precipitarán al lugar en que la maduración total de las cosas y la implacable irreversibilidad de la Historia entera del Mundo las destinarán irrevocablemente; las unas, materia espiritualizada, en el perfeccionamiento sin límites de una eterna comunión; las otras, espíritu materializado, en las ansias conscientes de una interminable descomposición.

De este modo se hallará constituido el complejo orgánico: Dios y Mundo, el Pleroma, realidad misteriosa que no podemos decir sea más bella que Dios solo, puesto que Dios podía prescindir del Mundo, pero que tampoco podemos pensar como absolutamente accesoria sin hacer con ello incomprensible la Creación, absurda la Pasión de Cristo y falto de interés nuestro esfuerzo.

Entonces será el final.

Como una marea inmensa, el Ser habrá dominado el temblor de los seres. En el seno de un Océano tranquilizado, pero que en cada gota tendrá conciencia de seguir siendo ella misma, terminará la extraordinaria aventura del mundo. El sueño de toda mística habrá hallado su manifestación plena y legítima. Dios será todo en todos.

*

Pierre Teilhard de Chardin,
El porvenir del hombre,
Madrid 1965, 378- 379.

***

***

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