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Dejad que Lázaro se marche dignamente hacia la Vida

domingo, 2 de abril de 2017
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resurercion-lazaroLa resurrección de Lázaro, el último hallazgo en las Catacumbas de Priscila

De su blog Vivir y Pensar en la Frontera:

(Juan Masiá, sj.).- No pensaba escribir una vez más sobre Lázaro (quinto Domingo de Cuaresma), para no abusar de repeticiones hermenéuticas. Pero veo que todavía abundan las lecturas literales que confunden la resurrección con el revivir. Lázaro no revive, no vuelve a esta vida, sino sale de esta vida hacia la Vida, es un éxodo hacia la verdadera vida (cf. J. Mateos-J. Barreto, El Evangelio de Juan, Cristiandad, 1982, p. 518)

Tampoco pensaba escribir una vez más sobre la dignidad en el morir, sobre el respeto a la dignidad de la persona moribunda durante y a lo largo de todo el proceso de morir. Pero veo que no desaparecen los malentendidos en los debates de proyectos legislativos sobre limitación o regulación de los esfuerzos terapéuticos y el uso de los recursos paliativos y sedación; todavía no desaparece la confusión entre un «buen morir, digno y justo» y un «mal morir, sin respetar la dignidad y autonomía de la persona paciente». (cf. Cuidar la vida. Debates bioéticos, Herder, 2012, pp.123-162).

Curiosa coincidencia en torno a estos dos temas: las mismas mentalidades que se escandalizaron cuando apoyé el rechazo de Inmaculada Echeverría a la respiración asistida (2007) o el uso responsable de la sedación terminal por el doctor Montes en el Severo Ochoa (2005) o la ley andaluza sobre Derechos y garantías de la persona en el proceso de morir (2010), esas mismas personas se escandalizaron cuando comenté (en Religión Digital, 6 abril, 2015) la palabra clave de la perícopa sobre la muerte ( y éxodo hacia la vida de Lázaro en el evangelio según Juan (Jn 11, 44).

En un caso, falta de fe en la resurrección; en otro caso, falta de respeto a la dignidad personal. Y en ambas casos, falta, sobre todo, de crítica, de hermenéutica y de esperanza.

Reavivaré aquí la reflexión sobre Jn 11, 44: dejadlo que se marche. Quédese para el siguiente post la reflexión sobre el buen morir, que no se indigeste la consumición de ambos platos en el mismo menú…

¿Nos damos cuenta de que el versículo 44 sugiere el sentido de: Dejadlo irse más allá, dejadlo irse hacia la Vida de la vida?

«Jesús gritó muy fuerte: -¡Lázaro, sal fuera de este mundo! Salió el muerto con las piernas y los brazos atados con vendas; su cara estaba envuelta en un sudario. Les dijo Jesús: -Desatadlo y no lo retengáis, dejadlo que se marche junto a Abba…

La mentalidad dualista no sale de la disyuntiva entre literalidad y ficción. Por eso le cuesta tanto comprender los evangelios. El lenguaje religioso es cien por cien simbólico. Sin sensibilidad para la creatividad mitopoética es imposible dejarse transformar por la relectura evangélica. Pero el problema se remonta a la escuela elemental: aprender a leer, releer e interpretar.

Releamos, por tanto, y reinterpretemos recreando la narración a la luz de las palabras de Jesús: Yo soy la Resurrección y la Vida.

«Dejadlo irse, dejadlo que se marche»: es la palabra que Juan pone en labios de Jesús ante la tumba de su amigo Lázaro (Jn 11, 44). Lázaro no resucita de la tumba para volver a esta vida. Este episodio del evangelio según Juan no es un milagro de resurrección, sino la puesta en escena del mensaje de Jesús: «Yo soy la Resurrección y la Vida» (Jn 11, 25). Si Lázaro saliera vivo de la tumba, lo normal sería que los familiares se precipitaran a abrazarlo, darle algo de comer y beber o ponerle ropa de abrigo.

En una escena así parece que no es apropiado decir: «Dejadlo que se marche» (A menos que la relectura se tome la libertad de traducir libremente: «Dejadlo marcharse de este mundo»). Parece que no cuadra el guion con esa escena. Para entenderla hay que darse cuenta de que no se trata de una salida de la tumba para volver a esta vida. Jesús, que ha levantado los ojos al cielo, mira ahora fijamente a la tumba donde sigue estando el cadáver. Sabe Jesús que no es ese el lugar de buscar entre los muertos a quien va a vivir desde ahora en el seno de la vida divina; «sal fuera» no es «sal fuera de la tumba», sino «sal de esta vida y entra en la vida de Abba».

«Dejadlo ir (Jn 11, 44)» significaría: «Dejadlo que siga atravesando la muerte para entrar en la vida. Lázaro no está donde están sus restos. Lázaro está ascendiendo a Abba. Dejadlo morir hacia el Padre«.

Si fuera hoy día, en un telefilme, el evangelista habría hecho un montaje muy bueno para su guión. Imaginemos la figura blanca de Lázaro envuelto en un sudario que se va convirtiendo en túnica gloriosa a medida que asciende y se pierde en las alturas, yéndose a lo lejos la imagen difuminada. Cambia la cámara a una panorámica de los familiares entristecidos que extienden sus manos como queriendo retenerle. Se escucha una voz en off que repite las palabras de Jesús a Magdalena en la mañana de resurrección: «No me retengas.» «Me voy hacia mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios» (Jn 17, 20).

De nuevo un primer plano de Jesús, rostro sereno, mirando alternativamente al interior de la tumba y a lo alto de los cielos. Y repite Jesús: «Dejadlo ir, dejadlo y no queráis retenerlo aquí en este mundo con vosotros. Dejadlo morir hacia la vida. No busquemos entre muertos a quien vive«.

Fuente Religión Digital

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Evangelizar

viernes, 17 de marzo de 2017
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¿Sabemos verdaderamente lo que el Nuevo Testamento entiende por «evangelizar»?

En griego, el verbo se utiliza para resumir la expresión «anunciar una buena noticia»: alguien «evangelizado» es, en suma, alguien que ha sido «puesto al corriente». El verbo puede emplearse para anunciar un nacimiento, un armisticio o la llegada de un nuevo dirigente. No tiene, pues, nada de religioso. Sin embargo, esta palabra, casi demasiado superficial, es la que los cristianos eligieron para describir lo más precioso de su fe: el anuncio de la resurrección de Cristo. Lo que resulta interesante es que el verbo ha perdido poco a poco su complemento. Ya no se dice: «poner al corriente a alguien de la resurrección de Cristo», sino simplemente «evangelizar a alguien». Claro, era para ir más rápido. Pero esa falta de complemento tiene también un sentido más profundo.

Anunciar la Buena Noticia de la resurrección no es para los cristianos hablar de una doctrina que hay que aprender de memoria o del contenido de una sabiduría para meditar. Evangelizar es ante todo dar testimonio de una transformación en el interior mismo del ser humano: por la resurrección de Cristo nuestra propia resurrección ya ha comenzado. Por su infinito respeto en relación a quienes encontraba (visible a través de las curaciones contadas en los evangelios), rebajándose para no dejar a nadie más abajo que él (es el sentido de su bautismo), Cristo Jesús ha vuelto a dar valor y dignidad a cada uno. Más todavía: Jesús ha estado con nosotros en la muerte, para que podamos estar cerca de él en su comunión con el Padre. Por este «admirable intercambio» (Liturgia de Pascua), descubrimos que somos aceptados plenamente en Dios, plenamente asumidos por él tal como somos. Los cristianos de los primeros siglos resumieron todo esto diciendo: «Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios».

Evangelizar no es ante todo hablar de Jesús a alguien, sino aún más, es hacerlo más atento al valor que esa persona tiene ante los ojos de Dios. Evangelizar significa transmitir las siguientes palabras de Dios que resuenan cinco siglos antes de Cristo: «Eres precioso a mis ojos y te amo» (Isaías 43,4). Desde la mañana de Pascua sabemos que Dios no vaciló en darlo todo para que nunca olvidemos lo que valemos.

Para leer todo el texto, pincha aquí

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Comunidad de Taizé

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Fuente Texto: www.taize.fr, vía Pays de Zabulon

Fuente Foto : Le monde de Ionath

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¿Colonia?

lunes, 13 de marzo de 2017
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1433873134_059913_1433875457_album_normalEs costumbre que el miércoles de ceniza nos echen ceniza en la cabeza, como signo de  arrepentimiento.

Se  me ocurre hacer caso al papa Francisco e ir recreando nuestra fe y nuestras formas de vivir el cristianismo. En lugar de ceniza, vamos a echarnos colonia en la cabeza.

“Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

Me parece muy interesante que la Cuaresma sea un camino hacia la alegría y la Plenitud; hacia la Resurrección; un ensayo y un entrenamiento.

Muchas veces cantamos canciones terribles en esta época. Hoy no me supone nada de sacrificio el no comer carne, con lo rica que está la pesca, pero sí me supone compartir esa pesca o esa carne con otros.

Personalmente entiendo que será una cuaresma estupenda si vivo feliz y trato de transmitir esa felicidad a los demás. Y aunque parezca mentira, esto me lleva a vivir el esfuerzo para que la felicidad reine en el mundo.

¿No os parece que sería un ejercicio estupendo el intentar vivir la alegría, fruto de la reconciliación con Dios y con los demás?

Dios no está  enfadado ni ofendido. Y la experiencia de su amor salvador es lo que nos va  a cambiar.

Cuando nos sentimos pecadores, experimentamos la inmensa alegría y el abrazo del Padre Bueno que nos acoge y organiza una fiesta por todos nosotros.  Ese amor y esa alegría nos llevan a transmitir a todos los hermanos  empobrecidos, nuestros bienes, nuestra acogida, nuestro apoyo. No puede faltar nadie a la fiesta ya desde aquí.

Que cuando alguien vaya con nosotros o detrás, se note “ya está aquí el buen olor de Dios que  en toda persona y del hombre nuevo va surgiendo”. Se nota. Es Cuaresma.  Por algo nos dicen “convertios y creed la Buena Noticia”.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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40 días…

miércoles, 1 de marzo de 2017
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Hoy, miércoles de Ceniza, que marca la entrada en la Cuaresma se nos invita a volvernos totalmente a Dios y tomar el camino que nos llevará a la Pascua, para revestir con Cristo la poseión del Resucitado. Y cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio” “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús.

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40 días que se nos dan para seguir un camino:

Ruta de conversión

Camino de fe

Ruta de confianza

Camino de Resurrección.

Es en la oración, el ayuno y el compartir con discreción y humildad a imagen de nuestra comunidad que Dios nos llama a tomar nuestro bastón de peregrino.

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¿Y si en el camino me dejo buscar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo mirar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo amar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejé servir por Cristo?

Entonces podría amar como Él.

Podría servir como Él.

Muéstrame Señor el camino del Amor para que la mañana de Pascua, en la alegría del encuentro yo reconozca al Resucitado.

*

Anne-Marie,
hermana de la Communion Béthanie.

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Lecturas para hoy

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El hoy de Dios

martes, 21 de febrero de 2017
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Del blog de la Communion Béthanie:

El hermano Roger es una profeta de nuestro tiempo. Centró toda su vida en Cristo, en cuyo nombre dio la bienvenida a cualquier persona, cualquiera que sea su ori gen, su pasado, su edad, su religión. Hombre de oración, el fundador de la comunidad ecuménica de Taizé no ha dejado de animar a los hombres a reconciliarse. Su testamento espiritual continúa sosteniendo a aquellos que deseen desarrollar un monaquismo interior. Os proponemos oraciones y palabras del hermano Roger para alimentar cada semana la vida interior en el seguimiento del Dios uno y trino. (Citas sacadas del libro “Vivir para amar” Ed. Les Presses de Taizé, 2010).

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Canta alma mía: estoy en Cristo, soy de Cristo. Imperceptible cambio en el interior,  la transfiguración del ser se prosigue a lo largo de la existencia. Concede vivir en el momento presente, hace de cada día un hoy de Dios. Ya en la tierra, es comienzo de la resurrección, el comienzo de una vida que no tiene fin.

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Frère Roger de Taizé,
Vivir lo inesperado
(Carta del hermano Roger, 1974)

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¿Dónde quedan los cuerpos desnutridos?

martes, 29 de noviembre de 2016
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impactantes-fotos-de-africaLa Congregación para la Doctrina de la Fe acaba de publicar un documento sobre la sepultura de los muertos y el uso de las cenizas de los cadáveres incinerados. Lo firma su presidente, el cardenal Gerhard Müller, nombrado por Benedicto XVI antes de su jubilación para asegurar el mantenimiento incólume de la ortodoxia y actualmente líder del movimiento de oposición de la Curia Vaticana y de los obispos conservadores de todo el mundo a las reformas de Francisco, a quien exige sumisión a sus orientaciones teológicas, ya que, dice, el Papa no es teólogo. En este caso a Müller le ha salido bien la jugada: ha conseguido que el Papa estampara su firma debajo del texto del cardenal conservador, publicado en efemérides tan señalada como el día de los difuntos.

El documento defiende la inhumación como la práctica más acorde con la fe en la resurrección corporal y la dignificación de los cuerpos de las personas difuntas y la considera una obra de misericordia. Expresa respeto por la cremación porque, afirma, no afecta a la inmortalidad del alma, pero prohíbe terminantemente la conservación de las cenizas en los hogares así como su dispersión por el aire, la tierra o el mar, y niega funeral cristiano a los difuntos que así lo hubieren dispuesto.

La Iglesia mantiene una concepción antropológica dualista de cuerpo mortal y alma inmortal, y eso es contrario a la antropología unitaria de la Biblia

El texto de Müller ha sido objeto de todo tipo de chanzas en los medios de comunicación y en las conversaciones de la gente por méritos propios. Más allá de las chanzas, que puedo compartir, mi desacuerdo con el documento es de carácter teológico. El cardenal entiende la resurrección de los muertos como la reanimación de un cadáver o la vuelta a la vida en las mismas condiciones físicas y espacio-temporales que antes de la muerte. Y eso es fundamentalismo duro y puro. La resurrección es el símbolo de la victoria de la vida sobre la muerte. Así lo afirma Pablo de Tarso, el primer teólogo cristiano que reflexionó sobre el tema. El documento mantiene una concepción antropológica dualista que distingue dos elementos en el ser humano: el cuerpo mortal y el alma inmortal. Y eso es contrario a la antropología unitaria de la Biblia.

Mi opinión es que la cremación y la dispersión de las cenizas por la tierra, el mar y el aire son prácticas legítimas y que mejor responden a la imagen del ser humano que ofrece el primer libro de la Biblia hebrea, el ‘Génesis’. La palabra Adán deriva de ‘adamah’, tierra, y expresa la condición perecedera, terrestre, de la humanidad. Adán es “el terroso”, el que fue hecho del polvo de la tierra y al polvo tiene que volver (‘Génesis’, 2, 7; 3,19), como se dice al penitente en la ceremonia del miércoles de ceniza: “recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”.

Termino con una pregunta: ¿A qué viene ahora tanta preocupación por el destino de las cenizas de los muertos y tan poca por los cuerpos desnutridos de millones de personas vivas y por los cuerpos colonizados de las mujeres?

Juan José Tamayo

El Periódico

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Resurrección: para morir, para vivir (cristianismo, judaísmo, islam)

sábado, 19 de noviembre de 2016
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

He venido evocando algunos rasgos de la Resurrección, desde la perspectiva del documento vaticano sobre las cenizas de los muertos… y desde la experiencia de este mes de noviembre que es para los católicos del hemisferio norte mes de muerte y de resurrección.

Mi postal tendrá tres partes distintas, y de algún modo contrapuestas, dos más extensas (sobre cristianismo e Islam) y una más breve (judaísmo).

Desde ellas se entiende mejor la gran disputa actual de judíos, musulmanes y cristianos sobre el presente y futuro de la historia, con el tema del Estado de Israel e incluso con el motivo sangriengo de algunos los mártires musulmanes de la llamada «guerra santa».

resurreccion-greco–1, Visión general cristiana sobre la resurrección,
vinculada al despliegue de la historia, que es de compromiso con la creación, de entrega de la vida y de culminación mesiánica.

La resurrección recoge y reafirma en Jesús el despliegue de la historia humana, el valor de cada uno de los muertos… Los cristianos (los hombres) resucitan en y con Jesús, como humanidad culminada.

La resurrección se concibe así como una historia ampliada de Dios en Jesús, como ratificación del valor de los hombres, desde los más pequeños. Así podemos decir en el fondo que la Resurrección es Cristo, es decir, la humanidad que se abre y expresa como vida de Dios en Jesús, asumiendo en su gloria a todos los muertos.

2. Visión judía,

vinculada a la historia del pueblo. La fe en la resurrección ha comenzado expresándose como expresión de la esperanza de los mártires del pueblo. En el fondo, los que resucitan son los fieles del pueblo de Israel, a quienes se les vinculan los justos de otros pueblos, aunque también se ha dado en Israel la experiencia de Justos que se saben en manos de Dios, como resucitados de algún modo en la misma historia.

clip_image0023. Islam, solo Dios
A modo de contrapunto, presento la visión musulmana de la resurrección que en el fondo niega la historia, y acaba negando la misma realidad humana, reasumida en Allah. La resurrección es Allah, la única realidad.

Desde ese fondo puede entenderse mejor la experiencia de los mártires musulmanes, que entregan su vida porque sólo importa la vida de Allah, como si la existencia individual y separada en este mundo fuera un espejismo.

La resurrección es Allah, sólo Allah, como si no existiera vida humana, como si no hubiera más que Dios, de forma abrumadora, desbordada. El sometimiento de los hombres a Dios, eso es la resurrección.

CRISTIANISMO, RESURRECCIÓN E HISTORIA HUMANA.

Las religiones de la historia, que podemos llamar religiones de la persona, destacan no sólo la transcendencia de Dios, que no cae ni se cierra en el tiempo de los hombres, sino también el valor permanente de la historia. Por eso, ellas no pueden hablar de un retorno a lo divino sino de una resurrección de las personas.

No hay retorno porque no ha habido caída: las almas no pueden volver, porque no han venido previamente, no han bajado de lo divino. No hay liberación de la historia porque la historia no ha sido esclavitud sino tiempo de realización. No hay final de las reencarnaciones, porque las almas no han estado sujetas a la condena de encarnarse de manera sucesiva en las diversas cárceles de un cuerpo siempre opresor…

Frente a todo eso, las religiones de la historia (monoteístas) confiesan, de una forma o de otra, la resurrección de la carne, es decir, la culminación eterna de la historia.

Esta fe en la resurrección constituye el centro y nota distintiva de esa religiones, como han sabido siempre sus creyentes. Recibe en ellas matices y formas que deben estudiarse con cuidado:

Israel la vincula a la esperanza mesiánico,
los cristianos a la historia de Jesús de Nazaret,
los musulmanes al juicio de Dios…

Es evidente que esos matices no son excluyentes.
Por eso aquí no los destacamos, fijándonos más bien en eso que pudiéramos llamar los presupuestos generales de la resurrección, desde la perspectiva cristiana

 Es resurrección de la carne, es decir, de la naturaleza y de la historia. El mundo no es por tanto una cárcel o pecado sino un camino de vida que puede culminar, por gracia de Dios, en una especie de inmortalidad gozosa. Esto que llamamos carne (mundo, historia) no es la expresión de un forzado eterno retorno angustioso. La historia se define aquí como camino abierto que puede ser culminado por Dios en forma de creación definitiva.

Es resurrección de la persona, en el sentido más estricto del término. El mundo en sí no puede resucitar, tampoco los organismos sociales, pues no se poseen a sí mismos (no tienen realidad autónoma). Sólo resucitan, culminan su camino de realización, las personas. Mirada así, la resurrección pertenece a eso que venimos llamando el camino personal de la entrega mutua y del encuentro. Los humanos puede realizar y culminar la vida en gratuidad, la ponen en manos de Dios y Dios la acoge, es decir, les resucita.

 Esta es una resurrección que empieza dentro de la misma historia. El camino aquí evocado resurrección no consiste en negar (abandonar) el mundo, como suponían los creyentes de las religiones de la interioridad. Sólo hay un camino de resurrección: iniciar en este mundo una existencia verdadera, definida por la gratuidad y la entrega mutua entre persona. Así lo ha señalado (como luego indicaremos con más extensión) el Apocalipsis cristiano (Ap 20, 1-6) cuando habla del reino histórico de los Mil Años, definiéndolo como Resurrección Primera.

Los verdaderos creyentes empiezan a resucitar dentro de la misma historia, creando un reino que se encuentre bien fundado en los mártires, los expulsados, los marginados de la sociedad antigua. Por eso, la resurrección final o Resurrección Segunda (Ap 21-22) no es negación sino culminación de la historia humana.

Esta es una resurrección dialogal: los humanos resucitan (viven) porque se vinculan a Dios. Ni Dios deja de ser divino, ni los humanos criaturas. Siguen siendo distintos: Dios transcendente, los humanos limitados. Pero uno y otros se vinculan de forma definitiva, eterna. No es que lo divino vuelva a Dios (el polvo el polvo, el alma a su cielo) sino que el ser humano entero (como persona) pueda dar su vida a Dios, pueda entregársela en amor, y Dios se la reciba, para culminarla así en forma definitiva.

La salvación no consiste en dejar de ser humanos, en olvidar la historia, sino en culminarla y recrearla plenamente. En ese sentido, la resurrección implica cumplimiento de la historia, en diálogo con Dios. En sí mismo, el humano es mortal, la historia es cadena de muerte. Pero en diálogo con Dios, el humano puede culminar su camino, siendo recibido en Dios, por Dios, en diálogo de amor que ya no termina.

Sólo esta fe en la resurrección confiere seriedad y sentido a la historia humana. En el fondo, creer en la resurrección significa creer en el valor definitivo de esta vida personal, en el valor de las acciones que conforman y definen aquello que nosotros somos. Frente a las religiones de la interioridad que parecen dar primacía al deshacernos (debemos perder nuestra identidad mundana para ser en lo divino) las religiones de la resurrección destacan la exigencia del hacernos: somos aquello que nosotros mismos vamos realizando, en camino abierto a la acción del Dios que nos resucita.

La fe en la resurrección constituye un elemento importante de la tradición judía, que ha recibido un sentido nuevo en el cristianismo y ha sido asumida por el islam. Hay algo común en las tres perspectivas, pero ellas tampoco pueden identificarse. Por eso es bueno que distingamos sus matices:

INTERMEDIO, JUDAÍSMO. RELIGIÓN DEL PUEBLO.

En general, el antiguo Israel no creía en la vida de los individuos tras la muerte. Creía más bien en la pervivencia del pueblo (o de la humanidad). Los individuos en cuanto tales mueren. Pero en los últimos siglos antes de Cristo, muchos grupos judíos empiezan a creer en la resurrección de los muertos, al menos de los que han sido fieles al Dios de la alianza. Leer más…

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Plegaria indígena

viernes, 18 de noviembre de 2016
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Dicen que esta plegaria es indigena, pero en realidad la autora de este bello poema es Mary Elizabeth frye, una ama de casa de Baltimore, escrito en 1932. Aún asi que cada uno lo interprete a su manera…

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No te acerques a mi tumba llorando.

No estoy allí. No duermo ahí.

Soy como mil vientos soplando.

Soy como un diamante en la nieve, brillando.

Soy la luz del sol sobre el grano maduro.

Soy la lluvia gentil del otoño esperado
cuando despiertas en la tranquila mañana.

Soy la bandada de pájaros que trina.

Soy también las estrellas que brillan,
mientras cae la noche en tu ventana.

Por eso, no te acerques a mi tumba llorando,
no estoy allí.

Yo no morí.

*

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Resurrección de Jesús, cenizas de los muertos (Radio Galilea: Córdoba, Argentina)

viernes, 18 de noviembre de 2016
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14884678_678217162355479_7738361915707078510_oDel blog de xabier Pikaza:

Publiqué 3l pasado 26.10.16 una postal en la que presentaba algunas Reservas ante el Documento sobre «las cenizas de los muertos». Ese texto se ha leído en varios lugares y ha sido reproducido en diversos portales, entre ellos en Radio Galilea de Córdoba (Argentina: https://www.facebook.com/gabriela.lasanta.3?fref=nf&pnref=story).

Su directora, Gabriela Lasanta, una mujer a la que conocí hace tiempo y a quien admiro por su profesionalidad y hondura cristiana, me llamó y me pidió una entrevista de Radio, que hemos tenido el pasado día 2.11.16, durante casi hora y media de emisión, seguida por muchísimas personas, que plantearon problemas y ofrecieron respuestas.

Esa misión puede escucharse en http://radiogalilea.com.ar/aclaro-224-reservas-ante-el-documento-sobre-las-cenizas-de-los-muertos-02112016/ y //mail.google.com/mail/u/0/?tab=wm#inbox/1582fc751ffe306d. Por eso la reproduzco, pues pienso que responde a preguntas que la gente propone sobre el tema (a pesar de su longitud y de su carácter espontáneo). Éstos son algunos de sus temas de fondo:

Prohibir o aconsejar. Una reserva sobre el estilo del documento, demasiado asertivo, con prohibiciones poco matizadas

Riesgo de panteísmo y rechazo cristiano en la «entrega» de las cenizas a la tierra. No todos están de acuerdo con esta visión del documento, aunque ella tiene muchos valores.

Valores cósmicos del gesto de esparcir las cenizas en la tierra... ¡Vuelve el polvo al polvo! ¿No es la tierra entera un inmenso cementerio en esperanza de resurrección, según san Pablo en 1 Cor 15 y en Rom 8?

Problemática de autoridad ¿hay división de opiniones en el Vaticano sobre el tema? Algunos sospechan que hay intenciones ocultas en el fondo del documento.

Visión del hombre como alma separada, como cuerpo animado… Espíritu y Materia. El tema es clave, pero no todos están de acuerdo en la antropología cristiana de fondo del documento.

Cenizas de muertos y veneración de reliquias… El tema de las reliquias preocupa a muchos cristianos. ¿Qué sentido tiene el dividir huesos o partes del cuerpo para la veneración de los fieles?

El tema de la incorrupción etc. A muchos les sigue preocupando la visión de algunos fieles que veneran de un modo especial los cuerpos incorruptos… o ampollas de sangre incorrupta (como la de San Genaro…)

De todo esto y de otras cosas se habló en la entevista. Aprovecho la ocasión para saludar a Gabriela Lasanta y a los amigos de Argentina, con deseo de verlos de nuevo, para hablar cara a cara de estos y otros temas, tomándonos un café o un mate….

El tema es complejo, y aprovecho la ocasión para ofrecer a continuación un esquema teológica de la problemática de fondo, sobre la resurrección en las religiones y en el cristianismo. Buen día a todos.

RESURRECCIÓN, PRINCIPIOS TEOLÓGICOS

1. Fondo religioso

1. Religiones cósmicas. Vuelta a la tierra. La tierra recibe al muerto; descanso, nuevo nacimiento. Es el triunfo del mundo sobre el hombre, de la naturaleza sobre la individualidad humana

2. Religiones de la interioridad meta-cósmica. Des-encarnación. En la línea de las avataras. No hay presencia de Dios en la carne… Fin del período de apariencia de la vida del hombre en el mundo:

3. Religiones políticas. Apo-theiosis (apoteosis): elevación de lo divino, de héroes (Hércules), emperadores (Alejandro… y todos los emperadores helenistas), de sabios (como Platón). Triunfo de personalidades.

4. Judaísmo nacional, apocalíptico Vindicación final de la historia. La resurrección como medio de asumir y cumplir el mesianismo nacional, vinculado al triunfo de la justicia y a la liberación de los oprimidos

5. Islam místico. Entrada en lo divino, afirmación de la divinidad plena de Dios. La resurrección despliega y manifiesta el ser de lo divino como totalidad; el hombre se introduce así en lo divino.

6. Comunicación histórica. Los muertos re-viven en los vivos, de manera que la historia cultural lleva en sí el desarrollo del conjunto de la humanidad, como en genoma lleva la herencia de la vida: la onto-génesis es la expresión de la philo-génesis (de vida del philum).

7. Elementos vinculados. En el fondo anterior pueden verse fenómenos ‘secundarios’ para explicar las cosas:

a. Re-encarnación. Mientras el «alma» se des-encarna ella vuelve a la vida (religiones Interioridad).
b. ¿Espiritismo? Se puede evocar a los muertos, ellos se aparecen y hablan de otro modo

2. Posturas no cristinas o insuficientes.

1. Postura no cristiana negativa. Jesús no resucitó; los relatos pascuales son mito mentira, o engaño
2. Postura no cristiana positiva. La resurrección es un bello símbolo de otra cosa (del espíritu, de Dios…).
3. Cristiana insuficiente apocalíptica: la resurrección es sólo símbolo que Jesús vendrá al final
4. Cristiana insuficiente kerigmática (quizá del ‘Q’): Jesús ‘resucita’ o está presente sólo en la palabra
5. Cristiana abarcadora. Asume las diversas tendencias eclesiales. La presentamos como compendio de la experiencia cristiana de la Pascua, leída desde una perspectiva actual.

3. Respuesta al fondo religioso universal de la resurrección

1. ¿Religiones cósmicas. Vuelta a la tierra? Jesús no está en la tumba
2. ¿Interioridad meta-cósmica. Des-encarnación? La resurrección es ‘carnal’
3. ¿Apo-theiosis? La resurrección de Jesús no es un culto su personalidad de sabio o triunfador.
4. ¿Vindicación nacional? Resurrección de Jesús no es triunfo nacional de Israel o de los justos
5. ¿Entrada en lo divino? La resurrección de Jesús no es su inmersión en lo divino.
6. ¿Comunicación histórica? Resurrección es más que vida de Jesús en sus discípulos

7. Elementos vinculados. Sirven para situar mejor la novedad de la experiencia cristiana
a. Re-encarnación. Resurrección no es nueva encarnación de Jesús, ni en uno ni en muchos.
b. ¿Espiritismo? Las apariciones de Jesús no son evocación de muertos

4. Novedad cristiana de resurrección de Jesús

1. La resurrección es Dios, que no sólo resucita a los muertos (como sabe Abraham: Rom 4, 23), sino que es aquel que ha resucitado a Jesús, el Kyrios (Rom 4, 24). Ser y hacer de Dios se identifican

2. La resurrección es Jesús, mesías concreto, que ha muerto por el reino (por nuestros pecados

a. No es apoteosis de un muerto. No se expresa como gloria en el mundo, triunfo de una ‘política’
b. No es vindicación judía de la historia, no es triunfo de un pueblo
c. Es afirmación del Reino y de la vida (mensaje, proyecto) de Jesús: es el evangelio

3. La resurrección es la afirmación de esta vida, es decir, de la creación, en su triple aspecto:
a. Asume encarnación, no es avatara. No es des-encarnación ni inmersión en Dios.
b. Asume individualidad. Ratifica el valor definitivo de Jesús, de su vida concreta.
c. Comunicación histórica. Jesús resucitado se hace presente en sus discípulos; implica un nuevo comienzo en el camino religioso de la humanidad.

4. Es una experiencia de visión, es decir, de comprensión nueva de la realidad
a. Es una experiencia fundante, desencadenante: le ‘han visto’, iniciando una forma nueva de ‘ver’, una mutación en la manera de entender el sentido de la humanidad; implica una ‘presencia’ personal de Jesús, de su proyecto y camino. Ese ver no es ver de ‘espiritismo’
b. La tumba vacía es una consecuencia… Si le han ‘visto’ es que no puede estar en la tumba… En sí, la tumba vacía o la ‘no tumba’ (no saber dónde le han puesto) no es prueba, sino sólo consecuencia: si él está vivo y se deja ‘ver’ es que no puede estar dominado por la muerte

5. ¿Cómo se explica? No se explica en plano racional, se actúa, se pone en marcha un movimiento:
a. Es el Espíritu Santo: poder de resurrección. Experiencia pneumatológica (carismática)
b. Es la Iglesia, principio de misión. Experiencia creadora, de expansión de evangelio

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Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá…

domingo, 13 de noviembre de 2016
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«Hemos sido testigos silenciosos de acciones malvadas, conocemos una más del diablo, hemos aprendido el arte de la simulación y del discurso antiguo, la experiencia nos ha hecho desconfiar de los hombres y con frecuencia hemos quedado en deuda con ellos en lo que respecta a la verdad y a la palabra libre, conflictos insostenibles nos han vuelto dóciles o tal vez incluso cínicos: ¿podemos ser útiles todavía? No tenemos necesidad de genios, de cínicos, de despreciadores de hombres, de estrategas refinados, sino de hombres sinceros, sencillos, rectos.

¿Habrá quedado bastante grande nuestra fuerza de resistencia interior contra lo que se nos impone? ¿Habrá quedado la sinceridad para con nosotros mismos suficientemente implacable, de suerte que nos haga volver a encontrar el camino de la sinceridad y de la rectitud?»

*
D. Bonhoeffer,
Resistencia y sumisión,
Ediciones Sígueme, Salamanca 1983.

***

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:

«Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido

Ellos le preguntaron:

«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?»

Él contesto:

– «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: «Yo soy», o bien: «El momento está cerca; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.«

Luego les dijo:

«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.

Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio.

Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía.

Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.«

*

Lucas 21, 5-19

***

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«Para tiempos difíciles» . 33 Tiempo ordinario – C (Lucas 21,5-19)

domingo, 13 de noviembre de 2016
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33-to-296x300Los profundos cambios socioculturales que se están produciendo en nuestros días y la crisis religiosa que sacude las raíces del cristianismo en occidente, nos han de urgir más que nunca a buscar en Jesús la luz y la fuerza que necesitamos para leer y vivir estos tiempos de manera lúcida y responsable.

Llamada al realismo

En ningún momento augura Jesús a sus seguidores un camino fácil de éxito y gloria. Al contrario, les da a entender que su larga historia estará llena de dificultades y luchas. Es contrario al espíritu de Jesús cultivar el triunfalismo o alimentar la nostalgia de grandezas. Este camino que a nosotros nos parece extrañamente duro es el más acorde a una Iglesia fiel a su Señor.

No a la ingenuidad

En momentos de crisis, desconcierto y confusión no es extraño que se escuchen mensajes y revelaciones proponiendo caminos nuevos de salvación. Estas son las consignas de Jesús. En primer lugar, «que nadie os engañe»: no caer en la ingenuidad de dar crédito a mensajes ajenos al evangelio, ni fuera ni dentro de la Iglesia. Por tanto, «no vayáis tras ellos»: No seguir a quienes nos separan de Jesucristo, único fundamento y origen de nuestra fe.

Centrarnos en lo esencial

Cada generación cristiana tiene sus propios problemas, dificultades y búsquedas. No hemos de perder la calma, sino asumir nuestra propia responsabilidad. No se nos pide nada que esté por encima de nuestras fuerzas. Contamos con la ayuda del mismo Jesús: «Yo os daré palabras y sabiduría»… Incluso en un ambiente hostil de rechazo o desafecto, podemos practicar el evangelio y vivir con sensatez cristiana.

La hora del testimonio

Los tiempos difíciles no han de ser tiempos para los lamentos, la nostalgia o el desaliento. No es la hora de la resignación, la pasividad o la dimisión. La idea de Jesús es otra: en tiempos difíciles «tendréis ocasión de dar testimonio». Es ahora precisamente cuando hemos de reavivar entre nosotros la llamada a ser testigos humildes pero convincentes de Jesús, de su mensaje y de su proyecto.

Paciencia

Esta es la exhortación de Jesús para momentos duros: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». El término original puede ser traducido indistintamente como «paciencia» o «perseverancia». Entre los cristianos hablamos poco de la paciencia, pero la necesitamos más que nunca. Es el momento de cultivar un estilo de vida cristiana, paciente y tenaz, que nos ayude a responder a nuevas situaciones y retos sin perder la paz ni la lucidez.

José Antonio Pagola

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«Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». Domingo 13 de noviembre de 2016 33º Ordinario

domingo, 13 de noviembre de 2016
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58-ordinarioc33-cerezoLeído en Koinonia:

Malaquías 3, 19-20a: Os iluminará un sol de justicia.
Salmo responsorial: 97:El Señor llega para regir los pueblos con rectitud.
2Tesalonicenses 3, 7-12: El que no trabaja, que no coma.
Lucas 21, 5-19: Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas

 Estamos ya en el final del año litúrgico, y por una lógica probablemente mal aplicada al distribuir los textos bíblicos a lo largo del año litúrgico, el tema de las lecturas de este domingo es también el del «final de los tiempos», el «final del mundo». De hecho, en el evangelio hay numerosos pasajes que aluden a este tema, los famosos textos «apocalípticos» (el género «apocalíptico» era muy del gusto de aquellos tiempos).

Durante la historia del cristianismo, también el final del mundo ha sido un tema siempre presente. Formaba parte de la identidad cristiana, diríamos. Ser cristiano implicaba creer que nuestra vida va a acabar con un juicio de Dios sobre nosotros, y también sobre la existencia del mundo como conjunto: Dios decidiría en algún momento -muy probablemente por sorpresa- el final del mundo, y toda humanidad sería convocada a juicio, en el Valle de Josafat por más señas, junto a la muralla oriental del templo de Jerusalén (lo que convirtió a ese valle en un auténtico cementerio VIP, muy cotizado…).

Este concepto del «final del mundo» estaba enmarcado (hasta ayer mismo, cuando nosotros éramos niños) dentro del contexto de una cosmovisión que imaginaba a Dios como un «Señor todopoderoso», situado fuera del mundo, encima, en un segundo piso celestial, observando y con frecuencia interviniendo en el mundo, donde se debatía la humanidad que Él había creado allí para superar una prueba y pasar a continuación a la vida definitiva, que ya no sería aquí en la tierra, sino en otro lugar, en «un cielo nuevo y una tierra nueva», porque la vieja tierra sería destruida con el final del período de prueba de la Humanidad. A continuación ya todo sería distinto: una «vida eterna» en el cielo -o en el infierno tal vez para algunos-.

Ruboriza hoy –y casi parece caricatura– contar o describir aquella visión que durante siglos se identificó con la doctrina cristiana. Durante milenio y medio al menos la creyeron revelada por Dios mismo. Dudar de ella o de cualquiera de sus detalles era tenido como un pecado (grave) de «falta de fe» y -peor aún- como un desacato a la revelación. Sobre la visión global o el «gran relato» –porque además era realmente un relato– que el cristianismo ofrecía (pecado original, juicio particular, juicio universal, cielo, purgatorio o infierno…) no era permitido dudar.

Hoy nos podemos llevar las manos a la cabeza al caer en la cuenta de qué parte tan grande de toda esta visión estaba constituida por tradiciones mitológicas ancestrales, pensamiento platónico… ¡Genial Platón!, que logró crear una «imagen» del mundo que cautivaría la imaginación de la humanidad por generaciones y generaciones, durante varios milenios, por vinticinco siglos, hasta hoy.

La revolución científica comenzada en el siglo XVI comenzó a cuestionar aquella cosmovisión platónico-aristotélica del cristianismo: las esferas celestiales, los siete cielos, la separación entre el mundo perfecto supra-lunar y el imperfecto o corruptible infra-lunar, la descripción tan viva de los «novísimos» (muerte, juicio, infierno y gloria)… Pero lo que en la visión científica o el conocimiento simplemente físico de las personas iba desmoronándose, se refugiaba en la visión religiosa, como si el cielo de la fe fuera el aristotélico-platónico, aunque el cielo astronómico fuera totalmente otro.

Hoy día, con el avance que la ciencia ha realizado, la escatología (rama de la ciencia que trata del «eskhatos, lo último») no sabe dónde colocar eso último, ni cómo conectarlo con lo que hoy sabemos todos. Y por eso cuesta seguir hablando de lo que era «lo último» dentro de las coordenadas teológicas tradicionales: unas realidades últimas conectadas directamente con la «prueba» y el «juicio de Dios» sobre nosotros, y una «vida eterna» vista como el premio o castigo correspondiente… La vida, la muerte, y la posible continuidad o no de la vida… todo ello era planteado en las coordenadas de aquella visión mítica (Dios arriba, que decide crear una humanidad y la pone a prueba para llevar a quienes la superen a la vida eterna…).

Tan internalizada está esta convicción mítica del «Dios que crea a los humanos en una vida provisional para probar si pueden acceder a la vida eterna», que todavía hoy, muchos cristianos no sólo siguen pensando así, sino que no ven la posibilidad de que vida, muerte y más allá de la muerte sean dimensiones existenciales humanas que deban dejar de ser «utilizadas» con la idea de premios y castigos de Dios a los humanos por su conducta. Muchos predicadores tendrían hoy dificultades para enfocar su homilía superando esa interpretación tradicional…

Pero, afortunadamente, «otro cristianismo es posible». Es posible… porque ya es real: ya lo viven muchos, y algunos incluso dan razón de esta su fe, y su nueva esperanza, desligada de premios y castigos. No es éste el lugar para presentar toda una escatología renovada, pero sí para remitir a tres obras recomendables a quien trate de replantear su fe fuera del paradigma premoderno mítico:

– Roger LENAERS sj, Otro cristianismo es posible, Abya Yala, Quito, Ecuador, 2006 (http:/tiempoaxial.org).

– Las «12 tesis del obispo John Shelby SPONG», que pueden ser encontradas en la mayor parte de los buscadores de internet.

– La revista CONCILIUM dedicó recientemente un número monográfico a la «resurrección de los muertos», en noviembre de 2006 (el número 318).

– John Shelby SPONG, Vida eterna: una nueva visión. Más allá de las religiones, más allá del teísmo, más allá de cielo e infierno, 232 pp, publicado en español por la editorial Abya Yala de Quito, en su colección «Tiempo axial» (http:/tiempoaxial.org). El subtítulo lo dice todo sobre la intención y el enfoque de este libro.

Completamos con una referencia tradicional a las tres lecturas de hoy:

Malaquías, a través de un lenguaje apocalíptico, alienta al pueblo justo que sirve enteramente al Señor, indicándoles que ya llegará el día en que se hará sentir la justicia de Dios sobre los que no guardan su ley; que ellos no son los que realmente dirigen el caminar de la historia, sino que es el Dios amante de la vida quien la guía, conduciéndola por el camino de la paz y de la vida. Todos los que caminan por el camino del Señor serán iluminados por el “sol de la justicia” que irradia su luz en medio de la oscuridad, en medio del dolor y la muerte.

El salmo que leemos hoy es un himno al Rey y Señor de toda la Creación, quien dirige con justicia a todos los pueblos de la tierra, quien es amoroso y fiel con el pueblo de Israel. Dios es un Dios justo, que merece ser alabado por todos, pues ha derrotado la muerte y ha posibilitado la vida para todos; por ello toda la Creación lo alaba, celebra la presencia de ese Dios misericordioso y justo en medio del pueblo liberado. Es un salmo de agradecimiento por los beneficios que el pueblo ha recibido por tener su esperanza puesta en el Dios de la Vida.

Muchos de los creyentes de Tesalónica, concretamente las “clases superiores”, pensaron que no debían preocuparse por las cosas de la vida cotidiana, como el trabajo, y que más bien debían esperar, de brazos cruzados, la inminente venida del Señor y dedicarse a la ociosidad. Pablo llama fuertemente la atención sobre esa actitud, pues son personas que viven del trabajo ajeno, son explotadores de los otros (esclavos) y, gracias a ello, acumulan riquezas sin esforzarse en absoluto. Es a ellos a quienes Pablo se dirige con vehemencia: «el que no trabaje que no coma» (v.10), ya que esta actitud no es propia de la enseñanza de los apóstoles.

Puede ser que la presencia magnífica del templo de Jerusalén alentara la fe de los judíos hasta el punto de ser más significativos la arquitectura y el poder de la religión que el mismo Dios de Israel; puede ser que fueran más importante los sacrificios, el ritual, la construcción majestuosa… que las actitudes exigidas por el mismo Dios para un verdadero culto a él: la misericordia y la justicia social. Por eso Jesús afirma que el templo será destruido, pues no posibilita una relación legítima con Dios y con los hermanos, sino que crea grandes divisiones sociales e injusticias. Es importante ir descubriendo en nuestra vida que la experiencia de fe debe estar atravesada por el servicio incondicional a los demás; es así como vamos sintiendo el paso de Dios por nuestra existencia y es así como vamos construyendo el verdadero templo de Dios, el cual no se debe equiparar con edificaciones ostentosas, sino con la Iglesia-comunidad de creyentes que se inspira en la Palabra de Dios y se mantiene firme en la esperanza de Jesús resucitado. Leer más…

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Dom 13. XI. 216. No ha de quedar piedra sobre piedra. El nuevo Templo

domingo, 13 de noviembre de 2016
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14938101_680837185426810_4279848513672868936_nDel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 33. Tiempo ordinario. Lucas 21, 5-19. Se acerca el final del ciclo litúrgico, y las lecturas de la misa nos sitúa ante el fin de todas de las cosas o, mejor dicho, ante el fin del tiempo actual. Pues bien, entre las cosas que acaban, según el evangelio está el Templo, un tipo de templo (como el de Jerusalén), con todo lo que significa.

El Templo de Jerusalén era lo más grande que había, según el judaísmo, una de las instituciones más estables y justas de la historia, más que el Imperio Romano o que la estructura del capitalismo actual Pues bien, Jesús vino y dijo que el Templo (¡lo más grande, al parecer eterno, el fin de la historia!) iba a caer, por sus propias contradicciones interiores… añadiendo que esa caída resultaba en el fondo buena, porque hacía posible el surgimiento de una Edad Distinta, más justa.

El evangelio se ocupa también de otros problemas (de enfrentamientos y persecuciones). Pero en esta postal voy a referirme hoy solamente el Templo, con aplicación a nuestro tiempo…

images— Constructores del Nuevo Templo de la Humanidad se llamaban y se llaman los Masones, arquitectos y albañiles de un templo que debía ser la Humanidad Entera, racional y liberada de las supersticiones.

— Constructores del templo de Jesús, en humanidad abierta a los más pobres, en comunión de amor universal, queremos ser también nosotros, los cristianos del siglo XXI, en gesto de apertura universal, en perdón, en acogida, en esperanza.


Para que nazca el nuevo templo de Jesús que forman los cristianos, todos los hombres y mujeres, unidos por el Espíritu de Dios, como quiso en especial san Pablo, tras la muerte de Jesús, tienen que caer los viejos templos, construidos sobre bases de poder de algunos, sobre separaciones clasistas, sobre miedo.

De ese tema trata la postal que sigue, en línea histórica, espiritual y social. Buen domingo a todos

Texto. Lucas 21, 5-8

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»
Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?»
Él contesto: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: «Yo soy», o bien: «El momento está cerca; no vayáis tras ellos…

Jesús y el Templo

Para un judío, la estabilidad del mundo dependía del Templo. El santuario de Dios garantizaba, con su edificio y liturgia expiatoria, el orden de la tierra. Si falla el templo el mundo pierde su sentido y los hombres quedan desfondados, sin unión con Dios, sin garantías de vida y pervivencia:

¿Cómo se podrá vivir sin templo? ¿Cómo mantenerse y superar los riesgos de la historia si no existe un santuario donde puedan expiarse los pecados?

El templo de Jerusalén, vinculado a la memoria de David-Salomón, era el centro de la vida israelita y se encontraba bajo la protección del gobernador romano con autoridad para nombrar al Sumo Sacerdote. Por su parte, en el templo se celebraba cada día un sacrificio a favor de Roma, simbolizando así la estabilidad y sacralidad del orden israelita, dentro del imperio. Mientras hubiera templo, el mundo podría seguir existiendo, con sus tres funciones: económica, política y religiosa

Función Económica.

El templo constituía el centro mercantil del pueblo israelita, que se había comprometido a mantener sus instituciones y su culto, al menos tras la “restauración” del exilio (año 525 a. C.) y las reformas de Esdras y Nehemías (cf. Neh 10, 2-39). En principio, el templo de Jerusalén había sido un “santuario real”, de manera que los reyes debían mantener su culto. Pero tras el exilio vino a convertirse en “santuario de la nación”, de manera que, aún estando bajo protección de los reyes de Israel o del Imperio de turno, su mantenimiento fundamental se hallaba en manos del conjunto del pueblo judío.

Por otro lado, el templo funcionaba como “banco” donde los fieles depositaban (y los sacerdotes administraban) grandes sumas de dinero. En esa línea podemos recordar que la mayoría de la gente de Jerusalén vivía, de una manera o de otra, de las construcciones, de los depósitos y trabajos del templo, de manera que se podía hablar de una “economía de templo”.

En esa línea, la caída del templo (del orden sagrado de este mundo) implicaba la caída y ruina del orden económico, expresado y fundado en la economía del templo. Pues bien, en ese contexto, cuando Jesús dice que “no quedará piedra sobre piedra”… está diciendo que la economía falsamente sagrada de nuestro mundo va a ser destruida, porque es injusta.

Función política.

En un plano, los judíos habían separado religión y política, pero la política influía mucho en la religión (y la religión en la política). En esa línea, aunque estuvieran sometidos a Roma, en sentido estricto, los sacerdotes de Jerusalén poseían una gran autonomía y ejercían gran poder, a partir del mismo templo, como supone un texto famoso de Flavio Josefo (del siglo I d.C.), defensor de una teocracia o gobierno de sacerdotes:

Nuestro legislador no atendió a ninguna de estas formas de gobierno, sino que dio a luz el Estado teocrático, como se le podría llamar…, que consiste en atribuir a Dios la autoridad y el poder… ¿Qué ley podría ser más hermosa y más justa que la que atribuye a Dios el gobierno de todo, la que encomienda a los sacerdotes administrar los asuntos más importantes en interés público y que confía al Sumo Sacerdote, a su vez, la dirección de los demás sacerdotes… Los sacerdotes quedaron encargados de vigilar a todos, de dirimir las controversias y de castigar a los condenados… La legislación de Moisés prescribe un único templo para un único Dios… Los sacerdotes han de servirle continuamente (a Dios). A estos los ha de presidir siempre quien les precede por su linaje .

El templo cumplía una función política, vinculada al imperio de Roma. Por eso, la caída del templo implicaba la ruina de un sistema político injusto. Si hoy se nos dice que el templo va a caer, se está indicando que ha de caer y destruirse nuestra forma de política, que es injusta, porque sacraliza un tipo de instituciones de violencia y de dominio de unos sobre otros

Función religiosa.

El templo simbolizaba y expresaba la presencia de Dios, que habitaba en medio del pueblo. En ese sentido aparecía como lugar privilegiado de oración y purificación, especialmente de perdón de los pecados. Como hemos visto, ese templo había sido devaluado o declarado ya inútil, de hecho, por Juan Bautista, cuando ofrecía el perdón de los pecados a través su bautismo y no por un ritual sagrado. También Jesús lo “desacralizó”, declarando que su función religiosa (¡de purificación y de perdón!) había terminado, como indica bien su gesto (Mc 11 par).

Jesús no quiso purificar el templo para reformarlo, sino que destruirlo (que se destruyera, en su forma actual), para que pudiera surgir un santuario diferente, “no hecho por manos humanas” (cf. Mc 14,2 8). Las cosas que el hombre “fabrica” son “ídolos”, algo que puede ponerse y se pone al servicio del poder y del dominio de unos sobre otros. En contra de eso, el verdadero templo debe identificase con el cuerpo mesiánico (cf. Jn 2, 21; 1 Cor 3, 16), es decir, con la humanidad reconciliada, que es el Reino de Dios. Jesús no ha necesitado ni necesita el templo exterior para preparar y proclamar la llegada del Reino de Dios y así sube a Jerusalén para indicar, de manera pública y abierta, que la función de ese templo ha terminado. Leer más…

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«El fín de año, el fín del mundo». Domingo 33 Ciclo C

domingo, 13 de noviembre de 2016
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senales-finDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Para la Iglesia, el año litúrgico no termina el 31 de diciembre sino a finales de noviembre. De ese modo puede reservar cuatro domingos antes del 25 de diciembre para celebrar el Adviento, que forma ya parte del nuevo ciclo litúrgico. El último domingo del tiempo ordinario se dedica en los tres ciclos a celebrar la fiesta de Cristo Rey. Y el penúltimo, el 33, a recordar el fin del mundo y de la historia. Algo que puede parecer bastante ajeno a nuestra mentalidad y cultura, pero que fue esencial para los primeros cristianos y que ofrece materia interesante de reflexión.

Del entusiasmo ingenuo a la esperanza apocalíptica

La gran tragedia experimentada por el pueblo judío a comienzos del siglo VI a.C. (en el año 586), cuando parte importante de la población fue deportada a Babilonia, Jerusalén y el templo quedaron en ruinas, y el pueblo perdió la independencia, provocó al cabo de unos años un florecimiento de profecías que anunciaban la vuelta de los desterrados, la prosperidad y esplendor de Jerusalén, la gloria futura del pueblo de Dios. Los profetas rivalizaban entre ellos por ver quién anunciaba un futuro mejor. Y la gente, durante siglos, alentó aquellas esperanzas. Hasta que la realidad se impuso, dando paso a una gran decepción: ni independencia, ni riqueza, ni esplendor. La decepción fue tan fuerte, que algunos grupos vieron la solución en la desaparición del mundo presente, radicalmente malo, y la aparición de un mundo futuro maravilloso, del que sólo formarían parte los buenos israelitas. La primera lectura de hoy, Malaquías 3, 19-20a, lo afirma con toda claridad.


Mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir ‒dice el Señor de los ejércitos‒, y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.

En este breve pasaje, lo único que precisa comentario es la metáfora final. Para nosotros, «un sol de justicia» es un sol terrible, del que buscamos refugio bajo cualquier sombra. Pero este no es el sentido aquí, sino todo lo contrario: «un sol salvador, que nos salva con sus rayos». ¿De dónde viene esta extraña metáfora? Probablemente de Egipto, inspirándose en la imagen del sol alado, que representa su acción benéfica sobre todo el mundo.

El cálculo del momento final y las señales

Ya que la mentalidad apocalíptica considera inminente el fin del mundo, desea calcular el momento exacto en que tendrá lugar y las señales que lo anunciarán. Las dos preguntas que formulan los discípulos a Jesús en el evangelio de hoy recogen muy bien ambos aspectos: ¿Cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder? Los Testigos de Jehová, cuando afirmaban a mediados del siglo pasado que el fin del mundo sería en 1984 (70 años después de la gran conflagración, marcada por el comienzo de la Gran Guerra en 1914) son los mejores exponentes modernos de esta forma de pensar.

Para la mentalidad apocalíptica, cualquier acontecimiento trágico, sobre todo si era de grandes proporciones, anunciaba el fin del mundo. Por eso, en el evangelio de este domingo, cuando los discípulos oyen anunciar la destrucción de Jerusalén, inmediatamente piensan en el fin del mundo.

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos.  Jesús les dijo:

            ‒ Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.

            Ellos le preguntaron:

            ‒ Maestro, ¿Cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?

El peligro de esta mentalidad es que resulta estéril. Todo se queda en cálculos y señales, sin un compromiso directo con la realidad. Y eso es lo que pretenden evitar los evangelios sinópticos cuando ponen en boca de Jesús un largo discurso apocalíptico, que la liturgia se encarga de mutilar abundantemente (en nuestro caso, los 29 versículos de Lucas 21,8-36 quedan reducidos a los doce primeros; menos de la mitad).

 

La respuesta de Jesús

            Él contestó:

            ‒ Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: «Yo soy», o bien: «El momento está cerca»; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.

            Luego les dijo:

            ‒ Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

            Las palabras de Jesús recogen un buen catálogo de las señales habituales en la apocalíptica: 1) a nivel humano, guerras civiles, revoluciones y guerras internacionales; 2) a nivel terrestre, epidemias y hambre; 3) a nivel celeste, signos espantosos.

Pero nada de esto anuncia el fin del mundo. Antes, y aquí radica la novedad del discurso, ocurrirán señales a nivel personal y comunitario: persecución religiosa y política, cárcel, juicio ante tribunales civiles; incluso la traición de padres y hermanos, la muerte y el odio de todos por causa de Jesús. Esta parte abandona la enumeración de catástrofes apocalípticas para describir la dura realidad de las primeras comunidades cristianas. En todas ellas habría algunos juzgados y condenados injustamente, traicionados incluso por sus seres más queridos.

Sólo dos frases alivian la tensión de este párrafo tan trágico.

La primera resulta casi irónica, pero no lo es: Así tendréis ocasión de dar testimonio. La persecución, la cárcel y los juicios injustos no se deben ver como algo puramente negativo. Ofrecen la posibilidad de dar testimonio de Jesús, y así lo interpretaron los numerosos mártires de los primeros siglos y los mártires de todos los tiempos.

La segunda alienta la confianza y la esperanza: ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. Más bien habría que decir que perecerán todos los cabellos de vuestra cabeza, pero salvaréis vuestras almas, que es lo importante.

Si siguiésemos leyendo el discurso, todo culminaría en la aparición de Jesús, «el Hijo del Hombre que llega en una nube con gran poder y gloria». Es el sol del que hablaba Malaquías, que ilumina y salva a todos los que creen en él.

Frente a la curiosidad, testimonio

Las lecturas de este domingo corren el peligro de ser interpretadas en el Primer Mundo como mero recuerdo de lo que ocurrió entre los primeros cristianos. Muy distinta será la interpretación de bastantes iglesias africanas y asiáticas, que se verán muy bien reflejadas y consoladas por las palabras de Jesús. También nosotros debemos recordar que, sin persecuciones ni cárceles, nuestra misión es aprovechar todas las circunstancias de la vida para dar testimonio de Jesús.

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Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario. 13 de Noviembre, 2016

domingo, 13 de noviembre de 2016
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domingo-xxxiii***

“Pero antes de todo,

os echarán mano y os perseguirán, os arrastrarán a las sinagogas y a las cárceles, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por mi nombre.

Esto os servirá para dar testimonio.

Haceos el propósito de no preocuparos por vuestra defensa, porque yo os daré un lenguaje y una sabiduría a los que no podrá resistir ni contradecir ninguno de vuestros adversarios. Seréis entregados incluso por vuestros padres, hermanos, parientes y amigos; y a alguno de vosotros os matarán. Todos os odiarán por mi causa. Pero ni un pelo de vuestra cabeza se perderá.

CON VUESTRA PRESEVERANCIA OS SALVARÉIS.”

(Lc 21, 5-19)

Es inevitable que la lectura de este Evangelio nos traiga al corazón a cada una de nuestras hermanas y hermanos perseguidas a causa de su fe en Jesús.

El corazón se estremece cuando te vienen al recuerdo imágenes, noticias, testimonios…

Estremece pensar que hay persona tan convencidas de su fe que no pueden renegar de ella, incluso si el precio a pagar es entregar la propia vida.

Inevitablemente una mira su propia fe, su propia vida…¡y se avergüenza!

Personalmente he manifestado, además públicamente, mediante una Profesión Solemne, que entregaba mi vida pero tengo que admitir que ante una muerte violenta no sé si sería capaz de mantenerme fiel a mi compromiso, ¿me vencería el miedo?… creo que sí.

Pero sin ir tan lejos, sin llegar al extremo de tener que entregar la propia vida, también me descubro tacaña y mediocre en lo pequeño. No siempre soy capaz de entregar mi tiempo, mi esfuerzo, mi servicio…¡ni tan solo soy capaz de renunciar a ciertas comodidades!

Hoy el evangelio y el testimonio de quienes están siendo perseguidas a causa de su fe me espolean, me reclaman, me hieren. Ojalá la herida sea lo suficientemente profunda como para que me ayude a entregar de verdad la vida.

Oración

Sácanos, Trinidad Santa, de la mediocridad, esa que nos paraliza a la hora de entregar la vida.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Lo que pase al final de los tiempos me la trae al fresco

domingo, 13 de noviembre de 2016
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dom-33c-2Lc 21, 5-19

Estamos en el penúltimo domingo del año litúrgico. El próximo celebraremos la fiesta de Cristo Rey que remata el ciclo. Como el domingo pasado, el evangelio nos invita a reflexio­nar sobre más allá. El lenguaje apocalíptico y escatológico tan común en la época de Jesús, es muy difícil de entender hoy. Corresponde a otra manera de ver al hombre, a Dios y la realidad material. Desde aquella visión, es lógico que tuvieran también otra manera de ver lo último el «esjatón». Una vez más los discípulos están más interesados por la cuestión del cuándo y el cómo, que por el mensaje.

Tanto el pueblo judío en el AT como los cristianos en el NT están volcados sobre el porvenir. Esta actitud le distingue de los pueblos circundan­tes cerrados en el continuo devenir de los ciclos naturales. Ambos se encuentran siempre en tensión, esperando una salvación que ha de venir. Para ellos esa salvación solo puede venir de Dios. Desde Noé al que se le ofrece algo nuevo a través de la destrucción de lo viejo. Abrahán, al que se le pide salir de su tierra para ofrecerle descendencia y una tierra mejor. Pasando por el Éxodo, que fue la experiencia máxima de salvación, desde la esclavitud hacia la tierra prometida. Todos vivieron siempre con la esperanza de algo mejor, que Dios le iba a dar.

Los profetas se encargaron de mantener viva esta expectativa de salvación definitiva. Pero también introdujeron una faceta nueva: El día de esa salvación debía de ser un día de alegría, de felicidad de luz, pero a causa de las infidelidades del pueblo, los profetas empiezan a anunciarlo como día de tinieblas; día en que Yahvé castigará a los infieles y salvará al resto. El objetivo de este discurso era urgir a la conversión.

Los primeros cristianos no tienen inconveniente en utilizar las imágenes que le proporciona la tradición judía, que era el ámbito religioso en el que se desenvolvía. A primera vista parece que entra en esa misma dinámica apocalíptica, muy desarrollada en la época anterior y posterior a la vida de Jesús. El NT pone en boca de Jesús un lenguaje que se apoya en los conocimientos y las imágenes que le proporciona el AT.

En tiempo de Jesús se creía que esa intervención definitiva de Dios iba a ser inminente. En este ambiente se desarrolla la predicación de Juan Bautista y de Jesús. Las primeras comunidades cristianas acentuaron aún más esta expectativa de final inmediato. Pero en los últimos escritos del NT, es ya patente una tensión entre la espera inmediata del fin y la necesidad de preocuparse de la vida presente. Ante la ausencia de acontecimientos en los primeros años del cristianismo, las comunidades se preparan para la permanencia.

Con los conocimientos que hoy tiene el ser humano y el grado de conciencia que ha adquirido, no tiene ninguna necesidad de acudir a la actuación de Dios, ni para destruir el mundo para poder crear otro más perfecto (apocalíptica), ni para enderezar todo lo malo que hay en él para que llegue a su perfección (escatología). El Génesis nos dice que al final de la creación Dios “vio todo lo que había hecho y era muy bueno”. ¿Por qué, nosotros, lo vemos todo malo? Para Dios todo está siempre en total equilibrio.

La justicia de Dios no es un trasunto de la justicia humana, solo que más perfecta. La justicia humana es el restablecimiento de un equilibrio perdido por una injusticia. Dios no tiene que actuar para ser justo ni inmediatamente después de un acto, ni en un hipotético último día donde todo quedará definitivamente zanjado. Dios no hace justicia. Él es justicia. Todo acto, sea bueno, sea malo, en sí mismo lleva ya el “premio” o el “castigo”, Dios no necesita ninguna acción posterior. Ante Dios todo es justo en cada momento.

Por fin podemos desistir de aplicar a Dios nuestra justicia. Dios es justicia y toda la creación está siempre de acuerdo con lo que Él es. Él ha querido nuestra contingencia como criaturas que somos. El dolor, el pecado y la muerte no son en el hombre un fallo, sino que pertenecen a su misma naturaleza. La salvación no consistirá en que Dios nos libre de esas limitaciones, sino en darse cuenta de que Él está siempre con nosotros, y todo hombre puede alcanzar plenitud de ser, a pesar de ellas.

Lo que en el mundo creemos que está mal y no depende del hombre, no es más que una falta de perspectiva. Una visión que fuera más allá de las apariencias nos convencería de que no hay nada que cambiar en la realidad, sino que tenemos que cambiar nuestra manera de interpretarla. Lo que nos debía preocupar de verdad es lo que está mal por culpa del hombre. Ese debía ser nuestro campo de operaciones. Ahí nuestra tarea es inmensa. El ser humano está causando tanto mal a otros seres humanos y al mismo mundo que debíamos estar aterrados. Lo que debemos hacer es cambiar de actitud.

No nos debe extrañar la referencia a la destrucción del templo. Este evangelio está escrito entre el año 80 y el 90, por lo tanto ya se había producido esa catástrofe. Para un judío, la destrucción del tempo era el “fin del mundo”. Era lógico asociar la destrucción del templo al fin de los tiempos, porque para ellos el templo lo era todo, la seguridad total. Para ellos era impensable la existencia sin templo. De ahí la preocupación de la pregunta: ¿Cuándo va a ser eso? Poro Jesús responde hablando del fin de los tiempos, no del templo. La única preparación posible es la confianza total en lo que Dios nos está dando.

Sin embargo, Jesús introduce elementos nuevos que cambian la esencia de la visión apocalíptica. En la lectura de hoy podemos apreciar claramente estos matices. A Jesús no le impresiona tanto el fin, como la actitud de cada uno ante la realidad actual (“antes de eso”). Es el presente del creyente lo que interesa a Jesús. ¡Que nadie os engañe! (toda mi predicación se podía resumir en esta idea). Ni el fin ni las catástrofes tienen importancia ninguna, si sabemos mantener la actitud adecuada. La realidad no debe perturbarnos “no tengáis pánico”. Sabemos que la realidad material termina, pero lo esencial dura.

La seguridad no la puede dar la falta de conflictos (siempre los habrá), ni la promesa de felicidad, sino la confianza en Dios. Tampoco debemos seguir edificando “templos” que nos den seguridades. Ni organigramas ni doctrinas ni un cristianismo sociológico, garantizan nuestra salvación. Todo lo contrario, puede ser que la desaparición de esas seguridades nos ayude a buscar nuestra verdadera salvación. Decía ya San Ambrosio: “Los emperadores nos ayudaban más cuando nos perseguían que cuando nos protegen”.

Lo esencial del mensaje de hoy está en la importancia del momento presente frente a los miedos por un pasado o las especulaciones sobre el futuro. Aquí y ahora puedo descubrir mi plenitud. Aquí y ahora puedo tocar la eternidad. Hoy mismo puedo detener el tiempo y llegar a lo absoluto. En un instante puedo vivir la totalidad, no solo de mi ser individual, sino la TOTALIDAD de lo que ha existido, existe y existirá. Para el despierto, no hay diferencia ninguna entre el pasado, el presente y el futuro. Si dependo de mi falso yo, elegiré prolongar eternamente esta vida biológica y cortaría el acceso a mi verdadero ser.

Jesús venció a la muerte, muriendo. Pero no nos engañemos, su muerte no fue un paripé, aunque doloroso, para recuperar la misma vida que perdió. Fue la aceptación total de su limitación lo que le proyectó a lo absoluto. Solo descubriendo y aceptando plenamente mi limitación, podré entrar en la dinámica de lo eterno que hay en mí. El mayor peligro que nos acecha es que busquemos en la vida espiritual la manera de potenciar lo material. El tiempo material es como una línea, una sucesión continuada de puntos. El espíritu es como un punto que se encuentra a la vez en todos los lugares de la línea.

Meditación-contemplación

“Cuidado conque nadie os engañe”.
Con frecuencia nos convence lo que halaga el oído.
Cuando la verdad nos exige esfuerzo,
Buscamos escapatorias más fáciles de asimilar.
………………..

Los predicadores de todos los tiempos lo saben,
Y tratan de aprovechar esa debilidad para engañarnos.
Profundizar en la realidad de nuestro propio ser,
Es el único camino para escapar de las voces de sirena.
…………………

Todas las promesas de futuro que se hacen en nombre de Dios
son falsas, porque Dios no tiene futuro.
Dios no promete, da. Y se da desde siempre y para siempre.
En esa eternidad del don, tenemos que entrar nosotros.
……………….

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Este mundo tiene fin.

domingo, 13 de noviembre de 2016
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apocalip¡Que el afligido aprenda de verdad de los maestros divinamente instituidos: los lirios del campo y las aves del cielo! (Kierkegaard)

13 de noviembre, domingo XXXIII del TO

Lc 21, 15-29

Pero no se perderá ni un solo cabello de vuestra cabeza

En la primera lectura de este domingo, el profeta Malaquías desvela la intervención futura del Señor a favor de su pueblo: “…a los que respetan mi Nombre los alumbrará el sol de la justicia que cura con sus alas” (Mal 3, 20). Un sol que el Padre hace salir sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos, como dice Mateo 5, 45. Isaías lo pronosticó en 33, 16: -”Ese morará en las Alturas: picachos rocosos serán su alcázar, con abasto de pan y provisiones de agua”.

En realidad todos estos textos no son sino una muestra de la idea de un Dios providente y siempre dispuesto a satisfacer las demandas de los hombres que late constantemente en toda nuestra BibliaEl Libro de Enoc, considerado por los cristianos de los primeros tiempos como parte de las Sagradas Escrituras, y escrito unos trescientos años a. de C, remarca este mismo pensamiento cuando en su Capítulo 1. Bendición de los elegidos, dice: “El Dios eterno andará sobre la tierra, aparecerá con gran ejército sobre el monte Sinaí y surgirá en la fuerza de su poder desde lo alto los cielos”.

En el versículo de Lucas: “Pero no se perderá ni un solo cabello de vuestra cabeza”

destaca la idea de la Providencia, tan querida para prácticamente todas las religiones. El Rigveda (3.000 años a. de C) hace referencia al Sol y otras divinidades “oculares” a través de la mirada. Para el budismo, Buda es “el Ojo del mundo”. Egipto tiene el “Ojo de Horus”. En el judaísmo y otras religiones del Medio Oriente, el ojo que todo lo ve aparece en la forma de un signo llamado Hamsa. Y en el cristianismo el Ojo que todo lo ve es “el Ojo de la Providencia”.

Toda esta iconografía y su significación es mítica y representa el anhelo de una Humanidad que se siente desamparada y busca la protección de un Ser Superior que escuche sus deseos y le ampare. Pero la realidad es que ese Ser no existe. Para la Humanidad no existe fuera, pero sí dentro. Y es en esa interioridad donde únicamente se encuentra la fuerza de esa “divina Providencia”. Así hay que entender todos los citados textos.

En su obra Los lirios del campo y las aves del cielo, Soren Kierkegaard escribe: “¡No quiera Dios que un hombre hasta su último momento olvide al lirio y al pájaro! (…) ¡Padre, que estás en los cielos! (…) ¡sé propicio para que el afligido aprenda de verdad de los maestros divinamente instituídos: los lirios del campo y las aves del cielo!” Estos lirios del campo de los que Mateo nos dice que no se fatigan ni hilan, y de estas aves del cielo que ni siembran ni recogen en graneros, pero a las que el Padre alimenta.

SI YO SOY DIOS

Si yo soy Dios, ¿a quién he de temer si no a mí mismo?
Absurda conclusión sobre mi ser y mi temer
a quien yo quiero.

En las estribaciones
de mis absurdos pensamientos
cabalgan hacia el mundo mis amores
sobre falsos senderos.

No deseo quebrarte en mi estrechura
ni romper con mis besos ateos Tu ventura
ni la arena y el cielo en el desierto,
insensibles los dos
a humano sufrimiento.

Que nadie me interrumpa en el camino
hacia el Dios que soy yo
porque con Él en Mí, todo lo puedo.

Vicente Martínez

Fuente fe Adulta

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No tengáis pánico. Confiar en tiempos revueltos.

domingo, 13 de noviembre de 2016
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10986243_325157441013636_1636539269_nLc 21,5-19

“Esto que contempláis, llegará un día que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. “Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo…” Al leer estas palabras del evangelio de Lucas me vienen a la mente imágenes recientes de terremotos, guerras, inundaciones… Pienso en hermanas y hermanos nuestros perseguidos y en quienes están padeciendo las consecuencias de tantas catástrofes y me pregunto ¿cómo escucharan ellos estas palabras hoy?

En el año 2001 tuve la inmensa suerte de poder compartir un tiempo en El Salvador, después de los graves terremotos allí acontecidos. Recuerdo que, el viernes que tocaba el cántico de Habacuc en Laudes, las palabras “en el terremoto, acuérdate de tu misericordia”, sonaban a mis oídos de un modo completamente nuevo, llenas de intensidad, haciéndome experimentar con más fuerza la certeza del autor del cántico: “El Señor soberano es mi fuerza, él me da piernas de gacela y me hace caminar por las alturas”.

Seguramente nosotros ya no preguntaríamos a Jesús, como hicieron quienes le escuchaban: “Maestro, ¿cuándo va a ser esto?, porque sabemos que lo que describe el evangelio ya está sucediendo en alguna parte del mundo. Pero ¿qué es lo que Lucas nos está queriendo transmitir? ¿Por qué este texto?

Nos situamos en Jerusalén, en la última visita de Jesús antes de su pasión. Unos versículos antes, Lucas nos ha contado que, al acercarse a la ciudad, Jesús se echa a llorar. Su llanto, como sus palabras, es un llanto profético, un llanto que nace del amor y la compasión que siente hacia aquel lugar y sus gentes, hacia su pueblo. En aquella ciudad y en ese templo muchos creyentes habían depositado sus esperanzas, tanto que habían dejado de ponerlas en Dios mismo para aferrarse, idolátricamente, en espacios y piedras, en ideas o normas. Jesús, con sus palabras, desea despertar a quienes le escuchan para que se conviertan, para que se vuelvan por completo, para que vuelvan sus ojos y todo su ser de nuevo a Dios mismo.

No olvidemos también que el evangelio de Lucas fue escrito en una época cercana a un acontecimiento vivido en el año 70 d.C.: la destrucción del Templo de Jerusalén, algo que para los judíos de aquella época fue devastador pues este edificio había cobrado para ellos un sentido absolutamente referencial.

Lucas relativiza esa catástrofe incluyéndola dentro del devenir de la historia humana y lo hace con una mirada realista, pero creyente y confiada, segura de la presencia de Dios en todo.

Por ello, las palabras de Jesús invitan al consuelo y a la esperanza: “No tengáis pánico” “Yo os daré palabras y sabiduría” “Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. A su llamada de atención para que pongamos nuestros sentidos en lo Absoluto y no en lo relativo; para que no nos quedemos en lo superficial sino que vayamos a lo profundo, acompaña una promesa de consuelo, de compañía; una invitación a confiar, a mantenernos en la certeza de que Dios está con nosotros, a perseverar.

Seguro que no puede ser igual escuchar esto cuando estamos contemplando la belleza de las piedras o cuando lo que hay a nuestro alrededor son ruinas… Pero justo ahí, donde todo está destruido, donde la violencia arrasa y el sufrimiento crece, donde la vida está totalmente amenazada… justamente ahí Dios acampa, Dios sufre, Dios consuela y sostiene.

Jesús, por tanto, desea despertar nuestra adormilada conciencia para que no pongamos nuestra esperanza en aquello que es pasajero. Pero, al mismo tiempo, nos invita a situarnos con responsabilidad, lucidez y creatividad ante las dificultades de la vida y los conflictos fruto de la miseria humana. “Perseverad”, nos dice. Manteneos en la convicción de mi presencia en medio de vosotros. Confiad. Pero no perdáis el sentido.

Inma Eibe, ccv

Fuente Fe Adulta

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«Morir y resucitar en Cristo: con cremación y sin tumbas vacías», por Juan Masiá sj

miércoles, 9 de noviembre de 2016
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resurreccion-y-vide-eternaDe su blog Vivir y Pensar en la Frontera:

«La resurrección es la interpretación de fe del sentido de la muerte»

«No consiste en la inmortalidad de un alma separada, ni en la recuperación del cuerpo cadáver»

Ni la cremación impide la resurrección, ni hace falta una tumba vacía para creer en El Que Vive.

Morir es morir hacia la Vida. Resucitar es entrar en la Vida definitiva, en la Vida de la vida.

Morir y resucitar en Cristo es la expresión de la fe cristiana en la vida verdadera y eterna, que no consiste en la inmortalidad de un alma separada, ni en la recuperación del cuerpo que se convirtió en cadáver y fue cremado o enterrado.

Se expresa bien el umbral de la muerte con la metáfora de la puerta. La muerte es puerta de salida de esta vida y puerta de entrada en la Vida de la vida. La salida de esta vida, es decir, la muerte es un hecho histórico, acreditado por el certificado de defunción. La entrada en la Vida de la vida no es un hecho histórico, sino transhistórico: la resurrección.

La resurrección es la interpretación de fe del sentido de la muerte. Desde el lado de acá del umbral de la muerte podemos certificar el hecho histórico de la defunción. Pero la realidad transhistórica de la resurrección no se puede certificar como hecho histórico; se da testimonio de ella como confesión de fe.

Para poder certificarla desde el otro lado de la puerta, es decir, para mostrar que esa puerta es puerta de entrada en el más allá, la que se ve como puerta de salida desde el más acá, tendríamos que estar ya en la otra orilla, es decir, tendríamos que haber muerto y resucitado.

Pero la fe puede afirmarlo, porque creer es haber muerto: la fe y la contemplación son como una muerte en vida. Pablo puede afirmar la resurrección desde su confesión de fe, porque como él dice, creer en Cristo es haber muerto y resucitado ya ahora (Col 3, 1). Lo mismo que,según el evangelista Juan, quien vive y cree en Cristo, no morirá nunca ( cf Jn11, 26) (También en la vivencia del Zen se solapa la iluminación con una gran muerte en vida!).

Jesús muere en cruz hacia la Vida y entra en ese momento en el “hoy eterno de Abba”, desde donde difunde su Espíritu. No necesita tumbas vacías para justificar que Él Vive, ni tiene que esperar tres días para resucitar, ni semanas para ascender a Abba y descender como Espíritu: muerte, resurrección, ascensión y pentecostés son todo un mismo instante, que la proclamación narrativa de la fe desplegará temporal y espacialmente en el lenguaje simbólico de apariciones pascuales o pentecostales.

“Morir es nacer a la vida verdadera. Morir a la vida de este mundo es nacer a la vida definitiva…”(Ver más, en las páginas 181-188, de Vivir. Espiritualidad en pequeñas dosis, Desclée de Brower y Religión Digital Libros, 2015).

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Nadie como la «carne» es tan hermana tuya, porque también contigo nace ella en Dios

lunes, 7 de noviembre de 2016
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«Así pues, resucitará la carne: idéntica, completa e íntegra. Dondequiera que se encuentre, será depositada junto a Dios, por obra del fidelísimo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo, que restituirá Dios al hombre y el hombre a Dios, el espíritu a la carne y la carne al espíritu: ha unido ya ambos en su persona (… ). Eso que tú consideras un exterminio es una simple partida. No sólo el alma se aleja, sino que también la carne se retira mientras tanto: al agua, al fuego, a los abismos, a las fieras. Cuando parece disolverse así, es como si fuera transfundida en vasos. Si después también los vasos desaparecen, porque se disuelven y son reabsorbidos en lo tortuoso de su madre la tierra, de ésta será formado de nuevo Adán, el cual oirá de Dios estas palabras: «¡Resulta que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros!»(Gn 3,22). Entonces será verdaderamente consciente del mal del que ha escapado y del bien en el que ha confluido. ¿Por qué, alma, sientes odio por la carne? Nadie te es tan prójimo ni a nadie debes amar tanto, después de Dios; nadie es tan hermana tuya, porque también contigo nace ella en Dios»

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Tertuliano,
La resurrección de la carne
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