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«Esperanza Pascual», por Carlos Ayala

miércoles, 15 de abril de 2015
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cssr325Y en la bendición «Urbi et orbi«,  papa tras papa, siguen olvidándose de las víctimas de la Homofobia/Transfobia que siguen siendo invisibles para esta jerarquía poco misericordiosa, lo que no nos extraña porque habría que comenzar a exigir ecplicaciones en la propia casa…  Leído en Adital :
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¿Qué significa la resurrección de Jesús? Ofrecemos tres reflexiones que nos ponen en el camino de la respuesta: la primera, tomada de los estudios teológicos de José Antonio Pagola; la segunda, sacada del pensamiento de nuestro pastor mártir monseñor Romero; y la tercera, escogida del mensaje «urbi et orbi” del papa Francisco, en ocasión de la pascua 2015. Veamos.

Según Pagola, la ejecución de Jesús ponía en cuestión todo su mensaje y actuación. Aquel final trágico planteaba un grave interrogante incluso a sus seguidores más fieles: ¿tenía razón Jesús o estaban en lo cierto sus ejecutores? ¿Con quién estaba Dios? En la cruz no habían matado solo a Jesús. Con el él habían matado también su mensaje, su proyecto del reino de Dios y sus pretensiones de un mundo nuevo. En ese contexto, la resurrección es una respuesta contundente de Dios ante aquel hecho ignominioso. Es la reacción de Dios que confirma a su querido hijo Jesús desautorizando a quienes lo han condenado.

Esto es lo primero que predican los discípulos una y otra vez: «ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de gente sin ley, pero Dios lo resucitó de entre los muertos; el Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndole del patíbulo» (Hc 2, 23-24). Por tanto, con su acción resucitadora, Dios ha confirmado la vida y el mensaje de Jesús, su proyecto del Reino de Dios y su actuación entera. Es decir, la resurrección es algo que se ha producido en el crucificado, no en la imaginación de sus seguidores. Esta es la convicción de todos. La resurrección de Jesús es un hecho real, no producto de su fantasía ni resultado de su reflexión. No es tampoco una manera de decir que de nuevo se ha despertado su fe en Jesús.

Para los primeros cristianos, por encima de cualquier otra representación o esquema mental, la resurrección de Jesús es una actuación de Dios que, con su fuerza creadora, lo rescata de la muerte para introducirlo en la plenitud de su propia vida. Así lo repiten una y otra vez las primeras confesiones cristianas y los primeros predicadores. En el mismo momento en que Jesús siente que todo su ser se pierde definitivamente siguiendo el triste destino de todos los humanos, Dios interviene para regalarle su propia vida. Allí donde todo se acaba para Jesús, Dios empieza algo radicalmente nuevo. Cuando todo parece hundirse sin remedio en el absurdo de la muerte, Dios comienza una nueva creación. Ahora bien, con esta intervención de Dios se inicia la resurrección final, la plenitud de la salvación. Jesús es solo el primogénito de entre los muertos, el primero que ha nacido a la vida definitiva de Dios. Él se nos ha anticipado a disfrutar de esa plenitud que nos espera también a nosotros. Su resurrección no es algo privado, que le afecta solo a él; es el fundamento y la garantía de la resurrección de la humanidad y de la creación entera. Jesús es primicia, primer fruto de una cosecha universal.

Por otra parte, monseñor Romero en un contexto litúrgico de pascua y en medio de una realidad social dominada por la pobreza y la represión contra los que buscaban cambios, señalaba que le daba gusto pensar que la Iglesia en la que predicaba «no era una Iglesia abstracta, por las nubes, sino una Iglesia que peregrinaba con los pies en la tierra”. Y desde ese espíritu proclamaba: «El gran inspirador de la liberación de nuestra patria y de los hombres es (…) Cristo resucitado, el que esta mañana canta la verdadera victoria sobre todas las opresiones de la tierra. Cristo que ahora colocado en la gloria del Padre, puede desafiar los poderes de Poncio Pilato y del Imperio Romano; y el fanatismo de los dirigentes espirituales de Israel, de sacerdotes y de una religión que había pervertido sus sentidos”.

Luego el arzobispo mártir planteaba una exhortación y un desafío. Su llamado: «Ojalá, los fanáticos de la violencia y el terrorismo; ojalá, los que creen que con la represión y la fuerza se van a arreglar las cosas, aprendieran que no son esos los caminos del Señor, sino éstos: los humildes caminos de Cristo por la obediencia a la ley del Señor, por el respeto y el amor, y el que ahora entrega a los hombres la verdadera liberación para que el que la quiera aprovechar”.

Y al modo de los profetas de Israel dejaba un reto a los creyentes: «¿Por qué tan poca inventiva, cristianos? ¿Por qué, poseyendo el proyecto del reino de los cielos, con la fe en Cristo Rey resucitado, se hacen esclavos de ideologías de la tierra? ¿Por qué creen que lo cristiano vale menos que lo político? ¿Por qué no tienen ustedes la audacia de dar un sentido cristiano también a la organización donde ustedes pertenecen? ¿Por qué han de ser esclavos de los otros? ¿Por qué han de perder ustedes el liderazgo que Cristo lleva por delante? ¿Por qué han de someterse a los yugos? ¡No se humillen! ¡Dicen que son liberadores y son esclavos! ¡Dicen que trabajan por reivindicaciones y se dejan subyugar! El cristiano es el más rebelde que existe, porque no se somete a ninguna ideología de la tierra, porque posee la gran libertad del liberador Jesucristo” (abril 1979).

Finalmente, el anuncio de la Buena Nueva de la resurrección de Jesús nos lleva a la solidaridad con los crucificados de nuestra historia. Así lo ha expresado el papa Francisco en su mensaje pascual «urbi er orbi”. A modo de peticiones el papa ha tenido presente a muchas de las víctimas del mundo actual. Ha pedido al Cristo resucitado la gracia de no ceder al orgullo que fomenta la violencia y las guerras, sino tener el valor humilde del perdón y de la paz. Pedimos – dijo el papa – a Jesús victorioso que alivie el sufrimiento de tantos hermanos nuestros perseguidos a causa de su nombre, así como de todos los que padecen injustamente las consecuencias de los conflictos y las violencias que se están produciendo

Ha pedido paz y libertad para tantos hombres y mujeres sometidos a nuevas y antiguas formas de esclavitud por parte de personas y organizaciones criminales. Paz y libertad para las víctimas de los traficantes de droga, muchas veces aliados con los poderes que deberían defender la paz y la armonía en la familia humana. Ha implorado la paz para este mundo sometido a los traficantes de armas que ganan con la sangre de los hombres y las mujeres. Y para los marginados, los presos, los pobres, los emigrantes, los enfermos, los niños sometidos a la violencia y cuanto hoy están de luto; el papa ha rogado para que llegue la voz consoladora del Señor Jesús: «La paz esté con ustedes» (Lc 24,36). «No teman, he resucitado y siempre estaré con ustedes».

 Carlos Ayala Ramírez
Director de Radio YSUCA

 

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Resucitados con Cristo

martes, 14 de abril de 2015
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Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

resplandor

« Es por el resplandor de tu vida

como debes aportar al mundo

la prueba de que tú mismo

estás, Conmigo,

resucitado. «

*

El 11 de abril, Vivir por el Espíritu.

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Pascua 5. Tu es Petrus. Pedro, experiencia y tarea de resurrección

martes, 14 de abril de 2015
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PedroDel blog de Xabier Pikaza:

He presentado ya varias figuras de la Pascua: María Magdalena; María, la madre de Jesús; las mujeres de la tumba vacía; Tomás…

Ha sido necesario el ministerio de María Magdalena, como señalaba Jn 20, 11-18. Pues bien, tras ella han corrido, conforme al evangelio de Juan, Pedro y el Discípulo amado, que forman el gran «triunvirato» pascual de su evangelio: Un Hombre (Pedro), una Mujer (Madgalena), un Creyente sin Más (Discípulo amado).

Pero al lado de ese “triunvirato de Juan”, con una mujer esencial, la Iglesia ha destacado, a partir de Gal 1-2 y de Hech 15, otro triunvirato, formado por los tres grandes testigos de las tres líneas oficiales de la Iglesia antigua, tal como ha sido ratificada por el “Concilio de Jerusalén”: Santiago, hermano de Jesús (judeo-cristianos de Jerusalén), Pablo, apóstol de los gentiles, y Pedro, signo de la tradición de histórica de Jesús y de la unión de las Iglesia.

Hoy me detengo en Simón Pedro, a quien la tradición católica presenta como “fundador” de la Iglesia, edificada sobre la palabra del Jesús Pascual: Tu es Petrus, tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, como seguirá viendo quien lea. Buena pascua a todos, con Pedro, con Francisco Papa, con todas las iglesias que reconocen algún modo su magisterio pascual.

Un recuerdo antiguo

Probablemente, el recuerdo más antiguo de una visión pascual de Pedro está evocado en Mc 16, 7, un pasaje que ha sido transformado después en los lugares paralelos (Lc 24, 5-6 y Mt 28, 7). El mismo joven celeste de la pascua recoge esa palabra y encomienda a las mujeres:

Id, decid a sus discípulos y a Pedro:
El (Jesús) os precede a Galilea,
allí le veréis, como os dijo (Mc 16, 7).

Pedro IILas mujeres (y de un modo especial María Magdalena) reciben el encargo de preparar a Pedro, disponiéndole para la experiencia pascual del encuentro con Jesús. Antes era Jesús quien les había ido preparado… ahora deja como delegadas de su obra, como mensajeras de su pascua, a unas mujeres. Son ellas las que deben poner a punto a Pedro, haciéndole que recuerde la palabra de Jesús, que asuma y continúe su camino.

A partir de las mujeres, los discípulos sólo podrán ver a Jesús resucitado en Galilea; allí han de encontrarse de nuevo, impulsados por Jesús, Pedro y los otros apóstoles fugitivos, allí les saldrá al encuentro Jesús; allí tienen que ir las mujeres, dejando la tumba vacía, la ciudad de muerte que es Jerusalén. Deben reunirse todos en Galilea, para iniciar desde allí el camino pascual. Dentro de ese comienzo, Pedro garantiza la continuidad evangélica, la unidad del grupo, su vinculación con la historia de Jesús. La experiencia pascual no puede culminar sin Pedro; por eso tienen que buscarle las mujeres, ofreciéndole el encargo de Jesús. Pero no podemos olvidar que para ver a Jesús el mismo Pedro ha tenido que escuchar y acoger la palabra que le han dicho las mujeres.

((Originariamente se llamaba Simón Baryona, hijo de Juan, como recuerdan Mt. 16, 17, que conserva el apellido Baryona en arameo, y Jn 21, 15, que lo traduce al griego. Pero, en un momento determinado, para indicar y constituir su nueva función de fundamento dentro de la comunidad mesiánica, Jesús le llama Piedra o Roca. Esto es lo que significa su nuevo apodo, Cefas, conservado en arameo por san Pablo (1 Cor 1, 12; 3, 22; 9, 5; 15, 5; Gal 1, 18; 2, 9. 11. 14) y por Jn. 1, 42.

Las comunidades helenistas traducen al griego ese apodo de Simón y por eso los cristianos le llamamos desde entonces Petros (Petrus, Piedra, Pedro). Tan importante resulta ese apodo que al final se convierte en el verdadero nombre propio de Simón Baryona, el primero de los apóstoles del Cristo: Pedro.

La tradición evangélica supone que el mismo Jesús le ha impuesto ese nombre, constituyéndole Cefas (Petros), haciéndole así piedra de su nueva comunidad escatológica (cf. Mc 3, 13; Lc 6, 14; Mt 16, 18). La iglesia ha conservado y expandido ese nombre y cristianos seguimos llamando a Simón de esta manera (Cefas, Petros, Piedra, Pedro), para mantener firme su experiencia y transmitirla dentro de la iglesia. De esa forma, el mismo nombre de se ha venido a convertir en testimonio de experiencia pascual: siempre que llamamos a Simón El Piedra, estamos recordando que Jesús cimiento humano del edificio pascual de su iglesia))

Aparición. Huellas.

La experiencia pascual de Pedro resulta enigmática. Está en el fondo de todo el NT y sin embargo no se ha conservado ningún texto directo sobre ella, ninguna tradición donde se cuente de forma precisa cómo ha sido.

– La tradición más antigua conserva alusiones de esa aparición. Las fundamentales son 1 Cor 15, 5 y Lc 24, 34 (cf también Lc 22, 32). En esa misma línea de posibles alusiones debemos incluir la búsqueda inútil de Pedro cuando corre al sepulcro vacío con el discípulo amado (cf Lc 24, 12 y Jn 20, 1-10).

– No hay sin embargo ninguna escena pascual de tipo extenso donde se conserve o relate esa experiencia del encuentro de Jesús y Pedro. Es posible que en el fondo de pasajes como Mt 16, 13-20 hubiera un relato pascual, con Pedro como protagonista. Pero actualmente, la escena se incluye en contexto de historia de Jesús. Sólo un pasaje tardío y muy teologizado, como es Jn 21, presenta directamente Pedro “viendo” a Jesús en el lago y recibiendo el encargo de cuidar de sus ovejas; pero de ese texto tendremos que hablar más adelante (al ocuparnos de la pascua en Juan).

¿A qué se debe ese silencio? ¿Por qué no se transmite dentro del NT un hecho que ha sido fundamental para la historia posterior del cristianismo? Sea como fuere, debemos confesar que la experiencia pascual de Pedro se encuentra latente en el conjunto del NT. Así queremos presentarla en este momento de nuestro camino pascual. Todos los cristianos somos deudores de las mujeres, que son madres y amigas de la iglesia. Pues bien, debemos añadir que somos deudores de Pedro que, en otro sentido, también es el primero, como dice 1 Cor 15, 3-7: Cristo murió por nuestros pecados…, resucitó al tercer día… y se apareció a Cefas, después a los Doce…

En el comienzo de la iglesia oficial, tal como Pablo la concibe, se sitúa está aparición de Pedro concebida como fenómeno desencadenante, poniendo en marcha el resto de la vida de la iglesia. Están en el fondo las mujeres, pero todo nos permite suponer que ha sido Pedro el que ha reunido a los Doce (Once) iniciando con ellos el Gran Camino oficial de la iglesia. Por eso, su experiencia de pascua se presenta como fundamento de todas las restantes en la historia de la iglesia.

Lucas. Aparición de Pedro y nacimiento de la iglesia

Lucas sabe que están al fondo las mujeres (Lc 24, 1-12), pero apenas trata de ellas. Su historia pascual comienza con dos discípulos han ido de camino, dejando Jerusalén y abandonando así los ideales de la comunidad de Jesús, destrozada por la muerte del maestro. Pues bien, ellos han visto a Jesús como indicaremos al hablar del tema en Lucas (cf 24, 13-32).Vuelven a Jerusalén. Y así sigue la historia:

Y encontraron reunidos a los Once,
con sus compañeros que decían:
El Señor ha resucitado de verdad
y se ha aparecido a Simón
(Lc 24, 33-34).

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«Diálogos resucitadores», por Juan Masiá sj

domingo, 12 de abril de 2015
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passion-book-img19-zDe su blog Vivir y pensar en la Frontera:

Palabras de vida, en los evangelios, para estos días de Pascua: palabras resucitadoras, con energía, y resucitantes, con esperanza. Releamos, en la tradición del evangelio según la comunidad de Juan, estas conversaciones de resurrección con El Que Vive:

Ya estás resucitada.

-¿Estás seguro, Maestro? ¿Resucitará mi hermano Lázaro en el último día? –No, Marta, en el último día no, sino ahora. Ya va camino de la vida verdadera.

– ¿Y yo, Maestro, resucitaré yo también?

-Tú también has muerto, Marta, tú y tu hermana María ya estáis resucitadas, porque yo soy Resurrección y se hace Cristo quien se vacía de sí para vivir en Mí, en la resurrección yo soy vosotros y vosotras sois yo en el abrazo del Espíritu de Vida (Jn 11, 18-27).

Dejadlo partir, que va hacia la vida.

Jesús, levantando los ojos al cielo, oró así:

Gracias, Abba, por escucharme. Gracias porque acoges en tu seno a Lázaro y que viva para siempre. Me dan ganas de gritar de gozo al despedirle hacia Tí, aunque no lo van a entender quienes me rodean”.

Y Jesús gritó: “Lázaro, sal fuera”.

Marta, asustada, miró al interior de la tumba, donde el cadáver envuelto en sudario, no se movía”.

“Desatadlo”, gritó Jesús.

De nuevo, Marta y los familiares asustados:

-¿Es que quieres que lo desenterremos?

–No, Marta, no habéis entendido nada, ¿qué hacéis mirando ahí dentro?

-Mirad hacia arriba, allá entre las nubes, dijo María señalando hacia lo alto.

Difuminada entre jirones de nube se divisaba una figura blanca que se despojaba del sudario y se perdía adentrándose más allá del azul.

Jesús sonrió a María y mirando hacia las alturas dijo a los ángeles: -Desatadlo, que se sumerja en la Danza de la Vida (perijorésis trinitaria, cantaban en la Patrística).

Luego, volviéndose a Marta y familiares les dijo: -No os empeñéis en retenerlo aquí en esta vida, dejadlo que se vaya, dejadlo partir hacia la Vida de la vida (Jn 11, 38-44).

Suéltame y escucha. Mira con el corazón y toca con tu espíritu.

–Qué alegría, Rabbuní, que estás vivo. Ya les dije yo a Pedro y compañía lo del sepulcro vacío, y no me creyeron, dijo María abrazándose a Jesús.

-Suéltame, María. No me puedo quedar aquí contigo, me voy al seno de Abba. –Pero eso es demasiado lejos y, aunque busque por internet y te vea por skype, no te toco…

–No es cuestión de ver y tocar, María, a la vida de la resurrección se entra por el oído. Escucha, mujer, escucha, que mi voz no viene desde fuera, sino desde dentro de tí, cuando estás ya en Mí resucitada…

–Ahora comprendo, Rabbuní, ya puede decirle a Juan y Pedro que, escuchándote, he visto con los oídos del corazón a la Vida de la vida; he escuchado con los ojos de la fe a mi amor; he visto al Señor en persona y me ha dicho esto y esto… (Jn 20, 1-18).

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Los ortodoxos celebran este fin de semana sus fiestas de Pascua

domingo, 12 de abril de 2015
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slide_issue_75Cristianos y musulmanes, juntos en Egipto

En Jerusalén y en todo el mundo

Tras la Semana Santa católica llega el turno de la Pascua ortodoxa. En Jerusalén cientos de personas han marchado en procesión por la Vía Dolorosa, el camino que habría hecho Jesús hacia la crucifixión. Una tradición que se repite cada año y que atrae hasta esta ciudad a miles de peregrinos procedentes de todas partes del mundo.

«Es algo muy especial para mi porque soy cristiana ortodoxa y vengo desde Estados Unidos. Toda mi vida quise vivir este momento aquí y este año he tenido la oportunidad. Estoy muy emocionada por estar en este Santo lugar donde estuvo Cristo», señala esta turista

En Gaza los fieles se han reunido en una de las dos iglesias con la que cuenta este territorio. 3000 mil cristianos viven en él, la mayor parte de ellos ortodoxos.

Mientras tanto, en Egipto manda la tradición de comer pescado crudo salado y huevos de Pascua como los que estos niños se afanan por pintar de colores

«Lo mejor de la Pascua es aque es algo que todo el mundo comparte en el país. Cristianos y musulmanes lo celebran juntos. Es una fiesta que verdaderamente nos une. Todos tenemos un día libre», señala una adolescente.

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Pascua 3. El ángel de Dios, la muerte vacía (Mt 28, 1-3)

sábado, 11 de abril de 2015
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resurrezione02Del blog de Xabier Pikaza:

Quiero seguir ofreciendo, hoy martes de Pascua (7.4.15), tras las dos postales anteriores, unos textos en forma de Via-Lucis (Camino de Luz o de Pascua), a modo de contrapunto y complemento del Via-Crucis de Cuaresma, en la línea de un libro que escribí hace tiempo: Camino de Pascua, Sígueme, Salamanca 1997.

No son investigaciones de historia bíblica, sino reflexiones de tipo creyente, para orar y gozar en este tiempo de pascua, en el que a todos deseo la mayor felicidad de Cristo que es la vida descubierta y celebrada en el mismo fondo de la muerte. Presentaré en este tiempo las estaciones principales de ese Itinerario de Resurrección, comenzando con una reflexión sobre el ángel de la muerte vacía, que expresa la victoria de Dios sobre la muerte, conforme a la tradición de Mt 28, 1-3.

Se trata de un texto algo tardío, que aparece sólo en el evangelio de Mateo, pero que recoge de forma espléndida y simbólica (¡no se busque aquí historia crítica en sentido literal) una experiencia básica de la Iglesia primitiva. De esa manera sigo ofreciendo este Via-Lucis, Via-Vitae, camino de luz y de vida, que constará de unas 15 estaciones.

Mirada desde el mundo, el camino de los hombres forma parte de la historia de la muerte, pero, mirado desde Cristo, ese camino parte de la historia de Dios, como muestra nuestro texto.

Éste es un tema que ha desarrollado, de forma especial el Evangelio de los Hebreos, que algunos críticos como J. D. Crossan piensan que es el relato más antiguo de la pascua, aunque a mi juicio depende de Mateo. Sea como fuere, sin entrar en discusiones críticas, quiero presentarlo una vez más a mis lectores, este martes de Pascua Florida.

Una tumba excavada en la roca.

qHa muerto Jesús y sus amigos le han querido colocar en una tumba que, conforme a la costumbre de las ricas familias judías (rico ha sido el amigo que financia su entierro: cf Mt 27, 57), se hallaba excavada en la roca. Sobre la puerta han corrido una gran piedra. Tras ella se pierden y pudren las más hondas esperanzas de Jesús y su mensaje: su palabra sobre Dios y su misión de reino, la semilla del amor y el gesto de perdón universal. Una tumba excavada en la roca del mundo. Esa es la meta de todos los afanes de los hombres y mujeres de la tierra.

Ésta es la verdad sólo humana de nuestra historia: al final de todos los caminos triunfa el rostro de la muerte. En verdad, mueren también otros vivientes (animales) de la tierra. Pero sólo el hombre sabe que ha de hacerlo y así lo sufre cada día, en alma y cuerpo. Sabe que ha de morir y, desde antiguo, como una confesión de fe en la muerte y a la vez como protesta en contra de ella, ha levantado monumentos a los muertos. Este es el último: unos amigos de Jesús le han desclavado de la cruz y le han tendido en un sepulcro de la roca. De esa forma ratifican su fracaso.

Frente a todos los proyectos de Jesús hay un sepulcro. Es monumento de cariño: unos amigos le han envuelto entre pañales de muerte (sudarios), colocando con cuidado su cadaver, procurando que perdure, no se rompa, sobre una tarima lateral de aquella cueva funeraria. Es monumento de impotencia: Jesús podía casi todo, pero no ha logrado superar la muerte; de esa ha forma ha terminado, como todos, disolviéndose en el vientre de la madre tierra.

Dominio de la muerte

Parece que los hombres creen en Dios como principio y garante de Vida, pero al fin sucumben a la muerte que les vence y tritura sin contemplaciones. Esta es la tragedia, el mal de nuestra historia, como sabe Gén 2-3, como ha indicado con gran fuerza el libro del Qohelet o Eclesiastés.

Ciertamente, han sido muchos los que, desde tiempos muy antiguos, han querido superar esa tragedia de la muerte, buscando soluciones de tipo espiritualista o consuelos de carácter histórico o social:

– Algunos, como los órficos y los platónicos de Grecia, han defendido la existencia de un alma inmortal, que se libera del mundo tras la muerte. Para ellos, la muerte no es definitiva, ni afecta a lo más hondo del ser humano.

– Otros, como muchos hindúes y budistas, dicen que la muerte es experiencia de apertura del hombre a lo sagrado: aquellos que vivían sufriendo sobre el mundo consiguen superar los lazos de la carne y los deseos de la tierra para introducirse de verdad en lo divino (lo nirvana).

Otros entienden la muerte como triunfo extremo de la finitud: nos habíamos creído grandes, importantes, capaces de vencer y dominar sobre la tierra; pero al fin la misma tierra nos domina; del polvo vinimos, al polvo tornamos; ilusión de polvo y sufrimiento es nuestra vida.

Se ha querido responder de muchas formas al enigma de la muerte. Pero ella permanece indescifrable: no sabemos lo que existe tras su puerta; nadie puede volver del más allá para decirnos lo que pasa, para darnos la certeza de que hay algo o simplemente todo es nada. De esa forma, su gran enigma y miedo nos domina por doquier de manera igualitaria. Leer más…

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Santa María de Pascua: Regina Coeli Laetare

viernes, 10 de abril de 2015
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imagesqDel blog de Xabier Pikaza:

La liturgia de Pascua incluye una antífona que dice: «Regina coeli laetare»: Reina del Cielo, alégrate… porque el Señor ha resucitado. De esa manera vincula la Pascua de Jesús con la de su Madre (y en ella con la Pascua de todos los cristianos).

Un canto de alegría semejante se ha elevado también en muchos pueblos, cuando las muchachas cristianas van felicitando en la noche de pascua a los vecinos, y en especial a María Magdalena, porque su amigo Jesús ha resucitado… (tradición mexicana).

Sería hermoso evocar ese canto de pascua de la Magdalena (que ayer presenté de algún modo en este blog). Pero aquí he querido destacar el gozo de la pascua de María, la Madre de Jesús, pues en ella y con ella se alegran en familia todos los amigos del Cristo Nazareno, asesinado por Pilato y las autoridades de aquel tiempo.

 

catalina_siena02No existe, que yo sepa, mucha iconografía en la que se recoja el encuentro pascual de Jesús con su Madre, aunque en diversas procesiones de Semana Santa se va introduciendo ya el último «paso», el encuentro de Jesús que «vuelve» ya de un modo distinto, a retomar y transformar de un modo creyente y resucitado el camino de María de Nazaret y María Magdalena, de Pedro y el Discípulo amado.

He querido recoger dos imágenes, una vinculada a la tradición de las revelaciones de María de Valtorta (Jesús retornado…), otra a la de Catalina de Siena (Jesús caminante pascual). En el texto pondré de relieve otras experiencias, en especial una de San Ignacio y otra de Santa Teresa, para centrarme después en el testimonio bíblico del Nuevo Testamento. Buena semana de Pascua a todos.

Presupuestos

La tradición bíblica supone (cf Jn 19, 25-27 y Hech 1, 13-14) que la madre de Jesús no sólo le ha engendrado biológicamente sino que le ha seguido en el camino de la fe, terminando por hacerse cristiana en el sentido más expreso de este término: ha entrado a formar parte de la iglesia.

Eso supone que ella ha vivido una experiencia pascual. No se ha limitado a recibir a su hijo en fe (Mt 1,18-25; Lc 1, 26-38), educándole en humanidad y esperanza israelita, sino que se ha convertido en discípula de su mismo hijo y, después de haber superado las posibles dificultades que aparecen en un texto como Mc 3, 31-35, ha terminado por hacerse plenamente cristiana, dejándose transformar por la experiencia de entrega, cruz y pascua, de Jesús.

Sobre el sentido de esa experiencia pascual de María hay en la Biblia una gran silencio que nosotros no podemos descorrer, aunque sí evocar . Por eso, manteniendo un máximo respeto por lo desconocido, podemos y debemos esbozar algunos breves rasgos de su pascua materna.

Ella, la buena madre María de Nazaret, aparece así como la última de los grandes testigos de pascua, al lado de María de Magdala y de los dos fundadores variones de la iglesia, que son Pedro y Pablo. Su experiencia aparece algo velada dentro de la Biblia, pero se ha expandido luego y ha llenado de luz toda la vida cristiana.

Aquí empezamos por la tradición cristiana (posterior, pero valioso), para volver luego a la Biblia.

Una tradición: Ignacio de Loyola

11130103_424338514410013_3486940430485006064_nDe un modo excepcional, queremos citar en este caso el testimonio de algunos grandes orantes de la tradición cristiana. Ellos no ofrecen una prueba, conclusiva, pero sí un ejemplo de la forma en que millones de cristianos han imaginado la experiencia pascual de María, la madre.

El primero es San Ignacio de Loyola cuando, en una página famosa de sus Ejercicios, ha evocado la más temprana aparición de Jesús resucitado. Así presenta a María como la primera que ha realizado el camino de renovación y experiencia cristiana que él propone a sus compañeros y discípulos:

Apareció a la Virgen María, lo cual, aunque no se diga en la Escritura, se tiene por dicho en decir que apareció a tantos otros;
porque la Escritura supone que tenemos entendimiento,
como está escrito: ¿también vosotros estáis sin entendimiento?
(Cf Lc 24, 25; Ejercicios Espirituales, 299).

Supone pues, San Ignacio, que la Biblia no ha tenido necesidad de exponer esta experiencia de la madre de Jesús, pues ella se encuentra incluida en los pasajes donde se dice o implica que la experiencia pascual no está cerrada en el grupo de personas que se citan de una forma expresa en los pasajes pertinentes. Entre los muchos hombres y mujers a los que el Cristo se ha manifestado debe hallarse ella.

Esta aparición es para Ignacio de Loyola el punto de partida de toda la experiencia pascual. Es el comienzo de la cuarta semana de ejercicios espirituales; ella marca y define el sentido total de la transformación cristiana. No es una aparición más, es la aparición, la experiencia fundante de la vida evangélica.

La madre no ha tenido que salir de casa, de su casa, en la mañana de la pascua, pues ella ha visto a Jesús o, mejor dicho, ha descubierto la presencia pascual de Jesús en el centro de su vida, dentro de su casa. Todo sigue siendo normal pero todo es diferente: ella sabe desde ahora que su Hijo vive y que ella vive en él por siempre, sin necesidad de visiones exteriores.

Esta aparición debe entenderse a la luz de la experiencia previa de la anunciación (cf Lc 1, 26-38). Pero ahora ya no viene a saludarle el ángel del Señor; viene el mismo Jesús, Hijo de Dios. En vez de pedirle colaboración, Jesús le ofrece ya su gloria. Es normal que la devoción popular haya situado esta pascua mariana en el comienzo de toda la experiencia de la iglesia.

Santa Teresa de Jesús

Ignacio era sobrio: decía sólo aquello que resulta necesario, para que sus lectores (oyentes) puedan recrear a su manera el tema. Teresa, en cambio, lo ha evocado de una forma mucho más personal. Por eso apela a su propia experiencia de plegaria:

Díjome (Jesús) que en resucitando había visto a Nuestra Señora, porque estaba ya con gran necesidad, que la pena la tenía tan absorta y traspasada, que aun no tornaba luego en sí para gozar de aquel gozo (por aquí entendía esotro mi traspasamiento, bien diferente; mas ¡cuál debía ser el de la Virgen!) y que había estado mucho con ella, porque había sido menester, hasta consolarla (Cuentas de conciencia, 13ª, 12).

Son palabras que Teresa de Jesús escucha en su interior después de comulgar, en actitud de profundo acogimiento (éxtasis). El mismo Jesús resucitado viene a consolarle a ella, en actitud de experiencia pascual, diciéndole de alguna forma lo que en otro tiempo había dicho a su propia madre, en el momento de primera aparición resucitada.

Notemos que Teresa se sitúa internamente en el lugar en que se hallaba antes María. Lo mismo que Jesús dijo a su madre es lo que ahora ha venido a decirle a ella. Por eso, la eucaristía y el gozo de Dios (de Jesús) que en ella encuentra viene a interpretarse como experiencia (aparición) pascual en el camino de su vida.

Teresa estaba triste. También María, la madre de Jesús, se hallaba triste (absortar y traspasada de dolor) después del Viernes Santo. Lógicamente, Jesús venir a visitarla y consolarla, en gesto de amor largo que aparece como principio de las restantes apariciones. También ahora ha venido, viene a visitar y consolar a Teresa, en experiencia espiritual muy honda, en relación de pascua.

San Ignacio de Loyola presentaba el tema de un modo objetivo, es decir, como una doctrina de la iglesia, pidiendo a los ejercitantes que la aplicaran a su propia vida. Teresa de Jesús nos ha ofrecido en cambio su propia experiencia personal: el mismo Jesús resucitado que vino a consolar a su madre en días de gran traspasamiento (dolor), viene a consolarle a ella, en la noche de su viernes santo, convertido en Pascua.

La aparición pascual se entiende, según eso, como ayuda para el triste: en gozo intenso, como signo de su triunfo total sobre la muerte, Jesús viene a sostener a los que sufren. Así imagina Teresa la pascua de la madre de Jesús; así entiende la suya, pues el mismo Jesús resucitado viene a visitarla. Así deben entenderla los cristianos: la experiencia pascual no es algo que ha quedado cerrado en el pasado, no es puro recuerdo del principio, algo que sintieron sólo los apóstoles.

Santa Teresa de Jesús supone que todos los cristianos pueden asumir y actualizar de alguna forma esa experiencia pascual en clave de oración intensa, en gesto de profunda donación y entrega en manos de Cristo.

Iglesia ortodoxa y liturgia católica

La tradición de la iglesia oriental ha interpretado esta experiencia pascual de María a la luz del relato de la encarnación (Lc 1, 26-38). El mismo ángel que al pirncipio le anunció el nacimiento de Cristo vino al fin a anunciarle su victoria:

Así como el adviento, también el gozo de la resurrección fue anunciado a su Madre antes que a los demás… La Virgen que alababa y suplicaba fue la primera a quien el Hijo mostró la luz de la resurrección (S. Jorge de Nicomedia, siglo IX). Leer más…

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Pascua», por José Arregi

miércoles, 8 de abril de 2015
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geloces-pascualsLeído en su blog:

El laurel y el sauce han florecido, las yemas del chopo revientan, canta el zorzal en lo más alto de la rama, la primera luna llena de la primavera resplandece en la noche. Es la Pascua de la vida que renace cada año: hace miles de años la celebraban los agricultores con el pan de las primeras gavillas, y los pastores con la carne de los primeros corderos. La vida es imparable y siempre nueva, como el Espíritu o la Ruah que respira en todo y reanima lo que parece muerto.

Es la Pascua que los judíos historizaron para celebrar la liberación de su pueblo oprimido bajo el faraón, imagen de todos los pueblos oprimidos.

Es la Pascua cristiana de la memoria de Jesús, el profeta mártir, el justo condenado, el Prójimo compasivo del leproso y del hambriento, el Buen Samaritano de todos los heridos, el amigo de publicanos y prostitutas, el alegre comensal de los impuros y despreciados, el sanador de cuerpos y de almas, el mensajero de Bienaventuranzas para los pobres y perseguidos.

Es la Pascua del Crucificado resucitado. ¿Pero qué significa resurrección? No pienses en ningún milagro “sobrenatural”, piensa en el milagro de la vida que eres y que ves cada día en todo. La resurrección de Jesús no es la reanimación física de un cuerpo muerto, ni significa que sus células y átomos se habrían transportado súbitamente al cielo o a “Dios”, quedando el sepulcro vacío. No se trata de un hecho único y excepcional, como si nadie hubiera resucitado hasta ese momento ni hubiera de resucitar hasta el “fin del mundo”. Ciertos, los cristianos llamaron y seguimos llamando a Jesús “primicia” de la resurrección universal o “primer nacido de entre los muerto”: es nuestra forma de decir que él es para nosotros el icono y el ejemplo de la vida resucitada de todos los vivientes en el Viviente, en la Vida, en Dios.

Es la Pascua de la Resurrección de Jesús, pero no tuvo lugar hace 2000 años, ni unos días después de su muerte en cruz. Cada día es el “tercer día” pascual. Desde que nació hasta que murió, Jesús vivió resucitando a la vida que no nace ni muere, como todos los vivientes que viven de verdad. Jesús resucitaba sobre todo cuando se compadecía y curaba, cuando tocaba a los intocables, cuando escuchaba historias de dolor y contaba parábolas de desafío, cuando denunciaba las mentiras de la religión y los abusos del imperio, cuando anunciaba que otro mundo mejor es posible en estas nuestras pobre manos. Jesús resucitó en su vida y, cuando murió dándolo todo, resucitó del todo, como todos los que mueren dando la vida, pues dar la vida es vivir plenamente.

La resurrección de la Vida tiene lugar desde el comienzo del mundo, si hay un comienzo, y seguirá teniendo lugar hasta el fin del mundo, si hay un fin. Resucita la semilla en la flor del laurel, el árbol en la semilla, la flor en el árbol, el canto en la rama, la Vida en la Tierra, el Espíritu en la materia, Dios en el cosmos. La vida resucita cuando triunfa la bondad y es feliz. La vida resucita en el hijo cuyo padre fue asesinado por ETA y ha vencido el deseo de venganza hasta ser capaz de hablar con los asesinos de su padre y de perdonarlos. La vida resucita en la hermana de un joven torturado, asesinado y desaparecido por el GAL a las órdenes del Estado, y nunca ha odiado a los que lo hicieron. La vida resucita en el parado que lucha y en la persona deprimida que se levanta de la postración gracias a la serotonina y al Espíritu Paráclito que vive en todo.

Amiga, amigo, es tu Pascua. Tú también eres el Viviente, la Viviente, en la gran Comunión de todos los seres hermanos. Abre los ojos como María de Magdala y los discípulos de Emaús. No temas. Acoge y celebra tu vida, y cuídala en medio de todas tus cruces y luchas. La Vida puede más. El bien es más fuerte. El Espíritu te habita. Levántate y vive.

José Arregi

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5.4.15. Ha resucitado, Feliz Pascua (con María Magdalena)

martes, 7 de abril de 2015
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Noli me tangereDel blog de Xabier Pikaza:

No sólo con ella, pero de un modo especial con ella, conforme al testimonio del evangelio de este domingo (Jn 20, 1-9).

Con María Magdalena empezó la noticia, que aceptaron luego otros dos amigos de Jesús (Simón y el Discípulo amado) y luego todos los creyentes), hasta el día de hoy. Es la noticia que quiero transmitir a mis lectores y amigos de blog Aneste Kristos, recogiendo un año más la gran noticia de María Magdalena: Ha resucitado el Cristo.

Alguien ha preguntado por mí estos días pasados en el blog, pero no he podido conectar ni contestar, pues me encontraba aislado, aunque lleno de fuerte presencia, entre el mar y la montaña.

Acabo de volver hace un momento, con el sol poniente de esta primavera de Castilla, deteniéndome un rato en Tordesillas, la tierra, el convento y el río que conserva el llanto de Juana, Reina de Castilla (a quien algunos llamaron la loca, porque vivió para llorar a su querido Enrique el Hermoso, cuyo cuerpo quiso conservar a su lado.

 

41_00325870La reina Juana (hija de Isabel y Fernando, heredera de sus reinos)…fue como María Magdalena, pero con una diferencia:

Juana de Castilla murió llorando de amor, sin redescubrir en este mundo a su amante/amigo muerto, y así la tuvieron por loca sus enemigos, y la encerraron en un convento.

María de Magdala vio y sintió a Jesús resucitado. Supo que él vivía y aunque no pudo seguirle agarrando al modo antiguo (¡no me toques así, noli me tangere!), acogió y transmitió la gran noticia… y fue apóstol de la pascua, la primera «mujer» resucitada en amor por Jesús, para la vida.

Con esa noticia de María (tras haber recordado en Tordesillas a Juana, la reina triste…) quiero saludar a todos los amigos y lectores de este blob, compartiendo con ellos nuestra fiesta de Pascua, con Simón y el Discípulo Amado.

Para eso retomo el evangelio, no sólo el texto que se ha leído en la Misa del Domingo, sino con los versos que siguen (Jn 20, 11-18). Ésta es quizá la más bella de las escenas bíblicas de Pascua, con María Magdalena la primera de todos los creyentes. Ella sigue siendo junto a Simón Pedro y al Discípulo Querido de Jesús un signo precioso de la humanidad pascual.

Así la recuerdo, esta tarde de Pascua, como experiencia y experanza de amor sobre la muerte.

Introducción

Empecemos leyendo todo el texto (Jn 20, 11-18) con cuidado, destacando cada uno de sus rasgos. Quizá podamos distinguir ya desde ahora dos aspectos en María:

(a) Ella es la humanidad fracasada, al final de todos los caminos, perdida en un jardín sin más flor que la muerte, llorando por la ausencia de su amado. Destacando algunos de esos rasgos, las visiones posteriores de los gnósticos dirán que la humanidad en una pobre figura de mujer prostituida, caída sobre el suelo.

(b) Pero ella es también la Nueva Eva. No es simplemente una mujer caída, seducida, condenada al cautiverio. Ella representa a todas las mujeres y varones que buscan redención sobre la tierra, apareciendo así como principio de nueva humanidad. Todos somos en esa perspectiva María Magdalena. Ella es nuestra voz y figura de Pascua.

Siendo una mujer derrotada e impotente, sobre el huerto de una vida que se vuelve sepultura, María es, al mismo tiempo, una mujer que que tiene y busca amor: signo de la humanidad que, ansiando al Cristo, quiere alcanzar la redención. No ha escapado como el resto de los discípulos varones, sino que permanece ante la cruz, con otras mujeres (cf. Mc 14, 27; 15, 40. 47). Ella permanece. Su amor a Jesús es mayor que la muerte y por eso queda, llorando y deseando ante un sepulcro vacío.

Interpretada así, la pascua será una respuesta de Dios a la búsqueda de amor de las mujers y los hombres. María es signo de una humanidad que busca amor, que quiere culminar su desposorio, es decir, su alianza y camino de diálogo afectivo con el mismo Dios del cielo, en una tierra convertida en jardín de muerte.

¿Qué hace? Busca apasionadamente a su amigo muerto. Ésta es la paradoja. Conforme a tradiciones espirituales que elaboran más tarde los gnósticos, ella (la mujer caída) debería encontrarse anhelando solo una fuente espiritual de sabiduría, para recibir así la gran revelación de Dios. Sólo entonces podrían celebrarse las bodas finales del varón celeste (Palabra superior) y la mujer caída (humanidad que sufre condenada sobre el mundo). Pues bien, en contra de eso, ella busca sabiduría de amor, pero un amor concreto, inseparable del cadáver (de la historia) de su amigo muerto.

Principio del texto

Ésta es la novedad más alta de la Pascua: la Sabiduría y salvación de Dios parecen haberse escondido en un cadáver. Sobre el jardín del viejo mundo han enterrado a Jesús. María le busca apasionadamente, pues el amor verdadero resulta ineparable del cadáver, de la historia, del amogo muerto. Bien pensada, su acción puede llamarse una locura:

María estaba fuera del sepulcro, llorando.
Mientras lloraba, se inclinó para mirar el monumento
y vio a dos ángeles, vestidos de blanco,
uno junto a la cabeza y otro junto a los pies,
en el lugar donde había yacido el cuerpo de Jesús.
Ellos le dijeron: Mujer ¿por qué lloras?.
Ella les dijo: han llevado a mi señor y no sé dónde le han puesto.
Mientras decía esto se volvió hacia atrás
y vio a Jesús de pie, y no supo que era Jesús.
Le dijo Jesús: Mujer ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?.
Ella, pensando que era el hortelano, le dijo:
Señor, si te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo tomaré
(Jn 20, 10-15).

Éste es el principio de una conversación prodigiosa donde influyen y culminan todos los motivos de la historia humana. Esta mujer no necesita una teoría de iluminación interior: quiere un cadáver, busca el cuerpo de su amigo asesinado. De esa forma rompe los esquemas de la gnosis espiritualizante. No quiere un mundo edificado sobre cadáveres que se ocultan. No se responde con teorías al misterio del amigo muerto.

Sobre el jardín de este mundo, que en el principio pudo haberse presentado como paraiso (cf Gén 2), parece que sólo puede florecer el árbol de la muerte. El nuevo Adán hortelano sería en el fondo un custodio de cadáveres, un sepulturero. Ella, María, parece aceptar ese destino, pero quiere el cadáver de su amigo muerte.

No quiere que lo manipulen, no quiere que lo escondan. Algunos han dicho que se encuentra loca, pero lo está en la forma de los grandes amantes de la historia: como Juana, reina de Castilla, que seguía llorando por los campos, y siguiendo en luto el cortejo del marido muerto (acabo de volver por Tordesillas, allí la he recordado)… como tantos varones y mujeres que recuerdan a su amado y quedan fijados para siempre en actitud de llanto. Necesita el cadáver: no quiere que lo oculten, que lo tapen, para que todo siga como estaba.

Un mundo que oculta sus cadáveres

Estamos en un mundo que quiere ocultar sus cadáveres… Enterrarlos, apartarlos, negarlos: que nadie se acuerde de ellos, que nadie sepa que nosotros (los ricos, los favorecidos) vivimos sobre los cadáveres de miles y millones de «crucificados»,muertos y enterrados (sin que nadie recuerde su cadáver).

Necesitamos ocultar los cadáveres, echar sobre ellos más tierra, una piedra más grande, para así «lavar» nuestra manos y quedar tranquilos. Pues bien, en contra de eso, Magdalena necesita llorar por el amigo muerto,mantener el recuerdo de su cadáver. Éste es un amor que dura, un amor que mantiene el recuerdo, que no quiere olvidar a los amigos muertos.

Humanamente hablando, el gesto de Magdalena parece una locura: no está permitido tomar un cadáver del sepulcro y llevarlo a la casa o ponerlo en la plaza, para que todos vean al que han matado; no es posible mantener de esa manera el recuerdo de un muerto... La historia de los vencedores avanza sobre el olvido de los asesinados (a los que se puede elevar un hermoso sepulcro para olvidarlos mejor).

No se puede detener la muerte, pero mucho han querido hacerlo, de diversas maneras, pero siempre para olvidar mejor, para convertir a los muertos en un recordatorio de nuestro propio poder. En esa línea, los faraones de Egipto y otros grandes magnates de la historia desearon guardar su cadáver o el cadáver de sus familiares, en inmensas pirámides, para así mostrarse superiores e imponerse al resto de los hombres. Sobre la tumba de los grandes héroes muertos se edifican los imperios…

Pero esta mujer no quiere construir una pirámide sobre el gran Cadáver, como hacían en Egipto, no intenta mantener el control sobre los otros por medio de la muerte. Ella pretende algo más simple y más profundo: conservar el amor hacia su amigo muerto, mantener la memoria de su vida. Por eso necesita su cadáver, para llorar por él, para sentir el poder de la muerte y para continuar después su vida (la forma de vida del muerto). No quiere imponerse sobre nadie; le basta con amar, pero necesita el signo de su amado muerto, su cadáver.

Podemos decir que está loca María, pero loca de amor,loca a favor de la vida. Sólo allí donde alguien ama a Jesús se hace posible la experiencia de la pascua. Ciertamente, Jesús estaba vivo y verdadero al interior de esta mujer. Pero la verdad que ella tiene y desea guardar (un cadáver) va a revelarse como fuente y principio de revelación mucho más honda. Ella tendrá a Jesús de otra manera.

Diálogo de amor, resurrección

Vengo, como he dicho, de la ciudad de Tordesillas, donde Juana, la Gran Reina de Castilla, vivió para llorar a su Marico Muerto (un hermoso Enrique).

Pues bien, María y Jesús ya se han encontrado de algún modo. El jardinero le ha preguntado, ella le ha dicho su amor, en el jardín de la muerte, al lado de la tumba vacía. Pero el encuentro verdadero empieza cuando el jardinero, Señor del nuevo huerto de la Vida, toma la palabra y llama a la mujer, diciéndole su nombre:

– Jesús dijo: ¡María!
– Ella se volvió y dijo en hebreo
¡Rabboni! (¡mi maestro!)
– Jesús le dijo: No me toques más,
que todavía no he subido al Padre.
Vete a mis hermanos y diles:
subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.
– María Magdalena vino y anunció a los discípulos:
¡ He visto al Señor y me ha dicho estas cosas! (Jn 20, 16-20).

María buscaba el amigo en la muerte, es decir, al final de un camino que había empezado en el jardín del paraíso: no quedaba árbol de vida, sólo había un tronco seco de muerte. Buscaba allí el amor de un muerto, pero Jesús le ha respondido ofreciéndole la vida y el amor de Aquel que está vivo, llamándole por su nombre: María. De esta forma, en gesto de conversación personal, ha culminado la experiencia de la pascua.

Sólo quien escucha a Jesús cuando le llama de un modo personal sabe de verdad que existe vida, que hay resurrección. Todo lo demás es presupuesto o consecuencia. La resurrección es en el fondo encuentro personal de amor, descubrimiento de Jesús que se ha elevado de la muerte y que nos dice, llamándonos de un modo íntimo, por nuestro nombre: ¡vive, estoy contigo, sé tu mismo!

Pascua, un encuentro de vida

Esto es la pascua: encuentro con Jesús, encuentro para la via. Eso significa que no estamos condenados a seguir amando a un muerto, buscando en el jardín nuestro cadáver (como buscaba antes María). El verdadero amor suscita vida, transformando el jardín del cadáver en huerto de gracia que dura por siempre. No se trata de negar el cadáver, sino todo lo contrario: de convertir el cadáver en principio de vida. No se trata de ocultar al muerto, para que sigan triunfando los que matan, sino de vivir desde aquel que ha muerto de amor, para vencer en amor a los asesinos de la historia.

Sigamos leyendo el texto. En gesto que se parece al de Mt 28, 10, María se agarra a los pies de Jesús, en encuentro afectuoso donde se vinculan adoración (echarse a los pies), confianza (tocarle) y amor hondo (acariciarle). Ella pretende eternizar esa actitud: estaría así toda la vida, en actitud de unión profunda, en donación de corazones. Nada busca, ya no necesita cosa alguna, tiene todo lo que quiere. La pascua se le hace encuentro permanente de unión con el amado.

No tiene miedo. Por eso, Jesús no tiene que animarle diciendo ¡no temas! (como en otras ocasiones: Mc 16, 6; Mt 28, 20). Como mujer que ha encontrado su dicha, como persona que al fin ha llegado a la meta del camino, María puede mantenerse para siempre en ese gesto de encuentro con su amado. Este es el tiempo de la dicha, de los ojos que se miran, de las voces que dialogan, de las manos que tocan.

En la línea de algunas formulaciones posteriores de la gnosis,pudiéramos afirmar que, María ha empezado a vincularse con Jesús resucitado en desposorio místico, intimista. Ellos representan al ser humano entero: son la díada (o pareja) inicial que simboliza ya la salvación de los humanos, en el nuevo paraíso de este mundo, sobre el huerto de la muerte convertido en manantial de vida. Esa perspectiva es buena, pero debe completarse, como ahora indicaremos.

Paradójicamente ha venido Jesús, se ha mostrado en persona, le ha dicho su amor… Es lógico que ella quiera mantener ese momento, mantenerse en gesto de intimidad por siempre. Pero Jesús responde:¡No me toques!.

Noli me tangere,no me sigas tocando de esta forma

Parece que esta palabra significa: no me toques más, no me sigas agarrando. De esa manera señalar que hay una unión de en este mundo que no puede cerrarse en sí misma. La experiencia pascual es un principio, una promesa que no puede separarse del camino de vida y de misión, es decir, de la tarea al servicio de los demás.

Esta palabra ¡no me toques! recuerda la fragilidad del tiempo, nos sitúa dentro del misterio de una pascua que no puede culminar sobre la tierra. No existe en este mundo amor perfecto, para siempre; todo lo que aquí vamos viviendo sigue abierto hacia la muerte. Por eso, el encuentro con Jesús ha sido un signo de esperanza en el camino, no es aún la realidad cumplida.

María ha descubierto por un breve momento el gran misterio: ha encontrado a Jesús, se ha llenado de su vida pascual y de su gloria. De ahora en adelante no será una pecadora: una mujer caída, estéril, fracasada. La experiencia pascual le ha convertido en portadora del misterio de Dios (Jesús) para los hombres.

Al decirle no me toques, Jesús le está diciendo que ella debe ocuparse de tareas importantes, de misiones nuevas sobre el mundo. La pascua no se puede interpretar como experiencia de escapismo, no es huída hacia un nivel interno, puramente espiritual, de la existencia. Jesús resucitado hace a María misionera de su pascua y de la gracia de Dios ante los hombres.
Conforme a la visión anterior, reflejada en Mc 16, 1-8 y Mt 28, 1-10, las mujeres de la pascua han de decir a los discípulos que vayan pronto a Galilea, para encontrarse allí con Cristo. Pues bien, nuestro pasaje muestra una experiencia pascual nueva. María es portadora de una forma de misión distinta; tiene que buscar a los discípulos para transmitirles el mensaje o misterio mas profundo de Jesús: ¡subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios!

María, mensajera de Pascua

María es, según eso, la primera teóloga de pascua: ha descubierto en su vida el camino de Jesús; sabe que ha triunfado y sube al Padre y así debe decirlo. Desde esta perspectiva se comprende ya mejor el ¡no me toques!. Ella es un signo viviente de la ausencia presente de Jesús; por eso puede decir que vive (ha resucitado) y que ha subido al misterio de Dios Padre. Leer más…

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Cristo ha resucitado. Verdaderamente ha resucitado. ¡ Exultemos de Alegría en esta mañana de Pascua!

domingo, 5 de abril de 2015
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Del blog de la Communion Béthanie:

jesus-resucitado

Con María Magdalena, Simón Pedro y Juan

Corramos, corramos para anunciar y para testimoniar el amor sin límite de Dios para todos los hombres

Con Cristo resucitamos a una vida nueva. Nos libera definitivamente del mal. Nos reúne allí dónde estamos.

Vida que renace cada mañana,

Vida renovada si confiamos en la palabra de los discípulos del Cristo que vieron sólo una tumba vacía,,

Vida renovada si dejamos a Cristo rodar cada mañana la piedra de nuestras tumbas para que brote en nosotros la esperanza del que nos abre el camino, el que nos envía hacia los demás..

Vida renovada que nos lleva a seguir a Cristo siendo los testigos de su resurrección.

Vida renovada que nos hace próximos y atentos a aquéllos que sufren abrumados por la desesperación, la enfermedad, la muerte.

Dejemosnos habitar por esta alegría pascual que nos iluminará hasta el día de Pentecostes donde llenos del Espíritu Santo, fuerza y alegría nos serán todavía renovadas para caminar humildemente con nuestro Dios, él que nos asegura su presencia todos los días de nuestra vida hasta el final de los tiempos.

¡Feliz Fiesta de Pascua!

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Anne-Marie,
Sœur de la Communion Béthanie

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«Id a Galilea. Allí lo veréis». Domingo de Resurrección – B (Marcos 16,1-7)

domingo, 5 de abril de 2015
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821285El relato evangélico que se lee en la noche pascual es de una importancia excepcional. No solo se anuncia la gran noticia de que el crucificado ha sido resucitado por Dios. Se nos indica, además, el camino que hemos de recorrer para verlo y encontrarnos con él.

Marcos habla de tres mujeres admirables que no pueden olvidar a Jesús. Son María de Magdala, María la de Santiago y Salomé. En sus corazones se ha despertado un proyecto absurdo que solo puede nacer de su amor apasionado: «comprar aromas para ir al sepulcro a embalsamar su cadáver».

Lo sorprendente es que, al llegar al sepulcro, observan que está abierto. Cuando se acercan más, ven a un «joven vestido de blanco» que las tranquiliza de su sobresalto y les anuncia algo que jamás hubieran sospechado.

«¿Buscáis a Jesús de Nazaret, el crucificado?». Es un error buscarlo en el mundo de los muertos. «No está aquí». Jesús no es un difunto más. No es el momento de llorarlo y rendirle homenajes. «Ha resucitado». Está vivo para siempre. Nunca podrá ser encontrado en el mundo de lo muerto, lo extinguido, lo acabado.

Pero, si no está en el sepulcro, ¿dónde se le puede ver?, ¿dónde nos podemos encontrar con él? El joven les recuerda a las mujeres algo que ya les había dicho Jesús: «Él va delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis». Para «ver» al resucitado hay que volver a Galilea. ¿Por qué? ¿Para qué?

Al resucitado no se le puede «ver» sin hacer su propio recorrido. Para experimentarlo lleno de vida en medio de nosotros, hay que volver al punto de partida y hacer la experiencia de lo que ha sido esa vida que ha llevado a Jesús a la crucifixión y resurrección. Si no es así, la «Resurrección» será para nosotros una doctrina sublime, un dogma sagrado, pero no experimentaremos a Jesús vivo en nosotros.

Galilea ha sido el escenario principal de su actuación. Allí le han visto sus discípulos curar, perdonar, liberar, acoger, despertar en todos una esperanza nueva. Ahora sus seguidores hemos de hacer lo mismo. No estamos solos. El resucitado va delante de nosotros. Lo iremos viendo si caminamos tras sus pasos. Lo más decisivo para experimentar al «resucitado» no es el estudio de la teología ni la celebración litúrgica sino el seguimiento fiel a Jesús.

José Antonio Pagola

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«Él había de resucitar de entre los muertos». Domingo 5 de abril de 2015. Domingo de Pascua

domingo, 5 de abril de 2015
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27-pascuaB1 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 10,34a.37-43: Hemos comido y bebido con él después de su resurrección:
Salmo responsorial: 117. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Colosenses 3,1-4: Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo.
O bien: 1Corintios 5,6b-8: Quitad la levadura vieja para ser una masa nueva.
Juan 20,1-9: Él había de resucitar de entre los muertos.

A) Primer comentario

Para este domingo de Pascua nos ofrece la liturgia como primera lectura uno de los discursos de Pedro una vez transformado por la fuerza de Pentecostés: aquél que pronunció en casa del centurión Cornelio, a propósito del consumo de alimentos puros e impuros, lo que estaba en íntima relación con el tema del anuncio del Evangelio a los no judíos y de su ingreso a la naciente comunidad cristiana. El discurso de Pedro es un resumen de la proclamación típica del Evangelio que contiene los elementos esenciales de la historia de la salvación y de las promesas de Dios cumplidas en Jesús. Pedro y los demás apóstoles predican la muerte de Jesús a manos de los judíos, pero también su resurrección por obra del Padre, porque “Dios estaba con él”. De modo que la muerte y resurrección de Jesús son la vía de acceso de todos los hombres y mujeres, judíos y no judíos, a la gran familia surgida de la fe en su persona como Hijo y Enviado de Dios, y como Salvador universal; una familia donde no hay exclusiones de ningún tipo. Ese es uno de los principales signos de la resurrección de Jesús y el medio más efectivo para comprobar al mundo que él se mantiene vivo en la comunidad.

Una comunidad, un pueblo, una sociedad donde hay excluidos o marginados, donde el rigor de las leyes divide y aparta a unos de otros, es la antítesis del efecto primordial de la Resurrección; y en mucho mayor medida si se trata de una comunidad o de un pueblo que dice llamarse cristiano.

El evangelio de Juan nos presenta a María Magdalena madrugando para ir al sepulcro de Jesús. “Todavía estaba oscuro”, subraya el evangelista. Es preciso tener en cuenta ese detalle, porque a Juan le gusta jugar con esos símbolos en contraste: luz-tinieblas, mundo-espíritu, verdad-falsedad, etc. María, pues, permanece todavía a oscuras; no ha experimentado aún la realidad de la Resurrección. Al ver que la piedra con que habían tapado el sepulcro se halla corrida, no entra, como lo hacen las mujeres en el relato lucano, sino que se devuelve para buscar a Pedro y al “otro discípulo”. Ella permanece sometida todavía a la figura masculina; su reacción natural es dejar que sean ellos quienes vean y comprueben, y que luego digan ellos mismos qué fue lo que vieron. Este es otro contraste con el relato lucano. Pero incluso entre Pedro y el otro discípulo al que el Señor “quería mucho”, existe en el relato de Juan un cierto rezago de relación jerárquica: pese a que el “otro discípulo” corrió más, debía ser Pedro, el de mayor edad, quien entrase primero a mirar. Y en efecto, en la tumba sólo están las vendas y el sudario; el cuerpo de Jesús ha desaparecido. Viendo esto creyeron, entendieron que la Escritura decía que él tenía que resucitar, y partieron a comunicar tan trascendental noticia a los demás discípulos. La estructura simbólica del relato queda perfectamente construida.

La acción transformadora más palpable de la resurrección de Jesús fue a partir de entonces su capacidad de transformar el interior de los discípulos –antes disgregados, egoístas, divididos y atemorizados– para volver a convocarlos o reunirlos en torno a la causa del Evangelio y llenarlos de su espíritu de perdón.

La pequeña comunidad de los discípulos no sólo había sido disuelta por el «ajusticiamiento» de Jesús, sino también por el miedo a sus enemigos y por la inseguridad que deja en un grupo la traición de uno de sus integrantes.

Los corazones de todos estaban heridos. A la hora de la verdad, todos eran dignos de reproche: nadie había entendido correctamente la propuesta del Maestro. Por eso, quien no lo había traicionado lo había abandonado a su suerte. Y si todos eran dignos de reproche, todos estaban necesitados de perdón. Volver a dar cohesión a la comunidad de seguidores, darles unidad interna en el perdón mutuo, en la solidaridad, en la fraternidad y en la igualdad, era humanamente un imposible. Sin embargo, la presencia y la fuerza interior del «Resucitado» lo logró.

Cuando los discípulos de esta primera comunidad sienten interiormente esta presencia transformadora de Jesús, y cuando la comunican, es cuando realmente experimentan su resurrección. Y es entonces cuando ya les sobran todas las pruebas exteriores de la misma. El contenido simbólico de los relatos del Resucitado actuante que presentan a la comunidad, revela el proceso renovador que opera el Resucitado en el interior de las personas y del grupo.

Magnífico ejemplo de lo que el efecto de la Resurrección puede producir también hoy entre nosotros, en el ámbito personal y comunitario. La capacidad del perdón; de la reconciliación con nosotros mismos, con Dios y con los demás; la capacidad de reunificación; la de transformarse en proclamadores eficientes de la presencia viva del Resucitado, puede operarse también entre nosotros como en aquel puñado de hombres tristes, cobardes y desperdigados a quienes transformó el milagro de la Resurrección.

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 125 ó 126, Sus audios, así como los guiones de literarios de los episodios y sus correspondientes comentarios teológicos se pueden encontrar y tomar en http://www.untaljesus.net

B) Segundo comentario: «El Resucitado es el Crucificado»

Como otros años, incluimos aquí un segundo guión de homilía, netamente en la línea de la espiritualidad latinoamericana de la liberación, que titulamos con ese conocido lema de la cristología de la liberación.

Lo que no es la resurrección de Jesús

Se suele decir en teología que la resurrección de Jesús no es un hecho «histórico», con lo cual se quiere decir no que sea un hecho irreal, sino que su realidad está más allá de lo físico. La resurrección de Jesús no es un hecho realmente registrable en la historia; nadie hubiera podido fotografiar aquella resurrección. La resurrección de Jesús objeto de nuestra fe es más que un fenómeno físico. De hecho, los evangelios no nos narran la resurrección: nadie la vio. Los testimonios que nos aportan son de experiencias de creyentes que, después, «sienten vivo» al resucitado, pero no son testimonios del hecho mismo de la resurrección.

La resurrección de Jesús no tiene parecido alguno con la «reviviscencia» de Lázaro. La de Jesús no consistió en la vuelta a esta vida, ni en la reanimación de un cadáver (de hecho, en teoría, no repugnaría creer en la resurrección de Jesús aunque hubiera quedado su cadáver entre nosotros, porque el cuerpo resucitado no es, sin más, el cadáver). La resurrección (tanto la de Jesús como la nuestra) no es una vuelta hacia atrás, sino un paso adelante, un paso hacia otra forma de vida, la de Dios.

Importa recalcar este aspecto para darnos cuenta de que nuestra fe en la resurrección no es la adhesión a un «mito», como ocurre en tantas religiones, que tienen mitos de resurrección. Nuestra afirmación de la resurrección no tiene por objeto un hecho físico sino una verdad de fe con un sentido muy profundo, que es el que queremos desentrañar.

La «buena noticia» de la resurrección fue conflictiva

Una primera lectura de los Hechos de los Apóstoles suscita una cierta extrañeza: ¿por qué la noticia de la resurrección suscitó la ira y la persecución por parte de los judíos? Noticias de resurrecciones eran en aquel mundo religioso menos infrecuentes y extrañas que entre nosotros. A nadie hubiera tenido que ofender en principio la noticia de que alguien hubiera tenido la suerte de ser resucitado por Dios. Sin embargo, la resurrección de Jesús fue recibida con una agresividad extrema por parte de las autoridades judías. Hace pensar el fuerte contraste con la situación actual: hoy día nadie se irrita al escuchar esa noticia. ¿La resurrección de Jesús ahora suscita indiferencia? ¿Por qué esa diferencia? ¿Será que no anunciamos la misma resurrección, o que no anunciamos lo mismo en el anuncio de la resurrección de Jesús? Leer más…

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Ni Dios, ni Cristo, ni resurrección. Domingo de Pascua de resurrección.

domingo, 5 de abril de 2015
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pedro-corriendo-al-sepulcroDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Una elección extraña

Las dos frases más repetidas por la iglesia en este domingo son: “Cristo ha resucitado” y “Dios ha resucitado a Jesús”. Resumen las afirmaciones más frecuentes del Nuevo Testamento sobre este tema.

Sin embargo, como evangelio para este domingo se ha elegido uno que no tiene como protagonistas ni a Dios, ni a Cristo, ni confiesa su resurrección. Los tres protagonistas que menciona son puramente humanos: María Magdalena, Simón Pedro y el discípulo amado. Ni siquiera hay un ángel. El relato del evangelio de Juan se centra en las reacciones de estos personajes, muy distintas.

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: 

Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. 

María reacciona de forma precipitada: le basta ver que han quitado la losa del sepulcro para concluir que alguien se ha llevado el cadáver; la resurrección ni siquiera se le pasa por la cabeza.

Simón Pedro actúa como un inspector de policía diligente: corre al sepulcro y no se limita, como María, a ver la losa corrida; entra, advierte que las vendas están en el suelo y que el sudario, en cambio, está enrollado en sitio aparte. Algo muy extraño. Pero no saca ninguna conclusión.

El discípulo amado también corre, más incluso que Simón Pedro, pero luego lo espera pacientemente. Y ve lo mismo que Pedro, pero concluye que Jesús ha resucitado.

El evangelio de san Juan, que tanto nos hace sufrir a lo largo del año con sus enrevesados discursos, ofrece hoy un mensaje espléndido: ante la resurrección de Jesús podemos pensar que es un fraude (María), no saber qué pensar (Pedro) o dar el salto misterioso de la fe (discípulo amado).

¿Por qué espera el discípulo amado a Pedro?

Es frecuente interpretar este hecho de la siguiente manera. El discípulo amado (sea Juan o quien fuere) fundó una comunidad cristiana bastante peculiar, que corría el peligro de considerarse superior a las demás iglesias y terminar separada de ellas. De hecho, el cuarto evangelio deja clara la enorme intuición religiosa del fundador, superior a la de Pedro: le basta ver para creer, igual que más adelante, cuando Jesús se aparezca en el lago de Galilea, inmediatamente sabe que “es el Señor”. Sin embargo, su intuición especial no lo sitúa por encima de Pedro, al que espera a la entrada de la tumba en señal de respeto. La comunidad del discípulo amado, imitando a su fundador, debe sentirse unida a la iglesia total, de la que Pedro es responsable.

Las otras dos lecturas: beneficios y compromisos.

A diferencia del evangelio, las otras dos lecturas de este domingo (Hechos y Colosenses) afirman rotundamente la resurrección de Jesús. Aunque son muy distintas, hay algo que las une:

  1. a) las dos mencionan los beneficios de la resurrección de Jesús para nosotros: el perdón de los pecados (Hechos) y la gloria futura (Colosenses);
  2. b) las dos afirman que la resurrección de Jesús implica un compromiso para los cristianos: predicar y dar testimonio, como los Apóstoles (Hechos), y aspirar a los bienes de arriba, donde está Cristo, no a los de la tierra (Colosenses).

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados. 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria. 

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«Miradle resucitado», por Gema Juan, OCD

domingo, 5 de abril de 2015
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158De su blog Juntos Andemos:

«Miradle», el gran adagio teresiano, resuena también en la mañana de Pascua: «Miradle resucitado».

El Resucitado se deja encontrar y hace sentir su presencia. Mirad «con los ojos del alma», si queréis verle —decía Teresa. Y advertía que ella «jamás vio cosa con los ojos corporales» pero que, en su interior, quedaba tan imprimida la presencia viva y el amor, que hacía «tanto efecto como si lo viera con los ojos corporales».

Parecía hablar, al mismo tiempo, con el apóstol Tomás y con la Magdalena, dos grandes deseadores de Jesús, hambrientos de verle y tocarle. Ansiosos por confirmar, Tomás la fe y María el amor. Y, hablando con ellos, Teresa lo hace con todos los que avanzan en la fe, a tientas, confiando, deseando, amando… con los que piden ver y tocar. Con los que permanecen sin acabar de ver y los que se dejan despertar por la voz del Maestro resucitado, que los llama por su nombre.

Por eso, Teresa escribía: «A los que se han de aprovechar de su presencia, Él se les descubre; que, aunque no le vean con los ojos corporales, muchos modos tiene de mostrarse al alma por grandes sentimientos interiores y por diferentes vías».

Para «ver y tocar», para reconocer a Jesús, Teresa invita a descubrir su presencia real, que es divina y humana, crucificada y resucitada: «Divino y humano junto es siempre su compañía».

Teresa hizo esta experiencia, como antes la hicieron los discípulos y las fieles mujeres que acompañaron a Jesús. Dirá: «Miradle camino del huerto… miradle cargado con la cruz… miradle resucitado». Una experiencia profunda de continuidad en la fe, que no separa la tierra del cielo ni la carne del espíritu, sino que unifica y enseña a vivir como Jesús, porque descubre en el Resucitado al mismo que andaba por los caminos de tierra.

Mirando al Jesús que experimentó hasta el fondo su condición humana, que supo de dolor y alegría, que conoció la amistad y la soledad, y eligió la verdad y la bondad como señas de identidad, Teresa escribió: «Juntos andemos, Señor; por donde fuereis, tengo de ir; por donde pasareis, tengo de pasar».

Después, un encuentro con el Resucitado dejó en ella la certeza profunda del amor incuestionable al que llama, de la amistad que quiere vivir con sus amigos. Teresa sintió que Cristo le decía «que ya era tiempo de que sus cosas tomase ella por suyas, y Él tendría cuidado de las suyas».

Eso anuncia la Resurrección: el tiempo de la unión profunda, del compartir sin medida. El tiempo de experimentar que Cristo se hace compañero, cuando se acoge su presencia: «No os faltará para siempre; ayudaros ha en todos vuestros trabajos; tenerle heis en todas partes» —decía Teresa. Cuando se elige acompañar a Jesús en su camino, se descubre que es Él quien acompaña.

Esa experiencia de Jesús, «hombre y Dios», enseñó a Teresa el camino de la armonía. Había conocido la oscuridad profunda, alejada de la verdad pero, después, se verá a sí misma, de la mano de Jesús, «con gran luz, quitada toda aquella pena». Y dirá que, andando con Él, no vuelve la oscuridad «ni se le pierde la paz; porque el mismo que la dio a los apóstoles, cuando estaban juntos se la puede dar».

Con el tiempo, escribirá: «Me veía rica siendo pobre». La bienaventuranza que nace de la Resurrección toma cuerpo en Teresa y quiere hacerlo en cada creyente. La luz de Cristo no diluye los profundos contrastes que definen lo humano —eso dice Teresa. Ella no deja de ser quien es, pero se descubre «rica», agraciada, renovada e iluminada.

Teresa llega a decir que la presencia de Jesús hace de esta tierra un cielo, es decir, convierte la propia vida en el lugar donde vivir la voluntad de Dios, porque «nos ha hecho tan gran merced como hacernos hermanos suyos». Dirá: «Hecha la tierra cielo, será posible hacerse en mí vuestra voluntad». Podrá hacerse en todos la voluntad de Dios, porque Jesús se ha hermanado con todos.

Desde esa comunión, Teresa comprende que el «gran resplandor y hermosura y majestad» de Jesús resucitado habita en cada ser humano y lo llama a resucitar. «En este palacio pequeñito de mi alma cabe tan gran Rey» —decía. Y hablaba del Señor de la vida, que muestra su poder en el amor y que habita para liberar.

Este Rey «nunca falta» –dice Teresa– y «como es Señor, consigo trae la libertad, y como nos ama, hácese a nuestra medida». Este es el Cristo vivo, que ama, libera y sale al encuentro de todos. «¿Quién nos quita estar con Él después de resucitado?».

«Miradle resucitado».

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«La dimensión política de la Vigilia pascual- Sábado y Domingo de Resurrección», por Arnaldo Zenteno S. J., Comunidades Eclesiales de Base de Nicaragua

domingo, 5 de abril de 2015
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MinoMuralSaoFelixDe la página web de Redes Cristianas

VIGILIA PASCUAL- SABADO Y DOMINGO DE RESURRECCION. Esta noche y el Domingo de Resurrección la liturgia se desborda con 4 Fiestas: La Fiesta de la Luz-y el fuego. La Fiesta de la Palabra e Historia de Salvación. La Fiesta del Agua y del Bautismo. La Fiesta Eucarística de la Resurrección. Estas 4 Fiestas son preciosas y llenas de Esperanza. Pero igual que en los días Santos anteriores, puede celebrarse fuera de su dimensión política.

Por lo que ya me he alargado mucho, voy a ser más breve y un poco esquemático. Pero creo que a la luz de todo lo anterior, se puede entender muy bien lo que he querido subrayar: la dimensión política de la Vida, Pasión y Muerte de Jesús. Poniendo un ejemplo cercano, si no tenemos clara esta dimensión ¿cómo entenderemos la muerte, el asesinato de Mns. Romero o de los mártires de la UCA de El Salvador? Murieron por amor y fidelidad al Evangelio y al Pueblo. Pero ¿por qué los mataron? Por razones políticas queriendo vanamente acallar su voz.

Me atrevo a decir que la Resurrección de Jesús es igualmente o más subversiva y tiene un tremendo contenido político. Es tremendamente subversiva pues como proclama Pedro en su primera Homilía el que Resucita, es el que crucificó y asesinaron. Y Jesús es el Primogénito de los resucitados. Y los que Dios quiere que bajen de la cruz y vayan resucitando ya en nuestra historia, son las víctimas de la injusticia, los que de tantas maneras son crucificados- por ejemplo tantos desempleados y emigrantes afectados hoy por el crimen contra la humanidad que es la llamada crisis financiera. ¿Cómo está esto presente en nuestras celebraciones de Semana Santa? La Liturgia de esta noche es preciosa, pero no es un espectáculo, sino es y debe ser expresión de nuestra Fe en Jesús resucitado y en la vida digna, resucitada que El quiere para la Humanidad.

La Luz que brilla en las tinieblas, es Jesús y el Reinado de Dios que El vive y proclama, luz para los Pueblos que estaban en tinieblas. No se trata de una salvación meramente individual, sino del Reino de Amor, Justicia y Solidaridad que Dios quiere y que Jesús proclamó. La Lectura principal del Antiguo Testamento (entre las 10 de esa noche) y que no se puede omitir, es la del Exodo. La liberación que Dios quiere de su Pueblo y salir de la esclavitud. Esto es un hecho político-religioso. Por el Agua somos vivificados y purificados y ungidos-consagrados en el Bautismo como hermanas y hermanos de Jesús, el Mesías, que se nos presenta en Nazaret como el Ungido por el Espíritu para anunciar la Buena Nueva a los Pobres, la Liberación a los Oprimidos. Cristo quiere decir ungido, y cristiano quiere decir ungidos como El para la construcción del Reino de Dios. La Luz y el Agua nos piden personalmente arrepentirnos y dejarnos perdonar y purificar de todas tiniebla y maldad, pero al mismo tiempo nos piden siguiendo a Jesús que luchemos contra el pecado del mundo. Jesús es el Cordero que quita el pecado del mundo.

Resucitar con Cristo es morir al pecado, como nos recuerda Sn. Pablo y es resucitar a una vida nueva como Mujeres y Hombres nuevos a imagen y como reflejo y testigos de Jesús. Esto lo hemos reducido, solamente individualizado, y corremos el riesgo de perder el contenido social que implica lo que Jesús predicó el Reino de Dios. Cuando los cristianos decimos con otros muchos “Otro Mundo es posible”, queremos expresar nuestro sueño y utopía del Reino de Dios y queremos reafirmar nuestro compromiso para luchar por un mundo más justo, fraterno y solidario como Dios quiere. Todo esto tiene obviamente una dimensión política- no necesariamente de política partidaria, pero desde los laicos también la política partidaria se debía incluir en la purificación de todo pecado de poder, enriquecimiento ilícito, y de servirse del Pueblo, en lugar de servir al Pueblo.
Semana Santa .Celebraciones llenas de Fe, Amor y Esperanza, pero vividas como Jesús la vivió en un contexto político concreto, en plena fidelidad al Plan de Dios y al servicio al Pueblo, como

Anuncio de un mundo nuevo y distinto, y como denuncia de todo lo que oprime a la humanidad en particular en la vida social y política.

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Entremos juntos en esta pasión de Amor con la fe del centurión

lunes, 30 de marzo de 2015
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Del blog de la Communion Béthanie:

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Esperando ser sumergidos con Cristo en las aguas vivificantes de su resurrección,  nos encontramos al final de nuestro camino pascual.

¡Qué largo camino recorrido desde el Miércoles de Ceniza!

Estamos cansados, sin aliento, vaciados por las diferentes etapas de esta Cuaresma, o incluson por el peso de nuestras preocupaciones que nos acosan, o estamos al contrario apaciguados, renovados, reconciliados con nosotros mismos y con Dios?

Dos acontecimientos son relatados en el mismo domingo de Ramos:
una muchedumbre alborozada aclama y bendice al hijo de David en oposición a una muchedumbre que grita su odio y condena a Jesús.

Nuestras vidas no son una mezcla de estas dos actitudes?
Nuestros rostros no son – el reflejo a veces de un Pilato, de un Judas, de un Pedro?

Sigamos al Cristo paso a paso, Él que se adelanta libremente en su pasión.
Sabremos reconocerle como el centurión al pie de la cruz y decir: «verdaderamente, este hombre era el hijo de Dios «!

Vivamos estos días santos también en comunión con nuestros hermanos que sufren de la persecución en el mundo entero.
Atrevamosnos a entrar juntos en esta pasión de Amor.
Jesús nos abre el camino de la confianza y de la vida. Nos reabre la puerta del jardín antaño cerrado, la vía hacia el árbol de la vida. Entonces, unamos las manos y no tengamos miedo de marchar con él. El Señor nos espera.

*

Anne-Marie,
Hermana de la Communion Béthanie

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«A tientas de un gran día»

viernes, 27 de marzo de 2015
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Del blog de Pedro Miguel Lamet:

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Esta cuaresma vuelvo a meditar sobre el misterio del tiempo con este poema de presencia y ausencia, de ya sí, pero todavía no, de gozo por el regalo de la vida y sorpresa de no ver del todo.

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A TIENTAS DE UN GRAN DÍA

No hay día que no estrene cada día

como un niño que abriera su regalo

que abraza la belleza

de la creación entera.

No hay día que no busque tu presencia

en el fulgor de gentes y paisajes

que cruzan a mi lado como un río

despeñado hacia el mar irremediable.

Ni día que no abisme mi mirada

en el cráter del miedo de otros ojos,

o que ría con la risa que hace leve

este mundo de paso y de nostalgia.

Son días que cuento como meses

y meses que andan como años

a zancadas de tiempo y primaveras

para florecer definitivamente.

Pero a tientas aún del único gran día.

*
Pedro Miguel Lamet

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La Pascua se acerca… Ya es hora

lunes, 23 de marzo de 2015
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Del blog de la Communion Béthanie:

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La Pascua se acerca.

Nuestra travesía nos conduce pronto a subir también nosotros con Jesús a Jerusalén.

¿Sería nuestro deseo como el de los griegos de este domingo de cuaresma por ver a Jesús?

¿Para ser un espectador de estas próximas horas  en que Cristo pasará por la cruz para ser glorificado

O estamos dispuestos a seguirle hasta el fin para servirlo?

Entonces,

Ya es hora de descentrarnos para poner nuestros pasos en los de Cristo.

Ya es hora de que nuestros ojos se abran para reconocer en nuestros hermanos el rostro de Cristo.

Ya es hora de desprendernos de nuestro egoísmo, de renunciar a nuestras malas costumbres.

Ya es hora de aceptar morir un poco a uno mismo, de quitar lo que estorba a nuestro corazón para tener la vida en abundancia como el grano de trigo debe ser enterrado en la tierra para dar fruto.

Ya es hora de confiar en Dios cuando la angustia nos golpea.

Ya es hora de acoger la ternura de Dios, él que nos ofrece una alianza nueva, una alianza de perdón.

Ha llegado el tiempo de caminar tras tus pasos Señor, de imitarte y de servirte en los pobres y en todos hombres que nos rodean. Elévanos de la tierra contigo, atráenos a ti para que entremos como tú en el amor incondicional del Padre al servicio de los demás.

*

Anne-Marie,
Hermana de la Communion Béthanie

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Escoger la vida

martes, 17 de marzo de 2015
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De blog de la Communion Béthanie:

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«¡Alegraos con Jerusalén y regocijaos con ella, todos los que la amáis;
rebosad de júbilo con ella, todos los que han llorado por ella!
(Is 66,10)

Aquí estamos a mitad de nuestro camino hacia la Pascua.
Camino que nos hace adelantar el faro de la alegría.
Estas palabras de Isaías nos recuerdan que es en la alegría
como nos dirigimos hacia la Pascua en el encuentro con Cristo resucitado.

Entonces interroguemosnos.
¿Dónde estoy con la oración, el ayuno y el compartir?
¿He tomado el camino del encuentro de Aquél que se aloja en lo más hondo de mí
optando por la visita de mi templo interior?
¿ O todavía tengo que interpretar al perfeccionista?
¿ Yo mismo he quedado ensimismado en mis profundidades
buscando los granos de arena de mis desiertos,
dando vueltas,
a deprimirme, a juzgarme, a condenarme?
El Evangelio de este cuarto domingo nos invita
A alzar la cabeza hacia El que salva, que nos salva
A ser veraces con nosotros mismos, sobre nuestros límites y nuestras fragilidades
A detestar las tinieblas para preferir la luz,
A escoger la vida.

Dejemos resonar en nosotros estas palabras:
«Dios amó tanto el mundo que envió a su Hijo único
Para que, por él, el mundo sea salvado«.

*

Anne-Marie,
Sœur de la Communion Béthanie

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Pentecostés 3. Para una teología del Espíritu Santo

miércoles, 11 de junio de 2014
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imagesDel blog de Xabier Pikaza

Ésta es la tercera reflexión sobre el Espíritu Santo, y he querido plantearla de un modo teórico, para aquellos que este día de Pentecostés tengan tiempo para entrar en temas de teología.

No hay quizá en la historia de la reflexión humana un tema más apasionante que el del Espíritu de Dios, tal como ha sido planteado por la gran teología. Tres son los presupuestos o bases de ese tema y así quiero exponerlos de forma introductoria, realizando un ejercicio teológico, desarrollado de un modo más preciso en mi Enquiridion Trinitaris (Sec. Trinitario,Salamanca 2005,págs. 497-510).

a) Me apoyo por un lado en la certeza de que existe y se actualiza sobre el mundo el rostro trascendente de aquel Dios que nos sostiene y acompaña.

b) Estoy convencido, como cristiano, de que esa revelación de Dios se expresa plenamente en el camino de Jesús, de manera que el Espíritu de Dios es la fuerza, misterio y presencia divina de Jesús.

c) La presencia y obra del Espíritu culmina haciendo que surja un humano agraciado, gratificante . Así queremos destacarlo en las tres notas que siguen.

Una reflexión sobre el Espíritu

(1) La experiencia cristiana del Espíritu remite a la transparencia (actuación) del Dios trascendente.

Cristiano no es aquel que se interroga sobre el fondo racional del cosmos, ni tampoco el que pretende trasformar todas las cosas a raíz de unos supuestos de futuro no alienado.

Cristiano es, ante todo, el que con gesto de profundo desasimiento y de sorpresa agradecida ha descubierto que toda su existencia se halla en manos de un poder gratificante que pertenece a Dios. Ya en el Antiguo Testamento, el Espíritu remite al misterio de la presencia trascendente y creadora de Dios.

El camino del misterio debemos andarlo de nuevo cada día, conscientes de que nunca se acaba de entender a Dios y nunca se responde plenamente a su presencia. En esa línea, volvemos a encontrarnos cerca de los profetas de Israel, preguntándonos por la actuación de Dios, por la urgencia de su juicio y los caminos de su fidelidad. Si algún día olvidamos que el Espíritu es «de Dios» (trascendente, imprevisible, creador), acabaremos identificándolo con el mecanismo de un cerebro electrónico o el engranaje de una transformación social. Ese día no sólo se habrá silenciado el Espíritu de Dios; se habrá anegado el humano.

(2) Según el cristianismo, el Espíritu se personaliza o por lo menos acaba concretándose por medio de Jesús y de iglesia.

Va tomando un rostro, ofrece un tipo de profundidad, muestra un camino de actuación. Se trata del Espíritu de la trascendencia (de Dios) sobre el fondo de la historia de Jesús; es la capacidad de superar el mundo (resurrección) en ese campo bien concreto del seguimiento de Jesús hasta la muerte; es, en fin, la presencia del encuentro transformante (amor Padre-Jesús) en el gesto cotidiano del compromiso del humano por el humano.

Habiendo recibido por Jesús un rostro (el rostro de su presencia), el Espíritu sigue siendo el irrepresentable, pues ninguna de las formas y caminos de este mundo logra reflejarle
.

(3) Finalmente, el Espíritu se expresa y realiza históricamente su misterio de vida y comunión por la Iglesia, es decir, en el despliegue de la humanidad.

Irrepresentable por sí mismo, el Espíritu de Dios se expresa en la vida y amor de los hombres. Allí donde un hombre se trasciende y trascendiéndose vive en comunión de amor con los demás está el Espíritu de Dios.

De manera especial el Espíritu debe hacerse transparente en el campo de la vida de la iglesia: en aquella comunión donde se expresa la herencia de Jesús, donde se proclama su palabra y se rememora su acción. En ese campo podemos hablar de la Iglesia como icono del Espíritu. Pero también se puede y debe hablar del rostro del Espíritu allí donde los hombres de diversas religiones o culturas proyectan y suscitan ámbitos de encuentro humano enriquecido, abriendo caminos de historia, es decir, de futuro.

El nervio de la confesión cristiana se identifica con la afirmación paradójicamente misteriosa, sólo aceptable en plano religioso, de que al mismo Dios eterno constituye, en la riqueza de su vida inmanente, la verdad y hondura de aquello que se actualiza entre nosotros por Jesús, en el Espíritu. En otras palabras, Dios mismo (y no una imagen disociable de su ser), es quien se expresa y quien actúa por Jesús y como Espíritu en el mundo.

Traducido en términos teológicos, estos significa que la inmanencia de Dios es su economía y viceversa. El problema se ha planteado y se plantea en el momento en que se quiere precisar esa afirmación.

Espíritu de Dios, la Vida humana, Dios en la historia

Un tipo de hermeneútica usual, menos cristiana, enraizada todavía en el dualismo platónico (o postplatónico) de eternidad y tiempo, inmutabilidad divina y cambio histórico, ha trazado entre la trinidad en sí y sus manifestaciones económicas un esquema de participación derivada, en el que se distinguen y separan dos niveles.

(1) Dios existiría primero separado, en plano eterno, sin cambios y sin tiempo, sin mezcla de historia. Leer más…

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