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Dios no se hizo ángel, se hizo hombre

Jueves, 19 de noviembre de 2020

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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(Elisabeth Olsson Wallins  “Ecce Homo“)

¡La alegría de ser hombre! Este hecho, que soy un hombre, constituye una verdad y un misterio teológicos. Dios se hizo hombre en Cristo. Al convertirse en lo que yo soy, Él me unió a Sí mismo e hizo de mí su epifanía, de manera que ahora se supone que yo lo revelo a Él. Mi existencia misma como hombre depende de que, en virtud de mi libertad, yo obedezca Su luz, permitiéndole así revelarse a Sí mismo en mí. Y el primero en ver esta revelación es mi propio yo. Yo soy Su misión para mí mismo y, a través de mí, para todos los hombres. ¿Cómo podré yo verlo o recibirlo a Él, si desprecio o temo lo que soy, un hombre? ¿Cómo puedo yo amar lo que soy –hombre–, si odio al hombre en los demás?

El simple hecho de mi humanidad debería ser fuente inagotable de gozo y placer. Al alegrarme por aquello que mi Creador ha hecho de mí, estoy abriendo mi corazón a la salvación que me ofrece mi Redentor. Es una manera de saborear las primicias de la redención y la restauración. El gozo de ser hombre es tan puro que quienes tienen una comprensión cristiana débil pueden incluso llegar a confundirlo con el gozo de ser algo distinto del hombre: por ejemplo, un ángel o algo parecido. Pero Dios no se hizo ángel. Se hizo hombre.

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Thomas Merton
Diarios, agosto 1965

Ecce Homo + Elisabeth Ohlson Wallin +1998

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

Pascua 3. El ángel de Dios, la muerte vacía (Mt 28, 1-3)

Sábado, 11 de abril de 2015

resurrezione02Del blog de Xabier Pikaza:

Quiero seguir ofreciendo, hoy martes de Pascua (7.4.15), tras las dos postales anteriores, unos textos en forma de Via-Lucis (Camino de Luz o de Pascua), a modo de contrapunto y complemento del Via-Crucis de Cuaresma, en la línea de un libro que escribí hace tiempo: Camino de Pascua, Sígueme, Salamanca 1997.

No son investigaciones de historia bíblica, sino reflexiones de tipo creyente, para orar y gozar en este tiempo de pascua, en el que a todos deseo la mayor felicidad de Cristo que es la vida descubierta y celebrada en el mismo fondo de la muerte. Presentaré en este tiempo las estaciones principales de ese Itinerario de Resurrección, comenzando con una reflexión sobre el ángel de la muerte vacía, que expresa la victoria de Dios sobre la muerte, conforme a la tradición de Mt 28, 1-3.

Se trata de un texto algo tardío, que aparece sólo en el evangelio de Mateo, pero que recoge de forma espléndida y simbólica (¡no se busque aquí historia crítica en sentido literal) una experiencia básica de la Iglesia primitiva. De esa manera sigo ofreciendo este Via-Lucis, Via-Vitae, camino de luz y de vida, que constará de unas 15 estaciones.

Mirada desde el mundo, el camino de los hombres forma parte de la historia de la muerte, pero, mirado desde Cristo, ese camino parte de la historia de Dios, como muestra nuestro texto.

Éste es un tema que ha desarrollado, de forma especial el Evangelio de los Hebreos, que algunos críticos como J. D. Crossan piensan que es el relato más antiguo de la pascua, aunque a mi juicio depende de Mateo. Sea como fuere, sin entrar en discusiones críticas, quiero presentarlo una vez más a mis lectores, este martes de Pascua Florida.

Una tumba excavada en la roca.

qHa muerto Jesús y sus amigos le han querido colocar en una tumba que, conforme a la costumbre de las ricas familias judías (rico ha sido el amigo que financia su entierro: cf Mt 27, 57), se hallaba excavada en la roca. Sobre la puerta han corrido una gran piedra. Tras ella se pierden y pudren las más hondas esperanzas de Jesús y su mensaje: su palabra sobre Dios y su misión de reino, la semilla del amor y el gesto de perdón universal. Una tumba excavada en la roca del mundo. Esa es la meta de todos los afanes de los hombres y mujeres de la tierra.

Ésta es la verdad sólo humana de nuestra historia: al final de todos los caminos triunfa el rostro de la muerte. En verdad, mueren también otros vivientes (animales) de la tierra. Pero sólo el hombre sabe que ha de hacerlo y así lo sufre cada día, en alma y cuerpo. Sabe que ha de morir y, desde antiguo, como una confesión de fe en la muerte y a la vez como protesta en contra de ella, ha levantado monumentos a los muertos. Este es el último: unos amigos de Jesús le han desclavado de la cruz y le han tendido en un sepulcro de la roca. De esa forma ratifican su fracaso.

Frente a todos los proyectos de Jesús hay un sepulcro. Es monumento de cariño: unos amigos le han envuelto entre pañales de muerte (sudarios), colocando con cuidado su cadaver, procurando que perdure, no se rompa, sobre una tarima lateral de aquella cueva funeraria. Es monumento de impotencia: Jesús podía casi todo, pero no ha logrado superar la muerte; de esa ha forma ha terminado, como todos, disolviéndose en el vientre de la madre tierra.

Dominio de la muerte

Parece que los hombres creen en Dios como principio y garante de Vida, pero al fin sucumben a la muerte que les vence y tritura sin contemplaciones. Esta es la tragedia, el mal de nuestra historia, como sabe Gén 2-3, como ha indicado con gran fuerza el libro del Qohelet o Eclesiastés.

Ciertamente, han sido muchos los que, desde tiempos muy antiguos, han querido superar esa tragedia de la muerte, buscando soluciones de tipo espiritualista o consuelos de carácter histórico o social:

– Algunos, como los órficos y los platónicos de Grecia, han defendido la existencia de un alma inmortal, que se libera del mundo tras la muerte. Para ellos, la muerte no es definitiva, ni afecta a lo más hondo del ser humano.

– Otros, como muchos hindúes y budistas, dicen que la muerte es experiencia de apertura del hombre a lo sagrado: aquellos que vivían sufriendo sobre el mundo consiguen superar los lazos de la carne y los deseos de la tierra para introducirse de verdad en lo divino (lo nirvana).

Otros entienden la muerte como triunfo extremo de la finitud: nos habíamos creído grandes, importantes, capaces de vencer y dominar sobre la tierra; pero al fin la misma tierra nos domina; del polvo vinimos, al polvo tornamos; ilusión de polvo y sufrimiento es nuestra vida.

Se ha querido responder de muchas formas al enigma de la muerte. Pero ella permanece indescifrable: no sabemos lo que existe tras su puerta; nadie puede volver del más allá para decirnos lo que pasa, para darnos la certeza de que hay algo o simplemente todo es nada. De esa forma, su gran enigma y miedo nos domina por doquier de manera igualitaria. Leer más…

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