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Palabra clave: ‘Tony Anatrella’

Nuevas denuncias de abusos contra Tony Anatrella, el “experto gay” del catolicismo francés

Lunes, 3 de junio de 2019

tony-anatrellaEl “psiquiatra de la Iglesia” ya fue suspendido por el arzobispo de París

Revela que cuando tenía 14 años el conocido como “psiquiatra de la Iglesia” le pidió que le enseñara su pene y le masturbó

Fue solo el comienzo de los “tratamientos corporales” contra la homosexualidad a los que Anatrella también sometió a otros hombres, “sesiones de relajación en calzoncillos” o masajes desnudos incluidos

Era el “experto gay” del catolicismo francés. Un “psicoanalista” que ha sido uno de los mayores impulsores de la represión de los homosexuales en la Iglesia en los últimos años. Pero monseñor Tony Anatrella también es un abusador de menores y de adultos, según las numerosas denuncias que han ido acumulándose contra este sacerdote en los últimos 15 años y que resultaron en su suspensión el pasado julio por el arzobispo de París. A estas denuncias, se suma ahora una nueva queja de un hombre que alega que el cura le masturbó cuando tenía 14 años.

Pascal B., hombre que tiene actualmente 58 años y con problemas de audición desde niño, ha revelado a La Croix que su madre le mandó a Anatrella, el conocido “psiquiatra de la Iglesia”, en 1974, cuando él tenía 14 años. Pascal había tenido problemas con la policía y le afectaba el alcoholismo de su padre, quien años después se separaría de su madre y se convertiría en el secretario del propio Anatrella, un trabajo que sigue teniendo. El cura era por aquel entonces el capellán del instituto Arago en París. Al final de su primera cita, aegún Pascal, el sacerdote -que se ha cosechado fama por sus “tratamientos corporales” contra la homosexualidad- le pidiera que le mostrara su pene y procedió a estimularle.

“¿Qué le pude decir?“, lamentó Pascal. “No le dije nada, sino que me vestí sin mirarle. Me sentí totalmente perdido y aplastado”. El hombre afirmó que trató de reprimir el recuerdo y continuó acudiendo a las actividades que Anatrella organizaba en el instituto. El cura luego le propondría “una sesión de relajación en calzoncillos”.

El instituto no sería la última vez que Pascal coincidiría con Anatrella. Años después, tras caer en las garras de las drogas y la ideación suicida, el hombre se limpió y se casó. Cada uno de sus tres hijos fue bautizado por el “psicoanalista”, a quien Pascal también acabaría acudiendo cuando su matrimonio empezaría a desintegrarse. No fue hasta Anatrella le sometió a su “terapia corporal” -masajes desnudos incluidos- que Pascal atrevió a contar su abuso a su familia.

Aunque Pascal no pudo denunciar a las autoridades civiles las agresiones que sufrió a manos de Anatrella por la prescripción de los posibles delitos, sí las ha denunciado al arzobispo de París, que ha confirmado a La Croix que su testimonio ha sido enviado al Vaticano, donde se mantiene abierto el expediente del sacerdote en vista de su posible laicización.

Por su parte, a través de su defensor canónico Anatrella sigue rechazando todas las acusaciones en su contra, y tiene hasta finales de junio para interponer en la Signatura Apostólica un recurso contra su suspensión, el cual ya fue rechazado en primera instancia.

Fuente Religión Digital

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El sacerdote y psicoterapeuta Tony Anatrella, uno de los ideólogos católicos que con más ahínco promovió la homofobia de la Iglesia, sancionado por abusar de varios expacientes

Jueves, 26 de julio de 2018

tony-anatrellaProfundizando en el tema del que ya habíamos hablado y que demuestra la hipocresía de determinados sujetos…

Por Hans

El arzobispo de París ha suspendido al psicoanalista y sacerdote Tony Anatrella como resultado del proceso canónico que le fue abierto el año pasado. El sacerdote fue investigado a raíz de las acusaciones de abuso por parte de varios de sus pacientes. El de Anatrella es un caso especialmente significativo, pues este sacerdote ha sido una de las voces a las que la Iglesia católica ha dado mayor autoridad a la hora de justificar sus posturas homófobas, llegando incluso a colaborar en el Vaticano como asesor en dos Consejos Pontificios.

Según la sanción impuesta por el arzobispo de París, Michel Aupetit, a Tony Anatrella se le prohíbe ejercer el ministerio sacerdotal, confesar, y en especial se le ordena que cese toda «actividad terapéutica». «Monseñor Autpetit le ha indicado que no se le confiará más ningún ministerio sacerdotal. Le ha requerido que no vuelva a escuchar la confesión de los fieles, que renuncie a la dirección o acompañamiento espiritual, así como que renuncie a toda intervención pública», señala la diócesis en un comunicado a France-Presse, recogido por el diario Le Figaro.

Tony Anatrella es una figura bien conocida en entornos católicos. Sacerdote y psicoanalista francés, ha sido una de las personas más referidas como «autoridad intelectual» para apoyar las posturas homófobas de la jerarquía. Sin embargo, las crecientes sospechas de abusos a sus pacientes, recogidas por testimonios de afectados, llevaron finalmente a que el anterior arzobispo de París, André Vingt-Trois, abriera un proceso canónico a principios de 2017 (en buena medida, era el único camino que quedaba abierto, al haber prescrito varios de los casos para el Derecho Civil). La decisión se tomó después de un año de investigación en que se recogieron testimonios de 10 expacientes. El proceso no se llevó a cabo en la propia archidiócesis de París, ya que Anatrella había colaborado con ella en el pasado. El entonces arzobispo solicitó al Tribunal de la Signatura Apostólica un cambio de lugar para el proceso, y se eligió la Oficialía Interdiocesana de Toulouse.

En realidad, las sospechas venían de mucho tiempo atrás. En 2001, Daniel Lamarca, paciente de Anatrella entre 1987 y 2001, denunció a su antiguo terapeuta ante el arzobispo de París, que entonces era el cardenal Jean-Marie Lustiger. Sin embargo, su denuncia no encontró eco alguno. Posteriormente, en 2006, otros dos hombres se unieron a Lamarca y denunciaron la conducta inapropiada del sacerdote-terapeuta, pero el que ya era nuevo arzobispo de París, André Vingt-Trois, ignoró estas nuevas denuncias con el habitual argumento de que eran maquinaciones de un “lobby gay” para dañar a Anatrella.

Sin embargo, el goteo de expacientes continuó, con testimonios coincidentes. Según contaban, Anatrella incluía en la «terapia» contactos corporales que incluían los genitales. Un ejemplo es el testimonio que uno de los afectados, «Fabien», reportó al responsable de la investigación llevada a cabo en París, incluido en un reportaje del semanario católico La Vie. Fabien había sido remitido a Anatrella para tratarse en 1997. Para un joven católico homosexual como él, un psicoterapeuta católico y sacerdote parecía ofrecerle garantías. Pero el panorama que encontró fue muy distinto: «para poder resolver un déficit de afecto de parte de mi padre, nacido en la infancia, me dijo que era necesario que la viviera con mi sexo de hombre púber. Me propuso un ‘paso al acto’ con él. Lo rechacé al principio. Pero al cabo de un momento, acepto; esperaba verdaderamente que eso me haría progresar en mi terapia (…) No había ningún plan ni ningún límite. Comprendí que el fin era acostarnos. Dejé de tener esas sesiones particulares cuando toqué sus genitales. No me gustó nada».

Especialmente destacable a la hora de dar voz a las víctimas ha sido la labor del dominico francés Philippe Lefèbvre, reseñada por Cameron Doody y Hendro Munsterman en Religión Digital, quien durante mucho tiempo ejerció prácticamente en solitario la oposición a Anatrella y su enorme poder, y que ha denunciado que la Iglesia católica trató de silenciarle con prácticas «de la mafia».

Una célebre e influyente «autoridad intelectual».

El hecho de que Anatrella no pudiera ser investigado en el arzobispado de París por haber colaborado con sus autoridades da ya idea de la importancia que este sacerdote ha tenido en el seno de la Iglesia católica francesa, pero también en el Vaticano, donde llegó a ser asesor para los Consejos Pontificios para la Familia y para la Pastoral de la Salud.

Y es que Tony Anatrella ha sido citado frecuentemente en seminarios y centros educativos católicos, también en España, e incluso por medios conservadores laicos (como en este artículo de Libertad Digital publicado en su momento contra las políticas de José Luis Rodríguez Zapatero). Era tenido por un gran experto que refutaba la defensa de los derechos de las personas LGTB. Es además significativo que haya tres libros suyos traducidos al español: La diferencia prohibida, El sexo olvidado y Contra la sociedad depresiva.

Anatrella, de hecho, fue uno de los principales proveedores de argumentos a favor de la prohibición a los homosexuales del acceso al sacerdocio. En una entrevista a L’Osservatore Romano afirmó que la homosexualidad «aparece como una incompletitud, una inmadurez forzosa», y por tanto los homosexuales «no están en disposición adecuada para casarse, para adoptar niños y para acceder al sacerdocio». Más aún, según él «los sacerdotes homosexuales tienden a desviar su función hacia fines narcisistas. Están en la seducción y tienen serias dificultades para situarse institucionalmente en la cooperación con los demás».

Resulta realmente difícil considerar con detalle sus opiniones y mantener el sosiego, pero merece la pena para ver quién fue esta «autoridad católica» en Francia y más allá. Según Anatrella, la homosexualidad es el resultado de una detención del desarrollo sexual. Es igualmente una negación de la diferencia sexual que hace imposible una auténtica entrega al otro. Más aún, al situar la heterosexualidad como cumbre del desarrollo de la personalidad, el homosexual es una persona esencialmente incompleta e inmadura. Llegaba a decir por ejemplo que «La necesidad compulsiva de asistir a fiestas y de encontrarse en determinados lugares con personas de su misma tendencia responde al deseo irreprimible de decapitar la angustia provocada por la incompleción sexual», llegó a escribir en Contra la sociedad depresiva.

Esta peculiar teoría de la personalidad se utiliza como base para negar todo reconocimiento legal a las parejas del mismo sexo: si decir homosexualidad es decir crecimiento truncado, darle reconocimiento social supone promover la inmadurez en la sociedad y amenaza con socavar sus fundamentos. Así por ejemplo, en Contra la sociedad depresiva escribe lo siguiente:

«La ‘tolerancia’ con respecto a la homosexualidad es una de las formas en que se traduce el carácter depresivo de nuestra sociedad, en la que es fácil ver cómo las representaciones sexuales se fragmentan como si la pulsión sexual no debiera ya buscar la unidad sino la dispersión (…). Evidentemente, la sexualidad humana accede tanto más difícilmente a una dimensión social cuanto que se mueve en un contexto que desvaloriza la procreación y fomenta las demandas de reconocimiento social de la homosexualidad»

Más adelante afirmaba:

«Una sociedad que piensa que la homosexualidad puede ser un modelo social y la inscribe en su ordenamiento jurídico es una sociedad que se cierra a su propio devenir. Peor aún, la homosexualidad concebida en este sentido es la negación misma de la sociedad, que, por su propia naturaleza, está llamada a permanecer abierta a la diferencia (la heterosexualidad) y al desarrollo».

Con todo, esto no era lo peor, pues incluso llegaba a decir lo siguiente:

Por supuesto que hay que condenar firmemente las expresiones voluntariamente malévolas, las discriminaciones y los gestos violentos contra personas homosexuales (…). Sin embargo, cuando se propala a todos los vientos la idea de que el modelo homosexual es también una referencia social, y que debe ser protegido y organizado por la legislación civil, no hay que extrañarse de que las reacciones puedan ser muy vivas….

Por lo demás, en la historia personal de quien esto escribe, Anatrella ha jugado a su manera un papel. Cuando aún estaba aceptando mi sexualidad, supe de las ideas de Anatrella. La lectura de sus páginas sobre homosexualidad en Contra la sociedad depresiva me dejaron impactado. Sin embargo, lejos de convencerme, fueron un acicate para pensar en qué no tenía razón. Por ello, paradójicamente, leer a este “experto” me hizo fortalecer mis argumentos y reafirmarme en mi elección vital de gay cristiano.

Sea como sea, los responsables de la Iglesia católica deberían reflexionar profundamente acerca de las personas en quienes han confiado como expertos, lo mismo que aquellas terminales mediáticas y editoriales que difundieron sus ideas y textos como expresión de un saber experto.

Fuente Dosmanzanas

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El secreto de monseñor Tony Anatrella, el “experto gay” de la Iglesia francesa

Jueves, 12 de julio de 2018

tony-anatrellaTony Anatrella

El dominico Philippe Lefèbre denuncia las “prácticas mafiosas” que le dieron poder en París y Roma

Seminaristas de todo el país se sometieron a sus “terapias físicas” para “curar” su homosexualidad 

(Cameron Doody y Hendro Munsterman*).- Aparte de los Papas, no hay nadie que haya impulsado más la feroz represión de la homosexualidad en la Iglesia católica durante los últimos treinta años que monseñor Tony Anatrella. Ampliamente considerado como el “experto gay” oficial tanto en la Iglesia católica francesa como en el mismo Vaticano, el sacerdote, psicoanalista y autor de treinta libros sobre la atracción entre personas del mismo sexo fue la fuerza motriz del decreto de 2005 de la Congregación para la Educación Católica que impedía que los homosexuales fueran ordenados sacerdotes.

Miembro de la comisión de Medjugorje de la Congregación para la Doctrina de la Fe y consultor de dos Consejos Pontificios -para la Familia y la Pastoral de la Salud-, el hombre conocido en París como el “psiquiatra de la Iglesia” enseña que los homosexuales son narcisistas y que son incapaces de formar relaciones a largo plazo. No eres gay, simplemente piensas que lo eres”, solía decir a las docenas de seminaristas de toda Francia que le enviaron durante tres décadas para “curar” su homosexualidad. Incluso se le pidió a Anatrella que cruzara al ámbito de la protección de los menores, y que diera un curso en Roma en 2015 a obispos recién nombrados de todo el mundo sobre cómo responder a los abusos sexuales del clero. Intervención en la que que les dijo que no hay que informar a las autoridades civiles cuando les llega denuncias.

Pero todo este tiempo -o al menos desde 2006, cuando las primeras víctimas hablaron públicamente- todos en el Vaticano y en la Iglesia francesa sabían que Anatrella había sido acusado por varios hombres de abusar de ellos durante sesiones especiales de “terapia física”. Sus presuntas víctimas lo acusan de alentarlos a vivir sus fantasías homosexuales durante estas citas individuales. Las sesiones incluyeron orgasmos y monseñor Anatrella “solo llevaba puestos sus calcetines”, dijo una de las víctimas al periódico holandés Nederlands Dagblad. “Conozco detalles sobre su cuerpo que solo alguien que lo ha visto desnudo puede conocer”, dijo este joven.

El secreto de Anatrella finalmente se deshizo la semana pasada cuando el arzobispo de París, Michel Aupetit, lo suspendió del ministerio público por supuestamente abusar de jóvenes a su cuidado. Los predecesores de Aupetit, los cardenales Jean-Marie Lustiger y André Vingt-Trois, habían apoyado públicamente al psicoanalista, incluso después de que varias víctimas se quejaran a la archidiócesis. Esos fueron tiempos en los que la sociedad francesa lidiaba con la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. Anatrella era considerado por el episcopado como una voz importante en el debate, ya que podía hablar sobre el asunto como un psicoanalista respetado.

El dominico francés Philippe Lefèbvre fue durante años casi el único que se opuso a las ideas del influyente monseñor. Pero ahora que el sacerdote se ha caído de su pedestal, Lefèbvre denuncia la cultura eclesiástica que permitió que este escándalo floreciera.

El dominico ya no tiene pelos en la lengua. Denuncia que la manera en la que la Iglesia católica ha tratado a las víctimas de Anatrella ha sido nada menos que con “prácticas de la mafia”. Lefèbvre, que enseña estudios bíblicos en Friburgo (Suiza), entró en contacto con el pensamiento de Anatrella por casualidad cuando estaba trabajando en un libro sobre hombres y mujeres en la Biblia.

“A principios de 2006, me encontré con un artículo en el que Anatrella escribe sobre la incapacidad de los homosexuales para convertirse en sacerdotes. Y leí su libro sobre la homosexualidad con el título Los orígenes de la homosexualidad y el reinado de Narciso. Luego escribí una respuesta crítica. Dos revistas católicas francesas se negaron a publicarla. ‘Tienes razón, pero no podemos permitirnos criticar a Anatrella’, me dijeron. Eventualmente mi historia terminó en un sitio web católico. Entre las numerosas reacciones que recibí, también había una carta de un joven que soportó las ‘terapias físicas’ de Anatrella. Había ido a Anatrella para curar su atracción homosexual”.

¿Fue él la única víctima que usted ha llegado a conocer?

No. Un sacerdote francés que estaba involucrado en el cuidado pastoral de los homosexuales me escribió y dijo que conocía a tres hombres que habían pasado por lo mismo. Ese sacerdote comenzó a hablar con siete obispos en noviembre de 2006. No se sorprendieron en absoluto. ¡Todos lo sabían! El 23 de noviembre de 2006, el cardenal Vingt-Trois, arzobispo de París, escribió un correo electrónico a todos sus sacerdotes: “Apoyamos a monseñor Anatrella con nuestra oración y nuestra estima”.

Conozco a cuatro víctimas personalmente, pero me han escrito más aparte de estas. A finales de 2006, cuando se supo que los obispos franceses no habían hecho nada al respecto, escribí un nuevo artículo, en el que también mencioné la “terapia física” de Anatrella.

¿Corrió muchos riesgos al denunciar [a Anatrella]?

La Iglesia le da a estas personas un estado casi divino. Y si las criticas, conseguirás que los obispos se te echen encima. O todo el sistema católico de laicos que hace que sigan en pie todo tipo de sitios de Internet. Son prácticas de la mafia que son acompañadas incluso por intimidaciones. Me consta que Anatrella ha intentado de todo para hacer que me retiren de mi cátedra aquí en la facultad en Friburgo, incluso acudiendo a las más altas instancias romanas. También recibí llamadas telefónicas de amigos que me dijeron que estaba siendo retratado en Roma como el “destructor de la Iglesia”. Un obispo me dijo que sería mejor que parara, ya que mi cátedra depende de la Congregación para la Educación Católica en Roma.

¿Cómo explica este apoyo a Anatrella desde los niveles más altos de la Iglesia?

Los obispos generalmente son de voluntad débil. Por lo tanto, alguien que toma una posición firme en el debate público sobre asuntos como la familia y la homosexualidad es bueno para ellos. Si tienes miedo, envías a los matones. Y Anatrella dijo cosas que les gusta escuchar a los católicos conservadores. Muchos sacerdotes y monjes franceses también han estado en terapia con Anatrella, a menudo para curar su atracción homosexual. Algunos de ellos ahora tienen altos cargos en la Iglesia. Anatrella sabe cosas y la gente le tiene miedo. Pero las víctimas se han mantenido dignas y valientes. No se han desanimado.

¿Por qué considera este asunto tan importante?

Pensar de manera diferente -sobre la familia, por ejemplo- se ha vuelto completamente imposible debido a las estructuras eclesiásticas actuales. Ya sea por los portadores de cargos eclesiásticos, o por los laicos conservadores con sus sitios de Internet. En Irán llamamos a eso la guardia revolucionaria. Los ayatolás tienen el poder, pero luego están las personas que cuidan a todos los pueblos y familias, y comprueban, por ejemplo, si el pañuelo de tu esposa es lo suficientemente grueso. La Iglesia católica se asemeja a eso. La cultura de la discusión y el diálogo ha desaparecido por completo. Estamos en una Iglesia conformista, con los apparatchiks que mantienen la institución. Jesús los llama “los muertos que entierran a sus muertos”. Anatrella ha mantenido el catolicismo francés en su poder ideológico durante treinta años, mientras que los obispos sabían de sus abusos. En los pasillos varios obispos me dijeron: “Tienes razón, pero no digas que fui yo quien te lo dijo”.

El actual arzobispo de París, Michel Aupetit, salió [y suspendió a Anatrella] muy inteligentemente justo antes de las vacaciones de verano. Después del verano ya nos habremos olvidado de nuevo.

Pero espero que la suspensión de Anatrella sea el comienzo de una nueva reflexión.

*Hendro Munsterman es teólogo y periodista del Nederlands Dagblad.

Fuente Religión Digital

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“La renovación pendiente. El catecismo”, por Julio Puente López

Miércoles, 21 de agosto de 2019

51W09DclKLLContinuación de este interesante y clarificador artículo:

¿Actos intrínsecamente desordenados? El catecismo de 1992

En la Biblia se habla de muchas cosas, pero no es preciso hacer doctrina de todo. El a. 2357 del catecismo hace una enorme injusticia social a muchos creyentes. Es importante eliminar esos artículos

No se ve cómo las relaciones homosexuales pueden impedir llevar a la práctica la fe cristiana, vivirla en las costumbres en las que se encarna, en la caridad para con nuestros prójimos. La Iglesia debe aceptar la compleja y variada realidad de la sexualidad humana

Renovar la Iglesia es también tirar el lastre doctrinal y organizativo que le sobra a la nave de Pedro, hacer la vida de la gente más llevadera y ligera, como es el yugo y la carga de Jesús

Uno se pregunta si los responsables de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que podrían promover la abolición del a. 2357 del catecismo, perciben la enorme injusticia que con esa doctrina se hace a muchos creyentes. Porque les señala, les reprueba y no ayuda precisamente a que cese su discriminación y persecución. Es importante eliminar esos artículos. Y sobre todo es importante cambiar en la Iglesia la mentalidad y la actitud ante la sexualidad que refleja esa doctrina.

Dice el catecismo que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”. Recogía doctrinas y formulaciones de otros documentos (Cf. Persona humana. 1975). Resulta bochornoso que un catecismo se ponga a hablar de estos temas y en estos términos. Biológicamente desordenados, y, por tanto, también intrínsecamente desordenados o ineficaces para conseguir su objetivo, serían los actos homosexuales que intentaran la procreación, ya que falta la base biológica para ello, pero no parece que los homosexuales intenten tal cosa al mostrarse mutuamente su afecto. No es la procreación lo que se busca en una relación homosexual. Y si lo intentaran no serían actos reprobables desde el punto de vista moral. Serían actos simplemente estúpidos. Como es estúpido, o lo que es lo mismo, un “acto intrínsecamente desordenado”, ponerse las lentes en la nuca con la intención de ver mejor. Pero eso no sería un acto moralmente reprobable.

En todo caso, hay diversas formas de hacerse cargo de una prole. Y realizar una tarea así sería siempre, en el contexto apropiado, una decisión noble y con sentido. Y de la misma manera que en la unión del hombre y de la mujer es importante el amor mutuo, la intimidad y la comunión de vida, así en las uniones homosexuales estos fines pueden también ser cultivados.

Me pregunto a veces si el hecho de que el magisterio hable de la vida sexual de la gente no es hacer de la revelación cristiana algo absurdo, ridículo, algo así como una vieja barraca de feria en la que pueden aparecer las cosas más inverosímiles. En la Biblia se habla de muchas cosas, pero no es preciso hacer doctrina de todo. Las normas de aquellas culturas no son vinculantes para la nuestra si nuestra conciencia moral hoy no lo aprecia así. Las normas éticas están al alcance de todos y la Iglesia no tiene una luz especial que pueda oponerse a la moral autónoma del hombre. La Iglesia no puede pretender convertir el cuerpo humano, por medio de la abstinencia sexual, en una bella estatua de mármol. ¿Es la moral cristiana una moral angélica?

Moralmente desordenados, depravados y reprobables son los actos contrarios al mandamiento del amor al prójimo, en el contexto de las relaciones o en cualquier otro. La violencia contra las mujeres, los abusos de menores, eso sí que son actos reprobables. Eso sí es doctrina seria y bien fundamentada en el mensaje del Evangelio y en la recta razón.

¿Qué buscaba la Iglesia con la doctrina de Persona humana y del catecismo sobre la homosexualidad? ¿Hacer ver que los homosexuales, tan bien representados en la Iglesia, se guían por la virtud de la castidad? Pues les salió el tiro por la culata, porque sabemos que no siempre es así y que se ha querido dar una imagen que no correspondía a la realidad. Las caretas y las máscaras han caído al suelo. Todo el tema del celibato y de la castidad ha resultado ser, a los ojos de mucha gente, una inmensa pantomima.

El catecismo cita Gn 19, 1-29. Pero este texto trata más bien de un pecado contra las leyes de la hospitalidad. También cita textos de Pablo, en los que, al menos en la traducción de la Biblia de Jerusalén, por ejemplo, aparece la palabra “homosexual” (1 Cor 6, 10) para la que no existía un vocablo en la antigüedad ya que es un concepto moderno, del s. XIX, y se discute el significado de las palabras griegas originales como “arsenokoitai”. También se dice en esa traducción que no heredarán el reino de los cielos los “afeminados”. ¿Qué han hecho estos “malakoi” de malo? ¿Parecerse a las mujeres porque son “varones suaves”? ¿Sexismo y machismo en la Biblia entonces? ¿Reflejo de la moral pagana de aquel tiempo? Encontramos convincentes respuestas en lo que Xabier Pikaza escribió en su libro Palabras de amor sobre el tema de la homosexualidad y sobre estos textos.

9788495346377-usDe todo esto habló también con sentido común y crítico el teólogo y psicólogo Daniel A. Helminiak hace ya años. No hace falta repetir lo que dijo este profesor de la universidad de West Georgia en su libro What the Bible Really Says about Homosexuality (1994, 2000). James Alison, en el formato más actual de unos vídeos en Internet, habla también con claridad y sólido conocimiento de esas citas bíblicas.

Es evidente que Pablo no conocía bien el mensaje de Jesús, que habló de una forma especial de las mujeres pecadoras y de las prostitutas que entrarán en el reino de los cielos antes que los escribas. Cuando Pablo escribió las cartas no se habían escrito todavía los evangelios. Nos lo ha recordado recientemente J. M. Castillo en su obra “El Evangelio marginado”. Estos textos de la Biblia que cita el catecismo han sido bien estudiados por especialistas y muchos sacan conclusiones bien distintas.

El texto del catecismo dice que esos actos son contrarios a la ley natural, y el mismo catecismo declara la competencia magisterial en esa ley natural (a. 2036). Ya sabemos que en la encíclica Veritatis splendor (1993), que se dio a conocer un año después del catecismo, hay “un interés omnipresente” por afirmar la función del magisterio eclesiástico en las cuestiones de moral, como señaló el profesor Marciano Vidal en su obra Nueva Moral Fundamental. Pero ese concepto de ley natural y su alcance son muy discutidos en la teología moral posconciliar y se hace necesario seguir introduciendo la racionalidad en el discurso teológico-moral como enseñó Santo Tomás de Aquino y como indicó el Vaticano II (cf. Gaudium et spes, 33 y 62).

San Pablo también apela a ese concepto de naturaleza para hablar de la afrenta que supone la cabellera para el varón mientras que es una gloria para la mujer (1 Cor 11, 14-15). ¿Es esto también una pauta de conducta moral? Esa observación no tiene ninguna fuerza normativa para el hombre de hoy porque no le encuentra sentido alguno. Lo mismo sucede en los otros casos.

La apelación a la naturaleza y a la ley natural ha dejado de estar éticamente fundamentada y justificada, ya que ese concepto de naturaleza no tiene base antropológica. ¿Quiere la Iglesia que los futbolistas no empleen la cabeza para meter goles porque, al albergar el cerebro y otros órganos de los sentidos, está destinada “por ley natural” a desempeñar otras funciones? La cultura se apoya en la base biológica del hombre para enriquecer la vida humana y aprovecha sus posibilidades más allá de lo que aparecen como sus finalidades obvias.

No se ve cómo las relaciones homosexuales pueden impedir llevar a la práctica la fe cristiana, vivirla en las costumbres en las que se encarna, en la caridad para con nuestros prójimos. La insistencia del magisterio en estas enseñanzas, que nos aboca a un callejón sin salida, obliga a la teología a revisar la reflexión que hace sobre la competencia del magisterio en ciertos temas y sobre la llamada ley natural. ¿No forma parte también el “sensus fidelium” del magisterio de la Iglesia? Habrá que tener en cuenta también a los cristianos homosexuales, que seguramente, en su gran mayoría, llevan la vida que corresponde a su condición sexual.

Dice también el texto que en esos actos no hay complementariedad. Se supone que se refiere a la procreación, pero no es eso lo que se pretende en una relación homosexual. ¿Es acaso la complementariedad el único requisito para que una relación humana tenga sentido? Tampoco hay complementariedad en tantos aspectos entre los varones en el mundo tan patriarcal y masculino del clero católico, pero seguimos sin reconocer a las mujeres sus plenos derechos.

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Esa redacción del a. 2357 no se sostiene ni desde el punto de vista de la exégesis de los textos citados y de la teología moral bíblica ni desde el punto de vista de las ciencias del hombre. Sabemos que otros documentos del magisterio, como la Instrucción de 2005 sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación a los homosexuales para ser admitidos a las órdenes, insisten en esta doctrina del catecismo. Pero, una vez más, dicen más de lo que prueban. Son doctrinas que estudios posteriores deberán revisar. También haría bien la Iglesia en explicarnos qué es lo que ella entiende porcultura gay, cuya defensa indicaría falta de idoneidad para el sacerdocio. La Iglesia parece, a veces, experta en crear ficciones para tener luego enemigos que combatir.

Hay doctrinas que urge abandonar por muy arraigadas que estén y por muy tradicionales que sean. Ese texto obedece simplemente a una mentalidad que la ciencia de nuestro tiempo ha desautorizado y la antropología teológica está abandonando.

Urge perfeccionar la teología moral, que ha de nutrirse de la Escritura, de su espíritu, y ser, al mismo tiempo, una “exposición científica”, como dijo el Vaticano II en el Decreto sobre la Formación Sacerdotal (a. 16). Ese texto del catecismo sólo lo puede defender una mentalidad conservadora, integrista, que se impuso en el momento de su redacción y que creía que una postura rígida en este tema podría apuntalar la crisis del posconcilio en una Iglesia con muchos clérigos homosexuales, que vivían con dificultades crecientes su vocación en una sociedad que ya no compartía las doctrinas de la Iglesia sobre la vida y el sexo. O que pretendía alejar toda sospecha de conductas inapropiadas que pudieran exponerse un día a la luz pública.

El caso del párroco de Ámsterdam, Pierre Valkering, comentado en el mes de abril en RD por Cameron Doody, describe bien esa situación de crisis en la que siguen encontrándose muchos sacerdotes. Como la describe también el caso del sacerdote y psicoterapeuta francés Tony Anatrella, aunque sean casos que requieren lecturas diversas.

La mentalidad que representaba bien el consultor en el Vaticano Anatrella, considerado entonces por algunos como el “psiquiatra oficial de la Iglesia”, el “Church shrink”, y que ahora es un árbol caído del que es mejor no hacer leña, es una forma de ver las cosas que intenta seguir siendo dominante en la Iglesia.

No es extraño que la juventud viva cada vez más de espaldas a la religión organizada. ¿Es que lo esencial para un cristiano no es creer en el mensaje del Evangelio y dar testimonio de esa fe? No se entiende ese empeño en seguir concibiendo la fe como la adhesión a un voluminoso cuerpo de doctrinas que recogería el catecismo de 1992. Mucho menos en aquellas enseñanzas que nos recuerdan el antiguo catecismo pitagórico, aquel que decía que “el placer es malo en todas las circunstancias”, como leemos en el libro de E. R. Dodds, Los griegos y lo irracional. El capítulo V, Los chamanes griegos y el origen del puritanismo, es bien elocuente.

Este filólogo irlandés explica bien como las creencias chamanísticas, de dilatada difusión y remota antigüedad, promovieron en sus adherentes un horror al cuerpo y una reacción contra los sentidos completamente nuevos en Grecia. Empédocles y Pitágoras representaron esas nuevas creencias que los pueblos vecinos en contacto con ellas dieron seguramente a conocer a los griegos de Escitia y Tracia. Se hizo de la experiencia corporal un lugar de oscuridad y de penitencia, como si la pureza, más bien que la justicia, se hubiera convertido en el medio cardinal de la salvación. El teólogo J. M. Castillo lleva muchos años insistiendo en estas ideas que están llenas de sentido y bien fundamentadas.

“No llamar a ningún hombre profano o impuro”

¿Y por qué seguimos todavía prisioneros de la cultura helenista y de las culturas vigentes en los tiempos en que se redactaron los libros de la Biblia? ¿Por pereza intelectual? ¿Por no saber qué palabras escuchar? La palabra que hay que escuchar es la palabra interior de Dios en nuestra conciencia, nuestra propia razón humana, y el mensaje central del Evangelio si hemos percibido que corresponde a las ansias de nuestro corazón. Eso debería bastar, sin que los miles de obras de los investigadores sobre los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, inabarcables para el creyente, significaran otra cosa que legítimas, siempre insuficientes aproximaciones al misterio de la revelación de Dios en la historia humana.

Ni Romanos 1, 26-27 ni los otros textos antes citados están hablando de la homosexualidad tal como hoy la entendemos. En aquellas culturas no se hablaba de homosexualidad, a pesar de que en el Antiguo Testamento algunos varones sabían que el amor de otro hombre podía ser más grande, “más delicioso que el amor de las mujeres” (2 Samuel, 1, 26). La fuerte amistad entre David y Jonatán es bien conocida.

1180134369_850215_0000000000_sumario_normal“Jonatán, hijo de Saúl, amaba mucho a David” se afirma en 1 Samuel, 19, 1. “Juró de nuevo Jonatán a David por el amor que le tenía, pues le amaba como a sí mismo”, dice otro versículo (1 Samuel 20, 17). “Se abrazaron los dos y lloraron copiosamente”, leemos en 1 Samuel, 20, 41. ¿Estamos ante relación de fuerte y leal amistad heterosexual?¿Es, como afirman otros, un amor homosexual? No hay forma de saberlo.

Tampoco aclara las cosas el hecho de que fueran padres de familia. En el mundo ha habido siempre muchos hijos de hombres y mujeres homosexuales. En todo caso, los comentarios oficiales de la Iglesia suelen apresurarse a descartar una relación íntima homosexual.

Sea como fuere, identificar las conductas de los textos citados por el catecismo católico con las conductas homosexuales actuales no parece una conclusión rigurosa científicamente hablando. Los contextos culturales son distintos. Tampoco las doctrinas de la Escritura son todas igualmente vinculantes, especialmente las que contradicen nuestra recta razón. No es razonable pensar que los relatos del Génesis, relatos de hace varios miles de años, sobre la creación del hombre por Dios como varón y hembra agotan nuestro saber antropológico y son normativos para el hombre de hoy independientemente de sus conocimientos científicos y de su recto sentir. No podemos retorcer esos textos de esa manera.

Sinceramente pienso que el concepto de revelación en el que se apoyan las actuales conclusiones doctrinales de la Iglesia en esta cuestión debe ser revisado. Porque si condenamos los actos homosexuales apoyándonos en ciertos textos bíblicos (es lo que hace el magisterio eclesiástico) sin atender a lo que nos parece razonable en nuestra reflexión y en nuestra cultura, entonces estamos aprobando también, por ejemplo, la muerte por lapidación del blasfemo y del adivino o nigromante (cf. Levítico, 24, 14; 20, 27). De la misma manera no podríamos objetar nada contra estas enseñanzas del libro del Éxodo: “A la hechicera no la dejarás con vida. Todo el que peque con bestia morirá” (Ex 22, 17-18). ¿No ha llegado la hora de aprender a leer las Escrituras y a usar las luces de nuestra razón humana y de la ciencia? Xabier Pikaza, en su libro Palabras de amor, lo expresó con acierto: “Aplicar al pie de la letra el Levítico significaría aprobar la venta de mujeres y la esclavitud”.

La conclusión se impone: hemos de basar nuestro juicio sobre la homosexualidad y los actos homosexuales en los conocimientos de las ciencias del hombre y, como cristianos, guiarnos luego también por el mensaje del Evangelio de amor al prójimo y actuar en conciencia, la última norma de la moralidad.

Habrá homosexuales que siguiendo la doctrina del catecismo intenten vivir en abstinencia sexual, pero creemos que esa doctrina de la Iglesia no es realista ni justa con ellos y que conduce al cristiano homosexual a un callejón sin salida, a una vida de contradicciones e hipocresías, cuando no a la enfermedad y la locura. Alguno pensará también que se ha equivocado de iglesia y buscará en otra parte la respuesta a sus inquietudes religiosas.

Los homosexuales y transexuales cristianos, hombres y mujeres, y, en general, toda persona que se entiende como transgénero, quieren recuperar en la Iglesia su dignidad humana, ser tratados como personas. No son más que nadie. Tampoco menos que nadie. Tenemos que saber ponernos en su lugar. Es lo que nos muestra Mt 25, 31-46. Nadie ha sabido ponerse en el lugar de los demás como Jesús en el que Dios se nos mostró con rostro humano. Jesús reconoce a los pobres y necesitados toda su dignidad personal al identificarse con ellos, al ponerse en su lugar, de tal forma que lo que hacemos a uno de ellos se lo hacemos a él. Desde el niño más indefenso al moribundo y a las personas más decrépitas y desvalidas.

Jesús no hace acepción de personas. Ese gesto del discípulo a quien Jesús amaba y de Jesús con él, al que más arriba nos referíamos, el sincero afecto entre ellos tal como vemos en el evangelio de Juan es lo más opuesto a la “homotransfobia” ambiental actual y de pureza cultual de entonces, una herencia de antiguas filosofías y religiones, algo ajeno al Nuevo Testamento si exceptuamos los residuos que hemos visto en las cartas de Pablo, que tiene influencias culturales de su tiempo a las que el Apóstol de las gentes no podía substraerse.

Pero es en esas fuentes de pureza cultual y en la cultura de desprecio social del señalado como “diferente” y de la discriminación reinante respecto a los que no se ajustan al canon de la heterosexualidad donde se ha gestado la doctrina de ese artículo del catecismo. También aquí la Iglesia debería ser sal de la tierra (Mt 5, 13), no desvirtuarse alineándose con el desprecio ambiental al diferente en una sociedad patriarcal y machista. Cada vez que un homosexual es víctima de la violencia deberíamos en la Iglesia acordarnos de esa desafortunada doctrina que nosotros mantenemos. La Iglesia se empeña en ver en los textos bíblicos más de lo que los mismos textos dicen.

En el discurso de apertura del concilio Vaticano II habló Juan XXIII de dar “un paso adelante hacia una renovación doctrinal”. Algo así necesitamos en este tema. Un valiente “paso adelante” dejando atrás un terreno en el que, al igual que ocurre con otros muchos en nuestras sociedades civiles, estamos empantanados.

En esta misma línea el teólogo jesuita James Martin, muy consciente de la homofobia que existe en la Iglesia, ha abogado también recientemente por un cambio de actitud en su libro ‘Tender un puente‘, defendiendo una postura de diálogo y apertura. James Martin sostiene que el catecismo de la Iglesia no debe intentar imponer a los cristianos homosexuales la total abstinencia sexual.

Los cristianos deberíamos leer e interpretar en un contexto amplio las sabias palabras de Pedro en Hechos 10, 28: “A mí me ha enseñado Dios a no llamar profano o impuro a ningún hombre”. Deberíamos interpretar a la luz de este pasaje otros textos culturalmente condicionados de las Escrituras, como son muchos textos de Pablo y por supuesto los del Antiguo Testamento. Más que nada porque es lo razonable, lo que nos parece justo, que es en el fondo lo que tiene que ser decisivo y normativo al orientar nuestra conducta, también la conducta sexual.

Con gran oportunidad nos ha recordado el teólogo gallego Torres Queiruga (cf. La teología después del Vaticano II. Herder, Barcelona 2013) que las normas morales concretas “no son una revelación que venga desde fuera, sino un encuentro hecho desde dentro, desde la realidad humana y con medios humanos”. No nos sirve el fundamentalismo, las interpretaciones al pie de la letra.

Este teólogo nos recuerda también que “a Moisés no le fueron escritos milagrosamente los “mandamientos” en dos tablas de piedra, sino que discurriendo con la propia cabeza, dialogando con los suyos y aprendiendo del entorno (…) fue descubriendo los que le parecían mejores patrones de conducta para bien del pueblo”.

Y es así discurriendo y dialogando, desde la misericordia del Evangelio, como hoy seguimos en la Iglesia adaptando a la realidad de nuestro mundo, – en la que hay divorciados y matrimonios rotos -, el cumplimiento de estos mandamientos, del sexto mandamiento, por ejemplo. Los matrimonios se rompen a veces, fracasan como proyecto de convivencia, y eso es una realidad. Hay que atender con misericordia y discernimiento a los divorciados que han vuelto a formar una familia. Así nos aproximamos más al estricto cumplimiento del mandamiento del amor al prójimo, que quizá, como decía Freud, no podemos realizar en su plenitud, pero estamos llamados a intentarlo.

La Iglesia debe aceptar la compleja y variada realidad de la sexualidad humana y no empeñarse en hacer compatible la renuncia a la sexualidad en su seno con los escándalos, las mentiras y la hipocresía. Debe mirar a nuestro mundo tal como este se percibe. Encadenar la Iglesia de rito latino a la abstinencia sexual no tiene hoy ningún sentido. El mundo se ha emancipado y la Iglesia debe reconocer esta legítima autonomía. Recordemos las palabras del concilio Vaticano II: “Son, a este respecto, de deplorar ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la legítima autonomía de la ciencia, no han faltado algunas veces entre los propios cristianos” (GS 36).

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Quiero para terminar citar a un escritor español, cercano ya a los 90 años, que de estos temas sabe algo y que merece la pena escuchar. El 2 de febrero de 2009, refiriéndose al matrimonio homosexual, “llámese como se llame”, decía, escribió esto en el periódico El Mundo: “La homosexualidad no es una opción ni un estilo de vida, sino un dato biológico como la blancura o la negritud de la piel. No, por tanto, cosa de partidos ni de políticos, sino de la más simple equidad. A la sociedad sólo le cabe reconocerlo sin llevarse las manos a la cabeza. Dar constancia de él como testigo. Lo mismo que el sacerdote en las bodas católicas o el funcionario en las civiles. Es un derecho esencial. Lo demás sobra”.

“Un dato biológico como la blancura o la negritud de la piel”. De ese dato se deriva ese derecho del homosexual a vivir en pareja con una persona de su mismo sexo. Es la autorizada opinión del escritor Antonio Gala Velasco.

Los cristianos deberíamos limitarnos a anunciar el Evangelio y a testimoniarlo lo mejor que podamos ayudando a construir una sociedad más justa, menos violenta, dejando que otros temas, como el de la sexualidad humana, sean estudiados por las ciencias antropológicas. Es la mejor manera de avanzar.

La Iglesia tiene una inflación de clérigos y funcionarios dedicados a escribir cánones, normas y directrices doctrinales. Tenemos también un exceso de eventos eclesiales. Aturde un poco. Nos ocupamos de demasiadas cosas, como si la sociedad civil no tuviera sus funciones y obligaciones.

Ya sabemos que la Iglesia quiere bendecirlo todo y dar importancia a sus servicios. Nos olvidamos de que vivimos en un mundo secularizado, aunque el pueblo ha incorporado a sus fiestas populares una gran cantidad de costumbres y ritos de origen religioso. La comunidad política es autónoma e independiente y es allí, en la sociedad civil, donde hay que vivir la vida, no en el interior de una burbuja religiosa.

Demos nuestra opinión, pero dejemos, sin fanatismos, sin buscar partidos políticos que nos hagan de correa de transmisión de nuestras doctrinas, que esa sociedad legalice lo que crea oportuno siempre que no estén en juego los consensos constitucionales, las libertades y los derechos humanos. Si estos se pusieran en peligro de forma evidente sí habría razón para la desobediencia civil y la protesta. La religión no dirige los asuntos temporales ni el papa puede caer en la tentación de querer ser un líder político.

simboloNo deberíamos empeñarnos, hoy menos que nunca, en dar tanta doctrina sobre lo divino y sobre lo humano queriendo organizar con detalle la vida íntima de los creyentes y a veces también la de los no creyentes. A muchos la Iglesia les interesa sólo para las bodas y los funerales, y poco más. Nosotros queremos organizar a la gente las excursiones y el campamento de verano, la gimnasia médica y el taller de guitarra. Tal vez son los fieles los que confunden la parroquia con un parque de atracciones y exigen a sus sacerdotes que los distraigan. Así la mies siempre será mucha y los operarios pocos.

Renovar la Iglesia es también tirar el lastre doctrinal y organizativo que le sobra a la nave de Pedro, hacer la vida de la gente más llevadera y ligera, como es el yugo y la carga de Jesús (cf. Mt 11, 30). La Iglesia debería oír la voz del Maestro: “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; solo una es necesaria”. Como siempre, también en este tiempo de renovación de la Iglesia, lo que resulta necesario es “volver a la fuente” y escuchar, como María, las palabras del Evangelio (cf. Lc 10, 41-42).

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Acusan a un asesor del Vaticano de abusos sexuales a seminaristas en terapias para “curar” su homosexualidad

Sábado, 28 de mayo de 2016

tony-anatrellaTony Anatrella es un conocido sacerdote y psicoterapeuta francés

El cardenal de París reconoce haber recibido cartas detallando las actuaciones del sacerdote

(Cameron Doody, especial para RD).- Tony Anatrella, un conocido sacerdote, psicoterapeuta y asesor francés del Vaticano en temas de la sexualidad que argumenta que los homosexuales no deben ser ordenados al sacerdocio, ha sido acusado por al menos cuatro hombres de haberles abusado sexualmente en sesiones de terapia diseñadas para “curarles” de su homosexualidad.

Daniel Lamarca, que acudió a Anatrella para terapia en 1987 siendo un seminarista de 23 años, dijo en una entrevista al periódico holandés Nederlands Dagblad publicada el 29 de abril que Anatrella le indicó que su “pseudo-homosexualidad” podría remediarse si se sometiera a actos sexuales perpetrados por el cura. “No eres gay, solo crees que lo eres”, Anatrella le habría dicho al joven seminarista.

Las revelaciones de Lamarca vienen a la luz al mismo tiempo que otro postulante al sacerdocio -identificado solo por un pseudónimo- dijo a la revista francés Mediapart el 6 de mayo que las “sesiones especiales” en las que participó con Anatrella durante catorce años, desde 1997 hasta 2011, supusieron episodios de masturbaciones mutuas.

Anatrella ha estado bajo sospecha de haber cometido abusos sexuales desde al menos 2001, cuando Lamarca habría elevado por primera vez sus quejas al entonces arzobispo de París, el ya fallecido cardenal Jean-Marie Lustiger. En aquel momento, no obstante, no se tomó ninguna medida contra Anatrella. Luego en 2006 otros dos hombres se unieron a Lamarca y denunciaron la conducta inapropiada del cura-terapeuta, pero el cardenal André Vingt-Trois, quien ya había sucedido a Lustiger al mando de la archidiócesis parisina, ninguneó las alegaciones al decir que eran maquinaciones de un “lobby gay” para dañar a Anatrella.

Ahora, en respuesta a las acusaciones del pasado mes, la archidiócesis de Paris ha sacado un comunicado, fechado el 13 de mayo, reconociendo el testimonio de los exseminaristas y confirmando que el cardenal Vingt-Trois también ha recibido cartas detallando las experiencias de otros dos pacientes de Anatrella. Debido a que los dos últimos reclamantes no han querido revelar sus identidades, sin embargo, la archidiócesis dice que se siente impotente para actuar sobre sus alegaciones.

La gravedad de las acusaciones de abusos levantadas contra Anatrella se exacerba por el hecho de que durante años el cura ha advertido, tanto en París como en Roma, de los peligros de admitir a homosexuales al sacerdocio. Se piensa, por ejemplo, que Anatrella estaba detrás de la redacción de las pautas del Vaticano de 2005 que prohibían la ordenación de “aquellos que practican la homosexualidad, que presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o que apoyan a la así llamada “cultura gay””.

En un artículo de 2005 en L’Osservatore Romano, también, Anatrella opinó que los homosexuales son “narcisistas” que sufren “un problema en la organización psíquica” de sus personalidades. La homosexualidad, escribió Anatrella en aquel momento, es “como un carencia y una inmadurez profunda de la sexualidad humana”. Dado que el ser cura supone actuar como el “novio de la Iglesia” y un “padre espiritual” de los fieles, además, la Iglesia solo puede ordenar al sacerdocio a aquellos hombres heterosexuales que están seguros de su “identidad sexual masculina”.

“Una persona homosexual”, persiguió Anatrella en este artículo de L’Osservatore Romano, “tendría dificultades al encarnar esta realidad simbólica del enlace conyugal y de la paternidad espiritual”. La incapacidad de los hombres homosexuales para permanecer castos habría sido también la razón detrás de muchos de los escándalos sexuales en la Iglesia, según el cura en su tribuna de 2005.

Además de seguir con su trabajo en París como sacerdote, terapeuta y profesor en el Colegio de los Bernardinos, Anatrella continúa asesorando a los Consejos Pontificios para la Familia y para la Pastoral de la Salud, tal y como evidencia su organización de una conferencia de febrero de este año -titulada “Celibato sacerdotal: camino a la libertad”- en la Universidad Gregoriana en Roma. Justo después de esa conferencia, también, Anatrella desató la controversia al dar una presentación en el Vaticano a unos obispos recién ordenados que sostenía que los prelados no están obligados a denunciar las alegaciones de abusos sexuales a las autoridades civiles. Pero hasta que los acusadores anónimos de Anatrella den un paso al frente y hagan una acusación personal, no queda claro qué medidas van a tomar en su contra la archidiócesis de París o el Vaticano, si es que van a tomar alguna.

Fuente Religión Digital

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