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Archivo para Domingo, 19 de abril de 2015

Peregrinos de Emaús

Domingo, 19 de abril de 2015

Del blog de la Communion Béthanie:

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Señor Jesús, acuérdate
de esta pequeña casa, allí en Emaús,
y del fin del camino que conduce a ella cuando se viene de la carretera principal.
Acuérdate de aquellos a los que una tarde, abordaste allí,
acuérdate de sus corazones abatidos,
acuérdate de tus palabras que les abrasaron,
acuérdate del fuego en el hogar a cuyo lado te sentaste,
y de donde se levantaron transformados,
y de donde partieron hacia las proezas de amor…

Míranos.

Mira, todos somos peregrinos de Emaús,
somos todos los hombres que luchan en la oscuridad de la noche,
llenas de dudas después de los días malos.
Nosotros también somos los de los corazones cobardes.
Ven sobre nuestro camino, abrásanos el corazón a nosotros también.
Entra con nosotros a sentarte junto a nuestro fuego…
Y que exultando de alegría triunfal, a nuestra vez,
nos levantemos para saltar y revelar.

*

Abbé Pierre

Arcabas-Emmaus

*

(Imágenes de Jean-Marie Pirot, Arcabas)

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

“Creer por experiencia propia”. 3 Pascua – B (Lucas 24,35-48)

Domingo, 19 de abril de 2015
821287No es fácil creer en Jesús resucitado. En última instancia es algo que solo puede ser captado y comprendido desde la fe que el mismo Jesús despierta en nosotros. Si no experimentamos nunca «por dentro» la paz y la alegría que Jesús infunde, es difícil que encontremos «por fuera» pruebas de su resurrección.

Algo de esto nos viene a decir Lucas al describirnos el encuentro de Jesús resucitado con el grupo de discípulos. Entre ellos hay de todo. Dos discípulos están contando cómo lo han reconocido al cenar con él en Emaús. Pedro dice que se le ha aparecido. La mayoría no ha tenido todavía ninguna experiencia. No saben qué pensar.

Entonces «Jesús se presenta en medio de ellos y les dice: “Paz a vosotros”». Lo primero para despertar nuestra fe en Jesús resucitado es poder intuir, también hoy, su presencia en medio de nosotros, y hacer circular en nuestros grupos, comunidades y parroquias la paz, la alegría y la seguridad que da el saberlo vivo, acompañándonos de cerca en estos tiempos nada fáciles para la fe.

El relato de Lucas es muy realista. La presencia de Jesús no transforma de manera mágica a los discípulos. Algunos se asustan y «creen que están viendo un fantasma». En el interior de otros «surgen dudas» de todo tipo. Hay quienes «no lo acaban de creer por la alegría». Otros siguen «atónitos».

Así sucede también hoy. La fe en Cristo resucitado no nace de manera automática y segura en nosotros. Se va despertando en nuestro corazón de forma frágil y humilde. Al comienzo, es casi solo un deseo. De ordinario, crece rodeada de dudas e interrogantes: ¿será posible que sea verdad algo tan grande?

Según el relato, Jesús se queda, come entre ellos, y se dedica a «abrirles el entendimiento» para que puedan comprender lo que ha sucedido. Quiere que se conviertan en «testigos», que puedan hablar desde su experiencia, y predicar no de cualquier manera, sino «en su nombre».

Creer en el Resucitado no es cuestión de un día. Es un proceso que, a veces, puede durar años. Lo importante es nuestra actitud interior. Confiar siempre en Jesús. Hacerle mucho más sitio en cada uno de nosotros y en nuestras comunidades cristianas.

José Antonio Pagola

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“Así estaba escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día”. Domingo 19 de abril de 2015 Domingo tercero de Pascua

Domingo, 19 de abril de 2015

29-PascuaB3 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 3,13-15.17-19: Matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos.
Salmo responsorial: 4: Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor.
1Juan 2,1-5: Él es víctima de propiciación por nuestros pecados y también por los del mundo entero:
Lucas 24,35-48: Así estaba escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día.

En la lectura de los Hechos encontramos de nuevo a Pedro, que se dirige a todo Israel y lo sigue siendo invitado a la conversión. Pedro tranquiliza a sus oyentes haciéndoles ver que todo ha sido fruto de la ignorancia, pero al mismo tiempo invita a acoger al Resucitado como al último y definitivo don otorgado por Dios. La muerte de Jesús se convierte para el creyente en sacrificio expiatorio. No hay asomo de resentimiento ni de venganza, sino invitación al arrepentimiento para recibir la plenitud del amor y de la misericordia del Padre, que se concreta en la confianza y en la seguridad de haber recuperado aquella filiación rota por la desobediencia.

El creyente, expuesto a las tentaciones, rupturas y caídas no tiene por qué sentirse condenado eternamente al fracaso o a la separación de Dios. San Juan nos da hoy en su Primera Carta el anuncio gozoso del perdón y de la reconciliación consigo mismo y con Dios. El cristiano está invitado por vocación a vivir la santidad; sin embargo, las infidelidades a esta vocación no son motivo de rechazo definitivo por parte de Dios, más bien son motivo de su amor y su misericordia, al tiempo que son un motivo esperanzador para el cristiano, para mantener una actitud de sincera conversión.

En el evangelio nos encontramos una vez más con una escena pospascual que ya nos es común: los Apóstoles reunidos comentado los sucesos de los últimos días. Recordemos que en esta reunión que nos menciona hoy san Lucas, están también los discípulos de Emaús que habían regresado a Jerusalén luego de haber reconocido a Jesús en el peregrino que los ilustraba y que luego compartió con ellos el pan.

En este ambiente de reunión se presenta Jesús y, a pesar de que estaban hablando de él, se asustan y hasta llegan a sentir miedo. Los eventos de la Pasión no han podido ser asimilados suficientemente por los seguidores de Jesús. Todavía no logran establecer la relación entre el Jesús con quien ellos convivieron y el Jesús glorioso, y no logran tampoco abrir su conciencia a la misión que les espera. Digamos entonces que “hablar de Jesús”, implica algo más que el simple recuerdo del personaje histórico. De muchos personajes ilustres se habla y se seguirá hablando, incluido el mismo Jesús; sin embargo, ya desde estos primeros días pospascuales, va quedando definido que Jesús no es un tema para una tertulia intranscendente.

Me parece que este dato que nos cuenta Lucas sobre la confusión y la turbación de los discípulos no es del todo fortuito. Los discípulos creen que se trata de un fantasma; su reacción externa es tal que el mismo Jesús se asombra y corrige: “¿por qué se turban… por qué suben esos pensamientos a sus corazones?”.

Aclarar la imagen de Jesús es una exigencia para el discípulo de todos los tiempos, para la misma Iglesia y para cada uno de nosotros hoy. Ciertamente en nuestro contexto actual hay tantas y tan diversas imágenes de Jesús, que no deja de estar siempre latente el riesgo de confundirlo con un fantasma. Los discípulos que nos describe hoy Lucas sólo tenían en su mente la imagen del Jesús con quien hasta un poco antes habían compartido, es verdad que tenían diversas expectativas sobre él y por eso él los tiene que seguir instruyendo; pero no tantas ni tan completamente confusas como las que la “sociedad de consumo religioso” de hoy nos está presentando cada vez con mayor intensidad. He ahí el desafío para el evangelizador de hoy: clarificar su propia imagen de Jesús a fuerza de dejarse penetrar cada vez más por su palabra; por otra parte está el compromiso de ayudar a los hermanos a aclarar esas imágenes de Jesús.

Es un hecho, entonces, que aún después de resucitado, Jesús tiene que continuar con sus discípulos su proceso pedagógico y formativo. Ahora el Maestro tiene que instruir a sus discípulos sobre el impacto o el efecto que sobre ellos también ejerce la Resurrección. El evento, pues, de la Resurrección no afecta sólo a Jesús. Poco a poco los discípulos tendrán que asumir que a ellos les toca ser testigos de esta obra del Padre, pero a partir de la transformación de su propia existencia.

Las expectativas mesiánicas de los Apóstoles reducidas sólo al ámbito nacional, militar y político, siempre con característica triunfalistas, tienen que desaparecer de la mentalidad del grupo. No será fácil para estos rudos hombres re-hacer sus esquemas mentales, “sospechar” de la validez aparentemente incuestionable de todo el legado de esperanzas e ilusiones de su pueblo. Con todo, no queda otro camino. El evento de la resurrección es antes que nada el evento de la renovación, comenzando por las convicciones personales. Este pasaje debe ser leído a la luz de la primera parte: la experiencia de los discípulos de Emaús.

Las instrucciones de Jesús basadas en la Escritura infunden confianza en el grupo; no se trata de un invento o de una interpretación caprichosa. Se trata de confirmar el cumplimiento de las promesas de Dios, pero al estilo de Dios, no al estilo de los humanos.

De alguna forma conviene insistir que el evento de la resurrección no afecta sólo al Resucitado, afecta también al discípulo en la medida en que éste se deja transformar para ponerse en el camino de la misión. Nuestras comunidades cristianas están convencidas de la resurrección, sin embargo, nuestras actitudes prácticas todavía no logran ser permeadas por ese acontecimiento. Nuestras mismas celebraciones tienen como eje y centro este misterio, pero tal vez nos falta que en ellas sea renovado y actualizado efectivamente.

Queremos llamar la atención sobre el necesario cuidado al tratar el tema de las apariciones del Resucitado, y su conversar con los discípulos y comer con ellos… No podemos responsablemente tratar ese tema hoy como si estuviéramos en el siglo pasado o antepasado… Hoy sabemos que todos estos detalles no pueden ser tomados a la letra, y no es correcto teológicamente, ni responsable pastoralmente, construir toda una elaboración teológica, espiritual o exhortativa sobre esos datos, como si nada pasara, igual que si pudiéramos dar por descontado que se tratase de daos empíricos rigurosamente históricos, sin aludir siquiera a la interpretación que de ellos hay que hacer… Puede resultar muy cómodo no entrar en ese aspecto, y el hacerlo probablemente no suscitará ninguna inquietud a los oyentes, pero ciertamente no es el mejor servicio que se puede hacer para el para el pueblo de Dios…

Permítasenos transcribir sólo un párrafo del libro «Repensar la resurrección» (Trotta, Madrid 2003, cuyo resumen puede leerse o recogerse en la Revista Electrónica Latinoamericana de Teología, http://servicioskoinonia.org/relat/321.htm):

«Si antes influía sobre todo la caída del fundamentalismo, ahora es el cambio cultural el que se deja sentir como prioritario. Cambio en la visión del mundo, que, desdivinizado, desmitificado y reconocido en el funcionamiento autónomo de sus leyes, obliga a una re-lectura de los datos. Piénsese de nuevo en el ejemplo de la Ascensión: tomada a la letra, hoy resulta simplemente absurda. En este sentido, resulta hoy de suma importancia tomar en serio el carácter trascendente de la resurrección, que es incompatible, al revés de lo que hasta hace poco se pensaba con toda naturalidad, con datos o escenas sólo propios de una experiencia de tipo empírico: tocar con el dedo al Resucitado, verle venir sobre las nubes del cielo o imaginarle comiendo, son pinturas de innegable corte mitológico, que nos resultan sencillamente impensables».

Invitamos a leer el texto completo (o, mejor aún, el libro entero). Leer más…

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Dom 19.4.15 (Pascua 5). Jesús resucitado: Un “fantasma histórico” recorre…

Domingo, 19 de abril de 2015

viacrucislatinoamericano_15_smallDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 3 pascua. Retomo el “itinerario de pascua”, aparcado hace unos días en mi blog, con el evangelio del Dom 3 de Pascua (Lc 24, 35-49) parecido al de Jn 20, 19-21 (domingo anterior, escena de Tomás)resaltando sus seis rasgos más significativos, para comentarlos luego. Hablo de Jesús como “fantasma histórico”, en muy hondo sentido real (no literalista), distinto de aquel famoso “fantasma” que empezó a recorrer Europa el año 1843,

1. Jesús se aparece a muchos, no a unos pocos (dos o tres mujeres, Magdalena, Pedro, los 12…), como lo hacía en Jn 20, 19-31, revelándose así a la iglesia entera, en la que estamos incluidos nosotros, con los once (doce sin Judas), y con todos los restantes compañeros y compañeras, y los tres de Emáus(cf. Lc 24, 9-34). También a nosotros se nos muestra hoy, si ensanchamos el corazón y abrimos los oídos, los ojos, con las manos, de manera que no podemos decir ya que “aquellos vieron y nosotros no”, sino que todos nosotros podemos ver y sentir con el corazón como ellos.

2. Jesús se aparece de forma “histórica”, pero no en sentido historicista (físico), como parecen haber dicho desmañadamente algunos obispos hispanos en declaraciones discutidas de días pasados. No queremos discutir con ellos, pero nos sentimos obligados a ofrecer una respuesta más ajustada a los textos bíblicos y a la visión del evantelio. Nos hallamos ante una “historia nueva”, ante el comienzo y sentido de una experiencia distinta de presencia personal, que sólo con fe puede comprenderse (aceptarse), ante una realidad más honda, una “música” más alta de vida.

3. Ésta “aparición” pascual no se impone por la fuerza (de forma “tumbativa”), de manera que podemos y debemos afirmar (si no creemos y acogemos) que ese Jesús pascual es un “fantasma”, como empezaron diciendo los reunidos del principio: “¡creían ver un fantasma!”. ¡Evidentemente, eso creían! En un plano, Jesús resucitado forma parte de un tipo de “imaginación” sagrada, y así muchos han podido seguir dudando de la realidad de su presencia. Pero es un fantasma poderoso que recorre el mundo, abriendo para aquellos que escuchan su voz una dimensión de vida más real, más “histórica”, más alta.

4. Ese “fantasma” de Pascua nos introduce en la “herida de la historia”, en las llagas de los “crucificados”, que son signo de Dios (¡ver a Dios en los oprimidos y asesinados!), para hacernos de esa forma solidarios con la “carne” más sangrante de la historia humana. Es un fantasma que nos introduce en la realidad más concreta, llevándonos a compartir el alimento, de manera que sólo aprendiendo a comer en solidaridad podemos “comprender” su realidad. Por eso, Jesús sigue diciendo: ¿Qué tenéis de comer? Allí donde damos de comer y compartimos el alimento (aquí unos peces) sabemos que es él, que “está en persona” (ésta es la traducción exacta del texto litúrgico). Es él, Jesús, el que se muestra en vida, el que sustenta y pone en marcha nuestra nueva historia.

5. Éste es un fantasma anunciado: ¿no era esto lo que os dije cuando estaba con vosotros, no era esto lo que dice la Escritura? Ciertamente, la pascua de Jesús sigue siendo una “sorpresa”, la gran novedad de la historia de los hombres. Peo, al mismo tiempo, este “fantasma histórico” (pascual) viene a revelarse y presentarse como la más honda y verdadera de todas las verdades y presencia de la vida humana. Este Jesús presente tras su muerte nos permite interpretar la historia y conocer su densidad (su realidad), no a partir de los vencedores, sino de los crucificados y excluidos. Éste es la lección suprema de la pascua: Por ella podemos entender, interpretar la historia, comprender el sentido de la vida de los hombres (y condenar toda la injusticia…).

6. La pascua se traduce finalmente en forma de perdón y reconciliación universal, algo que es contrario a toda pura fantasía. “Y en su nombre se proclamará la conversión y el perdón…”. Esto es lo que dice Jesús a todos los discípulos, no sólo a los Doce. Esto es lo que nos dice la pascua…, que no es una verdad para aceptar sin más, ni una “historia pasada”, sino una verdad para cumplir y una historia para realizar (para actualizar). La pascua de Jesús no se encuentra atrás (no se cierra en el pasado), sino que nos hace avanzar y crear, siendo así “pascua viviente”, resurrección para los hombres, creando historia de evangelio.

Buen domingo a todos, con el deseo de que acojáis al “fantasma realísimo” de Jesús resucitado.

imagesLucas 24,35-48.

En aquel tiempo, contaban los discípulos (venidos de Emaús) lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: “Paz a vosotros.” Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma.

Él les dijo: “¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.” Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: “¿Tenéis ahí algo de comer?”

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: “Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.”

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.”

Comentario

Ésta es la aparición fundante de Jesús en Lc 24, 36-49. Sabemos que en el fondo siguen estando los Doce discípulos del grupo de Jesús, convocados a manera de signo del nuevo Israel escatológico. Pero el grupo en cuanto tal se ha roto (no son ya Doce) y se ha expandido (hay mujeres, parientes etc.). Ahora están reunidos todos los discípulos del principio, el conjunto de la Iglesia primitiva.

Según eso, Jesús no se aparece ya a los Doce, como representantes del nuevo Israel, ni simplemente a Magdalena o Pedro (como sabe y dice el texto anterior: ¡Ha resucitado el Señor de verdad, y se ha aparecido a Simón! Lc 24, 34), sino a la iglesia entera. Esta es la fiesta de todos los cristianos, día de gozo que funda todo el transcurso de la historia de la iglesia. Leer más…

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Perdón, resurrección y misión. Domingo 3º de Pascua. Ciclo B

Domingo, 19 de abril de 2015

20._jesus_appears_at_emmaus-lowresDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El perdón

            Las tres lecturas de hoy coinciden en el tema del perdón de los pecados a todo el mundo gracias a la muerte de Jesús. La primera termina: “Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados.” La segunda comienza: “Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el justo.” En el evangelio, Jesús afirma que “en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos”.

Gente con muy poco conocimiento de la cultura antigua suele decir que la conciencia del pecado es fruto de la mentalidad judeo-cristiana para amargarle la vida a la gente. Pero la angustia por el pecado se encuentra documentada milenios antes, en Babilonia y Egipto. Lo típico del NT es anunciar el perdón de los pecados gracias a la muerte de Jesús.

La resurrección y sus pruebas

            El evangelio de este domingo concede especial importancia al tema de la resurrección. Imaginemos la situación de los primeros misioneros cristianos. ¿Cómo convencer a la gente para que crea en una persona condenada a la muerte más vergonzosa por las autoridades, religiosas, intelectuales y políticas? Necesitaban estar muy convencidos de que su muerte no había sido un fracaso, de que Jesús seguía realmente vivo. Y la certeza de su resurrección la expresaban con los relatos de las apariciones. En ellas se advierte una evolución muy interesante:

  1. En el relato más antiguo, el de Marcos, Jesús no se aparece; es un ángel quien comunica a las mujeres que ha resucitado, y éstas huyen asustadas sin decir nada a nadie (Mc 16,1-8).
  1. En el relato posterior de Mateo, a la aparición del ángel sigue la del mismo Jesús; su resurrección es tan clara que las mujeres pueden abrazarle los pies (Mt 28,9-10).
  2. Lucas parece moverse entre cristianos que tienen muchas dudas a propósito de la resurrección (recuérdese que en Corinto había cristianos que la negaban), y proyecta esa situación en los apóstoles: ellos son los primeros en dudar y negarse a creer, pero Jesús les ofrece pruebas físicas irrefutables: camina con los dos de Emaús, se sienta con ellos a la mesa, bendice y parte el pan. Pero sobre todo el episodio siguiente, el que leemos este domingo, insiste en las pruebas físicas: Jesús les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de tocarlos, y llega a comer un trozo de pescado ante ellos.

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice:

̶  Paz a vosotros.

Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo:

̶  ¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

̶  ¿Tenéis ahí algo que comer?

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

  1. Juan parece matizar el enfoque de Lucas: Jesús ofrece a Tomás la posibilidad de meter el dedo en sus manos y en el costado. Pero ese tipo de prueba física no es el ideal. Lo ideal es “creer sin haber visto”, como el discípulo predilecto cuando acude con Pedro al sepulcro. En esta misma línea se mueve la aparición final junto al lago: cuando llegan a la orilla y encuentran ven las brasas preparadas y el pescado (Jesús no come) “ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, pues sabían que era el Señor”. Juan ha expresado de forma magistral la unión de incertidumbre y certeza. No hay pruebas de que sea Jesús, pero no les cabe duda de que lo es.
  1. La sección final del evangelio de Marcos, que se añadió más tarde, inspirándose en relatos conocidos, ofrece un punto de vista muy curioso. Las personas que hablan de la resurrección de Jesús no parecen las más dignas de crédito: de María Magdalena había expulsado siete demonios; los dos que dialogan con él por el camino dicen que se les apareció «con otro aspecto». Parece lógico que no les crean. Sin embargo, Jesús les reprocha su incredulidad.

He querido alargarme en estas diferencias entre los evangelistas porque a menudo se utilizan los relatos de las apariciones como armas arrojadizas contra los que tienen dudas. Dudas tuvieron todos y, de acuerdo con los distintos ambientes, se contó de manera distinta esa certeza de que Jesús había resucitado y de que se podía creer en él como el Salvador al que merecía la pena entregarle toda la vida.

La sección final de Lucas

            El hecho de que Jesús comiese un trozo de pescado podría ser una prueba contundente para los discípulos, pero no para los lectores del evangelio, que debían hacer un nuevo acto de fe: creer lo que cuenta Lucas.

            Por eso, Lucas añade un breve discurso de Jesús que está dirigido a todos nosotros: en él no pretende probar nada, sino explicar el sentido de su pasión, muerte y resurrección. Y el único camino es abrirnos el entendimiento para comprender las Escrituras. A través de ella, de los anunciado por Moisés, los profetas y los salmos, se ilumina el misterio de su muerte, que es para nosotros causa de perdón y salvación.

Y les dijo:

̶  Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:

̶  Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.

La mejor prueba de la resurrección de Jesús

Las últimas palabras de Jesús anuncian el futuro: “En su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.” La frase final: “vosotros sois testigos de esto” parece dirigida a nosotros, después de veinte siglos. Somos testigos de la expansión del evangelio entre personas que, como dice la primera carta de Pedro, “lo amáis sin haberlo visto”. Esta es la mejor prueba de la resurrección de Jesús.

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“De incógnito, hacia Emaús”, por Juan Masiá, sj

Domingo, 19 de abril de 2015

image_content_medium_325152_20130312145617Leído en el blog Vivir y Pensar en la Frontera:

Quédate con nosotros, que está atardeciendo y el día va ya de caída… Estando a la mesa, con Juana y Cleofás, Lucas y Myriam, tomó el pan, lo partió y se lo ofreció. Se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero Él, que viajaba de incógnito por sendas de resurrección, desapareció de su vista (Cf. Lc 24, 30-31).

Juana y Cleofás, Lucas y Myriam iban camino de Emaús aquel mismo día. Juana y Myriam, unos pasos por delante. Lucas y Cleofás, algo rezagados. A ritmo de marcha, ellas; cariacontecidos, ellos.

Dice Myriam exultante. “Alegrad esas caras, chicos, que el campo está precioso, almendros en flor y aroma de tomillo”. “Déjate de bobadas, en pleno duelo”, dice Lucas. “¿Cuántas veces habrá que repetirlo para que nos creáis?”, dice Juana y añade: “Él vive, nos aguarda en Galilea, lo aseguró el mensajero de lo alto”. “Así es, dice Myriam. Por tanto, en Emaús solo parada y fonda”. “Callad ilusas”, dicen ellos.

A la altura del cruce de los Almendrales un peregrino confluye con el grupo. Turbante calado, el velo protege su cara del polvo del camino. “Shalom, chicas. ¿La misma ruta? ”, saluda sonriente. “Hola, caminante. Nosotras, a Emaús, de paso para Galilea”, contestan a la par con voz alegre Myriam y Juana. “Yo tengo una cita en Galilea”. “Pues se te hará de noche. Más te vale hacer escala en Emaús”. “Es que no quiero hacerles esperar… ¿Y vosotros, chicos, al mismo sitio?” “Hmmm”, saludan de mala gana Cleofás y Lucas, sin ánimo de platicar. “Van con nosotras, aclara Juana, pero estos dos no tiran de su cuerpo”. “Anda, insiste Myriam, vamos todos juntos, y apretad el paso que la tarde está cayendo…”.

Marchan de cinco en fondo, Juana a la izquierda de Lucas, Cleofás en el centro, Myriam junto a él y, a su derecha, el Peregrino, que comenta: “Mirad qué hermosura de lirios en la colina”. Se le ha ladeado el velo al señalar al horizonte y su rostro descubierto cruza la mirada con Myriam, que susurra: “Ya decía yo que tu voz me sonaba, Rabboní”.  El Peregrino se lleva un dedo a la boca y sugiere a Myriam silencio significativo. Juana no consigue hacer hablar a Lucas y Cleofás. Les interpela el peregrino: “¿Por qué esas caras largas?”. Responden: “¿Eres el único que no sabe lo de anteayer en el Gólgota?”. “¿Qué?”. “Lo de Jesús, lo ejecutaron los de la casta que manda en el culto, la banca y los guardias… Nosotros esperábamos de él la liberación, pero…ya no hay nada que hacer, está enterrado”.

Entretanto, Mryam y el peregrino cruzan de nuevo miradas de complicidad. “¿No leéis las Escrituras?”, dice el peregrino. “Tenía que pasar lo de siempre, al inocente lo asesinan, pero Abba le da la razón y su Espíritu lo saca de muerte a vida: Éxodo, Tránsito y Pascua” .

Descansan bajo una higuera, Myriam saca pan de su alforja: “Peregrino, vas a necesitar esto para convencerlos”. El Peregrino mira al cielo y parte el pan. “¡Conque eras tú!”, exclama atónito Lucas. Pero en ese instante desapareció de su vista. De pie, pan en mano, solo están ante ellos Myriam, que es la que partía pan, y Juana, escanciando vino. Las dos unen sus voces a coro: “Abba, envía tu Espíritu que transforme y consagre la vida de quienes comparten estos frutos de la tierra y el trabajo de tantos hombres y mujeres”.

“¿En qué quedamos?”, dice Lucas desconcertado. “¿Era Él o sois vosotras?” Y Cleofás añade perplejo. “¿Ha sido un sueño, una ilusión?”.

“No, dice Myriam, necesitáis una homilía que lo explique. Quien nos ve a nosotras ejerciendo el ministerio ordenado, haciendo lo que Él hizo en memoria suya, le está viendo a Él. El Peregrino viajaba desde el principo con nosotros, pero de incógnito, con cuerpo de resurrección”.

“Pero… ¿Adónde se ha ido? ¿Por dónde vino?”. “Ni se va ni viene,en Oriente le llamaríanTathâgata , es decir, el Así-Siempre-Presente, como nos decía aquel oriental que nos mostró de pequeñas los secretos de la iluminación en el Sutra de la Flor del Loto. Se lo contamos a Jesús una tarde que merendábamos con él en Betania. Le gustó el nombre y nos dijo: El Espíritu sopla donde quiere. Dejaos llevar por él y os dará vida; vosotras estáis llamadas a repartir el pan de esa vida al mundo”.

Cleofás y Lucas, al fin, despiertan: “¿Cómo no nos dimos cuenta mientras comentaba las Escrituras?”. “Corramos a Jerusalén, a contarlo, dicen Myriam y Juana. Él vive, Él es El Que Vive. Esto ya no hay quien lo pare, el amor es más fuerte que la muerte.”

(Nota: Este relato de “ficción real”, de presencia real por medio de la ficción, está inspirado en el de Lucas 24, 13-35. Lucas compuso la escena de Emaús como resumen típico de una catequesis de la fe y de la vida de la comunidad que escucha y transmite la Palabra de Jesús, al que encuentra en el camino de la vida, en la proclamación de su Palabra y en el compartir eucarístico : compartir la vida, la palabra y la fe).

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“Del miedo a la paz”, por Gema Juan, OCD

Domingo, 19 de abril de 2015

17012989625_060c22ba7a_mDe su blog Juntos Andemos:

Anochece, las puertas están cerradas y el miedo es señor de la casa. La desazón de la incertidumbre y el desánimo de no saber si todo el camino recorrido ha servido para algo. La sombra de la culpa, como un presentimiento o una losa, sobrevolando la habitación. Ese es el paisaje en el que se encuentran los amigos de Jesús, después de su muerte.

La experiencia de los discípulos está tan cerca de la que, tantas veces, atraviesa la vida humana, que las palabras del evangelista Juan parecen escritas fuera del tiempo, escritas para todos los tiempos. El miedo, la inquietud y el desaliento siguen preguntando si hay respuesta y salida. Y la fe busca continuamente; espera, tenaz y atrevida, que Jesús siga vivo.

Cada vez que unos muros frenan la esperanza y el miedo ciega la fe, el evangelio repite, con toda su fuerza: «¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?… Paz». Y recuerda que «se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: La paz esté con vosotros». Recuerda que Jesús sigue dando la paz.

De alguna manera, los discípulos sentían que algo se había roto y que Dios había fallado en su promesa de que jamás les iba a abandonar. Juan de la Cruz expresa vivamente esa experiencia, que visita la existencia humana cuando menos se espera y por los caminos más diversos. Y lo decía así:

«Lo que esta doliente alma aquí más siente, es parecerle claro que Dios la ha desechado y, aborreciéndola, arrojado en las tinieblas, que para ella es grave y lastimera pena creer que la ha dejado Dios».

Es el cerco de una soledad profunda y de un sinsentido porque se experimenta que los cimientos de la propia vida se remueven bajo los pies. «¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido?» —dirá Juan al iniciar su Cántico Espiritual. ¿Adónde se han ido la luz y la paz?

Juan es poeta y místico por su calado humano, porque ha vivido, porque ha sentido, porque sabe por propia experiencia qué es gemir y andar dolorido y cegado. Y así, dice pronto: «En este sepulcro de oscura muerte la conviene estar [a la persona] para la espiritual resurrección que espera».

Dedicará muchas de sus páginas a acompañar la estancia en el sepulcro, para que no se pierda la esperanza ni el miedo haga estragos, tapiando definitivamente la vida. Porque ese «primer día de la semana, al anochecer», ese momento de puertas cerradas, puede prolongarse y es necesario seguir esperando al que puede traer la paz.

Juan hablará de la visita del Señor. Cierta y segura. Y no dirá que tira abajo las puertas y deshace en un instante los dolores. Hablará de una visita que se hace presente desde el interior del ser. De una presencia que aflora, como «el silbo de los aires amorosos, [como] música callada». Lenta y silenciosa pero segura e indestructible.

Dirá: «Siente el alma cierta compañía y fuerza en su interior, que la acompaña y esfuerza tanto», que empieza a abrir sus puertas. Una presencia suave y oscura, que irá iluminando todo. Así visita el Resucitado y da su paz porque se comunica a sí mismo. «Muy poco a poco» –dirá Juan– porque «se hace al paso del alma».

Esa compañía va transformando la vida y renueva las fuerzas. Solo pide la confianza, el abandono en los brazos del Amor: «Venirse a poner en las manos del que la hirió, para que, despenándola, la acabe ya de matar con la fuerza del amor». No porque Dios haya sido el causante de la pena, sino porque Él es el que aguarda, desde siempre, en el corazón humano, como herida de amor capaz de sanar a la persona entera.

Por eso, Juan dice que del «amor, cuya propiedad es echar fuera todo temor, nace la paz del alma». Y Jesús, que es la presencia viva del amor de Dios hace la paz, disuelve los miedos, abre las puertas y restablece la confianza.

Cuando Jesús dice: «Paz a vosotros», comunica que lo que el Padre ha hecho en Él, quiere hacerlo en todos. Dios quiere dar vida sin medida y sin excepción, quiere resucitar a todos.

Dios devuelve a la persona la luz y la anchura, la paz y la fuerza de vivir, regalándose a sí mismo por completo. De tal modo, que Juan escribirá que está «Dios aquí tan solicito en regalarla con tan preciosas y delicadas y encarecidas palabras, y de engrandecerla con unas y otras mercedes, que le parece al alma que no tiene Él otra en el mundo a quien regalar, ni otra cosa en que se emplear, sino que todo Él es para ella sola».

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“Dios no inventó el vía crucis”, por Miguel Santiago Losada

Domingo, 19 de abril de 2015

passion-book-img13-zLeído en la página web de Redes Cristianas

Los vía crucis que desangran continuamente a la humanidad son obra de personas que han tomado el nombre de Dios en vano, de las malas prácticas religiosas que han forjado un dios hecho a imagen y semejanza del poder, tanto político como religioso, que somete y anula a la persona. Los sumos sacerdotes de Jerusalén convirtieron el templo en el centro del poder y del dinero. Jesús de Nazaret firmó su sentencia de muerte al denunciarlos por corruptos y sepulcros blanqueados, que explotan al pueblo y cargan sobre sus débiles espaldas fardos pesados repletos de doctrinas y dogmas que ni ellos cumplen

Después de Jesús, pocos siglos duró la vida de las primeras comunidades cristianas, como nos narra el libro de los Hechos de los Apóstoles , debido a los intereses del Imperio y de unos clérigos traidores al evangelio, que transformaron a Jesús en un dios excluyente al que, revestido de emperador, le impusieron la corona y el cetro y le hicieron proclamar que “fuera de la iglesia no hay salvación”.

Siglos más tarde, Mahoma intentó restaurar el monoteísmo de la religión bíblica. Muy pronto con Alí, yerno de Mahoma, surgirían las principales divisiones en el Islam, lo que provocaría su asesinato. La mayor parte de la población musulmana ha sufrido a lo largo de la historia las tensiones y diferencias entre las distintas ramas chiíes y suníes

Los dirigentes de las tres religiones monoteístas cometieron el mismo error: crear un dios excluyente, generador de interminables vía crucis a lo largo de la historia.

Las religiones fracasan cuando una mujer es asesinada a patadas por una turba que la acusa de quemar un Corán o cuando un joven muere de sida en Africa por obedecer a una moral católica que prohíbe el preservativo. Las religiones fracasan cuando el gobierno israelí excluye a un pueblo de su propia tierra. Las religiones fracasan cuando seguidores suyos atentan contra decenas o centenares de personas en una mezquita, una calle, una iglesia… Las religiones fracasan cuando bendicen y utilizan los armamentos o cuando no dan el primer paso para conseguir la paz mundial. Las religiones fracasan por su machismo atroz, que condena a la mujer, en el mejor de los casos, a un segundo lugar, y en el peor la denigra tapándola, matándola o amputándola.

Las religiones fracasan cuando a una persona católica se le niega la comunión por estar divorciada o cuando condenan y matan por una opción sexual. Las religiones fracasan cuando sus iglesias tienen bancos e inmobiliarias o cuando pretenden adueñarse del patrimonio de un país. Las religiones fracasan cuando dividen en nombre de dios, cuando niegan el ecumenismo o la interreligiosidad, cuando ofenden a sus diferentes profetas. Las religiones fracasan cuando no ponen al servicio de los demás lo mejor de sus credos: la fraternidad y la solidaridad. Las religiones fracasan cuando no respetan la laicidad, la libertad de conciencia y la democracia o pretenden hacer del aborto un crimen de Estado. Las religiones fracasan cuando se basan en una estructura vertical, en cuya cúspide se consideran príncipes. Las religiones fracasan cuando utilizan y manipulan la religiosidad popular. Las religiones fracasan cuando le dan la espalda a los derechos humanos.

Nos podemos preguntar qué hacer ante tanto fracaso. La respuesta no es otra que creer en la persona, tal y como se refleja en los ejemplos siguientes:

El papa Francisco lavó los pies el pasado Jueves Santo a una docena de jóvenes en una prisión de Roma, entre ellos, a dos mujeres, una musulmana serbia y una católica italiana. El gesto es doblemente histórico para un papa.

L. Bathily, un joven musulmán de Mali, escondió el pasado 9 de enero en el supermercado de Vincennes a seis clientes en la cámara frigorífica, entre ellos un bebé, para que no fueran asesinados por los terroristas. Dijo: “Ya sea cristiano, ateo o musulmán… alguien que mata así es inhumano y terrible. No escondí a judíos, escondí a seres humanos”.

Malala Yusufzai, pakistaní musulmana y premio nobel de la paz, es una luchadora incansable a favor de la escolarización de las niñas musulmanas.

Judíos y árabes marcharon juntos por el Estado palestino en 2011 y gritaron eslóganes como: “Judíos y árabes luchan contra la ocupación”.

M. Luther King gritó: “Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”.

En definitiva, y a modo de conclusión, en el bello poema del filósofo Ibn Arabi (1165-1241) Mi religión es el amor podemos encontrar la respuesta: “Hubo un tiempo en el que rechazaba a mi prójimo si su fe no era la mía. Ahora mi corazón es capaz de adoptar todas las formas: es un prado para las gacelas y un claustro para los monjes cristianos, templo para los ídolos y la kaaba para los peregrinos, es recipiente para las tablas de la Torá y los versos del Corán. Porque mi religión es el amor”.

* Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares

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El libro negro de la condición de los cristianos en el mundo

Domingo, 19 de abril de 2015

cruzcristi_560x280“El número de cristianos perseguidos oscila entre los 100 y los 150 millones”

“¿Por qué el silencio de Occidente ante la masacre y la persecución?”

(Javier Elzo).- Un grupo de antiguos compañeros, hoy ya amigos, estudiantes a finales de los años sesenta y comienzos de los setenta del siglo pasado, en la Universidad de Lovaina, se reúnen, desde hace años, los primeros miércoles de mes, en una cafetería restaurante de Madrid a almorzar con larga sobremesa. Cuando viajo a Madrid y, si puedo, me junto a la comida-sobremesa. Nos intercambiamos información, vía Internet, sobre temas de actualidad, de política económica, o de política a secas, o de cuestiones que a alguno le ha llamado la atención, y nos lo transmite.

Uno de ellos me envió un texto, con foto espectacular incluida, texto firmado por Juan Carlos Martos (misionero claretiano), con este titular: Cristianos quemados vivos en Nigeria: un holocausto monstruoso, ante la indiferencia internacional. La información no es nueva y, aunque algunos contestaron su autenticidad, comprobé la seriedad de Martos con el Superior de los Claretianos en Euskal Herria, a quien conozco bien. He comprobado también que ya había sido publicada en Religión Digital. Pero la insistencia del papa en el tema (recientemente con ocasión de la Semana Santa, ya referenciado en RD, y también antes) así como la lectura de un impactante libro, todavía no traducido al castellano, me llevan a escribir sobre el tema.

1. Un libro de ámbito mundial y una entrevista al papa Francisco

Personalmente el correo de mi amigo lovanista me impactó y, de alguna manera avergonzó. Había vivido, in situ prácticamente, la salvajada del asesinato de los redactores de Charlie Hebdo en Paris y unido al coro de los que han repudiado semejante acto. Entré en Internet y encontré este libro: “Le livre noir de la condition des chrétiens dans le monde” (Sous la direction de Jean-Michel di Falco, Timothy Radcliffe et Andrea Ricardi”. Con la colaboración de 70 contribuyentes Obra coordinada por Samuel Lieven. Editions XO, Paris 2014, 811 páginas). Si se ha hablado de este libro en España, se me ha pasado desapercibido. Lo compré y estoy en su lectura. A quien lea francés, sea o no cristiano, sea o no creyente, si los Derechos Humanos conforman parte importante de su cosmovisión vital debe leer este libro.

En la introducción al mismo de uno de sus tres directores Jean-Michel di Falco referencia una entrevista al papa Francisco el 13 de junio de 2014 en la primera pagina (y cinco más en el interior) de “La Vanguardia”. Como suscriptor online de LV he accedido a ella y traslado aquí, en su original en castellano, algunas afirmaciones de Francisco. “Los cristianos perseguidos son una preocupación que me toca de cerca como pastor. Sé muchas cosas de persecuciones que no me parece prudente contarlas aquí para no ofender a nadie. Pero en algún sitio está prohibido tener una Biblia o enseñar catecismo o llevar una cruz… Lo que sí quiero dejar claro es una cosa: estoy convencido de que la persecución contra los cristianos hoy es más fuerte que en los primeros siglos de la Iglesia. Hoy hay más cristianos mártires que en aquella época. Y no es por fantasía, es por números”.

La violencia en nombre de Dios domina Oriente Medio, le apunta el entrevistador Henrique Cymerman. Responde Francisco “Es una contradicción. La violencia en nombre de Dios no se corresponde con nuestro tiempo. Es algo antiguo. Con perspectiva histórica hay que decir que los cristianos, a veces, la hemos practicado. Cuando pienso en la guerra de los Treinta Años, era violencia en nombre de Dios. Hoy es inimaginable, ¿verdad? Llegamos, a veces, por la religión a contradicciones muy serias, muy graves. El fundamentalismo, por ejemplo. Las tres religiones tenemos nuestros grupos fundamentalistas, pequeños en relación con todo el resto.(….) Un grupo fundamentalista, aunque no mate a nadie, aunque no le pegue a nadie, es violento. La estructura mental del fundamentalismo es violencia en nombre de Dios“.

el-cristianismo-perseguido-en-el-mundo 2. Un gran filósofo ateo comenta la persecución de los cristianos

Permítanme que cite aquí, para creyentes y no creyentes, un par de reflexiones de André Comte-Sponville, conocido, brillante y profundo filosofo ateo, quien en su contribución al libro arriba señalado escribe esto: “que la Iglesia, durante mucho tiempo haya formado parte de los perseguidores nadie lo ignora (tampoco los directores del libro y lo señalan infinidad de veces). Pero no es una razón, continúa Comte-Sponville, para hacer caer sobre los cristianos de hoy las faltas o los crímenes de sus predecesores. Nadie es culpable de los pecados de sus padres. Los derechos de los hombres se transmiten por el nacimiento; la culpabilidad no. Los cristianos son, en primer lugar seres humanos. Lo que es suficiente para otorgarles derechos, luego a a obligarnos a deberes a su respecto” (página 120 de “Le livre noir de la condition des chrétiens dans le monde”.

Páginas más adelante, en la 123, Comte-Sponville, escribirá que “la línea del frente no pasa, muy afortunadamente, hoy en día, entre los creyentes y los increyentes. Pasa entre los amigos y los enemigos de la libertad: entre los espíritus abiertos y tolerantes, tanto si creen en Dios como si no, y los espíritus fanáticos y sectarios, tanto si que se reclaman de una religión (así el islamismo) o de una ideología pretendidamente laica (así China o Corea del Norte)”

3. ¿Cuantos son los cristianos perseguidos en el mundo?

Es difícil dar cifran seguras y concluyentes. He aquí algunas encontradas en el “Livre noir…”. El cardenal francés Jean-Louis Tauran, presidente del consejo pontificio para el diálogo interreligioso cifraba en octubre de 2013 queel número de cristianos perseguidos en el mundo oscila entre los 100 y los 150 millones de personas. Esta cifra, en constante aumento, hace del cristianismo, la religión más perseguida del mundo” (P.13 del “Livre noir…”). Aunque añade páginas adelante que, “el cristianismo no ha sido a lo largo de su historia la religión más perseguida. Incluso ha estado del lado de los perseguidores” (p. 16. “Livre noir…”)

El Pew Forum on Religión and Public Life de Washinton D.C (una referencia mundial para los estudiosos de los fenómenos religiosos) señalaba en 2012 que “los cristianos eran víctimas de una u otra forma de acosamiento, con o sin apoyo de las leyes, en 139 países, esto es cerca de tres cuartas partes de las sociedades humanas. Es el grupo religioso más acosado, aunque fieles de otras religiones sufren también amenazas en numerosos lugares del mundo. En Septiembre de 2009, el presidente de la Sociedad internacional para los derechos humanos, estimó que el 80 % de los actos de persecución religiosa perpetrados en el mundo atañía a los cristianos. En un estudio realizado en 2011 por el National Consortium for the Study of Terrorism and Responses to Terrorisme, mostró que el número de actos terroristas perpetrados contra los cristianos en el mundo había conocido una progresión de 309% entre 2003 y 2010. En su Informe de 2012, la comisión americana sobre las libertades religiosas en el mundo ha identificado 16 países en los que se dan actos odiosos y sistemáticos (….) particularmente la tortura, la detención y el asesinato. Si numerosas comunidades religiosas son afectadas por esta violencia, una sola lo es en el conjunto de los 18 países: la comunidad cristiana” (Le livre noir…, página 33)

cristianos-perseguidos-en-pakistan 4. ¿Por qué, precisamente, los cristianos?

El Islam radical es, en la actualidad, el principal causante del odio hacia los cristianos, aunque no hay que olvidar que los primeros que sufren el odio de estos islamistas son otros musulmanes, en nada fundamentalistas. Pero si, al comienzo de la segunda década del siglo XXI, el radicalismo islamista desapareciera del planeta, los cristianos no estarían en seguridad. Así en el estado vietnamita, en China, en Corea del Norte o en las zonas latinoamericanas controladas por los narcotraficantes, viven amenazados cuando no perseguidos, encarcelados o asesinados.

Según los expertos en la discriminación y acoso a los cristianos en el planeta cabe señalar, al menos, estas cinco razones o motivos.

En primer lugar simplemente que los cristianos conforman la religión mas extendida en el planeta: 2.300 millones de las que algo más de la mitad, 1.200 millones, son católicos. Los otros son ortodoxos, protestantes o miembros de iglesias independientes que se reclaman de Jesús. Los cristianos conforman del orden de un tercio de la humanidad. Le siguen los musulmanes con 1.700 millones de adeptos.

En segundo lugar no hay que olvidar que, a lo largo de un siglo, desde 1910 a 2010, la distribución de los cristianos en el mundo se ha trasformado radicalmente. La tabla adjunta lo muestra claramente.

Evolución, en %, de la distribución mundial de los cristianos en los últimos cien años

evolucion-de-la-distribucion-mundial-de-cristianos

Pero hay mas, y más importante. Este aumento de los cristianos, fuera de Occidente, es percibido en algunos países como una amenaza. Así en China el crecimiento explosivo de la Iglesia Pentecostal se considera peligroso para un país laico de partido único. En Arabia Saudita, donde impera el wahhabismo, – fuente de Al Qaeda, no se olvide -, el millón de inmigrantes trabajadores de origen cristiano (Filipinas, Corea del Sur, Líbano etc.) es considerado perturbador de su fundamentalismo. El trato servil de los poderes occidentales a Arabia Saudita, Vaticano incluido, merecería un texto aparte.

En tercer lugar, en algunas partes del mundo, los cristianos constituyen no solamente una minoría religiosa sino también étnica, social y cultural donde son vistos como adversarios en el ascenso social. Es lo que sucede, por ejemplo en Birmania o en la India.

Hay una cuarta razón, que en parte ya ha sido señalada: los cristianos aunque, ya lo hemos visto, viven cada vez más en Oriente y en África, sin embargo son asimilados a Occidente y sufren el anti europeismo y, sobretodo, el antiamericanismo imperante (no siempre, sin razones históricas) en determinadas regiones del mundo. En Irak, como en Siria, por ejemplo, los islamistas radicales etiquetan a las iglesias cristianas como avanzadillas de Occidente cuando, en realidad, los cristianos estaban allí asentados mucho antes que el surgimiento del Islam.

Nos hacemos eco, en quinto lugar, last but not least, de un argumento esgrimido por Andrea Riccardi, historiador y fundador de la Comunidad de San Egidio en Roma, y uno de los directores del libro referenciado, cuando escribe que “entre humanidad y compromiso, los cristianos (algunos cristianos, me permito añadir) representan otra forma de vivir y de interactuar con los otros lo que resulta inaceptable para el fanatismo todo poderoso como para los interese que tratan de controlar la sociedad de forma oculta” (“Le livre noir…” o. c. p. 152). Es lo que sucede, claramente, en determinados enclaves del fundamentalismo islámico, por dar un ejemplo muy en boga. Les resulta insoportable la presencia de cristianos que adopten como ley moral el amor gratuito y universal, no solamente hacia los suyos, y que prefieran el martirio a abjurar de su dios, el Dios que, sostienen, se ha revelado en Jesucristo.

No deja de ser llamativo que este ultimo argumento, a la postre, coincida con el que sostenían algunos emperadores y pensadores romanos durante las persecuciones a los cristianos en los tres primeros siglos de nuestra era: no aceptar el dios romano, máxime si era representado en la figura del emperador y como tal, hace aparecer como perturbadores del orden social a los cristianos. Hay que releer el texto de Celso “Contra los cristianos” escrito el año 178 de nuestra era para ver la similitud de argumentos. Valga este botón de muestra cuando, casi al final del texto, escribe esto: “suponed (se refiere a los cristianos) que se os ordena jurar por el Jefe del Imperio. Nada hay de malo en hacerlo pues las cosas de la tierra han quedado entre sus manos (….) Pero si buscáis socavar este principio, el príncipe os castigará con razón…” (Celse, “Contre les chretiens” Ed. Sillage. Paris 2014, página 104. La traducción es mía).

Evidentemente este razonamiento resulta difícil de aceptar en gran parte del mundo occidental. Incluso por parte de algunos cristianos. Es lo que nos lleva a abordar la última cuestión de estas páginas: las razones del silencio de Occidente ante la masacre y persecución de los cristianos en otras partes del planeta.

 

cristianos-crucificados-por-el-estado-islamico5. ¿Por qué este silencio en Occidente?

El historiador Andrea Riccardi, fundador de la comunidad San Egidio y uno de los directores del libro, explica, en gran medida, el silencio de Occidente ante el actual masacre de los cristianos, en su aportación al libro (ver pagina 143) escribiendo que “…en realidad, la cultura occidental ha alimentado un auténtico sentimiento de culpa alimentado por las responsabilidades de los cristianos y las violencia que ellos han perpetrado a lo largo de su larga historia. Pensemos, por ejemplo en los tristes episodios de la conquista de America, o del colonialismo” o de las cruzadas, o de la Inquisición, me permito añadir. Cierto, de toda certeza. Pero esto no borra el hecho de la masacre de los cristianos de nuestros días.

Sigo, a continuación en este punto, las paginas 37 – 42 del texto de John Allen con un título, -¿ excesivo?- , “Une guerre mondiale contre les chretiens”, del libro arriba referenciado “Le livre noir…)

John Allen trae a su texto la pregunta de Fouad Twal, jordano de nacimiento, Patriarca católico de Jerusalem en una conferencia que pronunció el año 2011 en Londres: “¿Es que nadie escucha nuestro grito?. ¿Cuántas atrocidades debemos sufrir todavía antes de que alguien, en alguna parte, nos ayude?

Allen ofrece estos elementos de respuesta que resumo, con algunos añadidos propios:

1.- La mayor parte de los laicos occidentales están poco instruidos en cuestiones religiosas y estos temas les resbalan. Además las persecuciones no tienen lugar en sus casas, en sus países, sino en países muy lejanos que muchos, la mayoría, no sabrían situar exactamente en un mapa. Por otra parte decir, como alguna vez he oído o leído, que en España hay una persecución religiosa en la actualidad es un sin sentido total. Ni al laicismo más recalcitrante (que lo hay en España) cabe denominar persecutor de lo religioso.

2. Cuando se habla de persecución religiosa lo que viene a cabeza son las cruzadas, la Inquisición, la colonización con la esclavitud aceptada por los cristianos, Giordano Bruno, Savinarola, Miguel Servet, Galileo Galilei. En España, algunos recuerdan el clerocidio en los primeros años de la guerra, mientras que otros procuran pasar de largo o poner acento en otros asesinatos.

3. Regís Debray que, recuérdese, fue un antiguo comunista que combatió con el Che Guevara y que, en la actualidad, está muy interesado en la cuestión religiosa, escribe que, en nuestros días, la persecución de los cristianos se encuentra en un punto muerto: las víctimas serían “demasiado cristianas” para interesar a la izquierda y “demasiado extranjeras” para interesar a la derecha. Los conservadores, las personas de derechas, miran para otro lado ante la política de seguridad de Israel y sus efectos nocivos para los árabes cristianos, pero se precipitan ante el menor acto de violencia perpetrado por el islamismo radical y aunque, últimamente, con el asalto a la revista Charlie Hebdo y los salvajes degollamientos de rehenes por miembros del Estado Islámico, se ha irritado a la población occidental en su conjunto, es más fácil encontrar, entre las personas de izquierda, explicaciones, que no justificaciones, de un estado de cosas que señalan, justamente a mi juicio, provenientes de la historia. Pero es, también, entre estas personas de izquierdas donde encontramos más dificultad para aceptar el odio contra los cristianos en el interior de la banda de Gaza, controlada por Hamas, donde los cristianos son objetivos de violencias y exacciones.

4. Pero hay que preguntarse, fundamentalmente, por qué los cristianos instruidos, los agentes de pastoral, sacerdotes y obispos incluidos, parecen apenas interesarse por este tema. ¿Cuántas pastorales, cuantos encuentros, coloquios, sermones y hojas al fondo de los templos cabe encontrar, en lo que llevamos de siglo XXI, que tengan como objeto la persecución de los cristianos en el mundo?. Bien pocos. ¿Por qué? Cabe avanzar tres tipos causas o motivos de este silencio de los cristianos occidentales más instruidos y, en algunos casos más comprometidos también, con su religión?

4.1 En primer lugar, la idea de que en la violencia contra los cristianos se trata de casos excepcionales. Algunos casos particularmente llamativos y sostenidos por agencias internacionales defensoras de los derechos Humanos, como Amnesty Intertacional. Muchos han firmado llamamientos de este tipo. Pero esa violencia no se la percibe como una violencia generalizada, estructural de algunas partes del mundo, por el solo hecho de ser, en esos países, personas cristianos.

4.2. En segundo lugar, es el efecto perverso de una idea, de una opción muy positiva: la búsqueda del ecumenismo, la aceptación del pluralismo religioso y el deseo de encuentros interreligiosas, como los de Asís. En este contexto, muchos cristianos ven difícil poner el acento en una persecución hacia sus hermanos orientales por temor a herir a los miembros de otras confesiones religiosas. Algunos a reconocer y condenar las dificultades con las que viven los árabes de confesión cristiana en Israel por temor a ofender al pueblo judío, que tanto ha sufrido en la historia. Otros a enfrentarse a los musulmanes por la opresión en la que viven los judíos en las sociedades islamistas, máxime en tiempos actuales en los que la islamofobia es moneda corriente. También en Occidente

4.3 Pero la tercera causa de este negacionismo de la violencia contra los cristianos en muchas partes del mundo, está en el interior mismo de los cristianos occidentales, en lo que Allen denomina, justamente a mi juicio, como “tribalización” del cristianismo occidental en el interior de las iglesias cristianas occidentales. Determinados aspectos de la pluriforme cultura en la que vivimos, obviamente también se han introducido en el seno de las iglesias cristianos lo que, así dicho, no puede ser sino positivo pues indica que el cristiano forma parte de la cultura en la que vive y participa de ella. No hacerlo supondría encerrarse en el gueto de su religión y proyectarse como una “contracultura” entendiendo que el mundo circundante es perverso en tanto no adopte los valores de “su” religión. Estamos ante un planteamiento todavía arraigado entre demasiados cristianos en Occidente que, llevado al extremo, hace que la dimensión cultural a la que cada cristiano se adscribe, es más fuerte que la comunidad cristiana en su conjunto, cuya quintaesencia radica en el amor gratuito, en la fratría universal consecuencia de la fe en el Dios único, Padre de todos. Esto conlleva no solamente a la división histórica de los cristianos en católicos, protestantes y ortodoxos, sino que en el seno de cada una de estas confesiones abundan las “tribus”: los adversarios del aborto desde la concepción, los pacifistas, los tradicionalistas, los neo-conservadores, los defensores de la teología de la liberación, los progresistas, los espiritualistas, los que defienden, o proscriben, la ordenación de la mujer en la iglesia católica, etc., etc. Estas divisiones pueden ser más importantes, y de hecho lo son, que la conciencia de pertenencia a una iglesia y lo que, cabría entender como un ejercicio de la libertad en el seno de la iglesia, se convierte en terreno de caza y disputa que diaboliza a los disidentes. Una de las consecuencia de este estado de cosas reside en que los cristianos occidentales dedican más tiempo y energía a despedazarse entre si que a ocuparse y ayudar a sus hermanos orientales, masacrados y, en algunos sitios del planeta, a punto de desaparecer. En particular en tierras donde surgió el cristianismo.

4.4. En efecto así es. Lo ilustro con un ejemplo llamativo, y con ello terminaré estas páginas, nos los ofrece el sur-este de Turquía en una zona fronteriza con Siria, que se encuentra actualmente bajo dominio kurdo. Al comienzo del siglo XX se asentaba allí una comunidad floreciente de 500.000 cristianos arameos que mantenían viva la lengua que, presumiblemente, hablaba Jesús. Al final del siglo pasado era cifra se había reducido a 2.500 cristianos arameos y numerosos observadores estiman que “su erradicación total es inminente” (Le livre noir des chretiens …o. c. p. 34).

 

cristianos-perseguidos-en-kenia6. Cerrando con dos referencias que nos son más próximas

Un historiador nada sospechoso de ser pro-ecclesial, simplemente un historiador honesto (que cita con elogio, y de forma destacada, en la pagina de agradecimientos Paul Preston, en su libro “El Holocausto español: odio y exterminio en la guerra civil y después” Ed. Debate, Barcelona 2011. Ver pagina 15), me refiero a José Luis Ledesma, escribe que “durante la fase inicial de la revolución y la guerra (del 36), se desencadenó una auténtica caza del clero en toda la zona republicana.(…) El resultado fue de proporciones tan bíblicas, valga aquí la expresión, que convierte a la España de esos años en el escenario de la mayor matanza de eclesiásticos de la Europa contemporánea. Algo menos de 6.800 vidas fueros segadas por aquella violencia clerófoba, la mayor parte durante los tres primeros meses” (En el capítulo “Una retaguardia al rojo. Las violencia en la zona republicana” del colectivo editado por Francisco Espinosa Maestre, “Violencia Roja y Azul, España 1936-1950”, Ed. Critica, Barcelona 2010, página 182.

Por ultimo, me limito a citar, pues aun no lo he leído, el libro de Anxo Ferreiro Currás, “Consejos de guerra contra el clero vasco (1936-1944). La iglesia vasca vencida”. EDITA asociación Intxorta 1937 Kultur Elkartea, 525 paginas, 2013

 

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El papa Francisco intenta acercarse a los sectores más conservadores y críticos con su papado afirmando que la ideología de género es expresión de una frustración que busca borrar la diferencia sexual

Domingo, 19 de abril de 2015

Dios es FamiliaEl pontífice ha criticado la “ideología de género” y la identifica con la “frustación” y la “resignación“.

Si hace unos días conocíamos su oposición a admitir al embajador francés, visiblemente homosexual, lo que deja al Vaticano en muy mal lugar, y recordábamos su oposición al matrimonio igualitario, ahora se despacha con estas palabras acerca de esa supuesta “ideología de género”,término inventado por ellos mismos para negar los derechos de la mujer y LGTBI:

El papa Francisco continuó con su catequesis sobre la familia, que dedicó a la diferencia y complementariedad entre ambos sexos. El Papa indicó que “la tierra se llena de armonía y de confianza cuando la alianza ente el hombre y la mujer se viven en el bien. Y si el hombre y la mujer la buscan juntos entre ellos y con Dios, sin dudas la encuentran. Jesús nos anima explícitamente al testimonio de esta belleza, que es la imagen de Dios”

“La diferencia sexual está impresa en todas las formas de vida, pero sólo en el hombre y en la mujer se encuentra la imagen y semejanza de Dios. Cuando el hombre y la mujer colaboran juntos con el designio divino, la tierra se llena de armonía y confianza”. Así defendía el papa Francisco el matrimonio “tradicional” y respondía a las críticas lanzadas por los sectores más conservadores de la Iglesia sobre su actitud “demasiado abierta” a la homosexualidad y al matrimonio entre personas del mismo sexo.

“Me pregunto por ejemplo, si la así llamada ideología de género no sea expresión de una frustración y de una resignación, que mira a cancelar la diferencia sexual porque no sabe confrontarse con ella”, afirmó el papa durante la audiencia general de los miércoles dedicada a la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Al respecto consideró que de esta manera “corremos el riesgo de hacer un paso hacia atrás. La remoción de la diferencia de hecho, es el problema, no la solución. Para resolver su problema de relaciones, el hombre y la mujer tienen en cambio que hablarse más, escucharse más, conocerse más, quererse más. Tiene que tratarse con respeto y cooperar con amistad. Con estas bases humanas, sostenidas por la gracia de Dios, es posible proyectar la unión matrimonial y familiar para toda la vida”.

“La eliminación de las diferencias es un problema, no la solución”, añadió el pontífice, que reconoció que la cultura contemporánea ha abierto nuevas libertades pero también ha introducido muchas dudas y escepticismo.

Sobre la crisis del matrimonio, el papa Francisco se preguntó “si la crisis de fe en el Padre no estará relacionada con la crisis de la alianza entre el hombre y la mujer. De aquí nace la responsabilidad de la Iglesia y de todos los creyentes de descubrir nuevamente la belleza del diseño creador de Dios, que imprime también su imagen en el vínculo del hombre y de la mujer”.

El papa Francisco debatirá en una reunión con los obispos del mundo el próximo mes de octubre sobre la respuesta de la Iglesia a los retos de la familia moderna.

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Recordatorio

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