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¿A qué estoy dispuesto/a a renunciar?

domingo, 7 de septiembre de 2025
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DOMINGO 23º T.O. (C)

Lc 14,25-33

Mucha gente va acompañando a Jesús en su camino hacia Jerusalén. Ayer como hoy, para evitar entusiasmos facilones, superficiales, nos invita a dejar la ley del cumplimiento, ir más allá de normas y preceptos que hemos observado siempre, para entrar en la dinámica del auténtico seguimiento. Solo en ese contexto podemos entender las exigencias que Jesús nos propone: preferirle a él, tomar la cruz y renunciar a los bienes, que se resumen en una sola: total disponibilidad. Un camino que no termina nunca y en el que es necesario dejar todo tipo de méritos, servidumbres, para depender solo de Dios, llevarle como la única pertenencia.

Jesús no se dirige a unos pocos, hoy, tal vez cristianos bautizados, sino a una multitud que le sigue, pero lo hace personalmente: “Si alguno/a se viene conmigo…” porque la respuesta en todo caso es personal, adulta. El cristiano no se define como una persona que ha optado por una ideología, una doctrina, unos principios, ni siquiera por un comportamiento ético. Cristiano/a es el que sigue a Jesús prefiriéndole a todo lo demás. Sin esa disponibilidad no puede haber auténtico seguimiento. Es una decisión personal que puede ser tímida, ambigua, con reservas al comienzo, pero seguirá fortaleciéndose en la medida en que me deje cautivar por el amor incondicional de Jesús.

La clave de esa primera exigencia está en la frase “incluso a sí mismo/a”, porque ese amor puede ser una trampa que nos lleva al más puro egoísmo. El seguir a Jesús está basado en el amor, pero no tiene por qué estar reñido con el amor al padre, a la madre, a la familia… Sería algo absurdo y mal planteado. Seguirle implica amar más y mejor a nuestros seres queridos, a las personas cercanas y aun lejanas, como comunidad fraterna que somos.

Otra cosa es que el seguimiento provoque en los familiares o en nuestro entorno relacional, oposición y rechazo como le ocurrió al mismo Jesús. Aunque es sabido que el rechazo que padeció Jesús estuvo mucho más vinculado a los dirigentes políticos y religiosos que a la familia. Si alguien te quiere apartar de tu verdadero ser, de tus convicciones más genuinas, está claro que no se puede ceder ante ese ‘amor’ o autoridad mal entendida y engañosa. De ahí viene la cruz, las cruces que cada día se nos muestran ante nuestros ojos.

En Gaza no solo hay una emergencia humanitaria, hay un colapso humano total. Hay hambre, sed y trauma colectivo. Hay familias atrapadas entre los escombros de su propia historia, buscando a tientas la dignidad que Israel y una comunidad internacional inerte les ha negado. Lo que ocurre no es una catástrofe natural, ni una consecuencia inevitable de un conflicto: es el resultado de la violencia extrema ejercida por Israel sobre la población palestina y el resultado de decisiones políticas sostenidas que impiden deliberadamente la supervivencia de una población entera” (Informe UNRWA)

En un mundo injusto con un orden mundial establecido de acuerdo con los intereses de las grandes potencias y en contra de la mayoría de los países pobres, el mensaje de Jesús provoca rechazo, división y persecución. De ahí el pasar como él por la agonía y la cruz.

Alcanzamos la plenitud cuando somos capaces de desplegar el amor auténticamente humano, sin limitaciones, sin condicionamientos egoístas. La cruz simboliza todas las dificultades y obstáculos, personales y comunitarios, que vamos a encontrar en el camino del seguimiento.

En cuanto a la renuncia de los bienes, hay que recordar que los que entraban a formar parte de la comunidad ponían en común los bienes que tenían. Se renunciaba a disponer de ellos al margen de la comunidad. El objetivo era que en ella no hubiera necesidad, pobres ni ricos (Hch 4,32-36).

Quienes hemos tenido/tenemos la suerte de pertenecer a una comunidad cristiana hemos vivido esa rica y fecunda experiencia. Pero también en otros grupos o asociaciones. Hoy día no es fácil llevar a la práctica esa vivencia. En todo caso, es evidente que la acumulación de riquezas se hace siempre a costa de otros seres humanos. Lo que yo poseo en demasía es causa de pobreza y miseria para otros/as.

Debemos tener en cuenta también que el seguimiento de Jesús no puede consistir en una renuncia, en un sacrificio, en algo negativo como se ha insistido tantas veces. Es una oferta de plenitud, de gozo. Se trata de elegir lo mejor para mí, para los hermanos/as. Aceptar con alegría los riesgos y las exigencias que se derivan de ese seguimiento, exigencia de mi/nuestro verdadero ser. La profunda experiencia interior que vivió Jesús le impulsó a practicar un despliegue de libertad y de humanidad que toda persona puede realizar. Esa plenitud fue también el objetivo de su predicación.

En definitiva, ¿a qué estoy dispuesto/a a renunciar? ¿Qué experiencia de liberación gozosa, fecunda, comprometida, verdadera, estoy viviendo como cristiano/a?

¡Shalom!

Mª Luisa Paret

 Fuente Fe Adulta

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El lugar de la renuncia.

domingo, 7 de septiembre de 2025
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Comentario al evangelio del domingo 7 septiembre 2025

Lc 14, 25-33

Insistir en la renuncia por la renuncia, aun con la mejor voluntad, introduce en el dolorismo, actitud que considera el dolor bueno y valioso por sí mismo, dando lugar a planteamientos y comportamientos desajustados que, antes o después, terminarán pasando factura, tal como recuerda el conocido dicho: quien se empeña en vivir como un ángel, termina comportándose como una bestia.

La renuncia solo tiene sentido cuando se vive en función de un bien mayor. El propio Jesús lo plantea así en la parábola del tesoro escondido. Solo porque ha encontrado un gran tesoro, el labrador es capaz de desprenderse de todo lo que posee, con tal de hacerse con él. Y lo hace -subraya Jesús- “lleno de alegría”.

Quien así renuncia a algo no tiene los ojos puestos en la renuncia misma ni pretende dar una imagen “ideal” de sí. Se siente sostenido, fortalecido y dinamizado por el tesoro que ha descubierto y que, sin embargo, vive en todo momento como un regalo. Esto no significa que la renuncia no le resulte costosa, pero la vive con limpieza porque se halla anclado en el lugar adecuado.

Grande tiene que ser el tesoro del que habla Jesús en esta parábola para que alguien esté dispuesto a renunciar a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos… e incluso a sí mismo. ¿Qué tesoro es ese? Jesús lo nombra como “ser discípulo” suyo. Si se entiende bien, tal expresión no tiene que ver con la imitación ni con el seguimiento, tal como habitualmente se ha entendido. “Ser discípulo” significa llegar a ese “lugar” donde está Jesús, donde es posible ver el tesoro que somos y vivirnos desde él. El mayor tesoro no es otro que comprender experiencialmente lo que somos. Cuando esto se comprende, cesa el sufrimiento, se accede a la libertad completa y la vida se convierte en gozo profundo.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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¿Quién conoce el designio de Dios? ¿La vida tiene sentido?

domingo, 7 de septiembre de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.09.2025

01.- La vida es un misterio.

La primera lectura de hoy -tomada del libro de la Sabiduría- nos lanza un misil a la línea de flotación de la existencia humana:

¿Qué hombre conoce el designio de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere? ¿Quién puede descifrar el misterio de la existencia humana? ¿Quién puede conocer el sentido de la vida, si es que tiene algún sentido? ¿Quién puede conocer lo que nos aguarda en la vida?

Con otro lenguaje y otras preocupaciones estas preguntas se plantean hoy en la consulta del psiquiatra: ¿Qué sentido la vida? ¿Por qué no tengo ganas de seguir viviendo?

        Son las grandes cuestiones del ser humano: ¿Quién puede conocer de dónde viene y a dónde va todo esto que nos traemos entre manos?

        El ser humano por sí mismo no tiene respuesta a esta gran cuestión de la vida. Es cierto que la psiquiatría, la medicina, la psicología se esfuerzan con buena voluntad por responder a estas cuestiones pero sin lograrlo.

        El ser humano no tiene la respuesta a las últimas cuestiones de la existencia.

02.- ¿Conocer?

        Nosotros, ciudadanos de Occidente, somos hijos de la Ilustración del siglo XVIII, que propuso la razón como la única forma de conocer y de vivir. Por eso nosotros, occidentales europeos tenemos un “Windows” instalado que nos dice que todo se resuelve con la ciencia; de ahí que confiemos y recurramos apasionadamente a los científicos, a la Universidad, a la tecnología…

        Creemos que podemos (o podremos en el futuro) conocerlo y solucionarlo todo con la inteligencia, quizás ahora con la inteligencia artificial. Sin embargo la ciencia y los logros científicos no desvelan (no revelan) el horizonte de nuestra vida, ni la ética o valores.

El ser humano, la ciencia no tienen la respuesta al misterio de la vida, de la existencia humana.

Somos un misterio para nosotros mismos.

03.- Recurramos a la Sabiduría.

        No es lo mismo conocer que saber.

        Estamos comenzando el curso escolar. Los niños y jóvenes acudirán a las aulas y recibirán un montón de información y conocimientos, pero probablemente no recibirán mucha sabiduría.

Y unos planes de educación, una universidad que se limite a transmitir meros conocimientos es como un almacén de datos, pero sin sabiduría. La Universidad debiera responder a la “universalidad” de los problemas de la sociedad y momento en que viven.

        Los conocimientos son necesarios, pero no son suficientes.

        Sabiduría viene de sabor, saber, saborear, sabroso, saber vivir. Y eso no lo da la ciencia. No es lo mismo conocer que la sabiduría del saber vivir.

        Nos hemos reducido a cultivar la razón, la ciencia, pero no la sabiduría, la confianza, la fe. Y lo que es peor nos reímos y descartamos de la vida y de la educación el pensamiento, la sabiduría.

Con alguna “retranca” decía el científico del Centro de Investigaciones científicas de Madrid que hace unos años pronunció la de la lección inaugural del curso de la  Facultad de Teología de Vitoria, que entre los científicos algunos piensan…

Uno puede tener muchos datos y conocimientos y no tener sabiduría, no sabe vivir.

El hombre rural, incluso el hombre primitivo estaba mejor dotado para esta cuestión del misterio y sentido de la vida, que el científico de bata blanca del parque tecnológico de Aiete.

        Por otra parte, la verdad la hemos reducido a la ciencia, es verdad lo que dice la ciencia, y la ciencia se ha convertido en tecnología y la tecnología se vende en el supermercado de la esquina.

04.- ¿Quién rastreará lo que está en el cielo?

        ¿Quién será capaz de mostrar el sentido de la vida?

En el País Vasco hay un suicidio cada dos días. Los trastornos mentales de ansiedad y depresión van aumentando notablemente.

        ¿Quién podrá responder a esta cuestión?

        La medicina y la psiquiatría hacen lo que pueden y bien hecho está. Pero no es lo mismo estar sedado, dormido, que estar en paz.

¿Quién conocerá el designio de Dios? ¿Quién sabe cómo camina y termina la vida? No el que conoce, sino el que confía y tiene sabiduría.

        Los grandes convencimientos existenciales no nos vienen por vía científica, sino por el corazón, la cercanía, la confianza (fe), la serenidad.

En unos de los cursos de verano de la EHU decía el neurólogo José F Martí Massó, que la salida al problema de la depresión, ansiedad, intentos de suicidio, etc. se basa en tres puntales: la farmacopea, la logoterapia y alguna apertura (confianza) al misterio (alguna fe)…

Vivir es un acto de confianza.

Lo inicial es la experiencia de fe: la acogida libre del evangelio en nuestras vidas, lo cual es un descubrimiento de algo bueno.

Como cristianos nuestra vida descansa en el Señor. Cuando uno reposa su vida en Cristo halla una paz inmensa en la profundidad de su alma.

Esta honda serenidad no proviene de la farmacia, del sedante, ni tan siquiera del último chascarrillo eclesiástico del obispado. La confianza y serenidad tampoco brotan de lo que se rumorea en los “aledaños del templo”, ni en el cumplimiento de los ritos o leyes, sino que es fruto del encuentro con quien es el fundamento de nuestra existencia, con JesuCristo.

En este momento cultural en el que todo es light, mediocre, blando, líquido, fácil, narcotizado, relativo y casi todo da igual, nos hace bien saber -sabiduría- que el designio, el sentido de la vida es Dios.

Descubramos en nuestra vida la razón por la que vale la pena vivir.

Esta semana celebrábamos el día de San Agustín. Termino con aquello que decía este santo: Nuestro corazón está inquieto, Señor, y solamente descansará cuando te encuentre.

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“ La radicalidad del discipulado es para todos y todas”, por Consuelo Vélez

domingo, 7 de septiembre de 2025
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De su blog Fe y Vida:

Domingo XXIII del TO 7-09-2025.

Tradicionalmente el discipulado se reservaba a la vida consagrada. Actualmente entendemos que es una llamada para todos y todas

La vocación cristiana se ofrece a todos y cada uno responde desde su estilo particular de vida, pero, con la misma radicalidad

El centro del reino está en las personas, no en las cosas, en la dignidad humana y no en la cosificación de las relaciones, en el compartir y no en el acaparamiento de todo para sí mismo

 

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:

+ «Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío

(Lc 14, 25-33).

El evangelio de hoy se refiere a la llamada al discipulado y las implicaciones que tiene. Pero tengamos en cuenta lo siguiente. Tradicionalmente, hablar de discipulado era referirse a la vida consagrada o ministerial. En la actualidad hemos entendido que todo cristiano, por su bautismo, está llamado al seguimiento de Jesús, al discipulado. Precisamente, en la Conferencia de Aparecida, celebrada en 2007, ese fue el lema: “Todos discípulos/as misioneros/as” y, con el sínodo de la sinodalidad, se ha seguido impulsado la llamada a la vida cristiana como una vocación que se ofrece a todos y cada uno responde desde su estilo particular de vida, pero, con la misma radicalidad.

En este sentido, el texto de Lucas, comienza diciendo que mucha gente seguía a Jesús y él se dirigió a ellos para proponerles este discipulado. Aquí también conviene hacer una aclaración. No se han de tomar las afirmaciones de Jesús de manera literal, aunque así se han tomado en el contexto de la vida religiosa y, por muchos años, la separación de la familia era total, ni se iba al funeral de los padres y, todavía algunas comunidades, lo viven así. Respetable como cada grupo lo quiera vivir, pero centrándonos en el evangelio, el énfasis no está en las palabras literales sino en la absolutez del reino frente a todo lo demás. Sin duda, la propuesta de Jesús es contracultural, en muchos sentidos y, por eso, resulta difícil de comprender y, por supuesto, de vivir.

Con respecto a la familia no es tanto dejarla o no, sino entender que la familia del reino no se basa en los lazos de sangre sino en la comunidad que se forma con el seguimiento de Jesús. Algo parecido habría que decir de la cruz. No significa que el seguimiento suponga sacrificios y mortificaciones creyendo que esa es la cruz que Jesús nos pide. Cargar la cruz de Jesús es saber que la fidelidad a los valores del reino, trae conflicto y persecución y, quien sigue a Jesús, está abocado a vivir esa misma cruz.

El discipulado implica a toda la persona y Jesús lo plantea con claridad. Por eso pone dos ejemplos: un hombre que quiere construir una torre y ha de calcular si puede terminarla y el rey que va a emprender una batalla y ha de saber si cuanta con el ejército suficiente para ganarla. Así, hemos de tomar conciencia de nuestras propias fuerzas para vivir el discipulado. Este implica a toda la persona y supone correr la misma suerte de Jesús. Por esto conviene preguntarnos: ¿estamos dispuestos a ello?El evangelio concluye con la llamada a renunciar a todos los bienes para ser discípulo de Jesús. Ya hemos comentado en otros pasajes bíblicos que las riquezas siempre constituyen un impedimento para el seguimiento porque el centro del reino está en las personas, no en las cosas, en la dignidad humana y no en la cosificación de las relaciones, en el compartir y no en el acaparamiento de todo para sí mismo. Esta fue la vida que intentaron vivir los primeros cristianos y a la que Jesús nos sigue invitando. Que nuestra generosidad nos permita dar una respuesta positiva, sabiendo que el reino siempre será nuestra mejor ganancia.

(Foto tomada de: https://pnuestrasenoradetorcoroma.arquibogota.org.co/centro-de-informacion/articulos/hemos-encontrado-al-mesias)

 

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“ Más grande – San Lucas 14, 25-33 – ”, por Joseba Kamiruaga Mieza

domingo, 7 de septiembre de 2025
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Una gran multitud seguía a Jesús.

Todavía hoy, en teoría.

Un poco por convicción, un poco por costumbre, un poco porque nunca se sabe y, en definitiva, el cristianismo tiene en sí mismo una buena dosis de credibilidad. Y además, qué tierno es Jesús. Y un poco así nos lo han enseñado siempre. Y luego, en el fondo, es cómodo.

Es difícil pensar en las cosas de Dios, como ya señala el autor del texto de la Sabiduría, único libro de la Biblia que intenta utilizar un lenguaje y un razonamiento que atraigan a los griegos, los ciudadanos del mundo de la época.

Difícil porque, según una magnífica imagen el cuerpo pesa sobre el alma.

Así que, ¡viva si alguien nos lo resume! Si otros han reflexionado antes que nosotros. Si no tenemos que esforzarnos demasiado por buscar a Dios y nos lo ofrecen ya precocido y masticado.

Jesús es simpático. Además, de vez en cuando cura. Y, en definitiva, poco exigente, ¿qué es eso comparado con el mes de ayuno (tomado en serio) de los musulmanes?

En fin, está bien. Somos cristianos. Bastante, en fin.

Luego Jesús se vuelve hacia la multitud numerosa. Y habla.

Explica lo que quiere decir cuando dice que ha venido a traer el fuego a la tierra.

Lo que significa convertirse en discípulo de alguien como Él. 

Más

Seguir el fuego significa encenderse de amor. Seguir a alguien como Él, dispuesto a entregarse totalmente, a recorrer los cuatro confines de la tierra para contar con palabras y con la vida quién es realmente Dios, significa pasar página, subir a una cima.

Entonces Jesús pide, atrévete. Jesús pide ser amado más.

Pide ser amado porque existe el amor, que todos conocemos, que es epifanía divina, que es experiencia totalizadora y conmovedora de Dios reflejado en las personas y en las situaciones. Y existe un amor más grande, el de dar la vida. El que Jesús nos ha revelado. Y que en Él podemos experimentar.

Es exigente, sí, e incluso presuntuoso, el Señor. Pero porque puede cumplir lo que promete.

Él puede amar más. Puede dar un amor más grande. 

Más grande que el amor más grande que hemos vivido o que jamás podremos experimentar.

Jesús pide porque Él es el primero en dar.

No hay lugar para los tibios. Ni para los superficiales. Ni para los calculadores.

No hay balanza para pesar lo que damos para poder exigir a Dios a cambio, con el Señor.

He aquí que algunos, entre los muchos que le siguen, bajan la mirada, se detienen. No bromeemos. 

La propia cruz

Seguir a Jesús significa llevar la propia cruz.

Y aquí nos tranquilizamos. Víctimas como somos de todas las desgracias, penitentes silenciosos y rechazados, santos in pectore resignados a sufrir como Jesús nos pide…

Hijos de una espiritualidad crucificada, autolesiva, llorosa. Tan felizmente detenidos en el Viernes Santo que casi nos olvidamos de la Pascua. Hijos de la cruz más que del crucificado resucitado.

Solo que no hemos entendido nada de lo que dice Jesús. Nada.

Acaba de hablar de amor. De un amor más grande. Para recibir y devolver.

El amor tiene que ver con la cruz. Es decir, con la entrega total de uno mismo.

El primero en hablar de ello es Marcos (Mc 8, 34-35) cuando, en Cafarnaúm, Jesús explica cómo será el Mesías. Está dispuesto a morir antes que renegar del rostro del Padre. Antes que cambiar de opinión. Y así será.

Entonces pide a los discípulos que también estén dispuestos a seguirlo en esta tarea tan exigente, incluso a costa de su propia muerte.

Esta es la cruz que hay que tomar: el testimonio del rostro del Padre, incluso a costa de la propia vida.

Seguir el fuego, al Amado, significa acercarse al testimonio radical de la entrega de sí mismo.

Por lo tanto Dios no envía cruces. Nunca.

Y, si hubiera podido, Jesús mismo habría evitado gustosamente ese testimonio definitivo y trágico.

Nosotros nos damos las cruces unos a otros, con nuestras vueltas de cabeza, nuestras paranoias, nuestros victimismos. La cruz no es una desgracia aceptada que hace feliz a Dios. Dios no ama el sufrimiento. Nunca.

Si la vida nos pone ante un testimonio de dolor, hay que superarlo, no idolatrarlo.

¡No nos levantemos cada mañana felices de lijar la cruz pensando que alegramos a Dios!

El nuestro es un Dios feliz que nos quiere felices. Y que nos deja libres. Y el amor, al darse, se olvida de sí mismo, se convierte en sacrificio, es decir, ‘sacrum facere’, hace sagrado algo.

Te amo incluso cuando me ignoras o me desprecias, amo a mi hijo recién nacido aunque no me deje dormir. Y ese biberón que preparo en plena noche me pesa, me cuesta, pero lo hago de todos modos, se convierte en un hacer sagrado. 

Hacer cuentas

Las palabras son meridianamente claras, evidentes. Toca… hacer cuentas.

Una religiosidad que se agota en cuatro buenas palabras, en alguna celebración distraída, en una actitud religiosa que se agota ante la primera dificultad, no es el fuego del que habla Jesús.

Hacer cuentas, porque seguir a alguien así significa dar un vuelco a la vida, convertirse de verdad o, al menos, desearlo.

Y estos tiempos amargos están tamizando nuestros corazones. Haciéndonos comprender si estamos siguiendo la lógica conflictiva del mundo o la revolución suave traída por Jesús. 

Sed realistas, pedid lo imposible, como escribía Albert Camus.

Y Jesús, ese loco presuntuoso, se atreve al más difícil todavía, a lo imposible.

Es hermoso amar, ser amado, tener afectos y disfrutar de las alegrías legítimas.

Sin embargo, Jesús es más. Más que la mayor alegría que hemos vivido y que jamás viviremos. 

Cambios

Al hacerlo, nuestra vida, a partir de ahora, cambia de perspectiva.

Poner la búsqueda de todo, la búsqueda de Dios en el centro de nuestra vida nos convierte en personas nuevas.

Filemón, simpático cristiano de los primeros tiempos, a quien Pablo envía una nota acompañando a un esclavo que se había refugiado en casa del Apóstol, sabe algo de esto.

Pablo invita a Filemón a salir de la lógica de este mundo, amo-esclavo, para entrar en la lógica del Reino, hermano-hermano. Pablo no lo sabe, pero en esta pequeña nota planta la semilla que se convertirá en el árbol de la abolición de la esclavitud.

Busquemos a Dios, entonces.

No al Dios pequeño de nuestros miedos, de nuestros delirios, de nuestras obsesiones.

El Dios del sentido común, de la religiosidad popular que no cambia la vida, el que bendice nuestras ideas.

Sino el Dios magnífico y soberano del Señor Jesús.

Más grande que la mayor alegría que somos capaces de vivir.

Descubriéndonos amados.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo 7 de septiembre de 2025.

1.- El amor por Jesús que ofrece la vida plena.

2.- Renunciar a lo que nos impide volar.

3.- Ser capaz de un amor así.

4.- Jesús nos enseña a amar más

5.- La felicidad que solo Jesús puede dar.

6.- El valor de seguir lo que se ama.

7.- Más grande – San Lucas 14, 25-33 –.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Pero también puedo ser discípulo.

sábado, 6 de septiembre de 2025
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Podría seguir así,
tirando más o menos como hasta ahora,
manteniendo el equilibrio prudentemente,
justificando mis opciones y decisiones,
diciendo sí aunque todo sea a medias…
Pero también puedo ser… discípulo.

Más que nunca quiero ser dueño
de mis hechos, pasos y vida,
no renunciar a la libertad conseguida,
entregarme a los míos con cariño,
y tener esa serena paz del deber bien cumplido…
Pero también puedo ser… discípulo.

Puedo cargar con mi cruz, quizá con la tuya;
también complicarme la vida
y complicársela a otros con osadía,
hablar de tu buena noticia
y sembrar nuevas utopías…
Pero también puedo ser… discípulo.

Anhelo hacer proyectos,
proyectos vivos y sólidos
para un futuro más humano y solidario;
deseo trabajar, ser eficaz,
dar en el clavo y acertar…
Pero también puedo ser… discípulo.

Soy capaz de pararme y deliberar,
escuchar, contrastar y discernir;
a veces, me refugio en lo sensato,
otras, lanzo las campanas al vuelo
y parece que rompo moldes y modelos…
Pero también puedo ser… discípulo.

Puedo entretenerme en cosas buenas,
agradecer, día a día, mi tarea, mi suerte,
mis amigos, mis estudios,
mi vida sana y solvente;
puedo construir torres y puentes…
Pero también puedo ser… discípulo.

No siempre acabo lo que emprendo;
otras arriesgo y no acierto,
o me detengo haciendo juegos de equilibrio;
me gusta dejar las puertas abiertas, por si acaso.
y la agenda con huecos…
Pero también puedo ser… discípulo.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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“Las barbas de nuestros vecinos de Jumilla”, por Carlos Osma

sábado, 6 de septiembre de 2025
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De su blog Homoprotestantes:

Acabo de disfrutar, en la población donde estoy pasando mis vacaciones, de las fiestas patronales en honor a un determinado santo que ahora no viene a cuento. Las calles llenas a rebosar durante tres días, por la mañana y por la noche, con el ruido que eso supone y la suciedad que lleva asociada, los delitos menores, y algún que otro accidente que ha hecho perder un dedo de la mano a una turista. Unas fiestas que tienen actividades con un carácter religioso católico y otras que no, aunque a veces una no sepa de cuál de ellas está participando. Sea como fuere, como protestante no me importa asistir a un concierto de órgano del protestante Bach en la iglesia católica del pueblo, ni como padre tener que soportar un concierto de música electrónica en el campo de fútbol.

En Jumilla, una población murciana que aparece citada por primera vez como Gumalla en unos textos árabes del siglo XIII, también tienen celebraciones esta semana por su patrona. Nunca he estado en estas fiestas, pero solo ver la completísima programación de las actividades —que van desde un concurso de sangría, otro de lanzamiento de azadón, hasta una cabalgata del vino, sin olvidar varias solemnes eucaristías y procesiones católicas— uno se imagina que las calles van a estar también tomadas noche y día. Así somos los mediterráneos: nos encanta la fiesta, las aglomeraciones, las celebraciones familiares o con amigos hasta que el cuerpo aguante. Aunque hay que reconocer que nos suele importar más bien poco que el de nuestro vecino no lo aguante, por la razón que sea, nos da igual, que echen mano de la resignación cristiana porque las denuncias por ruido e incivismo se las suele llevar el viento del espíritu festivo.

En Jumilla además de católicos, hay musulmanes —aproximadamente un diez por ciento de la población—, también evangélicos —una consulta en Google me dice que hay al menos tres iglesias evangélicas—, y doy por hecho que habrá personas de otras confesiones religiosas. Mi experiencia me dice que los evangélicos y los musulmanes no suelen sentirse parte de las fiestas patronales, al menos como evangélicos y musulmanes. Y alguna vez he pensado sobre esto, y no he llegado a una conclusión definitiva, pero creo que nos queda camino por recorrer. Aunque sea cierto que las fiestas mayores de nuestros pueblos y ciudades tienen mayoritariamente un origen católico, y veneran a un santo o a una virgen: ¿De verdad que no hay forma de celebrar las fiestas de una población de la que formamos parte adaptándola a nuestra respectiva confesión? Si las personas que ya no se identifican como cristianas no tienen problema en participar y hacérselas también suyas: ¿por qué no podemos hacerlo nosotras? No sé, dejo esta pregunta en el aire. A mí me encantaría, por ejemplo, que los protestantes catalanes pudiéramos celebrar el día de Sant Jordi a nuestra manera, recordando por ejemplo todos los dragones contra los que hemos tenido que luchar y —como buenas catalanas— contra los que hemos acabado perdiendo.

Pero bueno, no sigo divagando sobre este tema de las fiestas como lugar de encuentro entre ciudadanos —tengan una, otra, o ninguna religión— porque no era sobre esto que quería escribir, sino sobre todo lo contrario. Creo que ya no queda nadie en este país que no sepa que a la derecha del PP, y la ultraderecha fascista de Vox no le gusta que los musulmanes tengan acceso al espacio público de la población de Jumilla como el resto de sus conciudadanos. Lo de la integración no va con ellos, parece que están más bien por subordinarlos, borrarlas, o directamente expulsarles. Visto lo visto, entiendo que la derecha del PP estaría por retroceder al siglo XVI y proponer la conversión forzosa al catolicismo, y Vox por volver a comienzos del siglo XVII y expulsar directamente a quien no lo haga.

No sé cuál ha sido el (des)cálculo político de esta medida, que ha chocado evidentemente con la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas, pero también con  la Iglesia Católica y las principales instituciones evangélicas —que supongo habrán recordado no solo la represión de la Inquisición, sino también la del nacionalcatolicismo franquista, aunque hayan olvidado quienes son hoy sus herederos—. Las encuestas dicen que la mayoría de musulmanes no votan —o no pueden votar—, pero que el voto de católicos practicantes y evangélicos se lo lleva la derecha y la ultraderecha de PP y Vox… y aunque es evidente que esta salida de tono no es suficiente para hacer que una católica practicante, o una evangélica nacida de nuevo, decida votar a partidos que promuevan libertades diferentes a las religiosas, quién sabe, tampoco es positivo que, al menos en el caso de los evangélicos, puedan sentir también amenazado su derecho a utilizar el espacio público para realizar cualquier tipo de actividad.

Volviendo ahora al PP y a Vox, nos engañaríamos si pensáramos que estos partidos subvencionados por poderes económicos a los que les viene muy bien la mano de obra barata y sin derechos para aumentar sus beneficios empresariales, quieren de verdad expulsar a la gallina de los huevos de oro. El Estado español no se mantiene con una población cada vez más envejecida, y esto implica que necesite gente de fuera que venga a trabajar. Las personas migrantes traen riqueza a nuestro país, aunque no es solo eso lo que traen: vienen con sus costumbres, su fe, sus familias, sus enfermedades, sus sueños, sus prejuicios —como lo hicieron nuestras abuelas y abuelos cuando emigraron—, y es necesario un proceso de integración (que no de eliminación de su identidad) a las normas que nos hemos dado entre todas en este país. Este es el tema sobre el que se debería hablar —primeramente con ellos y ellas— sobre cuáles son las mejores estrategias para hacerlo, pero no es un tema que en este momento le de votos a PP y Vox.

En España hay cientos de miles de personas —no solo migrantes, claro, pero sí la mayoría— que viven en esclavitud, que trabajan sin cotizar, que lo hacen sin un horario justo, que no tienen derechos laborales, y que no pueden levantar su voz para quejarse porque tienen miedo de ser expulsadas. Entre mis alumnos hay personas migrantes que a veces me han explicado situaciones abusivas e indignas por las que tienen que pasar, el miedo que tienen a quedarse sin trabajo, a tener que volver a su país, o ser deportadas. Y aquí es donde encaja el discurso del PP, Vox, o Aliança Catalana: es el discurso del temor, para hacer que esta gente viva escondida, soportando la discriminación, y la esclavitud. Se las quiere al margen, no como ciudadanos, sino como esclavas. Estos partidos defienden los intereses de los poderes económicos que los subvencionan, que son los de sacar el mayor beneficio con el menor coste. Y para ello, se necesita mano de obra barata… no llevando sus fábricas a Pakistán, Túnez o Marruecos, sino trayendo aquí la mano de obra barata de estos y otros países. Máximo beneficio, al menor coste. Pero ese bajo coste, aunque sea por puro egoísmo no lo deberíamos aceptar como sociedad, porque los beneficios de estas empresas no repercuten en el bien de todes, solo en los del Ibex. Para empezar porque un esclavo o una esclava, no paga ni IRPF ni Seguridad Social.

Creo que la Conferencia Episcopal Española, y la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España, así como la mayoría de partidos políticos, y muchas instituciones que no tienen carácter religioso, han hecho muy bien en ponerse del lado de los derechos de nuestros conciudadanos y conciudadanas musulmanas, porque como dice el refrán —y más si estamos frente a una derecha y ultraderecha envalentonada—: Cuando las barbas de tu vecino veas cortar pon las tuyas a remojar. Todes sabemos, o deberíamos saber, que siempre se empieza por las personas que son más vulnerables —el fascismo es profundamente cobarde y siempre lo ha hecho así—, y después se lanzan a por el resto. Pero deberían ver más allá, o si lo ven, que entiendo que sí, manifestarse también en este sentido: no se trata solo de un ataque a la libertad religiosa, la finalidad es quitar derechos, ocultar para esclavizar, para dar mayores beneficios a los de siempre. Nuestra España sabe muy bien como enriquecerse a expensas de los cuerpos diversos de personas que buscan como todes, una vida mejor para ellas y sus familias. El espacio público es de todas, pero no deberíamos normalizar que las personas con las que lo compartimos estén siendo explotadas de forma tan inhumana.

Carlos Osma

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Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General, Islam , , , , , , , , , ,

Padre ¡Me diste la vida para soñar! ¡Cómo te ama Dios! (Con Francisco de Asis y los pobres de la tierra.

viernes, 5 de septiembre de 2025
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Del blog de Alfonso J.Olaz El Rincón del Peregrino:

| Alfonso Olaz OFS

Clamor de tierra y cielo, 
¡Me diste la vida para soñar!

Soñé que te amaba en sueño profundo, 
como el agua que se escapa entre los dedos,
como el pájaro que vuela entre las manos,
libre y frágil a la vez.

Soñé que pintaba tu rostro 
mientras tú me cantabas
la canción antigua de los humildes.

Soñé que sonreías,
que tu alegría era un río desbordado,
y que escuchabas mi grito ahogado:
«¿Por qué el hombre prefiere el odio y se destruye
en guerras que no son tuyas,
en fronteras que tú no dibujaste?».

Y tú me respondiste con voz de quietud y de tormenta: 

«Ya saben lo que tienen que hacer. 
Que sean sencillos. Que sean agua que da vida,
pájaro que canta sin dueño.

Que sean hombres y mujeres
que pinten cada día el arcoíris
sobre el lodo de la historia.
Que no esperen recompensa: 
que sean artesanos de la paz, 
tejedores del bien
en este mundo desgarrado».

Y al despertar,
para que el sueño no se lo llevara el viento de lo cotidiano,
lo eché a andar.
Lo encarné.
Hice del camino tu respuesta.
Y cuando me preguntaron de ti, 
no hablé de doctrinas ni de templos: 
hablé de este sueño urgente. 

Y supe, por fin,
Que tú estás conmigo
que no se trata de soñar solo,
sino de vivir despierto.

Y que la vida 
—esta vida, herida y sagrada— 
es el único lienzo 
donde pintamos, 
con huesos y con esperanza, 
el arcoíris.

***

(II)

¡Cómo te ama Dios!

No a fondo perdido,
sino hasta el fondo, encarnándose en tu camino,
haciéndose uno contigo en el gozo y en la prueba,
en la alegría radiante y en el lamento humilde de tu pobreza.

Cuando eras pequeño,
Él te sostenía con ternura para que no tropezaras.
¡Hoy, con humildad que conmueve el cielo,
te pide que tú lo sostengas en cada hermano que sufre,

para que su Reino no se caiga!

Cuando marchabas por sendas oscuras,
y con misericordia te sacó del callejón de la muerte.

Abre los ojos y contempla: muchos han caído y yacen en el camino.
Pero tú, cuando has caído, con Él te has levantado.
¡Esa es su Gracia!
¡Es la mano fiel que nunca abandona!

¡Si tan solo pudieras sentir cuánto nos ama!

Estuvo ahí, celebrando tu vida:
en el milagro de tu nacimiento,
en el temblor de tu primer amor,
en la promesa de tu matrimonio,
en el regalo puro del nacimiento de tus hijos.
Estuvo en el beso a tu padre
y en el silencio que no entendía a tu madre.
¡En todo estaba Él!

¡Oh, Señor!
Te pido la fuerza de la cruz, toda tu fuerza,
para amar sin medidas, hasta el fondo;
para que, si caigo mil veces,
mil veces me levante con gozo, confiando en tu perdón;
para que, vaciándome de todo egoísmo,
Tú seas en mí fuente de paz;
para salir al encuentro de mi hermano pobre,
y servirte con gozo en su rostro.

Señor, solo te pido una cosa:
Que tu sueño de amor se cumpla en mí ahora,
para que yo también pueda amar la obra que Tú tanto amas.

¡Amén!
¡Alabado sea mi Señor!

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“El hogar no es un lugar. El hogar es un acto de fe“, por Yolanda Chávez

viernes, 5 de septiembre de 2025
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Del blog Tras las huellas de Sophia:

“No tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura.”
(Heb 13,14)

El desplazamiento es una herida universal. No se trata únicamente de perder una casa o dejar una tierra: es la intemperie en el alma, la sensación de no tener dónde reposar la cabeza ni dónde guardar la memoria. En medio de esa intemperie, surge la pregunta inevitable: ¿dónde está Dios cuando el hogar se vuelve escombro, frontera cerrada o silencio impuesto?

Hoy más de 123 millones de personas en el mundo han sido forzadas a dejar su lugar de vida. En Sudán, la guerra civil ha empujado a más de doce millones a huir, muchos de ellos por segunda o tercera vez. En Gaza, hay familias que han tenido que escapar hasta once veces de sus hogares destruidos. En los campamentos de Bangladés, más de un millón de rohinyás siguen confinados sin derechos, viviendo un exilio interminable. Y en Siria, Afganistán o Ucrania, generaciones enteras han crecido con la condición de refugiados como única herencia.

Ante estas cifras que parecen infinitas, la fe podría marchitarse. Y sin embargo, en medio del éxodo, la fe resiste. Brota en una oración susurrada bajo una lona improvisada, en el canto que desafía el miedo, en la memoria de una tierra que se convierte en liturgia del corazón. Es la fe del Dios del Éxodo y de Rut, el Dios que camina con los pueblos migrantes y hace de su vulnerabilidad un lugar de revelación.

Yo misma he experimentado el desarraigo. No escribo desde la teoría sino desde las manos que han empacado vidas enteras en cajas, desde la mirada que se ajusta a un horizonte nuevo y desde la pérdida de un suelo que parecía firme. He descubierto, sin embargo, que el desplazamiento no es solo vacío: es también un espacio teológico, un umbral en el que Dios se manifiesta en el quiebre y en el lamento. El lamento no es derrota, sino la oración más sincera del corazón despojado.

Ya no pongo mi esperanza en la institución eclesial. Demasiadas veces se queda como espectadora, distante del dolor real. El llamado hoy no es para ella, sino para nuestras conciencias. El desplazamiento nos obliga a repensar qué significa hogar, tierra y pertenencia. Ya no se trata de geografías ni de pasaportes, sino de algo más radical: pertenecer desde el propio cuerpo, desde la experiencia vivida. Soy quien soy, no por el lugar donde vivo, sino por lo que vivo.

Esa es quizá la raíz de la fe en tiempos de desplazamiento: reconocer que el único suelo firme es nuestra existencia, con sus heridas y sus luces. Creer no significa tener certezas, sino caminar descalzas en medio de las ruinas y aun así cantar. Encender pequeñas hogueras en la intemperie, allí donde parece no quedar nada.

En la fe en tiempos de desplazamiento no hay tierra prometida. Hay camino. No asegura casa, sino compañía. No garantiza fronteras abiertas, pero sí la certeza de que Dios mismo se desplaza con su pueblo hasta que todos tengan la dignidad de un lugar donde habitar.

Sin pertenencia, soy raíz en el viento, Dios me sostiene.

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Todo está siempre comenzando de nuevo.

jueves, 4 de septiembre de 2025
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

Todo está siempre comenzando de nuevo, en medio de confrontaciones, dudas e inseguridades:

“Comienzo el año en que cumplo medio siglo no teniendo totalmente claro lo que hago, porque todo está siempre comenzando de nuevo. Si todo en mi vida permanece indefinido en alguna medida (aunque esté superficialmente definido), lo acepto como algo bueno. También como algo serio y quizá preocupante, siempre orientado hacia posibilidades, aunque debo reconocer que muchas de las posibilidades son tan ilusorias o imposibles que no merece la pena tenerlas en consideración. Y en ocasiones no sé cuál tener en consideración y cuál no”

*

Thomas Merton, Diarios, enero 1964.

João Pedro Rodrigues, El ornitólogo, (Paul Hamy), 2016, Fotografía Rui Poças2

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“Eucaristía cósmica”, por Fernando Bermúdez López

jueves, 4 de septiembre de 2025
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De su blog Por un mundo más humano:


La Eucaristía se vive y se extiende más allá del templo. Se proyecta en el espacio hasta abarcar todo el cosmos y se prolonga en el tiempo hasta alcanzar las generaciones pasadas, presentes y futuras de creyentes y no creyentes.

Esta reflexión es fruto de ocho días de silencio, meditación y contemplación en  torno a «La Misa sobre el mundo» de Teilhard de Chardin, jesuita, doctor en Ciencias Naturales, filósofo, místico y poeta, científico y pensador.  Teilhard había vivido de lleno los horrores de la primera guerra mundial, trabajando de camillero, recogiendo heridos, prestándoles los primeros auxilios físicos y espirituales y conduciéndolos al hospital de campaña.

En 1923 se encontraba en el desierto de Gobi entre China y Mongolia. En medio de su trabajo como paleontólogo, en un arrebato místico, redacta el texto “La Misa sobre el Mundo”. Deseaba celebrar la Eucaristía. No tiene ni pan ni vino. No tiene altar ni mesa. Sentado en una roca celebra la eucaristía sobre el mundo.  Ofrece como víctima, en el altar de la tierra entera, el trabajo y el dolor de toda la humanidad.

Contempla en su imaginación la hostia consagrada como una presencia que se extiende y se adentra en toda la creación. El mundo se convierte en una gran hostia. Teilhard sentía que todo se transforma en el cuerpo y sangre de Cristo.

La Misa sobre el mundo es una Eucaristía cósmica. Es la celebración que se extiende más allá del templo. Se proyecta en el espacio hasta abarcar todo el cosmos y se prolonga en el tiempo hasta alcanzar las generaciones pasadas, presentes y futuras de creyentes y no creyentes, como señala mi amigo Juan Fernández de la Gala. Toda la Naturaleza, todo el universo es templo de Dios, un templo inmensamente más bello que las artísticas catedrales y basílicas que los hombres puedan construir. El corazón de la naturaleza es el templo de Dios.

Y vio Dios que todo los que había hecho era bueno” (Gn 1,31). Todo fue creado por él con sabiduría infinita. De ahí, el canto y el encanto y el agradecimiento de todo cuanto existe. Seres humanos y animales del campo, aves y peces, plantas, árboles y flores, montañas y nubes, ríos, lagos y mares. Toda la creación canta a su Creador. “Laudato si”, entonaba el papa Francisco.

Canta de día el hermano sol y de noche la hermana luna. Y todas las estrellas, galaxias y planetas del universo lanzan sin fin cánticos de alabanza al Creador, Espíritu eterno que todo lo recrea. La belleza de infinidad de estrellas flotando en el universo refleja la presencia de Dios. El cosmos no es polvo de elementos inconscientes sino algo profundamente vivo y dinámico. Tiene alma. En él late la eternidad de Dios, la plenitud del Amor, reflejado en el Cristo cósmico. “En el principio era el Verbo… Todo se hizo por él” (Jn1,1-2) y es la plenitud de todo lo creado. En su muerte en la cruz da sentido al sufrimiento y muerte de todos los seres de la creación y en su resurrección los resucita a una nueva vida (Rm 8, 20-23).

Cuando Jesús dice: “Tomad, amigos míos, esta es mi carne, esta es mi sangre. Comed y bebed”. Este pedazo de pan es el cuerpo de todo el universo. “Si Cristo es el cuerpo de Dios, el pan que ofrece es también el cuerpo del cosmos. Mira profundamente y descubrirás en la luz del sol el pan. Verás en el pan el cielo azul, en las nubes, en los árboles, en las montañas verás el pan. En el acto eucarístico hay una divinización del universo entero. El universo se hace carne y sangre de Cristo”.

El Universo, inmensa Hostia, se ha convertido misteriosa y realmente en el cuerpo de Cristo. Todo lo que existe se ha encarnado en Dios”. Teilhard de Chardin consideraba a Dios como el infinito inabarcable, pero al mismo tiempo tan cercano como un Padre y Madre. Los seres humanos y toda la creación vivimos en el medio divino sostenido por el Amor, que es el Alfa y Omega del universo, el Cristo cósmico, encarnado en la creación entera. Cristo está enraizado en el mundo hasta el corazón del átomo más pequeño.

La Eucaristía trasciende el rito y la liturgia. “La Eucaristía es, sobre todo, la existencia en comunión con el cosmos, celebrada sobre el altar del mundo, porque la Hostia es semejante a un hogar encendido desde donde se irradia y propaga la llama divina”. Participamos de una gran Eucaristía cósmica, que culminará en cada uno de nosotros cuando, en el Punto Omega de nuestra historia individual, nos acerquemos a la comunión definitiva. Una comunión cósmica que atraviesa la evolución de la humanidad y el sentido del tiempo y se abre a la esperanza escatológica.

La Eucaristía contiene una dimensión profundamente comunitaria. Es comunión con los hermanos y hermanas. En toda celebración eucarística sobre el mundo nunca estamos solos aunque físicamente lo estemos. Porque al faltar la presencia física de la comunidad, nos abrimos a toda la humanidad y a todo lo creado. Es una comunión cósmica.

En el contexto de un mundo en guerra contra la vida, necesitamos más que nunca la sabiduría y la mística de comunión que abraza la materia en su más profunda hondura y se compromete con ella para poner en el centro la Vida, con toda su plenitud y su misterio”, señala la teóloga Pepa Torres.

La custodia que contiene el cuerpo de Cristo es el Universo y dentro de éste, la humanidad sufriente. Cristo está enraizado en el mundo hasta el corazón del átomo más pequeño y, sobre todo, en el ser humano más excluido y olvidado. Es por eso que cuando contemplamos la sagrada Hostia en una resplandeciente custodia de oro, podemos sentir que Cristo nos dice: Sacadme de aquí. Este no es mi lugar. Yo estoy en los pobres, en los niños hambrientos, en los migrantes y refugiados, en las víctimas de las guerras y en los que luchan por una nueva humanidad de justicia, paz y fraternidad. Ahí es donde yo estoy.

Hoy, en la Eucaristía sobre el mundo, contemplamos el cuerpo y sangre de Cristo, no en una custodia dorada como un sol radiante, sino entre escombros y llantos en la asolada Gaza. Es ahí donde encontramos el cuerpo del Cristo, mutilado, ensangrentado, hambriento y asesinado. Yo me pregunto si los cristianos logramos descubrir la presencia real de Cristo en esta realidad.

La “Misa sobre el mundo” de Teilhard de Chardin me enseña que la celebración de la Eucaristía no es un acto cultual sino una realidad permanente que se vive interiormente en la vida. La Eucaristía no se oye. “Oír misa”, dicen algunos. La Eucaristía se vive. Abarca toda la actividad del día y hasta el descanso. Aquel gesto histórico-teológico de Jesús de Nazaret en la noche de jueves santo, hoy es una realidad vivencial mística y cósmica. En esa Cena se concentra y revela el contenido salvador de toda su existencia: su amor y fidelidad al proyecto de Dios Padre y su compasión y amor hacia todos los seres humanos, abriéndose a toda la Creación.

Sentado a la sombra de la higuera o de la morera del huerto percibo en silencio, en profundo silencio, que no hay palabras para describir la presencia eterna de Cristo dándonos el pan y el vino para compartirlo en comunión con los pobres de este mundo. Y nos dice:  «Haced esto en memoria mía«. Hacer memoria de Cristo Jesús consiste en adentrarse en sus sentimientos más profundos, en una memoria permanente, no como recuerdo sino como presencia y compromiso.

No necesitamos cálices ni copones, ni incienso, ni agua bendita, ni velas, ni ropajes romanos. Es una predisposición del alma que abraza el pasado, el presente y el futuro con todas nuestras debilidades y nuestras luchas por un mundo nuevo, en el seguimiento de Jesús. La Eucaristía es una presencia existencial que abarca toda la vida y traspasa la inmensidad del universo. Todo cuanto existe evoluciona hacia el Punto Omega, plenitud del reino eterno de Dios.

Esta es la Eucaristía sobre el mundo. La única. No hay muchas misas. Es una sola, la de Cristo. Todo bautizado, esté donde esté, puede adentrarse y vivir la Eucaristía sobre el mundo. El cuerpo y sangre de Cristo están encarnados en la humanidad. Toda nuestra vida es una Eucaristía en la medida que somos uno con Cristo, glorificando a Dios.

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre y Madre creador del Universo, en unidad         del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria.

Pablo, en un éxtasis de acción de gracias y de adoración, exclama: “De Cristo, por Él y para Él existe todo. A Él la gloria eterna” (Rm 11,36).

En la Eucaristía percibo que Dios todo lo hace nuevo y encuentra sentido el sufrimiento humano. La sangre de Cristo es la sangre de las víctimas inocentes y de los mártires. La muerte de todos aquellos hombres y mujeres que, a lo largo de la historia cayeron víctimas de la injusticia o soñando en un mundo más justo y fraterno, encuentra sentido en la muerte de Cristo Jesús. Su resurrección es la resurrección de la humanidad, la resurrección de la verdad, de la vida y del amor.

En medio de los ruidos de este mundo neocapitalista que ahogan el espíritu, en medio de las ambiciones de poder y de riqueza, en medio de las guerras y genocidios y de la deshumanización en la que vivimos, escuchamos en el silencio del alma el himno de la creación. Entrar en la naturaleza y sentirse parte del universo es entrar en el templo de Dios y en este templo percibimos que la última palabra sobre este mundo no la tiene la muerte sino el Dios de la vida. Esta vivencia es el sostén de nuestra esperanza. Y desde esta experiencia esperanzadora percibimos a cada criatura cantando el himno de su existencia.

Todo canta al Espíritu Creador. Canta a Dios la vida de la naturaleza, el silencio del desierto y la música del viento. Descubrimos su presencia en el canto de la fuente que brota al pie de la montaña y en el río que discurre por la vega buscando el mar. Descubrimos su presencia en los pájaros que saltan entre las ramas de los árboles, mirlos, gorriones y ruiseñores. Y en todos los animales de la tierra. También en las culebras que salen de entre los cañaverales del río. Todos los seres viven y quieren vivir y viviendo cantan al Creador.

Y sobre todo, descubrimos a Dios en la humanidad sufriente, en los niños y niñas bombardeados en Gaza y en las madres palestinas abrazando a sus hijos muertos, ametrallados y en todos los hambrientos de la tierra. Descubrimos a Dios en los migrantes y refugiados que abandonan su tierra en busca de una vida digna, arriesgando sus vidas atravesando desiertos y metidos en cayucos donde muchos mueren ahogados en el mar. ”Fui forastero y me acogisteis”, dice Dios. Proclamamos con el arzobispo emérito de Tánger, Santiago Agrelo, que los que llaman a nuestras puertas no son extraños, son hermanos, son Cristo Jesús, quien dijo que lo que se haga con uno de ellos con él se hace (Mt 25, 31 y ss). Por eso nos duele y no nos deja indiferentes los discursos de odio de aquellos políticos de la ultraderecha criminalizando a los llaman a nuestras puertas.

Descubrimos al Dios Padre y Madre de misericordia, ofreciendo perdón a los que reconocen sus pecados y debilidades y se comprometen por un cambio personal y estructural.

Dios se nos hace presente en todo. En el silencio, lejos de los ruidos, escuchamos y saboreamos los cánticos del universo y la presencia resucitada del Cristo cósmico, sentido de la historia humana y plenitud de la creación.

Toda la creación, con todos los seres humanos, estamos en el corazón de Dios. En él vivimos, nos movemos y existimos. Su presencia nos envuelve, encendiendo en nosotros un estado permanente y profundo de adoración y acción de gracias.  Así vivimos la Eucaristía cósmica.

¡Laudate omnes gentes, laudate Deum!

Julio 2025 [U1]

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El Dios que Susurra…

jueves, 4 de septiembre de 2025
Comentarios desactivados en El Dios que Susurra…

El Ministerio New Ways Ministry ofrece una serie de reflexiones bíblicas para personas LGBTQ+ y sus aliados, titulada Journeys.” (Viajes). Estos recursos son ideales para la reflexión individual, para conversar con un amigo o consejero espiritual, o para la reflexión comunitaria en una parroquia, escuela u otra comunidad de fe.

Hoy comenzamos una nueva entrega de la serie basada en la llamada de Elías, que se encuentra en 1 Reyes 19:3-15. Este ejercicio reflexivo se encuentra en la página «Journeys” (Viajes) del sitio web del Ministerio New Ways. Allí encontrará un botón para descargar el texto en formato PDF.

Oramos para que estos recursos le ayuden en su camino personal con Dios.

Si desea compartir sus ideas con otros lectores de Bondings 2.0, no dude en publicar sus respuestas en la sección «Comentarios» de esta publicación.

El Dios que Susurra

Introducción

Elías, profeta del antiguo Israel, se encuentra en el punto más bajo de su vida: solo, asustado y desesperanzado. Desesperado, pide morir. En lugar de honrar su deseo de morir, Dios responde a su profunda necesidad de esperanza y seguridad. El «mensajero» de Dios —quizás un ángel o un desconocido— cuida con ternura a Elías, le fortalece y lo invita a un lugar santo. En el monte Horeb, Elías habla con Dios, explicándole repetidamente su situación y expresando su frustración. Finalmente, Elías escucha a Dios susurrar en el silencio, dándole un plan y un propósito.

Esta historia revela a un Dios bondadoso y paciente que se presenta de maneras inesperadas cuando nos encontramos en nuestro punto más bajo. Dios se acercó a Elías a través de la bondad de un desconocido, que bien podría haber sido un ángel, brindándole una buena comida y un momento de tranquilidad en la naturaleza. A través del ejemplo de Elías, podemos aprender a escuchar la voz de Dios en la quietud de nuestro corazón.

***

1 Reyes 19:3-15

Elías tuvo miedo y huyó para salvar su vida, rumbo a Beerseba de Judá. Dejó allí a su criado y recorrió un día de camino por el desierto, hasta que llegó a una retama solitaria y se sentó bajo ella. Oró pidiendo la muerte:

– «¡Basta, Señor! Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados».

Se acostó y se durmió bajo la retama solitaria, pero de repente un mensajero lo tocó y le dijo:

– «¡Levántate y come!».

Miró y vio a su cabecera una torta de pan y una jarra de agua. Después de comer y beber, se volvió a acostar, pero el ángel del Señor regresó por segunda vez, lo tocó y le dijo:

– «¡Levántate y come, o el viaje será demasiado largo para ti!».

Se levantó, comió y bebió; luego, fortalecido por esa comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, Horeb.

Allí llegó a una cueva, donde se refugió. Pero la palabra del Señor vino a él:

– «¿Por qué estás aquí, Elías?».

Él respondió:

– «He sido muy celoso por el Señor, Dios de los ejércitos, pero los israelitas han abandonado tu pacto. Han destruido tus altares y asesinado a espada a tus profetas. Solo yo he quedado, y buscan quitarme la vida».

Entonces el Señor dijo:

– «Sal y ponte en el monte delante del Señor; el Señor pasará».

Hubo un viento fuerte y violento que azotaba las montañas y trituraba las rocas delante del Señor, pero el Señor no estaba en el viento; tras el viento, un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto; tras el terremoto, fuego, pero el Señor no estaba en el fuego; tras el fuego, un sonido leve y silencioso.

Al oír esto, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se detuvo a la entrada de la cueva. Una voz le dijo:

– «¿Por qué estás aquí, Elías?».

Él respondió:

– «He tenido gran celo por el Señor, Dios de los ejércitos, pero los israelitas han abandonado tu pacto. Han destruido tus altares y asesinado a espada a tus profetas. Solo yo he quedado, y buscan quitarme la vida».

El Señor le dijo:

– «¡Regresa! Toma el camino del desierto hacia Damasco. Cuando llegues, ungirás a Hazael como rey de Siria».

***

PARA LA REFLEXIÓN

1.- Como persona LGBTQ+ o aliado, ¿cuándo has experimentado desesperación, depresión o la tentación de rendirte? ¿Cómo te nutrió y cuidó Dios durante ese tiempo?

2.- Elías viajó 40 días y 40 noches a pie para llegar a un lugar santo, el Monte Horeb. ¿Cómo ha sido tu camino de fe como persona LGBTQ+ o aliado? ¿Qué estímulos y desafíos has encontrado en el camino?

3.- ¿Cómo responderías a la pregunta de Dios a Elías: «¿Por qué estás aquí?» (Siéntete libre de interpretar «aquí» como te resulte relevante).

4.- ¿Adónde vas para escuchar la voz de Dios con más claridad?

5.- Elías descubrió la voz de Dios, no en el dramático terremoto o incendio, sino en el silencio. ¿Qué tiempo tienes en tu día o semana para el silencio, lejos de las distracciones y la tecnología? ¿Cómo podrías dedicar más tiempo a escuchar la voz de Dios en silencio?

6.- Al final de este pasaje, Elías recibe instrucciones muy claras de Dios sobre qué hacer a continuación. Estas instrucciones le devuelven el sentido de propósito que había perdido. ¿A qué podría estar Dios llamándote?

7.- ¿Cómo te identificas con esta historia como persona LGBTQ+ o aliado?

***

ORACIÓN

Escucha la buena nueva del amor de Dios por nosotros;
no en el terremoto, ni en las tormentas, ni en las obras poderosas,
sino en el silencio, en la caricia suave, en la lluvia silenciosa.
Dios dice,
de nuevo:
Eres mi Amado. Te amo”.

~ escrito por Katherine Hawker (1995) y publicado en Liturgias al Aire Libre. http://liturgyoutside.net/CPr5.html

(Disponible en https://cmbs.mennonitebrethren.ca/worship_resources/elijah-and-the-still-small-voice/)

***

VIDEO DE MEDITACIÓN

Practica escuchar a Dios en el silencio, como lo hizo Elías. Si queremos encontrarnos con Dios, debemos crear un espacio para el silencio en nuestras vidas, lejos de la distracción de nuestras listas de tareas, pantallas y otros estímulos. La meditación es una forma de cultivar esta quietud interior.

Este video comienza con una meditación audioguiada de siete minutos. Te guiará en el proceso de aquietar tu mente y tu corazón, usando la historia de Elías que acabas de leer. A esto le siguen cinco minutos de silencio.

Meditación guiada “La Voz Apacible y Suave” para la calma y la paz

( https://www.youtube.com/watch?v=ML4hRn2I-q4  )

Ariell Watson Simon, New Ways Ministry, August 26, 2025

Fuente New Ways Ministry

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Oración al Cristo que habita en mí. – La Humildad que es solo grito de tierra.

miércoles, 3 de septiembre de 2025
Comentarios desactivados en Oración al Cristo que habita en mí. – La Humildad que es solo grito de tierra.

Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

| Alfonso Olaz OFS

Oh, Señor mío!

Que sienta en mi corazón…
y en mi cuerpo…
el fuego de tu amor,
tal como Tú lo sufriste por nosotros. ( S.Francisco de Asis)

Te ruego, Señor…
por dos gracias: presencia y entrega.

¿Por qué te busco en los templos…
si habitas dentro de mí?

Y si te hallo en la calle…

¿Por qué me hago ausente,
sin reconocerte en mi propio corazón?

Hermano mío…

¿Qué guardas en tu interior?

Acudes al templo con prisa…
como quien corre tras un minuto perdido…
como quien enciende luces sin fuego…
como quien da amor sin alma.

¡Y dentro de ti… no me reconoces!

¡Y en la calle… no existo para ti!

Día tras día…

Año tras año…
tu corazón soporta lo que le das…
y lo que le quitas.

¿A qué Cristo dices que buscas…
si ni en la calle ni en el templo lo hallas?

Te pide beber…
y le das vinagre.

Te pide comer…
y le dejas vacío.

Al pobre que se llama Jesús…
que mora en lo más íntimo de ti…
no lo atiendes…
y solo una vez al año le das pan.

Señor…
ayúdame a conocer al pobre que habita en mi interior.

Que pueda mirarlo…
y aceptarlo sin temor.

Para que, amando al pobre que soy…
pueda amar al pobre de Jesús.

Si no amo al pobre dentro de mí…
no podré amar al que no veo.

¿Cómo amar a Dios…
al que no veo…
si antes no amo al pobre que habita en mi alma?

No me dejes engañarme, Señor…

No puedo decir que creo en Jesús…
si no creo en el pobre que mora en mí.

No podemos amar al Jesús de los templos…
si ignoramos al Jesús vivo dentro de nosotros.

Hermano mío…

¿En qué Jesús crees?

¿En el que ignoras?

¿En el que rehúsas buscar con sincero corazón?

¿En el pobre que vive dentro de ti…
o en el que yace crucificado ante ti?

La sombra de la cruz…
nos alcanza más que la cruz misma…

¡Él está!

Y en Él…
¡cuánto mal vivimos cada día!

En nuestro trabajo…
en la familia…
en la vida pública…
en el descanso…
y en el ocio.

Señor…

Enséñame a amar con corazón…
a dar de beber al sediento que habita conmigo
a alimentar al hambriento…
a vestir al desnudo…
pero sobre todo…
a atender primero a Jesús, pobre de mi pobreza.

Dale de beber…

Dale de comer…

Cúbrelo con mi mejor vestido…

Y después de esto, Señor…

Hazme tu amigo…
para seguirte fielmente…
convertido y humilde.

Del Evangelio a la vida…
de la vida al Evangelio.

***

La Humildad que es solo grito de Tierra
Francisco no tenía nada. Y por eso lo tenía todo.

Se hizo pequeño, más pequeño que los granos de arena
que el viento barre sin que nadie los nombre.

Se hizo silencio en medio del ruido de los mercaderes,
grieta en los muros de la vanidad,
sombra que se borra al mediodía.

¿Tú? ¿Sigues contando tus méritos como monedas?
¿Sigues midiendo tu santidad con varas de prestigio?

El Poverello se desnudó.
No solo de ropas,
sino de títulos, de seguridades, de ese «yo»
que pesa tanto y vale tan poco.

Se despojó hasta quedar en pura necesidad,
en puro grito de tierra sedienta.
Porque solo el vacío es habitación para el Infinito.

Se inclinó ante los leprosos,
no por virtud,
sino porque sabía
que en los últimos estaban las llaves del Reino.

Besó las manos deformes,
lavó los pies sucios, se sentó en el polvo con los que el mundo escupe.

¿Y tú? ¿Aún temes mancharte?

La humildad
no es una virtud de santorales bien pintados.

Es revolución.

Es subversión del ego.

Es derribar los altares que nos hemos construido-
y dejar que Dios crezca en nuestras ruinas.

Francisco no pidió seguidores.

Quiso hermanos.

No quiso poder, sino servicio.

No quiso ser visto, sino ser puente.

¿Entiendes ahora por qué la verdadera humildad quema tanto?

El humilde no dice «soy nada».

Dice «Dios es todo».

Y se desvanece, como el rocío al amanecer.

¿Te atreves a evaporarte?

***

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Descansar en Ti.

martes, 2 de septiembre de 2025
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Descansar en Ti,
a la sombra,
junto al arroyo,
sintiendo la brisa
y con la cabeza en tu hombro.

Descansar en Ti,
sin temores,
sin nostalgias,
sin sucedáneos,
sin ansias, enamorado.

Descansar en Ti,
gozando el momento,
libre de atillos y cargas,
sin prisas para nada
y soñando esperanzas.

Descansar en Ti,
serenamente,
ahora y a cualquier hora,
hasta habituarme
al gozo y a la gracia que me donas.

¡Descansar en Ti
después del éxito
o del fracaso
y compartir gratuitamente
tus más íntimas emociones!

Descansar en Ti,
y darte gracias,
con palabras o sin ellas,
por tu presencia solidaria
en la gente sencilla y llana.

¡Descansar en Ti!

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

***

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Sobre el futuro del cristianismo: la cuarta hipótesis (Maurice Bellet)

martes, 2 de septiembre de 2025
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De su blog Umbrales de Luz:

 ¿Tiene futuro el cristianismo? Este es el tema que desarrolla Maurice Bellet en una obra titulada La cuarta hipótesis. Sobre el futuro del cristianismo (nota 1). Maurice Bellet, sacerdote, teólogo, filósofo y psicoterapeuta, siguió un camino muy original en el universo cristiano. Libro tras libro, trazó nuevos caminos lejos de los debates trillados en los que con demasiada frecuencia se estanca el catolicismo contemporáneo.

Nos invita a una experiencia de amanecer, de conmoción de todo el ser por una ‘buena nueva’ que nos arranca de la tristeza y la muerte. Si la palabra Evangelio tiene algún sentido, solo puede ser el de un acontecimiento nuevo, inesperado, radicalmente ‘bueno’ y no algo aburrido y repetitivo. Ciertas formas de educación religiosa pueden ser el peor obstáculo para que haya ‘buena nueva’, al contribuir a evitar que cada uno experimente personalmente una palabra nueva. Bellet escribe: El Evangelio es por naturaleza lo inaudito, lo aún no escuchado. Es de todos los tiempos. Sin embargo, el nuestro da un vigor particular a este inaudito. Hay una desinstalación con respecto al cristianismo establecido; una confrontación con el poscristianismo; una relación con lo extremadamente extraño (…). La fuerza del Evangelio es anunciar que el camino de cada uno es su camino, porque es a él a quien se dirige la palabra, esa palabra que desata la instalación y lleva a lo lejos: ‘No sabes adónde va’ (nota 2).

Las religiones son las lenguas maternas del sentido de la existencia. No son garantías automáticas. A quienes se proclamaban descendientes de Abraham, Cristo les respondió: De estas piedras, Dios puede hacer hijos de Abraham. Ninguna herencia religiosa, ninguna educación, ningún azar de nacimiento puede dispensar de una conversión. Cristo no es tanto el fundador de una nueva religión como aquel que nos invita a cuestionar radicalmente todas nuestras religiones de nacimiento en una aventura personal. A quienes quieren encerrarlo en la descendencia abrahámica, él responde: Antes de que Abraham existiera, yo soy”. Todo hombre debe pronunciar algún día, a su manera, esta frase con la que no se reduce a su historia y a su geografía para reconocer el don de la filiación divina y de la fraternidad universal.

No hay acceso a lo esencial sin la experiencia de Abraham: abandonar lo que se conoce para ir hacia lo que no se conoce. Desde este punto de vista, Maurice Bellet muestra que la relación crítica que vivieron los primeros cristianos con la institución religiosa de la época es constitutiva del enfoque evangélico. Para quien vive la experiencia nueva de la Palabra, el cristianismo instituido puede aparecer, según Maurice Bellet, como el análogo de lo que fue el judaísmo establecido en la época de los primeros cristianos (nota 3).

Plantea varias hipótesis para el futuro del cristianismo:

1) El cristianismo desaparece, y con él el Cristo de la fe. Se cumple el acontecimiento anunciado por la crítica de los siglos XVIII y XIX. Solo quedan las obras de arte y los trabajos de los historiadores.

2) La disolución del cristianismo. No se destruye propiamente, pero lo que ha aportado a la humanidad se convierte en bien común y se le escapa. El cristianismo se disuelve en los derechos humanos y en un espiritualismo indiferenciado.

3) El cristianismo continúa como antes. Se conserva, se restaura, se restablece. Continúan las disputas internas cuyo objetivo esencial es la institución y su control.

4) Bellet elige una cuarta hipótesis. Sí, hay algo que termina, inexorablemente. Es un determinado sistema religioso histórico. Es, dice Bellet, el fin del cristianismo, si se trata de uno de esos ismos que caracterizan la modernidad: idealismo, marxismo, materialismo, existencialismo, etc. Pero este fin de un sistema histórico abre la posibilidad de un despertar de resurrección: Un hombre vino entre nosotros, uno entre todos los demás, y se le concedió atravesar lo imposible, transgredir lo evidente: la evidencia de la muerte. Así que descendió hasta lo más profundo de lo profundo, hasta perder a Dios: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Murió, lo matamos. Algunos afirman que está vivo. Es la afirmación inaudita de una humanidad que se atreve a preferir la vida a la muerte. (…) ¿Cómo conoceré a este Cristo de forma viva y concreta? ¿Dónde si no es en ese ágape, ese amor entre hermanos del que el apóstol Juan se atreve a decir que quien ama así ha nacido de Dios y conoce a Dios? Asimismo, Pablo declara en la primera epístola a los Corintios (cap. 13) que todo pasará, incluida la fe, solo permanecerá el ágape para la eternidad. Y es por eso que la vida eterna ya está aquí, en esta resurrección en la que hemos pasado del gusto por el asesinato al don de la vida” (nota 4).

Al final de su obra, Maurice Bellet nos indica un camino: Así se sigue lo que he llamado la cuarta hipótesis. Es sin juzgar el camino que otros pueden seguir. La gran Iglesia es la antisecta: hay diversidad de caminos, de estilos, de pensamientos. En cuanto a los maestros… ‘No llaméis a nadie padre o maestro’. Solo es Iglesia la formada por hermanos que se aman y se ayudan unos a otros (…) (nota 5).

La obra de Maurice Bellet es saludable para recordarnos que toda institución religiosa solo tiene sentido si invita a arriesgarse a ese segundo nacimiento del que Cristo hablaba a Nicodemo (Jn 3, 1-12).

Bernard Ginisty

(Publicado el 20 de agosto de 2025 por GARRIGUES ET SENTIERS. Espaces de liberté, de foi et de reflexión chrétiennes)

NOTAS:

1. Maurice BELLET (1923-2018): La quatrième hypothèse. Sur l’avenir du christianisme,  éditions Desclée de Brouwer, 2010.
2. Id. páginas 30-31.
3. Id. página 21.
4. Id. páginas 119-120. Este es el tema de la obra de Emmanuel TOURPE: À l’amour que vous aurez les uns pour les autres… Le dernier mot de Dieu, éditions Artège 2024, que recibió el gran premio católico de literatura 2025 otorgado por la asociación de escritores católicos de lengua francesa.
5. Id. páginas 108-109.

https://www.bernardginisty.com/chroniques-2025/

https://www.garriguesetsentiers.org/2025/08/sur-l-avenir-du-christianisme-la-quatrieme-hypothese-maurice-bellet.html?utm_source=_ob_email&utm_medium=_ob_notification&utm_campaign=_ob_pushmail

Agradezco a Bernard Ginisty este texto publicado el 20 de agosto de 2025 en GARRIGUES ET SENTIERS. Espaces de liberté, de foi et de réflexion chrétiennes, y retomado por Lucienne Gouguenheim en : https://nsae.fr/2025/08/23/sur-l-avenir-du-christianisme-la-quatrieme-hypothese-maurice-bellet/?utm_source=mailpoet&utm_medium=email&utm_source_platform=mailpoet&utm_campaign=newsletter-nsae_97
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“Gaza en una carta”, por Gabriel María Otalora.

martes, 2 de septiembre de 2025
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Anas Jamal al-Sharif con su hija Sham y su hijo Salah (Facebook Olive Palestine)

De su blog Punto de Encuentro:

Desde que Hamás estalló el último conflicto en la Franja de Gaza, Israel lo ha convertido en genocidio. Una de las consecuencias trágicas ha sido el asesinato de 237 periodistas por el ejército hebreo. Los últimos seis, el domingo 10 de agosto. Tampoco es para olvidar que no se ha permitido el acceso a la prensa internacional durante 22 meses.

Uno de los seis asesinados era Anas Jamal al-Sharif, un periodista de 28 años. Nacido en un campo de refugiados en el norte de Gaza, Sharif destacó informando en la cadena Al Jazeera, uno de los pocos medios internacionales que cuenta con reporteros locales en la Franja. Atesoraba un premio Pulitzer, el galardón más prestigioso de periodismo del mundo. Veía la muerte muy cerca, y eso le impulsó a escribir un impresionante testimonio que no ha tenido la repercusión que se merece.

Abro comillas: Esta es mi voluntad y mi último mensaje. Si estas palabras llegan a ustedes, sepan que Israel ha logrado matarme y silenciar mi voz. En primer lugar, que la paz sea con ustedes y la misericordia y las bendiciones de Alá (Dios). Alá sabe que dediqué todos mis esfuerzos y toda mi fuerza a ser un apoyo y una voz para mi pueblo, desde que abrí los ojos a la vida en los callejones y calles del campo de refugiados de Jabalia. Mi esperanza era que Alá prolongara mi vida para poder regresar con mi familia y mis seres queridos a nuestra ciudad natal, la ocupada Asqalan (Al Majdal). Pero la voluntad de Alá fue la primera, y su decreto es definitivo.

He vivido el dolor en todos sus detalles, he probado el sufrimiento y la pérdida muchas veces, pero nunca dudé en transmitir la verdad tal como es, sin distorsiones ni falsificaciones, para que Alá sea testigo contra aquellos que permanecieron en silencio, aquellos que aceptaron nuestro asesinato, aquellos que nos ahogaron y cuyos corazones no se conmovieron ante los restos dispersos de nuestros niños y mujeres, sin hacer nada para detener la masacre que nuestro pueblo ha sufrido durante más de un año y medio. Les confío Palestina, la joya de la corona del mundo musulmán, el latido del corazón de toda persona libre en este mundo.

Les confío a su pueblo, a sus niños inocentes y agraviados que nunca tuvieron tiempo de soñar o de vivir en seguridad y paz. Sus cuerpos puros fueron aplastados bajo miles de toneladas de bombas y misiles israelíes, destrozados y esparcidos por las paredes. Les suplico que no dejen que las cadenas, los silencien, ni que las fronteras los restrinjan. Sean puentes hacia la liberación de la tierra y su pueblo, hasta que el sol de la dignidad y la libertad se eleven sobre nuestra patria robada.

Les confío el cuidado de mi familia. Les confío a mi amada hija Sham, la luz de mis ojos, a quien nunca tuve la oportunidad de ver crecer como había soñado. Les confío a mi querido hijo Salah, a quien deseaba apoyar y acompañar a lo largo de su vida hasta que fuera lo suficientemente fuerte como para llevar mi carga y continuar la misión. Les confío a mi querida madre, cuyas benditas oraciones me llevaron hasta donde estoy, cuyas súplicas fueron mi fortaleza y cuya luz guio mi camino. Rezo para que Alá le conceda fuerzas y la recompense en mi nombre con la mejor de las recompensas. También les confío a mi compañera de toda la vida, mi amada esposa, Umm Salah (Bayan), de quien la guerra me separó durante muchos largos días y meses. Sin embargo, ella permaneció fiel a nuestro vínculo, firme como el tronco de un olivo que no se dobla, paciente, confiando en Alá y asumiendo la responsabilidad en mi ausencia con toda su fuerza y fe.

Les insto a que las apoyen, a que sean su apoyo después de Alá Todo poderoso. Si muero, muero firme en mis principios. Testifico ante Alá que estoy contento con Su decreto, seguro de encontrarme con Él y convencido de que lo que hay con Alá es mejor y eterno. Oh, Alá, acéptame entre los mártires, perdona mis pecados pasados y futuros, y haz que mi sangre sea una luz que ilumine el camino de la libertad para mi pueblo y mi familia. Perdóname si he fallado y reza por mí con misericordia, pues mantuve mi promesa y nunca la cambié ni traicioné.

No olviden Gaza… Y no me olviden en sus sinceras oraciones por el perdón y la aceptación. Anas Jamal Al-Sharif, 6 de abril de 2025. Cierro comillas.

Captura de pantalla, cadena Al Jazeera.

Desde noviembre pasado, Sharif estaba amenazado por militares israelíes que lo acusaban de ser militante de Hamás, afiliación que fue negada por el periodista y por la cadena Al Jazeera. La carta no parece escrita por un terrorista. Aún así, algún medio de comunicación de Madrid ha señalado tras el asesinato que “podía ser un terrorista de Hamás”, dejando en el aire la certeza. ¿Y los otros cinco asesinados con él?, ¿eran terroristas?

Juzguen ustedes tras la lectura de la carta que, a mi parecer, ayuda a reconciliarnos con el ser humano. Una denuncia profética en toda regla que se inspira en la búsqueda de la justicia de manera crítica y constructiva, y al mismo tiempo conciliadora. Y que venga del lado musulmán es una buena noticia.Y nuestro deber es divulgarla y repetir su mensaje hasta quedarnos roncos.

Espiritualidad, General, Islam, Judaísmo , , , , , , , ,

Y tú, ¿a cuántos has cedido tu puesto?

lunes, 1 de septiembre de 2025
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En estos tiempos con tantas brechas y diferencias,
indignación y protesta,
llenos de espacios protegidos
y basureros que se esconden,
de banquetes a lo grande
y comedores sociales,
de mansiones para perderse
y pisos que se pierden,
de desahucios sin contemplaciones
y fondos buitre…

En estos tiempos en los que vivimos,
o quizá solo malvivimos,
con trabajos precarios
y míseros salarios,
con derechos humanos
solo para unos privilegiados,
con emigrantes, exiliados, desplazados
y refugiados por todas partes,
con tanta gente silenciada
que no deja de oírse…

En estos tiempos que muchos aplauden
y otros desean que cambien,
con plazas y puestos que no se discuten,
poltronas y sillones para pagar favores,
corrupción en todas las sedes,
cajas B para reírse de la buena gente,
crisis para cargar a otros los desmanes,
cambios para que nada cambie
y trajes muy elegantes
para cubrir tanta podredumbre…

En estos tiempos, es hora de preguntarse
por nuestros puestos, leyes y dignidades:
Y tú, ¿cuántas veces has dejado el asiento a otro?
¿A cuántos has acogido sin juzgarlos por su aspecto?
¿A quiénes invitas a estar contigo?
¿Con quiénes compartes banquete y camino?
¿A quiénes abres tu corazón, casa y piso?
Y tú, ¿cómo te rozas con pobres y excluidos?
¿Para qué usas tus dones y títulos?
¿Has decrecido o sigues aferrado a tu sitio?…

En estos tiempos, Señor,
¡qué extraños resultan tus consejos
y el ser discípulo!

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

 

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Encontrando el Reino de Dios en un bar gay

lunes, 1 de septiembre de 2025
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La publicación de hoy (31 de agosto) es de Jim McDermott, escritor independiente de Nueva York.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el 22º Domingo del Tiempo Ordinario se pueden leer aquí.

Como sacerdote, nunca fui a bares gay. Aunque mi orden, los jesuitas, aceptaba muy bien a los hombres gay, ir a bares siempre me parecía ir demasiado lejos. Aunque solo iba a tomar algo, y no a ligar, ¿qué pasaría si alguien me veía allí? Conocía a hombres que habían sido ignorados para trabajos o tratados como objeto de escándalo simplemente porque los habían visto en algún sitio.

En retrospectiva, sin embargo, desearía haber salido como sacerdote. Cuando lo hice, a los 50, después de tomarme una excedencia de los jesuitas, con tanta inquietud tuve que obligarme a cruzar las puertas, obligarme a pedir una bebida, obligarme a hablar con alguien. El miedo era enorme. Las primeras veces que alguien coqueteó conmigo, me asusté tanto que prácticamente salí corriendo del bar.

Luego fui a Marie’s Crisis, un piano bar donde cantaban a coro en el West Village de Manhattan. Había descubierto el lugar en Facebook durante la pandemia, así que al entrar reconocía a la gente, al menos por su nombre, por haberlos visto en línea. El pianista a cuyos conciertos asistí durante el confinamiento se detuvo a abrazarme. Toda la experiencia fue como ese momento: yo en un lugar nuevo y, sin embargo, inmediatamente sintiéndome como en casa.

Marie’s y los amigos que hice allí me brindaron un espacio donde pude enfrentar algunas de mis propias ansiedades y homofobia internalizada, y me ayudaron a entender ser gay como motivo de celebración, una aventura feliz y, a menudo, divertidísima. Irónicamente, también me ayudó a encontrar una paz interior que me permitió escuchar y apoyar mejor a los demás, precisamente las habilidades que se buscan en un sacerdote.

Un piano bar gay en Londres.

Tanto la primera lectura como el Evangelio de la liturgia de hoy hablan de buscar la humildad en lugar de la autopromoción. En el Evangelio, Jesús, de hecho, anima a sus oyentes a ocupar siempre el último lugar en la mesa de una fiesta. Pero su objetivo no es la autohumillación. No dice que debamos aceptar que tenemos algo malo, como las personas LGBTQ han escuchado tan a menudo en la iglesia. Más bien, quiere que estemos en la mejor posición para experimentar la bienvenida e invitación de Dios. «Ve y siéntate en el último lugar», dice Jesús, «para que cuando el anfitrión venga a ti, te diga: “Amigo, sube a un lugar más alto».

Consideramos la Misa y otros sacramentos como lugares donde podemos experimentar ese tipo de aceptación y revelación, donde Dios nos llama y nos eleva. Pero podemos saborear los frutos de Sión en muchas otras mesas de nuestra vida, y también en bares, incluyendo algunos que otros podrían no entender o apreciar.

Dios no está atado por nosotros. El Espíritu se mueve donde quiere. Pero lo que está claro es que Dios quiere que nos coloquemos en posiciones y lugares donde podamos ser encontrados, bienvenidos y llamados a la fiesta.

Jim McDermott, 31 de agosto de 2025

Fuente New Ways Ministry

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Amigo, sube más arriba.

domingo, 31 de agosto de 2025
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*

“Nunca hagas alguna cosa solamente por dar ejemplo a otro, o ganar a otros, porque no sacarás de aquí sino pérdidas para ti.

Haz todas las cosas simple y suavemente, sin tener respeto a otra cosas sino a aplacer a Dios en ellas.

*

Juan de Bonilla,
De prudencia que se debe tener en el amor al prójimo

***

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.

Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola :

“Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: “Cédele el puesto a éste.”Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.

Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba.” Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.

Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.”

Y dijo al que lo había invitado:

“Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.

Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.

*

Lucas 14, 1. 7-14

***

¿Basta con estar convencidos de la misericordia de un Dios que perdona y de nuestra condición personal de pecadores para que se lleve a cabo la reconciliación? No. Falta aún una disposición, un valor que es nuestro o, al menos, es nuestro en cuanto debemos aceptar una invitación interior que viene de Dios […]. Sin conversión no hay reconciliación. La conversión del corazón, entendida como movimiento del hombre que se dirige hacia Dios, que se convierte, es decir, que se mueve hacia Dios con la conciencia de haberse alejado de Dios.

La conversión es un dar marcha atrás, un cambio de ruta, un cambiar la orientación de nuestra propia vida. El pecador es un fugitivo, alguien que vuelve la espalda al Señor, como un pródigo que se va hacia la ilusión de paraísos terrestres. La conversión es un volver a caminar hacia Dios dejando a nuestra espalda muchas ilusiones que se han vuelto amargas y muchas infidelidades que todavía pueden conservar la atracción de la seducción. Eso significa convertirse. No es, por consiguiente, un gesto que se realiza de una vez por todas, sino una actitud permanente de la vida. No nos convertimos el 25 de julio o el 3 de abril, sino que empezamos a convertirnos para no acabar nunca más. La conversión debe invadir todo el compromiso de la vida para ser realmente una actitud viva, una actitud que no hace la historia de ayer, sino que hace la historia de hoy.

Podríamos decir que la conversión es ese presente misterioso, totalmente animado por la gracia del Señor, que hace que, en nuestra vida, el pecado sea cada vez más un pasado, un pasado próximo, un pasado remoto. Algo superado, algo que hemos dejado a nuestra espalda, algo abandonado con el compromiso de la reconciliación, del misterio de la reconciliación, como lo llama el apóstol Pablo. Es el misterio que brota del designio salvífico de Dios, el reconciliador por excelencia, que quiere vivir de verdad en comunión con su criatura, el hombre.

*

Anastasio A. Ballestrero

***

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“Gratis”. 22 Tiempo ordinario – C (Lucas 14,1.7-14)

domingo, 31 de agosto de 2025
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Hay una «bienaventuranza» de Jesús que los cristianos hemos ignorado. «Cuando des un banquete, invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos. Dichoso tú si no pueden pagarte». En realidad se nos hace difícil entender estas palabras, pues el lenguaje de la gratuidad nos resulta extraño e incomprensible.

En nuestra «civilización del poseer», casi nada hay gratuito. Todo se intercambia, se presta, se debe o se exige. Nadie cree que «es mejor dar que recibir». Solo sabemos prestar servicios remunerados y «cobrar intereses» por todo lo que hacemos a lo largo de los días.

Sin embargo, los momentos más intensos y culminantes de la vida son los que sabemos vivir la gratuidad. Solo en la entrega desinteresada se puede saborear el verdadero amor, el gozo, la solidaridad, la confianza mutua. Dice Gregorio Nacianzeno que «Dios ha hecho al hombre cantor de su irradiación», y, ciertamente, nunca el hombre es tan grande como cuando sabe irradiar amor gratuito y desinteresado.

¿No podríamos ser más generosos con quienes nunca nos podrán devolver lo que hagamos por ellos? ¿No podríamos acercarnos a quienes viven solos y desvalidos, pensando solo en su bien? ¿Viviremos siempre buscando nuestro interés?

Acostumbrados a correr detrás de toda clase de goces y satisfacciones, ¿nos atreveremos a saborear la dicha oculta, pero auténtica, que se encierra en la entrega gratuita al que nos necesita? Ese seguidor fiel de Jesús que fue Charles Péguy vivía convencido de que, en la vida, «el que pierde, gana».


José Antonio Pagola

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