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Fiesta de la Trinidad. Ciclo C.

domingo, 15 de junio de 2025
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Andréi Rubliov, Trinidad (s. XV)


Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El ciclo litúrgico se abre con la venida de Jesús y culmina con la venida del Espíritu; el Padre está presente en todo momento. Es lógico que se dedique una fiesta en honor de la Trinidad. Para ella había que elegir textos que hablaran de las tres personas, al menos de dos de ellas. Pero no pretenden darnos una lección de teología sino ayudarnos a descubrir a Dios en las circunstancias más diversas. La primera, llena de belleza y optimismo, en los momentos felices de la vida. La segunda, incluso en medio de las tribulaciones, dándonos fuerza y esperanza. La tercera, en medio de las dudas, sabiendo que nos iluminará.

 

Dios presente en la alegría (Proverbios 8, 22-31)

Del Antiguo Testamento se ha elegido un fragmento del libro de los Proverbios que polemiza con la cultura de la época helenística: ¿cuál es el origen de la sabiduría? Para muchos, es fruto del pensamiento humano, tal como lo han practicado sobre todo los filósofos griegos. Frente a esta mentalidad, el autor del texto de los Proverbios afirma que la verdadera sabiduría es anterior a nuestras reflexiones y estudios; y lo expresa presentándola junto a Dios muchos antes de la creación del mundo, acompañándolo en el momento de crear todo.

Así dice la sabiduría de Dios:

«El Señor me estableció al principio de sus tareas,

           al comienzo de sus obras antiquísimas.

            En un tiempo remotísimo fui formada,

            antes de comenzar la tierra.

            Antes de los abismos fui engendrada,

            antes de los manantiales de las aguas.

            Todavía no estaban aplomados los montes,

            antes de las montañas fui engendrada.

            No había hecho aún la tierra y la hierba,

            ni los primeros terrones del orbe.

            Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo;

            cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo;

            cuando sujetaba el cielo en la altura,

            y fijaba las fuentes abismales.

            Cuando ponía un límite al mar,

            cuyas aguas no traspasan su mandato;

            cuando asentaba los cimientos de la tierra,

            yo estaba junto a él, como aprendiz,

            yo era su encanto cotidiano,

            todo el tiempo jugaba en su presencia:

            jugaba con la bola de la tierra,

        gozaba con los hijos de los hombres.

¿Por qué se eligió esta lectura? San Pablo, en la primera carta a los Corintios, dice que Cristo essabiduría de Dios (1,24). Y la carta a los Colosenses afirma que en Cristose encierran todos los tesoros del saber y del conocimiento (Col 2,3). Este fragmento del libro de los Proverbios, que presenta a la Sabiduría de forma personal, estrechamente unida a Dios desde antes de la creación y también estrechamente unida a la humanidad (gozaba con los hijos de los hombres) parecía muy adecuado para recordar al Padre y al Hijo en esta fiesta.

Dios presente en los sufrimientos (Romanos 5, 1-5)

Curiosamente, en este texto, que menciona claramente a las tres personas, los grandes beneficiarios somos nosotros, como lo dejan claro las expresiones que usa Pablo: hemos recibido”, “hemos obtenido”, “nos gloriamos”, “nuestros corazones”, “se nos ha dado. Él no pretende dar una clase sobre la Trinidad, adentrándose en el misterio de las tres divinas personas, sino que habla de lo que han hecho por nosotros: salvarnos, ponernos en paz con Dios, darnos la esperanza de alcanzar su gloria, derramar su amor en nuestros corazones. Para Pablo, estas ideas no son especulaciones abstractas, repercuten en su vida diaria, plagada de tribulaciones y sufrimientos. También en ellos sabe ver lo positivo.

Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Dios presente en las dudas (Juan 16, 12-15)

El evangelio también menciona a Jesús, al Espíritu y al Padre, aunque la parte del león se la lleva el Espíritu, acentuando lo que hará por nosotros:os guiará hasta la verdad plena”, “os comunicará lo que está por venir”, “os lo anunciará.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

            Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará

Pienso que el texto se ha elegido porque habla de las relaciones entre las tres personas. El Espíritu glorifica a Jesús, y todo lo recibe de él. Por otra parte, todo lo que tiene el Padre es de Jesús. Tampoco Juan pretende dar una clase sobre la Trinidad, aunque empieza a tratar unos temas que ocuparán a los teólogos durante siglos.

Para entender el texto conviene recordar el momento en el que pronuncia Jesús estas palabras. Estamos en la cena de despedida, poco antes de la pasión. Sabe que a los discípulos les quedan muchas cosas que aprender, que él no ha podido enseñarles todo. Surgirán dudas, discusiones. Pero la solución no la encontrarán en el puro debate intelectual y humano, será fruto del Espíritu, que irá guiando hasta la verdad plena.

Reflexión final

            En numerosas ocasiones, la liturgia repite la fórmula Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Es fácil caer en la rutina y rezarla mecánicamente. Hoy es el día más indicado para darle todo su valor, igual que a la recitación del Gloria, que se extiende en la alabanza del Padre y del Hijo (aunque al Espíritu solo lo menciona de pasada).

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Solemnidad de la Santísima Trinidad. 15 junio, 2025

domingo, 15 de junio de 2025
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Dice Jesús:

“Mucho me queda por deciros, pero no podéis con ello por el momento. Cuando llegue él, el Espíritu de la verdad, os irá guiando en la verdad toda, porque no hablará por su cuenta, sino que os comunicará cada cosa que le digan y os interpretará lo que vaya viniendo”

(Jn 16,12-15).

Compartimos con vosotras la alegría que esta comunidad de monjas trinitarias de Suesa tiene en esta jornada. Entra a borbotones el contento en un corazón cristiano en este día de la fiesta de la Santísima Trinidad.

¿Por qué? Sencillamente por el modo que Dios, nuestro Dios Trinidad, tiene de relacionarse con sus criaturas, con toda la creación y especialmente con el ser humano. En este día la creación entera desborda de gozo.

La fiesta de hoy, puede ser que la entiendan mejor las gentes sencillas. Quienes saben de cercanía, de bondad, de perdón para hacer la vida más bella, más en sintonía con nuestro Dios que se nos regala compartiendo con sus hijas lo que le es más consustancial: el AMOR.

Dios es amor (1 Jn 1). Y el amor, a todas nos gusta recibirlo. Ese amor que no sabe de fronteras. No sabe de listos y tontos, de ricos y pobres. No sabe de encasillados, de que yo soy más que tú, etc.

Mucho me queda por deciros, pero no podéis con ello por el momento”. Quizá lo que nos quiere decir Jesús con estas enigmáticas palabras es que serán los corazones sencillos quienes descubran al Espíritu, la Santa Ruah. Porque son las personas humildes las que mejor perciben: “que el Espíritu de la verdad, os irá guiando a la verdad plena”.

Pues, a esta Santa Trinidad celebramos, con Ella nos gozamos. Porque creemos en este Dios celebramos y descubrimos la vida más bella. Por eso ¡FELIZ DÍA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD!

Oración

Trinidad Santa,

que nos has hecho semejantes a Ti,

que tu Palabra expresada en Jesús, nuestro Maestro,

sea nuestro Camino, Verdad y Vida.

Guíanos con la luz de tu Espíritu,

haznos portadoras del mensaje del Amor.

Gloria al Padre, al Hijo y Espíritu Santo.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Con relación a nosotros Trinidad es unidad.

domingo, 15 de junio de 2025
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TRINIDAD (C)

Jn 16,12-15

De Dios ni podemos saber nada ni falta que nos hace. La necesidad de explicar a Dios es fruto de la racionalidad que siempre se identifica con mi falso yo. Tenemos que volver a la simplicidad del evangelio y utilizar un lenguaje sencillo, como hacía Jesús. Todo discurso sobre Dios tiene que ir encaminado a la vivencia, no a la razón.

El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao, el nombre que le podemos dar no es su verdadero nombre”. En nuestra teología hay una corriente apofántica que viene de muy lejos. San Agustín decía ya: si lo entiendes no es Dios. La analogía de la escolástica venía a decir lo mismo: todo lo digamos de Dios es literalmente falso.

Acudir a la revelación para justificar nuestro lenguaje sobre Dios no es más que una escapatoria pueril. Dios puede darse, pero no puede revelarse, porque es nuestra capacidad de comprensión la que falla, no la falta de información. Cualquiera puede vivir lo que Dios es, pero al meterlo en conceptos, esa vivencia queda desfigurada.

Pero, además, lo que la teología nos ha dicho de Dios Trino, se ha dejado entender por la gente sencilla de manera descabellada. Dios se manifiesta siempre como UNO. A nosotros solo llega la Trinidad, no cada una de las “personas” por separado. No estamos hablando de tres en uno, sino de una única realidad que es en sí misma relación.

Cuando se habla de la importancia que tiene la Trinidad en la vida cristiana, se está dando una idea falsa de Dios. Mi relación personal con Dios siempre será como UNO. En esta manera de hablar nosotros apropiamos a cada persona una tarea, pero todo en nosotros es obra del único Dios que es Espíritu.

Lo que experimentamos es que Dios es: Dios que es origen, principio, (Padre); Dios que se encarna (Hijo); Dios que se identifica con nosotros (Espíritu). Nos hablan de Dios que no está encerrado en sí mismo, sino que se relaciona dándose totalmente a todos y a la vez permaneciendo Él mismo. Un Dios que está por encima de lo uno y de lo múltiple.

Lo importante en esta fiesta sería purificar nuestra idea de Dios y ajustarla a la idea que de Él transmitió Jesús. Aquí sí que tenemos tarea por hacer. No podemos comprender a Dios, no porque sea complicado, sino porque es totalmente simple y nuestra manera de conocer es dividiendo y separando. Dios ni se puede ex-plicar ni com-plicar o im-plicar.

El Dios identificado con todos no es útil para ningún poder o institución. Pero debemos tomar conciencia de que ese es el Dios de Jesús. Ese es el Dios Espíritu, tiene como único objetivo llevarnos a la plenitud de la verdad-Vida, empujándonos a ser auténticos.

Lo que acabamos de leer del evangelio de Juan, es la experiencia de los cristianos que llevaban setenta años viviendo esa realidad del Espíritu haciéndose presente en la comunidad. Ellos saben que gracias al Espíritu tienen la misma Vida de Jesús.

Es el Espíritu el que haciéndoles vivir, les enseña lo que es la Vida. Esa Vida es la que desenmascara toda clase de muerte (injusticia, odio, opresión). La experiencia pascual consistió en llegar a la misma vivencia interna de Dios que tuvo Jesús.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Padre, Palabra y Viento

domingo, 15 de junio de 2025
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Jn 16, 12-15

«Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa»

En Nicea, un grupo de teólogos presuntuosos creyó poder meterse en la esencia de Dios y proclamó el dogma de la Santísima Trinidad. Abandonaron el estilo de Jesús, pensaron que con la razón podían acceder a la intimidad de Dios y se equivocaron; porque de Dios solo conocemos lo que Él nos ha dicho de sí mismo por medio de Jesús.

Además, el misterio de la Santísima Trinidad, tal y como está formulado, nos resulta a algunos muy poco interesante, y la razón es doble; por una parte, porque tanta erudición nos desborda, y por otra, porque no nos ayuda a vivir. No obstante, si trascendemos su formulación dogmática podremos descubrir la raíz evangélica que en él subyace, ya que en Jesús hemos descubierto que Dios es para nosotros Palabra, Padre y Viento.

Palabra. El punto de partida es siempre Jesús, porque el quicio fundamental de quienes nos llamamos cristianos es creer en Jesús visibilidad de Dios sin poner en duda su humanidad. Dios se nos da a conocer en Jesús y se comunica con nosotros a través de Jesús y, por tanto, creer en él es creer que, no solo sus dichos, sino toda su vida, son Palabra de Dios

Padre. Pero hay más, porque cuando le escuchamos hablar de Dios –es decir, cuando Dios nos habla de sí mismo a través de Jesús– nos quedamos asombrados, porque no menciona ninguna de las cualidades maravillosas que siempre le habíamos atribuido, sino que nos habla de Abbá; el Padre que sale cada atardecer a esperar a su hijo perdido.

Viento. Y cuando le vemos dedicar su vida a enseñar y curar sin descanso, o le vemos rodeado de multitudes que le siguen fascinadas, o escuchamos sus criterios poderosos de vida, o le vemos capaz de llegar hasta las últimas consecuencias por fidelidad a su misión… creemos que en Jesús sopla un viento irresistible, elViento de Dios, el Espíritu de Dios que impulsa a la humanidad y actúa en cada uno de nosotros.

Mirando a Jesús vemos pues que Dios es el Padre con quien podemos contar, la Palabra que nos guía por la vida y el Viento que nos ayuda a caminar. Padre, Palabra y Viento. Dios se comunica con nosotros –Palabra–, actúa en nosotros –Espíritu– y es nuestro Padre –Abbá–. Y esto significa que Dios no es un ser misterioso e insondable, sino un sembrador que esparce la semilla de la Palabra continuamente y nos alienta en nuestro caminar por la vida.

Y esto es magnífico, porque ese dogma incomprensible y aparentemente estéril que pensábamos que no nos interesaba nada, se convierte en algo importante para nosotros, porque este conocimiento de Dios orienta nuestra vida, nos permite caminar correctamente por ella y, en consecuencia, es fuente de seguridad y estímulo.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Trinidad. Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

domingo, 15 de junio de 2025
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Jn 16, 12-15

15 de junio de 2025

A mediados de los años noventa, leí un texto sorprendente de la teóloga brasileña Ivone Gebara. El comentario del evangelio de hoy es fiel a esta intuición profética.

Hablar de la Trinidad como Padre, Hijo y Espíritu Santo es algo conceptual,  abstracto, es un discurso en el que nos quedamos dándole vueltas pero no nos hace avanzar. Estos significados forman parte del dinamismo de la vida, cambian, se transforman y se adaptan a las nuevas situaciones a las que nos enfrentamos. Las relaciones: “tres personas distintas y un solo Dios”, que aprendimos de nuestros antepasados y tradiciones, podemos afirmarlas de otra manera de acuerdo con nuevas percepciones e intuiciones. Se trata de superar una visión jerárquica y teocéntrica del mundo para avanzar en profundidad.

Hablar de la Trinidad en esos términos nos remite a “códigos cifrados”, es decir, formulaciones que requieren ser abiertas y traducidas de nuevo. Son símbolos que se refieren a las experiencias de la vida que han sido olvidados o absolutizados, dentro de una teoría eminentemente masculina y que no conecta con nuestras experiencias de vida; por eso debemos hacer un esfuerzo de comprensión e interpretación diferente.

Una teóloga norteamericana [1], decía con ironía, que hemos reducido la Trinidad “a un anciano, un hombre joven y un pájaro”. Se trata de recuperar una experiencia de Dios más honda para que aflore su extraordinaria riqueza. Es preciso captar cuál es la experiencia fundamental que subyace de la afirmación cristiana de que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta perspectiva crítica no significa el menosprecio de nuestro pasado cristiano que, a pesar de las limitaciones y condicionantes humanas, ha intentado establecer relaciones de justicia, amor y misericordia entre pueblos y personas.

Es sabido que el número tres indica pluralidad; es símbolo de inagotable riqueza y universalidad. La vida es múltiple, diversa, creativa y en constante evolución. De ahí la simbología de la multiplicidad/unidad.

Pero, ¿a qué experiencia humana corresponde el discurso sobre la Trinidad? [2]

Cuando ahondamos en nuestra experiencia religiosa utilizamos un lenguaje y unas expresiones aprendidas de las que nos da mucho miedo prescindir pero que tienen poco que ver con las cosas de cada día. El reto está en expresar de forma sencilla y comprensible las experiencias que son realmente significativas para nuestra vida. En ellas es donde se expresa nuestra fe, nuestros amores y anhelos más profundos, nuestro compromiso, nuestra solidaridad. Suponen también reconocer el sufrimiento, la discriminación, la competitividad, la lucha por la supervivencia, el dolor de la diferencia, la ambición y los obstáculos que vamos poniendo en las relaciones humanas levantando barreras de todo tipo. Esa es nuestra experiencia.

A partir de ella imaginamos a Dios como diferente, superior a esa limitación que nos constituye. Buscamos un Dios Uno que unifique toda esa diversidad que nos desborda. La Trinidad es expresión de la dolorosa historia humana pero es una Trinidad unificada, como si fuese el deseo de armonía y comunión con todo lo que existe, como si fuera la expresión del mundo transformado en el cual toda lágrima será enjugada y finalmente Dios, o sea el Uno, el Amor, será todo en todos.

Por eso es preciso dar la vuelta a nuestra experiencia cotidiana para verificar en ella el fundamento de nuestra imagen de Dios. La Trinidad que amamos y veneramos nace de nuestra propia experiencia humana, de nuestras entrañas, aunque sea infinitamente mayor que ella. No es algo que está fuera de nosotros. Existimos en ese gran misterio divino explicitado en múltiples facetas lo que conocemos es sólo lo que experimentamos e intentamos interpretar buscando su sentido, su significado. En otras palabras, somos diversas manifestaciones de una única consciencia Divina. Presentimos una profundidad infinita, sin fondo. A ese fondo inagotable de nuestro ser se refiere la palabra Dios Trinidad.

Dios significa la fuente de nuestro ser, la profundidad última de nuestra existencia, el alma, la conciencia. En el fondo íntimo de cada persona se experimenta una apertura de su “yo” a un “” personal y al “nosotros” que surge de ese encuentro. Así llevamos impreso en el fondo de nosotros la imagen de la Trinidad. Lo que percibimos en nosotros/as no es sino un pálido reflejo de Dios, somos sus hijos e hijas y llevamos una señal que es  trinitaria. “Nosotros/as no generamos la Luz, solo somos los rayos de ese gran Brillo” (K. Gibran).

Nos sabemos habitados y sustentados por una Presencia, por la permanente acción creadora de Dios en nuestro mismo ser. Es un presente que todo lo llena, todo lo abarca. Lo contemplamos desde la perspectiva del amor, del encuentro que nos nutre, que nos impulsa a experimentarle como familia, comunidad, don de sí, fuente de vida y de gozo, es Trinidad: Padre-Madre, Hijo y Espíritu Santo.

Todo ello me aleja de la tentación de crearme un Dios a mi medida, a mi antojo, que no me complique demasiado la vida, que no me cuestione mis propios argumentos, mis creencias… Dios Trinidad es vida, movimiento plural. No es un concepto abstracto, alejado de mi realidad, de nuestros anhelos más profundos, no es algo estático, inmutable. No es un ser separado sino el Misterio inefable que todo lo llena y en todo se manifiesta.

El reconocimiento de mi propia experiencia, de mi historia personal y colectiva, de mis fallos, de mis limitaciones me posibilita llegar a la experiencia de Dios en mí, en cada uno/a. Hemos sido creados a su imagen y semejanza, se nos invita a sumergirnos en el centro de la Trinidad y aprender a amar como Dios ama, como Jesús amó y dejarnos llevar por su Espíritu. Darnos cuenta de lo que Dios Trinidad es y lo que soy se identifica. Es el fundamento y la fuente de la mayor humanidad. ¿Lo vivimos?

Los últimos versículos del evangelio de Mateo son de los pocos textos que emplean la fórmula trinitaria. En ella se muestra la praxis cristiana de la primitiva Iglesia: “Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

En definitiva, contemplar y seguir construyendo, aquí y ahora, Trinidad en el universo, en la tierra, entre pueblos y culturas, en las relaciones humanas, en cada persona…

¡Shalom!

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Mª Luisa Paret

 

[1] Sandra Schneiders

[2] I. Gebara, Teología a ritmo de mujer, San Pablo 1995

Fuente Fe Adulta

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La verdad plena.

domingo, 15 de junio de 2025
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Comentario al evangelio del domingo 15 junio 2025

15 junio 2025

Jn 16, 12-15

El ser humano se halla habitado por un anhelo irrenunciable de verdad. Sin embargo, con enorme facilidad, tiende a confundir la verdad con su propia opinión o creencia. Olvida que la verdad no puede ser nunca un concepto o una creación de la mente. La verdad es una con la realidad.

La mente construye mapas y elabora criterios de autenticidad, que son válidos para el mundo fenoménico, de las formas u objetos. Pero no es herramienta adecuada para alcanzar la verdad de la que hablamos aquí. Por eso, cuando pretende alcanzarla o definirla, cuando presume de poseerla, convierte a la misma verdad en un objeto más, en una mera creencia.

La verdad se revela en el silencio de la mente. Y se verifica en la propia práctica de ese silencio. Al iniciarte en él, lo primero que emerge es la riqueza del no-pensamiento y la sabiduría del no-saber. Y, con ellos, una radical apertura, admiración, gratitud, sorpresa y respeto.

Poco a poco, al mantener la atención en el silencio, descubres que no es “algo” -un objeto más junto a otros-, sino eso que sostiene todos los sonidos y todos los ruidos, materiales, mentales y emocionales. Todos estos cambian constantemente; el silencio es lo único que permanece.

Al perseverar en la práctica, se te regala ver que el silencio tampoco es “algo” que tú haces o puedes dejar de hacer. Le prestes o no atención, el silencio es lo que es, lo que siempre permanece. Y, con más admiración aún, se te hace evidente que tu yo se hace a un lado, como si dejara de existir, y que tu verdadera identidad es, precisamente, silencio consciente. Eso es lo que eres, y sabes que esa es la verdad plena…, por más que, al darle forma de pensamiento o de palabra, ya la has convertido en otro mapa más.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Ya quisiéramos ateos «como Dios manda».

domingo, 15 de junio de 2025
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Del blog de Tomás Muro La verdad es Libre:

01.- ¿Ateos o paganos?

        En el País Vasco hace no muchos años, en 1987, el 81% de la población se consideraba creyente, religiosa. Hoy en día, en 2025, han cambiado las tornas, y el 85 % de la población se considera no creyente, agnóstica, atea… (Siete de cada diez jóvenes entre 15 y 29 años se declaran ateos).[1]

        El seminario está casi vacío (1 seminarista) y las Iglesias con escaso público. La Iglesia de Gipuzkoa ha vendido y reconvertido en hoteles, viviendas o auditorios más de una treintena de edificios religiosos del territorio en la última década. (Diario Vasco, 8. Junio. 2025).

        ¿Detrás del movimiento que pretende demoler la imagen del Corazón de Jesús del monte Urgull hay un deseo democrático o un odio profundo hacia la tradición cristiana de nuestro pueblo?

        ¿Realmente “Dios ha muerto” (Nietzsche / nihilismo) y será mejor dejarlo “aparcado” en el trastero de las cosas “in-útiles”?

        Sin embargo el ser humano sigue creyendo. Hoy en día se sigue creyendo firmemente en el dinero, en la nación, en la etnia, en el poder, en el placer… De manera que, podríamos decir, que lo que han cambiado son los “dioses” y nos postramos ante el “becerro de oro”, ante cualquier ídolo, ante el “vacío existencial”. O, de otra manera, hoy en día se cree firmemente en la nada.

        Quizás hoy lo que existen son unos “excelentes” paganos que se postran ante cualquier fetiche. Vivimos en un país no de ateos, ni de “misión”, sino de paganos…

        Por otra parte, para ser “ateo como Dios manda” hay que pensar un poco más de lo que lo hacen muchos políticos, economistas, periodistas, “pseudo-filósofos”, “culturillas”, “influencers” e ilustrados de nuestro tiempo. Tal vez hoy más que ateos, agnósticos, etc. lo que existe es una frivolidad y ligereza infinitas.

        Y no es lo mismo ser ateo que ser un frívolo insustancial (y de estos abundan).

02.- ¿Y Dios?

        La primera lectura de hoy (Proverbios) nos presenta a Dios como sabiduría creadora. Dios creador de la vida.

        Podríamos pensar y decir que toda la creación, el universo, es sacramento, expresión de Dios. Como una pintura, una escultura, una obra nos habla de su autor, así el Universo nos habla de Dios.

        Hemos rezado el salmo 8: Cuando contemplo el cielo obra de tus manos… Hay que tener un cierto tono contemplativo para llegar a Dios a través de la creación. Contemplar es un modo de transcender hacia el Infinito…

        Santo Tomás escribió como cinco caminos (cinco vías) para llegar a intuir o conocer a Dios. El orden, el movimiento del Universo, de los astros, de la vida, de la misma persona humana nos hablan de Dios, tienen como una orientación hacia Dios. ¿O todo el orden existente es una pura casualidad y coincidencia de fuerzas? ¿Tendrá razón JP. Sartre cuando decía que: nacemos por casualidad, vivimos por inercia y morimos por accidente?» Sería muy triste…

¿No será más sensato (sentido) poner un principio y fundamento (S Ignacio) a la existencia humana, a la historia?

            Tal fundamento es Dios. El Señor es la roca que nos salva.

03.- Dios en sí mismo y Dios para nosotros.

Haríamos bien en tomarnos en serio la afirmación de Jesús en el evangelio: A Dios nadie le ha visto jamás, (Jn 1,18; 1Jn 4,12), (“absténganse iluminados y fundamentalistas fanáticos”).

En la historia de la Iglesia, en la teología se ha dicho que Dios es Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu (podríamos decir que Dios es comunidad).

K Rahner distinguía entre Trinidad inmanente (Dios en sí) y Trinidad económica (Dios en su “economía” salvífica hacia nosotros). Lo que “Dios sea en sí” (Trinidad inmanente), lo desconocemos completamente. Pero sí sabemos algo de lo que Dios ha hecho por nosotros (Trinidad económica): salvarnos.

Podemos acoger y acogernos a la salvación que Dios nos ha ofrecido por medio de JesuCristo.

04.- JesuCristo.

JesuCristo es lo que Dios nos quería decir. Jesús es la palabra, el Verbo de Dios entre nosotros. Yo y el Padre somos uno. Quien me ve a mí, ve al Padre… La última palabra de Dios es Jesús. La última y definitiva palabra de Dios es salvación. En diciendo Jesús, Dios ya no tiene más que decirnos

Jesús nos ha dicho dos cosas de Dios: que es Padre y que es amor. Dios es amor, (1Jn 4,8). De manera que creer en Dios no es una mera afirmación doctrinal, sino percibir la vida del Padre, el amor de Dios para con nosotros.

Lo que Dios nos ha dicho y hecho es querernos y salvarnos.

Nosotros creemos en el Dios de Jesús, que es amor y queriéndonos es nuestro Padre.

05.- Dios es.

Dios es. En lenguaje bíblico aquella frase un poco enigmática” “Yo soy el que soy”. Dios es la roca que nos salva, Dios es el fundamento, descanso de nuestra existencia. Y esto lo dice el NT y lo decimos con expresiones que nos son familiares y nos aproximan a Dios. Dios es amor, Dios es Padre, Dios es pastor,  Dios es creador de la vida, etc.

Cuando uno cree en el ser, en la vida, en el amor, en la creatividad y en la libertad, en el amor y en el perdón, en la paz, está creyendo en Dios.[2]

[1] Fuente: periódico deia.

[2] K Rahner decía estas cosas con una expresión un poco difícil, pero que refleja bien esta idea: en cada fragmento de amor, de verdad, de libertad, Dios se nos hace presente de modo a-temático. No se nos hace presente totalmente, Dios no es un “tema” de nuestro conocimiento, pero sí que Dios se nos hace presente de modo sutil y delicado en cada momento y acontecimiento valioso de nuestra existencia humana.

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“Llamados a vivir una fe trinitaria que se exprese en el amor mutuo”, por Consuelo Vélez

domingo, 15 de junio de 2025
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De su blog Fe y Vida:

FIESTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD 15-05-2025

La formulación dogmática sobre la Trinidad es fruto de reconocer en la historia de la salvación que Dios se ha revelado como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo

Interesa comprender que el Dios que nos reveló Jesús es comunidad, es amor recíproco, es don de sí que se manifiesta en la creación y en la historia de amistad que ha entablado con la humanidad

Descubrir un Dios Trino que no se identifica con un Padre anciano, un hijo varón y una paloma sino en el Dios amor que se revela como Padre y Madre, en un Jesús resucitado que ofrece este don de la vida definitiva y un Espíritu Santo que es el mismo Espíritu de Jesús

Que la fe en Dios Trinidad nos comprometa más con la solidaridad, la comunidad, la entrega incondicional

Consuelo Vélez

Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: «Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes»

(Juan 16, 12-15)

Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad. En la Biblia no encontramos referencias explícitas a la Trinidad como la formulamos en la doctrina -tres personas distintas y un solo Dios verdadero-, sino que los textos bíblicos nos permiten ver como Jesús nos revela al Padre y nos deja al Espíritu Santo. Por esto, el evangelio de Juan, que se caracteriza por su referencia al Espíritu, ayuda a esta formulación ya que Jesús les dice a sus discípulos que les dejará el Espíritu de la verdad quien será el encargado de revelarles todo lo que viene de Dios y también les dice que todo lo que es del Padre es suyo.

Por tanto, la formulación dogmática sobre la Trinidad es fruto de reconocer en la historia de la salvación que Dios se ha revelado como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo. Y lo más importante, más que intentar comprender como tres son uno o viceversa -lo que respondería a la racionalidad humana-, interesa comprender que el Dios que nos reveló Jesús es comunidad, es amor recíproco, es don de sí que se manifiesta en la creación y en la historia de amistad que ha entablado con la humanidad.

Lamentablemente, el dogma de la trinidad sigue siendo algo lejano a la cotidianidad de la vida cristiana porque se pone énfasis en que no se puede comprender, más que en mostrar a Dios trinidad es decir que Dios es comunidad y por eso nuestra fe no puede ser individualista ni, mucho menos, centrada en las leyes o ritos, dejando de lado las relaciones personales, la fraternidad-sororidad.

La teología actual también hace mucho énfasis en descubrir un Dios Trino que no se identifica con un Padre anciano, un hijo varón y una paloma sino en el Dios amor que se revela como Padre y Madre, en un Jesús resucitado que ofrece este don de la vida definitiva a varones y mujeres en igualdad de condiciones y un Espíritu Santo que es el mismo Espíritu de Jesús, impulsándonos a vivir como él vivió para hacer experiencia la vida trinitaria en nuestro aquí y ahora.

Necesitamos vivir una fe más trinitaria para que la vida comunitaria, la Iglesia, sea una experiencia que nos convoque más fuertemente y la solidaridad con todos sea el distintivo de nuestra fe en el Dios que es comunidad, amor, entrega recíproca.

(Foto tomada de: https://tratarentreamigos.blogspot.com/2019/06/la-trinidad-misericordiosa-escultura-de.html)

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“Dios danza” – San Juan 16, 12-15 – , por Joseba Kamiruaga Mieza

domingo, 15 de junio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones a través del Espíritu que hemos recibido, escribe San Pablo. Es gracias al Espíritu que nos hemos descubierto -nos estamos descubriendo- agapetoi, amados por el Señor.

Y cuando nos descubrimos amados, crece la esperanza, que es confianza en el futuro, que es clave para interpretar y dar un giro al presente.

Estamos aquí, discípulos tenaces de lo imposible, testigos asombrados del asombro.

Custodios del misterio escondido durante siglos, llamados a contarlo, a decirlo.

Sabemos que Dios existe y que es hermoso.

No lo sabemos porque seamos genios -ni mucho menos-, sino porque Él, el Señor, se ha revelado.

Como en una búsqueda del tesoro, de pista en pista, impulsados por la alegría.

Porque el cristianismo tiene que ver con Dios. Y con la alegría.

Y también nosotros, como los Apóstoles aturdidos por tantas emociones, masticados y florecidos, sabemos que el Espíritu nos acompaña a la verdad completa.

Porque no podemos soportar el peso de toda la belleza, de todo el amor que Dios quiere derramar sobre nosotros. Lo hacemos por etapas, por partes, paso a paso.

Y es gracias al Espíritu, don del Resucitado, que los discípulos del Señor descubrieron una verdad que nos deja atónitos.

Dios existe, y es una relación de amor.

¿Qué Dios?

Y es irónico que esta banda de simpáticos discípulos que es la Iglesia, no esa chismosa de los medios de comunicación ni la descrita como desorganizada y moribunda que se lee en los sitios web de los católicos puros y duros, sino ese Pueblo de Dios santo y en conversión al que el Resucitado confía la construcción del Reino, gracias al Espíritu Santo, se pregunte en qué Dios estamos creyendo.

Y aunque poco a poco estamos dejando que la lógica del mundo nos contagie, que la política (la fea política para ser más exactos) trate la fe como un objeto contundente, que las paranoias, las fobias y las aproximaciones sustituyan a la vida espiritual, el mensaje que se nos transmite permanece.

No creemos en Dios. Creemos en el Dios de Jesucristo.

Es otra cuestión, sinceramente. Otro enfoque.

Yo nunca habría llegado a Dios si Él no hubiera venido a mi encuentro. 

El Dios monstruoso

Lo escribo y lo digo a menudo: estoy convencido de que todos llevamos en el corazón una imagen de Dios, incluso los que creen no creer.

No siempre es bella, sinceramente: una idea espontánea, inconsciente, cultural, ligada a nuestra educación y alimentada por alguna predicación o catequesis escuchada distraídamente.

Dios existe, claro, pero es incomprensible, lunático, inaccesible.

Te ama, se dice, pero luego, si no lo amas, Él, que te quiere tanto, te envía una gran desgracia.

Es omnipotente, pero no defiende al niño vendido para prostituirse. Ni aplasta al cura pedófilo que abusa de él.

Existe, obra, claro. Pero casi nunca hace mi bien.

Mejor mimarlo a Dios, nunca se sabe. Mejor tratarlo bien, esperando que no te pase una desgracia.

Y, a decir la verdad, quizá yo sería capaz de actuar mejor que Él y resolver algún que otro problemilla mundial.

La idea de Dios que llevamos en el corazón, seamos sinceros, es horrible en general.

Hasta que llegó Jesús y trastornó nuestras pequeñas, tantas veces pobres y mezquinas, ideas sobre Dios.

Y habló de Él como nadie había hablado antes y envió al Espíritu para que, finalmente, lo entendiéramos. 

El Dios de Jesús

Jesús nos revela que Dios es Trinidad, es decir, comunión.

Nos dice que, si vemos «desde fuera» que Dios es único, en realidad esta unidad es fruto de la comunión de un Padre/Madre que ama a un Hijo, y este amor es tan intenso que se convierte en una persona: el Espíritu Santo. Tan unidos que son uno, tan orientados el uno hacia el otro que están totalmente unidos.

Dios no es soledad, perfección inmutable y aséptica, supremo egoísta ególatra que se basta a sí mismo, sino banquete, abrazo, bienvenida, casa, comunión, encuentro, fiesta, familia, amor, tensión del uno hacia el otro.

Solo Jesús podía hacernos entrar en el hogar interior de Dios, solo Jesús podía revelarnos la alegría íntima, el tormento íntimo de Dios: la comunión, la esponsalidad. Una comunión plena, un diálogo tan armonioso, un don de sí mismo tan realizado, que nosotros, desde fuera, vemos un Dios único.

Dios es Trinidad, relación, danza, fiesta, armonía, pasión, don, corazón.

Entonces, por fin, entiendo la inútil lección de catequesis de cuando, de niño, veía al párroco escribir en la pizarra la suma: 1 + 1 + 1 = 1 y dibujaba un triángulo equilátero.

Qué tierno. Con el amor medio que un niño tiene por la geometría, se había metido en un buen lío.

Hoy lo entiendo.

Se equivocó en la operación. En Dios, 1x1x1=1.

Precisamente porque el Padre ama al Hijo, que ama al Padre, y este amor es el Espíritu Santo, nosotros, desde fuera, vemos una unidad absoluta. 

¿Y yo?

Si Dios es comunión, en Él estamos bautizados y a su imagen hemos sido creados; esta comunión habita en nosotros y a imagen de esta imagen hemos sido creados. La hermosa parábola del Génesis nos recuerda cómo Dios se miró en el espejo, sonriendo, para diseñar al hombre.

Pero, si esto es cierto, las consecuencias son enormes.

La soledad nos resulta insoportable porque es inconcebible en una lógica de comunión, porque estamos creados a imagen de la danza.

Si jugamos nuestra vida como solitarios egoístas, nunca encontraremos la luz interior porque nos alejamos del proyecto.

Jean Paul Sartre decía: «El infierno son los otros», Jesús nos reitera: «Sed perfectos en la unidad».

Y aunque la comunión sea difícil, es indispensable, vital, y cuanto más apuntamos a la comunión, más realizamos nuestra historia, más nos ponemos en la escuela de la comunión de Dios, más nos realizamos.

La Iglesia debe construirse a imagen de la Trinidad. Nuestra comunidad se inspira en Dios Trinidad, miramos a Él para tejer relaciones, para respetar las diversidades, para superar las dificultades.

Al observar nuestra forma de ser, de relacionarnos, de respetarnos, de ser auténticos, quienes nos rodean comprenderán quién es Dios y, para nosotros, la idea de un Dios que es Trinidad se convertirá en luz.

Este es el Dios que Jesús vino a anunciar.

Aquél por cuya existencia apuesto.

El que el Espíritu nos permite conocer y experimentar, descubriéndonos amados, entrando en la danza.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo de la Santa Trinidad, 15 de junio de 2025

1.- Comunión que se comunica.

2.- Una comunión de amor y vida.

3.- La Trinidad: fuente de sabiduría para vivir.

4.- La Trinidad: comunión de amor, flujo de vida divina.

5.- Lo que es del Padre es también nuestro.

6.- La Trinidad: infinita sabiduría de la vida.

7.- El Dios gozoso multiplica la vida.

8.- Dios danza – San Juan 16, 12-15 –.

9.- Trinidad, sonrisa de Dios.

10.- Trinidad, fe en movimiento.

11.- Trinidad, ventana del Misterio de Dios.

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 Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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La curación espiritual.

sábado, 14 de junio de 2025
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La curación espiritual es el acceso a la verdad de nuestra relación con Dios. Toda la actividad pastoral de la Iglesia, palabra y sacramentos, tiende a lograr tal meta. La curación interior es una sanación del psiquismo. No afecta inmediatamente a la relación con Dios y a la vida teologal, sino a la organización de nuestra inteligencia, de nuestra voluntad, de nuestra memoria y de nuestra afectividad sensible. En nuestro psiquismo pueden darse nudos o bloqueos de origen espiritual. Y tenemos necesidad de ser liberados de ellos. De ordinario, se llega a esta liberación no de un golpe, de manera súbita, sino por el camino de una oración confiada en el don de Dios, fraterno, perseverante, llevado a cabo en la práctica humilde y paciente de la vida cristiana en la Iglesia«

*

 

Yves M.-J.Congar,
El Espíritu Santo,
Barcelona 1982, 385.

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“Pentecostés no es sólo una vigilia”, por Carmiña Navia Velasco

sábado, 14 de junio de 2025
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Inicialmente en el pueblo Judío, Pentecostés fue una fiesta para dar gracias por la cosecha, es decir por la Vida. Podemos dar gracias por el Espíritu que nos habita siempre, hacerlo consciente y presente en nuestras vidas. El Espíritu animó y orientó siempre la vida de Jesús de Nazaret: su entrega a los otros y otras, su anuncio de una sociedad diferente fraterna y sorora, sus llamados al amor.

Cuando Jesús sintió que la hora de su muerte llegaba invitó a sus amigos y amigas a recibir el Espíritu que él les enviaba con una nueva fuerza. Ese Espíritu que ya los habitaba, debía hacerse fuerte en ellos y orientarles la vida en ausencia física de su Maestro y sus palabras. Los discípulos agobiados por el dolor, sintieron unos días después en medio de su duelo, que esa presencia de Luz, de Calor y de Vida les ardía en sus pechos y los llamaba a una nueva misión: llevar el mensaje evangélico a todos los rincones de la tierra.

La celebración de Pentecostés no puede ser simplemente un ritual, una noche de antorchas, velas, cantos. Este ritual adquiere todo su sentido en la medida en que responde a nuestra vida diaria, a nuestras relaciones y proyectos. Por ello el tiempo de Pentecostés, estas semanas post-pascuales, son una invitación a abrir espacio en nuestras vivencias y actitudes a la Energía de la Divinidad. Un Espíritu que nos llama a la unidad, que nos invita al amor, que nos motiva a la entrega. Es necesario hacer pentecostés en nuestros días, en cada hora, ante cada elección.

Ese Espíritu es también la Sabiduría que debe siempre acompañar cada elección en nuestros días. Pero la sabiduría sólo puede llegar en corazones que alberguen la humildad, la búsqueda, el deseo permanente de alcanzar nuevas metas y buscar nuevas sendas. El Espíritu no deja oír su voz en medio de consumos, ruidos, satisfacciones permanentes… La Sabiduría de Dios, su Energía de luz, nos habla en el silencio, en la pregunta que cada situación nos hace, en medio de la compasión y las entrañas de misericordia.

Dar gracias al Espíritu por su presencia en nuestras vidas es asumir la vida desde sus parámetros: Buscar el fondo de nosotros mismos, buscar la unidad inherente que constituye a los humanos, construir proyectos de hermandad universal, de acogida y encuentro. Hacer del ágape nuestro norte más último. Pentecostés sólo puede ser una fiesta en la Asamblea de creyentes si esa Asamblea busca actualizar en sus rutas las palabras y los hechos del Maestro Jesús de Galilea. Y esto, en medio de un mundo que tiende a la expoliación de los recursos naturales, a la explotación del hombre por el hombre, a la guerra que destruye masivamente y desdice cada día de Dios. Un mundo que se mueve entre la muerte… La Asamblea de creyentes puede celebrar Pentecostés si la Vida de todo ser sobre la tierra, es el centro de sus prácticas diarias.

Carmiña Navia Velasco

Santiago de Cali, en el tiempo de Pentecostés del 2025

Fuente Fe Adulta

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Porque callar sería traición.

viernes, 13 de junio de 2025
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Me preguntan por qué sigo hablando del tema migratorio si nada parece resolverse.

¿Por qué volver una y otra vez sobre las mismas heridas, si los muros siguen levantándose, si las fronteras y sus sistemas siguen devorando cuerpos, si las leyes siguen endureciéndose?

La respuesta es simple y desnuda: porque callar sería traición.

Callar sería decirle a la madre deportada que su historia no importa.
Sería mirar a la niña con las manos esposadas y decirle que su llanto ya no conmueve.
Sería aceptar que la fe puede convivir cómodamente con la injusticia.

Callar sería renunciar al Evangelio, ese que comenzó en un pesebre prestado y fue sostenido por manos migrantes.
Sería olvidar que Jesús mismo fue refugiado, y que la Sagrada Familia huyó para salvar la vida.

Yo no sigo hablando porque crea que tengo la solución.
Sigo hablando porque mientras haya alguien que cruce un mar, un desierto, una selva con el corazón agitado por el terror y con la fe temblando entre los dientes,
el silencio se vuelve cómplice.
Y yo elegí ser testigo, no cómplice.

Sigo hablando porque en cada relato de migración hay también un relato de Dios en camino.
Y mientras el mundo siga negando esa dignidad,
seguiré alzando la voz
aunque parezca inútil,
aunque a algunos les moleste,
aunque parezca pequeña…

Seguiré hablando.
Porque la fidelidad no se justifica por los resultados,
sino por la verdad que no puede callarse.
Seguiré hablando sencillamente,
porque callar sería traición.

*

Yolanda Chávez

 

***

Fuente Fe Adulta

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“ Cuando la ciudad tiembla: fe, miedo y dignidad migrante en Los Ángeles”, por Yolanda Chávez

viernes, 13 de junio de 2025
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Del blog Tras las huellas de Sophia:

Desde hace unos días, el cielo de Los Ángeles no suena igual. Helicópteros, redadas, presencia de la Guardia Nacional, calles en caos, supermercados y aulas vacías. En comunidades migrantes muchas personas han decidido no salir de casa, no ir al trabajo, no llevar a sus hijos a la escuela, no asistir a Misa. Hay miedo, sí. Pero también hay resistencia callada.

¿Qué significa hacer teología en medio de este miedo? ¿Qué significa acompañar espiritualmente cuando el cuerpo tiembla al escuchar una sirena?

Una pastoral encarnada no puede permitirse la complicidad del silencio institucional. Porque la pastoral no es un programa, es una presencia. No es un calendario, es una red viva. Y en estos días, esa red está hecha de llamadas por WhatsApp, clases por Zoom, oraciones susurradas en voz baja, manos que se extienden sin preguntar nombres ni estatus.

Jesús no solo habló del Reino. Lo caminó, lo tocó, lo defendió cuando estaba en peligro. Y nosotras, mujeres de fe, discípulas en los márgenes, no podemos sino seguirlo por esas huellas.

Hoy más que nunca, necesitamos una Iglesia que abra sus puertas y no las cierre, comunidades que sean abrigo, una espiritualidad que no solo consuele, sino que sostenga, acompañe y transforme.

El Evangelio sigue diciéndolo sin ambigüedad: “Fui forastero, y me recibiste.” No es poesía: es criterio del juicio final.

Que este tiempo de vigilancia y miedo sea también un tiempo de revelación y fidelidad radical.

Porque la fe no se prueba en los templos, sino en las fronteras. Y la teología, si no tiembla con el pueblo, es solo discurso.

Hoy, el cielo de Los Ángeles arde con preguntas. Y nosotras, mujeres de esperanza terca, seguimos caminando tras las huellas de Aquel que también fue perseguido. De Aquel que no huyó del dolor humano. De Aquel que —aún sin papeles— nos enseñó a invocar al Dios de los sin tierra.

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Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.

jueves, 12 de junio de 2025
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En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo:

+ «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado.

Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos.

Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».

*

Juan 17, 1-2.9. 14-26

***

En la época de Jesucristo cada uno de los componentes de la cena pascual tenían un valor simbólico relacionado con la huída de Egipto del pueblo elegido por Dios. En la última cena Jesucristo les da un nuevo sentido, ya no simbólico sino real ya que mediante la transsubstanciación ( la sustancia del pan y el vino se convierten en la carne y sangre de Jesús) es Dios mío el que se nos ofrece diariamente en cuerpo, sangre, alma y divinidad.

Al decirnos «tomad» Jesucristo nos da a entender que no es una obligación sino que es un ofrecimiento que podemos aceptar o rechazar. Ésta es la nueva alianza que profetizó Jeremías en la lectura anterior

***

Jesús vino a la tierra para abrir un camino entre los hombres, para que éstos, a su vez, tomen este camino y sigan a Jesús. No hay otro camino posible para ningún hombre. Antes o después, de un modo o de otro, cada hombre se encuentra en el camino de Jesús, aunque probablemente sólo sea en la hora de su muerte.

Jesús habla a menudo de aquellos que le siguen y a los que llama discípulos. Les traza el camino, les indica las condiciones, los riesgos, las insidias. Los modos del seguimiento de Jesús son múltiples, pero todos los caminos tienen como desembocadura la misma entrega total de nosotros mismos a Jesús, a aquella obediencia que fue la suya, una obediencia hasta la muerte en una cruz, precio y camino de la resurrección. Seguir a Jesús es renegar de nosotros mismos, aceptar perder aparentemente nuestra propia vida. Una propuesta así sería no sólo arriesgada, sino también aberrante, si Jesús no hubiera añadido tres breves palabras que cambian radicalmente su sentido: «Por mi causa».

A causa de Jesús. Quien se atreve a hablar así lo hace por amor. Y quien habla por amor no propone un itinerario que conduce a la muerte, sino que se abre a la vida. El que ama se ha arrancado a sí mismo del objeto de su amor. Ya no es capaz de vivir replegado sobre sí mismo, porque el amor tiende a desplegar al máximo todas las posibilidades que hay en él. El amor les da dinamismo, decuplica sus fuerzas, fecunda sus palabras, sus acciones. Y qué decir cuando se trata del amor de Jesús?

A causa de Jesús, podrá decir san Pablo, y para conocer la sublimidad de su amor se ha atrevido a considerar todas las cosas como basura (cf. Flp 3,8). A causa de Jesús. Estas cuatro breves palabras dicen aún otras cosas. En efecto, el amor no sólo potencia los recursos de aquel que ama, sino que hace entrar también en el misterio de aquel a quien se ama. A causa de Jesús equivale a decir quemados en lo íntimo por el amor que nos arrastra, pero también «como Jesús», o sea, empujados y arrastrados por el amor que él mismo siente por nosotros y cuya poderosa ternura no nos abandona un solo instante.

No hay ni un solo sufrimiento sembrado en nuestro cuerpo, en nuestro corazón e incluso en nuestro espíritu que no nos construya, por así decirlo, en plenitud, conduciéndonos a dar nuestros frutos más bellos. Y aquí se encuentra también la fuente de nuestra alegría. Sí, haciéndolo todo y soportándolo todo a causa de Cristo,exultaremos con una alegría inefable y llena de la gloria de Dios.

*

A. Louf,

Sólo el amor sería suficiente

París 1982).

***

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“Un presbítero descalzo…”, en la Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. 12 de junio de 2025, por Joseba Kamiruaga Meza

jueves, 12 de junio de 2025
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Un presbítero descalzo…

Los primeros cristianos consideraron parte de su estilo de vida la decisión de no llevar calzado durante sus actividades cotidianas, caminando descalzos.

Y, de hecho, en muchas formas de espiritualidad los pies descalzos se consideran a menudo un signo de humildad y respeto, y a menudo forman parte del voto de pobreza. El arte de muchas culturas de todo el mundo muestra a una persona sin zapatos como símbolo de pobreza.

Las partes del Nuevo Testamento que nos muestran esta práctica de los primeros cristianos se encuentran en numerosos puntos. Por ejemplo, en la Carta 22 de San Jerónimo «A Eustochio». De manera aún más evidente en las palabras de Jesús, tanto en Marcos 10, 9 – “No os procuréis oro, ni plata, ni monedas de cobre en vuestros cinturones, ni alforja de viaje, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón” -, como en Lucas 10, 3 – “Id: he aquí que os envío como corderos en medio de lobos; no llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias, y no saludéis a nadie por el camino” -.

Por último, también en Juan 19, 24, que, como se describe en la carta de San Jerónimo, no se mencionan las sandalias en el Cristo crucificado: Así se cumplió la Escritura: se repartieron entre ellos mis vestidos y sobre mi túnica echaron suertes. Y los soldados hicieron precisamente eso.

En tantas jornadas de formación y de renovación reflexionamos, justamente, sobre la urgencia de una formación humana, teológica, espiritual … inicial y permanente de los presbíteros, y tratamos de esbozar una figura hipotética del presbítero ideal para los días de nuestro mundo y de nuestro tiempo …

El Papa Francisco hablaba gráficamente, también de modo atrevido, con aquella metáfora evangélica describiendo al presbítero como un pastor en medio del rebaño y, por lo tanto, impregnado del olor de las ovejas, un pastor que comparte plenamente la vida, las fatigas, los peligros y las alegrías de su rebaño.

Y el Evangelio sugiere un ministro ordenado que vaya descalzo evocando un estilo, una forma de ser y de actuar, una existencia que se vuelve elocuente, porque es diferente, porque es alternativa.

Descalzo evoca la forma evangélica de ponerse en camino de los discípulos enviados por Jesús a predicar, sin dinero en la alforja ni dos túnicas; descalzo implica la renuncia a todo lo superfluo y mantener solo lo necesario para la experiencia de fe y caridad del Pueblo de Dios.

Estar descalzo remite también, y ante todo, a Moisés ante la zarza ardiente: como aquel que se convertirá en el guía de Israel en el desierto, el presbítero está descalzo ante una tierra que se obstina en creer y considerar santa. Sí, Moisés se quitó las sandalias para acercarse a la zarza de la que salía la Palabra de Dios, porque la tierra que pisaba era santa.

Al igual que él, el anunciador del Evangelio hoy está llamado a considerar santa la tierra que la humanidad ha recibido como don y como tarea. Está llamado a tomarse en serio la tierra, la adamah y el Adam, el ser humano que proviene de la tierra: a mostrarse cercano y solícito hacia la fragilidad de cada uno, hacia la pérdida de sentido, hacia la necesidad vital de comunidad que impregna nuestro tiempo tan pobre de amistad y tan rico de violencia de baja, mediana y alta intensidad.

De ello se derivará una manera de ser, es decir, de sentir, de acercarse, de escuchar, de ver, de tocar, …, un estilo de vida concreto, sobrio y pobre, despojado de los bienes no esenciales, reducido a lo único necesario, el Evangelio, la Buena Nueva de la vida más fuerte que la muerte.

Puede parecer extraña la imagen de un presbítero descalzo, un presbítero humilde y pobre, animado y purificado por el fuego de Pentecostés, un presbítero que sirve, que —según la etimología— se preocupa de la ración diaria de comida para cada uno, un servidor fiel que sabe que el anhelo más profundo depositado en el corazón de los seres humanos se expresa a través de un cuerpo que siente hambre, sed, frío, dolor …

Sin embargo, este puede ser el pastor ejemplar: un presbítero descalzo que sabe acercarse a los demás con la pobreza de su ser y de su actuar, que no cuenta con el oro y la plata, sino con la misericordia manifestada por el Señor hacia él, una misericordia que lo ha convertido a su vez en ministro de la compasión y misericordia samaritanas.

Ciertamente somos conscientes de las condiciones cambiantes de la sociedad, de las nuevas pobrezas que atraviesan nuestras ciudades, en sus centros y en sus periferias, de las miserias que afligen los corazones de demasiadas personas.

Somos conscientes de que en muchas regiones el presbítero vive a veces en condiciones entre la pobreza y la miseria, sabe que muchos presbíteros ya no tienen el reconocimiento social de antaño y que también luchan porque el rebaño al que tratan de acercarse ya no busca pastores, y mucho menos maestros.

No pocos presbíteros dicen ahora: «¡Nuestra vida aquí es miserable!». Sin embargo, hay presbíteros que no ceden a la autocompasión, no invocan atrincheramientos autorreferenciales ni suscitan remordimientos por épocas pasadas que no volverán.

No, la tierra sigue siendo santa, sigue siendo el lugar bendecido por el Señor que quiso habitarla en Jesucristo – Sumo y Eterno Sacerdote de la Nueva Alianza – y que sigue siendo el patrimonio común jugarse la propia existencia para que otros, los demás, vivan y lo hagan plenamente.

Y en esta tierra, el presbítero (el laico, el religioso, el Obispo, el Papa) está llamado a caminar descalzo, ligero, lleno de respeto y cuidado. Entonces, esta peregrinación evitará los caminos de la devoción intimista o de la aristocracia espiritual de salón, y se encaminará hacia espacios redescubiertos de la historia y del mundo, hacia ocasiones inéditas de fraternidad y de solidaridad: será un camino fecundo de compasión y de misericordia.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Posdata:

En las mencionadas jornadas de formación y de renovación presbiterales propongo un tiempo de reflexión sobre esta oración de un presbítero que responde al nombre de Rafael Merry del Val (fue también Obispo y Cardenal): un ejercicio de desnudez de ese embarazoso ego tan centro de atención y protagonista. Tanto es así, que en 2019 el Papa Francisco quiso entregarla personalmente a sus representantes, los nuncios apostólicos, como un recordatorio esencial para su servicio a la Iglesia:

 

¡Oh Jesús! Manso y Humilde de Corazón, escúchame: 

Del deseo de ser alabado, Líbrame, Señor
Del deseo de ser honrado, Líbrame, Señor
Del deseo de ser aplaudido, Líbrame, Señor
Del deseo de ser preferido a otros, Líbrame, Señor
Del deseo de ser consultado, Líbrame, Señor
Del deseo de ser aceptado, Líbrame, Señor
Del temor a ser humillado, Líbrame, Señor
Del temor a ser despreciado, Líbrame, Señor
Del temor a ser reprendido, Líbrame, Señor
Del temor a ser calumniado, Líbrame, Señor
Del temor a ser olvidado, Líbrame, Señor
Del temor a ser ridiculizado, Líbrame, Señor
Del temor a ser injuriado, Líbrame, Señor
Del temor a ser rechazado, Líbrame, Señor 

Concédeme, Señor, el deseo de: 

que los demás sean más amados que yo,
que los demás sean más estimados que yo,
que en la opinión del mundo, otros sean engrandecidos y yo humillado,
que los demás sean preferidos y yo abandonado,
que los demás sean alabados y yo menospreciado,
que los demás sean elegidos en vez de mí en todo,
que los demás sean más santos que yo, siendo que yo me santifique debidamente.


***

Tres reflexiones en la Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. 12 de junio de 2025

1.- Un presbítero descalzo…

2.- El presbítero, un hombre.

 3.- Cristo Sumo y Eterno sacerdote.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Las personas transgénero aportan dones especiales a la Iglesia

jueves, 12 de junio de 2025
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Kori Pacyniak

En 2023, el Vaticano declaró que las personas transgénero católicas, incluso aquellas que se han sometido a una cirugía de afirmación de género, pueden ser bautizadas en la Iglesia. Sin embargo, a menudo olvidamos que, incluso antes de esta directiva oficial de bienvenida, las personas trans católicas ya llevaban sus dones a muchos espacios católicos.

En un episodio reciente del podcast de la revista U.S. Catholic titulado «Glad You Asked«, los presentadores hablaron con Kori Pacyniak, una sacerdotisa católica romana trans, sobre «crear un espacio sagrado y una liturgia por y para las personas queer y trans católicas«. Para Pacyniak (ellas/ellos), el catolicismo siempre ha sido un «hogar» al que regresar. Cuando estaban definiendo su identidad de género, les costaba saber si tendrían un lugar en la Iglesia. Pacyniak llegó a la conclusión de que Dios no tiene ningún problema con la transexualidad. Más bien, la institución católica es la entidad que ha cuestionado a quienes no se identifican como heterosexuales y cisgénero. Al considerar si las personas trans deberían ser bienvenidas en la Iglesia y, de ser así, cómo, Pacyniak afirma que estas preguntas no reconocen a los católicos trans que ya están o estuvieron en la Iglesia. Es difícil acoger a nuevas personas trans en un espacio donde las personas trans actuales a menudo pasan desapercibidas.

Las identidades trans siempre han sido prominentes en la vida eclesial, señalan. En el cristianismo primitivo, la androginia, el travestismo y el cambio de nombre eran comunes, aunque no existía un lenguaje para estos conceptos en ese momento. Al aceptar los temas de género cruzado presentes en muchas historias católicas, Pacyniak argumenta que podemos tener una mayor comprensión de Dios y la humanidad. Ser trans nos permite abrazar una «teología del amor«, que se centra en la belleza de la diversidad humana en lugar del miedo a las diferencias.

Para Pacyniak, también es importante que examinemos los dones que las personas trans aportan actualmente a los espacios religiosos. Las personas trans que sirven como lectores y ministros de la eucaristía, y otros ministerios laicos, dirigen grupos LGBTQ+ y otros capacitan a directores espirituales en la atención afirmativa. Desafortunadamente, estas iniciativas a menudo pasan desapercibidas, pero demuestran el profundo interés de muchos católicos trans por la Iglesia.

En cuanto a los consejos para los jóvenes trans que tienen dificultades con su fe, Pacyniak insta a las personas a descubrir qué es lo correcto para ellos. Algunos podrían beneficiarse de encontrar una parroquia que los acepte, mientras que otros podrían necesitar alejarse de la Iglesia por un tiempo. Dios los amará de cualquier manera, dicen.

Los católicos trans siempre han existido y seguirán existiendo. Además de centrarnos en cómo debemos acogerlos, también debemos reconocer a las personas trans que actualmente enriquecen la Iglesia. Al hacerlo, podemos profundizar nuestra fe y conectar más con la humanidad.

—Sarah Cassidy, Ministerio New Ways, 4 de junio de 2025

Lecturas adicionales:

Kori Pacyniak ha publicado dos artículos como invitada en Bondings 2.0:

11 de diciembre de 2023: Are Trans Catholics Welcome in the Church? This May Not Be the Right Question. (¿Son bienvenidos los católicos trans en la Iglesia? Esta podría no ser la pregunta correcta).

4 de febrero de 2024: “God Doesn’t Want You to Be Miserable.” (“Dios no quiere que seas miserable”).

Fuente New Ways Ministry

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San Bernabé, apóstol.

miércoles, 11 de junio de 2025
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José, apodado Bernabé, que significa ‘hijo de la consolación’, recibe el nombre de apóstol, aunque no fue uno de los Doce. Y recibe este nombre precisamente porque desarrolló un papel decisivo en la difusión del Evangelio. Como se dice en los Hechos de los apóstoles, fue un hombre de gran fe, y, al entrar en la comunidad cristiana, vendió todos sus bienes y los puso a disposición de los apóstoles (4,36ss). Colaboró con Pablo en la evangelización de los paganos. Desarrolló su actividad misionera sobre todo en la ciudad de Antioquía, desde donde partió con Pablo para el primer viaje misionero. Murió mártir en la tierra donde había nacido, en la isla de Chipre.

 

 

En aquellos días, fue grande el número de los que creyeron y se convirtieron al Señor. La noticia llegó a oídos de la iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía. Cuando éste llegó y vio lo que había realizado la gracia de Dios, se alegró y se puso a exhortar a todos para que se mantuvieran fieles al Señor, pues era un hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una considerable multitud se adhirió al Seńor.

Después fue a Tarso a buscar a Saulo. Cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía, y estuvieron juntos un año entero en aquella iglesia, instruyendo a muchos. En Antioquía fue donde se empezó a llamar a los discípulos ‘cristianos’.

En la iglesia de Antioquía había profetas y doctores: Bernabé, Simón el Moreno, Lucio el de Cirene, Manaén, hermano de leche del tetiarca Herodes, y Saulo.

Un día, mientras celebraban la liturgia del Seńor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo:

Separadme a Bernabé y a Saulo para la misión que les he encomendado.

Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los despidieron.

*

Hechos 11,21b-26; 13,1-3

***

 

Incluso desde el punto de vista histórico, son más que preciosas las noticias que Lucas nos ofrece en esta primera lectura. En primer lugar, tienen que ver con las relaciones entre la Iglesia madre de Jerusalén y la comunidad cristiana de Antioquía. Bernabé, ‘hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe’, puede ser considerado muy bien como el nexo de unión entre Jerusalén y Antioquía. De este modo, colaboró no sólo en la evangelización, sino también en la edificación de la Iglesia.

En segundo lugar, Bernabé fue también importante en la vida de la Iglesia naciente porque fue él quien tomó a Pablo como colaborador, aunque Pablo le superara después en su intento de inculturar la fe. Ambos, conjuntamente, constituyen una pareja de misioneros, a cuya iniciativa y genialidad debe mucho la comunidad cristiana de todos los tiempos.

Pero son sobre todo las noticias históricas relativas a la ciudad de Antioquía y a la presencia en ella de los primeros cristianos las que tienen una importancia de primer orden. Antioquía constituye, en efecto, el punto de partida y el punto de llegada de los viajes misioneros de Pablo, después de que éste pudiera formarse en ella, compartiendo su vida con Bernabé y con muchos otros ‘profetas y doctores’ que hacían extremadamente interesante aquella experiencia de fe. En Antioquía, además, se empezó a llamar por vez primera ‘cristianos’ (11,26) a los discípulos de Jesús. Esta noticia, en su descarnada sencillez, nos dice qué viva y vivaz era la fe que los primeros creyentes vivían en aquella ciudad que se asomaba al Mediterráneo.

***

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

+ Id anunciando que está llegando el Reino de los Cielos.

Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, expulsad a los demonios; gratis lo recibisteis, dadlo gratis.

No llevéis oro, ni plata ni dinero en el bolsillo; ni zurrón para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni cayado, porque el obrero tiene derecho a su sustento.

Cuando lleguéis a un pueblo o aldea, averiguad quién hay en ella digno de recibiros y quedaos en su casa hasta que marchéis. Al entrar en la casa, saludad, y si lo merecen, la paz de vuestro saludo se quedará con ellos; si no, volverá a vosotros.

*

Mateo 10,7-13

***

 

Esta página evangélica pertenece al llamado ‘discurso misionero’ que, según Mateo, Jesús dirigió a sus apóstoles durante su ministerio público.

Vale la pena recordar, en primer lugar, el contexto en el que el evangelista sitúa este discurso: Jesús está recorriendo las ciudades y los pueblos de su tierra, anuncia el Evangelio del Reino y cura a los enfermos. Al mismo tiempo, constata que las muchedumbres están abatidas y abandonadas a sí mismas, ‘como ovejas sin pastor’ (Mt 9,35-38). Entonces llama a sus doce discípulos, les da poder para expulsar a los espíritus inmundos y les envía en misión. Según la perspectiva de Mateo, esta misión está dirigida sólo a las ovejas dispersas de la casa de Israel: como Jesús, también sus discípulos -por ahora- deben concentrar sus energías en el interior de un horizonte muy limitado, en espera de aperturas mucho más grandes, requeridas por la Pascua del Señor.

Tras el contexto, vale la pena seńalar el método que recomienda Jesús a sus misioneros. Éste se caracteriza por dos notas típicas. Los misioneros del Reino deben continuar propagando lo que Jesús ha dicho y lo que Jesús ha hecho, nada más. Pero, sobre todo, deben imprimir la más absoluta gratuidad al ministerio que están emprendiendo: no es el oro o la plata lo que debe constituir el centro de su atención, sino sólo el deseo de bendecir y beneficiar. Eso es exactamente lo que afirmará san Pedro en uno de sus famosos discursos: ‘No tengo plata ni oro; pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar’’(Hch 3,6).

 

***

La invitación a la gratuidad que caracteriza, en primer lugar, al método misionero recomendado por Jesús a sus discípulos y apóstoles constituye el objeto de nuestra meditación. Es incluso demasiado fácil trivializar el tema de la gratuidad, considerándolo sólo desde el punto de vista material, aunque esta dimensión no debe ser en absoluto desatendida, ya que es muy apreciada en el ambiente social en el que viven hoy los cristianos. La gratuidad, sin embargo, expresa algo bien diferente, impulsa mucho más allá: requiere una claridad interior y un coraje que no es ciertamente patrimonio de la mayoría.

La gratuidad es, antes que nada, fruto de un corazón educado evangélicamente, de un corazón que late en plena sintonía con el de Jesús. Por eso, sólo puede decir que tiene una actitud gratuita quien, honestamente, pueda decir que tiene un corazón ‘manso y humilde’ (cf. Mt 11,29). Gratuita, también, es la actitud de quien  está dispuesto a dar, tanto material como espiritualmente, sin esperar nada a cambio. El verdadero discípulo de Jesús se contenta y goza con dar, sin esperar nada a cambio, recordando la enseñanza de Jesús: ‘Hay más felicidad en dar que en recibir’ (Hch 20,35). Gratuita es, por último, la acción de quien abre la mano para dar y no la cierra nunca, incluso ante quien rechaza el don y no manifiesta ninguna gratitud. Esa mano permanece siempre abierta porque su corazón se ha dejado educar en la escuela del Evangelio.

 

ORACIÓN

Pertenece al hambriento el pan que guardas en tu cocina. Al hombre desnudo, el manto que está en tu armario. Al que no tiene zapatos, el par que se estropea en tu casa. Al hombre que no tiene dinero, el que tienes escondido. Los juguetes que rompes son los juguetes de los nińos desheredados; el alimento que malgastas es el alimento del que está desnutrido; los utensilios que tiras son los utensilios de quien no tiene casa; las obras de caridad que no haces son otras tantas injusticias que cometes.

*

Basilio de Cesárea,

‘Cuando el rico es un ladrón’,
en El buen uso del dinero,

Desclée de Brouwer, Bilbao 1995, p. 59.

***

Comoquiera, pues, que estoy convencido y siento íntimamente que, habiéndoos dirigido muchas veces mi palabra, sé que anduvo conmigo el Señor en el camino de la justicia, y me veo también yo de todo punto forzado a amaros más que a mi propia vida, pues grande es la fe y la caridad que habita en vosotros por la esperanza de su vida (Tit 3,6); considerando, digo, que de tomarme yo algún cuidado sobre vosotros para comunicaros alguna parte de lo mismo que yo he recibido, no ha de faltarme la recompensa por el servicio prestado a espíritus como los vuestros, me he apresurado a escribiros brevemente, a fin de que, juntamente con vuestra fe, tengáis perfecto conocimiento.

Ahora bien, tres son los decretos del Señor: la esperanza de la vida, que es principio y fin del juicio; el amor de la alegría y regocijo, que son el testimonio de las obras de la justicia. En efecto, el Dueńo, por medio de sus profetas, nos dio a conocer lo pasado y lo presente y nos anticipó las primicias del goce de lo por venir.

Y pues vemos que una tras otra se cumplen las cosas como él les dijo, deber nuestro es adelantar, con más generoso y levantado espíritu, en su temor (‘Carta de Bernabé’, I, 4-7, en Padres apostólicos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 21967, pp. 771-772).

 ***

La salvación, por parte de Cristo, es pura gracia. Si esto valía para los judíos que se dirigían a Cristo, tanto más evidente era esto en los paganos. Bernabé se dio cuenta de ello enseguida, en cuanto admiró la Iglesia surgida en Antioquía como por encanto. Comprendemos muy bien que pudiera sentirse lleno de alegría y que, frente a la acción de la gracia, no le quedara otra cosa que hacer que  ‘amonestar a todos a perseverar en el Señor’[…]. Flota, sin duda, en el aire cierto aire de tragedia en el hecho de que Pedro -dado su particular temperamento-, junto con Bernabé, precisamente en Antioquía, se pusiera en una situación difícil, haciéndose merecedor de la censura de Pablo, como este último nos dice en su Carta a los Gálatas (cf. 2,11 ss).

La gracia de Dios no excluye la libertad humana, pero engendra a menudo un estado de tensión entre lo humano y lo divino, del que se sirve para despejar el camino de la Iglesia y guiarla hasta su meta.

Bernabé no había perdido de vista a Saulo. ‘Fue a Tarso a buscar a Saulo’. Experimentamos una extraña sensación al leer estas palabras. Ahora bien, ¿dónde estaba Saulo? Había tenido que dejar Jerusalén como fugitivo después de su primer encuentro con la comunidad: los hermanos le habían hecho partir para Tarso (9,23-30). No sabemos lo que hizo Pablo durante estos años de ausencia. ¿Estuvo inactivo por completo? Pero Bernabé no ha olvidado a Pablo. Fue él quien hizo en su momento de intermediario, en Jerusalén, de aquel hombre cuando acababa de llegar de Damasco, y había intentado granjearle la confianza de la comunidad madre, atestiguando el encuentro de Saulo con el Seńor (9,27).

Los Hechos de los apóstoles no nos dicen cómo Bernabé estaba tan bien informado respecto a Pablo. Fue una disposición providencial, y como tal siguió la amistad de estos dos hombres.

El Espíritu que guía a la Iglesia se sirve de vínculos humanos personales para el bien de la sociedad. Volvemos a preguntarnos qué habría pasado si Bernabé, durante su estancia en Antioquía, no se hubiera acordado de Saulo. ¿Por qué fue a buscarle? A buen seguro, no por su propio interés. Pensaba ya en Pablo desde hacía tiempo, como podemos presumir, y sabía que su amigo sufría por estar tan alejado de aquella obra a la que parecía llamado. No sin motivo nos dice nuestro texto que Bernabé era ‘un hombre de bien’ .

*

J. Kürzinger,

Comentarios Espirituales sobre el Nuevo Testamento. Hechos de los Apóstoles,

Roma 21969, I, pp. 304ss.

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Se hace presente la Ruah.

miércoles, 11 de junio de 2025
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Pentecostés
Juan Zapatero Ballesteros,
Sant Feliu de  Llobregat (Barcelona).

ECLESALIA, 06/06/25.- Cincuenta días después de haber celebrado la vivencia interior de aquellas intrépidas mujeres sobre su plena convicción de que Jesús de Nazaret había traspasado todas las limitaciones humanas y se había convertido en experiencia profunda de eternidad, aparece y se hace presente “la Ruah», sí, en femenino, con toda la fuerza y potencia que este género gramatical encierra, para seguir engendrando y pariendo «vida en abundancia», con y desde todos los valores que la configuran.

Es la hora y el tiempo, por tanto, de los frutos y los granos que nos aportan alimento y robustez para comenzar a caminar, seguir caminando o, sencillamente, para levantarnos de la caída que nos mantiene postrados mordiendo el polvo del camino.

Pentecostés es tiempo de rasgar y romper, de manera definitiva, todo lo que suene a rancio, exclusivo y excluyente aplicado al amor. Las creencias, las ideologías, los ritos, las pertenencias, etc., han dejado de ser garantía de amor verdadero, ya que este anida, siempre y de manera exclusiva, en el corazón de toda persona generosa, humilde y sencilla, sea de la condición que sea.

Es tiempo de abrir nuestro entendimiento y nuestra mente a la verdadera sabiduría que no es, precisamente, la que nos entra por los sentidos, proveniente de la ciencia de quienes controlan y dirigen el saber según sus intereses y negocios, sino la que nos llega desde lo más profundo de nuestro interior a través de la práctica del silencio, de la meditación, religiosa o laica, qué más da, y de la escucha de todo lo que nos rodea, tanto personas como naturaleza y cosmos en general.

Es tiempo, también, de limpiar nuestra mente, de hacer un «reset» radical y profundo, que nos despoje de tantos prejuicios absurdos e infundados que nos llevan a juzgar por apariencias externas, por ideas sin fundamento y por criterios de moralidad ya superada o que debiera estarlo, actitudes y tomas de postura de tantas y tantas personas que, seguramente, no tienen nada que ver con la bondad y sinceridad que anida en lo profundo de sus corazones.

Pentecostés es oportunidad, kairós especial, para armarnos del verdadero valor, que no tiene nada que ver con la fuerza bruta y, muchas veces sucia, de los prepotentes y poderosos de nuestro mundo, necesario para afrontar un cambio radical y profundo, una catarsis, en nuestras vidas. Porque ya ha pasado el tiempo de hacer apaños. Es urgente y necesario afrontar esa transformación, metanoia, que necesitamos para imbuir nuestras vidas de la verdadera esperanza.

Es Pentecostés, finalmente, tiempo privilegiado para descubrir la imagen del Dios «Abbá», desde la experiencia transformadora de Jesús. Tiempo para abandonar lacras religiosas de un pasado esclavizador y abrazar la Buena Noticia de Jesús como fuente única de libertad verdadera. Haciéndolo sin proselitismos ni exclusivismos, sino dándonos todas y todos las manos para caminar juntas y juntos en la dirección del amor fraternal y compartido

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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“Pentecostés (un soneto)

martes, 10 de junio de 2025
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Leído en el blog de Pedro Miguel Lamet:

El soplo que te libra de la nada

PENTECOSTÉS

¿Quién habita en la luz de una mirada
que de pronto te mira sin malicia
y con temblor te arrulla y te acaricia
sin pedir algo a cambio, emocionada?

¿Quién se oculta de noche en la callada
despedida del sol y en la primicia
de un misterio secreto que te auspicia
el soplo que te libra de la nada?

¿Quién alienta en la flor esa sonrisa
de aquel niño, una música, el poema
donde brota un secreto de alegría?

¡Es el fuego de amor, vive en la brisa
que me aquieta, consuela, alivia y quema,
el Espíritu que inunda el alma mía!

*

Pedro Miguel Lamet

***

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Tu amor es mi luz.

martes, 10 de junio de 2025
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Puri Mercedes Garrido, laica cisterciense del monasterio Santa María de Sobrado de los Monjes (Galicia),
ASTURIAS

ECLESALIA, 26/05/25.- Con la mirada sorprendida descubro y admiro un pequeño rayo de luz, que pasea alegremente, iluminando y transformando todos los rincones de mi salón.

Su luz saltarina me regala una mirada nueva, para admirar transformadas todas las cosas cotidianas que me rodean.

La luz a su vez, me transforma, pero no me confunde o desdibuja mis contornos, sombras y entrañas, sino que me acaricia y calienta por dentro, como un microondas mágico que desentraña mis debilidades, mi memoria enferma, mis mentiras y miedos, blanqueando les con su fuego purificador.

Inundada por Tu luz recobro toda mi verdad, mi armonía, mi pureza interior, pero distingo con claridad que Tú eres , y yo soy solo yo, como una sombra humana desdibujada a Tu imagen y semejanza.

Percibo que aunque estamos plenamente unidos, somos diferentes y distintos.

Palpo que haciéndote hueco en mi soledad, encuentro Tu solitaria soledad.

Descubro Tu luz que no se confunde con nada de lo que iluminas, es única, absoluta, silenciosa como una pluma blanca de ave elevándose en el aíre, como una estrella en el firmamento, que me guía en la noche.

Cuando Tu luz me cubre, eres mi sangre y mi carne.

Luz que siempre me iluminas toda, en silencio sonoro y música callada, bailando y riendo por todo y por nada.

En ese instante mágico, Tu luz nos envuelve, como un abrazo ardiente y prolongado, que está por encima de todo, incluso de nosotras, de nosotros.

Nada puede oscurecer nuestra luz.

Nada puede  tocarnos y hundirnos en las sombras de muerte.

Somos intocables envueltas en Tu luz purificadora.

En el secreto silencio de nuestra soledad solidaria, en ese instante, Tu luz me cubrió con su sombra y el Hijo de Dios se hizo carne.

En el silencio siempre está la luz, en la nada siempre está el amor.

Hago silencio en soledad, sin temores, porque Tu luz siempre está presente.

El silencio me enseña a desenganchar me de todo, para regresar a Tu luz abrasadora y ardiente de amor.

En el silencio me espera el Absoluto.

En el secreto silencio, se hace carne el hijo, en comunión y unión plena con  el despertar de la Maternidad Universal (Sri Mata Amritanandamayi Devi).

silencio eterno, en comunión interminable, me recuerda que soy moldeada con arcilla, hecha de silencio y barro a imagen tuya; Dios Uno y Trino.

En Ti, nuestro amor es Eterno (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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