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25.1.24. Vocación de Pablo, unidad cristiana (Gal 2, 19-21)

viernes, 26 de enero de 2024
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IMG_2684Del blog de Xabier Pikaza:

Es unidad horizontal, de diálogo y comunión entre las iglesias que son católicas (universales), ortodoxas  (de recta fe), evangélicas (de buena nueva), protestantes (de rebelión contra todo poder opresor), carismáticas (de gracia y vida en el Espíritu santo), petrinas (de Pedro y los Doce), paulinas (de Pablo y los apóstoles), juaninas  (del discípulo amado), siendo cristianas (es decir, de Cristo-Mesías).

Es unión en profundidad, buscando aquello  que nos vincula y enriquece  en lo más hondo, no en detalles superficiales, aprendiendo unos de otros, alegrándonos por todo lo que es bueno en los demás. Lo más hondo no es un mínimo común denominador, sino máximo común misterio, de gratuidad y perdón, llamada de Dios, tarea de gracia… No tenemos vocación, somos vocación (llamada a la vida), no tenemos misión (somos misión/testimonio de gracia al modo de Pablo, en humanidad mesiánica).

Morir a la ley, vivir en gracia

 Esta es en concreto una fiesta “paulina”, vinculada a la  memoria y transformación de Pablo de “Saul/Saulo”, que quiso ser como su antepasado rey triunfador, de la tribu de Benjamín (Flp 3, 4-5)… pero que, al convertirse a Cristo quiso llamarse y se llamó Paulus/Pablo (=el pequeño).

Es la fiesta del cristianismo como llamada/vocación a la vida como don, regalo de amor, no tarea de ley. No vivimos por obligación (ley biológica) como los animales, sino por vocación, porque nos han llamado y queremos responder (de lo contrario no vivimos o mejor que nos matemos)   Éste es el tema clave de Gal 1-2, el relato de conversión-vocación más importante de la Escritura judeo-cristiana. Así lo condensamos comentando las palabras centrales de Gal 2, 19-21.

 2,19 Por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo. 20Ya no vivo yo, Cristo vive en mí. En cuanto a la vida actual en la carne la vivo por fe en el Hijo de Dios que me ha amado y se ha entregado por mí. 21 No rechazo la gracia de Dios, pues, si la justificación viniera por la ley, Cristo hubiera muerto en vano.

 Pablo vive en Cristo crucificado, en aquel que ha muerto por los otros, en manos de Dios. Esta es la experiencia de su resurrección. Vivía antes sometido a una ley que le obligaba a cumplir y cumplir siempre mas obras para ser él mismo, ganando así su identidad, haciéndose así mismo.

En un momento dado (vocación/conversión) descubre que no vive por sí mismo; que su vida se la ha dado (regalado) Dios en Cristo. Es como si él no fuera, no tuviera que ser, que hacerse a sí mismo, porque Dios le ha regalado su existencia. Dios le ha liberado de todas sus obligaciones. No tiene que hacer nada, sino acoger en fe/confianza plena la vida de Dios que le dice “vive, yo vivo en ti”.

Es como si nosotras hubiéramos desaparecido, ya no fuéramos, de forma que estamos identificados con Cristo, aquel que muriendo (superando toda ley) habita en nosotras. Esta es la experiencia más honda que uno puede tener, que es la vivir en otro. Ya no soy yo el que vivo, es Cristo quien vive en mí, no para borrar y destruir mi identidad, sino para alcanzar la identidad más honda.

Culmina así, de un modo sorprendente el discurso sobre la justificación: No tengo que justificarme de nada. Nada tengo que demostrar. No tengo que subir a ninguna montaña inalcanzable (como Sísifo), ni dar vueltas ni mas vueltas por el mundo (como Ulises), ni ganar mil batallas (como Titán), ni robar fuego a Dios (como Prometeo), ni conquistar Jerusalén (como David…). No tengo que hacer nada, sino ser: dejarme amar, amar de esa manera a otros.

Pero yo, por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios (2, 19).

 Este “yo” de Pablo es el yo de un cristiano que viene de la ley, más aún, que ha vivido apasionadamente vinculado a la ley, como alguien que esperaba que ella pudiera salvarle, dándole seguridad y certeza en el mundo: hacer-hacer-ganar, sobresalir de esa manera sobre el mundo, como un conquistador. Pero después, de pronto, ha descubierto que la esa ley de ser haciendo cosas le ha llevado a luchar contra otros y a matarse a sí mismo. Esa ley a matado a Cristo, como inútil.

Pablo se sitúa, nos sitúa, ante una Ley que, por sí misma, cumplida de un modo radical “ha fracasado”, pues desemboca en la muerte de los demás (por ley tenemos que matar a Cristo, que no es legal como nosotros queremos). Por ley fracaso siempre,  como sujeto agente de sí mismo, pues no soy lo que yo hago, sino lo que Dios hace y vive en mí.

En su período anterior, Pablo quería ser lo que él era (lo que hacía y merecía por ley); pero ahora descubre que él no e sujeto agente de sí mismo, de manera que no está sujeto a su yo, a sus acciones, sino que ha sido liberado por Jesús de su mismo o anterior, egoísta. mismo hace en él por Cristo.

La experiencia de la vocación o llamada de Dios (de su vida más profunda), que Pablo ha narrado en Gal 1, 15‒17, le ha hecho ver, en contra de todo lo que antes había querido y creído, que precisamente aquel “condenado por la ley” es el Hijo de Dios. El rechazado, el crucificado, el “inútil” es presencia de Dios. En esa línea,  una vez que ha creído en Jesús crucificado por la ley, Pablo sabe que él también “ha muerto a la ley” (a una ley que lleva a la muerte).

De esa forma descubre que no tiene nada que lograr ni asegurar medio de sus obras en este mundo). Pues bien, allí donde él ha muerto en un plano de “carne” (de obras humanas), allí donde, según ley, no tiene nada que conseguir por sus obras el puede vivir para Dios o, mejor dicho puede dejar que Dios viva en él.

Estoy (he sido) crucificado en/con Cristo (2, 19).

 Esto significa que, en cuanto cristiano, Pablo comparte la muerte de Cristo, no como simple muerte natural, sino como “crucifixión”, como experiencia del fracaso de la ley que, llevada al extremo, cumplida con radicalidad mata al mismo Cristo; esto significa que la ley nos mata, para que así podamos ser nosotros mismos, en él y por él, no por nuestras obras.

Dios ha creado a los hombres en libertad, para que puedan ser ellos por sí mismos. Pero los hombres han convertido esa libertad en principio de envidia y de lucha, de manera que para mantenerse a sí mismos y triunfar ellos han terminado enfrentándose entre sí y matándose unos a otros.

Lógicamente, para mantenerse a sí mismos, en ese contexto de violencia y de imposición sobre los otros, en una estructura legal de poder como el imperio romano o la ley del templo de Jerusalén, los hombres han tenido que  matar al “Cristo” de Dios. Por eso, si quiere “ser en Dios”, vivir desde y en Cristo, Pablo tiene que morir a los “poderes” (obras) de este mundo, pero descubriendo que esa muerte es para él un principio de resurrección.

 Un mesías que hubiera triunfado por su fuerza mayor (según ley), imponiendo su dominio sobre los demás y sobre el mundo no sería “mesías ¡verdadero”, sino signo y representante de los poderes de destrucción del mundo pecador. Esa ha sido la experiencia (iluminación) mística, que ha cambiado totalmente la existencia de Pablo, que empieza a vivir desde ahora inmerso en ese “fracaso” mesiánico (mundano), que viene a presentarse así como éxito verdadero del Cristo de Dios, esto es, del mismo Dios, y así vive crucificado con él.

 ‒ Ya no vivo yo, sino que es Cristo el que vive en mí (2, 20).

  Pablo no presenta aquí a Jesús como Kyrios/Señor (no hay sí Señor), ni siquiera como Hijo de Dios (aunque podría haberlo hecho desde su más honda experiencia), sino como Cristo, es decir, en la línea mesiánica, israelita en la que él ha vivido inmerso hasta que Dios le ha llamado para vivir en el Cristo que ha muerto por él (Gal 1, 16). Lo que Pablo empieza ahora a decir es una concreción (consecuencia) de la llamada de Cristo: Él está descubriendo y expresando en su vida el sentido de la Cruz, en la que se despliega y realiza la Vida del Cristo, que le integra en su amor, dejándole en plena y total libertad, como Mesías de la vida salvadora entendida como don, como regalo, hasta la muerte por los demás.

La verdadera cruz essuperar la cruz del deber impositivo, la de tener que conquistar el mundo, conquistarse uno a sí mismo. La verdadera cruz es superar todas las cruces en Cristo

Pablo se encuentra así “habitado” por el Cristo de la Cruz, por el mesías que vive dando vida, ofreciendo su experiencia y camino mesiánico a todos los hombres, judíos y gentiles.

 Ésta es la mística de la Cruz. No es la mística un Dios absoluto, en general, en quien viven los hombres, ni la mística de Ley como expresión del orden eterno de la realidad, sino la del don o regalo de la vida del Cristo de Dios, que ha muerto por él (por los hombres). Este “fracaso de la ley” queda compensado o, mejor dicho, justificado y superado por la experiencia del crucificado en quien vivimos y somos.

En cuanto a la vida actual en la carne la vivo en la fe en el Hijo de Dios que me ha amado y se ha entregado por mí (2, 20).

 Conforme a lo que voy diciendo, la palabra clave es “cristo”, mesías de Israel, crucificado (condenado por la misma ley), para así descubrir, por encima de ella, la experiencia superior de la gracia que se expresa y despliega en la muerte. Frente a un tipo de judaísmo, que guarda silencio ante Dios (quedando sólo ante su Ley en Israel), Pablo se sitúa ante Jesús crucificado (mesías fracasado según ley), descubriendo que ese Jesús crucificado es el Hijo de Dios, que le ama y se ha entregado por él.

 Jesús, “Mesías fracasado de Israel” (Hijo de David según la carne: Rom 1, 3‒4), es  el Hijo del amor de Dios que vive muriendo por los otros. No ha muerto Dios (como dirá Nietzsche), ha muerto el Cristo de la ley (1 Cor 15, 3-4); le ha matado la ley, él ha muerto en gracia, por amor, sobre toda ley.

Ha muerto el Dios de la superioridad, del poder y obligación, de la ley y el sacrificio… Vive en Cristo el Dios de la gracia y libertad.  Dios no se puede “dar” (entregarse) a los hombres en superioridad (desde arriba), pues de hacerlo no sólo les negaría y destruiría, sino que actuaría como poder diabólico de posesión. Conforme a la expresión de 2 Cor 13, 13, Dios se define como amor (agape), que se expresa y despliega por la gracia del Señor Jesucristo, en la comunión del Espíritu Santo.

 Según eso, la Cruz/muerte no es sólo  el fracaso mesiánico de Israel (Jesús ha sido crucificado por la ley), sino que, siéndolo (muriendo según ley), Cristo es revelación y presencia de amor, Hijo de Dios. Ésta es la certeza suprema de Pablo: Me ha amado y se ha entregado por mí. La experiencia básica del hombre no es la de tener que cumplir una ley,  viviendo el dominio o vigilancia de Dios, sino la ser amado y amar . El que cumple una ley puede triunfar a partir de ella, pero es un triunfo que se expresa en el fondo a modo de de dominio; el que triunfa por ley sobre los hombres puede de esa forma dominarles; pero Cristo no ha triunfado sobre los hombres, sino que ha muerto por ellos, para darles gratuitamente vida.

No rechazo la gracia de Dios, pues si la justificación viniera por la ley, entonces Cristo hubiera muerto en vano, pues según ley tendría que haber triunfado (2, 21).

  Pablo se sitúa según eso en un plano de pura y total “gratuidad”, ante el Dios que se manifiesta por Cristo, como puro amor gratuito. Si Dios es amor gratuito (cf. 1, 3), la vida entera del hombre ha de entenderse como expresión de plena y total gratuidad: Acoger la voz de Dios, confiar en ella, dejarse hacer y ser como don, puro regalo, eso es ser de y en Dios, dejar que Cristo viva en mí.

Si el hombre tuviera que salvarse por sus obras, es decir, por lo que hace o debe hacer, la muerte de Jesús carecería de sentido, pues ella no es obra de ley, sino todo lo contrario, es el fracaso de todas las obras de ley de los hombres. Jesús no ha muerto como un héroe militar, triunfando de hecho al morir en la batalla, sino al contrario: Ha muerto como un fracasado de amor. Ha querido abrir un camino de gratuidad, pero le han matado. Pues bien, conforme a la experiencia pascual, ese fracaso ha sido el triunfo de Dios, experiencia clave de resurrección.

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“Bendecid, no maldigáis, por Míguel Ángel Mesa.

viernes, 26 de enero de 2024
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IMG_2318«Mi plena cercanía, apoyo y sintonía con los cambios iniciados o llevados a cabo por Francisco a lo largo de estos diez años de papado»

«Después de leer la Declaración La confianza suplicante, pienso que es un paso adelante, valiente e importante, que invita a dar la bendición de Dios sin exigir nada a cambio, sin pedir un cambio de actitud. Simplemente porque Dios les ama y les acoge como son»

«Pero este paso adelante ha sido criticado fuertemente, como viene siendo habitual, por algunos de los sectores más tradicionalistas, involucionistas e inmovilistas de la jerarquía eclesiástica»

«Mi plena cercanía, apoyo y sintonía con los cambios iniciados o llevados a cabo por Francisco a lo largo de estos diez años de papado, para que la Iglesia se adecúe a los tiempos actuales y sea más fiel al Evangelio de Jesús»

«Cuando dos personas se aman es Dios mismo quien las bendice. Es el sacramento del amor lo que las une. Y las personas en situación “irregular”, es lo más regular y normal en nuestro mundo»

«Estoy plenamente convencido que si Jesús viviera en nuestros días, daría su plena bendición … Lo suyo es la buena noticia»

Allá por el año 2008 escribí un artículo que causó algún revuelo y que titulé La familia de Jesús. En él hablaba de Jesús y el grupo de discípulos y discípulas que le seguían, pero actualizado desde las realidades que vivimos hoy en día. Aparecían en este grupo los inmigrantes, la situación “irregular” de un padre separado con un niño a su cargo, dos hombres que decidieron unir sus vidas y Jesús, junto al resto de sus seguidores, les acompañaron “ayer mismo, cuando se prometieron fidelidad y amor en una ceremonia que tuvimos en la comunidad”.

Había también una pareja de mujeres con una niña a su cargo. Dice Jesús: “Yo nunca he visto miradas tan tiernas, gestos más cariñosos, besos tan dulces como los que se dan. No hay entre ellas mayor ni menor, comparten todas las tareas y la educación de su hija. Son un verdadero matrimonio bendecido por mi buen Padre y Madre Dios. Tienen un amor mucho más puro que el de la mayoría de los matrimonios tradicionales que he visto en mis largos años de andanzas por pueblos y ciudades”.

 Y termina diciendo Jesús a quienes se oponen a estas prácticas, haciendo referencia a la ortodoxia, a la ley natural, a la palabra de Dios interpretada de forma autorizada por ellos, varones todos, e invocando la tradición: “Y así podría contaros muchos casos más que hay entre nosotros. No hay un solo tipo de familia, ya lo veis. Y las parejas que desean casarse en la comunidad son llamadas con toda naturalidad matrimonio, porque lo son. Y Dios los bendice cada día reflejando el sol en sus vidas… Ellos y ellas son mi verdadera familia: mi madre, mi padre, mi hermano y mi hermana. Y si mi Padre les ha unido en su amor, vosotros no sois nadie para intentar suplantar a Dios”.

IMG_2396Como habréis supuesto, esta introducción hace referencia a la Declaración La confianza suplicante, firmada por el Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y ratificada por el Papa Francisco el pasado 18 de diciembre. En esta declaración se aclaran las formas en que se deben realizar las bendiciones solicitadas por personas en situaciones “irregulares” y parejas del mismo sexo.

Después de leerlo pienso que es un paso adelante, valiente e importante, que invita a dar la bendición de Dios sin exigir nada a cambio, sin pedir un cambio de actitud. Simplemente porque Dios les ama y les acoge como son. Se ha esperado demasiado tiempo para que podamos ver con nuestros propios ojos este cambio histórico hacia parejas del mismo sexo y personas separadas y vueltas a casar.

«Después de leerlo pienso que es un paso adelante, valiente e importante, que invita a dar la bendición de Dios sin exigir nada a cambio, sin pedir un cambio de actitud. Simplemente porque Dios les ama y les acoge como son»

Pero este paso adelante ha sido criticado fuertemente, como viene siendo habitual, por algunos de los sectores más tradicionalistas, involucionistas e inmovilistas de la jerarquía eclesiástica, en distintos países, entre ellos el nuestro, en el que un grupo de sacerdotes ha iniciado una recogida de firmas para que se derogara la declaración y distintos obispos se han mostrado en contra de que se efectúe cualquier bendición de este tipo en sus diócesis.

En primer lugar lo que deseo es mostrar mi plena cercanía, apoyo y sintonía con los cambios iniciados o llevados a cabo por Francisco a lo largo de estos diez años de papado, para que la Iglesia se adecúe a los tiempos actuales y sea más fiel al Evangelio de Jesús, siendo más comunitaria, sinodal, participativa, con una mayor inclusión de la mujer en distintos servicios eclesiales, pobre, junto y para los pobres, encarnada en nuestro mundo de forma misericordiosa y con una dedicación plena y comprometida hacia la población más empobrecida, marginada, excluida, emigrante… Y, en concreto, en el tema que me ocupa sobre la bendición a parejas del mismo sexo y personas en situaciones irregulares.

«Mi plena cercanía, apoyo y sintonía con los cambios iniciados o llevados a cabo por Francisco a lo largo de estos diez años de papado, para que la Iglesia se adecúe a los tiempos actuales y sea más fiel al Evangelio de Jesús»

Pero no quiero finalizar sin mostrar un pero, una salvedad. Este texto, como he dicho anteriormente, me parece un paso adelante, valiente e importante. Pero mínimo. Toda la declaración parece encauzada a no provocar urticaria y que el rito de la bendición, sea breve, alejado de cualquier similitud al del ritual del matrimonio, para que no dé lugar a confusiones.

IMG_2395Me remito a los fragmentos de mi artículo que he reflejado al principio, para dejar constancia de mi forma de pensar. Creo que el amor no hace acepción de personas, sean de un sexo o de otro. El amor proviene de Dios, es Dios mismo, según el Evangelio de Juan. Y cuando dos personas se aman es Dios mismo quien las bendice. Es el sacramento del amor lo que las une.

«Cuando dos personas se aman es Dios mismo quien las bendice. Es el sacramento del amor lo que las une. Y las personas en situación “irregular”, es lo más regular y normal en nuestro mundo»

Y las personas en situación “irregular”, es lo más regular y normal en nuestro mundo. Cuando dos personas con un proyecto de vida en común, de cariño mutuo, después de esforzarse por solucionar las dificultades de la vida matrimonial, ven que es imposible mantener esa unión, lo “normal” es separarse de la forma más humana y amistosa posible. Para seguir su vida y, si lo desean y tienen suerte, encontrar otra persona con la que poder hacerlo. El amor de Dios es eterno, pero en la vulnerabilidad del ser humano, lo más habitual es que haya momentos en los que se abandonen unos caminos, por distintas circunstancias, para encontrar otros nuevos que aporten más felicidad y plenitud.

Estoy plenamente convencido que si Jesús viviera en nuestros días, daría su plena bendición, celebraría el encuentro, el matrimonio, la vuelta a la vida dichosa junto a otra persona, sin hacer preguntas, sin prejuicios, sin teóricas leyes naturales que castigan y alejan. Lo suyo es la buena noticia. Es mucho más felicitante, humana y divina la bendición. El bien decir. El bien hacer. El bien querer. El bien acoger. Y alejemos de nuestras vidas, arrojando a la basura, el rechazo, la maldición, el anatema y la condena.

«Estoy plenamente convencido que si Jesús viviera en nuestros días, daría su plena bendición … Lo suyo es la buena noticia»

Fuente Religión Digital

Espiritualidad, General, Historia LGTBI, Iglesia Católica ,

Conversión de San Pablo

jueves, 25 de enero de 2024
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Saulo de Tarso, antes de su conversión, era un judío convencido de su religión y totalmente contrario a la nueva fe que empezaba a difundirse por Palestina y sus alrededores.

        Tuvo alguna responsabilidad también en el martirio de san Esteban, protomártir, del que se habla en los Hechos de los apóstoles. Saulo encontró a Jesús resucitado en el camino de Damasco y este acontecimiento cambió de manera radical su modo de creer y de pensar. El Señor resucitado se convirtió en el centro de su espiritualidad y de su teología. Una vez apóstol del Evangelio, Pablo estableció en Antioquía de Siria el punto de partida de sus viajes misioneros, donde aparece como testigo infatigable de la fe en Jesús resucitado. Estos viajes le incitaron a escribir diversas cartas a las distintas comunidades cristianas que había fundado. Pablo, verdadero y auténtico apóstol, siempre llevó buen cuidado en «volver» a Jerusalén, con el deseo de confrontarse con los apóstoles de Jesús a fin de no correr en vano.

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No quieras buscar ninguna cosa fuera del Señor; busca al Señor y él te escuchará; y mientras todavía estés hablando, te dirá: «Estoy aquí». ¿Qué significa «Estoy aquí»? Estoy presente. ¿Qué quieres, qué esperas de mí? Todo lo que puedo darte es nada en comparación conmigo. Tómame a mí mismo, goza de mí, acércate a mí. Aún no puedes hacerlo del todo, pero tócame con la fe y quedarás inseparablemente unido a mí, y yo te libraré de todos tus fardos, para que puedas adherirte a mí por completo.

*

Agustín de Hipona,
Exposición sobre el salmo 33, 9ss

***

El edificio espiritual construido por san Pablo, con su profundidad profética y sus escarpadas ascensiones, emerge alto sobre el plano de nuestra apacible piedad cristiana. ¿Quién fue este grande, que obró a la sombra de Uno inmensamente más grande que él? ¿Quién fue este atrevido pionero, este «errante entre dos mundos»?

        Dos ciudades ejercieron una influencia decisiva en el ciclo de su formación: Tarso y Jerusalén. «Soy un judío de Tarso de Cilicia…»: así se calificó Pablo ante el comandante romano cuando fue encarcelado. Dos corrientes de antigua civilización afluían, pues, y se fundían en él: la educación judía en familia y la formación griega que absorbía en la capital de su provincia natal, dotada de universidad. Está escrito, ciertamente, en los designios de la Providencia que este hombre, destinado a que en su vida actuara como misionero en medio de los paganos, debería recibir su primera educación en un centro mundial del paganismo.

        Aquel para quien ya no debería existir diferencia alguna entre judíos y paganos, entre griegos y bárbaros, entre libres y esclavos [cf. Col 3,11; 1 Cor 12,13), no debía nacer entre las idílicas colinas de Galilea, sino en el tumulto de un rico emporio comercial donde afluían y se mezclaban gentes de todas las naciones sometidas al Imperio romano.

        «Soy de Tarso, una ciudad no oscura de Cilicia». Parece que se refleja en esta respuesta un sentimiento de genuino orgullo griego por su propia ciudad de nacimiento. Tarso competía, en efecto, con Alejandría y Atenas por la conquista del primado en el campo de la cultura; en ella se elegían los maestros para los príncipes imperiales de Roma, y es natural que un centro de cultura tan eminente influyera en la formación de la personalidad del futuro apóstol… En Tarso dominaban la espiritualidad y la lengua griega junto a las leyes romanas y a la austeridad de la sinagoga judía.

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J. Holzner,
San Pablo,
Editorial Herder, Barcelona 1989.

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad, Homofobia/ Transfobia. , ,

“La resurrección de Jesús según san Pablo”, por Gonzalo Haya.

jueves, 25 de enero de 2024
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paul and jesus atheism_thumb[1]El primer documento escrito sobre la resurrección de Jesús se lo debemos a Pablo, solamente 20 ó 30 años después de su crucifixión. El obispo episcopaliano J. S. Spong ( 1, 2,) hace hincapié en este dato, porque se trata de una escueta interpretación de la resurrección, sin la escenografía de apariciones que 40 ó 50 años después presentaron los evangelistas. Y esa escenografía nos ha llevado a imaginar la resurrección como vuelta a la vida del cuerpo, mientras que Pablo interpretó la resurrección como una transformación en otra dimensión.

Exponemos a continuación los textos de Pablo y un resumen de los argumentos del trabajo de Spong:

Rom 1,4; que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos,

Rom 4,25; el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

Rom 8,34;  ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

Rom 14,9; Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.

1Cor, 15,3-8; Lo que os transmití fue, ante todo, lo que yo había recibido: que el Mesías murió por nuestros pecados, como lo anunciaban las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, como lo anunciaban las Escrituras; que se apareció a Pedro y más tarde a los Doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez: la mayor parte viven todavía, aunque algunos han muerto. Después se le apareció a Santiago, luego a los apóstoles todos. Por último se me apareció también a mí, como al nacido a destiempo.

1Cor, 15,15-17; Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan.  Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.

· Pablo nos da las primeras referencias sobre la resurrección de Jesús, principalmente en Rom 1,4 y 1Cor 15,3-8. No conoce nada sobre signos portentosos a la muerte de Jesús ni sobre el sepulcro vacío. Para comprender lo que dice Pablo tenemos que olvidar de momento todo lo que dicen los evangelios sobre la resurrección de Jesús: discípulos de Emaús, tumba de José de Arimatea, mujeres que llevaban ungüentos a la tumba, y otras apariciones.

· Pablo concibió la resurrección según los tres modelos que encontraba en la tradición judía: Henoc “caminó con Dios y después desapareció porque Dios se lo llevó” (Gén 5,24). Moisés murió “como lo había dispuesto el Señor, y lo enterró… y hasta la fecha nadie sabe dónde está enterrado” (Dt 34,5-6) de modo que el pueblo creyó que no había muerto y estaba con el Señor. Elías fue arrebatado por un carro de fuego y transportado vivo a la presencia de Dios (2Reyes 2,11). Estos eran los modelos que tenía Pablo para comprender su experiencia de Jesús vivo a pesar de había sido crucificado y sepultado.

· La resurrección es el momento en que Dios constituye a Jesús como su Hijo, Mesías y Señor (Rom 1,3-4). Esta afirmación podría ser considerada como “adopcionista” según el concilio de Nicea.

· Según Pablo, Jesús se aparece primero a Pedro (según Juan se apareció primero a María Magdalena, según Marcos Mateo y Lucas el primer anuncio fue a un grupo de mujeres que habían seguido a Jesús). Sigue la aparición a los Doce; ahora bien, o Doce es un número simbólico, o Pablo no sabe nada de la traición de Judas, o quizás el personaje simbólico, elaborado posteriormente, sea Judas. Después a quinientos hermanos; después a Santiago, ¿el hermano del Señor? “Por último”, e igualmente,a Pablo; ¡cuya conversión sucedió entre uno o seis años después de la muerte de Jesús!

· Lucas sitúa todos los acontecimientos de Pascua, entre la resurrección y la ascensión, en 40 días. Los casi seis años de Pablo y la falta de detalles de una apariencia física -mensajes orales y contacto físico- nos indican que Pablo no entendió la resurrección como la revivificación del cuerpo físico de Jesús; esas descripciones fueron elaboradas posteriormente por las comunidades y recogidas por los evangelistas.

· Pablo solamente había experimentado que Jesús vivía y entendió que había sido constituido Señor y Mesías. La resurrección fue, más bien, la transformación en un plano diferente, a un orden de conciencia más allá de los límites del tiempo y del espacio… lo que él llamó cuerpo espiritual” 1Cor 15,44). No hubo una revivificación del cuerpo que permaneciera en la tierra durante unos días y luego fuera “elevado” a los cielos. Al morir, fue transformado; ya no es un mortal, “la muerte ya no tiene dominio sobre él” (Rom 6,9). “Esta carne y hueso no pueden heredar el reino de Dios, ni lo ya corrompido heredar la incorrupción (1Cor 15:50)

Tenemos dificultad de imaginar esta transformación porque necesitamos explicarla con los conceptos e imágenes obtenidas de este mundo material, y porque nuestro imaginario se ha nutrido con los relatos de los evangelistas que trataron de plasmar y visualizar la resurrección de Jesús. El pueblo sólo concebía una vida real en un cuerpo; un ser sin cuerpo les parecería un fantasma.

Los estudios bíblicos se concilian mejor con los estudios de la antropología actual, y nos facilitan una comprensión más actual y adulta de nuestra fe. Lo trascendente sigue siendo un misterio, pero al menos no resulta contradictorio con nuestros conocimientos científicos de lo inmanente.

Gonzalo Haya

Fuente Fe Adulta

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Silencio

miércoles, 24 de enero de 2024
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Del blog Nova Bella: 

 

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Ninguna palabra puede decir tanto como el silencio

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Kawabata

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La urticante asimetría de la gracia: raíz de ‘Fiducia supplicans’

miércoles, 24 de enero de 2024
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IMG_2246Teología de la bendición ¿Modernismo puro?

«Las redes sociales se pueblan de videos reaccionando en contra del último documento del Dicasterio para la Doctrina de la fe»

«Tanto Fernández como Francisco parecen haber pateado el tablero con esta ‘novedad’ en torno a lo que bien podríamos llamar el último capítulo en la Teología de la bendición»

«El movimiento sorprende, despierta urticarias y activa levantamientos apocalípticos, que recuerdan aquellos tiempos en que en el mercado se discutían a viva voz cuestiones de alta teología dogmática»

«Hay algunos elementos que pueden servir para entender la contienda. Aquí los menciono para alentar el diálogo superador»

«Un accionar del Espíritu por fuera de las fronteras visibles de la lglesia y su moral»

Las redes sociales se pueblan de videos reaccionando en contra del último documento del Dicasterio para la Doctrina de la fe. Tanto Fernández como Francisco parecen haber pateado el tablero con esta “novedad” en torno a lo que bien podríamos llamar el último capítulo en la Teología de la bendición. El movimiento sorprende, despierta urticarias y activa levantamientos apocalípticos, que recuerdan aquellos tiempos en que en el mercado se discutían a viva voz cuestiones de alta teología dogmática. Hace mucho que la discusión teológica no se pone tan picante y actual.

Hay algunos elementos que pueden servir para entender la contienda. Aquí los menciono para alentar el diálogo superador.

La realidad que embiste a la idea

Muchos hermanos creyentes, la inmensa mayoría, no están alineados con la exigente, sofisticada e intrincada moral católica. Por infinidad de motivos, muy variados. Pero no lo están. Y aun así, “irreverentes” ellos, desean a Dios. Tienen necesidad de Él. Lo añoran, conscientes de su incorrección, de su estar lejos de lo que la institución entiende como ideal. Ante esta realidad se presentan dos opciones. 

 La primera es la postura clásica: se los llama al orden, invitándolos a reformar sus vidas para adecuarse a la prolijidad de la existencia «en gracia». El guión sugiere decir de mil modos posibles: «Vengan y sean como nosotros. Ustedes pueden. Decídanlo y punto». Así funciona el razonamiento básico, que supone varias cosas: a) que el necesitado de Dios tiene claridad meridiana respecto de lo que está bien y lo que está mal, b) que está completamente seducido por la belleza y la conveniencia de la vida teologal, c) y que dispone de una “determinada determinación” para un cambio de vida rotundo que queme las naves de su triste vida pecadora y abrace la virtud, guiado por los pastores de su Iglesia que son auténticos baqueanos del Espíritu. ¿Qué puede salir mal?

Malas noticias: ni lo ven tan claro, ni se sienten atraídos por la opacidad de una institución que no trasunta la vitalidad transformante de Aquel que hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21, 5). Y para rematar: aunque lo vean, y quieran, no pueden. Una buena parte de la historia de la doctrina de la Gracia se resume en esta línea divisoria de aguas. Y sin embargo, a pesar del fracaso estrepitoso de esta actitud pastoral, sigue pautando la pastoral en demasiadas iglesias locales.

La segunda respuesta es la aproximación personal, compasiva, que primerea la misericordia como condición de posibilidad de lo que sigue. Los evangelios están plagados de situaciones concretas de este tipo: Jesús come con los indeseables, con los corruptos, con los de vida ligera. No solo con los pobres y enfermos, sino con los marginados morales (Lc 7, 36-50; 19,1-10). El padre misericordioso sale al encuentro del hijo traicionero, licencioso y torpe (el mote “pródigo” solo romantiza la bajeza moral del que mata a su padre en vida y se atomiza en pasiones desenfrenadas) y lo abraza, antes de escuchar su discurso aprendido e interesado. Es el modo de anunciar el Reino: muy en línea con la encarnación, cruzando una vez más la barrera clara y distinta que separa lo profano de lo sagrado, lo puro de lo impuro, lo divino de lo humano. El “primereo” es su estilo, pues la iniciativa salvífica activa de Dios es el núcleo de la novedad del evangelio respecto de la ley judaica. Dios se pone al hombro la tarea de redención porque el hombre no ve claro, no se siente atraído y por sobre todas las cosas, por más que quiera: no puede. Crujen los huesos de Pelagio desde la tumba, pero es así.

De aduanas y varas de medida

Hay una configuración institucional que necesita trascenderse para comprender el mensaje de la doctrina sobre la bendición: la iglesia es mucho más que la garante de la moral occidental y cristiana. Mal le ha ido en este rol, luego de que saltaran a la luz las atrocidades de su pasado remoto y no tan remoto. Desde el cesaropapismo, la bula Unam sanctam, las querellas de las investiduras, los papados mundanos y orgiásticos, las indulgencias que construyeron San Pedro, la Inquisición, las relaciones carnales con el poder, el absolutismo monárquico, la complicidad con las dictaduras y gobiernos opresivos, los abusos sexuales, la pederastia, los crímenes de los orfanatos de Canadá, Irlanda, los desfalcos en el Vaticano de Francisco, etc. etc. etc. ¿De veras queremos insistir en el rol de doctores de la ley versión 2.0? Spoiler: no nos da la altura moral… para medir la moral de los demás como función fundamental de nuestra existencia. Lo que no implica cancelar el contenido moral de nuestra vivencia espiritual, claro está. Pero estoy convencido de que la furia con la que la posmodernidad nos enrostra nuestras miserias morales es simplemente el fruto de la larga y machacona insistencia eclesial en supervisar la moral de Occidente sin anunciar el kerigma, de exigir el fruto sin haber sembrado y de priorizar el resultado por encima de la gratuidad de la gracia.

Ser sacramento del amor infinito de Dios (FS 42 -45) implica para la iglesia renunciar a ese rol de poder arriba descripto que no debe (¡ni puede!) llevar adelante. La lógica descentralizadora del Concilio Vaticano II recupera la noción de sacramento poniendo la misma razón de ser de la iglesia en el «ir de Dios hacia el hombre», y de su necesidad de significar tangiblemente su gratuidad resucitante. La iglesia no es la meta: la meta es el Padre. Somos los embajadores de la moción reconciliadora de la Pascua (2Cor 5,17 – 21), no de la venganza del Señor: esa perspectiva ya fue abolida por Jesús en la sinagoga (Lc 4, 16-20).

La teología de la bendición parece indignar a una parte importante de la Iglesia todavía convencida de un rol que tanto el evangelio como el mundo repelen. Es que Fiducia supplicans exige que la iglesia abandone el centro y se instale en las periferias existenciales, donde lejos del fariseo panóptico foucaultiano se ve mucho más claro, en blanco sobre negro, lo que intuye Pablo en la segunda carta a los Corintios: «Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad» y «porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2Cor 12, 7.10).  Es que de eso estamos hablando, en definitiva. De la centralidad de la primacía de la gracia por sobre la moral.

La gracia: ¿condición de posibilidad o resultado de la virtud? 

El giro sustancial en teología de la Gracia lo dio K. Rahner cuando a mediados del siglo XX cambió lo que se entendía por primer analogado de esta realidad: ya no la gracia creada sino la increada. No tanto el hombre regenerado en Cristo, sino Dios mismo dándosenos. Durante siglos la doctrina tomista de la gracia creada había formateado (y sigue haciéndolo) la visión de la moral cristiana. Fruto de la justificación, el hombre es recreado en Cristo y está ya en condiciones de seguirlo, de merecer y de obrar santamente. Nada más real que esto. ¿Quién lo discute? Lo cierto es que la recepción del Aquinate olvidó destacar la imprescindible vinculación entre esta renovación interior del hombre con la fuerza personal del Dios que lo habita, el mismo Dios que es la causa permanente de esa realidad estable de agraciamiento. Con sutileza y solidez, Rahner vuelve a posar la atención en la causa continua de tal regeneración que es, una vez más, Dios mismo dándosenos.  Y con este golpe magistral causó un efecto muy necesario: la gracia ya no será primeramente la prolijidad de una vida en puntillosa sintonía con la doctrina sino la entrega permanente, incondicional y asimétrica que el mismo Dios es, en la persona del Espíritu. Y solo en segundo lugar la gracia será la respuesta del hombre a esta donación. Así queda esbozado el retrato de la gracia como vínculo, en el Espíritu, con el mismo Dios que se nos da, continua e irrefrenablemente.

¿Modernismo puro? No lo creo. Lo que este teólogo pone sobre la mesa es la misma raíz de la maternidad virginal de María, dogma que aprecian con frenesí los mismos sectores conservadores que hoy atacan a Fernández y a Francisco. La asimetría incondicional de Dios para dar vida nueva que exige la prescindencia del concurso humano de varón para engendrar a Jesús es el epítome de la precedencia del primereo de Francisco, de la lógica evangélica y cristológica que rompe el círculo vicioso de la ley y el pecado y permite un nuevo comienzo. Es cierto que se necesitó del fiat mariano para este paso, pero otro dogma ilumina la singularidad de este movimiento de fecundidad: el de la inmaculada concepción de María. Una vez más, un punto para la iniciativa divina que trasciende la respuesta humana, cimentándola.

¿A dónde vamos con este giro dogmático? Es necesario señalar la reciedumbre teológica de Fiducia supplicans. No es una concesión blanda a los sectores progresistas, sino una afirmación categórica de la gratuidad y la incondicionalidad de la gracia, de su asimetría y precedencia respecto de la respuesta humana de la que lejos de ser su resultado, es más bien su origen y condición de posibilidad. Sin una experiencia real y tangible de la excedencia de Dios respecto de la propia virtud, no hay conversión posible. Si la espiritualidad no va más allá de la moral no puede servirle de fundamento. Fernández sostiene con gran lucidez la primacía del kerigma que responde al clamor confiado y fecunda -pneumatológicamente- la  apertura temerosa a la paternidad divina.

Se insinúa un proceso de conversión, o mejor dicho el inicio de acercamiento que coincide por un lado con el aguijoneo de la nostalgia de Dios y por otro por la premura de ubicar la propia contingencia en las manos del que todo lo conforta (cf. Fil 4,13). 

Es imprescindible entender que una bendición no necesariamente «legitima» el proceder errado del que la recibe. Afirmar eso sería como entender que una madre es permisiva y laxa porque expresa cariño a su hijo díscolo, porque le recuerda que lo ama incondicionalmente. En la lógica vivencial de la maternidad se intuye curiosamente lo contrario: es la gratuidad del afecto lo que permitirá en un futuro que el hijo recapacite, si es que esto sucede, sostenido por un vínculo que no depende de su elección sino que la habilita. Una bendición no necesariamente «legitima» pero siempre «agracia», porque la gracia está más allá y más acá de la ley. Decir lo contrario supone arrancar del evangelio la teología paulina presente en Romanos y en Gálatas.

Por una pedagogía de la atracción

Identificar a la Gracia con la persona del Espíritu permite entender lo que parece estar de fondo en todo el documento del Dicasterio para la Doctrina de la fe: el carácter personal y procesual de la gracia, que no siempre coincide de modo taxativo con la nitidez propia de la ley de cuño más cristológico.

Que el Espíritu actúa antes y después de Jesús es una verdad de perogrullo, atestiguada tanto por el Antiguo Testamento (el Espíritu aleando sobre las aguas: Gn 1,2;  el Espíritu en los profetas: Ez 37, Is 11) como por el Nuevo Testamento (Jn 14, Hch 2). Pero lo interesante y sugerente es que Lucas nos aporta un accionar del Espíritu por fuera de las fronteras visibles de la lglesia y su moral. El episodio de Felipe con el eunuco etíope (Hch 8, 26-39) lo deja bien claro: hay una conversión que antecede al diálogo con el apóstol. Es verdad que termina en bautismo, pero se inicia de modo independiente.

Por eso resulta tan sugerente que se asocie la práctica de la bendición extralitúrgica al Espíritu (FS 31.33), pues da cuentas de su accionar propedéutico, pedagógico y didáctico que nos recuerda con mucha frescura lo que Trento en su Decreto sobre la Justificación describe como parte del proceso interno del que todavía no está justificado: la gracia lo excita y lo ayuda (capítulo V) y el hombre se inclina hacia Dios, lo desea y se dispone a esperarlo (capítulo VI). Lo dice Trento, no la teología queer. Es pura gracia “actual”, anticipada que seduce y atrae a la persona a la misma conversión. De allí que el deseo de Dios sea retratado por el documento como una semilla del Espíritu cuyo crecimiento no debe sofocarse sino más bien alentarse. Toda la patrística viene en auxilio de este rol pedagogo del mismo Dios que hace de la inquietud por él un efecto de esa atracción pascual propia del crucificado resucitado («cuando sea levantado en alto, atraeré a todos hacia mí» Jn 12,32).

Creo de veras que el documento de Fernández ofrece muchas pistas para cuestiones que son incluso más decisivas que el mismo desencadenante pastoral de las bendiciones “irregulares”. La excedencia de la espiritualidad respecto de la moral, la ubicación estratégica de la iglesia en las fronteras existenciales y su consecuente rol kerigmático y no tan aduanero, la maternidad graciosa de sus gestos y la ampliación del registro estrictamente legalista que nos sitúa más cerca de la letra que mata que del Espíritu que vivifica (cf. 1 Cor 3,6).  Ojalá aprovechemos la oportunidad para que, como suele darse en la historia de la iglesia, una situación puntual y concreta -como en este caso es la situación de las uniones irregulares o del mismo sexo- ponga en marcha un diálogo fecundo que permita ver con más nitidez y contundencia lo que parece ser el núcleo místico, dogmático y pastoral de la discusión: la gratuidad y la universalidad de la gracia y su primacía asimétrica sobre la respuesta del hombre.

Fuente Religión Digital

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Si amo a Dios, sólo seré silencio en el gran Silencio

martes, 23 de enero de 2024
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Del Blog Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

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Si amo a Dios, solo seré silencio en el gran Silencio

El hombre ha perdido la confianza.

Abusamos en nombre de Dios,
De su nombre, de todo su nombre.

De su nombre, sin letras, ya borrado de nuestra vaga memoria.

Nuestra vida ya arruinada
¡Ya no sabe a pan caliente del cielo!
Del horno del Maestro panadero
Ni a medias Lunas de dulzuras divinas
Y el café en la mañana, es amargo como la hiel.

Para ser Testigo de Dios

No desearé quererlo,
Ni pretender serlo,
Sin quererlo, ni pretenderlo,
Él lo será conmigo.

Para encontrarme con el Amor

Dejaré de hacerme el encontradizo

con lo que no es amor
Y así olvidándolo
El Amor se hará conmigo.

Para ser amado

No querré serlo con lo que no es amor
Y así siendo de mi ego todo olvidado
Seré amor amado, por el enamorado.

Para ser su presencia

Caminaré por el abismo de mi ausencia
Y en el vértigo de mis sentidos
Me encontraré con la Gran ausencia-

Y Él me hará así en su presencia, ser presencia.
Y llegado su tiempo
Me hará su testigo
Y me hará válido testigo silencioso-

En el Gran silencio
Donde los sentidos caminan a su diestra
Y los míos le siguen, confiando en Él.
Así entonces, Él hablará en mí.

¡Y si alguno me pregunta por Dios…!

Yo le responderé con Él.
Y con Él le descubriré a él.

 *
Alfonso Olaz

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“Las bendiciones que brotan de la vida sin necesidad de mediación eclesial”, por Consuelo Vélez.

martes, 23 de enero de 2024
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IMG_2247De su blog Fe y Vida:

«La mayoría sigue su vida sin prestar atención a polémicas y alejándose más y más de la Iglesia»

Para algunos, el Decreto Fiducia Supplicans es un escándalo porque parece cambiar la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio la cual no admite, ni situaciones irregulares y, mucho menos, que el matrimonio no sea entre un varón y una mujer

Para otros, el Decreto es una concreción de los cambios promovidos por Francisco que no suponen modificar la doctrina sino promover una apertura pastoral

Mucha tinta ha corrido comentando el Decreto “Fiducia supplicans, publicado el pasado 18 de diciembre, por el Dicasterio la Doctrina de la fe sobre la posibilidad de dar una bendición a parejas que conviven y no están casadas por la iglesia y a parejas del mismo sexo.

Para algunos, el Decreto es un escándalo porque parece cambiar la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio la cual no admite, ni situaciones irregulares y, mucho menos, que el matrimonio no sea entre un varón y una mujer. Además de considerar que la única forma de ejercer la sexualidad cristiana es en el contexto del matrimonio. Para otros, el Decreto es una concreción de los cambios promovidos por Francisco que no suponen modificar la doctrina sino promover una apertura pastoral, campo en el cual, no se puede negar ninguna bendición. Hay un sector de iglesia que, aunque tienen una mentalidad tradicionalista y han defendido a “capa y espada” lo que siempre se ha dicho de la moral cristiana, están intentando estar del lado de Francisco y por eso hacen “malabares” para apoyar una declaración de este tipo, sin renunciar a lo que siempre han defendido. Algunos de los escritos en este último sentido tienen tales recovecos en su argumentación para mantenerse en esa cuerda floja que, personalmente, me dan pena tantos esfuerzos inútiles, ya que, en el fondo, son incapaces de soltar la ley que les da seguridad en su vida cristiana, para abrirse a la misericordia inherente a la Buena Noticia del Reino.

Cuántos clérigos y religiosos/as vienen de hogares -llamados por la Iglesia “irregulares” (a los que se les dice “que viven en pecado”), pero, curiosamente, algunos de estos mismos miembros de la Iglesia siguen negando la comunión a quienes no han recibido el sacramento del matrimonio

Ahora bien, mientras corren estas argumentaciones en diversos espacios eclesiales, la mayoría de personas siguen su vida sin prestar ni un mínimo de atención a polémicas de este tipo, sin entender siquiera de qué es lo que se habla, pero lo más grave, alejándose más y más de la Iglesia como institución. Basta salir a las calles y comprobar que parejas del mismo sexo inundan nuestras ciudades, viviendo cada vez con más libertad sus opciones. Ya muchísimas familias cuentan en su seno con miembros de la diversidad sexual y, aunque haya algunas que los rechacen, muchas más los acogen con todo amor y respeto, aceptando esas nuevas situaciones con la mayor naturalidad. Las personalidades públicas ya no tienen reparos en hablar de su orientación sexual y, en muchos países, ya tenemos gabinetes conformados por parejas de muy distintos tipos. En los colegios, los jóvenes exigen ser respetados en sus derechos y las instituciones ya autorizan que una niña vaya con uniforme (u otras prendas o modificaciones externas) de niño (o viceversa) porque está haciendo la transición al otro género. Más de un docente es homosexual o lesbiana o transgénero y son muy respetados y valorados por los estudiantes. Y esto sin contar con que la conformación de las familias desde siempre han sido de lo más variadas. Cuántos clérigos y religiosos/as vienen de hogares -llamados por la Iglesia de “irregulares(a los que se les dice “que viven en pecado”), cuantos más no son hijos de madres solteras o sus familias han tenido la más diversa conformación: abuelas, tías, primos, etc. Pero, curiosamente, algunos de estos mismos miembros de la Iglesia siguen negando la comunión a quienes no han recibido el sacramento del matrimonio.

Algunos miembros de la Iglesia, al mirar la realidad como ella se presenta, endurecen sus posturas y se creen poseedores y defensores de la doctrina recta, considerando que todo lo que se da en la sociedad es relativismo y origen de todos los males. Pero olvidan que también del legalismo religioso y del tradicionalismo anquilosado han venido muchos males que se han infringido a los que se salen de lo establecido: penas de muerte, excomuniones, exclusiones, condenas, caza de brujas, cruzadas, colonialismo, entre muchas otras situaciones que han sido apoyadas por la Iglesia y que han sido fuente de males para la humanidad. Juan Pablo II pidió perdón por la violencia, persecución y errores por parte de la Iglesia contra los judíos, herejes, mujeres, gitanos, culturas originarias, lo mismo hizo Francisco por los crímenes cometidos contra los pueblos originarios y, así, en algunos momentos se ha reconocido el mal que también la institución ha generado, pero no parece que se aprendiera demasiado de esa memoria histórica. Hay demasiado empeño en no aceptar la complejidad del mundo de la vida y en disponerse a entenderlo, comprenderlo y ayudarlo para que tenga su mejor desarrollo, sino que seguimos aferrados a una doctrina que ya no tiene ninguna recepción, a una tradición que ha sido superada con creces de muy diversas formas en la vida ordinaria, a una fundamentación bíblica literalista o acomodada que no tiene nada que ver con la exégesis ni con los desarrollos actuales de la teología moral.

Hay mucha más bendición en la vida concreta de la gente con sus complejidades y diversidades que en la reflexión eclesial sobre si dar o no la bendición

Ojalá fuéramos capaces de mirar a las personas y sus situaciones de vida con los mismos ojos con los que Jesús miró a los publicanos, a los enfermos, a las mujeres, a los niños, a las prostitutas, a los samaritanos, en definitiva, a todos los personajes que aparecen en el evangelio de los cuales prácticamente ninguno (ni siquiera los apóstoles) cumplían con lo establecido por el judaísmo de aquel tiempo y, a los que Jesús les anunció la Buena Noticia del reino, o en otras palabras, la misericordia infinita de Dios, secundando así la vida concreta de sus contemporáneos y permitiendo que la bendición divina se hiciera presente en todos ellos.

En definitiva, hay mucha más bendición en la vida concreta de la gente con sus complejidades y diversidades que en la reflexión eclesial sobre si dar o no la bendición, si darle en 3 segundos o en media hora, si en decir una palabra o esta otra, si darla en el templo o en la calle, si corriendo o pausada, si con ornamentos o sin ellos. La bendición es la gracia de Dios que vive entre nosotros, permitiendo que haya tanto bien en el mundo, no dependiendo de que la institución eclesial la quiera dar o no. Pero que bien haría la gente de iglesia si entendiera el mundo de hoy y no le negara nada de la gracia divina de la cual ella no es dueña sino mediadora, no es juez sino enviada por el único dueño de la gracia: Dios mismo que ya, de antemano, ha bendecido a toda la humanidad con una medida buena, apretada, remecida, rebosante” (Lc 6, 38).

(Foto tomada de: https://www.obedira.com.py/la-bendicion-de-dar-2/)

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La teología queer ofrece a la Iglesia afirmación LGBTQ+, y mucho más

martes, 23 de enero de 2024
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IMG_2385U.S. Catholic pidió a sus lectores a finales del año pasado que completaran una encuesta respondiendo a la pregunta: «¿Es la teología queer compatible con el catolicismo?» Ahora se han publicado los resultados.

Los resultados muestran que el 62% de los participantes de la encuesta “han escuchado el término teología queer antes” y que para el 56% de los participantes, la teología queer es una parte importante de su fe. El 40% de los encuestados tenía una visión inicial positiva de la teología queer, mientras que el 22% tenía una visión negativa, el 20% tenía una visión mixta, el 4% tenía una visión neutral y el 13% no tenía suficiente información para decidir.

Cuando se les preguntó sobre el poder de la teología queer, el 70% de los encuestados afirmó que “adoptar la teología queer puede ayudar a los católicos a superar la homofobia y la transfobia”. El 73% de los participantes dijo que “la teología queer tiene más que ofrecer más allá de simplemente afirmar a las personas LGBTQ”.

La encuesta fue desarrollada como parte de un artículo de opinión del escritor católico estadounidense Caleb Murray, un católico queer. Bondings 2.0 informó anteriormente sobre su artículo, que describe las creencias de Murray sobre la teología queer y cómo llegó a la conclusión de que «no debería haber una ‘teología queer’, porque toda teología es queer». Dijo en ese primer artículo:

Toda teología es extraña. Mientras lo queer represente diferencia, inclusión y agitación creativa, mantendré mi extraña proclamación de que toda teología es, fue y seguirá siendo queer”.

La encuesta, completada por 113 lectores, planteó una variedad de preguntas de acuerdo o desacuerdo. Los participantes también tuvieron la oportunidad de escribir sus pensamientos sobre la teología queer. Un encuestado, Zachary Benton, afirmó:

Para mí, la teología queer significa aprovechar y pensar en la energía profunda y mística de la esencia de Dios. Significa escuchar al hermoso Espíritu en todos sus impulsos a lo largo de los siglos. Significa reconocer el rostro de Dios en las áreas grises en lugar de solo en blanco y negro’”.

Ronald Pagnucco escribió:

“’Muchos católicos se resisten a la teología queer porque la iglesia ha enfatizado una interpretación física y reduccionista de la ley natural en lugar de una interpretación que enfatiza la necesidad humana de amor y pertenencia’”.

Sin embargo, no todos los encuestados se identificaron con la interpretación de Murray de la teología queer. Kay Limke afirma:

“’Este ensayo no refleja mis experiencias de Dios porque Dios no está confundido. Ha estado en la misma página desde los tiempos bíblicos’”.

En general, muchos encuestados tuvieron reacciones positivas hacia la teología queer y la creencia de Murray de que «la teología es, fue y seguirá siendo queer«. Los hallazgos de la encuesta católica estadounidense son un estímulo para explorar más a fondo cómo convergen las creencias religiosas y el pensamiento queer. Y quizás lo más notable sea el hallazgo de que muchos están de acuerdo en que “la teología queer tiene más que ofrecer más allá de simplemente afirmar a las personas LGBTQ”. Explorar esta convergencia podría beneficiar a muchos católicos y, de hecho, a toda la Iglesia.

—Sarah Cassidy (ella/ella), Ministerio New Ways, 13 de enero de 2024

Fuente New Ways Ministry

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Aprendiendo a ser discípulo

lunes, 22 de enero de 2024
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Paseando por la orilla del lago,
o recorriendo pueblos y ciudades,
o adentrándote en el silencio del desierto,
o deteniéndote en las plazas públicas,
o contemplando las muchedumbres derrengadas,
o invitándote a comer en nuestra casa,
o haciéndote presente en las sendas y encrucijadas
que frecuentamos, y en las que nos perdemos…
nos ves tan atrapados
en las redes del ayer y del presente
-en el trabajo, en la familia,
en el ocio o en el negocio,
en el paro o en el confort,
en los viajes y en las soledades,
en internet y facebook,
en los msn, twitter y skype,
en las drogas con nombre o sin él,
en las migajas de placer….

Pero Tú nos invitas y llamas a seguirte,
dejando lo que nos ata libremente,
y ofreciéndonos un nuevo horizonte
si creemos y acogemos el reino que traes.

Y nosotros te escuchamos,
y dejando todas las redes,
nos convertimos
y nos vamos contigo,
y gustamos tu buena noticia al instante.

Mas al poco tiempo,
como casi siempre,
viene la crisis,
se nos nubla el horizonte,
nos hacemos reticentes
y nos olvidamos de que nos enamoraste.

Pero Tú, que eres fiel,
vuelves a llamarnos por nuestro nombre
y a susurrarnos tus quereres
invitándonos a ser tus seguidores
para que vivamos felices.

*

Florentino Ulibarri

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***

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“Haz que alguien más lo haga. Yo no.»

lunes, 22 de enero de 2024
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IMG_2593La publicación de hoy es del editor de Bondings 2.0, Francis DeBernardo.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el tercer domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

En la primera lectura litúrgica de hoy, conocemos a Jonás, un profeta reacio. Dios lo eligió para pedirle a la gente que vivía en la impíamente pecadora ciudad de Nínive que se arrepintiera. Jonás no quería hacerlo y no lo culpo. Fue un trabajo duro y potencialmente peligroso. Pero después de tres días en el vientre de una ballena, Jonás acepta su llamada y viaja a Nínive. Debido a la predicación de Jonás sobre el arrepentimiento, el pueblo cambia sus malos caminos y Dios salva la ciudad.

En las Escrituras hebreas, todos los profetas inicialmente se muestran reacios. “Consigue que alguien más lo haga”, es a menudo su primera respuesta a Dios. «Yo no.» La llamada de Dios a los profetas no es una llamada bienvenida. Significa que el profeta será desafiado a ser diferente de la corriente principal de la sociedad. Y esa diferencia puede incomodar a otros porque significa que tienen que pensar en sus propias vidas, en sus formas quizás limitadas de pensar, y tomar la decisión de salir de sus zonas de confort y adoptar una nueva perspectiva.

Debido a que las personas LGBTQ+ son una minoría de la población, su forma normal de ser parece extraña y diferente a la de la sociedad en general. Por eso, a menudo se les percibe como un desafío para los demás. Su existencia no encaja perfectamente en las opiniones preconfiguradas que la gente tiene sobre la sexualidad y el género. Para que otras personas las acepten, a menudo significa que tienen que pasar por una especie de conversión de pensamiento sobre las categorías tradicionales que pensaban que eran defectos básicos de la humanidad y la sociedad.

Cuando me involucré por primera vez en la educación del ministerio LGBTQ+ hace más de 30 años, una de las formas estándar en que describiría a las personas LGBTQ+ a audiencias que pueden haber tenido una experiencia limitada en conocer esta comunidad es que eran «como todos los demás«. Estaba tratando de enfatizar la humanidad de las personas LGBTQ+, para que los de afuera supieran que sus vidas eran perfectamente “normales”, que tenían mucho en común con las personas heterosexuales y cisgénero. Todavía haría esa afirmación hoy (aunque debido a que las personas LGBTQ+ han logrado una visibilidad mucho mayor en la sociedad, la necesidad de tal descripción ha disminuido considerablemente).

Pero a lo largo de mis años de ministerio, comencé a expresar otra verdad que aprendí: la simple presencia de personas LGBTQ+ puede presentar un desafío amenazador para algunas personas. Para algunas personas, aceptar a las personas LGBTQ+ significa que es posible que sea necesario ampliar sus ideas sobre lo que significa ser hombre o mujer. Para algunos, puede significar que sus creencias sobre el propósito de la actividad sexual en una relación requieren reexaminaciones. La presencia de personas LGBTQ+ totalmente integradas puede significar que los estándares de alguien sobre lo que es normal versus lo que es desviado deben ser destruidos. Y como la sexualidad y el género son partes tan básicas de las identidades de las personas y de la forma en que se relacionan con los demás, esos desafíos pueden ser muy aterradores y perturbadores.

Pero Jesús en la lectura del evangelio de hoy llama al mundo y a su gente a comenzar el proceso de su forma de pensar sobre lo que es real en el mundo. “El reino de Dios está cerca. Arrepiéntanse”, le dice a la gente. Jesús está llamando a las personas a abandonar sus viejas formas de pensar para aceptar una nueva forma de pensar, una en la que estén más abiertos a recibir las buenas noticias del evangelio: las buenas noticias de que Dios ama a todos.

Las personas LGBTQ+ pueden desafiar los puntos de vista tradicionales de nuestra iglesia sobre la sexualidad y el género. Eso puede incomodar a la gente. Puede significar renunciar a certezas que se consideran fundamentales. Pero también significa liberar a las personas para que vean la belleza de la diversidad, la santidad del amor sexual, el don de vivir auténticamente. Significa reconocer que Dios puede sorprendernos continuamente, y que el llamado más constante de Dios hacia nosotros es siempre ampliar nuestra visión para tratar de ver el mundo como Dios lo ve, rico en misericordia.

Debido a que las personas LGBTQ+ siempre han sido, y probablemente siempre serán, una minoría de la población general, su diferencia con la mayoría siempre se destacará como un desafío. Que nuestra iglesia vea ese desafío como un llamado a arrepentirse de sus viejas formas de ver la sexualidad y el género, y a estar abierta al llamado de Dios a expandir continuamente cualquier idea que impida que las personas florezcan como su verdadero yo.

—Francis DeBernardo, New Ways Ministry, 21 de enero de 2024

Fuente New Ways Ministry

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El nuevo sueño de Caná: las parejas LGTBIQ+ no tienen vino

lunes, 22 de enero de 2024
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Fiducia supplicans‘: Del agua bendita al vino nupcial LGTBIQ+

«En la Iglesia hay agua. Francisco bendice el agua y por sorpresa de las personas LGTBQI+ las bendice de dos en dos con ella. Éste es el primero de los signos que Francisco realiza en el Vati-Caná después de que diez años atrás ha pronunciado la palabra “gais”»

El 18 de diciembre de 2023 (día de la Virgen de la Esperanza, la fecha no está escogida al azar), el papa Francisco firma la Declaración Fiduci supplicans (“Pidiendo confianza”) sobre el sentido pastoral de las bendiciones del Dicasterio para la Doctrina de la Fe

Francisco ha dado el mayor paso de reconocimiento hasta ahora para la inclusión del colectivo LGTBIQ+ en la Iglesia dentro del paradigma de la tradición eclesial de la misericordia y al mismo tiempo ha cerrado el paso a un reconocimiento pleno con el acceso al sacramento del matrimonio, por el momento, a las parejas del mismo sexo

(Blog Cristianisme i Justicia).- Anoche tuve un sueño. Nuestra Señora de la Esperanza se aparece a Francisco y le dice: las parejas LGTBIQ+ no tienen vino. Francisco le contesta: Todavía no ha llegado mi hora. La virgen dice a las parejas LGTBIQ+: haced lo que él os diga. En la Iglesia hay agua. Francisco bendice el agua y por sorpresa de las personas LGTBQI+ las bendice de dos en dos con ella. Éste es el primero de los signos que Francisco realiza en el Vati-Caná después de que diez años atrás ha pronunciado la palabra “gais”.

Como su pontificado se acaba y viendo que los fariseos le acechan dice a los LGTBIQ+: os pido confianza, hace falta tiempo para que el agua bendita se transforme en vino de boda para vosotros. Algunas parejas LGTBIQ+ le dicen: esperaremos, vale. Otros le dicen que no pueden esperar y le razonan los motivos: bíblicos, teológicos, morales, éticos y experienciales, entre otros. Sin embargo, le mantienen su amistad. Finalmente, la mayoría, ni han escuchado sus palabras: hace tiempo que se han ido de la Iglesia.

La boda de Caná, trasfondo de mi sueño, es el nombre con el que se suele identificar un relato que tiene lugar al final de la primera semana del ministerio de Jesucristo en el Evangelio de Juan 2,1-11. Este pasaje describe el primer milagro realizado por Jesús, quien tuvo por marco una boda en Caná de Galilea donde también asistían su madre y sus discípulos. En un momento dado faltó vino, por lo que María le pide a Jesús que haga algo, pero él manifiesta que no ha llegado su hora. Sin embargo, María dijo a los siervos que hicieran lo que Jesús dijera. Éste dispuso que se llenaran de agua seis picas de piedra destinadas a purificaciones usuales entre los judíos, pero al revisar su contenido, el agua se había transformado en un vino de gran calidad. Para Juan el evangelista, esta fue la primera de las señales realizadas por Jesús. Viene a cuento este pasaje en línea con los últimos eventos en el Vaticano.

El 18 de diciembre de 2023 (día de la Virgen de la Esperanza, la fecha no está escogida al azar), el papa Francisco firma la Declaración Fiduci supplicans (“Pidiendo confianza”) sobre el sentido pastoral de las bendiciones del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. La declaración (formato de documento reservado a asuntos de gran importancia y que no se utilizaba desde hacía 23 años) es un cambio de postura respecto a 2021, cuando el propio organismo avisó en Responsum a un dubium sobre las bendiciones de las uniones de personas del mismo sexo que Dios no puede bendecir el pecado (nro. 13). El nuevo texto tiene el propósito de establecer que Dios bendice a todos(nro. 20). Es una decisión «pastoral», no «doctrinal» sobre las parejas de personas del mismo sexo.

IMG_1970Por un lado, la parte más innovadora teológicamente de la declaración y que dedica buena parte del texto es sobre las bendiciones, también de las parejas en situaciones irregulares (es decir, todas aquellas que no están casadas por la Iglesia como las uniones de hecho, los divorciados y vueltos a casar, personas casadas civilmente) y de las parejas del mismo sexo (números 31-41). Implica una contribución específica e innovadora, un verdadero desarrollo de lo que se ha dicho sobre las bendiciones en el Magisterio y en los textos oficiales de la Iglesia (según se señala en la presentación). El texto distingue con claridad las bendiciones “dentro del marco litúrgico” de aquellas de “piedad popular” en un ámbito de mayor “espontaneidad” (nro. 23) y por eso hay que evitar añadir modos propios de la celebración litúrgica a los ejercicios de piedad (nro. 24). Esto es nuevo, por eso el documento adquiere la categoría de “declaración”, ya que establece dos niveles dentro de las bendiciones: las bendiciones propias del ritual de bendiciones y reguladas por la Iglesia universal, las conferencias episcopales o las diócesis, por una parte (es decir, las bendiciones de siempre) y, por otra, las que pudiéramos llamar “bendiciones espontáneas”, ejercicios de “piedad popular” (nro. 23), en un nivel inferior.

Pero una cosa son las bendiciones, tradicionalmente consideradas «sacramentales» y otra cosa son los sacramentos. Explícitamente el texto se cuida de subrayar, ya desde la presentación, que en ningún caso se quiere que la bendición de parejas del mismo sexo se confunda con un matrimonio y se insiste reiteradamente: las bendiciones cuya forma no debe encontrar ninguna fijación ritual por parte de las autoridades eclesiásticas, por no producir confusión con la bendición propia del sacramento del matrimonio (nro. 34) evitando que se conviertan en un acto litúrgico o semi-litúrgico, similar a un sacramento (nro. 36) no es necesario ni promover ni prever un ritual para las bendiciones de parejas en una situación irregular (nro. 38). Así pues, una oración breve puede preceder a esta bendición espontánea y el ministro ordenado podrá pedir para ellos la paz, la salud, un espíritu de paciencia, diálogo y ayuda mutuos, pero también la luz y la fuerza de Dios para poder cumplir plenamente su voluntad (nro. 38) y esta bendición nunca se realizará al mismo tiempo que los ritos civiles de unión, ni tampoco en conexión con ellos. Ni siquiera con las vestimentas, gestos o palabras propias de un matrimonio. Esto mismo se aplica cuando la bendición es solicitada por una pareja del mismo sexo (n. 39). Esta bendición puede encontrar su sitio en otros contextos, como la visita a un santuario, el encuentro con un sacerdote, la oración recitada en un grupo o durante una peregrinación (nro. 40).

Durante los más de diez años de pontificado, Francisco ha tenido un punto de vista más conciliador que otros miembros de la Iglesia. Con él se inaugura el paradigma del reconocimiento de las personas LGTBIQ+ al pronunciar la palabra “gais” por primera vez (2013), un giro en lo que se refiere al paradigma de la misericordia tradicional, donde la sombra de los estigmas de crimen, pecado y enfermedad sobre la homosexualidad han estado vigentes. El paso dado el 18 de diciembre de 2023 con la publicación de la Declaración Fiduci supplicans (‘Pidiendo confianza’) sobre el sentido pastoral de las bendiciones certifica la apertura y el reconocimiento y es un paso más en la aproximación a lo que Francisco llama «periferias» tanto geográficas, sociales o culturales.

La clave del cambio del documento es que lo que se modifica no es la doctrina sobre la institución del matrimonio sino el sentido pastoral de las bendiciones, que se amplía respecto a la visión “más clásica”. Se posibilita bendecir a parejas del mismo sexo porque la bendición equivale a un acto positivo de inclusión, solidaridad y pacificación. Es un mensaje de consuelo, atención y aliento. La bendición expresa el abrazo misericordioso de Dios y la maternidad de la Iglesia que invita al fiel a tener los mismos sentimientos de Dios hacia los hermanos y hermanas propios (nro. 19). El texto incluye diez veces la palabra “misericordia” y derivadas y se sitúa en el paradigma tradicional respecto a las personas LGTBIQ+.

Efectivamente a Francisco no le ha llegado la hora. Sin embargo, muchas personas LGTBIQ+ consideran este paso significativo y han creído en él, entre tanta oposición farisaica, en el largo camino de la igualdad

Con el documento se da la mayor paradoja: el papa Francisco ha dado el mayor paso de reconocimiento hasta ahora para la inclusión del colectivo LGTBIQ+ en la Iglesia dentro del paradigma de la tradición eclesial de la misericordia y al mismo tiempo ha cerrado el paso a un reconocimiento pleno con el acceso al sacramento del matrimonio, por el momento, a las parejas del mismo sexo. Es lo máximo que el pontificado da de sí en este ámbito. Desde un cambio misericordioso a la doctrina de las bendiciones se logra un cambio incipiente en el reconocimiento respecto a las parejas entre personas del mismo sexo. Esto abre un nuevo horizonte teológico para el futuro.

Efectivamente a Francisco no le ha llegado la hora. Sin embargo, muchas personas LGTBIQ+ consideran este paso significativo y han creído en él, entre tanta oposición farisaica, en el largo camino de la igualdad. La velocidad de la luz es más rápida que la del Vaticano. Después de un largo tiempo de sequía bienvenida es el agua bendita para las parejas del mismo sexo. Ahora bien, recordando a San John Henry Newman, ¡brindemos con vino nupcial por nuestra conciencia! Y después otro brindis por el papa Francisco y su paso.

 [Imagen de rawpixel.com en Freepik]

Fuente Blog Cristianisme i Justicia

Espiritualidad, General, Iglesia Católica

“Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.”

domingo, 21 de enero de 2024
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Propósito

     Por fin echaré a andar…
Sólo, por donde sea,
por donde quiera Dios y su momento
y mi sinceridad.

Ya me estaba cansando
de pisarme la vida tristemente.

¡Aire, cielo, aire, mar, cielo, mar, aire!

Sólo, o con vosotros, ¡con los hombres!
¡¡ pero fuera de mí !!

*

Pedro Casaldáliga
Palabra Ungida, 1955

***

Jesús les dijo:

–  “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.”

–  “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.”

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron… y se marcharon con él.

*

Marcos 1, 14-20

***

Ser cristiano significa prestar atención al kairós, a este «momento especial» de la manifestación de Dios en nuestro aquí y ahora. En él se desarrolla la dimensión auténticamente profética de toda vida cristiana, en la atención […] a todos los signos de la presencia del Reino en nuestra historia. Acoger el Reino de Dios implica una conducta: «Convertíos», precepto urgente, «el tiempo se acaba» (1 Cor 7,29), que acompaña al don del Reino y engendra una nueva actitud respecto a Dios y respecto a los hermanos. Jonás recibió la misión de llamar a la conversión a Nínive, la capital del imperio enemigo de Israel. El profeta, un judío amante de su patria, se niega a realizar esta tarea, pero al final acepta la voluntad de perdón del Señor, que carece de límites raciales o religiosos. El Reino es gracia, aunque para nosotros es también un deber.

Los primeros discípulos escucharon la «Buena Noticia» y fueron llamados a asociarse a la misión de Jesús (Mc 1,16-20). El Evangelio marcó profundamente sus vidas. Así debe marcar también la nuestra.

*

Gustavo Gutiérrez,
Condividere la Parola, Brescia 1996, pp. 170ss

***

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , ,

“La pasión que animó a Jesús”. 3º Tiempo Ordinario – B (Marcos 1,14-20)

domingo, 21 de enero de 2024
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793781-300x201Propiamente, Jesús no enseñó una «doctrina religiosa» para que sus discípulos la aprendieran y difundieran correctamente. Jesús anuncia más bien un «acontecimiento» que pide ser acogido, pues lo puede cambiar todo. Él lo está ya experimentando: «Dios se está introduciendo en la vida con su fuerza salvadora. Hay que hacerle sitio».

Según el evangelio más antiguo, Jesús proclamaba esta Buena Noticia de Dios: «Se ha cumplido el plazo. Está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia». Es un buen resumen del mensaje de Jesús: «Se avecina un tiempo nuevo. Dios no quiere dejarnos solos frente a nuestros problemas y desafíos. Quiere construir junto a nosotros una vida más humana. Cambiad de manera de pensar y de actuar. Vivid creyendo esta Buena Noticia».

Los expertos piensan que esto que Jesús llama «reino de Dios» es el corazón de su mensaje y la pasión que alienta toda su vida. Lo sorprendente es que Jesús nunca explica directamente en qué consiste el «reino de Dios». Lo que hace es sugerir en parábolas inolvidables cómo actúa Dios y cómo sería la vida si hubiera gente que actuara como él.

Para Jesús, el «reino de Dios» es la vida tal como la quiere construir Dios. Ese era el fuego que llevaba dentro: ¿cómo sería la vida en el Imperio si en Roma reinara Dios y no Tiberio?, ¿cómo cambiarían las cosas si se imitara no a Tiberio, que solo busca poder, riqueza y honor, sino a Dios, que pide justicia y compasión para los últimos?

¿Cómo sería la vida en las aldeas de Galilea si en Tiberíades reinara Dios y no Antipas?, ¿cómo cambiaría todo si la gente se pareciera no a los grandes terratenientes, que explotan a los campesinos, sino a Dios, que los quiere ver comiendo y no muertos de hambre?

Para Jesús, el reino de Dios no es un sueño. Es el proyecto que Dios quiere llevar adelante en el mundo. El único objetivo que han de tener sus seguidores. ¿Cómo sería la Iglesia si se dedicara solo a construir la vida tal como la quiere Dios, no como la quieren los amos del mundo?, ¿cómo seríamos los cristianos si viviéramos convirtiéndonos al reino de Dios?, ¿cómo lucharíamos por el «pan de cada día» para todo ser humano?, ¿cómo gritaríamos: «Venga tu reino»?

José Antonio Pagola

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“Convertíos y creed en el Evangelio”. Domingo 21 de enero de 2024. Domingo tercero del tiempo ordinario

domingo, 21 de enero de 2024
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12-ordinarioB3 cerezoLeído en Koinonia:

Jonás 3,1-5.10: Los ninivitas se convirtieron de su mala vida.
Salmo responsorial: 24: Señor, enséñame tus caminos.
1Corintios 7,29-31: La representación de este mundo se termina.
Marcos 1,14-20: Convertíos y creced en el Evangelio

Como es sabido, en las lecturas de la liturgia de los domingos, la primera y la tercera están siempre unidas temáticamente, mientras que la segunda suele ir por caminos independientes. Hoy la pareja de lecturas principales son la de la predicación de Jonás sobre la ciudad Nínive, y la predicación de Jesús al comenzar su ministerio, precisamente «cuando arrestaron a Juan», o sea, al faltar el profeta.

La lectura sobre Jonás hoy presenta un contenido positivo: el profeta atiende el mandato de Dios que le envía a predicar, va, predica, y además tiene éxito su predicación, pues la ciudad se arrepiente.

El comentario más simple a este texto puede ir por la línea de la importancia de la predicación profética para la conversión de los que están alejados de Dios. Es un tema conocido. Y, como decíamos, hace un paralelismo con el texto del evangelio: Jesús es un nuevo profeta, que empalma con la línea de los profetas clásicos, que también se lanza por los caminos para predicar un mensaje de conversión.

Para unos oyentes más críticos, esta segunda lectura es preocupante. Porque el conjunto entero de lo que en ella se expresa pertenece a un marco de comprensión hoy insostenible: un Dios arriba, directamente imaginado como un gran rey, que envía su mensajero para predicar un mensaje de conversión, mensaje que antes no pudo surtir efecto porque el profeta no quiso ir a predicar, pero que ahora es atendido y obedecido por los ninivitas. «Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció, y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó». Esta imagen de un Dios arriba, que toma decisiones, envía mensajeros, les insiste, se comunica con los seres humanos por medio de esos mensajeros profetas, y que «al ver» las obras de penitencia «se compadece y se arrepiente de la catástrofe con que había amenazado a la ciudad»… es, obviamente, humana, muy humana, demasiado humana, sin duda. Es, claramente, un «antropomorfismo». Dios no es un Señor que esté ahí «arriba, ahí afuera», ni que esté enviando mensajeros, ni es alguien que pueda amenazar, ni que se pueda arrepentir… Hoy sabemos que Dios no es así, que lo que llamamos «Dios» es en realidad un misterio que no puede ser reducido a una imagen o una imaginación antropomórfica semejante.

Sería bueno, incluso necesario, referirse a esta calidad de antropomorfismo que tiene esta lectura –como tantísimas otras–, y hacer caer en la cuenta a los oyentes que no los estamos tomando por niños, sino que, simplemente, estamos utilizando un texto compuesto hace más de veinticinco siglos, y que la imagen de Dios que aparece en él nos resulta hoy inviable. Es importante decirlo, y no es bueno darlo por sobreentendido, porque puede haber –con razón- personas que se sientan mal al escuchar estas imágenes, como si se sintieran retrotraídas al tiempo de la catequesis infantil. Y, desde luego, es recomendable abordar –en esta u otra ocasión– el tema de las imágenes de Dios, y aclarar que si somos personas de hoy, lo más probable es que no nos encaje bien el lenguaje clásico (o ancestral) sobre Dios, y que tenemos todo el derecho a ser críticos y a utilizar otro.

Éste podría ser, sin más, el buen tema de reflexión central para la homilía de hoy. Es más que suficientemente importante. Recomendamos el libro del obispo anglicano John Shelby SPONG, Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo, colección «Tiempo axial», Abya Yala, Quito 2011, tiempoaxial.org).

La lectura de la 1ª carta de Pablo a los corintios también puede iluminarse hoy con la del evangelio de Marcos: ante el reinado de Dios que ha sido instaurado por la actuación de Jesús -su predicación, sus milagros, sus controversias, especialmente su muerte y resurrección-, todas las realidades humanas adquieren un nuevo sentido: comprar, vender, llorar, reírse, casarse o permanecer célibe, todo es diferente y su valor distinto. Lo absolutamente definitivo es el ejercicio de la voluntad salvífica de Dios que Jesús vino a poner en marcha. Por eso Pablo puede afirmar que “la presentación de este mundo se termina”, es decir, que Dios hace nuevas todas las cosas realizando la utopía de su Reino en donde pobres y tristes, enfermos y condenados, excluidos y ofendidos de la tierra son rescatados y acogidos, y en donde los ricos y los poderosos son llamados urgentemente a la conversión.

Después de narrarnos los comienzos del evangelio con Juan Bautista, con la unción mesiánica de Jesús en el río Jordán y con sus tentaciones en el desierto, Marcos nos relata, en unas frases muy condensadas, los comienzos de la actividad pública de Jesús: es el humilde carpintero de Nazaret que ahora recorre su región, la próspera pero mal–afamada Galilea, predicando en las aldeas y ciudades, en los cruces de los caminos, en las sinagogas y en las plazas. Su voz llega a quien quiera oírlo, sin excluir a nadie, sin exigir nada a cambio. Una voz desnuda y vibrante como la de los antiguos profetas. Marcos resume el entero contenido de la predicación de Jesús en estos dos momentos: el reinado de Dios ha comenzado –es que se ha cumplido el plazo de su espera– y ante el reinado de Dios sólo cabe convertirse, acogerlo, aceptarlo con fe.

Muchos reinados recordaban los judíos que escuchaban a Jesús: el muy reciente reinado de Herodes el Grande, sanguinario y ambicioso; el reinado de los asmoneos, descendientes de los libertadores Macabeos, reyes que habían ejercido simultáneamente el sumo sacerdocio y habían oprimido al pueblo, tanto o más que los ocupadores griegos, los seléucidas. Recordaban también a los viejos reyes del remoto pasado, convertidos en figuras de leyendas doradas, David y su hijo Salomón, y la lista tan larga de sus descendientes que por casi 500 años habían ejercido sobre el pueblo un poder totalitario, casi siempre tiránico y explotador. ¿De qué rey hablaba ahora Jesús? Del anunciado por los profetas y anhelado por los justos. Un rey divino que garantizaría a los pobres y a los humildes la justicia y el derecho y excluiría de su vista a los violentos y a los opresores. Un rey universal que anularía las fronteras entre los pueblos y haría confluir a su monte santo a todas las naciones, incluso a las más bárbaras y sanguinarias, para instaurar en el mundo una era de paz y fraternidad, sólo comparable a la era paradisíaca de antes del pecado.

Este «reinado de Dios» que Jesús anunciaba hace 2000 años por Galilea, sigue siendo la esperanza de todos los pobres de la tierra. Ese reino que ya está en marcha desde que Jesús lo proclamara, porque lo siguen anunciando sus discípulos, los que Él llamó en su seguimiento para confiarles la tarea de pescar en las redes del Reino a los seres humanos de buena voluntad. Es el Reino que proclama la Iglesia y que todos los cristianos del mundo se afanan por construir de mil maneras, todas ellas reflejo de la voluntad amorosa de Dios: curando a los enfermos, dando pan a los hambrientos, calmando la sed de los sedientos, enseñando al que no sabe, perdonando a los pecadores y acogiéndolos en la mesa fraterna; denunciando, con palabras y actitudes, a los violentos, opresores e injustos.

A nosotros corresponde, como a Jonás, a Pablo y al mismo Jesús, retomar las banderas del reinado de Dios y anunciarlo en nuestros tiempos y en nuestras sociedades: a todos los que sufren y a todos los que oprimen y deben convertirse, para que la voluntad amorosa de Dios se cumpla para todos los seres del universo. Leer más…

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21.1.24. Pescadores de hombres, eucaristía de peces (Dom 3 TO. Mc 1, 14-20)

domingo, 21 de enero de 2024
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IMG_5730Del blog de Xabier Pikaza:

El domingo pasado expuse la llamada y misión de los discípulos de Jesús según Jn 1. Hoy presento la visión de Marcos.

Jesús convoca a 4 pescadores (4: todo el mundo) para la pesca universal desde el mar/lago de Galilea. En ese contexto ofrezco un excurso sobre el tema de los peces del mar (signo caótico de muerte), convertidos por Jesús en símbolo de la nueva humanidad resucitada.

En ese contexto, la eucaristía misionera no es simplemente de pan y vino de fiesta, sino de panes y peces de vida diaria. No hará falta insistir en la importancia  del tema (comida) para recuperar el sentido integral de la eucaristía. Ésta es, a mi juicio, una de las grandes lagunas y tareas de la iglesia actual (ortodoxa, católica y protestante).

LECTURA DEL TEXTO

Introducción.  

 Mc 1,  14 Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea, proclamando el evangelio de Dios.15 Y diciendo El tiempo se ha cumplido. El reino de Dios ha llegado. Convertíos y creed en el evangelio16.

  − Después que Juan fue entregado… Este dato sirve de contrapunto histórico y teológico de la historia posterior. Juan Bautista ha sido y seguirá siendo lugar de referencia. Jesús viene después (meta), en indicación más teológica que cronológica. Según Marcos, Jesús y Juan no coincidieron, no tuvieron un tiempo de actividad común (en contra de lo que afirma el evangelio de Juan). Juan ha sido un puro precursor, pero su historia es importante para entender la de Jesús, pues la entrega de Juan (paradothênai: Mc 1,14; cf. 6, 14-39) anuncia la de Jesús (cf. 9, 33; 10, 33; 14, 10-11 etc.).

Vino Jesús a Galilea. El espacio geográfico (y teológico) de Juan era el desierto con el río. El de Jesús, en cambio, es Galilea. Eso significa que, según Marcos, Jesús no tuvo un tiempo de misión en el Jordán, ni tampoco en Judea (en contra del evangelio de Juan); Galilea es, a su juicio, el lugar del evangelio. Jesús no permanecer en el lugar de la prueba (desierto), ni se instala al borde de la tierra prometida (junto al río Jordán); tampoco busca un lugar de salvación junto a los atrios de Jerusalén, en gesto de sacralidad nacional. Jesús se encuentra vinculado a la tierra y gente normal de Galilea, junto a un mar simbólicamente abierto a las naciones del entorno. Esta evocación culmina en 14, 28 y 16, 7 donde Jesús (o el joven pascual) manda a los discípulos a Galilea, lugar que será para Marcos espacio fundante y el signo duradero de la iglesia17.

Kerigma: proclamando el evangelio de Dios. La evocación de Galilea no es suficiente, ni tampoco la entrega del Bautista. Lo propio de Jesús es la “proclamación del evangelio de Dios” (algunos manuscritos ponen “del Reino”. Se cumple así lo que se había anunciado en 1, 1 (el comienzo del evangelio) y aparece Jesús como aquel que “proclama el evangelio”. Esta palabra (evangelio) proviene de la tradición profética de Isaías y quizá ha sido empleada por el mismo Jesús. Pero todo nos permite suponer que ella ha tomado una importancia centran entre los cristianos helenistas y luego en Pablo.

El progreso temático es claro: pasamos del Bautista (desierto/río) a Galilea, descubriendo allí el mensaje de Jesús, abierto a todos los humanos. No se encierra Jesús en las casas, susurrando al oído un secreto de iniciados; no se instala en la escuela, ofreciendo cursos largos de enseñanza especializada, no ofrece su palabra a la vera del templo sagrado (a los puros), ni a la orilla del río/desierto (a los especialistas de la penitencia). Viene a Galilea, ofreciendo su evangelio para todos; lo hace con claridad (que se entienda bien), en voz alta (que lo escuchen), como heraldo o pregonero de buenas noticias que deben extenderse por el pueblo.

 El evangelio de la iglesia se funda en el mensaje de Jesús: Se ha cumplido el tiempo y ha llegado el reino de Dios; convertíos y creed en el evangelio (1, 15).Esta es la palabra clave, que consta de dos frases paralelas dobles, cada una con dos partes, unidas por un kai(y). Como resulta usual en Marcos, la segunda sirve para precisar el sentido de la primera: se ha cumplido el tiempo «y» llega el reino (el reino define y da sentido al tiempo); convertíos «y» creed en el evangelio (la fe da sentido a la conversión)18.

La buena noticia o evangelio es Dios (con genitivo epexegético) o aquello que Dios hace(con genitivo de objeto). En el lugar donde estaba la conversión y penitencia del Bautista viene a situarse la buena noticia de Jesús que expande a hombres y mujeres de su tierra aquello que Dios mismo le ha dicho (¡eres mi Hijo…!) y que se expresa en la victoria sobre lo diabólico. Su experiencia es buena noticia; la palabra de su vida puede hacerse ya palabra y principio de existencia para aquellos que quieran escucharle, acompañarle. De esa forma el camino de Jesús se hace camino para todos los humanos, empezando en Galilea:

El tiempo se ha cumplido «y» ha llegado el Reino de Dios. El cielo se ha rasgado y Dios se hace presente en Jesús (1, 9-11). Por eso él puede expresar su experiencia, ofreciendo espacio de vida filial y fraterna (de amor) a quienes quieran escucharle. El Reino de Dios se identifica con aquello que Jesús ha recibido en su bautismo. Quiere que todos escuchen (escuchemos) la voz de Dios que dice (¡eres mi Hijo!, recibiéndola de forma compartida, fraterna, solidaria. Porque el reino de Dios ha llegado podemos y debemos afirmar que el tiempo se ha cumplido, han culminado las promesas de 1, 2-3.

Convertíos «y» creed en el evangelio. La pertenencia al reino no se logra por la carne y sangre, es decir, por los principios naturales de la historia (poder genealógico, imposición política) sino por meta-noia o con-versión interpretada como cambio de existencia. Superando el nivel previo de lucha, viene a desplegarse ahora un extenso y gozoso continente de existencia filial, hecha de gratuidad y expresada como fe en el evangelio, es decir, como acogida de la buena noticia de Dios. No es la conversión la que causa el evangelio sino al revés: el evangelio de Dios, que aceptamos por Jesús con fe gozosa, nos convierte, nos transforma, haciéndonos capaces de acoger y construir la familia mesiánica o iglesia19.

  Marcos ha superado el nivel biológico (no alude a la familia carnal de Jesús); también ha superado el plano cultural (no sitúa a Jesús en una escuela exegética o filosófica). El grupo cristiano empieza a surgir y se despliega allí donde varones y mujeres asumen con Jesús una experiencia de nuevo nacimiento en amor, desde Dios Padre. Juan era la línea divisoria: podía suscitar un grupo de discípulos penitentes, pero nada más: no ha visto el cielo abierto, no ha escuchado la voz ¡eres mi Hijo! Donde Juan se ha detenido sigue Jesús: ha escuchado la palabra, se ha descubierto Hijo de Dios, se ha mantenido en la prueba, ha recibido un mensaje de vida para todos. Por eso ha comenzado a expandir su experiencia, ofreciendo su evangelio universal, en el cruce de caminos de su patria, en Galilea. Él no ha pedido nada. No aparece en el texto como un suplicante que implora a Dios agua para el campo, hijos para la familia, fortuna para la casa, vida para los enfermos… Simplemente ha venido en busca de Dios, con los penitentes del Bautista y ha escuchado la voz (eres mi Hijo! empezando a reunir a los humanos20.

Pescadores de hombres. Los primeros compañeros de Jesús (1, 16-20).

(a. Simón y Andrés)16 Y pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que estaban echando las redes en el mar, pues eran pescadores. 17 Jesús les dijo: Venid en pos de mí y os haré pescadores hombre. 18 Ellos dejaron inmediatamente las redes y lo siguieron.

(b. Santiago y Juan)19 Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan. Estaban en la barca reparando las redes. 20 Jesús los llamó también; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él21.

Jesús comienza llamando a unos colaboradores o discípulos. Como he destacado el domingo anterior, evangelio de Juan (Jn 1-3) presenta la escena de un modo más “verosímil” históricamente, situando a los primeros discípulos de Jesús en el contexto de Juan Bautista. Por el contrario, Marcos ofrece una visión mucho más simbólica (y teológica) de las cuatro primeras vocaciones de Jesús. No le interesan los elementos históricos, ni psicológicos, sino los estrictamente teológicos.   Jesús ha sentido la urgencia del reino y para suscitarlo necesita colaboradores, personas dispuestas, que sepan trabajar y le acompañen en su obra:

Pasa a la vera del mar de Galilea. Ha dejado el desierto y el río de Juan, no ha buscado en escuelas o templo. Junto al mar que es origen y meta del mundo, junto al mar donde nacen y acaban los pueblos se sitúa Jesús. Viene a observar, como dejando que la vida le sorprenda; luego llama, en vocación que es signo de todas las restantes vocaciones de la historia.

Llama a Simón y Andrés, diciendo que le sigan, para hacerles pescadores de reino. Tiene un proyecto: necesita juntar a los humanos, sacarlos del mar (lucha mutua) en que se encuentran y juntarlos en la playa de la fraternidad del reino. Necesita especialistas que dejen las redes del trabajo material del mundo (diktua) y asuman su tarea mesiánica (1, 16-17).

Llama después a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo. Parecen ricos: tienen barca propia, un padre que les guía y unos jornaleros. Por eso han de dejar más que la redes: abandonan al padre, que es autoridad, ley fundante de la vieja tierra y a los asalariados (misthôtoi), subordinados del trabajo. Padre y obreros pertenecen a este mundo viejo; quien se ponga al servicio de Jesús ha de dejarlos.

Ha buscado dos parejas de hermanos. Para seguirle han de romper los lazos más sagrados de la tierra: la autoridad paterna, la unión laboral. Así aparecen como signo de misión escatológica, parábola del reino. Les ha convocado Jesús, ofreciéndoles tarea y ellos le han seguido, poniéndose al servicio de su reino:

En el principio está Jesús, diciendo: venid en pos de mí (deute opisô mou). En lugar del padre o de las redes, del dinero y de la barca se sitúa él, como nuevo patrono que ofrece garantía de vida y trabajo a quienes llama. Tiene autoridad y así le siguen, dejándolo todo. No les reúne desde cosa alguna (enseñanza, templo, negocios…) sino en torno a su persona que es principio de nueva familia sobre el mundo22.

Son dos parejas de hermanos pescadores. Quizá representan el riesgo de la fraternidad violenta (cf. Gen 4) que debe superarse, en línea de reino. Son cuatro y parecen un signo de los puntos cardinales, columnas o pilares de la nueva humanidad reconciliada. Ellos ofrecen (antes que los doce apóstoles del nuevo Israel de 3, 14) el principio y garantía de la pesca universal, pesca de Dios, culminación escatológica. Son cuatro, los primeros pescadores misioneros, iglesia interpretada en forma de comunidad de pesca. En un sentido ellos dejan la barca (ya no trabajan con ella), pero en otro la recuperan, poniéndola al servicio de los viajes misioneros (eclesiales) de Jesús. Cuando hablemos más tarde de la iglesia como barca en plena mar (4, 35-41; 6, 46-52; 8, 14-21) recordaremos a estos cuatro.

Os haré pescadores de hombres. Así les dice (1, 17). Ellos lo dejan todo por cumplir su misión, poniendo hasta su barca al servicio de Jesús (cf. 3, 9; 4, 3-5 etc.). Habiendo aparecido aquí, al principio de Marcos, emergerán de nuevo en el último discurso de Jesús, allí donde se anuncia el fin del tiempo (13, 3) y la venida de los ángeles de Dios para reunir a los escogidos de los cuatro «vientos» o extremos de la tierra (13, 27).

Jesús no ha venido con un libro (como los escribas), enseñando las leyes de la iglesia, interpretando la Escritura de Israel o la sabiduría de los pueblos. Tampoco ha traído unos planes exclusivos, definidos de antemano, sin necesidad de personas que le siguen y acompañan en la obra de su reino. Tiene un proyecto de nueva humanidad, pero le hacen falta colaboradores; por eso ha empezado llamando a estos cuatro primeros pescadores que son signo de todos los que luego cumplen con él (por él) la tarea de convocar y reunir a los humanos para el reino.

EXCURSO. PESCA Y  PECES. EUCARISTÍA COMPLETA

(Las notas que siguen están tomadas de un trabajo que estábamos preparando el Prof. Eliseo Tourón y un servidor sobre las comidas de Jesús y de las comunidades cristianas. cf. Pikaza: Eliseo Tourón (1934-1996), 25 años (religiondigital.org) y Touron:  Comer con Jesús. Su significación escatológica y eucarística I-II, Rev.Esp.Teol 55 (1995)285-329; 429-486).

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Un comienzo sorprendente. Domingo 3º del Tiempo Ordinario. Ciclo B

domingo, 21 de enero de 2024
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2f847-pesca_milagrosa_2bDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

EL domingo pasado, el evangelio de Juan nos contó cómo Jesús entró en contacto con algunos de los que más tarde serían sus discípulos. Este domingo volvemos al evangelio de Marcos, que será el usado básicamente durante el Ciclo B. En tres escenas, las dos últimas estrechamente relacionadas, nos cuenta la forma sorprendente en que comienza a actuar Jesús.

1ª escena: Actividad inicial de Jesús.

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:

̶  Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.

Marcos ofrece tres datos: 1) momento en que comienza a actuar; 2) lugar de su actividad; 3) contenido de su predicación.

Momento. Cuando encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan. Nosotros estamos acostumbrados a ver a Jesús de manera demasiado divina, como si supiese perfectamente lo que debe hacer en cada instante. Pero es muy probable que Dios Padre le hablase igual que a nosotros, a través de los acontecimientos. En este caso, el acontecimiento es la desaparición de Juan Bautista y la necesidad de llenar su vacío.

Lugar de actividad. A diferencia de Juan, Jesús no se instala en un sitio concreto, esperando que la gente venga a su encuentro. Como el pastor que busca la oveja perdida, se dedica a recorrer los pueblecillos y aldeas de Galilea, 204 según Flavio Josefo. Galilea era una región de 70 km de largo por 40 de ancho, con desniveles que van de los 300 a los 1200 ms. En tiempos de Jesús era una zona rica, importante y famosa, como afirma el libro tercero de la Guerra Judía de Flavio Josefo (BJ III, 41-43), aunque su riqueza estaba muy mal repartida, igual que en todo el Imperio romano.

Los judíos de Judá y Jerusalén no estimaban mucho a los galileos: “Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur”, comentaba un rabino orgulloso. Y el evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: “Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta” (Jn 7,52).

Mensaje. ¿Qué dice Jesús a esa pobre gente, campesinos de las montañas y pescadores del lago? Su mensaje lo resume Marcos en un anuncio (“Se ha cumplido el plazo, el reinado de Dios está cerca”) y una invitación (“convertíos y creed en la buena noticia”).

El anuncio encaja en la mentalidad apocalíptica, bastante difundida por entonces en algunos grupos religiosos judíos. Ante las desgracias que ocurren en el mundo, y a las que no encuentran solución, esperan un mundo nuevo, maravilloso: el reino de Dios. Para estos autores era fundamental calcular el momento en el que irrumpiría ese reinado de Dios y qué señales lo anunciarían. Jesús no cae en esa trampa: no habla del momento concreto ni de las señales. Se limita a decir que “está cerca”.

Pero lo más importante es que vincula ese anuncio con una invitación a convertirse y a creer en la buena noticia.

Convertirse implica dos cosas: volver a Dios y mejorar la conducta. La imagen que mejor lo explica es la del hijo pródigo: abandonó la casa paterna y terminó dilapidando su fortuna; debe volver a su padre y cambiar de vida. Esta llamada a la conversión es típica de los profetas y no extrañaría a ninguno de los oyentes de Jesús (la 1ª lectura, del libro de Jonás, se centra en ese tema).

Pero Jesús invita también a “creer en la buena noticia” del reinado de Dios, aunque los romanos les cobren toda clase de tributos, aunque la situación económica y política sea muy dura, aunque se sientan marginados y despreciados. Esa buena noticia se concretará pronto en la curación de enfermos, que devuelve la salud física, y el perdón de los pecados, que devuelve la paz y la alegría interior.

2ª y 3ª escenas: llamamientos de Simón y Andrés, Santiago y Juan

Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo:

̶  Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. 

Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Jesús ha pasado unas semanas, quizá meses, recorriendo él solo Galilea. Hasta que decide buscar unos discípulos que lo acompañen y continúen su obra. No los busca en Jerusalén, entre los alumnos de los grandes rabinos. Los busca entre los pescadores. Económicamente no son unos miserables, tienen barca e incluso les ayudan unos jornaleros. Pero en una sociedad agraria, como la del Imperio romano, el obrero manual estaba por debajo del campesino, y sólo por encima de las clases de la gente impura y de los despreciables.

El relato de Marcos resulta desconcertante. ¿Es posible que cuatro muchachos sigan a Jesús sin conocerlo, abandonando su familia y su trabajo? El lector moderno, buscando una respuesta, acude al cuarto evangelio, donde se dice que Jesús ya los conoció cuando el bautismo. Pero el lector antiguo, que sólo tenía a su disposición el evangelio de Marcos, se queda admirado del poder de atracción que ejerce Jesús y de la disponibilidad absoluta de los discípulos.

Estos cuatro discípulos representan el primer fruto de la predicación de Jesús: muchachos que creen en la buena noticia del Reinado de Dios, siguen a Jesús y cambian radicalmente de vida.

La conversión de los ninivitas (Jonás 3,1-5.10)

La primera lectura ha sido elegida porque los ninivitas, los nazis de aquella época, al convertirse gracias a la predicación de Jonás, nos sirven de modelo. Mucho más motivo tenemos nosotros para convertirnos al escuchar la predicación de Jesús. Sin embargo, los motivos que aducen Jesús y Jonás son muy distintos: Jesús anima anunciando la cercanía del reinado de Dios; Jonás asusta anunciando que «dentro de cuarenta días Nínive será arrasada».

El Señor dirigió la palabra a Jonás: «Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Nínive; allí le anunciarás el mensaje que yo te comunicaré.

Jonás se puso en marcha hacia Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla. Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando:

– Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada.

Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron el ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor.

Vio Dios su comportamiento, como habían abandonado el mal camino, y se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó. 

«Señor, enséñame tus caminos» (Salmo 24)

  El salmo encaja mucho más con el evangelio que con la primera lectura. Porque Jonás no enseña nada, solo amenaza. En cambio, Jesús, proclamando el evangelio de Dios, nos enseña a caminar por el camino que Dios quiere y nos recuerda que «el Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores». Aparte de agradecérselo, debemos pedirle: «haz que camine con lealtad».

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Domingo III del Tiempo Ordinario. 21 de enero, 2024

domingo, 21 de enero de 2024
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Pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés.”

Mc 1, 16-20

Te invito a ponerte en situación. Vas por la calle, un viernes por la tarde, por ejemplo; es una calle céntrica de tu ciudad, llena de tiendas, de cafeterías, de tráfico… y está repleta de gente. Caminas sola, e inevitablemente inmersa en tus pensamientos. Da igual cuáles sean, si son sobre tus preocupaciones o tus alegrías, incluso tus quehaceres; lo que sea, vas enfrascada. De pronto alguien te llama al mismo tiempo que te coge del brazo:  “¡Lolaaa!». Contestas un poco alterada: “¡Ay!, perdona Marta, no te había visto”.

No la habías visto. Por un momento puedes pensar en la razón de ese no ver. Había mucha gente, está claro, o tal vez por el ruido, o porque te distraen las luces de la calle, los carteles, los escaparates, los bocinazos del tráfico… bla, bla, bla, todas son razones externas a ti.

Si quieres ponte en esta otra situación. Un atardecer de invierno vas caminando sola por el paseo de la playa, del faro o del puerto, con la vista y la mente perdidas a ratos en el horizonte, a ratos en las olas. La pobre Marta aquí también te tiene que hacer parar para oírte decir lo mismo: “¡no te había visto!”.

Ahora no vale que busques echar la culpa de tu distracción a los escaparates y a los bocinazos. Piensa, más bien, en tu mirar. ¿Cómo miras para no ver?

Jesús pasa junto al lago y ve a Simón y a Andrés, a Santiago y a Juan. Ve lo que son, no su apariencia o su vestimenta. Ve lo profundo de su ser, porque él mira el corazón.

Y cuando sientes su mirada, tu corazón desnudo ante él, haces lo mismo que Simón, Andrés y tantos hombres y mujeres a lo largo de los siglos que se han encontrado con la mirada del Maestro… lo dejas todo y le sigues.

Oración

Trinidad Santa, ayúdanos a mirar con amor. Ayúdanos a mirar como tú. Amén.

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Para vivir como Jesús primero debemos pensar como él.

domingo, 21 de enero de 2024
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Mc 1,14-20

Comenzamos el evangelio de Marcos que vamos a leer durante todo este año. Es el primero que se escribió y tiene aún la frescura de los comienzos. Es el más conciso. No tiene grandes discursos de Jesús ni cuenta muchas parábolas. Le interesa sobre todo la vida cotidiana de Jesús. Su actitud vital para con los pobres y oprimidos es la verdadera salvación. Las curaciones y la expulsión de demonios, entendidos como liberación, son la clave para comprender el mensaje de salvación de este evangelio.

Cuando arrestaron a Juan. Quiere resaltar el evangelista que Jesús va a continuar la tarea del Bautista, pero a la vez, deja clara la diferencia. ¡Recordad! Los datos cronológicos no tienen importancia en la elaboración de un “evangelio”. En el evangelio de Juan, después de haber narrado el seguimiento de los primeros discípulos, después de contarnos la boda en Caná, la purificación del templo y el encuentro con Nicodemo, nos dice que Jesús fue con sus discípulos a la región de Judea y bautizaba allí, a la vez que Juan estaba bautizando en otro lugar.

Llegó Jesús a Galilea. Está claro que el evangelista quiere desligar la predicación de Jesús de toda connotación oficial. Lejos de las autoridades religiosas, lejos del templo y de lo que significaba la institución. Galilea era tierra en gran parte habitada por gentiles. Esto para un judío era, de entrada, una descalificación, pero tenía la ventaja de menor control y mayores posibilidades de que la gente le entendiese.

Se puso a proclamar la “buena noticia” de parte de Dios. Había empezado él su evangelio diciendo que se trataba de exponer los orígenes de la “buena noticia de Jesús”. Estos textos son los que dieron origen a la palabra “evangelio”, cuyo género literario se inaugura con este escrito. No debemos confundir el concepto de buena noticia con el que hoy tenemos de evangelio. Por extraño que parezca, “euangelio” no significa “evangelio”. Hemos caído en un monumental fraude. Hemos confundido el estuche con la joya que debía contener. Aquí “euangelio” significa esa estupenda noticia que Jesús descubrió y nos comunicó de parte de Dios.

Se ha cumplido (colmado) el kairos. En la fiesta de Año Nuevo, hablamos del significado de “Cronos” y “kairos”. Aquí el texto dice kairos, es decir, se trata del tiempo oportuno para hacer algo definitivo. No hay un cronos especial. Cualquier cronos lo podemos convertir en kairos si nuestra actitud vital es adecuada. Nos está recordando que todos los Kairos se han concentrado en el que ahora está presente.

Está despuntando el Reino de Dios. Esta expresión es la clave. No se trata de que Dios reine. Se trata de que Dios se haga presente entre nosotros, gracias a las actitudes de los seres humanos. Jesús hace presente ese Reino, que es Dios, porque sus relaciones, basadas en el amor y la entrega, hacen presente en cada instante a Dios. Dios es amor, de modo que está allí donde exista una verdadera compasión. Ese Reino está ya presente en Jesús porque fue capaz de eliminar toda opresión.

¡Cambiad de mentalidad!Convertíos” no expresa bien el sentido del texto griego. ‘metanoeite’ no significa hacer penitencia ni arrepentirse sino cambiar de mentalidad, pensar de otra manera y afrontar la vida desde otra perspectiva. Lo que pide Jesús es una manera nueva de ver la realidad que no tiene por qué partir de una situación depravada. Exige una actitud que no debe abandonarse nunca.

La llamada de los discípulos a continuación les obliga a hacer su personal cambio de rumbo (metanoia): “Dejan la barca y a su padre y le siguieron”. Debemos hacer todos, un serio examen de conciencia. Cuantas veces hemos descubierto nuestros fallos y nos hemos conformado con confesarlos, pero no hemos cambiado el rumbo. ¿De qué sirve esa parafernalia, si continuamos con la misma actitud?

Confiad en la buena noticia. La traducción oficial del griego “pisteuete” nos puede llevar a engaño. No se trata de creer la noticia, sino de confiar en que es buena noticia. Tanto en el AT como en el nuevo, la fe no es el asentimiento a unas verdades, sino la confianza en una persona. Si la buena noticia que Jesús predica viene de parte de Dios, podemos tener confianza plena en que es buena.

A la llamada de Jesús que acabamos de comentar, corresponden las primeras respuestas personales, de parte de unos simples pescadores sin preparación alguna, que se fiaron y fueron detrás de Jesús. Es muy significativo que el primer instante de su andadura pública, Jesús cuenta con personas que le siguen de cerca y están dispuestas a compartir con él su manera de entender la vida. La comunidad, por reducida que sea es clave para emprender una vida cristiana.

Darse cuenta de que estamos en un camino equivocado es la única manera de evitarlo. Cada vez que rechazamos un camino falso, nos estamos acercando al verdadero. Convertirse es rectificar la dirección para apuntar mejor a la meta. Pecado en el AT era errar el blanco. Da por supuesto que intentas dar en el blanco, pero te has desviado. Somos flechas disparadas que tienden a desviase del blanco y que tienen que estar contrarrestando esa fuerza que nos distorsiona.

Convertirse no es abandonar el mal por el bien, porque el mal y el bien en el ser humano no se pueden separar nunca del todo. Para el maniqueísmo está todo demasiado claro: Son realidades opuestas que deben estar separadas. La realidad es muy distinta: ni el bien ni el mal se pueden dar químicamente puros. Siempre que trazamos una línea divisoria entre el bien y el mal, nos estamos equivocando. Lo que llamamos mal no tiene entidad propia, es solo ausencia de bien.

El mal (ausencia de perfección) no es un accidente, sino que pertenece a la misma estructura del hombre. Sin esa limitación, que hace posible el error, pero que también hace posible el crecimiento, no habría persona humana. La hondura del misterio del mal está precisamente ahí. Del mismo mal surge el bien, y el mal acompaña siempre al bien. El afán maniqueo de eliminar el mal no tiene nada de evangélico. “Si te empeñas en eliminar todos los errores dejaras fuera la verdad”.

Siempre necesitaremos la advertencia de alguien para salir del error. Aún con la mejor voluntad, podemos estar equivocados. Las mayores barbaridades de la historia de la humanidad se hicieron en nombre de Dios. Aún con la mejor intención de caminar hacia la meta, siempre estaremos necesitados de rectificar.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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¿Dejarlo todo?

domingo, 21 de enero de 2024
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Mc 1, 14-20

«Ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él»

Después del bautismo y la cuarentena en el desierto, Jesús vuelve a Galilea y allí comienza su anuncio del Reino. Ya conocía a Juan, Simón y Andrés, y previsiblemente ellos conocían su proyecto, así que su vocación no fue un fogonazo en la oscuridad, sino que sabían en qué se embarcaban y con quién se embarcaban. Habían conocido a Jesús a orillas del Jordán, habían vuelto con él a Galilea, habían quedado fascinados y, según se desprende del texto, estaban seguros de que merecía la pena dejarlo todo por seguirle a dondequiera que les llevase.

Y ésta es una excelente metáfora del camino de la fe: conocerle, quedar fascinados y seguirle… Sus discípulos así lo hicieron y al final creyeron. No hay atajos. No es posible seguir a Jesús sin conocerle, y de ahí la importancia capital de preservar los cauces tradicionales de transmisión de la Palabra.

Volviendo al texto de hoy, en él se nos recuerda un tema esencial; estamos invitados a anunciar el Reino; estamos invitados a «seguir a Jesús dejándolo todo». Y no sólo las personas religiosas, sino todos nosotros. Pero, ¿qué significa para un cristiano medio que va todos los días a trabajar para alimentar a su familia “dejarlo todo” por seguir de Jesús?…

Pues significa poner al servicio de la misión todos los talentos recibidos, porque para eso se nos han dado. Se nos ha podido dar salud, inteligencia, simpatía, comprensión, dinero, influencias… Todo para el Reino, nada para el simple disfrute: todo son talentos para servir. Y ésta es la renuncia: que cada uno ponga a trabajar su talento, su dinero, su salud, para el servicio, para la misión a la que libremente se ha comprometido.

Todo cristiano, la Iglesia y la humanidad entera, están en camino hacia su propia liberación, y todos estamos invitados a trabajar por la liberación de todos. Y la buena Noticia es que “eso es el Reino”. El Reino no es un parche, un añadido, un esfuerzo adicional, sino que es mi vida; es lo que hago todos los días hecho de acuerdo a los criterios de Jesús; a los criterios de Dios.

La vida es el Reino. Lo que hago todos los días no es algo vulgar ni intrascendente, es mi forma de colaborar en la obra de Dios; es la parte de la obra de Dios confiada a mí. El engaño consiste en hacernos creer que la vida es profana; que una cosa es la vida y otra el Reino; que hay cosas del César que no son de Dios. La Revelación consiste en quitar ese engaño, descubrir el valor, el sentido de todo lo que estoy haciendo, y por tanto sentirme motivado, ilusionado en hacerlo bien, porque es mi contribución al Reino.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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