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“El silencio y lo sagrado, entre otros silencios” (1/3), por Javier Elzo.

jueves, 1 de febrero de 2024
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IMG_2366Este texto de Javier Elzo recoge los materiales usados por él para una intervención en el Curso de Verano 2021 de UPV/EHU, dirigido por Javier Urra con el título “El silencio. Sin aditivos” en Donostia- San Sebastián. Creo que es un texto básico para lo que queremos que sea ATRIO, donde el encuentro entre personas se produzca siempre en esa dimensión de escucha y palabras auténticas. Atrio invitará a ello presentando el texto en tres viernes seguidos. El guión previo que adelanta el autor muestra cada parte  en el contexto global. AD.

  •     Introducción

    1. – Los silencios en algunas de sus muchas acepciones

  1. El silencio introspectivo
  2. El silencio en relación con la escucha
  3. El silencio condición de la relación.
  4. El mutismo y sus variantes
  5. El silencio de la comunidad tácita
  6. El otro silencio de Arnoldo Liberman. Auschwitz
  7.  La muerte como el silencio absoluto. Jacques Sédat
  8.  El silencio angustioso.
  9.  Las trampas de la imprescindible memoria. Paul Ricoeur


2.- 
“El silencio y lo sagrado”

  1. Breve clarificación de unos conceptos
  2. La sociedad del ruido
  3.  Cuando el silencio es necesario
  4.  El silencio religioso de un creyente
  5.  El silencio “religioso” de un ateo
  6.  Joas, Habermas y Fraijó ante el silencio de lo religioso en la sociedad de hoy

    3.-  Calasso, Durkheim y la sociedad divinizada. La sociedad y los individuos

  1.  La sociedad – dios
  2.   La sociedad fuente de lo sagrado
  3.   Experiencias colectivas y ruidosas de lo sagrado y su interpretación personal y silenciosa

        Cerrando estas páginas, que no concluyendo.

  •  Sacralidades religiosas y laicas
  •   ¿Hacia una nueva guerra de dioses?

Introducción

        Cuando el mes de septiembre del año pasado, poco después de finalizado el curso sobre “Los miedos”, también en el marco de estos Cursos de Verano de la EHU/UPV, y también dirigido por Javier Urra, nuestro director nos envió un correo señalándonos que el título del curso de este año 2021, sería “El silencio. Sin aditivos”. Aquel verano de 2020 estuve trabajando en los contenidos de un libro, para mi excepcional, de un sociólogo alemán, no muy conocido en España, Hans Joas, del que no se habían traducido al castellano sus últimas publicaciones. Particularmente, la última, editada en alemán en 2019, traducida, entre otros idiomas al francés, idioma en el que lo leí, releí y llegué a escribir 120 páginas con recortes del libro, y añadidos de otros autores y reflexiones mías. El título del libre, en castellano, es “Los poderes de lo sagrado. Una alternativa al relato del desencantamiento” en referencia, principalmente, a los trabajos de Max Weber de hace un siglo y, también al de Marcel Gauchet de 1985, “El desencantamiento del mundo”, así como a la abundante literatura de los, – ya minoritarios, pero hace cincuenta años, muy mayoritarios -, defensores de la tesis de secularización. El libro de 330 páginas y otras cien de nutridas notas y bibliografías, libro de gran densidad, que exige lectura atenta con papel y bolígrafo, me resultó de enorme riqueza intelectual, que me obligaba a detenerme en su lectura pues no había página que no me incitara a la reflexión. Pero no voy a comentar aquí el libro, pero, si me detengo un poco en él, es para mostrar la razón inmediata, del motivo o circunstancia, por el que propuse a nuestro director, Javier Urra, el título de mi aportación a este curso, “El silencio y lo sagrado” y así redacté las líneas en las que explicitaba algunas ideas que pensaba exponer en mi conferencia, como aparecen en el Programa del Curso. Algunas de estas ideas provenían del libro de Hans Joas, en cuya lectura estaba enfrascado.

        Pero, meses después, a medida que se acercaba la fecha de esta intervención, me iba informando de otras reflexiones sobre “el silencio” de diferentes autores que iba anotando en mi Cuaderno de trabajo, junto a las ideas que, sobre “el silencio”, bullían en mi cabeza. Constaté, rápidamente, que el silencio, las ideas sobre el silencio, nos mostraban que el término “silencio” era polisémico, que reflejaba realidades bien distintas y, no solamente eso, sino que las valoraciones que cabía hacer de diferentes manifestaciones de “silencios” eran muy diversas. Desde las heroicas hasta las más abyectas e ignominiosas. De ahí que, como acabo de hacer, creo que es más correcto hablar de “los silencios” que de “el silencio”. Además, con la coletilla de “sin aditivos” al término Silencio, que nos enviaba nuestro director, nos permitía pasar al plural.

        En consecuencia, voy a entretenerme en esta conferencia en dos partes muy diferenciadas. En primer lugar, en la presentación de diferentes significados asociados al término silencio, para, en segundo lugar, centrarme en el silencio en relación a lo sagrado.

Primera Parte. Los silencios en algunas de sus muchas acepciones.

El silencio introspectivo

        En efecto, hay silencios y silencios. Comencemos por el silencio introspectivo. Es ese silencio en nuestro alrededor, fuera de nosotros que buscamos y llegamos a exigir para poder introducirnos en nuestro yo más profundo mediante el ejercicio de la meditación. Es un silencio que exige recogimiento, un tiempo de descanso del ajetreo cotidiano con el propósito de reencontrarnos y renovarnos. Hay, además, lugares donde se requiere el silencio porque participa en el desarrollo de la vida interior, en el trabajo sobre uno mismo, en la meditación y, en los creyentes, en la oración. Un ejemplo manifiesto de este silencio es el de la vida monástica. La vida monástica nos invita a cultivar el silencio en toda circunstancia, en el quehacer diario, en el compartir las comidas, en la oración: “ya no se trata de interioridad, sino de intimidad entre Dios y cada hombre”, dirán no pocos monjes. Quizá Ustedes han visto el extraordinario film- reportaje, “El Gran Silencio”, en el que un cineasta, tras 17 años de larga espera, obtuvo el permiso para filmar durante casi seis meses la vida cotidiana de los cartujos de la “Grand Chartreuse” al pie de los Alpes franceses. Un film absolutamente extraordinario, que capta y mantiene la atención del espectador, pese a su larga duración.

        Pero este silencio introspectivo no es privativo de los monjes ni de los claustros de la vida monástica. Muchas personas buscan ese silencio en su vida cotidiana, cuando ponen en paréntesis el bullicio del día a día, para encontrarse consigo mismos. Unos practican el yoga, otros peregrinan a Guadalupe, a Lourdes, en búsqueda de ese silencio, otros hacen el Camino de Santiago, o un parte de mismo, en silencio, un Camino de Santiago, en el que la motivación religiosa se da en menos de la mitad de los que hacen el Camino. Luego la búsqueda del silencio exterior, lo repito, no es privativo de la experiencia religiosa. Cuantitativamente hablando, en la era secular, dominante en nuestros días, cabe afirmar que, en este modelo de silencio, hay una mayoría de personas que lo ejercen sin motivación religiosa alguna: simplemente se buscan a sí mismos.

El silencio en relación con la escucha

        Hay que detenerse también en el silencio que está fundamentalmente del lado de la escucha del otro, o de los otros. Exige estar en silencio, tiene que haber un silencio interior para poder escuchar al otro, aprehendiendo lo que realmente quiere decir. Es un silencio difícil y, desgraciadamente, poco frecuentado en demasiadas ocasiones. Pero, si no se aplica el silencio interior cuando el otro está expresándose, normalmente quiere decir que estamos pensado en replicarle más que en escucharle. Es una situación que podemos encontrar en los pugilatos dialecticos en muchos “debates” en los parlamentos, donde no se escucha al otro, sino que, en el mejor de los casos, se subraya algo de lo que el otro esgrime para oponerse o, también, se le contesta sin atender en nada a lo que ha dicho. “¿Qué tiempo hace? Manzanas traigo”.        El silencio de escucha es tanto la condición del habla del otro como la condición del propio habla como sujeto, en la medida en que uno responde en su propio nombre y no en lugar del otro, que actuaría como interlocutor impositivo, y que, al final anularía nuestro propio razonamiento. En efecto, cuando interrumpimos el silencio interior para interrumpir al otro, podemos decir que, al romper el discurso del otro, corremos el riesgo de poner nuestras palabras en las suyas.

El silencio condición de la relación

        Como corolario de lo anterior, cabe decir que el silencio es también, la condición de la relación. Para que haya una relación, tenemos que poder hacer el silencio interior. Pero, este silencio interior significa que estamos en lo relativo, es decir, escuchamos al otro como el discurso de un sujeto que nos habla, nos interpela, en un nivel de horizontalidad, donde todos estamos al mismo nivel. Algunos, como Jacques Sedat [1], a quien sigo en esta parte de mi reflexión, afirman que “no puede haber relación con el otro excepto en su propia relatividad con él. Solamente hay relación en lo relativo “. Pero no siempre es así. Pues no todas las relaciones con otra u otras personas se dan en un nivel de horizontalidad. Por ejemplo, cuando estamos en una relación de autoridad y, no digamos, de poder. El alumno ante su profesor, el marinero ante su capitán, el soldado ante su superior, el hijo menor ante sus padres, etc., etc. Aquí vivimos en una relación de diferenciación jerárquica en la que el silencio puede tener diferentes formas y modo de expresarse. Tanto, por decirlo simple y brevemente, en el lado del superior como en el del inferior.

El mutismo y sus variantes

       Así llegamos al mutismo como otra variante del silencio. O estamos atrincherados en una fortaleza interior que nos impide o desaconseja comunicarnos con el otro, o nos encerramos en un silencio que significa: “no quiero decirle nada al otro”. Si continuamos reflexionando sobre el silencio como condición para la relación, hemos de reconocer que, a menudo, el mutismo es una forma de silencio, que puede ser libremente adoptado (aun con motivaciones bien diversas) o forzado, por ejemplo, en al caso de una relación jerárquica.

        Hay diferentes manifestaciones de mutismo. Mutismo, tras consumos de drogas, por enfurruñamiento. Los jóvenes cuando sus padres les indican o abroncan, (así en la película “Historias del Kronen”), al descubrir su estado por haber abusado del alcohol o consumido drogas; en una entrevista, Marisol Touraine, siendo ministra con Hollande, confesaba que cuando su padre, el gran Alain Touraine se enfadaba, guardaba mutismo total durante dos días o, como me decía mi peluquera que cuando su pareja la enfadaba estaba dos o tres días sin dirigirle palabra alguna. 

       En una relación asimétrica puede haber un mutismo parcial por parte del superior. Por ejemplo, cuando un profesor se limita a decir con tacto a un alumno que debe estudiar más sin humillarle por un examen catastrófico.

       También en una relación horizontal, paralela, por ejemplo, en una matrimonio o pareja bien avenida, cuando uno de los dos enmudece ante alguna inconveniencia del otro, manifestándole con el silencio, su respeto y cariño. Es un mutismo de oro que mantiene la armonía de la pareja.

El silencio de la comunidad tácita

        En este orden de cosas, cabe una breve referencia al silencio que los antropólogos llaman comunidad tácita. Es el hecho de que las parejas no hablan mucho, sobre todo cuando llevan muchos años juntos. A menudo las únicas palabras que se intercambian se limitan a “pásame la sal”, porque no saben hablar y todo se desarrolla al nivel de los actos de la vida cotidiana, de su repetición, como si todo hubiera ya sido dicho. Se habla más con los amigos y amigas, en el trabajo, en los lugares de ocio y se calla, o habla menos, en el hogar. Encontramos en la vida social, incluso en nuestra vida cotidiana, silencios organizados de esta manera.

El otro silencio de Arnoldo Liberman. Auschwitz

        Quiero traer aquí el inicio de un texto de un buen amigo mío, judío ashkenazi, que nació hace 90 años en Argentina en donde sus padres recalaron huyendo del horror nazi. Me refiero a Arnoldo Liberman, musicólogo y psicoanalista. A menudo me envía sus textos antes de publicarlos. Este que hoy traigo aquí, y que no creo haya publicado todavía, lo titula “El otro silencio”. Lo inicia con estas palabras: “El silencio. Era el mismo silencio, el día de la partida, en el patio de la gran sinagoga que servía de lugar de agrupamiento. Locos de rabia, los nazis corrían en todas direcciones dando alaridos y golpeaban a los hombres, mujeres y niños, no tanto para hacerles daño como para quebrar su silencio. Pero la multitud guardaba silencio. Ni un grito. Ni un gemido. Herido en la cabeza, un anciano se ponía de pie con aspecto despistado. El rostro ensangrentado, una mujer caminaba sin aminorar el paso. Nunca se había conocido un silencio semejante. Ni un suspiro. Ni una queja. Ni siquiera los niños lloraban. El silencio perfecto del último acto. Los judíos hacían mutis. Para siempre”. Y cierra así su texto Liberman con unos versos que Pardo Zapatero cita, de autor aparentemente anónimo:

    1. “La botella ya vacía
      el mensaje por descifrar
      Ludwig se ha quedado dormido
      Sólo quedan los pajarillos /
      que en el olvido están
      junto al chapoteo de carcajadas
      la manía y tu callar”.

        “Tu callar”: ¿es necesario insistir que el otro silencio es Auschwitz?

La muerte como el silencio absoluto

        De una forma no tan trágica como la del exterminio de los judíos en el nazismo alemán, cabe hablar también la muerte como el silencio absoluto, en expresión de Jacques Sédat. “El silencio absoluto es muerte. Rendir el alma es perder la posibilidad tanto del habla como del silencio, ya que el silencio es correlativo del habla. El silencio definitivo ya no es silencio en el sentido de que el silencio es una experiencia subjetiva del sujeto. El muerto no guarda silencio desde este punto de vista. Está en el vacío, como sea que lo llamemos. Pero, el silencio es siempre, como el habla, una categoría del sujeto. El silencio de las estrellas no es silencio”.  

El silencia angustioso
     

Pues, un sujeto se construye con palabras y con silencios, que se concluye con la muerte. Pero, entre tanto, también está el silencio agonizante, el silencio angustioso: cuando uno se entrega al otro, al decirle al otro “te quiero”. Es un riesgo, una aventura. Es abrirse y comprometerse frente a alguien sin tener ningún poder sobre él, sin tener la seguridad de un eventual retorno positivo. Los que hemos vivido la experiencia del enamoramiento y hemos dado el paso de declararlo a la persona amada, sabemos de la angustia en la espera de la respuesta. En este caso, la ansiedad es, amén de legítima, evidente. Es abrirse en canal al otro lo que preocupa. Que puede ser fuente de sufrimiento si la respuesta es negativa. Es “el mal de amores” tantas veces evocado en la literatura de todos los tiempos y de todos los idiomas.

Las trampas de la imprescindible memoria. Paul Ricoeur

        Hay un silencio ante lo que es difícilmente verbalizable. Es, ciertamente el silencio del espacio que se produce en el análisis psicoanalítico. Un silencio muy difícilmente interpretable. Nunca se sabe lo que sucede en el silencio hasta que se llegue al habla. Entretanto no se puede interpretar, es decir, poner palabras en algo que no conoces. Es un silencio de espera por lo que pueden surgir como pensamientos, ya que la regla del análisis es dejarlos surgir, libremente. Y es, precisamente, esta libertad de expresión la que causa problema. Pues, a menudo, es un silencio de vergüenza para decir cosas difíciles que la psique humana, en un principio de autodefensa, lo envía al ámbito del subconsciente inconsciente. En el idioma francés hay una distinción entre el subconsciente consciente, con el término “reprimé” que lo diferencia del subconsciente inconsciente para el que utiliza el término “refoulé”. Para el que no encuentro término en castellano. 

       Pero esta situación se da también fuera del espacio psicoanalítico del que, si se trata del “refoulé” no tenemos consciencia, pero está ahí. Tiene que ver con lo que Paul Ricoeur denomina “las trampas de la memoria”, cuando se refiere a la memoria reprimida, memoria que hace que distorsionemos la memoria de lo sucedido para quedarnos con lo que nos satisface y ocultemos y tratemos de olvidar lo que nos denigra o nos avergüence de nuestro comportamiento, actitud o valores del ayer. Es, exactamente, lo que sucede, con la memoria de la guerra, del terrorismo, situaciones en la que, solamente a través del tiempo y la búsqueda de la verdad, es posible llegar a un relato compartido. Y no siempre. Así, más de un siglo después, no se ha llegado a un relato compartido del origen de la primera guerra mundial.

        Estamos ante un silencio de vergüenza para decir cosas difíciles que la psique humana, en un principio de autodefensa, lo envía al ámbito del subconsciente, a menudo, inconsciente. Según el concepto judío de memoria, nos recuerda Arnoldo Liberman, la memoria es antes que nada un asunto hermenéutico, pues consiste en ver lo que algunos intentan considerar olvidable o menos relevante. Pero, sin memoria, las injusticias pasadas dejan de ser injusticias pues dejan de existir. Sin memoria nos quedamos sin identidad. El sujeto se vuelve amnésico. Sin memoria la racionalidad sucumbe. Por eso la memoria es la única jurisprudencia posible, la que impide olvidar lo que no debe ser olvidado. La que es capaz de oír el silencio de los muertos y recordarlos para que no mueran por segunda vez.

        En las personas, existe el temor de que ciertas cosas del pasado estremezcan y nos flaqueen. Hay ciertas verdades que tenemos la impresión de que si las contamos nos amenazarán, ya que el trauma fue muy duro y decirlo será revivirlo. Lo que nos lleva al silencio. Se necesita tiempo para domesticar pensamientos terribles relacionados con hechos que pueden habernos trastornado, antes de poder transformarlos en palabras y salir de ese silencio cercano al terror, ese terror que, al superar el bloqueo y las digamos, vuelvan a la memoria del presente y las revivamos de nuevo, mientras que, sin embargo, es diciéndolas, como podemos conjurar el efecto que pueden haber tenido en nosotros, que puede llegar a ser un terror interior. Es el efecto benéfico de una confesión, una declaración a otro, de algo que nos pesaba en la conciencia y que nos impedía la serenidad de espíritu. Es, por eso, el efecto benéfico de una confesión, una declaración a otro de algo que nos pesaba en la conciencia y que nos impedía la serenidad de espíritu y descerrajar la verdad.

        He aquí un ejemplo de un silencio difícil a negociar. De aquí, daremos el paso el próximo viernes a la segunda parte de este texto, sobre el silencio y lo sagrado.

[1] En Sophie Périac-Daoud et al., « Silences », Érès, 2004, p, 233 y ss.

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Vulnerabilidad

miércoles, 31 de enero de 2024
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«“Te basta mi gracia, pues mi poder triunfa en la debilidad”… Cuando me siento débil, es cuando soy más fuerte» (2Cor 12,9-10)

Cuando se vislumbran las propias fuerzas que tiene una sola persona ante el océano sin márgenes de problemas y sufrimientos de la humanidad y de la naturaleza, nos sentimos impotentes, frágiles, diminutos.

A Dios no hay que buscarle en la estratosfera, en los espacios intersiderales, sino dentro de nosotros mismos, en los demás, en el mundo que nos rodea. Todo es imagen y transparencia suya. Por eso, a pesar de nuestra fragilidad, poseemos, estamos dotados de una fuerza, de una energía inimaginable.

Hay que sondear, no obstante, para dar con ella, para llegar a su entraña, para darla a conocer, para poder transformar con esa fuerza las estructuras de opresión y exclusión de los seres humanos, de explotación y saqueo de los recursos de la tierra.

Si llevamos dentro tal energía nuclear, solo tenemos que hacerla producir, sacarla fuera, entretejerla con otras redes, con otros elementos nucleares de otras personas para que se convierta en una fuerza incontenible. Todo a partir de nuestra debilidad, con humildad, pero con el Espíritu que nos habita, sostiene e impulsa.

«Dios de las galaxias, de las nebulosas,

de los agujeros negros, de las estrellas,

de la luz y la oscuridad,

del firmamento y la tierra firme, dime:

¿qué somos nosotros,

una ínfima mota de polvo

en un pequeño grano de la Vía Láctea,

para que pienses en nosotros,

para que nos cuides con tanto cariño,

para que te desvivas por cada uno de nosotros?

Somos tan poquita cosa

comparados con la inmensidad que nos rodea:

como una sombra, un soplo, un instante.

Pero para el verdadero Amor

es locura, sinsentido,

disparate, desmesura.

Habitado por el Exceso amoroso,

te bendigo y me siento dichoso,

salgo a la calle feliz, exultante,

deseando comunicar algo

del tesoro inconmensurable

que me sostiene y me habita».

«Felices a quienes la debilidad de la enfermedad, de los años, de las dificultades de la vida, les han hecho madurar, crecer como personas y aprender que cuanto más humildes seamos, más se revitaliza el corazón con el amor, la sencillez y la ternura».

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Bendecir para ser una bendición

martes, 30 de enero de 2024
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Es asombroso lo fácil que es bendecir a los demás, decirles cosas buenas, decir cosas buenas sobre ellos, sobre su belleza y su verdad, cuando nosotros mismos vivimos nuestra condición de bendecidos. El que es bendecido siempre bendice. ¡Y las personas desean ser bendecidas! Eso es evidente en todo lugar. Nadie es traído al mundo con maldiciones, cotilleos, acusaciones o inculpaciones. Hay tantas cosas ocurriendo a nuestro alrededor…. que provocan oscuridad, destrucción y muerte. Como los «bendecidos«, podemos caminar por este mundo y ofrecer bendiciones. No requiere demasiado esfuerzo. Es algo que fluye naturalmente de nuestros corazones. Cuando escuchamos dentro de nosotros la voz que nos llama por nuestro nombre y nos bendice, la oscuridad ya no nos distrae. La voz que nos llama «amado» nos dará palabras para bendecir a los demás y revelarles que no son menos bendecidos que nosotros«.

*

Henri Nouwen,
Tú eres mi amado.

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***

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Ciencia y Teología para el siglo XXI

martes, 30 de enero de 2024
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IMG_2358Del blog de José Arregi Umbrales de Luz:

Epílogo a un libro de luces y retos

Agradezco a Agustín Gil este libro tan clarividente y necesario para hoy. Corren tiempos difíciles y decisivos para la humanidad y la entera comunidad de los vivientes. El negacionismo y el dogmatismo –dos trastornos solo aparentemente opuestos– son el síntoma de un malestar civilizacional planetario.

Nunca nuestra especie Sapiens ha sabido tanto, pero nunca se ha sentido tan insegura. Nunca tuvimos tanto conocimiento sobre tantas cosas, pero nunca nos sentimos tan amenazados a nivel personal, social, internacional. Nunca dispusimos de tanta información instantánea y global, pero nunca la desinformación fue tan grave y universal. Nunca las ciencias estuvieron tan desarrolladas, pero nunca crearon armas tan mortíferas, ni fueron tan utilizadas por los grandes poderes asesinos. Nunca poseímos tantos medios para vivir todos holgadamente, pero nunca vivimos tan acelerados y asfixiados, tan carentes de tiempo para respirar, espirar, inspirarnos. Nunca el nombre Sapiens fue más discutible. Nunca, desde el corazón de la Tierra y de los pobres, escuchamos tan aguda y grave la Voz de la Vida: “Ante ti están la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida y viviréis tú y tus descendientes” (libro bíblico Deuteronomio 30,19).

Más que nunca necesitamos no solo conocimiento científico, sino sabiduría vital, inteligencia integral, racionalidad múltiple, consciencia profunda, para saber vivir, para ser felices siendo buenos y a la inversa, para ser libres y hermanos, para poder querer y elegir nuestro ser verdadero, nuestro verdadero bien inseparable del Bien Común de la humanidad y de todos los vivientes. No existe otra verdadera libertad.

Los caminos del conocimiento, de la sabiduría, de la libertad de ser nuestro ser verdadero, son numerosos. El conocimiento y la sabiduría son multidimensionales, siempre lo han sido. Sabían los chamanes del Paleolítico. Saben los mitos antiguos, saben los poetas, los artistas, los enamorados. Saben los activistas no violentos de justicia y de la paz. Saben también los místicos espirituales, sean o no seguidores de alguna religión. Saben, y mucho, los textos sapienciales de las grandes tradiciones, religiosas o no. Saben, por supuesto, los científicos. Y todos ellos saben que no saben: “docta ignorancia”.

Todo esto lo sabe mejor que nadie Agustín Gil, catedrático de Física, especializado en Física teórica y Mecánica cuántica, miembro activo y reflexivo de las comunidades cristianas populares de base en el País Vasco, ecofeminista comprometido contra todos los imperios, codirector de la revista (ya cerrada) Herria 2000 Eliza, caminante y buscador espiritual, crítico de las instituciones religiosas y eclesiásticas, seguidor a la postre de la Buena Noticia y de la vida liberadora de Jesús de Nazaret, de la libertad y de la compasión que enseñó y practicó.

Esta obra es la síntesis y el fruto maduro de sus conocimientos científicos, de su reflexión filosófica, de su sensibilidad humana, de su teología crítica, de su compromiso ético: Ciencia y filosofía para el siglo XXI. Diálogo interdisciplinar para un nuevo humanismo (Ed. Círculo Rojo, 2023). El título contiene, como intencionadamente escogidos, todos los términos que definen un programa de conocimiento concertado e integral: ciencia, filosofía, siglo XXI, diálogo, interdisciplinar, nuevo humanismo. El co-nocimiento es por definición, al igual que el lenguaje, un hecho social, trans-individual, plural, dialogal. Así, solo así, se convierte en camino de co-nacimiento.

El conocimiento es también por definición interdisciplinar, fruto de miradas, métodos, perspectivas diversas, todas ellas relacionadas. Las perspectivas y los métodos son necesariamente distintos, pero no contradictorios, en la medida en que cada aproximación a la realidad –científica, ética, poética, simbólica, filosófica, teológica, simbólica en general…– se atiene con rigor a su enfoque y método de análisis propio. Y ninguna disciplina puede pretender llegar al único conocimiento verdadero, ni siquiera más verdadero que otro.

Por supuesto, el conocimiento científico de la realidad –hecho de observación atenta, medición matemática exacta y verificación empírica– no es el único verdadero, ni aquello que las ciencias matematizan y verifican constituye la única realidad verdadera. Pero tampoco los dogmas del Credo y sus explicaciones teológicas expresan “verdades” reveladas de lo alto por “Dios”; son expresiones históricas contingentes, formulaciones culturales y relativas, de experiencias humanas profundas (“religiosas”); todos los dogmas y teologías son constructos humanos simbólicos, al igual que los enunciados científicos son constructos humanos empírico-matemáticos. Ahora bien, los datos científicos –aun siendo siempre parciales y provisionales– constituyen hoy el criterio común mínimo de la “verdad” y de la “realidad”. De modo que ninguna afirmación, incluida la teológica, podrá ser considerada como “verdadera” si está en contradicción o es incoherente con los datos establecidos por la ciencia.

Desde la instauración del paradigma científico moderno a partir de Galileo, la coherencia con las ciencias es uno de los retos fundamentales para todo el lenguaje religioso y teológico. La incoherencia con el paradigma científico y cultural general es, justamente, el factor principal de la crisis actual irreversible del andamiaje imaginario, conceptual e institucional de las religiones tradicionales, incluido el cristianismo.

Por eso terminaré apuntando, a modo de ejemplos y como simples conjeturas, algunos de los retos, interrogantes y exigencias mayores que las ciencias –cosmología, física nuclear, biología, biotecnología, neurociencias, inteligencia artificial…– plantean hoy a la teología cristiana:

Una especie humana inacabada, desplazada del centro. Toda la teología cristiana –sobre Dios, creación, Jesús, pecado, salvación, vida después de la muerte…– sigue teniendo una base enteramente antropomórfica y antropocéntrica. Toda ella, tomada en su literalidad, resulta incomprensible y se derrumba entera con la nueva visión científica del ser humano. No somos el centro ni el culmen del universo ni de la Tierra. Somos miembros de la gran comunidad de los vivientes. Somos, como todos los seres, emergencia de la misma evolución física y biológica, planetaria y cósmica. Como todos los seres, somos formas irreductibles y únicas, pero no “superiores” a nada. Somos formas inacabadas al igual que toda la evolución. También nuestra conciencia y libertad –siempre condicionada– son inacabadas, se hallan en creación evolutiva. Y estamos llegando a poseer el poder tecnológico para crear cerebros y seres orgánicos o cibernéticos más capaces que este Homo Sapiens que somos hoy. Nos enfrentamos a formidables retos ecológicos, éticos, políticos, teológicos. Como nunca hasta hoy.

Un cosmos autocreativo, evolutivo, interrelacionado, sin centro. Formamos parte de un universo (tal vez multiverso) sin medida espacial ni temporal. Un universo “infinito” al menos en el sentido físico. Un universo holístico, que constituye un todo único dinámico y evolutivo, en el que cada parte es un todo formado a su vez de partes. Un universo sustentado por una “materia” –mater, matriz–, con o sin masa, que está dotada de un dinamismo, potencialidad o “energía” originaria de la que provienen todas las formas que forman el universo. Un universo, por tanto, que no necesita de ningún “Dios” creador a partir de la nada. La nada no existe. Si no contamos con que algún “Dios” interviene desde fuera, “milagrosamente”, en el proceso auto-creador evolutivo del mundo, ¿por qué habríamos de recurrir a una intervención primera milagrosa para crear el mundo de la nada? ¿No sería filosófica y teológicamente legítimo pensar en una materia originaria increada y eterna que da origen al universo? Depende de lo que entendamos por “Dios”…

Una “vida después de la muerte” en la plenitud “divina o en la información cósmica o en la memoria universal. Salta a la vista que hablo en términos metafóricos, no estrictamente científicos. La materia originaria de la que todo procede no se crea ni se destruye, sino que se transforma desde siempre hasta siempre. Se transforma de acuerdo a una disposición, estructura, “lógica” o “código” interno abierto, creativo y en consecuencia impredecible de acuerdo, se podría decir, a una “información” que la orienta creativamente. De la materia auto-creadora nació la vida en su inagotable profusión de formas. La muerte conlleva, concretamente, la disolución del “yo” individual y de su consciencia particular, que es a su vez una forma en constante transformación. Y cabe preguntarse: ¿la muerte-transformación del “yo” individual no podría ser considerada como “paso” (pascua) a otra forma de supervivencia en la información cósmica, en la memoria universal, en la plena, infinita, Conciencia “divina”?

Un Jesús hombre profético inacabado, icono y símbolo del Reino de Dios. ¿Cabe pensar que Jesús sea la encarnación única, milagrosa y acabada del “Hijo de Dios” eterno en un punto del espacio y del tiempo sin medida, en una especie particular, en un planeta concreto, en una cultura determinada, en un hombre perfecto? La coherencia con la cosmovisión científica nos urge a otra cristología. Una cristología que deje atrás los dogmas tradicionales o los relea en otro registro simbólico. Una cristología que conciba a Jesús como un profeta que, por su mensaje y su vida contingente y buena, por su libertad y solidaridad liberadora inacabada, puede ser confesado –por parte de quien así lo mire, sea cristiano o no lo sea– anticipo, icono o símbolo inspirador del “Reino de Dios”, de la liberación universal plena, presente y futura a la vez.

Un “Dios” transteísta. No podemos seguir manteniendo la imagen “teísta” de Dios, si se entiende por “teísmo” la afirmación de un Dios “sujeto personal”, anterior y exterior al mundo, omnipotente, que creó el mundo de la nada e interviene en él cuando quiere. Dios no explica nada. No es Nada de lo que representan las imágenes y significan las palabras. Solo podemos evocarlo en metáforas. Es el puro Ser sin forma, que no existe sino en los seres, en las formas. El Fondo fontal, el Aliento creador que late en todos los seres. No se trata de “creer” en Dios, sino de crearlo, encarnarlo, darle forma en la belleza, el respiro, la bondad.

¿De qué sirve la creencia y de qué sirve la ciencia, si no nos acercan a la gnosis, la iluminación, la liberación, el renacimiento a nuestro ser verdadero, a nuestra hermandad profunda con todo lo que vive y es?

Aizarna, 25 de octubre de 2022

José Arregi, EPILOGO a Ciencia y filosofía para el siglo XXI. Diálogo interdisciplinar para un nuevo humanismo (Ed. Círculo Rojo, 2023, pp. 355-360)

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Sorpresa y admiración

lunes, 29 de enero de 2024
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jesus-cura

En este tiempo que nos toca vivir,
en el que todo se programa,
se sopesa, cuenta y mide,
no hay espacio para la sorpresa
ni para admirar tu presencia
junto a nosotros,
en la intimidad más íntima
o en la plaza pública.

Y, sin embargo, yo quiero ser tocado,
conquistado,
embelesado,
fascinado,
ilusionado,
hechizado,
seducido,
enamorado
por tu presencia,
por tus gestos y palabras,
por tus hechos y buena nueva.

Y quiero que me envuelva
tu aliento,
tu autoridad,
tu sonrisa,
tu ternura y fortaleza,
tu fuego y paz,
tu chispa y bondad;
que me atrape tu Espíritu,
me desconcierte tu esperanza
y me extrañe tu ausencia.

Y, ojalá, me admire mi fe,
me sobrecoja tu toque y mi curación
y me maraville de lo que soy para Ti.

Aventura,
sorpresa,
novedad,
curación,
vida vida nueva
Contigo.

¡Y a seguir manteniendo
puertas y ventanas
abiertas!

*
Florentino Ulibarri
Fe Adulta

***

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Perturbando el «del Grupo»

lunes, 29 de enero de 2024
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IMG_3161La reflexión de hoy es de Angela Howard McParland colaboradora de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

El Papa Francisco dijo recientemente que esperaba que el infierno estuviera vacío. «Es difícil imaginarlo», dijo el Papa. “Lo que yo diría no es un dogma de fe, sino mi pensamiento personal: me gusta pensar que el infierno está vacío; Espero que lo sea.»

En gran parte de su ministerio y sus escritos, el Papa Francisco enfatiza la misericordia de Dios sobre el juicio, la redención sobre la condenación. Y muchos de sus críticos afirman que el mensaje del Papa sobre el abundante amor de Dios parece de alguna manera injusto: seguramente, afirman, algunas personas merecen castigo. A menudo, estos mismos críticos condenan la afirmación total de las personas LGBTQ+ en la iglesia. En su opinión, ser “elegido” significa que debe haber algunas personas que queden fuera. La aceptación plena y sin discriminación parece amenazar su propia inclusión.

Esta dinámica dentro y fuera del grupo no se limita a la iglesia, por supuesto. Los seres humanos deseamos pertenecer, ser parte de una comunidad y, muchas veces, definir quién está “dentro” de nuestro grupo, significa también tener claro quién está fuera. Esto es familiar para muchos católicos LGBTQ+, que se identifican como parte tanto de la comunidad LGBTQ+ como de la comunidad católica y, sin embargo, son llamados hipócritas por seguir siendo católicos, por un lado, y degradados como “objetivamente desordenados” por su iglesia, por el otro.

En la lectura del Evangelio de hoy, la dinámica nosotros/ellos se muestra de dos maneras diferentes. El hombre con el espíritu inmundo que ha perturbado las enseñanzas de Jesús claramente no es uno de la multitud de la sinagoga. Se le habría considerado impuro, un outsider. Cualquier comportamiento socialmente inaceptable que exhibiera fue explicado por el demonio que lo poseía. Y, sin embargo, Jesús le habla directamente a este extraño, sanándolo.

La segunda capa de internos y externos se refiere a la forma en que la multitud considera a Jesús mismo. Estaban “asombrados de sus enseñanzas” mientras él predicaba y luego aún más “asombrados” por este mandato del espíritu mientras enseñaba y sanaba con un nuevo sentido de autoridad que no habían presenciado antes. En esos momentos, Jesús desafió a sus compañeros líderes religiosos judíos a evitar tradiciones y enseñanzas excluyentes. Al igual que el hombre con el espíritu inmundo, la presencia de Jesús también es perjudicial para aquellos que se consideran “del grupo”.

Para algunos, la presencia de personas LGBTQ+ en la iglesia también es perjudicial. Invita a quienes se sienten perturbados a cambiar viejas formas de pensar, interpretaciones obsoletas sobre la sexualidad humana y el género, y la infinidad de formas en que pueden existir individuos, parejas y familias fieles. Pero el Papa Francisco nos recuerda que la realidad de Dios es siempre más creativa y vasta que nuestra imaginación humana más salvaje. Cualquier binario, desde la identidad de género hasta las ideas de nosotros/ellos, no puede provenir de uno santo que no solo se centra primero en el exogrupo, sino que a menudo aparece para alterar estas dinámicas. Nuestro propio desafío es encontrar formas de perpetuar estos límites y continuar ampliando nuestra aceptación y afirmación de todos y potencialmente perturbar en lugares donde vemos que continúa la exclusión.

—Angela Howard McParland (ella), Ministerio New Ways, 28 de enero de 2024

Fuente New Ways Ministry

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El Santo de Dios… enseña con autoridad

domingo, 28 de enero de 2024
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(El hombre poseído en la sinagoga, James Tissot, 1896 (Brooklyn Museum, Nueva York)

Piensa también con los pies

Piensa también
con los pies
sobre el camino
cansado
por tantos pies caminantes.

Piensa también, sobre todo,
con el corazón
abierto
a todos los corazones
que laten igual que el tuyo,
como hermanos,
peregrinos,
heridos también de vida,
heridos quizá de muerte.

Piensa vital, conviviente
conflictivamente hermano,
tiernamente compañero

*

Pedro Casaldáliga
Todavía estás palabras, 1994

***

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.

Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:

«¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»

Jesús lo increpó:

– «Cállate y sal de él

El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:

«¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.»

Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

*

(Mc 1, 21-28)

***

«Había en la sinagoga un hombre con espíritu inmundo» (Mc 1,23). ¿Y yo? ¿Cuánto tiempo llevo formando parte de los que asisten fielmente a misa, cada domingo, año tras año…? Pero ¿soy consciente de mi verdadera condición de hombre poseído por un «espíritu inmundo»? Hasta ahora nadie me había hablado de ello, por la enorme facilidad con que podía esconder mi verdadera condición bajo la máscara religiosa. A buen seguro, ha habido horas y días en que me daba cuenta de que «algo no funcionaba»«¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret?» (Mc 1,24). ¿Advertimos la carga de agresión que irrumpe desde lo más hondo de nosotros mismos sólo al oír la palabra santo?

Esta palabra por sí sola hace añicos nuestra idea de vida que – a pesar de todo- nos ha ayudado bien o mal a hacer frente al orden cotidiano. El «Santo» lo dejamos nosotros a los «santos», quienes, no obstante -fíjate tú – , eran hombres, ¡y qué hombres! En lo más profundo de nuestro interior advertimos que Jesús, «el Santo de Dios», nos está pidiendo una conversión, un modo de entender la vida completamente nuevo… «¡Cállate y sal de ese hombre!» (Mc 1,25).

Sólo una cosa es segura: sin la Palabra poderosa de Jesús, nunca podrá ser destrozado el dominio tiránico del «espíritu inmundo». Sentimos entonces toda nuestra impotencia e incapacidad para cambiar las cosas nosotros solos, para denunciar la soberanía del «espíritu inmundo». Jesús pronuncia la palabra poderosa. Señor, nosotros queremos, ayuda a nuestra falta de voluntad.

*

H. Jaschke,
Gesù il guaritore
Brescia 1997, pp. 254ss, 260, passim.

***

*

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“Enseñar como enseñaba Jesús ”. Domingo 4 Tiempo ordinario – B (Marcos 1,21-28)

domingo, 28 de enero de 2024
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IMG_2372El modo de enseñar de Jesús provocó en la gente la impresión de que estaban ante algo desconocido y admirable. Lo señala el evangelio más antiguo y los investigadores piensan que fue así realmente. Jesús no enseña como los «letrados» de la Ley. Lo hace con «autoridad»: su palabra libera a las personas de «espíritus malignos».

No hay que confundir «autoridad» con «poder». El evangelista Marcos es preciso en su lenguaje. La palabra de Jesús no proviene del poder. Jesús no trata de imponer su propia voluntad sobre los demás. No enseña para controlar el comportamiento de la gente. No utiliza la coacción.

Su palabra no es como la de los letrados de la religión judía. No está revestida de poder institucional. Su «autoridad» nace de la fuerza del Espíritu. Proviene del amor a la gente. Busca aliviar el sufrimiento, curar heridas, promover una vida más sana. Jesús no genera sumisión, infantilismo o pasividad. Libera de miedos, infunde confianza en Dios, anima a las personas a buscar un mundo nuevo.

A nadie se le oculta que estamos viviendo una grave crisis de autoridad. La confianza en la palabra institucional está bajo mínimos. Dentro de la Iglesia se habla de una fuerte «devaluación del magisterio». Las homilías aburren. Las palabras están desgastadas.

¿No es el momento de volver a Jesús y aprender a enseñar como lo hacía él? La palabra de la Iglesia ha de nacer del amor real a las personas. Ha de ser dicha después de una atenta escucha del sufrimiento que hay en el mundo, no antes. Ha de ser cercana, acogedora, capaz de acompañar la vida doliente del ser humano.

Necesitamos una palabra más liberada de la seducción del poder y más llena de la fuerza del Espíritu. Una enseñanza nacida del respeto y la estima de las personas, que genere esperanza y cure heridas. Sería grave que, dentro de la Iglesia, se escuchara una «doctrina de letrados» y no la palabra curadora de Jesús que tanto necesita hoy la gente para vivir con esperanza.

José Antonio Pagola

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” Enseñaba con autoridad.” Domingo 28 de enero de 2024. Domingo cuarto del tiempo ordinario

domingo, 28 de enero de 2024
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13-ordinarioB4 cerezoLeído en Koinonia:

Deuteronomio 18,15-20: Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca.
Salmo responsorial: 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: “No endurezcáis vuestro corazón.”.
1Corintios 7,32-35: La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos.
Marcos 1,21-28: Enseñaba con autoridad.

La palabra Deuteronomio viene de Deuteros = segundo, y Nomos = ley. Es la segunda versión de la legislación mosaica. El Deuteronomio fue elaborado a partir de pequeños fragmentos que fueron compilados por el autor o los autores a lo largo de más de seiscientos años. El material que conocemos tuvo un origen muy diverso. Una parte pertenece a la gran tradición oral que la confederación de tribus empleó para regular la aplicación de la justicia al interior de la comunidad y entre las tribus durante el tiempo de los Jueces. Otra parte proviene de las tradiciones del reino del Norte, elaborada por grupos que se oponían a la monarquía y proponían legislaciones alternativas para tratar de cambiar el despótico gobierno instalado en Samaría. Otra parte, es elaboración de tradiciones orales del reino del Sur vigentes en tiempos del rey Josías. Esta diversidad fue re-elaborada después del destierro por los sacerdotes y los sabios, hasta alcanzar la forma que hoy conocemos.

El documento tuvo varias ediciones en las que fue sucesivamente ampliado. Insiste en la necesidad de vivir unas relaciones interhumanas justas. La ley no es, en este documento, un fárrago de decretos aislados. Cada precepto está en función de defender la vida y la dignidad de cada persona en la comunidad. La ley expresa la vida íntima de la comunidad, la necesidad de que cada persona tenga lo mínimo para sobrevivir y nadie viva en una situación oprobiosa y miserable. De este modo, la ley deja de ser una ominosa obligación y pasa a ser un «don» que otorga Dios a todo el pueblo. Este don o alianza se fundamenta en el derecho de cada familia a poseer lo mínimo necesario, esto es, un pedazo de tierra donde pueda cultivar y donde pueda vivir sin ser una carga para los demás: “Como Yavé ha hecho don de este país su pueblo, nadie puede apropiarse de la tierra” (Dt 15, 4).

Para este autor la alianza, la ley o «don» debe ser interiorizada. La convivencia en el país que Dios ha dado al Pueblo peregrino exige un cambio de mentalidad que se traduce en una organización social donde el derecho divino prevalece sobre todas las instituciones. Lo central de este derecho es la justicia interhumana, entendida como fundamento de la convivencia social. “El rey debe ser hermano y recortar ventajas e intereses personales. Este abrirse generosamente a los otros es lo que demuestra la pertenencia a Yavé y lo que permite la pertenencia a este pueblo”.

En esta misma línea se ubica la promesa acerca del profeta venidero. Ese profeta se compara con Moisés. No viene a recordar al pueblo una u otra cosa. Viene para indicar cuál es el rumbo que el pueblo debe seguir. El profeta se preocupará por mantener vivo el Espíritu de la Ley, tema en el que insiste el Deuteronomio, de modo que no se convierta en una mera formalidad, sino que exprese las necesidades vitales de la comunidad y de cada ser humano.

El Deuteronomio da inicio a una tendencia que Jesús llevará adelante. Para Jesús, y en general para todos los profetas, lo fundamental de la ley es preservar la dignidad, la intimidad y el valor de cada ser humano, el derecho a vivir en una comunidad donde sea valorado por lo que es y no por lo que tiene. De este modo, la legislación deja de ser un precepto que rige alguna cosa en particular, y se convierte en expresión de las necesidades vitales del ser humano. A esto llama la Biblia “llevar la Ley en el corazón”.

Esta nueva manera de ver la ley es la que aplica Pablo en la carta a los corintios. Él aconseja, sugiere, opina, exhorta y amonesta teniendo en cuenta la situación de la comunidad, en el marco social, y la situación de la persona, en el marco de la comunidad. No impone criterios rígidos que agobien la conciencia de las personas, sino que busca que cada persona esté a gusto con su situación.

La comunidad, preocupada por opiniones adversas al matrimonio, le pregunta al apóstol Pablo: ¿sería preferible no casarse? Para Pablo lo importante es que cada persona de la comunidad cristiana se sienta a gusto y motivada para servir. Por eso su mensaje no orienta a los que están casados, sino que se preocupa por los judíos y por los esclavos. Los judíos para que no renieguen de su cultura y tradiciones, pero para que tampoco se la impongan a los demás. A los esclavos los anima a no desanimarse por su condición y a buscar una oportunidad para liberarse. De este modo, ninguno se puede sentir ni inferior ni superior a los otros. Todos son iguales porque al interior de la comunidad se respeta la diferencia. Este es el principio de igualdad.

En todos los casos, situaciones, estados civiles, posiciones sociales… Pablo insiste en la urgencia de buscarse un camino para vivir la libertad que nos dejó Cristo y, siendo libres, preparar la irrupción del Reino. El Señor vuelve cuando la comunidad, libre ya de trabas sociales, culturales o ideológicas, da testimonio de un modo de vivir alternativo y liberador.

Esta capacidad, para discernir cada situación en particular, fue una de las cosas que más admiró la multitud en Jesús. Mientras otros maestros y líderes respondían con exhaustivas explicaciones y citando códigos, preceptos y doctrinas, Jesús respondía con la verdad simple y llana.

Jesús estaba interesado en la situación particular de cada ser humano: en sus sufrimientos, en las ideas que lo atormentaban, en aquellas cosas que le impedían ser libre y espontáneo. Este interés no obedecía a un interés político encubierto, sino a una genuina valoración de cada persona que encontraba en el camino. Muchos movimientos y grupos muestran interés por los individuos mientras estos sirven a sus intereses proselitistas, mientras son sus adeptos, luego, si disienten, los ignoran o los marginan. Jesús se manifestó abiertamente contra este modo de actuar y lo declaró abiertamente: el sábado, o sea la ley, las costumbres, todo lo prescrito, está al servicio de cada ser humano y no al contrario.

Precisamente, su lucha contra los demonios fue una lucha contra las ideologías instaladas en las sinagogas, que buscaban un mesías glorioso, un militar implacable, un reformador religioso. Jesús nunca se identificó con estos propósitos. Por esta razón, conmina a los “espíritus inmundos” o ideologías opresoras a guardar silencio y a no tratar de seducirlo con falsas aclamaciones y reconocimientos.

El pueblo sencillo reconocía esta lucha contra el formalismo de la ley la ideología que la sustentaba. La propuesta de Jesús los liberaba de la pesada carga moral, económica y cultural que suponía cumplir los más de seis mil preceptos que estaban vigentes para regular todos los aspectos de la vida personal y comunitaria. Mucha gente se preguntaba: ¿no será este hombre el nuevo legislador? ¿No será el hombre prometido como reemplazo del profeta Moisés? ¿No será la propuesta de Jesús, el Reinado de Dios, la “nueva Ley?” ¿Por qué sus acciones liberadoras y su lucha contra el mal es tan eficaz?

Hoy debemos preguntarnos: ¿hemos seguido la propuesta de Jesús de que cada ser humano tenga un valor inalienable? ¿Creemos que nuestra tarea, como anunciadores de la buena nueva, es ayudar a todos los seres humanos a liberarse de las trabas que nos les permiten crecer con libertad y espontaneidad? ¿Tiene carácter normativo la Buena Nueva de Jesús, o la tomamos a la ligera como las noticias de cada día? Leer más…

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28.1.24 Dom 4 TO. Un demonio específico de sinagoga/iglesia (Mc 1, 21-28)

domingo, 28 de enero de 2024
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IMG_2704Del blog de Xabier Pikaza:

Hay cien tipos de demonios (“daimones” de  personas o grupos), bien estudiados por antropólogos judíos y cristianos, occidentales y orientales (desde el Talmud y Padres de la Iglesia hasta hoy). De ellos me he ocupado en otros trabajos.

Esos demonios se trans-mutan y trans-figuran. No tienen entidad ontológica objetiva (sub-stancias tipo aristotélicas), sino que forma parte del despliegue socio-personal/de los hombres (como belzebú y mammón). El problemas no es su existencia en abstracto, sino su forma de existencia.

La tabla de categorías/predicamentos de Aristóteles sigue teniendo un valor inmenso. Pero, al lado de ella, debe colocarse la tabla  de categorías demoníacas del NT, que aparece de formas distintas en Marcos, Apocalipsis, Pablo y Juan, por poner cuatro ejemplos.   El evangelio de hoy habla de un demonio sinagogal (eclesiástico)  según  Marcos.

Texto. Mc 1, 21-28

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaúm, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu impuro, y se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»

Jesús le increpó: «Cállate y sal de él.» El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.» Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Tema de fondo

Trasfondo. Una sinagoga del Diablo. Había en Israel sinagogas donde los fieles acudían para escuchar la Palabra de Dios y comentar (aplicar) la Escritura. Pues bien, precisamente allí donde el pueblo debía alcanzar mayor pureza (y vivir más resguardado), ha descubierto Jesús al hombre impuro, al endemoniado. La sinagoga/iglesia, creada para el bien, ha venido a convertirse en el lugar donde actúa más a sus anchas el demonio (=espíritu impuro).

 El Diablo en la Iglesia. Pero no acusemos a los judíos de entonces, sino, de un modo especial, a los cristianos (para quieres escribe Marcos su evangelio), sabiendo que hay sinagogas-iglesias que, debiendo ser casas de Dios, se han convertido en «guaridas del Diablo», lugares donde se oprime a los indefensos y se destruye a las personas.

Esta es una escena de fondo histórico sinagogal: La iglesia conservaba recuerdos de Jesús que actuaba en algunas sinagogas, realizando allí sus exorcismos. En ese sentido, el evangelio de Marcos recoge tradiciones de la historia de Jesús que aparece realizando exorcismos en sinagogas que, en vez de ser lugares de la “palabra de Dios”, para sanación de los hombres, se habían convertido en refugio de poder malignos, de opresión y mentira.

Pero más que las sinagogas antiguas, a Marco le importan la comunidades cristianas. El poder diabólico, destructor del hombre, sigue actuando en comunidades cristianas que, en vez de ser espacios “liberados” han venido a convertirse en lugares de opresión, impureza humana y muerte. Éste es un tema clave de las iglesias del siglo XXI,  con escándalos de dominio clerical, dominación opresora y per-versión sexual (empezando por la pederastia).

El tema no es si es si hay un diablo personal (hembra o macho), sino dónde actúa lo diabólico. Es evidente que la mayoría de las sinagogas o lugares eclesiales han sido espacios santos, casas de Dios. Pero seguimos corriendo el riesgo de convertirlas en guaridas del Diablo. Por eso sería conveniente «llamar» a Jesús y pedirle que «limpie» a su Iglesia, in capite et in membris, como siempre se ha dicho, es decir, empezando desde de lo más alto…

Que la sinagoga y la iglesia sea lo que son, casas de la Palabra, hogares para el diálogo con Dios. Eso es lo que quiso Jesús. Por eso, según Marcos, él empezó aquí su misión (Mc 1) su misión limpiando la sinagoga de Cafarnaúm, para terminar limpiando el templo de Jerusalén (guarda y guarida de ladrones  (Mc 11).

Misión de Jesús: Descubrir y acallar demonios (Mc1, 21-22).

 No ha comenzado ofreciendo su palabra en los lugares que parecen más contaminados: casas públicas, cuarteles, mercados, caminos… Al contrario, él ha venido al corazón de la pureza judía (sinagoga) como indicando que precisamente allí, en el espacio que debía ser más limpio, se encontraba un hombre hundido en gran necesidad, poseído por un espíritu impuro. Él ha escogido con toda claridad el lugar de su actuación.

No clama en el desierto, esperando que los hombres vengan, como hacía Juan bautista. Le hemos visto en la orilla del mar, para llamar a cuatro pescadores. Más tarde le hallaremos enseñando de manera sistemática en el campo, también junto al mar (cf. 3,7-12). Pero ahora, por imperativo de su formación (raíz) judía, él tiene que acudir a la sinagoga que convoca y reúne a los creyentes normales de su pueblo.

Aprovecha el sábado, día en que los fieles se reúnen, para así enseñarles, como judío cumplidor que tiene una palabra para el pueblo. Aunque Marcos dice que la sinagoga era de ellos (autôn), como indicando la ruptura que ya existe (hacia el 70 d. C.) entre cristianos y judíos fieles a su vieja tradición, es evidente que en tiempo de Jesús no había tales divisiones. El nuevo profeta galileo entra de forma normal en esa casa de cultura-religión y enseña de manera programada dentro de ella. Como maestro de renovación intrajudía se comporta Jesús en ese tiempo.

Pero el texto destaca pronto un rasgo imprevisto: dentro de la sinagoga se halla un hombre impuro, un endemoniado, una presencia que va en contra de todos los esfuerzos de separación y santidad que ha trazado (está trazando) el rabinismo, a partir de los principios recogidos en el código legal antiguo de Lv 16.

  Un demonio de sinagoga

Ciertamente, las autoridades judías no parecen saber que es un impuro; si pudieran conocerlo, si supieran que dentro de la misma sinagoga se esconde un hombre extraño (endemoniado), lo hubieran expulsado de su seno… Pero de hecho, un tipo de sinagogas e iglesias atraen al Diablo.  Era difícil encontrar un signo más hiriente. La sinagoga debería ser espacio de total pureza, hogar donde los humanos forman la auténtica familia de Dios, en libertad y transparencia. Pues bien, en contra de eso, Jesús sabe que la sinagoga mantiene al hombre en impureza, fuera de sí, cautivado.

Por eso, él viene con sus cuatro pescadores finales, para empezar su tarea, en gesto solemne, buscando al pobre endemoniado, primer destinatario de su reino. Jesús viene al lugar donde debía encontrarse todo limpio, pero “descubre” que en esa sinagoga sufren y malviven los humanos oprimidos por los varios «demonios» de este mundo: enfermos, marginados, destruidos por la patología religiosa. ¿Cómo explicar eso?

¿Cuál es la razón de que haya endemoniados en la sinagoga/iglesia?

El texto supone que ello se debe a la impotencia de los escribas. Lo que está en juego es el valor o, mejor dicho, el poder de la enseñanza. Ciertamente, los escribas saben:son técnicos capaces de entender e interpretar las Escrituras al detalle, fijando su sentido literario y precisando sus aplicaciones. Pero les falta poder para cambiar al hombre, es decir, para descubrir y curar al poseído.

Las sinagogas son casas donde se estudia y se quiere cumplir la Ley de la pureza Dios (de la Escritura), pero el pobre endemoniado sigue impuro y nadie puede transformarlo. Discuten los sabios y el poseso calla, dominado por su enfermedad, como aplastado por su misma sensación de desamparo y dependencia. Parece que todo está normal, hasta que llega Jesús. Los letrados callan, pero la gente sabe discernir: ¡éste trae una enseñanza nueva! Callan los escribas, pero los endemoniados hablan: entran en crisis, descubren en Jesús algo distinto; por eso le preguntan y le increpan: ¿«qué tenemos que ver contigo?, ¿has venido para perdernos?».

Sinagogas/iglesias que “crean” demonios

El impuro de la sinagoga “conoce” a Jesús, descubriendo que ha venido a “luchar contra el demonio”… Los otros no saben que había demonio, pensaban que el sometimiento del “endemoniado” era natural. La misma sinagoga creaba hombres endemoniados

 No es el impuro el que habla, sino el “espíritu” que le tiene poseído, un espíritu plural, que conoce a Jesús desde el principio, y así le dice: ¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Es como si le dijera que “ellos” no quieren hacer la guerra, que pueden pactar con Jesús, repartiéndose cómodamente las “posesiones”, como han hecho con las autoridades de la sinagoga, donde pueden entrar y tener sus posesos.

 Jesús cura al poseso. Palabra y presencia sanadora (1, 25-26

  No argumenta con él, no razona. Hay poderes de perversión con los que no se puede hablar, hay que mantenerles en silencio desde el principio, no con la autoridad de una doctrina erudita (como aquella que han desarrollado los escribas), sino con el poder más fuerte de la vida, propio del Hijo de Dios, que sabe descubrir la opresión humana y luchar contra ella, en la sinagoga o fuera de ella (o en la misma iglesia).

Todos los restantes principios de sinagogas o iglesias le parece secundarios (ritos, doctrinas, sacralidades…). Lo único que importa (que le importa) es la libertad de los hombres y mujeres: que puedan ser ellos mismos, sin disociación interior, sin estar poseídos por espíritus externos. La autoridad de Jesús se identifica con su misma palabra sanadora que ilumina al oprimido por la sacralidad ritual judía.

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Dos reacciones ante Jesús. Domingo 4º. Ciclo B

domingo, 28 de enero de 2024
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IMG_2681La sinagoga de Cafarnaúm que no conoció Jesús

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Marcos ha presentado a Jesús recorriendo Galilea para anunciar la buena noticia del reinado de Dios. Pero no ha dicho nada de cómo reaccionaba la gente. Sabemos que cuatro muchachos, atraídos por su persona, lo dejan todo para seguirlo. ¿Y el resto? El evangelio de hoy constata dos reacciones opuestas: la mayoría de la gente se asombra de la autoridad de Jesús y de su poder sobre los espíritus inmundos; pero estos se rebelan inútilmente contra él.

El asombro de la gente

Marcos nos sitúa en uno de los pueblos más importantes de Galilea, Cafarnaúm, nudo de comunicaciones con Damasco. Un sábado, Jesús entra en la sinagoga y enseña. Marcos no se detiene a concretar su enseñanza. Lo que le interesa es la reacción del auditorio.

En la ciudad de Cafarnaún, el sábado entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas.

«Con autoridad, no como los escribas». La idea es curiosa, porque los escribas no eran gente impreparada e ignorante, que decían cualquier tontería para salir del paso. Tenían una larga y profunda formación. Pero, en opinión de la gente, enseñaban sin autoridad, incapaces de tener una idea propia, de aportar algo nuevo. Jesús, en cambio, los asombra por esa autoridad. ¿Qué dijo para suscitar esa impresión? Marcos no lo concreta, porque su táctica consiste en despertar la curiosidad del lector y animarlo a seguir leyendo.

El rechazo de un pobre diablo

No todos están de acuerdo con lo escuchado. Hay uno que reacciona en contra: un endemoniado. En realidad, se trata de un pobre diablo. No opone resistencia. Sólo puede protestar, reconocer que los suyos están derrotados y abandonar, retorciéndose y huyendo, el campo de batalla.

Había precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:

̶  ¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.

Jesús lo increpó:

̶  Cállate y sal de él.

El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él.

Espíritus inmundos y demonios forman, en la concepción dramática de Mc, el ejército de Satanás. Las palabras que pronuncia el espíritu condensan el misterio de Jesús y de su actividad. El que aparentemente es solo un hombre natural de Nazaret llamado Jesús es, en realidad, «el Santo de Dios». Este título es muy raro. Solo se encuentra aquí, en el texto paralelo de Lucas, y en el evangelio de Juan, cuando Pedro, después de que muchos abandonen a Jesús, afirma: «Nosotros hemos creído y reconocemos que tú eres el Santo de Dios» (Jn 6,69). Lo que Pedro y los demás discípulos han terminado creyendo, superando una gran prueba de fe, el endemoniado lo sabe de entrada. Descubrir el misterio de Jesús será una de las misiones del lector del evangelio.

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En cuanto a su actividad, la pregunta del endemoniado la deja claro: ha venido a acabar con los demonios y con el poder de Satanás. Al lector moderno le resulta un lenguaje extraño. Prefiere hablar de lucha contra el mal, de victoria del bien sobre las fuerzas del mal. Pero Marcos se mueve en otras coordenadas culturales y religiosas.

Aparece por primera vez, en este contexto, una idea que se repetirá muchos en Mc: Jesús impone silencio al espíritu, prohibiéndole hacer pública su verdadera identidad.

La guerra contra Satanás y los espíritus inmundos

Marcos concibe su evangelio como una guerra entre el bien y el mal. Inmediatamente después del bautismo, Jesús es impulsado por el Espíritu al desierto, y allí es tentado por Satanás, mientras los ángeles le sirven. Marcos no cuenta ninguna de las famosas tentaciones. Se limita a presentar a los dos adversarios en lucha: Jesús y Satanás. Y esa guerra continúa con una batalla, vencida fácilmente por Jesús, contra un soldado de Satanás.

  Ya que nuestra idea del demonio está muy marcada por ideas posteriores, recuerdo que en el evangelio de Marcos los espíritus inmundos aparecen con dos rasgos principales: a) Sirven para explicar casos muy complicados para la medicina de la época. b) Expresan la oposición radical al plan de Dios y a la actividad de Jesús.

  Marcos dejará claro a lo largo de su evangelio que los enemigos más peligrosos de Jesús no son los demonios sino los hombres. Serán ellos quienes terminen matándolo.

Admiración final

     Todos se preguntaron estupefactos:

     ̶  ¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen.

     Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Tras la huida del demonio, el protagonismo pasa a los presentes en la sinagoga. Antes se admiraron de la autoridad con la que enseña Jesús. Ahora se quedan estupefactos al ver que, además, tiene también poder sobre los espíritus inmundos. Y se preguntan: “¿Qué es esto?” ¿Qué está ocurriendo aquí?

¿Un profeta como Moisés? (Deuteronomio 18,15-20)

Lo que ocurre es el cumplimiento de algo pedido por los israelitas muchos siglos antes. En el monte Sinaí, donde piensan que Dios se comunica a través de truenos y del incendio de un volcán, muertos de miedo le piden a Moisés que Dios no le hable directamente. Moisés les promete que lo hará a través de un profeta como él. E indica dos condiciones: 1) el pueblo deberá escuchar al profeta; en caso contrario se le pedirá cuenta; 2) el profeta debe decir lo que Dios le mande, no lo que se invente, ni hablar en nombre de otros dioses.

  La relación con el evangelio es clara: 1) el profeta esperado es Jesús, aunque no será semejante a Moisés, sino muy superior a él. 2) El auditorio de Cafarnaúm, en su mayoría, escucha a Jesús, se admira de su enseñanza y lo alaba; hay uno, el poseído por un espíritu inmundo, que se opone, y es castigado. 3) Queda una duda: ¿enseña Jesús lo que Dios le manda? Marcos no lo dice, sólo insiste en que enseña con autoridad, algo que no tienen los escribas. El contenido de su predicación será lo que divida más tarde a los oyentes de Jesús: unos lo considerarán un auténtico profeta, que habla en nombre de Dios; otros, un hereje, un blasfemo y un endemoniado.

Moisés habló al pueblo, diciendo:

El Señor, tu Dios, te suscitará de entre los tuyos, de entre tus hermanos, un profeta como yo. A él lo escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea: «No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese gran fuego, para no morir».

El Señor me respondió: «Está bien lo que han dicho. Suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá todo lo que yo le mande. Yo mismo pediré cuentas a quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá.»

¿Cuál será nuestra reacción?

  Marcos ha presentado dos reacciones muy opuestas ante la persona y la actividad de Jesús: admiración y rechazo. Con ello queda claro lo que espera de cada uno de sus lectores. Decía un pensador griego que «el asombro llevó a los hombres a filosofar». Marcos, de forma parecida, sugiere que la admiración es el punto de partida para creer en Jesús. Poco a poco, la pregunta de la gente «¿qué es esto?» se convertirá en «¿quién es éste?».

«No endurezcáis vuestro corazón» (Salmo 94)

El salmo ha sido elegido por su relación con la primera lectura, en la que Dios exige escuchar al profeta que hable en su nombre, y el salmista nos exhorta: «Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor».

También es fácil relacionar el salmo con el evangelio. El poseído por el espíritu inmundo endurece su corazón, rechaza a Jesús. Nosotros debemos aclamar al que nos salva, darle gracias y escuchar su voz.

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Domingo IV del Tiempo Ordinario. 28 de enero, 2024

domingo, 28 de enero de 2024
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Llegó Jesús a Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza…”

(Mc 1, 21-28)

Ahora que las Navidades nos empiezan a quedar lejanas y que la rutina acecha mezclada con nuestra cotidianidad, nos viene bien ser Cafarnaún.

Sí, este domingo IV nos podríamos convertir en Cafarnaún y dejar que llegue Jesús. ¡Qué bueno que ande por nuestras calles y que se “meta” en nuestras cosas!

Y qué sorpresa tan agradable si este domingo viniera Jesús a enseñar (o a lo que Él quisiera) a nuestra iglesia. Sería estupendo verle entrar por la puerta y saber que ha querido venir a estar con nosotros. Le escucharíamos con gusto, quizá también con asombro.

¿Nos llamaría la atención su manera de enseñar? ¿Qué espíritus inmundos tendría que sacar fuera? ¿De qué tendría que liberarnos?

Impresiona ver que son los espíritus inmundos quienes primero reconocen a Jesús. “Sé quién eres, el Santo de Dios.” También es llamativa la facilidad que tiene Jesús para deshacerse de estos espíritus. “Cállate y sal de él.”

Dejemos que Jesús “llegando” a nosotras nos convierta en Cafarnaún (que significa “Aldea del Consuelo”). Que entre en nuestros espacios, tanto públicos como privados, y nos libere de cualquier mal espíritu que se nos haya colado. Hoy somos Cafarnaún. Y con Jesús en nuestro interior podemos ser una “Aldea de Consuelo” a la que se puedan acercar todas aquellas personas que necesitan un lugar acogedor donde encontrarse con Dios. Hoy podemos convertir nuestra oración en una plaza amplia, una plaza de pueblo, de aldea, donde tengan cabida los pequeños y los grandes sufrimientos de la humanidad. Que la unión de nuestras oraciones ensanche ese espacio de consuelo.


Oración

Bendícenos, Trinidad Santa, con el don del consuelo para que, como decía Etty Hillesum, “seamos bálsamo para toda herida”.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Jesús liberado Él mismo, nos marca el camino de la liberación.

domingo, 28 de enero de 2024
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mark3-1-6DOMINGO 4 º (B)

Mc 1,21-28

Estamos en el primer día de actividad de Jesús. Como veremos en estos dos domingos, fue un día de plena actividad. Naturalmente es un montaje perfecto para manifestar las intenciones de Jesús al comenzar su vida pública. Su primer contacto con la gente tiene lugar en la sinagoga, lugar donde se desenvolvían las relaciones humanas en aquella época. A la sinagoga se iba para comunicarse con Dios a través de la Ley y la oración. Es un signo de que la primera intención de Jesús fue enderezar la religiosidad del pueblo. La relación con Dios y la relación con las autoridades religiosas no liberaban, sino que esclavizaban.

Por dos veces se hace referencia a la enseñanza de Jesús, pero no se dice nada de lo que enseña. El domingo pasado había dejado claro que enseñaba la buena noticia de Dios. No va solo a enseñar, sino a liberar de toda opresión. La institución no da la libertad, sino que somete a la gente por una interpretación literal de la Ley. El texto nos habla de sus obras. Lo que Jesús hace es liberar a un hombre de todo poder opresor. Jesús libera cuando actúa. La buena noticia que anuncia Marcos es la liberación de la fuerza opresora de la Ley. Su intención en este relato es que la gente se haga la pregunta clave: ¿Quién es este hombre? Todo lo que irá desarrollando a lo largo del evangelio será la respuesta.

Enseñaba como quien tiene autoridad. La palabra clave es “exousia”. No es nada fácil penetrar en el verdadero significado de este término. Debemos distinguirlo de “dynamis”. Esta distinción es relativamente fácil: “Dynamis” sería la fuerza bruta que se impone a otra fuerza física. “Exousía” sería la capacidad de hacer algo en el orden jurídico, político, social o moral, siempre en el ámbito interpersonal. La palabra griega significa, además de autoridad, facultad para hacer algo, libertad para obrar de una manera determinada. La “exousía” puede tenerla por sí misma la persona la o recibirla de otro que se la otorga.

¿Qué quiere decir el evangelista cuando le aplica a Jesús esa “autoridad”? Se trata de una autoridad que no se impone, de una potestad que se manifiesta en la entrega, de una facultad de acción que se pone al servicio de los demás. Sería la misma autoridad de Dios dándose a todas sus criaturas sin necesitar nada de ninguna de ellas. El concepto de Dios “Todopoderoso” que exige un sometimiento absoluto, nos impide entender la exousía de Jesús. Solo desde la experiencia del Dios-Amor de Jesús podremos entenderla. Solo cuando tomemos conciencia de lo que somos perderemos el miedo a darnos totalmente.

Jesús no potencia la autoridad de la Ley, sino que manifiesta su propia autoridad. No se limita a repetir lo dicho por otros sino a decir algo nuevo. Jesús enseñaba con autoridad, porque hablaba de su experiencia. Trataba de comunicar a los demás sus descubri­mientos sobre Dios y sobre el hombre. Los letrados del tiempo de Jesús enseñaban lo que habían aprendido en la Torá. De ella tenían un conocimiento perfecto y explicaciones para todo, pero el objetivo de la enseñanza era la misma Ley, no el bien del hombre. Se quería hacer ver que el objetivo de Dios al exigir cumplirla, era que le dieran gloria a Él.

Les llamó la atención ver que Jesús hablaba con la mayor sencillez de las cosas de Dios tal como él las vivía. Su experiencia le decía que lo único que Dios quería, era el bien del hombre. Que Dios no pretendía nada del ser humano, sino que se ponía al servicio del hombre sin esperar nada a cambio. Esta manera de ver a Dios y la Ley no tenía nada que ver con lo que los rabinos enseñaban. Todos los problemas que tuvo Jesús con las autorida­des religiosas se debieron a esto. Todos los problemas que tienen los místicos y profetas de todos los tiempos con la autoridad jerárquica, responden a lo mismo.

Cállate y sal de él. Jesús despierta la voz de los sometidos que antes estaban en silencio. La expulsión del “espíritu inmundo” refleja el planteamiento del evangelio como una lucha entre el bien y el mal.  “Mal” es todo lo que impide al hombre ser él mismo. Nadie se asombra del “exorcismo”, que era corriente en aquella época. Lo que les llama la atención es la superioridad que manifiesta Jesús al hacerlo. Jesús no pronuncia fórmulas mágicas ni hace ningún signo estrafalario. Simplemente con su palabra obra la curación.

Hablar con autoridad hoy sería hablar desde la experiencia personal y no de oídas. Lo que hacemos, también hoy, es aprender de memoria una doctrina y unas normas morales, que después repetimos como papagayos. Eso no puede funcionar. En religión, la única manera válida de enseñar es la vivencia que se trasmite por ósmosis, no por aprendizaje. Esta es la causa de que nuestra religión sea hoy completamente artificial y vacía, que no nos compromete a nada porque la hemos vaciado de todo contenido vivencial. Esta es la razón también de que los jóvenes no nos hagan puñetero caso cuando les hablamos de Dios.

Espíritu inmundo sería hoy todo lo que impide una auténtica relación con Dios y con los demás. Para los rabinos, impuro es el que no cumple la Ley, para Jesús impuro es el que está oprimido. Fijaos hasta qué punto estamos todos poseídos por espíritu inhumano. Esas fuerzas las encontramos tanto en nuestro interior como en el exterior. Nunca, a través de la historia, ha habido tantas ofertas falsas de salvación. La tarea más acuciante del ser humano, es descubrir sus propios demonios. Solo cuando se desenmascara esa fuerza maléfica, se estará en condiciones de vencerla. Muchas de las fuerzas que actúan hoy en nombre de Dios también oprimen, reprimen, comprimen y deprimen al ser humano.

Una importante tarea sería descubrir nuestras ataduras y tratar de desembarazarnos de ellas. Todos estamos poseídos por fuerzas que no nos dejan ser lo que somos. Hoy sigue habiendo mucho diablo suelto que trata por todos los medios de que el hombre no alcance su plenitud. La manera de conseguirlo es la manipulación para que no consiga alcanzar la libertad que le permitiría alcanzar plena humanidad. En el lugar más sagrado para los judíos, Jesús descubre la impureza. No en el mercado, no en las plazas púbicas. Es muy clara la intención del evangelista al poner de manifiesto la realidad de la religión.

Nuestra vida debía ser no un acopio de poder sino de autoridad para ayudar al hombre a liberarse de sus demonios. Jesús emplea su autoridad, no contra hombre alguno sino contra las fuerzas que los oprimen. Como individuos, como comunidad y como Iglesia, estamos siempre tratando de aumentar nuestra autoridad, pero no la que desplegó Jesús sino la que nos permite dominar a los demás. Si utilizamos la autoridad para someterlos, aunque sea bajo pretexto de buscar su propio bien, estamos en la antípoda del evangelio.

Todos los seres humanos necesitamos ayuda para superar nuestros demonios, y todos podemos ayudar a los demás a superarlos. Es verdad que existe mucho dolor que no podemos evitar, pero debíamos distinguir entre el dolor y el sufrimiento que ese dolor puede infligir. Soportar el dolor antes de que alcance la categoría de sufrimiento sería la tarea decisiva de cada uno. Aquí tenemos un margen increíble para la maduración personal, pero también para desplegar cauces de ayuda a los demás. Estoy seguro que las curaciones de Jesús fueron encaminadas a suprimir el sufrimiento, no el dolor.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Endemoniados

domingo, 28 de enero de 2024
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maxresdefaultMc 1, 21-28

«Cállate y sal de él»

Ésta es la primera manifestación pública de Jesús en el evangelio de Marcos. El grupo (todavía muy reducido) acude a la sinagoga con motivo del Sabbath, pero, al finalizar, Jesús abandona su escaño, sube al estrado y se pone a enseñarles. Marcos muestra a Jesús hablando con una autoridad que sorprende a todos, pero quiere dejar claro que esa autoridad le viene de parte de Dios, y lo hace avalando su discurso con la curación de un endemoniado que es tomada por la gente como milagrosa.

En el nuevo testamento aparecen con frecuencia “endemoniados”, es decir, personas probablemente afectadas de trastornos psíquicos o males morales que se apoderan de ellos, los esclavizan y los despersonalizan. Marcos muestra a Jesús como un poder liberador de esos espíritus, capaz de devolver a la persona su libertad y su capacidad de ser dueño de sí mismo.

Y es que Jesús expulsando demonios es un magnífico signo de la acción de Dios respecto a nuestros pecados. Solemos trivializar el pecado reduciéndolo a la categoría jurídica de «culpa» u «ofensa cometida«, pero la noción evangélica de pecado es mucho más seria. El pecado es un poder superior a nosotros que nos esclaviza, nos convierte en personas pasivas a su merced y nos hurta la capacidad de ser dueños de nosotros mismos (como el endemoniado del texto). Necesitamos a Dios para liberarnos de ese poder, y la Palabra de Jesús es el cauce para lograrlo. Jesús no «perdona» sino que «quita» el pecado del mundo. Jesús cura la enfermedad que supone el pecado, libera de la carga que representa.

El pecado es algo que hay en mí, que me ata, me deshumaniza y me impide ser yo mismo; un demonio que llevo dentro de mí y que puede más que yo. Pablo lo expresa de maravilla en Romanos 7: «Realmente mi proceder no lo entiendo, pues no hago lo que quiero sino lo que aborrezco. Y si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí… ¡Pobre de mí!  ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte? ¡Gracias a Dios, por Jesús, nuestro Señor!»

Es perfecta esta definición del pecado, como también es perfecto su paralelo con el texto de Marcos: Poseídos por una fuerza superior a nosotros, dependiendo de Dios para ser libres, liberados por la Palabra de Jesús.

Es importante basar nuestra teología en la Palabra; partir de ella, no de nuestra razón. Si partimos de nuestra razón llegamos a una teología del pecado de muy bajos vuelos: ofensa-culpa-justicia-arrepentimiento-perdón… Partiendo de una teología del pecado basada en el evangelio, entendemos nuestra fragilidad y dependencia, y entendemos también que la forma en que Jesús quita el pecado del mundo es proponiéndonos un proyecto de vida mucho más atractivo que el que nos propone el mundo.

Recuerdo un spot publicitario que decía: «A quien ha comido champiñón natural, el de lata le sabe a paja»… A quien ha encontrado el tesoro, el valor de todo lo demás le parece calderilla.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Les enseñaba con autoridad.

domingo, 28 de enero de 2024
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jesusmultitudDOMINGO 4º T.O. (B)

Mc 1, 21b-28

El comienzo de la predicación de Jesús coincide con las primeras curaciones y la invitación a la conversión en forma de alternativa: ahora o nunca. Dios o las riquezas, los “egos”, las dependencias en esta sociedad mercantilista, consumista, globalizada… La conversión que pide Jesús viene exigida por el Reino, que es inminente, inaplazable. Consiste en el cambio de la persona en su ser más radical, más esencial, lo que equivale a una transformación personal y, también, social.

Naturalmente, Jesús invita a la conversión de todo el mundo. Dos aspectos principales a tener en cuenta a quien acepta su propuesta: el desasimiento o desprendimiento, que consiste en relativizar el dinero o las riquezas poniéndolas al servicio común, y el seguimiento, que implica cooperar activamente en la llegada del Reino de acuerdo con la normatividad o la enseñanza de Jesús, vivir como él vivió.

Por tanto, pueden y deben convertirse ricos y pobres. Los primeros, empresas multinacionales, gobiernos, se convierten cuando se reconocen propietarios injustos de los dineros, malgastan, dilapidan los fondos públicos en función de sus intereses, endeudan a los ciudadanos sin importar las consecuencias futuras, obtienen cuantiosos beneficios con el dinero de todos, jubilaciones de escándalo… la lista es interminable. Mientras no haya una real y verdadera socialización evangélica y una praxis de servicio no se implanta el Reino. Por el contrario, se instaura la desigualdad, la soberbia, la arbitrariedad, el partidismo, la degradación de la naturaleza. Por eso, los modos concretos de realizar el Reino son políticos, están en las manos honestas y responsables de los hombres y mujeres que formamos la sociedad. Estos “primeros” deberían dar ejemplo de transparencia, autocrítica, veracidad, austeridad, coherencia y ética; sin embargo, no están haciendo nada para frenar esta crisis que han ayudado a crear.

En cuanto a los pobres, oprimidos, explotados, ignorantes, enfermos, marginados, la conversión exige tener fe-confianza y esperanza en el Reino que llega como tarea de todos y don para todos. Su situación no debería ser última, desesperada o irremediable. No se trata de dar un vuelco a la sociedad (como ha ocurrido tantas veces a lo largo de la historia para acabar aún peor), sino practicar la justicia (eliminación de las élites sociales injustas), la generosidad, la igualdad, la ética, la verdad, para que todos seamos hermanos/as e hijos/as de un mismo Abbá Dios, el de Jesús.

Las primeras comunidades cristianas recordaban y admiraban a Jesús como aquel que “hacía y enseñaba” (Hch 1,1). Él hablaba con autoridad, desde su experiencia interior, no de oídas; despierta la confianza no el miedo, proclama el amor a Abbá Dios no el sometimiento a la ley que ignora al ser humano; su venida acrecienta la libertad no la servidumbre y, sobre todo, suscita el perdón no el rencor o la venganza siempre presente. Anuncia con libertad y valentía un Dios Bueno, Abbá, que reconstruye a la persona con compasión y misericordia una y otra vez.

Es la doble actividad que nos muestra hoy el texto del Evangelio. El asombro de la gente al observar que Jesús “enseñaba con autoridad” se refiere, no sólo al hecho de enseñar, sino que al mismo tiempo actuaba en consonancia con la buena noticia de liberación que anunciaba. Su coherencia entre lo que decía y hacía saltaba a la vista. Era una palabra avalada por los hechos y comprendida por todos. Su palabra bastaba para eliminar la desdicha de los hombres y mujeres que le seguían. Con una palabra aniquiló a aquel espíritu inmundo representante de todas las fuerzas del mal que alienan y esclavizan a las personas, que se oponen al plan de Dios. Ante la fuerza de su palabra no es extraño que dejara asombrados a quienes se encontraban con él: “¿Qué es esto?”

Demos un breve repaso a la sociedad en que nos movemos hoy, al mundo que nos rodea. ¿Qué palabras de autoridad resuenan en nuestros oídos? ¿Las reconocemos como normativas o del estilo de Jesús? ¿Qué repercusiones tienen en nuestra existencia? ¿Cambia en algo nuestra vida cotidiana, nos transforman, nos liberan de actitudes contrarias al plan que Dios soñó para todos y cada uno de los seres humanos? ¿Cuántas creencias, conceptos, imágenes, normas, culpabilidades… a lo largo de los siglos, han ido cargando los poderosos, las religiones e incluso nosotros mismos sobre las personas como una pesada losa inamovible (Mt 11,28-30), sin buscar por encima de todo el bien de éstas?

Esos “egos” son los demonios que nos impiden darnos cuenta de la Luz y la Vida escondida que habita en cada ser humano. Despertar en nosotros un “yo” fiel, que sea capaz de expulsar las trampas de esos espíritus inmundos que nos amenazan. Un “yo” que recibe la Luz y la fuerza del Cristo interno oculto en el Fondo originario de todo ser humano. Una ardua tarea que nos ocupará toda la vida.

También la Iglesia debe cuestionarse si ha contribuido a lo largo de su historia o sigue manteniendo cualquier tipo de servidumbre, discriminación u opresión que impide a la persona ser ella misma, alcanzar la plena humanidad. De hecho, el rechazo que tuvo Jesús con las autoridades religiosas de su tiempo, los problemas que tuvieron y tienen los/as místicos/as y los/as profetas de cualquier época con los dirigentes remiten al mismo planteamiento.

También nosotros como personas, como comunidad, como Iglesia, podemos hacer mal uso de la autoridad, creernos superiores o mirar por nuestros intereses, incluso bajo el pretexto de hacer la voluntad de Dios o buscar el bien de los demás. ¿No va siendo hora de que todos, unos y otra, la Iglesia, como denuncia Francisco insistentemente, abandone el clericalismo, el patriarcado, la inequidad, las normas del Derecho Canónico (en el polo opuesto del evangelio), y todo el Pueblo de Dios podamos desplegar la autoridad verdadera que Dios nos concede, de la que nos habla hoy el evangelio, la única que viene de Dios?

¡Shalom!

Mª Luisa Paret García

Fuente Fe Adulta

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Enseñar con autoridad.

domingo, 28 de enero de 2024
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IMG_5786Domingo IV del Tiempo Ordinario

28 enero 2024

Mc 1, 21-28

La palabra “autoridad” goza de una merecida mala fama. Evoca autoritarismo, imposición y prepotencia. Sin embargo, su etimología destaca exactamente todo lo contrario. Viene del verbo latino “augere”, que significa hacer crecer, aumentar e incluso aupar. Vive la autoridad quien ayuda a crecer y aúpa a las personas.

Es claro, por tanto, que la autoridad no proviene de un cargo ni de un título, sino que es una actitud de la persona que ha optado por vivirse en clave de ayuda, servicio y amor por los demás.

Así entendida, la práctica de la autoridad únicamente es posible cuando la persona ha alcanzado una cierta consistencia interior, ha cultivado su propio autoconocimiento y ha desplegado su capacidad de amar.

Con todo ello, parece obvio que “enseñar con autoridad” requiere una doble condición: por un lado, haber experimentado aquello de lo que se habla; por otro, vivir en clave de servicio y de amor hacia los otros.

Cuando alguien habla desde su propia experiencia, su palabra nos llega, resuena en nuestro interior, produce ecos capaces de despertar en nosotros lo que ya sabíamos, aunque lo tuviéramos olvidado o incluso ignorado. Por el contrario, cuando no se habla desde la experiencia, el discurso suena vacío –“a lata”, suele decir la gente de mi pueblo-, puede movilizar la mente, pero no alcanza nuestro corazón.

Sin embargo, no basta con hablar de lo experimentado. Se requiere, igualmente, limpieza, desapropiación y amor en el compartir. No es extraño que, al encontrarse ante un público dispuesto a escuchar, se pueda caer en alguna trampa narcisista, que tenga que ver con realzar la propia imagen, con destacar por encima de los otros o con imponer su propio punto de vista. Enseña con autoridad quien, sencillamente, ofrece, comparte y regala lo que él mismo ha visto y experimentado. No busca reconocimiento, ni aplauso, ni sumisión, ni afán de convencer a nadie. Se vive como cauce desapropiado por el que fluye lo que se le ha regalado vivir.

Enseñar con autoridad equivale a compartir desapropiadamente aquello que uno mismo ha experimentado, con el único objetivo de ayudar a comprender y a vivir, de “aupar” o hacer crecer a las personas que se le acercan.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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El poder no confiere autoridad. La autoridad viene de la bondad.

domingo, 28 de enero de 2024
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pantc3b3crator-11Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- LOS DEMONIOS Y DIABLOS, MALOS ESPÍRITUS.

En las culturas primitivas, en la historia de la filosofía y de la teología, en la misma historia de la Iglesia se han empleado muchas expresiones para explicar el mal. En la Biblia se habla de la serpiente, de los espíritus inmundos, fuego, convulsiones, sepulcros, etc.

Ahora bien, los demonios y los malos espíritus no existen como seres personales, como seres malos que no son de este mundo y buscan hacer daño a algunas personas desgraciadas de las que misteriosamente se apoderan y en las que se instalan, hasta que son expulsados por un ritual de exorcismo. Todo eso no está demostrado en ninguna parte. (José M Castillo).

En la antigüedad (y probablemente hoy) las gentes de alguna manera habían de explicar algunas situaciones de enfermedad -especialmente- psiquiátricas: convulsiones, epilepsias, tristezas-depresiones profundas, acedias, autismos, despotismos, etc.

Por ello echaban mano de los demonios, que era una manera de hablar de las fuerzas del mal

El mal, el pecado serio existe. Por desgracia es evidente que el mal existe:

S. Freud decía que los espíritus malignos son deseos reprimidos que se originan en la vida interior, en lo profundo de la persona.

Seguir hablando de estas cosas en términos de demonios y diablos con tridente y oliendo a azufre, con espumarajos y revolcones no es que sea conservadurismo, sino que es una deshonestidad intelectual y bíblica (una mala interpretación de la Palabra).

Hoy en día en el ámbito católico se siguen realizando ritos exorcistas

que tienen más que ver con la magia y con la superstición que con la oración por los enfermos

A la hora de hablar y explicar este tipo de enfermedades, mejor mirar y escuchar a la psiquiatría que a los exorcistas.

Y cuando hablemos del mal y del pecado, habremos de fijarnos más en el uso que podamos hacer de nuestra débil y finita libertad, que en un señor, o en muchos señores a los que Dios les haya dado licencia para dañar o apoderarse de la psyjé (psicología) de los seres humanos. ¿Dios pacta con el diablo?

DIABLO es una palabra griega, precisamente la contraria de SÍMBOLO:

 Los SÍMBOLOS son los que expresa, manifiestan sentidos en la existencia humana: personal y social. Una bandera, unos colores, un anagrama, la cruz, darnos la mano, son gestos que concentran un significado.

* Lo DIABÓLICO. Hay realidades humanas que, por su enorme fuerza y porque somos libres, nos pueden descentrar, despistar al ser humano: el poder en cualquier orden de la vida, el dinero, el placer, son pasiones y pulsiones buenas en sí, pero que, si no las trabajamos y disfrutamos bien, nos pueden hacer daño y podemos hacer daño.

El diablo no es un señor que se pasea por la historia “con el permiso de Dios” para ver si pilla clientes para su infierno, que es el lugar Dios no puede ni intervenir, ni entrar. No seamos simples en la vida.

Diabólico es lo que se opone al designio salvífico de Dios. Diabólicas son las actuaciones negativas que podemos realizar los humanos desde nuestro mal uso de la libertad

02. PODER Y AUTORIDAD.

Jesús NO ENSEÑABA COMO LOS ESCRIBAS, SINO CON AUTORIDAD. Jesús habla y actúa con autoridad.

NO ES LO MISMO PODER QUE AUTORIDAD.

El PODER es exterior, viene de afuera. Una persona tiene poder porque se lo han dado las urnas (los votos), porque ha sido instituido desde “afuera” en una presidencia, en una sede episcopal, en un escaño parlamentario, en un cargo religioso, político, cultural, etc.

Se puede tener pues legítimamente poder: títulos cargos, sedes, etc., PERO EL PODER NO CONFIERE AUTORIDAD.

La AUTORIDAD es interna –inherente- a la persona, y no consiste en tener títulos, nombramientos, cargos, escaños o sedes sino que AUTORIDAD ES LA CUALIDAD DE AQUELLAS PERSONAS QUE TIENEN EL CARISMA DE SOBRELLEVAR LAS CARGAS Y ALIVIAR EL SUFRIMIENTO DE LOS DEMÁS. Unos padres de familia, un buen cura, un buen médico, un buen obispo tienen autoridad porque desde su interior son “buena gente” y sale bondad, alivio, competencia.

Una persona puede tener poder, poder legítimo, pero puede que no tenga la más mínima autoridad.

No pocos políticos, maestros, obispos, curas pueden tener poder, pero ninguna autoridad.

¡Y qué peligro tiene una persona que actúa con poder, pero sin autoridad! Lo hemos visto y padecido tantas veces en la vida…

Por el contrario hay personas que no tienen poder en la sociedad o en la Iglesia, pero tienen autoridad. JESÚS MISMO NO TENÍA NINGÚN PODER EN EL TEMPLO, EN LA LEY, ANTE LOS ESCRIBAS, FARISEOS, SADUCEOS, ETC., PERO JESÚS TENÍA AUTORIDAD, pero Jesús hablaba y actuaba con autoridad.

Juan XXIII no tenía poder, tenía bondad y por eso tenía autoridad.

Yo creo que la autoridad proviene de la bondad y del “bien ser y bien hacer” de una persona en el seno de la familia, de la comunidad, de la iglesia, de la sociedad. Una buena persona tiene autoridad serena en la familia, en el grupo o sociedad o iglesia en la que vive: unos buenos padres de familia, un buen cura, un buen maestro, un buen médico gozan de autoridad y el pueblo goza con su autoridad.

La distinción entre poder y autoridad puede iluminar lo que es un buen líder y lo que es un mal jefe.

El poder no vuelve buenas a las personas, ni al que ostenta el poder ni sobre quien recae el poder. (Aquel sobre el que recae el poder puede terminar siendo mártir).

Ya el Evangelio de San Juan, cuando presenta a Jesús como Buen pastor, dice que hay muchos asalariados, muchos “saltaparapetos” en la vida (Jn 10,11-26). El asalariado huye, abandona y no cuida las ovejas, las ovejas.

La autoridad hace bien.

El poder impone, la autoridad acompaña.

El poder manda y ordena, la autoridad libera.

El poder crucifica, la autoridad está crucificada o al pie de la cruz.

No por casualidad, San Marcos sitúa al endemoniado, el mal, en Cafarnaúm (centro de la actividad de Jesús), en la sinagoga (religión – iglesia) y en sábado (día de culto y oración) y entre los escribas, que tenían poder sobre la asamblea y sobre la interpretación de la Palabra. Pero quienes tenían poder no curaron a aquel hombre de su espíritu inmundo, de su mal.

Jesús con su autoridad curó, liberó a aquel hombre de su mal: cállate y sal de Él.

03. CUANDO EL PODER DEGENERA EN FANATISMO.

El poder tiene un gran atractivo. Es la pasión más fuerte del ser humano. El ser humano puede perder la cabeza por un puñado de poder político, económico, eclesiástico o en la misma familia; lo estamos viendo todos los días y en todos los contextos.

En el ansia de poder, o de las actitudes de poder, se esconde una ansiedad de dominio, de prepotencia, al mismo tiempo que un miedo -una angustia- profunda a perder prestigio, el poder tiene pánico a quedarse sin escaño, sin cátedra, sin sede.

En estos casos –que son muchos- el poder deriva hacia el fundamentalismo fanático. La persona fanática es alguien cuyo esquema cognitivo es rígido, está bloqueado por el miedo y pavor basal a la verdad en sus diversas formas. Por ello el fanatismo se identifica con el pensamiento dogmático más intransigente. Es la actitud de algunas religiones, ideologías y de no pocos obispos y jerarquía católica.

No es lo mismo un esquema de pensamiento firme que un sistema cognitivo fanático. Uno puede tener y mantener noblemente unas convicciones en muchos aspectos de la vida, pero no tiene esclerotizada la mente.

En algunas ideologías políticas y en algunas posiciones religiosas y eclesiásticas se da una actitud de poder despótico, agresivo (violento), porque el poder fanático no es capaz de pensar, de dialogar, solamente agrede. La autoridad vive desde la bondad, el poder crucifica.

04. NUESTRA PROPIA LIBERACIÓN

Seguramente que también nosotros tenemos algún “mal espíritu” perdido por los entresijos de nuestra psicología y de nuestra vida, por lo que necesitamos ser liberados.

Pelear a brazo partido con el poder es perder el tiempo, la salud y el humor.

Será la autoridad bondadosa de Cristo y de muchas personas la que nos libere.

Acojamos con paz y gozo cuando oigamos en el fondo de nuestro ser la voz de quien tiene no poder, sino autoridad:

CÁLLATE Y SAL DE ÉL

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In memoriam: Día de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. יום הנצחה לזכרם של קורבנות השואה

sábado, 27 de enero de 2024
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El 27 de enero se celebra internacionalmente el Día de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, una fecha que Naciones Unidas estableció en 2005 con el objetivo de rendir homenaje a las víctimas del genocidio judío. En 2024 se conmemora este recuerdo, cuando se cumplen 82 años del envío de homosexuales a campos de concentración nazis y 79 de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz.

«Sería un peligroso error pensar que el Holocausto fue un simple producto de la locura de un grupo de criminales nazis. Más bien todo lo contrario, el Holocausto fue la culminación de milenios de odio, culpabilización y discriminación de los judíos, lo que ahora llamamos antisemitismo.».

Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres.

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Fuga de Muerte:

(Traducción de José María Pérez Gay)

Leche negra del alba te bebemos de tarde
te bebemos al mediodía y en la mañana
te bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire
donde no estamos encogidos
Un hombre vive en la casa
juega con las serpientes
escribe cuando oscurece a Alemania tu pelo de oro
Margarete
escribe y sale de la casa
y brillan las estrellas y silba a sus perros
silba a sus judíos
y los manda a cavar una tumba en la tierra
y nos ordena ahora toquen para bailar

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía
te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
Un hombre vive en la casa
y juega con las serpientes y escribe
y escribe cuando oscurece a Alemania
tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamith
cavamos una tumba en el aire
donde no estamos encogidos
Grita
caven más hondo canten unos toquen otros
y empuña el acero del cinto
lo blande
sus ojos son azules
hundan más hondo las palas
toquen unos bailen otros

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía
te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa
tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamith
un hombre juega con serpientes
Grita toquen más dulce la muerte
La muerte es un maestro de Alemania
y grita toquen más oscuro los violines
luego ascienden al aire
convertidos en humo
sólo entonces tienen una tumba en las nubes
donde no están encogidos.

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía
la muerte es un maestro de Alemania
te bebemos en la tarde y de mañana
bebemos y bebemos
la muerte es un maestro de Alemania
sus ojos son azules
te alcanzan sus balas de plomo
te alcanzan sin fallar
un hombre vive en la casa
tu pelo de oro Margarete
lanza sus mastines contra nosotros
nos regala una tumba en el aire
juega con las serpientes y sueña
la muerte es un maestro de Alemania
tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamith.

*
Paul Celan

(1952)

memoria_holocausto

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Auschwitz como advertencia

Sant’Egidio: “La respuesta más eficaz al odio es la cultura y el conocimiento de la historia”

El Papa recuerda el Holocausto y advierte sobre “las propuestas ideológicas que vienen a salvar a los pueblos y terminan destruyéndolos”

El Rey de España llama en Jerusalén a estar alerta ante el resurgir del discurso del odio

“Recuerdo del Holocausto: educar para un futuro mejor”

A los 75 años de Auschwitz: Dios es Palabra. El silencio clamoroso y asesino que quiso borrar el recuerdo de la raíz judía.

Declaración con motivo del 75º aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau: Los obispos de Europa dicen no al antisemitismo y a la manipulación política de la verdad histórica

Mensaje del Secretario General con motivo del Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto. 27 de enero de 2017

Día internacional de Conmemoración en memoria de las victimas del Holocausto. 27 de enero

75 años ya de la liberación del Campo de Auschwitz

Francisco: “Auschwitz es un grito de dolor que está pidiendo un futuro de respeto, de paz y de encuentro”

Francisco recuerda Auschwitz: “Si perdemos la memoria, aniquilamos el futuro”

Día de las Víctimas del Holocausto: el mundo recuerda también hoy a los homosexuales asesinados.

Siempre Auschwitz

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Leonardo Boff: “Solo nos queda la esperanza.”

sábado, 27 de enero de 2024
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IMG_2362Un árbol que se dobla pero no se quiebra

En 2023 han ocurrido hechos que nos asombran y nos obligan a pensar: en Brasil hubo un intento frustrado de golpe de estado, dos eventos extremos sobrecogedores: grandes inundaciones en el Sur y sequías devastadoras en el Norte, seguidas de inmensos incendios. Todo indica que esta situación se va a repetir con frecuencia.

A nivel internacional la prolongación de la guerra Rusia-Ucrania, el atentado terrorista del brazo armado de Hamas de la Franja de Gaza que provocó una reacción violentísima por parte del gobierno de extrema-derecha de Israel y sus aliados sobre toda la población de la Franja de Gaza, con visos de genocidio. Y lo más grave, con el apoyo ilimitado del presidente católico Joe Biden.

Un hecho que tal vez no puede en modo alguno ser pasado por alto es la Sobrecarga de la Tierra (The Earth Overshoot), anunciado por la ONU a finales de agosto. Esto quiere decir que todos los bienes y servicios naturales que la Tierra ofrece para la continuidad de la vida llegaron a su límite. Necesitamos más de una Tierra y media para atender el consumo humano, muy especialmente el de los países ricos y consumistas. Como está viva, la Tierra reacciona a su modo, enviándonos más enfermedades víricas, más eventos extremos y calentándose cada vez más. Este último hecho es de consecuencias imprevisibles, pues hemos sobrepasado el punto crítico. El año 2023 ha sido el más caliente desde hace miles de años. La ciencia y la técnica solo nos ayudan a prevenir y aminorar los efectos dañinos, pero ya no pueden evitarlos. Este cambio climático es responsabilidad de los países industrialistas y consumistas y poquísimo de las grandes mayorías pobres del mundo. Por tanto, es un grave problema ético.

Existe además el peligro de un conflicto nuclear, pues Estados Unidos no renuncia a ser el único polo que controle todos los espacios del planeta, no aceptando la multipolaridad. Si esa guerra nuclear generalizada ocurriera, sería el fin de la especie humana y de gran parte de la biosfera. Algunos analistas piensan que será inevitable; va a ocurrir no sabemos cuándo ni cómo, pero las condiciones ya están dadas.

Además hay que reconocer que está en auge la crisis del modo de habitar el planeta (devastándolo) y de organizar las sociedades, en las cuales reinan injusticias inhumanas. Bien nos lo ha advertido innumerables veces el Papa Francisco: tenemos que cambiar, en caso contrario, estando todos en el mismo barco, nadie se salvará.

Estos escenarios tenebrosos han llevado a una buena parte de la humanidad al desamparo y a la conciencia del fracaso de la especie humana, particularmente con el ocaso completo del sentido ético y humanístico que permite presenciar, a cielo abierto y a la vista todos, el exterminio de un pueblo en la Franja de Gaza, principalmente miles de niños asesinados bajo los bombardeos ininterrumpidos de las fuerzas de guerra de la ocupación israelí. No son pocos los que se preguntan: ¿merecemos aún estar sobre la faz de la Tierra a la que destruimos sistemáticamente violentando sin escrúpulos a sus humanos hijos e hijas así como a los organismos de la naturaleza que nos sustentan? ¿no es eso el preaviso de nuestro fin como especie? Cabe recordar que nosotros entramos en los ultimísimos momentos en el largo proceso evolutivo, dotados de gran agresividad. ¿Será que entramos para destruir trágicamente nuestro mundo?

En este contexto enmudecen las grandes utopías. La razón moderna se ha mostrado irracional al construir el principio de autodestrucción. Las propias religiones, fuentes naturales de sentido, participan de la crisis de nuestro paradigma civilizatorio y en muchas de ellas está vigente el fundamentalismo violento.

¿A qué agarrarse? El espíritu humano rechaza el absurdo y busca siempre un sentido que vuelva la vida apetecible. Nos queda un único soporte: la esperanza. Ella es como un árbol: se dobla pero no se quiebra. Como nos fue mostrado antropológicamente, la esperanza es más que una virtud junto a otras virtudes. Ella representa, independientemente del espacio y del tiempo histórico, ese motor interior que nos hace proyectar sin cesar sueños de días mejores, utopías viables, caminos aún no recorridos que pueden significar una salida hacia otro tipo de mundo.

Se atribuye a San Agustín, el mayor genio intelectual y cristiano de Occidente, africano del siglo V de la era cristiana, la siguiente afirmación que eventualmente puede animarnos:

Todo ser humano está habitado por tres virtudes: la fe, el amor y la esperanza. Dice el sabio: si perdemos la fe no por eso morimos. Si fracasamos en el amor, siempre podemos encontrar otro. Lo que no podemos es perder la esperanza, pues la alternativa a la esperanza es el suicidio por la absoluta falta de sentido de vivir.

Entre tanto, la esperanza tiene dos hermosas hermanas: indignación y coraje. Por la indignación rechazamos todo lo que nos parece malo y perverso. Mediante el coraje, empeñamos todas nuestras fuerzas para cambiar lo malo en bueno y lo que es perverso en benéfico.

No tenemos más alternativa que enamorarnos de estas dos hermosas hermanas de la esperanza: indignarnos y rechazar firmemente ese tipo de mundo que impone tantos sufrimientos a la Madre Tierra y a toda la humanidad y la naturaleza. Si no podemos superarlo, por lo menos resistir y desenmascarar su deshumanización. Y tener el coraje de abrir caminos, sufrir por el parto de algo nuevo y alternativo. Y creer que la vida tiene sentido y que le cabe a ella escribir la última página de nuestra peregrinación por esta Tierra.

Leonardo Boff

Fuente Atrio

Traducción de María José Gavito Milano

*Leonardo Boff ha escrito Tierra madura, una teología de la vida, São Paulo, Editora Planeta, 2023; Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo evitar el fin del mundo, Rio de Janeiro, Record&Madrid, Nueva Utopía 2010.

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Hermano Francisco, Hermano de Paz

viernes, 26 de enero de 2024
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Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

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Hermano Francisco,

                         Hermano de Paz

Francisco,
Danos tu luz para ser Paz
Tu Paz para ser Armonía
Armonía para ser Gozo
Gozo para consolar a los demás

Para ser Unión entre hermanos
Entre los hermanos dar alegría
En la Alegría dar esperanza
En la esperanza dar de tu aliento
Para que jamás se apague el sueño del Maestro.

¡Que por no intentarlo no fracasamos…!
Lo hacemos por rechazar tu mirada Jesús,

cuando cada día nos pones al lado de tus hermanos
¡Y pasamos de largo…!

Nos invitas a pararnos y seguimos nuestro camino
Y así perdemos el brillo de la hermana humildad
Y nos alejamos hasta nuestros más profundos submundos

Hermano Francisco
No quiero amarte sin el hermano
Que me consueles sin ser consuelo
Que me alegres, sin dar alegría.
Pues si no amo, nada soy
Sin humildad nada procuró
Sin sencillez, seré piedra dura.

Porque ciertamente solo los humildes y sencillos de corazón

entenderán lo que muchos no entienden

*

Alfonso Olaz
10.01.2024

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