Triunfo
Del blog Nova Bella:

Que nuestro propio amor triunfe por su propia fuerza,
por su propia energía,
en silencio
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Del blog Nova Bella:

Que nuestro propio amor triunfe por su propia fuerza,
por su propia energía,
en silencio
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Pensando en tantas personas agobiadas, cansadas, doloridas… (Mateo 11, 25-30):
Nada te turbe, nada te espante ;
quien a Dios tiene nada le falta.
Nada te turbe, nada te espante…
solo Dios basta.
*
Teresa de Jesús
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SILENCIO HABLADO
Si amar es mi costumbre,
la tengo mal sabida:
llena de muchedumbre,
sola de mí mi vida.
La guerra fue mi lumbre;
mi madre, la partida.
Velo mi mansedumbre
como una espada herida.
Derramando palabras,
de mis silencios vengo
y a mis silencios voy.
Y en Tus silencios labras
el grito que sostengo
y el silencio que soy.
*
Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la Espera
Editorial Sal Terrae, Santander 1986
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En aquel tiempo, exclamó Jesús:
– “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.“
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Mateo 11,25-30
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Este es el más bello canto de amor filial que jamás se haya entonado en la tierra. El Hijo de Dios lo ha cantado, lejos de la casa paterna, lejos de la patria celestial, como los devotos israelitas durante el destierro elevaban a Dios salmos de conmovedora nostalgia. Desde su corazón de pobre e Hijo cariñoso, Jesús, exultando en el Espíritu, eleva al Padre este himno de júbilo que revela el sentimiento de extrema pequeñez y confianza con el que, en cuanto Hombre, se dirige a Dios, el Omnipotente, el Creador del cielo y de la tierra. Jesús es el “pequeño” por antonomasia al que le han sido revelados los misterios del Reino de los Cielos. Para hacerse “pequeño”, Jesús se he despojado de su gloria divina, y nosotros, para llegar a ser pequeños, en el sentido evangélico, tenemos que despajarnos del hombre viejo, del pecado. Jesús se ha despojado de la gloria divina y ha asumido nuestra condición humana; nosotros tenemos que despojarnos de nuestra falsa grandeza, de nuestro orgullo, y seguirlo. El Espíritu Santo, cuando toca las cuerdas del corazón, las hace sensibles a las vibraciones de la gracia y suscita en ellas un canto divino, la música del amor Sin embargo, Jesús no canturrea solo ni para si; quiere atraer con su cántico a todos los hombres dispersos y reunirlos y restituirlos; para eso ha venido, junto a Dios, como hijo. Su canción se convierte en una inmensa sinfonía cósmica.
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A. M. Canopi,
Il vangelo de la vita nuova,
Milan 2000, 35
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Del blog Nova Bella:

La vida no es un problema a ser resuelto,
sino una realidad a ser experimentada.
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Søren Kierkegaard
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Del blog de Miguel Ángel Mesa Otro mundo es posible:

Sé que hay noches que se alargan y la incertidumbre nos aprisiona,
y también que el amanecer disipa las dudas y nos brinda una luz nueva y clara.
Sé que hay horizontes que se alejan como desoladoras ausencias,
y también que el recuerdo nos acerca olores, palabras y miradas.
Sé que hay mares repletos de anhelos, sufrimientos y lágrimas,
y también que existen corazones y manos que acompañan y salvan.
Sé que hay separaciones que hieren como filo de navaja
y también fidelidades que se recrean y crean un clima de alegría y confianza.
Sé que la esperanza es una flor frágil en las heladas del invierno,
y que el entusiasmo se alimenta de cálidos abrazos y nos nace del alma.
Sé que el individualismo, la ambición y la codicia ciegan la razón,
y también que la solidaridad, la amistad y el amor avivan la llama.
Sé que la ingratitud y el engaño privan de compasión y sensibilidad,
y también que la humanidad se despierta con el agradecimiento y la resiliencia.
Sé que la felicidad no se compra ni el futuro está garantizado,
y también que en el día a día, a tu lado, se vivifica la ternura y la querencia.
*
Miguel Ángel Mesa
31.05.2023
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Del blog Nova Bella:

Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo,
no encuentra nada.
*
Goethe
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Del blog de Miguel Ángel Mesa Otro Mundo es posible:

Llegó abatido,
con los ojos húmedos,
y se acomodó a su lado.
Ella le tomó las manos
y le dijo en un susurro:
“No permitas que la tristeza
te arrastre al desconsuelo.
Ahora estamos juntos.
Este instante será eterno
si permanece en tu corazón.
No volveremos a vernos
a no ser que me olvides.
Tú formas parte de mi existencia
y yo de la tuya.
Ya nada podrá separarnos.
Aunque la presencia sea imprescindible
para la ternura de una mirada
o el calor de un abrazo,
la memoria viva impedirá que te hunda
la dolorosa ausencia.
Acuérdate siempre de estas palabras
y, sobre todo, no dejes que te abandone
la maravilla del asombro.
Eso es lo que te permitirá contemplar
y saborear en tu día a día
el milagro de la vida”.
*
Miguel Ángel Mesa
24.05.2023
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Del blog Nova Bella:

Lo cotidiano en sí mismo es ya maravilloso.
Yo no hago más que consignarlo.
*
Franz Kafka
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Descansar en Ti,
a la sombra,
junto al arroyo,
sintiendo la brisa
y con la cabeza en tu hombro.
Descansar en Ti,
sin temores,
sin nostalgias,
sin sucedáneos,
sin ansias, enamorado.
Descansar en Ti,
gozando el momento,
libre de atillos y cargas,
sin prisas para nada
y soñando esperanzas.
Descansar en Ti,
serenamente,
ahora y a cualquier hora,
hasta habituarme
al gozo y a la gracia que me donas.
¡Descansar en Ti
después del éxito
o del fracaso
y compartir gratuitamente
tus más íntimas emociones!
Descansar en Ti,
y darte gracias,
con palabras o sin ellas,
por tu presencia solidaria
en la gente sencilla y llana.
¡Descansar en Ti!
*
Florentino Ulibarri
Fe Adulta
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No te he negado
Por causa de Tú causa me destrozo
como un navío, viejo de aventura,
pero arbolando ya el joven gozo
de quien corona fiel la singladura.
Fiel, fiel…, es un decir. El tiempo dura
y el puerto todavía es un esbozo
entre las brumas de esta Edad oscura
que anega el mar en sangre y en sollozo.
Siempre esperé Tú paz. No Te he negado,
aunque negué el amor de muchos modos
y zozobré teniéndote a mi lado.
No pagaré mis deudas; no me cobres.
Si no he sabido hallarte siempre en todos,
nunca dejé de amarte en los más pobres.
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Pedro Casaldáliga,
El Tiempo y la Espera,
Sal Terrae 1986
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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
“El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí.
El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.
El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.”
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Mateo 10,37-42
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Dios, que me entrega tesoros para que los guarde, me permite que los custodie y los administre bien Me agrada relacionarme con los demás. Mi intensa participación, me parece, irradia lo mejor y más sincero de mí; las personas se muestran sinceras conmigo, cada uno es una historia, y todos me cuentan su vida. Y mis ojos encantados no tienen que leer. […]. Soy un enfermo, no puedo hacer nada. Mas tarde enjugaré lágrimas y replegaré miedos, allá abajo. En el fondo, ya lo hago en esta cama. ¿Quizá sea por esto que tengo fiebre y mareos?. No quiero ser cronista de horrores. Ni tampoco de sucesos sensacionales.
Esta mañana le he dicho a Jopie: siempre llego a la misma conclusión, la vida es bella. Y creo en Dios. Quiero estar entre los “horrores” y decir igualmente que la vida es bella. Ahora, con fiebre y mareos, acostado en un rincón, no puedo hacer nada. Hace poco me he despertado con la garganta seca, he aferrado mi vaso y he agradecido los sorbos de agua; he pensado: si pudiese andar entre los millares de hombres amontonadas por ahí y pudiese ofrecerles un trago… Me digo: no es nada, tranquilo, no es nada, tranquilo.
Cuando una mujer o un niño hambriento se ponía a llorar detrás de nuestras mesas de grabación, me arrimaba, le abrazaba sobre mi pecho, le apretaba, le sonreía y suavemente le decía a quien se encontraba acurrucado y aturdido: no es nada, no es nada. Me quedaba allí y, si podía, hacía algo. A veces me sentaba cerca de alguien, le ponía el brazo encima del hombro, guardaba silencio y le miraba a la cara. Nada resultaba nuevo, ninguna de aquellas expresiones de dolor humano. Todo me parecía familiar; como si ya hubiera vivido cada casa. Algunos me decían: tienes nervios de acero para resistir. No creo que tenga nervios de acero; mas bien, nervios sensibles, capaces de “resistir”. Tengo el coraje de mirar de frente al dolor. Al final de coda día me decía: ¡quiero tanto a los hombres!.
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E. Hillesum,
Diario 1941-1943,
Milán 5i 992, 232ss.
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

Todos conocemos la máxima teológica que dice: «Fuera de la Iglesia no hay salvación«. Pero el Espíritu, que es libre, suscita caminos admirables que manifiestan que Dios y su amor son infinitos. El siguiente texto es una prueba de ello:
«Creo que la voluntad de Dios no es que yo entre en este momento en la Iglesia. Pues, como ya le dije antes, y sigue siendo verdad, la inhibición que me retiene no se deja sentir con menos fuerza en los momentos de atención, de amor y de oración que en los restantes. Y, no obstante, he experimentado una gran alegría oyéndole decir que mis pensamientos, tal como se los he expuesto, no son incompatibles con la pertenencia a la Iglesia y que, por consiguiente, no le soy extraña en espíritu.
No puedo dejar de preguntarme si, en estos tiempos en que una parte tan considerable de la humanidad se encuentra sumida en el materialismo, no querrá Dios que existan hombres y mujeres que, entregados a él y a Cristo, permanezcan sin embargo fuera de la Iglesia.
En todo caso, cuando me imagino concretamente y como algo que podría estar próximo el acto por el cual entraría en la Iglesia, ningún pensamiento me apena más que el de separarme de la masa inmensa y desdichada de los no creyentes. Tengo la necesidad esencial, la vocación —pues creo que puedo llamarla así— de moverme entre los hombres y vivir en diferentes medios humanos fundiéndome con ellos, adoptando su mismo color, en la medida al menos en que la conciencia no se oponga, desapareciendo en ellos, a fin de que se muestren tal como son sin que tengan que disfrazarse para mí. Quiero conocerlos para amarlos tal como son. Pues si no los amo tal como son, no es a ellos a quienes amo y mi amor no es verdadero. No hablo de ayudarles, pues hasta ahora, desgraciadamente, soy completamente incapaz de hacerlo. Creo que de ningún modo entraría nunca en una orden religiosa para no separarme por un hábito del común de los mortales. Hay seres humanos para los que esta separación no ofrece inconvenientes graves, pues están ya separados del conjunto de los hombres por la pureza natural de su alma. En cuanto a mí, por el contrario —como creo haberle dicho ya—, llevo en mi misma el germen de todos los crímenes o poco menos. Me hice especialmente consciente de ello en el curso de un viaje, en circunstancias que ya le he relatado. Los crímenes me producían terror, mas no me sorprendían; sentía su posibilidad dentro de mí y, precisamente por sentir en mí misma esa posibilidad, me horrorizaban. Esta disposición natural es peligrosa y muy dolorosa, pero como toda disposición natural puede ponerse al servicio del bien si se sabe hacer un uso adecuado de ella con el auxilio de la gracia. Implica una vocación, la de mantenerse de alguna manera en el anonimato, dispuesto a mezclarse en cualquier momento con la masa común de la humanidad. Ahora bien, en nuestros días, el estado de los espíritus es tal que hay una barrera más marcada, una separación más tajante, entre un católico practicante y un no creyente que entre un religioso y un laico.
Conozco las palabras de Cristo: «De aquél que se avergonzare de mí delante de los hombres, me avergonzaré yo delante de mi Padre». Pero avergonzarse de Cristo quizá no signifique para todos y en todos los casos no adherirse a la Iglesia. Para algunos puede significar solamente no ejecutar los preceptos de Cristo, no irradiar su espíritu, no honrar su nombre cuando se presenta la ocasión, no estar dispuesto a morir por fidelidad a él.
Debo decirle la verdad, aun a riesgo de contrariarle y por más que contrariarle me resulte extremadamente penoso. Amo a Dios, a Cristo y la fe católica tanto como a un ser tan miserablemente insuficiente le sea dado amarles. Amo a los santos a través de sus textos y de los escritos relativos a sus vidas —a excepción de algunos a los que me es imposible amar plenamente o considerar como santos—. Amo a los seis o siete católicos de espiritualidad auténtica que el azar me ha llevado a encontrar en el curso de mi vida. Amo la liturgia, los cánticos, la arquitectura, los ritos y las ceremonias católicas. Pero no siento en modo alguno amor por la Iglesia propiamente dicha, al margen de su relación con todas esas cosas a las que amo. Puedo simpatizar con quienes sienten ese amor, pero yo no lo experimento. Sé muy bien que todos los santos lo experimentaron. Pero también casi todos ellos nacieron y crecieron en el seno de la Iglesia. Sea como fuere, el amor no surge por propia voluntad. Todo lo que puedo decir es que, si ese amor constituye una condición del progreso espiritual —cosa que ignoro— o forma parte de mi vocación, deseo que algún día me sea concedido.
Bien podría ser que una parte de los pensamientos que acabo de exponerle sea ilusoria y mala. Pero, en cierto sentido, poco importa; no quiero analizar más; después de todas estas reflexiones he llegado a una conclusión, que es la resolución pura y simple de no volver a pensar en la cuestión de mi eventual entrada en la Iglesia.
Es muy posible que después de haber estado sin reflexionar sobre ello durante semanas, meses o años, sienta un día el impulso irresistible de solicitar inmediatamente el bautismo y vaya corriendo a pedirlo. Pues oculto y silencioso es el camino por el que la gracia se adentra en los corazones.
Puede ocurrir que mi vida llegue a su término sin haber experimentado jamás ese impulso. Pero una cosa es absolutamente cierta: si llega el día en que yo ame a Dios lo suficiente para merecer la gracia del bautismo, recibiré esa gracia ese mismo día, indefectiblemente, bajo la forma que Dios quiera, sea por medio del bautismo propiamente dicho, sea de cualquier otra forma. ¿Por qué, entonces, preocuparse? No es en mí en quien debo pensar, sino en Dios. Es Dios quien debe pensar en mí«.
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Simone Weil,
carta a un sacerdote en A la Espera de Dios
19 de enero de 1942

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Del blog Nova Bella:

“Quienes no se mueven
no notan sus cadenas.”
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Rosa Luxemburgo
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En la solemnidad de San Pedro y San Pablo, un texto que habla de Comunidad, de Palabra, de Compromiso… Del blog Amigos de Thomas Merton:

…”el Doctor de la paz y Maestro de la unidad no quiso que hiciéramos una oración individual y privada, de modo que cada cual rogara sólo por sí mismo. No decimos: «Padre mío, que estás en el cielo», ni: «Dame hoy mi pan de cada día», ni pedimos el perdón de las ofensas sólo para cada uno de nosotros, ni pedimos para cada uno en particular que no caigamos en tentación y que nos libre del mal. Nuestra oración es pública y común, y cuando oramos lo hacemos no por uno solo, sino por todo el pueblo, ya que todo el pueblo somos como uno solo.
El Dios de la paz y el Maestro de la concordia, que nos enseñó la unidad, quiso que orásemos cada uno por todos, del mismo modo que él incluyó a todos los hombres en su persona. Aquellos tres jóvenes encerrados en el horno de fuego observaron esta norma en su oración, pues oraron al unísono y en unidad de espíritu y de corazón; así lo atestigua la sagrada Escritura que, al enseñarnos cómo oraron ellos, nos los pone como ejemplo que debemos imitar en nuestra oración: Entonces -dice- los tres, a una sola voz, se pusieron a cantar, glorificando y bendiciendo a Dios. Oraban los tres a una sola voz, y eso que Cristo aún no les había enseñado a orar.
Por eso fue eficaz su oración, porque agradó al Señor aquella plegaria hecha en paz y sencillez de espíritu. Del mismo modo vemos que oraron también los apóstoles, junto con los discípulos, después de la ascensión del Señor. Todos ellos -dice la Escritura- perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres y de María, la madre de Jesús, y de los hermanos de éste. Perseveraban unánimes en la oración, manifestando con esta asiduidad y concordia de su oración que Dios, que hace habitar unánimes en la casa, sólo admite en la casa divina y eterna a los que oran unidos en un mismo espíritu.”
*
San Cipriano

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Hoy es el día en el que celebramos el Día Internacional del Orgullo Gay, en recuerdo del levantamiento de la comunidad LGTBI frente a la opresión social y el acoso policial en The Stonewal Inn ubicado en el barrio neoyorquino de Greenwich Village. Se cita a estos disturbios como la primera ocasión, en la historia de Estados Unidos, en que la comunidad LGBTI luchó contra un sistema que perseguía a los homosexuales con el beneplácito del gobierno, y son generalmente reconocidos como el catalizador del movimiento moderno pro-derechos LGBTI en Estados Unidos y en todo el mundo.

Jesús nos invita a despojarnos del miedo, a levantar la cabeza, a dejar las opresiones y decir alto y claro a los que detentan el poder en las distintas iglesias: ¡Somos creyentes, somos cristianos, somos personas LGTBI, somos Hijos e Hijas de Dios! ¡Nada ni nadie nos va a parar!
Y, a pesar de los avances, no podemos olvidar a quienes han caído en el camino victimas de la homofobia, de la Transfobia… Por eso, gritamos fuerte con este texto que hemos recogido del blog de la Communion Béthanie:
¡ Paz a todos los hombres de mala voluntad!
Qué cese toda venganza y toda llamada al castigo.
Los crímenes sobrepasan toda medida,
hay demasiados mártires…
También, no midas sus sufrimientos al peso de tu justicia, Señor,
y no deja estos sufrimientos al cargo de los verdugos,
para hacerles pagar una factura terrible.
Qué todo sea pagado de otra manera.
Ponte a favor de los verdugos,
de los delatores,
de los traidores
y todo hombre de mala voluntad,
el coraje y la fuerza espiritual de los demás,
su humildad,
su dignidad,
su lucha interior constante y su indecible esperanza,
la sonrisa que estanca sus lágrimas,
Su amor,
sus corazones quebrantados que permanecen firmes y confiados a la misma muerte, sí,
hasta los momentos de la más extrema debilidad…
Qué todo esto sea depositado delante de Ti,
Oh, Señor,
para el perdón de los pecados,
como rescate para el triunfo de la justicia.
¡ Qué el bien sea contado, no el mal !
Y qué las víctimas se queden en la memoria de los que les persiguen,
no como una pesadilla,
no como de los espectros atados a sus pasos,
sino como apoyos en su propio esfuerzo
para reducir la furia de sus pasiones criminales.
No pedimos nada más.
Y cuando todo esto se acabe,
da a las víctimas el vivir,
Señor,
hombres entre los hombres,
y que la paz vuelva sobre nuestra pobre tierra,
paz para todos los hombres de buena voluntad
y para todos los demás.
Esta oración procede de los archivos de un campo de concentración en Alemania
*
Mgr Antoine Bloom
« Prière vivante »

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Del blog Nova Bella:

Somos los hijos de la ley del silencio.
Somos los hijos del miedo.
Somos los hijos del peligro
esos a los que no pudisteis
cortar las alas.
*
Hasier Larretxea
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A ti te entrego las llaves:
en tus manos pongo la creación entera,
también mi Reino, mis ilusiones,
y mi confianza y palabra de Padre.
Te hago portero de esperanzas y proyectos
para que te sientas libre y responsable.
Llaves para abrir las puertas cerradas,
los corazones duros e insolidarios
y todos los secretos fabricados.
Llaves para repartir los bienes de la tierra,
todo lo que puse y produce,
sin que te sientas ladrón de haciendas.
Llaves para mostrar todos los tesoros
de arcas, baúles y bibliotecas,
y poder sacar las cosas buenas.
Llaves para dar a conocer
los misterios de la ciencia
y desenredar conciencias.
Llaves para abrir lo que otros cierran
–bancos, fábricas, fronteras e Iglesias–,
quizá tu casa, tu patio, tu cuenta.
Llaves para entrar en cárceles,
quitar trabas, soltar cadenas,
anular grilletes, conocer mazmorras.
Llaves para perdonar barbaridades,
quitar miedos y culpabilidades
y andar erguido y sin genuflexiones.
Llaves para que nadie encuentre
las puertas de su camino cerradas
aunque sea noche oscura.
Llaves para desatar leyes,
mandatos, edictos y normas
de señores, jefes y prepotentes.
Llaves para liberar a los que sienten
que tienen las puertas cerradas
y la vida hecha y planificada.
Llaves para poder salir al mundo
a que te dé sol y brisa
y te quite la costra que llevas encima.
Llaves para que nadie se atrinchere
y busque refugio en tus rincones
cuando ha herido a los más pobres.
Llaves para que los insensatos
no pierdan el tiempo quejándose,
y puedan entrar aunque lleguen tarde.
Llaves para que siempre puedas,
a quien llega a tiempo o deshora,
enseñar tus entrañas y acogerle.
Llaves para abrir heridas
–en el cuerpo, en el alma, en las estructuras–
y así poder curarlas.
Llaves para cuidar y mostrar
la buena noticia, mi casa,
mis tesoros de Padre y Madre.
A ti te entrego las llaves;
pero mira los rostros setenta veces siete
antes de creerte juez, clérigo o jefe.
*
Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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Ed Knippers, “El lavatorio de pies” (Cristo y sus discipulos)
Tan pronto como se olvida la divina pobreza, tan pronto como se deja de ver en Dios el amor que se da, que no puede sino darse, tan pronto como se deja de vivir este amor dándose, se acabó. Esta luz se desvanece, todo el dogma se convierte en una fórmula y se materializa, todos los sacramentos se transforman en rito externo, toda la jerarquía se hace una tiranía, toda la Iglesia se convierte en una pérdida de tiempo y un absurdo, toda la Biblia, un tejido de mitos.
*
Maurice Zundel
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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
– “No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.
Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.”
*
Mateo 10,26-33
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“La cruz de la Madre Teresa ha sido el primer signo cristiano que se ha vista en la televisión estatal, al menos desde 1967”, declaraba un refugiado albanés a su llegada a Italia en l990. La cruz de la que hablaba era aquella cruz negra que la Madre Teresa llevaba en su sarga blanca.
Si a partir de 1944 el régimen marxista había perseguida a los creyentes (católicas, ortodoxos y musulmanes), la situación empeoró en I967. Fue entonces cuando Albania se declaré oficialmente como la única nación atea de la Tierra. La religión fue atacada ferozmente. El modo como fueron tratados los católicos recordaba las persecuciones de los emperadores romanos mas crueles. En los tiempos modernos, la iglesia ha sido reducida como en los años de las catacumbas.
Un hecho sorprendente: mientras los albaneses no tenían derecho a pronunciar públicamente el nombre de Jesús, la Madre Teresa recorría el mundo con el nombre de Jesús en los labios y prodigando obras de misericordia. A un párroco que se encontraba en prisión le pidió un detenido que bautizase a su hijo, en secreto. Cuando las autoridades descubrieron esta desobediencia, el sacerdote fue condenado a muerte. Fue uno de los sesenta sacerdotes que murieron, ahorcados, fusilados o agotados por el rigor de los campos de trabajos forzados. Las persecuciones, como sabemos, se han cebado con el cristianismo. Los perseguidos son llamados “dichosos” porque defienden y enseñan la justicia.
La promesa que acompaña a esta bienaventuranza es asombrosa: nada memos que poseer el Reino de los Cielos. Señor Jesús, sabemos que para imitarte tenemos que hacer el bien a todos. Nos has dicho que sufriríamos trabajando por los otros contra la opresión, contra la degradación, contra la guerra.
Cada día encontramos la oposición, la contradicción. Ayúdanos a aceptar nuestros pequeños sufrimientos, porque conocemos su valor redentor. Transforma nuestra tristeza en gozo, mientras nos esforzamos en cumplir tu voluntad.
*
E. Egan — K. Egan,
Madre Teresa e le Beafifudini,
Brescia 2ooo, 129-131
***
***
Juan el Bautista, es decir, el que bautiza, es ese a quien el evangelio nos da a conocer como el «precursor» de Jesús.
Era hijo de Zacarías y de Isabel, y su venida al mundo no fue fruto de una iniciativa humana, sino un don concedido por Dios a una pareja de avanzada edad destinada a quedarse sin hijos. Juan, como precursor de Jesús, ha sido considerado con pleno derecho profeta, tanto si lo consideramos perteneciente al Antiguo Testamento como al Nuevo.
La liturgia, inspirándose en el estrecho paralelismo establecido por Lucas en el evangelio de la infancia entre Jesús y Juan el Bautista, celebra dos nacimientos: el del Mesías en el solsticio de invierno y el de su precursor en el solsticio de verano.

La palabra de mi madre,
fácil, nerviosa, incisiva.
Los silencios de mi padre
y sus esperas tullidas.
La guerra, porque «es la guerra«.
La paz, porque es paz vencida.
Y la llamada de Dios
tan precoz como la vida.
***
Miércoles de Ceniza
«Recuerda que eres polvo» ¡y algo más!
¡Ayuna del ayuno! ¡Sal del miedo!
¡Rasga las vestiduras… de los demás!
¡Echarte todavía más ceniza, no puedo!
***
-Profecía extrema, ratificada-
Yo moriré de pie como los árboles.
(Me matarán de pie).
El sol, como un testigo mayor, pondrá su lacre
sobre mi cuerpo doblemente ungido,
y los ríos y el mar
se harán camino de todos mis deseos,
mientras la selva amada sacudirá sus cúpulas, de júbilo.
Yo diré a mis palabras: no mentía gritándoos.
Dios dirá a mis amigos: «Certifico
que vivió con vosotros esperando este día».
De golpe, con la muerte,
se hará verdad mi vida.
¡Por fin habré amado!
Instinto de soledad.
Vocación de compañía.
Mercaderes y tratantes.
Pastores y «pagesia«.
***
*
Pedro Casaldáliga
Clamor elemental
Editorial Sígueme, Salamanca 1971
***
Se le cumplió a Isabel el tiempo y dio a luz un hijo.
Sus vecinos y parientes oyeron que el Seńor le había mostrado su gran misericordia y se alegraron con ella.
Al octavo día fueron a circuncidar al nińo y querían llamarlo Zacarías, como su padre.
Pero su madre dijo:
– No, se llamará Juan.
Le dijeron:
– No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre.
Se dirigieron entonces al padre y le preguntaron por señas cómo quería que se llamase.
El pidió una tablilla y escribió:
– Juan es su nombre.
Entonces, todos se llevaron una sorpresa.
De pronto, recuperó el habla y comenzó a bendecir a Dios.
Todos sus vecinos se llenaron de temor, y en toda la montaña de Judea se comentaba lo sucedido.Cuantos lo oían pensaban en su interior: ¿Qué va a ser este nińo? Porque, efectivamente, el Seńor estaba con él.
El nińo iba creciendo y se fortalecía en su interior. Y vivió en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel.
*
Lucas 1,57-66.80
***
El primer testigo cualificado de la luz de Cristo fue Juan el Bautista. En su figura captamos la esencia de toda misión y testimonio. Por eso ocupa una posición tan importante en el prólogo y emerge con su misión antes incluso de que la Palabra aparezca en la carne. Es testigo con las vestiduras de precursor.
Eso significa sobre todo que él es el final y la conclusión de la antigua alianza y que es el primero en cruzar, viniendo de la antigua, el umbral de la nueva. En este sentido, es la consumación de la antigua alianza, cuya misión se agota aludiendo a Cristo. Por otra parte, Juan es el primero en dar testimonio realmente de la misma luz, por lo que su misión está claramente del otro lado del umbral y es una misión neotestamentaria. La tarea veterotestamentaria confiada por Dios a Moisés o a un profeta era siempre limitada y circunscrita en el interior de la justicia.
Esta tarea era confiada y podía ser ejecutada de tal modo que mandato y ejecución se correspondieran con precisión. La tarea veterotestamentaria confiada a Juan contiene la exigencia limitada de atestiguar la luz en general. Es confiada con amor y -por muy dura que pueda ser- con alegría, porque es confiada en el interior de la misión del Hijo.
*
Adrienne von Speyr,
La palabra se hace carne
Milán 1982, I, pp. 64ss.
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«Estar en el mundo sin ser del mundo.» Esta frase es una hermosa síntesis del modo en que habla Jesús de la vida espiritual. Es una vida en virtud de la cual el Espíritu de amor nos transforma por completo. Sin embargo, es una vida en la que todo parece cambiado.
La vida espiritual puede ser vivida de tantos modos como personas hay. La novedad consiste en haberse desplazado desde la multitud de las cosas al Reino de Dios. Consiste en haber sido liberados de las constricciones del mundo y en haber encaminado nuestros corazones hacia lo único necesario.
La novedad consiste en el hecho de que no vivamos ya los muchos negocios, nuestra relación con la gente y los acontecimientos como causas de preocupaciones sin fin, sino que empecemos a considerarlos como la rica variedad de los modos a través de los cuales se hace presente Dios en medio de nosotros. Nuestros conflictos y dolores, los deberes y las promesas, nuestras familias y nuestros amigos, las actividades y los proyectos, las esperanzas y las inspiraciones, no se nos presentan ya como otros tantos aspectos fatigosos de una realidad que difícilmente logramos mantener juntos, sino como modalidad de afirmación y de revelación de la nueva vida del Espíritu que está en nosotros. «Todo lo demás», que antes nos ocupaba y nos preocupaba tanto, ahora se convierte en don o desafío que refuerza o profundiza la nueva vida que hemos descubierto.
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H. J. M. Nouwen,
Invitación a la vida espiritual,
Brescia 2002, pp. 44ss
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Del blog Nova Bella:

No ser amado es una simple desventura.
La verdadera desgracia es no saber amar.
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Albert Camus
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