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Sábado Santo. 26 marzo, 2016

sábado, 26 de marzo de 2016
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sabadosanto1Ante la muerte de un ser querido que todo lo trastoca, cuando la vida se queda vacía, como sin aliento, la reacción más natural es llorar, llorar y recordar. Por esto te proponemos un plan para este día, Sábado Santo; más bien, te proponemos dar un paseo, al estilo de los de Emaús. ¿Recuerdas? Ellos volvían de Jerusalén, después de aquella terrible experiencia de ver a su Maestro colgado de un madero, muerto, junto a otros dos a los que la sociedad tampoco quería cerca, los prefería muertos para quitar el problema de raíz.

Nuestra propuesta es recorrer la Palabra, el texto sagrado que habla de la Acción de Dios en la Historia de la humanidad. Como buen paseo necesitamos un ritmo, ni muy rápido, ni demasiado lento, para poder disfrutar del paisaje sin agotarnos o aburrirnos. Por eso hemos pensado escribirte siete cartas en las que recorreremos siete lecturas de la Palabra de Dios. Cada hora os entregaremos una carta para que descubras en el texto el hilo conductor que nos llevará al gran anuncio de la Resurrección de Jesús. Así podrás celebrar esta noche la Vida con mayor hondura.

1ª CARTA: CREADAS.

Querida,

Aquí estoy con mi primera carta de este apasionante día dedicado a la Palabra.  Desde el caos que nos supone ver a Jesús muerto, torturado, desnudo, en una cruz, volvamos al principio. Cuando abres la Biblia, lo primero que te encuentras es un hermoso texto que seguramente habrás oído en más de una ocasión. Dice así:

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era una soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo, mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas.

Y dijo Dios:

Que exista la luz.

Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena y la separó de las tinieblas. A la luz la llamó día y a las tinieblas noche.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.

Y dijo Dios:

Que haya una bóveda entre las aguas para separar unas aguas de otras.

Y así fue. Hizo Dios la bóveda y separó las aguas que hay debajo de las que hay encima de ella. A la bóveda Dios la llamó cielo. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.

Y dijo Dios:

Que las aguas que están bajo los cielos se reúnan en un solo lugar, y aparezca lo seco.

Y así fue. A lo seco lo llamó Dios tierra y al cúmulo de las aguas lo llamó mares.

Y dijo Dios:

Produzca la tierra vegetación: plantas con semilla y árboles frutales que den en la tierra frutos con semilla de su especie.

Y así fue. Brotó de la tierra vegetación: plantas con semilla de su especie y árboles frutales que dan fruto con semillas de su especie.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.

Y dijo Dios:

-Que haya lumbreras en la bóveda celeste para separar el día de la noche, y sirvan de señales para distinguir las estaciones, los días y los años; que luzcan en la bóveda del cielo para alumbrar la tierra.

Y así fue. Hizo Dios dos lumbreras grandes, la mayor para regir el día y la menor para regir la noche, y también las estrellas; y las puso en la bóveda del cielo para alumbrar la tierra, regir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.

Y dijo Dios:

-Rebosen las aguas de seres vivos, y que las aves aleteen sobre la tierra a lo ancho de la bóveda celeste.

Y creó Dios por especies los cetáceos y todos los seres vivientes que se deslizan y pululan en las aguas; y creó también las aves por especies.

Y los bendijo diciendo:

-Creced, multiplicaos y llenad las aguas del mar; y que también las aves se multipliquen en la tierra.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.

Y dijo Dios:

-Produzca la tierra seres vivientes por especies: ganados, reptiles y bestias salvajes por especies.

Y así fue. Hizo Dios las bestias salvajes, los ganados y los reptiles del campo según sus especies.

Entonces dijo Dios:

-Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, según nuestra semejanza, para que dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, las bestias salvajes y los reptiles de la tierra.

Y creó Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios diciéndoles:

-Creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven por la tierra.

Y añadió:

-Os entrego todas las plantas que existen sobre la tierra y tienen semilla para sembrar; y todos los árboles que producen fruto con semilla dentro os servirán de alimento; y a todos los animales del campo, a las aves del cielo y a todos los seres vivos que se mueven por la tierra les doy como alimento toda clase de hierba verde.

Y así fue. Vio entonces Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.

Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todo su ornato. Cuando llegó el día séptimo Dios había terminado su obra, y descansó el día séptimo de todo lo que había hecho. (Génesis,   1,1-31;2, 1-2)

¡Ah,  me encanta este texto! Tiene una frescura, una belleza…. Con su ritmo tan armónico, tan pausado y contemplativo… ¿A ti, te gusta? ¿No te sale contemplar ahora que tienes tiempo? ¿Mirar, y admirar,  a tu alrededor, y reconocer todas las cosas creadas como un don de Dios? Einstein decía algo así como “Dios se manifiesta en la armonía de todo lo creado” Estoy de acuerdo, aunque yo no tenga ese cerebro también soy capaz de darme cuenta de que la Creación es obra de un Creador.

-“Y vio Dios que todo era bueno”- Creo que esta es la frase que más me impresiona. Todo es bueno. ¡Qué actitud tan positiva!, ¿verdad? Detenerme en cada criatura y descubrir su bondad, su belleza, su hermosura; descubrir, en definitiva, la huella de su Creador. Esto cambia la forma de mirar, ¿no te parece? Como que la mirada se nos hace más honda, más desde el corazón.

Dios crea, pronuncia la Palabra y crea. Dios nos pronuncia y nos crea… Dios te pronuncia y te da la vida. Regocíjate y reconoce la huella de tu Creador en lo que te rodea, en tu propia historia, en tu vida actual…

Pues eso, sencillamente, sintamos la vida bullendo, el viento, los colores, los sonidos… todo latiendo, todo viviendo.

Un abrazo!

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Sábado santo (segunda carta) 26 marzo, 2016

sábado, 26 de marzo de 2016
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sabadosanto2¡Hola!

¿Qué tal estás? ¿Qué has descubierto? No te lo creerás pero yo he aprendido a lo largo del tiempo a diferenciar los tipos de pájaros, su sonido, su forma de volar. Hay algunos que vuelan como danzando, otros que vuelan como navegando, y otros que son un poco más precipitados y pasan como balas. ¡En fin! sigamos con nuestro paseo.

Ahora nos vamos a detener en una parte de la historia de Dios con Abrahán. ¿Te suena el nombre? Significa “padre de multitudes”. Es el esposo de Sara, que significa “princesa”. Ambos habían dejado su tierra siguiendo la invitación de Dios que les había prometido una gran descendencia. Pero Sara no quedaba embarazada, hasta que por fin tuvo a su hijo Isaac, que significa “el que hace reír”, y es que realmente su nacimiento fue una gran alegría para sus padres. Es en este momento cuando acontece la historia que nos ocupa. Dice así:

Dios quiso poner a prueba a Abrahán, y lo llamó:
-¡Abrahán!
Él respondió:
-Aquí estoy.
Y Dios le dijo:
-Toma a tu hijo único, a tu querido Isaac, ve a la región de Moria, y ofrécemelo allí en holocausto, en un monte que yo te indicaré.
Se levantó Abrahán de madrugada, aparejó su asno, tomó consigo dos siervos y a su hijo Isaac, partió la leña para el holocausto y se encaminó hacia el lugar que Dios le había indicado. Al tercer día alzó  Abrahán los ojos y alcanzó a ver de lejos el lugar. Entonces dijo a sus siervos:
-Quedaos aquí con el asno, mientras el muchacho y yo subimos allá arriba para adorar al Señor; después regresaremos junto a vosotros.
Abrahán tomó la leña del holocausto y se la cargó a su hijo Isaac; él llevaba el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos.
Isaac dijo a Abrahán, su padre:
-¡Padre!
Él respondió:
-Aquí estoy, hijo mío.
Dijo Isaac:
-Tenemos el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?
Abrahán respondió:
-Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío.
Y continuaron caminando juntos.
Llegados al lugar que Dios le había indicado, Abrahán levantó el alta; preparó la leña y después ató a su hijo Isaac poniéndolo sobre el altar encima de la leña. Después Abrahán agarró el cuchillo para degollar a su hijo, pero un ángel del Señor le gritó desde el cielo:
-¡Abrahán! ¡Abrahán!
Él respondió:
-Aquí estoy.
Y el ángel le dijo:
-No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ya veo que obedeces a Dios y que no me niegas a tu hijo único.
Abrahán levantó entonces la vista y vio un carnero enredado por los cuernos en un matorral. Tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abrahán puso a aquel lugar el nombre de “El Señor provee”, y por eso todavía hoy se llama “El monte del Señor provee”.
El ángel del Señor volvió a llamar desde el cielo a Abrahán, y le dijo:
-Juro por mí mismo, palabra del Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu único hijo, te colmaré de bendiciones y multiplicaré inmensamente tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena de las playas. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra alcanzarán la bendición a través de tu descendencia, porque me has obedecido. (Gn.  22, 1-18)

Si lees este texto como algo ya sabido seguramente se  te pase por alto lo más importante. Sobre todo si estás pensando que Dios es un sádico que quiere niños inmolados. Eso es una herejía, o una manera de leer, si me los permites, un poco ignorante. Es lo que me ha pasado a mí, así de oídas me resultaba tan cruel… Había algo que no encajaba…. ¡Hasta que lo descubrí!!J

Abrahán que había confiado en Dios parece que no le conoce verdaderamente, aunque es comprensible porque ¿quién conoce a Dios en su profundidad? Es la propia experiencia de la vida quien nos va dando la sabiduría para reconocer al Dios de las sorpresas. Para Abrahán, lo más normal, lo que “todo el mundo hacía” era inmolar al primogénito al dios correspondiente. Cada tribu tenía su dios aunque las costumbres eran parecidas. Les pasaba como nos pasa a nosotros, nos fijamos en lo que hace el vecino, y a veces no hacemos más que imitar costumbres de otros. Por eso no le causa extrañeza que Dios le diga que se ponga en camino con su hijo Isaac. Ahí no está la prueba, hasta aquí, todo es “lo normal”, lo que todo el mundo hace. Pero “al tercer día” de la caminata, ¿te suena esto del “tercer día”? Ya empieza a darnos pistas de que algo sorprendente va a pasar, Dios va a actuar.

Y así es,  Abrahán, atento a la voz de Dios, cambia de actitud, de “lo normal”,  “lo que hace todo el mundo”,  a  seguir voluntad de Dios, aunque le resulte sorprendente, confía. Dios ya sabe que se inmolan niños  pero es un Dios de vivos y no de muertos. ¿Te suenan las palabras de Jesús?  “No es un Dios de muertos, sino de vivos. Andáis muy descaminados.” (Mc. 12, 27)

Abrahán comprende que su Dios no es como los demás dioses, la Biblia cuenta la historia de la relación de Dios con la humanidad. Aquí, empieza a desentrañar quién es Dios, quién es el Creador, el Dios de la Vida, no de la muerte. Este nuevo paso en la fe de Abrahán le lleva a recibir la gran promesa de Dios, “te colmaré de bendiciones y multiplicaré inmensamente tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena de las playas.”

Desde aquí tal vez nos resulte más fácil comprender las palabras de Jesús: “Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.” (Mt. 8, 22). Dios provée, tú sígueme…

Y es verdad, todo lo que condena, mata, excluye, no viene de nuestro Dios. Ya que estamos en plan de recordar, te invito a recordar todas las sorpresas que Dios te ha dado a lo largo de tu vida, esas que parecían que te llevaban a la muerte y que resultaron ser semillas de Vida. Hoy es un día para dar gracias por todo esto.

¡Un abrazo!

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Sábado Santo (tercera carta) 26 marzo, 2016

sábado, 26 de marzo de 2016
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sabadosanto3Hola!

¿Qué tal vas? Si vas a buen ritmo deben ser las 12 del mediodía. Hoy no se escuchan las campanas del monasterio, es un día de silencio, de recogida, las oiremos esta noche cuando cantemos el Gloria! Pero no adelantemos acontecimientos.

En esta carta me gustaría escribirte sobre Moisés, que también es muy conocido. El faraón y su ejército están persiguiendo al pueblo israelita y ellos que los ven de lejos están aterrorizados, de hecho gritan de miedo. El miedo es terrible, ¿verdad?, nos paraliza, nos bloquea, y como dejemos que nos domine estamos perdidos.

El texto seleccionado tiene muchas claves en las que podríamos detenernos, realmente cuanto más se lee y se deja reposar, más novedades surgen. Últimamente a mí me ha llamado la atención el fenómeno de la nube, ese signo de la protección de Dios a los israelitas, aunque no lo dice el texto, supongo que ayudaría a calmar un poco los ánimos y a tener más confianza. Leamos el texto:

El Señor dijo a Moisés:
– ¿A qué vienen esos gritos? Ordena a los israelitas que emprendan la marcha. Tú levanta tu cayado, extiende la mano sobre el mar y se partirá en dos para que los israelitas pasen por medio de él como si fuera tierra seca. Yo voy a aumentar la obstinación de los egipcios, para que entren en el mar detrás de vosotros, y entonces me cubriré de gloria a costa del faraón y de todo su ejército, de sus carros y de su caballería. Y sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me cubra de gloria a costa del faraón, de sus carros y caballería.
Entonces el ángel de Dios, que iba delante de las huestes de Israel, se puso en movimiento y se colocó detrás de ellos. También la columna de nube que iba delante de ellos fue a situarse detrás, interponiéndose entre los israelitas y el ejército de los egipcios. Por un lado la nube era tenebrosa y por otro alumbraba en la noche, de suerte que no pudieron acercarse unos a otros en toda la noche.
Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor, por medio de un recio viento del este, empujó al mar, dejándolo seco y partiendo en dos las aguas. Los israelitas entraron en medio del mar como en tierra seca, mientras las aguas formaban una especie de muralla a ambos lados. Los egipcios se lanzaron en su persecución; toda la caballería del faraón, sus carros y caballeros, entraron tras ellos en medio de del mar. Pero antes de la madrugada miró el Señor desde la columna de fuego y de nube a las huestes egipcias y las desbarató. Atascó las ruedas de los carros, que apenas podía avanzar. Entonces los egipcios se dijeron:
– Huyamos ante Israel, porque el Señor combate por ellos contra los egipcios.
Pero el Señor dijo a Moisés:
– Extiende tu mano sobre el mar para que las aguas se precipiten sobre los egipcios, sobre sus carros y su caballería.
Moisés extendió su mano sobre el mar, y al amanecer volvió el mar a su estado normal. Los egipcios toparon con él en su huída, y así los arrojó el Señor en medio del mar. Las aguas, al juntarse, anegaron carros y caballeros y a todo el ejército del faraón, que había entrado en el mar en persecución de los israelitas. No escapó ni uno solo. Sin embargo los israelitas caminaban en medio del mar como por tierra seca, mientras las aguas formaban para ellos una muralla a ambos lados. Así salvó el Señor aquel día a Israel del poder de los egipcios, e Israel pudo ver a los egipcios muertos en la orilla del mar. Israel vio el prodigioso golpe que el Señor había asestado a los egipcios, temió al Señor, y puso su confianza en él y en Moisés su siervo.
Entonces Moisés y los israelitas cantaron este cántico al Señor. (Éx. 14, 15-15,1)

También María, la profetisa, tomó el pandero y con todas las mujeres se pusieron a cantar y bailar. Toda una fiesta después de lo que habían pasado.

A  veces preferimos la esclavitud a la libertad, es curioso, ¿no? La libertad nos supone un esfuerzo y es mejor dejarse llevar por lo conocido. ¡Cuántas veces los israelitas se encaran con Moisés en el desierto por hacerles caminar tanto para conseguir la libertad! Pero ¿qué otra cosa quiere Dios de nosotros más que seamos libres? No nos ha creado para que vivamos esclavos, sino libres, como los pájaros.

Me viene a la memoria aquel encuentro que tuvo Jesús con una persona que quería ser fiel a Dios: “Él le contestó: -Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud. Jesús lo miró con cariño y le dijo: -Una cosa te falta: anda, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme.” (Mc. 10, 20-21)

No sé, ¿has tenido tú alguna vez esa experiencia? Me refiero a la experiencia de sentirte libre. Libre frente al qué dirán, a lo que se espera de ti, libre ante lo que “todo el mundo hace” Libre de poder ser tú realmente, libre para elegir, para saltar y volar. Libre para desprenderte de lo que pesa.

Haz memoria, seguro que en tu propia historia también has tenido encuentros con Dios de esos que te han hecho respirar libertad. Seguro que tienes en tu recuerdo momentos, lugares, que han marcado también tu camino de fe. Incluso puedes decir la hora o detalles concretos de alguno de esos momentos, sencillamente porque han calado en tu corazón, están ahí para recordar tu libertad.

Por cierto, en esta historia de Moisés también está marcada la hora, es “al amanecer” cuando son salvados del ejército del faraón, ¿te suena esto de “al amanecer”?

¡Un abrazo!

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Sábado santo (cuarta carta). 26 marzo, 2016

sábado, 26 de marzo de 2016
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sabadosanto4Hola,

ya estamos en la mitad de nuestra ruta, ¿qué tal vas? ¿Respiras más hondo? Es interesante esto de la libertad, ¿verdad? Vivimos en una rueda tan esclavizante que como te salgas te conviertes en un pecador, ¡pero un pecador civil! ¡ja, ja, ja!

 Cuando leo la historia del pueblo atravesando las aguas para salvarse del ejército del faraón no puedo, ni quiero, evitar pensar en tantas personas que atraviesan las aguas para llegar a un lugar en paz. Me quedo pensando en qué hubiese sido de nosotros si a nuestros hermanos en la fe, aquellos israelitas, les hubiesen devuelto de nuevo al otro lado… Claro que hay una gran diferencia porque el texto de Moisés no es un texto histórico tal y como nosotros lo entendemos. Por eso la diferencia es grande, es enorme.

Y es que esto tiene mucho que ver con el siguiente texto que te propongo. El pueblo de Israel ahora está exiliado, lejos de su tierra, y se siente tremendamente desorientado y clama a su Dios. Es entonces cuando el profeta Isaías recibe la Palabra de Dios y dice:

Tu esposo es tu Creador,
su nombre es el Señor todopoderoso;
tu libertador es el Santo de Israel
se llama Dios de toda la tierra-.
El Señor te vuelve a llamar
como a mujer abandonada y abatida.
¿Podrá ser repudiada la esposa de tu juventud?
Esto dice tu Dios:
por un breve instante te abandoné,
pero ahora te acojo con inmenso cariño.
En un arrebato de ira  te oculté mi rostro por un momento,
pero mi amor por ti es eterno, dice el Señor, tu libertador-.
Me sucede como en tiempos de Noé,
cuando juré que las aguas del diluvio
no volverían a anegar la tierra;
ahora juro no volver a airarme contra ti,
ni amenazarte nunca más.
Aunque los montes cambien de lugar,
y se desmoronen las colinas, no cambiará mi amor por ti,
ni se desmoronará mi alianza de paz,
dice el Señor, que está enamorado de ti.
¡Ciudad desdichada y zarandeada a quien nadie consuela!
Voy a poner tus cimientos sobre malaquita,
y tus bases sobre zafiro;
haré de rubís tus almenas, tus puertas de diamantes,
y de piedras preciosas toda tu muralla.
A tus hijos los instruirá el Señor, gozarán de gran prosperidad.
Estarás completamente a salvo, libre de opresión y de temor,
ningún terror te inquietará. (Is. 54, 5-14)

¡Uf! Este texto es tremendo. ¿Has leído bien? ¡Enamorado de ti! ¡Un Dios enamorado! ¡Qué hermosura! Mira por donde que me ha dado por pensar que a Dios nunca lo representamos con ojos de enamorado. Las imágenes de la Trinidad suelen representarlo como un Dios enfadado, y vale, el texto admite que tuvo su arrebato de ira, pero ¿y lo que nos viene a decir? “mi amor por ti es eterno”.

Dios nos nos ha creado para olvidarse de nosotros, de ti. No se muestra como Dios de vivos para olvidarse de nosotros, no nos da la libertad para zafarse de nosotros. No. Dios nos ama, nos quiere, con un amor eterno, no un amor sensiblero o pasajero. Nada podrá cambiar su amor por nosotros. Y cómo no, me vienen a la memoria escenas en las que Jesús sorprende a todos, seguidores y detractores, con su actitud amorosa. Cuando le llevan una mujer sorprendida en adulterio, cuando se encuentra con la mujer encorvada, la que tenía hemorragias y estaba por tanto “contaminada”, cuando toca a los leprosos… ¡Tanto amor que transforma el mundo! ¡Tanto amor que Dios nos propone también para con nuestros hermanos!

Con esta noticia todo cambia, ¿no? ¡Todo! ¿De qué tener miedo? ¿De qué defenderse? ¿De qué huir si es Dios Quien está enamorado de tí?

Lee y vuelve a leer el texto una y otra vez hasta que se impregne todo tu ser de él, hasta que todas las excusas desaparezcan ante la certeza del Amor de Dios derramado en ti…

Te dejo con este bello poema:

Cuando me llamas
por mi nombre,
ninguna otra criatura
vuelve hacia ti
su rostro
en todo el universo.
Cuando te llamo
por tu nombre,
no confundes mi acento
con ninguna otra criatura
en todo el universo.

¡ Un abrazo enamorado!

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Sábado santo (quinta carta) 26 marzo, 2016

sábado, 26 de marzo de 2016
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sabadosanto5¡Hola de nuevo!

Aquí seguimos, ¿te has dado cuenta que la gran revelación, Dios nos ama, está en la mitad de las siete lecturas? Es como si todo señalase hacia ella. Y tú me dirás, -“vale, pero qué hago yo con el Amor de Dios, ¿cómo puedo responder? ¿quién soy yo más que una pulguita en todo el universo?¿cómo voy a ser capaz de captarlo?”-

La respuesta está en el texto que viene a continuación. Verás lo que dice:

Venid por agua todos los sedientos;
venid aunque no tengáis dinero;
comprad trigo y comed de balde,
vino y leche sin tener que pagar.
¿Por qué gastáis el dinero en lo que no sacia,
el salario en lo que no quita el hambre?
Escuchadme atentamente y comeréis bien,
os deleitaréis con manjares.
Prestad atención, venid a mí;
escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros una alianza perpetua,
seré fiel a mi amor por David.
Yo le constituí mi testigo ante los pueblos,
caudillo y señor de las naciones;
llamarás a un pueblo desconocido,
un pueblo que te ignora correrá hacia ti,
porque te honra el Señor, tu Dios,
el Santo de Israel.
Buscad al Señor mientras se deja encontrar,
invocadlo mientras está cerca.
Que la persona malvada abandone su camino,
y la criminal sus planes;
el Señor se apiadará de ella, si se convierte,
si se vuelve a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Porque mis planes no son vuestros planes,
ni vuestro caminos como los míos,
oráculo del Señor.
Cuanto dista el cielo de la tierra,
así distan mis caminos de los vuestros,
mis planes de vuestros planes.
Como la lluvia y la nieve caen del cielo,
y sólo vuelven allí después de haber empapado la tierra,
de haberla fecundado y hecho germinar,
para que dé simiente a quien siembra
y pan a quien come,
así será la palabra que sale de mi boca;
no volverá a mí de vacío,
sino que cumplirá mi voluntad y llevará a cabo mi encargo. (Is. 55, 1-11)

¿Ves? Parece sencillo ¿no? Dice ¡Venid! ¡Comed, Bebed! Escuchad atentamente, prestad atención. Invócalo. No te olvides tú de Él. Búscalo. Porque, se me está ocurriendo preguntarte ¿qué buscas? ¿Tú a quién buscas? Esta es la misma pregunta que hacía Jesús a la gente: “Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les dijo: -¿Qué buscáis?” (Jn. 1, 38)

Lo que nos propone Dios a través del texto es que hagamos una alianza con Él. ¿Sabes lo que significa la cruz roja y azul de la Orden Trinitaria? El color azul, que está en la parte horizontal, simboliza el lugar donde Dios habita, el color rojo es el amor. La cruz es una cruz griega, los dos palos, horizontal y vertical, son del mismo tamaño. El color rojo está por encima del azul y tiene un profundo sentido. Dios, se abre y derrama a la humanidad todo su Amor. Todo Él se derrama esperando que respondamos a su entrega. Es bonito, ¿verdad? Así que nos está esperando, te está esperando, ¿qué respondes? Jesús fue concebido gracias al Hágase de su madre, y toda su vida fue un “hágase” a su Padre, hasta el final…. ¿Quieres hacer una alianza perpetua con tu Dios? Ya sé que es una pregunta muy comprometida, pero es que de tu respuesta depende toda tu vida.

Aquí te dejo, a solas con Dios, no me corresponde a mí escuchar vuestra conversación.

¡Un abrazo grande!

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Sábado santo (sexta carta). 26 marzo, 2016

sábado, 26 de marzo de 2016
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sabadosanto6¡Buenas tardes!

¿Ya has comido? Espero que sí porque si no a estas alturas tendrás la glucosa por los suelos. ¿Qué tal te está resultando el día? Parece mentira pero ya estamos en la sexta carta, casi terminando nuestro paseo.

Seguimos en el exilio, con el pueblo de Israel lejos de su tierra, intentando mantener su cultura en un lugar extraño. Y no están muy animados que se diga. Dios había prometido una gran descendencia a Abrahán, se había revelado como un enamorado, con un Amor eterno… pero como que no lo ven. Y mucho menos en estas circunstancias. ¡Ay, la libertad! Ya te dije que nos cuesta ser libres. Hay quien reniega de Dios por creer que es como un gran ojo que está controlando todo lo que haces… ¡Una pena tener esa imagen de Dios! Al contrario, nunca te obligará, eso sí, puede seducir tu corazón, pero tú has de dejarte seducir. Lo que pasa es que a veces nos dejamos seducir por lo que nos dispersa y no lleva por caminos sin salida… Algo así le había pasado a los israelitas. Pero Dios, enamorado como está, ya dijo que no volvería a darnos la espalda, así que envía a su profeta Baruc para decirnos:

Escucha, Israel,
los mandamientos que dan vida.
Pon atención para aprender a discernir.
¿Por qué, Israel, te encuentras en país enemigo,
envejeces en tierra extranjera,
te has contaminado con los muertos
y estás entre los que bajan al abismo?
Abandonaste la fuente de la sabiduría.
Si hubieras seguido el camino de Dios, vivirías en paz para siempre.
Aprende dónde está el discernimiento,
dónde la fuerza, dónde la inteligencia,
dónde la vida prolongada, dónde la luz para los ojos y la paz.
Pero ¿quién ha encontrado su lugar,
quién ha penetrado en sus tesoros?
Sólo aquél que todo lo sabe, la conoce;
sólo él la escrutó con su inteligencia.
Aquél que asentó la tierra para siempre
y la pobló de animales cuadrúpedos;
él manda a la luz y ella hace caso, la llama y temblando le obedece.
Brillan los astros y se alegran en su puesto de guardia;
él los llama y responden:
“Aquí estamos” y brillan alegres para su creador.
Éste es nuestro Dios,
ningún otro cuenta al lado de él.
Él penetró los caminos de la sabiduría
y se los enseñó a Jacob, su siervo, a Israel, su preferido.
Después apareció la sabiduría sobre la tierra,
y convivió con los hombres.
Ella es el libro de los mandatos de Dios,
la ley que subsiste eternamente;
todos los que la guardan, tendrán vida,
los que la abandonan, morirán.
Vuélvete, Jacob, y abrázala, camina al resplandor de su luz.
No cedas a otro su gloria,
ni tus privilegios a nación extranjera.
Dichosos nosotros, Israel, porque se nos ha revelado
lo que agrada al Señor.(Ba. 3,9-15. 32-4,4)

¿Hace cuánto que nos has dedicado tu valioso tiempo a contemplar sencillamente una noche estrellada? Es todo un espectáculo, es como contemplar el Misterio de la Creación. En esos momentos es fácil imaginarse a las estrellas, como dice el texto, brillando alegres para su Creador. ¡Qué poético… y qué real! Me refiero a real en comparación con las luces de neón que suelen cegarnos para bombardearnos con sus seducciones. Pero cuando alguien ha descubierto la luz real, la de verdad, ¿cómo ceder a las otras lucecitas su protagonismo? El texto acaba con una bienaventuranza, ¿te has dado cuenta? ¡Dichosos nosotros! ¡Y tanto! ¿Cómo no sentirte una criatura bendecida cuando has descubierto dónde está la fuerza, la inteligencia, la vida prolongada, en paz, la luz para los ojos?

Me gustaría invitarte a “religionar” tu vida, la vida. Bueno, vale,  la palabra “religionar” me la acabo de inventar, viene de religión. Etimológicamente, religión tiene tres raíces distintas pero similares: releyere (releer), religare (religar) y reeligiere (reelegir). Sí, ya sé que la palabra religión está muy poco de moda. Por alguna razón suena a “códigodenormasaseguiralpiedelaletra”. Pero no es así. Religión, “religionar”, tiene que ver con el discernimiento del que habla este texto. Con releer tu propia vida, y la vida de la humanidad a la luz de la presencia de Dios, el Creador, descubrir que el Amor de Dios va uniendo, como un hilo conductor, o como el cemento, todos los acontecimientos de la vida, y me refiero a los bonitos y también a los duros y complicados. Y por fin reelegir la vida al ritmo del latir de Dios, comprometerse con sabiduría de la mano de tu Dios.

Cuenta el Evangelio de Lucas que Jesús iba un día por el camino y: “Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino pidiendo limosna.  Al oír que pasaba la gente, preguntó qué sucedía. Le dijeron que pasaba Jesús de Nazaret.  Él gritó: -¡Jesús, Hijo de David, compadécete de mí! Los que iban delante lo reprendían para que callase. Pero él gritaba más fuerte: -Hijo de David, compadécete de mí.  Jesús se detuvo y mandó que se lo acercasen. Cuando lo tuvo cerca, le preguntó: -¿Qué quieres que te haga? Contestó: -Señor, que recobre la vista. Jesús le dijo: -Recobra la vista, tu fe te ha salvado. Al instante recobró la vista y le seguía glorificando a Dios; y el pueblo, al verlo, alababa a Dios. (Lc 18, 35-41)

Esta vez me despido con una bendición que escuché hace poco y me encantó, en chocante y un desafío:

Que Dios te bendiga con la INCOMODIDAD,
frente a las respuestas fáciles, las medias verdades, las relaciones superficiales,
para que seas capaz de profundizar dentro de tu corazón.
Que Dios te bendiga con la IRA,
frente a la injusticia, la opresión y la explotación de la gente,
para que puedas trabajar por la justicia, la libertad y la paz.
Que Dios te bendiga con LÁGRIMAS,
para derramarlas por aquellos que sufren el dolor, el rechazo, el hambre y la guerra,
para que seas capaz de estar a su lado,
reconfortándolos y convertir su dolor en alegría.
Que Dios te bendiga con suficiente LOCURA,
para creer que Él puede hacer diferente este mundo con tu pobreza,
para que creas que Dios puede lo que otros proclaman imposible.
Que Dios te bendiga con la NOCHE,
para que tus ojos se abran a una luz mayor, a una verdad por descubrir,
para que te haga entrar en comunión con la noche de los que ahora no ven,
para que descubras una mirada que siempre ha estado y siempre estará.
Que Dios te bendiga con la SOLEDAD Y EL ABANDONO de todos,
para que empieces por fin a darte cuenta de quiénes son y de quién eres tú,
para que te descubras en tu desnuda verdad y aprendas a AMAR.
Que Dios te bendiga con el CANSANCIO,
para que, por fin, descanses de ti mismo y de lograr,
para que aprendas a respirar, a estrenar, para que Dios descanse en ti y contigo.
Que Dios te bendiga con la POBREZA, la DESNUDEZ y el VACÍO que te asusta,
para que gustes la verdadera riqueza, el don inapreciable,
y te dejes arropar y evangelizar por los pobres,
Señor, bendíceme, bendícenos a todos, nuestras hermanas y hermanos, con lo que tú
sabes más necesitamos, con lo que tú más necesitas, COMO A TI TE DÉ LA GANA…

¡Un abrazo en la Luz que pronto celebraremos!

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Sábado santo (séptima y última carta). 26 marzo, 2016

sábado, 26 de marzo de 2016
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sabadosanto7¡Hola!

Vaya, parece que la carta anterior me ha quedado un poco larga, ¿no? Es por que quise añadir esa bendición, ¿a que te ha gustado? Es un regalo para que la guardes y la leas de vez en cuando.

“En el arte de caminar lo importante no es no caer, sino el no permanecer caídos; levantarse enseguida y continuar adelante”. Así hablaba el Papa Francisco a unos estudiantes. Y me parece una buena manera de acoger la vida. Ya termino esta serie de cartas que te he escrito para acompañarte en este sábado santo de tanta expectación. El último texto de la Palabra de Dios nos habla de continuar adelante a pesar de las meteduras de pata. De volver a empezar. Dios nos anuncia que hará todo nuevo. Lo que más me impresiona de este texto es el final “vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios” Es como darnos la identidad, porque un poco antes Dios nos dice que infundirá su espíritu en nosotros. ¿Qué más puede hacer por sus criaturas?

Recibí esta palabra del Señor:
Hijo de hombre,
cuando el pueblo de Israel habitaba en su tierra
la profanó con su conducta y sus acciones.
Yo me enfurecí contra ellos,
por haber cometido tantos asesinatos
y haberse contaminado rindiendo culto a los ídolos.
Yo los he dispersados entre las naciones,
los he esparcido por diversos países;
los he juzgado según su conducta y sus acciones.
Al llegar a las diversas naciones, profanaron su santo nombre,
pues decían de ellos:
“Son el pueblo del Señor y han tenido que abandonar su tierra”.
Así que yo tuve que defender mi santo nombre profanado
por el pueblo de Israel entre las naciones a las que fue.
Por eso, di a los israelitas:
Esto dice el Señor:
No hago esto por vosotros, pueblo de Israel,
sino por mi santo nombre que vosotros habéis profanado en medio de las naciones adonde fuisteis.
Haré que sea reconocida la grandeza de mi nombre,
que vosotros profanasteis entre las naciones.
Así, cuando haga que por medio de vosotros sea reconocida mi grandeza en presencia de las naciones, sabrán que yo soy el Señor.
Oráculo del Señor.
Os tomaré de entre las naciones donde estáis,
os recogeré de todos los países y os llevaré a vuestra tierra.
Os rociaré con agua pura y os purificaré
de todas vuestras impurezas e idolatrías.
Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo;
os arrancaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.
Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que viváis según mis mandamientos,
observando y guardando mis leyes.
Viviréis en la tierra que di a vuestros antepasados;
vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios. (Ez 36, 16-17a. 18-28)

¿Se puede hacer algo más? Sí, se puede, y Dios lo hizo, se hizo una persona como cualquiera de nosotras. Y nos enseñó en carne y hueso lo que por medio de los textos que hemos leído quería trasmitirnos. Dios es nuestro creador, Dios de vivos, quien nos da la libertad, quien nos ama eternamente, quien nos propone una alianza perpetua y quien nos revela nuestra más íntima identidad. Somos pueblo de Dios y también somos hijas de Dios. ¿Tú no has oído en tu corazón: “eres mi hija amada, mi hijo amado?

Lo más real de la es el amor. Que nadie ni nada te haga olvidar esta gran verdad. Y a partir de ahora, tienes 50 hermosos días para impregnarte del aroma de la Pascua, de la resurrección, de la Vida.

Nada más, me despido. Ha sido un placer compartir este día contigo. Nos encontraremos esta noche en la Vigilia Pascual, con un montón de personas más que saben, como tú y como yo, dónde está la Luz que alumbra el Amor.

¡Un abrazo lleno de Vida!!!

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Viernes Santo.

viernes, 25 de marzo de 2016
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Camino del CalvarioDe Koinonia:

Isaías 52,13-53,12

Él fue traspasado por nuestras rebeliones

Mirad, mi siervo tendrá éxito,
subirá y crecerá mucho.
Como muchos se espantaron de él,
porque desfigurado no parecía hombre,
ni tenía aspecto humano,
así asombrará a muchos pueblos,
ante él los reyes cerrarán la boca,
al ver algo inenarrable
y contemplar algo inaudito.
¿Quien creyó nuestro anuncio?,
¿a quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote,
como raíz en tierra árida,
sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado de los hombres,
como un hombre de dolores,
acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultan los rostros,
despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso,
herido de Dios y humillado;
pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre él,
sus cicatrices nos curaron.
Todos errábamos como ovejas,
cada uno siguiendo su camino;
y el Señor cargó sobre él
todos nuestros crímenes.
Maltratado, voluntariamente se humillaba
y no abría la boca;
como cordero llevado al matadero,
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.
Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,
¿quién meditó en su destino?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
Le dieron sepultura con los malvados,
y una tumba con los malhechores,
aunque no había cometido crímenes
ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
y entregar su vida como expiación;
verá su descendencia, prolongará sus años,
lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
el justo se saciará de conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos,
porque cargó con los crímenes de ellos.
Le daré una multitud como parte,
y tendrá como despojo una muchedumbre.
Porque expuso su vida a la muerte
y fue contado entre los pecadores,
él tomo el pecado de muchos
e intercedió por los pecadores.

*

Salmo responsorial: 30

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle, y escapan de mí. /
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cachorro inútil. R.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: “Tú eres mi Dios.”
En tu mano están mis azares;
líbrame de los enemigos que me persiguen. R.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón, /
los que esperáis en el Señor. R.

*

Hebreos 4,14-16;5,7-9

Aprendió a obedecer
y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación

Hermanos: Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado con todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

 

*

Juan 18,1-19,42

Pasión de N.S.Jesucristo según san Juan

C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús sabiendo todo lo que venia sobre él, se adelanto y les dijo:

+. “¿A quién buscáis?”

C. Le contestaron:

S. “A Jesús, el Nazareno.”

C. Les dijo Jesús:

+. “Yo soy.”

C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: “Yo soy”, retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:

+. “¿A quién buscáis?”

C. Ellos dijeron:

S. “A Jesús, el Nazareno.”

C. Jesús contestó:

+. “Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.”

C. Y así se cumplió lo que había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me diste.” Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:

+. “Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?”

* Llevaron a Jesús primero a Anás

C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.” Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:

S. “¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?”

C. Él dijo:

S. “No lo soy.”

C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentÁndose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contesto:

+. “Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.”

C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:

S. “¿Así contestas al sumo sacerdote?”

C. Jesús respondió:

+. “Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?”

C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

¿No eres tú también de sus discípulos? No lo soy

C. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:

S. “¿No eres tú también de sus discípulos?”

C. Él lo negó, diciendo:

S. “No lo soy.”

C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

S. “¿No te he visto yo con él en el huerto?”

C. Pedro volvió a negar, y enseguida canto un gallo.

Mi reino no es de este mundo

C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en le pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:

S. “¿Qué acusación presentáis contra este hombre?”

C. Le contestaron:

S. “Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.”

C. Pilato les dijo:

S. “Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.”

C. Los judíos le dijeron:

S. “No estamos autorizados para dar muerte a nadie.”

C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

S. “¿Eres tú el rey de los judíos?”

C. Jesús le contestó:

+. “¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?”

C. Pilato replicó:

S. “¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mi; ¿que has hecho?”

C. Jesús le contestó:

+. “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.”

C. Pilato le dijo:

S. “Conque, ¿tú eres rey?”

C. Jesús le contestó:

+. “Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.”

C. Pilato le dijo:

S. “Y, ¿qué es la verdad?”

C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:

S. “Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?”

C. Volvieron a gritar:

S. “A ése no, a Barrabás.”

C. El tal Barrabás era un bandido.

* ¡Salve, rey de los judíos!

C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los saldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:

S. “¡Salve, rey de los judíos!”

C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

S. “Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.”

C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:

S. “Aquí lo tenéis.”

C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:

S. “¡Crucifícalo, crucifícalo!”

C. Pilato les dijo:

S. “Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.”

C. Los judíos le contestaron:

S. “Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.”

C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:

S. “¿De donde eres tú?”

C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:

S. “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?”

C. Jesús le contestó:

+. “No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.”

¡Fuera, fuera; crucifícalo!

C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:

S. “Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.”

C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman “el Enlosado” (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:

S. “Aquí tenéis a vuestro rey.”

C. Ellos gritaron:

S. “¡Fuera, fuera; crucifícalo!”

C. Pilato les dijo:

S. “¿A vuestro rey voy a crucificar?”

C. Contestaron los sumos sacerdotes:

S. “No tenemos más rey que al César.”

C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

Lo crucificaron, y con él a otros dos

C. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado “de la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: “Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.” Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

S. “No escribas: “El rey de los judíos”, sino: “Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos.””

C. Pilato les contestó:

S. “Lo escrito, escrito está.”

Se repartieron mis ropas

C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba a abajo. Y se dijeron:

S. “No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca.”

C. Así se cumplió la Escritura: “Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica”. Esto hicieron los soldados.

Ahí tienes a tu hijo. – Ahí tienes a tu madre

C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:

+. “Mujer, ahí tienes a tu hijo.”

C. Luego, dijo al discípulo:

+. “Ahí tienes a tu madre.”

C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Está cumplido

C. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:

+. “Tengo sed.”

C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

+. “Está cumplido.”

C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

*Todos se arrodillan, y se hace una pausa

Y al punto salió sangre y agua

C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: “No le quebrarán un hueso”; y en otro lugar la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron.”

Vendaron todo el cuerpo de Jesús, con los aromas

C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

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Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy

(24 de marzo de 1978)

Queridos hermanos:

Después de escuchar la palabra de Dios en esta tarde del Viernes Santo, narrándonos la tragedia del Calvario, mejor sería guardar silencio y con el corazón agradecido adorar al Divino Redentor. Pero es necesario, es obligación del celebrante, aplicar esta palabra eterna a los que estamos viviendo esta ceremonia. Y es que la liturgia no es simplemente un recuerdo, la liturgia es actualización; aquí en la Catedral esta tarde de marzo de 1978, Cristo nos está ofreciendo la fuente inagotable de su redención a los que hemos venido con fe, con esperanza, a contemplar este misterio de la redención.

Es como si en este momento lo que se acaba de leer estuviera pasando aquí ante nuestros ojos y fuéramos nosotros los que nos estamos salpicando con esa sangre que se derrama en el Calvario. Las tres preciosas lecturas nos dan la medida sin medida de este gesto de amor que se llama la redención.

La primera lectura nos presenta el abatimiento de Cristo hasta la profundidad de una humillación que no tiene nombre. La segunda lectura, carta a los Hebreos exalta ese personaje humillado en la cruz hasta las alturas del cielo hecho pontífice supremo de nuestra salvación. Y el precioso relato de la pasión que los jóvenes seminaristas acaban de hacer, nos dice cómo sucedió todo esto: la humillación y la exhaltación. Leer más…

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Viernes Santo. Quiero ayudarte, Dios mío, para que no me abandones

viernes, 25 de marzo de 2016
Comentarios desactivados en Viernes Santo. Quiero ayudarte, Dios mío, para que no me abandones

ayudar a DiosDel blog de Xabier Pikaza:

Una estación del Via-Crucis de este Viernes Santo presenta a Simón de Cirene ayudando a Dios a llevar la cruz de Jesús hasta el Calvario (Mc 15, 20-21). También nosotros podemos ayudar a Dios, para que él puede llevar así su Gran Cruz de Viernes Santo, como pidió y dijo de forma emocionada Etty Hillesum, amiga de Jesús, gran creyente, en su Calvario de Auschwitz.

Jesús de Nazaret gritó a su Dios, como creyente judío y mesías de los hombres: Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado? (Mc 15, 34). Así había orado el Salmista (Sal 22, 2). Así han seguido orando los judíos de Auschwitz, los sirios de Lesbos o Igoumene, a las puertas de Europa, los belgas de la estación de Bruselas.

Éste es el grito del Viernes Santo, cuando el mismo sol se oscurece y la tierra choca, tiembla y se parte ante el dolor de Dios en la vida y muerte (sobre todo, en la muerte injusta) de los hombres, a lo largo y a lo ancho de la geografía humana, que no es solo Bruselas, sino Afganistán, Irak y Siria, con el mundo entero.
Etty Hillesum
El mundo entero grita, con gemidos inefables, la entera creación, como sabía y dijo San Pablo en Rom 8, pidiendo la “filiación”: Que podamos ser y seamos todos hijos de Dios. En ese dolor de parto de Dios vivimos, aguardando la reconciliación completa.

La mejor palabra que encuentro este Viernes Santo, con el Evangelio de la Pasión de Marcos y Mateo…, es la E. Hillesum, judía mesiánica, fascinada por Jesús, cuando la llevaban a la cruz de la cámara de gas en el campo de concentración de Auschwitz, aquellos que querían construir una Europa sin Dios, es decir, sin judíos, gitanos, ni razas inferiores… (1943).

‒ Etty, esta nueva Ester bíblica, no se atrevió a decirle a Dios, como Jesús: Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?, quizá porque se sintió demasiado pequeña para eso.

‒ Pero le dijo unas palabras muy cercanas de emoción de Viernes Santo, ante la muerte, en un mundo convertido en campo de concentración y cámara de gas, por obra de los “sabios” nazis: Quiero ayudarte, Dios mío, para que no me (nos) abandones.

1263b76aa36239faf6aa184cbe65bce4Ésta es, quizá, la más honda interpretación del Viernes Santo que conozco, la oración más honda de los últimos decenios. Ahí la dejo, comentada en dos partes:
— Una sobre la Cruz de Dios, del Dios de Jesús, que es Viernes Santo
— Otra sobre la misma Etty Hillesum, a quien recuerdo esta mañana de Via-Crucis, como judía amiga de Jesús.

LA CRUZ DE DIOS

1. Un mundo de cruces.

Dios ha creado hombres libres, personas llamadas a ser y responderle en libertad, pero capaces de pecar, convirtiendo el mundo en una gran Cruz. De esa forma se ha arriesgado con nosotros. ¿Por qué lo ha hecho, permitiendo que nos matemos unos a otros desde Caín y Abel? ¿Quizá no nos ama? ¡Al contrario! Él nos ama infinita¬mente y quiere que podamos responderle en amor y dialogar con él, acompañándole en su tarea de crear el mundo.

Sólo en este contexto podemos hablar de la misericordia de Dios y con Dios, y lo hacemos con palabras y experiencias que provienen del Antiguo Testamento. Como Padre que nos quiere, nos ha puesto Dios en una tierra austera, bella, fuerte y frágil, y ha previsto, sin duda, nuestros fallos: El rechazo cotidiano de pensarnos dueños de todo, y, en especial, el deseo de dominar a otros hombres con injusticia… Todo eso está vinculado a la Cruz de su hijo Jesús, y las cruces de los hombres.

Dios lo ha tenido en cuenta, ha previsto los miles de millones de cruces hambre y epidemia, de asesinatos y guerras… y a pesar de eso ha querido hacernos libres. ¿Por qué? ¿Porque no le interesamos? ¡Al contrario! Porque le interesamos muchos, y quiere que vayamos caminando, y lo hace él con nosotros, aunque muchos perezcan en la marcha… sabiendo que él mismo muere también en ellos. No quiere que marchemos solos, y así va nosotros, para sostenernos en nuestras caídas, esperando que también nosotros le sostengamos, pues siendo omnipotente él se ha vuelto creatura frágil y misericordioso, como han dicho de manera impresionante los profetas como Isaías.

2. E. Hillesum. Tener misericordia de Dios.

De todas formas, por mucho que Isaías clame, el Dios del Antiguo Testamento sigue estando de alguna forma lejos: No ha sufrido nuestra historia, no ha sentido nuestra angustia, no ha vivido en nuestra carne, no ha luchado ni anhelado en esta masa de tensiones, esperanzas y rupturas que formamos sobre el mundo, de manera que no sabe lo que es vivir en desgarro, morir en cruz siendo inocente… Por muy cercano que sea, ese Dios no puede acompañarnos del todo, ni ser acompañado por nosotros.

Pero los cristianos confesamos que ese mismo Dios ha dado su paso final en Jesucristo, haciéndose plenamente humano, de manera que ha sufrido en la Cruz el máximo abandono, y ha preguntado desde allí al mismo Dios: ¿Por qué me has abandonado? (Mc 15, 34).

¿Por qué “abandona” Dios a los que sufren, a millones y millones, condenados al hambre o a la cámara de gas por la maldad de otros “hermanos”? Entre las propuestas de respuesta que se han dado a esa pregunta destaca la E. Hillesum (1914-1943), condenada a muerte, en un campo de concentración:

Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones, pero no puedo asegurarte nada por anticipado. Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: Que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos (cf. Una vida compartida, Anthropos, Barcelona 2007, 142).

“Te ayudaré para que no me abandones”. Así dice esta judía enamorada del Dios de Jesús, desde un campo de exterminio nazi, descubriendo su vocación de acompañar y de ayudar con su misericordia al mismo Dios de la misericordia.

Ella ha visto así que Dios se ha encarnado y sufre en la entraña de de unos hombres y mujeres empeñados en matarle, descubriendo su más alta vocación, que es consolar al Dios que sufre, desde una infame cárcel de muerte. Éste ha sido y sigue siendo un signo supremo de la misericordia, y sólo una mujer, como Hillesum, ha podido descubrirlo, para que también otros podamos compartir su ejemplo.

3. Una tarea de Dios.

E. Hillesum ha descubierto y proclamado de esa forma una experiencia y tarea que sólo algunos grandes cristianos, como Juan de la Cruz, habían puesto de relieve, al decir que podemos y debemos tener misericordia de Dios, como él la tiene de nosotros, haciendo así en él (por él) lo que él hace en nosotros (Comentario Cántico Espiritual B, 39). Ciertamente, él nos consuela, sufriendo con nosotros. Pero nosotros debemos también consolarle, caminando a su lado en amor, muriendo incluso por él y con él, como Jesús. Leer más…

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«Vía crucis en directo», por Carlos Osma

viernes, 25 de marzo de 2016
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viacrucisDe su blog Homoprotestantes:

El asesinato de Jesús no tuvo nada de especial, ninguna de las personas que lo vieron pasar arrastrando una cruz pensaron que aquel era un momento único en la historia de la humanidad. Mientras Jesús se comportó como un predicador itinerante más o menos provocador en Galilea, su vida no corrió peligro, pero cuando se atrevió a enfrentarse en Jerusalén con los poderes de su tiempo, el religioso y el político, acabó muriendo como muchas otras personas incómodas han acabado a lo largo de la historia. Los discursos liberadores tienen el recorrido que tienen, y son eliminados cuando el poder los considera demasiado peligrosos para su supervivencia.

Podríamos hacer una lectura de corto recorrido, centrada en nuestras miserias, y diríamos que así somos todos los seres humanos cuando detentamos el poder; por pequeño y limitado que sea nunca estamos dispuestos a que nos lo arrebaten. Los egos son lo que tienen, incluso los cobardes intentan mantener a toda costa su espacio de influencia, y sonríen y te llaman hermano mientras te clavan por la espalda el puñal de su impotencia, de su mediocridad. No hay nada más peligroso en este mundo que una persona que vive con el ego herido, esperará el momento más oportuno para traicionar a quien cree puede hacer lo que él jamás se atrevió a ni a pensar.

Pero del asesinato de Jesús no quiero detenerme en las traiciones de los que estaban más cerca, en las personas que no supieron estar a la altura, en los miedos, los egos, las cobardías, en todos aquellos comportamientos que hicieron que al final Jesús se enfrentara sólo al verdadero poder que acabo con su vida. Porque es eso lo que nos ocurre normalmente, que nos quedamos en lo anecdótico y nos olvidamos de poner nombre a los verdaderos responsables de las injusticias.

Vivimos en un mundo donde el poder religioso y el político han perdido su hegemonía, ahora es el poder económico el que hace y deshace, el que se lanza a la yugular de quienes intentan denunciar su tiranía, y si hace falta los crucifica para que sirva de escarmiento. Y esto pasa todos los días, a nuestro lado, delante de nuestras narices, sin que parezca que podamos hacer nada para remediarlo. Y las crucificadas y los crucificados pueden ser cualquiera: una persona que no puede pagar una hipoteca, un partido político que hable de recuperar el estado del bienestar, o un país que prefiere destinar sus recursos a la gente que a pagar las deudas de los bancos.

Esta Semana Santa no es necesario que salgamos a las procesiones o vayamos a la Iglesia para recordar a Jesús cargando con su cruz hacia el martirio. Podemos hacerlo sentados en el sofá de casa, desde allí somos testigos del vía crucis de las millones de personas que huyen de la guerra de Siria. Vemos niños muertos en una orilla, personas que viven en campos de refugiados en condiciones inhumanas, jóvenes que intentan saltar las alambradas con las que una Europa inhumana se defiende. Y podemos creer que no hay otra solución, que es necesario mantener nuestra seguridad. O podemos pensar que es una injusticia y colaborar de alguna manera para arrastrar durante unos días la cruz de los desplazados. Un vía crucis en directo, televisado para todos los públicos, subiendo las audiencias de las televisiones, y creando debate, opiniones enfrentadas, ruido, mucho ruido, mientras comemos patatas fritas y bebemos coca cola en nuestro salón. Ser hoy en día la turba que grita a los crucificados es mucho más interesante y cómodo que en el siglo primero, y además tiene la ventaja de que no nos perdemos ni un solo plano de su agonía.

Si este éxodo sirio hubiese tenido lugar hace diez o quince años cuando Europa no vivía una crisis económica tan fuerte, los refugiados hubieran sido bienvenidos, se les hubiera puesto una alfombra roja para acompañarlos a sus puestos de trabajo. Hace diez o quince años la maquinaría europea necesitaba mano de obra, necesitaba combustible, seres humanos que le permitiesen seguir creciendo y aumentando los beneficios. Pero actualmente los refugiados sirios son una amenaza grave para la recuperación económica. En la zona euro la tasa de paro supera el diez por ciento de la población, pero en países como España es más del doble. Se habla de una tímida recuperación económica, pero hay analistas que vaticinan que estamos avocados a una recesión aún mayor, por eso el poder económico intenta defenderse de quienes lo amenazan. Y esa amenaza, por mucho que nos cueste aceptarlo viéndolos mojados y tiritando de frío por televisión, son los millones de refugiados sirios que vienen a nuestro continente huyendo de la muerte.

Hace unas décadas se nos vendió que la Unión Europea era la mejor manera de avanzar, de construir una Europa más justa, y creo que la mayoría nos lo creímos. Por una parte sabíamos que en el fondo se trataba sólo de una unión económica, pero pensábamos que si la economía iba bien eso se traduciría en una mayor redistribución de la riqueza. La crisis económica de los últimos años nos ha impedido seguir creyendo esa mentira, y nos ha mostrado que lo importante es sólo la economía, no la gente. Lo importante es que las grandes multinacionales, los bancos y los inversores sigan ganando dinero aunque eso signifique recortar derechos o hacer vivir en la indigencia a millones de personas. Actualmente hay una opinión generalizada de que el Estado de Bienestar es insostenible y que las europeas y los europeos tenemos que renunciar a derechos para que la Unión Europea pueda seguir siendo una maquina económica eficiente.

Hoy en día ya sabemos que tal y como esta concebida la Unión Europea es un peligro para quienes vivimos en cualquiera de los países que la conforman. Ha quedado clara su inhumanidad, mirando la bolsa y los balances bancarios antes que el bienestar de sus ciudadanos o de los desplazados que se acercan para pedir ayuda, y haciéndonos creer que es necesario que el poder económico siga teniendo beneficios astronómicos para que se pueda percibir una tímida recuperación en la economía de las familias. La Unión Europea es un arma en manos del poder económico que controla los gobiernos y sus políticas, y es ella misma la que cada día crea más euroescepticismo. ¿Es posible poner a los ciudadanos europeos por delante de los lobbys económicos? ¿Es posible enfrentar el éxodo sirio sin ver en él una amenaza? ¿Es posible una Unión Europea de las personas y no de los mercados? Si fuera posible volveríamos a tener la ilusión que creó en nosotros hace unas décadas su ingreso dentro de ella. Pero si su esencia netamente al servicio de la economía lo hace imposible, sería mejor abandonarla.

Nuestras cruces, esas que arrastramos, o que vemos arrastrar a otras personas, están creadas por intereses económicos. Unos intereses a los que no les importa una familia desahuciada en Barcelona, o otra que se muere de frío en un campo de refugiados en Lesbos. La fe cristiana es de por sí una denuncia de cualquier poder que crucifica a quienes le amenazan. La fe cristiana habla de resucitar a las víctimas, de retornar la dignidad a los crucificados, de reencuentros de los marginados y desplazados con sus familias, sus amigos… La fe cristiana habla de liberación de las personas de cualquier poder opresor. Por eso estos días sólo cabe la denuncia de la Unión Europea que de manera diabólica se olvida de las víctimas y se niega a tratarlas como seres humanos. Si el bienestar de los ciudadanos y las ciudadanas, o de las personas que se acercan a nuestros países, no son el centro de todo, no es lo prioritario; si sólo podemos seguir construyendo más Europa para el beneficio económico de unos pocos, entonces nuestra fe en un Jesús crucificado nos empuja hacia una resurrección fuera de este poder opresor, fuera de la Unión Europea.

Carlos Osma

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Encuentro de Jesús y María camino del calvario

viernes, 25 de marzo de 2016
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image_content_3596628_20150909153010Carmen Herrero Martínez, Fraternidad Monástica de Jerusalén, soeurcarmen@gemail.com
Tenerife

ECLESALIA, 25/03/16.- «Vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante al dolor que me atormenta» (Lm 1, 12). Estas palabras de la Santas Escrituras, se las podemos aplicar hoy a la Madre Dolorosa, la Madre del Redentor del mundo, Jesús.

En el camino hacia el Calvario Jesús se encuentra con María, su madre; y María se encuentra con Jesús, su hijo amado, su predilecto, salido de sus entrañas. El intercambio de midas es intenso, profundo, lleno de amor y de ternura; desde el silencio amante y compasivo. La mirada es el lenguaje más profundo e intimo entre os seres que se quieren. En este encuentro no hay palabras, la sola palabra es la mutua mirada que expresan el dolor intenso y profundo que hijo y madre viven. El dolor de la madre por su hijo ajusticiado, llevado al suplicio de la muerte, sin causa alguna; es profundo, indecible. El inocente, es condenado por los culpables, y la madre conocedora de la mentira que traman, asume desde la fe y el abandono el designo del Padre. La profecía de Simeón se ha cumplido: “una espada traspasará tu alma” (Lc 2, 35). Pero María, mujer de fe y esperanza, asume este momento, desde la certeza de que la muerte no es el final para su hijo. ¿Cómo va a morir el que es la Vida? No, ¡esto es un absurdo! ¡Poderoso como es Dios, él vendrá en su ayuda!

«No temas María, Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin” (Lc 1,32). Estas palabras, se las había dicho el ángel a María, y ella cree contra toda esperanza. Y desde esta certeza y esperanza, María, con su tierna mirada, infunde en su hijo, ánimo, fortaleza y confianza en el Padre que es quien sostiene su vida y dirige la historia de la salvación. María confía y adora el plan del Padre, aunque humanamente no lo comprenda. En medio de la profunda soledad de la Pasión de Jesús, María ofrece a su Hijo un bálsamo de ternura y una fidelidad incondicional. Madre e hijo están íntimamente unidos y nada podrá impedirles de llevar a cabo la voluntad del Padre. María dijo “Hágase en mí según tu palabra” y el hijo: “Heme aquí, Señor, para hacer tu voluntad” Y madre e hijo serán files hasta el extremos a este palabra dada.

Si el corazón de María está traspasado por la lanza del dolor, no es menos el dolor que atraviesa el corazón del Hijo, al ver a su madre tan afligida y sumergida en tan profundo dolor. El verdadero amor hace suyo el dolor del ser amado. Y este es el caso de Jesús y María: cada uno hace propio el dolor del otro. Madre e hijo se funden en un mismo hágase tu voluntad, ofrecido al Padre por la salvación del género humano. María al decir Fiat en la Anunciación, María asumió con todas las consecuencia, la historia de su propio hijo, haciéndola suya. Porque María es madre, sufre profundamente; y quiere abraza y llevar la cruz junto con su divino Condenado en el camino hacia el calvario. Pero no solamente abraza a Jesús, sino que en su corazón, abraza a los hombres y mujeres de todos los tiempos. Sintamos, pues, mirados con ternura y acompañados por María, nuestra Madre.

La Iglesia llama a María: “corredentora con Cristo”, porque, de alguna manera, ella también murió en la cruz con su Hijo. No de una manera cruenta; pero sí de una manera mística. María, recorrió el camino del calvario y estuvo al pie de la cruz acompañando a su hijo amado, haciendo suya la pasión y muerte del hijo, salido de sus entraña. La pasión del hijo es la pasión de la madre. Y la muerte del hijo es la muerte de la madre.

Señor, Jesús, como María tu madre, también nosotros queremos acompañarte, ofrecerte nuestra compañía y nuestro tierno amor, estando a tu lado en este camino en el que el dolor te desfigura y la cruz te aplasta.

En ti, también queremos acompañar a tantos hermanos y hermanas que el dolor los tiene hundidos, desfigurados, sin poderse levantar ni mirar al horizonte, sin encontrar una mirada que les dé fortaleza para seguir caminando. Para ellos te pedimos la fe y la esperanza, y una Madre buena que les mire con amor y les acompañe en su sufrimiento. Y a Ti, María, Madre del Fiat, del Amén, concédenos tu fe y confianza en los planes de Dios, Padre, aunque no siempre los comprendamos. Y consuela a tantas madres como sufren las “pasión” de sus hijos y ayúdales a llevar la cruz con tu presencia amante

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Reflexión del Viernes Santo 25 marzo, 2016

viernes, 25 de marzo de 2016
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jesus-vazquezeroViernes Santo

“Ya sabes tú lo que Dios quiere de ti: que ames tiernamente, que practiques la justicia y que camines humildemente de la mano de tu Dios” (Mi 6,8)

Jesús el Maestro nos ha convocado a cada una/o por nuestro nombre en esta mañana. Se nos ofrece la oportunidad de vivir el desafío del amor, del AMOR con mayúscula.

Es este un día que nos incita a descubrir “lo que Dios quiere de ti, de mí”:

“Que ames tiernamente”.

Tenemos hoy una invitación al amor, a amar sin medida. Una invitación que nos hace Jesús que se entrega.

Las celebraciones de estos días nos van conduciendo paso a paso hacia la Pascua.

Estamos en la mañana del Viernes Santo continuando con la noche de oración-adoración que hemos vivido.

Estamos en territorio sagrado, Cristo está muriendo hoy por nosotros. Y esa muerte ahora mismo se está padeciendo en los muchos calvarios de nuestro mundo.

Mira hoy al crucificado con ojos nuevos, contempla, admira, déjate penetrar por la fuerza que emerge de una cruz en la que pende el AMOR.

Es un día para vivir atentos porque bien puede ser este día para ti “tierra sagrada” en el que Dios quiere comunicarte algo.

El ritmo de este día es de oración, reflexión. Os invito a cada uno a realizar un camino personal de interiorización y encuentro. Por ello os pido un clima de silencio que favorezca ese encuentro.

“Jesús, reunió a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. (Mc 8,34)

Cuando Jesús dice: Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga…, sentimos que Jesús nos está llamando a ser discípulas/ los, nos está llamando a acoger los planes de Dios Padre, y no a aferrarnos a nuestros impulsos, deseos, decisiones, a nuestros limitados sueños; sentimos que nos invita a seguirle…

Realmente Jesús es un enamorado del Reino y no tiene miedo a invitar, a llamar a la gente y a sus discípulos a entregarse a ese Reino, a construir un mundo mejor, a un compromiso radical…

Necesitamos amar tiernamente, también nosotros/as necesitamos enamorarnos del Maestro. Este el camino que hoy se nos ofrece: acoger el amor, la llamada de Jesús. Jesús nos seduce y esa seducción es tan potente que quien se deja cautivar por ella… se hace la pregunta de ¿qué me sirve ganar todo el mundo…?, como se la han hecho tantas y tantos que acabaron dejándolo todo para seguirle.

Amar tiernamente es un reconocer la necesidad que tenemos de amar y entregar el amor. Descubrir que el mundo necesita amor. Que necesita mi entrega-tu entrega al amor. Hoy, aquí, ante la cruz, Jesús nos pide respuesta a ese amor, a esa entrega generosa.

¡Que ames tiernamente! ¡Dios necesita de tu sí!

CONTEMPLAMOS JUNTOS tres actos de Jesús antes de su muerte.

Escucha con corazón abierto este texto del evangelio de Juan:

¡Tengo sed!

Sabiendo, Jesús, que todo se había cumplido, para que también se cumpliese la Escritura, exclamó: -¨tengo sed`. (Jn, 19,28).

Contemplemos hoy este texto dejando resonar en nuestro corazón como un eco: “ya sabes lo que Dios quiere de ti”.

Nos recuerda esto, a otro momento cuando a la mujer samaritana Jesús le dijo: Dame de beber. Y ante su sorpresa siguió ofreciéndole: el don de Dios que es agua viva. Todo el que bebe de esta agua, volverá a tener sed; en cambio el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed”(Jn4,7,10,13).

Y en otro lugar: “si alguien tiene sed que venga a mí y beba” (Jn7,37).

¿Cómo entender este grito: “tengo sed”?

Algo nos está entregando en esas palabras.

Jesús nos entrega su sed de amar, nos entrega el compromiso de hacer el Reino presente en este mundo, nos entrega su fidelidad al Padre; y nos invita a acoger el “don de Dios que es agua viva”.

Nos pide que calmemos su sed y nuestra sed: “si tienes sed ven a mí y bebe

Nos pide que calmemos la sed de nuestros hermanos, que les manifestemos que Él les ama.

`Todo está cumplido´.

Jesús es consciente de que está llegando al final de su vida. Y es consciente también de su fidelidad al Padre y de su fidelidad al Reino. Por ello puede decir con serenidad “todo está cumplido”. Jesús está completamente afianzado en la presencia del Padre en su vida, “es el Padre que vive en mí, el que está realizando su obra”(Jn14,10. “Yo les he enseñado lo que aprendí de ti”(Jn17,8). Por eso puede exclamar “todo está cumplido”. Esa confianza suya en el Padre la deposita en nuestras manos, nos invita a vivir en esa atmósfera de amistad, de familiaridad. Nos estimula a ir descubriendo en nuestro caminar diario el amor del Padre y a ser conscientes de que “el Padre está realizando su obra” en cada una, en cada uno de nosotros, porque “Él nos lo ha enseñado”. Es un camino hacia la justicia con las hermanas y hermanos. Ser solidarias/ os. No olvidar lo que el Maestro nos enseña acerca de poner el corazón, la mirada en el necesitado.

Entregó el espíritu

Tercera acción de Jesús que realiza antes de morir. Qué puede significar “entregó su espíritu”, más allá del hecho material de llegar a la muerte. Creo yo que Jesús está remarcando que en esa entrega suya de algo tan personal, como es su espíritu, nos está entregando la vocación de discípulas y discípulos suyos. Él, el Maestro, nos está dejando su misión en nuestras manos, como dice (Jn 15,4), “permaneced unidos a mí, como yo lo estoy a vosotros”. Esa entrega de su propia vocación, de su propia misión es una manifestación sugerente de aquellas palabras suyas “no me elegisteis vosotros a mí; fui yo quien os elegí a vosotros”, y de aquellas “lo que yo os mando es esto: que os améis los unos a los otros”.

Es un buen día hoy, ante el Crucificado, recordar a tantos hermanos nuestros que están muriendo mártires por su fe, por su amor a Cristo, por su amor al Padre.

Y para finalizar quiero confiaros lo que bulle en mi corazón:

Estamos en un momento privilegiado, fascinante. El Espíritu está “sacudiendo” a la Iglesia. El Espíritu ha hecho de este momento, un tiempo histórico. A través del Papa Francisco, ese mismo Espíritu, está llamando a la Iglesia a una gran Reforma. El Papa dijo: “la reforma continuará con determinación, lucidez y resolución”. Una Reforma que necesita mucha oración, mucha súplica a Dios Padre.

Esa Reforma, de alguna manera el Papa está invitando a la vida consagrada a empujarla, sostenerla, a afianzarla, a ponerse ella misma en profunda reforma, en la frontera para ser “llamada”- “reclamo” para el resto del Pueblo de Dios.

En mi corazón grita con fuerza que esta gran Reforma os necesita a vosotras/os jóvenes. Os necesita la Iglesia y os necesita la Vida Consagrada. Necesita vuestra entrega, vuestra fortaleza, necesita vuestro SI para ofrecer al mundo un nuevo rostro, una nueva manera de ser cristiana/no. La Vida Consagrada necesita de vuestras utopías, necesita de vuestros grandes sueños, necesita de vuestro amor entregado. Necesita de vuestro “aquí estoy”. La búsqueda de lo profundo, de la entrega es buscar a “un Dios sensible al corazón que hace feliz, y cuyo nombre es alegría, libertad y plenitud”

Esto es un ponernos delante del Dios de Jesús y como el mismo Jesús decirle: “Padre a tus manos encomiendo mi vida” (Lc23,46)

En este momento, dentro del ritmo del Triduo Pascual, podemos decir que estamos acompañando a Jesús en su agonía. ¡A este Jesús! que está agonizando ofrécele tu confianza, tu generosidad, el “aquí estoy” que Él espera.

“La respuesta que Jesús busca de ti no son las palabras. Él busca a las personas. Te busca a ti. No busca definiciones, sino compromiso. Jesús es el maestro del corazón, Jesús no da lecciones, no sugiere respuestas, te conduce con delicadeza a buscar dentro de ti y que puedas responder: ¡encontrarte ha sido la mejor cosa de mi vida! ¡Tú has sido lo mejor que me ha podido suceder”.

No tengas miedo:

“Ya sabes tú lo que Dios quiere de ti: que ames tiernamente, que practiques la justicia y que camines humildemente de la mano de tu Dios”.

Haz de este día un día de silencio y oración.

EN JESÚS LA MUERTE ES VIDA

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Jueves Santo: “Los amó hasta el extremo”

jueves, 24 de marzo de 2016
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(Robert Recker gay Passion of Christ)

Éxodo 12,1-8.11-14

Prescripciones sobre la cena pascual

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:

“Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido.

Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones.“”

*

Salmo responsorial: 115

El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.

¿Como pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R.

*

1Corintios 11,23-26

Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor

Hermanos:

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:

Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:

– “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.”

Lo mismo hizo con él cáliz, después de cenar, diciendo:

“Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.”

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

*

Juan 13,1-15

Los amó hasta el extremo

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:

“Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?”

Jesús le replicó:

“Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.”

Pedro le dijo:

“No me lavarás los pies jamás.

Jesús le contestó:

“Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.

Simón Pedro le dijo:

“Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.”

Jesús le dijo:

“Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.”

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: “No todos estáis limpios.

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

“¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.”

***

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Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (23 de marzo de 1978)

***

Queridos hermanos:

Con esta ceremonia en honor de la institución de la Eucaristía se inicia lo que litúrgicamente se llama el Solemne Triduo Pascual. Tres días para celebrar el acontecimiento religioso cristiano más grande de la historia y naturalmente, del año litúrgico. San Agustín llamaba a este triduo: la fiesta de la Pasión, la muerte y la resurrección del Señor. Esta noche, pues, es como una síntesis, como un resumen de toda la Pascua que estamos celebrando. Para comprenderlo, las lecturas de hoy nos han colocado en una historia vieja de Israel que desemboca en Cristo Nuestro Señor y que El, Cristo, la encarga a su Iglesia para que la lleve hasta la consumación de los siglos.

He aquí tres pensamientos de esta noche santísima del jueves Santo: una historia de Israel.

Un Cristo que la encarna

Y una prolongación eucarística hasta la consumación de los siglos.

1 º UNA HISTORIA DE ISRAEL

La vieja historia nos la ha contado el libro del Exodo que se acaba de leer. Los judíos celebraban en esta luna llena del mes de Nisan, un mes hebreo que coincide con nuestro marzo-abril. “Este será el primer mes del año -les había dicho- celebraréis la Pascua”. La Pascua era la celebración de dos grandes ministerios del Viejo Testamento: la liberación de Egipto y la Alianza con el Señor. Pascua y Alianza. La Pascua era aquel momento en que los israelitas esclavizados por el Faraón en Egipto no podían salir hasta en la décima plaga terrible, que consistió en que todos los primogénitos de Egipto iban a morir esa noche. Y para que se libraran las familias hebreas Dios les dijo, por medio de Moisés, que mataran un cordero y que con su sangre marcaran los dinteles de las puertas porque esa noche iba a pasar el ángel. El paso del ángel, eso quiere decir la Pascua: el paso de Dios que para los egipcios va a ser castigo y para Israel va a ser liberación. Leer más…

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Jueves Santo: Memoria de Jesús, amor concreto (lavar los pies, dar de comer…)

jueves, 24 de marzo de 2016
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hospederia-monasterioDel blog de Xabier Pikaza:

Jueves Santo es el día de la Memoria de Dios, que se ha hecho presente en Jesús, aquel que habiendo amado a los suyos les amó hasta el extremo, es decir, hasta el fin, como dice Jn 13, 1. Así lo recoge la liturgia de este día, centrada en tres signos:

Primera memoria: Lavatorio de pies, servir a los demás. No es sólo acogerles en casa y enseñarles (en la línea de la tercera obra de misericordia de Mt 25, 31-36: acoger al extranjero, vestir al desnudo), sino también servirles, para que así puedan estar limpios, con vestido digno, esto es, con dignidad. Cuando estos días nos llegan las imágenes de las mil pateras perdidas en los mares, con el barrizal de Idoumene, recordamos lo que significa acoger, lavar los pies, la memoria de Jesús…

Segunda memoria: Cena fraterna… Esto es mi Cuerpo… Lavados los pies, acogidos en casa, los hermanos pueden comer… como hace Jesús con sus amigos, abriendo una mesa que empieza siendo de Doce, porque doce son todo el mundo, todas las tribus de Israel y de la tierra. Este día recordamos algo muy especial: La comida ha de ser de pan y vino, es decir, de alimentos materiales…(conforme a las dos primeras obras de misericordia de Mt 25, 31-46: Dar de comer, dar de beber…).Pero Jesús añade algo todavía más especial, que tendemos a olvidar: Sólo podemos dar de comer dando algo que es nuestro, nuestro propio cuerpo, nuestra propia vida. No podemos cenar Jesús, con Jesús, como Jesús si no convertimos nuestro cuerpo y nuestra sangre en comida para los demás.

Tercera memoria: Haced esto en memoria de mí, los hombres y mujeres del recuerdo… Es decir, lavaos los pies, acoger a los demás, dar de comer. Conforme a la tradición de la Iglesia, instituyendo la acogida (lavatorio de pies) y la comida fraterna (dar de comer, el propio cuerpo), Jesús instituyó la nueva gran función cristiana: Los hombres y mujeres de la memoria…, aquellos que mantienen vivo, de un modo especial, el recuerdo y la tarea de Jesús.

Esos hombres y mujeres de la memoria son en un sentido los presbíteros y obispos, pero lo son, de un modo aún más directo todos aquellos que acogen y visten, que lavan, cuidan y alimentan a los demás, realizando así la tarea de Dios sobre la tierra. Así lo indicaré brevemente este Jueves, gran día del recuerdo de Cristo:

1. Esa memoria de Jesús la mantiene en un plano la iglesia ministerial llamada “jerárquica”, los obispos y presbíteros, aquellos que hoy presiden de un modo especial la Eucaristía del Amor Fraterno, en los cuatro extremos de la Iglesia. Hombres de memoria son, se les tiende a llamar sacerdotes, gran función siguen teniendo, gran tarea, abierta al lavatorio de pies, a la acogida y comida fraterna… Por ellos empezamos rogando este día.

2. Esa memoria de Jesús la cultivan también los hombres y mujeres de la interioridad, de la contemplación profunda de Jesús, misterio de Dios… No hace falta que sean contemplativos “oficiales” (monjes, monjas…), aunque es bueno que algunos lo sean… Todos hemos de ser hoy contemplativos, para descubrir por dentro y cultivar el gran misterio de la vida que es don, que es regalo, que es presencia. Memoria de Dios somos en Cristo, memoria compartida, es bueno que lo separamos y lo cultivemos, en un mundo que corre el riesgo de convertirlo todo en puro espectáculo externo. Por estos hombres y mujeres de memoria seguimos hoy rogando.

82854873. La memoria de Jesús la imprimen en sus manos y en su espalda, de un modo muy concreto, los “costaleros”, aquellos que llevan las imágenes del Cristo por las calles de mil ciudades del mundo, especialmente en lugares como España…Esos costaleros llevan hoy la imagen de Jesús, pero no pueden olvidar que la verdad de Jesús no está en su imagen, sino en su verdad: es decir, en los pobres y excluidos de la vida, los hambrientos y enfermos, los extranjeros y desnudos.

4. Pero hoy recordamos, de un modo aún más concreto y universal, a los verdaderos costaleros de Dios, hombres y mujeres de la memoria de Jesús, los que siguen haciendo de un modo directo lo que él hizo; éstos son los hombres y mujeres de la caridad, aquellos que abren cauces y caminos de servicio mutuo, dar de comer, dar de beber, acoger, vestir… en nombre de Jesús, el nombre de la humanidad. Así lo seguiré indicando de un modo más concreto en las reflexiones que siguen.

La primera imagen (con la última) ofrece un detalle y la visión de conjunto del Gran Mosaíco de Mahourrek, que presidía nuestro comedor conventual de Poio, Pontevedra, donde he comido y conversado largos años.

Las otras imágenes recogen el recuerdo de esa reunión de algunos voluntarios de la memoria de Jesús reunidos en pasado 16, en torno al tema central del Jueves Santo, que es compromiso de la Memoria de Jesús, es decir, de las obras de misericordia, que definan la vida y tarea su Iglesia en el mundo.

Hombres y mujeres de la Caridad, Memoria de Jesús, anticipación del Jueves Santo

En los largos años que vengo publicando este blog, Jueves Santo tras Jueves Santo, he venido poniendo de relieve otros aspectos de la memoria de Jesús, en especial los más celebrativos: Eucaristía, procesiones… Así podrá verlo quien quiera buscar en postales anteriores, desde el año 2007.

Este año, con ocasión del “café conversado” que tuvimos en Madrid, el pasado 16, hombres y mujeres de la “memoria activa de Jesús”, quiero recoger esta experiencia. Ellos, hombres y mujeres de Caritas, de Manos Unidas, de la HOAC… y de tantos otros servicios cristianos, en la línea de Jesús, son los verdaderos celebrantes del Jueves Santo. Leer más…

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Jesús nos invita a descentrarnos

jueves, 24 de marzo de 2016
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imagen14Fernando Torres Pérez, Fundación Luz Casanova,
Madrid.

ECLESALIA, 23/03/16.- El Jueves Santo es el Día de la Caridad. Yendo a lo que se ve, a lo más aparente, es el día en que la colecta de la misa se hace en favor de Caritas parroquial. ¿Sólo eso? Es una pena que nos quedemos ahí. Porque el Jueves Santo es el día en que celebramos la institución de la eucaristía. El Jueves Santo nos habla de una mesa común y de los hermanos y hermanas compartiendo el mismo pan. El Jueves Santo nos habla del amor fraterno. Y la caridad no es más que otro nombre del amor fraterno. El Jueves Santo nos habla de una eucaristía que es mesa abierta en la que nadie es excluido y donde los más débiles tienen un lugar de preferencia. El Jueves Santo nos recuerda la despedida de Jesús, la última cena con sus discípulos pero también las muchas comidas que celebró con sus amigos y con los pecadores y con los que se encontraba por los caminos de Galilea. Porque una comida es siempre encuentro de familia, fraternidad, amistad, acogida… Pasa que nuestras eucaristías son demasiadas veces un ritual frío, y en algunas ocasiones una parodia burlesca, más que el signo de un verdadero encuentro entre hermanos, presidido por el hermano mayor que es Jesús, en el que todos nos sentamos a compartir el pan de la palabra y el pan de la vida para alimento de todos.

En la eucaristía, por definición, la preocupación no se centra en mi bienestar sino en el bien de la comunidad, de los hermanos, de los otros. En la eucaristía los excluidos son acogidos, los débiles reciben los primeros puestos. En la eucaristía el servicio mutuo es el arquitrabe que hace posible seguir construyendo la familia del reino. La caridad fraterna es la argamasa que mantiene unidos a los que somos muchos y diferentes y hace de todos una familia, la de los hijos e hijas de Dios. La eucaristía por eso es, debería ser, signo del reino, catarsis de nuestros mejores sueños, que se convierten por un momento en realidad y, a la vez en promesas de plenitud. Y que, por eso mismo, nos anima al compromiso por hacer de esa fraternidad, de la eucaristía, una realidad, no sólo en el momento de la celebración sino en la vida diaria y cotidiana.

Pero éste es un planteamiento que mucha gente de hoy no entiende. Porque culturalmente la emergencia del yo, del individuo, ha convertido a éste en el centro del universo. Y, como los planetas giran alrededor del sol, también el individuo entiende que todo lo que está en torno a él son materiales que debe utilizar para conseguir sus objetivos personales: su propia plenitud y felicidad, consideradas siempre desde el punto de vista de mi “yo”. Y cuando digo todo es que todo se pone al servicio del “yo”. Todo: la amistad, el estado, los bienes materiales, los derechos y el derecho, la pareja, la familia y hasta el clima.

Hace unas semanas leía en la revista semanal de un periódico un artículo sobre el perdón. El articulista, un psicólogo profesional, desvinculaba, por supuesto, su tema de cualquier tipo de relación con el aspecto religioso del perdón. Nada que ver. Lo suyo era un comentario totalmente laico sobre los beneficios psicológicos del perdón. Eran dos páginas dedicadas a enumerar esos beneficios que se producían sobre todo, casi exclusivamente me atrevería a decir, en la persona que perdona. Por supuesto, dejaba claro que no se trataba de olvidar. El objetivo del perdón era sobre todo que la persona supuestamente ofendida lograse encontrar la paz, la serenidad, la armonía necesarias para vivir. Olvidar la ofensa podría suponer el volver a establecer una relación que podría ser peligrosa para el sujeto. Pero perdonar era condición necesaria para superar la herida.

Desde esta perspectiva, el centro es el “yo” y el bienestar del yo. El perdón no es algo que se oriente a la recreación de las relaciones sociales rotas sino que se dirige básicamente a facilitar el bienestar del yo, que se sitúa en el centro del universo. Es lo más importante.

El artículo me hizo recordar un libro de un sociólogo español, Javier Elzo, sobre la juventud. No recuerdo ahora el nombre del libro pero si un párrafo que me llamó la atención. Hablaba de los jóvenes y la familia y el matrimonio. Y decía Elzo que el mundo de hoy la familia se ha convertido en una prótesis añadida a la persona. Sí, en una prótesis. La persona se sitúa de tal modo en el centro del universo que todo gira en torno a ella. Si no me funcionan los ojos correctamente, para ver bien utilizo una prótesis artificial: las gafas. Si no me funciona el oído, para oír bien utilizo un audífono. Si no me funcionan las piernas, para moverme utilizo una silla de ruedas. Todo se hace para que la persona tenga su funcionalidad plena. Si estoy solo, para tener compañía me busco una pareja. Gracias a él/ella encuentro compañía, familia, etc. Pero como las gafas o los audífonos u otras prótesis llegan un momento en que se estropean y se cambian por otras, también la familia, si se estropea, se cambia por otra –lo de arreglar o reparar no entra en una cultura que se ha acostumbrado al usar y tirar-.

Es decir, el mismo mecanismo que nuestra cultura ha aplicado al uso de los bienes materiales se ha terminado aplicando a la búsqueda de la plenitud personal, de la felicidad. Yo tengo que ser feliz. Tengo derecho a la felicidad. A mi felicidad. Para eso me sirvo de todo lo que está a mi alrededor, ya sean cosas o personas. La pareja me sirve en cuanta me hace sentirme feliz y bien conmigo mismo. Los conflictos, cualquier tipo de conflicto, se ve como un fracaso, una quiebra de ese derecho a ser feliz. El juguete se ha roto y lo que hay que hacer es cambiarlo por otro. Si la pareja no me ayuda a ser feliz, entonces hago lo mismo que con las gafas. Voy al oculista y la cambio por otras. En el caso del matrimonio se va primero al juzgado y luego se busca una nueva pareja. O no. Quizá por un tiempo el “yo” prefiera estar solo y sin compromiso. Los hijos se pondrían en la misma línea. Tener hijos ayudan a sentirse bien. Esa es la gran motivación. Valen en tanto en cuanto. Y nada más.

Así pues, en nuestra cultura hay una ideología o forma de pensar que se sitúa en la línea que acabamos de comentar: “yo” estoy en el centro del mundo. Todo lo que me rodea está para contribuir a mi felicidad. Lo que no sirve para ese objetivo es desechable, carece de interés. De alguna manera, no existe. Es posible que desde esa motivación se busque la fraternidad. Se hace porque en ese ambiente fraterno el “yo” se siente mejor, más arropado, más cálido. Siente menos la soledad. Pero no hay que olvidar que el centro sigue siendo el “yo”. Leer más…

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«No es fácil entender la Pasión», por José Mª Castillo

martes, 22 de marzo de 2016
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paul and jesus atheism_thumb[1]De su blog Teología sin Censura:

No resulta fácil entender lo que vemos y vivimos cada Semana Santa. Porque no es fácil entender por qué, cada año y cuando llegan estos días, paseamos por nuestras calles imágenes de dolor, agonía y muerte, en procesiones de respeto y devoción. Y, lo que es más llamativo, exhibimos las imágenes del fracaso en tronos de exaltación triunfal, con música gregoriana, incienso de dioses y bandas de música, tambores y trompetas. Todo eso, que es la expresión más elocuente del empeño incomprensible por hacer, del fracaso más humillante de la vida, el triunfo soñado de nuestras más sublimes ilusiones.

¿Por qué sucede, en el ámbito de la religión, lo que a nadie se le ocurre imaginar en los demás sectores de la vida?

No sé si este fenómeno – tan claramente contradictorio – se produce, con tanta naturalidad, en la historia y las costumbres de otras religiones. En el cristianismo es un hecho, que tiene una historia de siglos, y unas raíces que se adentran en los orígenes de la Iglesia. Y es que, por más vueltas que le demos al asunto, no es fácil entender la pasión de Jesús.

¿Dónde está la clave del problema? En los escritos más antiguos de la Iglesia, los documentos que llamamos el Nuevo Testamento, hay dos teologías, que no se han integrado debidamente la una en la otra, sino que se pensaron y se escribieron independientemente la una de la otra. Y que, en cuestiones muy decisivas, nos vienen a decir cosas que no son fáciles de armonizar. La primera de estas teologías (la que primero se escribió) fue la de San Pablo (entre los años 45 y 55). La segunda fue la de los evangelios (después del año 70, hasta los años 90).

La diferencia más obvia, que se advierte entre estas dos teologías, es que la de los evangelios es una «teología narrativa«, o sea, está construida sobre la base de una serie de relatos mediante los que se nos explica la forma de vida o el proyecto de vida que llevó el protagonista de tales relatos, un modesto galileo del s. I, Jesús de Nazaret.

La teología de San Pablo es una «teología especulativa», es decir, está construida sobre la base de una serie de reflexiones religiosas, que no se refieren ya directamente al humilde galileo, que fue Jesús, sino al Hijo de Dios, Mesías y Señor nuestro (Rom 1, 4), que es Cristo, el Resucitado que está junto al Padre del Cielo.

Esto supuesto – y como es lógico – estas dos teologías nos ofrecen dos explicaciones de la pasión y muerte de Jesús. Según la teología de los evangelios, la decisión de la muerte de Jesús la tomó la autoridad religiosa (el Sanedrín: sumos sacerdotes, senadores y maestros de la Ley). Y esta decisión fue aprobada por la autoridad política, el prefecto del Imperio. El motivo de la condena a muerte fue religioso (a Jesús se le acusó de ser un peligro para el templo, ser y actuar como un blasfemo y un delincuente); y fue político (como el gobernador mandó poner sobre la cruz).

Según la teología de San Pablo, Cristo murió en la cruz, no por decisión humana alguna (un asunto que Pablo nunca menciona), sino porque «los pecados se expían por la sangre«, lo que se refiere a Cristo que soporta la ira desatada de Dios sobre todos los pecadores (Rom 3, 19-20. 25). Así, sobre el Crucificado cayó el juicio destructor de Dios, que, con la muerte de Jesús, condenó «el pecado en su carne» (Rom 8, 3). Lo que representa que, para san Pablo, Jesús se hizo «maldición» (Gal 3, 13) y «pecado» (2 Cor 5, 21) por nosotros. En definitiva, la teología de Pablo viene a ser la aceptación del principio sobrecogedor que presenta la carta a los Hebreos: «sin derramamiento de sangre no hay perdón» (Heb 9, 22).

Resumiendo: la pasión de Jesús, según la teología narrativa de los evangelios, se explica porque Jesús, en el que está presente Dios y se nos revela Dios (Jn 1, 18; 14, 9; Mt 11, 27 par), se enfrentó al sufrimiento humano (enfermedad, pobreza, hambre, marginación, desprecio, humillación, odio…). Según la teología especulativa de san Pablo, la pasión de Cristo se explica porque Dios necesitó el «sacrificio» y la «expiación» de los pecados, para así redimir al hombre pecador.

Ahora bien, aceptando que en el Nuevo Testamento se encuentran estas dos explicaciones de la pasión y muerte de Jesús el Señor, el problema concreto que se suele presentar, en la enseñanzas de la Iglesia y en la vida de los creyentes, está en que la explicación de la pasión, que ofrece Pablo, se ha constituido, se presenta y se le pide a la gente que la viva como el dogma de fe de nuestra salvación. Mientras que la explicación de la pasión, que presentan los evangelios, se le explica a la gente como un criterio de espiritualidad para practicar la devoción y la caridad cristiana.

Por supuesto, sabemos que Pablo insistió en la caridad y el amor cristiano (1 Cor 13, 1-13; Gal 5, 13-24; Rom 13, 8-10). Como sabemos que los evangelios hablan, una y otra vez, de la fe y de la salvación. Pero téngase en cuenta que, cuando Jesús habla de «salvación», se refiere a la «curación de enfermedades«. Es decir, en los evangelios, «salvar» es remediar el «sufrimiento«.

Por eso, cuando Jesús le decía a alguien: «Tu fe te ha salvado«, lo que en realidad le decía es: «Tu seguridad en mí te ha curado» (Mc 5, 34; Mt 9, 22; Lc 8, 48; cf. Mc 10, 52; Mt 8, 10. 13; 9, 30; 15, 28; Lc 7, 9; 17, 19; 18, 42). Y llama la atención que Jesús elogia la fe de un centurión romano (Mt 8, 5-13; Lc 7, 1-10), de una mujer cananea (Mt 15, 21-28; Mc 7, 24-30) o de un leproso samaritano (Lc 17, 11-19), todos ellos, personas que no tendrían la fe en el Dios de Israel. Sin duda alguna, lo central en la teología de Pablo es la victoria sobre el pecado. Pero, si nos atenemos, a la teología de los evangelios, lo central es la victoria sobre el sufrimiento.

Todo esto supuesto, me atrevo a decir que, mientras este asunto no tenga la debida y autorizada explicación (y aplicación a la vida), la Iglesia no podrá cumplir con su tarea y su misión en el mundo. En definitiva, con una teología desajustada y desquiciada, no podemos tener sino una Iglesia igualmente desajustada y desquiciada. En otras palabras, mientras Pablo siga siendo más determinante que Jesús, en la teología y en la gestión de la Iglesia, ni la Iglesia ni los cristianos vamos a ninguna parte.

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«¿Qué hace Dios en una cruz?» Domingo de Ramos – C (Lucas 22,14-23,56). 20 de marzo 2016.

domingo, 20 de marzo de 2016
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D-RAMOS-600x582Según el relato evangélico, los que pasaban ante Jesús crucificado sobre la colina del Gólgota se burlaban de él y, riéndose de su impotencia, le decían: «Si eres Hijo de Dios, bájate de la cruz». Jesús no responde a la provocación. Su respuesta es un silencio cargado de misterio. Precisamente porque es Hijo de Dios permanecerá en la cruz hasta su muerte.

Las preguntas son inevitables: ¿Cómo es posible creer en un Dios crucificado por los hombres? ¿Nos damos cuenta de lo que estamos diciendo? ¿Qué hace Dios en una cruz? ¿Cómo puede subsistir una religión fundada en una concepción tan absurda de Dios?

Un «Dios crucificado» constituye una revolución y un escándalo que nos obliga a cuestionar todas las ideas que los humanos nos hacemos de un Dios al que supuestamente conocemos. El Crucificado no tiene el rostro ni los rasgos que las religiones atribuyen al Ser Supremo.

El «Dios crucificado» no es un ser omnipotente y majestuoso, inmutable y feliz, ajeno al sufrimiento de los humanos, sino un Dios impotente y humillado que sufre con nosotros el dolor, la angustia y hasta la misma muerte. Con la Cruz, o termina nuestra fe en Dios, o nos abrimos a una comprensión nueva y sorprendente de un Dios que, encarnado en nuestro sufrimiento, nos ama de manera increíble.

Ante el Crucificado empezamos a intuir que Dios, en su último misterio, es alguien que sufre con nosotros. Nuestra miseria le afecta. Nuestro sufrimiento le salpica. No existe un Dios cuya vida transcurre, por decirlo así, al margen de nuestras penas, lágrimas y desgracias. Él está en todos los Calvarios de nuestro mundo.

Este «Dios crucificado» no permite una fe frívola y egoísta en un Dios omnipotente al servicio de nuestros caprichos y pretensiones. Este Dios nos pone mirando hacia el sufrimiento, el abandono y el desamparo de tantas víctimas de la injusticia y de las desgracias. Con este Dios nos encontramos cuando nos acercamos al sufrimiento de cualquier crucificado.

Los cristianos seguimos dando toda clase de rodeos para no toparnos con el «Dios crucificado». Hemos aprendido, incluso, a levantar nuestra mirada hacia la Cruz del Señor, desviándola de los crucificados que están ante nuestros ojos. Sin embargo, la manera más auténtica de celebrar la Pasión del Señor es reavivar nuestra compasión. Sin esto, se diluye nuestra fe en el «Dios crucificado» y se abre la puerta a toda clase de manipulaciones. Que nuestro beso al Crucificado nos ponga siempre mirando hacia quienes, cerca o lejos de nosotros, viven sufriendo.

José Antonio Pagola

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«He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer». Domingo 20 de marzo de 2016. Domingo de Ramos

domingo, 20 de marzo de 2016
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22-ramosC cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 50, 4-7: No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado.
Salmo responsorial: 21: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?.
Filipenses 2, 6-11: Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo.
Lucas 22, 14-23. 56: He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer.

El tema central de las lecturas del Domingo de Ramos, como bien puede verse, es el del Mesianismo. Éste tiene varias etapas en la Biblia. «Mesías» significa ungido, siervo, enviado, pero en sí, la idea más profunda de «Mesías» que el pueblo de Israel asumió es la espera de la aparición salvífica de un líder carismático descendiente de David que habría de instaurar definitivamente en la tierra «el derecho y la justicia».

En el Primer Testamento es Isaías el profeta quien más profetiza y anuncia la llegada del Mesías de Dios. Mesías que él entiende como el Siervo de Yavé que llega. El Mesías es para el profeta la gran realidad de Dios viviendo con nosotros, la realidad del gran restaurador que libera de la esclavitud, de la gran violencia (violencia estructural diríamos hoy), de la gran miseria (pobreza extrema y masiva diríamos actualmente) a la que ha sido condenado el pueblo de Dios (los muchos pueblos de Dios). El Mesías, en su calidad de Ungido de Yavé, no es sino su enviado, su representante, el encargado de promulgar sus designios.

La idea del Mesías y de los tiempos mesiánicos estaba fundada en la esperanza de que Dios cumpliera plenamente las promesas hechas al pueblo elegido, a la nación que se creía a sí misma la elegida por Dios. La llegada del «Mesías» es la instauración del reinado de Dios en la historia y en el tiempo, y es allí donde, según la concepción judía (según, pues, un pensamiento muy humano, no según una revelación divina), Israel se vengaría de los «paganos» (la mayor parte de ellos tan religiosos como los propios israelitas), de los no judíos.

La idea mesiánica del Primer Testamento está basada en la fuerza político-militar de un enviado del Dios de Israel para dominar a todas las naciones de la tierra y hacer que Israel se convierta en una nación fuerte y poderosa capaz de someter a todos los pueblos que no tienen a Yavé por Dios. Como se ve, un mesianismo muy humanamente comprensible…

El Mesianismo es una de las herencias que el Segundo Testamento recibe de la tradición veterotestamentaria. En tiempo del Nuevo Testamento, gobernado el mundo de entonces por Roma con toda su fuerza, riqueza y pretensiones, también hay grupos mayoritarios que esperan la llegada definitiva del Mesías que los liberará del domino explotador romano. Todos esperaban entonces la intervención de Dios en la historia a través de un líder que fuera capaz de derrocar el poder imperial y hacer de Jerusalén la gran capital de Israel.

En el ciclo C de la liturgia leemos el relato de la Pasión del Señor según Lucas. Consideremos las características teológicas que nos presenta este relato.

Lucas, como es sabido, es considerado como el evangelista de la misericordia, o lo que es lo mismo, como el evangelista que ha marcado toda la tradición que nos entrega, con el pensamiento del amor infinito de Dios que se ha manifestado en Jesucristo. Ninguno de los evangelistas ha percibido como él la sensibilidad del amor del Padre, que se deja sentir de manera especial entre los pobres, entre los que sufren, entre los marginados. No es difícil constatar en el evangelio de Lucas la preocupación de Jesús por los débiles, por las viudas, por los huérfanos, por los pecadores, por las mujeres.

Este mismo interés se manifiesta en la narración de los acontecimientos de la Pasión del Señor. En primer lugar, porque todo este relato está sustentado por un conocimiento del alma de Jesús, cuya intimidad nos es desvelada por el evangelista cuando nos deja ver su estrecha relación con el Abba misericordioso, en los momentos de oración (Lc 22,42); o cuando su Padre le da valor en medio del sufrimiento (Lc 22,43).

En segundo lugar, la cruz aparece en este relato de la Pasión como un verdadero sacramento del amor divino: la revelación de la misericordia en medio del sufrimiento. Lucas no pone la atención en los aspectos negativos y crueles de esta situación. En su narración se omiten recuerdos o referencias que aparecen en los otros evangelistas como la flagelación o la coronación de espinas que sirven para inculpar a los que llevaron a Jesús a la muerte. Lucas nos quiere hacer descubrir el amor del Padre hacia su Hijo y hacia todos los hombres, aún en esta situación de dolor. Jesús no aparece abandonado en el Calvario (no se cita a Zac 13,6 sobre la dispersión del rebaño): está acompañado de amigos y conocidos (Lc 23,49 en contraposición con Mt 27,55-56 y Mc 15,40-41). Y reemplaza el grito del Salmo 21 (22) que cita Mateo por la manifestación ilimitada de confianza del Salmo 30,6 (31,6): “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

A la luz de todo esto es comprensible el papel que desempeña en este relato de la Pasión la actitud del perdón, sólo explicable desde el misterio de la misericordia. En definitiva todo el mundo queda limpio y se insiste en hechos positivos, sólo explicables desde la virtud reconciliadora del sufrimiento de Jesús o desde su actitud de perdón: el caso de Pilato (Lc 23,4.13-15.20-22); el del agresor a quien Pedro cercenó una oreja y que es sanado por Jesús (Lc 22,51); el de Pedro (Lc 22,61); el de todos los judíos (Lc 23,34); el del malhechor bueno (Lc 23,39-43); el del centurión (Lc 23,47); el de la reconciliación entre Herodes y Pilato (Lc 23,6-12).

Jesús aparece claramente como el inocente, el justo perseguido. Aun en el proceso de los romanos, Pilato proclama la inocencia de Jesús. El centurión también reconoce su inocencia.

Sólo en Lucas Jesús se dirige con palabras consoladoras a las mujeres que de lejos los siguen. Realmente, Lucas ha sido llamado el evangelio de las mujeres y de la misericordia con los más pobres e ignorados, y las mujeres hacían parte de la clase marginada en Israel. Pero para Jesús, en todo el evangelio de Lucas, las mujeres hacen parte del discipulado y merecen un trato respetuoso. Ahora, camino del Calvario, la fidelidad de las mujeres a su maestro es reconocida por el Señor.

La Pasión y la muerte de Jesús son una verdadera revelación: la manifestación de la misericordia del Padre. Sólo quien ha comprendido una actitud tan conmovedora, como la que nos trae este evangelio en la parábola del padre misericordioso, podrá entender por qué el evangelista ha mirado así el misterio del sufrimiento y de la muerte de Jesús.

Lucas concibió el relato de la Pasión como una contemplación de Jesús. Por eso este relato es una invitación al lector-oyente a aproximarse al Señor, a seguirlo, a llevar con él la cruz de cada día (9,23). En la palabra que dirige en la cruz al malhechor arrepentido, ese ‘hoy’ nos remonta a Lc 4,21 cuando en la sinagoga de Nazaret, Jesús declara que “hoy se ha cumplido” el pasaje de Is 61,1-2 que acababa de leer. El tiempo se ha cumplido y él, que ha venido para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para proclamar el año de gracia del Señor” ha cumplido su misión, porque va a morir colgado de la cruz pero seguirá viviendo en medio de nosotros.

Nota para lectores críticos

El evangelio de hoy es más largo que de ordinario: toda la Pasión de Jesús, por lo que muchas homilías hoy serán más breves. Por otra parte, la homilía debería enfocarse pues hacia el conjunto de la Pasión y su significado. También el viernes santo se leerá la Pasión, según san Juan. Y durante toda la semana, el trasfondo litúrgico-espiritual es ése: la pasión y muerte de Jesús. Es pues un momento apropiado para plantearse algunos criterios críticos respecto a la interpretación de la pasión de Jesús en su significado de conjunto.

Si somos cristianos, y si el cristianismo profesa la convicción de la significación salvadora de Jesús, necesitamos tener un «modelo soteriológico» («sotería» = salvación), o sea, una explicación de cómo Jesús salva a la humanidad y en qué consiste esa salvación. Es claro que esto es el corazón de la fe cristiana.

Pues bien, en la historia ha habido varios «modelos soteriológicos».

El modelo que nos ha llegado a nosotros es, fundamentalmente, el que elaboró san Anselmo de Cartebury en el siglo XI sobre la tradición jurídica del derecho romano. En este sentido. El ser humano ofendió a Dios con el pecado original, y con ello se rompieron las relaciones de Dios y la humanidad. Dios fue ofendido en su dignidad, y el ser humano, por su parte, quedó privado de la gracia de la relación con Dios y no tenía capacidad para superar esta situación, pues aunque había ofendido a Dios, no tenía capacidad para reparar una ofensa de carácter infinito. En su obra Cur Deus homo? (¿Por qué Dios se hizo hombre?) Anselmo elabora la teoría de la «satisfacción penal sustitutoria»: Jesús muere en sustitución de la humanidad pecadora culpable, para satisfacer con ello la dignidad ofendida de Dios, y restablecer así las relaciones de Dios con la humanidad.

Por una parte, hay que hacer notar que esta explicación, que nos ha llegado a todos nosotros en una tradición tan longeva, no deja de ser «una» explicación, la del siglo XI en concreto; es decir: no es «la» explicación, no es la única. Además, no está en el Nuevo Testamento: es una elaboración teológica, muy posterior, que asume las categorías y la lógica del derecho romano «recepcionado» en el mundo feudal europeo de la alta Edad Media: el derecho inapelable y absoluto de los señores, la servidumbre de los siervos, las obligaciones jurídicas relativas a la ofensa y a la satisfacción o reparación. Es la teología de la «redención», del redimir («re-d-emere»), re-comprar al esclavo para liberarlo de su antiguo dueño.

Esta teología, hoy ya insostenible, es, sin embargo, la que la mayor parte de los cristianos y cristianas, incluyendo a muchos agentes de pastoral tienen todavía en su conciencia, en su comprensión del cristianismo, o en su subconsciente al menos. Y es para muchos de ellos «la» explicación mayor del misterio cristiano, el misterio de la «redención».

Hay que recordar que los modelos soteriológicos, como todo el resto de la teología, no dejan de ser un lenguaje metafórico, y que la metáfora nunca debe ser tomada al pie de la letra, tanto sea en n sentido directo como en un sentido metafísico, sobre todo en el segundo término al que traslada el sentido (“meta-fora” = cambio, traslado de sentido). Las teologías y los modelos soteriológicos se apoyan sobre las lógicas y los símbolos de las culturas en las que son creados. Por eso, cuando la evolución cultural cambia de lógica y de símbolos, esos modelos soteriológicos, y en general, esas teologías, aparecen crecientemente desfasadas, se hacen incluso ininteligibles, y finalmente quedan obsoletas. La visión de Dios como «Señor» feudal irritado por una ofensa de la primera pareja humana… para cuyo aplacamiento habría sido necesaria la reparación de la ofensa por medio de la muerte cruel y cruenta de su Hijo, es una imagen de Dios hoy sencillamente insostenible, e inaceptable. La sola idea de que un mítico pecado de Adán y Eva hubiera torcido los planes de Dios, y hubiera sumido en las tinieblas del pecado y del alejamiento de Dios a toda la humanidad desde la primera pareja, durante miles y miles de años –hoy la ciencia nos dice que habrían sido millones de años-, hasta la aparición de Jesús, es absolutamente inaceptable para la mentalidad actual. La misma fórmula jurídica de la «satisfacción sustitutoria» resulta hoy día inviable desde los mínimos éticos de nuestra época. Un Dios así resulta increíble, provoca ateísmo, con razón.

Si este modelo nos parece hoy día sobrepasado, no debemos dejar de considerar que ha habido otros modelos todavía más inadecuados. En el primer milenio la teología dominante, en efecto, no fue la de la «satisfacción sustitutoria», sino la del «rescate»: por el pecado de Adán la humanidad había quedado «prisionera del demonio», literalmente bajo su poder (sic). Según san Ireneo de Lyon (+ 202) y Orígenes (+ 254) el Diablo tendría un «derecho» sobre la humanidad, debido al pecado de Adán. Jurídicamente, la humanidad estaba bajo su dominio, le pertenecía, y Dios «quiso actuar con justicia incluso frente al diablo» (Ireneo, Adversus Haereses, V, 1,1), al anular tal derecho sólo mediante el pago de un rescate adecuado. Para ello, entregó a su Hijo a la muerte, a fin de liberar a la humanidad del dominio «legítimo» del diablo. San Agustín lo dice aún más explícitamente: Dios decretó «vencer al Diablo no mediante el poder, sino mediante la justicia» (De Trinitate XIII, 17 y 18).

Este modelo del «rescate pagado al Diablo» para rescatar a la humanidad, aún resuena en las personas que tuvieron una formación cristiana. Pero hoy nos resulta no sólo inaceptable, sino inimaginable, y hasta grotesco: no podemos aceptar un Diablo, concebido como un contra-poder cuasi-divino, que está apostado frente a Dios y que retiene a la humanidad bajo su poder, durante milenios, hasta que es «justamente resarcido» por Dios, nada menos que con la muerte del Hijo de Dios, un Diablo que sólo así sería «derrotado por la victoria de Cristo»…

¿Qué queremos decir con todo esto? Muchas cosas:

-que las teologías son metafóricas, no narraciones históricas ni descripciones metafísicas;

-que las teologías son muchas, variadas, no sólo una… y que cuando adoptamos una de ellas no debemos nunca perder de vista que se trata sólo de «una» teología, no de «la» teología;

-que las teologías son contingentes, no necesarias;

-que son elaboraciones humanas, no revelaciones divinas bajadas en directo del cielo, y que están construidas con elementos culturales de la sociedad en la que han sido concebidas;

-que son también transitorias, no eternas, y que con el tiempo y los correspondientes cambios culturales pierden plausibilidad y hasta inteligibilidad y pueden acabar resultando inaceptables y hasta desechadas;

-que los agentes de pastoral que atienden al Pueblo de Dios han de estar atentos a no prolongar la vida de una teología sobrepasada, superada, que ya no habla de un modo adecuado a las personas de hoy;

-que pueden (y deben) tratar de encontrar nuevas imágenes, nuevos símbolos, nuevas respuestas interpretativas de parte de nuestra generación actual a las preguntas de siempre.

La Semana Santa no es el único momento en el que debemos referirnos a la significación de la salvación operada por Cristo, pues ésta es una referencia central de la fe cristiana; pero sí es una ocasión privilegiada para plantearnos la conveniencia de la revisión de nuestros esquemas teológicos al respecto. Leer más…

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20.3.16.Domingo de Ramos o del Asno: Tomar la ciudad, superar el poder

domingo, 20 de marzo de 2016
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10988548_563145957195934_3198077586924282826_nDel blog de Xabier Pikaza:

Ramos. Ciclo C. Texto de la Pasión: Lc. 22, 14 –23, 56. Será bueno leer el texto entero, con reposo, el mejor texto posible para este comienzo de la Semana Santa. Pero si alguien quiere entrar de un modo más razonado en los motivos y consecuencias de la subida de Jesús a Jerusalén puede leer lo que le ofrezco (Texto tomado básicamente de Historia de Jesús, VD, Estella 2012).

La entrada de Jesús en la ciudad fue un signo de política social, de plenitud humana, revelación de Dios:

Entró en la ciudad como pretendiente mesiánico, en la línea de David. Muchos se habían preguntado si era el Rey esperado, y Pedro lo había declarado abiertamente, llamándole Cristo (Mc 8, 29); pero Jesús le respondió pidiéndole silencio.

Pues bien, ahora, Jesús rompe ese silencio, y entra en la ciudad (Jerusalén) de manera clamorosa, como Mesías lleno de Autoridad, pero lo hace de pacífica, sin armas ni soldados, anunciando el Reino de Dios para y desde los más pobres (cf. Mc 11, 1-10).

De esa forma toma la ciudad, pero sin tomar el poder… Toma la ciudad, renunciando a todo poder sobre ella, a todo dominio, a todo imperio… Toma la ciudad sobre un asno, entre signo de naturaleza y de concordia (palmas, ramos, cantos de alegría).

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Entró como Dios en Persona…, es decir, como plena humanidad. Sobre un asno que es signo de concordia, sin espadas, sin caballos, con cantos de paz.

Desde aquel día (Domingo de Ramos, Domingo del Asno) sabemos que Dios mismo habita en nuestra historia, como autoridad provocativo de amor, para superar todos los imperios sociales y religiosos que dominan a los hombres con violencia para esclavizarles.

Entró en la ciudad para que surja al fin el hombre en Dios, Dios en los hombres, los hombres todoshermanos.

Entró para que entremos nosotros, buscando y tomando la nueva ciudad, hecha de paz y de concordia… rompiendo para ello todos los impedimentos religiosos y sociales, políticos, económicos y personales que lo impiden. Hoy es nuestro domingo de Ramos…. Ramos 2016. Feliz Semana Santa para todos.

Tema de fondo

La subida a Jerusalén forma parte de la estrategia mesiánica, cuyo fin externo ni Jesús conocía de antemano (cf. Mc 13, 32), aunque estaba convencido de que llegaba el Reino de Dios, que es amor ofrecido a los pobres y compartido con ellos. En ese fondo he querido ofrecer algunas consideraciones, compartidas por gran parte de la exégesis moderna, que pueden ayudarnos a entender las implicaciones y sentido del camino de Jesús, a quien apresaron en Jerusalén, donde subió con sus discípulos, sabiendo que podían condenarle (como de hecho lo hicieron).

1. Subió como aspirante mesiánico.

No subió para morir en el sentido sacrificial de la palabra. No buscó su destrucción, como víctima, sino la llegada del Reino de Dios, para los hombres y mujeres de su pueblo, partiendo de los pobres (hambrientos, impuros, expulsados del sistema israelita y romano), a quienes había ofrecido su mensaje en Galilea.

Como buen judío, subió a Jerusalén, ciudad de David (del Mesías), en nombre de los pobres, con un grupo de galileos, para anunciar y preparar el Reino, buscando la manifestación de Dios y conociendo el riesgo que implicaba su actitud, como recuerdan las palabras de Tomás: “Subamos y muramos con él, si es preciso” (cf. Jn 11, 16). Tenía la certeza de que Dios hablaría a través de lo que hicieran (o no hicieran) con él en Jerusalén, pues ésta era la última oportunidad para la ciudad de la promesas y del templo .

2. Vino de un modo público, pues quería la trasformación o conversión de Jerusalén.
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No vino para realizar una tarea privada, sino como pionero y representante de aquellos que esperaban el Reino y así entró abiertamente en la ciudad, por el Monte de los Olivos (cf. Mc 11, 1 ss). Por eso, su venida, en ese tiempo de Pascua, no fue un gesto privado, sino la expresión oficial de sus pretensiones mesiánicas, en Jerusalén, capital y principio de su Reino.

Conforme a los planes de Dios, era posible que los jerarcas de Jerusalén cambiaran y que los sacerdotes del templo abandonaran su poder sagrado, de tal forma que vinieran a integrarse con los pobres. Ciertamente, conocía los enfrentamientos de los sacerdotes “oficiales” con otros grupos de sacerdotes y judíos (como los esenios de Qumrán) y era consciente de los problemas que su gesto podía plantear al gobernador/procurador romano (Poncio Pilato), que también había venido a Jerusalén con un contingente mayor de soldados, para mantener el orden en los días de la fiesta (de pascua).

A pesar de eso (o precisamente por eso), subió a Jerusalén en pascua, porque era momento propicio (hora del Reino), tiempo para que los hombres y mujeres empezaran a comunicarse, en gesto de paz, desde los más pobres, sin prepotencia o dominio (religioso, militar, económico) de unos sobre otros .

3. No quiso pactar con los sacerdotes.

Sabemos por la Biblia que el pacto es una señal de Dios, de tal forma que toda la historia de Israel y el mismo texto de la Ley o Pentateuco había sido expresión y consecuencia de unos pactos (entre profetas, sacerdotes y representantes de la tradición deuteronomista). ¿Por qué no buscó Jesús también un pacto con los sacerdotes del Templo? Sabemos que los sacerdotes habían pactado ya con Roma, que nombraba al Sumo Sacerdote y defendía las instituciones sacrales de Jerusalén, en un contexto de equilibrio de poder, compartido por unos y por otros.

Pues bien, todo parece indicar que Jesús no les ofreció un pacto sacerdotal pues no admitía su sacerdocio, sino que proclamó ante ellos el Reino de Dios, como alianza universal, desde los pobres, un pacto simplemente “humano” (de vida compartida) que la Iglesia posterior centrará en la sangre de Jesús (cf. Mc 14, 24 par) .

4. No quiso negociar con Roma en plano de política.

Desde una perspectiva eclesiástica moderna, Jesús podría, y quizá debería, haberlo hecho, enviando delegados a Pilato, para decirle que venía desarmado, que no quería (ni podía) tomar la ciudad, ni provocar desórdenes externos: que sólo intentaba cambiar la identidad y misión del judaísmo, de manera que no iba directamente en contra de los intereses de Roma.

De todas maneras, podemos suponer que Jesús no propuso ese tipo de pacto, pues ni él estaba dispuesto a pedir permiso al gobernador, ni el gobernador tendría interés en pactar con judíos de tercera o cuarta categoría, como parecía ser Jesús. Un gobernador romano sólo pacta con sacerdotes superiores o jerarcas laicos, en línea de poder, no con hombres que rechazan el poder, como este profeta nazareno. Sea como fuere, Jesús no quiso provocar directamente a Roma, de manera que su entrada en Jerusalén, aunque cargada de pretensiones mesiánicas (¡todos los judíos peregrinos en Jerusalén por Pascua celebraban la liberación de Egipto, soñaban en el Reino de David!), fue radicalmente pacífica .

5. Vino en un momento de crisis.

Argumento de Caifás. Su subida a Jerusalén provocó una conmoción en los sacerdotes, que se sintieron amenazados, porque Jesús no reconocía el valor de su mediación sagrada (¡materializada en el templo!), sino que anunciaba y promovía la caída o final de ese templo (convertido en lastre social y/o religioso), con el fin de que Dios pudiera hablar directamente con los hombres y mujeres de la ciudad y del mundo (¡urbi et orbi!), empezando por los pobres. Así lo descubrió Caifás, Sumo Sacerdote, como afirma el evangelio:

«Los sacerdotes decían: ¿Qué hacemos? Pues este hombre hace muchas señales. Si le dejamos seguir así, todos creerán en él; y vendrán los romanos y destruirán nuestro templo y nuestra nación. Entonces les dijo Caifás: Vosotros no sabéis nada; es mejor matar a un hombre que dejar que perezca todo el pueblo» (cf. Jn 11, 47-50).

Ese argumento de Caifás puede resultar capcioso pues está suponiendo que el triunfo de Jesús suscitaría disturbios que conducirían a la intervención romana y a la destrucción de templo y pueblo. ¿Es eso cierto? ¿No hubiera sido posible que Roma se declarara neutral y dijera que el movimiento de Jesús era un asunto privado de los judíos, como se diría hoy en Occidente, suponiendo que las religiones son un asunto privado? Pues bien, en otro sentido, el argumento de Caifás es verdadero: los romanos admitían todas las religiones, como asunto y piedad privada, siempre que reconocieran el “poder” sagrado de Roma. Pero eso era lo que se hallaba precisamente en juego con Jesús: él no quería fundar una nueva religión “privada”, sino un movimiento mesiánico, de tipo social, que podía ser peligroso para Roma; por eso, con buen criterio jurídico, en sintonía con los sacerdotes, Pilato le condenó a muerte .

6. Roma no podía aceptar a un “rey” como Jesús.

Imaginemos que Jesús hubiera logrado mantener su pretensión en Jerusalén, rodeado por un grupo de discípulos y amigos. Eso significaría que, en algún sentido, los sacerdotes tendrían que haberle aceptado, renunciando a su visión particular (sacral) del templo y reconociéndole como “rey simbólico” (no político, en sentido imperial). Jesús habría sido un rey no-militar de los judíos, presidiendo así una especie de ONG mesiánica, una “asociación mesiánica”, sin peligro para el orden militar de Roma, que seguiría imponiendo el orden exterior sobre el mundo conocido. Leer más…

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Domingo de Ramos. 20 marzo, 2016

domingo, 20 de marzo de 2016
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DomingdeRamos2016El domingo de Ramos nos abre un gran pórtico que nos muestra, este año através del Evangelio de Lucas, lo que vamos a celebrar a lo largo de esta Semana Santa.

¡Siéntate corazón mío!

Como “todos los que conocían a Jesús, y también las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, que estaban allí presenciando todo” (Lc 23,49), déjate tocar, déjate asombrar, déjate enamorar.

¡Siéntate, silénciate, contempla…!

Accede corazón mío a ese pórtico, ábrete a que sea el Espíritu mismo de Jesús quien te ayude a descubrir la fidelidad del Maestro en su entrega total, su confianza en el Padre. Es el corazón misericordioso que Jesús te ofrece lo que te hará misericordioso. Y esa misericordia entrañable te acercará a las hermanas/os, que hoy, siguen el camino de Jesús de Nazaret en medio de persecuciones, abusos, torturas, arrestos e incluso la muerte por ser fieles al Maestro. Recordamos los sentimientos de aquel cristiano, en tierras sirias, que en medio de la tortura dijo algo así a sus verdugos: “queréis que renuncie a mi fe cristiana, pero no puedo, porque mi corazón es de Cristo, está marcado por el amor a Cristo Jesús”.

Corazón mío, no hagas de estos días santos como aquella “gente que había acudido al espectáculo” (Lc 23,48) sino déjate sorprender, para que con el amor que Dios Padre te entrega a través del Espíritu puedas tú también decir con la confianza y abandono de Jesús: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23,46).

Lo que te preparas a celebrar no es la muerte, aunque ésta sea la de Jesucristo, sino el camino hacia la Pascua.

Tiempo de vida, tiempo de de luz, tiempo de amor.
Señor, Jesús, Maestro bueno,
dame un corazón que sepa
contemplar, acoger, perdonar, amar…
coge mi mano y conduce mis pasos
a escuchar tu invitación: ¡Sígueme!

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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