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“Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador ”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

viernes, 15 de agosto de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

La fiesta de la Asunción de María al Cielo no nos habla sólo de una mujer, por grande que sea, sino que habla de toda la Iglesia. Porque las verdades sobre María son el alfabeto de nuestra vida.

La fiesta afirma que la Iglesia lleva en sí el futuro del mundo, anticipado por la Virgen María. Y así nos muestra a cada uno de nosotros el camino hacia el futuro. Y es un buen futuro.

El libro del Apocalipsis lo dice con una imagen solar: «Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida de sol, coronada de estrellas». Es la imagen de nuestro futuro, una humanidad de luz incluso en la lucha, una humanidad que abre buenos frutos. Lo dice el cántico del Magnificat, con un Dios que levanta, eleva, llena, derriba y crea una tierra nueva, una arquitectura del mundo hecha de justicia y de bondad. San Pablo habla también de un futuro bueno donde Cristo es el primer resucitado de una inmensa caravana que nos incluye a todos (cf. 1Cor 15, 20) y todos recibiremos la vida y el último enemigo será aniquilado.

Como creyentes, llevamos dentro de nosotros la fuerza de este futuro, como una semilla de fuego, como una semilla de luz. Cada uno de nosotros, como creyente, lleva dentro de sí el futuro del mundo. Y si muchas cosas de nuestra historia actual parecen contradecir la esperanza, para nosotros, como para los profetas, la palabra de Dios es más verdadera que su cumplimiento.

Amamos las promesas de Dios más que su cumplimiento, como lo hizo Abraham. Él cree en la tierra prometida aunque, cuando muere, sólo ha comprado terreno suficiente para cavar una tumba; aunque, cuando muera, de la innumerable descendencia prometida –«Tendrás hijos más que las estrellas del cielo» (cf. Gn 15,5)– no tendrá a su lado más que una pequeña semilla. Abraham cree en las promesas de Dios más que en su cumplimiento.

La fiesta de la Asunción nos ayuda a adquirir la fe, a adquirir la belleza de vivir, a creer que es bello vivir, es bello amar, es bello ser hijo, hermano y prójimo. Es hermoso porque el mundo se está moviendo hacia un resultado positivo y brillante, hacia un resultado fuerte y grandioso, aquí en el tiempo y luego en una vida que nunca terminará.

Santa María, la humilde mujer que vino de las periferias del mundo de aquel tiempo, fue la primera en cruzar el mundo de todos los tiempos, las fronteras del cielo:

Ven y ve por los espacios

insuperable para nosotros,

anillo dorado del tiempo y la eternidad,

anillo que une, conecta, une el tiempo y la eternidad, uno en el otro, sin interrupción.

Ella nos enseña a vivir en la tierra con esa parte del cielo que la compone. La fe de María es la nuestra, es lo que mantiene unidos el trabajo cotidiano y las cosas eternas, las realidades penúltimas de una vida sencilla y las realidades últimas, el no ver y el no comprender, y luego la luz repentina que revela el significado: la muerte como experiencia devastadora y luego la esperanza de la resurrección.

También nosotros debemos entrelazar estas dos dimensiones: la sencillez fiel a la propia vocación durante la existencia terrena y la espera de desembarcar en ese inmenso mar de luz, donde estaremos siempre con el Señor y con aquellos a quienes hemos amado.

Manteniendo unidos en nosotros los dos extremos de la existencia: la fiel perseverancia día tras día y la tenaz esperanza de un encuentro que no será arrodillarse ante el trono de un emperador inmortal, sino besar temblorosamente la fuente virginal del universo.

María es la que dio carne a Dios en la tierra, la que es carne de mujer en el cielo. Con su cuerpo está en el cielo. Y esto significa que cada día de María, vivido en el silencio y en el trabajo, cada hora transcurrida en las actividades domésticas, en la fiel paciencia, todas las alegrías y los sufrimientos, todas las noches oscuras de su vida y su indomable esperanza, todo entraba en la eternidad. Jesús lo dijo con una imagen muy fuerte: “No perecerá ni un cabello de vuestra cabeza” (Mt 10,30).

Y así será también para nosotros. “Creo en la resurrección de la carne”, decimos y confesamos. Y si esto parece hoy tan difícil, si para muchos la vida eterna parece poco atractiva, sabemos que el destino de este cuerpo está inscrito en el mismo destino del alma. Porque el hombre es uno. Y hoy es la fiesta de la unidad del hombre, del destino glorioso del cuerpo igual al destino glorioso del alma. Hoy todo hombre obediente y fiel canta a la salvación entera en alma y cuerpo.

Este cuerpo, esta realidad tan frágil y sublime, tan querida, tan sufriente, sacramento de amor, a veces instrumento de violencia, este cuerpo en el que sentimos la densidad de la alegría, en el que sufrimos la profundidad del dolor, se convertirá, después del último viaje, en una puerta abierta a la comunión, en un teclado divino para una melodía que nadie ha podido extraer todavía, se convertirá en transparencia cristalina, sacramento del encuentro perfecto.

Hoy la Iglesia canta el canto del valor del cuerpo. Y si una vida vale poco, nada vale tanto como una vida.

Un antiguo texto cristiano, la Carta a Diogneto, aconseja al creyente: «Detente cada día a contemplar los rostros de los santos». Santos que nos encuentran, que nos cruzamos en la vida, santos que quizás viven en nuestra casa, de todos los días o de cada día, de la puerta de al lado,… Hoy, sin embargo, contemplemos el rostro de Santa María, seguros de que el hombre llega a ser lo que contempla, de que cada uno de nosotros llega a ser lo que mira con amor, de que cada uno de nosotros llega a ser lo que ama.

Santa María, la mujer vestida de sol, la mujer generadora de vida, la mujer que nunca se rindió en la lucha contra el dragón, la mujer del camino o itinerario más grande, envía a nosotros, a nuestros hogares, una bendición de esperanza, consoladora, sobre todo lo que representa nuestro «dolor de vivir»; una bendición sobre los años que pasan y pesan, sobre las ternuras negadas, sobre las soledades sufridas, sobre los hijos que se equivocan, sobre la decadencia de este cuerpo nuestro, sobre la corrupción de la muerte, sobre la lucha contra nuestro pequeño o gran dragón rojo, que nos amenaza pero no vencerá, porque la belleza es más fuerte que la violencia.

La Asunción es entonces la celebración de nuestra migración común hacia la Vida. “Ahora ella viene al rey y sus amigas vírgenes la siguen en danzas de alegría”.

Somos nosotros, toda la humanidad, quienes avanzamos hacia el palacio. Somos una humanidad herida, sufriente y, aun así, en movimiento; Somos una humanidad caída, pero en camino, una humanidad que conoce bien la traición y la crisis de la fe, pero que no se rinde, porque ama el cielo y la tierra con la misma intensidad, porque sabe que dentro de cada uno de nosotros está depositado el anillo de oro que une el tiempo y la eternidad.

***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para la Asunción de María a los Cielos -15 de agosto de 2025-

 1.- La Asunción de María en el cielo.

 2.- ¡María se convierte en «tierra del cielo»!.

 3.- Asunción, nuestra «migración» común.

 4.- Somos brotes de luz en el mundo.

 5.- Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.

 6.- Santa María asunta.

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 Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Nuevas imágenes para la Asunción de María.

viernes, 15 de agosto de 2025
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La imagen de Asunción despierta imágenes de movimiento, de atracción hacia arriba, de impulso ascensional; nuestra mirada es atraída hacia la altura y vemos a María elevada hacia ese ámbito que llamamos cielo donde, con palabras de Pablo, están “las cosas de arriba“, por contraposición a “las cosas de abajo (Col 3,1). Pero además de esta imagen espacial, podemos explorar otras que nos acerquen a María:

La obra terminada

Al hablar de la Asunción nos referimos al resultado final y a la culminación del proceso vital de María. Pero la meta supone siempre un camino, el fruto ha tenido una larga maduración en el árbol, la piedra preciosa ha cristalizado lentamente durante miles de años en la hondura de la roca. Cuando se emprende una obra pública de envergadura se suele construir una maqueta que muestre el proyecto que se está construyendo y se expone en un lugar visible para que todos puedan ver cómo va a ser el final: al mirarla, contemplamos e imaginamos la obra ya terminada. La Iglesia nos pone hoy ante una “maqueta” que nos muestra el resultado final de la obra de Dios en la mujer que no opuso ninguna resistencia a su acción: “Hágase en mí…”, dijo María, la mujer de la Nueva Creación, acogiendo sobre ella la presencia del mismo Espíritu que “se cernía sobre la faz de las aguas” (Gen 1,2) en la mañana de la primera creación.

El fruto de la nueva Tierra

Cuando Moisés no sabía cómo convencer a un pueblo cansado, escéptico y desmotivado para entrar en la tierra de la promesa, envió exploradores a Canaan que volvieron cargados con gigantescos racimos de uvas dulces, frescas y apetitosas: ¡Estos son los frutos de la tierra hacia la que nos dirigimos!”, dijo Moisés al mostrárselos a los israelitas (Num 13). Algo así hace la Iglesia cuando nos presenta la Asunción de María, como si nos dijera: Mirad las primicias de la humanidad nueva, ella es el fruto ya granado de la Tierra hacia la que nos dirigimos. Dichosos vosotros por haber recibido la buena noticia del campo donde echa sus raíces el Árbol de la Vida que produce semejante fruto, compartid con otros ese secreto a voces, ese sabor del vino que llena de alegría. La existencia ya glorificada de María y su alegría, son los únicos instrumentos de que dispone para decirnos: Es una tierra que mana leche y miel. Vale la pena subir a conocerla”.

La casa preparada

Me voy a prepararos lugar, decía Jesús, y cuando vaya y os prepara el lugar, vendré de nuevo a llevaros a mi casa para que donde yo esté, estéis también vosotros (Jn 14, 2-3).

María, la primera en llegar a la Casa, toma parte con su Hijo en la tarea de preparar ese lugar para que un día, donde ella esté, estemos también nosotros. Ella nos espera “a mesa puesta” en ese banquete del que le gustaba hablar a su Hijo.

La meta alcanzada

La imagen es de Pablo en su carta a los Filipenses: Hermanos, yo no lo he alcanzado aún, ni he llegado ya a ser perfecto, sino que continúo mi carrera a fin de poder alcanzar a aquel por quien yo mismo fui alcanzado, Cristo Jesús. (Fil 3,12). El evangelio nos presenta a María desde el comienzo caminando deprisadesde Nazaret de Galilea a la sierra de Judea para llegar a casa de su prima Isabel y en aquella primerameta de su carrera, recibió de labios de Isabel la primera bienaventuranza: Dichosa tú que has creído…. Y aquello no fue sino un anticipo de la felicitación que iba a recibir en el final definitivo de su trayectoria. Toda la vida de María consistió en dirigirse apasionadamente hacia esa meta definitiva que no podía ser otra cosa que su propio Hijo. Como cuando llega la primavera y el ánade salvaje emprende el vuelo de retorno y nada puede detener su impulso ascensional.

Dolores Aleixandre

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¿Nos animamos a ponernos en camino?

viernes, 15 de agosto de 2025
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Lc 1, 39-56

Celebrar hoy a María que es llevada al encuentro definitivo con Dios nos compromete a vivir, como ella, esos otros encuentros transformadores en los que compartimos y cantamos la vida que Dios nos regala.

Este domingo celebramos la fiesta de la Asunción de María. Lo normal es que acudan a nuestra mente las muchas imágenes que hemos visto de María, mirando a lo alto, con las manos juntas, rodeada de ángeles, sobre nubes que indican cómo es elevada al cielo. Es realmente una fiesta que nos habla del triunfo y la santidad de María, pero que apenas nos dice nada, si nos quedamos en las imágenes, porque nuestra propia experiencia tiene poco que ver con ellas.

Pero, como tantas veces, el evangelio de hoy nos saca de estas imágenes que nosotros mismos nos hacemos y nos presenta a María con los pies en la tierra. Viviendo salidas y encuentros que sí pueden parecerse a los nuestros. Vamos a intentar acoger toda la riqueza de este texto, precioso y claro, ayudándonos de dos imágenes que nos presenta:

1. El encuentro de dos mujeres embarazadas

Según Lucas, María acaba de recibir la noticia de que ha sido elegida para ser madre del Mesías, del Hijo de Dios, y lo que hace es “ponerse en camino” y añade el texto “con prontitud”, aunque también puede traducirse con diligencia, con empeño, con cuidado… Como una decisión que brota de su nueva condición de madre, de sentir que en sus entrañas crece la nueva vida que viene de Dios.

Dios ha salido a su encuentro y ella va al encuentro de Isabel, una mujer también embarazada. Dos embarazos que se nos invita a contemplar a la luz de la fe, porque se realizan en circunstancias que humanamente son imposibles. En el caso de María porque “no conoce varón”y en de Isabel porque es anciana, “ha concebido en la vejez”. Y es que la vida que nace de Dios, nos dice el evangelio, rompe todas las normas, supera nuestros cálculos, nos sorprende irrumpiendo con fuerza allí donde nosotros no vemos posibilidades.

Esta experiencia de que para Dios “nada hay imposible”, de que Él sale al encuentro y hace surgir vida en dos mujeres sencillas, como entre tantos pobres y humildes, es una experiencia de las primeras comunidades cristianas, pobres, pequeñas y perseguidas. ¿No puede ser hoy la nuestra? ¿No se sienten nuestras comunidades a veces como Isabel, demasiado mayores y cansadas para algo nuevo, o demasiado solas y llenas de dificultades para ello?

Dos mujeres embarazadas, que se encuentran, ¿de qué hablan? Sin duda de sus hijos, de su alegría, del futuro… En este caso nos dice el evangelio que la alegría es desbordante y contagiosa, tan honda que “el niño salta de gozo en sus entrañas” y se llena del Espíritu de Dios. Y desde este Espíritu hablan de un futuro que las transciende, que no es solo el futuro de sus hijos, es el futuro de todo el pueblo, de toda la humanidad.

La hondura de gozo y de fe hace que este encuentro adquiera otra dimensión, del encuentro de dos mujeres pasa a ser el encuentro definitivo y permanente de Dios y nuestro mundo, su mundo.

2. Una mujer que se pone a cantar a Dios y al mundo nuevo que Él hace posible

Esta es la segunda imagen, María consciente de lo que está viviendo prorrumpe en un cantico que expresa una de las imágenes de Dios más rotundas y esperanzadoras del Nuevo Testamento.

Es importante considerar cómo Lucas pone en boca de María este canto que conocemos como el Magníficat. No vamos a entrar en su origen, ni a tratar de desentrañar las imágenes del AT que evoca… Vamos a dejar que nos toque el corazón desde su sencillez y frescura, a la vez que desde su hondura y tremendas afirmaciones.

María expresa su conciencia maravillada de la acción de Dios en ella, más allá de su pequeña realidad o precisamente por ella. Descubre que Dios es grande porque actúa en su sierva pobre y sin méritos. Y afirma con contundencia que es a ella, humilde mujer nazarena, a quien todas las generaciones llamarán bienaventurada. No solo a su hijo ni a su Dios.

Y esta experiencia de que Dios hace maravillas en ella, es la razón por la que afirma que Dios es misericordioso y que esta misericordia realizada en ella, se extiende, de generación en generación, sobre los que le temen, sobre los que le toman en serio, sobre los que creen en él y le aman.

Su experiencia personal, es la que le hace descubrir cómo actúa Dios en el mundo y como está dispuesto a hacer nuevo nuestro futuro, con acciones desestabilizadoras a favor de los pequeños, de los necesitados:

“Dispersa a los soberbios de corazón, derriba a los poderosos y ensalza a los humildes. Llena de bienes a los hambrientos y despide vacios a los ricos”

Esta es la promesa de Dios para con su pueblo, la promesa que hace cantar de gozo a María. Esta es la promesa que Dios nos hace hoy a nosotros, que hace a nuestra Iglesia y a nuestro mudo.

Aclamar y celebrar hoy a María que es llevada al encuentro definitivo con Dios nos compromete a vivir, como ella, esos otros encuentros transformadores en los que compartamos y cantemos la vida que Dios, por su misericordia, derrama en nosotros, en nuestra pobre realidad. ¿Nos animamos a ponernos en camino?

¡Feliz domingo! ¡Feliz día de la Asunción de María!

Mª Guadalupe Labrador Encinas, fmmdp

Fuente Fe Adulta

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María decidida y con prisa.

viernes, 15 de agosto de 2025
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Ilustración: Maximino Cerezo Barredo, cmf

(Lc 1, 39-56)

Hay tiempo para alzar la vista con mirada lánguida al horizonte y que se tope en los edificios de doce pisos de la ciudad. Hay tiempo para deleitarse lanzando la mirada hacia el horizonte de un mar en calma. Y hay tiempo para levantarse a destiempo como le pasó a María, que se puso en marcha deprisa hacia la montaña, con la alegría que le crecía notablemente en el vientre.

Cuando la palabra no tiene capacidad de expresarse, el silencio se explica en las huellas del camino de quien ha comprendido que es hora de compartir.

Encontré en el Diario del hno. Christophe de Tibhirine (1), dentro del texto que escribió el 8 de febrero de 1995, una cita de George Bernanos (2), que me produjo primero impresión y luego serenidad:  “La oración es la única rebelión que se mantiene en pie”.

Rebelión de los libres. Rebelión de los que no pierden la esperanza. Rebelión de los rebeldes con causas. La única rebelión que se mantiene erguida ante el poder y la injusticia… y es silenciosa.

María se puso en pie como mujer libre que dio su palabra y que alimentó su vida con esa única rebelión que se mantiene en pie, según Bernanos, en un mundo que no sabe detectar este tipo de rebeldía silenciosa de rebeldes con causas.

Muchas horas de oración silenciosa tuvo que vivir María desde el momento de la aceptación de la misión hasta que se levantó aquel día decidida y con risa y corrió hacia la montaña.

En el encuentro de aquellas dos mujeres, María e Isabel, sólo cabía proclamar, que es mucho más que concretar, hacer un discurso o expresar un momento grato. Es un manifiesto que quedó proclamado en el Magníficat, oración para todos los tiempos, también el que vivimos ahora.

“MAGNIFICAT” para el SIGLO XXI (3)

Proclama mi alma la grandeza del Señor

Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador,

mi Padre, mi Todo.

porque ha mirado la humildad y obediencia

de su hija, su criatura.

Desde que acepté su palabra,

me felicitan todas las generaciones

– antiguas y venideras-

porque he dejado que Él, que todo lo puede,

haga obras grandes a través de mí;

su nombre es santo

y su misericordia llega a los que le son fieles

y, a través de ellos, a los que no le conocen,

así, día tras día,

de generación en generación,

su amor se expande de corazón en corazón.

El Señor es fuerte:

confunde y desconcierta a los engreídos,

deja caer a los que ostentan el poder,

sostiene y pone como ejemplo a los humildes,

a los que tienen hambre de pan y amor los sacia

y a los que acaparan y no comparten

los despide vacíos.

Auxilia al mundo, su hijo pródigo,

porque no olvida la promesa de misericordia

hecha a Abraham, a los Apóstoles

y a las mujeres y hombres creyentes

de todos los tiempos.

María se quedó en casa de Isabel unos tres meses y volvió a su casa. Me gusta imaginar cómo lo pasarían las dos compartiendo vida y oración, alegres y expectantes y, quizás provocando muchas interrogaciones alrededor, pues hay veces que lo que se vive por dentro no tiene que ser necesariamente entendido por fuera.

Feadulta 15 agosto 2022

Mari Paz López Santos

(1) El soplo del don – Diario del hno.Christophe de Tibhirine, Ed. Monte Carmelo, pág.172

(2) George Bernanos (París, 20 de febrero de 1888 – Neuilly-sur-Seine, 5 de julio de 1948) fue un novelista, ensayista y dramaturgo francés. (Fuente: Wikipedia)

(3) “¿Qué quiere Dios que yo quiera?”,  Mari Paz López Santos, pág. 55-56

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María y la Asunción ¿Desde dónde la contemplamos?

viernes, 15 de agosto de 2025
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ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA. (Lc 1, 39-56)

¿Desde las Visiones proféticas del Apocalipsis de la primera lectura y salmo de hoy? ¿Desde el Evangelio de la Visitación? ¿Desde el Dogma de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos? ¿Desde la Historia del Arte? ¿Desde el imaginario y creencias de la piedad popular? ¿Desde el Nuevo catecismo de la Iglesia Católica? ¿Desde la teología feminista?

Hagamos un breve recorrido. Desde la visión apocalíptica y salmo que leemos hoy y que ha ejercido una seducción irresistible en el arte y el imaginario popular: ¡Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas!   Salmo: La reina enjoyada con oro de Ofil. Por contraste, en el Evangelio de hoy, Lucas nos presenta la escena del encuentro gozoso de dos mujeres que han creído lo que se les ha dicho: La Visitación. En el Dogma de la “Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos” la Iglesia confiesa que María fue “subida” al cielo en cuerpo mortal. (Como dogma la Asunción es una verdad de fe revelada por Dios en la sagrada Escritura o contenida en la Tradición.) De la Asunción no hay nada en la Sagrada Escritura, pero sí tiene una larga tradición en el imaginario y creencias populares. En el Nuevo catecismo de la Iglesia Católica: “La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la de los demás cristianos” Así celebra la Iglesia hoy, como fruto primero de la muerte y resurrección de Jesús, la Asunción de María. Y de este modo, se abre un camino de esperanza para la misma Iglesia y para toda la humanidad.

Pero demos un paso más y veamos la Asunción y Ascensión más allá de la mitología de los relatos evangélico, el imaginario popular, el dogma y el catecismo.  Lo que cuentan los evangelios, todos en lenguaje mítico, son narraciones ejemplarizantes y simbólicas que no se pueden leer al pie de la letra. Literalismo. Necesitamos interpretarlas con ayuda de las ciencias exegéticas y hermenéuticas hoy disponibles. De María, históricamente, no sabemos nada. Los narradores bíblicos usan a María para presentar su mensaje, para decir lo que de verdad quieren decir. La idealización de María está al servicio de la intención del autor. Nosotros tenemos que descubrir y descifrar el significado que, para nuestro crecimiento en la fe, aporta el texto.

¿Y qué interpretación hacemos hoy de la Asunción de la Virgen María en cuerpo mortal y alma a los cielos? En esa metáfora de la Asunción nosotros hoy contemplamos a María que ha alcanzado la plenitud de su verdadero ser. Que ha llegado a ser lo que verdaderamente era. Que a lo largo de su vida María iba evolucionando en la identificación con la divinidad y decimos que lo consumó en la Asunción-glorificación, siguiendo el mismo recorrido que Jesús realizó. Hoy no podemos entender “físicamente” ni la ascensión del Señor ni la asunción de la Virgen.  Subir, ¿a dónde? Dios no está arriba. No está separado de su creación. Está transcendentemente inmanente a ella. Nadie tiene que subir ni bajar, entrar o salir para encontrarle donde está. ¿En qué Cosmología actual cabe ni la Ascensión ni la Asunción? La Ascensión y la Asunción obedecen a la cosmología de los Tres Pisos que actualmente resulta insostenible.

Desde la interpretación de la Asunción como logro de la plenitud humana, María es ejemplar, un modelo, un ideal para el creyente del siglo XXI. Hoy celebramos su participación en la Vida divina durante toda su vida, desde la cuna a la sepultura. Y sabemos que nuestra participación en la Vida es igual que fue en María. Por eso su contemplación y celebración (celebrar es recordar y vivir) nos ayuda en nuestra asunción constante hacia la plenitud, hasta llegar a ser lo que somos realmente.

A mí me ayudó a cambiar desde dónde contemplar a María y su asunción, escuchar, en 2017, una conferencia que dio Marifé Ramos con el título “María, vecina de Nazaret”. En esa conferencia se nos pedía ver a María como si fuéramos vecinas con ella en Nazaret, en el contexto histórico, político, económico, social y religioso de Palestina en el siglo I.  En una sociedad machista y patriarcal. María era una mujer sencilla, pobre y obediente a la cultura en la que vivía. Como todos los judíos, esperaba al mesías que liberaría al país de la tiranía del Imperio romano.

La María de Marifé me resultó más cercana y ejemplar que la imagen infantil prolongada que todavía mantenía. Fue grande el contraste entre la mi imagen de María, alimentada por la mariología popular (apariciones, romerías, santuarios y ermitas, novenas y peregrinaciones) y la María desmitificada que nos presentó tan razonablemente. Esta María, con la que puedo compartir vecindad, me resultó más verosímil e imitable en su fidelidad al proyecto divino para ella diseñado. Esta María sí es un referente para la humanidad hoy.

Mi proceso de “desmitificación y desidealización” de María se enriqueció con los abundantes ensayos, estudios e investigaciones realizados por mujeres, en el campo de la Teología Feminista, sobre María, la madre de Jesús de Nazaret. Mi gratitud especial para Mercedes Navarro, Carmen Bernabé y Consuelo Vélez entre otras muchas. Todas ellas me han ayudado a descubrir en María a una mujer de fe, libre, activa, fuerte.  Muy distinta a la María domesticada por el patriarcado desde el que se escriben los Evangelios y la literatura del Nuevo Testamento.

Y para cerrar como debe ser en nuestro hoy eclesial: En una Iglesia sinodal y “en salida” María nos convoca a ser, como ella, protagonistas en la misión liberadora del Reino, a dar testimonio del evangelio de Jesús de Nazaret y ser sacramento de salvación (liberación) de la humanidad sufriente. En verdad, es tiempo propicio para renovar nuestra espiritualidad mariana, para seguir sus pasos como discípula y misionera fiel y audaz.

Para profundizar.  1. Ver el video o leer el texto de la conferencia de Marifé Ramos “María, vecina de Nazaret” que podéis encontrar en la web de Feadulta. 2. Mercedes Navarro “Los rostros bíblicos de María.” Exégesis y hermenéutica bíblica feminista. Verbo Divino (2020). 3. El blog de Consuelo Vélez en Religión Digital.

Mª África de la Cruz

Fuente Fe Adulta

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Maximiliano María Kolbe, un corazón donado…

jueves, 14 de agosto de 2025
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Hoy recordamos, en su festividad, a este ejemplo de entrega sin límites…

Nació en Polonia en 1894. A los 13 años entró en los menores conventuales. Una vez terminados sus estudios filosóficos y teológicos en Roma, instituyó en ella la «Milicia de la Inmaculada», en 1917. Tras ser ordenado sacerdote en 1927, fundó en su patria la «Ciudad de la Inmaculada», centro de vida espiritual y de actividad editorial. Ejerció como misionero en Japón y volvió a Polonia en 1936, donde prosiguió su intensa obra de apostolado. Durante la Segunda Guerra Mundial fue deportado al campo de concentración de Auschwitz, donde murió al ofrecer su vida por la de un compañero de prisión, el 14 de agosto de 1941. Fue beatificado por Pablo VI en 1971 y canonizado con el título de mártir por Juan Pablo II en 1 982.

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En todos los continentes, o casi, es conocida y notoria la figura de san Maximiliano María Kolbe. Y quien ha recibido el don de acercarse a él, queda profundamente conquistado por el santo. Porque se quedará tan presente en su propia vida, que sentirá la necesidad de invocarlo, imitarlo y enamorarse de su poliédrica figura de hombre, sacerdote, religioso, apóstol y mártir.

«Sólo el amor crea», había repetido miles y miles de veces el padre Kolbe durante su vida. «Sólo el amor crea», cantaban las obras que iba ideando y concretando una tras otra, a fin de llevar la vida de la verdad a cada hombre con la imprenta; para llevar las ondas de la vida a cada casa por medio de la radio; para dar un signo de la vida eterna a través de las esculturas y las pinturas de los hermanos. Y en sus largos viajes no perdía la ocasión de acercarse al ateo, al masón, al judío, al incrédulo, al cristiano adormecido en su fe, para que el nuevo destello de la vida iluminara el camino que lleva a la salvación.

«Sólo el amor crea», ha ido repitiendo el papa «venido de lejos », cada vez que se detiene a hablar de este hombre: el hombre de nuestro tiempo, el hombre de la magna y profunda herencia.  La herencia espiritual de san Maximiliano María Kolbe no tiene límites. La consagración total a la Inmaculada con propósitos apostólicos, que él vivía y promovía, es y debe ser una verdadera espiritualidad. Indudablemente, es una herencia muy comprometedora, porque se trata de imitar a aquel que nos la ha dejado. A saber: se trata no de tener «algo» de él (posibles reliquias, algún autógrafo, su biografía, etc.), sino de poseer su espíritu, porque de los santos queda sobre todo lo que han hecho, actuando según la voluntad de Dios. Recoger su herencia significa permitir a Dios que obre en nosotros como obró en ellos. Como obró en san Maximiliano María Kolbe y en muchos de sus seguidores

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(L. Faccenda [ed.], «Un corazón donado. San Maximiliano María Kolbe», suplemento a Milizia Mariana 4 [1994] 11; 51ss; 75).

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , ,

Estad como los que aguardan.

domingo, 10 de agosto de 2025
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Teresa de Jesús, que vivió intensamente la vida, nos invita a nosotros a vivirla con agradecimiento, en atenta espera del Amado, con absoluta confianza porque nos sabemos de su rebaño…

 

Teresa de Jesús vivió asombrada. ¿Acaso se puede vivir de otra manera la fe? El don de Dios, en el misterio de su humanidad, la dejó ‘espantada’, como ella decía. La oración interior fue su manera de responder al milagro de la Presencia: “En lo muy muy interior siente en sí esta divina compañía” (7Moradas 1,7). En estos días de agosto, de tiempo ordinario o vacacional, Teresa de Jesús nos invita a mirar asombrados “El amor que nos tiene Jesús porque … De tal manera ha querido juntarse con la criatura, que así como los que ya no se pueden apartar, no se quiere apartar Él de ella” (7M 2,3).

Lo que escuchó María: ‘Para Dios nada es imposible’, fue, para Teresa de Jesús, la fuerza que la empujó a realizar los sueños de Dios, desafiando las dificultades. Le decían que la vida nueva que quería vivir era “un disparate” (V 32,14), que las mujeres “no han menester esas delicadeces” (Camino 21,2), pero Jesús había juntado su debilidad con su poder, había engrandecido su nada. A nosotros, tentados tan a menudo por el desaliento, nos conviene escuchar el coraje de Teresa de Jesús: “Digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar, venga lo que viniere, murmure quien murmurare” (C 21,2).

Lo que le oyó a Jesús Teresa es un excelente programa de vida para nosotros: “Que mirase por sus cosas (las de Jesús), que Él miraría por las suyas” (7M 3,2). “No hagamos torres sin fundamento, que el Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen” (7M 4,16). Ahí está la belleza del testimonio: “Sea Dios alabado y entendido un poquito más, y gríteme todo el mundo” (7M 1,5).

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Tomado del boletín teresiano del CIPE

 

(Foto Pazo Pías galleries4-img-55-3-pazopias.TIX)

***

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.

Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.

Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.”

Pedro le preguntó:

“Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?”

El Señor le respondió:

“¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?

Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

Pero si el empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.

El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.

Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.”

*

Lucas 12, 32-48

***

Dichosos los que han optado por vivir con sobriedad para compartir sus bienes con los más pobres. Dichosos los que renuncian a más ofertas de trabajo para resolver los problemas de los parados.

Dichosos los funcionarios que agilizan los trámites burocráticos e intentan resolver los problemas de las personas no informadas.

Dichosos los banqueros, los comerciantes y los agentes de venta que no se aprovechan de las situaciones para aumentar sus beneficios.

Dichosos los políticos y los sindicalistas que se comprometen a encontrar soluciones concretas al paro.

Dichosos nosotros cuando dejemos de pensar: «¿Qué mal hay en defraudar? Lo hacen todos…».

Entonces, la vida social se convertirá en una anticipación del Reino de los Cielos.

*

Paul Abela.

***

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Enséñanos a orar.

lunes, 28 de julio de 2025
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Enséñanos a orar, Señor,
a orar a tu estilo y manera,
que no queremos hacer el ridículo
ni ser la comidilla de quienes nos miran de reojo,
ni de quienes pasan de largo
pero no se resisten a lanzar dardos.

Enséñanos a orar, Señor,
a orar como tú lo hacías,
con silencios y palabras,
con sentimiento, gestos, y cantos,
con la cabeza y las entrañas,
con la vida cotidiana y las esperanzas.

Enséñanos a orar, Señor,
a orar con emoción y serenidad,
con nuestro cuerpo y espíritu,
mirando el regalo de la creación,
entrando en nuestro interior
y saboreando lo que pones en nuestras manos.

Enséñanos a orar, Señor,
a orar contigo y el Espíritu,
y con los hermanos,
en público y en privado,
tartamudeando palabras y sentimientos,
pues ya sabes cómo somos en esos momentos.

Enséñanos a orar, Señor,
a nuestro Padre que está en el cielo
y anda buscándonos en todos los sitios;
a nuestro Padre bueno y tierno
que quiere lo mejor para sus hijos
aunque estemos a la contra o perdidos.

Enséñanos a orar, Señor,
a tiempo y a destiempo
y aún corriendo el riesgo
de ser inoportunos al hacerlo;
pero que nuestra oración surja del corazón
y sea sincera y con amor de hijos.

Enséñanos a orar, Señor,
a orar para sentirnos y sabernos
de tu familia, cuadrilla y sueños.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

***

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“ Carta a un cura ‘consternado’”, por Beto Vargas.

sábado, 19 de julio de 2025
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De su blog dios, en minúscula:

Conmoción en Italia por el suicidio de un joven sacerdote de 35 años: Realmente no sabemos qué sucedió”.

Un poco de pudor ante el suicidio

La fe también es ver al ser humano más allá de que esté sentado debajo de la higuera.

Pero si eres antipático Ernesto. Qué vienes ahora con tu historia de la soledad de los curas si no se te puede hablar. Si no estás disponible para lo fraterno. Si usas a la gente cuando necesitas algo y luego no vuelves a mirar ni para dar las gracias.

¿Usarás la tragedia de tu colega para hacerte el héroe si elegiste una vida en la que jamás sabrás lo que siente la gente a la que dices servir? Hombre, Ernesto, si exiges trato diferencial con tu voz, tus cejas, tus gestos, sales ahora a quejarte del trato diferencial que te dan.

Si tú mismo tratas a tu jefe como un príncipe ¿estás esperando que no te vea como un súbdito? Ernesto… Sé serio hombre. Cuántas veces te has quejado de la indiferencia de gente a la que también tú tratas como un capataz.

Si el pedacito que te dieron a administrar lo convertiste en tuyo. Son tus gustos, tus pareceres, tus criterios, tu estilo. Vas a decir ahora que la tienes muy dificil porque nadie entiende lo que tienes que vivir.

Un poquito pasado de privilegio y pretensión ese mensaje, Ernesto.

Duele lo del hombre que se ha quitado la vida; no por cura, sino por humano y creyente. Uno para el que la iglesia no fue el reino y el mundo sí fue infierno, del que – bendita sea la misericordia de la que tanto sospechas, Ernesto – ya salió. Pues dios recibe siempre, a tod@s³.

Pero es poco ético y menos aun fraterno volverlo una bandera de tu status, de ‘la cruz‘ de tu posición, que a tantos años luz se encuentra de la posición de siervo, de último. Y no porque peques, pues todos. Sino por la estructura que sostiene el que te hayas creído tan distinto.

Y así como tu panfleto dramático no tiene que ver con todos los curas, esto tampoco – pero casi – porque a los que saben dar la vida no los reconocen por las telas, títulos, ni poses, sino por las marcas del amor. Y esa gente nunca sabe que son ellos los que van haciendo el bien.

No tiene que ver contigo, en lo que genuinamente eres, hermano. Porque la fe también es ver al ser humano más allá de que esté sentado debajo de la higuera. Sino con eso en lo que te conviertes cada vez que te acuerdas que eres cura y eliges los primeros puestos que tienes cerca.

Si hoy te alerta la salud mental de tu gremio ni te asomes a la de tu audiencia, que con esas toneladas de culpa, expectativa y magia que tantas veces promueves sin aceptarlo, son miles necesitados de un acompañamiento que la iglesia nunca ha sabido hacer.

Ni hablar de las víctimas, porque se nos viene abajo el edificio. Y debería.

Aquí has tenido y tendrás herman@s. Y de éstas conversaciones tenemos muchas y frecuentes, sin ti, Ernesto, porque no has estado disponible. Pero eres bienvenido, como uno más, cuando quieras. Quién quita en unos años notes que no tenías que vivir así, que eso no es vocación.

***

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Aprendiendo a convertirse en una roca.

lunes, 30 de junio de 2025
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Mike O’Donnell,

La publicación de hoy es de Mike O’Donnell, miembro de Dignity/Washington y profesor de teología.

Las lecturas litúrgicas de hoy para la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo (29  de junio), se pueden encontrar aquí.

Cuando Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?«, los invitó a reflexionar sobre la atractiva percepción pública de su identidad. Los discípulos respondieron con lo que debieron ser los rumores más comunes: «Algunos dicen que Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que Jeremías o uno de los profetas«. En otras palabras, la gente intentaba categorizar a Jesús, encajarlo en narrativas conocidas, darle sentido poniéndole etiquetas conocidas.

Pero entonces Jesús cambió el enfoque: «¿Y ustedes quién dicen que soy yo?«. Ya no se trataba de lo que otros decían. Ahora era personal. «Ustedes han caminado conmigo, han compartido comidas conmigo, han presenciado los milagros, ¿quién dicen que soy?«.

Es Simón Pedro quien habla, dejando de lado el ruido de la especulación y escuchando para decir la verdad: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo«.

Este momento siempre ha sido impactante en las Escrituras, pero al reflexionar sobre él recientemente, no pude evitar ver un paralelismo con la experiencia de la comunidad LGBTQ+. Al igual que Jesús, nosotros también nos debatimos constantemente entre dos cuestiones de identidad: ¿Quiénes dicen ser y quiénes somos realmente?

Ya sabemos lo que mucha gente dice. La sociedad, y desafortunadamente incluso nuestras iglesias y familias a veces, han intentado definirnos con etiquetas dañinas. Nos han llamado «confundidos«, «desordenados» e incluso «intrínsecamente malvados«. Estas palabras son profundamente hirientes. Y cuando se repiten una y otra vez, no se quedan solo en el exterior. Se arraigan en el alma, internalizándose hasta hacerse difíciles de eliminar.

A algunos nos ha costado creer que somos dignos de amor, no solo amor humano, sino amor divino. Otros han pasado años intentando reconciliar su fe con quienes saben que son. Hemos orado por claridad, por sanación, por la capacidad de ser aceptados.

Y así vuelvo a la pregunta de Jesús, no solo a los discípulos, sino a nosotros: «¿Quién dices que eres?«. Y más importante aún: «¿Quién dice Dios que eres?«.

Mi esperanza y oración es que cada persona LGBTQ+ tenga un Simón Pedro en su vida: alguien que pueda trascender el ruido cultural y decir la verdad sobre quién es. Alguien que no se base en viejos prejuicios ni doctrinas trilladas, sino que te vea con ojos de amor y perspicacia espiritual.

Pero si no tienes ese Simón Pedro ahora mismo, si nadie te ha dicho esa verdad últimamente, que sea así:

* ¿Confundido? Quizás tu camino ha sido confuso a veces. Quizás has luchado con tu identidad y tu fe. Pero no te confundas. Estás hecho de manera hermosa y maravillosa, creado a imagen y semejanza de Dios.

* ¿Desordenado? No veo desorden. Veo a alguien que lucha por la plenitud, la verdad y el amor; alguien profundamente ordenado hacia las relaciones, la comunidad y sí, incluso hacia Dios.

* ¿Intrínsecamente malo? ¡Para nada! Llevas dentro una bondad intrínseca que nadie te puede quitar. Eres un hijo amado de Dios.

Cuando Pedro hizo su declaración, Jesús respondió con una profunda afirmación. Lo bendijo y le dijo: «Esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre celestial». En otras palabras, esa verdad —la que trasciende el miedo, la confusión y el prejuicio— no proviene de la opinión humana, sino de la revelación divina.

Jesús entonces llamó a Pedro una roca y prometió que las puertas del infierno no prevalecerían.

Necesitamos ser esa clase de roca. Porque todavía hay voces que dicen hablar en nombre de Dios mientras difunden condenación. Puede que hablen en nombre de la religión, pero no debemos permitir que esas voces ahoguen la verdad. Debemos mantenernos firmes, arraigados en la dignidad, sabiendo que somos amados, llamados y bendecidos.

A quienes se sienten marginados por la iglesia o repudiados por sus seres queridos, sepan esto: la voz de Jesús sigue hablando hoy. La verdad de quién eres no se encuentra en las etiquetas que otros te asignan, sino en el amor que Dios ya ha derramado en ti. Así que, cuando el mundo se sienta abrumado por el rechazo o el odio, recuerda esta promesa: Tú eres la roca. Y las puertas del infierno no prevalecerán contra ti.

–Mike O’Donnell, 29 de junio de 2025

Fuente New Ways Ministry

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“Seguir a Jesús”. 13 Tiempo ordinario – C (Lucas 9,51-62)

domingo, 29 de junio de 2025
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«Seguir» a Jesús es una metáfora que los discípulos aprendieron por los caminos de Galilea. Para ellos significa en concreto: no perder de vista a Jesús; no quedarse parados lejos de él; caminar, moverse y dar pasos tras él. «Seguir» a Jesús exige una dinámica de movimiento. Por eso el inmovilismo dentro de la Iglesia es una enfermedad mortal: mata la pasión por seguir a Jesús compartiendo su vida, su causa y su destino.

Las primeras generaciones cristianas nunca olvidan que ser cristiano es «seguir» a Jesús y vivir como él. Esto es lo fundamental. Por eso Lucas le da tanta importancia a tres dichos de Jesús.

Primer dicho. A uno que se le acerca decidido a seguirle Jesús le advierte así: «El Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza». El instinto por sobrevivir en medio de la sociedad moderna nos está llevando hoy a los cristianos a buscar seguridad. La jerarquía se afana por recuperar un apoyo social que va decreciendo. Las comunidades cristianas pierden peso y fuerza para influir en el ambiente. No sabemos «dónde reclinar la cabeza». Es el momento de aprender a seguir a Jesús de manera más humilde y vulnerable, pero también más auténtica y real.

Segundo dicho. A uno que le pide ir antes a enterrar a su padre Jesús le dice: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios». En la Iglesia vivimos con frecuencia distraídos por costumbres y obligaciones que provienen del pasado, pero no ayudan a generar hoy vida evangélica. Hay pastores que se sienten como «muertos que se dedican a enterrar muertos». Es el momento de volver a Jesús y buscar primero el reino de Dios. Solo así nos colocaremos en la verdadera perspectiva para entender y vivir la fe como quería él.

Tercer dicho. A otro le dice: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios». Mirando solo para atrás no es posible anunciar el reino de Dios. Cuando se ahoga la creatividad o se mata la imaginación evangélica, cuando se controla toda novedad como peligrosa y se promueve una religión estática, estamos impidiendo el seguimiento vivo a Jesús. Es el momento de buscar, una vez más, «vino nuevo en odres nuevos». Lo pedía Jesús.

José Antonio Pagola

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San Bernabé, apóstol.

miércoles, 11 de junio de 2025
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José, apodado Bernabé, que significa ‘hijo de la consolación’, recibe el nombre de apóstol, aunque no fue uno de los Doce. Y recibe este nombre precisamente porque desarrolló un papel decisivo en la difusión del Evangelio. Como se dice en los Hechos de los apóstoles, fue un hombre de gran fe, y, al entrar en la comunidad cristiana, vendió todos sus bienes y los puso a disposición de los apóstoles (4,36ss). Colaboró con Pablo en la evangelización de los paganos. Desarrolló su actividad misionera sobre todo en la ciudad de Antioquía, desde donde partió con Pablo para el primer viaje misionero. Murió mártir en la tierra donde había nacido, en la isla de Chipre.

 

 

En aquellos días, fue grande el número de los que creyeron y se convirtieron al Señor. La noticia llegó a oídos de la iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía. Cuando éste llegó y vio lo que había realizado la gracia de Dios, se alegró y se puso a exhortar a todos para que se mantuvieran fieles al Señor, pues era un hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una considerable multitud se adhirió al Seńor.

Después fue a Tarso a buscar a Saulo. Cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía, y estuvieron juntos un año entero en aquella iglesia, instruyendo a muchos. En Antioquía fue donde se empezó a llamar a los discípulos ‘cristianos’.

En la iglesia de Antioquía había profetas y doctores: Bernabé, Simón el Moreno, Lucio el de Cirene, Manaén, hermano de leche del tetiarca Herodes, y Saulo.

Un día, mientras celebraban la liturgia del Seńor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo:

Separadme a Bernabé y a Saulo para la misión que les he encomendado.

Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los despidieron.

*

Hechos 11,21b-26; 13,1-3

***

 

Incluso desde el punto de vista histórico, son más que preciosas las noticias que Lucas nos ofrece en esta primera lectura. En primer lugar, tienen que ver con las relaciones entre la Iglesia madre de Jerusalén y la comunidad cristiana de Antioquía. Bernabé, ‘hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe’, puede ser considerado muy bien como el nexo de unión entre Jerusalén y Antioquía. De este modo, colaboró no sólo en la evangelización, sino también en la edificación de la Iglesia.

En segundo lugar, Bernabé fue también importante en la vida de la Iglesia naciente porque fue él quien tomó a Pablo como colaborador, aunque Pablo le superara después en su intento de inculturar la fe. Ambos, conjuntamente, constituyen una pareja de misioneros, a cuya iniciativa y genialidad debe mucho la comunidad cristiana de todos los tiempos.

Pero son sobre todo las noticias históricas relativas a la ciudad de Antioquía y a la presencia en ella de los primeros cristianos las que tienen una importancia de primer orden. Antioquía constituye, en efecto, el punto de partida y el punto de llegada de los viajes misioneros de Pablo, después de que éste pudiera formarse en ella, compartiendo su vida con Bernabé y con muchos otros ‘profetas y doctores’ que hacían extremadamente interesante aquella experiencia de fe. En Antioquía, además, se empezó a llamar por vez primera ‘cristianos’ (11,26) a los discípulos de Jesús. Esta noticia, en su descarnada sencillez, nos dice qué viva y vivaz era la fe que los primeros creyentes vivían en aquella ciudad que se asomaba al Mediterráneo.

***

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

+ Id anunciando que está llegando el Reino de los Cielos.

Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, expulsad a los demonios; gratis lo recibisteis, dadlo gratis.

No llevéis oro, ni plata ni dinero en el bolsillo; ni zurrón para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni cayado, porque el obrero tiene derecho a su sustento.

Cuando lleguéis a un pueblo o aldea, averiguad quién hay en ella digno de recibiros y quedaos en su casa hasta que marchéis. Al entrar en la casa, saludad, y si lo merecen, la paz de vuestro saludo se quedará con ellos; si no, volverá a vosotros.

*

Mateo 10,7-13

***

 

Esta página evangélica pertenece al llamado ‘discurso misionero’ que, según Mateo, Jesús dirigió a sus apóstoles durante su ministerio público.

Vale la pena recordar, en primer lugar, el contexto en el que el evangelista sitúa este discurso: Jesús está recorriendo las ciudades y los pueblos de su tierra, anuncia el Evangelio del Reino y cura a los enfermos. Al mismo tiempo, constata que las muchedumbres están abatidas y abandonadas a sí mismas, ‘como ovejas sin pastor’ (Mt 9,35-38). Entonces llama a sus doce discípulos, les da poder para expulsar a los espíritus inmundos y les envía en misión. Según la perspectiva de Mateo, esta misión está dirigida sólo a las ovejas dispersas de la casa de Israel: como Jesús, también sus discípulos -por ahora- deben concentrar sus energías en el interior de un horizonte muy limitado, en espera de aperturas mucho más grandes, requeridas por la Pascua del Señor.

Tras el contexto, vale la pena seńalar el método que recomienda Jesús a sus misioneros. Éste se caracteriza por dos notas típicas. Los misioneros del Reino deben continuar propagando lo que Jesús ha dicho y lo que Jesús ha hecho, nada más. Pero, sobre todo, deben imprimir la más absoluta gratuidad al ministerio que están emprendiendo: no es el oro o la plata lo que debe constituir el centro de su atención, sino sólo el deseo de bendecir y beneficiar. Eso es exactamente lo que afirmará san Pedro en uno de sus famosos discursos: ‘No tengo plata ni oro; pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar’’(Hch 3,6).

 

***

La invitación a la gratuidad que caracteriza, en primer lugar, al método misionero recomendado por Jesús a sus discípulos y apóstoles constituye el objeto de nuestra meditación. Es incluso demasiado fácil trivializar el tema de la gratuidad, considerándolo sólo desde el punto de vista material, aunque esta dimensión no debe ser en absoluto desatendida, ya que es muy apreciada en el ambiente social en el que viven hoy los cristianos. La gratuidad, sin embargo, expresa algo bien diferente, impulsa mucho más allá: requiere una claridad interior y un coraje que no es ciertamente patrimonio de la mayoría.

La gratuidad es, antes que nada, fruto de un corazón educado evangélicamente, de un corazón que late en plena sintonía con el de Jesús. Por eso, sólo puede decir que tiene una actitud gratuita quien, honestamente, pueda decir que tiene un corazón ‘manso y humilde’ (cf. Mt 11,29). Gratuita, también, es la actitud de quien  está dispuesto a dar, tanto material como espiritualmente, sin esperar nada a cambio. El verdadero discípulo de Jesús se contenta y goza con dar, sin esperar nada a cambio, recordando la enseñanza de Jesús: ‘Hay más felicidad en dar que en recibir’ (Hch 20,35). Gratuita es, por último, la acción de quien abre la mano para dar y no la cierra nunca, incluso ante quien rechaza el don y no manifiesta ninguna gratitud. Esa mano permanece siempre abierta porque su corazón se ha dejado educar en la escuela del Evangelio.

 

ORACIÓN

Pertenece al hambriento el pan que guardas en tu cocina. Al hombre desnudo, el manto que está en tu armario. Al que no tiene zapatos, el par que se estropea en tu casa. Al hombre que no tiene dinero, el que tienes escondido. Los juguetes que rompes son los juguetes de los nińos desheredados; el alimento que malgastas es el alimento del que está desnutrido; los utensilios que tiras son los utensilios de quien no tiene casa; las obras de caridad que no haces son otras tantas injusticias que cometes.

*

Basilio de Cesárea,

‘Cuando el rico es un ladrón’,
en El buen uso del dinero,

Desclée de Brouwer, Bilbao 1995, p. 59.

***

Comoquiera, pues, que estoy convencido y siento íntimamente que, habiéndoos dirigido muchas veces mi palabra, sé que anduvo conmigo el Señor en el camino de la justicia, y me veo también yo de todo punto forzado a amaros más que a mi propia vida, pues grande es la fe y la caridad que habita en vosotros por la esperanza de su vida (Tit 3,6); considerando, digo, que de tomarme yo algún cuidado sobre vosotros para comunicaros alguna parte de lo mismo que yo he recibido, no ha de faltarme la recompensa por el servicio prestado a espíritus como los vuestros, me he apresurado a escribiros brevemente, a fin de que, juntamente con vuestra fe, tengáis perfecto conocimiento.

Ahora bien, tres son los decretos del Señor: la esperanza de la vida, que es principio y fin del juicio; el amor de la alegría y regocijo, que son el testimonio de las obras de la justicia. En efecto, el Dueńo, por medio de sus profetas, nos dio a conocer lo pasado y lo presente y nos anticipó las primicias del goce de lo por venir.

Y pues vemos que una tras otra se cumplen las cosas como él les dijo, deber nuestro es adelantar, con más generoso y levantado espíritu, en su temor (‘Carta de Bernabé’, I, 4-7, en Padres apostólicos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 21967, pp. 771-772).

 ***

La salvación, por parte de Cristo, es pura gracia. Si esto valía para los judíos que se dirigían a Cristo, tanto más evidente era esto en los paganos. Bernabé se dio cuenta de ello enseguida, en cuanto admiró la Iglesia surgida en Antioquía como por encanto. Comprendemos muy bien que pudiera sentirse lleno de alegría y que, frente a la acción de la gracia, no le quedara otra cosa que hacer que  ‘amonestar a todos a perseverar en el Señor’[…]. Flota, sin duda, en el aire cierto aire de tragedia en el hecho de que Pedro -dado su particular temperamento-, junto con Bernabé, precisamente en Antioquía, se pusiera en una situación difícil, haciéndose merecedor de la censura de Pablo, como este último nos dice en su Carta a los Gálatas (cf. 2,11 ss).

La gracia de Dios no excluye la libertad humana, pero engendra a menudo un estado de tensión entre lo humano y lo divino, del que se sirve para despejar el camino de la Iglesia y guiarla hasta su meta.

Bernabé no había perdido de vista a Saulo. ‘Fue a Tarso a buscar a Saulo’. Experimentamos una extraña sensación al leer estas palabras. Ahora bien, ¿dónde estaba Saulo? Había tenido que dejar Jerusalén como fugitivo después de su primer encuentro con la comunidad: los hermanos le habían hecho partir para Tarso (9,23-30). No sabemos lo que hizo Pablo durante estos años de ausencia. ¿Estuvo inactivo por completo? Pero Bernabé no ha olvidado a Pablo. Fue él quien hizo en su momento de intermediario, en Jerusalén, de aquel hombre cuando acababa de llegar de Damasco, y había intentado granjearle la confianza de la comunidad madre, atestiguando el encuentro de Saulo con el Seńor (9,27).

Los Hechos de los apóstoles no nos dicen cómo Bernabé estaba tan bien informado respecto a Pablo. Fue una disposición providencial, y como tal siguió la amistad de estos dos hombres.

El Espíritu que guía a la Iglesia se sirve de vínculos humanos personales para el bien de la sociedad. Volvemos a preguntarnos qué habría pasado si Bernabé, durante su estancia en Antioquía, no se hubiera acordado de Saulo. ¿Por qué fue a buscarle? A buen seguro, no por su propio interés. Pensaba ya en Pablo desde hacía tiempo, como podemos presumir, y sabía que su amigo sufría por estar tan alejado de aquella obra a la que parecía llamado. No sin motivo nos dice nuestro texto que Bernabé era ‘un hombre de bien’ .

*

J. Kürzinger,

Comentarios Espirituales sobre el Nuevo Testamento. Hechos de los Apóstoles,

Roma 21969, I, pp. 304ss.

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El escrutinio.

sábado, 24 de mayo de 2025
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pedro-me-amas1No sé en qué cualidades y referencias se habrán fijado los cardenales para elegir Papa. Pero hay un ejemplo en el evangelio que me da una pista estupenda.

Jesús elige a Pedro. Y le hace un examen muy importante. No era el más rico ni siquiera el más servicial, ni el más amigo, ni el que más estaba con los pobres. Podía, para ese menester, elegir a otro apóstol. Jesús le hace la prueba: Una pregunta y una actitud: “¿Me quieres más que los demás?” Hasta poco a poco va rebajando las exigencias con un historial precedente nada positivo. Había negado tres veces a Jesús. Pero, incluso Jesús rebaja la cantidad de amor: ¿Me quieres? -Ya sin comparación.

Pedro, en ese momento tiene una actitud de sinceridad. Y confiesa casi un poco avergonzado: “Tú lo sabes, que te quiero

Claro, que Pedro ya sabía por su vida con el Maestro que amarle era, y llevaba consigo, amar a los demás, en especial a los pecadores, enfermos, humildes… Sin duda que los cardenales habrán elegido no al más inteligente y al que mejor hable, ni al que más fama tenga, sino al que más quiera a Jesús y a sus amigos: los bienaventurados del Evangelio.

La elección ya es un signo de cambio en la Iglesia. Basta fijarnos en siglos pasados y ver qué lejos elegían del evangelio. Ojalá sean criterios no de grupo, no de tendencia, sino de Buena Noticia a los pobres y a los sencillos y que su servicio a la Iglesia sea sobre todo seguir al Fundador.

Poner a Jesús en el centro de la Iglesia y con Él, como no puede ser de otra forma, que su interés sea por los más necesitados en la vida.

Comprendo que yo no voy a hacer que el Papa sea de una u otra manera. Pero sí puedo y quiero ayudarle y empujarle para que sea un buen seguidor de Jesús si yo vivo una iglesia activa. Si vivo la Sinodalidad y la voy exigiendo… Me parecería un paso muy importante si trabajamos para que desaparezcan los Estados Pontificios, el Vaticano, como institución y poder. Ese paso nos ayudará a ser una comunidad de hermanos seguidores de Jesús.

Podemos vivir activos y creadores desde el Espíritu. El Papa será lo que nosotros le empujemos a ser.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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¿Somos ovejas que escuchamos su voz, o seguimos a otros pastores?

martes, 13 de mayo de 2025
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Del blog de Alfonso J Olaz El Rincón del Peregrino:

 

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| Alfonso Olaz OFS

¿Somos ovejas, que escuchamos su voz, o seguimos a otros pastores?

En la escucha sabemos de dónde venimos y con quién vamos

Señor
No permitas que sigamos 
a los pastores disfrazados de cordero, Y si alguna vez lo hacemos, que salgamos rápido de su redil

Señor
Que seamos valientes, 
para perder el control de nuestra vida y entregarla a ti

Tú nos cuidas cada día y nos has elegido para ser alegres y combativos,para ser fraternidad contigo, escuchando tu voz cada día

Señor.
Aunque a veces nada entendamos,
ahí estas tú con más fuerza.
Nada hay que entender y solo hay que amar, 
para creer que contigo, todo, todo es posible.

Señor
Sin ser clones, ni fotocopias de nadie.
Libres como tú nos quieres
Para hacer tu voluntad.

Del evangelio a la vida
De la vida al evangelio.

***

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25 de abril: San Marcos, evangelista.

viernes, 25 de abril de 2025
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«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda criatura.»

Marcos era hijo de María de Jerusalén, en cuya casa se refugió Pedro cuando fue liberado de la cárcel (Hch 12,12). Colaboró con Pablo en su obra apostólica (Col 4,10) y también estuvo cerca de él en la cárcel de Roma (Flm 24). Según la tradición, Marcos fue un discípulo fiel de Pedro (1 Pe 5,13) y escribió el segundo evangelio, recogiendo la predicación del apóstol Pedro sobre los dichos y los hechos de Jesús. Su evangelio es reconocido, por lo general, como el más antiguo, y fue utilizado y completado por Mateo y Lucas. Al parecer, la predicación apostólica atestiguada por los grandes discursos de la primera parte de los Hechos de los apóstoles encuentra en el evangelio de Marcos -a partir de Mc 1,15- una continuación y sugestivos desarrollos narrativos.

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LECTIO

Queridos hermanos:

Sed humildes en vuestras relaciones mutuas, pues Dios resiste a los soberbios, pero concede su favor a los humildes. Así pues, humillaos bajo la poderosa mano de Dios, para que os encumbre en su momento.

Confiadle todas vuestras preocupaciones, puesto que él se preocupa de vosotros.

Vivid con sobriedad y estad alerta. El diablo, vuestro enemigo, ronda como león rugiente buscando a quien devorar. Enfrentaos a él con la firmeza de la fe, sabiendo que vuestros hermanos dispersos por el mundo soportan los mismos sufrimientos.

Y el Dios de toda gracia, que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo, después de un corto sufrimiento os restablecerá, os fortalecerá, os robustecerá y os consolidará. Suyo es el poder por siempre. Amén.

Por medio de Silvano, hermano de vuestra confianza, según tengo entendido, os he escrito brevemente para exhortaros y aseguraros que ésta es la verdadera gracia de Dios. Permaneced firmes en ella.

Os saluda la iglesia de Babilonia, a la que Dios ha elegido lo mismo que a la vuestra; os saluda también Marcos, mi hijo.

Saludaos mutuamente con el beso de amor fraternal. Paz a todos vosotros, los que vivís unidos en Cristo.

*

1 Pedro 5,5b-14

***

El apóstol Pedro llama a Marcos en este fragmento mi hijo(v. 13): a partir de esta preciosa noticia, la tradición ha considerado que Marcos había recogido en su evangelio la predicación del primero de los apóstoles, cuyas exhortaciones están dirigidas a los que ejercen responsabilidades de guías y maestros en la Iglesia.

Un auténtico pastor, en primer lugar, debe estar revestido de humildad, consciente de que no posee nada como propio, sino que todo lo ha recibido de Dios. Humildad es verdad: esto vale para todo auténtico creyente y, con mayor razón, para quien está revestido de autoridad.

Quien haya sabido vivir en la humildad, recibirá a su tiempo el reconocimiento por parte de ese Dios que resiste a los soberbios, pero concede su favor a los humildes(v. 5; cf. Prov 3,34).

Además de humildes, los pastores deben ser también sobrios y estar alerta. Se repiten aquí las recomendaciones que Jesús había dirigido a sus discípulos en el discurso escatológico {cf. Me 13,lss). La sobriedad y la vigilancia son buenas hermanas: ambas, juntas, pueden oponer una firme y segura resistencia -la resistencia de la fe- al enemigo número uno: el diablo, representado aquí con el aspecto de un león rugiente y devorador. A los pastores humildes y fieles, sobrios y vigilantes, el apóstol Pedro les dirige la promesa: el Dios que les ha llamado a la vida nueva en Cristo, tras un breve suHfp miento, les confirmará en la gracia y les coronará de gloria (v. 10).

***

En aquel tiempo, apareciéndose a los Once, les dijo:

+ Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda criatura. El que crea y se bautice se salvará, pero el que no crea se condenará. A los que crean les acompañarán estas señales: expulsarán demonios en mi nombre, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes con las manos y, aunque beban veneno, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos se curarán.

Después de hablarles, el Señor Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.

Ellos salieron a predicar por todas partes y el Señor cooperaba con ellos, confirmando la palabra con las señales que la acompañaban.

*

Marcos 16,15-20

***

En la fiesta de san Marcos, la Iglesia nos propone para nuestra reflexión la última página del evangelio de Marcos, el llamado ‘final canónico‘ del segundo evangelio: no es auténtico, en el sentido de que no pertenece al evangelio originario, pero es inspirado, porque ha sido recibido por la Iglesia desde la antigüedad.

 Encontramos, en primer lugar, el mandato misionero: Jesús envía a sus discípulos a llevar el Evangelio a todas las criaturas (vv. 15ss). El misionero del Padre tiene necesidad de otros misioneros; aquel que es la Palabra tiene necesidad de otros portavoces que divulguen su conocimiento; aquel que es el Evangelio hecho persona confía ahora el Evangelio a sus apóstoles: ‘Id… Proclamad’.

El segundo elemento que encontramos en esta página evangélica describe, también en términos telegráficos, el hecho prodigioso de la ascensión de Jesús al cielo: Y se sentó a la diestra de Dios(v. 19). Una vez subido al cielo, Jesús entra en plena posesión de sus poderes de Mesías, Salvador, Dios.

He aquí, por último, la respuesta de los apóstoles a los mandatos que les ha dado Jesús: Ellos salieron a predicar por todas partes’ (v. 20). Se trata de una reacción no verbal, sino práctica; no abstracta, sino concreta, que se traduce en una decisión tan fuerte que da la vuelta por completo a la vida de los apóstoles e implica a muchas de las personas que les escuchan.

MEDITATIO

La figura del evangelista Marcos, cuya fiesta litúrgica celebramos hoy, nos invita a profundizar en el significado del término ‘evangelio’, con el que el evangelista comienza su obra. Se trata de una profundización no puramente escolar o académica, sino existencial y vital.

El Evangelio es de Dios cf. Mc 1,14): contiene y expresa todo el proyecto salvífico que el Padre quiere realizar por medio de su Hijo en favor de toda la humanidad. Es del corazón de Dios de donde brota esta ‘Buena Noticia’ capaz de colmar de alegría todos los corazones humanos disponibles al don de la salvación. El Evangelio es de Jesucristo (cf. Mc 1,1), teniendo en cuenta que este genitivo puede y deber ser entendido así: el Evangelio que es Jesucristo, Hijo de Dios. Es como decir que la ‘Buena Noticia’ tiene como objeto único y exclusivo la persona, la enseñanza y el ministerio de Jesús, único Mesías y verdadero Hijo de Dios. Ahora bien, según Marcos, el Evangelio es también memorial de todo lo que acompañó al acontecimiento terreno de Jesús: por ejemplo, el gesto gratuito y sorprendente de la pecadora que, la víspera de la pasión y muerte de Jesús, bañó, perfumó y besó los pies del Salvador: Os aseguro que en cualquier parte del mundo donde se anuncie la Buena Noticia será recordada esta mujer y lo que ha hecho(Mc 14,9). En suma, de todo esto se deduce que, para Marcos, el Evangelio es todo, todo es Evangelio.

ORATIO

Abre, oh Señor, mis oídos para que se llenen del tesoro de tu Evangelio: sólo así mi vida, iluminada y confortada por tu Palabra, tendrá un significado pleno y duradero. Abre, oh Señor, mi corazón, a fin de que aprenda a acoger al Verbo de la verdad que está encerrado en tu Evangelio: sólo así me sentiré totalmente saciado, porque estaré colmado por completo de tu don.

Abre, oh Señor, mi boca, a fin de que, de la abundancia del corazón, acoja tu mensaje y lo proclame para tu gloria y para el bien de los hermanos. Abre, oh Señor, mi vida al encuentro contigo, que me sales al encuentro día tras día con la Palabra de la verdad que tu Evangelio encierra y entrega.

CONTEMPLATIO

Soy todavía imperfecto, pero vuestra oración en Dios me perfeccionará para alcanzar, misericordiosamente, la herencia, refugiándome en el Evangelio como en la carne de Jesús, y en los apóstoles como en el presbiterio de la Iglesia. Amemos a los profetas, porque también ellos anuncian el Evangelio […]. Han recibido el testimonio de Jesucristo y han sido incluidos en el evangelio de la esperanza común […]. El Evangelio tiene algo más especial, la venida del Salvador, nuestro Señor Jesucristo, su pasión y su resurrección. Los bienamados profetas la preanunciaron, pero el evangelio es la consumación de la incorruptibilidad (Ignacio de Antioquía, a los Filadelfios, en Padres apostólicos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1993).

ACTIO

 Repite con frecuencia y vive hoy estas palabras del evangelista Marcos: Se ha cumplido el plazo y está llegando el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio‘ (Mc 1,15).

LECTURA ESPIRITUAL

Marcos refleja a la perfección el estadio inicial de la cristología de la Iglesia primitiva, de la que nunca se podrá prescindir para comprender, por comparación, los desarrollos ulteriores de la reflexión teológica. Aunque el redactor no ha expresado con claridad y de manera orgánica su pensamiento, ha conseguido concentrar nuestra atención en la figura del siervo de YHWH, que nos redime a través del dolor y de la soledad. Su preocupación por eliminar el escándalo de la cruz es evidente, para lo cual demuestra que Jesús ha vencido a Satanás. En su debilidad actuaba la omnipotencia divina para la restauración del Reino y la derrota decisiva del poder diabólico sobre la humanidad […].

Marcos traza la imagen de Jesús más próxima a su realidad humana. Mientras que los otros evangelistas, aun afirmando de manera categórica que Jesús fue un verdadero hombre, casi transfiguran su vida, compenetrando con la luz pascual su humanidad envuelta de miseria y fragilidad, Marcos, en cambio, reproduce de modo verista la experiencia de Cristo que tuvieron los apóstoles, y en particular Pedro, durante su actividad pública antes de su glorificación a la derecha del Padre. En consecuencia, no se preocupa por atenuar las manifestaciones de su sensibilidad, que revelan sus rasgos profundamente humanos.

Sólo Marcos habla de la cólera, de la amargura, del estupor de Jesús, el cual, por otra parte, dirige preguntas a los discípulos, gime y suspira, abraza con ternura a los nińos y ama al joven rico aun cuando éste no corresponda a su invitación de seguirle en la renuncia. Pero no se piense que, con esto, ha subestimado la dignidad trascendente y divina de Cristo. Al contrario, ha puesto este título a su libro: Evangelio de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Aunque Marcos no elabore una profunda cristología intentando sondear el misterio divino y humano de Jesús, nos documenta, no obstante, mejor que los otros evangelistas y con una probidad escrupulosa sobre la desconcertante realidad de la expoliación del Hijo de Dios, que se encarnó para llevar a cabo la salvación mediante el sufrimiento y la muerte.

*

A. Poppi,

Comentario de Marcos,

Padua 1978.

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Tu Evangelio es terrible…

viernes, 14 de marzo de 2025
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Cristo,
he oído predicar tu Evangelio
a un sacerdote
que vivía el Evangelio.

Los pequeños, los pobres,
quedaron entusiasmados;
los grandes, los ricos,
salieron escandalizados,
y yo pensé que bastaría predicar
sólo un poco el Evangelio
para que los que frecuentan las iglesias
se alejaran de ellas
y para que los que no las frecuentan
las llenaran.

Yo pensé que era una mala señal
para un cristiano
el ser apreciado por la “gente bien”.

Haría falta -creo yo-
que nos señalaran con el dedo
tratándonos de locos y revolucionarios.

Haría falta -creo yo- que nos armasen líos,
que firmasen denuncias contra nosotros,
que intentaran quitarnos de en medio.

Esta tarde, Señor, tengo miedo,
tengo miedo porque sé
que tu Evangelio es terrible:
es fácil oírlo predicar,
es todavía fácil no escandalizarse de él,
pero vivirlo…

vivirlo es bien difícil.

*

Michel Quoist,
Oraciones para rezar por la calle,
Ediciones Sígueme, Salamanca 2007

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Mar adentro, navegando siempre con el hermano Jesús

viernes, 7 de marzo de 2025
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Del blog de Alfonso J Olaz El Rincón del Peregrino:

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| Alfonso Olaz OFS

Mar adentro, navegando siempre con el hermano Jesús

Navegando cada día,
Nos pides que vivamos en la barca de tu creación
no enredados en nuestras orillas de nuestro ego

Pescadores de la confianza en los mares de tus amores
Marineros de tu alta mar, con tu mirada de la hermana humildad
en la sencillez del primer pescador de Galilea

Siendo ya uno de los tuyos para ser ya, uno para todos
Jesús
Cuando las olas me arremetan con la fatal furia
Tú me dices: ¡Ánimo amigo, Levantate y vuélvete a levantar mil veces!

¡Ahí estoy Yo, con toda mi fuerza para ti!

¡Oh buen Jesús!

Déjame hacer de tus mares,
Faros firmes de tu esperanza
Puertos en tierra firme
para llevar a las orillas de tu creación, la alegría de tu misericordia
La fe de tu mirada
La esperanza de tu belleza
Para todos mis hermanos

Del Evangelio a la Vida
De la Vida al Evangelio

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En esta barca.

lunes, 10 de febrero de 2025
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Muchos dicen que en esta barca
vamos, más que nunca, a la deriva;
que es muy antigua y nada atractiva,
que ha perdido seguridad y rumbo,
que hace aguas por todas las esquinas
a pesar de los arreglos y proclamas;
y que sus timoneles desconciertan
a quienes se acercan con fe y ganas.

Dicen que sólo ofrece palabras;
que coarta la libertad y la gracia;
que ata, en nombre de Dios, la esperanza
anunciándose servidora humana;
y que se cree tan verdadera y necesaria
que las personas honestas y sanas
acaban dejando que pase,
olvidándola o rechazándola.

Y aunque se pase las noches bregando
ya no pesca nada en las aguas que surca
ni puede compartir con otras barcas
las fatigas y gozos de las grandes redadas.
Antes de quedar varada en la orilla,
todavía puede, siguiendo tu palabra,
remar mar adentro y echar las redes,
pero se halla falta de pericia y confianza.

Y, sin embargo, esta barca,
tan llena de miserias, tan humana,
tan poco atractiva y desfasada,
a la que ya pocos miran
y es objeto de risas y chanzas,
es la que nos llevó por el mar de Galilea
y nos enseñó a no temer tormentas,
y a descubrirte, sereno, en la popa.

Esta barca a la que Tú te subiste,
para hacernos compañía y prometernos
ser pescadores y entrar en tu cuadrilla,
todavía recibe ráfagas de brisa y vida
y es, aunque no lo comprendamos,
nuestra casa, hogar y familia
para andar por los mares de la vida
a ritmo y sin hundirnos, con la esperanza florecida.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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Cómo nos ayuda Dios a decir “Soy lo que soy”

lunes, 10 de febrero de 2025
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IMG_9901La reflexión de hoy es del del colaborador de Bondings 2.0,  Michaelangelo Allocca.

Las lecturas litúrgicas de hoy del Quinto Domingo del Tiempo Ordinario, están disponibles aquí.

Aunque muy diversas en estilos literarios y contenido, las tres lecturas del leccionario de este domingo abordan el tema común de la aceptación: ser aceptado por los demás, pero también por uno mismo; ambas cosas, por supuesto, inevitablemente vinculadas a la capacidad de aceptar a otras personas.

Este mensaje es poderoso en cualquier momento, pero particularmente apropiado en nuestra atmósfera actual, impregnada por el rechazo y la exclusión de otros por muchas razones, entre ellas, por ser queer, trans o no binarios. Una por una, estas lecturas nos desafían a abandonar las líneas superficiales de división y a llegar a –como siempre nos insta el Espíritu Santo– la bienvenida, la aceptación, la comunión, la colaboración y el caminar juntos.

La lectura de Isaías confirma lo que una vez me dijo un viejo amigo: “Si los ángeles se parecieran a los tiernos objetos de las tarjetas de Hallmark, ¿por qué tendrían que empezar diciendo ‘¡No tengas miedo!’ cada vez que aparecen?” Al encontrarse en el templo de Dios, Isaías se enfrenta a “serafines… estacionados encima” del trono, que gritan: “¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos! ¡Toda la tierra está llena de su gloria!” Ante ese sonido, “el marco de la puerta tembló y la casa se llenó de humo”. El versículo omitido en la versión de la proclamación que escuchamos en la Misa agrega que los serafines tienen seis alas, como si sólo dos no hubieran sido lo suficientemente intimidantes para el pobre Isaías. (Sí, aquí es donde aprendemos del diseño hexáptero mencionado en el himno “Que toda carne mortal guarde silencio”, es decir, “A sus pies el serafín de seis alas…”)

La narración de la vocación de Isaías es una situación bíblica bastante estándar: una en la que el miedo y la confusión conducen a un avance espiritual. Primero muestra una incapacidad para aceptarse a sí mismo – “¡Soy demasiado impuro para estar en la presencia divina!” – lo que por supuesto hace imposible creer que Dios pudiera aceptarlo.

Deténgase ahora y piense en cualquier niño extraño a quien se le ha enseñado que es impuro y, por lo tanto, inaceptable para sí mismo, para cualquiera y para Dios.

La poesía dramática divina de esta lectura de Isaías nos presenta a uno de estos aterradores serafines realizando muy gentilmente un acto simbólico que dice: “Silencio, hijo, deja que esta brasa que perfuma el templo de Dios aleje tus temores de impureza”.

Este ritual transformador lleva a Isaías a declarar: “Aquí estoy, Señor, ¡envíame!” en el más breve aleteo de seis alas. Y ahora detengámonos a preguntarnos: ¿cómo llevaremos a ese otro niño, en nuestro tiempo y situación, al mismo lugar al que pertenece tanto como lo hizo Isaías?

El desafío de llegar a la aceptación es evidente en la lectura de hoy de 1 Corintios. Los estudiosos de las Escrituras generalmente se centran, y con razón, en lo que Pablo dice acerca de Jesús y la resurrección en este pasaje. Me gustaría centrarme más bien en lo que Pablo dice acerca de Pablo.

Pablo tuvo dificultades para ser aceptado como apóstol por una razón obvia: ¿por qué la gente, después de todo, debería confiar en alguien que durante años había intentado matarlos? Con frecuencia insiste en sus “credenciales”, como lo hace aquí, argumentando: “Yo fui lo suficientemente bueno para Jesús: ¿por qué no es eso lo suficientemente bueno para ti?”. Su línea sobre “Por último, como a alguien nacido anormalmente, se me apareció a mí”, es ambigua: en ella, podemos ver una estrategia de humildad –confesar su indignidad, con la esperanza de provocar la empatía del lector–; o bien, una internalización real de la falta de aceptación que le han mostrado otros cristianos.

Sea lo que sea, él también muestra cómo el Espíritu lo ha arrastrado a través de este campo minado emocional hasta el punto en que puede declarar, presagiando inconscientemente el gran himno gay del musical de Broadway La Cage aux Folles (La Jaula de las Locas), “por la gracia de Dios soy lo que soy”, insistiendo en que es tan digno como los otros apóstoles, y también Isaías, de ser enviado a hacer la obra de Dios.

Nuevamente, debemos detenernos aquí para preguntarnos: “¿Cómo estamos ayudando a alguien a quien se le enseña que nació “anormalmente” a llegar al punto en que se sienta tan digno como todos los demás llamados y enviados por Dios?

Finalmente, en la lectura del evangelio de hoy Lucas nos presenta a Pedro, el gran “¡Todo lo puedo!”. …¡Hasta que esté demasiado aterrorizado para hacer algo!” apóstol de la fanfarronería, empujado por Jesús por falta de autoaceptación. Casi podemos oír a Pedro suspirar: “Bien: yo soy el que sabe pescar, y he estado pescando infructuosamente toda la noche, pero lo intentaré de nuevo, si tú lo dices…” y luego rápidamente quedar asombrado por la cantidad literal de peces que saca, tal como Isaías había quedado asombrado por los efectos especiales angelicales.

La reacción de Pedro –“Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”– es prácticamente idéntica a la reacción inicial de Isaías: “No soy digno de estar en tu presencia”. Y ahora es el turno de Jesús de decir, como lo habían hecho los ángeles durante siglos antes que él: «No tengáis miedo«. Continúa con la única refutación eficaz para cualquiera que diga “No merezco estar aquí”: una cálida y amable invitación a “Ven conmigo”.

Corriendo el riesgo de lanzar mi propia red interpretativa demasiado lejos para el mensaje paralelo: si alguna vez has trabajado con niños queer que luchan o se preguntan (o tú mismo fuiste uno de ellos), sabes que cada uno de ellos ha pensado al menos una vez: «No soy digno, no merezco estar aquí«. Y aunque al principio puedan mostrarse incrédulos ante nuestro apoyo, acabamos de ver tres mensajes diferentes que debemos ofrecerles:

Estoy contigo; Quiero estar contigo, y tú conmigo: ven conmigo y hagamos juntos la obra de Dios”.

—Michaelangelo Allocca (él), New Ways Ministry, 9 de febrero de 2025

Fuente New Ways Ministry

Imagen (Sharon McCutcheon/Pexels)

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Remar en la noche…

domingo, 9 de febrero de 2025
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Habrá siempre que remar por la noche
contra las olas y el viento…

¡Pero por qué te asustas siempre!
¿Te toca a ti remediarlo?

¿ Por qué, infeliz,
no pides auxilio?
¿A qué esperas para hacerlo?

Tentación siempre recurrente
de bajar los brazos,
en lugar de gritar tu desconcierto …

¡No porque estés en la oscuridad
estás obligado a rechazar la luz!

No te aferres a nada, se entiende,
pero no olvides la Corriente que te lleva!

Grano de polvo en el espacio infinito,
no olvides sin embargo
de qué Cuerpo eres sólo una parte ínfima…

Que tu mirada interior
permanezca vuelta, pase lo que pase,
hacia él, más allá de tus miedos, de tu cansancio
y de tus pensamientos débiles…

Porque es de Él, y sin cesar,
De quien tienes que recibir todo…
*
Philippe,
hermano de la Communion Béthanie.

***

indios

 

***

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.

Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:

– “Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.”

Simón contestó:

“Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.”

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:

– “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.”

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón:

“No temas; desde ahora serás pescador de hombres.”

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

*

Lucas 5, 1-11

***

El encuentro con Dios me hace entrever continuamente nuevos espacios de amor y no me hace pensar lo más mínimo en haber hecho bastante, porque el amor me impulsa y me hace entrar en la ecología de Dios, donde el sufrimiento del mundo se convierte en mi alforja de peregrino. En esta alforja hay un deseo continuo: «Señor, si quieres, envíame. Aquí estoy, dispuesto a liberar al hermano, a calmar su hambre, a socorrerle. Si quieres, envíame».

En un mundo tan poco humano, donde la gente llora por las guerras, por el hambre, el encuentro con Dios nos transforma, nos hace tener impresos en el rostro los rasgos de Dios, nos hace tener en el rostro el amor que hemos encontrado, junto con un poco de tristeza por no ver realizado este amor. Yo he encontrado al Señor, pero he encontrado asimismo nuestras miserias y, ante las más grandes injusticias – y muchas de ellas las he visto de manera directa-, nunca he podido ni he querido decir: «Dios, no eres Padre». Sólo me he visto obligado a decir justamente: «Hombre, hombre, no eres hermano». Y he vuelto a prometer a mi corazón el deseo de llegar a ser yo más fraterno, más hombre de Dios, más santo, a fin de propagar más el amor concreto que nos lleva a socorrer a los hambrientos, a las víctimas de la violencia, a los que no conocen ni siquiera sus derechos, a los que ya no se preguntan de dónde vienen ni a dónde se dirigen.

Es preciso vivir el carácter cotidiano del encuentro con él, cambiando nosotros mismos. He visto realizarse muchos sueños inesperados. Pero el acontecimiento más extraordinario, que todavía me sorprende, empezó cuando niños, jóvenes, personas de todas las edades, me eligieron como padre, como consejero y como cabeza de cordada. No me esperaba precisamente esto, y cada vez que un alma, un corazón, se confía a mí para que le aconseje, dentro de mí caigo de rodillas y me repito: «¿Quién soy yo, quién soy yo para ser digno de guiar a personas más buenas que yo? No, no soy digno, pero, Señor, por tu Palabra, también yo “me volveré red” para tu pesca milagrosa»

*

E. Olivero,
Amar con el corazón de Dios,
Turín 1993, pp. 7-9.

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