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Fiesta de la Sagrada Familia (31 de diciembre 2023)

domingo, 31 de diciembre de 2023
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IMG_2081Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Fiesta de la Sagrada Familia. Ciclo B

Dos lecturas que encajan

En una fiesta de la Sagrada Familia, esperamos que las lecturas nos animen a vivir nuestra vida familiar. Y así ocurre con las dos primeras.

El libro del Eclesiástico insiste en el respeto que debe tener el hijo a su padre y a su madre; en una época en la que no existía la Seguridad Social, “honrar padre y madre” implicaba también la ayuda económica a los progenitores. Pero no se trata sólo de eso; hay también que soportar sus fallos con cariño, “aunque chocheen”.

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados. 

La carta a los Colosenses ha sido elegida por los consejos finales a las mujeres, los maridos, los hijos y los padres. En la cultura del siglo I debían resultar muy “progresistas”. Hoy día, el primero de ellos provoca la indignación de muchas personas: “Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor.” Cuando se conoce la historia de aquella época resulta más fácil comprender al autor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

Un evangelio atípico

Si san Lucas hubiera sabido que, siglos más tarde, iban a inventar la Fiesta de la Sagrada Familia, probablemente habría alargado la frase final de su evangelio de hoy: “El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.” Pero no habría escrito la típica escena en la que san José trabaja con el serrucho y María cose sentada mientras el niño ayuda a su padre. A Lucas no le gustan las escenas románticas que se limitan a dejar buen sabor de boca.

Como no escribió esa hipotética escena, la liturgia ha tenido que elegir un evangelio bastante extraño. Porque, en la fiesta de la Sagrada Familia, los personajes principales son dos desconocidos: Simeón y Ana. A José ni siquiera se lo menciona por su nombre (sólo se habla de “los padres de Jesús” y, más tarde, de “su padre y su madre”). El niño, de sólo cuarenta días, no dice ni hace nada, ni siquiera llora. Sólo María adquiere un relieve especial en la bendición que le dirige Simeón, que más que bendición parece una maldición gitana.

Sin embargo, en medio de la escasez de datos sobre la familia, hay un detalle que Lucas subraya hasta la saciedad: cuatro veces repite que es un matrimonio preocupado con cumplir lo prescrito en la Ley del Señor. Este dato tiene enorme importancia. Jesús, al que muchos acusarán de ser mal judío, enemigo de la Ley de Moisés, nació y creció en una familia piadosa y ejemplar. El Antiguo y el Nuevo Testamento se funden en esa casa en la que el niño crece y se robustece.

La misma función cumplen las figuras de Simeón y Ana. Ambos son israelitas de pura cepa, modelos de la piedad más tradicional y auténtica. Y ambos ven cumplidas en Jesús sus mayores esperanzas.

Lectura del evangelio según san Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

– «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.

Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:

– «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba. 

Sorpresa final

Las lecturas de hoy, que comenzaron tan centradas en el tema familiar, terminan centrando la atención en Jesús. Con dos detalles fundamentales:

  1. Jesús es el importante. La escena de Simeón lo presenta como el Mesías, el salvador, luz de las naciones, gloria de Israel. Ana deposita en él la esperanza de que liberará a Jerusalén. José y María son importantes, pero secundarios.
  2. Jesús es motivo de desconcierto y angustia. Lo que Simeón dice de él desconcierta y admira a José y María. Pero a ésta se le anuncia lo más duro. Cualquier madre desea que su hijo sea querido y respetado, motivo de alegría para ella. En cambio, Jesús será un personaje discutido, aceptado por unos, rechazado por otros; y a ella, una espada le atravesará el alma. Lucas está anticipando lo que será la vida de María, no sólo en la cruz, sino a lo largo de toda su existencia.

 

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“Fiesta de la Sagrada Familia”. Ciclo B. 31 Diciembre, 2023

domingo, 31 de diciembre de 2023
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Una profetisa, Ana, se presentó en ese mismo momento y daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban que Jerusalén sería liberada.»

(Lc 2, 22-40)

En el evangelio de hoy nos encontramos a Jesús todavía como un bebé. A sus pocas semanas aún no puede explicar quién es, pero ya hay quienes lo reconocen.

En la escena, María y José suben al templo de Jerusalén para presentar a su hijo al Señor. Están cumpliendo con la Ley judía y con la costumbre. Pero lo que podría haber sido un simple trámite se convierte en una fiesta de alabanza a Dios. En la entrada del templo se encuentran con Simeón, «un hombre justo y piadoso», y con Ana, una profetisa. Las dos son personas mayores y mantienen una relación muy cercana con Dios: Simeón «tenía el don del Espíritu Santo», y Ana «daba culto a Dios noche y día».

Donde la mayoría solo verían a una familia más, Ana y Simeón reconocen al Mesías, quien liberaría a su pueblo. Si son capaces de verlo en un bebé, su mirada tiene que ser necesariamente especial: miran desde sus esperanzas más antiguas y profundas, desde la gratuidad, con unos ojos limpios de expectativas y pretensiones. Reconocen porque su corazón está lleno de Dios. Así, no dudan ni por un momento de quién es ese niño. Bendicen y dan gracias a Dios llenos de alegría y con naturalidad: la experiencia de su larga vida les dice que Dios está especialmente en lo humilde, por eso no se extrañan ante tal Mesías.

Ana y Simeón reconocen la maravilla delante de ellos, el tesoro que Dios les regala y pone en sus manos, y lo aceptan dando gracias y bendiciendo.

Oración

«Enséñanos, Trinidad Santa, a reconocerte en los acontecimientos más sencillos. Concédenos una mirada capaz de asombrarse ante la maravilla. Y que no nos olvidemos nunca de alabarte y agradecerte.»

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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En Navidad, lo humano y lo divino se han identificado.

domingo, 31 de diciembre de 2023
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medjugorje-junio-2014-pentecostes-078(Domingo después de Navidad)

FAMILIA DE NAZARET (B)

Lc 2,22-40

Debemos aclarar que el modelo de familia de aquella época tenía muy poco que ver con el nuestro. Los estudios sociológicos, que se han hecho sobre la familia en tiempo de Jesús, no dejan lugar a duda. Si no tenemos en cuenta los resultados de esos estudios será imposible entender nada del ambiente en que se desarrolla la infancia de Jesús. El tipo de familia de Nazaret que se nos ha propuesto durante siglos, no ha existido. El modelo de familia del tiempo de Jesús, era el patriarcal. La familia molecular era inviable, tanto por motivos religiosos o sociológicos como económicos. ¿Qué podían hacer dos jóvenes de 13 y 14 años con un recién nacido entre los brazos?

Cuando el evangelio nos dice que José recibió en su casa a María, no quiere decir que fueran a vivir a una nueva casa. María dejó de vivir en la casa de su padre y pasó a integrarse en la familia de José. Esto no quiere decir que no tuvieran su intimidad y sus relaciones más estrechas los tres. El relato de la pérdida del Niño en Jerusalén es impensable en una familia de tres. Pero cobra su verosimilitud si tenemos en cuenta que es todo el clan el que hace la peregrinación y vuelven a casa todos juntos.

El relato evangélico que acabamos de leer no es histórico, pero es rico en enseñanzas teológicas. Está escrito sesenta o setenta años después de morir Jesús. Lucas quiere dejar claro, desde el principio de su evangelio, que la vida de Jesús estuvo insertada plenamente en las tradiciones judías. Su persona y su mensaje no son realidades caídas del cielo, sino surgidas desde el fondo más genuino del judaísmo tradicional.

Debemos buscar la ejemplaridad de la familia de Nazaret donde realmente está, huyendo de toda idealización que lo único que consigue es meternos en un ambiente irreal que no conduce a ninguna parte. Sus relaciones, aunque se hayan desarrollado en un marco familiar distinto, pueden servirnos como ejemplo de valores humanos que debemos desarrollar, cualquiera que sea el modelo donde tenemos que vivirlos. Jesús predicó lo que vivió. Si predicó el amor, es decir, la entrega, el servicio, la solicitud por el otro, quiere decir que primero lo vivió él. Todo ser humano nace como proyecto que tiene que ir desarrollándose a lo largo de toda la vida con la ayuda de los demás.

Debemos tener mucho cuidado de no sacralizar ninguna institución. Las instituciones son instrumentos que tienen que estar siempre al servicio de la persona, que es el valor supremo. Las instituciones no son santas, menos aún sagradas. Nunca debemos poner a las personas al servicio de la institución, sino al contrario. Con demasiada frecuencia se abusa de las instituciones para conseguir fines ajenos al bien del hombre. Entonces tenemos la obligación de defendernos de ellas con uñas y dientes. Claro que no son las instituciones las que tienen la culpa. Son algunos seres humanos que se aprovechan de ellas para conseguir sus propios intereses egoístas a costa de los demás.

No debemos echar por la borda una institución porque me exija esfuerzo. Todo lo que me ayude a crecer en mi verdadero ser, me exigirá esfuerzo. Pero nunca puedo permitir que la institución me exija nada que me deteriore como ser humano; ni siquiera cuando me reporte ventajas o seguridades egoístas. La familia, cualquier modelo de familia, puede ser el marco privilegiado para el desarrollo de la persona humana, no solo durante los años de la niñez o juventud, sino que debe ser el campo de entrenamiento durante todas las etapas de nuestra vida. El hombre solo puede crecer en humanidad a través de sus relaciones con los demás. Y toda familia es el marco privilegiado.

La familia es el marco más apropiado para las relaciones profundamente humanas. Sea como hijo, como hermano, como pareja, como padre o madre, como abuelo. En cada una de esas situaciones la calidad de la relación nos irá acercando a la plenitud humana. Los lazos de sangre o de amor natural debían ser puntos de apoyo para aprender a salir de nosotros mismos e ir a los demás con nuestra capacidad de entrega y servicio. Si en la familia superamos la tentación del egoísmo amplificado, aprenderemos a tratar a todos con la misma humanidad: exigir cada día menos y darse cada día más.

No tenemos que asustarnos de que la familia esté en crisis. El ser humano está siempre en constante evolución, si no fuera así, hubiera desaparecido hace mucho tiempo. En el evangelio no encontramos un modelo específico de familia. Se dio siempre por bueno el existente. Más tarde se adoptó el modelo romano, que tenía muchas ventajas, pues desde el punto de vista legal era muy avanzado. Los cristianos de los primeros siglos hicieron muy bien en adoptar ese modelo. Lo malo es que se sacralizó y se vendió después como único modelo cristiano, sin hacer la más mínima crítica.

Con el evangelio en la mano, debemos intentar dar respuesta a los problemas que plantean los distintos modelos de familia hoy. La Iglesia no debe esconder la cabeza debajo del ala e ignorarlos o seguir creyendo que se deben a la mala voluntad de las personas. No conseguiremos nada si nos limitamos a decir: el matrimonio es indisoluble. Más del 50 % se disuelven. No se trata de que las personas sean peores que hace cincuenta años. Hoy, para mantener un matrimonio, se necesita una madurez mayor.

Al no darse esa madurez, los matrimonios fracasan. Dos razones de esta mayor exigencia son: a) La estructura nuclear de la familia. Antes las relaciones familiares eran entre un número de personas mucho más amplio. Hoy al estar constituidas por tres o cuatro miembros, la posibilidad de armonía es mucho menor, porque los egoísmos se diluyen menos. b) La mayor duración de la relación. Hoy es normal que una pareja se pase sesenta años juntos. Es más fácil que surjan dificultades insuperables.

Como cristianos tenemos la obligación de hacer una seria autocrítica sobre el uniforme modelo de familia que proponemos. Jesús no sancionó ningún modelo, como no determinó ningún modelo de religión u organización política. Lo que Jesús predicó no hace referencia a las instituciones, sino a la actitud que debían tener cada ser humano en sus relaciones con los demás. Jesús enseñó que todo ser humano debía relacionarse con los demás como exige su verdadero ser, a esta exigencia le llamaba voluntad de Dios. Cualquier tipo de institución que permita o promueva esta relación puede ser cristiana.

No solo no es malo que se separe una pareja que no se ama. Es completamente necesario que se separen, porque no hay cosa más inhumana que obligar a vivir juntas a dos personas que no se aman. Esto no contradice en nada la indisolubilidad del matrimonio, porque lo único que demostraría es  la falta de amor que ha hecho nulo, de todo derecho, lo que hemos llamado matrimonio. Si hay sacramento ciertamente es indestructible. Pero, para que haya sacramento es imprescindible el amor auténtico.

Fray Marcos

 Fuente Fe Adulta

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Mutantes

domingo, 31 de diciembre de 2023
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circuncisionAunque lo parezca, no es el título de una película de terror. Es una invitación navideña a dirigir la mirada a las mutaciones, cambios y transfiguraciones que vivieron algunos personajes de los relatos evangélicos del nacimiento de Jesús. Con la secreta intención de que a quien lo lea, le entren ganas de apuntarse también a“mutante”.

Zacarías e Isabel abren el pórtico del evangelio de Lucas, viejísimos ellos, cumplidores modélicos de la Ley y acostumbrados (mayormente él) al Templo, sus horarios y sus inciensos; estériles ambos (mayormente ella) y con poco futuro por delante. Pero después de la visita del ángel, él se queda mudo (¿se habría vuelto todo él escucha?), pero vuelve a casa rejuvenecido y ella se queda embarazada (rejuvenecida también vía consorte). Y de puro contenta, se quita de en medio durante cinco meses para saborear, sin que nadie la moleste, su pequeño magnificat: ¡Así me ha tratado Dios!

María entra en escena como una mujer de su casa, calladita ella como corresponde a muchacha honesta, casadera, vecina y residente en Nazaret. Pero sale de escena transformada en una mujer intrépida y caminante que se atraviesa medio país para encontrar a Isabel y poder contarse la una a la otra (pero ¿de qué se ríen las mujeres?) cómo las ha tratado Dios y lo contentas que están con Él y con las primeras pataditas de sus niños.

De lo de José tiene un poco de culpa su propio nombre (“que el Señor añada…”), y vaya que si le añadió: como hombre justo, prudente y temeroso de Dios, había decidido cerrar sigilosamente la puerta de su vida y de su casa dejando fuera a María, por puro respeto y por pura discreción. Pero no le quedó más remedio que abrírsela de par en par y dejar que entrara, no sólo ella, sino también y como “añadido” el que iba a asociarle a su torbellino mesiánico.

A los pastores los vemos al principio en lo suyo de cuidar ovejas, amedrentados y un poco liados en medio de aquella noche loca de ángeles, cánticos y resplandores en torno a una cuadra. Pero al final ya no parecen los mismos y, en vez de hablar de sus temas de siempre (“Estos piensos ya no son como los de antes”; “Lo que faltaba: Estrellita de parto precisamente esta noche”; “A ver si se van pronto los ángeles, que ya va siendo la hora de ordeñar…”), se ponen a “glorificar y a alabar a Dios”, dejando inventados de golpe el canto gregoriano, la Filarmónica de Viena y el Orfeón Donostiarra.

Para Simeón y Ana lo de subir cada día al Templo formaba parte de su rutina, eso sí, empleando cada día más tiempo en el recorrido: “Cada día distingo peor estos dichosos peldaños”, “No te quejes que subirlos con artritis es muchísimo peor…” Pero cuando él tuvo al Niño en sus brazos (¿qué hace un Niño como tú en un Templo como este…?) le reverdeció todo el ser, como si se le llenaran los ojos de candelas y sus rodillas vacilantes recobraran vigor. Se le fue del todo el miedo a la muerte y era como si en vez de sostener él al Niño, fuera éste quien le sostuviera.

Ana decidió aquella mañana que para ella se habían acabado los ayunos, las penitencias y las vigilias: se puso un pañuelo blanco en la cabeza y, en plan abuela de la Plaza del Templo, daba vueltas por allí, con la imagen del Niño grabada en sus pupilas y contándole a todo el mundo cómo era.

Y sintieron ellos, lo mismo que todos los demás (lo mismo que nosotros si estamos dispuestos a “mutar”), que habían llegado por fin a sí mismos.

Dolores Aleixandre

Fuente Fe Adulta

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La familia, escuela donde se aprende a ser humano.

domingo, 31 de diciembre de 2023
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IMG_1865COMENTARIO AL DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA. 31/12/2023

Lc 2, 22-40

Este año 2023, la Fiesta de la Sagrada Familia, instituida por el papa León XIII, cumple 150 años. En estos días familiares de Navidad está bien reflexionar sobre la familia. Escogemos como modelo de familia a la familia de Nazaret. Aunque sabemos muy poco de ella, hemos diseñado sobre ella el ejemplar de familia cristiana, como comunidad de amor y vida. Jesús nació en esa familia y en ella, creció en estatura, sabiduría y gracia. Jesús, en eso y en todo, fue igual a nosotros. Por eso podemos ser como él, hacer lo que él hizo y como él lo hizo. Y todo empezó en Nazaret. La familia de Jesús fue una familia normal judía en la Palestina del siglo I, en una cultura mediterránea, bajo el Imperio romano, en un modelo romano de familia patriarcal. También nosotros iniciamos nuestra vida en un contexto espacio-temporal que troquela nuestra evolución posterior. La familia es el clima apropiado para el desarrollo de la persona humana. Es un marco de humanización. Los cuidados familiares son condición necesaria para un desarrollo normal, sano y son fundamento para las etapas evolutivas posteriores. Los humanos quedamos troquelados, marcados, por las experiencias primarias en la familia o contexto en que nos iniciamos como vivientes. Estas experiencias son indelebles.

Además, para los creyentes cristianos, la familia no es solo eso. Es un sacramento. Un signo de lo que es Dios en ella y en nosotros. Un lugar privilegiado para experimentar una imagen viva y activa de Dios: Una Presencia amorosa y cuidadora. La familia nos troquela en humanidad, cuidados, bondad, belleza y estilo de vida bienaventurada. Si no hay familia no hay ser humano pleno. Toda familia es divina si es verdaderamente humana (Fr. Marcos dixit). Tener un padre y una madre es como un tesoro, decía la sabiduría antigua, porque sin padre y sin madre no se puede ser persona. No tenemos otra manera de venir al mundo, de crecer, de madurar y ello forma parte del misterio de la creación de Dios. Por eso el misterio de ser padres cristianos no puede quedar reducido solamente a lo biológico. Supone hacer de la familia cristiana una relación de amor, respeto, comprensión, cuidado y ayuda. Todo modelo de familia que favorezca el desarrollo humano es cristiano. La Palabra de Dios hoy nos da pistas para lograrlo.

Los textos de la liturgia del día hablan de las virtudes a ejercer en familia y de las relaciones entre sus miembros. La primera lectura, del Eclesiástico, nos manda honrar y respetar al padre y a la madre. La segunda lectura, de la carta a los Colosenses, nos presenta la compasión, la bondad, humildad, mansedumbre, la paciencia, el perdón y sobre todo el amor, que es el vínculo de la unidad familiar y social como las virtudes propias de las relaciones familiares. Nos recomienda ser pacíficos, agradecidos; enseñarnos unos a otros con toda sabiduría; que la Palabra de Cristo habite entre vosotros. Y en un modelo patriarcal de familia, pide a las mujeres y a los hijos obediencia y sumisión al padre. Hoy no debería la Iglesia seguir proponiendo leer este texto por desfasado y contracultural de la cultura postmoderna donde la mujer está en pie de igualdad con el varón.

El Evangelio, de Lucas, nos presenta la realización del rito de la Purificación de María y la presentación de Jesús, que como todo judío primogénito debía ser consagrado al Señor. Una escena típicamente judía. Tampoco este texto es adecuado a nuestro hoy. Este rito de purificación hay que entenderlo desde el Código judío de la pureza e impureza. La visión negativa de la sexualidad hoy chirria en nuestra cultura. La narración evangélica lucana es el relato de una familia judía normal cumpliendo lo que la Ley manda. Lucas quiere destacar la normalidad de la infancia de Jesús. Es la vida de un judío de su época. Jesús es un judío observante de la Ley. Es un niño normal de una familia judía normal. Junto a este dato en la narración aparecen dos figuras del Templo: Simeón y la profetisa Ana. Simeón dando gracias a Dios porque ha cumplido su sueño: conocer al Mesías esperado. Simeón como prototipo del hombre de esperanza que consigue lo que espera. Su canto nos recuerda el himno del Magníficat. La profetisa Ana habla a todos sobre el niño repitiendo el canto de Zacarias. Ana es la primera predicadora. Para que ahora digan que las mujeres no podemos predicar. ¿Qué sería de nosotros si Ana en su momento, y Magdalena en el suyo, no hubieran cumplido con su carisma de hablar del niño-Mesías de la promesa y del Resucitado, profecía cumplida? Al final del fragmento del evangelio de Lucas que hemos leído, se afirma que “el niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él”. El niño iba creciendo como todos, porque somos un proyecto o diseño a desarrollarse evolucionando por etapas. Tenemos que aprender a ser mientras existimos.

La familia sigue siendo el espacio ideal para el desarrollo y crecimiento de la persona durante toda la vida si se constituye como red de apoyo y ayuda incondicional. Así, puede ser un laboratorio donde ensayar las experiencias fundamentales del crecimiento biológico, psicológico y espiritual. Así, las relaciones interpersonales crean humanidad. La calidad de esas relaciones familiares nos irá acercando a nuestro desarrollo máximo como ser para el otro. La maduración es costosa, no se regala nada en la vida. Pero merece la pena.

Conclusión. Quiero  cerrar este comentario usando algo de lo mucho que aprendí de J.L. Ruiz de Galarreta sobre la relación entre las Bienaventuranzas y el modelo de familia cristiana en el siglo XXI: Cuánto más felices seríais si eligierais ser… Una comunidad de vida y de amor animada por la ayuda mutua, la misericordia, la bondad, la dulzura y la comprensión. Así seríamos felices y bienaventurados. ¡El amor, el perdón, la paz y el cuidado son los secretos de una familia en comunión!

Hoy es Fin de Año. Día de acción de gracias y buenos propósitos. ¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!

Mª África de la Cruz

Fuente Fe Adulta

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Irse en paz

domingo, 31 de diciembre de 2023
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IMG_1867Domingo después de Navidad.

Fiesta de la “Sagrada Familia”

31 diciembre 2023

Lc 2, 22-40

El anciano Simeón, en este relato, es la representación del hombre sabio que, porque ha “visto”, puede decir con toda serenidad: “Ya me puedo ir en paz”. En un lenguaje teísta, el evangelista Lucas pone en boca de ese anciano que “mis ojos han visto a tu Salvador”, luz y gloria del pueblo.

Pero, ¿qué es el salvador, la luz y la gloria, sino aquello mismo que somos en nuestra verdadera identidad? Dejándonos llevar por el mecanismo de la mente y por lo que es posible plantear desde un nivel mítico de consciencia, creímos que podíamos ser salvados “desde fuera” por obra de alguien todopoderoso.

Pero la salvación no viene de fuera. Salvación, en latín, se dice salus y significa la salud plena, en todos los niveles: físico, mental, emocional, espiritual, planetario, universal. Es otro nombre de la plenitud que define lo realmente real, lo que es y lo que somos.

Entendida como viniendo desde fuera, la salvación sería fuente de alienación, en tanto en cuanto dependerías de otro para tu propia realización. Ese es el modo infantil de ver la realidad: el niño, en cuanto pura necesidad e impotencia, sabe que tiene que ser “salvado”, socorrido, desde fuera, absolutamente para todo.

Afirmar que no podemos ser salvados desde fuera no significa apostar por una actitud de orgullo o de autosuficiencia, como suelen pensar teólogos y personas religiosas. Porque en ningún momento se afirma que el sujeto de la salvación sea el pequeño yo. Dicho con más claridad: la salvación no es “algo” que el yo consiga; justamente al revés, es lo que somos, más allá del yo. Y lo descubrimos y lo vivimos solo en tanto en cuanto dejamos de identificarnos con nuestro yo. Es entonces cuando vemos la “salvación” y sentimos que podemos “irnos (vivir siempre) en paz”.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Familia: Seguro que María conocía mejor a Jesús que Dios.

domingo, 31 de diciembre de 2023
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Foto-no-Facebook-muda-vida-de-uma-família-no-litoral-de-SPDel blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

01.- La familia

Dentro de las fiestas de Navidad celebramos hoy la fiesta de la familia de Jesús, la Sagrada familia. Es un buen momento para pensar un poco en esta institución en la que hemos nacido y que tanto está cambiando por diversos motivos socio-culturales.

02.- Cambios en la vida familiar

La familia en el mundo rural, todavía no lejano, eran amplias: muchos miembros vivían en el caserío, en la casa rural: al menos tres generaciones: abuelos, padres, hijos / nietos y siempre había algún otro miembro, algún tío o pariente que quedaba “descolgado” en la vida.

Hoy la familia es mínima: apenas padres y uno / dos hijos.

Una civilización montada en el carro del placer no puede soportar la ancianidad y la vejez. Por ello, los ancianos y las personas mayores son un estorbo. Los ancianos, ni son jóvenes, ni producen, más bien son una carga y atan demasiado.  Pero esto antropológicamente no es sano: hay que vivir y ser consciente de las raíces propias, de nuestros antepasados, de las etapas de la vida, hay que tener noticias de la finitud de la vida, de la vejez, de la experiencia y, cuando llegue hay que saber que la muerte está presente en la vida … La vida no es siempre joven, ni bonita, ni de color de rosa …

Las relaciones de pareja y la concepción de la sexualidad han cambiado mucho.

En esta postmodernidad que vivimos no se entiende ni se admite el compromiso por largo tiempo, se tiene miedo al esfuerzo, a las dificultades, a las crisis. De ahí que el compromiso matrimonial (como en muchas ocasiones el religioso) dura poco tiempo.

Naturalmente que todo el mundo tiene derecho a rehacer su vida, pero el divorcio, las separaciones aunque necesarias, son un fracaso de las personas. No es ningún éxito en la vida el separarse.

En modelos de sociedad anteriores, los hijos eran un bien, hoy en día los hijos son una carga. Y es natural que se eviten. Si el ideal de vida es económicamente tan alto y tan vacío, lo normal es que los hijos se eviten.

         Por otra parte, unas viviendas tan pequeñas y tan caras, no permiten ni acceder a una vivienda ni vivir muchas personas en ellas. (En el fondo el control de natalidad no está en manos de los padres, sino del Estado, de la Kutxa y de la mentalidad consumista en la que vivimos).

La mujer ha accedido, gracias a Dios, a puestos y lugares que habitualmente no ocupaba: diversos tipos de trabajo, cultura, vida política, etc. Esto hace que las funciones del hombre y de la mujer en otros tiempos bien -o mal- definidas, hoy no lo estén tanto y creen a veces, ciertos desajustes en la vida familiar.

En otros tiempos la familia, la vida familiar era el lugar natural en el que uno iba creciendo, conviviendo, conociendo la vida. Las largas conversaciones familiares, las fiestas, las tradiciones, etc., hacían que la familia fuese la cuna de la vida. Hoy en día la familia o la casa son una pensión, porque la vida anda por la calle, la conversación la rige la televisión, la gente vive en las ideologías, en los grupos. Para muchos adolescentes y jóvenes los amigos, la pandilla es su lugar natural, más que la familia.

Otro factor importante en nuestro tiempo es que los jóvenes malamente llegan a formar su propia familia. Al no tener un trabajo seguro, no pueden comprometerse en un proyecto de vida: familia, matrimonio, un piso, etc. Pueden tener un contrato temporal que les proporciona un dinero inmediato, pero no pueden pensar en el futuro. Y todo el mundo debe hacer algo serio en la vida, porque si no lo hacemos, esta, la vida se convierte en un mero vagar o deambular por la vida.

03.- Evangelio de hoy y familia.

         Es una mera coincidencia, pero en el evangelio que acabamos de escuchar han aparecido no pocas personas que forman el entramado familiar: padres, padre y madre, primogénito, anciano Simeón, mujer muy anciana, Ana / jovencita, casada, viuda, el niño. Cada uno según su recorrido en la vida, pero, más o menos, hemos conocido y, quizás, vivido estas etapas de la vida o estos estados de vida. Hemos tenido padres, hemos sido niños, adolescentes y jóvenes, nuestros padres, nuestros mayores, quizás nuestros propios hermanos han envejecido y ahora lo estamos haciendo nosotros. Muchos habéis hecho la vida en matrimonio, quizás habéis enviudado, quizás el matrimonio se rompió.

         Y así hemos ido creciendo.

04.- La familia como lugar natural acceso a la vida.

         La familia es el lugar natural de acceso a la vida. [1] No solamente a la vida física, sino que en la familia hacemos y tenemos las primeras grandes y decisivas experiencias de nuestra existencia: la acogida en la vida. ¡Qué importante es que un niño sea y se sienta bien acogido en la vida, en la familia!

El afecto inicial paterno, materno, fraterno, la convivencia como lugar de crecimiento y realización. Al mismo tiempo recibimos en la familia la mayor parte los grandes valores: el amor, la protección, así como nuestra propia traditio: el sentido festivo, el valor del trabajo, la cultura, el idioma, la pertenencia a un pueblo, a una comunidad, la fe: el sentido de la vida. (Estamos en Navidad: la mayor parte de nosotros hemos recibido la fe -al menos parte de la fe- cantando villancicos y comiendo turrón en aquellas “mágicas y entrañables nochebuenas”).

05.- En la familia no hace falta dni ni ningún tipo de carnet.

         En la familia estamos como en nuestro habitat natural. Conocemos y nos conocen espontáneamente. En la familia no nos hace falta carné de identidad.

         Hay otros tipos de conocimiento. Cuando una persona, un niño se pone enfermo en la familia y le llevamos a la Residencia, allí le harán radiografías, analítica de todo tipo, etc. pero quien mejor conoce a ese niño, es su madre. No dudemos de que Dios conocía perfectamente a Cristo: nadie conoce al Padre, sino el Hijo y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, pero seguro que María conocía mucho mejor a Jesús que Dios. En la familia conocemos y somos conocidos y aceptados naturalmente, sin ambages.

06.- En ocasiones no es fácil la vida familiar

         Todos somos conscientes de que hay situaciones, etapas, circunstancias de la vida familiar que no son nada fáciles de vivir y sobrellevar.

         La familia de Jesús tampoco fue un romanticismo con lazo rosa incluido. José y María no entendían una palabra del comportamiento de Jesús: con quién andaba: pecadores y prostitutas, con zelotas, con quién comía: publicanos y pecadores; el comportamiento de Jesús con las autoridades no era precisamente de seda: vuelca las mesas del Templo, discute a brazo partido con los fariseos y, finalmente, Jesús termina como termina. (María llegó a creer -fe- en su hijo Jesús, pero no entendía su modo de pensar, de vivir…

         La vida familiar no es fácil.

         Por mil motivos: afectivos, psicológicos, ideológicos, económicos, muchas veces la situación familiar se resquebraja y, Dios quiera, que no se produzcan enfrentamientos y rupturas.

         Hay que buscar la paz y el respeto personal-familiar a toda costa.

         Cuanto más profunda es la relación que se disloca o se rompe, mayor es la herida. Si uno se enfada con la persona que le atiende en el supermercado, no tiene mayor transcendencia, pero cuando uno se enfrenta a su hermano (Caín y Abel), o a su padre, o a un miembro familiar o a un gran amigo, la herida es profunda y difícil de restañar.

         Hay que cuidar mucho la vida familiar; y no con grandes cosas, sino con la buena educación, discreción, saber callar y callarse. Saber guardar cuestiones, defectos, pecados. No estar siempre aireando viejas cuestiones familiares, supuestas afrentas, etc. Estar cerca en la medida de lo posible -y sin meternos donde no nos llaman- en situaciones difíciles de crisis, enfermedad. Personalmente pienso que el silencio y la discreción son una gran medicina preventiva y, si llega el caso, terapéutica en la vida familiar y no familiar. Mostrar estima hacia los miembros de la familia es igualmente valioso, apreciar sus cuestiones: trabajos, sus intereses humanos, aspiraciones, ilusiones; igualmente estar cerca en los sufrimientos, en las desgracias.

07.- Pensemos.

         Estas consideraciones son, naturalmente, discutibles. Únicamente pretenden ayudarnos a pensar un poco en estas cosas y a ser conscientes de ellas.

Nosotros sabemos por experiencia que en la familia se nace y se crece bien, con dificultades, pero es una buena plataforma (y no disponemos de otra) Cuando celebramos la fiesta de la Sagrada Familia es porque pensamos que la familia es un lugar sagrado de la vida y en ella se protege y se cuida la vida de todos sus miembros, especialmente de los más débiles: los niños y los ancianos.

[1] En otras culturas y momentos de la historia se ha accedió a la vida por la tribu (todavía en muchos sitios de África, es así). En Guinea Ecuatorial, por ejemplo, es más importante la tribu que la familia. Recordemos aquel momento en los años 1960 en que algunos jóvenes formaron aquellas “comunas”, que era otro modo -fallido- de acceder a la vida.

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Yo te esperaba.

sábado, 30 de diciembre de 2023
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«Cristo es todo para nosotros».

“Yo te esperaba, Seńor Jesús, y por fin has llegado; has dirigido mis pasos con el Evangelio, has infundido en mi boca un canto nuevo: el Nuevo Testamento”

*

Ambrosio de Milán,
«Comentario al salmo XXXIX«, 3

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“ Navidad y futuro de la especie humana”, por José Arregi.

sábado, 30 de diciembre de 2023
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De su blog Umbrales de Luz:

El Belén de Gaza

Isaac Munther es un pastor luterano que sirve a la comunidad cristiana de una iglesia de Belén, en Palestina.

Este año ha puesto en su iglesia un Belén hecho con escombros de casas destruidas por las bombas del ejército israelí: el niño Jesús se halla atrapado entre cascotes, como miles de niños y adultos, y José y María tratan de rescatarlo, ayudados por los pastores y los Magos.

El pastor Isaac Munther ha declarado: “Si Jesús naciera hoy, nacería entre escombros. Dios, para nosotros, está entre escombros. Dios está en los quirófanos”.

En vísperas de Navidad, el Belén de Gaza entre escombros es un grito sonoro contra todas las guerras y a favor de la paz verdadera.

Feliz Navidad.

| José Arregi

El pasado 1 de diciembre, a punto de abrirse en el calendario litúrgico cristiano el tiempo llamado Adviento (Venida) que abarca las cuatro semanas preparatorias de la Navidad, la columna semanal de Leonardo Boff se titulaba “¿Nos acercamos al fin de la especie humana?”. Reproduce, resumiéndolo, un texto publicado en el año 2020, durante la pandemia de la COVID 19.

Esa misma pregunta me brota de manera recurrente desde hace años. No me sorprende, pues, la cuestión como tal, sino el hecho de que el hermano Leonardo la haya vuelto a formular en vísperas de Navidad. No sé si lo ha hecho con intención o sin ella, pero la fiesta del nacimiento de Jesús vuelve más honda y radical, también más interpelante, la pregunta sobre el fin de la especie humana.

Miro y celebro el nacimiento de Jesús como figura de todo nacimiento, más allá del mero hecho histórico – del que sabemos tan poco, y aunque no supiéramos nada – y más allá de todos los dogmas – que en su versión tradicional carecen de sentido para una inmensa mayoría de nuestra sociedad, también para mí –. La Navidad celebra el milagro universal de la vida, tan frágil y poderosa, tan diversa en sus infinitas formas conocidas y desconocidas, la vida en permanente transformación, en eterna interrelación, la vida en este maravilloso planeta o en incontables otros planetas del universo o multiverso. La Navidad es la fiesta de la vida y de todo lo que la hace posible y la sostiene y la nutre: la tierra, el agua, el aire, la luz, la luz del sol que nace cada día y cada solsticio de invierno, la luz de las estrellas que iluminan la noche, como la estrella que alegra la noche de los pastores en las afueras de Belén, como la estrella que guía el camino de los Magos de Persia, sabios buscadores, a Belén, a dondequiera que nace la vida. La Navidad es la fiesta de la materia, matriz originaria, energía y potencialidad inagotable de vida y de conciencia en todas las formas habidas y por haber, santa materia animada, pura forma y diafanía, transparencia, del espíritu o del aliento. Todo nacimiento es epifanía de la relación universal en eterna transformación creativa, asombroso misterio. Me inclino y adoro a Jesús y a todo ser viviente, el Aliento que late en todo, lo empuja y recrea de transformación en transformación.

Si la vida es relación universal en eterna metamorfosis, ¿qué tiene de extraño que nuestra especie Sapiens, forma surgida hace 300.000 años – hace un instante –, en algún momento vaya a extinguirse como tal forma? La muerte de las formas es la condición del nacimiento de nuevas formas y de la permanencia de la vida, y todas las formas disueltas permanecen tal vez en la eterna memoria cósmica de la vida. ¿Qué hay, pues, de extraño o de inquietante en la pregunta de Leonardo Boff sobre el posible fin de nuestra especie? No somos el destino final ni el término de la evolución. No somos ninguna excepción en la historia sin fin de la vida.

La inquietud y la alarma vienen del hecho de que el fin de nuestra especie humana se deba a su conducta exterminadora. Desde el principio, el Homo Sapiens se ha comportado también como Homo Demens. El Homo Faber ha sido a la vez Homo Depredator, Exterminator de otras formas vivientes y de su propio entorno vital. El propio Leonardo Boff lo ha señalado insistentemente, inspirado especialmente en Théodore Monod (1902-2000), extraordinario naturalista, explorador, humanista, militante ecologista y pacifista, y creyente profundo. Desde el principio, el hermano ha matado al hermano, Caín a Abel. Y quien mata al otro se mata a sí mismo. La exterminación de los otros animales y especies vivientes, quiérase o no, más pronto o más tarde, se torna autoexterminadora. El asesino es suicida. Una guerra nuclear generalizada, sobre cuyo peligro tanto alertó Théodore Monod, sería su peor demostración.

Pero no creo que el fin de nuestra especie humana vaya a producirse a consecuencia de una guerra nuclear. Sería terrible – aunque no mucho más terrible que lo que vemos en Gaza, en Ucrania, en Sudán…, solo que generalizado –, pero no lo considero probable. Sí considero muy probable, como advierte Yuval Noah Harari una y otra desde hace 10 años, que nuestra especie acabe, más pronto que tarde, siendo víctima de su poder o de su impotente ambición de poder, y que llegue a ello desarrollando tecnologías (biotecnología, infotecnología, inteligencia artificial) de las que acabe perdiendo el control o de las que solo unos (los más poderosos) posean el control; tanto lo uno como lo otro llevarían a lo mismo: la posesión de tales tecnologías por parte de algunos provocaría la división de la humanidad entre una élite de humanos “mejorados” (¡!) y todos los demás reducidos a parias infrahumanos. Los unos y los otros serían encarnación del Homo Deshumanizado. ¿No está sucediendo ya ante nuestros ojos atónitos, angustiados?

¿Pero por qué esta maravillosa especie, capaz de lo más sublime, puede llegar, o está llegando, a este nivel de riesgo, a este grado de horror? No es porque hubiera nacido con ningún “pecado original” ni por “maldad natural” ni por “decisión consciente y culpable”. ¿Por qué, pues? Simplemente, porque, como todos los vivientes, nacimos inacabados, pero con una particularidad extremadamente peligrosa para sí y para la comunidad de todos los vivientes: nuestra especie nació dotada de asombrosas capacidades y a la vez incapaz de gestionarlas sabiamente, armónicamente, fraternalmente. ¿Cómo podrá seguir siendo viviente y humano?

Vuelvo los ojos a Belén, al pesebre, a la figura de la vida naciente, de la bondad viviente, de la vida buena: a Jesús, al niño Jesús en brazos de María y José. No porque fuera hijo de madre virgen, ni hijo consustancial de una divinidad suprema, ni porque sea el único icono de la humanidad. Es el icono que más me revela, y en él miro lo que, con ojos bien abiertos, podría ver en cualquier viviente recién nacido. Y creo que, si nuestra especie quiere llegar a ser Sapiens, a armonizar sus inmensas capacidades y su poder quasi-infinito, si quiere sobrevivir como viviente y humano, debe urgentemente – mirando el icono de Jesús u otros, innumerables, de ayer y de hoy – recapacitar y reaprender a vivir, debe invertir en ello su saber científico y redirigir a ello todas las instituciones políticas, educativas, sanitarias y económicas, debe asimilar profundamente eso que Jesús soñaba en brazos de José y de María, eso mismo que sueñan todos los niños y el universo entero, y lo que anunció y vivió como profeta itinerante y sanador, al precio de su vida y para eterna resurrección de su vida: que solo podemos saciarnos en la mesa común, solo podemos ser libres poniéndonos en el lugar del prójimo, solo podemos ser sabios siendo sencillos, solo podemos curarnos cuidando a todos, solo podemos ser felices siendo misericordiosos, solo podemos vivir en paz liberándonos del odio. Que solo podemos ser divinos siendo humanos.

Aizarna, 22 de diciembre de 2023
www.josearregi.com

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Navidad: Netanyahu (Herodes) y la matanza de inocentes en Gaza

viernes, 29 de diciembre de 2023
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IMG_2082Netanyahu, como Herodes Imagen generada por IA

«Feliz Navidad a todos con mucha compasión por tantas víctimas en Gaza, con luz y discreta alegría«

«En su furor vengativo, su fuerza militar, aérea, marítima y terrestre ha asesinado a miles de niños, muchos de ellos todavía yacen bajo los escombros, además de a muchos otros miles de civiles que ni siquiera pertenecen a Hamas. No podemos dejar que esta tragedia oscurezca la fiesta radiante de Navidad. Ella es demasiado preciosa para no ser recordada y celebrada»

«Dios entró en el mundo en la oscuridad de la noche, sin que nadie lo supiese. No hay pompa ni gloria, que imaginaríamos adecuadas a un niño que es Dios. Pero prefirió llegar fuera de la ciudad, entre animales»

«Es una alegría inaudita: nuestra humanidad, débil y mortal, a partir de Navidad empezó a pertenecer al mismo Dios. Por eso algo nuestro ha sido ya eternizado por el Divino Niño que nos garantiza que los Herodes de la muerte jamás triunfarán»

En estos días estamos asistiendo a la actualización del relato bíblico: un rey feroz, celoso de su poder, manda matar a todos los niños menores de un año. El Herodes de hoy tiene un nombre, Benjamín Netanyahu. En su furor vengativo, su fuerza militar, aérea, marítima y terrestre ha asesinado a miles de niños, muchos de ellos todavía yacen bajo los escombros, además de a muchos otros miles de civiles que ni siquiera pertenecen a Hamas. No podemos dejar que esta tragedia oscurezca la fiesta radiante de Navidad. Ella es demasiado preciosa para no ser recordada y celebrada.

Volvamos al relato que nos llena de encanto aún ahora, más de dos mil años después. José y María, su esposa, embarazada de nueve meses, vienen de Nazaret, en el norte de Palestina, a Belén, en el sur. Son pobres como la mayoría de los artesanos y campesinos mediterráneos. A las puertas de Belén, en estos días arrasada por las tropas de Netanyahu, María se pone de parto: se sostiene el vientre pues la larga caminada ha acelerado el proceso de gestación. Llaman a la puerta de una posada y oyen lo que los pobres de la historia oyen siempre: “no hay sitio para ustedes en la posada” (Lc 2,7).

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Navidad de paz entre Israel y palestina Agustín de la Torre

Bajan la cabeza y se alejan preocupados. ¿Cómo va a dar a luz? Descubren en las cercanías un establo de animales. Allí hay un pesebre con pajas, un buey y una mula que, extrañamente, permanecen en silencio, observando. Ella da a luz un niño, entre los animales. Hace frío. Lo envuelve en pañales y lo acuesta sobre las pajas. El crío llora alto como todos los recién nacidos.

Hay pastores que velan en la noche, vigilando el rebaño. Según los criterios de pureza legal de la época, los pastores eran considerados impuros y por eso despreciados, por estar siempre rodeados de animales, su sangre y sus excrementos. La visión idílica de los griegos y de los romanos que idealizan la figura de los pastores, tocando alegremente su flauta, era diferente. Pero son estos pobres e impuros los primeros en ver al Puer divinus, al niño divino.

De repente los envolvió una luz y escucharon desde lo Alto una voz anunciándoles: “no temáis, os anuncio una gran alegría, que es para todo el pueblo; acaba de nacer el Salvador; esta es la señal: encontrareis un niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre”. Al ponerse, presurosos, en camino oyeron un cántico maravilloso, de muchas voces, que venía de lo Alto: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la Tierra a los hombres amados por Dios” (Lc 2,8-18). Llegan y confirman todo lo que se les había comunicado: ahí está el niño, tiritando, envuelto en pañales y acostado en un pesebre, en compañía de animales.

Algún tiempo después, he aquí que vienen bajando por el camino tres sabios de Oriente. Sabían interpretar las estrellas. Llegan. Se extasían ante la misteriosidad de la situación. Identifican en el niño a aquel que iría a sanar la existencia humana herida. Se inclinan, reverentes, y dejan presentes simbólicos: oro, incienso y mirra. Con el corazón ligero y maravillados toman el camino de vuelta, evitando la ciudad de Jerusalén, pues ahí reinaba un “Netanyahu” terriblemente belicoso, dispuesto a mandar matar a quien viera al niño divino.

Lección: Dios entró en el mundo en la oscuridad de la noche, sin que nadie lo supiese. No hay pompa ni gloria, que imaginaríamos adecuadas a un niño que es Dios. Pero prefirió llegar fuera de la ciudad, entre animales. No constó en la crónica de la época, ni en Belén, ni en Jerusalén, mucho menos en Roma. Sin embargo, ahí está Aquel que el universo estaba gestando dentro de sí hacía miles de millones de años, la “luz verdadera que ilumina a cada persona que viene a este mundo” (Jn 1,10).

Debemos respetar y amar la forma como Dios quiso entrar en este mundo: anónimo como anónimas son las grandes mayorías pobres y menospreciadas de la humanidad. Quiso empezar desde abajo para no dejar fuera a nadie. La situación humillada y ofendida de ellos fue la que el propio Dios quiso hacer suya.

Pero hay también sabios y hombres estudiosos de las estrellas del universo, los cosmólogos, los astrofísicos que captan por detrás de las apariencias el misterio de todas las cosas. Ven en este niño que tirita de frio, moja los pañales, lloriquea y busca, hambriento, el pecho de su madre, el Sentido Supremo de nuestro caminar y del propio universo. Para ellos también es Navidad. Dios vino no para divinizar al ser humano, vino para humanizarse, para enseñarnos a vivir.

Es verdad lo que se dice:“Todo niño quiere ser hombre. Todo hombre quiere ser rey. Todo rey quiere ser Dios. Solo Dios quiso ser niño”.

Este es un lado, gozoso: un rayo de luz en medio de la noche oscura. Un poco de luz tiene más derecho que todas las tinieblas.

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Pero hay otro lado, sombrío y también trágico, mencionado antes. Hay un “Netanyahu” que no teme matar inocentes. José, atento, pronto se da cuenta de que quiere mandar matar al niño recién nacido. Huye a Egipto con María y el niño en brazos, que duerme, busca el pecho y vuelve a dormir.

Miles de niños han sido asesinados en tierras de la Franja de Gaza parte de Palestina, la tierra de Jesús. Entonces se oyó uno de los lamentos más conmovedores de todas las Escrituras: “En Ramá se oye una voz, gran llanto y gemidos, es Raquel que llora a sus hijos asesinados y no quiere ser consolada porque los perdió para siempre” (Mt 2,18).

Los Herodes se perpetúan en la historia, también durante cuatro años en Brasil, bajo el presidente Bolsonaro que, insensible, dejó morir 300 mil ciudadanos por negarles las vacunas salvadoras y actualmente en Palestina, bajo un cruel Primer Ministro de Israel, Netanyhau. No obstante, habrá siempre una estrella, como la de Belén, que ilumine nuestros caminos. Por más perversos que sean los Herodes, ellos no pueden impedir que el sol nazca cada mañana trayéndonos esperanza, especialmente aquel que fue llamado “El Sol de la Esperanza”.

Es una alegría inaudita: nuestra humanidad, débil y mortal, a partir de Navidad empezó a pertenecer al mismo Dios. Por eso algo nuestro ha sido ya eternizado por el Divino Niño que nos garantiza que los Herodes de la muerte jamás triunfarán.

Feliz Navidad a todos con mucha compasión por tantas víctimas en Gaza, con luz y discreta alegría.

Fuente Religión Digital

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Magda Bennásar Oliver: ¿Qué dice Yahvé-Jesús-Alá sobre los conflictos entre el pueblo de Dios?

miércoles, 27 de diciembre de 2023
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IMG_1472Tras el muro de la indiferencia se encuentran nuestros hermanos y hermanas

Después de leer la columna de Chris Herlinger en GSR titulada Los ucranianos que huyen del terror encuentran consuelo en una iglesia polaca, me ha quedado una sensación de tristeza que se prolonga a lo largo del texto. Al mismo tiempo siento agradecimiento por esos lugares y comunidades que están para acoger y hacer silencio en el que poder derramar el dolor.

En primer lugar quiero agradecerle a Chris por el magistral trabajo realizado que consigue adentrarnos en una experiencia litúrgica, especialmente ortodoxa, con su estética rigurosamente cuidada, con múltiples velas, iconos maravillosos, cantos e incienso.

La combinación de la belleza mística de los lugares sagrados con el dolor indescriptible de las personas se mezcla en mi cuerpo y espíritu, dejándome orando con todos ellos, triste con los tristes y esperanzada con todos.

A esa descripción se le suma hoy la situación de Palestina-Israel. Las imágenes y noticias son tan incomprensibles que no encuentro palabras para expresar el sentimiento de horror y dolor que crean en una humanidad incrédula que vemos cómo va escalando la barbarie entre hermanos.

“Todos somos ‘uno’ y la Ruah nos hermana. Pedimos shalom para todos. Paz. No puedo estar tranquila cuando a unos cientos de kilómetros, unos hermanos matan a 700 personas en un día. (…)”: Hna. Magda Bennásar sobre conflicto Palestina-Israel

Posiblemente, hacer silencio sea la mejor y más congruente actitud. Todos rezamos al mismo Dios, todos pedimos al mismo Dios que nos ayude. Es una locura creer que el Dios de una religión es diferente al de otra. El Espíritu de Dios es ‘uno’ y nos hermana, nos ama, nos hace ‘uno’. Y sufre. Sufre con cada persona y ser vivo que sufre. Las tres religiones presentes en el lugar de conflicto (judaísmo, cristianismo, islamismo) son las religiones del ‘libro’.

En Europa sentimos que ambos conflictos, el de Ucrania y el de Oriente Próximo, están muy cerca. Las personas que huyeron de Ucrania y otros países recorren nuestras calles, sus hijos asisten a nuestras escuelas y algunos buscan refugio en nuestras iglesias. Muchas religiosas y religiosos han dejado sus conventos vacíos para alojar a los refugiados de Ucrania.

Cuando hay dolor se discute menos y se filtra menos el discurso religioso, porque al final, a la hora de la verdad, todos entramos en esa corriente de ‘vida’ que es el Espíritu, la Ruah que hemos heredado del judaísmo y que ha tomado diferentes rostros y formas según las culturas, al igual que los diferentes rostros de los hijos e hijas de unos mismos padres.

Es precisamente en tiempo de crisis cuando las personas se unen. Esta es una oportunidad para todos y todas de conectarnos a esa corriente del agua de la ‘vida’ y desde ese espacio interior enterrar el hacha de guerra.

Estos días me traslado con el recuerdo a la experiencia de rezar una noche en el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén, después de cruzar controles con metralletas y detectores de armas. Llegué al muro de las mujeres, donde me senté en recogimiento silencioso y poco a poco me fui integrando al grupo de mujeres que rezaban en silencio o llorando.

Recuerdo el color del muro, el olor a tierra, el sonido del llanto de una mujer con la cabeza apoyada en el muro, derramando su dolor y su amor al Dios de Israel. Aún puedo ver con los ojos del corazón los cientos de papelitos enrollados, que colocados en el muro, entre los ladrillos, son como un mosaico de oración en la pared milenaria del dolor y el amor. La presencia de Dios se siente y celebra allí.

Hace unos años, siendo profesora en un instituto de clase media donde había algunos alumnos magrebíes, me tocó una guardia a una hora intempestiva, cuando ya es imposible que los jóvenes trabajen más.

Al ser profesora de religión, nunca podía disfrutar de la presencia de las alumnas magrebíes por ser ellas y ellos musulmanes. Y esta ocasión era única para dialogar con ellas y se me ocurrió hacer una rueda de preguntas y respuestas con todo el curso. ¡Impresionante la curiosidad mutua!

Y empezó el juego de las preguntas; de pronto, las tres chicas musulmanas nos van contando que se levantan a las 5 de la mañana para rezar con toda la familia, que ayunan durante el ramadán, que hacen limosna y acogen al pobre.

La expectación en el aula de guardia era total; las exclamaciones de las españolas eran continuas, estaban en shock. Las alumnas españolas jamás habían preguntado por sus vidas ni prestado atención a las chicas magrebíes, y ahora estaban escuchándolas con absoluto interés. De pronto unas personas invisibilizadas por su procedencia, por su pañuelo… pasaron a ser el centro de atención de absolutamente todos.

Terminó la guardia y las chicas musulmanas pasaron a ser mis mejores amigas en el centro. Su sencillez y complicidad con la profe de religión fueron de agradecer. Nos unía el mismo Espíritu, sentíamos el mismo amor, orábamos a la misma hora, conectábamos desde dentro. Todavía hoy, después de años, las recuerdo y les agradezco su cercanía y bondad.

Hace también algunos años, cuando estudiaba teología en Berkeley, EE. UU., el profesor de Liturgia nos pidió, como parte de nuestra reflexión y estudio, que asistiéramos a liturgias de las diferentes iglesias cristianas. Tuve maravillosas experiencias; por ejemplo, la de vivir la primera eucaristía celebrada por una religiosa Franciscana Episcopaliana en Grace Cathedral en San Francisco.

Por su parte, en San Francisco pude asistir a una liturgia ortodoxa griega. Ahí aprendí que los ortodoxos no usan tanto la palabra, como los cristianos occidentales, sino que usan más todos los sentidos a través de la experiencia que se crea con la estética en sus templos.

Durante la liturgia, se entonan largos cantos en forma de rezos, acompañados de incienso y múltiples velas encendidas en un templo semioscuro. Este efecto potente induce a la intimidad, al recogimiento. El templo está arropado de iconos de una belleza que penetra el alma.

Además, la gente se mueve, se acerca a los iconos y enciende velas, menos cuando se proclama el Evangelio. En ese momento, toda la asamblea se concentra alrededor de un púlpito —situado en el centro del templo— que es abrazado por una congregación silenciosa, de pie en actitud de escucha atenta, con un silencio en el que resuena la proclamación de la Palabra, de una manera que te pone la piel de gallina. El respeto, la escucha y la sed de la gente se siente en el ambiente.

Igualmente, siempre que podíamos, nos escapábamos a la sinagoga en el sabbath. Y ya después, en Boston, fui varias veces con mi comunidad a escuchar a la rabina.  Esto no venía prescrito por el profe de liturgia; era puro placer escuchar a aquella mujer joven, poeta y escritora con dotes para la comunicación. Ni qué decir de la diferencia de comunicación que había con tantas parroquias poco vibrantes en muchos casos. El resto de la liturgia era interesante y diferente, pero este no es el lugar para seguir narrando. Sin embargo, llevo en mi corazón expresiones de las tres grandes religiones que hoy se debaten en Oriente Próximo.

Todos somos ‘uno’ y la Ruah nos hermana. Pedimos shalom para todos. Paz. No puedo estar tranquila cuando a unos cientos de kilómetros, unos hermanos matan a 700 personas en un día. A varios miles en una semana. ¿Dónde está tu hermano y tu hermana?

¿Qué dice Yahvé-Jesús-Alá?

Mi oración y mi lamento desde ese muro invisible que nos separa y ese Espíritu-Ruah que nos hermana y hace ‘uno ‘.

Magda Bennásar Oliver, sfcc

espiritualidadintegradoracristiana.es

Fuente Publicado  en Global Sisters Report /es

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Navidad ¿Qué va a cambiar?

lunes, 25 de diciembre de 2023
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¡Una vez más: NAVIDAD!

¿Qué va a cambiar?

Nada, excepto tú.

Hazte luz y verás la Luz …

Todo está ahí.

No busques en otra parte el significado de este  acontecimiento-advenimiento.

La humanidad fraterna de Jesús lleva el día que tiene que levantarse en ti.

El Dios vivo vuelve a ponerse en tus manos.

Por tí, para crear con Dios y a  su imagen, un mundo de alegría, luz, belleza.

*

Maurice Zundel

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***

           El sentido de la fiesta navideña es la Palabra, de la que el himno de Juan (cf. Jn 1) dice que al principio estaba ¡unto a Dios. De esta Palabra se dice también que se hizo carne y habitó entre nosotros.

        Este es el acontecimiento que celebramos cada año en Navidad: Dios ha venido a nosotros. El nos quita la falta de sentido y las monótonas repeticiones de nuestra vida cotidiana. El mismo es el sentido que da contenido a nuestra vida.

           Estamos acostumbrados a traducir así la primera frase del evangelio de Juan: «En el principio ya existía la Palabra». Pero el término griego logos que se encuentra en nuestro texto, es mucho más amplio. Logos no connota tanto a la pura palabra sino más bien el sentido que viene expresado mediante la palabra. En logos, sentido y palabra son inseparables: el sentido, pues, que captamos en cualquier acontecimiento, supera siempre el episodio concreto que puede ser expresado solamente con palabras. Si uno dice: «Te deseo muchas felicidades» o «Feliz Navidad», no se dirige cordialmente a otro solamente en este momento, sino que con estas palabras expresa algo que trasciende el momento. Así cada sentido supera el momento y el concreto evento en que se produce el encuentro.

           Cuando en Navidad oímos decir: «Nos ha nacido un niño», pensamos en el Niño del pesebre y en todos los demás niños, si bien diferenciándolo de todos, porque él no ha nacido sólo para sus padres, sino también para todos nosotros. También así el sentido del acontecimiento supera siempre el episodio particular, a través del cual ha entrado en nuestra vida. Quien ve sólo lo que tiene ante los ojos no capta el sentido, ni el de la Navidad ni el de la vida en general. El sentido, es decir, la profundidad de la realidad que constituye su contenido. Y porque el sentido de cada acontecimiento trasciende lo que está ante los ojos, para captarlo tenemos necesidad de la palabra.

        Si ahora decimos que: «En el principio era el Sentido», queremos expresar que en el principio era lo que da contenido y significado a toda vida. Ésta es la profundidad de la realidad, de la que se habla cuando se usa la Palabra de Dios. Este sentido último, que confiere contenido y significado a cualquier otro evento, ha sido participado al mundo en el acontecimiento de Navidad.

*

W. Pannenberg,
Presencia de Dios,
Brescia 1974, 119-120).

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“Betlemitas por el mundo”, por Dolores Aleixandre

domingo, 24 de diciembre de 2023
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belen_piel_con_pielDe su blog Un grano de mostaza: 

Cada pesebre es nuestra matriz

Por seguir en la onda de la carta de mi Arzobispo José Cobo, le doy vueltas a su frase “cada pesebre es nuestra matriz”, afirmación rotunda que suena preciosa pero que, justo por eso, corre el peligro de ir a parar disecada al repertorio de las felicitaciones navideñas.

Agarro la frase por una de sus esquinas y la sacudo para que vaya perdiendo el almidón y según se vuelve más flexible, empieza a decir cosas concretas: por ejemplo que, lo mismo que los sevillanos enseñan su Giralda y los burgaleses su catedral, los que nos apuntamos a betlemitas – gentilicio de libre adopción- ,enseñamos con orgullo nuestro pesebre con lo que eso supone de desmontaje de viejas ideas sobre lo bello, lo eficiente o lo exitoso. Y lo mismo que la ciudad de Rosario se enorgullece de haber sido matriz de Messi y los de Aracataca de García Márquez, nosotros podemos considerarnos nativos de Belén por adopción, aunque luego marquemos las diferencias: ahí están, sin ir más lejos, Isabel Ayuso y Manuela Carmena, hijas del pueblo de Madrid y cada una con su perfil.

Otra consecuencia de nuestra denominación de origen: si nos consideramos betlemitas, pasamos a ser paisanos/as de los pastores de Belén, gente fabulosa; pero también del posadero, nada es perfecto y en todas las familias hay una oveja negra.

A los betlemitas/posaderos se les reconoce en seguida por su rechazo cerril a todo lo que esté del otro lado de su puerta: “Si abro se me colarán en casa los enemigos de la indisoluble unidad de la nación, que ya están avisando desde Intereconomía de una conspiración para infiltrar en el gobierno a gente del LGTBI, a terroristas musulmanes y a climáticos insufribles, tipo la Greta esa tan rara. Eso sin contar con freírnos vivos a impuestos, destruyendo así los valores esenciales del occidente cristiano. Con otros papas vivíamos mejor, cono otros cardenales también, y no me tire de la lengua que no me quiero señalar no sea que perjudique a mi negocio”.

Del perfil pastor-de-Belén tenemos datos interesantes: que estaban vigilando de noche a la intemperie, sin conexiones ni pantallas, pero conscientes por propia experiencia de cómo crecía la desigualdad, qué poco les cundía la paga y de que, si tenían diez ovejas, tendrían que vender ocho para acceder a un techo estable, por no hablar de la inflación del precio de los piensos y del aceite de los candiles. Así que allí estaban al abrigo unos de otros, dándose calor y suelo, contándose penas y alegrías, partiendo el pan de la hospitalidad y rescatando del olvido viejas frases amenazadas: “Hacemos sitio en mi casa”, “Cuéntame de tu país…”, “¿Y si lo hacemos juntos?”, “Vente a charlar sin prisas”, “¿Qué apoyo necesitas?”. Juntos espantaban los mensajes de nuevos lobos disfrazados de ovejas: “Tú y los tuyos primero”, “Exige la calidad que mereces”, “Libertad y ganas ¿vas a conformarte con menos?”, “Tienes derecho a la felicidad”, “No pienses, siente y déjate fluir”, “Defiende la dignidad de tu gato”.

Estaban despiertos a medianoche, dando oscuro crédito a las antiguas promesas que anunciaban a un Dios ad-veniente e inesperado, un Dios capaz de deslumbrar con su luz la penumbra de lo cotidiano, de rebasar lo previsible y derretir con su presencia la corteza dura del desánimo. Un profeta nacido en Belén se había atrevido a anunciar: “Precisamente tú, pequeña Belén, vas a ser la matriz del Gran Pastor de Israel”.

– “¡Va a ser que ya está aquí, vamos!” dijeron los pastores al oír el anuncio disparatado de los ángeles. ¡Vamos!, siguen diciendo hoy los betlemitas sin papeles, especialistas en descubrir esas maravillas que la inteligencia artificial no detecta: gloria en el desamparo de una cuadra, dignidad y belleza en tantas vidas insignificantes, victoria invisible de los convencidos de que la paz es posible y que no se rinden a pesar de las derrotas.

Encontraron al Niño y “se volvieron glorificando a Dios”. Junto a ellos caminamos también hoy muchos betlemitas iluminados por la misma luz y animados por la misma energía.

Avanzamos a tientas en la noche cerrada, cuidando unos de otros, atentos sobre todo a que no se apague la candela de la Gran Alegría que llevamos encendida en nuestras manos.

Alandar, Diciembre 2023

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Debemos encontrar la salvación, no en Jesús, sino en como Jesús la encontró.

domingo, 24 de diciembre de 2023
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navidad-de-cerezoNOCHEBUENA (B)

Lc 2,1-14

Cualquier clase de discurso que podemos hacer hoy se me antoja superfluo y ridículo. Nada se puede expresar con propiedad del misterio que estamos celebrando. Hoy mejor que nunca debíamos aplicar el proverbio oriental: “Si tu palabra no es mejor que el silencio, cállate”. Solo en clave de silencio seremos capaces de entender algo. Esta noche debemos intentar una meditación sosegada sobre Jesús y sobre lo que su figura supone para todos nosotros. Jesús es el modelo a seguir. Lo que tienes que descubrir y vivir no puede venir de fuera, tiene que surgir de lo hondo de ti mismo.

El evangelio que acabamos de leer nos coloca ante el misterio, pero tendrás que adentrarte tú solito en él. Es fácil que se desborden los sentimientos en este tiempo de Navidad, pero eso no basta para vivir el misterio que celebramos. Es una noche, no para el folclore sino para la meditación. Sin esta contemplación, se quedará en algo vacío, sin ningún sentido religioso. El valor de esta fiesta depende de mi actitud. Nada suplirá el itinerario que debo emprender hacia el centro de mí mismo. Solo allí se desarrolla el misterio. Solo en lo hondo de mi ser descubriré la presencia de Dios.

Recordar el nacimiento de Jesús nos puede ayudar a encontrar a Dios dentro de nosotros y en los demás. Jesús vivió y murió en un lugar y un tiempo determinado, pero no estamos celebrando un cumpleaños. Los datos históricos no tienen importancia. Jesús nació, no sabemos dónde, no sabemos cuándo, ni en qué día, ni en qué mes, ni en qué año. Todo lo que digamos de él, desde el punto de vista histórico, apunta al desconcierto. El encuentro con Jesús, que apareció en un momento de la historia, me tiene que llevar a un encuentro como el de Jesús con Dios, que no tiene historia. Dios es siempre el mismo, pero para mí será siempre diferente.

La encarnación no es un hecho puntual, sino una actitud eterna de Dios. Dios no tiene actos. Todo lo que hace, lo es. Si se encarnó, es encarnación, es Emmanuel. Si en Jesús se hizo presente a Dios, debemos buscar en nosotros lo que descubrimos en él. No se trata de recordar y celebrar lo que pasó hace dos mil años sino de descubrir que la presencia de Dios se da hoy en mí y debo descubrir y vivir conscientemente esa realidad sublime. Lo que pasó en Jesús, está pasando en cada uno de nosotros, está pasando en mí. Este es el sentido de la Navidad que debemos recuperar.

Ni María ni José ni nadie de los que estuvieron relacionados con los acontecimiento que estamos celebrando, se pudo enterar de lo que estaba pasando, porque Dios actúa siempre acomodándose a la naturaleza de cada ser. En lo externo no pudo acontecer nada que diera cuenta de la insondable realidad que estaba en juego. Seguimos sin enteramos del significado de la Navidad, porque nos limitamos a recordar acontecimientos externos y extraordinarios que nunca se dieron. Si yo quiero enterarme tendré que tomar conciencia de lo que Dios me ofrece en este instante.

Ponernos en el lugar del que escribe es la clave para poder entender lo que nos quiere trasmitir. Para Lucas, de mentalidad mítica, Dios está en el cielo. Si quiere hacerse presente, tiene que bajar. Viene a salvar a los pobres y empieza por compartir su condición. La salvación se hará desde abajo, pero para llevarla a cabo, Dios tiene que bajar. Pero solo lo encontrará el que está buscando, no los que están satisfechos, instalados cómodamente en este mundo. No lo encontrarán en el bullicio de las relaciones sociales del día, sino en el silencio de la noche y en absoluta soledad.

Los dioses necesitan intermediarios, se ponen en acción y anuncian la noticia. ¿Quién estará preparado para escucharla? Solo los pastores, la profesión más despreciada y marginada de aquella sociedad. La salvación se anuncia en primer lugar a los oprimidos, a los que menos cuentan. Los demás están descansando, dormidos, cómodos; no necesitan ninguna salvación. Este dato es decisivo porque nosotros nos encontramos entre ese grupo que para nada necesita la salvación que el ángel anunció. Instalados en el hedonismo, solo necesitamos que nos confirmen en nuestro bienestar.

El anuncio es ‘buena noticia’. Dios es siempre buena noticia. En Jesús hemos descubierto la salvación de Dios. Pero es una salvación para todos. Dios está encarnado en mí como estuvo encarnado en Jesús. “Os ha nacido un Salvador”. Hoy, la noticia sería: Dios está viniendo siempre hacia mí para darme plenitud. Los pastores salen corriendo. No será fácil encontrarlo. Alguna pista: Un niño en un pesebre desnudo y entre pajas. Él mismo es alimento. Sus padres no dicen ni palabra. ¿Qué podrían decir? Dios decide enviar su Palabra y nos envía a un niño que no sabe hablar.

En el ambiente de la celebración de la Navidad hoy, corremos el peligro de quedemos en las pajas y no descubrir el grano. La importancia del acontecimiento se la tengo que dar yo con mi actitud de escucha. Dios no tiene que venir de ninguna parte. Dios está donde nosotros le descubrimos y le hacemos presente. Dios está donde hay amor. Allí donde un ser humano es capaz de superar su egoísmo y darse al otro. Allí donde hay comprensión, perdón, tolerancia, allí está Dios. Dios no será nada si yo no lo hago presente con mi postura ante los demás, con mi entrega, con mi amor.

Todo lo que nos hace más humano debemos incorporarlo a la fiesta. La reunión con la familia, la comida, los abrazos, todo puede ayudarnos a descubrir lo que somos y a manifestarlo con alegría. La fiesta cobrará sentido para todos en el momento que sepamos aunar lo humano y lo divino de cada ser. Si sabemos ir más allá del folklore, nos podemos encontrar celebrando la única realidad que interesa. La VIDA que está en mí y espera ser desplegada. Merece la pena hacer un esfuerzo en estos días y tratar de ser hoy más humanos que ayer y menos que mañana.

Lo que tratamos de vivir estos días de Navidad lo debíamos vivir todo el año. Dios se encarna en cada uno de nosotros para llevarnos a una plenitud que nunca podríamos soñar. Nos asusta esta propuesta porque seguimos pensando en un Dios lejano y extraño que solo se relaciona con nosotros desde su trascendencia absoluta. Tenemos tan arraigada esta idea que no nos atrevemos a ver que Dios es a la vez trascendente e inmanente. No es un día para razonamientos teológicos sino para experiencia mística. Vivir lo que somos en lo más hondo de nuestro ser y manifestarlo a través de nuestras relaciones con los demás. Todo está ya hecho y todo está por hacer.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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¡Señor de la noche, Dios de luz, Visita mi establo oscuro!

domingo, 24 de diciembre de 2023
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Para decir juntos nuestra fe.

¡Señor de la noche, Dios de luz,
Visita mi establo oscuro!
Prepara en mí una cuna
Para que la Navidad tenga lugar esta noche (…)

En tus tierna manos
deposito mi miedo de no ser …
Esta noche naceremos
de un mismo aliento;
Nacerás en mí
Para venir al mundo que me rodea,
Y yo naceré de ti,
Acogida como una reina
Acogido como un rey
Hasta en mis más sombríos rincones.

¡ Señor de la noche, Dios de luz,
Visita mi establo oscuro!
Prepara en mí una cuna
Para que Navidad se efectue esta noche (…)
Entonces, por fin, en mi desierto
habrá sitio para los otros,
Aquellos que te nombro ahora
En un silencio
Que implora tu compasión.

*

Lytta Basset

***

Nota:

Esta tarde a las 16:00, hora española, aparecerá la felicitación de Navidad y, a las 21:00h, los textos y meditaciones de la Misa de Media Noche, y a pretor de las 18:00h , otros textos más para que nos acompañen los momentos previos a la cena de Nochebuena y a lo largo de esta noche santa… Acordémonos de quienes esta noche la pasan solos o no pueden celebrarlo por multitud de razones….

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , , , ,

“Alégrate”. 4 Domingo de Adviento – B (Lucas 1,26-38)

domingo, 24 de diciembre de 2023
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12251El relato de la anunciación a María es una invitación a despertar en nosotros algunas actitudes básicas que hemos de cuidar para vivir nuestra fe de manera gozosa y confiada. Basta que recorramos el mensaje que se pone en boca del ángel.

«Alégrate». Es lo primero que María escucha de Dios, y lo primero que hemos de escuchar también nosotros. «Alégrate»: esa es la primera palabra de Dios a toda criatura. En estos tiempos, que a nosotros nos parecen de incertidumbre y oscuridad, llenos de problemas y dificultades, lo primero que se nos pide es no perder la alegría. Sin alegría, la vida se hace más difícil y dura.

«El Señor está contigo». La alegría a que se nos invita no es un optimismo forzado ni un autoengaño fácil. Es la alegría interior que nace en quien se enfrenta a la vida con la convicción de que no está solo. Una alegría que nace de la fe. Dios nos acompaña, nos defiende y busca siempre nuestro bien. Podemos quejarnos de muchas cosas, pero nunca podremos decir que estamos solos, pues no es verdad. Dentro de cada uno, en lo más hondo de nuestro ser, está Dios, nuestro Salvador.

«No tema. Son muchos los miedos que pueden despertarse en nosotros. Miedo al futuro, a la enfermedad, a la muerte. Nos da miedo sufrir, sentirnos solos, no ser amados. Podemos sentir miedo a nuestras contradicciones e incoherencias. El miedo es malo, hace daño. El miedo ahoga la vida, paraliza las fuerzas, nos impide caminar. Lo que necesitamos es confianza, seguridad y luz.

«Has hallado gracia ante Dios». No solo María, también nosotros hemos de escuchar estas palabras, pues todos vivimos y morimos sostenidos por la gracia y el amor de Dios. La vida sigue ahí, con sus dificultades y preocupaciones. La fe en Dios no es una receta para resolver los problemas diarios. Pero todo es diferente cuando vivimos buscando en Dios luz y fuerza para enfrentarnos a ellos.

En estos tiempos no siempre fáciles, ¿no necesitamos despertar en nosotros la confianza en Dios y la alegría de sabernos acogidos por él? ¿Por qué no nos liberamos un poco de miedos y angustias enfrentándonos a la vida desde la fe en un Dios cercano?

José Antonio Pagola

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“Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo”. Domingo 24 de diciembre de 2023. Domingo 4º de Adviento.

domingo, 24 de diciembre de 2023
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04advientoB4cerezoLeído en Koinonia:

2Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16: El reino de David durará por siempre en la presencia del Señor.
Salmo responsorial: 88: Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.
Romanos 16,25-27: El misterio, mantenido en secreto durante siglos, ahora se ha manifestado.
Lucas 1,26-38: Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

La lectura del segundo libro de Samuel nos cuenta que, deseando David edificarle una casa Yahvé en Jerusalén, Yahvé dirigió la palabra al profeta Natán, para comunicarle que no sería David quien le edificaría una casa a Yahvé, sino que Yahvé le edificaría una casa a David. En aquellos tiempos «casa» se entendía de varias maneras, como Templo, como morada, o como descendencia. Esta profecía quiere decir es que Dios le dará una descendencia a David, es decir, la permanencia del linaje de David sobre el trono de Israel. Esta es la promesa que hace Yahvé a David y que la tradición posterior interpretará en relación con el Mesías como hijo-descendiente de David. La primitiva Iglesia entendió estas palabras en relación con Jesús como el verdadero Mesías. Mateo y Lucas se esfuerzan en presentar en sus genealogías a Jesús como descendiente de David, y varias veces se le llama Hijo de David. Es claro, Jesús es el Mesías esperado, en él se cumplen las promesas de Dios.

En los versículos que hemos leído del largísimo salmo 88 están dispuestos en la liturgia para mostrarnos la relación de Jesús con Dios. El salmo es un himno al Creador seguido de un oráculo mesiánico. En este oráculo el salmista pone en boca de Dios estas palabras: yo lo nombraré mi primogénito, altísimo entre los reyes de la tierra. Se refiere al Mesías, al salvador esperado, pero que nosotros como cristianos lo leemos claramente referido a Jesús. Él es el Hijo, la primicia por la que todos seremos salvados, el primogénito entre todos los hombres. Por su predicación, por su sencillez y servicio a los más pequeños, por su sí incondicional a Dios hasta la muerte, Dios lo resucitó haciéndolo altísimo entre los reyes de la tierra.

La segunda lectura tomada de la carta de Pablo a los Romanos nos presenta una oración de alabanza a Dios (doxología) con la que concluye toda la carta. La oración está dirigida a Jesucristo, en él cual se revela el misterio que Dios había mantenido oculto por siglos, pero que ahora, gracias a la Escritura y la predicación del mismo Jesucristo fue dado a conocer a todos, pero especialmente a los gentiles para la obediencia de la fe. Finaliza con una bendición tomada de las costumbres judías. Reconocemos que el misterio oculto por los siglos, es Jesús mismo que ahora nos revela el rostro del Padre y que se convierte en salvación para de todos los hombres.

En el evangelio leemos el anuncio del ángel a María del nacimiento de Jesús, que la convierte en la primera discípula y evangelizada: escucha la palabra de Dios, es capaz de reconocer que la acción de Dios pasa por los más pequeños y humildes. María era una mujer joven y pobre de un pueblo muy pequeño del norte del país. Ella recibe el anuncio del ángel, que la sorprende pero que sabe reconocer la acción de Dios en el anuncio. Le dice sí a Dios. A diferencia de Zacarías el signo que pide María no parte de la incredulidad, sino de la necesidad de poner por obra las palabras del ángel.

El evangelista Lucas pone de manera consecutiva el anuncio a Zacarías y el anuncio a María para resaltar que la acción de Dios se manifiesta fuera del Templo, fuera del lugar sagrado, en medio de los pobres y abandonados, como lo es María triplemente excluida por ser mujer, por ser pobre y por ser joven. Y es en ese lugar de marginación y pobreza donde el proyecto de Dios para la humanidad va a fructificar, por medio del sí consciente de María y de todos los que se identifican con ella.

El niño que nacerá de María será el Salvador, el Mesías, un «Hijo de Dios». Dios se hace ser humano en la persona de Jesús para que siendo como él, los seres humanos seamos semejantes a Dios. Pero no lo hace en contra de la voluntad de los hombres. María, con su «sí» al proyecto de Dios, introduce a Jesús en la historia, haciéndose hombre pobre y creyente.

Adviento es tiempo de preparación, de espera de la fiesta de la Natividad, de la manifestación del Mesías. Participar de esta fiesta es asumir la misma dinámica de María que le dice sí a Dios, y la misma actitud de Dios que se hace pobre para nuestra salvación en la persona de Jesús de Nazaret. Leer más…

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Abiertos a las sorprendentes encarnaciones de Dios

domingo, 24 de diciembre de 2023
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IMG_1990La publicación de hoy es del colaborador de Bondings 2.0, M. Hakes (ellos).

Las lecturas litúrgicas de hoy para el cuarto domingo de Adviento se pueden encontrar aquí.

Este domingo, nuestro camino de Adviento alcanza su culminación justo al borde de la gozosa celebración de la Navidad. El Adviento, una temporada de anticipación, preparación y espera esperanzada, y la Navidad, una celebración de la Encarnación, cuando Dios asume plenamente nuestra humanidad en el Niño Jesús, ambos parecen tiempos apropiadamente extraños.

El poder transformador del amor, encarnado en la Encarnación, es un faro que nos guía hacia una comprensión de la fe más inclusiva y compasiva. Como escribió sabiamente Santa Catalina de Siena: “Sé quien Dios quiso que fueras y prenderás fuego al mundo”. La alegría de la Navidad no es simplemente una festividad sentimental sino una afirmación radical del amor ilimitado de Dios por todos. También revela el trabajo que debemos hacer para lograr este reino de Dios, paciencia y perseverancia.

Nosotros, los católicos queer y nuestros compañeros, hemos trabajado incansablemente por una Iglesia que realmente dé la bienvenida y abrace a las personas LGBTQ+: una Iglesia firmemente arraigada en el encargo de Jesús de compartir la luz y el amor del Evangelio con todas las personas, especialmente aquellas que están marginadas. En medio de nuestra anticipación, preparación y espera esperanzada, hemos visto un progreso (a menudo lento) hacia una Iglesia que se asemeja más al llamado radical de Cristo al amor y la inclusión.

La segunda lectura litúrgica de hoy de la carta de San Pablo a los Romanos es una doxología final que alaba la sabiduría de Dios y la revelación del misterio escondido durante siglos pero ahora manifestado a través de Jesucristo. Este misterio, que abarca la salvación para todas las naciones, es fuente de alegría y esperanza y este misterio de salvación continúa desarrollándose. Cada tiempo de Adviento reaviva nuestra conciencia de la obra continua de Dios en nuestras vidas y en el mundo. El gozo expresado en la doxología de Pablo se vuelve nuestro, al reconocer que el plan de Dios para la salvación no está limitado por el tiempo, el espacio o la comprensión humana, sino que es una invitación universal extendida a todos.

Qué momento tan profundo de alegría navideña temprana fue leer la noticia de que el Papa Francisco abrió la Iglesia para bendecir a las parejas queer. Esta decisión parece un cambio radical cuando hace sólo dos años la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe proclamó: Dios “no puede bendecir el pecado”. En verdad, nuestro llamado liberador a la inclusión queer encuentra su expresión consumada en la alegría radiante de la Navidad. En las palabras del salmo de este domingo: “Por siempre cantaré la bondad del Señor”.

En el relato evangélico de hoy de la Anunciación, escuchamos el fiat de María, su “sí” a lo que el ángel Gabriel acaba de proclamar. El consentimiento de María ejemplifica la esencia misma del Adviento: anticipando la Encarnación, el Verbo hecho carne, el momento en que el soplo vital de Dios entró en un tabernáculo de carne, sangre y hueso. A través de este acto de inmenso amor, cuando Jesús toma nuestro manto de humanidad, somos sanados, renacidos como Hijos de la Luz.

La apertura de María al plan de Dios y su profunda confianza y entrega nos sirven de modelo mientras continuamos esforzándonos por una Iglesia construida sobre el amor, que acoja a todos. El fiat de María nos desafía a examinar la profundidad de nuestra propia confianza en la providencia de Dios, especialmente cuando nos enfrentamos a lo inesperado y lo desconocido. Como lo revelan constantemente las Escrituras, los planes de Dios a menudo se desarrollan de maneras que quizás no comprendamos de inmediato, o dicho de otra manera, “Dios escribe derecho con líneas torcidas”, palabras que a menudo se atribuyen a Santa Teresa de Ávila.

El Cuarto Domingo de Adviento nos llama al umbral de la Navidad (este año un poco más literalmente), invitándonos a reflexionar sobre los temas entrelazados de la esperanza, la confianza y el cumplimiento de las promesas de Dios. Al encender la cuarta vela de Adviento, llevemos a nuestra vida diaria la anticipación cultivada durante esta temporada. Que nosotros, como María, estemos abiertos a las sorprendentes encarnaciones de Dios. Que nosotros, como David, reconozcamos que los planes de Dios superan los nuestros. Y que nosotros, con Pablo, ofrezcamos nuestra propia doxología, regocijándonos en el misterio del amor redentor de Cristo que trasciende todas las barreras.

A medida que nuestro viaje de Adviento llega a su fin, que nuestros corazones hagan eco de las palabras del salmista: “Florecerá en su tiempo la justicia, y la plenitud de la paz para siempre” (Salmo 72:7).

– M. Hakes, New Ways Ministry , 24 de diciembre de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Tres mensajeros, tres promesas y un misterio. Domingo 4º de Adviento. Ciclo B

domingo, 24 de diciembre de 2023
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fray-angelico-la-anunciacion-museo-nacional-del-pradoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

A las puertas de la Navidad, en las tres lecturas de este domingo podemos ver a tres mensajeros con tres promesas distintas y un misterio de fondo.

Primer mensajero (Natán) y primera promesa (a David)

(2 Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16)

            Al final de numerosas aventuras, David se ha convertido en rey del Norte y del Sur, de Israel y Judá. Ha conquistado una ciudad, Jebús (Jerusalén) que le servirá de capital. Se ha construido un palacio. Y ahí es donde comienzan los problemas. Mientras se aloja cómodamente en sus salas, le avergüenza ver que el arca de Dios, símbolo de la presencia del Señor, está al aire libre, protegida por una simple tienda de campaña. Decide entonces construirle una casa, un templo. El profeta Natán está de acuerdo. Dios, no. Será Él quien le construya a David una casa, una dinastía. A su heredero lo tratará como un padre a su hijo. «Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre».

            En esta antigua promesa se basa la esperanza mesiánica. Vendrán crisis políticas, morirán reyes judíos asesinados, terminará desapareciendo la monarquía cuando los babilonios deporten a los últimos reyes. Pero algunos grupos siempre mantendrán la certeza de que Dios no ha abandonado a David y le suscitará un descendiente, concebido con rasgos cada vez más grandiosos.

Cuando el rey David se asentó en su casa y el Señor le hubo dado reposo de todos sus enemigos de alrededor, dijo al profeta Natán:

̶  Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios habita en una tienda.

Natán dijo al rey:

̶  Ve y haz lo que desea tu corazón, pues el Señor está contigo.

Aquella noche vino esta palabra del Señor a Natán:

̶  Ve y habla a mi siervo David: «Así dice el Señor: ¿Tú me vas a construir una casa para morada mía? Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra. Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados, como antaño, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel. A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa. En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre.

Segundo mensajero (Gabriel) y segunda promesa (a Israel) (Lucas 1,26-38)

El anuncio de Gabriel a María es como un cuadro que solo comprendemos bien cuando lo comparamos con otro situado a su izquierda: el anuncio de Gabriel a Zacarías. Contemplando las diferencias captamos mejor su mensaje.

1) El anuncio a Zacarías tiene lugar en el espacio sagrado del templo, el de María, en un pueblecillo desconocido de Galilea, de doscientos habitantes.

2) Gabriel se aparece a un anciano venerable, casado con una mujer muy piadosa, los dos israelitas modélicos; luego Dios lo envía a una pareja joven, todavía sin casar, de los que no se menciona ninguna virtud.

3) En el primer caso, el protagonista es un varón (Zacarías); en el segundo, una muchacha (María).

4) A Zacarías se le aparece provocándole un miedo sagrado; a María la saluda con palabras tan elogiosas que se siente turbada y sorprendida.

5) En ambos casos se anuncia el nacimiento de un niño, pero con enormes diferencias entre ellos: Juan será un profeta, al estilo de Elías, y su misión consistirá en preparar al pueblo; Jesús será un rey que gobernará en la Casa de David eternamente. A menudo se pasa por alto el fuerte contenido político de las palabras relativas a Jesús: «Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Si tenemos en cuenta que «Hijo del Altísimo» no significa «Segunda persona de la Santísima Trinidad», sino que es un título del rey de Israel, las palabras de Gabriel repiten insistentemente la idea de la realeza de Jesús. Pero su reino no es universal, se limita a «la casa de Jacob».

6) En ambos casos, el nacimiento parece imposible: Zacarías e Isabel son ancianos; María no ha tenido relaciones con José. [La traducción habitual: “no conozco varón” se presta a malentendido, ya que María conoce a José, es su novio; lo que quiere decir es «no he tenido relaciones sexuales con ningún hombre».]

7) Ante esa dificultad, Zacarías pide una garantía de que eso pueda ocurrir [algo que solo se percibe claramente en el texto griego: kata. ti, gnw,somai tou/toÈ]; María se limita a formular una pregunta: «¿Cómo puedo quedarme embarazada si no he tenido relaciones con un hombre?» [pw/j e;stai tou/to( evpei. a;ndra ouv ginw,skwÈ].

8) En consecuencia, mientras Zacarías queda mudo hasta el día del nacimiento de Juan, María es la que pronuncia la última palabra: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Esta frase sintetiza la actitud de María en toda su vida y, al mismo tiempo, la presenta al cristiano como modelo de disponibilidad absoluta.

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:

̶  Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

̶  No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Y María dijo al ángel:

̶  ¿Cómo será eso, pues no conozco varón?

El ángel le contestó:

̶  El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.

María contestó:

̶  He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Y el ángel se retiró.

Tercer mensajero (Pablo) y tercera promesa (al mundo entero) (Rom 16,25-27)

            Pablo no ha visitado todavía Roma cuando escribe su carta a los romanos. Pero tiene una larga experiencia de apostolado y de reflexión. Sobre todo, ha tenido una experiencia fundamental en el momento de su vocación: el Mesías Jesús no ha sido destinado por Dios solo al pueblo de Israel, sino a todas las naciones.

Hermanos:
Al que puede consolidaros según mi Evangelio y el mensaje de Jesucristo que proclamo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora mediante las Escrituras proféticas, dado a conocer según disposición del Dios eterno para que todas las gentes llegaran a la obediencia de la fe; a Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

El misterio

Desde David hasta Pablo se recorre un largo camino y la perspectiva se abre de modo asombroso: lo que comenzó siendo la promesa a un rey, más tarde a un pueblo, termina siendo la promesa al mundo entero. Como dice la segunda lectura, esta es «la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos».

Tres reacciones a tres mensajeros

            ¿Cómo reaccionan los interesados antes los mensajes que reciben?

            La respuesta de David no la recoge la lectura, pero es una extensa oración dealabanza y acción de gracias por la promesa que Dios le hace (2 Samuel 7,18-29).

           María reacciona con aceptación y fe. No imagina los momentos tan duros que tendrá que aceptar por causa de Jesús («una espada te atravesará el alma») ni la cantidad de fe que necesitaría cuando vea a su hijo criticado y condenado por terrorista y blasfemo.

         La reacción de Pablo, la que desea inculcar a sus lectores romanos, es cantar la sabiduría y la gloria de Dios a través de Jesucristo.

 

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24 Diciembre. Cuarto Domingo de Adviento, ciclo B.

domingo, 24 de diciembre de 2023
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“-No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús”.

(Lc 1, 26-38)

Ahora que la Navidad ya se asoma la liturgia nos regala este texto de la anunciación. Nos colocamos en la intimidad de uno de los momentos más importantes de la vida de María, y también más decisivo.

María, una mujer joven de Nazaret, escucha la voz de Dios en su vida y recibe una misión: ser la Madre de Jesús. Es el encuentro de dos libertades. La libertad de Dios que quiere depender, que elige necesitar de su criatura. Y la libertad de María que se abre a la promesa de Dios sin seguridades.

La escena es bonita, la hemos visto representada de mucha maneras. Hay muchos cuadros, esculturas, películas y representaciones sencillas que recrean aquel idílico momento en el que, digámoslo, todo parece fácil.

El ángel le dice: “concebirás a y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús”. Suena sencillo, parece que ya está todo pensado y solucionado. Pero cuando María se queda sola, cuando el ángel la deja, empiezan a emerger las dificultades. Un embarazo fuera de la vida de pareja todavía hoy es un problema, pero en el caso de María podía suponer la pena de muerte.

La misión de María fue difícil y arriesgada, llena de libertad y de compromiso. No fue una vida apacible y despreocupada, no hizo lo que quería sino que tuvo que salir al paso de lo que iba llegando.

Ahora que vamos a comenzar el Tiempo de Navidad podemos contemplar la valentía y la fortaleza de María, la mujer valiente de Nazaret.

Oración

Gracias, Trinidad Santa, por regalarnos a María como Madre y como compañera de camino

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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