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¿Tentaciones o intentos?

domingo, 18 de febrero de 2018
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icono_cristo_pantocratorDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. LA VIDA ES CAMINAR POR EL DESIERTO.

Los cuarenta días cuaresmales evocan los 40 años que las tribus hebreas caminaron por el desierto (de la vida) hasta llegar a la tierra de libertad.

La vida es caminar por el desierto de las dificultades, crisis, enfermedades, problemas con una gran nostalgia de libertad, de tierra de promisión.

02. LAS TENTACIONES DE JESÚS.

Hemos escuchado cómo Jesús vivió también la tentación. Jesús fue hombre como nosotros, menos en el pecado.

Las tentaciones de Jesús no pensemos que se producen materialmente en el desierto y, de la noche a la mañana, una vez vencidas, Jesús queda libre de todo peligro. Por tanto hemos de pensar que Jesús fue tentado, como todos nosotros, a lo largo de toda su existencia.

Marcos no especifica las tentaciones que sufrió Jesús. Pero hemos de pensar que sufrió las mismas tentaciones que padecemos todos en la vida, pues Jesús se hizo hombre semejante en todo a nosotros, menos en el pecado.

La escena del evangelio de hoy se sitúa “a continuación” del bautismo de Jesús en el Jordán, donde el Espíritu desciende sobre Jesús: este es mi Hijo.

“Cuarenta días” es toda la vida.

Jesús atravesó el desierto de la vida, y durante toda su vida tuvo sus tentaciones, como todos.

03. ¿LA GRAN TENTACIÓN (INTENTO) NO SERÁ EL DESEO DE ABSOLUTO?

b01_8La tentación no es una invitación al pecado, sino una llamada al infinito.

En lo más hondo de nuestro ser, todos tenemos una nostalgia infinita de vida y bienestar. Somos un eterno deseo incumplido, al menos hoy por hoy. Somos una pasión infinita.

Todo ser humano es una búsqueda infinita. Esta eterna búsqueda no es una cuestión religiosa. La llamada de la felicidad no depende de que uno sea creyente o no. Todos, creyentes y no creyentes, tenemos “hambre y sed de todo y del Todo.” “Todo placer reclama eternidad. El gozo quiere ser eterno”, decía Nietzsche, irreligioso terminal.

Somos siempre para nosotros mismos una asignatura pendiente. Somos una diferencia entre lo que somos y lo que quisiéramos ser y vivir.

Ninguna realidad humana llena nuestro corazón. Nunca el placer es bastante, nunca el dinero colma el corazón de ser humano. El hombre se supera a sí mismo infinitamente porque siempre está en camino hacia la plenitud infinita.

Sobrepasamos el mundo de la naturaleza, superamos el listón de nuestros instintos, pero nuestro corazón no se aquieta con la simple satisfacción de nuestras pulsiones e instintos.

San Agustín escribía aquello de: Nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquieto, pues solamente descansará cuando te encuentre.

Un salmo expresa muy bien estas cosas:

Mi alma tiene sed de ti, mi vida ti ansia de Ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua, (Salmo 63,2)

La misma expresión: “tentación”, viene de “intentar”. Intentamos hacernos con la plenitud, “ser como dioses”. La tentación es la continua tentativa de llegar al absoluto. Las tentaciones son momentos concretos y expresiones de ese deseo “irremediable” de felicidad que todos llevamos dentro.

La tentación está llena de sentido: es un querer salir de la limitación, de la pobreza de todo tipo, del sufrimiento para llegar al puerto de la plenitud. La tentación en el fondo es como un querer llegar rápidamente a la felicidad.

Lo que pasa es que en ocasiones nos equivocamos.

04. ¿TENTACIONES, PECADO, EQUIVOCACIONES O DESEQUILIBRIOS?

viewMuchas opciones en la vida más que pecado, son desequilibrios, errores, viejos problemas psíquicos, costumbres inveteradas, tendencias que tienen que ver más con la psicología, cuando no con la patología, que con la moral. Un drogadicto, un ludópata, un alcohólico no tienen tentaciones. La libertad la tienen, la tenemos dañada. Ya San Pablo experimentaba en sí mismo aquello de: hago el mal que no quiero, (Rom 7,19).

Muchas veces las tentaciones son las diversas crisis con las que nos debatimos en la vida: la desesperación, la desconfianza, las amarguras que pueden terminar por llevarnos a una pérdida de la fe, de la esperanza, del amor.
Hay casos límite como puede ser el suicidio, las adicciones a la droga, el erotismo, cleptomanías, ludopatías, etc. En el fondo se busca calmar y salir de un gran dolor existencial: el dolor del rechazo, de la soledad, el dolor del desafecto, de los fracasos, de la ansiedad, del mal trato de la infancia, de las culpabilidades morales, el dolor de “muchas asignaturas pendientes en la vida” o cualquier otro tipo de dolor.

Probablemente las adicciones consisten en buscar salidas (compulsivas) a grandes sufrimientos y ansiedades. Eso no son tentaciones, ni pecado y no sería cristiano culpabilizar (nunca es cristiano culpabilizar). En estas cosas de tentaciones y tendencias del ser humano, se entremezclan y funcionan mecanismos psicológicos, subconscientes e inconscientes, “viejas historias”, etc., que pueden requerir atención médica, psiquiátrica, también espiritual y, sobre todo, cristiana. La bondad y el sentirse querido sana más que mil ritos religiosos.

VOLUNTARISMOS.

Voluntarismo viene de voluntad, fuerza de voluntad.

Demasiado “olímpicamente” decimos que hay que tener fuerza de la voluntad para dominar tal situación, tentación, etc. Pero no siempre las tentaciones, los desequilibrios, adicciones, etc., se resuelven desde la voluntad. No siempre es cierto el refrán castellano: querer es poder. No siempre ni todo el que quiere, puede.

Hay búsquedas y tentaciones que han de ser tratadas desde la medicina, psicología, logoterapia, desde la apertura a la misión, a los demás, desde la bondad.

Los voluntarismos pueden terminar siendo patológicos. Basta recordar directores espirituales, confesores y confesiones que hemos padecido.

05. LA CUARESMA Y LA VIDA SON TIEMPO DE GRACIA Y EVANGELIO

panLa vida es tiempo de gracia y de evangelio.

Que el espíritu, la fuerza de Dios nos atraiga y nos impulse en la vida, de modo que no nos cansemos de caminar, que, tal vez sea la gran tentación

Tentaciones no nos van a faltar, probablemente el pecado estará presente en nuestra vida, pero con toda seguridad quien estará siempre con nosotros es Dios, como la nube que cubría al pueblo por el desierto.

La conversión no equivale a evocar culpabilidades y remordimientos, sino a poner nuestra mirada en Dios. No significa mirar atrás con amargura, sino mirar hacia adelante con esperanza.

Los cristianos vivimos aquello que dice el salmo 31,1:

Dichoso aquel a quien Dios no le tiene en cuenta su culpa,
a quien le han sepultado su culpa.

Con este espíritu vivamos la cuaresma desde el Evangelio: confiad en el evangelio.

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Soldados derrotados de una causa invencible: Pedro Casaldáliga

viernes, 16 de febrero de 2018
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36004357886_bbd3a78e6aDel blog de Xabier Pikaza:

Celebramos (16.2.18), los noventa años de Pedro Casaldáliga, y quiero hacerlo comentando con la Biblia una palabra antigua que se le atribuye, y que se repite con frecuencia como suya:

Nosotros, los cristianos, somos (=debemos ser) soldados derrotados de una causa invencible, la causa de la justicia y la personal, de los derechos humanos y de la ayuda a los pobres, la causa de Dios, que la vida de los hombres.

He seguido su trayectoria, he leído sus poemas, he compartido sus proyectos y ahora, a sus cuarenta años, quiero comentar de nuevo esa frase como expresión y sentido de su fecunda vida. Es evidente que él lleva en su cuerpo las huellas de muchas derrotas, pero su causa es invencible, como fue la de Pablo:

27857783_934109650099561_5079055689330299458_nEstamos atribulados en todo, mas no angustiados;
en apuros, mas no desesperados;
perseguidos, mas no desamparados;
derribados, pero no destruidos;
llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús,
para que también su Vida se despliegue en nuestra Vida (cf. 2 Cor, 4-8)

Por Navidad nos ponemos unas letras, alguna vez me ha escrito más largo, como indicará la carta al final de esta reflexión, de la que empiezo recogiendo ahora un par de frases:

Estimulados por el testimonio de tantos testigos que entre nosotros se han sumado a la herencia martirial de aquellos días primeros urge ahora que nuestra Iglesia se vaya haciendo cada vez más Iglesia de los Pobres, Iglesia de los Mártires. Actualizando con respuestas eficaces la inspiración del Pacto (de las Catacumbas).

No podemos perder en el vacío la carga inmensa de estímulos que nos demandan fidelidad de praxis, dialogo plural, la alegría del Evangelio.Yo digo que hoy la consigna es: Todo es Gracia, Todo es Pascua, Todo es Reino, en el seguimiento de Jesús.

27751468_934106386766554_8613122041868532561_nRecordando esas palabras (y otras que me dijo) quiero comentar a sus 90 años, para él, desde la Biblia, algunos elementos de ese lema: Soldados invencibles de un ejército vencido…. precisamente porque estamos dispuestos a ser derrotados por amor, para amar, junto a los humillados y vencidos de esta tierra.

Así debemos asumir con Jesús la causa de los perdedores, de aquellos que no quieren ganar pisando a los demás, sino que están dispuestos a sufrir (e incluso a morir) a favor de la verdad y la justicia, de los pobres y expulsados, como el siervo de Yahvé, el justo sufriente de Isaías, con los mártires actuales de la causa invencible de Cristo

La iglesia del Siervo de Yahvé.

El Segundo Isaías (Is 40-55) contiene una serie de textos que suelen llamarse «cánticos del Siervo de Yahvé» (Is 42, 1-7; 49, 1-9; 50, 4-11; 52, 13 – 53, 12), que muchos exegetas consideran como centro y/o cumbre de la Biblia israelita. Ese Siervo es un “personaje” central de la historia judía: un representante de Dios, hombre (o mujer), quizá todo un pueblo, que sufre el rechazo y condena de otros (extranjeros, israelitas injustos) que quieren matarle.

Ese «siervo» es un “soldado derrotado” de la causa invencible de Yahvé, el Dios de la justicia.

Los poemas del Siervo nos enseñan que Dios no está con los que ganan, que él no rechaza a los que pierden (como se pensaba de ordinario en algunos círculos de Israel), sino que aparece vinculado de manera intensa con el siervo perdedor, derrotado y expulsado. En esa línea, asumiendo y transformando viejas categorías sacerdotales, estos cantos muestran que los derrotados de Israel (exilados, fracasados, muertos) no han sido ni son los culpables, de manera que es falso decir que Dios les castiga por algún delito propio. Al contrario, ellos, los condenados, perdedores del mundo, son el signo de la humanidad inocente, en la que Dios viene a mostrarse como portador de una paz universal.

CASALDALIGA

Esa imagen del Siervo, que podemos presentar como soldado derrotado del Dios Dios, evoca y anticipa, de algún modo, un cambio radical de la humanidad. Quizá por vez primera, superando la imagen de un “dios” que parecía signo de dominio impositivo (garante de victoria de los fuertes), ha venido a revelarse un Servidor de Dios que no vence triunfando (desde arriba), sino creando vida desde el mismo sufrimiento y la derrota. Leer más…

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Frente a la Hipocresía espiritual… Conviértete y cree en el Evangelio

miércoles, 14 de febrero de 2018
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Hoy, miércoles de Ceniza, cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio” “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús.

Del blog Pays de Zabulon:

Reflexiones de Rev. David Eck Asheville de Caroline del Norte, extraído del blog I’ m christian, I’ m gay, Del Let talk,  19 de noviembre de 2009.

“He escrito este poema que se inspira en Jn 13, 34-35. ¡Espero que te ponga en crisis tanto como a mí me ha puesto!

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Amaos los unos otros como yo os he amado.
Esto parece tan simple, tan lineal.
Pero … ¿ Querer al liberal de “corazón lleno de compasión “?
¿Amar al conservador de “valores familiares “?
¿Querer al musulmán? ¿Al judío? ¿Al budista? ¿Al hinduista?
¿Amar al inmigrante en situación irregular? ¿Amar el que tiene todos los privilegios?
¿Amar al gay? ¿La lesbiana? ¿Al transgénero?
¿Amar a los manifestantes por la paz? ¿Amar a los hacedores de guerra?
¿Amar al iraquí? ¿Al palestino? ¡Al norcoreano?
¿Amar al republicano y al demócrata?
Amar al sin techo? ¿Al mendigo?
¿Al enfermo de sida? ¿Al detenido condenado a muerte?
Tendemos a amar con los dedos cruzados en busca de una escapatoria,
Buscando la manera de limitar a aquellos a los que elegimos amar.
Así como el escriba que, una vez, le preguntaba a Jesús: “¿quién es mi prójimo?”
Tendemos a amar de modo selectivo, poniendo condiciones.
Amamos a los que se nos parecen, piensan como nosotros, creen como nosotros.
¿Quién sería odiado por Jesús? ¡Nadie!
La única cosa que enfurecía a Jesús era la hipocresía espiritual,
Los que proclamaban amar a Dios pero no conseguían decidirse a amar a sus prójimos,
Los que creían que ellos eran los elegidos de Dios mientras que trataban a otros como si fueran el mal personificado.
Amaos los unos a los otros como yo os he amado.
Posiblemente no sea tan simple, después de todo.
Pero es el signo por el cual otros reconocerán que somos discípulos de Jesús.

*
Citado por Loquito en anotherdaylight – 2 mayo 2012

cenizam

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Políticamente incorrecto

martes, 13 de febrero de 2018
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papa-dios-hambreUn niño esquelético, como en los mensajes de Médicos del mundo, le dice al Papa:

– ¿Por qué no vendes los cuadros del Vaticano para darnos de comer?

– je,je,je. Esos cuadros no se pueden vender porque son de Dios

– ¿Dios tiene hambre también? 

Y la reenvié a mis contactos porque me sentía de acuerdo con su mensaje, aunque su expresión me parecía políticamente incorrecta.

Expresión políticamente incorrecta

Consideramos como políticamente incorrectas aquellas expresiones que resaltan intencionadamente aspectos desagradables que un determinado grupo social prefiere disimular. Estas expresiones no son necesariamente reprobables ni encomiables, depende del criterio de quien las analiza. La crítica social que hacen estas expresiones puede referirse -justa o injustamente- a rasgos externos o a cuestiones más importantes; y suele expresarse mediante enfoques parciales, exageraciones, o caricaturas. Este desafío a lo políticamente correcto suele acarrear problemas, como nos muestra la Historia, y como estamos leyendo cada día en la prensa.

Casualmente estaba leyendo la Introducción al Antiguo Testamento del profesor José Luis Sicre en el que trata del lenguaje de los profetas. Para percibir la fuerza que ese lenguaje tenía en sus circunstancias sociopolíticas, elabora unos ejemplos de transposición al lenguaje actual, como el texto de Amós 5,4-5:

Así dice el Señor a los católicos:
Interesaos por mí y viviréis.
Pero no os intereséis por el Pilar,
no vayáis a Santiago
no acudáis al Rocío.
Que el Pilar caerá por tierra
y el Rocío se volverá tormenta.
Buscad al Señor y viviréis.

Este lenguaje nos resultaría hoy políticamente incorrecto; sin embargo la intención del profeta era advertir al pueblo de que esas devociones estaban camuflando su desvío respecto a la verdadera llamada de Dios hacia la justicia social.

El profeta no es un sabio que explica las complejidades de la vida, ni un jurista o doctor de la Ley (que también son necesarios); el profeta le habla al pueblo con lenguaje emocional; por eso exagera y presenta un solo aspecto de la realidad, en este ejemplo la de el Pilar o del Rocío.

Estos extremismos unilaterales, como los del profeta, pueden ser justos, y necesarios, si luego se equilibran de alguna manera con otros aspectos del mismo asunto, pero son engañosos si se los toma literalmente como textos jurídicos o se los hace pasar como realidad total y objetiva.  

Sabemos que expresar la devoción es bueno, y recomendable, sin embargo es necesario sacudir nuestro adormecimiento en un cómodo e injusto status quo actual. Sin ser conscientes de ello, nuestra práctica religiosa está desviando la atención de un deber fundamental hacia una tranquilizante devoción. Pagola, muy comprometido con el evangelio, nos confirma que éste es el peligro de la religión, desviar la atención hacia cómodos deberes o devociones.

El lenguaje de Jesús frecuentemente era políticamente incorrecto, exagerado o unilateral. A la llamada de su madre y de sus hermanos contestó que su madre y sus hermanos eran aquellos discípulos que estaban escuchándole. Y no digamos nada de la exageración de aquello de la rueda de molino, o de castrarse por el Reino de Dios (que Orígenes se lo tomó al pie de la letra). También las expresiones unilaterales de Pablo sobre la salvación por la fe le han planteado serios problemas a la teología cristiana.

Personalmente prefiero una exposición equilibrada, con sus pros y sus contras, y confieso que a veces desearía poner los puntos sobre las íes a los escritos de algunos compañeros porque, a mi parecer, resaltan desproporcionadamente un solo aspecto de los problemas que se nos plantean. Sin embargo reconozco que necesitamos una sacudida profética para superar dogmatismos anteriores o nuestra deriva egoísta.

La viñeta que estamos comentando simplifica, con la ingenuidad de un niño, un problema complejo; y parece atribuir al Papa Francisco una grave inconsecuencia con el mensaje de Jesús y con un elemental sentido humano de justicia. Por eso digo que me parece políticamente incorrecta, y un poco injusta con el papa, porque él está haciendo lo que puede. No obstante creo que este mensaje es acertado, y que es necesario expresarlo en formas políticamente incorrectas.

De acuerdo con su contenido

El mensaje de esta viñeta es el escándalo -cómodamente asumido- de que miles de niños están muriendo de desnutrición mientras que algunos magnates tienen grifos de oro en sus yates privados. El 1 por ciento de la población mundial tiene tanta riqueza como el 50 por ciento más pobre.

La viñeta concreta este escándalo en las riquezas que conserva la iglesia católica, ya sean los museos vaticanos o los tesoros de las catedrales. Estos tesoros contrastan -contradicen- el mensaje de Jesús, que consideraba el dinero y el poder como los mayores obstáculos para una sociedad justa y fraterna, que él denominaba el Reino de Dios.

Ya sé que Jesús alabó el amor expresado por aquella mujer que derramó en sus pies un caro perfume, que “podría haber sido vendido y dado a los pobres”.  Aquel gesto era una expresión espontánea de amor, y eso es lo que alabó Jesús; en cambio Judas sólo vio su valor económico. Este argumento se viene presentando al menos desde el siglo IV, y san Juan Crisóstomo tuvo que intervenir y determinó que se respetara lo que alguien había donado para el templo, pero que se aconsejara donar la riqueza a los pobres antes que al templo. Al rico que quería seguirle, Jesús no le dijo que entregara su riqueza a la bolsa del grupo sino a los necesitados.

Los tesoros de la iglesia actual -muchos de ellos improductivos- son un escándalo que está desacreditando lo que presentamos como seguimiento de Jesús; pero creo que el Papa ni puede ni debe decretar dictatorialmente su entrega, ya sea a la UNESCO o a la FAO. En cambio las iglesias locales sí deberíamos renunciar a esas posesiones, pero no el párroco ni el obispo sino la comunidad cristiana. ¿Estamos dispuestos? ¿Qué dirían las cofradías de semana santa o de las fiestas locales?  ¿Sería mejor abandonar la comunidad que se resiste a desprenderse de ellas, o tratar de persuadirla? Jesús no impuso nada; propuso un proyecto y murió por difundirlo.

Escuchemos a profetas como Casaldáliga y monseñor Romero. Vivamos realmente y difundamos el Pacto de las Catacumbas, que no hace mucho establecieron algunos obispos:

Renunciamos para siempre a la apariencia y la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (ricas vestimentas, colores llamativos) y en símbolos de metales preciosos (esos signos deben ser, ciertamente, evangélicos). Mc 6, 9; Mt 10, 9s; Hech 3, 6. Ni oro ni plata. (Número 2 del Pacto).

Gonzalo Haya

Fuente Fe Adulta

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“Si quieres, puedes limpiarme.”

domingo, 11 de febrero de 2018
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* * *

–  “Si quieres, puedes limpiarme.”

Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo:

– “Quiero: queda limpio.”

… y quedó limpio.

Él lo despidió, encargándole severamente:

 “No se lo digas a nadie.”

Cuando se fue, empezó a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

*

Marcos 1,40-45

***

Modelo masculino con los brazos abiertos hacia el cielo

Me complace proponer a la contemplación del creyente una oración compuesta por Valeria, una niña de nueve años, el día de su primera comunión (corría el año 1989). La cruz de Cristo la tocó pronto con su sombra benéfica: se vio privada en seguida del afecto de su madre, Gisella, que debía asistir a una hermanita nacida con síndrome de Down y padeció 31 operaciones. Valeria reza así:

«Jesús, te doy gracias porque hoy te recibo con alegría en mi corazón; te doy gracias porque, cada día y cada minuto, me ayudas a vencer la tristeza y me la cambias en alegría; te doy gracias porque, en cada momento de melancolía, me ayudas a ser feliz y a sonreír y, en las dificultades, me haces comprender todo lo que debo hacer. También a mí, que sólo soy una niña, me das la fuerza necesaria para llevar mi cruz con serenidad.

Te doy gracias porque he comprendido que, sin una cruz, nadie puede ser feliz y porque, viviendo en medio del sufrimiento, se aprende que en cada experiencia bella o fea de nuestra vida hay siempre muchos motivos para ser felices. Yo soy feliz, aunque también llevo mi cruz, y te agradezco, Señor, de todo corazón esta cruz que me has dado. Amén».

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“Amigo de los excluídos”. 6 Tiempo Ordinario – B (Marcos 1, 40-45)

domingo, 11 de febrero de 2018
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793784-300x262Jesús era muy sensible al sufrimiento de quienes encontraba en su camino, marginados por la sociedad, olvidados por la religión o rechazados por los sectores que se consideraban superiores moral o religiosamente.

Es algo que le sale de dentro. Sabe que Dios no discrimina a nadie. No rechaza ni excomulga. No es solo de los buenos. A todos acoge y bendice. Jesús tenía la costumbre de levantarse de madrugada para orar. En cierta ocasión desvela cómo contempla el amanecer: «Dios hace salir su sol sobre buenos y malos». Así es él.

Por eso a veces reclama con fuerza que cesen todas las condenas: «No juzguéis y no seréis juzgados». Otras, narra una pequeña parábola para pedir que nadie se dedique a «separar el trigo y la cizaña», como si fuera el juez supremo de todos.

Pero lo más admirable es su actuación. El rasgo más original y provocativo de Jesús fue su costumbre de comer con pecadores, prostitutas y gentes indeseables. El hecho es insólito. Nunca se había visto en Israel a alguien con fama de «hombre de Dios» comiendo y bebiendo animadamente con pecadores.

Los dirigentes religiosos más respetables no lo pudieron soportar. Su reacción fue agresiva: «Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de pecadores». Jesús no se defendió. Era cierto, pues en lo más íntimo de su ser sentía un respeto grande y una amistad conmovedora hacia los rechazados por la sociedad o la religión.

Marcos recoge en su relato la curación de un leproso para destacar esa predilección de Jesús por los excluidos. Jesús está atravesando una región solitaria. De pronto se le acerca un leproso. No viene acompañado por nadie. Vive en la soledad. Lleva en su piel la marca de su exclusión. Las leyes lo condenan a vivir apartado de todos. Es un ser impuro.

De rodillas, el leproso hace a Jesús una súplica humilde. Se siente sucio. No le habla de enfermedad. Solo quiere verse limpio de todo estigma: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús se conmueve al ver a sus pies a aquel ser humano desfigurado por la enfermedad y el abandono de todos. Aquel hombre representa la soledad y la desesperación de tantos estigmatizados. Jesús «extiende su mano» buscando el contacto con su piel, «lo toca» y le dice: «Quiero, queda limpio».

Siempre que discriminamos desde nuestra supuesta superioridad moral a diferentes grupos humanos (vagabundos, prostitutas, toxicómanos, psicóticos, inmigrantes, homosexuales…) y los excluimos de la convivencia negándoles nuestra acogida nos estamos alejando gravemente de Jesús.

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

 

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“Quiero: queda limpio.” Domingo 11 de febrero de 2018. Sexto domingo del tiempo ordinario

domingo, 11 de febrero de 2018
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15-ordinarioB6 cerezoLeído en Koinonia:

Levítico 13,1-2.44-46: El leproso tendrá su morada fuera del campamento: 
Salmo responsorial: 31: Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.
1Corintios 10,31-11,1: Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo. 
Marcos 1,40-45: La lepra se le quitó, y quedó limpio

En el evangelio de Marcosque hoy leemos, Jesús se encuentra con un leproso arriesgado que se atreve a romper una norma que lo obligaba a permanecer alejado de la ciudad. Esta norma es la que nos recuerda la primera lectura, del Levítico.

En la tradición judía (primera lectura) la enfermedad era interpretada como una maldición divina, un castigo, una consecuencia del pecado de la persona enferma –¡o de su familia!–. Porque entonces se la consideraba contagiosa, la lepra común estaba regulada por una rígida normativa que excluía a la persona afectada de la vida social. (Ha durado muchos siglos la falsa creencia de que la lepra fuese tan fácilmente contagiable). El enfermo de lepra era un muerto en vida, y lo peor era que la enfermedad era considerada normalmente incurable. Los sacerdotes tenían la función de examinar las llagas del enfermo, y en caso de diagnosticarlas efectivamente como síntomas de la presencia de lepra, la persona era declarada «impura», con lo que resultaba condenada a salir de la población, a comenzar a vivir en soledad, a malvivir indignamente, gritando por los caminos «¡impuro, impuro!», para evitar encontrarse con personas sanas a las que poder contagiar. En realidad, todo el sistema normativo religioso generaba una permanente exclusión de personas por motivos de sexo, salud, condición social, edad, religión, nacionalidad.

Este hombre, seguramente cansado de su condición, se acerca a Jesús y se arrodilla, poniendo en él toda su confianza: «si quieres, puedes limpiarme». Jesús, se compadece y le toca, rompiendo no sólo una costumbre, sino una norma religiosa sumamente rígida. Jesús se salta la ley que margina y que excluye a la persona. Jesús pone a la persona por encima de la ley, incluso de la ley religiosa. La religión de Jesús no está contra la vida, sino, al contrario: pone en el centro la vida de las personas. La vida y las personas por encima de la ley, no al revés.

Jesús le pide silencio (es el conocido tema del «secreto mesiánico», que todavía hoy resulta un tanto misterioso), y le envía al sacerdote como signo de su reinclusión en la dinámica social, «para que sirva de testimonio» de que Dios desea y puede actuar aun por encima de las normas, recuperando la vida y la dignidad de sus hijos e hijas. Pero este hombre no hace caso de tal secreto, rompe el silencio, y se pone a pregonar con entusiasmo su experiencia de liberación. No parece servirse de la mediación del sacerdote o de la institución del templo, sino que se auto-incluye y toma la decisión autónoma de divulgar la Buena Noticia. Esto hace que Jesús no pueda ya presentarse en público en las ciudades sino en los lugares apartados, pues al asumir la causa de los excluidos, Jesús se convierte en un excluido más. Sin embargo, allí a las afueras, está brotando la nueva vida y quienes logran descubrirlo van también allí a buscar a Jesús.

Es una página recurrente en los evangelios: Jesús cura, sana a los enfermos. No sólo predica, sino que cura («no es lo mismo predicar que dar trigo», dice el refrán). Palabra y hechos. Decir y hacer. Anuncio y construcción. Teoría y praxis. Liberación integral: espiritual y corporal. Y ésa es su religión: el amor, el amor liberador, por encima de toda ley que aliene. La ley consiste precisamente en amar y liberar, por encima de todo.

La segunda lectura, que sigue, como siempre, un camino independiente frente a la relación entre la primera y la tercera, es un bello texto de Pablo que habla de la integralidad de la espiritualidad. La espiritualidad no es tan «espiritual»; de alguna manera es también «material». Hay que recordar que la palabra «espiritualidad» es una palabra desafortunada. Tenemos que seguir utilizándola por lo muy consagrada que está, pero necesitamos recordar que no podemos aceptar para su sentido etimológico. No queremos ser «espirituales» si ello significara quedarnos con el espíritu y despreciar el cuerpo o la materia.

Pablo está en esa línea: «ya sea que comáis o que bebáis o que hagáis cualquier otra cosa…». No sólo las actividades tradicionalmente tenidas como religiosas, o espirituales, tienen que ver con la espiritualidad, sino también actividades muy materiales, preocupaciones muy humanas, como el comer y beber, o cualquier otra actividad de nuestra vida, pueden, deben ser integradas en el campo de nuestra espiritualidad (que ya no resultará pues «solamente espiritual»). Nuestra vida de fe puede y debe santificar toda nuestra vida humana, en todas sus preocupaciones y trabajos, no sólo cuando tenemos la suerte de poder dedicar nuestro tiempo a actividades «estrictamente religiosas», como podrían ser la oración o el culto.

El Concilio Vaticano II insistió mucho en esto: «todos estamos llamados a la santidad» (cap. V de la Lumen Gentium). No hay unos «profesionales de la santidad» (cap. VI ibid.), algunos que estarían en un supuesto «estado de perfección», mientras los demás tendrían que atender a preocupaciones muy humanas… No. Todos estamos llamados elevar nuestros trabajos, tareas, preocupaciones humanas… «nuestra propia existencia» a la categoría de «culto agradable a Dios» (como dirá Pablo en Rom 12,1-2). Podemos ser muy «espirituales» (con reservas para esta palabra de resabios greco-platónicos) y santificarnos aun en lo más «material» de nuestra vida. Leer más…

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D 11. 2. 18.Maestro de Jesús, un leproso (os sanarán los enfermos)

domingo, 11 de febrero de 2018
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 6,tiempo ordinario, ciclo b. Mc 1, 40-45. Jesús está en el duro campo, una tierra de leprosos, expulsados, que no pueden entrar en la sinagoga, ni en los pueblos.

Seguimos en un mundo de impuros que no pueden integrarse en la sociedad, tras muros y mares de separación, pues son distintos y la sociedad dominante no quiere recibirles.

Entre los “asociales” se encuentra ese leproso, hombre de piel impura. No sabemos si su enfermedad es lo que actualmente se llama en medicina lepra (causada por el bacilo de Hansen). Sea como fuere, se trata de una afección a la piel, que suele tomar un color distinto, produciendo un tipo de escamas,una enfermedad de marginación social y sacral.

Una enfermedad del enfermo (es evidente); pero es también, y sobre todo, una enfermedad de la sociedad que no le acoge, sino que le registra entre los impuros y le mantiene separado

images-1Pues bien, Jesús se acerca donde no lo hace ninguna: viene hasta el leproso y le admite en su espacio de vida(le cura).

Todo lo que sigue es consecuencia… pero una consecuencia decisiva El leproso enseñará a Jesús un camino que Jesús él antes no sabía, ni el Hijo de Dios, un camino de evangelio, de ruptura con los sacerdotes, una nueva sociedad sin controles sanitarios (policiales) como aquello que marcaba un tipo de sociedad israelita.

Un texto inquietante, un texto poderoso, necesario en nuestro tiempo. Tomo lo que sigue de mi Comentario de Marcos (Estella 2012). Buen domingo a todos.
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Un texto en tres tiempos (Mc 1, 40-45)

1) 40 Se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas: Si quieres, puedes limpiarme. 41 Y compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo: #Quiero, queda limpio. 42 Al instante desapareció la lepra y quedó limpio.

2) 43 Entonces lo despidió, advirtiéndole severamente:44 No se lo digas a nadie; vete, muéstrate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para testimonio de ellos.

3) 45Pero él, saliendo se puso a divulgar a voces lo ocurrido, de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en ninguna ciudad. Tenía que quedarse fuera, en lugares despoblados, y aun así seguían acudiendo a él de todas partes.

Introducción. Lepra médica,lepra social, lepra humana. Ser marginado en Israel

En el campo (fuera de la sinagoga y casa) habitan los leprosos. Con ellos inicia Jesús una serie de signos de expulsados (vendrán luego el paralítico y publicano). Según ley, ellos sufren una enfermedad social: están impuros, son fuente de peligro y mancha para la buena familia israelita.

Desde una perspectiva médica actual, se podría decir que este hombre sufre un tipo de enfermedad de escamas, como traduce e interpreta J. Milgrom, el mayor investigador bíblico sobre el tema, al hablar de una scale disease). Se trata, según eso, de una enfermedad de la pigmentación y de la estructura misma de la piel, que se puede deformar, ofreciendo manchas y zonas escamosas. Esto es lo que significa la palabra hebre sāra‛t, que los LXX han traducido en griego como lepra.

Esa traducción resulta actualmente resulta engañosa, pues sāra‛t / lepra designa una variedad de casos en los que la piel se vuelve «escamosa», pero no suele incluir lo que actualmente se llama lepra (según las investigaciones de Hansen).

Según la ciencia moderna, la lepra es una enfermedad bacteriana crónica de la piel, los nervios de las manos y los pies y de las membranas de la nariz. Por el contrario, la «lepra bíblica» (de Lev 13-14 y de los textos evangélicos) es una enfermedad más genérica, que abarca varias infecciones y afecciones, una enfermedad que se desarrolla rápidamente y que puede desaparecer también rápidamente, pues hay personas que, a veces, se curan de ella, también rápidamente.

En resumen según las investigaciones de Hansen, la lepra estrictamente dicha se desarrolla a lo largo de bastantes años y es incurable, a no ser que se apliquen algunos medios terapéuticos modernos. Por el contrario, la lepra bíblica tiene un carácter más general y se refiere a varias malformaciones de la piel, que exigen la expulsión social de quien la sufre.

Sea como fuere, el caso queda abierto. Lo que he querido destacar es que la «lepra» bíblica es una enfermedad «social» más que puramente corporal, es una enfermedad que se puede atribuir a todos los que tienen manchas en la piel, un tipo de soriasis o de pigmentación distinta, producida muchas veces por causas sociales, psicológicas y religiosas (y no sólo por el bacilo de Hansen.

Eso significa que la «lepra bíbleca» constituye una enfermedad mucho más extensa que la lepra puramente bacteriana. En ese contexto se sitúa todo lo que sigue. Por eso, cuando el sacerdote descubre la «impureza» cutánea de una persona ha de expulsarlos de la sociedad civil y religiosa, conforme a su código sagrado (Lev 13-14). La religión se utiliza así como cordón sanitario para expulsar a los «distintos»

Para mantener la pureza del conjunto social, los leprosos eran expulsados al exterior del campamento o ciudad israelita: no podían orar en el templo, ni acudir a la sinagoga, ni unirse en lecho o mesa con los familiares sanos. Su enfermedad les convertía en solitarios, como especie aparte, secta de proscritos.

1) La curación

El leproso viene y se postra de rodillas, en gesto de ruego y de adoración, pidiendo “si quieres puedes limpiarme”. Quiere “ser limpio”, vivir con dignidad, ser persona…La curación es para él la limpieza, ser “cátaro” (ser puro), ser persona, en una sociedad de personas. Leer más…

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Poder y compasión. Domingo 6º. Ciclo B

domingo, 11 de febrero de 2018
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curacion de un leprosoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Tras la curación de la suegra de Pedro y a otros muchos enfermos, Marcos cuenta el primer gran milagro de Jesús: la curación de un leproso. El texto sólo se comprende a fondo teniendo en cuenta los casos parecidos, y muy distintos, de Moisés y Eliseo.

La lepra en el antiguo Israel: diagnóstico y curación

“La lepra, en el sentido moderno, no fue definida hasta el año 1872 por el médico noruego A. Hansen. En tiempos antiguos se aplicaba la palabra “lepra” a otras enfermedades, por ejemplo a enferme­dades psicógenas de la piel”(J. Jeremias, Teologia del AT, 115, nota 36).

En Levítico 13 se tratan las diversas enfermedades de la piel: inflama­ciones, erupciones, manchas, afección cutánea, úlcera, quemadu­ras, afecciones en la cabeza o la barba (sarna), leucodermia, alopecia. Se examinan los diversos casos, y el sacerdote decidirá si la persona es pura o impura (caso curable o incurable). De ese capítulo está tomado el breve fragmento de la primera lectura de este domingo:

El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

̶  Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: “Impuro, impuro!” Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.»

Dos casos de lepra: impotencia de Moisés, poder sin compasión de Eliseo

El milagro de curar a un leproso sólo se cuenta en el AT de Moisés (Números 12,10ss) y de Eliseo (2 Reyes 5). Es interesante recordar estos relatos para compararlos con el de Marcos.

María y Aarón murmuran de Moisés, no se sabe exactamente por qué motivo. En cualquier hipótesis, Dios castiga a María (no a Aarón, cosa que indigna a las feministas, con razón). “Al apartarse la nube de la tienda, María tenía toda la piel descolorida como nieve”. Aarón se da cuenta e intercede por ella ante Moisés. Pero Moisés no puede curarla. Sólo puede pedirle a Dios: “Por favor, cúrala”. El Señor accede, con la condición de que permanezca siete días fuera del campamento (Números 12).

El caso de Eliseo es más entretenido y dramático (2 Reyes 5). Naamán, un alto dignatario sirio, contrae la lepra, y una esclava israelita le aconseja que vaya a visitar al profeta Eliseo. Naamán realiza el viaje, esperando que Eliseo salga a su encuentro, toque la parte enferma y lo cure. Pero Eliseo no se molesta en salir a saludarlo. Le envía un criado con la orden de lavarse siete veces en el Jordán. Naamán se indigna, pero sus criados lo convence: obedece al profeta y se cura. A diferencia de Moisés, Eliseo puede curar, aunque sea con una receta mágica, pero no siente la menor compasión por el enfermo.

Jesús: poder y compasión

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: 

̶  Si quieres, puedes limpiarme.

Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: 

̶  Quiero: queda limpio.

La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.  Él lo despidió, encargándole severamente: 

̶  No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.

Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grades ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

El relato de Marcos consta de seis elementos: petición del leproso; reacción de Jesús; resultado; advertencia; reacción del curado; consecuencias.

            Petición del leproso. Tres detalles son importantes en la actitud del leproso: 1) no se atiene a la ley que le prohíbe acercarse a otras personas; 2) se arrodilla ante Jesús, en señal de profundo respeto; 3) confía plenamente en su poder; todo depende de que quiera, no de que pueda.

    Reacción de Jesús. Podía haber respondido a la petición del leproso con las simples palabras: “Quiero, queda limpio”. Con ello, a diferencia de Moisés y de Eliseo, habría demostrado su poder: no necesita pedir la inter­vención de Dios, ni recurrir a remedios cuasi-mágicos. Sin embargo, antes de demostrar su poder muestra su compasión. Marcos habla de lo que siente (“lástima”) y de lo que hace (“extendió la mano y lo tocó”). Es lo que esperaba el sirio Naamán que hiciera Eliseo: tocar su parte enferma. Por otra parte, quien tocaba a un leproso quedaba impuro; pero a Jesús no le preocupa este tipo de impureza.

        Advertencia. Aparentemente, Jesús da dos órdenes al recién curado: 1) que no se lo diga a nadie; 2) que se presente al sacerdote. La primera (no decirlo a nadie) resulta extraña, porque Jesús no pretende pasar desapercibido. Es probable que las dos órdenes estén relacionadas entre sí, formando una sola: «no te entre­tengas en decírselo a nadie, sino ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés». ¿Qué había ordenado Moisés? Según el Levítico, el curado debe ofrecer: dos aves puras (se suponen tórtolas o pichones), dos corderos sin defecto, una cordera añal sin defecto, doce litros de flor de harina amasada con aceite y un cuarto de litro de aceite. Con todo ello el sacerdote realiza un complejo ritual que dura ocho días. Además, el curado deberá afeitarse completamente el primer día y raparse de nuevo el octavo.

Las palabras finales de Jesús parecen tener un tinte polémico: «para que les conste». Se pasa del singular (el sacerdote) al plural (les conste), como si Jesús pensase en todos sus adversa­rios que no lo aceptan.

        Reacción del curado. No obedece a ninguna de las dos órdenes de Jesús. Ni se calla ni acude al sacerdote. Según la traducción litúrgica, «empezó a divulgar el hecho con grades ponderaciones». Una traducción más literal sería: «empezó a predicar mucho y a divulgar la palabra». Como si el leproso curado, en vez de atenerse a lo mandado por Moisés prefiriese convertirse en un misionero cristiano.

     Consecuencias. Jesús no puede entrar abiertamente en ningún pueblo. Debe permanecer en descampado, y aun así acuden a él. ¿Por qué esta reacción suya? Sabiendo lo que cuenta Marcos más tarde, la respuesta sería: para no verse agobiado por la multitud de gente que acude a él.

Una lectura simbólica: el leproso es cada uno de nosotros

Los relatos evangélicos tienen siempre una gran carga simbólica. Quieren que nos identifiquemos con la situación que narran. En este caso, con el leproso. Todos llevamos dentro algo, mucho o poco, de lo que nos sentimos culpables. Podemos negarnos a admitirlo, escondiendo la cabeza bajo tierra, como el avestruz. O podemos reconocerlo, y acudir humildemente a Jesús, con la certeza de que “si quieres puedes limpiarme”. Él tiene el poder y la compasión necesarios para cambiar nuestra vida.

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Domingo VI del Tiempo Ordinario. 11 de febrero, 2018

domingo, 11 de febrero de 2018
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“Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entra abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aún así acudían a él de todas partes”

(Mc 1, 40-45)

Muchas traducciones dicen que Jesús sintió lástima o se compadeció del leproso cuando le dijo  “si quieres puedes sanarme”., pero quienes entienden de Biblia, y traducciones como la de la Biblia de Jerusalén, aseguran que los textos originales dicen que Jesús se “encolerizó”: encolerizado, extendió su mano le tocó y le dijo: quiero, queda limpio”.

Jesús no se enfada muchas veces, al menos no nos lo cuentan los evangelios, pero hay por lo menos tres momentos en los que se dice o se muestra que Jesús se ha enfadado: este fragmento con el leproso, con los fariseos por lo que piensan en su interior, y con los mercaderes en el Templo.

Por más que nos choque y que tratemos de maquillarlo, Jesús se enfadaba.

Pero, ¿por qué se enfada con este pobre leproso que le pide que lo sane? No parece muy en la línea de Jesús esto de enfadarse en lugar de “compadecerse” ante la enfermedad.

Bien, según quienes estudian la Biblia, lo que enfada a Jesús hasta el punto de encolerizarse es que le busquemos solo para quedar libres de una enfermedad. Le enfada que no queramos conectar con la hondura de su mensaje, de su Buena Noticia.

Jesús no quiere sanar por sanar. No vino a librarnos de la enfermedad. Tampoco del sufrimiento. Jesús no es un “solucionador de problemas”. Dios tampoco.

Jesús vino a mostrarnos quién es Dios. Ese es su mensaje. Ese es el sentido de su vida y también el motivo de su muerte violenta en una cruz.

Marcos, en su evangelio, nos dice que Jesús nos manifiesta quién es Dios cuando se deja clavar en la Cruz. Dios es el que escoge el último lugar, el que nadie quiere. Y para llegar al Dios de Jesús no hay más camino que ocupar el lugar de las últimas de nuestra sociedad, de nuestro mundo.

No se trata tanto de ir a ayudar a quienes lo pasan mal, se trata de ser una más, de ocupar su lugar para que esa persona pueda ocupar el nuestro.

Algo similar a lo que hacían los frailes trinitarios en los orígenes de la Orden, quedarse en el lugar de los cautivos.

Oración

No permitas, Trinidad Santa, que te busquemos solo para liberarnos de nuestras ataduras personales. Haznos comprender el camino exigente de tu evangelio. Amén.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Liberar a los demás es siempre arriesgarse.

domingo, 11 de febrero de 2018
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jesus-heals-leperMc 1, 40-45

Seguimos en el primer capítulo de Mc. Después de un enunciado general, que resume su habitual manera de actuar, (fue predicando por las sinagogas y expulsando demonios), nos narra la curación de un leproso. El leproso no tiene nombre. Tampoco se habla de tiempo y lugar determinados. Se advierte una falta total de lógica narrativa. Apenas ha pasado un día de la predicación de Jesús y ya le conocen hasta los leprosos que vivían en total aislamiento.

La primera lectura es suficientemente expresiva. La lepra era el motivo más radical de marginación. Lo que se entendía por lepra, en la antigüedad, no coincide con lo que es hoy esa enfermedad concreta. Más bien se llamaba lepra a toda enfermedad de la piel que se presentara con un aspecto más o menos repugnante. Tanto la lepra como las normas sobre la enfermedad, no son originales del judaísmo. Esas normas nos parecen hoy inhumanas, pero debían defenderse de una enfermedad que podía causar estragos en una población.

Se trataba de salvaguardar la vida de la comunidad ante una enfermedad contagiosa y mortal. Sin la garantía de que era Dios el que lo mandaba, no hubiera tenido ningún efecto la prohibición. Por eso todas las normas se presentaban como recibidas de Dios, aunque fueran simplemente profilácticas. En una de las losas donde se encontró escrito el Código de Hammurabi, lo primero que aparece es la figura del rey recibiendo de Dios el escrito.

Se acercó, suplicándole de rodillas: Si quieres puedes limpiarme. Esta actitud indica a la vez valentía, porque se atreve a trasgredir la Ley, pero también el temor a ser rechazado, precisamente por eso. Se puede descubrir una complicidad entre el leproso y Jesús. Los dos van más allá de la Ley. Uno por necesidad imperiosa, el otro por convicción profunda.

Sintiendo lástima. La devaluación del significado de la palabra “amor” nos obliga a buscar un concepto más adecuado para expresar esa realidad. En el NT, ‘compasivo’ se dice solo de Dios y de Jesús. La acción de Dios manifestada a través de los sentimientos humanos. La compasión era ya una de las cualidades de Dios en el AT. Jesús la hace suya en toda su trayectoria. Es una demostración de que para llegar a lo divino no hay que destruir lo humano. La compasión es la forma más humana de manifestar el amor.

Le tocó. El significado del verbo griego aptw, no es en primer lugar tocar, sino sujetar, atar, enlazar. Este significado nos acerca más a la manera de actuar de Jesús. Quiere decir que no solo le tocó un instante, sino que mantuvo esa postura durante un tiempo. Teniendo en cuenta lo que acabamos de decir de la lepra, podemos comprender el profundo significado del gesto, suficiente por sí mismo para hacer patente la actitud vital de Jesús. No solo está por encima de la Ley sino que asume el riesgo de contraer la lepra.

Quiero… La simplicidad del diálogo esconde una riqueza de significados: Confianza total del leproso, y respuesta que no defrauda. No le pide que le cure, sino que le limpie. Por tres veces se repite el verbo kadarizw limpiar, verbo que significa también, liberar. Nos está lanzando más allá de una simple curación. No solo desaparece la enfermedad, sino que le restituye en su plena condición humana: Le devuelve su condición social, y su integración religiosa. Vuelve a sentir la amistad de Dios, que era el valor supremo para todo buen judío.

Lo echó fuera… y cuando salió… La segunda parte del relato es de una gran importancia. Se supone que estaban en un lugar apartado del pueblo, sin embargo el texto griego dice literalmente: lo expulsó fuera, y del leproso dice: cuando salió. Una vez más nos está empujando a una comprensión espiritual. Jesús no quiere que continúe junto a él y lo despide inmediatamente; eso sí, con el encargo de no contarlo y de presentarse ante el sacerdote. Una vez más, manifiesta Mc el peligro de que las acciones de Jesús en favor del marginado fueran mal interpretadas.

¡Qué curioso! Jesús acaba de saltarse la Ley a la torera, pero exige al leproso que cumpla lo mandado por Moisés. Hay que estar muy atento para descubrir el significado. Jesús no está nunca contra la Ley, sino contra las injusticias y tropelías que se cometían en nombre de la Ley. Él mismo tuvo que defenderse: “no he venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud”. Jesús se salta la Ley cuando le impide estar a favor del hombre. Presentarse al sacerdote era el único modo que tenía el leproso de recuperar su estatus social.

El evangelio nos dice que las consecuencias de la proclamación del hecho fueron nefastas para Jesús. Si había tocado a un leproso, él mismo se había convertido en apestado. Y no podía ya entrar abiertamente en ningún pueblo. Las consecuencias de la divulgación del hecho podían también ser nefastas para el leproso. Era el sacerdote el único que podía declarar puro al contagiado. Los sacerdotes podían ponerle dificultades si tenían conocimiento de cómo se había producido la curación.

La lepra producía exclusión porque la sociedad era incapaz de protegerse de ella por otros medios. Hoy la sociedad sigue creando marginación por la misma razón, no encuentra los cauces adecuados para superar los peligros que algunas conductas sociales suponen para los instalados. No somos todavía capaces de hacer frente a esos peligros con actitudes humanas. A veces se toman medidas para aliviar la situación de los marginados pero teniendo mucho cuidado de no cambiar la situación que supondría perder privilegios.

Jesús se pone al servicio del hombre sin condiciones. Lo que tenemos que hacer es servir a los demás como hace Jesús. Dios no tiene nada que ver con la injusticia, ni siquiera cuando está amparada por la ley humana o divina. Jesús se salta a la torera la Ley, tocando al leproso. Ninguna ley humana, sea religiosa, sea civil, puede tener valor absoluto. Lo único absoluto es el bien del hombre. Pero para la mayoría de los cristianos sigue siendo más importante el cumplimiento de la ley que el acercamiento al marginado.

No creo que haya uno solo de nosotros que no se haya sentido leproso y excluido por Dios. El pecado es la lepra del espíritu, que es mucho más dañina que la del cuerpo. Es un contrasentido que, en nombre de Dios, nos hayan separado de Dios. El evangelio de Jesús, es sobre todo buena noticia. El Dios de Jesús es Padre porque es Ágape. De Él, nadie se tiene que sentir apartado. La experiencia de ser aceptado por Dios es el primer paso para no excluir a los demás. Pero si partimos de la idea de un Dios que excluye, encontraremos mil razones para excluir en su nombre. Es lo que hoy seguimos haciendo.

Seguimos aferrados a la idea de que la impureza se contagia, pero el evangelio nos está diciendo que la pureza, el amor la libertad la salud, la alegría de vivir, también pueden contagiarse. Este paso tendríamos que dar si de verdad somos cristianos. Seguimos justificando demasiados casos de marginación bajo pretexto de permanecer puros. ¡Cuántas leyes deberíamos saltarnos hoy para ayudar a todos los marginados a reintegrarse en la sociedad y permitirles volver a sentirse seres humanos!

Meditación

El nuevo nombre del amor podría ser hoy compasión.
Todos los que encontramos en nuestro camino
esperan que sepamos hacer nuestros sus padecimientos.
Si fuésemos capaces de compadecernos, vendría el Reino.
Como seres limitados, necesitamos que los demás nos completen.
Como humanos, debemos volcarnos en los demás.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Saltándose las leyes.

domingo, 11 de febrero de 2018
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guerirNo es el más fuerte ni el más inteligente el que sobrevive, sino aquel que más se adapta a los cambios (Charles Darwin).

11 de febrero. Domingo VI del TO.

Mc 1, 40-45

Se le acercó un leproso y, arrodillándose, le suplicó: Si quieres puedes sanarme

Un leproso que, saltándose las leyes se acercó a Jesús y le suplicó que lo curara. Y Jesús lo hizo tocándole la cabeza. Una caricia brotada de la ternura de su corazón, loco de amor por los hombres.

El Dt dice en 5, 10, dice de Dios: “actúo con lealtad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos”. Mandamientos, dice la Biblia, “que el Señor pronunció con voz potente”. Luego los grabó en dos losas de piedra y se las entregó a Moisés y, entre otros, le da orden de guardar el sábado (5, 12).

En Gálatas 2, 16, dice San Pablo: “sabemos que el hombre no alcanza la justicia por observar la ley, sino por creer en Jesucristo”, pues “por cumplir la ley, nadie alcanza la justicia”.

Jesús criticó constantemente a los que tenían reglas sobre lo que se podía o no hacer en sábado, y enseñó siempre libertad de conciencia de lo que marcaban las leyes. Mt 5, 21-43 pone ejemplos de superación de leyes establecidas respecto a la ofensa, al adulterio, al divorcio, etc. Y, en los Evangelios, varias cosas que él hizo en sábado. Lucas cuenta en 6, 1 que: “Un sábado cuando atravesaba unos campos de trigo, sus discípulos arrancaban espigas, las frotaban con las manos y comían los granos”. Y avala el hecho con lo que hizo el rey David con sus compañeros cuando estaban hambrientos: “Entró en la casa de Dios, tomó los panes consagrados, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió y compartió con sus compañeros” 6, 3. Jesús está diciendo a los fariseos que el amor por los hombres es más importante que la observancia de ritos“Supongamos que uno de vosotros tiene una oveja y un sábado se le cae en un hoyo: ¿no la agarraría y la sacaría?”(Mt 11, 12).

Las superpostales de libertad humana y de misericordia que nos regalan Jesús y el Papa Francisco –aquél en el Evangelio, y éste en sus atenciones a los necesitados– hay que enmarcarlas y colgarlas en los muros de nuestros museos personales. Y hasta quizás también en los de El Prado, El Louvre y El Hermitage. Para realizar su visita a Birmania y Bangladesh el pasado noviembre, el obispo de Roma puso como condición poder reunirse con refugiados rohingyas, una minoría musulmana perseguida por el ejército birmano. Se saltó la prohibición impuesta por el general Min Aung Hlaing, comandante en jefe. En su vuelo de regreso a Italia confesó a los periodistas: “con los rohingya he llorado, y ellos también”.

Charles Darwin nos insiste y anima a seguir instalados en la vida, porque: “No es el más fuerte ni el más inteligente el que sobrevive, sino aquel que más se adapta a los cambios”. El leproso que se acercó a Jesús suplicándole arrodillado que le sanara había comprendido a Darwin. ¿Les hemos comprendido también nosotros a ambos?

¿LO OYE EL VIENTO?

Suenan voces en mí mismo
pulsando aciertos y yerros.
Unos relatan amores,
otros cuentan vituperios.

Las oye el viento.
¿Las oye?
Tañen fuera, tañen dentro.
Doblan arriba y abajo
con festivos tintineos.

Son rebaños de palabras,
que pastoreo en mis feudos,
pastando voces divinas
en prados del pensamiento.

Todos son y no son, míos.
Son sobre todo del viento,
que los parte y los comparte
con todos los hemisferios. 

(SOLILOQUIOS. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Me tocó.

domingo, 11 de febrero de 2018
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5df7Optimized-leproso336xc(Mc 1,40-45)

¡Me tocó!

Podría no haberlo hecho, pero ¡me tocó!

Había oído hablar de él en más de una ocasión. Fuera de la ciudad, donde nos recluimos los de nuestra condición, se nombra a Jesús con frecuencia. A menudo nos llegan historias de él. Cuentan que algunos ciegos han recobrado la vista y que más de un paralítico ha vuelto a caminar gracias a él. Comentan que acoge siempre a quien se acerca, sin hacer distinción alguna. Es más, refieren que las autoridades están escandalizadas porque Jesús se acerca y atiende especialmente a quienes ellos rechazan y desechan.

De algún modo, quienes vagamos por los arrabales, cargando con el peso de la vida, con la desesperanza, el abandono, la soledad, la culpa, el desaliento, la tristeza, el miedo… anhelamos encontrarnos con él. Porque dicen que, cuando te encuentras cara a cara con él, te cambia la vida.

¡Cara a cara! ¡Cuántas veces soñé hallarme cara a cara con él! Pero ¿cómo?

Alguna vez lo vi, sí. Allí estaba: conversando, riendo, rodeado de personas… Pero ¿cómo dirigirme a él “cara a cara”? A esa distancia nunca pude siquiera distinguir bien su rostro. Envidiaba a quienes estaban a su lado. Yo… yo no me sentía digno. Sobre mí ha pesado toda la vida lo que tanto escuché: “eres impuro”, “eres culpable de lo que te sucede”, “si te acercas a otro le contagiarás”… “nadie te quiere como eres”, “eres inferior a todos”, “no eres digno”

Nunca creí que me atrevería.

Es prácticamente imposible acercarse a la ciudad siendo leproso. Las vendas nos delatan al momento. Lo sé. El olor, el color de la piel, las lesiones… todo en un cuerpo leproso molesta. Lo diferente y fuera de orden asusta. Lo desconocido atemoriza.

Pero ese día algo me empujó. No sé si una fuerza interior o si más bien fue Jesús mismo quien me atrajo. De pronto me descubrí a mí mismo caminando, dirigiéndome hacia él todo lo rápido que me permitían mis heridas. Sin escuchar los gritos de la gente, sin atender a quienes huían de mí, llegué hasta él y me arrodillé a sus pies.

En mí estaba la certeza de que él podía liberarme de esas ataduras. No dudé en ningún momento de que, si él quería, podría limpiarme. Ahora advierto que, a su lado, experimenté algo nuevo. Por primera vez en mi vida no percibí rechazo, sino profunda compasión. Sí, sentí que Jesús padecía conmigo, que se hacía cargo de todo lo que me sucedía sin necesidad siquiera de contárselo, que acogía mi historia, mi pasado y mi presente.

Escuché sus palabras: “Quiero, queda limpio”. Pero antes de que mis oídos oyeran su voz, mi piel sintió su mano.

¡Me tocó!

Podría no haberlo hecho, pero ¡me tocó!

Sé que podía haberme sanado sólo con su palabra, pero él me tocó. Y al hacerlo, sin miedo a quedar impuro, transgredió la ley y quebrantó el orden social.

Jesús se arriesgó por mí y, al tocarme, borró mi estigma, me liberó de mi vergüenza, rompió mis ataduras… Al sentirme tocado por él me supe amado y me reconocí de nuevo persona, recobré mi dignidad de ser humano y recuperé la alegría.

Por eso estoy aquí. Él me pidió que viniera y que ofreciera lo ordenado por Moisés. Sé que me dijo que no se lo contara a nadie más, pero no he podido contenerme y he ido publicando por los caminos lo que me ha sucedido. ¡Me siento tan agradecido!

No había vuelto a entrar en el Templo desde que era un niño. Creo que él busca que recupere mi lugar en el pueblo y en la comunidad. Sé que él desea que le dé gracias a Dios y que reconozca que ha sido Él quien me ha devuelto la vida. ¡Bendito sea Dios, que me ha liberado a través de su Hijo!

Sí, no se fije en mi apariencia, en mi color, en mi lengua, en mi sexo, en mi edad, en mi condición, en mi procedencia… Soy un ser humano. Jesús me tocó.

Inma Eibe, ccv

 Fuente Fe Adulta

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Leprosos son todos los marginados por la sociedad

domingo, 11 de febrero de 2018
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28c3Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. LEPRA.

La lepra en el AT, en la mentalidad bíblica, no solamente era una enfermedad, sino que era la expresión, lo que se ve como consecuencia de un pecado interior. El leproso no era un enfermo, sino un pecador y su pecado se mostraba en la lepra exterior.

De ahí, que el leproso debía salir de la convivencia familiar, de la sociedad y tenía que vivir aislado, en las afueras de la ciudad, marginado.

Es el caso de Job:

Satán salió de la presencia de Yahveh, e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. Job tomó una tejoleta para rascarse, y fue a sentarse entre la basura. (Job 2,7-8)

Los leprosos son “basura”: ¡impuro, impuro!, por eso los marginamos. En los evangelios (en la mentalidad bíblica) los que quedan marginados: vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento, lejos de la convivencia. (Lv 13).

Cuánta marginación y ninguneo produce la sociedad. Los sistemas políticos, económicos, la curia eclesiástica expulsa, causa mucha marginación.

Todos los sistemas de poder producen marginados:

o Con gusto expulsaríamos de nuestra convivencia a los inmigrantes: los marginamos por la nacionalidad o por el color de la piel.

o Hace ya muchos años que hubo una gran oposición y enfrentamiento a que Villa Betania (barrio de Loiola de San Sebastián) por iniciativa de la diócesis / Hijas de la Caridad, acogiera a los enfermos de SIDA.

o Marginaciones raciales: las pateras son simplemente “pequeños cruceros” clandestinos.

o Marginaciones eclesiásticas: hay teólogos y curas que han sido y son marginados, personas y comunidades cristianas postergados por sus superiores, por sus obispos.

o Marginación de la mujer en la iglesia.

o Marginaciones en nuestras propias familias (¿no marginamos a algún familiar?, marginaciones y desprecios en comunidades religiosas y cívicas. Personas que quedan relegadas, postergadas por su debilidad, por su origen, por su falta de cultura, etc.

o También tenemos nuestras propias “lepras”, diablos y suciedades personales.

Cuando las cosas te van bien en la vida, te conocen y tienes muchos amigos. Cuando las cosas te van mal o caes en desgracia, eres tú el que conoces quiénes son amigos, si te queda alguno.

02. JESÚS SIENTE LÁSTIMA.

imagesAnte aquel leproso y ante todos los enfermos y marginados, Jesús siente compasión, siente lástima ante la debilidad humana: debilidad física, moral, psíquica.

Jesús siempre siente bondad, es misericordioso para con el ser humano. Es el núcleo de la actividad de Jesús y del cristianismo.

DOS CONSIDERACIONES:

A. La experiencia cristiana es sentir la bondad de Dios, expresada en JesuCristo. Ser cristiano es sentirse querido por el Señor. Cristiano no consiste en cumplir con las leyes de la Iglesia, sino gozar de la amabilidad de Dios.

Hemos vivido largos años de un cristianismo tremendista, condenador. Gracias a Dios que el papa Francisco tiene otro tono y su visión del cristianismo es amable especialmente para con los más débiles de la sociedad.

Pero incluso hoy en día en no pocas diócesis vivimos una religión fanática, judiciaria, nada amable y por tanto, poco o nada cristiana.

Ser cristiano es gozar del amor del Señor.

B. Como consecuencia de esa experiencia de la bondad de Dios, ser cristiano será ser sensible y bondadoso con los que sufren, sea cual sea su forma de pensar o vivir. Según Jesús lo que nos hace cristianos no es el templo, sino la misericordia.

Por desgracia el cristianismo ha quedado enclaustrado en lo sacral y en los ritos. Por ejemplo: “legalmente” nadie le podrá decir nada a un cura porque no visita a los enfermos, o porque no da limosna, o porque no está con el pueblo. Pero como no celebre la Misa (mundo sacral) el domingo a las 12, alguien le llamará la atención.

Cristiano fue el buen samaritano, no el sacerdote y el levita que pasaron de largo pues tenían que ir al templo “a misa de 12.

De Jesús podemos esperar solamente compasión y bondad. El gran defecto de Jesús es ser bueno, libre y liberador. La misericordia es la gran virtud y actitud que nos hace bien a todos.

la-basilica-de-santaCuando somos marginados, despreciados, expulsados del Templo, de la convivencia, cuando somos considerados “personae non gratae” o malditos, no hay nada que rehabilite y dinamice tanto al ser humano como la experiencia de que alguien nos estima, nos ama y hace algo por nosotros. El amor de Dios actúa suave y profundamente en la persona. JesuCristo y la actitud cristiana nos rehabilita, nos levanta (como a la suegra de Pedro, que leíamos el domingo pasado), nos devuelve a la vida, a la convivencia.

Quienes trabajan en tareas asistenciales: pastoral carcelaria, mundo de la droga, comedores sociales, enfermos, ancianos, etc., saben perfectamente que un gesto de bondad, un acercamiento hace mucho bien.

“Lo de Jesús” está en Aterpe y en los comedores de los pobres, en Villa Betania: en la acogida a los del SIDA, en las residencias de ancianos, en los pisos de acogida a los niños o de acogida a los que salen de la cárcel, en la ayuda a los inmigrantes y a los que duermen entre los “cartones” de algún cajero automático, en los que trabajan contra el paro, en los que acompañan y consuelan a los enfermos y ancianos, en ayudar a quien está pasándolo mal, en dar limosna en la medida en que nos sea posible, en saber escuchar, etc.

Hacer el bien, hace bien a todos. Humanizar, humaniza a todos.

SEÑOR, SI QUIERES PUEDES LIMPIARME.

JESÚS SIENTE LÁSTIMA TAMBIÉN DE NOSOTROS

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Don inmenso

viernes, 9 de febrero de 2018
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Del blog Nova Bella:

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«El Señor, dice, me ha engrandecido con un don tan inmenso y tan inaudito, que no hay posibilidad de explicarlo con palabras, ni apenas el afecto más profundo del corazón es capaz de comprenderlo; por ello ofrezco todas las fuerzas del alma en acción de gracias, y me dedico con todo mi ser, mis sentidos y mi inteligencia a contemplar con agradecimiento la grandeza de aquel que no tiene fin, ya que mi espíritu se complace en la eterna divinidad de Jesús,»

*

San Beda el venerable

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***

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¿De rodillas?

viernes, 9 de febrero de 2018
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man standing in field, looking to the sunset Calendarios. Los hay de todo estilo. Y con portadas de lo más variadas. Y no digamos nada en el terreno religioso. Cada parroquia, congregación, colegio… hace el suyo.

Ha caído en mis manos uno que dice así referido a María: “No te merezco, Madre, pero te necesito”.

Es algo que me choca mucho en nuestro mundo religioso. Nuestra indignidad. Es cierto que somos débiles. Pero yo me siento digno, no porque sea fuerte sino porque es Dios quien habita en mí y me ha hecho persona, y me ha dado su dignidad de Hijo suyo. Si me creo la encarnación, todas las personas henos quedado transformadas como la luz enciende todas las lámparas.

Me cuesta, y lo cambio cuando puedo, eso de “Señor, no soy digno de que entres en mi casa…” Ya lo creo que soy digno. Un hijo entra en la casa familiar porque tiene unos derechos y una sangre que le conceden entrar con plena confianza y con pleno derecho.

Suelo decir “sí, soy digno, porque tú me has hecho así y tu palabra me ha hecho Hijo tuyo”.

Son contradicciones como cuando decimos en la eucaristía “tomad y comed todos…” y luego seguimos “que se entrega por muchos” ¿En qué quedamos? ¿Se puede entender una eucaristía sin participar en la comunión? El Sacramento del perdón es otra cosa y lo celebraremos como don del perdón que siempre nos da Dios.

La teología del gusano no me sirve ni me ayuda. Fallo y tengo mil debilidades pero la Luz es más fuerte que la oscuridad y el gusano se convierte en mariposa. Yo me siento libre porque Dios me ha hecho así y me sigue haciendo en cada momento.

Y rezamos el Señor mío Jesucristo donde mezclamos al Padre Creador con Jesucristo.

Por eso, no me gusta la postura de rodillas. No me he puesto nunca así ante mis padres y mis amigos. Solamente recuerdo cuando de niño me castigaban mis maestros a estar de rodillas con los brazos en cruz. Difiero de lo que en otra hora dijo el poeta “nunca es más grande el hombre que de rodillas”. Pues, sí, creo que de pie. Y eso no significa soberbia, ni altivez. Significa, para mí, disposición, escucha, caminar con Jesús de Nazaret por los caminos del mundo.

En la historia hemos puesto y seguimos poniendo a muchas personas de rodillas. Esas personas que piden en la calle con su cartel expresando sus necesidades. Prefiero que levantados vayamos a su encuentro y podamos dialogar de tú a tú. Nadie es más alto que nadie porque Dios levantó del polvo a los caídos y elevó a los pobres.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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«Por ser mujer», por José Arregi

jueves, 8 de febrero de 2018
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especial-feminicidios-1249x500Leído en su blog:

“¿No vas a escribir sobre el asesinato de mujeres a manos de sus maridos?”, me preguntó mi mujer hace unos días. “¿Otra vez? –le respondí–. Además, se está escribiendo tanto…”. Así quedó. Pero luego, como tan a menudo (no me dirás que no, Itziar) recapacité. Y aquí vengo, uniendo mi voz insignificante al grito de tantos.

Las cifras están ahí, son escalofriantes: 55 en el estado español, desde Estefanía, de 24 años, arrojada por la ventana por su pareja en Madrid el 1 de enero, hasta Arancha (que en vasco significa espina), de 37 años, acuchillada por su pareja delante de sus tres hijos menores en Azuqueca de Henares (Guadalajara) el 28 de diciembre, día de los santos inocentes. Nadie somos inocentes.

Pero más allá de las cifras y las denuncias, más allá también de los juicios y de las penas impuestas a los culpables, una doble pregunta se impone si queremos ser responsables, y la responsabilidad es lo fundamental y nos atañe a todos: ¿por qué siguen tantos hombres matando a “sus” mujeres? y ¿qué podemos hacer para evitarlo?

Digo “siguen matando”, pues, hasta donde mi información alcanza, los feminicidios y la violencia de género en general no son ahora un fenómeno más grave y frecuente, en términos relativos, que hace 60 años o hace siglos. Solo que ahora se denuncian y salen más a la luz, gracias en primer lugar a ellas, las mujeres, porque han gritado “basta ya”, aunque su grito y el nuestro no es aún común ni basta todavía.

¿Por qué siguen maltratando los hombres a sus mujeres, hasta el punto más terrible de matarlas? En el fondo se debe a eso, a que ellos las consideran “suyas”, a que aún llevamos inscrito en los genes el instinto de dominio y lo aplicamos sobre todo lo que tenemos más cerca y es más débil, también sobre la mujer, por ser mujer, por no ser varón.

Podemos ser los animales más tiernos, pero también los más crueles. Y la raíz del problema es el patriarcalismo que, desde hace milenios, ha dominado casi todas las culturas conocidas y ciertamente todas las religiones. El patriarcalismo que nos ha llevado a creer que el hombre es superior a la mujer, que tiene derechos sobre ella y puede pegarla e incluso matarla si ella se resiste, ¿quién se ha creído?

¿Y qué podemos y deberemos hacer para erradicar de nuestros genes y de nuestras instituciones ese patriarcalismo violento? ¿Aumentar las penas, hasta “la prisión permanente revisable”? Para las víctimas, incontables, la cárcel siempre llega tarde. Y está demostrado que no resocializa a los criminales ni disuade a los autores de futuros crímenes. ¿Seremos incapaces de buscar algún medio más humano y eficaz para lograr esos fines que aducimos para justificar la prisión? En cuanto a las víctimas, solo las honraremos y les haremos justicia verdadera si nos dejamos inspirar por su memoria y sus sueños, si abrimos los ojos, si somos sensibles, si no toleramos que la mujer siga siendo inferior al hombre en ningún campo de la vida familiar, social, laboral, política; por poner unos ejemplos: que, trabajando más, posean solamente el 10 % del dinero existente y sufran el 70 % de la extrema pobreza y el 80 % de la desnutrición que padece la humanidad, y que ocupen solamente el 23 % de los puestos parlamentarios, el 17 % de los puestos ministeriales y el 24 % de los puestos de dirección económica, y así en casi todo.

Creo que aquí se impone una referencia especial a la institución eclesial, la más patriarcal de todas. Es insólito que muchos obispos enseñen todavía que, al abandonar la religión, la sociedad se deshumaniza y aumenta la violencia de género. Insólito me parece que el obispo de San Sebastián José Ignacio Munilla haya criticado recientemente la última entrega de una conocida serie porque “se ha infiltrado en ella la ideología dominante del feminismo”. Insólito y atroz es que Braulio Rodríguez, arzobispo primado de Toledo, haya llegado a sugerir hace diez días que lo que ellos llaman “ideología de género” está en el origen de los asesinatos de género.

La memoria de las mujeres víctimas urge a la Iglesia a superar ese patriarcalismo que lleva prendido desde casi sus orígenes, a volver al evangelio igualitario de Jesús, a lamentar que el papa Pío XI, fiel a la tradición, en 1930 enseñara todavía que el amor implica “la sumisión solícita de la mujer así como su obediencia espontánea” al marido, y a reconocer que el Espíritu de Dios o de la Vida se expresó mucho mejor en el poeta ateo, comunista, Louis Aragón cuando en 1963 escribió: “el futuro del hombre es la mujer. Ella es el color de su alma. Ella es su rumor y su ruido. Y sin ella él no es más que un blasfemo”.

José Arregi

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¿El futuro del mundo? ¡El monasterio interior!

lunes, 5 de febrero de 2018
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mindfullness-meditationStefano Cartabia, Oblato
Uruguay

ECLESALIA, 19/01/18.- Arde el mundo en la búsqueda de la verdadera paz y de la alegría. Gente corriendo por la rutas de la vida, persiguiendo frágiles sueños. Todo se mueve y no se sabe por qué y hacia donde. La frustración y el cansancio nos ganan.

Pero hay otros y consoladores signos.

Hay signos, poderosos signos, de luz y novedad. Signos que revelan nuestra Casa de origen. La Casa del Silencio y del Amor. La Casa del Ser.

En nuestro contradictorio y herido mundo se entrelazan y acompañan los signos y los anhelos.

El sin sentido, la desesperación, la pobreza, la violencia, el egoísmo, el consumismo van de la mano – conviviendo (a veces pacíficamente y otras en conflicto) – con la solidaridad, la ecología, la defensa de los pobres, el progreso de la ciencia, las esperanzas y los sueños de un mundo unido y fraterno.

¿Adonde va nuestro mundo? ¿Cuál futuro espera a nuestros descendientes?

¿Podemos aportar algo que marque un hito?

Sin duda la humanidad evoluciona. Evoluciona desde muchos campos y la historia – nuestra humana historia teñida de sangre – está ahí, evidenciándolo.

Crecimos en la comprensión del valor del ser humano y de la vida en general. Crecimos en la tolerancia y en el respeto al diferente de cualquier clase. Los avances de la ciencia y la medicina son extraordinarios.

Crecimos en la conciencia de nuestra raíz espiritual y divina.

Todavía falta, lo sé. Siguen presente en nuestro mundo tanto egoísmo y tanto dolor inútil y evitable. Pero el salto de conciencia en realidad está siempre ahí, al alcance de la mano, porque la conciencia no conoce de tiempo y espacio.

Los grandes espíritus siempre lo supieron: Francisco de Asís había visto – hace 800 años – que la hermandad define el Universo.

Gandhi había visto y vivido que la clave de la convivencia era el respeto y la no violencia.

Y muchos antes, Buda, Confucio, Lao Tse, Jesús, habían experimentado y compartido con sus contemporáneos que la salida del sufrimiento y la vivencia de la plenitud radicaba (y radica) en el amor.

Muchos, muchísimos, estamos de acuerdo con estos descubrimientos e invitaciones de estos grandes espíritus. Tal vez la mayoría de la raza humana, con sus distintas culturas, aprueba y comparte esta visión.

¿Por qué entonces nos cuesta tanto vivirlas, practicarlas, compartirlas?

El desafío se vislumbra en el mismo proceso evolutivo de la humanidad. El amor que nuestros pensamientos y sentimientos aprueban y anhelan, es todavía vivido como algo exterior. No caemos en la cuenta que el amor es, en definitiva, lo que somos.

Es un problema antropológico/espiritual, un problema de identidad.

Perdidos en el pensamiento y zarandeados continuamente por sentimientos y emociones andamos angustiados por el mundo anhelando migas del mismísimo Amor que nos define, nos sostiene, nos crea, nos alimenta.

Nuestro mundo necesita identidad. Necesita descubrirse. La humanidad necesita descubrirse. Apenas hemos entrado en una veta cuya profundidad desconocemos.

Todas las demás “identidades” por cuanto psicológicamente y socialmente sean importantes, son secundarias y relativas: varón, mujer, rico, pobre, europeo, americano o asiático, campesino o doctor, creyente o ateo, de tal o cual apellido.

Identidades” relativas a nuestra experiencia humana y terrestre, pero “identidades” que se diluirán para dejar lugar a la sola, única y auténtica identidad: el Amor.

El desafío, el único desafío verdaderamente importante es entonces el desafío que nos conduce a descubrirnos amor, amados, amantes.

Hay un camino privilegiado. Un camino directo, una autopista. Un camino que muchas personas “logradas” recorrieron y señalaron.

Es el camino del silencio.

¿Por qué tan esencial y tan directo este camino?

En la experiencia cristiana – por citar una sin desmerecer a las demás que tanto tienen para enseñarnos en este camino – tenemos la gran tradición de los monasterios.

Los monasterios eran y son, lugares de identidad. Lugares de búsqueda de nuestra verdadera identidad. Por eso son lugares rodeados y empapados de silencio.

Monjes y laicos iban a los grandes monasterios – cartujas, benedictinos, carmelitas, cistercienses, por citar unos pocos – para palpar lo eterno. No se conformaban con lo transitorio y lo pasajero. Transitorio y pasajero que tanto nos atrapa y distrae en nuestro tiempo.

Buscaban (y buscan) el Ser que no pasa. Buscaban (y buscan) lo Invisible que se manifestaba en las maravillas visibles.

El Ser eterno que se manifiesta en el tiempo y lo Invisible que late en lo visible, lo permite y lo sostiene tienen una misma característica: se palpan en el silencio.

Por una simple y exquisita razón: pensamiento, sentimientos y emociones son transitorios y pasajeros. Solo el silencio es eterno. El silencio es el espacio donde todo aparece y toma forma. El pensar surge del silencio y vuelve a él. Así los sentimientos.

Entonces ponernos de lado del silencio es optar por la sabiduría. Es optar por lo eterno y por ser verdaderamente libres. Solo el silencio es el espacio de pura libertad. Esta libertad tan aclamada y proclamada en nuestras culturas y desde las clases políticas, pero no encontrada. Porque es una seudo-libertad, una libertad siempre dependiente y condicionada por el frágil pensar y las heridas emocionales.

Solo desde el silencio aprendemos la única libertad. Desde él aprendemos a manejar y disfrutar del pensar y del sentir. En otras palabras de la vida.

Porque hay una Vida y una vida. La Vida silenciosa es la que permite y crea esta nuestra vida terrenal, empastada del pensar y del sentir. Qué pueden ser – y lo son si dudas – enormemente hermosos y disfrutables. Como también sumamente dolorosos.

Hay que volver a los monasterios. Con un cambio por cierto.

Un cambio dictado por la evolución de la humanidad.

Volver y construir el monasterio interior. Hacer del corazón humano un monasterio, un lugar – el lugar – donde el silencio susurra y revela lo que somos.

Se terminarán los templos exteriores o pasarán a ser secundarios. Descubriremos otro templo, otro imponente monasterio en nuestro frágil corazón. Un monasterio que siempre estuvo presente en realidad. El maestro de Nazaret lo había vislumbrado cuando dijo:

Pero la hora se acerca, y ya ha llegado,
en que los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad,
porque esos son los adoradores
que quiere el Padre.
Dios es espíritu,
y los que lo adoran
deben hacerlo en espíritu y en verdad” (Jn 4, 23-24).

Podemos acelerar este cambio de época. Podemos crear comunidades espirituales – monasterios sin paredes – que viven desde el silencio y desde el monasterio interior de cada cual.

Monasterio interior que algunos llamaron “Santuario interior”, otros “alma”, otros “intimidad más íntima”, otros “sala del rey del castillo interior”.

Poco importa el nombre. Utiliza el que más te inspire y guste, el que más se ajuste a tu historia y perfil psicológico.

Hermosa es la metáfora del “Debir”. El “Debir” era el lugar más sagrado de Templo de Jerusalén, donde se guardaba el Arca de la Alianza y donde el Sumo Sacerdote entraba una sola vez al año. Es el Sanctasanctorum (Santo de los santos). El término hebreo “Debir” significa “lo que está detrás” y por eso algo oculto, escondido. También viene de la misma raíz de “palabra” (“dabar”). El Debir entonces es el lugar más íntimo, donde todo es silencio y donde se escucha la verdadera palabra. Es nuestro lugar más sagrado, nuestro Monasterio interior.

El futuro de la humanidad pasa por el monasterio interior, pasa por la experiencia de silencio. No tengo duda.

Porque solo enraizados en el silencio podremos descubrir y vivirnos desde lo que somos: el Amor. Porque solo el silencio permite y engendra la vida.

Cuando nos instalamos en el Silencio de nuestro monasterio interior, el Amor aparece. Misterio inagotable que se esfuma a la mínima tentativa de ser atrapado y retenido. Sumamente libre el Misterio nos hace libres, a la única condición de no intentar poseerlo.

No podemos manipular el Misterio, como no podemos decir el Silencio. Solo los podemos ser. Siendo, desde el Silencio interior, el Amor te transforma y transforma la realidad.

Podemos hacer algo. Debemos: por el bien de nuestro mundo maravilloso y de los que vendrán. Podemos hacer algo: haciendo del silencio nuestra Casa y anunciando el silencio por doquier .

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Vámonos a otra parte…

domingo, 4 de febrero de 2018
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Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron.

– “Todo el mundo te busca.”

Él les respondió:

“Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.

Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

*

(Marcos 1,29-39)

***

La compasión es una cosa diferente a la piedad. La piedad sugiere distancia, incluso una cierta condescendencia. Yo actúo frecuentemente con piedad: doy dinero a un mendigo en las calles de Toronto o de Nueva York, pero no le miro a los ojos, no me siento a su lado, no le hablo. Mi dinero sustituye a mi atención personal y me proporciona una excusa para proseguir mi camino. La compasión, en cambio, es un movimiento de solidaridad hacia abajo. Significa hacerse próximo a quien sufre. Ahora bien, sólo podemos estar cerca de otra persona si estamos dispuestos a volvernos vulnerables nosotros mismos. Una persona compasiva dice: «Soy tu hermano; soy tu hermana; soy humano, frágil y mortal, justamente como tú. No me producen escándalo tus lágrimas. No tengo miedo de tu dolor. También yo he llorado. También yo he sufrido». Podemos estar con el otro sólo cuando el otro deja de ser «otro» y se vuelve como nosotros.

Tal vez sea ésta la razón principal por la que, en ciertas ocasiones, nos parece más fácil mostrar piedad que compasión. La persona que sufre nos invita a llegar a ser conscientes de nuestro propio sufrimiento. ¿Cómo puedo dar respuesta a la soledad de alguien si no tengo contacto con mi propia experiencia de la soledad? ¿Cómo puedo estar cerca de un minusválido si me niego a reconocer mis minusvalías? ¿Cómo puedo estar con el pobre si no estoy dispuesto a confesar mi propia pobreza? Debemos reconocer que hay mucho sufrimiento y mucho dolor en nuestra vida, pero ¡qué bendición cuando no tenemos que vivir solos nuestro dolor y nuestro sufrimiento! Estos momentos de verdadera compasión son a menudo, además, momentos sin palabras, momentos de profundo silencio.

Recuerdo haber pasado por una experiencia en la que me sentía totalmente abandonado: mi corazón estaba sumido en la angustia, mi mente enloquecía por la desesperación, mi cuerpo se debatía con violencia. Lloraba, gritaba, pataleaba contra el suelo y me daba contra la pared. Como en el caso de Job, tenía a dos amigos conmigo. No me dijeron nada: simplemente, estaban allí. Cuando, algunas horas más tarde, me calmé un poco, todavía estaban allí. Me echaron encima sus brazos y me tuvieron abrazado, meciéndome como a un niño.

*

H. J. M. Nouwen,
Vivir en el Espíritu,
Brescia 41998, pp. 101-103, passim

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“A la puerta de nuestra casa”. 5 Tiempo Ordinario – B (Marcos 1,29-39). 04/02/2018

domingo, 4 de febrero de 2018
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jesus_sana_suegra_pedroEn la sinagoga de Cafarnaún, Jesús ha liberado por la mañana a un hombre poseído por un espíritu maligno. Ahora se nos dice que sale de la «sinagoga» y marcha a la «casa» de Simón y Andrés. La indicación es importante, pues en el evangelio de Marcos lo que sucede en esa casa encierra siempre alguna enseñanza para las comunidades cristianas.

Jesús pasa de la sinagoga, lugar oficial de la religión judía, a la casa, lugar donde se vive la vida cotidiana junto a los seres más queridos. En esa casa se va a ir gestando la nueva familia de Jesús. En las comunidades cristianas hemos de saber que no son un lugar religioso donde se vive de la Ley, sino un hogar donde se aprende a vivir de manera nueva en torno a Jesús.

Al entrar en la casa, los discípulos le hablan de la suegra de Simón. No puede salir a acogerlos, pues está postrada en cama con fiebre. Jesús no necesita de más. De nuevo va a romper el sábado por segunda vez el mismo día. Para él, lo importante es la vida sana de las personas, no las observancias religiosas. El relato describe con todo detalle los gestos de Jesús con la mujer enferma.

«Se acercó». Es lo primero que hace siempre: acercarse a los que sufren, mirar de cerca su rostro y compartir su sufrimiento. Luego «la cogió de la mano»: toca a la enferma, no teme las reglas de pureza que lo prohíben; quiere que la mujer sienta su fuerza curadora. Por fin «la levantó», la puso de pie, le devolvió la dignidad.

Así está siempre Jesús en medio de los suyos: como una mano tendida que nos levanta, como un amigo cercano que nos infunde vida. Jesús solo sabe de servir, no de ser servido. Por eso la mujer curada por él se pone a «servir» a todos. Lo ha aprendido de Jesús. Sus seguidores hemos de vivir acogiéndonos y cuidándonos unos a otros.

Pero sería un error pensar que la comunidad cristiana es una familia que piensa solo en sus propios miembros y vive de espaldas al sufrimiento de los demás. El relato dice que ese mismo día, «al ponerse el sol», cuando ha terminado el sábado, le llevan a Jesús toda clase de enfermos y poseídos por algún mal.

Los seguidores de Jesús hemos de grabar bien esta escena. Al llegar la oscuridad de la noche, la población entera, con sus enfermos, «se agolpa a la puerta». Los ojos y las esperanzas de los que sufren buscan la puerta de esa casa donde está Jesús. La Iglesia solo atrae de verdad cuando la gente que sufre puede descubrir dentro de ella a Jesús curando la vida y aliviando el sufrimiento. A la puerta de nuestras comunidades hay mucha gente sufriendo. No lo olvidemos.

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

 

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