Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Iglesia’

Con ella se estabiliza el eje

sábado, 6 de noviembre de 2021
Comentarios desactivados en Con ella se estabiliza el eje

ECzNNAeWsAIkrVOCuando la mujer encorvada (Lucas 13, 11-13) se enderezó, no fue un milagro. Simplemente acogió la energía de liberación integral, sobre todo religiosa, que Jesús le aplicó con su tacto. La carga la mantenía doblada ¡placer patriarcal!

Ella, responde a su identidad que tiene arrinconada, porque así se lo han comunicado, en nombre de un dios que ha apoyado una continuidad de abusos que nos escalofrían y estremecen. Y no sabemos de la misa la media.

Desde nuestra página y blog apoyamos totalmente el Manifiesto del VII Encuentro Estatal de Redes Cristianas (https://eclesalia.wordpress.com/2021/10/25/maniviesto-del-vii-encuentro-estatal-de-redes-cristianas/); sólo un matiz a objetar queridxs hermanxas: el orden de las prioridades en vuestras declaraciones: en 6º lugar, al fin aparece, vuestro posicionamiento respecto al papel de la mujer.

Nosotras, desde una posición de libertad y de haber sido enderezadas, no una vez, sino casi a diario, porque casi todo está intoxicado de patriarcado, sugerimos que si la mujer enderezada tuviera el 50% compartido con el varón, de voz y voto en todo, el resto no sería necesario. Es decir:

-la situación del Planeta no habría llegado a este extremo gravísimo, casi irreversible, porque también en el resto de decisiones políticas, económicas…habría personas enderezadas por su conciencia de saber quiénes son. No sólo por el hecho de ser mujeres, sino personas integradas en su complejidad masculina y femenina, sin negar ningún aspecto, e integrando el equilibrio que equilibra.

Más que dedicarnos a enderezar, que también, intentamos trabajar para evitar el doblamiento del eje de la vida de personas. No podemos salir del mundo que tenemos pero podemos elegir si caminar con botas aplastando lo pequeño con nuestro paso urgente para apagar fuegos o ir descalzas, pisando tierra sagrada, y dejando la mínima huella ecológica posible. Y conservando el agua para la vida, no para apagar los fuegos patriarcales.

¿Qué hizo la encorvada el día después? Sólo puedo interpretar entre líneas, desde lo que hice yo.

Tenía 16 años, rebeldilla e inquieta. Me acababan de decir en lo más recóndito de mi ser que era hija de Dios, y me fue calando, hasta hoy. Ese descubrimiento me condujo a una relación, aprendida de labios de Jesús, con un Dios cercano, el Abba de quien Jesús habla y con quien habla.

El día después estás como llena de una vida que no sabes explicar pero que te va cambiando, y aunque vas dejando cosas, algunas personas… no te duele, porque el cambio supera a la pérdida.

Es en esa experiencia de amor, donde, día a día, el eje se va equilibrando. ¿Qué haría la encorvada ahora enderezada? Sin lugar a dudas, lo primero mirar a los ojos, al Maestro, a las personas. ¡Wow! Eso tiene que ser impresionante. De tanto mirar el suelo, al polvo y tragarlo, se le había olvidado la mirada que la mantendrá ya recta y segura de por vida.

Con ella me atrevo a decir, nos pueden quitar espacio, pero no libertad. Nos pueden ningunear pero no callar, nos pueden invisibilizar, silenciar, pero sólo en sus lugares, la mayoría usurpados e inmatriculados, de los que disponen en nombre de su dios.

He aprendido, a fuerza de desprecios, a sospechar que cuando hay arrogancia hay doble vida. Y no falla casi en ningún caso: el vecino religioso que se pasea abrazado de su querida, durante sus vacaciones anuales, hace 30 años que les veo. El todopoderoso director diocesano que te trata como a una sirvienta y hoy está acusado de abusos a niños y retirado del ministerio sacerdotal. El rígido que cuando, para pagarnos estudios, limpiábamos sus habitaciones, salían revistas porno al mover algún mueble. El gran párroco predicador de éxito que vivía con su pareja en una subvivienda construida con toda clase de lujo desde la sacristía… ¿sigo? La religiosa que tuvo que empujar con fuerza al cura que la quería abusar, porque decía que era la única de la comunidad que se le resistía, en África.

Modos de saludar de algunos ordenados, incluidos diáconos “pero vosotras, ¿quiénes sois?, ¿qué queréis?, ¿ya habéis ido al obispo?”, “no vais a quitarnos a la gente”

Todo empieza en nuestra experiencia. Si alguien valora tanto el poder y el dinero es porque no ha descubierto el valor de su vida y tiene que buscar afuera lo que no descubre dentro.

La tarea es descomunal, todo empieza en la experiencia. Si Hitler hubiera experimentado el Amor, la historia sería diferente. Si los obispos y cardenales, experimentaran el Amor, no se darían esos escándalos y abusos que con arrogancia nos han ocultado, y a las mujeres nos siguen tratando como a seres inferiores y no tienen idea del descalabro causado y que siguen causando.

El tema de la mujer no es un tema. Estamos hartas de que nos traten como a temas a debatir, como hasta donde pueden “ellos” dejarnos hacer. Es tan ridículo como habitual, y así seguimos. Como las mujeres maltratadas que tan pronto denuncian al maltratador como retiran la denuncia…cada vez que apoyamos el sistema injusto, de abuso y explotación en que se ha convertido la institución, es como retirar la denuncia.

“Dominar” es la tentación del débil. Deriva en un controlar y que no me controlen; decir y que no me digan…y no va con género. Repetimos esquemas, fuí dominada, reproduzco el esquema…o no.

Aquí entra Jesús “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”, parafraseando diría, “que lo femenino sea liberado en ti, porque eres hijx de Abrahán” y así, poco a poco, el dolor se integra, la humillación se perdona, pero no se permite.

La encorvada hoy enderezada, camina tranquila con su Dios y con las comunidades que, lentamente van surgiendo del humus de la vida y del evangelio, con sencillez y realismo, el eje se recoloca.

Algo así como volver a nacer. Así es la experiencia de ser enderezada. Deseo esta experiencia a cada ser humano. Y si así ocurriera, todo, absolutamente todo sería diferente y las prioridades estarían en orden.

Magda Bennásar Oliver, sfcc

espiritualidadintegradoracristiana.es

Biblia, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Iglesia Católica , , ,

Escuchar

martes, 12 de octubre de 2021
Comentarios desactivados en Escuchar

saber-escuchar-719x300Bien sencillo. Este verano he recorrido bastantes iglesias y he participado en la celebración de ellas como un cristiano más. Y he vivido una experiencia que clama arreglo y pide cambio. En varias iglesias no se oye en las misas ni las lecturas ni la predicación ni las oraciones. Y todo porque el sistema de audición está en malas condiciones… Es algo urgente. No se oye al sacerdote que, ya muy mayor, no pronuncia claro o porque los altavoces están muy deficientes…

Es precisa una revisión de todo el sistema auditivo. Que los sacerdotes y lectores pronuncien, lean, prediquen muy claro pronunciando bien. Que los altavoces estén arreglados.

“¿Cómo creerán si no oyen?” ¿Y cómo oirán si no les llega clara y nítida la Palabra? Se da además la circunstancia de que las personas que escuchamos, somos mayores y con malas condiciones auditivas.

No sería nada superfluo que, aunque tarde, aprendamos a pronunciar con claridad y que hagamos esfuerzo por dejarnos oír. Aprender a vocalizar.

El leer y pronunciar claro nos lleva a transmitir mejor el Mensaje y a facilitar a los cristianos el oír y entender. Estos son los preludios. Pero hace falta “atención”. Necesitamos escuchar, acoger, profundizar la Palabra. Y por experiencia propia, no sería inútil el volver a leer las lecturas por segunda vez.

La Palabra es algo esencial en la celebración. Y bueno sería si personalmente leemos antes de ir a misa las lecturas que tocan y mucho mejor si las meditamos en casa. Y bueno es todo el sistema: pantalla, copias, silencio…

He visto que algunos presidentes de la celebración hacen una breve pero sustanciosa explicación de las lecturas para ponernos ya en pista a la hora de oír. Mucho cuidado para que la monición de introducción no sea un rollo repetitivo, sino que sea eficaz como espada que cala en el alma.

He visto que en algunas parroquias se reza el rosario y demás preces antes de misa. ¿No sería una oportunidad de cinco minutos para los que quieran escuchar la Palabra con un comentario interesante y vivo?

Para oír, se requiere silencio. Por eso, es fundamental que la comunidad aprendamos a vivir el silencio, a calar en el significado de las palabras. Decir, oír, escuchar, acoger, vivir. Un proceso para que la Palabra sea eficaz y cale.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad , ,

José Miguel Martínez Castelló: ¿Qué Iglesia queremos?

lunes, 11 de octubre de 2021
Comentarios desactivados en José Miguel Martínez Castelló: ¿Qué Iglesia queremos?

d5bbf130edfe03955315fb36aaa7ef5b7785d02ar1-1080-1080v2_hq«Vivimos días aciagos en el seno de la Iglesia. Las noticias que nos llegan son dignas de un guion de Almodóvar. Lo digo con rabia y tristeza»

«Por una parte, tenemos los ataques furibundos de grupos eclesiales, medios de comunicación y políticos que están esperando a que el Papa Francisco diga cualquier cosa para situarle dentro de una diana»

«Y después, el caso Novell, donde se mezclan las proclamas irresponsables a favor del independentismo con posturas «rígidas e intransigentes, trasnochadas y acientíficas de la moral sexual”, como apuntó Baltasar Bueno»

¿Alguien da más?

«Hoy la Iglesia tiene retos sobre la mesa que debe afrontar y según el modo y en cómo se sitúe ante ellos seguirá siendo para una parte de la población una realidad a la que seguir»

«Sólo el compromiso social desde una radicalidad evangélica hará que la Iglesia sea importante en las vidas de las personas»

«Somos una comunidad y lo que pasa en ella nos afecta. Seamos dignos de ella para seguir la obra del pobre carpintero de Galilea. No olvidemos lo que palpita»

Vivimos días aciagos en el seno de la Iglesia. Las noticias que nos llegan son desmoralizadoras porque proceden de sus mismos pastores con una mezcla de situaciones estrambóticas dignas de un guion de Almodóvar. Lo digo con rabia y tristeza.

Por una parte, tenemos los ataques furibundos de grupos eclesiales, medios de comunicación y políticos que están esperando a que el Papa Francisco diga cualquier cosa para situarle dentro de una diana y proferir las mil y una barbaridades. Algunas reacciones a la entrevista de Carlos Herrera a Francisco es una buena muestra.

Que se ponga en duda el amor y el aprecio por un país como el nuestro, tierra de la lengua materna en la que se expresa y vive, resulta ridículo. No se dan cuenta estas gentes analfabetas, que el Papa es el vicario de Cristo en la tierra, y es vicario del hijo de Dios que nació en Belén, la más pequeñas de las ciudades de Israel, que no contaba para nada ni para nadie, donde la historia pasaría sin dejar huella alguna: “Pero tu Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas, 5,2). Sólo desde aquí podemos entender la elección por las ciudades y países humildes y pequeños del Santo Padre.

Si queremos entenderlo, debemos acercarnos desde una hermenéutica cristológica. Puede resultar una obviedad, pero dichas obviedades la ignoran, de forma consciente o inconsciente, personas que quieren sentar cátedra en torno a las palabras de un Papa cercano, humilde y pobre como pocos. Algunos querrían que actuara como príncipe político. Y no lo va a hacer porque tiene que afrontar y leer la historia como pastor, precisamente como se define Jesús a la hora de transmitir su mensaje de salvación y aplicarlo.

Y después, de pronto, nos salta en la cara, sin previo aviso, el caso Novell, donde se mezclan las proclamas irresponsables a favor del independentismo -muchos de sus feligreses no lo son- “al tiempo que se aferraba a las posturas rígidas e intransigentes, trasnochadas y acientíficas de la moral sexual”, como apuntaba recientemente Baltasar Bueno en un artículo de Religión Digital.

Y todo ello, que no es poco, concluye con la relación sentimental con una escritora erótica-satánica. ¿Alguien da más? Esperamos que esto sea una excepción y si no lo es que se diga, que se haga público y se reforme y se refuercen el sistema o procedimiento para elegir obispos y diáconos acorde y dignos con Jesucristo. Si no se hace, y ya está pasando, la Iglesia correrá el peligro de sufrir una desconexión como la que se da entre las generaciones jóvenes y de una parte muy importante de la sociedad civil con la política.

Incluso cuando la política consigue transformar las cosas y hacer su función, las gentes ya no reconocen sus méritos, puesto que siempre se sospecha de cualquier acción política porque está guiada por intereses espurios. Hoy la Iglesia tiene retos sobre la mesa que debe afrontar y según el modo y en cómo se sitúe ante ellos seguirá siendo para una parte de la población una realidad a la que seguir y dar por ella lo mejor que llevamos dentro. Vale la pena seguir el canino y la causa de Jesús de Nazareth, pero para ello tenemos que recordar qué es lo esencial, pará qué está la Iglesia y qué queremos que posibilite y proyecte.

En un momento de la entrevista con Herrera, Francisco recuerda su texto programático es Evangelii Gaudium. Ahí resume lo que en el Cónclave cardenales y obispos trazaron como el camino a seguir que tenía que asumir la Iglesia en los próximos años.

De igual forma, tenemos muy fácil cómo tiene que comportarse el pueblo de Dios, desde el primero al último y es, en síntesis, aplicar el evangelio, ni más ni menos. Las primeras comunidades cristianas hicieron visibles a Jesús señalando a los más pobres, a aquellos que no tenían carta de ciudadanía. La cruz implica un reconocimiento claro por aquellos que no han sido reconocidos en la historia, por aquellas personas que han sido apartadas de forma sistemática.

En el imaginario social greco-romano la dignidad brillaba por su ausencia. Un Imperio como el de Roma, decenas de documentos históricos nos lo muestran, practicaba sin ningún rubor el infanticidio, sobre todo si eran niñas, ya que el derecho romano estaba concebido en función de los varones romanos y libres. Se señaló como una práctica de muerte y asesinato, de ahí la anclada tradición de la Iglesia por la defensa de la vida.

Pensemos en las viudas, en los esclavos, en los extranjeros, las mujeres, en las personas leprosas y presas, cómo eran señaladas y dominadas por un juicio arbitrario respecto a sus vidas. A todos ellos el cristianismo les dio defensa y voz.

Pablo es claro: “Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Jesús el mesías” (Gálatas 3, 28). El cristianismo supone un aldabonazo y un impulso claro para inocular en la sociedad el lenguaje de la caridad, la esperanza y la misericordia frente a una cultura de la muerte y la violencia sobre una porción altísima de la población.

Como apunta García de Cortázar al final de su libro Católicos en tiempos de confusión, “nuestra idea de dignidad del hombre nos exige denunciar el escándalo de la pobreza. A nosotros nos toca recordar que las víctimas de la violencia, emigradas de sus lugares de nacimiento, abyectamente reducidas a cuerpos sin espíritu, son hijas de Dios y hermanas nuestras. A nosotros se nos exige que alcemos la voz para manifestar qué es nuestro cristianismo, no es cualquier forma de solidaridad o cualquier impulso compasivo, el que nos compromete en la defensa de los seres humillados”.

¿Hay que recordar cuál es nuestra misión en el mundo? Y esos príncipes de la Iglesia, ¿son conscientes de su misión? ¿Representan y quieren trabajar por una Iglesia en salida por y para rostros que no cuentan como hicieron Jesús y las primeras comunidades cristianas? Sólo el compromiso social desde una radicalidad evangélica hará que la Iglesia sea importante en las vidas de las personas, desde una coherencia radical en las enseñanzas que se derivan del evangelio.

Entiendo que en este mundo hipercomplejo puedan surgir dudas sobre Jesús, sobre su visibilidad, dónde está, qué dice en estos tiempos, puesto que puede parecer inaudito que, como apuntó de forma magistral un joven Ratzinger en Introducción al cristianismo, “la inteligencia que ha hecho a todos los seres se ha hecho carne, ha entrado en la historia y es un individuo, que no solamente abarca y sostiene toda historia, sino que forma parte de ella”. Pero la Iglesia sólo puede ser Iglesia de Jesucristo y ésta tiene que hacer visibles a los que se han quedado en la cuneta de la historia. Y claro que lo hace. Miles de personas se dejan la piel en ello a diario.

No olvidemos lo que palpita, lo que está vivo y funda nuevas posibilidades en los barrios y en las misiones más pobres y recónditas de la tierra. Esta es la Iglesia que amamos y no la de los dimes y diretes más propios de la prensa rosa que la del Reino de Dios en la tierra. Que algunos se lo hagan mirar y que tomen nota. No estamos para una nueva forma de prensa rosa eclesial.

En cada rincón de nuestra vida, en todos los patios de nuestras casas emerge una Calcuta que debemos atender. Para ello se requiere de una vida sencilla, alejado de los focos y del protagonismo en los medios. Somos una comunidad y lo que pasa en ella nos afecta. Seamos dignos de ella para seguir la obra del pobre carpintero de Galilea que encontraba en el silencio y en la soledad el tiempo de acercamiento y unión con Dios. Aprendamos la lección.

José Miguel Martínez Castelló es Doctor en Filosofía. Voluntario en el Centro Penitenciario de Picassent (Valencia). Profesor de Filosofía en el Colegio Patronato de la Juventud Obrera. Autor del libro, Esperanza entre rejas: retos del voluntario penitenciario. PPC, Madrid, 2021.

Fuente Religión Digital

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General ,

“ A vueltas con la institución”, por Gabriel Mª Otalora

martes, 5 de octubre de 2021
Comentarios desactivados en “ A vueltas con la institución”, por Gabriel Mª Otalora

los-obispos-espanoles-con-el-papa

De su blog, Punto de Encuentro:

Con el Concilio Vaticano II los católicos retiramos las acusaciones de deicidio contra los judíos. Sin embargo, Benedicto XVI tuvo que recordar que el pueblo judío no fue el culpable de la condena a muerte de Jesús, en referencia a las continuas acusaciones de deicidio a los judíos que propició su persecución despiadada, durante siglos. Lo correcto desde la realidad histórica es lo que cuentan los evangelios de Juan y Marcos referidos, sobre todo, a la aristocracia del Templo, a los dirigentes religiosos como culpables de la muerte de Jesús.

A ellos fue a quienes Jesús acusó de hipócritas porque mandaban a los demás hacer lo correcto, pero ellos no lo hacían. Utilizaban la Ley de Moisés como instrumento de dominio del pueblo, ponían severas cargas sobre los hombros de los demás que ellos no ayudaban a llevar. Quisieron figurar los primeros en todo, fijándose en la paja del ojo ajeno sin atender la viga en el suyo. Y descuidaron lo más importante del mensaje de Dios: la justicia, la misericordia y el amor. ¿No pasa también algo de esto en la Iglesia actual? Una parte relevante de la jerarquía eclesiástica y curial aparecen pocas veces al lado de los pobres y del pueblo, mezclados con la gente en alguna reivindicación, cerca de los oprimidos. Casi nunca habla de justicia, no quiere quedar mal con los poderosos aunque esto suponga quedar mal con los prioritarios del Evangelio. En la práctica, para esos dirigentes y sus seguidores, la institución es más importante que el Mensaje.

En cualquier otro momento histórico, Jesús hubiera sido incómodo y poco amigo de las seguridades mundanas de las autoridades religiosas acomodadas en sus rigideces y rigorismos ¿No estará pasando ahora algo de esto? ¿Quiénes ahuyentan de la comunidad católica a tantas personas con sus actitudes? ¿Quiénes son hoy la aristocracia del Templo con su clericalismo? ¿Quiénes son los príncipes de la Iglesia que le hacen la vida imposible al Papa Francisco y a su magisterio? ¿Quiénes priorizan el poder jerárquico eclesial por encima de la sinodialidad, la comunidad fraterna en actitud de misericordia que atraiga la Buena Noticia? Son los que dejaron atrás la autoridad de pastores (ejemplo, confianza, acogida en escucha…) para comportarse desde el poder, la vanagloria y el dinero, algo denostado por Jesús.

La espantada de fieles que dejan la Iglesia institución no para de crecer y toda la culpa no la tiene “el mundo”. No existe autocrítica, no se percibe humildad en las cuestiones que frenan la evangelización: se dice tan ricamente que las inmatriculaciones son legales; lo serán, pero es algo que bordea el cinismo por el acopio de bienes comunales que solo una ley ventajista de Aznar ha permitido hacer dejando un poso de escándalo. Se critica al Papa que no condene con dureza la homosexualidad cuando se dice que es un pecado al tiempo que se montan escuelas para curarla como desviación enfermiza. ¿En qué quedamos?, ¿pecado o enfermedad? Y lo renuentes que están siendo en algunas conferencias episcopales con la pederastia… a regañadientes y ante los hechos consumados y probados, afrontando la realidad a la defensiva y demostrando poco corazón. Tantos escándalos financieros que “los de siempre” observan preocupados solo por la publicidad y la actitud del Papa… ¿Qué Iglesia institución es esta, que debiera ser el instrumento para que nos vean como el Pueblo de Dios abierto al mundo?

La imagen institucional católica es desastrosa y salpica a lo muchísimo bueno que se hace día a día. Se mira mal que la Iglesia entre en política desde el compromiso mientras se mantiene el Estado vaticano. Mientras tanto, es tremendo el esfuerzo que hace el Papa Francisco por actualizar el Mensaje a este tiempo, mostrando su magisterio con actitud ejemplar que presenta a un Cristo Buena Noticia para todo el mundo, a pesar de los frentes liderados por algunos de los suyos.

La institución eclesial se pudo permitir antaño muchas cosas dado el protagonismo social con que contaba. Ahora nos vamos acercando en el Primer Mundo, sobre todo, a la realidad de las primeras comunidades que sufrían la precariedad, la fragilidad, la falta de relevancia social, pero cuyo testimonio fraterno revolucionó la existencia poniendo al Buena Noticia en el primer plano de la historia por su ejemplo evangelizador. Quizá necesitemos otro baño de humildad para anunciar a Cristo como Él anunciaba al Padre: como el Hijo del hombre que no tiene donde reclinar la cabeza.

Hasta entonces nos queda un purgatorio por delante porque no somos creíbles como institución, por acción o por omisión, sin autocrítica alguna aparente y confundiendo el medio con el fin. Esto perjudica la actitud de servicio diaria, a pie de calle, porque el escándalo vende más que la solidaridad. Afortunadamente, el Espíritu se mueve en otros planos que hacen respirar el amor de Dios con fuerza dentro y fuera de la Iglesia. Esto es más importante.

Gabriel Mª Otalora

Espiritualidad, Iglesia Católica , ,

El ‘caso Novell’ y los obispos que la Iglesia necesita

lunes, 27 de septiembre de 2021
Comentarios desactivados en El ‘caso Novell’ y los obispos que la Iglesia necesita

C54AF4EA-D59F-487A-9979-F61596814196Cardenal Michael Czerny S.J. La cruz pectoral de Czerny, hecha por el artista italiano Domenico Pellegrino, está formada a partir de los restos de un barco utilizado por los migrantes para cruzar el mar Mediterráneo y llegar a la isla italiana de Lampedusa.

¿Qué se les debería exigir a los obispos, mucho más allá de que sean célibes?

«Sin idealismos: obispos, presbíteros o laicos, nadie podemos cumplir al cien por cien, porque somos pecadores, pero todos podemos cada día buscar la conversión y tender hacia lo que se nos pide como cristianos en nuestros ministerios, tratando de hacer el mayor bien posible»

«Sea célibe o casado (como en otras confesiones cristianas sucede, sin consecuencias terribles) lo que si tendrá es que tener su afectividad bien resuelta y una personalidad equilibrada para poder cumplir su misión con dignidad y respeto a sí mismo y a los demás»

«Desde mi punto de vista, en el caso del obispo dimisionario de Solsona no viene a cuento hablar del celibato opcional o de si podría haber en un futuro obispos casados»

Leo en la prensa ya hace días la renuncia reciente del obispo de Solsona. Sin tardanza alguna, empiezan a aparecen conjeturas sobre cual habrá sido la causa de que una persona de 52 años que fue nombrado a los 41, el obispo más joven de España, con una prometedora carrera eclesiástica, haya presentado su renuncia.

 ¿Será enfermedad? Pronto parece descartarse. De algún lado se presumen presiones de la propia CEE por su nacionalismo catalán exacerbado. De otros, coerciones de los colectivos LGTBIQ por su homofobia manifiesta, que le lleva a organizar cursos de rehabilitación para personas gays. Hay quien también opina que la causa es que el obispo Omella y el Papa no le quieren por sus posiciones alejadas de Amoris Laetitia en lo que a cuestiones morales ligadas a la sexualidad se refiere. Muchos, con un conocimiento más próximo de la persona, dicen que tiene una personalidad inestable y que desde que le conocen ha manifestado importantes desequilibrios psicológicos. Y, ya, definitivamente, queda para todos su explicación, su propia palabra.  Dice que lo que le hace presentar su renuncia, es que “se ha enamorado de una mujer” y “que quiere hacer las cosas bien”.

Revuelo generalizado. Ahora gran parte de las miradas cambian de objetivo y se dirigen hacia la ley de celibato obligatorio para los presbíteros. Quieren encontrar aquí causas de esta dimisión,  hacer reflexiones o sacar conclusiones en torno al debate sobre el celibato, a favor o en contra de la elección libre de estado de vida. Hay quien le da por endemoniado. La verdad, carezco de experiencia para juzgar sobre ese tema. Pienso que lo que están haciendo muchos otros obispos a los que ahora recuerdo, en sus diócesis (aunque no se hayan unido a una mujer) no parece obra de Dios y si sucumbir a distintas tentaciones, pero ya lo de la posesión satánica me queda un poco grande. Me abstengo de opinar.

Para nada juzgo a la persona ni sus motivaciones personales de renunciar al ministerio episcopal. No lo haría ni siquiera si la conociera, cuanto más sin conocerlo. Y me parece absolutamente respetable con quien quiere cada cual unir su vida, así que lejos de mi opinar sobre su pareja. Pero si puedo analizar lo que he visto de su ministerio como obispo, que no es el único que cuestiono, por cierto.

Cuando ha surgido este caso, que muchos abordan desde el morbo o desde un enfoque muy centrado en la sexualidad, para mí las reflexiones son otras y giran en torno al ministerio del obispo y a su misión: ¿Qué se les debería exigir a los obispos, mucho más allá de que sean célibes? Reflexionemos sobre su misión.

Un obispo debe ser un hombre de hondas convicciones cristianas, una persona de oración e interioridad, alguien que se sabe limitado y pecador, que a diario es transformado por la oración y que quiere dejarse guiar por el Espíritu, que nos hace libres. Para esto se necesita formar personas de profunda espiritualidad conectada a las realidades concretas.

En la actualidad, un obispo en la Iglesia Católica es un pastor de comunidades, cada una dentro de sí diversa y diversas, también, plurales entre ellas. Por lo tanto debería de cumplir un papel de mediación, de ayudar a unir a las comunidades, más allá de sus legítimas diferencias. Independientemente de su opinión, también legítima y razonable, como ciudadano sobre algún tema, no debe ser un ideólogo que se posicione radicalmente a favor de unas tesis, marginando y confrontando a quienes piensan diferente. Para esto se necesita personas que saben tender puentes y poner la mirada en un punto más allá del conflicto, allí donde las diferencias pueden unirse en intereses comunes. Y que todos se sientan queridos y acogidos en sus diversidades.

Un obispo debe cuidar y acoger a todos los presbíteros de su diócesis, independientemente de sus simpatías o antipatías y debe de cuidar del equilibrio emocional de todos ellos, acompañarles en sus crisis y felicitarles por sus esfuerzos pastorales, contribuyendo a su formación. Para esto se necesitan personas equilibradas emocionalmente, sin filias, ni fobias, que sean capaces de amar en profundidad y de no juzgar a las personas, sino ver las situaciones por las que atraviesan y procurar ayudarles en lo posible.

Un obispo no puede tolerar en su diócesis, si los conoce, casos de corrupción ni de abuso de cualquier tipo, sea de tipo sexual, de poder o de conciencia. Evidentemente, mucho menos protagonizarlos él mismo. Por lo tanto, el obispo tiene que ser un ejemplo de desapego de las riquezas y de los poderes mundanos, de renuncia a cualquier tipo de privilegios y ser una persona humilde que sabe relacionarse con las personas más sencillas, sin dejar por eso de ser profundo. Alguien que sabe comunicar con todos, porque sabe escuchar en profundidad, e incluso es evangelizado por los sencillos y desprovistos de poder.

Un obispo católico postconciliar tiene que estar hoy en el seguimiento el Evangelio, del desarrollo del Vaticano II y en la línea de las últimas encíclicas del papa Francisco: Fratelli Tutti, Amoris Laetitia, Laudato Si… Por lo tanto, debe ser alguien profundamente convencido y poseído por la Misericordia, por el amor fraterno y sororal, alguien que valore profundamente a cualquier ser humano, independientemente de su género, orientación sexual, situación social o procedencia geográfica, étnica y religiosa. Es preciso que esté firmemente comprometido con la Paz, la Justicia y el cuidado de todo lo Creado, poniendo la vida a su servicio. Y nunca debe descuidar su formación continua. Formación y oración se complementan.

Un obispo hoy tiene que llevar la sinodalidad en la entraña, tiene que saber que todos y todas hemos de caminar juntos, pensando, orando y decidiendo  y que el Espíritu sopla sobre todo el Pueblo de Dios, independientemente de su sexo, ministerio o función en la Iglesia. Y, al mismo tiempo valorar y comprometerse con el diálogo entre los cristianos como mandato de Cristo, e interreligioso como único camino posible hacia la Paz.

Sin idealismos: obispos, presbíteros o laicos, nadie podemos cumplir al cien por cien, porque somos pecadores, pero todos podemos cada día buscar la conversión y tender hacia lo que se nos pide como cristianos en nuestros ministerios, tratando de hacer el mayor bien posible. Leer más…

General, Iglesia Católica , , , , ,

21.9.21.Mes de la Biblia,San Mateo: El evangelio fundacional de la Iglesia

martes, 21 de septiembre de 2021
Comentarios desactivados en 21.9.21.Mes de la Biblia,San Mateo: El evangelio fundacional de la Iglesia

evangelio-de-mateoDel blog de Xabier Pikaza:

Se celebra este día (21, 9) la fiesta de San Mateo, primer evangelista, punto de partida de la lectura del NT y de toda la Biblia para millones de cristianos, como he puesto de relieve en Ciudad Biblia.

Podemos empezar con el relato de la llamada de Jesús, según Lc 5,27-32. No sabemos mucho de él. Mc 2, 14 le llama Leví (levita, hijo de Alfeo), identificado por la tradición con el autor del primer evangelio, un escriba que saca de su arcón de libros verdades antiguas y nuevas, para dibujar la figura de Jesús,  centro de toda la Biblia (Mt 13, 52).

Su “historia” es admirable, paradójica: Es judío (Levi), y sin embargo parece funcionario del dinero universal (de Judea y Roma), publicano sospechoso y afamado. Está contando el dinero en el telonio, pero Jesús le llama y el deja todo y le sigue, invitándole después, con los discípulos y amigos publicanos (pecadores) a comer de fiesta, gastando el dinero quizá mal ganado en un festín sospechoso.

Los fariseos (separados) critican y condenan a Jesús porque se sienta (come, hace amistad) con pecadores y gente de vida dudosa, pero Jesús responde defendiendo el perdón mutuo y el abrazo sobre la ley pura de los intransigentes. Éste Leví es un hombre apropiado para escribir un evangelio como el de Mateo. Hoy sería buen día para leerlo entero.

Cronológicamente no parece el primer evangelio que se ha escrito, Marcos parece anterior, lo mismo que un documento evangélico llamado Q (sigla de Quelle, fuente). Pero el canon del Nuevo Testamento ha colocado al principio el evangelio de Mateo, tomándolo así como libro clave para entender la Biblia Cristiana. Muchos han escrito y siguen escribiendo sobre este evangelio de Mateo. Yo mismo le he dedicado un largo comentario. Pero es preferible leer hoy el texto del Evangelio de Mateo.

 Nueva introducción (Mt 9,9-13)

Cuenta la tradición que un publicano (Levi) se sentaba en su oficina de impuestos (telonio). Parecía por familia un sacerdote: Se llamaba Leví, levita. Pero la fortuna de la vida o su opción económica le hicieron “oficial de aduanas”, quizá jefe económico del puesto de frontera entre Cafarnaúm, donde Jesús vivía (en Galilea, reino de Herodes), y Betsaida, ciudad de Pedro, Andrés y Felipe (en Iturea, reino de Felipe).

            Jesús debía pasar por allí con frecuencia, fijándose en Levi, a quien un día llamó diciendo: “Ven conmigo”. Y Leví dejó la aduana con dinero y siguió a Jesús, el pobre. ¿Qué podría hacer en su grupo un publicano? Quizá hablar de economía, enseñar cómo funcionan los impuestos, de qué forma se invierte el dinero.

Todo eso hizo Leví, sin duda. Pero el texto empieza hablando de otra cosa: Leví invitó a Jesús a comer, con escándalo de muchos que decían: ¡Cómo puede sentarse Jesús a su mesa! Debió ser una comida de solidaridad y compromiso por el Reino. ¿Qué dirían? ¿Qué diríamos nosotros?

EL EVANGELIO DE MATEO

 Elementos distintivos

   He presentado a Mateo como evangelio fundacional de la Iglesia, un evangelio hecho de pactos (entre los de Jerusalén y los de Pablo, entre galileos y helenistas), el evangelio que  ha sido y sigue siendo la palabra clave del «fundamento» de la Iglesia, vinculada a la figura y acción de Pedro (Mt 16, 17-19), un Pedro-cimiento sobre el que pueden edificarse todas las «moradas» y caminos de la Iglesia.

No es un código legal, sino un libro de vida que vincula la tradición de Israel (desde el principio) y la nueva experiencia cristiana, una especie de “manual” de vida (como pudo ser, en un plano distinto, la Regla de la Comunidad de Qumrán). Es, al mismo tiempo, un libro/controversia que recoge el resultado (las actas) de una fuerte disputa entre seguidores de Jesús y judíos rabínicos, con urgencia escatológica, pues muchos aguardaban el cambio de los tiempos, el derrumbamiento de un mundo anterior, la llegada del Reino de Dios. Pero, siendo todo eso, es un libro-guía de Jesús y de su comunidad cristiana.

Mateocuenta la historia de Jesús como cumplimiento de la tradición bíblica, fijada básicamente en la Escritura de Israel (el AT cristiano). Muchos escritos de entonces (entre el III aC y el II dC) quisieron fijar la identidad judía desde las nuevas circunstancias religiosas y sociales, como hizo Mateo, aunque en otras perspectivas. Entre ellos podemos recordar Jubileos, diversas partes de 1 Henoc y la Regla de Qumrán, con los grandes apocalípticos del I-II dC (2 Baruc, 4 Esdras).

Éstos y otros libros querían mantenerse fieles a la tradición judía, pero la reinterpretaban de diversas formas. En ese contexto ha recreado Mateo la tradición y vida judía desde Jesús de Nazaret, abriendo así un camino mesiánico nuevo, que se ha mantenido y extendido en la Iglesia cristiana.

Mateo expone despliega una visión radical del judaísmo, pero entendido desde la historia de Jesús, ofreciendo una visión canónica (eclesial y normativa) de su mensaje y movimiento. Los estudiosos judíos posteriores han aceptado el carácter israelita de otros libros apocalípticos o legales, como los citados (Jubileos y 1 Henoc…), pero afirman en general que Mateo no sería ya judío. En contra de eso, pienso que Mateo es tan judío (fiel a la Escritura de Israel) como esos libros, pero con la diferencia de que ellos no han logrado crear una “comunidad autónoma” de creyentes.

Pues bien, Mateo lo ha hecho, reinterpretando la historia de Jesús en este libro-guía de la comunidad cristiana, superando (trascendiendo) de hecho los límites de un judaísmo rabínico tradicional (con la Misná), pero conservando y ratificando desde Jesús, lo que a su juicio (y a juicio de gran parte de los cristianos) es la raíz del judaísmo.

En esa línea, Mateo es un libro de historia de la iglesia, pues, al recrear la “vida” de Jesús, cuenta su acogida en las iglesias. En el fondo de su evangelio está la historia de Jesús, pero con rasgos tomados de Pablo, y también de Santiago… y en especial de Pedro.

Un tipo de iglesia católica ha estrechado la amplitud del evangelio de Mateo, ha domesticado en forma romana la universalidad de Pedro… En ese sentido, si la iglesia católica quiere recuperar la tradición de Pedro tiene que verle en comunión dialéctica con Pablo, con Santiago, con el Discípulo amado.

No le importa sólo Jesús (sus palabras y sus hechos en sí mismos), sino en la vida de sus seguidores, entre los que destaca Pedro, pero sin negar a Pablo, a Santiago, al Discípulo amado y a las mujeres de Pascua

. Como puso de relieve la “historia de las formas” (Formgeschichte), los evangelios, y de un modo especial Mateo, exponen no sólo el pasado de la historia de Jesús, sino la forma en que esa historia ha sido acogida y valorada por la Iglesia. Según eso, Mateo recrea y vincula dos historias: La de Jesús, Mesías de Israel, y la de sus seguidores en la Iglesia.

Mateo es un libro de choque socio-cultural, y así ofrece una gran alternativa político-religiosa, en el cruce entre dos mundos (oriente y occidente). Es un libro de base semita, oriental (hebreo y arameo), y en esa línea presenta al principio a los “magos de oriente”, los sabios que vienen buscando a Jesús con la estrella (Mt 2).

Pero, al mismo tiempo, es un libro clave de la historia de de occidente, elaborado desde un judaísmo que ha crecido en el contexto socio-cultural del helenismo, en el imperio romano; un libro escrito en griego culto, la koiné helenista, para ofrecer una alternativa económica y social, cultural y religiosa al mundo dominante (al orden romano), desde una ciudad que era cruce de culturas e historias (Antioquía de Siria, hoy Turquía). Ciertamente, no critica de forma directa al Imperio Romano, ni desarrolla una imaginería apocalíptica de su pecado y caída (como el Ap Juan), pero eleva una alternativa mesiánica a su visión de poder del mundo.

Es un discurso de  fuerte controversia, con elementos claramente retóricos, cosa que a veces se olvida en las relaciones entre judíos y cristianos, un libro donde deben esccharse las razones de Pablo y del rabinismo, recreadas desde Jesús.

Ciertamente, incluye textos y testimonios admirables de perdón y comunión, de universalismo y pacificación, pero, al mismo tiempo, recoge la historia de un duro conflicto entre seguidores de Jesús y otros judíos, y lo hace no sólo con dureza, sino incluso con “mentiras retóricas”, acentuando de manera injusta (e incluso ofensiva) los posibles defectos de los adversarios (judíos rabínicos).

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , ,

Xabier Pikaza: «¿Cómo nació y en qué consiste la iglesia?»

sábado, 28 de agosto de 2021
Comentarios desactivados en Xabier Pikaza: «¿Cómo nació y en qué consiste la iglesia?»

A40560D3-EAD9-41CE-8938-6D6E337C9DE2


Del blog de Xabier Pikaza:

«Dos interpretaciones, que van más allá de la pura historia»

Me ha pedido un amigo que conteste a esta pregunta: ¿Cómo nació y en qué consiste en resumen la iglesia? Bajo el calor del verano de Castilla le respondo como sigue.

«En un sentido, se puede y se debe afirmar que Jesús fundó la Iglesia. Pero, en otro sentido, hay que decir que la fundaron  sus discípulos, en un proceso pascual de  varios decenios»

«Algunos investigadores han afirmado y siguen afirmando que el surgimiento y, sobre todo, el desarrollo y fijación de la Gran Iglesia en el siglo II d.C. es un fenómeno cultural muy complejo, pero no responde a la intención básica de Jesús, ni recoge las claves básicas de su movimiento»

«Otros, en cambio, pueden decir (y decimos) que ese despliegue de la Iglesia recoge la intención fundamental de Jesús, de manera que ha sido él  quien la ha fundado básicamente y quien la sigue manteniendo, por obra de un impulso y presencia que podemos llamas ‘espíritu’ de Dios»

(a) La Iglesia actual, separada desde mediados del siglo II del judaísmo rabínico, es el resultado de más de un siglo de historia, que comienza con la vida-muerte de Jesús y se consolidad a través de una serie de acontecimientos y decisiones ejemplares que pueden condensarse así: (1) El testimonio y acción ejemplar de unas mujeres que amaron a Jesús y le sintieron vivo en sus vidas. (2) El surgimiento de grupos y comunidades de seguidores en Jerusalén y Galilea. (3) La entrada de grupos de creyentes de mentalidad helenistas, con la misión de Pablo, la redacción de los evangelios etc.  Sólo en la primera  mitad del siglo II se puede hablar de una Iglesia cristiana propiamente dicha y de una nueva religión.

(b) Por eso, en un sentido, se puede y se debe afirmar que Jesús fundó la Iglesia. Pero, en otro sentido, hay que decir que la fundaron  sus discípulos, en un proceso pascual de  varios decenios. Por sí mismo, Jesús no organizó la Iglesia, sino que anunció y preparó la llegada del Reino de Dios, pero   su anunció y la experiencia de su vida desembocaron en el surgimiento de una serie de comunidades mesiánicas, animadas por el Espíritu de Jesús,  que se vincularon como Iglesia. Él no quiso fijar un organigrama social (como hicieron  en Qumrán), ni construir unas instituciones sagradas independientes, capaces de sustituir a las que ya existían, pero su movimiento desembocó de un modo natural en la Iglesia (a través de eso que he llamado la experiencia carismática de sus discípulos).

Dos interpretaciones

0317CA54-EF72-44BD-818F-E4DC012F4ED0 En este contexto se pueden dar dos interpretaciones, que van más allá de la pura historia, de manera que deben entenderse de un modo confesional.

(a) Algunos investigadores han afirmado y siguen afirmando que el surgimiento y, sobre todo, el desarrollo y fijación de la Gran Iglesia en el siglo II d.C. es un fenómeno cultural muy complejo, pero no responde a la intención básica de Jesús, ni recoge las claves básicas de su movimiento. En esa línea, ellos tienden a negar toda relación causal entre Jesús y la Iglesia. Pero esta visión resulta minimalista y, en el fondo, carente de Jesús: Sin el impulso y testimonio múltiple del mensaje, vida y muerte de un hombre como Jesús resulta inexplicable el surgimiento de las diversas comunidades y la unión posterior de gran parte de ellas como Iglesia.

 (b) Otros, en cambio, pueden decir (y decimos) que ese despliegue de la Iglesia recoge la intención fundamental de Jesús, de manera que ha sido él  quien la ha fundado básicamente y quien la sigue manteniendo, por obra de un impulso y presencia que podemos llamas «espíritu» de Dios. Los cristianos han interpretado ese nuevo «espíritu» (del que ellos se sienten portadores) como nueva y más honda presencia, a quien conciben como «resucitado», viviendo y actuando en ellos, de una forma hasta entonces desconocida, pero totalmente real. Dicho eso, debemos añadir que la forma de entender esa iglesia (tal como ha sido ha sido fijada por los discípulos de Jesus a lo largo de todo el siglo I y de comienzos del II d.C.) varía según las diversas confesiones cristianas (católicos, protestantes, ortodoxos).

 Notas de la Iglesia

1590662181467 Se dice en el Credo que la Iglesia es una, santa, católica y apostólica… Pues bien, situándonos en un momento anterior, he  querido recoger las notas fundamentales de las diversas Iglesias  tomándolas como momentos integrantes del despliegue pascual de Jesús:

Experiencia compartida de Jesús. Lo que llamamos la Iglesia ha nacido y se ha expresado durante largos decenios a través de una serie de comunidades que mantienen la memoria de Jesús y están vinculadas, de algún modo, a Israel, pero que terminan siendo autónomasy se mantienen en comunión unas con otras, siendo capaces de regirse y de organizarse de un modo autónomo, ofreciendo a sus miembros un espacio de convivencia y comunicación, desde la presencia «simbólica» (pascual) de Jesús. En ese sentido podemos hablar de una federación de iglesias.

El futuro ha llegado. Las iglesias tienen la certeza de que con ellas comienza un «tiempo nuevo», una especie de mutación transcendental de la vida. Ellas viven entre dos tiempos: el pasado de una humanidad condenada a la muerte (al fracaso) y el futuro de la culminación en Dios, por medio de Jesús resucitado. Esa experiencia de vivir entre dos tiempos marca plenamente su vida. Sólo cuando la espera de la culminación (del nuevo tiempo que viene por Jesús resucitado) se alarga, de manera que esa parusía o presencia final de  Jesús (con el fin de este mundo) no aparece como algo inmediatamente próximo, ellos (esos creyentes de Jesús)  sienten la necesidad de organizar mejor su forma vida en el mundo, en el tiempo de la espera. De esa forma, desde el recuerdo/presencia de Jesús y la esperanza de su «vuelta» (la culminación de su proyecto de Reino de Dios) puede surgir y surge una iglesia (en el sentido actual de la palabra).

Un experiencia de vida común, una forma de oración y comunión social. Sólo hay iglesias donde existe y se cultiva un tipo de memoria afectiva y celebrativa, personal y comunitaria  de Jesús, propia de ese tiempo dilatado de esperanza, marcado por la celebración pascual de la presencia del Señor y por una vida fiel a su proyecto de vida (tal como se expresa en el Sermón de la Montaña). En esa línea, no se puede hablar de iglesia cristiana sin el surgimiento de unos signos específico, vinculados a la memoria y acción de Jesús, como son los exorcismos y/o de un modo especial los sacramentos (bautismo, eucaristía…), que definen y distinguen a los seguidores de Jesús, frente a otros grupos judíos de aquel tiempo. En este contexto se sitúa la disputa cristiana sobre comidas especiales (tipo kosher), propias de otros tipos de judaísmo y sobre la circuncisión.

23232C8A-296B-485A-A9BD-F478ACE4D1AAUn comportamiento mesiánico. Sólo hay iglesia donde puede hablarse de un estilo de vida especial, en la línea aquello que hacía y decía Jesús, tal como aparece en el Sermón de la Montaña de Mateo o en la experiencia de la justificación por la fe, de la que habla Pablo. Ese estilo de vida constituye una reinterpretación mesiánica de la ley «nacional» del judaísmo, entendida en un sentido exigente (los cristianos pertenecen a un tipo de judaísmo radical), desde la profecía de Israel (con su visión ética) y, sobre todo, desde la experiencia de Jesús.

Para todos. Finalmente, sólo se puede hablar de Iglesia cristiana cuando existe una apertura o misión universal del mensaje de Jesús (y de la Ley israelita), superando un tipo de «cerca sagrada» que empieza a establecer, en otra línea, el judaísmo rabínico. El movimiento de Jesús solo se define plenamente y alcanza su propia identidad allí donde las diversas comunidades cristianas comparten un tipo de mensaje y modelo de vida que puede abrirse a todos los hombres, vinculando así la radicalidad de Jesús y la universalidad de su proyecto mesiánico.

Biblia, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , ,

«Memoria histórica de las mujeres, las grandes olvidadas de la Iglesia», por Juan José Tamayo

miércoles, 25 de agosto de 2021
Comentarios desactivados en «Memoria histórica de las mujeres, las grandes olvidadas de la Iglesia», por Juan José Tamayo

Revuelta-mujeres-Iglesia_2319678023_15371191_660x371 «María Magdalena: apóstola de los apóstoles y una de las pioneras en la lucha por la libertad y la liberación de las mujeres»

Con las religiones –o mejor, sus jerarquías- las que imponen a las mujeres una moral de esclavas y subalternas, resumida en estos siete verbos: obedecer, someterse, aguantar, soportar, sacrificarse por, cuidar de, perdonar

A dicha moral el feminismo opone como alternativa una ética sustentada en los verbos: resistir, rebelarse, negarse a, empoderarse, ser autónoma, compartir los cuidados, exigir perdón, arrepentimiento, propósito de la enmienda, reparación y no repetición

El sexismo es inherente al patriarcado que recurre sistemáticamente a la violencia contra las mujeres y los sectores más vulnerables de la sociedad, niños y niñas, en todas sus modalidades desde su silenciamiento e invisibilidad hasta los feminicidios, que se cuentan por millones a lo largo de la historia

En la fiesta de María Magdalena, apóstola de los apóstoles y una de las pioneras en la lucha por la libertad y la liberación de las mujeres, quiero hacer memoria de nuestras antepasadas, las grandes olvidadas de la historia. Y lo hago empezando por una crítica de la razón moderna e  ilustrada que afirmó la universalidad de los derechos humanos y de la razón y, en un acto de incoherencia, se los negó a las mujeres, víctimas de una racionalidad selectiva de carácter patriarcal. Un ejemplo, entre muchos, de dicha incoherencia lo encontramos en Kant quien se olvida de su consigna de pensador ilustrado “atrévete a pensar” cuando afirma con total contundencia que “una mujer letrada […] tendrá además que tener barba”, es decir, tendría que ser hombre.

Con la historia en la mano, hemos de reconocer que entre las víctimas de las masacres humanas, las más numerosas, agredidas y olvidadas, las que han sufrido todo tipo de discriminaciones y la negación de su dignidad, de sus derechos y de su libertad, aquellas a las que se les ha negado hacer sus proyectos autónomos de vida, a quienes se les han destruido sus esperanzas, a quienes se les ha prohibido hasta soñar, han sido y siguen siendo las mujeres.

Ellas son las principales víctimas del sexismo en alianza múltiple y complicidad permanente con el capitalismo en sus diferentes modalidades -hoy  el neoliberalismo-, el etnocentrismo, el clasismo, el colonialismo, el imperialismo, la depredación de la naturaleza, el racismo patriarcal, los fundamentalismos de todo tipo, las religiones, etc.

Son las religiones –o mejor, sus jerarquías- las que imponen a las mujeres una moral de esclavas y subalternas, resumida en estos siete verbos: obedecer, someterse, aguantar, soportar, sacrificarse por, cuidar de, perdonar. A dicha moral el feminismo opone como alternativa una ética sustentada en los verbos: resistir, rebelarse, negarse a, empoderarse, ser autónoma, compartir los cuidados, exigir perdón, arrepentimiento, propósito de la enmienda, reparación y no repetición.

El cambio en la moral religiosa patriarcal para con las mujeres exige previamente una teoría crítico-feminista de las religiones, de su organización, de su doctrinas androcéntricas, de sus deidades masculinas y de las masculinidades sagradas que legitiman los comportamientos de los varones, por muy inmorales que sean, basándose en la masculinidad divina, sobre todo en las religiones monoteístas.

El sexismo es inherente al patriarcado que recurre sistemáticamente a la violencia contra las mujeres y los sectores más vulnerables de la sociedad, niños y niñas, en todas sus modalidades desde su silenciamiento e invisibilidad hasta los feminicidios, que se cuentan por millones a lo largo de la historia.

Es con las mujeres con quienes más deuda tiene la humanidad, la tenemos los hombres, instalados en lo privilegios de la masculinidad hegemónica, a los que tenemos que renunciar si queremos que sea sincera y creíble nuestra incorporación a la lucha feminista. Es a las mujeres a quienes hemos de recordar nosotras de manera especial el día de María Magdalena, que el símbolo ha toma do como uno de sus símbolos de liberación. Y utilizo el femenino intencionadamente porque nosotros somos ellas,su causa es la nuestra.

Es de ellas de quienes tenemos que hacer genealogía, memoria subversiva, recordar sus sufrimientos y sus luchas en defensa de la vida, de la libertad y de la naturaleza. Es a ellas a quienes hay que reconocer sus creaciones culturales, sociales, la mayoría de las veces minusvaloradas, olvidadas o negadas. Gracias a ellas también la historia ha avanzado por el camino de la liberación y de la emancipación.

Sin embargo, el patriarcado les ha negado el protagonismo en esos avances y se los ha atribuido de manera exclusiva e injustamente a los varones, y de entre ellos a los reyes, príncipes, papas, emperadores, faraoones, aristócratas, plutócratas, etc. despreciando las actividades de las mujeres, sobre todo las que ejercen en la vida cotidiana, y negando trascendencia a lo doméstico, que es el espacio donde han sido recluidas.

Solo uniéndonos a las luchas feministas para rehabilitar la dignidad negada de las mujeres se podrá construir una cultura de paz y una justicia de género

Solo uniéndonos a las luchas feministas para rehabilitar la dignidad negada de las mujeres se podrá construir una cultura de paz y una justicia de género. De lo contrario, la cultura de paz se convertirá en violenta barbarie  y la justicia de género no pasará de ser un slogan vacío de contenido que se tornará injusticia patriarcal y mantendrá a las mujeres en una situación de discriminación.

Se está produciendo un cambio de paradigma, que ya resulta imparable. Hasta ahora para las mujeres todos eran deberes y obligaciones. Ahora es el tiempo de sus derechos: a la queja, a la protesta, a la insumisión, al disenso, a la autonomía, a la libertad, a los derechos sexuales y reproductivos. Hasta ahora los únicos pactos eran los que sellaban los varones, para aferrarse al poder y repartírselo patriarcalmente, excluyendo a las mujeres de ellos.

Un ejemplo es el “Contrato social” de Jean-Jacques Rousseau, que solo reconoce derechos políticos a los varones y los niega a las mujeres. El pacto social no tenía vigencia en el hogar, donde la mujer debía estar sometida al marido. Léase para comprobarlo el capítulo V del libro de Rousseau Emilio o de la educación (Alianza Editorial, Madrid, 2011, segunda reimpresión, pp. 563 y ss), cuya protagonista es Sofía, la compañera de Emilio, que en las relaciones morales debe ser pasiva y débil y cuya función es “agradar al hombre”:

“En la unión de los sexos, cada uno concurre de igual forma al objetivo común, pero no de igual manera. De esa diversidad nace la primera diferencia asignable entre las relaciones morales de uno y otro. Uno debe ser activo y fuerte, el otro pasivo y débil; es totalmente necesario que uno pueda y quiera, basta que el otro resista poco.  Establecido este principio, de él se sigue que la mujer está hecha para especialmente para agradar al hombre. Si el hombre debe agradarle a su vez, es una necesidad menos directa, su mérito está en su potencia, agrada por el mero hecho de der fuerte. Convengo en que no es esta la ley del amor, pero es la de la naturaleza, anterior al amor mismo” (p. 565).

 Está comenzando el tiempo de los pactos entre mujeres, inclusivos de todas las personas y colectivos vulnerables. Hasta ahora, los cuerpos de las mujeres estaban colonizados, eran propiedad de los esposos, de los confesores, de los padres espirituales, de los asesores matrimoniales, y objeto de abusos sexuales. Ahora las mujeres reclaman y ejercen el derecho sobre su propio cuerpo. Hasta ahora lo que imperaba como ideal en las relaciones humanas era la fraternidad (de “frater”, hermano). A partir de ahora,  las relaciones entre los seres humanos han de regirse por la fraternidad-sororidad (de “soror”, hermana).

Un antecedente de dicho cambio de paradigma lo tenemos en el proto-feminismo de pensadores como el padre Benito Feijoo o el filósofo francés Poulain de Barre con su afirmación “la mente no tiene sexo”. Se encuentra también en la primera ola del feminismo político representado por Olympia de Gouges que, como contrapunto a la androcéntrica Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, de la Revolución Francesa, escribió la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana (1791), en la que afirmaba que “si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna”. Olympia no logró subir a la Tribuna, pero sí subió al cadalso donde fue guillotinada. Representante de la primera ola del feminismo filosófico es Mary Wollstonecraft con Vindicación de los derechos de la mujer (1982), donde afirma: “no quiero que la mujer domine sobre el hombre, sino que sea dueña de sí misma”.  Es este el lema del feminismo.

Fuente Religión Digital

 

Cristianismo (Iglesias), General, Iglesia Católica , , ,

Carta abierta a María Magdalena: «La historia patriarcal de nuestro cristianismo tiene una profunda deuda contigo»

lunes, 23 de agosto de 2021
Comentarios desactivados en Carta abierta a María Magdalena: «La historia patriarcal de nuestro cristianismo tiene una profunda deuda contigo»

Jesus abrazo mujerDel blog de Emma  Martínez Ocaña Poner letra a mi canto:

Se te convirtió en la “pecadora”, “la adúltera”, la “llorona arrepentida”

«Tú sigues siendo un referente para quienes, también como tú, formamos parte del movimiento de Jesús y reclamamos que éste vuelva a ser una comunidad de iguales»

«Primero se intentó silenciar tu protagonismo en la vida de Jesús y en el de la primera comunidad; después se quiso robarte el título de la primero testigo de la Resurrección, para atribuírselo a Pedro, tal como hizo el evangelio de Lucas (24,34) y Pablo que ni siquiera te nombra entre los testigos de la Resurrección (1Cor 15,5-8)»

«Las mujeres cristianas te vamos reconociendo como nuestra patrona, la inspiradora y sostenedora de nuestras luchas, la que mantienes la antorcha de la verdad del sueño de Jesús: hacer de la sociedad una comunidad de iguales y para ello había que empezar haciéndolo posible, en un pequeño grupo, para que fuese creíble»

Querida María Magdalena: ¡qué alegría poder celebrar una año más tu fiesta en un momento de fuerte despertar en el mundo entero del movimiento de mujeres en la sociedad y en las Iglesias reclamando igualdad y derechos!

Tú sigues siendo un referente para quienes, también como tú, formamos parte del movimiento de Jesús y reclamamos que éste vuelva a ser una comunidad de iguales. También nos alegramos de que gracias a tantas teólogas y biblistas feministas podamos hoy reconocer tu verdadera identidad y qué pena de tanta documentación y tradiciones perdidas que nos podrían haber aportar más luz sobre tu persona y tu papel central en la vida de Jesús y en la primera comunidad!

 La historia patriarcal de nuestro cristianismo tiene una profunda deuda contigo. Las autoridades religiosas y teológicas deberían pedirte perdón públicamente por la injusticia que han cometido con tu persona.

Primero se intentó silenciar tu protagonismo en la vida de Jesús y en el de la primera comunidad; después se quiso robarte el título de la primero testigo de la Resurrección, para atribuírselo a Pedro, tal como hizo el evangelio de Lucas (24,34) y Pablo que ni siquiera te nombra entre los testigos de la Resurrección (1Cor 15,5-8).

 Una opción ideológica y política que sirvió para reclamar el derecho exclusivo de los varones para gobernar y obtener las “ordenes sagradas” y sostener así el patriarcado socialmente dominante, aunque eso fuese traicionar la opción de Jesús de una comunidad de iguales.

Sólo las tradiciones marginales como la de los gnósticos y maniqueos te otorgaron la importancia que te habías merecido y te escogieron como representante de sus doctrinas.

Con la exclusión del Canon de todos los Evangelios que no fueron reconocidos por la Iglesia oficial y la quema de los “escritos herejes” de los maniqueos y gnósticos se intentó liquidar tu figura y tu protagonismo.

Como dice la doctora Susan Haskins: “Con la desaparición de estos escritos ‘heréticos’, María Magdalena, heroína de los gnósticos, discípula principal, ‘compañera del Salvador’,’esposa’, ‘consorte’ y ‘pareja’ suyas, se desvaneció a su vez para resurgir brevemente entre los ortodoxos como testigo de la Resurrección y ‘apóstol de los apóstoles’, si bien sobre todo, y de mayor importancia para la historia del cristianismo y las mujeres, como una ramera arrepentida” [1].

Porque es verdad que para completar y justificar el robo de tu autoridad, como era imposible borrar tu presencia de los cuatro Evangelios, se te convirtió en la “pecadora”, “la adúltera”, la “llorona arrepentida” (aún se conserva el dicho de “llorar como una Magdalena”); la representante del “pecado de la carne” paradójicamente ¡tan femenino! Que paradoja ¿verdad? Y todo eso ¿cómo no? se ratifica con la autoridad Papal.

El papa Gregorio Magno (540-604) zanjó la discusión sobre tu identidad y proclama que “María Magdalena, Maria de Betania y la “pecadora” de Lucas, eran la misma persona”.

Pero felizmente el reconocimiento de tu misión como la Apóstol de los Apóstoles está recogido no solo en los textos analizados sino que se difundió en grabados de los siglos XI y XII, así como en las vidrieras del XIII de las catedrales de Chartres, Auxerre y Semur in Burgundy.

Pero hoy de nuevo las investigaciones feministas, y la de tantas teólogas y teólogos buscadores de la verdad, han vuelto a recuperar el esplendor de tu imagen. Pero aún están muy poco vulgarizadas sus conclusiones, aún eres una desconocida entre la mayoría de las personas de nuestra comunidad cristiana.

Aún hoy muchas te siguen identificando con la mujer “que amó mucho” así te nombró Jesús pero para el gran público sigue siendo la “adultera”(Lc 7,36-50). A Eva la pecadora del Antiguo testamento ya le salió una sustituta en el Nuevo, así quedó marcada nuestra condición femenina: nosotras somos las “tentadoras” (cuando el tentador reconocido por Jesús fue Pedro) y las “pecadoras”.

Las mujeres cristianas te vamos reconociendo como nuestra patrona, la inspiradora y sostenedora de nuestras luchas, la que mantienes la antorcha de la verdad del sueño de Jesús: hacer de la sociedad una comunidad de iguales y para ello había que empezar haciéndolo posible, en un pequeño grupo, para que fuese creíble.

Ayúdanos para ser de verdad seguidoras de Jesús, para gritar con nuestra vida que merece la pena seguir proclamando y haciendo verdad la Buena Noticia que nos encomendó. Ayúdanos también para que no nos falten las fuerzas, ni el humor, pues necesitamos una buena dosis de amor con humor para seguir ese camino que tú y otras muchas mujeres de tu tiempo y de todos los tiempos nos abrieron. Tú sabes de dificultades, rechazos, calumnias y menosprecios.

En ti nos inspiramos, te reconocemos como nuestra patrona, compañera de camino, alentadora de nuestra vocación apostólica, te celebramos con gozo y con coraje. Gracias por ti. Te escribo en nombre de las muchas discípulas de Jesús que queremos seguir haciendo posible y creíble una comunidad donde no haya ninguna discriminación por ninguna razón (sexo, raza, clase, orientación y/o identidad sexual).

Me despido por hoy, yo una de las muchas discípulas en camino. 

[1] S. Haskins, María Magdalena. Mito y metáfora. Herder, Barcelona 1996. Para conocer las tradiciones sobre María Magdalena recomiendo también: C. Bernabé, María Magdalena. Tradiciones en el cristianismo primitivo, Verbo Divino, Estella 1994. Ambas obras con abundante bibliografía.

Biblia, Espiritualidad , , , ,

Relativizar la Iglesia ante el Reino de Dios.

miércoles, 4 de agosto de 2021
Comentarios desactivados en Relativizar la Iglesia ante el Reino de Dios.

Del blog Amigos de Thomas Merton:

beso-gay-iglesia

«Una vez en Tübingen, durante una homilía, oí una deliciosa variante de la conocida frase de Jesús en el Sermón de la Montaña: «Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás -aun la Iglesia- se os dará por añadidura«. Cierto, ¡la Iglesia no es más que una añadidura al Reino de Dios! Allí donde nos preocupemos por el triunfo de la paz y de la justicia, por vivir de mil maneras la voluntad de Dios, aun entre los pobres, aun al margen de las instituciones eclesiásticas, ahí comienza a crecer la Iglesia, ahí se reúne el Pueblo de Dios, a menudo muy pequeño y desapercibido, pero lleno de vida y esperanza. Algo ha de repercutir esto en la Iglesia universal y quién sabe si a la larga irá obrando algún cambio aun en sus estructuras más rígidas. Cuanto más logremos dar un valor relativo a la Iglesia, comparada con el Reino de Dios, tanto más nos liberaremos de una fijación, estrecha de miras, en los problemas intraeclesiales«.

*

Medard Kehl

«La Iglesia en tierra extraña
«Selecciones de teología # 133 (1995)

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

Sinodalidad y espiritualidad

viernes, 16 de julio de 2021
Comentarios desactivados en Sinodalidad y espiritualidad

Abre camino«El Espíritu se derrama y vive en espiritualidades muy diversas y plurales»

«Este nuevo Sínodo puede y debe ser un acontecimiento innovador para una Iglesia que se hace pueblo de Dios en los pueblos de la tierra»

«Si la Iglesia, como nos invita el Papa Francisco, asume ponerse en camino sinodal debe mirar, en primer lugar, a quienes sufren, a las personas y pueblos pobres, a emigrantes, refugiados, a quienes están en el abismo de la marginación»

«Esta ‘nueva sinodalidad’ inspirada por el Espíritu, que late en tantas espiritualidades, es dialogante, solidaria, abierta, compartida, liberadora»

«Sin embargo todavía persisten reticencias autoritarias jerárquicas y clericales y posiciones conservadoras recurrentes»

El camino de la Iglesia está trazado, según la Constitución pastoral del Vaticano II, entre “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias sobre todo de los pobres y de cuantos sufren”. Es su hoja de ruta para cumplir su misión en salida al mundo en que vive y al que está enviada, “ungida” por el Espíritu, como Jesús de Nazaret, a fin de dar la “buena noticia a los pobres, la libertad a los cautivos y oprimidos…” (Lc 4,18). Sólo siguiendo esa dirección será fiel a quien vino para realizar la más profunda liberación de la humanidad y la plenitud de toda la creación. Esta es la misión que constituye su identidad, desde la comunidad más humilde hasta su extensa presencia en este mundo.

Desde aquí nace y se concreta el sentido de la sinodalidad, es decir, de su “caminar juntos”, de su andadura común, movida por el Espíritu al servicio solidario de la humanidad.

 Por tanto si la Iglesia, como nos invita el Papa Francisco, asume ponerse en camino sinodal debe mirar, en primer lugar, a quienes sufren, a las personas y pueblos pobres, a emigrantes, refugiados, a quienes están en el abismo de la marginación al que gran parte de la humanidad ha sido avocada por sistemas y poderes inhumanos, impulsores de una “economía de la exclusión y la inequidad”.

A esta sinodalidad le impulsa el Espíritu que se derrama y vive en espiritualidades muy diversas y plurales; en especial en aquellas que se experimentan y viven dentro de esa marginalidad económica, cultural, social, política. Estas espiritualidades ofrecen a la sinodalidad su talante para caminar juntos en la construcción del mundo justo y fraternal, en una tierra cuidada, casa común, en el amor universal y en la fraternidad sin fronteras, tal como Francisco propone en Fratelli tutti y Laudato si’.

Esta “nueva sinodalidad” inspirada por el Espíritu, que late en tantas espiritualidades, es dialogante, solidaria, abierta, compartida, liberadora. Parte, como insiste el mismo Papa, “de lo bajo, de la gente, de los problemas de cada día”. Su diálogo se realiza, sin excepciones, con las plurales espiritualidades, en especial con aquellas que una falsa altivez espiritualista ha excluido y olvidado.

Por eso la espiritualidad sinodal debe ponerse a la escucha de otras espiritualidades que se viven en las periferias del mundo actual; de las que están extendidas en otras culturas, pueblos y religiones; de las que ofrecen y practican un profundo sentido místico, como las orientales. Pero no para incluirlas en sus dogmas y doctrinas, sino para aprender de ellas y de su sabiduría respetando sus diferencias y pluralidad. Porque, como también recordó el mismo Concilio, reconoce en ellas lo que hay de “verdadero y santo”.

Por tanto, la auténtica sinodalidad también es caminar junto a quienes buscan, viven y experimentan la sabiduría en sus experiencias espirituales tan diversas, indígenas, de otras creencias religiosas, de otras convicciones y experiencias, también agnósticas y ateas. De lo contrario corremos el riesgo de una sinodalidad cerrada en los ámbitos eclesiásticos que recorte los horizontes e impida caminar hacia una apertura solidaria para ofrecer respuestas comunes y participación solidaria al atormentado mundo de hoy, en especial en estos tiempos de pandemia y de sus consecuencias de creciente empobrecimiento y desigualdad.

En consecuencia, la sinodalidad debe ser dialogante con esas espiritualidades que, incluso más allá de instituciones religiosas, viven la presencia del Espíritu en el corazón de la humanidad, en toda la creación, con un sentido holístico.

Una espiritualidad sinodal nos invita, por tanto, a escuchar con empatía, a dialogar con libertad, a aprender con humildad, a comunicarnos sin miedo ni reservas porque el Espíritu sopla donde quiere (Jn 4,8). Impulsar tal sinodalidad es confiar en ese Espíritu. El Papa, no lo duda cuando insiste en que el Sínodo “debe comenzar desde las pequeñas comunidades, de las pequeñas parroquias… de la totalidad del Pueblo de Dios”. Estos lugares serán aptos si viven los problemas de cada día en su entorno, si están cerca y comparten las búsquedas, esperanzas de las personas y grupos más necesitados con los que conviven, si su centro no es la parroquia y su culto, sino la situación de quienes sufren, si su compromiso les lleva a unirse a sus luchas por la justicia, la fraternidad, la igualdad.

Sin embargo todavía persisten reticencias autoritarias jerárquicas y clericales y posiciones conservadoras recurrentes. Muchas de las llamadas comunidades cristianas e Iglesias particulares están alejadas de la vida y se encierran temerosas en sus prácticas devocionales. Por tanto se hace necesaria y urgente una espiritualidad de la audacia, de la parresia, de la utopía, de la profecía, del diálogo donde todas las personas aprendemos de todas, en especial de las más humildes, marginadas, desprotegidas. Esto supone cambiar posturas eclesiásticas dominantes para poder escuchar al Espíritu que se manifiesta en los signos de los tiempos, en la vida de las personas, mujeres y hombres con sus problemas de cada día, en los conflictos y luchas liberadoras.

Ahí habla el Espíritu para quien sabe escucharle en su cualidad humana profunda, en su relación con los demás, en el sufrimiento y también progresos y gozos, en el silencio contemplativo solidario; pero no, ciertamente, en la imposición y sumisión; menos aún en el alejamiento de los problemas de la gente o en quienes vuelven la vista cuando van por su camino sin atender a tantas personas tiradas y abandonadas en las cunetas de la vida.

Por supuesto, no todo lo que se presenta como espiritualidad es tal. El sentido critico y discernimiento son necesarios para no dejarse llevar por vientos cambiantes y navegar a la deriva. La auténtica espiritualidad proviene del Espíritu que es libertad, relación y compromiso ético y, en última instancia, amor. Para el cristiano su referencia básica es Jesucristo quien la llevó a sus últimas y plenas consecuencias dando su vida por los demás, para que todas y todos tengamos vida en abundancia (Jn 10,10).

A su vez, toda auténtica espiritualidad es sinodal, es decir, escucha otras experiencias en un diálogo comunicativo; camina compartiendo sus sentimientos espirituales más hondos y las luchas por sus aspiraciones a una vida digna en la justicia; conduce a una relación profunda que lleva a descubrir la unidad humana, cósmica, holística donde está el Espíritu que alienta la totalidad. Una espiritualidad sinodal es, por tanto, dialogante, compartida, relacionada, donde nadie está por encima de nadie y la única autoridad es servicio a los más humildes desde el evangelio liberador (Lc 4,18). No se aleja de la realidad en espiritualismos desencarnados ni, desde pretendidas verdades absolutas, se cierra al diálogo abierto y libre.

Siguiendo la línea y propuestas del Papa Francisco, este nuevo Sínodo puede y debe ser un acontecimiento innovador para una Iglesia que se hace pueblo de Dios en los pueblos de la tierra a fin de caminar juntos, sinodalmente, en la lucha por la justicia. Porque, como lo afirmó ya el Sínodo de 1971 en su documento sobre “Justicia en el mundo”: “La esperanza y el avance que animan profundamente al mundo, no son extraños al dinamismo liberador del evangelio y al poder del Espíritu que ha resucitada Cristo de la muerte… porque si el mensaje cristiano sobre el amor y la justicia no muestra su eficacia en la acción por la justicia en el mundo, muy difícilmente será creíble por los hombres de nuestro tiempo”.

Será, en consecuencia, una Iglesia sinodal, porque camina, sufre, acompaña y lucha guiada y alentada por el Espíritu liberador, que inspira tantas espiritualidades, para lograr pueblos hermanos en una tierra cuidada donde a nadie le falte techo, trabajo y pan dentro de la paz que brota de la dignidad humana y de la justicia.

Fuente Religión Digital

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Iglesia Católica , ,

Miguel Ángel Munarriz: Espíritu crítico.

jueves, 15 de julio de 2021
Comentarios desactivados en Miguel Ángel Munarriz: Espíritu crítico.

SomosIglesiaEl ser humano tiene la capacidad de cuestionar los principios, valores y normas que le ofrece el entorno, y a esa capacidad la llamamos espíritu crítico. El espíritu crítico es lo que espolea a los líderes y a los genios a no conformarse con lo que hay e involucrarse en la búsqueda de nuevas ideas, nuevas soluciones o nuevos modos de convivencia.

Todos presumimos de espíritu crítico, pero muchas veces confundimos el espíritu crítico con las ganas de criticar. Y no es lo mismo, porque quien realmente lo posee propende a la acción y comienza siempre su crítica por uno mismo. Ante una situación no deseable, se pregunta primero en qué medida ha contribuido él a crearla, y luego, qué puede hacer él para mejorar las cosas.

Antes de criticar a otros, es conveniente saber que quien se enfrenta con rigor a una decisión grave maneja un montón de variables en su análisis y trata de considerarlas todas —bien ponderadas— antes de decidir. Emplea muchas horas para conocerlas a fondo, pero la crítica demagógica se centra en la más aparente —que no suele ser la más relevante—, ignora todas las demás, y sobre ella descalifica tanto la decisión como a quien la toma.

Ignora también que casi nunca hay que decidir entre una opción buena y una mala, sino entre dos opciones malas, lo que implica que no existan decisiones evidentes; que toda decisión comporta unas renuncias —a veces relevantes— que la hacen vulnerable a la crítica.

Y todo esto viene a cuento de la crítica interna a la Iglesia; perfectamente válida y probablemente necesaria. Sin duda la hacemos para que reaccione y progrese… y además… ¡tiene tantas cosas que criticar!… El problema es que cuando afirmamos criticar a la Iglesia, no lo hacemos, es decir, no nos criticamos a “nosotros la Iglesia”, sino solo a la jerarquía. Y es cierto que a veces la jerarquía resulta desesperante, pero esta crítica a otros exenta de autocrítica pierde todo su vigor.

Muchas de sus decisiones nos desconciertan, y las criticamos porque creemos que la solución es la contraria y que de ahí nos vienen todos los males. Pero nuestro espíritu crítico —el de verdad— nos dice que si la Iglesia termina sucumbiendo, no será por ello, sino porque “nosotros la Iglesia” hayamos renunciado a ser la sal de la Tierra, perdiendo así toda razón de ser nuestra presencia en el mundo.

Dentro del “Curso de cultura religiosa”, Ruiz de Galarreta concluía de este modo un ciclo muy crítico, titulado: «Después de Jesús, nosotros la Iglesia»:

«Mi Madre»

«Amamos a la Iglesia, esa enorme y bienintencionada multitud de creyentes que han construido lo mejor de nuestra humanidad y se sigue afanando hoy, y —permítanme decirlo porque así lo siento— quizá como nadie, en mejorar el mundo y trabajar por las personas».

«Nos sentimos muy bien formando parte de ese colectivo en el que hemos recibido lo mejor que tenemos: la fe en Jesús, los evangelios, el conocimiento de Dios, la Eucaristía… A nadie le debemos tanto como a la Iglesia y nadie se merece tanto como ella que le queramos tanto».

«Y por eso mismo nos disgustan sus manchas, sus arrugas, sus pecados. Cuando vemos envejecer a nuestra madre, cuando advertimos con angustia que la vejez la va haciendo más descuidada, despeinada, quizá incluso de peor carácter… nos duele intensamente, hacemos todo lo posible por que esté guapa, limpia, no le toleramos manchas en el vestido… porque le queremos. Nos duele intensamente la Iglesia cuando no es bella, cuando no es amable, cuando no piensa como Jesús, cuando oímos que se le critica con razón… nos duele intensamente».

«Deseamos de todo corazón que a los ojos de cualquiera, la Iglesia —nosotros la Iglesia— haga creíble a Jesús; que sea evidente que Dios está con ella».

Miguel Ángel Munarriz

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad ,

Los fue enviando

domingo, 11 de julio de 2021
Comentarios desactivados en Los fue enviando

a_10

YO, PECADOR Y OBISPO, ME CONFIESO

Yo, pecador y obispo, me confieso
de haber llegado a Roma con un bordón agreste;
de sorprender el Viento entre las columnatas
y de ensayar la quena a las barbas del órgano;
de haber llegado a Asís,
cercado de amapolas.

Yo, pecador y obispo, me confieso
de soñar con la Iglesia
vestida solamente de Evangelio y sandalias,
de creer en la Iglesia,
a pesar de la Iglesia, algunas veces;
de creer en el Reino, en todo caso
-caminando en Iglesia-.

Yo, pecador y obispo, me confieso
de haber visto a Jesús de Nazaret
anunciando también la Buena Nueva
a los pobres de América Latina;
de decirle a María: «¡Comadre nuestra, salve!»;
de celebrar la sangre de los que han sido fieles;
de andar de romerías…

Yo, pecador y obispo, me confieso
de amar a Nicaragua, la niña de la honda.
Yo, pecador y obispo, me confieso
de abrir cada mañana la ventana del Tiempo;
de hablar como un hermano a otro hermano;
de no perder el sueño, ni el canto, ni la risa;

de cultivar la flor de la Esperanza
entre las llagas del Resucitado.

*

Pedro Casaldáliga,
Todavía estas palabras. 1994

*

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió:

– “Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.”

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

*

Marcos 6, 7-13

***

discipulo-amado

El mensaje y la actividad de los mensajeros no se distinguen en nada de la de Jesucristo. Han participado de su poder. Jesús ordena la predicación de la cercanía del Reino de los Cielos y dispone las señales que confirmarán este mensaje. Jesús manda curar a los heridos, limpiar a los leprosos, resucitar a los muertos, expulsar los demonios. La predicación se convierte en acontecimiento, y el acontecimiento da testimonio de la predicación.

Reino de Dios, Jesucristo, perdón de los pecados, justificación del pecador por la fe, todo esto no significa sino aniquilamiento del poder diabólico, curación, resurrección de los muertos. La Palabra del Dios todopoderoso es acción, suceso, milagro. El único Cristo marcha en sus doce mensajeros a través del país y hace su obra. La gracia real que se ha concedido a los discípulos es la Palabra creadora y redentora de Dios.

        Puesto que la misión y la fuerza de los mensajeros sólo radican en la Palabra de Jesús, no debe observarse en ellos nada que oscurezca o reste crédito a la misión regia. Con su grandiosa pobreza, los mensajeros deben dar testimonio de la riqueza de su Señor. Lo que han recibido de Jesús no constituye algo propio con lo que pueden ganarse otros beneficios. «Gratuitamente lo habéis recibido». Ser mensajeros de Jesús no proporciona ningún derecho personal, ningún fundamento de honra o poder. Aunque el mensajero libre de Jesús se haya convertido en párroco, esto no cambia las cosas. Los derechos de un hombre de estudios, las reivindicaciones de una clase social, no tienen valor para el que se ha convertido en mensajero de Jesús. «Gratuitamente lo habéis recibido». ¿No fue sólo el llamamiento de Jesús el que nos atrajo a su servicio sin que nosotros lo mereciéramos? «Dadlo gratuitamente». Dejad claro que con toda la riqueza que habéis recibido no buscáis nada para  vosotros mismos, ni posesiones, ni apariencia, ni reconocimiento, ni siquiera que os den las gracias. Además, ¿cómo podríais exigirlo? Toda la honra que recaiga sobre nosotros se la robamos al que en verdad le pertenece, al Señor que nos ha enviado. La libertad de los mensajeros de Jesús debe mostrarse en su pobreza.

El que Marcos y Lucas se diferencien de Mateo en la enumeración de las cosas que están prohibidas o permitidas llevar a los discípulos no permite sacar distintas conclusiones.

Jesús manda pobreza a los que parten confiados en el poder pleno de su Palabra. Conviene no olvidar que aquí se trata de un precepto. Las cosas que deben poseer los discípulos son reguladas hasta lo más concreto. No deben presentarse como mendigos, con los trajes destrozados, ni ser unos parásitos que constituyan una carga para los demás. Pero deben andar con el vestido de la pobreza. Deben tener tan pocas cosas como el que marcha por el campo y está cierto de que al anochecer encontrará una casa amiga, donde le proporcionarán techo y el alimento necesario.

Naturalmente, esta confianza no deben ponerla en los hombres, sino en el que los ha enviado y en el Padre celestial, que cuidará de ellos. De este modo conseguirán hacer digno de crédito el mensaje que predican sobre la inminencia del dominio de Dios en la tierra. Con la misma libertad con que realizan su servicio deben aceptar también el aposento y la comida, no como un pan que se mendiga, sino como el alimento que merece un obrero. Jesús llama «obreros» a sus apóstoles. El perezoso no merece ser alimentado. Pero ¿qué es el trabajo sino la lucha contra el poderío de Satanás, la lucha por conquistar los corazones de los hombres, la renuncia a la propia gloria, a los bienes y alegrías del mundo, para poder servir con amor a los pobres, los maltratados y los miserables? Dios mismo ha trabajado y se ha cansado con los hombres (Is 43, 24), el alma de Jesús trabajó hasta la muerte en la cruz por nuestra salvación (Is 53,11).

Los mensajeros participan de este trabajo en la predicación, en la superación de Satanás y en ¡a oración suplicante. Quien no acepta este trabajo, no ha comprendido aún el servicio del mensajero fiel de Jesús. Pueden aceptar sin avergonzarse la recompensa diaria de su trabajo, pero también sin avergonzarse deben permanecer pobres, por amor a su servicio.

*

Dietrich Bonhoeffer,
El precio de la gracia. El seguimiento,
Sígueme, Salamanca 1999, pp. 136-138.

*

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , , ,

«¿Tiene salvación la Iglesia católica?», por Juan José Tamayo

sábado, 19 de junio de 2021
Comentarios desactivados en «¿Tiene salvación la Iglesia católica?», por Juan José Tamayo

31OwMWwOqFS._SX314_BO1,204,203,200_«¿Es terminal la enfermedad de la Iglesia?»  

«El libro está escrito a modo de un riguroso y detallado informe sobre la situación clínica de la Iglesia católica con sus síntomas, patogénesis y etiología (causas de la enfermedad), diagnóstico, operaciones, terapia, medicamentos, plan de salvamiento y periodo de convalecencia»

«Küng descubre la existencia de dos modelos de Iglesia: el centralista, monárquico y autoritario, cuya romanización alcanza su cima con Inocencio III (1198-1216) y el comunitario de las iglesias locales, federadas fuera del ámbito de Roma»

«Küng no pierde la esperanza de que sobrevivirá, pero no a cualquier precio, sino a condición de que se someta a una terapia ecuménica profunda»

Tras el reciente fallecimiento del teólogo Hans Küng a los 93 años en Tubinga (Alemania), he vuelto a leer su libro ¿Tiene salvación la Iglesia?, publicado en castellano en 2013 por la editorial Trotta. Me ha resultado enormemente clarificador tanto en sus análisis críticos como en la propuesta de alternativas. Creo que tiene plena actualidad hoy. En él el teólogo suizo ejerce dos funciones. Una es la de crítico del rumbo restauracionista de los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, que duraron más de un tercio de siglo (1979-2013) ¡una eternidad para quienes hemos tenido que sufrirlos en nuestra propia carne! Función esta poco agradable, confiesa, pero “en la actual situación –anterior a la elección de Francisco- no puedo permanecer callado”.

Otra es la de reformador eclesial teniendo como referencia el Concilio Vaticano II y como horizonte los procesos de transformación que desemboquen en un cambio de paradigma eclesial. Ambas funciones viene ejerciéndolas desde hace más de sesenta años con la publicación del libro El concilio y la unión de los cristianos (1960) y su participación en el Concilio Vaticano II como perito teológico designado por Juan XXIII junto con Rahner, Schillebeeckx, Ratzinger, Congar…

El libro está escrito a modo de un riguroso y detallado informe sobre la situación clínica de la Iglesia católica con sus síntomas, patogénesis y etiología (causas de la enfermedad), diagnóstico, operaciones, terapia, medicamentos, plan de salvamiento y periodo de convalecencia. Ejerce la labor de “terapeuta” con toda crudeza y de forma tajante pero no con intención iconoclasta, sino guiado por “el amor a la Iglesia”.

El diagnóstico era entonces que se encontraba “gravemente enferma” por mor del sistema de dominación católico-romano consolidado durante el siglo XX, que entre otras características presentaba las siguientes: monopolio del poder y de la verdad, recursos espiritual-antiespiritual a la violencia, papado monárquico-absolutista y aversión a la sexualidad.

“Difícilmente –aseveraba- habrá entre las grandes instituciones de nuestros países democráticos ninguna otra que proceda de forma tan inhumana con quienes piensan distinto y con los críticos entre sus propias filas, ninguna que discrimine tanto a las mujeres” (subrayado mío). Juicio ciertamente severo, pero que describe de manera certera la situación de la Iglesia católica durante los últimos treinta y cinco años.

La enfermedad no es de hoy; tiene una larga historia, y Küng hace un ejercicio de memoria del sistema romano, desde Pedro, “¿el primer papa?”, hasta nuestros días como condición necesaria para su curación. Lo que descubre es la existencia de dos modelos de Iglesia: el centralista, monárquico y autoritario, cuya romanización alcanza su cima con Inocencio III (1198-1216) y el comunitario de las iglesias locales, federadas fuera del ámbito de Roma.

Presta especial atención a la actitud defensiva del catolicismo oficial ante la modernidad y a las infecciones víricas que transmitió a la población: aversión a la ciencia, al progreso, a los derechos humanos, a la democracia, y consideración de la tradición como único criterio de verdad conforme a la ecuación verdad=tradición=papa, que llevó a Pío IX a afirmar “la traditione sono io”. Solo muy tardíamente, y a medias, la Iglesia asumió la reforma y la modernidad. Destaca aquí el importante papel reanimador de Juan XXIII.

¿Es terminal la enfermedad de la Iglesia?

¿Es terminal la enfermedad que padece la Iglesia católica o tiene todavía salvación? Küng no pierde la esperanza de que sobrevivirá, pero no a cualquier precio, sino a condición de que se someta a una terapia ecuménica profunda, cuyo criterio no puede ser el derecho canónico, sino el Jesús histórico tal como es testimoniado en los evangelios. Debe asumir una responsabilidad social. No puede encerrarse en el exclusivismo confesional, sino que ha de estar ecuménicamente abierta y revocar las excomuniones.

No puede seguir configurándose patriarcalmente, sino que las mujeres deben tener acceso a todos los ministerios eclesiales. Es fundamental la reforma de la Curia con criterios evangélicos y resulta urgente la transparencia en las finanzas. El clero y el pueblo deben participar en la elección de los obispos, como se hizo en los primeros siglos del cristianismo. Es necesario abolir la Inquisición, todavía vigente de facto, y toda forma de represión. No se puede seguir imponiendo el celibato a los obispos y los sacerdotes, sino dejarlo opcional. Debe facilitarse, en fin, la comunión eucarística interconfesional. ¡Excelente programa de reforma a realizar bajo el liderazgo del papa Francisco! Creo, sin embargo, que los pasos del papa actual, hasta ahora, no han ido en esa dirección, salvo algunas muestras tímidas de reforma.

Hans Küng. ¿Optimista o pesimista ante la Iglesia católica del futuro?

Tras haber experimentado el cambio de paradigma de la iglesia de Pío XII a Juan XXIII y la caída del Imperio soviético, Küng tiene la confianza de que “debe producirse un cambio, incluso una revolución radical… De hecho es cuestión de tiempo” (La Iglesia católica, Mondadori, o. c., 258).

Küng se plantea todavía otra pregunta: ¿Es la catolicidad de la Iglesia católica solo un principio de fe o también una realidad vivida en la práctica? Hay fenómenos que le llevan a afirmar que se trata de una realidad: la teología de la liberación, los movimientos pacifistas cristianos, los movimientos ashram en la India, los grupos de base en el Sur global, la presencia y la participación de los movimientos cristianos en los Foros Sociales Mundiales, y de los cristianos y cristianas en los movimientos sociales.

¿Ha vuelto el Gran Inquisidor?

Hans Küng recuerda una escena de la historia de la Iglesia contemporánea que le ha preocupado e incomodado indignado como pocas. Sucedió el 8 de abril de 2005 en la Plaza de San Pedro durante las exequias de Juan Pablo II. El decano del colegio cardenalicio Joseph Ratzinger, vestido de púrpura solemne, desciende la escalinata en dirección al ataúd del Papa difunto, junto al que se alza el crucifijo de estilo realista que representa al Cristo sufriente y crucificado.

“Me resulta imposible imaginar mayor contraste”, comenta el teólogo de Tubinga. A un lado se encuentra el Inquisidor de la Fe, responsable del sufrimiento de tantos colegas y de tantos niños, niñas, adolescentes y jóvenes objeto de abusos sexuales que él encubrió cuando era prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe. En ese momento personificaba el poder del nuevo imperio romano, como queda patente con la presencia de doscientos invitados de Estado, entre los que se encontraba, en la primera fila, la familia de George Bush. Al otro el Ecce homo de Nazaret, predicador de la paz”.

Ante esta escena, al teólogo suizo le viene a la memoria el relato de Dostoievski sobre el Gran Inquisidor, que ha hecho prisionero a Cristo, le llama a su presencia y le pregunta: “¿Por qué has venido a molestarnos? Vete y no vuelvas más. No regreses nunca, nunca más”. Parece que Cristo le ha hecho caso y, durante el gobierno de los nuevos inquisidores, ha abandonado la Iglesia. ¿Dónde habrá ido?

Decálogo para el futuro del cristianismo

Tras la lectura del libro, propongo el siguiente decálogo de las transformaciones que considero necesarias en el seno de la Iglesia católica como condición necesaria para que el cristianismo pueda recuperar la credibilidad perdida.

1. Enraizarse en su origen cristiano conforme al evangelio de Jesús de Nazaret, proseguir sus prácticas de liberación en el mundo injusto y desigual en el que perviven, e incluso crecen, las desigualdades de etnia, cultura, religión, clase social, género, identidad sexual, etc.

2. Renunciar al patriarcado en el que está instalada la Iglesia católica, utilizar un lenguaje inclusivo e incorporar a las mujeres a todos los ministerios y funciones eclesiales.

3. Renunciar a la exclusividad confesional y a la autor-referencialidad, practicar el ecumenismo con acciones verdaderamente ecuménicas como la abolición tanto de todas las excomuniones recíprocas como de las condenas a teólogas y teólogos católicos, la plena hermandad eucarística y el reconocimiento de los ministerios de las iglesias cristianas hermanas.

4. Renunciar al eurocentrismo y al imperialismo romano, aprender de otras religiones y reconocer una autonomía adecuada a las iglesias nacionales, regionales y locales.

5. Apoyar un orden social mundial justo, crítico del neoliberalismo y de la necro-política, que elimine la brecha cada vez mayor entre personas y países ricos y pobres.

6. Defender un orden mundial respetuoso del pluriverso cultural, religioso, étnico y afectivo sexual, sin aporofobia, xenofobia ni racismo epistemológico, social o económico, ni lgtbi-fobia.

7. Abogar por un orden mundial fraterno-sororal con igualdad de derechos y responsabilidades de hombres, mujeres y otras identidades afectivo sexuales, más allá de la heteronormatividad y de la binariedad sexual.

8. Trabajar por un orden mundial que construya la paz basada en la justicia y contribuya a la resolución de los conflictos a través de la negociación y del diálogo.

9. Comprometerse en la construcción de un orden mundial que reconozca y respete la dignidad, la integridad y los derechos de la Tierra y la hermandad de los seres humanos con todos los seres del Planeta.

10. Potenciar el diálogo y la paz entre las religiones y las naciones como contribución a la paz mundial y alternativa al choque de civilizaciones y a las guerras de religiones, que todavía existen.

Biblioteca, General, Iglesia Católica , , ,

José María Castillo: «El clero, que rige a la Iglesia, le ha modificado el proyecto del Evangelio a Jesús

viernes, 28 de mayo de 2021
Comentarios desactivados en José María Castillo: «El clero, que rige a la Iglesia, le ha modificado el proyecto del Evangelio a Jesús

De su blog Teología sin censura:

el-sexo-y-los-curas«Jesús nunca pretendió fundir su Evangelio con la Religión del templo y los sacerdotes»

Son los sacerdotes, desde sus templos, los que leen y explican el Evangelio como les conviene o no les complica la vida. Es lo que mejor le viene a la Religión. Y lo que explica que haya tanta gente muy religiosa, que está tan lejos del Evangelio

La pregunta, que brota de esta situación, es inevitable: ¿creemos en Dios? ¿en qué Dios creemos?    

La crisis religiosa, que crece imparablemente, sobre todo en los países más industrializados (los más ricos), se está manifestando no sólo en el abandono de las prácticas religiosas, sino sobre todo en el culmen y origen de tales prácticas: Dios mismo. Pero, como hacerse “ateo” descaradamente es asumir una postura más bienfea, en amplios sectores de la opinión pública, los “sabiondos” en cosas de religión buscan escapatorias, que les pueden venir estupendamente para maquillar sus posiciones ambiguas de abandono o incluso negación de Dios. Un ejemplo – quizá pertinente en este delicado asunto – pueda ser el reciente libro, de Roger Leaners, “Después de Dios, ¿otro modelo es posible?”.

Quienes piensan de esta manera (o se acercan a ella) deberían empezar pensando que la totalidad de la realidad no se agota en lo “inmanente”. El cristianismo ha basado su existencia precisamente en la aceptación de que lo “trascendente” es absolutamente imprescindible para que sea posible la totalidad de la realidad. Por esto precisamente, cuando el Evangelio afirma: “A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único de Dios… es el que nos lo ha dado a conocer” (Jn 1, 18), en la base y fondo de esta afirmación, lo que en realidad se dice es que, si no aceptas la “trascendencia”, lo que no aceptas es el Evangelio. Es decir, lo que no aceptas es el cristianismo.

La enseñanza de Jesús a sus apóstoles fue tajante y clara en este sentido, según la repuesta que el mismo Jesús le dio a Felipe: “El que me ve a mí está viendo a Dios” (Jn 14, 9). ¿Qué estaba viendo Felipe? Un hombre condenado a muerte.Porque era un hombre considerado muy peligroso para el templo (“tópos” = “lugar santo”, cf. Bauer-Aland, col. 1693) (Jn 11, 48), una amenaza para los sacerdotes y para la Religión. Lo que, en realidad, nos viene a decir que la Religión no soporta el Evangelio. Un hombre bueno, Jesús, al que ni Pilato quiso matar, mientras que los profesionales de “lo sagrado” se burlaron de él hasta en su agonía (Mt 27, 38-44 par.). Porque, para ellos, Jesús (con su Evangelio) fue un “delincuente ejecutado” (G. Theissen).

Y es que la “conducta” (“êrga” = “obras”) (Mt 11, 2) de Jesús desconcertó incluso a Juan Bautista. La Religión se desconcertó ante el Evangelio. ¡Vamos a vencer el miedo! Y vamos a preguntarnos: ¿Creemos en el Dios de la Religión? ¿Creemos en el Dios del Evangelio? El Dios del Evangelio se da a conocer en “las obras” (“ta êrga”) de Jesús: (Jn 5, 20. 36; 9, 3 s; 10, 25. 32. 37 s): “Si no creéis en mí, creed en mis obras”. Es decir: “creed en mi conducta”. ¿Qué conducta? Dar vida: al paralítico, al ciego, al difunto, al pobre, al desamparado… Es una conducta para los demás. Tanto más, cuanto más necesitados.

En el caso de la Religión, se trata de una conducta exactamente al revés. Porque no es una conducta esencialmente “para los demás”, sino una conducta, ante todo, “para sí mismo”: es la sumisión, la obediencia, la exacta observancia, la subordinación “a superiores invisibles” (Walter Burkert). Y todo esto, ¿para qué? Para liberarse de sentimientos de culpa, para alcanzar lo que se desea, para obtener suerte, triunfo y gloria.

Ahora bien, dado que existen estas dos formas de relación con Dios, “para sí” y “para los demás”, el enorme problema que se nos plantea consiste en que la Iglesia, en los siglos primero al cuarto, vivió y se comportó de tal manera que, teniendo su origen en Jesús y su Evangelio, terminó fundiendo, en una difícil y extraña unidad, lo que, en la “teología narrativa” de los evangelios se nos muestra, se ve y se palpa como el enfrentamiento mortal entre la Religión y el Evangelio.

Pero esta fusión y confusión de Religión y Evangelio se ha complicado mucho más por el hecho, perfectamente comprensible, del “desequilibrio social” que, de facto e inevitablemente, se da y actúa entre la Religión y el Evangelio. La Religión da dinero, poder, importancia, influencia y exige sumisión. Mientras que el Evangelio se basa en el despojo y exige cercanía a identificación con lo pobre, lo marginal y todo cuanto despoja al discípulo, que asume, como proyecto de vida, el “seguimiento de Jesús”.

Según los evangelios, Jesús nunca pretendió fundir su Evangelio con la Religión del templo y los sacerdotes. El clero, que rige a la Iglesia, le ha modificado el proyecto del Evangelio a Jesús. Y son los sacerdotes, desde sus templos, los que leen y explican el Evangelio como les conviene o no les complica la vida. Es lo que mejor le viene a la Religión. Y lo que explica que haya tanta gente muy religiosa, que está tan lejos del Evangelio.

La pregunta, que brota de esta situación, es inevitable: ¿creemos en Dios? ¿en qué Dios creemos?

Espiritualidad , , , ,

Gabriel Mª Otalora: La institución actual deforma el Mensaje.

sábado, 8 de mayo de 2021
Comentarios desactivados en Gabriel Mª Otalora: La institución actual deforma el Mensaje.

A photo taken on February 10, 2021 at the headquarters of the International Union Superiors General (UISG) in Rome shows French Catholic religious sister and member of the Congregation of Xavieres, Nathalie Becquart, posing within a meeting with the media. - Becquart was appointed on February 6, 2021 by Pope Francis undersecretary of the Synod of Bishops, making her the first woman to have the right to vote in the Catholic Synod of Bishops. (Photo by Alberto PIZZOLI / AFP) Nathalie Becquart (Photo by Alberto PIZZOLI / AFP)[/caption]

De su blog Punto de Encuentro:

«La historia ha hecho que la responsabilidad en la Iglesia se asocie durante siglos a la ordenación, reservada a los hombres. En la Iglesia clerical que heredamos, las mujeres se sienten a menudo olvidadas porque no son escuchadas ni tenidas realmente en cuenta por muchos clérigos. Esto debe cambiar».

Es lo que dice Nathalie Becquart, nombrada recientemente por Francisco primera mujer con derecho a voto en el Sínodo de los obispos. Este es el órgano decisorio creado para ayudar al Papa en el gobierno de la Iglesia, y el lugar donde se tiene que debatir, antes o después, el modelo de poder o autoridad de la Iglesia, hoy absolutista y jerárquico, necesitado de un despliegue de autoridad con urgencia que recuerde a su Maestro. Jesús renunció expresamente al uso del poder y  la coacción en favor de una autoridad que le hacía plenamente creíble por su absoluta coherencia entre sus palabras y hechos.

 Pues bien, Nathalie Becquart se ha estrenado en el cargo recordando que el clericalismo reinante y la situación irrelevante de la mujer en la Iglesia deben cambiar.

Lo que quisiera destacar con estas declaraciones hechas desde este importante nombramiento femenino, es el problema que nos lastra en nuestra vivencia cristiana. Me refiero al peso enorme que ha tomado la institución eclesial que recuerda demasiado a las conductas de poder de aquella iglesia en la que se crió Jesús haciendo de la tilde de la ley una norma cuasi divina. Adoctrinamiento, normativismo, falta de praxis compasiva, hipocresía, cobardía revestida de prudencia…

La jerarquía católica, en buena parte, ha concedido una importancia desmedida a la sexualidad, demonizándola y dejando a un lado aspectos de mucha mayor relevancia evangélica como son el amor al prójimo, la justicia social, la misericordia, la generosidad… reduciendo aspectos como el sexo a la mera reproducción, como un mal necesario y amenazado siempre por la culpa en lugar de vivirlo como algo maravilloso creado por Dios al servicio del amor conyugal, de la comunidad de vida en el amor mutuo del que se deriva la procreación. Y en medio de todo ello, el consecuente desvalor de la mujer como un estigma de pecado, durante siglos.

Por otra parte, la falta de amor, de verdadera compasión, y la obediencia incuestionable a la norma por la norma nos convierte en seres alienados, duros, cuya moral se fundamenta en el cumplimiento formal y no en el prójimo.

El Papa no para de enfocar nuestra praxis de fe hacia el mensaje central del Evangelio mientras demasiados curiales, obispos y parte del laicado se dedican a frenar todo lo que implique desmontar las mismas actitudes que llevaron a Jesús al Calvario.  Enhorabuena, Nathalie Becquart, aun sabiendo que faltan muchas mujeres en los órganos de decisión de la Iglesia si queremos ser luz del mundo y una institución creíble. La Iglesia alemana ha entendido que su alarmante pérdida de relevancia social conlleva la crisis de evangelización de la Buena Noticia; ha sabido ponerse en camino con actitud cercana a la que tuvieron las primeras comunidades cristianas. Y ahí aparece el cardenal alemán Gerhard L. Müller, amenazante desde un poder ajeno a cualquier autoridad de un verdadero pastor de la Iglesia Pueblo de Dios.

En el fondo, dentro de la institución eclesial laten con fuerza las tres tentaciones básicas que acechan a todo ser humano: poder, dinero y vanagloria, a pesar del ejemplo del Papa y de sus verdaderos seguidore

Si alguna persona entiende dura esta reflexión, que relea la actitud de Jesús con los que pervertían el Mensaje en nombre de Dios; que lea a los profetas, a las críticas del mismo Jesús y también a los Padres de la Iglesia o las homilías de San Antonio de Padua. Verá que me he quedado corto. No confundamos prudencia con cobardía cuando el mayor escándalo viene de dentro sin autocrítica alguna. Falta humildad  y oración a la escucha, y de ahí viene todo lo demás.

Espiritualidad, Iglesia Católica , , , , ,

“Pecado es: Llamar pecado al amor”, por Juan Sánchez Núñez

sábado, 1 de mayo de 2021
Comentarios desactivados en “Pecado es: Llamar pecado al amor”, por Juan Sánchez Núñez

matrimoniogay1 Pecado es, llamar pecado a la vida amorosa de un matrimonio homosexual.

Esto decía a mis hermanos protestantes españoles durante el tiempo que pasé dando estudios éticos, bíblicos, teológicos y pastorales, en distintas iglesias protestantes de España, cuando nos planteábamos si podíamos aceptar a las personas homosexuales como miembros de nuestra Iglesia, con los mismos derechos y deberes de cualquier miembro.

Pertenezco a la Iglesia Evangélica Española, de tradición metodista y presbiteriana, una Iglesia con más de 150 años de presencia en España, que en el Sínodo del año 2015 aprobó por una amplia mayoría la aceptación oficial, pues de hecho ya lo eran, de las personas homosexuales como miembros de nuestra Iglesia, y el compromiso de acompañarles pastoralmente en la superación de todo tipo de discriminación y homofobia.

Esto implica que tienen derecho a gozar institucionalmente de todos los beneficios y de todas las responsabilidades que tienen los demás miembros de la Iglesia, y por lo tanto, que sus vidas, dones y ministerios, son una bendición para la Iglesia y para la sociedad.

Damos testimonio de que también sus matrimonios son una bendición de Dios, y desde nuestra experiencia de fe nos entristece ver cómo la Iglesia Católica Romana se plantea si dispone “del poder para impartir la bendición a uniones de personas del mismo sexo”.

El entrecomillado del párrafo anterior está extraído de la pregunta que se formula a la Congregación para la Doctrina de la Fe, y que ésta responde negativamente. Un órgano institucional de máximo nivel de la Iglesia Católica Romana, considera que no dispone del poder de bendecir la vida amorosa de los matrimonios homosexuales.

Me entristeció empezar a leer esta comunicación y ver que la respuesta era negativa. Pero cuando llegué al final, y vi que se obviaba ese tono académico que iba calificando de “no acorde con la revelación de Dios” la vida amorosa de los matrimonios homosexuales, y de modo explícito, se calificaba de “pecado”  esa vida amorosa, ¡no me lo podía creer! La tristeza se tornó aflicción y tormento.

Volvía a sufrir el mismo tormento que supuso enfrentarme con mis hermanos evangélicos de otras Iglesias de España, y también con algunos de la mía, que utilizaban el mismo argumento que la Congregación para la Doctrina de la Fe, a saber, que la Iglesia puede bendecir a los pecadores, pero no el pecado.

Sólo desde premisas obsoletas, solo desde valores periclitados, solo desde una visión negativa de la sexualidad, solo desde actitudes no evangélicas (del Evangelio de Jesús), se puede calificar de “pecado” la vida amorosa de los matrimonios homosexuales de nuestra sociedad. Su vida amorosa es una bendición de Dios, y no necesitan de ninguna Iglesia que se lo diga; si son creyentes, lo viven diariamente.

Por lo tanto, hermanos: “Pecado es, llamar pecado al amor”.

Dedique más de un año, antes de ese Sínodo de 2015 que he mencionado, visitando nuestras iglesias, y haciendo estudios bíblico-teológicos, estudiando precisamente si en la Biblia, o en la revelación de Dios, como dice la Congregación para la Doctrina de la Fe, había alguna razón  que nos llevara a calificar de “pecado” la vida amorosa de los matrimonios homosexuales de nuestra sociedad.

Concluimos que no, que no hay ninguna razón en la revelación de Dios, ni en la Biblia, para calificar de “pecado” al amor de nuestros hermanos homosexuales, al contario, concluimos que su vida sexual y amorosa era una bendición de Dios para sus vidas.

Y es que la revelación de Dios que encontramos en la Biblia (norma normans tanto para católicos como para protestantes), es una revelación histórica fruto de la experiencia de fe del pueblo de Israel y de la Iglesia cristiana; una experiencia de fe conceptualizada con categorías culturales y religiosas de hace unos dos mil años.

Y esto hoy, es de una importancia radical, es decir, hoy sabemos que la revelación de Dios no ha “caído del cielo”, sino que es fruto de la experiencia de fe de unos hombres y mujeres, que experimentaron la salvación de Dios siendo lo que no podían ser de otro modo, hombres y mujeres de su época.

Lo central de esta experiencia de fe, lo central de esta revelación de Dios, que nos transmiten en la Biblia nuestros hermanos y hermanas de hace unos dos mil años, es la salvación que Dios es para la humanidad, tal y como lo hemos experimentado, nosotros cristianos, en la vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret.

Es en torno a este acontecimiento que es “Jesús el Cristo” que gira toda la revelación de Dios que encontramos en la Biblia.

Es obvio que no vamos a encontrar en la Biblia orientaciones éticas o teológicas explícitas sobre realidades que no pertenecen al mundo de la Biblia. Sería absurdo pretender encontrar en la Biblia orientaciones éticas explícitas acerca del uso de la energía atómica, o de la manipulación genética, por ejemplo.

Esto mismo vimos que sucedía, en los estudios que llevaba a cabo en mis iglesias, con la realidad del matrimonio homosexual de nuestra sociedad. Intentar trasladar a nuestros días las pocas valoraciones éticas que hay en la Biblia, no acerca del matrimonio homosexual, sino de las actividades homoeróticas de aquella sociedad, es un anacronismo que no se puede aceptar.

Pero no es cuestión de que sea inaceptable, el problema, como estamos viendo, es mucho más grave, pues tiene consecuencias deletéreas, ya que lleva a calificar de “pecado” al amor.

Y calificar de “pecado” el amor tiene una premisa mayor, que la Congregación para la Doctrina de la fe repite una y otra vez, a saber, que este amor no responde a “los designios de Dios inscritos en la Creación”.

Pues bien, esta premisa mayor no se sostiene desde la comprensión de la revelación a la que ha llegado la teología actual, y que he mencionado anteriormente, a saber, que toda revelación de Dios es humana, está mediada por la acogida de fe humana de esa revelación, una acogida de fe que por lo tanto está condicionada históricamente.

La comprensión del ser humano que encontramos en los primeros capítulos del Génesis tampoco “ha caído del cielo”, es decir, no es absoluta, no es “divina”; es la comprensión del ser humano a la que llegó el pueblo de Israel en su experiencia de fe en Dios, y que ellos proponen como “revelación de Dios” a todos aquellos que están dispuestos a acogerla con la misma fe.

Esto significa que no hay un designio de Dios absoluto acerca del ser humano que podamos encontrar en la Biblia. Es más, hoy sabemos que ese designio de Dios propuesto por la fe de Israel en los primeros capítulos del Génesis, es un designio que se realiza en un arco de intersexualidad  entre el hombre y la mujer.

20091022-matrimonio-gay-iglesia

No podemos ignorar lo que nos dicen las ciencias actuales, que la realidad sexual de todas las personas tiene raíces biológicas, psicológicas y sociales en una compleja unidad e interrelación, y todas ellas, desde una experiencia de fe, son una bendición de Dios al servicio de la unión y reproducción de la humanidad.

Es evidente que no es este el espacio adecuado para exponer todos los estudios éticos, bíblicos, teológicos y pastorales que realicé en las iglesias de la Iglesia Evangélica Españolaantes del Sínodo de 2015. Están disponibles gratuitamente, en formato PDF, en la siguiente dirección web: https://www.bubok.es/libros/247002/etica-teologica-y-homosexualidad

Por desgracia, el ofrecimiento que la Iglesia Evangélica Española hizo a las demás iglesias evangélicas de España, no solo fue rechazado, sino que incluso se volvió contra nosotros y nos llevó a ser marginados dentro de FEREDE, organismo de representación de estas Iglesias ante el Estado español.

Por desgracia, tampoco abrigo mucha esperanza de que esta Nota, en la que invito a la Iglesia Católica Romana a recapacitar y revisar ese juicio que califica de “pecado” la vida amorosa de los matrimonios homosexuales de nuestra sociedad, tenga alguna acogida.

Hermanos católicos, es desde el más sincero amor cristiano que os hago este llamamiento. Está en juego nuestra credibilidad, está en juego “La alegría del Evangelio”, está en juego el futuro de la Iglesia en nuestro mundo: No podemos calificar de “pecado” la vida amorosa de los matrimonios homosexuales de nuestra sociedad. Por amor de Dios: ¡Recapacitad y rectificad!

Juan Sánchez: es profesor de Teología en la Facultad de Teologia SEUT. Es miembro de la Iglesia de la Resurrección – Iglesia Evangélica Española (Madrid)

Fuente Lupa Protestante

Espiritualidad, Iglesia Católica, Iglesias Evangélicas , , , , , ,

Vocaciones

sábado, 27 de marzo de 2021
Comentarios desactivados en Vocaciones

sacerdotisas-anglicanasJuan Zapatero Ballesteros
Sant Feliú de Llobregat (Barcelona).

ECLESALIA, 15/03/21.- El pasado día 7 de marzo, víspera del Día Internacional de la Mujer, se manifestaron delante de la catedral o de algunas iglesias de varias ciudades de España numerosos colectivos de mujeres cristianas reclamando a la jerarquía eclesiástica el reconocimiento de su derecho por la igualdad dentro de la propia Iglesia y para que se ponga fin, ya de una vez, su estructura patriarcal.

Pues bien, el día 19 del mismo mes, concretamente once días más tarde, se celebra en todas las diócesis de España también, como todos los años, el Día del Seminario. Es el día en qué, además de hacer una cuestación especial para sostener los seminarios que preparan a los futuros sacerdotes, se dedica fundamentalmente a rezar por las vocaciones sacerdotales. Un tiempo de oración que, si bien es cierto, no se reduce ni mucho menos a esta jornada, ya que rezar por esta intención es algo que suele hacerse, a veces casi de forma cansina, todos los días del año en parroquias, iglesias, conventos y centros de culto; sí que es verdad que en este día el rezar por esa intención, y hacerlo bajo el patrocinio de san José, tiene un sentido especial.

Dos realidades de iglesia separadas por un intervalo pequeño de tiempo. Dos realidades que, si bien forman parte en principio de un objetivo común en su caminar hacia la consecución del Reino y, por lo mismo, avanzar juntas, no lo hacen, sin embargo, de esa manera, es decir, juntas; sino, más bien, de manera paralela, como lo hacen las vías del tren: cada una por su lado y sin ninguna posibilidad de llegar a juntarse. Pero es que, además, es así porque, si bien el fin es el mismo, creo que de eso no duda nadie, los caminos para llegar a dicho fin son, sin embargo, no solo diferentes, sino que me atrevería a decir que opuestos en muchos momentos.

Por un lado, unos candidatos preparándose para recibir el sacramento del Orden, dentro de una Iglesia jerárquica y piramidal. Una iglesia separada en dos bloques: el clero y el pueblo. Una Iglesia en la que el sacramento del Orden sacerdotal es “más de primera” que el sacramento del Bautismo. Una Iglesia en la que los ministros, que un día saldrán de esos seminarios, una vez ordenados por el obispo, serán quienes decidan en todos los asuntos dentro de las parroquias y/o comunidades; eso sí, como máximo, después de oír y/o consultar a algunos fieles o miembros de dichas parroquias o comunidades. Una Iglesia en la que los sacerdotes que la sirven deben asumir obligatoriamente el celibato como “conditio sine qua non” para poder recibir después el sacramento del Orden Sacerdotal. Una condición, por cierto, que cierra el camino a muchos candidatos, exclusivamente masculinos en este caso, que pudieran sentirse vocacionados para el servicio ministerial, pero, en cambio, sin la fuerza suficiente para vivir con alegría el carisma del celibato; ya que, por tratarse de un don no recibido, carecen de la gracia necesaria para vivirlo como vale la pena, precisamente porque no les ha sido dado. Una Iglesia que no impone, pero que sí que aconseja a sus sacerdotes y a quienes lo serán en un futuro que se distingan por un tipo de vestir ante toda la gente que los pueda ver; y no solo ante la gente perteneciente a la propia parroquia, comunidad o movimiento eclesial. Porque, queramos o no, esta Iglesia a la cual servirán los futuros sacerdotes, continúa teniendo, para sus dirigentes, mucho de “cristiandad” y muy poco de “pueblo de Dios”.

Por otro lado, unos colectivos de mujeres, junto a comunidades de base y muchas otras personas y grupos, tanto de hombres como de mujeres, que no coinciden con los parámetros de Iglesia según el Derecho Canónico. Una Iglesia de iguales, donde la persona que la presida sea un miembro de la propia comunidad, escogido/a de manera libre y democrática por los miembros que la forman. Una Iglesia donde, por estar formada precisamente por hombres y mujeres, a los/as candidatos/as a presidirla no se les tenga en cuenta, a la hora de ser escogidos/as, el sexo ni la orientación sexual. Una Iglesia insertada plenamente en la vida de los hombres y mujeres, sin distinciones ni privilegios. Una Iglesia que camina con el pueblo, junto al pueblo, escuchando al pueblo en todo momento, lejos de los parámetros de “cristiandad” en la que tanto pesa el sentido proselitista. Una Iglesia, en definitiva, vacía de normas de conducta y de leyes impositivas, excepto las necesarias para asegurar el correcto funcionamiento; pero siempre consensuadas por todas/os miembros. Una Iglesia sin dogmas ni preceptos; con la única excepción de creer en el Dios que enseñó y testimonió Jesús: el Dios que ama y perdona sin condiciones. Por ello precisamente, una Iglesia que, por creer únicamente en el amor, practica la caridad de manera incansable y se esfuerza por vivir en la esperanza de la “Utopía final”. Una Iglesia…

Vamos a rezar también y seguir rezando sin parar por esta forma de ser “iglesia” y de vivirla

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Espiritualidad , ,

“Mujeres Convocadas”, por Cristina Inogés Sanz

lunes, 8 de marzo de 2021
Comentarios desactivados en “Mujeres Convocadas”, por Cristina Inogés Sanz

mujeres-1080x627Con frecuencia se nos olvida que unas de las acepciones de la palabra Iglesia es “convocar”. Reconozco que me gusta mucho ver, percibir, sentir a la Iglesia convocándonos.

Somos mujeres convocadas a la misión evangelizadora de la Iglesia desde el mismo momento de la resurrección de Jesús, y aún antes: “Ve a mis hermanos y diles (Jn 20,17)le dijo a una mujer, María Magdalena. Desde ese momento nuestro horizonte tiene una meta, pero los caminosvocacionales hasta alcanzarla son de lo más variado.

Estamos a las puertas de una fecha, el famoso 8M, cuya celebración siempre levanta suspicacias. Este año va a estar marcado por la Covid-19 y eso se notará en la forma, pero el fondo de las reivindicaciones se mantiene. Con unas se puede estar más de acuerdo que con otras, sin embargo, creo que las formas de hacerlo sí marcan diferencias. Es verdad que todavía queda mucho camino por recorrer para que la igualdad sea un hecho evidente y, nadie puede negar que hay muchas diferencias entre países donde las más notables se dan entre el norte y del sur.

Como mujeres convocadas parte de nuestra responsabilidad es propiciar en la Iglesia, unos cambios que sirvan de modelo a una sociedad cada vez más crispada por este tema y por otros. Esto será complicado si nuestras formas, en muchos casos medievales, pretenden convivir con palabras y modelos del siglo XXI. Vendría a ser algo así comoproponer sumar naranjas y peras y dar el resultado en “unidades de fruta”. Sí, tal vez podría pasar con muchas explicaciones, pero no sería muy convincente porque el problema no estaría bien enunciado.

A nosotras nos toca enseñar a toda la Iglesia que, precisamente en este momento, todos tenemos que ser muy generosos y, desde la opción vocacional que cada uno haya elegido, desde donde cada uno se sienta convocado, aporte por pura convicción y conversión personal para hacer realidad la Iglesia sinodal que nunca debimos perder de vista, y que quedó olvidada hace ya muchos, muchos siglos.

Estamos llamadas -convocadas- a hacer visible ese cambio con nuestra actitud propositiva, desarrollando la corresponsabilidad eclesial que tan hondamente sentimos y vivimos, convencidas de estar viviendo un momento histórico y vital para la propia Iglesia, y donde va a ser esencial pasar del “yo” al “nosotros” y en ese “nosotros” tenemos que caber todos, no por ley, sino por la certeza de sabernos Iglesia, comunidad que refleja la manera de ser de Dios. Las mujeres, la historia lo demuestra, hemos tenido audacia, creatividad, flexibilidad, y corresponsabilidad para llevar a buen término aquello a lo que nos llamaba Dios. Ahora estamos convocadas a hacer visible la riqueza de la diversidad de la que está compuesta la Iglesia.

Cada una lo hará desde donde su vocación la haya llevado y con la comunión, la bella y frágil comunión, como gran tesoro a conservar y trasmitir. Lo que no nos puede hacer olvidar, porque no son realidades incompatibles, que sin la igualdad nada se puede construir. Nuestra igualdad nos viene dada en el bautismo. En caso de duda, unos y otras, deberíamos convocarnos en torno a esa fuente común donde el Espíritu se derrama a borbotones y nunca mejor dicho.

Puede ser que, al encontrarnos todos reunidos en torno a la fuente bautismal, descubramos que el sonido de nuestras voces no resulta abrumador, sino sorprendentemente armónico bajo la batuta del Espíritu que coordina nuestras intervenciones.

Mujeres convocadas y en Camino Sinodal, invitando, escuchando, ofreciendo y proponiendo. Me gusta la forma que se va dibujando. Ahora, entre todos, a hacerla realidad.

Cristina Inogés Sanz

Fuente: Publicado en la Revista Ecclesia, nº 4066

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , , , , , ,

«El canto del gallo», por José Arregi

sábado, 27 de febrero de 2021
Comentarios desactivados en «El canto del gallo», por José Arregi

9788491096535De su blog Umbrales de luz:

He leído con asombro y pena el ensayo Oilarra kukuruka (El canto del gallo) (Erein 2020), que acaba de publicar Xipri Arbelbide, sacerdote vasco amigo de Heleta (Baja Navarra). Gira en torno a la agonía de la Iglesia católica en nuestro país, y me asombra que el autor le haya puesto ese título, un tanto provocador y desafiante. Xipri, genio y figura hasta el fin. Con 86 años en sus espaldas, ha subido a lo alto de la aguda torre campanil de la catedral de Bayona, a lanzar su kikiriki. Hace falta energía y valor.

Más aun que el asombro, sin embargo, me ha invadido la tristeza desde la primera línea hasta la última, viendo cómo el sonoro canto matutino se transforma en lamento amargo y confuso, en queja sombría, desgarrada. Lo entiendo. Para quien ha soñado con una Iglesia hermosa y triunfal, directiva y multitudinaria, madre y maestra, dueña suprema del bien y conocedora única de la verdad, para quien ha derrochado todas sus fuerzas y capacidades –que no son pocas– en favor de esa Iglesia tanto en el País Vasco como en África, ha de resultar muy doloroso ver cómo, al final de su vida, el edificio que ha querido levantar se resquebraja y se derrumba sin vuelta atrás.

Reconoce Arbelbide que ha escrito el libro con dolores de tripa, y su desorden y contorsiones así lo delatan. ¿Qué es lo que tanto le hiere y revuelve las entrañas? Es la decadencia de la Iglesia, su agonía en este su querido País Vasco y en todas las sociedades modernas: iglesias vacías o cerradas, iglesias sin misas y misas sin fieles, progresiva desaparición del catecismo infantil –¡Ay, el querido catecismo de antaño, donde las verdades de siempre se aprendían para siempre de un modo tan sencillo!–. Todo se fue, se va yendo ante su mirada atónita y amarga. No puede negarlo, pero tampoco puede entenderlo ni aceptarlo, y busca culpables. No es culpa de nadie, amigo Xipri, créemelo. La gente ha abandonado las creencias y prácticas religiosas por la misma razón por la que ya no recurre a las témporas para prever el tiempo ni a las rogativas para remediar la sequía: porque estudian ciencias en la escuela y sobre todo en la Universidad. Y no son por ello ni mejores ni peores. Se les ha cambiado la mente y la visión del mundo, sin más. Tan simple como eso.

Solo que Xipri no lo ve con esos ojos, y es comprensibles sus dolores de tripa. Pero él querría que todos lo padeciésemos como él (p. 136), y eso ya no es correcto. A Jesús de Nazaret jamás le dolieron las tripas –¡Dios nos guarde también a nosotros!– por el éxito o por la decadencia de la institución eclesiástica, por la sencilla razón de que nunca se le pasó por la cabeza institución eclesiástica de ningún tipo.

“¿Cómo es que sucumbe la Iglesia en medio de un pueblo de oro como el País Vasco?”, se pregunta el sacerdote de Heleta, dando rienda suelta a su lamento. “¡Algo hay que no ha ido bien!” (p. 213). Y lleno de confusión e inquietud se interroga: “¿En qué hemos fallado?” (p. 221). Claro que el “hemos” es retórico, pues Xipri no muestra conciencia alguna de haber fallado en nada. El canto del gallo es un largo “Tú pecador”.

Sea como fuere, Arbelbide afirma y reafirma que la Iglesia no decae sino en las sociedades ricas como la nuestra, arruinadas por el consumismo: “Decae en una sociedad que decae” (p. 144). A lo largo y ancho del mundo, en cambio, “ahí la tenemos, más fuerte que nunca” (p. 140), como atestiguan los números, al parecer: “A nivel mundial, el número de católicos va en aumento año tras año, trece millones por año” (p. 153). Pero no dice todo: por ejemplo, que el crecimiento de la población mundial es mucho mayor que el de los adeptos de la Iglesia, y que los musulmanes aumentan más que los cristianos, de donde resulta que, proporcionalmente, la Iglesia en general desciende. A nadie le debiera importar, pero a Xipri sí que le importa, demasiado.

Por eso quiere dejar bien claro –cuanto más lo intenta, menos lo consigue– que el problema no es de la Iglesia, sino de la sociedad que se está muriendo. Que por estar ella misma enferma es por lo que la sociedad rechaza la religión. Por lo tanto, son la sociedad y la cultura las que han de cambiar, no la Iglesia. No sé si él se lo cree de verdad, pero casi nadie se lo creerá.

Arbelbide sabe, además, o cree saber, dónde se hallan las perniciosas raíces del mal que padecen nuestra sociedad y nuestra cultura: el comunismo por un lado, Mayo del 68 por otro. El primer culpable es el comunismo: “¿No será que hemos creído más en la política y en el marxismo que en Jesús”? (p. 221). Cuando tantas comunidades cristianas tomaron en serio el análisis y la utopía marxista, “la religión comenzó a convertirse en política” (p. 167), dice Xipri, como si pudiera haber una religión que no fuese política en el mejor o en el peor sentido. ¿Cómo puede pensarlo un discípulo del rebelde Jesús? Xipri va más allá y asegura: “no fue la Iglesia la que se apoderó del marxismo, sino el marxismo el que se apoderó de la Iglesia” (p. 138). ¿El marxismo se habría apoderado también de Jesús? ¿Acaso sus Bienaventuranzas no están más cerca de la utopía de Marx que de los dogmas, cultos y códigos canónicos de la Iglesia?

Mayo de 68 es el segundo gran culpable. “Prohibido prohibir”, proclamó en las calles de París. Todo es libre. Los Diez Mandamientos, rígidos y desfasados, se resumen ahora en tres placenteros paraísos de libertad: sea, sex and sun (p. 212) (mar, sexo y sol), y en tales paraísos no cabe obviamente la Iglesia, como si los humildes feligreses y los grandes clérigos vivieran, como ángeles, sin mar ni sexo ni sol. Consumismo, sexismo, libertinaje… son las graves enfermedades de nuestro mundo poscomunista y poscristiano. La Iglesia, en cambio, es impoluta y limpia dondequiera que se encuentra. Pero vamos a ver: ¿acaso esos males y tantos otros no se han desarrollado precisamente en el seno de una sociedad milenariamente cristiana bajo la guía segura de la jerarquía? No nos lavemos ahora las manos, como Pilato.

“De contestación en contestación, quita esto, quita aquello, [la Iglesia] se quedó vacía” (p. 58): así resume Arbelbide su particular análisis histórico, olvidando por completo al contestatario Jesús. Por eso no puede tolerar que, en la diócesis de Bayona, muchos cristianos y sacerdotes se hayan mostrado críticos con su obispo Marc Aillet, reconocido ultraderechista tanto religiosa como políticamente. En la primera línea del primer párrafo del primer capítulo del libro empieza la confesión del “Tú pecador”: dura e injustamente, denuncia a 60 sacerdotes vascos y bearneses de su diócesis, hasta el punto de calificarlos de intolerantes, por la declaración crítica (“documento de Mourenx”) que publicaron en 2017 sobre su obispo. Se queja Xipri de que no hayan firmado ninguna declaración para denunciar la decadencia de la Iglesia, “siendo éste el problema fundamental” (p. 135). Si estuviera en el lugar del obispo, nos asegura, respondería al sacerdote contestatario con la siguiente pregunta: “¿A dónde has traído a la Iglesia con ese tu método? ¿Acaso quieres que sigamos tu mismo camino y que siga cayendo todavía más bajo?” (p. 116). En efecto, hacer que la Iglesia caiga y se vacíe: “Ese ha sido el sueño de algunos hace medio siglo” (p. 117). Una puñalada cruel e injusta al corazón de quienes tan fielmente han dedicado su larga vida al servicio de las comunidades cristianas.

Dolores de tripa, búsqueda de culpables y denuncias, en todo se trasluce el deseo obsesivo de Xipri: que se llenen las iglesias y aumenten los sacerdotes. “La iglesia sin sacerdote no es sana”, escribió una vez en la revista HEMEN. De modo que el número de sacerdotes reflejaría el nivel de salud de la Iglesia. Habríamos, pues, de felicitarnos de que, tras décadas de descenso, los sacerdotes vuelven a aumentar de la mano del obispo Aillet. A Xipri le gusta ofrecer cifras y comparaciones para consolidar su modelo de Iglesia extremadamente clerical. Basten dos ejemplos: cuando Aillet se hizo cargo del obispado de Bayona en 2008, había un único seminarista en la diócesis; diez años después (2018), eran 30 (la mitad procedentes de África, eso sí; solo que no dice que hoy no quedan más que 4 seminaristas en toda la diócesis…); en los últimos 8 años se han ordenado 11, frente a los 5 de la década anterior. Ese es, dice el sacerdote de Heleta, “el lado optimista”. Su mejor esperanza está en el aumento del número de sacerdotes.

Tal esperanza fundada en la Iglesia clerical le era absolutamente ajena a Jesús de Nazaret, el profeta laico, el profeta herético revolucionario, que fue condenado y muerto por haber hecho frente al templo y al clero. Pero su aliento vital, hecho uno con el aliento de todo viviente que renueva todas las cosas, sigue vivo más allá de todas las religiones, iglesias y dogmas. El movimiento de Jesús surgió de una transformación, para vivir en permanente transformación y ser transformadora, para perderse como la semilla en la tierra y la levadura en la masa, para ser del todo en todo perdiéndose por el bien de todo. Esto merecería otro canto de gallo, pero no sé si están los tiempos para ello.

Aizarna, 14 de febrero de 2021

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.