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La HOAC y la JOC exigen “avanzar hacia la igualdad real en el seno de la Iglesia”

Viernes, 8 de marzo de 2019

joac-y-hoac-ante-el-dia-de-la-mujer-trabajadora_560x280Apuestan por “otra economía” capaz de respetar “el equilibrio con el planeta y las personas”

Llaman a avanzar hacia la igualdad real en el seno de la Iglesia

Piden cambios económicos y culturales, y “dar voz a tantas mujeres heridas”

La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y la Juventud Obrera Cristiana (JOC), ante el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, han elaborado un manifiesto en el que denuncian las discriminaciones, las injusticias y la violencia que soportan las mujeres. Piden políticas contra los estereotipos de género, además de cambios en las relaciones para promover la igualdad real.

Los dos movimientos de Acción Católica especializada, cuya misión se desarrolla en el mundo obrero y del trabajo, entienden el 8 de marzo como “símbolo de la lucha pacífica en la que históricamente tantas mujeres trabajadoras se han organizado, y siguen haciéndolo, por el reconocimiento de su dignidad”.

Desigualdad en el trabajo y en los cuidados

La precariedad laboral afecta más a las mujeres, todavía atrapadas por los “techos de cristal”, la “brecha salarial” y el desigual reparto de las responsabilidades de cuidado. En demasiados casos, tienen “vidas desprotegidas frente al auge de políticas que atentan contra la seguridad e integridad de las mujeres, criminalizando a las víctimas”.

Por ello, la HOAC y la JOC defienden “un planteamiento nuevo de políticas sociales, de género y educativas”, que favorezca “formas nuevas de relacionarnos, asumir responsabilidades que son de todas las personas” y apuestan por “otra economía” capaz de respetar “el equilibrio tanto con el planeta como con las personas, especialmente las más empobrecidas, y entre ellas una mayoría de mujeres violentadas y cosificadas a causa de la explotación indiscriminada de recursos naturales, conflictos bélicos y los intereses del capital”.

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Reconocimiento en la Iglesia

Además de estas reivindicaciones, también hacen un llamamiento a avanzar hacia la igualdad real en el seno de nuestra Iglesia, donde se reconozca el papel y el protagonismo de las mujeres dentro de la comunidad eclesial y en la tarea de anunciar el Evangelio”, de modo que llegue hasta sus estructuras, en consonancia con “los principios y valores del Evangelio”.

De hecho, recuerdan que “Jesús eligió a las mujeres para ser las primeras en anunciar que había resucitado, mujeres valientes, que confiaron, permanecieron fieles hasta el final y que no tuvieron miedo a salir corriendo y anunciar que Jesús estaba vivo”.

Movilizaciones 8 de Marzo

Las dos entidades cristianas han querido sumarse a “las movilizaciones de las organizaciones que buscan visibilizar la discriminación que sufren las mujeres trabajadoras, tanto al intentar acceder al empleo como una vez que acceden a él” y dar voz a “tantas mujeres heridas” y han mostrado su disposición a colaborar para que “todas las mujeres y los hombres nos unamos para proteger y defender a todos los seres humanos, especialmente a los más desfavorecidos”.

Fuente Religión Digital

General, Iglesia Católica , ,

“8M desafío y compromiso”, por Carmen Soto.

Viernes, 8 de marzo de 2019

ebed8e1ac03a951ba9b46a0ca66523c4Después de haber ido arrinconado y casi denostado, el feminismo vuelve a ser protagonista de nuestras conversaciones, en la calle y en los medios de comunicación. Los continuos casos de violencia de género, la brecha salarial, el techo de cristal son cuestiones que han adquirido un protagonismo renovado y las mujeres como colectivo nos sentimos hoy con más fuerza para alzar nuestra voz ante las desigualdades, los estereotipos y la violencia que seguimos sufriendo en todos los lugares del mundo.

El 8M está ya próximo y los diferentes grupos de mujeres reflexionamos, programamos, soñamos acciones que visibilicen una vez más nuestros anhelos, nuestras luchas, nuestras propuestas. Las iniciativas son variadas porque las mujeres también lo somos. Hay muchas cosas que nos unen, pero también otras en las que pensamos diferente. Por eso no hay una sola forma de ser feminista sino muchas.

En esta red de sororidad participamos también muchas mujeres que somos monjas o religiosas y lo hacemos porque somos mujeres, pero también porque nuestro compromiso con la causa de Jesús de Nazaret y nuestra fe en un Dios liberador que nos impulsa a llevar liberación y transformación allí donde existe injusticia, violencia o negación de la dignidad de cualquier ser humano. Sin embargo, somos un colectivo bastante invisible en los medios de comunicación y también en muchos espacios sociales y con frecuencia la mirada que la sociedad tiene hacia nosotras está cargada de estereotipos que apenas responden a lo que somos ni a lo que estamos haciendo.

Yo pertenezco a un grupo dentro de ese colectivo, la congregación de las Siervas de san José, nacida en el siglo XIX, quizá por eso el nombre para más de uno y una suena algo antiguo, pero lo importante es que desde sus inicios se comprometió con la promoción y dignificación de las mujeres trabajadoras pobres en el contexto de la naciente revolución industrial. Nuestro proyecto nació también de la mano de una mujer pionera y profundamente creyente, Bonifacia Rodríguez. Ella impulsó el comienzo y hoy seguimos empeñadas en esa misma causa buscando junto a las mujeres trabajadoras pobres respuestas que cambien su vida; por eso para nosotras el 8M es importante.

Como mujeres celebrar el 8 de marzo es un desafío porque, como muchas otras mujeres, experimentamos los muros invisibles que la cultura patriarcal ha levantado a lo largo de los siglos y que siguen impidiendo la igualdad y el desarrollo de todas las potencialidades de las mujeres en los diferentes ámbitos sociales, políticos, económicos y religiosos.

Como monjas, nos compromete a denunciar las desigualdades, la violencia, los abusos que afectan especialmente a las mujeres más pobres porque ellas llevan el doble peso de ser mujeres y pobres. Ellas siguen padeciendo la mayor precariedad laboral, porque ellas son las que han de asumir los cuidados, las dobles jornadas para sacar adelante la familia muchas veces rota, impotentes ante la injusticia y el desamparo.

En el 8M las monjas queremos alzar nuestra voz porque como ciudadanas reclamamos equidad y dignidad para todas las mujeres, porque queremos poder vivir sin miedo a padecer cualquier tipo de violencia y porque en nuestra sociedad la pobreza sigue teniendo nombre femenino. Pero también porque somos mujeres creyentes y vivimos nuestra vocación dentro de la gran familia que es la Iglesia, y deseamos que deje de ser una institución patriarcal y a veces machista y podamos sentirnos hermanas de nuestros hermanos en la fe, ofreciendo en igualdad nuestra palabra y nuestros dones.

El 8M es sin duda un símbolo, pero es también una oportunidad para tejer sororidad y visibilizar que las mujeres queremos cambiar el mundo.

Carmen Soto Varela, ssj

Fuente Fe Adulta

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“Lo que le debemos al Feminismo”, por Ramón Martínez

Martes, 13 de marzo de 2018

we-can-do-it-rosie-the-riveter-poster-carsten-reisingerLeído en Cáscara Amarga:

Suele ser habitual que el discurso político que persigue erradicar las violencias motivadas por la orientación sexual, y la expresión e identidad de género de sus víctimas -lo que vulgarmente se conoce hoy como «Movimiento LGTB»– insista en que comparte orígenes y metodología con el Feminismo, e incluso que afirme que gran parte de sus éxitos se deben, precisamente, a los logros alcanzados por el movimiento feminista.

Pero me preocupa observar que rara vez se llega a explicar a qué orígenes, métodos y logros se refiere este movimiento reivindicativo que llamamos nuestro cuando se vincula con el Feminismo. Creo que hoy, 8 de marzo, es el momento adecuado para escribir algunas líneas sobre esta vinculación que, siendo cierta, nunca está suficientemente explicada, reivindicada y, faltaría más, agradecida.

Cualquier persona interesada por la historia debería poder apreciar que las «olas» que nos sirven para diferenciar distintas características y demandas principales dentro del Feminismo suelen coincidir con otras «olas» reconocibles dentro de este llamado «Movimiento LGTB».

Ambas formas de reivindicación política tienen su origen último en la Ilustración, a partir de la cual las mujeres alzan definitivamente la voz exigiendo el derecho al voto, mientras se defienden, por su parte, postulados que reclaman la despenalización de las prácticas sexuales heterodoxas.

Tampoco es casual que, muchas décadas más tarde, una nueva oleada reivindicativa haga coincidir el nacimiento del Feminismo Radical con el nuevo discurso político «LGTB» nacido a partir de las revueltas de Stonewall en 1969.

Desde entonces ha sido habitual que el activismo en defensa de los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales mirara hacia el Feminismo -e incluso se involucrara activamente en él, en el caso de las mujeres lesbianas- para enriquecer sus propios análisis de la realidad y tomar ideas para resolver sus problemáticas particulares.

historia Porque sucede que ambas metodologías son, en el fondo, la misma: reflexionar sobre las discriminaciones que se derivan de los mandatos del género, que no solo conlleva una serie de actividades adscritas a cada uno de los sexos sino que también, entre ellas, incorpora órdenes específicas sobre hacia quién debe -y no debe- dirigirse nuestro deseo.

Pero lo que esta reivindicación «LGTB» le debe al Feminismo va más allá de su evidente vinculación histórica y el uso de sus mismos métodos. Es preciso recordar que sin muchos de los logros alcanzados por la vindicación feminista no habría sido posible comenzar siquiera la defensa de los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales.

Un tema de tanta relevancia para las mujeres como es el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, si bien puede parecernos alejada de nuestro discurso habitual -por desgracia-, resulta absolutamente fundamental para «nuestro» movimiento.

El derecho al aborto y su reivindicación sitúan sobre el tablero de lo político una cuestión crucial para quienes defendemos el derecho a sentirse atraído sexualmente por cualquier persona independientemente de su sexo y género, porque el derecho al aborto y su reivindicación rompen la vinculación tradicional entre práctica de la sexualidad y la reproducción, reconociendo que esta no es la única consecuencia posible de aquella y que su fin último es el placer.

De este modo, el derecho al aborto y su reivindicación hacen posible que otras personas podamos defender que la práctica de nuestra sexualidad, aun no encaminada a la reproducción, es totalmente legítima, porque la sexualidad humana no se centra en la reproducción sino en el placer.

De un modo similar también las reivindicaciones de las personas que viven expresando un género diferente al que les fue asignado en el momento de su nacimiento deben el reconocimiento de esta libertad, en última instancia, a un postulado feminista nacido de la pluma de la mismísima Simone de Beauvoir: su ya clásico «no se nace mujer, se llega a serlo», que cuestionaba la vinculación entre una determinada corporalidad y la obligatoriedad de cumplir con todos los mandatos de género adscritos a la categoría «mujer».

Beauvoir criticaba que su corporalidad supusiera, para las mujeres, un destino del que era imposible escapar; un destino prediseñado a través del género y sus mandatos. Con esto abría la posibilidad no solo de la liberación de todas las mujeres, que podrían evitar el cumplimiento de los roles de género desligando de ellos su corporalidad, sino también de todas esas personas que, aun siendo adscritas al nacer a un género determinado, viven o desean vivir libres de sus imposiciones.

feminismo-kysb-u501199639104eob-624x385la-verdadSe abría así, gracias al Feminismo, la posibilidad de iniciar en clave política el reconocimiento de las realidades trans. E incluso añadiría yo que las realidades de género no binario que hoy empiezan a ser cada vez más visibles deben también parte del fundamento de su reivindicación al trabajo que el Feminismo viene haciendo para diluir la frontera inquebrantable entre los dos estereotipos de género hegemónicos: cuando la teoría feminista cuestiona el comportamiento humano prediseñado en blanco y negro hace posible la aparición de infinitos tonos de gris.

Hace unos meses tras una conferencia un oyente se me acercó para preguntarme qué nombre darle a este movimiento «nuestro» que trabaja para erradicar la homofobia, la transfobia y la bifobia.

Me decía que si ese movimiento con el que tanto tenemos en común se llama Feminismo debe haber algún otro -ismo que podamos emplear. Se lo dije entonces, y hoy vuelvo a decirlo: este movimiento que se ha desarrollado históricamente junto al Feminismo, que aprende de sus análisis, bebe de sus discursos, y se fundamenta en sus éxitos no puede, evidentemente y por razones obvias, llamarse «Feminismo», aunque quizá fuera este su nombre más preciso, pues es el movimiento social al que más se parece y del que en buena parte depende y ha de depender.

Hoy, que es 8 de marzo, Día de la Mujer, apoyemos las reivindicaciones del Feminismo, la lucha por los derechos de las mujeres, porque son derechos humanos y porque, jamás se nos olvide, de los derechos de las mujeres dependen los derechos de toda la humanidad.

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Comunicado de la JOC y la HOAC ante el día internacional de la mujer trabajadora

Sábado, 8 de marzo de 2014

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Convocatorias 8 de marzo -Día Internacional de las Mujeres-en todo el Estado y Europa y Latinoamerica

Helen Mirren: “Ninguna mujer debería tener que explicar por qué no tiene hijos”

Hoac Cádiz y Ceuta

La JOC y la HOAC, como cristianas y cristianos, sensibles a las condiciones de vida y de trabajo opuestas al Proyecto de Dios y que atentan contra la dignidad de toda mujer y de toda persona, hacemos una llamada a la reflexión, la acción, el compromiso y a la denuncia profética

En 1911 se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, una jornada de reivindicación que nació a favor del derecho al voto, al trabajo, a la no discriminación laboral, familiar y social.

En este 8 de marzo queremos tener presente a todas las mujeres trabajadoras, especialmente a las que día a día luchan contra la incertidumbre económica y vital a la que llamamos crisis, y que viene sirviendo de excusa para precarizar nuestras condiciones de vida y de trabajo, mientras se prioriza dedicar los recursos económicos a la rentabilidad económica de unos pocos creando más pobreza y más desigualdad (INFORME FOESSA 2013 Cáritas, una sociedad fracturada a causa del aumento severo de la desigualdad).

Nosotras, mujeres y hombres de la HOAC y la JOC, vemos como el actual modelo social, político y económico, patriarcal y capitalista, nos sigue sometiendo a las personas, y especialmente a las mujeres:

● A nivel mundial, la crisis incrementó la disparidad entre las tasas de desempleo de hombres y mujeres y destruyó 13 millones de empleos para las mujeres en todo el mundo, según la OIT (Organización Internacional del Trabajo).

● Además, las mujeres representamos las dos terceras partes de la población mundial en situación de pobreza, sufriendo una mayor desventaja en el acceso a la tierra, a la educación, al empleo, a la vivienda, a la cuantía de las pensiones y muriendo más por enfermedades curables. Las mujeres sufrimos el hambre en el mundo de manera más sangrante.

● El 2013, España cerró el año con una tasa de paro femenino del 26,9% (EPA), siendo uno de los países de Europa con más desempleo entre las mujeres. Pero los datos son más espeluznantes entre los grupos de edad más jóvenes: la cifra de paro alcanza el 75,6% en las mujeres entre 16 y 19 años, y es del 50,5% en las mujeres entre 20 y 24 años.

Las mujeres trabajadoras sufrimos doblemente las consecuencias de esta situación, por la propia situación que afecta al conjunto del mundo obrero y del trabajo, y por nuestra condición de mujer. Las mujeres con poca cualificación, pertenecientes a familias de barrios obreros, muchos de exclusión social, con empleos poco remunerados y sin derechos, con importantes responsabilidades familiares, muchas de ellas inmigrantes, son el eslabón más débil y que soporta mayor discriminación y mayor explotación por ser mujeres trabajadoras y trabajadoras pobres. Además nuestra sociedad todavía no ha dado respuesta al rechazo de la maternidad o paternidad al que hoy día asistimos, ni a la contradicción entre el sistema productivo y la estructura familiar.

La liberación de la mujer de toda forma de abuso y de dominio tiene un mensaje de perenne actualidad, el cual brota de la actitud misma de Cristo hacia las mujeres. ¿Y qué dice la Iglesia ante estas situaciones?

● Ante los recortes que ya han dejado a unas 136.000 personas sin la posibilidad de cotizar a la seguridad social por cuidar un familiar, y de las cuales la gran mayoría son mujeres. El Papa Francisco recuerda que: “entre las mujeres encontramos constantemente los más admirables gestos de heroísmo cotidiano en la defensa y el cuidado de la fragilidad de sus familias” (Evangelii Gaudium, (EG) 212).

● Ante la menor representación en los órganos de decisión sociales y eclesiales, nos dice que «el genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social; por ello, se ha de garantizar la presencia de las mujeres también en el ámbito laboral» y en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes, tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales (EG, 103).

● Ante los asesinatos sufridos por razón de nuestro sexo. “Doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos”(EG, 212).

Hoy persisten muchas formas de discriminación que ofenden la dignidad y vocación de la mujer en la esfera del trabajo, por lo que hemos de seguir luchando en pro de la igualdad y la justicia, desde nuestra fe, recordando a todas las mujeres, muchas anónimas, que entregaron su vida para que la situación de la mujer y de la sociedad avanzara, liberándonos de muchas de nuestras esclavitudes. “Mujeres, que han sido y son todavía olvidadas en sus anhelos, marginadas frecuentemente e incluso reducidas a esclavitud” (Compendio DSI, 236). Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres nos plantean, a la Iglesia y a la sociedad, profundas preguntas que nos desafían y que no se pueden eludir superficialmente.

La HOAC y la JOC, como cristianos y cristianas, sensibles a las condiciones de vida y de trabajo opuestas al Proyecto de Dios y que atentan contra la dignidad de toda mujer y de toda persona, hacemos una llamada a la reflexión, la acción, el compromiso y a la denuncia profética. Y lo hacemos desde la capacidad que las personas tenemos para organizar la vida social desde la igualdad y desde el respeto a la diversidad de cada hombre y mujer.

Queremos vivir todas estas situaciones con ilusión y esperanza, desde la corresponsabilidad en esta tarea. Así, la JOC y la HOAC queremos seguir dando pasos para cumplir nuestra misión de acercar más Iglesia y Mundo Obrero. Jesús siempre estuvo atento a las personas, en especial a quienes menos contaban, desde el amor y la cercanía, buscando devolver a cada persona su dignidad negada.

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