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El expresidente del Frente Nacional Jean-Marie Le Pen, condenado por incitación al odio homófobo

Lunes, 3 de diciembre de 2018

jean-marie-le-pen-matrimonio-homosexual-696x522Un tribunal correccional de París ha condenado al expresidente del Frente Nacional Jean-Marie Le Pen por incitación al odio homófobo. La causa, sus comentarios  en los que ha comparado la homosexualidad con la pederastia y criticado el homenaje al policía abiertamente gay Xavier Jugelé, asesinado en los Campos Elíseos, por el protagonismo de su viudo Étienne Cardiles. Le Pen deberá abonar dos multas de 400 euros cada una, así como las costas del juicio e indemnizaciones por daños y prejuicios, por un montante total de 11.000 euros.

Los hechos por los que se ha juzgado y condenado a Le Pen sucedieron en 2016 y 2017. En marzo de 2016, el expresidente del Frente Nacional francés publicaba un vídeo de la serie «Journal de bord»Diario de a bordo») en su blog en el que afirmaba que «la exaltación de la homosexualidad afecta a todas las profesiones que se acercan a la infancia y a la juventud». Le Pen contrastaba esta situación con la prohibición de «la pedofilia». Una comparación que para los jueces es «injuriosa» y supone la expresión pública de «un discurso de carácter discriminatorio».

En diciembre del mismo año, el exdirigente de ultraderecha respondía en el diario Le Figaro sobre la presencia de personas homosexuales en el Frente Nacional. Le Pen afirmaba entonces que «los homosexuales son como la sal en la sopa. Si no hay ninguna, está un poco sosa. Si hay demasiada, es imbebible». Por aquel entonces, Florian Philippot, abiertamente gay después de ser objeto de un outing, era vicepresidente del partido. Philippot, odiado por el sector más tradicionalista del FN y particularmente por Jean-Marie Le Pen, acabaría dimitiendo después de que Marine Le Pen le retirase buena parte de las competencias internas de las que gozaba.

La sentencia contra Le Pen padre considera que la comparación de la «sal en la sopa» es una injuria que además incita al odio a la comunidad LGTB. Por estas dos causas, se le impone una multa de 400 euros, el pago de 2.000 euros a la asociación contra la discriminación homófoba Mousse, y de otros 2.000 euros por las costas del juicio. El abogado de Mousse Étienne Deshoulières se ha felicitado por la sentencia, que en su opinión «confirma que el discurso homófobo no tiene ya cabida en la política francesa».

El expresidente del FN también ha sido condenado por sus comentarios a raíz del homenaje al policía asesinado en los Campos Elíseos Xavier Jugelé, en abril de 2017. Le Pen declaró entonces que «más que un homenaje al policía, se homenajeaba al homosexual». Tras esta afirmación, añadió que «la participación de su pareja y el largo discurso que este ha pronunciado parecían una especie de institucionalización del matrimonio homosexual, de exaltarlo de alguna manera». Le Pen consideró que la situación marital del Jugelé, de hecho, es una «particularidad familiar» que debería haberse tratado con «más discreción».

Lo cierto es que en el discurso de Étienne Cardiles, pareja del policía fallecido, se alababa tanto la vocación de Jugelé por proteger la paz y a la ciudadanía, como la faceta personal que el resto de personas no conocían de él. En ningún momento se hacía referencia expresa a su homosexualidad: de hecho ni siquiera se hacía referencia a su militancia como miembro de la asociación LGTB de policías y gendarmes Flag ! A Le Pen le molestó especialmente, por tanto, la naturalidad con la que se visibilizó la realidad familiar del policía fallecido.

Así lo entiende también la justicia, para la cual «decir que la orientación sexual de una víctima justificaría una marginación» es una injuria. Le Pen debe pagar por esta causa otra multa de 400 euros, las costas del juicio, que ascienden a 2.000 euros, y una indemnización de 5.000 euros por daños y perjuicios al viudo del policía asesinado. Cardiles se ha mostrado «satisfecho de ver que cuando todo un país se emocionaba por una situación, Jean-Marie Le Pen era el único que la denigraba y hoy se encuentra condenado».

Fuente Dosmanzanas

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El abiertamente gay Florian Philippot, vicepresidente del Frente Nacional, abandona el partido

Martes, 26 de septiembre de 2017

400b4cc4c73bd039a9f0ebae0e6a0El vicepresidente del Frente Nacional francés, Florian Philippot, ha presentado su dimisión a la presidenta del partido, Marine Le Pen, y ha anunciado públicamente su abandono de esta formación después de que Le Pen le retirase buena parte de las competencias internas de las que gozaba, muy singularmente las referidas a estrategia y comunicación (“era el vicepresidente de nada”, ha asegurado). La salida de Philippot, abiertamente gay y odiado por el sector más tradicionalista de la formación, puede implicar importantes cambios en la política francesa, y en especial en la manera en la que el Frente Nacional había sido capaz de aglutinar el fenómeno “homonacionalista”.

La homosexualidad de Florian Philippot pasó a ser pública y notoria en 2014, cuando el semanario Closer le hizo un outing en toda regla, lo que desencadenó un debate público en Francia sobre la legitimidad de sacar del armario a políticos que militen en partidos contrarios a los derechos LGTB. Más allá de esto, la nueva imagen pública del que era considerado la mano derecha de Marine Le Pen reforzó el papel de su partido como refugio de los que muchos han dado en llamar “homonacionalistas”. Un término, en cualquier caso, que puede resultar equívoco: más que “nacionalistas” propiamente dichos se trata generalmente de jóvenes gais que no guardan demasiada memoria de cómo y contra quién hubo que luchar en su momento para conquistar visibilidad y derechos, y que ahora ven con simpatía a movimientos de derecha que han hecho del rechazo de la inmigración musulmana su bandera. Simpatizantes, por otra parte, de los que estos movimientos se aprovechan para blanquear su imagen y defenderse de las acusaciones de homofobia, pese a que en su mayoría son contrarios al avance de los derechos LGTB.

Un movimiento, conviene destacar, que no es exclusivo de Francia (ahí esta el ejemplo de Milo Yiannopoulos su apoyo y el otros homocons a Donald Trump durante la campaña presidencial estadounidense) pero que en este país parecía haber encontrado buen acomodo bajo las alas del Frente Nacional. El perfil bajo que este partido mantuvo en las movilizaciones contra el matrimonio igualitario y la reconocida presencia de candidatos gais (recordemos que este partido cuenta con dos diputados abiertamente homosexuales en la Asamblea Nacional, más que ninguna otra formación) es buena muestra de ello. Nadie duda, en este sentido, de que la influencia de Philippot ha sido clave, lo que le ha granjeado no pocas antipatías en el seno de una formación con un historial no precisamente favorable a los derechos LGTB (entre otras, las del fundador del partido, Jean-Marie Le Pen, cuya repugnancia hacia Philippot no es ningún secreto). No faltan los que han llegado a hablar de la existencia de un “lobby gay” dentro del Frente Nacional deseoso de hacerse con el control del partido.

Philippot, en cualquier caso, no solo resultaba incómodo para una parte del partido por su condición homosexual. Se trata de un político ajeno al tradicionalismo francés, procedente del gaullismo, y cuyo discurso es básicamente el de un populismo nacionalista con componente social, partidario indiscutible de la salida del Francia del euro y crítico con el liberalismo económico (una especie de “Steve Bannon a la francesa”). Una línea de pensamiento que por una parte ha sido capaz de ampliar las bases del Frente Nacional y atraer a votantes que en otras épocas lo fueron de formaciones de izquierda, pero que por otra parte, según algunos analistas, puede haber alejado del partido a votantes más tradicionales.

En este sentido, al Frente Nacional parece habérsele indigestado la derrota en las elecciones presidenciales, pese a haber conseguido pasar a la segunda vuelta y recibir más votos que nunca. En política, la sensación de éxito o fracaso depende más de las expectativas que de los resultados reales, y en este caso las expectativas de Marine Le Pen quedaron frustradas desde el momento en que no consiguió ser la más votada en la primera vuelta, algo que muchos daban por casi seguro. Una Marine Le Pen que intenta ahora mantener las riendas mientras se desata la lucha entre las diversas facciones por hacerse con el control del partido tras el “mal resultado”, y para ello no ha dudado en dejar caer en desgracia a Philippot, el que ha sido su mano derecha y para muchos el artífice de sus éxitos pasados. En el horizonte, mientras tanto, se vislumbra como posible figura emergente Marion Maréchal-Le Pen, sobrina de Marine Le Pen, supuestamente retirada de la política desde hace meses pero por cuyo retorno parecen suspirar muchos militantes. Una joven mucho más cercana a los postulados tradicionales del partido, que por ejemplo no ha dudado en relacionar el matrimonio igualitario con la poligamia, y con la que el Frente Nacional seguramente recuperaría una línea anti-LGTB más definida.

Está por ver qué sucede, tras la salida de Philippot, con otros políticos abiertamente gais del Frente Nacional, como Steeve Briois (otro de los vicepresidentes del Frente Nacional), Bruno Bilde (pareja de Briois y diputado en la Asamblea Nacional) o Sébastien Chenu (uno de fundadores de GayLib y que se unió al Frente Nacional en 2014). ¿Mantendrán su influencia? ¿Serán apartados poco a poco de la primera línea del partido? También será interesante ver cómo influye la nueva situación en los votantes “homonacionalistas” del partido a los que nos referíamos arriba. Estaremos atentos.

Fuente Dosmanzanas

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El Frente Nacional es el partido que cuenta con más diputados abiertamente gais en la nueva Asamblea Nacional francesa

Viernes, 23 de junio de 2017

asambleaHace pocos días recogíamos la noticia de que el nuevo Parlamento británico contaría con 45 diputados abiertamente LGTB de un total de 650, el mayor número en la historia del Reino Unido. También la nueva Asamblea Nacional francesa contará con el mayor número de diputados abiertamente LGTB de su historia, pero la proporción es mucho menor: 5 de 577. Los cinco, además, son hombres gais. El partido que más aporta (dos) es el  Frente Nacional, formación de extrema derecha que no se caracteriza precisamente por su defensa de los derechos LGTB. Sin duda el dato merece una reflexión.

Los hechos son los que son: de los cinco diputados abiertamente gais de la nueva Asamblea Nacional, dos pertenecen al Frente Nacional. Se trata de Bruno Bilde, muy próximo a la líder de la formación, Marine Le Pen, y de Sébastien Chenu. Este último, de hecho, cuenta con un historial destacado por lo que a la visibilidad en política se refiere. En su momento fue uno de fundadores de GayLib, grupo LGTB inicialmente vinculado a la UMP (antiguo nombre de Los Republicanos) y que en 2013 se desvinculó de esta formación debido a su virulenta oposición al matrimonio igualitario y pasó a aliarse con la UDI, una formación de centro-derecha. Sébastien Chenu, ya fuera de GayLib, se unió al Frente Nacional en 2014.

Por el contrario, ha quedado fuera de la Asamblea el político gay más destacado del Frente Nacional: su vicepresidente, Florian Philippot, que aunque pasó a la segunda vuelta en su circunscripción fue finalmente derrotado por el candidato de La République en Marche !, la formación constituida en torno a la figura de Emmanuel Macron que se ha hecho con la mayoría absoluta de la Asamblea.

Los otros tres diputados abiertamente gais son Luc Carvounas (Partido Socialista), Pacôme Rupin (La République en Marche !) y Franck Riester (Los Republicanos). Riester, de hecho, es el único de los cinco que repite mandato: ya fue diputado en la anterior legislatura, y de hecho era uno de los escasos miembros de la UMP (cuando todavía tenía ese nombre) favorable al matrimonio igualitario.

Conviene precisar que este contaje de diputados abiertamente gais tiene en cuenta la información que actualmente se tiene sobre la vida personal de los nuevos representantes, que además no es precisamente abundante en el caso de La République en Marche !, la formación con más diputados (308, sin contar los 42 de sus socios del centrista MoDem), muchos de ellos desonocidos en el panorama político francés. Algunos de ellos podrían visibilizarse como LGTB en el futuro.

Un motivo para la reflexión

El hecho de que el Frente Nacional sea el que más diputados abiertamente gais haya logrado siendo un partido contrario a los derechos LGTB (su candidata a las últimas elecciones presidenciales apostaba por derogar la ley de matrimonio igualitario) es una noticia que debe llamar a la reflexión por parte tanto del colectivo LGTB como de los propios partidos políticos.

Por un lado, negar que en algunos países europeos los partidos en los que el discurso islamófobo y el rechazo a la inmigración han pasado a ocupar un papel central ejercen atractivo sobre una parte de los votantes LGTB (muy singularmente de los varones gais) sería ingenuo. De hecho, es una tendencia que ya las encuestas previas a las elecciones presidenciales francesas detectaron. Sin duda, todo ello merece una reflexión por parte de los colectivos LGTB, que quizá deberían dar más importancia a que las nuevas generaciones sepan de dónde venimos, lo díficil que ha sido conquistar derechos y lo fácil que es perderlos.

Bien es cierto que en el caso concreto de Francia se da la paradoja de que el perfil más abiertamente homófobo fue en su momento asumido por la derecha tradicional, que buscó hacer de las protestas contra el matrimonio igualitario un elemento de desgaste de la presidencia de François Hollande en beneficio propio. El Frente Nacional de Le Pen, sin embargo, se cuidó mucho de no tener un gran protagonismo en las protestas, y de hecho nunca ha querido hacer de su contrastada oposición a los derechos LGTB un eje llamativo de su discurso. Más que dirigirse al votante socialmente conservador, la estrategia de Le Pen fue la de intentar cazar votos en el que tradicionalmente era el caladero de la izquierda, las clases obreras, azuzando para ello un discurso anti-Unión Europea, antiinmigración y a favor de un “proteccionismo inteligente”. No le fue suficiente para llegar a la presidencia, pero el intento fue desde luego serio.

En cualquier caso, es una realidad que en Europa hay partidos de extrema derecha que tienen menos problema a la hora de incluir en sus listas a candidatos abiertamente homosexuales que los partidos tradicionales. Que el Frente Nacional, con un total de ocho diputados, tenga dos diputados gais, mientras que La République en Marche !, con un total de 308, tenga solo uno, tiene una explicación tristemente bien sencilla: el partido de Macron no ha querido hacer el esfuerzo de inclusión y diversidad que podría haber hecho. Algo que bien puede hacerse extensivo a otros partidos y países. Está claro que la visibilidad LGTB y los techos de cristal no conocen necesariamente de ideologías.

Fuente Dosmanzanas

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¿Por qué algunos gays se han pasado a la ultraderecha?

Sábado, 18 de marzo de 2017

bb30buoigaae3ozEl avance de la ultraderecha y la xenofobia en Occidente se está produciendo mediante la búsqueda de nuevos votantes.

El pasado 11 de junio Barack Obama pronunció un discurso que tuvo algo de visionario. Trazó un paralelismo claro entre racismo y homofobia, al asegurar que «no puedes, por un lado, quejarte cuando alguien te lo hace a ti, y luego hacérselo a los demás. Tiene que haber cierta consistencia en tu forma de pensar sobre estos temas».

Dos días más tarde, un estadounidense de origen afgano mataba a 50 personas en un club gay de Orlando. El que estaba llamado a ser el sucesor de Obama no tuvo problema en defender la hipótesis contraria. Donald Trump se apresuró a alertar sobre la entrada de radicales «que esclavizan a mujeres y asesinan a gays» al tiempo que acusó a las comunidades musulmanas de EEUU de proteger a los responsables.

Las dos ideas, la que defiende Obama y equipara discriminación sin atender el motivo que la origina, y la de Trump, que se vale del miedo de unos para discriminar a otros, representan dos formas de entender la política. La primera sigue teniendo más predicamento entre el votante LGBT. La segunda está aumentando a niveles alarmantes.

El primer político europeo en combinar con éxito tolerancia gay e intolerancia racial fue Pim Fortuyn. El fundador del partido ultraderechista neerlandés era abiertamente homosexual y aún más abiertamente xenófobo. Fue asesinado a tiros en 2002.

En su ensayo Contra la islamización de nuestra cultura, apuntaba que el islam atenta contra los derechos de las mujeres y contra minorías sociales como el colectivo LGTB. Este era y es el factor clave, potenciado por acontecimientos recientes como los asaltos sexuales masivos en la estación de tren de Colonia o la citada masacre de Orlando, que se ha convertido en la encarnación de un fantasma que la extrema derecha lleva tiempo agitando.

Estos acontecimientos han causado el efecto esperado. Según los últimos sondeos, el Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen tiene el apoyo de un 25% de los homosexuales de la ciudad de París, un porcentaje que baja al 16% cuando hablamos de heterosexuales. Abriendo el abanico al resto de Francia, dos tercios de las parejas casadas homosexuales podrían optar por el FN, un partido que hace unos años, cuando el padre de la actual presidenta estaba al frente, describía la homosexualidad como una «anomalía biológica y social». Pero ¿a qué se debe este viraje?

En su libro Pourquoi les gays sont passés à droite (Por qué los gays se han pasado a la derecha, 2012), Didier Lestrade, fundador de la revista Têtu, critica el estilo de vida gay contemporáneo por superficial, consumista y estático, características que asocia a los movimientos políticos conservadores.

«El racismo siempre ha existido», reconoce Lestrade, «pero actualmente la extrema derecha abre sus brazos a los gays para defenderlos de los negros y los árabes. Hace falta denunciar esto, porque es contrario a la agenda LGTB, contrario al ideal gay, contrario a todo lo que nos ha hecho felices y orgullosos de ser homosexuales», predica el escritor. Pero más allá de estereotipos sociales, el vuelco del voto LGTB tiene nombres y apellidos.

Julien Odoul es la cara (y el cuerpo) de la nueva ultraderecha francesa. En la portada de la revista de temática gay Têtu (irónicamente, la revista de Lestrade) aparecía luciendo unos potentes brazos, unos sugerentes pectorales y una mirada acero azul que haría temblar al mismísimo Zoolander. Años después, Odoul se presenta encorbatado, repeinado y siempre cerca de su valedora, Marine Le Pen.

Odoul comparte pasado con su compañero de partido, Bruno Clavier, que se fotografía con la misma soltura dando abrazos a otros hombres ligeros de ropa o a Le Pen, esta vez más cubierto y más casto. Son los guiños más evidentes del partido a los jóvenes gays. Pero hay otros, menos mediáticos, más relevantes, como Sebastian Chenu, fundador del colectivo LGTB GayLib y actual consejero de política cultural de Le Pen, o el número dos del partido, Florian Philippot, a quienes muchos acusan de haber instaurado un lobby homosexual alrededor de la líder.

El ejemplo más inesperado lo encontramos en Austria. Jörg Haider nunca pensó en mezclar homosexualidad y xenofobia. Al menos no de forma pública. El líder del racista BZÖ falleció en un accidente de coche en 2008, pero la auténtica tragedia vino después, cuando se supo que conducía ebrio tras abandonar un club de ambiente. La cosa tomó tintes de melodrama cuando Stefan Petzner, su sucesor en el cargo, reconoció en una entrevista que ambos eran más que amigos. Fue destituido pero la semilla quedó ahí, cambiando el ideal de líder heterosexual y xenófobo.

Hoy en día alguien como Haider no tendría que esconder su sexualidad. A nadie le llamaría la atención especialmente. En lugares como Rusia y Alemania proliferan las organizaciones neonazis gays. Las webs de los supremacistas blancos estadounidenses venden banderas confederadas junto a banderas del arcoíris. El movimiento trasciende lo político y empieza a calar en la sociedad civil.

A pesar de todos estos casos, Pablo Simón, politólogo y autor en Politikon, descarta catalogar el fenómeno como global. Pone como ejemplo organizaciones como la Liga Norte italiana o el Amanecer Dorado de Grecia. «Estos partidos se mantienen xenófobos y anti-LGTB, porque esa postura entronca con la historia de sus países», reflexiona. «En Italia, donde hay una tradición religiosa muy fuerte, se mantiene la homofobia. También está el ejemplo de Polonia, otro país enormemente católico y conservador que tuvo el ejemplo de los hermanos Kaczyński, que incluso iniciaron una cruzada contra los Teletubbies por incitar a la homosexualidad. En Europa del este existe un miedo a la decadencia de Occidente. Igual que en otros lados ven el islam como algo nuevo, ellos ven la homosexualidad como una tradición importada».

Todos estos países se mantienen al margen de una tendencia que se da sobre todo en estados donde ha habido mucha inmigración y una integración difícil. En España este tema se encuentra en un término medio. Simón no entra a valorar demasiado a VOX, el partido que más a la derecha se sitúa en el panorama político español. Según el politólogo se encuentra «fuera de cualquier coordenada parlamentaria», aunque concede que «no crea mensajes específicos para este colectivo al tener una base católica».

Catolicismo y racismo parecen ser los dos ingredientes que hacen bascular a la extrema derecha europea hacia una u otra posición. Owen Jones no ve gran diferencia en el resultado final. Jones es columnista del diario The Guardian, homosexual y una de las voces más respetadas de la izquierda europea.

En una de sus últimas columnas alertaba sobre cómo «los movimientos de extrema derecha están marchando sobre el mundo occidental, tratando de apropiarse de la campaña de los derechos homosexuales para su propio beneficio». «Los musulmanes», decía Jones, «son reflejados como una amenaza existencial hacia las personas gays, y hay muchos que sólo mencionan los derechos LGTB para atacar a los inmigrantes o a los musulmanes como si fueran un todo».

El periodista relaciona en su origen la homofobia y el racismo, como ya hiciera Obama, y ve en ambos sentimientos la imposibilidad de empatizar con el diferente. También considera que ambos acabarán yendo de la mano. Para aquellos que piensen de forma diferente recuerda un dato: desde que se impuso el Brexit gracias a argumentos eminentemente racistas, los crímenes homófobos han aumentado en Inglaterra un 147%.

Fuente  Yorokubu, vía SentidoG

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La revista Closer condenada a pagar 20.000 € por ‘sacar del armario’ al nº 2 del Frente Nacional

Lunes, 29 de diciembre de 2014

repositorio_obj_6656_1418469342Su partido, Frente Nacional, pretende prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo.

La revista también fue condenada a publicar la sentencia en la portada de su próximo número.

Closer, la revista que adquirió fama internacional por la exclusiva del romance entre el presidente de Francia, François Hollande, con la actriz Julie Gayet, -lo que provocó la separación de éste y Valerie Trierweiler- y que ha sido blanco de las críticas de la clase política por publicar esos reportajes, ha sido condenada al pago de 20.000 euros por ‘sacar del armario’ al número dos del partido ultraderechista Frente Nacional (FN), Florian Philippot. Un artículo del que ya nos hicimos eco y que deja en evidencia las contradicciones de una formación de carácter ultraconservador en materia LGBT.

El Tribunal de Gran Instancia de París condenó ayer a 20.000 euros de multa a la revista ‘Closer’ por la publicación de unas fotos en las que se veía al número dos del ultraderechista Frente Nacional (FN), Florian Philippot, en compañía de un hombre presentado como su novio.

Los jueces consideraron que la revista cometió un “atentado contra la vida privada” del político, por lo que, además, deberá pagarle 3.500 euros en concepto de gastos judiciales, según la sentencia hecha pública ayer. La sanción económica impuesta es inferior a los 50.000 euros que reclamaba el “número dos” de Marine Le Pen.

Philippot aparece en el número de la primera semana de diciembre de la revista del corazón acompañado en Viena de un hombre, con el rostro pixelado, del que la publicación dice que es un periodista de televisión.

La publicación del reportaje abrió un debate en el seno de la formación ultraderechista, oficialmente opuesta al matrimonio entre personas del mismo sexo, que promete ilegalizar si llega al poder.

Fuente Cáscara Amarga

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“Armario con dos puertas malo es de guardar”, por Ramón Martínez

Miércoles, 24 de diciembre de 2014
1387552988931237Un artículo muy interesante y certero:

Cuando abordamos el sempiterno tema del armario, la diferenciación entre público y privado, tan básica para el feminismo, resulta ser la cuestión que más difícilmente se traslada a gran parte de las personas no heterosexuales. Quizá sea por eso que, de tarde en tarde, cualquiera de nosotros tenga que enfrentarse a este asunto y tratar, si es posible, de aportar alguna nueva idea a la materia específica de la visibilidad de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales.

Esta misma semana hemos conocido dos noticias a este respecto: en primer lugar el número dos del ultraderechista Frente Nacional francés, Florian Philippot, ha sido sorprendido paseando por Viena con un hombre, cogidos de la mano, y tras esa fotografía que publicaba Closer han llovido las críticas a la formación ultraconservadora, tan beligerante con la inmigración y tan relativamente tolerante, de cara a la galería, con la homosexualidad –recordemos que su oposición al matrimonio igualitario en Francia se apoyaba en la descafeinada reivindicación de una ley de uniones civiles, gran medida para aplazar un debate y centrarse en generar otros odios antes de venir a por nosotros–; acusada de acoger en su seno al famoso e inexistente lobby gay, que para una mente irracional apoyada en el fanatismo heterosexual debe ser, sin duda alguna, el causante de gran parte de los males que padece el mundo. Ya se sabe que en ocasiones hay que inventar la paja en el ojo ajeno para disimular tantas vigas en los propios. Pero, por otra parte, por fin nos es posible felicitar a Sandra Barneda, nuestra querida persona, que aprovechando una entrevista a Patricia Yurena, la primera Miss España visiblemente lesbiana, declaró que su pareja es una mujer. Olvidó decirnos la palabra mágica, lesbiana o bisexual, pero, aunque las etiquetas con que acostumbramos definirnos estén cada vez más cuestionadas por el discurso académico, en muchas ocasiones se agradece que se visibilicen, sobre todo si eres una mujer adolescente que aún no sabe cómo llamarse frente a un mundo en el que no acaba de encajar y cuyo único referente puede estar en la televisión. Muchas gracias, Sandra: progresas adecuadamente.

Dos formas de salir del armario, una a la fuerza, el consabido outing, que veremos si cuesta votos al Frente Nacional –así lo quieran los dioses, que a quien veladamente nos odia jamás hay que desearle triunfo alguno–; y otra por voluntad propia, que nos hacen plantearnos de nuevo la eterna pregunta: ¿la orientación sexual es una cuestión privada o pública?

Lo habitual y lo necesario es, como siempre debe ser, recurrir al feminismo, donde encontraremos la celebérrima frase de Kate Millet, “lo personal es político”, que tanto ha ayudado a que, poco a poco, miles de mujeres se atrevan a denunciar una situación supuestamente privada pero necesariamente pública que podría costarles la vida y que, de hecho, se la cuesta. No olvidemos a las 74 mujeres víctimas de la violencia de género de las que hemos tenido noticia este 2014 que se acerca a su final. Pero, para nuestro tema específico, suele gustarme recordar a Denneny, que afirmaba con mucha razón cómo “ser gay es un aspecto más elemental de lo que soy que mi profesión, mi clase o mi raza” (1981: 165), y llegaba a realizar una distinción básica, en lo terminológico y en lo filosófico, defendiendo que “homosexual y gay no son la misma cosa; gay es cuando decides que sea importante” (1981: 166). Así nacía nuestro movimiento hiperidentitario, pero parece que años después una parte constitutiva de nuestra identidad como es nuestro propio amor, el sexo hacia el que nos empuja nuestro deseo, se ha convertido en una cuestión de menor importancia. ¿Cuántas veces hemos escuchado las ya clásicas expresiones “yo no tengo por qué hablar de mi vida privada”, “que yo sea lesbiana no es algo que tenga que ir pregonando”, “si soy gay es un tema que nos importa sólo a mí y a mi pareja”…?

A nadie extrañará que afirme que la consecución de ciertos derechos sociales por parte de las personas no heterosexuales ha provocado, además de una relativa igualdad legal, la despolitización de todo un movimiento porque, como dice otra frase habitual, “ya está todo conseguido“. Pero yo no dejo de preguntarme cómo es posible, si no nos queda nada por hacer, que las agresiones a lesbianas, gais, bisexuales y transexuales se produzcan diariamente y, de un tiempo a esta parte, con tanta fiereza que haya sido necesario que, en Madrid, Carla Antonelli le pregunte al gobierno regional, dominado por un Partido Popular aficionado al pinkwashingque consiste básicamente en acariciarte una mejilla mientras te abofetea la otra, muy cristiano todo–, qué medidas va a tomar para afrontar los continuos ataques a personas no heterosexuales, sin que Carmen Pérez Anchuela, la Directora General de Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid, sea capaz de exponer ninguna medida, más allá de defender las que ya existen y que, a todas luces, son tan inútiles como cualquier política social diseñada por esta recua de politicastros de derecha más o menos liberal, más o menos extrema.

Si algún incauto considera que ya está todo hecho, que como ya nos podemos casar no hace falta seguir trabajando, quizá sea porque por un lado desconoce que la existencia del matrimonio igualitario nos aporta poco más que el simple hecho de que nuestra pareja pueda legalmente ir a visitarnos al hospital después de una agresión y, por otra parte, ignora que si gran parte de los ataques que soportamos no se denuncian es, precisamente, porque para ello es necesario visibilizarnos como personas no heterosexuales. No en vano Sedgwick señaló hace más de una década que “el armario es la estructura que define la opresión gay en este siglo” (1998: 96), y que es precisamente el elemento que mayor consistencia ha aportado a nuestra identidad, porque a todos y todas nos afecta, incluso a las personas más visibles, que día a día deben enfrentar varias nuevas salidas del armario, si desconocen si su interlocutor conoce o no su sexualidad (Sedgwick, 1998: 92-93). Pero ese armario que es posible defender como un escudo, siempre de eficiencia cuestionable, para casos de extrema necesidad, aunque forme parte de nosotros, constituye una parte que nos es ajena, que se nos impone desde fuera.

La hegemonía heterosexual nos ha impuesto el yugo del armario y ha calado tanto en nuestra estructura social que hemos llegado a defender nuestra vinculación con el arado como una decisión personal, sin ser conscientes de que lo único que podemos decidir es arar las tierras de la heterosexualidad o morir de hambre, porque dejarán de darnos el alimento de relativa libertad que precisamos. Del mismo modo en que una mujer puede llegar a defender su propio burka, hay quienes reivindican el misterioso derecho a vivir ocultos bajo un velo de opresión, amparándose en la privacidad sin darse cuenta de que ese concepto de lo privado forma parte de las costuras del burka, de las correas que nos atan al arado. Porque lo público está diseñado para ser un dominio propio de la masculinidad y la heterosexualidad, y lo privado es la invención del constructor del arado para esconder todo aquello que pueda cuestionar su dominio inapelable de la vida pública.

A veces es posible encontrar un pequeño agujero en nuestro burka, unas horas de libertad para pastar en las praderas del sexo, como ha sabido hacer el líder de ultraderecha francés. El armario tiene una puerta de atrás que nos permite escapar en muy determinados momentos, pero a la vuelta a la oscuridad habrá que esconder bien la trampilla y ser un acérrimo crítico del buey descarriado. Prueba de ello es un estudio de la Universidad de Georgia que revela que los mayores índices de homofobia se encuentran precisamente en aquellas personas que viven clandestinamente su homosexualidad. Pero armario con dos puertas malo es que guardar y en algún momento el ingenio que permite vivir la sexualidad heterodoxa a escondidas será descubierto y, así, no quedará armario donde refugiarse para seguir disfrutando de los infinitos privilegios de la presunción de heterosexualidad.

Nunca se dirá suficientes veces: la visibilidad es una parte fundamental, primordial, para lograr aquello que queremos conseguir: si no nos conocen no podrán entender nuestras necesidades. Y, además, una sola muestra de visibilidad, por pequeña que sea, por sutil que nos parezca –hablar del sexo de nuestra pareja, hablar en primera persona–, cuando llega al receptor adecuado genera exponencialmente nuevas visibilidades. Porque ser visible es convertirse en un referente y, aunque nuestra visibilidad solo alcance a un reducidísimo número de personas, esa microrrevolución debidamente encadenada puede llegar a producir la gran revolución que anhelamos. La revolución que nos convertirá en dueños y dueñas de nuestras propias tierras.

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Fuente Cáscara Amarga

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Revelada la homosexualidad de Florian Philippot, vicepresidente del Frente Nacional francés

Lunes, 15 de diciembre de 2014

480x380-noticias-21990-2014-12-13-143257¿Se puede ser homófobo y gay al mismo tiempo?. Parece que es posible ya que el número dos del ultraconservador Frente Nacional de Marine Le Pen ha demostrado que es posible aunque haya sido un verdadero varapalo para aquellos que se han opuesto frontalmente al ‘Mariage pour tous’ en Francia. Ha sido la revista del corazón Closer, la mismo que destapó la infidelidad del presidente Hollande con la actriz Julie Gayet, quien ha sacado unas imágenes de Florian Philippot paseando ‘acaramelado’ con un conocido periodista de la televisión gala (a quien se le ha pixelado el rostro) en una escapada romántica para hacer las compras de navidad en los mercadillos populares de Viena. No es la primera vez que la imagen del hómofobo Frente Nacional se ve salpicado por un escándalo sexual.  Y es que tanta ira reprimida no puede ser nada buena y hay que darle rienda suelta a los impulsos (eso sí, en la más estricta intimidad).

Closer, un semanario francés de crónica social, exhibía en su portada de este viernes la fotografía del vicepresidente del Frente Nacional, Florian Philippot, acompañado de un joven cuyo rostro se había difuminado, con el texto “¡Sí al amor para todos!”. Según el diario Le Point, el acompañante del político sería un periodista conocido por su militancia a favor de los derechos LGTB. En el interior, se mostraban fotografías de la pareja en un viaje a Viena, que no dejaban lugar a dudas sobre la naturaleza de su relación. Se trata de la primera vez que este tipo de prensa revela la existencia de una pareja del mismo sexo en el ámbito político.

El semanario Closer también destapó este mismo año la nueva relación sentimental del presidente de la República, François Hollande. Tras las incontables portadas que colmó el noviazgo y posterior boda del anterior presidente Nicolas Sarcozy con Carla Bruni, los expertos ya estiman que el proceso de divulgación de la vida privada de los miembros de la clase política es imparable, en un país que hasta no hace mucho hacía gala de respetar exquisitamente la privacidad de sus líderes.

A los seguidores del Frente Nacional se les ha tenido que quedar cara de póker al ver las fotografías del vicepresidente de esta formación paseando de la mano con un hombre. Curiosamente, Philippot ha sido acusado en numerosa ocasiones de homófobo ya que se posicionó en contra de la aprobación del matrimonio homosexual en Francia y prometió que si llegaba al Elíseo la eliminará.  También asegura el semanario que Philippot convenció a Marine Le Pen para que no acudiera a las manifestaciones en contra del matrimonio homosexual, y parece ser que esta le obedeció, ya que no acudió a ninguna de las marchas. Pero si quieres sabre más detalles de quién es el vicepresidente del Frente Nacional, nos lo detallaba El Mundo en un artículo que titulaba ‘Un empollón ultra contra los mercados.

En este contexto, la revelación de la relación sentimental del número dos del ultraderechista Frente Nacional con otro hombre ha abierto el viejo debate sobre el outing de los personajes públicos. Sin embargo, los argumentos ahora se amplían. A las acostumbradas posturas sobre el respeto a la privacidad y a libre decisión de cada individuo de revelar su orientación sexual, o el interés público del outing de quienes pertenecen a colectivos que hacen gala de LGTBfobia, se ha unido la que estima que diferenciar en el tratamiento informativo a las parejas del mismo sexo de las parejas heterosexuales es discriminatorio y no tiene sentido desde la aprobación del matrimonio igualitario.

repositorio_obj_6656_1418469342La presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen, ha calificado de “atentado a la vida privada la actuación del semanario y ha solicitado que se articulen procedimientos sancionadores disuasorios para quienes vulneren la privacidad de los personajes públicos. Es la misma postura que mantuvo cuando se reveló la anteriormente mencionada nueva relación amorosa del presidente Hollande. Miembros de otras formaciones políticas han expresado su apoyo al vicepresidente del Frente Nacional, a pesar de la distancia con su ideología, y han calificado la publicación del reportaje de “indigna”, “inaceptable”, “inmunda” o “asquerosa”. La nota discordante la ponía Ian Brossat, miembro del Partido Comunista y abiertamente gay, que comentaba en su cuenta de Twitter: “podrán decir lo que quieran, pero el mejor remedio contra el outing es salir del armario”.

El responsable del semanario, Laurence Pieau, defendía el derecho de su publicación a revelar esta información por su relevancia política: “¿Cómo imaginar que el número dos del Frente Nacional, que puede ser llamado a ocupar el poder si creemos a su formación, puede pasar a desempeñar estas funciones sin haber hablado sobre su familia, sus relaciones privadas, sin tener esposa, novia o novio? ¿Cómo podemos imaginar que esto es posible en el 2014?”. Este mismo argumento fue el que esgrimió la justicia francesa cuando decidió que revelar la homosexualidad de Steeve Briois, otro miembro del Frente Nacional, no constituía delito pues el derecho de los ciudadanos a estar informados sobre sus líderes políticos prevalecía sobre el derecho a la intimidad.

¿Fin del outing tras la igualdad legal?

Algunos activistas LGTB sostenían el conocido argumento de la pertinencia del outing de personajes con vinculaciones homófobas. Así, la Federación Total Respect (Tjenbé Rèd) y la Federación LGBT/OM (Federación lesbiana, gay, bi y trans), defendían el derecho a divulgar la orientación sexual de personajes públicos que sean “miembros de partidos políticos violentamente homófobos”, como lo sería el Frente Nacional.

Pero Jérôme Beaugé, presidente de la Inter-LGBT, iba más allá, al afirmar que “el outing no existe desde el 18 de mayo gracias al matrimonio igualitario”, en referencia a la fecha de aprobación de la ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo en Francia. Beaugé opina que Florian Philippot debe ser tratado como cualquier otro responsable político, sin que deba haber ninguna diferencia en el trato informativo dado a las parejas heterosexuales del dado a las parejas del mismo sexo. En la misma línea, el periodista Guy Birenbaum se preguntaba: ”si tenemos en cuenta que hay igualdad de derechos entre la homosexualidad y la heterosexualidad, por qué motivo debemos dar mayor protección a la ‘privacidad’ de un homosexual?”.

2984626-sebastien-chenu-jpg_2605986Esta claro que en el Frente Nacional no están acostumbrados a predicar con el ejemplo y si engañan a los electores ocultando un detalle tan importante, ¿que harían en caso de gobernar en el país?.

Y a pesar de este manifiesto escándalo se siguen produciendo retrocesos alarmantes como el protagonizado por Sébastien Chenu, de 41 años, co-fundador de la asociación que defiende los derechos LGBT “GayLib”. Y es que Chenu se ha unido a las filas de Marine Le Pen tras el anuncio de Nicolas Sarkozy de que si recuperaba el Gobierno de la nación derogaría el matrimonio gay. Un deseo que expresó el ex presidente galo hace unas semanas, cuando aún era candidato a las primarias para presidente del principal partido de la oposición.

Chenu, hasta el momento Secretario Nacional de la Cultura en la UMP y miembro fundador del sindicato pro-LGBT “GayLib”, dice que ‘coinciden sus puntos de vista sobre cuestiones sociales en Europa con el pensamiento de Marine Le Pen’. Sin embargo, Chenu parece olvidar que la presidenta del Frente Nacional también ha dicho que derogaría la Ley de Matrimonio para Todos si llegase al Elíseo.

Fuente Dosmanzanas , Ragap y El Mundo

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