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El abiertamente gay Florian Philippot, vicepresidente del Frente Nacional, abandona el partido

Martes, 26 de septiembre de 2017

400b4cc4c73bd039a9f0ebae0e6a0El vicepresidente del Frente Nacional francés, Florian Philippot, ha presentado su dimisión a la presidenta del partido, Marine Le Pen, y ha anunciado públicamente su abandono de esta formación después de que Le Pen le retirase buena parte de las competencias internas de las que gozaba, muy singularmente las referidas a estrategia y comunicación (“era el vicepresidente de nada”, ha asegurado). La salida de Philippot, abiertamente gay y odiado por el sector más tradicionalista de la formación, puede implicar importantes cambios en la política francesa, y en especial en la manera en la que el Frente Nacional había sido capaz de aglutinar el fenómeno “homonacionalista”.

La homosexualidad de Florian Philippot pasó a ser pública y notoria en 2014, cuando el semanario Closer le hizo un outing en toda regla, lo que desencadenó un debate público en Francia sobre la legitimidad de sacar del armario a políticos que militen en partidos contrarios a los derechos LGTB. Más allá de esto, la nueva imagen pública del que era considerado la mano derecha de Marine Le Pen reforzó el papel de su partido como refugio de los que muchos han dado en llamar “homonacionalistas”. Un término, en cualquier caso, que puede resultar equívoco: más que “nacionalistas” propiamente dichos se trata generalmente de jóvenes gais que no guardan demasiada memoria de cómo y contra quién hubo que luchar en su momento para conquistar visibilidad y derechos, y que ahora ven con simpatía a movimientos de derecha que han hecho del rechazo de la inmigración musulmana su bandera. Simpatizantes, por otra parte, de los que estos movimientos se aprovechan para blanquear su imagen y defenderse de las acusaciones de homofobia, pese a que en su mayoría son contrarios al avance de los derechos LGTB.

Un movimiento, conviene destacar, que no es exclusivo de Francia (ahí esta el ejemplo de Milo Yiannopoulos su apoyo y el otros homocons a Donald Trump durante la campaña presidencial estadounidense) pero que en este país parecía haber encontrado buen acomodo bajo las alas del Frente Nacional. El perfil bajo que este partido mantuvo en las movilizaciones contra el matrimonio igualitario y la reconocida presencia de candidatos gais (recordemos que este partido cuenta con dos diputados abiertamente homosexuales en la Asamblea Nacional, más que ninguna otra formación) es buena muestra de ello. Nadie duda, en este sentido, de que la influencia de Philippot ha sido clave, lo que le ha granjeado no pocas antipatías en el seno de una formación con un historial no precisamente favorable a los derechos LGTB (entre otras, las del fundador del partido, Jean-Marie Le Pen, cuya repugnancia hacia Philippot no es ningún secreto). No faltan los que han llegado a hablar de la existencia de un “lobby gay” dentro del Frente Nacional deseoso de hacerse con el control del partido.

Philippot, en cualquier caso, no solo resultaba incómodo para una parte del partido por su condición homosexual. Se trata de un político ajeno al tradicionalismo francés, procedente del gaullismo, y cuyo discurso es básicamente el de un populismo nacionalista con componente social, partidario indiscutible de la salida del Francia del euro y crítico con el liberalismo económico (una especie de “Steve Bannon a la francesa”). Una línea de pensamiento que por una parte ha sido capaz de ampliar las bases del Frente Nacional y atraer a votantes que en otras épocas lo fueron de formaciones de izquierda, pero que por otra parte, según algunos analistas, puede haber alejado del partido a votantes más tradicionales.

En este sentido, al Frente Nacional parece habérsele indigestado la derrota en las elecciones presidenciales, pese a haber conseguido pasar a la segunda vuelta y recibir más votos que nunca. En política, la sensación de éxito o fracaso depende más de las expectativas que de los resultados reales, y en este caso las expectativas de Marine Le Pen quedaron frustradas desde el momento en que no consiguió ser la más votada en la primera vuelta, algo que muchos daban por casi seguro. Una Marine Le Pen que intenta ahora mantener las riendas mientras se desata la lucha entre las diversas facciones por hacerse con el control del partido tras el “mal resultado”, y para ello no ha dudado en dejar caer en desgracia a Philippot, el que ha sido su mano derecha y para muchos el artífice de sus éxitos pasados. En el horizonte, mientras tanto, se vislumbra como posible figura emergente Marion Maréchal-Le Pen, sobrina de Marine Le Pen, supuestamente retirada de la política desde hace meses pero por cuyo retorno parecen suspirar muchos militantes. Una joven mucho más cercana a los postulados tradicionales del partido, que por ejemplo no ha dudado en relacionar el matrimonio igualitario con la poligamia, y con la que el Frente Nacional seguramente recuperaría una línea anti-LGTB más definida.

Está por ver qué sucede, tras la salida de Philippot, con otros políticos abiertamente gais del Frente Nacional, como Steeve Briois (otro de los vicepresidentes del Frente Nacional), Bruno Bilde (pareja de Briois y diputado en la Asamblea Nacional) o Sébastien Chenu (uno de fundadores de GayLib y que se unió al Frente Nacional en 2014). ¿Mantendrán su influencia? ¿Serán apartados poco a poco de la primera línea del partido? También será interesante ver cómo influye la nueva situación en los votantes “homonacionalistas” del partido a los que nos referíamos arriba. Estaremos atentos.

Fuente Dosmanzanas

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El Frente Nacional es el partido que cuenta con más diputados abiertamente gais en la nueva Asamblea Nacional francesa

Viernes, 23 de junio de 2017

asambleaHace pocos días recogíamos la noticia de que el nuevo Parlamento británico contaría con 45 diputados abiertamente LGTB de un total de 650, el mayor número en la historia del Reino Unido. También la nueva Asamblea Nacional francesa contará con el mayor número de diputados abiertamente LGTB de su historia, pero la proporción es mucho menor: 5 de 577. Los cinco, además, son hombres gais. El partido que más aporta (dos) es el  Frente Nacional, formación de extrema derecha que no se caracteriza precisamente por su defensa de los derechos LGTB. Sin duda el dato merece una reflexión.

Los hechos son los que son: de los cinco diputados abiertamente gais de la nueva Asamblea Nacional, dos pertenecen al Frente Nacional. Se trata de Bruno Bilde, muy próximo a la líder de la formación, Marine Le Pen, y de Sébastien Chenu. Este último, de hecho, cuenta con un historial destacado por lo que a la visibilidad en política se refiere. En su momento fue uno de fundadores de GayLib, grupo LGTB inicialmente vinculado a la UMP (antiguo nombre de Los Republicanos) y que en 2013 se desvinculó de esta formación debido a su virulenta oposición al matrimonio igualitario y pasó a aliarse con la UDI, una formación de centro-derecha. Sébastien Chenu, ya fuera de GayLib, se unió al Frente Nacional en 2014.

Por el contrario, ha quedado fuera de la Asamblea el político gay más destacado del Frente Nacional: su vicepresidente, Florian Philippot, que aunque pasó a la segunda vuelta en su circunscripción fue finalmente derrotado por el candidato de La République en Marche !, la formación constituida en torno a la figura de Emmanuel Macron que se ha hecho con la mayoría absoluta de la Asamblea.

Los otros tres diputados abiertamente gais son Luc Carvounas (Partido Socialista), Pacôme Rupin (La République en Marche !) y Franck Riester (Los Republicanos). Riester, de hecho, es el único de los cinco que repite mandato: ya fue diputado en la anterior legislatura, y de hecho era uno de los escasos miembros de la UMP (cuando todavía tenía ese nombre) favorable al matrimonio igualitario.

Conviene precisar que este contaje de diputados abiertamente gais tiene en cuenta la información que actualmente se tiene sobre la vida personal de los nuevos representantes, que además no es precisamente abundante en el caso de La République en Marche !, la formación con más diputados (308, sin contar los 42 de sus socios del centrista MoDem), muchos de ellos desonocidos en el panorama político francés. Algunos de ellos podrían visibilizarse como LGTB en el futuro.

Un motivo para la reflexión

El hecho de que el Frente Nacional sea el que más diputados abiertamente gais haya logrado siendo un partido contrario a los derechos LGTB (su candidata a las últimas elecciones presidenciales apostaba por derogar la ley de matrimonio igualitario) es una noticia que debe llamar a la reflexión por parte tanto del colectivo LGTB como de los propios partidos políticos.

Por un lado, negar que en algunos países europeos los partidos en los que el discurso islamófobo y el rechazo a la inmigración han pasado a ocupar un papel central ejercen atractivo sobre una parte de los votantes LGTB (muy singularmente de los varones gais) sería ingenuo. De hecho, es una tendencia que ya las encuestas previas a las elecciones presidenciales francesas detectaron. Sin duda, todo ello merece una reflexión por parte de los colectivos LGTB, que quizá deberían dar más importancia a que las nuevas generaciones sepan de dónde venimos, lo díficil que ha sido conquistar derechos y lo fácil que es perderlos.

Bien es cierto que en el caso concreto de Francia se da la paradoja de que el perfil más abiertamente homófobo fue en su momento asumido por la derecha tradicional, que buscó hacer de las protestas contra el matrimonio igualitario un elemento de desgaste de la presidencia de François Hollande en beneficio propio. El Frente Nacional de Le Pen, sin embargo, se cuidó mucho de no tener un gran protagonismo en las protestas, y de hecho nunca ha querido hacer de su contrastada oposición a los derechos LGTB un eje llamativo de su discurso. Más que dirigirse al votante socialmente conservador, la estrategia de Le Pen fue la de intentar cazar votos en el que tradicionalmente era el caladero de la izquierda, las clases obreras, azuzando para ello un discurso anti-Unión Europea, antiinmigración y a favor de un “proteccionismo inteligente”. No le fue suficiente para llegar a la presidencia, pero el intento fue desde luego serio.

En cualquier caso, es una realidad que en Europa hay partidos de extrema derecha que tienen menos problema a la hora de incluir en sus listas a candidatos abiertamente homosexuales que los partidos tradicionales. Que el Frente Nacional, con un total de ocho diputados, tenga dos diputados gais, mientras que La République en Marche !, con un total de 308, tenga solo uno, tiene una explicación tristemente bien sencilla: el partido de Macron no ha querido hacer el esfuerzo de inclusión y diversidad que podría haber hecho. Algo que bien puede hacerse extensivo a otros partidos y países. Está claro que la visibilidad LGTB y los techos de cristal no conocen necesariamente de ideologías.

Fuente Dosmanzanas

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El ascenso de la extrema derecha en Europa, en clave LGTB

Martes, 3 de junio de 2014

Europa-en-crisis-300x199En España han supuesto un severo castigo al bipartidismo y la irrupción con gran fuerza de una nueva izquierda ajena a la política tradicional. A nivel global, sin embargo, las elecciones europeas arrojan un preocupante ascenso de la extrema derecha y de los partidos ultranacionalistas en buena parte del continente. El triunfo del Frente Nacional en Francia es el resultado más llamativo, pero no el único. La homofobia más o menos encubierta es parte inherente del discurso de estas formaciones, aunque no de forma uniforme. Un caso llamativo es el de UKIP en el Reino Unido, un partido capaz de llevar al Parlamento Europeo a un representante abiertamente gay pero contrario al matrimonio igualitario.

Los resultados de las elecciones europeas, conocidos en la noche del 25 de mayo, significaron un terremoto político en toda la Unión. Lo más significativo en el conjunto del continente han sido los importantes resultados de las formaciones de extrema derecha, ultranacionalistas o “euroescépticas”. Han ganado en Reino Unido, Francia y Dinamarca y han tenido resultados reseñables en Alemania (donde por primera vez ha sido elegido un eurodiputado neonazi) o Austria, aunque también es cierto que han retrocedido en otros países, como Holanda y Bélgica.

Si algo tienen en común estas formaciones, además de un discurso fuertemente nacionalista y contrario a la inmigración, es su homofobia. Cierto es que su éxito electoral se basa más en su retórica “euroescéptica”, crecida al calor de la crisis económica, pero ello no evita que su ascenso resulte especialmente preocupante para las personas LGTB. Y ello a pesar de que muchas de estas formaciones se esfuerzan en matizar su homofobia.

Especialmente llamativo resulta en este sentido el caso de UKIP, un partido en el que caben desde las declaraciones de Paul Forrest, candidato local por Liverpool, que afirmó en Facebook que los “homosexuales tienen diez veces más probabilidades que los hombres normales de ser abusadores de niños” hasta las de Gerard Batten, europarlamentario por Londres, que declaró que “nunca he conocido a un miembro gay del UKIP que quiera casarse” al mismo tiempo que aseguraba que “tenemos a muchas personas gays en el UKIP”. Batten intentaba conciliar en su discurso la oposición al matrimonio igualitario con la supuesta defensa de las uniones civiles, insistiendo que los derechos relativos a herencia o decisión en caso de accidente ya quedan cubiertos por estas. Forrest, por cierto, no fue elegido concejal de Liverpool, pero Batten si revalidó su escaño en el Parlamento Europeo.

Entre los nuevos eurodiputados de UKIP hay incluso uno abiertamente gay, que sin embargo se manifiesta contrario al matrimonio igualitario. Se trata del escocés David Coburn, con pareja desde hace 30 años y para quien el “matrimonio gay” es un “neo-derecho (neo-right) creado por activistas” pues para él “no hay diferencia con las uniones civiles”. Otro caso significativo es el de Dave Small, recién elegido concejal de UKIP en Redditch, que afirmó en Facebook que los “mariquitas y las bolleras” eran unos “pervertidos”. También consignó en Facebook un ofensivo “que les jodan a los maricas”. Dave Small ha sido por ello expulsado del partido de forma fulminante.

A estos ejemplos debe añadirse otro más antiguo, el de Nikki Sinclaire, eurodiputada del UKIP que luego fue expulsada por no aceptar la incorporación en el Parlamento Europeo al grupo EFD (“Europa de la Libertad y la Democracia”). Sinclaire era ya conocida como mujer lesbiana y posteriormente hizo público también que era una mujer transexual.

Homofobia, xenofobia y ultranacionalismo. Una relación compleja

El esfuerzo de UKIP por hacer compatible la presencia en su seno de personas homosexuales con un discurso extremista no es del todo nuevo. El ejemplo más destacado fue en su momento el de Pim Fortuyn. Líder de una lista de ultraderecha en los Países Bajos y asesinado en mayo de 2002, Fortuyn era abiertamente gay e hizo precisamente del miedo a la homofobia parte de su discurso xenófobo. Asimismo, y a pesar de su clara oposición al matrimonio igualitario, hay quien ha visto signos de cierta vacilación en el Frente Nacional. Aunque el partido apoyó las manifestaciones contrarias a su aprobación, lo hizo con menos energía de la esperable, y desde luego con menos entusiasmo que la derecha tradicional. A ello hay que sumar que hace pocos meses los medios de comunicación divulgaban la homosexualidad de dos de sus dirigentes, Steeve Briois (secretario general del partido) y Bruno Bilde. Steeve Briois es de hecho una figura en alza: ya siendo pública su homosexualidad (que él ni ha desmentido ni ha confirmado) fue elegido alcalde de Hénin-Beaumont en las pasadas elecciones municipales y en estas elecciones europeas ha sido elegido eurodiputado.

Este panorama obliga a una lectura matizada en clave LGTB. Por una parte, la homofobia ha dejado -al menos de momento- de ser un elemento central del discurso de estos partidos. Algunos justifican incluso sus posiciones contra otras minorías (como la musulmana) utilizando la homofobia de estas como un argumento más. Es más, hay quien incluso ha acusado a una parte del colectivo LGTB de defender posturas nacionalistas o incluso racistas, refiriéndose a “la manera en que los derechos de las mujeres o de los homosexuales pueden ser puestos de relieve desde una perspectiva xenófoba, no sólo por parte de partidos políticos sino también dentro de los mismos movimientos LGBT, que se ven cada vez más integrados en los proyectos nacionalistas en Occidente”. Se asociaría la homofobia con inmigración, con un discurso que se ha calificado de “homonacionalismo”.

Es fácil acusar a estos partidos de homófobos: en buena parte lo son, aunque de forma más o menos matizada. Pero una parte del colectivo LGTB no se ve libre de xenofobia, y algunos denuncian una cierta utilización a manos de oscuros intereses. En definitiva, lo que estos movimientos políticos en Europa suponen de cara a la realidad LGTB es más complejo de lo que pueda parecer.

Fuente Dosmanzanas

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